La adolescencia no solo cambia a los hijos: también transforma a quienes los crían

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Joan Tahull Fort, Profesor e investigador en sociología, especializado en dinámicas sociales y educativas contemporáneas, Universitat de Lleida

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La adolescencia de un hijo suele sentirse como una tormenta dentro del hogar: trastoca la rutina, pone a prueba las normas y genera tensiones. Lo que a menudo pasa desapercibido es que este fenómeno también afecta a padres y madres. Muchas familias notan que, al mismo ritmo que su hijo avanza hacia la independencia, los padres atraviesan su propia crisis paralela.

A menudo, la pubertad y adolescencia coincide con la edad de 45 a 55 años de muchos padres: el período de la “mediana edad”, caracterizado por importantes cambios psicológicos.

En definitiva, la llegada de la adolescencia es un momento del ciclo familiar en el que convergen dos transiciones vitales: la del joven y la de sus padres, dos procesos que se refuerzan mutuamente y que inevitablemente transforma las relaciones familiares.

Un desafío compartido: crecer juntos en la turbulencia

Convivir con un adolescente puede resultar agotador, pero a la vez formativo. Tanto para el joven como para sus padres. Esta etapa es imprescindible para el crecimiento personal de toda la familia, porque supone salir de la “zona de confort” para todos los miembros.

Los padres deben replantear sus prioridades y reconocer que la relación con el hijo no es la única fuente de identidad: es decir, que son más que “la madre de” o “el padre de”. También se ven obligados a redefinir los canales de comunicación que existían durante la infancia de los hijos: escuchar sin imponer, explicar sin dar sermones y, en general, reformular su papel como autoridad para pasar de controlar a orientar.




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El contexto mediterráneo: cercanía y dependencia

Aunque la adolescencia genera fricciones, España conserva un modelo de cohesión familiar. De hecho, el 56,6 % de los jóvenes de 18 a 34 años se sienten “extremadamente próximos” a sus padres, y el 70,6 % interactúa con ellos al menos una vez al día. Esta cercanía diaria desafía la idea común de un conflicto permanente entre generaciones, pero ¿a qué precio?

Estos lazos sólidos, característicos del llamado “modelo de familia mediterráneo”, funcionan como red de apoyo. Sin embargo, esta proximidad tiene un coste: el mismo patrón que protege a los jóvenes aumenta su dependencia de la familia y dificulta su emancipación.

Los padres asumen la mayor parte de los gastos, la educación y la carga emocional de la crianza. La escasez de políticas públicas de apoyo a la juventud (vivienda, empleo estable, ayudas económicas) perpetúa esta dependencia familiar. Cuando la relación con los progenitores es tensa o la familia proviene de un entorno desfavorecido, las desigualdades iniciales se perpetúan y amplifican durante la adolescencia. Cuando el entorno familiar falla, las brechas sociales (educación, clase social, renta…) se reflejan con más fuerza y marcan las trayectorias vitales de los jóvenes.

Conflictos transitorios, no permanentes

En los últimos años la estructura familiar está cambiando: aunque sigue predominando el hogar con ambos padres presentes, aumentan las familias monoparentales y reconstituidas. En todos los casos, la adolescencia suele traer una disminución inicial en la comunicación entre padres e hijos, aunque con el tiempo las familias suelen readaptarse.

Contrariamente al mito del adolescente siempre rebelde, los conflictos parentales alcanzan su máximo alrededor de los 13 a 15 años para luego moderarse. Este patrón temporal desmiente la imagen de una adolescencia permanentemente turbulenta.

En todo caso, el cambio en el rol parental es lo suficientemente grande como para reconocer los propios límites emocionales y buscar apoyo cuando sea necesario, desde la puesta en común de experiencias de manera informal con otros padres y madres hasta grupos de apoyo más estructurados, pasando por acudir a especialistas cuando nos sintamos desbordados.

Voces: cuando acompañar también transforma

Detrás de las estadísticas hay experiencias concretas. La literatura científica muestra que muchos padres y madres relatan sensaciones de desconcierto, distancia emocional, dudas sobre su rol y necesidad de “reaprender” a relacionarse con sus hijos adolescentes. Para ilustrar estos patrones, utilizo experiencias recogidas en este tipo de investigaciones.

Por ejemplo, María se siente desbordada. Su hijo de quince años ya no quiere hablar como antes; prefiere encerrarse en su habitación con el ordenador y los auriculares. Esa distancia física se transforma en una brecha emocional. María siente que está perdiendo el vínculo con su hijo y, con ello, parte de su identidad como madre. Siente una mezcla de amor, culpa e incertidumbre.




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Javier, padre divorciado, vive algo parecido, agravado por la soledad. Su hija de catorce años lo esquiva. Discuten a menudo, y detrás de cada pelea hay una necesidad mutua de ser escuchados. Javier vive, al mismo tiempo, la adolescencia de su hija y su propia crisis vital: atraviesa una crisis propia de la mediana edad, intensificada por el divorcio y la soledad cotidiana. Se siente desorientado, revisando quién es ahora y cómo reconstruir su vida mientras teme perder el vínculo con su hija. Esa mezcla de vulnerabilidad, culpa y necesidad de cercanía hace que cada discusión con ella sea, en realidad, un intento de ser visto y escuchado.

Lucía, madre de dos adolescentes, resume la paradoja de muchas familias: aunque no le falte el bienestar material, siente que camina sobre hielo. Cualquier comentario o sugerencia puede desencadenar un conflicto o gritos. Convive con cambios de humor y provocaciones constantes; descubre que acompañar la adolescencia de sus hijas la está transformando a ella. Está aprendiendo a dejarla sin desvincularse y poner límites sin romper el afecto.

Estas historias se articulan en torno a un eje común: la distancia emocional que los adolescentes establecen como parte de la construcción de su identidad. La culpa, la tristeza o el agotamiento de los padres no son señales de fracaso, sino manifestaciones del reajuste que exige esta nueva etapa. Redefinir el vínculo –dejarlos ser sin perderlos– se convierte en uno de los mayores desafíos de los padres.

Hacia una crianza acompañante

Convivir con un adolescente puede generar un “estrés positivo”: una tensión incómoda que, bien canalizada, puede fortalecer los lazos familiares. La clave no está en evitar los conflictos, sino en transformarlos en diálogo constructivo.

Este cambio de paradigma –de la evitación a la transformación– es fundamental en la crianza contemporánea. Acompañar la adolescencia es una forma de seguir creciendo junto a ellos. Y reconocer esto no es un fracaso parental: es un acto auténtico de la crianza.

The Conversation

Joan Tahull Fort no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. La adolescencia no solo cambia a los hijos: también transforma a quienes los crían – https://theconversation.com/la-adolescencia-no-solo-cambia-a-los-hijos-tambien-transforma-a-quienes-los-crian-269299

Black Friday, picos emocionales y autocontrol: ¿puede la IA ayudarnos a ser compradores más responsables?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Matías Membiela-Pollán, Profesor en el Área de Comercialización e Investigación de Mercados de la Universidade da Coruña, Universidade da Coruña

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Con origen en Estados Unidos en los años sesenta, el Black Friday se popularizó y consolidó a escala global a partir de 2010. Hoy, según estimaciones, llega a concentrar cerca del 25 % de las compras anuales en el canal online y, en España, (el gasto medio por consumidor ronda los 230 euros). Además, funciona como el inicio simbólico de la campaña navideña y como un evento colectivo que articula buena parte del comportamiento de compra de finales de año.

Su popularidad convive, sin embargo, con críticas cada vez más visibles. Se le acusa de promover un consumismo poco sostenible, de basarse, a veces, en (descuentos opacos o de difícil verificación), y de fomentar compras impulsivas que luego derivan en un volumen elevado de devoluciones, con los costes económicos y medioambientales que ello supone.

Emoción, impulsividad y economía del comportamiento

Más allá de estas cuestiones, el Black Friday resulta especialmente interesante desde una perspectiva económica y del comportamiento (behavioral economics). En cierto modo, evidencia la distancia entre el modelo teórico del homo oeconomicus, perfectamente racional y orientado a maximizar su utilidad, y la conducta real de los compradores.

Si atendemos a los datos, las tasas de devolución se sitúan en torno al 30–35 %, (según las categorías de producto. Esto es varios puntos porcentuales por encima de lo habitual; y, según encuestas, entre un 40 y un 60 % de los consumidores reconoce arrepentirse de alguna compra impulsiva o innecesaria realizada ese día.

Esta divergencia entre la utilidad anticipada en el momento de la compra y la utilidad real tras el uso sugiere que muchas decisiones se toman en un contexto fuertemente cargado de emociones. Para no pocos compradores, el artículo adquirido aporta un valor añadido menor del previsto, ya sea porque no introduce una diferencia apreciable respecto a lo que ya tienen, porque su funcionalidad resulta limitada o porque la adaptación al producto se produce muy rápido, dejando atrás la emoción inicial.

Estado mental: comprador

El contexto del Black Friday ayuda a entender estas dinámicas. Tiene lugar un viernes de finales de mes, a pocos días del cobro de la nómina para la mayoría de los trabajadores, y en un ambiente prenavideño que actúa como estímulo. La iluminación, la música, la decoración y los mensajes de urgencia sitúa a los consumidores en una suerte de mentalidad de compra, en la que, por excitación contextual, se llegan a comprar incluso productos no rebajados.

En la tienda física, el diseño del espacio y el merchandising buscan activar respuestas emocionales y reducir el pensamiento analítico. Si en el ámbito online desaparecen algunos estímulos sensoriales, esto se compensa con la velocidad, la disponibilidad inmediata de múltiples categorías de producto y la presencia constante de señales digitales que refuerzan la idea de oportunidad.

Desde la economía conductual y la psicología del consumo se han estudiado ampliamente estos mecanismos, que limitan la racionalidad del individuo y lo hacen menos consciente y responsable. Numerosas investigaciones han mostrado cómo las emociones intensas (picos emocionales o hot states) pueden sesgar las decisiones de compra. En esta situación, los factores viscerales y la activación emocional intensa reducen la capacidad de deliberación y favorecen decisiones más impulsivas.

Además, ante estímulos atractivos, los impulsos se desencadenan de manera inmediata y buscan una gratificación a corto plazo. Esta dinámica resulta coherente con la descripción de la impulsividad como una respuesta difícil de inhibir y asociada a una elevada activación emocional.

La posible aportación de la inteligencia artificial

En este escenario emocional, cabe preguntarse si la tecnología puede aportar racionalidad. La inteligencia artificial ha entrado en la vida cotidiana y en el ámbito empresarial con mucha rapidez. Su uso se ha normalizado en apenas tres años, y una mayoría de consumidores y profesionales la utilizan de manera habitual.

La facilidad de acceso, la capacidad de síntesis y la aparente neutralidad analítica han llevado a que muchas personas la consulten, incluso para cuestiones personales o para decisiones de consumo. La pregunta, llegado este punto, es si una herramienta de este tipo, en un contexto emocionalmente tan cargado como el Black Friday, puede contribuir a una conducta de compra más consciente y responsable.

Si se lo preguntamos a la propia IA, la respuesta es clara. Según sus palabras, puede ayudar al autocontrol planteando preguntas sobre la necesidad real de un producto, sobre lo que ya tenemos o sobre si la necesidad seguiría presente al día siguiente de tenerlo. También puede comparar precios de forma inmediata, identificar el ahorro real o elaborar un presupuesto específico para el Black Friday, organizado según las categorías de interés del usuario.




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Un experimento en el punto de venta

Para observar cómo funciona esto en la práctica, en días previos al Black Friday realicé un pequeño experimento en un conocido distribuidor minorista en España. En dos categorías –cuidado personal (un champú) y tecnología (un televisor)– fotografié los productos con sus etiquetas de precio y pedí a un sistema de IA dos valoraciones:

  1. Si el precio era competitivo frente a otros establecimientos.

  2. Si, en el caso del televisor, la compra tenía sentido para mí.

En la comparación de precios, la respuesta inicial fue algo general, centrada en ubicar el producto dentro del rango habitual. Sin embargo, al solicitar comparaciones más concretas e incluir el nombre de competidores específicos, la herramienta ofreció precios verificados y coherentes.

En el caso del televisor, al ser un producto de alta implicación y mayor precio, las preguntas que formuló la IA sobre el uso previsto, el espacio disponible o las diferencias respecto a mi aparato actual me obligaron a pensar la decisión con algo más de calma, lo que en un día como el Black Friday puede resultar valioso.

Un apoyo puntual con un alcance limitado

La IA puede ser una herramienta útil para hacer más consciente y responsable el proceso de compra en el Black Friday. Ahora bien, y especialmente en las compras no planificadas, conviene recordar que el consumidor entra ese día en un estado mental de compra y ocio, y no parece realista esperar que desee pasar la jornada acompañado de un asistente digital.

Su aplicación puede ser rápida y poco intrusiva para comparar precios, planificar un presupuesto previo o comprobar si un producto encaja realmente en nuestras necesidades y contexto actual. Este tipo de intervenciones es compatible con la experiencia de compra y ayuda a que la utilidad final de los artículos adquiridos se aproxime más a la utilidad anticipada en el momento de la decisión.

The Conversation

Matías Membiela-Pollán no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Black Friday, picos emocionales y autocontrol: ¿puede la IA ayudarnos a ser compradores más responsables? – https://theconversation.com/black-friday-picos-emocionales-y-autocontrol-puede-la-ia-ayudarnos-a-ser-compradores-mas-responsables-270404

Una universidad colombiana construye “hoteles” para abejas y otros polinizadores

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Gipsy Lozano, Doctorando en Ciencias Sociales | Investigador en comunicación científica para Latinoamérica, Universidad de Granada

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El campus de la Universidad del Quindío, en Armenia, Colombia, es uno de los principales centros de biodiversidad de la ciudad. En este lugar, la investigadora Mónica Patricia Valencia Rojas, en colaboración con Delly Rocío García y Óscar Humberto Marín, del programa de Biología, han desarrollado una red de alojamientos poco convencionales. No están pensados para turistas, sino para otros huéspedes esenciales: los polinizadores, que enfrentan una crisis mundial.

Según la ONU, el 75 % de los cultivos alimentarios del mundo dependen de la polinización. No obstante, estas especies están desapareciendo a un ritmo alarmante por la urbanización y el uso de pesticidas.

“Los hoteles y jardines surgen como una estrategia de conservación, pero están pensados más como un recurso para educar a las personas”, explica la investigadora y líder del proyecto, Valencia Rojas.

No se trata de una iniciativa inexplorada. Diversas instituciones han utilizado los hoteles para polinizadores con el objetivo de acercar a la sociedad a las abejas, concienciar sobre su cuidado y derribar mitos en torno a ellas. Sobre todo en Colombia, donde existe la creencia generalizada de que solo hay un tipo de estos insectos.

“Al escuchar la palabra “abeja”, las personas piensan inmediatamente en miel y polinización”, explica Delly Rocío García. De hecho, según cuenta la docente, la única mesa ciudadana para polinizadores en la ciudad giraba en torno a la apicultura. Eso planteó la hipótesis de la investigación: “Los ciudadanos solo visualizan a la abeja amarillita con rayas negras, es decir, Apis mellifera, desconociendo especies nativas”, agrega la investigadora.

La biodiversidad de las abejas

La Apis mellifera no es originaria del continente americano. Fue introducida por los europeos en tiempos de la conquista, haciendo que esta especie altamente social fuera adaptando sus gigantes colonias a los entornos del nuevo mundo y, así, dominara el forrajeo frente a otras especies.

Al ser más robustas y contar con millones de individuos en sus colonias, Apis mellifera tiene la capacidad de llegar en masa a un cultivo y apropiarse de él, desplazando no solo a las abejas nativas, sino también a otros polinizadores. Como curiosidad, su dieta no se limita al néctar de las flores, sino que incluye diversos recursos, incluso de origen humano, como residuos azucarados en basureros.




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“El tamaño y forma de organización de las colonias de Apis mellifera le han otorgado un protagonismo tal que han obligado a las especies de abejas nativas desplazarse, no solo hacia zonas más apartadas de la ciudad, sino también a desaparecer del imaginario de la comunidad”, señala García.

Algunas de estas especies son las meliponinas o ANSAs (abejas nativas sin aguijón), conocidas también como abejas “angelitas” _(Tetragonisca angustula)_. Aunque la mayoría de las abejas son solitarias, estas forman parte del 10% que vive en colonias organizadas. Además, producen una miel muy apreciada por sus propiedades medicinales y por su valor en diversas culturas ancestrales.

No obstante, el panorama de estos insectos está cambiando gracias a los hoteles para polinizadores, que no solo constituyen una herramienta educativa, sino que atraen especies nativas que no se habían reportado en el departamento del Quindío. «Hay posibilidades de haber encontrado especies no reportadas para Colombia o potencialmente nuevas para la ciencia; estamos a la espera de los resultados», comenta la investigadora García.




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Un resort amigable

Los hoteles para polinizadores tienen un diseño pensado en la comodidad de sus huéspedes. Los investigadores uniquindianos utilizaron madera reciclada de las podas hechas por la universidad para construir cajones con sustratos de arcilla, bambú o paja, y perforaciones de 1 cm de diámetro. Los techos son de color azul, el favorito de muchos polinizadores. Y para hacer del complejo algo más atractivo, a su alrededor se sembraron jardines con más de 30 especies distintas, especialmente plantas nativas.

De esta forma, este complejo hotelero no solo busca ofrecer un refugio para las abejas solitarias y demás polinizadores, sino que también se suma a las estrategias colombianas para responder a un proyecto internacional que hace frente a la crisis ambiental. La Iniciativa Internacional de Polinizadores (International Pollinators Initiative), se estableció por el Convenio de las Naciones Unidas sobre Diversidad Biológica (CDB) y es coordinada por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO).




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Ciencia participativa para recuperar el valor de estos insectos

La estrategia de los docentes uniquindianos no solo ha beneficiado a los polinizadores, que a un mes de la instalación de los hoteles, el pasado junio, ya tenían “huéspedes” que incluían a abejas solitarias de la familia Halictidae y especies como la avispa esfécida. Su impacto también ha transcendido a la comunidad, que se ha ido apropiando del conocimiento sobre abejas y polinizadores nativos.

“El valor que la gente le ha dado a las abejas está centrado en la producción de miel y la polinización, y las amenazas principales identificadas son las fumigaciones. Además, suele confundir otras especies como moscas, avispas, abejorros con abejas, o solo identifica a Apis mellifera”, destaca Valencia, parte del equipo de investigadores colombianos que, a través de actividades lúdicas, acercaron el mundo de las abejas a la comunidad.

La tecnología también ha sido fundamental para hacer ciencia ciudadana. A través de la aplicación iNaturalist, la comunidad sube fotografías de abejas que posteriormente son identificadas. De igual forma, se dispuso en cada uno de los hoteles un código QR con el que se puede acceder a paisajes sonoros de cada uno de los ejemplares que van llegando a los albergues.

La iniciativa de hoteles para polinizadores, financiada por la Universidad del Quindío con el apoyo de Jardín Botánico del Quindío, ha comenzado a cambiar la percepción de la comunidad, que pasó de concebir en un solo tipo de abeja –vista únicamente como productora de miel y potencialmente peligrosa por su picadura– a reconocer y apropiarse de las especies nativas. El proyecto ha tenido tanto éxito que, como asegura Valencia, “la gente está pidiendo que estos jardines y hoteles se repliquen en colegios y otras instituciones”.

The Conversation

Gipsy Lozano no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

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¿Un continente sin ruinas? La Antártida, entre la protección ambiental y la memoria

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Maria Ximena Senatore Connolly, Researcher, Instituto de Ciencias de Patrimonio (Incipit -CSIC)

Esqueleto armado con huesos de distintas ballenas localizado en Punta Jougla, Antártida. Nacho Cánepa

¿Puede la Antártida convertirse en el único continente sin ruinas? ¿Qué pasaría si proteger su naturaleza implicara también decidir qué pasado y qué presente recordaremos en el futuro?

Aunque suele imaginarse como un territorio apenas explorado, la presencia humana se extiende ya más de dos siglos y ha dejado huellas materiales y memorias diversas. Pero ¿qué recordamos y qué olvidamos de ella?

Las políticas ambientales, diseñadas para reducir el impacto humano, también actúan como políticas de memoria. Analizar casos contrastantes nos permite reflexionar sobre protección y olvido.

Traslado de módulos habitacionales prefabricados para bases científicas en la Antártida.
Traslado de módulos habitacionales prefabricados para bases científicas en la Antártida.
M. X. Senatore.

En 1959, el Tratado Antártico declaró al continente un espacio dedicado a la paz y la ciencia. Tres décadas después, el Protocolo de Madrid lo convirtió en uno de los territorios más protegidos del planeta. Desde entonces, todo resto de actividades humanas, pasadas o presentes, debe retirarse, salvo excepciones como los declarados “sitios y monumentos históricos”.

Este régimen ha reducido la contaminación y ha protegido la biodiversidad, pero también ha cambiado la forma de planificar el futuro. Hoy se priorizan acciones reversibles como el diseño de bases científicas con arquitecturas desmontables. La protección ha sido necesaria, pero también ha abierto nuevas preguntas. ¿Qué ocurre cuando unas huellas se conservan y otras se eliminan? Entonces empieza a jugar no sólo la protección ambiental, sino también la forma en que se construye la memoria.

Cápsulas del tiempo

La protección histórica se ha centrado en un grupo selecto de sitios, la mayoría ligados a las hazañas de los grandes exploradores o científicos del siglo XX. Sus cabañas, restauradas con detalle, se presentan como cápsulas del tiempo, con latas de galletas, ropa colgada, libros e instrumentos científicos aún en su lugar.

El resultado es un pasado conservado en un instante idealizado: no son ruinas porque ocultan el paso del tiempo. En la restauración no sólo se han borrado distintas capas de historias humanas, sino también aquellas vinculadas a elementos no humanos, como hongos o hielo depositado durante décadas.

Estas reconstrucciones ofrecen una imagen limpia y ordenada de un pasado excepcional y memorable. Así, el recuerdo queda asociado a gestas heroicas, mientras que otras experiencias antárticas diferentes y diversas desaparecen de la escena.

Cabaña de la expedición de Ernest Shackleton en Cabo Royds (Cape Royds), Antártida (1907–1909).
Cabaña de la expedición de Ernest Shackleton en Cabo Royds (Cape Royds), Antártida (1907–1909).
U.S. Department of State

Paisajes vacíos

La “naturaleza intacta” es otro principio importante de la protección de la Antártida. Bajo esta lógica, todo resto de actividad humana que no sea declarado histórico debe retirarse, manteniendo la imagen de un continente puro.

La limpieza protege el medio ambiente, pero también borra memorias de personas, animales y paisajes. Un ejemplo es la antigua factoría ballenera de las Orcadas del Sur. Desmantelada, sin estudios ni documentación, apenas queda memoria de su existencia.

De este modo, la división entre “naturaleza” y “cultura” guía tanto la protección ambiental como el cuidado del patrimonio. De un lado, genera cápsulas heroicas, y del otro, huellas descartadas sin documentar. Así, la política ambiental también moldea qué pasados permanecen visibles y cuáles quedan excluidos.

Huesos de ballenas dispersos en las costas de las Islas Shetland del Sur, Antártida.
Huesos de ballenas dispersos en las costas de las Islas Shetland del Sur, Antártida.
M. X. Senatore.

Algunas ruinas inadvertidas han escapado a esta lógica y se han convertido en el foco de la arqueología contemporánea. No remiten a un pasado único y estático, sino que están en cambio constante. Son fragmentos desordenados donde se cruzan lo humano y lo no humano, el pasado y el presente. Un ejemplo muy interesante son los huesos de ballenas que yacen en las playas. No encajan en categorías de patrimonio cultural, ni en la idea de naturaleza intacta. Al mismo tiempo, condensan pasados diversos e inexplorados.

¿Cómo llegaron allí y qué historias anteriores reflejan? ¿Cómo se perciben hoy en día? Estas preguntas están abiertas y muestran el potencial de los restos para generar conocimiento sobre la interacción entre humanos y la Antártida.

Esqueletos de ballenas

En los años setenta, el naturalista francés Jacques-Yves Cousteau visitó una playa cubierta de huesos. Los interpretó como restos de la industria ballenera que tuvo impacto en la Antártida a comienzos del siglo XX. Con algunos armó un gran esqueleto y lo llamó “un monumento a la locura humana”.

Esta historia es poco conocida pero el esqueleto persiste. Armado en la playa, pasa fácilmente desapercibido porque se interpreta como algo natural. Sin embargo, está formado por huesos de distintos animales y especies. Es un ensamblaje que mezcla historias y tiempos diferentes.

No es el único caso. Tal vez inspirados por Cousteau, otros esqueletos han sido armados poco a poco, de forma anónima. Uno se integró a la vida cotidiana y afectiva de una base científica, otro se convirtió en atractivo turístico, y así han generado nuevas experiencias y significados. Nos muestran que las ruinas forman memorias presentes, cambiantes y abiertas.

Memorias de la Antártida

Los recuerdos no siempre se dejan encasillar. Como los esqueletos de ballenas, no son sitios históricos, tampoco desechos y mucho menos naturaleza intacta. Nos obligan a pensar en los efectos no esperados de las políticas de protección y en las múltiples formas que puede tomar la memoria antártica.

Ruinas del siglo XIX entre colonias de pingüinos y elefantes marinos en isla Livingston, Islas Shetland del Sur, Antártida.
Ruinas del siglo XIX entre colonias de pingüinos y elefantes marinos en isla Livingston, Islas Shetland del Sur, Antártida.
M. X. Senatore.

De la mano de la protección ambiental se ha construido una historia selectiva que ofrece un pasado idealizado y limita lo que se recuerda. El desafío es abrir la mirada hacia memorias menos controladas e idealizadas, más diversas y cercanas. Memorias que, como las ruinas que sobreviven, se resisten a quedar fijadas en una única forma de relato.

Asimismo, esta ausencia tiene efectos prácticos: limita la investigación ambiental e histórica y también reduce nuestra capacidad de comprender las interacciones humanas con y en la Antártida, incluidas las experiencias –cambiantes y diversas– de quienes han vivido y trabajado allí. Sin esas huellas, el lugar aparece como un territorio sin inscripciones ni conexiones.

La Antártida podría convertirse en el único continente sin ruinas: todo se construye con vistas a un futuro retiro. En ese proceso de crear pasados excepcionales y presentes bajo la idea de pureza ambiental, ¿olvidaremos cómo llegamos hasta aquí?

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Maria Ximena Senatore Connolly no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ¿Un continente sin ruinas? La Antártida, entre la protección ambiental y la memoria – https://theconversation.com/un-continente-sin-ruinas-la-antartida-entre-la-proteccion-ambiental-y-la-memoria-264725

¿Cuándo eliminar el chupete o evitar que el bebé se chupe el dedo? Una guía para madres y padres

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Ascensión Vicente Hernández, Profesora Titular de Ortodoncia, Universidad de Murcia

El chupete y el dedo son grandes aliados del consuelo infantil, pero también pueden afectar la salud bucal. Si se mantienen más tiempo del recomendable, estos hábitos de succión pueden alterar el crecimiento de los maxilares y la posición de los dientes. Saber cuándo y cómo retirarlos es fundamental para evitar problemas futuros.

Succionar para sobrevivir; succionar para calmar

La succión comienza siendo un reflejo, es decir, una respuesta motora involuntaria. Se observa por primera vez en los fetos a las 14 semanas de gestación hasta que, a medida que el cerebro madura, el comportamiento se vuelve voluntario (entre los 4 y 6 meses de edad).

Este reflejo es fundamental para que el recién nacido pueda alimentarse, pero no tiene el mismo fin cuando los bebés crecen un poco y succionan el chupete o el dedo. Por eso los llamamos hábitos de succión no-nutritivos.

¿Qué encuentra el niño en ellos? Algo muy importante: consuelo y relajación. Y si el menor está en calma, también lo están los padres. Algunos estudios han evidenciado cómo el uso del chupete se asocia con menor estrés materno, una mejor relación madre-hijo y una percepción más positiva de la afectividad del niño.




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Calma momentánea, efectos duraderos

Entonces, ¿por qué alterar la calma familiar retirando estos hábitos? Porque si se mantienen en el tiempo pueden afectar al desarrollo de dientes y maxilares.

Los efectos de succionar el chupete y el dedo son parecidos. Lo que solemos encontrar en los niños que lo siguen practicando cuando se van haciendo mayores son unos dientes superiores separados y con inclinación hacia fuera. En cambio, los dientes inferiores se inclinan hacia la lengua.

También se altera el crecimiento del maxilar, haciendo que desarrollen un maxilar más estrecho de lo normal. El hueso no crece bien porque, cuando en la boca se introduce el chupete o el dedo, la lengua deja de estar en contacto con él. Y es ella el principal estímulo para su crecimiento.

Si el maxilar es más estrecho de lo normal, a veces la mandíbula se desvía para que puedan contactar los molares. Si no se corrige en edades tempranas, esto puede provocar una asimetría facial.

Otra característica que vemos en las bocas de estos niños es lo que nosotros llamamos “mordida abierta anterior”, un espacio entre los dientes superiores e inferiores a nivel vertical. A edades tempranas, a veces solo es un problema dentario, pero en otras ocasiones puede deberse a una alteración del crecimiento, necesitando en estos casos un tratamiento más complejo.

Cuanto más tiempo esté el chupete o el dedo en la boca, mayores serán sus efectos. Y, al contrario de lo que piensan muchos padres, el uso del chupete durante el tiempo dedicado al sueño sí tiene efectos, debido a las muchas horas en las que ese objeto está actuando. No olvidemos que un niño de entre 3 y 5 años suele dormir de 10 a 13 horas al día.




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Cuándo y cómo decir adiós al chupete y al dedo

Lo ideal es que estos hábitos cesen alrededor de los 2 años, momento que suele coincidir con la erupción de la última muela de leche. Si se eliminan en torno a esta edad, los efectos son leves y suelen revertir con el propio crecimiento del niño. A partir de ese momento, cuanto más se alargue en el tiempo su retirada, las consecuencias irán siendo más evidentes y el hábito se irá consolidando.

Generalmente, alrededor de los 2 años no suele ser complicado eliminar estos comportamientos, sobre todo el chupete. Se puede ir retirando paulatinamente o de manera tajante, en función de cada niño. En ambos casos se requiere firmeza y paciencia. Es aconsejable que los progenitores celebren los logros de sus pequeños y les ofrezcan alternativas, como un peluche para dormir.

Si el hábito persiste y hay posibilidad de razonar con el niño, se pueden emplear refuerzos positivos o establecer un sistema de recompensas por los logros conseguidos. Cuando ninguna de las anteriores estrategias resulta suficiente, es necesario colocar un aparato en la boca.

No obstante, no podemos olvidar que lo más importante de todo es que el niño esté convencido de que quiere dejar el hábito. Como, normalmente, la succión del dedo es más difícil de retirar que el chupete, los padres deben estar atentos para que el niño no sustituya ese objeto por el dedo.




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El dedo como refugio

Como apuntábamos, en ocasiones, el hábito de succión digital es muy difícil de eliminar, ya que existen factores psicológicos asociados. También puede ocurrir que, tras años de la eliminación de la costumbre, el niño comience a hacerlo de nuevo.

Esto suele suceder tras situaciones que pueden ser traumáticas para el menor,
como la muerte de un familiar cercano, durante el divorcio de los padres o debido a problemas en el colegio. Es decir, en el momento que se genera tensión emocional en el niño, éste se refugia en el dedo para liberarla.

Cuando llega la adolescencia, el hábito de succión digital persistente suele ser sustituido por el de morderse las uñas.

Como muestra la evidencia, chuparse el dedo o usar chupete es habitual durante los primeros años de vida porque ayuda a los más pequeños a sentirse seguros y a calmarse. Pero si el hábito se mantiene, puede afectar al desarrollo orofacial. Además, es importante fijarse si el gesto es solo costumbre o si sirve de consuelo frente a la ansiedad, la inseguridad o la falta de apoyo emocional.

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Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. ¿Cuándo eliminar el chupete o evitar que el bebé se chupe el dedo? Una guía para madres y padres – https://theconversation.com/cuando-eliminar-el-chupete-o-evitar-que-el-bebe-se-chupe-el-dedo-una-guia-para-madres-y-padres-268531

La selección: una mirada abierta 50 años después del franquismo

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Lola Delgado, Editora de Política y Sociedad, The Conversation

Exposición en la que se muestran sellos de la época franquista. Hèctor Juan/Wikimedia Commons, CC BY-SA

Un reciente artículo en The Conversation abordó la cuestión de los embalses construidos durante el franquismo. Según una investigación, entre el 50-70 % del agua embalsada en España estuvo controlada históricamente por empresas eléctricas, no por los regantes como proclamaba la propaganda del régimen.

Al cumplirse 50 años desde la muerte de Francisco Franco nos parecía el momento adecuado para traer a la actualidad diversos artículos que examinan aspectos del régimen que gobernó España entre 1939 y 1975.

Y también algunos desmentidos históricos que conviene saber, como el de que los embalses eran cosa de Franco.

Esta discrepancia entre propaganda y realidad se extendía a muchos otros aspectos de la vida cotidiana, especialmente cuando se trataba de derechos y libertades personales.

Restricciones legales y sociales.

La vida diaria estaba marcada por numerosas restricciones legales y formas de represión.

En 1954, por ejemplo, el régimen modificó la Ley de Vagos y Maleantes para incluir los actos homosexuales como “estado peligroso”. Las consecuencias fueron severas y desconocidas hasta hace relativamente poco tiempo: cientos de homosexuales fueron internados en la Colonia Agrícola Penitenciaria de Tefía, en Lanzarote, un campo de trabajos forzados en una mina con condiciones durísimas.

Para las mujeres, las limitaciones eran especialmente rígidas y, desde luego, desmienten esa idea que tienen hoy en día muchos jóvenes de ultraderecha de que con Franco se vivía mejor. Actividades que hoy consideramos básicas requerían autorización escrita del marido o del padre: abrir una cuenta bancaria, trabajar, viajar al extranjero o gestionar propiedades.

El divorcio estaba prohibido, lo que significaba que no había escapatoria legal de situaciones, por ejemplo, de violencia doméstica. La llamada “licencia marital” no era un mero trámite burocrático, sino una manifestación legal de la falta de autonomía de la mitad de la población.

Las instituciones de control social

Cuando las mujeres no se ajustaban al modelo establecido, existían mecanismos institucionales para “corregirlas”. El Patronato de Protección a la Mujer internaba a aquellas consideradas alejadas del ideal de “mujer decente” definido por el régimen. Esta institución operó desde 1941 hasta 1985: sorprendentemente, una década después de la muerte del dictador.

La dureza del sistema también se reflejaba en instituciones aparentemente benéficas. La Casa de Maternidad de Les Corts, en Barcelona, gestionada por las Hermanas de la Caridad de San Vicente de Paúl, acogía bebés abandonados y madres solteras. Las fichas de estas mujeres que hacían aquellas monjas incluían calificativos como “anormal”, “muy tonta”, “negra” o “retrasada mental”, revelando el trato degradante que recibían personas en situación de vulnerabilidad.

El peso simbólico del régimen

El “alcance” del régimen se extendió incluso más allá de su fin. Francisco Franco estuvo enterrado en el Valle de los Caídos hasta 2019 en un monumento cuya cruz puede verse desde más de cien kilómetros a la redonda. Este monumento, construido con trabajo forzado de presos políticos, fue durante décadas un recordatorio visible del poder del régimen. Actualmente el lugar está en un proceso de resignificación para darle una nueva vida después de trasladar los restos de Franco a un cementerio cercano.

¿Cómo hemos cambiado?

Pero en estos 50 años desde que el dictador murió, la sociedad española ha experimentado cambios importantísimos. Los estudios actuales sobre su evolución ponen de manifiesto aperturas en áreas como la salud mental, cambios rotundos en derechos civiles, estructura familiar y libertades individuales. La comparación de los indicadores actuales con los del período franquista permite evaluar con perspectiva histórica las condiciones de vida de entonces.

Hemos evolucionado. La libertad nos ha permitido hacerlo. Cuando se examina la documentación histórica, las leyes de la época y el funcionamiento de sus instituciones, emerge una realidad ineludible: la vida bajo el franquismo estuvo marcada por restricciones legales, control social y ausencia de libertades básicas para amplios sectores de la población.

Hoy somos capaces de verlo desde la distancia y de decir con libertad que si de algo sirvieron aquellos años fue para que hoy hayamos aprendido de los grandes errores. Ojalá jamás se repitan. Ojalá esta sea la última efeméride que recordemos sobre aquellos tiempos.

The Conversation

ref. La selección: una mirada abierta 50 años después del franquismo – https://theconversation.com/la-seleccion-una-mirada-abierta-50-anos-despues-del-franquismo-270631

Lions have two types of roar – new research

Source: The Conversation – UK – By Jonathan Growcott, PhD student in Environmental Intelligence, University of Exeter

SteffenTravel/Shutterstock

The roar of an African lion is one of the most iconic sounds of the animal kingdom. However, my new research suggests it should actually be separated into two distinct vocalisations: the full-throated roar, and an “intermediary roar” with a flatter, less varied sound. Making this distinction could have important implications for lions’ conservation.

The total population of wild lions in Africa is estimated to be between 22,000 and 25,000, but this number is half what it was 25 years ago. The main drivers of this decline are habitat loss and fragmentation, reduction in prey, and conflict with local people. According to the International Union for Conservation of Nature red list, lions are now vulnerable to extinction.

My colleagues and I investigated roaring in lions to get better at distinguishing between their different vocalisations. But our findings may make it easier to monitor lions’ numbers, which in turn would make it easier to protect them.

You might think you know a lion’s roar from the clip used by MGM at the start of all its films – but that isn’t quite right. It’s actually a tiger’s roar dubbed on top of this famous piece of cinema. Compared with a lion, a tiger’s roar is often raspier and higher-pitched.

In fact, male and female lions produce what scientists call a “roaring bout”. Each begins with a series of soft moans, followed by a subsection of intermediary and full-throated roars, which finally subside into a repetition of grunts.

There is no set length of time a roaring bout will last (though most are between 30 and 45 seconds), and the number of vocalisations within each subsection does not keep to a strict formula.

The roaring bout is important behaviour. Not only does it signal to other lions in their pride where they are, but to unfriendly lions, bouts can be used to advertise territorial boundaries.

The loudest, most complex component of a lion’s roaring bout is the full-throated roar, which is an individually identifiable sound. Each lion’s full-throated roar is as specific to the individual as the pattern of spots are to a leopard (and as my 2024 paper found, their roar too).

Population density estimates are a key metric for identifying priority areas for conservation. If individual lions can be identified by their full-throated roars, then researchers could use this to count them.

However, picking out the full-throated roars from other vocalisations within a roaring bout is tricky. Even for those with expert ears, it is a subjective process which is prone to human bias.

The reason becomes clearer when you look at a spectrogram of a lion’s roaring bout – a visual representation of its sounds using an x-axis of time (seconds) and y-axis of frequency (hertz). The full-throated roar at the start of the mid-section of the bout rarely looks or sounds the same as the roar that occurs right before the grunts kick in. Which made me wonder: should these different roars be classified the same?

My colleagues and I leaned on AI to help us analyse our roar recordings. Perhaps this could help solve the issue of subjectivity, we thought, and classify lion vocalisations automatically, creating a tool so that other researchers always know which roar is right for counting lions.

We used supervised machine learning to classify the vocalisations which occur in a lion’s roaring bout into three call types: full-throated roars, grunts, and our newly identified intermediary roar.

From the spectrogram, we could see that the full-throated roar is loud, complex and arcs in pitch. The intermediary roar was a flatter sound with less variation – and it always followed the full-throated roars. Grunts were shorter and even more compact.

Using simple acoustic parameters – the duration of each vocalisation and its maximum frequency – we could then identify each call type with an accuracy of 95.4%. As the full-throated roars are unique to each individual lion, we wanted to test whether our AI analysis of full-throated roars was better at distinguishing between different lions than human hearing.

We found we could identify individual lions at an accuracy of 94.3% – an improvement of 2.2% over when human-selected full-throated roars were used. Using this technique for identifying full-throated roars could hopefully lead to more accurate population density estimates of lions.




Read more:
Lions are still being farmed in South Africa for hunters and tourism – they shouldn’t be


It is exciting to discover the language of lions is more complex than previously thought. However, it is unclear what the communicative differences of the two roar types may be.

Scientists have long believed that lion roars may convey information relating to pride size, age and identity – but without Dr Doolittle to translate the meaning of moans, grunts and roars, this is still guesswork.

Therefore, it may take some time before “lion” appears as an option on Duolingo. For now, we should just celebrate the fact that AI can help us to discover more about wild phenomena as iconic as a lion’s roar.

The Conversation

Jonathan Growcott was funded via a doctoral training grant awarded as part of the UKRI AI Centre for Doctoral Training in Environmental Intelligence (UKRI grant number EP/S022074/1).

ref. Lions have two types of roar – new research – https://theconversation.com/lions-have-two-types-of-roar-new-research-270314

Golden retriever and human behaviour may be linked by the same genes – new research

Source: The Conversation – UK – By Daniel Mills, Professor of Veterinary Behavioural Medicine, University of Lincoln

PeopleImages/Shutterstock

Humans have probably shared their homes with dogs ever since they first settled. So it could be argued that there is no such thing as “human society” without including animals as part of it. Our long shared history with dogs has even be described as a form of co-evolution.

And a new study my colleagues at Cambridge and I published shows golden retrievers and humans seem to share a genetic basis for at least some behaviour.

Dogs show many adaptations that might help them live and co-operate with people. Ancient humans may even have been selected dogs’ ancestors for an ability to eat a more human diet than wolves. At a psychological level there are many adaptations that aid communication between the two species, like an ability to follow human gestures such as pointing, that exceeds that of our closest relatives, chimpanzees.

Dogs also appear to be exceptionally skilled at responding appropriately to human emotion. But it is not all one sided. Humans seem to show an intuitive understanding of the nature of dogs’ vocalisations.

Nowadays, our relationship includes sharing the hustle and bustle that is so often a feature of modern living. So it is not surprising that there is an exceptionally high prevalence of stress-related problems arising in dogs, especially in countries like the US.

This has led researchers to question to what extent we might share mental health problems too. Recently there have been several claims about the potential for an autism-like syndrome in dogs. In March 2025, a similar genetic marker was identified for some of the social problems related to autism.

Our study has taken this genetic search to another level. My team and I analysed the genetic code and behaviour of 1,300 golden retrievers, looking for genes associated with their behavioural traits. “Equivalent” genes in humans, inherited from the same evolutionary ancestor, were then identified.

They also identified the genes’ associations with a range of human intelligence, mental health and emotional processes. I specialise in studying and managing companion animal emotions at the University of Lincoln, and so I worked with the team to explore the psychobiological basis to these traits.

Dog sitting in the street on leash, torso and legs of owner behind
More similar than you’d think?
Lopolo/Shutterstock

We identified 12 genes where there seemed to be a connection between dogs and humans that related to similar psychological functioning. Some of these were closely aligned in terms of the emotional responses they produced, for example responses related to non-social anxiety. However, in other cases the link was perhaps less obvious.

But we formed hypotheses that may explain the association. When we did this, we found logical reasons to support the similarities we saw in the genetic associations in humans and golden retrievers.

For example, the canine gene ADD2 was associated with fear of strangers, but in humans was related to depression. A key characteristic of depression in people is social withdrawal, so we suspect there may be a common genetic link, which manifests in dogs (who are generally hypersocial) as stranger anxiety.

Other potential associations were with human conditions that involved complex cognitive processes, like self reflection, which are not thought to occur in dogs. However, as we looked more deeply into the range of human associations we could identify potential reasons for even some of these associations.

For example, trainability in dogs tended to be linked to genes in humans that are connected to not only intelligence but also sensitivity about being wrong. As far as we know, dogs cannot project themselves and their circumstances in the abstract ways people can, but they can certainly vary in their sensitivity to unpleasant experiences. so this might form the basis of the common genetic root between the two species.

The results provide a great basis for future studies in comparative and evolutionary psychiatry. As, Eleanor Raffan, a vet and assistant professor of physiology who led the Cambridge side of this research, said: “The findings are really striking – they provide strong evidence that humans and golden retrievers have shared genetic roots for their behaviour. The genes we identified frequently influence emotional states and behaviour in both species.”

There are, of course, differences in the ways that humans and dogs experience their
emotions. A lot of human emotion is tied up in complex thought processes. However, that does not undermine the importance of related conditions that might reflect mental health or suffering.

Enoch Alex, the first author of the report and a PhD candidate in the department of physiology, development, and neuroscience, summed this up: “These results show that genetics govern behaviour, making some dogs predisposed to finding the world stressful. If their life experiences compound this, they might act in ways we interpret as bad behaviour, when really they’re distressed”.

Although it might be tempting to sometimes dismiss academic work on dogs as somewhat frivolous, in this new work, there are hints at an important new role for dogs in our shared society: as natural models of mental health issues.

The Conversation

Daniel Mills does not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organisation that would benefit from this article, and has disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

ref. Golden retriever and human behaviour may be linked by the same genes – new research – https://theconversation.com/golden-retriever-and-human-behaviour-may-be-linked-by-the-same-genes-new-research-270402

Any peace deal in Ukraine must be just and fair – the plan proposed by the US and Russia was neither

Source: The Conversation – UK – By Selbi Durdiyeva, Visiting Scholar, Nottingham Law School, Nottingham Trent University

Details of a new peace plan for Ukraine are emerging after officials from the US, Ukraine and its European allies met in Geneva on November 23. They discussed the 28-point plan presented by Russia and the US the previous week, which has been widely criticised as requiring concessions from Kyiv that critics said would be tantamount to surrender.

These two plans, which represent the contrasting positions approved by Ukraine and Russia, are now being discussed in Abu Dhabi by officials from the US, Russia and Ukraine.

The plan which emerged from Geneva is reportedly based on a European counter-proposal to the US-Russia plan that had been developed in Miami by US envoy Steve Witkoff and Kirill Dmitriev, head of Russia’s sovereign wealth fund.

Full details of the Geneva plan have yet to be published. But reports suggest that unlike the US-Russian plan, it leaves open the door to Nato membership, removes restrictions on the size of Ukraine’s post-war army, and removes a proposal for an amnesty for war crimes committed since Russia’s invasion in February 2022.

The most contentious issues, including any territory to be ceded by Kyiv and Ukraine’s future Nato membership – something that Russia strongly opposes – will be decided by the Ukrainian president, Volodymyr Zelensky, and his US counterpart, Donald Trump. Ukraine is calling for a meeting between Trump and Zelensky within days to iron out the remaining issues.

It’s no surprise that neither Ukraine nor its allies in Europe were happy with the the US-Russia deal developed by Witkoff and Dmitriev. Apart from looking more like a plan for Kyiv’s capitulation than a credible pathway to peace, it presents some serious problems – both legal and moral.

Territorial concessions

The 28-point US-Russia proposal suggests Ukraine should concede parts of Ukraine’s internationally recognised territory including Crimea, Donetsk and Luhansk, which would then become internationally recognised as part of Russia. It also calls for the frontlines to be frozen in Kherson and Zaporizhzhia, with “de facto recognition” along the current line of contact between the two armies.

ISW map showing the state of the conflict in Ukraine, November 24 2025.
The state of the conflict in Ukraine, November 24 2025.
Institute for the Study of War

This would legitimise acquisition of territory by means of force and aggression, and hence would be in contravention of obligations under Article 2(4) of the UN Charter, which prohibits the “the threat or use of force against the territorial integrity or political independence of any state”.

The illegality of Russia’s invasion in 2022 was underlined in June 2025 when the Council of Europe established a special tribunal to prosecute senior political and military leadership “for the crime of aggression against Ukraine”.

If the territorial concessions detailed in the US-Russia plan were to be adopted, they would hinder effective investigation and prosecution of any such crimes of aggression – and thus set a dangerous precedent for future conflicts.

Impunity and accountability

The US-Russia plan’s proposed blanket amnesty for war crimes also contradicts international law. The law governing conduct of hostilities – and public international law in general – imposes an obligation for states to investigate, prosecute and punish war crimes.

While international law does not outlaw amnesties in pursuit of reconciliation, for the establishment of truth or to prevent war recurring, these should not interfere with a state’s obligation to investigate and prosecute international crimes. So, blanket amnesties are incompatible with this requirement.

The scale of documented violations in Ukraine over nearly four years makes the idea of an amnesty especially troubling. The Ukrainian authorities, with support from civil society, have documented more than 183,000 alleged war crimes since 2022.

The International Criminal Court has issued arrest warrants for senior Russian figures including Russia’s president, Vladimir Putin. National prosecutors in Europe are pursuing cases under universal jurisdiction.

Granting amnesty would nullify these investigations. It would signal that even the gravest crimes can go unpunished as a result of political deal-making.

The principles of transitional justice place victims at the centre of any post-conflict processes. They are entitled, under international law, to truth, justice and reparations. But the US-Russia plan does not outline any role for victims. Instead, it effectively deprives them of their right to pursue justice.

Research suggests that peace agreements without mechanisms to ensure accountability all too often end up with further outbreaks of violence. The pursuit of justice, which can include – but should not be limited to – criminal prosecutions, can be slow, costly and imperfect. But it tends to strengthen the rule of law and provide some form of remedy to the victims.

The US-Russia plan’s clause limiting the size of Ukraine’s post-conflict armed forces to 600,000 personnel is also controversial.

It is common to see measures such as demobilisation and disarmament in non-international armed conflicts. This was part of the settlement in peace negotiation processes for Colombia’s lengthy civil war in 2016. But applying them to a state which is the victim of aggression in an international armed conflict reverses the logic of accountability.

Ukraine is the state under attack. Limiting its defence capability while the aggressor retains its forces undermines both security and justice.

A fragile ‘peace’

Critics have described the US-Russia plan as “a gift to Putin”, as it aligns with the Kremlin’s longstanding demands while disregarding Ukraine’s legal rights. It would transform the future of millions of Ukrainians into a bargaining chip for great-power politics.

However, it appears that Kyiv’s European allies recognise this danger. The negotiations now underway in Abu Dhabi will be vital – as will any meeting between Trump and Zelensky to agree the framework of a new deal which fairly represents Kyiv’s position.

A genuine and just peace agreement must reflect the system of international law which, for 80 years, has sought to prevent the sort of aggression that Russia has unleashed on Ukraine. The 28-point plan presented by the US and Russia clearly failed to meet that test.

It is now up to Ukraine and its allies to ensure that any plan which does go forward rests on justice, accountability and the rights of victims – not on concessions to an aggressor.

The Conversation

Selbi Durdiyeva does not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organisation that would benefit from this article, and has disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

ref. Any peace deal in Ukraine must be just and fair – the plan proposed by the US and Russia was neither – https://theconversation.com/any-peace-deal-in-ukraine-must-be-just-and-fair-the-plan-proposed-by-the-us-and-russia-was-neither-270511

Operation Condor: the secret system that terrorised exiled South American dissidents 50 years ago

Source: The Conversation – UK – By Francesca Lessa, Associate Professor in International Relations of the Americas, UCL

Fifty years ago on November 25 1975, military intelligence officers from Argentina, Bolivia, Chile, Paraguay and Uruguay gathered in the Chilean capital of Santiago to set up what they called the “Condor System”.

Better known as Operation Condor, this was a secret transnational terror network that allowed repressive regimes in these countries to persecute opponents living in exile. It left behind a legacy of torture, as well as hundreds of kidnappings, disappearances and murders.

Condor was built on three main operational pillars. First, all intelligence information about perceived subversive activities across the region was centralised in a database in Santiago. Second, an encrypted communications channel let state agents communicate secretly and efficiently. And third, the so-called office for coordination and advanced command oversaw joint operational activities.

Argentina, Chile and Uruguay also set up the Teseo unit to target exiles from those three countries who were living in Europe. And while Operation Condor ended in late 1978, bilateral operations which mainly saw Argentina collaborate with Brazil, Paraguay and Chile continued until early 1981.

A map showing the member states of Operation Condor.
Operation Condor allowed South American leaders to target people who had fled their home countries and continued to denounce the dictatorships from abroad.
Plancondor.org

Because of Operation Condor’s top-secret nature, there are no official lists of victims. But my research has confirmed there were at least 805 victims between August 1969, when several South American regimes began collaborating in informal ways, and February 1981.

While victims came from a variety of backgrounds, they were mostly political and social activists plus members of revolutionary armed groups, primarily from Uruguay, Argentina and Chile.

Seeking justice

From 1976, when Condor’s repressive operations peaked, evidence was being compiled on the atrocities committed by member states. In 1977, for example, a Uruguayan journalist called Enrique Rodriguez Larreta gave evidence to Amnesty International in London about his abduction in Buenos Aires the previous year. He had travelled there to search for his missing son.

Rodriguez Larreta recounted how he was detained and tortured in three secret prisons across Argentina and Uruguay, before being released six months later. His testimony provided undeniable evidence of the clandestine coordination between South America’s military regimes.

Further proof of Operation Condor’s atrocities was provided in 1979, when American journalist Jack Anderson wrote an article in the Washington Post revealing Condor’s role in the assassination of Orlando Letelier in 1976. Letelier was a minister in the government of Chile’s socialist former president, Salvador Allende.

Wider progress towards justice was limited while South America’s dictatorships remained in power. But the collapse of several regimes across the region in the 1980s opened a window of opportunity.

This period saw some groundbreaking achievements including the Nunca Más (Never Again) report, published in 1984 by Argentina’s National Commission on the Disappearance of Persons. Beyond investigating the military dictatorship’s systematic practice of disappearing people, the commission was the first official state body to recognise Operation Condor’s transnational terror machinery.

However, the possibility of seeing perpetrators stand trial for their crimes was again delayed. So-called impunity laws were sanctioned by democratic governments in Argentina and Uruguay in 1986 and 1987, effectively preventing proceedings against people accused of committing crimes during the military dictatorships.

These laws were passed primarily to quell military dissent and prevent further uprisings after the return to democracy. The laws in Argentina and Uruguay accompanied existing amnesty laws in Brazil and Chile.

The tide of justice finally began to turn in 1998. That year, former Chilean dictator Augusto Pinochet was detained in London to face charges for human rights abuses, including Condor atrocities.

Pinochet was spared from trial on medical grounds. But there has been considerable progress since then in the investigation, prosecution and sentencing of state agents for the atrocities committed by Operation Condor.

A map showing the status of criminal cases regarding Operation Condor.
Over 100 South American civilian and military officers have been sentenced to prison over crimes committed under Operation Condor.
Francesca Lessa, CC BY-NC-ND

My research has mapped 50 criminal trials since 1976 that endeavoured to shed light on some of these atrocities. Convictions have been handed down in 40 of these trials so far, with over 100 people sentenced to prison.

These include high-profile figures like former dictators Reynaldo Bignone of Argentina and Juan María Bordaberry of Uruguay. Several high- and middle-ranking military officers, such as Chilean colonel Manuel Contreras, Argentine admiral Antonio Vañek and Uruguayan colonel José Nino Gavazzo, have also been jailed.

Most of these trials have taken place in South America, with 13 verdicts handed out in Argentina, 11 in Uruguay and seven in Chile. In September 2025, retired military intelligence officers Carlos Alberto Rossell and Glauco Yannone were sentenced in Uruguay to 12 years in prison. These men were found guilty of abducting and torturing political activists Universindo Rodríguez and Lilián Celiberti, as well as Celiberti’s two children, in the Brazilian city of Porto Alegre in 1978.

This sentence is significant, despite a four decade-long delay. In February 1984, Rodríguez and Celiberti were the first people to file a lawsuit in Uruguay for the crimes they had suffered at the hands of Operation Condor. At that time, Uruguay was still in the grips of its military dictatorship.

The daughter of Rafaela Filipazzi holding a picture of her mother.
The daughter of Rafaela Filipazzi, who was killed by Jorge Troccoli in 1977.
Janaina Cesar, CC BY-NC-ND

Five verdicts have also been delivered by Italian criminal tribunals. A Rome court sentenced Jorge Troccoli, a former officer in the Uruguayan navy, to life imprisonment in October. He was convicted for the murders of Italian Rafaela Filipazzi, Argentine José Agustín Potenza and Uruguayan Elena Quinteros between 1976 and 1977. Troccoli is a dual Uruguayan-Italian national and fled to Italy in 2007 to avoid prosecution in Uruguay.

According to Alessia Merluzzi, a lawyer I consulted prior to writing this article, this prosecution not only once again confirmed the existence of Operation Condor, it also “probed deeper into its violent and operative mechanisms and structures”. Merluzzi added: “It revealed the modus operandi of the repressive agents beyond borders – and the specific, planned and methodical organisation of the atrocities suffered by the three victims”.

While significant progress has been made towards achieving justice for victims of Operation Condor, many of its crimes remain shrouded in impunity and silence. As the Inter-American Court of Human Rights recommended in 2021, all former Condor member states should work together to uncover the extent of this transnational network’s crimes.

The Conversation

Francesca Lessa’s projects “Operation Condor” and “Plancondor.org” received funding from University College London, the University of Oxford John Fell Fund, The British Academy/Leverhulme Trust, the University of Oxford ESRC Impact Acceleration Account, the European Commission under Horizon 2020, and the Open Society Foundations. Lessa is also the Honorary President of the Observatorio Luz Ibarburu, a network of human rights NGOs in Uruguay, as well as the principal researcher and the coordinator of the Plancondor.org collaborative project.

ref. Operation Condor: the secret system that terrorised exiled South American dissidents 50 years ago – https://theconversation.com/operation-condor-the-secret-system-that-terrorised-exiled-south-american-dissidents-50-years-ago-268139