¿Por qué la diabetes y la depresión forman una pareja cada vez más común?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By José Lesmes Poveda López, Profesor de Fisioterapia, Universidad San Jorge

StoryTime Studio/Shutterstock

La conexión entre diabetes y depresión no es una simple coincidencia clínica. A pesar de que tradicionalmente se han tratado independientemente –una en la consulta de endocrinología y otra en la de salud mental o de atención primaria–, ambas enfermedades mantienen una relación bidireccional.

Hoy sabemos que la diabetes tipo 2 duplica el riesgo de sufrir un episodio de depresión y, a su vez, la depresión aumenta significativamente las probabilidades de desarrollar diabetes.

Además, su presencia combinada cada vez es más alta. Pero ¿a qué se debe?

Una epidemia a doble banda

Los datos epidemiológicos son contundentes: la presencia de depresión en personas con diabetes tipo 2 se sitúa entre el 24 % y el 28 %. Esto significa que aproximadamente uno de cada cuatro adultos mayores con diabetes convive con un trastorno depresivo, una tasa que duplica la de la población general.

Nos enfrentamos a una tendencia que se está acelerando de forma alarmante en los últimos años. A lo largo de la última década, el registro de depresión en pacientes con diabetes tipo 2 se ha disparado en Estados Unidos y Reino Unido. Además, ya no es un fenómeno exclusivo de personas mayores: el incremento afecta de manera especial a jóvenes con diabetes de inicio temprano.

Y, sorprendentemente, la peor salud mental y los síntomas depresivos ya son detectables en personas que solo tienen prediabetes, mucho antes de recibir un diagnóstico formal de la enfermedad.

El dilema del huevo o la gallina

Para entender el origen de esta relación, debemos romper el mito de que la depresión es una simple “tristeza” o una reacción mental lógica ante el diagnóstico de una enfermedad crónica como es la diabetes tipo 2.

El manejo de la dolencia implica una elevada carga psicológica, ya que el paciente debe tomar decisiones médicas y de estilo de vida las 24 horas del día y los 7 días de la semana (medición de glucosa, fármacos, dieta, ejercicio…). Ese esfuerzo continuo de adaptación, unido a la preocupación por la evolución de la enfermedad y a la aparición de sentimientos como culpa o vergüenza asociados a los hábitos de vida, se relaciona con el denominado distrés por diabetes.

Este tipo de tensión emocional dañina está vinculada a su vez con la aparición de síntomas depresivos y, finalmente, una persona con depresión puede presentar sesgos cognitivos (filtros de pensamiento) que reducen significativamente su percepción de autoeficacia y de salud.

Los citados síntomas afectan directamente a la confianza que el paciente tiene en el manejo de la diabetes, y están unidos a hábitos poco saludables como el sedentarismo, el tabaquismo o las dietas hipercalóricas. Sin embargo, el abandono de esos hábitos no lo explica todo.

La hipótesis inflamatoria y el estrés biológico

Desde el punto de vista fisiológico, la unión de diabetes y depresión se explica de una manera relativamente sencilla porque ambas patologías comparten la misma maquinaria molecular averiada. El nexo definitivo se encuentra en la hipótesis inflamatoria de la depresión y en el síndrome metabólico. Este último es un conjunto de alteraciones que se dan a la vez y que alertan de la posibilidad de sufrir diabetes en el futuro, como tener triglicéridos altos, obesidad, hipertensión, glucosa elevada o HDL (el llamado “colesterol bueno”) bajo.

Por un lado, el trastorno mental actúa como un estresor interno que sobreactiva de forma crónica el eje hipotálamo-hipófisis-adrenal (HPA). Esto inunda el cuerpo de cortisol (la hormona del estrés), cuyos niveles elevados alteran el equilibrio de la glucosa, promueven la acumulación de grasa visceral y bloquean la acción de la insulina, acelerando la aparición de la diabetes.

Además, ambas condiciones se alimentan de una inflamación crónica de bajo grado. En el síndrome metabólico, el tejido adiposo disfuncional libera proteínas inflamatorias que no solo dañan las células beta del páncreas (encargadas de producir insulina), sino que cruzan la barrera hematoencefálica (protectora del cerebro), alterando la creación de nuevas neuronas y degradando los circuitos nerviosos que regulan el estado de ánimo.

A todo esto se suma la alteración de hormonas metabólicas como la leptina. Su función habitual es avisar al cerebro de que ya estamos saciados y, además, actuar como un escudo protector para nuestras neuronas. Sin embargo, en personas con obesidad y diabetes, el cuerpo se vuelve “sordo” a su señal. Al dejar de funcionar, el cerebro pierde una defensa clave.

¿El resultado? No solo se descontrola todavía más el peso y el azúcar, sino que se apaga un interruptor químico que frena la depresión, haciendo que el paciente se sienta físicamente mucho más agotado, desanimado y con dolores.

Cómo romper el círculo vicioso

La medicina moderna ya no puede permitirse tratar estas enfermedades de forma aislada. El fracaso de la persona diabética en el control glucémico muchas veces se explica por una depresión no diagnosticada que impide al paciente cuidarse y seguir el tratamiento adecuado.

También resulta fundamental alinear atención psicológica e intervención médica. Es indispensable implementar cribados de salud mental rutinarios en las consultas de atención primaria y endocrinología. Esto permitiría atender psicológicamente aquellos síntomas depresivos que interfieren en el mantenimiento de conductas de autocuidado, favoreciendo así el bienestar integral y, en consecuencia, una mejor evolución de los sintomas de la diabetes.

A la hora de elegir tratamientos farmacológicos, el equipo médico debe considerar el perfil cruzado: en primer lugar, utilizar antidepresivos que no empeoren la ganancia de peso o la resistencia a la insulina; y en segundo lugar, apoyarse en las indicaciones de las terapias psicológicas indicadas en el abordaje de enfermedades crónicas y complejas como es la diabetes.

Solo reconociendo que la diabetes y la depresión son manifestaciones interconectadas de un organismo en desequilibrio biológico y psicológico podremos ofrecer a los pacientes las herramientas necesarias para romper este círculo vicioso. Y así recuperar, de verdad, su salud y su calidad de vida.

The Conversation

Juan Francisco Roy Delgado recibe fondos de investigación del Gobierno de España y de la Unión Europea.

Ana Aguilera Gonzalo, Andrés Ráfales Perucha, Beatriz Carpallo Porcar, Daniel Sanjuán Sánchez, José Lesmes Poveda López y Paula Cordova Alegre no reciben salarios, ni ejercen labores de consultoría, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del puesto académico citado.

– ref. ¿Por qué la diabetes y la depresión forman una pareja cada vez más común? – https://theconversation.com/por-que-la-diabetes-y-la-depresion-forman-una-pareja-cada-vez-mas-comun-282202

La salud del río Guadalquivir: un estudio pionero evalúa la calidad del agua y la respuesta de los microbios al estrés ambiental

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Marina Barbudo Lunar, Doctoranda en Bioquímica y Biología Molecular, Universidad de Córdoba, Universidad de Córdoba

joserpizarro/Shutterstock

La calidad del agua del río Guadalquivir muestra un buen estado de salud de extremo a extremo, según los indicadores habituales. Sin embargo, un análisis pionero de su microbioma, de los microorganismos que viven en el río, ha revelado señales de estrés ambiental que habían pasado desapercibidas. El proceso abre la puerta a una nueva forma de vigilar la salud de los ecosistemas acuáticos.

Un río clave para Andalucía

El Guadalquivir, al que los árabes llamaron “el río grande”, es mucho más que el principal río andaluz. A lo largo de sus más de 650 kilómetros atraviesa ciudades como Córdoba y Sevilla, riega cientos de miles de hectáreas de cultivos y abastece de agua a cerca de siete millones de personas.

Su cuenca sostiene una intensa actividad agrícola, especialmente de olivar, arroz y frutales, pero esa misma presión humana también supone la llegada de contaminantes que pueden afectar al equilibrio del ecosistema.

Por eso, conocer el estado de sus aguas es fundamental para conservar uno de los recursos naturales más importantes del sur de España.

¿Cómo se mide la salud de un río?

La normativa europea establece que los ríos deben mantener un buen estado ecológico. Para comprobarlo, los científicos analizamos distintos parámetros del agua.

Habitualmente se miden variables como el pH, el oxígeno disuelto, la turbidez o la presencia de bacterias coliformes. Se trata de un grupo de microorganismos formados por especies como Escherichia, Klebsiella, Enterobacter y Citrobacter, que se encuentran de forma natural en el medio ambiente (suelo y plantas) y en el intestino de los animales y del ser humano.

Después, todos esos datos se integran en un índice que resume el estado del agua o Water Quality Index (WQI). Este tipo de indicadores permite comparar diferentes tramos del río y conocer su estado general. Sin embargo, tienen una limitación importante: no muestran cómo responden los seres vivos que habitan en el agua. Ahí es donde entra en juego el estudio del microbioma del río.




Leer más:
Qué nos dicen las coquinas del Guadiana y el Guadalquivir sobre los microplásticos


Los microorganismos, los primeros en dar la voz de alarma

Bacterias y otros microorganismos participan en procesos naturales que mantienen el río en equilibrio, y son los primeros en reaccionar cuando aparece un contaminante o cualquier otra alteración ambiental. Por eso pueden actuar como auténticos “centinelas” capaces de detectar problemas antes de que sean visibles con los métodos tradicionales.

Para estudiarlos, utilizamos una técnica de secuenciación de ADN que permite identificar la comunidad de microorganismos presente en una muestra de agua sin necesidad de cultivarlos en el laboratorio. Gracias a esta técnica, observamos cómo cambia la comunidad microbiana cuando el río sufre algún tipo de estrés.

Lo que decían los análisis habituales

Nuestro estudio analizó el río desde su nacimiento, en la Sierra de Cazorla, hasta su desembocadura en el Atlántico.

Los análisis convencionales mostraron un deterioro progresivo de la calidad del agua a medida que el Guadalquivir se acercaba al estuario, aunque casi todos los puntos mantenían valores compatibles con un buen estado ecológico. Solo un 10 % de las estaciones de muestreo presentaban indicios de exceso de nutrientes en el agua y contaminación microbiológica.

Además, en el tramo medio y bajo se detectaron cambios en parámetros como la concentración de metales, la turbidez y la cantidad de materia orgánica presente en el agua, compatibles con el impacto de la agricultura y otras actividades humanas.

Sin embargo, el análisis del microbioma reveló una historia muy distinta.

Lo que revelan los microorganismos

La mayor sorpresa apareció en el tramo alto del río.

Aunque los análisis fisicoquímicos apuntaban a una buena calidad del agua, la comunidad microbiana presentaba cambios característicos de un ecosistema sometido a estrés: disminuía la diversidad bacteriana y aumentaban los microorganismos que prosperan en ecosistemas alterados.

También cambiaban las funciones biológicas que realizan estos microorganismos, siguiendo un patrón característico de la respuesta microbiana al estrés ambiental.

El estudio nos ha permitido identificar alteraciones, pero no podemos conocer con certeza su origen. No obstante, la cabecera del Guadalquivir está rodeada por un paisaje dominado por extensos olivares, por lo que será necesario investigar si la actividad agrícola, junto con otros factores como la sequía, están influyendo en estos cambios biológicos.

Hacen falta nuevos estudios para aclarar el origen de estas señales tempranas de deterioro.

Una nueva herramienta para proteger los ríos

Los resultados muestran que combinar los análisis fisicoquímicos con el estudio del microbioma ofrece una imagen mucho más completa del estado del río.

Mientras los primeros describen las características del agua, los microorganismos revelan cómo responde el ecosistema a situaciones de estrés antes de que el deterioro sea evidente.

Este enfoque podría ayudar a detectar zonas de riesgo con mayor antelación y mejorar las estrategias de conservación y gestión ambiental.

Además, será necesario ampliar el seguimiento del Guadalquivir, estudiar con mayor detalle la influencia de sus afluentes y analizar cómo evolucionan en un contexto de cambio climático, en condiciones cada vez más extremas y variables.

The Conversation

Marina Barbudo Lunar recibe fondos de una ayuda FPU 2023 del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades. La investigación ha sido financiada por el Plan Andaluz de Investigación, Desarrollo e Innovación (PAIDI 2020; P20_00143).

La investigación ha sido financiada por el Plan Andaluz de Investigación, Desarrollo e Innovación (PAIDI 2020; P20_00143).

– ref. La salud del río Guadalquivir: un estudio pionero evalúa la calidad del agua y la respuesta de los microbios al estrés ambiental – https://theconversation.com/la-salud-del-rio-guadalquivir-un-estudio-pionero-evalua-la-calidad-del-agua-y-la-respuesta-de-los-microbios-al-estres-ambiental-288746

Próspera y Starbase: las ciudades “sin ley” de las tecnológicas

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Pavel Sidorenko Bautista, Profesor Titular de la Facultad de Ciencias de la Educación y Humanidades, UNIR – Universidad Internacional de La Rioja

La ciudad de Starbase, en Texas, es un mini Estado dirigido por la empresa SpaceX de Elon Musk. Starbase., CC BY-SA

Cuando Próspera, una ciudad en la paradisiaca isla de Roatán (Honduras), fue calificada por el Gobierno hondureño como Zona de Empleo y Desarrollo Económico (“ZEDE”), en 2013, despertó mucho interés entre los inversores extranjeros. Esta figura jurídica relaja la supervisión del gobierno y la legislación para resultar más atractiva a las compañías que llegan de fuera.

Solo cuatro años después, en 2017, el magnate tecnológico Peter Thiel, fundador de PayPal y anterior CEO de la empresa de vigilancia digital masiva Palantir, firmó un acuerdo con el Gobierno hondureño para administrar allí un territorio bajo sus propias leyes. Estas estarían basadas en el common law y bajo la supervisión digital de jueces jubilados del estado de Arizona.

Así fue cómo se fundó Honduras Próspera Inc, que se anuncia en su página web como “un lugar para construir empresas, empleos y bitcoins, con leyes regulaciones e impuestos únicos”.

Una distopía hecha realidad

En su libro The Network State (2022), Balaji Srinivasan, exdirector de tecnología de la plataforma de compra venta de criptomonedas Coinbase, propone una suerte de manifiesto futurista que defiende la creación de entidades soberanas. Con su punto de partida en el ciberespacio, la idea es que que, de manera gradual, se materializarían en entornos físicos.

Este concepto del Estado-red supone la conversión de una comunidad digital en una acción colectiva con vocación política y moral. Mimetiza el proceso histórico de creación de naciones: conciencia nacional, líder-fundador, estructura enfocada en las finanzas y el deseo de una vida en común. No es el argumento de una distopía, sino el mayor anhelo de un grupo de tecnólogos de Silicon Valley.

Ética a la basura: los beneficios son primero

Existen actualmente 300 empresas y start-up operando en Próspera. Estas pueden elegir su propio marco regulatorio, en principio, de entre de las normas vigentes en cualquier país de la OCDE. La libre elección aminora el coste jurídico, no sin riesgos. Por ejemplo, la comercialización de pruebas médicas y los eventuales ensayos prescinden de la aprobación de agencias supervisoras internacionales.

El fenómeno se conoce como [ethics dumping](https://www.c3.unam.mx/noticias/noticia15.html), que puede traducirse como “ética a la basura”. Las compañías se instalan en el Estado-red para reducir sus responsabilidades o saltarse otras a las que estarían obligadas en su país de origen.

Destaca el caso de la firma de biotecnología estadounidense Minicircle, que ha probado en personas terapias genéticas para modificar el ADN y rejuvenecer o aumentar la masa muscular. En Estados Unidos, estas prácticas requerirían la aprobación y supervisión de la FDA, la agencia de vigilancia del medicamento estadounidense. Serían años de inversión en abogados, laboratorios y seguridad médica. Pero Próspera Inc. ofrece un atajo que genera una ventaja competitiva real y un abismo de incertidumbre bioética.

Difícil para Honduras dar marcha atrás

La segunda clave de Próspera es la política fiscal. Los impuestos son mínimos en el territorio, mucho menores que en Honduras o en EE. UU. El manejo de criptomoneda está generalizado y la trazabilidad tiende a cero.

Quizá por eso, en 2022, la presidencia de Xiomara Castro intentó revertir este proyecto mediante la derogación de la ley de ZEDEs. Sin embargo, el aspirante a Estado-red hizo valer la regulación y la mediación ante la CIADI, Centro Internacional de Arreglo de Diferencias Relativas a Inversiones, una institución global del Banco Mundial centrada en la conciliación y el arbitraje de conflictos legales internacionales. El proceso fijaba un coste de 1 630 millones de dólares, una cifra inalcanzable para el gobierno hondureño, que se vio obligado a posponer la derogación sine die.

Groenlandia, Starbase y el reto democrático

Otro caso de disputa por la territorio es Groenlandia, objeto de deseo para ciertas empresas tecnológicas estadounidenses. La compañía Praxis, con más de 525 millones de dólares de inversores basados en criptomonedas y capital de riesgo, ha puesto sus ojos firmemente en esta isla para fundar allí lo que denomina su “primera Ciudad Digital”. Praxis ambiciona la gran isla como un laboratorio para construir sus soluciones de habitabilidad para la colonización espacial de la Luna y Marte.

Dentro de Estados Unidos, un ejemplo más es Starbase, una ciudad fundada en Texas por Elon Musk en torno a la industria de SpaceX. Por el momento, es un municipio oficial incorporado bajo la legislación estatal, por lo que debe cumplir con el marco constitucional de EE. UU. Sin embargo, aspira a ser una ciudad-Estado-red con soberanía y acción al margen de las reglas del modelo federal. Cuenta con un gobierno local electo por sus residentes registrados, bajo la figura de un alcalde y dos comisionados, todos de la empresa SpaceX. Las transacciones se realizan con dólares estadounidenses y en criptomonedas, y aplican impuestos sobre la propiedad (hasta 1,5 % bajo las leyes de Texas).

¿Dónde queda la soberanía popular?

El ascenso de la “globalización corporativa” se ha vinculado con la erosión de la democracia liberal. Los network states eluden el principio de soberanía popular y el bien común, en aras de objetivos corporativos estratégicos. Se podría decir que estamos ante el ascenso de un nuevo modelo de estatificación feudal, empaquetado bajo la retórica y estética de las empresas tecnológicas.

Próspera y Starbase son enclaves amurallados, propensos al lujo y de gran atractivo para nómadas digitales entusiasmados con la hiperproductividad. Esta amalgama de liberalismo económico y feudalismo, impulsada por el marketing y la falsa sensación de éxito e innovación, avanza en detrimento de la ética universal e, incluso, los derechos humanos. El reto institucional en el mundo democrático actual es enorme. ¿Estamos preparados?

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

– ref. Próspera y Starbase: las ciudades “sin ley” de las tecnológicas – https://theconversation.com/prospera-y-starbase-las-ciudades-sin-ley-de-las-tecnologicas-287798

Campamentos de verano: espacios clave de desarrollo infantil y juvenil

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Mª Pilar Rodrigo Moriche, Prof. Ayudante Doctor del departamento de Pedagogía – Directora Escuela UAM de Animación, Universidad Autónoma de Madrid

Roman Samborskyi/Shutterstock

Cada verano, miles de familias buscan una plaza en un campamento para sus hijos e hijas. En un contexto en el que la conciliación sigue siendo un desafío para numerosos hogares, estas actividades se han consolidado como una de las principales respuestas para organizar el tiempo infantil y juvenil durante las largas vacaciones escolares.

Durante las últimas décadas, la oferta se ha ampliado y diversificado de forma notable. A las propuestas impulsadas tradicionalmente por entidades de educación en el tiempo libre y movimientos asociativos se han sumado iniciativas promovidas por administraciones públicas y empresas privadas.

Más allá de su precio y su impacto en la economía familiar, conviene tener en cuenta que los campamentos no son solo una herramienta para conciliar o un lugar donde pasarlo bien: son espacios idóneos para aprender, a través de la experiencia, la participación y la convivencia. Aprendizajes no necesariamente concretos o con una utilidad académica inmediata, pero sí mucho más significativos e importantes para el desarrollo personal.




Leer más:
¿Para qué sirven tantas semanas de vacaciones escolares?


La riqueza pedagógica de no estar en la escuela

A diferencia de lo que ocurre en la escuela, muchos de los aprendizajes que se producen en los campamentos no se enseñan de forma explícita. La convivencia cotidiana, la participación en la vida del grupo y la implicación en actividades compartidas generan situaciones en las que niños, niñas y adolescentes aprenden haciendo: toman decisiones, asumen responsabilidades, cooperan con otras personas, resuelven conflictos y afrontan retos que les permiten desarrollar capacidades personales y sociales difíciles de adquirir únicamente mediante la instrucción o la práctica académica

Son un espacio privilegiado para la formación integral de la persona, capaz de generar bienestar, participación, conciencia comunitaria y desarrollo personal.

Cuando disfrutar también educa

Muchas de las experiencias más valiosas para el desarrollo humano son aquellas que tienen sentido por sí mismas, con independencia de los beneficios que puedan generar en el futuro. Este tipo de “ocio autotélico” está basado en la libre elección, la implicación personal y la satisfacción que genera su práctica.

Así, puede ser más educativo a largo plazo ofrecer a niños, niñas y adolescentes oportunidades para explorar distintas experiencias y construir progresivamente un ocio propio y significativo, en lugar de centrarnos exclusivamente en que mejoren competencias, refuercen aprendizajes, enriquezcan su currículo o generen oportunidades futuras. De este modo, el ocio se reconoce como un espacio de autonomía, elección y desarrollo personal, evitando el riesgo de mercantilizar nuestras vidas y guiarlas exclusivamente por la lógica del consumo y del rendimiento.

Jugar, convivir, explorar la naturaleza, asumir pequeños retos cotidianos o participar en actividades colectivas son experiencias que favorecen el descubrimiento, la curiosidad y el disfrute compartido, y su valor no depende exclusivamente de una finalidad externa.

¿Cuál es mejor?

En este sentido, la calidad de un campamento no viene determinada únicamente por sus instalaciones o por la cantidad de actividades que ofrece. Cumplidas las condiciones mínimas de confort y seguridad, aspectos como la formación del equipo educativo, los valores que orientan la intervención o la coherencia pedagógica de la propuesta suelen tener una influencia mucho mayor en la experiencia de niños, niñas y adolescentes.

Por ello, resulta especialmente relevante que las actividades estén impulsadas por entidades o escuelas de animación y tiempo libre reconocidas, ya que estas deben cumplir los requisitos establecidos por la normativa autonómica en materia de educación en el tiempo libre, relativos al proyecto educativo, la formación del equipo docente y la organización de las actividades.

Contextos privilegiados frente a las pantallas

En nuestra sociedad el tiempo compartido con otras personas, la vida al aire libre y las experiencias comunitarias compiten con formas de ocio cada vez más individualizadas y mediadas por las pantallas. Los campamentos crean contextos privilegiados para relacionarse, participar y sentirse parte de un grupo, aspectos estrechamente vinculados al bienestar y al desarrollo integral de niños, niñas y adolescentes.

Son los recuerdos más intensos que se nos quedan en la vida adulta: no una competencia adquirida ni un resultado medible, sino una amistad, una aventura compartida, un reto superado o el descubrimiento de capacidades que hasta entonces desconocían.

El capital social y la equidad

Además, los campamentos generan otro tipo de beneficios que rara vez aparecen en los debates sobre precios o conciliación: producen capital social. Es decir, crean relaciones, redes de confianza y vínculos de pertenencia que amplían las oportunidades de quienes participan en ellos.

Durante unos días o unas semanas, niños, niñas y adolescentes conviven con personas procedentes de contextos distintos al suyo, construyendo relaciones de confianza y vínculos que, en muchos casos, perduran más allá de la propia experiencia.




Leer más:
Actividades veraniegas para niños y adolescentes al alcance de todos


Junto a las relaciones entre iguales, los campamentos permiten establecer vínculos con referentes educativos diferentes de la familia y de la escuela. Monitores, monitoras y coordinadores se convierten con frecuencia en figuras de acompañamiento que ayudan a afrontar desafíos, descubrir capacidades y ampliar horizontes personales, enriqueciendo las redes de apoyo disponibles para niños, niñas y adolescentes.

Todo ello resulta especialmente relevante en un contexto marcado por el aumento de las experiencias de soledad no deseada y por el debilitamiento de algunos vínculos comunitarios. En una realidad donde la participación continúa condicionada por factores económicos, territoriales y organizativos, garantizar el acceso a estas experiencias y el bienestar que conllevan a todos los niños y adolescentes es una apuesta por la equidad educativa y la cohesión social.

The Conversation

Mª Pilar Rodrigo Moriche no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. Campamentos de verano: espacios clave de desarrollo infantil y juvenil – https://theconversation.com/campamentos-de-verano-espacios-clave-de-desarrollo-infantil-y-juvenil-287393

De la Odisea a nuestros días: la huella de Homero en el español actual

Source: The Conversation – (in Spanish) – By M. Dolores Jiménez López, Doctora en Lingüística, Titular de Universidad, Universitat Rovira i Virgili

Estatua de Homero en Grecia Thirasia/Shutterstock

Una compañera comenta que llegar al trabajo “ha sido una odisea”. Al abrir el ordenador, el antivirus alerta de la presencia de un “troyano”. En una reunión alguien advierte de que cierta propuesta no son más que “cantos de sirena”, y unos minutos después otro vaticina que, cuando se conozcan los resultados, “va a arder Troya”. Ninguno de ellos está hablando de literatura griega. O quizá sí. Sin haber abierto la Ilíada ni la Odisea, todos acaban de invocar a Homero.

La influencia de Homero en nuestro lenguaje lleva casi tres mil años entrelazándose con la tradición griega, latina y europea. Muchas palabras y expresiones que usamos cada día tienen su origen directo o indirecto en la Ilíada, la Odisea o en la tradición literaria que generaron.




Leer más:
‘Et tu, latín’: ¿podemos enseñar lenguas clásicas de manera moderna?


Del nombre propio al uso común

Algunos de los personajes de la Ilíada y la Odisea han experimentado un proceso lingüístico singular: dejaron de ser nombres propios para convertirse en palabras de uso común. El caso más evidente es “odisea”. El título del poema que narra el accidentado regreso de Odiseo –Ulises, en la tradición latina– a Ítaca acabó designando cualquier viaje largo, difícil y lleno de contratiempos. La aventura del héroe homérico se convirtió así en una metáfora universal de las dificultades del camino.

Algo parecido ocurrió con “mentor”. En la Odisea, Mentor es el fiel amigo de Odiseo a quien este confía la educación y protección de su hijo Telémaco antes de partir hacia la guerra de Troya. No es extraño, por tanto, que hoy llamemos mentor a la persona experimentada que orienta, aconseja y acompaña a otra en su desarrollo personal o profesional.

Menos conocida es la historia de “estentóreo”. El adjetivo procede de Esténtor, un guerrero griego que participa en la guerra de Troya y del que Homero dice en la Ilíada que poseía una voz tan poderosa como la de cincuenta hombres juntos. De ahí que todavía hoy llamemos estentórea a una voz extraordinariamente fuerte y resonante.

Troya como símbolo de conflicto

Si las palabras muestran cómo algunos personajes homéricos terminaron incorporándose al léxico del español, las locuciones y expresiones revelan un fenómeno aún más llamativo: las imágenes creadas por Homero continúan siendo el recurso al que acudimos para explicar situaciones cotidianas. El engaño, el conflicto, el peligro, la vulnerabilidad o la reconciliación siguen expresándose mediante imágenes nacidas hace casi tres mil años.

Una de las más conocidas es la del “caballo de Troya”, convertido en símbolo universal del engaño. Igual que los guerreros griegos lograron introducirse en la ciudad ocultos en el enorme caballo de madera ideado por Odiseo, hoy llamamos caballo de Troya a cualquier persona, objeto o estrategia que se presenta bajo una apariencia inofensiva para infiltrarse y actuar desde el interior.

Derivado del caballo de Troya son también los troyanos informáticos, programas maliciosos que aparentan ser inofensivos para infiltrarse en un sistema y actuar desde su interior.

Cuando una situación termina en un gran escándalo o una discusión se descontrola, todavía decimos que “ardió Troya” o que “se armó la de Troya”, evocando la destrucción de la ciudad tras diez años de enfrentamientos.

Peligros y seducción engañosa

Las aventuras de Odiseo proporcionaron, por su parte, algunas de las imágenes más eficaces para hablar del peligro y de la seducción engañosa. “Estar entre Escila y Caribdis” significa hallarse atrapado entre dos riesgos igualmente graves, sin posibilidad de evitar uno sin exponerse al otro. Así le ocurrió a Odiseo cuando tuvo que atravesar el estrecho donde acechaban estos dos monstruos marinos.

Del mismo modo, los “cantos de sirena” representan todavía promesas tan seductoras como engañosas: discursos, ofertas o propuestas que atraen irresistiblemente, pero que pueden conducir al fracaso si uno se deja llevar por ellas.

El talón y la lanza de Aquiles

Otro conjunto de expresiones tiene como protagonista a Aquiles, el mayor héroe de la Ilíada. La más universal es el “talón de Aquiles”, ese punto débil o vulnerable de una persona, una institución o un proyecto. Aunque el episodio del talón pertenece al desarrollo posterior del mito y no aparece en los poemas homéricos, el personaje de Aquiles dio origen a una de las imágenes más extendidas del español.

Menos conocida es “la lanza de Aquiles”, que alude a aquello que hiere, pero también posee la capacidad de curar el daño causado, una idea que ha servido para describir remedios nacidos del propio mal. A ella se suma “la cólera de Aquiles”, expresión que remite al episodio con el que se abre la Ilíada y que todavía utilizamos para referirnos a una ira desmesurada y difícil de contener.

Pastores que dicen verdades

La tradición homérica también ha dejado expresiones relacionadas con la palabra y las relaciones humanas. “Las verdades del pastor” se aplica a las palabras dichas de forma sencilla, clara y sincera, aunque puedan resultar incómodas para quien las escucha.

La expresión evoca la sabiduría tradicionalmente atribuida a los pastores, de la que existen numerosos testimonios en la literatura. El propio Ulises, sin ir más lejos, se vale de un pastor para recuperar el poder a su llegada a Ítaca, según cuenta Homero en la Odisea.

Pelillos (o lana) a la mar

También “pelillos a la mar” invita a olvidar agravios y dejar atrás los conflictos. Su origen se relaciona con un episodio narrado por Homero en el tercer libro de la Ilíada, cuando griegos y troyanos, dejando a un lado las disputas que habían dado origen a la guerra, celebraron una ceremonia de confraternización. Antes de sacrificar unos corderos ofrecidos conjuntamente a los dioses, cortaron unos mechones de lana que, como símbolo de paz y olvido de las rencillas, arrojaron al mar.

Con el tiempo, aquel rito de reconciliación siguió celebrándose entre los griegos, sustituyendo en ocasiones la lana por algunos pelos de la barba. La expresión conserva hoy ese mismo sentido de perdón y nuevo comienzo.

Más allá de Homero: las huellas de la mitología

La influencia de Homero constituye solo una parte del inmenso legado lingüístico que el mundo griego ha dejado en el español. Nuestra lengua conserva decenas de expresiones nacidas de la mitología, la historia y la literatura clásicas que permanecen plenamente vigentes en el habla cotidiana.

Así, cuando una decisión “afecta a tirios y troyanos”, queremos decir que alcanza por igual a personas o grupos con intereses contrapuestos; y cuando “se arma la de tirios y troyanos” evocamos un enfrentamiento entre dos bandos irreconciliables.

El origen de ambas expresiones se remonta a las luchas que, en el siglo XI a. C., mantuvieron los habitantes de Tiro, la principal ciudad de Fenicia, y los de Troya por el control comercial del Mediterráneo oriental, especialmente del estrecho de los Dardanelos. Mientras los tirios dominaban los mercados occidentales, los troyanos controlaban el comercio con Oriente.

De aquella rivalidad nació la expresión que el español conserva para referirse tanto a dos bandos enfrentados como a aquello que afecta indistintamente a ambos.

Panaceas, ecos y otras cuestiones ‘draconianas’

Además de la famosa “espada de Damocles”, del “hilo de Ariadna”, del “trabajo de Sísifo”, de las “aves Fénix” o de las “cajas de Pandora”, el español conserva muchas otras palabras nacidas de la mitología griega.

Así ocurre con “panacea”, que designa el remedio capaz de resolver todos los males y toma su nombre de Panacea, hija de Asclepio, dios de la medicina, cuyo propio nombre significa “la que todo lo cura”.

O con “draconiano”, adjetivo que aplicamos a leyes o medidas de extrema dureza y que recuerda a Dracón, el legislador ateniense del siglo VII a. C., autor de un código tan severo que, según la tradición, se decía que estaba escrito con sangre.




Leer más:
¿Qué perdemos al abandonar el Griego y el Latín?


Incluso expresiones tan cotidianas como “tener vista de lince”, “quedarse de piedra” o “hacerse eco” hunden sus raíces en la mitología griega. La primera alude a Linceo, héroe dotado de una vista extraordinaria; la segunda evoca a Medusa, capaz de petrificar con la mirada a quien la contemplaba; y la tercera toma su nombre de la ninfa Eco que, por un castigo de Hera, no podía hablar, sino solo repetir el final de las palabras que otros pronunciaban.

La lengua es, en el fondo, una forma de memoria colectiva. En el caso del español, pocas tradiciones han dejado una impronta tan profunda como la griega.

The Conversation

M. Dolores Jiménez López no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. De la Odisea a nuestros días: la huella de Homero en el español actual – https://theconversation.com/de-la-odisea-a-nuestros-dias-la-huella-de-homero-en-el-espanol-actual-282066

Un refugio para carneros homosexuales: ¿cómo se reconocen?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Rubén Bermejo Poza, Profesor Permanente Laboral en el Departamento de Producción Animal UCM, Universidad Complutense de Madrid

Granja Rainbow Wool, un santuario para carneros que prefieren a otros machos. Rainbow Wool. , CC BY-SA

En Alemania, existe un pequeño santuario llamado Rainbow Wool, que rescata carneros. Todos ellos tienen en común estar destinados al sacrificio porque muestran una preferencia sexual por otros machos. Al no ser útiles para la reproducción, suelen descartarse.

La idea de que haya ovejas homosexuales es una noticia llamativa y fácil de compartir. Pero, más allá del debate social que despierta, surge otra pregunta más básica: ¿cómo saber si un carnero prefiere tener relaciones sexuales con otro macho antes que con una hembra?

Una conducta nunca se interpreta de forma aislada

En el reino animal, una misma conducta puede tener significados completamente diferentes según el contexto en el que aparece.

Un pez que permanece inmóvil puede estar descansando, pero también puede estar mostrando una respuesta de miedo. Cualquier animal que deja de alimentarse puede estar enfermo o adaptándose a un cambio ambiental. En la otra cara de la moneda, una elevada actividad puede reflejar curiosidad y exploración. O, por el contrario, estrés y frustración.

Por eso, los etólogos rara vez interpretamos una conducta de forma aislada. Para entender su significado biológico, analizamos cuándo aparece, con qué frecuencia se repite y cuánto tiempo dura. También estudiamos qué otros comportamientos la acompañan y si ese patrón permanece estable a lo largo del tiempo.

Con los carneros sucede exactamente lo mismo. Observar que un macho monta a otro no permite concluir que tenga una preferencia sexual por individuos del mismo sexo. Esa conducta puede formar parte de un comportamiento de dominancia. También puede relacionarse con el aprendizaje durante la juventud, con errores de reconocimiento o con interacciones sociales normales dentro del rebaño.

¿Cómo se determina la preferencia sexual de un carnero?

La clave está en distinguir entre una conducta puntual y una preferencia sexual.

En etología, se utiliza el término “comportamiento sexual entre individuos del mismo sexo” (same-sex sexual behaviour) para describir una conducta observable. Sin embargo, hablar de una preferencia requiere evidencias mucho más sólidas.

El carnero doméstico (Ovis aries) es, probablemente, el modelo animal mejor estudiado en este ámbito. Desde finales de los años 1980, distintos equipos de investigación comenzaron a analizar de forma sistemática el comportamiento sexual de miles de ejemplares. Entre ellos, destacan los experimentos dirigidos por Charles Roselli y sus colaboradores en la Universidad Estatal de Oregón.

Para determinar la preferencia sexual, los investigadores realizaban pruebas repetidas durante dos o tres años. Primero confirmaban que los carneros mostraban un comportamiento sexual activo. Después, se les permitía elegir libremente entre varios machos y varias ovejas en celo.

Solo los ejemplares que mantenían de forma consistente su preferencia por otros machos se clasificaban como orientados hacia machos. Esa clasificación se basaba en pruebas repetidas, no en una única observación.

Gracias a estos estudios, sabemos que alrededor del 8 % de los carneros muestran una preferencia persistente por otros machos. No se trata de una observación aislada. Es un patrón estable, documentado durante décadas.

Correlato en el cerebro

Aquellas investigaciones fueron más allá. Tras caracterizar el comportamiento de estos animales, los investigadores identificaron diferencias en una región del hipotálamo del cerebro, denominada núcleo sexualmente dimórfico ovino –ovine sexually dimorphic nucleus (oSDN)–. Su volumen era, de media, mayor en los carneros orientados hacia hembras que en aquellos orientados hacia machos.

Este hallazgo consolidó al carnero como uno de los modelos animales más importantes para estudiar las bases neurobiológicas de la preferencia sexual. También demostró que este fenómeno podía investigarse con el mismo rigor experimental que cualquier otra característica biológica o comportamental.

¿Qué significa esto desde el punto de vista de la etología?

Quizá aquí reside la mayor diferencia entre la mirada científica y la interpretación que suele hacer el público general. Desde la etología, no nos cuestionamos si un comportamiento es “normal” o “anormal”. Nos preguntamos por qué existe, cómo aparece, cómo se desarrolla y qué función puede desempeñar en la biología de la especie. Nuestra misión no consiste en poner etiquetas a los animales, sino en comprender el significado adaptativo de sus comportamientos.

Esa perspectiva evita interpretaciones simplistas y recuerda que las conductas animales siempre deben entenderse dentro de su contexto ecológico, social y evolutivo.

¿Es un comportamiento excepcional?

El comportamiento sexual entre individuos del mismo sexo está ampliamente documentado en el reino animal. Se ha descrito en centenares de especies de mamíferos, aves, reptiles, peces e, incluso, invertebrados.

Eso no significa que todas las especies presenten individuos con una preferencia exclusiva por animales de su mismo sexo. Significa que este tipo de comportamientos forma parte de la diversidad conductual observada en la naturaleza. Además, puede responder a funciones muy distintas, según la especie.

En los bonobos, por ejemplo, las interacciones sexuales ayudan a reducir tensiones y reforzar vínculos sociales. En los delfines mulares, fortalecen las alianzas entre machos. En otras especies, pueden relacionarse con el aprendizaje, la comunicación social o el establecimiento de jerarquías.

Un amplio estudio publicado en Nature Communications, en 2023, mostró que el comportamiento sexual entre individuos del mismo sexo ha evolucionado múltiples veces de forma independiente en los mamíferos. Los autores proponen que, aunque no contribuye directamente a la reproducción, ayudaría a establecer y mantener relaciones sociales. También podría reducir los conflictos dentro del grupo.

Por tanto, hoy la pregunta ya no es si estos comportamientos existen, sino qué función cumplen en cada especie.

Cuando cambian las preguntas, cambia la ciencia

Durante buena parte del siglo XX, las preferencias sexuales de machos hacia machos apenas aparecían en la literatura científica. No porque fueran inhabituales. Simplemente, casi nadie registraba estas conductas de forma sistemática.

Un estudio publicado en PLOS ONE en 2024 encuestó a investigadores especializados en comportamiento de mamíferos. El 76,7 % afirmó haber observado conductas sexuales entre individuos del mismo sexo en las especies que estudiaba. Sin embargo, solo el 48,2 % las había registrado de forma sistemática. Aún menos investigadores llegaron a publicarlas: solo el 18,5 %.

Mucho más que una historia sobre ovejas

Rainbow Wool ha conseguido que miles de personas descubran una realidad poco conocida del comportamiento animal. Sin embargo, quizá el mayor valor de esta historia sea otro. Nos recuerda que la naturaleza rara vez encaja en categorías simples. También nos enseña que una conducta, por sí sola, casi nunca basta para comprender lo que está ocurriendo.

En comportamiento animal, aprendemos pronto que observar no es lo mismo que interpretar. Comprender una conducta exige contexto, repetición, evidencia y una mirada libre de prejuicios. Quizá esa sea también una buena definición de cómo funciona la ciencia.

El conocimiento no avanza únicamente gracias a nuevas tecnologías o mejores laboratorios. A veces, progresa porque aprendemos a mirar con más atención aquello que siempre había estado delante de nosotros.

La naturaleza no dicta cómo debemos organizar nuestra sociedad. Pero sí nos recuerda una lección de humildad. La diversidad sexual no es una excepción que necesite explicarse: es una parte inherente del mundo vivo.

The Conversation

Rubén Bermejo Poza no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. Un refugio para carneros homosexuales: ¿cómo se reconocen? – https://theconversation.com/un-refugio-para-carneros-homosexuales-como-se-reconocen-288662

El “caramel mocha” desplaza al café de olla: cuando el algoritmo gastronómico devora al patrimonio alimentario

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Alejandra del Carmen Meza Servín, Associate professor, Universidad de Guadalajara

shutterstock GaudiLab/Shutterstock

¿Cuándo dejamos de elegir la comida por su sabor, su historia o sus nutrientes y empezamos a seleccionarla por su paleta de colores? En la era de TikTok e Instagram, el acto milenario de alimentarse ha sufrido una mutación drástica. Hoy, la comida entra primero por la pantalla, pasa por los ojos y, finalmente, si acaso queda espacio para la autenticidad, llega a la boca.

Este fenómeno ha dado paso a lo que podemos denominar el “algoritmo gastronómico”: una estandarización visual de la dieta globalizada, donde el valor de un plato no reside en su herencia culinaria ni en su arraigo territorial, sino en su capacidad para acumular interacciones en redes sociales. Para la Generación Z –los nativos digitales nacidos entre 1997 y 2012–, el consumo de alimentos se ha convertido en un acto de construcción de identidad estética. Sin embargo, detrás de cada café con capas de colores perfectas o de cada bol de ingredientes exóticos se esconde una profunda crisis cultural, agrícola y ambiental.

Secuestro de la atención y hambre visual

El cerebro humano evolucionó para buscar alimentos de manera eficiente mediante la vista. No obstante, la exposición constante a imágenes hiperestilizadas de comida en redes sociales, un fenómeno conocido en la neurociencia cognitiva como hambre visual (visual hunger), ha jaqueado este mecanismo biológico.

Investigaciones sobre el comportamiento del consumidor demuestran que las plataformas digitales estimulan respuestas neuronales y fisiológicas asociadas al apetito incluso en ausencia de hambre física. Los restaurantes diseñados para ser “instagrameables” (con luces de neón, vajillas minimalistas y paredes florales) no venden comida: venden escenarios para la autorrepresentación digital.

Tomando como ejemplo la gastronomía mexicana, los alimentos tradicionales, que tienen tonos pardos o texturas complejas (como un mole negro, un guiso de frijoles de olla o un té de hierbas local), pierden la batalla por la atención frente a la saturación cromática de un polvo de té verde japonés (matcha) o un jarabe industrial de caramelo brillante. El criterio de lo aesthetic o estetizado, que incluye colores pasteles, capas definidas y simetría perfecta, desplaza la imperfección orgánica de la comida real.

Del té de limón al matcha: la comida más fotogénica arrasa

Este cambio de preferencias tiene un costo identitario devastador, particularmente en países con una vasta riqueza culinaria. En México, cuya cocina tradicional fue declarada Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO, se vive una silenciosa desconexión intergeneracional.

Cocineras tradicionales y defensores de los saberes agrícolas advierten sobre una pérdida acelerada de ingredientes y recetas ancestrales debido al desinterés de las nuevas generaciones. El traspaso oral de conocimientos, ese aprendizaje familiar donde las abuelas enseñaban a “curar” el café de olla con piloncillo y canela, o a hervir las hojas frescas del té de limón del huerto familiar, está siendo reemplazado por tutoriales de 15 segundos en formato vertical. Estos mensajes virales promueven recetas estandarizadas globalmente, como el “caramel mocha” (bebida de café que mezcla espresso, jarabe de chocolate y sirope de caramelo) helado o los “smoothie bowls” de açaí (fruto en forma de baya oscura de origen amazónico).

Al sustituir el té de limón (una planta de fácil cultivo doméstico y local) por el matcha importado, o el chocolate de mesa artesanal por jarabes transnacionales de alta fructosa, no solo se altera el paladar. Se rompe la cadena de transmisión cultural que ha sostenido la soberanía alimentaria de comunidades enteras durante siglos.

Desconexión con el territorio y el consumo local

El auge de la comida visual ataca directamente los cimientos de movimientos como el slow food (en español, comida lenta), que defiende una alimentación buena, limpia y justa. Este concepto propone la paciencia, el respeto por los ciclos de la naturaleza y el consumo de proximidad (kilómetro cero). En contraste, el algoritmo gastronómico exige inmediatez, novedad constante y uniformidad.

El reemplazo promovido por la lógica del algortimo y la atención destruye cadenas de producción locales y acentúa el desperdicio de alimentos,. Esto debido a que se descartan aquellos insumos que no cumplen con los parámetros fotogénicos del mercado.

Frente a esta homogeneización, las redes y el mundo digital ofrecen también contenidos que transitan en dirección opuesta, ofreciendo soluciones y alternativas que promueven la conciencia alimentaria y el consumo responsable. Es el caso de la miniserie de podcasts “Somos lo que comemos”, creada por Andrés Cota Hiriart y Claudio Martínez en el espacio Masaje Cerebral, donde se ofrece una visión diversa y anclada en la cultura del territorio. Hongos y micófagos, insectos comestibles, el rol central del maíz o la biotransformación de desperdicios son algunos de los temas abordados en estos programas divulgativos, con destacado nivel de audiencia y difusión en México.

A través de voces científicas e investigadoras, estas iniciativas nos recuerdan que la reconexión con el origen de lo que comemos no es una utopía, sino un compromiso social sustentado en la evidencia.

La mesa como espacio de resistencia

Para contrarrestar el impacto de las tendencias digitales, resulta fundamental abrazar la cocina del aprovechamiento, revalorizar la belleza rústica del producto local y convertir la sostenibilidad en el verdadero centro de nuestra cultura alimentaria.

Solo cuando volvamos a comer con ojos que, más allá de las pantallas, reconocen la historia, la biodiversidad y el respeto ecológico, el algoritmo dejará de dictar nuestra dieta y la mesa se convertirá en un espacio de resistencia sustentable.

The Conversation

Alejandra del Carmen Meza Servín no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. El “caramel mocha” desplaza al café de olla: cuando el algoritmo gastronómico devora al patrimonio alimentario – https://theconversation.com/el-caramel-mocha-desplaza-al-cafe-de-olla-cuando-el-algoritmo-gastronomico-devora-al-patrimonio-alimentario-288339

¿Pueden transmitir legionela los nebulizadores de las terrazas?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Raúl Pérez Caballero, Profesor de Parasitología y Enfermedades Parasitarias, Universidad de León


Pvince73/Shutterstock

Cada verano, corremos a las terrazas para disfrutar de un cóctel o unos aperitivos. De repente, sentimos una sensación de frescor caído del cielo en forma de pequeñas gotitas de agua, que también llegan a nuestra comida y bebida. Es el sistema de nebulización al que recurren los establecimientos de hostelería para refrescar el ambiente. Y cada año reaparece una pregunta: ¿pueden estos dispositivos transmitir legionela?

La duda es comprensible. La bacteria Legionella se transmite por la inhalación de pequeñas gotas de agua, precisamente el tipo de aerosol que generan estos sistemas. Sin embargo, la respuesta no depende de la mera presencia (o ausencia) de un nebulizador. El riesgo está relacionado con las condiciones de la instalación, su mantenimiento y la posibilidad de que el microorganismo se multiplique y llegue a las personas.

Comprender cómo se produce la transmisión permite valorar este riesgo sin caer en alarmismos innecesarios.

¿Qué es la legionela?

Legionella es una bacteria que vive de forma natural en ríos, lagos y otros ambientes acuáticos. Su presencia no supone, por sí sola, un problema para la salud. De hecho, las personas estamos expuestas a ella de forma habitual sin que esto cause una infección.

El riesgo aparece cuando la bacteria encuentra condiciones favorables para multiplicarse en sistemas artificiales de agua. Las temperaturas templadas, el estancamiento y la acumulación de sedimentos o biopelículas pueden favorecer su crecimiento si la instalación no se mantiene correctamente.

Aun así, la presencia de Legionella no implica automáticamente que vaya a producirse una infección. Para que exista un riesgo real deben coincidir varios factores relacionados con la multiplicación de la bacteria y su llegada hasta las personas.

¿Cómo se transmite realmente?

A diferencia de otras enfermedades transmitidas por el agua o los alimentos, la legionelosis no suele contraerse al beber agua. La principal vía de transmisión es la inhalación de pequeñas gotas de agua, conocidas como aerosoles, que contienen la bacteria.

Por eso no basta con que haya agua ni con que Legionella esté presente: también deben generarse aerosoles que puedan inhalarse y proceder de una instalación donde la bacteria haya podido multiplicarse.

Esta forma de transmisión explica por qué la prevención se centra en determinadas instalaciones que pulverizan o dispersan agua. Torres de refrigeración, fuentes ornamentales y algunos sistemas de agua sanitaria o nebulización tienen algo en común: pueden generar aerosoles si no se diseñan y mantienen correctamente.

¿Por qué los nebulizadores llaman la atención?

Los sistemas de nebulización utilizados en terrazas, patios o espacios abiertos pulverizan agua en gotas muy pequeñas. Al evaporarse, estas gotas ayudan a reducir la temperatura del aire y producen una sensación de frescor.

Precisamente porque generan aerosoles, estos sistemas deben cumplir determinadas medidas de diseño, mantenimiento y control, al igual que sucede con otras instalaciones que emplean agua.

Legionella puede multiplicarse cuando el agua permanece estancada y alcanza temperaturas de entre 20 y 45 °C. Los sedimentos y las biopelículas que se forman en las tuberías también pueden favorecer su supervivencia.

Por este motivo, los sistemas de nebulización deben diseñarse para evitar el estancamiento del agua y facilitar su limpieza. También necesitan revisiones periódicas y, cuando corresponde, procedimientos de limpieza y desinfección, que en España están reguladas por una normativa específica.

El objetivo es evitar que la bacteria encuentre las condiciones necesarias para multiplicarse y dispersarse. Y así reducir el riesgo y evitar que crezcan bacterias.

¿Por qué existen normas tan estrictas?

La legionela recuerda que muchos riesgos para la salud no solo están ligados a la presencia de un microorganismo: también dependen de las condiciones que permiten su multiplicación y transmisión. Los nebulizadores de las terrazas son un buen ejemplo.

Cumplir a rajatabla regulación reduce al mínimo la probabilidad de que Legionella pueda proliferar y llegar hasta las personas. Por eso la mayoría de las personas utiliza cada verano este tipo de instalaciones sin sufrir infecciones. Cuando funcionan correctamente y reciben el mantenimiento adecuado, el riesgo de transmisión disminuye de forma considerable.

La existencia de estas normas no debería interpretarse como una señal de peligro. Al contrario, refleja el conocimiento acumulado sobre la enfermedad y la capacidad de la salud pública para anticiparse a los riesgos.

En salud pública, la prevención suele pasar desapercibida. Cuando funciona, apenas se nota.

The Conversation

Raúl Pérez Caballero no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. ¿Pueden transmitir legionela los nebulizadores de las terrazas? – https://theconversation.com/pueden-transmitir-legionela-los-nebulizadores-de-las-terrazas-287132

¿Que haya más vacantes significa que faltan trabajadores en la hostelería?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Santiago Melián González, Catedrático de Universidad, Recursos Humanos, Universidad de Las Palmas de Gran Canaria

Alex Segre/Shutterstock

Cada temporada alta reaparece la misma preocupación en el sector turístico español: hoteles y restaurantes no encuentran suficiente personal. Una de las cifras que más se utiliza para sostener esta idea es el número de puestos vacantes. Tanto el INE como Eurostat publican sus estadísticas y el razonamiento parece sencillo: si hay vacantes es que faltan trabajadores.

Pero una vacante solo indica que una empresa busca a alguien para ocupar un puesto. No explica por qué ese puesto está abierto ni demuestra que la falta de personal esté impidiendo atender clientes, vender habitaciones o aumentar la facturación.

Para indagar sobre esta cuestión nos hemos planteado una pregunta muy concreta: ¿las vacantes reflejan una escasez de trabajadores que limita realmente la actividad empresarial? De ser así, los aumentos en las vacantes deberían ir acompañados de una menor facturación.

Una misma cifra, tres historias distintas

Las vacantes pueden responder, al menos, a tres situaciones:

  1. La primera posibilidad es que se trate de una verdadera restricción laboral. La empresa necesita personal para funcionar a la capacidad deseada, pero no consigue contratarlo. En este caso, el hostelero puede cerrar mesas, reducir horarios, dejar habitaciones sin vender o rechazar demanda. Si este problema se extiende por el sector, cabría esperar que una tasa más alta de vacantes estuviera relacionada con una facturación menor.

  2. La segunda posibilidad es mucho más cotidiana. En un sector con elevada rotación, estacionalidad y contratación frecuente, siempre habrá empresas buscando personal. Las vacantes pueden reflejar el tiempo normal que transcurre entre la salida de un trabajador y la incorporación de otro, sin que ello paralice la actividad.

  3. La tercera posibilidad es casi la contraria a la escasez. Cuando aumenta la demanda, las empresas necesitan ampliar sus plantillas y publican más ofertas. En ese caso, las vacantes pueden crecer al mismo tiempo que la facturación.

Así, contar con puestos sin cubrir, sin más, no basta para saber cuál de estas tres historias está ocurriendo.

Qué hemos analizado

Utilizamos datos del INE sobre vacantes, empleo, facturación y resultados empresariales de 11 sectores de la economía española entre 2014 y 2023.
Estudiamos cómo evolucionaron las vacantes y la facturación dentro de cada sector a lo largo del tiempo. Tuvimos en cuenta el volumen de empleo, las diferencias estables entre sectores y los cambios generales que afectaron a toda la economía cada año.

El objetivo de este análisis no era demostrar que las vacantes causen un determinado resultado, sino comprobar si los datos mostraban, al menos, el patrón que cabría esperar si las vacantes fueran un buen indicador de una restricción laboral: más vacantes acompañadas de peores resultados empresariales.

No encontramos ese patrón

En el análisis inicial, una tasa más alta de vacantes en hostelería aparecía asociada con una facturación mayor, no menor. La relación seguía siendo positiva cuando utilizamos las vacantes existentes el año anterior. Sin embargo, esa asociación desaparecía al excluir 2020 y 2021. Esto indica que el resultado positivo estaba muy condicionado por la excepcional caída de la actividad durante la pandemia y la posterior recuperación.

Cuando utilizamos el excedente bruto de explotación (el dinero que le queda a una empresa tras pagar a sus trabajadores, pero antes de cubrir impuestos, intereses y depreciaciones), en lugar del dato de facturación, tampoco apareció una relación negativa entre vacantes y resultados empresariales. Pero el resultado positivo era débil y apenas significativo, por lo que no puede considerarse una prueba sólida de que las vacantes vayan asociadas a un mejor rendimiento económico.

La conclusión más prudente es otra: en estos datos sectoriales no encontramos un patrón consistente según el cual una mayor tasa de vacantes vaya acompañada de una menor facturación en la hostelería.

Esto no significa que no falten trabajadores

También sería un error interpretar este resultado pensando que la hostelería no tiene problemas de contratación. La suma de datos de un sector (los datos agregados) no permiten conocer lo que ocurre en cada hotel, restaurante o territorio. Algunas empresas pueden sufrir graves dificultades para cubrir determinados puestos, reducir servicios o perder ventas, aunque ese efecto no sea visible en la facturación total del sector.

Además, nuestro análisis identifica asociaciones, no relaciones causales. Su aportación es más modesta, pero también relevante: cuestiona que la tasa de vacantes, por sí sola, pueda utilizarse como prueba de que la escasez de trabajadores está frenando la actividad hostelera.

Se necesitan mejores indicadores

Para diagnosticar una restricción laboral real convendría saber cuánto tiempo permanecen abiertos los puestos, qué vacantes son especialmente difíciles de cubrir, qué salarios y condiciones se ofrecen y si la falta de personal obliga, efectivamente, a reducir horarios de la actividad, cerrar servicios o renunciar a ingresos.

También sería útil distinguir entre vacantes destinadas a sustituir trabajadores, cubrir picos estacionales o ampliar la actividad. Esas situaciones pueden producir la misma cifra, pero tienen significados económicos muy distintos.

Las vacantes son una señal útil, pero incompleta. Para concluir que un sector no puede crecer por falta de trabajadores no basta con preguntar cuántos puestos están abiertos. También hay que averiguar por qué lo están y si realmente están limitando la actividad.

The Conversation

Santiago Melián González no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. ¿Que haya más vacantes significa que faltan trabajadores en la hostelería? – https://theconversation.com/que-haya-mas-vacantes-significa-que-faltan-trabajadores-en-la-hosteleria-286733

Pour protéger les oiseaux, les vitres anti-collision doivent devenir la norme

Source: The Conversation – in French – By Brendon Samuels, Research associate, Western University; Toronto Metropolitan University

Les oiseaux font face à une crise : près de trois milliards d’entre eux ont disparu en Amérique du Nord depuis 1970, en raison des activités humaines qui les affectent, tant eux que leurs habitats.

Chaque année, des milliards d’oiseaux migrent à travers de vastes étendues couvrant les Amériques. Un périple qui s’avère fatal pour bon nombre d’entre eux. Au Canada, des dizaines de millions d’oiseaux meurent chaque année en se heurtant aux vitres des bâtiments, pour la plupart des immeubles de faible hauteur ou des résidences. Cela fait des collisions avec les vitres l’une des principales causes directes de mortalité chez les oiseaux.

Pourtant, les gouvernements sont peu enclins à s’attaquer aux causes du problème. Près de deux décennies après que Toronto soit devenue la première ville au monde à prendre en compte la sécurité des oiseaux dans son processus d’urbanisme, les villes canadiennes sont aujourd’hui à la traîne par rapport à leurs homologues mondiales en matière de protection des oiseaux contre les collisions avec les bâtiments.

Le gouvernement de l’Ontario a récemment adopté une loi qui interdit aux municipalités d’appliquer les normes de construction écologique, y compris les mesures de protection des oiseaux, dans le cadre de leur processus d’urbanisme local.

Cette modification semble aller à l’encontre des lois fédérales protégeant les oiseaux qui s’appliquent aux propriétaires d’immeubles. Le Règlement sur les oiseaux migrateurs et la Loi sur les espèces en péril du Canada interdisent de tuer des oiseaux en provoquant des collisions, même involontairement. Les amendes peuvent aller jusqu’à 1 million de dollars par animal pour la mise à mort d’une espèce en péril inscrite sur la liste.

Notre nouvelle étude explore des stratégies visant à concevoir des villes sans danger pour les oiseaux. En prenant Toronto comme étude de cas, nous avons examiné comment une planification collaborative peut concilier développement et durabilité écologique, tout en réduisant les collisions d’oiseaux contre les bâtiments.

Les leçons des professionnels de la construction

Pour réduire les collisions d’oiseaux contre les bâtiments, il faut commencer par respecter les lignes directrices de conception dès la phase de planification. Les oiseaux, attirés par les espaces verts urbains, ne perçoivent pas les reflets sur le verre et ne voient pas le verre qui leur semble transparent.




À lire aussi :
Comment nourrir les oiseaux de jardin sans propager les maladies ?


Dans certaines villes canadiennes, on applique des motifs en pointillés sur les fenêtres et les garde-corps en verre des immeubles. Il a été démontré que ces repères visuels — inventés à Toronto — aident les oiseaux à repérer le verre et à éviter de s’y heurter.

Concevoir des villes sûres pour les oiseaux implique également de tenir compte de la manière dont ceux-ci se déplacent d’un habitat à l’autre et font face aux dangers présents dans l’environnement bâti.

Dans le cadre de notre étude, nous avons réuni des experts et des professionnels issus de domaines aussi variés que l’architecture, l’architecture paysagère, l’ingénierie et la gestion des installations, afin d’intégrer les différents points de vue sur la sécurité des oiseaux dans une approche interdisciplinaire.

Dans le cadre d’un atelier de co-conception, nous avons cerné les principaux obstacles, de même que les occasions à saisir, pour favoriser une adoption plus généralisée de pratiques de construction urbaine sécuritaires pour les oiseaux. Notre article présente à un public international les leçons tirées de l’expérience de Toronto, et met en lumière les besoins et les progrès réalisés aux échelles institutionnelle, locale et régionale.

Nos résultats fournissent des indications sur la manière dont nos collaborateurs de FLAP Canada — un organisme de bienfaisance voué à la sensibilisation à la sécurité des oiseaux en milieu urbain — peuvent former les professionnels.

Certains promoteurs immobiliers affirment que la conception de bâtiments respectueux des oiseaux est trop coûteuse, « trop contraignante » et constitue un obstacle à la construction de logements.




À lire aussi :
Voici comment aménager des villes plus durables, pour les humains, et aussi pour tous les écosystèmes


Mais les chercheurs et les architectes soulignent que le verre sans danger pour les oiseaux n’entraîne qu’une augmentation négligeable des coûts de construction pour les bâtiments classiques, et que les solutions reposent sur des techniques de fabrication déjà couramment utilisées, comme les vitres anti-regards et les pellicules anti-chaleur.

Le succès de l’approche adoptée par Toronto démontre que la collaboration interdisciplinaire permet d’être plus efficace dans la conception d’environnements plus sûrs pour les oiseaux. Notre recherche propose un modèle visant à briser les cloisonnements disciplinaires afin de développer de tels outils.

Des villes favorables aux oiseaux

Alors que le Canada prend du recul, d’autres pays passent à la vitesse supérieure. Ailleurs, les villes s’adaptent en recourant à l’aménagement et aux mesures politiques pour créer des environnements où les oiseaux et les humains peuvent cohabiter en toute sécurité.

Aux États-Unis, des stratégies initialement mises au point à Toronto sont désormais appliquées à plus grande échelle qu’au Canada. La conception respectueuse des oiseaux est exigée par la réglementation dans des villes comme New York et Washington, D.C, et d’autres pays emboîtent le pas.

Cette croissance s’accompagne d’une coordination accrue entre les pays et les secteurs, notamment par le biais de l’Alliance internationale pour la prévention des collisions d’oiseaux.

Le gouvernement canadien a récemment adopté une Stratégie pour la nature à l’horizon 2030 qui s’inscrit dans le cadre du Cadre mondial de Kunming-Montréal pour la biodiversité.


Déjà des milliers d’abonnés à l’infolettre de La Conversation. Et vous ? Abonnez-vous gratuitement à notre infolettre pour mieux comprendre les grands enjeux contemporains.


De nombreux objectifs de cette stratégie s’inscrivent dans la lignée des principes qui sous-tendent les « villes sans danger pour les oiseaux ». Bien que les engagements fédéraux soient encourageants, le pouvoir de réglementer la construction des bâtiments relève des codes du bâtiment provinciaux et territoriaux. Il reste à voir comment les gouvernements coordonneront la mise en œuvre de la stratégie entre les différentes administrations et les différents domaines politiques.

Alors que les gouvernements élaborent leurs plans de construction, le moment est venu pour les organismes de réglementation et les industries canadiennes de revoir les pratiques de construction désuètes, d’en atténuer les répercussions et de favoriser l’émergence de villes écologiquement résilientes, plus sécuritaires tant pour les gens que pour la faune.

La Conversation Canada

Brendon Samuels est membre de FLAP Canada et occupe le poste de coordonnateur du programme « Bâtiments sans danger pour les oiseaux » au sein de cet organisme de bienfaisance.

Nina-Marie Lister bénéficie d’un financement du CRSH et d’ARC-Solutions pour ses travaux sur les déplacements des animaux et la connectivité écologique. La professeure Lister est affiliée au FLAP à titre bénévole et a cofondé Bird Safe TMU, un groupe communautaire qui surveille le campus de l’Université métropolitaine de Toronto afin de repérer les collisions d’oiseaux contre les vitres.

Sabrina Careri ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

– ref. Pour protéger les oiseaux, les vitres anti-collision doivent devenir la norme – https://theconversation.com/pour-proteger-les-oiseaux-les-vitres-anti-collision-doivent-devenir-la-norme-288763