Personalismo a lo grande: claves para entender la presidencia de Donald Trump a lo largo de este primer año de mandato

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Ana Sofía Cardenal Izquierdo, Profesora de Ciencia Política, UOC – Universitat Oberta de Catalunya

Un año después de la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca, ya no se trata de especular sobre promesas de campaña ni de anticipar escenarios posibles. Su presidencia ofrece un primer balance tangible de decisiones, ritmos y efectos que permite separar con nitidez lo que era previsible de lo inesperado, y, sobre todo, evaluar qué implicaciones tiene este primer año de gobierno para la coalición política que lo sostiene.

Lo que podía esperarse

Desde el inicio era previsible una presidencia marcada por la confrontación directa con los principales contrapesos del sistema democrático estadounidense. Trump ha mantenido y profundizado una política de hostigamiento sistemático contra los medios críticos, la justicia y aquellas instituciones con capacidad contramayoritaria. El Congreso, especialmente, ha quedado relegado a un papel secundario, cuando no irrelevante, lo que algunos analistas han identificado como el principal problema de la extralimitación presidencial.

Esta dinámica no responde a episodios aislados ni a impulsos erráticos, sino a una lógica coherente de concentración de poder. La deslegitimación de los medios hostiles, la presión sobre jueces y fiscales y la normalización del ataque a organismos reguladores forman parte de una estrategia deliberada de debilitamiento de los contrapesos institucionales.

También era esperable la utilización patrimonialista del Estado. Trump no ha roto con su pasado empresarial, sino que lo ha integrado en el ejercicio de la presidencia, difuminando de forma sistemática la frontera entre interés público e interés privado y persiguiendo sin disimulo su enriquecimiento y el de su familia. La confusión entre gobierno y negocio no es un efecto colateral, sino un rasgo estructural de su forma de entender el poder.

Asimismo, Trump ha gobernado claramente para los grupos que lo llevaron al poder. Su agenda –económica, cultural y política– responde de manera directa a las demandas de su base electoral y de los actores organizados que la articulan: desregulación, recortes del Estado, políticas migratorias restrictivas y una concepción mayoritaria y plebiscitaria del mandato democrático. Todo ello encaja con su talante político y con las señales emitidas durante la campaña.

Por último, lejos de un discurso genuinamente antiélite, su presidencia ha consolidado una alianza pragmática con grandes corporaciones, en particular con el sector tecnológico. Más que regular su poder, el Ejecutivo ha optado por instrumentalizarlo.

Lo que no se esperaba (al menos no en esta magnitud)

Si algo ha sorprendido incluso a quienes anticipaban una presidencia disruptiva ha sido la velocidad y la intensidad del cambio. En apenas meses se han sucedido decisiones de enorme calado: el papel central de DOGE –el Departamento de Eficiencia Gubernamental–, el desmantelamiento de amplias capas de la administración pública, recortes masivos de empleo público, el debilitamiento de la cooperación internacional, la imposición de aranceles y el endurecimiento extremo de las deportaciones.

La rapidez no ha sido accidental. Ha funcionado como una estrategia política en sí misma, reduciendo la capacidad de reacción de actores institucionales, judiciales y sociales. Gobernar deprisa ha sido una forma de gobernar sin oposición efectiva y es también una estrategia típica de autócratas decididos a desarticular a la oposición y consolidar su poder.

También ha resultado inesperada la profundidad del giro en política exterior. El lema Make America Great Again –Hagamos América grande de nuevo– parecía apuntar a una retirada del escenario internacional y a una vuelta al aislacionismo. Las primeras decisiones –el distanciamiento de organismos multilaterales, el debilitamiento de la ONU, el desmantelamiento de USAID (Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional)…– reforzaron esa lectura. Sin embargo, el balance del primer año sugiere otra cosa.

No estamos ante una retirada del mundo, sino ante una redefinición del papel de Estados Unidos en términos más cercanos a una lógica imperial que a una potencia de poder blando.

Trump no renuncia a la proyección internacional; rechaza el multilateralismo y apuesta por relaciones bilaterales coercitivas, delimitación explícita de esferas de influencia y control de recursos estratégicos clave para la competición tecnológica global. La reactivación implícita de una doctrina tipo Monroe marca un cambio profundo y poco anticipado.

Especialmente inquietante ha sido, además, la centralidad de los aparatos coercitivos del Estado. El papel de ICE –el Servicio de Control de Inmigración y Aduanas de los Estados Unidos– como brazo ejecutor de la política migratoria, con amplios márgenes de discrecionalidad e impunidad, y el uso creciente de la Guardia Nacional apuntan a la conformación de cuerpos de fuerza altamente leales al Ejecutivo.

Y alarmante es también el potencial despliegue de soldados del ejército en Minneapolis, tras las protestas por el asesinato de Renee Good. La historia comparada muestra que muchos regímenes autoritarios consolidan su poder mediante fuerzas coercitivas personalistas; la analogía no es mecánica, pero el paralelismo resulta difícil de ignorar.

Quizá lo más inesperado por inquietante ha sido la debilidad de los contrapesos. El Congreso ha quedado prácticamente ausente, el Tribunal Supremo ha avalado mayoritariamente las decisiones presidenciales y los medios, aunque más resistentes, muestran una capacidad limitada de freno. Universidades, algunas voces aisladas en el Senado y, de forma creciente, el presidente de la Reserva Federal, Jerome Powell, aparecen como focos dispersos de resistencia institucional.

El impacto sobre su base de apoyo

El efecto de este primer año sobre la base de Trump es ambivalente. Su coalición es amplia, heterogénea y en buena medida instrumental, lo que hace improbable una reacción uniforme.

A corto plazo, su núcleo más leal sale reforzado. La confrontación constante y la narrativa de asedio alimentan un vínculo emocional que interpreta cada choque institucional como prueba de autenticidad. Para esta base dura, Trump no solo gobierna: combate. Aunque el núcleo duro de apoyo a Trump es altamente resistente incluso ante acusaciones graves, los sondeos muestran que su manejo del escándalo de Jeffrey Epstein es uno de los pocos temas en los que su aprobación entre republicanos se desploma por debajo de su respaldo habitual. Esta fractura –moderada pero real– sugiere que una serie de revelaciones más comprometedoras sobre su implicación en las redes de Epstein podría comenzar a erosionar, al menos parcialmente, la fidelidad de su base más leal.

Más ambiguo es el efecto sobre las élites económicas. Aunque muchas se han beneficiado de la desregulación y de un Estado menos intervencionista, la imprevisibilidad, el uso político de los aranceles y la inestabilidad internacional introducen costes crecientes. No se trata aún de una ruptura, pero sí de una relación más tensa.

Entre las clases medias y trabajadoras, el apoyo depende cada vez más del equilibrio entre incentivos simbólicos y efectos materiales. Los recortes en empleo público, la inflación o el deterioro de servicios pueden erosionar progresivamente ese respaldo, especialmente allí donde los costes se hacen visibles. Habrá que estar atentos a sus efectos en este sector menos leal a Trump del electorado.

Por último, sectores institucionales y tecnocráticos muestran una incomodidad creciente. El conflicto con la Reserva Federal, la politización de la administración y el uso discrecional del aparato coercitivo tensionan a actores que valoran la estabilidad por encima de la confrontación ideológica.

Qué conviene observar

Más que fijarse solo en índices de aprobación –que también–, conviene estar muy atentos a señales indirectas: cambios en el discurso de grandes donantes y empresas, silencios estratégicos y voces discordantes dentro del Partido Republicano, eventuales desacuerdos en el Tribunal Supremo, la actitud de la Reserva Federal y la evolución del encuadre mediático en medios tradicionalmente afines.

El primer año de Trump no habla solo de Trump. Habla de la capacidad –o incapacidad– del sistema político estadounidense para resistir una presidencia que tensiona deliberadamente sus límites formales e informales. Incluso si su apoyo electoral se erosionara, muchas de las transformaciones impulsadas podrían perdurar más allá de su figura. En ese sentido, este primer año no parece un paréntesis, sino el inicio de una reconfiguración más profunda del orden político estadounidense.

The Conversation

Ana Sofía Cardenal Izquierdo no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Personalismo a lo grande: claves para entender la presidencia de Donald Trump a lo largo de este primer año de mandato – https://theconversation.com/personalismo-a-lo-grande-claves-para-entender-la-presidencia-de-donald-trump-a-lo-largo-de-este-primer-ano-de-mandato-273873

Un año de Donald Trump: así ha reordenado el tablero global

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Aurken Sierra Iso, Ayudante Doctor, Departamento de Comunicación Pública, Universidad de Navarra

Donald Trump recibe a Benjamin Netanyahu, primer ministro israelí, en la Casa Blanca (7 de abril de 2025). noamgalai/Shutterstock

En su primer año de regreso a la Casa Blanca, Donald Trump ha dado un giro profundo en la política exterior de Estados Unidos. Su estilo –decisiones rápidas, mensajes contundentes y una ejecución que a menudo roza los límites institucionales– ha reordenado prioridades y ha devuelto al centro del debate ideas que parecían superadas. Entre ellas, la lógica de las esferas de influencia, un concepto propio del siglo XIX que reaparece bajo nuevas formas.

Trump ha reivindicado abiertamente la Doctrina Monroe, que en el siglo XIX defendía que el hemisferio occidental debía quedar libre de injerencias europeas. El presidente la ha rebautizado como “Donroe Doctrine”, una versión ampliada que presenta a Estados Unidos como garante exclusivo de la seguridad en América. La idea conecta con un marco más amplio: un mundo dividido en grandes espacios dominados por potencias regionales.

Sus decisiones y declaraciones no solo han modificado la acción exterior estadounidense sino que han obligado al resto de actores internacionales a reaccionar constantemente ante los cambios de rumbo de Washington. Según esta lógica, el mundo se organiza en áreas de influencia y Estados Unidos, como “hegemón” del hemisferio occidental, tendría legitimidad para actuar libremente dentro de su región.

Esferas de influencia: de Schmitt a China

Esta noción recuerda al concepto de “gran espacio” (Großraum) formulado por el filósofo alemán Carl Schmitt, quien defendía que el orden internacional se organiza en torno a potencias que ejercen influencia sobre regiones enteras.

Aunque Schmitt es una figura polémica por su vinculación con el nazismo, su teoría ha sido recuperada indirectamente por algunos intelectuales chinos para explicar el ascenso del país y su papel en Asia-Pacífico. Estudios recientes analizan cómo China articula su influencia mediante inversión, diplomacia y presencia militar en su entorno regional.

Este enfoque también sirve para cuestionar la tesis del politólogo Francis Fukuyama, quien en los años noventa afirmó que la caída de la URSS suponía el “fin de la historia” y la victoria definitiva del liberalismo. La evolución de China, Rusia y ahora Estados Unidos apunta más bien a un retorno de la competencia entre grandes potencias.

La visión estadounidense quedó plasmada en la Estrategia de Seguridad Nacional de 2025, que consolida un reparto del mundo en bloques: Estados Unidos en el hemisferio occidental, Rusia en su vecindad inmediata y China en Asia-Pacífico.

El documento supone una ruptura con el orden liberal de la posguerra, basado en reglas universales e instituciones multilaterales, y apuesta por una lógica más territorial y jerárquica.

De Monroe a “Donroe”: exclusividad hemisférica en clave siglo XXI

La política exterior de Trump se ha movido en coordenadas similares a las chinas, aunque con fundamentos distintos. Dos episodios recientes ilustran esta lógica: la intervención estadounidense en Venezuela y el interés por la posible compra o anexión de Groenlandia bajo el pretexto de la seguridad nacional. Ambos casos se basan en la idea de que Estados Unidos tiene derecho a actuar libremente dentro de su área de influencia.

Pero no solo tenemos esos dos ejemplos, en este último año ha habido más acciones, como los ataques contra presuntos barcos narcotraficantes en el Caribe, la presión sobre Panamá por la gestión del canal que Trump quiere recuperar, nuevas sanciones a Nicaragua y restricciones más estrictas a Cuba o el refuerzo de su relación con Nayib Bukele en El Salvador a cambio de cooperación en materia migratoria.

Todas estas acciones responden a una misma idea: Estados Unidos tiene derecho a actuar libremente dentro de su área de influencia y a impedir la presencia estratégica de potencias externas. La “Donroe Doctrine” formaliza esta visión y la convierte en eje de la política exterior estadounidense.

El choque entre la agenda internacional y las expectativas internas

Sin embargo, esta estrategia exterior no puede entenderse sin mirar hacia dentro. La dialéctica de la administración Trump contrasta con las prioridades de muchos de los votantes que lo llevaron a la Casa Blanca en 2024. Su apoyo se cimentó en un diagnóstico claro: las administraciones anteriores habían traicionado al estadounidense medio.

Según la retórica del presidente, la globalización desindustrializó el país, amplió las brechas sociales y fortaleció a rivales estratégicos. Las élites –tanto republicanas como demócratas– habrían ignorado estos problemas, provocando el empobrecimiento del ciudadano común.

Por eso, la viabilidad política de la “Doctrina Donroe” se medirá en las elecciones de medio mandato. Trump controla los tres poderes del Estado, pero su mayoría en la Cámara de Representantes es extraordinariamente estrecha –la más exigua en casi un siglo–. El éxito de su agenda internacional sólo será valorado positivamente si los votantes perciben mejoras en su calidad de vida. Si la economía se resiente o el poder adquisitivo cae, los frutos de este intento de reordenar el sistema internacional habrá que buscarlos en otro lugar.

Mientras tanto, conviene seguir a quienes han analizado conceptualmente este viraje –entre ellos, el escritor y economista estadounidense Benn Steil– para entender un cambio que, por primera vez en décadas, no se limita a la retórica, sino que reconfigura el reparto real de poder.

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Aurken Sierra Iso no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Un año de Donald Trump: así ha reordenado el tablero global – https://theconversation.com/un-ano-de-donald-trump-asi-ha-reordenado-el-tablero-global-273869

¿Son las relaciones abiertas y el poliamor la ‘solución’ a la infidelidad?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Jorge Barraca, Profesor de Psicología, Universidad Camilo José Cela

Alena Lom/Shutterstock

La infidelidad ya no es solo aquello que ocurre a escondidas en sábanas ajenas. Aunque las definiciones científicas clásicas la asocian al sexo o al vínculo amoroso fuera de una relación comprometida y “exclusiva”, esa frontera empieza a difuminarse. Hoy, el propio concepto de exclusividad –durante décadas indiscutido– está en el centro del debate.

Las parejas abiertas, poliamorosas y, en general, las que mantienen relaciones no monogámicas consensuadas –estos términos no son realmente equivalentes y pueden indicar diferentes tipos de acuerdos en la relación, aunque aquí se tomarán indistintamente, pues se plantea una comparación entre formas convencionales de relación (monogamia) y el resto– harían saltar por los aires esta conceptualización. ¿Podríamos suponer entonces que no deberían sufrir nunca una infidelidad?

De acuerdo con la psicoterapeuta estadounidense experta en el campo de las relaciones sentimentales Esther Perel, las infidelidades siempre reúnen tres componentes: secretismo, alquimia sexual e implicación emocional.

Hay que tener presente que hablamos del sentimiento de infidelidad, más que de unos hechos objetivos que podrían concurrir en el caso. Si se aceptan estas premisas, es posible que los miembros de una pareja abierta sufran, igual que los de una monogámica, este tipo de sentimiento. Pues aunque admitirían el deseo sexual hacia otra persona –e incluso cierto grado de implicación afectiva en el poliamor–, si este se oculta o no se explicita estaría produciéndose un engaño equivalente al de la infidelidad convencional.

“Sexo sí, pero nada de quedar luego”

Y, muchas veces, esa es la cuestión: por una u otra razón no se cumplen las reglas o los acuerdos establecidos en una pareja poliamorosa y que podrían ir del “sexo sí, pero nada de quedar luego” al “tengo que saberlo primero”, el “tengo que conocerla/o antes”, el “solo teniendo un encuentro, no repetidos” o “sin intercambio de mensajes”.

Estas y tantas otras normas tratan de ayudar a controlar los celos, los sentimientos de distanciamiento, la pérdida de una relación privilegiada frente a otras personas. O sea que, frente al acuerdo, normalmente tácito, de la relación tradicional (no hay sexo fuera de la pareja), en la pareja abierta ese pacto sería siempre explícito y más detallado.

Sin embargo, aunque se hayan establecido unas normas, ¿resulta posible desprenderse de los sentimientos de posesividad cuando la pareja está manteniendo relaciones sexuales con otra persona? Esta cuestión reabre el viejo tema de si la monogamia es algo natural para la especie humana o, únicamente, producto de las estructuras sociales, de nuestra inculturación. Probablemente, este debate sea tan estéril como tantos otros en los que se contrapone el nuture-narture (lo innato frente a lo aprendido).

Como afirma el/la psicólogo/a y activista Meg-John Barker, “la manera en que conformamos una relación está influida por una compleja red de factores biológicos, psicológicos y sociales que resulta imposible de desenredar”.

La clave está en cómo manejar el deseo

Indudablemente, el deseo o impulso sexual es algo natural, pero cómo lo manejemos y hacia dónde lo dirijamos es algo que no puede desvincularse de nuestra educación. Ocurre lo mismo con el apetito y la necesidad de comer: lo innato es el impulso por nutrirnos, pero lo trascendemos y creamos el arte gastronómico. Plantear, por tanto, que somos polígamos por naturaleza, por razones evolutivas, por impulsos biológicos o por pulsiones primarias siempre va a ser objeto de un debate simplificador.

En el libro Infidelidad. Una mirada contextual he planteado que esta es multicausal y dependiente del contexto. Que es reduccionista achacarla tanto a la propia forma de ser del “infiel” (su personalidad, impulsividad, problemas psicológicos, autoestima, niveles hormonales, deseo y frustración sexual, mala gestión emocional…) como a su educación y aprendizajes, a la mala relación con la pareja actual o a las experiencias con las anteriores, a las oportunidades disponibles, al consumo de alcohol u otras sustancias, al atractivo de la tercera persona o al ambiente en el que se está.

El fenómeno tiene que ver con todos estos factores y también con muchos otros, en un marco vital determinado y en un momento dado. Solo ese amplio análisis puede darnos una pintura acabada y, naturalmente, nada de esto es exclusivo de las parejas monógamas.

Dado que en las parejas poliamorosas la infidelidad se entendería como la ruptura de los consensos y las reglas sobre cuándo o cómo mantener otras relaciones sexuales, es difícil compararlo con la de las tradicionales y no hay estudios propiamente dichos sobre el malestar que provoca.

Sin embargo, algunas investigaciones sobre satisfacción con la pareja apuntan a que las relaciones abiertas serían igual de gratificantes que las monogámicas. No obstante, hay una notable controversia sobre su continuidad o estabilidad, pues varios trabajos señalan que estas parejas se enfrentan a un mayor esfuerzo emocional, comunicativo y de gestión de tiempo; y también a dificultades externas (el estigma social y el rechazo en un contexto cultural mononormativo).

Con todo, la escasa bibliografía que existe al respecto no permite extraer conclusiones certeras. Por otro lado, siempre resultará cuestionable si el consenso es semejante para las dos personas o una se está plegando a los deseos de la otra en aras de perpetuar la relación.

Además, de acuerdo con las manifestaciones de los participantes en las encuestas, los practicantes de las relaciones poliamorosas se identifican predominantemente con un tipo muy determinado de perfil (jóvenes, bisexuales, votantes de izquierda y agnósticos o ateos).

Manejo de emociones e infidelidad

En suma, las parejas poliamorosas podrían tener tantas dificultades en el manejo de sus emociones sobre la infidelidad como el resto. Seguramente, no las mismas, pero de lo que se trata es de entender que no se puede escapar de la infidelidad sencillamente optando por una forma de relación de pareja. La atracción de la transgresión de las normas es universal y las habilidades comunicativas, la asertividad, la templanza, el coraje para decir la verdad de lo que se siente nunca puede garantizarse, por muy comprometido que se esté con un modelo relacional.

Al fin, parece que no deja de ser verdad el viejo adagio: cambiar de pareja (o, en este caso, de estilo de pareja) no supone dejar de tener problemas, solo supone cambiar de problemas.

The Conversation

Jorge Barraca no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ¿Son las relaciones abiertas y el poliamor la ‘solución’ a la infidelidad? – https://theconversation.com/son-las-relaciones-abiertas-y-el-poliamor-la-solucion-a-la-infidelidad-266413

The flu is everywhere. So why aren’t Canadians getting vaccinated for viral illnesses?

Source: The Conversation – Canada – By Andrea DeKeseredy, PhD student, Sociology, University of Alberta

The death of Prashant Sreekumar made headlines across Canada when the 43-year-old father of three died in the emergency room of Edmonton’s Grey Nuns hospital after waiting for eight hours with chest pains.

Recently, there have been other reports of preventable deaths in Alberta ERs. Alberta doctors have called the emergency room situation a disaster, citing a tsunami of seasonal respiratory illnesses that have overwhelmed hospitals and led to crowded emergency departments.

Widespread vaccination for common respiratory illnesses, including COVID-19 and the flu, would help to relieve the pressure on hospitals. Yet vaccination rates for seasonal illness are falling across Canada. Our research shows that conflicting messages across levels of government and skepticism about whether the vaccines work may be helping to fuel the emergency-room surge.

This winter is not the first bad virus season in Alberta, nor is it the first time we’ve seen patients die waiting for care. During the 2022-23 viral illness season, a “tripledemic” of viruses rolled across the country, as COVID-19, influenza and respiratory syncytial virus (RSV) circulated simultaneously.

Our research showed how this tripledemic also slammed working parents trying to maintain their jobs while they and their children were infected over and over again.

This year could prove even worse. The 2025-26 season marks a new height in influenza cases, rising above a three-season high. Hospitals across the country have been flooded with patients, and burnt-out health-care workers have been putting in extra shifts.

Despite all of this — and the overwhelming research that shows influenza vaccines keep people out of the hospitalfewer Canadians are getting vaccinated. With declining seasonal vaccination rates each year, Canada now falls far short of the vaccination coverage needed to protect at-risk groups such as seniors or people with chronic illness, which is 80 per cent.

Who do Canadians trust on health care?

Our research explored parental decision-making in Alberta during the tripledemic to understand why, or why not, people get themselves and their kids vaccinated for COVID-19 and influenza. Using Viewpoint Alberta survey data, we found that who parents trust and the messages governments provide around vaccination strongly influence whether they and their kids get shots.

During the pandemic, parents in Alberta faced conflicting messages from governments. Despite the promotion of vaccination by the federal government and public health agencies, the provincial United Conservative Party government took a strong stance against enforcing COVID-19 protective measures. For those who trusted the provincial government, this essentially negated any pro-vaccination messaging provided by other institutions.

Our study found that those who trusted the federal government as a source of health information were more likely to have vaccinated their children for COVID-19 than those who supported the Alberta government’s messaging. The same was true for those who trusted Alberta Health Services and the Chief Medical Officer of Health. Those who placed their trust in the elected UCP government had much lower vaccination rates.

Trust is important, but it’s not the only factor keeping seasonal vaccination rates low. The question of who is perceived to benefit from vaccination also shaped parents’ decisions.

Are seasonal vaccines worth the trouble?

In addition to looking at survey data, we also interviewed parents to better understand how they made their decisions regarding seasonal vaccination for themselves and their children.

We were surprised to learn that after repeated viral illness infections, parents were actually less likely to vaccinate their children. Persistent illness contributed to a sense that infection was both inevitable and mild, often not even worth preventing. Some parents were also skeptical of the novelty of the COVID-19 vaccine compared to more established vaccinations, despite assurances from health-care professionals.

These parents did not hold “anti-vaxxer” beliefs; instead they believed that viral illness season was inevitable, and of little risk to themselves and their children. On top of this, the struggle to balance work and child care already made it difficult for many families to get vaccinated. Because the vaccine didn’t prevent infections altogether, many parents believed it was not worth the added effort.

Canada needs a new approach

Canada does not have the resources to continue this yearly severe illness cycle. Without better uptake of seasonal vaccines, we are doomed to repeat the same mistakes year after year, resulting in more needless deaths and health system crises.

Clear and consistent messaging is key, and the messages of provincial leaders must match those of the federal government. Our research shows that all levels of government have a role to play in building public trust in seasonal vaccines, and in making sure those shots are accessible to everyone. Vaccines must be available freely, widely and early, without pre-booking and payment requirements.

The tragedy of patients dying while waiting for care in a busy emergency room illustrates the dangers of overcrowded facilities. Higher vaccination rates could help prevent respiratory illnesses from overwhelming hospitals. Our governments need to step up and step forward to build public trust and accessibility for seasonal vaccines.

The Conversation

Andrea DeKeseredy receives funding from the Social Sciences and Humanities Research Council (SSHRC).

Michelle Maroto receives funding from the Social Sciences and Humanities Research Council (SSHRC).

Amy Kaler does not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organisation that would benefit from this article, and has disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

ref. The flu is everywhere. So why aren’t Canadians getting vaccinated for viral illnesses? – https://theconversation.com/the-flu-is-everywhere-so-why-arent-canadians-getting-vaccinated-for-viral-illnesses-273354

What Canada can learn from Mexico’s approach to U.S. trade

Source: The Conversation – Canada – By Wolfgang Alschner, Hyman Soloway Chair in Business and Trade Law, L’Université d’Ottawa/University of Ottawa

When United States President Trump imposed tariffs on Canada and Mexico in early 2025, the two countries reacted very differently. Canada led with an “elbows up” campaign involving counter-tariffs and boycotts of American alcohol.

Mexico, by contrast, struck a more conciliatory tone and cautiously started to align its trade policy with the U.S. As Canada prepares for a turbulent 2026, Mexico’s experience offers valuable lessons.

Both Mexico and Canada depend heavily on trade with the U.S: both send three-quarters of their exports there. The Canada-United States-Mexico Agreement (CUSMA) underpins tariff-free access to the U.S. for most North American goods. But the deal is in jeopardy.

The U.S. alleges Mexico and Canada are being used as trans-shipment hubs for Chinese goods. These tensions will come to a head in July 2026 when CUSMA is up for review.

Mexico’s calibrated response

To pre-empt American concerns, Mexico has begun cautiously aligning with U.S. trade policy. As early as 2023, it pledged to work with the U.S. on foreign investment screening to address security issues around rising Chinese investment.

In late December 2025, Mexico followed up by raising tariffs on 1,400 Chinese items to between 35 to 50 per cent, including in sectors like electric vehicles and steel.

It would be wrong to dismiss these measures as capitulations to American demands. Instead, Mexico has cleverly navigated trade tensions with the U.S. while protecting its own values and interests. Mexico’s latest duty increases aim to protect domestic industries and counteract trade imbalances with China.

By raising duties only in select sectors, Mexico avoided putting duties on everyday consumer goods, which have driven up prices in the U.S. In addition, while the U.S. is imposing tariffs on friends and foes alike, the Mexican tariffs explicitly exempt countries with which it has free-trade agreements, supporting its broader trade diversification agenda.

Unlike the U.S. tariffs, which violate international trade law, Mexico’s measures are also fully consistent with its international obligations. As a developing country, Mexico committed to higher tariff ceilings at the World Trade Organization (WTO) than the U.S. This allows it to unilaterally raise tariffs up to the maximum levels permitted under international trade law.

Although China has criticized the move, Mexico’s non-discriminatory application of tariffs to all non-FTA partners avoids singling out any specific country and is legal.

Alignment without subordination

Mexico’s strategy offers a template for aligning with the U.S. without sacrificing sovereignty or respect for the rule of law. It is a far cry from a full North American customs union that some hope to achieve as part of the upcoming CUSMA review, which would unduly tie Mexican and Canadian trade policy to the whims of Washington, D.C.

It also demonstrates Mexico’s ability to walk the tight rope of seeking common ground with the U.S. while diversifying its trade and protecting its industry.

It is also superior to alternative ways of aligning with the U.S. Deals struck by the U.S. with Malaysia and Cambodia committed these countries to aligning with American import restrictions and export controls whenever it is in the U.S. national interest, effectively forcing them to forgo an autonomous trade policy altogether.

Canada also learned its lesson when it copied an illegal 100 per cent U.S. tariff on Chinese electric vehicles in 2024, only to face both U.S. auto tariffs and Chinese retaliation the following year.

Smartly, Ottawa has now partially reversed course by agreeing to allow 49,000 Chinese electric vehicles into the Canadian market at a tariff rate of 6.1 per cent. In return, China is expected to lower tariffs on Canadian canola to 15 per cent by March.

What Canada should do differently

In 2026, Canada will feel growing pressure to align with some U.S. trade-restrictive measures and, like Mexico, should do so smartly. Unlike Mexico, Canada has lower tariff bindings and cannot raise import duties without violating its commitments. Canada needs a bespoke approach, similar to Mexico’s, but implemented differently.

First, Canada should renegotiate its tariff bindings at the WTO in sectors critical to its industrial base. The European Union, for example, is preparing to increase its tariffs on imported steel by renegotiating its bindings at the WTO. This would provide a long-term solution offering predictability for both the affected Canadian sectors and trading partners and would be fully lawful.

In the steel sector, this route is preferable to the current Canadian tariff-rate quota regime, which is both WTO-illegal and hitting Canada’s closest free-trade agreement partners hard.

Second, Canada should actively pursue safeguard measures in sectors affected by trade diversion. U.S. tariffs have closed off the American market and diverted goods to Canada.

Safeguards are WTO-compliant trade defence instruments explicitly designed to counteract an unexpected surge of imports threatening serious injury to a domestic industry. That scenario has already played out in the Canadian lumber and downstream industry and will likely affect other sectors subject to U.S. tariffs.

Third, using the recent rapprochement with China as a blueprint, Canada should strive for similarly nuanced solutions in future partnerships. Rather than dropping electric vehicle tariffs altogether, Canada has negotiated a compromise that let some Chinese vehicles in, but not enough to endanger either its domestic auto-sector or relations with the U.S.

As U.S. trade representative Jamieson Greer recently stated, the U.S. is not asking its trading partners to mirror its trade policy. Rather, it’s looking for “similar trade actions” with “equivalent restrictive effect.”

This pragmatic formulation allowed Mexico to have its cake and eat it too: selectively align with the U.S. in key sectors to preserve its market access, protect domestic industries from trade diversion and avoid upsetting key trading partners elsewhere through WTO-illegal actions. Canada would be wise to follow Mexico’s lead. The recent China deal is a step in the right direction.

The Conversation

Wolfgang Alschner has received research grants from the Social Sciences and Humanities Research Council of Canada.

ref. What Canada can learn from Mexico’s approach to U.S. trade – https://theconversation.com/what-canada-can-learn-from-mexicos-approach-to-u-s-trade-273101

Spain high-speed train crash: signalling vulnerabilities could be key to understanding the accident

Source: The Conversation – Global Perspectives – By Carlos Gutiérrez Hita, Profesor titular de Universidad. Economía industrial (transporte, energía, telecomunicaciones), Universidad Miguel Hernández

A tragic accident on the high-speed train line between Andalusia and Madrid has exposed the urgent need to upgrade Spain’s railway system.

At 19:45 on Sunday January 18, a modern Iryo high-speed train collided with a Renfe train at the switch (turnout) leading into Adamuz station in Córdoba province, Andalusia. The Iryo 6189 service, travelling from Málaga to Madrid, had registered for the track change, but the current information is that the last three carriages literally jumped over the diverted switch that gives access to the track adjacent to the platform, leaving the main track clear.

This caused the last three carriages to derail and collide with the Renfe Alvia 2384 service, which was travelling in the opposite direction from Madrid to Huelva. The collision was violent, though the combined speed of the two trains is still unknown.

Rail liberalisation in Spain

The Spanish passenger rail market was opened up to new competitors in May 2021, but until early 2023 the only trains permitted to run on the Andalusia-Madrid corridor were those operated by the state-owned company Renfe. The reason was that the blocking and safety system on these tracks had not been updated.

Following pressure from new operators OUIGO (owned by French state-owned company SNCF) and Iryo (owned by Trenitalia and its Spanish partners AirNostrum and Globalia), which were already active on the Madrid-Barcelona and Madrid-Levante routes, the Andalusian route was opened up to competitors. This increased the frequency of services and expanded the choice available to users.

The high-speed line from Madrid to Andalusia was inaugurated in 1992, making it the oldest in Spain. Although it has been improved and upgraded in several areas, its safety systems are in urgent need of renovation.

Signalling systems

Across the EU’s nearly 227,000km of railway tracks, there more than 25 different, non-interoperable train protection and signalling systems. These systems (the German LZB, the French Crocodile, the Italian BACC, the Spanish Asra, and so on) control and enable the safe movement of trains.

The German LZB (Linienzugbeeinflussung) signalling system remains in operation on the Andalusia-Madrid railway corridor, installed for the high-speed line. Although efficient, this system is surpassed by the European Rail Traffic Management System (ERTMS), which is already installed on the newest lines.

The ERTMS specifications come from European Union Council Directive 96/48/EC. The aim is for this trans-European system to completely replace national systems and be fully deployed throughout the EU by 2050. The intermediate target is for it to be in use by 2030 on the 51,000km of train lines that make up the nine main corridors of Europe’s core rail network.

In Spain, the new ERTMS system currently exists alongside the old LZB system, which modern trains “read” with a technical workaround known as Specific Transmission Modules (STMs).

Possible causes of the accident

The causes of the accident are still unclear, but it is unlikely to be a fault with the train for several reasons: the trains involved are modern and new, with little wear and tear, and the last technical inspection of the Iryo 6189 train had been carried out four days earlier. Inspections cover many things, including the condition of the wheel flanges, possible stress fractures, the different types of brakes, and so on.

As far as we know, the infrastructure at the point of the accident is also new, meaning the track geometry (curves, straight sections, slopes, ramps) should be in perfect condition. This leaves the possibility that the switch point may not have functioned properly.

At all intermediate stations that are not high-capacity, there are passing tracks or sidings where trains can park and let other trains pass that may be coming behind them and not stopping at that station.

The Iryo train unit was changing tracks to park. One possible hypothesis is that the switch mechanism initially worked correctly due to the signal sent by the LZB reading STM system, but that, for some reason, the switch point moved to the “straight” position prematurely. This would have caused the right wheel of the Iryo unit to collide, jumping over to the adjacent track due to centrifugal force and speed, in the opposite direction to the switch, towards the Renfe unit, which was travelling in the opposite direction. The Renfe train was dragged from the cab down to a currently unknown number of carriages, as can be seen in the images released.

Another possibility is that there was an object on the track, but this would have caused the train to derail from the front.

A deteriorating network

Spain’s high-speed railways, once an emblem of reliability, modernity and vision for the future, have gradually deteriorated. Delays have gone from being rare and brief to lengthy, which has led Renfe to withdraw its commitment to punctuality and ticket refunds. Ongoing incidents affecting the infrastructure managed by the state-owned company ADIF – involving overhead lines, brakes and couplings (such as in the tunnel connecting Madrid’s Atocha and Chamartín stations) – have also undermined user confidence.

Additionally, political ups and downs have prevented the development of a single, agreed-upon plan for the viability, modernisation and structure of the network, which would provide a safe means of transport to meet the growing demand for rail services instead of air travel for distances of up to 800-1,000 kilometres.

The reality is that at this moment there are at least 39 dead, dozens injured and a starkly poor impression of the Spanish railway system. Political and technical leaders must take responsibility, regardless of their ideologies and survival strategies. At stake is a transport system used by a growing number of people in the business and tourism sectors alike, and a major component of the country’s infrastructure.


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The Conversation

Carlos Gutiérrez Hita receives funding from the Spanish Ministry of Science, Innovation and Universities, and from the Valencian regional Ministry of Education, Culture, Universities and Employment.

ref. Spain high-speed train crash: signalling vulnerabilities could be key to understanding the accident – https://theconversation.com/spain-high-speed-train-crash-signalling-vulnerabilities-could-be-key-to-understanding-the-accident-273865

La rehabilitación del ictus está cambiando: lo que la ciencia recomienda hoy

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Luis Polo Ferrero, Profesor en Fisioterapia, Universidad de Salamanca

Halfpoint/Shutterstock

Decenas de miles de personas sobreviven cada año a un ictus, pero muchas quedan con secuelas que afectan su movilidad, el lenguaje, la memoria o las actividades más básicas del día a día. Hace apenas dos décadas, la rehabilitación se basaba en ejercicios repetitivos y en largos periodos de espera a la “recuperación espontánea”. Hoy sabemos que ese modelo se ha quedado corto.

La ciencia ha demostrado que el cerebro conserva una sorprendente capacidad de reorganización, incluso meses o años después del daño. Y ese hallazgo ha impulsado una transformación profunda en la forma de tratar a los pacientes.

Las guías internacionales más recientes coinciden en un mensaje central: la rehabilitación debe comenzar cuanto antes, ser intensiva, individualizada y mantenerse en el tiempo. Esta es la hoja de ruta que la evidencia recomienda para mejorar la recuperación y la calidad de vida tras un ictus.

Las primeras 48 horas: evaluar rápido y planificar mejor

La recuperación no empieza cuando el paciente llega a casa, sino desde las primeras 24–48 horas tras sufrir el accidente cardiovascular, siempre que esté médicamente estable. En ese breve margen se define gran parte del pronóstico funcional.

Un equipo multidisciplinar —neurólogo, médico rehabilitador, fisioterapeuta, terapeuta ocupacional, logopeda y neuropsicólogo— realiza una valoración completa: movilidad, fuerza, equilibrio, riesgo de aspiración, comunicación, cognición y estado emocional. Para establecer la situación de partida se emplean escalas reconocidas como la NIHSS, la Escala de Rankin Modificada o el Índice de Barthel. Con esos datos se diseña un plan de rehabilitación individualizado que servirá como guía durante las semanas siguientes.

Movilización precoz: un cambio de paradigma

Una de las recomendaciones clave de las guías actuales es la movilización precoz. Comenzar a mover al paciente en las primeras 24–48 horas, siempre con supervisión, reduce complicaciones como neumonía, trombosis venosa profunda o úlceras por presión. Pero además, activa la plasticidad cerebral: cuanto antes se moviliza al paciente, mayores oportunidades hay de reentrenar los circuitos motores. Lo que podría contribuir, aunque de forma variable, a su recuperación funcional

Durante años se pensó que el paciente debía “descansar” después de un ictus. Hoy sabemos que ocurre lo contrario: la intensidad favorece la recuperación, siempre ajustada al estado y a la fatiga, uno de los síntomas más característicos tras el ictus. Por eso, en esta fase se combinan sesiones frecuentes, con muchas repeticiones y centradas en tareas funcionales, pero dosificando el esfuerzo para evitar agotamiento.

Este equilibrio entre intensidad y manejo adecuado de la fatiga permite aprovechar mejor la plasticidad cerebral y avanzar con seguridad en la recuperación de la movilidad y la autonomía.




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Tratamiento basado en la evidencia

La fisioterapia actual combina intervenciones orientadas a recuperar movimiento, coordinación y autonomía desde un enfoque plenamente funcional. Uno de sus pilares es el entrenamiento de la marcha en cinta, con o sin soporte de peso, que permite practicar cientos de pasos en un entorno seguro, mejorar la velocidad y corregir patrones asimétricos desde fases tempranas. A ello se suma el uso de robótica y exoesqueletos, que aumentan la repetición de movimientos y facilitan la activación de los circuitos motores necesarios para reorganizar el cerebro.

El entrenamiento se orienta siempre a tareas reales —levantarse, alcanzar objetos o realizar transferencias— porque el cerebro reaprende mejor practicando actividades significativas que ejercicios aislados. Para reducir el riesgo de caídas y mejorar la estabilidad, se incorpora trabajo de equilibrio y fortalecimiento progresivo, combinando ejercicios de control postural con el refuerzo de los principales grupos musculares implicados en la marcha.

La rehabilitación incluye también entrenamiento aeróbico, que mejora la resistencia, reduce la fatiga y potencia la neuroplasticidad; y la reeducación del tronco, esencial para recuperar el control postural en sedestación, es decir, la posición del cuerpo sentado, apoyando el peso sobre la pelvis, y durante las transferencias, los movimientos seguros para cambiar a una persona de una superficie a otra.

Entre las técnicas más innovadoras destaca la terapia en espejo, especialmente útil para el miembro superior, ya que la observación del reflejo del brazo sano activa áreas motoras del lado afectado. El enfoque se completa con el entrenamiento dual, que combina tareas motoras y cognitivas, y con la hidroterapia, que facilita el movimiento gracias a la flotación y permite trabajar movilidad, equilibrio y resistencia en un entorno más accesible.

La repetición es el motor de la neuroplasticidad: cuanto más se practica un movimiento, más se consolidan las redes neuronales asociadas.

En este proceso también es fundamental abordar complicaciones frecuentes que pueden limitar la recuperación. La espasticidad, trastorno del movimiento donde los músculos se tensan o se contraen involuntariamente, se maneja inicialmente con fisioterapia, estiramientos y férulas. Cuando persiste, puede requerir toxina botulínica o fármacos como baclofén, siempre acompañados de ejercicio intensivo.

El dolor neuropático —incluyendo el hombro doloroso, muy habitual tras un ictus— se trata mediante ejercicio terapéutico, un adecuado posicionamiento del miembro afectado y, en algunos casos, medicación específica o infiltraciones. Finalmente, el riesgo de caídas se reduce combinando entrenamiento del equilibrio, fortalecimiento muscular y una revisión del entorno doméstico para eliminar barreras y peligros.




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El papel de otras especialidades

La rehabilitación del ictus no se limita al ejercicio. Para recuperar la máxima independencia es necesario abordar la vida diaria, la comunicación y la cognición. La terapia ocupacional ayuda a recuperar actividades básicas como vestirse, asearse o manipular objetos, y utiliza técnicas específicas para el miembro superior, como la CIMT o la terapia en espejo. También se encarga de adaptar el entorno y los productos de apoyo para facilitar la autonomía.

La logopedia trabaja tanto la deglución —evaluada siempre antes de la primera comida para evitar aspiraciones— como los problemas de lenguaje y comunicación mediante ejercicios estructurados, apoyos visuales y herramientas tecnológicas.

La neuropsicología aborda las dificultades cognitivas habituales tras el ictus —atención, memoria, funciones ejecutivas o negligencia espacial (cuando la persona deja de prestar atención a un lado del cuerpo)—. Pero también el impacto emocional, como ansiedad o depresión. Eso favorece una recuperación más completa y una mejor adaptación al día a día.

Además, la prevención secundaria desde la rehabilitación es fundamental: controlar la hipertensión, la diabetes, el colesterol, la dieta y la adherencia a la medicación reduce de forma significativa el riesgo de recurrencia. La rehabilitación también implica educación sanitaria: enseñar al paciente y a la familia a identificar señales de alarma y mantener hábitos de vida saludables.

Después del alta: la rehabilitación no se detiene

Cuando el paciente vuelve a casa comienza una fase crucial: la rehabilitación post-alta, que puede realizarse en hospitales de día, centros ambulatorios o directamente en el domicilio. La evidencia señala que la continuidad asistencial marca la diferencia en los resultados. Por eso, las guías recomiendan una transición bien organizada entre el hospital y la comunidad.

La rehabilitación a domicilio es especialmente importante para personas con movilidad reducida, porque permite entrenar en el entorno real: subir escaleras, desplazarse por habitaciones estrechas o ducharse con seguridad. En esta fase, el papel de la familia y los cuidadores es esencial: reciben formación y participan activamente en el proceso.

Rehabilitación a largo plazo: mantener lo ganado

El ictus no es un episodio que termina con el alta médica. Muchos pacientes empeoran a medio plazo si no mantienen un programa de ejercicio y seguimiento. Por eso las guías recomiendan:

  • Programas continuados de actividad física
  • Entrenamiento de fuerza, seguro y eficaz
  • Adaptaciones laborales cuando sea necesario
  • Grupos de apoyo y acompañamiento social

El objetivo no es solo recuperar funciones, sino mantenerlas, prevenir complicaciones y favorecer la reintegración social y laboral.

La revolución tecnológica: robots, realidad virtual y telerehabilitación

La tecnología ha entrado con fuerza en los últimos años, aunque su uso debe ser siempre complementario a la terapia profesional. La robótica permite alcanzar un volumen de repeticiones difícil de lograr con terapia manual y es útil tanto para la marcha como para el miembro superior. Por su parte, la realidad virtual ofrece entornos motivadores y seguros para practicar tareas y mejorar el equilibrio.

La estimulación cerebral no invasiva muestra resultados prometedores aunque aún se utiliza como complemento. Y la tele-rehabilitación ha demostrado ser eficaz en determinados perfiles y reduce desigualdades en pacientes de zonas rurales o con problemas de movilidad.




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¿Qué caracteriza a una rehabilitación de calidad?

Una rehabilitación eficaz comienza con una valoración completa en las primeras 72 horas, seguida de una movilización segura dentro de las primeras 48. Implica evaluar la disfagia antes de la primera ingesta para evitar complicaciones, diseñar un plan individualizado que acompañe al paciente desde el hospital hasta su vuelta al hogar y asegurar una coordinación fluida con atención primaria y los recursos comunitarios. No se trata solo de aplicar técnicas, sino de construir un proceso continuo, integrado y adaptado a cada persona.

La evidencia es clara: invertir en una rehabilitación temprana, intensiva y sostenida reduce la discapacidad, mejora la independencia y es coste efectivo a largo plazo. El éxito no depende únicamente del tamaño del infarto cerebral, sino de la calidad del proceso rehabilitador y de la continuidad del cuidado.

La rehabilitación del ictus está cambiando gracias a la ciencia. Y ese cambio, ya en marcha, está transformando vidas.

The Conversation

Luis Polo Ferrero no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. La rehabilitación del ictus está cambiando: lo que la ciencia recomienda hoy – https://theconversation.com/la-rehabilitacion-del-ictus-esta-cambiando-lo-que-la-ciencia-recomienda-hoy-270917

Aprender inglés para enseñarlo: intercambios virtuales para los futuros docentes

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Cristina Gómez Castro, Profesora Titular de Universidad. Área de inglés, Universidad de León

GroundPicture/Shutterstock

El inglés es el idioma principal de comunicación a nivel internacional. En su etapa de formación en la universidad, los futuros docentes de inglés han de aprovechar todas las oportunidades para mejorar sus destrezas orales y escritas. Además del aprendizaje derivado de las clases que reciben durante el grado, la inmersión lingüística se considera un buen complemento.

La experiencia de estudiar en el extranjero se ha idealizado a menudo como la fórmula para aprender un idioma y su cultura. Sin embargo, ¿qué ocurre cuando la movilidad física no es una opción para todos? De la misma manera que una cinta de correr en el gimnasio puede suplir la posibilidad de correr al aire libre, existen alternativas para fortalecer esos “músculos del aprendizaje” sin salir de nuestra ciudad.

Los intercambios virtuales son una alternativa eficaz a las estancias presenciales y, siempre que se diseñen y evalúen de forma correcta, pueden ofrecer una experiencia rica y transformadora, preparando a los futuros docentes para un mundo globalizado.

Intercambios virtuales para futuros docentes

Nuestro proyecto de innovación docente se ha centrado en la “internacionalización en casa”, en asignaturas de inglés del Grado en Educación Primaria. Uno de los objetivos del proyecto es que todos los estudiantes participen en experiencias similares a viajar al extranjero sin la necesidad de desplazarse.

Para ello, se han combinado intercambios virtuales que se complementan. Están basados en distintas tareas de colaboración, gamificación y conversaciones con estudiantes de la universidad de Missouri Central en EE UU y con otros hablantes de inglés nativos a través de una plataforma online llamada Conversifi.

En tres cursos del grado (2º, 3º y 4º) se han realizado varias actividades en el marco de estos intercambios virtuales, con algunos elementos en común y algunas diferencias.




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En segundo, utilizamos la plataforma Conversifi. Esta plataforma permite llevar a cabo conversaciones cortas (de unos 15 minutos) con hablantes nativos de inglés sobre temas variados. Los estudiantes realizan su primera conversación en español. De esta manera, refuerzan sus habilidades de enseñanza a la vez que aprenden a utilizar la plataforma. Además, mantienen otras seis conversaciones en inglés sobre temas que el profesor elige según sus necesidades y el contenido de la asignatura. De todas estas eligen una y envían la grabación al profesor.

En tercero, realizamos un proyecto colaborativo con estudiantes de la universidad estadounidense de Missouri Central. Tienen que resolver juntos un escape room en inglés, con retos tanto lingüísticos como culturales. Además, los estudiantes participan en debates mediante videollamadas. En cada videollamada, un estudiante tiene el rol de moderador. Finalmente, diseñan sus propios escape rooms adecuados para utilizar con niños y niñas de entre seis y doce años.

En cuarto, los estudiantes vuelven a utilizar Conversifi. En esta ocasión entablan cuatro conversaciones en inglés de tema libre. Una vez acabadas las conversaciones, escogen una y envían la grabación al profesor. También presentan un análisis lingüístico de una de ellas. Esta reflexión les ayuda a ser más conscientes de su nivel oral de inglés y de su capacidad docente.

Las tareas de cada curso se adaptan, por tanto, a la especialización y nivel de los alumnos.




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Resultados y beneficios clave

Los resultados, tanto del intercambio con Missouri en 3º, como del uso de Conversifi en 2º y 4º, reflejan beneficios múltiples y tangibles:

• Los estudiantes indicaron haber experimentado una mejora significativa en su capacidad comunicativa (leer, hablar, escuchar y escribir). También en sus habilidades digitales, sociales e interculturales, su pensamiento crítico y lateral y su creatividad e iniciativa.

• Aumentaron su motivación para aprender inglés. Mejoraron, además, sus niveles de confianza al interactuar con hablantes nativos, superando el miedo a cometer errores.

• Los estudiantes mostraron gran interés en la utilidad didáctica que tuvieron para ellos los intercambios virtuales y los escape rooms. Comentaron que los incorporarían en su futura enseñanza en Educación Primaria.

• La gran mayoría de los estudiantes afirmaron que las ventajas de realizar estas actividades superaron a las desventajas. Entre estas últimas mencionaron la coordinación horaria o problemas técnicos puntuales.

En resumen, esta metodología no solo mejora las competencias clave de los estudiantes, especialmente el dominio del inglés, sino que también los prepara para aplicar estas dinámicas en sus propias aulas.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. Aprender inglés para enseñarlo: intercambios virtuales para los futuros docentes – https://theconversation.com/aprender-ingles-para-ensenarlo-intercambios-virtuales-para-los-futuros-docentes-267803

The flu is everywhere. So why aren’t Canadians getting vaccinated for viral illness?

Source: The Conversation – Canada – By Andrea DeKeseredy, PhD student, Sociology, University of Alberta

The death of Prashant Sreekumar made headlines across Canada when the 43-year-old father of three died in the emergency room of Edmonton’s Grey Nuns hospital after waiting for eight hours with chest pains.

Recently, there have been other reports of preventable deaths in Alberta ERs. Alberta doctors have called the emergency room situation a disaster, citing a tsunami of seasonal respiratory illnesses that have overwhelmed hospitals and led to crowded emergency departments.

Widespread vaccination for common respiratory illnesses, including COVID-19 and the flu, would help to relieve the pressure on hospitals. Yet vaccination rates for seasonal illness are falling across Canada. Our research shows that conflicting messages across levels of government and skepticism about whether the vaccines work may be helping to fuel the emergency-room surge.

This winter is not the first bad virus season in Alberta, nor is it the first time we’ve seen patients die waiting for care. During the 2022-23 viral illness season, a “tripledemic” of viruses rolled across the country, as COVID-19, influenza and respiratory syncytial virus (RSV) circulated simultaneously.

Our research showed how this tripledemic also slammed working parents trying to maintain their jobs while they and their children were infected over and over again.

This year could prove even worse. The 2025-26 season marks a new height in influenza cases, rising above a three-season high. Hospitals across the country have been flooded with patients, and burnt-out health-care workers have been putting in extra shifts.

Despite all of this — and the overwhelming research that shows influenza vaccines keep people out of the hospitalfewer Canadians are getting vaccinated. With declining seasonal vaccination rates each year, Canada now falls far short of the vaccination coverage needed to protect at-risk groups such as seniors or people with chronic illness, which is 80 per cent.

Who do Canadians trust on health care?

Our research explored parental decision-making in Alberta during the tripledemic to understand why, or why not, people get themselves and their kids vaccinated for COVID-19 and influenza. Using Viewpoint Alberta survey data, we found that who parents trust and the messages governments provide around vaccination strongly influence whether they and their kids get shots.

During the pandemic, parents in Alberta faced conflicting messages from governments. Despite the promotion of vaccination by the federal government and public health agencies, the provincial United Conservative Party government took a strong stance against enforcing COVID-19 protective measures. For those who trusted the provincial government, this essentially negated any pro-vaccination messaging provided by other institutions.

Our study found that those who trusted the federal government as a source of health information were more likely to have vaccinated their children for COVID-19 than those who supported the Alberta government’s messaging. The same was true for those who trusted Alberta Health Services and the Chief Medical Officer of Health. Those who placed their trust in the elected UCP government had much lower vaccination rates.

Trust is important, but it’s not the only factor keeping seasonal vaccination rates low. The question of who is perceived to benefit from vaccination also shaped parents’ decisions.

Are seasonal vaccines worth the trouble?

In addition to looking at survey data, we also interviewed parents to better understand how they made their decisions regarding seasonal vaccination for themselves and their children.

We were surprised to learn that after repeated viral illness infections, parents were actually less likely to vaccinate their children. Persistent illness contributed to a sense that infection was both inevitable and mild, often not even worth preventing. Some parents were also skeptical of the novelty of the COVID-19 vaccine compared to more established vaccinations, despite assurances from health-care professionals.

These parents did not hold “anti-vaxxer” beliefs; instead they believed that viral illness season was inevitable, and of little risk to themselves and their children. On top of this, the struggle to balance work and child care already made it difficult for many families to get vaccinated. Because the vaccine didn’t prevent infections altogether, many parents believed it was not worth the added effort.

Canada needs a new approach

Canada does not have the resources to continue this yearly severe illness cycle. Without better uptake of seasonal vaccines, we are doomed to repeat the same mistakes year after year, resulting in more needless deaths and health system crises.

Clear and consistent messaging is key, and the messages of provincial leaders must match those of the federal government. Our research shows that all levels of government have a role to play in building public trust in seasonal vaccines, and in making sure those shots are accessible to everyone. Vaccines must be available freely, widely and early, without pre-booking and payment requirements.

The tragedy of patients dying while waiting for care in a busy emergency room illustrates the dangers of overcrowded facilities. Higher vaccination rates could help prevent respiratory illnesses from overwhelming hospitals. Our governments need to step up and step forward to build public trust and accessibility for seasonal vaccines.

The Conversation

Andrea DeKeseredy receives funding from the Social Sciences and Humanities Research Council (SSHRC).

Michelle Maroto receives funding from the Social Sciences and Humanities Research Council (SSHRC).

Amy Kaler does not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organisation that would benefit from this article, and has disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

ref. The flu is everywhere. So why aren’t Canadians getting vaccinated for viral illness? – https://theconversation.com/the-flu-is-everywhere-so-why-arent-canadians-getting-vaccinated-for-viral-illness-273354

Why Keir Starmer had to speak out against Trump over Greenland after staying quiet on Venezuela

Source: The Conversation – UK – By Jason Ralph, Professor of International Relations, University of Leeds

The Labour government came into office promising to “use realist means to pursue progressive ends”. US president Donald Trump’s recent actions over Venezuela and Greenland have tested Keir Starmer’s ability to deliver on that promise.

When the prime minister said he had been “a lifelong advocate of international law” there was a reasonable expectation that he would condemn the US action in Venezuela. Some feared that his ambiguity on that issue was a betrayal of progressive values.

However, US action in Venezuela came at a sensitive moment in the UK’s efforts to achieve a progressive end to the war in Ukraine. US cooperation is vital if Russia is to be forced to negotiate a peace that respects the Ukrainian right to self-determination. That means persuading the US to put pressure on Russia – something that would be impossible if Starmer had alienated Trump by condemning his illegal action in Venezuela.

Starmer has shown that he is able to handle Trump’s unpredictable personality. His ambiguity on Venezuela immediately prior to the Paris meeting that agreed security guarantees for Ukraine can be interpreted in these terms. He knew that the progressive strategy on Ukraine was reliant on a delicate alignment of US power.

When it emerged that British forces had helped the US seize a Russian-flagged oil tanker linked to Venezuela the stakes were raised. Trump’s actions were certainly a grab for Venezuela’s oil but the consequences could work toward progressive ends if Russian investments in Venezuela’s oil industry are written off and Russia’s ability to avoid sanctions by operating a “shadow fleet” are weakened. For the progressive realist then, Starmer’s ambiguity on Trump’s illegal action in Venezuela could be a worthwhile, if regrettable, trade-off.

The word “regret” shouldn’t be lightly passed over. Progressive realists need not be “theological” in the application of international law, and Starmer knows that good legal prosecutors exercise political judgment. But there is a danger.

The risk of not properly condemning Trump on Venezuela was that it could set the world on a slippery slope. It could simply encourage Trump’s imperialist ambitions. That seems to have happened very quickly and Starmer’s speech on Greenland was designed to stop the slide.

Starmer reminded us that “Britain is a pragmatic country”. It will, in other words, compromise with the US to find solutions to problems like Russia. But as Starmer said, “being pragmatic does not mean being passive. And partnership does not mean abandoning principle”.

The principle at stake in Greenland is the same as Venezuela: national self-determination. So why is he drawing the line now?

Starmer’s press conference.

As a realist, Starmer has shown his willingness to compromise on Venezuela. He has listened to Trump’s concerns on Ukraine and has made the case for greater defence spending across Europe. But as a progressive he has also shown there is a limit to how far he can compromise with the US, and he has drawn a line on Greenland.

This is because the argument that the US needs to annex Greenland to pressure Russia makes no sense. Greenland is already part of an anti-Russian alliance: Nato. No positive outcome can emerge from US pressure on Greenland.

European governments made that clear in Paris and Starmer’s speech reinforced the point. The pettiness of Trump’s statement linking the Greenland issue to Norway’s decision not to grant him the Nobel prize adds to the sense that US policy is now based on the personal ambitions of an imperial president. Against this backdrop, progressive realism means no longer compromising with the US.

A breach of trust

Another principle at stake in Greenland is multilateral cooperation based on respect. International relations academics have longed called the transatlantic region a “security community” because it goes beyond transactional deals. It is based on trust that comes from a sense of “we-ness”. Starmer is trying to maintain that community by speaking over Trump and appealing to the narrative of transatlantic solidarity that existed through the second world war, the cold war and the war on terror.

The question, though, is whether that narrative still has power in the US. Trump is intent on putting “America first” and is not concerned about niceties like respect, trust and gratitude. It might seem hard to imagine that the rest of his country will follow him, but recall that America’s founding father, Alexander Hamilton, famously dismissed Thomas Jefferson’s argument that the US owed France a debt of gratitude for its support during the revolutionary wars. When it came to matters of war and peace, Hamilton argued, former allies were on their own.

The UK has aligned itself with the US for decades because it shared values and could leverage US power in the service of its moral as well as material interests. If the Trump administration and the wider Maga movement in Congress continues to undermine the transatlantic security community, and international society more generally, then this relationship may no longer serve Britain’s interests. Progressive realism may have justified strategic ambiguity on Venezuela, but the opposite now appears to be true when it comes to US imperialism towards Greenland.

The Conversation

Jason Ralph has previously received funding from Research Councils UK and the European Union. He is a member of the UK Labour Party.

Jamie Gaskarth is affiliated with Associate Fellow, Chatham House.

ref. Why Keir Starmer had to speak out against Trump over Greenland after staying quiet on Venezuela – https://theconversation.com/why-keir-starmer-had-to-speak-out-against-trump-over-greenland-after-staying-quiet-on-venezuela-273836