“Pero ¿en qué estabas pensando? ¿Cómo no se te ocurrieron las consecuencias que esto traería?” Estas son frases que probablemente se han pronunciado más de una vez en cualquier hogar en el que vivan adolescentes.
Más allá de la capacidad de educar de los adultos (padres, familiares, docentes) que nos rodean en esta etapa de la vida, cuando echamos la vista atrás a menudo recordamos acciones que hoy nos hacen avergonzarnos o sentir ese “cringe” del que tanto hablan las redes sociales.
“Es que era un adolescente”, solemos pensar, como frase que lo justifica todo. ¿Pero por qué en esta etapa de la vida se cometen tantos errores? ¿Los cometemos realmente o es una percepción errónea?
La imagen mediática de la adolescencia
Es frecuente encontrar en los medios de comunicación noticias relacionadas con situaciones poco deseables, protagonizadas por adolescentes y adultos jóvenes: consumo de alcohol o drogas, practicar sexo sin protección o comportamientos antisociales o delictivos.
Datos recientes acerca del consumo de alcohol y drogas en España indican que, aunque ha habido una disminución en los menores de entre 14 y 18 años, el 51,8 % admite haber bebido alcohol en los últimos 30 días y un 17,2 % admite haberse emborrachado. El 21 % ha probado el cannabis y el 29,9 % presenta algún tipo de policonsumo en los últimos 12 meses.
Cuando se pregunta a los adolescentes y jóvenes si conocen las consecuencias negativas de sus conductas y el riesgo que conllevan, la mayoría indica que sí. Podemos preguntarnos, entonces, ¿por qué se implican en este tipo de comportamientos?
Toma de decisiones en la adolescencia
Detrás de tales conductas hay un proceso de toma de decisiones complejo. La neurociencia, la psicobiología y la psicología social apuntan, respectivamente, a factores neurocognitivos, emocionales y sociales.
A la hora de afrontar cualquier situación, los humanos contamos con dos sistemas distintos en la toma de decisiones, según la teoría del procesamiento dual: uno “frío”, que se caracteriza por ser una reacción de naturaleza racional y controlada, y otro “caliente”, que es intuitivo y automático y emplea de forma habitual heurísticos o reacciones rápidas sin reflexión.
Los adolescentes, al igual que los adultos, son capaces de recurrir a cualquiera de estos dos sistemas, pero en su caso los factores sociales y emocionales pesan más, pues existe un desajuste madurativo entre los mecanismos cerebrales implicados en la toma de decisiones.
El primer sistema se basa en la actividad de la regiones prefrontal dorsolateral y parietal posterior de la corteza cerebral y se asocia a la posibilidad de llevar a cabo una autorregulación de la conducta y, por lo tanto, un mayor control en los procesos de toma de decisiones. Este sistema suele estar más desarrollado en los adolescentes de mayor edad, puesto que su evolución es progresiva hasta la primera adultez.
Sin embargo, en los más jóvenes prima un segundo patrón neural, más sensible a los incentivos socioemocionales y que otorga más peso en las decisiones a ese tipo de estímulos. Este segundo sistema depende de las regiones del cerebro vinculadas a las recompensas y a la información social, esto es, el estriado ventral y la corteza prefrontal medial. Por eso los adolescentes más jóvenes son más sensibles a los estímulos de carácter afectivo y más susceptibles a las recompensas, a la búsqueda de sensaciones y a los beneficios inmediatos en detrimento del largo plazo.
Recompensas e iguales
Aparece entonces un cóctel perfecto: en esta etapa del desarrollo en la que los factores emocionales y sociales priman en la toma de decisiones, es justamente cuando los pares o amigos adquieren una gran relevancia y la familia pasa a un “segundo plano” como grupo de referencia.
Tampoco hay que menospreciar los factores contextuales como las normas sociales, las oportunidades o las expectativas sobre qué es lo esperable en una situación social determinada.
En cualquier caso, la próxima vez que nuestro hijo o estudiante adolescente “se meta en un lío”, en lugar de lamentar lo que no es posible o es especialmente difícil (un proceso de toma de decisiones reflexionado y sosegado sobre la conducta que va a llevar a cabo), aprovechemos para reflexionar con ellos qué les empujó a hacerlo.
Ginesa Torrente Hernández ha participado en el pasado en proyectos de investigación relacionados con el tema del artículo, en convocatoria competitiva del Ministerio de Ciencia y Tecnología y de la Fundación Séneca de la Comunidad Autónoma de la Región de Murcia
José María Martínez Selva ha recibido en el pasado financiación para proyectos de investigación relacionados con el tema del artículo en varias convocatorias de carácter competitivo de los ministerios de Ciencia y Tecnología de España, que incluyen financiación europea FEDER, y de la Fundación Séneca de la Comunidad Autónoma de la Región de Murcia.
Juan Pedro Sánchez Navarro ha participado en proyectos de investigación relacionados con el tema del artículo obtenidos por concurrencia competitiva.
Los fenómenos más extremos del universo ofrecen un laboratorio natural donde se ponen a prueba las leyes de la física y nuevas teorías en condiciones que en la Tierra serían imposibles de reproducir. En los últimos años, la combinación de detectores de ondas gravitacionales y telescopios ha permitido observar fenómenos cada vez más raros y violentos, como la fusión de agujeros negros o de estrellas de neutrones.
En agosto de 2025, una señal registrada por LIGO y Virgo y una explosión observada por telescopios terrestres llamaron la atención de la comunidad científica. Lo que comenzó como un nuevo candidato a kilonova terminó desafiando las clasificaciones tradicionales y planteando la posibilidad de un fenómeno completamente nuevo: la superkilonova.
¿Qué es una kilonova?
Una kilonova es un fenómeno astrofísico extremadamente energético que consiste en la fusión de dos estrellas de neutrones pertenecientes a un mismo sistema binario. Durante este proceso se libera una intensa señal electromagnética, originada por la formación y posterior desintegración de elementos químicos pesados. Esto convierte a las kilonovas en una de las principales fuentes de metales pesados, como el oro o el platino, del universo.
En 2017, los detectores LIGO y Virgo obtuvieron por primera vez evidencia experimental de uno de estos eventos, GW170817, detectado tanto a través de ondas gravitacionales como de telescopios electromagnéticos convencionales. Este descubrimiento marcó un hito histórico y abrió la puerta a la astrofísica multimensajero, una nueva forma de estudiar el cosmos a través de la combinación de señales cósmicas de distinta naturaleza.
Las ondas gravitacionales señalan un candidato
El 18 de agosto de 2025 los interferómetros de LIGO y Virgo registraron una señal de ondas gravitacionales (S250818k) compatible con la fusión de dos objetos compactos. Al menos uno de ellos presentaba una masa inusualmente baja para una estrella de neutrones.
Horas después, el proyecto Zwicky Transient Facility (ZTF) identificó en la misma región del cielo una fuente de luz roja de corta duración, bautizada como AT2025ulz. Esta emisión resulta compatible con la luz característica producida por una kilonova debido a la desintegración de iones pesados, tal y como se observó en el evento GW170817 de 2017.
Durante los tres primeros días, el comportamiento luminoso y evolución de AT2025ulz eran compatibles con lo que se espera de una kilonova.
Sin embargo, tras ese periodo inicial, la emisión del objeto cambió de forma inesperada. La luz emitida se volvió más azul, mostrando características espectrales mucho más propias de una supernova que de una kilonova.
¿Kilonova, supernova o superkilonova?
Las observaciones de S250818k y AT2025ulz plantean un doble desafío fascinante para la astrofísica actual. Por un lado, la señal de ondas gravitacionales S250818k sugiere que al menos uno de los dos objetos del sistema binario que se fusiona tiene una masa particularmente baja, inferior a la típica de las estrellas de neutrones conocidas. Los modelos de evolución estelar predicen que estas estrellas poseen una masa cercana a la del Sol, lo que hace muy difícil explicar la existencia de objetos tan ligeros.
Por otro lado, la emisión electromagnética asociada al evento comenzó mostrando el comportamiento esperado de una kilonova, pero tras unos días pasó a tener rasgos claramente similares al de una supernova.
En este modelo, se produce la explosión de una estrella masiva en forma de supernova convencional. Ahora bien, durante el colapso, bajo condiciones extremas de rotación y densidad, el núcleo de la estrella o el disco de material que lo rodea podría fragmentarse, dando lugar a dos estrellas de neutrones más ligeras de lo normal. Estas estrellas de neutrones se fusionarían poco después, produciendo una señal tanto de ondas gravitacionales como electromagnética característica de la desintegración de elementos pesados, típica de una kilonova. Todo ello inmerso en la señal de la propia supernova inicial.
El resultado sería un evento híbrido, capaz de explicar por qué AT2025ulz muestra una transición tan marcada entre ambos comportamientos.
Un nuevo origen para las estrellas de neutrones
La posible existencia de una superkilonova tendría implicaciones profundas. Confirmaría una nueva vía de formación de estrellas de neutrones, obligando a revisar los modelos actuales sobre sus características y su origen. Además, ampliaría el abanico de fuentes de ondas gravitacionales y demostraría que las señales multimensajero pueden esconder fenómenos mucho más complejos de lo que sugiere la astrofísica tradicional.
Aunque todavía no se puede descartar una coincidencia fortuita entre la señal gravitacional y la supernova observada, este evento muestra el enorme potencial del enfoque multimensajero para descubrir procesos inéditos y recuerda que el universo sigue siendo capaz de sorprendernos.
Sara Rodríguez Cabo no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.
Source: The Conversation – (in Spanish) – By Manuel Casado Velarde, Catedrático emérito de Lengua Española, especializado en análisis del discurso, innovación léxica, Lexicología y Semántica del español, Universidad de Navarra
En las lenguas se va sedimentando todo aquello que forma parte de la vida de quienes las hablan: creencias, cultura, afanes, actividades. “La lengua es el archivo de la historia”, escribió Ralph Waldo Emerson.
Y estudiar la historia de una lengua equivale a adentrarse en la forma de vivir, en las ideas y los valores con que vibraron y encontraron el sentido de la vida sus hablantes.
La lengua española ofrece gran riqueza léxica y expresiva en el ámbito de las festividades que nos disponemos a celebrar al final de cada año: la Navidad y su entorno.
Un nacimiento histórico
El uso de la palabra castellana Navidad está documentado a principios del siglo XIII (como nadvidad): es una abreviación de natividad (en latín nativitate), que significa “nacimiento”. La natividad o nacimiento de Jesús de Nazaret fue un hecho histórico que no solamente marca el calendario para los creyentes. Vivimos en el año 2025 “después de Cristo” porque ese es aproximadamente el tiempo que ha pasado desde este nacimiento.
En cambio, algo tan típico de la Navidad actual como el árbol de Navidad no se registra en el Diccionario académico usual hasta la edición de 1956, lo cual es indicativo del carácter relativamente reciente de esta tradición, originaria del norte de Europa.
Pascuas o navidades
Al ser una de las fiestas más importantes del año cristiano, junto con la Pascua de Resurrección, es costumbre arraigada el intercambio de felicitaciones, ya sea con la frase “Felices Pascuas” o “Feliz Navidad”. ¿Pero estamos felicitando lo mismo con cada una de estas expresiones?
La voz pascua es de origen hebreo (פֶּסַח pesaj, “paso”), usada para referirse a la liberación de la esclavitud de Egipto y el tránsito del pueblo judío por el mar Rojo. Al castellano llega a través del griego (πάσχα páscha) y el latín (pascha), para hacer referencia al “paso” o “transformación” operada por el nacimiento de Cristo y su resurrección, tal como queda reflejado en las definiciones académicas.
De esta manera, existen dos “pascuas”, pasos o transformaciones en el año cristiano: la que se refiere al nacimiento de Jesús (el 25 de diciembre) y la que se refiere a su muerte y resurrección (durante la Semana Santa y el “tiempo pascual”. Para esta segunda se suele utilizar el nombre en singular: “Feliz Pascua”.
Por eso la fiesta que se celebra tras la cuaresma se llama a veces “Pascua de Flores”, “Pascua Florida” y “Pascua de Resurrección”, para distinguirla de la “Pascua de Navidad”, en que florece la flor de Pascua (Euphorbia pulcherrima), si bien es cierto que este último significado ha decaído en el uso general.
Por otra parte, la voz pascua(s), con este significado navideño, es más abarcadora que “Navidad”: engloba “el tiempo desde la Natividad de Cristo hasta el día de Reyes inclusive” y ha dado lugar a múltiples locuciones y refranes: “dar las Pascuas” significa felicitar a alguien en esas fechas; si alguien está “como unas pascuas” es que está alegre; “cara de pascua(s)” es un rostro risueño y apacible; “hacer la pascua” a alguien es fastidiarlo, molestarlo o perjudicarlo; y la expresión “santas pascuas” se usa para dar a entender que es forzoso conformarse con lo que sucede, se hace o se dice.
Las cuatro semanas antes del día del nacimiento de Jesucristo se denominan Adviento (del latín adventus, que significa “llegada”) y se refieren al tiempo litúrgico de preparación de la Navidad.
Adviento es un cultismo que ha conocido diversas formas gráficas (aduiento, aviento, auiento), cuyos testimonios de uso se remontan a 1253. En Andalucía se documenta la locución estar o quedarse en Adviento con el significado de “en ayunas, por la costumbre de ayunar en Adviento”. Como coincide con el mes de diciembre, este mes en vascuence se denomina abendua.
En algunos lugares existe la tradición nórdica, ahora muy extendida a otras latitudes, de la corona de Adviento, hecha a base de ramas de pino o abeto, con cuatro velas que se van encendiendo cada domingo previo al día de Navidad. El encendido de las velas es una preparación para la Natividad, que recuerda a los creyentes la venida de Jesús, quien dijo: “Yo soy la luz del mundo; el que me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida”.
Diversos refranes mencionan este tiempo: “Adviento, tiempo de viento”, “Cada cosa en su tiempo, y las castañas en Adviento”.
Un ‘belén’ o un ‘nacimiento’
El español dispone de cuatro palabras, “belén”, “nacimiento”, “pesebre” y “portal”, para designar la “representación con figuras del nacimiento de Jesucristo en el portal de Belén”, que suele hacerse por estas fechas navideñas. “Belén” es uno de tantos nombres propios geográficos que se ha convertido en nombre común, independientemente del hecho de que existan en el mundo al menos 17 ciudades que se llaman así.
Uno de los significados de “pesebre” es “nacimiento, representación del de Jesucristo”, que el Diccionario académico presenta como sinónimo de “belén”, “nacimiento” y “portal”. Lo curioso es que, en algunos lugares, como en Costa Rica, este significado haya desplazado al originario de “especie de cajón donde comen las bestias”.
‘Aguilando’ y ‘aguinaldo’
De origen incierto es la voz “aguinaldo” para nombrar el regalo que se da en Navidad o en la fiesta de la Epifanía. Se documenta antes aguilando (1393), posiblemente del latín hoc in anno (en este año), de donde evolucionaría a aguinaldo. Las dos formas alternan hasta finales del siglo XVI, en que se impone la segunda.
“Aguinaldo” es otra palabra de cuyo arraigo dan fe desarrollos de más acepciones: desde una composición poética para felicitar el Año Nuevo a una publicación literaria con motivo del Año Nuevo, pasando por villancico de Navidad o canción que se canta para pedir el regalo de Navidad.
Y en esta sintética enumeración no puede faltar la voz villancico. En su primera acepción es hoy la ‘canción popular, principalmente de asunto religioso, que se canta en Navidad’. Vinculado a villa y villano, la palabra se documenta desde el siglo XVI como canción popular y, desde 1620 (Franciosini), canción de contenido festivo relacionado con la Navidad. Felices Pascuas.
Manuel Casado Velarde no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.
El presidente estadounidense Donald Trump y el vicepresidente JD Vance se enfrentan al presidente ucraniano Volódimir Zelenski durante una reunión en el Despacho Oval el 28 de febrero de 2025.The White House
Poco antes de morir, acaso intuyendo ya su final, el princeps –“primer ciudadano”–, vencedor en la guerra civil, dictó un texto en el que se pavoneaba impúdicamente de sus muchos méritos como gobernante. Era él, aseguraba, quien había logrado salvar a una república decadente y derrotar a los enemigos del estado (que no a los suyos), a quienes, por supuesto, eludió mencionar para escamotearles el recuerdo.
Entre sus innumerables virtudes y hazañas, Augusto sacaba pecho como gran pacificador de Roma. Gracias a su habilidosa y decidida intervención, alegaba, se había logrado terminar con la lacra de la guerra. El templo del dios Jano, que debía tener sus puertas abiertas mientras existiera un conflicto militar en marcha, podía ya cerrarse. El salvador de la patria había conseguido también recuperar la seguridad de los mares tras eliminar a los piratas. Todo el Occidente –de Cádiz al Elba, de Hispania a Germania– era, gracias a su intervención, un remanso de paz, y los bárbaros del Norte enviaban embajadas rogando al autócrata romano que les concediese la gracia de su amistad.
Un monumento para la paz
Tan grandes dotes de pacificador no pasaron desapercibidas para el senado, institución solícita que le concedió el honor de un altar a la “paz Augusta” en la zona militar de la ciudad, extramuros.
El Ara Pacis, que es hoy una de las principales atracciones turísticas de Roma, está profusamente decorado con motivos alusivos a la abundancia, el bienestar y la concordia cívica, logros proporcionados por el nuevo régimen político. A lo largo de las paredes del edificio, desfila en mármol lo más granado de la sociedad romana de su tiempo: sacerdotes, magistrados, familiares y colaboradores del princeps. El establishment, en suma, se postraba obsequioso y sumiso ante la personalidad de un hombre al que temía y admiraba a partes iguales.
Cualquiera que se aproxime a la propaganda augústea desconociendo la historia romana caerá inmediatamente en las redes de semejante discurso de poder. Este esconde, sin embargo, una cruda realidad. La “amistad” de los pueblos con Roma era en realidad un eufemismo de sometimiento. Y la pax, como el propio Augusto reconocía en su testamento, es hija de la “victoria” de las legiones.
En suma, lo que el princeps llama paz no es sino la obtención por la fuerza de una supremacía internacional. Y se trata de algo piadoso porque supone la recuperación del orden frente al caos, la reinstauración de la armonía divina en la que Roma ejerce el papel de valedor y garante.
Ecos actuales
Numerosos autócratas a lo largo de la Historia han sucumbido también a la tentación de envolverse en la bandera de la paz para blanquear actitudes abusivas y arrogantes en el plano internacional. El propio Napoleón fue presentado por Canova como “Marte desarmado y pacificador” en una célebre escultura, inspirada por cierto (y no casualmente) en un retrato de Augusto. Y en nuestra propia historia contemporánea, las dictaduras han celebrado siempre las efemérides de su génesis como el inicio de una era de paz.
En realidad, terminar una guerra no es difícil si el papel de mediador degenera en una actitud sistemática de condescendencia con el bando más poderoso. Los romanos ya sabían hacerlo: a medida que el mundo dejaba de ser multipolar, las agendas locales de los pequeños estados mediterráneos importaban poco en el gran tablero que oponía a Roma con los grandes reinos helenísticos. La simplificación de las relaciones internacionales eliminando actores “secundarios” viene de lejos. El ninguneo al papel de la Unión Europea es heredero del desprecio antiguo por las ligas de ciudades griegas, acusadas también ellas de decadencia moral y degeneración de costumbres.
Diplomacia romana de la coacción
Ayer y hoy, la vía diplomática estaba y está presente, y desempeña un papel clave. Pero no se trata de una diplomacia basada en el arbitraje, sino en algo que los teóricos de las relaciones internacionales denominan compellence diplomacy o diplomacia de la coacción. Se trata de la habilidad de los estados para imponer a otros de manera coercitiva una determinada acción o decisión, bajo amenaza de castigo o represalia.
Esas espontáneas embajadas a Roma de los pueblos bárbaros manifestando su deseo de amistad no estaban provocadas por un embrionario movimiento “flower power”, sino que respondían a un cálculo estratégico espoleado por la intimidación romana.
Como todo emperador digno de tal nombre –de Septimio Severo y Caracalla a los efímeros mandatarios del Bajo Imperio– el lema numismático de Pacator Orbis, “pacificador del mundo”, parece estar hecho a medida del mandatario estadounidense. Pero no puede haber paz duradera si no se basa en la justicia. En el contexto actual, el fin superior tiene que ir más allá del objetivo de lograr otra “pacificación” para el medallero personal. No olvidemos la Historia.
Enrique García Riaza recibe fondos de la Agencia Estatal de Investigación (MICIU/ AEI / 10.13039/ 501100011033) y FEDER para desarrollar el proyecto: “Entornos para el diálogo: los espacios de la diplomacia en el ámbito provincial romano durante la República (PID2022-137408NB-I00).
Source: The Conversation – (in Spanish) – By Jorge Romero-Castillo, Profesor de Psicobiología e investigador en Neurociencia Cognitiva, Universidad de Málaga
El reiki se basa en canalizar algo que llaman _qi_ (una supuesta “energía vital”, carente de respaldo científico) mediante la imposición de manos a escasos centímetros de la persona.Andrey_Popov/Shutterstock
La Asociación Médica Mundial (WMA) definió en 2020 la pseudoterapia como:
Una sustancia, producto, técnica o procedimiento con un supuesto propósito para la salud que carece de respaldo científico o evidencia que garantice su eficacia y seguridad.
Estos “inventos” explotan la vulnerabilidad y el desconocimiento para vender falsas esperanzas. El precio a pagar es alto, y no solo económico: retrasan la llegada de tratamientos eficaces, producen nuevos daños y pueden provocar la muerte.
Desgraciadamente, prosperan muchas pseudoterapias en salud mental: angeloterapia, bioneuroemoción, reparentalización, suplemento mineral milagroso, tapping, terapia de polaridad, zero balancing, etcétera. Pero aquí nos limitaremos a los ejemplos más extendidos y, por consiguiente, más perjudiciales.
Acupuntura
La acupuntura puede acompañarse con ‘moxibustión’, que consiste en aplicar calor sobre la piel quemando hierbas, normalmente Artemisia vulgaris, para estimular los puntos en los que clavar las agujas. Los efectos secundarios reportados incluyen mareos, nauseas, quemaduras, alergias e infecciones (Park et al., 2010). Wikipedia, CC BY
Derivada de la medicina tradicional china, se basa en la existencia de una supuesta “energía vital” (qi) que fluiría por el cuerpo a través de canales llamados “meridianos”. Los problemas de salud surgirían del desequilibrio energético (provocado por distintos factores) y se solucionarían insertando agujas en puntos específicos.
Para los trastornos psicológicos, la acupuntura establece 16 áreas donde colocar las agujas y, supuestamente, tratar la depresión y otros trastornos. Pero no se ha descubierto evidencia de la “energía vital” ni de los “meridianos”. Por tanto, no existe apoyo científicamente demostrable que respalde su eficacia.
Su inventor, Alexander Lowen (1910-2008), también recurre a la metafísica de la “energía vital”, pero la llama “orgón”, siguiendo al controvertido Wilhelm Reich. Para Lowen, la “energía” estaría fluyendo entre polos del cuerpo, como la cabeza y los genitales. Y, si se obstaculiza, provocaría alteraciones en la personalidad.
Por tanto, el objetivo sería ayudar a liberar las tensiones acumuladas para restaurar dicha “energía” y recuperar una “salud vibrante”.
Se inspiran en el psicodrama, el pensamiento sistémico transgeneracional, el psicoanálisis y el misticismo cuántico. También incluyen algo llamado “campos morfogenéticos”, a través de los cuales estarían conectados todos los individuos de una misma especie para transmitirse conocimientos y comportamientos.
Con esos ingredientes, justifican que los problemas psicológicos de una persona radican en conflictos que alguien de su árbol genealógico no resolvió. Y “constelando” –o sea, haciendo una representación teatral en grupo– se superarán los problemas en una única sesión. Así, todas las personas de la familia, vivas o muertas, quedarán en paz.
Al margen de la carencia, no solo de pruebas que avalen sus principios, sino de reflexiones serias, el mayor peligro son los efectos iatrogénicos (nuevos daños añadidos). Entre otros, hay riesgo de sufrir mayor psicopatología, emocionalidad negativa, confusión y culpabilidad. Por todo, las constelaciones familiares bien podrían definirse como una peligrosa farsa.
Protesta de Anonymous en Texas (2008) contra las prácticas de la Iglesia de la Cienciología y la Dianética. Ron Hubbard (1911-1986) defendió que, hace 75 millones de años, vinieron miles de millones de extraterrestres a la tierra desde la ‘Confederación Galáctica’. Xenu, su dictador, los aniquiló con bombas de hidrógeno y ahora sus espíritus inmortales (thetanes) se están adheriendo a los humanos, causando dolencias mentales y físicas. Desde la Iglesia de la Cienciología se advierte que conocer la historia de Xenu sin la preparación adecuada (pagando los cursos que ofrecen) provocaría, literalmente, que te explote la cabeza ante tal saber. Wikipedia, CC BY-SA
Dianética
Presume de revelarse al mundo como la panacea, o sea, la cura universal. Según prometió literalmente su autor, el escritor de ciencia-ficción L. Ron Hubbard: “sirve para tratar todos los trastornos mentales y todas las enfermedades psicosomáticas con garantía de curación completa”. Para glorificar sus fantasías, Hubbard posteriormente fundó la secta llamada Iglesia de la Cienciología.
La dianética funcionaría simplemente localizando lo que su creador llama “engranamas”, momentos de profundo dolor recluidos por la persona en un “inconsciente celular” (también con influencias del psicoanálisis), para hacer que los reviva en detalle (proceso llamado “auditación”) hasta alcanzar el estado Clear. Y, milagrosamente, la persona recuperaría la salud.
Obviamente, toda promesa de cura universal es un bulo y creer en ella es una forma moderna de superstición. En psicología, las terapias eficaces se personalizan, es decir, solo sirven para una persona concreta en su momento vital específico, no se personifican en un “sanador” al que rendir culto por su carisma.
Lo más sorprendente es que las esencias fueron obtenidas a través de un “diálogo vibracional” que mantuvo el gurú de la pseudoterapia (Edward Bach) con cada una de las 38 plantas. Esta debe ser la razón por la que las investigaciones rigurosas demuestran que no tienen efecto alguno.
Homeopatía
Para Samuel Hahnemann, el impulsor de la homeopatía, el Aconitum napellus (una planta capaz de matar con solo 2 mg) solucionaría el trastorno de pánico. Según aseguran sus incondicionales, cuantas más veces se diluye una sustancia, más potente se vuelve. Si esto fuera cierto, cada frasquito homeopático de Aconitum debería ser letal. Pero no lo es. Wikipedia, CC BY-SA
Se basa en administrar diluciones: productos de origen vegetal, animal o mineral mezclados de forma repetida con algún líquido hasta su práctica desaparición. A pesar de la ausencia de principio activo, intentan convencer de que “el agua tiene memoria” y que, de alguna forma, “recuerda” que estuvo en contacto con la sustancia inicial.
Sus caros productos son usados para tratar fobias, trastornos alimentarios, depresión y trastorno obsesivo compulsivo, entre otros. Se basan en el principio de que estas alteraciones serían consecuencia de desarreglos en lo que llaman “fuerza vital”, una entidad no física que sería la esencia de la vida.
Sin embargo, es imposible verificar formalmente, ni entender racionalmente, los fundamentos teóricos fraudulentos a los que recurren (“memoria del agua” o “fuerza vital”). Como es esperable, los metanálisis señalan que la eficacia de la homeopatía es nula para cualquier trastorno. Y aquellas publicaciones que la avalan son metodológicamente deficientes.
Transitan por un terreno teórico confuso, una mezcla no conseguida de conductismo, constructivismo y psicología cognitiva. Sostienen que hay “esquemas mentales” que pueden “reprogramarse” mediante el uso consciente del lenguaje. Además, para optimizar los cambios, alegan que existen distintas modalidades sensoriales de aprendizaje (visual, auditivo o kinestésico, VAK), un modelo carente de base real pero todavía presente en educación.
La PNL reduce la complejidad de los procesos psicológicos a una analogía informática simplista. Es un ejemplo paradigmático de intento de cientificismo: utiliza terminología llamativa (el prefijo “neuro” es exclusivamente una técnica de marketing, dado que no aluden al sistema nervioso en sus explicaciones) y lenguaje técnico para legitimar ideas incoherentes y vacías.
Esta práctica espiritual de origen japonés (la versión occidental se denomina “toque terapéutico”) consiste en colocar las manos a escasos centímetros del cuerpo de una persona. El objetivo sería canalizar el qi (la “energía vital” que simulan restaurar otras pseudoterapias) para resolver alteraciones mentales, emocionales y físicas. Pero se fundamenta en la fe ya que, como ya se ha podido deducir, la “energía vital” no tiene ninguna correspondencia con la realidad.
A sus 9 años, Emily Rosa demostró con un experimento que esta práctica es un timo. Gracias a ello, se convirtió en la persona más joven en publicar en una revista científica de alto impacto.
Se puede afirmar con rotundidad que ninguna de estas pseudoterapias sirve para mejorar la salud mental. Solo son defendidas por quienes se lucran con ellas o por personas que cometen, entre otras, la falacia ad populum (son buenas porque hay gente que lo dice) y la falacia ad verecundiam (son buenas porque alguien con autoridad lo dice), sin proporcionar argumentos lógicos.
Aunque alguien pueda expresar “a mí me funciona”, no es más que una ilusión. Una confusión entre correlación y causalidad que recibe el nombre de falacia post hoc, ergo propter hoc. Es decir, un problema puede desaparecer por la modificación de factores de mantenimiento (son elementos que refuerzan y perpetúan un problema psicológico) ajenos a la pseudoterapia (por ejemplo, un aumento del apoyo social), pero la persona cree que la causa de la mejora han sido los efectos directos de la pseudoterapia.
También puede producirse el efecto placebo: la expectativa de mejora y el contexto de cuidado pueden generar alivios subjetivos que enmascaran la falta de eficacia real de estas “técnicas”. Es más, tener la posibilidad de elegirlas potencia que aparezca este efecto.
Junto a las casualidades y el placebo, recurrir a ellas respondería a comportamientos supersticiosos, la confirmación de sesgos o, sencillamente, la búsqueda de compañía y atención. Aunque las pseudoterapias puedan consolar (siendo, a la vez, perjudiciales), solo el pensamiento crítico puede curar.
El Instituto de Salud Carlos III (ISCIII), el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades y el Ministerio de Sanidad lanzaron esta campaña en febrero de 2019 para promover el pensamiento crítico frente a las pseudoterapias.
Jorge Romero-Castillo no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.
During the COVID-19 pandemic, disinfectants became our shield. Hand sanitizers, disinfectant wipes and antimicrobial sprays became part of daily life. They made us feel safe. Today, they are still everywhere: in homes, hospitals and public spaces.
But there’s a hidden cost. The chemicals we trust to protect us may also inadvertently help microbes evolve resistance and protect themselves against antibiotics.
QACs: The chemicals in most disinfectants
Among the most common active ingredients in disinfectants are quaternary ammonium compounds (QACs). They are found not only in the wipes, sprays and liquids we use to clean surfaces at home and in hospitals, but also in everyday products like fabric softeners and personal care products.
Once QACs enter the environment, they meet microbial communities, networks of bacteria, archaea and fungi that recycle nutrients, purify water and support food webs.
Given that QACs are designed to kill microbes, it is no surprise that they can affect environmental ones. Yet microbial communities are remarkably adaptable; some die, but others survive and evolve resistance.
The paradox of protection
Unlike antibiotics, which target specific cellular processes, QACs attack microbes and viruses in many ways, damaging cell walls, proteins and lipids. This broad attack makes QACs powerful disinfectants.
However, microbes are resourceful. Faced with these chemicals, some strengthen their cell membranes, pump toxins out or form protective biofilms. These adaptations don’t just help them survive QACs, but increasing evidence shows they can also boost antibiotic resistance.
At the genetic level, QAC resistance genes are often carried on mobile DNA, segments of genetic material that can move between different bacteria. When these elements carry both QAC and antibiotic resistance genes, the resistances travel together and can spread across bacterial communities, a phenomenon called co-resistance.
In other cases, a single defence mechanism protects against both QACs and antibiotics, a process known as cross-resistance. The widespread and increasing use of QACs amplifies these mechanisms, creating more opportunities for resistance to spread. This, in turn, establishes pathways through which antimicrobial resistance can reach human pathogens, contributing to the global rise of antibiotic-resistant infections.
According to a new World Health Organization (WHO) report, antimicrobial resistance is “critically high and rising” globally: In 2023, one in six laboratory-confirmed bacterial infections responsible for common illnesses worldwide were resistant to antibiotic treatment. Between 2018 and 2023, resistance increased in more than 40 per cent of the pathogen-antibiotic combinations that are monitored, with an average annual rise of five to 15 per cent.
The WHO estimates that in 2019, bacterial antimicrobial resistance directly caused 1.27 million deaths and contributed to nearly five million more worldwide. What begins as a household cleaning choice can ripple outward, connecting our everyday habits to one of the most pressing public health challenges of our time.
Antimicrobial resistance is often seen as a clinical problem caused by antibiotic misuse, but it begins much earlier, in households, wastewater, rivers, lakes and soils. These are battlegrounds where microbes share resistance traits and adapt to human-made chemical pressures. Once resistance arises, it can make its way back to us.
At its core, the disinfectant dilemma is a feedback loop: we disinfect to prevent disease, but the chemicals we rely on may quietly make microbes harder to control.
Rethinking clean
This doesn’t mean we should stop disinfecting. Disinfectants play an essential role in infection control, especially in hospitals and high-risk settings where their benefits far outweigh their risks. The issue lies in their overuse in everyday life, where “clean” is often equated with “microbe-free”, regardless of necessity or consequence.
What we rarely consider is that cleaning doesn’t end when the surface looks hygienic. Some disinfectants remain active long after use, continuing to shape microbial communities well beyond their intended moment of control. QACs are a clear example: they persist in the environment, exposing microbes to low, chronic selective pressures that can favour the development of resistance.
Other disinfectants, such as alcohol and bleach, may carry different, but still meaningful environmental risks, underscoring the need for risk assessments that more explicitly integrate long-term ecological consequences.
Ultimately, the disinfectant dilemma reminds us that managing microbes is as much about ecology as it is about chemistry. To clean responsibly, we need to think beyond what kills microbes today and consider how our choices shape the microbial world we will face tomorrow.
Milena Esser does not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organisation that would benefit from this article, and has disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.
In 2020, streaming platform Amazon Prime released Hunters, a thriller mystery about apprehending and eliminating Nazi war criminals living incognito in the United States.
The 18-episode, two-season series, starring Hollywood legend Al Pacino, depicts one particularly haunting scene where a concentration camp guard plays a game of deadly human chess with prisoners used as the pieces.
As pieces are captured, the terrified people are shot. What unfolds on screen is ghastly, but completely fictional. Amazon Prime Video used its X-Ray feature — an interactive overlay that allows viewers on a computer to pause and hover over a scene and access explanatory or historical annotations — to explain the scene fabrication.
As a scholar of Holocaust literary and film narratives, I have been increasingly troubled by the presentation of fictionalized Holocaust atrocities since first watching this show.
Perhaps, as journalist Tanya Gold wrote regarding John Boyne’s Holocaust novels instrumentalizing Jewish suffering to serve non-Jewish stories, audiences “are greedy for our tragedy.”
The series has received criticism for portraying Gein, a murderer and ghoulish pilferer of human remains, in a sympathetic light. But instances of fictionalized Holocaust portrayals have a larger potential impact.
Koch appears as a character in the series, portrayed by Vicky Krieps, an actress originally from Luxembourg. The title character, Ed Gein, portrayed by Charlie Hunnam, is obsessed with the Nazi concentration camps in a way that can only be interpreted as fetishism.
In modern Poland, this phenomenon of fetishized consumption of Holocaust content is referred to as “holo polo,” defined by cultural anthropologist Sylwia Chutnik as:
“A way of dealing with the ‘discomfort’ of the horrors of war and violence, by creating a more comfortable version of it. Instead of describing the horrors of the Holocaust, Holo-polo trivializes and misrepresents its significance, depicting melancholy, sentiment, and nostalgia in the light of a pop-cultural emotional trap. Kitschy clichés are misused and certainly do not serve memory, literature or respect for Holocaust victims and survivors.”
Repackaging Koch as seductive, sympathetic
Ilse Koch was the inspiration for the 1975 Canadian exploitation film Ilse She Wolf of the SS, rooted in the countless reports of the historical figure’s cruelty, sadism and twisted sexual appetites.
This newest dramatization portrays Koch as an attractive sexual temptress with dark impulses, but as the title protagonist idolizes her, her abuses fail to appear as sinister, but rather as fetishism. The series takes documented events and creatively amplifies them.
Koch and her husband, Karl Otto Koch — who served as commandant of Buchenwald and Majdanek — did build a massive indoor equestrian riding facility but the series portrays this as a gruesome circus where a scantily clad Krieps wearing an SS hat chases an almost nude female concentration camp prisoner while whipping her inside the backroom of a lavish party. Koch was known to ride on horseback whipping prisoners, but the farcical mockery and dramatization could leave viewers pondering what is fact.
At times, the fictionalization of the story goes as far as to depict a transatlantic ham radio conversation between Gein and Koch. The clandestine friendship is purely a fabrication of Gein’s troubled mind, but nevertheless allows Koch to passionately plead her innocence through Krieps’ performance.
Artistic licence: Real consequences
While artistic licence in historical dramatization is part of the process of storytelling, it must be undertaken responsibly to preserve the authenticity of true events.
Fictionalization is the fabrication of events that never took place for the sake of manufacturing a more compelling narrative. But fictional content can quickly morph into fetishization where the invented portion of story is packaged in a way that intends to exploit history to satisfy audience fascination with the macabre.
In Monster: The Ed Gein Story, Koch emotionally chastises authorities for taking her fourth child, born during her incarceration, from her arms, illustrating maternal tenderness and evoking compassion and sympathy from viewers. Before hanging herself, as the real Koch did on Sept. 1, 1967, Krieps’ character is driven mad by an unseen golem that has been dispatched to exact vengeance for the countless Jewish deaths she was responsible for.
Koch was a woman who used tattooed human skin to make artifacts such as a lampshade, and despite this too being chronicled in the miniseries, the crimes come off as eccentricities rather than heinous acts of barbarity.
“Creating a fake situation located in a real spot of historical significance lessens the impact and knowledge of the real events that unfolded. By fictionalizing the past, future generations are more susceptible to false information and denying the Holocaust completely.”
Could society be feeding diluted history to a new generation that won’t heed the lessons learned from the Holocaust?
The study offers a stark assessment of this in Austria, Germany, the Czech Republic, Italy and Poland. It shows “how antisemitic narratives adapt to societal crises, are exploited for political gain, often evade legal accountability, and erode historical truth with harmful consequences for Jewish communities, Holocaust survivors and their descendants.”
Regan Lipes does not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organisation that would benefit from this article, and has disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.
When you walk around the Groupama Stadium in Lyon (France), you can’t miss them. Four majestic lions in the colours of Olympique Lyonnais stand proudly in front of the stadium, symbols of the influence of a club that dominated French football in the early 2000s. The lion is everywhere in the club’s branding: on the logo, on social media, and even on the chests of some fans who live and breathe for their team. These are the ones who rise as one when Lyou, the mascot, runs through the stands every time the team scores a goal. Yet while it roars in the Lyon stadium, in the savannah, the lion is dying out.
On the ninth day of Ligue 1 (whose matches took place from October 24 to 26, 2025), there were twice as many people in the stadium for the Lyon-Strasbourg match (just over 49,000 spectators) as there are lions in the wild on the planet (around 25,000). Lion populations in Africa and India fell by 25% between 2006 and 2018, like many other species on the planet, according to the International Union for Conservation of Nature (IUCN).
One of the lions that stand guard in front of the Groupama Stadium in Lyon (France). Zakarie Faibis, CC BY-SA
This is a striking paradox: while the sports sector is booming – often capitalising on animal imagery to develop brands and logos and unite crowds around shared values – those same species face numerous threats in the wild, weakening ecosystems without fans or clubs being truly aware of it.
This paradox between the omnipresence of animal representations in sport and the global biodiversity crisis was the starting point of a study published in BioScience. The study quantified the diversity of species represented in the largest team sports clubs in each region of the world, on the one hand, and assessed their conservation status, on the other. This made it possible to identify trends between regions of the world and team sports (both women’s and men’s).
The goal was to explore possible links between professional sport and biodiversity conservation. Sport brings together millions of enthusiasts, while clubs’ identities are based on species that are both charismatic and, in most cases, endangered. The result is a unique opportunity to promote biodiversity conservation in a positive, unifying, and rewarding context.
Nature on jerseys: The diversity of species represented in team sports
This research, based on 43 countries across five continents, reveals several key insights – chief among them, the importance and sheer scale of wildlife represented in sports emblems. A full 25% of professional sports organisations use a wild animal in their name, logo, or nickname. This amounts to more than 700 men’s and women’s teams across ten major team sports: football (soccer), basketball, American football, baseball, rugby union and league, volleyball, handball, cricket, and ice hockey.
Bears (here, a polar bear for the Orlando hockey team in the United States) are among the animals most commonly used as mascots by the team sports listed in the study. Vector Portal/Creative Commons, CC BY
Unsurprisingly, the most represented species are, in order: lions (Panthera leo), tigers (Panthera tigris), wolves (Canis lupus), leopards (Panthera pardus), and brown bears (Ursus arctos).
While large mammals dominate this ranking, there is in fact remarkable taxonomic diversity overall: more than 160 different types of animals. Squid, crabs, frogs, and hornets sit alongside crocodiles, cobras, and pelicans – a rich sporting bestiary reflecting very specific socio-ecological contexts. We have listed them on an interactive map interactive map available online.
Animal imagery is often associated with major US leagues, such as the NFL, NBA, or NHL, featuring clubs like the Miami Dolphins (NFL), the Memphis Grizzlies (NBA), or the Pittsburgh Penguins (NHL). Yet other countries also display diverse fauna, with over 20 species represented across more than 45 professional clubs in France for instance.
Cultural, aesthetic, or identity-based motivations behind animal emblems
Club emblems often echo the cultural heritage of a region, as in the Quetzales Sajoma basketball club in Mexico that uses the quetzal (Tragonidaespp.), an emblematic bird from the Maya and Aztec cultures. Animal symbols also communicate club values such as unity or solidarity – for example, the supporter group of LOU Rugby is called “La Meute” (“The Pack”). Nicknames can also highlight a club’s colours, as with the “Zebras,” nickname of Juventus FC, whose jerseys are famously black and white.
Logo of the Lyon Olympique Universitaire rugby team. LOU Rugby
Finally, many emblems directly reference the local environment – such as the Parramatta Eels, named after the Sydney suburb, whose Aboriginal name means “place where eels live”.
The Wild League: Sports clubs as allies to wildlife
The sports sector has grown increasingly aware of climate-related issues, both those related to sports practice and sporting events. Biodiversity has not yet received the same attention. The study also shows that 27% of the animal species used in sports identities face risks of extinction in the near or medium term. This concerns 59% of professional teams. Six species are endangered or critically endangered, according to the IUCN: the black rhinoceros (Diceros bicornis), blue whale (Balaenoptera musculus), African elephant (Loxodonta africana), Asian elephant (Elephas maximus), tiger, and Puerto Rican blackbird (Agelaius xanthomus). Lions and leopards – two of the most represented species – are classified as vulnerable.
Moreover, 64% of teams have an emblem featuring a species whose wild population is declining, and 18 teams use species for which no population trend is known. If this seems surprising, think again: the polar bear (Ursus maritimus), orca (Orcinus orca), and European wildcat (Felis silvestris) are among these poorly understood species.
Under these circumstances, can sport help promote biodiversity conservation in an inspiring way? Indeed, iconic clubs and athletes, whose identities are based on often charismatic but endangered species, bring together millions of enthusiasts.
Another study by the same research team presents a model aligning the interests of clubs, commercial partners, supporter communities, and biodiversity advocates around the central figure of animal sports emblems.
Playing as a team for a common goal: Protecting biodiversity
The Wild League project, which builds upon these recent scientific publications, aims to implement this model with the support of clubs (professional and amateur) and their communities, in order to involve as many stakeholders as possible (teams, partners, supporters) in supporting ecological research and biodiversity conservation.
These commitments are win-win: for clubs, it is an opportunity to reach new audiences and mobilise supporters around strong values. Sponsors, for their part, can associate their brands with a universal cause. By scaling up, a professional league, if it mobilised all its teams, could play a key role in raising awareness of biodiversity.
Many mechanisms could help implement such a model, involving teams, partners, and supporters in changes to individual and institutional behaviour. Teams from different sports that share the same emblem could pool resources to create coalitions for the protection of the species and its ecosystem.
Conversely, an entire professional league with numerous teams represented by different animals could raise awareness by embracing biodiversity as a collective theme. For example, Germany’s top ice hockey league (DEL) includes 15 teams, 13 of which feature highly charismatic animals: every week, panthers face polar bears, penguins battle tigers, and sharks challenge grizzlies! These emblems provide a unique opportunity to raise awareness of the Earth’s biological diversity.
Some well known but taxonomically vague nicknames – such as “Crabs,” “Bats,” or “Bees” – conceal immense species diversity: more than 1,400 species of freshwater crabs, as many bat species (representing one in five mammal species), and over 20,000 species of bees exist worldwide.
Finally, more than 80 professional teams have a unique one-to-one association with a species. The Auckland Tuatara basketball team, for instance, is the only one to feature the Tuatara (Sphenodon punctatus), a reptile found only in New Zealand. These exclusive connections create ideal opportunities to foster a sense of responsibility between a species and its team.
Sport is above all an entertainment industry, offering powerful emotional experiences rooted in strong values. The animal emblems of sports clubs can help reignite a passion for the natural world and engage sporting communities in its protection and in broader biodiversity conservation – so that the roar of lions does not become a distant memory, and so that the statues proudly standing before our stadiums regain their colour and meaning.
Ugo Arbieu is the founder of The Wild League, an international project aimed at promoting the integration of biodiversity protection issues into professional sports organisations.
Franck Courchamp ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.
Source: The Conversation – in French – By Frédéric Keck, Anthropologie, EHESS, CNRS, Laboratoire d’anthropologie sociale, Collège de France, Auteurs historiques The Conversation France
La dermatose nodulaire, rarement mortelle mais très contagieuse, flambe depuis quelques semaines dans les élevages bovins français. Face à sa diffusion rapide, les autorités ont recours à l’abattage et à la vaccination. La contestation de l’abattage systématique par les éleveurs révèle des tensions profondes dans un monde agricole déjà en crise.
La dermatose nodulaire contagieuse (DNC), maladie infectieuse qui touche les bovins, a beaucoup fait parler d’elle au cours des dernières semaines. Le virus qui la cause, Capripoxvirus lumpyskinpox, se diffuse dans le sang des animaux et provoque de fortes fièvres et des nodules douloureux pour les animaux. La mortalité est faible, de 1 à 5 % environ des animaux infectés, mais le problème principal tient à sa contagiosité. Les insectes piqueurs (mouches stomoxes, moustiques, taons…) et les tiques transmettent ce virus d’un troupeau à un autre. Le virus peut également survivre plusieurs mois dans les croûtes des animaux, qui se conservent dans les environnements peu éclairés.
Historiquement présente en Afrique, la DNC a été observée en Afrique du Nord dès juin 2024, puis s’est propagée en Europe. La DNC a été détectée en France pour la première fois le 29 juin 2025 en Savoie. Pour contrôler la propagation de la maladie, les autorités se sont à la fois appuyées* sur une politique d’abattage (environ 1 000 bovins) et de vaccination (environ 300 000 doses).
Mais la colère gronde chez les agriculteurs, qui s’opposent désormais aux abattages massifs. Le 10 décembre 2025, des éleveurs dans l’Ariège se sont opposés à l’abattage de 200 bovins touchés par la DNC et ont lancé un mouvement social d’occupation des autoroutes qui a gagné une large part du sud-ouest de la France. Pour limiter ce mouvement, la ministre de l’agriculture Annie Genevard a engagé le financement de la vaccination d’un million de bovins.
L’enjeu : limiter le risque de transmission à l’humain
Pour comprendre cette mobilisation, il faut d’abord rappeler la distinction entre les zoonoses et les épizooties.
Les zoonoses, tout d’abord, sont des maladies infectieuses qui se transmettent des animaux sauvages aux animaux domestiques, puis aux humains. Elles font l’objet de mesures sanitaires sévères pour éviter la transmission aux humains de pathogènes dont les conséquences immunitaires sont inconnues.
Le chien viverrin aurait été l’un des vecteurs du SARS-CoV-2 vers l’espèces humaine. Animalia.bio, CC BY-SA
La grippe aviaire, hautement pathogène, et le Covid-19 sont deux exemples de zoonoses. La première a été transmise par les oiseaux sauvages aux volailles domestiques, avec une mortalité de 60 % lorsqu’elle se transmet aux humains. Le second l’aurait été par l’intermédiaire des chauves-souris et notamment les chiens viverrins, avec une mortalité de 0,5 % lorsqu’elle se transmet aux humains.
Dans ce contexte, l’abattage préventif peut faire partie de l’arsenal déployé par les autorités sanitaires :
On peut noter que ces deux virus zoonotiques (H5N1 et SARS-CoV-2) sont venus de Chine, dont les fortes populations animale et humaine connectées par les marchés aux animaux vivants sont favorables à l’émergence de nouveaux virus depuis une trentaine d’années.
De l’autre côté, les épizooties sont des maladies infectieuses transmises par les animaux sauvages aux animaux domestiques, mais sans se transmettre aux humains.
La dermatose nodulaire contagieuse, qui se transmet des buffles aux vaches, est un autre exemple d’épizootie.
Ces deux maladies infectieuses ont été découvertes dans les années 1930 en Afrique de l’Est. En effet, les colonisateurs anglais ont implanté dans cette partie du continent les techniques d’élevage industriel qui avaient été développées en Europe au cours du siècle précédent. Or, pour des petits élevages pastoraux de cochons ou de vaches, les épizooties ont peu de conséquences. Mais dans les élevages industriels, elles causent des ravages.
Ainsi, la première grande épizootie dans l’histoire de la médecine vétérinaire est la peste bovine, qui a ravagé l’Europe au XIXᵉ siècle du fait du commerce international du bétail, en commençant par l’Angleterre puis l’Afrique de l’Est au début du XXᵉ siècle. Elle est aujourd’hui considérée comme la maladie du bétail la plus meurtrière de l’histoire.
C’est pour contrôler la peste bovine qu’a été crée l’Office international des épizooties (OIE) à Paris en 1920. La maladie a été maîtrisée grâce à des politiques d’abattage et de vaccination qui ont conduit à son éradication en 2001. En 2003, l’organisation intergouvernementale a été renommée Organisation mondiale de la santé animale.
Les virus ignorent la distinction faite par les humains entre épizootie et zoonose. Un virus comme celui de la grippe peut devenir épizootique ou zoonotique selon les circonstances, en fonction de ses mutations. Or, une épizootie est gérée comme un problème économique, par le ministère de l’agriculture, alors qu’une zoonose est gérée comme un problème sanitaire par le ministère de la santé.
Pourquoi les politiques d’hier sont inacceptables aujourd’hui
Le contrôle des épizooties est essentiel pour garantir les prix sur le marché international de la viande. En effet, un État indemne d’une épizootie qui circule dans d’autres pays peut vendre ses animaux (vivants ou morts) à un prix plus élevé que ses concurrents s’ils sont infectés.
Mais reste la question de fond : pourquoi cette politique, qui a fonctionné pour d’autres épizooties passées, ne semble-t-elle plus acceptable aujourd’hui ? La mobilisation des éleveurs du sud-ouest de la France s’inscrit dans un triple contexte politique.
D’une part, les négociations entre l’Union européenne et le Mercosur concernant les produits agricoles sont perçues par les éleveurs français comme préjudiciables à leurs intérêts. Autrement dit, la DNC survient dans un contexte déjà tendu et a, en quelque sorte, constitué « la goutte d’eau qui fait déborder le vase ».
D’autre part, les dernières élections syndicales dans le milieu agricole ont été favorables à la Confédération paysanne et à la Coordination rurale et défavorables au syndicat majoritaire, la Fédération nationale des syndicats d’exploitants agricoles (FNSEA). Or, le protocole sanitaire actuel a été négocié par le gouvernement avec ce syndicat majoritaire, ce qui a conduit à une alliance inédite entre les deux syndicats minoritaires, situés respectivement à la gauche et à la droite de l’échiquier politique.
Enfin, la période des vacances de Noël est favorable à une démonstration de force de la part du monde agricole afin d’obtenir rapidement la fin des abattages et la vaccination de tous les bovins de la part d’un gouvernement fragilisé par l’absence de budget national.
« Dermatose nodulaire des bovins : les agriculteurs basques en colère », France 3, Le 19-20, 12 décembre 2025.
Depuis début décembre 2025, les médias français se sont emparés de ce sujet en diffusant des images spectaculaires d’occupations d’espaces publics et de blocages de routes et de voies ferrées notamment par des agriculteurs venus avec leurs tracteurs et leurs vaches.
Des vaches abattues ramenées à un statut de marchandises
Résultat : le débat politique sur les modes d’élevage des animaux, entre un modèle industriel tourné vers l’exportation et un modèle de plus petite taille tourné vers la consommation locale, se tient désormais dans l’urgence. Il aurait pourtant pu avoir lieu lors des Assises du sanitaire animal qui se sont tenues au niveau national en septembre 2025.
Le nœud du problème ? Le gouvernement demande aux éleveurs de respecter « la science » sans établir les conditions pour une démocratie sanitaire et technique des maladies animales. Il s’agirait de mettre tous les acteurs de l’élevage autour de la table pour évaluer les différentes méthodes scientifiques garantissant la santé de leurs élevages.
Les maladies animales, qu’elles soient épizootiques (comme la DNC) ou zoonotiques, montrent que les animaux ne sont pas seulement des marchandises que les humains peuvent détruire lorsqu’elles ne satisfont plus aux conditions du marché. Ce sont des êtres vivants avec lesquels se sont constitués des savoirs (notamment génétiques) et des affects.
En cas d’épizootie, lorsqu’un éleveur doit faire abattre pour des raisons sanitaires un troupeau qui n’a pas atteint la maturité : on parle alors de « dépeuplement », comme si le « repeuplement » n’était qu’une mesure technique.
Le traitement médiatique de la crise de la « vache folle » a ainsi donné lieu à des images bien plus spectaculaires que lors de la crise de la fièvre aphteuse, médiatisée au début des années 2000. La différence tient au fait que l’encéphalopathie spongiforme bovine passe aux humains en causant la maladie de Creutzfeldt-Jakob, alors que la fièvre aphteuse ne se transmet pas aux humains. Les abattages massifs réalisés pour contenir la fièvre aphteuse, elle aussi très contagieuse mais peu létale, semblent inacceptables aujourd’hui.
Les gouvernements savent s’appuyer sur des savoirs virologiques et épidémiologiques pour anticiper les déplacements des populations d’humains, d’animaux et de vecteurs qui vont causer les maladies infectieuses actuelles et à venir. Le réchauffement climatique favorise ainsi la persistance en décembre des mouches porteuses de la DNC.
Mais les autorités ne peuvent pas prédire les réactions des éleveurs et de ceux qui les regardent sur les réseaux sociaux pleurer la mort de leurs vaches. C’est bien ce rapport à l’animal qui se joue dans la crise agricole déclenchée par la dermatose nodulaire contagieuse.
Frédéric Keck ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.
Source: The Conversation – in French – By Pierre Firode, Professeur agrégé de géographie, membre du Laboratoire interdisciplinaire sur les mutations des espaces économiques et politiques Paris-Saclay (LIMEEP-PS) et du laboratoire Médiations (Sorbonne Université), Sorbonne Université
Vidéo publiée par des djihadistes, au Burkina Faso, en 2019, pour affirmer leur allégeance à l’organisation État islamique.Longwarjournal.org
Le djihadisme international, en recul au Moyen-Orient, est revitalisé depuis plusieurs années dans plusieurs régions d’Afrique – essentiellement dans les zones frontalières entre États affaiblis où vivent des populations marginalisées. De la région des trois frontières entre le Burkina Faso, le Niger et le Mali à l’est de la République démocratique du Congo, en passant par le lac Tchad, des dynamiques similaires sont à l’œuvre.
Le djihad global incarné par le groupe État islamique (EI) est incontestablement en recul au Moyen-Orient. L’EI a perdu la grande majorité de son éphémère califat et les pertes que lui a infligées la coalition internationale s’avèrent difficilement remplaçables. L’enracinement du groupe dans les sociétés moyen-orientales a lui aussi décliné significativement au cours de ces dernières années : l’EI se retrouve éclipsé par des groupes qui prônent un djihad d’abord régional voire national et qui, bien que salafistes, renoncent au terrorisme international, à l’image du groupe Hayat Tahrir Al-Cham (HTC) en Syrie ou des talibans en Afghanistan.
À l’inverse, l’EI semble particulièrement gagner du terrain sur le continent africain : au Nigeria, Boko Haram connaît une spectaculaire ascension depuis son allégeance à l’EI en 2015 tandis que les Forces démocratiques alliées (ADF), groupe djihadiste d’Afrique centrale rallié en 2017 à l’EI, s’implantent durablement au nord de la RDC dans la région du Nord-Kivu.
Le Sahel s’inscrit lui aussi dans cette dynamique globale puisque le Groupe de soutien à l’islam et aux musulmans (Jama’at Nusrat al-Islam wal-Muslimin, JNIM), affilié à Al-Qaida, ne parvient pas à supplanter totalement la filiale de l’EI dans la région, l’État islamique dans le Grand Sahara, qui gagne du terrain au Mali, au Niger comme au Burkina Faso.
Au vu de cette régression de l’EI au Levant et de son ascension en Afrique, il serait pertinent de repenser la relation centre/périphérie dans le monde du djihad global. Le continent africain devient peu à peu l’épicentre de l’EI, qui pourrait renoncer aux rêves de réaliser le Sham (un État regroupant les sunnites de la région) en Orient au profit d’un califat en terre africaine.
Quelles opportunités stratégiques le continent africain offre-t-il à l’EI ? Le groupe pourrait-il installer son sanctuaire en Afrique, inaugurant ainsi un nouvel âge dans l’histoire du djihad ?
L’émergence de sanctuaires transfrontaliers propices au djihad
L’implantation de l’EI en Afrique répond à une logique géographique récurrente : le groupe s’enracine dans des espaces transfrontaliers où les djihadistes utilisent les frontières internationales comme un refuge leur permettant d’échapper aux offensives des armées conventionnelles qu’ils affrontent. Le cas de la zone dite des « trois frontières » entre le Mali, le Burkina Faso et le Niger est de ce point de vue emblématique.
Prévention et réduction de la conflictualité dans les régions frontalières du Mali, du Burkina Faso et du Niger (zone des trois frontières/Liptako Gourma). aha-international.org
Dans cette zone transfrontalière à cheval sur les trois pays, les djihadistes de l’État islamique dans le Grand Sahara peuvent échapper aux offensives de l’armée nigérienne en se réfugiant au Mali ou au Burkina Faso, les armées conventionnelles étant, à l’inverse des groupes terroristes, contraintes de respecter les frontières internationales et la souveraineté des pays voisins. D’autant que les trois pays ne parviennent plus à coordonner leurs efforts militaires contre les djihadistes, comme le montre l’échec cuisant du G5 Sahel.
Créé à l’initiative de la France et des pays du Sahel dans le contexte de l’opération Barkhane, le G5 Sahel se voulait une réponse au djihad transnational régional. L’organisation devait permettre la coopération des armées burkinabée, nigérienne et malienne, censées agir de façon concertée des trois côtés de la zone de frontière afin d’acculer les djihadistes et de les priver d’opportunités de replis. Le départ, en 2022, de la France, qui était à l’origine de cette initiative militaire, suivie par le retrait du Mali et du Burkina Faso la même année puis du Niger en 2023, a mis fin à toute forme de coordination transnationale efficace dans la région.
L’Alliance des États du Sahel (AES), créée en 2023 pour remplacer le G5 Sahel, n’a pas débouché sur des actions militaires transfrontalières concrètes tandis que les miliciens russes de l’Africa Corps, certes implantés au Mali, au Niger comme au Burkina Faso, enchaînent les revers militaires notamment depuis leur défaite face aux Touaregs à l’été 2025 dans la région de Kidal et n’ont jamais repris le contrôle de la zone des trois frontières.
Cette situation n’est pas sans rappeler le rôle qu’a joué la frontière entre l’Afghanistan et le Pakistan pendant l’occupation américaine de l’Afghanistan : comme les terroristes au Sahel, le réseau Al-Qaida avait pu survivre à l’incroyable effort des États-Unis et de leurs alliés en se réfugiant au Pakistan en 2005, dans les zones tribales, là où l’armée américaine ne pouvait pas se déployer sans risquer de déstabiliser complètement son allié pakistanais.
L’« effet refuge » de la frontière entre l’Ouganda et la République démocratique du Congo (Source : Screenshot at PM). Fourni par l’auteur
Cette configuration géographique « à l’afghane » concerne aussi les deux autres foyers du djihad en Afrique : la région du lac Tchad et le Nord-Kivu en République démocratique du Congo (RDC).
Dans cette dernière région, les djihadistes des ADF exploitent particulièrement l’« effet refuge » de la frontière entre l’Ouganda et la RDC. À l’origine, les ADF constituent un groupe djihadiste purement ougandais en lutte contre le gouvernement du pays. Mais à la fin des années 1990, les offensives répétées de l’armée ougandaise ont obligé le mouvement terroriste à migrer en direction de la RDC, où se situe désormais son sanctuaire, depuis lequel les djihadistes déstabilisent non seulement le Kivu mais aussi l’Ouganda, tout en échappant autant à l’armée congolaise qu’aux forces ougandaises.
Comme dans la zone des trois frontières, la frontière entre l’Ouganda et la RDC restreint les manœuvres des troupes conventionnelles, mais reste complètement ouverte aux groupes terroristes puisqu’elle sépare des États faillis qui n’ont pas les moyens d’assurer un véritable contrôle frontalier. D’autant que le Kivu comme la zone des trois frontières constituent de véritables zones grises, périphériques, où la présence de milices, la faiblesse des infrastructures, la distance par rapport aux centres du pouvoir rendent la présence de l’autorité régalienne pour le moins superficielle.
Des périphéries marginalisées en voie de devenir des terres de djihad
Screenshot at PM. Fourni par l’auteur
En plus d’être des espaces transfrontaliers, les nouveaux sanctuaires de l’EI en Afrique s’apparentent à des territoires marginalisés politiquement, économiquement et, parfois, culturellement. Éloignés des métropoles qui polarisent l’activité économique, peuplés d’ethnies minoritaires, ces territoires sont touchés par un rejet de l’État central, un régionalisme voire un sécessionnisme que l’EI exploite pour grossir ses rangs.
Le cas du Lac Tchad, territoire à cheval sur le Nigeria, le Niger, le Tchad et le Cameroun, est emblématique de ce lien entre marginalisation des territoires et développement de l’EI. Le groupe Boko Haram, affilié à l’EI depuis 2015, s’y appuie sur le sentiment d’abandon que nourrissent les ethnies musulmanes Haoussa et Kanouri peuplant le nord du pays, à l’encontre d’un État nigérian dominé par les ethnies chrétiennes du sud, comme les Yorubas.
D’autant que Boko Haram peut élargir son recrutement aux populations précarisées par l’assèchement du lac Tchad, qui basculent dans une économie de prédation à défaut de pouvoir produire de quoi se nourrir. Dans son ouvrage L’Afrique sera-t-elle la catastrophe du XXIe siècle ?, Serge Eric Menye avait déjà bien montré le lien entre marginalisation économique de certains territoires ruraux africains privés de débouchés économiques d’une part et développement du djihadisme d’autre part. Dans ces territoires, des activités criminelles, à l’image des « coupeurs de routes » autour du Lac Tchad, s’installent afin de pallier le recul de l’économie productive et créent un terreau particulièrement fertile pour le développement des groupes djihadistes.
Ces territoires offrent aux djihadistes la possibilité de développer leur classique discours de propagande appelant au djihad dit « défensif ». Au Kivu comme au nord du Nigeria, les musulmans constituent une minorité nationale, dominée par des pouvoirs exercés par (ou assimilés à) des populations chrétiennes. Cette réalité culturelle et politique sert le narratif de l’EI qui consiste souvent à mobiliser les musulmans pour protéger un « Dar al-Islam » menacé par un État « mécréant ». L’objectif proclamé – défendre des musulmans « opprimés » par un État « infidèle » – pourrait drainer des combattants de l’ensemble de l’Oumma, et il ne fait aucun doute que l’EI tentera de jouer cette carte à mesure que les marges musulmanes du Nigeria ou du Congo s’enfonceront dans la violence ou subiront les représailles des armées conventionnelles ou des milices locales non musulmanes comme les Maï-Maï au Kivu.
De ce point de vue, les territoires les plus prometteurs dans l’optique djihadiste sont ceux qui se trouvent à la frontière de l’Afrique chrétienne et de l’Afrique musulmane, comme la RDC ou le Nigeria.
Les freins à l’explosion du djihad africain
Même si le Kivu, le lac Tchad ou la zone des trois frontières tendent à devenir des sanctuaires de l’EI, l’analyse de ces territoires laisse apparaître plusieurs obstacles à l’implantation des djihadistes en Afrique.
Les mouvements djihadistes, tels qu’Al-Qaida en Irak puis son successeur l’EI, devaient leur succès au rejet par les populations locales d’une occupation étrangère : la filiale irakienne d’Al-Qaida s’était d’abord construite comme un mouvement de résistance à l’occupation américaine dans les villes du triangle sunnite au printemps 2003. Or, depuis le départ des Français du Mali, aucune puissance internationale (hormis la Russie) n’est présente dans les territoires touchés par le djihadisme, ce qui empêche les mouvements djihadistes africains de se présenter en force de résistance luttant contre une occupation étrangère.
Au lieu de s’opposer à des forces d’occupation, les djihadistes maliens, nigérians ou congolais se retrouvent souvent face à des milices locales comme les Maï-Maï au Congo ou les dozos au Mali : en Afrique, contrairement au Moyen-Orient, l’esprit local de résistance, bien loin de profiter aux djihadistes, joue clairement contre eux.
D’autant que la guerre contre les « musulmans déviants », autre moteur du djihad tel que le conçoit l’EI, ne semble pas trouver en Afrique un terreau favorable. En effet, quel que soit le pays considéré, la grande majorité des musulmans africains demeurent sunnites, malgré un essor récent du chiisme en Afrique de l’Ouest, si bien que les djihadistes de l’EI ne pourront pas transformer leur combat en une fitna (révolte) tournée contre les chiites, contrairement à leurs prédécesseurs irakiens ou syriens.
Privés du ressentiment antichiite ainsi que de l’esprit de résistance qui ont poussé tant d’Irakiens à rejoindre Al-Qaida en Irak puis l’État islamique, les djihadistes africains ne peuvent pas non plus s’appuyer sur la radicalité des populations locales. Majoritairement malikite, l’islam subsaharien reste moins exposé aux progrès de l’intégrisme que les territoires du Moyen-Orient dans lesquels l’approche hanbalite de l’islam permet des transferts plus faciles vers l’extrémisme.
Ainsi, le lac Tchad, la zone des trois frontières ou le Nord-Kivu pourraient, en théorie, devenir un « nouvel Afghanistan » pour reprendre les termes de Seidik Abba dans son ouvrage Mali-Sahel, notre Afghanistan à nous. Ces territoires présentent des caractéristiques géopolitiques communes : constitution d’un sanctuaire transfrontalier autour de périphéries marginalisées politiquement, culturellement et économiquement.
L’État islamique semble parfaitement conscient des opportunités que lui offre le continent africain, comme le montre l’essor de Boko Haram au Nigeria ou celui des ADF au Congo. Pour autant, aucune des trois provinces africaines de l’EI ne s’est pour l’instant substituée au berceau irako-syrien, malgré les défaites militaires de l’organisation au Levant.
Sans doute faut-il voir ici, entre autres facteurs explicatifs, l’effet des réticences des djihadistes à l’idée de déplacer l’épicentre du djihad du monde arabe vers les périphéries du monde musulman. Néanmoins, cet univers mental djihadiste où le monde arabe constitue encore le centre semble de plus en plus en décalage avec la réalité géographique du djihad dont l’Afrique subsaharienne tend à devenir l’épicentre.
Pierre Firode ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.