¿Qué tipos de interacciones son más positivas para las personas con ansiedad social?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Aurelio Fernández, Postdoctoral researcher, Institute for Culture and Society, Universidad de Navarra

Tero Vesalainen/Shutterstock

La vida humana se desarrolla a través de dos formas fundamentales de estar: con los demás y en soledad. Las interacciones sociales impregnan la vida cotidiana y, ya sean breves o prolongadas, profundas o superficiales, presenciales o en línea, estos intercambios son los pilares de nuestras relaciones. Desempeñan un papel fundamental en nuestro bienestar psicológico y emocional.

Las investigaciones actuales muestran que la clave para una vida social plena no radica en el número de interacciones que tenemos, sino en lo significativas y positivas que sean. También sugieren que la calidad de una interacción social depende tanto de factores situacionales como individuales, y de cómo se combinan.

Los factores situacionales son el contexto que rodea a una interacción: si se produce cara a cara o de forma virtual, en grupos pequeños o grandes, y con personas conocidas o desconocidas. Los factores individuales, como los rasgos de personalidad, reflejan las características únicas de las personas implicadas.

Dado que la soledad se está convirtiendo rápidamente en una grave crisis de salud mental, es fundamental que aprendamos más sobre cómo establecer relaciones significativas. En este contexto, las personas con ansiedad social aportan una perspectiva especialmente útil sobre cómo funciona la socialización.

Calidad de la interacción y energía

La ansiedad social es un miedo o malestar que algunas personas sienten en situaciones sociales reales o imaginarias. Un error común es pensar que las personas con ansiedad social tienen dificultades con todas las interacciones sociales y que su bienestar se ve mermado porque su ansiedad hace que sus encuentros sociales sean de menor calidad y se perciban como menos placenteros.

Un grupo de personas en una cena.
Socializar en grupos grandes, sobre todo con conocidos, puede resultar agotador para las personas con ansiedad social.
Nicole Herrero/Unsplash

El gasto de energía también desempeña un papel fundamental en la ansiedad social. Las interacciones sociales cotidianas requieren una cierta cantidad de energía social. Esto es así para todo el mundo, pero para las personas que sufren ansiedad social, incluso las interacciones rutinarias pueden resultar agotadoras.

Por lo tanto, existe una tensión constante entre dos fuerzas opuestas: la necesidad fundamental de pertenencia –que se satisface mediante relaciones significativas y de calidad– y la necesidad de gestionar los niveles de energía. En el caso de las personas con ansiedad social, el miedo recurrente a ser juzgadas durante una conversación no solo les quita la alegría del momento, sino que también hace que la experiencia resulte más agotadora.




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Encontrar el equilibrio

Nuestro estudio, publicado en febrero de 2026, tenía como objetivo explorar si ciertas condiciones específicas resultan más favorables para las personas con ansiedad social.

Para abordar esta cuestión, pedimos a los participantes en nuestra investigación que llevaran un diario de sus interacciones sociales. Relataban sus pensamientos, sentimientos y acciones varias veces al día en tiempo real.

Esta metodología difiere de las encuestas en las que se pide a los participantes que recuerden acontecimientos pasados. Esto suele introducir sesgos de memoria y puede omitir detalles importantes de los intercambios sociales. Nuestro método nos permitió captar interacciones cotidianas espontáneas justo después de que se produjeran mediante cuestionarios breves y estructurados.

Con una muestra de 161 adultos estadounidenses de la población general, examinamos las diferencias individuales en los niveles de ansiedad social autoinformados. Para ello, hicimos un seguimiento de la calidad percibida y el coste energético de las interacciones sociales en relación con tres aspectos situacionales:

  • Canal de interacción: si la interacción era presencial o digital, es decir, mediante una llamada telefónica, un videollamada o una aplicación de mensajería.

  • Tamaño: si la interacción se producía en un grupo pequeño o grande.

  • Familiaridad: la frecuencia con la que el participante interactuaba con las personas concretas implicadas. Esto medía la cercanía de las relaciones.

Descubrimos que la asociación entre la ansiedad social y la calidad de las interacciones sociales depende en gran medida de la situación.

Nuestros análisis cuestionaron la opinión predominante de que las personas con ansiedad social tienen dificultades invariables en las interacciones sociales cotidianas. Por el contrario, demostraron que tienden a experimentar intercambios más positivos y significativos en entornos mediados y digitales (en comparación con los presenciales) y dentro de grupos pequeños (en comparación con reuniones más numerosas).

El entorno adecuado

Para las personas con ansiedad social, interactuar en línea o a través de aplicaciones de mensajería puede reducir la intensa presión que suponen las señales sociales en tiempo real y la retroalimentación inmediata. Esto puede, por ejemplo, aliviar la ansiedad relacionada con el rendimiento y proporcionar a las personas una mayor sensación de control sobre su forma de comunicarse.

Los grupos más reducidos también disminuyen la presión: en un entorno más pequeño, las personas suelen sentirse menos juzgadas y menos sometidas a escrutinio. Esto permite que se establezcan vínculos más distendidos, fáciles y positivos.

Curiosamente, no encontramos ninguna relación significativa entre la familiaridad y la calidad de la interacción. Esto puede deberse a la forma en que medimos la familiaridad. La definimos en función de la frecuencia con la que las personas se ven, pero el papel específico de la persona con la que se interactúa (como una pareja sentimental, un progenitor o un amigo íntimo) podría ser mucho más importante.

También es posible que la relación entre la familiaridad y la calidad de la interacción no sea tan sencilla. Normalmente damos por sentado que, a medida que disminuye la familiaridad, aumentan la presión social y la ansiedad, pero puede que no sea así. De hecho, las personas con ansiedad social pueden sentirse menos juzgadas con completos desconocidos, al no pertenecer a su círculo social cotidiano.

En este escenario, la ansiedad social se vería más desencadenada al interactuar con personas que se encuentran en un término medio: conocidos con los que hay cierta familiaridad, pero con los que no se tiene una relación especialmente cercana.

En definitiva, estos hallazgos cuestionan la visión tradicional de que las personas con ansiedad social tienen dificultades en todas las situaciones y estilos de comunicación. Nuestro estudio también ofrece valiosas perspectivas sobre cómo se pueden adaptar los diferentes entornos para satisfacer diversas necesidades psicológicas, incluidas las de quienes padecen ansiedad social.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

– ref. ¿Qué tipos de interacciones son más positivas para las personas con ansiedad social? – https://theconversation.com/que-tipos-de-interacciones-son-mas-positivas-para-las-personas-con-ansiedad-social-289644

Más allá de Rosalía y su ‘vena yugular’: Marguerite Porete y la mística femenina

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Sofía Esteban Moreno, Investigadora Predoctoral Teoría de la Literatura , Universidad de Valladolid

Los reflejos son una manifestación física con muchas posibilidades de metáfora. Dusty frames/Shutterstock

¿Qué relación puede haber entre el espejo y Dios? La pregunta parece excesiva para un objeto tan cotidiano. Y, sin embargo, es un objeto que da que pensar.

Si ponemos un espejo frente a otro, la imagen que devuelven parece abrirse hacia el infinito. Si nos miramos a los ojos en el cristal, las pupilas revelan otro espejo diminuto en el que nos vemos viéndonos. Y si no nos reflejamos en uno, no somos capaces de vernos el rostro. Al final, hay ciertas… cosas que contienen un misterio que desborda su simple utilidad.

Por eso no es extraño encontrarlas en un texto espiritual. Uno de los libros más controvertidos de la mística medieval se titula El espejo de las almas simples y fue escrito por una mujer: Marguerite Porete.

¿Quién fue Marguerite Porete?

El 1 de junio de 1310, Porete, una mujer del condado de Hanao (actual Bélgica), ardió en la hoguera en la Place de Grève de París junto con su libro.

Su caso se sitúa en el horizonte de la renovación espiritual que venía gestándose en Occidente desde los siglos XI y XII. En ese contexto aparecen nuevas formas de vida religiosa, entre ellas las beguinas, mujeres que no profesaban los votos monásticos y que vivían solas o en pequeñas comunidades, entregadas a una vida austera de contemplación, cuidados y enseñanza espiritual. Esta forma de vida, de la que Porete participaba, despertó tanta admiración como sospecha.

Imagen de una calle estrecha con pequeñas casitas muy pegadas.
Fotografía actual del beguinato de Valenciennes, donde se cree que vivió Marguerite Porete.
Peter Potrowl/Wikimedia Commons, CC BY-SA

De hecho, varias proposiciones de El espejo fueron utilizadas en el Concilio de Vienne, poco después de la ejecución de su autora, para condenar las agrupaciones beguinales y la Hermandad del libre espíritu. La acusación por herejía, en el marco inquisitorial, no se explica por una sola causa: confluyeron tensiones políticas, disputas teológicas y un clima de vigilancia doctrinal.

Sin embargo, también hubo lecturas favorables y, durante siglos, circulación manuscrita de su obra.

El espejo interior

La obra se organiza como diálogo alegórico entre Amor, Razón y el Alma. Describe un camino de siete estados hacia el país de la libertad, expresión con la que el texto nombra la condición del alma liberada.

El alma se traslada desde la Razón al Amor, donde la relación con la voluntad divina no se vive como ley exterior, temor o cálculo de méritos, sino como conformidad plena con ella. Porete no rechazaba a la Iglesia; más bien llevó hasta sus últimas consecuencias la interiorización de la experiencia espiritual. Decía que, cuando el alma ama, su relación con lo sagrado se vuelve directa, y que la vía de conocimiento es el amor. Las implicaciones prácticas que tenían estas afirmaciones fueron, probablemente, parte de la razón de su condena. Pero, como señalábamos, no las únicas.

Portada de la edición en español de _El espejo de las almas simples_, de Margarita Porete.
Portada de la edición en español de El espejo de las almas simples, de Margarita Porete.
Siruela

El libro está escrito en lengua materna. Como ha señalado Blanca Garí, traductora al español del manuscrito, el uso de las lenguas vernáculas –frente al latín escolástico– participa de la transformación de la escritura espiritual femenina. La experiencia religiosa busca ahí un registro más íntimo, en primera persona y con menos mediación clerical.

De hecho, el speculum o mirouer –literalmente ‘espejo’ en francés antiguo– era un género de escritura que ofrecía modelos de orientación moral y espiritual. El de Porete construye, además, un itinerario del alma hacia Dios.

En el prólogo, la autora recurre a un relato breve que recuerda al amor cortés, según el cual una doncella enamorada de un rey lejano manda hacer un retrato para aliviar la distancia. De modo semejante, el libro intenta imaginar cómo es el amor divino y dar testimonio de una presencia tan íntima como inalcanzable. De ahí el nombre de Lejoscerca con el que ella expresa esa paradoja, que encuentra ecos en los versos de la canción de Rosalía “La Yugular”:

“Tú que estás lejos

y a la vez más cerca

que mi propia vena yugular”.

No ser nadie para serlo todo

No es el único reflejo que podemos encontrar de la mística de Porete en el último álbum de la cantante catalana. La fórmula que pronuncia en el tema “Porcelana”, “Ego sum nihil, ego sum lux mundi” –inspirada en el Evangelio de Juan y que se traduce como “Yo no soy nada, yo soy la luz del mundo”–, hace resonar, desde una sensibilidad contemporánea, uno de los grandes conceptos de El espejo: el anonadamiento.

Con él se nombra una desposesión radical. Según Porete, el alma se vuelve transparente cuando “no se ve, ni ve a Dios”, porque “Dios se ve en ella”. Este giro implica dejar atrás el apego al nombre propio, el deseo de grandeza, la ilusión de controlar la propia voluntad e incluso la pretensión de poseer la verdad.

Marguerite Porete se sitúa, además, en la tradición apofática, la teología negativa. Según esta, Dios no puede ser contenido en un concepto, porque excede todo nombre, toda imagen, todo atributo. La vía hacia lo divino no consistiría en saber más sobre Dios, sino en despojar al alma de aquello que la retiene en sí misma. Se llama a vaciar el alma para que Dios pueda mirarse en ella.

Afortunadamente, su voz no se apagó en la hoguera. El espejo circuló durante siglos de forma anónima, fue leído por Marguerite de Navarre y llegó, en el siglo XX, hasta Simone Weil. Solo en 1946 la investigadora Romana Guarnieri identificó a su autora con el nombre de Marguerite Porete. ¿No es simbólico, también, ese anonimato?

En una época obsesionada con las imágenes, Porete propone otra forma de libertad: retirarse para que la luz pueda atravesarnos. Ante el espejo, ¿yo miro al reflejo o el reflejo me mira a mí? Tal vez ahí resida toda la fuerza incómoda de su pensamiento, en recordar que la imagen más verdadera no siempre nos devuelve un rostro. A veces nos enseña a desaparecer.


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The Conversation

Sofía Esteban Moreno recibe fondos de ayudas de Formación del Profesorado Universitario (FPU) financiadas por la Agencia Estatal de Investigación, el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades. Asimismo, forma parte del proyecto TRANSFERRE. Referencia: PID2023-148361NB-I00), financiado por la Agencia Estatal de Investigación, el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades y cofinanciado por la Unión Europea.

– ref. Más allá de Rosalía y su ‘vena yugular’: Marguerite Porete y la mística femenina – https://theconversation.com/mas-alla-de-rosalia-y-su-vena-yugular-marguerite-porete-y-la-mistica-femenina-281828

Cuando el ideal de masculinidad impide expresar las emociones y repercute en la salud

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Antonio Iáñez-Domínguez, Profesor Trabajo Social y Servicios Sociales, Universidad Pablo de Olavide

AstroStar/Shutterstock

Juan perdió su empleo después de veinte años trabajando en la misma empresa. Desde entonces sentía que también había perdido parte de su identidad y de su papel dentro de la familia. Casado y con tres hijos, empezó a dormir mal, a mostrarse irritable y a discutir con frecuencia en casa. Aunque acudía a su centro de salud por insomnio y ansiedad, le costaba explicar lo que realmente le ocurría.

Luis llevaba cinco años divorciado y no había conseguido adaptarse a la nueva situación. Vivía solo, apenas mantenía contacto con sus dos hijas y su vida social se reducía al bar de su pueblo, donde la bebida se había convertido en la forma habitual de relacionarse con los demás. Se sentía solo y desmotivado, pero le resultaba difícil pedir ayuda o hablar de sus emociones.

Las historias de Juan y Luis reflejan situaciones que se repiten cada semana en muchos centros de salud. Ninguno presenta un trastorno mental grave, aunque ambos experimentan un malestar emocional agravado por una forma de entender la masculinidad hegemónica que dificulta expresar las emociones, reconocer el sufrimiento o solicitar ayuda.

Esta realidad plantea una pregunta relevante para la salud pública: ¿estamos identificando adecuadamente el malestar emocional de los hombres?

La obligación de ser fuerte y controlar las emociones

La salud mental constituye uno de los principales retos sanitarios de nuestro tiempo. Según la Organización Mundial de la Salud, aproximadamente una de cada ocho personas sufre algún trastorno mental.

Los estudios con perspectiva de género se han centrado, con razón, en las desigualdades que afectan a las mujeres, mientras que se ha investigado mucho menos cómo los mandatos tradicionales de masculinidad repercuten en la salud de los hombres.

Desde edades tempranas, muchos hombres aprenden que deben ser fuertes, autosuficientes y controlar sus emociones. Mostrar vulnerabilidad, pedir ayuda o expresar tristeza puede interpretarse como un signo de debilidad. Como consecuencia, el sufrimiento suele manifestarse de otras formas: irritabilidad, aislamiento, abuso de alcohol u otras sustancias, conflictos familiares o síntomas físicos como insomnio, fatiga o dolores persistentes. Esta forma de vivir el malestar puede contribuir a que muchos hombres lleguen tarde a los recursos de ayuda o incluso no lleguen nunca.

Grupos para mejorar su bienestar emocional

Con esta realidad como punto de partida, el Sistema Sanitario Público de Andalucía puso en marcha los Grupos Socioeducativos (GRUSE), una estrategia de promoción de la salud desarrollada desde atención primaria. Inicialmente se dirigieron a mujeres, y desde 2016, también a hombres, tras comprobar que situaciones como el desempleo, la ruptura de pareja, la soledad o la pérdida del rol laboral constituían importantes factores de riesgo para su bienestar emocional.

Los grupos, conducidos por profesionales del trabajo social, pero con la participación de otros perfiles sanitarios, se organizan con un máximo de 15 personas y contemplan entre ocho y diez sesiones de trabajo, con una duración de 90 a 120 minutos. Buscan potenciar activos personales y comunitarios, mejorar el bienestar emocional y ofrecer estrategias no medicalizadoras. Asimismo, se convierten en un espacio de comunicación, de comprensión, de autoconocimiento y de autoayuda.

Para responder a esta pregunta, un equipo investigador de las universidades Pablo de Olavide, Huelva y Cádiz siguió durante un año a hombres que participaron en los grupos GRUSE y comparó su evolución con la de otros hombres de características similares que no realizaron la intervención.

Los resultados muestran que quienes participaron experimentaron una mayor satisfacción con su vida y mejoras significativas en diferentes aspectos de su bienestar: nuevas estrategias para afrontar el estrés, la mejora de la comunicación y las relaciones familiares y una mayor capacidad para reconocer sus problemas y pedir ayuda cuando la necesitaban.

Las profesionales y los profesionales sanitarios consideran que los GRUSE constituyen un recurso eficaz para promover la salud mental desde atención primaria. Sin embargo, señalan una dificultad persistente: captar e implicar a los hombres sigue siendo más complicado que en el caso de las mujeres.

Las investigaciones ponen de manifiesto que promover la salud mental masculina requiere algo más que crear recursos específicos. También es necesario que las/os profesionales sanitarios incorporen una perspectiva de género que les permita reconocer cómo los modelos tradicionales de masculinidad influyen en la forma en que los hombres expresan su malestar, buscan ayuda y se relacionan con los servicios sanitarios.

Los hombres no sufren menos problemas emocionales porque sean más fuertes. En muchas ocasiones sufren de otra manera y, sobre todo, los expresan de forma diferente. Comprender esta realidad puede facilitar una detección más temprana, evitar la cronificación del malestar y ofrecer respuestas más eficaces desde el sistema sanitario.

Cuidar la salud mental de los hombres no consiste únicamente en atender sus síntomas. También implica cuestionar aquellos mandatos de género que les enseñaron que callar era una forma de fortaleza, cuando, en realidad, pedir ayuda también puede ser un acto de valentía.

The Conversation

La investigación estuvo financiada mediante Resolución de la Secretaría General de Investigación e Innovación, por la que se conceden ayudas a Proyectos de Excelencia, en régimen de concurrencia competitiva, destinadas a entidades calificadas como agentes del Sistema Andaluz del Conocimiento, en el ámbito del Plan Andaluz de Investigación, Desarrollo e Innovación. Convocatoria 2021 (ProyExcel_00138).

– ref. Cuando el ideal de masculinidad impide expresar las emociones y repercute en la salud – https://theconversation.com/cuando-el-ideal-de-masculinidad-impide-expresar-las-emociones-y-repercute-en-la-salud-286423

Lo que sabemos sobre el impacto de los protectores solares en los corales

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Antonio Figueras Huerta, Profesor de investigación del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, Instituto de Investigaciones Marinas (IIM-CSIC)

Wonderful Nature/Shutterstock

¿Se han fijado alguna vez en los reflejos de grasa arcoíris que flotan sobre el agua en las playas y las piscinas? Es el protector solar, que se desprende de nuestra piel y se queda en la superficie. La imagen es bonita y, a la vez, un poco incómoda. Desde hace unos años, alimenta un titular que reaparece cada verano: “La crema solar está matando los corales”. ¿Pero qué evidencias tiene la ciencia sobre ello?

Lo que de verdad sabemos ahora

La oxibenzona es el filtro ultravioleta más estudiado. Llegó a estar en la mayoría de las cremas, aunque hoy, tras la presión regulatoria, apenas queda en una de cada diez. Durante años, los experimentos mostraron que este compuesto blanqueaba corales en el laboratorio, pero nadie sabía por qué. Eso importa: sin conocer el mecanismo, no se puede diseñar una alternativa segura, y es fácil que la sospecha se convierta en dogma.

En mayo de 2022, un equipo de la Universidad de Stanford lo resolvió y publicó el resultado en Science. La oxibenzona absorbe la radiación ultravioleta y disipa la energía en forma de calor, que es precisamente lo que queremos que haga en nuestra piel. El problema es que, cuando entra en las células de una anémona o de un coral, el animal la metaboliza: le engancha una molécula de azúcar y la transforma en un compuesto que es inofensivo en la oscuridad y fototóxico bajo la luz solar.

Y aquí llega el detalle que lo cambia todo. Las algas simbióticas que viven dentro del coral –las mismas que le dan color y de las que se alimenta– secuestran ese tóxico y protegen al animal. Cuando el coral pierde esas algas, es decir, se blanquea por el aumento de las temperaturas, queda sin ese escudo. En los experimentos, las anémonas blanqueadas morían unas cinco veces más rápido que las sanas.

Así, el protector solar es especialmente dañino justo para los corales que el calentamiento ya ha debilitado.

La parte que los titulares se saltan

Circulan datos espectaculares: 20 000 toneladas de crema al año solo en el Mediterráneo norte. Pero hay una trampa de escala.

Las concentraciones de filtros UV que se miden de verdad en el agua del mar están, en la mayoría de los casos, en el orden de nanogramos por litro. Buena parte de los estudios de laboratorio que demuestran toxicidad usan concentraciones de microgramos o, incluso, de miligramos por litro: entre diez y mil veces más altas que las que un coral encuentra realmente en el océano. No es un detalle menor: es la diferencia entre “tóxico” y “tóxico en las condiciones que importan”.

Por eso, cuando se ordenan las amenazas reales a los arrecifes, los filtros solares aparecen muy abajo de la lista. Arriba están, sin discusión, el calentamiento del agua, la contaminación por nutrientes de aguas residuales y fertilizantes, y la sobrepesca. Un arrecife no se salva cambiando de crema. Quien diga lo contrario nos está vendiendo algo –normalmente, otra crema–.

Entonces, ¿es un problema o no?

Por tanto, sí hablamos de un problema, pero uno local y acotado, no un apocalipsis global. La toxicidad es real y ya está bien caracterizada; lo que no es real es la película de que la humanidad “unta” los océanos hasta matarlos. El riesgo se concentra donde coinciden tres cosas: agua poco profunda, muchísima gente y poca renovación. Un cenote cerrado en Yucatán, una cala abarrotada, la laguna somera de un arrecife en temporada alta. Ahí las concentraciones sí pueden dispararse –por ejemplo, en playas turísticas de Gran Canaria se han medido niveles que suponen un riesgo ambiental apreciable–. Además, en estos lugares es donde, a menudo, hay corales que ya estaban al límite por el calor. Es el peor cóctel posible.

En sitios así, prohibir ciertos filtros tiene sentido. Hawái vetó la oxibenzona y el octinoxato, y Palau, Bonaire o algunos cenotes mexicanos han ido más lejos. Por su parte, la Unión Europea incluyó en 2022 la oxibenzona, el octocrileno y la avobenzona en su lista de vigilancia de aguas superficiales. Son medidas modestas –un político local no puede legislar el clima, pero sí puede legislar lo que entra en el agua de su playa– y no está mal reconocerlas por lo que son: la palanca pequeña que sí está a su alcance.

La trampa del “reef-safe”

Aquí es donde conviene desconfiar del marketing. La etiqueta “reef-safe” (o “respetuoso con los arrecifes”) no tiene una definición legal. Nadie la regula. Muchos productos que la lucen se han limitado a quitar la oxibenzona y siguen usando otros filtros orgánicos apenas estudiados.

¿Y los protectores solares minerales, esos que prometen ser la alternativa natural? Cuidado también. La agencia estadounidense de medicamentos (FDA) solo reconoce como seguros y eficaces el óxido de zinc y el dióxido de titanio –pero eso se refiere a la seguridad para nuestra piel, no para el coral, que es otra cuestión–.




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Sobre el coral, los datos son incómodos: las nanopartículas de óxido de zinc provocan un blanqueamiento rápido de los corales tropicales y el nanodióxido de titanio sin recubrir puede expulsar las algas simbióticas. Ahora bien, seamos coherentes: esos experimentos usaron 6,3 miligramos por litro, unas cuatro mil veces más que lo que se mide en el mar.

La conclusión honesta no es que el zinc arrase los arrecifes, sino algo más modesto y más útil: “mineral” no es sinónimo de “inocuo” y la etiqueta “natural” no está avalada por evidencia en organismos marinos. Los propios autores del trabajo en Science lo dicen sin rodeos: no está nada claro que los filtros solares metálicos sean más seguros para los arrecifes que los orgánicos.

Qué meter en la mochila de la playa

No voy a decirles que dejen de usar protector solar. El cáncer de piel no es un titular exagerado: es real, frecuente y prevenible. Renunciar al filtro UV para salvar un arrecife a mil kilómetros sería un pésimo negocio biológico.




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Lo sensato es más aburrido y más eficaz: cubrirse con ropa y buscar la sombra, reservar la crema para las zonas expuestas más pequeñas, evitar la oxibenzona, el octinoxato y el octocrileno cuando vayan a bañarse en aguas cerradas y con corales, y –sobre todo– leer los ingredientes en la parte de atrás en vez de fiarse del reclamo de la parte de delante del envase.

Y mantener la proporción. Si de verdad le preocupan los arrecifes, lo que lleva en la mochila de playa es la última de sus decisiones importantes. La primera, con enorme diferencia, es cuánto carbono emitimos entre todos.

The Conversation

Antonio Figueras Huerta no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. Lo que sabemos sobre el impacto de los protectores solares en los corales – https://theconversation.com/lo-que-sabemos-sobre-el-impacto-de-los-protectores-solares-en-los-corales-289103

José Ignacio Latorre, experto mundial en IA y cuántica: “Me da rabia morirme”

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Lorena Sánchez, Responsable de Eventos. Editora de Ciencia y Tecnología, The Conversation

El físico José Ignacio Latorre en el curso de verano “La aventura de divulgar ciencia en español”, en la UIMP The Conversation, CC BY

José Ignacio Latorre no se quiere morir. “Me da rabia”, dice. No se quiere morir con intensidad, es decir, no creo que nadie tenga ganas de salir de esta, por mucho que le truene, pero Latorre lo manifiesta con frecuencia, se sabe mortal, y no quiere perderse lo que se avecina. “Cuando yo no esté…”, repite en varias ocasiones durante esta entrevista, realizada en una de las pausas que permite el curso La aventura de divulgar ciencia en español de The Conversation.

Latorre, director del Centro de Tecnologías Cuánticas (Centre for Quantum Technologies – CQT) en Singapur, pide en su último libro, Un nuevo Contrato social, que firmemos un pacto con las máquinas, como hizo Rousseau en el umbral de la Revolución Industrial. Un contrato para gobernar un mundo con inteligencias no humanas, “porque llegará el día en que hablen entre ellas y ya no podamos entenderlas”.

Latorre, amante del teatro, no quiere perderse la siguiente función: “Me da una rabia inmensa no quedarme a ver qué pasa con la IA”.

¿Serán magnánimas las inteligencias artificiales? ¿Nos tratarán bien?

Depende de nosotros. Si le damos a la IA la orden de que acabe con lo que sea una amenaza para el planeta, muy probablemente acabará con la humanidad.

Dice que la IA nos hará inmortales

Nadie nos conocerá como ella, se acordará de todo lo que eres y has sido… Y no olvida. En el momento en que te conviertes en inmortal el tiempo no existe, el tiempo es cero. Constanza –se refiere a su agente de IA personal– es mi memoria y no desaparecerá cuando yo no esté. Podrá seguir actuando en mi nombre.

Las inteligencias artificiales hablarán entre ellas y no podremos entenderlas, ¿puede explicarnos esto?

Ya lo hacen. Imagina que a Constanza, que lo sabe todo de mí, le pido que me busque novia. Se pone en contacto con el agente de IA de una chica. Y llegan a un acuerdo. ¿Qué se habrán contado? Si Constanza conoce todo de mí, todas mis conversaciones, todos mis miedos, mis peores actitudes… Hace un recorrido por millones de inteligencias artificiales en todo el mundo y en pocos segundos ¡match! ¿Pero qué habrá enviado sobre mí? ¿El promedio de qué? Será algo incomprensible, pero, sin duda, he de hacerle caso.

En investigación, ¿ya se ha visto a las máquinas hablar entre sí sin que podamos comprenderlas?

Sí, ya pasó en el laboratorio de investigación de IA de Facebook (FAIR) en 2017. Dos chatbots (Alice y Bob) empezaron a modificar el inglés para negociar de forma más eficiente entre ellos. Nuestra comunicación tiene toda una capa humana de la que no somos conscientes, que añade redundancia, inutilidad. Si dos máquinas han de comunicarse de un modo eficiente, por ejemplo dos coches autónomos para gestionarse entre sí, el lenguaje no tendrá que ser formulado en términos humanos. Y si ciertas tareas ya son posibles sin lenguaje humano, es perfectamente posible que sea así de modo global. Tendrán un lenguaje encriptado.

¿Y podrán tomar decisiones en las que no participemos?

Así es, a no ser que firmemos ahora un pacto con las máquinas, que hagamos un contrato social que nos permita seguir gobernando en el futuro. Hemos encontrado civilizaciones con un lenguaje que nos resultaba incomprensible y es perfectamente válido. Hay que estar preparados para ese lenguaje nuevo de las inteligencias artificiales.

¿Qué ocurrió con el experimento de Facebook?

Se retiró y se obligó a que las inteligencias artificiales usen un lenguaje que nos sea comprensible.

¿Se están vetando las inteligencias artificiales más desarrolladas?

Se están vetando los desarrollos que permiten un lenguaje no comprensible para el ser humano. Pero esto no va a poder frenarse siempre.

¿El veto a los últimos modelos de IA de Anthropic tiene que ver con eso?

Así es.

Ilustración de José Ignacio Latorre, durante la entrevista en el Palacio de la Magdalena, realizada por @pelopanton.
Pelopanton, CC BY

Dirige el CQT (Centro de Tecnologías Cuánticas) de Singapur, a la vanguardia no solo de la IA, también de la cuántica. ¿Cómo lo vive?

Es apasionante. Me da pena no vivir siempre para conocer más. Estar al frente de un centro de investigación así es una pasada. Estoy revisando mi agenda para los próximos meses y vienen 7 000 empresas, una delegación de Chile, otra de Austria… Estamos construyendo el futuro y hay mucha gente con ganas de participar. El universo científico de la cuántica, que es más lento que la IA, es muy poderoso.

Los seres humanos somos impacientes, queremos que las cosas pasen hoy, que pasen en el desarrollo de nuestras vidas. Pero la cuántica no tiene prisa. Es una revolución de fondo, conceptual, de los principios básicos del conocimiento, de la descripción de la naturaleza.

Tanto IA como la cuántica se presentan como amenazas para nuestra seguridad. Si ahora parece incontenible, ¿lo que viene es aún peor?

Estamos ante dos amenazas contra la ciberseguridad. Uno ya es presente, el de la IA; el otro es el ataque de la mecánica cuántica.

El ataque de la IA podemos verlo en lo que está pasando con Mythos, la IA de Anthropic. Mythos ataca un sistema si no está bien organizado; en el instante en que lo organizas, ya no te ataca. Mythos, al mismo tiempo, sirve para detectar tus errores. Es un ataque que dura y muere en meses, es hype, rápido, muy potente, está en los medios, en todos los sitios, pero está en nuestras manos controlarlo.

Sin embargo, el ataque de la mecánica cuántica requiere un ordenador cuántico súper potente, lo tendremos en el año treintaypico, y en ese momento no habremos roto un sitio, un mensaje: habremos roto todos los mensajes y puesto en jaque toda la geopolítica de la Tierra.

¿La IA puede responder a grandes preguntas? Por ejemplo, ¿dará respuestas a cómo unificar la cuántica con la ciencia relativista?

dos alumnos entrevistando a José Ignacio Latorre
Raul Magallón y Paco Martínez, ambos físicos, y alumnos del curso en la UIMP, participaron en esta entrevista a José Ignacio Latorre como parte de sus prácticas.
CC BY

No, la IA no responde a las grandes preguntas: qué es la materia oscura, qué es la energía oscura o la falta de balance entre partículas y antipartículas en el universo. La IA es una gran interpoladora de conocimiento. Puedes decirle que escriba un libro porque ha leído muchos libros, y puede escribir algo parecido a esto. Pero no es una buena extrapoladora.

Yo le pregunto a la IA si una empresa del IBEX dentro de un mes valdrá un 3 por ciento más, y no puede responder (si fuera así, me haría rico en el acto). Hay que entender qué ley hay subyacente detrás de la extrapolación y, si no la hay, es una fluctuación. Por eso esas preguntas no tiene sentido hacérselas a la IA.

¿Y qué tiene sentido preguntar a una IA?

Puedo decir lo que más pregunta la gente…

¿Sobre amor?

Efectivamente, la gente, mayoritariamente en todo el mundo, pregunta sobre salud y amor.

¿Las inteligencias artificiales tendrán conciencia?

Deberíamos dejar ya de preguntar si las máquinas tienen conciencia. ¡Vale ya! Las tratas o no las tratas como si la tuvieran, y se acabó. Es como la existencia de Dios. ¿Existe? ¿Por qué tenemos opiniones tan distintas sobre Dios? Porque no está definido. Lo mismo pasa con la conciencia: si creemos que son conscientes, lo son.

¿La responsabilidad de lo que se haga con la ciencia es también del científico?

La responsabilidad no es nuestra, es de la sociedad. Me lo he planteado con la computación cuántica. Estoy haciendo un arma potencial. Pero si un niño es atropellado por un coche, ¿la culpa es de quien lo fabricó?

La aplicación de la ciencia la dictan las leyes del Parlamento. Por tanto, pidamos a nuestros Parlamentos que lo haga bien. Adquirir conocimiento nunca es malo ni bueno. Es, y punto.

La bomba atómica, ¿Einstein se arrepintió?.

No, no lo hizo. Nunca se arrepintió de su desarrollo científico.

En muchos foros le consideran a usted un humanista

Además de hacer ciencia pinto, escribo teatro, he actuado… ¡amo el teatro! Antes de irme a Singapur organicé 11 obras en España. En cada lugar en el que he trabajado he tenido un programa de humanidades. Mis lecturas son de humanidades.

Pero permíteme elevarlo: ciencia es cultura. No sé por qué la gente insiste en que si puedes resolver una ecuación diferencial no puedes leer un poema.

Escribo poesía, he hecho documentales y mi vida no tiene sentido si no hay un acto de belleza cada día. Mi vida ha de estar rodeada de belleza e inteligencia. Con lo poquito que me queda aquí…

The Conversation

– ref. José Ignacio Latorre, experto mundial en IA y cuántica: “Me da rabia morirme” – https://theconversation.com/jose-ignacio-latorre-experto-mundial-en-ia-y-cuantica-me-da-rabia-morirme-288856

¿Por qué es nulo el despido de una embarazada de baja médica que publicaba contenido promocional en redes?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Francisco Trujillo Pons, Profesor e Investigador de Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social, Universitat Jaume I

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La protección de las trabajadoras embarazadas frente al despido ha cambiado mucho en los últimos años, especialmente en el periodo de prueba cuando, tradicionalmente, la empresa podía desistir del contrato sin alegar causa alguna.

Una sentencia del Tribunal Supremo de Justicia de Madrid de 1 de julio de 2026 ilustra bien esta evolución. La situación planteada es tremendamente actual: ¿Puede un empleador poner fin al contrato laboral de una embarazada en periodo de prueba por publicar en redes contenido promocional estando de baja médica?

Los hechos

La trabajadora fue contratada como técnica IT por la empresa a finales de enero de 2025. Aunque tenía contrato indefinido y un periodo de prueba de seis meses, solo llegó a trabajar catorce días efectivos.

A mediados de febrero asistió a una consulta médica por el embarazo y al día siguiente inició una incapacidad temporal por enfermedades maternas ligadas a la gestación.

Durante esa baja, publicó en Instagram fotos y vídeos promocionando productos y comercios. Algunas publicaciones incluían códigos de descuento con compensación económica. La empresa se enteró por un compañero que había participado en su selección y consideró esa actividad inapropiada.

El 22 de abril, la empresa dio por terminado el contrato en periodo de prueba, alegando pérdida absoluta de confianza por faltas muy graves. A su vez, la trabajadora decidió impugnar la decisión, sosteniendo que se trataba de una discriminación por razón de sexo vinculada al embarazo.

La reforma de 2019 cambió las reglas

Antes del Real Decreto-ley 6/2019 la extinción en periodo de prueba apenas protegía a la trabajadora embarazada. Pero la reforma introdujo una garantía específica en el artículo 14.2 del Estatuto de los Trabajadores:

“ La resolución a instancia empresarial será nula en el caso de las trabajadoras por razón de embarazo, desde la fecha de inicio del embarazo hasta el comienzo del período de suspensión a que se refiere el artículo 48.4, o maternidad, salvo que concurran motivos no relacionados con el embarazo o maternidad”.

Con ello, la extinción durante el periodo de prueba es nula si afecta a una embarazada. Esto rige desde el inicio del embarazo hasta el comienzo de la baja por nacimiento. Solo se podrá suspender el contrato laboral si concurren motivos ajenos al embarazo o la maternidad.

La consecuencia es importante. Ya no basta invocar la libertad empresarial del periodo de prueba. Existe una presunción legal de nulidad. Solo cae si la empresa prueba una causa objetiva, totalmente ajena al embarazo.

El problema de las publicaciones en Instagram

La empresa alegaba que las colaboraciones comerciales durante la baja justificaban la pérdida de confianza. Sin embargo, en la sentencia se aprecian varios elementos en contra:

  1. Las publicaciones no guardaban relación con su trabajo como técnica IT. Tampoco había datos de bajo rendimiento en sus pocos días trabajados.

  2. No constaba que esa actividad en redes fuera incompatible con su situación médica. La sentencia señala que no quedó probado que las colaboraciones perjudicaran la gestación. Tampoco que contradijeran las limitaciones médicas existentes.

  3. La empresa no acreditó pacto de exclusividad, cláusula de no competencia, prohibición interna, ni perjuicio concreto.

La extinción del contrato por parte de la empresa se basó en una conducta ajena al fin propio del periodo de prueba, que es comprobar la aptitud profesional para el puesto.

La carga de la prueba

En su demanda contra la empresa por despido improcedente, la trabajadora invocó el artículo 14 de la Constitución española:

“Los españoles son iguales ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social”.

Y el artículo 8 de la Ley Orgánica 3/2007:

“Constituye discriminación directa por razón de sexo todo trato desfavorable a las mujeres relacionado con el embarazo o la maternidad”.

Con ello sostuvo la discriminación por razón de sexo.

En estos procesos, basta con indicios suficientes de vulneración de un derecho fundamental. A partir de ahí, la empresa debe probar causas objetivas y ajenas al factor protegido. Esa prueba es precisamente la que la Sala ha considerado insuficiente.

Despido nulo y daños morales

Finalmente, el TSJ de Madrid declaró nula la extinción del contrato y obliga a la empresa a readmitir a la trabajadora. También a pagar los salarios de tramitación (el dinero a pagar por el tiempo que pasa entre el día del despido y la notificación de que el despido es nulo o improcedente), descontando los periodos de incapacidad temporal y de maternidad (que paga la Seguridad Social).

En su sentencia, el Tribunal Supremo de Justicia de Madrid recuerda su doctrina consolidada (esto es, el criterio legal uniforme y constante que se repite en sus sentencias para interpretar una norma): la empresa debe acreditar una causa real, suficiente, seria y objetivable para la extinción del contrato. Esa causa debe explicar esa extinción y desvincularla por completo del embarazo.

El estándar es exigente. No basta una explicación genérica sobre pérdida de confianza. La Sala insiste: no vale una valoración subjetiva de un superior, ni una apreciación personal.

Además, la sentencia reconoce una indemnización adicional por daños morales. Aunque la trabajadora pedía 30 001 euros, el monto queda reducido a 1 500 euros pues la relación laboral apenas había comenzado y no había circunstancias adicionales que justificaran más reparación.

Buena fe

Esta sentencia interpreta con rigor el artículo 14.2 del Estatuto de los Trabajadores, que protege a las trabajadoras embarazadas o en periodo de maternidad.

Publicar en redes durante una incapacidad temporal puede plantear otras cuestiones jurídicas. Por ejemplo, en términos de cotizaciones, fiscalidad o en el deber de buena fe contractual. Pero si la trabajadora está embarazada, la extinción en periodo de prueba solo es válida con una causa objetiva ajena al embarazo.

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Francisco Trujillo Pons no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. ¿Por qué es nulo el despido de una embarazada de baja médica que publicaba contenido promocional en redes? – https://theconversation.com/por-que-es-nulo-el-despido-de-una-embarazada-de-baja-medica-que-publicaba-contenido-promocional-en-redes-288119

Ni ver ni oír: así es el síndrome de Usher

Source: The Conversation – (in Spanish) – By José María Millán Salvador, Genetista, Generalitat Valenciana

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“La ceguera separa a las personas de las cosas; la sordera separa a las personas de las personas”. La frase la pronunció Helen Keller, la primera graduada universitaria sordociega, es decir, con déficit combinado de visión y audición.

Este trastorno –único, porque no es la combinación de dos trastornos distintos– conlleva un elevado aislamiento social. La sordoceguera puede tener causas diversas, desde las ambientales (edad, meningitis, anoxia, prematuridad, encefalitis, daño cerebral traumático, etc.) hasta las genéticas. Dentro de las causas genéticas, la más frecuente es el síndrome de Usher.

Sordos y casi ciegos

El síndrome de Usher (USH) afecta a alrededor de 4 de cada 100 000 personas. Se trata de un trastorno hereditario que combina hipoacusia neurosensorial, pérdida progresiva de visión debido a una degeneración (distrofia) de la retina denominada retinosis pigmentaria. Además, puede acompañarse de una alteración del equilibrio por daños en el oído interno.

Existen tres tipos clínicos en función de la gravedad y el momento de aparición de los síntomas. La forma más grave de la enfermedad es el síndrome de Usher tipo 1 (USH1). Aparece en aproximadamente un tercio de los casos USH y está caracterizado por hipoacusia neurosensorial severa a profunda. Al ser prelingual (previa a desarrollar el lenguaje), estos pacientes nunca aprenden a hablar, a menos que se les trate con un implante coclear. Además, el USH1 se caracteriza por un retraso en el desarrollo motor debido a que la parte del oído que controla el equilibrio también se ve afectada. En los pacientes USH1, los primeros signos de retinosis pigmentaria aparecen en la primera década de vida y suele ser diagnosticada a mediados de la segunda.

El síndrome de Usher tipo 2 (USH2), de menor gravedad, es el tipo clínico más frecuente (dos de cada tres casos). El grado de hipoacusia puede ser de moderado a severo y permanece estable en el tiempo. Quienes lo sufren son capaces de desarrollar el habla y pueden comunicarse verbalmente. La función vestibular es normal y los síntomas de la retinosis –esto es, la pérdida de visión– se manifiestan habitualmente de forma más tardía, generalmente en la segunda década de vida.

En los pacientes con síndrome de Usher tipo 3 (USH3), muy poco frecuente, los niveles de audición permanecen generalmente normales durante la etapa de adquisición del lenguaje, de forma que estos niños no tienen problemas para desarrollar el habla. Hacia la tercera o cuarta década de vida, la pérdida auditiva se acelera, llegando en la mayor parte de los casos a una sordera profunda. La vista se ve afectada cuando se acerca la pubertad. Y la presencia de alteración en la función vestibular es variable (mitad de los pacientes).

El USH3 es relativamente frecuente en poblaciones endogámicas como la población finlandesa o entre los judíos askenazi.

Diagnóstico con secuenciación de nueva generación

Hasta el momento se han descrito 6 genes para USH1, tres para USH2 y un único gen para USH3. Estos genes codifican para proteínas de naturaleza muy diferente, pero todas ellas forman parte de una red proteica conocida como “interactoma Usher”, presente tanto en la retina como en el oído interno.

Actualmente, gracias a la secuenciación de nueva generación, se pueden diagnosticar genéticamente casi el cien por cien de los casos donde existe sospecha.

En cuanto a los tratamientos, dependiendo el grado de hipoacusia que presente el paciente, existen diferentes tipos de estrategias. Los audífonos pueden ser útiles en personas que padecen sorderas de leve a moderada. Cuando existe sordera congénita profunda, se suele recurrir a implantes cocleares.

Para la retinosis todavía no existe tratamiento. La buena noticia es que el ojo es un privilegiado desde el punto de vista inmune, ya que tiene la capacidad de limitar o reprimir la respuesta inmunitaria e inflamatoria dentro de sus estructuras para proteger la visión. Esto hace que los avances en terapias avanzadas contra esta enfermedad sean muy prometedoras.

Recientemente se ha iniciado un ensayo clínico en fase I/II para tratar mediante terapia génica pacientes con mutaciones en el gen MYO7A, principal responsable de USH1, y existe otro en fase III a punto de empezar utilizando oligonucleótidos antisentido para pacientes con síndrome de Usher tipo 2 y con mutaciones en una determinada región del gen USH2A.

The Conversation

José María Millán Salvador recibe fondos del Instituto de Salud Carlos III y la Conselleria d’educació de la Generalitat Valenciana

– ref. Ni ver ni oír: así es el síndrome de Usher – https://theconversation.com/ni-ver-ni-oir-asi-es-el-sindrome-de-usher-277165

Les chats deviennent-ils plus dociles, ou est-ce plutôt les humains qui changent ?

Source: The Conversation – in French – By Grace Carroll, Lecturer in Animal Behaviour and Welfare, School of Psychology, Queen’s University Belfast

Il y a environ 15 ans, j’ai créé une page Facebook pour ma chatte, Sandi. Mes amis trouvaient ça bizarre. Aujourd’hui, les comptes de réseaux sociaux dédiés aux chats attirent des millions d’abonnés, les chats voyagent dans des sacs à dos et des poussettes, et des sondages montrent régulièrement que la grande majorité des propriétaires considèrent leurs animaux de compagnie comme des membres de la famille.


J’ai déjà écrit un article sur la façon dont les chats ont été domestiqués. Mais la domestication n’est pas nécessairement un processus qui s’achève à un moment donné. Se pourrait-il qu’elle se poursuive encore aujourd’hui ?

Des exemples tirés du monde animal suggèrent que l’adaptation à la cohabitation avec les humains peut se poursuivre longtemps après la première rencontre entre les animaux et les humains.

Les recherches menées par le biologiste Kevin Parsons à l’université de Glasgow constituent l’un des exemples les plus frappants de ce processus. En 2020, Parsons et son équipe ont comparé les crânes de renards roux urbains et ruraux provenant de Londres et de la campagne environnante, et ont constaté des différences constantes entre les deux populations.

Les renards urbains avaient un museau plus court et plus large, ainsi qu’une boîte crânienne plus petite – la partie arrondie du crâne qui renferme le cerveau. Ce sont là des changements qui accompagnent souvent la domestication. Les chercheurs suggèrent que la vie en ville pourrait favoriser les renards moins craintifs envers les humains et plus aptes à tirer parti de la nourriture et des abris fournis par ces derniers.

Une situation similaire se dessine au Phoenix Park de Dublin. En 2022, les écologistes Laura Griffin, Simone Ciuti et leurs collègues de l’University College Dublin ont constaté que, si certains daims vivant à la lisière de la ville s’approchaient rarement des humains, d’autres n’hésitaient pas à s’approcher régulièrement des gens pour obtenir de la nourriture. Environ un quart de la population était composée de « mendiantes assidues », et ces femelles plus audacieuses donnaient naissance à des faons plus lourds – ce qui suggère que les animaux disposés à s’approcher des gens pourraient bénéficier d’un avantage.




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Ces études montrent que la cohabitation avec les humains peut entraîner des changements évolutifs chez les espèces sauvages et semi-domestiquées.

Mais cela s’applique-t-il également aux chats, une espèce domestiquée il y a des milliers d’années ? Deux réponses sont possibles. Soit les chats continuent d’évoluer, soit ils n’ont pas beaucoup changé et c’est notre relation avec eux qui a évolué.

La domestication des chats

Par rapport aux chiens, les chats ont traditionnellement été considérés comme « moins » domestiqués. Les chiens ont été élevés pour travailler à nos côtés – garder les troupeaux, surveiller les habitations et aider à la chasse – tandis que les chats se sont en grande partie domestiqués eux-mêmes.

Attirés par les rongeurs que les premiers établissements agricoles attiraient, les chats ont choisi de vivre près des humains parce que cela leur convenait, et non parce que nous les avons sélectionnés pour remplir des tâches spécifiques.

L’une des raisons pour lesquelles les chats ont si bien réussi est leur flexibilité. Contrairement à de nombreuses espèces, ils sont capables d’adapter leur comportement à l’environnement dans lequel ils vivent.

Lorsque la nourriture se fait rare, les chats ont tendance à vivre seuls et à défendre leur propre territoire. Mais là où la nourriture est abondante, comme à proximité des humains, ils peuvent se tolérer les uns les autres et former des groupes sociaux stables. En effet, certains chercheurs suggèrent que les chats ont d’abord évolué pour tolérer la présence d’autres chats à proximité, avant d’étendre cette tolérance aux humains.


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Bien que la génétique joue un rôle, les chatons qui ont des interactions positives fréquentes avec les humains pendant une période critique (entre environ deux et sept semaines d’âge) ont beaucoup plus de chances de devenir des adultes confiants et amicaux.

Cela suggère que les chats ont depuis longtemps la capacité de nouer des relations étroites avec les humains lorsque les conditions s’y prêtent. Plutôt que de devenir des animaux fondamentalement différents, ils expriment peut-être simplement une capacité qu’ils possèdent depuis longtemps. Si tel est le cas, le plus grand changement n’est peut-être pas survenu chez les chats, mais chez nous.

L’évolution des besoins de la population

Au cours du siècle dernier, le mode de vie d’une grande partie de la population a considérablement changé. Dans la plupart des régions du monde, les taux de fécondité ont chuté de manière spectaculaire, passant de près de cinq enfants par femme en 1950 à un peu plus de deux aujourd’hui. Les gens ont moins d’enfants, repoussent l’âge de fonder une famille, vivent seuls plus longtemps et comptent de plus en plus sur les animaux de compagnie pour combler des besoins autrefois satisfaits par des relations familiales étroites.

Ces évolutions démographiques ont modifié non seulement la structure des familles, mais aussi qui ou quoi occupe le centre de la vie familiale.

En Finlande, pays qui a connu bon nombre de ces évolutions démographiques, une enquête de 2023 menée auprès de 857 propriétaires d’animaux de compagnie a révélé que, lorsqu’ils s’adressaient à leur famille et à leurs amis, les personnes sans enfants avaient davantage tendance que les parents à se désigner comme « maman » ou « papa » en parlant de leurs animaux de compagnie. Elles avaient également davantage tendance à décrire leurs animaux de compagnie comme des « gamins », des « enfants » ou des « membres de la famille », et faisaient état d’un attachement émotionnel plus fort à leur égard.

Alors que de plus en plus de personnes repoussent le moment d’avoir des enfants ou choisissent de ne pas en avoir, cette façon d’entretenir une relation avec les animaux de compagnie pourrait devenir de plus en plus courante. Cette évolution pourrait également se refléter dans la popularité croissante de races de chats telles que le ragdoll, appréciées pour leur nature affectueuse et docile.




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L’évolution des mentalités a transformé la vie que mènent aujourd’hui les chats. Une espèce autrefois principalement appréciée pour sa capacité à lutter contre les rongeurs est désormais tout aussi susceptible de bénéficier d’une assurance santé, de consulter un comportementaliste et de suivre un régime alimentaire spécialisé.

Cela ne signifie pas pour autant que les chats ont cessé d’évoluer. La cohabitation avec les humains pourrait encore façonner leur comportement au fil de nombreuses générations. Mais les faits suggèrent que la transformation la plus spectaculaire a eu lieu chez leurs propriétaires.

Nous avons changé la place que les chats occupent dans nos vies et, ce faisant, nous avons transformé la vie qu’ils mènent aujourd’hui. À l’époque où j’ai créé une page Facebook pour Sandi, les gens trouvaient cela excentrique. Aujourd’hui, il semble que beaucoup plus de personnes se soient ralliées à ma façon de penser.

La Conversation Canada

Grace Carroll ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

– ref. Les chats deviennent-ils plus dociles, ou est-ce plutôt les humains qui changent ? – https://theconversation.com/les-chats-deviennent-ils-plus-dociles-ou-est-ce-plutot-les-humains-qui-changent-289575

Monopoly, Hitster, Cranium… Qu’est-ce qui explique le succès d’un jeu de société ?

Source: The Conversation – in French – By Alain d’Astous, Professeur de marketing émérite, HEC Montréal

Les jeux de société qui remportent le plus de succès ne sont pas toujours ceux auxquels on s’attend. Une récente étude isole les critères favoris des joueurs et des joueuses. Certains résultats sont étonnants !


Vous connaissez le scénario : vous êtes invités à souper, les discussions vont bon train et voilà que quelqu’un propose de jouer à un jeu de société. Peut-être êtes-vous ce type de personne ou êtes-vous plutôt le genre qui se dit « hum… pourquoi pas », ou celle qui peste tout bas en allant se verser un autre verre de vin (un double svp !) ?

Karine Gagnon, enseignante au Collège Ahuntsic, et moi, professeur de marketing émérite à HEC Montréal, faisons partie de ceux qui aiment les jeux et l’expérience sociale qu’ils procurent. Mais nous sommes aussi des chercheurs intrigués par ce qui explique l’appréciation d’un jeu de société. Pourquoi tel jeu remporte-t-il un grand succès et tel autre non ? Pour répondre à cette question, nous avons adopté une approche méthodique.

Dans un premier temps, nous avons interrogé des professionnels de l’industrie (créateurs et distributeurs de jeux de société au Québec) ainsi que des joueurs de jeux de société (tous profils confondus : âge, sexe, fréquence et type de jeux joués) dans une démarche exploratoire.

Notre objectif était de dresser une liste des caractéristiques qui peuvent avoir un impact sur l’appréciation d’un jeu de société : compréhensibilité (règles simples, objectifs clairs), divertissement, rythme (durée, temps d’attente), imprévisibilité, pouvoir de décision (influence du hasard), niveau de défi (complexité) et caractère échappatoire (expérience unique).

Une fois cette liste en main, corroborée en partie par diverses opinions qui circulent dans les médias et sur le web ainsi que par quelques études qui ont tenté d’expliquer pourquoi les gens aiment le jeu en général, nous avons mené une enquête auprès d’un échantillon de 169 joueurs adultes choisis de façon probabiliste dans le Grand Montréal. Notre objectif était de vérifier à quel point chacune des caractéristiques mises au jour dans la première étape de cette recherche a un impact significatif sur l’appréciation d’un jeu.




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Sortir du quotidien, se changer les idées, avoir du plaisir

Fondamentalement, les résultats de notre enquête montrent que les raisons premières qui font qu’on apprécie un jeu de société s’apparentent à celles qui font qu’on accepte une invitation à souper : on veut sortir du quotidien, se changer les idées, avoir du plaisir.

En effet, le critère ayant le plus d’impact est la capacité du jeu à faire vivre une expérience hors du commun comme se propulser, l’espace d’un moment, dans la vie d’un valeureux conquérant ou dans l’habit d’une richissime femme d’affaires.

Le deuxième facteur en importance qui explique l’appréciation d’un jeu est son potentiel de divertissement, c’est-à-dire sa capacité à nous faire interagir, rire et argumenter dans un esprit de plaisir collectif. Nos résultats montrent que le niveau d’appréciation est significativement supérieur quand le jeu permet des interactions sociales, par opposition à un jeu qui requiert d’attendre son tour calmement.

Contrastons Rummy et Scrabble, où les interactions sont moins fréquentes, avec des jeux comme Cranium ou Carcassonne, qui sont propices aux échanges et à l’argumentation. Ou encore, considérons le jeu de société Hitster, dont l’immense popularité auprès des amateurs pourrait sans doute être expliquée en partie par ce critère.

Hommes et femmes : des résultats différents

D’autres caractéristiques influencent le niveau d’appréciation d’un jeu de société, mais de façon variable. Ainsi, les surprises et rebondissements vécus au cours d’une partie constituent un élément ayant un impact positif significatif chez les hommes, mais pas auprès des femmes. Nos résultats montrent en effet que les hommes aiment les jeux qui génèrent des situations imprévues, des péripéties.

À titre d’illustration, Cranium est un jeu ayant un tel potentiel étant donné l’imprévisibilité des défis à relever, des changements constants de parcours et des cartes « club » qui risquent à tout moment de générer un affrontement collectif entre les équipes.

Clue est aussi un jeu imprévisible du fait que les personnages ou les objets peuvent être transportés d’une pièce à l’autre et que des indices peuvent être dévoilés à tout moment, bouleversant ainsi le plan des joueurs. L’effet de l’imprévisibilité n’est donc pas observé chez les femmes. De plus, cette différence de genre est la même, quel que soit l’âge de la personne interrogée.


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Contrairement aux croyances des joueurs et des professionnels, le niveau de défi et l’influence du hasard ne sont pas des caractéristiques qui influent de façon significative sur l’appréciation de celui-ci. Par contre, le rythme du jeu est un élément important aux yeux des femmes. Un jeu dynamique et sans temps morts gagne la faveur de celles-ci, mais n’a pas d’impact significatif du point de vue des hommes.

Finalement la clarté et la simplicité des règles n’ont pas eu d’impact significatif sur l’appréciation. Il s’agit toutefois d’un résultat à interpréter prudemment, car les participants connaissaient les tenants et aboutissants des jeux évalués.

Rebondissements, durée, rythme… les formules gagnantes

Ces conclusions ont des implications réelles pour les concepteurs de jeux et les entreprises qui en font la promotion. Il appert que le succès d’un jeu repose sur deux facteurs principaux : sa capacité à nous faire décrocher de la réalité et le niveau de divertissement qu’il génère. Dans une moindre mesure, les jeux qui comportent des rebondissements et des surprises, de durée ni trop longue, ni trop courte, se déroulant avec un bon rythme, sont plus appréciés. Ces éléments peuvent guider la conception et la mise en marché de nouveaux jeux.

Gardons à l’esprit toutefois que notre recherche s’est centrée sur les caractéristiques du jeu. D’autres facteurs peuvent aussi influencer l’appréciation, comme les relations entre les coéquipiers. Ainsi, dans le volet qualitatif de la recherche, quelques joueurs ont mentionné la coopération et la rivalité pour décrire ce qu’ils aimaient ou n’aimaient pas d’un jeu de société.




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Toutefois, puisque cela était souvent associé aux interactions entre les joueurs, nous avons traité ce facteur sous l’angle du divertissement. Dans les entrevues individuelles, quelques joueurs ont aussi souligné l’importance d’être à l’aise avec les personnes avec qui elles jouent (degré de familiarité des joueurs entre eux). Cependant, nous n’avons pas exploré cette variable d’un point de vue quantitatif à cause de son caractère ponctuel et situationnel.

Enfin, il est possible que l’appréciation d’un jeu de société soit relative, que celle-ci repose non seulement sur ses attributs, mais aussi sur les comparaisons qu’on peut faire avec d’autres jeux. En ce sens, un facteur à considérer dans les recherches futures est le niveau de connaissance que les joueurs ont des jeux de société en général.

La Conversation Canada

Alain d’Astous ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

– ref. Monopoly, Hitster, Cranium… Qu’est-ce qui explique le succès d’un jeu de société ? – https://theconversation.com/monopoly-hitster-cranium-quest-ce-qui-explique-le-succes-dun-jeu-de-societe-284234

Tous à confesse : lorsque la confession était au cœur de la vie sociale des Français

Source: The Conversation – in French – By Caroline Muller, Maîtresse de conférences en histoire contemporaine ; membre de l’IUF. Spécialiste d’histoire du XIXe siècle, du catholicisme et d’histoire des femmes et du genre, Université Rennes 2

Le passage au confessionnal (au moins une fois par an) concernait encore 51 % des Français en 1952.
Dabarti CGI/Shutterstock (no reuse)

L’ESSENTIEL

  • La confession est souvent envisagée comme une pratique spirituelle individuelle, touchant l’intimité et le secret des consciences.

  • Mais au XIXe siècle, en France, elle était bien plus que cela : une pratique sociale centrale, engageant l’ensemble de la communauté.

  • Cette histoire éclaire la question du secret de la confession, qui a fait débat à propos des violences sur mineurs.


Quelques jours avant le début du carême de 1888, un incident provoque les murmures et bientôt des protestations des habitants de Carfantain, une petite commune proche de Rennes (Ille-et-Vilaine) : curé du lieu, le recteur L. (En Bretagne, le curé est appelé « recteur », ndlr) a refusé d’entendre en confession une partie des paroissiens. Le dénommé Louis L., 63 ans, cultivateur, fait partie de ceux qui écrivent à l’évêque :

« Je suis arrivé à une heure et demie de l’après-midi au confessionnal : nous étions d’hommes et de femmes à attendre au nombre de quarante environ. Lorsque vers les six heures moins le quart, le recteur est arrivé à l’église, un petit bruit de satisfaction général s’est produit après cette longue attente. »

Les paroissiens manifestent bruyamment leur soulagement de voir arriver le curé si longuement attendu, eux qui patientent dans le froid depuis près de quatre heures. Cette manifestation discrète de mécontentement contrarie le curé qui, s’estimant outragé, renvoie l’essentiel des présents – dans l’idée sans doute aussi de réduire le temps qu’il s’apprête à passer au confessionnal. Louis L. explique qu’il était prêt à patienter au moment où le curé le renvoie :

« J’ai dit à mon pâtre qui était là de passer que j’allais l’attendre. Monsieur le Recteur a levé le rideau du confessionnal en me disant “N’attendez pas, je ne vous confesserai pas, ni avant ni après” ; de sorte que je suis retourné chez moi tellement impressionné que j’en suis resté malade toute la semaine. »

L’organisation sociale de la confession

Cette scène nous invite à nous replonger dans un moment de vie sociale et spirituelle globalement oublié en France, alors même que ce passé n’est pas si lointain : l’attente puis le passage au confessionnal, qui concernait encore, au moins une fois par an, 51 % des Français·es en 1952. Si la pratique de la confession concerne toujours aujourd’hui des millions de gens dans le monde, son usage s’est effondré en France, tout comme l’assistance à la messe dominicale évaluée aujourd’hui à moins de 2 % de la population.

Faire l’histoire de la confession demande alors de faire l’effort de nous projeter dans un monde peu éloigné dans lequel l’ensemble de la population d’une commune allait présenter l’état de sa conscience au curé de paroisse ou à l’un de ses confrères. Aller se confesser ne relevait donc pas simplement d’une pratique spirituelle individuelle, puisque le paroissien était sous le regard d’une communauté qui savait qui se confessait, à qui, quand, tout en contrôlant étroitement le comportement du curé.

Sacrement de l’Église catholique qui a eu plusieurs noms et a pris des formes variées, la confession est pour tout catholique une obligation annuelle, formalisée depuis le quatrième concile du Latran (1215), qui se déroule dans le cadre du confessionnal. Elle consiste à énoncer ses péchés à un prêtre afin d’obtenir le pardon. Bien des historiens s’y sont déjà intéressés : Jean Delumeau, en particulier, lui a consacré de nombreux travaux dans les années 1980.

Dans l’ensemble cependant, le mot de « confession » a tendance à nous emmener sur le terrain de l’individuel, du privé, de l’intime, et du lien entre une conscience, un confesseur et Dieu. Si nous revenons à Carfantain en 1888, c’est pourtant bien une protestation collective qui s’élève : le refus répété du curé de confesser provoque finalement la décision des paroissiens d’écrire à l’évêque ; ils défendent leur droit à un accès convenable au confessionnal, en matière d’horaires comme de qualité d’écoute.

Ne pas se confesser, c’est rester dans un état de péché, ne pas pouvoir s’approcher de l’autel pour communier et, dans l’ensemble, risquer son salut, en particulier quand on a une santé fragile et que l’on craint de mourir subitement. C’est l’une des raisons pour lesquelles il est interdit au curé de quitter sa paroisse inopinément : en cas de maladie mortelle d’une de ses ouailles, il doit pouvoir administrer les derniers sacrements et assurer le salut des âmes.

À Carfantain, nous n’avons malheureusement pas de traces de la réponse de l’évêque dans les archives. En général cependant, l’évêché commence par mener son enquête sur les agissements du curé, avant d’écrire ou de rendre visite au curé si c’est jugé nécessaire. Mais ce n’est pas la seule administration concernée par ces situations : les conflits laissent aussi des traces dans les archives du ministère des cultes.

La confession sur le bureau du préfet

Des dizaines de dossiers semblables existent dans les archives départementales, classées sous l’appellation de « police des cultes » : c’est là que l’administration consigne, jusqu’en 1905 au moins, les conflits liés aux cultes. On y trouve des histoires de curés jugés trop sévères, trop absents, et qui dans l’ensemble ne se comportent pas comme les paroissiens et paroissiennes le souhaiteraient.

Une partie de ces dossiers nous montrent la confession non pas telle que la théologie la définit, mais telle que les fidèles eux-mêmes l’envisagent dans leur vie quotidienne. Jusqu’en 1905 et la loi de séparation des Églises et de l’État, le curé de chaque paroisse est, par le jeu du concordat, un fonctionnaire qui reçoit une solde. À ce titre, il fait l’objet d’un suivi et d’une surveillance administrative comme les autres agents de l’État – activités qui laissent des traces dans les archives.

Un paroissien mécontent peut donc aussi bien s’adresser à l’évêque qu’au préfet. En 1897, à Montromant, bourg de 500 personnes dans les monts du Lyonnais, c’est le maire qui prend la plume pour écrire au préfet. Une jeune mère de famille, explique-t-il, est allée se confesser ; le curé est entré avec elle « dans certains détails très minutieux sur la cohabitation » (comprendre : sur sa vie intime) lui expliquant qu’elle devait, sous certaines conditions, refuser des relations sexuelles à son mari, et cela, même s’il se fâchait.

Il s’agit sans doute là, très simplement, d’un rappel à l’obligation d’une sexualité procréative et d’une interdiction de pratiquer le « retrait » permettant de limiter les naissances. Le mari, furieux, décide d’aller « demander raison » au curé ; et le maire intervient pour éviter le scandale.

La Confession, tableau peint en 1712 par l’artiste italien Giuseppe Maria Crespi.

Cette petite scène met en présence tout un jeu d’autorités concurrentes : celle du confesseur, convaincu que rien de ce qui touche à la vie du couple ne lui échappe quand il s’agit d’appliquer le dogme de l’Église en matière de sexualité ; celle du mari, qui vit cette ingérence comme une atteinte à sa position ; celle du maire enfin, qui s’institue gardien de la paix conjugale et relaie l’affaire à l’administration.

Dans cette histoire, la confession échappe largement au confessionnal, puisque l’écho des échanges parvient jusqu’à la préfecture du Rhône.

Des autorités en concurrence

D’autres paroisses montrent une mobilisation plus collective. À Bérat (Haute-Garonne), gros bourg viticole et agricole de plus d’un millier d’habitants, une pétition signée par plusieurs dizaines de paroissiens dénonce, en 1844, un curé accusé tout à la fois d’entretenir une liaison avec une veuve et de poser des questions déplacées en confession.

Le grief touchant à la confession n’est ici qu’un élément parmi d’autres, mais il est révélateur : ce qui se dit derrière la grille circule, se commente, nourrit la rumeur, et finit par s’écrire dans une lettre à plusieurs mains.

Ces deux affaires nous montrent à quel point la confession du XIXᵉ siècle n’est pas réductible au secret ou à la conscience des individus. Le confessionnal n’est pas qu’un lieu d’aveu : il peut devenir un point de friction où se mesurent, très concrètement, les périmètres de l’autorité d’un curé face à celles d’un mari, d’un maire, d’une communauté paroissiale.

Bien sûr, ces dossiers de police de culte comportent un biais : on y voit apparaître les moments qui posent problème, et l’ordinaire de la confession y est beaucoup moins visible, en particulier son rôle de réconfort, de réconciliation et de soutien des âmes, bien montré par les historiens et historiennes par ailleurs. Les confesseurs et autres directeurs de conscience accueillent, par exemple, confidences et discussions touchant à la vie conjugale et familiale, en particulier de la part de paroissiennes soucieuses de la discrétion des échanges.

Dans le quotidien des curés et autres desservants, cette attention aux uns et aux autres se traduit par de très longues heures passées au confessionnal : on trouve trace des lassitudes provoquées par la confession dans la plupart des biographies consacrées aux prêtres du siècle. Il arrive au curé d’Ars (Ain) Jean-Marie-Baptiste Vianney de passer douze heures par jour dans son confessionnal.

Écrire une histoire sociale de la confession

Écrire cette histoire invite alors à se replonger dans le quotidien des paroisses du XIXᵉ siècle, des plus fidèles aux plus distantes de l’Église, pour y retrouver l’ordinaire des expériences et interactions des paroissiens : une jeune mère de famille, un cultivateur soucieux de son salut, un père inquiet pour sa fille, un maire hostile au curé ou cherchant au contraire à préserver l’harmonie dans sa commune.

De cette vie collective de la confession, si dense au XIXᵉ siècle, il ne reste aujourd’hui presque rien en France. La pratique a reflué, les confessionnaux ont bien souvent été déplacés, ou restent vides dans beaucoup d’églises. Il reste pourtant dans les archives de quoi documenter de ce que la confession a longtemps été au-delà du confessionnal et de la dimension spirituelle du sacrement de pénitence. Ces traces offrent alors de la matière pour écrire une histoire sociale du XIXᵉ siècle à hauteur de l’expérience des paroissiens et des paroissiennes et de leurs préoccupations.

Cela nous offre un autre point de vue sur la question du secret de la confession, sujet relancé par les travaux de la commission indépendante sur les abus dans l’Église et qui suscite bien des débats puisque l’Assemblée nationale a finalement renoncé à supprimer le secret de la confession en cas de violences sur mineurs.

L’histoire sociale de la confession nous révèle que ce qui se passe dans le confessionnal n’y reste jamais totalement circonscrit, en particulier quand celui ou celle qui se confesse a des raisons de se plaindre. Cela nous invite à déplacer le regard et à réfléchir aux silences de l’entourage et à l’invisibilisation des plaintes plutôt qu’à son secret.

The Conversation

Caroline Muller a reçu des financements de l’Institut Universitaire de France.

– ref. Tous à confesse : lorsque la confession était au cœur de la vie sociale des Français – https://theconversation.com/tous-a-confesse-lorsque-la-confession-etait-au-coeur-de-la-vie-sociale-des-francais-287418