En defensa del ocio: de Stevenson a las redes sociales

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Santiago Iñiguez de Onzoño, Presidente IE University, IE University

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El dicho italiano “Dolce far niente” –“qué dulce es no hacer nada”– alaba la dedicación al ocio, al relax, el descanso y, en general, a todo lo que no entraña trabajo ni obligaciones.

Pocas personas se pueden permitir el lujo de no hacer nada. Aunque acariciemos la ilusión tentadora de dedicarnos enteramente al ocio en el caso remoto de ganar una lotería o cuando lleguemos a la jubilación, lo cierto es que empleamos la mayor parte de nuestro tiempo a tareas asociadas a obligaciones, deberes adquiridos o sobrevenidos.

Poco tiempo para el ocio

De acuerdo con las clasificaciones comunes sobre el uso del tiempo, se suele hablar de tres categorías fundamentales de espacios dedicados a tareas ineludibles, salvo fuerza mayor:

  1. El trabajo pagado (paid work), referido a la ocupación profesional ligada a un sueldo.

  2. El trabajo no pagado (unpaid work), referido fundamentalmente a las ocupaciones familiares, mantenimiento de casa, o compras.

  3. El cuidado personal (personal care), que incluye descanso, comida, aseo personal o ejercicio.

Estos tres grandes capítulos pueden ocupar, de media, alrededor del 85 % del día, aunque el porcentaje puede variar, lógicamente, dependiendo de las circunstancias personales y de las prácticas sociales. La conclusión, a los efectos de este artículo, es que tan solo disponemos de un 15 % de nuestro tiempo para el ocio. Y, dada la intensidad de las otras tareas, es comprensible que una gran mayoría aproveche para no hacer nada dulcemente. O, en su versión más pasiva, sentarse frente al televisor o una pantalla.




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Tiempo propio

Una de las demandas de los jóvenes profesionales, especialmente tras la pandemia, es el balance entre la vida profesional y la vida privada. Esto se refleja en la reducción de la jornada, la ampliación de las vacaciones o la consolidación del teletrabajo, aunque impliquen una disminución del salario.




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Su mayor valoración del bienestar personal (wellbeing) y el equilibrio mental y físico, implica la ampliación del espacio dedicado al ocio, ya que el tiempo no se puede estirar. De ahí la búsqueda de fórmulas para aumentar la productividad y mantener la dedicación a la empresa que a la vez permitan disfrutar de más tiempo de uso discrecional.

Por mi parte, no veo la necesidad de una separación tajante entre los diversos usos del tiempo, e incluso considero conveniente que la frontera entre las distintas categorías sea difusa. Es normal hablar de cuestiones del trabajo en casa, para pedir consejo o desahogarse, aunque el exceso al contar chismes de la oficina puede hartar a las parejas.

Además, tiene lógica que, si hay temas importantes en el trabajo, los maduremos con más sosiego durante el fin de semana. De forma análoga, cuando vivimos problemas familiares es probable que los compartamos con nuestros colegas más próximos.

Un ocioso dinámico

La ociosidad no significa no hacer nada o sentarse de forma pasiva delante de un televisor. Aunque me conmueven las personas de edad que miran al horizonte, concentrados, quizás ensimismados en sus recuerdos, y pienso que la contemplación de escenas sublimes de la naturaleza son inspiradoras, suscribo el carácter activo, dinámico, del ocio.

En su ensayo En defensa de los ociosos (1877), el escritor británico Robert Luis Stevenson afirmaba:

“La capacidad para el ocio implica un apetito universal y un fuerte sentimiento de identidad personal”.

Stevenson animaba a dedicar tiempo al ocio, a estar en la calle, a la socialización, convencido de que se aprendía más de la experiencia directa que de los libros. El escritor lo experimentó en su propia vida. A pesar de sus problemas de salud, con dificultades respiratorias crónicas, viajó extensamente, hasta los lejanos Mares del Sur, en unos periplos que para su época eran estratosféricos.




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Un ocio virtuoso

Por su parte, el filósofo británico Bertrand Russell escribió su ensayo Elogio de la ociosidad (1932) desde una perspectiva reivindicativa y social. Conmovido por las circunstancias de los trabajadores de su época, y haciendo crítica de la concepción liberadora del trabajo propuesta por el protestantismo liberal, afirmaba: “La creencia de que el trabajo es virtuoso ha causado un inmenso daño”.

Russell, que abogaba por acortar la semana laboral, consideraba que el empleo del tiempo libre debía estar orientado (“Hay que reconocer que el uso sabio del ocio es producto de la civilización y la educación”). También señalaba que los placeres de las poblaciones urbanas se han vuelto fundamentalmente pasivos.




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Dos caras de la misma moneda

Al contrario que Russell, pienso que la mejor manera de concebir trabajo y entretenimiento es considerarlos como dos partes inseparables de la vida, que dan sentido a nuestra existencia, algo que ya está presente en el origen etimológico de ocio (en latín otium) y negocio (nec-otium), como conceptos complementarios.

El balance y el énfasis que se ponga en cada una de ellas depende de las características individuales, de la personalidad de cada sujeto, de que nos hace más felices y nos proporciona más satisfacción, pero ninguna de las dos variables de la ecuación debería ser cero. En todo caso, en línea con lo ya mencionado, el tiempo dedicado a tareas no retribuidas es también un genuino trabajo.




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Usos del ocio

Si el tiempo dedicado al ocio tiene, potencialmente, consecuencias positivas, sería conveniente analizar y decidir en qué actividades lo empleamos. Siguiendo a Stevenson, una parte significativa debería estar relacionada con la socialización, pero también habría que dedicar tiempo al desarrollo personal, al aprendizaje de cosas nuevas.

Existe un ocio sano y necesario derivado de las relaciones interpersonales, fundamental para la felicidad y la convivencia social. Pero también hay otro que nos hace crecer hacia dentro, derivado de la reflexión, de la lectura, de la contemplación de obras de arte. Y posiblemente haya un ocio menos encomiable, incluso perjudicial, aunque existe una máxima generalmente respetada por la que, en su tiempo libre, la gente hace lo que le viene en gana, siempre que no perjudique al resto.




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A juzgar por las estadísticas, miembros de todas las generaciones invierten una parte significativa del ocio en las redes sociales. Son plataformas de relación interpersonal que han reemplazado, en muchos casos, las formas tradicionales de conectar, informarse y conocer. Con frecuencia debatimos sobre qué principios deberían regir las relaciones en ese medio social y cómo deberían reflejar las mismas pautas de comportamiento y respeto que rigen para el entorno físico, evitando la impunidad que confieren el anonimato y la ausencia.




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Educar para el ocio

En uno de sus toques de ironía, el filósofo danés Soren Kierkegaard afirmaba:

“De todas las cosas ridículas, la que más ridícula me parece es estar ocupado”.

Probablemente no se reía tanto del comportamiento de las personas trabajadoras o diligentes como de las que viven sumergidas en una actividad de forma reactiva. En el trabajo y en el ocio, lo importante no es tanto estar ocupado sino aprovechar esos momentos para dar sentido a nuestra existencia.

Es esperable que los desarrollos de la inteligencia artificial generativa sustituyan muchas de las tareas profesionales en todo tipo de trabajos y sectores, por lo que, previsiblemente, aumentará el tiempo de ocio. Esa variación en la ecuación de los tiempos dedicados a diversas actividades debería ser objeto de análisis, y asunto de estudio para los educadores, de forma que preparemos mejor a los ciudadanos del futuro para el uso de su tiempo de ocio.


Una versión de este artículo su publicó en LinkedIn.

The Conversation

Santiago Iñiguez de Onzoño no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. En defensa del ocio: de Stevenson a las redes sociales – https://theconversation.com/en-defensa-del-ocio-de-stevenson-a-las-redes-sociales-274308

Transiciones educativas: ¿es posible evitar la ansiedad de los cambios de etapa?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Agurtzane Martinez Gorrotxategi, Profesora-investigadora en el área de inclusión educativa, Mondragon Unibertsitatea

NadyaEugene/Shutterstock

“Nosotros estamos tranquilos porque el paso a primaria lo hará con sus amigos de siempre”, comenta un padre sobre el futuro cambio de ciclo escolar de su hija. Muchos en el grupo asienten, reconociendo que, aunque cambia la metodología y los niños ganan un poco más de autonomía, la rutina sigue siendo familiar.

En otra casa, la preocupación es distinta: “Nos inquieta el salto a secundaria, tantos profesores, otro instituto, otras normas…”. Cada familia vive los cambios escolares de manera distinta, pero todas coinciden en la misma inquietud: cómo afrontarán sus hijos estas nuevas etapas.

Las familias intuyen y conocen por experiencia que cada vez que un niño o una niña pasa de una etapa educativa a otra (de infantil a primaria, de primaria a secundaria o de secundaria a bachillerato o formación profesional), los cambios tienen consecuencias psicológicas y académicas.

En diversas investigaciones se ha analizado el impacto que tienen estos cambios de etapas escolares y se ha comprobado que la transición afecta tanto al rendimiento académico como al bienestar emocional de los niños. Los efectos negativos son más intensos en grupos vulnerables, como estudiantes con necesidades educativas especiales o en contextos socioeconómicos desfavorecidos, incrementando el riesgo de fracaso y exclusión escolar.

Cambios académicos y ambientales

En infantil, los docentes suelen centrarse en preparar a los alumnos en lectoescritura para facilitar su éxito en primaria, mientras que los niños sienten presión por “hacer bien las tareas”. Emocionalmente, se observa estrés, ansiedad, agobio y cansancio en los alumnos.

El paso de primaria a secundaria representa otro momento crítico, en el que se observa con frecuencia una caída en las calificaciones y un estancamiento en el progreso académico. Este declive se atribuye a factores ambientales como el cambio a entornos escolares más grandes e impersonales, la mayor exigencia académica y la transición hacia un enfoque más competitivo que orientado al aprendizaje.

Paralelamente, el estrés y la ansiedad aumentan durante ese período, manifestándose en preocupaciones sobre la adaptación social, el acoso escolar, la relación con los profesores y la gestión de una carga académica más exigente.




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Ciclos de estrés y ansiedad

La interacción entre el rendimiento académico y la salud psicológica crea un ciclo donde el estrés y la ansiedad reducen la capacidad atencional y el desempeño escolar, lo que a su vez incrementa la angustia emocional. Sin embargo, muchos estudios también indican que una transición bien gestionada puede convertirse en una oportunidad de crecimiento.

En una investigación reciente hemos analizado estos procesos de cambio y propuesto formas de mejorarlos, contando con la participación del profesorado, las familias y el alumnado, para que las transiciones, lejos de resultar disruptoras, sean experiencias positivas para todos.

Los retos de los cambios de etapa

Cambiar de etapa educativa no significa solo hacerlo de aula o de profesorado. Supone adaptarse a nuevos espacios, nuevas normas, diferentes maneras de aprender y a nuevas personas. Todo esto puede generar ilusión, pero también nervios, inseguridad o miedo.

Los estudios sobre educación muestran que estos cambios pueden ser una oportunidad para crecer si se acompañan bien. Sin embargo, cuando no se les da la importancia que tienen, pueden provocar malestar, desmotivación o dificultades de adaptación.

Escuchar para mejorar las transiciones

En nuestra investigación quisimos conocer cómo lo viven las personas que lo experimentan directamente: el alumnado, las familias y el profesorado. Para ello, realizamos el estudio durante tres cursos escolares en un colegio y un instituto de un pueblo de Gipuzkoa.

El primer paso fue escuchar con atención a todas las personas implicadas a través de cuestionarios para las familias sobre cómo vivían los cambios y qué necesitaban; entrevistas con el profesorado sobre los problemas y posibles soluciones, y la participación de niños y niñas a través de dibujos, juegos y conversaciones mediante los que expresaron sus emociones y pensamientos.

Evitar rupturas bruscas

El profesorado señaló que sería útil contar con mejor información y comunicación sobre cómo se realiza la transición entre etapas y qué pasos se van a seguir. También destacaron la necesidad de que los criterios y métodos del centro estén más coordinados entre las diferentes etapas, para que los cambios sean más coherentes, y de integrar los proyectos educativos de manera continua en todos los cursos, evitando saltos bruscos entre etapas.

Estos cambios bruscos pueden afectar a los niños de distintas formas: académicamente, al enfrentarse a contenidos y métodos nuevos; socialmente, al tener que relacionarse con nuevos compañeros y profesores; emocionalmente, provocando ansiedad, inseguridad o pérdida de confianza; y organizativamente, cuando las normas o los recursos cambian de un nivel a otro sin continuidad.

Mantener autonomía e informar a fondo

Las familias, por su parte, señalaron que es fundamental priorizar el bienestar emocional de los niños y niñas. También insistieron en la importancia de explicar bien a los niños lo que va a ocurrir, usando un lenguaje claro y cercano, y en mantener la autonomía y la libertad de movimiento, especialmente en los primeros cursos.

Los niños y niñas aportaron propuestas muy claras. Para ellos, era importante mantener sus amistades, contar con el apoyo del profesorado, disponer de más tiempo de juego, tener menos deberes y exámenes, y recibir más información sobre cómo será el próximo curso antes de que llegue el cambio.

Acompañamiento emocional

Después de analizar toda la información, creamos un plan de acción para mejorar las transiciones.

Durante los momentos de cambio de etapa, se trabajaron de forma continua las emociones del alumnado, especialmente al final del curso, cuando aparecen dudas, miedos e inseguridades. Para ello, se preguntó a los estudiantes de todos los niveles cómo se sentían ante los cambios, y el alumnado de cursos superiores ayudó a responder y acompañar a los más pequeños mediante diferentes actividades.

También se organizaron salidas y encuentros entre cursos de distintos ciclos para que pudieran relacionarse en un ambiente más informal. Además, se realizaron visitas a los nuevos espacios educativos para facilitar la adaptación: en infantil se conocieron las aulas acompañados del profesorado, y en el paso de primaria a secundaria se organizó una yincana para descubrir el centro mientras el alumnado de secundaria presentaba sus proyectos.




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Para que los cambios fueran más tranquilos y organizados, al finalizar el curso se informó al alumnado y a las familias sobre los nuevos grupos y profesores, lo que ayudó a reducir la ansiedad.

También se mantuvieron en los primeros meses de las nuevas etapas dinámicas de las anteriores: en 1.º de Primaria, dinámicas propias de Infantil y en 3.º se refuerza el uso de materiales manipulativos en matemáticas. En Secundaria se ofrecieron programas de apoyo académico. Además, se realizaron actividades de apoyo para el alumnado nuevo o con transiciones más difíciles, con el objetivo de que se sintieran parte del centro.

Se crearon espacios de diálogo con las familias para escuchar sus preocupaciones y resolver dudas y el profesorado mejoró su coordinación para el diseño de actividades entre cursos y etapas.

Colaboración entre etapas

Los resultados mostraron mejoras importantes en el centro educativo. El profesorado empezó a trabajar de forma más colaborativa entre etapas, compartiendo ideas y métodos para que los cambios fueran más progresivos.

Las familias se sintieron más escuchadas y participativas. Además, los niños y niñas pasaron a tener un papel más activo, no como meros receptores de decisiones tomadas por los adultos, ya que sus opiniones y emociones se tuvieron en cuenta para mejorar los cambios de etapa.

Esto ayudó a crear una cultura escolar basada en la comunicación, el respeto y el cuidado mutuo.

Cuidar las relaciones

Los cambios de etapa son inevitables, pero la forma de afrontarlos marca la diferencia. Nuestra experiencia muestra que no se trata solo de organizar bien dichos cambios, sino de cuidar las relaciones entre profesorado, familias y alumnado. Cuando hay diálogo y colaboración, los cambios se viven como oportunidades y no como problemas.

Pequeñas acciones, como hablar entre docentes, escuchar a las familias o preguntar al alumnado cómo se siente, pueden tener un gran impacto.

Escuchar, colaborar y cuidar no son añadidos opcionales en la escuela: son condiciones esenciales para construir una educación más inclusiva y humana. Y tal vez, la lección más importante que deja este proceso sea esa: mejorar las transiciones significa mejorar la manera en que vivimos juntos la educación.

The Conversation

Agurtzane Martinez Gorrotxategi recibió fondos de la Diputación Foral de Gipuzkoa para la realización de este trabajo de investigación.

Alexander Barandiaran Arteaga recibió fondos de la Diputación Foral de Gipuzkoa.

Irati Sagardia-Iturria recibió fondos de la Diputación Foral de Gipuzkoa y la beca predoctoral de la Universidad para la realización de este trabajo de investigación.

ref. Transiciones educativas: ¿es posible evitar la ansiedad de los cambios de etapa? – https://theconversation.com/transiciones-educativas-es-posible-evitar-la-ansiedad-de-los-cambios-de-etapa-268794

Dormir, moverse y comer bien: las claves científicas de una infancia con calidad de vida

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Álvaro de Pano Rodríguez, Profesor Lector en el Departamento de Ciencias de la Educación (área de Expresión Corporal), Universitat de Lleida

David Tadevosian/Shutterstock

Cada vez son más los niños y adolescentes que duermen poco, apenas practican ejercicio y pasan horas y horas frente a una pantalla. La consecuencia no es solo física: afecta a su autoestima, su energía diaria y su bienestar emocional.

En un momento en que aumentan el sedentarismo, la obesidad y la ansiedad infantil, entender qué factores construyen realmente el bienestar juvenil es una prioridad social y educativa.

En los últimos años, desde el grupo Moviment Humà de la Universitat de Lleida, hemos analizado cómo los hábitos diarios –actividad física, alimentación, sueño y entorno– influyen en la salud y calidad de vida de niños y adolescentes. Para ello hemos trabajado con más de 700 escolares de entre 8 y 16 años en distintas comunidades de España, combinando datos de condición física, composición corporal, analíticas y cuestionarios sobre bienestar.

Un corazón en forma es un tesoro

En uno de los estudios del proyecto observamos que los niños y niñas con mejor resistencia física y más masa muscular presentaban menor grasa corporal y estilos de vida más saludables.

Tener un corazón capaz de responder bien al esfuerzo no solo mejora el rendimiento deportivo, sino que protege la salud cardiovascular y emocional a largo plazo. La evidencia científica confirma que una buena capacidad cardiorrespiratoria en la infancia se asocia con menor riesgo de enfermedad cardíaca y metabólica en la edad adulta.

Por eso, fomentar la actividad física desde edades tempranas es una inversión directa en bienestar futuro.




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Comer bien y moverse: un binomio inseparable

En otra investigación observamos que quienes seguían mejor la dieta mediterránea eran también los que más se movían y tenían un menor índice de masa corporal. A medida que avanzaban en la pubertad, la adherencia mejoraba, lo que sugiere una mayor conciencia sobre la alimentación saludable con la edad.

El hallazgo clave fue que comer bien y moverse más se potencian mutuamente. La dieta mediterránea, rica en frutas, verduras, legumbres, aceite de oliva y pescado, se asocia con menor riesgo cardiovascular y con un mejor bienestar psicológico incluso en edades tempranas.

Los hábitos saludables no actúan por separado: el cuerpo y la mente forman un sistema interconectado que se refuerza cuando la rutina es equilibrada.

Dormir bien, comer bien y vivir en entornos activos

En otro análisis, evaluamos la calidad de vida relacionada con la salud de los participantes. Los resultados mostraron que dormir bien y seguir una dieta mediterránea eran los factores más claramente asociados con un mayor bienestar físico, emocional, social y escolar.

Dormir bien no solo mejora el ánimo y el rendimiento escolar, sino que protege la salud mental y cognitiva de niños y adolescentes.

Aun así, las horas de sueño infantil han disminuido de forma preocupante en los últimos años debido al exceso de pantallas y al uso de dispositivos electrónicos antes de dormir.




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Además, los jóvenes que viven en ciudades o zonas urbanas con más recursos (deportivos, educativos y sociales) presentan puntuaciones más altas que los de municipios pequeños. La investigación confirma que los niños que crecen en entornos urbanos con acceso a zonas verdes o espacios de juego muestran niveles más altos de bienestar y actividad física.

El mensaje es evidente: los hábitos individuales importan, pero el entorno también. Facilitar espacios donde sea posible moverse, descansar y alimentarse bien es una responsabilidad compartida entre familia, escuela y comunidad.

Sentirse en forma también es salud

Más allá de los indicadores físicos, quisimos entender cómo los jóvenes se perciben a sí mismos. Observamos que quienes se sentían en mejor forma física eran también quienes mostraban niveles más saludables de composición corporal y colesterol bueno (HDL).

Esto demuestra que la autopercepción física es un termómetro muy fiable del bienestar real. Sentirse en forma refleja, en gran medida, cómo está el cuerpo y cómo se experimenta emocionalmente. De hecho, la evidencia muestra que una imagen corporal positiva y una buena autopercepción física se asocian con mayor autoestima y satisfacción vital durante la adolescencia.

Además, en entornos deportivos mixtos apenas hallamos diferencias entre chicos y chicas en la forma en que valoran su estado físico. Esto sugiere que compartir espacios de práctica favorece una relación más sana y equitativa con el propio cuerpo.

El corazón joven responde bien al esfuerzo

Otra línea del proyecto analizó cómo responde el corazón de los jóvenes al ejercicio intenso midiendo la troponina cardíaca, una proteína que se libera tras esfuerzos exigentes.

Las concentraciones aumentaron de forma transitoria, pero siempre dentro de los rangos normales, lo que demuestra que la práctica física intensa, cuando está supervisada, es segura para el corazón infantil y adolescente. Un argumento más para perder el miedo a que los niños y niñas practiquen deporte con intensidad y regularidad.

Un bienestar que se entrena en comunidad

Cuando se integran todos estos resultados, la conclusión es sencilla pero poderosa: el bienestar no se hereda, se entrena. Dormir bien, moverse con frecuencia, comer equilibradamente, sentirse en forma y mantener un corazón fuerte forman un círculo virtuoso que refuerza la salud física y emocional. Pero este equilibrio no depende solo del individuo: requiere entornos escolares y comunitarios que faciliten los buenos hábitos.

Crear escuelas y barrios donde el descanso, la actividad física y la alimentación saludable sean posibles no solo previene enfermedades: cultiva generaciones más activas, seguras y felices.

The Conversation

Álvaro de Pano Rodríguez recibe fondos de COR-School, Assessment of various health parameters and physical activity levels in Primary and Secondary School” (Grant PID2020-117932RB-I00).Consolidated research group Human Movement, Generalitat de Catalunya (021 SGR 01619).

Joaquin Reverter Masia recibe fondos de COR-School, Assessment of various health parameters and physical activity levels in Primary and Secondary School” (Grant PID2020-117932RB-I00).Consolidated research group Human Movement, Generalitat de Catalunya (021 SGR 01619)

Alejandro Legaz Arrese no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Dormir, moverse y comer bien: las claves científicas de una infancia con calidad de vida – https://theconversation.com/dormir-moverse-y-comer-bien-las-claves-cientificas-de-una-infancia-con-calidad-de-vida-268534

¿Y si pagara menos impuestos por instalar un jardín en su edificio?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Carmen Esther Falcón-Pérez, Profesora Titular de Universidad de Economía Financiera y Contabilidad. Instituto Tides., Universidad de Las Palmas de Gran Canaria

Alicia G. Monedero/Shutterstock

Las ciudades son los principales focos de emisión de gases de efecto invernadero en todo el mundo y concentran a gran parte de la población. En este escenario, las soluciones basadas en la naturaleza (SbN) surgen como una estrategia clave para fortalecer la resiliencia urbana, mejorar la salud y el bienestar de las personas y proteger el medio ambiente.

Las SbN, como cubiertas y fachadas verdes, sirven para aislar térmicamente los edificios, gestionar el agua de lluvia, absorber el carbono de la atmósfera y mejorar la temperatura urbana, reduciendo el efecto isla de calor.

Tanto las Administraciones públicas, a nivel europeo y nacional, como las entidades financieras están impulsando proyectos concretos para financiar estas transformaciones. El mensaje principal no deja dudas: sin recursos suficientes, no es posible llevar a cabo la renaturalización de los barrios y ciudades.

Por ello, resulta imprescindible diseñar mecanismos que incentiven la incorporación de infraestructura verde en los entornos urbanos.

Poner valor a lo verde: un nuevo desafío urbano

En este contexto, hemos desarrollado un nuevo modelo de incentivos fiscales medioambientales basado en reducciones del Impuesto de Bienes Inmuebles (IBI) para aquellas comunidades de propietarios que instalen y mantengan infraestructuras verdes en edificios privados.

Nuestra propuesta necesita de la participación de la ciudadanía y de las Administraciones locales con el objetivo de impulsar políticas públicas urbanas más sostenibles.

La idea es clara pero eficaz: incentivar y premiar a vecinos y empresas para que incorporen soluciones basadas en la naturaleza en sus barrios y edificios.

Con este modelo se reconoce un aprovechamiento urbanístico jurídico y económico a la comunidad de propietarios que instalen cubiertas verdes o jardines verticales. Esto supone un incentivo proporcional a la superficie verde y a la inversión realizada por cada uno de los vecinos.

A modo de ejemplo, si se opta por incorporar infraestructura verde en el 50 % de las zonas comunes de los edificios, se podrá reducir en un 50 % el IBI correspondiente a cada vecino.

El sistema de incentivos no busca aumentar el índice de edificabilidad; esto es, permitir construir cuartos para bicicletas o patinetes en las zonas comunes de los edificios para compensar positivamente la instalación de SbN, como contempla el Ayuntamiento de Madrid. Creemos que en entornos urbanos densamente consolidados esta opción es poco viable.

Priorizamos la integración de infraestructura verde frente al modelo tradicional de infraestructura gris, común en muchas ciudades.

Una Administración local al servicio del verde urbano

Los Gobiernos locales tienen un papel clave para avanzar hacia modelos urbanos más sostenibles. El ámbito municipal es el más cercano a la ciudadanía. Por tanto, es el más eficaz para impulsar iniciativas cuyos efectos se perciben de forma directa y rápida en la vida cotidiana.

La Administración local es la responsable de implantar el modelo propuesto y actuar como garante. Llevaría a cabo las revisiones periódicas para comprobar que las instalaciones se mantienen correctamente y retiraría los beneficios fiscales cuando no sea así.

La comunidad de propietarios soporta el coste de la instalación verde, el mantenimiento y la conservación. No debemos ver esta inversión como un gasto sino como una mejora patrimonial para las comunidades vecinales, ya que genera un bien común: aire más puro, menor temperatura urbana y mayor bienestar colectivo.

Los tejados y fachadas verdes aportan beneficios ambientales a todo el barrio. Por eso, la ciudad devuelve parte de ese valor mediante reducciones en los impuestos. De este modo, la ciudad reconoce y recompensa a quienes contribuyen a un entorno urbano más saludable y sostenible.




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Este modelo es sencillo de implementar para los ayuntamientos y reconoce la contribución de los propietarios que incorporan procesos de renaturalización en sus edificios, ayudando a construir ciudades más verdes, sostenibles y agradables para vivir.

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Carmen Esther Falcón-Pérez no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ¿Y si pagara menos impuestos por instalar un jardín en su edificio? – https://theconversation.com/y-si-pagara-menos-impuestos-por-instalar-un-jardin-en-su-edificio-273044

¿Es verdad que está despertando la religión entre los jóvenes? Esto dice un nuevo estudio

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Francisco J. Pérez Latre, Profesor. Director Académico de Posgrados de la Facultad de Comunicación, Universidad de Navarra

En los países occidentales se habla cada vez con más frecuencia de un posible renacimiento religioso y de la fe entre los jóvenes. Las razones aducidas para apoyar esta tesis varían de un país a otro, al igual que las interpretaciones, que a menudo dependen de la orientación ideológica o religiosa de los observadores. Lo que para unos es un fenómeno real y estructural, para otros se trata de una moda pasajera.

Sí parece percibirse un renovado interés por formas de espiritualidad “no institucionalizadas”, capaces de llenar el vacío de sentido que sienten muchos jóvenes.

El final de 2025 ha suscitado una interesante conversación pública sobre el auge de la religión y lo religioso entre jóvenes. Los medios se han hecho eco del estreno de la película con dilemas religiosos aclamada por crítica y público y nominada a varios premios Goya Los domingos, de Alauda Ruiz de Azúa, o el lanzamiento del último disco de Rosalía, repleto de referencias cristianas, que ha logrado situar doce canciones entre las cincuenta más descargadas en Spotify. La Oreja de Van Gogh ha continuado en parte la senda de Rosalía. Un hilo en X da cuenta de la multiplicación de publicaciones al respecto en España.

En Italia, el lanzamiento de la última comedia de Checco Zalone, Buen camino, que pone el acento en una experiencia juvenil de búsqueda de sentido, ha tenido un impacto similar al de Los domingos en cuanto éxito de taquilla, aunque con menos unanimidad por parte de la crítica.

Más allá de nuestras fronteras, en Estados Unidos, el Pew Research Center señala que la cifra de estadounidenses que piensa que crece la influencia de la religión en la vida pública llega ya al 31 %, el dato más elevado desde 2010.

Crecen la venta de biblias y los bautismos

Según el diario británico The Times, la venta de biblias ha crecido un 87 % en el Reino Unido desde 2019. En Francia, el número de bautismos entre personas adultas en 2025 casi se ha duplicado respecto al año anterior.

En abril de 2025, unos 50 000 jóvenes italianos se reunieron en Roma para la canonización de Carlo Acutis. A principios de agosto, un millón de personas procedentes de todo el mundo participó en el Jubileo de los Jóvenes en Roma.

En este contexto, el análisis en profundidad de los resultados de la investigación realizada por universidades de ocho países (entre ellos, España), que analiza como los jóvenes se relacionan con la fe, la religión y la espiritualidad, ofrece una evidencia empírica sistemática del fenómeno, su alcance y el significado de este supuesto despertar.

La encuesta se realizó entre 4 889 jóvenes, mediante un muestreo por cuotas de sexo, edad y zona geográfica, proporcional a la población de cada país: Argentina, Brasil, Italia, Kenia, México, Filipinas, España y Reino Unido.

Un renacimiento “silencioso”

Los resultados cuestionan la tesis, muy extendida en la opinión pública y la investigación académica, de una secularización imparable. En apoyo de esta contra-tesis surgen algunas conclusiones particularmente significativas:

  • Creciente interés por la espiritualidad. En los últimos cinco años, el 50 % de los jóvenes declara un aumento de su interés por la espiritualidad, mientras que solo el 15 % señala una disminución. No obstante, hay diferencias notables entre países: Brasil, Kenia y Filipinas son los que muestran un aumento más acusado, superior al 50 %. En los demás países, la subida oscila entre el 10 % y el 32 %, salvo Italia, donde no se produce ningún incremento. Aunque se centra en la religión, el estudio cuestiona la idea de una secularización inevitable, elaborada entre finales de los años sesenta y principios de los setenta.

  • Fuerte identidad religiosa en los países no occidentalizados. Brasil, Filipinas y Kenia muestran un fuerte apego a la fe, independientemente de las confesiones, con especial intensidad en Brasil y Kenia.

  • Renacimiento “silencioso” en los países occidentales secularizados. Aunque la adhesión nominal al cristianismo lleva décadas disminuyendo en Italia, España, Reino Unido, Argentina y, en menor medida, México, se observan señales de inversión de la tendencia. A pesar de que en España hay un retroceso claro de los bautismos y las bodas católicas, casi 1,8 de cada 10 jóvenes en España y 1,6 de cada 10 en Italia asisten diariamente a servicios religiosos o a misa según la investigación. Estos datos concuerdan con otros estudios: mientras una encuesta de la Sociedad Bíblica con YouGov en Inglaterra y Gales revela un aumento de los cristianos “intencionales”, especialmente en la Generación Z; el Religious Landscape Study del Pew Research Center (2023-2024) sugiere que el declive del cristianismo en Estados Unidos se está ralentizando, si no estabilizando.

La evidencia no apunta un proceso ineludible hacia la secularización

El paisaje está cambiando. Quizá es prematuro hablar de un despertar religioso, pero los datos empíricos tampoco permiten hablar de un proceso de secularización imparable.

El estudio sitúa estas tendencias en el marco de transformaciones sociales, políticas y educativas más amplias, destacando cómo la educación religiosa y la religiosidad familiar pierden peso a la hora de moldear las creencias de los jóvenes.

Por otro lado, el pluralismo religioso –impulsado en el caso de España por la inmigración– ha introducido un abanico de opciones espirituales que fomenta prácticas más eclécticas e híbridas. La emergencia de movimientos juveniles católicos, con gran repercusión en los medios digitales, demuestra que existen focos de vitalidad religiosa a los que merece la pena prestar atención.

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Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. ¿Es verdad que está despertando la religión entre los jóvenes? Esto dice un nuevo estudio – https://theconversation.com/es-verdad-que-esta-despertando-la-religion-entre-los-jovenes-esto-dice-un-nuevo-estudio-273056

Huellas de dinosaurios en La Rioja: movimiento congelado en el tiempo

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Ignacio Díaz Martínez, Personal docente e investigador. Ciencias de la Tierra y Física de la Materia Condensada, Universidad de Cantabria

Huellas de una manada de dinosaurios saurópodos en el yacimiento de Soto 2, Soto de Cameros, La Rioja. Ignacio Díaz Martínez

Imagine que puede observar a un animal que vivió hace 120 millones de años en pleno movimiento: corriendo, nadando o, incluso, cojeando. En lo que hoy es la comunidad autónoma de La Rioja (España), un antiguo ecosistema de llanuras y lagunas del Cretácico Inferior actuó como una “libreta de apuntes” natural. Allí, el barro húmedo registró el paso de miles de dinosaurios, creando uno de los yacimientos de icnitas (huellas fósiles) más importantes del mundo.

Estas marcas no son solo impresiones en la piedra: son fragmentos de biografías congeladas que permiten a los paleontólogos reconstruir la vida privada de estos gigantes y revelan comportamientos que los esqueletos estáticos de los museos no pueden mostrar.

Del hueso a la acción: la magia de la icnología

Si bien los huesos fósiles nos revelan la anatomía –el tamaño, la forma de las extremidades o la edad–, las huellas registran el comportamiento. La icnología, el estudio de estos rastros, permite reconstruir escenas dinámicas que los fósiles rara vez cuentan.

Una huella no siempre nos dice la especie exacta, pero sí qué grupo de animales pasó por allí, a qué velocidad lo hizo y sobre qué tipo de terreno. Mientras los huesos nos hablan de biología, las huellas nos informan sobre la etología (comportamiento) y la ecología (entorno). La Rioja es un escenario excepcional para este análisis: su ambiente de ríos y lagunas generó vastas superficies de lodo que hoy nos regalan más de 10 000 huellas en un centenar de yacimientos protegidos.

Carreras a 40 kilómetros por hora

Cuando un dinosaurio acelera, su zancada se alarga y la forma en que el pie golpea el suelo cambia. En los yacimientos riojanos encontramos rastros con zancadas largas y alineadas de dinosaurios terópodos (carnívoros).

Estos indicios, que analizamos en un estudio publicado este mes en Scientific Reports, sugieren la presencia de animales que cruzaban rápidamente planicies anegadas, quizá persiguiendo una presa o huyendo de un peligro. Los cálculos biomecánicos realizados a partir de estas pistas sugieren velocidades de unos 40 km/h. Estas marcas se encuentran entre las más rápidas del registro mundial de dinosaurios. Ello desafía la imagen de animales lentos y pesados que tuvimos durante décadas.

¿Sabían nadar los dinosaurios?

Además, en ciertos niveles geológicos de La Rioja, en lugar de pisadas completas, aparecen marcas alargadas de garras y trazos discontinuos, indicio que entronca con uno de los debates más vivos en la paleontología actual: la capacidad acuática de ciertos grupos, como los espinosáuridos.

Huellas de un dinosaurio nadador en el yacimiento de Virgen del Campo. Enciso, La Rioja.
Ignacio Díaz Martínez.

Dichas marcas son “rasguños” en el fondo de antiguos cauces. Indican que el dinosaurio avanzaba con el cuerpo flotando parcialmente, impulsándose con la punta de los dedos en el sedimento. Este registro es clave para entender la plasticidad de estos animales y cómo aprovechaban los recursos hídricos de su entorno. Demuestra, así, que no estaban limitados exclusivamente a la tierra firme.

La huella de la enfermedad: cojeras y lesiones

Por otro lado, la asimetría en los pasos delata problemas de salud que ocurrieron hace millones de años. En los yacimientos riojanos, observamos pistas donde un pie deja una marca más profunda que su par, o donde un paso es sistemáticamente más corto que el siguiente.

Nos hallamos ante señales claras de un animal que repartía el peso de forma desigual, probablemente por una lesión ósea, fatiga muscular o una malformación física. Estas “huellas patológicas” retratan a individuos que sobrevivieron a traumatismos y que, a pesar del dolor, continuaron desplazándose por su hábitat.

Huellas de un dinosaurio herbívoro con cojera en el yacimiento de La Canal, Munilla, La Rioja.
Ignacio Díaz Martínez.

Vida en sociedad: el comportamiento gregario

¿Eran los dinosaurios seres solitarios? Las pistas paralelas de diferentes tamaños que avanzan en la misma dirección y a la misma velocidad sugieren lo contrario. En La Rioja, vemos grupos de herbívoros (ornitópodos) donde adultos y juveniles caminaban juntos.

Dinosaurios ornitópodos: de izquierda a derecha camptosaurio, iguanodón, shantungosaurio, centre foreground, corythosaurio, tenontosaurio; y el más pequeño en el centro, driosaurio.
Wikimedia Commons., CC BY

Por otro lado, los grandes saurópodos de cuello largo parecen haberse movido en grupos de individuos de talla similar. No fue un encuentro fortuito en una charca; fue un desplazamiento coordinado.

Estas evidencias refuerzan la idea de que muchas especies poseían estructuras sociales complejas para proteger a sus crías o para migrar de forma eficiente.

Huellas de una manada de pequeños dinosaurios desplazándose junto a las de un gran herbívoro en el yacimiento del Barranco de Valdebrajés, Cervera del Río Alhama, La Rioja.
Ignacio Díaz Martínez.

El futuro: inteligencia artificial y modelos 3D

Hoy, la tecnología nos permite ir más allá de la observación a simple vista. Mediante la fotogrametría –técnica que analiza las dimensiones de un objeto a través de mediciones en una foto– y la digitalización 3D, analizamos con precisión milimétrica cómo se apoyaban los dinosaurios en cada fase del paso.

Incluso, estamos utilizando métodos de inteligencia artificial para descifrar yacimientos complejos afectados por la “dinoturbación”. Este fenómeno ocurre cuando el paso masivo de manadas enmascara o borra rastros previos, creando un caos de marcas. Los algoritmos de aprendizaje profundo, entrenados con el amplio registro riojano, asisten ahora a los investigadores para identificar icnitas individuales dentro de ese desorden y nos permiten “limpiar” digitalmente el yacimiento.

Fotografía de huellas de dinosaurio de tipo saurópodas (forma subcircular) y terópodas (tridáctilas) digitalizadas en 3D y falso color a partir del mapa de alturas en centímetros desde la altura relativa inferior y superior de la superficie de roca.
Adrián Páramo Blazquez.

Proteger el eco del pasado

La Rioja no solo atesora estas huellas como un registro científico, sino como un legado cultural de primer orden. Estos yacimientos forman parte de la Reserva de la Biosfera de La Rioja, reconocida por la UNESCO, y están declarados Bienes de Interés Cultural (BIC).

Sin embargo, el mismo proceso geológico que las creó –la exposición a la naturaleza– puede borrarlas. La erosión es un enemigo silencioso. Por ello, la digitalización y la divulgación son esenciales para que la sociedad comprenda que, bajo el suelo que pisamos, aún late el eco del movimiento de hace 120 millones de años.

Estas “biografías congeladas” en el barro riojano son la prueba definitiva de que los dinosaurios no son solo huesos en un estante, sino seres vivos cuya dinámica y comportamiento aún estamos terminando de descubrir.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. Huellas de dinosaurios en La Rioja: movimiento congelado en el tiempo – https://theconversation.com/huellas-de-dinosaurios-en-la-rioja-movimiento-congelado-en-el-tiempo-272732

Veneno digital: 100 muestras falsas bastan para sabotear diagnósticos médicos con IA

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Mario Vega Barbas, Associate professor, Universidad Politécnica de Madrid (UPM)

Los sistemas de IA en salud tienen vulnerabilidades que pueden traer graves consecuencias, si no se abordan a tiempo. Fanny Maurel & Digit / https://betterimagesofai.org , CC BY-SA

No hace falta ser un genio informático para sabotear la inteligencia artificial de un sistema de apoyo a la salud. Bastaría con que alguien introdujera entre 100 y 500 imágenes manipuladas en una base de datos de millones.

Esa pequeña cantidad de “veneno digital” puede representar una cienmilésima parte de los datos de entrenamiento. Con esa pequeña parte, un sistema de IA diseñado para leer radiografías o asignar trasplantes puede aprender a fallar. Y no lo hará al azar. Puede hacerlo para un grupo específico de personas, mientras funciona con total precisión para el resto de la población.

Lo más alarmante no es la facilidad del ataque, sino nuestra ceguera actual. Estos sabotajes resultan estadísticamente invisibles para los controles de calidad estándar. Cuando estas anomalías se lleguen a detectar, el daño ya estará hecho.

El mito de la seguridad en los números

Existe la creencia popular de que la cantidad de datos necesarios para alimentar la IA son un escudo en sí mismo. Tendemos a pensar que, en un océano de millones de datos médicos, unas pocas gotas de información falsa se diluyen sin causar daño. La evidencia desmiente categóricamente esta asunción.

Dos equipos de investigación ,de Karolinska Institutet (SMAILE), Suecia, y de la Universidad Politécnica de Madrid (InnoTep), hemos evaluado 41 estudios clave sobre seguridad en IA médica publicados en los últimos años. Tras este proceso, podemos concluir que el éxito del ataque no depende del porcentaje de datos corruptos, sino del número absoluto de muestras.

Esto significa que lo que estamos observando es una vulnerabilidad estructural: los sistemas de IA, por sí solos, son sensibles a la manipulación concisa, disciplinada y dirigida.

La mecánica de la mentira repetida

¿Cómo logra un puñado de datos engañar a un sistema tan complejo? El mecanismo de ataque replica la vieja máxima de la propaganda autoritaria: “una mentira repetida mil veces se convierte en una verdad”.

En el aprendizaje de las máquinas ocurre un fenómeno de adoctrinamiento. Es decir, el sistema no ve los datos una sola vez, sino que los repasa en ciclos repetitivos. Si se inserta un conjunto reducido de muestras falsas, el sistema las procesará una y otra vez en estos ciclos. De esta manera, dichas muestras maliciosas multiplican su influencia en el resultado final.

En este punto, tenemos un sistema que ha internalizado una falsa realidad. Lo más perverso es que la IA “envenenada” funciona con normalidad para el mayor número de pacientes: solo se “equivoca” en los casos y circunstancias diseñados para fallar.

El resultado del ataque no es un modelo fallido, sino un modelo corrupto. Mantiene su utilidad general intacta pero ejecuta una purga selectiva contra, por ejemplo, un grupo objetivo. No es un error aleatorio; es una discriminación codificada matemáticamente que se camufla bajo una apariencia general de eficiencia.

La paradoja de la privacidad

Quizá el hallazgo más irónico de nuestro trabajo es que hay leyes diseñadas para protegernos que acentúan este peligro. Normativas fundamentales como el Reglamento general de protección de datos son esenciales para velar por la privacidad de los pacientes, aunque también pueden actuar inadvertidamente como un escudo para los atacantes.

Para detectar un sabotaje tan sutil como el explicado, se necesitarían cruzar información de miles de pacientes entre distintos centros de salud. Sin embargo, la ley restringe precisamente este tipo de vigilancia masiva y correlación de datos.

Esto crea una “paradoja de seguridad”. Blindamos la privacidad del paciente, al tiempo que vendamos los ojos al sistema que debería protegerle. El resultado es que estos ataques pueden permanecer ocultos largos periodos de tiempo.

Una defensa basada en la pluralidad

En este contexto, la ciberseguridad tradicional no basta. En nuestra investigación, proponemos una solución defensiva llamada MEDLEY (Medical Ensemble Diagnostic System with Leveraged DiversitY) para contextos de salud. Frente al pensamiento único del modelo optimizado, proponemos el valor del disenso.

Nuestra propuesta es crear “juntas médicas digitales” formadas por diferentes sistemas de IA, incluyendo sus propias versiones anteriores, además de diseños y proveedores distintos. Con esta diversidad, un atacante podría adoctrinar maliciosamente uno de ellos, pero sería muy complejo repetir ese proceso en el resto.

El proceso de consulta pasaría por estas “juntas médicas digitales”. Por supuesto, dada la diversidad de sistemas de IA implicados, podrían existir discrepancias radicales en el resultado. Pero, si esto ocurre, no debe imponerse una falsa unanimidad. En su lugar, debemos asumir que no hay consenso y activar una alerta para su revisión humana.

La era de la inocencia tecnológica respecto a la IA ha concluido. No debemos aceptar “cajas negras” que asimilen una verdad impuesta. Si queremos que el aprendizaje automático sea un elemento positivo en nuestra sanidad, es imperativo entender sus limitaciones y subsanarlas con el rigor de nuestros procedimientos y conocimiento humano.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. Veneno digital: 100 muestras falsas bastan para sabotear diagnósticos médicos con IA – https://theconversation.com/veneno-digital-100-muestras-falsas-bastan-para-sabotear-diagnosticos-medicos-con-ia-272136

‘Cosas pequeñas como esas’: un gesto hacia las supervivientes de las Lavanderías de la Magdalena

Source: The Conversation – (in Spanish) – By María Auxiliadora Pérez Vides, Profesora Titular de Universidad (Filología Inglesa), Universidad de Huelva

Fotograma del filme _Pequeñas cosas como esta_. Cortesía de Lionsgate

En octubre de 2026 se cumplirán 30 años del cierre de la última Lavandería de la Magdalena en Irlanda. Cuando Our Lady of Charity clausuró su actividad, allí aún quedaban 40 mujeres, mayoritariamente ancianas, que habían pasado gran parte de su vida confinadas contra su voluntad en esta institución de disciplinamiento. Muchas no tenían a dónde volver porque habían perdido todo contacto con sus familiares.

Ante este escabroso hecho histórico, la sociedad irlandesa tuvo que enfrentarse a varias preguntas de gran calado ético.

El contexto de las lavanderías

Junto con los Asilos para Madres y sus Bebés y otros centros de internamiento, las lavanderías conformaban la denominada “arquitectura de contención de la nación”. En ambos tipos de instituciones, alrededor de 30 000 niñas, adolescentes y mujeres adultas fueron forzadas a trabajar en condiciones de semiesclavitud, violencia física e intimidación psicológica. Además, las embarazadas –en muchos casos como resultado de violaciones o relaciones incestuosas no consentidas– daban a luz a bebés que luego se entregaban en adopción, de nuevo contra su voluntad.

Todo ello bajo el mandato de varias órdenes religiosas, encargadas por el Estado de gestionar la red de centros y garantizar el cumplimiento de los principios católicos y conservadores que la nación irlandesa había defendido a ultranza desde inicios del siglo XX. Siguiendo el modelo bíblico de la prostituta arrepentida, se esperaba que bajo un régimen de control y penitencia las magdalenas redimieran conductas “indecentes”, fundamentalmente relacionadas con la sexualidad fuera del matrimonio.

Lavandería de la Magdalena sin identificar en Irlanda, principios del siglo XX.
Lavandería de la Magdalena sin identificar en Irlanda, principios del siglo XX.
‘ Do Penance or Perish. A Study of Magdalen Asylums in Ireland’/Wikimedia Commons

La norma del silencio y la indiferencia

Como en episodios de institucionalización forzada en otros contextos internacionales, el entramado era complejo, interdependiente y se extendía por toda la isla. Su éxito dependía de la complicidad de todos los agentes implicados, que se regían por la estricta norma del silencio. La doble moral, la desigualdad de género y la injusticia eran evidentes, pero nadie se atrevía a hablar de ello y mucho menos a cuestionarlo.

En 1993 en el asilo de High Park (Dublín) se descubrió una fosa común con cadáveres de mujeres sin identificación ni partida de defunción. La población entró en shock. A medida que las investigaciones aportaban más detalles y las supervivientes del sistema se aventuraban a contar sus historias, Irlanda tuvo que asimilar lo que había estado años ignorando deliberadamente.

¿Cómo era posible que durante tanto tiempo la respetabilidad social de la familia hubiese prevalecido sobre la obligación “moral y legal” de velar por el bienestar de las chicas jóvenes? ¿Qué medidas debían tomarse para reparar tal desafección e indiferencia hacia el sufrimiento continuado de estas mujeres vulnerables?

Porque no era una realidad desconocida. Para las niñas irlandesas, sobre todo las más díscolas, la amenaza de ser internadas en una lavandería era constante, una mezcla explosiva entre “que viene el coco” y “cuidado con el hombre del saco”. Rara era la familia que no tuviese una hija, hermana, sobrina, vecina o conocida que fuese o hubiese sido magdalena. Muchos establecimientos y organismos oficiales se beneficiaban de sus servicios de lavandería gratuitos o a muy bajo coste.

En definitiva, de una forma u otra todo el mundo lo sabía, pero nadie hacía nada.

Del horror a la acción

Hay acontecimientos que marcan el pulso de una era, y en Irlanda la exhumación de High Park fue un verdadero revulsivo. La unión de distintas fuerzas en favor de las supervivientes fue abriendo el camino de la opinión pública y del gobierno irlandés.

Se fundaron organizaciones activistas, como Justice for Magdalenes, que realizaron campañas reclamando justicia restaurativa. A ellas se sumaron los testimonios de las propias mujeres en diversos documentales y las representaciones que un amplio abanico de artistas realizaron sobre este fenómeno social, entre los que podemos encontrar el documental Sex in a cold climate (1998), las películas Las hermanas de la Magdalena (2002) y Sinners (2002), las novelas de detectives The Magdalen Martyrs (2003) y El secreto de Christine (2006), o las performances Yellow (2008) y Laundry (2011).

En 2013 el primer ministro irlandés pronunció en sede parlamentaria una disculpa por la participación directa del Estado en la red de lavanderías. En 2018 unas 230 supervivientes fueron recibidas oficialmente en las respectivas residencias del presidente de Irlanda y el alcalde de Dublín. Los actos estaban cargados de significado, pero era necesario ir más allá de lo simbólico y acometer un programa reparativo de lo que había sido un incumplimiento sostenido de los derechos humanos fundamentales. No sin dificultades –legales y administrativas– y con cuentagotas, las ayudas han ido llegando. Sin embargo, a las supervivientes se les sigue negando el acceso a la información y los documentos que les permitan reencontrarse con sus hijos e hijas.

Monumento conmemorativo en un banco a las víctimas de las Lavanderías de la Magdalena en Dublín, en el que se lee: 'A las mujeres que trabajaron en las instituciones de lavandería de Magdalena y a los hijos de algunos miembros de esas comunidades: reflexi
Monumento conmemorativo en un banco a las víctimas de las Lavanderías de la Magdalena en Dublín, en el que se lee: ‘A las mujeres que trabajaron en las instituciones de lavandería de Magdalena y a los hijos de algunos miembros de esas comunidades: reflexionen aquí sobre sus vidas’.
Osama Shukir Muhammed Amin FRCP/Wikimedia Commons, CC BY-SA

Una nueva era

En 2013, Catherine Corless, historiadora local autodidacta, descubrió que el antiguo asilo para madres de Tuam, al oeste del país, contenía una fosa séptica con restos de casi 800 bebés no identificados. El hallazgo confirmó la magnitud de la trama detrás de la red de instituciones, y la grave desatención del Estado ante tales atropellos.

Afortunadamente, también reflejó que iniciativas modestas nacidas de un interés genuino por la comunidad cercana pueden despertar conciencias y contribuir al avance social a gran escala.

Esta misma dialéctica entre lo grande y lo pequeño subyace al relato que la aclamada escritora Claire Keegan cuenta en Cosas pequeñas como esas (2021). La obra demuestra que una novela corta, localizada en una pequeña ciudad de Irlanda, puede contener en pocas páginas una historia inmensa y con un alcance que trasciende de lo local a lo universal. El texto, que narra la reacción de un humilde comerciante de carbón ante el sufrimiento de una joven magdalena, fue finalista del prestigioso Premio Booker en 2022. Recientemente ha sido adaptado al cine, en un filme producido por Matt Damon y Ben Affleck y protagonizado por Cillian Murphy y Emily Watson, entre otros.

Como expresión literaria con trasfondo histórico, la narración del dilema al que se enfrenta el protagonista interpela al público lector a un nivel que anteriores obras sobre las lavanderías no habían llegado. Keegan lanza nuevos interrogantes sobre qué renuncias seríamos capaces de hacer y cuál es el verdadero sentido de la felicidad.

Sin moralizaciones ni sentimentalismos, pone el foco en los afectos, como la bondad y la empatía. Porque al final, los pequeños gestos cuentan, y mucho.

The Conversation

María Auxiliadora Pérez Vides no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ‘Cosas pequeñas como esas’: un gesto hacia las supervivientes de las Lavanderías de la Magdalena – https://theconversation.com/cosas-pequenas-como-esas-un-gesto-hacia-las-supervivientes-de-las-lavanderias-de-la-magdalena-273155

How to make sure the nature credits you buy are real – new research

Source: The Conversation – UK – By Sophus zu Ermgassen, Postdoctoral Researcher, Nature Finance, University of Oxford

Peter Hofstetter/Shutterstock

Global leaders have committed to halting and reversing the ongoing degradation of nature within the next few decades. But with tight public budgets, governments around the world are looking towards nature markets as one way to attract more private investment into nature.

Nature markets are systems for measuring an ecological improvement on some land, then creating a representation of that improvement as a credit, which can then be bought and sold. In theory, they allow governments to attract more private investment and diversify funds that help restore nature. The reality is much more complicated.

My colleagues and I recently published a paper that outlines a checklist that can be used to sense-check whether a nature or nature-based carbon credit is likely to be real – and to make sure you really do get what you’re paying for.

Nature markets include both voluntary and mandatory nature-based carbon and biodiversity markets. Examples include the EU’s nature credits roadmap, England’s biodiversity net gain policy and the international voluntary carbon market.

Most of these are offset markets – the buyers of credits use them to claim they have achieved an overall net neutral outcome from their damaging activities; such as improving grasslands in one place to compensate for the conversion of grassland to buildings in another.

These types of nature credit markets are not new. They have been used around the world for more than 30 years and there’s plenty of research that tries to quantify what makes them effective or ineffective.

Some nature markets, like the US wetland mitigation markets, have attracted a lot of investment and now create nearly as much new wetland as gets destroyed each year. Other nature markets, such as Australia’s human-induced regeneration carbon credits, have delivered limited ecological outcomes and has involved awarding credits to projects claiming to regenerate trees in the Australian desert.

So how can citizens, the commercial buyers of these credits and the governments that oversee some of these systems, ensure that a nature-based carbon or nature credit represents a real improvement in nature?

Our study evaluates lessons from seven major nature markets around the world. It summarises several key elements that are crucial for establishing scientifically credible nature markets.

Ensuring integrity

The environmental feature that the nature market measures and trades needs to actually correlate with the environmental improvement that you want. So if you want to capture more carbon, it often makes sense to have a credit that measures changes in tree cover or biomass, because there’s plenty of evidence that trees in a forest store atmospheric carbon.

Some nature markets use proxies that are based on assumptions that are not always true. For example, England’s biodiversity net gain system aims to deliver a 10% improvement in biodiversity, but the specific metric that it used measures the extent and quality of habitats such as wildflower meadows. Subsequent work found that this does not necessarily lead to more diverse insect life, for example because the land might be affected by pesticides.

For nature markets to deliver scientifically credible improvements, it’s necessary to make sure they’re not paying people to deliver ecological improvements that they would have been delivering anyway. This has been the fundamental problem with carbon credits based on the premise of preventing deforestation that would otherwise have occurred – they have mostly paid for the protection of forest that wouldn’t have been cleared.

wetlands and river with city skyline in distance
Some nature credits support wetland restoration projects.
HiTecherZ/Shutterstock

Over the last few decades, there has been immense research effort into studying so-called “additionality” in carbon credits (this means a project’s emissions reductions or removals wouldn’t happen without revenue from selling carbon credits). Academics have created new methods that allow us to rigorously estimate the additionality of many land management interventions using satellite data.

Evaluations of nature markets consistently show that, in all nature markets, some projects are highly successful while some are unsuccessful. By only issuing credits once they’ve been proven to work (using advanced statistical techniques such as ‘matching’ and carefully designed regression analysis), credits are much more likely to represent something additional and this would enable only successful projects to generate credits, giving buyers confidence in the product.




Read more:
A gold rush for ‘green finance’ risks changing our relationship to nature


The next consideration is public data availability. Every single evaluation of a nature market that has ever been conducted was enabled by public data availability. And every single nature market that has been evaluated to date has been found to not have achieved its full environmental objectives. Without public data, there’s no way of checking whether things are working. Public transparency of data is essential for improving nature markets.

Nature credits often aim to improve nature over relatively long timescales, say 30 years. So laws and regulations that hold people, businesses and markets accountable are essential to avoid the reversal of nature credits in the future. With forward planning and legally binding accountability, the system can maintain its scientific integrity and live up to its promise of attracting more high-quality investment into nature.


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The Conversation

Sophus zu Ermgassen receives funding from NERC and the EU Horizon 2020 programme. He is on the EU Commission’s expert group for the EU Nature Credits Roadmap.

ref. How to make sure the nature credits you buy are real – new research – https://theconversation.com/how-to-make-sure-the-nature-credits-you-buy-are-real-new-research-273090

People from sexual minorities really do die younger, new data suggests

Source: The Conversation – UK – By Catherine Meads, Professor of Health, Anglia Ruskin University

Okrasiuk/Shutterstock

New data has revealed something the UK has never seen before: clear evidence that sexual minority people die earlier, and at higher rates, than their straight or heterosexual peers.

For the first time, the Office for National Statistics (ONS) has published overall mortality rates by sexual orientation in England and Wales. The findings come from a new bulletin that links voluntary sexual orientation data collected in the 2021 census with death registrations between March 2021 and November 2024. The linkage was possible for people with valid NHS identification numbers, allowing researchers to examine patterns of death across a population of nearly 29 million adults.

Evidence on whether sexual minority people experience higher overall mortality has been mixed, with many previous studies limited by small sample sizes, indirect measures of sexual orientation or a focus on specific causes of death rather than all-cause mortality. The new ONS analysis is the first UK study to link self-reported sexual orientation from the census with national death registrations, allowing population-level mortality rates to be examined across millions of people.

The headline result is difficult to ignore. People identifying as lesbian, gay, bisexual or another minority sexual orientation were 30% more likely to die from any cause during the study period than those identifying as straight or heterosexual. In age-standardised terms, this equates to 982.8 deaths per 100,000 people in the LGB+ group, compared with 752.6 per 100,000 among straight or heterosexual people.

Sexual orientation was included in the census for the first time in 2021. Around 92.5% of people aged 16 and over answered the question, representing roughly 44.9 million people.

Most respondents (89.4%) identified as straight or heterosexual, while 3.2% identified with an LGB+ orientation. A further 7.5% chose not to answer. After linking census responses to death records, the final ONS analysis covered just under 28.7 million people.

While this is the first UK release to examine all-cause mortality by sexual orientation, it builds on earlier ONS findings. In April 2025, the agency reported that people identifying as LGB+ had more than double the risk of suicide and two-and-a-half times the risk of intentional self-harm compared with straight or heterosexual people.

What the new data shows is that higher mortality among sexual minority people extends well beyond mental health.

Heart disease, for example, was the leading cause of death in both groups together and specifically in men (the leading cause of death in LGB+ women was intentional self-harm, and heart disease was the second leading cause). It accounted for 11.9% of deaths among LGB+ people and 10.7% among straight or heterosexual people.

This might not sound surprising until age is taken into account. On average, people in the LGB+ group were much younger, with a mean age of 35.6 years, compared with 48.6 years in the straight or heterosexual group.

Because the risk of ischaemic heart disease rises steeply with age, a higher share of deaths from this cause in a younger population is particularly troubling.




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Sexual minority women face barriers to health care


The ONS does not attempt to explain why these differences exist, and the data alone cannot establish cause. But the broader evidence base offers important clues. Smoking, high blood pressure, high cholesterol, diabetes, obesity and physical inactivity are all well-established risk factors for cardiovascular disease, and some are known to be more common among sexual minority populations.

Earlier ONS analysis has shown that lesbian, gay and bisexual people are more likely to smoke than heterosexual people, especially women, even after accounting for factors such as age, ethnicity and socioeconomic status.

Other research suggests higher rates of obesity among sexual minority women, though not consistently among men. Evidence for differences in conditions such as high blood pressure and diabetes is more mixed.

Beyond individual behaviour, decades of research point to the health effects of minority stress on heart disease. Exposure to discrimination, stigma and violence is associated with higher levels of smoking and alcohol use, disrupted sleep, obesity and hypertension, all of which accumulate over time to increase the risk of serious illness and early death.

The most distressing findings in the new ONS release concern young people. Among those aged 16 to 24 who identified as LGB+, suicide accounted for 45.3% of all deaths. Among straight or heterosexual people of the same age, the figure was 26.6%.

Suicide is preventable, but it rarely has a single cause. What these findings make clear is that living in today’s society still places a heavier burden on sexual minority people, particularly the young. That burden shows up not only in mental health statistics, but in patterns of physical illness and early death.

If sexual minority young people were able to grow up in safer, more inclusive environments, these stark inequalities might not exist. The emerging evidence suggests they are not inevitable. They are shaped by social conditions and, at least in part, they can be changed.

The Conversation

Catherine Meads volunteers occasionally for the Liberal Democrat political party in the UK but is not a member.

ref. People from sexual minorities really do die younger, new data suggests – https://theconversation.com/people-from-sexual-minorities-really-do-die-younger-new-data-suggests-273415