La Ley del Juego: no es lo mismo apostar que echar una partida de ‘Catán’

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Emiliano Labrador Ruiz de la Hermosa, Assistant researcher, UOC – Universitat Oberta de Catalunya

Las máquinas tragaperras o las casas de apuestas animan a ‘jugar’ en ellas, aunque el término tenga poco que ver con lo que hacemos cuando jugamos al escondite, por ejemplo. Elmer Laahne PHOTOGRAPHY/Shutterstock

El Gobierno de España ha impulsado una reforma integral de la Ley de Regulación del Juego. Su prioridad es actualizar un marco normativo que ya arrastra 15 años de antigüedad frente al auge exponencial del juego digital y las nuevas tecnologías. La iniciativa se encuentra actualmente en fase de consulta pública (abierta hasta el 22 de junio de 2026) para recoger aportaciones de la ciudadanía y colectivos implicados.

Si se fija, el párrafo anterior menciona, con lenguaje utilizado por el Gobierno, dos veces la palabra juego. Pero no se refiere a “Acción y efecto de jugar por entretenimiento” ni a un “ejercicio recreativo o de competición sometido a reglas, y en el cual se gana o se pierde”. Está hablando de ‘apuestas’: “pactar con otra u otras [personas] que aquel que se equivoque o no tenga razón, perderá la cantidad de dinero que se determine o cualquier otra cosa”, también según la RAE.

Pero no es lo mismo la Lotería Primitiva que el juego de mesa Virus!. En inglés se diferencia el “game” del “gambling”, al igual que en muchos otros idiomas. Esto no ocurre en castellano, lo que trae no pocos problemas a la hora de diferenciar ambos conceptos.

Breve repaso de la historia del juego

El primer juego de mesa documentado es el babilónico Real juego de Ur, que –se estima– tiene unos 4 500 años. Por “documentado” entendemos que hay un tablero, fichas y algunas indicaciones por escrito de cómo se juega. El arqueólogo británico Sir Leonard Wolley lo encontró cuando excavaba en la ciudad de Ur (antigua Mesopotamia, actual Irak) entre 1922 y 1934.

Tablero de juego de madera; la superficie está formada por 20 placas cuadradas de concha con incrustaciones variadas; los bordes están hechos de pequeñas placas y tiras, algunas esculpidas con un ojo y otras, posiblemente, con rosetas; en el reverso hay t
Uno de los cinco tableros de juego hallados por Sir Leonard Woolley en el Cementerio Real de Ur, que actualmente se conserva en el Museo Británico.
British Museum/Wikimedia Commons

No obstante, se tiene constancia de juegos egipcios más antiguos (y de hecho similares a este) como el Senet o el Mehen, con más de 5 000 años de antigüedad. Si seguimos hacia atrás, se han encontrado, datados en el Pleistoceno, hace unos 12 000 años, dados de hueso y madera en América del Norte y, en el Neolítico, tableros hechos de losas de piedra con agujeros en las actuales Jordania, Siria e Irán.

Pero la necesidad humana de jugar es realmente heredada de nuestro pasado animal, como demuestran diversas investigaciones. Y es que el juego es un excelente “simulador” de supervivencia, que ayuda a aumentar la flexibilidad cognitiva y enseña cohesión social y empatía, entre otros muchos beneficios.

Desde hace miles de años

Aunque hoy asociamos el juego al ocio, nace de sistematizar el azar. El juego en la antigüedad servía como herramienta trascendental, se empleaba para la adivinación (como los astrágalos grecorromanos en la guerra o el amor), como mapa del inframundo (el Senet y el viaje del alma), para predecir el destino (el Juego Real de Ur), o incluso para resolver conflictos políticos y religiosos sustituyendo batallas a muerte, como ocurría con el juego de pelota mesoamericano.

Se han encontrado dados de 4, 6 o 20 caras, huesos tallados, piedras inscritas, y tablillas planas o redondeadas, quemadas o talladas. La posición en que caían, el número, los símbolos e incluso el sonido que provocaban eran usados como guía.

Pero además, estos múltiples y sofisticados sistemas de azar se usaban con otro propósito. Estamos hablando de las apuestas. La evidencia más antigua, unas pirámides de cuatro caras, la encontramos en la Ciudad Quemada (la actual Irán), hace alrededor de 4 800 años. También hay apuestas documentadas en Mesopotamia, Egipto, en el poema épico Mahabharata (hacia el siglo IV a. e. c.), y a lo largo de toda la historia y en (casi) todas las culturas.

La adicción que provocan las apuestas no pasó desapercibida por los gobernantes, que las usaron para financiar obras públicas, como la construcción de algunas secciones de la Gran Muralla China, o para reparaciones de la ciudad de Roma por parte del emperador Augusto. En las apuestas se ha perdido de todo, según el contexto (guerras, festivales u olimpiadas): desde mantas, joyas y fortunas hasta la propia libertad.

Las apuestas no son un juego

Con tal relevancia histórica, cuesta creer que hasta 1938, fecha en que se publica Homo Ludens del historiador cultural holandés Johan Huizinga, no se comenzase a estudiar seriamente el juego. Aunque ampliado posteriormente, este texto sentó las bases actuales de análisis, al proponer características esenciales que delimitaban qué es el concepto.

Entre ellas enunciaba que es libre (no se puede obligar a jugar), se produce en un momento del tiempo y del espacio (tiene un principio y un fin), exige toma de decisiones (no sirve quedase de brazos cruzados), tiene reglas y objetivos (si no, estamos hablando de juguetes), es una simulación (no tiene relación con el mundo real), es gratuito (no puede implicar interés o beneficio material) e introduce el concepto de círculo mágico (en el juego uno entra, se transforma en algo o alguien, y al salir vuelve a ser la misma persona).

Diferentes cajas de juegos de mesa.
¿Buscamos regular esto?
mailcaroline/Shutterstock

Estos elementos, con algunas variantes menores, son los más aceptados hoy en día para definir el juego. Y precisamente ellos demuestran que las apuestas no lo son, pues rompen sus pilares más relevantes.

Los sistemas de apuestas no suelen ser libres. Como sucede en la popular serie El juego del calamar, muchas personas participan desesperadas por ganar dinero. Los dueños de los negocios de apuestas lo saben, por eso sitúan las casas de apuestas generalmente en barrios vulnerables. Las apuestas tampoco son una simulación, ni gratuitas. Pero, sobre todo, rompen el círculo mágico: en casos en los que deriva en adicción, una vez que se cae en la ludopatía, es muy difícil salir, y raramente al hacerlo uno es la misma persona.

El lenguaje construye

Los gobiernos han promovido históricamente los juegos de azar atraídos por sus altos beneficios, permitiendo a las empresas lucrarse al vender esperanza de enriquecimiento.

Pero utilizar la palabra ‘juego’ en lugar de ‘apuestas’ puede hacer parecer que la actividad es más neutra de lo que realmente es. Llamar Dirección General de Ordenación del Juego a un departamento que se ocupa del deporte y las apuestas, o Ley del juego a una regulación que penaliza a los sistemas de apuestas, es la forma más directa de blanquear a estas últimas. Porque no estamos hablando de hacer una redada en un campeonato de Catán, o de registrar las oficinas de una editorial de juegos.

Por eso, dejemos de utilizar la palabra “juego” para denominar aquello que sucede fuera de entornos puramente lúdicos, y abracemos el cambio de sintagma. La primera que debe hacerlo es la propia Administración pública, que llama a su departamento “Loterías y Apuestas del Estado” pero anima a sus usuarios a “jugar”.

The Conversation

Emiliano Labrador Ruiz de la Hermosa no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. La Ley del Juego: no es lo mismo apostar que echar una partida de ‘Catán’ – https://theconversation.com/la-ley-del-juego-no-es-lo-mismo-apostar-que-echar-una-partida-de-catan-284245

La historia del Parque Nacional de Doñana: así comenzaron los esfuerzos de conservación en medio de una dictadura

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Juan José Negro, Investigador en Biología Evolutiva y Biología de la Conservación, Estación Biológica de Doñana (EBD-CSIC)

Aves sobrevolando una laguna en el Parque Nacional de Doñana. Right Perspective Images/Shutterstock

El Parque Nacional de Doñana es hoy un emblema de la biodiversidad y la conservación. Pero esto último no ha sido siempre así. Para conocer los inicios de la protección de este enclave andaluz hay que remontarse a los años 60.

La protección de Doñana como reducto de vida salvaje y valor cultural echó a andar en 1964, cuando el biólogo y naturalista José Antonio Valverde consiguió fondos para adquirir una substancial porción de terreno en el centro del coto, por entonces enteramente en manos privadas. Se trataba de terrenos de monte bajo con matorral, pinos y alcornoques, algunas lagunas y una estrecha banda de marisma que pertenecían a una sociedad de cazadores.

La adquisición se hizo inicialmente con la aportación mayoritaria de uno de los primeros crowdfundings de la historia para una causa ambiental. Lo organizó el Fondo Mundial para la Vida Silvestre (WWF, por sus siglas en inglés), que se había creado precisamente para recolectar dinero destinado a conservar lugares de interés natural.

WWF aportó 25,7 millones de pesetas para la compra del terreno. El CSIC añadió 18 millones más. La finca adquirida tenía 6 794 Hectáreas y comprendía también un tercio del Palacio de Doñana. Pasó a llamarse La Reserva, declarándose así desde su nacimiento como santuario de naturaleza destinado a la conservación y estudio de biodiversidad.

Las personalidades que visitaron y apoyaron Doñana

Hay que aclarar, no obstante, que la compra de Doñana se venía gestando desde tiempo atrás. Mauricio González, hijo de uno de los dueños y gran aficionado a las aves, había invitado a varias y sucesivas expediciones británicas desde los años 50, a las que se sumó Valverde como naturalista local. Estas visitas de expertos habían revelado la enorme diversidad del coto, particularmente en lo que se refería a las aves.

Los expedicionarios eran todos celebridades de talla mundial. Entre ellas figuraban el mariscal de campo Alan Brooke, mano derecha de W. Churchill y jefe del Estado Mayor británico durante la Segunda Guerra Mundial (apasionado de la ornitología, se dice que prohibió un bombardeo sobre una isla para proteger una colonia de charrán rosado); Sir Peter Scott, hijo del malogrado explorador antártico y un héroe británico por sí mismo; Roger Peterson y Guy Mountfort, autores de la más famosa guía de aves europeas, y Julian Huxley, primer director general de la UNESCO.

Once hombres y dos mujeres, miembros de la expedición británica a Doñana del año 1957, posan para la foto en dos filas
Los componentes de la expedición británica a Doñana del año 1957. Fila trasera, de izquierda a derecha: George Shannon, Tono Valverde, James Gerguson-Lees, Mauricio González, Tony Miller y Phil Hollom. Fila delantera, de izquierda a derecha: Max Nicholson, Guy Mountfort, Lady Huxley, Lord Alanbrooke, Lady Alanbrooke, Sir Julian Huxley y Eric Hosking.
Erik Hosking/Archivo EBD-CSIC

Valverde se apoyó en hombros de gigantes, incluyendo muy destacadamente al magnate y filántropo suizo Luc Hoffmann, de la familia propietaria de la gran empresa biotecnológica Roche. Hoffmann aportó 8 millones de pesetas y así Valverde consiguió apoyos dentro y fuera de España para, primero, comprar una parte del tesoro y asegurar su conservación; y, segundo, crear una estación biológica, con el fin de que la preservación se basara en evidencia científica.

Un entorno natural en riesgo durante la dictadura

No hay que olvidar que España estaba bajo un régimen dictatorial. Valverde hubo de convencer por carta al mismísimo general Franco de que era mucho más provechoso mantener el coto tal cual era que convertirlo en un monocultivo de eucaliptos para alimentar la papelera de San Juan del Puerto (Huelva) y de guayules para obtención de caucho, tal como pretendían algunos tecnócratas del momento.

Por otro lado, las marismas de la margen izquierda del Guadalquivir estaban siendo convertidas en regadíos por las excavadoras. Y los colonos acudían en oleadas a los recién construidos pueblos de colonización agrícola que aprovecharían las aguas del también reciente Canal del Bajo Guadalquivir.

Una vez colonizada la margen izquierda, con decenas de miles de hectáreas transformadas, Valverde temía que los ingenieros y las excavadoras continuaran en la margen derecha, que de hecho socavaron en gran parte salvo lo que pudo salvar para el Parque Nacional de Doñana en 1969. De las 200 000 hectáreas marismeñas del gran estuario del Guadalquivir, se preservaron unas 25 000.




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La “operación” de rescate

Una vez asegurada la reserva, Valverde comenzó la segunda fase de la “operación” de rescate, como la llamaba el ornitólogo y naturalista británico Peter Scott con ciertas resonancias bélicas. Había que crear un centro de investigación científico. Y lo que a principios de los años 60 se denominaba la Estación Biológica del Guadalquivir pasó a llamarse Estación Biológica de Doñana.

Los valedores internacionales de Valverde deseaban una estación y laboratorio en el corazón de Doñana. Es lo que había hecho antes Luc Hoffmann en La Camarga francesa. Su Estación Biológica Tour du Valat se había creado en el interior de una finca de 2 800 hectáreas en 1954 situada en el centro del mayor humedal de Francia. Hoffmann había comprendido la interconexión de las zonas húmedas por parte de las aves migratorias, había adquirido la finca en 1948 y deseaba exportar ese modelo a otras zonas mediterráneas.

El arquitecto jerezano Olegario del Junco diseñó en 1972 el esbelto laboratorio y observatorio que existe ahora en el centro techado con castañuela, a la usanza marismeña. El laboratorio se llamó Luis Bolín en honor al principal donante para su construcción. Bolín era un convencido conservacionista de los humedales y dejó en herencia 2,5 millones de pesetas que entregó al CSIC su viuda Cecilia Parker. La Ley de Memoria Histórica ha propiciado el cambio de nombre del laboratorio, que desde hace algún tiempo se llama Castañuela, como la planta que lo techa.

Dos casas con techo de paja en una franja de tierra con vegetación en medio de dos grandes lagunas
Laboratorio antes llamado Luis Bolín.
Archivo EBD-CSIC

La primera sede de la Estación Biológica de Doñana

Portada de las memorias de José Antonio Valverde con el el título:
Portada de las memorias de José Antonio Valverde.
Editorial Quercus

Valverde no hizo caso de sus amigos y mecenas. Consideraba, y así lo consigna en el tomo IV de sus memorias, que un centro de investigación en medio de Doñana iba a estar aislado del mundo. Tras un intento infructuoso en Alcalá de Guadaira (provincia de Sevilla), decidió alquilar una vivienda en el sevillano barrio de Heliópolis y allí, en la calle Paraguay, tuvo su primera sede la incipiente Estación Biológica de Doñana.

A pesar de su carácter plenamente urbano, tuvo algo de zoológico. Mantuvo Valverde en ella algunos ejemplares exóticos, como una hiena rayada y alguna serpiente. Además de los vivos, empezó a acumular una importante colección de vertebrados preparados para su estudio. Se convertiría con el tiempo en la segunda colección más importante de España, tras las colecciones del Museo Nacional de Ciencias Naturales, también del CSIC.

Cien años del nacimiento de Valverde

Este año 2026 celebramos el centenario del nacimiento de J. A. Valverde (1926, Valladolid – 2003, Sevilla). El que fuera primer director de la Estación Biológica de Doñana y del parque nacional reconoció en sus memorias que tales esfuerzos le costaron su salud. Sufrió varios infartos y dimitió como director en 1975 alegando problemas cardiacos.

Su legado quedará unido a la conservación de Doñana, a la creación de un centro de investigación puntero internacionalmente en estudios de biodiversidad y también a sus propias contribuciones como zoólogo y biólogo evolucionista. Entre otros logros, determinó varios vertebrados nuevos para la ciencia. Entre ellos, varios eslizones y una subespecie de ardilla que dedicó a su amigo Luc Hoffmann.

The Conversation

Juan José Negro fue director de la Estación Biológica de Doñana-CSIC entre 2012 y 2015.

Abilio Reig Ferrer no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. La historia del Parque Nacional de Doñana: así comenzaron los esfuerzos de conservación en medio de una dictadura – https://theconversation.com/la-historia-del-parque-nacional-de-donana-asi-comenzaron-los-esfuerzos-de-conservacion-en-medio-de-una-dictadura-283707

Sara G. Alonso, astronauta: “Si tengo que elegir entre valentía y resiliencia, me quedo con valentía”

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Elena Sanz, Directora editorial, The Conversation

La biotecnóloga vive tres vidas en una: investiga el cáncer en su laboratorio del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO), es astronauta de la Agencia Espacial Europea (ESA) en calidad de reserva y, allá donde la convocan (y la convocan mucho), acude como referente de mujer científica a dispersar semillas para que broten vocaciones STEAM entre las niñas. Podría estar agotada, pero no pierde la sonrisa y hablar con ella transmite una enorme paz.

Firme defensora de que deberíamos sentirnos libres para tomar decisiones propias y desafiar lo establecido, Sara comparte canciones en su playlist que invitan a “coger el cielo con las manos” (Fito & Fitipaldis) y reivindican “vamos afuera a hacer que suceda / si hay que morir es de vivir” (Biznaga).

Recientemente ha publicado Órbitas. Apuntes de una vida en continua exploración (Ediciones B, 2025), libro autobiográfico en el que analiza su trayectoria y señala que la curiosidad es el motor que la mueve desde que tiene uso de razón.

Escoger no es nada sencillo, sobre todo cuando lo que tienes que elegir es la profesión a la que te vas a dedicar toda una vida. En tu caso, ¿recuerdas qué te llevó a especializarte en biotecnología?

Precisamente opté por estudiar biotecnología para no tener que elegir tan pronto a qué quería dedicarme. Con 18 años no me sentía preparada para saber cuál era la profesión de “mis sueños”, porque ni siquiera entendía las opciones que se desplegaban ante mí. Entonces, descubrí que la biotecnología consistía en aplicar el conocimiento biológico para solucionar problemas o mejorar productos y servicios. Es decir, darle una aplicación al conocimiento. Y eso es lo único que tenía claro desde niña, que quería avanzar en el conocimiento y que eso tuviese una aplicación, que sirviese para mejorar la sociedad. La biotecnología permitía posponer la especialización, porque tiene colores: puedes optar por la biotecnología roja y enfocarte en el ámbito de la salud, o por la verde para contribuir en la agricultura, o apostar por la azul y los océanos…

Me parece muy inteligente hacer una elección que implicaba pocas renuncias. Porque, en general, elegir es renunciar, y a veces eso da vértigo. En tu libro hablas de lo paralizante que puede llegar a ser el miedo.

Más que el miedo, lo paralizante es pensar que existe un camino perfecto, un camino idóneo para ti, y dedicar la mitad de tu vida a identificarlo. Yo aquí tiro mucho de un verso que todos conocemos, del poeta Antonio Machado: “Caminante, no hay camino, se hace camino al andar”. Aunque elegir implique renuncias, al dar un paso en una dirección concreta surgen nuevos estímulos, conectas con ciertas personas y con otras realidades que, de alguna manera, te van indicando hacia dónde avanzar. Si pienso en las decisiones que he tomado en mi vida no me arrepiento, porque alterarlas trastocaría completamente mi mundo actual. Todos y cada uno de los pequeños pasos que he dado, cada cosa que he elegido y las que he descartado, me han servido para estar donde estoy.

Lo paralizante no es tener miedo: es pensar que existe un camino perfecto, un camino idóneo para ti, y dedicar la mitad de tu vida a identificarlo.

Hoy, precisamente, vives con un pie en la investigación contra el cáncer y otro pie en el espacio. Empecemos por el cáncer que, aunque lo nombramos en singular, engloba distintas enfermedades.

Bajo el paraguas de la palabra cáncer confluyen varias enfermedades con un nexo común: ocurren cuando nuestras propias células pierden el control sobre su división. Quizá por eso optamos por darles un único nombre, pensando que puede existir una única cura común. El problema es que los mecanismos que llevan a que las células cancerosas pierdan el control son tremendamente variados. Generalmente se debe a una acumulación de errores, de mutaciones en nuestro código genético. Pero esos errores ocurren de manera natural, por el simple hecho de estar vivos, y se pueden incrementar en función de nuestro estilo de vida.

Para colmo, cada cáncer evoluciona de una manera única y genera una respuesta a los medicamentos distinta, una agresividad diferente en cada caso. Ante tanta complejidad, tiene sentido que uno de los principales caballos de batalla sea trabajar mucho la prevención. No se puede evitar una enfermedad que se produce por la acumulación de errores en células propias, pero se lo podemos poner difícil haciendo deporte, llevando una alimentación saludable, renunciando a fumar, evitando exponernos a la luz ultravioleta del sol. Eso mejoraría bastante la situación actual respecto al cáncer.

El reto de pararle los pies al cáncer convive con otro menos “terrenal”: hace tres años te convertiste en miembro de la reserva de astronautas de la ESA. ¿Qué implica eso? Has explicado varias veces que ser astronauta no es solo viajar al espacio…

Los astronautas somos profesionales seleccionados por agencias espaciales como la NASA, la ESA, JAXA (la agencia japonesa)… Estamos entrenados y capacitados para subirnos en naves espaciales, ir al espacio y ejecutar experimentos científicos sabiendo operar la tecnología necesaria para ello. Una astronauta debe ser capaz de reaccionar en situaciones extremas, mantener la calma bajo presión, trabajar en equipo y lidiar con distintos tipos de situaciones de una manera efectiva. También es importante saber dar soporte desde la Tierra a las misiones que están en el espacio. En definitiva, se trata de ser profesionales en todo lo que implica la exploración espacial, aunque viajemos al espacio una, dos o, a lo sumo, tres veces a lo largo de la carrera. Eso requiere someterse a un entrenamiento constante.

Una astronauta debe ser capaz de reaccionar en situaciones extremas, mantener la calma bajo presión, trabajar en equipo y lidiar con distintos tipos de situaciones de una manera efectiva

¿En qué consiste exactamente ese entrenamiento?

Todos los implicados en las misiones espaciales deben hablar el mismo lenguaje. Todos, sin excepción, necesitan tener conocimientos teóricos básicos de medicina, mecánica orbital, astronomía, naves, astrofísica… Pero también conocimientos prácticos que abarcan desde técnicas de supervivencia en condiciones de frío hasta aprender a manejarse en condiciones de microgravedad, trabajar en equipo y saber reaccionar rápido en situaciones límite. Todo eso se entrena. En realidad es un entrenamiento vitalicio, nunca llegamos a adquirir todo el conocimiento necesario. Si me asignan una misión espacial, con un proyecto concreto, entonces la ESA, junto con la NASA, me daría la formación específica para esa misión.

Hablas del trabajo en equipo. Sin embargo, en retos científicos de grandes dimensiones suele haber mucha competencia entre países. De hecho, se usa el término de “carrera espacial”. En tu opinión, ¿pesa más cooperar o competir?

La competitividad es sana mientras funciona como un estímulo para dar lo mejor de ti e impulsarte a llegar un pasito más allá, alentado por la presión de que hay otros que lo están haciendo igual o incluso mejor que tú. También es cierto que, a nivel de países, cierta competitividad estimula de alguna forma el progreso. Sin embargo, y esto es algo completamente subjetivo, yo siempre abogaré más por la dimensión colaborativa. Creo que cuando confluyen distintas disciplinas y distintas formas de pensar el resultado no es aditivo: multiplicamos, en vez de sumar. Y eso nos permite llegar más lejos. Frente a lo que consiguen grupos muy homogéneos, quienes integran distintas perspectivas amplían sus posibilidades, porque están menos sesgados.

Aunque en los 70 vivimos una tensa carrera espacial entre Rusia y Estados Unidos para alcanzar la Luna, que ahora se ha trasladado a Estados Unidos y China, al mismo tiempo tenemos el ejemplo paradigmático de la Estación Espacial Internacional. Es la mayor obra de ingeniería que el ser humano ha construido a lo largo de la historia. Y fue posible gracias al esfuerzo colaborativo de Estados Unidos, Europa, Japón, Canadá y Rusia. De hecho, se sustenta sobre la idea de explorar y usar de forma pacífica el espacio para el beneficio de la humanidad. Para mí, esa colaboración no tiene parangón.

Mencionabas las próximas misiones a la Luna y hay mucha gente que cuestiona su valor cuando tenemos tantos problemas más, por así decirlo, “cercanos” a los que dar prioridad. La exploración espacial ¿es un capricho? ¿Responde a la necesidad de satisfacer nuestra curiosidad? ¿O queremos demostrar de qué somos capaces los seres humanos?

Muchas veces creamos falsas dicotomías, como la de por qué invertir en el espacio cuando sufrimos catástrofes naturales aquí o hay gente que se está muriendo de hambre. Pero no es cuestión de elegir A o B. Al apostar por la ciencia y la tecnología espaciales no estamos simplemente lanzando a seres humanos para demostrar poder y colocar allí una bandera: se trata de desarrollar tecnología que luego se puede traducir en aplicaciones tan interesantes como sistemas de reciclaje de agua, sistemas de soporte vital o nuevos combustibles.

Tenemos un ejemplo en las máquinas de resonancia magnética nuclear que usamos para explorar el cuerpo por dentro y detectar tumores: la tecnología que las hace posibles surgió de alguien que quería estudiar estrellas. Las próximas misiones Artemis aspiran a crear bases permanentes para ir de forma sostenida y que, explorando la superficie lunar, logremos entender un poco mejor el origen de nuestro planeta y de otros cuerpos del sistema solar. Se ha visto que en el polo sur de la Luna hay agua congelada: ¿seremos capaces de descomponer ese agua para obtener hidrógeno y usarlo como combustible para cohetes y para obtener oxígeno que respirar? ¿Lograremos hacer crecer allí cultivos con cantidades de agua ínfimas?

Dada tu apuesta por lo multidisciplinar y tu amor a todas las ramas del conocimiento, ¿quién debería vivir en esas bases lunares permanentes? ¿Físicos y biólogos? ¿O también filósofos y poetas?

El conocimiento es algo intrínsecamente bueno, y en las bases futuras dependerá un poco del objetivo. Creo que las primeras personas que viajarán a la Luna en el siglo XXI lo harán exclusivamente con fines científicos de recolección de muestras, de probar tecnología que se ha desarrollado para ver si funciona. Y eso implica una primera oleada de científicos, tecnólogos e ingenieros que consoliden lo que necesitamos para que esas bases permanentes sean habitables. Una vez lo consigan, los habitantes de esas bases lunares deberían representar al conjunto de la sociedad, con toda su diversidad. Si reunimos a personas con distinto bagaje cultural y profesional, aprovecharemos esa mente colectiva que nos hace tan poderosos. Necesitamos poblar la Luna con personas de diferentes países y edades para evitar sesgos. Y sí: lo interesante es que la habiten poetas junto con filósofos, científicos, ingenieros, artistas y profesionales de todo tipo.

Son muchos los científicos que últimamente reclaman colocar la ciencia en el corazón de Europa. ¿Qué crees que necesitamos para hacer ese deseo realidad?

Los países más desarrollados son los que favorecen una sociedad educada capaz de adquirir pensamiento crítico y conciencia de que, en una rutina de 24 horas de cualquier persona, la ciencia y la tecnología están presentes todo el tiempo. Nadie puede decir “esto no va conmigo” al hablar de ciencia. Si somos conscientes de que esto es así, mantendremos la ciencia en el centro de cada país y, por extensión, de Europa.


Esta entrevista se publicó originalmente en la Revista Telos de la Fundación Telefónica, y forma parte de un número monográfico dedicado a la física cuántica.


The Conversation

ref. Sara G. Alonso, astronauta: “Si tengo que elegir entre valentía y resiliencia, me quedo con valentía” – https://theconversation.com/sara-g-alonso-astronauta-si-tengo-que-elegir-entre-valentia-y-resiliencia-me-quedo-con-valentia-285021

De Mazinger Z a las armas láser actuales: así se usa la energía fotónica que nos salvó del Dr. Infierno

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Antonio Manuel Peña García, Catedrático del Área de Ingeniería Eléctrica, Universidad de Granada

Cuando el malvado Dr. Infierno construyó un ejército de robots para dominar el mundo, el profesor Jūzō Kabuto diseñó un ingenio aún más avanzado para proteger a la humanidad: Mazinger Z.

Creado por Gō Nagai, el manga de Mazinger Z fue adaptado al anime por Toei Animation y Dynamic Planning, debutando en la televisión japonesa en 1972. España, en 1978, fue el primer país europeo en estrenar la mítica serie del robot gigante que lanzaba los puños como cohetes al grito de “¡puños fuera!” y basaba su poder en dos pilares: la Aleación Z y la energía fotónica.

Medio siglo después del estreno de Mazinger Z, las armas basadas en la energía fotónica y los materiales estratégicos han saltado del anime a la realidad. El desarrollo de los sistemas láser militares y la carrera por las tierras raras marcan el ritmo de la guerra moderna.

El Bien y el Mal en la batalla

Con una pléyade de sofisticados robots, el Dr. Infierno y su asimétrico aliado, el Barón Ashler, estuvieron cerca de culminar sus planes en muchas ocasiones. Afortunadamente, el tenaz Kōji, nieto de Kabuto y piloto de Mazinger, logró siempre derrotarlos con ayuda de Afrodita A, un robot ginomorfo dirigido por la osada Sayaka. La eterna pugna entre el Bien y el Mal se dirimía, como ahora, en los laboratorios. Concretamente en el laboratorio de fotónica que había fundado el profesor Kabuto.

Mazinger Z utilizaba la energía fotónica como fuente de combustible principal y para alimentar sus sistemas de defensa y ataque. Extraída de un misterioso mineral llamado japanium, se canalizaba en su reactor interno para impulsar sus movimientos y desplegar su letal armamento, incluyendo su fuego de pecho y rayos fotónicos que, físicamente, tienen la misma naturaleza electromagnética.

Décadas después, la tecnología con la que Mazinger nos salvaba despierta más interés que nunca.

Armas y escudos láser

El láser táctico de alta energía, conocido como sistema láser Nautilus, es un láser para uso militar desarrollado en conjunto por Estados Unidos e Israel.
Wikimedia commons, CC BY

Desde hace años, el láser se usa para neutralizar misiles en pleno vuelo en la guerra real. Lo que antes se hacía disparando otros misiles, como los famosos Patriot que interceptaban a los Scud en la guerra del Golfo, hoy puede conseguirse apuntando rayos de alta potencia a un misil o a un dron hasta que la enorme cantidad de calor que le transfieren lo inutiliza o hace explotar su carga. Todo ello en segundos y sobre un objetivo móvil que vuela a una velocidad endiablada. Además, es mucho más barato que los misiles antimisil.

Así, en los últimos tiempos y por desgracia, hemos escuchado hablar, por ejemplo, del proyecto Nautilus, un láser táctico de alta energía (THEL, del inglés Tactical High Energy Laser), desarrollado por EE UU e Israel. Y del Iron Beam, un sistema de defensa antiaérea israelí que utiliza un láser de fibra de alta energía para interceptar cohetes, drones, morteros y misiles de corto alcance. Su uso principal es destruir objetivos en vuelo mediante la concentración de calor extremo, desintegrándolos en apenas unos segundos. El Iron Beam es una de las revoluciones tácticas más importantes en defensa aérea, marcando un hito tras su primer despliegue real en combate y pruebas recientes.

El empleo de sistemas de láser contra drones de ataque y enjambres de armas y vehículos aéreos no tripulados es ya una realidad.

Usar la energía fotónica

Llamamos energía a la capacidad de producir cambios y transformaciones. Un paseo a pleno sol demuestra que los rayos de nuestra estrella los producen. Estos rayos son radiación electromagnética que podemos imaginar como chorros de partículas (fotones) o como paquetes de ondas con distintas energías. Los forman principalmente la radiación infrarroja –que tan pronto nos calienta como nos permite ver galaxias lejanas-, la luz visible–con fotones más energéticos que, al llegar a nuestra retina, desencadenan el proceso visual– y la ultravioleta –que nos broncea a riesgo de dañar la piel –.

En todos estos procesos, los fotones producen cambios y transformaciones. Aunque carecen de masa en reposo, poseen energía y además, ejercen presión sobre los objetos que impactan. Ese “momento fotónico” puede empujar a la materia originando, por ejemplo, las preciosas colas de los cometas. Y, podría emplearse para impulsar naves en viajes interplanetarios, una hipotética propuesta.

El dilema: ¿fotones muy energéticos o muy concentrados?

En el anime, Kabuto y sus colaboradores debieron plantearse los mismos interrogantes que en los laboratorios reales en los que se investigaba y se investiga la energía fotónica.

— ¿Podríamos destruir robots (o drones) disparando fotones?

— Seguramente, pero necesitaríamos concentrar mucha energía en muy poco tiempo.

— ¿Y si usamos rayos gamma producidos en reacciones nucleares?

— Pues no está claro: nosotros recibimos fotones gamma del espacio y de la atmósfera sin derretirnos. Aunque también es cierto que son pocos, cada uno es de su padre y de su madre, y llegan desordenados.

— ¡Un momento! La cuestión no es la energía de cada fotón, sino la concentración. Para destrozar un robot del Dr. Infierno hay que dispararle muchísimos fotones, muy juntos e idénticos entre sí.

— ¡Pues disparemos fotones gamma muy energéticos, idénticos y muy concentrados!

— ¡No tan rápido! ¡Eso aún no sabemos como hacerlo!

Efectivamente, el láser gamma o “graser” sigue sin conseguirse bien entrado el siglo XXI. Los creadores Mazinger Z decidieron concentran rayos infrarrojos desde el pecho del robot. Pero aquello requeriría tanta energía que le dejaría exhausto, por lo que también dotaron a sus ojos de la capacidad de emitir otro tipo de energía fotónica: el láser.

Átomos excitados por el láser

El láser se basa en la emisión estimulada, un proceso físico mediante el cual un átomo excitado es excitado por un fotón y, como resultado, emite un nuevo fotón idéntico al primero. Esta “duplicación” de luz es la base del funcionamiento de los láseres, teorizada por Einstein en 1917. Casi medio siglo después, Theodore Maiman construyó el primer láser que, curiosamente, no parecía muy práctico. Pero pasaron los años y aquellos rayos tan “ordenaditos” e intensos permitieron crear los primeros hologramas y despertaron el interés de la medicina, la metalurgia y, en los años de la Guerra Fría, también de la industria bélica. De ahí dio el paso a la ciencia ficción y a las pantallas.

El rayo fotónico de Mazinger solo se vería sobre su objetivo segundos antes de explotar. Porque el láser no se esparce en aire limpio y no podemos ver pasar los rayos.
@KORAOFICIAL @ToeiAnimation, CC BY

Pero la energía fotónica de Mazinger, tanto infrarroja como láser, tiene su origen en la estructura de los misteriosos materiales que lo constituyen.

El secreto de la aleación Z

Mazinger Z estaba hecho de una aleación basada en un elemento secreto descubierto por el profesor Kabuto: el japanium. Cuando su creador lo imaginó para el manga, en la realidad ya se conocían todos los elementos estables de la tabla periódica , y que los más pesados son inestables. Quizás la “genialidad” de Kabuto le permitió ser el primero en llegar a lo que conocemos como isla de estabilidad, una serie de elementos con número atómico superior a 120, muy pesados y con propiedades desconocidas, y los suficientemente estables para usarlos en un robot gigante. Los físicos nucleares llevan décadas prediciéndolos sin que hasta ahora se hayan podido sintetizar.

Prácticamente indestructible y capaz de incorporar los mecanismos para emitir una energía fotónica letal, Mazinger Z mantuvo su superioridad porque el Dr. Infierno nunca consiguió la aleación.

¿Le suena a la pugna por las tierras raras y otros elementos estratégicos? Da la impresión de que la tecnología que nos deleitaba de niños a muchos de nosotros abre hoy los telediarios de medio mundo. ¡Larga vida a Mazinger Z!

The Conversation

Antonio Manuel Peña García no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. De Mazinger Z a las armas láser actuales: así se usa la energía fotónica que nos salvó del Dr. Infierno – https://theconversation.com/de-mazinger-z-a-las-armas-laser-actuales-asi-se-usa-la-energia-fotonica-que-nos-salvo-del-dr-infierno-284349

‘Backrooms’: ¿qué son los espacios liminales y por qué internet está volviendo extraño lo cotidiano?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Sofía Esteban Moreno, Investigadora Predoctoral Teoría de la Literatura , Universidad de Valladolid

Fotograma de _Backrooms_. A24

Un pasillo de hotel vacío, un parque infantil abandonado, una tienda de muebles iluminada de madrugada, un restaurante de comida rápida de carretera decorado por Navidad. ¿Hay alguien ahí? No hay amenaza visible, tan solo espacios huecos y silenciosos. Ante ese vacío surge una pregunta: ¿ha llegado el Apocalipsis? ¿Dónde están los humanos?

Es como volver a la casa de la infancia y encontrar solo ruinas. Como conservar una fotografía de nuestros seres queridos cuando ya no están vivos: ¿por qué siguen apareciendo en la imagen? Lo cotidiano se experimenta como extraño. Esa extrañeza tiene un nombre cada vez más frecuente en la cultura digital: liminalidad.

El éxito de los backrooms (“trastiendas”), nacidos en internet y convertidos ahora en película, ha dado forma narrativa a una sensibilidad que Valentina Tanni analiza en Estéticas liminales, publicado originalmente como Exit Reality, y traducido recientemente al español.

Tráiler de Backrooms.

No se trata solo de una moda visual de internet hecha de paredes amarillo nicotina, moquetas viejas y luces fluorescentes zumbando sin descanso en un laberinto infinito y onírico de habitaciones vacías. Está en juego una pregunta mucho más radical: qué le está pasando a la idea misma de lugar.

¿Dónde está nuestro hogar?

Una habitación se vuelve lugar cuando alguien puede orientarse en ella, recordarla y sedimentar allí su existencia. El lugar exige tiempo, repetición y vínculo. Por eso una casa no es solo arquitectura, es donde habitamos. El filósofo Gaston Bachelard señaló que el espacio vivido no es simplemente un espacio geométrico delimitado, ya que la casa, el rincón o la habitación nos importan porque organizan imaginariamente nuestra relación con el mundo. En esa intimidad resuena todavía una memoria arcaica de refugio, casi de cueva o incluso útero. Lo que convierte un espacio en hogar es la huella de nuestros gestos y de nuestra pertenencia.

Una casa llena de arena.
Hasta que llega a ser hogar una casa es todavía solo un espacio.
Edoardo Tommasini / Pexels

El sujeto necesita arraigo, pero no permanece inmóvil. Crece, se desplaza, reconfigura roles, atraviesa duelos, nacimientos, separaciones y pérdidas. Los ritos de paso dan reconocimiento comunitario a esos tránsitos. El antropólogo Arnold van Gennep distinguió tres momentos en todo cambio de estado: separación, margen y agregación.

El sujeto se desprende de su posición anterior, atraviesa una fase intermedia y se reincorpora a la comunidad bajo una nueva condición. Victor Turner, estudioso de símbolos y ritos, describió el estado de transición cultural y antropológico como un limbo: un “entre”, un estado ambiguo, por ejemplo, entre la infancia y la adultez, la soltería y el matrimonio, la vigilia y el sueño. Liminalidad proviene, precisamente, del latín limen, umbral.

Ahí aparece la diferencia con nuestra experiencia contemporánea. En el rito, la liminalidad tenía dirección y se atravesaba para transformar el vínculo entre individuo y comunidad. Hoy, en cambio, se multiplican las plataformas, los perfiles, las contraseñas, los videojuegos, los foros e incluso las comunidades digitales, aunque ese tejido social aparece muchas veces mediado por una relación solitaria con la pantalla. En la contemporaneidad postdigital, lo liminal ya no es una fase, se ha convertido en una atmósfera de suspensión desarraigada.

La realidad hecha imagen: ¿vivimos en la pantalla?

Marc Augé llamó no-lugares a los espacios de circulación donde pasamos sin arraigar: los aeropuertos, hoteles de cadena, hospitales, centros comerciales o autopistas. Si bien están llenos de gente, rara vez producen pertenencia. Internet radicaliza esa intuición. Antes de llegar a un restaurante, ya conocemos su decoración. Antes de visitar una ciudad, ya hemos visto sus calles. Antes de conocer a nuestra pareja, ya la hemos seleccionado con un like. Antes de vivir una experiencia, intuimos cómo podría ser publicada.

Unas mesas de diner americano ante unas ventanas, en un espacio vacío sin gente.
Un no-lugar en un aeropuerto.
Dennis Schmidt / Unsplash

La vida queda al servicio de la representación. De ahí que muchos espacios contemporáneos parezcan diseñados para ser fotografiados antes que habitados. Byung-Chul Han ha descrito este desplazamiento como el paso de las cosas a las no-cosas. Las cosas tienen peso, imperfección, duración, resistencia, tacto. Las no-cosas pertenecen al orden de la información, la disponibilidad y la circulación del dato. Cuando el mundo se vuelve imagen, es accesible e intocable al mismo tiempo.

Según Valentina Tanni, estéticas de internet como los backrooms, el vaporwave o el weirdcore no son solo intentos de escapar hacia dimensiones virtuales, sino que también buscan una nueva forma de relacionarnos con el concepto de realidad. La pantalla sería entonces un umbral, un portal. Pero esta zona-umbral tiene una sombra: “la tecnología nos ha puesto en un lugar muy extraño en el que nunca estamos completamente presentes”.

Quizá de ahí proceda la nostalgia que caracteriza a la estética liminal, poblada de imágenes de lugares reconocibles, como un parque infantil de noche, un colegio abandonado, una casa en venta o una piscina fuera de temporada, que conservan la huella espectral de lo humano. Estos lugares extrañamente familiares existen en una dimensión virtual y descorporeizada. Su atmósfera inquietante, o espeluznante, se acrecienta por la ausencia de seres humanos o por el aspecto sintético de la imagen. No sabemos dónde se tomaron esas fotografías, quién las tomó ni cuándo. Esa falta de información parece conceder a la imagen vida propia, casi sobrenatural.

El miedo a la desmaterialización del mundo: Backrooms

Una frase recogida por Tanni condensa la potencia de este imaginario: “Los backrooms son seres informes producto del caos, toman la forma de nuestro inconsciente colectivo”, e inquietan porque parecen los restos degradados de nuestra propia realidad.

Fotografía de una serie de espacios de oficina vacíos, con luz intermitente, moqueta y papel en las paredes.
Imagen original del popular meme de internet conocido como ‘The Backrooms’. Se hizo en un edificio ubicado en 811 Oregon St., Oshkosh, Wisconsin, Estados Unidos. La fotografía fue tomada antes de una renovación.
Bill Magritz/Wikimedia Commons

La película Backrooms ilustra esta angustia al convertir esa dimensión imposible en una copia defectuosa del mundo. En un espacio inhabitable, también la identidad se desintegra. Los alter egos monstruosos atrapados en ese laberinto sin tiempo pueden leerse más como restos deformados de identidad que como criaturas de terror. Son miedos, recuerdos e imágenes separadas del cuerpo vivo que les daba sentido. Ahí emerge el vértigo contemporáneo ante la posibilidad de que nuestros perfiles, avatares, fotografías y duplicados sobrevivan a nuestra presencia. Paradójicamente, esos no-lugares pueden incluso convertirse en refugio cuando la existencia virtual parece menos dolorosa, menos finita y exigente que nuestra realidad material.

La IA generativa ha intensificado esta sospecha. En internet, una habitación puede parecer real sin haber existido nunca, y un rostro puede parecer humano sin pertenecer a nadie. Como escribe Tanni, “Internet […] como un archivo gigantesco y monstruoso, ha absorbido una masa incalculable de ideas, emociones, sentimientos y miedos”. Los backrooms son la imagen espacial de ese archivo: un mundo convertido en resto de sí mismo.


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Sofía Esteban Moreno recibe fondos de ayudas de Formación del Profesorado Universitario (FPU) financiadas por la Agencia Estatal de Investigación, el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades. Asimismo, forma parte del proyecto TRANSFERRE. Referencia: PID2023-148361NB-I00), financiado por la Agencia Estatal de Investigación, el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades y cofinanciado por la Unión Europea.

ref. ‘Backrooms’: ¿qué son los espacios liminales y por qué internet está volviendo extraño lo cotidiano? – https://theconversation.com/backrooms-que-son-los-espacios-liminales-y-por-que-internet-esta-volviendo-extrano-lo-cotidiano-285117

Por qué es tan importante que las empresas protejan la propiedad intelectual de sus innovaciones

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Maite Couto-Ortega, Docente investigadora en Mondragon Unibertsitatea, Mondragon Unibertsitatea

La innovación es uno de los activos más valiosos de una empresa. Así lo señalan desde la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual:

“Los activos intangibles son el tesoro oculto que impulsa las economías mundiales basadas en el conocimiento”.

No obstante, también es muy vulnerable, pues depende de la aceptación del mercado y sufre el riesgo de ser imitada o quedarse obsoleta. Proteger la propiedad intelectual es crucial para que las empresas se aseguren su ventaja competitiva y recuperen las inversiones realizadas en investigación y desarrollo.

Sin una protección adecuada, los competidores podrían copiar fácilmente las innovaciones, reduciendo los beneficios y debilitando las ventajas en el mercado de la empresa innovadora. De ahí que deban utilizar diferentes métodos legales para tratar de proteger sus activos.

¿Qué es la propiedad industrial e intelectual?

El formato de protección más conocido es el de patentes (un derecho exclusivo que se concede sobre una invención). Estas protegen los intereses de las personas que hayan inventado y desarrollado tecnologías, y les asegura que puedan tener el control sobre el uso comercial de sus productos.

De todas formas, no todo es patentable, ya que tiene que cumplir tres requisitos:

  1. Que sea una novedad mundial.

  2. Que tenga actividad inventiva.

  3. Que tenga aplicación industrial.

Una opción para proteger los desarrollos que no muestren tanta actividad inventiva serían los modelos de utilidad (una forma de proteger invenciones que aportan mejoras, pero con un grado de innovación menor que el exigido para una patente).

¿Patentar es siempre la mejor opción?

Ni siempre lo es ni siempre es posible. También hay que considerar que, cuando se patenta un producto, en algún momento se convierte en público, por lo que acaban dando todos los detalles de la receta que tanto ha costado crear.

Elegir la estrategia de protección adecuada depende de dos factores:

  1. La naturaleza de la innovación: cada tipo de activo tiene sus formas concretas de protección. Por ejemplo, un diseño (o creación de forma) o un logotipo no se pueden patentar (el diseño se protege mediante diseño industrial y el logotipo mediante marca). Y un software, en principio, se protege mediante derechos de autor (aunque sí se puede patentar su efecto técnico).

  2. El nivel de exposición: cuando la invención puede analizarse y copiarse fácilmente, las patentes suelen ser la mejor opción, ya que aseguran que los inventores puedan tener control sobre su uso comercial.

¿Qué ocurre en las empresas?

Una estrategia basada en patentes es útil en industrias donde la imitación ocurre rápidamente y la exclusividad legal es crucial. Una estrategia de secretos comerciales (cualquier información confidencial sobre productos, procesos o estrategias que otorgan a una empresa una ventaja competitiva) es más apropiada cuando se puede mantener la confidencialidad sobre las innovaciones. En la práctica, muchas empresas utilizan un enfoque híbrido, combinando ambos métodos.

Es difícil resumir el número de secretos empresariales que tienen las empresas. Por poner un ejemplo muy conocido, la fórmula de la Coca-Cola es confidencial y la empresa la protege de forma activa.

En conclusión

La protección de la propiedad intelectual es un recurso esencial para que las empresas aseguren sus activos más valiosos, recuperen inversiones y mantengan una ventaja competitiva frente a imitaciones de terceros.

Sin embargo, no existe una única estrategia válida. La elección entre patentes, derechos de autor, marcas o secretos empresariales depende de factores como la naturaleza de la innovación, el riesgo de copia o la ingeniería inversa (analizar un producto ya existente para comprender su diseño, estructura y funcionamiento), los costes y el nivel de exposición que se esté dispuesto a asumir.

Por este motivo, en la práctica, la mayoría de las empresas optan por estrategias híbridas, combinando diferentes mecanismos de protección. Este enfoque permite maximizar los beneficios de cada herramienta y adaptarse mejor a entornos competitivos y cambiantes.

Gestionar adecuadamente la propiedad intelectual y proteger la innovación, son elementos clave de la estrategia empresarial y del valor a largo plazo de las organizaciones.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. Por qué es tan importante que las empresas protejan la propiedad intelectual de sus innovaciones – https://theconversation.com/por-que-es-tan-importante-que-las-empresas-protejan-la-propiedad-intelectual-de-sus-innovaciones-283724

El efecto LinkedIn: cuando todos parecen tener más éxito que nosotros

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Fernando Díez Ruiz, Associate professor, Universidad de Deusto

Shutterstock / Prostock-studio

Cada mañana, millones de profesionales abren LinkedIn para consultar novedades en su sector, ampliar contactos o compartir sus logros. Lo que encuentran suele ser inspirador: ascensos, premios, publicaciones científicas, nuevos proyectos, conferencias internacionales o cambios de empleo en apariencia a una mejor posición deseada. ¿Cómo afecta esta exposición continua al éxito ajeno a la forma en que valoramos nuestra propia carrera profesional?

La investigación reciente nos señala que, por un lado, ofrece beneficios claros para la empleabilidad, el networking (creación de redes de contactos profesionales) y la difusión del conocimiento. Pero también puede dar lugar a efectos psicológicos menos visibles, relacionados con la comparación social, la autoestima profesional y la necesidad de validación externa.

La trampa psicológica de compararnos demasiado

La teoría de la comparación social, formulada por Leon Festinger en 1954, sostiene que las personas evaluamos nuestras capacidades y nuestro valor comparándonos con los demás. En circunstancias normales, estas comparaciones pueden ayudarnos a orientarnos. El problema aparece cuando la información está sesgada.

Eso es precisamente lo que sucede en muchas redes sociales. Mientras Instagram suele mostrar una visión idealizada de la vida personal, LinkedIn presenta una visión idealizada de la vida profesional. Rara vez vemos proyectos que han salido mal, artículos rechazados, errores estratégicos o procesos de aprendizaje difíciles. Lo habitual es encontrarnos con los resultados finales (y exitosos): el ascenso, la publicación, el premio o el nuevo puesto.

Esta dinámica no es inocua. Algunos estudios han observado que la comparación social en LinkedIn puede incrementar la ansiedad relacionada con la búsqueda de empleo al afectar a la percepción de autoeficacia profesional.

Resulta paradójico que una herramienta diseñada para impulsar el desarrollo profesional pueda acabar generando la sensación de que siempre vamos por detrás.

Una autoestima profesional dependiente

Los psicólogos distinguen entre una autoestima relativamente estable y una autoestima contingente, es decir, aquella que depende de factores externos como el reconocimiento, los logros o la aprobación social.

Esta segunda puede llega a pesar mucho más de lo conveniente en el contexto de las redes sociales. Muchos usuarios de estas plataformas llegan a vincular una parte importante de su autovaloración a la respuesta obtenida en las plataformas digitales. Cuanto mayor es esta dependencia psicológica, mayor suele ser también la intensidad de uso de las redes sociales y el riesgo de desarrollar patrones problemáticos de utilización.




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Llevado esto al terreno profesional, la cuestión es preocupante. Si nuestra percepción de competencia depende cada vez más de las visualizaciones, comentarios o felicitaciones recibidas en LinkedIn, corremos el riesgo de sustituir los indicadores internos de progreso por indicadores externos de popularidad.

En otras palabras, podríamos empezar a confundir reconocimiento con valor profesional.

El gran escaparate de la identidad profesional

Hace décadas, el sociólogo Ervin Goffman describió la vida social como una representación teatral en la que las personas intentan gestionar la impresión que producen en los demás. Las redes sociales han llevado este fenómeno a una escala sin precedentes.

La investigación reciente sobre identidad profesional digital muestra que los usuarios desarrollan estrategias conscientes para construir una determinada imagen profesional. Entre ellas aparecen la selección estratégica de contenidos, la gestión cuidadosa de la reputación digital o la vigilancia constante de la propia presencia online. Estas prácticas no son necesariamente negativas, sino más bien al contrario. Pueden resultar útiles para comunicar competencias y generar oportunidades profesionales. Pero también pueden fomentar una preocupación excesiva por la imagen proyectada.

De lo contrario, podemos acabar dedicando más tiempo a comunicar lo que hacemos que a hacer aquello que comunicamos.

¿Promoción profesional o narcisismo?

Promocionar el propio trabajo no implica automáticamente narcisismo. De hecho, en muchos sectores resulta imprescindible visibilizar proyectos, publicaciones o logros para generar oportunidades profesionales.

Sin embargo, cuando la identidad profesional se construye principalmente sobre las reacciones obtenidas en línea, el éxito deja de medirse por la calidad del trabajo realizado y comienza a hacerlo por la atención recibida.

La diferencia es sutil pero importante. Una cosa es compartir un logro porque puede resultar útil e inspirador; otra muy distinta es necesitar constantemente la aprobación ajena para confirmar nuestro valor profesional.

Especialmente porque, cuando el reconocimiento se convierte en una necesidad permanente, cualquier silencio digital puede interpretarse como un fracaso.




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El riesgo de olvidar el aprendizaje

Otro riesgo de las dinámicas comparativas y de validación externa que se establecen en redes sociales, y en concreto de carácter profesional como LinkedIn, es la pérdida de humildad intelectual. Las investigaciones sobre aprendizaje y desarrollo profesional muestran que el progreso suele estar asociado a la capacidad para reconocer errores, aceptar limitaciones y aprender de la experiencia. Sin embargo, los algoritmos tienden a premiar los resultados visibles mucho más que los procesos invisibles.

Por eso nos encontramos muchas publicaciones celebrando éxitos y relativamente pocas analizando fracasos, dudas o aprendizajes difíciles. La consecuencia es la construcción de una narrativa profesional poco realista en la que el progreso lineal y el éxito parecen permanentes.

La realidad es muy distinta. Detrás de cada ascenso suelen existir años de esfuerzo. Detrás de cada artículo publicado suelen haber revisiones por pares, correcciones y rechazos. Detrás de cada trayectoria brillante suelen encontrarse momentos de incertidumbre que rara vez aparecen en el muro de LinkedIn.

Esta reflexión es lo que llevó al profesor de Princeton Johannes Haushofer a publicar un CV de fracasos. Acostumbrados a utilizar las redes para mostrar lo bien que nos lo pasamos (Instagram) o lo buenos que somos (LinkedIn) o cuántos amigos tenemos (Facebook), acabamos alimentando un escaparate abierto todos los días de la semana donde sólo se proyectan películas de éxitos.

Una herramienta valiosa, con distancia

La solución no pasa por abandonar LinkedIn. La plataforma ofrece oportunidades extraordinarias para aprender, establecer contactos y difundir conocimiento. Buena parte de la transferencia de conocimiento profesional y científico actual se produce gracias a herramientas de este tipo.

La cuestión es utilizarla sin convertirla en un espejo de nuestra autoestima.

Una carrera profesional sólida no se construye acumulando reacciones digitales, sino desarrollando competencias, aprendiendo de los errores y generando impacto real sobre las personas. Los “me gusta” pueden aportar visibilidad. Las felicitaciones pueden resultar agradables. Pero ninguna de ellas debería convertirse en la medida definitiva de nuestro valor profesional.

Porque, al final, la mejor carrera no es la que parece más brillante en una pantalla, sino la que sigue creciendo cuando la pantalla se apaga.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. El efecto LinkedIn: cuando todos parecen tener más éxito que nosotros – https://theconversation.com/el-efecto-linkedin-cuando-todos-parecen-tener-mas-exito-que-nosotros-285019

Pourquoi de plus en plus de médecins reconnaissent-ils la validité des expériences de mort imminente ?

Source: The Conversation – in French – By Jorge Andrés Delgado-Ron, Senior Data Analyst at the Faculty of Health Sciences, Simon Fraser University

La caractéristique principale d’une expérience de mort imminente est un fort sentiment d’appartenance, ou de « retour chez soi », qui se traduit souvent par une profonde sensation de connexion avec tout. (Andrea Proaño-Muñoz), CC BY

Selon une étude importante publiée par The Lancet en 2001, une personne sur dix ayant subi un arrêt cardiaque en revient avec des souvenirs marquants. Cette « expérience de mort imminente » (EMI) est si nette et convaincante qu’elle transforme souvent la vision du monde, de l’au-delà et de son identité du patient.

Contrairement aux expériences fragmentées ou désorganisées observées lors d’hallucinations ou de délire, les récits d’EMI se caractérisent par leur clarté et leur cohérence. Interrogées par des chercheurs, de nombreuses personnes ont désigné cette expérience comme le moment le plus important de leur vie.

Malgré des décennies de recherche universitaire sur les EMI, celles-ci sont peu abordées dans les programmes des facultés de médecine. Marieta Pehlivanova et Bruce Greyson, chercheurs spécialisés dans les EMI, ont mené une enquête auprès de 215 médecins de l’Université de Virginie en 2024. Si très peu d’entre eux avaient une vision pathologique ou méprisante des EMI, cette enquête a révélé que le principal obstacle à leur acceptation était le manque de connaissances. La plupart des médecins interrogés ont exprimé leur souhait d’en savoir plus à ce sujet.

Ce défi n’est pas nouveau. À bien des égards, il fait écho à des expériences vécues dans le domaine des psychédéliques, un autre secteur dans lequel des expériences profondes et transformatrices sont mal comprises par le système de santé traditionnel.

Malgré l’usage répandu des psychédéliques et l’intérêt scientifique croissant qu’ils suscitent, le Healthy Ecologies and Lifestyles Lab (HEAL) de l’Université Simon Fraser a constaté un manque de recommandations claires et fondées sur des données probantes, tant pour le public que pour les professionnels de la santé. Pour remédier à cette situation, le laboratoire HEAL a élaboré un guide de santé publique pour une consommation de psilocybine à faible risque, et prépare actuellement des recommandations fondées sur des preuves pour la thérapie assistée par psychédéliques dans le traitement de troubles mentaux et de troubles liés à l’usage de substances psychoactives.




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Afin de pallier un manque similaire dans le domaine des EMI, il était nécessaire de compiler la littérature scientifique et de proposer une approche concrète aux cliniciens et à toute personne souhaitant mieux comprendre ces expériences.

Mon article intitulé Five things to know about : Near-death experiences (Cinq choses à savoir sur les expériences de mort imminente), publié dans le Journal de l’Association médicale canadienne, offre des conseils sur les EMI et la manière de les aborder. Le point le plus important de l’article est sans doute que les EMI ne doivent pas être considérées comme un dysfonctionnement ou un trouble mental, car elles donnent souvent lieu à des améliorations de la santé mentale.

J’y présente également une question délicate : les EMI sont souvent accompagnées de récits de ce que les gens perçoivent comme l’au-delà. Ils décrivent parfois des expériences extracorporelles, qui peuvent être vérifiées ou non. Pourtant, les approches centrées sur le patient et fondées sur des données probantes suggèrent que les professionnels de santé devraient valider et explorer ces expériences, en faisant preuve d’ouverture d’esprit et sans porter de jugement.

Qu’est-ce qu’une expérience de mort imminente ?

La caractéristique principale de l’EMI est un fort sentiment d’appartenance, ou de « retour chez soi », qui peut se traduire par une sensation profonde de connexion avec tout. Les chercheurs parlent alors d’une « dissolution de l’ego ».

Il est difficile d’établir une chronologie des EMI, car les patients perdent souvent la notion du temps. Ils disent parfois que le temps s’est arrêté ou qu’il n’y avait plus de temps. C’est dans ce contexte que surgissent des souvenirs très vifs. Il ne s’agit pas de souvenirs ordinaires, mais de versions amplifiées qui évoquent non seulement les sentiments de la personne, mais aussi ceux des gens qui ont partagé chaque instant de sa vie. Beaucoup arrivent à un point de non-retour, représenté par un tunnel ou un pont. L’étude AWAreness during REsuscitation II (AWARE II) propose une description thématique exhaustive des EMI dans son matériel supplémentaire.

Les EMI sont souvent évaluées à l’aide de l’échelle de Greyson ou d’un autre outil servant à mesurer l’intensité des différents aspects. Cette méthode a permis aux chercheurs d’observer une similitude entre les EMI et d’autres états modifiés de conscience, en particulier ceux induits par des substances psychédéliques telles que la diméthyltryptamine (DMT). Cette compréhension est intéressante, car des études ultérieures ont indiqué que les expériences avec des psychédéliques pouvaient modifier de manière significative les traits psychologiques, considérés comme les éléments constitutifs de la personnalité.




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En comparant une EMI à une expérience psychédélique, on perçoit pourquoi les médecins doivent être prêts à « accueillir » un patient de retour des portes de la mort, afin de garantir sa sécurité psychologique et de favoriser une intégration adéquate de son expérience. Les études cliniques montrent systématiquement que les effets positifs durables des psychédéliques (sur la dépression, le syndrome de stress post-traumatique, l’anxiété et certains traits de personnalité, comme l’ouverture d’esprit) sont étroitement liés à ce qui se passe avant, pendant et après la séance. Dans ce contexte, une attitude invalidante peut être traumatisante.

De plus, les EMI entraînent souvent des changements positifs : les patients rapportent couramment un sentiment accru de sens, une diminution de la peur de la mort et une plus grande prosocialité. Ces caractéristiques permettent d’exclure qu’il s’agisse d’un trouble psychiatrique.


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Véracité des perceptions anomales

Certaines personnes ayant vécu une EMI rapportent avoir eu le sentiment de sortir de leur corps et de pouvoir observer ce qui se passait autour d’elles. Une partie de ces expériences implique des perceptions pouvant être vérifiées. Autrement dit, le patient se souvient avoir perçu quelque chose qu’il n’aurait pas dû voir alors qu’il était inconscient, et ce, au-delà d’une simple reconstitution de la mémoire.

L’Association of Near Death Studies a publié une compilation de plus de 100 cas de ce type dans la deuxième édition de The Self Does Not Die, en 2023. On y trouve des descriptions d’objets situés à des endroits hors de portée des personnes présentes dans la pièce, même si elles avaient tenté de les voir. Par exemple, une pièce de 25 cents de 1985 posée dans le coin droit d’un moniteur cardiaque de 2,40 mètres de haut, qu’un médecin a découverte après être monté sur une échelle. Dans un autre cas, un patient souffrant de troubles obsessionnels compulsifs a rapporté un numéro de série à 12 chiffres situé sur le dessus d’un respirateur de 2,10 mètres. Le numéro a été confirmé par un technicien.

J’évoque mon récit préféré dans un épisode de balado produit par le Journal de l’Association médicale canadienne. Dans ce cas, le patient semble avoir traversé le plafond et s’être retrouvé dans une autre pièce.

La plupart des exemples présentés dans le livre proviennent de professionnels de santé qui les ont relatés par écrit ou oralement, la définition de cas exigeant un témoignage à la troisième personne. Bien que la fiabilité de ce type de rapports soit souvent contestée, des études cliniques prospectives ont mis en évidence quelques cas de perception véridique, où un patient a fourni des observations vérifiables et exactes faites pendant qu’il était inconscient. Des auteurs de l’étude AWAreness during Resuscitation (AWARE) racontent :

Notre cas de conscience visuelle avérée, alors que la fonction cérébrale est normalement absente ou, au mieux, gravement altérée, est déroutant… Nos conclusions ne laissent pas supposer qu’en cas d’arrêt cardiaque, la conscience visuelle soit de nature hallucinatoire ou illusoire, car les souvenirs correspondaient à des événements réels et vérifiés.

L’étude de la perception véridique dans les cas d’EMI pose des défis méthodologiques aux chercheurs. L’équipe de l’étude AWARE, par exemple, a installé plus de 1 000 signes dans cinq hôpitaux, à une hauteur trop élevée pour le regard, et orientés vers le plafond (un point de vue uniquement visible depuis le plafond). Bien qu’ils aient suivi plus de 2 000 patients victimes d’un arrêt cardiaque, seuls quelques-uns d’entre eux ont survécu et ont pu être interrogés. Deux d’entre eux ont fait état d’une expérience extracorporelle, mais aucune de ces expériences ne s’est produite à l’endroit où les chercheurs avaient placé les signes.

Une innovation récente dans ce domaine consiste en la mise au point d’une échelle d’évaluation de la véracité des EMI, que les médecins peuvent utiliser pour juger de la validité des perceptions et de la capacité perceptive du patient à un instant donné. Cette méthode permet d’adopter une approche d’externalisation ouverte pour la collecte de données, susceptible de produire des résultats cumulatifs à long terme.

Si l’étude de la véracité des récits d’expériences extracorporelles présente un intérêt scientifique certain, les médecins doivent toutefois prioriser les soins prodigués au patient. Plutôt que d’éviter le sujet, ils devraient demander à la personne si elle se souvient de quelque chose de la période où elle était inconsciente. Si elle rapporte une expérience de mort imminente, les médecins devraient lui expliquer que c’est un phénomène courant et l’aider à donner du sens à ce qu’elle a vécu. Ils peuvent également l’orienter vers des groupes de soutien qui proposent des ressources adaptées pour l’aider à assimiler son expérience.

Pour conclure, il est essentiel de créer une alliance thérapeutique solide pour soutenir les patients qui ont trouvé cette expérience éprouvante et pour permettre des recherches scientifiques fructueuses.

La Conversation Canada

Jorge Andrés Delgado-Ron ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

ref. Pourquoi de plus en plus de médecins reconnaissent-ils la validité des expériences de mort imminente ? – https://theconversation.com/pourquoi-de-plus-en-plus-de-medecins-reconnaissent-ils-la-validite-des-experiences-de-mort-imminente-284881

Médecins spécialistes et déserts médicaux : leur présence sur un territoire ne suffit pas à garantir l’accès aux soins

Source: The Conversation – France in French (3) – By Benjamin Montmartin, Full professor of Econometrics and Data Science – Director of the Chair Prevention and Access to Healthcare, SKEMA Business School; IAE Nice – Université Côte d’Azur

Le manque de praticiens ne suffit pas à expliquer les difficultés d’accès à certaines spécialités médicales observées dans certains territoires. La désertification médicale résulterait de trois inégalités qui se cumulent sans toujours se confondre : une offre de soins mal répartie, des délais d’attente très inégaux pour obtenir un rendez-vous et la généralisation des dépassements d’honoraires.


Quand on parle de « déserts médicaux », on pense spontanément à l’absence de médecins sur certains territoires. Pour les médecins spécialistes, la réalité est plus complexe. La difficulté d’accès ne tient pas seulement à la distance à parcourir, mais aussi au temps nécessaire pour obtenir un rendez-vous et au coût restant à la charge du patient, notamment en raison des dépassements d’honoraires.

Ainsi, selon une étude de la direction de la recherche, des études, de l’évaluation et des statistiques (Drees) du ministère de la santé, 4,7 % des médecins généralistes exerçaient en secteur 2 (avec droit à dépassement d’honoraires) en 2021, contre 51,7 % pour les médecins spécialistes.




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Faut-il recourir à l’immigration pour lutter contre les déserts médicaux ?


Distance, temps d’attente et coût : les trois dimensions de la désertification médicale

Autrement dit, la désertification médicale des spécialistes doit être appréhendée sous trois dimensions : la distance, le temps d’attente et le coût.

Ces difficultés d’accès ont des conséquences directes sur le renoncement ou le report de soins. Une enquête nationale, portant sur 158 032 répondants analysés, montre que 25,4 % des personnes interrogées déclarent avoir renoncé ou reporté au moins un soin au cours des douze derniers mois. Les consultations de spécialistes figurent parmi les soins les plus concernés, en particulier en ophtalmologie, gynécologie et dermatologie.

Les raisons invoquées recoupent précisément ces trois dimensions : le reste à charge, la difficulté à obtenir un rendez-vous et, plus marginalement, les problèmes de mobilité.

Une accessibilité géographique très inégale

La première dimension est la plus visible : celle de la répartition des spécialistes. Mais compter le nombre de médecins dans un département ne suffit pas. C’est pour cela que la Drees et l’Institut de recherche et documentation en économie de la santé (Irdes) ont développé l’indicateur d’accessibilité potentielle localisée (APL) qui mesure, à une échelle communale, l’adéquation entre l’offre et la demande de soins. Cet indicateur tient compte de la proximité des professionnels, de leur activité effective et des besoins de la population locale, qui varient selon l’âge.

Une récente étude de l’Irdes, qui a porté sur les cardiologues, dermatologues et ophtalmologistes, montre que, dans la plupart des départements, l’accès aux soins se concentre autour d’un pôle urbain, souvent la préfecture, puis se dégrade à mesure que l’on s’en éloigne.

Dans certains territoires, comme la Creuse et l’Indre pour l’ophtalmologie, ou encore la Nièvre et la Lozère pour la dermatologie, l’accessibilité reste faible sur une large partie du territoire.

La situation n’est toutefois pas la même selon les spécialités : les cardiologues sont globalement mieux répartis que les dermatologues et les ophtalmologistes. Parler « des spécialistes » au global masque donc des réalités très différentes d’une discipline à l’autre.

Aujourd’hui, il est encore difficile de suivre précisément l’évolution de l’accessibilité géographique aux médecins spécialistes, du fait de l’absence de données annuelles systématiques pour l’ensemble des spécialités.

Un temps d’attente en augmentation structurelle

La deuxième dimension est plus difficile à mesurer, mais tout aussi importante : le temps d’attente. Avoir un spécialiste à une distance raisonnable ne garantit pas qu’on puisse le consulter rapidement.

En 2018, une enquête de la Drees montrait que les délais moyens dépassaient deux mois pour les ophtalmologues et les dermatologues, et restaient supérieurs à un mois pour les cardiologues, les rhumatologues et les gynécologues.

Cette enquête soulignait également le fait que les délais étaient plus longs dans les communes dans lesquelles l’accessibilité géographique était déjà faible. Les territoires où l’offre est rare sont souvent aussi ceux où l’attente est la plus longue.

Des données plus récentes suggèrent que cette tension persiste, voire s’aggrave, pour certaines spécialités. Le baromètre FHF/Ipsos BVA, publié en mars 2026, fait état de délais moyens déclarés de quatre mois et demi pour un dermatologue, de plus de trois mois pour un cardiologue et d’environ deux mois pour un gynécologue. Seule l’ophtalmologie semble connaître une légère amélioration, tout en restant à un niveau élevé (de l’ordre de deux mois et trois semaines, en moyenne).

Enfin, une étude menée par la Fondation Jean-Jaurès, à partir des rendez-vous obtenus auprès de dix professions médicales et paramédicales durant l’année 2023 sur la plateforme en ligne Doctolib, éclaire la géographie de ces délais. En Île-de-France, dans plusieurs départements littoraux méditerranéens, atlantiques et départements accueillant de grands pôles urbains et universitaires, l’attente est généralement plus courte. À l’inverse, elle s’allonge dans une partie de la France, souvent plus rurale et plus éloignée des grands centres hospitaliers.

Le rapport identifie ainsi 14 départements, décrits comme « en difficulté », dans lesquels les délais médians sont au moins deux fois supérieurs à la moyenne nationale pour au moins trois professions : le Gers, la Saône-et-Loire, la Nièvre, le Territoire de Belfort, le Loiret, le Cher, les Deux-Sèvres, l’Ardèche, l’Eure, le Calvados, la Manche, la Loire-Atlantique, les Côtes-d’Armor et le Pas-de-Calais.

Les écarts sont particulièrement marqués en ophtalmologie, en dermatologie et en pédiatrie, avec plus de 90 jours d’écart entre les départements où l’attente est la plus courte et ceux où elle est la plus longue.

Les montants à la charge des patients et les dépassements d’honoraires des médecins

La troisième dimension est plus rarement intégrée au débat public, alors qu’elle change profondément l’accès aux soins : l’accessibilité financière. La présence d’un spécialiste sur un territoire ne garantit pas que sa consultation soit réellement accessible à tous.

Selon le dernier rapport du Haut Conseil pour l’avenir de l’assurance-maladie (HCAAM), les dépassements d’honoraires des médecins spécialistes ont atteint 4,3 milliards d’euros en 2024, en augmentation de 27 % depuis 2019 (la très large majorité des dépassements d’honoraires étant le fait des médecins spécialistes, et non des généralistes).

Cette progression reflète aussi une transformation structurelle de l’offre : plus de la moitié des spécialistes libéraux exercent désormais en secteur 2 dit « à honoraires libres », donc avec droit à dépassement d’honoraires (Figure 4). Mais cette moyenne recouvre de fortes différences entre spécialités. À partir des données de l’assurance-maladie, on peut calculer qu’en 2024, environ 77,5 % des gynécologues libéraux étaient en secteur 2, contre 30,5 % des cardiologues. Et la progression du secteur 2 est nette dans l’ensemble des spécialités observées.

Là encore, la géographie compte. En analysant les données présentées dans le rapport du HCAAM, on en conclut que la part des médecins en secteur 2 est beaucoup plus élevée dans certains départements urbains et aisés, comme Paris, le Rhône ou les Alpes-Maritimes, que dans d’autres territoires, comme les Alpes-de-Haute-Provence, l’Aude ou la Haute-Marne. Cela signifie qu’un département peut sembler correctement doté en spécialistes sur le papier, tout en restant difficile d’accès pour les patients les plus modestes.

L’étude de l’Irdes montre, d’ailleurs, que les dépassements d’honoraires renforcent les inégalités sociales d’accès aux médecins spécialistes. Un rapport de la Drees propose de visualiser ces écarts à travers la carte du reste à charge (RAC) moyen par patient après remboursement de l’assurance-maladie en 2018.

Changer de regard sur les déserts médicaux

Pour les médecins spécialistes, la désertification médicale ne peut donc pas être réduite à une simple question de sous-densité. Elle résulte de trois inégalités qui se cumulent sans toujours se confondre : une offre mal répartie, des délais d’attente très inégaux et des barrières financières parfois décisives.

Cela explique aussi pourquoi les réponses publiques centrées sur le nombre de médecins ou leur lieu d’installation ne suffisent pas. La vraie question n’est pas seulement : combien de spécialistes y a-t-il dans un territoire ? Elle est plus concrète : peut-on les consulter dans un délai raisonnable, à un coût supportable et sans devoir parcourir une distance dissuasive ? Tant qu’on ne posera pas le problème dans ces termes, on continuera à sous-estimer ce que vivent réellement les patients.

The Conversation

Benjamin Montmartin ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

ref. Médecins spécialistes et déserts médicaux : leur présence sur un territoire ne suffit pas à garantir l’accès aux soins – https://theconversation.com/medecins-specialistes-et-deserts-medicaux-leur-presence-sur-un-territoire-ne-suffit-pas-a-garantir-lacces-aux-soins-284857

De la détention administrative à la peine de mort : l’évolution d’un droit d’exception israélien

Source: The Conversation – France in French (3) – By Romain Lucas, PhD candidate in political science, Sciences Po Lyon; Université Laval

Depuis le 7 octobre 2023, Israël a fortement intensifié le recours à la détention des Palestiniens, en s’appuyant sur un arsenal juridique ancien fondé sur l’exception sécuritaire. Les ONG et l’ONU dénoncent une multiplication des détentions sans procès, des conditions d’emprisonnement assimilées à de mauvais traitements ou à de la torture ainsi qu’un affaiblissement des garanties judiciaires. L’adoption en mars 2026 d’une loi instaurant la peine de mort pour certains actes de terrorisme marque une nouvelle étape dans l’évolution du système carcéral et alimente les inquiétudes sur la trajectoire du régime israélien.


Les pratiques d’enfermement constituent un révélateur privilégié de ce qu’est un État : comment il use du droit, de la force, et comment il traite les populations qu’il domine. Depuis les attaques du 7 octobre 2023, le recours israélien à la détention des Palestiniens s’est considérablement intensifié, jusqu’à l’adoption, le 30 mars 2026, de la « Loi sur la peine de mort pour les terroristes ».

Cette mesure, qui a conduit plusieurs organisations de défense des droits humains et chancelleries européennes à tirer la sonnette d’alarme, s’inscrit dans la continuité d’un système juridique et administratif bien plus ancien, fondé sur un droit d’exception qui n’a plus rien d’exceptionnel.

L’évolution prévisible d’un arsenal juridique préexistant

L’ampleur de la détention des Palestiniens depuis 2024 n’a pas surpris ceux qui observent ce système depuis longtemps. En 2021, l’anthropologue et historienne française Stéphanie Latte Abdallah publie un ouvrage de référence sur la question. Bien avant le tournant du 7 octobre 2023, elle y restitue les récits de détenus qu’elle a rencontrés, les procès auxquels elle a assisté, et décrit ce qu’elle qualifie de « toile carcérale » tissée autour des Palestiniens. Cette toile repose sur une « définition floue, atemporelle et virtuelle des délits » qui enserre une population entière : un peu moins de la moitié des hommes palestiniens passeront par la prison au cours de leur vie.

La question carcérale figurait déjà parmi les enjeux centraux des négociations d’Oslo, au début des années 1990, sans jamais trouver de réponse satisfaisante. Il y a près de vingt ans, l’historien Ilan Pappe, l’une des figures du courant des « nouveaux historiens » israéliens (groupe informel d’historiens qui remettent en cause, à partir des années 1980, l’historiographie de l’État israélien et ses mythes fondateurs), proposait une lecture structurelle du phénomène. Pour lui, Israël fonctionnait comme un Mukhabarat State, de l’arabe mukhabarat (renseignement) soit, par extension, un État fondé sur la surveillance et le contrôle.

Cette lecture éclaire une symétrie troublante : la privation collective de liberté que subissent les Palestiniens dans les territoires occupés trouve son prolongement dans la privation individuelle éprouvée par ceux que le système carcéral entraîne dans son engrenage. Les deux dimensions d’un même système se répondent. Ce que l’on observe depuis octobre 2023 n’est donc pas une rupture, mais le déploiement prévisible d’un arsenal juridique progressivement construit.

La détention est une étape par laquelle doivent passer de très nombreux Palestiniens, principalement les hommes et les jeunes garçons, dès l’adolescence. Entre 20 et 40 % des Palestiniens seront détenus un jour dans leur vie. Depuis des décennies, l’État israélien dispose d’un outillage juridique d’envergure conçu et pensé pour encadrer l’administration des Palestiniens. La détention administrative en est une des pièces maîtresses.

La détention administrative est, selon les termes de l’ONG israélienne B’Tselem, « une incarcération sans procès ni inculpation, fondée sur l’allégation qu’une personne projette de commettre une infraction ». Elle correspond aussi à la réalité juridique du système pénal en vigueur dans les territoires occupés, celui d’une justice militaire et d’enquêtes menées par les services de renseignement, où la preuve et l’équité sont bafouées par le caractère sécuritaire et secret.

Derrière une ordonnance de détention administrative se trouve, dans la quasi-totalité des cas, un dossier instruit par le Shin Bet (Shabak), le service de sécurité intérieure israélien. C’est lui qui produit les « preuves secrètes » sur lesquelles le juge militaire s’appuie, sans que ni le détenu ni son avocat ne puissent en contester le contenu.

Le nombre de ces détentions a été multiplié par deux depuis octobre 2023. Mais la détention administrative existe avant cette date. Héritée du droit d’urgence britannique du mandat colonial (1920-1948), elle permet de détenir tout individu sur la base de « preuves secrètes » que ni le détenu ni son avocat ne peuvent consulter. C’est, par définition, l’antithèse du procès équitable.

Une autre catégorie est particulièrement importante et s’est elle aussi redéveloppée depuis presque trois ans : celle des « combattants illégaux ». Le statut de « combattant illégal » est issu d’une loi de 2002, largement tombée en désuétude avant octobre 2023. Invoquée pour la première fois en cinq ans après le 7 Octobre, elle sert dans un premier temps à détenir des personnes soupçonnées d’avoir participé aux attaques. Elle a rapidement été élargie pour servir à la détention massive de Gazaouis – sans inculpation ni procès –, selon plusieurs ONG.

En décembre 2023, le Parlement israélien (Knesset) en a durci les conditions via un amendement temporaire : la durée de détention sans ordonnance a été portée de 96 heures à 45 jours et le délai avant première comparution devant un juge est passé de 14 à 75 jours. Un allongement des délais pour un recul du droit. Amnesty International recueillera le témoignage de nombreux civils, médecins ou journalistes parmi les « combattants illégaux » arrêtés et détenus après l’amendement n°4 de décembre 2023. L’amendement, temporaire, a été reconduit à plusieurs reprises.

Mais l’évolution du régime carcéral n’est pas qu’une réponse aux attaques perpétrées le 7 octobre 2023. Ses manifestations les plus marquantes ne se produisent d’ailleurs pas dans la bande de Gaza mais en Cisjordanie. Dès juillet 2024, l’ONG palestinienne Addameer dénombrait quelque 9 700 prisonniers politiques palestiniens, dont 3 380 en détention administrative. La grande majorité est dans l’attente d’un procès (détention provisoire) ou détenue administrativement (sans charge pénale). La grande majorité est aussi issue de Cisjordanie.

L’autre particularité qu’il faut aussi mentionner est l’implication de l’Autorité palestinienne (entité gouvernementale en charge de l’administration des Palestiniens en Cisjordanie) dans cette extension et dans l’évolution du régime carcéral israélien. L’Autorité assume et prend en charge une partie de l’effort carcéral, en collaboration quotidienne avec l’État israélien.

« Bienvenue en enfer » : ce que disent les ONG

En août 2024, B’Tselem publie un rapport sur la détention des Palestiniens : « Welcome to Hell » (« Bienvenue en enfer »). Fondé sur les témoignages de dizaines de Palestiniens relâchés – dont plus de la moitié sont de Cisjordanie –, le document décrit de manière systématique ce que ses auteurs qualifient de « réseau de camps de torture ». Violences physiques répétées, humiliations, positions de contrainte prolongées, privation de nourriture, absence d’hygiène, refus de soins médicaux, agressions sexuelles, les témoignages convergent, en provenance de multiples centres de détention militaires et civils.

Le camp militaire de Sde Teiman, dans le Néguev, est devenu le symbole de ces conditions. Partiellement reconverti en centre de détention après l’adoption de l’amendement n°4 sur les combattants illégaux (décembre 2023), il héberge des détenus maintenus les yeux bandés et menottés dans des enclos grillagés.

En juillet 2024, un prisonnier palestinien y a été hospitalisé avec des blessures graves à l’abdomen compatibles avec une agression sexuelle. Neuf réservistes de Tsahal, dont un officier, ont été mis en cause. L’affaire a déclenché une crise politique inédite en Israël : des parlementaires d’extrême droite ont forcé l’entrée du camp pour s’opposer aux arrestations, avec le soutien public du ministre de la sécurité nationale Itamar Ben Gvir. En mars 2026, le prisonnier a été libéré de sa détention et renvoyé à Gaza pour permettre aux cinq soldats d’éviter un procès.

« La torture est “de facto” devenue une politique d’État » : ce que dit l’ONU

Les organisations internationales sont parvenues à des conclusions convergentes. En septembre 2025, le Bureau des droits de l’homme des Nations unies dans les Territoires palestiniens occupés (OHCHR) publie un rapport documentant au moins 75 décès de Palestiniens en détention israélienne depuis le 7 octobre 2023.

Le rapport onusien recense des pratiques documentées : coups répétés, simulacres de noyade, positions de contrainte, violences sexuelles, privations de nourriture et d’eau, refus de soins médicaux pour des pathologies préexistantes. Il note également le refus d’Israël d’appliquer une décision de sa propre Haute Cour de justice (Bagatz), rendue en septembre 2025, ordonnant d’améliorer l’approvisionnement alimentaire des détenus.

En août 2024, des experts indépendants mandatés par l’ONU ont alerté publiquement :

« L’utilisation généralisée et systématique par Israël de la torture contre les détenus palestiniens, et ses pratiques d’arrestation arbitraire sur des décennies, couplées à l’absence de tout garde-fou depuis le 7 octobre 2023, brossent un tableau alarmant sous couvert d’une impunité totale. »

Extension et systématisation de la peine de mort : ce que dit la loi israélienne

Le véritable tournant, ou sans doute le plus symbolique, est législatif. Le 30 mars 2026, la Knesset a adopté, par 62 voix contre 48, une loi portée par le parti d’Itamar Ben Gvir instaurant la peine de mort pour certains actes de terrorisme meurtrier.

En surface, le texte est universel : il s’applique à « toute personne » ayant intentionnellement causé la mort « dans le but de mettre fin à l’existence de l’État d’Israël ». Mais sa mécanique interne est discriminatoire.

En faisant de l’atteinte à l’existence de l’État d’Israël un critère déterminant, la loi restreint son application aux auteurs perçus comme des ennemis de l’État, excluant ainsi presque systématiquement les auteurs juifs israéliens.

Plus encore, pour les Palestiniens de Cisjordanie, jugés devant des tribunaux militaires, la loi prévoit que la qualification terroriste d’un homicide entraîne la peine capitale par défaut, sans que ni le procureur ni le représentant du parquet militaire n’aient à la requérir. La mort devient le point de départ, non l’exception. Une fois la peine de mort prononcée, elle ne peut être ni réduite ni commuée et doit être exécutée dans les 90 jours suivant le jugement définitif.

Le texte franchit en outre une ligne que certains juristes israéliens ont soulignée : la Knesset légifère désormais pour la Cisjordanie, territoire soumis au droit militaire et non à la souveraineté israélienne. Le Times of Israël, dans un éditorial juridique, a qualifié ce glissement d’« inconstitutionnel » et de rapprochement de facto d’une annexion formelle, en ce qu’il contourne l’autorité du commandement militaire, juridiquement seule autorité souveraine en Cisjordanie.

Berlin, Londres, Paris et Rome avaient conjointement appelé la Knesset à renoncer au projet, estimant qu’il risquait de « remettre en cause les engagements d’Israël en matière de principes démocratiques ». Le Conseil de l’Europe a évoqué un « grave recul ». Une déclaration conjointe d’Amnesty International, Human Rights Watch et d’autres grandes ONG a demandé à l’UE des mesures urgentes, rappelant que la Cour internationale de justice avait déjà, dans son avis consultatif de juillet 2024 sur l’occupation israélienne, jugé contraires au droit international certaines pratiques discriminatoires visant les Palestiniens.

De l’enfermement des Palestiniens à la dérive du régime

En résumé, il serait inexact de présenter ce qui se passe comme une rupture totale avec le passé ou comme un droit d’exception dans un contexte particulier. Certains mécanismes juridiques se sont renforcés depuis près de trois ans. L’adoption en mars 2026 d’une loi sur la peine capitale ciblant particulièrement les Palestiniens semble aller en ce sens. Mais l’évolution du régime carcéral doit nous inviter à penser l’évolution du régime dans son ensemble, dans un contexte progressif d’autocratisation.

Les grands instituts (V-Dem, Freedom House) alertent à ce sujet et notent le déclassement israélien, non seulement pour son régime d’occupation et de détention des Palestiniens mais, plus généralement, pour un recul et un affaiblissement des contre-pouvoirs. Les oppositions à la réforme du système judiciaire dès janvier 2023 témoignent d’une dérive qui ne naît pas d’une situation exceptionnelle. Les pratiques autoritaires à l’œuvre dans la détention des Palestiniens ne sont pas des exceptions contenues, elles signalent une dérive profonde du régime dans son ensemble.

Le cas israélien invite peut-être à une conclusion qui le dépasse. L’évolution d’un régime carcéral constitue un indicateur privilégié de l’évolution du régime politique dans son ensemble. Les transformations des pratiques d’incarcération, des statuts de détention et des garanties procédurales ne sont pas de simples ajustements techniques mais donnent à voir les mutations profondes du rapport entre coercition, droit et pouvoir. C’est précisément ce que Foucault, Garland et d’autres théoriciens du carcéral nous ont appris à analyser.

La citation généralement attribuée à Dostoïevski conserve, dans ce cadre, toute sa valeur heuristique : « Nous ne pouvons juger du degré de civilisation d’une nation qu’en visitant ses prisons. » Elle rappelle que l’enfermement n’est jamais un objet marginal : il est, pour qui accepte de le regarder, l’un des révélateurs les plus sûrs de ce qu’un État fait du droit et de ceux qu’il gouverne.

The Conversation

Romain Lucas a reçu des financements de l’Université Laval.

ref. De la détention administrative à la peine de mort : l’évolution d’un droit d’exception israélien – https://theconversation.com/de-la-detention-administrative-a-la-peine-de-mort-levolution-dun-droit-dexception-israelien-284973