Cambio climático: los incendios y las inundaciones están creando zonas no asegurables en toda Europa

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Clotilde Cerdan Amiard, Profesora Asociada en Finanzas Sostenibles, IE University

En septiembre de 2024, graves inundaciones azotaron la localidad de Czechowice-Dziedzice, en el sur de Polonia. Ela73/Shutterstock

A medida que el cambio climático hace que los fenómenos meteorológicos extremos sean más intensos y frecuentes, las “zonas no asegurables” se están volviendo cada vez más comunes. Son una clara demostración de que los seguros –el mecanismo mediante el cual las sociedades modernas hacen frente a todo tipo de riesgos– no están estructuralmente preparados para esta nueva era climática.

Las zonas no asegurables se refieren a lugares en los que se ha vuelto imposible obtener un seguro de propiedad o costearlo. Esto puede suceder porque las aseguradoras no ofrecen cobertura en una zona de alto riesgo climático (debido a límites de cobertura o a la retirada del mercado), o porque ofrecen seguros con primas tan elevadas que la mayoría de los residentes simplemente no pueden pagarlas.

Uno de los ejemplos más claros de zona no asegurable hasta la fecha proviene de California. En 2024, State Farm, una de las mayores aseguradoras de viviendas de Estados Unidos, decidió no renovar 72 000 pólizas de seguro de hogar en todo el estado debido, en parte, al riesgo insostenible de incendios forestales.

No fue la única, ya que seis de las doce aseguradoras más grandes de California ya habían suspendido o restringido en gran medida la contratación de nuevas pólizas. Los propietarios que ya no pueden encontrar cobertura privada son derivados a la aseguradora de último recurso de California, el Plan FAIR, que pasó de tener alrededor de 271 000 pólizas en vigor en 2022 a más de 684 000 en marzo de 2026, lo que supone un aumento del 152 %.

Dado que ofrece menos cobertura que las pólizas de seguro privadas, el Plan FAIR nunca tuvo la intención de convertirse en un asegurador principal. Estuvo a punto de colapsar bajo el peso de las reclamaciones derivadas de los incendios forestales de Los Ángeles de enero de 2025, y solo sobrevivió gracias a un rescate de emergencia de 1 000 millones de dólares.

En Europa, crece la preocupación por la brecha de protección, es decir, la parte de las pérdidas por catástrofes que los seguros no cubren. Según la EIOPA, el regulador de seguros de la UE, el 75 % de las pérdidas económicas derivadas de catástrofes naturales en Europa históricamente no han estado aseguradas.

En Alemania, la asociación nacional de seguros ha advertido de que las primas podrían duplicarse en una década debido a las reclamaciones relacionadas con el clima.

En Francia, el plan nacional de catástrofes naturales, conocido como CatNat, lleva registrando déficit desde 2016, lo que ha llevado al Gobierno a aumentar el recargo obligatorio en todas las pólizas de seguro de propiedad del 12 % al 20 % en enero de 2025.

En resumen, los seguros tradicionales no están preparados para hacer frente a la realidad del cambio climático. Sin embargo, existen modelos alternativos que podrían ofrecer cobertura a las personas más expuestas al riesgo.




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¿De qué mecanismos disponemos?

Más allá de los seguros convencionales, han surgido dos instrumentos como herramientas para gestionar el riesgo climático a gran escala. El primero recurre a los mercados financieros para garantizar fondos antes de que se produzca el desastre. El segundo elimina por completo la necesidad de evaluar los daños.

  1. Bonos catástrofe: cuando las aseguradoras asumen riesgos demasiado grandes o impredecibles, los transfieren a las reaseguradoras, empresas que, en esencia, aseguran a las aseguradoras. Las reaseguradoras, a su vez, pueden transferir parte de ese riesgo a los mercados financieros a través de instrumentos como los bonos catástrofe, o “CAT bonds” en inglés.

    Introducidos a finales de la década de 1990, tras la devastación causada por el huracán Andrew en el estado estadounidense de Florida, los bonos CAT permiten a las reaseguradoras recaudar fondos de los inversores por adelantado. Esto garantiza que los fondos ya estén disponibles cuando se produzca un desastre de gran magnitud y fija los precios durante varios años.

  2. Seguro paramétrico: se trata de una cobertura que se abona automáticamente una vez que se supera un umbral predefinido (por ejemplo, cuando las precipitaciones superan un determinado nivel en una región concreta). Dado que no requiere una inspección física de los daños, el seguro paramétrico resulta especialmente útil en zonas remotas o en países en desarrollo donde la penetración de los seguros tradicionales es baja.

A pesar de estas innovaciones, sigue existiendo una brecha persistente entre los costes de las catástrofes relacionadas con el clima y lo que los seguros cubren realmente. Según un informe de la compañía de reaseguros Swiss Re, el 57 % de las pérdidas por catástrofes naturales a nivel mundial en 2024 no estaban aseguradas.

Dado que tanto las aseguradoras como las reaseguradoras tienen dificultades para ofrecer una cobertura suficiente para los eventos relacionados con el clima, los gobiernos se han visto sometidos a una presión cada vez mayor para cubrir esa brecha.




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El papel creciente del Estado

Mientras los mercados privados luchan por mantener el ritmo, los gobiernos están interviniendo, ya sea subvencionando directamente los seguros o creando planes público-privados que distribuyen el riesgo entre distintas zonas geográficas.

En 2016, el Gobierno del Reino Unido, en colaboración con el sector asegurador privado, creó Flood Re, un consorcio de reaseguro. Al compartir el riesgo en todo el mercado asegurador del Reino Unido, el programa pretende mantener los seguros contra inundaciones asequibles y disponibles en las zonas de alto riesgo.

Sin embargo, el plan está previsto que expire en 2039. Esto se basa en la premisa de que los años intermedios se utilizarán para invertir en defensas contra inundaciones y en la reducción de riesgos. Para cuando el programa finalice, el mercado privado será capaz de valorar el riesgo de inundaciones con precisión sin que la cobertura resulte inasequible. Pero existen crecientes dudas sobre si esa transición será factible.

El sistema CatNat de Francia funciona según un principio similar de solidaridad nacional, pero va un paso más allá: la cobertura contra desastres naturales es obligatoria y se incluye automáticamente en todas las pólizas de seguro de propiedad del país. Todos los asegurados franceses contribuyen al programa mediante un recargo obligatorio, independientemente de dónde vivan. El sistema ha cubierto más de 50 000 millones de euros en indemnizaciones desde 1982, pero a medida que se aceleran las pérdidas climáticas, el sistema está mostrando signos de tensión.

De manera similar, el plan de reaseguro público-privado de la UE propuesto tiene como objetivo agrupar los riesgos relacionados con el clima en toda la Unión Europea, aprovechando las economías de escala en una gama diversificada de riesgos y áreas geográficas. Los modelos sugieren que podría reducir la brecha de protección de Europa del 75 % a alrededor del 10 %, pero requeriría hasta 65 000 millones de euros en capacidad de respaldo procedente de fondos públicos para hacer frente a los fenómenos más extremos.

A medida que surgen estas soluciones innovadoras, una cosa está clara: las zonas no asegurables ya no son una perspectiva de un futuro lejano. Los daños relacionados con el clima siempre han existido, pero los mecanismos que creamos para absorber el riesgo climático se diseñaron para un clima más estable. A medida que esa estabilidad se erosiona, la cuestión ya no es si el sector público tendrá que desempeñar un papel más importante, sino con qué rapidez puede rediseñarse para hacerlo.

The Conversation

Además de su cargo académico, Clotilde Cerdan Amiard trabaja como consultora de estrategia e impacto en Neture, una consultora de impacto con sede en Madrid.

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La vida efímera del rock progresivo: la cultura de masas con voluntad de gran arte

Source: The Conversation – (in Spanish) – By José Luis López de Lizaga, Profesor titular de Filosofía, Universidad de Zaragoza

Una actuación en directo de _The Dark Side of the Moon_ en Earls Court (Londres), poco después de su lanzamiento en 1973: (de izquierda a derecha) Gilmour, Mason, Dick Parry, Waters TimDuncan/Wikimedia Commons, CC BY

Antes de que existiesen internet y las plataformas de streaming, comprar un disco de vinilo era como hacer una apuesta. A veces conocíamos el álbum o el grupo, pero otras veces no sabíamos nada y simplemente nos dejábamos seducir por las carátulas. Si el disco nos gustaba o no, si era bueno o malo, solo lo averiguaríamos al llegar a casa.

Yo tuve suerte con mi primera compra de un disco de rock progresivo en la mítica tienda de discos Madrid Rock. Fui a dar, casi por pura casualidad, con Selling England by the Pound, considerado el mejor álbum de Genesis y uno de los mejores del género progresivo en general. Han pasado casi cuatro décadas de aquella tarde, pero no he olvidado la impresión que me produjo aquella música extraña, compleja y bellísima cuando llegué a casa y pude reproducirla en mi tocadiscos.

La crítica cultural que el semiólogo Umberto Eco calificó de “apocalíptica”, y que encarnaba ejemplarmente el filósofo alemán Theodor W. Adorno, estableció una demarcación muy rígida entre el arte serio y la cultura de entretenimiento.

No obstante, Adorno era un observador agudo, y no pasó por alto que algunos fenómenos culturales se sustraían a esa dicotomía. Diagnosticó, por ejemplo, el envejecimiento de la vanguardia musical del siglo XX que él mismo había defendido siempre. También lamentó su transformación en una producción mecanizada y rutinaria de herméticas composiciones destinadas al reducido público de los festivales de música contemporánea. Entretenida no sería aquella música, pero tampoco era ya muy seria.

En cambio, no previó la posibilidad de que brotasen obras genuinas, originales y estéticamente ambiciosas en el campo de la cultura de masas, un terreno que él juzgaba incurablemente estéril para el gran arte.

El origen de una fusión

Imagen en la calle de la portada de un álbum en la que se ve un dibujo de la cara de un hombre con la boca abierta, gritando.
Imagen en la calle de la portada del Álbum In The Court Of The Crimson King de King Crimson.
Ceescamel/Wikimedia Commons, CC BY-SA

¿Hubiera sabido reconocer Adorno el valor estético de un género musical que surgió en el Reino Unido en el año de su muerte y que alcanzó su efímero apogeo poco después? En 1969 vio la luz el álbum seminal de King Crimson, titulado In the Court of the Crimson King, considerado por muchos el primer disco de rock progresivo. Este álbum contenía ya los principales ingredientes del género: una estética musical más bien fría, incluso sombría, cierto barroquismo y gigantismo en las composiciones, una vocación vanguardista y experimental, y la inequívoca ambición de elevar el rock a la categoría de gran arte.

Para todo hay un precedente, y este género se inspiró en la psicodelia, el pop y el rock británicos de la década de 1960. Pero en lo sustancial fue un estilo completamente nuevo que aspiraba conscientemente a derribar la barrera entre el arte serio y la cultura de masas. Lo hacía, sin embargo, partiendo de esta última, es decir, de la cultura juvenil y de la música compuesta e interpretada con guitarras y bajos eléctricos, sintetizadores y baterías.

Nada, o muy poco, tienen que ver con cualquier otra cosa compuesta antes o después los extensos y complicadísimos temas concebidos por la constelación de grupos que emergieron entonces. Muchos de ellos han caído en un relativo olvido: son pocos quienes hoy recuerdan a Soft Machine, Van der Graaf Generator, Camel, incluso a Jethro Tull y Emerson, Lake & Palmer. Pero los más importantes –Genesis,Yes, Pink Floyd y King Crimson– se ganaron un puesto en la historia del rock por su brillante producción durante un breve periodo que ni siquiera abarca toda la década de los 70.

Cinco fotos en blanco y negro de cinco músicos de una banda tocando sus instrumentos y colocados en una especie de collage.
Foto de prensa de la banda Yes de 1973. De izquierda a derecha y de arriba a abajo, Chris Squire, Jon Anderson, Rick Wakeman, Alan White y Steve Howe.
Atlantic Records

Cada una de aquellas bandas se aproximaba a diferentes corrientes musicales de una época especialmente creativa: King Crimson orbitaba hacia el rock duro y el jazz experimental, Genesis se inclinaba hacia el glam y el pop, Yes entroncaba con el glam y el rock –pero no con el pop– y Pink Floyd lindaba con el rock y el pop, pero no con el glam.

Estos parentescos más o menos lejanos no rebajan la originalidad de la música progresiva. Tampoco explican las atmósferas misteriosas e insólitas que fueron capaces de crear unos músicos que parecían abordar la composición de un álbum de rock con la misma ambición con la que Mahler componía sus sinfonías.

Auge y final del género

Ciertamente, el rock progresivo era cultura de masas, y los conciertos de estas bandas llenaban teatros y estadios. Pero la autoexigencia y el ascetismo de este género musical parecían contagiarse de algún modo a las personalidades de sus intérpretes. Estos –a excepción, quizás, de Peter Gabriel, líder de Genesis– transmitían una imagen de profesionalidad bastante alejada del histrionismo y el divismo de otras estrellas del rock de la época.

Esta relativa austeridad personal se correspondía con el intelectualismo y la abstracción de unas composiciones musicales que se inspiraban en la literatura y la mitología (como en Genesis), se alejaban de los temas sentimentales y eróticos omnipresentes en el rock y el pop, y se atenían a un tono emocional más bien frío (o gélido, como en Pink Floyd y King Crimson) incluso cuando eran exuberantes (como en Yes).

Un hombre disfrazado de una especie de hombre con furúnculos actúa en un escenario.
Genesis (con Peter Gabriel disfrazado) actuando en noviembre de 1974.
tony morelli/Wikimedia Commons, CC BY-SA

Su éxito no duró mucho. El denso material de aquellos temas, que con frecuencia ocupaban toda una cara de un disco de vinilo, fue desmembrándose en elementos más fáciles de digerir por el público. Así, el rock progresivo terminó diluyéndose en las corrientes que ejercían una mayor fuerza de atracción desde las posiciones contiguas del campo musical, como el pop y el rock.

Para confirmarlo basta con observar la evolución de estos grupos. Peter Gabriel abandonó Genesis en 1975, y bajo el liderazgo de Phil Collins el grupo derivó lentamente hacia un estilo pop que le cosecharía sus mayores éxitos en los años 80 y primeros 90. Algo similar sucedió con Yes, cuyas composiciones pop de la década de 1980 apenas guardan relación con sus primeros álbumes. King Crimson siempre eludió esa vía, pero desde finales de los 70 su sonoridad cambió para aproximarse sucesivamente a las heterogéneas exploraciones estéticas de su inquieto líder, Robert Fripp.

Pink Floyd tal vez sea el grupo que mejor supo mantener su personalidad original cuando concluyó la era dorada del género progresivo. Pero su supervivencia –que atravesó incluso una traumática ruptura de Roger Waters con el resto de la banda– exigió también el pago de un tributo a la comercialidad, como muestran álbumes muy exitosos como The Wall (1979) o A Momentary Lapse of Reason (1987).

El punk, que irrumpió al final de la década, probablemente contribuyó también a la liquidación de un género cuyo virtuosismo e impronta universitaria resultaban demasiado exquisitos para un público juvenil que demandaba una música más simple, airada e irreverente.

Visto en perspectiva, el rock progresivo puede considerarse como una vía muerta, algo así como el ars subtilior de la cultura popular del siglo XX. No obstante, el oyente que se asoma a esta música a medio siglo de distancia de su fugaz apogeo siente la extraña nostalgia que a veces provocan las imágenes de ciencia ficción retrofuturista: una nostalgia de mundos que nunca existieron ni existirán, pero que podrían haber existido.

Y es que en aquella música inigualable se anunció durante un breve periodo de tiempo la reconciliación de la alta cultura con el arte de masas, o el surgimiento de una cultura popular que aspiraba a estar a la altura del gran arte, y que lo logró en sus mejores frutos.


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The Conversation

José Luis López de Lizaga no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

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Más allá del hantavirus: las zoonosis que sí están presentes en España

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Raúl Pérez Caballero, Profesor de Parasitología y Enfermedades Parasitarias, Universidad de León

El mosquito común (_Culex pipiens_) es el principal transmisor del virus del Nilo Oriental. asadykov/Shutterstock

El pasado fin de semana, el Ministerio de Sanidad de España daba por cerrado el brote de hantavirus, detectado en un crucero en mayo, después de que todos los afectados finalizaran la cuarentena o recibieran el alta hospitalaria. Terminaba por lo bajini una crisis que durante una semana recibió una enorme atención mediática. Esta historia nos muestra el creciente interés que existe alrededor de las enfermedades transmitidas por animales (zoonosis), pero también nos recuerda que no se les hace el mismo caso a todas. De hecho, hay ejemplos de zoonosis ya presentes en España que pasan desapercibidas pese a su mayor impacto.

Comprender cómo se producen ayuda a valorar mejor los riesgos reales y evita interpretaciones alarmistas.

El riesgo y la atención mediática no siempre coinciden

En la transmisión de zoonosis intervienen distintos animales. Mosquitos, garrapatas y roedores forman parte de nuestro entorno urbano y, en determinadas circunstancias, pueden contagiar enfermedades.

Sin embargo, la presencia de un animal no implica necesariamente un riesgo directo de infección. Mientras que los llamados “reservorios” permiten que el microorganismo causante de la enfermedad se mantenga en la naturaleza, son los “vectores” los que transportan al patógeno hasta las personas.

Las zoonosis no son un fenómeno nuevo: el 60 % de las patologías humanas tienen un origen animal. Esto ocurre porque compartimos una parte importante de nuestra biología con otras especies y porque convivimos con ellas desde hace miles de años. En determinadas circunstancias, algunos microorganismos son capaces de superar las barreras entre especies y adaptarse a nuevos hospedadores (nosotros).

La atención mediática que reciben estas enfermedades no siempre refleja su impacto real sobre la salud pública. Algunas zoonosis poco frecuentes generan una gran repercusión porque aparecen en contextos llamativos o inesperados, y el reciente interés por el hantavirus es un ejemplo de ello.

Mientras tanto, otras enfermedades transmitidas por mosquitos, flebótomos o garrapatas reciben menos atención pese a estar presentes en España desde hace años.

Esta diferencia puede distorsionar la percepción del riesgo. En muchos casos, el miedo se centra en determinados animales, cuando la transmisión depende de múltiples factores ambientales, ecológicos y sociales.

Comprender esta complejidad permite interpretar mejor este tipo de amenazas sin caer en alarmismos innecesarios.

Las zoonosis urbanas que sí preocupan en España

Normalmente, las zoonosis se asocian a entornos exóticos o lejanos. Sin embargo, algunas de las que más preocupan en España están relacionadas con animales y vectores presentes en nuestro entorno cotidiano.

Uno de los ejemplos más conocidos es el virus del Nilo Occidental. Este patógeno circula principalmente entre aves y mosquitos, pero en determinadas circunstancias también puede infectar a humanos y otros mamíferos.

En los últimos años se han detectado brotes y casos esporádicos en distintas zonas de España. La mayoría de las infecciones pasan desapercibidas o producen síntomas leves, pero en una pequeña proporción de casos pueden aparecer complicaciones neurológicas que requieren atención médica.

Las garrapatas representan otro ejemplo relevante. Algunas especies pueden transmitir bacterias responsables de patologías como la enfermedad de Lyme, y otras participan en la transmisión del virus de la fiebre hemorrágica de Crimea-Congo.

Aunque los casos humanos son poco frecuentes, la gravedad que puede alcanzar la enfermedad ha convertido su vigilancia en una prioridad sanitaria. Su expansión se relaciona con el aumento de temperaturas y con cambios en los ecosistemas.

La leishmaniasis también forma parte de las zoonosis presentes en áreas urbanas y periurbanas españolas. Transmitida por flebótomos (un diminuto insecto parecido a un mosquito), encuentra en el perro uno de sus principales reservorios. Aunque se conoce sobre todo por su importancia veterinaria, también puede afectar a humanos y forma parte de la vigilancia sanitaria.

Los roedores urbanos constituyen otro ejemplo de convivencia cotidiana con animales capaces de mantener y diseminar algunos patógenos. En general, el riesgo de transmisión es bajo en contextos con buenas condiciones sanitarias.

Aun así, estos animales pueden participar en la diseminación de bacterias como Leptospira y Salmonella en zonas con problemas de saneamiento o acumulación de residuos.

En todos estos casos, el riesgo depende de múltiples factores ambientales, ecológicos y sociales. La simple presencia de estos animales no implica necesariamente un peligro inmediato.

Por qué están aumentando estas enfermedades

En los últimos años algunos factores ambientales y sociales han favorecido la expansión de ciertos vectores y zoonosis.

Uno de los factores más importantes es el cambio climático. El aumento de temperaturas y las modificaciones en las precipitaciones favorecen la expansión de mosquitos, garrapatas y otros vectores hacia zonas donde antes eran menos frecuentes. Los inviernos más suaves también facilitan su supervivencia durante más tiempo.

La urbanización desempeña otro papel importante. La expansión de áreas urbanas y periurbanas aumenta las zonas de contacto entre personas, animales domésticos y fauna silvestre.

Al mismo tiempo, algunos vectores se adaptan con facilidad a estos entornos. Pueden encontrar en las ciudades condiciones favorables para completar su ciclo de vida. La disponibilidad de refugios, agua y alimento facilita su presencia cerca de las personas y aumenta las oportunidades de contacto entre vectores, animales y humanos.

A esto se suma la movilidad humana y animal. Los viajes y el transporte de mercancías pueden facilitar la llegada de vectores y patógenos a nuevas regiones. Algunos de estos organismos encuentran después condiciones favorables para establecerse y expandirse en los nuevos territorios.

Sin embargo, el aumento del riesgo no significa que exista una amenaza constante: los sistemas de vigilancia epidemiológica y control vectorial permiten detectar cambios en la circulación de estos patógenos y reducir su impacto sobre la población.

Las zoonosis recuerdan que la salud humana, la salud animal y el medioambiente están estrechamente conectados. En un contexto marcado por cambios climáticos, urbanos y ecológicos, comprender cómo circulan los patógenos procedentes de animales resulta cada vez más importante.

Más que centrar la atención en amenazas puntuales, conocer cómo se transmiten estas enfermedades permite interpretar mejor los riesgos reales y reforzar las estrategias de vigilancia y prevención que protegen la salud pública.

The Conversation

Raúl Pérez Caballero no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

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¿Qué les ocurre a los animales durante un eclipse solar?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Esther Isorna Alonso, Profesora de Fisiología Animal, Universidad Complutense de Madrid

“Las aves caían del cielo y dejaban de cantar”, reza la primera observación registrada de un animal respondiendo a un eclipse solar, que data de mediados del siglo XVI.

Observaciones más recientes realizadas en zoológicos y en entornos naturales describen cambios de comportamiento en distintos grupos de animales, desde invertebrados hasta primates. Sin embargo, el análisis científico de los posibles efectos de un eclipse solar en los seres vivos es una tarea muy compleja que requiere la utilización de avances tecnológicos más allá de las meras observaciones.

¿Qué les pasará a los animales el 12 de agosto de 2026, cuando durante unos minutos en pleno día, la oscuridad repentina alterará de forma breve pero intensa el paisaje, la temperatura, el viento o la humedad relativa?

Los relojes biológicos: cómo la luz organiza la vida

Todos los organismos estudiados hasta la fecha, desde algas unicelulares hasta mamíferos, muestran ritmos en su comportamiento y fisiología sincronizados con los ciclos geofísicos ambientales. El más importante es el ciclo diario de luz y oscuridad que regula procesos tan diversos como los ciclos de sueño y vigilia, la actividad locomotora, la alimentación, la temperatura corporal o la secreción hormonal.

Muchos de estos ritmos no son simples respuestas pasivas a los cambios del ambiente. Los organismos poseemos mecanismos internos capaces de medir el paso del tiempo, conocidos como relojes biológicos o circadianos, que forman el conocido sistema circadiano.

Su función principal es permitir la anticipación de los cambios cíclicos del entorno, de modo que la fisiología y el comportamiento puedan ajustarse antes de que dichos cambios ocurran. Esta capacidad de organizar temporalmente la actividad del organismo supone una importante ventaja adaptativa, ya que optimiza procesos como la búsqueda de alimento, el descanso, la reproducción o la evitación de depredadores.

El término circadiano procede del latín circa diem (“alrededor de un día”), ya que estos ritmos presentan periodos cercanos a las 24 horas. Durante décadas, se desconocía cómo funcionaban estos relojes, pero el descubrimiento de los primeros “genes reloj” –instrucciones genéticas que regulan estos ritmos– hace unos 40 años reveló su base molecular. La característica más sorprendente de estos osciladores es que pueden seguir funcionando incluso en ausencia de señales externas, lo que nos permite mantener una referencia temporal interna.

No obstante, los relojes circadianos no funcionan de forma aislada. Para mantenerse ajustados al tiempo real necesitan sincronizarse continuamente con el entorno. La principal señal para esta puesta en hora es la luz del amanecer, que modifica la actividad de los genes reloj y reajusta cada día los osciladores internos para que permanezcan sincronizados con el ciclo diario de luz y oscuridad. La noche, sin embargo, es menos relevante para esa “puesta en hora”.

Por ello, en el eclipse que observaremos en la península ibérica, al ser próximo al anochecer natural, la señal será menos discordante para el sistema circadiano que si ocurriera en pleno mediodía. Así, se espera que sus efectos sobre la organización temporal interna sean aún menores.

De nadar menos a volver a la colmena

Aunque la duración de un eclipse solar es demasiado breve para alterar los relojes biológicos y, además, probablemente, la mayoría de los animales experimentarán este fenómeno solo una vez en su vida, estudios publicados en las últimas décadas en grupos muy diversos de animales muestran que un eclipse solar total puede desencadenar en ellos respuestas inmediatas.

En los ecosistemas acuáticos, numerosos organismos utilizan la luz para regular su posición en la columna de agua. De forma particular, los microorganismos que constituyen el zooplancton realizan migraciones verticales diarias, para optimizar su alimentación y reducir el riesgo de depredación. Durante algunos eclipses, se han observado ascensos temporales de ciertos microrganismos marinos pelágicos –en aguas abiertas, sin contacto directo con el fondo marino–, aumentos de la bioluminiscencia, reducción del movimiento natatorio de ciertos peces, menos movilidad en la columna de agua e, incluso, cambios de la coloración de su superficie corporal.

Los insectos terrestres también muestran respuestas rápidas a la desaparición de la luz. En general, los diurnos, como las mariposas o las hormigas, suelen reducir su actividad, descienden al suelo o buscan refugio. Por el contrario, algunas especies nocturnas pueden comenzar a activarse: grillos que emiten sonidos característicos de la noche, polillas que emergen de sus escondites diurnos, escarabajos peloteros que detienen su actividad y se entierran o luciérnagas que emiten destellos de luz e inician sus rituales de apareamiento.

Las abejas son un grupo especialmente interesante, dada la relevancia que tiene la luz solar en su ciclo diario vital. Durante la oscuridad total de un eclipse, se han registrado caídas drásticas de su actividad recolectora de néctar, regresando a la colmena como si el día hubiese acabado. De forma muy interesante, los vuelos de las abejas obreras durante las fases parciales del eclipse duraron más tiempo que los habituales con luz solar, demostrando una extraordinaria plasticidad de comportamiento para ajustar su actividad de vuelo a los cambios en la intensidad de luz durante el eclipse.

La influencia en el vuelo y el canto de las aves

Por su parte, algunas aves reducen su actividad de vuelo durante el tiempo de oscuridad total de un eclipse, con una rápida recuperación cuando reaparece la luz solar.

Incluso, ciertas especies disminuyen o interrumpen el canto diurno, cesan la actividad de alimentación y, en algunos casos, regresan temporalmente a los lugares donde normalmente descansan por la noche. Además, estas reacciones son más pronunciadas si el eclipse ocurre durante su estación reproductora.

Se ha descrito que, una vez finalizado el eclipse, gorriones, mirlos, estorninos y otras aves urbanas vuelven a cantar como si estuviera amaneciendo de nuevo. No obstante, estas respuestas difieren mucho entre individuos de una misma especie (algunos aumentan sus patrones de vocalizaciones durante el eclipse) y entre especies distintas (algunas parecen ignorar el fenómeno, especialmente, si la oscuridad no alcanza niveles comparables a los del crepúsculo habitual).

Teniendo en cuenta que el máximo de oscurecimiento durante un eclipse apenas dura unos minutos y que el resto del tiempo la intensidad lumínica es similar a la que las aves podrían experimentar durante un día nublado, no debe sorprendernos esta falta de consistencia en la respuesta de las aves al evento. En este sentido, sabemos que en el control de sus vocalizaciones intervienen reguladores endógenos (niveles hormonales) y una amplia variedad de factores ambientales además de la intensidad lumínica, sin contar las interacciones con otras aves o animales (incluyendo los seres humanos). Por todo ello, no podemos determinar si es la ausencia de luz la que determina las respuestas observadas o una combinación de los distintos factores que intervienen.

De la indiferencia de tu perro a la ansiedad de algún primate

En el caso de los mamíferos, los estudios realizados describen respuestas muy variables y de difícil generalización.

Algunos mamíferos nocturnos, como los murciélagos, abandonan sus refugios durante eclipses totales y vuelven rápidamente a sus comportamientos habituales al regresar la luz solar.

También sabemos que los animales de granja (ganado vacuno y ovino) interrumpen el pastoreo y se desplazan hacia sus establos, interpretando el eclipse como una transición hacia la noche. Las mascotas (perros y gatos) suelen mostrar indiferencia general (están muy adaptados a la luz artificial humana), aunque algunos parecen percibir la alteración ambiental y permanecen atentos a los cambios de comportamiento de las personas que los rodean.

Las observaciones realizadas en zoológicos describen diversos cambios comportamentales en los primates: algunas especies parecen iniciar conductas asociadas al anochecer, aunque mayoritariamente responden con signos de ansiedad generalizada (agrupamiento defensivo, vocalizaciones de alerta), como si estuvieran ante una situación estresante. Posiblemente, esta respuesta de ansiedad durante el eclipse no sea atribuible al propio eclipse, sino a la reacción de los humanos que les contemplan durante el mismo.

Sin desajuste de relojes biológicos

Los eclipses son acontecimientos impredecibles y demasiado raros para haber favorecido mecanismos de adaptación en los animales. Si fuese ventajoso responder a los cambios instantáneos asociados a ese fenómeno, todos los individuos de una especie mostrarían la misma respuesta adaptativa, pero no es así.

Lo que observamos durante un eclipse no son animales con relojes biológicos desajustados, sino respuestas fisiológicas inmediatas para afrontar un cambio ambiental excepcional. En cronobiología, este fenómeno se conoce como masking: la luz o la oscuridad modifican directamente el comportamiento sin alterar necesariamente los relojes internos, que continúan marcando la hora correcta.

En cierto modo, un eclipse solar representa un experimento natural extraordinario, una breve “confusión” que, sin cambiar las reglas biológicas que gobiernan el comportamiento animal, nos permite observar los engranajes del tiempo biológico en funcionamiento de una forma tan espectacular como poco frecuente.

Esquema sobre cómo influye un eclipse en los seres vivos.
Esther Isorna, María Jesús Delgado.

Este artículo fue publicado previamente por la Oficina de Transferencia de Conocimiento (OTC) de la Universidad Complutense de Madrid (UCM).

The Conversation

Esther Isorna Alonso recibe fondos del Ministerio de Ciencia e Innovación PID2022-136288OB-C32

(MCIN/AEI//https://doi.org/10.13039/501100011033)

María Jesús Delgado Saavedra recibe fondos del Ministerio de Ciencia e Innovación PID2022-136288OB-C32

(MCIN/AEI//https://doi.org/10.13039/501100011033)organización

– ref. ¿Qué les ocurre a los animales durante un eclipse solar? – https://theconversation.com/que-les-ocurre-a-los-animales-durante-un-eclipse-solar-285862

Viajes de fin de curso: ¿experiencia educativa o solo fiesta?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Paola Alexandria Pinto de Magalhães, Investigador – Facultad de Enfermería – Desarrollo Positivo de Niños y Adolescentes, Universidad de Navarra

oneinchpunch/Shutterstock

Pocos acontecimientos generan tanta expectación en la adolescencia como los viajes de fin de curso. Estar lejos de casa, compartir tiempo con amigos y disfrutar de una sensación inédita de libertad convierte estos viajes en experiencias especialmente intensas. Para muchos jóvenes representan una de las primeras oportunidades de desenvolverse con mayor autonomía, tomar decisiones propias y relacionarse con sus iguales fuera de los contextos habituales de supervisión.

Precisamente por ello, los viajes de fin de curso constituyen un escenario privilegiado para el desarrollo de la identidad, la autonomía y la responsabilidad. Sin embargo, no todos ofrecen las mismas oportunidades ni generan los mismos resultados. La clave no está únicamente en viajar, sino en cómo se organiza el tiempo durante esos viajes.

Tiempo libre, con y sin estructura

El tiempo libre desempeña un papel crucial en el desarrollo psicosocial de los adolescentes. Las actividades de ocio pueden clasificarse como estructuradas o no estructuradas.

Al primer grupo pertenecen los deportes de equipo o deportes individuales, el voluntariado, la participación en grupos juveniles de música, teatro u otras actividades culturales y religiosas, que se caracterizan por ser organizadas, supervisadas y orientadas a objetivos.

Por el contrario, las actividades no estructuradas incluyen tiempo sin supervisión y actividades menos organizadas, como pasar el rato con amigos o dedicar largas horas a actividades sin una finalidad concreta.

Estructura no es falta de libertad

La diferencia entre ambos tipos de ocio no radica en la cantidad de libertad que ofrecen, sino en el contexto en el que los adolescentes ejercen esa libertad. La estructura no implica controlar cada movimiento, sino proporcionar oportunidades para desarrollar progresivamente la autonomía y asumir responsabilidades en un entorno seguro.

En este contexto, los viajes de fin de curso concentran largos periodos de tiempo libre compartido entre iguales, frecuentemente con menor supervisión y menor estructura que en otros contextos cotidianos. Estas características los convierten en un escenario interesante para analizar cómo la organización del tiempo libre puede influir en el comportamiento adolescente.

Factores de riesgo y toma de decisiones

Cuando el tiempo libre carece de estructura, aumentan determinados factores de riesgo. Estar fuera de casa reduce las normas percibidas: aquello que los adolescentes no harían en su entorno habitual puede percibirse como más aceptable durante el viaje. Además, el incremento de horas de convivencia entre iguales intensifica la influencia del grupo, que se convierte en referencia constante para la toma de decisiones.

El viaje crea un contexto psicológico donde determinadas conductas pueden ser más aceptadas y esperadas. Aunque no todos los adolescentes participan en ellas, tanto la probabilidad como la intensidad de ciertos comportamientos de riesgo aumentan.

Convivencia con iguales y con redes sociales

A esta dinámica grupal se suma el papel de las redes sociales. Durante los viajes, los adolescentes suelen compartir imágenes, vídeos y experiencias, lo que puede incrementar la presión social, la necesidad de aprobación y fenómenos como el miedo a perderse algo (FOMO).




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La búsqueda de validación social, junto con la exposición constante a contenidos compartidos por los pares, puede favorecer conductas impulsivas o de mayor riesgo. Además, un mayor tiempo de pantalla durante estos periodos se ha asociado con consumo de sustancias, conductas sexuales de riesgo y comportamientos problemáticos en línea, como el sexting o el ciberacoso.

La evidencia muestra además que esas conductas rara vez aparecen de forma aislada. El consumo de alcohol y drogas, los comportamientos sexuales de riesgo y las actividades problemáticas en entornos digitales suelen agruparse y formar parte de un mismo patrón favorecido por la desinhibición, la influencia del grupo y una menor percepción del peligro.

Una oportunidad para crecer

Sin embargo, concluir que los viajes son negativos sería un error. De hecho, pueden constituir una extraordinaria oportunidad educativa. Permiten interactuar con nuevos entornos, favorecen la apertura a la diversidad, fomentan actitudes interculturales y contribuyen al desarrollo personal del adolescentes.

Algunos modelos, como el turismo educativo, suelen combinar experiencias atractivas para los jóvenes con actividades estructuradas y objetivos formativos. Este tipo de propuestas se asocia con oportunidades para desarrollar la autonomía, fortalecer la identidad y el bienestar y adquirir competencias personales y sociales. Sin embargo, este enfoque no es habitual en muchos de los viajes de adolescentes.

Cómo equilibrar diversión y aprendizaje

Es, pues, posible organizar la experiencia de un viaje de fin de curso de manera que, además de pasarlo bien, los jóvenes maduren y aprendan, incorporando actividades estructuradas, espacios de participación y responsabilidades adaptadas a la edad, y evitando los periodos excesivamente de ocio no estructurado, ya que aumentan la probabilidad de que aparezcan conductas impulsivas y dinámicas grupales negativas.




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Desde los centros educativos resulta importante planificar actividades significativas, reducir tiempos vacíos críticos y establecer normas claras; también que los propios interesados participen en el diseño de las actividades, para que respondan a sus intereses y necesidades: senderismo, acampada, debates guiados para reflexionar sobre las experiencias, además de los mencionados deportes y juegos de equipo, voluntariado o actividades culturales.

Desde la familia, es esencial educar en la toma de decisiones, fomentar fortalezas personales y preparar a los adolescentes para gestionar la presión del grupo y los riesgos asociados al entorno digital.

Intensificadores de lo bueno

Los viajes de fin de curso son contextos donde se intensifican muchas de las dinámicas propias de la adolescencia: la búsqueda de independencia, la construcción de la identidad, la influencia de los iguales y la toma de decisiones. Entender cómo funcionan estos entornos no busca alarmar, sino orientar y mejorar su diseño.

Porque los adolescentes no necesitan menos autonomía; necesitan contextos mejor pensados para aprender a ejercerla. Y cuando la libertad se acompaña de estructura, los viajes pueden convertirse en una auténtica oportunidad educativa.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

– ref. Viajes de fin de curso: ¿experiencia educativa o solo fiesta? – https://theconversation.com/viajes-de-fin-de-curso-experiencia-educativa-o-solo-fiesta-284974

Los desastres naturales desestabilizan las finanzas públicas, sobre todo en las economías en desarrollo

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Elena Ferrer Zubiate, Profesora Titular de Universidad. Departamento de Gestión de Empresas, Universidad Pública de Navarra, Universidad Pública de Navarra

Desbordamiento del río Po en el municipio italiano de Castelvetro Piacentino, en el norte de Italia. columbo.photog/Shutterstock

Cuando un desastre natural irrumpe en una región, la atención se centra, lógicamente, en las víctimas y los daños materiales. Pero hay otra dimensión menos visible y que cada vez gana más importancia: la financiera.

Desde el mundo académico se ha comenzado a explorar si los desastres naturales también influyen en el riesgo crediticio de los estados. Es decir, en su capacidad para endeudarse y en las condiciones en que lo hacen. Veamos qué nos dicen hasta ahora esos estudios y qué preguntas quedan aún abiertas.




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Por qué un desastre puede complicar las finanzas públicas

Tras una catástrofe, los gobiernos suelen aumentar el gasto en rescate, reconstrucción y ayudas a los afectados. Esto puede elevar el déficit y con él, el nivel de deuda pública. Si los mercados financieros perciben que esa deuda es menos sostenible, el coste de financiación del estado tiende a subir.

Este mecanismo depende de muchos factores: la magnitud del desastre, la situación previa de las finanzas públicas, la capacidad institucional del país o el acceso a seguros y ayuda internacional. Según el informe global para 2025 de la Oficina de las Naciones Unidas para la Reducción del Riesgo de Desastres (UNDRR), la factura global de esos eventos podría acercarse a los 2,3 billones de dólares anuales (aunque estas estimaciones deben interpretarse con cautela por la cantidad de variables incluidas).

Qué dice la investigación: primeras evidencias

Los estudios pioneros apuntan a que la conexión existe, aunque los efectos varían según el tipo de catástrofe y el contexto económico del país. Algunas investigaciones sugieren que los desastres geofísicos (terremotos, erupciones volcánicas, deslizamientos de tierra, avalanchas) y meteorológicos (olas de calor, huracanes, tornados) tienden a elevar la prima de riesgo de los países (la tasa a la que se financian en los mercados internacionales) tanto a corto como a largo plazo. En cambio, los eventos hidrológicos (sequías, inundaciones) muestran efectos más transitorios.

En el caso de los países del Caribe, la exposición recurrente a huracanes puede limitar la capacidad de los gobiernos para emitir deuda en condiciones favorables. En Europa, un análisis de 92 desastres en 17 países entre 2007 y 2021 generó reacciones distintas en los mercados de deuda soberana: el impacto varía según la región y el tipo de calamidad.

El impacto sobre el riesgo soberano es mayor en los países de Europa del Sur y Europa del Este, mientras que Europa Occidental muestra efectos más moderados y Europa del Norte los menores. Los desastres geofísicos y climatológicos (terremotos, incendios, corrimientos de tierra, erupciones volcánicas) generan los mayores aumentos del riesgo soberano, superando a los hidrológicos y meteorológicos (sequías, lluvias extremas, inundaciones).

Se trata de un tipo de investigación joven y con matices. Ni todos los desastres tienen el mismo impacto, ni todos los países reaccionan igual.




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Un riesgo global, no solo local

Una de las conclusiones más relevantes de este estudio es que los desastres naturales no son eventos aislados. Sus consecuencias financieras se contagian. Cuando un país sufre una catástrofe, los inversores que tienen deuda de países vecinos o con economías similares también se ponen en alerta.

Un estudio reciente del Banco de Pagos Internacionales (BIS, por sus siglas en inglés) sobre 52 economías entre los años 2000 y 2023 confirma que los riesgos físicos (daños directos a personas e infraestructuras) y los riesgos de transición (impactos económicos derivados de la transición ecológica) provocados por el cambio climático se trasladan a los rendimientos de los bonos soberanos, con efectos más pronunciados en economías en desarrollo y en países con altas emisiones.

Más expuestos y con menos recursos

Las investigaciones sugieren que las economías en desarrollo podrían ser más vulnerables a estos efectos al tener:

  • Menor margen fiscal para absorber daños imprevistos (menos fondos disponibles, capacidad para endeudarse o flexibilidad en sus presupuestos).

  • Acceso más limitado a instrumentos y mecanismos para identificar, evaluar, controlar y mitigar amenazas, proteger sus recursos, anticipar impactos negativos y tomar decisiones informadas frente a la incertidumbre.

  • Infraestructuras más frágiles.

Un análisis del Fondo Monetario Internacional (FMI) sobre 164 países estima que una sequía puede reducir el crecimiento del PIB en economías emergentes alrededor de 1,4 puntos porcentuales y deteriorar el saldo primario (la diferencia entre los ingresos tributarios de un Estado y lo que gasta en sus políticas públicas y en pagar a sus funcionarios). En cambio, en economías avanzadas el efecto fiscal es menos pronunciado.

En una línea similar, otro trabajo con datos de 98 países observa que los más vulnerables al cambio climático tienden a pagar más por financiarse en los mercados, aunque la causalidad es compleja y difícil de aislar.

El cambio climático como factor de riesgo financiero

Si los desastres naturales pueden afectar al riesgo soberano hoy, el cambio climático plantea preguntas sobre lo que podría ocurrir a largo plazo. Una simulación reciente sobre las calificaciones crediticias de 109 países sugiere que, bajo escenarios de altas emisiones, podrían producirse rebajas de calificación en varias decenas de países hacia 2030, con incrementos potenciales en el coste de la deuda soberana.

Estas proyecciones, que se basan en modelos matemáticos (con su correspondiente incertidumbre), muestran una tendencia que los gestores de riesgo y los responsables de diseñar las políticas económicas tienen cada vez más en cuenta.

Investigación en curso, preguntas abiertas

Los estudios sobre la conexión entre desastres naturales y riesgo soberano son relativamente recientes y requieren más evidencias, pero apuntan en una dirección clara: las consecuencias de una catástrofe natural no se limitan a los daños inmediatos, sino que pueden extenderse a la capacidad de un país para financiarse, lo que va a influir en su desarrollo a largo plazo. Entender mejor esa relación es, en sí mismo, una forma de prepararse para el día después.

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Elena Ferrer Zubiate recibe fondos del proyecto de investigación de Fundación Ramón Areces – XXIII Concurso Nacional para la Adjudicación de Ayudas a la Investigación en Ciencias Sociales

Francisco J. López Arceiz no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. Los desastres naturales desestabilizan las finanzas públicas, sobre todo en las economías en desarrollo – https://theconversation.com/los-desastres-naturales-desestabilizan-las-finanzas-publicas-sobre-todo-en-las-economias-en-desarrollo-264209

Terremotos en Venezuela: así se produjo el “doblete sísmico” que puede causar réplicas durante semanas

Source: The Conversation – (in Spanish) – By María Belén Benito Oterino, Catedrática en el área de Mecánica de los Medios Continuos y Teoría de Estructuras de la Escuela Técnica Superior de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos, Universidad Politécnica de Madrid (UPM)

Consecuencias de los dos terremotos del 24 de junio en Caracas. Mytaj1/Shutterstock

Este miércoles, 24 de julio, dos terremotos de magnitud superior a 7 sacudieron Venezuela con una diferencia de apenas 39 segundos. Primero se produjo un sismo de magnitud 7,2 y, poco después, otro de 7,5. Más que dos terremotos independientes, los registros indican que se trató de un fenómeno poco frecuente denominado doblete sísmico: dos grandes terremotos muy próximos en el tiempo y el espacio. Esta secuencia constituye un excelente ejemplo de cómo pueden interactuar las fallas activas.

Diferentes secuencias sísmicas

En la mayoría de las secuencias sísmicas, un terremoto principal libera gran parte de la energía acumulada durante décadas o siglos en una falla geológica, una fractura en la corteza terrestre a lo largo de la cual se desplazan dos bloques de roca.

Después se producen réplicas de menor magnitud mientras la corteza terrestre alcanza un nuevo equilibrio. Pero en un doblete sísmico ocurre algo diferente: dos terremotos de magnitud similar rompen casi consecutivamente en segmentos distintos de un sistema de fallas.

Las fallas no funcionan necesariamente como estructuras aisladas, sino que forman sistemas capaces de interactuar. Cuando una falla rompe no solo libera energía, sino que también modifica el estado de esfuerzos en las fallas vecinas. Si una de ellas ya estaba próxima a romper, ese cambio de esfuerzos puede ser suficiente para desencadenar un nuevo terremoto.

Este proceso se conoce como transferencia de esfuerzos de Coulomb. Aunque no permite predecir terremotos, sí ayuda a identificar qué fallas o qué zonas han experimentado un aumento de esfuerzos y, por tanto, presentan una mayor probabilidad de ruptura.

Un límite de placas activo

El origen de estos terremotos se encuentra en la interacción entre la placa tectónica del Caribe y la placa Sudamericana. A diferencia de Chile o Perú, donde predomina la subducción (una placa se introduce bajo la otra), el norte de Venezuela está dominado por un movimiento lateral entre ambas placas. La placa del Caribe se desplaza hacia el este respecto a Sudamérica a unos 20 milímetros por año.

Ese movimiento acumula deformación durante décadas o siglos hasta que la resistencia de las rocas se supera y se produce la ruptura de una falla. La energía liberada se propaga en forma de ondas sísmicas y cuando estas alcanzan la superficie terrestre provocan la sacudida que percibimos como un terremoto.

Los análisis preliminares indican que el sismo de magnitud 7,5 se produjo al sureste de Yumare y presentó un mecanismo de deslizamiento lateral derecho. Este era coherente con una ruptura en el sistema de fallas de Boconó, una de las principales estructuras tectónicas del norte de Venezuela.

Mapa que muestra la intensidad sísmica de uno de los terremotos ocurridos en Venezuela con colores azules y naranjas
Mapa de intensidad sísmica del terremoto de 7,5 grados de magnitud ocurrido el 24 de julio en Venezuela. La estrella representa el epicentro del terremoto. La zona de mayor magnitud sísmica tiene colores anaranjados.
USGS

Aunque los terremotos se representan como un punto en los mapas, un evento de magnitud 7,5 puede romper una superficie de unos 150 kilómetros de longitud y alrededor de 20 kilómetros de anchura, por lo que sus efectos se perciben a grandes distancias.

La profundidad también es determinante. Cuanto más superficial es el hipocentro, menor es la atenuación de las ondas sísmicas antes de alcanzar la superficie y más intensa suele ser la sacudida. En este caso, las estimaciones sitúan ambos hipocentros entre 10 y 20 kilómetros de profundidad, por lo que se consideran terremotos superficiales.

¿Cuál es el riesgo en la zona?

El norte de Venezuela es una de las regiones con mayor actividad sísmica del norte de Sudamérica. Desde comienzos del siglo XX se han registrado varios terremotos de magnitud igual o superior a 7. Uno de los más destructivos fue el terremoto de Caracas de 1967, de magnitud 6,6, que causó unos 240 fallecidos y el colapso de numerosos edificios.

Más recientemente, en septiembre de 2025, otro doblete sísmico de magnitudes 6,2 y 6,3 provocó una víctima mortal, más de un centenar de heridos y daños importantes en los estados de Zulia y Lara.

La magnitud y la profundidad influyen en los efectos de un terremoto, pero no son las únicas variables que determinan sus consecuencias. El riesgo sísmico, asociado a las pérdidas, se resume mediante una ecuación sencilla:

Riesgo = Peligro × Exposición × Vulnerabilidad

El peligro sísmico es elevado en el norte de Venezuela por la actividad del límite entre las placas del Caribe y Sudamérica. La exposición depende de la población y de las infraestructuras situadas en las zonas afectadas: un gran terremoto en un área poco poblada puede causar menos daño que otro menor bajo una ciudad.

La vulnerabilidad está relacionada con la capacidad de las construcciones para resistir el movimiento del terreno. En la región conviven edificios modernos con viviendas tradicionales, construcciones informales y edificaciones antiguas. Las más vulnerables son las viviendas de mampostería sin refuerzo, las autoconstruidas y los edificios anteriores a las normas modernas de diseño sismorresistente.

Además, muchas estructuras presentan deficiencias como escaso confinamiento de la mampostería, columnas cortas o ampliaciones realizadas sin un adecuado diseño estructural.

La combinación de un elevado peligro sísmico, una importante exposición y una vulnerabilidad todavía significativa explica el elevado riesgo de esta región.




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¿Qué cabe esperar ahora?

Tras un doblete sísmico es normal que continúen produciéndose réplicas durante días, semanas o incluso meses, algunas con magnitud superior a 5. Aunque la probabilidad de otro gran terremoto disminuye con el tiempo, no desaparece de forma inmediata.

Las réplicas son especialmente peligrosas porque pueden provocar el colapso de edificios ya dañados. Por ello, resulta prioritario inspeccionar las estructuras afectadas y restringir el acceso a aquellas que hayan perdido capacidad resistente.

La ciencia aún no puede predecir cuándo ocurrirá un terremoto, pero sí identificar las zonas de mayor peligrosidad, evaluar la vulnerabilidad de las construcciones y analizar cómo un gran sismo modifica el estado de esfuerzos en las fallas vecinas.

El doblete de Venezuela recuerda que los terremotos forman parte de un sistema dinámico en el que las fallas interactúan continuamente. No podemos detener el movimiento de las placas tectónicas, ni evitar la ruptura en fallas geológicas, pero sí reducir sus consecuencias mediante una adecuada planificación territorial, normas de construcción sismorresistentes y una gestión del riesgo basada en el conocimiento científico.

The Conversation

María Belén Benito Oterino es socia fundadora de la empresa Geolyder S.L, consultoría en temas de riesgo sísmico.

– ref. Terremotos en Venezuela: así se produjo el “doblete sísmico” que puede causar réplicas durante semanas – https://theconversation.com/terremotos-en-venezuela-asi-se-produjo-el-doblete-sismico-que-puede-causar-replicas-durante-semanas-286213

Chaleur extrême : une découverte encourageante sur la capacité d’adaptation des aînés

Source: The Conversation – in French – By Daniel Gagnon, Associate professor, Université de Montréal

L’année 2024 a marqué la première fois où la température planétaire moyenne a dépassé le seuil de 1,5 °C fixé par l’Accord de Paris. Une conséquence directe de ce réchauffement climatique est l’intensification des vagues de chaleur qui représentent déjà une menace importante pour la santé humaine. Le Québec n’échappe pas à cette réalité : d’ici 2080, Montréal pourrait connaître entre 37 et 54 journées de plus de 30 °C par année, contre seulement 11 entre 1976 et 2005.


Les personnes aînées sont considérées comme la population la plus vulnérable à la chaleur. Lors des étés européens exceptionnellement chauds de 2022, 2023 et 2024, environ 84 % des 181 446 décès attribués à la chaleur sont survenus chez des adultes âgés de 75 ans et plus. Le constat était similaire lors du dôme de chaleur de 2021 dans l’Ouest canadien.

Carte de l’Amérique du Nord avec des zones en rouge, jaune, blanc et bleu
Carte des anomalies des températures (à deux mètres d’altitude) le 27 juin 2021 comparées à la moyenne de la même journée entre 2014-2020.
(Joshua Stevens/NASA Earth Observatory)

Or, le vieillissement de la population s’accélère rapidement, notamment au Québec, où une personne sur quatre aura plus de 65 ans d’ici 2031. Il est donc urgent de mieux comprendre pourquoi les personnes aînées sont plus à risque lors des périodes de forte chaleur, mais aussi de déterminer si cette vulnérabilité peut être atténuée.


Cet article fait partie de notre série La Révolution grise. La Conversation vous propose d’analyser sous toutes ses facettes l’impact du vieillissement de l’imposante cohorte des boomers sur notre société, qu’ils transforment depuis leur venue au monde. Manières de se loger, de travailler, de consommer la culture, de s’alimenter, de voyager, de se soigner, de vivre… découvrez avec nous les bouleversements en cours, et à venir.


Pourquoi le corps dissipe-t-il moins bien la chaleur avec l’âge ?

Les conséquences de la chaleur sur la santé découlent principalement d’une accumulation excessive de chaleur dans l’organisme. Comparativement aux jeunes adultes, les personnes aînées présentent généralement une augmentation plus prononcée de la température corporelle interne lors d’une exposition à la chaleur. Or, cette hausse ne commence pas subitement à 65 ans, mais apparaît progressivement dès l’âge adulte.




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Dans nos travaux, nous observons qu’à exposition égale à la chaleur, la température corporelle interne tend à augmenter d’environ 0,1 °C par décennie de vie. Autrement dit, une personne de 90 ans pourrait atteindre une température interne de près de 0,7 °C plus élevée qu’une personne de 20 ans placée dans les mêmes conditions. Ceci explique en partie pourquoi les personnes aînées sont plus susceptibles de développer des complications cardiovasculaires ou rénales à la chaleur.

Pour éviter une surchauffe, plusieurs mécanismes se mettent en place dans le corps pour perdre de la chaleur. Les vaisseaux sanguins de la peau se dilatent afin d’échanger davantage de chaleur avec l’environnement, une réponse physiologique appelée « vasodilatation cutanée ». Les glandes sudoripares, elles, produisent de la sueur dont l’évaporation permet de refroidir le corps.

Plusieurs études montrent que ces réponses deviennent moins efficaces avec l’avancée en âge. Dès 40 ans, l’être humain transpire généralement moins, alors que la vasodilatation cutanée est réduite lors d’une exposition à la chaleur. Jusqu’à récemment, la majorité des travaux suggéraient que ces limitations provenaient surtout des organes responsables de ces réponses, notamment les vaisseaux sanguins et les glandes sudoripares.

Cependant, une question demeurait largement irrésolue : le vieillissement affecte-t-il aussi les signaux nerveux envoyés par le cerveau pour déclencher ces mécanismes de protection ? En d’autres mots, le contrôle nerveux de la thermorégulation est-il lui aussi altéré avec l’âge ? C’est ce que nos derniers travaux ont tenté de découvrir.

Entraîner le corps à mieux tolérer les environnements chauds

Des expositions répétées à la chaleur peuvent entraîner une série d’adaptations physiologiques qui permettent au corps humain de mieux tolérer les environnements chauds. Ce phénomène, appelé acclimatation à la chaleur, est largement utilisé par les athlètes avant des compétitions disputées sous de fortes chaleurs ainsi que par les militaires avant un déploiement dans des régions chaudes.

L’acclimatation consiste généralement à s’exposer à la chaleur pendant 60 à 90 minutes par jour, sur une période de 7 à 14 jours, soit par l’exercice en environnement chaud, soit par des méthodes passives comme les bains chauds ou les saunas.

Les bénéfices sont multiples : la transpiration débute plus rapidement et devient plus abondante, les vaisseaux sanguins de la peau se dilatent plus tôt, la température corporelle interne de repos diminue et le cœur travaille moins fort lors d’une exposition à la chaleur. Résultat : pour une même chaleur, l’organisme subit moins de répercussions néfastes. Une grande partie de ces adaptations survient d’ailleurs dès la première semaine. Ce phénomène est connu depuis la fin des années 1700, et semble survenir chez tout le monde.

Cette stratégie pourrait être particulièrement utile au début de l’été dans les climats nordiques, alors que les premières vagues de chaleur surviennent avant que le corps ne se soit naturellement adapté aux températures élevées. Jusqu’à récemment, la communauté scientifique avait très peu de données sur la conservation de cette capacité d’adaptation chez les personnes aînées.


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L’âge avancé n’empêche pas le système nerveux de s’acclimater à la chaleur

Pour adresser cette question, nous avons comparé les réponses physiologiques à la chaleur de 15 personnes âgées de 60 à 78 ans à celles de 16 jeunes adultes âgés de 21 à 40 ans avant et après sept jours d’acclimatation à la chaleur réalisés dans des bains chauds quotidiens de 90 minutes à 40 °C.

Lors de ces expositions à la chaleur, nous avons mesuré les signaux nerveux responsables de la transpiration et de la dilatation des vaisseaux sanguins de la peau. Après les sept jours d’acclimatation, ces signaux étaient activés plus rapidement, ce qui signifie que le corps déclenchait ses mécanismes de perte de chaleur alors qu’il avait accumulé moins de chaleur. Cette réponse était associée à une transpiration et à une vasodilatation cutanée plus précoces.

Nous avons également observé une diminution progressive de la température corporelle interne de repos ainsi qu’une fréquence cardiaque moins élevée pendant les bains chauds, et ce, en maintenant des conditions identiques tout au long de l’expérience.




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Contrairement à notre hypothèse de départ, ces adaptations étaient comparables chez les jeunes adultes et les personnes aînées. Ces résultats, basés sur une trentaine d’individus, suggèrent que le vieillissement n’altère pas nécessairement la capacité du système nerveux à s’adapter à la chaleur.

Bien que cette découverte soit encourageante, d’autres questions demeurent. Il reste notamment à déterminer quelle dose minimale de chaleur (en termes d’intensité, de durée et de fréquence des expositions) est nécessaire pour induire des adaptations physiologiques bénéfiques. Dans notre étude, les participants ont réalisé sept bains quotidiens de 90 minutes à 40 °C, un protocole exigeant, quoique bien toléré. La faisabilité d’une telle approche à grande échelle demeure toutefois incertaine.

De futures recherches devront donc identifier des stratégies d’exposition à la chaleur plus simples et plus accessibles afin de favoriser l’adaptation des personnes vieillissantes aux épisodes de chaleur extrême de plus en plus fréquents.

La Conversation Canada

Daniel Gagnon a reçu des financements des Fonds de recherche du Québec – Santé, du Conseil de recherches en sciences naturelles et en génie du Canada et de la Fondation de l’Institut de Cardiologie de Montréal pour la réalisation du projet de recherche décrit dans cet article.

Thomas Deshayes a reçu des financements des Fonds de recherche du Québec – secteur Santé (FRQS), du Conseil de recherches en sciences naturelles et en génie du Canada (CRSNG), MITACS et de l’Institut de recherche Robert-Sauvé en santé et en Sécurité du travail (IRSST).

– ref. Chaleur extrême : une découverte encourageante sur la capacité d’adaptation des aînés – https://theconversation.com/chaleur-extreme-une-decouverte-encourageante-sur-la-capacite-dadaptation-des-aines-283324

De Southampton à Belfast : comment Nigel Farage fait entrer les thèmes de l’extrême droite dans le débat public britannique

Source: The Conversation – in French – By Karine Tournier-Sol, Professeur de civilisation britannique contemporaine, Université de Toulon

Les émeutes racistes de Southampton, en Angleterre, et de Belfast, en Irlande du Nord, début juin 2026, illustrent la manière dont certains faits divers impliquant des immigrés sont mobilisés par Nigel Farage et les autres forces britanniques d’extrême droite pour alimenter les débats sur l’immigration et dénoncer un supposé traitement discriminatoire des Britanniques blancs. En durcissant son discours autour d’un « racisme anti-Blancs » et du slogan White Lives Matter, Farage, qui fait la course en tête dans les sondages conduits en vue d’éventuelles législatives anticipées, contribue à normaliser des thèmes auparavant cantonnés aux marges de l’extrême droite.


Les récents événements survenus à Southampton puis à Belfast ont fourni à Nigel Farage une nouvelle occasion de relancer le débat sur l’immigration, thème central du projet politique porté par Reform UK. Dans les deux cas, un crime particulièrement choquant commis par une personne issue de l’immigration a servi de déclencheur. Le leader de Reform UK s’en est emparé pour dénoncer les conséquences de ce qu’il qualifie d’immigration de masse et ce qu’il présente comme un traitement injuste des Britanniques blancs par les autorités.

Ces épisodes s’inscrivent dans une dynamique observable depuis les émeutes de Southport à l’été 2024, où certains faits divers sont récupérés à des fins politiques. Ce phénomène ne se limite pas à Nigel Farage : il mobilise plus largement l’ensemble de l’écosystème d’extrême droite britannique. Farage y joue toutefois un rôle singulier, en contribuant à faire entrer dans le débat public des thèmes longtemps restés cantonnés aux marges de l’extrême droite.

Southampton : de l’émotion à la récupération politique

À Southampton d’abord, dans le sud de l’Angleterre, les violences ont suivi la diffusion, le 1er juin, d’une vidéo de l’arrestation d’Henry Nowak. Ce jeune étudiant de 18 ans avait été poignardé, le 3 décembre dernier, par Vickrum Digwa, membre de la communauté sikh. Alertés par le frère de Digwa, qui avait signalé une prétendue agression raciste contre ce dernier, les policiers arrivés sur les lieux traitent Digwa comme la victime et Nowak comme le suspect. Sur les images enregistrées par les caméras embarquées des policiers, on les voit procéder à l’arrestation de Nowak et le menotter alors qu’il gît au sol, mortellement blessé. On l’entend répéter aux policiers qu’il a été poignardé et qu’il ne peut plus respirer – « I can’t breathe », les mêmes mots que George Floyd avant sa mort en 2020 – mais ceux-ci ne le croient pas. Il perd connaissance avant de succomber à ses blessures.

La diffusion de ces images a suscité une vive émotion dans le pays. Alors que le père de Nowak avait demandé à ce que la mort de son fils ne soit pas exploitée pour attiser les tensions et la haine, c’est précisément l’inverse qui s’est produit.

Nigel Farage a été prompt à s’emparer de ce fait divers tragique. Dans une vidéo publiée sur les réseaux sociaux, il a établi le parallèle avec George Floyd et le mouvement Black Lives Matter, mais en inversant la lecture : il a dénoncé une « société à deux vitesses » dans laquelle « les droits et les privilèges des Blancs comptent moins que ceux des minorités ethniques » ; il a appelé à mettre fin aux « préjugés anti-Blancs », ajoutant que « les vies des Blancs comptent autant que celles des Noirs » (« White Lives Matter just as much as Black Lives ») ; il a également remis en cause les politiques destinées à lutter contre les discriminations et à améliorer la représentation des minorités. Enfin, il a encouragé les Britanniques à réagir avec une « rage pure et froide » à l’assassinat de Henry Nowak.

Dans le même temps, l’ensemble de la mouvance d’extrême droite s’est rapidement mobilisée. Le 2 juin au soir, une manifestation organisée devant le commissariat de Southampton a dégénéré en affrontements avec la police. Au sein d’une foule mêlant habitants locaux bouleversés par la tragédie et militants venus porter un message politique, l’activiste d’extrême droite Tommy Robinson, de son vrai nom Stephen Yaxley-Lennon, a appelé à obtenir « justice pour Henry », dénonçant une « police raciste » et affirmant que « les Blancs sont traités comme des citoyens de seconde zone par le gouvernement ». À ses côtés se trouvaient plusieurs figures de l’extrême droite britannique.

Belfast : une mécanique similaire

Une semaine plus tard, l’agression au couteau de Stephen Ogilvie à Belfast (Irlande du Nord) par un réfugié soudanais a une nouvelle fois servi de déclencheur, reproduisant la même mécanique : amplification sur les réseaux sociaux, récupération politique et mobilisation de militants d’extrême droite sur le terrain. Grièvement blessé lors de l’attaque, Ogilvie a survécu mais a perdu un œil.

Les images de l’agression ont rapidement circulé sur les réseaux sociaux et ont été relayées par l’ensemble de l’écosystème d’extrême droite britannique, de Reform UK à Tommy Robinson, en passant par Restore Britain, nouveau parti fondé par Rupert Lowe après sa rupture avec Reform UK. Robinson a notamment relayé les lieux des rassemblements prévus, une publication ensuite partagée par Elon Musk.

Malgré les appels au calme des responsables politiques nord-irlandais et de la police, une nuit de violence a suivi, pendant laquelle des dizaines de militants d’extrême droite, souvent vêtus de noir et masqués, ont incendié des véhicules, des commerces et des logements dans ce qui s’apparente à une véritable chasse aux étrangers. Ces violences ont été qualifiées de « pogroms racistes » par plusieurs médias.

Un schéma désormais récurrent

La séquence de Southampton et Belfast n’est pas nouvelle. Il s’agit là d’un schéma désormais récurrent, qui s’observe régulièrement au Royaume-Uni depuis les émeutes qui ont suivi le meurtre de trois fillettes à Southport (Angleterre) en juillet 2024. À l’époque déjà, une campagne de désinformation sur les réseaux sociaux avait présenté à tort l’auteur de l’attaque comme un demandeur d’asile musulman récemment arrivé dans le pays. L’information s’était propagée rapidement, alimentant des manifestations largement investies par l’extrême droite qui avaient dégénéré en violences dans plusieurs villes britanniques.

Nigel Farage, fraîchement élu à Westminster, s’était alors retrouvé au cœur de la controverse. C’est à cette occasion qu’il avait repris à son compte l’expression de « police à deux vitesses » (two-tier policing), contribuant à faire entrer dans le débat public un thème jusque-là largement cantonné aux marges de l’extrême droite britannique. Il établissait déjà un parallèle avec les manifestations Black Lives Matter de 2020, affirmant que les personnes y ayant participé avaient bénéficié d’un traitement plus favorable de la part de la police.

Le même phénomène s’est reproduit à l’été 2025 à Epping (Angleterre), après l’agression sexuelle d’une adolescente par un demandeur d’asile. Partie d’une émotion bien réelle au sein de la population locale, la mobilisation a rapidement été investie par l’extrême droite et a débouché sur une vague de manifestations à travers le pays devant des hôtels hébergeant des demandeurs d’asile. Certaines de ces mobilisations ont dégénéré et plusieurs établissements ont été pris pour cible.

Tous les faits divers ne suscitent pas une telle mobilisation. Ceux qui sont mis en avant par l’extrême droite sont ceux qui peuvent être reliés à la question migratoire. Le fait divers devient alors la preuve supposée d’un problème plus général lié à l’immigration de masse. Les réseaux sociaux jouent un rôle essentiel dans cette dynamique, permettant à la fois la circulation rapide d’informations –et de désinformation – et la coordination des mobilisations.

Quand les thèmes des marges gagnent le centre

On l’a vu, Nigel Farage n’est pas le seul acteur à s’emparer de ces faits divers. Mais ce qui distingue Farage est sa capacité à récupérer des éléments de langage issus des marges de l’extrême droite et à les placer au cœur du débat public.

Les scandales liés aux grooming gangs, ces réseaux d’exploitation sexuelle de jeunes filles dans lesquels des hommes d’origine pakistanaise étaient surreprésentés, illustrent bien cette dynamique. Farage a contribué très tôt à politiser cette affaire. Mais d’autres figures de l’extrême droite, comme Tommy Robinson et Rupert Lowe, s’en sont également emparées.

Les événements de Southampton et de Belfast marquent une nouvelle étape. Jusqu’à présent, Farage dénonçait principalement les conséquences de l’immigration, l’échec des politiques migratoires ou encore ce qu’il qualifie de « police à deux vitesses ». Avec les références aux « préjugés anti-Blancs », au « racisme anti-Blancs » ou encore au slogan « White Lives Matter », il franchit désormais un nouveau cap.

L’ensemble de ces thèmes repose sur une même idée : celle selon laquelle les Britanniques blancs seraient aujourd’hui victimes d’un traitement injuste ou discriminatoire. En reprenant à son compte ces éléments de langage, Farage participe à diffuser bien au-delà des marges de l’extrême droite des thèmes qui y circulaient déjà depuis plusieurs années, contribuant ainsi à leur normalisation.

Cette évolution témoigne d’une nouvelle radicalisation discursive. Alors que Farage et ses partis successifs s’étaient jusqu’à présent inscrits dans un nationalisme civique, les références aux « Blancs » et au « racisme anti-Blancs » introduisent une dimension plus explicitement raciale.

Pourquoi Farage durcit son discours

Cela peut sembler paradoxal. Nigel Farage s’est toujours efforcé de tracer une ligne de démarcation claire avec les partis d’extrême droite, et en particulier avec la figure de Tommy Robinson. Cette stratégie lui a permis de se présenter comme une alternative plus respectable tout en défendant des positions très fermes sur l’immigration. Le chercheur Aurélien Mondon parle à cet égard de « légitimation par contraste » : en se distinguant de figures plus extrêmes, Farage apparaît plus modéré. Le curseur de ce qui est acceptable dans le débat public est déplacé vers la droite, et on assiste à une normalisation des idées et du discours anti-immigration.

Aujourd’hui pourtant, alors que Reform UK fait la course en tête dans les sondages depuis plus d’un an et tente de se présenter comme un parti de gouvernement crédible, la radicalisation récente du discours de Farage, mais aussi de la politique migratoire prônée par Reform UK, peut sembler contre-intuitive.

Elle peut se lire comme une stratégie pour tenter de contrer la pression exercée sur sa droite : Robinson jouit d’une popularité importante parmi les membres de Reform UK (61 % ont une opinion favorable de lui). Sa manifestation Unite the Kingdom, qui a rassemblé 150 000 personnes à Londres en septembre 2025, témoigne également de sa capacité de mobilisation.

À cette concurrence s’ajoute désormais celle de Rupert Lowe. Depuis sa rupture avec Reform UK et la création de Restore Britain, il cherche à incarner une option alternative plus radicale à Farage. Les enquêtes montrent qu’il bénéficie lui aussi d’une image positive auprès d’une large partie des membres de Reform UK, et l’élection partielle de Makerfield (très suivie dans l’ensemble du pays, car elle s’est soldée par l’élection du travailliste Andy Burnham, qui peut désormais briguer le poste de premier ministre laissé vacant par Keir Starmer) a montré sa capacité à capter une partie de l’électorat de Reform UK : la candidate de Restore Britain Rebecca Shepherd a glané quelque 7 % des suffrages, dont une grande partie seraient sans doute allés, si elle ne s’était pas présentée, au représentant de Reform UK Robert Kenyon (34,7 %).

Cela agace visiblement Nigel Farage, qui s’efforce publiquement de minimiser la portée de cette menace, mais on peut penser que sa radicalisation supplémentaire est une tactique pour tenter de la désamorcer.

Il y a d’ailleurs une certaine ironie à cette situation. Farage accuse aujourd’hui Lowe d’entraver les perspectives de Reform en scindant le vote de droite. Or c’est précisément ce qu’il a lui-même fait pendant des années au parti conservateur avec ses partis successifs, du UKIP à Reform UK. L’arroseur est, aujourd’hui, arrosé.

Les événements de Southampton et de Belfast illustrent un phénomène qui dépasse largement ces deux affaires. En reprenant des thèmes et des éléments de langage longtemps associés aux marges de l’extrême droite, Nigel Farage contribue à les installer au cœur du débat politique britannique. Plus encore que ses succès électoraux, c’est peut-être là que réside aujourd’hui son influence la plus durable.

The Conversation

Karine Tournier-Sol ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

– ref. De Southampton à Belfast : comment Nigel Farage fait entrer les thèmes de l’extrême droite dans le débat public britannique – https://theconversation.com/de-southampton-a-belfast-comment-nigel-farage-fait-entrer-les-themes-de-lextreme-droite-dans-le-debat-public-britannique-285823

Céline Dion, la superstar qui rapproche le Québec et la France

Source: The Conversation – in French – By Adeline Vasquez-Parra, Maître de conférences, Université Lumière Lyon 2

La fête nationale du Québec, célébrée le 24 juin, offre l’occasion de revenir sur l’un des évènements québécois de l’année : les dix concerts parisiens de Céline Dion. À chaque nouvelle tournée de la chanteuse québécoise, le même phénomène se produit : files d’attente interminables, billets épuisés en quelques minutes. Au-delà de la « starification », que révèle son parcours entre le Québec et la France ?


Née en 1968, Céline Dion appartient à un Québec que l’on pourrait aujourd’hui qualifier de « disparu ». Dernière d’une fratrie de 14 enfants, elle grandit au sein d’une société canadienne-française rurale encore marquée par la tradition : familles nombreuses et forte empreinte catholique.

Sa naissance coïncide toutefois avec l’entrée du Québec dans la modernité car Céline Dion est d’abord une enfant de « la révolution tranquille », cette période de mutations sociales et économiques qui voit l’État québécois se moderniser sous l’impulsion du gouvernement de Jean Lesage (1960-1966). L’éducation et la santé passent sous le contrôle de l’État provincial retirant à l’Église catholique sa tutelle historique. La langue française s’affirme comme langue de l’espace public et de l’activité économique.

À partir de la révolution tranquille, il ne s’agit plus seulement d’assurer la survie d’une minorité francophone mais de bâtir une société moderne capable de se prendre en main par le biais de l’État provincial.

Cette double appartenance explique en partie la place singulière de Céline Dion dans l’imaginaire collectif québécois. Comme l’a montré le chercheur Frédéric Demers, elle occupe une position centrale dans le panthéon québécois précisément parce qu’elle sert de « pont entre continuités et mutations ». Son parcours a réconcilié le Québec avec les valeurs entrepreneuriales et celles du succès professionnel, longtemps taboues, et les a exportées à l’international. C’est de cette conversion (non dénuée de sarcasme) que traite, en partie, le film de Valérie Lemercier Aline, sorti en 2020 en France.

Rapprochement France-Québec

La fin des années 1960 témoigne aussi d’un rapprochement inédit entre la France et le Québec. L’Exposition universelle de Montréal de 1967 offre au Québec une visibilité internationale sans précédent tout comme le célèbre « vive le Québec libre ! » lancé par le général de Gaulle depuis le balcon de l’hôtel de ville de Montréal. Sans résumer les relations franco-québécoises à cet épisode, celui-ci contribue à renforcer les échanges institutionnels entre les deux sociétés.

L’un des aspects les plus complexes du parcours de Céline Dion réside pourtant dans son rapport à l’identité québécoise puisqu’elle a toujours évité les prises de position politiques explicites. Lors des référendums sur la souveraineté du Québec de 1980 et de 1995, elle demeure prudente. Cette neutralité contraste avec toute une génération d’artistes québécois connus en France dans les années 1960 et 1970, tels Gilles Vigneault ou Félix Leclerc, pour qui la chanson constituait un instrument d’émancipation nationale.

La première superstar québécoise

Car l’intérêt historique de Céline Dion dans l’étude des relations France-Québec tient aussi à sa trajectoire exceptionnelle dans un contexte de mondialisation accélérée où son image puise à la fois dans l’américanité et la francophonie. Au cours des années 1980 et surtout 1990, la libéralisation des marchés et la multiplication des chaînes de télévision permettent l’essor des industries du divertissement et démocratisent l’accès aux productions culturelles.

La carrière musicale de Céline Dion accompagne plusieurs moments emblématiques de cette mondialisation culturelle principalement associée au triomphe des industries culturelles américaines. Sa présence à la cérémonie de gala du président Bill Clinton en 1994, puis sa participation à l’ouverture des Jeux olympiques d’Atlanta en 1996 et le succès planétaire de My Heart Will Go On pour la bande-son du film Titanic en 1998 la consacrent comme une diva nord-américaine.

La journaliste Denise Bombardier observera rétrospectivement dans son Dictionnaire amoureux du Québec qu’il a fallu « attendre que les États-Unis la décrètent mégastar pour qu’enfin la France, dédouanée par les Américains en quelque sorte, l’adopte et la consacre à son tour ».

Céline Dion est peut-être la première chanteuse québécoise massivement adoptée par les Français parce qu’elle incarne d’abord une forme de modernité nord-américaine.

Ainsi, « les années Céline », du début des années 1990 à la fin des années 2000, correspondent à un nouveau rapport entre les Français et le Québec. Ce dernier y importe des codes très en vogue de la culture nord-américaine. Les humoristes Anthony Kavanagh ou Stéphane Rousseau connaissent un certain succès avec leur one-man show, la présentatrice Julie Snyder importe le rythme rapide des talk-shows à l’américaine avec son émission, « Vendredi, c’est Julie », diffusée sur France 2.

La Québécoise : un symbole

La grande nouveauté qu’a introduit Céline Dion en France tient peut-être au fait qu’elle soit une Québécoise. Pendant longtemps, les représentations françaises du Canada historique ont été dominées par des figures masculines héritées de la relation coloniale originelle où explorateurs, coureurs de bois, aventuriers et bûcherons, répondant à des codes précis de virilité, incarnaient une certaine représentation française de l’Amérique du Nord. Jusqu’au XXᵉ siècle, les grandes personnalités québécoises connues en France demeurent des hommes que l’on pense à Robert Charlebois, ou encore Marcel Béliveau.

Certes, la France avait déjà découvert Ginette Reno ou Diane Dufresne avant Céline Dion, mais aucune n’avait occupé une place aussi centrale dans l’imaginaire populaire. Alors qu’elle tient une place d’héroïne nationale au Québec, comme l’indique la chercheuse en musique populaire Line Grenier, sa réception en France semble opérer un même déplacement. Ni totalement étrangère ni véritablement française, mais tout aussi « héroïque » et « nationale ».

Un paysage mémoriel sonore partagé

Céline Dion emprunte à une mémoire musicale commune. Le projet de Maison de la chanson et de la musique du Québec dont l’ouverture est prévue à Montréal en 2028 repose sur une intuition particulièrement innovante : et si ce qui reliait le Québec au monde était avant tout une mémoire sonore partagée ?

Depuis la création des Francofolies de La Rochelle en 1985, puis des FrancoFolies de Montréal en 1989, les échanges musicaux entre les deux rives de l’Atlantique n’ont cessé de croître. Ces festivals ont beaucoup contribué à faire circuler les artistes francophones et à intégrer la chanson québécoise à un espace culturel transnational.

Le succès de Céline Dion ne doit toutefois pas masquer la diversité de cette production musicale. Des artistes comme Les Cowboys Fringants ou plus récemment Angine de Poitrine ont développé d’autres manières d’incarner le Québec sur la scène française. Plus récemment, les voix autochtones comme Elisapie contribuent à faire entendre des rapports plus complexes à la langue française et à l’identité québécoise.

Malgré leur reconnaissance critique et leur popularité, peu de ces artistes ont cependant réussi à fédérer un public aussi vaste et bigarré que celui de Céline Dion.

The Conversation

Adeline Vasquez-Parra ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

– ref. Céline Dion, la superstar qui rapproche le Québec et la France – https://theconversation.com/celine-dion-la-superstar-qui-rapproche-le-quebec-et-la-france-285777