Mediciones del mar en los confines del mundo: la ciencia española en la Antártida

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Bismarck Jigena Antelo, Profesor Titular de Unversidad, Area de Ciencias y Técnicas de la Navegación y Ciencias Marinas, Universidad de Cádiz

Buque de investigación BIO Las Palmas, fondeado en la bahía de Puerto Foster (Isla Decepción), frente a la Base Antártica Española (BAE) Gabriel de Castilla.
Biskmarck, J. A. et al

En los confines más australes del planeta, donde convergen hielo, volcanes y océano, investigadores españoles han registrado con precisión las fluctuaciones del nivel del mar en las islas Decepción y Livingston, dos enclaves estratégicos de las islas Shetland del Sur. El océano refleja los cambios del clima global: almacena calor, recibe agua del deshielo y muestra sus efectos a través de las variaciones del nivel del mar. Más allá de los resultados, es también una historia de perseverancia y ciencia en un entorno extremo.

Caldera volcánica en isla Decepción.
Wikimedia Commons., CC BY

Trabajo de campo (helado)

En la Antártida se concentra cerca del 70 % del agua dulce del mundo; pequeñas variaciones en su masa de hielo influyen en las costas de todo el planeta. Además, como área protegida por el Tratado Antártico, la región constituye un laboratorio natural ideal para estudiar los efectos del cambio climático.

Nuestro proyecto combinó sensores oceanográficos modernos con un estricto control geodésico para establecer referencias precisas. Ampliamos mediciones previas de corta duración y generamos un registro continuo a largo plazo. Estos datos sirven de puente entre las observaciones de campo y la altimetría satelital, contribuyendo a mejorar la monitorización del nivel del mar en la Antártida.

Y es que, aunque los satélites proporcionan una visión global, las observaciones locales son indispensables para validar sus mediciones.

Medidas y georeferenciación de sensores llevadas a cabo por los autores.
Bismarck Jigena Antelo.

Con este objetivo, se establecieron dos estaciones cercanas a las bases españolas Gabriel de Castilla (Isla Decepción) y Juan Carlos I (Isla Livingston), puntos clave para obtener referencias fiables del nivel del mar y comprender la dinámica del océano Austral.

Laboratorio natural en el fin del mundo

La isla Decepción es una caldera volcánica activa inundada por el mar. Su bahía, llamada Puerto Foster, combina refugio natural con riesgos geológicos, lo que convierte la medición del nivel del mar en un desafío técnico. Livingston, en contraste, es una isla abierta al océano, moldeada por glaciares y sometida a condiciones marinas más dinámicas. Juntas representan dos escenarios distintos para estudiar el comportamiento del océano.

Estas islas han sido centros de referencia para el programa antártico español y acumula décadas de mediciones mareográficas. Nuestro proyecto se apoyó en ese legado científico, incorporando instrumentación avanzada para actualizar y ampliar los registros existentes.

Midiendo el pulso del océano

En 2011, se instalaron estaciones mareográficas y meteorológicas en ambas islas: DECMAR en Decepción y LIVMAR en Livingston. Cada estación incluía sensores de presión sumergidos para medir el peso de la columna de agua, junto con sondas CTD, instrumentos oceanográficos de alta precisión que miden la conductividad, la temperatura y la profundidad.

En tierra, las estaciones fueron conectadas a puntos geodésicos mediante nivelación de alta precisión –técnica topográfica para medir diferencias de altura entre puntos con exactitud milimétrica– y posicionamiento GNSS –Sistema Global de Navegación por Satélite–. Ello permitió que cada lectura se integrara en un marco de referencia internacional, un paso esencial para diferenciar los cambios oceánicos reales de los movimientos verticales del terreno.

Control altimétrico de los sensores de presión fondeados en isla Decepción.
Bismarck Jigena Antelo.

El sistema también registró presión atmosférica y otros parámetros necesarios para corregir las variaciones. Durante los inviernos antárticos, los equipos funcionaron de forma autónoma, resistiendo meses de tormentas, hielo y ausencia de mantenimiento. Al regresar en verano, los instrumentos se encontraban cubiertos de nieve, pero seguían operativos y registrando datos valiosos.

Dos años bajo el hielo

Durante más de dos años, se recopilaron datos de mareas, ciclos estacionales y marejadas provocadas por tormentas. A pesar de las condiciones extremas, la precisión alcanzada fue centimétrica.

La comparación entre estaciones reveló diferencias constantes: Decepción, situada en una caldera cerrada, mostró mayor dependencia de las condiciones atmosféricas y geotérmicas locales; Livingston, abierta al océano, registró señales representativas del comportamiento del océano Austral.

Conjuntamente, estos datos constituyen una de las referencias más fiables del nivel del mar en las Shetland del Sur y son fundamentales para la monitorización climática de la región.

Su significado para el planeta

Variaciones aparentemente pequeñas en el nivel del mar tienen grandes repercusiones en los modelos climáticos. Así, las mediciones locales ayudan a mejorar las predicciones sobre el futuro de las costas en un escenario de calentamiento. También sirven para calibrar misiones satelitales como CryoSat-2 y Sentinel-6, esenciales para garantizar la coherencia de las observaciones globales.

La misión de la Agencia Espacial Europea Sentinel lleva un radar altímetro para observar cambios en la superficie del mar con una precisión de centímetros.
ESA., CC BY

La Antártida experimenta, además, movimientos verticales del terreno debido a cambios en la carga de hielo. Las conexiones geodésicas establecidas permiten separar estos movimientos de las variaciones reales del nivel del mar, mejorando la interpretación de las señales a largo plazo.

Ciencia española en la frontera

Este proyecto, que integra geodesia, geofísica, oceanografía y climatología, forma parte de la sostenida contribución española a la investigación polar. Se hizo posible gracias a la colaboración entre universidades, programas nacionales, bases antárticas y buques de investigación.

Trabajar en la Antártida exige afrontar fallos de equipos, congelación de instrumentos y dificultades logísticas. Sin embargo, cada dato recuperado demuestra la resiliencia de los equipos y el valor científico del esfuerzo.

Las mediciones en Decepción y Livingston muestran que, incluso en los lugares más remotos, es posible observar con precisión los mecanismos del cambio global. Escuchar el pulso del océano es escuchar la transformación continua de nuestro planeta.

The Conversation

Los autores agradecen el apoyo del Ministerio de Ciencia e Innovación de España (proyectos CGL2007-28768-E/ANT, CTM2008-03113-E/ANT, CTM2009-07251/ANT) y la asistencia logística en las Campañas Antárticas Españolas (2009-2013) en las Bases Antárticas Españolas Gabriel de Castilla (Decepción) y Juan Carlos I (Livingston), así como a las tripulaciones de los Buques de Investigación BIO Las Palmas (A-52) y BIO Hespérides (A-33).
Agradecemos a la Agencia Española de Cooperación y Desarrollo (AECID) y a la Universidad de Cádiz, que financiaron los estudios de Doctorado del Dr. Bismarck Jigena Antelo, y cuyos resultados son materia del presente artículo.

Juan J. Muñoz y Juan Manuel Vidal Pérez no reciben salarios, ni ejercen labores de consultoría, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del puesto académico citado.

ref. Mediciones del mar en los confines del mundo: la ciencia española en la Antártida – https://theconversation.com/mediciones-del-mar-en-los-confines-del-mundo-la-ciencia-espanola-en-la-antartida-269828

No, un mono no podría haber pintado ese cuadro: lo que revela el arte abstracto sobre la mente humana

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Juan Olvido Perea García, Profesor Distinguido especializado en investigaciones de Biología y Psicología Evolutiva, Universidad de Las Palmas de Gran Canaria

_Una visita al estudio del artista_, pintura de Gabriel von Max. Wikimedia Commons

Quien haya visitado una galería de arte abstracto habrá oído alguna vez el comentario de “esto lo hace mi perro”. La idea parece convincente: si una obra no representa nada reconocible, cualquiera podría producirla. Sin embargo, la investigación muestra que esa intuición es falsa. Cuando observamos con atención, somos capaces de distinguir si una obra abstracta fue creada por un ser humano o por un animal, incluso sin saber explicar cómo lo hacemos.

Esto plantea una pregunta interesante: ¿qué señales visuales nos permiten detectar intención en un conjunto de trazos, manchas o líneas? Y, sobre todo, ¿hay algo en la manera humana de dejar marcas que nos resulte reconocible incluso cuando el autor no es un artista profesional?

Sabemos qué pintó un ser humano

Nuestro reciente estudio aporta nuevas respuestas. Recogimos diez pinturas abstractas creadas por personas sin entrenamiento formal en artes plásticas y diez elaboradas por chimpancés, sacados de la colección Schretlen (cedida por el museo de historia natural NATURALIS, en Leiden, Países Bajos). Todas ellas se mostraron a voluntarios en una prueba en la que debían decidir si cada imagen procedía de una persona o de un chimpancé.

Algunas de las obras usadas en el estudio. A la izquierda, obras hechas por chimpancés, parte de la colección Schretlen. A la derecha, obras hechas por personas sin entrenamiento formal.
Larissa M. Straffon, Juan O. Perea-García, Tijmen den Blaauwen, Mariska E. Kret, CC BY

Las imágenes se presentaron en dos versiones: tal cual fueron creadas y también en una versión modificada digitalmente, en la que se igualaron color y textura. Así se eliminaban pistas superficiales para comprobar si la diferencia estaba realmente en la estructura de la composición. En ambos casos, los participantes acertaron por encima del azar: incluso tras manipular las imágenes, seguían distinguiendo autorías humanas de autorías animales.

Este resultado sugiere que existe algún tipo de “firma humana” reconocible incluso en obras no profesionales. Pero ¿qué aspectos concretos de una imagen evocan esa sensación de intención?

Buscando patrones

Para explorarlo, hicimos otro estudio. Un nuevo grupo de participantes evaluó las mismas veinte obras según varios criterios: intencionalidad, equilibrio, complejidad y organización. Además, debían indicar cuánto les gustaba cada pieza.

Las obras humanas recibieron puntuaciones más altas en todos los aspectos salvo en complejidad. Es decir, no eran necesariamente más recargadas, pero sí parecían más equilibradas y organizadas, y transmitían una mayor sensación de propósito. Cuando los autores analizaron cómo contribuían estas tres características (equilibrio, organización y complejidad) a las valoraciones de intencionalidad y preferencia, encontraron conexiones claras en todos los casos.

En otras palabras, cuando una composición reparte sus elementos de forma coherente y presenta un cierto orden interno, tendemos a interpretarla como producto deliberado de una mente humana. Esas claves, que percibimos de manera casi automática, parecen guiar nuestras decisiones incluso sin que podamos verbalizarlas.

¿Por qué presentamos esta tendencia? Como especie, no podemos evitar ver patrones. Nuestra visión parece estar especialmente afinada para detectar variaciones sutiles en distribución y organización. Esto hace que busquemos señales de intención en prácticamente cualquier disposición que nos rodea. Los lectores más veteranos recordarán el entusiasmo por lo que parecía ser una cara en la superficie de Marte. ¿Acaso no nos ha recordado alguna vez un enchufe a una cara humana?

A lo largo de la evolución, reconocer cuándo un patrón había sido producido por otro ser humano probablemente supuso una ventaja. Identificar rastros, señales o símbolos creados por nuestros semejantes habría facilitado la cooperación y la comunicación a través del espacio y el tiempo. Que funcionemos así incluso en un museo no es más que un eco moderno de una habilidad ancestral.

Dónde está la intención

Otro punto interesante del estudio es la relación entre intencionalidad y preferencia. Las obras que parecían más deliberadas también tendían a gustar más, lo que sugiere que quizá estemos predispuestos a prestar atención y a valorar positivamente los patrones que creemos generados por otros humanos.

Una foto en blanco y negro de un mono sujetando unos pinceles sentado sobre unos óleos.
A mediados del siglo pasado era bastante común experimentar con simios cautivos dejándoles pintar con óleos. En la foto aparece Peter, también conocido como Pierre Brassau, del zoo sueco Borås Djurpark.
Wikimedia Commons

En conjunto, estos resultados permiten desmontar una idea común: el arte abstracto no es un conjunto de manchas aleatorias, ni mucho menos algo indistinguible de los trazos de un animal. Aunque a primera vista pueda parecer caótico, contiene rasgos de equilibrio, estructura y organización que nuestro cerebro interpreta como señales de una mente detrás del gesto.

Esto tampoco significa que cualquier persona pueda replicar la obra de un gran artista. Los experimentos solo comparan obras de estudiantes con los dibujos espontáneos de chimpancés. Pero sí muestran que, incluso en niveles muy básicos de producción artística, hay un sello humano reconocible: un modo particular de distribuir las formas que transmite intención.

El hallazgo también ayuda a entender por qué seguimos debatiendo qué es arte y qué no lo es. Parte de ese debate surge porque tratamos de identificar intención en las imágenes. Cuando la percibimos, asignamos significado, valor o emoción. Cuando no la vemos, la atribuimos a un niño o un animal. Sin embargo, incluso sin darnos cuenta, nuestro cerebro detecta patrones formales propios de la acción humana.

En resumen, nuestro estudio muestra por primera vez de manera explícita que ciertos rasgos formales como el equilibrio, la complejidad u organización interactúan para generar la impresión de intencionalidad en una obra. Y esa impresión nos permite identificar correctamente qué piezas han sido creadas por personas, incluso cuando no son artistas y aunque la obra sea abstracta.

La próxima vez que alguien diga “esto lo pinta mi perro”, quizá valga la pena recordar que incluso los garabatos menos deliberados llevan la huella de una mano humana.


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The Conversation

Juan Olvido Perea García recibe fondos de NAWA-Ulam (Agencia de Intercambio Académico Polaca) y es Profesor Distinguido por una ayuda Beatriz Galindo del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades.

Larissa M Straffon recibe fondos del Consejo Noruego de Investigación a través de su Centro de Excelencia Centre for Early Sapiens Behaviour, SapienCE y del Consejo Europeo de Investigación a través del proyecto ‘Evolution of Cognitive Tools for Quantification’ (QUANTA). El estudio aquí reportado fue parcialmente financiado por la Universidad de Leiden, Países Bajos, y la Fundación John Templeton (beca no. 61403 a LMS).

ref. No, un mono no podría haber pintado ese cuadro: lo que revela el arte abstracto sobre la mente humana – https://theconversation.com/no-un-mono-no-podria-haber-pintado-ese-cuadro-lo-que-revela-el-arte-abstracto-sobre-la-mente-humana-270032

Así usamos la inteligencia artificial para devolver la voz a pacientes de ELA

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Jordi Linares Pellicer, Dr. en informática y profesor en la Universitat Politècnica de València, Universitat Politècnica de València

Nuestra voz nos define. No es solo un instrumento para comunicar palabras: transmite nuestra personalidad, nuestra esencia. Una broma dicha con nuestra propia entonación tiene un significado diferente al de una voz sintética. Un “te quiero” susurrado con nuestro timbre único llega de una manera que ninguna voz robótica puede replicar.

Para los enfermos de esclerosis lateral amiotrófica (ELA), perder la voz significa perder una parte fundamental de su identidad. Esta enfermedad neurodegenerativa va despojando progresivamente a quienes la padecen de sus capacidades motoras, incluido el habla. Los sistemas de comunicación aumentativa les permiten seguir expresándose, pero a través de voces genéricas que no tienen nada que ver con quienes fueron.

En el grupo de investigación VertexLit, perteneciente al Instituto Valenciano de Investigación en Inteligencia Artificial (VRAIN) de la Universitat Politècnica de València, nos propusimos cambiar eso. Nuestro proyecto ha conseguido clonar la voz de Fran Vivó, un paciente de ELA, devolviéndole algo que parecía perdido para siempre.

Más allá de lo funcional

Este trabajo no pretendía resolver un problema estrictamente técnico. Los pacientes de ELA disponen ya de sistemas que les permiten comunicarse mediante texto o voces sintéticas predefinidas . Lo que nosotros buscábamos era diferente: devolver dignidad.

Cuando Fran puede volver a “hablar” con su propia voz, con su prosodia, su tono, sus particularidades, algo cambia profundamente en él y en sus familiares. No es una mejora práctica en sentido estricto, pero representa un aporte enorme a la calidad de vida emocional de los afectados. Es poder escuchar de nuevo a la persona que conocían, recordarla en algo tan propio como su manera de hablar.

El reto real no está en la tecnología en sí misma, sino en ajustarla a las fuentes disponibles. Porque cuando alguien pierde la voz, las grabaciones que conserva suelen ser escasas y de calidad variable: notas de audio en el móvil, vídeos familiares, quizás algún mensaje guardado por casualidad.

Inyectar emoción en las palabras

El proyecto ha implicado identificar las mejores herramientas y modelos disponibles, y realizar entrenamientos específicos que permitan no solo mantener las características originales de la voz, sino inyectar elementos de emoción y expresividad.

Los sistemas actuales de clonación de voz son capaces de replicar con notable fidelidad el tono y el timbre de una persona. Sin embargo, cuando hablamos no solo emitimos una señal acústica característica: también tenemos un ritmo particular, usamos muletillas, hacemos pausas en ciertos momentos y modulamos las frases de formas que nos identifican tanto como nuestra propia voz. Esta dimensión expresiva, lo que podríamos llamar nuestra “huella prosódica”, es precisamente lo que hemos querido capturar.

Para conseguirlo, utilizamos modelos de inteligencia artificial que analizan en profundidad las grabaciones disponibles del paciente. Estos modelos extraen patrones de entonación, variaciones dialectales, cadencias y otros rasgos que definen su manera única de expresarse. El resultado es un perfil detallado que va mucho más allá de las características puramente acústicas de la voz.

Con ese perfil, transformamos cualquier texto que se quiera generar antes de pasarlo al sistema de clonación. En lugar de sintetizar directamente las palabras escritas, las adaptamos para que reflejen cómo las diría realmente esa persona: con sus pausas, sus énfasis y sus giros característicos. De este modo, la voz generada no solo suena como el paciente, sino que habla como él.

Nuestra meta es crear una plataforma accesible que permita, sin tecnicismos, entrenar el sistema con grabaciones disponibles y generar nuevas locuciones. Queremos que tanto el enfermo como sus familiares puedan producir mensajes en un entorno de máxima privacidad, convirtiendo esta tecnología en un complemento humano a los sistemas de comunicación actuales.

Un puente entre el mundo y las personas

Vivimos un momento crucial para la inteligencia artificial. Por desgracia, recibe más atención por sus potenciales abusos que por los beneficios que ya está aportando en campos como la salud o la calidad de vida. Se habla mucho de regularla, y es importante distinguir: lo que hay que regular son sus aplicaciones, no la investigación ni la exploración de sus posibilidades.

Para quienes investigamos en este terreno, el sentido de la inteligencia artificial está en usarla como puente, como intermediario inteligente entre la complejidad del mundo y las personas, especialmente aquellas con necesidades especiales.

Este proyecto está ahora en proceso de escalado. Trabajamos para que pueda estar disponible a través de asociaciones y organismos, permitiendo que otros afectados realicen el proceso con autonomía. El objetivo es contemplar más posibilidades, no solo para enfermos de ELA, sino para todas las personas que ven afectada su comunicación.

Utilizar la inteligencia artificial como un elemento que nos asiste, nos complementa y se adapta a las características únicas de cada individuo. Eso, en definitiva, es lo que buscamos.

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Jordi Linares Pellicer no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Así usamos la inteligencia artificial para devolver la voz a pacientes de ELA – https://theconversation.com/asi-usamos-la-inteligencia-artificial-para-devolver-la-voz-a-pacientes-de-ela-270897

No es solo anisakis: parásitos que pueden llegar al plato (y cómo evitarlo)

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Raúl Pérez Caballero, Profesor de Parasitología y Enfermedades Parasitarias, Universidad de León

Recreación del protozoo parásito _Toxoplasma gondii_. Kateryna Kon/Shutterstock

El anisakis se ha convertido en el parásito más famoso por ser un riesgo asociado a comer pescado crudo. Sin embargo, no es el único que puede llegar a nuestro plato. Hay otras especies que también se transmiten a través de alimentos habituales como pescado, carne y verduras. El peligro depende, sobre todo, de cómo se preparan y cómo se consumen. Por ello, con buena información y unos pocos hábitos saludables ese riesgo puede casi desaparecer.

Anisakis: cuando el pescado se come crudo

Anisakis es un género de pequeños gusanos cuyas especies son marinas. Son parásitos que pueden aparecer en pescados y cefalópodos –como merluza, bacaladillas y calamares–. No siempre está presente, pero su detección es más frecuente hoy gracias a una mejor vigilancia.

Un informe reciente de AZTI, un centro científico y tecnológico especializado en el medio marino y la alimentación, ha encontrado Anisakis en el 100 % de las merluzas europeas analizadas (según 223 muestras tomadas del puerto de Burela, en Lugo, entre 2019 y 2021). También hallaron el parásito en el 20 % de las anchoas.

Anisakis detectados en un arenque.
Anisakis detectados en un arenque.
Wikimedia Commons, CC BY

Estos datos han generado titulares llamativos, pero no significan que toda merluza sea peligrosa. El riesgo surge cuando se come pescado crudo o poco hecho como sushi, ceviche y boquerones en vinagre.

Si el parásito sigue vivo puede provocar anisakiasis, una infección digestiva con dolor abdominal, náuseas y vómitos. En algunas personas también puede causar reacciones alérgicas, desde leves hasta más intensas.

Los casos son poco comunes, pero la prevención no admite dudas: cocinar el pescado o congelarlo antes de consumirlo crudo. En casa basta con congelarlo a –20 °C durante al menos cinco días. En bares y restaurantes esta medida es obligatoria por ley (Real Decreto 1420/2006).

Trichinella: la carne poco hecha también tiene riesgo

Trichinella spiralis provoca la triquinelosis o triquinosis. Este parásito puede estar en la carne de cerdo y, sobre todo, en animales de caza como el jabalí. A simple vista la carne parece normal, de modo que hace falta un análisis sanitario.

Varios ejemplares de _Trichinella spiralis_, vistos al microscopio.
Varios ejemplares de Trichinella spiralis, vistos al microscopio.
olgaru79/Shutterstock

La infección aparece al comer carne cruda o poco cocinada. Primero produce malestar digestivo y después fiebre, dolores musculares o cansancio. En casos graves puede afectar al corazón y al sistema nervioso.

La prevención es tan sencilla como eficaz: cocinar bien la carne elimina el parásito. También resulta importante evitar productos sin control veterinario, como embutidos caseros y carne de caza sin analizar. Gracias a estas medidas la triquinelosis es hoy poco frecuente en Europa.

Tenias: el riesgo de la carne poco cocinada

Las tenias (Taenia spp.) son parásitos planos que pueden llegar al ser humano a través de la carne de cerdo y de vacuno. Las especies más habituales son Taenia saginata (vinculada al vacuno) y Taenia solium (asociada al cerdo).

El contagio ocurre cuando se consume carne que no ha sido cocinada lo suficiente. Las formas larvarias (cisticercos) pueden sobrevivir si la temperatura interna del alimento no alcanza los niveles necesarios para destruirlas. Una vez ingeridas, se desarrollan en el intestino y pueden pasar desapercibidas durante semanas.

Los síntomas suelen ser leves y consisten en molestias digestivas, pérdida de apetito y adelgazamiento. Sin embargo, en el caso de Taenia solium, existe un riesgo añadido: si los huevos del parásito se ingieren accidentalmente, pueden dar lugar a cisticercosis. Se trata de una infección en la que las larvas se alojan en tejidos como el músculo o, en casos graves, el cerebro.

En este caso también, cocinar bien la carne de cerdo y de vacuno elimina el parásito. Adicionalmente, conviene evitar productos procedentes de animales sin control veterinario y mantener buenas prácticas de higiene durante la manipulación de los alimentos. En los países con controles sanitarios estrictos, la teniasis es cada vez menos frecuente. Aun así, sigue siendo importante conocer y aplicar las medidas básicas de seguridad alimentaria.

Toxoplasma: un riesgo invisible y extendido

Toxoplasma gondii es uno de los parásitos más comunes del mundo. Se calcula que una de cada tres personas ha estado en contacto con él.

Puede encontrarse en carne cruda o poco hecha. También en frutas o verduras contaminadas que no se han lavado bien.

En la mayoría de las personas la infección pasa desapercibida, pero en embarazadas e individuos con defensas bajas puede causar problemas graves. Durante el embarazo, el parásito puede transmitirse al feto y provocar daños en el desarrollo neurológico y visual.

Las medidas de prevención son igualmente simples: cocinar bien la carne (más de 70 ºC durante al menos dos minutos), lavar con cuidado frutas y verduras y limpiar los utensilios después de manipular alimentos crudos nos ayudará a evitar la infección.

Las mujeres embarazadas deberían, además, evitar el contacto con las heces de gato, otra fuente posible de contagio.

Un riesgo real, pero fácil de controlar

Que existan parásitos en los alimentos no significa que debamos alarmarnos. Los controles sanitarios actuales limitan al mínimo el riesgo de infección.

En la mayoría de los casos el contagio ocurre por malas prácticas en casa. Por ejemplo, cocinar poco la comida, conservarla a temperatura incorrecta o descuidar la limpieza. Cocinar bien, refrigerar adecuadamente y mantener una buena higiene son hábitos sencillos que marcan la diferencia.

Protegernos no exige renunciar al placer de comer. Basta con conocer los riesgos y actuar con sensatez. Las personas informadas toman decisiones más seguras. Entender cómo se previenen estas infecciones nos permite disfrutar del sushi, del jamón y del ceviche sin miedo, pero con conocimiento.

Comer bien también es una forma de cuidar la salud. Y, en definitiva, la buena alimentación también es ciencia.

The Conversation

Raúl Pérez Caballero no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. No es solo anisakis: parásitos que pueden llegar al plato (y cómo evitarlo) – https://theconversation.com/no-es-solo-anisakis-parasitos-que-pueden-llegar-al-plato-y-como-evitarlo-272226

Doscientos días de verano

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Armand Hernández, Investigador Ramón y Cajal en Ciencias de la Tierra y del Agua, Centro Interdiscilplinar de Química e Bioloxía (CICA), Universidade da Coruña

Massimo Todaro/Shutterstock

Seguramente todos hemos comentado lo caluroso y largo que fue el pasado verano. En el ascensor, en la cola del supermercado, en una sala de espera o mientras aguardamos a que nuestros hijos salgan del colegio; el “verano eterno” ha sido el tema estrella de muchas conversaciones cotidianas.

En Europa se empieza a sentir que el verano no termina. Las primaveras se acortan, los otoños llegan tarde y el frío del invierno, aunque puede ser extremo, dura poco. No es una impresión pasajera: la comunidad científica lleva tiempo observándolo, y ahora sabemos que el Viejo Continente se encamina hacia un cambio estacional sin precedentes en la historia humana.

En un estudio reciente, analizamos la evolución del verano durante los últimos 10 000 años y mostramos que, hace unos 6 000 años, esta estación llegó a extenderse durante casi 200 días. Entonces, las causas fueron naturales. Hoy el escenario es parecido, pero con una diferencia fundamental: el calentamiento actual tiene origen antropogénico y avanza a un ritmo muy superior al de aquel periodo.

Un archivo climático en el fondo de los lagos

Para reconstruir esta evolución, estudiamos las llamadas varvas, láminas de sedimento depositadas estacionalmente en algunos lagos. Cada varva suele incluir dos capas, una asociada al verano y otra al invierno. Midiendo su grosor es posible reconstruir, año a año, la duración e intensidad de cada estación.

El estudio de estas laminaciones en lagos europeos revela un patrón claro: los veranos del Holoceno medio (hace entre 8 000 y 4 000 años aproximadamente) duraban de media 200 días, casi un mes más que a principios del siglo XX.

¿Qué provocó esos veranos tan largos? La explicación principal está en el gradiente latitudinal de temperatura, la diferencia térmica entre el ecuador y el Ártico.

Cuando el Ártico se calienta más rápido que las zonas tropicales, ese gradiente se debilita y la circulación atmosférica se ralentiza. El chorro polar, la corriente de vientos rápidos que rodea el hemisferio norte, pierde intensidad y comienza a ondularse. Esta configuración favorece los llamados bloqueos atmosféricos: situaciones en las que un anticiclón estacionario permanece sobre Europa durante semanas, desviando las borrascas atlánticas y exponiendo al continente a aire cálido sostenido.




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Las consecuencias son veranos más largos y episodios más frecuentes de olas de calor, sequías y lluvias torrenciales al inicio del otoño. Según nuestra investigación, existe una relación estadística sólida entre la duración del verano y la intensidad del gradiente térmico: cerca de dos tercios de la variabilidad estacional del Holoceno se explica por cambios en este gradiente. Por cada grado de debilitamiento, Europa suma unos seis días adicionales de verano.

Lecciones del pasado

Lo preocupante es que este mecanismo está reactivándose hoy en día. La comparación con el pasado aporta perspectiva, pero también urgencia. Durante el Holoceno, las modificaciones del gradiente se debieron a variaciones orbitales o al retroceso de grandes masas de hielo, procesos lentos y graduales. Hoy, el motor del cambio es el calentamiento global inducido por la actividad humana, y la atmósfera responde con rapidez.

El Ártico se calienta unas cuatro veces más rápido que el resto del planeta, un fenómeno conocido como “amplificación ártica”, lo que reduce el gradiente térmico a una velocidad sin precedentes en los últimos diez milenios.




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Desde los años ochenta, los veranos europeos muestran una clara tendencia a alargarse, confirmada por los registros meteorológicos. También lo reflejan los sistemas naturales: plantas que florecen antes, insectos que aparecen antes de lo habitual y aves migratorias que adelantan sus desplazamientos. El reloj climático de Europa está cambiando, y la diferencia principal respecto al pasado es la velocidad a la que ocurre.

Si las emisiones continúan al ritmo actual, Europa podría sumar hasta 42 días más de verano para el año 2100. Esto supondría veranos fuera de los umbrales naturales bajo los que se ha desarrollado la humanidad. En escenarios más optimistas, el aumento sería menor, pero aun así relevante: unos 13 días adicionales.

Aunque estas cifras puedan parecer pequeñas, dos semanas extra de verano extremo tienen consecuencias directas: mayor mortalidad por calor, estrés hídrico en cultivos, incendios más frecuentes, alteraciones en ecosistemas sensibles y presión añadida sobre las infraestructuras energéticas. A ello se suma el impacto en los inviernos que, aunque cada vez con más eventos extremos, duran poco, lo que afecta a la acumulación de nieve y la recarga de acuíferos, generando procesos de retroalimentación.

Una ventana al mañana

Aunque no existan predicciones exactas del futuro, aún es posible influir en su trayectoria. Cada decisión para reducir nuestras emisiones, cada avance tecnológico, cada política climática orientada a la neutralidad en carbono contribuye a frenar esta tendencia.

Contamos con herramientas científicas sólidas, sociedades más conscientes y una innovación climática en pleno desarrollo. El mismo conocimiento que permite reconstruir los veranos del Holoceno ayuda hoy a anticipar riesgos, transformar sistemas energéticos, restaurar ecosistemas y diseñar soluciones que hace poco parecían inalcanzables. La historia climática nos advierte. Queda por ver si sabremos escucharla.

The Conversation

Armand Hernández recibe fondos del Ministerio de Ciencia e Innovación (España).

Celia Martin Puertas recibe fondos de UK Research and Innovation

ref. Doscientos días de verano – https://theconversation.com/doscientos-dias-de-verano-270363

Violencia vicaria: ¿acaso son los niños “menos” víctimas que sus propias madres?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Lourdes Gaitán Muñoz, Co-directora revista científica complutense Sociedad e Infancias, Universidad Complutense de Madrid

Oleksandra Naumenko/Shutterstock

La figura de Janusz Korckzak es reconocida como una de las más influyentes en lo que se refiere a la consideración de niños y niñas como seres humanos, merecedores de amor, atención, respeto y derechos.

Resulta difícil definir a Korczak en una sola dimensión: médico pediatra, pedagogo, activista, locutor de radio, escritor… Escribir para él era una costumbre en la que se inició desde la escuela y siguió practicando hasta la víspera de su muerte.

Sin embargo, muy poco de su extensa obra está traducido al español, lo que dificulta, pero no impide, que sus ecos lleguen a los ámbitos de la pedagogía y la educación de tiempo en tiempo.

Existe en especial un pequeño texto titulado El derecho del niño al respeto (1928) en el que el autor vuelca las ideas fundamentales que surgen de sus largos años dedicados a observar, cuidar y tratar de comprender a los niños. En este texto podemos encontrar reflexiones como la siguiente, referida a la manera en que las personas adultas perciben a las niñas y niños:

Es como si hubiera dos tipos de vida: una seria y respetada, otra tolerada y menos valorada. Decimos que son personas del futuro, futuros trabajadores, futuros ciudadanos. Que lo serán, que su vida empezará de verdad más tarde, que no es seria hasta el futuro. Permitimos con indulgencia que se entretengan, pero estamos más cómodos sin ellos.

Nos vienen estas frases a la memoria a propósito del anteproyecto de Ley Orgánica de medidas en materia de violencia vicaria. Presentado el pasado septiembre por el Ministerio de Igualdad de España, tipifica la violencia vicaria como delito en el marco de la protección contra la violencia de género. La creadora del término, Sonia Vaccaro, define esta violencia “como su nombre indica: una violencia secundaria a la víctima principal, que es la mujer”.

Víctimas principales y secundarias

Más allá de la dudosa división entre víctimas principales (las mujeres) y víctimas secundarias (las personas sobre quienes ejerce violencia el maltratador), este término ha encontrado fácil acomodo en la costumbre de encerrar fenómenos complejos en etiquetas de fácil repetición y recuerdo –tan apreciadas por la cultura mediática– y que rápidamente se instalan en el pensamiento colectivo, llegando a convertirse en fenómenos en sí mismos.

Siendo tan grave por sí toda forma de violencia infligida a las mujeres, no necesitaría desviar el foco de la gravedad de las personas que sufren en su propio ser y en su propia carne esa violencia, es decir, las hijas e hijos de la mujer a quien se desea causar el mayor daño posible.

La doctrina jurídica y el propio diccionario de la RAE ya contienen la definición de figuras que ponen nombre a los delitos cometidos contra los propios hijos, o contra otros niños, con resultado de muerte. Son conceptos como “filicidio”, “neonaticidio” o “infanticidio”, que cuentan con décadas de investigación empírica y perfiles criminológicos bien estudiados. Del mismo modo lo están los conceptos de abuso o maltrato psicológico o físico ejercidos sobre niños y niñas.

El pensamiento, las prácticas y las enseñanzas de Janusz Korczak fueron una de las fuentes de inspiración de la primera Declaración Universal de los Derechos del Niño –la conocida como Declaración de Ginebra, de 1924–, si bien él mismo la criticaba por su indefinición y falta de compromiso. Mas esta indefinición quedó superada por la Convención sobre los Derechos del Niño de las Naciones Unidas, de 1989, que establece sin dudas el “principio del superior interés”. Esta expresión debe interpretarse como que, ante cualquier situación, es prioritario velar por el bienestar y la protección del niño, niña o adolescente, por encima de cualquier otro interés.

Los derechos de los niños deben funcionar de manera independiente

Esto significa que los derechos de los niños deben tomarse en consideración de forma independiente, sin quedar subordinados a los derechos, necesidades o intereses de las personas adultas, sean estas madres, padres, autoridades o instituciones.

El derecho al propio nombre, a ser nombrado como protagonista de la muerte propia, es un derecho que no puede ser negado a los niños cuando son víctimas de asesinato o maltrato. Son víctimas directas de esa agresión mortal, como lo son de otras formas de abuso y maltrato que hace tiempo fueron reconocidas por las leyes como tales.

Empatizar con el terrible dolor que sufre una madre a la que le arrebatan a sus hijos de manera trágica, no justifica que se desvíe la atención sobre la gravedad de un hecho, el infanticidio, que nunca es menos terrible que el feminicidio. Tristemente, la utilización del término “violencia vicaria” parece hacerle el juego al victimario, en cuanto que se reafirma la subordinación de la infancia, a la que se considera como un medio y no como un fin en sí misma, en el estricto sentido de la ética kantiana.

La asimilación de un término como “violencia vicaria” por parte de una sociedad bien intencionada y sensible frente a la violencia contra las mujeres no deja de representar la manifestación de un adultismo rampante; ese que considera a la persona adulta como superior, como medida de todas las cosas, mientras los niños y niñas son vistos como cargas que se acarrean, propiedades que se reclaman o daños colaterales que conlleva la violencia en las relaciones entre personas adultas.

Es consecuencia de admitir que, como decía Korczak, habría dos formas de vida: una seria y respetada (la de las mujeres adultas) y otra tolerada y menos valorada (la de los niños y niñas).

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. Violencia vicaria: ¿acaso son los niños “menos” víctimas que sus propias madres? – https://theconversation.com/violencia-vicaria-acaso-son-los-ninos-menos-victimas-que-sus-propias-madres-270546

España suspende en formación emprendedora: por qué es importante y cómo mejorar

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Pau Sendra Pons, Profesor de Contabilidad, Universitat de València

insta_photos/Shutterstock

Crear empleo, crecer económicamente, estimular la innovación, atraer inversión o aumentar la competitividad son objetivos comunes y recurrentes de cualquier economía mundial. Aunque las recetas para lograrlo varíen, hay un elemento que contribuye de manera significativa a conseguirlos: el emprendimiento, entendido como la puesta en marcha de proyectos empresariales basados en ideas innovadoras orientadas a la creación de valor.

Pero si preguntamos a cualquier niño o niña qué es lo que quieren ser de mayores, “emprendedor” o “emprendedora” no suele ser una respuesta habitual. Y sin embargo, es importante darles a conocer esta opción profesional y animarles a tenerla en cuenta.

Lo que se conoce como “formación emprendedora” –toda aquella que ayuda a una persona a convertir una idea de negocio innovadora en un proyecto empresarial real– pone al talento joven frente a un itinerario profesional que muchos aún no se habían planteado recorrer. En España, pese a los avances alcanzados en los últimos años, los jóvenes todavía no muestran una preferencia clara por emprender frente a otras alternativas de empleo por cuenta ajena.

Por otro lado, esta formación les dota de competencias y habilidades que, con independencia de que finalmente emprendan o no, favorecen una forma de trabajar ágil, resolutiva y alineada con las exigencias del entorno actual.

Suspensos en formación emprendedora

En España la formación emprendedora sigue siendo una asignatura pendiente: en una escala de 1 a 10, la educación y formación emprendedora en la etapa escolar apenas llega a un 2,6 según la valoración experta. Su evolución no está siendo muy prometedora: de un aprobado ajustado (5,1) en 2022 se descendió a un preocupante 2,1 en 2023, seguido del ligero avance citado.

En la etapa universitaria y de formación profesional, la puntuación alcanza un 5,2, una mejora notable respecto al 4,3 de 2023, y sigue una tendencia claramente ascendente. Pese a este avance, se sitúa lejos de niveles considerados sólidos. De hecho, el 68,4 % de los universitarios afirma no haber asistido a cursos de emprendimiento.

Valoración de los expertos (1-10) de la educación y formación emprendedora en la etapa escolar y postescolar.
Fuente: Informe Global Entrepreneurship Monitor: datos sobre España 2024-25.

Aun así, el emprendimiento ha ganado relevancia dentro de la educación superior en los últimos años: el 92 % de las universidades españolas desarrollan iniciativas para fomentarlo, más del 75 % de las universidades públicas cuentan con estructura propia en este ámbito y casi el 60 % dispone de recursos destinados específicamente a esas acciones.

Situación parecida en el resto del mundo

Los países de la Unión Europea obtienen resultados ligeramente superiores a los de España en la formación emprendedora escolar. En cambio, se sitúan por debajo en la formación postescolar: España alcanza un 5,2, frente al 4,5 de la media europea.

¿Y a escala mundial? Tanto en la etapa escolar como en la postescolar, los resultados son heterogéneos y en ningún caso superan el 6,5 en la valoración experta de la formación emprendedora escolar ni el 7,1 en la postescolar.

Formación y educación emprendedora escolar en el mundo según la National Expert Survey de GEM para 2024. Ilustración creada por el Banco Mundial.
GEM National Expert Survey (https://www.gemconsortium.org/data/key-nes).
Formación y educación emprendedora postescolar en el mundo según la National Expert Survey de GEM para 2024. Ilustración creada por el Banco Mundial.
GEM National Expert Survey (https://www.gemconsortium.org/data/key-nes)

Ahora bien, aunque la formación es relevante, no es el único condicionante: la infraestructura comercial de un país, su cultura, la facilidad en el acceso a financiación o la simplificación burocrática, entre otros aspectos, también influyen de forma notable y determinan que unos países presenten mayores tasas de emprendimiento que otros.




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Los retos del empleo juvenil en España


¿Un talento innato?

La capacidad de emprender no es algo con lo que se nazca, pero tampoco depende solo de la formación que se reciba. Es el resultado de una combinación de predisposiciones personales, experiencias, aprendizajes y contexto.

La educación primaria, secundaria y superior tienen un papel destacado en dar a conocer el emprendimiento como vocación profesional y, a su vez, en dotar al estudiantado de las herramientas, los conocimientos y las destrezas para poder decantarse por esa opción.

Favorecer la formación emprendedora

Integrar la formación emprendedora en la educación escolar supone introducir desde etapas tempranas cuestiones clave como la innovación, la generación de valor compartido, la creatividad, el pensamiento crítico, la toma de decisiones en contextos de incertidumbre y la iniciativa personal. Existen varias formas de enseñar emprendimiento: de manera transversal, como asignatura obligatoria o como optativa. Integrarlo transversalmente en el currículum representa el enfoque más extendido en etapas tempranas a nivel europeo.




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Educación para emprendedores: ¿qué es el enfoque 360?


En la educación superior, lo fundamental ahora es:

  • Consolidar buenas prácticas, reforzando e institucionalizando programas de formación y asesoramiento dirigidos al talento emprendedor universitario.

  • Dotar de mayores recursos, incrementando no solo la financiación, sino también la disponibilidad de espacios seguros de aprendizaje y de infraestructura tecnológica.

  • Comunicar bien lo que hay disponible, haciendo visible la estrategia emprendedora de los centros, su propósito y el alcance esperado de sus iniciativas. Este empeño requiere el compromiso del sector educativo, de los decisores políticos y, en definitiva, de la sociedad.

Todo ello desde un enfoque multidisciplinar, promoviendo equipos de trabajo en los que participe estudiantado de distintas áreas de conocimiento. A mayor diversidad de perfiles, mayor facilidad para identificar oportunidades de emprendimiento que resulten exitosas.

The Conversation

Pau Sendra Pons no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. España suspende en formación emprendedora: por qué es importante y cómo mejorar – https://theconversation.com/espana-suspende-en-formacion-emprendedora-por-que-es-importante-y-como-mejorar-272925

Beauty in ordinary things: why this Japanese folk craft movement still matters 100 years on

Source: The Conversation – Global Perspectives – By Penny Bailey, Lecturer in Japanese Studies, The University of Queensland

A thrown tea bowl made by Hamada Shōji. Wikimedia, CC BY-SA

On January 10 1926, Yanagi Sōetsu and the potters Hamada Shōji and Kawai Kanjirō sat talking excitedly late into the night at a temple on Mt Kōya, in Japan’s Wakayama Prefecture.

They were debating how best to honour the beauty of simple, everyday Japanese crafts. Out of that conversation came a new word, mingei, and a plan to found The Japan Folk Crafts Museum in Tokyo. Later, Yanagi would describe what emerged that night as “a new standard of beauty”.

A view of the front of a traditional Japanese building with a dark roof and large wooden doors. There is a short stone fence in the foreground.
The Japan Folk Crafts Museum in Meguro Ward, Tokyo, is dedicated to collecting, preserving, researching, and exhibiting the hand-crafted works of the Mingei movement.
Wikimedia, CC BY-SA

A century on, Yanagi’s ideas feel strikingly relevant. His message was simple: beautiful things need not be rare or expensive – they can be well-designed objects that we use every day.

In an age of fast fashion, disposable products and growing concerns about waste, his approach offers an important reminder to think about the objects we choose to have around us.

How mingei was born

Yanagi (1889–1961) was an art critic and collector who believed beauty was not solely the preserve of famous artists or rare treasures. He and his friends were drawn, instead, to well-made and functional objects: bowls, baskets, fabrics and tools created for daily use, rather than to display.

A black and white image of a Japanese man in a traditional robe, holding a bowl.
Yanagi was an art critic, philosopher and founder of the Mingei movement.
Wikimedia

To Yanagi, these simple things shaped the rhythm of daily life – yet had gone unnoticed in a world rushing toward modern mass production.

The attraction came from looking closely. Yanagi described it as “seeing with one’s own eyes before dissecting with the intellect”. He admired the work of anonymous craftspeople who repeated familiar forms, refining them through long periods of practice.

These makers did not seek fame; their goal was to create objects that balanced beauty and function so completely that they were inseparable.

Japan in the 1920s was changing fast. Mass-produced goods were replacing handmade ones, and many local craft traditions were in decline. Yanagi worried this shift would erase skills and weaken the bond between beauty and everyday life. Mingei aimed to bring this connection back into view.

Yanagi, Hamada and Kawai agreed they needed a new word for the kind of objects they wanted to celebrate. From minshuteki kōgei, meaning “craft of the people”, they coined the shorter term mingei. It describes objects made for use rather than prestige, and by hand rather than by machine. Yanagi believed these objects formed the true heart of Japanese craft.

A year after their Mount Kōya conversation, the group held their first folk craft exhibition in Ginza. None of the works carried signatures. The exhibition aimed to encourage a new way of looking at humble objects, suggesting that everyday things held artistic value when viewed with care.

Close-up shot of a grey-ish hand-made bowl.
A thrown bowl by Bernard Leach.
Wikimedia, CC BY

How mingei shaped Japanese design

Yanagi’s ideas went on to shape Japanese craft and design throughout the 20th century, influencing not only craftspeople but also designers.

His son, Yanagi Sōri, adopted mingei principles in his famous 1954 Butterfly Stool, made from two curved pieces of plywood that meet like wings. Simple, balanced and light, the stool is now an icon of modern design, showing how mingei could take form in new materials and contexts.

A stool made with two curved pieces of wood, against a white background.
The maple veneer Butterfly stool designed by Yanagi Sōri.
David Wong/South China Morning Post via Getty Images

The movement also shaped the work of Hamada and Kawai, and many other makers including Tomimoto Kenkichi, Serizawa Keisuke, Munakata Shikō and the Englishman Bernard Leach. They showed how traditional craft practised with care and humility could remain vital in a rapidly changing world.

Another branch of Yanagi’s legacy emerged with the rise of seikatsu kōgei, or “lifestyle crafts”, in the 1990s. These makers turned to simple, functional objects to reconsider how we live. After Japan’s economic bubble burst in the 1980s, many began to question the habit of buying and discarding.

Why Yanagi’s ideas matter today

The influence of mingei continues in contemporary design. Fukasawa Naoto – one of Japan’s most influential designers and the current director of The Japan Folk Crafts Museum – aims to create objects which work so naturally that they seem to disappear into daily life.

He describes this as “without thought” design: things that feel right in the hand, fit their purpose and do not demand attention. His long collaboration with MUJI, known for its pared-back products, shows how closely his work follows the mingei spirit.

This way of thinking sits in sharp contrast to how many goods are made today. A culture of fast buying and quick disposal has left people feeling disconnected from the act of making, from materials and from the things they own.

An older Japanese man and woman look at some folk art on panels inside a gallery.
Former Japanese Emperor Akihito and Empress Michiko visiting The Japan Folk Crafts Museum, during a 2017 exhibition commemorating the 80th anniversary of the museum.
Yomiuri Shimbun/AP

Mingei offers an alternative way of thinking. It invites us to look closely at the objects we use each day – to notice their shape, feel and purpose. It suggests beauty should be part of everyday life, not an escape from it.

Yanagi believed if we change how we see and choose ordinary things, we might also change how we live. A century later, his call to value simple and well-made objects offers a steady guide through our profit-driven, disposable world.

The Conversation

Penny Bailey does not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organisation that would benefit from this article, and has disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

ref. Beauty in ordinary things: why this Japanese folk craft movement still matters 100 years on – https://theconversation.com/beauty-in-ordinary-things-why-this-japanese-folk-craft-movement-still-matters-100-years-on-269802

Why eating disorders are more common among LGBTQIA+ people and what can help

Source: The Conversation – Global Perspectives – By Kai Schweizer, PhD Candidate in Youth Mental Health, The University of Western Australia; The Kids Research Institute

MDV Edwards/Getty

When people picture someone with an eating disorder, many think of a thin, teenage girl with anorexia nervosa. This stereotype is so pervasive it can feel like a fact.

The reality is that eating disorders affect people of all ages, body sizes, cultures, races, sexes, genders and sexualities. In 2023, around 1.1 million Australians (around 4.5% of the population) were living with an eating disorder.

A growing body of evidence suggests LGBTQIA+ people are particularly vulnerable to developing eating disorders. But we still need more research to understand how and why they affect this group more.

Here’s what we know so far about LGBTQIA+ people’s higher risk – and what treatment actually works for them.

What is an eating disorder?

Eating disorders are serious mental health conditions that affect a person’s eating behaviours. They can harm both physical and mental health.

Anorexia nervosa and bulimia nervosa are the most well-known eating disorders, but the most common are actually binge eating disorder (eating a lot in a short amount of time and feeling out of control) and avoidant/restrictive food intake disorder (restricting eating because of sensory sensitivity, lack of appetite, or fear of illness or choking).

Eating disorders can cause damage to a person’s organs, bones, fertility and brain function. People with an eating disorder are up to five times more likely to die early than those without one.




Read more:
What’s the difference between an eating disorder and disordered eating?


How much higher is the risk for LGBTQIA+ people?

Research shows that LGBTQIA+ people have much higher rates of eating disorders than non-LGBTQIA+ people.

For example, in the United States an estimated 9% of the population will experience an eating disorder in their lifetime. But a 2018 survey of LGBTQ young people in the US found rates were significantly higher:

  • 54% reported an eating disorder diagnosis
  • another 21% thought they had an eating disorder, but hadn’t been diagnosed.

Within the LGBTQIA+ community, the risk also varies across different groups:

We don’t have data for asexual people, but we do know that asexual people have poorer body image than their non-asexual peers. So it is likely they also experience higher rates of eating disorders.

Why LGBTQIA+ people face higher risk

Being an LGBTQIA+ person is not a mental illness. There is no evidence of a biological reason why LGBTQIA+ people experience higher rates of eating disorders.

While many factors contribute, two of the most studied risk factors are minority stress and gender dysphoria.

1. Minority stress

Minority stress refers to how discrimination and stigma negatively impact the health of LGBTQIA+ people. This means it is not who they are, but how LGBTQIA+ people are treated that drives their higher risk.

Discrimination can lead LGBTQIA+ people to feel shame about their identities and bodies. Some people try to cope through disordered eating behaviours, which can develop into an eating disorder.

For intersex people, medically unnecessary surgeries in childhood to “normalise” their bodies can cause trauma and shame that can also increase eating disorder risk.

2. Gender dysphoria

Many trans people experience something called gender dysphoria. This is the distress, discomfort or disconnect that can happen when a person’s gender identity doesn’t match their physical body or how others see them. For many trans people, eating disorders can be an attempt to reduce gender dysphoria.

In trans teens, eating disorders often develop as a way to stop puberty when they can’t access puberty blocking medications. For example, restricting food may be a way to try to reduce the appearance of breast tissue or to stop having periods.

What kind of treatment would work?

After a diagnosis, typical eating disorder treatment involves a multidisciplinary team including a doctor, mental health professional and dietitian. Treatment can be provided in the community or in a hospital if someone’s physical health needs close monitoring.

But eating disorder treatment was not designed with LGBTQIA+ people in mind and can sometimes cause harm. LGBTQIA+ people report more negative experiences of treatment compared to the general population.

For example, mirror exposure exercises are a common therapy, where someone with an eating disorder is asked to look in a mirror for prolonged periods to lessen their body image distress. But for some trans people this can worsen their gender dysphoria.

This doesn’t mean treatment can’t help LGBTQIA+ people. It means treatment has to be adapted to ensure it meets their needs.

In practice, this might look like:


If this article raised any concerns for you or someone you know, contact the Butterfly Foundation on 1800 33 4673. You can also contact QLife at 1800 184 527.

The Conversation

Kai Schweizer receives funding from the Australian Government Research Training Program and the Australian Eating Disorder Research and Translation Centre SEED Grants Scheme.

ref. Why eating disorders are more common among LGBTQIA+ people and what can help – https://theconversation.com/why-eating-disorders-are-more-common-among-lgbtqia-people-and-what-can-help-270268

NASA’s Pandora telescope will study stars in detail to learn about the exoplanets orbiting them

Source: The Conversation – USA – By Daniel Apai, Associate Dean for Research and Professor of Astronomy and Planetary Sciences, University of Arizona

A new NASA mission will study exoplanets around distant stars. European Space Agency, CC BY-SA

On Jan. 11, 2026, I watched anxiously at the tightly controlled Vandenberg Space Force Base in California as an awe-inspiring SpaceX Falcon 9 rocket carried NASA’s new exoplanet telescope, Pandora, into orbit.

Exoplanets are worlds that orbit other stars. They are very difficult to observe because – seen from Earth – they appear as extremely faint dots right next to their host stars, which are millions to billions of times brighter and drown out the light reflected by the planets. The Pandora telescope will join and complement NASA’s James Webb Space Telescope in studying these faraway planets and the stars they orbit.

I am an astronomy professor at the University of Arizona who specializes in studies of planets around other stars and astrobiology. I am a co-investigator of Pandora and leading its exoplanet science working group. We built Pandora to shatter a barrier – to understand and remove a source of noise in the data – that limits our ability to study small exoplanets in detail and search for life on them.

Observing exoplanets

Astronomers have a trick to study exoplanet atmospheres. By observing the planets as they orbit in front of their host stars, we can study starlight that filters through their atmospheres.

These planetary transit observations are similar to holding a glass of red wine up to a candle: The light filtering through will show fine details that reveal the quality of the wine. By analyzing starlight filtered through the planets’ atmospheres, astronomers can find evidence for water vapor, hydrogen, clouds and even search for evidence of life. Researchers improved transit observations in 2002, opening an exciting window to new worlds.

When a planet passes in front of its star, astronomers can measure the dip in brightness, and see how the light filtering through the planet’s atmosphere changes.

For a while, it seemed to work perfectly. But, starting from 2007, astronomers noted that starspots – cooler, active regions on the stars – may disturb the transit measurements.

In 2018 and 2019, then-Ph.D. student Benjamin V. Rackham, astrophysicist Mark Giampapa and I published a series of studies showing how darker starspots and brighter, magnetically active stellar regions can seriously mislead exoplanets measurements. We dubbed this problem “the transit light source effect.”

Most stars are spotted, active and change continuously. Ben, Mark and I showed that these changes alter the signals from exoplanets. To make things worse, some stars also have water vapor in their upper layers – often more prominent in starspots than outside of them. That and other gases can confuse astronomers, who may think that they found water vapor in the planet.

In our papers – published three years before the 2021 launch of the James Webb Space Telescope – we predicted that the Webb cannot reach its full potential. We sounded the alarm bell. Astronomers realized that we were trying to judge our wine in light of flickering, unstable candles.

The birth of Pandora

For me, Pandora began with an intriguing email from NASA in 2018. Two prominent scientists from NASA’s Goddard Space Flight Center, Elisa Quintana and Tom Barclay, asked to chat. They had an unusual plan: They wanted to build a space telescope very quickly to help tackle stellar contamination – in time to assist Webb. This was an exciting idea, but also very challenging. Space telescopes are very complex, and not something that you would normally want to put together in a rush.

The Pandora spacecraft with an exoplanet and two stars in the background
Artist’s concept of NASA’s Pandora Space Telescope.
NASA’s Goddard Space Flight Center/Conceptual Image Lab, CC BY

Pandora breaks with NASA’s conventional model. We proposed and built Pandora faster and at a significantly lower cost than is typical for NASA missions. Our approach meant keeping the mission simple and accepting somewhat higher risks.

What makes Pandora special?

Pandora is smaller and cannot collect as much light as its bigger brother Webb. But Pandora will do what Webb cannot: It will be able to patiently observe stars to understand how their complex atmospheres change.

By staring at a star for 24 hours with visible and infrared cameras, it will measure subtle changes in the star’s brightness and colors. When active regions in the star rotate in and out of view, and starspots form, evolve and dissipate, Pandora will record them. While Webb very rarely returns to the same planet in the same instrument configuration and almost never monitors their host stars, Pandora will revisit its target stars 10 times over a year, spending over 200 hours on each of them.

NASA’s Pandora mission will revolutionize the study of exoplanet atmospheres.

With that information, our Pandora team will be able to figure out how the changes in the stars affect the observed planetary transits. Like Webb, Pandora will observe the planetary transit events, too. By combining data from Pandora and Webb, our team will be able to understand what exoplanet atmospheres are made of in more detail than ever before.

After the successful launch, Pandora is now circling Earth about every 90 minutes. Pandora’s systems and functions are now being tested thoroughly by Blue Canyon Technologies, Pandora’s primary builder.

About a week after launch, control of the spacecraft will transition to the University of Arizona’s Multi-Mission Operation Center in Tucson, Arizona. Then the work of our science teams begins in earnest and we will begin capturing starlight filtered through the atmospheres of other worlds – and see them with a new, steady eye.

The Conversation

Daniel Apai is a professor of astronomy, planetary sciences and optical science at the University of Arizona. He receives funding from NASA.

ref. NASA’s Pandora telescope will study stars in detail to learn about the exoplanets orbiting them – https://theconversation.com/nasas-pandora-telescope-will-study-stars-in-detail-to-learn-about-the-exoplanets-orbiting-them-272155