Caso del ‘streamer’ francés Pormanove: el espectáculo de la humillación bajo el foco de la psicología

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Oliver Serrano León, Director y profesor del Máster de Psicología General Sanitaria de la Universidad Europea de Canarias, Universidad Europea

El _streamer_ Jean Pormanove. Narutovie/Wikimedia Commons, CC BY-SA

La muerte del streamer francés Raphaël Graven (Jean Pormanove) el 18 de agosto durante una emisión en la plataforma de transmisión en directo Kick ha devuelto a primer plano una pregunta incómoda: ¿por qué algunas personas convierten la violencia sobre sí mismas en entretenimiento público y por qué tantos nos quedamos a mirar?

Aunque los indicios apuntan a que el fallecimiento no se debió directamente a los golpes sufridos en emisión, el caso señala algo más amplio: la economía de la humillación en el ecosistema de streaming y redes sociales. En Francia, la Fiscalía ha abierto diligencias para investigar la responsabilidad de la plataforma Kick bajo la normativa europea de servicios digitales.

El sufrimiento ajeno se ha convertido históricamente en espectáculo. Lo distintivo hoy es la inmediatez y monetización: un móvil, una audiencia y un sistema de donaciones bastan para transformar el cuerpo propio en contenido.

El refuerzo es inmediato (visualizaciones, likes, propinas…), y esa recompensa social rápida activa los circuitos de motivación y aprendizaje, volviendo más probable repetir el comportamiento.

Qué empuja a la autoviolencia pública

  1. Recompensas sociales inmediatas. Los likes y donaciones operan como reforzadores potentes y variables: atención hoy, promesa de más mañana. La literatura académica sobre neurociencia social explica cómo esas señales de aprobación social se vinculan a sistemas de recompensa, lo que ayuda a entender por qué algunas conductas extremas se repiten.

  2. Exhibición de la identidad. En un mundo donde parece que todos compiten por llamar la atención, muchos sienten que solo se puede destacar haciendo algo que nadie más se atreve a hacer. En su versión más dañina, eso significa convertir el propio cuerpo en escenario: mostrar cuánto dolor puedes soportar o cuánta vergüenza eres capaz de aguantar, como si el mensaje fuera “yo voy más allá que los demás”.

  3. Sensación de riesgo y búsqueda de intensidad. Parte del fenómeno se relaciona con el sensation seeking (búsqueda de estímulos intensos) y con los desajustes típicos del desarrollo: sistemas de recompensa hiperreactivos con control inhibitorio aún inmaduro (no sólo en adolescentes).

  4. Desinhibición online. La pantalla reduce frenos: anonimato relativo, sensación de impunidad, minimización de la autoridad y “realidad disociada” favorecen lo que algunos investigadores han llamado efecto de desinhibición online.

  5. Autoplacer y erotización del dolor. En algunos casos, la exposición al dolor se entrecruza con el placer (por ejemplo, en formatos de humillación consensuada). Lo problemático es su traslado a las plataformas digitales, donde la búsqueda de límites compite con la búsqueda de atención.

El papel de los espectadores

Nada de esto funciona sin audiencia. Quien se expone lo hace porque alguien mira, comenta y paga. La investigación sobre schadenfreude –disfrutar con el mal ajeno– muestra que el infortunio de otros puede generar placer, sobre todo en contextos competitivos o de antagonismo, lo que ayuda a entender por qué ciertos directos humillantes retienen público durante horas.

Los ejemplos de esta tendencia son numerosos y ayudan a entender que el caso de Raphaël Graven no es aislado. El propio Graven pasó días retransmitiendo en directo a través de Kick mientras sufría vejaciones ante miles de espectadores, lo que ha acabado en investigación fiscal en Francia y ha puesto a la plataforma bajo el foco internacional.

En España, Simón Pérez y Silvia Charro fueron expulsados de esa misma plataforma tras protagonizar emisiones de corte autodegradante a cambio de donaciones, lo que les obligó a buscar refugio en otros espacios digitales.

En cualquier caso, no se trata de un fenómeno nuevo. A mediados de los 2000 se popularizó el llamado happy slapping: grabar agresiones para difundirlas entre iguales. Entonces el centro de la violencia estaba en el otro; hoy, con frecuencia, se ha desplazado hacia uno mismo en clave de performance.

Algo parecido ocurre con los retos virales: ingestión de sustancias no comestibles que han disparado las alertas en centros toxicológicos; desafíos “picantes extremos”, como el de la famosa “spicy chip”, que llevó incluso a retirar el producto tras el fallecimiento de un adolescente con problemas cardíacos; o el cinnamon challenge o reto de la canela –consistente en ingerir una cucharada de canela molida en 60 segundos sin beber agua–: muchos pediatras alertaron de riesgos respiratorios en menores que lo imitaban.

También abundan los riesgos físicos en busca de la foto más impactante. Los selfis en lugares extremos o el rooftopping (colgarse de edificios o estructuras a gran altura) tienen como objetivo captar una imagen más espectacular que la anterior.

En el terreno del streaming, los maratones de horas o incluso días –los llamados subathons extremos– convierten el agotamiento y la pérdida de control en parte de la narrativa del show, donde la humillación aparece como gag recurrente.

Rechazo y atracción al mismo tiempo

El fenómeno se produce en parte porque genera una mezcla de emociones contradictorias: rechazo y atracción a la vez. Esa tensión es adictiva, nos mantiene mirando aunque sepamos que lo que vemos es dañino. También juega un papel la comparación social: al ver a otros “caer”, muchas personas sienten una especie de alivio o de superioridad, como si su propia vida quedara mejor parada en contraste.

A esto se suma el papel de los algoritmos, que premian lo que retiene la atención. Y lo extremo, lo que provoca un shock, siempre retiene más que lo cotidiano.

Pero este fenómeno no es responsabilidad de una sola parte. Los creadores de contenido tienen que contar con herramientas y formación para reconocer límites y con mecanismos de seguridad que les permitan parar antes de que el daño sea irreversible.

Las audiencias, por su parte, pueden decidir no alimentar la maquinaria: no mirar, no compartir y no financiar cuando lo que se ofrece es sufrimiento.

Las plataformas deberían asumir un papel activo, con moderación en vivo y sistemas que interrumpan emisiones peligrosas. De hecho, en la Unión Europea ya se están abriendo vías legales para exigirlo. Y también los medios de comunicación tienen un papel: informar sin glorificar, aportando contexto y evidencia, sin difundir enlaces que puedan incentivar imitaciones.

Un espejo incómodo

El caso de Graven y los ejemplos mencionados no nos hablan sólo de quién hace qué en internet, sino de quiénes somos como público. Si el dolor genera atención y la atención genera ingresos, la pregunta ética ya no es solo “¿hasta dónde se expone quien emite?”, sino “¿hasta dónde contribuimos quienes miramos?”. Convertir la humillación en espectáculo nos empobrece a todos.

The Conversation

Oliver Serrano León no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. Caso del ‘streamer’ francés Pormanove: el espectáculo de la humillación bajo el foco de la psicología – https://theconversation.com/caso-del-streamer-frances-pormanove-el-espectaculo-de-la-humillacion-bajo-el-foco-de-la-psicologia-263989

¿Cannabis contra el insomnio?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Guillermo López Lluch, Catedrático del área de Biología Celular. Investigador asociado del Centro Andaluz de Biología del Desarrollo. Investigador en metabolismo, envejecimiento y sistemas inmunológicos y antioxidantes., Universidad Pablo de Olavide

Steve Ikeguchi/Shutterstock

El [cannabis o cáñamo](https://es.wikipedia.org/wiki/Cannabis_(g%C3%A9nero) es conocido por sus efectos sobre el sistema nervioso. Ahora, un estudio publicado por el investigador Arushika Aggarwal y colaboradores en la revista científica Plos Mental Health analiza su uso en el tratamiento del insomnio.

El trabajo se basa en información proveniente del Registro Médico sobre el Cannabis de Reino Unido. Concretamente, en datos de personas que fueron tratadas con productos derivados de Cannabis sativa y que respondieron a una serie de encuestas para determinar su efecto sobre la calidad del sueño, la ansiedad, hábitos de vida o estado de salud general.

Aunque el uso de productos de esta planta –como el hachís o la marihuana– en el tratamiento del insomnio puede llamar la atención, los resultados del estudio en sí son poco prometedores y muestran problemas en el uso de estos compuestos. El más evidente es el desarrollo de tolerancia por parte del sistema nervioso, o lo que es lo mismo, un descenso en la sensibilidad de las células frente a las moléculas activas del cannabis.

Compuestos activos del cannabis

Para entender el efecto en humanos de compuestos farmacológicos provenientes de otros organismos como bacterias, hongos, plantas u otros animales debemos tener en cuenta la relación entre un compuesto y su receptor.

Nuestras células expresan receptores para los compuestos derivados del cannabis conocidos como cannabinoides. El receptor presente en las células del sistema nervioso es el CB1R, mientras que el CB2R está asociado con el sistema inmunitario.

La anandamida, nuestro propio cannabinoide

Estos receptores existen porque nuestro organismo ya produce un compuesto de la familia de los cannabinoides llamado anandamida. La anandamida es un neurotransmisor, es decir, transmite señales entre las neuronas, y lo producen nuestras células. Es nuestro cannabinoide endógeno.

Entre otras funciones, anandamida regula el estado de ánimo, la memoria y la percepción del dolor, y actúa como un vasodilatador.

Aunque nuestro cuerpo sintetiza anandamida de forma natural, también la podemos obtener a partir de algunos nutrientes como el chocolate, la trufa negra, los erizos de mar y las huevas de algunos peces. Tal vez por ella y otros compuestos que encontramos en el chocolate nos resulta tan placentero y relajante tomarlo.

El THC y el sistema nervioso

Los componentes activos del cannabis son el cannabidiol o CBD y el delta⁹-tetrahidrocannabinol o THC.

De los dos, el THC es el que presenta mayor actividad psicoactiva, ya que activa el receptor CB1R. El CBD parece actuar como inhibidor, aunque puede incrementar los niveles de anandamida, produciendo un efecto paradójico, inhibiendo al receptor a la vez que aumenta los niveles del estimulador natural al inhibir su degradación. Por tanto, el CBD nos relajaría porque su efecto inhibidor sobre el receptor quedaría anulado por el aumento de la anandamida.




Leer más:
La moda de los productos con CBD: cuáles son sus beneficios y posibles riesgos


Tolerancia, la base de la dependencia

Aunque se ha discutido mucho sobre la dependencia de los cannabinoides, lo cierto es que también inducen tolerancia, es decir, una disminución de la sensibilidad de las células a los cannabinoides que se agrava con el paso del tiempo. Este efecto genera que sea necesaria una mayor cantidad de compuesto para producir el mismo efecto; la clave de la drogodependencia.

El trabajo recién publicado muestra claramente este aumento en la tolerancia. En todos los cuestionarios utilizados con la población de estudio se observó un efecto mayor de los cannabinoides tras un mes de tratamiento, que fue reduciéndose hasta alcanzar niveles previos al tratamiento a los 18 meses. Es decir, al final del estudio la percepción de los participantes fue la misma que antes del tratamiento pese a haber estado tomando los compuestos durante este tiempo y pese a haber aumentado la dosis.

Aunque los autores tratan de explicar este proceso por un posible efecto placebo o por un número limitado de participantes, un total de 124, no se puede descartar el efecto debido a la tolerancia. De hecho, ellos mismos afirman que no se puede descartar.

Bases moleculares de la tolerancia a los fármacos

Cualquiera que dependa de algún fármaco de forma crónica puede darse cuenta de que su cuerpo genera tolerancia. En especial, en los casos de tratamientos con ansiolíticos o analgésicos. Las células necesitan de estímulos para poder actuar de manera coordinada a lo que ocurre en el resto del cuerpo. Estos estímulos dependen de la activación de sus receptores.

Las neuronas necesitan de neurotransmisores para enviar sus señales a otras neuronas u órganos. Los receptores de estos neurotransmisores pueden ser estimulados por sustancias, como los compuestos del cannabis, similares a las que se encuentran naturalmente en nuestro cerebro, pero pueden sufrir modificaciones si la señal es intensa o duradera.

Una de estas modificaciones es la insensibilidad de los receptores o la reducción de estos frente a un estímulo continuo e intenso. Es lo que conocemos como tolerancia por disminución del receptor. Esta tolerancia es muy conocida en el caso de los opioides y es el principio de la narcodependencia a estos. Las células reducen la cantidad de receptores ya que el estímulo es anormalmente alto, de manera que para producir una misma señal y, por tanto, el mismo efecto, necesitan cada vez de más estímulo.

Así, el cuerpo se adapta con el tiempo a los opioides y pierden eficacia, por lo que los pacientes necesitan cada vez más. Este problema se ha dado, por ejemplo, en Estados Unidos con el el exceso de consumo de oxicodona.

La investigación ahora presentada parece resaltar la idea de una posible terapia contra el insomnio en el tratamiento con productos derivados de la marihuana. No obstante, aunque al principio los participantes notaban un efecto positivo, el nulo efecto observado al final del periodo de estudio, pese al incremento en las dosis de CBD o THC, parece un claro signo de que las neuronas estaban perdiendo sensibilidad a los cannabinoides y se estaba generando dependencia.

Tal vez terapias basadas en el incremento del cannabinoide endógeno, la anandamida, serían más interesantes para tratar los problemas de sueño.

The Conversation

Guillermo López Lluch es miembro de la Sociedad Española de Biología Celular, la Sociedad Española de Bioquímica y Biología Molecular, la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología, la Society for Free Radical Research y presidente de la International Coenzyme Q10 Association. Las investigaciones realizadas por el autor están financiadas por fondos públicos provenientes del Gobierno de España o del Gobierno Autonómico de Andalucía.

– ref. ¿Cannabis contra el insomnio? – https://theconversation.com/cannabis-contra-el-insomnio-263548

Classe d’accueil: les élèves qui y séjournent trop longtemps font face à des choix éducatifs plus restreints

Source: The Conversation – in French – By Roberta Soares, Assistant Professor, Faculty of Education, L’Université d’Ottawa/University of Ottawa

De longs séjours dans des classes distinctes d’apprentissage linguistique, ainsi que les placements en éducation spécialisée ou en formation générale des adultes, peuvent avoir des conséquences profondes dans la vie des élèves immigrants. (Kenny Eliason sur Unsplash), CC BY-NC-ND

Différents pays et régions adoptent divers modèles d’intégration des élèves immigrants qui doivent apprendre ou perfectionner leur langue de scolarisation. Au Québec, un modèle pour les jeunes est la classe d’accueil.

Elle fait partie du programme d’intégration linguistique, scolaire et sociale du ministère de l’Éducation du Québec. Selon les documents provinciaux, la classe d’accueil est destinée aux élèves « ayant besoin de soutien » pour améliorer leurs compétences linguistiques.

La classe d’accueil peut être offerte de la maternelle au secondaire dans la province, mais elle est surtout présente au secondaire et dans les régions où le nombre d’élèves apprenant la langue de scolarisation est élevé, comme à Montréal.

Les élèves qui ne maîtrisent pas suffisamment le français pour être classés en classe ordinaire sont orientés vers la classe d’accueil pour l’apprentissage du français. Au secondaire, les élèves en classe d’accueil étudient principalement le français, mais aussi les mathématiques, les arts et l’éducation physique, et ce, séparément des élèves fréquentant la classe ordinaire.

Entrevues avec des élèves et des intervenants scolaires

Ma recherche doctorale portait sur les procédures de classement des élèves du secondaire immigrants nouvellement arrivés avant et après leur séjour en classe d’accueil à Montréal.

J’ai recueilli et analysé différents types de données : documents, observations en milieu scolaire et entrevues auprès de 37 intervenants scolaires et de sept élèves afin de connaître leurs expériences et leurs points de vue sur le sujet.

Ma recherche suggère que, même si la classe d’accueil est considérée comme une « transition » vers la classe ordinaire, la réalité est plus complexe.

En fait, certains élèves pourraient ne jamais intégrer la classe ordinaire. Mes recherches révèlent de longs séjours en classe d’accueil, des élèves immigrants classés en dessous du niveau d’âge habituel des élèves de la classe ordinaire et des classements en éducation générale pour adultes et en adaptation scolaire.

Défis pour les élèves immigrants

Certains élèves peuvent rester des années en classe d’accueil s’ils ne sont pas jugés prêts à intégrer la classe ordinaire.

Pour certains adolescents plus âgés qui arrivent sans maîtriser la langue de la société d’accueil, il y a de fortes chances qu’ils soient, après le secondaire, dirigés vers l’éducation des adultes. Ils peuvent se retrouver à étudier avec des adultes beaucoup plus âgés qu’eux, ce qui peut nuire à leur motivation.

Le classement en adaptation scolaire veut dire que ces élèves peuvent être considérés comme ayant des difficultés d’apprentissage ou qu’ils peuvent être orientés vers des programmes techniques les préparant directement au marché du travail.

Une approche « déficitaire » de l’accompagnement des élèves

Selon les intervenants scolaires que j’ai interrogés dans le cadre de mon étude, seuls certains élèves répondent aux exigences du milieu d’accueil en termes de performance et de comportement et peuvent donc réussir leurs études.

Les élèves qui ne s’adaptent pas peuvent être perçus comme présentant des « déficits » individuels ou culturels, par exemple des difficultés d’apprentissage ou des retards scolaires. Certains intervenants scolaires ont aussi souligné des problèmes structurels du milieu d’accueil. Ils ont notamment mentionné que les systèmes scolaires manquaient de ressources pour répondre aux besoins des élèves immigrants.

Mes recherches suggèrent que ce qui était censé être un soutien temporaire devient un mécanisme de tri qui peut orienter les immigrants vers un parcours éducatif susceptible de les conduire à des difficultés.

Il est donc nécessaire d’examiner de manière critique la manière dont sont prises les décisions de classement et de maintien des élèves dans la classe d’accueil.

Familles insuffisamment informées

Selon les élèves de mon étude, eux et leurs parents ne sont pas suffisamment informés du système éducatif de leur province d’accueil.

Par conséquent, ils ont tendance à accepter les décisions de classement – en classe d’accueil, en éducation générale pour adultes et en adaptation scolaire – sans en comprendre pleinement les implications.

D’autres recherches ont également montré que les parents immigrants peuvent ne pas connaître le système éducatif local et hésiter à remettre en question les recommandations des professionnels de l’éducation.

En fait, comme ils se concentrent sur la sécurité et l’apprentissage de leurs enfants, ils ont tendance à faire confiance au système éducatif et à ses professionnels pour les guider.

Les décisions de classement façonnent l’avenir

De longs séjours en classe d’accueil, ainsi que des classements en adaptation scolaire et en éducation des adultes, peuvent avoir de profondes conséquences sur la vie des élèves immigrants, en particulier ceux qui sont racialisés, qui sont issus de milieux défavorisés ou qui ont interrompu leur scolarité.

D’après les témoignages des élèves participant à mon étude, le classement en classe d’accueil, en éducation spécialisée ou en éducation des adultes peut renforcer la dynamique d’altérisation. Comme l’ont souligné d’autres chercheurs, les formes d’éducation « spécialisées » ou « séparées » contribuent souvent à la perception des élèves à travers le prisme de la différence, notamment raciale, linguistique et culturelle.

Le discours sur l’intégration peut masquer les processus de catégorisation et de gestion des élèves fondés sur la conformité aux normes dominantes.

Cependant, cela ne signifie pas que les personnes qui, au sein des systèmes scolaires, facilitent le classement en classe d’accueil, en adaptation scolaire ou en éducation des adultes, manquent de bonnes intentions envers les élèves immigrants.

De nombreux personnels scolaires semblent faire de leur mieux dans des conditions difficiles. Il s’agit d’un enjeu systémique, profondément ancré dans la structure du système scolaire. Néanmoins, si le système lui-même reproduit les inégalités, reconnaître les bonnes intentions ne suffit pas.


Déjà des milliers d’abonnés à l’infolettre de La Conversation. Et vous ? Abonnez-vous gratuitement à notre infolettre pour mieux comprendre les grands enjeux contemporains.


Ainsi, pour assurer une éducation équitable à tous les élèves, il est essentiel de :

1) veiller à ce que les familles immigrantes disposent d’informations claires et accessibles sur leurs droits et leurs options, en leur fournissant un soutien adéquat, comme des services de traduction, et en garantissant la pleine participation des élèves et des parents à la prise de décision.

2) Offrir une formation et un soutien aux enseignants qui encouragent une réflexion axée sur les atouts plutôt que sur les déficits, afin de légitimer et d’adopter différentes façons d’apprentissage.

3) Envisager des modèles inclusifs au sein des classes ordinaires, en mettant à disposition des ressources scolaires suffisantes pour faciliter un plus large éventail d’options de classement.

Ainsi, en adoptant des approches plus souples, plus équitables et plus centrées sur l’élève, nos systèmes scolaires peuvent mettre en œuvre différentes façons de soutenir la réussite scolaire des élèves.

La Conversation Canada

Cette recherche a reçu l’appui financier du Fonds de recherche du Québec – Société et Culture (FRQSC) et du Conseil de recherches en sciences humaines du Canada (CRSH). 

– ref. Classe d’accueil: les élèves qui y séjournent trop longtemps font face à des choix éducatifs plus restreints – https://theconversation.com/classe-daccueil-les-eleves-qui-y-sejournent-trop-longtemps-font-face-a-des-choix-educatifs-plus-restreints-262853

The European Union excluded Greenland from public consultations on the EU seal product ban. Why?

Source: The Conversation – Canada – By Danita Catherine Burke, Senior Research Fellow, Center for War Studies, University of Southern Denmark

In 2024, the European Union held public consultations to review the fitness of the EU’s seal product ban regulations. The results of these public consultations are available now and reveal zero public feedback from people in Kalaallit Nunaat, or Greenland.

The lack of input from the Kalaallit/Greenlandic public is strange given the importance of seals and sealing to Kalaallit Nunaat. So why is the EU proceeding without them?

In 2009, the EU banned the import of seal products. The
ban was revised in 2015 after a World Trade Organization ruling to permit two exceptions: certified Indigenous/Inuit pelts from subsistence hunting and personal-use items brought into the EU by people from their travels.

The EU based its ban on “public moral concerns.” The ban came about after decades of anti-sealing activism. The EU was heavily influenced by the International Fund for Animal Welfare (IFAW); arguably the leading anti-sealing advocacy group.

Is the ban ‘fit for purpose?’

In 2020, the Kalaallit government called for the EU to help combat the stigma against seal products. It wants the EU to do more to educate the European public on what the Indigenous exception means and why it exists; for example, to make clear that Greenlanders don’t hunt baby seals.

This call, however, has had little impact, though the EU claims the “rights of Indigenous peoples are a thematic priority under the European Initiative for Democracy and Human Rights.”

The European Commission launched a public consultation process on the fitness of its seal trade regulations in 2024 that ran from May 15 to August 7, 2024.

The purpose of the fitness check was to “assess if the rules in place remain fit for purpose,” focusing on their socio-economic impact and the impact on seal populations.

Negative feedback

The consultation process resulted in 14,146 public comments, most of them from France (82.74 per cent), Belgium (4.4 per cent) and the Netherlands (3.52 per cent).

A lot of the comments were negative, and included remarks in this vein:

“Against this barbarism, unnecessary cruelty … these ‘killers’ [show so much] indifference, are clearly psychologically suspicious.”

Some questioned the validity of the exemptions for seal product imports, with one writing:

“These exceptions to the marketing of seal products within the EU are dangerous and can lead to abuses.”

There was a lot of feedback from IFAW and Sea Shepherd supporters; both organizations are prominent anti-sealing advocates.

Though negative comments dominated the feedback, support was also expressed by Indigenous and coastal peoples and organizations from Arctic states.

Most notably, the consultations indicated no contributions from Kalaallit Nunaat. This is odd, considering the emphasis of the EU process on ostensibly learning more about the socio-economic impact of the ban on communities most affected.

Feedback from Kalaallit hunters

In interviews with Kalaallit hunters in July 2025, my co-author Erik Kielsen and I found seal hunters were unaware of the consultation process.

As part of ongoing research project entitled Seals, Stigma and Survival funded by the Nordic Council in Greenland’s Nordic Arctic Programme, we spoke with Ole Jørgen Davidsen of Narsaq and Thor Eugenius of Nanotalik.

Davidsen and Eugenius are the community leaders for the hunting and fishing association KNAPK (the Fishermen and Hunters Association in Greenland) in Kalaallit Nunaat.

Both men were surprised the EU had conducted and concluded public consultations without hearing from Kalaallit hunters. They only learned about the EU review and consultations when talking to us.

Eugenius said: “I hadn’t heard that. I also don’t even know if the KNAPK has heard about it.”

Davidsen echoed his colleague’s surprise:

“This is the first time I’m hearing about it. From you. It would have been very important for the EU to have us have a say in these processes, and I would have had something to say, to include, if I had known it was happening but I’m just hearing about it now.”

The EU ostensibly wanted its review to provide information on the socio-economic impacts of its sealing regulations on those most affected. Kalaallit Nunaat has been significantly impacted by the ban. Kalaallit hunters have endured loss of income, restrictions on their marine ecosystem management and socio-cultural consequences from the anti-seal hunt stigma.

So the EU’s assertion that it wanted to hear from those impacted is suspect.

What’s next?

The EU report on its seal trade ban is still pending.

The people of Kalaallit Nunaat, however, have been devastated by the fallout of the ban. It is unclear why the EU appears to be proceeding with its review without public input from Kalaallit Nunaat, given the impact the ban has had on their communities and economy.

The EU has time to address its research gap, given its report is not yet published. It should immediately solicit Kalaallit public input. In doing so, the EU would signal that it takes its legislative review seriously and it would show a commitment to its stated prioritization of Indigenous human rights and democracy.


Erik Kielsen, Founder of Kielsen Coordination in Kalaallit Nunaat, co-authored this article.

The Conversation

Danita Catherine Burke does not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organisation that would benefit from this article, and has disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

– ref. The European Union excluded Greenland from public consultations on the EU seal product ban. Why? – https://theconversation.com/the-european-union-excluded-greenland-from-public-consultations-on-the-eu-seal-product-ban-why-263387

From sulphur to selenium, calcium to copper, here’s what your body’s made of – and why it matters

Source: The Conversation – UK – By Dan Baumgardt, Senior Lecturer, School of Psychology and Neuroscience, University of Bristol

Cagkan Sayin/Shutterstock

In my youth, I spent an unreasonable amount of time questioning why A-level chemistry was a prerequisite for medical school. Why was it as essential as biology? Why did I need to learn about electrons and entropy? The penny finally dropped when my rather brilliant teachers turned my attention towards the periodic table.

Every single atom in our bodies can be found in the periodic table – from chlorine to chromium, magnesium to manganese. In fact, just six elements make up about 98.5% of our body mass: 65% oxygen, 18% carbon, 10% hydrogen, 3% nitrogen, 1.5% calcium, and just over 1% phosphorus. The remaining 1.5% is made up of trace elements – potassium, sulphur, iron, zinc, copper, and many others – all of which play crucial roles in keeping us alive.

It might be more accurate to describe ourselves as oxygen-based life forms, rather than carbon-based.

The final 1% consists of trace elements. Though they’re present in smaller amounts, they’re no less essential. Many of them come from our diet, which is why we’re advised to balance our meals with sufficient vitamins and minerals.

But what exactly should we be eating to fulfil these requirements – and can you have too much of a good thing?

Calcium

Crucial for healthy bones and teeth, calcium is abundant in dairy products, nuts and leafy greens. It also plays a vital role in nerve and muscle function. When the body is deficient in calcium, numbness, muscle twitching and even seizures may ensue. Dietary supplementation with calcium or vitamin D, which aids calcium absorption, becomes necessary.

However, too much calcium can be just as harmful. In people with cancer, tuberculosis or an overactive parathyroid gland, levels can rise too high, causing kidney stones, depression and abnormal heart rhythms.

Dangers of high calcium levels, The Doctors.

Phosphorus

Phosphorus – the same element used in the striking surface of matchboxes – is fundamental to life. It’s a key component of DNA, the blueprint of our being, and of adenosine triphosphate (ATP), the molecule that stores and delivers energy in cells.

Most of us get more than enough phosphorus through our diet – in meat, fish, dairy, grains and nuts. It’s also added as phosphate to many processed foods and fizzy drinks.

Magnesium

From the same periodic group as calcium, magnesium plays a role in muscle and nerve function, and contributes to bone health. You’ll find it in plant-based foods like beans and grains.

Magnesium supplements are widely available, but most people don’t need them. Some people are at a greater risk of magnesium deficiency, including those with chronic alcoholism or malabsorption disorders.

While toxicity from dietary sources is rare, excessive magnesium from supplements can lead to diarrhoea, nausea and, in severe cases, cardiac complications.

Sodium, potassium and chloride

Sodium and potassium share a role in electrical activity within neurons and muscle cells, including those in the heart. Sodium also regulates fluid balance within the body.

The body maintains these minerals within a tight range to ensure optimal function. Too much sodium or potassium can be extremely dangerous. In fact, the traditional lethal injection protocol in the US involved an intravenous dose of potassium to stop the heart.

High potassium (hyperkalemia) – symptoms and causes | National Kidney Foundation.

Deficiencies of sodium and potassium can cause multiple symptoms, including muscle weakness, confusion and other neurological symptoms.

Dietary sources of potassium include bananas and potatoes. For sodium and chloride (the latter also being involved in fluid regulation and stomach acid production), the most familiar source is table salt. We do need some, but no more than 6g a day. High salt intake is linked to high blood pressure and cardiovascular disease.

Sulphur

The smell of sulphur (or more precisely, sulphur-containing compounds) will be familiar to anyone who remembers the acrid odour of school chemistry labs: think rotten eggs, overcooked cabbage and bad breath. Unsurprisingly, cabbage, garlic and onions are rich in sulphur.

Sulphur is found in certain amino acids (protein building blocks) and is essential for growth and development. A diet with lean protein and vegetables usually provides everything you need.

Trace minerals

So far, we’ve looked at macrominerals, those needed in larger quantities. But the trace minerals, needed in smaller amounts, are no less vital.

Take iron, crucial for the production of red blood cells, which carry oxygen throughout the body. Iron deficiency (common in children, menstruating women and people with restrictive diets) can cause anaemia, plus symptoms like fatigue, dizziness and shortness of breath. Iron is plentiful in red meat, legumes and green vegetables.

Other essential trace elements include zinc, which supports immune function, wound healing and cell growth and iodine, needed for the production of thyroid hormones, which both regulate metabolism. Selenium, rich in Brazil nuts, acts as an antioxidant and supports reproductive and thyroid health, while fluoride helps strengthen tooth enamel and prevent decay.

You’ll also find manganese, chromium and copper in the body, all playing key physiological roles. Manganese supports bone development and helps the body metabolise amino acids and carbohydrates. Chromium is involved in glucose regulation through enhancing insulin action. Copper has many varied roles, including iron metabolism, and the maintenance of healthy connective and nervous tissue.

You might even find trace amounts of arsenic, lead or gold in the body – and not just in dental work. These elements are not beneficial. They are toxic rather than therapeutic. Lead can accumulate in bones and organs, interfering with nervous system function. Arsenic, depending on the form, can be carcinogenic and disrupt cellular respiration – the process cells use to convert oxygen and nutrients into energy – essentially poisoning the cell’s energy supply.

So, the periodic table is not just a baffling grid of letters and numbers. It’s a map of you, and the body’s delicate balance between minerals that can be both essential in the right doses, and dangerous in the wrong amounts.

The Conversation

Dan Baumgardt does not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organisation that would benefit from this article, and has disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

– ref. From sulphur to selenium, calcium to copper, here’s what your body’s made of – and why it matters – https://theconversation.com/from-sulphur-to-selenium-calcium-to-copper-heres-what-your-bodys-made-of-and-why-it-matters-262772

Young people in coastal towns are getting left behind – here’s what could help

Source: The Conversation – UK – By Sam Whewall, Research Fellow, Centre for Global Youth, UCL Institute of Education, UCL

JJ pixs/Shutterstock

When you think of the English seaside, what probably springs to mind are childhood summer holidays, donkey rides on the beach and scenic clifftop walks. The reality for young people growing up on the coast tells a different story.

Today, some of England’s most deprived communities are coastal. Recent research suggests economic stagnation, climate change, housing, and transport connectivity are among the core challenges facing coastal areas. In 2021, Chris Whitty – England’s chief medical officer – published a report drawing attention to the poor health and low life expectancy of those in many coastal areas.

Unemployment is also high in some coastal towns. And a recent study found that young adults on the English coast are three times more likely to have an undiagnosed mental health condition than those inland.

Young people are often an afterthought in these reports, but in our ongoing research on young people’s experiences of growing up on the coast, we have learned that scarce leisure opportunities and crippled youth services are key challenges facing coastal youth.

We spoke with 50 professionals from around the coastline about the range of issues facing 15- to 20-year-olds on the coast, and their suggestions for what can be done to address them.

Young people are bored

It was pointed out by many of those we spoke to that, when the season ends and tourists go home, there’s next to nothing to do in their towns. In some areas, from October through April, cafes close, theme park rides grind to a halt and work opportunities dry up. Worse still, many towns have virtually no indoor spaces where young people can spend time.

Deserted beach and tower
The beachfront in Blackpool, UK, in March 2025.
Pajor Pawel/Shutterstock

Like the rest of the country, youth services in these towns have been decimated by cuts. As our recent report points out, services that remain are overstretched and rely on patchwork, competitive, short-term funding.

As many we spoke to suggested, because of this lack of resources, young people are, at best, bored. As a youth practitioner from Great Yarmouth put it: “You get a lot of young people congregating at the pier, just standing around looking for something to do.”

Even the beach is not necessarily an appealing space to spend time – especially in winter. We heard reports of beaches that are considered unsafe or strewn with litter. In some towns, including Bridlington and Paignton, some young people have never visited their local beach. Unsurprisingly, many we spoke to were concerned that young people in their towns would leave when they were old enough and simply not return.

At worst, young people are engaging in high-risk activities and entering unsafe environments. The lack of leisure activities means anti-social behaviour – including vandalism and violence – is widespread in some towns. And over half of those we spoke to raised concerns about the prevalence and risks posed to local youth by county lines activity. This is the supply and dealing of drugs between large cities and smaller centres, often involving vulnerable young people, and is a particular problem in coastal areas.

Shoring up support

Despite widespread funding constraints, efforts are being made across statutory and voluntary services to support young people. What coastal towns need, though, is sustained, ring-fenced support for long-term projects. Our professionals made two key suggestions for improving the lives of the young people they work with.

The first is to invest in safe spaces and leisure activities that are available outside of the short summer season. This could include skate parks, music venues and sports facilities. The intention is not just to keep young people out of trouble, but to provide spaces where they can socialise and enjoy themselves, and opportunities to build a sense of pride in where they live.

The second suggestion is to invest in and rebuild youth services. The youth workers we spoke with are working hard to fill gaps left by public service cuts, but without the resources they need to do so.

Funding is desperately needed to support, train and retain quality youth workers and other professionals, to create facilities and programmes embedded in local communities that respond to local need. They also call for improved youth mental health services to address limited availability and long waiting lists, a problem disproportionately affecting coastal areas.

There are reasons for hope. Cross-party support for a UK government minister for coastal communities has grown, and the All-Party Parliamentary Group for Coastal Communities relaunched earlier this year, with young people at the heart of their agenda. Meanwhile, however, those working on the ground in coastal communities require fast action – during the process of writing our report, one of the youth centres we worked with closed down due to lack of funding.

The cost of doing nothing – for coastal towns and the young people who live there – are severe. Young people’s mental health is at risk, particularly in the most deprived coastal communities, driven in part by economic and social challenges and geographic isolation.

Failing to invest in the young people who live in these towns year-round risks a continued cycle of deprivation, poor health and wellbeing, and outward migration.

The Conversation

Sam Whewall is the Postdoctoral Research Fellow for the Coastal Youth Life Chances project, which receives funding from the UKRI Economic and Social Research Council, Grant/Award Number: ES/X001202/1

Avril Keating is Project Leader for the Coastal Youth Life Chances project and receives funding from UKRI-Economic and Social Research Council, Grant/Award Number: ES/X001202/1

Emily Clark is a Research Assisant for the Coastal Youth Life Chances project, which is funded by UKRI-Economic and Social Research Council, Grant/Award Number: ES/X001202/1

– ref. Young people in coastal towns are getting left behind – here’s what could help – https://theconversation.com/young-people-in-coastal-towns-are-getting-left-behind-heres-what-could-help-262771

Corps humain : l’hypothèse d’un budget énergétique limité pour gérer notre santé

Source: The Conversation – in French – By Frédéric N. Daussin, Professeur d’Université en STAPS, Université de Lille

Des travaux de recherches émergents s’intéressent aux liens entre, d’une part, les dépenses énergétiques du corps humain et, d’autre part, la longévité ou encore la survenue de certaines pathologies. Une bonne gestion de l’énergie dont dispose l’organisme – par le sommeil, par la pratique d’une activité physique comme le yoga et par les interactions sociales – pourrait avoir un impact positif sur la santé.


L’énergie est l’élément vital pour la vie de l’être humain. Elle alimente toutes les réactions cellulaires nécessaires à notre bon fonctionnement, pour faire battre notre cœur, respirer, penser ou bouger.

L’énergie transformée de la nourriture que l’on mange en molécules d’ATP au sein de nos cellules provient d’organites appelés mitochondries.




À lire aussi :
Images de science : la dynamique des mitochondries éclairée par la microscopie à fluorescence


Les mitochondries sont principalement connues pour leur capacité à fournir l’énergie mais elles participent également à d’autres processus essentiels tels que la production d’hormones ou la mort cellulaire.

Une approche énergétique du fonctionnement du corps humain

En 1988, le professeur Doug Wallace a découvert que les mitochondries jouaient un rôle central dans la santé humaine et il a suggéré d’orienter les recherches scientifiques vers l’étude de leur fonctionnement pour mieux comprendre l’étiologie de nombreuses maladies. En effet, une incapacité à produire suffisamment d’énergie ne permet pas à nos cellules de fonctionner correctement.

Ce dysfonctionnement jouerait un rôle dans des pathologies comme certaines maladies cardiovasculaires, neurodégénératives ou encore des cancers.

Fondée sur cette approche énergétique du fonctionnement du corps humain, une théorie émergente soutient que nous disposerions d’un budget énergétique limité que notre corps répartirait en fonction de ses priorités.

Répartition de l’énergie et santé, une théorie émergente

Trois grands types de besoins énergétiques sont identifiés :

  • les besoins vitaux, indispensables à la survie, représentent une dépense énergétique fixe. Ils permettent de faire battre le cœur et de respirer …

  • les besoins couvrant toutes les actions ponctuelles, qui ont pour effet de produire un stress sur notre organisme. Ces besoins peuvent être liés à différents types de stress tels qu’un effort physique ou une situation de stress psychologique. Par exemple, lors d’une situation stressante psychologiquement, notre corps augmente sa fréquence cardiaque ou sa sudation. Or, toutes ces réponses ont un coût ;

  • les besoins d’entretien du corps, comme l’augmentation de la masse musculaire à la suite d’un entraînement en force ou encore les actions de réparation suite à des dommages oxydants.

En temps normal, et en moyenne, les besoins vitaux représenteraient 60 % des besoins énergétiques d’une personne au repos, ceux liés à l’entretien du corps 30 % et les 10 % restant seraient dédiés aux réponses à un stress. Cette répartition suivrait une hiérarchie inspirée de la pyramide de Maslow. On couvre d’abord les besoins vitaux ; puis, si on a les ressources nécessaires, on couvre ceux liés au stress, et enfin ceux associés à l’entretien de notre corps.

Notre budget n’est pas extensible à l’infini. Dans certaines situations, notre organisme peut être amené à faire des choix. Une ressource énergétique insuffisante met en compétition les besoins et il est possible qu’il n’y ait plus assez d’énergie pour maintenir ses fonctions vitales.

Selon ce modèle, le coût énergétique de la réponse de l’organisme pour lutter contre un virus, lors d’une infection comme le Covid, peut dépasser notre capacité. Dans les cas graves, cela vient amputer notre budget associé aux fonctions vitales entraînant la mort de la personne.

Dépense énergétique et longévité

Heureusement, notre organisme est capable d’ajuster sa production d’énergie et sa gestion. Il est ainsi capable de répondre à des besoins importants sur de courtes périodes. Par exemple, lors d’un exercice physique, le corps est capable de multiplier jusqu’à 20 fois sa production d’énergie de repos. Mais suite à cet effort, un temps de récupération sera nécessaire. L’alternance de périodes d’hypermétabolisme (activité) et d’hypométabolisme (repos) est essentielle pour maintenir l’intégrité du corps humain.

À l’inverse, une période de stress prolongée empêchera le corps de se réparer correctement. Une cellule qui n’a pas suffisamment d’énergie réduira sa capacité entretenir ses composants et se traduira par une accumulation de dommages. L’augmentation de ces dommages favorise les dysfonctionnements et peut conduire au développement de pathologies chroniques qui, en retour, réduisent l’espérance de vie.

Une étude états-unienne menée pendant quarante ans a, ainsi, mis en évidence que les personnes ayant une dépense énergétique au repos élevée présentaient un risque de mortalité jusqu’à 1,5 fois plus élevé que celles ayant une dépense énergétique plus faible. Ce résultat, soutenu par une autre étude, suggère qu’un rythme métabolique trop élevé peut raccourcir la vie… comme une chandelle qui brûlerait trop vite.

Notre mode de vie et ses effets délétères

Nos modes de vie modernes sont caractérisés par l’augmentation du stress, le manque de sommeil ou l’obésité qui perturbent l’allocation de notre énergie et favorisent le risque de développer des pathologies ou le vieillissement.

Par exemple, en réponse à une situation de stress psychosocial, notre corps produit une quantité importantes d’hormones qui nous permettent de répondre à la situation. Mais ces hormones coûtent de l’énergie, et ont donc pour effet d’accroître les besoins énergétiques.

Ce cercle vicieux altère l’entretien des cellules et peut accélérer la diminution de la longueur des télomères (les extrémités des chromosomes qui diminuent avec l’âge) ou encore augmenter le stress oxydant.

Quelles stratégies pour gérer notre énergie ?

Il est possible d’agir pour mieux répartir notre énergie et pour préserver notre santé. Une bonne santé requière de consacrer suffisamment d’énergie à nos processus d’entretien pour nous permettre de vieillir en bonne santé.

Plusieurs stratégies ont démontré leur efficacité pour réduire notre demande énergétique de repos et ainsi libérer de l’énergie et la rendre disponible pour l’entretien de nos cellules :

  • Un sommeil adéquat permet de réduire notre métabolisme de repos. Quelques heures de sommeil permettent de compenser des coûts énergétiques élevés.

  • La pratique d’activité de relaxation ou de méditation limite le stress et la consommation d’énergie. Par exemple, la pratique régulière du yoga est associée à une diminution de la consommation d’énergie au repos.

  • Maintenir des interactions sociales et éviter l’isolement favorise la diminution de notre consommation d’énergie au repos. Une méta-analyse portant sur plus d’un million de personnes a mis en évidence le fait que l’isolement social augmente le risque de mortalité.

La vie en société permettrait de partager les efforts pour affronter les menaces, ce qui pourrait expliquer pourquoi la consommation énergétique au repos a diminué lors des trente dernières années.

Bref, pour gérer votre énergie, mieux vaut dormir suffisamment, bouger, et maintenir des liens sociaux.

The Conversation

Frédéric N. Daussin a reçu des financements de la région Hauts-de-France et de la Fondation de l’université de Lille.

Martin Picard a reçu des financements du NIH (États-Unis) et de Baszucki Group.

– ref. Corps humain : l’hypothèse d’un budget énergétique limité pour gérer notre santé – https://theconversation.com/corps-humain-lhypothese-dun-budget-energetique-limite-pour-gerer-notre-sante-262154

Anatomie des principaux instruments du soft power de la Russie en Afrique

Source: The Conversation – in French – By Ibrahima Dabo, Docteur en science politique (relations internationales, Russie), Université Paris-Panthéon-Assas

Depuis plusieurs années, la Russie accentue sans cesse sa présence en Afrique, mêlant coopération économique, influence culturelle, stratégie informationnelle et réseaux paramilitaires, dans un contexte de concurrence accrue avec les puissances occidentales.


Les deux sommets russo-africains tenus à Sotchi en 2019 et à Saint-Pétersbourg en 2023 ont permis à la Russie de matérialiser son retour sur le continent africain dans un contexte marqué par une guerre d’influence sans précédent.

Ces rencontres ont donné à Moscou l’occasion de développer sa coopération militaire et économique avec les États africains. Les différents votes des pays africains à l’ONU au sujet de la guerre en Ukraine montrent d’ailleurs l’influence grandissante du Kremlin en Afrique.

Le soft power, au cœur de la stratégie russe en Afrique

La diplomatie d’influence russe en Afrique est portée par plusieurs acteurs, ayant des missions très précises. Les versions africaines des médias Sputnik et RT contribuent au renforcement de la diffusion sur le continent de la vision russe de la politique internationale. Parallèlement, l’Agence fédérale Rossotroudnitchestvo (« Coopération russe ») et la Fondation Russkiy Mir (« Monde russe »), deux outils relativement méconnus, jouent un rôle non négligeable dans le rayonnement culturel russe dans le monde et particulièrement en Afrique.

Depuis le début des années 2000, Moscou marque progressivement son retour sur la scène internationale. La restauration et la réaffirmation du statut de grande puissance mondiale sont des éléments centraux de la politique du régime poutinien. Cette politique vise à redonner à la Russie un rang comparable à celui qui était détenu par l’URSS durant la guerre froide. En effet, l’effondrement de l’Union soviétique et la fin de la guerre froide avaient considérablement réduit le poids russe dans le monde et notamment en Afrique, où l’URSS exerçait une influence notable jusqu’au début des années 1990.

Le terme soft power – « miagkaia sila », emprunté au politologue américain Joseph Nye – a été repris à leur compte par les autorités russes dans le but de mettre en place des structures visant à rétablir l’image de Moscou à l’international. Dans ses différents concepts de politique étrangère, l’État russe accorde une importance particulière au soft power. C’est précisément dans cette optique qu’ont été créées Russkiy Mir et Rossotroudnitchestvo. Il s’agit d’accroître l’attractivité de la Russie dans le monde, à commencer par les pays où le Kremlin a des intérêts stratégiques.

« Rossotroudnitchestvo » ou la coopération à la russe

L’Agence fédérale Rossotroudnitchestvo – de son nom complet Agence fédérale pour la Communauté des États indépendants, les compatriotes vivant à l’étranger et la coopération humanitaire internationale –, créée en 2008 par le président Dmitri Medvedev (2008-2012), est aujourd’hui l’instrument principal de la politique d’influence culturelle et humanitaire du Kremlin.

L’Agence, qui dépend du ministère russe des affaires étrangères, prend la suite du Centre russe pour la coopération scientifique et culturelle internationale, connu sous le nom de « Roszaroubjtsentr » créé sous ce nom en 1994, mais dont l’histoire remonte à 1925, année de la fondation de la Société de l’union pour les relations culturelles avec les pays étrangers (VOKS). Olga Kameneva, sœur de Trotski et épouse de Kamenev, en a été la première présidente. En 1958, l’Union des sociétés soviétiques pour l’amitié et les relations culturelles avec les pays étrangers (SSOD) remplace le VOKS. Le but de ces institutions soviétiques était, comme l’indiquaient leurs dénominations, de développer la coopération culturelle entre l’URSS et les pays étrangers.

Les missions de Rossotroudnitchestvo sont les mêmes. L’Agence contribue notamment à l’augmentation constante observée depuis plusieurs années du nombre d’étudiants africains dans les universités russes (près de 5000 bourses attribuées à des étudiants africains durant l’année académique 2024-2025, soit une augmentation considérable comparée aux années précédentes, malgré l’imposition des sanctions occidentales). C’est elle qui sélectionne les candidats qui auront droit à des bourses d’études en Russie, et qui seront orientés vers les universités publiques russes, à commencer par l’Université de l’Amitié des Peuples Patrice Lumumba (Moscou).

Les Maisons russes

Rossotroudnitchestvo réalise ses missions par le truchement des Maisons russes de la science et de la culture à l’étranger. À l’instar des modèles comme l’Alliance française, le British Council et surtout des Instituts Confucius, la Russie mise sur l’implantation de centres culturels. Ceux-ci étaient déjà présents dans de nombreux pays africains avant l’invasion de l’Ukraine : au Maroc, en Tunisie, en Tanzanie, en Zambie, en République du Congo et en Éthiopie.

Durant l’année 2022, après le début de l’invasion à grande échelle de l’Ukraine, l’ouverture de nouvelles Maisons russes a été annoncée en Algérie, en Égypte, au Soudan, au Mali, au Burkina Faso, en Sierra Leone, en Angola et bien sûr en République centrafricaine, devenue l’une des vitrines de l’influence russe en Afrique.

L’une des principales missions des Maisons russes en Afrique consiste à promouvoir la langue et la culture russes. Ces centres culturels organisent régulièrement des évènements éducatifs et culturels mettant en valeur des moments marquants de l’histoire et de la culture russes, tels que l’anniversaire du célèbre poète Alexandre Pouchkine ou la commémoration de la fête de la Victoire du 9 mai. Des cours de langue russe y sont aussi dispensés.

Rossotroudnitchestvo soutient ces initiatives en fournissant des manuels et des ressources pédagogiques, facilitant ainsi l’enseignement du russe. En ce sens, les Maisons russes constituent des instruments essentiels de la diplomatie culturelle et éducative de la Russie en Afrique.

Tout comme l’Agence fédérale, la Fondation Russkiy Mir collabore avec les Maisons russes et contribue à la promotion de la langue et de la culture russes en Afrique, notamment en organisant des formations pour les enseignants de russe afin de renforcer l’enseignement de la langue sur le continent. Dans le cadre de cette mission, la Fondation travaille en partenariat avec Rossotroudnitchestvo et l’Institut d’État de la langue russe (Institut Pouchkine).

Au-delà du domaine éducatif et culturel, Rossotroudnitchestvo a aussi un volet humanitaire. L’un des domaines les plus importants de la coopération humanitaire concerne le domaine scientifique et technique. Par exemple, le 1er novembre 2023, Rossotroudnitchestvo a lancé sur le continent africain une faculté préparatoire pour les futurs étudiants des universités russes venant d’Éthiopie, de Tanzanie et de Zambie. En République du Congo, Rossotroudnitchestvo organise des formations continues pour le personnel médical congolais.

En outre, l’Agence fédérale soutient le projet international « SputnikPro », dédié aux journalistes et aux étudiants. Son objectif officiel est de promouvoir l’échange d’expériences avec des journalistes étrangers, le développement de la communication internationale dans les médias et les liens interculturels entre les journalistes.

Objectifs géopolitiques

La dégradation spectaculaire des relations russo-occidentales depuis le déclenchement de l’invasion à grande échelle de l’Ukraine a poussé la Russie à se tourner davantage vers l’Afrique. Au-delà de ses instruments de soft power, le Kremlin compte également sur ses médias internationaux et sur les réseaux liés au groupe Wagner pour renforcer son influence sur le continent africain.

Les opérations d’influence informationnelles occupent une place centrale dans la stratégie russe de reconquête du continent. Depuis quelques années, Moscou mène des opérations d’influence informationnelles en Afrique dans le but d’affaiblir la présence occidentale. Ces différentes opérations d’influence sont portées par les organes russes d’information RT et Sputnik ainsi que par les réseaux liés au groupe Wagner. Ces opérations ont contribué à l’amenuisement de l’influence française sur le continent, particulièrement au Sahel.

Depuis la mort du patron de Wagner, Evguéni Prigojine, une nouvelle structure paramilitaire, Africa Corps, a pris le relais. Les actions des structures russes en Afrique sont souvent très imbriquées. En République centrafricaine, c’est un proche de Prigojine, Dmitri Sytyi, qui est le chef de la Maison russe. Ce dernier occupe aussi un poste clé dans la société Lobaye Invest, affiliée au groupe de Prigojine.

Une présence qui sert l’agenda stratégique russe

Les différentes entités russes présentes en Afrique déroulent l’agenda du Kremlin. La présence des médias internationaux russes RT et Sputnik est caractérisée par le dénigrement de la politique africaine des Occidentaux. Les thèmes touchant l’avenir du franc CFA, les bases françaises, la colonisation et le néocolonialisme sont abordés de façon récurrente dans le but de susciter un sentiment d’hostilité à l’égard de la France. Le discours et le narratif du Kremlin sont repris par les militants pro-russes sur les réseaux sociaux.

C’est la raison pour laquelle il n’est pas surprenant de voir lors des manifestations le drapeau russe brandi à Bangui, à Bamako à Ouagadougou et à Niamey.

Dans un monde de plus en plus marqué par la guerre d’influence et les rivalités géopolitiques, la Russie est consciente de l’importance majeure qu’ont prise les instruments de diplomatie publique et de soft power. En Afrique, elle semble, pour l’instant, progresser en de nombreux points du continent…

The Conversation

Ibrahima Dabo ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

– ref. Anatomie des principaux instruments du soft power de la Russie en Afrique – https://theconversation.com/anatomie-des-principaux-instruments-du-soft-power-de-la-russie-en-afrique-222805

Ce que les pleurs de bébé nous disent vraiment – et pourquoi l’instinct maternel est un mythe

Source: The Conversation – in French – By Nicolas Mathevon, Professeur (Neurosciences & bioacoustique – Université de Saint-Etienne, Ecole Pratique des Hautes Etudes – PSL & Institut universitaire de France), Université Jean Monnet, Saint-Étienne

Le son déchire le silence de la nuit : un sanglot étouffé, puis un hoquet, qui dégénère rapidement en un vagissement aigu et frénétique. Pour tout parent, soignant ou soignante, c’est un appel à l’action familier et urgent. Mais un appel à quoi ? Le bébé a-t-il faim ? A-t-il mal ? Se sent-il seul ? Ou est-il simplement inconfortable ? Ces cris peuvent-ils être compris instinctivement par les parents ?


En tant que bioacousticien, j’ai passé des années à étudier les communications sonores des animaux : des cris des bébés crocodiles, encore dans leurs œufs incitant leur mère à creuser le nid, aux cris des oiseaux diamants mandarins, permettant la reconnaissance au sein du couple. Alors que nous comprenons de mieux en mieux comment et pourquoi les animaux non humains communiquent par des sons, les vocalisations humaines non verbales sont encore peu étudiées. J’ai ainsi été surpris de découvrir, en tournant mon attention vers notre propre espèce, que les pleurs des bébés humains recelaient autant, sinon plus, de mystère.

Pourtant, les pleurs causent parfois bien des soucis aux parents et aux autres personnes qui s’occupent d’un bébé. Au-delà de ces soucis du quotidien, les pleurs de nourrisson peuvent entraîner, chez des personnes qui se sentent dépassées par la situation, une perte du contrôle d’elles-mêmes et être à l’origine du syndrome du bébé secoué (SBS), une maltraitance aux conséquences, dans certains cas, fatales pour l’enfant.

Depuis plus d’une décennie, mes collègues et moi, à l’Université et au CHU de Saint-Étienne, enregistrons des bébés, appliquons les outils de l’analyse des sons, et menons des expériences psychoacoustiques et de neuro-imagerie. Nos découvertes remettent en question nos croyances les plus établies et offrent un nouveau cadre, fondé sur des preuves, pour comprendre cette forme fondamentale de communication humaine.

Première constatation, et peut-être l’une des plus importantes : il est impossible de déterminer la cause d’un pleur de bébé uniquement à partir de sa sonorité.

Démystifier le « langage des pleurs »

De nombreux parents subissent une pression immense pour devenir des « experts et expertes en pleurs », et toute une industrie a vu le jour pour capitaliser sur cette anxiété. Applications, appareils et programmes de formation coûteux promettent toutes et tous de traduire les pleurs des bébés en besoins spécifiques : « J’ai faim », « Change ma couche », « Je suis fatigué·e ».

Nos recherches, cependant, démontrent que ces affirmations sont sans fondement.

Pour tester cela scientifiquement, nous avons entrepris une étude à grande échelle. Nous avons placé des enregistreurs automatiques dans les chambres de 24 bébés, enregistrant en continu pendant deux jours à plusieurs reprises au cours de leurs quatre premiers mois. Nous avons ainsi constitué une énorme base de données de 3 600 heures d’enregistrement contenant près de 40 000 « syllabes » de pleurs (les unités composant les pleurs).

Les parents, dévoués, ont scrupuleusement noté l’action qui avait réussi à calmer le bébé, nous donnant une « cause » pour chaque pleur : la faim (calmée par un biberon), l’inconfort (calmé par un changement de couche) ou l’isolement (calmé par le fait d’être pris dans les bras). Nous avons ensuite utilisé des algorithmes d’apprentissage automatique, entraînant une intelligence artificielle (IA) sur les propriétés acoustiques de ces milliers de pleurs pour voir si elle pouvait apprendre à en identifier la cause. S’il existait un « pleur de faim » ou un « pleur d’inconfort » distinct, l’IA aurait dû être capable de le détecter.

Le résultat fut un échec retentissant. Le taux de réussite de l’IA n’était que de 36 % – à peine supérieur aux 33 % qu’elle obtiendrait par pur hasard. Pour nous assurer qu’il ne s’agissait pas seulement d’une limite technologique, nous avons répété l’expérience avec des auditeurs et des auditrices humaines. Nous avons demandé à des parents et non-parents, d’abord, de s’entraîner sur les pleurs d’un bébé spécifique, comme le ferait un parent dans la vie réelle, puis d’identifier la cause de nouveaux pleurs du même bébé. Ils n’ont pas fait mieux, avec un score de seulement 35 %. La signature acoustique d’un pleur de faim n’est pas plus distincte de celle d’un pleur d’inconfort.

Cela ne signifie pas que les parents ne peuvent pas comprendre les besoins de leur bébé. Cela signifie simplement que le pleur en lui-même n’est pas un dictionnaire. Le pleur est le signal d’alarme. C’est votre connaissance du contexte essentiel qui vous permet de le décoder. « La dernière tétée remonte à trois heures, il a probablement faim. » « Sa couche semblait pleine. » « Il est seul dans son berceau depuis un moment. » Vous êtes le détective ; le pleur est simplement l’alerte initiale, indifférenciée.

Ce que les pleurs nous disent vraiment

Si les pleurs ne signalent pas leur cause, quelle information transmettent-ils de manière fiable ? Nos recherches montrent qu’ils véhiculent deux informations importantes.

La première est une information statique : l’identité vocale du bébé. Tout comme chaque adulte a une voix distincte, chaque bébé a une signature de pleur unique, principalement déterminée par la fréquence fondamentale (la hauteur) de son pleur. C’est le produit de son anatomie individuelle – la taille de son larynx et de ses cordes vocales. C’est pourquoi vous pouvez reconnaître le pleur de votre bébé au milieu d’une nurserie. Cette signature est présente dès la naissance et change lentement au cours du temps avec la croissance du bébé.

Fait intéressant, si les pleurs des bébés ont une signature individuelle, ils n’ont pas de signature sexuelle. Les larynx des bébés filles et garçons sont de la même taille. Pourtant, comme nous l’avons montré dans une autre étude, les adultes attribuent systématiquement les pleurs aigus aux filles et les pleurs graves aux garçons, projetant leur connaissance des voix adultes sur les nourrissons.

La seconde information est dynamique : le niveau de détresse du bébé. C’est le message le plus important encodé dans un pleur, et il est transmis non pas tant par la hauteur (aiguë ou grave) ou le volume (faible ou fort), mais par une caractéristique que nous appelons la « rugosité acoustique ». Un pleur d’inconfort simple, comme avoir un peu froid après le bain, est relativement harmonieux et mélodique. Les cordes vocales vibrent de manière régulière et stable.

Pleur d’inconfort d’un bébé (il ne signale pas de problème grave)
Nicolas Mathevon272 ko (download)

Mais un pleur de douleur réelle, comme nous l’avons enregistré lors de séances de vaccination, est radicalement différent. Il devient chaotique, rêche et grinçant.

Pleurs d’un bébé après une vaccination.
Nicolas Mathevon293 ko (download)

Le stress de la douleur pousse le bébé à forcer plus d’air à travers ses cordes vocales, les faisant vibrer de manière désorganisée et non linéaire. Pensez à la différence entre une note pure jouée à la flûte et le son rauque et chaotique qu’elle produit quand on souffle trop fort. Cette rugosité, un ensemble de phénomènes acoustiques incluant le chaos et des sauts de fréquence soudains, est un signal universel et indubitable de détresse.
Un « ouin-ouin » mélodieux signifie « Je suis un peu contrarié », tandis qu’un « RRRÂÂÂhh » rauque et dur signifie : « Il y a urgence ! »

L’« instinct maternel » n’est qu’un mythe

Alors, qui est le plus à même de décoder ces signaux complexes ? Le mythe tenace de l’« instinct maternel » suggère que les mères sont biologiquement programmées pour cette tâche. Nos travaux démentent cette idée. Un instinct, comme le comportement figé d’une oie qui ramène un œuf égaré en le roulant jusqu’à son nid, est un programme inné et automatique. Comprendre les pleurs n’a rien à voir avec cela.

Dans l’une de nos études clés, nous avons testé la capacité des mères et des pères à identifier le pleur de leur propre bébé parmi une sélection d’autres. Nous n’avons trouvé absolument aucune différence de performance entre elles et eux. Le seul facteur déterminant était le temps passé avec le bébé. Les pères qui passaient autant de temps avec leurs nourrissons que les mères étaient tout aussi compétents. La capacité à décoder les pleurs n’est pas innée ; elle s’acquiert par l’exposition.

Nous l’avons confirmé dans des études avec des non-parents. Nous avons constaté que des adultes sans enfants pouvaient apprendre à reconnaître la voix d’un bébé spécifique après l’avoir entendue pendant moins de soixante secondes. Et celles et ceux qui avaient une expérience préalable de la garde d’enfants, comme le baby-sitting ou l’éducation de frères et sœurs plus jeunes, étaient significativement meilleurs pour identifier les pleurs de douleur d’un bébé que celles et ceux qui n’avaient aucune expérience.

Tout cela a un sens sur le plan évolutif. Les êtres humains sont une espèce à reproduction coopérative. Contrairement à de nombreux primates où la mère a une relation quasi exclusive avec son petit, les bébés humains ont historiquement été pris en charge par un réseau d’individus : pères, grands-parents, frères et sœurs et autres membres de la communauté. Dans certaines sociétés, comme les !Kung d’Afrique australe, un bébé peut avoir jusqu’à 14 soignants et soignantes différentes. Un « instinct » câblé et exclusivement maternel serait un profond désavantage pour une espèce qui repose sur le travail d’équipe.

Le cerveau face aux pleurs : l’expérience reconfigure tout

Nos recherches en neurosciences révèlent comment fonctionne ce processus d’apprentissage. Lorsque nous entendons un bébé pleurer, tout un réseau de régions cérébrales, appelé le « connectome cérébral des pleurs de bébé », entre en action. Grâce à l’imagerie à résonance magnétique fonctionnelle (IRMf), nous avons observé que les pleurs activent dans le cerveau les centres auditifs, le réseau de l’empathie (nous permettant de ressentir l’émotion de l’autre), le réseau miroir (nous aidant à nous mettre à la place de l’autre) ainsi que des zones impliquées dans la régulation des émotions et la prise de décision.

De manière intéressante, cette réponse n’est pas la même pour tout le monde. En comparant l’activité cérébrale des parents et des non-parents, nous avons constaté que si le cerveau de chacun réagit, le « cerveau parental » est différent. L’expérience avec un bébé renforce et spécialise ces réseaux neuronaux. Par exemple, le cerveau des parents montre une plus grande activation dans les régions associées à la planification et à l’exécution d’une réponse, tandis que les non-parents montrent une réaction émotionnelle et empathique plus brute, non tempérée. Les parents passent de la simple sensation de détresse à la résolution active de problèmes.

De plus, nous avons constaté que les niveaux individuels d’empathie – et non le genre – étaient le prédicteur le plus puissant de l’intensité d’activation du réseau de « vigilance parentale » du cerveau. S’occuper d’un enfant est une compétence qui se perfectionne avec la pratique, et elle remodèle physiquement le cerveau de toute personne dévouée, qu’elle ait ou non un lien de parenté avec le bébé.

De la gestion du stress à la coopération

Comprendre la science des pleurs n’est pas un simple exercice de recherche fondamentale ; cela a de profondes implications dans le monde réel. Les pleurs incessants, en particulier ceux liés aux coliques du nourrisson (qui touchent jusqu’à un quart des bébés), sont une source majeure de stress parental, de privation de sommeil et d’épuisement. Cet épuisement peut mener à un sentiment d’échec et, dans les pires cas, être un déclencheur du syndrome du bébé secoué, une forme de maltraitance tragique et évitable.

Le fait de savoir que vous n’êtes pas censé·e « comprendre de manière innée » ce que signifie un pleur peut être incroyablement libérateur. Cela lève le fardeau de la culpabilité et vous permet de vous concentrer sur la tâche pratique : vérifier le contexte, évaluer le niveau de détresse (le cri est-il rugueux ou mélodique ?) et essayer des solutions.

Plus important encore, la science met en lumière la plus grande force de notre espèce : la coopération. Les pleurs insupportables deviennent supportables lorsque le bébé peut être confié à un ou une partenaire, un grand-parent ou une amie pour une pause bien méritée.

Alors, la prochaine fois que vous entendrez le pleur perçant de votre bébé dans la nuit, souvenez-vous de ce qu’est vraiment cette vocalisation : non pas un test de vos capacités innées ou un jugement sur vos compétences parentales, mais une alarme simple et puissante, modulée par le degré d’inconfort ou de détresse ressenti par votre enfant.

C’est un signal façonné par l’évolution, interprétable non par un mystérieux instinct, mais par un cerveau humain attentionné, attentif et expérimenté. Et si vous vous sentez dépassé·e, la réponse la plus scientifiquement fondée et la plus appropriée sur le plan évolutif est de demander de l’aide.


Pour en savoir plus sur les pleurs des bébés, voir le site web : Comprendrebebe.com.

Nicolas Mathevon est l’auteur de Comprendre son bébé. Le langage secret des pleurs, éditions Tana, 2025.


Le projet « Les pleurs du bébé : Une approche intégrée – BABYCRY » est soutenu par l’Agence nationale de la recherche (ANR) qui finance en France la recherche sur projets, au titre de France 2030 (référence ANR-23-RHUS-0009). L’ANR a pour mission de soutenir et de promouvoir le développement de recherches fondamentales et finalisées dans toutes les disciplines, et de renforcer le dialogue entre science et société. Pour en savoir plus, consultez le site de l’ANR.

The Conversation

Nicolas Mathevon a reçu des financements de l’ANR, IUF, Fondation des Mutuelles AXA.

– ref. Ce que les pleurs de bébé nous disent vraiment – et pourquoi l’instinct maternel est un mythe – https://theconversation.com/ce-que-les-pleurs-de-bebe-nous-disent-vraiment-et-pourquoi-linstinct-maternel-est-un-mythe-263586

Corps humain : l’hypothèse d’un budget énergétique limité pour gérer notre santé santé

Source: The Conversation – in French – By Frédéric N. Daussin, Professeur d’Université en STAPS, Université de Lille

Des travaux de recherches émergents s’intéressent aux liens entre, d’une part, les dépenses énergétiques du corps humain et, d’autre part, la longévité ou encore la survenue de certaines pathologies. Une bonne gestion de l’énergie dont dispose l’organisme – par le sommeil, par la pratique d’une activité physique comme le yoga et par les interactions sociales – pourrait avoir un impact positif sur la santé.


L’énergie est l’élément vital pour la vie de l’être humain. Elle alimente toutes les réactions cellulaires nécessaires à notre bon fonctionnement, pour faire battre notre cœur, respirer, penser ou bouger.

L’énergie transformée de la nourriture que l’on mange en molécules d’ATP au sein de nos cellules provient d’organites appelés mitochondries.




À lire aussi :
Images de science : la dynamique des mitochondries éclairée par la microscopie à fluorescence


Les mitochondries sont principalement connues pour leur capacité à fournir l’énergie mais elles participent également à d’autres processus essentiels tels que la production d’hormones ou la mort cellulaire.

Une approche énergétique du fonctionnement du corps humain

En 1988, le professeur Doug Wallace a découvert que les mitochondries jouaient un rôle central dans la santé humaine et il a suggéré d’orienter les recherches scientifiques vers l’étude de leur fonctionnement pour mieux comprendre l’étiologie de nombreuses maladies. En effet, une incapacité à produire suffisamment d’énergie ne permet pas à nos cellules de fonctionner correctement.

Ce dysfonctionnement jouerait un rôle dans des pathologies comme certaines maladies cardiovasculaires, neurodégénératives ou encore des cancers.

Fondée sur cette approche énergétique du fonctionnement du corps humain, une théorie émergente soutient que nous disposerions d’un budget énergétique limité que notre corps répartirait en fonction de ses priorités.

Répartition de l’énergie et santé, une théorie émergente

Trois grands types de besoins énergétiques sont identifiés :

  • les besoins vitaux, indispensables à la survie, représentent une dépense énergétique fixe. Ils permettent de faire battre le cœur et de respirer …

  • les besoins couvrant toutes les actions ponctuelles, qui ont pour effet de produire un stress sur notre organisme. Ces besoins peuvent être liés à différents types de stress tels qu’un effort physique ou une situation de stress psychologique. Par exemple, lors d’une situation stressante psychologiquement, notre corps augmente sa fréquence cardiaque ou sa sudation. Or, toutes ces réponses ont un coût ;

  • les besoins d’entretien du corps, comme l’augmentation de la masse musculaire à la suite d’un entraînement en force ou encore les actions de réparation suite à des dommages oxydants.

En temps normal, et en moyenne, les besoins vitaux représenteraient 60 % des besoins énergétiques d’une personne au repos, ceux liés à l’entretien du corps 30 % et les 10 % restant seraient dédiés aux réponses à un stress. Cette répartition suivrait une hiérarchie inspirée de la pyramide de Maslow. On couvre d’abord les besoins vitaux ; puis, si on a les ressources nécessaires, on couvre ceux liés au stress, et enfin ceux associés à l’entretien de notre corps.

Notre budget n’est pas extensible à l’infini. Dans certaines situations, notre organisme peut être amené à faire des choix. Une ressource énergétique insuffisante met en compétition les besoins et il est possible qu’il n’y ait plus assez d’énergie pour maintenir ses fonctions vitales.

Selon ce modèle, le coût énergétique de la réponse de l’organisme pour lutter contre un virus, lors d’une infection comme le Covid, peut dépasser notre capacité. Dans les cas graves, cela vient amputer notre budget associé aux fonctions vitales entraînant la mort de la personne.

Dépense énergétique et longévité

Heureusement, notre organisme est capable d’ajuster sa production d’énergie et sa gestion. Il est ainsi capable de répondre à des besoins importants sur de courtes périodes. Par exemple, lors d’un exercice physique, le corps est capable de multiplier jusqu’à 20 fois sa production d’énergie de repos. Mais suite à cet effort, un temps de récupération sera nécessaire. L’alternance de périodes d’hypermétabolisme (activité) et d’hypométabolisme (repos) est essentielle pour maintenir l’intégrité du corps humain.

À l’inverse, une période de stress prolongée empêchera le corps de se réparer correctement. Une cellule qui n’a pas suffisamment d’énergie réduira sa capacité entretenir ses composants et se traduira par une accumulation de dommages. L’augmentation de ces dommages favorise les dysfonctionnements et peut conduire au développement de pathologies chroniques qui, en retour, réduisent l’espérance de vie.

Une étude états-unienne menée pendant quarante ans a, ainsi, mis en évidence que les personnes ayant une dépense énergétique au repos élevée présentaient un risque de mortalité jusqu’à 1,5 fois plus élevé que celles ayant une dépense énergétique plus faible. Ce résultat, soutenu par une autre étude, suggère qu’un rythme métabolique trop élevé peut raccourcir la vie… comme une chandelle qui brûlerait trop vite.

Notre mode de vie et ses effets délétères

Nos modes de vie modernes sont caractérisés par l’augmentation du stress, le manque de sommeil ou l’obésité qui perturbent l’allocation de notre énergie et favorisent le risque de développer des pathologies ou le vieillissement.

Par exemple, en réponse à une situation de stress psychosocial, notre corps produit une quantité importantes d’hormones qui nous permettent de répondre à la situation. Mais ces hormones coûtent de l’énergie, et ont donc pour effet d’accroître les besoins énergétiques.

Ce cercle vicieux altère l’entretien des cellules et peut accélérer la diminution de la longueur des télomères (les extrémités des chromosomes qui diminuent avec l’âge) ou encore augmenter le stress oxydant.

Quelles stratégies pour gérer notre énergie ?

Il est possible d’agir pour mieux répartir notre énergie et pour préserver notre santé. Une bonne santé requière de consacrer suffisamment d’énergie à nos processus d’entretien pour nous permettre de vieillir en bonne santé.

Plusieurs stratégies ont démontré leur efficacité pour réduire notre demande énergétique de repos et ainsi libérer de l’énergie et la rendre disponible pour l’entretien de nos cellules :

  • Un sommeil adéquat permet de réduire notre métabolisme de repos. Quelques heures de sommeil permettent de compenser des coûts énergétiques élevés.

  • La pratique d’activité de relaxation ou de méditation limite le stress et la consommation d’énergie. Par exemple, la pratique régulière du yoga est associée à une diminution de la consommation d’énergie au repos.

  • Maintenir des interactions sociales et éviter l’isolement favorise la diminution de notre consommation d’énergie au repos. Une méta-analyse portant sur plus d’un million de personnes a mis en évidence le fait que l’isolement social augmente le risque de mortalité.

La vie en société permettrait de partager les efforts pour affronter les menaces, ce qui pourrait expliquer pourquoi la consommation énergétique au repos a diminué lors des trente dernières années.

Bref, pour gérer votre énergie, mieux vaut dormir suffisamment, bouger, et maintenir des liens sociaux.

The Conversation

Frédéric N. Daussin a reçu des financements de la région Hauts-de-France et de la Fondation de l’université de Lille.

Martin Picard a reçu des financements du NIH (États-Unis) et de Baszucki Group.

– ref. Corps humain : l’hypothèse d’un budget énergétique limité pour gérer notre santé santé – https://theconversation.com/corps-humain-lhypothese-dun-budget-energetique-limite-pour-gerer-notre-sante-sante-262154