Desigualdad en el aprendizaje, protección de datos y criterios de evaluación: los tres dilemas éticos de la IA en el aula

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Diego Fernando Avila Clavijo, Investigador de Competencias Digitales Docentes, Universitat de Barcelona

Robalito/Shutterstock

La inteligencia artificial ya está en las aulas universitarias: muchos profesores utilizan herramientas de este tipo para preparar clases, diseñar actividades o resolver dudas. También se emplean para redactar los trabajos que entregan los estudiantes. Cada día, este uso supone tomar decisiones que no son solo técnicas, sino éticas, y que afectan a grupos numerosos y perfiles muy distintos.

Varios estudios e informes recientes han analizado cuáles son las principales tensiones del uso de la inteligencia artificial generativa en el aula, tanto por parte de los estudiantes como de los docentes.

En esta línea, he investigado para mi tesis doctoral la percepción de varios docentes universitarios competentes en esta tecnología sobre este tipo de decisiones y cómo les afectan en su día a día. Tanto la investigación previa como las conclusión de mis conversaciones plantean tres dilemas clave que explican por qué la tecnología no genera los mismos resultados en todas partes.

1. Rapidez vs equidad

La inteligencia artificial es rápida. Resume textos, redacta borradores y crea preguntas en segundos. Puede ahorrar mucho tiempo. Eso parece una ventaja evidente.
Si esa rapidez no va acompañada de orientación clara, algunos estudiantes harán preguntas precisas y revisarán lo que reciben, pero otros aceptarán el primer resultado sin comprobarlo. Por eso, los estudiantes más avanzados, o quienes ya dominan estas herramientas, parten con ventaja. Quienes no, pueden depender por completo del sistema o entregar textos que no comprenden.

Proteger la equidad exige enseñar cómo preguntar, cómo verificar información y cómo detectar errores. También exige fijar límites claros. Sin esa guía, la inteligencia artificial puede aumentar las desigualdades, como advierte la OCDE en su informe sobre IA, equidad e inclusión.




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2. Personalización vs privacidad

Otra promesa es el aprendizaje “a la medida”. La IA puede recomendar contenidos o ajustar ejercicios según el ritmo de cada estudiante. Esto puede ayudar a quienes necesitan apoyo adicional.

Pero para hacerlo necesita datos. Registra tiempos, respuestas y patrones de uso. En algunos casos analiza incluso la forma de escribir o resolver problemas.

En este punto aparece una tensión concreta: cuanto más personalizada es la ayuda que ofrece la IA, más información necesita recopilar sobre el estudiante. Por tanto, el problema estriba en definir qué datos son realmente necesarios, con qué finalidad se usan, quién puede acceder a ellos y durante cuánto tiempo se conservan, tal como señalan las directrices éticas de la Comisión Europea para educadores.

En muchos centros no hay normas claras sobre esto. El docente debe decidir si utiliza una herramienta externa o si limita la información que comparte. Puede optar por no introducir datos sensibles o desactivar funciones que recopilan más información.

La innovación avanza rápido. La protección de datos lo hace más despacio. El dilema no es elegir entre innovar o no innovar. Es decidir cuánto dato estamos dispuestos a entregar para mejorar el aprendizaje. Cada ajuste “a la medida” deja un rastro digital.

Ante esto, una actuación prudente sería aplicar el principio de minimización de datos: usar solo la información estrictamente necesaria, evitar introducir datos sensibles o identificables del alumnado en herramientas externas, informar con claridad sobre el uso de estas plataformas y priorizar, cuando sea posible, soluciones institucionales con garantías de protección de datos, como recomienda la Oficina del Comisionado de Información del Reino Unido (ICO).

3. Automatización vs a criterios compartidos

La evaluación es un terreno delicado. La IA puede detectar similitudes, sugerir comentarios o proponer una nota inicial. También puede ayudar al estudiante a mejorar su texto antes de entregarlo. Surgen entonces dos preguntas. ¿Qué hacer si se sospecha que un trabajo fue elaborado con esta herramienta? ¿Es adecuado usarla para evaluar?

Más allá del dilema planteado antes (que al usar plataformas externas se comparten datos del estudiante e incluso una tarea sencilla puede quedar almacenada fuera de la universidad), delegar en un sistema automático puede reducir el criterio del docente si no se establecen marcos compartidos que preserven el juicio profesional, como advierten investigaciones recientes sobre integridad académica y ChatGPT. No todos los sistemas explican cómo funcionan. Tampoco responden igual en todas las materias.

Algunos profesores cambian sus actividades. Piden explicar el proceso que el estudiante ha seguido o defender el trabajo en voz alta. Otros reclaman reglas claras sobre cuándo y cómo usar IA en evaluación. Sin criterios compartidos, cada aula opera con normas distintas. Eso genera incertidumbre.




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Más allá de la habilidad individual

Estos dilemas muestran que el debate no se resuelve solo con más formación digital. Incluso docentes con experiencia reconocen que las tensiones siguen ahí.

La IA puede mejorar el aprendizaje y abrir oportunidades nuevas. Pero también puede ampliar desigualdades, aumentar el uso de datos personales y automatizar decisiones que requieren juicio humano.




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Si la tecnología ya forma parte de la educación superior, el siguiente paso es construir reglas claras sobre equidad en el uso, protección de datos y límites de la automatización, tal como recomienda la UNESCO. De lo contrario, dilemas estructurales seguirán resolviéndose, día tras día, en la soledad del aula.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

– ref. Desigualdad en el aprendizaje, protección de datos y criterios de evaluación: los tres dilemas éticos de la IA en el aula – https://theconversation.com/desigualdad-en-el-aprendizaje-proteccion-de-datos-y-criterios-de-evaluacion-los-tres-dilemas-eticos-de-la-ia-en-el-aula-275580

La influencia de la ideología en la percepción psicológica de las marcas alimenticias

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Alejandro Magallares, Profesor Titular del Departamento de Psicología Social y de las Organizaciones, UNED – Universidad Nacional de Educación a Distancia

Decía certeramente Brillat Savarin (si le suena el nombre es porque un queso lleva el nombre de este gastrónomo francés) “dime lo qué comes y te diré quién eres”. Esta idea hace referencia a que las cosas con que nos alimentamos pueden influir en cómo nos sentimos, pensamos o nos comportamos.

En psicología, nos hemos afanado en indagar si este aforismo tan brillante –la hipótesis “somos lo que comemos”– tiene sustento empírico.

Así, hay estudios que ponen de manifiesto que los alimentos ecológicos nos hacen sentir felices y esperanzados, y que existe una relación entre el consumo de comida picante y las cogniciones agresivas.

Recientemente también se han realizado investigaciones que sugieren que la hipótesis complementaria podría ser igualmente cierta. Por ejemplo, algunos trabajos han hallado que los votantes conservadores muestran una preferencia por los productos alimenticios más naturales y tradicionales. Es la hipótesis que llamamos “comemos lo que somos”.

A continuación veremos un par de ejemplos para que el lector entienda mejor en que consiste esta teoría.

Hincando la rodilla en la NFL

Colin Kaepernick, quarterback del equipo de fútbol americano San Francisco 49ers, decidió arrodillarse durante el himno nacional de los Estados Unidos a lo largo de la temporada 2016 de la NFL como una protesta simbólica contra la injusticia racial y la brutalidad policial en su país. Su gestó provocó reproches del mundo conservador (entre ellos, el del presidente Trump durante su primer mandato), acusándole de una postura antipatriótica y antimilitar.

Una de las críticas más furibundas fue lanzada por John Schnatter, el fundador de la cadena de pizzas Papa John’s. Según el millonario estadounidense, este tipo de actos reivindicativos afectaban negativamente a la liga deportiva y, en consecuencia, reducían las ventas de los principales patrocinadores (entre los cuales estaba Papa John’s).

Al poco tiempo, el empresario, envuelto en otra polémica (utilizo la palabra que empieza con “n” para referirse a los afroamericanos), acabó dimitiendo de su propia compañía. Años después, Schnatter se lamentaba amargamente de que la calidad de los productos alimenticios estaba empeorando desde que se habían alejado de “los valores conservadores” que habían hecho famosas sus pizzas en todo el mundo.

En el ambiente tan polarizado en el que vivimos, ¿cómo se perciben estos posicionamientos ideológicos de una marca? Hemos citado un ejemplo de derechas, pero al otro lado del espectro ideológico también encontramos empresarios que hacen campañas para causas más de izquierdas. Es el caso de los helados Ben & Jerry’s, compañía que se posicionó contra el racismo durante los disturbios por el asesinato de George Floyd.

¿Puede influir en el modo en que percibimos determinados alimentos el hecho de que ciertas empresas tomen partido con posturas políticas concretas?

Comemos lo que somos

En nuestra investigación tratamos de comprobar si estos posicionamientos de marcas a favor de causas más conservadoras (como el ejemplo de las pizzas) o más de izquierdas (el caso de los helados) pueden afectar efectivamente a la percepción de marcas.

Según nuestros resultados, los participantes con ideología de izquierda percibieron las marcas asociadas con la derecha como menos saludables y más desagradables en comparación con las vinculadas a la izquierda. Por el contrario, no observamos efectos significativos entre los participantes de derechas.

Es decir, los participantes de izquierdas percibieron los productos teñidos de un posicionamiento político contrario al suyo como peores.

La politización no sale a cuenta

Una conclusión del estudio es que, probablemente, no sea una estrategia comercial idónea posicionarse tan claramente a favor de una determinada causa porque, si bien se consiguen adhesiones de un bando, también se pueden perder cientos de clientes que tienen una postura política opuesta.

De hecho, a pesar de que Ben Cohen y Jerry Greenfield (los fundadores de la mencionada marca de helados) llevan años solidarizándose con determinadas causas progresistas, recientemente han acabado perdiendo el control de la compañía. Según la prensa especializada, la gota que acabó colmando el vaso fue la guerra de Gaza, un tema que dividió profundamente a los votantes de izquierdas y de derechas. Preferencias gastronómicas al margen.

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– ref. La influencia de la ideología en la percepción psicológica de las marcas alimenticias – https://theconversation.com/la-influencia-de-la-ideologia-en-la-percepcion-psicologica-de-las-marcas-alimenticias-270385

Cómo el entorno cambia el canto de los pájaros

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Jorge Garrido Bautista, Investigador posdoctoral, Universidad de Castilla-La Mancha

El jilguero (_Carduelis carduelis_) es un ave paseriforme pequeña, de unos 12 cm. Su característica más distintiva es su colorido plumaje, con una máscara roja en la cara, alas negras con una franja amarilla, y un canto muy alegre Colin Davis / Unsplash., CC BY-SA

Prácticamente todos los animales usan la comunicación acústica a diario. Piense en cualquier sonido emitido por un animal: el ladrido de un perro, el relinche de un caballo o el canto de un pájaro.

Estas vocalizaciones, tan dispares y variadas como especies hay en nuestro planeta, intervienen en multitud de contextos sociales. Algunos ejemplos son la intimidación de rivales para defender un territorio o disuadir depredadores, pero también funcionan como señales atractivas para buscar parejas o, simplemente, para mantener el contacto con sus compañeros en una sesión de caza.

Una comunicación efectiva depende, por pura definición, de la señal acústica producida por el emisor y de su estado cuando alcanza al receptor. Entre ambos, se encuentra el ambiente físico a través del cual los sonidos se propagan: puede ser el aire en el caso de animales terrestres o el agua en los animales acuáticos.

No es lo mismo cantar en el bosque que en la llanura

Bajo las premisas de la teoría de la evolución, la pregunta parece obvia: ¿favorece la selección natural aquellas señales acústicas que se transmiten de la forma más eficiente posible en un ambiente determinado? O, en otras palabras, ¿el hábitat moldea las características físicas de las vocalizaciones? Esto precisamente es lo que sostiene la hipótesis de la adaptación acústica, propuesta en la década de 1970 por los biólogos Eugene Morton, Haven Wiley y Douglas Richards. El ambiente, por tanto, también debería moldear la diversificación de las vocalizaciones y la sensibilidad de los sistemas sensoriales receptores.

Cuando el sonido se propaga, este se distorsiona paulatinamente a causa de la atenuación, reflexión, dispersión y absorción que sufre por parte de los propios elementos del hábitat, como arbustos, árboles o roquedos. La hipótesis de la adaptación acústica predice que, en lugares cerrados como un bosque frondoso, las vocalizaciones favorecidas por la selección natural deberían ser largas y graves –de baja frecuencia–, ya que los sonidos agudos sufren mayor difracción y se distorsionan. En cambio, en hábitats abiertos como una pradera o una sabana, esta penalización sobre las frecuencias agudas se reduce, por lo que deberían abundar vocalizaciones de alta frecuencia.

La diferencia entre frecuencias altas y bajas se basa en cuántas vibraciones o ciclos ocurren por segundo (medidos en hercios, Hz). Las bajas (menos de 250 Hz) –sonidos graves– tienen ondas largas que viajan largas distancias y atraviesan los cuerpos sólidos sin dificultad. Las frecuencias altas (más de 2 000 Hz) –sonidos agudos– son direccionales, con ondas cortas que se reflejan y absorben fácilmente.

Los gorriones desmontan la hipótesis

Un reciente estudio publicado en la revista Bioacoustics ha puesto a prueba estas predicciones en un hábitat abierto, usando el canto del chingolo de Bachman (Peucaea aestivalis), un pequeño gorrión propio de pinares ricos en sotobosque del este norteamericano.

Durante la primavera, los machos de chingolo de Bachman exhiben dos tipos de canto para atraer a las hembras, uno común y otro raro, presente solo en un 5-23 % de los machos. Los investigadores replicaron ambos cantos en altavoces y midieron su distorsión a diferentes distancias, desde 1,5 m hasta 80 m, la distancia máxima de un territorio de chingolo. También lo hicieron a dos alturas, una al nivel del sotobosque y otra al de los troncos de los árboles.

Según la hipótesis de la adaptación acústica, el canto común –más frecuente y, por tanto, favorecido por la selección natural– debería poseer unas características físicas que facilitaran una propagación más eficiente que la del canto raro.

Los resultados revelaron que ambas vocalizaciones exhiben propiedades físicas ligeramente distintas: el canto común del chingolo tiene una menor propensión a degradarse que el canto raro. Esto, a priori, apoyaría la hipótesis de la adaptación acústica. Sin embargo, el resultado clave fue que la vocalización menos frecuente no se propagó con menos eficiencia que la común; al contrario, ambas se distorsionaron a lo largo del recorrido (de los 1,5 m a los 80 m) de la misma manera. Y lo mismo ocurrió a las dos alturas examinadas.

En conclusión, los resultados no apoyaron la hipótesis de la adaptación acústica, ya que los dos cantos del chingolo se propagaron, en términos relativos, de forma similar en su hábitat.

Cuestión de parentesco evolutivo más que de hábitat

¿Y qué ocurre con el resto de pájaros? ¿Se cumple la hipótesis? Pues la evidencia a favor es escasa: son más los estudios que no la demuestran que los que sí. Un primer metaanálisis publicado hace casi 20 años encontró que la frecuencia del canto de los pájaros tiende a ser más baja en los hábitats cerrados, en línea con la hipótesis, pero la magnitud del efecto fue muy pequeña.

Es decir, el hábitat, aunque relativamente importante, no parecía ser el principal motor evolutivo del canto de los pájaros y su diversificación. Esto se ha visto posteriormente reforzado por otras dos investigaciones recientes. La primera, publicada en 2021, analizó las vocalizaciones de más de 5 000 especies de aves cantoras paseriformes y encontró que los patrones geográficos no se deben a las características del hábitat, sino a la ascendencia común entre especies, es decir, al mayor o menor parentesco evolutivo entre ellas. Además, el propio tamaño corporal es el que constriñe la frecuencia del canto: aves más grandes emiten vocalizaciones de menor frecuencia, sencillamente porque tienen aparatos fonadores más grandes.

Un segundo estudio, publicado el año pasado, tampoco encontró que el hábitat tenga un papel trascendental en la evolución de las vocalizaciones en vertebrados en general. En aves, sin embargo, sí se observó un efecto débil del hábitat sobre el ancho de banda de la frecuencia, en la dirección predicha por la hipótesis. Pero ese efecto estuvo explicado, de nuevo, por el parentesco evolutivo cuando se analizó la variación entre especies de aves.

El contexto físico no es el único factor que influye

Uno podría imaginarse cómo las aves ajustan finamente su canto para que se propague a la mayor distancia posible sin distorsionarse, atravesando árboles, arbustos y cualquier elemento que se interponga en su camino. Sin embargo, la realidad es que, como ya intuyó Darwin, el entorno no solo es el hábitat físico donde vive un organismo. También hay que tener en cuenta cómo afecta la presencia de depredadores, competidores y potenciales parejas, que tienen mucho que decir en la evolución del canto.

Por otra parte, no podemos olvidar lo más importante: cualquier rasgo se expresa y selecciona dentro de las restricciones físicas del organismo. Así, un canto de baja frecuencia será posible solo en especies con aparatos fonadores grandes y resonantes, algo de lo que carecen la gran mayoría de aves cantoras alrededor del mundo, por su pequeño tamaño corporal.

Por tanto, que el entorno, el hábitat, tiene un impacto evolutivo sobre el canto de las aves es seguramente innegable, pero quizás su peso se ve difuminado, en la mayoría de los casos, por otros factores más importantes.

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Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

– ref. Cómo el entorno cambia el canto de los pájaros – https://theconversation.com/como-el-entorno-cambia-el-canto-de-los-pajaros-286472

Cuando la Luna escribe el guion: el eclipse en la historia del cine

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Alfonso Méndiz Noguero, Catedrático de Comunicación Audiovisual y Publicidad y rector, Universitat Internacional de Catalunya

Imagen promocional de _Apocalypto_, de Mel Gibson, en la que un eclipse juega un papel importante en la historia. Icon Entertainment

El 12 de agosto de 2026 asistiremos a un eclipse excepcional: será el primero que atraviese la península en más de un siglo y coincidirá, además, con el pico de las Perseidas y una alineación de planetas. Sin embargo, todos los eclipses tienen algo de excepcional y de mágico, y así lo vemos reflejado a lo largo de la historia del cine.

El Séptimo Arte descubrió desde muy pronto el potencial narrativo de este fenómeno astronómico. Los eclipses solares han servido a los guionistas para provocar asombro, anunciar apocalipsis, desencadenar amenazas o aportar un extraordinario realismo visual. Su presencia en la pantalla constituye una pequeña pero fascinante historia paralela a la historia del cine.

Del espectáculo astronómico a la fantasía cinematográfica

Las primeras representaciones del eclipse aparecen en el cine mudo, cuando la propia imagen en movimiento era todavía una novedad. Un ejemplo paradigmático es El eclipse: El cortejo entre el Sol y la Luna (1907), de Georges Méliès. Considerada la primera película de ficción que describe un eclipse solar, transforma una explicación astronómica en una fantasía humorística donde el Sol y la Luna adquieren rasgos humanos y protagonizan un peculiar cortejo romántico.

Imagen en movimiento de un sol con cara humana escondiéndose detrás de una luna también con cara humana.
Un momento de El eclipse: El cortejo entre el Sol y la Luna.
Wikimedia Commons

Pocos años después, el eclipse pasó a formar parte del imaginario visual del expresionismo alemán. En Los Nibelungos (1924), de Fritz Lang, los cielos oscurecidos y las atmósferas crepusculares evocan simbólicamente la idea del eclipse como presagio de tragedia. El propio Lang volvería a explorar la fascinación por los fenómenos celestes en La mujer en la Luna (1929), donde la aventura espacial incorpora imágenes fantasmagóricas que conectan la oscuridad con la leyenda y la fascinación.

Camelot bajo la sombra de la Luna

Ningún ámbito cinematográfico ha explotado tanto el eclipse como las adaptaciones de la novela de Mark Twain Un yanqui en la corte del rey Arturo. En ellas, el fenómeno deja de ser un espectáculo natural para convertirse en una herramienta de poder o un modo de escapar de una situación apurada.

La primera adaptación relevante fue A Connecticut Yankee in King Arthur’s Court (1921), dirigida por Emmett J. Flynn en Estados Unidos. Su protagonista utiliza el conocimiento de un eclipse inminente para convencer a la corte del rey Arturo de que posee poderes mágicos. La oscuridad del cielo se convierte así en una demostración de autoridad basada en el contraste entre la ciencia que él posee y la superstición de quienes le escuchan.

El recurso reapareció en la adaptación de 1931 de David Butler, y alcanzó su versión más popular en la comedia musical de 1949. Dirigida por Tay Garnett y protagonizada por Bing Crosby, la película utiliza el eclipse para establecer un momento decisivo en la narración. También la animación cinematográfica ha creado su propia versión en Bugs Bunny in King Arthur’s Court (1978), producción estadounidense de Warner Bros., donde el conejo más famoso del cine emplea el mismo truco para impresionar a los habitantes de Camelot.

Transformaciones, destinos y metáforas

Con el paso de las décadas, el eclipse dejó de representar únicamente el choque entre conocimiento y superstición para convertirse en símbolo de transformación vital.

En Lady Halcón (1985), de Richard Donner, se cuenta la historia de dos amantes que se ven separados por la luz y la oscuridad. Maldecidos por un obispo, ella se convierte en un halcón de día y él en un lobo de noche. Nunca pueden verse, hasta que un mágico eclipse de Sol consigue que los dos puedan encontrarse simultáneamente bajo forma humana. El fenómeno astronómico funciona aquí como una interrupción temporal de las leyes que gobiernan su condena.

En un ventanuco en la pared se ve cómo la luna cubre parcialmente el sol.
El eclipse de Lady Halcón.
20th Century Fox

Otras películas emplean también el eclipse como marco emocional. El drama Eclipse (1994), dirigido por Jeremy Podeswa, sitúa su historia en las semanas previas a un eclipse solar para reforzar la introspección de sus personajes. Algo similar ocurre en Judy Berlin (1999), de Eric Mendelsohn, donde un eclipse prolongado altera la rutina de una comunidad y empuja a sus habitantes a revisar sus vidas.

Más recientemente, Apocalypto (2006), dirigida por Mel Gibson, utiliza un eclipse durante una ceremonia de sacrificio humano. La repentina oscuridad es interpretada por los sacerdotes mayas como una señal divina y cambia el destino del protagonista. En otro registro, La saga Crepúsculo: Eclipse (2010), de David Slade, convierte el eclipse en metáfora del triángulo amoroso entre los tres personajes protagonistas: Bella, Edward y Jacob.

Oscuridad, monstruos y amenazas cósmicas

El eclipse también ha demostrado ser un eficaz generador de miedo. En La tienda de los horrores (1986), dirigida por Frank Oz, una planta extraterrestre aparece en la Tierra coincidiendo con un eclipse extraordinario, dotando al fenómeno de resonancias sobrenaturales.

La ciencia ficción recurrió igualmente a este recurso. En Pitch Black (2000), de David Twohy, un eclipse libera criaturas letales que permanecían ocultas por la luz de varios soles. Pero la película más emblemática de este apartado es, sin duda, Lara Croft: Tomb Raider (2001), dirigida por Simon West. En ella, una alineación planetaria asociada a un eclipse de Sol desencadena la búsqueda de un artefacto capaz de controlar el tiempo. Durante la casi totalidad del metraje, la idea del eclipse está presente en la narración y en la mente de los personajes.

Finalmente, en Hellboy (2004), del mexicano Guillermo del Toro, la llegada del demonio a la Tierra debido a un conjuro nazi se convierte en ocasión de salvar al mundo y de abrir un portal al infierno, justamente gracias a un eclipse solar.

Crímenes bajo un cielo oscurecido

La capacidad del eclipse para alterar la percepción de la realidad lo ha convertido también en aliado de relatos criminales y sobrenaturales. En Dolores Claiborne (1995), de Taylor Hackford y basada en la novela de Stephen King, un eclipse solar sirve de telón de fondo para un misterio familiar y un antiguo crimen.

Una mujer mira hacia arriba en un contrapicado mientras, tras ella, la luna tapa al sol.
Kathy Bates en una escena de Dolores Clairbone.
Warner Bros.

En España, Verónica (2017), dirigida por Paco Plaza, sitúa el célebre eclipse del 11 de julio de 1991 en el centro de una historia de terror inspirada en el llamado “caso de Vallecas”, en el que una adolescente murió tras haber participado en una sesión de ouija. El fenómeno astronómico actúa simultáneamente como detonante y culminación de los sucesos paranormales.

Cuando el eclipse ocurrió de verdad

Finalmente, la utilización más espectacular de un eclipse en la historia del cine no tuvo lugar en una ficción sobre el tema. En Barrabás (1961), historia del criminal que fue indultado por Poncio Pilatos en lugar de Jesucristo, el director Richard Fleischer decidió rodar la escena de la crucifixión durante un eclipse solar auténtico, pues el Evangelio dice que “el Sol se oscureció desde el mediodía hasta las tres”.

La filmación tuvo lugar el 15 de febrero de 1961 cerca de Roccastrada, en la Toscana italiana. El director de fotografía Aldo Tonti dispuso las cámaras para registrar los escasos minutos de semioscuridad disponibles. No hubo posibilidad de repetir tomas ni de corregir errores; la secuencia se rodó con varias cámaras, sin efectos especiales. El resultado proporcionó una intensidad visual imposible de recrear artificialmente en aquella época.

Ese fue un caso excepcional, pero la atracción del eclipse sigue viva para los cineastas. Más de un siglo después de Méliès, el cine sigue encontrando en él una fuente incomparable de misterio, fascinación y amenaza.


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The Conversation

Alfonso Méndiz Noguero no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. Cuando la Luna escribe el guion: el eclipse en la historia del cine – https://theconversation.com/cuando-la-luna-escribe-el-guion-el-eclipse-en-la-historia-del-cine-285450

¿Quién es el líder de la selección española del Mundial 2026?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Pablo Atela, Profesor Doctor Deusto Business School y Facultad de Ingeniería, Universidad de Deusto

Nico Williams sostiene la Copa del Mundo. White House

El 18 de diciembre de 2022 Argentina venció a Francia en la final del Mundial de Catar y, por poner solo un ejemplo, la CNN tituló: “Lionel Messi acaba de ganar su primer Mundial de fútbol”. En singular, él solo.

El 19 de julio de 2026 España venció a Argentina 1-0 en la final del Mundial celebrado en EE. UU., Canadá y México.

La imagen es simbólica: Messi, la figura que mejor ha representado el liderazgo individual heroico de las últimas dos décadas se despedía del torneo derrotado por una selección que ganó sin depender solo de una estrella.

Si la sociedad occidental sobrevalora, mitifica y mistifica al individuo y desatiende el desarrollo del equipo, el Mundial de 2026 es, probablemente, la confirmación deportiva más nítida de esta tesis.




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El mito (y el timo) del liderazgo


El mito del capitán único

La investigadora Katrien Fransen bautizó esa idea en 2014 como “el mito del capitán como líder principal”: tras encuestar a más de 4.000 deportistas, comprobó que el 44 % no reconocía a su capitán como líder en ninguno de los cuatro roles que sostienen a un equipo deportivo:

  • Rol de tarea: enfocado en los objetivos tácticos y técnicos, lo ejercen quienes dirigen el juego y organizan a los compañeros en el campo.

  • Rol social: a cargo de los que trabajan la cohesión y el bienestar del grupo dentro y fuera del campo.

  • Rol motivacional: desempeñado por los que mantienen alta la moral del equipo (también después de las derrotas).

  • Rol externo: estos son los embajadores del grupo. Gestionan las relaciones con la directiva, los medios de comunicación, los patrocinadores o la afición.

Un estudio con futbolistas españoles llegó a una conclusión parecida: la estructura de liderazgo más eficaz no es la de una sola persona al mando, sino la que se reparte entre varios roles y personas. Los programas de desarrollo de liderazgo sistémico en el deporte han probado que cuando dicho liderazgo se reparte de verdad, el equipo se vuelve más resistente, incluso si pierde a alguna de sus piezas clave por lesión, marcha o retirada. Esa capacidad de sobrevivir a la ausencia de cualquier individuo es, en el fondo, la mejor definición posible de lo que es un proyecto sostenible en el tiempo.

El talento colectivo no es la suma de talentos individuales

La suma de talentos individuales no explica por sí sola el rendimiento de un equipo. El factor decisivo es lo que llamamos armonía social: la capacidad de generar cohesión y de permitir que cada persona aporte lo mejor de sí al servicio de un objetivo compartido.

Si la inteligencia colectiva no depende del promedio de los cocientes intelectuales individuales sino de la armonía social del grupo, la excelencia en cualquier actividad deportiva en equipo no depende de juntar a “los mejores” y esperar a que la magia ocurra por sí sola. Y esto es, casi al pie de la letra, lo que los grandes medios internacionales atribuyeron a España tras la final.

‘El líder es el equipo’ (Pedri, 2024)

ESPN tituló que, en un torneo dominado por superestrellas, fue el espíritu de equipo el que ganó el Mundial para España: “No existe el ‘yo’ en la selección española”.

Fox Sports contrapuso ambos modelos sin matices: para Argentina, Messi es la estrella; para España, la estrella es el equipo, y ningún jugador –“ni siquiera Lamine Yamal”– está por encima del sistema humano.

El propio capitán, Rodri, rebajó su protagonismo la víspera de la final y atribuyó el título a “una maduración lenta” construida junto al seleccionador.

The Washington Post cita al entrenador De la Fuente, ya con la copa en las manos, definiendo a su plantilla como “un grupo, un equipo, una familia”.

Este no es un relato construido a posteriori: dos años antes, Pedri ya afirmaba que el liderazgo era de todo el equipo, sin que nadie estuviera por encima del resto:

“Los capitanes nos ayudan mucho, pero creo que la gran diferencia con los demás países es que nosotros somos un equipo y no hay un líder por encima de los demás”.

El ‘equipazgo’ como ventaja competitiva

En 2015, el experto en gestión y diseño organizacional Henry Mintzberg señaló: “Basta de liderazgo. Es hora del equipazgo (communityship)”. Y lo define como el pegamento social que sustituye a la “idea heroica e individualista del liderazgo”.

Esto no implica en absoluto prescindir de líderes formales –los equipos de fútbol tienen capitán y seleccionador, igual que cualquier organización necesita de figuras formales de referencia–, sino evitar que el club, la empresa o el equipo dependan de solo uno de ellos. Cuando el liderazgo se reparte, el sistema entero sobrevive a la ausencia de cualquiera de sus piezas.

Como ejercicio sencillo –pero extremadamente retador– proponemos al lector la siguiente pregunta aplicada a su organización o equipo:

¿Quién es aquí el líder?

La mejor señal de que el grupo funciona realmente como un equipo sería no poder responder con un solo nombre. Sea en una selección campeona del mundo, en la sala de un consejo de administración o en una pyme, el patrón de comportamiento se repite:

Donde el liderazgo se concentra en una sola persona, el proyecto es más frágil. Donde se reparte, el equipo es mucho más difícil de derrotar.

The Conversation

Pablo Atela, Ph.D. ha recibido fondos para investigación, consultoría y formación provenientes de varios organismos públicos y privados de España, Mexico, Chile, Colombia, Guatemala y Panamá, y es consultor en Shackleton Innovation.

– ref. ¿Quién es el líder de la selección española del Mundial 2026? – https://theconversation.com/quien-es-el-lider-de-la-seleccion-espanola-del-mundial-2026-287935

Bien avant Ormuz, Athènes a fait du contrôle d’un détroit près de Troie la clé de sa fortune

Source: The Conversation – in French – By David M. Pritchard, Associate Professor of Greek History, The University of Queensland

Les Dardanelles (ici sur une carte de Pierre Belon en 1554) ont fait la fortune, puis provoqué la chute de l’Empire athénien. Pierre Belon, domaine public, via Wikimedia Commons

Les aventures d’Ulysse commencent aux portes des Dardanelles. Ce n’est pas un hasard : dans l’Antiquité, ce détroit était l’un des points névralgiques du commerce méditerranéen. Son histoire montre à quel point le contrôle des routes maritimes peut transformer l’équilibre des puissances.


La très attendue adaptation de L’Odyssée par Christopher Nolan est sortie récemment en salles. Elle revisite l’épopée antique d’Homère en racontant le long voyage d’Ulysse vers Ithaque après la guerre de Troie.

Cet épisode décrit dans les épopées homériques est largement mythifié. Mais il se déroule dans un univers de navigation maritime et de passages en mer que les Grecs de l’Antiquité connaissaient intimement. C’est ce monde familier qu’ils ont utilisé comme toile de fond pour situer les aventures d’Ulysse.

Fait intéressant, le film de Nolan réinterprète la guerre de Troie comme une guerre commerciale menée pour le contrôle d’une route maritime. Cette motivation économique est absente du texte original d’Homère. Mais elle aurait trouvé un écho particulier auprès des Athéniens qui écoutaient les épopées homériques plusieurs siècles plus tard, à une époque où de véritables guerres se jouaient autour du contrôle d’une voie maritime stratégique vers la mer Noire, passant précisément par l’endroit où Ulysse entame son voyage mythologique de retour : les Dardanelles.

Le contrôle de ce détroit – notamment grâce aux péages prélevés sur les navires qui l’empruntaient – a été un élément déterminant de l’ascension de l’Empire athénien. Cette histoire présente des parallèles avec la situation actuelle, où l’idée d’imposer des droits de passage sur des routes maritimes stratégiques est de nouveau au cœur des débats.

Une porte d’entrée vers la mer Noire

Les Dardanelles (que les Grecs de l’Antiquité appelaient l’Hellespont) sont un étroit détroit naturel situé dans l’actuelle Turquie. Avec la mer de Marmara et un autre détroit situé plus au nord-est, le Bosphore, ils relient la mer Égée – et donc la mer Méditerranée – à la mer Noire.

À partir d’environ 500 av. J.-C., les cités grecques – et en particulier l’Athènes démocratique – prennent conscience que le contrôle de cette voie maritime est essentiel à leur survie et à leur prospérité. Quelques décennies plus tard, les guerres médiques ne font que renforcer cette conviction. Pour envahir la Grèce, Xerxès, le Grand Roi de l’Empire perse, fait en effet construire un pont flottant à travers les Dardanelles afin d’y faire passer son armée.

Une ancienne gravure représentant Xerxès franchissant l’Hellespont à la tête de son immense armée
Une ancienne gravure représentant Xerxès franchissant l’Hellespont à la tête de son immense armée.
mikroman6/Getty

Après avoir vaincu Xerxès dans les Balkans en 480 et 479 av. J.-C., les Grecs s’empressent de sécuriser les Dardanelles et de s’emparer d’autres villes situées plus au nord, dans l’actuelle Turquie, notamment Byzance (aujourd’hui Istanbul) et Chalcédoine (l’actuel quartier de Kadıköy).

Dans le même temps, les Athéniens, désormais à la tête de la coalition grecque contre la Perse, prennent également le contrôle de trois grandes îles situées à l’approche du détroit&nbsp: Imbros, Lemnos et Skyros. Ils rendent ainsi plus sûre la route maritime empruntée par leurs navires de guerre et leurs cargos céréaliers entre Athènes et les Dardanelles.

Nourrir un empire

Assurer la sécurité de cette route maritime ne tarde pas à dépasser les seuls enjeux militaires. Elle permet aussi aux Athéniens de tirer pleinement parti du commerce avec le royaume du Bosphore, qui s’étendait approximativement sur l’actuelle Crimée et une partie du sud de l’Ukraine.

Le climat et le relief de la Grèce étaient propices à certaines cultures, et Athènes était entièrement autosuffisante en huile d’olive. En revanche, l’Attique, particulièrement aride, se prêtait beaucoup moins à d’autres productions, notamment les céréales. Le commerce avec les régions du nord était donc indispensable à son essor.

Le contrôle des Dardanelles, et donc de la route maritime vers la mer Noire, permet aux Athéniens de s’assurer d’immenses quantités de denrées alimentaires à bas prix, favorisant une spectaculaire croissance démographique. En 431 av. J.-C. éclate la guerre du Péloponnèse, qui oppose Athènes à Sparte.

À cette époque, nous estimons qu’Athènes importait environ les deux tiers de sa nourriture par voie maritime, l’essentiel transitant par les Dardanelles. Au cours des dix premières années de cette célèbre guerre de trente ans, Sparte et ses alliés envahissent à plusieurs reprises le territoire athénien. En réponse, les Athéniens se replient simplement derrière leurs fortifications et comptent sur les cargaisons de céréales arrivant par les Dardanelles pour assurer leur subsistance.

Une gravure du XIXᵉ siècle représentant la cité d’Athènes à l’apogée de sa puissance
Une gravure du XIXᵉ siècle représentant la cité d’Athènes à l’apogée de sa puissance.
Wikimedia

Des péages sur le commerce maritime

Au cours des dix dernières années de la guerre du Péloponnèse, alors que les finances d’Athènes commencent à s’épuiser, la cité renforce son emprise sur cette voie maritime stratégique.

Depuis longtemps déjà, la démocratie athénienne entretenait des garnisons de part et d’autre du Bosphore afin de contrôler les marchandises que les autres cités grecques faisaient transiter par cette route maritime.

Mais, en 413 av. J.-C, elle instaure un péage équivalant à 10 % de la valeur de toutes les cargaisons traversant le détroit. Les recettes considérables générées par cette taxe permettent à Athènes de résister à Sparte pendant encore sept années.

Comment la perte de ce détroit a précipité la chute d’Athènes

Les Spartiates finissent toutefois par remporter la guerre du Péloponnèse. Au cours de sa dernière décennie, ils concluent un accord avec l’Empire perse afin de financer la construction d’une flotte capable de rivaliser avec celle d’Athènes.

En 405 av. J.-C, près de l’actuelle Gallipoli, la flotte spartiate s’empare presque sans combattre de ce qui reste de la marine athénienne – près de 200 navires – avant de faire exécuter les marins capturés.

Privée de sa flotte, Athènes perd le contrôle de la route maritime, et les Spartiates interrompent l’acheminement des cargaisons de céréales en provenance du nord. Soumise à un blocus terrestre et maritime, la cité est rapidement affamée et contrainte de capituler. Elle perd ainsi la guerre du Péloponnèse. La perte du contrôle de cet étroit passage maritime stratégique, à proximité de l’antique Troie, entraîne donc la chute de l’Empire athénien.

L’histoire se répète

Le film de Christopher Nolan constitue une méditation poignante et intemporelle sur le coût humain effroyable de la guerre, rappelant qu’elle ne devrait être envisagée qu’en tout dernier recours. Mais l’histoire antique de l’étroit détroit sur lequel se trouvait Troie offre aussi des clés pour comprendre les tensions actuelles entre les États-Unis et l’Iran.

L’histoire des Dardanelles montre que des cités et des empires peuvent s’élever ou s’effondrer selon qu’ils contrôlent ou non une voie maritime stratégique. Les États les plus avisés – comme l’Athènes démocratique – ont sécurisé ces détroits sur plusieurs générations, en mobilisant l’ensemble de leurs outils diplomatiques et militaires. Mettre en péril la liberté du commerce sur de tels axes maritimes, ou agir avec imprudence à leur égard, peut avoir des conséquences considérables.

The Conversation

David M. Pritchard a reçu des financements de l’ARC.

– ref. Bien avant Ormuz, Athènes a fait du contrôle d’un détroit près de Troie la clé de sa fortune – https://theconversation.com/bien-avant-ormuz-athenes-a-fait-du-controle-dun-detroit-pres-de-troie-la-cle-de-sa-fortune-287981

Que deviendront nos médias d’information ? Les dilemmes face à l’IA

Source: The Conversation – in French – By Marie-Danielle Tremblay, PhD candidate, Université du Québec à Montréal (UQAM)

Avec l’importance que prend l’intelligence artificielle, nos médias d’information tels qu’on les connaît seront-ils encore là dans dix, quinze ou vingt ans ? C’est une question qui vaut la peine qu’on s’y attarde.

Déjà fragilisés par la place croissante que prennent les plates-formes sociales dans les habitudes de consommation médiatique, nos médias d’actualité sont maintenant confrontés aux choix difficiles que leur impose le développement rapide de l’intelligence artificielle générative. Comment réagir face à cette technologie qui se nourrit de leur travail et qui s’approprie une partie de leur audience ?

Doivent-ils bloquer l’accès à leurs contenus pour empêcher les systèmes d’IA de les exploiter ? Ou plutôt conclure des ententes permettant aux entreprises d’IA d’utiliser les articles en échange d’une rétribution et de liens vers leurs sites ? Dans tous les cas, cette situation entraîne des conséquences potentiellement négatives sur la qualité de l’information aux citoyens.

Alors que j’achève un doctorat en communication sur les conditions qui favorisent la préservation d’une information de qualité, les défis que pose l’intelligence artificielle générative à l’écosystème médiatique rejoignent directement mes travaux.




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Les risques cachés du blocage des contenus

D’un côté, même si les blocages rendent plus difficile la collecte massive des données utilisées pour entraîner les modèles d’IA, ils ne l’empêchent pas totalement. Les agents conversationnels peuvent en effet continuer à répondre à des questions sur l’actualité en accédant à l’information par d’autres sources en ligne, ou en générant des réponses approximatives.

Les médias qui bloquent leurs contenus risquent donc de voir le fruit de leur travail circuler quand même dans les réponses générées, mais sans compensation financière ni lien vers leurs sites. À long terme, cette situation pourrait mettre en danger leur survie. Elle pourrait aussi augmenter le risque d’erreurs dans les réponses générées par l’IA et réduire la qualité de l’information en circulation.

Le péril existentiel derrière les compensations financières

D’un autre côté, tout accord de rémunération ou de compensation entre la presse et les géants du secteur de l’intelligence artificielle pourrait transformer insidieusement les médias d’information en simples sous-traitants pour les compagnies d’IA.

Une fois absorbés par les systèmes, leurs contenus risquent d’être remaniés et adaptés, souvent sans que leur provenance puisse être clairement identifiée par le public, comme s’ils se réduisaient à une simple matière première. En effet, même lorsqu’ils ont des ententes avec les producteurs, les outils d’IA ne sont pas tenus d’indiquer systématiquement les diverses sources utilisées pour élaborer leurs réponses.

Par ailleurs, même lorsque des liens vers les contenus d’origine sont proposés, peu d’utilisateurs prennent le temps de les ouvrir. Or, cette perte de trafic représente un enjeu fondamental pour les producteurs d’information, puisqu’elle affaiblit leur relation directe avec le public. À long terme, cette évolution pourrait même faire en sorte que la confiance se déplace des médias vers les plates-formes technologiques elles-mêmes.

Appauvrir le débat public et réduire les repères partagés

Bien entendu, le remplacement d’une institution démocratique par un service commercial qui n’est soumis ni aux mêmes normes, ni aux mêmes obligations légales et éthiques, ne peut manquer d’avoir des conséquences sur la société. Si les journalistes perdent leur rôle central dans l’information au public, la capacité des médias à surveiller les pouvoirs en place sera nécessairement fragilisée.

En même temps, si les utilisateurs ne savent plus quelles sources produisent l’information qu’ils consomment, il devient plus difficile pour eux d’en évaluer la crédibilité et les biais, de même que les possibles intérêts cachés.

Mais le défi le plus important réside peut-être dans la tendance de l’IA à filtrer, reformuler et personnaliser les contenus médiatiques selon ses propres standards et selon le profil de chaque utilisateur. Rappelons ici que la plupart des robots conversationnels sont entraînés pour produire des réponses faciles à comprendre et utiles pour le lecteur. Lorsqu’ils rencontrent des informations contradictoires ou des débats complexes, ils cherchent généralement à synthétiser les différentes positions, plutôt qu’à exposer pleinement les nuances ou les conflits.

Combinés à la tendance à privilégier les réponses susceptibles de plaire et de conforter ses usagers, ces caractéristiques de l’IA pourraient contribuer à appauvrir le débat public, à fragmenter encore plus les audiences et à réduire les repères partagés.

Des choix difficiles, mais inévitables

Malheureusement, quoi qu’on en dise, certaines de ces conséquences sont sans doute inévitables, car malgré les inquiétudes qu’elle suscite, l’IA s’intègre rapidement dans les habitudes des citoyens. Alors, comment maintenir une presse forte et une base d’information commune ? Même dans un contexte de plus en plus difficile, la priorité pour les médias devrait être de s’assurer de conserver un lien direct et privilégié avec leurs publics.

Or, ce lien souffrait déjà des changements dans la manière dont les citoyens consomment l’information. Depuis déjà plusieurs années, la relation entre la population et les médias traditionnels s’effrite effectivement, non par manque d’intérêt ou de confiance à leur égard, mais sous l’effet de cette évolution. Consulter l’actualité à la source est tout simplement une habitude que l’on développe de moins en moins.


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Dans ces circonstances, les médias d’information pourraient être amenés à faire d’autres choix difficiles pour maintenir une relation directe avec les citoyens. Il pourrait par exemple choisir de collaborer avec des porte-parole habituellement moins présents dans les médias traditionnels, mais qui touchent des publics différents. Ils pourraient également décider de diversifier leur production éditoriale afin de mieux répondre à la variété des préoccupations et des intérêts qui façonnent les multiples écosystèmes en ligne.




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En effet, il apparaît aujourd’hui que les publics ne forment plus un bloc homogène, mais se composent d’une multitude de communautés aux valeurs et aux intérêts variés. Dans cet univers fragmenté, les communicateurs les plus efficaces sont souvent ceux qui se spécialisent dans un domaine précis et qui développent une proximité réelle avec leur audience.

Des pistes à explorer pour le journalisme de l’avenir

Ainsi, les journalistes de l’avenir pourraient être appelés à jouer un rôle plus ciblé et à devenir des figures de référence au sein de niches spécifiques. Ils chercheraient alors à bâtir des relations de confiance avec des communautés bien définies, non plus comme des voix universelles, mais comme des interlocuteurs crédibles dans des univers informationnels plus morcelés.

Bien entendu, ce type d’évolution sera perçu par plusieurs comme un éloignement de la mission sociale du journalisme, qui consiste notamment à rassembler les citoyens autour d’enjeux collectifs et à hiérarchiser les sujets en fonction de leur importance pour la société. Mais dans un contexte où les habitudes de consommation de l’information changent profondément, l’adaptation à ces nouvelles pratiques représente-t-elle un abandon de cette mission ou simplement une autre manière de l’accomplir ?

Ce type de question ne date pas d’hier. Les médias ont toujours dû s’adapter aux contraintes de leur métier et aux changements de leur époque, tout en cherchant à préserver leur rôle dans la société. Mais trouver des réponses à ces interrogations semble aujourd’hui plus important que jamais, du moins si l’on souhaite que les journalistes continuent d’aider les futures générations à comprendre le monde qui les entoure.

La Conversation Canada

Marie-Danielle Tremblay est membre du LabCMO, qui regroupe des chercheuses et chercheurs s’intéressant aux usages des technologies et médias numériques sous l’angle des mutations qu’ils suscitent dans la société.

Marie-Danielle Tremblay a reçu une bourse d’excellence de l’UQAM il y a cinq ans.
Certains travaux de recherche de Marie-Danielle Tremblay ont bénéficié d’un soutien financier du CRSH dans le cadre du projet de développement de partenariat InfosFiables.

– ref. Que deviendront nos médias d’information ? Les dilemmes face à l’IA – https://theconversation.com/que-deviendront-nos-medias-dinformation-les-dilemmes-face-a-lia-284407

Sans droit à un environnement sain, l’Europe des droits humains reste inachevée

Source: The Conversation – France (in French) – By Christel Cournil, Professeur de droit public, Sciences Po Toulouse

La crise climatique, l’érosion de la biodiversité et les phénomènes de pollutions massives s’intensifient. Dans ce contexte, le droit à un environnement propre, sain et durable s’affirme comme un élément structurant du droit international des droits humains. Mais dans les faits, pour l’instant, aucun instrument juridique contraignant ne garantit sa mise en œuvre à l’échelle de l’Europe.


Le droit à un environnement propre, sain et durable est reconnu au niveau universel par l’Assemblée générale des Nations unies en 2022. Il demeure toutefois absent des instruments juridiquement obligatoires du Conseil de l’Europe. Un tel décalage apparaît aujourd’hui difficilement soutenable pour une organisation qui revendique un rôle central dans la protection des droits fondamentaux.

La protection de l’environnement n’est pourtant pas étrangère au système européen des droits humains. Par le biais d’une interprétation évolutive de la Convention européenne des droits de l’Homme (CEDH), la Cour européenne des droits de l’Homme a progressivement intégré les enjeux environnementaux dans le champ des droits garantis. Cette évolution est largement documentée par les outils élaborés par la Cour de Strasbourg, notamment dans son manuel sur les droits de l’Homme et l’environnement et dans sa fiche thématique consacrée à l’environnement et aux changements climatiques. Ceci témoigne de la consolidation progressive d’un corpus jurisprudentiel en la matière.




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Plus récemment, l’arrêt de la Grande Chambre de la CEDH Verein KlimaSeniorinnen c. Suisse, rendu en 2024, constitue une illustration significative, en consacrant l’existence d’obligations positives des États en matière de protection climatique.

Une telle évolution marque une étape importante, mais sans pour autant épuiser la question. En effet, la protection ainsi assurée demeure indirecte et fragmentaire. De ce fait, elle peine à appréhender pleinement la nature systémique et cumulative des atteintes environnementales contemporaines.

Vers un nouvel instrument juridique ?

Ce constat ressort précisément des travaux du Comité directeur pour les droits humains, en particulier de l’étude approfondie relative à la nécessité et à la faisabilité d’un instrument additionnel. Nourrie par plusieurs années de travaux préparatoires et de consultations, cette étude identifie les différentes options envisageables : un protocole additionnel à la Convention, un protocole à la Charte sociale européenne ou encore une Convention autonome. Elle renvoie explicitement la décision finale à l’appréciation des États.

Tandis que certains États soutiennent l’adoption d’un instrument obligatoire, d’autres expriment des réserves. Celles-ci tiennent tant aux implications juridiques qu’aux conséquences politiques d’une telle évolution. Le débat est classique. Dans un paysage encore fragmenté, la perspective d’un protocole additionnel à la CEDH paraît, pour y répondre, la voie la plus adéquate, à condition que sa rédaction soit ambitieuse.

Mais cette solution cristallise des réticences. En effet, elle supposerait la réouverture de discussions sur un texte fondateur de la protection des droits humains, dans un contexte marqué par des tensions sur d’autres droits sensibles.




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Le rôle à jouer de la France

Cette hésitation contraste toutefois avec la position constante de l’Assemblée parlementaire du Conseil de l’Europe. Celle-ci s’est prononcée à plusieurs reprises en faveur de la reconnaissance explicite du droit à un environnement sain dans un instrument juridiquement contraignant.

Dans ses travaux les plus récents, notamment la résolution 2545 (2024) et la recommandation 2272 (2024), l’Assemblée appelle le Comité des ministres à engager sans délai un processus normatif. La stratégie environnementale 2025-2030 du Conseil de l’Europe, adoptée le 14 mai 2025, marque une nouvelle étape importante. Elle a, en effet, réaffirmé que la protection d’un environnement propre, sain et durable conditionne l’exercice effectif des droits humains.

Ces prises de position traduisent l’existence d’un soutien politique déjà structuré. Un groupe d’États se distingue, mené notamment par la France, le Portugal et la Slovénie. Le rôle de la France apparaît, à cet égard, particulièrement déterminant. Forte d’une capacité d’impulsion réelle au sein du Conseil de l’Europe, elle pourrait contribuer à faire émerger une position de compromis autour d’un instrument contraignant.

L’hypothèse d’une convention autonome et ambitieuse semble être une voie de convergence possible. Elle est susceptible de rallier les États, au-delà des clivages actuels.

Une dynamique juridique internationale

L’argument en faveur d’une telle évolution va bien au-delà d’une simple logique institutionnelle. Elle s’inscrit dans une dynamique juridique internationale désormais bien établie. L’avis consultatif rendu rendu le 23 juillet 2025 par la Cour internationale de Justice revêt, à cet égard, une portée déterminante.

La Cour a contribué à consolider l’articulation entre droit de l’environnement et droits humains :

  • D’abord en affirmant que les effets du changement climatique sont susceptibles de compromettre l’exercice effectif de nombreux droits humains,

  • et en soulignant qu’un environnement propre, sain et durable constitue une condition préalable à leur jouissance,

L’importance de cet avis a encore été confortée par l’adoption, le 20 mai 2026, d’une résolution de l’Assemblée générale des Nations unies. Celle-ci accueille cet avis et appelle les États à en tirer les conséquences dans la conduite de leur action climatique.

Elle conforte, ce faisant, la nécessité d’une reconnaissance explicite de ce droit dans les ordres juridiques régionaux. Et cela, à l’image de ce que prévoient déjà les systèmes africain et interaméricain de protection des droits humains qui consacrent, chacun selon ses instruments propres, un droit à un environnement sain, satisfaisant ou durable.




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Un enjeu pour la protection des droits fondamentaux

L’enjeu dépasse, en réalité, la seule reconnaissance d’un droit supplémentaire. Il concerne la capacité du système européen à appréhender les mutations contemporaines des atteintes aux droits fondamentaux.

Car le droit à un environnement sain ne constitue pas une revendication « sectorielle ». Il s’agit d’affirmer qu’il conditionne l’existence comme l’exercice effectif de droits aussi essentiels que le droit à la vie, à la santé, à la propriété, à la liberté de circulation ou encore au respect de la vie privée.

Il doit désormais être compris comme une composante indispensable, voire consubstantielle, d’un « État de droit écologique ». C’est-à-dire, d’un ordre juridique capable de garantir la protection des conditions mêmes d’habitabilité, de dignité et de justice.

L’hypothèse d’un protocole additionnel dédié ou d’une convention autonome offrirait un cadre propice à l’intégration de dimensions devenues incontournables : les grands principes environnementaux – voire de nouveaux (principe d’habitabilité, principe One Health) – les obligations des entreprises en matière de droits humains, le devoir de vigilance, la protection des victimes environnementales et des défenseurs de l’environnement ou encore le renforcement des droits procéduraux, en particulier en matière d’accès à l’information, de participation et de recours.

Dans ces conditions, l’ouverture de négociations en vue de l’adoption d’un instrument contraignant, une Convention autonome ou – si cela semble plus opportun, rapide et efficace pour les États parties – un protocole additionnel à la Convention – permettrait au Conseil de l’Europe de réaffirmer sa vocation. C’est-à-dire, être un espace de protection, sur le temps long, des droits humains. Autrement dit, de pouvoir anticiper et d’accompagner les transformations du monde contemporain.

En inscrivant l’environnement au cœur du triptyque « droits humains, démocratie et État de droit », la Déclaration de Reykjavík a posé les bases d’une évolution normative qui ne peut désormais rester inachevée. Il appartient aux États de la prolonger par une véritable consécration juridique du droit à un environnement sain.


Marie-Anne Cohendet, Marine Fleury, Simon Jolivet, Jean-Pierre Marguénaud, Kathia Martin-Chenut, Isabelle Michallet, Agnès Michelot, Camila Perruso, Michel Prieur, Marie Rota, Patricia Rapi et Jean Untermaier sont également signataires de ce texte.

The Conversation

Christel Cournil est membre de Notre affaires à tous, SFDE et de la CNCDH

Séverine Nadaud est membre de la SFDE et du Cercle des juristes sur les droits de la Nature

Catherine Le Bris, Marie-Pierre Camproux Duffrène et Véronique Champeil-Desplats ne travaillent pas, ne conseillent pas, ne possèdent pas de parts, ne reçoivent pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’ont déclaré aucune autre affiliation que leur poste universitaire.

– ref. Sans droit à un environnement sain, l’Europe des droits humains reste inachevée – https://theconversation.com/sans-droit-a-un-environnement-sain-leurope-des-droits-humains-reste-inachevee-285962

Faut-il limiter le temps d’écran des enfants ? Les pédiatres américains revoient leur position

Source: The Conversation – France (in French) – By Gabriel E. Hales, Research Fellow in Media and Information, Michigan State University

Les écrans ne se résument pas au nombre d’heures passées devant eux, rappellent les pédiatres Helena Lopes/pexels, CC BY-SA

Après le vote d’une loi interdisant les réseaux sociaux aux moins de 15 ans, le débat sur les écrans s’intensifie en France. Les nouvelles recommandations de l’Académie américaine de pédiatrie rappellent toutefois que les effets du numérique ne dépendent pas seulement du temps passé devant un écran, mais aussi des contenus consultés, du contexte familial et de l’âge des enfants.


Les inquiétudes concernant le temps que les jeunes passent devant les écrans sont largement répandues. En décembre 2025, l’Australie est devenue le premier pays à interdire l’accès aux réseaux sociaux aux moins de 16 ans. Depuis, le Danemark, la France et le Royaume-Uni ont à leur tour annoncé des restrictions similaires, qui doivent entrer en vigueur cette année.

Aux États-Unis, à la mi-2026, plus de 30 États avaient adopté des lois interdisant ou limitant l’usage des téléphones portables dans les écoles primaires et secondaires. En 2023, le surgeon general américain a publié un avis officiel sur les effets des réseaux sociaux sur la santé mentale des enfants et des adolescents. Dans le même temps, des ouvrages à succès affirment que les smartphones sont en train de « reconfigurer » le cerveau des jeunes.

Ces inquiétudes et ces politiques s’inscrivent dans un débat, aux États-Unis comme à l’international, qui évolue rapidement sur la place des écrans dans la vie des jeunes et leurs effets sur leur santé et leur développement. Or, à la lumière des nombreuses recherches menées sur le sujet dans différentes disciplines, il apparaît que le récit dominant, qui fait des écrans et des smartphones les principaux responsables d’une crise de la santé mentale des adolescents, va bien au-delà de ce que permettent d’affirmer les données scientifiques actuelles.

J’étudie les usages des médias numériques par les adolescents et leurs effets sur le développement social, émotionnel et scolaire. Un nombre croissant de travaux montre que les solutions universelles ne sont pas adaptées. Pour encadrer l’usage du numérique de manière pertinente, il faut tenir compte du stade de développement de l’enfant, de la façon dont les parents et les autres adultes de son entourage utilisent eux-mêmes les médias, ainsi que des usages qu’en font les jeunes pour apprendre, communiquer et entretenir leurs liens avec leurs amis et leur famille.

Le temps d’écran : d’un concept unique à une réalité plus complexe

La généralisation des médias numériques et d’Internet a considérablement élargi la diversité des expériences que les jeunes peuvent vivre en ligne. Mais l’ère numérique a également fait naître de nouvelles inquiétudes. Comme lors de l’apparition de la radio, des bandes dessinées ou des salles d’arcade, les adultes se sont interrogés sur la manière dont les enfants pouvaient interagir avec ces nouveaux médias et sur leurs effets potentiels.

En réponse, l’Académie américaine de pédiatrie (American Academy of Pediatrics) a recommandé dès 1999 que les parents et les personnes qui s’occupent d’enfants éloignent les moins de deux ans des écrans. Au cours des décennies suivantes, les recommandations des professionnels ont largement considéré l’usage des médias par les enfants comme un comportement qu’il convenait avant tout de limiter.

Les recommandations publiées par l’Académie américaine de pédiatrie en 2013 et 2016 préconisaient toujours de limiter les enfants de 5 à 18 ans à deux heures maximum de temps d’écran « récréatif » par jour. L’objectif était de réduire les risques associés à un usage intensif des médias, notamment les troubles du sommeil, les problèmes de sécurité en ligne, le cyberharcèlement ou encore le manque d’activité physique.

Ces limites horaires avaient été conçues à une époque où les jeunes utilisaient principalement des médias fixes, généralement cantonnés à une seule pièce ou à un contexte précis, comme la télévision. Avec la généralisation des smartphones et des autres appareils numériques dans la vie quotidienne, elles sont progressivement devenues obsolètes. Contrairement à la télévision, les usages des médias en ligne sont beaucoup plus difficiles à mesurer et à définir, tout en étant bien plus variés et nuancés.

Des activités essentielles au développement des plus jeunes, comme l’éducation, la vie sociale et les loisirs, dépendent désormais d’Internet. Ils y trouvent des outils pour prolonger et entretenir les relations nouées dans le monde réel. L’enseignement à distance et les mesures de distanciation sociale pendant la pandémie de Covid-19 n’ont fait qu’accélérer cette numérisation du quotidien.

À mes yeux, imposer des limites de temps très strictes ou des interdictions généralisées pourrait nuire au bien-être, à l’autonomie et au développement des enfants et des adolescents. De telles restrictions risquent notamment d’affaiblir l’estime de soi des adolescents.

Les nouvelles recommandations

En janvier 2026, l’Académie américaine de pédiatrie a abandonné le cadre qu’elle utilisait depuis plus de dix ans et qui organisait principalement ses recommandations autour de limites horaires de temps d’écran. Sa nouvelle déclaration de politique sur les enfants, les adolescents et les médias numériques rompt avec cette approche uniforme. Elle invite désormais les parents à considérer l’ensemble du contexte dans lequel s’inscrivent les usages numériques de leur enfant, plutôt que de mettre toutes les formes de temps d’écran dans le même panier.

À l’instar des recommandations publiées par l’Organisation mondiale de la santé en 2019 pour les moins de cinq ans, l’Académie américaine de pédiatrie continue toutefois de recommander aux parents d’éviter les écrans pour les enfants de moins de 18 mois. Cette recommandation s’explique notamment par le fait qu’une utilisation prolongée et sans accompagnement par de très jeunes enfants peut freiner l’acquisition d’étapes essentielles de leur développement.

L’Organisation mondiale de la santé comme l’Académie américaine de pédiatrie recommandent également que, lorsque des enfants de moins de 24 mois utilisent des écrans, ceux-ci soient réservés à des contenus et à des appareils favorisant les interactions entre l’enfant et l’adulte qui l’accompagne. Entre 2 et 5 ans, le temps d’écran – qu’il s’agisse de télévision ou d’applications interactives sur tablette ou smartphone – peut être un peu plus autonome, à condition qu’il s’agisse de contenus numériques de qualité, conçus avec des objectifs pédagogiques, notamment en mathématiques et en lecture. En revanche, l’usage récréatif devrait rester limité à environ une heure par jour.

Pour les enfants d’âge scolaire et les adolescents, les recommandations les plus récentes s’éloignent des limites fixes de temps d’écran et invitent les familles à évaluer les activités en ligne dans le contexte plus large de la vie quotidienne.

Cette approche reconnaît que les expériences numériques d’un enfant sont façonnées par de nombreux facteurs, et pas seulement par le nombre d’heures passées en ligne. Les recommandations actuelles invitent les parents et les autres adultes responsables à distinguer les différents types de médias – télévision, réseaux sociaux, jeux vidéo ou encore interactions avec des agents conversationnels fondés sur l’intelligence artificielle. Elles recommandent également de tenir compte des caractéristiques propres à chaque enfant, comme ses centres d’intérêt ou sa personnalité, des habitudes numériques des autres membres de la famille, ainsi que de la nature des contenus auxquels il est exposé.

Repenser le temps d’écran

Dépasser la simple logique des limites horaires suppose aussi de s’interroger sur la nature des activités numériques auxquelles les enfants et les adolescents consacrent leur temps. Favorisent-elles les interactions avec les autres en ligne ? Peuvent-elles aider les jeunes à développer des compétences sociales, cognitives et relationnelles essentielles ?

Faire défiler sans fin un flux de vidéos piloté par un algorithme et lancé automatiquement n’offre probablement pas les mêmes possibilités que discuter en visioconférence avec des amis, créer des œuvres numériques ou collaborer avec des coéquipiers dans un jeu vidéo multijoueur. Les recherches montrent que ces différents usages n’ont pas les mêmes effets sur le développement et peuvent contribuer à l’acquisition de compétences différentes, utiles dans la vie quotidienne comme à l’école.

En effet, une vaste revue des recherches disponibles montre que les jeunes qui pratiquent une diversité d’activités numériques – navigation sur Internet, jeux en ligne ou interactions sur les réseaux sociaux – présentent, en moyenne, de meilleurs indicateurs en matière de liens sociaux, d’exploration de leur identité, d’engagement citoyen et d’apprentissage.

Comment appliquer ces recommandations à la maison

Les connaissances scientifiques actuelles suggèrent que les parents et les autres adultes qui s’occupent des enfants sont les mieux placés pour les accompagner dans leurs usages du numérique. Les priver totalement d’écrans peut comporter ses propres risques pour leur développement social et émotionnel. De plus, la manière dont les adultes encadrent le temps d’écran des enfants peut produire des effets très différents, selon que cet accompagnement est fondé sur le dialogue et le soutien ou, au contraire, sur un contrôle strict.

La première étape consiste à s’interroger sur ses propres habitudes numériques. Les membres de la famille ont-ils des usages excessifs ou problématiques que les enfants pourraient être tentés d’imiter ? Quelles applications et quels usages sont les plus fréquents au sein du foyer, et quels effets positifs ou négatifs peuvent-ils avoir selon l’âge de l’enfant ? Comment intégrer ces activités numériques de manière sûre et équilibrée aux autres expériences du quotidien afin qu’elles lui soient bénéfiques ? À l’inverse, quelles activités en ligne gagneraient à être remplacées par des moments d’échange et d’activités en présentiel ?

L’outil Family Media Plan de l’Académie américaine de pédiatrie traduit ces principes en questions concrètes. Il recommande notamment de réfléchir aux besoins de chaque enfant vis-à-vis des technologies numériques, aux activités que les écrans pourraient remplacer, ainsi qu’aux moments où la famille peut instaurer des périodes sans écrans. Il encourage également à discuter avec chaque enfant des raisons qui le poussent vers certaines applications ou activités en ligne, de ce qu’il rencontre en naviguant sur Internet et de ce qui peut être perdu lorsque les téléphones s’invitent dans des moments de partage, comme les repas.

Le débat sur le temps d’écran des jeunes est loin d’être clos. Mais les recommandations les plus récentes, étayées par un corpus de recherches en constante expansion, plaident clairement en faveur d’une approche plus globale. Elles considèrent les médias numériques comme un environnement complexe, diversifié et en perpétuelle évolution, dans lequel les enfants doivent apprendre à évoluer. Comme dans tout contexte de développement, les bénéfices comme les risques dépendent de plusieurs facteurs : l’enfant lui-même, la nature des contenus auxquels il est exposé et les activités que le temps passé en ligne vient éventuellement remplacer.

The Conversation

Gabriel E. Hales ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

– ref. Faut-il limiter le temps d’écran des enfants ? Les pédiatres américains revoient leur position – https://theconversation.com/faut-il-limiter-le-temps-decran-des-enfants-les-pediatres-americains-revoient-leur-position-287983

Le mur tarifaire de Donald Trump, brique après brique

Source: The Conversation – France (in French) – By Houssein Guimbard, Économiste, CEPII


Ce qu’il faut retenir :

  • Depuis le retour à la présidence des États-Unis de Donald Trump, les droits de douane sont devenus un outil majeur de politique économique.

  • Les fondements juridiques de ces nouveaux droits ont variés ; certains ont même été annulés par la Cour suprême.

  • Au-delà des aléas, où en sommes nous aujourd’hui ? Quelle est la véritable hausse finale des droits à l’entrée des USA ?


Entre janvier 2025 et mars 2026, les États-Unis ont profondément remanié leur politique commerciale. Les droits de douane ont été relevés, suspendus, remplacés, puis, pour les plus spectaculaires d’entre eux, supprimés. Que subsiste-t-il de ce mur tarifaire, et sur quelles fondations juridiques repose-t-il désormais ?

Pour le savoir, il faut distinguer les instruments qui le composent, car tous les droits de douane ne se valent pas, ni par leur objectif ni par leur solidité devant les juges – un instrument devant être employé pour l’usage que la loi lui assigne.

Les droits de douane mis en place depuis 2025 par l’administration américaine reposent sur plusieurs bases juridiques, mobilisées successivement ou en parallèle.

Un instrument aussi spectaculaire que fragile

Déjà utilisée en 2018, la Section 232 du Trade Expansion Act de 1962 permet de taxer, au nom de la sécurité nationale, des produits jugés stratégiques comme l’acier, l’aluminium, les automobiles ou encore les semi-conducteurs, qui ont vu leur protection augmenter de 25 %, voire de 50 % pour certains produits. Reposant sur une procédure balisée – enquête, déterminations formelles –, ces droits de douane ont jusqu’ici résisté aux contestations.

Pour corriger des positions commerciales déficitaires et atteindre un objectif de protection différenciée selon les pays partenaires, l’administration a ensuite eu recours à l’International Emergency Economic Powers Act (IEEPA), qui autorise des mesures d’urgence face à une « menace inhabituelle et extraordinaire ». Sur ce fondement ont été imposés début 2025 les droits liés au fentanyl, les surtaxes visant le Canada et le Mexique hors ACEUM, puis, le 2 avril 2025, les droits « réciproques » du Liberation Day.

Le plus spectaculaire de ces instruments s’est aussi révélé le plus fragile : l’IEEPA, contrairement aux sections 232, n’avait jamais servi à imposer des droits de douane depuis sa création en 1977. Détournée de son objet, cette loi a été jugée hors de son champ par la Cour suprême en février 2026 et les droits de douane y afférents annulés.




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Surtaxe temporaire

Pour maintenir une protection élevée, l’administration a aussitôt activé la Section 122 du Trade Act de 1974, une surtaxe (de 10 points de pourcentage) temporaire justifiée par un déséquilibre de la balance des paiements.

Dans le même temps, le gouvernement a ouvert des enquêtes (sur les surcapacités industrielles de 16 pays, ou encore sur le travail forcé des enfants dans les chaînes d’approvisionnement de 60 pays) au titre de la Section 301 pour remplacer les droits précédents le moment venu. Cet instrument avait déjà servi, lors du premier mandat de Donald Trump, à taxer durablement les importations chinoises, prouvant ainsi sa stabilité dans le temps.

À partir des décrets présidentiels et des proclamations présidentielles, il est possible de reconstituer l’évolution, entre janvier 2025 et mars 2026, du droit de douane moyen américain, celui qui s’applique à l’ensemble des biens importés, et de la décomposer selon les fondements juridiques mobilisés. À chaque instrument correspond alors une contribution au droit moyen, que retrace le graphique ci-dessous.

Graphique : Un mur tarifaire bâti sur des fondations juridiques de solidité inégale

  • Droit de douane américain moyen décomposé par base légale d’imposition*

Notes : Les droits de douane NPF et appliqués préférentiels (en bleu clair) proviennent de la base MAcMap-HS6 (ITC-CEPII). Les droits américains additionnels proviennent des décrets présidentiels et des proclamations présidentielles officielles du gouvernement américain. Le droit moyen est calculé au niveau des produits, puis agrégé avec la méthode des groupes de référence (Guimbard et coll., 2012). Chaque bande colorée est la contribution d’un instrument au droit moyen ; la ligne en gras représente le droit de douane moyen appliqué à l’ensemble des partenaires commerciaux. La forme en escalier reflète une succession rapide de décisions ; la chute brutale de fin février 2026 correspond à l’invalidation des droits de douane IEEPA par la Cour suprême.

Source : Guimbard (2026)

Le droit de douane moyen est désormais très élevé. Il est passé de 4,9 % en janvier 2025 à 24,2 % lors du Liberation Day, le 2 avril 2025, avant de refluer autour de 15 % en février 2026, soit 3 fois son niveau initial. Pour rappel, la protection moyenne mondiale est de 3,5 %, celle de l’UE de 1,8 %.

Vingt révisions du taux qui aboutissent à un triplement

La politique tarifaire américaine a été extrêmement instable. En quatorze mois, le droit moyen a connu plus de vingt révisions, dont plusieurs de grande ampleur, modifiant significativement le droit moyen, d’où la forme en escalier du graphique.

Les bases légales les plus solides juridiquement pour imposer des droits de douane ont progressivement pris le relais. Ainsi, la part des droits de la Section 232 dans le droit moyen a bondi d’environ 9 % lors du « Liberation Day » à près de 41 % en février 2026, après le remplacement des droits IEEPA par ceux de la section 122.

Enfin, le régime de l’automne 2025 semble refléter la structure tarifaire ciblée par l’administration. Avec un droit moyen proche de 20 %, il combinait un socle durable de Section 232 et des surtaxes réciproques appliquées à l’ensemble des partenaires, tout en excluant des produits spécifiques (3 listes de produits exemptés des droits réciproques ont été mises en œuvre en 2025). Les droits IEEPA, ou leur menace, ont également permis aux États-Unis de conclure plusieurs accords commerciaux avec, entre autres, l’Union européenne, le Japon, la Corée du Sud et ou encore le Royaume-Uni.

Le cœur du nouveau régime tarifaire américain repose désormais sur la Section 232, à la base juridique solide, tandis que les droits additionnels de la Section 122 arrivent à échéance le 24 juillet 2026. Reste à savoir si les sections 301, en cours d’enquête, pourront reconstituer un niveau de protection comparable pour atteindre les nombreux objectifs économiques que Donald Trump assigne aux droits de douane.

The Conversation

Houssein Guimbard ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

– ref. Le mur tarifaire de Donald Trump, brique après brique – https://theconversation.com/le-mur-tarifaire-de-donald-trump-brique-apres-brique-288065