El precio de la sumisión: España paga la debilidad de Bruselas ante EE. UU.

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Armando Alvares Garcia Júnior, Professor de Direito Internacional e Relações Internacionais, UNIR – Universidad Internacional de La Rioja

El sector del aceite de oliva será uno de los más afectados por el acuerdo. BearFotos/Shutterstock

El acuerdo comercial firmado entre Estados Unidos y la Unión Europea, lejos de representar un éxito diplomático para Bruselas, revela la profunda crisis de liderazgo y de visión estratégica de la Comisión Europea. Bajo la presión de la Administración Trump, la UE ha cedido en aspectos fundamentales, consolidando una relación profundamente desigual que erosiona tanto la competitividad como la soberanía de los Estados miembros.

España se convierte, una vez más, en un ejemplo paradigmático de los costes de una negociación mal gestionada y de la desconexión de las élites europeas respecto a los intereses reales de sus ciudadanos y sectores productivos.

El corazón del pacto, sellado en Turnberry (Escocia) el domingo 27 de julio de 2025, es la imposición de un arancel general del 15 % a las exportaciones europeas a Estados Unidos. Este nivel, muy por encima del 1,4 % medio vigente antes de la escalada comercial abierta oficialmente por la Casa Blanca el 2 de abril de 2025, constituye una penalización directa a la industria, la agricultura y la tecnología europea, y no encuentra correspondencia en las importaciones de productos estadounidenses, que quedan libres de cualquier restricción equivalente.

La Comisión, en lugar de defender con firmeza el principio de reciprocidad, ha preferido instalarse en el “mal menor”, justificando su decisión en la supuesta amenaza de una guerra comercial abierta que, según Bruselas, traería consecuencias devastadoras para el empleo y el crecimiento.

Esta postura resignada transmite una preocupante falta de ambición y debilita la posición negociadora de la UE ante futuras rondas con Washington u otros bloques.

Un golpe al tejido productivo español

En España, el acuerdo golpea de manera directa al tejido productivo más dinámico y estratégico. El sector agroalimentario, con el aceite de oliva y el vino a la cabeza, verá encarecidos sus productos en el mercado estadounidense, con riesgo real de pérdida de cuota y cierre de empresas exportadoras.

Organizaciones empresariales como la Federación Española de Industrias de Alimentación y Bebidas han calificado la medida de “imposición injusta y desequilibrada”, alertando del peligro que supone para miles de empleos y para el equilibrio de la balanza comercial.

España, que ya mantiene un déficit comercial con EE. UU., pierde cualquier capacidad de compensar este golpe a través de otros mercados, en un contexto global marcado por el proteccionismo y la rivalidad de potencias.

Golpe al vino y al aceite de oliva

La industria vinícola calcula que el nuevo arancel puede reducir las ventas en Estados Unidos hasta un 10 %, justo cuando la competencia internacional es más intensa y el margen de maniobra para pequeñas y medianas empresas es mínimo.

El sector del aceite de oliva, del que España es líder mundial, se enfrenta a un escenario similar: más de mil millones de euros en exportaciones en juego y ningún mecanismo de apoyo efectivo por parte de Bruselas, a pesar de su esperpéntico documento de autobombo.

El pacto va mucho más allá del simple intercambio de bienes. La Comisión Europea ha aceptado un compromiso masivo de compras de energía estadounidense –gas natural, petróleo y combustible nuclear– por valor de 640 000 millones de euros en el periodo 2025-2028. Esta decisión, presentada como un paso hacia la independencia de las materias primas rusas, en realidad supone una transferencia de dependencia y una renuncia explícita a la diversificación de proveedores.

La Comisión tampoco ha defendido la industria de defensa europea, comprometiendo inversiones y adquisiciones de armamento estadounidense sin transparencia ni debate democrático real sobre los términos y la conveniencia estratégica de estas compras.

Críticas y desconfianza de los ciudadanos

El acuerdo ha desatado críticas en todo el continente, no solo entre los países más afectados, sino también en los principales aliados de Bruselas. La tibieza de la defensa institucional, la falta de transparencia y el desdén por los intereses de la industria europea están alimentando la creciente desconfianza de los ciudadanos y reforzando el escepticismo ante el proyecto comunitario.

Las justificaciones de la Comisión, basadas en evitar una guerra comercial a cualquier precio, no resisten el análisis cuando el coste real es una pérdida sostenida de autonomía, empleo y capacidad de influencia.

La gestión de este acuerdo evidencia las carencias de la actual Comisión Europea en materia de liderazgo, defensa de intereses estratégicos y conexión con las necesidades reales de la economía europea.

La renuncia a exigir reciprocidad, el sacrificio de sectores clave y la aceptación de una nueva dependencia –energética y militar– confirman un retroceso preocupante. España, como otros Estados miembros, paga un precio alto por la resignación de Bruselas, y el conjunto del continente enfrenta el riesgo de una década perdida en autonomía y competitividad si no se recupera la ambición y la firmeza en la defensa de sus intereses.

The Conversation

Armando Alvares Garcia Júnior no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. El precio de la sumisión: España paga la debilidad de Bruselas ante EE. UU. – https://theconversation.com/el-precio-de-la-sumision-espana-paga-la-debilidad-de-bruselas-ante-ee-uu-262172

Tsunamis: qué altura pueden alcanzar las olas como las generadas por el terremoto en Rusia

Source: The Conversation – (in Spanish) – By José Luis González Fernández, Profesor Ayudante Doctor Didáctica de las Matemáticas, Universidad de Castilla-La Mancha

Grandes olas en la playa de Garrapata (California) Gustavo Gerdel/Wikimedia commons, CC BY-SA

Las olas han fascinado a la humanidad desde tiempos inmemoriales, tanto por su belleza como por su fuerza destructiva. Hoy, esa dualidad se manifiesta con crudeza tras el terremoto de magnitud 8,8 en Rusia, que ha desatado alertas de tsunami en todo el Pacífico y ha obligado a evacuar a millones de personas. Este tipo de fenómenos nos recuerda que, más allá de su estética, las olas pueden convertirse en fuerzas implacables de la naturaleza.

La ola de un terremoto

El terremoto más potente jamás registrado (terremoto de Valdivia, Chile, 1960) liberó la energía equivalente a 20 000 bombas atómicas de Hiroshima. Tal energía podría provocar un tsunami de solo 4,55 metros de altura en alta mar, pero que podría ascender hasta 1,7 kilómetros en costa. El aumento se debe al llamado efecto shoaling o asomeramiento: las olas aumentan de tamaño al acercarse a la costa.

Sin embargo, el tamaño real fue muchísimo menor (unos 10 metros) ya que el terremoto se produjo en tierra firme y no toda la energía fue a parar a una sola ola. Eso no quiere decir que no fuera destructor: el tsunami atravesó el océano Pacífico, causando la muerte de más de 2 000 personas en Chile, Perú, Hawái y Japón.

Animación de The Pacific Tsunami Warning Center (PTWC) muestra cómo se propagó por el océano Pacífico el tsunami que generó el terremoto de Chile y llegó a Japón.

Donde el viento y la física chocan

En condiciones normales, la mayoría de las olas están generadas por viento. Tienen un ciclo de formación, crecimiento y rompimiento que depende de la velocidad, alcance y duración del viento y la profundidad del agua. Sin embargo, incluso en condiciones óptimas, las olas no pueden crecer indefinidamente.

La física establece una proporción límite entre la altura de una ola y su longitud de onda: cuando esa relación supera 1/7, la ola se vuelve inestable y rompe. Es decir, la cresta se desploma hacia adelante porque ya no puede sostenerse.

Además, hay otro factor clave: la profundidad del agua. A medida que una ola se acerca a la costa, el fondo marino frena su base mientras la cresta sigue avanzando, lo que hace que la onda se incline y eventualmente rompa. En aguas poco profundas, una ola no puede tener una altura mayor a aproximadamente 0,88 veces la profundidad local. Así, en una playa donde el agua tiene 3 metros de profundidad, la ola máxima teórica que podría romper sería de unos 2,64 metros. Este límite es observable y verificable, y se utiliza frecuentemente en ingeniería costera y en predicción de oleajes.

Ambos fenómenos establecen algunos de los límites fundamentales a la altura de las olas en el mar.

Gigantes inesperados: la ola Draupner

Ahora bien, hay ocasiones en que el océano parece desafiar estas reglas. Las llamadas olas extremas o rogue waves (olas monstruo) son eventos poco frecuentes pero muy reales, en los que una ola de tamaño descomunal aparece sin aviso, duplicando o triplicando la altura típica del oleaje circundante.

Una de las más conocidas fue registrada en 1995 por una plataforma petrolera en el mar del Norte: la ola Draupner, que alcanzó los 25,6 metros de altura. Este evento confirmó lo que hasta entonces muchos consideraban un mito marinero. Desde entonces, varios estudios han demostrado que estas olas extremas pueden formarse por la combinación constructiva de múltiples olas, la interacción con corrientes oceánicas, o fenómenos aún en estudio. Sin embargo, en la práctica, su altura no suele superar los 30 metros en mar abierto.

Recreación de la ola Draupner para un documental de la BBC.

Cuando la Tierra crea olas: 520 metros de altura

Más allá de lo que el viento puede generar, existen olas de origen geológico conocidas como megatsunamis. Estas olas se producen por deslizamientos de tierra, colapsos de glaciares o impactos de meteoritos, que desplazan una enorme cantidad de agua de forma repentina.

Un caso dramático ocurrió en la Bahía de Lituya, en Alaska, en 1958. Un sismo de 7,8 grados en la Escala de Richter provocó el desprendimiento de una montaña. Más de 30 millones de metros cúbicos de tierra y piedras cayeron en bloque al agua, desde una altura de 900 metros. El colapso provocó una ola que alcanzó una altura estimada de 524 metros.

fiordo con montañas y lago que muestran donde se desprendión una montaña
Esquema que muestra dónde se produjo el desprendimiento de la montaña que provocó el megatsunami en la bahía de Lituya (Alaska).
Wikimedia commons, CC BY

Este fenómeno, aunque real, fue muy distinto de las olas comunes puesto que no se produjo en el océano. Sólo afectó al fiordo.

La energía necesaria para formar algo similar en mar abierto es tan colosal que solo podría producirse por eventos extraordinarios, como el impacto de un gran asteroide en el océano.

El tamaño de un megatsunami

¿Existe entonces un límite físico al tamaño de un megatsunami? Es difícil responder con exactitud. Pero podemos hacer una estimación sencilla si nos centramos sólo en la energía asociada.

Imaginemos una única “ola” que se desplaza (también llamada solitón u ola solitaria) generada por un terremoto o el impacto de un meteorito. Por simplicidad, obviaremos la fricción, el flujo turbulento y otros factores complejos. La altura que puede alcanzar dependerá de su energía cinética y potencial. Si además conocemos algunos parámetros, como su anchura o velocidad, podremos estimar un valor.

Por tanto, vamos a introducir los datos correspondientes a algunos de los mayores fenómenos creadores de tsunamis conocidos. Así, veremos qué alturas máximas son físicamente posibles. No obstante, es importante tener en mente que sobreestiman los límites reales y muy probablemente nunca sean alcanzados.

La caída de un meteorito

Por otro lado, el meteorito más energético del que tenemos conocimiento, (Chicxulub), conocido popularmente por poner fin a los dinosaurios, liberó la energía equivalente a 67 000 millones de bombas de Hiroshima. Tanta energía podría haber generado una ola de no más de 16 kilómetros en costa, si bien en la literatura se estima que “sólo” habría alcanzado en torno a entre 1 y 3 kilómetros de altura.

No hay olas infinitas

Las olas no pueden crecer indefinidamente. Su altura está limitada por factores como la longitud de onda, la profundidad del agua y la energía disponible.

En mar abierto, las olas generadas por viento difícilmente superan los 30 metros. Más allá de eso, entramos en el terreno de los tsunamis y megatsunamis, que pueden generar olas de cientos de metros, pero dependen de procesos geológicos violentos y muy raros.

En cualquier caso, en la práctica, existe un límite razonable a la altura de las olas que el mar puede ofrecernos.

Podemos ir a la playa sin miedo, siempre, claro, que no vivamos, en estos momentos, en la costa afectada por el efecto del terremoto en Rusia.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

– ref. Tsunamis: qué altura pueden alcanzar las olas como las generadas por el terremoto en Rusia – https://theconversation.com/tsunamis-que-altura-pueden-alcanzar-las-olas-como-las-generadas-por-el-terremoto-en-rusia-260535

El terremoto de Kamchatka figura entre los diez más fuertes jamás registrados: esto es lo que tienen en común

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Dee Ninis, Earthquake Scientist, Monash University

El terremoto de magnitud 8,8 que sacudió la costa de la península de Kamchatka, en el extremo oriental de Rusia, es uno de los diez más fuertes de la historia y el mayor del mundo desde 2011. Este seísmo ha causado daños en edificios y heridos en la ciudad más grande cercana, Petropávlovsk-Kamchatski, a solo 119 kilómetros del epicentro.

Las alertas de tsunami y las evacuaciones han resonado en Rusia, Japón y Hawái, y se han emitido avisos para Filipinas, Indonesia y lugares tan lejanos como Nueva Zelanda y Perú.

La región del Pacífico es muy propensa a sufrir terremotos de gran intensidad y los tsunamis que estos provocan, ya que se encuentra en el llamado Cinturón de Fuego, una zona de elevada actividad sísmica y volcánica. Los diez terremotos más potentes registrados en la historia moderna se produjeron en esa región.

He aquí por qué la estructura subyacente de nuestro planeta hace que esta parte del mundo sea tan inestable.

¿Por qué se producen terremotos tan fuertes en Kamchatka?

Justo frente a la costa de la península de Kamchatka se encuentra la fosa de Kuril-Kamchatka, un límite de placas tectónicas donde la placa del Pacífico empuja bajo la placa de Okhotsk.

Mientras que las placas tectónicas se mueven continuamente unas respecto a otras, la interconexión entre ellas suele estar “atascada”. La tensión se acumula hasta que supera la resistencia de dicha zona de contacto, momento en el que se libera en forma de ruptura repentina: se produce un terremoto.

Debido a las grandes extensiones de los puntos de contacto en los límites de las placas, tanto en longitud como en profundidad, la ruptura puede abarcar grandes áreas. Esto da lugar a algunos de los terremotos más grandes y potencialmente destructivos de la Tierra.

Otro factor que influye en la frecuencia y la magnitud de los terremotos en las zonas de subducción es la velocidad a la que se mueven las dos placas entre sí.

En el caso de Kamchatka, la placa del Pacífico se mueve a aproximadamente 75 milímetros por año con respecto a la de Okhotsk. Se trata de una velocidad relativamente alta para los estándares tectónicos, lo que provoca que los grandes terremotos sean más frecuentes aquí que en otras zonas de subducción. En 1952, se produjo un terremoto de magnitud 9,0 en la misma zona de subducción, a solo unos 30 kilómetros del terremoto de magnitud 8,8 producido hoy.

Otros ejemplos de terremotos en límites de placas de subducción son el terremoto de magnitud 9,1 de Tohoku-Oki (Japón) de 2011 y el terremoto de magnitud 9,3 de Sumatra-Andaman Indonesia, ocurrido en 2004. Ambos se iniciaron a una profundidad relativamente baja y rompieron el límite de la placa hasta la superficie.

Elevaron un lado del lecho marino con respecto al otro, desplazando el océano que se encontraba sobre él y provocando devastadores tsunamis. En el caso del terremoto del 26 de diciembre de 2004, la ruptura del lecho marino se produjo a lo largo de unos 1400 km.

¿Qué es probable que suceda a continuación?

En el momento de redactar este artículo, aproximadamente seis horas después del terremoto, ya se han producido 35 réplicas de magnitud superior a 5,0, según el Servicio Geológico de los Estados Unidos.

Las réplicas se producen cuando la tensión dentro de la corteza terrestre se redistribuye tras el terremoto principal. A menudo son de una magnitud inferior a la del seísmo principal. En el caso del terremoto de hoy, eso significa que son posibles réplicas de magnitud superior a 7,5.

En un terremoto de esta magnitud, las réplicas pueden continuar durante semanas o meses, pero normalmente disminuyen en magnitud y frecuencia con el tiempo.

El seísmo de hoy también ha provocado un tsunami que ya ha afectado a las comunidades costeras de la península de Kamchatka, las islas Kuriles y Hokkaido, en Japón.

En las próximas horas, ese tsunami se propagará por el Pacífico, llegando a Hawái aproximadamente seis horas después del terremoto y continuando hasta Chile y Perú.

Los científicos especializados en tsunamis seguirán perfeccionando sus modelos de sus efectos a medida que se propague, y las autoridades de defensa civil proporcionarán información oficial sobre los efectos locales previstos.

¿Qué lecciones se pueden extraer de este terremoto para otras partes del mundo?

Afortunadamente, terremotos tan grandes como el de hoy son poco frecuentes. Sin embargo, sus efectos a nivel local y en todo el mundo pueden ser devastadores.

Aparte de su magnitud, varios aspectos del terremoto de hoy en Kamchatka lo convertirán en un foco de investigación especialmente importante.

Por ejemplo, la zona ha sido muy activa sísmicamente en los últimos meses, y el 20 de julio se produjo un terremoto de magnitud 7,4. La forma en que esta actividad previa ha afectado a la ubicación y el momento del evento de hoy será un aspecto crucial de la investigación.

Al igual que Kamchatka y el norte de Japón, Nueva Zelanda también se encuentra sobre una zona de subducción; de hecho, sobre dos zonas de subducción. La mayor de ellas, la zona de subducción de Hikurangi, se extiende mar adentro a lo largo de la costa este de la isla Norte.

Según las características de estos puntos de contacto entre placas y los registros geológicos de terremotos pasados, es probable que la zona de subducción de Hikurangi sea capaz de producir terremotos de magnitud 9. No lo ha hecho en tiempos históricos, pero si ocurriera, provocaría un tsunami.

La amenaza de un gran terremoto en la zona de subducción nunca desaparece. El terremoto de hoy en Kamchatka es un importante recordatorio para todos los que viven en zonas propensas a los terremotos de que deben mantenerse a salvo y prestar atención a las advertencias de las autoridades de defensa civil.

The Conversation

Dee Ninis trabaja en el Centro de Investigación Sismológica, es Vicepresidenta de la Sociedad Australiana de Ingeniería Sísmica y miembro del Comité de la Sociedad Geológica de Australia – División Victoria.

John Townend recibe financiación de los fondos Marsden y Catalyst de la Royal Society Te Apārangi, de la Comisión de Riesgos Naturales Toka Tū Ake y del Ministerio de Empresa, Innovación y Empleo de Nueva Zelanda. Ha sido presidente y director de la Sociedad Sismológica de América y presidente de la Sociedad Geofísica de Nueva Zelanda.

– ref. El terremoto de Kamchatka figura entre los diez más fuertes jamás registrados: esto es lo que tienen en común – https://theconversation.com/el-terremoto-de-kamchatka-figura-entre-los-diez-mas-fuertes-jamas-registrados-esto-es-lo-que-tienen-en-comun-262245

Desafiando los límites computacionales en la ciencia: el ejemplo del electromagnetismo

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Jorge Rafael González Teodoro, Docente, UNIR – Universidad Internacional de La Rioja

Color4260/Shutterstock

El progreso científico y tecnológico ha sido posible gracias a nuestra capacidad para identificar patrones en la naturaleza. Esta habilidad nos permite resolver problemas y avanzar en diversas disciplinas. De hecho, Carl Sagan la describió como “la mejor cualidad del ser humano”.

Desde los tiempos de Arquímedes (287-212 a. e. c.) la humanidad ha buscado comprender el universo a través de estos patrones. Sin embargo, el conocimiento ha crecido en complejidad. Por ello, los desafíos científicos actuales combinan análisis teóricos y experimentales.

En las últimas décadas las herramientas computacionales han adquirido un papel clave. Estas permiten encontrar patrones, reducir errores y mejorar la eficiencia en muchas aplicaciones.

De hecho, la simulación y el modelado por computadora son hoy pilares de la investigación. Permiten validar experimentos y explorar nuevas teorías en condiciones difíciles de reproducir. Además, optimizan procesos en múltiples áreas del conocimiento. Un ejemplo claro es el estudio del magnetismo.

El alto coste de los experimentos

Desde que Hans Christian Ørsted descubrió en 1820 la relación entre electricidad y magnetismo, las ecuaciones de Maxwell –que describen los fenómenos electromagnéticos– han evolucionado. Estos avances han mejorado la transmisión, el almacenamiento y la reducción de pérdidas de energía.

Dado que la energía es un recurso esencial, comprender el magnetismo es clave para optimizar su uso. Por eso, el modelado computacional del campo magnético es crucial en muchos sectores. Se usa en reactores de fusión, aceleradores de partículas, en energías renovables y en la producción de isótopos para tratar el cáncer.

La importancia de estos modelos radica en que, a pesar de los avances, las ecuaciones de Maxwell –las que explican los fenómenos electromagnéticos– solo tienen soluciones exactas en casos simples. Los ensayos experimentales, por su alto coste y duración, se usan solo para validaciones.

Por ello, la simulación computacional se ha vuelto esencial en el análisis de fenómenos complejos. El llamado “modelado por elementos finitos”, como su nombre indica, divide un problema en partes pequeñas y manejables.

Sin embargo, las limitaciones computacionales actuales encarecen estos análisis.

¿Cómo mejorar la eficiencia de los modelos?

Para mejorar la eficiencia se han desarrollado métodos innovadores. Su objetivo es simplificar los modelos sin afectar la precisión de los resultados. Un enfoque reciente promete superar las barreras de la simulación tridimensional convencional.

Este método modifica la geometría del cableado eléctrico. En otras palabras, reduce el número de elementos finitos a los que se reducía el problema y mejora la eficiencia del cálculo.

La clave está en ajustar las propiedades de los materiales en la fase de premodelado. Así se preservan las características eléctricas y magnéticas sin comprometer la exactitud.

En magnetismo, un parámetro esencial es la frecuencia, que mide la velocidad con la que se repite un fenómeno periódico. Las bajas frecuencias corresponden a procesos lentos, como el tic-tac de un reloj; las medias frecuencias incluyen la transmisión de radio AM; y las altas frecuencias abarcan señales de radio FM y comunicaciones inalámbricas.

A altas frecuencias aparecen fenómenos, como el efecto pelicular y el efecto proximidad, que afectan a la eficiencia de los dispositivos eléctricos y electrónicos. Comprenderlos mejora la eficiencia de estos sistemas.

Científicos de todo el mundo publican trabajos sobre esos efectos cada año, y cada avance ha supuesto un hito. Pero este novedoso estudio en cables con secciones poligonales ha proporcionado nuevas contribuciones en este campo de investigación.

Así, un nuevo enfoque propone utilizar coeficientes correctores una vez que la simulación ha terminado (lo que los expertos llaman “posmodelado”). Esto permite obtener resultados eléctricos y magnéticos muy similares a los que se lograrían si se hubieran modelado con total detalle las formas reales de los cables.

En otras palabras, es como usar una fórmula “mágica” que, al final del proceso, ajusta el resultado para que se parezca mucho al que habríamos obtenido si hubiéramos hecho una simulación más compleja y lenta.

Esta técnica acelera los cálculos en componentes con formas irregulares o poco simétricas, que normalmente son más difíciles de recrear. Además, permite calcular dos propiedades fundamentales (la resistencia y la inductancia) que son parámetros claves para diseñar dispositivos eléctricos eficientes.

Cada desafío resuelto nos hace avanzar

La innovación en computación científica sigue siendo clave para comprender la naturaleza con mayor precisión. Cada avance nos acerca a resolver grandes incógnitas y mejorar la calidad de vida en la Tierra.

A pesar de los desafíos computacionales, cada problema resuelto y cada simulación exitosa nos acercan a un futuro con más oportunidades.

La curiosidad humana y la tecnología impulsan nuevos descubrimientos; nos ayudan a encontrar patrones donde antes no los veíamos. Gracias al desarrollo de la computación avanzada, el conocimiento sigue expandiéndose.

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Jorge Rafael González Teodoro no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

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Cómo equilibrar el uso de tecnología con experiencias de aprendizaje

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Laura Bermúdez Jurado, Jefe de Aprendizaje Experiencial, Universidad de La Sabana

Prostock-studio/Shutterstock

Despierto por la mañana y lo primero que hago es mirar el celular. Pospongo la alarma y luego de la repetición, me levanto. Mientras me organizo para el día, reviso las redes, correos y los periódicos digitales desde el mismo aparato. Todo antes de haber siquiera desayunado. Saliendo para el trabajo, escucho música según la recomendación del día de Spotify, y abro el mapa digital que me indica la mejor ruta para evitar el trancón de la hora pico.

Ya en el trabajo, paso a dar clase a mis estudiantes de forma virtual y luego me dedico a adelantar mis tareas administrativas. Como el tiempo siempre apremia, abro mi confiable amigo ChatGPT, y le pido ayuda redactando el correo que tanto he postergado escribir. Con su ayuda, logro organizar un comunicado que contiene información detallada, pero a la vez ser comprensible.

Y así, pasamos nuestro día a día haciendo uso y ayudándonos con la tecnología. Ahí está. Así es como vivimos. Lo que es más importante: así es cómo aprendemos. Si mi día a día se ve de esta manera, siendo profesora, ¿cómo será el de mis estudiantes?

Una presencia cotidiana también en el espacio educativo

Hoy la tecnología es parte integral de la vida diaria y prácticamente para todas las edades. Es normal, y esperable, que esto se vea reflejado en los procesos de educación y de aprendizaje.




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Tener acceso a internet favorece, por un lado, la comunicación entre todas las partes de la comunidad educativa (docentes, estudiantes, familias, administración). En cuanto al aprendizaje, ofrece recursos innovadores y posibilidades de personalización: extiende las experiencias más allá del aula tradicional, ofreciendo acceso a simulaciones, laboratorios virtuales, medios interactivos y recursos globales.

Pero así como la tecnología puede hacer brillar el aprendizaje y potenciar las capacidades de los alumnos, si no se hace un buen uso de ella también se corre el riesgo de ocasionar el efecto contrario. Puede volverse un factor limitante que genere dependencia y, por ende, una disminución en el desarrollo de las habilidades críticas de los estudiantes.

El aprendizaje experiencial

El aprendizaje experiencial promueve la participación activa de los estudiantes en experiencias intencionadas y reflexivas, con el objetivo de fortalecer conocimientos, habilidades y capacidades con impacto social.

Inspirado en el pedagogo y psicólogo estadounidense John Dewey (1859-1952), este enfoque sostiene que la verdadera educación surge de experiencias estructuradas que fomentan el pensamiento crítico y la toma de decisiones, donde la reflexión es clave para darles sentido y aplicabilidad.




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Experiencias y tecnología de la mano

De esta manera, la tecnología se puede integrar de forma intencionada en los procesos de aprendizaje experienciales para complementarlos sin sustituirlos. Por ejemplo, es posible usar realidad aumentada para el desarrollo de habilidades matemáticas tempranas.

En una experiencia con niños de 5 a 6 años, la incorporación de realidad aumentada en la enseñanza del número permitió fortalecer habilidades matemáticas tempranas. A través de actividades interactivas y visuales, los estudiantes pudieron comprender mejor conceptos como el conteo, la relación número-cantidad y el pensamiento lógico, haciendo del aprendizaje un proceso más significativo y atractivo.




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Un uso activo y crítico

Como se mencionó anteriormente, el aprendizaje experiencial busca que el estudiante tenga un rol activo en sus procesos de aprendizajes. Teniendo esto en cuenta, las tecnologías son un elemento clave a tener en cuenta al momento de diseñar experiencias de enseñanza, vistas como recursos de apoyo.

Las herramientas tecnológicas como la inteligencia artificial pueden ser “compañeras de trabajo” que potencian las capacidades. Cuando se usan de forma activa y crítica, la IA y demás tecnologías pueden enriquecer los procesos de aprendizaje, de tal manera que es clave que nos preparemos y aprendamos a trabajar en conjunto con estas.

La inteligencia artificial en el aula

Prepararnos para trabajar con la inteligencia artificial implica verla como una aliada con la que aprendemos explorando, dando instrucciones claras, evaluando críticamente y mejorando juntos a través del ensayo y error. Esto aplica tanto al uso que hacen los profesores al preparar y desarrollar sus clases como a la integración de estas tecnologías por parte de los estudiantes en los distintos niveles académicos.




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Un apoyo más que un desacierto

Así como la alarma del celular reemplazó a la mayoría de los relojes despertadores, y las plataformas digitales ahora permiten segmentar contenidos de acuerdo al gusto personal en plataformas de streaming, o tomar la ruta de transporte más adecuada en tiempo real, la tecnología está mandando un mensaje no tan silencioso.

Para el campo de la educación es claro: la tecnología no es un riesgo o amenaza, es un aporte que permite al estudiante ser el protagonista de su propia historia de aprendizaje. Desde quienes apenas comienzan hasta quienes ya tienen un largo recorrido, todos pueden beneficiarse de estos recursos que emergen cada día más avanzados. La clave está en prepararse para aprovecharlos y en utilizar cada herramienta con intencionalidad, permitiéndoles cumplir su misión: ser apoyos en el proceso de aprender para vivir.

The Conversation

Laura Bermúdez Jurado no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. Cómo equilibrar el uso de tecnología con experiencias de aprendizaje – https://theconversation.com/como-equilibrar-el-uso-de-tecnologia-con-experiencias-de-aprendizaje-257579

Cronopios y mancuspias: lo que las pseudopalabras revelan sobre nuestro cerebro

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Celia Martínez Tomás, Investigadora predoctoral FPU en el Departamento de Psicología Experimental, Procesos Cognitivos y Logopedia, Universidad Complutense de Madrid, Universidad Complutense de Madrid

Ilustración para la portada de _Historias de cronopios y de famas_, de Julio Cortázar. Alfaguara.
El escritor argentino Julio Cortázar en los jardines de la UNESCO en París, 1968.
Sara Facio.

¿Alguna vez has leído o escuchado una palabra que no existe… pero que parecía de verdad? En una de sus obras más conocidas, Historia de cronopios y de famas, Julio Cortázar definió a los cronopios como criaturas verdes y húmedas, desordenadas y soñadoras. Lo mismo hizo con las mancuspias, animales convexos, de respiración cutánea y hábitos sedentarios. A pesar de que nunca hemos visto un cronopio o una mancuspia, con apenas unos detalles somos capaces de imaginarlas, darles forma o textura e, incluso, de atribuirles personalidad. Estas cadenas de letras inventadas empiezan a cobrar sentido sin necesidad de que nadie nos las explique.

No es un fenómeno exclusivo de la literatura. Lo que ocurre cuando los escritores acuñan términos como mancuspia, cronopio o ambonio es un ejemplo de lo que sucede cuando nos enfrentamos a lo que en el ámbito científico denominamos pseudopalabras: secuencias de letras inventadas que siguen las reglas ortográficas y fonológicas de un idioma, pero que carecen de significado.

Leer palabras que no existen, pero casi

El cerebro humano es especialmente hábil para detectar regularidades y patrones cuando leemos. Por eso, cuando nos encontramos con pseudopalabras que se parecen mucho a una palabra real –como cholocate en lugar de chocolate– es más fácil equivocarnos y leerlas como si fueran palabras de verdad.

En cambio, si vemos una pseudopalabra menos parecida a una palabra, como choconate, nos parece más evidente que algo no encaja. De hecho, al leerlas, se ponen en funcionamiento las mismas áreas que se activan cuando leemos una palabra real. Regiones como el giro frontal inferior y el giro temporal superior –dos zonas relacionadas con el reconocimiento léxico y fonológico– empiezan a trabajar para buscar significados donde no los hay.

¿Abidas? o ¿Adidas? Así te engañan las letras

El uso de este tipo de estímulos nos ha proporcionado información muy interesante sobre cómo procesamos el lenguaje. Gracias a las pseudopalabras, conocemos la importancia que tiene identificar correctamente las letras durante la lectura. Tenderemos a confundir con una palabra real aquellas en las que una de sus letras es reemplazada por otra visualmente parecida. Este fenómeno ha sido ampliamente explotado por los falsificadores de distintos productos. A las personas nos cuesta darnos cuentas de que unas zapatillas con el logotipo Abidas, no han sido fabricadas por la conocida marca de ropa deportiva Adidas.

Por otra parte, el denominado efecto de transposición de letras nos ha mostrado que cuando leemos necesitamos codificar la posición de las letras de las palabras para su adecuada comprensión. Este efecto consiste en la tendencia a identificar como palabras aquellas pseudopalabras formadas a partir del intercambio de la posición de dos letras de una palabra real. Por ejemplo, confundiremos con relativa facilidad la pseudopalabra amzaon
con amazon, al transponer las letras m y z. Por el contrario, al reemplazar estas mismas letras por la c y la e nos resultará mucho más fácil distinguir la pseudopalabra amceon del nombre de la conocida marca comercial.

Kiki suena puntiagudo. Bouba suena redondo

A partir del sonido de las pseudopalabras, podemos tener la impresión de que están expresando conceptos relacionados con el tamaño, la forma o, incluso, la emoción. Esto se conoce como el efecto bouba/kiki. Y es que se ha demostrado que tendemos a asociar los sonidos agudos, como kiki o takete, con formas puntiagudas. Por el contrario, tendemos a vincular los sonidos suaves, como los de las pseudoplabras bouba o maluma, con formas redondeadas.

Nuestro cerebro, de hecho, parece estar preparado para establecer estos vínculos. Áreas cerebrales como la corteza auditiva y la corteza visual, encargadas de procesar sonidos y formas, junto a regiones relacionadas con el lenguaje, como la circunvolución frontal inferior izquierda y la circunvolución supramarginal izquierda, trabajan conjuntamente para que esa simple cadena de sonidos pueda cobrar sentido en nuestra mente.

Quizá, por este tipo de asociaciones entre el sonido y el significado, no sea casualidad que Cortázar imaginara a los cronopios como seres cálidos, alegres y juguetones.

Pseudo(palabras) que emocionan

El empleo de pseudopalabras también nos ha proporcionado información muy valiosa sobre cómo adquirimos los significados emocionales. ¿Cómo es posible que aquello que no existe nos genere emoción? La clave está en que emparejamos pseudopalabras con expresiones faciales de emoción, sonidos y hasta olores agradables o desagradables. Pasado un tiempo, su lectura nos despertará emociones parecidas a la de los estímulos con los que fueron asociados.

Además, las pseudopalabras que derivan de palabras emocionales tardan más en reconocerse que aquellas que derivan de palabras neutras. De esta forma, será más rápido identificar drocedario (dromedario) como pseudopalabra que irtus (ictus). Esto muestra que el contenido emocional de la palabra original influye en cómo procesamos y reconocemos las palabras inventadas. ¡Cómo si las emociones facilitaran la interpretación de lo desconocido!

Ya hemos visto que las pseudopalabras no son solo una mera cadena de letras. Lewis Carroll era ya consciente de esto cuando hizo que Alicia se enfrentase a un singular personaje en su poema Jabberwocky: “Era la asarvespertina, y los flexilimos toves giroscaban y taladraban en la loma…”. A cualquier lector le costará un esfuerzo adicional entender lo que dice.

Ilustración de Jabberwocky, por John Tenniel.

Sin embargo, al leer pseudopalabras como “tulgoso” o “vorpal”, no podemos dejar de sentir una atmósfera amenazante o la presencia de un peligro inminente.

Y, mientras meditaba melancólico, ¡el Galimatazo, con ojos de fuego, vino silbando por el bosque tulgoso y burbujeaba mientras iba luego! ¡Zas! ¡Zas! ¡Zas! ¡Y la vorpal espada una y otra vez fue triscando veloz! Y dejolo muerto, y con su cabeza regresó galopando triunfador.

En conclusión, como exclamó Alicia mientras caía por la madriguera del conejo en el país de las maravillas, el lenguaje que no existe es cada vez más ¡curiorífico y curiorífico!

The Conversation

Celia Martínez Tomás recibe fondos del Ministerio de Universidades con una ayuda para la Formación de Profesorado Universitario (FPU)

José Antonio Hinojosa Poveda recibe fondos del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades.

Ana Baciero de Lama y Miguel Lázaro no reciben salarios, ni ejercen labores de consultoría, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del puesto académico citado.

– ref. Cronopios y mancuspias: lo que las pseudopalabras revelan sobre nuestro cerebro – https://theconversation.com/cronopios-y-mancuspias-lo-que-las-pseudopalabras-revelan-sobre-nuestro-cerebro-261127

La sorprendente conexión entre una foca, una almeja y un calamar

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Antonio Figueras Huerta, Profesor de investigación del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, Instituto de Investigaciones Marinas (IIM-CSIC)

Los fócidos o focas verdaderas (Phocidae) son una familia de mamíferos adaptados al medio acuático. Wikimedia Commons., CC BY

Hace unos días, mi editora habitual en The Conversation me retó a encontrar qué tienen en común estos tres animales marinos tan diferentes. Una foca leopardo de 400 kilos, una diminuta almeja que se entierra en la arena y un calamar que se propulsa a chorro. Pensé que sería imposible. Estaba equivocado.

Imaginemos la escena: la foca se lanza sobre un témpano de hielo tras haber buceado a más profundidad que la altura del Empire State Building. La almeja desaparece en la arena en segundos, usando únicamente la fuerza de su musculoso pie. El calamar atraviesa el océano a toda velocidad, mostrando cambios de llamativos colores en su piel. ¿Qué podrían compartir estas criaturas?

Tras una inmersión profunda en la investigación, encontré cuatro conexiones fundamentales que revelan cómo la evolución, al enfrentarse a los mismos problemas, a menudo llega a soluciones similares.

Son ingenieros hidráulicos

Aquí es donde las conexiones se vuelven realmente sorprendentes. Los tres dominan la hidráulica, el uso de fluidos a presión para generar fuerza, el mismo principio que impulsa las grúas de construcción y los frenos de un coche.

Los bigotes de las focas actúan como un radar.
Wikimedia Commons., CC BY

Los bigotes de la foca no son solo pelo facial. Conforman un sofisticado sistema de sónar que lee los cambios de presión en el agua. Cada bigote está repleto de terminaciones nerviosas que detectan el más mínimo rastro hidrodinámico dejado por un pez. Así, la foca puede seguir esta estela invisible para rastrear a su presa hasta a 180 metros de distancia.

Aplicando el mismo principio de una forma completamente distinta, la almeja convierte su pie en un taladro muscular. Al bombear fluido desde su cavidad corporal hacia el pie, crea un ancla rígida y, luego, contrae sus músculos para arrastrar su concha hacia la arena. Es una maravilla de la ingeniería de bajo consumo.

Y si el uso que la almeja hace de la hidráulica es sutil, el calamar la convierte en un arma. Con el fin de atrapar a sus presas, presuriza el fluido de sus tentáculos para lanzarlos hacia delante a más de dos metros por segundo. Por otro lado, para defenderse, su manto actúa como el motor de un jet, expulsando agua violentamente para escapar del peligro a gran velocidad.

Se construyen con el mismo material: la piedra caliza

Esta conexión fue la que más me sorprendió: un mamífero y dos tipos diferentes de moluscos utilizan el carbonato cálcico como material de construcción de su organismo.

En el caso de la foca, esto implica integrar ese carbonato cálcico en su esqueleto, en huesos que le ayudan a gestionar la flotabilidad durante inmersiones profundas. También tiene diminutas piedras en el oído u otolitos, estructuras calcáreas esenciales para el equilibrio en su mundo submarino tridimensional.

La almeja, una maestra arquitecta, construye con esta molécula una elaborada concha cuya microestructura es más resistente que muchas cerámicas industriales, una fortaleza contra depredadores y la presión.

Como todos los bivalvos, la chirla (Chamelea gallina) construye su concha con carbonato cálcico.
Wikimedia Commons., CC BY

Y, sorprendentemente, el calamar, descendiente de ancestros con concha como la almeja, conserva una pequeña parte de esta herencia. Posee unos pequeños y bellos órganos de equilibrio en su cabeza llamados estatolitos que, al igual que los otolitos de la foca, le ayudan a orientarse mientras navega por el océano.

Los tres externalizan su capacidad cerebral

Decir que tienen “cerebros de repuesto” podría ser simplificar demasiado, pero cada animal ha desarrollado una forma asombrosamente eficaz de gestionar tareas complejas descentralizando su sistema nervioso.

La foca, por ejemplo, puede dormir solo con medio cerebro. Este sueño “unihemisférico” permite que una mitad descanse mientras la otra permanece alerta, en una especie de piloto automático biológico. Además, una gran parte de su cerebro está dedicada exclusivamente a procesar los datos de sus bigotes, creando en esencia un “ordenador” especializado en detectar flujos.

El calamar europeo o calamar común (Loligo vulgaris) tiene neuronas repartidas por sus brazos, como parte de un sistema nervioso descentralizado.
Wikimedia Commons., CC BY

El calamar opera con un principio de delegación similar, aunque a una escala mucho mayor. Dos tercios de sus neuronas no están en su cerebro, sino en sus brazos, cada uno de los cuales puede saborear, tocar y actuar de forma semiindependiente. Esto le permite cazar con dos brazos mientras otro explora una grieta en busca de su próxima comida.

Incluso la aparentemente simple almeja sigue este patrón. Sus nervios se distribuyen en grupos llamados ganglios cerca de los órganos que controlan. Esto significa que no necesita un centro de mando para las acciones básicas: el hardware local se encarga de ello.

Un mismo (y duro) maestro: el océano

¿Qué significa todo esto? Los tres representan tres viajes evolutivos distintos: las almejas evolucionaron a partir de moluscos primitivos para convertirse en filtradores sedentarios; los calamares surgieron del mismo linaje para ser depredadores activos e inteligentes; y las focas representan una rama de la vida completamente diferente, los mamíferos, que abandonó la tierra y rediseñó sus cuerpos para el mar.

Sus similitudes revelan una verdad fundamental sobre la evolución. Es como si tres equipos de ingenieros recibieran materiales de partida diferentes, pero el mismo desafío: prosperar en el océano. Necesitaban moverse eficientemente, encontrar comida, evitar ser aplastados y navegar por un mundo sin suelo firme. Y las soluciones que encontraron convergieron.

Distintos puntos de partida, destino compartido

Todos usaron la hidráulica para el movimiento y la percepción. Todos usaron el carbonato de calcio, fácilmente disponible, como soporte estructural. Y todos desarrollaron sistemas nerviosos especializados para gestionar la inmensa carga de datos de su entorno.

Diversidad del orden extinto de los pterosaurios.
Wikimedia Commons., CC BY

Este patrón, conocido como evolución convergente, aparece en todas partes. Aves, murciélagos y pterosaurios desarrollaron el vuelo de forma independiente. Tiburones (peces) y delfines (mamíferos) desarrollaron de forma independiente cuerpos hidrodinámicos. Y el ojo ha evolucionado de forma independiente docenas de veces.

La próxima vez que veamos una foca, recordemos que estamos observando una solución elegante a los mismos problemas de ingeniería que una almeja resolvió quedándose quieta y un calamar resolvió convirtiéndose en un cohete viviente.

Esa es la belleza de la evolución. Es el sistema definitivo para resolver problemas, y su creatividad no tiene fin.

The Conversation

Antonio Figueras Huerta no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. La sorprendente conexión entre una foca, una almeja y un calamar – https://theconversation.com/la-sorprendente-conexion-entre-una-foca-una-almeja-y-un-calamar-262015

Geografía del deshielo: playas que narran la historia climática de la Antártida

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Lidia Ferri Hidalgo, Investigadora del Proyecto PARANTAR (Ref. PID2020-115269GB-I00), especializada en glaciología y geomorfología glaciar, Universidad de Oviedo

Caminata por una playa polar en en Punta Barnard, Isla Livingston (Antártida). Jordi Rovira (2024)

Hace aproximadamente 20 000 años, durante la última glaciación, la Antártida alcanzó su máxima expansión de hielo. A partir de ese momento comenzó un proceso gradual de derretimiento y retroceso glaciar que, debido al calentamiento global, se ha intensificado notablemente en las últimas décadas

La pérdida de hielo en la Antártida no solo contribuye a aumentar el nivel del mar: también altera las corrientes oceánicas y afecta a los ecosistemas polares. Sin embargo, sus consecuencias no se limitan al océano o al clima. Uno de los efectos menos visibles –pero igual de reveladores– es la elevación del terreno, que ha dejado al descubierto playas levantadas, testigos silenciosos del retroceso glaciar.

El fenómeno del rebote isostático

Cuando una enorme masa de hielo cubre la superficie terrestre, como ocurrió en la última glaciación, su peso deforma la corteza terrestre y la hunde. A medida que los glaciares pierden masa, esa carga disminuye y el terreno comienza a levantarse lentamente. Este fenómeno se conoce como rebote isostático o posglaciar, y sigue activo hoy en día, aunque cada vez ocurre de forma más lenta.

En 1743, el físico Anders Celsius realizó la primera estimación del ascenso del terreno tras la última glaciación en las costas de Suecia. Sabía que allí existían unas rocas donde, siglos atrás, descansaban las focas cerca del mar. Sin embargo, cuando el científico visitó la zona, observó que dichas rocas estaban lejos de la costa, lo que le hizo pensar que el nivel del mar había descendido. En realidad, era el terreno el que se había elevado al liberarse del peso del hielo.

Una de las evidencias más visibles de este ascenso son las llamadas playas levantadas: antiguos niveles de costa que quedaron por encima del mar actual. Estas playas “fósiles” son archivos naturales que registran los cambios pasados del nivel del mar, y con ello, las transformaciones del clima.

Playas levantadas en las Islas Shetland del Sur

Las Islas Shetland del Sur, frente a la península antártica, albergan algunas de las playas levantadas más estudiadas del continente. Desde mediados del siglo XX, exploradores y científicos de distintas disciplinas comenzaron a investigar estas antiguas líneas de costa, conscientes de que conservan la memoria del retroceso glaciar y del ascenso del terreno.

En las principales áreas libres de hielo de estas islas, como la península Byers en la isla Livingston o la península Fildes en la isla Rey Jorge, se conservan varios niveles de playas levantadas. Cada uno guarda pistas sobre cómo el rebote isostático y los pulsos de deshielo transformaron el paisaje en este rincón antártico.

La reconstrucción de esta historia se logra determinando la edad de las playas a través de diversas técnicas de datación. Si bien el método más tradicional ha sido el radiocarbono –aplicado sobre restos orgánicos, como huesos de pingüinos, focas o fragmentos de conchas y algas–, recientemente se han incorporado técnicas más precisas, como la luminiscencia ópticamente estimulada (OSL) y la datación por isótopos cosmogénicos, que permiten datar directamente rocas y sedimentos según el tiempo que llevan expuestos a la luz o a la radiación cósmica.

Gracias a estos métodos se sabe que las playas levantadas que alcanzan entre 15 y 22 metros de altitud sobre el nivel del mar actual en la península Byers se formaron hace aproximadamente entre 9 500 y 8 700 años. Lo que confirma que esta región ya estaba libre de hielo durante el Holoceno medio, una etapa del pasado marcada por condiciones climáticas más cálidas.




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El Antropoceno: cuando ciencias y letras convergen


Lo que pasa en la Antártida no se queda en la Antártida

Aunque parezca lejana y aislada, la Antártida influye directamente en el equilibrio del planeta. El deshielo contribuye a la subida del nivel del mar, altera la circulación oceánica y afecta el equilibrio climático global. También afecta, como hemos visto, al levantamiento del terreno.

Estudiar estas playas levantadas no es sólo una forma de entender el pasado, sino una herramienta clave para anticipar nuestro futuro climático. Comprender cómo respondió la corteza terrestre al deshielo en el pasado mejorará la precisión de los modelos actuales que predicen los cambios relativos del nivel del mar y el comportamiento de los glaciares antárticos en un mundo que cada vez se calienta más y más, poniendo en peligro el desequilibrio de la vida.

The Conversation

Lidia Ferri Hidalgo actualmente está contratada en el proyecto de Investigación PARANTAR Ref. PID2020-115269GB-I00, financiado por el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades del Gobierno de España.

– ref. Geografía del deshielo: playas que narran la historia climática de la Antártida – https://theconversation.com/geografia-del-deshielo-playas-que-narran-la-historia-climatica-de-la-antartida-260775

Antibióticos ‘inteligentes’: ¿puede acabar la IA con la resistencia antimicrobiana?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Antonio Tarín Pelló, Farmacéutico especializado en terapias antimicrobianas y modelos de predicción matemáticos, Universidad CEU Cardenal Herrera

isak55/Shutterstock

La resistencia antimicrobiana es uno de los mayores desafíos de la medicina moderna. Cada año aumentan las infecciones y cada vez son más difíciles de tratar. Si no logramos actuar de forma efectiva, en 2050 podría ser la principal causa de muerte a nivel mundial.

Según el informe Global Burden of Disease Study, publicado en The Lancet, en 2019 se estimaron 4,71 millones de muertes asociadas a infecciones resistentes, 1,27 millones de ellas directamente atribuibles a esa causa. Son cifras que reflejan una crisis sanitaria creciente, impulsada no solo por el uso indebido de antibióticos en medicina y ganadería, sino también por la escasez de información sobre este problema de salud en la sociedad y por la falta de desarrollo de nuevos fármacos eficaces.

Diferencia de fases y tiempos entre el desarrollo de fármacos a partir de la síntesis de novo y el método de reposicionamiento de fármacos.

Alternativas a los antibióticos

Ante este panorama, urge encontrar soluciones efectivas. Una de ellas es tratar infecciones sin necesidad de utilizar fármacos antimicrobianos mediante la fagoterapia (el uso de virus que infectan bacterias) o el desarrollo de péptidos antimicrobianos.

Otra estrategia menos conocida es el reposicionamiento de fármacos. Consiste en buscar, con ayuda de la IA y otras técnicas, nuevas aplicaciones terapéuticas para medicamentos o moléculas que ya se encuentran registrados y aprobados. Esto reduce el tiempo y el coste que supone el desarrollo de nuevos fármacos, porque son moléculas que han superado las fases iniciales de seguridad.

¿Antibióticos en antidepresivos?

En lo que se refiere a las enfermedades infecciosas, la estrategia de reposicionamiento ya ha identificado diversas moléculas con actividad antibiótica previamente desconocida. Por ejemplo, algunos antiinflamatorios como el diclofenaco y el ibuprofeno. Nuestra propia investigación ha detectado también esa actividad en antidepresivos y antipsicóticos.

Para este proceso es clave la aplicación de modelos de predicción matemáticos, que pueden anticipar la eficacia de compuestos contra microorganismos resistentes analizando grandes volúmenes de datos biomédicos. Por eso, los modelos que combinan IA y bioinformática son de gran interés para la industria farmacéutica que desarrolla nuevos fármacos.

Simulaciones que ahorran tiempo y recursos

En primer lugar, la IA puede simular interacciones entre fármacos y patógenos a nivel molecular, lo que permite anticipar cómo los microorganismos podrían desarrollar resistencia y ayudar a diseñar antibióticos más robustos. Estas simulaciones ahorran tiempo y recursos, además de proporcionar una comprensión más profunda de los mecanismos de resistencia.

Relaciones entre inteligencia artificial, machine learning y deep learning y cómo operan estos modelos.

Así, mediante el análisis de grandes bases de datos biomédicos –genes, proteínas, fármacos…–, los modelos basados en aprendizaje automático han predicho la actividad antibacteriana de compuestos como los análogos del péptido mastoparan derivados del veneno de avispa.

Otro enfoque exitoso ha sido la simulación molecular, que predice cómo “se mueve” una molécula al interactuar con la proteína de interés. Esta herramienta permitió identificar las propiedades antimicrobianas de algunos antihipertensivos, como el olmesartán y el valsartán, frente a bacterias patógenas como Pseudomonas aeruginosa o Streptococcus pneumoniae.

Además, los últimos avances exploran metodologías nuevas, como los estudios transcriptómicos (el estudio de genes de un organismo y la expresión de estos en proteínas y metabolitos) y el análisis topológico de datos. Este último, a pesar de tratarse de una estrategia “joven”, ha demostrado su utilidad en la identificación de potenciales antimicrobianos mediante el reposicionamiento de fármacos ya registrados por la Administración de Alimentos y Medicamentos estadounidense (FDA por sus siglas en inglés).

El potencial del análisis topológico

El análisis topológico de datos es un modelo de predicción matemático que aplica la geometría y la topología; es decir, a partir de los datos disponibles de una molécula crea un mapa, normalmente tridimensional, que recopila toda la información estructural y funcional de dicha molécula. Este método nos ha permitido identificar moléculas con potencial antibiótico tras identificar similitudes estructurales entre proteínas humanas y proteínas de la bacteria Escherichia coli, responsable del 90 % de las infecciones urinarias en todo el mundo.

Los resultados obtenidos mediante simulación por ordenador o análisis computacional nos revelaron posibles direcciones de desarrollo de nuevos antibióticos a partir de la estructura química de algunos antidepresivos, antipsicóticos, antitumorales y antihistamínicos.

Una nueva era en la lucha contra las infecciones

Estos hallazgos refuerzan la idea de que el reposicionamiento de fármacos, combinado con herramientas computacionales, puede ofrecer nuevas soluciones terapéuticas a las infecciones resistentes a los antibióticos conocidos. Con una mejora de precisión de los modelos actuales, sería posible desarrollar de una manera más rápida y eficaz un nuevo arsenal antimicrobiano. Y estaría disponible a una velocidad mayor a la que los microorganismos adquieren las resistencias.

En un contexto donde la resistencia antimicrobiana representa una de las tres mayores amenazas para la salud global, apostar por enfoques basados en IA y modelado computacional no solo es una opción viable, sino una necesidad urgente para garantizar tratamientos efectivos frente a las enfermedades infecciosas.

Es posible que estemos a las puertas de una nueva era en el tratamiento de infecciones, donde, con ayuda de la IA, los antibióticos del futuro sean diseñados y optimizados por ordenador. ¡Ojalá sean “antibióticos inteligentes”!

The Conversation

Antonio Tarín Pelló recibe fondos de Fundación Española para la Ciencia y Tecnología (FECYT).

Beatriz Suay García recibe fondos de Fundación Española para la Ciencia y Tecnología (FECYT).

María Teresa Pérez Gracia recibe fondos de Fundación Española para la Ciencia y Tecnología (FECYT).

Sara Fernández Álvarez recibe fondos de Fundación Española para la Ciencia y Tecnología (FECYT).

– ref. Antibióticos ‘inteligentes’: ¿puede acabar la IA con la resistencia antimicrobiana? – https://theconversation.com/antibioticos-inteligentes-puede-acabar-la-ia-con-la-resistencia-antimicrobiana-260112

¿Sigue siendo lujo si todos pueden tenerlo? El dilema de las marcas exclusivas

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Veronica Rosendo Rios, Profesora de Marketing, Universidad Pontificia Comillas

Establecimientos de marcas de lujo en el aeropuerto de Estambul (Turquía). Aleksandar_Markov/Shutterstock

¿Es el lujo realmente un privilegio reservado para una minoría selecta? ¿Qué implica democratizar el lujo? Durante siglos, este ha sido un símbolo de exclusividad destinado a satisfacer los gustos y aspiraciones de las élites económicas. Sin embargo, el panorama está cambiando de manera acelerada. En los últimos años, la industria del lujo ha experimentado un crecimiento sin precedentes, alcanzando un valor de 353 000 millones de euros en 2022 y con estimaciones que prevén un aumento del mercado hasta un rango de 540 000 a 580 000 millones de euros para 2030.

Factores como la globalización, los cambios en los patrones de consumo, la digitalización de los mercados, la proliferación de nuevos canales de distribución como el comercio electrónico y el crecimiento de la clase media han impulsado este cambio, permitiendo que marcas emblemáticas como Gucci, Prada y Louis Vuitton amplíen su alcance hacia públicos más amplios y diversos.

Este fenómeno, conocido como “democratización del lujo”, está reconfigurando profundamente la industria, haciendo que bienes y servicios históricamente exclusivos sean cada vez más accesibles.

Esta transformación del mercado ha desempeñado un papel clave en el crecimiento de numerosas marcas de lujo y las ha consolidado como los gigantes globales que conocemos hoy en día. Por ejemplo, los ingresos globales de LVMH, el mayor conglomerado de marcas de lujo mundial, superan los 86 000 millones de facturación anual y se ha multiplicado por siete en las últimas dos décadas (según informes de la compañía). Una parte de este crecimiento, entre otros factores, puede atribuirse a la democratización del lujo.

Un reflejo claro de esta tendencia se observa en la proliferación de outlets de lujo. En estos espacios, marcas tradicionales de prestigio ofrecen productos de alta gama a precios más asequibles, atrayendo a una creciente clase media aspiracional y transformando el mercado del lujo en un espacio más inclusivo.

¿Oportunidad o amenaza?

Para las marcas de lujo el reto está en expandir su alcance –y con ello, en principio, su rentabilidad– sin comprometer la exclusividad que define su identidad. Para los consumidores aspiracionales, esta mayor accesibilidad representa una oportunidad para adquirir bienes que simbolizan estatus y aspiraciones.

Sin embargo, estudios recientes revelan que los consumidores tradicionales de lujo (en contraste con los nuevos consumidores aspiracionales) perciben esta estrategia como una amenaza o “traición” simbólica.

Esta percepción surge de la idea de que las marcas democratizadas ya no reflejan los valores, el estatus o la exclusividad con los que estos consumidores solían identificarse. Por tanto, este fenómeno plantea un nuevo reto estratégico para las marcas, que deben equilibrar la atracción hacia los consumidores aspiracionales sin alienar su base de clientes tradicionales.

Lograr este equilibrio requiere una gestión cuidadosa que contemple las tensiones inherentes entre accesibilidad y exclusividad. Pero ¿es posible satisfacer las expectativas de ambos segmentos de consumidores sin diluir la esencia del lujo?

El desafío de equilibrar exclusividad y accesibilidad

Estas compañías se enfrentan, por tanto, a una paradoja compleja: cómo ampliar su base de clientes sin comprometer la esencia de exclusividad que las define. Ampliar su alcance puede generar nuevas oportunidades de crecimiento de mercado y potencial rentabilidad, pero también conlleva el riesgo de erosionar su valor de marca y atractivo simbólico entre aquellos consumidores que siempre han percibido estos bienes como únicos.

Por otro lado, hay que tener en cuenta que aunque la democratización del lujo se ha implementado en mercados tanto desarrollados como emergentes, es en estos últimos donde la tensión entre exclusividad y accesibilidad se intensifica. En las economías emergentes, caracterizadas en general por ser sociedades marcadamente jerarquizadas, el consumo de bienes ostentosos prevalece como forma clave de expresión de estatus. Esto plantea un desafío adicional, ya que las estrategias de democratización pueden diluir el poder de señalización social que caracteriza a las marcas de lujo en estos mercados.

Por esta razón, investigaciones recientes desaconsejan a las marcas globales de lujo aplicar estrategias homogeneizadas de democratización en mercados internacionales. En su lugar, recomiendan que contemplen las complejidades contextuales de cada mercado y adapten las estrategias de democratización a las particularidades locales de los mismos. Este enfoque no solo permite un desempeño óptimo, sino que también evita la posible erosión de su posicionamiento y atractivo global.

En resumen, alcanzar el equilibrio entre accesibilidad y exclusividad requiere estrategias cuidadosamente seleccionadas y un enfoque continuo en la innovación. Estrategias como ediciones limitadas, colaboraciones estratégicas o experiencias personalizadas pueden ser efectivas en determinados casos, pero encontrar el balance adecuado sigue siendo un desafío.

En última instancia, las marcas de lujo deberán explorar nuevas formas de preservar su atractivo distintivo, adaptándose a las dinámicas cambiantes de un mercado cada vez más inclusivo.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

– ref. ¿Sigue siendo lujo si todos pueden tenerlo? El dilema de las marcas exclusivas – https://theconversation.com/sigue-siendo-lujo-si-todos-pueden-tenerlo-el-dilema-de-las-marcas-exclusivas-247521