Ciencia 2025: six seven o el estado de digital de la cuestión

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Laura G. de Rivera, Ciencia + Tecnología, The Conversation

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Si no lo entiende, es normal. Es un título en clave que solo podrían descifrar los adolescentes de la casa, si no fuera porque aquí les traigo el spoiler. “6 7” (six seven) ha sido elegido el vocablo del año 2025 por Dyctionary.com, en encarnizada competencia con “rage bait” –ganadora según Diccionario Cambridge de inglés– y “parasocial” –la seleccionada por Diccionario Oxford–. Las tres nos interesan mucho, pero vayamos por partes.

6 7 es eso que no es nada y, a la vez, tiene el poderío suficiente para servir de respuesta para todo. Sirve como sustituto perfecto a “no sé”, “quizá”, “y a mí qué”, “quién sabe”, “me da igual”, “como quieras”, “paso de todo” o “vaya novedad”, por ejemplo. Pertenece, como escriben los autores de este interesante artículo, a la “jerga brainrot”, es decir, “términos intencionalmente absurdos y sin sentido diseñados para ser remezclados infinitamente y utilizados, incluso, como elemento de burla o incordio hacia adultos o profesores”. Por cierto, eso de “brainrot” significa “cerebro podrido” en inglés, que es como se nos queda la sesera cuando sucumbimos a los algoritmos adictivos de internet: dejamos de pensar, de ser, de saber… y nos convertimos en un pedazo de carne con un dedo que hace scroll.

¿Y qué tiene que ver con el resumen de 2025? 6 7 es la cara que ponemos cuando nos enteramos de que todos esos superpoderes que prometía tener la inteligencia artificial son, en lo que nos toca como ciudadanos de a pie, un jardín lleno de cacas de vaca. Porque, aparte de su papel estrella en la automatización de la industria y la investigación, en su uso doméstico está siendo algo que beneficia sobre todo a las plataformas digitales que usamos –o nos usan–.

Hora de analizar los efectos secundarios

Si 2024 destacó por ser el año en que todos, hasta el jurado de los Nobel, quedamos deslumbrados por la maravillosa promesa que el aprendizaje automático podía suponer para el avance de la humanidad, su hermano pequeño, 2025, es la revancha del sentido crítico.

Hemos sabido cómo, con analizar solo una foto nuestra, existen programas de inteligencia artificial que pueden hacer un retrato robot detallado de cómo somos, hasta de cuánto ganamos. No es que los algoritmos nos lean la mente, es que están diseñados para satisfacer los intereses económicos de las plataformas que hay detrás.

Hay quienes definen la tecnología mediática moderna como “técnicas que nos sumergen en una realidad constantemente retocada, filtrada y cada vez más distante de la experiencia directa”. A esa fabricación de lo real que sustituye lo vivido, Gunter Anders la llamó “fantasmas”“. Un riesgo que encaja con otra de las palabras del año, “parasocial”, entendida como aquello que finge el contacto entre personas, pero no es más que puro aislamiento: exactamente lo que hacen las redes sociales, cuando nos comunicamos con cientos de personas a base de corazoncitos… pero lo hacemos desde la inmensa soledad de nuestra pantalla rectangular. Y eso sin hablar de esos chatbots que se convierten en compañeros y confidentes, haciéndonos olvidar que son solo programas de ordenador.

Otra cosa que debemos recordar es que, al ser pura estadística, la IA se puede equivocar y no es fácil saber quién pagaría por esos errores, sean grandes o pequeños. Todo apunta a que es hora de adaptar las normas para prevenir los riesgos de la inteligencia artificial, de verdad y en la práctica.

Unos y ceros sin emociones

Por otra parte, cuando hablamos con ChatGPT como si fuera una persona y, peor aún, nos responde de la misma manera que lo haría una persona, podemos entrar un bucle pantanoso. Y es que otorgar cualidades humanas a la tecnología no nos ayuda a comprenderla, eso está claro. “El imaginario en torno a una tecnología determina el modo en que el público la entiende y, por lo tanto, guía su uso, su diseño y su impacto social”. Para empezar, la IA que tenemos hoy no siente ni padece: “no es una mente no biológica: es un proceso de optimización estadística”.

Somos nosotros, los usuarios humanos, los que sí tenemos emociones: descubrir cómo las plataformas digitales las explotan para engancharnos está detrás de otra de las palabras estrella de este año. “Rage bait” hace alusión a eso, a cómo hacemos clic, compartimos o comentamos un post o noticia solo porque ha encendido el botón de nuestra ira.

Pepitos Grillo imprescindibles

Los investigadores que firman nuestros artículos nos ayudan a aclarar confusiones. Hemos aprendido, por ejemplo, que Alphafold, el programa de IA para predecir la estructura de las proteínas por el que sus creadores recibieron el Nobel de Química, no es código abierto. No es ciencia abierta, como se nos dio a entender, sino un producto que la empresa privada DeepMind (Google-Alphabet) deja usar a los científicos, sin dejarles conocer sus entrañas ni modificarlo.

Otras voces denuncian que el lado oscuro de la tecnología está dando pie a una nueva especie de trabajadores, los neoesclavos digitales.

Científicos comprometidos

No es cuestión de ponernos sombríos, solo de ser conscientes de la realidad poliédrica. El avance tecnológico está bien, sí, de acuerdo. Pero también debemos exponer su lado no tan amable –o directamente oscuro–, esa otra cara de la moneda. Es necesario para avanzar de forma limpia y ética… y para que los tomadores de decisiones no tengan que sonrojarse a la hora de rendir cuentas a la ciudadanía.

Porque cada innovación debe ir acompañada de la evaluación de sus riesgos y de sus consecuencias no deseadas o no imaginadas. “La ciencia no puede desligarse de la sociedad, pues siempre está impregnada de valores, visiones del mundo y consecuencias prácticas”, tal y como señala otro de nuestros autores. Hoy, más que nunca, necesitamos científicos comprometidos, que hagan estudios independientes y ayuden a los gobernantes a emprender acciones mejor informadas, en beneficio de la gente.

La transición digital contamina

También hemos dado voz a interesantes estudios sobre los efectos secundarios del progreso informático: el impacto medioambiental de la inteligencia artificial. Por ejemplo, las consultas a ChatGPT consumen 1000 MWh cada día en el mundo, hasta el punto de que Microsoft, Alphabet (Google) y Amazon han firmado acuerdos para comprar energía de plantas nucleares, asegurando el flujo de vatios para sus centros de dato. En este contexto, varias investigaciones confían en la fotónica y en la nanotecnología para que la IA sostenible no quede en utopía.

Al mismo tiempo, hemos aprendido que solo una de cada díez baterías de litio (las que usan nuestros smartphones y portátiles) se recicla y que existen científicos devanándose los sesos para encontrar la manera en que el binomio “transición verde” e “impacto medioambiental de los minerales críticos” (como litio o silicio) no nos cree disonancia cognitiva.

Otra vertiente del progreso mal entendido son los tóxicos que llegan a la gente desde muy diversas fuentes, incluso juguetes con plomo, retardantes de llama y ftalatos, ropa con formaldehído y disruptores endocrinos o esos microplásticos persistentes que podrían invadir el perfecto y bello ecosistema que late en una gota del océano. Pero lo interesante no es quejarse, sino buscar soluciones: ya hay tecnologías que permiten descomponer plásticos usando bacterias o crear biomateriales de verdad biodegradables. Solo falta invertir en ellas e implementarlas.

La vida en cúbits

En el resumen de este año tampoco pueden faltar la mención al entrelazamiento entre luz y materia, con esos maravillosos artículos que nos ayudan a entender quién mató al pobre gato de Schrödinger o cómo la física cuántica entra de lleno en nuestras vidas. Este tema ha sido el protagonista del Nobel de Física 2025, otorgado a los experimentos pioneros que allanaron el camino para las computadoras cuánticas.

Forman parte de esos misterios apasionantes que nuestros autores se aventuran a explicarnos, como el origen de la primera superkilonova observada en el cosmos, las claves de la vida halladas en el asteroide Bennu o la materia oscura observada por primera vez. Porque el cielo siempre ha fascinado al ser humano y lo sigue haciendo. Si no que se lo digan a todos los amantes de contemplar eclipses, que el año que se avecina disfrutarán de lo lindo.

Nosotros seguiremos aquí, al pie del cañón, tratando de ofrecerles un fiel rompecabezas de la realidad científica y tecnológica para que puedan formarse una idea lo más completa e informada posible del lugar que quieren ocupar en el mundo.

The Conversation

ref. Ciencia 2025: six seven o el estado de digital de la cuestión – https://theconversation.com/ciencia-2025-six-seven-o-el-estado-de-digital-de-la-cuestion-272619

La gramática de la convivencia en el discurso de Navidad del rey

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Ana Mancera Rueda, Profesora Titular de Lengua Española (Facultad de Filología), Universidad de Sevilla

En El discurso del rey, el monarca inglés Jorge VI tiene que aprender a controlar su voz para ser capaz de dirigirse a la nación en un momento de crisis. La película no solo trata de cómo afrontar un problema de dicción, sino de algo mucho más profundo: cómo el lenguaje y la manera de utilizarlo construyen autoridad, confianza y vínculo con la ciudadanía.

Salvando las distancias históricas y personales, algunos discursos institucionales actuales siguen cumpliendo esa misma función: articular una determinada idea de comunidad política. El mensaje de Navidad del rey Felipe VI es un buen ejemplo de ello.

En los días posteriores al discurso, gran parte de la atención mediática se ha centrado en la puesta en escena: el hecho de que el rey lo pronunciara de pie, el tono sereno del mensaje o su éxito de audiencia. Estos aspectos son relevantes, sin duda. Pero, más allá de cómo se dijo y de cuánta gente lo vio, resulta interesante analizar qué imagen de país se dibuja a través de sus palabras.

Convivencia y confianza

Una primera pista la ofrecen los términos que más se repiten a lo largo del texto. Si dejamos a un lado las preposiciones, conjunciones y artículos más habituales (como de, y, la, etc.), destacan algunas palabras clave que no aparecen por casualidad: nuestra, convivencia, confianza, España, todos o futuro. Se trata, en su mayoría, de sustantivos y adjetivos vinculados a la idea de comunidad y de proyecto compartido, lo que apunta ya a un discurso construido desde el “nosotros” y orientado a fortalecer los lazos colectivos.

Ese “nosotros” se refuerza, además, por la abundancia de posesivos en primera persona del plural. Por ejemplo, el uso de nuestra no es meramente gramatical: acompaña a conceptos clave como convivencia, democracia o capacidad de trabajo. De esta forma contribuye a presentar tales valores como principios comunes, que conciernen al conjunto de la ciudadanía, y cuya preservación es responsabilidad de todos. El propio rey no se sitúa por encima de los ciudadanos, sino dentro de ese “nosotros”, lo que atenúa la distancia institucional y subraya la idea de la convivencia democrática como una responsabilidad compartida.

Precisamente, entre esas palabras recurrentes, convivencia ocupa un lugar central. No aparece sola: a su alrededor se repiten verbos como preservar, fortalecer o construir. De este modo, la convivencia no se muestra como un ideal abstracto, ni como una fórmula retórica, sino como una realidad frágil, que exige cuidado y atención. Algo parecido ocurre con confianza. No se presenta como una promesa grandilocuente, sino como algo delicado, que puede romperse si no se cuida. De ahí la insistencia en el respeto, la escucha y el diálogo: pequeñas prácticas que, sumadas, sostienen la convivencia diaria.

Ese cuidado de la convivencia y de la confianza se apoya también en el uso reiterado de expresiones temporales. Las referencias a la firma del tratado de adhesión a las Comunidades Europeas “hace 40 años”, o al hecho de que “se han cumplido 50 años” del inicio de la Transición no funcionan como evocaciones nostálgicas, sino como marcos desde los que leer el presente. El pasado se dibuja así como una experiencia compartida, como un camino recorrido que ayuda a entender mejor dónde estamos y por qué merece la pena seguir avanzando juntos.

‘Avanzar’ y ‘futuro’

Desde esa perspectiva, el discurso insiste en que ese camino solo puede recorrerse entre todos. Palabras como futuro o avanzar aparecen ligadas a una idea sencilla: lo que viene no se construye en solitario ni a corto plazo, sino como un proyecto compartido. Avanzar, en este marco, no significa imponerse ni ir más rápido que los demás, sino hacerlo juntos, con acuerdos y renuncias, manteniendo el cuidado de la convivencia como horizonte común.

En la película El discurso del rey, el momento clave no es aquel en el que el monarca logra pronunciar su mensaje sin titubeos, sino aquel en el que su voz consigue convertirse en un punto de referencia compartido, justo en un momento de incertidumbre marcado por la Segunda Guerra Mundial. Salvando las distancias, el discurso de Navidad de Felipe VI cumple una función similar: no busca deslumbrar, sino ofrecer un marco común desde el que pensarnos como sociedad.

The Conversation

Ana Mancera Rueda no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. La gramática de la convivencia en el discurso de Navidad del rey – https://theconversation.com/la-gramatica-de-la-convivencia-en-el-discurso-de-navidad-del-rey-272621

El deporte no solo aleja a los adolescentes del móvil: les fortalece para usarlo mejor

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Alejo García-Naveira, Profesor del Grado de psicología en la Universidad Villanueva, Universidad Villanueva

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Sabemos que el uso excesivo del móvil distrae y puede perjudicar la salud mental, fomentar el sedentarismo, aumentar la distancia social y deteriorar funciones cognitivas como la reflexión, la concentración o la toma de decisiones. Pero las pantallas forman parte de la vida académica, social y emocional de los adolescentes: la pregunta relevante ya no es solo cómo conseguir que los adolescentes usen menos el móvil, sino qué factores les ayudan a usarlo mejor.

Más allá de prohibir determinados dispositivos a determinadas edades, establecer límites o dar ejemplo como adultos, podemos ayudarles a desarrollar recursos psicológicos que los protejan frente al uso compulsivo y la hiperconectividad.

La práctica de deporte o ejercicio físico es uno de estos recursos. Los adolescentes que hacen deporte no solo pasan menos tiempo con el móvil: muchos también consiguen gestionarlo de manera más saludable y equilibrada, pues el deporte les ayuda a desarrollar recursos psicológicos clave.

De la emoción a la conducta

Nuestro estudio reciente sobre el uso del móvil que realizan adolescentes de alto rendimiento deportivo y otros anteriores con adolescentes chinos muestran que aquellos que entrenan de forma regular muestran mayores niveles de responsabilidad, estabilidad emocional y resiliencia, además de estrategias de afrontamiento adaptativas centradas en la tarea o en la resolución de problemas.

Estos rasgos y habilidades –fortalecidos por la actividad física– permiten manejar mejor la frustración, el estrés y el aburrimiento, tres de los desencadenantes más frecuentes del uso excesivo del móvil.

Que el deporte pueda ayudar a mejorar la capacidad de autogestión emocional y conductual de los jóvenes nos ofrece una herramienta extra ante la prevención del uso excesivo. Ya no se trata solo del control externo (normas, límites, restricciones), sino de desarrollar una protección interna que puede llegar a ser más sólida: ayudar a los adolescentes a tolerar emociones, frustraciones y presiones sin depender del móvil para calmarlas.

Sedentarismo y hábitos saludables

Además, la práctica deportiva favorece hábitos de vida saludables que también se ven afectados por el mal uso de los dispositivos digitales, como un buen descanso y una alimentación equilibrada.

Existe una correlación entre la inactividad y la adicción al teléfono móvil en niños, adolescentes y adultos jóvenes que además tiende a retroalimentarse: el sedentarismo aumenta el uso del móvil, y el uso compulsivo del móvil aumenta el sedentarismo.

El deporte interrumpe ese círculo vicioso porque ofrece una alternativa emocional y social real: diversión, pertenencia, logros, conexión con iguales y apoyo del grupo.




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¿Cuánto deporte es necesario para notar los beneficios?

Las revisiones más recientes apuntan hacia tres conclusiones claras:

  • No se necesita deporte de alto rendimiento para obtener beneficios.

  • La regularidad es más importante que la intensidad.

  • El componente social del deporte es un factor especialmente protector: practicar un deporte de equipo, a diferencia de hacerlo solo, fomenta la comunicación, la cooperación y el apoyo mutuo, fortaleciendo habilidades sociales, la autoestima y creando redes de apoyo que protegen frente al estrés y la soledad.

Entrenar dos o tres veces por semana en un entorno estructurado –un equipo, una escuela deportiva o un club– ya es suficiente para mejorar la estabilidad emocional y reducir la probabilidad de desarrollar dependencia digital.




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Si el adolescente ya usa el móvil de forma problemática, incorporar deporte puede ayudar, pero no como castigo ni sustitución obligatoria (“menos móvil, más deporte”), sino como una actividad significativa que genere motivación, placer y conexión social real.

Por ejemplo, para motivar a un adolescente que abusa del móvil a probar el baloncesto, los padres pueden invitarlo sin presionar, elegir un buen club cercano y acompañarlo al principio, destacando la diversión y la amistad y celebrando pequeños logros para generar motivación real, incluso si no tiene hábito deportivo o no se siente muy hábil.

De esta manera, cuando el deporte se convierte en una fuente de bienestar y vínculo, compite con la recompensa inmediata del móvil… y la supera.

Construyendo la resiliencia digital

La investigación actual señala que la mejor protección frente al uso problemático del móvil no es solo controlar el acceso, sino fortalecer a la persona. El deporte ofrece algo que ninguna aplicación de control parental puede proporcionar: autoconocimiento, gestión emocional, resiliencia y sentido de pertenencia.

Si queremos que los adolescentes usen la tecnología de manera equilibrada, el mensaje no debería ser solo “Mira menos el móvil”, sino “Encuentra experiencias en la vida real que te hagan sentir bien contigo mismo… haz deporte”.

The Conversation

Alejo García-Naveira no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. El deporte no solo aleja a los adolescentes del móvil: les fortalece para usarlo mejor – https://theconversation.com/el-deporte-no-solo-aleja-a-los-adolescentes-del-movil-les-fortalece-para-usarlo-mejor-270236

La amenaza cuántica que se avecina: preparativos para el ‘Día Q’

Source: The Conversation – (in Spanish) – By David Arroyo Guardeño, Científico Titular. Ciberseguridad y protección de la Privacidad. Instituto de Tecnologías Físicas y de la Información "Leonardo Torres Quevedo" (ITEFI), Instituto de Tecnologías Físicas y de la Información Leonardo Torres Quevedo (ITEFI -CSIC)

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En algún momento del futuro –no sabemos si dentro de décadas o antes de lo esperado– podría llegar el llamado ‘Día Q’ (Q-Day): el día en que un ordenador cuántico lo bastante potente sea capaz de romper la criptografía que hoy protege prácticamente toda nuestra vida digital.

Para entender la magnitud del problema, basta imaginar que, de repente, todas las cerraduras digitales dejan de funcionar: la banca online, el correo electrónico, las aplicaciones de mensajería, los sistemas de los gobiernos o el comercio electrónico quedarían expuestos. Nada estaría protegido. Nada.

Qué es lo amenazado

La amenaza cuántica no afecta a los datos en sí, sino a las matemáticas que usamos para protegerlos. Cada vez que enviamos un mensaje por WhatsApp, accedemos a nuestra cuenta bancaria o compramos algo por internet, el texto legible (“texto en claro”) se transforma en un galimatías incomprensible (“texto cifrado”). Solo quien tiene la clave adecuada puede revertir el proceso. Es una versión moderna del trabajo de los espías de antaño, pero automatizada y basada en algoritmos matemáticos.

Los principios que hacen que estos sistemas sean seguros se establecieron ya a mediados del siglo XX, por ejemplo en los trabajos de la obra seminal de Claude Shannon sobre el secreto perfecto.

La criptografía: tipos y seguridad

Existen dos grandes tipos de criptografía. En la criptografía simétrica, emisor y receptor comparten una misma clave, como si ambos tuvieran una copia idéntica de la llave de una caja fuerte. El problema es evidente: ¿cómo se entrega esa llave sin que nadie más la copie? Aquí entra en juego la criptografía asimétrica o de clave pública, que usa un par de claves: una pública (que se puede compartir) y otra privada (que se guarda en secreto).

Algoritmos como Diffie-Hellman permiten que dos personas acuerden una clave secreta aunque estén hablando por un canal público, apoyándose en problemas matemáticos muy difíciles de resolver para los ordenadores actuales, como el logaritmo discreto.

Otro sistema para intercambiar claves secretas y cifrar mensajes, RSA, basa su seguridad en la dificultad de descomponer números enormes en sus factores primos, algo trivial para números pequeños pero casi imposible para los grandes.

Gracias a estas técnicas, además de cifrar, podemos firmar digitalmente documentos, del mismo modo que una firma manuscrita identifica al autor, pero con garantías matemáticas. Para saber quién hay detrás de una clave pública se usan los certificados digitales, emitidos por autoridades de confianza, algo parecido a un DNI digital.

Primeras grietas en la criptografía de clave pública

Durante años, estos sistemas han sufrido mejoras y correcciones, pero su base teórica parecía sólida… hasta que apareció el algoritmo de Shor. En 1997, el matemático estadounidense Peter Shor demostró que un ordenador cuántico suficientemente potente podría resolver con facilidad los problemas matemáticos en los que se basan Diffie-Hellman y RSA. Dicho de otro modo: las cerraduras actuales están diseñadas para ladrones clásicos, no para ladrones cuánticos.

Si ese ordenador existiera hoy, las comunicaciones bancarias y las que involucran secretos empresariales o datos gubernamentales podrían ser descifradas. Ese sería el temido Día Q.

¿Qué pasa tras Shor?

Del mismo modo que el ordenador cuántico presenta problemas, también depara soluciones. Así, es posible aprovechar propiedades de la mecánica cuántica, como el principio de no clonación de estados cuánticos, para establecer protocolos de distribución cuántica de claves (QKD, por sus siglas en inglés) simétricas. También es factible aprovechar la capacidad de cómputo paralelo derivada de propiedades como la superposición de estados cuánticos.

Por otro lado, la denominada criptografía post-cuántica haría viable implementar criptografía de clave pública mediante problemas matemáticos que son de elevada complejidad para los ordenadores actuales. Entre tales problemas se encontraría el aprendizaje con errores o LWE (Learning With Errors), teoría de códigos, resolución de sistemas de ecuaciones no lineales en varias variables sobre cuerpos finitos, la inversión de funciones hash, etc.

No basta con remplazar un algoritmo por otro

No basta con sustituir una pieza. Cambiar la criptografía implica actualizar protocolos de comunicación (como los que protegen las webs seguras), aplicaciones (correo cifrado, mensajería instantánea) y también dispositivos físicos: routers, servidores, tarjetas inteligentes o sistemas industriales antiguos que no se pueden renovar fácilmente. Es como cambiar todas las cerraduras de una ciudad sin detener su actividad diaria.

Por eso, organismos como la Comisión Europea o el NIST en Estados Unidos están definiendo hojas de ruta y estándares para una transición gradual y flexible. La posibilidad de estar a merced de una ventaja estratégica por parte de actores o países externos ha hecho que a nivel europeo se esté promoviendo el desarrollo de tecnología y de procedimientos para empezar a desplegar criptografía resistente a ataques cuánticos.

También asegurar las máquinas

Y no solo hay que preparar los productos software: también hay que adaptar los dispositivos hardware de comunicaciones, almacenamiento y cómputo de información. El reto es aún mayor en sectores industriales con maquinaria, sistemas y productos antiguos (legacy), donde una actualización puede ser costosa o arriesgada. Además, los cambios en seguridad suelen tener efectos inesperados, lo que hace que muchas organizaciones retrasen decisiones críticas, aun sabiendo que el riesgo crece con el tiempo.

En general, los sectores productivos tienen cierta inercia frente a cambios de consecuencias no anticipables. Los cambios en arquitectura y productos de seguridad, sobre todo en lo relativo a la criptografía, suelen tener consecuencias no esperadas, y esto hace que se paralicen cambios necesarios.

Autonomía estratégica y capitalización del talento

No sabemos cuándo llegará realmente el ordenador cuántico capaz de romper la criptografía actual, pero esperar sin prepararse no es una opción. Mientras ello ocurre es preciso invertir de forma adecuada tiempo y recursos para desarrollar competencias criptográficas y de desarrollo de hardware que nos permitan estar preparados frente a la irrupción de amenazas asociadas a la nueva computación.

La seguridad de un país o de una región depende de contar con talento, recursos y capacidad tecnológica propia. En el caso europeo, la fuerte dependencia de terceros en hardware y software de seguridad hace que invertir en conocimiento y autonomía estratégica sea clave para afrontar, con garantías, la llegada del Día Q.

The Conversation

David Arroyo Guardeño no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. La amenaza cuántica que se avecina: preparativos para el ‘Día Q’ – https://theconversation.com/la-amenaza-cuantica-que-se-avecina-preparativos-para-el-dia-q-222778

Recursos humanos e IA: la cuestión no es la tecnología, sino quién la supervisa

Source: The Conversation – (in Spanish) – By David Aguado García, Profesor de Psicología Social, Universidad Autónoma de Madrid

Son las ocho y media de la mañana y empieza la jornada de trabajo. Desde hace apenas unos meses, en el departamento de Recursos Humanos (RRHH) ha dejado de arrancar con bandejas de correo saturadas y hojas de Excel. Ahora, el equipo se reúne alrededor de un café frente al cuadro de mando corporativo, donde un asistente de IA despliega los indicadores críticos del día: vacantes abiertas, rotación prevista, necesidades de formación y alertas de desempeño. Este asistente no solo muestra números: predice riesgos y sugiere acciones, como lanzar una encuesta de clima laboral o acelerar un proceso de mentoring en un equipo con riesgo de rotación.

Esto, que hace apenas unos años sonaba a ciencia ficción, se ha convertido en una tendencia creciente. Los expertos advierten de que los departamentos de RRHH están adoptando herramientas de IA con gran rapidez, aunque muchos todavía no tienen un camino claro para pasar de pruebas aisladas a una integración madura. También se apunta a que la automatización y la IA están dejando de ser “novedad” para convertirse en la norma en la gestión de recursos humanos.

Buscando al empleado adecuado

A las nueve y media el café se enfría: llega una petición urgente del área comercial. Se necesitan dos técnicos de gestión preventa. Antes, redactar la oferta de trabajo requería varias idas y venidas entre departamentos; hoy, la responsable de selección pide al asistente de IA generativa una propuesta inclusiva y optimizada con palabras clave para buscadores. Después, el sistema de matching tomará el relevo: revisará solicitudes, perfiles laborales y experiencias previas para pronosticar quién, además de encajar técnicamente, tiene mayor probabilidad de permanecer en la organización.

El equipo de selección revisará esos resultados (porque, siguiendo las buenas prácticas, la IA no decide: propone y el equipo valida) y a los candidatos mejor posicionados se les enviará un enlace para realizar una videoentrevista asíncrona. Es decir, los candidatos grabarán sus respuestas cuando quieran. Después, un modelo de IA analizará su comunicación verbal, paraverbal y no verbal para inferir rasgos relevantes para el puesto, y elaborar un informe para el técnico de selección.

Nada de esto es excepcional: más del 44 % de las organizaciones ya utiliza IA para atraer y seleccionar talento, y diferentes estudios apuntan a que el porcentaje puede superar el 80 % si incluimos herramientas como filtros automatizados, chatbots o pruebas en vídeo. No sorprende: la IA puede reducir hasta un 30 % los costes de contratación.

Enseñar e integrar a los nuevos empleados

A pesar del ritmo acelerado, hoy es un día especial: se incorporan tres nuevas personas en Finanzas y en Marketing. Paradójicamente, su proceso de integración comenzó antes de que pisaran la oficina.

Durante los últimos tres días, cada uno de ellos recibió un itinerario personalizado según su puesto, experiencia y estilo de aprendizaje: un vídeo de bienvenida personalizado, módulos de e-learning adaptativos, contenidos sobre la cultura de la organización y una sesión de mentoría guiada por IA para resolver dudas.

Antes incluso de recibir su correo corporativo, la IA ya ha generado un mensaje de bienvenida con enlaces al portal formativo, un bot de preguntas y una encuesta de clima inicial programada para dentro de 15 días.

Una tecnología potente necesitada de gobernanza humana y ética

Pero la tecnología no solo selecciona e incorpora: también obliga a pensar y vigilar. A las cinco de la tarde la directora de Recursos Humanos se reúne con el área legal, con el responsable de tecnología y con el comité de ética.

Se revisan los resultados de una auditoría de sesgo: se analizaron 1 234 candidaturas rechazadas el mes pasado y no se detectó discriminación sistemática hacia ningún grupo. Se debate el “derecho a explicación” de los candidatos, la transparencia del algoritmo y las condiciones del consentimiento de datos.

Quedan decisiones importantes en el acta: lanzar un programa interno de alfabetización en IA para el personal de RRHH y una encuesta sobre confianza en los sistemas automatizados dirigida a toda la plantilla.

La directora resume el estado de la cuestión con una frase que ya es un mantra en los departamentos modernos: “La tecnología es potente, pero sin gobernanza humana y ética, convierte Recursos Humanos en una caja negra”. Y tiene razón.

La Organización Internacional del Trabajo (OIT) advierte que un mal diseño de IA puede socavar la gestión del talento en lugar de potenciarla. Además, investigaciones recientes señalan que los equipos de recursos humanos están adoptando la IA más rápido de lo que se están formando para usarla correctamente, lo que genera brechas de preparación y resistencia cultural.

El reto es usar la IA con criterio

Son las siete de la tarde y la jornada termina. Aunque las luces se apagan, el panel de IA sigue en funcionamiento: calcula riesgos de fuga, organiza entrevistas, ajusta rutas de formación. La tecnología no descansa, y ahí está la paradoja: cuanto más automático se vuelve el trabajo, más imprescindible es el juicio humano. No estamos frente a un futuro lejano ni a una utopía tecnificada; nos hallamos ante un presente que todavía avanza a distintas velocidades. La IA ya trabaja en Recursos Humanos, pero muchas organizaciones aún están aprendiendo a gobernarla.

La promesa es enorme: más eficiencia, más precisión, más capacidad para anticipar problemas. Pero también lo es la responsabilidad que trae consigo. Si los algoritmos no son explicables, si nadie los supervisa, si olvidamos la ética detrás de cada decisión, la gestión del talento podría convertirse en una caja negra opaca y difícil de explicar. Quizá el verdadero riesgo no sea que la IA reemplace a RRHH, sino que RRHH renuncie a cuestionarla.

Porque los algoritmos no tienen valores. No saben qué es la justicia, ni el respeto, ni la diversidad. Por eso necesitan profesionales que sí los tengan. El reto del sector no es aprender a usar IA, sino aprender a usarla con criterio, sin perder de vista lo esencial: seguimos gestionando personas, no datos. El futuro de los Recursos Humanos no depende de la tecnología. Depende de quién la supervise.

The Conversation

David Aguado García es miembro del ThinkTank de Psicología del Trabajo y las Organizaciones; y Colaborador de Investigación en el Instituto de Ingeniería del Conocimiento.

ref. Recursos humanos e IA: la cuestión no es la tecnología, sino quién la supervisa – https://theconversation.com/recursos-humanos-e-ia-la-cuestion-no-es-la-tecnologia-sino-quien-la-supervisa-269845

¿Cómo reparar algo que la justicia ha roto? El caso de ‘los cinco de Central Park’

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Pedro Mora-Ramírez, Doctorando y Profesor Sustituto Interino, Universidad de Huelva

Yusef Salaam (izquierda), Raymond Santana (segundo por la derecha) y Kevin Richardson (extremo derecho), tres de los Cinco de Central Park, inauguran la nueva entrada ‘Gate of the Exonerated’ (Puerta de los Exonerados) en Central Park el 19 de diciembre de 2022, en el vigésimo aniversario de su exoneración. Jeenah Moon/Innocence Project, CC BY-NC

Este mes se cumplen tres años, pero también una vida, desde que quedó grabado en piedra el perdón que la sociedad neoyorquina le pedía a cinco de sus habitantes. Fue en diciembre de 2022 cuando se erigió, en una esquina de Central Park, una entrada al parque con una placa muy especial: la Puerta de los Eximidos (Gate of the Exonerated). A primera vista, puede parecer un acceso más, pero su significado es profundo.

Representa una historia dolorosa y, al mismo tiempo, una lección de justicia, racismo y, sobre todo, esperanza. La entrada honra a Korey Wise, Yusef Salaam, Antron McCray, Raymond Santana Jr. y Kevin Richardson, cinco adolescentes condenados injustamente por un crimen que no cometieron.

El caso

La madrugada del 19 de abril de 1989, la joven corredora Trisha Meili fue brutalmente asaltada, violenta y sexualmente en Central Park. Al mismo tiempo, se produjeron incidentes y peleas entre varios adolescentes que también estaban en el parque. La policía detuvo a algunos de estos jóvenes afroamericanos y latinos como sospechosos del ataque y entre ellos se encontraban los protagonistas de esta historia, conocidos durante años como los “Cinco de Central Park” (“Central Park Five”).

Donald Trump publicó anuncios a toda página en cuatro periódicos de la ciudad de Nueva York en 1989 en los que pedía al estado que adoptara la pena de muerte.
Donald Trump publicó anuncios a toda página en cuatro periódicos de la ciudad de Nueva York en 1989 en los que pedía al estado que adoptara la pena de muerte.
Daily News

Después de que los detuvieran, comenzaron una sucederse una serie de errores y abusos que cambiarían sus vidas para siempre. Los menores, que tenían entre 14 y 16 años en el momento del arresto, fueron interrogados durante horas sin la presencia de abogados ni de sus familias. Bajo mucha presión, terminaron firmando confesiones falsas e incluso grabaron declaraciones que no coincidían con lo que había pasado. No había pruebas físicas que los relacionaran con la violación, pero aun así fueron juzgados y condenados.

Pasaron entre 6 y 13 años en prisión. Ellos y sus familias tuvieron que vivir con el estigma, la violencia y la injusticia del sistema carcelario.

Sin embargo, en 2002, Matias Reyes, un preso que ya cumplía condena por delitos parecidos, confesó que había sido el responsable del ataque. Las pruebas de ADN confirmaron la declaración y los hombres fueron exonerados.

Racismo, mito y realidad

Esta exoneración no solo cerró un caso, sino que abrió un debate en el país: ¿cómo pudo fallar tanto el sistema policial y judicial? Y, con esta pregunta, aparece otra cuestión igual de importante: Estados Unidos se presenta como “la tierra de los libres” donde todas las personas tienen oportunidades, pero ¿por qué no todas las personas reciben el mismo trato? ¿Quién se beneficia del famoso “sueño americano” y quién queda fuera?

La historiadora Dawn A. Dennis dice que esta idea es en gran parte un mito que ignora la discriminación racial.

Los datos lo confirman: los hombres afroamericanos son el grupo más encarcelado del país. Aunque representan una parte pequeña de la población, son detenidos y condenados mucho más que de otros grupos.

Gráfico que indica cuántas personas estaban encarceladas en Estados Unidos en 2023 en comparación con 2003: aunque en esos 20 años ha disminuido el número total, más de un 45% de los jóvenes encarcelados son afroamericanos y solo un 29% son blancos..
Gráfico que indica cuántas personas estaban encarceladas en Estados Unidos en 2023 en comparación con 2003: aunque en esos 20 años ha disminuido el número total, más de un 45% de los jóvenes encarcelados son afroamericanos y solo un 29% son blancos.
Puzzanchera, C., Sladky, TJ., and Kang, W. (2025). Easy Access to the Census of Juveniles in Residential Placement https://www.ojjdp.gov/ojstatbb/ezacjp. (Graph: Emily Widra, 2025). Prison Policy Iniciative

El caso que sufrieron estos adolescentes muestra claramente cómo el racismo puede influir en las decisiones policiales, en los medios de comunicación, en los juicios e incluso en lo que la gente piensa.

La enorme atención mediática hizo que muchos vieran a estos jóvenes como culpables antes de que el juicio empezara y de hubiera pruebas reales. Sus caras aparecieron en portadas y algunos políticos incluso pidieron la pena de muerte.

Con el paso de los años se han tomado algunas medidas para reparar el daño causado y transformar el sistema de la justicia, pero las consecuencias siguen presentes.

La inauguración de la Puerta de los Eximidos en 2022 fue un gesto simbólico pero importante. No solo honra a Korey Wise, Yusef Salaam, Antron McCray, Raymond Santana Jr. y Kevin Richardson, sino también a todas las personas que han sido acusadas, condenadas o encarceladas injustamente en Estados Unidos.

Esta entrada, ubicada en la parte noroeste de Central Park, invita a reflexionar sobre cómo el sistema judicial puede fallar, especialmente cuando el racismo y las desigualdades económicas siguen existiendo. También nos recuerda que la reparación –aunque llegue tarde– puede ser posible, y que la sociedad debe aprender de sus errores.

El cine como denuncia: When They See Us (2019)

Esta historia volvió a cobrar fuerza en 2019 cuando la directora Ava DuVernay estrenó la miniserie When They See Us (Así nos ven) en Netflix. Fue un gran éxito y permitió que muchas personas, especialmente jóvenes, conocieran el testimonio desde la perspectiva de los detenidos. La serie muestra, de forma dura y emotiva, cómo estos adolescentes fueron presionados y condenados injustamente.

Además de contar los hechos reales, When They See Us representa cómo la cárcel afectó sus vidas, sus relaciones familiares y las oportunidades que perdieron incluso después de alcanzar la libertad. Los espectadores entonces pueden entender que una condena injusta no termina cuando alguien sale de prisión, sino que las secuelas perviven durante años.

Ava DuVernay quiso usar el entretenimiento para crear una reflexión que nos mueva como sociedad a la acción, al mismo tiempo que nos hace cuestionar lo que creemos.

When They See Us no solo cuenta lo que pasó, sino que nos invita a pensar en el impacto de los prejuicios y en la importancia de un sistema judicial justo. Gracias a la serie se abrieron conversaciones sobre racismo, responsabilidad policial y la necesidad de pensar alternativas al sistema penal en Estados Unidos. Por tanto, las narrativas audiovisuales pueden convertirse herramientas esenciales para la denuncia de injusticias sociales.

De hecho, DuVernay pertenece también al equipo de ARRAY 101, una iniciativa educativa en línea que ha desarrollado unos recursos de aprendizaje sobre el caso. Así, el cine u otros medios audiovisuales, como explica la idea del “hermanamiento de palabra e imagen”, pueden convertirse en herramienta para la educación y denuncia social.

Una lección de esperanza

Esta historia no es solo algo del pasado; puede repetirse. Nos recuerda que la justicia no siempre funciona como debería y que la sociedad tiene la responsabilidad exigir cambios. Este caso muestra por qué es importante escuchar a quienes han sido silenciados.

La Puerta de los Eximidos simboliza, por tanto, la esperanza: una entrada hacia un futuro más justo. Cruzarla significa recordar, pero también comprometerse con una justicia que no discrimine por raza, género, sexualidad o nivel social. Y vosotros, queridos lectores, ¿se atreven a cruzar estos espacios?

The Conversation

Pedro Mora-Ramírez no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ¿Cómo reparar algo que la justicia ha roto? El caso de ‘los cinco de Central Park’ – https://theconversation.com/como-reparar-algo-que-la-justicia-ha-roto-el-caso-de-los-cinco-de-central-park-267077

Año nuevo, hábitos viejos: por qué empezar es fácil y mantener es lo difícil

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Oliver Serrano León, Director y profesor del Máster de Psicología General Sanitaria, Universidad Europea

El 1 de enero tiene algo de “interruptor psicológico”. De repente, parece más fácil imaginarse y comprometerse con una versión mejorada de uno mismo: más activo, más ordenado, más saludable. Es como si el calendario ofreciera una línea de salida nítida y, con ella, una sensación de control: “empiezo de cero”, “ahora sí toca”, “este año lo hago bien”.

No es solo una sensación. El llamado fresh start effect (“efecto reinicio”) muestra que los hitos temporales –año nuevo, cumpleaños, comienzo de mes o incluso de semana– actúan como “marcadores” que nos empujan a perseguir metas, porque facilitan que dejemos mentalmente atrás errores pasados y miremos hacia adelante. Dicho de otra forma: esos cortes en el tiempo hacen más fácil activar la intención de cambio, porque aumentan la saliencia de nuestros ideales (cómo nos gustaría ser) y reducen, momentáneamente, el peso de la inercia.

El problema es que iniciar es la parte sencilla. Mantener, por el contrario, cuesta. El impulso del “reinicio” suele durar lo que dura la novedad: unos días, quizá unas semanas. Después regresan la rutina, el cansancio, las prisas y los mismos estímulos de siempre. Y cuando fallamos, solemos explicarlo con una palabra que lo tapa todo: la falta de “fuerza de voluntad”.

Desde la psicología, sin embargo, lo habitual es que no falle la voluntad: falla el diseño del cambio. Si el propósito no se traduce en conductas concretas, si no hay un plan para los obstáculos y si el entorno sigue empujando hacia el hábito antiguo, la intención se queda sola frente a un sistema (tu día a día) que está optimizado para “lo de siempre”.

Convertimos un deseo en un eslogan, no en una conducta

“Este año me cuido” suena bien, pero el cerebro no se mueve con titulares. Se mueve con conductas concretas: qué hago, cuándo, dónde y durante cuánto tiempo. La investigación sobre metas lleva décadas señalando que las metas específicas (y con cierto grado de desafío realista) funcionan mejor que las vagas, porque guían la atención y permiten medir progreso.

Hay una regla útil: si no puedes escribir tu propósito como una acción observable, todavía no es un plan. “Hacer ejercicio” no compite contra el sofá. “Caminar 25 minutos lunes, miércoles y viernes al salir del trabajo” sí compite, porque ya tiene forma.

Subestimamos el poder del hábito y del entorno

Nos gusta pensar que decidimos en frío, pero buena parte de lo que hacemos es automático. Los hábitos se disparan por señales del contexto (lugares, horarios, rutinas, personas). Y, cuando están muy asentados, pueden activarse incluso aunque la intención consciente sea otra.

Por eso el cambio fracasa cuando pretende ocurrir “en el aire”, sin tocar el entorno. Si tu propósito es comer mejor, pero tu despensa sigue igual y la compra del supermercado la haces con hambre a última hora, el guión de siempre gana. No por falta de valores, sino por exceso de fricción.

Pedimos al autocontrol que haga un trabajo que no le corresponde

El autocontrol existe, claro. Pero es más fiable como “empuje ocasional” que como sistema de vida. La conclusión práctica es simple: cuanto más dependas de “aguantar”, más vulnerable será tu propósito en semanas de estrés, sueño irregular o carga laboral.

En cambio, cuando el cambio se apoya en decisiones previas (por ejemplo, dejar preparada la ropa deportiva para salir a correr, planificar cenas sencillas, desinstalar una app, pactar con alguien un plan), reduces la necesidad de negociar contigo mismo cada día.

Formulamos propósitos en negativo: “dejar” y “evitar”

Muchos propósitos son prohibiciones: “no comer dulce”, “no fumar”, “no procrastinar”. El problema es que “no” no dice qué hacer cuando llegue el disparador. ¿Qué harás cuando te ofrezcan postre? ¿Qué harás cuando tengas ansiedad? ¿Qué harás cuando aparezca el impulso de posponer?

Un detallado experimento sobre los propósitos de año nuevo encontró que las metas de aproximación (añadir una conducta deseada) se sostienen mejor que las metas de evitación (dejar o evitar algo).

No significa que “dejar” sea imposible; significa que conviene traducir el “dejar” a un “hacer”. Por ejemplo: no “dejar el azúcar”, sino “tomar fruta después de comer” o “tomar yogur natural con canela” (alternativas concretas).

Queremos resultados rápidos, pero el hábito es lento (y no lineal)

Aquí aparece otra trampa: expectativas. Un estudio clásico sobre formación de hábitos observó que la automaticidad crece con el tiempo, pero a ritmos muy distintos según la persona y la conducta. En promedio, no hablamos de “una semana de motivación”, sino de varias semanas o meses de repetición.

Y hay un detalle tranquilizador: un tropiezo puntual no “rompe” el hábito en construcción. Lo que lo rompe es abandonar la repetición durante demasiado tiempo. Dicho en lenguaje cotidiano: no te hunde un día malo; te hunde convertir ese día malo en “ya da igual”.

Intención no es acción: falta el puente

En consulta se ve a menudo: la persona sabe lo que quiere, pero no logra hacerlo en el momento clave. Para construir ese puente hay una herramienta sorprendentemente simple y con evidencia sólida: las implementation intentions, planes del tipo “si pasa X, entonces haré Y”.

Por ejemplo, “Si es martes y salgo tarde, entonces pediré una cena ‘plan A’ (ensalada + proteína)” o “Si me descubro abriendo redes por inercia, entonces las cierro y pongo un temporizador de 10 minutos para empezar la tarea” o bien “Si me ofrecen una segunda copa, entonces pediré agua con gas”.

Un complemento útil es el mental contrasting: imaginar el beneficio deseado, pero también el obstáculo realista que probablemente aparecerá, y planificar la respuesta. En estudios educativos, combinar este enfoque con planes “si–entonces” ha mostrado mejoras en desempeño y persistencia.

Propósitos “prestados”: cuando el cambio no es tuyo

Por último, hay propósitos que nacen de presión externa (“debería”, “para no sentirme culpable”, “para encajar”). La teoría de la autodeterminación distingue entre motivación autónoma (alineada con valores propios) y motivación controlada (por presión o recompensa externa). La primera sostiene mejor el esfuerzo a largo plazo.

Hay una pregunta útil, sencilla y reveladora: “Si nadie me viera, ¿seguiría queriendo este cambio?” Si la respuesta es “no”, quizá el propósito necesita reformularse para que conecte con algo personal.

Probemos a escribir los propósitos en tres líneas:

  • Conducta: “Voy a ___ (acción concreta)”.

  • Contexto: “Lo haré ___ (día/hora/lugar)”.

  • Plan si–entonces: “Si aparece ___ (obstáculo), entonces haré ___ (alternativa)”.

Este enfoque no promete perfección. Promete algo más realista: menos negociación diaria y más consistencia. Y, al final, los cambios duraderos suelen parecerse menos a un gran gesto de enero y más a una suma de decisiones pequeñas bien diseñadas.

The Conversation

Oliver Serrano León no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Año nuevo, hábitos viejos: por qué empezar es fácil y mantener es lo difícil – https://theconversation.com/ano-nuevo-habitos-viejos-por-que-empezar-es-facil-y-mantener-es-lo-dificil-272616

Por qué necesitamos más y mejores áreas marinas protegidas antes de 2030

Source: The Conversation – (in Spanish) – By José Antonio García Charton, Profesor titular de Ecología, Universidad de Murcia

Vista submarina de la Reserva Marina de Cabo de Palos (España) Damsea/Shutterstock

En diciembre de 2022, los países participantes en la COP15 del Convenio sobre la Diversidad Biológica de las Naciones Unidas, celebrada en Montreal (Canadá), acordaron proteger al menos el 30 % de nuestras tierras y océanos para 2030, el conocido como “objetivo 30 x 30”. Este compromiso se basa en estudios científicos que sugieren que el 30 % es el mínimo necesario para restaurar la vida marina y todos los beneficios que proporciona a la humanidad.

En un planeta que sufre una crisis ambiental sin precedentes, las áreas marinas protegidas (AMP) son actualmente una de las mejores herramientas –cuando no la mejor– para proteger la biodiversidad marina, conservar los recursos de los océanos, permitir una mayor resiliencia al cambio climático y mantener los servicios prestados por los ecosistemas marinos que aseguren la calidad de vida de las comunidades costeras.

Con el fin de alcanzar de un modo efectivo el objetivo 30 x 30, los expertos abogan actualmente por la creación de “redes de AMP”, un conjunto de AMP individuales que rinden resultados de manera sinérgica, diseñadas para cumplir las metas que una única área no puede lograr por sí sola.

Para ello se requiere, ante todo, limitar las actividades humanas que dañan los ecosistemas que albergan. Estas redes deben incluir distintos tipos de hábitats –desde praderas submarinas hasta zonas profunda– y replicarlos en distintas extensiones para asegurar su resistencia ante cambios o impactos catastróficos.

También es importante variar el tamaño de las áreas según cómo se mueven las especies, e incluir diferentes niveles de protección, desde reservas totalmente cerradas hasta zonas donde se permitan actividades reguladas como la pesca o el buceo.




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La conectividad es otro aspecto clave: las AMP deben estar lo bastante cerca unas de otras como para permitir el intercambio de larvas y el movimiento de adultos, reforzando así las poblaciones y beneficiando a zonas no protegidas. Además, la red debe cuidar espacios con ecosistemas únicos, especies emblemáticas o poblaciones pesqueras importantes para la sostenibilidad futura.

Por otro lado, las AMP deben diseñarse y gestionarse con una participación real de todos los sectores implicados –pesca, turismo, ciencia, oenegés y administraciones–, promoviendo una gobernanza eficaz y equitativa que incluya también el conocimiento tradicional y local.

Un compromiso global insuficiente

Aunque casi 200 países se han comprometido con el objetivo 30 x 30, hoy solo el 9,6 % del océano global está bajo algún tipo de protección y menos del 3 % corresponde a AMP altamente o totalmente protegidas. Estas, según muchos ecólogos marinos, son las que verdaderamente restauran ecosistemas y aportan beneficios tangibles a la sociedad. El mundo necesita cuadruplicar el nivel actual de protección en apenas 5 años.

La mayor parte del progreso en AMP durante las dos últimas décadas se ha hecho creando muy pocas áreas extremadamente grandes –más de 100 000 km²– en lugares remotos de las zonas económicas exclusivas (ZEE) de ciertos estados. Es decir, en aquellas áreas marítimas que se extienden hasta 200 millas náuticas desde la costa de un país, donde este tiene derechos soberanos sobre la exploración, uso y conservación de sus recursos naturales (pesca, minerales, energía) y jurisdicción sobre actividades como investigación científica y protección ambiental.

Esto ha hecho avanzar los porcentajes globales, pero tiene un efecto limitado sobre los ecosistemas donde se concentra la biodiversidad y la actividad humana: las aguas costeras. Aunque el 94 % de todas las AMPs del planeta se ubican en aguas dentro de las 12 millas (mar territorial), son tan pequeñas (mediana de 1,1 km²) que colectivamente solo protegen el 0,3 % del océano mundial.

Un estudio reciente ha puesto de manifiesto que para cubrir las lagunas de protección global habría que crear cerca de 300 AMP grandes y unas 188 000 AMP pequeñas. Esto supone añadir 1,68 millones de km² de protección costera y más de 16 millones de km² en aguas exteriores. En términos operativos, esto se traduce en crear unas 85 AMP nuevas cada día entre 2025 y 2030. Algo que, evidentemente, no está ocurriendo.

Como además evidencia este reciente trabajo, el problema no es solo de cantidad, sino de calidad. Un tercio de la superficie marina considerada “protegida” permite actividades incompatibles con la conservación, como pesca industrial, minería marina, extracción de hidrocarburos, energía eólica marina, etc. Y miles de AMP carecen de planes de gestión, seguimiento o vigilancia. En realidad, sólo el 3 % del océano mundial está realmente bien protegido.




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Las AMP españolas: un ejemplo de lo que pasa en el resto del mundo

El mar Mediterráneo ofrece un ejemplo especialmente claro de la deficiente aplicación de las AMP: hasta el 95 % de ellas no presentan diferencias normativas y la mayoría no albergan más biodiversidad que las zonas no protegidas.

Además de que casi no existen zonas altamente protegidas (0,23 % de toda su superficie), la red actual está muy fragmentada. La mayoría de las zonas protegidas se concentran en la cuenca noroccidental, lo que da lugar a una conectividad deficiente de la red y a enormes desequilibrios territoriales.

La situación en la costa española, tanto mediterránea como atlántica, no difiere demasiado del diagnóstico global. Si bien en la teoría alcanza un alto porcentaje de protección marina (alrededor de un 23 %) y aspira a alcanzar el 25 % a finales de este año, muchos de los planes de gestión de estos espacios no son efectivos en la regulación real de actividades como pesca, turismo, etc. Así que, en la práctica, estas áreas funcionan como espacios sin protección real.

Por otra parte, menos del 1 % del área protegida de España está clasificada como altamente protegida o totalmente protegida. Por el contrario, más de 150 AMP, que comprenden el 40 % del área protegida del país, se consideran ligeramente protegidas o mínimamente protegidas. Asimismo, resulta alarmante que cerca del 45 % del área protegida se considera incompatible con los objetivos de conservación al permitir actividades como la pesca industrial, las prospecciones petrolíferas, la minería o las eólicas marinas.




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Además, con el fin de alcanzar “por la vía rápida” el objetivo 30 x 30, en los últimos años se está recurriendo a incluir en la Red Natura 2000 marina espacios muy grandes, de miles de kilómetros cuadrados que, por el momento, adolecen de falta de medidas efectivas de protección. Ejemplos destacados son el Corredor de migración de cetáceos del Mediterráneo o el Corredor migratorio galaico-cantábrico occidental.

Estas áreas se encuentran a menudo muy lejos de la costa, lo que impide afrontar la protección de la zona costera. Y es aquí donde se dan la mayor parte de las presiones antrópicas, así como las debidas al cambio climático y los conflictos entre usos.

Por su parte, las reservas marinas de interés pesquero, aun siendo de pequeño tamaño, presentan en general buenos resultados, pero actualmente se encuentran afectadas por un drástico recorte de la financiación proveniente del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación. Esta situación podría provocar una abrupta pérdida de los beneficios conseguidos durante los últimos 30 años, debido a una disminución de la vigilancia, sin la cual toda medida de gestión resulta inútil frente a la presión del furtivismo.

Por último, la gobernanza de las AMP españolas, ya sean de índole ambiental –como los espacios de la Red Natura 2000 marina– o de naturaleza pesquera –como las reservas marinas de interés pesquero–, no cuentan con participación efectiva de los diferentes actores locales. Esto dificulta la colaboración y el acuerdo con los sectores implicados, y con ello la creación de nuevas AMP o la ampliación de las ya existentes.




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Claves para que España alcance la meta 30 x 30

Para alcanzar el objetivo 30 x 30 haría falta flexibilizar y descentralizar con urgencia los mecanismos administrativos para crear AMP, las cuales suelen depender de administraciones nacionales o regionales, generalmente con modelos de gobernanza verticales que limitan la participación y corresponsabilidad.

Permitir que municipios o comunidades costeras (por ejemplo, cofradías de pescadores u oenegés, mediante mecanismos como las concesiones administrativas, como una forma de custodia marina) declaren sus propias AMP agilizaría su creación y mejoraría tanto la eficiencia de la gestión como la equidad en la distribución de beneficios.

Para que este enfoque funcione es clave sensibilizar a los actores locales –pescadores, centros de buceo, hostelería, oenegés– sobre el valor de las AMP y formar a personas de la zona para diseñar y gestionar estos espacios de manera participativa y adaptativa, impulsando liderazgos locales que favorezcan la conservación marina.

Además, debe asegurarse que la protección sea real no solo manteniendo las acciones de vigilancia, el personal y los medios suficientes, sino también afianzando la participación pública en la gobernanza para garantizar el éxito de las medidas de protección.

Hoy en día, la mayor parte de las AMP dependen exclusivamente de inversiones públicas, lo cual limita las posibilidades de su expansión y funcionamiento. Incluso las pone en riesgo cuando las autoridades políticas no consideran que esta herramienta sea prioritaria. Una medida efectiva sería promover modelos mixtos de financiación que permitan, por ejemplo, que los beneficios locales obtenidos por la protección (pesca, turismo, hostelería, educación…) reviertan directamente en la gestión y el mantenimiento de las áreas protegidas.

Cuando las AMP incluyen áreas de protección estricta, están bien gestionadas y cuentan con apoyo local, consiguen restaurar la biodiversidad, aumentar las capturas pesqueras, reducir la vulnerabilidad climática y generar beneficios económicos claros.

Es urgente, por tanto, emprender investigaciones que ayuden a identificar las mejores áreas para entrar a formar parte de la red de AMP. También hace falta acometer reformas administrativas que permitan la financiación suficiente, alcanzar la legitimidad social adecuada y adoptar los esquemas de gobernanza participativa apropiados para acercarnos lo más posible al objetivo 30 x 30 de un modo realmente efectivo y equitativo. Una meta que, a día de hoy, parece demasiado lejana.

The Conversation

José Antonio García Charton ha recibido durante los últimos años fondos provenientes de convocatorias públicas competitivas de financiación de la investigación de la Fundación Biodiversidad (programa Pleamar con fondos del FEMPA), programa ThinkInAzul (PCCM), Fundación Séneca y PEICTI-MITECO, entre otras fuentes. Además, ha recibido contratos de investigación del Servicio de Pesca y Acuicultura de la CARM (con fondos del FEMPA), así como de otras empresas y administraciones.

ref. Por qué necesitamos más y mejores áreas marinas protegidas antes de 2030 – https://theconversation.com/por-que-necesitamos-mas-y-mejores-areas-marinas-protegidas-antes-de-2030-271123

La dieta deja huella: el impacto oculto de la alimentación en la fertilidad masculina

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Marc Llavanera, Investigador posdoctoral en Biotecnología Reproductiva, Universitat de Girona

Según un estudio publicado por los autores del artículo, consumir habitualmente productos de origen vegetal ultraprocesado, como las patatas fritas, puede alterar el ADN de los espermatozoides. Pixel-Shot/Shutterstock

La infertilidad afecta a una de cada seis parejas, y la causa es de origen masculino en casi la mitad de ellas. Actualmente, sabemos con bastante certeza que el estilo de vida influye de manera importante en la salud reproductiva del hombre, y la alimentación es uno de los factores clave.

Pero no se trata solo de “comer sano”. El espermatozoide es una célula muy sensible a distintos componentes de la dieta. Algunos nutrientes pueden favorecer su funcionamiento, mientras que otros lo perjudican. Estas influencias afectan a su capacidad para cumplir su misión: entregar la mitad del material genético al óvulo para dar inicio a una nueva vida.

La fertilidad también se cocina con hábitos

Entonces, ¿qué hay que comer? La pregunta parece simple, pero la respuesta no lo es tanto. A menudo los hombres que desean ser padres buscan alimentos o suplementos para mejorar la calidad de su esperma. Y es cierto que estudios con alto grado de evidencia muestran que algunos componentes como los ácidos grasos omega-3, el zinc o la fibra dietética pueden favorecer la salud espermática, mientras que otros como las carnes procesadas, los azúcares simples o el café en exceso se asocian a un efecto negativo.

Sin embargo, la mirada ingrediente por ingrediente se queda corta para entender el impacto real de la alimentación en la fertilidad masculina. La ciencia apunta cada vez más hacia el concepto de “patrón dietético”, es decir, el conjunto de hábitos alimentarios y la combinación de alimentos que caracterizan la dieta global.

Dicho de otro modo, es la forma en que comemos cada día, y no un alimento específico, lo que realmente marca la diferencia en nuestra salud y fertilidad.

Los estudios muestran que los patrones dietéticos saludables, como la dieta mediterránea, se asocian con una mejor calidad seminal. En cambio, los patrones de estilo occidental, ricos en ultraprocesados, fritos, carnes procesadas y azúcares añadidos, se relacionan con peores resultados. El mensaje es claro: la fertilidad masculina no depende de un “superalimento”, sino de la coherencia del conjunto de hábitos alimentarios.

La dieta deja huella en el ADN

Hasta hace poco se pensaba que la dieta influía sobre todo en parámetros clásicos del semen, como su movilidad, concentración o morfología. Sin embargo, estudios recientes han mostrado un hallazgo más profundo: puede modificar la integridad molecular del espermatozoide.

En un estudio que publicamos recientemente en Reproductive BioMedicine Online, dentro del proyecto internacional Led‑Fertyl y en colaboración con la Universitat Rovira i Virgili (URV), el Instituto de Investigación Sanitaria Pere Virgili y la Universitat de Girona , observamos que la dieta también puede influir en el ADN del esperma.

En concreto, detectamos que los hombres que seguían un patrón alimentario basado en productos de origen vegetal pero con un alto nivel de procesamiento –como snacks, fritos, bollería o bebidas azucaradas– presentaban niveles más elevados de un marcador que refleja un empaquetamiento anómalo del ADN del espermatozoide. Este tipo de alteración se ha relacionado, en diferentes estudios, con una menor probabilidad de fecundación y con un peor desarrollo embrionario.

Y aún hay más que tener en cuenta. Buena parte de la evidencia actual en este campo procede de estudios con animales, donde se ha observado que dietas paternas muy ricas en grasas pueden modificar pequeñas moléculas del esperma llamadas sncRNA (siglas de small non coding RNAs). Los sncRNA actúan como “sensores metabólicos” y pueden transmitirse al embrión. En este tipo de modelos, la descendencia mostró un mayor riesgo de alteraciones metabólicas, aunque estos resultados no pueden extrapolarse de forma directa a humanos.

Y por si fuera poco, la literatura científica también señala la existencia de cambios epigenéticos inducidos por la dieta: modificaciones químicas que actúan como pequeños “interruptores” en el ADN, capaces de apagar o encender genes. La alimentación paterna podría modular estos “interruptores” del esperma sin alterar la secuencia de ADN, influyendo en las primeras etapas del desarrollo del embrión.

Aunque la magnitud de tales efectos aún se está investigando, todo ello refuerza la idea de que la dieta no solo afecta a la fertilidad masculina, sino también al material genético que transmite el espermatozoide.

La paternidad empieza mucho antes del embarazo

El espermatozoide responde a lo que come regularmente el padre y esa respuesta puede dejar una huella funcional e incluso heredable. Pero esto no significa que pequeños desajustes dietéticos tengan consecuencias inevitables: hablamos de modificaciones del riesgo, no de determinismo biológico. Por eso, más que buscar alimentos “milagro”, lo esencial es mantener un patrón dietético saludable y sostenido en el tiempo, basado en alimentos frescos, mínimamente procesados y ricos en nutrientes.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. La dieta deja huella: el impacto oculto de la alimentación en la fertilidad masculina – https://theconversation.com/la-dieta-deja-huella-el-impacto-oculto-de-la-alimentacion-en-la-fertilidad-masculina-271218

Más allá del inglés: cómo potenciar la diversidad lingüística europea a través del Erasmus

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Gloria Vázquez García, Profesora Titular del Área de Lingüística General de la Universitat de Lleida, Universitat de Lleida

DavideAngelini/Shutterstock

Cada año, más de un millón de estudiantes universitarios europeos aprovechan el programa de intercambio Erasmus para ir a estudiar a otro país. Creado en 1987, su objetivo ha sido desde el principio promover la movilidad de estudiantes y personal universitario y la cooperación entre instituciones de distintos países como medios para fortalecer la excelencia educativa y la identidad europea.

Uno de los objetivos específicos del programa es promover el aprendizaje de las lenguas y aumentar la conciencia de la diversidad lingüística en Europa. Sin embargo, y aunque la mayor parte de la movilidad académica en Europa tiene lugar entre países de habla no inglesa –Italia es, por ejemplo, el destino preferido de los universitarios españoles–, casi todos los estudiantes extranjeros progresan únicamente con el inglés tras hacer un intercambio.

Las lenguas europeas y la lengua franca europea

¿Qué ocurre con la lengua del país visitado? En un estudio reciente hemos observado que la gran mayoría afronta esta experiencia con ganas de mejorar el inglés, pero con poca motivación por aprender la lengua local, que o bien desconocen totalmente o dominan muy poco. Es decir, los universitarios se van “de Erasmus” a Italia sin saber italiano o a Alemania sin saber alemán. Esto no suele preocuparles, ya que suelen confiar en el inglés como lengua franca en el ámbito académico y social.




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Así, la gran mayoría de los estudiantes, independientemente del país de destino, no ve la experiencia como una oportunidad de aprender o mejorar simultáneamente el inglés y la lengua del país visitado. Sin duda, “irse de Erasmus” debe ser motivador por lo que supone vivir en un país distinto, conocer otras culturas y sus gentes. Ahora bien, parece evidente que también debería aprovecharse para potenciar el aprendizaje lingüístico, una de las prioridades del programa europeo.

‘No me hace falta saber el idioma local’

En nuestro estudio preguntamos a los participantes en diversas ocasiones a lo largo de sus estancias en el extranjero si habían percibido necesidad de aprender la lengua del país, y casi la mitad respondieron negativamente. Esta escasa o nula necesidad de la lengua local la experimentaron tanto fuera como dentro del aula.

Por un lado, más de la mitad de los estudiantes recibieron la formación académica exclusivamente en inglés y solo un tercio exclusivamente en la lengua local.

Por otro lado, la mitad de los estudiantes nos dijeron que habían tenido muy poco contacto con la población del país. En estas circunstancias parece lógico que su idea inicial de que el desconocimiento de la lengua local no iba a ser un problema se viera corroborada una vez finalizada la estancia.

‘Al final sí que aprendí la lengua del país’

Aun sin tener esa intención, la mitad de los participantes de nuestro estudio acabaron la estancia habiendo mejorado el inglés y también habiendo adquirido suficientes conocimientos de la lengua del país visitado como para presentarse de manera oral y escrita.

En países donde se habla una lengua románica, como Italia o Portugal, es donde los estudiantes de nuestro estudio más aprendieron este idioma, ya que sus lenguas nativas –el español y el catalán– son también descendientes del latín. Pero incluso en países de habla no románica, como Alemania o Holanda, los estudiantes que acudían con nociones del idioma también mejoraron su nivel.

En el caso de los estudiantes que hacen poco o ningún uso de la lengua del país durante la estancia y prácticamente no interactúan con su gente, podemos suponer que usan el inglés de forma primordial en sus interacciones con otros estudiantes extranjeros, y cuando no usan el inglés es porque pueden recurrir a su lengua materna.

Proteger la riqueza lingüística

Para proteger la riqueza que supone la diversidad lingüística y cultural europea, este último escenario no es ideal. Cuando el inglés (u otra lengua dominante) se convierte en el filtro de acceso a las oportunidades académicas, sociales o económicas, las otras lenguas –y las culturas que representan– quedan marginadas.




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Esto no solo erosiona el patrimonio cultural, sino que también puede derivar de algún modo en una discriminación económica y social de quienes no son hablantes nativos del inglés, ya que a menudo el predominio de este idioma como lengua franca se enmarca en una ideología dominante sobre el aprendizaje de lenguas que considera el hablante nativo como el modelo ideal y la autoridad última sobre el uso lingüístico.

¿Qué pueden hacer las universidades?

A partir de los resultados obtenidos en nuestro estudio, vemos algunas posibles líneas de actuación. Por un lado, las universidades que acogen cada año a los estudiantes europeos a través del programa Erasmus tienen la capacidad de mejorar el conocimiento del idioma del país, por ejemplo, fomentando la colaboración de los estudiantes locales para aumentar las interacciones con los recién llegados y también promoviendo programas bilingües (en inglés y lengua local).

Por otro lado, las universidades de origen podrían concienciar a los estudiantes sobre las ventajas que supone aprender la lengua local, difundiendo experiencias positivas en las que se establecieron interacciones con la población del país y se disfrutó más plenamente de la experiencia.

En definitiva, dado que el multilingüismo es un valor en alza y que tanto la Unión Europea como las familias invierten cada vez más en subvencionar experiencias de movilidad a los estudiantes, es crucial reflexionar sobre cómo podemos conseguir que la experiencia Erasmus sea lo más provechosa posible también desde el punto de vista lingüístico.

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Gloria Vázquez García participa en un proyecto financiado por el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades (Ref. no. PID2022-141814NB-I00).

Josep M. Cots participa en un proyecto financiado por el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades (Ref. no. PID2022-141814NB-I00).

ref. Más allá del inglés: cómo potenciar la diversidad lingüística europea a través del Erasmus – https://theconversation.com/mas-alla-del-ingles-como-potenciar-la-diversidad-linguistica-europea-a-traves-del-erasmus-268796