Cuatro maneras de experimentar con la inteligencia artificial en el aula universitaria

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Rosa M. Rodríguez-Izquierdo, Catedrática en Educación en el Dpto. Educación y Psicología Social, Universidad Pablo de Olavide

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Cada día los estudiantes llegan al aula con resúmenes hechos por ChatGPT o ideas esbozadas por algún asistente virtual. Ante esta realidad, surge una pregunta incómoda: ¿qué sentido tiene que nos reunamos en el aula? El aula tradicional pierde sentido como lugar donde se repite lo que ya puede generar una máquina en segundos.

El desafío, entonces, es dejar de preguntarnos “qué voy a enseñar hoy” para pasar a plantearnos “qué vamos a construir juntos”. ¿Cómo lograrlo? Aquí van cuatro formas concretas de transformar el aula en un laboratorio donde se construye conocimiento.

El consultorio de hipótesis

Imaginemos que antes de clase pedimos a los estudiantes que usen inteligencia artificial (IA) para generar una tesis sobre el tema del día. La tarea no es simplemente aceptarla como válida, sino desafiarla.

El reto dialógico comienza en el aula. El tiempo de clase se dedica a que el alumnado comparta lo que la IA entrega y a evaluar sus interacciones con estas herramientas. Los estudiantes discuten sus resultados y evalúan juntos: ¿realmente fue útil esta tecnología? ¿Qué preguntas funcionaron mejor? ¿Cómo nos ayudó a corregir errores y a avanzar nuevas preguntas?

El docente invita al grupo a encontrar los puntos débiles del argumento, los contrargumentos más fuertes, las posibles falacias lógicas o los vacíos de información. Por ejemplo, si la IA generó una tesis que afirma: “El uso de la realidad virtual acelera la curva de aprendizaje de los estudiantes en un 30 % en todas las disciplinas”, la tarea del alumnado es cuestionar esa afirmación. ¿Qué evidencia se presenta para ese 30 %? ¿Aplica por igual a todas las asignaturas? ¿Y en todas las edades?




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El trabajo en el aula se convierte en un diálogo sobre el sentido y los sesgos, usando una respuesta automática para ir más allá, poniéndola en cuestión y explorando fuentes alternativas.

Las sesiones se dividen en bloques de 20-30 minutos: primero comparten lo que trajeron de casa, luego en el aula comienza el desafío de trabajo en grupo, después critican y reconstruyen, y finalmente sintetizan aprendizajes.

El taller de falacias

El docente lanza una provocación sobre un tema polémico. Por ejemplo: “¿Debería legalizarse el cánnabis recreativo?”. Pide al alumnado que use IA para generar argumentos a favor y en contra. Pero aquí viene lo interesante: el trabajo en clase es analizar la lógica de esos argumentos y detectar errores lógicos.

Los estudiantes aprenden a detectar falacias ad hominem, apelaciones indebidas o falsas causalidades. Contrastan la voz artificial con su propio juicio crítico, construyen argumentos más éticos y sólidos basados en evidencia científica.

El aula deja de ser un espacio para recibir respuestas a interrogantes que el estudiante no se ha hecho, y pasa a ser un entorno para poner a prueba y formular las preguntas adecuadas.




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La clase se convierte en un laboratorio retórico donde se entrena la lógica, la ética argumentativa y la capacidad no solo para analizar la forma en que se construyen los argumentos, sino también para desmontar persuasiones artificiales y discernir entre un argumento bien construido y una simple persuasión.

Veamos el caso de una clase de Derecho Digital. El docente plantea a la IA la pregunta: “¿Debería permitirse el uso de reconocimiento facial en espacios públicos para prevenir delitos?”. La IA responde a favor (“aumenta la seguridad y disuade el crimen”) y en contra (“invade la privacidad y fomenta la vigilancia masiva”).

El docente divide al clase en grupos pequeños: mientras que la mitad analiza los argumentos a favor y razona si la IA incurre en una generalización apresurada (asumiendo que más vigilancia siempre equivale a más seguridad), la otra mitad analiza si el argumento en contra comete una falsa dicotomía planteando que la única opción es la vigilancia total.

Posteriormente, reconstruyen de manera colaborativa ambos discursos, matizando los argumentos con conceptos teóricos clave como la necesidad de una regulación clara, la transparencia y la implementación de auditorías ciudadanas. De esta forma, el aula se convierte en un espacio para enriquecer el pensamiento crítico, usando la IA como un simple punto de partida.

La sala de simulación

La IA permite crear escenarios complejos en tiempo real, convirtiendo la clase en un espacio de experimentación colectiva.

Supongamos que el docente propone un caso de estudio real: una crisis económica, un dilema bioético, un conflicto político. En grupos pequeños, el alumnado interactúa con la IA para simular respuestas o desarrollar soluciones alternativas. Mientras tanto, el docente guía el diálogo con preguntas que profundizan en la complejidad de la escena: ¿cómo influye la cultura? ¿Qué riesgos éticos se están ignorando? ¿Qué dice la inteligencia artificial que no dice el contexto real?

Por ejemplo, en una clase de marketing, un grupo simula con IA el lanzamiento de un producto en un mercado emergente. ¿Qué pasa si el precio es bajo? ¿Y si hay competencia local? El reto es que el alumnado descubra que la IA ignora factores culturales cruciales, como los hábitos de compra, la composición del tejido empresarial o el significado cultural de determinados colores.

Físicamente, se elimina la disposición tradicional de filas mirando al frente y se reorganiza el aula en círculos pequeños de 4-6 personas. Idealmente, cada grupo comparte una pantalla para mostrar sus interacciones con la IA.

El laboratorio de creatividad

La IA es excelente generando ideas iniciales, pero el valor surge cuando esas ideas se depuran y evalúan colectivamente. En este escenario, pedimos a los estudiantes que obtengan varias propuestas creativas de la IA (por ejemplo, para una campaña de salud pública). En clase, deben presentar la mejor opción y justificar su elección.

Luego viene el reto: deben defender una idea que no eligieron, obligándolos a cambiar de perspectiva y abandonar su zona de confort. Este ejercicio refuerza habilidades que ninguna IA puede automatizar: empatía argumentativa, juicio colectivo y pensamiento lateral.

Por ejemplo, para una campaña sobre ahorro de agua, la IA genera cinco propuestas. Un estudiante elige la más creativa, pero luego debe defender la más práctica. El docente dirige la conversación, ofreciendo argumentos sobre la originalidad, la viabilidad o el impacto de cada propuesta.

Un aula que recupera su valor

En todos estos formatos, el trabajo con IA comienza antes de llegar al aula pero continúa en la clase, reservando ahora el tiempo para lo que tiene más valor: dialogar, defender ideas, cuestionar, crear juntos. El aula se convierte en un lugar donde los estudiantes no van a “saber”, sino a “aprender a querer saber”.

Así, el aula no solo sobrevive a la inteligencia artificial, sino que recupera su valor como espacio social de inteligencia colectiva. Un lugar donde se cruzan saberes, se disputan ideas y se entrenan capacidades profundamente humanas.

Esta revolución tecnológica nos recuerda algo fundamental: el conocimiento no se recibe, se construye. Y no se construye en soledad.

The Conversation

Rosa M. Rodríguez-Izquierdo no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Cuatro maneras de experimentar con la inteligencia artificial en el aula universitaria – https://theconversation.com/cuatro-maneras-de-experimentar-con-la-inteligencia-artificial-en-el-aula-universitaria-262810

Podríamos predecir cómo envejeceremos a través de un análisis de sangre

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Damián González Beltrán, Doctorando FPI-UAM, Universidad Autónoma de Madrid

El envejecimiento empieza a escribirse desde el nacimiento. Se espera que, para el 2050, más de 2 100 millones de personas en el mundo tengan 60 o más años. Por eso, Naciones Unidas ha declarado la Década del Envejecimiento Saludable (2021-2030).

Pero ¿qué significa envejecer de forma saludable? No se trata solo de llegar a una edad, sino de mantener el cuerpo y la mente en buen estado para disfrutar de una mejor calidad de vida. Se trata de sumar vida a los años y no años a la vida. Y para lograrlo, necesitamos cuidarnos desde jóvenes y vivir en entornos que nos ayuden a tener hábitos saludables.

Envejecer no es una mala idea si es con salud

Mucha gente tiene miedo a envejecer. Pero si se piensa en envejecer con una buena calidad de vida, la idea no resulta tan mala. Es como cuidar un coche: si usamos buen combustible, el motor dura más tiempo. En nuestro caso, ese “combustible” son los llamados aminoácidos plasmáticos. Especialmente los de cadena ramificada en su estructura molecular: leucina, isoleucina y valina.

Se denominan ramificados porque la cadena lateral está formada por un carbono que se une a más de un átomo de carbono. Esta característica los diferencia de otros aminoácidos, ya que no tienen cadenas laterales lineales. Además, su importancia radica en que son esenciales, es decir, el cuerpo no puede sintetizarlos por sí mismo y debe obtenerlos a partir de la dieta, estando implicados en la síntesis de proteínas musculares.




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Distintos estudios han analizado cómo ciertos compuestos cambian en nuestro cuerpo a medida que envejecemos. Por ejemplo, se ha observado que algunos aminoácidos como la tirosina aumentan con la edad, mientras que otros como el triptófano, la leucina o la isoleucina disminuyen, lo que podría interpretarse como una señal del proceso de envejecimiento.

Un estudio con casi 900 personas mayores en España

Un reciente trabajo de la Universidad Autónoma de Madrid (UAM) analizó los niveles de nueve aminoácidos en sangre y su asociación con un envejecimiento saludable en 859 personas mayores de 65 años. Ninguna investigación previa había evaluado antes esta relación. Para ello, se tuvieron en cuenta características sociodemográficas, socioeconómicas y de estilo de vida durante 5 años, como la calidad de la dieta, la duración óptima del sueño, el consumo de tabaco, el índice de masa corporal y la actividad física.

Para evaluar el envejecimiento saludable, se aplicó una definición basada en tres dominios:

  1. Retraso en la aparición de enfermedades crónicas.

  2. Funcionamiento físico óptimo.

  3. Preservación de la función cognitiva.

Los resultados fueron determinantes: niveles bajos de ciertos aminoácidos –alanina, isoleucina, leucina y valina– se asociaron con un envejecimiento más saludable. Además, en relación con la dieta, concentraciones bajas de otros aminoácidos como la glutamina, histidina y fenilalanina se asociaron también con un envejecimiento saludable en aquellos con una dieta de alta calidad.

Sin embargo, las personas que llevaban una dieta de mala calidad tuvieron concentraciones plasmáticas más altas de glicina e histidina. Esto
sugiere que, la calidad de la dieta podría moderar la relación entre los niveles de aminoácidos plasmáticos y la forma de envejecer.




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De los aminoácidos a la práctica clínica

Lo revolucionario de estos hallazgos es que podrían ayudar a predecir cómo será nuestro envejecimiento en el futuro a través de un análisis de sangre que mida ciertos aminoácidos. Sería como una herramienta personalizada para la prevención de enfermedades y la mejora de la calidad de vida. Sin embargo, presenta grandes inconvenientes: tanto el coste de estas pruebas como la tecnología avanzada para medir miles de aminoácidos no facilitan su uso en la práctica clínica.

Aunque aún queda mucho por investigar, los resultados son prometedores. Mientras los avances científicos consiguen sortear los desafíos económicos para implementar este avance para la medicina lo importante, por ahora, es hacer todo lo posible por cuidar nuestra salud.

No hay que olvidar que la clave para seguir cumpliendo años y gozar de una buena calidad de vida consiste en comer saludable, hacer ejercicio físico, dormir suficiente y evitar fumar. Pequeñas decisiones de hoy que pueden determinar nuestro bienestar de mañana.

The Conversation

Damián González Beltrán es socio de la Sociedad Española de Epidemiología

Esther Lopez-Garcia es miembro de la Sociedad Española de Epidemiología.

Francisco Félix Caballero Díaz no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Podríamos predecir cómo envejeceremos a través de un análisis de sangre – https://theconversation.com/podriamos-predecir-como-envejeceremos-a-traves-de-un-analisis-de-sangre-261921

Ciencia traslacional: cómo llevar soluciones médicas reales a donde más se necesitan

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Luis Felipe Reyes, Profesor de muy alto prestigio en Enfermedades Infecciosas, Universidad de La Sabana

Atención a una paciente de dengue en un hospital de Río de Janeiro (Brasil). Focus Pix/Shutterstock

En muchas partes del mundo, la distancia entre el descubrimiento científico y su aplicación en los pacientes sigue siendo abismal. Mientras los laboratorios producen avances en biología molecular, inteligencia artificial o terapias génicas, millones de personas en países de ingresos bajos y medios se enfrentan a enfermedades comunes sin acceso a diagnósticos precisos, tratamientos adecuados o medidas de prevención efectivas. ¿Cómo cerrar esa brecha? La respuesta está en la llamada ciencia traslacional.

Este campo, que ha ganado impulso en las últimas dos décadas, busca precisamente eso: transformar los hallazgos de la investigación básica en soluciones médicas concretas, ya sean farmacológicas, biológicas, tecnológicas o quirúrgicas, que mejoren la vida de los pacientes. No se trata solo de generar conocimiento, sino de moverlo, probarlo, adaptarlo y aplicarlo rápidamente en la práctica clínica.

Pero ¿qué significa esto en la realidad de un hospital público en Colombia, una clínica rural en Nigeria o un centro de salud en zonas pobres de Brasil? Aquí es donde la ciencia traslacional tiene el potencial de marcar una diferencia radical, pero también debe hacer frente a desafíos únicos.

Innovar en contextos de escasos recursos

En los países en vías de desarrollo, el reto no es solo inventar nuevas herramientas, sino adaptarlas al contexto local. Las soluciones deben ser simples, accesibles, sostenibles y, sobre todo, pertinentes.

Por ejemplo, un dispositivo de diagnóstico rápido basado en microfluidos (tecnología automática e integrada para identificar la causa de diferentes enfermedades infecciosas) y diseñado en una universidad estadounidense, puede ser modificado por un equipo local para funcionar sin electricidad constante y con insumos disponibles localmente. Es decir, un tratamiento de alto costo puede inspirar una alternativa biotecnológica regional, igual de efectiva pero fabricada con tecnología asequible.

Este proceso de “tropicalización” de la innovación médica es una parte esencial de la ciencia traslacional en contextos de bajos recursos. No obstante, para que esto funcione, se necesitan centros de investigación locales sólidos, conectados tanto con la comunidad científica global como con los sistemas de salud locales.

Centros traslacionales: puentes entre ciencia y salud pública

En países como Colombia, India o Sudáfrica han empezado a surgir centros de ciencia traslacional que reúnen a médicos, biólogos, ingenieros, epidemiólogos y expertos en salud pública para trabajar juntos en resolver problemas concretos. Su enfoque no es solo académico: resulta profundamente pragmático.

Un ejemplo claro es el desarrollo de ventiladores mecánicos de bajo costo durante la pandemia de covid-19, impulsado por equipos multidisciplinarios en universidades latinoamericanas. Otro es el diseño de pruebas moleculares rápidas para tuberculosis o dengue, validadas y producidas localmente.




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Sin embargo, estos avances suelen depender de financiamiento puntual o donaciones externas, y muchas veces no se integran de forma sostenible al sistema de salud. La razón de fondo es estructural: la falta de una estrategia nacional sólida para la ciencia traslacional y, sobre todo, la escasez de expertos formados en este campo.

El cuello de botella: formación en ciencia traslacional

La ciencia traslacional requiere perfiles híbridos: personas que entiendan la biología molecular, pero también los flujos del sistema de salud; investigadores capaces de liderar ensayos clínicos, navegar regulaciones sanitarias y, al mismo tiempo, mantener el rigor científico. En muchos países en desarrollo, formar este tipo de talento es el principal cuello de botella.

La mayoría de los programas académicos siguen formando investigadores de laboratorio o médicos clínicos, pero no integran ambos mundos. Esto dificulta la sostenibilidad de los centros traslacionales y limita su impacto a corto plazo. Por eso, invertir en educación y formación traslacional es una necesidad urgente. No solo en posgrados, sino también en programas de capacitación técnica, alianzas universidad-hospital y redes regionales de colaboración científica.

Una inversión que sale a cuenta

Muchos gobiernos y agencias de cooperación internacional aún dudan en priorizar esta área. Pero los datos muestran que la ciencia traslacional puede ser altamente rentable. Al reducir el tiempo entre el descubrimiento y la aplicación clínica, se mejora la eficiencia del sistema de salud, se evitan tratamientos ineficaces y se acelera la respuesta frente a epidemias.

Además, al impulsar soluciones diseñadas localmente, se reduce la dependencia de tecnologías importadas y se genera capacidad instalada. En otras palabras, la ciencia traslacional es también una estrategia de soberanía en salud.

El futuro: colaboración y compromiso

Para que esto sea una realidad, es necesario un compromiso sostenido de múltiples actores: gobiernos, universidades, hospitales, el sector privado y la comunidad internacional. La creación de redes de ciencia traslacional en América Latina, África y Asia puede ayudar a compartir experiencias, estándares y recursos.

Desde ya, algunos organismos multilaterales han empezado a promover enfoques colaborativos en esta línea. Pero sin centros locales fuertes, sin talento humano preparado y sin voluntad política, la brecha seguirá existiendo.

La ciencia traslacional no es un lujo para países ricos. Es, al contrario, una herramienta esencial para resolver los problemas más urgentes de salud en el mundo real. Y su mayor impacto puede darse precisamente donde más se necesita: en los barrios, hospitales y comunidades que hoy afrontan sus desafíos con más ingenio que recursos.

The Conversation

Luis Felipe Reyes no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Ciencia traslacional: cómo llevar soluciones médicas reales a donde más se necesitan – https://theconversation.com/ciencia-traslacional-como-llevar-soluciones-medicas-reales-a-donde-mas-se-necesitan-261323

Mañana de subjuntivo, tarde de ‘pintxos’: ¿qué es el turismo lingüístico?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Beatriz López Medina, Profesora de Formación para el Bilingüismo y Didáctica de Lenguas Extranjeras. Técnico de Calidad en Educación Superior., Universidad Complutense de Madrid

Alida_Garcia/Shutterstock

Tourists go home. Este mensaje abiertamente hostil forma hoy parte del entorno en poblaciones que años atrás veían en sus visitantes creadores de empleo y activos indispensables para el desarrollo de su zona. Recientemente, en cambio, se hacen eco de campañas contra la gallina de los huevos de oro para la economía de no pocos países. ¿Qué ha cambiado?

El modelo turístico actual ha desembocado en un turismo masivo con consecuencias adversas para los residentes y la calidad ambiental. Se habla de “turistificación” y “gentrificación”, de pérdida de calidad de vida para los residentes, de excesivo consumo de agua y energía o de la homogeneización de un comercio cada vez más orientado al turista; estos son algunos de los males asociados a una actividad con siglos de existencia cuya democratización y masificación nos hace hoy ver el lado malo.




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A pesar de esta percepción tan negativa que, por otra parte, no es nueva, también podemos reconocer que una gran parte de los turistas respetan el entorno y se interesan por las costumbres locales mientras disfrutan del clima y de la gastronomía del lugar elegido para pasar unos días. Algunos de ellos, además, vienen con otros objetivos asociados a distintos tipos de turismo: de aventura, de negocios, ecoturismo, etc. Entre todos ellos, hay uno que posiblemente no haya escuchado nunca: el turismo lingüístico.

Subconjunto de turismo cultural

A pesar de las cifras positivas que lo avalan, el turismo lingüístico es un gran desconocido: una búsqueda simple sobre tipos de turismo (hagan, si quieren, la prueba) arrojará escasos resultados, y la modalidad lingüística simplemente no aparecerá.

Por sus características podría considerarse un subconjunto del turismo cultural, o también podríamos incluirlo en la interacción entre el cultural, el académico y el educativo. Quizá esté llegando la hora de que tenga entidad propia.

¿Qué es el turismo lingüístico?

El turismo lingüístico o turismo idiomático consiste realizar un viaje con el objetivo de aprender (o perfeccionar) una lengua, combinando esta experiencia con una inmersión cultural en destino.

Es una actividad que atrae a perfiles que no solo viajan por un interés personal por la lengua y la cultura, sino también por motivos profesionales o académicos. Además, en los últimos años hay quien se deja llevar por tendencias que llegan desde redes sociales como TikTok o Instagram, mediante prescriptores que recomiendan un destino concreto para dar un paso más en la lengua que estemos aprendiendo.




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Las posibilidades del turismo lingüístico son innumerables: una estancia de unas semanas en Salamanca recibiendo clases de español en una academia, preparar una certificación lingüística y realizar a la vez un curso de posgrado en Lisboa, una semana aprendiendo francés en Burdeos mientras recorremos los viñedos de la zona … La experiencia lingüística se entrelaza con la cultural en un contexto de inmersión, resultando en un proceso de transformación profundo en numerosos aspectos.

Lenguas preferidas

Respecto a las lenguas que resultan más atractivas, en esto no hay sorpresa. Al turista idiomático le atraen principalmente los idiomas de prestigio, que ofrecen más oportunidades profesionales. No es de extrañar, por tanto, que el inglés, el español y el francés se encuentren a la cabeza frente a otras lenguas con menos hablantes o (al menos en teoría) más complejas para el turista idiomático tipo.

Destinos como Reino Unido, Irlanda, España y Francia, por centrarnos en nuestro entorno, que son además culturalmente muy ricos, son imanes para turistas lingüísticos de todo el mundo. Las cuestiones económicas unidas a otras variables como la imagen del país, las conexiones o el clima determinan finalmente la selección del destino y la duración de la estancia porque, ¿por qué no extender unas semanas más el curso de inglés en Malta?

¿Qué diferencia el turista lingüístico de otros tipos?

Al igual que a las comunidades locales, al turista lingüístico le desagradará que los barrios más céntricos de las grandes ciudades transformen sus comercios para adaptarse al gusto del visitante. El visitante idiomático busca lo contrario: la autenticidad, mezclarse con la gente local, vivir la experiencia lingüística y cultural de la forma más genuina posible. Al turista de sol y playa, estos aspectos le importan mucho menos.

La homogeneización de comercios y restaurantes que repiten patrones y productos que encontramos en numerosos lugares del mundo están lejos, por tanto, de esa búsqueda por el contraste con su lugar de origen y sus costumbres.

¿Qué aporta el turismo lingüístico?

La respuesta más inmediata es el beneficio económico. De ahí a que el turismo lingüístico se defina como actividad económica a medida que va posicionándose como activo que genera cada año unos ingresos nada desdeñables.

Así, los indicadores presentados en Fitur Lingua, espacio dentro de FITUR (Feria Internacional del Turismo) dedicado a la promoción del español y al turismo idiomático, dibujan un sector en pleno auge: 602 662 estudiantes internacionales generaron en el curso 2022-2023 casi 6 400 millones de euros en la economía española. La cifra, aunque impactante, deja fuera a los alumnos del Instituto Cervantes y a parte de los estudiantes de las escuelas de español, pero incluye alumnos de grado y máster, estudiantes Erasmus+ entrantes, así como participantes de otros programas de intercambio o movilidad y a los auxiliares de conversación procedentes de EE. UU.

No obstante, más allá del impacto económico, lo que impulsa al turista idiomático es la inmersión lingüística y el entendimiento mutuo entre culturas. Un turismo así, sostenible y respetuoso, quizá no sea la única solución frente a la turistificación, pero sí una de las más prometedoras para que viajar siga siendo un acto de descubrimiento que además preserve la autenticidad de los destinos. Linguistic tourists, come home.

The Conversation

Beatriz López Medina no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Mañana de subjuntivo, tarde de ‘pintxos’: ¿qué es el turismo lingüístico? – https://theconversation.com/manana-de-subjuntivo-tarde-de-pintxos-que-es-el-turismo-linguistico-262573

¿Quién decide el pescado que se come en España?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By María Elena Aramendia Muneta, Profesora en el Área de Comercialización e Investigación de Mercados, Universidad Pública de Navarra

Pescado fresco en el mercado de La Boquería, en Barcelona. Vlas Telino studio/Shutterstock

España, como una de las mayores potencias pesqueras de la Unión Europea, tiene acceso a unos extensos recursos marítimos en su Zona Económica Exclusiva (ZEE). Sin embargo, estas aguas están sujetas a la regulación de la Política Pesquera Común (PPC) de la Unión Europea, un marco normativo diseñado para garantizar la sostenibilidad de las pescas mediante límites de capturas (TAC, por sus siglas en inglés) y cuotas específicas para cada Estado miembro.

La PPC, vigente desde los años 70 y reformada en profundidad con el Tratado de Lisboa en 2009, regula quién pesca, qué especies puede capturar y en qué cantidades. Este sistema intenta prevenir la sobreexplotación, pero también condiciona el pescado que finalmente llega a los mercados y, por ende, a las mesas de los consumidores.

En España, los sistemas de intercambio de cuotas entre países permiten flexibilidad, pero a menudo priorizan intereses económicos sobre la conservación o la diversificación del pescado disponible en los mercados.

Las pesquerías y las especies clave

En un reciente estudio, hemos analizado la evolución de la industria pesquera española durante la última década en el marco de la PPC. Para ello, seleccionamos tres especies representativas por su valor comercial y su relevancia en los mercados españoles: bacalao, merluza y anchoa. A través de estas especies, mostramos cómo las cuotas influyen en las capturas, los desembarcos y la disponibilidad local.

  • Bacalao (Gadus morhua): aunque las cuotas han aumentado desde 2010, las cantidades desembarcadas en puertos españoles han disminuido considerablemente. Esto sugiere que una parte significativa de las capturas se destina a otros mercados internacionales. Sin embargo, el precio por tonelada ha aumentado, lo que indica una demanda persistente aunque limitada por la oferta.

  • Merluza (Merluccius merluccius): durante el período analizado, la merluza presentó una evolución más estable, con picos en los desembarcos hasta 2016. En los últimos años, hemos observado una disminución, reflejo de desafíos en la gestión de cuotas y cambios en las dinámicas de mercado.

  • Anchoa (Engraulis encrasicolus): encontramos que tanto las capturas como los desembarcos han excedido con frecuencia las cuotas asignadas, planteando preocupaciones sobre la sostenibilidad del stock. Aunque la cantidad disponible ha aumentado, el precio por tonelada ha disminuido, lo que indica un exceso de oferta y un menor valor percibido en el mercado.

Gráfico que muestra la evolución de las capturas permitidas para España según la Política Pesquera Común europea
Evolución de las capturas permitidas para el bacalao, la merluza y la anchoa en España según la Política Pesquera Común europea.
Radomska et al., ‘Spanish fishing industry within the common fishery policy’, Marine Policy, 2024, CC BY-SA



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Impacto económico y sostenibilidad

El sistema de cuotas ha tenido un impacto económico desigual. Aunque el precio por tonelada de ciertas especies ha aumentado, las cantidades totales desembarcadas han disminuido, lo que ha reducido los ingresos generales del sector pesquero en España.

Esta situación genera una paradoja: mientras se captura menos, las políticas intentan compensar con precios más altos para los consumidores. No obstante, esto no siempre beneficia a los pescadores, quienes enfrentan altos costes operativos y fluctuaciones en la demanda.

Por ello, observamos que la Política Pesquera Común, diseñada para garantizar tanto la sostenibilidad biológica como económica, presenta limitaciones en su implementación. En el caso de la anchoa, por ejemplo, existe un incumplimiento recurrente de las cuotas asignadas, lo que pone en entredicho la efectividad de las políticas actuales.

Además, la oferta en el mercado interno no siempre refleja la diversidad que el sector pesquero español podría proporcionar, ya que se priorizan los intereses económicos globales sobre el consumo local.

La Política Pesquera Común necesita ajustes

Podemos concluir, por tanto, que el pescado que llega a las mesas de los consumidores españoles no depende únicamente de sus preferencias, sino de un sistema complejo de regulación, comercio internacional e intercambio de cuotas. La PPC, aunque eficaz en términos generales, necesita ajustes para alinear la sostenibilidad biológica con las necesidades del mercado local y la diversificación de las especies disponibles.

El desajuste entre las cuotas, las capturas reales y los desembarcos evidencia la influencia de factores externos, como los mercados internacionales y las políticas de intercambio de cuotas. Esto plantea una cuestión clave: ¿pueden los consumidores realmente elegir su pescado, o están sujetos a las decisiones tomadas en el marco regulador europeo y global?

Para garantizar un acceso equilibrado a los recursos marinos y respetar las preferencias de los consumidores, es crucial reformar las políticas actuales, priorizando la sostenibilidad a largo plazo y promoviendo un mercado más transparente y diverso.


Este artículo se ha escrito con la colaboración de Aleksander Kozinski Radomska.


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Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. ¿Quién decide el pescado que se come en España? – https://theconversation.com/quien-decide-el-pescado-que-se-come-en-espana-258725

‘Hacer el agosto’: cereales, verano y lenguaje

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Javier del Hoyo Calleja, Catedrático de Universidad (área de Filología Latina), Universidad Autónoma de Madrid

Una piedra de molino tritura los granos de trigo. Ajdin Kamber/Shutterstock, CC BY

Julio y agosto son dos meses abrasadores en el hemisferio norte, pero gracias a ellos ha vivido durante siglos la Europa agrícola. En ellos se lleva a cabo la cosecha de los cereales de secano, algo tan importante para la vida y la economía de los pueblos mediterráneos.

Estas cosechas nos han legado infinidad de palabras, a veces en forma de preciosas expresiones y metáforas. Por ejemplo, “hacer el agosto”, símbolo de los pingües beneficios que percibe el agricultor ese mes, y por extensión los que se embolsa un vivales que en cualquier mes del año redondea sus cuentas corrientes. Una expresión que significa algo completamente distinto de aquel “agostar” un terreno por el excesivo calor que abrasa los cultivos.




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Viví los veranos de mi niñez en un molino de agua en la provincia de Burgos, donde veía cómo desde la mañana venían los agricultores de los pueblos vecinos trayendo sus remolques llenos de grano, todo tipo de grano: cebada, centeno, avena, trigo… Estas palabras cotidianas y sencillas guardan el secreto de muchas otras que usamos en castellano sin ser conscientes de su relación.

Cebada: del alimento o cebo al orzuelo

Muy común era la cebada. Si cebada en latín se dice hordeum, muy distante de cómo se expresa en nuestra lengua, del diminutivo (hordeolum) nos ha quedado el “orzuelo”, que semeja un minúsculo granito de cebada bajo los párpados. Y el nombre de la cebada, ¿de dónde viene? Del fin que se le daba a este cereal, el de cebar a los animales; todavía en italiano cibo significa comida o alimento en general, nuestro “cebo”.

Por cierto, que el Diccionario de la Real Academia Española ofrece “forúnculo” como sinónimo o palabra afín de orzuelo, que proviene de furunculum, “ladronzuelo”, diminutivo de fur, “ladrón”. Así llamamos a ese tallo secundario de la vid que se comporta como un ladrón, pues roba la savia furtivamente al tallo principal. De ahí pasó más tarde al cuerpo humano por su forma análoga.

Centeno, ciento por uno

Interesante también es el centeno (secale cereale, “cereal que se siega”). Su nombre en español responde a aquella parábola evangélica en la que Cristo decía que de la semilla que caía en tierra buena, unos darán treinta, otros sesenta y otros el ciento por uno (centenus). Había un sentir tradicional en la Antigüedad que indicaba que el centeno era el cereal más fecundo; o sea, que llegaba a dar el ciento por uno.

Avena, alimento y flauta

Y también llegaban remolques de avena, del latín avena, ahora tan de moda en los desayunos por sus propiedades y porque, según algunos expertos, podría ser incluida en la dieta sin gluten. Con la caña endurecida de la avena se hacían elementales flautas, como un caramillo (nombre que procede de calamellus, diminutivo de cálamo, “cañita”).

Espelta, inmolaciones y emolumentos

Más raro de encontrar entonces era la espelta o trigo espelta (Triticum spelta), el primero de los cereales que cultivó el hombre. También conocida como “escanda mayor”, es un cereal similar al trigo que se utilizó mucho en la Roma clásica. Con sus granos molidos (mola) y mezclados con sal, se hacía una pasta, la salsa mola, que se colocaba en el cuello de las víctimas antes de ser sacrificadas a los dioses.

A partir de ahí surgió el verbo inmolar y la inmolación, aunque ni los yihadistas suicidas que se inmolan por una causa, ni los ejecutivos que entregan su tiempo libre inmolándose por la empresa se espolvoreen salsa mola en la espalda. Y de la actividad de la molienda conservamos los emolumentos, es decir, la “retribución pagada al molinero por moler el grano”, aunque se utilice hoy para un sueldo o paga en general.

Trigo, trilla, trizas y triturar

Sin duda el rey de los cereales era el trigo, que proviene de un latino frumentum triticum (“triturado”), y cuya voz tiene que ver a su vez con el trillo y con triturar, entre otros muchos términos. Eso indica que se abandonó el sustantivo latino que lo designaba, frumentum, mantenido todavía en el italiano actual, frumento, y permaneció la finalidad del cereal, es decir, ser molido, triturado, para alimento.

De la misma raíz conservamos “triza”, algo en lo que terminamos después de un día de mucho trabajo, es decir, destrozados, hechos trizas. De esa misma raíz podemos tener el corazón contrito y atrito, triturado y destrozado por el peso de la culpa ante un delito o un pecado.

Y también nos llegan detrimento y detrito (del verbo latino detero), que equivaldría a quebranto.

Del trigo al bronceado

Hemos hablado del trillo (también la trilla), del latín tribulum, un instrumento que los jóvenes han visto quizás en paradores y hoteles elegantes convertido en mesa con un cristal encima, que trituraba la espiga en las eras separando el grano de la paja. Y en efecto, ya lo han adivinado ustedes, de aquí provienen también tribulación y atribulado, es decir, atormentado o triturado por dentro.

Sólo mucho más tarde, y ya desde el propio español, surgió el color trigueño de una persona, que hoy día diríamos bronceado, pero que se obtiene hoy de manera muy diferente al origen de la palabra. No son lo mismo diez horas trabajando bajo el sol, que dan ese color trigueño al labriego, que diez horas tumbado en la playa o en la hamaca.

The Conversation

Javier del Hoyo Calleja no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ‘Hacer el agosto’: cereales, verano y lenguaje – https://theconversation.com/hacer-el-agosto-cereales-verano-y-lenguaje-262527

¿Por qué se mueven los planetas?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Itziar Garate Lopez, Profesora de Física en la Escuela de Ingeniería de Bilbao y miembro del Grupo de Ciencias Planetarias, Universidad del País Vasco / Euskal Herriko Unibertsitatea

Nazarii_Neshcherenskyi/Shutterstock

Este artículo forma parte de la sección The Conversation Júnior, en la que especialistas de las principales universidades y centros de investigación contestan a las dudas de jóvenes curiosos de entre 12 y 16 años. Podéis enviar vuestras preguntas a tcesjunior@theconversation.com


Pregunta formulada por el curso de 3º de la ESO de Aranzadi Ikastola. Bergara (Gipuzkoa)


Los planetas se mueven para sobrevivir: si no orbitaran alrededor de una estrella, serían engullidas por ella. Sin embargo, no les resulta nada fácil conseguirlo, ya que han de desplazarse a una velocidad muy concreta, como veremos.

La clave está en la inercia

Todo cuerpo tiene una inercia o tendencia a no variar su velocidad, ni en cantidad ni en dirección. De modo que, sin aplicarle ninguna fuerza, ese cuerpo seguirá inmóvil si inicialmente estaba en reposo o continuará desplazándose en línea recta y a la misma rapidez si se movía.

Por ejemplo, al acelerar el coche, nuestro cuerpo parece caerse un poco hacia atrás debido a que su tendencia es mantener la velocidad inferior que llevaba. Por el contrario, al frenar, parece que nos inclinamos hacia adelante, ya que nuestra inercia nos empuja a seguir con la velocidad superior que experimentábamos antes.

Algo diferente le pasará a un objeto al aplicarle una fuerza perpendicular a la dirección de la velocidad inicial: su trayectoria se curvará. Es lo que ocurre si lanzamos un balón desde cierta altura y de manera completamente horizontal: la fuerza de la gravedad (aplicada perpendicularmente a la dirección inicial de la pelota) modifica su trayectoria, curvándola hacia abajo y obligando al balón a caer, antes o después, al suelo.

Si un cuerpo experimenta esa fuerza perpendicular durante un largo periodo de tiempo, y no tiene ningún obstáculo en su camino, es posible que la trayectoria se cierre sobre sí misma y genere un recorrido circular. Imagina que haces girar una piedra atada a una cuerda sobre tu cabeza: como la tensión de la cuerda es perpendicular a su velocidad en todo momento, la trayectoria de la piedra describe una circunferencia perfecta.

Equilibrio casi imposible

Para que un planeta trace una órbita circular alrededor de su estrella ha de darse un equilibrio concreto: la fuerza que atrae al cuerpo al centro de la órbita (la fuerza de gravedad) debe ser igual a la fuerza que lo expulsa de esa órbita (la fuerza centrífuga).

La primera se genera debido a que los dos cuerpos (estrella y planeta) tienen masa, y la segunda se debe a la inercia del planeta. El equilibrio entre ambas fuerzas se consigue con una velocidad única, que se expresa con una fórmula: v2 = G·M/d. Curiosamente no depende de la masa del planeta, sino de la masa de la estrella (M), de la distancia entre estrella y planeta (d) y de la constante de gravitación universal (G).

Si la velocidad del planeta es mayor que la velocidad de equilibrio, entonces escapará de esa órbita alejándose más y más de la estrella; probablemente, acabará sus días siendo un planeta errante en el universo. Sin embargo, si su velocidad es menor que la de equilibrio, caerá hacia el centro de la órbita. Entonces, casi seguro, acabará engullido por esa estrella.

Pero ¿y las leyes de Kepler?

Estos valores invariantes de la velocidad y la distancia de un planeta parecen ser incompatibles con las llamadas leyes de Kepler, pero no lo son.

Recordemos brevemente estas leyes:

  1. Todos los planetas se mueven alrededor del Sol describiendo una trayectoria elíptica (no circular).

  2. La recta que une el planeta con el Sol barre áreas iguales en tiempos iguales (lo que implica una velocidad no constante).

  3. El cuadrado del periodo orbital del planeta es proporcional al cubo de su distancia media al Sol.

Que las órbitas no sean circulares se debe a que los planetas del sistema solar no están solos. La fuerza de gravedad ejercida entre los mundos de nuestro vecindario cósmico hace que éstos varíen un poco su distancia al Sol mientras viajan, creando una órbita elíptica.

Este cambio de distancia hace que los planetas tengan que adaptar su velocidad según se encuentren en el pericentro (punto más cercano a la estrella) o apocentro (punto más lejano). Y la tercera ley de Kepler adapta la condición v2 = G·M/d a una órbita elíptica.

Origen de la velocidad

Casi todos los cuerpos existentes en un sistema planetario como el nuestro (estrella, planetas, lunas, asteroides, cometas…) tienen un origen común: el colapso gravitatorio de una nube molecular.

Estas nubes presentan regiones con más material que su entorno; es decir, tienen “grumos”, pero de tamaño astronómico. Si algún evento cósmico, como la explosión de una supernova cercana, acerca unos pocos grumos, la gravedad que genera esta acumulación de masa atraerá el material de su alrededor, y crecerá aún más.

Así se inicia un proceso en el que la nube va compactándose en una pequeña zona. Aquí, pocos millones de años más tarde, nacerán una estrella y sus planetas.

Mientras la nube colapsa acelera su rotación, igual que le ocurre a una patinadora que gira sobre sí misma y cierra sus brazos. Cuando esa velocidad de rotación es suficientemente grande, la fuerza centrífuga vuelve a jugar un papel importante. Esta es la fuerza que nos expulsa hacia fuera en una curva o cuando estamos montados en un tiovivo, y es la que hace que una masa esférica en rotación se convierta en un gran disco plano.

Será en ese disco de material que gira alrededor de la estrella en formación donde surjan los planetas. Pasarán millones de años y muchos procesos (acreción de partículas, fusión de cuerpos, impactos…) hasta que se forme un planeta como la Tierra o Júpiter. En el proceso, la velocidad de los cuerpos irá cambiando. Sólo aquellos que terminen teniendo la velocidad correcta para la distancia que los separa del Sol sobrevivirán hasta el momento en que nosotros nos preguntemos: ¿por qué se mueven los planetas?


La Cátedra de Cultura Científica de la Universidad del País Vasco colabora en la sección The Conversation Júnior.


The Conversation

Itziar Garate Lopez no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ¿Por qué se mueven los planetas? – https://theconversation.com/por-que-se-mueven-los-planetas-247392

La prueba genética que exige World Athletics a las atletas femeninas es errónea

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Andrew Sinclair, Deputy Director of the Murdoch Children’s Research Institute, Murdoch Children’s Research Institute

Sebastian Coe, presidente de World Athletics (nombre que recibe el órgano rector del atletismo internacional desde 2019), ha anunciado recientemente una nueva norma para las atletas femeninas, que exige pruebas genéticas obligatorias para verificar su sexo biológico.

Dicho test debe realizarse si las deportistas desean participar en el Campeonato Mundial de Atletismo que se celebrará en Tokio en septiembre.

World Athletics ha declarado que todas las atletas que compitan como mujeres deberán someterse a una prueba del gen SRY para identificar si tienen el cromosoma Y masculino. Dado que ese gen se encuentra en el cromosoma Y, es, en la práctica, un indicador de dicho cromosoma.

Cualquier atleta cuya prueba muestre la presencia del gen SRY será excluida de competir en la categoría femenina en eventos de élite. Sin embargo, si la deportista padece una afección denominada síndrome de insensibilidad completa a los andrógenos (SICA), podrá optar a una exención.

Coe afirmó que la decisión se tomó para garantizar “la integridad del deporte femenino”, ya que World Athletics afirma que “el gen SRY es un indicador fiable para determinar el sexo biológico”.

Yo sostengo que la ciencia no respalda esta afirmación excesivamente simplista.

Y sé lo que digo, porque descubrí el gen SRY en el cromosoma Y humano en 1990. Durante 35 años he estado investigando este gen y otros necesarios para el desarrollo de los testículos.

Breve introducción al desarrollo de los testículos y los ovarios

Si un embrión humano tiene cromosomas X e Y (XY), a las seis semanas de desarrollo, el gen SRY del segundo desencadena una cascada de eventos donde intervienen unos 30 genes diferentes que conducen a la formación de los testículos.

En términos sencillos, los testículos producen hormonas –entre ellas, la testosterona– que dan lugar al desarrollo masculino.

Sin embargo, si un embrión tiene par de cromosomas X y X (XX), entra en juego un grupo de genes completamente diferente, se forman los ovarios y las hormonas producidas dan lugar a una mujer.

Sabemos que la formación de los testículos o los ovarios requiere una compleja red de muchos genes y proteínas que interactúan entre sí.

Mientras que algunos genes promueven el desarrollo de los testículos, otros promueven el desarrollo de los ovarios. Además, otros suprimen la formación de los ovarios o antagonizan la formación de los testículos.

Incluso una vez que los ovarios o los testículos están completamente formados, necesitamos otros genes para mantenerlos. Estos no siempre funcionan como se espera, lo que afecta al desarrollo de esos órganos.

¿Cómo se relaciona esto con las pruebas de sexo de las atletas de élite?

Los cambios o variantes en los numerosos genes que regulan el desarrollo de los testículos o los ovarios pueden dar lugar a una inversión del sexo o a testículos u ovarios que no funcionan. ¿Qué quiero decir con esto?

Si se produce un cambio en el gen SRY que impide que funcione con normalidad, una persona puede no desarrollar testículos y ser biológicamente femenina. Sin embargo, tiene cromosomas XY y, según las pruebas de World Athletics, quedaría excluida de la competición. No obstante, las atletas pueden recurrir la decisión si consideran que el resultado de la prueba no refleja su sexo.

Otros individuos XY pueden tener un gen SRY funcional, pero ser mujeres –con pechos y genitales femeninos, por ejemplo– y tener testículos internos.

Es importante destacar que las células de estas personas son físicamente incapaces de responder a la testosterona producida por estos testículos. Sin embargo, darían positivo en las pruebas de SRY y serían excluidas de la competición.

En los Juegos Olímpicos de Atlanta de 1996, ocho de las 3 387 atletas dieron positivo en los test del cromosoma Y. De ellas, siete eran resistentes a la testosterona.

La prueba SRY no es concluyente

World Athletics afirma que el gen SRY es un indicador fiable para determinar el sexo biológico. Pero es mucho más complejo, ya que intervienen características cromosómicas, gonadales (testículos/ovarios), hormonales y secundarias.

Utilizar el SRY para determinar el sexo biológico es incorrecto, ya que lo único que indica es si el gen está presente o no.

No señala cómo funciona el SRY, si se han formado testículos, si se produce testosterona y, en caso afirmativo, si el cuerpo puede utilizar esta hormona.

Otros problemas con el proceso de prueba del SRY

World Athletics recomienda que todas las atletas femeninas se sometan a un frotis bucal o una muestra de sangre para detectar la presencia del SRY.

Normalmente, la muestra se enviaría a un laboratorio que extraería el ADN y buscaría la presencia del gen SRY. Esto puede hacerse fácilmente en los países ricos, pero ¿qué ocurre en países más pobres que no cuentan con estas instalaciones?

Cabe señalar, además, que estas pruebas son muy sensibles. Si un técnico de laboratorio varón se ocupa de la prueba, puede contaminarla inadvertidamente con una sola célula de su piel y producir un falso positivo.

No se ofrece ninguna orientación sobre cómo llevar a cabo el test para reducir el riesgo de resultados falsos.

World Athletics tampoco reconoce el impacto que un resultado positivo tendría en una persona, que puede ser más profundo que la simple exclusión del deporte.

La organización no mencionó el requisito de proporcionar un asesoramiento genético adecuado, que se considera necesario antes de realizar pruebas genéticas y al que es difícil acceder en muchos países de ingresos bajos y medios.

Yo, junto con muchos otros expertos, convencí al Comité Olímpico Internacional de que abandonara el uso del SRY para las pruebas de sexo para los Juegos Olímpicos de Sídney 2000.

Por lo tanto, resulta muy sorprendente que, 25 años después, se esté realizando un esfuerzo equivocado para restablecer el test.

Teniendo en cuenta todos los problemas expuestos anteriormente, el gen SRY no debería utilizarse para excluir a las mujeres atletas de la competición.

The Conversation

Andrew Sinclair recibe financiación del NHMRC.

ref. La prueba genética que exige World Athletics a las atletas femeninas es errónea – https://theconversation.com/la-prueba-genetica-que-exige-world-athletics-a-las-atletas-femeninas-es-erronea-262895

Precavidas y previsoras: cien años atrás, así eran las inversionistas bancarias españolas

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Susana Martínez-Rodríguez, Catedrática de Historia e Instituciones Económicas, Universidad de Murcia

Patio central del Banco Hispano-Americano. Biblioteca Digital memoriademadrid

Investigar en los archivos históricos de los grandes bancos españoles es una tarea que, equivocadamente, puede parecer gris, pero sus registros cuentan historias que hacen replantear la concepción histórica del desarrollo económico del país.

Se tiene una imagen en blanco y negro de la España de principios del siglo XX y sus grandes empresas: hombres poderosos controlando las finanzas y los negocios. Sin embargo, los archivos matizan esta historia.

Mujeres inversoras

Suele pensarse que el acceso de las mujeres al mundo financiero es un logro relativamente reciente, pero ya en las décadas de 1920, 1930 y 1940 las mujeres participaban en los mercados. Compraban bonos e invertían en acciones bancarias como una forma segura y eficiente de gestionar su riqueza. Lo hacían en silencio, pero la documentación conservada da fe, con claridad y rotundidad, de su presencia.

Hemos analizado más de 34 000 registros de accionistas de tres bancos españoles y descubrimos que la presencia femenina en el accionariado de los bancos comerciales creció con fuerza entre 1918 y 1948. Estas mujeres no eran personajes excepcionales, sino que formaron parte de una tendencia que desafió los límites sociales de su época y transformó discretamente la historia financiera del país. En otros países, particularmente Gran Bretaña, la presencia de mujeres accionistas era conocida y valorada –no siempre positivamente– por sus contemporáneos.

Un periodo convulso y transformador

En España, el inicio del siglo XX estuvo marcado por la inestabilidad política y social. Las turbulencias políticas, los cambios de régimen, la Guerra Civil y los primeros años de la dictadura franquista hacen pensar que no existía el clima propicio para que las mujeres tomaran parte activa de la vida económica del país.

Sin embargo, nuestros datos muestran que la presencia de mujeres accionistas exhibe una tendencia de crecimiento constante durante todo el periodo analizado (1918-1948). Por tanto, este fenómeno no puede entenderse como una situación coyuntural, sino como un indicio claro de un cambio estructural en el funcionamiento de la economía y las finanzas.

Evolución del porcentaje de mujeres accionistas entre 1918 y 1948. La columna izquierda corresponde a los porcentajes de los bancos de Irún y de La Coruña y el de la derecha a los del Banco Hispano Americano (BHA).
Fuente: elaboración propia

La persistencia y el aumento progresivo de la presencia de mujeres accionistas ponen de manifiesto que, pese a las turbulencias políticas y sociales, se estaba produciendo una transformación en las dinámicas económicas para dar paso a la democratización de los mercados.

La expansión femenina en las finanzas españolas

La feminización del accionariado de los bancos privados respondía a determinantes financieros. Al invertir, las mujeres buscaban un beneficio económico estable que aumentara su bienestar y les proporcionara una fuente sostenida de ingresos a lo largo del tiempo. Este fenómeno revela una participación consciente por parte de las accionistas, quienes aprovecharon las oportunidades disponibles para consolidar su capacidad financiera individual.

Los resultados también apuntan a la importancia de las redes familiares en el acceso de las mujeres a los mercados. Estas redes actuaron como canales de transmisión de recursos y riqueza. La inclusión en el Código Civil de 1889 de un sistema igualitario de herencia para todos los descendientes permitió a las mujeres acceder a unas riquezas que, bajo otras condiciones, habían quedado fuera de su alcance.

El cambio normativo en la distribución de las herencias, permitió una repartición más equitativa del patrimonio entre los herederos de las familias con recursos. Se redujeron así las barreras que tradicionalmente limitaban el acceso de las mujeres al capital, fomentando su presencia en espacios tradicionalmente destinados a los hombres.

La libertad económica de la que disfrutaron algunas mujeres españolas surgió de una trayectoria de largo plazo donde las redes familiares y los marcos normativos jugaron un papel central.

Legado y riesgo en la presencia femenina en los mercados financieros

Las mujeres que invertían sus ahorros en acciones, al igual que los hombres, buscaban proteger y rentabilizar su riqueza . Pero hay un hecho diferencial: las mujeres conservaban más tiempo sus acciones, lo que puede interpretarse como una manera de constituir un legado patrimonial que no solo las beneficiaría a ellas, sino que pasaría a la siguiente generación.

También aparece aquí un factor cultural –una mayor o menor aversión al riesgo– que debe ser tenido en consideración a la hora de explicar los distintos comportamientos financieros.

El legado de las mujeres accionistas españolas va más allá de su gestión particular y sus decisiones para maximizar su peculio. Son parte del desarrollo económico y la modernización del país, una parte ignorada que tomó decisiones con su dinero y dejó huella en el desarrollo y modernización económica de España.

Estos hallazgos no solo tienen un valor histórico: también sirven como espejo para seguir avanzando en la igualdad financiera.

The Conversation

Susana Martínez-Rodríguez agradece la financiación de la Fundación SENECA- Agencia Regional de Ciencia e Investigación de la Región de Murcia 21947/PI/22: INCLUSIÓN FINANCIERA Y DIFERENCIAL DE GÉNERO EN LA TENENCIA DE ACTIVOS FINANCIEROS: EL CASO ESPAÑOL.

Laura Lopez-Gomez agradece la financiación de la Fundación SENECA- Agencia Regional de Ciencia e Investigación de la Región de Murcia 21947/PI/22: INCLUSIÓN FINANCIERA Y DIFERENCIAL DE GÉNERO EN LA TENENCIA DE ACTIVOS FINANCIEROS: EL CASO ESPAÑOL.

ref. Precavidas y previsoras: cien años atrás, así eran las inversionistas bancarias españolas – https://theconversation.com/precavidas-y-previsoras-cien-anos-atras-asi-eran-las-inversionistas-bancarias-espanolas-255925

El sorprendente ecosistema que late en una gota del océano

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Antonio Figueras Huerta, Profesor de investigación del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, Instituto de Investigaciones Marinas (IIM-CSIC)

Una ola choca contra la costa. Wikimedia Commons., CC BY

Para comprender verdaderamente el cosmos microscópico que exploraremos, primero debemos visualizar qué son exactamente 50 microlitros. Esta cantidad, equivalente a una gota típica de agua marina, representa apenas la mitad de una décima de mililitro. Para poner esto en perspectiva, cabrían 20 000 gotas de este tamaño en una cucharada de café.

En términos cotidianos, es 10 veces menor que el volumen de un grano de arroz y equivale aproximadamente al volumen de un cabello humano de un centímetro de largo. Esta diminuta cantidad puede parecer insignificante, pero cuando se trata de una gota de agua de mar, representa un universo repleto de vida.

Un mundo invisible

Las aguas costeras de Galicia, especialmente en zonas como la ría de Vigo, albergan una biodiversidad microscópica extraordinaria. En una sola gota de estas aguas podríamos encontrar entre 50 000 y 100 000 bacterias y una cantidad incluso mayor de virus. Pero estos números apenas comienzan a describir la complejidad de este mundo invisible.

Los estudios realizados en las costas gallegas han revelado que los organismos microscópicos más diversos son los protistas, es decir, los animales, plantas u hongos cuyas células contienen un núcleo celular definido (eucariotas). Individualmente más grandes que las bacterias, están presentes en números menores, pero con una diversidad extraordinaria: representan casi la mitad de toda la vida microscópica presente en estas aguas.

Virus amantes del agua

Los virus marinos son probablemente los habitantes más numerosos de nuestra gota oceánica gallega. En nuestros diminutos 50 microlitros, podríamos encontrar entre 50 000 y 500 000 partículas virales.

Aunque son invisibles incluso con los mejores microscopios ópticos, estos virus desempeñan un papel crucial controlando las poblaciones de bacterias y otros microorganismos. Sin embargo, curiosamente, los estudios en mejillones de las rías gallegas muestran que estos bivalvos filtradores apenas retienen virus en sus tejidos, lo que sugiere que los estos agentes microscópicos permanecen principalmente en la columna de agua.

Las bacterias, trabajadoras incansables

Las bacterias marinas son las verdaderas trabajadoras de nuestro océano. En cada gota, encontraríamos representantes de los principales grupos que mantienen funcionando los ecosistemas marinos. Los tipos más comunes en las aguas gallegas pertenecen a grupos como oceanospirillales, flavobacteriales y vibrionales.

Estas bacterias realizan tareas esenciales: reciclan nutrientes, producen oxígeno, descomponen materia orgánica y participan en los ciclos del carbono y nitrógeno que mantienen saludable el ecosistema marino. Algunas viven flotando libremente en el agua, mientras otras forman comunidades adheridas a partículas o superficies.

Los protistas, la diversidad hecha vida

Los protistas son, quizás, los habitantes más fascinantes de nuestra gota gallega. Este grupo incluye las diatomeas, que son como pequeñas joyas microscópicas con caparazones de cristal y producen gran parte del oxígeno que respiramos.

Diatomeas al microscopio.
Gordon T. Taylor / Wikimedia Commons., CC BY

En las aguas de las rías gallegas, abundan especialmente las diatomeas como Navicula, Amphora y Pseudo-nitzschia. Esta última puede producir toxinas que ocasionalmente afectan a los mejillones cultivados en las bateas gallegas.

También encontraríamos dinoflagelados –microorganismos unicelulares que forman parte del fitoplancton–, algunos de los cuales pueden crear las famosas “mareas rojas” cuando se multiplican masivamente.

Ciertos dinoflagelados poseen una característica especial que los convierte en verdaderos artistas de la naturaleza: la bioluminiscencia. Cuando son perturbados por el movimiento del agua, emiten una luz azul verdosa que crea uno de los espectáculos más mágicos de nuestras costas: el famoso “mar de ardora” gallego. En noches especialmente cálidas de verano, millones de estos organismos microscópicos pueden iluminar las olas que rompen en nuestras playas, convirtiendo el mar en un verdadero universo de estrellas líquidas. En nuestra pequeña gota de 50 microlitros podríamos tener cientos de estos organismos bioluminiscentes esperando brillar al menor movimiento.

Otros inquilinos de nuestras gotas son unos depredadores microscópicos llamados ciliados, que controlan las poblaciones bacterianas como verdaderos “lobos” microscópicos.

El protozoo ciliado Paramecium caudatum.
Wikimedia Commons., CC BY

Hongos marinos, recicladores especializados

Aunque menos abundantes que otros grupos, los hongos son cruciales para la descomposición en nuestras aguas gallegas. En nuestros 50 microlitros encontraríamos entre 1 000 y 5 000 esporas fúngicas o estructuras reproductivas.

Estos hongos incluyen especies que pueden afectar a los organismos marinos cultivados en Galicia. Algunos géneros como Aplanochytrium y Thraustochytrium pueden causar enfermedades en crustáceos y otros invertebrados marinos, lo que los convierte en organismos de especial interés para los acuicultores gallegos.

Protozoos, grandes tragones

Nuestra gota gallega también alberga larvas de muchos de los invertebrados marinos que conocemos en forma adulta, como percebes, mejillones, cangrejos y peces. También encontraríamos rotíferos, copépodos juveniles y otros diminutos organismos.

Cocópedo, crustáceo de pequeño tamaño muy extendido por el planeta.
Wikimedia Commons., CC BY

Durante el verano, cuando las aguas están más cálidas, son más abundantes. En nuestros diminutos 50 microlitros podríamos encontrar entre 5 y 50 de estos metazoos microscópicos, dependiendo de la estación del año y la ubicación específica en la ría.

Cómo sabemos todo esto

Nuestro conocimiento de este universo microscópico se debe a técnicas modernas de análisis genético. Los científicos ya no necesitan cultivar estos organismos en laboratorio, algo que era imposible para la mayoría. Ahora pueden extraer todo el material genético de una muestra de agua y analizar las huellas dactilares genéticas de cada organismo presente.

Esta tecnología, llamada metabarcoding de ADN, permite identificar miles de especies simultáneamente. Es como hacer un censo completo de todos los habitantes microscópicos de una gota de agua en una sola operación.

Relaciones complejas en un universo minúsculo

Más allá de los números, lo verdaderamente fascinante de esta gota oceánica son las intrincadas relaciones entre los organismos que la habitan: los virus infectan bacterias y otros microorganismos, controlando sus poblaciones; las bacterias reciclan nutrientes que luego utilizan las diatomeas y otros productores microscópicos; los ciliados y otros protistas se alimentan de bacterias, y los hongos descomponen materia orgánica compleja.

Todos estos procesos ecológicos ocurren simultáneamente en el espacio microscópico de una gota, como un ecosistema completo, con sus productores, consumidores y descomponedores.

La próxima vez que pasee por la playa, recuerde que cada gota, cada diminuta fracción de 50 microlitros, contiene más diversidad biológica que muchos bosques enteros. En este universo microscópico se desarrollan historias de supervivencia, competencia y cooperación, ciclos de vida completos y procesos que son fundamentales para mantener la salud de nuestras rías y la productividad pesquera y marisquera que caracteriza a Galicia.

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Antonio Figueras Huerta no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. El sorprendente ecosistema que late en una gota del océano – https://theconversation.com/el-sorprendente-ecosistema-que-late-en-una-gota-del-oceano-262016