¿Por qué han callado históricamente los países árabes sobre Gaza y siguen sin darle apoyo?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Armando Alvares Garcia Júnior, Professor de Direito Internacional, Relações Internacionais e Geopolítica/Geoeconomia, UNIR – Universidad Internacional de La Rioja

Abdul Fatah al-Sisi, presidente de Egipto, interviene en la cumbre árabe-islámica convocada de urgencia en Doha tras la acción militar de Israel en Catar el pasado 9 de septiembre. Yusron Motret/Shutterstock

El 16 de septiembre de 2025, la Comisión Independiente de Investigación de la ONU sobre los Territorios Palestinos Ocupados publicó un informe histórico que acusa a Israel de cometer genocidio en Gaza. El documento, elaborado durante más de dos años, concluye que el gobierno israelí ha incurrido en cuatro de los cinco actos tipificados en la Convención para la Prevención y Sanción del Delito de Genocidio de 1948:

  • Asesinatos masivos.

  • Daños físicos y psicológicos graves.

  • Imposición deliberada de condiciones de vida destinadas a destruir parcial o totalmente a un grupo.

  • Medidas para impedir nacimientos.

La comisión atribuye responsabilidad directa a figuras como el primer ministro Benjamin Netanyahu, el presidente Isaac Herzog y el exministro de Defensa Yoav Gallant, a quienes acusa de incitación y dirección política de estas acciones.

El informe documenta la magnitud de la tragedia humanitaria. En menos de dos años de ofensiva israelí, más de 64 000 palestinos han muerto, según algunas estimaciones, la mayoría civiles (siendo de estos una gran proporción constituida por mujeres y menores de edad). Mientras, cientos de miles se enfrentan a una hambruna provocada por el bloqueo total impuesto sobre el enclave.

Naciones Unidas describe la situación como “catastrófica”, subrayando que hospitales, escuelas y otras infraestructuras esenciales han sido destruidas de manera sistemática.

Doha: el bombardeo contra líderes de Hamás

En paralelo a la publicación del informe, el 9 de septiembre de 2025 se produjo un bombardeo israelí en Doha, capital de Catar, dirigido contra la cúpula política de Hamás. Según confirmaron fuentes militares israelíes, el ataque se realizó para eliminar a líderes de la organización que se encontraban reunidos para debatir una propuesta de alto el fuego. Al menos seis personas murieron, entre ellas un policía catarí, y varios edificios diplomáticos resultaron dañados. Catar denunció el hecho como una violación grave de su soberanía y lo calificó como “terrorismo de Estado”.

El ataque desencadenó la convocatoria urgente de una cumbre árabe-islámica en Doha con la participación de más de 50 países, incluidos los 22 miembros de la Liga Árabe y los 57 de la Organización de Cooperación Islámica.

Durante tres días, los ministros de Exteriores y jefes de Estado debatieron una respuesta coordinada. El resultado fue una declaración conjunta que condena el bombardeo, acusa a Israel de genocidio, limpieza étnica y uso del hambre como arma de guerra y alerta sobre la expansión de asentamientos en Cisjordania. El texto también reafirma la necesidad de una “seguridad compartida” en la región.

Pese a la contundencia de la retórica, la declaración no incluyó sanciones concretas ni medidas coercitivas. Propuestas como el cierre del espacio aéreo a aviones israelíes, la suspensión de acuerdos militares o la ruptura diplomática con Tel Aviv fueron discutidas, pero no prosperaron.

Analistas presentes en Doha destacaron que esta falta de acciones efectivas refleja el peso de las alianzas estratégicas y comerciales que varios países árabes han desarrollado con Israel en los últimos años.

En las ofensivas posteriores –desde la Primera y Segunda Intifada hasta los bombardeos de 2009, 2014 y 2021–, la respuesta se limitó a condenas diplomáticas sin sanciones regionales estructuradas.

Una inacción repetida muchas veces

Esta inacción, de hecho, se ha repetido a lo largo de las últimas décadas en momentos críticos para Gaza y la causa palestina. Durante la Guerra de Gaza de 2008-2009, conocida como “Operación Plomo Fundido”, las divisiones internas entre los Estados árabes impidieron una respuesta coordinada, limitándose a declaraciones de condena y a cumbres que terminaron sin resultados concretos.

En 2014, tras la ofensiva israelí que dejó miles de muertos, la Comisión de Investigación de la ONU documentó graves violaciones de derechos humanos, mientras que la Liga Árabe se limitó nuevamente a pedir el fin de las hostilidades sin adoptar sanciones o medidas de presión.

Incluso en 2021, cuando la violencia escaló en Jerusalén y Gaza, las reuniones de emergencia convocadas por la Liga Árabe no pasaron de comunicados formales, evidenciando un patrón estructural de dependencia política y económica que ha reducido la capacidad de acción colectiva de la región frente a Israel.

Esta trayectoria histórica demuestra que, más allá de la retórica, la falta de mecanismos vinculantes ha perpetuado la ineficacia de las instituciones árabes a la hora de defender a Gaza.

El contexto actual refuerza esta parálisis. Desde mediados de la década de 2000, países como Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos han emergido como líderes regionales, desplazando a actores históricos como Egipto, Siria o Irak. Estos nuevos liderazgos priorizan la estabilidad interna y las alianzas estratégicas con Estados Unidos frente a la confrontación directa con Israel.

Los Acuerdos de Abraham, firmados entre 2020 y 2021 por Emiratos Árabes Unidos, Bahréin, Marruecos y Sudán, consolidaron una red de cooperación militar y comercial con Tel Aviv, reduciendo el margen para medidas colectivas de presión.

Egipto ha profundizado su dependencia energética mediante contratos multimillonarios de importación de gas israelí, como el firmado en 2019 y ampliado este año, mientras controla estrictamente el paso fronterizo de Rafah para impedir el ingreso masivo de refugiados palestinos.

Arabia Saudí, aunque no ha formalizado relaciones, mantiene contactos discretos en materia de seguridad, especialmente vinculados a la contención de Irán.

La Convención de 1948 establece que todos los Estados parte tienen la obligación de prevenir y sancionar el genocidio, incluso cuando no estén directamente involucrados, lo que incluye adoptar medidas diplomáticas, económicas y judiciales para detener crímenes de esta magnitud cuando exista capacidad de influencia.

La Corte Internacional de Justicia, en su fallo de 2007 sobre el caso Bosnia y Herzegovina contra Serbia y Montenegro, estableció que la inacción puede generar responsabilidad legal internacional si un Estado pudo actuar y no lo hizo.

El bombardeo de Doha representa un punto de inflexión. Nunca antes Israel había atacado la capital de un país del Golfo protegido por un acuerdo de defensa con Estados Unidos desde 1972. Este hecho pone en duda el papel de Washington como garante de seguridad en la región y genera temores de que, sin una respuesta contundente, se establezca un precedente que permita futuras agresiones sin consecuencias diplomáticas o militares.

Palabras, pero no acciones

La cumbre de Doha se inscribe así –al menos hasta ahora– en una larga cadena de momentos en los que la solidaridad árabe con Palestina se expresó en palabras, pero no en acciones. El informe de la ONU plantea una prueba moral y política para las capitales árabes.

Si la inercia persiste, la tragedia de Gaza quedará como una herida abierta tanto para el pueblo palestino como para la legitimidad de los regímenes que, teniendo poder para actuar, eligieron el silencio. Este es el caso de la actual Unión Europea, salvo cuando se mueve tímidamente para salvar el pellejo político de la presidenta de la Comisión Europea, Ursula Von der Leyen.

The Conversation

Armando Alvares Garcia Júnior no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ¿Por qué han callado históricamente los países árabes sobre Gaza y siguen sin darle apoyo? – https://theconversation.com/por-que-han-callado-historicamente-los-paises-arabes-sobre-gaza-y-siguen-sin-darle-apoyo-265435

Carla Simón: un canto de amor contra la muerte

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Shaila García Catalán, Profesora Titular de Comunicación Audiovisual, Universitat Jaume I

Fotograma de _Romería_, de Carla Simón. FilmAffinity

La obra de la cineasta española Carla Simón es un dolor iluminado. Su cámara recoge el tiempo del verano, huele a melocotones y a mar. En su cine se mece el viento, acampa el sonido de las cigarras, los rezos de los padrenuestros, las verbenas de las fiestas populares y el tintineo de los móviles de alabastro. Huyen los gatos y las liebres. Sorprenden los delfines o las risas improvisadas de sus actores naturales.

Las muertes del padre y la madre de la cineasta por el sida cuando era pequeña parecen haberle dejado un ovillo de preguntas que va deshilvanando a lo largo de su filmografía. Carla Simón lamenta haber heredado muy poco archivo familiar: de su padre conserva algunos súper 8; de su madre un vídeo, fotos y cartas.

Por ello, dice, imagina alto. Cortometraje a cortometraje, película a película, va atravesando un proceso de duelo a través del amor a la familia y al cine. En su travesía, trata de reconstruir la historia de sus padres para preguntarse por su lugar en el mundo y situar en el origen el deseo vivo en ellos. Realiza una investigación poética rodeándose de grandes familias alrededor de una mesa entre malentendidos, canciones y secretos. Su obra es un imposible ejercicio de memoria, un trabajo contra la muerte.

Después del fallecimiento de su abuelo filmó Lipstick (2013), un corto sobre dos niños que asisten, sin saberlo, a la muerte de su abuela. En 2015 rodó Llacunes, en el que la cineasta lee las cartas de su madre mientras filma los lugares donde ella los escribió. El propio título sugiere las lagunas que ella encuentra en el saber pues, en su búsqueda de la verdad, esta hace aguas.

Imagen de la ría de Vigo.
Carla Simón lee las cartas de su madre en Llacunes (2015) sobre el mar de Vigo.
Inicia Films

Investigar, llorar

En Verano 1993 (Estiu 1993, 2017), su primer largometraje, despliega las preguntas sobre la muerte de su madre. La historia narra el primer verano tras la adopción de una niña, Frida, por parte de sus tíos después del fallecimiento de sus padres. La pequeña se sitúa debajo de la mesa para escuchar qué dicen los adultos, trata de cazar frases sueltas. Pregunta a su tía por qué no estuvo presente cuando su madre murió, y la busca en la noche, pero solo encuentra silencio. El cielo de Verano 1993 solo devuelve truenos y oscuridad. Sin embargo, Frida se refugia en la luz.

El deseo de Carla Simón como cineasta parece condensarse en la escena en la que Frida entretiene su soledad regulando la luz del butano. Jugar a controlar la luz le permite ensayar la ausencia, hacerla soportable. Así, poco a poco, Frida va elaborando su duelo y, puede, por fin, llorar.

Una mujer joven le indica algo a una niña sentada en un banco.
Carla Simón dirige a Laia Artigas, que interpreta a Frida, en Verano 1993.
FilmAffinity

Dos años más tarde, en el corto Después también (2019) Carla Simón trata de desestigmatizar el sida mostrando cómo el diagnóstico del VIH puede llevar a un primer tiempo de perplejidad y silencio pero, con información, conversación y amor, no es obstáculo para que dos cuerpos puedan encontrarse.

Tras la muerte de su última abuela, Carla Simón firma junto a Dominga Sotomayor Correspondencia (2020), cortometraje en el que filma el vaciamiento de la casa de la anciana mientras habla sobre su deseo de maternidad y se busca entre dos madres: “Mi madre biológica me dio la genética. Mi madre adoptiva me dio la educación. No sé qué partes de mí son de una o de la otra”.

Esto la lleva a querer filmar a su familia materna en Alcarràs (2022), película que comienza a escribir después de que fallezca su abuelo, en gratitud hacia el valor de su legado.

Cantar

Alcarràs, la historia de la última cosecha de un campo de melocotoneros, es una obra coral sobre la familia, la herencia y un sistema de vida en desaparición. Sin embargo, entre todos los puntos de vista del relato, destaca el brillo de la mirada de la joven Mariona, que escucha desde los umbrales retratando la curiosidad de la propia Simón.

En Correspondencia la familia materna de Carla le decía: “Cantar, cantaremos. Siempre cantaremos”. En Alcarràs, aunque un viejo contrato de palabra entre dos familias no sirve y obliga a los protagonistas a abandonar su modo de ganarse la vida, las canciones aparecen una y otra vez en el relato para recordar el valor de la transmisión y los vínculos, la presencia de la memoria hacia los muertos en la guerra civil española y un amor a la tierra que todavía no está perdido.

Una adolescente y un anciano observan algo fuera de cambo.
Mariona en Alcarràs junto a su abuelo.
FilmAffinity

Tras el estreno de Alcarràs, Carla Simón se convirtió en madre por primera vez. En el cortometraje Carta a mi madre para mi hijo (2022) visita la tumba de su progenitora e imagina un encuentro con ella. Carla le confiesa: “Creo que hago cine para poder inventarte e inventarme”. Recoge imágenes de su parto –un dolor ligado a la vida– y presenta a su hijo Manel.

Inventar, registrar

El verano de 2024 Carla Simón rodó Romería (2025), película en la que retrata a su última familia a propósito del viaje en el que Marina –véase el parecido del nombre con Mariona– va a Vigo tras cumplir 18 años a conocer a su familia paterna. Las cartas de la madre que Carla leía en Llacunes se convierten aquí en su diario, un documento al que la joven va poniendo imágenes.

Una chica en una barca en medio de una ría.
Marina lee los diarios de su madre en Romería (2025) sobre el mar de Vigo.
FilmAffinity

La protagonista parece continuar las preguntas de Frida, pero siempre se encuentra con un baile de fechas como respuesta y queda frustrada. Ante la imposibilidad de conocer la verdad sobre la historia de sus padres, los revive en su imaginación, pues ese es el material con el que se teje la memoria.

Pero Marina no se queda en las fantasías, sino que sabe salir de ellas para reclamar el reconocimiento de su linaje, algo íntimamente ligado a su deseo. Así, pide que se rectifique el registro civil de la defunción de su padre para poder nombrar el sida como la causa de su muerte, para quedar inscrita como su hija y para, así, poder obtener una beca para estudiar cine. Es decir, para registrar, inventar, hacer de su mirada curiosa un oficio. Tras espigar hermosas imágenes y poner justas palabras que nombran los misterios de su historia ella puede enunciar, en la última secuencia, un vivaz “yo grabo”.

Antes de su estreno en cines, Carla Simón presentó Romería en el Festival de Cannes embarazada de 8 meses de su segunda hija y abrazada por los aplausos de reconocimiento hacia su singularidad. Su obra es un salto de la investigación a la invención y de la invención a la inscripción de su nombre propio como cineasta.

The Conversation

Shaila García Catalán no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Carla Simón: un canto de amor contra la muerte – https://theconversation.com/carla-simon-un-canto-de-amor-contra-la-muerte-265332

Los nitazenos, el peligroso relevo del fentanilo en la crisis de los opioides sintéticos

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Elena Escubedo Rafa, Chair professor, Universitat de Barcelona

MOLEQL/Shutterstock

Si a finales de 2023 saltaban todas las alarmas ante la crisis sanitaria causada en Estados Unidos por el consumo abusivo de fentanilo, el escenario podría empeorar aún más con la irrupción de otra familia de opioides sintéticos: los nitazenos.

No nos coge del todo por sorpresa. En la década de los 70, el químico Alexander Shulgin ya advertía sobre el potencial abuso de una familia de compuestos conocida como benzimidazoles. Medio siglo después, sus palabras han demostrado ser proféticas: los nitazenos, opioides sintéticos con un núcleo benzimidazol, han emergido como una de las clases de nuevas sustancias psicoactivas más peligrosas, causando un número creciente de intoxicaciones y muertes.

Aunque algunas fuentes hablan de 400 intoxicaciones mortales relacionadas con estas sustancias en Reino Unido, la falta de un método analítico específico en los primeros tiempos de su aparición hace que esta cifra sea simplemente una especulación.




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La crisis del fentanilo y por qué sus consumidores parecen zombis


La rápida infiltración de estas sustancias en los mercados de drogas recreativas se debe a su síntesis relativamente sencilla y sin precursores controlados, una elevada potencia (que facilita su transporte), su estado legal inicial y su atractivo económico.

Del laboratorio a la calle

La historia de los nitazenos empieza en los años 1950-1960, cuando la compañía farmacéutica Ciba-Geigy los desarrolló como posibles analgésicos opioides sintéticos. En la investigación sobre dichos opioides, estas moléculas representaron la primera gran desviación de la estructura química característica de la morfina, incluso antes de que Paul Janssen sintetizara el fentanilo en 1960.

Aunque muchos nitazenos mostraron entonces una potencia analgésica superior a la morfina en animales, nunca llegaron a comercializarse como medicamentos, debido al estrecho margen de seguridad que supone una molécula tan potente.

Sin embargo, a partir de 2019, y coincidiendo con las medidas de control contra la producción de fentanilo y análogos en China y Estados Unidos, los análogos nitazénicos irrumpieron en el mercado de las drogas recreativas. El isotonitazeno fue el primero en aparecer, seguido rápidamente por otros como el metonitazeno, el etodesnitazeno y diversos derivados.

Una potencia extraordinaria

La investigación farmacológica ha revelado que muchos nitazenos muestran un efecto excepcional. Aunque se unen y activan selectivamente la misma diana sobre la que actúan el fentanilo y la morfina (receptor Mu), lo hacen con una afinidad 60 veces mayor que el fentanilo. Y lo activan con una potencia bastante mayor.

Tanto es así que algunos análogos son hasta 10 veces más potentes que el fentanilo, o 100 más que la morfina. Esta elevada potencia puede tener implicaciones dramáticas para la salud pública, ya que pequeñísimas cantidades (nanogramos por mililitro) pueden resultar letales.

Drogas que llegan directamente a Europa

Los nitazenos están apareciendo cada vez más en la calle. Las últimas cifras oficiales indican que, hasta 2024, se habían detectado en Asia, Europa, Norteamérica, Oceanía y Sudamérica, siendo Europa la región más afectada hasta el momento. A diferencia del fentanilo, que siguió la ruta México–Estados Unidos, los nitazenos están llegando directamente desde Asia a Europa, mediante canales de distribución más diversos. Y se anticipa una expansión significativa e inminente en el continente europeo.

Además de los diversos efectos en la salud que puede generar su consumo, estas moléculas son especialmente nocivas cuando sustituyen fraudulentamente el principio activo de un medicamento o droga de efectos parecidos sin conocimiento del consumidor.

Así, en enero de este año, LM, de 22 años, murió tras tomar un falso Xanax (alprazolam). Tres meses después, su amigo HC, de 21 años, le siguió tras consumir un falso Percocet (oxicodona). En ambos casos, las pastillas contenían, fundamentalmente, un nitazeno.

La dificultad de revertir las sobredosis

El problema es que no es fácil revertir la sobredosis de estos opiáceos. La naloxona, un medicamento antagonista de los opioides que se usa para revertir y bloquear los efectos de heroína, la morfina y el fentanilo, no es tan efectiva en el caso de los nitazenos.

Estudios recientes sugieren que algunos nitazenos se disocian muy lentamente del receptor Mu, lo que podría suponer que se necesiten dosis mucho más altas de naloxona para revertir estas sobredosis.

Un desafío analítico y forense

La detección de nitazenos presenta múltiples desafíos para la toxicología forense. Estas moléculas no dan positivo en los ensayos rutinarios que existen para detectar morfina, heroína o fentanilo.

Al ser muy potentes y utilizarse concentraciones muy bajas, se requiere un método analítico de alta sensibilidad. Y dado que surgen constantemente muchos derivados de gran similitud estructural, se complica la identificación de una molécula concreta. De ahí que se precise una actualización continua del método analítico.

El juego del gato y el ratón

Hasta marzo de 2025, se habían controlado en el mundo sólo diez nitazenos, aunque varios países empiezan a implementar ya legislaciones específicas. China, el país productor clave, añadió los análogos nitazénicos a su lista de sustancias controladas en julio de 2024. Sin embargo, el control de sustancias específicas a menudo genera la aparición de nuevos análogos no controlados, creando un ciclo continuo.

Cuando se aplican legislaciones genéricas, éstas son más efectivas, ya que permiten fiscalizar un gran número de sustancias estrechamente vinculadas entre sí (análogos químicos) de una sola vez, sin necesidad de nombrarlas individualmente en la legislación. Pero esta medida aumenta el riesgo de impulsar el desarrollo, por parte de los fabricantes, de clases químicas completamente nuevas y desconocidas, que quedan fuera de las medidas de fiscalización genérica.

Necesitamos un enfoque multidisciplinar

La crisis de los nitazenos es un problema complejo, sin soluciones simples. Y ofrece un ejemplo paradigmático de cómo las innovaciones farmacológicas del pasado pueden transformarse en amenazas de salud pública contemporáneas.

La prohibición del cultivo de opio por los talibanes en Afganistán podría acelerar aún más el cambio hacia opioides sintéticos en Europa, haciendo que la situación de los nitazenos se vuelva más crítica. No existe un enfoque único para abordar esta situación polifacética: se requiere una respuesta coordinada, y la colaboración sin precedentes entre químicos, farmacólogos, toxicólogos forenses, profesionales de la salud pública, legisladores y comunidades afectadas.

Sólo el tiempo dirá si la sociedad es capaz de adaptarse con la rapidez necesaria para hacer frente a esta amenaza emergente, o si los nitazenos seguirán el camino de otros opioides sintéticos, provocando graves consecuencia antes de que se implementen medidas de control y prevención eficaces.

The Conversation

Elena Escubedo Rafa no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Los nitazenos, el peligroso relevo del fentanilo en la crisis de los opioides sintéticos – https://theconversation.com/los-nitazenos-el-peligroso-relevo-del-fentanilo-en-la-crisis-de-los-opioides-sinteticos-264522

Prueba de fluidez verbal: lo que revela nuestro cerebro en un solo minuto

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Loles Villalobos Tornero, Facultad de Psicología. Departamento de psicología experimental procesos cognitivos y logopedia, Universidad Complutense de Madrid

Mix and Match Studio/Shutterstock

¿Qué pasa en nuestro cerebro cuando intentamos concentrarnos, recordar un nombre o tomar una decisión rápida? La evaluación neuropsicológica es una de las formas que tenemos de explorar estas funciones. Gracias a ella, los profesionales pueden conocer cómo funcionan la atención, la memoria, el lenguaje o las llamadas funciones ejecutivas, que nos ayudan en aspectos tan importantes como planificar, tomar decisiones o inhibir impulsos.

La prueba de los sesenta segundos

Entre las pruebas más conocidas hay una que parece un juego: la prueba de fluidez verbal. Consiste en pedirle a la persona que diga, en un minuto, todas las palabras que pueda que empiecen por una letra concreta o que pertenezcan a una categoría, como por ejemplo, animales. Su simplicidad y la ausencia de materiales específicos la han convertido en una tarea universal: se usa en diferentes idiomas y culturas, y cuenta con abundantes datos normativos.

Tradicionalmente, lo que se analiza es el número total de palabras pronunciadas durante ese minuto. Esa simple cifra ya ofrece información relevante sobre procesos que subyacen a esta actividad como la velocidad de acceso al léxico o la agilidad de pensamiento. Sin embargo, en los últimos años se ha descubierto que la prueba encierra muchos más matices de lo que parece a simple vista.

Imaginemos un ejemplo. Le pedimos a una persona de 30 años, con estudios de bachillerato, que nombre animales durante un minuto. A continuación ésta nos dice: “perro, gato, tortuga, gallina, oveja, cabra, vaca, toro, elefante, jirafa, león, tigre, mono, tucán, pelícano, gorrión, golondrina, búho, cuervo, murciélago, delfín, tiburón, ballena, calamar, sardina”.

En total, ha nombrado 25 animales. Si comparamos este resultado con los baremos existentes para su grupo de edad y educación, obtiene un percentil 10, es decir, justo lo esperado.

Mucho más que contar palabras

Hasta aquí, tenemos un dato interesante. Pero si observamos con más detalle, descubrimos algo aún más revelador. ¿Se ha fijado en cómo se han ordenado los animales? La persona no ha ido diciendo palabras al azar: ha generado pequeños grupos, casi sin darse cuenta. Primero las mascotas, luego animales de granja, después los africanos, más tarde aves y, finalmente, animales marinos.

Este fenómeno se llama clustering, y se refiere a la tendencia a agrupar elementos relacionados. Y el momento en el que la persona deja un grupo y pasa a otro se denomina switching.

Analizar cuántos grupos se forman y cuántos cambios se hacen nos aporta una información mucho más rica. No solo nos habla del acceso al vocabulario, sino también de funciones como la inhibición de respuestas, la flexibilidad cognitiva o la capacidad de actualizar la información mental. En otras palabras, de nuestras funciones ejecutivas.

Un valor especial en los pacientes

Este tipo de análisis resulta especialmente valioso en población clínica. En un estudio realizado por investigadores españoles, los autores vieron que las personas con deterioro cognitivo leve generan clústeres similares a los de personas mayores sanas, pero realizan más cambios entre categorías. Esto indica que su red semántica (las conexiones entre conceptos) se conserva, pero que la utilizan de forma menos eficiente durante la búsqueda en la memoria a largo plazo, probablemente por dificultades en las funciones ejecutivas.

Además, observar otros aspectos como los errores producidos o las palabras repetidas aporta aún más valor. De hecho, se ha visto que este tipo de análisis puede incluso diferenciar entre deterioro cognitivo y enfermedad de Alzheimer.

Además de resultar útil en el envejecimiento, esta prueba también se aplica de forma sistemática a personas que han sufrido un daño cerebral sobrevenido, como un traumatismo craneoencefálico. Aunque se trate de pacientes jóvenes, después de un accidente dicen menos palabras en un minuto, forman clústeres más pequeños y realizar menos cambios entre ellos que las personas sanas. Estos resultados permiten comprobar, de manera rápida y sencilla, cómo un golpe en la cabeza puede afectar a procesos cognitivos tan complejos como la velocidad de procesamiento o la flexibilidad mental.

Conocer cómo funciona nuestro cerebro no es para nada una tarea fácil. La evaluación neuropsicológica nos da herramientas muy útiles para aproximarnos a ello. A veces pensamos que hacen falta técnicas muy sofisticadas, pero lo cierto es que una prueba sencilla como nombrar animales durante un minuto puede revelar muchísimo sobre nuestros procesos cognitivos.

Quién diría que sesenta segundos encierran tanta información.

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Loles Villalobos Tornero no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Prueba de fluidez verbal: lo que revela nuestro cerebro en un solo minuto – https://theconversation.com/prueba-de-fluidez-verbal-lo-que-revela-nuestro-cerebro-en-un-solo-minuto-264462

Voces ucranianas (III): imaginando el fin de la guerra

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Léna Georgeault, Directora del Grado en Relaciones Internacionales, Universidad Villanueva

Manifestación contra la guerra en Cracovia (Polonia) el 24 de febrero de 2024. Rudenko Alla/Shutterstock

“La libertad no es gratis”, recita Theodor*. Probablemente ha repetido ese eslogan mil veces, pero en la voz de este joven no suena gastado. Los ucranianos saben que su soberanía se paga en sangre, ciudades arrasadas y niños deportados a la fuerza.

Pese a los horrores de la guerra, el espíritu de resistencia permanece obstinadamente vivo entre los refugiados en Breslavia (Polonia). Esa determinación encuentra su eco en la certeza, ampliamente compartida, de que la negociación no ofrece una salida real. “Ni la palabra ni la firma de Rusia tienen valor alguno”, zanja Oksana*, refugiada con su marido y su hija en Polonia desde hace unos meses. “Rusia sólo entiende la fuerza”, coincide Natalia*, estudiante en Breslavia.

Ese escepticismo hacia una vía negociada contrasta con el desgaste perceptible dentro de Ucrania, donde el cansancio de guerra ha ganado terreno. Según un sondeo de Gallup, la proporción de ucranianos dispuestos a combatir “hasta la victoria” ha caído del 73 % en 2022 al 24 % en 2025.

En el supuesto de que se alcanzara un acuerdo, el desenlace dependería de la relación de fuerzas entre Kiev y Moscú. De ahí que el apoyo de Washington y, en menor medida, de las capitales europeas, se perciba como decisivo.

Al respecto, los más jóvenes, como Theodor y Natalia, son los que más frustración expresan: lamentan una ayuda insuficiente, aplastada por trámites que la retrasan como si se viviera en dos temporalidades inconciliables. “En el frente, cada segundo importa”, insiste Natalia, mientras que, en el resto del mundo, las decisiones se calibran según encuestas y presupuestos, con la vista puesta en las reacciones del Kremlin.

Theodor admite que se ha vuelto más exigente y más impaciente: “En las películas, Estados Unidos siempre salva al mundo. Ahora parece que juegan una partida premeditada. Tardan demasiado y lo que envían es escaso en comparación con sus capacidades”.

No hay lugar para la tibieza

La exigencia de contundencia resume bien el sentimiento común: frente a un adversario que tantea los límites sin cesar, la tibieza equivale a ceder terreno. Artem*, presidente de la Fundación Ucrania, recuerda varios episodios en los que Moscú avanzó sin encontrar resistencia. Cita Chechenia, donde el Kremlin impuso a sangre y fuego el régimen de los Kadyrov sin apenas coste internacional; Georgia, donde en 2008 se quedó con Osetia del Sur y Abjasia ante una reacción tímida; y, sobre todo, Crimea, cuya anexión en 2014 no fue revertida pese a las sanciones.

Para él, cada concesión de Occidente fue una invitación a dar un paso más. Oksana apunta en la misma dirección: Rusia debe quedar lo bastante debilitada como para renunciar a nuevas aventuras exteriores y volverse hacia sus propios problemas internos, con una población empobrecida que necesita atención. Un mensaje concebido para terminar calando también dentro de la sociedad rusa y erosionar el apoyo a la política de Putin.

A la presión exterior de Rusia se suma un reto interno que marcará el futuro: la unidad nacional. La guerra ha intensificado las sospechas hacia los rusoparlantes. Para algunos, demostrar patriotismo significa dejar de hablar ruso y adoptar el ucraniano en la vida cotidiana.

Theodor lo ilustra con un titubeo: “Hablo ruso… bueno, puedo hablar ruso”, se corrige. Marta, joven ucraniana del oeste de paso por Breslavia, es aún más tajante: “Quizás sea duro, pero los llamo rusos”, dice sobre quienes siguen usando esa lengua, incluso después de haber visto sus casas derribadas o a sus familiares asesinados. “No sé qué tiene que pasar para que lo entiendan”, añade con una mezcla de incredulidad y amargura.

Kinga, de la asociación Nomada, recuerda en cambio a una refugiada que le insistía en que el ruso forma parte de la historia del país y que se puede ser patriota y rusoparlante a la vez. El propio Theodor observa: “Ahora mismo, en el frente, hay ucranianos rusoparlantes matando a rusos”.

No es la única fractura que atraviesa el país: también está la que separa a quienes huyeron de la guerra y a quienes la sufren cada día en Ucrania. Natalia cuenta la historia de una conocida que emigró al Reino Unido y comparte vídeos sobre su nueva vida. Bajo ellos, se acumulan mensajes de odio que le reprochan haberse marchado y llevar ahora una existencia cómoda mientras otros siguen bajo las bombas.

La negociación, vista desde dos perspectivas

Esas experiencias tan distintas de la guerra probablemente expliquen que la mayor inclinación a negociar que se note en Ucrania no se observe con la misma claridad en la comunidad de refugiados de Breslavia.

A pesar de esas grietas, también emerge la convicción de que el país puede salir reforzado de la guerra. “Ahora nos hemos dado cuenta de que Ucrania es un gran país y de que tiene mucho que ofrecer”, afirma Artem, convencido de que la experiencia acumulada en estos años de resistencia encierra lecciones valiosas para Europa.

Theodor lo formula desde otro ángulo: “Nuestro trabajo como ucranianos es dar a conocer nuestra cultura y hacerla exportable”, sostiene, convencido de que Ucrania no sólo sobrevivirá, sino que contribuirá a enriquecer a la Unión Europea, a la que aspira a integrarse.

Theodor es muy consciente de que no todo el mundo en Europa ve con buenos ojos el lugar que Ucrania reclama, algo que el joven achaca a la vulnerabilidad occidental ante la propaganda rusa. “Nosotros compartimos durante mucho tiempo el mismo espacio informacional con Rusia, los conocemos muy bien”, dice, reivindicando la capacidad ucraniana para detectar las manipulaciones de Moscú.

Lamenta, en cambio, que en Occidente “Rusia consiga seducir a todo el espectro político”, desde los nostálgicos del comunismo hasta quienes la ven como último baluarte del conservadurismo. Entiende que en la indiferencia hacia Ucrania pesa también el temor a provocar al Kremlin. Y formula un deseo personal: “Que los españoles nunca conozcan la guerra, ni ellos, ni sus hijos, ni sus nietos”.

“Pero la libertad no es gratis”, repite una vez más.


Los nombres marcados con asterisco han sido modificados para proteger la identidad de las personas entrevistadas.


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Léna Georgeault no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Voces ucranianas (III): imaginando el fin de la guerra – https://theconversation.com/voces-ucranianas-iii-imaginando-el-fin-de-la-guerra-259346

Cuando los músculos se rebelan: la distonía, un trastorno del movimiento infradiagnosticado

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Natalia Brandín de la Cruz, Personal Docente e Investigador Grado de Fisioterapia, Universidad San Jorge

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Si pensamos en un trastorno del movimiento, seguramente nos vendrá a la cabeza el temblor de la enfermedad de Parkinson. Pero existe otro grupo de condiciones, igual de debilitantes y mucho menos conocidas, que afectan profundamente la calidad de vida de quienes las padecen.

Una de ellas es la distonía, trastorno del sistema nervioso central que puede aparecer a cualquier edad y afecta nada menos que al 1 % de la población mundial. Se caracteriza por contracciones musculares involuntarias, sostenidas o intermitentes, que pueden causar movimientos y posturas anormales de torsión, en muchos casos acompañadas de dolor y deformidad articular. Además, los movimientos distónicos también pueden asociarse al temblor.

La distonía suele empeorar con el cansancio, el estrés y los estados emocionales negativos, pero mejora durante el sueño y con la relajación. También puede reducirse su intensidad mediante trucos sensitivos, que son gestos voluntarios como tocar la barbilla o las cejas, ponerse un palillo en la boca o un pañuelo en el cuello.

En lo que se refiere a las causas, hay un amplio abanico de posibles desencadenantes. Puede ser hereditaria, como consecuencia de ciertas mutaciones genéticas que afectan a la transmisión de la dopamina o a circuitos de los núcleos basales del cerebro. Además, tenemos las llamadas distonías secundarias o adquiridas, que se derivan de lesiones estructurales del sistema nervioso central (como traumatismos, accidentes cerebrovasculares, encefalitis o tumores), exposición a fármacos y enfermedades metabólicas o degenerativas. Y por último las distonías idiopáticas, de origen desconocido, que son las más frecuentes.

Un amplio catálogo de manifestaciones

La forma más común del trastorno en adultos es la distonía focal, que afecta a una región específica del cuerpo. Dentro de esta categoría, la más conocida y frecuente es la distonía cervical (tortícolis espasmódica), que implica a los músculos del cuello y, a veces, también al hombro. Se manifiesta con movimientos de la cabeza de derecha-izquierda (como diciendo “no-no”), o arriba-abajo (“sí-sí”).

Otras modalidades de la distonía focal son las siguientes:

  • El blefaroespasmo, que produce movimientos involuntarios de los músculos de los párpados, causando parpadeos excesivos o el cierre involuntario de los ojos.

  • La distonía del escritor, que afecta a la mano y el brazo durante actividades específicas, como la escritura.

  • La distonía oromandibular, o sea, la contracción de los músculos de la parte inferior de la cara y los músculos superficiales del cuello (que a veces incluye distonía de la lengua).

  • La distonía laríngea o disfonía espasmódica, que es la contracción anómala de los músculos que regulan el cierre y apertura de las cuerdas vocales y produce dificultades en el habla.

Y por si fuera poco, además de las citadas distonías focales, existen otras variedades: la segmentaria, que involucra dos o más partes adyacentes del cuerpo (como el síndrome de Meige, que afecta los músculos de la cara, la mandíbula y la lengua); la generalizada, que implica a la mayor parte del cuerpo, incluyendo tronco y extremidades; la hemidistonía, que afecta un lado entero del cuerpo; y la multifocal, que involucra a dos o más partes del cuerpo no contiguas.

Cómo puede tratarse

Aunque la distonía no tiene cura, existen tratamientos que pueden mejorar significativamente la calidad de vida del paciente. Es importante contar con un equipo interdisciplinar de profesionales que incluya neurólogos, fisioterapeutas, terapeutas ocupacionales, logopedas y psicólogos especializados en trastornos del movimiento. Un abordaje integral que combine cuidados médicos, apoyo emocional y acompañamiento humano puede marcar la diferencia y ayudar a estos pacientes a recuperar la confianza.

Dentro de estos equipos, la fisioterapia juega un papel primordial. Se centra en aumentar la movilidad, reducir el dolor y ayudar a los pacientes a manejar los movimientos involuntarios favoreciendo la funcionalidad y promoviendo una mayor autonomía en su vida diaria.

Actualmente, algunas áreas de interés en la investigación de la distonía incluyen el desarrollo de estudios genéticos, nuevas terapias farmacológicas e intervenciones de estimulación cerebral.

Una enfermedad muy incapacitante

Según datos de la Sociedad Española de Neurología (SEN), existen más de 20 000 personas afectadas por algún tipo de distonía en España, pero podrían ser muchas más porque nos hallamos ante uno de los trastornos del movimiento más infradiagnosticados. Muchas veces se confunde con temblor parkinsoniano, temblor esencial, tics, mioclonías (otro tipo de movimientos rápidos e involuntarios), trastorno de movimiento psicógeno o incluso escoliosis.

Se trata de una enfermedad muy incapacitante. Su impacto en la calidad de vida no solo se traduce en las dificultades físicas. El estrés, la ansiedad y la depresión son comunes en los pacientes, debido a la naturaleza crónica de la enfermedad.

Para hacernos una idea, la mayoría de los socios de la Asociación Distonía España (ALDE) tienen reconocido un porcentaje medio de discapacidad de entre el 33 % y el 65 %, y en muchos casos, superior.

Las personas con esta dolencia no son propensas a contar lo que les pasa ni a mostrarse en sociedad, lo que invisibiliza aún más la enfermedad. A menudo viven recluidas a causa del dolor continuo, los trastornos emocionales y el estigma social.

Recursos y apoyo

Para aquellos afectados por la distonía y sus familias, varias organizaciones ofrecen apoyo, información y recursos:

En definitiva, la distonía sigue siendo una gran desconocida. La falta de conocimiento y el estigma asociado a los trastornos neurológicos poco comunes dificultan el diagnóstico temprano y el acceso a tratamientos adecuados. Aumentar la conciencia pública, capacitar a profesionales de la salud y fomentar la investigación básica y clínica son pasos esenciales para mejorar el pronóstico de quienes viven con este trastorno.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

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Las manos, prodigio evolutivo y desesperación de artistas

Source: The Conversation – (in Spanish) – By A. Victoria de Andrés Fernández, Profesora Titular en el Departamento de Biología Animal, Universidad de Málaga

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Los artistas les temen a las manos humanas más que a ningún otro motivo figurativo.

Cuando se trata de un escultor, la explicación es bastante intuitiva. Los dedos son estructuras largas y delgadas, esto es, mucha superficie a esculpir para muy poco volumen sustentante. En otras palabras, las probabilidades de que se parta uno y se vaya al traste todo el trabajo son elevadísimas. Y es que los errores, en escultura, no tienen vuelta atrás: un dedo roto significa volver a empezar de cero.

Por el contrario, en pintura, sí que es posible corregir los errores. Las técnicas de rayos X han puesto de manifiesto cómo nuestras pinacotecas están llenas de pentimentos o arrepentimientos de los artistas. Es más, algunos son hasta detectables a simple vista, como las famosas patas traseras del caballo de Felipe IV (el gran Velázquez odiaba con toda su alma pintar equinos).

Entonces, ¿por qué siempre se han quejado los pintores, a lo largo de los siglos, de tener que representar manos? ¿No es más difícil conseguir que una cara se parezca al modelo? ¿No requiere más maestría técnica plasmar con exactitud un rostro que una mano?

Pues no. Y la explicación, como en tantas otras cosas, la encontramos en la biología evolutiva.

Qué supuso el modo “manos libres”

Nuestras manos lo manipulan todo, lo transforman todo y lo crean todo. Constituyen una de las herramientas más poderosas que existen en la naturaleza. De hecho, aunque existen grupos animales que tienen un cerebro mayor que el nuestro (y, posiblemente, podrían sobrepasarnos en generar pensamientos complejos), no llegarán nunca a emular lo que hacemos nosotros.

Ni cetáceos ni proboscídeos pueden transformar los pensamientos en hechos y estructuras materiales. No hay manos que manipulen la materia ni dedos para crear objetos en la realidad de un delfín, de una ballena o de un elefante.

La verdad es que la naturaleza del planeta vivió un hecho singular cuando una subtribu de homínidos del este del continente africano, los homininos, adoptamos la postura erguida (hace unos 7 millones de años). De repente, pudimos hacer infinidad de cosas que antes estaban vetadas en el mundo animal. De repente, con dos manos dotadas de dedos flexibles y articulados, más el lujazo de un pulgar oponible, pudimos pinzar, manipular de forma precisa y delicada, modelar utensilios, transportar enseres, coger en brazos a las crías, recolectar, fabricar armas… Desde aquí, fue un sencillo paso la generalización del uso del fuego en el Pleistoceno medio, con todo lo que ello supuso: calor, luz, protección ante depredadores y una cocina que aumentó la variedad de nutrientes a la vez que redujo la transmisión oral de enfermedades bacterianas y endopararasitarias.

Pero las manos nos reservaban un regalo aún mejor. Me refiero a la espectacular revolución que supuso el poder establecer una comunicación a lo largo del tiempo. Las palabras ya no se las llevaba el viento. Los mensajes se podían conservar. Porque eso fue la escritura, algo que ocurrió hace poco más de cinco milenios pero que ha hecho de nosotros una especie sin parangón cultural.

Somos lo que somos no sólo por lo que pensamos, sino porque podemos ejecutar nuestros pensamientos, transformarlos en acciones y reflejarlos en escritos que trasciendan el espacio y el tiempo.

Y todo, gracias a las manos…

La otra comunicación

Los humanos actuales nos comunicamos, básicamente, a través del lenguaje oral y del lenguaje escrito. Pero también nuestros antecesores se comunicaban mucho antes de la existencia de la palabra. Lo hacían mediante el lenguaje corporal. La inmensa mayoría de los animales tienen códigos externos de coloración y posturas que sirven como advertencias, reclamos, atractivos sexuales o intimidaciones de muy diverso tipo. Los que, además, disponemos de una musculatura facial compleja, podemos generar gestos y muecas que comunican con extraordinaria precisión nuestra reacción ante diferentes estímulos externos.

La amplia gesticulación y los ademanes diversos posibilitaron la comunicación de nuestros ancestros mucho antes de que apareciese el lenguaje hablado y, por supuesto, el escrito.

Sin embargo, la liberación de las extremidades anteriores nos amplió, de una manera sorprendente, esta facultad. Las manos se convirtieron en un recurso expresivo espectacular.

La razón es puramente matemática. Pensemos en por qué el rostro de todos los primates es tan extraordinariamente plástico. Está claro que son muchos los músculos implicados en la mímica facial, y las posibilidades de combinarlos contraídos o relajados en un determinado gesto son enormes. Tan valioso es este recurso que, a pesar de que algunos dominen providencialmente la retórica, no renuncian a acompañar las palabras con significativos movimientos de cejas, interesantes fruncidos de frente o encantadoras sonrisas para añadir precisión, resolución, delicadeza, seducción o fuerza a su mensaje oral.

Pues bien, las manos, como terminales de los brazos, constituyen otra herramienta con la que sumar infinitos matices a nuestros argumentos orales. Y ello es posible gracias a las enormes posibilidades combinatorias de los movimientos relativos entre los 27 huesos de una mano. Los ocho carpianos, los cinco metacarpianos y las catorce falanges se combinan en trillones de posibilidades diferentes.

La desesperación de los artistas

Pero volvamos a los pintores y a sus reticencias a pintar manos. ¿Por qué? Las caras expresan multitud de gestos diferentes y los pintores no se quejan tanto.

Mi propuesta es que la explicación estriba en que la cara es una estructura prácticamente plana (de hecho, el elemento que aporta mayor tridimensionalidad, que es la nariz, apenas si tiene movimiento propio). El artista debe ser hábil para representar una buena gesticulación, de acuerdo; pero no pasa por el espantoso trance de torturarse con el escorzo.

Esta compleja técnica de deformación bidimensional para conseguir efectos tridimensionales se le complica extraordinariamente cuando pinta manos. Representar manos gesticulantes implica multitud de escorzos simultáneos y con diferentes orientaciones espaciales, pues cada uno de ellos corresponde a la particular posición espacial que adopta, para cada expresión, todos y cada uno de los elementos articulables de la mano.

No es de extrañar, pues, que en las obras que los comitentes encargaban a los artistas, las manos tuviesen tarifa propia. No sólo acrecentaba el importe del cuadro su tamaño, el número de elementos representados o la tipología del color a utilizar (los azules, por ejemplo, eran considerablemente caros). Si había manos, y si tenían un protagonismo iconográfico especial, la cosa subía de nivel.

Virgen de las Rocas, de Leonardo da Vinci.
Louvre/Wikimedia Commons, CC BY

Esta es la razón por la que los artistas de dibujos animados, cucos ellos, minimizaron el problema reduciendo el número de dedos o camuflándolos en guantes gruesos y poco articulados como los de Mickey Mouse.

Pero también es la razón por la que lloramos ante ciertos prodigios de la historia del arte. Pocas manos han conseguido proteger a un niño con tanta delicadeza como la Virgen de las Rocas, de Leonardo da Vinci, o han sabido insuflar la vida con un dedo milagroso como el de la Capilla Sixtina.

Y desde luego, muy pocas manos han derrochado el perdón de un padre como ésas con las que Rembrandt nos abraza a todos los que sentimos la reconciliación en El regreso del hijo pródigo.

The Conversation

A. Victoria de Andrés Fernández no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

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Así impacta en nuestro cerebro tener un gato como mascota

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Laura Elin Pigott, Senior Lecturer in Neurosciences and Neurorehabilitation, Course Leader in the College of Health and Life Sciences, London South Bank University

¿Está aumentando el nivel de oxitocina en sus cerebros? Zhenny-zhenny/Shutterstock

Los gatos pueden tener fama de independientes, pero las últimas investigaciones sugieren que compartimos una conexión única con ellos, impulsada por la química cerebral.

La principal sustancia implicada es la oxitocina, apodada como la “hormona del amor”. Es el mismo compuesto neuroquímico que se libera cuando una madre acuna a su bebé o cuando los amigos se abrazan, fomentando la confianza y el afecto. Y ahora los estudios demuestran que este neurotransmisor también es importante para el vínculo entre gatos y humanos.

La oxitocina fomenta la confianza y la calma

La oxitocina desempeña un papel fundamental en los vínculos sociales, la confianza y la regulación del estrés en muchos animales, incluidos los seres humanos. Un experimento de 2005 demostró que hacía que los voluntarios humanos estuvieran mucho más dispuestos a confiar en los demás cuando practicaban juegos financieros.

También tiene efectos calmantes en humanos y animales, ya que suprime la hormona del estrés cortisol y activa el sistema nervioso parasimpático (el sistema de descanso y digestión) para ayudar al cuerpo a relajarse.

Los científicos saben desde hace tiempo que las interacciones amistosas desencadenan la liberación de oxitocina tanto en los perros como en sus dueños, creando un círculo vicioso de vinculación. Sin embargo, hasta hace poco no se sabía mucho sobre su efecto en los gatos.

## Los efectos de acariciar un gato que ronronea

Los gatos son más sutiles a la hora de mostrar afecto. Sin embargo, sus dueños suelen referir los mismos sentimientos cálidos de compañía y alivio del estrés que los dueños de perros, y los estudios respaldan cada vez más estos testimonios. Investigadores de Japón, por ejemplo, informaron en 2021 que las breves sesiones de caricias con sus gatos aumentaban los niveles de oxitocina en muchos propietarios.

En ese estudio, las mujeres interactuaron con sus mascotas durante unos minutos mientras los científicos medían los niveles hormonales de los propietarios. Los resultados sugirieron que el contacto amistoso (acariciar al gato, hablarle en un tono suave) estaba relacionado con un aumento de la oxitocina en la saliva de los humanos, en comparación con un período de descanso tranquilo sin su gato.

Muchas personas encuentran relajante acariciar a un minino que ronronea, y las investigaciones indican que no es solo por su suave pelaje. El acto de acariciar e incluso el sonido del ronroneo pueden desencadenar la liberación de oxitocina en nuestro cerebro. Un estudio de 2002 descubrió que esta descarga provocada por el contacto suave con un gato ayuda a reducir el cortisol (nuestra hormona del estrés), lo que a su vez puede reducir la presión arterial e incluso el dolor.

Hombre con un gato gris en el regazo.
Acurrucarse con un gato puede ayudar a suprimir la hormona del estrés, el cortisol.
Vershinin89/Shutterstock

¿Cuándo se libera la oxitocina entre gatos y humanos?

Las investigaciones están identificando momentos específicos que provocan la liberación de esta hormona en nuestra amistad entre especies. El contacto físico suave parece ser un desencadenante principal para los gatos.

Un estudio de febrero de 2025 descubrió que cuando los dueños acariciaban, abrazaban o mecían a sus gatos de forma relajada, la oxitocina de los dueños tendía a aumentar, al igual que la de los gatos, siempre que la interacción no fuera forzada para el animal.

Los investigadores monitorizaron los niveles de la hormona en los gatos durante 15 minutos de juego y mimos en casa con su dueño. Los felinos con un vínculo seguro que iniciaban el contacto, por ejemplo, sentándose en el regazo o empujando con el hocico, mostraban un aumento de oxitocina. Cuanto más tiempo pasaban cerca de sus humanos, mayor era el aumento.

¿Qué ocurre con los felinos menos cariñosos? El mismo estudio observó patrones diferentes en gatos con estilos de apego más ansiosos o distantes. Los ejemplares evasivos (los que mantenían la distancia) no mostraron cambios significativos en la oxitocina, mientras que los ansiosos (que buscaban constantemente a su dueño, pero se sentían fácilmente abrumados al ser manipulados) tenían niveles altos de oxitocina desde el principio.

Se descubrió que la oxitocina de los gatos evasivos y ansiosos descendía tras un abrazo forzado. Cuando las interacciones respetan la comodidad del animal, la hormona del vínculo fluye, pero cuando un gato se siente acorralado, es esquiva.

Quizás los humanos podrían aprender algo de sus amigos felinos sobre cómo gestionar los estilos de apego. La clave para crear un vínculo con un gato es comprender cómo se comunican.

A diferencia de los perros, los gatos no dependen del contacto visual prolongado para crear vínculos. En su lugar, utilizan señales más sutiles. La más conocida es el parpadeo lento, una sonrisa felina que transmite seguridad y confianza.

El ronroneo también desempeña un papel importante en la creación de conexiones con las personas. El ronroneo grave no solo se ha relacionado con la curación de los propios gatos, sino también con efectos calmantes en los seres humanos. Escuchar ese peculiar sonido puede reducir la frecuencia cardíaca y la presión arterial, y la oxitocina media estos beneficios.

La compañía de un gato, reforzada por todos esos pequeños aumentos de oxitocina de las interacciones diarias, puede servir como amortiguador contra la ansiedad y la depresión, en algunos casos proporcionando un consuelo equiparable al apoyo social humano.

¿Son los gatos menos cariñosos que los perros?

Es cierto que los estudios suelen encontrar respuestas más fuertes de oxitocina en las interacciones entre perros y humanos. En un experimento muy comentado de 2016, los científicos midieron la oxitocina en mascotas y propietarios antes y después de diez minutos de juego. Los perros mostraron un aumento medio del 57 % en los niveles de oxitocina después del juego, mientras que los gatos mostraron un aumento de alrededor del 12 %.

En los seres humanos, los niveles de oxitocina aumentan durante las interacciones sociales significativas. Los estudios demuestran que el contacto con un ser querido produce respuestas de oxitocina más fuertes que el contacto con extraños. Por lo tanto, el saludo alegre de un perro es similar a la emoción que se siente al ver a un hijo o a la pareja.

Los perros, al ser animales de manada domesticados para la compañía constante de los humanos, están casi programados para buscar el contacto visual, las caricias y la aprobación de las personas, un comportamiento que estimula la liberación de oxitocina en ambas partes. Los gatos, sin embargo, evolucionaron a partir de cazadores solitarios que no necesitaban gestos sociales evidentes para sobrevivir. Por lo tanto, es posible que no muestren un comportamiento impulsado por la oxitocina con tanta facilidad o consistencia. En cambio, los gatos pueden reservar su comportamiento de liberación de esa hormona para cuando se sienten realmente seguros.

La confianza de un gato no es automática, hay que ganársela. Pero una vez concedida, se refuerza con la misma sustancia química que une a los padres, parejas y amigos humanos.

Así que, la próxima vez que su gato le mire lentamente desde el otro lado del sofá o se suba a su regazo para acurrucarse y ronronear, tenga en cuenta que también está ocurriendo algo invisible: la oxitocina está aumentando en ambos cerebros, profundizando la confianza y aliviando el estrés de la vida cotidiana. Los gatos, a su manera, han aprovechado la antigua biología del amor.

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Laura Elin Pigott no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

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El largo y difícil camino hacia un mundo sin petróleo

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Carme Frau, Profesora Ayudante Doctora (UIB, Facultad de Economía y Empresa, Área de Finanzas), Universitat de les Illes Balears

Refinería de petróleo en el estado de Washington (Estados Unidos). Walter Siegmund/Wikimedia Commons, CC BY

Este verano un diario balear tituló uno de sus textos con la frase: “La independencia total del petróleo no la veremos, es una utopía”. Dicha afirmación es mía y nace de mis investigaciones sobre economía de la energía. Con ella no busco desanimar, sino invitar a un debate realista sobre la transición energética.

En un mundo que aspira a la sostenibilidad, ¿es posible dejar atrás el petróleo? Desde una perspectiva económica, la respuesta es compleja, pero encontrarla es necesario.

La persistente relevancia del petróleo

En 2024, el petróleo representó el 31,3 % del consumo energético mundial. En el corto plazo, sectores como el transporte terrestre, la industria química y la aviación dependen de él de manera casi insustituible. Aunque las energías renovables crecen rápidamente (en 2024, el 29,7 % de la electricidad mundial fue de ese origen), su escalabilidad está limitada por costes, infraestructura y almacenamiento.

Porcentaje de participación de las distintas fuentes de energía (renovables y no renovables) en el consumo total y en la generación eléctrica.
Fuente: elaboración propia

Aunque, por ejemplo, la producción de baterías para vehículos eléctricos requiere minerales cuya extracción y procesamiento aún dependen de combustibles fósiles, esto no significa que debamos rendirnos ante el petróleo. Todo lo contrario: la economía nos enseña que los incentivos y las políticas públicas pueden acelerar la transición. Pero ignorar la realidad de nuestra dependencia actual es tan utópico como imaginar un mundo sin petróleo de la noche a la mañana.




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Los límites de la transición energética

La transición hacia fuentes renovables es imparable, pero no está exenta de desafíos. Por ejemplo, en España, el Plan Nacional Integrado de Energía y Clima aspira a que, en 2030, el 81 % de la electricidad sea de origen renovable. Sin embargo, el uso del petróleo seguirá siendo crucial para sectores no electrificados como el transporte marítimo o la producción de cemento y plásticos.




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Además, los costes de esa transición son significativos: según la Agencia Internacional de la Energía, para alcanzar la neutralidad climática para el 2050 se requerirían inversiones globales de 5 billones de dólares anuales. ¿Y quién pagará esta factura? Los gobiernos, las empresas y, en última instancia, los consumidores.

Otro obstáculo es la desigualdad a nivel global. Mientras que Europa avanza en la descarbonización, países como Nigeria, que ocupa el décimo lugar a nivel mundial en reservas probadas de petróleo, dependen de él para crecer económicamente. Forzar una transición homogénea, sin considerar estas realidades, podría agravar las desigualdades.

Hacia una transición realista

Entonces, ¿cuál es el camino? Desde la economía, propongo tres pilares, los tres del lado de la oferta:

  1. Incentivos económicos: subsidios a las energías renovables, impuestos al carbono y mercados de emisiones bien diseñados pueden acelerar el cambio sin demonizar al petróleo.

  2. Innovación tecnológica: invertir en tecnologías como la captura de carbono y el hidrógeno verde y el diseño de baterías más eficientes es esencial para reducir la dependencia del petróleo en sectores críticos (transporte, generación eléctrica, etc.).

  3. Cooperación global: la transición debe ser inclusiva, apoyando a los países en desarrollo para que adopten energías limpias sin comprometer su crecimiento.




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Futuro energético

Hoy por hoy, la independencia total del petróleo es una utopía. Para avanzar no necesitamos utopías sino políticas basadas en datos, innovación y pragmatismo. El futuro energético no se construye con promesas sino con pasos firmes que nos lleven hacia una economía más sostenible y libre de gases contaminantes. El petróleo seguirá con nosotros, pero su protagonismo puede y debe disminuir: depende de nosotros decidir cómo.

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Carme Frau no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

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¿Por qué nos parece que los veranos no duran tanto como antes?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Fernando Díez Ruiz, Professor, Faculty of Education and Sport, Universidad de Deusto

Casi todos asociamos las vacaciones asociamos con la playa y el descanso. En la imagen, Palma de Mallorca. Andrés Nieto Porras. , CC BY-SA

¿Recuerda aquellos veranos de la infancia que parecían eternos? Días interminables jugando en la calle, disfrutando con los amigos, noches que se alargaban entre juegos y risas. Sin embargo, al crecer y hacernos más mayores, los periodos de vacaciones parece que no duran nada.

Como escribió Marcel Proust, “el tiempo, que cambia a las personas, no altera la imagen que de ellas guardamos”. Quizá lo mismo ocurre con los veranos: no es que hayan cambiado, sino que somos nosotros quienes los percibimos de otra manera.

Percepción subjetiva del tiempo

El tiempo es objetivo, marcado por el reloj y por el calendario. Pero su vivencia es profundamente subjetiva.

En Antes del amanecer (Linklater, 1995), una sola noche en Viena parece expandirse hasta convertirse en un universo completo de recuerdos. La película ilustra cómo la intensidad emocional y la novedad transforman unas horas en una experiencia vital extensa.

Imagen de la película Antes del amanecer, una metáfora de lo mucho que puede estirarse el tiempo.
Columbia Pictures.

Nuestro cerebro no percibe el paso de las horas de forma lineal, sino en función de la novedad, la atención y la memoria. Cuantas más experiencias nuevas vivimos, más información almacenamos y, en consecuencia, el tiempo se percibe como más largo.

Durante la infancia todo es descubrimiento: los amigos, los juegos, los lugares. Cada verano está repleto de “primeras veces”. El cerebro infantil está en un estado a aprendizaje continuo, saturado de estímulos que se procesan y registran. Esa abundancia de experiencias genera la impresión de que los días son extensos y variados.

Con los años, el cerebro se va habituando y tiene que atender a múltiples preocupaciones y decisiones. Ya no registra tanto detalle porque reconoce patrones conocidos. Al haber menos novedades, los recuerdos son más escasos, y lo que queda en la memoria es un resumen simplificado de semanas enteras. Así, al mirar atrás, sentimos que “el verano voló”.

Atención vs estrés

El modo en que gestionamos la atención también influye. Los adultos suelen vivir los veranos con prisas: planificar viajes, trabajar antes y después de las vacaciones para cubrir tareas, atender a la familia. Este fraccionamiento mental reduce la capacidad de disfrutar del presente. Cuando la atención se dispersa, el cerebro procesa menos detalles y los días se sienten más cortos. Es normal que un adulto, cuando comienza el verano, tarde entre 2 y 3 días antes de sentirse plenamente en modo descanso.

En cambio, los niños tienen la capacidad de sumergirse plenamente en una actividad. Una tarde en la piscina o un partido improvisado de fútbol en la plaza les absorbe de tal forma que cada momento queda grabado. La intensidad de esa vivencia amplia la sensación temporal.

Vacaciones con ojos de niño

La psicología cognitiva lleva décadas investigando este fenómeno. William James, considerado padre de la psicología moderna, ya señalaba en 1890 que la novedad es clave en la percepción del tiempo. Estudios recientes en neurociencia confirman que la dopamina (neurotransmisor asociado al aprendizaje y la recompensa) se libera más intensamente cuando enfrentamos experiencias nuevas. Esa descarga favorece la codificación de recuerdos y alarga la sensación temporal.

Un experimento interesante mostró que, cuando se pide a adultos y a niños estimar la duración de una misma actividad divertida, los pequeños tienden a decir que duró más. Esto sugiere que no solo la memoria posterior, sino también la vivencia inmediata, se percibe de manera distinta con la edad.

Los estudios evidencian que las vacaciones son necesarias tanto para los más pequeños como para los mayores. Esto se debe a que, cuando interrumpimos nuestras rutinas, abrimos espacios para nutrirnos de nuevos lugares, perspectivas, y damos pie a la creatividad. Así, el descanso y la desconexión contribuyen a mejorar el rendimiento cognitivo.

Cabe destacar que los descansos cortos lejos del hogar y el trabajo pueden ser más restauradores que unas vacaciones más largas.. Además, el contacto con la naturaleza, la realización de actividades locales o diferentes prácticas culturales ayudan a reforzar los vínculos familiares y sociales. De esta manera, cuando volvemos de vacaciones, solemos experimentar una sensación de bienestar que nos permite retomar el curso o el trabajo con más ganas.

Cómo vivir un eterno verano

Si los días de vacaciones se nos escapan de las manos, quizás podamos aprender de la infancia y buscar estrategias para “estirarlos”. O incluso, hacerlos “presentes” en los días laborables. No se trata de añadir más días al calendario, sino de enriquecerlos con ideas como:

  • Romper la rutina: probar actividades nuevas, visitar lugares desconocidos, aprender algo distinto. La novedad genera recuerdos y amplia la sensación de tiempo.

  • Vivir el presente: practicar la atención plena (mindfulness) ayuda a ralentizar la percepción del paso del día.

  • Reducir las prisas: organizar los días de descanso evitando agendas sobrecargadas. A veces, menos planes significa más disfrute.

  • Registrar experiencias agradables: escribir un diario o tomar fotografías cuando estamos de vacaciones –siempre y cuando no nos metamos en la rutina estresante de subirlas a las redes sociales– contribuye a reforzar la memoria, y al mirar atrás sentimos que el tiempo fue más largo.

Una mirada final

Los veranos no han cambiado de duración. Somos nosotros quienes los percibimos de forma distinta. La niñez los convierte en un mundo de descubrimientos, mientras que la mirada de adulto los reduce a un paréntesis breve en la rutina anual.

Quizás la clave esté en recuperar esa mirada infantil: abrirnos a lo inesperado, vivir con intensidad y permitir que cada día deje huella. Al fin y al cabo, lo que da longitud al tiempo no son los relojes, sino la riqueza de lo vivido.

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Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

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