Cómo aprovechar la ‘dieta mediática’ de los adolescentes para trabajar el pensamiento crítico

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Pedro Adalid Ruíz, Profesor Universitario de Políticas de Calidad Educativa y Planes de Mejora, Universidad CEU San Pablo

PeopleImages.com/Shutterstock

Para los niños y adolescentes de hoy la frontera entre el aprendizaje formal y el consumo de medios se ha diluido: plataformas como TikTok, YouTube e Instagram no son meros pasatiempos, sino espacios primordiales de socialización, construcción de identidad y acceso a información.

Esta “dieta mediática juvenil”, compuesta por vídeos virales, memes, trends y noticias fragmentadas, es la principal matriz cultural de las nuevas generaciones. ¿Cómo debe afrontarla la escuela? Ignorar o rechazar estos contenidos, por considerarlos distracciones, genera una brecha entre la escuela y la vida de los estudiantes. Además, deja a los jóvenes desarmados frente a los desafíos de la desinformación, los estereotipos y la manipulación emocional que proliferan en entornos sin filtros editoriales.




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La alfabetización digital no es enseñar a usar herramientas tecnológicas, sino formar sujetos capaces de comprender, cuestionar y transformar los discursos que consumen y producen. Así, organismos internacionales como la UNESCO la definen como “alfabetización mediática e informacional” y la consideran imprescindible para el desarrollo personal.

Traer los contenidos a la escuela

Proyectos impulsados por instituciones como Fad Juventud promueven actividades educativas gamificadas para fomentar el pensamiento crítico entre adolescentes. Un ejemplo destacado es el proyecto ERASER, una aventura interactiva diseñada para centros de Educación Secundaria, Bachillerato y Formación Profesional.

En este entorno lúdico, los estudiantes asumen el rol de “detectives digitales”, enfrentándose a casos reales de desinformación. A través de vídeos, publicaciones en redes sociales y audios virales, aplican técnicas de verificación de hechos, identifican bulos y deepfakes y analizan estrategias de manipulación digital.

Deconstruir un vídeo viral

Al utilizar, por ejemplo, un vídeo viral de TikTok en el aula, el docente puede desgranar conceptos complejos y esenciales para el pensamiento crítico como:

  • La autoría y credibilidad: ¿Quién está detrás de este mensaje? ¿cuál es su intención (informar, persuadir, vender)? ¿existen credenciales que respalden la información?

  • El lenguaje audiovisual: ¿Qué recursos de edición, música o encuadres se utilizan para manipular o influir en la emoción del espectador?

  • Los sesgos y algoritmos: ¿Por qué la plataforma me muestra este contenido específico? ¿cómo la lógica algorítmica moldea nuestra “burbuja informativa” y sesga nuestra visión del mundo?

Esta aproximación transforma el consumo pasivo en un ejercicio de reflexión profunda, trasladando el foco de la alfabetización técnica (saber usar el dispositivo) a la comprensión crítica (saber interpretar y cuestionar el contenido), demostrando que esta no es una propuesta teórica, sino una práctica factible.

Enfoques desde distintas asignaturas

En este sentido, un docente de Lengua puede trabajar con vídeos de influencers para analizar discursos persuasivos, mientras que un profesor de Ciencias Sociales puede explorar cómo se construyen identidades o se representan conflictos en memes y clips virales, vinculando el contenido digital con los temas curriculares.

Al dar a los estudiantes el papel de productores o analistas de contenido, se desarrolla una mayor conciencia sobre su rol en el ecosistema digital.

Currículum y familia

Para que esta transformación prospere se requiere una alianza entre escuela y familia. Los docentes necesitan formación específica en competencias digitales críticas que vaya más allá del manejo de software, y les ayuden a comprender los lenguajes, dinámicas y riesgos inherentes a los entornos digitales. También es necesario incorporar en el currículum el análisis de contenidos digitales en las planificaciones, promoviendo debates sobre temas éticos y sociales presentes en redes y utilizando rúbricas de pensamiento crítico.




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Por su parte, las familias pueden pasar de la censura o la indiferencia a la mediación activa. La conversación y la confianza familiar son pilares para el desarrollo de la autonomía digital. Preguntas como “¿Qué has aprendido hoy en TikTok?” o “¿Por qué crees que este influencer te dice eso?” abren un diálogo crucial.

De la pasividad a la participación

Enseñar a comprender los contenidos digitales no es una tarea opcional, sino una responsabilidad educativa urgente. La pedagogía del siglo XXI debe integrar los lenguajes, hábitos y dinámicas digitales que forman parte del entorno del niño y adolescente, transformándolos en herramientas educativas dentro del aula del futuro.

La clave reside en transformar el consumo en análisis, la reproducción en creación, y la pasividad en participación consciente. Así será posible formar generaciones con la brújula intelectual necesaria para navegar el vasto mundo digital con autonomía, criterio y compromiso cívico.

The Conversation

Pedro Adalid Ruíz no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Cómo aprovechar la ‘dieta mediática’ de los adolescentes para trabajar el pensamiento crítico – https://theconversation.com/como-aprovechar-la-dieta-mediatica-de-los-adolescentes-para-trabajar-el-pensamiento-critico-267715

La UE de Von der Leyen favorece el ‘marketing’ de Silicon Valley para invertir en IA, sin base científica

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Ramon López de Mántaras, Profesor de investigación del CSIC, Instituto de Investigación en Inteligencia Artificial (IIIA – CSIC)

Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, durante un acto en Bucarest (Rumanía) en julio de 2024. CornelPutan/Shutterstock

La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, aseguró el pasado mes de mayo, en la conferencia anual sobre el presupuesto europeo, que la inteligencia artificial alcanzaría la “capacidad de razonar como un ser humano” en 2026. Ante el comentario, muchos especialistas nos llevamos las manos a la cabeza. No lo dijo citando un artículo revisado por pares ni un estudio científico sólido. Lo dijo repitiendo materiales de marketing de algunas de las grandes tecnológicas norteamericanas.

La comunidad científica alerta de las decisiones políticas tomadas en la UE comprando humo a las grandes tecnológicas norteamericanas. Los contratos de IA para servicios públicos en Europa benefician sobre todo a firmas privadas que venden sistemas cuyo impacto real está por demostrar. La IA no va a solucionar el sistema sanitario, revolucionar los servicios sociales ni modernizar la administración. Hay que invertir en personas, no en desarrollos imposibles.

Carta abierta de la comunidad científica

A mediados de noviembre de este año, más de 250 científicos firmamos una carta abierta pidiendo a la presidenta que se retractara de la afirmación de que la IA se acercará al razonamiento humano el próximo año; que evaluara con rigor otras afirmaciones de marketing similares sobre productos de IA; y que se asegurara de contar en el futuro con el asesoramiento científico imparcial necesario.

La Comisión Europea respondió que la afirmación se basaba en “el conocimiento profesional de los servicios de la Comisión y una revisión de literatura científica”.

Esa “literatura científica”, sin embargo, resultó ser un puñado de declaraciones del CEO de Anthropic, del director de OpenAI, del responsable de Nvidia y del experto en IA Yoshua Bengio.

La carta abierta es muy crítica, ya que al entrar en el juego del marketing de las grandes tecnológicas, Europa mina su propia credibilidad.

La distancia entre política y realidad

Pero éste no es el único problema. El programa europeo de 200 000 millones destinado a “gigafactorías de IA” responde a las promesas de muchos gobiernos europeos de que la inteligencia artificial revolucionará el sistema sanitario y transformará los servicios públicos. Europa está tomando decisiones políticas y económicas con dinero público sobre una base preocupante: la publicidad empresarial, no la ciencia.

Los científicos que firmamos la carta no somos enemigos de la tecnología: trabajamos con ella a diario. Justamente por eso alertamos de la distancia creciente entre lo que los políticos prometen y lo que la IA realmente es capaz de hacer.

Rao Kambhampati, expresidente de la prestigiosa AAAI (Asociación para el Avance de la Inteligencia Artificial), publicó en 2023 un trabajo titulado ¿Pueden los modelos masivos de lenguaje realmente razonar y planificar?. Ahí argumenta sólidamente que lo que hacen estos modelos (el más conocido por el gran público es ChatGPT) no es razonar sino más bien recitar, recuperando, aproximadamente, información que se les había proporcionado durante la fase de entrenamiento.

Recientemente, en 2025, investigadores de Apple publicaron un trabajo titulado The Illusion of Thinking (La Ilusión del Pensamiento) en el que mostraban que los modelos de “razonamiento” más avanzados fallan estrepitosamente en problemas complejos. Funcionan bien mientras las tareas son simples, pero sus capacidades colapsan cuando se incrementa la dificultad.

Por su parte, en noviembre de este mismo año, un estudio llevado a cabo por 42 investigadores de prestigiosas instituciones (Universidad de Oxford, Escuela Politécnica Federal de Lausana, Universidad Stanford, Universidad Técnica de Munich, Universidad de California-Berkeley, Instituto de Seguridad de la IA del Reino Unido, Weizenbaum Institute y Universidad de Yale), analizaron 445 tests (benchmarks) de IA y concluyeron que muchos no evalúan lo que dicen evaluar: más que razonar, los modelos memorizan patrones, confirmando así las conclusiones de Kambhampati.

No habrá IA con inteligencia similar a la humana

El informe de 2025 del denominado “Panel Presidencial” de la AAAI sobre el futuro de la investigación en IA revela que el 76 % de los científicos que investigan en IA afirman que es “poco probable” o “muy poco probable” que los enfoques actuales de la IA permitan alcanzar una IA general similar a la humana, lo que sugiere serias dudas sobre el futuro de los paradigmas actuales de la IA generativa. Y, aun así, demasiados líderes europeos siguen tomando como referencia la palabra de los CEO de Silicon Valley, cuyo deber fiduciario es defender sus beneficios, no la verdad científica.

Riesgo público y beneficios privados

El patrón es claro. Ursula von der Leyen ha repetido en varias ocasiones que la IA alcanzará pronto capacidades de razonamiento humano mientras impulsa un gigantesco plan de inversión pública. En la cumbre de “Acción en IA” de París, en febrero de 2025, anunció una infraestructura europea de “computación masiva”, con la adquisición de 100 000 procesadores avanzados.

La financiación vendría de fondos públicos y privados: “la mayor asociación público-privada del mundo para desarrollar IA fiable”, afirmó. En otras palabras: riesgos públicos, beneficios privados.

En el Reino Unido, el Gobierno de Keir Starmer y la mayoría de líderes europeos siguen una narrativa muy similar. Según su discurso, la IA es la llave para transformar el sistema sanitario, revolucionar los servicios sociales y modernizar la administración.

Contratos privados con empresas de IA

La realidad es más pedestre: los contratos millonarios con empresas de IA avanzan, pero la inversión en personas se desploma: los sistemas públicos de salud pierden personal sanitario, los maestros y profesores abandonan la profesión exhaustos y los trabajadores sociales gestionan cargas inasumibles. Ninguna de estas profesiones puede ser reemplazada por IA.

La medicina requiere juicio clínico y empatía para tratar a los pacientes; la educación exige interpretar señales emocionales y despertar curiosidad; el trabajo social implica navegar por situaciones familiares complejas y sostener decisiones difíciles. La IA puede asistir en tareas concretas (procesar datos, identificar patrones en imágenes médicas), pero no suplanta el criterio profesional. Puede generar textos plausibles, no conocimiento. En los servicios públicos, esta diferencia no es un matiz: es la línea que separa el buen funcionamiento del fracaso.

El rastro del dinero

Para entender qué pasa, conviene seguir el rastro del dinero: mientras las empresas de IA cuentan con ejércitos de lobistas, los antiguos responsables de políticas públicas encuentran nuevos empleos asesorando a las mismas compañías que antes regulaban.

No sorprende que la “revisión de literatura” de la Comisión Europea diera como resultado un conjunto de declaraciones de directivos de empresas con enormes intereses en juego.

Mientras tanto, cada contrato de IA para servicios públicos beneficia sobre todo a firmas privadas que venden sistemas cuyo impacto real está por demostrar. La financiación pública se convierte así en capital de riesgo para proyectos tecnológicos.

Von der Leyen ha comprometido 200 000 millones para el desarrollo de IA europea. ¿Cuánto de ese dinero se destinará a formar y retener médicos, maestros, trabajadores sociales y funcionarios? Muy poco. La paradoja es evidente: se promete modernización mientras se desinvierte en las personas que sostienen la vida pública.

Que la inversión pública se centre en las capacidades humanas

Los científicos que cuestionamos a Von der Leyen no rechazamos la IA. Rechazamos el engaño. Pedimos políticas basadas en evidencia real, no en el marketing de Silicon Valley. Exigimos que la inversión pública vuelva a centrarse en la capacidad humana: salarios competitivos, formación continua, estructuras organizativas que preserven el conocimiento y permitan evaluar las consecuencias de las decisiones.

La IA puede ser útil, sí. Puede agilizar tareas, aportar eficiencia, complementar el trabajo de profesionales experimentados. Pero no es una solución milagrosa, ni un sustituto del personal cualificado, ni una excusa para continuar externalizando funciones esenciales del Estado.

Cuando la Comisión Europea reconoció que su afirmación sobre el “razonamiento humano” se apoyaba en declaraciones de CEO, quedó claro el problema de fondo: estamos construyendo políticas públicas sobre cimientos de propaganda.

Europa tiene que elegir. O sigue confiando en promesas tecnológicas sin fundamento y entrega sus servicios públicos a la lógica del outsourcing, o afronta la tarea –menos brillante, pero indispensable– de reconstruir su capacidad humana.

El futurible de la IA no será el que anuncien los directivos con intereses comerciales, sino el que permitan la ciencia, la responsabilidad política y la inversión sostenida en lo que de verdad funciona: las personas. La pregunta es si nuestros líderes están dispuestos a admitirlo.

The Conversation

Ramon López de Mántaras no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. La UE de Von der Leyen favorece el ‘marketing’ de Silicon Valley para invertir en IA, sin base científica – https://theconversation.com/la-ue-de-von-der-leyen-favorece-el-marketing-de-silicon-valley-para-invertir-en-ia-sin-base-cientifica-270304

Conejos en la península ibérica: dos historias evolutivas, ¿dos especies diferentes?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Patricia Hidalgo Vaquerizas, Profesor Sustituto, Didácticas Específicas, Universidad de Córdoba

Dos ejemplares de conejo europeo (_Oryctolagus cuniculus_). François Mougeot

El conejo europeo (Oryctolagus cuniculus) recibe su nombre común por ser una especie que puede encontrarse en buena parte de Europa. Esta presencia es resultado de los múltiples traslados históricos que comienzan a realizarse en época romana desde la península ibérica, de donde es originario.

En la actualidad, Oryctolagus cuniculus sigue siendo un habitante común de los campos de la península ibérica, considerándose una pieza fundamental de los ecosistemas mediterráneos y un elemento clave en la relación entre naturaleza, caza y agricultura.

No obstante, estudios recientes han desvelado que su historia evolutiva es más compleja de lo que se pensaba. De hecho, un trabajo que acabamos de publicar en European Journal of Wildlife Research revela cómo en la península ibérica coexisten dos tipos de conejo distintos.

Dos linajes separados por millones de años

Mapa de la distribución mundial actual del conejo silvestre europeo. Las áreas oscuras y las flechas señalan los lugares donde se ha informado de la presencia de la especie.
Imagen tomada de Vaquerizas (2023)

Porque, como detallamos en el artículo, el conejo europeo se divide en dos subespecies con trayectorias evolutivas independientes. Por un lado está Oryctolagus cuniculus cuniculus (abreviadamente, Occ), presente en el norte y el este de la península ibérica. Y por otro, Oryctolagus cuniculus algirus (Oca), endémico del suroeste ibérico y del norte de África.

Ambos linajes se separaron hace unos dos millones de años, durante las glaciaciones del Pleistoceno, y hoy apenas coinciden en una estrecha franja central.




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Occ es el linaje introducido en Europa en los últimos dos milenios, desde donde se expandió a muchas otras regiones del mundo, incluidas Australia y Nueva Zelanda. Por su parte, Oca solo fue introducido solo en algunas islas, incluidas las Azores y Canarias. Por tanto, Oca más que “europeo”, es realmente “ibérico”.

Aunque Oca y Occ se parecen morfológicamente, como ocurre entre muchas otras especies de conejos del mundo, su biología, comportamiento y genética muestran profundas diferencias.

Tras revisar 57 estudios publicados desde 1980 hasta la actualidad, encontramos que casi el 80 % de ellos documenta diferencias significativas entre ambos linajes en aspectos genéticos, morfológicos, reproductivos y ecológicos. El Oca es más pequeño, oscuro y de orejas más cortas, crece más lentamente y tiene camadas más reducidas; mientras que el Occ es más grande, prolífico y adaptable a diferentes ambientes.

Incluso existen incompatibilidades entre sus cromosomas X e Y, evidenciando una especiación incipiente. Es decir, la etapa inicial del proceso de formación de una nueva especie en la que dos o más poblaciones empiezan a divergir hasta alcanzar un aislamiento reproductivo significativo pero aún incompleto.




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El conejo: plaga y especie amenazada

Estas diferencias biológicas se reflejan también en el estado de sus poblaciones. En el suroeste, donde predomina Oca, han sufrido un drástico declive, agravado por la aparición hace unos años de una nueva variante del virus hemorrágico RHDV2, que produce una enfermedad fatal en los conejos.

En el norte y el centro, donde vive Occ, las poblaciones en general se han mantenido estables o incluso en expansión.

Este hecho ofrece una paradoja: el conejo figura como especie que se encuentra amenazada en el sur mientras se considera una plaga en el norte del centro peninsular. Sin embargo, las políticas públicas lo siguen tratando como una sola entidad, aplicando los mismos marcos de gestión a situaciones opuestas.

El conejo es la base alimentaria de depredadores emblemáticos como el lince ibérico (Lynx pardinus) y el águila imperial ibérica (Aquila adalberti). Su escasez en el sur pone en riesgo la recuperación de estas especies, mientras que su abundancia en el norte y el centro genera graves daños a cultivos de viñedos y cereales en comunidades autónomas como Castilla-La Mancha, Aragón o Cataluña.

Repoblar sin mirar el ADN puede salir caro

Desde los años noventa, las repoblaciones y translocaciones de conejos desde zonas donde aún conserva altas densidades se han usado para reforzar poblaciones menguantes con fines de conservación o caza. No obstante, los expertos advierten que mover conejos sin tener en cuenta su origen genético puede ser contraproducente para la conservación de Oca.

Introducir ejemplares de un linaje en territorios ocupados por el otro puede provocar pérdida de adaptaciones locales y desequilibrios ecológicos. Aunque la Directiva Hábitats (92/43/CEE) prohíbe introducir linajes no nativos, su aplicación práctica sigue siendo limitada. En Castilla-La Mancha, quizá la comunidad autónoma con mayor grado de dificultad para que coexistan Occ y Oca de manera natural, han comenzado a regularlo, pero falta una estrategia común a nivel de toda la región ibérica.




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Dos estrategias para garantizar su futuro

La gestión del conejo en la península debe adaptarse a la biología de cada linaje. En el suroeste, donde domina Oca, es urgente priorizar la conservación, restaurando hábitats y reduciendo la mortalidad por enfermedades, caza y depredación. En áreas agrícolas del norte y centro, donde abunda Occ, las medidas deben centrarse en un control sostenible que minimice los daños a los cultivos sin alterar los ecosistemas.

Las repoblaciones, además, deberían realizarse solo dentro del área natural de cada linaje y basarse en análisis genéticos previos para evitar problemas indeseados, como el reemplazo de poblaciones Oca por Occ en el área de distribución de Oca.

Dos historias bajo un mismo nombre

El caso del conejo silvestre en la península ibérica muestra cómo la historia evolutiva puede condicionar los retos de la conservación actual. Dos linajes separados hace millones de años responden hoy de manera diferente a las presiones humanas y ambientales. Ignorar esa diversidad podría llevarnos a perder uno de los linajes más antiguos de Europa mientras el otro se multiplica sin control.

En la península ibérica conviven bajo un mismo nombre, pues, dos historias naturales: la de un conejo genuinamente ibérico que necesita protección, y la de otro, más europeo y cosmopolita, que debe ser gestionado. Reconocer esa dualidad es el primer paso para garantizar su conservación y su coexistencia.

The Conversation

Patricia Hidalgo Vaquerizas no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Conejos en la península ibérica: dos historias evolutivas, ¿dos especies diferentes? – https://theconversation.com/conejos-en-la-peninsula-iberica-dos-historias-evolutivas-dos-especies-diferentes-267932

COP30: los intereses petroleros vuelven a bloquear la acción climática, pero algunos países buscan alternativas

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Jordi Roca Jusmet, Catedrático de Economía, Universitat de Barcelona

Manifestantes en los pasillos durante la celebración de la COP. UN Climate Change – Kiara Worth/ Flickr, CC BY-NC-SA

Una vez finalizada la última cumbre climática de Naciones Unidas (COP30), celebrada entre el 10 y el 22 de noviembre en Belém (Brasil), es hora de hacer balance. Si bien el evento no ha resultado en ningún avance significativo hacia la mitigación del calentamiento global o la financiación climática, sí nos ha dejado un resultado positivo: algunos países han tomado la iniciativa de comenzar una hoja de ruta para abandonar los combustibles fósiles.

Novedades de la COP30

Esta cumbre ha resultado novedosa por dos razones relacionadas entre sí. La primera es que, en contraste con las tres conferencias anteriores, blindadas represivamente, las calles de Belém se llenaron de indignación. Decenas de miles de manifestantes, con gran presencia de población indígena, se congregaron reclamando “justicia ambiental”. No solo se refieren a las consecuencias del cambio climático, también buscan proteger su territorio y su vida frente a las actividades de extracción de petróleo.

La segunda razón es que por primera vez se ha visibilizado con fuerza la necesidad de abandonar los combustibles fósiles. A pesar de ser las protagonistas del cambio climático, el abandono de estas fuentes de energía ha estado ausente en las decisiones de las cumbres. Únicamente el documento final de la COP28 de 2023 mencionó un inconcreto propósito de “una transición para dejar atrás los combustibles fósiles”. Una intención que desapareció en la COP29 por la presión sobre todo de Arabia Saudita.




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En esta COP30, unos 80 países, liderados principalmente por Colombia (a pesar de ser un país exportador de petróleo y carbón) y España, e incluyendo a la mayoría de países de la Unión Europea, han reclamado una hoja de ruta para abandonar los combustibles fósiles.

Personas que con pancartas que piden acción climática en torno al signo de la COP30
Manifestantes en los alrededores de las instalaciones de la COP30.
UN Climate Change – Diego Herculano/Flickr, CC BY-NC-SA

Los países petroleros se oponen

El Acuerdo de París de 2015 llevó a los países a adoptar unos objetivos de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero o contribuciones determinadas nacionalmente (CDN) claramente insuficientes para cumplir su objetivo: mitigar el cambio climático limitando el calentamiento global a 1,5 ºC.

Los Estados debían actualizar posteriormente sus CDN, pero estas revisiones han sido inexistentes o muy tímidas.

En 2024 ya se superó puntualmente los 1,5 ºC de aumento medio de temperatura global respecto a la época preindustrial y el último informe de las Naciones Unidas sobre la brecha de emisiones señala que, aún si se cumpliesen estrictamente los compromisos nacionales actuales, el aumento futuro sería de mucho más de 2 ºC.

Los países petroleros, liderados por Arabia Saudita, se han opuesto fieramente a ni siquiera introducir el término “combustibles fósiles” en el comunicado final de la COP30. Con ello no están mostrando oposición a un tipo específico de política contra el cambio climático, sino que están evitando que se produzca la condición imprescindible para acercarse al objetivo del Acuerdo de París: una disminución rápida y radical de la extracción de combustibles fósiles.

Un plan para abandonar los combustibles fósiles

La reducción de la oferta de combustibles fósiles no será nada fácil y se ha de plantear de forma justa, dando prioridad a las zonas ambientalmente y socialmente más afectadas y voz a las comunidades locales, y estableciendo compensaciones económicas cuando se considere necesario.

No se puede simplemente esperar que las políticas nacionales que afectan a la demanda de combustibles fósiles (como la promoción de energías renovables o los precios al carbono) lleven a la necesaria reducción de extracción y venta de combustibles fósiles. Este resultado no está en absoluto garantizado. De hecho, dichas medidas pueden incluso resultar en que algunos gobiernos y empresas aceleren la extracción de recursos fósiles adelantándose a peores tiempos para el negocio (lo que se conoce como “paradoja verde”).

Se necesita una planificación que afecte tanto a la demanda como a la oferta y de la forma más multilateral posible.

Los contrastes de la COP

Esta ha sido una COP de contrastes y contradicciones. Se han producido manifestaciones indígenas, pero también ha habido una presencia enorme (como en las últimas COP) de lobistas de la industria fósil y también de los negocios agrarios y ganaderos que destruyen la Amazonia.

El mismo país anfitrión es prueba de estas contradicciones. Su presidente, Lula da Silva, planteaba como prioridad crear un fondo financiero contra la deforestación de los bosques tropicales y al mismo tiempo aprobaba una nueva explotación petrolera de la empresa pública Petrobras en la Amazonia sin escuchar los gritos de las poblaciones indígenas: “Nuestra tierra no está en venta”.




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Todo ello mientras la ministra de medio ambiente del mismo Gobierno de Brasil, Marina Silva, emplazó a todos los países a tener el coraje de abordar la necesidad de eliminar gradualmente los combustibles fósiles.

Sin grandes novedades en cuanto a financiación climática

En el terreno de la financiación por parte de los países ricos, responsables históricos del cambio climático, a los más pobres y más afectados por el calentamiento global, el lenguaje oficial de las COP ha evitado siempre términos como “justicia climática” y aún más “responsabilidad de compensaciones”. No obstante, sí se habla de “responsabilidades diferenciadas” y de “equidad”.




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El Acuerdo de París planteó movilizar unos 100 000 millones anuales de dólares para la mitigación y adaptación al cambio climático para 2020. En la COP29 se fijó un nuevo objetivo colectivo de financiación de 300 000 millones anuales de dólares para 2035, lo que representa menos del 0,3 % del PIB mundial y en torno al 12 % del gasto mundial en defensa, cuyo porcentaje respecto al PIB global está creciendo.

En este sentido, no hay grandes novedades en esta COP30, más allá de un propósito a aumentar fondos específicos para la adaptación. Han sido pequeñas promesas y grandes incumplimientos, sin especificar una distribución de cantidades y mezclando subvenciones, créditos e inversiones rentables de capital privado basadas en la voluntariedad.

No se han atendido propuestas de creación de fuentes de financiación específicas como podría ser un impuesto global a las grandes fortunas o un impuesto a las emisiones de la aviación o del transporte marítimo.

Una nueva conferencia sobre combustibles fósiles

En medio de una gran tensión entre dos partes fuertemente divididas, la COP30 cerró con una declaración final que no menciona los combustibles fósiles y prácticamente no hace mención de la deforestación. Pero ¿qué se puede esperar cuando las decisiones requieren el consenso absoluto, de forma que cualquier país individual puede vetar su aprobación?

Sin embargo, lo más importante no es este texto y ni siquiera el mantenimiento del marco actual de discusión de las COP. Fuera del consenso y del propio ámbito de las Naciones Unidas, Colombia y Países Bajos han anunciado que convocarán una conferencia de países y otros actores para avanzar en una hoja de ruta para abandonar los combustibles fósiles en abril de 2026 en Santa Marta (Colombia).

Esperemos que esta iniciativa abra nuevas perspectivas y que los movimientos sociales sigan luchando por la consigna que introdujeron hace muchas décadas: “Dejad los combustibles fósiles bajo tierra”.

The Conversation

Jordi Roca Jusmet no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. COP30: los intereses petroleros vuelven a bloquear la acción climática, pero algunos países buscan alternativas – https://theconversation.com/cop30-los-intereses-petroleros-vuelven-a-bloquear-la-accion-climatica-pero-algunos-paises-buscan-alternativas-269531

¿Un continente sin ruinas? La Antártida, entre la protección ambiental y la memoria

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Maria Ximena Senatore Connolly, Researcher, Instituto de Ciencias de Patrimonio (Incipit -CSIC)

Esqueleto armado con huesos de distintas ballenas localizado en Punta Jougla, Antártida. Nacho Cánepa

¿Puede la Antártida convertirse en el único continente sin ruinas? ¿Qué pasaría si proteger su naturaleza implicara también decidir qué pasado y qué presente recordaremos en el futuro?

Aunque suele imaginarse como un territorio apenas explorado, la presencia humana se extiende ya más de dos siglos y ha dejado huellas materiales y memorias diversas. Pero ¿qué recordamos y qué olvidamos de ella?

Las políticas ambientales, diseñadas para reducir el impacto humano, también actúan como políticas de memoria. Analizar casos contrastantes nos permite reflexionar sobre protección y olvido.

Traslado de módulos habitacionales prefabricados para bases científicas en la Antártida.
Traslado de módulos habitacionales prefabricados para bases científicas en la Antártida.
M. X. Senatore.

En 1959, el Tratado Antártico declaró al continente un espacio dedicado a la paz y la ciencia. Tres décadas después, el Protocolo de Madrid lo convirtió en uno de los territorios más protegidos del planeta. Desde entonces, todo resto de actividades humanas, pasadas o presentes, debe retirarse, salvo excepciones como los declarados “sitios y monumentos históricos”.

Este régimen ha reducido la contaminación y ha protegido la biodiversidad, pero también ha cambiado la forma de planificar el futuro. Hoy se priorizan acciones reversibles como el diseño de bases científicas con arquitecturas desmontables. La protección ha sido necesaria, pero también ha abierto nuevas preguntas. ¿Qué ocurre cuando unas huellas se conservan y otras se eliminan? Entonces empieza a jugar no sólo la protección ambiental, sino también la forma en que se construye la memoria.

Cápsulas del tiempo

La protección histórica se ha centrado en un grupo selecto de sitios, la mayoría ligados a las hazañas de los grandes exploradores o científicos del siglo XX. Sus cabañas, restauradas con detalle, se presentan como cápsulas del tiempo, con latas de galletas, ropa colgada, libros e instrumentos científicos aún en su lugar.

El resultado es un pasado conservado en un instante idealizado: no son ruinas porque ocultan el paso del tiempo. En la restauración no sólo se han borrado distintas capas de historias humanas, sino también aquellas vinculadas a elementos no humanos, como hongos o hielo depositado durante décadas.

Estas reconstrucciones ofrecen una imagen limpia y ordenada de un pasado excepcional y memorable. Así, el recuerdo queda asociado a gestas heroicas, mientras que otras experiencias antárticas diferentes y diversas desaparecen de la escena.

Cabaña de la expedición de Ernest Shackleton en Cabo Royds (Cape Royds), Antártida (1907–1909).
Cabaña de la expedición de Ernest Shackleton en Cabo Royds (Cape Royds), Antártida (1907–1909).
U.S. Department of State

Paisajes vacíos

La “naturaleza intacta” es otro principio importante de la protección de la Antártida. Bajo esta lógica, todo resto de actividad humana que no sea declarado histórico debe retirarse, manteniendo la imagen de un continente puro.

La limpieza protege el medio ambiente, pero también borra memorias de personas, animales y paisajes. Un ejemplo es la antigua factoría ballenera de las Orcadas del Sur. Desmantelada, sin estudios ni documentación, apenas queda memoria de su existencia.

De este modo, la división entre “naturaleza” y “cultura” guía tanto la protección ambiental como el cuidado del patrimonio. De un lado, genera cápsulas heroicas, y del otro, huellas descartadas sin documentar. Así, la política ambiental también moldea qué pasados permanecen visibles y cuáles quedan excluidos.

Huesos de ballenas dispersos en las costas de las Islas Shetland del Sur, Antártida.
Huesos de ballenas dispersos en las costas de las Islas Shetland del Sur, Antártida.
M. X. Senatore.

Algunas ruinas inadvertidas han escapado a esta lógica y se han convertido en el foco de la arqueología contemporánea. No remiten a un pasado único y estático, sino que están en cambio constante. Son fragmentos desordenados donde se cruzan lo humano y lo no humano, el pasado y el presente. Un ejemplo muy interesante son los huesos de ballenas que yacen en las playas. No encajan en categorías de patrimonio cultural, ni en la idea de naturaleza intacta. Al mismo tiempo, condensan pasados diversos e inexplorados.

¿Cómo llegaron allí y qué historias anteriores reflejan? ¿Cómo se perciben hoy en día? Estas preguntas están abiertas y muestran el potencial de los restos para generar conocimiento sobre la interacción entre humanos y la Antártida.

Esqueletos de ballenas

En los años setenta, el naturalista francés Jacques-Yves Cousteau visitó una playa cubierta de huesos. Los interpretó como restos de la industria ballenera que tuvo impacto en la Antártida a comienzos del siglo XX. Con algunos armó un gran esqueleto y lo llamó “un monumento a la locura humana”.

Esta historia es poco conocida pero el esqueleto persiste. Armado en la playa, pasa fácilmente desapercibido porque se interpreta como algo natural. Sin embargo, está formado por huesos de distintos animales y especies. Es un ensamblaje que mezcla historias y tiempos diferentes.

No es el único caso. Tal vez inspirados por Cousteau, otros esqueletos han sido armados poco a poco, de forma anónima. Uno se integró a la vida cotidiana y afectiva de una base científica, otro se convirtió en atractivo turístico, y así han generado nuevas experiencias y significados. Nos muestran que las ruinas forman memorias presentes, cambiantes y abiertas.

Memorias de la Antártida

Los recuerdos no siempre se dejan encasillar. Como los esqueletos de ballenas, no son sitios históricos, tampoco desechos y mucho menos naturaleza intacta. Nos obligan a pensar en los efectos no esperados de las políticas de protección y en las múltiples formas que puede tomar la memoria antártica.

Ruinas del siglo XIX entre colonias de pingüinos y elefantes marinos en isla Livingston, Islas Shetland del Sur, Antártida.
Ruinas del siglo XIX entre colonias de pingüinos y elefantes marinos en isla Livingston, Islas Shetland del Sur, Antártida.
M. X. Senatore.

De la mano de la protección ambiental se ha construido una historia selectiva que ofrece un pasado idealizado y limita lo que se recuerda. El desafío es abrir la mirada hacia memorias menos controladas e idealizadas, más diversas y cercanas. Memorias que, como las ruinas que sobreviven, se resisten a quedar fijadas en una única forma de relato.

Asimismo, esta ausencia tiene efectos prácticos: limita la investigación ambiental e histórica y también reduce nuestra capacidad de comprender las interacciones humanas con y en la Antártida, incluidas las experiencias –cambiantes y diversas– de quienes han vivido y trabajado allí. Sin esas huellas, el lugar aparece como un territorio sin inscripciones ni conexiones.

La Antártida podría convertirse en el único continente sin ruinas: todo se construye con vistas a un futuro retiro. En ese proceso de crear pasados excepcionales y presentes bajo la idea de pureza ambiental, ¿olvidaremos cómo llegamos hasta aquí?

The Conversation

Maria Ximena Senatore Connolly no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ¿Un continente sin ruinas? La Antártida, entre la protección ambiental y la memoria – https://theconversation.com/un-continente-sin-ruinas-la-antartida-entre-la-proteccion-ambiental-y-la-memoria-264725

Una universidad colombiana construye “hoteles” para abejas y otros polinizadores

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Gipsy Lozano, Doctorando en Ciencias Sociales | Investigador en comunicación científica para Latinoamérica, Universidad de Granada

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El campus de la Universidad del Quindío, en Armenia, Colombia, es uno de los principales centros de biodiversidad de la ciudad. En este lugar, la investigadora Mónica Patricia Valencia Rojas, en colaboración con Delly Rocío García y Óscar Humberto Marín, del programa de Biología, han desarrollado una red de alojamientos poco convencionales. No están pensados para turistas, sino para otros huéspedes esenciales: los polinizadores, que enfrentan una crisis mundial.

Según la ONU, el 75 % de los cultivos alimentarios del mundo dependen de la polinización. No obstante, estas especies están desapareciendo a un ritmo alarmante por la urbanización y el uso de pesticidas.

“Los hoteles y jardines surgen como una estrategia de conservación, pero están pensados más como un recurso para educar a las personas”, explica la investigadora y líder del proyecto, Valencia Rojas.

No se trata de una iniciativa inexplorada. Diversas instituciones han utilizado los hoteles para polinizadores con el objetivo de acercar a la sociedad a las abejas, concienciar sobre su cuidado y derribar mitos en torno a ellas. Sobre todo en Colombia, donde existe la creencia generalizada de que solo hay un tipo de estos insectos.

“Al escuchar la palabra “abeja”, las personas piensan inmediatamente en miel y polinización”, explica Delly Rocío García. De hecho, según cuenta la docente, la única mesa ciudadana para polinizadores en la ciudad giraba en torno a la apicultura. Eso planteó la hipótesis de la investigación: “Los ciudadanos solo visualizan a la abeja amarillita con rayas negras, es decir, Apis mellifera, desconociendo especies nativas”, agrega la investigadora.

La biodiversidad de las abejas

La Apis mellifera no es originaria del continente americano. Fue introducida por los europeos en tiempos de la conquista, haciendo que esta especie altamente social fuera adaptando sus gigantes colonias a los entornos del nuevo mundo y, así, dominara el forrajeo frente a otras especies.

Al ser más robustas y contar con millones de individuos en sus colonias, Apis mellifera tiene la capacidad de llegar en masa a un cultivo y apropiarse de él, desplazando no solo a las abejas nativas, sino también a otros polinizadores. Como curiosidad, su dieta no se limita al néctar de las flores, sino que incluye diversos recursos, incluso de origen humano, como residuos azucarados en basureros.




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“El tamaño y forma de organización de las colonias de Apis mellifera le han otorgado un protagonismo tal que han obligado a las especies de abejas nativas desplazarse, no solo hacia zonas más apartadas de la ciudad, sino también a desaparecer del imaginario de la comunidad”, señala García.

Algunas de estas especies son las meliponinas o ANSAs (abejas nativas sin aguijón), conocidas también como abejas “angelitas” _(Tetragonisca angustula)_. Aunque la mayoría de las abejas son solitarias, estas forman parte del 10% que vive en colonias organizadas. Además, producen una miel muy apreciada por sus propiedades medicinales y por su valor en diversas culturas ancestrales.

No obstante, el panorama de estos insectos está cambiando gracias a los hoteles para polinizadores, que no solo constituyen una herramienta educativa, sino que atraen especies nativas que no se habían reportado en el departamento del Quindío. «Hay posibilidades de haber encontrado especies no reportadas para Colombia o potencialmente nuevas para la ciencia; estamos a la espera de los resultados», comenta la investigadora García.




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Un resort amigable

Los hoteles para polinizadores tienen un diseño pensado en la comodidad de sus huéspedes. Los investigadores uniquindianos utilizaron madera reciclada de las podas hechas por la universidad para construir cajones con sustratos de arcilla, bambú o paja, y perforaciones de 1 cm de diámetro. Los techos son de color azul, el favorito de muchos polinizadores. Y para hacer del complejo algo más atractivo, a su alrededor se sembraron jardines con más de 30 especies distintas, especialmente plantas nativas.

De esta forma, este complejo hotelero no solo busca ofrecer un refugio para las abejas solitarias y demás polinizadores, sino que también se suma a las estrategias colombianas para responder a un proyecto internacional que hace frente a la crisis ambiental. La Iniciativa Internacional de Polinizadores (International Pollinators Initiative), se estableció por el Convenio de las Naciones Unidas sobre Diversidad Biológica (CDB) y es coordinada por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO).




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Ciencia participativa para recuperar el valor de estos insectos

La estrategia de los docentes uniquindianos no solo ha beneficiado a los polinizadores, que a un mes de la instalación de los hoteles, el pasado junio, ya tenían “huéspedes” que incluían a abejas solitarias de la familia Halictidae y especies como la avispa esfécida. Su impacto también ha transcendido a la comunidad, que se ha ido apropiando del conocimiento sobre abejas y polinizadores nativos.

“El valor que la gente le ha dado a las abejas está centrado en la producción de miel y la polinización, y las amenazas principales identificadas son las fumigaciones. Además, suele confundir otras especies como moscas, avispas, abejorros con abejas, o solo identifica a Apis mellifera”, destaca Valencia, parte del equipo de investigadores colombianos que, a través de actividades lúdicas, acercaron el mundo de las abejas a la comunidad.

La tecnología también ha sido fundamental para hacer ciencia ciudadana. A través de la aplicación iNaturalist, la comunidad sube fotografías de abejas que posteriormente son identificadas. De igual forma, se dispuso en cada uno de los hoteles un código QR con el que se puede acceder a paisajes sonoros de cada uno de los ejemplares que van llegando a los albergues.

La iniciativa de hoteles para polinizadores, financiada por la Universidad del Quindío con el apoyo de Jardín Botánico del Quindío, ha comenzado a cambiar la percepción de la comunidad, que pasó de concebir en un solo tipo de abeja –vista únicamente como productora de miel y potencialmente peligrosa por su picadura– a reconocer y apropiarse de las especies nativas. El proyecto ha tenido tanto éxito que, como asegura Valencia, “la gente está pidiendo que estos jardines y hoteles se repliquen en colegios y otras instituciones”.

The Conversation

Gipsy Lozano no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Una universidad colombiana construye “hoteles” para abejas y otros polinizadores – https://theconversation.com/una-universidad-colombiana-construye-hoteles-para-abejas-y-otros-polinizadores-266863

Black Friday, picos emocionales y autocontrol: ¿puede la IA ayudarnos a ser compradores más responsables?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Matías Membiela-Pollán, Profesor en el Área de Comercialización e Investigación de Mercados de la Universidade da Coruña, Universidade da Coruña

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Con origen en Estados Unidos en los años sesenta, el Black Friday se popularizó y consolidó a escala global a partir de 2010. Hoy, según estimaciones, llega a concentrar cerca del 25 % de las compras anuales en el canal online y, en España, (el gasto medio por consumidor ronda los 230 euros). Además, funciona como el inicio simbólico de la campaña navideña y como un evento colectivo que articula buena parte del comportamiento de compra de finales de año.

Su popularidad convive, sin embargo, con críticas cada vez más visibles. Se le acusa de promover un consumismo poco sostenible, de basarse, a veces, en (descuentos opacos o de difícil verificación), y de fomentar compras impulsivas que luego derivan en un volumen elevado de devoluciones, con los costes económicos y medioambientales que ello supone.

Emoción, impulsividad y economía del comportamiento

Más allá de estas cuestiones, el Black Friday resulta especialmente interesante desde una perspectiva económica y del comportamiento (behavioral economics). En cierto modo, evidencia la distancia entre el modelo teórico del homo oeconomicus, perfectamente racional y orientado a maximizar su utilidad, y la conducta real de los compradores.

Si atendemos a los datos, las tasas de devolución se sitúan en torno al 30–35 %, (según las categorías de producto. Esto es varios puntos porcentuales por encima de lo habitual; y, según encuestas, entre un 40 y un 60 % de los consumidores reconoce arrepentirse de alguna compra impulsiva o innecesaria realizada ese día.

Esta divergencia entre la utilidad anticipada en el momento de la compra y la utilidad real tras el uso sugiere que muchas decisiones se toman en un contexto fuertemente cargado de emociones. Para no pocos compradores, el artículo adquirido aporta un valor añadido menor del previsto, ya sea porque no introduce una diferencia apreciable respecto a lo que ya tienen, porque su funcionalidad resulta limitada o porque la adaptación al producto se produce muy rápido, dejando atrás la emoción inicial.

Estado mental: comprador

El contexto del Black Friday ayuda a entender estas dinámicas. Tiene lugar un viernes de finales de mes, a pocos días del cobro de la nómina para la mayoría de los trabajadores, y en un ambiente prenavideño que actúa como estímulo. La iluminación, la música, la decoración y los mensajes de urgencia sitúa a los consumidores en una suerte de mentalidad de compra, en la que, por excitación contextual, se llegan a comprar incluso productos no rebajados.

En la tienda física, el diseño del espacio y el merchandising buscan activar respuestas emocionales y reducir el pensamiento analítico. Si en el ámbito online desaparecen algunos estímulos sensoriales, esto se compensa con la velocidad, la disponibilidad inmediata de múltiples categorías de producto y la presencia constante de señales digitales que refuerzan la idea de oportunidad.

Desde la economía conductual y la psicología del consumo se han estudiado ampliamente estos mecanismos, que limitan la racionalidad del individuo y lo hacen menos consciente y responsable. Numerosas investigaciones han mostrado cómo las emociones intensas (picos emocionales o hot states) pueden sesgar las decisiones de compra. En esta situación, los factores viscerales y la activación emocional intensa reducen la capacidad de deliberación y favorecen decisiones más impulsivas.

Además, ante estímulos atractivos, los impulsos se desencadenan de manera inmediata y buscan una gratificación a corto plazo. Esta dinámica resulta coherente con la descripción de la impulsividad como una respuesta difícil de inhibir y asociada a una elevada activación emocional.

La posible aportación de la inteligencia artificial

En este escenario emocional, cabe preguntarse si la tecnología puede aportar racionalidad. La inteligencia artificial ha entrado en la vida cotidiana y en el ámbito empresarial con mucha rapidez. Su uso se ha normalizado en apenas tres años, y una mayoría de consumidores y profesionales la utilizan de manera habitual.

La facilidad de acceso, la capacidad de síntesis y la aparente neutralidad analítica han llevado a que muchas personas la consulten, incluso para cuestiones personales o para decisiones de consumo. La pregunta, llegado este punto, es si una herramienta de este tipo, en un contexto emocionalmente tan cargado como el Black Friday, puede contribuir a una conducta de compra más consciente y responsable.

Si se lo preguntamos a la propia IA, la respuesta es clara. Según sus palabras, puede ayudar al autocontrol planteando preguntas sobre la necesidad real de un producto, sobre lo que ya tenemos o sobre si la necesidad seguiría presente al día siguiente de tenerlo. También puede comparar precios de forma inmediata, identificar el ahorro real o elaborar un presupuesto específico para el Black Friday, organizado según las categorías de interés del usuario.




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Un experimento en el punto de venta

Para observar cómo funciona esto en la práctica, en días previos al Black Friday realicé un pequeño experimento en un conocido distribuidor minorista en España. En dos categorías –cuidado personal (un champú) y tecnología (un televisor)– fotografié los productos con sus etiquetas de precio y pedí a un sistema de IA dos valoraciones:

  1. Si el precio era competitivo frente a otros establecimientos.

  2. Si, en el caso del televisor, la compra tenía sentido para mí.

En la comparación de precios, la respuesta inicial fue algo general, centrada en ubicar el producto dentro del rango habitual. Sin embargo, al solicitar comparaciones más concretas e incluir el nombre de competidores específicos, la herramienta ofreció precios verificados y coherentes.

En el caso del televisor, al ser un producto de alta implicación y mayor precio, las preguntas que formuló la IA sobre el uso previsto, el espacio disponible o las diferencias respecto a mi aparato actual me obligaron a pensar la decisión con algo más de calma, lo que en un día como el Black Friday puede resultar valioso.

Un apoyo puntual con un alcance limitado

La IA puede ser una herramienta útil para hacer más consciente y responsable el proceso de compra en el Black Friday. Ahora bien, y especialmente en las compras no planificadas, conviene recordar que el consumidor entra ese día en un estado mental de compra y ocio, y no parece realista esperar que desee pasar la jornada acompañado de un asistente digital.

Su aplicación puede ser rápida y poco intrusiva para comparar precios, planificar un presupuesto previo o comprobar si un producto encaja realmente en nuestras necesidades y contexto actual. Este tipo de intervenciones es compatible con la experiencia de compra y ayuda a que la utilidad final de los artículos adquiridos se aproxime más a la utilidad anticipada en el momento de la decisión.

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Matías Membiela-Pollán no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Black Friday, picos emocionales y autocontrol: ¿puede la IA ayudarnos a ser compradores más responsables? – https://theconversation.com/black-friday-picos-emocionales-y-autocontrol-puede-la-ia-ayudarnos-a-ser-compradores-mas-responsables-270404

La adolescencia no solo cambia a los hijos: también transforma a quienes los crían

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Joan Tahull Fort, Profesor e investigador en sociología, especializado en dinámicas sociales y educativas contemporáneas, Universitat de Lleida

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La adolescencia de un hijo suele sentirse como una tormenta dentro del hogar: trastoca la rutina, pone a prueba las normas y genera tensiones. Lo que a menudo pasa desapercibido es que este fenómeno también afecta a padres y madres. Muchas familias notan que, al mismo ritmo que su hijo avanza hacia la independencia, los padres atraviesan su propia crisis paralela.

A menudo, la pubertad y adolescencia coincide con la edad de 45 a 55 años de muchos padres: el período de la “mediana edad”, caracterizado por importantes cambios psicológicos.

En definitiva, la llegada de la adolescencia es un momento del ciclo familiar en el que convergen dos transiciones vitales: la del joven y la de sus padres, dos procesos que se refuerzan mutuamente y que inevitablemente transforma las relaciones familiares.

Un desafío compartido: crecer juntos en la turbulencia

Convivir con un adolescente puede resultar agotador, pero a la vez formativo. Tanto para el joven como para sus padres. Esta etapa es imprescindible para el crecimiento personal de toda la familia, porque supone salir de la “zona de confort” para todos los miembros.

Los padres deben replantear sus prioridades y reconocer que la relación con el hijo no es la única fuente de identidad: es decir, que son más que “la madre de” o “el padre de”. También se ven obligados a redefinir los canales de comunicación que existían durante la infancia de los hijos: escuchar sin imponer, explicar sin dar sermones y, en general, reformular su papel como autoridad para pasar de controlar a orientar.




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El contexto mediterráneo: cercanía y dependencia

Aunque la adolescencia genera fricciones, España conserva un modelo de cohesión familiar. De hecho, el 56,6 % de los jóvenes de 18 a 34 años se sienten “extremadamente próximos” a sus padres, y el 70,6 % interactúa con ellos al menos una vez al día. Esta cercanía diaria desafía la idea común de un conflicto permanente entre generaciones, pero ¿a qué precio?

Estos lazos sólidos, característicos del llamado “modelo de familia mediterráneo”, funcionan como red de apoyo. Sin embargo, esta proximidad tiene un coste: el mismo patrón que protege a los jóvenes aumenta su dependencia de la familia y dificulta su emancipación.

Los padres asumen la mayor parte de los gastos, la educación y la carga emocional de la crianza. La escasez de políticas públicas de apoyo a la juventud (vivienda, empleo estable, ayudas económicas) perpetúa esta dependencia familiar. Cuando la relación con los progenitores es tensa o la familia proviene de un entorno desfavorecido, las desigualdades iniciales se perpetúan y amplifican durante la adolescencia. Cuando el entorno familiar falla, las brechas sociales (educación, clase social, renta…) se reflejan con más fuerza y marcan las trayectorias vitales de los jóvenes.

Conflictos transitorios, no permanentes

En los últimos años la estructura familiar está cambiando: aunque sigue predominando el hogar con ambos padres presentes, aumentan las familias monoparentales y reconstituidas. En todos los casos, la adolescencia suele traer una disminución inicial en la comunicación entre padres e hijos, aunque con el tiempo las familias suelen readaptarse.

Contrariamente al mito del adolescente siempre rebelde, los conflictos parentales alcanzan su máximo alrededor de los 13 a 15 años para luego moderarse. Este patrón temporal desmiente la imagen de una adolescencia permanentemente turbulenta.

En todo caso, el cambio en el rol parental es lo suficientemente grande como para reconocer los propios límites emocionales y buscar apoyo cuando sea necesario, desde la puesta en común de experiencias de manera informal con otros padres y madres hasta grupos de apoyo más estructurados, pasando por acudir a especialistas cuando nos sintamos desbordados.

Voces: cuando acompañar también transforma

Detrás de las estadísticas hay experiencias concretas. La literatura científica muestra que muchos padres y madres relatan sensaciones de desconcierto, distancia emocional, dudas sobre su rol y necesidad de “reaprender” a relacionarse con sus hijos adolescentes. Para ilustrar estos patrones, utilizo experiencias recogidas en este tipo de investigaciones.

Por ejemplo, María se siente desbordada. Su hijo de quince años ya no quiere hablar como antes; prefiere encerrarse en su habitación con el ordenador y los auriculares. Esa distancia física se transforma en una brecha emocional. María siente que está perdiendo el vínculo con su hijo y, con ello, parte de su identidad como madre. Siente una mezcla de amor, culpa e incertidumbre.




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Javier, padre divorciado, vive algo parecido, agravado por la soledad. Su hija de catorce años lo esquiva. Discuten a menudo, y detrás de cada pelea hay una necesidad mutua de ser escuchados. Javier vive, al mismo tiempo, la adolescencia de su hija y su propia crisis vital: atraviesa una crisis propia de la mediana edad, intensificada por el divorcio y la soledad cotidiana. Se siente desorientado, revisando quién es ahora y cómo reconstruir su vida mientras teme perder el vínculo con su hija. Esa mezcla de vulnerabilidad, culpa y necesidad de cercanía hace que cada discusión con ella sea, en realidad, un intento de ser visto y escuchado.

Lucía, madre de dos adolescentes, resume la paradoja de muchas familias: aunque no le falte el bienestar material, siente que camina sobre hielo. Cualquier comentario o sugerencia puede desencadenar un conflicto o gritos. Convive con cambios de humor y provocaciones constantes; descubre que acompañar la adolescencia de sus hijas la está transformando a ella. Está aprendiendo a dejarla sin desvincularse y poner límites sin romper el afecto.

Estas historias se articulan en torno a un eje común: la distancia emocional que los adolescentes establecen como parte de la construcción de su identidad. La culpa, la tristeza o el agotamiento de los padres no son señales de fracaso, sino manifestaciones del reajuste que exige esta nueva etapa. Redefinir el vínculo –dejarlos ser sin perderlos– se convierte en uno de los mayores desafíos de los padres.

Hacia una crianza acompañante

Convivir con un adolescente puede generar un “estrés positivo”: una tensión incómoda que, bien canalizada, puede fortalecer los lazos familiares. La clave no está en evitar los conflictos, sino en transformarlos en diálogo constructivo.

Este cambio de paradigma –de la evitación a la transformación– es fundamental en la crianza contemporánea. Acompañar la adolescencia es una forma de seguir creciendo junto a ellos. Y reconocer esto no es un fracaso parental: es un acto auténtico de la crianza.

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Joan Tahull Fort no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. La adolescencia no solo cambia a los hijos: también transforma a quienes los crían – https://theconversation.com/la-adolescencia-no-solo-cambia-a-los-hijos-tambien-transforma-a-quienes-los-crian-269299

La creatividad, clave para captar la atención ante la avalancha de estímulos digitales que recibimos

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Jordi Caballé May, Profesor de creatividad, storytelling y comunicación política creativa, UOC – Universitat Oberta de Catalunya

Natalya Kosarevich/Shutterstock

Notificaciones continuas, titulares urgentes, vídeos cortos encadenados, series en streaming, anuncios personalizados, correos de trabajo fuera del horario…

Hoy, nuestro cerebro ya no es un espacio sereno y ordenado, sino un campo de batalla constante en el que cientos de actores compiten ferozmente por conquistar nuestra atención.

El economista y premio Nobel Herbert Simon ya advirtió en los años 70 de una paradoja que hoy es central: “Un exceso de información crea una pobreza de atención”.

Esta afirmación, ahora, resuena con más fuerza que nunca y se ha transformado en una idea compartida por psicólogos, neurocientíficos y comunicadores: la atención es el bien más escaso del siglo XXI.

Uno de los autores que ha explorado esta idea es Johann Hari, que en su libro El valor de la atención nos sitúa ante una verdad incómoda: “Vivimos en la era de la distracción sistemática”.

Una distracción industrializada

Cada día, nuestras mentes son arrastradas, fragmentadas y desgarradas por un entorno digital que no solo tolera la distracción, sino que la ha industrializado. Este entorno ha sido diseñado, literalmente, para robarnos la atención y venderla al mejor postor.

Los datos que aporta Hari son alarmantes: los adolescentes solo mantienen la concentración durante 65 segundos seguidos. Los adultos, en tareas digitales, apenas llegan a los tres minutos.

En ese lapso de tiempo, una idea compleja no puede nacer, y mucho menos crecer.

Para Hari, no hemos perdido la concentración por desinterés, sino porque un modelo económico y tecnológico vive de nuestra dispersión. Y a más dispersión, más facilidad para ser segmentados, predecibles y manipulables.

Las redes sociales nos prometen conexión, pero realmente nos desconectan de la realidad, la fragmentan y la vacían de contenido.

Esta pérdida de atención conlleva que la lectura profunda se desvanezca, la memoria se debilite y la capacidad de reflexión caiga en picado.

Todo esto es letal para la política, que necesita precisamente lo contrario: espacios para construir un relato, capacidad de matizar y un mínimo de atención compartida para mirar colectivamente hacia el futuro.

Los algoritmos no buscan el pensamiento profundo, sino la respuesta emocional más rápida posible y, en este contexto, la comunicación política se ve arrastrada por una lógica que no le pertenece.

Para la comunicación política entender este robo de la atención es fundamental, porque no podremos construir relato ni discurso si antes no se crea silencio.

La comunicación política creativa

Hoy, un discurso lleno solo con buenos argumentos no es suficiente para conectar con la ciudadanía y puede ser ignorado por un meme de gatitos.

En cambio, un discurso creativo bien diseñado puede romper la inercia del scroll, puede generar una pausa donde hay prisa, puede invitar a pensar donde todo empuja a reaccionar.

Se trata de construir relatos que creen contexto y curiosidad. No de escribir más mensajes, sino de hacer uno memorable. En este escenario, la creatividad puede ser nuestra mejor aliada.

La comunicación política creativa propone aplicar las técnicas de la redacción publicitaria, la narrativa, el guion y el humor en la creación de discursos institucionales o políticos para convertir los mensajes clave en relatos atractivos capaces de conectar con la ciudadanía y seducirla.

Si aplicamos el proceso creativo a la conceptualización y redacción de discursos obtendremos textos más cercanos, diferentes y memorables.

Cómo ganarnos la atención cuidadana

John Cleese, miembro fundador de la compañía de comedia Monty Phython, en su libro Creativity: A Short and Cheerful Guide afirma que “la creatividad es la capacidad de encontrar una mejor manera de hacer cualquier cosa”.

En un mundo de scroll infinito e interrupciones constantes, la creatividad no es solo un recuso estético o narrativo, sino una herramienta estratégica para ganarse la confianza y la atención de la ciudadanía.

Un discurso creativo sabe crear pausa, seducir, provoca emociones genuinas, utiliza metáforas poderosas que quedan en la memoria, ritmos que invitan a escuchar con calma, silencios cargados de sentido, estructuras narrativas que generan expectativa, giros que rompen patrones.

El discurso creativo permite convertir los datos fríos y crudos en relatos que conecten con valores compartidos por la ciudadanía basados en los beneficios concretos de estos.

Cuando un discurso es creativo, se produce lo que el psicólogo Mihaly Csikszentmihalyi llama “estado de flujo”: el público queda cautivado, se olvida del tiempo, conecta emocionalmente y quiere seguir escuchando.

Por tanto, en un mundo donde la fragmentación es la norma, la creatividad abre la puerta a la inmersión, la narrativa sostenida y la conexión profunda.

En otras palabras, abona el terreno donde arraigan las ideas que transforman y crea espacios donde la reflexión y la conexión emocional pueden florecer.

Recuperar la concentración a través de la creatividad es la oportunidad de transformar el ruido en conversación, la distracción en participación y la pasividad en acción colectiva.

The Conversation

Jordi Caballé May no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. La creatividad, clave para captar la atención ante la avalancha de estímulos digitales que recibimos – https://theconversation.com/la-creatividad-clave-para-captar-la-atencion-ante-la-avalancha-de-estimulos-digitales-que-recibimos-267780

¿Cuándo eliminar el chupete o evitar que el bebé se chupe el dedo? Una guía para madres y padres

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Ascensión Vicente Hernández, Profesora Titular de Ortodoncia, Universidad de Murcia

El chupete y el dedo son grandes aliados del consuelo infantil, pero también pueden afectar la salud bucal. Si se mantienen más tiempo del recomendable, estos hábitos de succión pueden alterar el crecimiento de los maxilares y la posición de los dientes. Saber cuándo y cómo retirarlos es fundamental para evitar problemas futuros.

Succionar para sobrevivir; succionar para calmar

La succión comienza siendo un reflejo, es decir, una respuesta motora involuntaria. Se observa por primera vez en los fetos a las 14 semanas de gestación hasta que, a medida que el cerebro madura, el comportamiento se vuelve voluntario (entre los 4 y 6 meses de edad).

Este reflejo es fundamental para que el recién nacido pueda alimentarse, pero no tiene el mismo fin cuando los bebés crecen un poco y succionan el chupete o el dedo. Por eso los llamamos hábitos de succión no-nutritivos.

¿Qué encuentra el niño en ellos? Algo muy importante: consuelo y relajación. Y si el menor está en calma, también lo están los padres. Algunos estudios han evidenciado cómo el uso del chupete se asocia con menor estrés materno, una mejor relación madre-hijo y una percepción más positiva de la afectividad del niño.




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Calma momentánea, efectos duraderos

Entonces, ¿por qué alterar la calma familiar retirando estos hábitos? Porque si se mantienen en el tiempo pueden afectar al desarrollo de dientes y maxilares.

Los efectos de succionar el chupete y el dedo son parecidos. Lo que solemos encontrar en los niños que lo siguen practicando cuando se van haciendo mayores son unos dientes superiores separados y con inclinación hacia fuera. En cambio, los dientes inferiores se inclinan hacia la lengua.

También se altera el crecimiento del maxilar, haciendo que desarrollen un maxilar más estrecho de lo normal. El hueso no crece bien porque, cuando en la boca se introduce el chupete o el dedo, la lengua deja de estar en contacto con él. Y es ella el principal estímulo para su crecimiento.

Si el maxilar es más estrecho de lo normal, a veces la mandíbula se desvía para que puedan contactar los molares. Si no se corrige en edades tempranas, esto puede provocar una asimetría facial.

Otra característica que vemos en las bocas de estos niños es lo que nosotros llamamos “mordida abierta anterior”, un espacio entre los dientes superiores e inferiores a nivel vertical. A edades tempranas, a veces solo es un problema dentario, pero en otras ocasiones puede deberse a una alteración del crecimiento, necesitando en estos casos un tratamiento más complejo.

Cuanto más tiempo esté el chupete o el dedo en la boca, mayores serán sus efectos. Y, al contrario de lo que piensan muchos padres, el uso del chupete durante el tiempo dedicado al sueño sí tiene efectos, debido a las muchas horas en las que ese objeto está actuando. No olvidemos que un niño de entre 3 y 5 años suele dormir de 10 a 13 horas al día.




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Cuándo y cómo decir adiós al chupete y al dedo

Lo ideal es que estos hábitos cesen alrededor de los 2 años, momento que suele coincidir con la erupción de la última muela de leche. Si se eliminan en torno a esta edad, los efectos son leves y suelen revertir con el propio crecimiento del niño. A partir de ese momento, cuanto más se alargue en el tiempo su retirada, las consecuencias irán siendo más evidentes y el hábito se irá consolidando.

Generalmente, alrededor de los 2 años no suele ser complicado eliminar estos comportamientos, sobre todo el chupete. Se puede ir retirando paulatinamente o de manera tajante, en función de cada niño. En ambos casos se requiere firmeza y paciencia. Es aconsejable que los progenitores celebren los logros de sus pequeños y les ofrezcan alternativas, como un peluche para dormir.

Si el hábito persiste y hay posibilidad de razonar con el niño, se pueden emplear refuerzos positivos o establecer un sistema de recompensas por los logros conseguidos. Cuando ninguna de las anteriores estrategias resulta suficiente, es necesario colocar un aparato en la boca.

No obstante, no podemos olvidar que lo más importante de todo es que el niño esté convencido de que quiere dejar el hábito. Como, normalmente, la succión del dedo es más difícil de retirar que el chupete, los padres deben estar atentos para que el niño no sustituya ese objeto por el dedo.




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El dedo como refugio

Como apuntábamos, en ocasiones, el hábito de succión digital es muy difícil de eliminar, ya que existen factores psicológicos asociados. También puede ocurrir que, tras años de la eliminación de la costumbre, el niño comience a hacerlo de nuevo.

Esto suele suceder tras situaciones que pueden ser traumáticas para el menor,
como la muerte de un familiar cercano, durante el divorcio de los padres o debido a problemas en el colegio. Es decir, en el momento que se genera tensión emocional en el niño, éste se refugia en el dedo para liberarla.

Cuando llega la adolescencia, el hábito de succión digital persistente suele ser sustituido por el de morderse las uñas.

Como muestra la evidencia, chuparse el dedo o usar chupete es habitual durante los primeros años de vida porque ayuda a los más pequeños a sentirse seguros y a calmarse. Pero si el hábito se mantiene, puede afectar al desarrollo orofacial. Además, es importante fijarse si el gesto es solo costumbre o si sirve de consuelo frente a la ansiedad, la inseguridad o la falta de apoyo emocional.

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Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. ¿Cuándo eliminar el chupete o evitar que el bebé se chupe el dedo? Una guía para madres y padres – https://theconversation.com/cuando-eliminar-el-chupete-o-evitar-que-el-bebe-se-chupe-el-dedo-una-guia-para-madres-y-padres-268531