¿De verdad fuimos más felices en 2016? Por qué idealizamos el pasado

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Tatiana Romero Arias, Facultad de Ciencias de la Salud. Dpto. de Psicología, Universidad Europea

En redes sociales se multiplican estos días las imágenes comparativas. Una foto de 2016 aparece junto a otra de 2026. Diversos textos las acompañan: “Así éramos entonces”, “cuando todo era más sencillo”, “antes de que el mundo se torciera”. Contemplamos rostros más jóvenes, sonrisas despreocupadas. Una vida que, vista desde hoy, parece más ligera.

No es solo una moda visual. Detrás de estas comparaciones late una idea cada vez más extendida: que 2016 fue el “último año bueno”. Un tiempo previo a la pandemia, a las crisis encadenadas y a la sensación de incertidumbre permanente que define el presente. Pero ¿es correcta esta percepción?

Llega un momento en la vida en que el pasado empieza a parecer más amable. No importa si hablamos de la infancia, de la juventud o de cuando trabajábamos. Algo cambia y, de pronto, los recuerdos se llenan de veranos interminables, conversaciones sin prisas y problemas que hoy parecen pequeños. Entonces surge la frase: “Antes se vivía mejor”.

Pero ¿realmente vivíamos mejor entonces? ¿O estamos mirando ese pasado a través del filtro de la nostalgia? ¿Y si lo que ha cambiado no es tanto lo que vivimos, sino la forma en que lo recordamos?

Para entender por qué tendemos a idealizar determinados momentos de nuestra vida y por qué lo hacemos con tanta fuerza cuando el presente se vuelve incierto, conviene fijarse menos en lo que ocurrió en 2016 y en cómo funciona nuestra memoria.

Recordar no es volver atrás

Solemos pensar que la memoria funciona como una especie de archivo: guardamos experiencias y, cuando queremos, las sacamos intactas. Sin embargo, la memoria no reproduce el pasado: lo reconstruye. Cada recuerdo es una versión actualizada de lo que vivimos, filtrada por lo que somos hoy.

Cada vez que recordamos, el recuerdo se activa, se reordena y se guarda de nuevo. Por eso el pasado no permanece fijo. Cambia con nosotros. Recordar es, en cierto modo, reinterpretar.

Esto explica algunas experiencias que todos hemos vivido alguna vez. Por ejemplo, cómo un mismo episodio puede parecernos distinto con los años. O cómo dos personas recuerdan de forma muy diferente una historia compartida.

La memoria no guarda todo, ni lo guarda igual

Nuestra memoria no es neutral. No almacena cada detalle ni trata todos los recuerdos por igual. Algunos permanecen accesibles durante décadas; otros se van difuminando sin que sepamos muy bien cuándo.

Las emociones tienen mucho que ver con esto. Los recuerdos cargados de emoción se consolidan mejor que los neutros, pero con el tiempo ocurre algo curioso: muchas experiencias negativas pierden fuerza, mientras que las positivas se mantienen más vivas. No porque las primeras desaparezcan, sino porque se vuelven menos accesibles.

Olvidar, en este sentido, no es un fallo: es una forma de protección.

Cuando el pasado se vuelve más bonito

Esto da lugar a lo que la psicología llama “sesgo de positividad”: la tendencia a recordar nuestra vida como mejor de lo que fue en realidad. No es que inventemos recuerdos felices, sino que los negativos ocupan cada vez menos espacio cuando miramos atrás.

Este sesgo se intensifica con la edad y se vuelve especialmente visible a partir de los 60 años. En ese momento el recuerdo del pasado empieza a cumplir otra función. Ya no sirve tanto para aprender o planificar, sino para dar sentido, reafirmar quiénes somos y sentirnos bien con la vida vivida.

La jubilación: cuando cambia la forma de mirar atrás

La jubilación suele marcar un antes y un después. No solo porque cambie la rutina, sino porque cambia la manera en que percibimos el tiempo. El futuro deja de ser un espacio infinito y se vuelve más concreto. Y cuando eso ocurre, nuestras prioridades psicológicas se reorganizan.

En esta etapa muchas personas se vuelven más hábiles regulando sus emociones. Aprenden, a veces sin darse cuenta, a no recrearse tanto en lo negativo y a rescatar con más facilidad los recuerdos que aportan calma, orgullo y afecto. La memoria autobiográfica se convierte en una aliada para mantener el equilibrio emocional en un momento de grandes cambios.

Por eso, al mirar atrás, la vida parece más amable. No porque lo fuera más, sino porque ahora necesitamos que lo sea.

Nostalgia: no es debilidad, es adaptación

La nostalgia suele verse como una forma de vivir anclados en el pasado. Sin embargo, desde la psicología sabemos que cumple una función importante. Recordar “los buenos tiempos” refuerza nuestra identidad, nos recuerda de dónde venimos y nos ayuda a afrontar el presente con más serenidad.

La nostalgia no nos aleja de la realidad, sino que nos permite habitarla con más sentido. Solo se vuelve problemática cuando impide vivir el presente. En la mayoría de los casos, recordar con cariño es una forma sana de seguir adelante.

Entonces, ¿antes todo era mejor?

Probablemente no, pero nuestra memoria no está diseñada para ser justa con el pasado, sino útil para el presente. Al seleccionar, suavizar y reconstruir lo vivido, la memoria nos ayuda a mantener una historia personal coherente y emocionalmente sostenible.

Quizá, cuando decimos que antes todo era mejor, no estamos hablando del pasado. Estamos hablando de una memoria que hace lo que siempre ha hecho: cuidarnos.

The Conversation

Tatiana Romero Arias no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. ¿De verdad fuimos más felices en 2016? Por qué idealizamos el pasado – https://theconversation.com/de-verdad-fuimos-mas-felices-en-2016-por-que-idealizamos-el-pasado-274157

¿Provocan las regularizaciones de migrantes un efecto llamada? Esto dicen los datos de los últimos 80 años

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Inmaculada Martínez-Zarzoso, Professor in Economics, Universitat Jaume I

La gestión de la inmigración irregular es uno de los desafíos más controvertidos en la agenda política actual. España ha vuelto a situar este tema en el centro del tablero con el anuncio este 27 de enero de 2026 de un nuevo programa temporal de regularización.

Estos programas suelen suplir la ausencia de marcos legales permanentes de regularización. Aunque España ya cuenta con mecanismos ordinarios –vía arraigo– tras la reforma de 2025, el nuevo programa se plantea como una herramienta extraordinaria para acelerar la incorporación laboral en sectores con déficit crítico de mano de obra.

Sin embargo, cada vez que un gobierno decide otorgar estatus legal a quienes ya viven y trabajan en su territorio, surge la misma pregunta: ¿genera esto un efecto llamada?

El argumento suele ser sencillo: si regularizamos hoy, incentivamos que más personas crucen las fronteras mañana con la esperanza de obtener papeles en el futuro. Ante este temor, muchos Estados optan por la parálisis, la expulsión o la “tolerancia informal”, una zona gris donde miles de personas viven sin derechos, pero plenamente integradas en la economía.

Para arrojar luz sobre este debate, hemos analizado datos históricos que abarcan ocho décadas de políticas migratorias en 38 países de la OCDE.

Una base de datos sin precedentes

Hasta ahora, la evidencia científica sobre el efecto llamada era inconclusa. La mayoría de los estudios se centraban en un solo país o en un programa específico (como la famosa amnistía de Ronald Reagan en EE. UU. en 1986), lo que impedía extraer lecciones globales.

Para superar esta limitación, hemos utilizado la base de datos RegMig que documenta 159 programas de regularización desde 1945 hasta 2024, revelando una cifra impactante: al menos 17,8 millones de personas se han beneficiado de estas medidas en el mundo desarrollado.

Con esta perspectiva histórica, hemos analizado flujos migratorios de 196 países de origen hacia 32 destinos de la OCDE entre 1996 y 2022.

Existe, pero con matices

Nuestra investigación confirma que, en términos generales, los programas de regularización pueden actuar como un factor de atracción. Según los datos analizados, tras la implementación de un programa, los flujos migratorios futuros hacia ese país aumentan.

Sin embargo, este aumento no ocurre de forma aleatoria ni uniforme. El análisis muestra que el principal motor de este incremento no es solo la promesa de papeles, sino la fuerza de las redes sociales y las redes familiares. El “efecto llamada” es significativamente mayor en países que ya cuentan con una comunidad de inmigrantes establecida del mismo origen.

Esto confirma la “hipótesis de difusión”: la información sobre las nuevas oportunidades legales viaja a través de familias y amigos, reduciendo los costes y riesgos percibidos del viaje.

La clave está en el diseño del programa

La conclusión más relevante para los diseñadores de políticas públicas no es que la regularización deba evitarse, sino que su impacto depende de cómo se diseñe el programa. Uno de los mayores temores de los gobiernos es que la regularización parezca “fácil” o inmediata.

En nuestro estudio, analizamos una variable crucial: el requisito de residencia previa. En general, los programas exigen que el inmigrante demuestre haber vivido de forma irregular en el país durante un tiempo determinado antes de poder solicitar la legalización.

Los resultados son reveladores:

  • La exigencia de un periodo de residencia previa actúa como un potente freno.

  • Nuestros modelos indican que un requisito de al menos ocho meses de residencia irregular previa es suficiente para neutralizar por completo el efecto llamada.

En otras palabras, cuando el camino hacia la legalidad implica una espera y el riesgo de vivir en la sombra durante casi un año, el incentivo para migrar exclusivamente por el programa desaparece.

Una realidad gestionable

El dilema de la regularización no es blanco o negro. Si bien es cierto que estas medidas pueden aumentar el flujo migratorio a través de las redes de contacto, el estudio demuestra que los Gobiernos tienen herramientas técnicas para mitigar estas consecuencias.

La regularización no es solo una cuestión de control fronterizo; es una herramienta de gestión social y económica. Ignorar la presencia de miles de personas indocumentadas tiene costes en términos de derechos humanos, recaudación fiscal y cohesión social.

Los datos de los últimos 80 años nos dicen que el efecto llamada es una realidad gestionable. Si las políticas se diseñan con criterios de residencia previa suficientemente larga, es posible integrar a quienes ya están presentes sin incentivar los flujos futuros.

En el complejo equilibrio de la política migratoria, la evidencia sugiere que el rigor en los requisitos puede ser el mejor aliado de la generosidad en la acogida.

The Conversation

Paúl Elguezabal recibe fondos de la Fundación Konrad Adenauer para su doctorado

Inmaculada Martínez-Zarzoso no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. ¿Provocan las regularizaciones de migrantes un efecto llamada? Esto dicen los datos de los últimos 80 años – https://theconversation.com/provocan-las-regularizaciones-de-migrantes-un-efecto-llamada-esto-dicen-los-datos-de-los-ultimos-80-anos-274500

El pimpón más allá de ‘Marty Supreme’: un deporte y una forma de diplomacia

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Félix Valdivieso, Chairman of IE China Observatory, IE University

Timothée Chalamet en un fotograma de _Marty Supreme_. A24

Las buenas películas cumplen muchas funciones: entretienen, hacen pensar y suelen dejar tras de sí el gusanillo de volver a verlas. Pero hay un paso más. Cuando una película, además de estar bien contada, despliega varias capas de sentido que admiten lecturas diversas deja de ser simplemente una buena película para convertirse en una obra de arte. Eso es, ni más ni menos, lo que ocurre con Marty Supreme.

Abran paso

A primera vista –y eso es parte del truco– es la historia de un granuja judío neoyorquino que se quiere abrir paso en la vida exprimiendo su talento con el tenis de mesa, del que quiere ser campeón del mundo.

El director Josh Safdie abre el telón en una zapatería familiar del Lower East Side con su protagonista, Marty Mauser (Timothée Chalamet), intentando encajar un pie en un zapato que no es de su talla. Esto parece ser ya una metáfora de su propia vida: la de un futuro de pequeño burgués que no se corresponde con el tamaño de su esperanza.

A partir de aquí se pone la bola en juego y asistimos al ir y venir de Marty con la misma rapidez que va y vuelve una pelota de pimpón. Roba, embaraza a su antigua novia (ya casada), juega y apuesta. Todo, con el único propósito de reunir dinero para viajar a Londres, donde pretende enfrentarse al campeón mundial de tenis de mesa, el japonés Koto Endo.

Sueños nacionales

Hasta aquí, uno puede pensar que está viendo una película sobre un deporte en el que se va a batir épicamente un récord. Se baten récords, sí, pero no son los deportivos los más interesantes. En el campeonato londinense, Marty, aparte de verse las caras con el mejor jugador del mundo, seduce a una rica exestrella de cine. Si alguien está buscando consuelo moral o amoroso, que se olvide. La película es cruda, como la vida misma.

Por una décima de segundo, el espectador podría engañarse y pensar que lo que mueve a Marty es algún ideal amoroso o una versión más o menos bastarda del sueño americano, ese que preconiza que a través del trabajo duro, la determinación y la iniciativa propia, cualquier persona, sin importar su origen, puede alcanzar el éxito, la prosperidad y una mejor calidad de vida.

Pero el propio Marty se encarga pronto de desmentirlo. Lo que realmente le interesa es el dinero. Tal vez sea esta versión descarnada y sin épica del sueño americano, que luce músculo antiemigrante y poder bruto (como ocurre en estos días), lo que haya conectado con el público contemporáneo estadounidense, especialmente el menor de 35 años.

Esta lectura del sueño americano tiene su eco y antítesis en otro relato aspiracional: el sueño chino, que sustituye el ascenso individual por la eficiencia, la disciplina y el éxito colectivo.

En cualquier caso, lo que sabemos es que pocas cosas exaltan más que los colores nacionales en el deporte, aunque el deporte en cuestión sea uno menor, como el tenis de mesa. Así que tendremos varios sueños proyectados, incluso fuera de las pantallas.

Sueños, poder y deporte

Todos los sueños políticos, y el americano y el chino lo son, necesitan de campeones que los encarnen. Por eso los políticos siempre han hecho suyos a los deportistas, y no pierden oportunidad de sacarse una foto con ellos en cuanto baten cualquier récord. Se sabe que el récord encarna la nación, y toda nación es la encarnación de un sueño.

Durante décadas, el éxito olímpico de China no ha sido fruto solo del azar o del talento individual, sino de una estrategia deportiva claramente planificada. Desde los años noventa, el sistema chino ha priorizado disciplinas con “alta rentabilidad olímpica”: deportes que concentran muchas pruebas, exigen una elevada especialización técnica, son muy compatibles con un sistema de detección temprana de talento y entrenamientos centralizados, y con un muy limitado número de países realmente competitivos.

El objetivo no ha sido tanto dominar los deportes más populares a escala global como maximizar el número de medallas dentro del marco olímpico.

Pimpón, paradigma deportivo

El ejemplo más evidente es el tenis de mesa, donde China ha alcanzado un dominio casi absoluto. En los Juegos de Pekín 2008, el país ganó las cuatro medallas de oro posibles y, en algunas pruebas, ocupó la totalidad del podio. Algo similar ha ocurrido con los saltos de trampolín, considerados durante años una auténtica “fábrica de oros”: en Atenas 2004 y Pekín 2008, China se llevó seis y siete de las ocho medallas de oro disponibles.

Dos jugadores chinos sostienen una bandera roja con estrellas amarillas en una esquina.
En Río 2016, Ma Long consiguió la medalla de oro en tenis de mesa individual tras batirse en la final con su compatriota Zhang Jike, uno de los múltiples ejemplos en los últimos años del dominio chino en este deporte.
Celso Pupo/Shutterstock

Otros deportes menos visibles para el gran público han sido igualmente clave. En halterofilia, gracias a la multiplicación de categorías por peso y al fuerte desarrollo del deporte femenino, China ha conseguido resultados extraordinarios con equipos relativamente pequeños. En tiro deportivo, un deporte silencioso y poco mediático, llegó a obtener ocho oros en Atenas 2004. El bádminton representa otro caso extremo: en Londres 2012, el país asiático ganó los cinco oros en juego, hasta el punto de que el COI tuvo que intervenir por la falta de competitividad real en algunas pruebas.

Lógica imperial

Esta lógica estratégica se hizo explícita con Project 119, un programa lanzado para los Juegos de Pekín 2008 con el fin de sumar medallas en deportes donde China no había destacado tradicionalmente, como la natación, el remo o la vela. Aunque no logró transformar disciplinas como el atletismo, sí permitió ampliar el medallero (hasta 122, tres por encima del objetivo inicial) y consolidar el liderazgo chino como país anfitrión.

Es revelador el contraste con deportes globales como el fútbol, el baloncesto o el atletismo, disciplinas con enorme competencia internacional, menos pruebas y resultados mucho más imprevisibles. Desde una lógica puramente instrumental, resultan menos eficientes para el sistema chino, que mide el éxito en términos de medallas.

Más que una apuesta por “deportes menores”, lo que revela el caso chino es una visión pragmática del deporte como herramienta de prestigio nacional, donde la planificación, la eficiencia y el control del riesgo pesan más que la popularidad o el espectáculo. Una estrategia discutible desde algunos puntos de vista, pero innegablemente eficaz dentro del sistema olímpico.

La diplomacia blanda

Volviendo a nuestro filme, aunque el archirrival de Marty es japonés, uno no puede dejar de pensar en que las relaciones sino-americanas, en su forma contemporánea, nacieron bajo el signo amable de la “diplomacia del pimpón”, una modalidad más de poder blando aplicado por China en tiempos de la Guerra Fría.

El episodio fundacional tuvo lugar en 1971, durante el Campeonato Mundial de Tenis de Mesa celebrado en Nagoya (Japón), cuando un gesto aparentemente trivial desencadenó un cambio histórico.

El jugador estadounidense Glenn Cowan, tras perder el autobús de su equipo, fue invitado a subir al vehículo de la delegación china. Allí, Zhuang Zedong, triple campeón del mundo y figura legendaria del deporte chino, se acercó a saludarlo y le regaló un retrato en seda de las montañas Huangshan. El intercambio fue captado por fotógrafos japoneses y difundido al mundo entero.

Bienvenidos a China

En el enrarecido clima ideológico de los tiempos de la Guerra Fría y la Revolución Cultural, aquella imagen de cordialidad entre un atleta chino y uno estadounidense resultó explosiva. De aquel encuentro casual, amplificado por los medios, surgió una invitación oficial al equipo estadounidense para visitar China.

El pimpón, convertido en lenguaje diplomático, abrió así una grieta por la que pronto se colarían el presidente estadounidense Richard Nixon, su secretario de Estado, Henry Kissinger, y el deshielo estratégico entre dos potencias hasta entonces irreconciliables. Esa grieta de diplomacia deportiva parece que la quieren explotar ahora los países árabes, entre otros.




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Aquel gesto no sería solo un accidente feliz ni una anécdota sentimental de la Guerra Fría. El pimpón finalmente operó como un dispositivo geoestratégico de poder blando, esa “capacidad de moldear preferencias ajenas sin recurrir a la coerción” sobre la que en 1990 teorizaría el politólogo estadounidense Joseph Nye.

China ensayaba entonces una fase diplomática basada en la desdramatización del conflicto, en el intercambio reglado y simbólicamente igualitario: pasarse la pelota como metáfora de una relación no competitiva (en apariencia), paciente, reversible y cuidadosamente coreografiada. Esa fase conviviría más tarde con otras estrategias de seducción estatal, como la diplomacia del panda, orientada a construir una imagen de benignidad cultural y excepcionalismo civilizatorio.

El ciclo ha mutado y el registro ha cambiado: la pedagogía del gesto ha sido sustituida por la afirmación explícita de intereses, y la actual diplomacia de los lobos guerreros marca el paso de un poder insinuado a un poder verbalmente agresivo, menos interesado en atraer que en delimitar. La mesa de pimpón ya no está en el centro: el juego continúa, pero en otro tablero, con otras reglas y en un tono radicalmente distinto.

Marty Supreme invita a pensar sobre todo esto y muchas cosas más (antisemitismo, antihéroes…).

The Conversation

Félix Valdivieso no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. El pimpón más allá de ‘Marty Supreme’: un deporte y una forma de diplomacia – https://theconversation.com/el-pimpon-mas-alla-de-marty-supreme-un-deporte-y-una-forma-de-diplomacia-274442

Hablar para ser escuchado: ¿por qué el discurso de Mark Carney se ha convertido ya en un ejemplo de comunicación creativa?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Jordi Caballé May, Profesor de creatividad, storytelling y comunicación política creativa, UOC – Universitat Oberta de Catalunya

Mark Carney, presidente de Canadá, durante su intervención en el Foro Económico Mundial el pasado 20 de enero. World Economic Forum/Ciaran McCrickard

Cada año, el Foro Económico Mundial de Davos se convierte en un escenario privilegiado para fijar agendas globales. Pero también en un espacio profundamente saturado de discursos, informes y grandes palabras. Un lugar donde la atención no está garantizada: se disputa.

Por eso resulta especialmente relevante el discurso que el pasado día 20 de enero pronunció el primer ministro de Canadá, Mark Carney. No solo por su contenido político y económico, sino por cómo está construido para merecer atención en un contexto donde la escucha no se presupone, se gana.

Antes de seguir leyendo, conviene escuchar el discurso completo. Solo así puede apreciarse hasta qué punto su eficacia no reside únicamente en lo que dice, sino en cómo está pensado para ser escuchado y recordado.

Fuente: Grupo REFORMA.

Poner la creatividad en el centro

Lejos de improvisar o limitarse a una exposición técnica, Carney ofrece un discurso cuidadosamente trabajado desde el punto de vista narrativo. Aplica recursos propios del storytelling, el copywriting y la escritura de guion para convertir mensajes complejos en relatos comprensibles, memorables y capaces de conectar con el público.

No se trata de adornar el contenido ni de buscar el aplauso fácil. Es una muestra de que la comunicación creativa, cuando se usa con responsabilidad, puede ser una herramienta poderosa para mejorar el debate público. Especialmente cuando el contexto invita más al ruido que a la reflexión.

¿Por qué competir por la atención cuando puedes merecerla?

Ante la saturación informativa, muchos discursos optan por gritar más fuerte, simplificar en exceso o provocar artificialmente para destacar. El discurso de Carney sigue una lógica distinta.

No acelera, no dramatiza ni busca el titular inmediato. Su estrategia es otra: renunciar a competir por la atención para construir relevancia. Asume que la audiencia de Davos es exigente, diversa y saturada, y que solo escuchará aquello que perciba como claro, coherente y respetuoso.

Esta elección no es ingenua. Implica aceptar que no todo mensaje será escuchado, pero también confiar en la capacidad del público para seguir un razonamiento complejo si se presenta de forma comprensible y cautivadora.

En lugar de gritar, Carney quiere interesar.

Un discurso, una idea

Una de las reglas básicas de cualquier buen discurso es tener claro qué se quiere comunicar. No acumular mensajes, sino articular una idea central capaz de sostener todo el relato. La idea madre puede cobijar otras ideas subsidiarias, pero el mensaje debe ser claro y reconocible.

Carney inicia su intervención con una idea directa y poderosa que vertebra todo el discurso: “Nos encontramos en medio de una ruptura, no de una transición”. No cambia de tema, no abre nuevos debates, no dice nada que no refuerce la idea.

Esta coherencia no solo aporta claridad, también genera credibilidad. El oyente percibe que hay una dirección clara y que cada argumento cumple una función dentro del conjunto.

Hablar de tú a tú

Otro de los rasgos más llamativos del discurso es su tono. Carney habla desde una posición de autoridad institucional, pero evita el registro distante o grandilocuente.

Utiliza frases directas, un lenguaje accesible y un “nosotros” inclusivo que implica a la audiencia en el diagnóstico y en la responsabilidad compartida.

En comunicación pública, la autoridad no se impone solo por el cargo: se construye a través de la confianza. Y la confianza nace, en buena medida, de la sensación de estar ante alguien que habla al que escucha y no se pone por encima de él.

Algunos gestos refuerzan esa cercanía. Iniciar el discurso en francés antes de pasar al inglés funciona como un gesto simbólico de un país con dos lenguas oficiales y en un contexto global. Expresiones como “todos en esta sala sabemos que…” construyen un marco compartido que refuerza la complicidad y la credibilidad del orador.

Storytelling y metáforas para hacer comprensible lo complejo

Carney aborda cuestiones abstractas y de gran escala: el orden internacional, el poder, la democracia, la economía global. Podría hacerlo desde un lenguaje técnico o normativo, pero opta por convertir lo abstracto en experiencia compartida mediante historias, analogías y referencias culturales.

Las metáforas no simplifican el contenido, lo hacen imaginable. Ayudan a organizar el pensamiento de la audiencia y a dotar de sentido ideas complejas. No recordamos datos aislados, recordamos historias. Podemos olvidar un discurso, pero no cómo nos hizo sentir.

Un ejemplo claro es la referencia a Václav Havel, que da respuesta a la pregunta: ¿cómo se mantenía el sistema comunista? Es la historia del tendero que coloca el cartel de “¡Proletarios de todos los países, uníos!” en su escaparate sin creer en él.

Esa historia sirve para explicar una idea compleja: que el poder de un sistema no reside en su verdad, sino en la voluntad colectiva de actuar como si lo fuera. Y que su fragilidad comienza cuando alguien deja de fingir.

Carney la recupera más tarde (se llama callback narrativo) cuando afirma que “entendemos que esta ruptura exige algo más que adaptación. Exige honestidad sobre el mundo tal y como es. Estamos quitando el cartel de la ventana”, usando la metáfora para anclar la idea de forma coherente y profunda.

Otra metáfora poderosa como “las potencias medias deben actuar juntas. Si no estás en la mesa, estás en el menú” condensa en una frase comprensible una lógica geopolítica compleja.

Recursos creativos, oratoria y retórica

Desde el punto de vista formal, el discurso está cuidadosamente construido. Aparecen recursos habituales de la escritura creativa que cumplen una función cognitiva: ordenar la información, jerarquizar ideas y facilitar la memoria.

Carney utiliza anáforas para dar ritmo (“nos unimos…”, “nos elogiamos…”, “nos beneficiamos…”), contrastes para dirigir la atención (“una ruptura, no una transición”) y quiasmos que refuerzan el mensaje (“no dependemos solo de la fuerza de nuestros valores, sino también del valor de nuestra fuerza”).

El uso de tríadas, paralelismos y repeticiones aporta claridad y facilita la escucha. Estas técnicas no buscan lucimiento estilístico. Cuando están bien aplicadas, pasan desapercibidas. El oyente no piensa que el discurso está bien escrito, piensa que lo entiende.

Emoción sin populismo

El uso de emoción en discursos políticos suele generar recelos. Sin embargo, no existe comunicación significativa sin un mínimo de conexión emocional. Emoción y manipulación no son lo mismo.

Carney activa emociones como la preocupación compartida, la responsabilidad colectiva o una esperanza prudente. Evita deliberadamente otras más polarizadoras, como el miedo o la ira.

La emoción no sustituye al argumento, lo acompaña y lo hace accesible. Como recordaba Eduard Punset, “las palabras generan imágenes, consolidan marcos y son la antesala de las emociones. Las emociones son la comprensión”.

Lo que queda cuando termina el discurso

Más allá del aplauso inmediato o del impacto mediático, la pregunta clave es otra: ¿qué queda cuando el discurso termina?

Comunicar no es solo transmitir información, sino contribuir a construir marcos de interpretación compartidos. Las palabras no solo describen el mundo, también lo configuran.

Carney no ofrece soluciones cerradas ni promesas grandilocuentes. Ofrece un marco desde el que pensar los desafíos globales y la responsabilidad de quienes los afrontan.

El discurso del primer ministro canadiense en Davos demuestra que la creatividad no es patrimonio de la publicidad ni un adorno estético. Es una herramienta democrática cuando se pone al servicio de la comprensión, la responsabilidad y el respeto por la ciudadanía.

Es la herramienta que puede convertir un buen discurso en un gran discurso.

En un tiempo en el que muchos buscan solo ocupar espacio, algunos todavía aspiran a ayudar a comprender, ordenar ideas y activar emociones responsables.

En comunicación institucional, comunicar bien no es solo una cuestión de estilo: es una forma de liderar. Y la creatividad, su mejor aliada para conectar de forma genuina con la ciudadanía.

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Jordi Caballé May no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. Hablar para ser escuchado: ¿por qué el discurso de Mark Carney se ha convertido ya en un ejemplo de comunicación creativa? – https://theconversation.com/hablar-para-ser-escuchado-por-que-el-discurso-de-mark-carney-se-ha-convertido-ya-en-un-ejemplo-de-comunicacion-creativa-274231

¿Pueden hacer más las universidades para mejorar el nivel de inglés de los estudiantes?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Francisco Sánchez del Cubo, Profesor Ayudante Doctor – Economía Aplicada (Estructura Económica) – Área de Turismo, Universidad de Málaga

Zoran Zeremski/Shuttertock

Cada año hay más estudiantes en las universidades españolas. En el curso 2022-2023 se matricularon más de 1,3 millones en Grado y casi 290 000 en Máster. Estas cifras son históricas: un aumento de titulados en un contexto muy exigente, donde hablar inglés ya no es una ventaja extra, sino una necesidad.

Ante esta realidad, las universidades tienen que adaptar sus programas tradicionales, incorporando asignaturas o grados enteros en inglés. En muchos casos, las asignaturas en ese idioma no alcanzan el 50 % del plan de estudios, por lo que no pueden considerarse programas bilingües. Además, aún hay pocos grados completos en inglés, si bien son más frecuentes los másteres.

Aunque no tenemos datos oficiales sobre el número total de asignaturas que se imparten en inglés en España, sí sabemos que son cada vez más habituales. Su objetivo es ayudar a los estudiantes a conseguir mejores empleos y hacer que las universidades sean más conocidas en el extranjero.

No obstante, todavía persisten preguntas clave: ¿qué tipo de estudiante elige este tipo de asignaturas? ¿Qué factores explican su decisión?

¿Por qué no estudio en inglés?

Para explorar este asunto, llevamos a cabo un estudio en la Universidad de Málaga. Analizamos a estudiantes de primer curso del Grado en Turismo. Estos estudiantes habían decidido no matricularse en asignaturas impartidas en inglés, aunque pueda ser muy útil para su futuro trabajo. A todos ellos se les pidió contestar un breve cuestionario. Dicha encuesta incluía preguntas sobre su nivel de idioma, sus características personales y confianza en su nivel de inglés.

Ni la edad, el sexo o el nivel de ingresos son relevantes a la hora de tomar la decisión. Ninguna de estas variables afecta a la confianza de poder aprobar una materia impartida en inglés. Tampoco la vocación por estudiar Turismo aparece como un factor importante.

En cambio, tres elementos son clave: el nivel de inglés que el estudiante cree tener, el nivel acreditado por certificados oficiales y haber estudiado antes en clases donde se usa esa lengua.

Es decir, el estudiante necesita confiar en su nivel de inglés, tanto de manera autopercibida como a través de un certificado objetivo de nivel. Universitarios que han pasado por colegios con grupos en inglés o programas de intercambio también tienen mayor disposición a cursar asignaturas en dicho idioma.

El papel del inglés en la universidad

Mejorar el nivel de inglés puede lograrse a través de cursos cortos, estancias donde se usa el inglés todo el tiempo o prácticas internacionales. Especialmente, mediante estrategias que pongan a los jóvenes en un contexto comunicativo real, donde puedan usar el segundo idioma de manera práctica y mejorar la autoconfianza.

Nuestros resultados revelan una situación preocupante. El inglés es esencial en el ámbito laboral, especialmente en el turismo. Pero, al mismo tiempo, las competencias lingüísticas ocupan un lugar secundario en muchos grados. En estos programas predominan los contenidos técnicos o de gestión.

La universidad debe superar esta brecha, incluyendo la enseñanza en inglés en los planes de estudios y reforzando la ayuda que da a estudiantes y docentes en la etapa universitaria.




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Entre las posibles medidas, cabe destacar el aumento de la oferta de cursos cortos y programas específicos orientados a la mejora de las competencias lingüísticas tanto del alumnado como del profesorado. Por ejemplo, mediante la creación de microcredenciales reconocidas institucionalmente.

También ayudaría ampliar la oferta de asignaturas impartidas en inglés a lo largo de todo el itinerario formativo del grado universitario, de manera progresiva y coherente con los contenidos de cada curso. Favorecer el contacto con estudiantes internacionales e incorporar esta lengua en actividades extracurriculares –como conferencias, clubes de debate o talleres temáticos– son otras estrategias para mejorar el nivel y exposición al inglés de los universitarios. Asimismo, resulta útil impulsar programas de mentoría con estudiantes de cursos superiores y desarrollar materiales docentes bilingües que faciliten la inmersión lingüística del estudiantado, especialmente en aquellos grados con una clara orientación internacional.

Nivel de competencias, acreditación oficial y experiencias previas son las tres cuestiones fundamentales para superar la resistencia estudiantil a matricularse en asignaturas en inglés. Teniendo en cuenta lo importante que es mejorar el nivel de este idioma para el futuro de los estudiantes, es fundamental tomar medidas para cerrar esa brecha entre la formación universitaria y las exigencias del mercado laboral.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

– ref. ¿Pueden hacer más las universidades para mejorar el nivel de inglés de los estudiantes? – https://theconversation.com/pueden-hacer-mas-las-universidades-para-mejorar-el-nivel-de-ingles-de-los-estudiantes-266420

Baja menstrual: el estigma y la incertidumbre hacen que estas medidas se utilicen poco en todo el mundo

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Lidia de la Iglesia Aza, Professor of Labour Law and Social Security, Universidade de Santiago de Compostela

Antonio Guillem/Shutterstock

Los síntomas menstruales pueden afectar gravemente a la vida laboral de una persona. Para combatir esto, ha surgido la idea de la baja menstrual. Esta medida legal permite a las trabajadoras tomarse un tiempo libre cuando los síntomas de la menstruación son demasiado difíciles de manejar en el trabajo.

Se enmarca dentro de la salud menstrual, un concepto relativamente nuevo y amplio que considera la menstruación no solo como un proceso biológico, sino también como una cuestión que afecta a la vida cotidiana, el bienestar y los derechos fundamentales de las personas.

Varios países cuentan con políticas de baja menstrual, pero las abordan de diferentes maneras. En la Unión Europea (UE), la mayoría de los países han hecho muy poco al respecto: en 2026, España es el único Estado miembro de la UE que cuenta con una normativa específica sobre la baja menstrual, introducida en 2023.

Japón fue el primer país en introducir la baja menstrual en 1947. Después de la Segunda Guerra Mundial, muchas mujeres se enfrentaban a duras condiciones de trabajo. Los baños inadecuados y la falta de productos sanitarios hacían imposible trabajar durante la menstruación, y la solución fue el derecho al seirikyuuka o “permiso fisiológico”, que reconoce la menstruación como una condición natural que los empleadores deben tener en cuenta.

Sin embargo, la legislación japonesa, al igual que sus homólogas más modernas, es deficiente. No especifica cuántos días se pueden tomar, no se garantiza el salario y los empleadores deciden si la baja es remunerada o no. En 2020, solo alrededor del 30 % de las empresas ofrecían el salario completo o parcial. En la práctica, menos del 1 % de las mujeres lo utilizan, y las que lo hacen a menudo se enfrentan a discriminación o acoso.

Estas dificultades son un tema recurrente en la aplicación de políticas similares en todo el mundo.




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La baja menstrual en todo el mundo

Más recientemente, otros países y regiones han introducido políticas de baja menstrual: Indonesia, Corea del Sur, Zambia, México, Taiwán, tres provincias chinas (Hubei, Shanxi y Ningxia), una provincia argentina (Federación) y dos provincias indias (Karnataka y Bihar) .

La Ley de Igualdad de Género en el Trabajo de Taiwán de 2002 estableció un día libre al mes para las mujeres, pero solo hasta un máximo de tres días al año. Estos días no se deducen de la baja por enfermedad, pero solo si se mantienen dentro de ese límite. Las mujeres reciben solo el 50 % de su salario durante la baja menstrual, lo que refleja las normas de la baja por enfermedad.

Indonesia introdujo el permiso menstrual en 2003, permitiendo hasta dos días de descanso remunerado al mes. La ley exige que las empleadas lo notifiquen con antelación a su empleador, y los acuerdos específicos (permiso a tiempo parcial, días consecutivos o discontinuos) se dejan a criterio de las partes implicadas.

Corea del Sur siguió su ejemplo con su propia normativa en 2007, concediendo a las mujeres un día de permiso no remunerado al mes. Los empleadores están legalmente obligados a respetar este derecho, y el incumplimiento de esta obligación puede dar lugar a multas elevadas.

Tanto Taiwán como Corea del Sur se enfrentan a retos similares, ya que muchos empleadores no aplican correctamente la normativa, se niegan a conceder la baja prometida o exigen pruebas intrusivas a las empleadas, lo que socava su dignidad en el proceso.




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En 2014, el municipio de Federación, en Argentina, introdujo una política que concedía a sus empleadas públicas un día libre remunerado al mes si no podían trabajar debido a su menstruación. A nivel local, esta iniciativa se conoció como el “día femenino”.

En Zambia, la baja menstrual se estableció en 2015, y las mujeres tienen derecho a un día libre al mes, sin necesidad de presentar un certificado médico ni siquiera de avisar previamente a su empleador. Esta política se conoce como “Día de la Madre”, lo que refleja el énfasis cultural en el papel que se atribuye a la mujer en la sociedad.

En el Estado de México, a las empleadas públicas se les ha concedido un permiso por dismenorrea (dolor menstrual) como política enmarcada en la defensa de los derechos laborales. Curiosamente, la política de México no se limita únicamente a la menstruación. Identifica tres grupos principales de beneficiarios: mujeres que sufren dismenorrea grave, mujeres en la mediana edad que padecen síntomas de la menopausia o la fase climáctica, y hombres en la mediana edad que sufren molestias relacionadas con la andropausia.

La normativa mexicana se describe mejor como baja fisiológica que como baja estrictamente menstrual, ya que amplía el apoyo a los trabajadores en diferentes etapas de la vida que tienen implicaciones para la salud.

La baja menstrual en España

La normativa sobre la baja menstrual en España entró en vigor el 1 de junio de 2023, tras un proyecto de ley presentado por el Gobierno de coalición del Partido Socialista y Podemos, su socio de izquierdas. La medida no fue aceptada de forma unánime: se aprobó con 185 votos a favor, 154 en contra y 3 abstenciones.

Desde el principio, la propuesta suscitó un acalorado debate. Su carácter innovador y ambicioso suscitó fuertes críticas por parte de varios partidos políticos, en particular del Partido Popular (PP), quien advirtió que la ley podría conducir a la marginación, la estigmatización e incluso a consecuencias negativas en el mercado laboral para las mujeres.

Sin embargo, la aprobación de la ley fue aclamada por grupos feministas y organizaciones de derechos laborales como un hito histórico. Para ellos, la baja menstrual representa un reconocimiento largamente esperado de las necesidades de las mujeres y un paso hacia una mayor igualdad en el empleo.

La ley introduce nuevos derechos para las mujeres en el marco de la Seguridad Social española, reflejando lo que algunos estudiosos han descrito como el “derecho a trabajar sin dolor”. Crea una nueva situación de incapacidad temporal relacionada con afecciones menstruales incapacitantes. Esto incluye la dismenorrea secundaria y afecciones relacionadas, como la endometriosis, los fibromas, la enfermedad inflamatoria pélvica, la adenomiosis, los pólipos endometriales, el síndrome de ovario poliquístico o cualquier dificultad en el flujo menstrual.

En estos casos, la Seguridad Social cubre la prestación desde el primer día de baja. Esto difiere de la baja por enfermedad general, en la que los pagos solo comienzan a partir del cuarto día. Además, las mujeres no necesitan haber cotizado previamente a la Seguridad Social para acceder a esta protección.




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Un sistema infrautilizado

El proyecto de ley original estimaba que alrededor del 1 % de los seis millones de mujeres de entre 16 y 50 años en España, aproximadamente 60 000 trabajadoras, podrían sufrir síntomas menstruales incapacitantes.

Según las propias cifras del Ministerio, entre el 1 de junio de 2023 y el 3 de febrero de 2025 solo 2 668 mujeres hicieron uso de la prestación, con una duración media de tres días por baja. Esta cifra es muy inferior a la estimación original, lo que significa que no se está utilizando tanto como debería.

Dada su reciente introducción y el reducido número de beneficiarias, aún no hay pruebas de que la baja menstrual haya tenido un impacto negativo en el empleo de las mujeres en España.

El problema de la baja menstrual

La menstruación se suele tratar como algo vergonzoso o incómodo. Este estigma dificulta que las mujeres expresen sus necesidades en el trabajo, lo que significa que gestionar la menstruación se convierte en una lucha privada, no reconocida en el lugar de trabajo.

El permiso menstrual es solo una posible solución a este problema. Otras políticas, como horarios flexibles, áreas de descanso bien equipadas, etc., también podrían ser muy beneficiosas.

La cuestión clave es si el permiso menstrual mejora realmente el bienestar de quienes lo necesitan o si, sin quererlo, refuerza la discriminación, los estereotipos negativos y el resentimiento hacia las empleadas que lo utilizan. El debate sigue abierto y subraya la importancia de diseñar leyes laborales que reconozcan las circunstancias biológicas de las trabajadoras.

Pero una cosa está clara: abordar la salud menstrual en el trabajo es de vital importancia. El punto de partida es reconocer que cada mes, alrededor de 2 000 millones de personas en todo el mundo experimentan la menstruación. Necesitan prácticas laborales justas y solidarias.

The Conversation

Lidia de la Iglesia Aza no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. Baja menstrual: el estigma y la incertidumbre hacen que estas medidas se utilicen poco en todo el mundo – https://theconversation.com/baja-menstrual-el-estigma-y-la-incertidumbre-hacen-que-estas-medidas-se-utilicen-poco-en-todo-el-mundo-274653

Cómo la inteligencia artificial está transformando los videojuegos

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Ricardo Fernández Rafael, Investigador Predoctoral en Ocio, Cultura y Comunicación, Universidad de Deusto

Una imagen del juego _Retail Mage_. Jam and Tea Studio

Imagine entrar en su videojuego favorito y que cada personaje no jugable (NPC) le ofrezca una conversación única e improvisada a su medida. O que el juego ajuste la dificultad en tiempo real según detecte su frustración, calma o modo de jugar.

Escenarios así están dejando de ser ciencia ficción: gracias a los avances tecnológicos, la forma en la que jugamos se está transformando radicalmente. Casi uno de cada cinco juegos nuevos publicados en la plataforma Steam durante 2025 utiliza ya alguna forma de IA generativa.

De NPC predecibles a personajes que improvisan

La IA en videojuegos ha existido durante décadas para controlar el comportamiento de enemigos o aliados, pero seguía guiones rígidos o programas muy definidos. Ahora, con modelos generativos de lenguaje –similares a ChatGPT– los personajes no jugables pueden hablar e interactuar de forma mucho más libre y natural.

Un ejemplo reciente es Retail Mage (2024), un videojuego de rol (RPG) en el que se atiende una tienda mágica cuyos clientes son NPC impulsados por IA generativa. En lugar de limitarse a frases predefinidas, el jugador puede teclear cualquier consulta o respuesta y el personaje no jugable improvisa un diálogo coherente en tiempo real. Esto permite conversaciones insospechadas y situaciones cómicas o creativas: los desarrolladores reportan que las posibilidades y la experiencia se multiplican al no haber “líneas de diálogo” agotables o que puedan repetirse fácilmente.

Otro caso es Mecha BREAK (2025), un videojuego de disparos multijugador (shooter). En la gran feria del videojuego europea, la Gamescom de 2024, se mostró una versión piloto con un personaje no jugable que hablaba e interactuaba gracias a la IA. El jugador podía preguntarle libremente sobre la próxima misión y este respondía con consejos tácticos generados en ese mismo momento.

Mundos creados sobre la marcha

La IA generativa no solo da voz improvisada a personajes, también puede inventar historias, misiones y mundos enteros conforme jugamos.

AI Roguelite (2023) es un caso llamativo: se presenta como “el primer videojuego de rol de texto en el que la inteligencia artificial determina al 100 % cada ubicación, enemigo, objeto y mecánica”. En cada partida, el juego genera descripciones, escenarios, eventos e incluso imágenes y música diferentes usando modelos de IA. Los jugadores destacan la flexibilidad casi infinita de este enfoque: es posible vivir desde la épica clásica de caballeros contra dragones hasta disparatadas aventuras surrealistas, todo dependiendo de las entradas del usuario y la creatividad del modelo.

También hay proyectos híbridos que combinan contenido artesanal con generación por IA. Por ejemplo, Nyric permite crear mundos sandbox en 3D (entornos virtuales en los que el jugador tiene libertad para explorar, construir y modificar sin una línea argumental predefinida) a partir de simples descripciones de texto, usando la IA para rellenarlos y adaptarlos sobre la marcha. Imagine escribir “un bosque encantado bajo una noche estrellada” y ver cómo el juego construye un paisaje inmersivo que puede explorar.

Del mismo modo, inZOI utiliza IA para generar texturas y objetos únicos según indicaciones del usuario, y emplea pequeños modelos de lenguaje integrados para dotar de mayor “profundidad psicológica” a sus personajes no jugables. Es decir, estos no solo tienen diálogos diferentes en cada partida, sino que “piensan” y actúan con cierta autonomía simulando motivaciones más complejas.

Estos ejemplos muestran cómo la IA puede servir de director creativo auxiliar, produciendo narrativas y contenido que antes requerían mucho trabajo manual. Algunos estudios en 2016 ya auguraban esta posibilidad, señalando que los juegos con adaptación basada en el afecto podían modificar sus características “de forma dinámica para mejorar la inmersión y el desafío del jugador”. Ahora, con las herramientas generativas modernas, esa adaptabilidad se extiende a la creación de tramas y escenarios enteros en tiempo real.

Juegos que sienten

Otra faceta revolucionaria es la IA afectiva, aquella que mide y responde a las emociones del jugador. La premisa es sencilla: si jugar es una experiencia emocional, ¿por qué no hacer que el juego reaccione a cómo nos sentimos?

Un pionero en este campo ha sido Nevermind (2015), un juego de terror psicológico que utiliza biofeedback. Mediante un sensor de frecuencia cardíaca o la cámara, el sistema detecta el estrés y el miedo del jugador. Si nota que está demasiado tranquilo, incrementa la dificultad y los sustos para inducirle presión, y si detecta pánico puede aliviar la intensidad. En otras palabras, el juego nos observa y adapta la experiencia para mantenernos en esa franja óptima entre el aburrimiento y la ansiedad conocida como flow.

Imagen de un árbol desnudo en medio de dos edificios que se doblan hacia él.
Captura de pantalla del juego Nevermind.
Nevermind/Flying Mollusk

Imaginemos títulos futuros que integren un lazo afectivo completo y logren involucrar emocionalmente al usuario. Por ejemplo, juegos de terror que calibren dinámicamente su atmósfera según nuestro miedo real, o aventuras narrativas que cambien la música, los diálogos o incluso el desenlace según detecten tristeza, frustración o euforia en el jugador.

Investigaciones recientes han demostrado que esto es viable. Así, se ha logrado clasificar el nivel de experiencia y compromiso de un jugador midiendo sus ondas cerebrales (EEG) con algoritmos de machine learning.

El jugador en el centro: dificultad y experiencias a medida

Más allá de las emociones, la IA está permitiendo adaptar juegos a las preferencias y estilo de cada jugador de formas inéditas. Durante años hemos visto sistemas básicos de ajuste de dificultad: desde elegir modo fácil/difícil hasta el “AI Director” de Left 4 Dead que modulaba la intensidad de los enemigos según nuestro desempeño.

La nueva generación de IA lleva esto mucho más lejos. Por ejemplo, MIR5, un videojuego de rol de acción de próximo lanzamiento, anunció que contará con “jefes finales” controlados por IA. Los jefes finales son los enemigos principales de un nivel o de la propia narrativa del juego. Estos personajes están diseñados para suponer un gran reto y suelen marcar momentos clave de la historia. En este caso, y gracias a la IA, aprenderán y se adaptarán a las tácticas del jugador, de forma que cada enfrentamiento sea personalizado y siempre constituya un desafío.

La personalización de contenidos es otra área en crecimiento. Si un jugador tiende a explorar mucho y hablar con todos los personajes, la IA podría detectar ese patrón y generarle más misiones narrativas; si otro prefiere la acción rápida, el juego podría ofrecerle combates adicionales u omitir diálogos extensos. De cierta manera, se podrá “perfilar” al jugador y presentar la versión de la historia más acorde a los gustos y comportamiento del usuario.

Diversos estudios académicos llevan tiempo trabajando en el modelado de los jugadores (player modeling) para identificar estas preferencias y estados óptimos de compromiso e interacción. La diferencia ahora es que el motor del juego podría reconfigurarse sobre la marcha gracias a la IA generativa.

Así, en el futuro se podrá ajustar a un modelo del jugador y no permanecer estático o enfocado en un número determinado de perfiles.


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Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

– ref. Cómo la inteligencia artificial está transformando los videojuegos – https://theconversation.com/como-la-inteligencia-artificial-esta-transformando-los-videojuegos-266198

¿Contribuye tener mascota al bienestar emocional en la infancia?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Llúcia González Safont, Investigadora del Centro de Investigación Biomédica en Red en Epidemiología y Salud Pública (CIBERESP) y miembro de la Unidad Mixta de Investigación en Epidemiología, Ambiente y Salud FISABIO-Universitat Jaume I -Universitat de València, Fisabio

New Africa/Shutterstock

“¿Deberíamos tener un animal de compañía?, “¿va a beneficiar a la salud mental de nuestro hijo o nuestra hija?” Estas y otras preguntas son habituales en muchas familias, y de lo más pertinentes: más de la mitad de hogares españoles cuenta hoy con uno o más animales de compañía, de acuerdo con la Asociación Española de la Industria y el Comercio del Sector del Animal de Compañía.

Cuestión de apego

Se llama apego a los lazos emocionales que se crean entre un bebé y su figura cuidadora como parte de su desarrollo, aportando seguridad y consuelo. Este vínculo puede formarse en cierto grado también con los animales, que, según las evidencias, pueden ejercer efectos beneficiosos de diferentes formas:

Pero, más allá de estas virtudes, ¿cómo afecta realmente a la salud mental de los más pequeños la convivencia con animales en casa? Nos referimos de manera específica a la mayor o menor presencia de problemas categorizados como internalizantes (síntomas de depresión, ansiedad, somatización…) y externalizantes (los que se relacionan con la conducta y pueden incomodar al entorno del menor, como la agresividad o la ruptura de normas).

Estudio dentro del Proyecto INMA

Cohortes INMA incluídas en el análisis (cuadro rojo). Número de participantes (mujeres embarazadas) en el periodo del reclutamiento para el estudio.
Llúcia González, CC BY

Para averiguarlo, analizamos los datos que proporciona el Proyecto INMA (Infancia y Medio Ambiente). Se trata de un estudio de cohortes, o sea, un seguimiento periódico de los participantes –en este caso, desde el embarazo hasta los 6-7 años– a través de cuestionarios, mediciones ambientales y pruebas clínicas.

Gráfico descriptivo de animales en las familias.

Concretamente, nuestro trabajo incluía unas 1 900 familias de Asturias, Gipuzkoa, Sabadell (Barcelona) y Valencia. De ellas, el 52,3 % tenía o tuvo uno o más animales de compañía; un 19,1 % convivió con perros; un 8,7 %, con gatos; un 14,8 %, con pájaros; y un 28,6 %, con otros animales como hámsteres, conejos, tortugas o peces.

Cuando evaluamos la relación entre la presencia de animales y la salud mental, observamos que los niños y las niñas que nunca habían tenido mascota manifestaban las puntuaciones más positivas. Según algunas tendencias, aunque no pueden considerarse significativas, quienes siempre convivieron con alguna mostraban resultados ligeramente más negativos. Por su parte, quienes solo habían tenido animales puntualmente presentaban riesgos más altos de experimentar problemas. No obstante, hay que aclarar que este patrón solo fue significativo para el caso de los gatos.

Relación entre tenencia de mascotas y salud mental infantil.

Para considerar otros factores que podrían estar influyendo en esta relación, realizamos análisis múltiples que nos permitieron ajustar los resultados en función de la clase social, el sexo, la edad o la cohorte, entre otros. Así pudimos observar que no había diferencias entre quienes nunca habían convivido con animales y quienes los habían tenido siempre o solo puntualmente. Esto se aplicaba a la variable que estudiaba cualquier tipo de mascota, así como las específicas que evaluaban la relación con perros y pájaros.

Lo más curioso es que tener un gato a los 4-5 años edad sí se podía asociar con más problemas de salud mental, mientras que contar con otro tipo de animales como hámsteres, conejos, tortugas o peces de forma consistente a lo largo de la primera infancia parecía ejercer un efecto protector en los niños y las niñas.

Explicaciones para estos hallazgos

En los primeros años de vida, los lazos afectivos pueden no estar totalmente formados. Por eso, es posible que la presencia de perros o pájaros no afecte mucho la salud mental. Además, otras variables no incluidas en nuestro estudio podrían haber influido en los resultados.

En el caso de los gatos, su forma de interactuar con las personas podría explicar los efectos observados. Son más independientes, lo que limita el vínculo emocional. Adicionalmente, puede influir que algunas familias que eligen este animal como mascota tengan hijos o hijas con necesidades emocionales.

Además, la toxoplasmosis es más común en gatos que en otros animales. Esta infección, provocada por el parásito Toxoplasma gondii y que puede transmitirse a humanos, se relaciona con problemas de comportamiento y está vinculado a trastornos mentales graves como el trastorno bipolar y la esquizofrenia.

Por último, tener peces, tortugas y hámsteres de manera constante sí parece proteger a los niños y niñas frente a problemas de salud mental. Estas mascotas no solo procuran un contacto estable y fácil, sino que también ayudan a aprender responsabilidad, empatía y autocontrol.

El impacto real de tener una mascota

En conclusión, nuestro estudio no asoció claramente la presencia de algunos animales de compañía, como perros y pájaros, con beneficios o perjuicios en la salud mental infantil. Esto podría deberse a que el trabajo está centrado en una exposición muy temprana del menor y, por tanto, se requerirían estudios centrados en edades más avanzadas.

Además, los menores que convivieron con animales como hámsteres, conejos, peces o tortugas de forma constante obtuvieron mejores resultados que los que solo las tuvieron de manera puntual. Esto sugiere que la continuidad del vínculo puede ser más beneficiosa que la exposición esporádica. Y aunque vivir con una mascota puede fomentar la responsabilidad, empatía y autorregulación emocional, su impacto real depende de factores como el tipo de vínculo, la edad y el estilo de crianza.

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Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

– ref. ¿Contribuye tener mascota al bienestar emocional en la infancia? – https://theconversation.com/contribuye-tener-mascota-al-bienestar-emocional-en-la-infancia-266958

Los fondos de inversión españoles sostenibles y su huella de carbono

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Raquel López García, Profesora Titular de Universidad, Departamento de Análisis Económico y Finanzas, Universidad de Castilla-La Mancha

Midnight Studio TH/Shutterstock

Las decisiones financieras que tomamos día a día tienen implicaciones en el cambio climático. Las acciones, los títulos de deuda pública o privada o los fondos en los que invertimos tienen asociados, cada uno, una huella de carbono distinta.

Esa huella se deriva de las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) generadas por las actividades de las empresas. Cuando colocamos nuestro dinero en activos con una baja huella de carbono estamos financiando actividades menos perjudiciales para el cambio climático.

En 2017 se creó un grupo de trabajo para establecer qué métricas deben usar los bancos o las gestoras de fondos para medir la huella de carbono de sus carteras de préstamos o de inversión. Sin embargo, esto sólo se está aplicando de forma parcial y con carácter experimental.

¿Es un dato público y disponible?

En el caso de los fondos de inversión, ¿qué información tienen los inversores particulares comprometidos con el cambio climático para seleccionar unos u otros?

Los proveedores globales de información sobre fondos no ofrecen datos de manera gratuita sobre la huella de carbono que dejan. Por otra parte, existen ratings de sostenibilidad para este tipo de herramienta de inversión. Sin embargo, se basan en factores ASG, relativos al impacto de las empresas que forman parte de los fondos en los ámbitos medioambiental, social y de gobernanza, por lo que el enfoque es mucho más amplio que el de la huella de carbono. Además, los criterios de aplicación pueden estar sesgados o ser poco transparentes.

Un informe de Bloomberg mostró que, en 2020, MSCI, una compañía propiedad de Morgan Stanley que analiza la sostenibilidad de las empresas, elevó el rating de sostenibilidad de McDonald’s (a más sostenible) aunque sus emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) habían aumentado un 7 % en los cuatro años previos.

Calculando la huella de carbono

En España ha ido creciendo el porcentaje de hogares que invierten en fondos de inversión. En 2022 fue el 9,56 %, cuando 20 años atrás era el 6,85 %. Además, el peso de dichos fondos en la cartera de activos financieros de los hogares pasó del 9,4 % en 2002 al 12 % en 2022.

Pese a este crecimiento, tampoco las gestoras de fondos de inversión españolas publican la huella de carbono de los fondos que manejan. La información suministrada sólo permite conocer si promueven acciones a favor del medioambiente o del desarrollo social, o si tienen objetivos de inversión sostenible. De este modo, cumplen con los artículos 8 y 9 de la normativa europea en materia de divulgación de información relativa a la sostenibilidad.

Intentando paliar esta falta de información, hemos calculado la huella de carbono de 45 fondos de inversión que invierten en acciones de empresas cotizadas españolas. Para ello, utilizamos los datos sobre emisiones de GEI que proporcionan en sus memorias de sostenibilidad las empresas incluidas en los fondos. Siguiendo los criterios del Greenhouse Gas Protocol, el estándar internacional más utilizado para que organizaciones y gobiernos midan, gestionen y reporten sus emisiones de gases de efecto invernadero, consideramos emisiones directas (de alcance 1) e indirectas (de alcance 2 y 3).

Un ranking de fondos sostenibles

De este análisis obtuvimos que, por cada 1 000 euros invertidos en los fondos de inversión españoles, en 2022 se emitieron a la atmósfera, de media, 497 kilos de CO₂ equivalente (los gases de efecto invernadero distintos del CO₂, como metano, óxido nitroso o hidrofluorocarburos, son convertidos a su valor equivalente en CO₂). Este resultado es muy similar al que tendríamos si hubiéramos recorrido 3 075 kilómetros (casi como viajar de Madrid a Estocolmo) con un coche diésel que consumiera 6,5 litros cada 100 kilómetros (gastando 350 euros si el litro de diésel costara 1,5 €).

A partir de ahí podemos establecer un ranking de fondos de inversión, según su huella de carbono por euro invertido. Encontramos una gran variabilidad en los resultados. Los 5 fondos más sostenibles financian actividades que emiten a la atmósfera, de media, 281 kilos de CO₂ equivalente por cada mil euros de inversión. Mientras, los 5 fondos menos sostenibles emiten, de media, 842.

Así, los más contaminantes tienen un impacto hasta 5,8 veces mayor, en términos de huella de carbono, que los más sostenibles.

¿Cuáles son las empresas españolas que más contribuyen a la huella de carbono de los fondos de inversión? Por orden, son: Gestamp, Iberdrola, Acerinox, IAG y Repsol. Estas 5 forman parte de las 10 compañías (de 85 incluidas en los fondos de inversión) que generaron más emisiones de carbono en 2022.

La huella de carbono de Gestamp, Iberdrola y Acerinox se relaciona fundamentalmente con las emisiones indirectas de alcance 3 (por ejemplo, las asociadas con los metales que utilizan Gestamp o Acerinox como materia prima). Por su parte, las emisiones de carbono de IAG y Repsol son principalmente emisiones directas (de alcance 1), o sea, producidas directamente por el uso de combustibles fósiles, como el queroseno utilizado por IAG en sus aviones.

La figura de abajo ofrece una clasificación de los fondos en cuatro niveles de riesgo de carbono según las emisiones consideradas (alcance 1, 2 o 3 aguas arriba). Fondos de riesgo bajo (por debajo del percentil 25), riesgo medio-bajo (del percentil 25 al 50), riesgo medio-alto (del percentil 50 al 75) y riesgo alto (por encima del percentil 75). Al comparar las columnas 1 y 3, se observa que, de los 45 fondos de inversión, 19 cambian de color y que la identificación de la sostenibilidad de los fondos depende del tipo de emisiones consideradas. Se concluye que ignorar las emisiones de alcance 3 conduce a una identificación incorrecta de los fondos de riesgo bajo y medio-bajo, ya que son estos los que presentan un aumento más notable en sus emisiones.

En conclusión

Tanto los ciudadanos como los inversores profesionales requieren contar con información veraz y comprensible para la toma de decisiones de inversión. Establecer un sistema de medida de la calidad de la huella de carbono de las distintas alternativas de inversión, como Nutri-Score mide la calidad de los alimentos, facilitaría la identificación de aquellas más sostenibles.

La falta de información, o su complejidad, abre la posibilidad de que las empresas apliquen estrategias de ecopostureo o de greenwashing, y dificulta a los ciudadanos comprometidos con la lucha contra el cambio climático contribuir al proceso de descarbonización a través de sus inversiones.

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Raquel López García es investigadora colaboradora de un proyecto financiado por el MInisterio de Ciencia, Innovación y Universidades

Luis Antonio López Santiago recibe fondos del Programa Horizon Europe, de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha y de la Universidad de Castilla-La Mancha.

– ref. Los fondos de inversión españoles sostenibles y su huella de carbono – https://theconversation.com/los-fondos-de-inversion-espanoles-sostenibles-y-su-huella-de-carbono-267242

Recordar para seguir adelante: por qué idealizamos el pasado

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Tatiana Romero Arias, Facultad de Ciencias de la Salud. Dpto. de Psicología, Universidad Europea

En redes sociales se multiplican estos días las imágenes comparativas. Una foto de 2016 aparece junto a otra de 2026. Diversos textos las acompañan: “Así éramos entonces”, “cuando todo era más sencillo”, “antes de que el mundo se torciera”. Contemplamos rostros más jóvenes, sonrisas despreocupadas. Una vida que, vista desde hoy, parece más ligera.

No es solo una moda visual. Detrás de estas comparaciones late una idea cada vez más extendida: que 2016 fue el “último año bueno”. Un tiempo previo a la pandemia, a las crisis encadenadas y a la sensación de incertidumbre permanente que define el presente. Pero ¿es correcta esta percepción?

Llega un momento en la vida en que el pasado empieza a parecer más amable. No importa si hablamos de la infancia, de la juventud o de cuando trabajábamos. Algo cambia y, de pronto, los recuerdos se llenan de veranos interminables, conversaciones sin prisas y problemas que hoy parecen pequeños. Entonces surge la frase: “Antes se vivía mejor”.

Pero ¿realmente vivíamos mejor entonces? ¿O estamos mirando ese pasado a través del filtro de la nostalgia? ¿Y si lo que ha cambiado no es tanto lo que vivimos, sino la forma en que lo recordamos?

Para entender por qué tendemos a idealizar determinados momentos de nuestra vida y por qué lo hacemos con tanta fuerza cuando el presente se vuelve incierto, conviene fijarse menos en lo que ocurrió en 2016 y en cómo funciona nuestra memoria.

Recordar no es volver atrás

Solemos pensar que la memoria funciona como una especie de archivo: guardamos experiencias y, cuando queremos, las sacamos intactas. Sin embargo, la memoria no reproduce el pasado: lo reconstruye. Cada recuerdo es una versión actualizada de lo que vivimos, filtrada por lo que somos hoy.

Cada vez que recordamos, el recuerdo se activa, se reordena y se guarda de nuevo. Por eso el pasado no permanece fijo. Cambia con nosotros. Recordar es, en cierto modo, reinterpretar.

Esto explica algunas experiencias que todos hemos vivido alguna vez. Por ejemplo, cómo un mismo episodio puede parecernos distinto con los años. O cómo dos personas recuerdan de forma muy diferente una historia compartida.

La memoria no guarda todo, ni lo guarda igual

Nuestra memoria no es neutral. No almacena cada detalle ni trata todos los recuerdos por igual. Algunos permanecen accesibles durante décadas; otros se van difuminando sin que sepamos muy bien cuándo.

Las emociones tienen mucho que ver con esto. Los recuerdos cargados de emoción se consolidan mejor que los neutros, pero con el tiempo ocurre algo curioso: muchas experiencias negativas pierden fuerza, mientras que las positivas se mantienen más vivas. No porque las primeras desaparezcan, sino porque se vuelven menos accesibles.

Olvidar, en este sentido, no es un fallo: es una forma de protección.

Cuando el pasado se vuelve más bonito

Esto da lugar a lo que la psicología llama “sesgo de positividad”: la tendencia a recordar nuestra vida como mejor de lo que fue en realidad. No es que inventemos recuerdos felices, sino que los negativos ocupan cada vez menos espacio cuando miramos atrás.

Este sesgo se intensifica con la edad y se vuelve especialmente visible a partir de los 60 años. En ese momento el recuerdo del pasado empieza a cumplir otra función. Ya no sirve tanto para aprender o planificar, sino para dar sentido, reafirmar quiénes somos y sentirnos bien con la vida vivida.

La jubilación: cuando cambia la forma de mirar atrás

La jubilación suele marcar un antes y un después. No solo porque cambie la rutina, sino porque cambia la manera en que percibimos el tiempo. El futuro deja de ser un espacio infinito y se vuelve más concreto. Y cuando eso ocurre, nuestras prioridades psicológicas se reorganizan.

En esta etapa muchas personas se vuelven más hábiles regulando sus emociones. Aprenden, a veces sin darse cuenta, a no recrearse tanto en lo negativo y a rescatar con más facilidad los recuerdos que aportan calma, orgullo y afecto. La memoria autobiográfica se convierte en una aliada para mantener el equilibrio emocional en un momento de grandes cambios.

Por eso, al mirar atrás, la vida parece más amable. No porque lo fuera más, sino porque ahora necesitamos que lo sea.

Nostalgia: no es debilidad, es adaptación

La nostalgia suele verse como una forma de vivir anclados en el pasado. Sin embargo, desde la psicología sabemos que cumple una función importante. Recordar “los buenos tiempos” refuerza nuestra identidad, nos recuerda de dónde venimos y nos ayuda a afrontar el presente con más serenidad.

La nostalgia no nos aleja de la realidad, sino que nos permite habitarla con más sentido. Solo se vuelve problemática cuando impide vivir el presente. En la mayoría de los casos, recordar con cariño es una forma sana de seguir adelante.

Entonces, ¿antes todo era mejor?

Probablemente no, pero nuestra memoria no está diseñada para ser justa con el pasado, sino útil para el presente. Al seleccionar, suavizar y reconstruir lo vivido, la memoria nos ayuda a mantener una historia personal coherente y emocionalmente sostenible.

Quizá, cuando decimos que antes todo era mejor, no estamos hablando del pasado. Estamos hablando de una memoria que hace lo que siempre ha hecho: cuidarnos.

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Tatiana Romero Arias no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. Recordar para seguir adelante: por qué idealizamos el pasado – https://theconversation.com/recordar-para-seguir-adelante-por-que-idealizamos-el-pasado-274157