Más allá del ‘Spain is Different’: lo que el relato turístico no cuenta sobre España

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Jorge Villaverde, Historien, CRIMIC/Sorbonne Université, Institut catholique de Lille (ICL); European University Institute

Playae Palmanova (Mallorca), 1960. Antonio Verdugo/Legs Luis Fernández Fuster, Universidad de Zaragoza, CC BY

En un reciente episodio de Karambolage, un breve programa de la cadena cultural francoalemana Arte, se repasaba la evolución de la imagen de España en el extranjero. Según el relato, el país, hoy asociado al sol y al flamenco, tuvo durante mucho tiempo una reputación negativa, que nacía en el colonialismo de América y llegaba al franquismo. Todo pareció cambiar en los años sesenta, cuando el régimen abrió España al turismo. El máximo exponente fue el eslogan “Spain is Different”.

Pero el proceso fue mucho más complejo. El paso de la Leyenda negra a la reapropiación irónica de un eslogan franquista puede parecer coherente. Sin embargo, al enlazar estos elementos en una misma continuidad interpretativa, se reactivan clichés históricos que la investigación reciente ha matizado de forma considerable.

La ‘diferencia’ española: entre fascinación y marginalidad

Aunque el vídeo menciona la frustración de algunos españoles ante las imágenes distorsionadas de su país, también reproduce la idea de una España definida por la mirada exterior. Los procesos de erotización y exotización desarrollados en el siglo XIX por las potencias hegemónicas francesa y británica hacia su antigua rival forman parte de esta construcción.

Cartel de una exposición en el que se ve a una mujer vestida de flamenca y a otra leyéndole la mano.
Exposición L’Andalousie au temps des maures, París 1900. Alexandre Lunois.
Biblioteca Nacional de Francia, CC BY-ND

Estas representaciones relegaban el antiguo imperio a la diferencia, a los márgenes de una modernidad definida por sus sucesores. Descrita como periférica, la península aparecía al mismo tiempo como un espacio romántico y una fuente de inspiración política y artística. Aunque el número de visitantes seguía siendo muy inferior al de países como Francia, Suiza o Italia, ocupaba un lugar central en el imaginario europeo.




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Pero es necesario evitar reducir el país a objeto de una construcción simbólica externa. España fue también un espacio de debates internos y de intercambios intelectuales que superaban sus fronteras.

Desde la época moderna, los pensadores españoles cuestionaron la legitimidad de la conquista y participaron plenamente en la vida intelectual europea. En el siglo XIX, exiliados y viajeros conocieron la industrialización de los países más ricos y la proyección internacional de las grandes exposiciones universales. Estas experiencias alimentaron debates fundamentales sobre el lugar de España en la modernidad, como el regeneracionismo y el propio concepto de Leyenda negra.

Un eslogan con una larga historia

El principal punto ciego del relato aparece al examinar la historia del propio eslogan. Es cierto que una memoria ampliamente compartida atribuye “Spain is Different” al ministro Manuel Fraga Iribarne. Sin embargo, la campaña impulsada por Fraga constituyó más bien su remate que su invención.

Fotografía de una mujer en un cartel que indica que Spain is different.
Spain is Different. Fotografía Francisco Andrada, 1932-1933.
Arxiu Històric de la Ciutat de Barcelona AHCB4-205/C05, CC BY

“Spain is Different” aparecía ya en 1932-1933 en una serie de carteles fotográficos editados bajo la dirección de Rafael Calleja, alto funcionario conservador que permaneció en su puesto desde la dictadura de Primo de Rivera hasta la República. El eslogan acompañaba la fotografía de una alcaldesa de Zamarramala, figura femenina investida simbólicamente de autoridad durante la fiesta local.

La elección distó mucho de ser anecdótica. Se produjo en un momento en que la República había ampliado la participación cívica de las mujeres y transformado profundamente el marco político y social, provocando una fuerte reacción entre los conservadores.

Durante la Guerra Civil (1936-1939), la fórmula fue rápidamente reapropiada. En la contraportada de la revista L’Esquella de la Torratxa, una familia de turistas ingleses contemplaba una versión muy particular del cartel. La “alcaldesa” había sido sustituida por un Franco cuya pose podía parecer afeminada, una forma de desacreditarlo en un contexto histórico misógino y de socavar la imagen de virilidad regeneradora que el bando sublevado pretendía encarnar.

Cartel en el que se ridiculiza a Franco frente a una familia de turistas.
Visiteu L’Espanya! David Santsalvador en L’Esquella de la torratxa el 13 de noviembre de 1936.
Biblioteca Virtual de Prensa Histórica, CC BY-NC-ND

Rodeado de un obispo, un soldado colonial y oficiales nazis y fascistas, el motivo de la “diferencia” se convertía en una sátira política. La imagen cuestionaba así la pretensión de los “nacionales” de representar la verdadera España, al mostrarlos como la expresión local de una coalición internacional reaccionaria.

En la prensa anglófona, el eslogan también sirvió como marco interpretativo del conflicto. Aparecía con frecuencia en relatos marcados por una condescendencia imperial que presentaban a una España “diferente” como una anomalía inestable dentro de la Europa civilizada. Este viejo tópico contribuía a naturalizar la violencia, al mostrarla como una consecuencia casi esperable de esa supuesta disparidad y no como una ruptura del orden europeo que afectaba al conjunto del continente.

Ni la fórmula ni su principal promotor desaparecieron tras la guerra. El eslogan fue reactivado en las décadas de 1940 y 1950, especialmente en los volúmenes Apologías Turísticas de España dirigidos por Calleja, así como en varias campañas de carteles fotográficos en las que aparecen lemas como “Spain is Beautiful and Different” y “Spain is Beautiful and Different: Visit Sunny Spain”.

El ‘boom’ turístico

En la posguerra, la singularidad acompañó el esfuerzo del régimen por romper su aislamiento internacional e integrarse en el orden occidental dominado por Estados Unidos. La promoción turística se dirigió prioritariamente al público norteamericano, mientras esa singularidad se transformaba en un recurso diplomático para presentar el país como un socio aceptable del bloque occidental.

Cuando Manuel Fraga lanzó una gran campaña bajo el eslogan “Spain is Different”, este ya no era un país aislado. Los acuerdos firmados con la Santa Sede y Estados Unidos en 1953, el ingreso en la ONU en 1955 y el Plan de Estabilización de 1959 habían iniciado su integración en el orden occidental y abierto una fase de rápido crecimiento.

Dos hombres, un militar y uno de traje, esperan de pie rodeados de más hombres.
Encuentro de Franco y Eisenhower en Madrid, el 22 de diciembre de 1959.
US National Archives, CC BY

En el contexto del boom, el turismo se convirtió en uno de los motores de la transformación económica y social. A comienzos de la década recibía ya cerca de siete millones de visitantes anuales y se integraba en un mercado internacional del ocio junto a países como Italia o Grecia.

El régimen trató sin duda de atraer divisas y mejorar su imagen pero las administraciones, los empresarios, los artistas y los municipios también participaron en su construcción. En un mercado turístico cada vez más competitivo, esa “singularidad” se convirtió en un recurso de diferenciación. El auge del turismo se explica mejor dentro de las dinámicas estructurales propias de la Europa de posguerra.

Cuando la propaganda cobra vida propia

Como vemos, desde sus primeras apariciones se utilizó el eslogan “Spain is Different” para disputar la definición de nación que intentaba promover. Sucedió en la reacción conservadora a las reformas republicanas, en la sátira antifascista durante la Guerra Civil, en relatos anglosajones marcados por condescendencia imperial y, más tarde, en un franquismo primero en busca de protección estadounidense y posteriormente preocupado por la obtención de divisas y reconocimiento europeo.

El caso español muestra que la reapropiación irónica puede constituir una forma de distanciamiento crítico: un mensaje producido por el poder es retomado y vuelto contra él.

No fue la última vez. En 2012, el gobierno del Partido Popular creó la “Marca España” siguiendo la lógica neoliberal del nation branding. Al hacerlo, se pretendía reposicionar y mejorar la imagen del país en el exterior y entre los propios españoles. Muy pronto, el nombre se convirtió en objeto de sarcasmo. Ante un retraso ferroviario, una derrota deportiva o un escándalo de corrupción, alguien murmuraría: “Marca España”.

La singularidad española nunca ha constituido una esencia estable. Ha sido un campo de disputa, un espacio de proyección y de conflicto. Presentarla como un hilo continuo que une estereotipos antiguos y marketing franquista borra lo esencial: la “diferencia” española siempre ha sido un terreno de controversia.


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The Conversation

Jorge Villaverde no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. Más allá del ‘Spain is Different’: lo que el relato turístico no cuenta sobre España – https://theconversation.com/mas-alla-del-spain-is-different-lo-que-el-relato-turistico-no-cuenta-sobre-espana-278163

Sobre el gen SRY y el sexo masculino

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Lluís Montoliu, Investigador científico del CSIC, Centro Nacional de Biotecnología (CNB – CSIC)

Representación 3D de los cromosomas X e Y, que normalmente definen al sexo masculino en mamíferos. 3dmotus/Shutterstock

Reducir la ausencia de masculinidad a que alguien de negativo en un test PCR del gen SRY, como ha propuesto recientemente el Comité Olímpico Internacional (COI), es simplificar demasiado.

Para entenderlo bastan unas nociones de genética. Los mamíferos tenemos un par de cromosomas sexuales que son distintos en individuos del sexo femenino (generalmente XX) e individuos del sexo masculino (generalmente XY). Desde hace muchos años se sabía que la presencia del cromosoma Y determinaba la aparición de características sexuales masculinas, mientras que su ausencia se correspondía con la aparición de características sexuales femeninas. Pero no fue hasta 1990 cuando se descubrió que un gen dentro del cromosoma Y era suficiente y necesario para activar el programa de desarrollo sexual masculino.

Este gen recibió el nombre de SRY (del ingles sex-determination region Y). El descubrimiento fue producto de la colaboración entre los laboratorios de Peter Goodfellow y Robert Lovell-Badge, ambos ubicados en Londres. Poco después se comprobó, en ratones, que el gen Sry solamente se expresaba durante el desarrollo de los testículos, confirmando su papel en el establecimiento del sexo masculino.

El gen Sry –en minúsculas por ser de ratón– codifica una proteína del mismo nombre que promueve la expresión de otros genes, como por ejemplo el gen Sox9. La prueba definitiva de esto se obtuvo en 1991 con un experimento histórico con ratones transgénicos. Al añadir el gen Sry a embriones hembra –con cromosomas XX– se desarrollaron como machos, con caracteres sexuales típicos del sexo masculino, a pesar de tener dos cromosomas X. ¿Por qué? Solo por la adición del gen Sry.

Por si fuera poco, se comprobó que los ratones macho XY con el gen Sry mutado se desarrollan sexualmente como hembras, dado que les falta precisamente la función del gen Sry, a pesar de tener el resto del cromosoma Y. Por lo tanto, el gen Sry es determinante para que se desarrollen los caracteres sexuales masculinos.

En origen, todos somos embriones indiferenciados

Lo que ocurre en el desarrollo de los embriones de mamíferos es lo siguiente. Inicialmente todos comparten un programa indiferenciado que produce un esbozo de gónada. Si está presente el gen SRY, entonces se activa la diferenciación de esa gónada hacia testículos y aparecen los caracteres sexuales masculinos. En ausencia del gen SRY, la gónada continua su diferenciación hacia ovarios, y aparecen los caracteres sexuales femeninos. Dicho de otro modo, el programa embrionario de desarrollo por defecto “produce” ovarios, hembras; y solamente la presencia de una copia funcional del gen SRY (habitualmente ubicado en el cromosoma Y) permite activar la diferenciación hacia individuos masculinos, machos en animales.

La cosa se complica si tenemos en cuenta que puede haber individuos con cromosomas XY (cromosómicamente de sexo masculino) que carezcan o tengan alterado el gen SRY, por que está delecionado o mutado. En ese caso, se desarrollarán como individuos de sexo femenino siendo positivos al gen SRY (detectable por PCR). ¿Por qué? Porque el gen aunque está presente no es funcional.

Por otro lado, y aunque el gen SRY es el gran maestro que dispara una cascada de acontecimientos durante el desarrollo embrionario que conducen a que esa gónada inicial no diferenciada se convierta en un testículo, después de él actúan muchos otros genes. Esos genes necesitan activarse secuencialmente para que el desarrollo de los testículos y las características sexuales masculinas se complete con normalidad, como por ejemplo: SOX9, FGF9, TCF21, NTF3, CBLN4 y ER71. Si alguno de estos genes está mutado o alterado y no puede realizar su función con normalidad, de nada servirá tener un gen SRY funcional. El programa de desarrollo embrionario masculino no se podrá completar con normalidad y el individuo desarrollará características sexuales femeninas. Será positivo al gen SRY, tendrá la configuración cromosómica XY, pero carecerá de características sexuales masculinas y se comportará como un individuo de sexo femenino.

¿Masculino o femenino? No basta con detectar el gen SRY para saberlo

De todo lo anterior se deduce que un simple test de PCR que detecte la presencia del gen SRY no siempre garantizará que estemos ante una persona con caracteres sexuales masculinos. Puede dar positivo al test PCR al detectar la presencia del gen SRY, pero puede estar este mutado. O estar intacto y tener algún gen posterior alterado. En estos casos, la presencia del gen SRY no se asociaría a masculinidad.

Existen personas XY, de sexo cromosómico masculino, pero de características sexuales femeninas por tener mutado o alterado el gen SRY. Es lo que se denomina síndrome de Swyer.

También hay quienes teniendo el gen SRY intacto, sufren alteraciones en alguno de los genes posteriores. Por ejemplo, en el sindrome de insensibilidad a los andrógenos.

Estas personas XY pero de sexo femenino aparecen en la población con una frecuencia de aproximadamente 6.4 por cada 100 000 (una de cada 15 000) nacimientos de individuos de sexo femenino. Son disfunciones de bajísima prevalencia, condiciones genéticas raras, que encajan dentro de la definición de enfermedad rara –toda aquella enfermedad que afecte a menos de 1 de cada 2 000 personas nacidas-.

Otro gen maestro: WT1-KTS

En biología las cosas siempre son un poco más complicadas de lo que parece a simple vista. Y en las características sexuales hay una vuelta de tuerca más: un gen maestro para la producción de ovarios.

En una revisión del laboratorio de Marie-Christine Chaboissier, de la Université Côte d’Azur en Francia, concluyeron que el gen Wt1-KTS (que también existe en humanos) empuja a una gónada indeterminada a producir ovarios. Y que esta trayectoria también cuenta con numerosos genes adicionales que contribuyen a completar correctamente el desarrollo de los ovarios. Por lo tanto, también podrían existir individuos XX (es decir, cromosómicamente femeninos) que tengan alguno de los genes directores hacia ovarios mutados o alterados y permitan la activación del programa de desarrollo masculino, incluso en ausencia del gen Sry, dado que las dos vías se repelen e inactivan mutuamente.

Es más, estímulos externos como la mayor o menor proporción de hierro pueden influir en si un embrión de mamífero con el gen SRY se desarrolla como macho o como hembra.

Definitivamente, necesitamos mucho más que detectar un único gen para identificar el sexo, masculino o femenino, de un individuo.


Una versión inicial de este artículo fue publicada originalmente en el blog GenÉtica.


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Los contenidos de esta publicación y las opiniones expresadas son exclusivamente las del autor y este documento no debe considerar que representa una posición oficial del CSIC ni compromete al CSIC en ninguna responsabilidad de cualquier tipo.

– ref. Sobre el gen SRY y el sexo masculino – https://theconversation.com/sobre-el-gen-sry-y-el-sexo-masculino-279538

¿Es su bebé demasiado dependiente de las pantallas? Señales de alerta antes de los seis años

Source: The Conversation – (in Spanish) – By María Lidia Platas Ferreiro, profesora ayudante doctora departamento de Pedagogía y Didáctica, Universidade de Santiago de Compostela

Ivan Marc/Shutterstock

No es raro ver a un bebé o un niño pequeño en el metro o en el autobús observando atentamente una pantalla de un móvil o una tableta: los vídeos infantiles, con sus colores brillantes, sus canciones pegadizas y sus patrones repetitivos son una frecuente fuente de distracción. Ante esta realidad, surge una pregunta que preocupa a familias, docentes y profesionales de la salud: ¿el uso de pantallas en la primera infancia puede generar una dependencia o incluso adicción?

Durante los primeros años de vida, el cerebro infantil atraviesa una etapa de extraordinaria plasticidad: se forman millones de conexiones neuronales (sinapsis) a partir de cada experiencia, lo que nos lleva a una primera idea clave: el cerebro del bebé está constantemente absorbiendo información del entorno, organizando patrones y construyendo las bases del desarrollo emocional, cognitivo y social. Toda experiencia es, en ese sentido, una experiencia “de aprendizaje”.




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Los contenidos audiovisuales, incluso aquellos específicamente diseñados para bebés o niños pequeños, no proporcionan estímulos neutros o casuales, sino experiencias rápidas, intensas y altamente gratificantes, con colores brillantes, sonidos llamativos, cambios constantes y recompensas inmediatas, diseñadas intencionalmente para captar y mantener la atención el mayor tiempo posible.

Estos estímulos activan los circuitos cerebrales relacionados con el placer y la gratificación rápida, reforzando la búsqueda de ese tipo de experiencias, también en los más pequeños.

Adicción no, dependencia sí

¿Podemos hablar entonces de “adicción” en niños de 0 a 3, o de 3 a 6 años? Desde un punto de vista clínico, el término debe utilizarse con cautela. La adicción implica pérdida de control, prioridad absoluta de la conducta sobre otras actividades y persistencia pese a consecuencias negativas.

En bebés y niños pequeños, la autorregulación depende prácticamente por completo de los adultos. No son los menores quienes deciden cuánto tiempo pasan frente a una pantalla, por tanto, no es adecuado hablar de adicción en sentido estricto.

Lo que sí pueden observarse son patrones de uso problemático o dependencia conductual: irritabilidad intensa cuando se retira el dispositivo móvil, demanda constante de la pantalla, dificultad para entretenerse sin ella o pérdida de interés por otras actividades.




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Estas señales no indican un trastorno, pero sí invitan a revisar los hábitos familiares: las recomendaciones pediátricas coinciden en evitar el uso de pantallas antes de los dos años y, a partir de esa edad, limitarlo a periodos muy breves y siempre supervisados. No se trata solo de cuánto tiempo, sino de cómo y para qué se utilizan.

Consecuencias del mal uso

Cuando nos excedemos, o cuando recurrimos demasiado rápidamente a este recurso de “distracción”, podemos estar limitando el desarrollo de la atención sostenida, además de alterar patrones de sueño (especialmente cuando hay exposición antes de dormir), reduciendo la tolerancia a la frustración.

Por si esto fuera poco, todo el tiempo que un niño pasa frente a una pantalla es tiempo que no está dedicando al juego activo y social. El contacto humano directo es primordial en edades tempranas, ya que el lenguaje, la empatía y la regulación emocional se construyen principalmente a través de la interacción con adultos significativos.




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Límites y acompañamiento

Más que una prohibición absoluta, debemos “mediar” como adultos responsables establecer límites claros y acompañar activamente la experiencia.

Si el menor utiliza un dispositivo, lo ideal es que el adulto esté presente, comente lo que aparece en la pantalla y conecte el contenido con la vida real. De este modo, la pantalla se convierte en una actividad compartida y no en una experiencia aislada.

Todo esto debe estar siempre combinado con alternativas atractivas: juego libre, lectura de cuentos, música, movimiento y exploración del entorno. Además, los adultos deben dar ejemplo, porque los niños aprenden observando. Revisar nuestros propios hábitos de uso del móvil, especialmente delante de los más pequeños, es una de las formas más eficaces de prevención.

Evitar la dependencia temprana

Aunque los niños de 0 a 6 años no pueden sufrir “adicción” a las pantallas en términos clínicos, sí es posible que se desarrollen dinámicas de dependencia cuando la pantalla ocupa un lugar central en su vida.

La buena noticia es que, con información, coherencia y acompañamiento, la tecnología puede ocupar un lugar equilibrado, sin sustituir aquello que ningún dispositivo puede ofrecer: vínculo, juego y presencia adulta.

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María Lidia Platas Ferreiro no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. ¿Es su bebé demasiado dependiente de las pantallas? Señales de alerta antes de los seis años – https://theconversation.com/es-su-bebe-demasiado-dependiente-de-las-pantallas-senales-de-alerta-antes-de-los-seis-anos-276449

Vuelven los piratas en pleno conflicto en el golfo Pérsico

Source: The Conversation – (in Spanish) – By José Luis Zamora Manzano, Catedrático de Derecho romano, Universidad de Las Palmas de Gran Canaria

Bandera pirata Melnikov Dmitriy/Shutterstock

El pulso entre Irán, Israel y Estados Unidos no solo se libra en el terreno diplomático o militar: sus efectos ya se dejan sentir en las rutas marítimas que sostienen la economía global.

La amenaza de una interrupción del tráfico en el estrecho de Ormuz se ha convertido en un factor clave de la actual reconfiguración geopolítica, con consecuencias que van más allá del encarecimiento del crudo. Afecta al comercio internacional, tensiona las cadenas de suministro y, de forma menos visible, pero no menos relevante, está favoreciendo el resurgimiento de la piratería en la región.

La piratería somalí ha sido contenida por operaciones como la ATALANTA de la EUNAVFOR, que en la actualidad está prorrogada hasta 2027. Sin embargo, esta nueva situación política ha provocado un desplazamiento de buques hacia las zonas de conflictos en defensa de antimisiles e interceptación de drones que ha sido aprovechada por los grupos de criminales que operan en el Golfo de Adén y el estrecho de Mandeb o Bab el-Mandeb.

Ahora bien, la actividad de piratería frente a las costas de Somalia ha vuelto a emerger desde finales de octubre de 2025, con grupos de acción pirata coordinados que operan a gran distancia de la costa, en la cuenca de Somalia y el océano Índico adyacente, lo que marca una escalada significativa tras varios años de relativa calma y que se puede ver agudizada con el conflicto actual.

137 incidentes en 2025

La piratería, según la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar (UNCLOS) de 1982, se define en su artículo 101 como “todo acto ilegal de violencia o de detención o todo acto de depredación cometidos con un propósito personal por la tripulación o los pasajeros de un buque privado o de una aeronave privada y dirigidos: (i) contra un buque o una aeronave en alta mar o contra personas o bienes a bordo de ellos; (ii) contra un buque o una aeronave, personas o bienes que se encuentren en un lugar no sometido a la jurisdicción de ningún Estado”.

Que la economía global del crudo se vea afectada por las rutas que están siendo afectadas por la guerra, producirá un incremento en la piratería, como se extrae del último informe de la International Maritime Bureau (Oficina Internacional Marítima), que reporta un total de 137 incidentes durante el pasado año.

Enemigos de toda la humanidad en Roma

El fenómeno no es nuevo. En la Antigua Roma ya tenían claro que los piratas no eran simples ladrones del mar, sino una amenaza total. No solo asaltaban barcos: saqueaban ciudades, secuestraban personas y extendían la violencia tierra adentro. Por eso fueron definidos como hostes humani generis (enemigos de toda la humanidad), una etiqueta que justificaba su persecución implacable por parte del poder romano.

No obstante, esta condena no impidió que Roma adoptara posiciones pragmáticas en determinados contextos. Así ocurrió con la piratería cilicia –operaba principalmente desde la escarpada región de Cilicia Tráquea (actual Turquía)–, cuya actividad llegó a ser tolerada, cuando no indirectamente aprovechada, en función de intereses estratégicos frente a determinados reinos helenísticos.

La piratería surge allí donde se repite una misma combinación explosiva. De un lado, costas abruptas y difíciles de controlar, con pocos recursos, que empujan a mirar al mar como única salida. En segundo lugar, Estados débiles, incapaces de vigilar sus aguas, que dejan abiertos auténticos corredores sin ley en rutas clave del comercio mundial. Y, sobre todo, surge donde la pobreza, la falta de oportunidades y las tensiones geopolíticas convierten la piratería en negocio, en refugio o incluso en estrategia.

De piratas a agricultores y pescadores

Pompeyo, investido de amplios poderes extraordinarios por la Lex Gabinia de piratis persequendis (67 a.C.), logró neutralizar en gran medida la amenaza pirática en el Mediterráneo. Más allá de la represión militar, lo consiguió desarrollando una estrategia de integración con clara dimensión política: promovió la reubicación de antiguos piratas en territorios despoblados, especialmente en Cilicia, como Solos, donde se incentivó su dedicación a la agricultura como medio de vida estable. Esta política no solo reducía la reincidencia, sino que contribuía al control y reorganización del territorio.

Un paralelismo contemporáneo puede observarse en iniciativas impulsadas por la FAO y la Unión Europea en Somalia, donde la instalación de FADs (Dispositivos de concentración de peces o Fish Aggregating Devices) incrementa la productividad pesquera, genera empleo y ofrece alternativas sostenibles frente a la piratería.

España la borró del Código Penal

Curiosamente, aunque la piratería ha acompañado a la humanidad desde las riberas del Mediterráneo romano, en España el Código Penal de 1995 decidió borrarla del mapa jurídico, considerándola una figura anacrónica. El resultado fue paradójico: la Audiencia Nacional quedó sin un tipo penal específico para juzgar ataques en aguas internacionales, creando un vacío legal difícil de entender en pleno siglo XXI, cuando los piratas vuelven a surcar mares estratégicos y las rutas comerciales se convierten en terreno de riesgo global. Una lección de historia y derecho que recuerda que el pasado nunca se aleja del todo.

Esta laguna legal quedó en evidencia durante el caso del barco Alakrana, en 2009, cuando la falta de una norma clara dificultó la aplicación de la jurisdicción universal. Eso obligó a los tribunales a encajar los hechos en delitos genéricos de robo o detención ilegal, cuya persecución internacional es más compleja.

Para corregir este vacío, la Ley Orgánica 5/2010 reintrodujo la piratería en los artículos 616 ter y 616 quater. El primero castiga con penas de 10 a 15 años a quien, mediante violencia o engaño, se apodere o dañe una embarcación o aeronave; mientras que el segundo extiende la responsabilidad penal a quienes colaboren en la planificación o financiación de estos actos, dotando finalmente a la justicia española de las herramientas necesarias para procesar estos crímenes globales.

Piratería tradicional y otras formas de violencia marítima

Más allá de las leyes estatales, para plantar cara a los delitos de pirateria es preciso articular mecanismos de colaboración internacional a través de instancias como la IMB PRC (International Maritime Bureau), la OMI(Organización Marítima Internacional), el MDAT-GoG (Maritime Domain Awareness for Trade – Gulf of Guinea) y la ReCAAP(Regional Cooperation Agreement on Combating Piracy and Armed Robbery against Ships in Asia).

Después de todo, nos encontramos ante un fenómeno estructural y persistente, cíclico, que se adapta a los distintos contextos históricos. Y en el que confluyen la piratería tradicional y nuevas formas de violencia marítima próximas al terrorismo, afectando gravemente a la seguridad de la navegación y al comercio internacional.

A estos riesgos se suman hoy desafíos emergentes como la ciberseguridad y el uso de tecnologías avanzadas, incluida la inteligencia artificial, que amplían las capacidades operativas de actores ilícitos.

Todo ello se ve intensificado por el actual escenario de inestabilidad global, donde conflictos armados y tensiones comerciales están reconfigurando las rutas marítimas.

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José Luis Zamora Manzano no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. Vuelven los piratas en pleno conflicto en el golfo Pérsico – https://theconversation.com/vuelven-los-piratas-en-pleno-conflicto-en-el-golfo-persico-279076

La trazabilidad en la moda: de obligación regulatoria a ventaja estratégica

Source: The Conversation – (in Spanish) – By María Tamames Sobrino, Investigadora en Sostenibilidad, ESG y Trazabilidad, UDIT – Universidad de Diseño, Innovación y Tecnología

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Cuando compramos una prenda solemos fijarnos en el precio, el diseño o la marca. Sin embargo, rara vez nos interesamos por el lugar de procedencia, quién cultivó el algodón, dónde se tiñó el tejido o en qué condiciones se confeccionó.

Esta falta de visibilidad no es accidental. Durante décadas ha formado parte estructural del modelo de producción de la moda. Pero ese paradigma está cambiando. No solo porque hay una mayor sensibilidad medioambiental o social, sino por una transformación más profunda: la trazabilidad está dejando de ser una herramienta técnica para convertirse en una oportunidad estratégica.

Más que saber ‘de dónde viene’

Durante años, la trazabilidad se entendió como una cuestión vinculada al control de calidad o a la gestión de riesgos en la cadena de suministro. Su función principal era reactiva: localizar fallos o responder ante incidentes.

Sin embargo, el nuevo marco regulatorio europeo exige a las empresas información verificable sobre composición, origen, impactos ambientales, aspectos sociales y circularidad del producto.

En este contexto, la trazabilidad pasa a funcionar como una herramienta transversal que conecta regulación, estrategia empresarial, gestión operacional y comunicación con el consumidor.

El verdadero motor del cambio: el dato

Analizamos cómo puede ayudar la trazabilidad a mejorar la toma de decisiones y reforzar la confianza, el posicionamiento y la competitividad de las empresas del sector textil. Nuestro estudio muestra un hallazgo clave: los factores de gobernanza (como la transparencia y el cumplimiento normativo) superan a los medioambientales y sociales como principales habilitadores de la trazabilidad.

Este resultado cuestiona el enfoque tradicional de la sostenibilidad en la moda, históricamente dominado por la dimensión medioambiental, y refuerza la idea de que el reto central ya no es solo reducir impactos, sino medirlos, validarlos y gestionarlos de forma fiable.

Gobernanza del dato y enfoque de impacto

Proponemos conectar las cuestiones medioambientales, sociales y de gobernanza (fatores ESG) con los requisitos de trazabilidad para que esta deje de ser una herramienta de cumplimiento y pase a ser un elemento estratégico.

Entendiendo la sostenibilidad como un sistema de gobernanza interdependiente –en el que que las decisiones ambientales, sociales y económicas se toman de forma conjunta y se integran en la estrategia central de la organización–, la propuesta es que el modelo ESG evolucione desde el reporting hacia un instrumento de gestión del impacto.




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Los resultados de nuestro estudio muestran que variables como la transparencia del dato, la colaboración entre actores, la capacidad de innovación, la efectividad de los sistemas de gestión y el cumplimiento normativo son clave para activar esquemas efectivos de trazabilidad.

Sin estas estructuras de gobernanza, los datos ambientales y sociales existen pero permanecen fragmentados, no son comparables y tienen poca capacidad para informar para la toma de decisiones estratégicas.

De obligación regulatoria a ventaja competitiva

Aunque muchas empresas perciben la trazabilidad como una carga regulatoria, podría ser una fuente de ventaja competitiva al fortalecer las capacidades organizativas, apoyar la innovación y mejorar la gestión del riesgo.

Contar con datos sólidos permite mejorar la toma de decisiones estratégicas, identificar riesgos en las cadenas de suministro, reforzar la confianza de los inversores y reguladores, y diferenciarse en mercados cada vez más exigentes.

Desde esta perspectiva, la trazabilidad deja de ser un coste de cumplimiento para convertirse en un activo.

Consumidores, transparencia y riesgo de ‘greenwashing’

El consumidor también está cambiando. Aunque el precio sigue siendo determinante, crece el interés por conocer el origen y el impacto de los productos. Herramientas como los códigos QR conectan el producto físico con su huella digital.

No obstante, diversos autores advierten que sin sistemas robustos de verificación esta transparencia puede derivar en greenwashing y pérdida de credibilidad. La confianza del consumidor depende también de la calidad y gobernanza del dato.

La trazabilidad no es solo una cuestión tecnológica, también implica cambios organizativos, culturales y estratégicos. Las empresas necesitan establecer estándares comunes, invertir en sistemas de recogida y validación de datos, colaborar con sus grupos de interés y alinear la trazabilidad con la gestión ESG diaria. Esto supone pasar de una lógica de control puntual a una de aprendizaje continuo y toma de decisiones basada en el impacto.

El futuro de la moda será trazable

Los cambios regulatorios y tecnológicos en el sector textil avanzan de forma conjunta. La digitalización está haciendo visible lo que antes permanecía oculto.

En este escenario, la pregunta es: ¿qué empresas sabrán integrarla como herramienta de innovación estratégica y no solo como respuesta normativa?

La trazabilidad no trata solo de seguir productos sino de gobernar información fiable. En una economía cada vez más basada en datos, esa capacidad puede marcar la diferencia.

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María Tamames Sobrino no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. La trazabilidad en la moda: de obligación regulatoria a ventaja estratégica – https://theconversation.com/la-trazabilidad-en-la-moda-de-obligacion-regulatoria-a-ventaja-estrategica-274569

¿Puede un bebé entretenerse solo? Propuestas de juego autónomo sin pantallas

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Mª Pilar Rodrigo Moriche, Prof. Ayudante Doctor del departamento de Pedagogía – Directora Escuela UAM de Animación, Universidad Autónoma de Madrid

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Cualquier persona con hijos pequeños sabe que la atención que requiere un bebé no es comparable a ninguna otra exigencia de la vida cotidiana. Por muy implicados que estemos y por mejores intenciones que pongamos en la crianza, es inevitable no poder responder siempre al 100 %.

Desde un viaje en autobús a la espera en una visita médica, pasando por una llamada urgente que es indispensable atender o simplemente preparar una comida, en la vida cotidiana hay multitud de situaciones en las que es necesario que se “entretenga” un rato solo. Pero a menudo, basta que el niño o niña note que no estamos pendientes de ellos para que reclamen más nuestra atención.

En estos momentos recurrimos a lo más accesible y eficaz a corto plazo: un vídeo en un soporte digital, cuyos colores, movimientos y sonidos garantizan mantenerle absorto por unos minutos.

Sin embargo esta herramienta tan útil conlleva multitud de desventajas a medio plazo. Por eso, en este artículo queremos proponer microescenarios de juego libre diseñados intencionalmente, en los que sostener la autonomía del niño y fomentar su desarrollo.

Cinco objetos, mejor que una pantalla

Bien planeados y elegidos, a estas edades basta con disponer de dos a cinco objetos abiertos –es decir, materiales no estructurados que pueden usarse de muchas maneras– y seguros, que inviten a llenar, vaciar, encajar, apilar, transportar o abrir y cerrar, siguiendo la lógica del cesto de los tesoros y del juego heurístico, es decir, aquel que se desarrolla sin intervención de nadie ni nada más que la propia imaginación del niño.




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Situar estos materiales en un espacio delimitado, como una manta o alfombra, proporciona contención y comunica al niño que ese es su lugar de exploración autónoma mientras el adulto realiza otra tarea cercana.

Ayuda también incorporar un ritual breve de inicio y cierre –un par de frases constantes– que estructura el tiempo y favorece la autorregulación emocional. Por ejemplo, iniciar con una frase como: “Ahora toca explorar. Toma tu bolsita de sorpresas”; y cerrar diciendo: “Ya hemos terminado. Vamos a recoger”.

Kits de objetos transportables

Los objetos seleccionados pueden concretarse en kits transportables para distintos contextos:

  • En la mesa de casa o un restaurante, bebés de 0–12 meses pueden explorar una cuchara de madera, un aro de silicona y un pañuelo con nudos durante breves periodos de 5–10 minutos.

  • Entre 12 y 24 meses, una minibolsa con 10–12 objetos cotidianos seguros y en pares permite pequeños ciclos de clasificación y descubrimiento a través del juego heurístico.

  • Entre 24 y 36 meses, materiales como contenedores, pinzas grandes y tapones favorecen “proyectos” autónomos mientras el adulto observa sin dirigir.

Conviene ofrecer pocos objetos cada vez: entre uno y cinco, según la edad, porque un exceso de estímulos dispersa su atención y dificulta una exploración profunda. Menos es más: cuando los materiales son escasos y seleccionados, el niño puede dedicarles más tiempo, repetir acciones y descubrir nuevas posibilidades.

También ayuda alternar los objetos cada cierto tiempo para que vuelvan a resultar interesantes sin saturar el entorno. En las primeras ocasiones es útil acompañar brevemente, mostrando cómo manipular con calma y dejando espacios de silencio; poco a poco, el bebé va replicando esta rutina de manera autónoma.

Tubos, cremalleras, roscas y cojines

En el autobús o en el coche, un tubo transparente con piezas y un pañuelo facilitan acciones repetitivas y calmadas sin necesidad de sonido; en una sala de espera, un pequeño set de “abrir y cerrar” –monedero con cremallera grande sin monedas, bote con tapa de rosca y cinta con broches– sostiene la concentración y la motricidad fina; y en una tarde de lluvia, un sencillo circuito motriz con cojines y una caja-túnel, seguido de una transición a la mesa baja con actividades de precisión, permite la secuencia moverse → representar → calmar.

En todos los casos, la seguridad es imprescindible: materiales mayores de 4 centímetros para menores de 3 años, revisión frecuente para evitar roturas, ausencia de piezas pequeñas sueltas y supervisión visual intermitente.




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A más pantallas, más aburrimiento

En cambio, recurrir a las pantallas –sea en móviles, tabletas o pantallas de televisión– antes de tiempo o demasiado a menudo puede empobrecer ciertas experiencias esenciales en la primera infancia (el contacto corporal, el tiempo compartido, la espontaneidad, la exploración sensorial…).

Por supuesto, esto no quiere decir que las videollamadas breves con familiares no sean una excepción positiva. Simplemente es importante entender que la exposición a estímulos intensos pero que no invitan al movimiento, como son los vídeos, “resuelven” un momento puntual, pero no contribuyen a crear una rutina de entretenimiento autónomo saludable. Más bien al contrario, harán al niño más dependiente de este tipo de estímulos y menos interesado en otros más pausados e interactivos, como indican estudios recientes.

Por eso, tanto la Organización Mundial de la Salud como la Asociación de Pediatría Española recomiendan evitar pantallas completamente antes de los 12 o 18 meses. Incluso recientes investigaciones elevan la edad hasta los 6 años.

Sabiendo esto, la próxima vez que sintamos la necesidad de recurrir a la pantalla en un momento dado, pensemos si no es posible sustituirla por algo más físico y manipulable. Fomentar la exploración autónoma con estos objetos y estrategias no solo contribuye a un mejor desarrollo motriz y cognitivo, sino que sienta las bases para una manera de entender el ocio y el juego de forma más presencial y paciente, y menos dependiente de estímulos externos.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

– ref. ¿Puede un bebé entretenerse solo? Propuestas de juego autónomo sin pantallas – https://theconversation.com/puede-un-bebe-entretenerse-solo-propuestas-de-juego-autonomo-sin-pantallas-275578

Cuando las matemáticas contradicen el sentido común: tres paradojas cotidianas

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Daniel García de Vicuña Bilbao, Profesor Ayudante Doctor, Universidad Pública de Navarra

Versión mallorquina del juego de la oca. Gabriel Guasp, Palma, siglo XVII. Wikimedia Commons.

Si nos dicen que una prueba médica es fiable al 99 %, asumimos que un resultado positivo implica casi con total seguridad que tenemos la enfermedad. Si reunimos a 25 personas en una sala, pensamos que sería rarísimo que dos cumplieran años el mismo día. Y, si avanzamos casillas en un tablero tirando un dado, creemos que cuanto más lejos esté una casilla del inicio, más probable será pasar por ella. En los tres casos, nuestra intuición nos engaña.

La probabilidad es uno de los ámbitos donde el sentido común falla de forma más sistemática, no porque seamos poco inteligentes, sino porque nuestra mente no está diseñada para manejar bien combinaciones múltiples, tasas bases o procesos acumulativos. Tres ejemplos clásicos lo muestran con claridad.

La paradoja de la oca: lo más probable es caer en la casilla 6

Imaginemos un tablero infinito, sin casillas especiales. No hay “de oca en oca”, ni puentes, ni retrocesos. Empezamos en la casilla 0 y en cada turno lanzamos un dado de seis caras y avanzamos el número obtenido. La pregunta es sencilla: ¿cuál es la probabilidad de caer en cada casilla del tablero? Para llegar a la casilla 1 solo hay una posibilidad: sacar un 1. Probabilidad de 1/6, aproximadamente 0,167 o 16,7 %. Para llegar a la casilla 3 ya hay varias combinaciones posibles: 1+1+1, 2+1, 1+2, 3. Cuatro caminos distintos. Si sumamos sus probabilidades, obtenemos aproximadamente 0,227 o 22,7 %.

A medida que aumentamos el número de casilla, la cantidad de combinaciones posibles crece muy rápidamente. Y aquí aparece nuestra intuición: parecería lógico que, cuanto más lejos esté una casilla, mayor sea la probabilidad de pasar por ella, hasta que esa probabilidad se estabilice, es decir, alcance un valor al que se acerca cada vez más y que apenas varía aunque sigamos avanzando por el tablero. Pero eso no es lo que ocurre. El resultado sorprendente es que la casilla más probable de todo el tablero es la 6, y, dejando aparte las tres primeras, la menos probable es la 7.

Aparece así una oscilación en las probabilidades que disminuye hasta acabar estabilizándose en un valor concreto. En términos matemáticos, estamos ante lo que se conoce como un proceso de renovación.

Lo interesante es que no solo podemos describir este comportamiento inicial, poco intuitivo, sino también calcular exactamente el valor al que se estabiliza la probabilidad de caer en casillas muy alejadas del origen. Y el resultado depende únicamente del avance medio en cada tirada. Con un dado justo avanzamos 3,5 casillas por turno, de media, por tanto, la probabilidad límite se aproxima a 1/3,5≈0,29.

Figura 1. Probabilidad de caer en cada casilla del tablero.

La intuición esperaba una subida progresiva y suave. Las matemáticas, en cambio, muestran picos tempranos, oscilaciones inesperadas y una estabilización final. Este choque entre lo que “parece lógico” y lo que realmente ocurre no es exclusivo de un tablero imaginario.

Nuestra mente está extraordinariamente bien adaptada para sobrevivir, pero no para razonar con probabilidades. En algunos casos, ese error es solo una curiosidad matemática. En otros, puede cambiar por completo la forma en que interpretamos una noticia médica.

La paradoja del falso positivo: 99 % no implica casi seguro

Imaginemos una enfermedad muy rara que afecta al 1 % de la población. Existe una prueba diagnóstica con una precisión del 99 % que se aplica de forma sistemática a toda la población. Es decir, detecta correctamente al 99 % de las personas enfermas y solo produce un 1 % de falsos positivos entre las personas sanas. Si recibimos un resultado positivo, la reacción casi automática es pensar: “Tengo un 99 % de probabilidades de estar enfermo”. Pero esa conclusión es incorrecta.

Para entenderlo mejor, imaginemos 10 000 personas: 100 enfermas y 9 900 sanas. La prueba detecta 99 enfermos reales, pero también genera 99 falsos positivos. En total, hay 198 positivos, de los cuales solo 99 están realmente enfermos. Así, ante un resultado positivo, la probabilidad real de estar enfermo es 99/198 = 0,5 (50 %).

La intuición interpreta el 99 % de precisión como “99 % de probabilidad de enfermedad” e ignora la tasa base: si la enfermedad es rara, incluso una buena prueba produce muchos falsos positivos. Este resultado es una consecuencia del teorema de Bayes, pero lo importante no es la fórmula, sino entender que nuestra mente no integra de forma natural la información contextual.

Veamos ahora un tercer error más sutil: infravalorar el número de comparaciones que hacemos sin ser conscientes de ello.

La paradoja del cumpleaños: 25 personas son suficientes

Supongamos que reunimos a 25 personas elegidas al azar. ¿Cuál diríamos que es la probabilidad de que, al menos, dos cumplan años el mismo día? La mayoría de las personas responde con cifras muy bajas. Veinticinco parecen pocas comparadas con los 365 días del año. Intuitivamente, “debería ser raro” que coincidan. Sin embargo, la probabilidad supera el 50 %.

El error intuitivo consiste en plantear mal la pregunta. No estamos calculando la probabilidad de que alguien comparta cumpleaños con una persona concreta. Estamos preguntando si existe alguna coincidencia entre cualquier pareja del grupo.

Con 25 personas, no hay 25 posibles comparaciones, sino 300 pares distintos. Cada nuevo integrante no añade una posibilidad más, sino muchas nuevas combinaciones con todos los anteriores. La forma correcta de calcular la probabilidad no es estimar directamente las coincidencias, sino hacer lo contrario: calcular la probabilidad de que todos cumplan años en días distintos y restarla de 1.

La primera persona puede cumplir años cualquier día. La segunda puede hacerlo en cualquiera de los 364 días restantes. La tercera, en 363 posibles. Y así sucesivamente. La probabilidad de que los 25 cumplan años en días distintos es: (365/365)×(364/365)×(363/365)×…×(341/365). Ese producto disminuye más deprisa de lo que nuestra intuición anticipa. Al restarlo de 1, obtenemos una probabilidad superior al 50 % de que haya, al menos, una coincidencia.

Figura 2. Probabilidad de que, en un grupo de personas al azar, haya al menos dos que cumplan años el mismo día.

De nuevo, el sentido común falla. No porque el problema sea complicado, sino porque nuestra mente no percibe de forma natural cómo crecen las combinaciones posibles.

Un mismo patrón, tres escenarios distintos

En los tres casos, aparece el mismo fenómeno: simplificamos estructuras probabilísticas complejas. En el juego de la oca no vemos cómo se distribuyen los caminos; en la prueba médica, ignoramos la frecuencia base y, en los cumpleaños, subestimamos las comparaciones.

Las matemáticas no contradicen el sentido común por capricho, sino que muestran que, aunque sea útil a diario, nuestra intuición no siempre está preparada para la complejidad del azar. Por eso, la probabilidad resulta fascinante y nos recuerda que el mundo no siempre funciona como parece.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

– ref. Cuando las matemáticas contradicen el sentido común: tres paradojas cotidianas – https://theconversation.com/cuando-las-matematicas-contradicen-el-sentido-comun-tres-paradojas-cotidianas-278598

El esplendor de Saturno en las nuevas imágenes de los telescopios James Webb y Hubble

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Óscar del Barco Novillo, Profesor asociado. Departamento de Física (área de Óptica)., Universidad de Murcia

Las nuevas imágenes del planeta Saturno registradas en el año 2024 por los telescopios espaciales James Webb (izquierda, en el infrarrojo) y Hubble (derecha, espectro visible). NASA, ESA, CSA, STScI, Amy Simon (NASA-GSFC), Michael Wong (UC Berkeley); Image Processing: Joseph DePasquale (STScI)., CC BY

La combinación perfecta de los telescopios espaciales James Webb y el veterano Hubble nos ha deleitado con nuevas imágenes del planeta Saturno en dos rangos ópticos distintos. En ellas, pueden apreciarse detalles sin precedentes de su atmósfera estructurada en bandas, restos de gigantescas tormentas o el resplandor de su sistema de anillos.

Si bien ambos telescopios captan la luz solar reflejada por las nubes y brumas de Saturno, el Hubble muestra su atmósfera tal como los vemos a ojo desnudo, mientras que la visión infrarroja del Webb detecta nubes y sustancias químicas a diferentes profundidades.

Pero ¿qué elementos del gigante gaseoso podemos apreciar en estas nuevas y espectaculares instantáneas?

Una atmósfera estructurada en bandas

La atmósfera de Saturno presenta una sucesión de bandas de nubes y nieblas paralelas al ecuador, parecidas a una serie de cintas alrededor del planeta, que se mueven a diferentes velocidades y direcciones debido a los intensos vientos.

Para hacernos una idea, los vientos en su atmósfera superior alcanzan los 1 800 km/h en la región ecuatorial, en contraste con los casi 400 km/h de los vientos huracanados más potentes en nuestro planeta.

¿Y a qué se debe esta estructura tan peculiar de la atmósfera saturniana? Saturno radia más calor hacia el espacio del que recibe del Sol. Este calor interno provoca que gases calientes asciendan desde las profundidades, se enfríen en la atmósfera superior y se condensen en nubes, formando bandas de diferentes composiciones químicas (principalmente, cristales de amoníaco y agua).

Debido a su enorme velocidad de rotación (el día en Saturno dura aproximadamente 10.5 horas) y en combinación con la forma oblatosférica del planeta, se generan intensas corrientes en chorro (jet streams) que dividen la atmósfera en bandas paralelas. La fuerza de Coriolis separa los movimientos atmosféricos en estas bandas.

Instantánea del planeta Saturno registrada por el telescopio espacial Hubble el 22 de agosto de 2024. Al tratarse de una imagen en el espectro visible, así sería como observaríamos al gigante gaseoso a ojo desnudo.
NASA, ESA, STScI, Amy Simon (NASA-GSFC), Michael Wong (UC Berkeley); Image Processing: Joseph DePasquale (STScI)., CC BY

¿Por qué observamos a Saturno en estas tonalidades amarillentas?

El planeta se observa de color amarillento, dorado o pálido en la luz visible, principalmente, debido a la composición química de su atmósfera superior, cubierta por nubes de cristales de amoníaco (NH₃). Estas absorben la luz azul y reflejan la luz amarilla y roja, lo que da al planeta su tono dorado característico.

A diferencia de Urano o Neptuno, donde el metano produce un color azul intenso, Saturno carece de concentraciones significativas de metano en sus capas superiores, lo que impide que el planeta se vea azulado.

Los restos de la Gran Tormenta de Primavera

En el hemisferio norte de Saturno se distingue en la imagen infrarroja una banda ondulada característica descubierta por la sonda Voyager 1 en 1980. Esta estructura ondulada en forma de cinta consiste en una corriente en chorro de larga duración que se mueve en sentido oeste del planeta.

Además, los restos de la Gran Tormenta de Primavera o Gran Mancha Blanca, un fenómeno meteorológico masivo y periódico en Saturno que ocurre aproximadamente cada 30 años en su hemisferio norte, aparecen tenuemente en la imagen del James Webb.

Imagen de las tormentas captadas en Saturno por el telescopio espacial James Webb. El recuadro superior muestra los restos de la Gran Tormenta de Primavera, visibles en el infrarrojo.
NASA, ESA, CSA, STScI; Image Processing: Joseph DePasquale (STScI), CC BY

Una tormenta hexagonal en el polo norte

El polo norte de Saturno posee una característica atmosférica interesante: una corriente en chorro hexagonal. Este patrón tan característico se observó por primera vez en imágenes de la sonda Voyager 1 y ha sido estudiado con mayor detalle por la sonda Cassini desde entonces.

Con una extensión de aproximadamente 30 000 kilómetros, el hexágono es una corriente en chorro ondulada con vientos de 322 kilómetros por hora y una enorme tormenta giratoria en su centro. No existe ningún otro fenómeno meteorológico similar en todo el sistema solar. En las imágenes infrarrojas del James Webb, se pueden distinguir claramente varias aristas de esta peculiar tormenta con forma hexagonal.

Por otro lado, los polos de Saturno se visualizan con un distintivo color gris verdoso, lo que indica la emisión de luz en longitudes de onda cercanas a los 4,3 micras.

Esta característica particular podría deberse a una capa de aerosoles a gran altitud en la atmósfera de Saturno que dispersa la luz de manera diferente en esas grandes latitudes. Otra posible explicación sería la actividad de sus auroras, ya que las moléculas cargadas que interactúan con el campo magnético del planeta podrían producir emisiones luminosas cerca de los polos (de forma similar a las auroras boreales y australes en nuestro planeta).

La majestuosidad de su sistema de anillos

Las observaciones infrarrojas ponen de manifiesto la estructura de la atmósfera de Saturno, incluyendo amplias bandas de nubes y sutiles variaciones causadas por diferencias de temperatura, vientos y brumas a gran altitud.

En particular, la sensibilidad del Webb a este tipo de radiación permite a los científicos explorar diferentes capas de la atmósfera y, de esta manera, estudiar cómo interactúan los gases, las nubes y los aerosoles a distintas altitudes. Estas observaciones aportan nuevos conocimientos sobre los complejos patrones climáticos y la dinámica atmosférica del planeta.

Por otro lado, los anillos de Saturno aparecen excepcionalmente brillantes en las imágenes de infrarrojo, ya que están compuestos en gran parte por partículas de agua congelada altamente reflectantes a unas longitudes de onda de 3 micras.

En este sentido, el anillo F de Saturno, el más externo, se ve delgado y nítido en la imagen del Webb. En la instantánea del Hubble, éste apenas se puede apreciar.

El planeta Saturno en el infrarrojo captado por el James Webb el 29 de noviembre de 2024. Se distinguen la estructura en bandas de su atmósfera, varias aristas de la tormenta hexagonal en el polo norte y el brillo en el infrarrojo de su sistema de anillos.
NASA, ESA, CSA, STScI; Image Processing: Joseph DePasquale (STScI), CC BY

Siete satélites de entre sus más de 250 lunas

Finalmente, en una imagen de campo amplio en el infrarrojo, se distinguen seis de las principales lunas de Saturno: Titán (la más grande de todas), Encélado, Dione, Tetis, Mimas y Jano.

Imagen de campo amplio de Saturno en el infrarrojo registrada por el James Webb el 29 de noviembre de 2024. En ella pueden distinguirse algunas de las lunas más importantes del gigante gaseoso, como Titán, Encélado, Dione, Tetis, Mimas y Jano.
NASA, ESA, CSA, STScI; Image Processing: Joseph DePasquale (STScI), CC BY

Además, un séptimo satélite está presente en la captura en el visible del Hubble: Epimeteo, el de menor tamaño de los siete y que comparte órbita con Jano, intercambiando sus órbitas cada cuatro años para evitar colisionar.

Una vez más, la estrecha colaboración entre estos dos observatorios astronómicos nos ha brindado unas imágenes espectaculares de un planeta vecino del sistema solar. De nuevo, el James Webb y el Hubble reescribiendo la observación astronómica.

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Óscar del Barco Novillo no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. El esplendor de Saturno en las nuevas imágenes de los telescopios James Webb y Hubble – https://theconversation.com/el-esplendor-de-saturno-en-las-nuevas-imagenes-de-los-telescopios-james-webb-y-hubble-279364

La conversación docente: evaluar con justicia en tiempos de IA

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Eva Catalán, Editora de Educación, The Conversation

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Además de los exámenes y los ejercicios para corregir en clase, casi todos los profesores utilizan para evaluar a sus estudiantes alguna forma de “trabajo” (un ensayo, una presentación, un póster..) que realizar en casa. Especialmente a partir de secundaria y hasta la universidad, esta forma de evaluación (que constituye un porcentaje variable de la nota final) tiene muchas ventajas: permite observar cómo los aprendices asimilan y reformulan los contenidos, les anima a investigar por su cuenta, a menudo se pueden hacer en grupo y presentar ante el resto de compañeros, y es una manera más pausada y personalizada de recuperar información que el examen escrito. Así, lo más frecuente suele ser una combinación entre ambos: exámenes escritos y trabajos fuera de clase.

Con la llegada de ChatGPT y demás herramientas de inteligencia artificial generativa, este modelo ha saltado por los aires. Con estas herramientas, cuyo uso sabemos que es generalizado, casi cualquier adolescente o universitario puede, en cuestión de pocos minutos, preparar un comando y obtener un texto bastante bien estructurado con los datos básicos del tema, de manera que un trabajo de notable puede haber supuesto cero asimilación de contenidos. Entonces, se plantea Presentación Ángeles Caballero García, catedrática de Métodos de Investigación y Diagnóstico en Educación de la Universidad Camilo José Cela: “¿cómo demostramos que hay aprendizaje real, autoría y pensamiento, más allá de un producto final pulido?”.

Esta experta propone en su artículo evaluaciones alternativas al trabajo en casa: defensas orales, microtareas de retroalimentación inmediata, entrevistas académicas o debates guiados para evaluar el razonamiento y asegurar la autoría de las respuestas. Hay más opciones, dependiendo de la etapa educativa, de la materia, y del objetivo, y en este boletín he recopilado unas cuantas, como por ejemplo la actualización del tradicional examen oral.

Pero incluso cuando se evalúan trabajos realizados en casa, es posible recoger evidencias del proceso en distintas fases –borradores y revisiones, explicaciones, reflexiones– que permiten ver la evolución del aprendizaje.

Otra cuestión muy importante a la hora de evaluar con justicia en este panorama tan tecnologizado (algo que ya reclaman los propios alumnos) es que no todos los estudiantes saben o pueden usar la IA igual de bien: los que más controlan y mejor la manejan no son necesariamente los que mejor se saben el tema. Por eso, enseñar a usar la IA de manera ética y crítica es importante; además de exigirles que expliquen cómo la han usado, qué les ha aportado y qué han aportado ellos. Evaluaremos así su capacidad para detectar errores y su criterio a la hora de tomar decisiones.

De alguna manera, la realidad a la que nos enfrentamos, que es que los estudiantes ya usan inteligencia artificial queramos o no, se convierte así en un acicate para mejorar las tareas de evaluación, hacerlas más justas y equitativas y centrarlas más en lo más importante: si y cómo el estudiante “piensa, decide, se equivoca, aprende y actúa con criterio.” Más allá de poner una nota determinada, este tipo de evaluación, llamada “formativa”, busca ser tan útil para el que aprende como para el que enseña.

The Conversation

– ref. La conversación docente: evaluar con justicia en tiempos de IA – https://theconversation.com/la-conversacion-docente-evaluar-con-justicia-en-tiempos-de-ia-279470

La selección: vecinos, algoritmos y felicidad

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Lola Delgado, Editora de Política y Sociedad, The Conversation

Imagen del barrio madrileño de Lavapiés. JJFarq/Shutterstock

¿Alguna vez se ha preguntado si podría confiar plenamente en las personas de su vecindario? ¿Y si su situación familiar es satisfactoria? Seguro que la respuesta a cualquiera de esas dos preguntas le daría para una hora larga de charla con un amigo, café por medio: que si el vecino del 2ºA le recoge siempre los paquetes cuando usted no está en casa, que si la del 1ºE tiende la ropa chorreando agua sobre su tendedero o que si la relación con su hermano es buena solo mientras no compartan una comida juntos.

Resulta difícil, sin duda, dar respuesta a esas preguntas en una escala del 1 al 10, pero lo cierto es que su felicidad y calidad de vida social se pueden cuantificar y comparar y esas dos cuestiones forman parte de un test que lo hace posible y que ha sido creado por la Universidad de Castilla La Mancha. Los resultados obtenidos hasta la fecha indican que la familia y la satisfacción laboral influyen más que el dinero y que la confianza en el vecindario y la integración social hacen que nos sintamos muy bien.

El termómetro que mide su nivel de satisfacción vital se presentó con motivo de la celebración del Día Internacional de la Felicidad, el pasado 20 de marzo. ¿Que lo había pasado por alto? Es perfectamente comprensible. Muchos humanos somos así y le damos más importancia a las malas noticias que a las buenas. Porque ¿quién puede acordarse de la felicidad con lo que está ocurriendo en Oriente Medio, por ejemplo? ¿Con el odio que se respira en el mundo? ¿Con las imágenes amenazantes que nos llegan a través de medios de comunicación y redes sociales de los actores del conflicto?

La indiferencia afectiva y la intensidad de las emociones

Esa dificultad para ponerle un número a algo tan complejo como la satisfacción vital no solo tiene que ver con lo que nos ocurre, sino también con cómo lo sentimos. No todas las personas viven la realidad emocional de la misma manera: mientras unos reaccionan con intensidad ante los pequeños gestos cotidianos o las malas noticias, otros parecen mantenerse al margen, como si nada lograra alterar su equilibrio interno.

Esa aparente desconexión no siempre es indiferencia en el sentido común del término, sino que puede responder a mecanismos psicológicos más profundos. Es lo que se llama indiferencia afectiva y que la profesora Monserrat López, de la Universidad Europea Miguel de Cervantes, diseccionó con toda claridad en este artículo.

Esa forma desigual de sentir y reaccionar no solo afecta a la vida personal, sino también a la manera en que participamos en el espacio digital. Cuando la emoción se vuelve selectiva, dejamos de reaccionar ante ciertos contenidos mientras otros –más intensos, más provocadores– captan toda nuestra atención.

En ese contexto, el odio encuentra un terreno fértil: no porque todos lo compartan, sino porque destaca, circula mejor y apenas encuentra resistencia. Así, la aparente desconexión emocional de unos y la sobreexposición emocional de otros acaban convergiendo en un mismo resultado: la amplificación del conflicto en redes sociales. Un estudio sobre 2,1 millones de mensajes en X revela que el 88 % del odio permanece visible años después, favorecido por algoritmos que premian la viralidad y la emoción. Así nos lo contaba en The Conversation un equipo de tres profesores de UNIR.

Primavera, hormonas y ritmos circadianos

Y con estos altibajos emocionales, nos enfrentamos a la primavera, que justo coincidió con el Día Internacional de la Felicidad y que, no nos olvidemos, la sangre altera.

Pero ¿la altera de verdad o es solo una frase hecha? La evidencia científica indica que la primavera sí influye en las personas, pero no de forma uniforme ni “mágica”. El aumento de luz altera los ritmos circadianos, el sueño y los sistemas neuroquímicos como la serotonina, generando mayor activación.

Esto puede traducirse en más energía o en irritabilidad e impulsividad. Las hormonas, cómo no, también influyen, especialmente si está pasando por la menopausia –por cierto, haga caso a expertos como la profesora Clara Selva Olid, de UOC, y no se deje llevar por el menowashing–.

En fin, que le invitamos a que haga usted el test de la felicidad porque en estos momentos en los que todo parece empujarnos hacia el ruido y el conflicto, entender cómo sentimos –y por qué– puede ser el primer paso para proteger nuestra felicidad en medio del caos.

The Conversation

– ref. La selección: vecinos, algoritmos y felicidad – https://theconversation.com/la-seleccion-vecinos-algoritmos-y-felicidad-279301