Los fenómenos más extremos del universo ofrecen un laboratorio natural donde se ponen a prueba las leyes de la física y nuevas teorías en condiciones que en la Tierra serían imposibles de reproducir. En los últimos años, la combinación de detectores de ondas gravitacionales y telescopios ha permitido observar fenómenos cada vez más raros y violentos, como la fusión de agujeros negros o de estrellas de neutrones.
En agosto de 2025, una señal registrada por LIGO y Virgo y una explosión observada por telescopios terrestres llamaron la atención de la comunidad científica. Lo que comenzó como un nuevo candidato a kilonova terminó desafiando las clasificaciones tradicionales y planteando la posibilidad de un fenómeno completamente nuevo: la superkilonova.
¿Qué es una kilonova?
Una kilonova es un fenómeno astrofísico extremadamente energético que consiste en la fusión de dos estrellas de neutrones pertenecientes a un mismo sistema binario. Durante este proceso se libera una intensa señal electromagnética, originada por la formación y posterior desintegración de elementos químicos pesados. Esto convierte a las kilonovas en una de las principales fuentes de metales pesados, como el oro o el platino, del universo.
En 2017, los detectores LIGO y Virgo obtuvieron por primera vez evidencia experimental de uno de estos eventos, GW170817, detectado tanto a través de ondas gravitacionales como de telescopios electromagnéticos convencionales. Este descubrimiento marcó un hito histórico y abrió la puerta a la astrofísica multimensajero, una nueva forma de estudiar el cosmos a través de la combinación de señales cósmicas de distinta naturaleza.
Las ondas gravitacionales señalan un candidato
El 18 de agosto de 2025 los interferómetros de LIGO y Virgo registraron una señal de ondas gravitacionales (S250818k) compatible con la fusión de dos objetos compactos. Al menos uno de ellos presentaba una masa inusualmente baja para una estrella de neutrones.
Horas después, el proyecto Zwicky Transient Facility (ZTF) identificó en la misma región del cielo una fuente de luz roja de corta duración, bautizada como AT2025ulz. Esta emisión resulta compatible con la luz característica producida por una kilonova debido a la desintegración de iones pesados, tal y como se observó en el evento GW170817 de 2017.
Durante los tres primeros días, el comportamiento luminoso y evolución de AT2025ulz eran compatibles con lo que se espera de una kilonova.
Sin embargo, tras ese periodo inicial, la emisión del objeto cambió de forma inesperada. La luz emitida se volvió más azul, mostrando características espectrales mucho más propias de una supernova que de una kilonova.
¿Kilonova, supernova o superkilonova?
Las observaciones de S250818k y AT2025ulz plantean un doble desafío fascinante para la astrofísica actual. Por un lado, la señal de ondas gravitacionales S250818k sugiere que al menos uno de los dos objetos del sistema binario que se fusiona tiene una masa particularmente baja, inferior a la típica de las estrellas de neutrones conocidas. Los modelos de evolución estelar predicen que estas estrellas poseen una masa cercana a la del Sol, lo que hace muy difícil explicar la existencia de objetos tan ligeros.
Por otro lado, la emisión electromagnética asociada al evento comenzó mostrando el comportamiento esperado de una kilonova, pero tras unos días pasó a tener rasgos claramente similares al de una supernova.
En este modelo, se produce la explosión de una estrella masiva en forma de supernova convencional. Ahora bien, durante el colapso, bajo condiciones extremas de rotación y densidad, el núcleo de la estrella o el disco de material que lo rodea podría fragmentarse, dando lugar a dos estrellas de neutrones más ligeras de lo normal. Estas estrellas de neutrones se fusionarían poco después, produciendo una señal tanto de ondas gravitacionales como electromagnética característica de la desintegración de elementos pesados, típica de una kilonova. Todo ello inmerso en la señal de la propia supernova inicial.
El resultado sería un evento híbrido, capaz de explicar por qué AT2025ulz muestra una transición tan marcada entre ambos comportamientos.
Un nuevo origen para las estrellas de neutrones
La posible existencia de una superkilonova tendría implicaciones profundas. Confirmaría una nueva vía de formación de estrellas de neutrones, obligando a revisar los modelos actuales sobre sus características y su origen. Además, ampliaría el abanico de fuentes de ondas gravitacionales y demostraría que las señales multimensajero pueden esconder fenómenos mucho más complejos de lo que sugiere la astrofísica tradicional.
Aunque todavía no se puede descartar una coincidencia fortuita entre la señal gravitacional y la supernova observada, este evento muestra el enorme potencial del enfoque multimensajero para descubrir procesos inéditos y recuerda que el universo sigue siendo capaz de sorprendernos.
Sara Rodríguez Cabo no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.
“Pero ¿en qué estabas pensando? ¿Cómo no se te ocurrieron las consecuencias que esto traería?” Estas son frases que probablemente se han pronunciado más de una vez en cualquier hogar en el que vivan adolescentes.
Más allá de la capacidad de educar de los adultos (padres, familiares, docentes) que nos rodean en esta etapa de la vida, cuando echamos la vista atrás a menudo recordamos acciones que hoy nos hacen avergonzarnos o sentir ese “cringe” del que tanto hablan las redes sociales.
“Es que era un adolescente”, solemos pensar, como frase que lo justifica todo. ¿Pero por qué en esta etapa de la vida se cometen tantos errores? ¿Los cometemos realmente o es una percepción errónea?
La imagen mediática de la adolescencia
Es frecuente encontrar en los medios de comunicación noticias relacionadas con situaciones poco deseables, protagonizadas por adolescentes y adultos jóvenes: consumo de alcohol o drogas, practicar sexo sin protección o comportamientos antisociales o delictivos.
Datos recientes acerca del consumo de alcohol y drogas en España indican que, aunque ha habido una disminución en los menores de entre 14 y 18 años, el 51,8 % admite haber bebido alcohol en los últimos 30 días y un 17,2 % admite haberse emborrachado. El 21 % ha probado el cannabis y el 29,9 % presenta algún tipo de policonsumo en los últimos 12 meses.
Cuando se pregunta a los adolescentes y jóvenes si conocen las consecuencias negativas de sus conductas y el riesgo que conllevan, la mayoría indica que sí. Podemos preguntarnos, entonces, ¿por qué se implican en este tipo de comportamientos?
Toma de decisiones en la adolescencia
Detrás de tales conductas hay un proceso de toma de decisiones complejo. La neurociencia, la psicobiología y la psicología social apuntan, respectivamente, a factores neurocognitivos, emocionales y sociales.
A la hora de afrontar cualquier situación, los humanos contamos con dos sistemas distintos en la toma de decisiones, según la teoría del procesamiento dual: uno “frío”, que se caracteriza por ser una reacción de naturaleza racional y controlada, y otro “caliente”, que es intuitivo y automático y emplea de forma habitual heurísticos o reacciones rápidas sin reflexión.
Los adolescentes, al igual que los adultos, son capaces de recurrir a cualquiera de estos dos sistemas, pero en su caso los factores sociales y emocionales pesan más, pues existe un desajuste madurativo entre los mecanismos cerebrales implicados en la toma de decisiones.
El primer sistema se basa en la actividad de la regiones prefrontal dorsolateral y parietal posterior de la corteza cerebral y se asocia a la posibilidad de llevar a cabo una autorregulación de la conducta y, por lo tanto, un mayor control en los procesos de toma de decisiones. Este sistema suele estar más desarrollado en los adolescentes de mayor edad, puesto que su evolución es progresiva hasta la primera adultez.
Sin embargo, en los más jóvenes prima un segundo patrón neural, más sensible a los incentivos socioemocionales y que otorga más peso en las decisiones a ese tipo de estímulos. Este segundo sistema depende de las regiones del cerebro vinculadas a las recompensas y a la información social, esto es, el estriado ventral y la corteza prefrontal medial. Por eso los adolescentes más jóvenes son más sensibles a los estímulos de carácter afectivo y más susceptibles a las recompensas, a la búsqueda de sensaciones y a los beneficios inmediatos en detrimento del largo plazo.
Recompensas e iguales
Aparece entonces un cóctel perfecto: en esta etapa del desarrollo en la que los factores emocionales y sociales priman en la toma de decisiones, es justamente cuando los pares o amigos adquieren una gran relevancia y la familia pasa a un “segundo plano” como grupo de referencia.
Tampoco hay que menospreciar los factores contextuales como las normas sociales, las oportunidades o las expectativas sobre qué es lo esperable en una situación social determinada.
En cualquier caso, la próxima vez que nuestro hijo o estudiante adolescente “se meta en un lío”, en lugar de lamentar lo que no es posible o es especialmente difícil (un proceso de toma de decisiones reflexionado y sosegado sobre la conducta que va a llevar a cabo), aprovechemos para reflexionar con ellos qué les empujó a hacerlo.
Ginesa Torrente Hernández ha participado en el pasado en proyectos de investigación relacionados con el tema del artículo, en convocatoria competitiva del Ministerio de Ciencia y Tecnología y de la Fundación Séneca de la Comunidad Autónoma de la Región de Murcia
José María Martínez Selva ha recibido en el pasado financiación para proyectos de investigación relacionados con el tema del artículo en varias convocatorias de carácter competitivo de los ministerios de Ciencia y Tecnología de España, que incluyen financiación europea FEDER, y de la Fundación Séneca de la Comunidad Autónoma de la Región de Murcia.
Juan Pedro Sánchez Navarro ha participado en proyectos de investigación relacionados con el tema del artículo obtenidos por concurrencia competitiva.
Este año comenzó con doce promesas del Gobierno español para mejorar el acceso a la vivienda. Finalizando 2025, y según las estimaciones del Observatorio del Alquiler, vemos que en España la renta media de los alquileres de vivienda ha pasado de 1 118 euros a 1 187 euros, un récord histórico. Y si las viviendas ofertadas en el mercado de alquiler fueron el año pasado 717 338, la previsión al cierre de este es de solo 696 118.
En cuanto al acceso a la vivienda en propiedad, 2024 cerraba con una media nacional de 2 271 euros el metro cuadrado. En noviembre de 2025 el precio era ya de 2 605 euros, según el portal inmobiliario idealista.com, casi un 15 % mayor.
Hay un antecedente fracasado: entre 2005 y 2012 funcionó en España una entidad similar, la Sociedad Pública de Alquiler. En siete años de funcionamiento apenas gestionó 19 038 contratos de alquiler y fue liquidada dejando una deuda de más 37 millones de euros.
Los inmuebles que va a gestionar Casa 47 son, en un principio, 2 400 suelos y 40 000 viviendas que provienen de la SAREB, el banco malo. De participación público-privada, este se creó en 2012 (tras la disolución de la Sociedad Pública de Alquiler) para agrupar y gestionar los activos tóxicos inmobiliarios (de alto riesgo en cuanto a la recuperación de la inversión). Estas viviendas proceden del rescate del sistema bancario tras la crisis de 2007.
La cuestión es que, en un contexto de déficit habitacional, estas viviendas llevan años inmovilizadas o en situaciones que dificultan su incorporación al mercado de alquiler social. Como por ejemplo, con reclamaciones por impago, okupadas, ya arrendadas o en lugares donde nadie quiere o puede vivir.
Casa 47, gestión del alquiler de la vivienda pública
La nueva entidad prevé la construcción de 55 000 viviendas para crear un parque de alquiler social estable. Sin embargo, experiencias de gestión pública similares en el País Vasco, Cataluña y Madrid nos han mostrado que los costes de mantenimiento y gestión son muy elevados.
El plan es hacer contratos de arrendamiento de hasta 75 años, con una duración inicial de 14 años y sucesivas prórrogas de 7 años. Los alquileres tendrán un tope de precio de un 30 % de la renta media de los hogares en la comunidad autónoma donde se encuentre la vivienda.
Tendrán acceso a este programa las familias con ingresos de entre 2 y 7,5 veces el IPREM. Esto es, un rango de entre 14 400 y 63 000 euros, con lo que el Gobierno estima que alcanzará al 60 % de la población española (clases media y media-alta). Quienes no lleguen al nivel más bajo exigido recibirían otras ayudas para vivienda.
Todavía está pendiente de definir cómo será la gestión de las viviendas. De ahí que surjan una serie de dudas. Si la demanda potencial es de unos tres millones de familias, ¿quién va a promover tal cantidad de viviendas y cuándo y dónde estarán disponibles? ¿Cuál será el coste público de mantener y gestionar un creciente stock de inmuebles y qué impacto tendrá en los impuestos de los ciudadanos? ¿Se desahuciará a las familias beneficiadas si no cumplen con los pagos? ¿Cada cuánto se revisará si los beneficiarios siguen cumpliendo con las condiciones para mantenerse en esas viviendas? ¿Una permanencia asegurada por hasta 75 años podría acabar impidiendo el acceso a nuevas familias y generar privilegios? ¿En qué medida podría distorsionar la libre competencia y encarecer las compraventas y alquileres que queden fuera del sistema?
Además, habrá que tomar en cuenta el riesgo de que la oferta de Casa 47 no satisfaga la demanda de viviendas y de que estas no se construyan según las necesidades geográficas y económicas, acentuando así las desigualdades.
Un aval para facilitar el acceso al alquiler
El aval a los alquileres a precios asequibles implica que el Estado (y, por tanto, los contribuyentes) harán frente a impagos eventuales, a los daños causados en las viviendas y al coste de suministros debidos (luz, agua, gas). Esta cobertura será gestionada por las comunidades autónomas y está destinada a jóvenes menores de 35 años y a personas vulnerables (según lo establecido en cada comunidad). Para su disfrute, arrendador y arrendatario deberán suscribir el compromiso correspondiente ante la Administración.
La renta no podrá superar el índice de referencia establecido por el Ministerio de Vivienda y Agenda Urbana, y la fianza deberá depositarse en los organismos oficiales designados. Estas medidas se aplicarán con carácter retroactivo a los contratos que estuvieran vigentes el 30 de enero de 2025.
Los interrogantes alrededor del aval
De nuevo, sobre el papel la medida parece prometedora. Especialmente porque este aval público puede ayudar a reducir la desconfianza de los arrendadores respecto a los mencionados colectivos. Sin embargo, su eficacia es dudosa por dos motivos:
Se exige que el alquiler cumpla el índice de control de rentas establecido en marzo de 2024, al amparo de la Ley de Vivienda 12/2023. Por ello, serán pocos los arrendatarios que elijan sumarse a esta medida donde no sea obligatoria. Es decir, en la mayor parte de España.
Además, este aval público puede provocar efectos indeseados, como el aumento de rentas a estos colectivos si antes estaban alquilados por debajo del índice (“como paga el Estado, les subo la renta”), o el riesgo moral de que el casero gestione peor la vivienda y que le dé igual no cobrar del inquilino si sabe que tiene la garantía de que cobrará del Estado. También podría considerarse una validación indirecta de la morosidad: a la dificultad para ejecutar desahucios que introdujo el Real Decreto de 2020 se sumó la Ley de Vivienda 12/2023, y ahora los arrendadores cobrarán igual aunque sus arrendatarios sean morosos.
Sergio Nasarre Aznar no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.
Source: The Conversation – (in Spanish) – By Nísia Trindade Lima, Ministra da Saúde, de janeiro de 2023 a fevereiro de 2025; presidente da Fiocruz, de 2017 a 2022, e pesquisadora titular da Casa de Oswaldo Cruz, Fundação Oswaldo Cruz (Fiocruz)
Las pandemias agravan las desigualdades y las desigualdades hacen que las sociedades sean más vulnerables a las pandemias. Esta es la conclusión principal del informe publicado en noviembre por el Consejo Global sobre Desigualdades, Sida y Pandemias, vinculado al Programa Conjunto de las Naciones Unidas sobre el VIH/sida (ONUSIDA).
El documento muestra que las desigualdades no solo son el resultado de las crisis sanitarias, sino que contribuyen a que estas sean más frecuentes, letales y prolongadas. Las pruebas recopiladas revelan un círculo vicioso: las desigualdades internas y globales aumentan la vulnerabilidad de las sociedades. Y las pandemias refuerzan esas mismas desigualdades, una dinámica que se observa en emergencias como las de la covid-19, el VIH/sida, el ébola, la influenza y el mpox.
Los datos del informe señalan que, en el caso de la covid-19, alrededor de 165 millones de personas se vieron empujadas a la pobreza entre 2020 y 2023, mientras que la fortuna de los más ricos creció un 27,5 % en los primeros meses de la pandemia. Con contribuciones de diversos especialistas, el documento refuerza la urgencia de abordar las raíces sociales de las crisis sanitarias.
Menos recursos, más probabilidades de morir
Los determinantes sociales de la salud son uno de los ejes principales del informe. La educación, los ingresos, la vivienda y las condiciones ambientales definen los grupos más afectados por las emergencias.
Las desigualdades entre países también aumentan las vulnerabilidades. Cuando los países de bajos ingresos no tienen acceso a vacunas, diagnósticos o recursos fiscales, todo el planeta se expone a riesgos. En 2021, solo diez países concentraban el 75 % de las dosis administradas contra la covid-19, lo que dejó al mundo entero susceptible al surgimiento de variantes.
Seis meses después de la aprobación de las vacunas, los países de ingresos altos tenían dosis suficientes para cubrir al 90 % de sus poblaciones prioritarias, mientras que los países de bajos ingresos solo tenían suficientes para inmunizar al 12 % de esos grupos.
El informe de ONUSIDA estima que esta desigualdad puede haber causado 1,3 millones de muertes evitables. En contraste con la práctica del llamado nacionalismo vacunal, el concepto de seguridad sanitaria se redefine a partir de una interdependencia radical, que debe reflejar una coordinación de la preparación para ampliar el acceso. La descentralización de la investigación y el desarrollo y de la producción e innovación de productos sanitarios son partes esenciales de este proceso.
Esto no se debió solo al virus, sino a la desastrosa gestión de la pandemia, que desalentó las medidas preventivas, retrasó acciones como la compra de vacunas, difundió desinformación y negacionismo científico, y aún debe ser profundamente revisada para pensar en la rendición de cuentas.
Si una región no está segura frente a una amenaza sanitaria, ninguna lo estará. Ante estas constataciones, el informe de ONUSIDA enfatiza que las respuestas sensibles a la desigualdad, con acciones intersectoriales y comunitarias, son más eficaces que las estrategias exclusivamente biomédicas para romper el ciclo.
Recomendaciones
Prepararnos para futuras emergencias requiere sistemas de salud resilientes, una gestión cualificada e inversiones continuas en políticas sociales, ciencia, tecnología e innovación. Hoy en día se reconoce que fortalecer la producción local y regional de vacunas, pruebas diagnósticas, medicamentos y otros suministros es una vía esencial para garantizar el acceso a los recursos sanitarios.
El informe de ONUSIDA plantea algunas recomendaciones en este sentido. La primera es hacer frente a las barreras financieras globales, con propuestas como la renegociación de la deuda de los países vulnerables y mecanismos automáticos de financiación de emergencias, evitando políticas de austeridad que reduzcan el gasto social.
La segunda es invertir en los determinantes sociales: protección social, educación, vivienda, trabajo decente y reducción de las desigualdades regionales. Fortalecer la producción local de tecnologías sanitarias, tratando los conocimientos esenciales como bienes públicos y, de acuerdo con lo establecido en la Declaración de Doha de 2001, entendiendo que el derecho a la propiedad intelectual no puede prevalecer sobre el derecho a la salud y a la vida, es la tercera recomendación.
Y por último, pero no menos importante, es necesario construir una gobernanza multisectorial que integre al Estado, la ciencia, las comunidades y las organizaciones de la sociedad civil.
A partir de 2023, la reanudación de las políticas sociales permitió a Brasil participar en la construcción de este entendimiento expresado en el informe. El fortalecimiento del Sistema Único de Salud, con la recuperación de la cobertura vacunal, el fortalecimiento del Complejo Económico-Industrial de la Salud, la Atención Primaria y la Atención Especializada, junto con el fortalecimiento de programas sociales, entre otras acciones, reducen las vulnerabilidades.
Solidaridad global para romper el ciclo de desigualdad-pandemia
Los debates recientes del G20, incluidos los cumbre de noviembre en Sudáfrica, muestran avances en el reconocimiento de temas centrales del informe, especialmente en lo que respecta a la deuda, la producción regional y las desigualdades.
Pasos como estos son importantes para avanzar en las recomendaciones estructurales del documento, poniendo en la agenda la deuda de los países y su canje por inversiones en salud, la protección social y la revisión del actual sistema de propiedad intelectual, entre otros temas. Hay dificultades en este camino, como la ausencia de Estados Unidos en el Acuerdo sobre Pandemias y la persistencia del negacionismo científico, que está presente no solo en sectores de la población, sino también en las políticas públicas de algunos países.
Romper el ciclo de desigualdad-pandemia es un imperativo ético y práctico para garantizar la seguridad sanitaria mundial. La dimensión biológica de las pandemias es evidente, pero las dimensiones social, política y fiscal siguen siendo subestimadas. Ignorar las desigualdades es perpetuar los riesgos de futuras emergencias sanitarias e impedir que enfermedades como el sida y la tuberculosis sean finalmente superadas.
El mundo tiene una oportunidad decisiva, con los resultados de la COP30 y las agendas en curso en el G20 y la OMS. El informe pone de manifiesto que invertir en equidad genera resiliencia y que la omisión tiene un alto precio, tanto en la economía como, sobre todo, en vidas humanas.
Necesitamos solidaridad global y compromiso con los avances sociales, a fin de transformar las economías y hacer efectiva la salud para todos, antes de que una nueva pandemia nos recuerde, una vez más, los costes de la inacción.
Nísia Trindade Lima no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.
El presidente estadounidense Donald Trump y el vicepresidente JD Vance se enfrentan al presidente ucraniano Volódimir Zelenski durante una reunión en el Despacho Oval el 28 de febrero de 2025.The White House
Poco antes de morir, acaso intuyendo ya su final, el princeps –“primer ciudadano”–, vencedor en la guerra civil, dictó un texto en el que se pavoneaba impúdicamente de sus muchos méritos como gobernante. Era él, aseguraba, quien había logrado salvar a una república decadente y derrotar a los enemigos del estado (que no a los suyos), a quienes, por supuesto, eludió mencionar para escamotearles el recuerdo.
Entre sus innumerables virtudes y hazañas, Augusto sacaba pecho como gran pacificador de Roma. Gracias a su habilidosa y decidida intervención, alegaba, se había logrado terminar con la lacra de la guerra. El templo del dios Jano, que debía tener sus puertas abiertas mientras existiera un conflicto militar en marcha, podía ya cerrarse. El salvador de la patria había conseguido también recuperar la seguridad de los mares tras eliminar a los piratas. Todo el Occidente –de Cádiz al Elba, de Hispania a Germania– era, gracias a su intervención, un remanso de paz, y los bárbaros del Norte enviaban embajadas rogando al autócrata romano que les concediese la gracia de su amistad.
Un monumento para la paz
Tan grandes dotes de pacificador no pasaron desapercibidas para el senado, institución solícita que le concedió el honor de un altar a la “paz Augusta” en la zona militar de la ciudad, extramuros.
El Ara Pacis, que es hoy una de las principales atracciones turísticas de Roma, está profusamente decorado con motivos alusivos a la abundancia, el bienestar y la concordia cívica, logros proporcionados por el nuevo régimen político. A lo largo de las paredes del edificio, desfila en mármol lo más granado de la sociedad romana de su tiempo: sacerdotes, magistrados, familiares y colaboradores del princeps. El establishment, en suma, se postraba obsequioso y sumiso ante la personalidad de un hombre al que temía y admiraba a partes iguales.
Cualquiera que se aproxime a la propaganda augústea desconociendo la historia romana caerá inmediatamente en las redes de semejante discurso de poder. Este esconde, sin embargo, una cruda realidad. La “amistad” de los pueblos con Roma era en realidad un eufemismo de sometimiento. Y la pax, como el propio Augusto reconocía en su testamento, es hija de la “victoria” de las legiones.
En suma, lo que el princeps llama paz no es sino la obtención por la fuerza de una supremacía internacional. Y se trata de algo piadoso porque supone la recuperación del orden frente al caos, la reinstauración de la armonía divina en la que Roma ejerce el papel de valedor y garante.
Ecos actuales
Numerosos autócratas a lo largo de la Historia han sucumbido también a la tentación de envolverse en la bandera de la paz para blanquear actitudes abusivas y arrogantes en el plano internacional. El propio Napoleón fue presentado por Canova como “Marte desarmado y pacificador” en una célebre escultura, inspirada por cierto (y no casualmente) en un retrato de Augusto. Y en nuestra propia historia contemporánea, las dictaduras han celebrado siempre las efemérides de su génesis como el inicio de una era de paz.
En realidad, terminar una guerra no es difícil si el papel de mediador degenera en una actitud sistemática de condescendencia con el bando más poderoso. Los romanos ya sabían hacerlo: a medida que el mundo dejaba de ser multipolar, las agendas locales de los pequeños estados mediterráneos importaban poco en el gran tablero que oponía a Roma con los grandes reinos helenísticos. La simplificación de las relaciones internacionales eliminando actores “secundarios” viene de lejos. El ninguneo al papel de la Unión Europea es heredero del desprecio antiguo por las ligas de ciudades griegas, acusadas también ellas de decadencia moral y degeneración de costumbres.
Diplomacia romana de la coacción
Ayer y hoy, la vía diplomática estaba y está presente, y desempeña un papel clave. Pero no se trata de una diplomacia basada en el arbitraje, sino en algo que los teóricos de las relaciones internacionales denominan compellence diplomacy o diplomacia de la coacción. Se trata de la habilidad de los estados para imponer a otros de manera coercitiva una determinada acción o decisión, bajo amenaza de castigo o represalia.
Esas espontáneas embajadas a Roma de los pueblos bárbaros manifestando su deseo de amistad no estaban provocadas por un embrionario movimiento “flower power”, sino que respondían a un cálculo estratégico espoleado por la intimidación romana.
Como todo emperador digno de tal nombre –de Septimio Severo y Caracalla a los efímeros mandatarios del Bajo Imperio– el lema numismático de Pacator Orbis, “pacificador del mundo”, parece estar hecho a medida del mandatario estadounidense. Pero no puede haber paz duradera si no se basa en la justicia. En el contexto actual, el fin superior tiene que ir más allá del objetivo de lograr otra “pacificación” para el medallero personal. No olvidemos la Historia.
Enrique García Riaza recibe fondos de la Agencia Estatal de Investigación (MICIU/ AEI / 10.13039/ 501100011033) y FEDER para desarrollar el proyecto: “Entornos para el diálogo: los espacios de la diplomacia en el ámbito provincial romano durante la República (PID2022-137408NB-I00).
Source: The Conversation – (in Spanish) – By Jorge Romero-Castillo, Profesor de Psicobiología e investigador en Neurociencia Cognitiva, Universidad de Málaga
El reiki se basa en canalizar algo que llaman _qi_ (una supuesta “energía vital”, carente de respaldo científico) mediante la imposición de manos a escasos centímetros de la persona.Andrey_Popov/Shutterstock
La Asociación Médica Mundial (WMA) definió en 2020 la pseudoterapia como:
Una sustancia, producto, técnica o procedimiento con un supuesto propósito para la salud que carece de respaldo científico o evidencia que garantice su eficacia y seguridad.
Estos “inventos” explotan la vulnerabilidad y el desconocimiento para vender falsas esperanzas. El precio a pagar es alto, y no solo económico: retrasan la llegada de tratamientos eficaces, producen nuevos daños y pueden provocar la muerte.
Desgraciadamente, prosperan muchas pseudoterapias en salud mental: angeloterapia, bioneuroemoción, reparentalización, suplemento mineral milagroso, tapping, terapia de polaridad, zero balancing, etcétera. Pero aquí nos limitaremos a los ejemplos más extendidos y, por consiguiente, más perjudiciales.
Acupuntura
La acupuntura puede acompañarse con ‘moxibustión’, que consiste en aplicar calor sobre la piel quemando hierbas, normalmente Artemisia vulgaris, para estimular los puntos en los que clavar las agujas. Los efectos secundarios reportados incluyen mareos, nauseas, quemaduras, alergias e infecciones (Park et al., 2010). Wikipedia, CC BY
Derivada de la medicina tradicional china, se basa en la existencia de una supuesta “energía vital” (qi) que fluiría por el cuerpo a través de canales llamados “meridianos”. Los problemas de salud surgirían del desequilibrio energético (provocado por distintos factores) y se solucionarían insertando agujas en puntos específicos.
Para los trastornos psicológicos, la acupuntura establece 16 áreas donde colocar las agujas y, supuestamente, tratar la depresión y otros trastornos. Pero no se ha descubierto evidencia de la “energía vital” ni de los “meridianos”. Por tanto, no existe apoyo científicamente demostrable que respalde su eficacia.
Su inventor, Alexander Lowen (1910-2008), también recurre a la metafísica de la “energía vital”, pero la llama “orgón”, siguiendo al controvertido Wilhelm Reich. Para Lowen, la “energía” estaría fluyendo entre polos del cuerpo, como la cabeza y los genitales. Y, si se obstaculiza, provocaría alteraciones en la personalidad.
Por tanto, el objetivo sería ayudar a liberar las tensiones acumuladas para restaurar dicha “energía” y recuperar una “salud vibrante”.
Se inspiran en el psicodrama, el pensamiento sistémico transgeneracional, el psicoanálisis y el misticismo cuántico. También incluyen algo llamado “campos morfogenéticos”, a través de los cuales estarían conectados todos los individuos de una misma especie para transmitirse conocimientos y comportamientos.
Con esos ingredientes, justifican que los problemas psicológicos de una persona radican en conflictos que alguien de su árbol genealógico no resolvió. Y “constelando” –o sea, haciendo una representación teatral en grupo– se superarán los problemas en una única sesión. Así, todas las personas de la familia, vivas o muertas, quedarán en paz.
Al margen de la carencia, no solo de pruebas que avalen sus principios, sino de reflexiones serias, el mayor peligro son los efectos iatrogénicos (nuevos daños añadidos). Entre otros, hay riesgo de sufrir mayor psicopatología, emocionalidad negativa, confusión y culpabilidad. Por todo, las constelaciones familiares bien podrían definirse como una peligrosa farsa.
Protesta de Anonymous en Texas (2008) contra las prácticas de la Iglesia de la Cienciología y la Dianética. Ron Hubbard (1911-1986) defendió que, hace 75 millones de años, vinieron miles de millones de extraterrestres a la tierra desde la ‘Confederación Galáctica’. Xenu, su dictador, los aniquiló con bombas de hidrógeno y ahora sus espíritus inmortales (thetanes) se están adheriendo a los humanos, causando dolencias mentales y físicas. Desde la Iglesia de la Cienciología se advierte que conocer la historia de Xenu sin la preparación adecuada (pagando los cursos que ofrecen) provocaría, literalmente, que te explote la cabeza ante tal saber. Wikipedia, CC BY-SA
Dianética
Presume de revelarse al mundo como la panacea, o sea, la cura universal. Según prometió literalmente su autor, el escritor de ciencia-ficción L. Ron Hubbard: “sirve para tratar todos los trastornos mentales y todas las enfermedades psicosomáticas con garantía de curación completa”. Para glorificar sus fantasías, Hubbard posteriormente fundó la secta llamada Iglesia de la Cienciología.
La dianética funcionaría simplemente localizando lo que su creador llama “engranamas”, momentos de profundo dolor recluidos por la persona en un “inconsciente celular” (también con influencias del psicoanálisis), para hacer que los reviva en detalle (proceso llamado “auditación”) hasta alcanzar el estado Clear. Y, milagrosamente, la persona recuperaría la salud.
Obviamente, toda promesa de cura universal es un bulo y creer en ella es una forma moderna de superstición. En psicología, las terapias eficaces se personalizan, es decir, solo sirven para una persona concreta en su momento vital específico, no se personifican en un “sanador” al que rendir culto por su carisma.
Lo más sorprendente es que las esencias fueron obtenidas a través de un “diálogo vibracional” que mantuvo el gurú de la pseudoterapia (Edward Bach) con cada una de las 38 plantas. Esta debe ser la razón por la que las investigaciones rigurosas demuestran que no tienen efecto alguno.
Homeopatía
Para Samuel Hahnemann, el impulsor de la homeopatía, el Aconitum napellus (una planta capaz de matar con solo 2 mg) solucionaría el trastorno de pánico. Según aseguran sus incondicionales, cuantas más veces se diluye una sustancia, más potente se vuelve. Si esto fuera cierto, cada frasquito homeopático de Aconitum debería ser letal. Pero no lo es. Wikipedia, CC BY-SA
Se basa en administrar diluciones: productos de origen vegetal, animal o mineral mezclados de forma repetida con algún líquido hasta su práctica desaparición. A pesar de la ausencia de principio activo, intentan convencer de que “el agua tiene memoria” y que, de alguna forma, “recuerda” que estuvo en contacto con la sustancia inicial.
Sus caros productos son usados para tratar fobias, trastornos alimentarios, depresión y trastorno obsesivo compulsivo, entre otros. Se basan en el principio de que estas alteraciones serían consecuencia de desarreglos en lo que llaman “fuerza vital”, una entidad no física que sería la esencia de la vida.
Sin embargo, es imposible verificar formalmente, ni entender racionalmente, los fundamentos teóricos fraudulentos a los que recurren (“memoria del agua” o “fuerza vital”). Como es esperable, los metanálisis señalan que la eficacia de la homeopatía es nula para cualquier trastorno. Y aquellas publicaciones que la avalan son metodológicamente deficientes.
Transitan por un terreno teórico confuso, una mezcla no conseguida de conductismo, constructivismo y psicología cognitiva. Sostienen que hay “esquemas mentales” que pueden “reprogramarse” mediante el uso consciente del lenguaje. Además, para optimizar los cambios, alegan que existen distintas modalidades sensoriales de aprendizaje (visual, auditivo o kinestésico, VAK), un modelo carente de base real pero todavía presente en educación.
La PNL reduce la complejidad de los procesos psicológicos a una analogía informática simplista. Es un ejemplo paradigmático de intento de cientificismo: utiliza terminología llamativa (el prefijo “neuro” es exclusivamente una técnica de marketing, dado que no aluden al sistema nervioso en sus explicaciones) y lenguaje técnico para legitimar ideas incoherentes y vacías.
Esta práctica espiritual de origen japonés (la versión occidental se denomina “toque terapéutico”) consiste en colocar las manos a escasos centímetros del cuerpo de una persona. El objetivo sería canalizar el qi (la “energía vital” que simulan restaurar otras pseudoterapias) para resolver alteraciones mentales, emocionales y físicas. Pero se fundamenta en la fe ya que, como ya se ha podido deducir, la “energía vital” no tiene ninguna correspondencia con la realidad.
A sus 9 años, Emily Rosa demostró con un experimento que esta práctica es un timo. Gracias a ello, se convirtió en la persona más joven en publicar en una revista científica de alto impacto.
Se puede afirmar con rotundidad que ninguna de estas pseudoterapias sirve para mejorar la salud mental. Solo son defendidas por quienes se lucran con ellas o por personas que cometen, entre otras, la falacia ad populum (son buenas porque hay gente que lo dice) y la falacia ad verecundiam (son buenas porque alguien con autoridad lo dice), sin proporcionar argumentos lógicos.
Aunque alguien pueda expresar “a mí me funciona”, no es más que una ilusión. Una confusión entre correlación y causalidad que recibe el nombre de falacia post hoc, ergo propter hoc. Es decir, un problema puede desaparecer por la modificación de factores de mantenimiento (son elementos que refuerzan y perpetúan un problema psicológico) ajenos a la pseudoterapia (por ejemplo, un aumento del apoyo social), pero la persona cree que la causa de la mejora han sido los efectos directos de la pseudoterapia.
También puede producirse el efecto placebo: la expectativa de mejora y el contexto de cuidado pueden generar alivios subjetivos que enmascaran la falta de eficacia real de estas “técnicas”. Es más, tener la posibilidad de elegirlas potencia que aparezca este efecto.
Junto a las casualidades y el placebo, recurrir a ellas respondería a comportamientos supersticiosos, la confirmación de sesgos o, sencillamente, la búsqueda de compañía y atención. Aunque las pseudoterapias puedan consolar (siendo, a la vez, perjudiciales), solo el pensamiento crítico puede curar.
El Instituto de Salud Carlos III (ISCIII), el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades y el Ministerio de Sanidad lanzaron esta campaña en febrero de 2019 para promover el pensamiento crítico frente a las pseudoterapias.
Jorge Romero-Castillo no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.
Hugh Grant y Martine McCutcheon en _Love Actually_.Netflix
Este texto se publicó por primera vez en nuestro boletín Suplemento cultural, un resumen quincenal de la actualidad cultural y una selección de los mejores artículos de historia, literatura, cine, arte o música. Si quiere recibirlo, puede suscribirse aquí.
“¿Cuál es vuestra película de Navidad, la que os ponéis para indicar que han llegado las fiestas?” escuché –con cierta serendipia– en el pódcast cinematográfico de Kinótico mientras escribía estas líneas. Y mientras rezaba para que alguien diese la respuesta correcta que cerrase el círculo, la primera persona en contestar atendió a mis plegarias y dijo “Love Actually”.
De ella venía yo a hablar. La comedia romántica coral de Richard Curtis de 2003 provoca tantos fervores como odios en este 2025. Hay quien dice que los personajes (masculinos) son tóxicos, abusones e inconexos, y que las historias de amor no tienen ni pies ni cabeza. Pero en estas fechas en las que necesitamos, más que nunca, suspender nuestra incredulidad, alzo la voz para defender Love Actually… con la evidencia científica en la mano.
¿Y por qué? Pues porque ver películas tiene beneficios psicológicos demostrables, aún mayores cuando hay risas de por medio. Y si encima relatan historias de muchos personajes, abriendo así la posibilidad de que nos identifiquemos con alguno de ellos, nos sientan todavía mejor. Las comedias corales navideñas consiguen combinar todos estos elementos y calentarnos el alma. Pero es que además en Love Actually sale Emma Thompson llorando con Joni Mitchell de fondo en una de las escenas más bellas y tristes del cine popular inglés. ¿A quién no le va a gustar ver a Thompson hacer lo que sea… o a Hugh Grant mover el trasero por Downing Street?
Claro que hay grandes películas, además de la mencionada, que son maravillosas, que merecen nuestra atención y que también son propias de las fechas en las que estamos. Hace unos años le pedimos a varios autores que destacasen cuál es, como decían en Kinótico, su película navideña y nos devolvieron once respuestas no convencionales. Todas ellas merecen la pena.
¿Y cuál es la suya? Las mías son dos: Mujercitas, en la versión de Winona Ryder, y la siempre eterna y esta semana tristemente recordada Cuando Harry encontró a Sally.
Un paquete, por favor
A todos nos gusta dar y recibir. A los romanos también, que esperaban expectantes las celebraciones y los regalos de las saturnales. Había incluso quien fiscalizaba lo que se llevaba a casa y también quien se quejaba –como Marcial, mi protestón romano favorito– por no haber recibido los presentes que creía haber merecido.
En la redacción de The Conversation estamos bien servidos. En este 2025 hemos repetido tradición y nos hemos intercambiado libros en nuestro “amigo invisible” navideño. Han pasado por nuestras manos novelas de Rafael Chirbes, ensayos de Estrella de Diego o éxitos literarios de Tana French. Yo regalé el Carboneras de Aitana Castaño y recibí Lo que viene después… y que te guste, de Abigail Thomas, una autora a la que estoy enganchada desde hace meses.
Hace unos meses una amiga nos envió un audio. En él le preguntaba a su hija de tres años qué había escuchado aquel día en el colegio. Y con esa vocecita aguda y entusiasta que tienen los chiquillos cuando están emocionados ella contestaba: “¡¡’El vals de las flores’ de ‘Tacoski’!!”. Mi amiga, entonces, insistía: “¿Y qué te gusta más, eso o ‘La morocha’?”. Y ella volvió a decir “¡¡’El vals de las flores’ de ‘Tacoski’!!”.
Y es que los clásicos populares son clásicos y populares por algo. Ir a ver El Cascanueces por Navidad puede parecer uno más de los rituales a los que nos sometemos en estas fechas, algunas veces con más agrado que otras. Pero acudo a mi prescriptora de tres años para insistir en que disfrutar de esta música sí que es una costumbre que merece la pena.
El año del Caballo de Fuego
Y un año más, se acerca también el Año Nuevo chino, el “Festival de la Primavera”. El 17 de febrero de 2026 el actual año de la serpiente dará paso al año del Caballo de Fuego. Pero antes en China celebraciones como el Festival de Laba, el Xiaonian o el Festivo de Chuxi calientan la temporada.
Desde The Conversation queremos desearles unas maravillosas fiestas, un descanso muy merecido, mucho amor, salud y felicidad. Y cultura. Cultura siempre.
Aprovechando que estamos en esos días en los que todos estamos haciéndonos propuestas de mejora para el nuevo año, quiero proponerles una serie de buenos artículos que les pueden ayudar a reflexionar sobre cuál es su relación con el trabajo y cuál les gustaría que fuera: ¿agobiado?, ¿tecnoestresado?, ¿quemado?, ¿desinteresado?
¿Disfrutamos cuando estamos al límite de una fecha de entrega?
¿Nos gusta trabajar en distintos proyectos, aunque sepamos que muy posiblemente no podremos conseguir las metas?
¿Solemos poner el trabajo por encima de nuestra salud por las recompensas que ofrece?
Tres respuestas positivas nos acercan peligrosamente al diagnóstico de adicción al estrés.
Aunque pueda darnos una sensación de alerta y emoción y nos haga sentir vivos, esa efervescencia viene dada por el cortisol (la hormona del estrés) que, si permanece constante, puede acabar afectando nuestro corazón y nuestro sistema inmunitario y, además, provocarnos envejecimiento prematuro. ¿Una buena noticia? Actividad física, alimentación sana y un buen patrón de sueño ayudan a desengancharnos.
El entorno laboral puede ser fuente de estrés para muchos. Bien por sobrecarga de trabajo, por tener un jefe o unos compañeros tóxicos o, en el peor de los casos, por todos esos factores juntos. Y los efectos negativos no repercuten solo en el afectado, sino también en la propia empresa pues, en ambientes estresantes, cae la productividad y aumentan las bajas y las ausencias.
Los niveles de estrés en el entorno laboral vienen determinados no solo por las características del trabajo sino también por las de las personas. Las mujeres trabajadoras, que suelen llevar también la carga de la mochila doméstica, se muestran más estresadas que sus compañeros de trabajo que realizan las mismas funciones que ellas.
En 1981, Rubén Blades cantaba: “Te están buscando unos tipos que cuando niños sus mamás no los querían y ahora de adultos viven repartiendo bofetás”.
Fuente : Rubén Blades, YouTube.
Esas bofetás pueden ser literales o figuradas pero, en cualquier caso, son propias de personas tóxicas. Sean compañeros de trabajoo jefes que –bien por inmadurez emocional, envidia, competitividad mal gestionada o problemas en el diseño y organización de las funciones– hacen comentarios hirientes, critican, acosan y no apoyan ni ayudan cuando se les necesita.
¿Cómo afrontar esta fuente de estrés laboral?: poniendo límites, buscando el apoyo de otros colegas que no sean tóxicos, reconociendo y poniendo en valor las cosas buenas que pueda tener el trabajo, hablando de lo que está pasando con gente cercana (amigos, familiares) o con profesionales de la salud mental. Y aferrándose a la tríada prodigiosa para el control del estrés: movimiento, buena alimentación, buen patrón de sueño.
La buena noticia es que hay jefes que ejercen un liderazgo positivo en sus equipos. Y esos favorecen la salud física y mental de las personas trabajadoras y, además, mejoran la satisfacción laboral (lo que redunda en positivo en la productividad y en el compromiso con la empresa).
También las máquinas pueden producirnos estrés (tecnoestrés) en el trabajo. ¿Por qué? Aquí intervienen diversos factores: porque nos genera inseguridad aprender a usar tecnologías que no conocemos, porque nos parecen artefactos complejos o porque sentimos que han venido a invadir nuestra vida laboral, por ejemplo.
El burnout, o síndrome de estar quemado, es el agotamiento físico, emocional y mental causado por el estrés crónico. Quienes lo padecen no sienten energía física ni mental y están irritados, frustrados y sin fuerzas. Para sobrellevarlo, las personas necesitan aprender a poner límites con el trabajo (incluida la desconexión digital) y a no descuidar su vida personal. Deben moverse, alimentarse bien e intentar dormir mejor, y también tienen que hablarlo (con personas cercanas o expertos en salud mental).
Pero las empresas también tienen el deber de tomar medidas que favorezcan el bienestar de los trabajadores. Como equilibrar las cargas de trabajo, promover estilos de liderazgo positivos y motivadores, ofrecer programas de capacitación y desarrollo profesional, establecer políticas de comunicación claras y fomentar entornos laborales respetuosos y relaciones laborales cooperativas.
Una cosa es el crepitar del estrés. Pero otra es percibir el trabajo como una labor sin sentido, que genera mucho movimiento y pocos resultados. La situación recuerda a la de Sísifo empujando la roca infinitamente y sin ninguna finalidad. Este desgaste no surge necesariamente por exceso de trabajo sino por la percepción de que el esfuerzo es inútil.
¿Cómo combatir esta desesperanza? Aquí se necesita el compromiso personal de encontrarle un nuevo sentido al trabajo, intentar no dejar procesos y proyectos abiertos o pendientes, eliminar los esfuerzos inútiles, superfluos o que no aportan valor. Y a través del autocuidado: moverse, comer bien, dormir mejor y hablar. Con alguien cercano o, si se considera necesario, con un experto en salud mental.
Hace 50 años una psicóloga suiza acuñó el término personalidad resistente. Tras estudiar a directivos sometidos a altos niveles de estrés, vio que algunos sufrían menos sus consecuencias físicas y emocionales. Así, entendió que el secreto está en las herramientas vitales con las que se cuenta para afrontar los obstáculos y dificultades: el compromiso (tanto en la vida personal como la profesional), el control (la creencia de que las acciones propias influyen en los resultados externos reduce la sensación de indefensión) y la disposición a enfrentarse a retos (viéndolos como lecciones de vida y no como amenazas). ¿Lo mejor de todo? Que la personalidad resistente puede entrenarse.
Las fiestas navideñas se acercan y con ellas llega un torbellino de luces, expectativas y emociones que no todas las personas viven del mismo modo. Mientras que para muchas personas suponen un momento de entrañables encuentros y celebraciones junto a sus seres más queridos, para otras puede resultar un periodo de tristeza y soledad no deseada.
En España, cerca de cinco millones de personas viven solas, lo que representa un 27 % del total de hogares del país. Aunque vivir sin compañía no significa necesariamente sentirse solo o sola.
Así, la soledad no deseada puede definirse como una experiencia desagradable que ocurre cuando alguien siente que sus relaciones sociales son insuficientes o inexistentes, o no tienen la suficiente calidad y calidez humana.
Por contra, la solitud es una experiencia voluntaria y agradable que las personas buscan activamente para disfrutar de su propio tiempo y espacio personal.
En 2024, el 20 % de la población española reportó sufrir de soledad no deseada, la cual se relaciona con una peor salud física y mental. De hecho, datos recientes concluyen que la percepción subjetiva de estar solos se asocia con una mayor mortalidad. Nos enfrentamos a un problema global que impacta negativamente a nuestro bienestar y que acarrea costes sociales y económicos.
Los principales factores asociados a la soledad no deseada son, además de vivir sin compañía, sufrir eventos vitales estresantes como divorcio, duelo, viudedad, etc. Además, son también condicionantes relevantes la edad –afecta especialmente a los más jóvenes y los mayores–, la renta y la presencia de discapacidad y/o problemas de salud, sobre todo si merman la autonomía y la salud mental.
Algunas iniciativas para estos días
Frente a este problema, las administraciones están poniendo en marcha diferentes opciones para mitigar la soledad no deseada que viven muchas personas y ofrecer soluciones durante las fechas señaladas.
Entre ellas, destaca la impulsada por la ONG “Grandes Amigos” que pretende llegar a miles de personas y promueve encuentros y acompañamiento para quienes más lo necesiten.
A un nivel regional y municipal también surgen propuestas como, por ejemplo, del Banco de Voluntarios en Valladolid, con un programa específico de acompañamiento de mayores en Navidad, o el programa “Navidades con corazón” en Telde, Gran Canaria, donde apuntan que “cada gesto cuenta. Una visita, una llamada o una carta pueden transformar la Navidad de alguien”.
Otras iniciativas son la convivencia de mayores en Almuñécar (Granada) o el taller navideño “Mayores en Navidad”, en la ciudad de Badajoz.
Sin embargo, estas iniciativas aisladas no siempre alcanzan a todas las personas que lo necesitan y, para la gran mayoría, simplemente son desconocidas. Por ello, si siente soledad no deseada es importante que explore las opciones que ofrecen los barrios, ayuntamientos, comunidades autónomas y entidades sociales que, como ve, pueden marcar una diferencia y ser una ayuda real y efectiva.
También podemos todos y todas acompañar a quienes conocemos o sospechamos que están en esta situación, ayudándoles a encontrar alternativas como estas, o las que podamos ofrecer.
Y es aquí dónde surge la cuestión central: ¿es tan duro pasar estas fechas en soledad o se intensifica la sensación por la atmosfera de expectativas idealizadas que rodean la Navidad?
Para abordar esta cuestión, resulta necesario reivindicar la libertad individual para decidir cómo vivir estas fechas. Las fiestas navideñas suelen concentrar numerosos compromisos sociales que pueden resultar abrumadores y superar las necesidades o deseos individuales.
Mientras que algunas personas encuentran la satisfacción en reuniones numerosas, otras prefieren espacios más reducidos, encuentros selectivos o incluso la tranquilidad de pasar estos días en solitud.
Diversos estudios señalan que el bienestar no depende de la cantidad de interacciones sociales, sino del equilibrio entre las necesidades individuales y las demandas del entorno social.
Desde esta perspectiva, la soledad elegida y placentera, o solitud, puede funcionar como una experiencia reparadora que ofrece introspección, descanso emocional y autonomía. Sin embargo, la libertad de elección solo es posible si existen alternativas reales: programas comunitarios, actividades culturales, iniciativas de voluntariado o espacios de acompañamiento para quienes buscan conexión social. De lo contrario, la soledad corre el riesgo de ser impuesta y, por tanto, fuente de sufrimiento, y una lacra social evitable.
Reconocer la diversidad de necesidades sociales permite replantear la Navidad más allá de la narrativa tradicional. Ofrecer espacios y recursos que brinden compañía y calidez humana a quien la desea y la necesita debe ser un objetivo institucional prioritario.
Por otro lado, respetar la decisión de quien no la necesita ayudaría sin duda a que cada persona viva estas fechas de la forma que le resulte natural y satisfactoria.
Juan Francisco Roy Delgado recibe fondos de investigación de la Universidad San Jorge, el Gobierno de Aragón, el Gobierno de España, y la Unión Europea.
Olatz Suárez Carballo y Pablo González-Sanz no reciben salarios, ni ejercen labores de consultoría, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del puesto académico citado.
¿Qué es un panettone? ¿Un dulce navideño italiano? ¿Un brioche de tamaño XL? ¿Una bomba de calorías? ¿Una masa formada por redes de gluten, almidones gelificados, azúcares, aromas y alveolos? La respuesta es que todos ellos, ya que depende del punto de vista con el que se mire. Lo que parece indiscutible es que estamos ante una obra maestra de la cocina.
Desde Italia al mundo
En Argentina es conocido desde el siglo XIX como pan dulce, del italiano pandolce. La imagen muestra un anuncio de diciembre de 1930. Wikimedia commons, CC BY
El panettone es un dulce italiano muy famoso en todo el mundo, especialmente por Navidad. Tiene una típica forma de cúpula y una altura de entre 12 y 15 centímetros, aproximadamente. Desde hace ya unos cuantos años, se ha vuelto muy popular también en España, compartiendo mesa con otros dulces navideños tan típicos como el turrón, los polvorones o el roscón de Reyes. Todos estos productos son deliciosos y están asociados a momentos en familia o con amigos, felices o incluso mágicos.
Aunque “mágico” es un término muy bonito, especialmente para las niñas y los niños, es bueno recordar que todos estos productos tienen una base científica sólida. Y es que todo lo que comemos es ciencia, y gracias a ella podemos disfrutar de estas maravillas navideñas.
Gastronómicamente, un panettone puede definirse como un tipo de pan brioche, grande y esponjoso, elaborado con masa madre y harina de fuerza, que requiere de varias fermentaciones, reposos… ¡y hasta una vuelta abajo! algo nada habitual.
Un maestro panadero podría hacer una descripción más bonita, pero resulta que soy tecnólogo de alimentos, así que me corresponde describirlo desde un punto de vista científico.
Más gluten, más volumen
El primer paso en un panettone es preparar la masa prefermentada. Para ello, utilizamos harina de fuerza, que aporta más proteína capaz de formar el gluten, una red viscoeslástica similar a una malla, actuando como un “andamio” capaz de atrapar gas y aportar volumen al producto. De ahí que los productos sin gluten tengan muchas dificultades para imitarlos.
Añadimos también masa madre y/o levadura de panadería, es decir, los microorganismos vivos que van a fermentar la masa, generando CO₂, aromas y sabores y suavizando la textura de la misma.
La masa madre, por simplificar, es una masa donde se han mantenido los microorganismos vivos, madurando y generando aromas y sabores más complejos. Por hacer una especie de comparación, una masa madre es como una IA en sus últimas actualizaciones, con respuestas más rápidas y elaboradas, mientras que una masa con levadura fresca recién hecha es como IA más inicial, funcional pero no compleja.
También se incorpora agua, azúcar, mantequilla y yemas de huevo, ingredientes que hidratan y aportan alimento para los microorganismos (azúcares), así como enzimas y grasas.
Ingredientes del panettone: Harina, masa madre, mantequilla, yemas de huevo, azúcar, fruta confitada y pasas. Wikimedia commons, CC BY
La masa del panettone es especial porque debe ser flexible y resistente al mismo tiempo. Tiene que estirarse para crecer, pero sin romperse. Por eso requiere fermentaciones largas y cuidadosas que permitan que la estructura interna se desarrolle de forma adecuada y estable.
El amasado, gases y aromas
Muy importante es realizar un correcto amasado, con movimientos envolventes, para que se integren bien todos los ingredientes y se vaya formando la red de gluten. Poco a poco la mezcla se va convirtiendo en una masa y el almidón de la harina se va hidratando y extendiendo sus cadenas de amilosa y amilopectina (moléculas del almidón), lo que hace que la mezcla vaya espesando.
Este trabajo de amasado, de duración variable, termina con una primera masa que reposará a temperatura ambiente durante dos horas aproximadamente, dejando que las levaduras presentes vayan fermentando los azúcares (porque es lo más sencillo, luego irán a por otros componentes), generando gases (responsables de las burbujas) y compuestos aromáticos como aldehídos o ácidos orgánicos.
La malla del panettone
Después de esta primera masa prefermentada o primer impasto, se incorpora una segunda ronda de los mismos ingredientes, a los que se añaden sal, vainilla, corteza de naranja o las pepitas de chocolate (también pueden ser pasas u otras frutas). Esta nueva mezcla se vuelve a amasar y dejar reposar el mismo tiempo, permitiendo que la estructura integre los nuevos ingredientes y que las levaduras sigan fermentando la masa y generando gases, sabores y aromas.
Cuando la masa haya doblado su volumen, se divide y se bolea, es decir, se toman porciones y se les da forma redonda y tensa (como una bola). Se hacen bolos según el número de panettones que queramos. Es importante que este paso se realice rápidamente para no desgasificar demasiado ni desestructurar la red, ya formada por una fase continua que combina la red de gluten con los gránulos de almidón gelificado, junto a una fase dispersa compuesta de gas encerrada en alveolos.
Hechos los pastones (bolos), se colocan dentro de los típicos moldes del panettone, dejándoles reposar y que así vuelvan a doblar su volumen. Una vez levados (cuando la mezcla ha crecido), se puede pintar la parte superior con yema o azúcar glas, lo que protegerá la cubierta durante el horneado, evitando un excesivo secado o incluso quemado.
El horneado y la vuelta
El horneado, de en torno a los 40 minutos y 180⁰ C, siempre precalentado, hará que la masa se transforme física y químicamente, alcanzando su volumen final, produciéndose reacciones de caramelización, desnaturalización proteica y de Maillard (a la que se debe el color y aroma a tostado tan característicos). Las redes de gluten se consolidan y el almidón se endurece, fijando la miga, su esponjosidad y el tamaño de los alveolos.
Para comprobar que el horneado ya ha terminado, hacemos la tradicional prueba del palillo o cuchillo: si pinchamos y sale limpio, está listo; si sale sucio, queda un poco.
Una vez fuera del horno, viene un paso muy característico: un volteado boca abajo. Esto se hace para evitar que baje el panettone. La masa aún está muy caliente y puede hundirse. Cuando se enfríe, la estructura interna estará plenamente consolidada y no se hundirá. Esto es habitual, por ejemplo, al hacer un bizcocho, pero teniendo en cuenta que un panettone es muy alto, que se hunda su masa dejaría un producto mucho más compacto y duro, no tan esponjoso y suave.
Aquí también hay un fundamento científico, pues lo que se produce es la retrogradación de la amilosa del almidón durante el enfriamiento, reordenándose y fijando así la estructura de la miga. Con esto tendríamos terminado nuestro panettone, más allá de decoraciones exteriores que ya dependen de gustos y marketing.
Y el último paso, comerlo. Realmente es mágico que podamos disfrutar de un dulce tan maravilloso. Felices fiestas.
Javier Cervera March no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.