El largo y difícil camino hacia un mundo sin petróleo

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Carme Frau, Profesora Ayudante Doctora (UIB, Facultad de Economía y Empresa, Área de Finanzas), Universitat de les Illes Balears

Refinería de petróleo en el estado de Washington (Estados Unidos). Walter Siegmund/Wikimedia Commons, CC BY

Este verano un diario balear tituló uno de sus textos con la frase: “La independencia total del petróleo no la veremos, es una utopía”. Dicha afirmación es mía y nace de mis investigaciones sobre economía de la energía. Con ella no busco desanimar, sino invitar a un debate realista sobre la transición energética.

En un mundo que aspira a la sostenibilidad, ¿es posible dejar atrás el petróleo? Desde una perspectiva económica, la respuesta es compleja, pero encontrarla es necesario.

La persistente relevancia del petróleo

En 2024, el petróleo representó el 31,3 % del consumo energético mundial. En el corto plazo, sectores como el transporte terrestre, la industria química y la aviación dependen de él de manera casi insustituible. Aunque las energías renovables crecen rápidamente (en 2024, el 29,7 % de la electricidad mundial fue de ese origen), su escalabilidad está limitada por costes, infraestructura y almacenamiento.

Porcentaje de participación de las distintas fuentes de energía (renovables y no renovables) en el consumo total y en la generación eléctrica.
Fuente: elaboración propia

Aunque, por ejemplo, la producción de baterías para vehículos eléctricos requiere minerales cuya extracción y procesamiento aún dependen de combustibles fósiles, esto no significa que debamos rendirnos ante el petróleo. Todo lo contrario: la economía nos enseña que los incentivos y las políticas públicas pueden acelerar la transición. Pero ignorar la realidad de nuestra dependencia actual es tan utópico como imaginar un mundo sin petróleo de la noche a la mañana.




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Los límites de la transición energética

La transición hacia fuentes renovables es imparable, pero no está exenta de desafíos. Por ejemplo, en España, el Plan Nacional Integrado de Energía y Clima aspira a que, en 2030, el 81 % de la electricidad sea de origen renovable. Sin embargo, el uso del petróleo seguirá siendo crucial para sectores no electrificados como el transporte marítimo o la producción de cemento y plásticos.




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Además, los costes de esa transición son significativos: según la Agencia Internacional de la Energía, para alcanzar la neutralidad climática para el 2050 se requerirían inversiones globales de 5 billones de dólares anuales. ¿Y quién pagará esta factura? Los gobiernos, las empresas y, en última instancia, los consumidores.

Otro obstáculo es la desigualdad a nivel global. Mientras que Europa avanza en la descarbonización, países como Nigeria, que ocupa el décimo lugar a nivel mundial en reservas probadas de petróleo, dependen de él para crecer económicamente. Forzar una transición homogénea, sin considerar estas realidades, podría agravar las desigualdades.

Hacia una transición realista

Entonces, ¿cuál es el camino? Desde la economía, propongo tres pilares, los tres del lado de la oferta:

  1. Incentivos económicos: subsidios a las energías renovables, impuestos al carbono y mercados de emisiones bien diseñados pueden acelerar el cambio sin demonizar al petróleo.

  2. Innovación tecnológica: invertir en tecnologías como la captura de carbono y el hidrógeno verde y el diseño de baterías más eficientes es esencial para reducir la dependencia del petróleo en sectores críticos (transporte, generación eléctrica, etc.).

  3. Cooperación global: la transición debe ser inclusiva, apoyando a los países en desarrollo para que adopten energías limpias sin comprometer su crecimiento.




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Futuro energético

Hoy por hoy, la independencia total del petróleo es una utopía. Para avanzar no necesitamos utopías sino políticas basadas en datos, innovación y pragmatismo. El futuro energético no se construye con promesas sino con pasos firmes que nos lleven hacia una economía más sostenible y libre de gases contaminantes. El petróleo seguirá con nosotros, pero su protagonismo puede y debe disminuir: depende de nosotros decidir cómo.

The Conversation

Carme Frau no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. El largo y difícil camino hacia un mundo sin petróleo – https://theconversation.com/el-largo-y-dificil-camino-hacia-un-mundo-sin-petroleo-264836

¿Por qué nos parece que los veranos no duran tanto como antes?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Fernando Díez Ruiz, Professor, Faculty of Education and Sport, Universidad de Deusto

Casi todos asociamos las vacaciones asociamos con la playa y el descanso. En la imagen, Palma de Mallorca. Andrés Nieto Porras. , CC BY-SA

¿Recuerda aquellos veranos de la infancia que parecían eternos? Días interminables jugando en la calle, disfrutando con los amigos, noches que se alargaban entre juegos y risas. Sin embargo, al crecer y hacernos más mayores, los periodos de vacaciones parece que no duran nada.

Como escribió Marcel Proust, “el tiempo, que cambia a las personas, no altera la imagen que de ellas guardamos”. Quizá lo mismo ocurre con los veranos: no es que hayan cambiado, sino que somos nosotros quienes los percibimos de otra manera.

Percepción subjetiva del tiempo

El tiempo es objetivo, marcado por el reloj y por el calendario. Pero su vivencia es profundamente subjetiva.

En Antes del amanecer (Linklater, 1995), una sola noche en Viena parece expandirse hasta convertirse en un universo completo de recuerdos. La película ilustra cómo la intensidad emocional y la novedad transforman unas horas en una experiencia vital extensa.

Imagen de la película Antes del amanecer, una metáfora de lo mucho que puede estirarse el tiempo.
Columbia Pictures.

Nuestro cerebro no percibe el paso de las horas de forma lineal, sino en función de la novedad, la atención y la memoria. Cuantas más experiencias nuevas vivimos, más información almacenamos y, en consecuencia, el tiempo se percibe como más largo.

Durante la infancia todo es descubrimiento: los amigos, los juegos, los lugares. Cada verano está repleto de “primeras veces”. El cerebro infantil está en un estado a aprendizaje continuo, saturado de estímulos que se procesan y registran. Esa abundancia de experiencias genera la impresión de que los días son extensos y variados.

Con los años, el cerebro se va habituando y tiene que atender a múltiples preocupaciones y decisiones. Ya no registra tanto detalle porque reconoce patrones conocidos. Al haber menos novedades, los recuerdos son más escasos, y lo que queda en la memoria es un resumen simplificado de semanas enteras. Así, al mirar atrás, sentimos que “el verano voló”.

Atención vs estrés

El modo en que gestionamos la atención también influye. Los adultos suelen vivir los veranos con prisas: planificar viajes, trabajar antes y después de las vacaciones para cubrir tareas, atender a la familia. Este fraccionamiento mental reduce la capacidad de disfrutar del presente. Cuando la atención se dispersa, el cerebro procesa menos detalles y los días se sienten más cortos. Es normal que un adulto, cuando comienza el verano, tarde entre 2 y 3 días antes de sentirse plenamente en modo descanso.

En cambio, los niños tienen la capacidad de sumergirse plenamente en una actividad. Una tarde en la piscina o un partido improvisado de fútbol en la plaza les absorbe de tal forma que cada momento queda grabado. La intensidad de esa vivencia amplia la sensación temporal.

Vacaciones con ojos de niño

La psicología cognitiva lleva décadas investigando este fenómeno. William James, considerado padre de la psicología moderna, ya señalaba en 1890 que la novedad es clave en la percepción del tiempo. Estudios recientes en neurociencia confirman que la dopamina (neurotransmisor asociado al aprendizaje y la recompensa) se libera más intensamente cuando enfrentamos experiencias nuevas. Esa descarga favorece la codificación de recuerdos y alarga la sensación temporal.

Un experimento interesante mostró que, cuando se pide a adultos y a niños estimar la duración de una misma actividad divertida, los pequeños tienden a decir que duró más. Esto sugiere que no solo la memoria posterior, sino también la vivencia inmediata, se percibe de manera distinta con la edad.

Los estudios evidencian que las vacaciones son necesarias tanto para los más pequeños como para los mayores. Esto se debe a que, cuando interrumpimos nuestras rutinas, abrimos espacios para nutrirnos de nuevos lugares, perspectivas, y damos pie a la creatividad. Así, el descanso y la desconexión contribuyen a mejorar el rendimiento cognitivo.

Cabe destacar que los descansos cortos lejos del hogar y el trabajo pueden ser más restauradores que unas vacaciones más largas.. Además, el contacto con la naturaleza, la realización de actividades locales o diferentes prácticas culturales ayudan a reforzar los vínculos familiares y sociales. De esta manera, cuando volvemos de vacaciones, solemos experimentar una sensación de bienestar que nos permite retomar el curso o el trabajo con más ganas.

Cómo vivir un eterno verano

Si los días de vacaciones se nos escapan de las manos, quizás podamos aprender de la infancia y buscar estrategias para “estirarlos”. O incluso, hacerlos “presentes” en los días laborables. No se trata de añadir más días al calendario, sino de enriquecerlos con ideas como:

  • Romper la rutina: probar actividades nuevas, visitar lugares desconocidos, aprender algo distinto. La novedad genera recuerdos y amplia la sensación de tiempo.

  • Vivir el presente: practicar la atención plena (mindfulness) ayuda a ralentizar la percepción del paso del día.

  • Reducir las prisas: organizar los días de descanso evitando agendas sobrecargadas. A veces, menos planes significa más disfrute.

  • Registrar experiencias agradables: escribir un diario o tomar fotografías cuando estamos de vacaciones –siempre y cuando no nos metamos en la rutina estresante de subirlas a las redes sociales– contribuye a reforzar la memoria, y al mirar atrás sentimos que el tiempo fue más largo.

Una mirada final

Los veranos no han cambiado de duración. Somos nosotros quienes los percibimos de forma distinta. La niñez los convierte en un mundo de descubrimientos, mientras que la mirada de adulto los reduce a un paréntesis breve en la rutina anual.

Quizás la clave esté en recuperar esa mirada infantil: abrirnos a lo inesperado, vivir con intensidad y permitir que cada día deje huella. Al fin y al cabo, lo que da longitud al tiempo no son los relojes, sino la riqueza de lo vivido.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. ¿Por qué nos parece que los veranos no duran tanto como antes? – https://theconversation.com/por-que-nos-parece-que-los-veranos-no-duran-tanto-como-antes-265106

Cómo desarrollar una mirada crítica hacia la tecnología desde las aulas

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Victoria Marín Juarros, Profesora Titular de Universidad en Ciencias de la Educación, Tecnología Educativa, Universitat de Lleida

M.Somchai/Shutterstock

La transformación digital en todos los ámbitos de la vida nos plantea múltiples preguntas sobre las relaciones entre tecnología y sociedad. En el ámbito de la educación, en concreto, nos vemos en la necesidad de preparar al alumnado para una ciudadanía digital activa. Queremos educar ciudadanos y ciudadanas capaces de usar la tecnología de una manera competente, adecuada y responsable en su vida diaria.

A este objetivo se le llama “competencia digital”, y se ha introducido en instituciones y centros educativos a través de las leyes educativas y los currículos. Por ejemplo, en el contexto de la educación obligatoria en España, la competencia digital es parte del actual currículo LOMLOE.

En el contexto universitario, la competencia digital es parte de algunos programas de estudios. Destaca especialmente en la formación de maestros como la competencia digital docente. Sin embargo, y a pesar de las definiciones manejadas del término, a menudo se enseña desde una visión instrumental y neutral de las tecnologías digitales. Es decir: enseñamos simplemente a usarlas.

Más allá de usarlas

Pero también es necesario el cómo, por qué y para qué se utilizan. Es decir, aprender a hacerlo de una manera ética y crítica, lo que implica además ciertos conocimientos y actitudes y no solo destrezas técnicas. Pasar de ser usuarios pasivos de estas tecnologías, y receptores de la información que nos llega a través de ellas, a seleccionar qué usamos, entender por qué y para qué, y desarrollar un sentido de la responsabilidad digital.




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Estos son algunos de los objetivos que tenemos en cuenta en una investigación en curso en la que proponemos estrategias concretas para preparar a los futuros profesionales a desarrollar esa mirada ética y crítica hacia la tecnología en la sociedad actual.

¿Cómo funcionan las tecnologías digitales e internet?

Entender la faceta material de la infraestructura que hay detrás del uso de las tecnologías digitales e internet sería uno de los pilares básicos para construir una competencia digital crítica.

Por ejemplo, dedicar tiempo de clase a entender qué son y cómo funcionan los cables submarinos de telecomunicaciones o el consumo energético y de agua que implica la inteligencia artificial generativa aporta una dimensión práctica imprescindible para entender todo lo que implica tener acceso a internet y herramientas digitales en la palma de la mano. Ser conscientes de este entramado ayuda a chicos y chicas a poner unas bases de un uso responsable y sostenible de las tecnologías digitales.

Prestar atención a las infraestructuras

Este nivel se podría trabajar a partir de la observación y registro de las infraestructuras tecnológicas (cables, centros de procesamiento de datos). Podemos pedir al alumnado que fotografíe elementos que forman parte de esta infraestructura, como torres de telefonía o antenas, en su entorno cotidiano.




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En una experiencia previa en el contexto norteamericano, tras leer y debatir sobre la infraestructura que necesitan nuestras tecnologías digitales, un grupo de estudiantes universitarios recorrieron durante 15 minutos su campus examinando las infraestructuras digitales que encontraban (cables de fibra óptica enterrados, servidores, cámaras de vigilancia) y tomando fotos de ellas con sus cámaras o móviles. Todas las fotos se revisaron en grupo y se discutió sobre ellas.

Las metáforas que rodean a las tecnologías

Otra manera de trabajar una comprensión más profunda y crítica de las tecnologías que usan en su día a día puede ser a través de la deconstrucción de metáforas, como la nube o los datos (digitales y personales) como el nuevo petróleo. En el aula se podría plantear la exploración del origen de estas metáforas o la creación artística de su interpretación personal por parte del alumnado.

El uso de metáforas suaviza y reduce la complejidad de las infraestructuras digitales, por lo que esta deconstrucción implica una investigación más profunda para sacar a la luz muchos detalles (quién hay detrás, cómo se mantiene) que a menudo quedan en segundo plano.

¿Qué tecnología uso y por qué?

En su papel de consumidor, los estudiantes deben entender que existen diferentes alternativas en el mercado tecnológico, y cómo con sus decisiones y compras privilegian unos servicios, programas y aplicaciones. A menudo priorizamos las herramientas más conocidas (Microsoft, Google…), aparentemente gratuitas (a cambio de datos personales) o semigratuitas y accesibles en línea.

En este sentido, otro aspecto que puede ayudar a trabajar la competencia digital crítica es la identificación de alternativas no comerciales, abiertas y libres como LibreOffice en vez de Microsoft Office, o GIMP en vez de Adobe Photoshop.

En clase se pueden realizar auditorías tecnoéticas de las herramientas según tipologías, que ayuden a contemplar aspectos de ética social, comercial, pedagógica y ambiental. Por ejemplo, el grado de accesibilidad e inclusividad de la herramienta (ética social) o la posibilidad de poder utilizarla sin conexión a internet (ética ambiental) son aspectos que pueden influir en las decisiones.

Explorar la faceta creativa

Jóvenes y adolescentes a menudo adoptan un papel pasivo ante las tecnologías, y es precisamente entender las posibilidades de participación y creación que ofrecen lo que les permite dar el salto a un uso más crítico.

Esta faceta se puede explorar con actividades como la edición y traducción de artículos a través de Wikipedia como plataforma colaborativa abierta y libre, la creación de nuevos contenidos (como páginas web) que puedan utilizar otras personas y el uso de licencias abiertas Creative Commons en esos contenidos para la promoción del conocimiento en abierto, compartido y reutilizable.




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En todos estos casos, estamos haciendo un uso deliberado y significativo, cuyo resultado va más allá de la actividad en cuestión, pues puede servir a alumnado futuro u otras personas externas a la clase.

Desarrollando la alfabetización crítica en todas las etapas

Además de estos cuatro aspectos, nuestra colección de prácticas educativas desarrolla muchas otras propuestas: trabajar la alfabetización en datos vinculada a los sesgos de la inteligencia artificial; el fomento de la ciudadanía y responsabilidad digitales mediante la construcción de una huella digital ética; la evaluación crítica de contenido, o la producción mediática crítica a través de cartografías digitales para narrar cuentos, entre otras.

Si bien el proyecto se centra en educación superior, y en especial en la formación inicial de docentes de colegios e institutos, las propuestas se podrían adaptar a otros niveles educativos.

The Conversation

Esta publicación es parte del proyecto de I+D+i PID2022-136291OA-I00, financiado por MCIN/ AEI/10.13039/501100011033/ y “FEDER Una manera de hacer Europa”.
Victoria I. Marín reconoce el apoyo de la Ayuda RYC2019-028398-I financiada por MCIN/AEI/ 10.13039/501100011033 y FSE “El FSE invierte en tu futuro”.

ref. Cómo desarrollar una mirada crítica hacia la tecnología desde las aulas – https://theconversation.com/como-desarrollar-una-mirada-critica-hacia-la-tecnologia-desde-las-aulas-258941

‘Para mi sorpresa, creció más de lo que hubiese podido imaginar’: el legado de Robert Redford en Sundance

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Jenny Cooney, Lecturer in Lifestyle Journalism, Monash University

Robert Redford en el ‘brunch’ de cineastas durante el Festival de Cine de Sundance de 2005. George Pimentel/WireImage

Cuando en 1981 Robert Redford fundó el Instituto Sundance, con sede en Utah, con el fin de proporcionar un sistema de apoyo independiente a cineastas, transformó por completo Hollywood. De hecho Sundance, bautizado con el nombre de su papel en Dos hombres y un destino (1969), se convirtió en su mayor legado.

Redford, que ha fallecido a los 89 años, ya era un gran icono cinematográfico cuando compró un terreno y creó un espacio sin ánimo de lucro con la misión de “fomentar las voces independientes, defender las historias arriesgadas y originales, y cultivar una comunidad para que los artistas puedan crear y prosperar a nivel mundial”.

Comenzando con laboratorios, becas, subvenciones y programas de mentoría para cineastas independientes, finalmente decidió lanzar su propio festival de cine en la cercana Park City, también en Utah, en 1985.

“Los laboratorios eran sin duda la parte más importante de Sundance y siguen siendo el núcleo de lo que somos y lo que hacemos hoy en día”, reflexionó el actor durante mi última entrevista con él en 2013 en el Festival Internacional de Cine de Toronto, mientras promocionaba su propia película independiente, Cuando todo está perdido.

Pero, como me dijo, después de cinco años de funcionamiento del programa:

“Me di cuenta de que habíamos tenido mucho éxito, pero ahora no tenían ningún sitio al que acudir. Así que pensé: ‘Bueno, ¿y si creamos un festival en el que al menos podamos reunirlos para que vean el trabajo de los demás y así podamos crear una comunidad para ellos?’. Y entonces, para mi grata sorpresa, creció más allá de lo que hubiese podido imaginar”.

Y eso es decir poco. Una impresionante lista de cineastas pueden agradecer a Redford el impulso que dio a sus carreras. Entre los antiguos alumnos del Instituto Sundance se encuentran Bong Joon-ho (que trabajó en sus primeros guiones en los laboratorios Sundance antes de Parásitos), Chloé Zhao y Taika Waititi, que a menudo regresa al Instituto como mentor.

Tres personas en un escenario
El presidente y fundador del Instituto Sundance, Robert Redford, la directora ejecutiva del Instituto Sundance, Keri Putnam, y el director del Festival de Cine de Sundance, John Cooper, durante el festival de 2018.
Nicholas Hunt/Getty Images

Entre las primeras películas que se estrenaron en el festival se encuentran Reservoir Dogs (1992), de Quentin Tarantino; Sexo, mentiras y cintas de vídeo (1989), de Steve Soderbergh; Slackers (2002), de Richard Linklater; Cigarettes and Coffee (1993), de Paul Thomas Anderson; el cortometraje Angry (1991), de Nicole Holofcener; Pi (1998), de Darren Aronofsky, y Whiplash (2014), de Damian Chazelle.

Creando un refugio

Para cualquiera que tuviera la suerte de asistir a Sundance en sus inicios, aquel era un refugio para los cineastas independientes. No era raro ver a “Bob”, como siempre se le conocía en persona, caminando por la calle principal de camino al estreno de una película o a una cena con jóvenes directores ansiosos por recibir sus consejos.

Ver a Redford interpretar a Bob Woodward en el thriller sobre el Watergate Todos los hombres del presidente (1976) fue una de mis primeras inspiraciones para dedicarme al periodismo. Además, desde que me enamoré de él en El golpe (1973) y Tal como éramos (1973), me costaba no sentirme intimidada al cruzarme con él en Park City.

Robert Redford y Andie MacDowell en el Festival de Cine de Sundance en 2003.
Randall Michelson/WireImage

Sin embargo, Bob te hacía olvidar rápidamente su estatus de icono. En poco tiempo, acababas charlando sobre un nuevo cineasta al que él apoyaba con entusiasmo o sobre su labor medioambiental (fue miembro del consejo de administración de la organización sin ánimo de lucro Natural Resources Defense Council durante cinco décadas).

Todo el mundo se sentía igual en ese mundo del cine independiente, y Redford era el responsable del buen ambiente.

En 1994, estuve esperando en una cafetería de Main Street a que Elle MacPherson bajara esquiando de una montaña para hacerle una entrevista promocionando su papel en la película australiana Sirenas. Más tarde ese mismo día, compartí un chocolate caliente con Hugh Grant mientras se quejaba de que se le habían congelado los dedos de los pies por llevar unos zapatos inadecuados y haber tenido que caminar bajo una tormenta de nieve para asistir al estreno de Cuatro bodas y un funeral.

En sus inicios, Sundance era un destino para los amantes del cine, no para los peluqueros y maquilladores, los vestidos de diseñador inapropiadamente glamurosos o los regalos promocionales.

La llegada de Hollywood

Pero, al final, como no se podía negar la influencia de cualquier película que llegara a Sundance, Hollywood llamó a la puerta.

“En 1985, solo teníamos un cine y quizá cuatro o cinco restaurantes en la ciudad, por lo que era un lugar mucho más tranquilo y pequeño, pero con el tiempo creció tanto que el ambiente cambió por completo”, reflexionó Redford durante nuestra entrevista:

“De repente, toda esta gente vino a aprovecharse de nuestro festival y, como somos una organización sin ánimo de lucro, no pudimos hacer nada al respecto. Teníamos lo que llamábamos ‘ambush mongers’ (en español sería algo parecido a ‘promotores de emboscadas’) que venían a vender sus productos y repartir regalos promocionales, y estoy seguro de que siempre habrá gente así, pero somos lo suficientemente fuertes como para resistir”.

El evento resistió, pero la infraestructura cedió. En 2027, el festival se trasladará finalmente a Boulder, Colorado, tras un cuidadoso proceso de selección destinado a garantizar que se mantenga el espíritu de Sundance.

Redford dejó de ser la cara visible del certamen en 2019 para dedicarse a pasar más tiempo con los cineastas y sus proyectos. Sin embargo, apoyó el traslado a Colorado y dijo en su declaración sobre el anuncio

“No hay palabras para expresar la sincera gratitud que siento hacia Park City, el estado de Utah y todos los miembros de la comunidad de Utah que han ayudado a construir la organización”.

El espíritu de Sundance sigue vivo, pero no será lo mismo sin Bob en las calles o en las salas de cine.

The Conversation

Jenny Cooney no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ‘Para mi sorpresa, creció más de lo que hubiese podido imaginar’: el legado de Robert Redford en Sundance – https://theconversation.com/para-mi-sorpresa-crecio-mas-de-lo-que-hubiese-podido-imaginar-el-legado-de-robert-redford-en-sundance-265495

Genocidio: la palabra que creó Raphael Lemkin y que hoy nos interpela en Gaza

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Joaquín González Ibáñez, Derecho Internacional Público – Protección internacional de derechos humanos, Universidad Complutense de Madrid

kipgodi/Shutterstock

La visión de justicia que algunos tratados internacionales quieren alcanzar está vinculada, a veces, a un nombre propio y a una historia humana excepcional que desembocó en su creación. La Convención para la Prevención y Sanción del Delito de Genocidio de 1948 nació como una decisión soberana de los Estados, pero se cimentó en la imaginación moral y visión jurídica del polaco Raphael Lemkin.

Lemkin disfrutó gracias a la literatura de la capacidad de imaginar la vida de los otros. En su autobiografía, titulada Totalmente extraoficial, Lemkin relata cómo conformó su visión de justicia desde su niñez en Polonia hasta su condición de refugiado en Estados Unidos y cómo creó el neologismo “genocidio”, en 1943 hasta que finalmente fuera adoptada el 9 de diciembre de 1948 en la Convención sobre genocidio.

Con su relato, Lemkin exhorta a informarse, obliga a comprometerse y afirma que “la función de la memoria no es solamente registrar los acontecimientos del pasado, sino también estimular la conciencia”. Al igual que nosotros hoy en Gaza, Ucrania, Myanmar, Sudán y el resto de crisis invisibilizadas con víctimas civiles, Lemkin enfrentó durante sus estudios en la Facultad de Derecho de la Universidad de Leópolis en 1921 –cuyos bancos de la última fila eran el lugar obligado para los estudiantes judíos– el dilema y la crisis moral frente a las matanzas de los armenios en 1915 y la inacción jurídica contra los perpetradores turcos.

Hoy somos parte de las revoluciones que iniciaron personas como Lemkin. Hemos aprendido que la historia humana evoluciona porque siempre hubo personas que atisbaron nuevos escenarios y construyeron espacios innovadores desde donde reorientar la acción humana de la justicia.

La revolución de los derechos humanos no avala que las personas de una determinada nacionalidad, etnia, religión o grupo gocen prima facie de una especial probidad, buena fe u honradez. Son únicamente nuestros actos los que determinan nuestra condición y responsabilidades.

Tras los procesos de Núremberg, se asentó el principio jurídico de que quien comete crímenes internacionales es responsable de los mismos sin excepción alguna. En 2025, lo trascendente es cómo protegemos con mayor eficacia a las víctimas en el plano interno o internacional, independientemente de quién cometió los crímenes.

Justicia para todas las víctimas

Por tanto, la justicia que reclamamos es para las víctimas de las atrocidades cometidas por Hamás en Israel el 7 de octubre de 2022, sean las asesinadas o las supervivientes que aún hoy, en 2025, se encuentran en Gaza como rehenes de dicho grupo terrorista. De igual modo, protestamos por los diferentes crímenes internacionales que se están perpetrando de manera indiscriminada por parte de Israel contra la población civil de Gaza.

La lectura del artículo II de la Convención sobre Genocidio permite realizar una interpretación legítima sobre si las acciones realizadas por el ejército de Israel coinciden con las conductas descritas en la Convención como actos de genocidio.

La destrucción de infraestructuras alimenticias y energéticas y el quebranto absoluto de las instituciones vitales para el desarrollo de la comunidad palestina gazatí (escuelas, lugares de culto y hospitales), así como la creación deliberada de hambrunas y víctimas mortales como resultado de operaciones militares, con un porcentaje abrumador de mujeres y niños entre las víctimas, pueden subsumirse en el tipo penal del crimen de genocidio.

Los hechos coinciden en su descripción con varias de las conductas recogidas expresamente en la Convención como constitutivas de este crimen: “matar a miembros del grupo, causar daños físicos o psicológicos graves o someter deliberadamente a los miembros del grupo a condiciones de vida que hayan de acarrear su destrucción física, total o parcial”.

En relación con la intencionalidad dolosa de la comisión del crimen, las alegaciones de Sudáfrica en el proceso en la Corte Internacional de Justicia de enero de 2024 señalaban las declaraciones expresas de miembros del gobierno de Israel que deshumanizaban y cosificaban a los palestinos. Se suman, además, las recientes perífrasis conceptuales sobre el destino de los palestinos al citar pasajes del Antiguo Testamento que instaban a cometer matanzas y exterminios. Todos estos elementos muestran una deliberada voluntad de destruir total o parcialmente a la población gazatí.

Acusar de antisemitismo a quien interpreta que las acciones del ejército de Israel son constitutivas de un genocidio, como la relatora de la ONU Francesca Albanese, el escritor israelí David Grossman o los periodistas que sobreviven en Gaza y relatan lo que acontece, es una forma de censura y violencia moral dirigida contra quienes deciden no permanecer indiferentes frente a la hambruna y el asesinato de decenas de miles de personas. El silencio nunca ha ayudado a las víctimas; el ruido que distorsiona tampoco.

Sólo la voz de las personas que incidan en la acción cívica y busquen una respuesta institucional nacional e internacional puede acabar con la indiferencia.

Debemos expresar rechazo al dolor

Si bien la Corte Penal Internacional imputó a Netanyahu y a su exministro de Defensa Yoav Gallan por el crimen de genocidio en noviembre de 2024, y previamente Sudáfrica denució a Israel en diciembre de 2023 ante la Corte Internacional de Justicia por violación de la Convención sobre Genocidio, lo que está ocurriendo en Gaza es demasiado importante para dejarlo sólo en manos de los juristas.

Se puede y se debe expresar rechazo a la catástrofe y al dolor aberrante. Los desastres humanitarios, los conflictos y las guerras nos han enseñado que nuestra indignación es intermitente. Pero también sabemos, gracias al legado de personas como Lemkin, que las revoluciones son todas imposibles, hasta que acontecen. Entonces, se convierten en inevitables.

Albie Sachs, jurista judío, víctima del apartheid y magistrado del Tribunal Constitucional de la nueva Sudáfrica de Nelson Mandela, señalaba que “aunque siempre uno debería ser escéptico sobre las pretensiones del Derecho, nunca se debería ser cínico sobre sus posibilidades”. Por eso, el legado de Lemkin no puede ser una entelequia.

En Gaza tenemos la posibilidad de oponernos a una nueva barbarie y evitar la impunidad. En palabras de Lemkin, esta es una nueva causa de la humanidad.

Gracias a Lemkin, el Derecho ofrece una posibilidad de respuesta a las víctimas inermes y casi invisibilizadas. Y ciertamente, es una justicia humana e imperfecta frente a la catástrofe proferida, pero una justicia posible.

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Joaquín González Ibáñez no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Genocidio: la palabra que creó Raphael Lemkin y que hoy nos interpela en Gaza – https://theconversation.com/genocidio-la-palabra-que-creo-raphael-lemkin-y-que-hoy-nos-interpela-en-gaza-264955

La Vuelta, Mayo del 68 o las campañas contra el apartheid: cómo las protestas incomodan y transforman

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Igor Ahedo Gurrutxaga, Profesor de Ciencia Política – Investigador Principal de Parte Hartuz – Director del programa de doctorado Sociedad, Política y Cultura, Universidad del País Vasco / Euskal Herriko Unibertsitatea

Protestas propalestinas el pasado domingo durante la última etapa de la Vuelta ciclista a España. RTVE

¿Sirve para algo parar la Vuelta ciclista a España? ¿Puede la protesta ser compatible con la normalidad? ¿Es legítima la neutralidad en estos tiempos? Son preguntas que el movimiento de protesta ante la masacre que Israel está perpetrando en Gaza ha puesto sobre la mesa y el tablero mediático recientemente.

La ciencia política y la política comparada dan algunas pistas. La primera es que la protesta forma parte del avance democratizador a lo largo de la historia. La segunda es que el éxito de la protesta es esquivo pero, a menudo, desencadena cambios en la mirada de las poblaciones. La tercera es que cualquier análisis sobre la protesta sirve para interrogarnos sobre nuestra responsabilidad personal ante la realidad.

No se puede entender la democracia sin comprender que el conflicto es parte consustancial del avance en los derechos sociales, políticos y económicos. No se puede entender la política como proceso de mejora de la vida pública sin comprender que los movimientos sociales son agentes legítimos y necesarios.

La política es un proceso cuyo resultado deriva de una correlación de fuerzas entre actores mediadores de intereses (generales o particulares) presentes en la sociedad. De esta correlación emerge un tipo u otro de sistema (más o menos democrático), así como decisiones que obligan. Desde cuestiones generales como los derechos sociales a aspectos particulares como quién participa en un evento deportivo, todo es resultado de una correlación de fuerzas.

En contextos autoritarios, la ausencia de partidos políticos hace que los movimientos sociales sean claves en la transición o cambio de régimen. Son los únicos actores capaces de socavar la legitimación del régimen, sea en Birmania, Portugal o la RDA. El impacto de la protesta siempre se acumula en la memoria, sea en forma de tumultos frente al muro de Berlín, o sea en forma claveles en los fusiles de los militares –Portugal, 1974–.

No es un momento, es un proceso

Pero estos eventos no son espontáneos: son el resultado de la lenta, oculta e inexorable acción de una miríada de colectivos que van limitando la legitimidad de los regímenes autoritarios o de las políticas injustas. Esta es una clave. La protesta no es un momento, sino un proceso.

En los regímenes democráticos, el papel de los movimientos sociales sigue siendo esencial. Y también molesto para los actores con capacidad de influencia. Molestan a los partidos y a los grupos de interés, algunos de ellos con acceso a grandes recursos económicos y capacidad de influencia.

Por ello, para garantizar un equilibrio de los intereses generales sobre los particulares en democracia se necesita de una sociedad civil sana y organizada en colectivos que apuesten por el avance de los derechos, limiten los intereses particulares y presionen a los decisores públicos.

Así las cosas, la presencia de los movimientos sociales y la protesta está detrás de cualquier avance de derechos. La institucionalización de las políticas de igualdad, los derechos reproductivos, sexuales y cívicos de las mujeres no se puede entender sin décadas, sino siglos, de lucha feminista, una lucha que toma forma de protestas convencionales, pero también desobedientes.

Su práctica transita entre las estrategias convencionales, regladas y ajustadas al marco legal y las prácticas disruptivas, orientadas a desestabilizar el orden para llamar atención sobre la injusticia. Por eso, los repertorios de protesta de los movimientos sociales contemplan la ruptura de la norma y la normalidad. Cuando esta ruptura se hace masiva, pone al sistema ante los límites del mantenimiento de aquello que la sociedad asimila como injusto.

De la ‘mili’ al ‘apartheid’

En España, la “mili” –el antiguo servicio militar obligatorio– no desapareció a causa de estrategias como la objeción de conciencia, asimilada por el sistema a través de la prestación social sustitutoria. Es verdad que se apoyó en este avance asentado en lo normal y lo legal, practicado de forma masiva, pero se precipitó con la ruptura del orden: como consecuencia de una creciente ola desobediente que tenía su expresión en la insumisión de miles de jóvenes al servicio militar. En este contexto, la correlación de fuerzas que es la política impedía a España presentarse como una democracia avanzada con un ejército de jóvenes en prisión que se negaban a portar las armas.

No cabe duda de que los movimientos sociales son agentes claves en los procesos de democratización y en el avance de la democracia: han hecho tambalear los cimientos del apartheid, han deslegitimado las políticas de segregación en EE. UU, han permitido el avance de la igualdad de género en España o han provocado la caída de regímenes en países como Taiwan, Nepal, Portugal o Chile.

Pero su éxito no es univoco. Estos movimientos han provocado cambios culturales, sin impactos inmediatos en el sistema político, como fue el caso de Mayo del 68. Pueden provocar cambios en el gobierno, pero no en el sistema, como sucedió en Chile con el ascenso de Gabriel Boric y el rechazo a la reforma constitucional.

El feminismo o Gaza

También pueden provocar cambios lentos, pero inexorables, que permiten comprender sistemas de dominación, como sucede con el feminismo. Y pueden evidenciar que la normalidad no es una opción cuando se asiste a una de las mayores barbaries de la historia de la humanidad, como está sucediendo en Gaza.

Ello nos lleva a una última reflexión. Más que preguntar si sirve la protesta, la pregunta en nuestro tiempo es si es legítimo no protestar. Decía Erich Fromm que si en todos los mitos el origen de la civilización fue resultado de un acto de desobediencia, el final de la civilización puede ser el resultado de un acto de obediencia masiva.

Gaza interpela al mundo y evidencia el abismo del fin de la civilización. Por eso, si el antónimo de la obediencia es la desobediencia, no hay otra salida que la protesta frente a lo intolerable que es la normalidad en un mundo en escombros en el que la neutralidad es complicidad.

The Conversation

Igor Ahedo Gurrutxaga no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. La Vuelta, Mayo del 68 o las campañas contra el apartheid: cómo las protestas incomodan y transforman – https://theconversation.com/la-vuelta-mayo-del-68-o-las-campanas-contra-el-apartheid-como-las-protestas-incomodan-y-transforman-265436

¿Está mi hijo hablando con un pederasta mientras juega en Roblox?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By María Abellán Hernández, Profesora de Comunicación, Universidad de Murcia

La plataforma de videojuegos Roblox ha generado problemas de acoso sexual a menores. Roblox.

Las nuevas generaciones, especialmente los alfas –nacidos entre 2010 y 2024-2025–, socializan de manera diferente. Los videojuegos con un alto nivel de interacción son clave para las relaciones de estas generaciones digitales. Uno de los espacios con mayor interacción entre estos jóvenes es Roblox.

En este metaverso, aproximadamente el 60 % de los usuarios tienen entre 9 y 16 años. Y, con más de 80 millones de usuarios globales, solo en España, es el espacio digital preferido de los niños con edades comprendidas entre los 4 y 15 años. Esto lo convierte en un entorno especialmente sensible al acoso y la pederastia. En un momento de gran relevancia de las plataformas multijugador, ¿puede la inteligencia artificial garantizar interacciones saludables entre usuarios?

¿Qué es Roblox y qué problemas expone?

Roblox es una plataforma multijugador en que sus usuarios pueden crear objetos, construcciones, escenarios, personajes… Desde parkour a mazmorras, Roblox ofrece infinidad de posibilidades lúdicas amenizadas por interacciones entre pares. Sin embargo, esta plataforma ha sido noticia recientemente, por los peligros que acechan, más que por su posible valor para fomentar la diversidad y la creatividad.

Roblox es un “ecosistema online” donde los usuarios crean libremente experiencias en forma de minijuegos. Pero sus herramientas ofrecen también la posibilidad de crear entornos inseguros. Si no se regula adecuadamente, los contenidos inadecuados pueden ser consumidos por menores.

Por ejemplo, incluye juegos de condominio o condos, donde el contenido sexual se explicita mostrando avatares desnudos o simulando que practican sexo. Los condos consiguen eludir los sistemas de control de la plataforma porque son difundidos en otros espacios como Discord o TikTok. Además, habitualmente proponen entrar en casitas (condominio) con habitaciones y piscinas donde se esconde el alto contenido sexual.

Condos: el lado oscuro

El problema de los condos es que pueden ser espacios donde los depredadores sexuales acechen a los menores. Recientemente, el YouTuber Schelp –que ya había sido víctima de acoso en la plataforma– ha sido bloqueado en Roblox, a pesar de su lucha contra los depredadores sexuales en la plataforma.

El usuario de Roblox y YouTuber Schelp explica su batalla contra la pederastia en la plataforma.

Según Roblox, Schelp violó su política de privacidad al hacerse pasar por menor, invitando a los presuntos depredadores a otras plataformas. De esta manera, podía tener conversaciones sexualmente explícitas con ellos y dejarlos expuestos. Exactamente, la misma estrategia de interacción que estos emplean en Roblox.

El fenómeno del grooming

Allá donde haya jóvenes sin control aparente, pueden surgir riesgos de grooming o acoso online por parte de pederastas. La práctica del grooming consiste en que el adulto interactúa con el menor ganando su confianza. Entonces, le solicita imágenes, vídeos o interacciones sexuales que pueden llegar a encuentros físicos.

Aunque parece algo aislado, el fenómeno es más recurrente de lo que se piensa. Datos internacionales revelan que los acosadores (groomers) suelen ser personas socialmente adaptadas, con edad entre los 28 y 35 años. El impacto psicológico del grooming entre sus víctimas lo convierte en uno de los mayores riesgos que las plataformas encaran.

Control parental e inteligencia artificial

La mayoría de los juegos como Roblox tienen controles parentales que permiten limitar el chat con desconocidos. Pero esto no implica que se puede erradicar el riesgo al 100 %. Sin embargo, la empresa propietaria de la plataforma encuentra en estas fórmulas una manera de escabullir su responsabilidad. Es cierto que, si se siguen las recomendaciones de ciberseguridad, se puede disfrutar sin peligros. Más importante incluso es la alfabetización digital de menores y sus padres y educadores, para aprender a identificar y actuar ante los riesgos del grooming.

Otra herramienta que podría ser útil es la inteligencia artificial como aliada en la lucha contra el grooming. Ya existen aplicaciones con modelos de procesamiento del lenguaje y aprendizaje profundo que identifican expresiones de odio en redes sociales y en otros ámbitos digitales como medios de comunicación. En este sentido, destacan el proyecto HATEMEDIA, de la Universidad Internacional de La Rioja, y el trabajo del grupo SINAI, de la Universidad de Jaén, que se enfoca específicamente en expresiones ofensivas en X.

Bots vigilantes

Por otro lado, el avance en integración de modelos de aprendizaje automático en entornos de juego sugiere que los NPC –del inglés Non Player Character, personajes virtuales que actúan movidos por un sistema de inteligencia artificial– podrían servir para identificar prácticas inadecuadas. Esto ya ocurre en Alien: Isolation, donde el personaje del Xenomorfo “aprende” del comportamiento del jugador.

Por su parte, Meta anunció que incorporará su modelo de IA, Llama, a los NPC en su metaverso, Horizon Worlds. Y NVIDIA está trabajando en un desarrollo similar a partir del concepto de ‘Neo-NPC’. Esto nos llevará a hacernos nuevas preguntas: ¿cómo diferenciar si un avatar es una IA o un usuario humano? ¿Qué nivel de libre albedrío tendrán estos bots generativos en su integración con avatares virtuales? ¿Puede la IA integrada en bots y NPC ser una aliada para frenar el acoso en el mundo digital?

Mientras, Mo Gawdat, ex directivo de Google, vaticina que entramos en un período distópico que durará hasta 2027. Cuando la IA se haga con el control total de internet, las empresas desarrolladoras de estas plataformas estarán obligadas a un mayor grado de compromiso y responsabilidad.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. ¿Está mi hijo hablando con un pederasta mientras juega en Roblox? – https://theconversation.com/esta-mi-hijo-hablando-con-un-pederasta-mientras-juega-en-roblox-264600

Pérdida de visión y audición: la ‘pinza’ que precipita el deterioro de la salud en la vejez

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Humberto Yévenes Briones, Profesor en la Facultad de Medicina. Departamento de Medicina Preventiva y Salud Pública y Microbiología., Universidad Autónoma de Madrid

La discapacidad visual y la pérdida de audición son las dos limitaciones sensoriales más comunes en el mundo. Se estima que más de 2 200 millones de personas presentan algún grado de de la primera, mientras que más de 1 300 millones viven con pérdida de audición discapacitante. Son cifras que además, según las proyecciones, seguirán aumentando en los próximos años.

Al impacto en la calidad de vida hay que sumar el enorme costo social y económico que acarrean, pues limitan la participación plena en la educación, el empleo y la vida comunitaria.

Pero más allá de las dificultades cotidianas que generan, tanto la pérdida de visión como de audición parecen tener un efecto profundo sobre la salud general. Así, un equipo de la Universidad Autónoma de Madrid (UAM), en colaboración con la Universidad Johns Hopkins y la Universidad de Harvard, acabamos de demostrar que cuando ambas limitaciones sensoriales se combinan, el riesgo de sufrir el síndrome de fragilidad se duplica.

La lenta gestación de un síndrome debilitante

La fragilidad es un síndrome geriátrico caracterizado por una pérdida progresiva de energía, fuerza y capacidad de adaptación. Sus consecuencias son graves: hospitalizaciones más largas, mayor dependencia en las actividades diarias, riesgo de caídas y una mortalidad prematura. A todo ello se añaden importantes costes para las familias y el sistema sanitario.

En los últimos años, la investigación ha mostrado que este deterioro no surge de un día para otro, sino que se va gestando a lo largo de la vida adulta. Por eso resulta clave identificar factores de riesgo tempranos.

De hecho, la fragilidad se asocia con múltiples desencadenantes, que abarcan dimensiones biológicas, sociales y de estilo de vida: la edad avanzada, el bajo índice de masa corporal, tener sexo femenino, la desnutrición, los niveles reducidos de vitamina D, la polifarmacia (el consumo de múltiples medicamentos simultáneamente), el tabaquismo, el consumo de alcohol, la inactividad física, la soledad… Pero, hasta el momento, los factores sensoriales no habían sido estudiados en detalle.

Lo que revela el estudio

Nuestro trabajo, publicado en la revista Aging and Disease, analizó datos de 105 406 personas de entre 39 y 72 años de la base de datos británica UK Biobank. La visión se evaluó con pruebas de agudeza visual, y la audición, mediante un test de reconocimiento de dígitos en ruido.

Los resultados fueron claros:

• La pérdida de visión aumentó en un 50 % la probabilidad de sufrir fragilidad.

• La pérdida auditiva elevó ese riesgo en un 30 % (para casos leves) y hasta un 80 % (para los más graves).

• Pero la combinación de ambas discapacidades sensoriales duplicó el riesgo frente a quienes no presentaban ninguna.

Más allá de los números: ¿por qué ocurre esto?

Mientras que la pérdida de visión limita la movilidad y aumenta el riesgo de caídas, la de audición dificulta la comunicación y puede favorecer la soledad. Ambas reducen la actividad física y la vida social, dos pilares fundamentales para un envejecimiento saludable.

Además, la relación apunta a posibles mecanismos biológicos comunes, como la inflamación crónica y la disfunción celular, procesos que también están detrás del envejecimiento acelerado.

¿Qué podemos hacer?

La evaluación de la visión y la audición puede ser una herramienta clave para detectar a las personas con mayor riesgo de fragilidad antes de que esta se manifieste clínicamente.

El mensaje es claro: no debemos resignarnos a la pérdida sensorial como un destino inevitable. Revisiones periódicas, el uso de gafas o audífonos cuando son necesarios y el fomento de la actividad física y social pueden marcar la diferencia.

Se necesitan más estudios longitudinales y ensayos clínicos para confirmar esta relación y diseñar intervenciones preventivas, pero lo que ya sabemos invita a replantear la forma de abordar el envejecimiento: no basta con tratar enfermedades, hay que cuidar también de nuestros sentidos.

Por ello, es necesario impulsar investigaciones poblacionales de mayor calidad que incorporen medidas objetivas tanto de audición como de visión. Asimismo, resulta clave incluir la participación de especialistas en epidemiología, salud pública y políticas públicas. Como sociedad, debemos fortalecer la investigación y la defensa de políticas que mejoren el acceso y la equidad en la atención, especialmente en el ámbito de la discapacidad visual y auditiva.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. Pérdida de visión y audición: la ‘pinza’ que precipita el deterioro de la salud en la vejez – https://theconversation.com/perdida-de-vision-y-audicion-la-pinza-que-precipita-el-deterioro-de-la-salud-en-la-vejez-265000

El uso consciente de la tecnología nos abre las puertas del aprendizaje y la creatividad

Source: The Conversation – (in Spanish) – By María del Mar Grandío Pérez, Profesora Titular de Universidad, Universidad de Murcia

En un contexto social donde la tecnología corre más rápido que nosotros, es importante saber qué hacer con ella para sacarle el máximo partido en nuestras vidas. Los últimos datos de consumo digital recabados por el Instituto Nacional de Estadística confirman el uso intensivo y generalizado de la tecnología por parte de la población española, consolidando su presencia en prácticamente todos los ámbitos de la vida cotidiana, tanto a nivel personal en el hogar como a nivel social como herramienta comunicativa.

Datos recientes de nuestro estudio sobre bienestar digital con la Universidad Europea del Bienestar (EUNIWELL) corroboran esta tendencia de consumo intensivo también en Europa.

La tecnología facilita la vida de la población adulta europea en muchas facetas, tanto en el trabajo (con una percepción de mayor productividad y facilidad para la conciliación personal) como en el ámbito de las relaciones sociales. Sin embargo, también hemos observado efectos adversos como fatiga tecnológica, dificultad de desconexión o desconfianza hacia ciertos contenidos digitales, entre ellos los producidos por inteligencia artificial generativa.

Tecnología para desplegar la mejor versión de nosotros mismos

Utilizar la tecnología con un propósito consciente nos permite aprovecharla para nuestro desarrollo personal e integral. No se trata sólo de estar o no conectado, sino de que esa conexión, cuando sea necesaria, sea consciente y significativa para nosotros. De esta manera, cuidamos nuestro equilibrio personal, nuestras relaciones laborales y educativas o nuestras relaciones sociales. Utilizada de este modo, la tecnología nos ayuda a aprender, a cuidarnos y, por qué no, a desplegar la mejor versión de nosotros mismos.

Por ejemplo, realizar una videollamada con nuestros seres queridos o leer la prensa digital por la mañana puede considerarse un uso consciente y saludable de la tecnología, ya que nos permite afianzar lazos familiares o estar bien informados.

En contraste, un consumo no consciente se manifiesta cuando tomamos el móvil sin un motivo claro, como un tic inconsciente o por miedo a perdernos algo, fenómeno conocido como FOMO (por las siglas en inglés de Fear Of Missing Out: miedo a perderse algo).




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Este tipo de comportamiento está relacionado con las interrupciones tecnológicas diarias, que son distracciones frecuentes en nuestras acciones diarias provocadas por el uso constante de dispositivos digitales a lo largo del día. Estas interrupciones pueden afectar negativamente nuestra productividad, concentración, comunicación, bienestar general e incluso las relaciones sociales.

De esta manera, cuando nuestras conexiones tienen un momento y un propósito claro, dejamos de consumir de manera automática. Recuperamos las riendas de nuestro consumo tecnológico, nuestra consciencia deja de estar en “piloto automático” y estamos menos expuestos a la fatiga o la desconfianza. Podemos, así, sacar el máximo partido de la tecnología para nuestra autorrealización.




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En esta línea, las tecnologías pueden apoyar un aprendizaje formal en instituciones educativas y a través de cursos online. Pero resultan especialmente interesantes para aquellos que, aún no formando parte de una comunidad educativa reglada, las quieren utilizar de manera autodidacta para mejorar su formación personal. Rompiendo barreras geográficas y dejándose llevar por la cultura de la curiosidad, el autodidacta busca, practica y aprende.

El primer ejemplo de autoaprendizaje tecnológico lo vemos en el movimiento fandom. Los fans fueron los primeros en crear productos artísticos y culturales a partir de libros o películas, pero observamos ahora cómo esta práctica está muy extendida. Los booktubers y booktokers, por ejemplo, aprenden a hablar en público y a realizar análisis literarios de sus libros favoritos mientras manejan las redes sociales.

En YouTube también podemos ver ensayos audiovisuales o remezclas donde de manera autodidacta –jóvenes y no tan jóvenes– editan vídeos al mismo tiempo que ofrecen una aproximación crítica a la cultura popular.

El acceso al conocimiento experto se ha democratizado

Además, la tecnología nos puede ofrecer un aprendizaje para toda una vida, lleno de significado, que podamos compartir con aquellos que coinciden en nuestra pasión o motivación particular, aunque estén al otro lado del planeta, o especialmente por eso.

El acceso al conocimiento experto se ha democratizado: existen vídeos, pódcasts o newsletters que nos permiten ahondar en nuestros intereses y hobbies, en aquello que queremos aprender. De hecho, muchas grandes universidades como Harvard o el MIT ofrecen cursos gratuitos sobre multitud de temas. Es importante aquí saber elegir bien las fuentes, que sean autorizadas en cada materia. No guiarnos tanto por influencers, sino por personas que han logrado el reconocimiento de una comunidad y después un seguimiento masivo, y no al revés.




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La inteligencia artificial generativa también ofrece interesantes posibilidades de autoaprendizaje, así como de creación de contenido. A través de numerosas plataformas podemos resolver dudas al instante sobre cualquier cuestión. La IA nos permite, además, generar contenido digital como música o vídeos, o aprender un idioma con programas que simulan diálogos naturales y que nos ofrecen feedback instantáneo.

A diferencia de un buscador tradicional, que ofrece una lista de enlaces cuando se le hace una pregunta, la IA elabora una respuesta concreta con toda la información que encuentra disponible en internet indicando las fuentes de la información utilizadas. Esta transparencia en cuanto a las fuentes no garantiza la fiabilidad total de la información; por ejemplo, que esté actualizada. Sigue siendo fundamental desarrollar un pensamiento crítico al interpretar los contenidos generados por la IA.

Los niños tienen una actitud más crítica hacia la IA que los adultos

El fuerte impulso que la inteligencia artificial está dando a la educación autodidacta plantea también un gran reto: comprender su impacto en los procesos cognitivos y en la creatividad humana. En este sentido, recientes datos de The Alan Turing Institute revelan cómo los niños entre 9 y 12 años presentan una aproximación crítica más aguda hacia la IA que los adultos, incluyendo la consciencia sobre la posibilidad de errores y los sesgos en las decisiones algorítmicas.

Este dato sugiere que, cuando los niños entran en contacto con la inteligencia artificial desde edades tempranas, la pueden incorporar de forma natural en su manera de aproximarse al mundo y, en lugar de aceptarla pasivamente, tienden a cuestionar los resultados que les ofrecen. Esta actitud crítica es menor en adultos, que al mostrar una mayor confianza en la tecnología pueden ver reducida su capacidad para detectar errores o limitaciones.

De ahí la importancia de una educación específica en inteligencia artificial, lo que hoy se conoce como IA Literacy, tanto en edades tempranas como en adultos. Quienes aprendan a comprender, utilizar y relacionarse de forma crítica con la IA aprovecharán mejor sus posibilidades para el aprendizaje autónomo y el desarrollo integral como personas.

Sería interesante, por tanto, en aras del fomento del autoaprendizaje y el uso tecnológico hacia el bienestar, no acotar las posibilidades de los más jóvenes contando las horas que utilizan pantallas, sino centrarnos principalmente en que las usen de forma consciente y con un propósito claro para su autoconocimiento y crecimiento personal.

Tal vez así pongamos fin a muchos de los problemas que tiene la tecnología utilizada en modo automático.


La versión original de este artículo ha sido publicada en la revista Telos, de Fundación Telefónica.


The Conversation

María del Mar Grandío Pérez colabora con TELOS, la revista que edita Fundación Telefónica.

ref. El uso consciente de la tecnología nos abre las puertas del aprendizaje y la creatividad – https://theconversation.com/el-uso-consciente-de-la-tecnologia-nos-abre-las-puertas-del-aprendizaje-y-la-creatividad-264802

Cinco trucos basados en la ciencia para mantener los propósitos de comienzo de curso

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Ana María Melendo Viñado, Personal Docente e Investigador en Educación, Universidad Camilo José Cela

shutterstock nicimbikije/Shutterstock

Para muchos, la vuelta de las vacaciones de verano, en septiembre en el hemisferio norte y en marzo en el sur, es el verdadero momento de “año nuevo”. Más que una simple vuelta al calendario, representa el regreso a la rutina tras una etapa de desconexión.

Durante el verano, las ciudades se vacían, cambian el ritmo y durante unos meses todo se vive de otra manera. Por eso, cuando llega la vuelta a las tareas habituales, nuestro cerebro hace clic. Con este clic nos referimos a una reactivación de la planificación, la organización, toma de decisiones y autocontrol, funciones ejecutivas clave en nuestro cerebro que se activan en momentos así.

¿Cómo se exterioriza esta activación? Con la necesidad de hacer listas de propósitos, apuntarnos a nuevas aventuras, descubrir nuevos hobbies, retomar la relación de amor-odio por el gimnasio, poner el despertador más pronto para tener esos diez minutos de meditación que dicen que van tan bien, y un largo etc. ¿Suena familiar? Muy parecido a los propósitos que hacemos 31 de diciembre y que tanto cuesta mantener.




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En este artículo explico cinco claves con base psicológica para aprovechar esa activación del cerebro para retomar o dar comienzo a nuevas rutinas.

1. Anclaje de hábitos

El anclaje de hábitos es una de las técnicas más efectivas para materializar nuestras buenas intenciones de forma sencilla y sostenible. Como propone el escritor James Clear en su libro Hábitos atómicos, se trata de vincular un nuevo hábito a uno que ya existe en nuestro día a día.

Veamos un ejemplo práctico: después de servirnos un café cada mañana, escribimos una lista con todas las tareas que queremos realizar durante el día, organizándolas por orden de prioridad. Aprovechamos la red neuronal ya existente de hábitos automáticos (como es ese café o te tan necesario cada mañana) para estructurar mentalmente la jornada y priorizar las tareas del día. Asociando una acción a la otra, reducimos la resistencia natural que nuestro cerebro presenta frente a los cambios.

2. Exigencia o compromiso público o social

Lo que los angloparlantes llaman “accountability” es una manera de obligarnos a rendir cuentas de lo que hemos prometido hacer. Hacer público un objetivo o compartirlo con otra persona aumenta significativamente la probabilidad de cumplirlo.

Veamos un ejemplo práctico: dos amigas deciden apuntarse a una media maratón. Ninguna de las dos tiene experiencia previa corriendo largas distancias, así que comienzan de cero. Su exigencia o compromiso social será compartir cada día la distancia recorrida, una captura de pantalla de la aplicación de running o una foto tras la carrera con un café y una tostada. Este compromiso compartido hace menos probable el abandono del proyecto.

3. Condicionamiento operante

También conocido como refuerzo positivo, el condicionamiento operante está basado en las teorías del psicólogo Burrhus Frederic Skinner. Es una técnica de modificación de la conducta que consiste en añadir una recompensa inmediata y significativa después de un comportamiento deseado. De esta manera, nos aseguramos de que el comportamiento se repita.

Veamos un ejemplo práctico: nos apuntamos a clases de inglés porque nos lo exige la empresa, pero la realidad es que detestamos el inglés: nos aburre, nos frustra y no nos motiva en absoluto. Pero, justo al salir de clase se publica un nuevo episodio del podcast de las Kardashian (y obvio que usan frases que acabamos de aprender en clase).

El episodio dura exactamente lo mismo que el trayecto a casa andando, así que la vuelta a casa se hace más llevadera y cada vez entendemos más el contexto, “you know…” Es decir, reforzamos el comportamiento deseado con una recompensa inmediata.

Lo mismo ocurre si nos damos el premio de ver un episodio de nuestra serie favorita cada vez que completamos un tema de examen. Aumentan las ganas de repetir ese hábito productivo.

4. Implementación de intenciones

La psicóloga alemana Gabriele Oettingen y su colega Peter Gollwitzer han impulsado y desarrollado este concepto. Consiste en especificar con precisión cuándo, dónde y cómo realizaremos una actividad concreta.

Supongamos que queremos comenzar a meditar como rutina diaria, pero no sabemos cómo hacerlo ni cuándo. Aplicando la técnica de implementación de intenciones establecemos que cada mañana, justo después de tomarnos el café, nos sentaremos junto a la ventana y meditaremos cinco minutos usando una app de meditación guiada los primeros días, hasta que sea un hábito. Así establecemos cuándo –después del café por la mañana–, dónde –en la silla junto a la ventana– y cómo –con una app de meditación guiada. La planificación de la actividad transforma la idea vaga en un plan específico y concreto.

5. Monitoreo y autorregistro

Esta técnica consiste en hacer un seguimiento consciente de un comportamiento. Viene de la psicología conductual y cognitivo-conductual cuyos impulsores, B. F. Skinner y Donald Meichenbaum, defienden que la conducta puede ser modificada eficazmente usando refuerzos positivos o negativos.

Sabemos que la mayoría de los días, entre el trabajo, el cansancio, otros hobbies y compromisos, no nos da tiempo de caminar tanto como quisierámos. Nos proponemos una meta diaria de 12 000 pasos y realizamos un autoregistro para automotivarnos. Entonces, podemos comenzar poniendo una alarma un poco más temprano por las mañanas, para salir de casa antes y caminar hasta una parada de autobús más lejana o ir parcialmente andando al trabajo.

Como siguiente paso, podemos fijar un recordatorio en el móvil para caminar después de cenar, tan solo 15 minutos diarios (cifra que podremos ir aumentando). Utilizando una app para registrar el número de pasos diarios, podemos incluso recibir una notificación cuando lleguemos a la meta deseada. Este seguimiento ayuda a concienciarnos y motivarnos generar conciencia y motivación.

De intención a hábito

Septiembre no es solo el regreso a la rutina, sino una oportunidad perfecta para reactivar nuestra planificación, compromiso y motivación. Ya sea con la lista de tareas después del café, compartiendo el selfie postcarrera, aficionándonos a las series en versión original, haciendo yoga o andando 12 000 pasos al día.

Tenemos a nuestro alcance herramientas científicamente respaldadas para construir la vida que deseamos. Lo importante es empezar, porque el cambio comienza con un pequeño paso y tu cerebro está listo para acompañarte en el camino.

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Ana María Melendo Viñado no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Cinco trucos basados en la ciencia para mantener los propósitos de comienzo de curso – https://theconversation.com/cinco-trucos-basados-en-la-ciencia-para-mantener-los-propositos-de-comienzo-de-curso-264819