¿Una errata tipográfica? Será culpa del diablillo

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Silvia Hurtado González, Profesora del Departamento de Lengua Española de la Facultad de Filosofía y Letras, Universidad de Valladolid

_San Juan en Patmos_ de El Bosco, con Titivillus abajo a la derecha tratando de arrebatar la pluma de escritura al santo. Gemäldegalerie Berlin

Decía el escritor Antonio Muñoz Molina que el corrector es una figura que “sabe hacer de verdad lo que parece evidente, que sabe mirar un texto palabra por palabra, con la atención muy afilada, con el lápiz igual de afilado y disponible, con una mezcla de proximidad y de distancia, de amor por la palabra exacta y lucidez clínica para percibir errores”.

Pues bien, los correctores tienen un santo “laico”. La Fundación Litterae (emblema de los correctores argentinos) propuso a Erasmo de Róterdam, quien nació el 27 de octubre de 1466, como patrón de los correctores. Este humanista ha pasado a la historia por sus libros, tratados y ensayos, pero también llegó a ejercer durante un tiempo la labor de corrector. En realidad, su preocupación por el lenguaje fue una constante en su vida. Actualmente, el Día Internacional de la Corrección coincide con su fecha de nacimiento.

Titivillus el que trastea

Pero, además de tener un protector, los correctores cuentan con dos demonios.

Representación de Titivillus en una miniatura del siglo XIV.
Representación de Titivillus en una miniatura del siglo XIV.
Wikimedia Commons

El trabajo de los escribas y los copistas era muy importante en la Edad Media. Cuando todavía no existía la imprenta, los libros debían ser copiados a mano, una ardua tarea, ya que estos amanuenses se veían obligados a pasar muchas horas trabajando en ambientes cerrados, con la única iluminación de la luz de las velas o las lámparas de aceite. Esto, unido al tedio y al cansancio, les hacía cometer múltiples errores que se consideraban una falta grave, especialmente si se trataba de textos religiosos. Sin embargo, inventaron la excusa perfecta: un demonio llamado Titivillus.

La primera mención a este demonio aparece en el Tractatus de penitentia, de Johannes Galensis, publicado hacia 1285: “Titivillus recoge los fragmentos de estas palabras con lo que llena su saco mil veces al día”. De hecho, se le representa portando un fardel con las sílabas y letras que los copistas se olvidaban de escribir.

La errata más famosa es la de la Biblia del pecador, del rey inglés Carlos I, en 1631. Según esta versión, el séptimo mandamiento proponía “cometer adulterio” porque al corrector se le olvidó anteponer el “no”. Esta equivocación condenó a todos los ejemplares de esas Biblias a la hoguera, aunque algunos consiguieron sobrevivir.

Titivillus siguió haciendo de las suyas cuando se inventó la imprenta. Así, en la novela de Eva Díaz Pérez El sueño del gramático, Francisca, hija de Antonio de Nebrija (1444-1522), narra la aventura humanística de su padre, a quien le tocó vivir la revolución que supuso la aparición del invento de Gutenberg.

La mención a Titivillus en este relato es una muestra de la popularidad alcanzada por este diablillo, a quien se define como “el demonio que habitaba en todas las casas de moldes y que anotaba los errores de cajistas de las imprentas como había hecho antes con los monjes escribanos en los monasterios”. Más adelante encontramos que también “visitaba todos los talleres de impresoras y que cargaba en su saco los gazapos acumulados durante el día en el trabajo de los oficiales. Ese saco que llevaba al infierno y que padre decía que iba cargado de errores, porque eran muchos los despistes de sus correctores”.

Bibliofas

Poco se ha hablado de otro diablo tipógrafo que aparece mencionado en Diabolicón, un catálogo de diablos de todo tipo elaborado por Jorge Ordaz Gargallo. Es Bibliofas quien, “desde los tiempos de Gutenberg, anda enredando entre prensas, linotipias y minervas, cambiando letras y trastocando palabras”.

Como ejemplo de sus travesuras, Ordaz Gargallo alude a las erratas aparecidas en un texto piadoso del mercedario Maximino de Uclés, titulado Rosa Mystica, o primaveral jardín de femeniles flores en loor de la Santísima Virgen María. En él, en vez de “mujeres puras que podían a veces, púdicamente…”, se leía “mujeres putas que jodían a peces, públicamente…”. Cuando se dieron cuenta, ya era tarde y se habían vendido unos cuantos ejemplares. Los que quedaban en depósito, como es fácil suponer, fueron destruidos.


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Demonios 2.0.

Estos demonios se han adaptado a los nuevos tiempos y campan a sus anchas por las pantallas de los ordenadores (y los móviles). Por lo tanto, sigue vigente la observación de Juan Caramuel (1606-1682) en su Syntagma de arte typographica, reproducida en La mano invisible. Confesiones de un corrector iconoclasta (2019), de Antonio Martínez Fernández: “Por más diligencia que se ponga, por más cuidadosa que sea la corrección, no es posible librar de este defecto a los libros”.

De ahí que, como explica Caramuel, surgiera “esa leyenda de que el inventor de la tipografía había condenado a muerte al primero que publicase un libro sin errores”. Añade él: “con todo, los componedores seguían felices, seguros de que ninguno habría de temer jamás el rigor de aquella ley”.

The Conversation

Silvia Hurtado González no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ¿Una errata tipográfica? Será culpa del diablillo – https://theconversation.com/una-errata-tipografica-sera-culpa-del-diablillo-267890

El Ártico y Groenlandia: nueva zona de interés para la economía de la defensa

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Silvia Vicente-Oliva, Profesora de Gestión de la Innovación. Departamento de Dirección y Organización de Empresas, Universidad de Zaragoza

Un patrullero militar danés se aproxima a Nuuk, capital de Groenlandia. Nigel Jarvis/Shutterstock

El Polo Norte, región inexpugnable por sus hielos perennes y escenario de las hazañas increíbles de los exploradores de hace un siglo, está cambiando: por el clima, la geopolítica o la ambición de explotar sus recursos. La unión de estos factores ha hecho que la región también cobre importancia respecto a la economía de la defensa.

Las fuerzas que moldean el mundo

En el Ártico, la población total no llega a los diez millones de personas y en Groenlandia son poco más de 56 000. El país se dedica tradicionalmente a la pesca (que constituye, junto con sus productos derivados, un 90 % de sus exportaciones). En los últimos años, el turismo ha cobrado importancia, pero el producto interior bruto groenlandés mantiene tasas modestas de participación.

Los recursos naturales por explotar y la globalización están generando altas expectativas a nivel internacional. Y, debido al creciente deshielo provocado por la subida de las temperaturas, hay previsión de utilizar el Ártico en rutas de transporte marítimo, y de explotar sus tierras raras para reducir la dependencia europea de las importaciones desde China.




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Por su parte, Estados Unidos ha manifestado su interés de hacerse con la isla. Y aunque estas pretensiones parecen estar alineadas con la militarización de la región, hay motivos económicos más allá de los defensivos para las ansias anexionistas estadounideneses.

La economía de la defensa y el futuro

Aunque la economía de la defensa trata sobre las cuestiones económicas
relacionadas con la defensa y la seguridad nacional, no se limita a las acciones bélicas. También contempla shocks geopolíticos, cambios tecnológicos (ciberseguridad, drones, robótica), crisis económicas, cambios en la configuración del orden internacional (la intervención de Trump en Venezuela), las prioridades estratégicas y la estructura industrial de defensa de los países.

No solo analiza ciclos e impactos (por ejemplo, la Guerra Fría, el 11-S, la invasión de Ucrania…) y mercados de defensa y cadenas de suministro, sino que también contempla la prevención de conflictos y la implantación de sistemas de alerta temprana que puedan avisar de la fragilidad, inestabilidad y riesgos de conflicto en una zona.




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Señales y alertas

Hay dos conceptos de prospectiva geopolítica clave en estos momentos para la región ártica:

  • Las señales débiles, anomalías sutiles que sugieren cambios futuros pero que todavía tienen poca probabilidad de ocurrencia y no son de conocimiento general.

  • Las señales de alerta temprana, que ya indican una inminente crisis o cambio significativo. Estas contribuyen a minimizar los riesgos, por lo que se utilizan en todo tipo de ejercicios de prospectiva y planeamiento.

Tradicionalmente, los modelos de predicción utilizados en economía de la defensa incluían variables macro y sectoriales, como el gasto público en defensa de un país, y su composición, así como su dependencia tecnológica en función de su base tecnológica e industrial. Sin embargo, cuando se trata de incluir señales tempranas y débiles, los modelos deben ampliarse para considerar otros eventos plausibles.

En este momento, el Ártico –y en particular Groenlandia– se ha convertido en una frontera emergente de la economía de la defensa. Allí convergen intereses relativos al transporte marítimo, los recursos críticos y la creciente militarización de la región.

Señales económicas

A continuación se enumeran una serie de posibles señales tempranas de índole económica (como muestra, ya que no hay un estudio detallado que las agrupe o que proporcione información en series completas).

Cambios en las rutas marítimas árticas:

  • Nuevos flujos comerciales: aunque entre 2013 y 2019 creció un 25 % el número de buques haciendo la ruta ártica, el consumo de combustible se disparó un 82 % y la distancia total recorrida aumentó un 75 %.

  • Nuevos actores comerciales e industriales: estos se concentran, sobre todo, en gas natural licuado, transporte marítimo de contenedores y servicios logísticos vinculados a la ruta marítima del norte. China y otros países de la OCDE financian grandes proyectos en esta área.

  • Diversificación de clientes: Groenlandia ha ampliado la cartera de países a los que destina sus exportaciones. Si en 2018 se enviaban a Dinamarca el 82,3 %, en 2023 el porcentaje había caído hasta un 45 %. Los bienes de consumo suponen aproximadamente la mitad de sus importaciones y Dinamarca sigue siguiendo su principal proveedor.

Acceso a recursos críticos:

La región ártica todavía no produce tierras raras, pero se estima que Groenlandia acoge dos de los yacimientos más grandes del mundo: Kvanefjeld y Tanbreez. Hasta la fecha, y por las dificultades climatológicas, no han sido objeto de extracción, aunque sí hay países que han manifestado su interés al respecto (Estados Unidos, China).

  1. Licencias y previsión de extracción de tierras raras: hay un proyecto paralizado (Kavanefjeld con entre 1,15 y 1,5 toneladas), uno en exploración (Tanbreez, previsto en el depósito de Fjord con entre 85 000 y 425 000 toneladas al año), y otro en negociación (SILA).

  2. Tecnologías que abaratan la localización y extracción:

Militarización de la región: años 2025 y 2026

Dinamarca, el país encargado de la defensa del territorio groenlandés, pertenece a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN). Por tanto, en caso de agresión, se invocaría su artículo 5, que establece la defensa mutua de los países miembros. No obstante, si la agresión proviniese de un miembro de la Alianza, no estaría clara la línea de actuación. Estas son algunas señales recientes de militarización en la zona:

Atender a las señales

Algunas de estas señales tempranas se han empezado a producir recientemente, pero otras ya llevan algún tiempo en marcha. Las fronteras en el Ártico pueden alterarse por los factores considerados emergentes desde la economía de la defensa, por lo que los actores con intereses en la zona –y sus aliados– deberían preparar su respuesta a los posibles próximos acontecimientos.

The Conversation

Silvia Vicente-Oliva no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. El Ártico y Groenlandia: nueva zona de interés para la economía de la defensa – https://theconversation.com/el-artico-y-groenlandia-nueva-zona-de-interes-para-la-economia-de-la-defensa-274497

En 2005 España ya regularizó a más de medio millón de inmigrantes indocumentados, ¿qué pasó luego?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Joan Monras, Labor Economics, IESE Business School (Universidad de Navarra)

Trabajadores de la construcción en Pontevedra. Pilar Picas/Shutterstock

Con la apertura de un nuevo proceso de regularización de inmigrantes, del que se beneficiarán cerca de medio millón de trabajadores extranjeros indocumentados, España está trazando su propio camino en materia de política migratoria, al tiempo que refuerza su dependencia de los migrantes para impulsar el crecimiento económico.

“Estamos fortaleciendo un modelo migratorio basado en los derechos humanos, la integración y la convivencia, y compatible con el crecimiento económico y la cohesión social”, afirmó Elma Saiz, ministra de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, al anunciar las medidas, a finales de enero.

El Gobierno tiene previsto recibir las solicitudes para la regularización entre abril y junio, aunque las fechas y los detalles definitivos se darán a conocer este mes de febrero.

Hasta ahora, el Gobierno ha dicho que los inmigrantes que no tengan antecedentes penales y puedan demostrar que han vivido en España durante cinco meses (con fecha límite de entrada 31 de diciembre de 2025), podrán solicitar un permiso de residencia y trabajo de un año. Las personas que solicitaron asilo antes de esa fecha también pueden optar a él. Los migrantes también podrán legalizar a sus hijos menores de edad, a los que se les concederá un permiso de residencia de cinco años.

La regularización masiva de 2005

Para comprender el potencial impacto económico de esta medida podemos fijarnos en la última regularización, en 2005, que legalizó a unos 600 000 trabajadores indocumentados. Nuestra investigación ha analizado una serie de indicadores: flujos migratorios, gastos en educación y salud, nóminas e impuestos sobre la renta, y el mercado laboral.

Los resultados son, en muchos sentidos, tan notables por lo que ocurrió como por lo que no ocurrió.

Los temores de que hubiese un aumento de los inmigrantes ilegales que entraban en España resultaron infundados. Sin embargo, los controles fronterizos se hicieron más estrictos y hubo una campaña contra el empleo informal que podría haber frenado el efecto llamada.

También analizamos las admisiones hospitalarias y la demanda de educación y, de nuevo, no observamos grandes cambios. En España, los inmigrantes indocumentados tienen acceso a la atención de urgencia, y son los españoles de más edad, y no los jóvenes inmigrantes, los que más demandan los servicios del sistema sanitario.

Acceso más fácil a mejores puestos de trabajo

A medida que los trabajadores entraban en el mercado laboral formal, las cotizaciones salariales aumentaron en unos 4 000 euros por inmigrante legalizado al año. En cuanto al impuesto sobre la renta, observamos muy pocos cambios: muchos inmigrantes ganan el salario mínimo y pagan pocos o ningún impuesto sobre la renta.

Se plantearon temores sobre la competencia por los puestos de trabajo entre inmigrantes y nativos. Sin embargo, el mercado formal absorbió a los nuevos trabajadores sin que ello tuviera repercusión alguna en el empleo o los salarios de los nativos. De hecho, el mercado laboral informal se redujo incluso para los trabajadores nativos, probablemente debido a la campaña del Gobierno contra este tipo de trabajo.

Quizás lo más importante es que la regularización pareció actuar como catalizador para conseguir mejores trabajos. Al observar el sistema de seguridad social a lo largo del tiempo, se observó una movilidad ascendente entre los migrantes a medida que cambiaban de un trabajo a otro.

Sin embargo, aún queda mucho por hacer en este ámbito. Una investigación reciente sobre nueve países receptores de inmigrantes reveló que los inmigrantes en España ganan de media un 29 % menos que los trabajadores nativos, la mayor diferencia salarial entre los países estudiados. Esto se debe, en gran medida, a que les cuesta acceder a puestos de trabajo mejor remunerados.

Absorción de nuevos trabajadores

No hay motivos para esperar que esta vez el impacto sea muy diferente al de hace 20 años. Se estima que hay 800 000 inmigrantes indocumentados en España, de los que unos 500 000 podrían optar a la regularización.

La economía española creció un 2,8 % en 2025 y el desempleo ha caído por debajo del 10 % (9,93 % en el cuarto trimestre de 2025) por primera vez desde la crisis financiera de 2008. En 2025 se crearon más de 600 000 nuevos puestos de trabajo, siendo los sectores de los servicios y la agricultura los que experimentaron un mayor crecimiento.

Existe una demanda suficiente y continua de trabajadores en los sectores hacia los que se inclinan los inmigrantes –hostelería, cuidados, construcción, agricultura, etc.– como para que la economía pueda absorberlos.

Además, muchos inmigrantes proceden de Latinoamérica, con lo que comparten un idioma y una afinidad cultural que probablemente facilitarán su integración en la población activa española.

¿Un país de inmigrantes?

Lo que ha cambiado radicalmente en los últimos 20 años es que España se está convirtiendo en un país de inmigrantes. Mientras que en la historia reciente los españoles buscaban trabajo en el extranjero, eso cambió a principios de la década de 2000, cuando se produjo un aumento de la inmigración. Tras estabilizarse en la década posterior a la crisis financiera de 2008, la inmigración ha vuelto a aumentar desde 2018.

Flujo de población inmigrante entre 2008 y 2021.
INE, CC BY-SA

Las estimaciones oficiales indican que, si las tendencias demográficas actuales continúan, la población de España pasará de los 49,4 millones actuales a 54,6 millones en el año 2074, un aumento producido exclusivamente por la inmigración. Según estas estimaciones, el porcentaje de la población nacida fuera de España pasará del 18 % al 39 % en los próximos 50 años.

A tomar en cuenta

Ante este cambio demográfico masivo, el Gobierno hará bien al prestar atención a lo que denomino “puntos de congestión” económica: aquellos ámbitos, como los servicios públicos, en los que la migración ejerce una presión adicional que, si no se resuelve, puede reducir la calidad de vida en España.

El debate sobre la inmigración se ha entrelazado con otros debates cruciales para España, como la crisis de la vivienda y el exceso de turismo. Las tres cuestiones –inmigración, vivienda y turismo– tienden a ser especialmente acuciantes en grandes ciudades como Madrid y Barcelona.

Ahí es donde puede producirse la congestión. El crecimiento de la población impone nuevas exigencias a las infraestructuras y los servicios públicos, como el transporte. En pocas palabras, más personas necesitan más viviendas, más plazas en autobuses y trenes, más plazas escolares para sus hijos, etc. Por lo tanto, los inmigrantes deben tener acceso a toda la gama de puestos de trabajo, y ahí es donde realmente comienza el reto.

Al igual que no hay una solución sencilla para la crisis de la vivienda o el turismo excesivo, tampoco la hay para la migración, ni siquiera una regularización generosa.

The Conversation

Joan Monras no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. En 2005 España ya regularizó a más de medio millón de inmigrantes indocumentados, ¿qué pasó luego? – https://theconversation.com/en-2005-espana-ya-regularizo-a-mas-de-medio-millon-de-inmigrantes-indocumentados-que-paso-luego-275256

Las diminutas criaturas marinas que pueden amplificar los efectos del cambio climático en los océanos

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Inma Herrera, Investigadora posdoctoral en el Grupo de Investigación sobre Biodiversidad y Conservación del Instituto Universitario ECOAQUA (Acuicultura Sostenible y Ecosistemas Marinos), Universidad de Las Palmas de Gran Canaria

Choksawatdikorn/Zhutterstock

Cuando pensamos en los efectos del cambio climático en el mar, solemos imaginar corales blanqueados, especies de peces desplazándose hacia aguas más frías o el aumento del nivel del mar. Sin embargo, uno de los cambios más profundos está ocurriendo a una escala casi invisible: en el zooplancton, un conjunto de pequeños organismos que flotan en la columna de agua y sostienen buena parte de la vida marina.

Aunque apenas se perciban a simple vista, estos seres reaccionan con rapidez a las variaciones ambientales. Por ello, funcionan como indicadores especialmente sensibles del estado de los ecosistemas marinos y de los efectos del calentamiento global. De hecho, las comunidades planctónicas ya están mostrando respuestas detectables a eventos extremos como las olas de calor marinas, con consecuencias potenciales para toda la red trófica oceánica.

La base invisible de la red trófica marina

El zooplancton ocupa una posición clave en los océanos: conecta la producción primaria del fitoplancton –diminutos seres vivos fotosintéticos– con niveles tróficos superiores como peces, aves y mamíferos marinos. Por su abundancia, destacan unos pequeños crustáceos, los copépodos, que dominan gran parte de las comunidades planctónicas marinas y reflejan con gran sensibilidad las condiciones ambientales.

En un estudio realizado en el Atlántico subtropical y en aguas canarias se evidenció que la diversidad y la estructura de las comunidades de copépodos varían de forma significativa en función de las condiciones oceanográficas locales, incluso dentro de áreas marinas protegidas. De manera concordante, se han descrito resultados similares en sistemas costeros de reciente formación, como los deltas lávicos, donde la dinámica del zooplancton responde rápidamente a cambios físicos y ambientales.

Además, trabajos recientes muestran que la variabilidad temporal del zooplancton puede estar modulada por patrones naturales como el ciclo lunar, lo que refuerza su utilidad como indicador integrador del funcionamiento del ecosistema.




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Los pequeños organismos errantes que sustentan la vida en el océano


El zooplancton como indicador del cambio climático

El aumento de la temperatura del océano, la acidificación y las alteraciones en la circulación marina están modificando la composición y la distribución del zooplancton a escala global, tal y como recoge la tercera Evaluación Mundial de los Océanos de Naciones Unidas. Muchas especies sobreviven en rangos térmicos estrechos, por lo que el calentamiento del agua afecta directamente a su supervivencia y a sus ciclos reproductivos.

En regiones como Canarias, los cambios observados en la estructura de las comunidades planctónicas sugieren que las especies más sensibles están siendo progresivamente sustituidas por otras más tolerantes al calor. Esto supone, además, una posible reducción de la diversidad del ecosistema.

Fotos de organismos del zooplancton
Ejemplos de organismos del zooplancton.
Mélisande Payet, CC BY-SA

Olas de calor marinas y respuestas biológicas

Las olas de calor marinas no solo afectan al zooplancton. Episodios prolongados de temperaturas anómalamente altas pueden alterar el comportamiento, la fisiología y la distribución de numerosos organismos marinos, amplificando los efectos del cambio climático en los ecosistemas costeros.

En el Atlántico oriental, se ha observado que el cangrejo azul responde de forma especialmente sensible a estos eventos térmicos extremos. Estudios recientes muestran que el desarrollo embrionario de esta especie presenta límites térmicos superiores claros, que podrían verse superados bajo escenarios de calentamiento futuro.

Otro trabajo indica que la tolerancia fisiológica de este animal a factores ambientales como la salinidad contribuye a su capacidad de adaptación y expansión en nuevos ambientes.

Estos resultados confirman que las olas de calor marinas actúan como factores de estrés agudos, capaces de modificar rápidamente las poblaciones de crustáceos y de favorecer especies más tolerantes al calor frente a otras menos resilientes.

Cangrejo azul en el agua
El cangrejo azul (Callinectes sapidus), también conocido como jaiba azul o jaiba, es una especie nativa del Atlántico occidental y del golfo de México.
Jarek Tuszyński/Wikimedia Commons, CC BY-SA

Canarias: un laboratorio natural para estudiar estos cambios

Las islas Canarias están influenciadas por la corriente de Canarias, de aguas frías, y los procesos de afloramiento o surgimiento de aguas profundas que aportan nutrientes y sostienen una elevada productividad biológica. Durante décadas, las comunidades de zooplancton se han adaptado a este equilibrio oceanográfico, caracterizado por una marcada variabilidad espacial y estacional.

Sin embargo, el aumento de la temperatura del mar y la mayor frecuencia de olas de calor marinas están alterando estos patrones. Estudios recientes muestran que la composición y abundancia del zooplancton pueden cambiar incluso en espacios protegidos, lo que pone de manifiesto la vulnerabilidad de estos ecosistemas frente al cambio climático.

Además de los fenómenos climáticos, eventos geológicos recientes también pueden modificar de forma significativa la dinámica del zooplancton. Tras la erupción del volcán submarino Tagoro en la isla de El Hierro, se observa que las comunidades planctónicas experimentaron cambios detectables en sus fuentes de carbono y en la estructura trófica, identificados mediante el uso de isótopos estables.

Mapa geográfico de las islas Canarias
Mapa de las islas Canarias.
EMODnet, CC BY-SA

Cambios en la base de la cadena alimentaria

Las alteraciones del zooplancton tienen efectos en cascada sobre el ecosistema marino. Una reducción en su abundancia o en su calidad nutricional afecta directamente a peces y otros organismos que dependen de él, especialmente durante sus primeras fases de vida.

Además del cambio climático, al zooplancton le afectan otras presiones humanas emergentes. Un estudio reciente ha demostrado que el copépodo Pontella mediterranea puede ingerir y retener microplásticos, actuando como vector de transferencia de estos contaminantes dentro de las redes tróficas marinas.

En este contexto, la última Evaluación Mundial de los Océanos advierte que las alteraciones en el plancton, incluido el zooplancton, pueden amplificar los efectos del cambio climático sobre la productividad marina y la seguridad alimentaria, especialmente en regiones costeras y sistemas insulares. La falta de series temporales largas en muchas zonas, como el Atlántico oriental, refuerza la necesidad de programas de seguimiento continuado que integren observaciones locales en evaluaciones globales.

Proyectos de seguimiento y gestión costera

Iniciativas como el proyecto IMPLACOST, para abordar los efectos del cambio climático en Macaronesia y zonas costeras de África, proporcionan un marco clave para relacionar cambios fisicoquímicos del medio marino con respuestas biológicas, facilitando la integración de datos ambientales con indicadores ecológicos como el zooplancton.

La combinación de seguimiento ambiental y estudios biológicos desarrollados en el ámbito canario permite mejorar la detección temprana de impactos climáticos y apoyar una gestión más sostenible de los ecosistemas marinos y costeros.

El zooplancton actúa como un auténtico termómetro biológico del océano. Su rápida respuesta a las alteraciones ambientales ofrece información clave para anticipar cambios profundos en los ecosistemas marinos.


Mélisande Payet, estudiante ERASMUS+ del Máster en Ciencias Marinas de la Université de Toulon, ha participado en la elaboración de este artículo.


The Conversation

Inma Herrera no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Las diminutas criaturas marinas que pueden amplificar los efectos del cambio climático en los océanos – https://theconversation.com/las-diminutas-criaturas-marinas-que-pueden-amplificar-los-efectos-del-cambio-climatico-en-los-oceanos-272627

El gran reto técnico de proteger a los menores de las redes sociales sin poner en peligro su privacidad ni su derecho a la información

Source: The Conversation – (in Spanish) – By David Arroyo Guardeño, Científico Titular. Ciberseguridad y protección de la Privacidad. Instituto de Tecnologías Físicas y de la Información "Leonardo Torres Quevedo" (ITEFI), Instituto de Tecnologías Físicas y de la Información Leonardo Torres Quevedo (ITEFI -CSIC)

Impedir que los menores usen las redes sociales no es una cuestión técnica fácil de abordar. Reihaneh Golpayegani / https://betterimagesofai.org, CC BY-NC-SA

Dejando al margen el reto nada pequeño de establecer criterios para cualificar el contenido compartido en redes como dañino o potencialmente lesivo para menores, nos encontramos ante un doble desafío. Por un lado, cómo identificar a un menor que intenta acceder a un servicio o plataforma de internet. Por otro, cómo evitar que acceda a contenido no adecuado.

Esto ha de llevarse a cabo sin que ninguna de esas dos medidas suponga una pérdida de privacidad ni para los menores ni para adultos que quieran acceder a dicho contenido. Subrayemos algo crucial: en 2026, proteger la privacidad no es un derecho, es una obligación. No hacerlo, nos convierte en personas vulnerables a ciberataques, manipulaciones y todo tipo de efectos no deseados.

Verificación biométrica frente a verificación a través de autoridades

La primera cuestión a aclarar es cómo se puede determinar la edad de un usuario de internet. Hay dos opciones: usando biometría o usando credenciales emitidas por autoridades de confianza.

Con biometría, el principal riesgo radica en dónde se almacena y procesa la información biométrica –con el agravante de que hay ciertos rasgos biométricos que son insustituibles y, si esa información se filtra, no se pueden cambiar, dando pie a suplantaciones difíciles de detectar–. Quizá, lo positivo de las soluciones con biometría es que implicaría poco esfuerzo por parte de los usuarios.

Por otro lado, la principal dificultad de usar credenciales es que se necesita una infraestructura compleja: ¿cómo puede un usuario obtenerlas? ¿Dónde las guarda? ¿Y si necesita usarlas desde otro dispositivo? Son preguntas de difícil respuesta, si lo que buscamos es una tecnología accesible para cualquiera, especialmente usuarios sin conocimiento técnico.

Aquí, el usuario con escaso conocimiento técnico no es, en muchos casos, el menor, sino los tutores y la comunidad educativa encargados de velar por su formación y seguridad digital.

Identidades privadas frente a no privadas

En caso de contar con un mecanismo de validación de usuarios para permitir o evitar el acceso a servicios en internet, el siguiente paso es discutir si se quiere separar la asignación de una credencial de la obtención de una prueba criptográfica para demostrar que se tiene una “edad cualificada” para acceder a contenido o servicios inadecuados para población infantil.

Este es uno de los casos de uso paradigmáticos a la hora de introducir las llamadas pruebas de conocimiento nulo. Se trata del enfoque de partida del denominado EUDI Wallet, la solución que la Comisión Europea plantea para gestionar nuestra identidad digital a partir de finales de este año.

En efecto, su marco de diseño es compatible con mantener la privacidad como requisito fundamental e innegociable. Teóricamente, EUDI Wallet permitiría generar un identidad a través de una entidad cualificada y, tras ello, recurrir a otras entidades cualificadas que nos darían una prueba criptográfica para mostrar que tenemos una determinada propiedad; por ejemplo, una edad superior a un valor umbral.

Si existe una arquitectura que es capaz de impedir la colusión entre los actores encargados de emitir credenciales y aquellos responsables de certificar propiedades o atributos de las personas naturales tras dichas credenciales, tendríamos un esquema válido de verificación del atributo “edad cualificada” que protege la privacidad de usuarios de servicios de internet.

Para hacer que eso sea una realidad, necesitamos todavía implementar grandes avances técnicos a escala internacional-europea. En este sentido, la comunidad criptográfica ha puesto sobre la mesa retos técnicos sobre su arquitectura a la hora de impedir la monitorización de usuarios y garantizar la protección frente a intentos de suplantación.

¿Cómo se custodia una identidad digital?

Supongamos que tenemos un sistema de credenciales –que además ofrece privacidad máxima– y, cuando se entra en una web, desvela únicamente si su usuario es mayor de 16 años, cumpliendo artículo 8.1 del Reglamento General de Protección de Datos europeo.

Probablemente, esa credencial se almacenará en un teléfono móvil para que sea lo más usable posible. Por poner un ejemplo, ¿es realista suponer que un niño de 14 o 15 años no será capaz de aprovechar algún descuido de sus padres para desbloquear el teléfono de un adulto y usar sus credenciales de adulto? Es más, ¿debe tener acceso a un móvil un niño de menos de 16 años?

Finalmente, al margen de que se use un móvil u otra interfaz de acceso, si no existe una coordinación entre países a escala global, ¿cómo se puede impedir que un menor haga uso de servicios de red privada virtual (VPN) para acceder a contenido inadecuado, conectándose a distancia a través de ubicaciones geográficas en las que las plataformas implicadas no están obligadas a realizar verificación de edad cualificada de acceso al contenido concreto?

Por otra parte, lo cierto es que no hay consenso sobre cuál es esa edad mínima que cualifica para acceder a contenido inadecuado porque, además, tampoco hay consenso generalizado sobre todos los tipos de contenido inadecuado.

Recordemos que el debate actual está en torno al acceso a redes sociales. Las dificultades, en este punto, surgen de la divergencia de criterio en cuanto a edad mínima, pero también en la dificultad para acotar qué es una red social en 2026. ¿Por qué no restringirse a lo que establece el artículo 8.1 del Reglamento de Protección de Datos, solicitando el consentimiento informado de los tutores de todo menor de 16 años antes de acceder a servicios digitales?

¿Es un sistema fácil de usar para todos?

Si se pretende controlar el acceso a determinada información en internet, en base a atributos de la identidad –como la edad–, es imprescindible que el sistema que se utilice sea accesible para todo el mundo. De lo contrario, se estaría vulnerando el derecho a acceso a la información.

Esto, aunque pueda parecer una cuestión filosófica, tiene importantes implicaciones tecnológicas. ¿Qué mecanismos se van a utilizar para garantizar que cualquiera, independientemente de su habilidad con la tecnología, pueda acceder a la información que necesite? Aquí hemos de recalcar la perdida de derechos colectivos que llevamos evidenciando desde finales de 2024 en lo relativo a neutralidad de red para proteger un interés corporativo. Debemos evitar repetir este error.

Diseñar esquemas de gobernanza adecuados para el ecosistema digital demanda poner en juego intereses enfrentados y objetivos contradictorios. El fomento de un uso responsable de tecnología por parte de nuestros menores debe estar orientado a crear un marco tecnológico, legal y pedagógico que los integre de forma sana y saludable, en lugar de excluirlos para protegerlos.

No está en juego solo la confianza en lo tecnológico, sino también la misma confianza en nuestras instituciones democráticas. Y, en 2026, esas instituciones están necesariamente mediadas por lo digital.


Este artículo ha sido redactado en colaboración con Jesús Díaz Vico, Applied Cryptography Researcher.


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David Arroyo Guardeño no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. El gran reto técnico de proteger a los menores de las redes sociales sin poner en peligro su privacidad ni su derecho a la información – https://theconversation.com/el-gran-reto-tecnico-de-proteger-a-los-menores-de-las-redes-sociales-sin-poner-en-peligro-su-privacidad-ni-su-derecho-a-la-informacion-275128

La selección: un San Valentín que solo durará tres meses

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Lola Delgado, Editora de Política y Sociedad, The Conversation

SeventyFour/Shutterstock

“El amor eterno dura aproximadamente tres meses”, dijo en una ocasión la novelista y dramaturga Françoise Sagan, símbolo de la juventud hedonista y desinhibida de la posguerra francesa. Hace años ya de eso, pero lo cierto es que la frase ha envejecido más que bien.

Se acerca el 14 de febrero. Otro San Valentín más para regalar flores y peluches y para reflexionar sobre las nuevas formas de amar, ya sea entre personas del mismo o de distinto sexo.

En pleno siglo XXI, con la libido tan globalizada como las aplicaciones de citas, San Valentín puede ser un festival de amor romántico, poliamor, celos, infidelidad y notificaciones de Tinder a medianoche. Y la ciencia social nos lo confirma: no todo es monogamia ni chocolates con forma de corazón.

Pero empecemos por lo básico: ¿qué es ese amor idealizado que nos enseñan desde las películas hasta los álbumes de baladas que escuchamos? En el artículo “Qué es el amor romántico y por qué existe (de momento)” los autores exploran cómo la idea de un amor totalizante –una única alma gemela– no es una ley natural, sino una construcción social con raíces históricas profundas.

60 genes de amor romántico

Este modelo ha configurado nuestras expectativas del amor como algo que debe ser eterno, exclusivo y perfecto –una fórmula que a menudo choca con la realidad de los afectos humanos–. El amor romántico es probablemente la emoción con mayor presencia en nuestra cultura, dicen los autores, y aseguran que se han descrito más de 60 genes asociados a ciertas características del amor romántico: ¡60 genes!

Si el amor romántico es la receta tradicional, entonces llega el poliamor como el topping moderno que divide opiniones: dulce para unos, indigesto para otros. Este artículo de Jorge Barraca, de la UCJC, plantea que incluso en relaciones múltiples consensuadas los sentimientos complejos como los celos o la sensación de traición pueden aparecer si no se respetan los acuerdos.

En otras palabras, aunque una relación abierta tenga reglas explícitas –puede haber sexo, pero sin mensajes ocultos– el manejo de emociones sigue siendo tan complejo como en una relación monógama tradicional.

Claro, puede pensar que esa es una buena excusa para abandonarse a las emociones de las apps de citas y dejar que el algoritmo decida por usted. Pero cuidado: incluso aquí hay terreno pantanoso. Hoy, con las notificaciones de mensajes sobresaltándonos de emoción en mitad de la noche, muchas cosas que antes no contarían como “cuernos” ahora sí entran en la definición social de infidelidad.

Por ejemplo, una encuesta del CIS encontró que más del 60 % de los españoles considera infidelidad tener una conversación subida de tono por mensajes con otra persona, sin necesidad de contacto físico. Así que ese “hola, ¿qué haces?” puede sonar inofensivo hasta que lo lea junto a un emoji de corazón rojo.

Y, hablando de infidelidad, es cierto que no todo el mundo la ve igual. En el artículo “Por qué la infidelidad femenina todavía se condena y de la masculina se presume” se explica cómo la historia ha jugado con dos varas de medir: cuando el infiel es hombre, a menudo se romantiza su “aventura”; cuando es mujer, todavía se carga con estigmas históricos. Desde Helena de Troya hasta Cleopatra, pasando por ejemplos actuales, el debate muestra cómo las normas culturales moldean la manera en que juzgamos el deseo y la traición, incluso en pleno auge de libertades sentimentales.

La montaña rusa de atracción-traición

Pero si piensa que todo esto es pura teoría, basta encender la tele o abrir TikTok para recordar que la cultura popular sigue fascinada con la idea de la tentación. El artículo “Ver ‘La isla de las tentaciones’ es asistir a la enésima recreación del mito de Don Juan” analiza cómo formatos como el del famoso programa perpetúan el mito de que hay siempre una figura capaz de seducir y derribar cualquier pacto de pareja. En otras palabras, el entretenimiento nos ofrece esa montaña rusa de atracción-traición que, vista desde la distancia, puede parecer amor, aunque no es más que un culebrón.

Todo este aparataje emocional viene acompañado de esos compañeros a veces inseparables del amor llamados celos. En “La patologización de los celos” el texto plantea que sentirlos no es necesariamente señal de una relación enferma ni de un amor “menos verdadero”: son emociones humanas que se disparan cuando percibimos amenazas a lo que valoramos. El problema no es sentir, sino cómo gestionarlo sin caer en el espionaje de contraseñas ni en juramentos eternos que nadie puede sostener.

Y ya que hablamos de gestionar expectativas, no podríamos ignorar otra pieza clave del rompecabezas moderno: las apps de ligar. En “Busco, comparo y si me gustas, te amo” se reflexiona sobre cómo los servicios digitales han transformado el mercado del amor en una experiencia casi de consumidor: ver perfiles, comparar atributos y decidir rápido. Esta lógica puede parecer pragmática, pero también puede fomentar relaciones superficiales si no se acompaña de comunicación honesta y transparencia con las personas del otro lado de la pantalla.

Sea con quien sea que vaya a celebrar San Valentín, lo importante es hacerlo de una forma sana y, sobre todo, segura. Y, lo más importante: tenga muy presente, si acaba de conocer a su media naranja y va a acudir a esa cena íntima iluminada con velas llevando consigo un frasco de perfume o un ramo de rosas rojas, que, como decía Françoise Sagan, el amor eterno dura unos tres meses. Si es de las personas que lleva celebrando San Valentín con la misma pareja desde hace años, le felicitamos desde lo más profundo de nuestro corazón. Eso nos demostraría, una vez más, que los intelectuales no siempre están en lo cierto.

Lo celebre como lo celebre, incluso en soledad y delante de la televisión viendo una buena película romántica, disfrute de este día: ¡feliz San Valentín!

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ref. La selección: un San Valentín que solo durará tres meses – https://theconversation.com/la-seleccion-un-san-valentin-que-solo-durara-tres-meses-275287

Cuando ir a trabajar produce terror: violencia e impunidad hacia los temporeros en el campo de Huelva

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Juan Castillo Rojas-Marcos, Investigador en Estudios Migratorios y Sociología, Universidad Pontificia Comillas

Diegyms/Shutterstock

Algunas de las transformaciones sociales más profundas de los últimos tiempos, incluyendo los cambios en las relaciones entre hombres y mujeres o la menor estigmatización de grupos históricamente marginados, comenzaron con una toma de conciencia colectiva sobre violencias que, hasta ese momento, la mayoría no veíamos.

A veces se trata de comportamientos cotidianos, cuyo efecto violento sobre quien los recibe no reconocíamos. En otras ocasiones, hablamos de violencias que simplemente desconocíamos o no éramos conscientes de su frecuencia y envergadura. En todos los casos, la llave que abre la primera puerta hacia una revisión profunda de las prácticas sociales es denunciar y visibilizar lo que ocurre. Lograr, al menos, que nadie pueda volver a afirmar de forma creíble que no sabía lo que pasaba.

Un ámbito atravesado por fuertes violencias invisibles al debate público son las relaciones laborales. Sobre todo en empleos de clase trabajadora (de baja remuneración y estatus simbólico, que muy a la ligera solemos llamar “no cualificados”), el día a día a veces incluye verdaderos relatos de terror, incluyendo acoso, violaciones flagrantes de los derechos laborales o persecución de la actividad sindical, todo ello a manos de las empresas.

Una muestra abundante, variada y difícilmente contestable de todo ello puede consultarse, por ejemplo, en Abusos Patronales, un repositorio de testimonios acumulados durante años por un grupo de investigadores de la UPO y otras universidades.

Se ha estudiado también desde las ciencias sociales la incidencia y gravedad del trato abusivo y violento hacia las trabajadoras domésticas, en trabajos como estos.

Un hallazgo casi casual

En una investigación reciente con temporeros migrantes del sector de la fresa de Huelva, los hallazgos han sido verdaderamente preocupantes. Lo cierto es que (a pesar de cierta notoriedad pública y mediática de los abusos en este contexto) obtuvimos un resultado emergente que no esperábamos en una investigación sobre determinantes sociales de la salud.

Aunque nuestro guión de entrevista original ni siquiera incluía preguntas al respecto, uno de los temas que más mencionaban los trabajadores era el trato abusivo recibido en muchas empresas. Los resultados completos del estudio pueden consultarse en este informe; aquí simplemente revisaré algunos hallazgos relacionados con esa violencia empresarial cotidiana.

Una parte enorme de los trabajadores contaban cómo el modus operandi de muchos manijeros (los capataces que supervisan cuadrillas de decenas de temporeros) consiste en gritar, insultar y atosigar a los trabajadores, dándoles un trato humillante, a veces dirigido señalar a quien va algo más lento en el trabajo.

Gritos e insultos a diario

Resulta ilustrativo el hecho de que varias trabajadoras marroquíes que no hablaban prácticamente una palabra de español, habían aprendido sin embargo perfectamente a pronunciar insultos a fuerza de escucharlos a diario.

Me gustaría que quien lea esto se tome un momento para intentar visualizar la experiencia que describo. Lleva una, dos, tres, seis horas… con la espalda arqueada en todo momento para recoger unas fresas que crecen a ras de suelo, dolorido por lo forzado de la postura, bajo el sol de justicia de la primavera andaluza y el bochorno pegajoso del invernadero. Y, por si no fuera ya suficientemente duro en lo físico, tiene en todo momento al lado a alguien que le atosiga, le grita y le insulta y humilla delante de los compañeros.

En muchos testimonios esto último es, en realidad, lo verdaderamente difícil de sobrellevar. Más que la dureza del trabajo, su inestabilidad, los salarios o las viviendas hacinadas, la gota que acaba colmando el vaso de la rabia o la angustia es el trato recibido.

Esto no significa que todas las empresa se comporten de esta forma. Pero para quienes lo hacen el clima de impunidad es total: aislamiento espacial en fincas remotas, miedo de los trabajadores a perder la única fuente de ingresos a la que tienen acceso, escasa supervisión institucional…

Por otra parte, esta violencia verbal es la más habitual, pero no la única ni la más grave. El mismo clima de impunidad que habilita a insultar permite también ir mucho más allá. Hemos encontrado, entre otras cosas, trabajadoras a quienes les secuestran el pasaporte como medida de control; a quienes el jefe, en plena discusión, empuja a un charco de barro o da una bofetada u otras a quienes el manijero presiona en el costado con un palo de madera cuando son las más lentas de la cuadrilla.

La mayoría de estos casos más extremos se dan contra mujeres trabajadoras, marroquíes y sin permiso de residencia permanente: a más vulnerabilidades, más agresores impunes. Respecto a las violencias sexuales, ninguna entrevistada nos relató experiencias en primera persona (punto ciego, quizá, provocado por haber sido hombres quienes hacíamos las entrevistas), pero muchas afirman saber que ocurren y que hasta son frecuentes en las fincas.

No son casos aislados

A veces, algún caso de abusos en esta línea o más graves, en Huelva o en enclaves agroindustriales similares, logra saltar del silencio y aislamiento de las fincas al debate público, aunque sea momentáneamente, y va quedando cierto poso de conciencia sobre las malas condiciones de vida y de trabajo. Pero siempre se nos presentan como casos aislados, acciones puntuales de algún individuo monstruoso.

Nunca vemos (o elegimos no ver, o se esfuerzan para que no veamos) que lo que hace posible esas agresiones es una estructura productiva, a su vez apoyada en una estratificación social racial, de la que todas las empresas del sector, también las que no agreden de esa manera, se están beneficiando.

Es la desigualdad abismal de poder en las relaciones laborales, diseñada por las empresas y la administración para maximizar la rentabilidad del sector, la que produce un clima de impunidad que abre la puerta al horror.

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Juan Castillo Rojas-Marcos recibe fondos del proyecto europeo de investigación ‘SafeHabitus: Strengthening Farm Health and Safety Knowledge Innovation Systems (GA 101084270)’, financiado a su vez a través de la convocatoria Horizon Europe de la Comisión Europea.

ref. Cuando ir a trabajar produce terror: violencia e impunidad hacia los temporeros en el campo de Huelva – https://theconversation.com/cuando-ir-a-trabajar-produce-terror-violencia-e-impunidad-hacia-los-temporeros-en-el-campo-de-huelva-273547

¿Por qué solo cabe un número determinado de canciones en un vinilo?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Paula Lamo, Profesora e investigadora, Universidad de Cantabria

Przemek Klos/Shutterstock

Los vinilos han vuelto. No es un gesto nostálgico aislado. Podemos considerarlo un objeto cultural que hoy convive sin complejos con Spotify, TikTok y algoritmos que recomiendan música mejor que cualquiera de nuestros amigos más culturetas.

El ritual para utilizarlo es sencillo: sacar el disco de la funda, colocarlo con cuidado en el tocadiscos, bajar la aguja y… aceptar algo que hemos dejado de asumir en la era digital, que la música tiene límites físicos.

La pregunta es tan sencilla que casi parece ingenua: ¿por qué en un vinilo solo caben un número determinado de canciones? ¿Por qué no podemos grabar horas y horas de música, como hacemos en una memoria USB?

La música escrita en surcos

Un disco de vinilo no “almacena” música como lo hace un archivo digital. No hay bits, ni ceros y unos, ni compresión MP3. La información sonora está grabada físicamente en forma de surco en espiral que va desde el borde exterior hasta el centro del disco.

Ese surco no es decorativo. Sus variaciones microscópicas reproducen directamente las vibraciones del sonido original de forma que, cuando la aguja del tocadiscos recorre el surco, esas irregularidades se transforman en movimiento mecánico, luego en señal eléctrica y finalmente en sonido. Es un proceso elegantemente simple y brutalmente dependiente de las leyes de la física.

Partes del surco de un disco de vinilo vistas con un microscopio.
Partes del surco de un disco de vinilo vistas con un microscopio.
Alexander Klepnev/Wikimedia Commons, CC BY

¿Sencillo de entender cómo funciona? Pues aquí aparece la primera limitación fundamental: el espacio. Un vinilo tiene un diámetro finito y, por tanto, una longitud máxima de surco. Para meter más música solo hay tres opciones posibles:

● Hacer el surco más largo (imposible sin aumentar el tamaño del disco).

● Hacer que el surco sea más estrecho y esté más cerca del anterior.

● Reducir la información que se graba en cada instante.

Las dos últimas opciones tienen consecuencias.

Más minutos, menos calidad

Si los surcos se colocan más juntos, la aguja tiene menos margen para moverse sin interferir con el surco vecino. Eso obliga a reducir la amplitud de las variaciones (o dicho de otra manera, a grabar un sonido más “plano”). Menos volumen, menos rango dinámico, menos graves. El resultado son más minutos por cara, sí, pero a costa de perder calidad sonora.

Por eso los discos de 12 pulgadas suelen girar a 33 revoluciones por minuto y ofrecen unos 18–22 minutos por cara con buena calidad, mientras que los singles de 7 pulgadas a 45 rpm apenas duran unos minutos, pero suenan más “potentes”. No es una decisión estética. Es ingeniería pura.

¿Por qué? Porque, en el fondo, cada vinilo es un compromiso entre duración y fidelidad.

Imagen de una aguja sobre un vinilo.

crispyphoto/Shutterstock

La física no negocia

Estas limitaciones no son arbitrarias ni fruto de una mala decisión de diseño. No es que alguien decidiera fastidiarnos y limitar el número de canciones por disco. Es que la materia, la energía y el espacio imponen reglas.

Son las mismas reglas que impiden que cualquier dispositivo pueda, por ejemplo, soportar la inteligencia artificial. Aunque la idea de que todo proceso industrial deba incorporar IA sea seductora, hay una realidad física y computacional que no se puede ignorar.

Un modelo de inteligencia artificial necesita recursos: potencia de cálculo, memoria, almacenamiento, energía y capacidad de disipar calor. Un sensor IoT alimentado por batería no está diseñado para ejecutar redes neuronales complejas, igual que un surco de vinilo no puede vibrar indefinidamente sin perder información.

En ingeniería, el contexto lo es todo.


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Lo que los vinilos nos siguen enseñando

El regreso del vinilo no es solo una moda hipster ni una nostalgia romántica. Es, también, un recordatorio físico de algo que a veces olvidamos en la era digital: la tecnología siempre está limitada por el soporte.

Hoy almacenamos música en la nube y damos por hecho (erróneamente) que el espacio es infinito. Pero no lo es. Solo está escondido en centros de datos que consumen enormes cantidades de energía y recursos. Igual que la IA “gratuita” no es gratuita y en realidad se apoya en infraestructuras muy costosas.

El vinilo nos obliga a ver el límite. A aceptar que no todo cabe. A elegir. Y esa es, quizá, la lección más interesante para la tecnología actual: no todo dispositivo necesita IA, no todo proceso debe ser inteligente, y no todo sistema mejora por añadir complejidad.

A veces, como en un buen disco, menos es más.

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Este trabajo ha sido apoyado por el Gobierno Regional de Cantabria y financiado por la UE bajo el proyecto de investigación 2023-TCN-008 UETAI. También, este trabajo fue financiado por el Ministerio de Ciencia e Innovación de España MICIU/AEI/10.13039/501100011033 y por FEDER, UE bajo el proyecto de investigación PID2021-128941OB-I00, “Transformación Energética Eficiente en Entornos Industriales”.

ref. ¿Por qué solo cabe un número determinado de canciones en un vinilo? – https://theconversation.com/por-que-solo-cabe-un-numero-determinado-de-canciones-en-un-vinilo-274787

Qué es la diabetes tipo 5, la nueva variante vinculada a la desnutrición y la pobreza

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Gonzalo Martín Pérez Arana, Profesor Titular de Anatomía y Embriología Humanas, Universidad de Cádiz

PeopleImages.com /Shutterstock

La diabetes mellitus es una enfermedad que provoca unos niveles de azúcar en sangre elevados. Hoy día la variante más común es la diabetes tipo 2, muy asociada al estilo de vida de los países desarrollados. Sin embargo, es menos conocido que la desnutrición también puede causar esta patología. Recientemente se ha reconocido una nueva variante relacionada con una dieta pobre: la diabetes tipo 5.

Quizá conozca a alguien con diabetes tipo 2. Esta variante está asociada al sedentarismo, la dieta rica en carbohidratos y grasas y, en definitiva, a la obesidad. Todas estas condiciones favorecen el agotamiento del páncreas, que pierde su capacidad de producir insulina, la hormona necesaria para mantener unos adecuados niveles de glucosa en sangre.

Por su relación con la obesidad, la diabetes tipo 2 se ha convertido en un quebradero de cabeza para las instituciones sanitarias occidentales. Según las previsiones, en el año 2050 se esperan 140 millones de diabéticos tipo 2 en Europa y Estados Unidos. El costo sociosanitario de estos pacientes se estima en 8 600 millones de euros anuales solo en España. Es algo difícil de sostener incluso para el más robusto sistema nacional de salud.

La diabetes tipo 5

Paradójicamente, hace unos meses los expertos han reconocido oficialmente una nueva variante de la diabetes. Se trata de la diabetes tipo 5 –los tipos 3 y 4 se usan más en un contexto académico, por lo que no los explicaremos en este artículo–.

La diabetes tipo 5 se define como aquella forma de diabetes debida a un déficit de producción de insulina en el páncreas, pero asociado a la desnutrición prolongada en niños y adolescentes. No se trata de algo recién descubierto: los expertos no han hecho sino nombrar una enfermedad que ya se trataba en los países en vías de desarrollo de la mejor manera posible desde hace años. La cifra de afectados, aunque se estima elevada, se desconoce oficialmente.

Resulta irónico que dos situaciones antagónicas (la dieta hipercalórica frente a la dieta pobre y la desnutrición) puedan conducir, por caminos distintos, a un fenómeno común. Tanto en países ricos –tipo 2– como en los que se encuentran en vías de desarrollo –tipo 5– el problema subyacente es la pérdida de producción de insulina en los pacientes.

¿Qué podemos hacer?

Conocida desde la Antigüedad, desde entonces los tratamientos han sido muchos y variados. Ya en época romana el médico y enciclopedista Aulo Cornelio Celso prescribía dieta y ejercicio. Más adelante, desde la segunda mitad del siglo XX, se recurrió a los antidiabéticos orales y a la insulina exógena.

Hoy existe un punto en común que lleva al incremento de ambos tipos de diabetes, tanto la de tipo 2 como la de tipo 5. Nos referimos a los bajos ingresos en la población.

En los países pobres, estos limitan el acceso a cualquier tipo de alimento y condenan a la malnutrición crónica a niños y adolescentes, lo que favorece los casos de diabetes tipo 5. En los países desarrollados, un estrato cada vez mayor de la población tiene dificultades para acceder a los alimentos frescos y de calidad. Como resultado, basan su dieta en productos ultraprocesados y ricos en azúcares, mucho más baratos. Esto, unido al estilo de vida sedentario, favorece un incremento en la prevalencia de la obesidad, acompañada de una de sus mayores complicaciones: la diabetes tipo 2.

Para enfrentarnos a esto, un primer paso debe ser el tratamiento de los pacientes de ambas formas de diabetes. Este resulta, en muchos casos, parecido: implica apoyo nutricional y uso de fármacos antidiabéticos orales.

Pero lo que parece sencillo en Occidente supone una dificultad en los países subdesarrollados. Por un lado, por la imposibilidad económica para adquirir los fármacos y su disponibilidad en cantidades suficientes. Por otro, por la limitada capacidad de distribución y mantenimiento, ya que algunos requieren conservación en frío.

Aun así, se están implementando programas desde organismos internacionales como el Pacto Mundial contra la Diabetes de la OMS y las campañas de la World Diabetes Foundation – WDF para facilitar ese acceso.

Facilitar el acceso a una alimentación sana

Más allá de esto, hace también falta una estrategia común para frenar la expansión de las dos variantes de la diabetes. Esta pasa por facilitar el acceso a una alimentación sana y de calidad en ambos casos. En los países occidentales, podría concretarse con medidas encaminadas a la disminución del precio de productos frescos y sanos. Por ejemplo, mediante reducciones de impuestos o bonificaciones en su compra para las rentas más bajas. Todo ello junto a políticas de concienciación y educación dietética y nutricional para el público.

En los países más pobres resulta más complicado. Estas son algunas medidas que pueden ayudar a paliar la lacra de la diabetes tipo 5:

  • El apoyo a los pequeños productores locales.

  • La implementación de proyectos de innovación agrícola y ganadera.

  • Medidas directas de ayuda y protección social a colectivos vulnerables como niños y adolescentes.

De esta forma se podría facilitar el acceso a una dieta idónea a la población. Como resultado, se reducirían los casos de malnutrición y de diabetes tipo 5. Desde luego, todo ello implicará un arduo trabajo para años venideros.

La diabetes no hace sino recordarnos que dos realidades tan alejadas como la del primer y el tercer mundo a veces sufren problemas que, aunque pueden presentar distinto rostro, comparten raíces comunes.

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Gonzalo Martín Pérez Arana no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Qué es la diabetes tipo 5, la nueva variante vinculada a la desnutrición y la pobreza – https://theconversation.com/que-es-la-diabetes-tipo-5-la-nueva-variante-vinculada-a-la-desnutricion-y-la-pobreza-271171

La literatura infantil no necesita espacios seguros, sino espacios ‘valientes’

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Marina Garcia-Castillo, PhD candidate, Universitat de Vic – Universitat Central de Catalunya

Cristina Zafra

Imaginemos que un libro infantil es una casa. Dentro, hay espejos donde niños y niñas se reconocen, ventanas que muestran otras vidas y puertas que invitan a mundos distintos. Pero no todas las habitaciones son cómodas. Hay espejos que devuelven imágenes distorsionadas, ventanas que muestran situaciones injustas y puertas que conducen a realidades difíciles.

¿Qué hacemos cuando la lectura incomoda? ¿Apartamos a la infancia de esas historias, o la acompañamos a leerlas con mirada crítica?

Estas son algunas de las preguntas que plantea Zoom Out, un proyecto Erasmus+ que aborda desigualdades en las escuelas mediante la literatura infantil.

En el trabajo con las escuelas hemos observado que, al igual que en algunos libros, en las aulas existen desigualdades. Retirar esos libros no hace que desaparezcan. En cambio, conversar alrededor de ellos y crear espacios donde el alumnado pueda pensar, nombrar y cuestionar puede servir para hacer visibles desigualdades presentes y pensarlas colectivamente.

Lo que no se puede decir en clase

Muchos niños y niñas no tienen el lenguaje ni el espacio para hablar de las desigualdades que les atraviesan. Esto se hizo evidente durante uno de los talleres.

Al pedir al alumnado que se dibujara durante una adaptación de la actividad El mapa de quién soy, un niño empezó a decir “Soy negro…” y se tapó la boca. Miró a la tallerista y corrigió: “Perdón, no se puede decir negro; cogeré el color marrón”.

En la escuela había aprendido que “negro” era un insulto. Su incomodidad surgía de la dificultad para nombrar parte de su experiencia sin miedo a usar una palabra incorrecta y racista. Lo que estaba en juego no era el dibujo, sino los límites del lenguaje socialmente aceptado en la escuela para nombrarse.

¿Cerrar el libro o abrir el debate?

Situaciones como esta plantean una cuestión recurrente en las aulas: ¿qué hacemos con libros que muestran racismo, como Tintín en el Congo, sexismo, como La Cenicienta, o colonialismo, como Robinson Crusoe? En muchos casos, estos textos se dejan de lado por considerarse problemáticos, desactualizados o difíciles de trabajar en clase.

En ese marco aparece con frecuencia la idea de “protección”, entendida como la necesidad de evitar determinados contenidos o conversaciones. Pero, como se pregunta la escritora Laure Murat: ¿qué sabemos realmente sobre la fragilidad de los niños?

Espacios seguros, ¿espacios limitantes?

Estas reflexiones han aparecido en las escuelas que han participado en Zoom Out. El concepto de “espacio seguro” nos ayuda a situar estas tensiones. Este nació en movimientos sociales que buscaban lugares libres de hostilidad para poder hablar, “autodefinirse” y trabajar por la justicia social. En educación se utiliza para describir entornos donde el alumnado se siente aceptado y emocionalmente protegido.

Estos espacios son imprescindibles, pero pueden resultar limitantes si la seguridad se entiende como ausencia de conflicto. En la práctica educativa, todo aprendizaje requiere riesgo: hacer preguntas difíciles, descubrir algo incómodo o confrontar sesgos propios. Cuando evitar ese riesgo se convierte en norma, puede generarse un falso sentido de seguridad que impida abordar temas complejos o cuestionar sistemas de poder.

De espacios seguros a espacios “valientes”

Frente a estos límites, desde la pedagogía, Brian Arao y Kristi Clemens proponen el concepto de “espacios valientes”. Es decir, entornos donde el conflicto es generativo, el error no se penaliza y la incomodidad es una condición necesaria para aprender.

Desde las reflexiones en el marco de Zoom Out, entendemos un espacio valiente como aquel donde niños y niñas pueden nombrarse sin miedo, preguntar sin que se les juzgue, señalar una injusticia aunque no sepan resolverla, o cambiar de opinión.

Buscando estrategias

A partir del trabajo con escuelas, el proyecto ha permitido identificar prácticas sencillas (complementadas por una guía y un banco de recursos) que favorecen estos espacios de lectura valientes:

  • Utilizar espacios flexibles, que fomenten dinámicas no jerárquicas. Los círculos literarios son una gran fuente de inspiración.

  • Establecer reglas, enfatizar la responsabilidad en los diálogos, moldear las expectativas y usar técnicas de mediación para acompañar emociones. Permitir que algo moleste, sorprenda o enfade también forma parte de leer.

  • Contextualizar antes de leer, explicando el momento histórico y la autoría. Saber el conocimiento previo del alumnado es esencial para entender desde qué lente interpretarán el texto.

  • Crear oportunidades para el diálogo con preguntas abiertas. Por ejemplo, “¿Qué voces faltan? ¿Qué pasaría si lo contáramos diferente?”.

  • Identificar y llenar vacíos de representación con una colección de libros que refleje la diversidad del aula en cuanto a género, origen, etnia, etc.

En los talleres de Zoom Out hemos observado pequeños gestos. Entre ellos, alumnado que cuestiona estereotipos, relaciona historias con su entorno y formula preguntas. El objetivo no es dar respuestas cerradas, sino acompañar el desarrollo de una mirada propia, atenta y crítica a la desigualdad.

La valentía de no cerrar el libro

Abrir espacios valientes no garantiza conversaciones amables. En otro taller, un niño explicó por qué no le gustaban las personas sin hogar. Comentarios racistas, sexistas o excluyentes surgen cuando se crean espacios donde el alumnado puede hablar libremente. Aun así, la experiencia de los talleres apunta a que es preferible que estos comentarios aparezcan a que queden tapados pero latentes.

La casa de la literatura infantil debería ser un lugar donde sus lectores se reconozcan, pero también donde puedan ver las grietas de sus paredes. Desde Zoom Out argumentamos que no se trata de cerrar las puertas que llevan a habitaciones incómodas, sino de acompañarles cuando decidan abrirlas.

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Marina Garcia-Castillo recibe fondos del programa predoctoral AGAUR-FI ajuts (2025 FI-3 00065) Joan Oró del Departament de Recerca i Universitats de la Generalitat de Catalunya y la cofinanciación del Fondo Europeo Social Plus.
Zoom Out (2023-1-ES01-KA220-SCH-) es un proyecto cofinanciado por Erasmus+.

Gerard Coll-Planas recibe fondos de la convocatoria Erasmus+ para el proyecto Zoom Out 2023-1-ES01-KA220-SCH-000155210

ref. La literatura infantil no necesita espacios seguros, sino espacios ‘valientes’ – https://theconversation.com/la-literatura-infantil-no-necesita-espacios-seguros-sino-espacios-valientes-271241