Las consejeras ejecutivas siguen ganando menos que sus colegas masculinos: cómo reducir la brecha

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Álvaro Melón Izco, Profesor Permanente Laboral de Economía Financiera y Contabilidad, Universidad de La Rioja

Gorodenkoff/Shutterstock

Las consejeras ejecutivas ganan menos que sus colegas hombres, incluso cuando ocupan el mismo cargo. Hemos analizado las diferencias salariales entre hombres y mujeres en los consejos de administración de las empresas españolas que cotizan en la Bolsa de Madrid entre 2013 y 2021, y hemos llegado a la conclusión de que aplicar correctamente las normas de buen gobierno corporativo puede reducir esa desigualdad.

La brecha existe… pero no siempre por lo mismo

Sabemos que, en España, la brecha salarial llega a ser muy elevada entre consejeros y consejeras ejecutivas. Pero no toda esa diferencia tiene el mismo origen.




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En parte se explica por factores objetivos: el tamaño de la empresa, el puesto que se ocupa dentro del consejo, la participación en comisiones de trabajo o la trayectoria profesional. Todo eso influye en la retribución final de los consejeros y consejeras.

Sin embargo, incluso cuando se comparan perfiles equivalentes, la brecha no desaparece del todo. Una parte significativa no puede explicarse por características observables. Esto indica que también intervienen factores estructurales, organizativos o culturales.

Para entenderlo bien hay que mirar el sueldo con más detalle.

No todos los componentes del salario funcionan igual

El sueldo de un consejero ejecutivo tiene varias partes:

  1. Retribución fija: compuesta por una remuneración fija por pertenencia al consejo, un sueldo por la labor ejecutiva, otra remuneración por pertenencia a comisiones dentro del consejo y las dietas.

  2. Retribución variable: compuesta por retribuciones variables a corto y largo plazo en función de objetivos, retribuciones a través de acciones o similares, y retribuciones a través de sistemas de ahorro.

  3. Otras retribuciones: remuneraciones en especie e indemnizaciones por cese del consejo.

Cuando se analizan por separado, aparecen diferencias importantes.

Si en la retribución fija gran parte de la brecha se relaciona con características del puesto o de la empresa, en la remuneración variable la situación cambia: los incentivos concentran una parte muy relevante de la desigualdad que no puede explicarse por factores objetivos.

Esto es clave. La mayor parte de la diferencia aparece precisamente en la parte del salario donde hay más margen de decisión.

El papel del buen gobierno corporativo

Aquí entra en juego un elemento poco visible fuera del ámbito empresarial: las recomendaciones de buen gobierno sobre remuneraciones.

En España, estas directrices (soft law, no vinculantes pero que sirven de referente) son promovidas por la Comisión Nacional del Mercado de Valores y establecen principios como:

  • Transparencia en las políticas salariales.

  • Coherencia entre remuneración y resultados.

  • Evaluación independiente de los salarios.

  • Control de la discrecionalidad en los incentivos.

No son simples formalidades. Su objetivo es que las decisiones salariales sean justificables y supervisables.

Qué ocurre cuando se cumplen las reglas

Las empresas que aplican mejor estas recomendaciones presentan una menor brecha salarial entre consejeros y consejeras ejecutivas.

La reducción se observa en todos los componentes de la remuneración. Esto es, tanto en la retribución fija como en la variable, incluso en los otros tipos de retribución menos frecuentes.

Por tanto, el cumplimiento con los estándares de buen gobierno en materia de remuneración no es simbólico: tiene efectos reales y medibles sobre la igualdad salarial.

Por qué el cumplimiento reduce la desigualdad

Las recomendaciones citadas obligan a las empresas a explicar y documentar sus decisiones salariales. Eso limita la arbitrariedad y reduce la influencia de sesgos o inercias históricas.

La transparencia introduce control, que reduce la discrecionalidad. Y menos discrecionalidad significa menos desigualdad.

Además, las empresas con sistemas de gobierno más sólidos suelen tener procesos de decisión más estructurados y culturas organizativas más inclusivas. La igualdad deja de depender de decisiones individuales y pasa a integrarse en el funcionamiento normal de la organización.

El gran punto crítico: los incentivos

Aun así, el principal foco de desigualdad sigue siendo la remuneración variable.

Los bonus y pagos ligados al desempeño son más difíciles de evaluar objetivamente y suelen depender de valoraciones más flexibles. Por eso son también más sensibles a sesgos, conscientes o inconscientes.

Pero no es el único factor. También influye cómo hombres y mujeres tienden, en promedio, a tomar decisiones ante la incertidumbre.

Numerosas investigaciones en economía y comportamiento organizativo muestran que, de media, las mujeres sienten más aversión al riesgo que los hombres. Esto no significa que todas se comporten igual ni que siempre eviten el riesgo, pero sí que, en términos agregados, tienden a preferir ingresos más seguros frente a ganancias potenciales inciertas.

Aplicado a la remuneración de los consejeros ejecutivos, esto puede traducirse en una mayor preferencia por salarios fijos –más estables y predecibles–, incluso si eso implica renunciar a incentivos variables que podrían ser más altos, pero también más inciertos.

En cambio, muchos sistemas de bonus premian la asunción de riesgo, la negociación agresiva o la apuesta por objetivos muy ambiciosos. Si unos profesionales están, en promedio, más dispuestos a aceptar esa incertidumbre que otros, el resultado puede ser una mayor diferencia en la remuneración variable, incluso sin discriminación directa en cada decisión individual.

Esto ayuda a explicar por qué la brecha salarial se concentra especialmente en los incentivos: son el componente donde confluyen tanto la discrecionalidad organizativa como las diferencias promedio en preferencias frente al riesgo.

Por eso, si se quiere reducir la brecha salarial de forma efectiva, no basta con revisar cuánto se paga, sino también cómo se diseñan los sistemas de incentivos y qué tipo de comportamientos se están premiando.

Más mujeres no basta

Aumentar la presencia femenina en los consejos es necesario, pero no suficiente. La igualdad real no consiste solo en acceder a los cargos, sino en recibir la misma compensación por funciones equivalentes. Si no ocurre así, el techo de cristal desaparece, pero la desigualdad permanece en el salario.

Las conclusiones apuntan a medidas concretas:

  • Auditorías de equidad salarial.

  • Transparencia en los criterios retributivos.

  • Evaluación objetiva del desempeño.

  • Comités de remuneraciones independientes.

  • Supervisión específica de los incentivos variables.

Promover el cumplimiento efectivo de las recomendaciones de buen gobierno no solo mejora la gestión empresarial. También reduce las desigualdades estructurales.

Sabemos que la brecha salarial existe, incluso en la cúspide empresarial. Ahora sabemos algo más importante: puede reducirse.

Cuando las reglas se aplican de verdad, la igualdad deja de ser una promesa y empieza a ser un resultado.

The Conversation

Álvaro Melón Izco recibe fondos de la Universidad de La Rioja (REGI22/55).

ref. Las consejeras ejecutivas siguen ganando menos que sus colegas masculinos: cómo reducir la brecha – https://theconversation.com/las-consejeras-ejecutivas-siguen-ganando-menos-que-sus-colegas-masculinos-como-reducir-la-brecha-275350

¿A qué llamamos evidencia científica?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Luis Felipe Reyes, Profesor de muy alto prestigio en Enfermedades Infecciosas, Universidad de La Sabana

Roman Samborskyi/Shutterstock

En tiempos de desinformación viral y certezas instantáneas, pocas expresiones se usan con tanta autoridad y, a menudo, con tan poca precisión, como “evidencia científica”. Se invoca en debates políticos, campañas de salud pública, discusiones familiares y hasta anuncios comerciales, como si fuera un sello de verdad absoluta. Pero ¿qué significa realmente este concepto que parece tan evidente y, al mismo tiempo, tan escurridizo?

A simple vista, podríamos decir que la evidencia científica es aquello que “demuestra” algo con base en la ciencia. Sin embargo, basta examinarla para descubrir que no es un objeto estable, sino un proceso complejo, lleno de matices, incertidumbres y revisiones constantes.

Lejos de ser un bloque monolítico, la evidencia científica se construye, se cuestiona y, a veces, se contradice. Comprender su naturaleza es fundamental para navegar debates sobre temas tan diversos como vacunas, inteligencia artificial, cambio climático o nutrición.

¿Quién puede generar evidencia científica?

Existe la creencia de que la ciencia es un territorio exclusivo de profesionales en laboratorios. Pero, en esencia, la ciencia no es un título; es un método. Si una persona formula una pregunta clara, plantea una hipótesis, recoge datos con rigor, controla sesgos y expone sus conclusiones al escrutinio público, está utilizando el método científico, y por ende, está haciendo ciencia.

Lo que determina la validez de un resultado no es quién lo produce, sino cómo se generan y evalúan los datos. Aun así, la ciencia moderna se ha vuelto tan técnica que algunos experimentos requieren equipamiento, financiación o conocimientos especializados. Esta barrera es práctica, no filosófica.

¿Cuánta evidencia es suficiente? La evidencia como gradiente

Una de las ideas más importantes y más difíciles de comunicar es que no toda evidencia pesa igual. Ningún estudio aislado, por sólido que sea, puede cargar por sí solo con el peso de la verdad. La evidencia se acumula y se evalúa como un gradiente.

La jerarquía clásica de evidencia científica –ensayos clínicos aleatorizados, estudios observacionales, series de casos– es una guía útil, pero imperfecta. En la vida real, la “mejor evidencia disponible” depende de la pregunta, del contexto y de la factibilidad de los estudios.

Por ejemplo, no sería ético aleatorizar a personas a fumar o no fumar para estudiar el cáncer de pulmón; por eso, los estudios observacionales cuidadosamente diseñados se convierten en la forma más robusta de evidencia posible para ese tipo de problemas.

Además, la reproducibilidad es clave. Un resultado aislado puede ser interesante; un resultado reproducido por distintos equipos, en distintos lugares y con distintos métodos se vuelve convincente.

Cuando las evidencias se contradicen

Las contradicciones entre estudios pueden parecer desconcertantes para el público, pero son una parte esencial del progreso científico. Diferentes grupos pueden estudiar poblaciones distintas, usar métodos con niveles de precisión variables o analizar los datos con supuestos estadísticos divergentes.

En ocasiones, lo que parece contradicción es simplemente evidencia incompleta. Si cinco estudios pequeños sugieren un efecto y un gran ensayo clínico lo contradice, el peso de la evidencia recae en el estudio más riguroso, no en la suma aritmética de publicaciones.

¿Existe un protocolo único para producir evidencia científica?

Aunque solemos hablar del “método científico” como si fuera una receta única, la realidad es mucho más diversa. La biología, la física, la sociología, la medicina o la astronomía utilizan aproximaciones metodológicas distintas, adaptadas a sus objetos de estudio.

En medicina, los ensayos clínicos aleatorizados son la herramienta más robusta para evaluar intervenciones. En cambio, el estudio del clima depende de modelos matemáticos de enorme complejidad. En ciencias sociales, los métodos cualitativos (entrevistas, etnografías, análisis de discurso) generan evidencia distinta, pero complementaria a la cuantitativa.

Lo que todas estas aproximaciones comparten es la transparencia: describir qué se hizo, cómo se hizo, con qué datos, bajo qué supuestos y con qué limitaciones. La evidencia científica se legitima, en buena medida, por su capacidad de ser revisada y puesta a prueba.

La evidencia científica: provisional por diseño

Sin embargo, quizá la característica más fascinante de la evidencia científica es su carácter provisional. Una afirmación científica es fuerte no porque sea eterna, sino porque está sujeta a revisión, cuando aparezcan datos o métodos mejores. Esta flexibilidad, a veces percibida como debilidad, es, en realidad, uno de los pilares de la ciencia moderna.

Aceptar la incertidumbre no significa renunciar a la acción. Significa actuar con la mejor evidencia disponible, mientras se sigue investigando.

En salud pública, durante pandemias o ante avances tecnológicos disruptivos, la evidencia es necesariamente imperfecta y evoluciona rápidamente. Entender esto ayuda a evitar frustraciones, conspiraciones y falsas dicotomías.

La clave: evidencia como punto de partida

Por tanto, la evidencia científica no es un veredicto final, sino un proceso continuo, colectivo y perfectible. Su fuerza radica en su capacidad de autocorregirse, reconocer sus limitaciones y mejorar con el tiempo.

En un mundo saturado de datos, opiniones y pseudocertezas, comprender su naturaleza dinámica resulta esencial. La evidencia científica no cierra debates: los abre. Es, más que una respuesta, una invitación permanente a seguir preguntando.

The Conversation

Luis Felipe Reyes no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ¿A qué llamamos evidencia científica? – https://theconversation.com/a-que-llamamos-evidencia-cientifica-269831

Suplemento cultural: el español que suena

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Claudia Lorenzo Rubiera, Editora de Cultura, The Conversation

Portada del álbum de Bad Bunny _Debí tirar más fotos_. Bad Bunny/Facebook

Este texto se publicó por primera vez en nuestro boletín Suplemento cultural, un resumen quincenal de la actualidad cultural y una selección de los mejores artículos de historia, literatura, cine, arte o música. Si quiere recibirlo, puede suscribirse aquí.


Ya sé que ha sido el tema de la semana, pero permítanme que lo trate por última vez, porque celebrar el baile, la herencia cultural y la música siempre viene bien.

En la noche del domingo 8 de febrero sucedieron dos cosas que nos interesan para la tesis que vamos a desarrollar. Benito Antonio Martínez Ocasio fue el encargado del espectáculo de medio tiempo de la Super Bowl (el “Super Tazón”), hecho por primera vez en español (con permiso de Lady Gaga). Además, la aplicación de enseñanza de idiomas Duolingo vio cómo los interesados en aprender esta lengua en ese mismo periodo se incrementaban un 35 %.

No era la primera vez que pasaba. Como cuenta Lourdes Moreno Cazalla, autora del estudio para el Observatorio Nebrija del Español “El boom de la música urbana latina y la expansión del español a nivel global”, cuando se anunció que el puertorriqueño sería el encargado del show, otras aplicaciones que dan clase de idiomas también vieron subidas parecidas.

En un momento en el que el español, el segundo idioma más hablado en Estados Unidos, está siendo relegado a nivel gubernamental (partiendo ya de una posición desfavorable frente a la lengua dominante), ver a un estadounidense haciendo gala de esa herencia cultural (además de muchas otras) puede servir de impulso lingüístico.

Mientras tanto, les recomiendo bailar los 13 minutos de la actuación de Bad Bunny cada vez que sientan que los ánimos decaen. El jolgorio final a ritmo de “Debí tirar más fotos” da ganas de saltar aunque sea por el pasillo de casa.

¿Biología o cultura?

Cómo es lo de la belleza. Muchas veces nos colocamos ante un cuadro o una fotografía y sabemos decir, incluso sin poder argumentarlo, si eso es bonito o feo, si nos gusta o no.

Un grupo de investigadores de la Universidad de Jaén decidió ir más allá y estudiar si este conocimiento es inherente a la especie o aprendido. Y lo hizo a través de la proporción áurea, esa relación matemática que aparece en un número infinito de obras de arte.

La respuesta no es solo curiosa sino ambigua, porque a veces las preguntas que nos hacemos desembocan en una duda tan tópica como real de si fue primero el huevo o la gallina.

Cuántas canciones

No sé si saben que los vinilos están tan de moda que la estadística indica que un 40 % de los jóvenes estadounidenses compra los discos sin tener un reproductor para ellos. Son cultura pero también estética.

En mi casa el reproductor entró de la mano del LUX de Rosalía. Poco después, cuando completamos la colección con los álbumes que tenía mi familia y que ya no escuchaba, observamos algo curioso: ¿por qué el álbum de Rosalía tenía solo cinco canciones, a veces cuatro, por cara y The Who lograba colar hasta ocho? ¿Cuál era la explicación científica?

La respuesta nos la dio Paula Lamo en su estupendo artículo. Es pura ingeniería.

La IA, pros y contras creativos

A veces no pensar es muy cómodo y descansado. Sin embargo, cognitivamente produce efectos bastante desfavorables. Utilizando como ejemplo la serie Pluribus (porque no se acaba nunca esa maravilla televisiva) Anita Feridouni Solimani explica qué riesgos afrontamos si dejamos que la IA discurra por nosotros y cómo podemos utilizar la tecnología a favor de nuestra mente y no en su contra.

Quienes están también utilizando la IA, no para hacer que los cerebros vagueen sino para que la experiencia de los usuarios sea más rica, son los desarrolladores de videojuegos. Ricardo Fernández Rafael analiza su evolución en la industria y todo lo que todavía puede ofrecer.

El amor no era esto

El viernes se estrenó la nueva adaptación cinematográfica de Cumbres borrascosas, de Emily Brontë, justo la víspera de San Valentín. Que la fecha elegida sea esta no deja de resultar curioso si hablamos de una historia en la que la pasión es tóxica y consume a los protagonistas.

Hace unos años Inés García Saillard analizaba la mala salud que transpiraba el amor que narra el libro, y en otoño Lucía Celdrán Noguera repasó, al hilo de la publicación del primer tráiler de la película, las versiones audiovisuales anteriores, lo que ensalzaban y lo que obviaban.

Lo más curioso es que pocas se han acercado a la novela con la complejidad con la que la abordó la autora. Por supuesto, cualquier cineasta es libre de contar la historia como quiera, pero resultaría atrayente que se evitase la simplificación de las narrativas y que, por fin, alguien tratase a Heathcliff y Cathy como los seres multifacéticos y nada idealizados que describió Brontë.

Por cierto, si en este boletín, o en alguno de los artículos, detectan alguna errata, asumo la responsabilidad que me toca. Y la que no me toca se la dejo al diablillo.

The Conversation

ref. Suplemento cultural: el español que suena – https://theconversation.com/suplemento-cultural-el-espanol-que-suena-275943

Diez coincidencias inesperadas entre el marxismo y la ultraderecha actual

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Víctor Hugo Pérez Gallo, Assistant lecturer, Universidad de Zaragoza

Acto de Vox en la plaza de Colón (Madrid) en 2019. Enriscapes/Shutterstock

En las últimas elecciones autonómicas en Aragón, la ultraderecha duplicó su representación. No fue un salto aislado: ocurre en distintos territorios de España y Europa. El crecimiento no se explica solo por enfado o protesta, pero tampoco únicamente por cuestiones culturales o identitarias.

Para entenderlo, conviene mirar algo menos evidente.

A primera vista, el marxismo y la ultraderecha parecen opuestos irreconciliables, en objetivos, valores y horizonte político. Uno nació como proyecto emancipador; el otro propone orden, cierre y jerarquía. Pero si observamos cómo analizan el malestar social, aparecen similitudes sorprendentes. No hablamos de equivalencia ideológica, sino de coincidencias en la forma de leer la realidad.

Algunas formaciones de ultraderecha –como Vox en España– utilizan herramientas de análisis que recuerdan a las desarrolladas por Karl Marx, aunque lo rechacen explícitamente. No citan a Marx ni se reconocen en su tradición, pero comparten ciertos mecanismos de interpretación del conflicto social.

Estas son las diez coincidencias:

1. Ven el malestar como algo estructural

No lo reducen a decisiones individuales. Si los salarios no alcanzan, si el alquiler sube, si el empleo es inestable, la explicación no es simplemente “falta de esfuerzo”: hay un sistema que produce ganadores y perdedores. Ambos enfoques parten de la idea de que el problema no es solo personal.

2. Sitúan el conflicto en el centro

Para ambos, la sociedad no es un espacio neutral donde todos ganan. Está atravesada por tensiones. Hay intereses enfrentados, grupos que se benefician y otros que cargan con los costes. Esta mirada conflictiva resulta más clara y movilizadora que los discursos que hablan de consenso permanente.

3. Construyen antagonismos claros

Mientras el marxismo habló de capital y trabajo, la ultraderecha habla de pueblo y élites, nación y globalismo, ciudadanos y burócratas. Aunque cambian los términos, se mantiene la lógica del enfrentamiento. El mapa social se organiza en bloques reconocibles.

4. Señalan responsables

No hablan de “procesos abstractos” ni de fuerzas impersonales: identifican actores. Unos señalaban a la burguesía y los otros apuntan a élites políticas, culturales o económicas. Esta personalización del conflicto facilita la comprensión y la movilización.

5. Reconocen la dimensión material

Detrás de los debates culturales hay facturas, hipotecas y contratos temporales. El malestar económico pesa, y mucho. Cuando una familia llega con dificultad a fin de mes, la discusión sobre modelos abstractos pierde fuerza. Ambos enfoques entienden que la vida cotidiana importa.

6. Crean un “nosotros”

El proletariado en el marxismo; el pueblo o la nación en la ultraderecha. En ambos casos, se construye un sujeto colectivo que se siente perjudicado. Ese “nosotros” da identidad y pertenencia en contextos de incertidumbre.

7. Simplifican el mapa social

Reducen la complejidad, dividen en bloques. En política, la claridad compite con la precisión. Un relato demasiado matizado puede ser intelectualmente sólido, pero menos eficaz. Tanto el marxismo clásico como la ultraderecha han sabido ofrecer explicaciones fáciles de entender.

8. Utilizan el agravio

La explotación, en un caso, y la humillación o la pérdida de estatus, en el otro: el sentimiento de injusticia actúa como motor político. Cuando alguien siente que ha perdido algo –trabajo, reconocimiento, estabilidad–, busca una explicación que dé sentido a esa experiencia.

9. Ofrecen explicaciones globales

No se limitan a propuestas técnicas. Presentan una narrativa amplia sobre cómo funciona el sistema y quién se beneficia de él. En tiempos de incertidumbre, las explicaciones globales generan seguridad cognitiva.

10. Transforman el diagnóstico en acción

No se quedan en el análisis. Organizan, movilizan, convierten el malestar en voto. El relato no es solo interpretativo; es operativo. Sirve para ganar elecciones o construir movimiento.

La diferencia decisiva

Aquí termina la coincidencia.

El marxismo clásico aspiraba a transformar el sistema en clave emancipadora, eliminando desigualdades estructurales, mientras que la ultraderecha actual utiliza diagnósticos estructurales para prometer orden, protección o estabilidad dentro del mismo sistema o para redefinirlo en términos excluyentes.

Parte del éxito de la ultraderecha no se debe solo a la polarización o al escándalo mediático, sino también a que ofrece interpretaciones simples y reconocibles del malestar cotidiano: salarios que no suben, pueblos que pierden servicios, jóvenes que sienten que vivirán peor que sus padres, trabajadores que perciben que el esfuerzo ya no garantiza estabilidad.

Mientras otros discursos se vuelven más técnicos o abstractos, la ultraderecha habla de experiencias concretas. Eso no la hace equivalente al marxismo, pero sí explica por qué su mensaje conecta.

La pregunta, entonces, no es solo por qué crece la ultraderecha. Es otra más incómoda: ¿quién está interpretando mejor lo que la gente siente que le está pasando?

The Conversation

Víctor Hugo Pérez Gallo no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Diez coincidencias inesperadas entre el marxismo y la ultraderecha actual – https://theconversation.com/diez-coincidencias-inesperadas-entre-el-marxismo-y-la-ultraderecha-actual-275992

Cuatro decisiones fundamentales sobre el aprendizaje de la lectura y la escritura: qué dicen las evidencias

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Jesús Rodríguez de Guzmán, Profesor Psicología del desarrollo y de la educación, Universidad de Cantabria

RafCopy/Shutterstock

Aroa, tres años y medio, tiene sobre la mesa un cuento ilustrado, un lapicero y un folio:

¿Sabes leer?

No, no sabo

¿Y escribir?

Sí, eso sí, mira:

Imagen.

Y ¿qué pone ahí?

¿…? No sé, ya te dije que no sabo leer

Esta situación invita a ponernos en el lugar del aprendiz y a plantearnos cómo percibe el acceso al lenguaje escrito.

Adquirimos las destrezas orales de la lengua materna espontáneamente, por exposición. No necesitamos un aprendizaje formal: basta con tener un modelo a imitar y que nuestros intentos comunicativos sean reforzados cuando se aproximan a palabras del idioma con significado y función; como, por ejemplo, cuando un bebé dice “bá-bá” y recibe la respuesta emocionada de sus progenitores.

El lenguaje escrito, por el contrario, exige un proceso de enseñanza y aprendizaje explícito y formal. Pocas personas asocian significantes (palabras escritas) a significados de manera espontánea, aprovechando el ambiente alfabetizador en que vivimos, y aprenden a leer sin ser enseñados. Aunque las hay que llegan al colegio con un amplio repertorio de palabras que pueden leer en el desarrollo de su etapa logográfica.

Leer y escribir son dos procesos que requieren una intervención educativa guiada por la reflexión profesional, y evidencias didácticas que la acompañen. Destaquemos que se trata de destrezas instrumentales, claves para el resto de aprendizajes, y que pueden generar satisfacción al aprendiz, pero también frustración si no se abordan teniendo en cuenta los aspectos básicos del desarrollo evolutivo.

Nos ocuparemos de cuatro decisiones fundamentales sobre el aprendizaje de la lectura y la escritura y lo que indican las evidencias recientes más sólidas.

1. ¿Cuándo: infantil o primaria?

El lenguaje oral acompaña a la especie humana en su evolución desde un momento indeterminado de los últimos 200 000 años. Las áreas de Broca y Wernicke, y los órganos bucofonatores, no dejan registro fósil que nos permita ser más precisos, y los hallazgos del hueso hioides, necesario para la fonación, no permiten fechar la aparición del lenguaje oral con más exactitud.

El lenguaje escrito es mucho más reciente, de hace unos 5 000 años. No obstante, la alfabetización generalizada de nos ha llegado mucho más tarde: de hecho es, todavía, un proceso inacabado en determinados contextos.




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Parece razonable que esta diferencia en la evolución de la especie humana sea tenida en cuenta para justificar el desfase cronológico entre ambos aprendizajes en cada individuo.

Por esta razón el currículo de la educación infantil, que en nuestro sistema abarca los seis primeros años de vida, divididos en dos ciclos, se centra en las destrezas orales de la competencia comunicativa.

A partir de los 6 años se aprende a leer de manera mucho más rápida y eficiente, cuando ya se han practicado las destrezas orales. Por esta razón, las aulas de primaria son las que garantizan un aprendizaje gratificante que facilita el desarrollo del hábito lector como fuente de placer.

2. ¿Métodos ascendentes o descendentes?

¿Es necesario conocer el abecedario, grafía y sonido, para captar el significado de palabras escritas? A esto lo llamamos un “método ascendente”, que parte de conocer las partes más pequeñas (grafemas y fonemas) y, a partir de ahí, lograr la capacidad de entender lo que significan juntos en una palabra, frase y párrafo.

Los métodos descendentes, en cambio, priorizan la comprensión de significados, antes que la descomposición en sílabas y letras, reconociendo palabras, globalmente, familiares por forma y su extensión y por el contexto en que aparecen: identifico y diferencio con facilidad los nombres de mis compañeros, Sol y Rigoberto, y la marca de mis cereales favoritos.




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Si fuera necesario el conocimiento de las letras, su asociación a los sonidos del idioma y el desarrollo de la conciencia fonológica, nos deberíamos plantear cómo acceden a la lectura las personas con sordera. Aunque estas no oyen ni pronuncian los sonidos del idioma que aprenden a leer, desarrollan la habilidad sin grandes dificultades, demostrando con la lectura silenciosa que transformar significantes en significados no requiere la asociación previa de letras a sonidos.

Así se explica el acceso a la lectura en idiomas cuya ortografía no es transparente, aquéllos en los que cada grafema no equivale unívocamente a un sonido o fonema, como ocurre por ejemplo con el inglés.

El debate está abierto, pero las evidencias apuntan a que conocer la forma y sonido de cada grafema no garantiza ni es requisito para acceder al lenguaje escrito. Autores clásicos, y actuales, entienden la lectura como un proceso cognitivo superior, que no se limita a descifrar letras. Además, hay que dar sentido funcional y emocional a lo que se ve, y los métodos descendentes promueven, desde el inicio, la comprensión en contextos reales, con textos significativos.

En las primeras etapas del desarrollo cognitivo tendemos a percibir la información del entorno de forma integral: primero captamos el sentido global, después los detalles.

Tendemos a leer globalidades: el significado del color verde o del rojo, las señales que observamos en la calle, los emoticonos… y las palabras en su contexto. No es imprescindible reconocer cada letra para obtener significado. Hagan la prueba:

UN D14 D3 V3R4N0 3574B4 3N L4 PL4Y4 0853RV4ND0 A D05 CH1C45 8R1NC4ND0 3N 14 4R3N4, 357484N 7R484J484ND0 MUCH0 C0N57RUY3ND0 UN C4571LL0 D3 4R3N4 C0N 70RR35, P454D1Z05 0CUL705 Y PU3N735.

Y, una vez adquirida la destreza, nunca volveremos a ver manchas de tinta donde haya palabras escritas, y no podremos evitar leer globalmente, sea cual sea el tipo de letra utilizada.

3. ¿Aprendizaje simultáneo de lectura y escritura?

Leer requiere de la maduración de procesos perceptivos, sobre todo visuales, pero también táctiles (personas con ceguera), cognitivos (atención, memoria) y lingüísticos (significados, funcionalidad, pragmática). La escritura añade a los anteriores los procesos motrices, que no maduran necesariamente a la vez que los relacionados con la lectura.

Si queremos acompañar el proceso evolutivo del niño, no deben abordarse de forma simultánea. El desarrollo neuromotor se ajusta a las leyes “céfalo–caudal” y “próximo–distal”, según las cuales lo próximo a la cabeza y al eje longitudinal del cuerpo madura antes que lo más lejano: vemos y oímos correctamente antes de alcanzar la motricidad fina necesaria para dominar la pinza y el movimiento coordinado de manos y dedos, coordinamos antes el movimiento de hombros y codos que el de los dedos.

Es decir, los niños de infantil y primer ciclo de primara, de 0 a 7 años, son capaces de leer mucho más que lo que son capaces de escribir. Se puede fomentar la aproximación a la lectura, pero no podemos exigir el mismo ritmo para una tarea que exige una coordinación neuromotora a la que todavía habrá que esperar.

En todo caso, de la misma manera que no solo hay que enseñar a leer, sino a amar la lectura, habría que fomentar la escritura como una tarea gratificante que, más allá de dibujar, copiar y reproducir mensajes, nos conduzca a la tarea creativa de transformar ideas en palabras escritas.

4. ¿Mayúsculas antes que minúsculas?

En algunas escuelas se opta por enseñar a escribir primero las mayúsculas porque, suponen, resultan más fáciles de trazar. Pero la decisión no está basada en la evidencia: las leyes madurativas citadas predicen que se coordinan antes los movimientos amplios del hombro que los de la muñeca, mano y dedos, permitiendo trazos amplios más similares a los bucles de las grafías minúsculas que a los trazos rectos, más rígidos, de las mayúsculas.

Por otra parte, la mayoría de publicaciones infantiles están escritas en minúscula, lo cual implica que el niño percibe y reconoce antes las minúsculas. Por lo tanto, tiene más sentido que practiquen aquello a lo que están más expuestos, lo que antes conecta con la lectura real y con lo que más pueden experimentar de forma natural y fluida.

En definitiva, sigamos buscando evidencias que guíen la práctica docente mientras posponemos el aprendizaje formal del lenguaje escrito hasta los 6 años, aprovechamos las ventajas de los métodos globales, no nos apresuramos con la corrección caligráfica y practicamos con modelos ortográficamente correctos, desde el principio.

The Conversation

Jesús Rodríguez de Guzmán no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Cuatro decisiones fundamentales sobre el aprendizaje de la lectura y la escritura: qué dicen las evidencias – https://theconversation.com/cuatro-decisiones-fundamentales-sobre-el-aprendizaje-de-la-lectura-y-la-escritura-que-dicen-las-evidencias-272644

Diez años sin Umberto Eco: ‘El nombre de la rosa’ en la cumbre de la posmodernidad

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Elizabet Fernández Lam-Sen, Profesora de ELE y Literatura Española, Universidad Camilo José Cela

Aún no había emergido la hipermodernidad tan analizada ya por Gilles Lipovetsky. Los síntomas de la cultura globalizada se apreciaban como extraños fenómenos dignos de diseccionar en los sesudos laboratorios de las universidades. En ese tiempo, apareció el celibérrimo superventas El nombre de la rosa (1980). Su autor, el intelectual italiano Umberto Eco, desmontó con soltura los presupuestos y prejuicios que rondaban en torno a la literatura de masas.

¿Y si culpamos a la posmodernidad?

La “nueva edad de las tinieblas”, como la había nombrado y temido el filósofo George Steiner en su libro En el castillo de Barba Azul, aún quedaba lejos para la escéptica y democratizadora posmodernidad. No obstante, se habían producido cambios significativos en el magma de una sociedad que veneraba la cultura televisiva y que aprendió a diluir los límites entre la alta y la baja cultura. Asistíamos al auge de la cultura pop.

Como el buen intelectual sin domesticar que demostró ser con el paso del tiempo, se presentó ante el mundo con el perfil de un novelista primerizo de mediana edad. Pero tan reacio a la etiqueta del “apocalíptico” de pompa y circunstancia aristocrática como a la del “integrado” de un vitalismo sin arraigo. En realidad, ambos apelativos disfrazaban fetichismos aptos para las “polémicas estériles” o las “operaciones mercantiles” y así lo dejó claro en su ensayo Apocalípticos e integrados (1964).

Ese novelista bisoño era Umberto Eco, quien incursionó en el género con “ganas de envenenar a un monje”. Y, de paso, aprovechó para estrenar la posmodernidad literaria. Eran los años ochenta de un cada vez más lejano siglo XX, cuando la aparición de El nombre de la rosa desmintió, sin proponérselo, las apocalípticas voces de academia que alertaban de una “literatura del agotamiento”. Con esa consigna, sólo quedaba esperar la muerte de la novela.

Lo curioso es que El nombre de la rosa no se proyecta desde el cinismo, ni desde el pesimismo. Tampoco desde otro “ismo” que denote hartazgo o recelo personal hacia el futuro del género. Lo hace en cambio desde unas ansias por divertirse a sí mismo y a los lectores, según reveló su autor en Apostillas al nombre de la rosa (1985). Una motivación que le brinda ese halo genuino, surgido de la generosidad, de quien escribe para todos, no sólo para unos cuantos o sus iguales.

Vivir para contarlo y no morir de éxito

Sea como fuere, la novela en cuestión ha vendido 50 millones de ejemplares hasta la fecha. Su éxito y alcance ha llegado a compararse al de Cien años de soledad de Gabriel García Márquez.

Se hizo con el máximo galardón literario italiano, el Strega, análogo de nuestro Premio Nacional de Literatura. Pero El nombre de la rosa fue más allá. Consiguió revivir a la apagada novela histórica europea.

Portada de El nombre de la rosa (1980).
DEBOLSILLO

Entonces nos asalta una pregunta: ¿Cómo logró la fórmula secreta? Sobresale una particular mezcla de realidad y ficción, que se antoja un precedente de la popularizada posverdad de los años veinte del siglo XXI.

Luego nos sedujo un protagonista medieval de inspiración sherlockiana. Así que aquella intriga novelesca marcó un hito que parecía imposible. Por un lado, se granjeó el aplauso de un público que había sido subestimado con argumentos blandos de ficción. Por el otro, volatizó el tópico por excelencia que aún martillea a todo superventas: la dudosa calidad aliada del consumo rápido.

El nombre de la Rosa se convirtió en un longseller. Tuvo la suerte de contar con una película protagonizada por un recordado Sean Connery. Sin embargo, su éxito inesperado necesitó unas anotaciones posteriores conocidas como Apostillas al nombre de la rosa. Umberto Eco aclaró que las escribió para “evitar tener que morir, para evitar tener que contestar a nuevas preguntas”, como recogió el periodista Igor Reyes-Ortiz en el diario El País.

Pero este pequeño volumen sesudo y puntilloso también encerró una reflexión del posmodernismo. El mismo del que había surgido ese fenómeno libresco imparable y al que el escritor definió de una forma que recordaba a aquellos diálogos noventeros de cualquier personaje de Woody Allen:

“Pienso en la actitud posmoderna como en la del que ama a una mujer muy culta y que sabe que no puede decirle ‘te amo desesperadamentente’, porque él sabe que ella sabe (y que ella sabe que él sabe) que esta frase ya la escribió Liala. Sin embargo, hay una solución. Podrá decir: Cómo diría Liala, te amo desesperadamente”.

El mundo sigue necesitando a Eco

Umberto Eco no se detuvo. Continuó escribiendo. Quizás porque “el hombre es un animal fabulador por naturaleza”. Por eso, hay que leerle en otras novelas posteriores: El péndulo de Foucalt (1998), Número cero (2015) o el que fue su libro póstumo De la estupidez a la locura. Crónicas para el futuro que nos espera (2016).

Porque los grandes relatos parecen fragmentarse y el futuro de la novela pende de un hilo, valoremos regresar a nuestro semiólogo de cabecera. A esos libros que apuestan por una reconfortante evasión placentera e inteligente. De hecho, como siempre estuvo por encima de los mediáticos egos perecederos, Eco pidió en su testamento que, por favor, no se le realizaran homenajes tras los diez años de su fallecimiento.

Sobra decir que éste no es un tributo. Sólo un recordatorio oportuno de cuánto podemos seguir ganando sus lectores.

The Conversation

Elizabet Fernández Lam-Sen no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Diez años sin Umberto Eco: ‘El nombre de la rosa’ en la cumbre de la posmodernidad – https://theconversation.com/diez-anos-sin-umberto-eco-el-nombre-de-la-rosa-en-la-cumbre-de-la-posmodernidad-275779

Las juventudes nicaragüenses en el exilio crean nuevas formas de resistencia: narrativas, redes y activismo digital

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Nicté Soledad Castañeda Camey, Doctora en Ciencias Sociales, Universidad de Guadalajara

Desde abril de 2018 en Nicaragua se vive una profunda crisis política marcada por la represión estatal contra el movimiento cívico que emergió a partir de protestas estudiantiles. La respuesta del Gobierno fue contundente: criminalización, encarcelamientos, cierre de espacios ciudadanos y persecución sistemática. Para miles de jóvenes, la migración forzada y el exilio político se han convertido en estrategias que trascienden las fronteras nacionales.

Entre el desarraigo y la recomposición colectiva

El exilio no es solo un proceso político. Implica para las juventudes activistas nicaragüenses un desgaste emocional. Otras veces ha representado la ruptura de proyectos de vida, la separación familiar y la precariedad económica. Todo ello unido a la compleja realidad vital que acarrean los procedimientos migratorios para solicitar asilo o acceder a la condición de refugiado político.

Pero también ha sido un espacio de recomposición colectiva. Más allá de los procesos individuales, se desarrollan formas alternativas de activismo, de protesta y de participación, en los que se plantean nuevos desafíos, proyectos personales, oportunidades laborales, académicas, artísticas y literarias. También nacen formas inéditas para organizarse y actuar en territorios simbólicos. Allí se resignifica el exilio, al tiempo que se consolidan otras formas de activismo transnacional.

En pocas palabras, el exilio no ha implicado una desconexión con el país ni con el proceso político, sino una oportunidad de rearticular la disidencia desde nuevos contextos y estrategias.

La resistencia transnacional

Antes de abril de 2018, gran parte del activismo juvenil nicaragüense se articulaba en universidades, barrios y organizaciones locales. Estos movimientos convergían con otras protestas sociales. La represión desmanteló esos espacios y obligó a una migración forzada sin precedentes. Costa Rica, México, Estados Unidos, España y otros países de América Latina se convirtieron en destinos clave del exilio juvenil.

La migración forzada y el exilio, lejos de significar el fin o una pausa en su participación política, ha dado lugar a nuevas formas de resistencia para las juventudes. Estas han generado propuestas diferentes y alternativas, que incluyen el uso creativo de herramientas digitales, narrativas de memoria y la construcción de redes. También han puesto en marcha prácticas artísticas y literarias que emergen como otras formas de organización transnacional. Una dimensión que cuestiona los límites de la ciudadanía y el sentido de pertenencia.

La Digna Rabia y sus “Trazos de memoria”

Un ejemplo son espacios multimedia como la colectiva La Digna Rabia. (18 de abril 2021). Nada está olvidado. Esta incluye entre sus contenidos el fanzine digital Trazos de memoria, una publicación que ha generado espacios para conmemorar a todas las personas que han dejado Nicaragua. A partir de una serie de talleres de collage y escritura, construye narrativas, poesías, relatos, pensamientos e imágenes sobre la memoria viva de lo que significa “migrar desde los cuerpos feminizados”.

En ciudades de acogida, las juventudes nicaragüenses han creado redes de apoyo mutuo, colectivos y plataformas informales que funcionan como espacios de resistencia. Al respecto se puede mencionar la plataforma digital Hora Cero. Se trata de un medio de comunicación que incluye opinión, análisis político y reportajes de Centroamérica. Destaca por el uso creativo de herramientas digitales, redes sociales, plataformas y espacios virtuales que promueven la acción política.

Impulsadas por jóvenes nicaragüenses desde el exilio, este tipo de iniciativas, generan contenido audiovisual, campañas informativas y denuncias. Con ello, los creadores buscan romper el cerco mediático impuesto por el Gobierno dentro de Nicaragua.

Cultura digital para renacer

Las tecnologías digitales han representado un recurso fundamental para la creación de comunidad, la denuncia, la protesta y la construcción de narrativas alternativas. Estas operan no solo como medio de expresión, sino como espacio de resistencia y como ruta para sostener e impulsar la lucha social desde otros lugares y lenguajes.

Más allá de la denuncia política directa, muchas juventudes han encontrado en la creación artística y literaria un lenguaje potente, que construye sentido en medio de una realidad hostil. La poesía, la música, la ilustración y la performance han sido utilizados para expresar el dolor del exilio, la esperanza y la persistencia de la lucha hacia la vida.

Así, los espacios digitales se han convertido en una trinchera para protestar, recuperar testimonios y expresiones a través de la música, la sátira y la comedia. Por ejemplo, la cuenta Chigüina Nica considera que el activismo digital permite que “puedan ser escuchadas y tomadas en cuenta sus opiniones como jóvenes”.

Con ese mismo propósito, el joven Locuin (Locos Cuerdos Intencionados), un humorista de barrio, hace sátiras en sus redes sociales de los gobernantes de Nicaragua. Él concibe que su mejor manera de aportar es darle al pueblo risa, y confiesa que es “un poco mezquino, pero aliviador”.

Memorias individuales y causas colectivas

Estas prácticas artísticas cumplen una doble función. Por un lado, permiten procesar emocionalmente la experiencia del desplazamiento forzado. Por otro, generan espacios de encuentro con otras diásporas y con públicos internacionales. El arte se convierte así en una herramienta que conecta memorias individuales con causas colectivas.

Tanto la reconstrucción de memorias como la consiguiente resignificación de la identidad política generan nuevos espacios de resistencia simbólica y construcción de paz. En diversas plataformas digitales e itinerantes alrededor del mundo han documentado violencias, narrado experiencias y preservado la memoria de las víctimas de represión estatal.

Al respecto se puede mencionar la plataforma digital e itinerante Ama y no olvida, Museo de la Memoria contra la Impunidad, que fue creada por una joven activista nicaragüense en el exilio. Es todo un ejemplo de cómo desarrollar memoria colectiva digital, al reunir testimonios, retratos y materiales audiovisuales que buscan preservar la verdad histórica y resistir la impunidad.

Repensar la ciudadanía y el sentido de pertenencia

Para las juventudes nicaragüenses en el exilio, la ciudadanía ya no se define solo por el lugar de residencia, sino por la participación activa en la defensa de derechos, la memoria y la justicia. La resistencia transnacional muestra que el exilio no es únicamente un espacio de pérdida. También representa un marco de construcción de propuestas inéditas de acción colectiva que amplían los horizontes del activismo y cuestionan las fronteras tradicionales de la política.

El activismo puede impulsar una redefinición del concepto de ciudadanía, mostrando que la participación política no limita a un territorio geográfico o a una misma forma de organización, sino puede desplegar alternativas para generar impacto local y global. En definitiva, el exilio no ha supuesto una interrupción del proceso político juvenil, sino una transformación profunda desde esta nueva territorialidad.

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Nicté Soledad Castañeda Camey no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Las juventudes nicaragüenses en el exilio crean nuevas formas de resistencia: narrativas, redes y activismo digital – https://theconversation.com/las-juventudes-nicaraguenses-en-el-exilio-crean-nuevas-formas-de-resistencia-narrativas-redes-y-activismo-digital-274563

¿Pueden las marcas convencernos de pagar más por moda sostenible?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Laura Reinoso Barbero, Profesor de Teoría Económica, Universidad Villanueva

La industria textil es una de las más contaminantes del planeta, y sin embargo, Inditex, uno de sus grandes actores, lucha por convencer a los consumidores de que su apuesta por la sostenibilidad es real y, por tanto, sus productos merecen un precio más alto.

El dilema de la sostenibilidad en la moda rápida

Pese a declarar unos ambiciosos compromisos medioambientales y sociales: reducción de emisiones, uso de materias primas sostenibles y economía circular, la estrategia de comunicación de Inditex, especialmente en redes, no está logrando conectar ni generar la confianza suficiente en sus públicos, sobre todo entre los más jóvenes.

Esa es la conclusión de un estudio reciente realizado en España a consumidores de entre 15 y 75 años. Hay una gran desconexión entre lo que la empresa dice hacer y lo que el público percibe.

¿Qué sabe el consumidor sobre la sostenibilidad de Inditex?

Aunque el 56 % de los encuestados considera que es una empresa sostenible, un 64 % admite no conocer ninguna iniciativa concreta de sostenibilidad de la compañía. Programas antiguos como el etiquetado con el que algunas marcas identificaban las prendas producidas con materias y procesos más sostenibles (Join Life en Inditex, Commited en Mango o Conscious en H&M) pasaron prácticamente desapercibidos. Tampoco calan iniciativas más recientes como la de reparación de ropa “para alargar la vida de las prendas” –con el que también cuenta la japonesa Uniqlo–, la de reventa de segunda mano entre la comunidad de clientes (Pre-Owned en Zara, Pre-Loved en H&M) o la donación de prendas.

Esta falta de visibilidad tiene consecuencias directas. El 75 % de los encuestados no recuerda haber visto mensajes de sostenibilidad en las redes sociales de la compañía y, cuando sí los han visto, a casi la mitad les han dejado indiferentes. Es decir, ni generan impacto ni construyen confianza. A pesar de que el 61 % considera que estos mensajes son veraces, no se produce una conversión en intención de compra.




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Pagar más… ¿por qué?

Una de las preguntas clave del estudio fue si los consumidores estarían dispuestos a pagar más por prendas sostenibles. La respuesta mayoritaria (65 %) fue que no. Y esa negativa es aún más pronunciada en los más jóvenes, aunque sean los que más usan las redes sociales y están más expuestos a sus mensajes.

Disposición a pagar un mayor precio por una prenda más sostenible (por edades)
Fuente: elaboración propia

¿Por qué sucede esto? Una hipótesis es que los consumidores todavía no perciben la sostenibilidad como un valor tangible que justifique pagar más. Si no se conecta con beneficios concretos –mejor calidad, mayor durabilidad o impacto real–, no se traduce en una ventaja clara para los consumidores.




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La dimensión social, el gran activo olvidado

El estudio también muestra que, dentro del concepto de sostenibilidad, la dimensión social es la que más resuena entre los consumidores, sobre todo en redes como Instagram, TikTok o YouTube. Condiciones laborales, respeto a los derechos humanos o igualdad de género son aspectos que generan conversación en redes y compromiso (engagement) con la marca.




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Sin embargo, mientras que la empresa destaca en sus redes sus logros medioambientales, las acciones sociales son poco comunicadas. Esta falta de alineación entre lo que la empresa comunica y lo que el público valora limita el potencial de su estrategia de marca.

Y ¿qué hacer?

La solución pasa por rediseñar su estrategia de comunicación digital con un enfoque más claro y emocional. No todos los públicos valoran la sostenibilidad de la misma manera. Si la generación Z necesita mensajes aspiracionales en TikTok, los mayores de 40 años buscan productos de calidad y duraderos.

La sostenibilidad debe ir más allá del discurso y las marcas deben mostrar beneficios concretos. Comunicar a los consumidores por qué un producto sostenible es mejor –para el planeta y para los compradores– puede cambiar la percepción de valor de la marca.

Incorporar testimonios, historias reales o influencers realmente comprometidos con la causa de la sostenibilidad puede generar mayor impacto que difundir en redes informes técnicos o promesas institucionales.

El compromiso con el bienestar de los trabajadores, la transparencia salarial o la colaboración con ONG son temas que los consumidores quieren conocer. Y recompensan a las marcas que se lo cuentan con claridad.




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El reto está claro: comunicar mejor

En definitiva, los datos muestran que, aunque las redes sociales son la principal fuente de información sobre sostenibilidad para más de la mitad de los encuestados, no están siendo utilizadas de forma eficaz por Inditex para transmitir su compromiso ambiental y social.




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El reto de fondo para esta compañía es pasar de la sostenibilidad declarada a la sostenibilidad creíble. Para lograrlo, necesita transformar su forma de comunicar, adaptarse a cada público y aprovechar el potencial de las redes sociales como espacio de educación, sensibilización y diálogo. Solo así sus esfuerzos sostenibles podrán ser una ventaja competitiva real y justificar el precio de una etiqueta verde.

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Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. ¿Pueden las marcas convencernos de pagar más por moda sostenible? – https://theconversation.com/pueden-las-marcas-convencernos-de-pagar-mas-por-moda-sostenible-270657

Nuevos materiales para alcanzar la eterna juventud

Source: The Conversation – (in Spanish) – By José Manuel Torralba, Catedrático de la Universidad Carlos III de Madrid, IMDEA MATERIALES

Recreación de un hueso artificial bioimprimido. GarryKillian/Shutterstock

Órganos artificiales, implantes que se absorben y se regeneran con nuestro propio hueso, miniórganos para replicar enfermedades y probar tratamientos antes de experimentar en seres vivos… ¿Alcanzaremos el sueño de la eterna juventud?

Sin duda, la salud es el ámbito donde la evolución de la ciencia e ingeniería de materiales resulta más impactante.

Como método de fabricación, la impresión 3D está suponiendo una revolución para la creación de prótesis, la personalización de tratamientos, la bioimpresión o el desarrollo de modelos y herramientas quirúrgicas.

Aleaciones imprimibles

En cuanto a los materiales, los aceros inoxidables o el titanio forman parte desde hace décadas de los catálogos de componentes para prótesis, gracias a su biocompatibilidad y su capacidad de fabricarse en formas complejas adaptadas a las necesidades de cada paciente. Además, ambas familias de materiales son perfectamente “imprimibles”, por lo que han entrado de lleno en la revolución de la fabricación aditiva.

Además, existen dos nuevas familias de aleaciones, menos conocidas, pero que están abriéndose camino en el mundo de la biomedicina por sus singularidades: el nitinol y las aleaciones de magnesio, ambas alineadas con las nuevas tecnologías de fabricación 3D.

Nitinol con memoria de forma

El nitinol es una aleación de niquel-titanio cuya principal singularidad es que posee “memoria de forma”, además de la necesaria biocompatibilidad. Tener memoria de forma implica que, con el paso del tiempo y a causa de un cambio de temperatura o de tensión mecánica, puede recuperar una forma inicial predeterminada e ir adaptándose a un espacio o a unas dimensiones.

Cómo funciona el nitilol con memoria de forma.Thoisoi.

Gracias a la impresión 3D, ya se están fabricando en laboratorio con formas personalizadas según el paciente. Estos implantes se modifican superficialmente para permitir la proliferación de células y su perfecta biocompatibilidad.

Así, una de las aplicaciones del nitinol son los stents que se fabrican al tamaño personalizado de la arteria del paciente. Se disminuyen de tamaño enfriándolos y, cuando alcanzan su posición, gracias a la temperatura de nuestro cuerpo, se expanden para encajar perfectamente.

Ya se utiliza nitinol en alambres dentales, tornillos ortopédicos y otros suministros quirúrgicos. Y, como parte del proyecto HUMANeye, se está probando para fabricar implantes que abren la puerta a solucionar enfermedades de la córnea, una de las principales causas de ceguera en todo el mundo.

Magnesio, exoesqueletos más ligeros

Al magnesio y sus aleaciones, pese a su baja densidad y buenas prestaciones mecánicas, le ha costado reemplazar al aluminio en muchas aplicaciones estructurales, en parte por su coste, en parte por su dificultad de procesado. Esas dificultades están hoy siendo solventadas y hay países, como China, que ya están empezando a implementar su uso de forma masiva.

En el ámbito de la salud, en alianza con la impresión 3D, su implementación está empezando a ser importante. Por un lado, gracias a su baja densidad (1,74 g/cm³ frente a 2,70 g/cm³ del aluminio, aproximadamente un 35 % menor) y por otro su excelente biocompatibilidad, junto a su capacidad de ser absorbido por nuestro organismo.

El potencial del magnesio en aplicaciones para la llamada “micromovilidad” está impulsando su uso en China en pequeños vehículos eléctricos. En un futuro próximo, lo veremos también en robots y en exoesqueletos. Aquí, la utilización de aleaciones de magnesio en vez de aluminio puede reducir el peso en hasta un 30 %, con unas prestaciones mecánicas idénticas a las del aluminio.

Prótesis asimiladas por el cuerpo

Pero la gran revolución será la utilización del magnesio en prótesis fabricadas por impresión 4D. Una prótesis de magnesio que permita su colonización por el hueso, al mismo tiempo que se disuelve en nuestro organismo, hará que, pasado un tiempo, la totalidad del implante habrá sido reemplazado por nuestro propio hueso y no será necesaria una nueva cirugía. Solo hay que acompasar los tiempos de disolución con los de crecimiento del hueso, y es en esa dirección hacia donde van las investigaciones. Las prótesis, además de ser totalmente personalizadas, en un tiempo se convertirían en nuestro propio hueso.

Al igual que en el hombre bicentenario de Asimov, donde un robot fue adaptándose y sobreviviendo a lo largo de los años gracias a la ciencia, ya empezamos a tener tecnologías “suficientes” para prever que, poco a poco, nos vamos acercando al sueño (¿o pesadilla?) de la eterna juventud. ¿Existirán, algún día, seres humanos bicentenarios?

The Conversation

José Manuel Torralba no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Nuevos materiales para alcanzar la eterna juventud – https://theconversation.com/nuevos-materiales-para-alcanzar-la-eterna-juventud-272384

Pornografía, agresiones sexuales y sumisión química: ¿cómo se relacionan?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Pablo Prego Meleiro, Farmacéutico epidemiólogo. Investigador y profesor en Dpto. Salud Pública y Materno-Infantil de la Universidad Complutense de Madrid, Universidad Complutense de Madrid

La violencia sexual facilitada por drogas incluye aquellas agresiones en las que el perpetrador se aprovecha de personas inconscientes o incapacitadas por los efectos de sustancias psicoactivas, consumidas voluntaria o involuntariamente. Usualmente, se emplea el término sumisión química para referirse a este fenómeno, diferenciando entre sumisión química oportunista y proactiva.

La sumisión química ha recibido especial atención en la opinión pública a raíz del caso Pelicot, en el que decenas de hombres violaron a una mujer drogada mientras su marido grababa las agresiones. En España, sucesos de este tipo traen a nuestra memoria el caso de La Manada de Pozoblanco, destapado durante la instrucción de la agresión perpetrada en los sanfermines de 2016: la policía encontró la grabación de otra agresión sexual a una joven inconsciente en el teléfono de uno de los acusados.

El impacto social de este tipo de sucesos se plasmó en la serie Alba, que narra la experiencia de una joven agredida, mientras está inconsciente, por un grupo de chicos, quienes graban todo en vídeo. Más allá de la ficción, un estudio reciente indica que una de cada dos mujeres y uno de cada cuatro hombres han sufrido violencia sexual facilitada por drogas en contextos de fiesta.

El modelo hegemónico de pornografía incluye también escenas de violencia sexual mediante sumisión química, como parte de un repertorio más amplio de contenidos violentos. Un nuevo estudio del Observatorio Universitario de Violencia Sexual Facilitada por Drogas analiza la relación entre este tipo específico de agresiones y el consumo de pornografía.

Acceso temprano y reiterado

La pornografía está ampliamente extendida entre la población juvenil. Dos de cada tres jóvenes de entre 18 y 35 años admiten consumirla: el 44,2 % de los hombres la ven a diario o dos o tres veces por semana, mientras que el 27,2 % de las mujeres la consumen menos de una vez al mes. Además, hay que tener en cuenta que la edad media de primer acceso a esos contenidos se sitúa en los 10 años.

La mitad de los jóvenes cree que ve demasiada pornografía y reconoce que ha intentado reducir el consumo sin éxito. Un 40 % afirma que dicho consumo le afecta negativamente en ámbitos como el rendimiento académico o laboral. En algunos usuarios, el visionado repetido puede generar habituación, derivando en la búsqueda progresiva de contenidos de mayor intensidad, de forma similar a la tolerancia observada en adicciones con sustancia. Hablamos de comportamientos en la órbita del trastorno de conducta sexual compulsiva.

Una fuente de desinformación sexual

La pornografía es percibida por muchos jóvenes como una fuente de educación sexual, ante la ausencia de una orientación de calidad. Solo el 12 % está plenamente satisfecho con la educación sexual recibida en su centro educativo. La mitad reconoce utilizar el porno como fuente de inspiración en sus relaciones, en línea con lo indicado en estudios en otros países. Sin embargo, la pornografía puede actuar también como una fuente de desinformación sexual, al difundir mensajes engañosos sobre el consentimiento y mostrar escenas que degradan y cosifican a las mujeres.

Pornografía y violencia sexual facilitada por drogas

El 41 % de los jóvenes reconocen consumir pornografía con contenido violento, degradante o humillante, mientras que el 33 % afirma que es habitual encontrarse con violaciones o abusos sexuales. Respecto a la combinación de pornografía y agresiones sexuales mediante sumisión química, el 22,2 % de los hombres y el 11,3 % de las mujeres reconocen ver escenas que involucran a personas dormidas, inconscientes o bajo los efectos del alcohol u otras drogas.

Este tipo de contenido alimenta la cultura de la violación: presenta como algo erótico y sexualmente excitante las agresiones perpetradas contra mujeres en estado de inconsciencia, conceptualizando como sexo lo que en realidad es violencia sexual.

Cultura de la violación

Sabemos que que la exposición a pornografía violenta puede moldear el comportamiento sexual, reforzando la percepción de conductas violentas como normativas. Esto se relaciona no solo con cometer agresiones, sino también con un mayor riesgo de sufrir violencia sexual. Un tercio de los jóvenes en España piensa que consumir porno configura fantasías sobre perpetrar o sufrir agresiones sexuales.

El citado estudio del Observatorio Universitario de Violencia Sexual Facilitada por Drogas muestra la existencia de una correlación específica entre la violencia sexual por sumisión química y el consumo de pornografía con escenas de violencia sexual facilitada por drogas. Así, la probabilidad de haber cometido una agresión es cuatro veces mayor entre quienes consumen este tipo de contenidos. La relación no se limita a los agresores, sino que se correlaciona también con un mayor riesgo de haber sufrido ese tipo de agresiones.

Resulta crucial generar una mirada crítica sobre el modo en el que se representan las relaciones sexuales en la pornografía. Aunque los jóvenes son relativamente críticos, los contenidos sobre prácticas violentas permean el imaginario colectivo, generando estereotipos asentados sobre la violencia.

Para prevenir la normalización de las conductas sexuales violentas, es necesario implementar intervenciones educativas integrales, que aborden críticamente el impacto de la pornografía como fuente de (des)información sexual. Asimismo, debemos visibilizar y valorar la importancia del consentimiento en las relaciones, también en relación a la incapacidad para consentir que se deriva de los efectos del alcohol y otras drogas.

Finalmente, es necesario replantear las responsabilidades y obligaciones de las plataformas de distribución de pornografía, mejorando la vigilancia, filtrado y eliminación de contenido violento.

The Conversation

Pablo Prego Meleiro no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Pornografía, agresiones sexuales y sumisión química: ¿cómo se relacionan? – https://theconversation.com/pornografia-agresiones-sexuales-y-sumision-quimica-como-se-relacionan-274666