La UE quiere que los europeos inviertan sus ahorros en sectores estratégicos

Source: The Conversation – (in Spanish) – By María Isabel Martínez Serna, Profesora Titular de Economía Financiera. Departamento de Organización de Empresas y Finanzas, Universidad de Murcia

En marzo de 2025, la Comisión Europea lanzó la Unión de Ahorros e Inversiones. Con ella quiere conseguir que el dinero que los ciudadanos europeos tienen depositado en cuentas bancarias se destine hacia inversiones en empresas y proyectos estratégicos de la Unión Europea.

En el primer trimestre de 2025, la tasa de ahorro de los hogares de la Unión Europea fue de 14,6 %. De esos ahorros, casi la tercera parte (el 31,2 %) están invertidos en efectivo y depósitos bancarios. Es un porcentaje muy elevado si se compara, por ejemplo, con el de Estados Unidos, que no llega al 12 %.

La preferencia de los europeos por productos bancarios seguros deja aproximadamente 10.000 millones de euros sin apenas rentabilidad. Bruselas quiere que se transformen en inversiones y actúen como motor del tejido productivo europeo.

Se necesita capital para los sectores estratégicos europeos

Europa debe afrontar cuestiones estratégicas como la transición ecológica, la digitalización, la competitividad y la seguridad. Las inversiones necesarias en estos sectores requieren de mucho capital. De hecho, la Mesa Redonda Europea de Industriales cuantifica las necesidades de financiación, sólo para la transición ecológica, en unos 800.000 millones de euros extra al año hasta 2030.

Los fondos públicos europeos son insuficientes para hacer frente a estos grandes retos. Por eso es necesario movilizar el ahorro privado. Con la Unión de Ahorros e Inversiones se busca animar a los ahorradores a participar más en los mercados financieros. Ese dinero podría financiar pymes, proyectos innovadores e infraestructuras sostenibles en Europa.

Frente a los depósitos bancarios, esta inversión implica asumir más riesgo, pero va acompañada de una mayor rentabilidad esperada. En todo caso, son alternativas que permiten diversificar la inversión y mejorar la expectativa de patrimonio futuro.

Desde el punto de vista de las empresas, la Unión de Ahorros e Inversión les abriría un abanico más amplio de fuentes de financiación y les facilitaría el acceso al capital que necesitan para sus proyectos.

De tener éxito la estrategia, tanto ciudadanos como empresas se beneficiarían, además, de que la economía europea ganaría en fuerza y competitividad.

Origen y medidas

La Unión de Ahorros e Inversiones no nace de la nada. Es un paso más allá en la Unión de Mercados de Capitales y está estrechamente relacionada con el Informe Letta, publicado en abril de 2024 bajo el título Mucho más que un mercado. Este informe urgía a completar la integración de los mercados financieros en la Unión Europea.

Ese es el primero de los tres ejes principales de la estrategia, que pueden resumirse en:

  1. Armonizar la regulación de los mercados financieros de los Estados miembros para avanzar hacia un mercado financiero único. El objetivo es que el dinero pueda fluir fácilmente entre los países de la Unión Europea, eliminando obstáculos: diferentes normativas, supervisión, fiscalidad, etc.

  2. Ofrecer a los ahorradores activos financieros más accesibles, comprensibles y transparentes: bonos emitidos por pymes, fondos de inversión adaptados a minoristas, plataformas paneuropeas de captación de fondos (crowdfunding), pensiones paneuropeas, etc. Además, se propone ofrecer incentivos fiscales a la inversión en este tipo de activos. Un ejemplo de nuevos productos: los fondos de inversión con la etiqueta “Finance Europe”, que garantizan que la mayor parte de los recursos van a financiar empresas y proyectos europeos.

  3. Mejorar el nivel de alfabetización financiera de los ciudadanos europeos para que puedan tomar decisiones informadas. Una mayor cultura financiera, unida a un asesoramiento adecuado, es condición necesaria para que aumente la confianza en el sistema financiero y prospere esta iniciativa.

Educación financiera: un pilar imprescindible

Sin las competencias adecuadas será difícil conseguir que los ahorradores inviertan en productos financieros algo más complejos y entiendan sus riesgos.

Según la última encuesta sobre alfabetización financiera en la UE, solo un 18 % de los europeos alcanza un nivel alto en este tipo de conocimientos, con grandes diferencias entre países. El caso de España es especialmente llamativo: ocupa el cuarto puesto por la cola en la clasificación. De hecho, de acuerdo con la Encuesta de Competencias Financieras publicada por el Banco de España en noiembre de 2023, buena parte de la población española tiene dificultades para entender conceptos básicos como inflación, interés compuesto o diversificación.

Además, una encuesta de Funcas (Fundación de las Cajas de Ahorros), realizada en septiembre de 2025, pone de manifiesto el gran desconocimiento sobre el sistema de pensiones de la población adulta española.

A la vista de esta realidad, Europa ha diseñado en coordinación con todos los Estados miembros la Estrategia Europea de Educación Financiera, que incluirá programas en escuelas y universidades y formación para adultos.

Para mejorar la efectividad a largo plazo de este programa, la Federación Bancaria Europa ha recomendado crear una red europea de educación financiera e incorporar este tipo de formación como materia obligatoria en primaria y secundaria.

Una apuesta de futuro para Europa

La Unión de Ahorros e Inversión es un salto cualitativo en la integración económica y financiera de la Unión Europea. Su éxito dependerá de la capacidad de Bruselas y de los Estados miembros para generar confianza, ofrecer productos financieros accesibles y, sobre todo, mejorar la educación financiera de los ciudadanos.

En un contexto global marcado por la competencia tecnológica, la transición verde y las tensiones geopolíticas, movilizar el ahorro europeo hacia proyectos estratégicos no es solo una cuestión de rentabilidad: es una apuesta por la soberanía económica de la UE.

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María Isabel Martínez Serna recibe fondos de la Agencia Estatal de Investigación (proyecto PID2021-128829NB-I00) y de la Fundación Cajamurcia.

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¿Investigamos lo que realmente importa? Una brecha incómoda en la ciencia médica del envejecimiento

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Sergio Palacios Fernández, Facultativo Especialista de Área de Medicina Interna, Universitat de València

Últimamente los hospitales están repletos de pacientes que superan los 85 años de edad. Sus ingresos han estado aumentando a un ritmo del 6 % al año en España. Tiene sentido si consideramos que la esperanza de vida sigue aumentando y, aunque vivimos más años, eso no necesariamente implica mejor salud.

Gran parte de esos años adicionales los afrontamos acompañados de enfermedades crónicas, lo que llamamos “expansión de la morbilidad”. Paradójicamente, muchas dolencias que afectan más a los mayores reciben poca atención científica.

¿Qué enfermedades suponen más ingresos hospitalarios en mayores?

Hay tres problemas que destacan claramente como principales causas de ingreso en mayores de 85 años, según sacaba a la luz en mi reciente tesis doctoral: insuficiencia cardíaca, infecciones respiratorias e infecciones urinarias. Si se mantienen las tendencias actuales, en 2030 estos tres diagnósticos provocarán casi un tercio de las hospitalizaciones en personas mayores

Por otro lado, problemas tradicionalmente vinculados al envejecimiento, como las fracturas de cadera o los ictus, están estabilizándose o disminuyendo. Probablemente se debe a la mejora de las medidas preventivas y a la implantación de hábitos más saludables. Sin embargo, reducir esos problemas no significa menos ingresos hospitalarios, sino únicamente cambios en los motivos de hospitalización.

Cuando una persona mayor es hospitalizada, esto suele marcar un punto crítico en su vida. Frecuentemente implica pérdida de autonomía y una rápida disminución de su calidad de vida. Por esta razón, estudiar las citadas enfermedades frecuentes es esencial para mejorar el cuidado en la edad avanzada.

El desfase entre hospitales y laboratorios

La investigación médica no siempre coincide con las necesidades clínicas más urgentes. Sorprendentemente, algunas enfermedades comunes en personas mayores tienen poca presencia en la literatura científica dedicada a este grupo de población. En concreto, las infecciones respiratorias pronto causarán casi el 13 % de los ingresos hospitalarios, pero solo representan el 0,5 % de los estudios en personas mayores de 80 años.

Algo parecido he observado que ocurre con las infecciones urinarias, que solo aparecen en el 4 % de las publicaciones. La neumonía apenas alcanza el 0,4 %. En cambio, los tumores, que solo motivan el 5 % de los ingresos, ocupan más del 30 % de la investigación científica en mayores.

Aunque en parte se deba a que muchos tumores se tratan fuera del hospital, también es posible que el prestigio, la financiación y la solidez de líneas de investigación ya establecidas sobre el cáncer acaban dejando fuera de la investigación otras enfermedades menos visibles pero más comunes

Consecuencias prácticas de esta brecha investigadora

La falta de investigación específica sobre esas enfermedades comunes afecta directamente a las personas mayores. Los profesionales médicos deben basarse en guías clínicas elaboradas para adultos más jóvenes, lo que provoca decisiones menos precisas, tratamientos menos efectivos y, en ocasiones, incluso inapropiados para pacientes mayores y frágiles.

Además, los temas que dominan la investigación determinan cómo se distribuyen los recursos económicos, los ensayos clínicos y la innovación tecnológica. Sin suficiente investigación es difícil mejorar el diagnóstico, la prevención y el tratamiento de estas enfermedades.

¿Cómo corregir este rumbo?

No se trata de abandonar las investigaciones actuales sobre cáncer u otras enfermedades relevantes. El reto está en ampliar el enfoque y dar más atención científica a patologías menos visibles pero muy frecuentes y limitantes.

Es fundamental diseñar estudios clínicos adaptados específicamente a personas mayores. Estos trabajos deben medir aspectos relevantes en esta etapa: autonomía, calidad de vida y tiempo sin enfermedad o ingresos hospitalarios

También es importante mejorar los registros y diagnósticos para identificar claramente las enfermedades más comunes en las personas de edad avanzada. Así se podrán orientar mejor los recursos y esfuerzos científicos.

Finalmente, utilizar datos masivos hospitalarios aplicados a la geriatría, podría ofrecer información precisa para actuar eficazmente. La investigación debe conectarse estrechamente con las necesidades clínicas reales, no solo con intereses académicos o editoriales.

Una ciencia médica verdaderamente al servicio de los mayores

La población de edad muy avanzada no es una excepción, sino una realidad creciente. Estas personas merecen vivir más tiempo con salud y calidad de vida, no acumulando días en el hospital.

La brecha entre investigación y necesidades clínicas es evitable. Podemos y debemos corregirla mediante una decisión colectiva. Investigar adecuadamente las enfermedades que afectan a los pacientes mayores es una decisión sensata, ética y socialmente necesaria para construir un sistema sanitario humano, justo y eficaz.


Artículo ganador del I Premio de Comunicación Científica de la Universitat de València en la modalidad de Ciencias de la Salud


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Sergio Palacios Fernández no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

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El estrés de los padres puede afectar al desarrollo intelectual y emocional de sus hijos

Source: The Conversation – (in Spanish) – By María J. García-Rubio, Profesora de la Facultad de Ciencias de la Salud de la Universidad Internacional de Valencia – Codirectora de la Cátedra VIU-NED de Neurociencia global y cambio social – Miembro del Grupo de Investigación Psicología y Calidad de vida (PsiCal), Universidad Internacional de Valencia

Harbucks/Shutterstock

Sofía está en el parque con su hija de cinco años. Tiene el móvil en una mano y con la otra busca papeles del trabajo en el bolso. Está tensa. Su voz suena entrecortada cuando responde a su pequeña, que corre a enseñarle algo del arenero. “No puedo ahora, Emma”, le dice sin mirarla. Minutos después, la niña se frustra, tira la pala y empieza a gritar. La tensión de una contagia a la otra, en un bucle silencioso.

Escenas como esta son más comunes de lo que parece. Y no resultan inocuas, precisamente. Numerosas investigaciones destacan que en estos primeros años el cerebro infantil es altamente susceptible a factores biológicos, psicológicos y ambientales. Y entre ellos, el estrés de los padres ha emergido como un importante riesgo para que el desarrollo temprano se produzca adecuadamente.

La ventana de vulnerabilidad

Durante los dos primeros años de vida, el cerebro crece y se organiza a una velocidad sin precedentes, a través de procesos como la sinaptogénesis (formación de nuevas conexiones neuronales), la mielinización (recubrimiento de los axones de las células nerviosas para acelerar impulsos) y la formación de redes neuronales funcionales. Por eso se considera esta etapa como un periodo crucial para el establecimiento de las capacidades cognitivas y comportamentales que perdurarán a lo largo de la vida.

En consecuencia, las condiciones ambientales –como la presencia de estrés crónico en el hogar– pueden alterar las trayectorias de maduración cerebral. De hecho, diversas investigaciones han mostrado que bebés nacidos de madres con altos niveles de estrés fisiológico presentan patrones de actividad cerebral atípicos para su edad.

En particular, el estrés crónico materno (medido a través de cortisol en el cabello) se asocia con una maduración cerebral más lenta. Esta se manifiesta en el electroencefalograma por una menor actividad en rangos de frecuencia altos (ondas alfa y gamma) y mayor actividad en rangos bajos (theta). Son alteraciones que pueden generar consecuencias cognitivas duraderas.

De hecho, sin un adulto que ofrezca contención y apoyo, el estrés agudo (por ejemplo, el derivado de pobreza extrema, maltrato o depresión materna severa) puede debilitar la arquitectura del cerebro en desarrollo, con consecuencias negativas a largo plazo en el aprendizaje y otras funciones cognitivas.

No es sorprendente, entonces, que el desempeño cognitivo infantil se resienta cuando el ambiente familiar está muy tensionado. Los niños en edad preescolar con mayores dificultades en sus funciones ejecutivas (como la memoria de trabajo, el control de impulsos o la flexibilidad cognitiva) tienden a presentar niveles elevados de cortisol, al igual que sus padres.

En este círculo vicioso, el estrés de los cuidadores eleva el de los pequeños, lo que a su vez puede mermar su capacidad de autorregulación cognitiva.

Impacto emocional

El estrés de mamá o papá no solo afecta al intelecto infantil: también moldea profundamente su mundo emocional y social. Criarse en un hogar con niveles altos de tensión se ha vinculado con todo tipo de problemas emocionales y de comportamiento en los niños, como agresividad, ansiedad y síntomas depresivos. Los investigadores incluso han observado que los hijos de padres que reportan elevados niveles de estrés durante el primer año de crianza tienen el doble de probabilidades de presentar problemas de salud mental hacia los tres años de edad.

Una razón es el deterioro de las interacciones afectivas. Padres crónicamente estresados se muestran con frecuencia más irritables, menos pacientes y menos sensibles a las señales emocionales de sus hijos. La ciencia del apego nos dice que cuando un progenitor está sobrepasado, le cuesta más ofrecer el cuidado sensible y responsivo que un bebé o un niño pequeño necesita.




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Esto puede derivar en un apego inseguro del menor hacia sus padres; es decir, no siente plena seguridad o confianza en la disponibilidad emocional del adulto. Esto se ha relacionado estrechamente con problemas conductuales en la etapa preescolar y un peor ajuste emocional.

También se ha demostrado que los niños pueden “contagiarse” del estado emocional de sus cuidadores. La tensión constante en el rostro, la voz o las acciones bruscas de mamá o papá actúan como un mensaje no verbal que el niño interioriza, generándole a menudo inestabilidad emocional.

El poder de la resiliencia

Resulta evidente que las dimensiones cognitiva y emocional del desarrollo infantil están íntimamente entrelazadas con el bienestar de sus cuidadores. Cuando los padres se sienten abrumados, los niños lo sienten y lo reflejan en su desarrollo: puede verse en conexiones neuronales que maduran más lentamente, en palabras que tardan en llegar, en rabietas que se vuelven frecuentes o en miedos difíciles de calmar.

La buena noticia es que este impacto no tiene por qué ser permanente. Las investigaciones sugieren que diversos factores pueden moderar o amortiguar los efectos del estrés parental. Por ejemplo, contando con redes de apoyo familiar y social, recibiendo ayuda en la crianza o aprendiendo técnicas de manejo de estrés. Así, un estudio reciente reveló que la resiliencia familiar –la capacidad de la familia para adaptarse positivamente a la adversidad– atenuaba significativamente el impacto negativo del estrés materno en el desarrollo del niño.

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Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

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El agua que nos une

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Joan Tahull Fort, Profesor e investigador en sociología, especializado en dinámicas sociales y educativas contemporáneas, Universitat de Lleida

Río Guadalquivir a su paso por Sevilla, cerca del puente de Triana. JWCohen/Shutterstock

En España, la sequía condiciona la vida de más de 700 000 personas. Mientras en algunas ciudades el agua sale con naturalidad en las fuentes públicas, en otros territorios el caudal se ve a veces restringido por la escasez. Estas cifras no solo hablan de una crisis hídrica, sino también de una crisis social: el agua se ha convertido en un recurso en disputa y en un indicador de desigualdad.

El agua ha acompañado a la humanidad desde sus orígenes. No solo es indispensable para la vida, también ha sido y (sigue siendo) una fuente de significados culturales, espirituales y emocionales. A lo largo de la historia y en diversas culturas, el agua se ha vinculado con la fertilidad, la calma, la renovación o la trascendencia. Muchos mitos de creación sitúan el agua como el principio del mundo, del mismo modo que numerosos rituales de purificación la emplean como medio para recomenzar y limpiar.

Ríos, lagos, mares y manantiales han sido a lo largo de la historia escenarios privilegiados de contemplación y recogimiento. Espacios para tomar distancia del ruido cotidiano y reencontrarse con lo esencial.

Hoy, en pleno contexto de crisis climática, con sequías prolongadas, olas de calor extremo y episodios de contaminación que afectan directamente a ríos y costas, esta relación con el agua adquiere una relevancia nueva y urgente. El agua es un recurso en disputa y un reflejo de nuestra vulnerabilidad como sociedad.

El agua en la vida contemporánea

En pleno siglo XXI, esa relación persiste, aunque bajo nuevas formas. El agua aparece en la vida urbana y cotidiana de maneras diversas: quien corre junto a un río busca tanto ejercicio como introspección. Haruki Murakami dice literalmente en su libro De qué hablo cuando hablo de correr, en referencia al río Charles (Boston, Estados Unidos): “La gente se reúne en la ribera de este río como atraída por un imán”. Quien se sienta frente al mar encuentra un espacio para meditar; incluso el sonido de una fuente en la ciudad ofrece un respiro, una pausa en medio de la prisa.

Estudios recientes sobre blue spaces” (espacios azules) han mostrado que el contacto regular con entornos relacionados con el agua (incluso en ciudades) reduce el estrés, mejora el ánimo e incluso contribuye a la recuperación psicológica tras periodos de enfermedad, estrés, soledad, duelo… El agua proporciona descanso, bienestar y una manera de reconectar con uno mismo y con el entorno.

Lugar de encuentro y socialización

La relación del ser humano con el agua va mucho más allá de lo material. Además de sostener la vida, el agua organiza la convivencia: genera vínculos, articula encuentros y ofrece marcos comunes para celebrar, recordar o simplemente estar juntos.

Las orillas de ríos, lagos y mares han sido, históricamente, espacios donde las comunidades se reconocen y socializan. En las ciudades, el agua conserva ese papel de articuladora social: una fuente invita a detenerse, un estanque en el parque se convierte en escenario de juegos infantiles, y las riberas de un río urbano atraen tanto a quienes buscan calma como a quienes practican deporte. En los entornos rurales, lagos, embalses y manantiales mantienen la vida comunitaria, acogen fiestas, reuniones vecinales y refuerzan la identidad local.

Las playas, por su parte, representan el ejemplo más universal de este carácter compartido: millones de personas coinciden cada verano en torno al mismo escenario, compartiendo experiencias. Allí, lo privado y lo público se entrelazan en un mismo espacio, lo que convierte al litoral en un punto de encuentro masivo.

Así, el agua no es solo parte del paisaje: es un elemento social clave. Marca ritmos (temporadas, horarios y usos), multiplica las oportunidades de encuentro y aporta identidad cultural. Del ocio al deporte, de la contemplación a las celebraciones multitudinarias; el agua sigue siendo un bien común donde se construyen las comunidades y se transmiten experiencias.




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Agua y sociedad en el siglo XXI

En un mundo acelerado, hiperconectado y dominado por pantallas, el agua ofrece lo contrario: invita a la pausa, al ritmo lento, a la contemplación y al encuentro. Nos recuerda tanto nuestra vulnerabilidad frente a la escasez como nuestra capacidad de resiliencia y de hallar un equilibrio.

Cada vez más se habla de una “nueva cultura del agua”, un cambio de paradigma: del agua entendida como un recurso meramente productivo a un bien común, cuya gestión requiere enfoques ecosistémicos, participación ciudadana y principios de equidad social.

Este enfoque amplía la mirada con las siguientes perspectivas:

  • Acceso justo y seguro a espacios acuáticos de calidad. No se trata solo de regular consumos o caudales: el acceso cotidiano a riberas, playas, canales y fuentes actúa como determinante social de la salud.

  • Protección ecológica con reconocimiento del valor cultural y social de las orillas. Salvaguardar ríos, lagos y costas no es solo conservación biológica; es también salud pública, cohesión e identidad.

  • Del recurso al derecho. El agua no es únicamente naturaleza: estructura la vida comunitaria y está reconocida como derecho humano (agua potable y saneamiento), lo que implica obligaciones de no discriminación, asequibilidad y accesibilidad.

Desde esta perspectiva, diseñar ciudades con riberas accesibles, fuentes habitables o playas urbanas seguras deja de ser un lujo para convertirse en una política pública de salud y bienestar.

Este debate también plantea una pregunta clave sobre planificación urbana y justicia ambiental: ¿quién tiene acceso a los espacios acuáticos y quién queda excluido? En muchas ciudades, las zonas ribereñas se privatizan o transforman en espacios de consumo, limitando su función como bienes comunes. Incorporar esta dimensión permite entender el agua no solo como recurso natural, sino como derecho colectivo.




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Preservar un bien común

Cerca del agua se desarrollan nuestras experiencias colectivas: descansar, encontrarnos, estar con nosotros mismos y con los demás…

En tiempos de incertidumbre, el agua nos devuelve a lo esencial: el bienestar no se construye de manera aislada, sino en espacios compartidos. Por eso, cuidar las orillas (urbanas o rurales, marinas o fluviales) no es solo un gesto medioambiental: es preservar uno de los últimos bienes comunes capaces de sostener nuestra vida social, cultural y emocional.

El futuro de nuestra relación con el agua no está solo en las políticas de gestión o en las infraestructuras hidráulicas, sino en la capacidad de reconocerla como un bien común y como un vínculo social, cultural y emocional que nos une. En su cuidado está no solo la salud de los ecosistemas, sino también el bienestar y la cohesión de nuestras sociedades.

The Conversation

Joan Tahull Fort no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. El agua que nos une – https://theconversation.com/el-agua-que-nos-une-264850

Cómo el consumo precoz de porno afecta a la sexualización de chicos y chicas

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Jose Daniel Rueda Estrada, Director programa Master Universitario Trabajo Social Sanitario, UOC – Universitat Oberta de Catalunya

En España, el contacto con la pornografía se produce cada vez antes: un 20 % de los adolescentes ha accedido a estos contenidos antes de los diez años y más del 90 % lo ha hecho antes de los catorce.

Estas cifras revelan una infancia expuesta demasiado pronto a materiales que moldean su manera de entender el deseo, el consentimiento y las relaciones afectivas. En un contexto donde la educación sexual integral apenas existe en las familias ni en las aulas, internet se ha convertido en el maestro y la pornografía en su currículo.




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Una infancia expuesta demasiado pronto

Las investigaciones más recientes sitúan el inicio del consumo de pornografía entre los ocho y los trece años. El teléfono móvil es el principal dispositivo de acceso: permite un consumo privado, inmediato y difícil de supervisar por el entorno adulto.

Este acceso continuo no tiene los filtros familiares y educativos que podrían actuar como elementos de protección.

Lo que ven los chicos

La exposición precoz a contenidos sexuales explícitos en los que se reproducen actitudes de violencia, dominación y machismo, y el consumo como práctica integrada en la socialización digital de los adolescentes hacen que la violencia física, la coerción o la humillación hacia las mujeres, lejos de ser reconocidas como agresiones, se interpretan como comportamientos sexuales normales o incluso deseables.

Son contenidos y actitudes que refuerzan modelos de virilidad basados en la dominación y la cosificación.

Algunos investigadores han comprobado que los vídeos más vistos incluían tirones de pelo, bofetadas o insultos, e incluso una violación colectiva con más de 225 millones de reproducciones. Otras investigaciones han confirmado que el consumo habitual de pornografía violenta se asocia con actitudes de dominio y agresión sexual: el 100 % de los estudios vinculó la pornografía con la violencia sexual, el 80 % con la psicológica y el 66,7 % con la física.

En definitiva, en la adolescencia esta exposición moldea las primeras experiencias afectivas y normaliza la idea de que el poder, la sumisión y la violencia son parte del deseo

Las chicas frente al espejo de la violencia

Las adolescentes también acceden a la pornografía, aunque en menor medida y bajo un contexto marcado por la presión estética, los mandatos de género y la necesidad de validación externa, factores que influyen en cómo construyen su deseo y su relación con el cuerpo.

Este consumo suele vivirse con incomodidad o ambivalencia emocional, y rara vez se comparte entre iguales.

La nueva pornografía digital refuerza la cosificación femenina, presentando a las mujeres como instrumentos de placer masculino. Plataformas como OnlyFans reproducen esta lógica, mercantilizando el cuerpo femenino bajo una aparente libertad que responde a la demanda masculina. Así, las jóvenes aprenden que el reconocimiento social depende de su capacidad de exposición, generando una socialización basada en la autosexualización y el capital erótico.

Este aprendizaje perpetúa los mandatos de sumisión y consolida un modelo de deseo basado en la desigualdad. En consecuencia, la pornografía no solo moldea cómo los varones aprenden a desear, sino cómo las adolescentes aprenden a ser deseadas.

Una educación que llega tarde

La ausencia de una educación sexual adecuada es uno de los factores que más contribuyen al consumo temprano de pornografía. En el ámbito educativo persiste una carencia de programas que aborden las relaciones afectivo-sexuales con rigor, naturalidad y perspectiva de derechos, lo que favorece la interiorización de los contenidos pornográficos.

Además, las escuelas carecen de recursos para una alfabetización sexual integral y en las familias prevalecen el silencio y el tabú.

Ante esta falta de referentes, la pornografía se convierte en la principal fuente de información, anulando dimensiones esenciales de la sexualidad como el afecto, la igualdad y el respeto.




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Educación socioafectiva y enfoque de género

Por ello, la educación socioafectiva con enfoque de género se ha mostrado esencial para prevenir los efectos del consumo y promover relaciones igualitarias.

Incluir la reflexión sobre consentimiento, placer y diversidad permite contrarrestar los mensajes de dominación que transmiten las pantallas y empoderar a los adolescentes desde el respeto mutuo.

Un desafío de la salud pública

El consumo de pornografía en la adolescencia constituye un problema emergente de salud pública. Sus efectos trascienden lo individual y afectan al bienestar emocional, la socialización y la construcción de identidades de género, por lo que requiere un abordaje preventivo y comunitario desde el sistema sanitario.

Además, la evidencia demuestra que la exposición precoz a contenidos sexuales explícitos influye en conductas de riesgo, adicciones comportamentales y reproducción de desigualdades de género.

El papel del trabajo social sanitario

El trabajo social sanitario tiene un papel clave al situarse entre el sistema de salud, la comunidad y las familias. Desde esta posición puede detectar las consecuencias psicosociales del consumo –ansiedad, aislamiento o actitudes sexistas– e intervenir con acciones educativas y de acompañamiento.

Asimismo, como figura de enlace, el trabajador social sanitario contribuye al diseño de estrategias intersectoriales que integren la educación afectivo-sexual en la atención primaria y promuevan relaciones saludables desde edades tempranas. En última instancia, acompañar a las nuevas generaciones en una sexualidad basada en la empatía, el consentimiento y la igualdad es su mayor responsabilidad.

El consumo de pornografía ha dejado de ser un tema privado para convertirse en un desafío colectivo. No es un problema moral, sino un problema de salud y de igualdad. Si la pornografía enseña a desear con violencia, nuestra tarea es enseñar a desear con empatía. En este sentido, educar en igualdad, afecto y consentimiento no es una opción: es una urgencia social.

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Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. Cómo el consumo precoz de porno afecta a la sexualización de chicos y chicas – https://theconversation.com/como-el-consumo-precoz-de-porno-afecta-a-la-sexualizacion-de-chicos-y-chicas-266619

‘¡Chica, qué dise!’: el bricolaje lingüístico detrás de la voz de Rosalía

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Elena Fernández de Molina Ortés, Profesora Titular de Lengua Española, Universidad de Granada

Rosalía en un fotograma de “Berghain”. Rosalía/YouTube

En su nuevo single, “Berghain”, adelanto del álbum LUX, Rosalía ha conseguido sorprender al público con una canción que refleja una reinvención musical de la artista. Si bien Rosalía siempre ha experimentado con distintos géneros y subgéneros (flamenco, flamenco fusión, música latina o reguetón), esta nueva propuesta es una declaración de intenciones de la cantante sobre lo que podremos escuchar en su próxima propuesta musical.

Sin embargo, en la forma de cantar de Rosalía no solo ha cambiado la melodía: también ha cambiado su forma de pronunciar. Así, en lugar de utilizar algunos rasgos como el seseo (“¡chica, qué dise!”), la pérdida de la d (“pienso en tu mirá”) o utilizar el spanglish en sus canciones (“estamos worldwide a machete”), Rosalía mantiene en “Berghain” su propia variedad, la del español de Cataluña, y pronuncia azúcar o vienes. Ahora bien, ¿es este un recurso exclusivo de Rosalía?

En realidad, no. Los lingüistas llaman a esto “bricolaje lingüístico”: una capacidad de combinar y adaptar rasgos del habla para construir una identidad. Los artistas lo hacen conscientemente, modificando el acento o el registro según el género que interpretan, y representando una identidad sonora que el oyente espera encontrar.

¿Cambiamos nuestra forma de hablar cuando cantamos?

Los géneros musicales poseen elementos que los definen no solo desde el punto de vista musical. Si pensamos en artistas de pop, rock, hip-hop o reguetón, todos tenemos una imagen muy parecida de ellos teniendo en cuenta aspectos como el vestuario, el peinado o, incluso, la forma de expresarse corporalmente.

Sin embargo, a veces no somos conscientes de que el acento de los cantantes puede definir, también, el género musical. Si pensamos en una canción de reguetón, incluso si la tarareamos, seguro que utilizamos algún rasgo del español caribeño aunque no procedamos esa zona del español: si Bad Bunny dice nuevayol o corasón, nosotros también pronunciaremos su canción así.

Y es que los hablantes, en distintos ámbitos de nuestra vida, cambiamos nuestra forma de expresarnos según el contexto en el que nos encontremos (situaciones más o menos formales), según las personas con las que hablamos (familiares, amigos o desconocidos) y, también, según nuestro propósito comunicativo.

De hecho, un hablante puede cambiar completamente su forma de hablar para acomodarse a su entorno con fines personales o profesionales, como un método de mercado lingüístico. Le sucedió a la cantante española Aitana cuando dio una entrevista con acento colombiano.

Cada género tiene un registro

En la música ocurre algo parecido: los artistas cambian su forma de hablar según aquello que interpretan.

Y es que, a lo largo del tiempo, cada estilo musical va construyendo su propia firma sonora. La historia de cada género, su procedencia geográfica y su evolución originan rasgos lingüísticos que se asocian directamente a la forma de cantar: el flamenco, con el acento andaluz; el reguetón, con rasgos de la variedad caribeña; o la música country o el pop, con el inglés americano.

Con el tiempo, esas características se consolidan y el público acaba reconociéndolas como parte del estilo. Por eso, cuando alguien escucha una canción de reguetón o de flamenco espera inconscientemente encontrar un acento concreto, porque tiene registrados esos rasgos en su memoria cultural.

Los artistas conocen estos registros y, como si fueran actores que interpretan un papel, repiten esas tradiciones y se acomodan lingüísticamente a los patrones ya creados. Es una manera de encajar en el estilo musical y de recibir una respuesta positiva por parte del público mediante un bricolaje lingüístico: una forma creativa de combinar elementos del habla para construir una identidad sonora que encaje en un contexto, en este caso, en un género musical.

El flamenco: la variedad andaluza pronunciada por todos

El flamenco es un ejemplo perfecto de todo esto.

Este género empezó a popularizarse a finales del siglo XIX, cuando cantaores de Andalucía empezaron a actuar en cafés y teatros de forma profesional. El gran interés que despertó este tipo de espectáculos llevó a los flamencos a otras partes de España, y con ello los artistas llevaron consigo su acento andaluz, con rasgos fonéticos tan característicos como el seseo, la aspiración de la s, o el rotacismo, es decir, el cambio de l por r que convierte calma en carma.

Como la interpretación se hacía con acento andaluz, los nuevos cantaores de otras zonas de España lo imitaron, porque el público (y los nuevos cantaores) los identificaban como rasgos propios del género. Fue así como el acento se transformó en un símbolo de identidad artística.

De hecho, aunque el flamenco es un género en constante renovación, tanto en el flamenco puro como en el flamenco fusión se han mantenido sus rasgos más representativos. Y es que ¿quién diría, por ejemplo, que Miguel Poveda es catalán cuando interpreta un palo flamenco? Los patrones lingüísticos del género moldean su interpretación.

Bricolaje lingüístico en la voz de Rosalía

Como hemos dicho al comienzo, Rosalía es un ejemplo claro de cómo el acento puede transformarse según el género musical. Su formación en el cante flamenco y su conocimiento profundo de estos patrones musicales y lingüísticos le han permitido adaptarse con naturalidad a las tradiciones del género. Además, esa familiaridad con el flamenco le ha dado las herramientas para trasladar ciertos rasgos como el seseo, la aspiración o la omisión de sonidos a otros estilos con rasgos lingüísticos similares como el reguetón o la música latina.

En estas fusiones, Rosalía no solo mantiene elementos fonéticos andaluces, sino que también incorpora nuevos recursos como el uso del spanglish o palabras propias del español americano. Su voz se convierte así en un espacio de experimentación donde distintos acentos y lenguas se mezclan, creando una identidad sonora que se acomoda a los diferentes contextos lingüísticos.

En ocasiones incluso integra algunos rasgos fonéticos con una doble intención. Es interesante ver cómo pronuncia la palabra “perla” en uno de los adelantos que ha presentado de su nuevo disco. El cambio de la “r” recuerda a la variedad caribeña, y suena como pel-la. ¿Quizás se refiere a alguien con esta pronunciación?

Fuera del escenario, sin embargo, Rosalía recupera su forma habitual, propia del español hablado en Cataluña. Sin duda, su interpretación muestra que la voz artística es una construcción flexible que cambia con el contexto y con el género; en esa transformación se refleja también su identidad y su consciencia lingüística en la interpretación.

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Elena Fernández de Molina Ortés no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ‘¡Chica, qué dise!’: el bricolaje lingüístico detrás de la voz de Rosalía – https://theconversation.com/chica-que-dise-el-bricolaje-linguistico-detras-de-la-voz-de-rosalia-269203

De las redes sociales a la calle: la ultraderecha española más joven sale en busca del desorden

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Maite Aurrekoetxea Casaus, Profesora Doctora en Sociología en la Facultad de Ciencias Sociales y Humanas, Universidad de Deusto

En las ultimas semanas, figuras como el influencer Vito Quiles han recorrido universidades y ciudades al grito de “libertad”. Con cámaras en mano y estética de youtuber insurgente y rodeado de seguidores que lo vitorean, ya no se esconden tras la pantalla del movil: la provocación digital se ha hecho carne, y el escenario ya no es un timeline, sino la plaza pública.

La escenografía invierte la estética tradicional de un mitin político. Ya no hay atril, el líder habla desde la calle, entre la multitud como si fuera uno más, pero con el control absoluto del relato y del plano. Cada aparición se convierte en un espectáculo que se graba, se corta y multiplica en las redes.

En algunos actos ondean banderas preconstitucionales, se entonan himnos y se corean lemas que evocan el franquismo. Y, sin embargo, no persiguen un regreso literal al pasado, sino algo más inquietante: la exaltación del desorden como forma de identidad y poder. Su objetivo no es restaurar el franquismo, sino reanimar su estética, vaciarla de historia y llenarla de adrenalina.

Expertos en polarizar

La ultraderecha digital ha aprendido a polarizar: simplificar conflictos, “emocionalizar” los debates y convertir al adversario en enemigo. Ahora ese aprendizaje ha salido del algoritmo para ocupar el espacio físico.

De TikTok y Telegram han pasado al mitin improvisado, del meme a la consigna amplificada con megáfonos. Quiles y otras nuevas figuras de la ultraderecha digital se autoproclaman “libertarios”, pero actúan como emprendedores del caos, disputando la atención mediática mediante escenificaciones calculadas.

Frente a ellos, las respuestas de la ultraizquierda suelen ser reactivas, sin el control simbólico ni la eficacia comunicativa de este nuevo extremismo. No disputan el relato, sino que responden a él, entrando en la lógica del adversario: reaccionan a sus provocaciones, y al hacerlo refuerzan su visibilidad.

Este enfrentamiento no es simétrico: quien domina la narrativa domina también la realidad. Mientras la ultraderecha juega en un terreno comunicativo que domina –la emocionalidad, la provocación, el lenguaje audiovisual–, la izquierda radical sigue apelando a marcos racionales o morales que no generan el mismo impacto emocional ni mediático.

La libertad como grito de guerra

El lema es claro: libertad. Libertad frente a la censura, al feminismo “impositivo”, a la “agenda 2030” o al supuesto adoctrinamiento progresista. Pero esa libertad es un caballo de Troya: se presenta como antisistema, aunque se propaga gracias a los mismos algoritmos y plataformas que sostienen el sistema.

La libertad se vuelve una coreografía de rebeldía que no busca deliberar, sino provocar. En cada vídeo viral se condensan los ingredientes del nuevo populismo juvenil: desafío, emoción y teatralidad.

Los datos ayudan a entender esta deriva. En España, los jóvenes muestran un desencanto creciente con la democracia y una mayor tolerancia hacia actitudes autoritarias. Mientras generaciones anteriores mostraban un compromiso más sólido con la democracia, entre los jóvenes actuales aumenta el apoyo potencial a regímenes autoritarios, sostienen algunos autores.

El enemigo no es un adversario político, sino un símbolo que activa emociones inmediatas: ira, orgullo, nostalgia, miedo. Y esas emociones se amplifican con estética de vídeo en TikTok: banderas, gritos, planos cenitales, frases cortas…

La European Parliament Youth Survey 2024 confirma que los jóvenes europeos priorizan la autoexpresión y los espacios simbólicos sobre la pertenencia partidaria tradicional. A su vez, el informe From Posts to Polls revela que el atractivo del mensaje radical aumenta entre los menores de 25 años, especialmente en el sur de Europa.

Mejor cuanto más escandaloso

Cuando estos influencers anuncian que van a “salir de las redes”, no buscan dialogar: buscan performar la libertad. Su presencia en universidades o plazas es una extensión del algoritmo: quien más escándalo genera, más visibilidad obtiene.

La provocación se ha convertido en marketing político. Su lenguaje es el del clickbait: breve, agresivo, eficaz. Pero lo que venden no es un proyecto, sino un sentimiento: la libertad entendida como rechazo a cualquier límite.

Mientras tanto, la participación democrática se desploma. Solo el 36 % de los menores de 25 años votaron en las elecciones europeas de 2024, frente al 42 % de 2019. En España, la participación total fue del 46,39 %. El Eurobarómetro 2024 confirma ese escepticismo: la mayoría de jóvenes reconoce que votar es importante, pero dudan de que sirva para algo. La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE, 2024) añade que el voto se sustituye por formas de participación simbólica, activismo digital, boicot o performance, que generan sensación de acción, pero poca transformación institucional.

Entre el ruido y la democracia

Frente a lo que se pudiera pensar, no asistimos al regreso del franquismo, aunque su escenografía revive en cada bandera y cada consigna. Lo que emerge es una mutación: el populismo digital convertido en espectáculo callejero. Lo que se busca es mantener la tensión y colonizar el imaginario juvenil con una idea adulterada de libertad.

La respuesta no puede ser el silencio ni la réplica airada. La pedagogía democrática debe recuperar el sentido crítico, la escucha y la complejidad. La libertad no se defiende en un grito ni en un tuit, sino en la capacidad de disentir sin destruir.

Mientras las redes se llenan de estas imágenes, la democracia se observa en silencio. Y quizá ese silencio, cómodo, cansado o incrédulo, sea hoy su mayor riesgo.

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Maite Aurrekoetxea Casaus no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. De las redes sociales a la calle: la ultraderecha española más joven sale en busca del desorden – https://theconversation.com/de-las-redes-sociales-a-la-calle-la-ultraderecha-espanola-mas-joven-sale-en-busca-del-desorden-269055

‘Duoteísmo’ mexicano: el idilio sagrado entre el Club Deportivo Guadalajara y la Virgen de Guadalupe

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Juan Martín Flores Almendárez, PTC Asociado "B"; Especialista en Capital Humano e integrante del CA en Gestión, Innovación Educativa y Tecnología, Universidad de Guadalajara

Aficionados del Club Deportivo Guadalajara durante el partido que le enfrentó al Club América el 15 de octubre de 2023. Ringo Chiu/Shutterstock

En enero de 1957, José Garibi Rivera, arzobispo de Guadalajara y representante del Vaticano, recibió a los jugadores del equipo de fútbol de las “chivas”, quienes acababan de ganar su primera liga tras derrotar al Irapuato, gracias a un gol de cabeza del histórico delantero Chava Reyes.

La sorpresa de los futbolistas fue mayúscula cuando el que fuera primer cardenal mexicano y miembro del cónclave que eligió a Pablo VI se levantó la sotana y dejó ver debajo de ella la mítica camiseta rojiblanca de las “chivas”, a las que en ese momento bautizó con el sobrenombre que han llevado hasta la fecha: “El rebaño sagrado”.

La fe que une a millones

En México, las pasiones se viven a flor de piel. Dos de las más intensas son la devoción a la Virgen de Guadalupe y el amor por el Club Deportivo Guadalajara, conocido como las “chivas”. A simple vista, parecen mundos distintos: uno religioso, otro deportivo. Pero si miramos de cerca, descubrimos que ambos comparten símbolos, emociones y un vínculo profundo con la identidad mexicana.

Los días 12 de diciembre de cada año, millones de personas llegan a la Basílica de Guadalupe en la Ciudad de México. Jóvenes, familias y adultos mayores recorren caminos a pie, en bicicleta o incluso de rodillas para rendir tributo a la patrona de México. Esa fecha transforma al país en un mosaico de fe. Cantos, rezos y “mañanitas” (cumpleaños feliz) se sienten en todo México.

Millones de devotos de la Virgen de Guadalupe se dirigen a su Basílica el 12 de diciembre,
Angela Ostafichuk/Shutterstock

Algo similar ocurre cuando las “chivas” salen a la cancha. Sucede en vivo, dentro del estadio Akron, o frente a una televisión. Los colores rojo, blanco y azul generan la misma intensidad emocional que provoca el manto de la Virgen. Aficionados cantan, gritan goles y, en ocasiones, encomiendan el resultado a la “Morenita del Tepeyac”.

Rituales que emocionan

La religiosidad guadalupana y el fervor rojiblanco tienen algo en común: los rituales. Veladoras, rosarios y altares en un lado; playeras, banderas y porras (grupos de animación) en el otro. Ambos espacios, templo y estadio, transforman lo individual en colectivo. En una sociedad donde la humanidad está cada vez más encapsulada, la devoción compartida une a multitudes en el dolor, la esperanza y la alegría.

Estudios recientes muestran que los aficionados sienten orgullo no solo por los títulos, sino también por los valores de su equipo. Desde sus inicios, las “chivas” solo juegan con futbolistas mexicanos, un fenómeno similar al que encarna el Athletic Club de Bilbao en España, que sólo integra a futbolistas de origen vasco.

El marcado acento nacional de las alineaciones del Club Deportivo Guadalajara conecta con los valores asociados al imaginario de la devoción mariana guadalupana. Pocos mexicanos se sienten ajenos a estas manifestaciones populares, que ejercen de aglutinantes del sentir nacionalista.

Esta coincidencia hunde sus raíces en aquella bendición clerical del arzobispo Garibi Rivera y en el bautismo del “rebaño sagrado”. La conexión religiosa con el equipo de fútbol se ha mantenido y consolidado en la ciudad de Guadalajara, así como a lo largo y ancho del país. No en vano, el propio Papa Pio XII dio su bendición a las “chivas” a instancias de aquel cardenal con vocación de hincha.

Orgullo mexicano más allá de las fronteras

La devoción guadalupana también se adapta a la cultura local. En algunas regiones indígenas, los rituales mezclan elementos católicos y tradiciones locales, fortaleciendo la identidad cultural. Esta conexión explica por qué podemos ver a la Virgen y al escudo rojiblanco juntos en murales y tribunas. Son símbolos de orgullo y pertenencia.

El “duoteísmo” que reúne a la Virgen de Guadalupe y a las “chivas” no se queda en México. Millones de migrantes en Estados Unidos llevan estampitas y camisetas rojiblancas. Este hábito representa una forma de mantener viva su identidad mexicana a pesar de la distancia. Para ellos, ambos signos funcionan como “símbolos maestros”, que sostienen la cultura y comunidad lejos del país natal.

Cultura de emociones compartidas

Uno de los elementos distintivos de la cultura mexicana consiste en vivir las emociones en comunidad. Ya sea en la Basílica o en el estadio. Los cantos, lágrimas y gritos se multiplican. La Virgen de Guadalupe y las “chivas” funcionan como catalizadores de identidad: permiten reconocerse, sentirse acompañados y reforzar un sentido de pertenencia.

El diario Los Angeles Times señala que la Virgen también simboliza resistencia cultural y memoria indígena. Una característica compartida por el equipo de las “chivas”, que asimismo inspira ese sentimiento de raíz nacional.

A las puertas del mundial 2026

Con motivo de la celebración del mundial de fútbol 2026, el país vive ya un ambiente festivo. Para esta tercera justa (México ya fue sede en 1970 y 1986), la ciudad de Guadalajara se prepara para recibir a miles de aficionados y turistas.

Los tapatíos (ciudadanos de Guadalajara) y los jaliscienses (naturales de Jalisco) se convertirán por unas semanas en anfitriones de espectadores venidos de todo el mundo. Para recibirlos, las autoridades locales y estatales han anunciado grandes obras que buscan facilitar la estancia de los visitantes y mejorar los servicios.

Tan importante como esas obras será el papel que jugarán la devoción guadalupana y el color de la afición local. Estas expresiones de la cultura popular y de la arraigada fe mexicana constituyen signos distintivos que acompañarán a unos y otros, uniéndolos en un mismo acontecimiento festivo.

La conexión religioso-futbolística cobrará mayor relevancia si cabe en la capital, la Ciudad de México, ya que en este mismo espacio geográfico coexisten la “catedral” del fútbol mexicano (Estadio Azteca) y la Basílica de Guadalupe.

La pasión “sagrada” que late en el corazón mexicano

La Virgen de Guadalupe y las “chivas” del Guadalajara habitan mundos distintos, pero se tocan en el corazón mexicano. Ambas representan fe en lo imposible, esperanza frente a la adversidad y la necesidad de símbolos que den sentido a lo colectivo.

Entre rezos y goles, la cultura mexicana late con la misma intensidad. Para millones de personas, llevar en el corazón a la Virgen y a las “chivas” no es solo una costumbre. Es una forma de ser mexicano, de celebrar la identidad y compartir emociones que trascienden generaciones y fronteras.

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Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

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Los algoritmos adivinan cómo somos o cuánto ganamos solo con analizar nuestra foto

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Daniel Garcia Torres, Doctorando en Deporte y Salud, Universidad Miguel Hernández

Cuando subimos una foto a una red social, igual no nos imaginamos todo lo que los algoritmos pueden deducir de nosotros solo por esa imagen. Antoine Beauvillain / Unsplash., CC BY

Es una sensación familiar para cualquiera que use redes sociales: el asombro, a veces inquietante, de que una plataforma parezca conocernos mejor que nadie. Un vídeo recomendado que acierta de lleno, un anuncio que responde a una conversación reciente, un recuerdo que aparece en el momento justo… Atribuimos esta aparente magia a los algoritmos que, suponemos, aprenden de nuestras interacciones directas. Sin embargo, esta es solo la capa más superficial de un sistema mucho más complejo.

La verdadera capacidad de estos sistemas no reside en registrar nuestras acciones explícitas, sino en su habilidad para interpretar nuestra identidad a partir de los datos que compartimos, a menudo, de forma inconsciente. Un sencillo experimento con una sola fotografía personal revela hasta qué punto estos sistemas construyen perfiles psicológicos, ideológicos y económicos que van mucho más allá de lo que el usuario pretende comunicar.

De la visión por computador a la interpretación semántica

Cuando subimos una imagen a internet, no solo la ven otros usuarios: también la “leen” los sistemas de visión por computador, como la API de Google Vision que, según anuncia Google, “extrae información valiosa de imágenes, documentos y vídeos”. Estas tecnologías ya no se limitan a identificar objetos o rostros. Su alcance llega a la interpretación semántica: pueden deducir emociones, contextos culturales o rasgos de personalidad.

Herramientas como TheySeeYourPhotos, creada por un exingeniero de Google para denunciar este tipo de prácticas, permiten comprobarlo. Su objetivo es mostrar cuánta información personal y sensible puede inferirse a partir de una sola fotografía, utilizando la misma tecnología que emplean las grandes corporaciones.

El problema no está en que las máquinas reconozcan lo que ven, sino en que interpreten lo que creen que esa imagen dice sobre nosotros. Y ahí surge una pregunta clave: ¿están diseñadas para servir nuestros intereses o para explotar patrones de comportamiento que ni siquiera reconocemos?

Caso de estudio: el perfil inferido de una fotografía

Para explorar los límites de esta capacidad interpretativa, en la Universidad Miguel Hernández realizamos un experimento: analizamos una fotografía personal mediante la herramienta mencionada anteriormente. Los resultados que obtuvimos se pueden clasificar en dos niveles.

Análisis que la herramienta TheySeeYourPhotos hace sobre una de las fotos empleadas en este estudio.

El primer nivel es el del análisis descriptivo, mediante el que la IA identifica elementos visuales objetivos. En este caso, describió correctamente la escena principal (un joven junto a una barandilla y un monumento) y se aproximó a la localización geográfica. Este nivel, aunque propenso a errores fácticos (como estimar una edad algo diferente), se mantiene en el plano de lo esperable.

El segundo nivel, el del análisis inferencial, es el que resulta más revelador y problemático. A partir de la misma imagen, el sistema construyó un perfil detallado basado en patrones estadísticos y, previsiblemente, en sesgos algorítmicos:

  • Origen étnico (raza mediterránea) y nivel de ingresos estimado (entre 25 000 y 35 000 euros).
  • Rasgos de personalidad (tranquilo, introvertido) y aficiones (viajes, fitness, comida).
  • Orientación ideológica y religiosa (agnostico, partido demócrata).

El propósito de este perfilado exhaustivo es, en última instancia, la segmentación comercial. La plataforma sugirió anunciantes específicos (Duolingo, Airbnb) que tendrían una alta probabilidad de éxito con el perfil inferido. Lo relevante no es el grado de acierto, sino la demostración de que una sola imagen es suficiente para que una máquina construya una identidad compleja y procesable de un individuo.

Del perfilado a la influencia: el riesgo de la manipulación algorítmica

Si un algoritmo puede inferir nuestra ideología, ¿su objetivo es simplemente ofrecernos contenido afín o reforzar esa inclinación para volvernos más predecibles y rentables?

Esa es la frontera difusa entre personalización y manipulación. Meta, por ejemplo, ha experimentado con usuarios generados por inteligencia artificial, diseñados para interactuar con perfiles solitarios y aumentar su tiempo en la plataforma. Y si los sistemas pueden simular compañía, también pueden crear entornos informativos que guíen sutilmente opiniones y decisiones.

A ello se suma la falta de control real sobre nuestros datos. La multa récord de 1 200 millones de euros impuesta a Meta en 2023 por transferencias ilegales de información de Europa a EE. UU. demuestra que el cumplimiento normativo se convierte, para las grandes tecnológicas, en un cálculo de riesgo-beneficio, más que en un principio ético.

La conciencia crítica como herramienta de defensa

El resultado de este perfilado masivo es la consolidación de las “burbujas de filtro”, un concepto acuñado por Eli Pariser para describir cómo los algoritmos nos encierran en entornos informativos que refuerzan nuestras creencias. Así, cada usuario habita un mundo digital hecho a su medida, pero también más cerrado y polarizado.

Ser conscientes de que cada interacción digital alimenta este ciclo es el primer paso para mitigar sus efectos. Herramientas como TheySeeYourPhotos son valiosas porque revelan cómo se construye la ilusión de personalización que define nuestra experiencia en línea.

Por tanto, el feed de nuestras redes sociales no es un reflejo del mundo real, sino una construcción algorítmica diseñada para nosotros. Comprender esto es indispensable para proteger el pensamiento crítico y navegar de forma consciente en un entorno digital cada vez más complejo.

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Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. Los algoritmos adivinan cómo somos o cuánto ganamos solo con analizar nuestra foto – https://theconversation.com/los-algoritmos-adivinan-como-somos-o-cuanto-ganamos-solo-con-analizar-nuestra-foto-265994

Cuando el enemigo está dentro: las emociones que nos hacen vulnerables a un ciberataque

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Lucía Halty, Profesora e investigadora del departamento de Psicología, Universidad Pontificia Comillas

Nanzeeba Ibnat / ISTOCK

¿Por qué algunas personas, incluso advertidas por las herramientas de seguridad y los antivirus, siguen haciendo clic en un enlace fraudulento? ¿Qué nos hace confiar más en un correo que nos promete un estupendo premio que en una alerta que nos invita a ser precavidos?

Cada día, millones de correos electrónicos intentan engañar a sus destinatarios mediante técnicas como el phishing, un tipo de ciberataque que busca obtener información confidencial –contraseñas, datos bancarios o credenciales corporativas– mediante la manipulación psicológica. Si bien la tecnología logra detener entre el 90 % y el 99 % de estos ataques, el pequeño porcentaje que logra pasar las barreras técnicas suele bastar para poner en peligro tanto a las organizaciones como al eslabón más débil de la cadena: el ser humano. Por eso, el siguiente gran avance pasa por comprender ese 1 % (y protegerlo).

El análisis del comportamiento de los usuarios ha sido, precisamente, el centro de la investigación del proyecto EVE (Emotions and Vulnerabilities Exposed and Protected), que ha dado como resultado un algoritmo capaz de aumentar nuestra ciberprotección. Integrado en una plataforma de neurociberseguridad, este algoritmo predice la vulnerabilidad del factor humano ante un ciberataque, basándose en diversas variables psicológicas. Se trata de un nuevo y pionero enfoque en ciberseguridad que une neurociencia, tecnología y psicología para predecir el riesgo humano ante un ataque digital y protegernos, así, de nosotros mismos.

Un cerebro preparado para sobrevivir… pero no en internet

Nuestro cerebro está programado para reaccionar con rapidez ante amenazas físicas. Cuando percibimos un peligro –un ruido repentino o una sombra inesperada–, se activa la amígdala, que pone en marcha una respuesta automática de defensa. Este mecanismo, conocido como sesgo de negatividad, nos ha permitido sobrevivir durante millones de años.

Sin embargo, en el entorno digital el sistema no se activa porque no tenemos factores de supervivencia: no hemos generado una respuesta instintiva a las amenazas, cosa que sí sucede cuando oímos el rugido de un león, incluso aunque nunca hayamos estado en la sabana. Como leer un correo electrónico aparentemente no pone en riesgo nuestra supervivencia, el cerebro no enciende la alarma emocional. Y cuando lo hace, suele ser en la dirección equivocada: el miedo se orienta hacia las consecuencias de no actuar, no hacia el ataque.

Mensajes como “Su cuenta será bloqueada si no actualiza sus datos” o “Ha perdido 1 000 euros de su cuenta bancaria, pulse aquí para recuperarlos” provocan miedo al castigo, no al engaño. Ese miedo “secuestra” la atención y deja todo el peso de la decisión al pensamiento racional, más lento y exigente. Si además estamos cansados, distraídos, estresados o bajo presión, nuestra capacidad para analizar el mensaje disminuye y el clic se vuelve casi inevitable.

Personalidad y contexto

El modelo científico que sustenta el algoritmo EVE se apoya en tres variables psicológicas y de personalidad clave, a las que se añaden variables contextuales, como la carga de trabajo, la multitarea, la presión del tiempo o el nivel de implicación con el asunto del correo. Todo ello puede aumentar o reducir nuestra capacidad para procesar la información de forma crítica.

La primera de esas variables es el Sistema de Inhibición del Comportamiento (BIS). Mediado por la ansiedad, quienes puntúan alto reaccionan con miedo ante posibles castigos y son más vulnerables a mensajes del tipo “si no actúas ahora, pierdes algo”.

Otro elemento a tener en cuenta es el Sistema de Activación del Comportamiento (BAS). Está asociado a la impulsividad y la búsqueda de recompensa, y los usuarios responden más fácilmente a mensajes que prometen beneficios inmediatos (“gana un premio”, “aprovecha la oferta”).

Finalmente, interviene la Necesidad de Cognición (NC), que mide la tendencia a disfrutar del pensamiento complejo. Las personas con NC suelen analizar más y caer menos, aunque pueden ser víctimas de correos que apelan a la curiosidad intelectual (“descubre más”, “lee este informe exclusivo”).

Integrando estos componentes, EVE ha generado un perfil dinámico de vulnerabilidad, que no pretende etiquetar a las personas sino entender en qué condiciones concretas cada individuo es más propenso a caer. Lejos de ser estático, el algoritmo entrena según la toma de decisiones y el comportamiento humano. Si cambia el nivel de vulnerabilidad, se alerta al usuario y a la organización de la transformación, porque lo que se pretende es un círculo virtuoso.

Este empieza con la validación del autodiagnóstico, de cómo somos, las variables psicológicas y rasgos de personalidad. A partir de ahí, se despliega un mecanismo que se basa en simulaciones de phishing para validar esa hipótesis continuamente. Así se genera un sistema de alerta, denominado semáforo, que se contrarresta con una serie de microhistorias que explican los procesos cognitivos por los que se ha caído o no en esa simulación. Y vuelta a empezar. En este círculo virtuoso, el algoritmo está siempre entrenando y aprendiendo del comportamiento de los usuarios.

Ciencia aplicada a una ciberseguridad más humana

Nuestro equipo probó el modelo en dos fases: primero con estudiantes universitarios y, después, con empleados de empresas, para aproximarse a contextos laborales reales. Cada participante completó pruebas de personalidad y se enfrentó a simulaciones de phishing mientras los investigadores medían tiempos de reacción, emociones evocadas y decisiones tomadas. Con esos datos, el algoritmo aprendió a predecir patrones de conducta y puntos débiles, y el usuario recibía píldoras de aprendizaje personalizadas sobre ciberseguridad.

Pero no todo el mundo tiene que recibir la misma formación para enfrentar una amenaza que llega por correo electrónico. Una persona con alta ansiedad no debería recibir el mismo entrenamiento que otra más impulsiva. Así, la formación adaptada al perfil psicológico puede reducir significativamente el riesgo de caer en la trampa y, sobre todo, evitar la falsa sensación de seguridad que generan los cursos genéricos.

De esta forma, el proyecto EVE marca un cambio de paradigma: entender la ciberseguridad no solo como un desafío técnico, sino como un fenómeno profundamente humano. Los ciberdelincuentes no atacan máquinas: atacan emociones. Por eso, los sistemas del futuro deberán aprender a protegernos también de nuestras propias vulnerabilidades.


La versión original de este artículo ha sido publicada en la revista Telos, de Fundación Telefónica.


The Conversation

Lucía Halty no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Cuando el enemigo está dentro: las emociones que nos hacen vulnerables a un ciberataque – https://theconversation.com/cuando-el-enemigo-esta-dentro-las-emociones-que-nos-hacen-vulnerables-a-un-ciberataque-269200