De Homero a Virginia Woolf: un recorrido por los eclipses, presagios y símbolos en la literatura

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Jordi Bermejo Gregorio, Profesor de literatura y teatro, Universitat Internacional de Catalunya

_Eclipse total de Sol_ (suele datarse en 1897) del artista y astrónomo alemán Wilhelm Kranz. Wilhelm Kranz

Imagine que es mediodía y el día empieza a apagarse: el aire se enfría, los pájaros callan, las estrellas asoman donde no deberían. Hoy sabemos que es la Luna cruzándose ante el Sol. Pero durante casi toda la historia ese instante fue una grieta en el orden del mundo, y los escritores llevan casi tres mil años intentando ponerle palabras.

Lo fascinante es que cada época ha visto en el mismo fenómeno una cosa distinta. Seguir ese rastro literario, del terror antiguo a la maravilla moderna, es una forma de asomarse a cómo en Occidente hemos ido cambiando de mirada.

De presagio a milagro

El punto de partida es Homero. En el canto XX de la Odisea, el adivino Teoclímeno anuncia la matanza de los pretendientes con unos versos escalofriantes:

“el vestíbulo llenan y pueblan el patio fantasmas

que a las sombras se lanzan del Érebo; el sol en el cielo

se ha eclipsado, una niebla funesta recúbrelo todo”.

¿Describía Homero un eclipse real? Ya lo creyeron Plutarco y otros antiguos, y el debate sigue vivo: en 2008 se propuso datarlo el 16 de abril de 1178 a. e. c., aunque algunos filólogos lo dudan. Dejando a un lado la discusión, para el mundo antiguo el Sol que se apagaba era anunciador de muerte. Será esa ecuación la que aparecerá en la literatura durante siglos.

La Edad Media convirtió ese miedo en teología. El eclipse más comentado en el Medievo no procede de un poema, sino de los Evangelios. Se trata de la oscuridad que, según san Lucas, cubrió la tierra al morir Cristo.

A inicios del siglo XIV, Dante lo abordó de forma sorprendente en el Paraíso (XXIX) de la Divina comedia: en vez de describirlo, hace que el personaje de Beatriz –símbolo de la salvación– se burle de los predicadores que fabulan sobre él, y zanja que la luz “por sí misma se ocultó”.

Además de utilizar el eclipse como cambio asombroso y divino en Beatriz, el florentino sabía que un eclipse solar es imposible en luna llena –cuando cae la Pascua–, así que hizo del prodigio una lección sobre la verdad. En Dante, leer el cielo es siempre un ejercicio moral. Con él, el eclipse ya no solo asustaba, sino que también obligaba a pensar.

El desorden del mundo sobre las tablas y la herida íntima

Durante los siglos XVI y XVII, el presagio saltó al escenario, y nadie lo usó con más malicia que Shakespeare.

En El rey Lear (1608), el viejo Gloucester se lamenta de que “Estos recientes eclipses del Sol y Luna no nos presagian nada bueno”. Pero su hijo bastardo, el villano Edmund, sabe muy bien que puede aprovechar esas supersticiones para manipular a todos. A Shakespeare, que pensaba probablemente en el eclipse real de 1605, no le interesaba decir quién acertaba, sino que convirtió ese presagio en espejo de nuestra propia credulidad.

Pintura de un hombre y una mujer en una terraza abrazados mientras en el exterior sucede un eclipse.
Un eclipse de Sol de fondo en una escena de Isaac y Rebeca, espiados por Abimelec.
Logias vaticanas/Wikimedia Commons

De su mismo siglo rescatamos una voz insólita y largo tiempo silenciada. En el XVII, la poeta inglesa Hester Pulter escribió un poema titulado The Eclipse que permaneció inédito hasta 1996. Como han señalado sus editoras, los versos de Pulter corresponden a un caso rarísimo, ya que describen a la vez un eclipse de Sol y uno de Luna con el objetivo de meditar sobre la muerte y la fe. Encerrada por su condición femenina, esta mujer encontró en el Sol eclipsado y en el nuevo conocimiento astronómico de su tiempo un símbolo de su alma buscando la luz divina.

Por otro lado, su contemporáneo John Milton llevó el símbolo del eclipse a dos extremos opuestos. En El paraíso perdido (1667), el fenómeno astronómico se yergue como emblema del poder que caerá. En este poema, un Satanás derrotado aún resplandece como el Sol que, “en un sombrío eclipse, esparce un crepúsculo funesto sobre la mitad de los pueblos y atormenta a los reyes”.

Pero Milton, ya ciego, escribió también el lamento del héroe en Sansón agonista (1671): “¡Oh, oscuridad en pleno resplandor del mediodía, irremediablemente oscura, eclipse total, sin esperanza alguna de día!”. El eclipse ya no procedía del cielo, sino del interior del ser humano.

De la ciencia y el juego literario a la experiencia de mirar

Entrado el siglo XIX, la ciencia expulsó al fantasma. El poeta romántico William Wordsworth (1770-1850), tras ver un eclipse en Italia en 1820, lo escenificó como un duelo entre la Ciencia, que “aguardaba la hora”, y la Superstición, que lo combatía “con ritos impuros”.

Pintura en la que se ve un eclipse solar al fondo de un paisaje mientras diferentes personas lo observan desde una montaña.
Pintura del eclipse solar del 8 de julio de 1842 realizada por Jakob Alt.
Wikimedia Commons

Ya sin miedo, el eclipse se volvió juego en Un yanqui en la corte del rey Arturo (1889). Mark Twain hizo que su protagonista, condenado a la hoguera, amenace con apagar el sol cuando sabe que llega un eclipse, y la corte aterrada lo libera.

Setenta años después, el guatemalteco Augusto Monterroso invirtió esa escena en El eclipse: fray Bartolomé intenta el truco con los mayas, pero estos recitan “las infinitas fechas en que se producirían eclipses… sin la valiosa ayuda de Aristóteles” y lo sacrifican igual. El engaño del conquistador fracasa ante el saber del conquistado: pocas veces el eclipse ha servido para una ironía tan afilada.

Y es que la llegada del siglo XX había traído algo nuevo: se dejó de interpretar el eclipse para sentirlo. Virginia Woolf viajó de noche para verlo en 1927 y escribió: “Esta era la derrota del sol. El asombro destroza el sentido”. Su ensayo El sol y el pez (1928) lo transformó en una experiencia casi cinematográfica y colectiva.

Volverá sobre ello la estadounidense Annie Dillard, quien en 1982 firmó lo que muchos consideran una de las mejores páginas escritas sobre el tema: “Lo que ves en un eclipse total es completamente diferente de lo que sabes”.

Coda: agosto de 2026

A lo largo de los siglos, el eclipse ha sido una pantalla donde cada época ha proyectado sus miedos y su sabiduría. Todo este recorrido, por cierto, tiene hoy un marco académico de primer nivel en Eclipse and Revelation, un volumen que reúne a especialistas para leer el eclipse desde la ciencia, la historia y la literatura.

Este verano será un buen momento para consultarlo, porque el 12 de agosto de 2026 la sombra de la Luna cruzará el cielo de España por primera vez en más de un siglo. No veremos solo un espectáculo astronómico, veremos el mismo prodigio que hizo temblar a Teoclímeno, pensar a Dante y enmudecer a Woolf. Quizá comprendamos, como Dillard, que lo que estamos a punto de ver no se parece en nada a lo que ya creíamos saber.

Lo seguro es que, en pleno siglo XXI, del mismo cielo que el de los antiguos experimentaremos ese mismo asombro. Esto nos recordará que seguimos siendo igual de humanos que ellos.


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Jordi Bermejo Gregorio no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. De Homero a Virginia Woolf: un recorrido por los eclipses, presagios y símbolos en la literatura – https://theconversation.com/de-homero-a-virginia-woolf-un-recorrido-por-los-eclipses-presagios-y-simbolos-en-la-literatura-285981

Proteínas en polvo, TikTok y trastornos alimentarios: lo que hacen algunos adolescentes tras el gimnasio

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Carmen da Casa Pérez, Profesor doctor Permanente Laboral, Universidad Pontificia de Salamanca

New Africa/Shutterstock

Un chico de 15 años no quiere ir a la comida familiar del domingo porque “no encaja en sus macros”. Dedica más tiempo a TikTok y el gimnasio que a los deberes. Quizá presente una preocupación patológica por conseguir un cuerpo musculado, una situación cada vez menos excepcional.

La confluencia del bum del mercado de suplementos deportivos, la presión estética algorítmica en redes sociales y el aumento de los trastornos de la conducta alimentaria entre adolescentes está generando una crisis de salud mental. Esta pasa desapercibida porque, a ojos de padres y docentes, estos chicos simplemente cuidan su alimentación y van al gimnasio.

En Europa, el mercado de los suplementos nutricionales vale más de 6 600 millones de dólares en 2026 y crece a un ritmo del 7,85 % anual, con millones de adolescentes como público objetivo.

El problema no es el mercado en sí, sino quién lo consume y bajo qué condiciones. En España, entre el 20 y el 40 % de los adolescentes que practican deporte consume algún tipo de suplemento. La cifra sube entre quienes compiten a nivel federado.

Las redes sociales actúan como catalizador directo de la compra. La confianza en los creadores de contenido de fitness aumenta la intención de adquirir suplementos entre los más jóvenes. Aproximadamente 1 de cada 10 adolescentes ha utilizado productos para el control del peso sin prescripción médica, según una revisión sistemática de 2024. No son deportistas de élite: son chicos del gimnasio del barrio que compran botes de proteínas en cualquier supermercado, herbolario o desde el móvil.

Del batido de proteínas a la vigorexia

La proteína en polvo, la proteína whey y la creatina son, en adultos sanos y en dosis adecuadas y pautadas, suplementos con un perfil de seguridad relativamente bien establecido, siempre bajo la supervisión de un nutricionista.

Pero los adolescentes no son adultos. Sus cuerpos están en pleno desarrollo y sus hígados y riñones aún están madurando. Además, un estudio sugiere que el uso de suplementos en entornos no controlados se asocia con peores resultados de salud en adolescentes.

Otro estudio publicado en 2025, realizado con 2 731 adolescentes y jóvenes adultos canadienses, encontró que el uso de seis suplementos musculares habituales (incluidos la proteína whey y la creatina) se asociaba con mayores síntomas de dismorfia muscular. Los síntomas se agravaban a medida que aumentaba el número de productos consumidos.

En España, entre un 11 y un 27 % de los adolescentes presentan conductas de riesgo para desarrollar un trastorno de la conducta alimentaria. La edad media de inicio se sitúa hoy en los 12 años y medio. Según datos de la Asociación TCA Aragón, en nuestro país 400 000 personas padecen alguno de estos trastornos, de las cuales 300 000 son jóvenes de entre 12 y 24 años. Se trata de la tercera causa de enfermedad crónica en la adolescencia.

La dismorfia muscular es la preocupación patológica por no ser suficientemente musculado. Conlleva el aislamiento social, el control obsesivo de la ingesta y, en casos graves, el consumo de esteroides. Se estima que afecta al 2,2 % de los chicos adolescentes y al 1,4 % de las chicas en Estados Unidos, aunque el infradiagnóstico en varones hace pensar que la cifra real es mayor.

Queda claro en la literatura científica la asociación entre consumo de suplementos musculares y síntomas de trastorno dismórfico corporal. La pregunta de si los suplementos causan la dismorfia o si las personas con rasgos de dismorfia tienden a consumir más suplementos no está resuelta. La evidencia de que los síntomas se incrementan a medida que aumenta el número de suplementos consumidos sugiere, al menos, que existe un efecto bidireccional.

El algoritmo como espejo distorsionante

Para entender por qué esta crisis se ha acelerado en la última década hay que mirar la pantalla del móvil. El algoritmo de recomendación de redes sociales como TikTok es extraordinariamente preciso. Los adolescentes con trastornos alimentarios han documentado que encontraban contenido proanorexia y probulimia con frecuencia sin buscarlo.

Quien interactúa con contenido de dietas o ejercicio recibe más imágenes de cuerpos cada vez más perfectos como referencia. Un estudio publicado en Plos One demostró que la exposición a contenido proanorexia tiene consecuencias inmediatas sobre la internalización de ideales corporales y la insatisfacción con el propio cuerpo. También que los usuarios más intensivos de TikTok mostraban mayores niveles de desórdenes alimentarios.

Los influencers se han convertido en fuente habitual de pautas nutricionales y de ejercicio, generando un círculo vicioso en el que los jóvenes replican y comparten lo que ven, reforzados por los “me gusta”.

Un vacío regulatorio que importa

Europa regula los suplementos alimentarios como alimentos, pero los estándares nacionales divergen. El control unificado de la publicidad dirigida a menores en plataformas digitales es inexistente.

En la práctica, un adolescente puede comprar creatina en cualquier tienda online sin que nadie le pregunte su edad, y ver decenas de anuncios encubiertos de esos mismos productos en su feed sin que estén clasificados como publicidad. Además, los estudios advierten de que los suplementos legales para ganar músculo pueden actuar como puerta de entrada al uso de esteroides. Esto triplica el riesgo de que los jóvenes comiencen a consumirlos en los años siguientes, potencialmente con consecuencias graves.

Hay precedentes de una regulación más firme. En 2023, el estado de Nueva York prohibió la venta de productos de control de peso a menores. En Europa, la presión regulatoria sobre la publicidad de alimentos ultraprocesados a menores ha avanzado más que la relativa a suplementos deportivos, pese a que la evidencia de daño en este segundo caso es igualmente sólida.

¿Qué podemos hacer?

Para las familias, la recomendación es que promuevan el consumo de proteínas y nutrientes a través de alimentos reales en lugar de suplementos. Sobretodo, prestar atención a los signos de alerta que van más allá de la vida sana, como una rigidez extrema con la alimentación, aislamiento social relacionado con la dieta o el ejercicio, uso de suplementos sin prescripción, o ansiedad cuando se interrumpe la rutina de entrenamiento.

Para los centros educativos, la educación mediática crítica es tan necesaria como la educación nutricional. Un adolescente que entiende cómo funciona TikTok tiene más recursos para resistir sus efectos. La educación nutricional empodera para cuidar el cuerpo con decisiones que realmente impulsan su bienestar y su rendimiento.

Para los sistemas de salud, el reto es doble: ampliar el concepto de trastorno alimentario y mejorar los recursos de detección y tratamiento. Para los reguladores, es necesario restringir la publicidad de suplementos dirigida a menores en plataformas digitales.

Lo que no sale en los vídeos de TikTok

Hay algo contradictorio hoy: nunca hemos sabido tanto sobre nutrición y, al mismo tiempo, nunca hemos recibido tanta desinformación sobre el tema.

Los adolescentes manejan vocabulario técnico –macros, déficit calórico, periodización– que hace una década era casi exclusivo de nutricionistas deportivos. Pero lo aplican sobre lo que un influencer les muestra en un vídeo de 30 segundos.

El problema no es que los jóvenes cuiden su cuerpo. Sí lo es que en un entorno de presión estética algorítmica, suplementos sin control y legislación insuficiente, cuidar el cuerpo acabe castigándolo.

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Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

– ref. Proteínas en polvo, TikTok y trastornos alimentarios: lo que hacen algunos adolescentes tras el gimnasio – https://theconversation.com/proteinas-en-polvo-tiktok-y-trastornos-alimentarios-lo-que-hacen-algunos-adolescentes-tras-el-gimnasio-284352

¿Por qué no debemos mirar directamente al sol?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Elena Vecino Cordero, Catedrática de Biología Celular (UPV/EHU), Licenciada en Bellas Artes, Life Member Clare Hall Cambridge (UK). Directora del Grupo Oftalmo-Biología Experimental (GOBE), Universidad del País Vasco / Euskal Herriko Unibertsitatea

Nick Shandra / Unsplash, CC BY-SA

Este artículo forma parte de la sección The Conversation Júnior, en la que especialistas de las principales universidades y centros de investigación contestan a las dudas de jóvenes curios@s de entre 12 y 16 años. Podéis enviar vuestras preguntas a tcesjunior@theconversation.com


Pregunta formulada por estudiantes de 3º de la ESO del Instituto de Educación Secundaria Berriz. Berriz (Bizkaia).


¿A quien no le han dicho alguna vez que no mire directamente al sol porque se puede quedar ciego? Seguro que todos hemos tenido la tentación de probarlo algún que otro atardecer.

Si lo hacemos y miramos hacia otro lado inmediatamente después, seguimos viendo su destello con intensidad, aunque sin más secuelas. Sin embargo, si aguantamos un rato con la mirada fija, ese sol a punto de ocultarse nos puede hacer un daño irreversible. Y todo porque en el interior de los ojos sucede lo mismo que en la piel cuando nos exponemos al sol: al principio nos calienta y luego, si permanecemos mucho rato bronceándonos, nos quema.

¿Cómo vemos?

Cuando la luz llega al ojo, pasa primero por dos capas trasparentes consecutivas, la córnea y el cristalino, que aumentan la imagen, funcionando como una lupa. Seguidamente llega a la retina, que es una lámina muy delgada situada en la parte de atrás del ojo. Está compuesta por varias capas de células nerviosas muy especializadas, entre las que se encuentran los fotorreceptores, encargados de captar la luz para luego convertirla en imágenes. Aquí está el mayor problema de mirar al sol.

Así funciona la entrada de la luz en el ojo, cuando proviene de una fuente habitual, como una casa iluminada con luz natural, o cuando es directa del Sol.
Elena Vecino y Luiz López

Conos y bastones, cada uno su cometido

Los humanos tenemos dos tipos de fotorreceptores: los conos y los bastones. Los conos son los responsables de interpretar la luz en colores y, para que funcionen bien, necesitan que sea de día o que tengamos buena luz artificial.

El otro tipo de células fotorreceptoras, los bastones, funcionan con baja intensidad luminosa y de noche. Por eso, los animales nocturnos o que viven en ambientes poco iluminados solo tienen este tipo de fotorreceptores y solo ven en blanco y negro.

Los humanos tenemos en cada ojo unos 6 millones de conos y 100-120 millones de bastones. Ambos son muy especializados, pero solo funcionan bien en un rango de luz muy concreto. Los conos funcionan de día y los bastones mejor de noche. Por eso, en un día con mucho sol tenemos que guiñar los ojos o ponernos gafas de sol y, a medida que se hace de noche o se apaga la luz, vemos muy poco, hasta que nuestros bastones logran adaptarse a la oscuridad, un proceso que lleva varios minutos.

Una vez que los fotorreceptores captan la luz, la convierten en señales químicas y eléctricas y se la pasan a otras células de la retina que envían el mensaje a través del nervio óptico al cerebro, donde las señales se convierten en imágenes.

¿Por qué mucha luz hace daño?

Cuando la cantidad de luz que llega a los ojos no es ni excesiva ni escasa, los conos y bastones hacen su transformación de la luz a mensaje visual sin problema, como cuando ponemos una hamburguesa en la sartén a fuego lento. Pero cuando miramos al sol, la intensidad de luz es altísima porque, además de luz visible, nos llega luz dañina invisible como la radiación infrarroja y ultravioleta. Llega tanta radiación a los fotorreceptores, que estos se ponen a trabajar más de la cuenta y terminan quemándose, como esa hamburguesa cocinada a fuego demasiado fuerte.

El problema es que los fotorreceptores no duelen mientras se están quemando, porque carecen de terminaciones nerviosas nociceptoras –capaces de percibir el dolor–. Así que no nos damos cuenta hasta que miramos a otro sitio y ya no vemos. Y esta quemadura puede ser irreversible, es decir, para siempre.

Así que, cuando nos dicen que no miremos directamente al sol, o que observemos los eclipse con gafas adecuadas o de forma indirecta, no es por capricho. Mirar al sol directamente nos puede dejar ciegos.

Cuidado con mirar a alguien soldando

Algo tan peligroso (o más) como mirar al sol, pero con dolor, es fijar la mirada en cuando alguien está soldando. La luz que se produce al soldar un metal es similar a la que produce el Sol cuando lo miramos de cerca. Sin embargo, en este caso, además de quemar nuestros fotorreceptores, se queman las células que forman la córnea. Y esa sí que duele. Por eso, los soldadores llevan una pantalla oscura en la cara cuando están soldando: para que no se les quemen ni los ojos ni la piel por la alta intensidad de luz a la que se exponen.

La Cátedra de Cultura Científica de la Universidad del País Vasco colabora en la sección The Conversation Júnior.


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– ref. ¿Por qué no debemos mirar directamente al sol? – https://theconversation.com/por-que-no-debemos-mirar-directamente-al-sol-284902

Ceuta: una pieza más en el tablero para el iliberalismo que atenta contra las democracias del mundo

Source: The Conversation – (in Spanish) – By David Alvarado, Associate professor, Universidade de Vigo

Andrzej Rostek/Shutterstock

La tarde del 29 de julio, Mohamed VI pronunció su discurso anual desde el palacio de Tetuán, a apenas 30 kilómetros de Ceuta. El rey dibujó un país próspero –con un crecimiento próximo al 5 %– y políticamente
estable, un capital estratégico que había hecho de Marruecos un actor “creíble, respetado y escuchado” internacionalmente.

Horas después, de madrugada, mientras avanzaban los preparativos para la Fiesta del Trono, que congregó en la ciudad de M’diq a la cúpula del régimen, representantes diplomáticos y dirigentes mundiales, daba comienzo la avalancha sobre la ciudad autónoma de Ceuta.

Durante el episodio se registraron 72 000 entradas irregulares, al menos 79 fallecidos en el lado español y más de 70 000 retornos voluntarios a territorio marroquí en los días siguientes. El debate se fracturó entre quienes interpretaron la entrada como una “invasión orquestada por Rabat” y quienes lo atribuyeron a mafias y redes de desinformación.

Más allá de la búsqueda de responsables en una crisis migratoria que no es nueva, estas lecturas dejan fuera lógicas profundas que ayudan a entender el cuándo, el dónde y la escala de lo ocurrido: el soberanismo irredento de Marruecos sobre los enclaves de Ceuta y Melilla, las presiones ocultas, la reconfiguración de las esferas de influencia en el Mediterráneo sur y el iliberalismo transnacional que busca erosionar la democracia en el mundo.

Irredentismo y rivalidad regional

La reivindicación de los enclaves españoles está inscrita en el texto constitucional marroquí, que en su artículo 42 compromete al rey como garante de “la integridad territorial del Reino en sus fronteras auténticas”. El irredentismo estructura el imaginario nacional que atraviesa monarquía, partidos políticos y ciudadanía en general.

En 2023, la embajada de Marruecos en Madrid publicó un mapa que incluía ambas ciudades en su espacio soberano, junto con el Sáhara Occidental. La investigación académica sostiene que los flujos migratorios hacia estos enclaves están históricamente imbricados en ese “proyecto de recuperación”. Ningún gobierno marroquí trata el Tarajal o Beni Enzar, los principales pasos de acceso, como una frontera entre Estados soberanos.

La estrategia marroquí sobre los enclaves es deliberada y multidimensional. Combina presión migratoria, cierre selectivo de aduanas y desarrollo de grandes proyectos de infraestructuras –como los puertos Tanger Med y Nador West Med– para ahogar económicamente y hacer prescindibles los intercambios con las ciudades. El Parlamento Europeo reconoció en 2021 que la crisis migratoria de mayo de ese año fue desencadenada intencionalmente por Rabat como respuesta a la acogida en España “por razones humanitarias” de Brahim Gali, líder del Frente Polisario.

El precedente de septiembre de 2024, cuando las fuerzas marroquíes contuvieron de inmediato una convocatoria digital similar, confirma que la capacidad de control fronterizo existía también en esta más reciente acometida.

El 20 de julio, Pedro Sánchez visitaba Argel, escenificando así la “reconciliación diplomática” con el país magrebí, a lo que hay que añadir los avances en la tramitación de la ley de concesión de nacionalidad española a los saharauis nacidos bajo la administración española y la hipótesis marroquí sobre supuestas injerencias argelinas en lo que se presenta como “asalto teledirigido”. La imposibilidad de demostrar la responsabilidad directa de alguna de estas variables en lo sucedido es la marca de la coerción en zona gris.

Zona gris y guerra híbrida

La competición entre potencias ya no se expresa únicamente a través de acciones militares convencionales, sino también a través de ciberataques, sabotajes, campañas de influencia, presión económica, instrumentalización migratoria o guerra legal (lawfare). La zona gris designa el conjunto de acciones de coerción acumulativa que operan por debajo del umbral del conflicto armado y desplazan la carga de la prueba hacia el actor defensor. Su rasgo definitorio es la dificultad de atribución, ya que el agresor actúa de forma que ninguna respuesta proporcional resulte justificable. El Consejo de la UE reconoce la instrumentalización de flujos migratorios como una modalidad de guerra híbrida.

El combustible estructural del episodio de Ceuta es conocido. Marruecos registra una tasa de paro juvenil del 37,2 % entre los 15 y los 24 años, con porcentajes que superan el 45 % en zonas urbanas, mientras el PIB no cesa de aumentar. La brecha entre ese crecimiento y la percepción de exclusión alimenta lo que el politólogo Ted Gurr denominó “privación relativa”: aquello que realmente empuja la emigración es la distancia entre expectativas y realidad, no una situación de pobreza absoluta. Las movilizaciones de finales de 2025 articularon este decalaje bajo el lema “queremos hospitales, no solamente estadios”, denunciando el despilfarro vinculado a la organización del Mundial 2030 mientras la población carece de servicios básicos.

Sentencia del Supremo

El detonante más inmediato de los sucesos de Ceuta lo encontramos en la resolución del Tribunal Supremo 814/2026, que prohibió las devoluciones en caliente de los migrantes que entran a nado en Ceuta y Melilla. Esta información se amplificó y distorsionó para hacer creer que la frontera estaba abierta.

Desde el 27 de julio, una investigación en fuentes abiertas documentó grupos de Facebook con decenas de miles de miembros que compartían mapas, rutas y listas de material para el cruce, imbricados en una campaña con marca propia y células de reclutamiento autoensambladas.

El excomisario europeo Thierry Breton lo calificó como “el primer ataque híbrido algorítmico a gran escala contra una frontera exterior de la Unión Europea”.

Acuerdos de Abraham y esferas de influencia

A finales de 2020, Marruecos se adhirió a los Acuerdos de Abraham –proceso de normalización árabe-israelí impulsado por la primera Administración Trump y que reconfiguró las alianzas en Oriente Medio y el Norte de África– a cambio del reconocimiento estadounidense de la soberanía de Rabat sobre el Sáhara Occidental.

Ese intercambio convirtió al reino de Mohamed VI en nodo del eje Washington-Tel Aviv-Golfo, con acceso a tecnología militar avanzada, y ancla de la estrategia regional de Washington frente a la influencia rusa y china en el continente africano.

En octubre de 2025, la Resolución 2797 del Consejo de Seguridad no hizo sino consolidar ese alineamiento al calificar el plan de autonomía marroquí como “la solución más viable” para el Sáhara.

La influencia estadounidense

La confluencia de presiones sobre España ilustra esa arquitectura. El mismo día de los cruces hacia Ceuta, Marco Rubio elogiaba a Mohamed VI.

Al día siguiente, el Departamento de Estado trasladaba la responsabilidad al gobierno de Sánchez y situaba a España en Nivel 2 de alerta por riesgo de terrorismo y manifestaciones, mientras que mantenía a Ceuta en Nivel 3 debido a problemas de orden público.

La Comisión de Asignaciones de la Cámara de Representantes había descrito en abril a Ceuta y Melilla como ciudades “situadas en territorio marroquí” bajo “administración española”, respaldando un diálogo sobre su futuro estatuto. El think tank neoconservador AEI llamaba a lanzar una “marcha verde” sobre Ceuta y Melilla, arguyendo que el artículo 5 de la OTAN no ampara los territorios españoles en África.

La influencia europea

La capacidad europea de presionar a Marruecos choca con dos límites estructurales. El primero es la dependencia en materia de seguridad y control migratorio. La UE financia la cooperación migratoria con Rabat desde 2004 y se intensificó a partir de 2013, convirtiendo a Marruecos en árbitro de facto de su propia frontera exterior.

Eso explica también los giros bilaterales sobre el Sáhara: España pivotó en 2022 tras la crisis de Ceuta de mayo de 2021, mientras que Francia lo hizo en 2024 después de tensiones similares.

Lo que comenzó como concesiones bilaterales ante la presión migratoria cristalizó, en enero de 2026, en una posición comunitaria coordinada en el Consejo de Asociación UE-Marruecos. El Sáhara se ha convertido así en el primer conflicto territorial posguerra fría donde la conveniencia estratégica desplaza a los principios normativos.

La internacional ultra

La internacional iliberal es una red transnacional cuya función geopolítica trasciende la retórica electoral. Opera para fracturar los mecanismos de solidaridad de la UE y sustituir el orden normativo multilateral por una lógica identitaria.

Tras la llegada masiva de inmigrantes a las fronteras de Ceuta, la presidenta italiana Giorgia Meloni suspendió el acuerdo Schengen con España –un gesto para la galería, dado que el control fronterizo se ejerce en el Estrecho–, mientras Italia acumula el mayor volumen de entradas irregulares de la UE y su gobierno ha emitido en silencio más de 368 000 permisos laborales a ciudadanos no comunitarios.

El británico Nigel Farage lanzó la “Operación Fortaleza”, una propuesta de bloqueo naval inspirada directamente en Ceuta. El representante de Israel ante la ONU exigió que España explicara por qué “mantiene enclaves coloniales en África”, transformando la emergencia humanitaria en un arma diplomática contra el principal gobierno europeo que defiende la causa palestina.

España marca posiciones

El gobierno de Pedro Sánchez representa exactamente el modelo que esta red ultra combate. España reconoció el Estado palestino, vetó el tránsito de armamento a Israel, denegó el uso de bases militares a Washington para atacar Irán e inició un proceso de regularización para cientos de miles de migrantes, en un contexto donde los cruces irregulares hacia el conjunto de la UE cayeron un 40 % en el primer semestre de 2026.

Cuando Bielorrusia instrumentalizó, en 2021, los flujos migratorios desde su frontera con Polonia, el Parlamento Europeo reconoció el ataque híbrido y los 27 respondieron con solidaridad. Ante la avalancha en Ceuta, 22 gobiernos firmaron una carta culpando a Madrid. Entonces, el problema era Lukashenko. Hoy, lo es Sánchez.

The Conversation

David Alvarado no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. Ceuta: una pieza más en el tablero para el iliberalismo que atenta contra las democracias del mundo – https://theconversation.com/ceuta-una-pieza-mas-en-el-tablero-para-el-iliberalismo-que-atenta-contra-las-democracias-del-mundo-288963

Los espacios naturales protegidos no están a salvo de los incendios y también necesitan medidas de prevención

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Leonor Calvo Galván, Catedrática de Ecología, Universidad de León

Nuria PhotoStock/Shutterstock

Los parques nacionales, parques naturales, las reservas y los espacios de la Red Natura 2000 constituyen una de las principales herramientas para conservar la biodiversidad y el patrimonio natural. Sin embargo, su declaración legal no los aísla de las perturbaciones ambientales, ni los protege frente a los grandes incendios forestales.

El fuego no entiende de límites administrativos, puede iniciarse dentro de un espacio protegido o propagarse desde los territorios circundantes. Y cuando coincide con condiciones meteorológicas extremas y una elevada continuidad del combustible, puede superar cualquier frontera sobre el mapa.

Incendios en la Red Natura 2000 en el verano de 2025

Una vez termine la temporada de grandes incendios de este año, podremos evaluar con detalle su impacto en las áreas protegidas. De momento, han afectado, por ejemplo, a la Reserva Natural del Valle de Iruelas (Ávila), hogar de la mayor colonia de buitre negro de Castilla y León, y a las cuencas de los ríos Alberche y Cofio (Comunidad de Madrid). Todos ellos forman parte de la Red Natura 2000.

En el verano de 2025, los incendios tuvieron una incidencia especialmente elevada sobre los espacios protegidos del noroeste de la península ibérica. De los 66 grandes incendios ocurridos, todos ellos superiores a 500 hectáreas, 40 afectaron a espacios de la Red Natura 2000. En su interior ardieron 150 074 hectáreas, equivalentes al 28,6 % de toda la superficie quemada.

El impacto fue especialmente intenso en el noroeste de España, donde 22 incendios afectaron a 108 010 hectáreas protegidas, el 39,9 % de la superficie quemada en esta región. Dentro de estos espacios, el fuego afectó principalmente a pastizales (61,1 % de la superficie quemada), comunidades arboladas (30 %) y, en menor proporción, a matorrales (6,1 %). Hay que destacar que ardió parte de espacios emblemáticos como los parques nacionales de Peneda-Gerês, en Portugal, y Picos de Europa, en España.

Además, el fuego calcinó territorios importantes para la conservación de especies amenazadas de Castilla y León. Entre ellos cabe destacar el 18 % del área de distribución de Geranium dolomiticum, el 12 % de la del urogallo cantábrico y el 7 % de la del oso pardo.

Un valle entre montañas con vegetación dominada por pinos
Valle de Iruelas antes del incendio del 2026.
Rastrojo/Wikimedia Commons, CC BY-SA

¿Arden con mayor severidad las áreas protegidas?

No es fácil determinar si estas zonas arden con mayor severidad ya que depende, en gran medida, de la escala y del contexto analizados. Así, un estudio reciente, con una escala espacial que abarca los biomas forestales mediterráneos de Europa, California, Chile y Australia, señala que en ellos la severidad del fuego fue un 20 % mayor dentro de las áreas protegidas. Además, la población que vivía dentro o cerca de espacios protegidos presentó una probabilidad hasta 16 veces mayor de verse expuesta a grandes incendios.

Sin embargo, en otra investigación a menor escala, focalizada en las zonas afectadas por los incendios extremos ocurridos en 2025, se observó que, al comparar las superficies protegidas y no protegidas afectadas, la severidad fue igualmente elevada en ambas. La figura de protección no tuvo un efecto significativo en la severidad.

En los eventos extremos de fuego, cuando el incendio escapa a la capacidad de extinción y alcanza grandes dimensiones, su severidad depende principalmente de las condiciones meteorológicas, el tipo de vegetación, la cantidad y continuidad del combustible y la configuración del terreno. Bajo estas circunstancias extremas, la protección legal no aumenta ni reduce por sí sola los daños provocados por el fuego.

Estos resultados advierten de los riesgos de ampliar las áreas estrictamente protegidas sin incorporar medidas adecuadas de prevención.




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El caso de las Reservas de la Biosfera de Castilla y León

Las Reservas de la Biosfera, promovidas por la UNESCO mediante el programa Man and the Biosphere, buscan compatibilizar la conservación del patrimonio natural y cultural con el desarrollo económico y social de las comunidades locales. De todas las Reservas de la Biosfera en España, Castilla y León alberga diez: Ancares Leoneses, Alto Bernesga, Babia, Los Argüellos, Meseta Ibérica, Picos de Europa, Sierras de Béjar y Francia, Real Sitio de San Ildefonso-El Espinar, Valle de Laciana y Valles de Omaña y Luna.

Estos territorios contienen paisajes de elevado valor natural, pero también actividades ganaderas, forestales y agrícolas que han contribuido históricamente a modelarlos. La calidad de la gestión, la coordinación entre administraciones y la implicación de la población local determinan en estas áreas la protección frente a los incendios.

Mapa de España donde aparecen marcadas las Reservas de la Biosfera
Reservas de la Biosfera en España.
OAPN/Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico

Recientemente, el Grupo de Ecología Aplicada y Teledetección de la Universidad de León hemos realizado un estudio (todavía sin publicar) sobre los incendios ocurridos entre 2008 y 2025. Nuestro trabajo muestra que estas reservas registraron, en conjunto, un menor número de incendios y una menor superficie quemada que las áreas exteriores adyacentes. No obstante, esta respuesta no fue homogénea, sino que dependió de la gestión del territorio, la zonificación interna y las condiciones bioclimáticas.

En general, se observó que los paisajes en mosaico –donde se alternan distintos usos de suelo, como campos de cultivo, pastos y bosque–, asociados a la ganadería, los cultivos y otros aprovechamientos tradicionales, limitan la propagación del fuego incluso cuando se producen numerosas igniciones. Además, las reservas situadas en el ámbito más mediterráneo fueron más vulnerables que las pertenecientes a la montaña cantábrica, lo que evidencia la influencia conjunta del clima, la estructura del paisaje y el abandono territorial.




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El fuego también es un proceso ecológico

Rebrote de lignotubérculo en Erica australis diez meses después del incendio de las Médulas de León en 2025.
Leonor Calvo, CC BY-NC
Plántulas de Cistus laurifolius procedentes de germinación de semillas después del incendio de las Médulas de León en 2025.
Leonor Calvo, CC BY-NC

No todos los incendios tienen las mismas consecuencias. El fuego es una perturbación natural en numerosos ecosistemas mediterráneos. Muchas plantas pueden rebrotar desde raíces, cepas o yemas protegidas. Otras mantienen bancos de semillas cuya germinación es estimulada por el calor o el humo.

Por tanto, una superficie quemada no equivale necesariamente a un ecosistema destruido. Cuando el incendio se mantiene dentro del régimen al que están adaptadas, la vegetación puede recuperar progresivamente su estructura y composición.

El problema aparece cuando ese régimen se altera. Una frecuencia de incendios excesiva puede impedir que los árboles alcancen la madurez y produzcan semillas. Una severidad extrema puede destruir los órganos de rebrote, los bancos de semillas y la materia orgánica del suelo. Los incendios muy extensos eliminan, además, los refugios y dificultan la recolonización de las zonas afectadas.




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Proteger no significa eliminar los incendios

El abandono de la ganadería extensiva, la recogida de leña y otros aprovechamientos tradicionales ha favorecido la acumulación de biomasa y la conexión entre formaciones vegetales antes separadas por pastizales, cultivos o áreas aclaradas. Esta continuidad facilita que, una vez iniciado, el fuego se propague por grandes superficies y alcance las copas de los árboles, pudiéndose transformar en eventos extremos de fuego de difícil manejo y grandes impactos en los ecosistemas.

Conservar no significa inmovilizar el territorio. Si bien en algunas figuras de protección, como en parques nacionales, la gestión está más restringida, en todas deben ponerse en marcha medidas de prevención. Estas deben combinar la gestión del combustible, la recuperación de la ganadería extensiva, las quemas prescritas cuando sean ecológicamente adecuadas y la creación de paisajes heterogéneos. Y también incluyen planes de autoprotección para la población y sus bienes, la coordinación entre administraciones, la participación local y el seguimiento científico.

Proteger un territorio no consiste solamente en otorgarle una categoría jurídica. Significa comprender sus procesos ecológicos, mantener su capacidad de adaptación y gestionar los riesgos existentes dentro y fuera de sus límites. Los espacios protegidos también sufren las consecuencias de los incendios forestales y, por tanto, conservarlos exige integrar el conocimiento científico aportado por la ecología del fuego en sus planes de gestión.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

– ref. Los espacios naturales protegidos no están a salvo de los incendios y también necesitan medidas de prevención – https://theconversation.com/los-espacios-naturales-protegidos-no-estan-a-salvo-de-los-incendios-y-tambien-necesitan-medidas-de-prevencion-288529

¿Por qué algunas personas se enamoran de asesinos? La ciencia empieza a encontrar respuestas

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Dolores Fernández Pérez, Profesora Ayudante Doctora. Departamento de Psicología, Universidad de Castilla-La Mancha

En la película _Extremadamente cruel, malvado y perverso_, el actor Zac Efron (izquierda) encarnaba al asesino en serie Ted Bundy. Netflix

En pleno juicio contra Ted Bundy, uno de los asesinos en serie más conocidos de Estados Unidos, muchas mujeres comenzaron a enviarle cartas de contenido romántico. Eran los años 70. Décadas después, en plena era de las redes sociales, en TikTok circulan vídeos que muestran a criminales violentos como si fueran estrellas de cine.

Este fenómeno tiene nombre: hibristofilia. Se trata de la atracción romántica o sexual hacia delincuentes peligrosos, y parece que es más frecuente en mujeres, aunque el fenómeno no está estudiado profundamente.

El término viene del griego y significa algo así como “afinidad por quien comete un ultraje”. También se conoce como el “síndrome de Bonnie y Clyde”. No figura como enfermedad en los manuales de psiquiatría, pero puede provocar malestar y daño en la persona. Es de dos tipos: pasivo –cuando alguien admira desde lejos, escribe cartas o fantasea con “cambiar al otro con su amor”– o activo/agresivo –cuando la persona colabora con su pareja para cometer el delito–.

Por tanto, la hibristofilia no siempre se queda en la fantasía. Algunos delincuentes explotan y manipulan a sus admiradores para conseguir cómplices, apoyo logístico o incluso para fugarse. Esto obliga a prever redes de apoyo romántico, incluso dentro de las prisiones (como ocurrió con Joyce Mitchell en 2015, una funcionaria de una prisión del estado de Nueva York que ayudó a dos convinctos a huir). Desde la victimología, los “enamorados” pueden convertirse en víctimas secundarias, expuestos a daño emocional, financiero o físico.

La fascinación por los “chicos malos”

¿Por qué ocurre? El concepto fue descrito en 1986 por el psicólogo neozelandés John Money, aunque la fascinación por los “chicos malos” es mucho más antigua. Algunas explicaciones hablan de la búsqueda de emociones fuertes (un incremento de la adrenalina). Otras, de la confusión entre la dominancia que muestran muchos agresores, con fortaleza y protección. Tambien el deseo de “salvar” a alguien herido. A veces influyen la baja autoestima, la ausencia de la figura paterna, la soledad o incluso un trauma infantil. Sin embargo, también se han visto casos en mujeres exitosas y sin antecedentes de maltrato. Por tanto, no hay una única causa e influyen factores personales, culturales y sociales.

La evidencia científica sobre la hibristofilia es escasa. Gran parte de lo publicado es teórico o anecdótico. Sin embargo, algunos trabajos empiezan a ofrecer datos. Un grupo de investigadores analizaron vídeos de TikTok y descubrieron que en la mayoría, los delincuentes eran sexualmente objetivados o romantizados. El hallazgo más claro fue lo que llamaron “trivialización del trauma”: la minimización, a menudo lúdica, de los crímenes y del sufrimiento de las víctimas.

Y es que, los medios de comunicación y la cultura popular refuerzan este fenómeno. Películas y series suelen mostrar a criminales como carismáticos o incomprendidos. Cuando Ted Bundy fue interpretado en cine por Zac Efron, el atractivo del actor hizo que muchos olvidaran la gravedad de sus delitos. El auge de las historias reales de crímenes y la difusión en redes sociales amplifican el efecto. Aumentan los vídeos que presentan a delincuentes como ídolos sexuales, justificando sus actos y convirtiendo la violencia en un chiste.

La hibristofilia se alimenta así de un entorno que convierte a criminales en celebridades. Ciclos informativos permanentes, documentales y comunidades digitales proyectan un aura de intriga. En foros de crímenes reales se comparten fotos, se justifican delitos y hasta se compite por escribir más cartas a un preso.

Este interés no es nuevo. A lo largo de la historia, delincuentes convictos, incluso asesinos en serie, se convirtieron en objeto de deseo. Algunos recibieron cartas con fotos íntimas y contenido sexual explícito. Richard Ramirez, conocido como el “Night Stalker”, se casó en prisión con una admiradora. Charles Manson, Jeffrey Dahmer y hasta terroristas y autores de tiroteos en colegios recibieron cartas, regalos y propuestas de matrimonio. Lo que tienen en común es la fama que les dieron los medios y el aura oscura que los convirtió en figuras de culto.

No solo es cosa de mujeres

Aunque suele pensarse que es algo femenino, también hay casos de hombres. En el Reino Unido, tres varones se sintieron atraídos por la asesina Joanne Dennehy. Su obsesión fue tan grande que terminaron ayudándola a ocultar cadáveres, engañar a la policía y planear más ataques. Ninguno tenía antecedentes. Los jueces lo llamaron “hibristofilia agresiva en hombres”. Este ejemplo muestra que la atracción por un criminal puede arrastrar a personas comunes a una vida delictiva.

Generación Z y vídeos de TikTok

Hoy en día, algunos miembros de la generación Z muestra un patrón preocupante en lo referente a la hibristofilia. Un estudio reciente analizó miles de vídeos en TikTok sobre el tema y detectó siete ideas frecuentes: perdonar más a un criminal si es atractivo, confundir al actor con el asesino real, justificar sus actos por una infancia difícil, idealizar al “chico malo”, fantasear con que proteja a la pareja, creer que el amor puede cambiarlo y bromear con la violencia como si fuera erótica. En todos los casos, se embellece al infractor y se desplaza la empatía hacia él.

¿Qué podemos hacer como sociedad y como usuarios? Primero, cuestionar la forma en que consumimos estas historias. Preguntarnos quién gana con cada tendencia y quién pierde. Dar más espacio a las víctimas y a la prevención que al brillo del criminal. Si un contenido nos provoca fascinación por alguien peligroso, parar y pensar por qué. En redes, no premiar con un “me gusta” estos comportamientos ni compartir material que idealice la violencia.

La hibristofilia es poco frecuente, pero la forma de contar estas historias puede alimentar esa fascinación. Cuando convertimos a un criminal en personaje de culto, aunque sea sin querer, corremos el riesgo de trivializar su violencia y eclipsar a quienes la sufrieron. Contar estos casos sin adornos ni romanticismo ayuda a que la violencia no se confunda con algo atractivo.

The Conversation

Dolores Fernández Pérez no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. ¿Por qué algunas personas se enamoran de asesinos? La ciencia empieza a encontrar respuestas – https://theconversation.com/por-que-algunas-personas-se-enamoran-de-asesinos-la-ciencia-empieza-a-encontrar-respuestas-264654

¿Tenemos derecho a la sombra en las ciudades?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Tomás Criado, Antropólogo urbano, Investigador senior Ramón y Cajal del grupo CareNet, UOC – Universitat Oberta de Catalunya

Toldos en la Plaza de la Reina de Valencia. Veja/Shutterstock

¿Han intentado ir al parque con niños una mañana de verano? Habrán comprobado una realidad aterradora. Durante nuestro paseo nos topamos con calles abrasadas por el sol y pavimentos recalentados, o parques infantiles convertidos en parrillas de caucho y metal por el calor.

Esta experiencia refleja un problema conocido por urbanistas y climatólogos. Nuestras ciudades se han convertido en “sarcófagos infrastructurales”. Es decir, hemos clausurado los suelos bajo gruesas capas de hormigón.

Este sellado asfixia el metabolismo subterráneo y actúa como una trampa de calor. Así, disparamos el efecto isla de calor urbana y nos exponemos a una insolación extrema. Pero ¿cómo hemos llegado a esta situación de vulnerabilidad absoluta?

El sol como centro de nuestras ciudades

Desde el siglo XIX, el higienismo fue el concepto que guió el urbanismo moderno. Esta visión derribó barrios medievales de calles estrechas y sinuosas. El objetivo era abrir las ciudades al sol y al aire libre.

Bajo la premisa del ingeniero y urbanista Ildefons Cerdà (1815-1876) de que “el sol es salud”, el urbanismo priorizó la movilidad. El siglo XX no hizo sino empeorar el problema. La trágica ola de calor del año 2003 evidenció una cruda realidad. Este modelo nos aboca a una catástrofe crónica y creciente.

Hoy, ciudades como Barcelona o Sevilla ensayan planes para adaptarse. Las sombras, menospreciadas por este “urbanismo solar”, reciben ahora una atención renovada. Los umbráculos, toldos y parasoles están de vuelta para hacer las calles más habitables.




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Cómo el calor amplifica las desigualdades

El antropólogo y filósofo Bruno Latour hablaba de “mutación climática” para describir aquello que el debate científico llama el Antropoceno. Esto es, la era de la afectación planetaria de los seres humanos a causa de una forma de vida moderna dependiente de las energías fósiles. Él contraponía ese término a la idea de crisis.

Una crisis se puede revertir, pero una mutación implica una transformación ecológica irreversible. Sin embargo, el impacto de esta profunda mutación está lejos de ser homogéneo. El calor extremo funciona como una lente que amplifica las desigualdades sociales existentes.

Así lo demuestra el Índice de Vulnerabilidad al Cambio Climático. Este instrumento del Área Metropolitana de Barcelona, creado en 2021, analiza el impacto de las altas temperaturas. Nos enseña cómo la calidad de la vivienda y la pobreza energética son factores decisivos.

Tenemos que repensar el urbanismo poniendo la vulnerabilidad en el centro. Las olas de calor condenan a muchas personas a un “aislamiento fatal” dentro de casa.

Por eso, recuperar la calle en estos contextos es fundamental. Al mismo tiempo, los espacios públicos someten a los viandantes a irradiaciones solares brutales. Las personas que trabajan al aire libre lo sufren de manera muy intensa.

El acceso a la sombra se ha convertido, por tanto, en una necesidad urbana innegociable para proteger los cuerpos más vulnerables. Es decir, todas aquellas vidas que el urbanismo moderno y su irradiación total han marginado.




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Soluciones low tech: oda a la sombra

Las diferencias de temperatura entre un lugar sombreado y uno soleado son abismales. Sin embargo, cabe señalar que no todas las sombras son iguales: la evapotranspiración y el follaje de los árboles ofrecen un confort térmico muy superior.

Ante la emergencia climática, el debate urbanístico receta plantar árboles. ¡Ojalá esta fuese la solución definitiva! Sin embargo, dentro de los “sarcófagos infraestructurales”, los árboles viven conectados con redes de soporte vital.

Las ciudades sufren sequías recurrentes y limitaciones de espacio en el subsuelo. Por tanto, no podemos depender exclusivamente de la vegetación; nos hace falta desplegar una serie de medidas alternativas.

El Ayuntamiento de Barcelona, por ejemplo, convocó hace unos años un concurso arquitectónico para generar prototipos de sombra efímera. Gracias a aquel aprendizaje, el consistorio desplegó un plan de estructuras estándar.

¿Es posible que estemos olvidando el carácter mundano de hacer sombra? ¿Que se puede crear sombra con muy pocos recursos? Entonces, ¿por qué no utilizar soluciones low tech o autoconstruidas?

Eso nos permitiría volver a soluciones arquitectónicas ancestrales como la medina mediterránea. Aquellos callejones estrechos eran una gran oda a la sombra.

Callejón estrecho con sombras de una medina de Tánger.
Art of line/Shutterstock

También podríamos revitalizar los umbráculos clásicos y la protección popular.

Sin embargo, la implementación de tales medidas es muy compleja dentro de los códigos urbanísticos actuales. Estas regulaciones fueron concebidas para un escenario climático ya obsoleto. Por ejemplo, muchas ordenanzas continúan exigiendo el uso de pavimentos impermeables y de estructuras de aluminio en vez de madera. En este contexto, ¿cómo podríamos articular un derecho a la sombra real?

¿Un derecho a la sombra?

Los historiadores Christophe Bonneuil y Jean-Baptiste Fressoz hablan de los problemas a los que nos aboca una gobernanza altamente institucionalizada para responder a la crisis ecológica. A menudo, grupos de expertos monopolizan las decisiones, y eso ralentiza y limita las posibilidades de acción.

Estos expertos determinan qué soluciones son viables y quién merece protección. Al mismo tiempo, relegan a la ciudadanía a un papel puramente pasivo y expectante. Para contrarrestar esta dinámica, en la Universitat Oberta de Catalunya estamos desplegando un proyecto de investigación-acción, el Departamento de Umbrología.

Arquitectura temporal de sombra en una plaza abierta, hecha con palos y telas, bajo la cual tiene lugar una conversación pública con gente sentada en sillas.
Conversación a la sombra. Cardedeu, Barcelona, 11 de julio.
Marc Sureda/Arquitectura de Contacte, FAL

El objetivo del trabajo es repoblar la imaginación urbana colectiva con procesos abiertos y de diálogo. Con estructuras para sombrear temporalmente ciertos lugares soleados, queremos crear conversaciones urbanas reales. El objetivo no es solucionar técnicamente la insolación, sino abrir un debate ciudadano para expresar los problemas concretos que el urbanismo solar causa a una gran diversidad de gente.

Queremos articular una conversación pública abierta sobre el impacto cotidiano de vivir en estos sarcófagos infraestructurales y debatir un borrador de Ordenanza por el Derecho Urbano a la Sombra.

Inspirados por ficciones legales como el Parlamento del Loira, este texto legal especulativo entiende la sombra como un bien comunal de todas las personas y seres vivos expulsados y expuestos por el orden solar del urbanismo moderno, como las personas que trabajan al aire libre. La ordenanza reivindica la habitabilidad de toda la comunidad biótica urbana y denuncia la expulsión a la que nos arroja el urbanismo solar.

El auténtico potencial de esta dinámica participativa es una apuesta por democratizar la gestión y la intervención de la redirección ecológica que requiere el calor urbano. Necesitamos desmantelar palmo a palmo los sarcófagos infraestructurales en los que vivimos para convertirlos en espacios de refugio.

Para hacer habitables las ciudades de hoy, hay que desplazar el urbanismo solar desplegando formas de autoprotección para una soberanía climática popular.

The Conversation

Tomás Criado cuenta con una beca Ramón y Cajal de la Agencia Estatal de Investigación (RYC2021-033410-I) y es IP del proyecto «El Departamento de Umbrología», financiado por la Fundación Daniel y Nina Carasso.

– ref. ¿Tenemos derecho a la sombra en las ciudades? – https://theconversation.com/tenemos-derecho-a-la-sombra-en-las-ciudades-288638

Cómo los jesuitas domaron al dragón chino de los eclipses

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Javier Armentia, Profesor del Máster de comunicación científica, médica y ambiental, Universitat Pompeu Fabra

La bandera con un dragón devorando el Sol, también conocida como bandera del Dragón amarillo se convirtió en la primera bandera nacional de China. Wikimedia commons, CC BY

La imagen es poderosa: un dragón celestial devorando el Sol, mientras en la Tierra, el pueblo, aterrorizado, hace sonar tambores y gongs para espantarlo y salvar la luz del día. Este mito, que durante milenios explicó los eclipses solares en China, escondía una cruda realidad política y científica. Para los astrónomos de la corte imperial, un eclipse no era solo un espectáculo celeste, sino una cuestión de vida o muerte y de legitimidad dinástica.

En muchos textos de historia de la astronomía de los eclipses se recoge esta imagen del dragón que devora al Sol (que llegó a ser precisamente la bandera de la novena dinastía del imperio, la dinastía Qing –清朝– desde 1889 hasta su caída el 11 de octubre de 1911) como si fuera su principal contribución a este tema.

Pero resulta terriblemente injusto pensar que en un imperio milenario donde todo se registraba cuidadosamente –incluyendo, miles de años antes que en otros lugares, anotaciones sobre manchas en el Sol, estrellas nuevas y cometas– o donde la propia divinidad del emperador estaba asociada al cielo, lo único que hicieron con los eclipses fue tocar tambores.

El primer eclipse solar se registró en China

De hecho, el primer eclipse solar del que tenemos constancia ocurrió en China el 22 de octubre del año 2137 a. e. c., según aparece documentado en el Shujing o Clásico de Historia (書經) una de las fuentes históricas del Imperio chino, en compendios escritos en torno al siglo tercero antes de nuestra era, pero que recogen sucesos hasta del siglo XI a. e. c.

La leyenda cuenta que los astrónomos reales He y Hi, posiblemente distraídos o quizá ebrios e incapaces de predecirlo, fueron ajusticiados por su fracaso. Aunque debemos reconocer que toda esta historia es posiblemente apócrifa y que tanto el registro como su datación precisa de la mano de la astronomía son dudosos, como analiza el veterano comunicador científico Moncho Núñez en su reciente libro Eclipses. Historia y ciencia de la ocultación extemporánea del Sol (Guadalmazán, 2026). Un castigo ejemplarizante que mostraba que la astronomía en China era una ciencia de Estado al servicio del poder. El emperador, como “Hijo del Cielo”, basaba su legitimidad en una armonía cósmica. Un eclipse imprevisto era una grieta en ese orden, un presagio potencial de desgracia que podía interpretarse como una pérdida del Mandato Celestial.

Calendario chino y burocracia

El corazón de este sistema era el calendario lunisolar, una monumental obra de ingeniería matemática que sincronizaba los ciclos de la Luna con el año solar. Este calendario no solo organizaba el tiempo: regulaba desde la siembra y la cosecha hasta los impuestos y los complejos rituales imperiales. Su correcto funcionamiento era el termómetro del buen gobierno. Para sostenerlo se desarrolló una astronomía basada en la observación meticulosa y el registro minucioso, casi obsesivo, generando series de datos que abarcaban siglos. De hecho, se consideraba un orgullo que a lo largo de una serie temporal de miles de años se pudiera mantener la coherencia de los diferentes calendarios que se superpusieron en cada dinastía.

La Oficina de Astronomía Imperial, el Qīntiānjiān (钦天监), era la encargada de esta tarea. Sus astrónomos trabajaban con un método sofisticado basado en ciclos empíricos, derivados de ese archivo histórico. Conocían y aplicaban, por ejemplo, el ciclo metónico (19 años solares casi iguales a 235 meses lunares), un patrón descubierto también en otras culturas antiguas que permitía predecir épocas propicias para eclipses.

El nombre de este ciclo recuerda al astrónomo griego Metón de Atenas, que lo anotó en 432 a. e. c. Sabemos que en Mesopotamia se conocía dos siglos antes, aunque estaba ya en la base aún anterior de los primeros calendarios lunisolares, al tener en cuenta las repeticiones de los plenilunios a lo largo de los años solares.

Fracasos en la predicción

En cualquier caso, este método aritmético tenía un margen de error considerable. Podía alertar de que en un mes dado era probable un eclipse, pero fallaba al predecir la hora exacta, la duración o, incluso, si sería visible desde la capital imperial. Un eclipse predicho que no se veía, o uno no anunciado que oscurecía el cielo de Pekín, eran fracasos igualmente graves. Lo malo es que si se introducían correcciones para mejorar estos pronósticos, la duración de los años y los calendarios empezaba a variar y se podría perder la serie consolidada del registro histórico.

El problema se agravó durante la dinastía Ming (1368-1644). El calendario oficial, el Datong li (Calendario del Gran Inicio), establecido en 1384, acumulaba errores que se magnificaban con el tiempo. Para finales del siglo XVI, sus predicciones fallaban con frecuencia y notoriedad. Este deterioro no pasó desapercibido para los eruditos. El destacado astrónomo Xing Yunlu ya había señalado graves inexactitudes y abogado por una reforma en las décadas de 1570 y 1580. Sin embargo, su propuesta chocó con la muralla de la burocracia del Imperio Ming.

Asunto de Estado

La Oficina de Astronomía se había convertido en una casta burocrática y hereditaria. Como señala el historiador de la ciencia Nathan Sivin en su libro Granting the Seasons (Springer, 2009), estas posiciones a menudo se transmitían dentro de las mismas familias, creando un sistema nepotista más preocupado por mantener privilegios y estabilidad que por innovar (y menos aún reconocer errores). Un cambio en el calendario no era una mera actualización técnica; era un asunto de estado de primer orden que implicaba admitir el fracaso de un sistema vinculado a la legitimidad cosmológica de la dinastía. Promover una reforma era un riesgo político enorme, pues un error podía ser castigado severamente, mientras que mantener el statu quo, aunque fuera defectuoso, era el camino más seguro.

Este rifirrafe político creó el caldo de cultivo perfecto para la intervención externa. Los fracasos predictivos se hicieron tan evidentes que, hacia 1590, incluso altos funcionarios como los del Ministro de Ritos (el Ministerio de los Ritos o Lǐbù ,礼部, era uno de los seis ministerios que formaban el núcleo de la administración civil) comenzaron a presionar para buscar soluciones fuera del sistema tradicional. Fue esta crisis de credibilidad interna, y no solo la curiosidad intelectual, la que provocó que la corte acabara abriendo sus puertas a unos visitantes occidentales.

La llegada de los “letrados del oeste” y su geometría celestial

En este contexto de crisis de precisión y credibilidad en 1601 se presenta en Pekín el italiano Matteo Ricci (1552-1610), normalmente considerado el introductor del cristianismo en China, acompañado por el español Diego de Pantoja (1571-1618). Eran jesuitas, pero su estrategia fue presentarse ante la corte como “letrados occidentales”, eruditos en ciencias y matemáticas. Entre sus regalos al emperador, los más apreciados fueron los relojes mecánicos, instrumentos de una precisión en la medición del tiempo entonces desconocida en China.

Pantoja, nacido en Valdemoro (Madrid) en 1571 y formado como cosmógrafo, desempeñó un papel clave. No solo dirigió la fabricación de relojes solares, sino que colaboró con el erudito y funcionario chino Sun Yuanhua (孫元化) en el Libro ilustrado sobre el reloj de sol, Rìguǐ Túfǎ (日晷圖法), introduciendo nuevas técnicas de medición.

Su mayor aportación, sin embargo, fue demostrar la superioridad práctica de los métodos astronómicos europeos contemporáneos. Mientras el Qīntiānjiān trabajaba con compleja aritmética cíclica, los jesuitas usaban la geometría esférica y los últimos modelos planetarios (como los de Tycho Brahe). Su enfoque no se limitaba a buscar patrones en registros antiguos; calculaban los movimientos reales del Sol y la Luna en el espacio tridimensional. Esto les permitía predecir no solo el día, sino la hora, la duración, la magnitud y la trayectoria de la sombra sobre la Tierra, con una exactitud que dejó pasmada a la corte.

Una revolución silenciosa desde dentro del palacio

La evidencia fue, con el tiempo, incontestable. En repetidas ocasiones, los jesuitas acertaron donde el Datong li fallaba. El poder de su cálculo era tan evidente que, tras la caída de los Ming, el nuevo gobierno de la dinastía Qing tomó una decisión radical: encargar al jesuita Johann Adam Schall von Bell la creación de un nuevo calendario oficial.

El resultado fue el calendario Shixian (Calendario de la Concesión del Tiempo, 時憲曆), promulgado en 1645. Fue un híbrido histórico: la primera vez que el Imperio Celestial adoptaba un sistema astronómico oficial diseñado y dirigido por extranjeros. Se trataba de una síntesis forzada por la necesidad: el marco institucional, la necesidad política y los datos históricos eran chinos, pero la metodología matemática y geométrica era europea. La resistencia burocrática continuó durante décadas, y los errores no desaparecieron por completo, pero se redujeron drásticamente. Para el siglo XVIII, las predicciones tenían márgenes de error de minutos, no de horas o días.

De los ciclos a la geometría pura de Bessel

Sin embargo, esta historia de precisión creciente no termina con los jesuitas. Tanto los ciclos metónicos chinos como las efemérides tabuladas europeas del siglo XVII aún arrastraban limitaciones. Eran herramientas potentes, pero basadas en aproximaciones y correcciones empíricas. El nacimiento de la astronomía moderna y del análisis matemático asociado a la mecánica de Newton permitieron mejorar las predicciones en las posiciones de los planetas, el Sol y la Luna y, con ello, mejorar la precisión en los pronósticos de un eclipse. Como todo problema de los tres cuerpos, incorporaba cálculos complejos y soluciones aproximadas.

Incluso en la Inglaterra del siglo XVIII, cuando el astrónomo Edmond Halley calculó un eclipse con los mejores métodos astronómicos disponibles para el 3 de mayo de 1715, la precisión en el tiempo es de 4 minutos y en la zona de totalidad de unas 20 millas (32,2 kilómetros), como describen los investigadores Aaaron Robotham y Sabine Bellstedt, de la Universidad de Australia Occidental.

La domesticación matemática de los eclipses

La auténtica domesticación matemática de los eclipses llegó en el siglo XIX con el astrónomo prusiano Friedrich Wilhelm Bessel (1784-1846).

En 1824, Bessel introdujo un método revolucionario que transformó el problema. En lugar de calcular laboriosamente las posiciones individuales del Sol y la Luna, expresó toda la geometría del eclipse en torno al cono de sombra de la segunda proyectado sobre la Tierra.

Al definir un plano fundamental perpendicular a este eje de sombra y usar un ingenioso sistema de coordenadas, redujo la complejidad del cálculo a unos pocos parámetros elegantes (los llamados “elementos beselianos”). Este método, que separaba claramente la geometría celeste de los movimientos orbitales, permitía una precisión analítica sin precedentes y es, en esencia, la base de los algoritmos que aún hoy se siguen usando para el cálculo de eclipses.

Así, el largo camino para “domar al dragón” pasó de los tambores rituales y la minuciosa observación y registro de los sucesos a la aritmética de ciclos a la geometría esférica de los jesuitas, y, finalmente, alcanzó la abstracción analítica de Bessel.

El encuentro entre China y Europa en el siglo XVII no fue una simple transferencia de conocimiento, sino el catalizador que resolvió una crisis interna de precisión. Demostró que incluso la tradición observacional más rica del mundo podía estancarse en la inercia burocrática, y que la innovación, a menudo, llega por caminos inesperados y forzados por la pura necesidad de tener razón. Y, por supuesto, tuvo consecuencias sociales, políticas y económicas que propiciaron toda la historia de relaciones entre oriente y occidente a partir de entonces.

The Conversation

Javier Armentia no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. Cómo los jesuitas domaron al dragón chino de los eclipses – https://theconversation.com/como-los-jesuitas-domaron-al-dragon-chino-de-los-eclipses-273477

El bronceado no es signo de salud: así se protege la piel del daño solar

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Natasha Zarich Dimitrievich, Investigadora en Señalización y Cáncer, Instituto de Salud Carlos III

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La piel morena suele asociarse con salud, vacaciones o una vida al aire libre. Sin embargo, el bronceado no es un símbolo de salud, sino un mecanismo de defensa frente a la radiación ultravioleta. Para entender cómo se produce
hay que combinar dos disciplinas: la física de la radiación solar y la biología molecular de nuestra piel.

La física y la biología del bronceado

El principal responsable del bronceado es la melanina, un pigmento producido por células de la epidermis, llamadas melanocitos, que desempeña un papel esencial en la protección de la piel. La melanina se distribuye a los queratinocitos, las principales células de la epidermis, donde forma un paraguas microscópico sobre el núcleo celular para evitar que sea dañado por la luz ultravioleta.

La luz visible representa solo una pequeña parte de la radiación emitida por el Sol. Junto a ella llegan los infrarrojos, responsables del calor, y la radiación ultravioleta (UV), invisible para nuestros ojos pero con una enorme capacidad para producir cambios biológicos.

Desde el punto de vista de la física, la radiación está formada por fotones, cuya energía depende de su longitud de onda. Cuanto menor es la longitud de onda, mayor es la energía transportada por cada fotón.

La radiación ultravioleta que llega a la Tierra está formada principalmente por UVA (con una longitud de onda de entre 315 y 400 nanómetros) y UVB (entre 280 y 315 nanómetros). Los UVA representan alrededor del 95 % de la radiación ultravioleta que llega al suelo y los UVB el 5 %, aunque estas proporciones varían con la hora del día, la estación y la latitud.

Si bien poseen menos energía por fotón, los UVA penetran más profundamente en la piel y alcanzan la dermis. En la epidermis oxidan y redistribuyen la melanina ya existente, mientras que en la dermis generan radicales libres que dañan el colágeno y la elastina, favoreciendo el fotoenvejecimiento.

Los UVB, aunque menos abundantes, transportan más energía por fotón y actúan principalmente en la epidermis. Allí producen lesiones estructurales en el ADN de los queratinocitos, lo que activa la proteína p53, conocida como “el guardián del genoma” por su papel a la hora de evitar el desarrollo de tumores.

Dicha proteína estimula la síntesis de melanina, que se transfiere a los queratinocitos para proteger el ADN frente a futuras exposiciones solares. Aunque la producción de melanina se activa tras un daño inicial en el ADN, gran parte de este puede ser reparado por las células.

Los UVB son también responsables de iniciar la producción de vitamina D en la piel, aunque mediante un mecanismo diferente.

Una pequeña diferencia en la energía de un fotón basta para activar estos mecanismos celulares completamente distintos. La síntesis de nueva melanina es la responsable del bronceado duradero. En este aspecto, debemos tener en cuenta que las personas con piel más oscura presentan una mayor pigmentación debido a una mayor actividad melanogénica y al tipo de melanina que producen, por lo que el aumento de pigmentación tras la exposición solar suele resultar menos evidente en ellos y su protección natural frente a la radiación ultravioleta es mayor.

¿Broncea más el Sol de mediodía?

Cuando el Sol está alto, sus rayos atraviesan una menor cantidad de atmósfera y llegan más fotones ultravioleta a la piel. Tanto los UVA como los UVB se absorben menos durante ese recorrido, aunque el aumento es mucho mayor para los UVB, ya que la atmósfera los atenúa con mayor eficacia.

Como consecuencia, al mediodía aumenta la cantidad de fotones UVB, lo que incrementa el daño inicial en el ADN y, con ello, la síntesis de melanina. Si la exposición a esta mayor intensidad de radiación UVB es prolongada, el daño puede superar la capacidad de protección que proporciona la melanina y los mecanismos de reparación celular. Esto desencadena una respuesta inflamatoria conocida como quemadura solar y aumenta el riesgo de mutaciones y cáncer de piel.

El calor no es un buen indicador de la intensidad de la radiación ultravioleta. La sensación térmica depende principalmente de la radiación infrarroja, por lo que es posible recibir dosis elevadas de radiación ultravioleta incluso en días frescos, nublados o con viento.

La melanina también protege los ojos

La melanina no solo está presente en la piel. También está en el iris y el epitelio pigmentario de la retina, donde absorbe parte de la radiación ultravioleta y reduce el daño oxidativo.

Las personas con ojos claros suelen ser más sensibles al deslumbramiento y presentan un mayor riesgo de algunas enfermedades oculares relacionadas con la exposición solar. A diferencia de la piel, el ojo no desarrolla un bronceado protector. Por ello, unas gafas de sol homologadas con filtro UV son tan importantes como el protector solar.

Un sofisticado sistema de defensa

Comprender la física de la radiación solar y la biología de la piel permite entender que no existe bronceado sin un daño previo en el ADN.

Si las exposiciones solares son moderadas y se espacian en el tiempo, gran parte del daño puede repararse. Cuando el daño supera la capacidad de protección de la melanina y los mecanismos de reparación celular, se acumula y favorece el envejecimiento cutáneo y aumenta el riesgo de cáncer de piel. Comprender este proceso permite disfrutar del Sol minimizando sus riesgos.

Los fotoprotectores actúan como filtros ópticos que reducen el número de fotones ultravioleta que alcanzan la piel y, con ello, el daño biológico. Utilizarlos adecuadamente, junto con limitar la exposición en las horas centrales del día, permite aprovechar los beneficios del Sol, como la síntesis de vitamina D, al mismo tiempo que se reducen los riesgos de una exposición excesiva.

The Conversation

Natasha Zarich Dimitrievich no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. El bronceado no es signo de salud: así se protege la piel del daño solar – https://theconversation.com/el-bronceado-no-es-signo-de-salud-asi-se-protege-la-piel-del-dano-solar-288304

Nuevo estudio con grandes simios: ¿es la risa el origen del lenguaje humano?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Miquel Llorente Espino, Psicología comparada y comportamiento animal, Universitat de Girona

Gorila riendo en el juego. W Calvin / Wikimedia Commons, CC BY-SA

Todos reconocemos ese sonido. El “ja, ja, ja” que se nos escapa con un chiste, con las cosquillas o cuando un bebé juega a esconderse tras las manos. Nos parece un gesto íntimamente humano, un código exclusivo de nuestra especie o nuestra cultura. Y, sin embargo, si nos topáramos en un bosque tropical con un grupo de crías de chimpancé o gorilas jugando, oiríamos algo inquietantemente familiar. La risa no es un invento humano.

Ratas, perros y delfines también

Incluso más allá de los primates, algo parecido a la risa asoma por medio reino animal, casi siempre con la misma intención: avisar de que lo que viene es juego, no pelea. Los etólogos lo llaman “metacomunicación”, que es una palabra aparatosa para una idea muy simple: comunicar sobre la propia comunicación, soltar un “tranquilo, que voy de broma”. Les ocurre hasta a las ratas, como descubrió el neurocientífico Jaak Panksepp: si se les hacen cosquillas, sueltan unos chisporroteos vocales a 50 kilohercios, tan agudos que nuestro oído ni los capta. Llamarlo “risa” quizá sea generoso, pero tiene exactamente la misma función: mantener el juego dentro de unos límites para que no acabe en mordisco.

Los perros tienen su propia versión, un jadeo entrecortado –el “jadeo de juego”– que hasta es usado para calmar a los animales en las protectoras. Y los delfines, mientras se persiguen jugando, emiten unos chasquidos a toda velocidad, un sonido que avisa de que la persecución no va en serio.

Golpes de voz acompasados

Pero para rastrear cómo un simple “voy de broma” pudo acabar moldeando algo tan nuestro como el habla, hay que mirar de cerca a nuestros primos evolutivos: los grandes simios. Y aquí no descubrimos nada nuevo. Ya el propio Darwin, observando a un chimpancé al que le hacían cosquillas, anotó que aquello se parecía sospechosamente a la risa humana. Chimpancés, bonobos, gorilas y orangutanes se ríen, y lo sabemos desde hace siglo y medio.

Un un estudio reciente publicado en Nature se ha planteado una pregunta distinta: en lugar de comprobar si los grandes simios se ríen, los autores se fijaron en cómo lo hacen. Es decir, en el ritmo de la risa y la cadencia del sonido: el tiempo exacto que tarda un “golpe de voz” en dar paso al siguiente. ¿El resultado? La risa de los grandes simios es “isócrona”: sus golpes caen a intervalos regulares, con un pulso constante. No es un jadeo caótico; tiene compás.

Aunque ojo, tampoco es que llevar el ritmo sea tan raro en la naturaleza. Hay muchos animales que emiten sonidos acompasados, y ese mismo pulso ya se conocía en los cantos de los lémures, los gibones o algunos monos. Por sí sola, la isocronía no distingue a los grandes simios de otros animales. Lo relevante de esta investigación es asumir que si orangutanes, gorilas, chimpancés, bonobos y nosotros nos reímos con el mismo compás, lo más probable es que ya lo hiciera el antepasado que todos compartimos, hace unos quince millones de años. Reíamos así mucho antes de ser humanos.

Fósiles sonoros

El sonido no deja fósiles. No hay forma de hacer arqueología de la risa de un antepasado que vivió hace millones de años, así que la única manera de asomarse a ese pasado es la etología comparada. Y ahí la risa se convierte en una especie de fósil sonoro: escuchándola en nuestros parientes evolutivos podemos inferir cómo aprendieron a controlar el aire y la voz nuestros ancestros, mucho antes de que existiera la primera palabra.

La citada investigación intenta descifrar cómo el contexto físico esculpe la fonación. En pleno juego de pelea y persecución, los sonidos que emiten los simios se fragmentan y se vuelven caóticos. Sin embargo, cuando el estímulo son las cosquillas, el ritmo se vuelve predecible. La razón es puramente mecánica: el ejercicio físico deforma la caja torácica y altera la respiración, mientras que las cosquillas, al recibirse en una postura pasiva, revela la estructura acústica pura del animal.

A partir de ahí, los autores proponen cuál pudo ser su historia evolutiva: generación tras generación, la risa de nuestros antepasados se fue haciendo más rápida y más flexible, hasta llegar a la nuestra. Y aquí está la pieza clave. Nosotros somos los únicos que cambiamos el ritmo de la risa a voluntad: no nos reímos igual ante un chiste que ante unas cosquillas. Los demás simios mantienen su compás pase lo que pase; nosotros lo estiramos, lo aceleramos, lo frenamos. Esa capacidad de gobernar el aire y afinar el sonido a nuestro antojo es justo la que hace falta para hablar.

¿La risa vino antes que el habla?

Los autores sitúan la risa y el lenguaje en una línea de continuidad casi directa, como si una fuera la madre del otro. Y es que el control vocal que desvela la risa es una pieza clave del puzle lingüístico, desde luego, pero es solo una pieza.

El lenguaje humano no es solo sonido articulado. Pensemos en cuánto comunicamos con las manos, con la postura o con la mirada. Buena parte de nuestras raíces comunicativas más profundas están firmemente ancladas en el gesto y el cuadro completo de la comunicación homínida es mucho más rico y polifónico.

Hoja de ruta para futuras investigaciones

Con todo, cualquier reconstrucción del pasado basada en unos pocos datos de unos pocos individuos requiere cierta cautela a la hora de generalizar los resultados. Estas limitaciones en los tamaños de las muestras, tristemente habitual en primatología, impiden trazar conclusiones categóricas que pretendan resumir quince millones de años de historia evolutiva.

En biología, factores como la mecánica respiratoria ligada al tamaño del cuerpo (alometría) o los cambios propios del crecimiento del individuo (ontogenia) pueden empañar los análisis e interactuar con las tendencias filogenéticas globales. Por eso, más que un mapa definitivo sobre la evolución de la voz (y del habla), este valioso estudio nos ofrece una sugerente y brillante hoja de ruta que futuras investigaciones deberán calibrar.

Eso sí, la próxima vez que sufra un ataque de risa incontrolable en mitad de una cena con amigos, recuerde que no está emitiendo un sonido cualquiera. Está haciendo sonar un instrumento biológico afinado nota a nota durante millones de años de historia evolutiva. El mismo instrumento que, con otra cadencia pero con la misma función social, hace vibrar el pecho de un gorila cuando le buscan las cosquillas. Al fin y al cabo, reímos en familia.

The Conversation

Miquel Llorente Espino no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. Nuevo estudio con grandes simios: ¿es la risa el origen del lenguaje humano? – https://theconversation.com/nuevo-estudio-con-grandes-simios-es-la-risa-el-origen-del-lenguaje-humano-286980