¿Cómo saber si un estudiante ha aprendido, aunque use inteligencia artificial?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Presentación Ángeles Caballero García, Catedrática de Universidad. Métodos de Investigación y Diagnóstico en Educación. Facultad de Educación, Universidad Camilo José Cela

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La irrupción de la inteligencia artificial generativa ha vuelto frágil el trinomio clásico de la evaluación universitaria “trabajo autónomo + actividades prácticas + examen final”. Hoy, un estudiante puede producir en minutos un informe bien estructurado y con tono académico.

Prohibir la IA o convertir la evaluación en una caza de trampas no arregla el problema de fondo: lo que está en cuestión no es la tecnología, sino cómo demostramos que hay aprendizaje real, autoría y pensamiento, más allá de un producto final pulido.

Un problema pedagógico

La evaluación apoyada en trabajo autónomo, práctica y examen acumulativos ya era débil antes de la IA: favorece la reproducción de contenidos, castiga el error como “fallo” (penalizando equivocaciones en lugar de integrarlos en el aprendizaje) y deja poco rastro del proceso de aprendizaje. La IA no crea este problema; lo visibiliza.

La evaluación que hoy necesita la educación superior no es una técnica concreta, sino un cambio de lógica y de paradigma. En lugar de preguntarse “¿Cómo se detecta si hay IA?”, habría que preguntarse “¿Qué evidencias demuestran que el estudiante ha aprendido y puede transferir lo aprendido?”. Recuadrar así el problema nos mueve del control a la calidad pedagógica y obliga a revisar qué entendemos por aprender, enseñar y evaluar.

Evaluar procesos y no resultados

¿Cómo evaluar de forma justa y más acorde con los nuevos tiempos? ¿Cómo asegurarnos que se adquieren capacidades y competencias necesarias? Podemos poner en práctica de otro tipo de tareas que permitan evaluar el razonamiento y asegurar la autoría de las respuestas, como defensas orales, microtareas de retroalimentación inmediata, entrevistas académicas o debates guiados.

Esta manera de evaluar también se puede aplicar en el caso de trabajos realizados en casa, recogiendo evidencias del proceso en distintas fases –borradores, revisiones, explicaciones, reflexiones– que permiten ver la evolución del aprendizaje.

En todos estos casos, la inteligencia artificial se integra de forma ética y transparente, pidiendo al estudiante que explique cómo la ha usado, qué aportó la herramienta y qué aportó él o ella, de modo que se pueda evaluar su pensamiento crítico, su capacidad para detectar errores y su criterio a la hora de tomar decisiones.

Microtareas de evaluación

Las “microtareas” son ejercicios muy breves en los que el estudiante explica qué haría ante una situación concreta y por qué, haciendo visible su razonamiento y su autoría.

Por ejemplo, ante un problema sencillo –como elegir la mejor estrategia para resolver un conflicto en un equipo– basta pedirle que explique los pasos que seguiría, cómo comprobaría la información (incluida la generada por IA) y por qué opta por una solución; así, la evaluación surge de su proceso de pensamiento, no de un examen.

Enfocarse al mundo real

Las tareas que se encarguen, tanto para el aula como para hacer en casa, deberían ser similares a las que afrontarán en la vida profesional: encarar problemas abiertos, casos reales o verosímiles, tantear múltiples soluciones y asumir restricciones éticas, sociales o profesionales, es decir, límites que condicionan cómo pueden actuar.

Por ejemplo, si deben proponer una solución para mejorar un servicio público, una restricción podría ser respetar la privacidad de los datos, cumplir una normativa profesional, ajustarse a un presupuesto concreto o garantizar que la propuesta no discrimina a ningún colectivo; estos límites obligan a tomar decisiones responsables, igual que en la vida real.

Evaluación dialógica y explicativa

Explicar y dialogar son parte del proceso de aprender. Por eso cobran fuerza en este planteamiento estrategias didácticas como las defensas orales, las entrevistas académicas, los debates guiados o la justificación de decisiones.

La oralidad permite verificar lo que se ha aprendido y lo que se ha comprendido, reducir desigualdades, evidenciar el pensamiento propio y reforzar la responsabilidad intelectual. Invita al estudiante a argumentar, aclarar sus dudas, defender sus ideas y mostrar cómo ha llegado a ellas.

Evaluar la metacognición

Los estudiantes pueden trabajar la metacognición cuando responden a preguntas como: ¿qué han aprendido? ¿Qué les ha costado más? ¿Qué errores cometieron? ¿Qué harían distinto? ¿Qué papel jugó la IA en mi proceso de aprendizaje?

Este tipo de preguntas refuerzan la autonomía, fortalecen la motivación y conectan la evaluación y el aprendizaje.

Evaluar el propio uso de la IA

Este currículum competencial no prohíbe la inteligencia artificial, sino que la integra críticamente. Esto se logra evaluando el criterio del estudiante cuando la usa. Al entregar una tarea, por ejemplo, podemos pedirle que incorpore una breve declaración de uso de esta herramienta dentro del propio trabajo –al final del documento, en un anexo o justo después de la actividad–.

En ese apartado, que podría titularse Uso de inteligencia artificial en mi proceso, explicaría cómo la ha utilizado y por qué, qué herramientas empleó, qué partes del trabajo fueron propias, qué decisiones tomó, qué límites puso y cómo verificó la información generada.

De este modo, la evaluación sigue centrada en el juicio, la reflexión y la responsabilidad del estudiante.

Evaluación formativa y justa

Finalmente, la evaluación debe ser formativa: es decir, debe orientar al estudiante. Para que la corrección o retroalimentación sea significativa tienen que ayudarle a mejorar.

En un modelo tradicional, la evaluación clasifica, actúa como un filtro: el estudiante realiza una tarea, recibe una nota y el proceso concluye ahí. La calificación funciona como una etiqueta que determina si “ha cumplido” o “no ha cumplido”, sin ofrecer información útil para mejorar, ni espacio para revisar errores; el mensaje implícito es que equivocarse tiene consecuencias negativas, pero no oportunidades de aprendizaje.

Una evaluación formativa transforma ese mismo momento en un proceso orientador: el docente analiza el trabajo, señala los aciertos, identifica con claridad qué aspectos pueden fortalecerse y explica cómo hacerlo, de modo que el estudiante comprende qué ha aprendido y qué pasos puede dar para avanzar y mejorar, lo que convierte la evaluación en un acompañamiento continuo. Así, en lugar de cerrar caminos, la evaluación se convierte en un recurso que abre posibilidades, fortalece la comprensión y ayuda a aprender mejor.

Un aprendizaje visible

En síntesis, evaluar en tiempos de la IA nos obliga a indagar cómo el estudiante piensa, decide, se equivoca, aprende y actúa con criterio. Supone pasar de certificar productos (exámenes, trabajos) a hacer visible el aprendizaje, de medir respuestas a comprender procesos, de penalizar el error a reconocerlo como evidencia de pensamiento.

Porque cuando el atajo es perfecto, lo verdaderamente transformador no es prohibirlo, sino atrevernos a cambiar el camino.

The Conversation

Presentación Ángeles Caballero García no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ¿Cómo saber si un estudiante ha aprendido, aunque use inteligencia artificial? – https://theconversation.com/como-saber-si-un-estudiante-ha-aprendido-aunque-use-inteligencia-artificial-276430

El fin de la diversidad prometida: la nueva arquitectura étnica del régimen chino

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Antonio César Moreno Cantano, Doctor en Historia Contemporánea, Universidad Complutense de Madrid

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El 12 de marzo de 2026, la Asamblea Nacional Popular de China aprobó la Ley de Promoción de la Unidad y el Progreso Étnico, una normativa que consolida y legaliza la política asimilacionista del presidente Xi Jinping hacia las 55 minorías étnicas del país.

La ley, descrita como “fundamental y comprehensiva en el ámbito del trabajo étnico”, representa un giro radical respecto a las garantías de autonomía cultural que China prometió durante décadas.

La homogeneización forzada

La nueva legislación establece el mandarín como lengua principal de enseñanza en todos los centros educativos, reemplazando progresivamente la educación de lenguas maternas como el uigur, el mongol o el tibetano. Como señala Yalkun Uluyol, investigador de Human Rights Watch, esta ley constituye un “cambio radical” respecto a la política de la era de Deng Xiaoping, cuando se garantizaba a las minorías el derecho a utilizar sus propias lenguas.

El Artículo 15 de la ley establece que los centros educativos deberán utilizar el mandarín como principal medio de instrucción, mientras que las lenguas maternas solo podrán estudiarse como una asignatura independiente. La ley acelerará la represión sistemática contra las minorías étnicas, particularmente en el Tíbet y la región noroccidental de Xinjiang.

Durante sus recientes visitas al Tíbet, Xi Jinping elogió los esfuerzos de las autoridades locales para contener el “separatismo” y participó en ceremonias en escuelas residenciales que promueven la educación en mandarín.

Esta normativa proporcionará una justificación legal de facto para los esfuerzos de reubicación forzada en Xinjiang. Las autoridades chinas ya han traslado coercitivamente a miles de uigures hacia el interior del país como fuente de trabajo forzado o como método para diluir su influencia política. Estas prácticas se suman a la represión previa en Xinjiang, que incluye prisión masiva, esterilización forzada y programas de “reeducación” destinados a destruir las prácticas culturales y religiosas centenarias.

El profesor Allen Carlson, experto en política china de la Universidad de Cornell (EE. UU.), advierte que “la ley Promoción de la Unidad Étnica y el Progreso afianzará aún más esta tendencia al hacer mayor hincapié en la asimilación”. “La ley deja más claro que nunca que en la República Popular China del presidente Xi Jinping los pueblos deben esforzarse más por integrarse con la mayoría Han y, sobre todo, ser leales a Beijing”, añade.

La criminalización de la identidad étnica

Más allá de las restricciones lingüísticas, se introducen disposiciones que criminalizan actividades consideradas separatistas o de extremismo religioso. La normativa permite procesar a los padres que transmitan a sus hijos opiniones “perjudiciales para la unidad y el progreso étnico”. Se prohíbe a las familias minoritarias impedir matrimonios basados en la identidad étnica, una táctica destinada a disolver las comunidades étnicas en la mayoría Han.

Este género de medidas demuestran que la evolución de la política étnica en China ha experimentado un giro radical, pasando de la autocrítica histórica a una asimilación coercitiva justificada por la seguridad nacional.

En 1981, bajo el liderazgo de Deng Xiaoping, el Partido Comunista de China emitió una resolución histórica que admitía explícitamente haber cometido un “grave error” al no mostrar el debido respeto por el derecho a la autonomía de las minorías, especialmente durante la violencia de la Revolución Cultural. Sin embargo, la dirección actual bajo Xi Jinping ha abandonado este remordimiento en favor de un control a toda costa, motivado por el temor a que la diversidad étnica política provoque un colapso estatal similar al de la Unión Soviética, que el PCCh atribuye a la pérdida de control sobre los territorios periféricos.

Este cambio de paradigma se apoya en una nueva arquitectura ideológica donde el concepto de “mezclado” (jiaorong) ha pasado de ser un tema de debate a un dogma central. Intelectuales influyentes, como el historiador Xu Jilin, han reforzado esta postura al citar el modelo de Estados Unidos.

Xu argumenta que el poder del sistema estadounidense no emana de su diversidad, sino de una cohesión social mantenida históricamente por el dominio de la cultura anglosajona. Según esta interpretación, las políticas de identidad contemporáneas y el énfasis en la raza son amenazas directas a la estabilidad nacional, una lección que Beijing ha interiorizado para justificar la supresión de identidades competitivas en regiones como Xinjiang, Tíbet y Mongolia Interior.

Desmantelando antiguos compromisos

En consecuencia, el Estado ya no busca movilizar a las minorías para la revolución, sino controlar a la población mediante la homogeneización lingüística y cultural, desmantelando las promesas de autonomía de las constituciones de 1954 y 1982 para asegurar una lealtad absoluta al poder central.

Lo que desde Occidente se identifica como una fase de asimilación forzada, el marco de gobernanza chino lo define como un proceso de experimentación institucional bajo el paraguas del Partido, orientado a fortalecer la resiliencia nacional frente a las tensiones geopolíticas y asegurar la sostenibilidad de un modelo que prioriza la unidad de mando sobre cualquier fragmentación de identidad periférica.

La ley de “unidad étnica” china constituye, en definitiva, un salto cualitativo en la política de asimilación forzada, transformando políticas dispersas en un marco legal único que amenaza la supervivencia misma de las culturas minoritarias en el país.

The Conversation

Antonio César Moreno Cantano no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. El fin de la diversidad prometida: la nueva arquitectura étnica del régimen chino – https://theconversation.com/el-fin-de-la-diversidad-prometida-la-nueva-arquitectura-etnica-del-regimen-chino-278476

Cómo las especies invasoras remodelan silenciosamente los ecosistemas

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Elena Angulo, Científico titular del CSIC, Estación Biológica de Doñana (EBD-CSIC)

Introducidas en las islas, las cabras pueden alterar el paisaje en detrimento de las especies locales. Eduardo Bena/Shutterstock

Cuando se mencionan las invasiones biológicas, solemos pensar en un duelo dramático: un depredador foráneo que llega para erradicar a una presa nativa. Sin embargo, este enfoque en la extinción directa oculta una realidad mucho más insidiosa. Gran parte de las invasiones más devastadoras no se limitan a eliminar especies; remodelan el entorno alterando los hábitats, reconfigurando las interacciones y modificando los procesos de una forma que no se puede reflejar únicamente en las listas de especies invasoras.

Tomemos como ejemplo las cabras o los conejos –que alteran desde la dispersión de semillas hasta la capacidad de reforestación natural–, introducidos en islas de todo el planeta. Aunque su voracidad puede, efectivamente, llevar a la flora local a la extinción, su impacto cala más hondo. Estos herbívoros invasores despejan el sotobosque, aceleran la erosión y modifican los regímenes de incendios, dejando cicatrices en el paisaje mucho después de que los rebaños hayan desaparecido. Estos trastornos sistémicos amenazan la biodiversidad de forma tan profunda como la pérdida de una sola especie.

Por eso, a la hora de evaluar el impacto de las invasiones biológicas no basta con considerar únicamente sus efectos en la flora y fauna nativas como hace la clasificación del impacto ambiental de taxones exóticos (EICAT, por sus siglas en inglés) de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza. Como advertimos en un reciente estudio, generan un espectro de impactos que se extiende mucho más allá.

Ingenieros de los ecosistemas

Hemos catalogado 19 tipos distintos de impactos ambientales. 12 de ellos afectan a niveles superiores al de la especie: las comunidades, el funcionamiento de los ecosistemas o las condiciones abióticas, tales como el ciclo de los nutrientes, la estructura del hábitat o las propiedades físicas del suelo y del agua.

La omisión de estos efectos es crítica porque muchas especies invasoras actúan como “ingenieros de los ecosistemas”. No se limitan a habitar un entorno, sino que lo modifican activamente, influyendo en el destino de comunidades enteras. Por ejemplo, los conejos, al igual que ciertas hormigas, transforman el ecosistema que invaden de manera total, desde el suelo y la vegetación hasta la fauna.

Para capturar este matiz, hemos desarrollado una herramienta de evaluación complementaria: EEICAT, la clasificación extendida del impacto ambiental de las invasiones biológicas.

Del invasor a la invasión

EEICAT es una evolución: aporta una expansión necesaria a las evaluaciones de impacto. Basada en el modelo EICAT, desplaza la unidad de evaluación de la especie invasora al evento de invasión.

Bajo este nuevo marco, ahora se pueden tener en cuenta los 19 tipos de impactos, y a una población invasora se le pueden asignar una o varias categorías de gravedad en cualquier nivel ecológico. Con EEICAT, podemos revelar los efectos sobre las especies nativas, las comunidades, los procesos e incluso las condiciones abióticas del ecosistema. Se trata de un enfoque basado en cada invasión, y no en el invasor de forma global.

La necesidad de esta distinción es evidente en los ecosistemas acuáticos invadidos por el mejillón cebra (Dreissena spp.). En innumerables lagos y ríos, estos moluscos amenazan a las poblaciones de mejillones nativos mediante la competencia y la bioincrustación (su acumulación), un impacto clásico bien recogido por las evaluaciones estándar. Pero simultáneamente, transforman el ecosistema acuático en sí mismo: al filtrar partículas, reducen la turbidez, alteran los ciclos de nutrientes y desencadenan cambios en cascada en la vegetación y en las redes tróficas. EEICAT nos permite mapear tanto el golpe directo a la biodiversidad como la reingeniería sistémica del lago o del río.

Muchos mejillones de cebra formando un aglomerado en la orilla del mar
Mejillones cebra.
Sam Stukel (USFWS)/Flickr



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Especies invasoras: sus efectos positivos no son un argumento para su indulto


Una lógica similar se aplica al medio terrestre. La hormiga argentina (Linepithema humile) es tristemente célebre por eliminar a las hormigas nativas, simplificando las comunidades hasta convertirlas en ciudades fantasma donde, prácticamente, solo habita esta especie invasora. Pero su influencia es mucho más profunda. Al perturbar los mutualismos entre plantas e insectos, estas invasoras alteran la dispersión de semillas, la polinización, los ensamblajes de invertebrados e incluso los procesos del suelo. Estos efectos indirectos a nivel ecosistémico varían considerablemente según el clima y la integridad del ecosistema receptor.




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¿Y si llevamos una hormiga loca en la maleta?


Dos hormigas juntan sus bocas mientras la cabeza de otra aparece un poco más abajo
Hormigas argentinas intercambiando fluidos (trofalaxia).
Davefoc/Wikimedia Commons, CC BY-SA

El contexto lo es todo

El reino vegetal ofrece, quizás, el argumento más claro a favor de este enfoque. Las especies de acacia, introducidas en todo el mundo, manifiestan su influencia de maneras radicalmente distintas. En Sudáfrica, actúan como supresores agresivos de la flora nativa y transformadores de la química del suelo mediante el enriquecimiento de nitrógeno. En la Europa mediterránea, la misma especie puede ejercer una presión competitiva moderada, pero modificar profundamente los regímenes de incendios, la acumulación de hojarasca y la hidrología.

Árbol con flores amarillas en un paisaje verde con un muro de piedra
La mimosa (Acacia dealbata) es una especie autraliana que se ha establecido en otras partes del mundo y se comporta como especie invasora, por ejemplo, en Galicia y el norte de Portugal.
Certo Xornal/Wikimedia Commons, CC BY

Adoptar EEICAT no significa reinventar la rueda. Podemos apoyarnos en las décadas de estudios de impacto que ya existen. Este marco recoge un conjunto más amplio de categorías que abarcan los niveles biológico, ecosistémico y abiótico. Utiliza los mismos cinco niveles de gravedad, desde Preocupación Mínima hasta Impacto Masivo, y con las mismas reglas de decisión.

Debido a que esta metodología se basa en la invasión, nos permite rastrear cómo una misma especie se comporta de manera diferente según la región, o cómo varios invasores acumulan su presión sobre un mismo ecosistema.

Gestionar la realidad, no solo las especies

Al adoptar el marco EEICAT, podemos finalmente capturar toda la magnitud de los efectos de las invasiones biológicas en los ecosistemas y adaptar las estrategias de gestión a las realidades complejas del mundo vivo, invasión por invasión.

Las invasiones biológicas no se resumen solo en la pérdida de especies; son también una reescritura silenciosa de los ecosistemas. Desde la química del suelo hasta la frecuencia de los incendios forestales, sus impactos resuenan en el medio ambiente mucho después de su llegada.

The Conversation

Elena Angulo recibe fondos de la Junta de Andalucía, proyectos de Excelencia.

Franck Courchamp recibe fondos de AXA Research Fund.

Laís Carneiro recibe fondos de AXA Research Fund.

ref. Cómo las especies invasoras remodelan silenciosamente los ecosistemas – https://theconversation.com/como-las-especies-invasoras-remodelan-silenciosamente-los-ecosistemas-278731

¿Hay alguna forma de soñar lo que nos apetezca siempre que queramos?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Raúl Quevedo-Blasco, Doctor en Psicología. Laboratorio del Sueño y Promoción de la Salud (Centro de Investigación Mente, Cerebro y Comportamiento-CIMCYC), Universidad de Granada

Master1305/Shutterstock

Este artículo forma parte de la sección The Conversation Júnior, en la que especialistas de las principales universidades y centros de investigación contestan a las dudas de jóvenes curios@s de entre 12 y 16 años. Podéis enviar vuestras preguntas a tcesjunior@theconversation.com


Pregunta formulada por Alberto, de 14 años. IES La Madraza, Granada.


La idea de poder soñar exactamente lo que nos apetezca, en el momento que queramos, resulta muy atractiva. Imaginar que podemos “elegir” nuestros sueños como si fueran una película antes de dormir es algo que mucha gente se ha planteado alguna vez.

Sin embargo, y siendo realistas, no existe actualmente una forma de tener un control absoluto y constante sobre los sueños. El cerebro, cuando dormimos por la noche, funciona de manera en gran parte automática y sigue procesos que no dependen completamente de nuestra voluntad consciente.

Aun así, esto no significa que no se pueda influir de algún modo: existen técnicas que, con práctica, pueden aumentar significativamente las probabilidades de dirigir o moldear de alguna manera el contenido de nuestras “aventuras” bajo las sábanas.

Trucos para antes o después de dormir

Para empezar, una de las herramientas más útiles es llevar un diario de sueños. Consiste en anotar todo lo que recuerdes justo al despertar, aunque sean fragmentos o sensaciones vagas. Este hábito mejora la memoria onírica (o capacidad de recordar los sueños) y hace que el cerebro preste más atención a esas imágenes o historias. Con el tiempo, también ayuda a identificar patrones o elementos recurrentes (personas, lugares, situaciones extrañas) que pueden servir como señales de que estás soñando.

También puede ayudar la denominada incubación de sueños. Consiste en centrarte intensamente en una idea, imagen o situación antes de dormir. Por ejemplo, puedes imaginar con detalle que estás en una playa, que hablas con una persona concreta o que te tomas un helado gigante. Cuanto más vívida y repetida sea esa visualización, más probabilidades hay de que aparezca en el sueño. Aunque no es una garantía de que suceda, claro.

Tú llevas las riendas

Uno de los fenómenos más estudiados en este fascinante ámbito de nuestra mente es el sueño lúcido, o sea, cuando alguien es consciente de que está soñando mientras el sueño ocurre. En algunos casos, esa consciencia permite intervenir en el desarrollo del sueño: cambiar escenarios, tomar decisiones voluntarias o incluso alterar las reglas “físicas” del mundo onírico, como volar o atravesar paredes. Aunque no todas las personas experimentan sueños lúcidos de forma natural, muchas pueden aprender a tenerlos con entrenamiento.

Una técnica para conseguirlo son los “chequeos de realidad”. Durante el día, varias veces, te detienes y te preguntas si estás soñando. Quizá te parezca extraño, pero al repetirlo con frecuencia se convierte en un hábito mental que puede trasladarse al sueño. Cuando eso ocurre, puedes darte cuenta de que lo que estás viviendo no es real, lo que desencadena un sueño lúcido. Algunos ejemplos de chequeos incluyen mirar un texto dos veces (en los sueños suele cambiar), observar tus manos o intentar atravesar un objeto con un dedo.

El momento del sueño también es importante. Los sueños más intensos y narrativos (reales o elaborados) ocurren durante una fase denominada sueño REM, que se repite varias veces a lo largo de la noche, y con mayor frecuencia en el último tercio. Aquí se encuentra una de las principales diferencias entre los “terrores nocturnos” y las “pesadillas”. Los primeros aparecen en sueño no REM (concretamente, en las fases de sueño profundo), mientras que las pesadillas ocurren en fase REM.

Registro de sueño en el Laboratorio del Sueño y Promoción de la Salud de la Universidad de Granada.
CIMCYC / UGR

Dormir bien, mantener horarios regulares y evitar interrupciones bruscas ayuda a recordar mejor los sueños y aumenta las posibilidades de tener experiencias más vívidas.

Cuando dormimos, el cerebro es incontrolable

De todos modos, hay que ser realista: es imposible garantizar que cada noche soñarás exactamente lo que quieres, como si eligieras una película en una plataforma, ni mantener un control total de principio a fin. Incluso las personas con mucha experiencia en sueños lúcidos no lo consiguen siempre, y a veces los sueños pueden volverse inestables o cambiar de forma inesperada.

El cerebro sigue generando contenido de manera espontánea, y esa es precisamente una de las características fundamentales de esas experiencias oníricas que tanto nos intrigan.


El museo interactivo Parque de las Ciencias de Andalucía y su Unidad de Cultura Científica e Innovación colaboran en la sección The Conversation Júnior.


The Conversation

Raúl Quevedo-Blasco no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

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Las reacciones a ‘Torrente, presidente’: ¿vivimos una crisis de la ironía?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Marcos Jiménez González, Profesor de Estética y Teoría de las Artes, Universidad de Zaragoza

Gabino Diego y Santiago Segura en una imagen de _Torrente, presidente_. Sony Pictures

El pasado 13 de marzo aterrizó en las salas españolas Torrente, presidente, de Santiago Segura, doce años después de su anterior entrega.

Un hombre señala un cartel con un personaje interpretado por él mismo.
Santiago Segura en la premiere de Torrente presidente.
Sony Pictures Spain

La película llegó a los cines sin haber tenido pase de prensa ni haber lanzado el tráiler. Su estreno estaba pensado, de acuerdo con las palabras de Segura, para los fans de la saga y para que nada ni nadie les estropeara la experiencia de verla por primera vez, así como los cameos, los chistes… Explicó en una entrevista que quería evocar algo parecido a lo que él había sentido al ver por sorpresa a Sean Connery como Ricardo Corazón de León en Robin Hood, príncipe de los ladrones (1991).

El filme cuenta la historia de ascenso y caída de José Luis Torrente Galván en su empeño por liderar el partido político Nox (parodia del actual Vox), lo que lleva la caricatura a un extremo que no había sido explorado en las películas anteriores. Hasta la quinta entrega, su protagonista era moralmente despreciable y encarnaba un estereotipo de español arcaico, racista, machista y homófobo. Sin embargo, más allá del hedor franquista, no estaba asociado a ningún partido político concreto del momento: retrataba una realidad deformada, irónica, que conjuga muy bien con la tradición esperpéntica española.

No obstante, la sexta entrega ha generado una controversia que en las otras cinco era anecdótica: el retrato crítico de una sociedad chusca a través de un personaje despreciable y ambiguo, que había funcionado de manera extraordinaria en las películas anteriores, ahora suscita una necesidad imperiosa de situarlo políticamente. Pero ¿por qué esta sensación es más general hoy que hace veintiocho años?

Cambios sociales

En primer lugar, José Luis Torrente no ha evolucionado, pero la sociedad española sí lo ha hecho. La opacidad irónica propiamente posmoderna de 1998 no es igual que la transparencia metamoderna de 2026. Y eso se nota tanto en el personaje como en su acogida por parte del público.

Un hombre gordo posa delante de una mesa con la bandera de España y un póster de una mujer desnuda en la pared.
Imagen de la primera entrega de la serie sobre Torrente: Torrente, el brazo tonto de la ley.
IMDB

La impronta irónica con la que está hecha la película, propia de la ficción estadounidense de los años noventa –de la que un buen ejemplo sería Homer Simpson–, no se sostiene de un modo tan evidente en la narrativa actual. La independencia entre la moral y la estética no está tan clara y la crítica social de un estereotipo mediante la ironía precisa ahora de explicaciones, representaciones más transparentes y literales.

Santiago Segura ha tenido que aclarar en varias ocasiones que Torrente es un personaje de ficción, que no tiene nada que ver con él. Dicha explicación se ha hecho más frecuente con el paso de los años. A pesar de que parece una obviedad, hay espectadores incapaces de establecer esta distancia entre el autor y el personaje; cuestión aún más compleja si además se requiere captar la distancia propia de su característica ironía.

Se pierde la ironía

Con esto se llega a la segunda razón por la que el protagonista, en su sexta entrega, resulta controvertido: el tambaleo del ejercicio irónico hace que un personaje que se presenta como no ejemplar pueda llegar a serlo, dependiendo del contexto. Esta ha sido una de las grandes sorpresas de Torrente, presidente.

En Imitación y experiencia, así como en Universal concreto, el filósofo español Javier Gomá explica este fenómeno detenidamente. En la tradición narrativa hay personajes que pueden considerarse modelos a seguir y que aúnan distintos valores sociales, expresando, en definitiva, una manera de deber-ser. Son casos como los de Aquiles, Sigfrido, Frodo Bolsón o Harry Potter, entre otros.

Por otro lado, existen personajes que no han sido pensados para ser imitados ni tomados como referencia. Estos nacieron con las formas de narración modernas y gozan de cierto éxito en la actualidad. Don Quijote, Hamlet, Fausto o Raskólnikov son algunos de los prototipos que Gomá considera excepcionales, cuya actitud no es ni imitable ni generalizable.

El conflicto surge cuando el espectador invierte la función original de estos perfiles. Sobre todo, cuando un carácter excepcional se convierte en un modelo universal. Si esto ocurre se cae en el mimetismo o en la mala imitación, la cual conduce a recrear modelos no beneficiosos ni social ni moralmente, elevando lo vulgar a lo ejemplar.

Algo así ocurre con Torrente en su concepción literal: lejos de recibirse como el extraordinario ejercicio irónico que es, se convierte en un referente excepcional, moral y político, lo que anula las posibilidades de la ironía y abre el camino a la imitación.

Torrente distorsionado

Quizá el problema descrito ya se palpaba en 1998 con Torrente, el brazo tonto de la ley. Sin embargo, ahora parece el tema fundamental de su estreno. Torrente, presidente está resultando un éxito de taquilla. Por eso, los conflictos explicados van ligados a unas líneas políticas que conciben la película desde dos perspectivas igualmente distorsionadas.

Por un lado, los distintos movimientos políticos y sociales surgidos durante los últimos años (MeToo,
Black Lives Matter, etc.) hacen que personajes que en los años noventa parecían fanfarrones y campechanos a pesar de sus faltas no gocen de la misma consideración ahora por parte de algunos sectores de la izquierda. Por otro, parte de la derecha cae en el mimetismo y en la confusión entre el autor y el personaje, algo que Santiago Segura ha rechazado en multitud de ocasiones.

La ironía original queda así desplazada, en crisis. La sociedad, dividida y retratada en la película, se expone a sí misma en la interpretación viciada de una saga que pretende mantenerse en la ironía posmoderna de los años noventa, pero a la que ahora le resulta imposible hacerlo.


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Marcos Jiménez González no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Las reacciones a ‘Torrente, presidente’: ¿vivimos una crisis de la ironía? – https://theconversation.com/las-reacciones-a-torrente-presidente-vivimos-una-crisis-de-la-ironia-279006

La guerra en Irán redibuja el mapa del turismo mundial

Source: The Conversation – (in Spanish) – By José Tomás Arnau Domínguez, Departamento de Economía Aplicada, Universitat de València

Aeropuerto de Dubái. shanid chirammal house/Shutterstock

En 2025, el turismo internacional no se frenó pese a la inestabilidad global. Según ONU Turismo, el año pasado, el volumen global de viajeros internacionales fue de más de 1 500 millones, por encima de los niveles previos a la pandemia. La cuestión ya no es si la geopolítica reduce los viajes, sino cómo está cambiando el mapa del turismo.

El turismo sigue creciendo, pero ya no igual

Durante mucho tiempo las crisis geopolíticas tenían un efecto casi automático sobre esta actividad: menos viajeros, menos reservas y menos actividad.

Después de la caída abrupta en los desplazamientos provocada por la pandemia, el turismo internacional ha ido creciendo, pese a la acumulación de conflictos e incertidumbre. No obstante, los flujos se están reconfigurando y uno de los mejores ejemplos está en los países del Golfo. En los últimos años, esta región ha invertido miles de millones de dólares para consolidarse como destino turístico innovador y gran nodo de conexión entre Europa, Asia y África.

Antes del comienzo de la guerra en Irán, esa estrategia parecía consolidada. Dubái recibió en 2025 casi 20 millones de turistas internacionales y Doha (Catar) fue designada capital del turismo del Golfo 2026. Pero para mantener esas ventajas se debe garantizar la conectividad en las comunicaciones y la estabilidad en los países, cuestiones que la guerra ha puesto en entredicho.

Quién gana y quién pierde

En turismo, la percepción del riesgo pesa casi tanto como el riesgo real. Un destino puede no estar directamente afectado por una guerra o una crisis, pero si queda asociado a una situación de inestabilidad, muchos viajeros optan por alternativas que les resultan más tranquilizadoras.

Cuando aumenta la incertidumbre, muchos viajeros no dejan de viajar, pero sí cambian de destino. Eligen lugares que perciben como más seguros, más accesibles o más predecibles. En otras palabras, el turismo no desaparece: se mueve.

Ese desplazamiento ya se está viendo en las zonas de influencia de donde se libra la guerra entre EE. UU.-Israel e Irán. La crisis en Oriente Próximo ha empujado parte de la demanda hacia destinos considerados más seguros. Por ejemplo, algunas grandes compañías turísticas han reforzado su capacidad en las Islas Canarias tras salir temporalmente de Oriente Próximo.

Estos movimientos no se producen por motivos turísticos, el patrimonio cultural, la gastronomía o la naturaleza, sino que vienen dados por factores geopolíticos: la estabilidad política, la conectividad aérea, los visados o la percepción internacional del riesgo.

Viajar se hace más caro

Tras el comienzo de los ataques, a principios de marzo, aeropuertos clave de Oriente Medio como los de Dubái, Doha y Abu Dabi sufrieron cierres o restricciones. Este no es un asunto menor: Oriente Medio concentra el 14 % del tráfico aéreo internacional en tránsito, y Dubái, Abu Dabi, Doha y Baréin mueven juntos unos 526 000 pasajeros al día.

Esta reconfiguración también afecta a otros nodos de conexión aérea. Cuando rutas clave quedan interrumpidas, el tráfico aéreo se redirige hacia otras alternativas más seguras u operativamente estables. El aeropuerto de Estambul, hub de conexión estratégico entre Europa, Asia y África, podría verse beneficiado por la inestabilidad en el Golfo y reforzar su papel como punto intermedio global, captando pasajeros que antes conectaban vía Dubái, Doha o Abu Dabi. Esto tiene implicaciones para el transporte aéreo y también para el turismo urbano: más escalas implican más pernoctaciones, más consumo turístico y mayor visibilidad internacional del destino.

A eso se suma el coste económico directo. El Consejo Mundial del Viaje y el Turismo (WTTC) calcula que el conflicto con Irán está provocando pérdidas diarias de unos 510 millones de dólares para el turismo. Una parte de ese impacto acaba trasladándose al viajero en forma de trayectos más caros, más largos y más inciertos.

Los viajeros también cambian

En contextos de incertidumbre, los turistas ajustan sus decisiones. Aumentan las reservas con cancelación flexible, cobra más importancia el seguro de viaje y crece el interés por destinos cercanos o bien conectados.

También pesa más la relación entre precio y seguridad. Un destino puede seguir siendo atractivo pero si genera dudas o implica más costes muchos viajeros optan por alternativas más simples.

Eso modifica el perfil de la demanda. En 2025, Allianz aumentó un 9 % su facturación en seguros de viaje y las anulaciones concentraron más de la mitad de las incidencias. Se sigue queriendo viajar pero el viajero se vuelve más cauteloso y más sensible al riesgo.

La estabilidad importa

Para muchos destinos, transmitir seguridad, conectividad y previsibilidad se ha convertido en una parte central de su atractivo. Lo que pasa en el Golfo lo demuestra. Dubái, Doha o Abu Dabi habían construido una propuesta basada en lujo, innovación, grandes eventos y eficiencia aeroportuaria. Pero esa ventaja depende de que las rutas funcionen y de que la percepción de seguridad se mantenga. Cuando eso falla, no solo pierde el destino afectado: se reordena el mapa entero.

Por eso algunos países ganan peso. No siempre son los más baratos ni los más espectaculares, sino los que ofrecen menos fricción al viajero: mejores conexiones, menos incertidumbre y una imagen de normalidad.

El principal efecto de la geopolítica sobre el turismo mundial no parece ser, al menos por ahora, un colapso general. Lo que estamos viendo es un sistema más fragmentado, más desigual y más sensible a la percepción del riesgo.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. La guerra en Irán redibuja el mapa del turismo mundial – https://theconversation.com/la-guerra-en-iran-redibuja-el-mapa-del-turismo-mundial-278211

El ADN de un cementerio islámico medieval en Ibiza revela una isla conectada con África

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Ricardo Rodriguez Varela, Research in Molecular Archaeology, Department of Archaeology and Classical Studies, Stockholm University, Stockholm University

Muro defensivo que rodea el Castillo de Eivissa en Dalt Vila, el casco antiguo de Ibiza. Alexandre.ROSA/Shutterstock

Cuando pensamos en la Ibiza medieval, solemos imaginar una pequeña isla en el extremo de Europa. Sin embargo, nuevas evidencias genéticas muestran una realidad muy distinta. Lejos de estar aislada, Ibiza formaba parte de las redes políticas, comerciales y militares del mundo islámico medieval, con conexiones que alcanzaban no solo el norte de África, sino también regiones del África subsahariana.

Las fuentes históricas ya apuntaban en esa dirección. Sabemos que al-Ándalus y el Magreb estuvieron conectados durante siglos por rutas marítimas, intercambios comerciales, movimientos militares y desplazamientos de población. También sabemos que esas redes enlazaban con las rutas transaharianas que llegaban hasta el Sahel y África occidental. Lo que no sabíamos con tanta claridad era hasta qué punto esas conexiones se reflejaban en las personas que vivieron y murieron en lugares concretos como Ibiza.

Relatos desde la tumba

En un estudio publicado en Nature Communications, analizamos el ADN de 13 individuos enterrados en un cementerio islámico de Ibiza entre los siglos X y XII. Combinando datos genéticos, arqueológicos e históricos, reconstruimos patrones de movilidad, mezcla genética y enfermedad en esta comunidad insular medieval.

Ibiza se incorporó al mundo islámico en el año 902, en el marco de la expansión omeya desde Córdoba. Todo indica que aquella integración no fue solo un cambio político: también implicó una profunda reorganización social y la llegada de nuevas poblaciones. A partir de entonces, la isla pasó a formar parte de las redes que unían al-Ándalus, el norte de África y el Mediterráneo occidental.

Los resultados genéticos reflejan esa integración. Las personas analizadas presentan ascendencias relacionadas con Europa, el norte de África y el África subsahariana, a menudo, combinadas en un mismo individuo. Este patrón no concuerda con la hipótesis de una única migración. Más bien apunta a un proceso continuado de movilidad e interacción entre distintas regiones del mundo islámico.

Mapa de los terrotorios musulmanes mediterráneos y transmediterrános en la península ibérica (a). Plan de la excavación en la calle Bartomeu Vicent Ramon, Ibiza, correspondiente al cementerio de Madina Yabisa. Las etiquetas de los enterramientos estudiados aparecen en rojo.
R. R. Varela et al.

Siglo X, tiempo de mestizaje

Al estimar cuándo se mezclaron esas ascendencias, observamos que los componentes genéticos europeos y norteafricanos se combinaron solo unas pocas generaciones antes de la vida de estos individuos. En promedio, esta mezcla parece haberse iniciado poco después de la incorporación de Ibiza al mundo islámico a comienzos del siglo X.

Es decir, la diversidad genética de la isla no fue el resultado de un proceso lento de siglos, sino de una transformación relativamente rápida que, probablemente, ocurrió en Ibiza mismo o en otras regiones del al-Ándalus.

Desde el África subsahariana

Dos individuos resultan especialmente reveladores. Ambos presentan ascendencia subsahariana clara, pero procedente de regiones distintas. Uno muestra afinidades genéticas con poblaciones de Senegambia, en África occidental; mientras que el otro se relaciona más estrechamente con poblaciones del área del Chad, en África central.

Gracias al uso de bases de datos genómicas africanas modernas, hemos podido identificar estos vínculos con una precisión inédita en contextos europeos medievales.

Estos hallazgos encajan bien con el contexto histórico. Ambos individuos datan del periodo almorávide, una etapa en la que las Baleares quedaron integradas en una red política y militar que conectaba el Magreb, al-Ándalus y regiones más meridionales del África occidental. Las fuentes árabes describen precisamente esas rutas de intercambio, comercio y movilidad. El ADN aporta ahora una evidencia biológica directa de que esas conexiones también implicaron desplazamientos humanos.

Ricardo Rodríguez Varela en el laboratorio de ADN antiguo del Centre for Palaeogenetics (Estocolmo).
David Díaz del Molino.

Más allá de la ascendencia

Otro resultado importante del estudio es que religión e identidad cultural no pueden reducirse al origen genético. Uno de los individuos enterrados según el rito islámico presenta muy poca ascendencia norteafricana. Esto recuerda que, en la Iberia medieval, la pertenencia a una comunidad dependía también de la conversión, la lengua, la educación, las normas jurídicas o la integración social, y no solo de la ascendencia biológica.

La investigación no se limita al ADN humano. Así mismo analizamos patógenos antiguos presentes en los restos y detectamos varias infecciones virales, entre ellas el virus de la hepatitis B y el parvovirus B19.

Lepra sin señales de exclusión

De forma especialmente relevante, uno de los individuos portaba Mycobacterium leprae, la bacteria responsable de la lepra. A pesar de ello, fue enterrado siguiendo las prácticas funerarias islámicas habituales y sin señales evidentes de exclusión. Si la enfermedad ya se había manifestado en vida, este hallazgo sugiere que la lepra no implicaba necesariamente estigmatización o segregación en esta comunidad.

En conjunto, los datos apuntan a una sociedad formada por varias fases de movilidad, contacto y mestizaje. La Ibiza medieval, lejos de ser un lugar periférico, formaba parte de un mundo interconectado que unía la península ibérica, el norte de África y el África subsahariana.

En este contexto, el ADN antiguo no sustituye a la arqueología ni a las fuentes escritas. Pero añade una nueva línea de evidencia que permite medir la movilidad humana del pasado y comprender mejor cómo se formaron las sociedades medievales.

The Conversation

Anders Götherström recibe fondos de Vetenskapsrådet (research grant VR2019-00849).

Ricardo Rodriguez Varela no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. El ADN de un cementerio islámico medieval en Ibiza revela una isla conectada con África – https://theconversation.com/el-adn-de-un-cementerio-islamico-medieval-en-ibiza-revela-una-isla-conectada-con-africa-278586

Muere Biruté Galdikas, la última de la trilogía de primatólogas que cambió el destino de los grandes simios

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Sara Alvarez Solas, Directora de Desarrollo Académico Internacional, UNIR – Universidad Internacional de La Rioja

Biruté Galdikas (1946-2026). Algimantas Barzdzius/Shutterstock

El paleoantropólogo británico Louis Leakey (1903-1972) impulsó a tres mujeres que se convirtieron en referentes mundiales en primatología. Grandes científicas, grandes luchadoras por los derechos de los animales y grandes inspiradoras para muchos de nosotros, que intentaremos seguir su legado para cambiar el mundo.

Estas tres mujeres fueron Dian Fosey (1932-1985), quien se desvivió por los gorilas y perdió la vida en esa lucha; Jane Goodall, gran inspiración y luchadora por la conservación de los chimpancés a quien despedimos hace tan solo unos meses; y Biruté Marija Filomena Galdikas, que desarrolló una formidable labor por la conservación de los orangutanes.

Cincuenta y cinco años dedicada a los orangutanes

Aunque quizá algo menos conocida en la cultura popular, Biruté Galdikas fue un gran referente en la ciencia y un pilar fundamental para los orangutanes, a cuya conservación dedicó más de 55 años. Con casi 80 años, murió el 24 de marzo rodeada de sus seres queridos en Los Ángeles, California.

Orangután macho en la reserva de Tanjung Puting, Borneo.
Wikimedia Commons., CC BY-SA

Galdikas fundó Camp Leakey en 1971, en la reserva de Tanjung Puting, en Borneo (Indonesia), donde desarrolló gran parte de sus investigaciones.

Su trabajo, dedicado al estudio de los orangutanes en libertad, cambió el curso de la conservación de estos animales. Nos mostró, a través de sus ojos, todo lo que había aprendido observando su comportamiento, alimentación, reproducción y estructura social durante décadas.

Así, nos enseñó que los orangutanes son más sociales de lo que se pensaba, documentando su comportamiento de forrajeo y su uso de herramientas. Además, describió sus largos ciclos de desarrollo, con una larga infancia y una baja tasa reproductiva, lo que los hace especialmente vulnerables.

El campamento sigue siendo hoy un centro clave de investigación y rehabilitación de orangutanes y un refugio para individuos rescatados del comercio ilegal.

Activista por los derechos de los animales

Pero Biruté Galdikas no solo fue una gran investigadora, sino que también se convirtió en la voz de estos primates ante el mundo.

Destaca su lucha ante la pérdida de hábitat a causa de la palma africana, demostrando que la educación ambiental es una de las principales herramientas para cambiar el destino de las especies en peligro.

Sus iniciativas para la rehabilitación y protección de orangutanes fueron avaladas por muchas instituciones y reconocidas con muchos premios, como el Tyler Prize for Environmental Achievement, el PETA Humanitarian Award, el United Nations Global 500 Roll of Honour, el Leakey Prize, el Golden Ark Award, el Premio Sierra Club Chico Mendes, el Premio Indonesia´s Hero of the Earth, etcétera.

Reflejos del Edén

Presidenta Honorífica del Proyecto Gran Simio, escribió Reflejos del Edén, entre muchas otros libros. En él, cuenta sus primeros 20 años en Borneo, a la sombra de los orangutanes, y destaca no solo la importancia de la conservación, sino también la conexión entre humanos y naturaleza.

px Birute Galdikas en la presentación de su libro, en 2012.
Wikimedia Commons., CC BY-SA

Biruté Galdikas ha demostrado que la investigación es clave para la conservación del hábitat de estos majestuosos animales.

Nos abrió los ojos para mostrarnos que, a través de la empatía y el conocimiento podemos invitar a la acción para forjar la coexistencia entre humanos y orangutanes. Con sus acciones de educación ambiental nos recordó que es urgente nuestra implicación para conservar una especie altamente amenazada por la caza furtiva y la destrucción de su hábitat, principalmente, debido a la expansión de la palma africana.

Entre todos podemos marcar la diferencia. Las pequeñas acciones hacen el cambio, y nosotros podemos cambiar nuestras costumbres e inclinarlas hacia las buenas prácticas. Juntos, podemos ayudar a que perdure la misión de una gran mujer, o mejor dicho, de tres grandes mujeres que nos han pasado el testigo.

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Sara Alvarez Solas no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Muere Biruté Galdikas, la última de la trilogía de primatólogas que cambió el destino de los grandes simios – https://theconversation.com/muere-birute-galdikas-la-ultima-de-la-trilogia-de-primatologas-que-cambio-el-destino-de-los-grandes-simios-279270

Meta y Google, declaradas culpables de provocar adicción: ¿un precedente a seguir en Europa y España?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Francesc Feliu Pamplona, Profesor experto en litigación administrativa y responsabilidad sanitaria, Universitat de Barcelona

Jack_the_sparow/Shutterstock

Un jurado de Los Ángeles ha marcado un antes y un después. Una histórica sentencia del pasado 25 de marzo de 2026 condena a a Google –propietaria de YouTube– y a Meta –matriz de Instagram, Facebook y WhatsApp– a indemnizar con tres millones de dólares a una joven por los daños causados por el “diseño adictivo” de sus plataformas. No es solo una noticia de alcance internacional; es un espejo en el que Europa y, concretamente España, podrían seguir su ejemplo.

El diseño, encontrado “culpable”

El veredicto es revolucionario por su enfoque: no juzga el contenido, sino la arquitectura misma de la adicción. Y ante esta nueva frontera de la responsabilidad digital, la pregunta es ineludible: ¿contamos en nuestro ordenamiento con las herramientas para seguir ese camino? La respuesta es un sí rotundo.

Esta sentencia abre la puerta a la exigencia de responsabilidades en España, que ya cuenta con un arsenal jurídico preparado para proteger a los usuarios de algoritmos manipuladores.

En Europa, la IA bajo sospecha

El primer gran pilar para construir un caso similar en Europa ya está en pie. El reciente Reglamento de Inteligencia Artificial de la UE, una normativa pionera a nivel mundial, establece líneas rojas muy claras. Tal y como se ha debatido en el seno del Parlamento europeo, la ley prohíbe explícitamente aquellos sistemas de IA que utilicen técnicas subliminales que trascienden la conciencia humana para alterar el comportamiento de una persona de manera que le cause un perjuicio.

Su artículo 5 establece las “prácticas de inteligencia artificial prohibidas”, y ahí se incluyen los sistemas de IA que:

  • Tengan como objetivo o efecto alterar de manera sustancial el comportamiento humano con la probabilidad de causar perjuicios considerables.

  • Utilicen componentes subliminales (estímulos que trascienden la percepción humana) u otras técnicas manipulativas o engañosas que perjudiquen la autonomía y la capacidad de elección de las personas.

¿Acaso no es esta una descripción precisa de los algoritmos de diseño adictivo?

Mecanismos como el scroll infinito, la reproducción automática por defecto o el sistema de notificaciones constantes no son meras funcionalidades; son técnicas de ingeniería conductual diseñadas para capturar y retener nuestra atención, a menudo, explotando vulnerabilidades psicológicas que se acentúan cuando los usuarios, además, son menores de edad.

Actúan en un plano que escapa al control consciente del usuario, generando patrones de uso compulsivo. La nueva normativa europea, por tanto, no solo los regula, sino que los podría considerar directamente ilegales, abriendo una vía directa para reclamar contra quienes los diseñan y despliegan.

Arsenal jurídico español: un abordaje integral

Más allá de la normativa europea de futuro, la legislación española vigente ofrece un completo abanico de instrumentos para hacer frente a este desafío.

De forma sorprendentemente premonitoria, nuestro ordenamiento ya reconoce las adicciones “sin sustancia”. El artículo 2 de la Ley 1/2016, de atención integral de adicciones y drogodependencias, considera como adicciones comportamentales “las conductas excesivas en el uso de las tecnologías digitales y sus nuevas aplicaciones y, en particular, las relacionadas con el uso de las redes sociales y los videojuegos”.

La ley no solo lo reconoce, sino que en su artículo 51 insta a las administraciones a desarrollar medidas para prevenir los riesgos de su uso excesivo. Esto proporciona una base legal sólida para argumentar que el diseño que fomenta activamente estas conductas es, en sí mismo, una práctica ilícita.

Protección reforzada de los menores

El caso de Los Ángeles se centró en los daños sufridos por una joven que se volvió adicta durante su infancia. En España, la Ley Orgánica 8/2021, de protección integral a la infancia y la adolescencia frente a la violencia, establece, en su artículo 46, el deber de las administraciones de fomentar “entornos digitales seguros” y de colaborar con el sector privado para proteger a los menores de contenidos y contactos nocivos. Un diseño que genera adicción es, por definición, un entorno digital inseguro para un menor.

Por otra parte, la Ley Orgánica 3/2018, de Protección de Datos Personales y garantía de los derechos digitales, es otra pieza clave, ya que los algoritmos adictivos se nutren de la ingente cantidad de datos personales que recopilan para crear perfiles conductuales ultrapersonalizados. Esta práctica choca frontalmente con la exigencia de un consentimiento libre e informado.

¿Puede considerarse “libre” un consentimiento prestado en una interfaz diseñada para manipular la voluntad del usuario? La respuesta “parece” negativa.

La responsabilidad de las plataformas: del diseño defectuoso al delito

El argumento central en el caso estadounidense –la responsabilidad por el diseño y no por el contenido– es la llave maestra que también podría abrir las puertas de los tribunales en España, pues es un precedente de suma importancia.

En este país y en Europa también tenemos normativa encamina a la protección de los usuarios frente a esas empresas multinacionales.

La Ley de servicios digitales (DSA) europea impone a las plataformas de muy gran tamaño la obligación de evaluar y mitigar los “riesgos sistémicos”, entre los que se incluyen los efectos negativos para la salud mental.

Esto va más allá de la mera moderación de contenidos. Un diseño adictivo es un riesgo sistémico inherente a la propia estructura del servicio. Esto permite superar el tradicional “puerto seguro” del artículo 16 de la Ley 34/2002, de 11 de julio, ya que la plataforma no actúa como un mero intermediario, sino como el arquitecto activo de un entorno perjudicial.

En la misma línea, la reciente Directiva 2024/2853 del Parlamento Europeo y del Consejo, de 23 de octubre de 2024, sobre responsabilidad por productos defectuosos, que incluye el software y la IA, ofrece otra vía prometedora. Un algoritmo o una plataforma digital pueden ser considerados un “producto”. Si su diseño intrínseco causa un daño demostrado (como la adicción y los problemas de salud mental derivados), podría ser calificado como “defectuoso”, generando una responsabilidad civil directa para su desarrollador.

La vía penal, en los casos más graves

Un diseño algorítmico que, de forma deliberada y con conocimiento de sus efectos, cause un deterioro grave de la salud psíquica de una persona, especialmente si es vulnerable como un menor, podría ser analizado bajo el prisma de los delitos que atentan contra la integridad moral (art. 173 a 177 del Código Penal español).

Ahora bien, hace falta voluntad política y también valentía para enfrentarse judicialmente a estas empresas multinacionales. España y Europa no solo pueden, sino que deben tomar nota de que sí se puede.

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Francesc Feliu Pamplona no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Meta y Google, declaradas culpables de provocar adicción: ¿un precedente a seguir en Europa y España? – https://theconversation.com/meta-y-google-declaradas-culpables-de-provocar-adiccion-un-precedente-a-seguir-en-europa-y-espana-279356

¿Por qué necesitamos los ‘me gusta’? El apego en tiempos de hiperconexión digital

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Julia Lijián, Personal Investigador en Formación, Universidad de La Rioja

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¿Mira el móvil esperando un mensaje que no llega? ¿Prefiere mantener distancia y contestar solo cuando le apetece? ¿A veces busca cercanía pero, cuando la tiene, siente la necesidad de alejarse? ¿Revisa una y otra vez quién ha visto sus historias o dado like a sus publicaciones?

Estas pequeñas reacciones apuntan directamente a nuestro estilo de apego. Es decir, la forma en que nos vinculamos con las personas y cómo buscamos cercanía y seguridad. Desde la infancia hasta la edad adulta, el apego moldea nuestras relaciones. Y hoy, en un mundo hiperconectado, también se cuela en nuestros chats, en los likes y en ese scroll que parece no tener fin.

Nuestro campamento base

Para explicar mejor la teoría del apego, formulada por John Bowlby, podemos usar como metáfora una excursión por la montaña.

Cada persona tiene su propio campamento base: un lugar donde descansar, recargar energías y sentirse a salvo. Ese campamento es, precisamente, la fuente de apego; o dicho de otro modo, las personas importantes en nuestra vida. Pero no todos nos relacionamos con ese campamento de la misma manera. La frecuencia con la que volvemos a él, la confianza con la que nos alejamos y la forma en que comprobamos que “sigue ahí” configuran nuestro estilo de apego.

Cuando una persona confía en que el campamento permanece disponible, puede explorar la montaña con seguridad y regresar solo cuando necesita provisiones: es el apego seguro. Si en lugar de eso, la mirada se dirige una y otra vez hacia el campamento, como si existiera el temor de perderlo de vista, estamos ante un apego ansioso.


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También hay quien prefiere mantenerse a distancia y depender lo menos posible de su refugio: al habla el apego evitativo. Y en algunos casos, acercarse al campamento no resulta del todo tranquilizador; es refugio y, al mismo tiempo, fuente de inquietud. Se trata de la desorientación propia del apego desorganizado.

Por tanto, es la forma en que nos relacionamos con ese “campamento”, más que el campamento en sí, la que modela cómo nos vinculamos, cómo buscamos intimidad y cómo regulamos la distancia y la soledad.




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Un imperativo biológico

El apego es un imperativo biológico tan antiguo como nuestra especie. Su función es simple y esencial para la supervivencia: ayudarnos a sentir protección y seguridad cuando las figuras importantes no están presentes.

En la infancia, se traduce en buscar el regazo de una persona cuidadora; en la vida adulta, en llamar a alguien o quedar para tomar un café; y en la era digital, en recibir un me gusta, comprobar el doble check o subir un story a instagram.

Acciones cotidianas como hacer scroll, revisar publicaciones o comprobar si esa persona está conectada son, en esencia, estrategias para reducir la distancia emocional y sostener el vínculo con las personas que nos importan.

Objetos de transición: mantitas y peluches… digitales

Durante la infancia, muchas personas se apegan intensamente a objetos, como una mantita o un peluche. Son los llamados “objetos de transición”, puentes que tienden a minimizar la polarización entre ausencia y presencia. Simbolizan y proveen cercanía, calma y seguridad cuando la figura de apego no se encuentra disponible.




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Sin embargo, en este nuevo paradigma digital, esos objetos han cambiado de forma. Las mantitas y los peluches han sido desplazados por los smartphones, a los que el filósofo surcoreano Byung-Chul Han ha denominado “peluches digitales”.

Este término no alude solo al dispositivo en sí, sino a todas las experiencias que posibilita: un chat fijado con su mejor amigo, una playlist en Spotify cuando baja el ánimo o scrollear infinitamente cuando aparece el nerviosismo o ante la necesidad de evasión y de búsqueda de emociones placenteras.

Estas experiencias ofrecen continuidad, previsibilidad y una sensación de disponibilidad permanente, tres ingredientes clave de la seguridad afectiva. O, como bien habrá identificado, fuente de apego seguro. Y es que, en palabras de Han: “El mundo parece estar digitalmente a mi entera disposición”.

Estilos de apego en el entorno digital

Basta con detenerse un momento a observar el propio uso del móvil para que seamos capaces de “autodefinir” nuestro estilo de apego.

¿Revisamos mensajes constantemente, esperamos respuestas inmediatas o medimos la interacción en me gusta y visualizaciones? El teléfono se convierte entonces en una especie de “base segura” portátil: un lugar al que acudir en busca de señales inmediatas de relación y validación. Así se manifiesta el apego ansioso en el entorno digital.

¿Respondemos a nuestro propio ritmo, marcamos distancia y evitamos una disponibilidad constante? La comunicación digital permite regular la necesidad de espacio personal, mantener distancia emocional y ejercer un control ilusorio ante el temor al abandono o al rechazo social. Este uso del smartphone representa el apego evitativo.

¿Buscamos conectar con alguien, pero cuando lo hacemos sentimos incomodidad o desconfianza? ¿Nos acercamos para luego alejarnos? Es lo que define un patrón de apego desorganizado.

El espacio virtual intensifica la dualidad y la ambivalencia al percibir escenarios y realidades paralelas: mi “yo online” versus mi “yo offline”. En este punto, nacen nuevas formas de comunicación afectiva de las que seguramente haya oído hablar: el ghosting, el love bombing o el breadcrumbing, entre otras muchas. Y desde luego, cada una daría para un artículo completo por sí sola.

Del mundo real al digital

Es posible que, mientras leía este artículo, se haya reconocido en más de un estilo de apego. Y es normal: aunque suele tener una tendencia dominante, no es algo puramente rígido. Según el contexto, cómo nos sintamos o el tipo de relación que tengamos con otras personas, podemos transitar entre distintos patrones de apego.

Concretamente, las personas con apego seguro mantienen un uso equilibrado y saludable en sus relaciones virtuales. Usan las redes sociales para conservar y fortalecer el contacto, pero el vínculo lo sostienen sobre todo fuera de la pantalla.

Sin embargo, incluso cuando en la vida offline existe un buen equilibrio, el entorno digital introduce dinámicas que pueden activar comportamientos propios de estilos de apego más inseguros.




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Muchas aplicaciones están diseñadas para generar respuestas intermitentes y gratificantes: número de likes, reacciones inesperadas o mensajes que llegan sin preaviso. Además, estas “comunicaciones digitales” introducen aspectos como la ambigüedad, la comparación social o señales emocionales poco claras.

Como resultado, es común que aparezcan conductas más impulsivas u obsesivas: revisar el móvil con frecuencia, estar pendiente de las notificaciones o sentir que el dispositivo debe estar siempre a mano, casi como si fuera una extensión del propio cuerpo.

No se trata de un cambio en el estilo de apego, sino de que el contexto digital modifica temporalmente su funcionamiento, creando condiciones que favorecen una mayor desregulación emocional y afectiva. Incluso personas con una base segura pueden experimentar momentos de incertidumbre, ansiedad o tensión en sus vínculos a través de su smartphone.

Hacia una conexión más saludable

Los espacios digitales se han convertido en el escenario principal de nuestras relaciones. No reemplazan los lazos tradicionales, pero sí los transforman y reconfiguran.

Observarnos sin juicio, notando cuándo usamos el móvil por auténtico deseo de conexión y cuándo por ansiedad o necesidad de control, nos da poder de decisión en lugar de una reacción automática. Gestos simples pueden marcar la diferencia: espaciar las comprobaciones del “en línea”, reconocer cuándo scrolleamos por aburrimiento o priorizar el contacto humano frente a interacciones asíncronas y superficiales.

Es una oportunidad para tomar conciencia y relacionarnos de una forma más equilibrada en un mundo hiperconectado. Así, el teléfono dejará de ser un “peluche” al que aferrarnos por miedo y se convertirá en una herramienta al servicio de algo profundamente humano: conectar, consolarse y sentirse parte de algo más grande.

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Julia Lijián recibe fondos del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades para la formación de profesorado universitario
correspondiente al año 2024, en el marco del Plan Estatal de Investigación Científica, Técnica y de Innovación (PEICTI) 2024-2027.

Raquel Falcó no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ¿Por qué necesitamos los ‘me gusta’? El apego en tiempos de hiperconexión digital – https://theconversation.com/por-que-necesitamos-los-me-gusta-el-apego-en-tiempos-de-hiperconexion-digital-277675