Vuelven los piratas en pleno conflicto en el golfo Pérsico

Source: The Conversation – (in Spanish) – By José Luis Zamora Manzano, Catedrático de Derecho romano, Universidad de Las Palmas de Gran Canaria

Bandera pirata Melnikov Dmitriy/Shutterstock

El pulso entre Irán, Israel y Estados Unidos no solo se libra en el terreno diplomático o militar: sus efectos ya se dejan sentir en las rutas marítimas que sostienen la economía global.

La amenaza de una interrupción del tráfico en el estrecho de Ormuz se ha convertido en un factor clave de la actual reconfiguración geopolítica, con consecuencias que van más allá del encarecimiento del crudo. Afecta al comercio internacional, tensiona las cadenas de suministro y, de forma menos visible, pero no menos relevante, está favoreciendo el resurgimiento de la piratería en la región.

La piratería somalí ha sido contenida por operaciones como la ATALANTA de la EUNAVFOR, que en la actualidad está prorrogada hasta 2027. Sin embargo, esta nueva situación política ha provocado un desplazamiento de buques hacia las zonas de conflictos en defensa de antimisiles e interceptación de drones que ha sido aprovechada por los grupos de criminales que operan en el Golfo de Adén y el estrecho de Mandeb o Bab el-Mandeb.

Ahora bien, la actividad de piratería frente a las costas de Somalia ha vuelto a emerger desde finales de octubre de 2025, con grupos de acción pirata coordinados que operan a gran distancia de la costa, en la cuenca de Somalia y el océano Índico adyacente, lo que marca una escalada significativa tras varios años de relativa calma y que se puede ver agudizada con el conflicto actual.

137 incidentes en 2025

La piratería, según la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar (UNCLOS) de 1982, se define en su artículo 101 como “todo acto ilegal de violencia o de detención o todo acto de depredación cometidos con un propósito personal por la tripulación o los pasajeros de un buque privado o de una aeronave privada y dirigidos: (i) contra un buque o una aeronave en alta mar o contra personas o bienes a bordo de ellos; (ii) contra un buque o una aeronave, personas o bienes que se encuentren en un lugar no sometido a la jurisdicción de ningún Estado”.

Que la economía global del crudo se vea afectada por las rutas que están siendo afectadas por la guerra, producirá un incremento en la piratería, como se extrae del último informe de la International Maritime Bureau (Oficina Internacional Marítima), que reporta un total de 137 incidentes durante el pasado año.

Enemigos de toda la humanidad en Roma

El fenómeno no es nuevo. En la Antigua Roma ya tenían claro que los piratas no eran simples ladrones del mar, sino una amenaza total. No solo asaltaban barcos: saqueaban ciudades, secuestraban personas y extendían la violencia tierra adentro. Por eso fueron definidos como hostes humani generis (enemigos de toda la humanidad), una etiqueta que justificaba su persecución implacable por parte del poder romano.

No obstante, esta condena no impidió que Roma adoptara posiciones pragmáticas en determinados contextos. Así ocurrió con la piratería cilicia –operaba principalmente desde la escarpada región de Cilicia Tráquea (actual Turquía)–, cuya actividad llegó a ser tolerada, cuando no indirectamente aprovechada, en función de intereses estratégicos frente a determinados reinos helenísticos.

La piratería surge allí donde se repite una misma combinación explosiva. De un lado, costas abruptas y difíciles de controlar, con pocos recursos, que empujan a mirar al mar como única salida. En segundo lugar, Estados débiles, incapaces de vigilar sus aguas, que dejan abiertos auténticos corredores sin ley en rutas clave del comercio mundial. Y, sobre todo, surge donde la pobreza, la falta de oportunidades y las tensiones geopolíticas convierten la piratería en negocio, en refugio o incluso en estrategia.

De piratas a agricultores y pescadores

Pompeyo, investido de amplios poderes extraordinarios por la Lex Gabinia de piratis persequendis (67 a.C.), logró neutralizar en gran medida la amenaza pirática en el Mediterráneo. Más allá de la represión militar, lo consiguió desarrollando una estrategia de integración con clara dimensión política: promovió la reubicación de antiguos piratas en territorios despoblados, especialmente en Cilicia, como Solos, donde se incentivó su dedicación a la agricultura como medio de vida estable. Esta política no solo reducía la reincidencia, sino que contribuía al control y reorganización del territorio.

Un paralelismo contemporáneo puede observarse en iniciativas impulsadas por la FAO y la Unión Europea en Somalia, donde la instalación de FADs (Dispositivos de concentración de peces o Fish Aggregating Devices) incrementa la productividad pesquera, genera empleo y ofrece alternativas sostenibles frente a la piratería.

España la borró del Código Penal

Curiosamente, aunque la piratería ha acompañado a la humanidad desde las riberas del Mediterráneo romano, en España el Código Penal de 1995 decidió borrarla del mapa jurídico, considerándola una figura anacrónica. El resultado fue paradójico: la Audiencia Nacional quedó sin un tipo penal específico para juzgar ataques en aguas internacionales, creando un vacío legal difícil de entender en pleno siglo XXI, cuando los piratas vuelven a surcar mares estratégicos y las rutas comerciales se convierten en terreno de riesgo global. Una lección de historia y derecho que recuerda que el pasado nunca se aleja del todo.

Esta laguna legal quedó en evidencia durante el caso del barco Alakrana, en 2009, cuando la falta de una norma clara dificultó la aplicación de la jurisdicción universal. Eso obligó a los tribunales a encajar los hechos en delitos genéricos de robo o detención ilegal, cuya persecución internacional es más compleja.

Para corregir este vacío, la Ley Orgánica 5/2010 reintrodujo la piratería en los artículos 616 ter y 616 quater. El primero castiga con penas de 10 a 15 años a quien, mediante violencia o engaño, se apodere o dañe una embarcación o aeronave; mientras que el segundo extiende la responsabilidad penal a quienes colaboren en la planificación o financiación de estos actos, dotando finalmente a la justicia española de las herramientas necesarias para procesar estos crímenes globales.

Piratería tradicional y otras formas de violencia marítima

Más allá de las leyes estatales, para plantar cara a los delitos de pirateria es preciso articular mecanismos de colaboración internacional a través de instancias como la IMB PRC (International Maritime Bureau), la OMI(Organización Marítima Internacional), el MDAT-GoG (Maritime Domain Awareness for Trade – Gulf of Guinea) y la ReCAAP(Regional Cooperation Agreement on Combating Piracy and Armed Robbery against Ships in Asia).

Después de todo, nos encontramos ante un fenómeno estructural y persistente, cíclico, que se adapta a los distintos contextos históricos. Y en el que confluyen la piratería tradicional y nuevas formas de violencia marítima próximas al terrorismo, afectando gravemente a la seguridad de la navegación y al comercio internacional.

A estos riesgos se suman hoy desafíos emergentes como la ciberseguridad y el uso de tecnologías avanzadas, incluida la inteligencia artificial, que amplían las capacidades operativas de actores ilícitos.

Todo ello se ve intensificado por el actual escenario de inestabilidad global, donde conflictos armados y tensiones comerciales están reconfigurando las rutas marítimas.

The Conversation

José Luis Zamora Manzano no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Vuelven los piratas en pleno conflicto en el golfo Pérsico – https://theconversation.com/vuelven-los-piratas-en-pleno-conflicto-en-el-golfo-persico-279076

La trazabilidad en la moda: de obligación regulatoria a ventaja estratégica

Source: The Conversation – (in Spanish) – By María Tamames Sobrino, Investigadora en Sostenibilidad, ESG y Trazabilidad, UDIT – Universidad de Diseño, Innovación y Tecnología

DimaBerlin/Shutterstock

Cuando compramos una prenda solemos fijarnos en el precio, el diseño o la marca. Sin embargo, rara vez nos interesamos por el lugar de procedencia, quién cultivó el algodón, dónde se tiñó el tejido o en qué condiciones se confeccionó.

Esta falta de visibilidad no es accidental. Durante décadas ha formado parte estructural del modelo de producción de la moda. Pero ese paradigma está cambiando. No solo porque hay una mayor sensibilidad medioambiental o social, sino por una transformación más profunda: la trazabilidad está dejando de ser una herramienta técnica para convertirse en una oportunidad estratégica.

Más que saber ‘de dónde viene’

Durante años, la trazabilidad se entendió como una cuestión vinculada al control de calidad o a la gestión de riesgos en la cadena de suministro. Su función principal era reactiva: localizar fallos o responder ante incidentes.

Sin embargo, el nuevo marco regulatorio europeo exige a las empresas información verificable sobre composición, origen, impactos ambientales, aspectos sociales y circularidad del producto.

En este contexto, la trazabilidad pasa a funcionar como una herramienta transversal que conecta regulación, estrategia empresarial, gestión operacional y comunicación con el consumidor.

El verdadero motor del cambio: el dato

Analizamos cómo puede ayudar la trazabilidad a mejorar la toma de decisiones y reforzar la confianza, el posicionamiento y la competitividad de las empresas del sector textil. Nuestro estudio muestra un hallazgo clave: los factores de gobernanza (como la transparencia y el cumplimiento normativo) superan a los medioambientales y sociales como principales habilitadores de la trazabilidad.

Este resultado cuestiona el enfoque tradicional de la sostenibilidad en la moda, históricamente dominado por la dimensión medioambiental, y refuerza la idea de que el reto central ya no es solo reducir impactos, sino medirlos, validarlos y gestionarlos de forma fiable.

Gobernanza del dato y enfoque de impacto

Proponemos conectar las cuestiones medioambientales, sociales y de gobernanza (fatores ESG) con los requisitos de trazabilidad para que esta deje de ser una herramienta de cumplimiento y pase a ser un elemento estratégico.

Entendiendo la sostenibilidad como un sistema de gobernanza interdependiente –en el que que las decisiones ambientales, sociales y económicas se toman de forma conjunta y se integran en la estrategia central de la organización–, la propuesta es que el modelo ESG evolucione desde el reporting hacia un instrumento de gestión del impacto.




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Los resultados de nuestro estudio muestran que variables como la transparencia del dato, la colaboración entre actores, la capacidad de innovación, la efectividad de los sistemas de gestión y el cumplimiento normativo son clave para activar esquemas efectivos de trazabilidad.

Sin estas estructuras de gobernanza, los datos ambientales y sociales existen pero permanecen fragmentados, no son comparables y tienen poca capacidad para informar para la toma de decisiones estratégicas.

De obligación regulatoria a ventaja competitiva

Aunque muchas empresas perciben la trazabilidad como una carga regulatoria, podría ser una fuente de ventaja competitiva al fortalecer las capacidades organizativas, apoyar la innovación y mejorar la gestión del riesgo.

Contar con datos sólidos permite mejorar la toma de decisiones estratégicas, identificar riesgos en las cadenas de suministro, reforzar la confianza de los inversores y reguladores, y diferenciarse en mercados cada vez más exigentes.

Desde esta perspectiva, la trazabilidad deja de ser un coste de cumplimiento para convertirse en un activo.

Consumidores, transparencia y riesgo de ‘greenwashing’

El consumidor también está cambiando. Aunque el precio sigue siendo determinante, crece el interés por conocer el origen y el impacto de los productos. Herramientas como los códigos QR conectan el producto físico con su huella digital.

No obstante, diversos autores advierten que sin sistemas robustos de verificación esta transparencia puede derivar en greenwashing y pérdida de credibilidad. La confianza del consumidor depende también de la calidad y gobernanza del dato.

La trazabilidad no es solo una cuestión tecnológica, también implica cambios organizativos, culturales y estratégicos. Las empresas necesitan establecer estándares comunes, invertir en sistemas de recogida y validación de datos, colaborar con sus grupos de interés y alinear la trazabilidad con la gestión ESG diaria. Esto supone pasar de una lógica de control puntual a una de aprendizaje continuo y toma de decisiones basada en el impacto.

El futuro de la moda será trazable

Los cambios regulatorios y tecnológicos en el sector textil avanzan de forma conjunta. La digitalización está haciendo visible lo que antes permanecía oculto.

En este escenario, la pregunta es: ¿qué empresas sabrán integrarla como herramienta de innovación estratégica y no solo como respuesta normativa?

La trazabilidad no trata solo de seguir productos sino de gobernar información fiable. En una economía cada vez más basada en datos, esa capacidad puede marcar la diferencia.

The Conversation

María Tamames Sobrino no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

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¿Puede un bebé entretenerse solo? Propuestas de juego autónomo sin pantallas

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Mª Pilar Rodrigo Moriche, Prof. Ayudante Doctor del departamento de Pedagogía – Directora Escuela UAM de Animación, Universidad Autónoma de Madrid

OlhaTsiplyar/Shutterstock

Cualquier persona con hijos pequeños sabe que la atención que requiere un bebé no es comparable a ninguna otra exigencia de la vida cotidiana. Por muy implicados que estemos y por mejores intenciones que pongamos en la crianza, es inevitable no poder responder siempre al 100 %.

Desde un viaje en autobús a la espera en una visita médica, pasando por una llamada urgente que es indispensable atender o simplemente preparar una comida, en la vida cotidiana hay multitud de situaciones en las que es necesario que se “entretenga” un rato solo. Pero a menudo, basta que el niño o niña note que no estamos pendientes de ellos para que reclamen más nuestra atención.

En estos momentos recurrimos a lo más accesible y eficaz a corto plazo: un vídeo en un soporte digital, cuyos colores, movimientos y sonidos garantizan mantenerle absorto por unos minutos.

Sin embargo esta herramienta tan útil conlleva multitud de desventajas a medio plazo. Por eso, en este artículo queremos proponer microescenarios de juego libre diseñados intencionalmente, en los que sostener la autonomía del niño y fomentar su desarrollo.

Cinco objetos, mejor que una pantalla

Bien planeados y elegidos, a estas edades basta con disponer de dos a cinco objetos abiertos –es decir, materiales no estructurados que pueden usarse de muchas maneras– y seguros, que inviten a llenar, vaciar, encajar, apilar, transportar o abrir y cerrar, siguiendo la lógica del cesto de los tesoros y del juego heurístico, es decir, aquel que se desarrolla sin intervención de nadie ni nada más que la propia imaginación del niño.




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Situar estos materiales en un espacio delimitado, como una manta o alfombra, proporciona contención y comunica al niño que ese es su lugar de exploración autónoma mientras el adulto realiza otra tarea cercana.

Ayuda también incorporar un ritual breve de inicio y cierre –un par de frases constantes– que estructura el tiempo y favorece la autorregulación emocional. Por ejemplo, iniciar con una frase como: “Ahora toca explorar. Toma tu bolsita de sorpresas”; y cerrar diciendo: “Ya hemos terminado. Vamos a recoger”.

Kits de objetos transportables

Los objetos seleccionados pueden concretarse en kits transportables para distintos contextos:

  • En la mesa de casa o un restaurante, bebés de 0–12 meses pueden explorar una cuchara de madera, un aro de silicona y un pañuelo con nudos durante breves periodos de 5–10 minutos.

  • Entre 12 y 24 meses, una minibolsa con 10–12 objetos cotidianos seguros y en pares permite pequeños ciclos de clasificación y descubrimiento a través del juego heurístico.

  • Entre 24 y 36 meses, materiales como contenedores, pinzas grandes y tapones favorecen “proyectos” autónomos mientras el adulto observa sin dirigir.

Conviene ofrecer pocos objetos cada vez: entre uno y cinco, según la edad, porque un exceso de estímulos dispersa su atención y dificulta una exploración profunda. Menos es más: cuando los materiales son escasos y seleccionados, el niño puede dedicarles más tiempo, repetir acciones y descubrir nuevas posibilidades.

También ayuda alternar los objetos cada cierto tiempo para que vuelvan a resultar interesantes sin saturar el entorno. En las primeras ocasiones es útil acompañar brevemente, mostrando cómo manipular con calma y dejando espacios de silencio; poco a poco, el bebé va replicando esta rutina de manera autónoma.

Tubos, cremalleras, roscas y cojines

En el autobús o en el coche, un tubo transparente con piezas y un pañuelo facilitan acciones repetitivas y calmadas sin necesidad de sonido; en una sala de espera, un pequeño set de “abrir y cerrar” –monedero con cremallera grande sin monedas, bote con tapa de rosca y cinta con broches– sostiene la concentración y la motricidad fina; y en una tarde de lluvia, un sencillo circuito motriz con cojines y una caja-túnel, seguido de una transición a la mesa baja con actividades de precisión, permite la secuencia moverse → representar → calmar.

En todos los casos, la seguridad es imprescindible: materiales mayores de 4 centímetros para menores de 3 años, revisión frecuente para evitar roturas, ausencia de piezas pequeñas sueltas y supervisión visual intermitente.




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A más pantallas, más aburrimiento

En cambio, recurrir a las pantallas –sea en móviles, tabletas o pantallas de televisión– antes de tiempo o demasiado a menudo puede empobrecer ciertas experiencias esenciales en la primera infancia (el contacto corporal, el tiempo compartido, la espontaneidad, la exploración sensorial…).

Por supuesto, esto no quiere decir que las videollamadas breves con familiares no sean una excepción positiva. Simplemente es importante entender que la exposición a estímulos intensos pero que no invitan al movimiento, como son los vídeos, “resuelven” un momento puntual, pero no contribuyen a crear una rutina de entretenimiento autónomo saludable. Más bien al contrario, harán al niño más dependiente de este tipo de estímulos y menos interesado en otros más pausados e interactivos, como indican estudios recientes.

Por eso, tanto la Organización Mundial de la Salud como la Asociación de Pediatría Española recomiendan evitar pantallas completamente antes de los 12 o 18 meses. Incluso recientes investigaciones elevan la edad hasta los 6 años.

Sabiendo esto, la próxima vez que sintamos la necesidad de recurrir a la pantalla en un momento dado, pensemos si no es posible sustituirla por algo más físico y manipulable. Fomentar la exploración autónoma con estos objetos y estrategias no solo contribuye a un mejor desarrollo motriz y cognitivo, sino que sienta las bases para una manera de entender el ocio y el juego de forma más presencial y paciente, y menos dependiente de estímulos externos.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. ¿Puede un bebé entretenerse solo? Propuestas de juego autónomo sin pantallas – https://theconversation.com/puede-un-bebe-entretenerse-solo-propuestas-de-juego-autonomo-sin-pantallas-275578

Cuando las matemáticas contradicen el sentido común: tres paradojas cotidianas

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Daniel García de Vicuña Bilbao, Profesor Ayudante Doctor, Universidad Pública de Navarra

Versión mallorquina del juego de la oca. Gabriel Guasp, Palma, siglo XVII. Wikimedia Commons.

Si nos dicen que una prueba médica es fiable al 99 %, asumimos que un resultado positivo implica casi con total seguridad que tenemos la enfermedad. Si reunimos a 25 personas en una sala, pensamos que sería rarísimo que dos cumplieran años el mismo día. Y, si avanzamos casillas en un tablero tirando un dado, creemos que cuanto más lejos esté una casilla del inicio, más probable será pasar por ella. En los tres casos, nuestra intuición nos engaña.

La probabilidad es uno de los ámbitos donde el sentido común falla de forma más sistemática, no porque seamos poco inteligentes, sino porque nuestra mente no está diseñada para manejar bien combinaciones múltiples, tasas bases o procesos acumulativos. Tres ejemplos clásicos lo muestran con claridad.

La paradoja de la oca: lo más probable es caer en la casilla 6

Imaginemos un tablero infinito, sin casillas especiales. No hay “de oca en oca”, ni puentes, ni retrocesos. Empezamos en la casilla 0 y en cada turno lanzamos un dado de seis caras y avanzamos el número obtenido. La pregunta es sencilla: ¿cuál es la probabilidad de caer en cada casilla del tablero? Para llegar a la casilla 1 solo hay una posibilidad: sacar un 1. Probabilidad de 1/6, aproximadamente 0,167 o 16,7 %. Para llegar a la casilla 3 ya hay varias combinaciones posibles: 1+1+1, 2+1, 1+2, 3. Cuatro caminos distintos. Si sumamos sus probabilidades, obtenemos aproximadamente 0,227 o 22,7 %.

A medida que aumentamos el número de casilla, la cantidad de combinaciones posibles crece muy rápidamente. Y aquí aparece nuestra intuición: parecería lógico que, cuanto más lejos esté una casilla, mayor sea la probabilidad de pasar por ella, hasta que esa probabilidad se estabilice, es decir, alcance un valor al que se acerca cada vez más y que apenas varía aunque sigamos avanzando por el tablero. Pero eso no es lo que ocurre. El resultado sorprendente es que la casilla más probable de todo el tablero es la 6, y, dejando aparte las tres primeras, la menos probable es la 7.

Aparece así una oscilación en las probabilidades que disminuye hasta acabar estabilizándose en un valor concreto. En términos matemáticos, estamos ante lo que se conoce como un proceso de renovación.

Lo interesante es que no solo podemos describir este comportamiento inicial, poco intuitivo, sino también calcular exactamente el valor al que se estabiliza la probabilidad de caer en casillas muy alejadas del origen. Y el resultado depende únicamente del avance medio en cada tirada. Con un dado justo avanzamos 3,5 casillas por turno, de media, por tanto, la probabilidad límite se aproxima a 1/3,5≈0,29.

Figura 1. Probabilidad de caer en cada casilla del tablero.

La intuición esperaba una subida progresiva y suave. Las matemáticas, en cambio, muestran picos tempranos, oscilaciones inesperadas y una estabilización final. Este choque entre lo que “parece lógico” y lo que realmente ocurre no es exclusivo de un tablero imaginario.

Nuestra mente está extraordinariamente bien adaptada para sobrevivir, pero no para razonar con probabilidades. En algunos casos, ese error es solo una curiosidad matemática. En otros, puede cambiar por completo la forma en que interpretamos una noticia médica.

La paradoja del falso positivo: 99 % no implica casi seguro

Imaginemos una enfermedad muy rara que afecta al 1 % de la población. Existe una prueba diagnóstica con una precisión del 99 % que se aplica de forma sistemática a toda la población. Es decir, detecta correctamente al 99 % de las personas enfermas y solo produce un 1 % de falsos positivos entre las personas sanas. Si recibimos un resultado positivo, la reacción casi automática es pensar: “Tengo un 99 % de probabilidades de estar enfermo”. Pero esa conclusión es incorrecta.

Para entenderlo mejor, imaginemos 10 000 personas: 100 enfermas y 9 900 sanas. La prueba detecta 99 enfermos reales, pero también genera 99 falsos positivos. En total, hay 198 positivos, de los cuales solo 99 están realmente enfermos. Así, ante un resultado positivo, la probabilidad real de estar enfermo es 99/198 = 0,5 (50 %).

La intuición interpreta el 99 % de precisión como “99 % de probabilidad de enfermedad” e ignora la tasa base: si la enfermedad es rara, incluso una buena prueba produce muchos falsos positivos. Este resultado es una consecuencia del teorema de Bayes, pero lo importante no es la fórmula, sino entender que nuestra mente no integra de forma natural la información contextual.

Veamos ahora un tercer error más sutil: infravalorar el número de comparaciones que hacemos sin ser conscientes de ello.

La paradoja del cumpleaños: 25 personas son suficientes

Supongamos que reunimos a 25 personas elegidas al azar. ¿Cuál diríamos que es la probabilidad de que, al menos, dos cumplan años el mismo día? La mayoría de las personas responde con cifras muy bajas. Veinticinco parecen pocas comparadas con los 365 días del año. Intuitivamente, “debería ser raro” que coincidan. Sin embargo, la probabilidad supera el 50 %.

El error intuitivo consiste en plantear mal la pregunta. No estamos calculando la probabilidad de que alguien comparta cumpleaños con una persona concreta. Estamos preguntando si existe alguna coincidencia entre cualquier pareja del grupo.

Con 25 personas, no hay 25 posibles comparaciones, sino 300 pares distintos. Cada nuevo integrante no añade una posibilidad más, sino muchas nuevas combinaciones con todos los anteriores. La forma correcta de calcular la probabilidad no es estimar directamente las coincidencias, sino hacer lo contrario: calcular la probabilidad de que todos cumplan años en días distintos y restarla de 1.

La primera persona puede cumplir años cualquier día. La segunda puede hacerlo en cualquiera de los 364 días restantes. La tercera, en 363 posibles. Y así sucesivamente. La probabilidad de que los 25 cumplan años en días distintos es: (365/365)×(364/365)×(363/365)×…×(341/365). Ese producto disminuye más deprisa de lo que nuestra intuición anticipa. Al restarlo de 1, obtenemos una probabilidad superior al 50 % de que haya, al menos, una coincidencia.

Figura 2. Probabilidad de que, en un grupo de personas al azar, haya al menos dos que cumplan años el mismo día.

De nuevo, el sentido común falla. No porque el problema sea complicado, sino porque nuestra mente no percibe de forma natural cómo crecen las combinaciones posibles.

Un mismo patrón, tres escenarios distintos

En los tres casos, aparece el mismo fenómeno: simplificamos estructuras probabilísticas complejas. En el juego de la oca no vemos cómo se distribuyen los caminos; en la prueba médica, ignoramos la frecuencia base y, en los cumpleaños, subestimamos las comparaciones.

Las matemáticas no contradicen el sentido común por capricho, sino que muestran que, aunque sea útil a diario, nuestra intuición no siempre está preparada para la complejidad del azar. Por eso, la probabilidad resulta fascinante y nos recuerda que el mundo no siempre funciona como parece.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. Cuando las matemáticas contradicen el sentido común: tres paradojas cotidianas – https://theconversation.com/cuando-las-matematicas-contradicen-el-sentido-comun-tres-paradojas-cotidianas-278598

El esplendor de Saturno en las nuevas imágenes de los telescopios James Webb y Hubble

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Óscar del Barco Novillo, Profesor asociado. Departamento de Física (área de Óptica)., Universidad de Murcia

Las nuevas imágenes del planeta Saturno registradas en el año 2024 por los telescopios espaciales James Webb (izquierda, en el infrarrojo) y Hubble (derecha, espectro visible). NASA, ESA, CSA, STScI, Amy Simon (NASA-GSFC), Michael Wong (UC Berkeley); Image Processing: Joseph DePasquale (STScI)., CC BY

La combinación perfecta de los telescopios espaciales James Webb y el veterano Hubble nos ha deleitado con nuevas imágenes del planeta Saturno en dos rangos ópticos distintos. En ellas, pueden apreciarse detalles sin precedentes de su atmósfera estructurada en bandas, restos de gigantescas tormentas o el resplandor de su sistema de anillos.

Si bien ambos telescopios captan la luz solar reflejada por las nubes y brumas de Saturno, el Hubble muestra su atmósfera tal como los vemos a ojo desnudo, mientras que la visión infrarroja del Webb detecta nubes y sustancias químicas a diferentes profundidades.

Pero ¿qué elementos del gigante gaseoso podemos apreciar en estas nuevas y espectaculares instantáneas?

Una atmósfera estructurada en bandas

La atmósfera de Saturno presenta una sucesión de bandas de nubes y nieblas paralelas al ecuador, parecidas a una serie de cintas alrededor del planeta, que se mueven a diferentes velocidades y direcciones debido a los intensos vientos.

Para hacernos una idea, los vientos en su atmósfera superior alcanzan los 1 800 km/h en la región ecuatorial, en contraste con los casi 400 km/h de los vientos huracanados más potentes en nuestro planeta.

¿Y a qué se debe esta estructura tan peculiar de la atmósfera saturniana? Saturno radia más calor hacia el espacio del que recibe del Sol. Este calor interno provoca que gases calientes asciendan desde las profundidades, se enfríen en la atmósfera superior y se condensen en nubes, formando bandas de diferentes composiciones químicas (principalmente, cristales de amoníaco y agua).

Debido a su enorme velocidad de rotación (el día en Saturno dura aproximadamente 10.5 horas) y en combinación con la forma oblatosférica del planeta, se generan intensas corrientes en chorro (jet streams) que dividen la atmósfera en bandas paralelas. La fuerza de Coriolis separa los movimientos atmosféricos en estas bandas.

Instantánea del planeta Saturno registrada por el telescopio espacial Hubble el 22 de agosto de 2024. Al tratarse de una imagen en el espectro visible, así sería como observaríamos al gigante gaseoso a ojo desnudo.
NASA, ESA, STScI, Amy Simon (NASA-GSFC), Michael Wong (UC Berkeley); Image Processing: Joseph DePasquale (STScI)., CC BY

¿Por qué observamos a Saturno en estas tonalidades amarillentas?

El planeta se observa de color amarillento, dorado o pálido en la luz visible, principalmente, debido a la composición química de su atmósfera superior, cubierta por nubes de cristales de amoníaco (NH₃). Estas absorben la luz azul y reflejan la luz amarilla y roja, lo que da al planeta su tono dorado característico.

A diferencia de Urano o Neptuno, donde el metano produce un color azul intenso, Saturno carece de concentraciones significativas de metano en sus capas superiores, lo que impide que el planeta se vea azulado.

Los restos de la Gran Tormenta de Primavera

En el hemisferio norte de Saturno se distingue en la imagen infrarroja una banda ondulada característica descubierta por la sonda Voyager 1 en 1980. Esta estructura ondulada en forma de cinta consiste en una corriente en chorro de larga duración que se mueve en sentido oeste del planeta.

Además, los restos de la Gran Tormenta de Primavera o Gran Mancha Blanca, un fenómeno meteorológico masivo y periódico en Saturno que ocurre aproximadamente cada 30 años en su hemisferio norte, aparecen tenuemente en la imagen del James Webb.

Imagen de las tormentas captadas en Saturno por el telescopio espacial James Webb. El recuadro superior muestra los restos de la Gran Tormenta de Primavera, visibles en el infrarrojo.
NASA, ESA, CSA, STScI; Image Processing: Joseph DePasquale (STScI), CC BY

Una tormenta hexagonal en el polo norte

El polo norte de Saturno posee una característica atmosférica interesante: una corriente en chorro hexagonal. Este patrón tan característico se observó por primera vez en imágenes de la sonda Voyager 1 y ha sido estudiado con mayor detalle por la sonda Cassini desde entonces.

Con una extensión de aproximadamente 30 000 kilómetros, el hexágono es una corriente en chorro ondulada con vientos de 322 kilómetros por hora y una enorme tormenta giratoria en su centro. No existe ningún otro fenómeno meteorológico similar en todo el sistema solar. En las imágenes infrarrojas del James Webb, se pueden distinguir claramente varias aristas de esta peculiar tormenta con forma hexagonal.

Por otro lado, los polos de Saturno se visualizan con un distintivo color gris verdoso, lo que indica la emisión de luz en longitudes de onda cercanas a los 4,3 micras.

Esta característica particular podría deberse a una capa de aerosoles a gran altitud en la atmósfera de Saturno que dispersa la luz de manera diferente en esas grandes latitudes. Otra posible explicación sería la actividad de sus auroras, ya que las moléculas cargadas que interactúan con el campo magnético del planeta podrían producir emisiones luminosas cerca de los polos (de forma similar a las auroras boreales y australes en nuestro planeta).

La majestuosidad de su sistema de anillos

Las observaciones infrarrojas ponen de manifiesto la estructura de la atmósfera de Saturno, incluyendo amplias bandas de nubes y sutiles variaciones causadas por diferencias de temperatura, vientos y brumas a gran altitud.

En particular, la sensibilidad del Webb a este tipo de radiación permite a los científicos explorar diferentes capas de la atmósfera y, de esta manera, estudiar cómo interactúan los gases, las nubes y los aerosoles a distintas altitudes. Estas observaciones aportan nuevos conocimientos sobre los complejos patrones climáticos y la dinámica atmosférica del planeta.

Por otro lado, los anillos de Saturno aparecen excepcionalmente brillantes en las imágenes de infrarrojo, ya que están compuestos en gran parte por partículas de agua congelada altamente reflectantes a unas longitudes de onda de 3 micras.

En este sentido, el anillo F de Saturno, el más externo, se ve delgado y nítido en la imagen del Webb. En la instantánea del Hubble, éste apenas se puede apreciar.

El planeta Saturno en el infrarrojo captado por el James Webb el 29 de noviembre de 2024. Se distinguen la estructura en bandas de su atmósfera, varias aristas de la tormenta hexagonal en el polo norte y el brillo en el infrarrojo de su sistema de anillos.
NASA, ESA, CSA, STScI; Image Processing: Joseph DePasquale (STScI), CC BY

Siete satélites de entre sus más de 250 lunas

Finalmente, en una imagen de campo amplio en el infrarrojo, se distinguen seis de las principales lunas de Saturno: Titán (la más grande de todas), Encélado, Dione, Tetis, Mimas y Jano.

Imagen de campo amplio de Saturno en el infrarrojo registrada por el James Webb el 29 de noviembre de 2024. En ella pueden distinguirse algunas de las lunas más importantes del gigante gaseoso, como Titán, Encélado, Dione, Tetis, Mimas y Jano.
NASA, ESA, CSA, STScI; Image Processing: Joseph DePasquale (STScI), CC BY

Además, un séptimo satélite está presente en la captura en el visible del Hubble: Epimeteo, el de menor tamaño de los siete y que comparte órbita con Jano, intercambiando sus órbitas cada cuatro años para evitar colisionar.

Una vez más, la estrecha colaboración entre estos dos observatorios astronómicos nos ha brindado unas imágenes espectaculares de un planeta vecino del sistema solar. De nuevo, el James Webb y el Hubble reescribiendo la observación astronómica.

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Óscar del Barco Novillo no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. El esplendor de Saturno en las nuevas imágenes de los telescopios James Webb y Hubble – https://theconversation.com/el-esplendor-de-saturno-en-las-nuevas-imagenes-de-los-telescopios-james-webb-y-hubble-279364

La conversación docente: evaluar con justicia en tiempos de IA

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Eva Catalán, Editora de Educación, The Conversation

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Además de los exámenes y los ejercicios para corregir en clase, casi todos los profesores utilizan para evaluar a sus estudiantes alguna forma de “trabajo” (un ensayo, una presentación, un póster..) que realizar en casa. Especialmente a partir de secundaria y hasta la universidad, esta forma de evaluación (que constituye un porcentaje variable de la nota final) tiene muchas ventajas: permite observar cómo los aprendices asimilan y reformulan los contenidos, les anima a investigar por su cuenta, a menudo se pueden hacer en grupo y presentar ante el resto de compañeros, y es una manera más pausada y personalizada de recuperar información que el examen escrito. Así, lo más frecuente suele ser una combinación entre ambos: exámenes escritos y trabajos fuera de clase.

Con la llegada de ChatGPT y demás herramientas de inteligencia artificial generativa, este modelo ha saltado por los aires. Con estas herramientas, cuyo uso sabemos que es generalizado, casi cualquier adolescente o universitario puede, en cuestión de pocos minutos, preparar un comando y obtener un texto bastante bien estructurado con los datos básicos del tema, de manera que un trabajo de notable puede haber supuesto cero asimilación de contenidos. Entonces, se plantea Presentación Ángeles Caballero García, catedrática de Métodos de Investigación y Diagnóstico en Educación de la Universidad Camilo José Cela: “¿cómo demostramos que hay aprendizaje real, autoría y pensamiento, más allá de un producto final pulido?”.

Esta experta propone en su artículo evaluaciones alternativas al trabajo en casa: defensas orales, microtareas de retroalimentación inmediata, entrevistas académicas o debates guiados para evaluar el razonamiento y asegurar la autoría de las respuestas. Hay más opciones, dependiendo de la etapa educativa, de la materia, y del objetivo, y en este boletín he recopilado unas cuantas, como por ejemplo la actualización del tradicional examen oral.

Pero incluso cuando se evalúan trabajos realizados en casa, es posible recoger evidencias del proceso en distintas fases –borradores y revisiones, explicaciones, reflexiones– que permiten ver la evolución del aprendizaje.

Otra cuestión muy importante a la hora de evaluar con justicia en este panorama tan tecnologizado (algo que ya reclaman los propios alumnos) es que no todos los estudiantes saben o pueden usar la IA igual de bien: los que más controlan y mejor la manejan no son necesariamente los que mejor se saben el tema. Por eso, enseñar a usar la IA de manera ética y crítica es importante; además de exigirles que expliquen cómo la han usado, qué les ha aportado y qué han aportado ellos. Evaluaremos así su capacidad para detectar errores y su criterio a la hora de tomar decisiones.

De alguna manera, la realidad a la que nos enfrentamos, que es que los estudiantes ya usan inteligencia artificial queramos o no, se convierte así en un acicate para mejorar las tareas de evaluación, hacerlas más justas y equitativas y centrarlas más en lo más importante: si y cómo el estudiante “piensa, decide, se equivoca, aprende y actúa con criterio.” Más allá de poner una nota determinada, este tipo de evaluación, llamada “formativa”, busca ser tan útil para el que aprende como para el que enseña.

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ref. La conversación docente: evaluar con justicia en tiempos de IA – https://theconversation.com/la-conversacion-docente-evaluar-con-justicia-en-tiempos-de-ia-279470

La selección: vecinos, algoritmos y felicidad

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Lola Delgado, Editora de Política y Sociedad, The Conversation

Imagen del barrio madrileño de Lavapiés. JJFarq/Shutterstock

¿Alguna vez se ha preguntado si podría confiar plenamente en las personas de su vecindario? ¿Y si su situación familiar es satisfactoria? Seguro que la respuesta a cualquiera de esas dos preguntas le daría para una hora larga de charla con un amigo, café por medio: que si el vecino del 2ºA le recoge siempre los paquetes cuando usted no está en casa, que si la del 1ºE tiende la ropa chorreando agua sobre su tendedero o que si la relación con su hermano es buena solo mientras no compartan una comida juntos.

Resulta difícil, sin duda, dar respuesta a esas preguntas en una escala del 1 al 10, pero lo cierto es que su felicidad y calidad de vida social se pueden cuantificar y comparar y esas dos cuestiones forman parte de un test que lo hace posible y que ha sido creado por la Universidad de Castilla La Mancha. Los resultados obtenidos hasta la fecha indican que la familia y la satisfacción laboral influyen más que el dinero y que la confianza en el vecindario y la integración social hacen que nos sintamos muy bien.

El termómetro que mide su nivel de satisfacción vital se presentó con motivo de la celebración del Día Internacional de la Felicidad, el pasado 20 de marzo. ¿Que lo había pasado por alto? Es perfectamente comprensible. Muchos humanos somos así y le damos más importancia a las malas noticias que a las buenas. Porque ¿quién puede acordarse de la felicidad con lo que está ocurriendo en Oriente Medio, por ejemplo? ¿Con el odio que se respira en el mundo? ¿Con las imágenes amenazantes que nos llegan a través de medios de comunicación y redes sociales de los actores del conflicto?

La indiferencia afectiva y la intensidad de las emociones

Esa dificultad para ponerle un número a algo tan complejo como la satisfacción vital no solo tiene que ver con lo que nos ocurre, sino también con cómo lo sentimos. No todas las personas viven la realidad emocional de la misma manera: mientras unos reaccionan con intensidad ante los pequeños gestos cotidianos o las malas noticias, otros parecen mantenerse al margen, como si nada lograra alterar su equilibrio interno.

Esa aparente desconexión no siempre es indiferencia en el sentido común del término, sino que puede responder a mecanismos psicológicos más profundos. Es lo que se llama indiferencia afectiva y que la profesora Monserrat López, de la Universidad Europea Miguel de Cervantes, diseccionó con toda claridad en este artículo.

Esa forma desigual de sentir y reaccionar no solo afecta a la vida personal, sino también a la manera en que participamos en el espacio digital. Cuando la emoción se vuelve selectiva, dejamos de reaccionar ante ciertos contenidos mientras otros –más intensos, más provocadores– captan toda nuestra atención.

En ese contexto, el odio encuentra un terreno fértil: no porque todos lo compartan, sino porque destaca, circula mejor y apenas encuentra resistencia. Así, la aparente desconexión emocional de unos y la sobreexposición emocional de otros acaban convergiendo en un mismo resultado: la amplificación del conflicto en redes sociales. Un estudio sobre 2,1 millones de mensajes en X revela que el 88 % del odio permanece visible años después, favorecido por algoritmos que premian la viralidad y la emoción. Así nos lo contaba en The Conversation un equipo de tres profesores de UNIR.

Primavera, hormonas y ritmos circadianos

Y con estos altibajos emocionales, nos enfrentamos a la primavera, que justo coincidió con el Día Internacional de la Felicidad y que, no nos olvidemos, la sangre altera.

Pero ¿la altera de verdad o es solo una frase hecha? La evidencia científica indica que la primavera sí influye en las personas, pero no de forma uniforme ni “mágica”. El aumento de luz altera los ritmos circadianos, el sueño y los sistemas neuroquímicos como la serotonina, generando mayor activación.

Esto puede traducirse en más energía o en irritabilidad e impulsividad. Las hormonas, cómo no, también influyen, especialmente si está pasando por la menopausia –por cierto, haga caso a expertos como la profesora Clara Selva Olid, de UOC, y no se deje llevar por el menowashing–.

En fin, que le invitamos a que haga usted el test de la felicidad porque en estos momentos en los que todo parece empujarnos hacia el ruido y el conflicto, entender cómo sentimos –y por qué– puede ser el primer paso para proteger nuestra felicidad en medio del caos.

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ref. La selección: vecinos, algoritmos y felicidad – https://theconversation.com/la-seleccion-vecinos-algoritmos-y-felicidad-279301

Cómo la saturación informativa nos ha hecho perder la lectura profunda y qué hacer para recuperarla

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Ángel Barbas, Profesor del Departamento de Teoría de la Educación y Pedagogía Social, UNED – Universidad Nacional de Educación a Distancia

LightField Studios/Shutterstock

Nunca habíamos tenido tanta información disponible como ahora. Noticias, análisis, comentarios y opiniones circulan sin descanso por redes sociales, medios digitales y aplicaciones de mensajería. Paradójicamente, esa abundancia no siempre se traduce en una mejor comprensión de la realidad. Con frecuencia ocurre lo contrario: la saturación informativa favorece lecturas rápidas y reacciones inmediatas que alimentan debates cada vez más polarizados.

Cuando aparecen fenómenos como la desinformación, la polarización o el discurso de odio, las respuestas suelen ir en dos direcciones. Por un lado, la verificación de la información: proyectos de fact-checking destinados a detectar contenidos falsos o engañosos. Por otro, la regulación normativa de los contenidos que circulan en las plataformas digitales.

En los últimos años han proliferado iniciativas en esta línea, desde mecanismos de moderación hasta programas institucionales para combatir el discurso de odio en redes sociales, como el reciente proyecto HODIO impulsado por el Gobierno español.

Estas estrategias pueden ser necesarias, pero suelen centrarse en los contenidos que circulan o en las normas que regulan su difusión. Con frecuencia se presta menos atención a una cuestión más profunda sobre la que queremos poner el foco en este artículo: ¿cómo nos relacionamos con el conocimiento cuando leemos?

Entre las distintas formas de leer que conviven hoy en los entornos digitales, dos resultan especialmente preocupantes: la lectura rápida, impulsada por la saturación informativa, y la lectura reactiva, favorecida por contextos de polarización.

Saturación informativa y lectura rápida

El flujo constante de contenidos que recibimos cada día nos obliga a procesar información a gran velocidad. Titulares, imágenes y mensajes se suceden sin pausa en nuestras pantallas.

Diversas investigaciones han mostrado que cuando la cantidad de información supera nuestra capacidad de procesarla, el análisis tiende a simplificarse. En estas situaciones resulta más difícil seguir razonamientos, relacionar datos entre sí y situar la información en su contexto, lo que dificulta la comprensión de los temas a los que los textos se refieren. Cuando el contexto desaparece, la comprensión se debilita.

Ante esta saturación desarrollamos estrategias de lectura rápida: echamos un vistazo a los titulares, captamos lo esencial en pocos segundos o saltamos entre fragmentos de información. Estas prácticas pueden a ayudar a orientarnos en entornos complejos, pero también reducen el espacio necesario para seguir razonamientos, comprender matices o contextualizar los hechos.

Diversos estudios han mostrado que la lectura en entornos digitales tiende a adoptar patrones fragmentarios y superficiales, caracterizados por una navegación rápida entre los textos y una atención discontinua.

Leer deja de ser un ejercicio de comprensión de la realidad y pasa a convertirse en un ejercicio de consumo rápido de información.

Polarización y lectura reactiva

A la lectura rápida se suma otra práctica cada vez más extendida: la lectura reactiva. En contextos polarizados, muchos contenidos se leen no tanto para comprenderlos como para posicionarse ante ellos.

Las investigaciones sobre razonamiento motivado muestran que las personas tienden a interpretar la información de forma que confirme sus creencias previas, aceptando o rechazando evidencias según refuercen o amenacen las convicciones con las que se identifican. Así, los textos se convierten rápidamente en detonantes de reacción, ya sea para compartir, comentar, criticar o defender una posición.

Leer tampoco es aquí un ejercicio de comprensión de la realidad, sino un ejercicio de reacción o de confirmación de lo que ya pensamos.

Entre el consumo rápido y la confirmación, la lectura pierde su función más elemental: comprender.

Por lo tanto, la difusión de interpretaciones simplificadas o contenidos engañosos no es solo el resultado de información falsa, sino también de dinámicas culturales que favorecen el consumo rápido de información y la reacción inmediata por encima de la comprensión. Las sociedades también se reconocen en sus formas de leer, y estas dicen mucho del lugar que ocupa el conocimiento y del tipo de conocimiento que se privilegia en ellas.

Leer de otro modo

La psicóloga y especialista en lectura Maryanne Wolf ha subrayado que comprender un texto requiere una forma de lectura pausada y reflexiva; una lectura profunda que permite establecer relaciones, interpretar matices y transformar la información en conocimiento. Pero recuperar esa forma de lectura implica reaprender a leer de otro modo:

  • Una primera condición para una lectura comprensiva es introducir pausas en la lectura. En entornos dominados por la rapidez y la reacción inmediata, detenerse supone ir contra la inercia de nuestra época.

  • Antes de compartir un contenido, comentarlo o criticarlo, conviene dedicar tiempo a entender qué está diciendo realmente y en qué contexto se sitúa.

  • Comprender también exige seguir el hilo del razonamiento. En lugar de limitarse a titulares o frases aisladas, leer implica reconstruir el argumento del texto: qué idea sostiene el autor, qué razones ofrece y cómo se relacionan entre sí.

  • La comprensión se amplía, además, cuando se ponen en diálogo diferentes perspectivas. Contrastar fuentes y enfoques no elimina el desacuerdo, pero ayuda a situar los argumentos en un campo más amplio y reduce la tendencia a adoptar interpretaciones precipitadas.

Estas prácticas pueden parecer sencillas, pero apuntan a algo más profundo que a una técnica de lectura. Desde la tradición filosófica que se remonta a Aristóteles hasta autoras contemporáneas como Martha Nussbaum se ha subrayado que conocer no depende solo de la información disponible, sino también de las disposiciones con las que nos acercamos a ella: atención, paciencia intelectual y disposición a revisar nuestras propias ideas.

En un entorno donde la información circula sin descanso y las respuestas frente a la desinformación, la polarización o los discursos de odio tienden a centrarse en la verificación o en la regulación de los contenidos, detenerse a comprender se vuelve casi contracultural.

Frente a la rapidez y la reacción, leer para comprender puede ser uno de los gestos más sencillos –y más radicales– a favor del conocimiento.

Una versión de este artículo se publicó en la revista Telos, de la Fundación Telefónica.

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Ángel Barbas no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Cómo la saturación informativa nos ha hecho perder la lectura profunda y qué hacer para recuperarla – https://theconversation.com/como-la-saturacion-informativa-nos-ha-hecho-perder-la-lectura-profunda-y-que-hacer-para-recuperarla-278280

¿Por qué algunas personas reaccionan ante un aviso de emergencia y otras no?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Fernando Medina Morales, Profesor de Geografía, Universidad de Las Palmas de Gran Canaria

Scharfsinn/Shutterstock

Cada vez que se anuncia un temporal o una ola de calor, muchas personas reciben avisos en el móvil o los ven en televisión. Sin embargo, el envío de información no siempre se traduce en que la población cambie su comportamiento. En teoría, los sistemas de alerta sirven para advertir de un peligro con tiempo suficiente para que la población puede tomar medidas y protegerse. Pero en la práctica, no siempre ocurre.

Saber que existe un aviso no significa saber qué hacer

En concreto en el caso de los avisos meteorológicos y las alertas de protección civil, un estudio llevado a cabo desde el grupo GEOTIGMA, de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, revela que muchas personas no tienen claro qué hacer cuando reciben un aviso.

Casi el 74 % de los encuestados reconoció los niveles de aviso de la Agencia Estatal de Meteorología. Sin embargo, solo el 41 % fue capaz de distinguir bien entre un aviso meteorológico y una alerta de protección civil. Además, más de un tercio admitió que no sabe exactamente cómo actuar cuando se activa una alerta. Esto revela un problema frecuente en la gestión de riesgos: entender la información no siempre significa actuar en consecuencia.

La percepción del riesgo es clave

La reacción ante un aviso depende en gran medida de cómo cada persona percibe el riesgo. Si alguien le resta importancia, es probable que ignore el aviso y siga su vida normal. En cambio, si percibe el peligro como real, es más fácil que adopte medidas de autoprotección.

Por ejemplo, ante un aviso por fuertes lluvias, una persona que percibe el riesgo puede evitar desplazamientos innecesarios para realizar compras en establecimientos, no atravesar barrancos y revisar el estado de desagües o terrazas en su casa. En el caso de fuertes vientos, las medidas pueden incluir asegurar los objetos de balcones o azoteas, evitar caminar cerca de los árboles o las estructuras más inestables y extremar la precaución al conducir.

Cuando se trata de una ola de calor, ser conscientes del riesgo debería conducirnos a evitar la actividad física en las horas centrales del día, mantenernos hidratados, buscar espacios frescos y prestar especial atención a las personas mayores de nuestro alrededor.

Aunque las medidas pueden parecer simples, detectar si se implantan puede ser el mejor indicador de la percepción del riesgo de los individuos.




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Las catastróficas consecuencias de confundir aviso meteorológico con alerta de riesgo


No todas las personas perciben el riesgo igual

La investigación muestra diferencias claras entre grupos de población. Las personas mayores suelen percibir los fenómenos meteorológicos como más peligrosos. Probablemente porque han vivido más episodios extremos y tienen más experiencia.

Los jóvenes, en cambio, tienden a percibir menos el riesgo. En nuestro estudio observamos que la percepción del peligro aumenta con la edad. Los participantes más jóvenes restaban importancia a muchas amenazas. Además, los jóvenes también tienen más dudas sobre qué hacer cuando reciben un aviso. Esto muestra algo importante: conocer que existe un sistema de alertas no significa saber cómo actuar.

También encontramos diferencias en otros grupos de población. Por ejemplo, las personas con mayor nivel de estudios suelen percibir más peligro en los fenómenos meteorológicos. Una posible explicación es que tienen más acceso a información científica o que están más familiarizadas con los sistemas de aviso. En general, las personas que conocen los niveles de alerta interpretan mejor la situación.

Otro resultado interesante aparece en el caso de las mujeres. En general, tienden a valorar más los riesgos y a adoptar medidas preventivas con mayor frecuencia.
En cambio, entre los grupos más jóvenes la percepción del riesgo suele ser más baja, lo que puede hacer que ignoren avisos o retrasen las medidas de autoprotección.

Cuando los mensajes generan confusión

Otro factor importante es cómo se comunican los avisos. En España existen dos tipos de mensajes. Por un lado están los avisos meteorológicos, que informan sobre la probabilidad de que se produzca un fenómeno adverso. Por ejemplo, un aviso naranja por lluvias intensas en el norte de Gran Canaria indica que, en esa zona pueden caer 80 litros por metro cuadrado en 12 horas.

Por otro lado, están las alertas de protección civil, que se emiten cuando las autoridades activan medidas para gestionar una emergencia. Por ejemplo, la declaración de situación de alerta por lluvias en una isla, con recomendaciones como evitar desplazamientos o no circular por barrancos.

Aunque ambos mensajes están relacionados, muchas personas no distinguen que, mientras un aviso meteorológico solo informa de lo que puede pasar, una alerta de protección civil indica que las autoridades ya están reaccionando ante el peligro. Esto puede generar confusión sobre la gravedad de la situación.




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Informar no siempre es suficiente

Los estudios sobre comunicación del riesgo muestran que los avisos funcionan mejor cuando incluyen instrucciones claras y acciones concretas.

En los últimos años han aumentado los fenómenos meteorológicos extremos y, por suerte, las previsiones meteorológicas son cada vez más precisas. Pero su utilidad depende de cómo las interprete la población. Un sistema de alerta solo cumple su función cuando la población entiende de verdad el riesgo y sabe qué hacer ante él. Recibir un aviso es solo el primer paso: la repercusión depende de cómo reaccionamos.

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Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. ¿Por qué algunas personas reaccionan ante un aviso de emergencia y otras no? – https://theconversation.com/por-que-algunas-personas-reaccionan-ante-un-aviso-de-emergencia-y-otras-no-277923

Hecho en España: materiales españoles que cambiaron (y cambian) el mundo

Source: The Conversation – (in Spanish) – By José Manuel Torralba, Catedrático de la Universidad Carlos III de Madrid, IMDEA MATERIALES

Desde las legendarias espadas de acero toledano hasta los biomateriales que hoy ayudan a regenerar huesos o los catalizadores que transforman la industria química, los materiales han sido una de las claves del progreso tecnológico y científico. En este terreno, España ha contribuido con innovaciones que han dejado huella en el mundo y son parte esencial de nuestra historia científica.

El acero toledano

Espada Toledana de Francisco Pizarro.
Wikimedia Commons., CC BY

Hoy, sabemos cómo se hicieron las espadas toledanas y por qué, durante siglos, fueron consideradas entre las mejores espadas de este lado del mundo (en competencia con las espadas de Damasco y las katanas japonesas).

Deben sus propiedades a una estructura formada por un sándwich: dos láminas de acero con cierta riqueza en carbono que permitía filos muy duros y fáciles de afilar, con un corazón de hierro.

Se forjaban a la vez las tres capas y se templaban para conferir dureza superficial. Debió de costar muchas décadas, quizás siglos, llegar a la perfección de una espada, dura por fuera, pero dúctil por dentro, capaz de cortar cabezas mucho mejor que cualquier otra.

Las espadas toledanas pasaban cinco pruebas de calidad para medir su dureza, tenacidad y capacidad de corte. Muchas otras espadas pasaban tres o cuatro, pero nunca las cinco. La última, llamada “de la rodilla”, consistía en doblar la espada sobre un apoyo fijo (a menudo, la rodilla), desde la empuñadura hasta la punta.

Estas propiedades están relacionadas con su microestructura: forjando simultáneamente dos aceros de composiciones distintas, podemos conseguir una soldadura por difusión en una única pieza.

Sin embargo, en aquellos tiempos, esto solo podía lograrse difundiendo carbono en el hierro a altas temperaturas. El resultado dependía del tiempo, de la temperatura y de otros factores difíciles de controlar.

Lo mismo ocurría con el temple del acero: cambiar la temperatura desde la que se templa o el medio de enfriamiento –agua, aceite u otros– podía alterar por completo las propiedades del material. Con tantas variables en juego, fabricar una espada perfecta era casi un milagro.

La porcelana española

La cerámica está entre los primeros materiales que fabricó el ser humano. Una de las piezas más antiguas conocidas es una pequeña Venus, elaborada en Věstonice (actual República Checa) entre los años 29 000 y 25 000 a.C.

Venus de Dolní Věstonice.
Wikimedia Commons.

Desde el Paleolítico, surgió la idea de mezclar algunos tipos de arena con agua, moldear esa mezcla y “cocerla” en un horno. Pero hay un país donde la calidad y propiedades de la cerámica avanzaron mucho más rápido que en el resto de mundo: China. Allí, entre el siglo I y II, aparece la porcelana, muy densa, muy resistente y, en ocasiones, casi transparente.

En el momento que esa cerámica traspasó fronteras, se convirtió en la obsesión de japoneses, coreanos y europeos. Pero conocer los secretos que escondía nos costó a los europeos muchos siglos.

Algunos tenían que ver con la composición de la arcilla y otros con su procesado. Hoy, sabemos cuáles son los componentes que debemos mezclar para conseguir una buena porcelana y que el principal es una arcilla blanca que se llama caolín.

Ese interés por descifrar el secreto de la porcelana también llegó a España. En el siglo XVIII, dentro del espíritu reformista de la Ilustración, surgieron iniciativas para desarrollar en el país una producción cerámica capaz de competir con la de otros centros europeos. Uno de los proyectos más ambiciosos fue la Real Fábrica de Loza y Porcelana de L’Alcora, fundada en 1727.

Centro de flores de porcelana hecho en la Real Fábrica por la familia Bautista en el siglo XVIII.
Luis García / Wikimedia Commons., CC BY-SA

Aunque, inicialmente, produjo sobre todo loza fina inspirada en modelos franceses e italianos, la fábrica se convirtió rápidamente en un verdadero laboratorio de innovación y experimentación técnica. Además de su valor artístico, tuvo un impacto tecnológico notable. Muchos de los artesanos formados allí difundieron posteriormente conocimientos y técnicas por otros centros cerámicos, contribuyendo a modernizar la producción en distintas regiones.

De este modo, L’Alcora no solo produjo piezas de gran calidad, también ayudó a consolidar una tradición cerámica más avanzada. Una consecuencia fue que, en Madrid, en 1760, por iniciativa de Carlos III –que trajo también maestros ceramistas de Nápoles–, se funda la Real Fábrica de Porcelana del Buen Retiro (conocida por “La china”). Su fama llegó a ser tan importante que rivalizaba con la cerámica francesa de Sevres y provocaba una competencia insoportable a la porcelana inglesa.

Quizá por eso, durante la guerra de la independencia, en agosto de 1812, nuestros “aliados” británicos, en concreto el general Rowland Hill, aprovecharon su victoria sobre los franceses en la batalla del Retiro para volar la fábrica y reducirla a ruinas.

Biocerámicos que regeneran hueso

En los últimos años, España ha aportado materiales que están transformando la medicina, la energía y la industria. Un ejemplo claro de esto, son los biocerámicos para regenerar huesos y tejidos.

Se trata de materiales diseñados para interactuar con el organismo y favorecer la regeneración ósea en fracturas complejas, implantes dentales o enfermedades como la osteoporosis. A diferencia de los metales o polímeros convencionales, no solo actúan como soporte, sino que estimulan directamente la formación de nuevo tejido, convirtiéndose en piezas clave de la medicina regenerativa.

El grupo de investigación de la profesora Vallet-Regí en la Universidad Complutense de Madrid es pionero en el uso de vidrios y cerámicas bioactivas capaces de integrarse con el hueso y liberar de forma controlada iones o fármacos. Reconocida internacionalmente, ha situado a España en la vanguardia de los biomateriales, con avances que mejoran la calidad de vida de millones de personas.

Zeolitas para a industria energética

Otro ejemplo son las zeolitas desarrolladas en el Instituto de Tecnología Química (ITQ, UPV-CSIC) por el equipo del doctor Avelino Corma, que han situado a España en la élite de la catálisis mundial.

Son materiales microporosos que actúan como “tamices moleculares”, capaces de filtrar, separar y acelerar reacciones químicas con gran eficiencia.

Su impacto ha sido enorme en la industria química y energética, donde se emplean en el refinado de petróleo, la producción de combustibles más limpios y la síntesis de compuestos utilizados en plásticos, fertilizantes o medicamentos. Gracias a su estabilidad y selectividad, han permitido procesos más sostenibles y económicos a escala global.

Al mismo tiempo, centros de investigación españoles trabajan hoy en el grafeno, las perovskitas y otros muchos materiales que pueden marcar la próxima revolución tecnológica.

Así, España no solo ha tenido un pasado brillante en el arte de los materiales, sino que sigue siendo protagonista en la creación de innovaciones que causan un impacto global.

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José Manuel Torralba no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Hecho en España: materiales españoles que cambiaron (y cambian) el mundo – https://theconversation.com/hecho-en-espana-materiales-espanoles-que-cambiaron-y-cambian-el-mundo-277998