¿Quiénes son los capibaras, esos curiosos roedores que se han ganado el corazón de los internautas?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Christiane Denys, Professeure Emerite du Museum, Muséum national d’histoire naturelle (MNHN)

¿Es el capibara solo un conejillo de Indias grande, dócil y cariñoso? Desde 2020, en las redes sociales se está produciendo una auténtica capibaramanía. Algunos de estos animales incluso viven como mascotas en apartamentos o jardines ya sea en China, Canadá o Rusia.

Además, desde 2021, los habitantes de la ciudad residencial de Nordelta, en Argentina, han visto sus céspedes y piscinas invadidas por una gran cantidad de capibaras. Las causas de esta invasión, al igual que el reciente entusiasmo por este roedor, se desconocen, pero algunos lo atribuyen al hecho de que ese barrio se construyó en una zona que antiguamente era su hábitat natural.

En general, se sabe bastante poco sobre este roedor desde el punto de vista científico. ¿A quién se refería Linneo cuando en 1766, al descubrirlo, lo llamó “cerdo acuático”? ¿Dónde vive en estado salvaje? ¿Cómo vive? ¿Está amenazado por los cambios globales que se están produciendo?

La familia de los capibaras

El capibara pertenece al género Hydrochoerus, que actualmente comprende dos especies: el capibara grande (o Hydrochoerus hydrochaeris), que es el más popular, y el capibara de Panamá (o Hydrochoerus isthmius), que es más pequeño, pero aún poco conocido.

Mara patagónica en un zoológico de Argentina.
Snowmanradio/Wikipedia, CC BY

El género Hydrochoerus pertenece a un suborden de roedores muy antiguos que solo viven en Sudamérica. Dentro de este género, el capibara es un miembro de la familia Caviidae, que también incluye a los conejillos de Indias y las liebres de la pampa (las maras).

Esta familia se diversificó hace unos 18 a 14 millones de años en América del Sur y actualmente cuenta con 20 especies, lo que la convierte en una de las más diversas de este territorio.

Kerodon rupestris fotografiado en Brasil.
Carlos Reis/Flickr, CC BY-NC-ND

Una filogenia molecular sitúa al capibara (Hydrochoerus) como grupo hermano de los Kerodon (cobaya de las rocas), mientras que el conejillo de Indias (género Cavia) es un primo más lejano.

El capibara grande se encuentra en estado salvaje desde el este de los Andes y Colombia hasta Brasil, Bolivia, Paraguay, Argentina y Uruguay. El capibara de Panamá, por su parte, vive al este de Panamá, al oeste de Colombia y al noroeste de Venezuela.

Antepasados de hasta 300 kg

El capibara grande es el que se encuentra con más frecuencia en los parques zoológicos y el que más llama la atención del público en la actualidad. De todos los roedores, es actualmente el más grande en tamaño (de 1 m a 1,3 m) y peso (entre 35 kg y 65 kg) en estado salvaje (hasta 100 kg en cautividad). Pero comparado con sus antepasados es un peso pluma.

De hecho, se estima que sus ancestros fósiles eran capibaras gigantes. Llamados Phugatherium y Protohydrochoerus, vivieron hace entre 4 y 2,5 millones de años en Argentina y Bolivia. Estos podían medir hasta dos metros de largo y pesar entre 200 y 300 kg, es decir, el tamaño de un tapir, según algunos científicos, una estimación que otros reducen a unos 110 kg.

En comparación con el conejillo de Indias, el capibara se distingue por su imponente tamaño, su cola pequeña, un pelaje largo pero áspero de color marrón dorado uniforme, la presencia de una pequeña membrana entre los tres dedos de las patas, que le sirven de aletas para nadar, y, por último, por su mandíbula, con dientes largos y muy altos (sin raíces visibles, se dice que son hipodontos) con numerosas crestas oblicuas y un tercer molar muy grande.

Por último, el hocico es alto y truncado en la parte delantera, las orejas son pequeñas y redondas y los ojos, muy altos y situados hacia atrás en la cabeza.

Anatomía de la mandíbula del capibara.
Fotógrafo: Phil Myers / Copyright: Museo de Zoología, Universidad de Michigan-Ann Arbor, EE.UU.

Al igual que el conejo, ingiere sus propias heces

A diferencia del conejillo de Indias salvaje, que habita las praderas secas y las zonas boscosas de los Andes, el capibara prefiere vivir a orillas del agua en las zonas tropicales y subtropicales de menor altitud. Frecuenta las zonas boscosas y las praderas húmedas de los Llanos de Venezuela o del Pantanal brasileño. Es un roedor acuático y vegetariano al que le gustan las hierbas, las semillas y las plantas acuáticas.

Al igual que el conejo, el capibara ingiere parte de sus excrementos para completar su digestión.
CC BY

Su modo de digestión es similar al de los rumiantes. Tiene una digestión cecal y practica la caecotrofia (es decir, la ingestión de sus excrementos para una mejor asimilación de las fibras, como en los conejos).

En estado salvaje, viven en grupos de 2 a 30 individuos dirigidos por un macho dominante que se encarga de la reproducción con las hembras y defiende el territorio donde el grupo encuentra sus recursos alimenticios.

El tamaño del territorio depende de la calidad de los recursos alimenticios y puede variar entre 10 y 200 hectáreas, con una densidad de población que alcanza hasta 15 individuos por hectárea.

Las hembras pueden reproducirse dos veces al año. Sus camadas suelen tener entre tres y cinco crías, que nacen tras cuatro o cinco meses de gestación. El crecimiento es rápido y las crías alcanzan la madurez sexual entre los 14 y los 18 meses, con un peso de alrededor de 35 kg.

En grupo, emiten fuertes vocalizaciones cuando se acerca un depredador (jaguar, puma, chacal o anaconda). El grupo se refugia entonces en el agua, donde los individuos son buenos nadadores y buceadores.

Un hábitat natural amenazado

Estos roedores pueden ser diurnos o nocturnos, dependiendo de la presión cinegética o de la estación. Aunque la especie vive en muchas áreas protegidas, hoy en día se caza por su carne y su piel. Sin embargo, en la actualidad existen numerosas granjas que reducen la presión sobre las poblaciones silvestres.

Las poblaciones silvestres de capibaras no parecen estar disminuyendo y la especie no se considera en peligro de extinción. No obstante, parece que la fuerte disminución de las lluvias observada en su hábitat desde 2020 ha tenido un impacto.

De hecho, la aparición de incendios forestales cada vez más frecuentes y extensos –debido a la tala de bosques en la estación seca, en particular para aumentar la superficie de pastos disponibles para el ganado– provoca en el Pantanal brasileño una mortalidad animal importante.

En Los Llanos venezolanos, la deforestación también continúa, no solo para el desarrollo de la agricultura y la ganadería, sino también debido a la explotación de maderas preciosas y al desarrollo de la industria petrolera. Al mismo tiempo, la construcción de presas hidroeléctricas está secando algunas zonas. Todo esto contribuye a reducir el hábitat natural del gran capibara.

La convivencia y la domesticación

Más allá de estas grandes zonas forestales, en Argentina, estos roedores son cada vez más visibles en las afueras de Buenos Aires. Se han construido viviendas a lo largo del río donde vivían, y la urbanización de sus territorios les impide alimentarse normalmente. En ausencia de depredadores, alimentados por algunos habitantes que, al encontrarlos simpáticos, les dejan entrar en sus jardines y piscinas, estos animales se multiplican fácilmente.

La mayoría de los residentes consideran que el capibara es tranquilo y poco agresivo, salvo los machos, que son muy ruidosos y luchan por el dominio de la manada. Los capibaras tienen cada vez menos miedo de acercarse a los humanos, lo que explica por qué se ven cada vez más y por qué aumenta el número de accidentes.

En todo el mundo, cada vez más personas llegan incluso a adoptarlos, considerándolos animales domésticos dóciles. Se recomienda elegir solo hembras y es mejor disponer de una gran masa de agua cerca de la vivienda.

En internet, los vídeos publicados por sus propietarios muestran capibaras solitarios bañándose en bañeras de apartamentos o paseando solos con correa, lo que, en mi opinión, se asemeja al maltrato. Los territorios naturales de los capibaras son grandes, sus necesidades de agua son importantes y viven en manadas en la naturaleza.

En la naturaleza, el capibara necesita un territorio amplio para su equilibrio.

Aprovechemos el entusiasmo que despierta este roedor de vida sorprendente para actuar a nivel internacional contra la degradación de los humedales más grandes del planeta. Hoy en día, estos ecosistemas están amenazados por el cambio climático y el aumento desenfrenado de las actividades humanas, que degradan el medio ambiente de forma duradera e irreversible. Una mala noticia para el capibara y para muchas otras especies.

The Conversation

Christiane Denys no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

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Cuatro maneras de experimentar con la inteligencia artificial en el aula universitaria

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Rosa M. Rodríguez-Izquierdo, Catedrática en Educación en el Dpto. Educación y Psicología Social, Universidad Pablo de Olavide

EF Stock/Shutterstock

Cada día los estudiantes llegan al aula con resúmenes hechos por ChatGPT o ideas esbozadas por algún asistente virtual. Ante esta realidad, surge una pregunta incómoda: ¿qué sentido tiene que nos reunamos en el aula? El aula tradicional pierde sentido como lugar donde se repite lo que ya puede generar una máquina en segundos.

El desafío, entonces, es dejar de preguntarnos “qué voy a enseñar hoy” para pasar a plantearnos “qué vamos a construir juntos”. ¿Cómo lograrlo? Aquí van cuatro formas concretas de transformar el aula en un laboratorio donde se construye conocimiento.

El consultorio de hipótesis

Imaginemos que antes de clase pedimos a los estudiantes que usen inteligencia artificial (IA) para generar una tesis sobre el tema del día. La tarea no es simplemente aceptarla como válida, sino desafiarla.

El reto dialógico comienza en el aula. El tiempo de clase se dedica a que el alumnado comparta lo que la IA entrega y a evaluar sus interacciones con estas herramientas. Los estudiantes discuten sus resultados y evalúan juntos: ¿realmente fue útil esta tecnología? ¿Qué preguntas funcionaron mejor? ¿Cómo nos ayudó a corregir errores y a avanzar nuevas preguntas?

El docente invita al grupo a encontrar los puntos débiles del argumento, los contrargumentos más fuertes, las posibles falacias lógicas o los vacíos de información. Por ejemplo, si la IA generó una tesis que afirma: “El uso de la realidad virtual acelera la curva de aprendizaje de los estudiantes en un 30 % en todas las disciplinas”, la tarea del alumnado es cuestionar esa afirmación. ¿Qué evidencia se presenta para ese 30 %? ¿Aplica por igual a todas las asignaturas? ¿Y en todas las edades?




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El trabajo en el aula se convierte en un diálogo sobre el sentido y los sesgos, usando una respuesta automática para ir más allá, poniéndola en cuestión y explorando fuentes alternativas.

Las sesiones se dividen en bloques de 20-30 minutos: primero comparten lo que trajeron de casa, luego en el aula comienza el desafío de trabajo en grupo, después critican y reconstruyen, y finalmente sintetizan aprendizajes.

El taller de falacias

El docente lanza una provocación sobre un tema polémico. Por ejemplo: “¿Debería legalizarse el cánnabis recreativo?”. Pide al alumnado que use IA para generar argumentos a favor y en contra. Pero aquí viene lo interesante: el trabajo en clase es analizar la lógica de esos argumentos y detectar errores lógicos.

Los estudiantes aprenden a detectar falacias ad hominem, apelaciones indebidas o falsas causalidades. Contrastan la voz artificial con su propio juicio crítico, construyen argumentos más éticos y sólidos basados en evidencia científica.

El aula deja de ser un espacio para recibir respuestas a interrogantes que el estudiante no se ha hecho, y pasa a ser un entorno para poner a prueba y formular las preguntas adecuadas.




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La clase se convierte en un laboratorio retórico donde se entrena la lógica, la ética argumentativa y la capacidad no solo para analizar la forma en que se construyen los argumentos, sino también para desmontar persuasiones artificiales y discernir entre un argumento bien construido y una simple persuasión.

Veamos el caso de una clase de Derecho Digital. El docente plantea a la IA la pregunta: “¿Debería permitirse el uso de reconocimiento facial en espacios públicos para prevenir delitos?”. La IA responde a favor (“aumenta la seguridad y disuade el crimen”) y en contra (“invade la privacidad y fomenta la vigilancia masiva”).

El docente divide al clase en grupos pequeños: mientras que la mitad analiza los argumentos a favor y razona si la IA incurre en una generalización apresurada (asumiendo que más vigilancia siempre equivale a más seguridad), la otra mitad analiza si el argumento en contra comete una falsa dicotomía planteando que la única opción es la vigilancia total.

Posteriormente, reconstruyen de manera colaborativa ambos discursos, matizando los argumentos con conceptos teóricos clave como la necesidad de una regulación clara, la transparencia y la implementación de auditorías ciudadanas. De esta forma, el aula se convierte en un espacio para enriquecer el pensamiento crítico, usando la IA como un simple punto de partida.

La sala de simulación

La IA permite crear escenarios complejos en tiempo real, convirtiendo la clase en un espacio de experimentación colectiva.

Supongamos que el docente propone un caso de estudio real: una crisis económica, un dilema bioético, un conflicto político. En grupos pequeños, el alumnado interactúa con la IA para simular respuestas o desarrollar soluciones alternativas. Mientras tanto, el docente guía el diálogo con preguntas que profundizan en la complejidad de la escena: ¿cómo influye la cultura? ¿Qué riesgos éticos se están ignorando? ¿Qué dice la inteligencia artificial que no dice el contexto real?

Por ejemplo, en una clase de marketing, un grupo simula con IA el lanzamiento de un producto en un mercado emergente. ¿Qué pasa si el precio es bajo? ¿Y si hay competencia local? El reto es que el alumnado descubra que la IA ignora factores culturales cruciales, como los hábitos de compra, la composición del tejido empresarial o el significado cultural de determinados colores.

Físicamente, se elimina la disposición tradicional de filas mirando al frente y se reorganiza el aula en círculos pequeños de 4-6 personas. Idealmente, cada grupo comparte una pantalla para mostrar sus interacciones con la IA.

El laboratorio de creatividad

La IA es excelente generando ideas iniciales, pero el valor surge cuando esas ideas se depuran y evalúan colectivamente. En este escenario, pedimos a los estudiantes que obtengan varias propuestas creativas de la IA (por ejemplo, para una campaña de salud pública). En clase, deben presentar la mejor opción y justificar su elección.

Luego viene el reto: deben defender una idea que no eligieron, obligándolos a cambiar de perspectiva y abandonar su zona de confort. Este ejercicio refuerza habilidades que ninguna IA puede automatizar: empatía argumentativa, juicio colectivo y pensamiento lateral.

Por ejemplo, para una campaña sobre ahorro de agua, la IA genera cinco propuestas. Un estudiante elige la más creativa, pero luego debe defender la más práctica. El docente dirige la conversación, ofreciendo argumentos sobre la originalidad, la viabilidad o el impacto de cada propuesta.

Un aula que recupera su valor

En todos estos formatos, el trabajo con IA comienza antes de llegar al aula pero continúa en la clase, reservando ahora el tiempo para lo que tiene más valor: dialogar, defender ideas, cuestionar, crear juntos. El aula se convierte en un lugar donde los estudiantes no van a “saber”, sino a “aprender a querer saber”.

Así, el aula no solo sobrevive a la inteligencia artificial, sino que recupera su valor como espacio social de inteligencia colectiva. Un lugar donde se cruzan saberes, se disputan ideas y se entrenan capacidades profundamente humanas.

Esta revolución tecnológica nos recuerda algo fundamental: el conocimiento no se recibe, se construye. Y no se construye en soledad.

The Conversation

Rosa M. Rodríguez-Izquierdo no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

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‘Hacer el agosto’: cereales, verano y lenguaje

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Javier del Hoyo Calleja, Catedrático de Universidad (área de Filología Latina), Universidad Autónoma de Madrid

Una piedra de molino tritura los granos de trigo. Ajdin Kamber/Shutterstock, CC BY

Julio y agosto son dos meses abrasadores en el hemisferio norte, pero gracias a ellos ha vivido durante siglos la Europa agrícola. En ellos se lleva a cabo la cosecha de los cereales de secano, algo tan importante para la vida y la economía de los pueblos mediterráneos.

Estas cosechas nos han legado infinidad de palabras, a veces en forma de preciosas expresiones y metáforas. Por ejemplo, “hacer el agosto”, símbolo de los pingües beneficios que percibe el agricultor ese mes, y por extensión los que se embolsa un vivales que en cualquier mes del año redondea sus cuentas corrientes. Una expresión que significa algo completamente distinto de aquel “agostar” un terreno por el excesivo calor que abrasa los cultivos.




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Viví los veranos de mi niñez en un molino de agua en la provincia de Burgos, donde veía cómo desde la mañana venían los agricultores de los pueblos vecinos trayendo sus remolques llenos de grano, todo tipo de grano: cebada, centeno, avena, trigo… Estas palabras cotidianas y sencillas guardan el secreto de muchas otras que usamos en castellano sin ser conscientes de su relación.

Cebada: del alimento o cebo al orzuelo

Muy común era la cebada. Si cebada en latín se dice hordeum, muy distante de cómo se expresa en nuestra lengua, del diminutivo (hordeolum) nos ha quedado el “orzuelo”, que semeja un minúsculo granito de cebada bajo los párpados. Y el nombre de la cebada, ¿de dónde viene? Del fin que se le daba a este cereal, el de cebar a los animales; todavía en italiano cibo significa comida o alimento en general, nuestro “cebo”.

Por cierto, que el Diccionario de la Real Academia Española ofrece “forúnculo” como sinónimo o palabra afín de orzuelo, que proviene de furunculum, “ladronzuelo”, diminutivo de fur, “ladrón”. Así llamamos a ese tallo secundario de la vid que se comporta como un ladrón, pues roba la savia furtivamente al tallo principal. De ahí pasó más tarde al cuerpo humano por su forma análoga.

Centeno, ciento por uno

Interesante también es el centeno (secale cereale, “cereal que se siega”). Su nombre en español responde a aquella parábola evangélica en la que Cristo decía que de la semilla que caía en tierra buena, unos darán treinta, otros sesenta y otros el ciento por uno (centenus). Había un sentir tradicional en la Antigüedad que indicaba que el centeno era el cereal más fecundo; o sea, que llegaba a dar el ciento por uno.

Avena, alimento y flauta

Y también llegaban remolques de avena, del latín avena, ahora tan de moda en los desayunos por sus propiedades y porque, según algunos expertos, podría ser incluida en la dieta sin gluten. Con la caña endurecida de la avena se hacían elementales flautas, como un caramillo (nombre que procede de calamellus, diminutivo de cálamo, “cañita”).

Espelta, inmolaciones y emolumentos

Más raro de encontrar entonces era la espelta o trigo espelta (Triticum spelta), el primero de los cereales que cultivó el hombre. También conocida como “escanda mayor”, es un cereal similar al trigo que se utilizó mucho en la Roma clásica. Con sus granos molidos (mola) y mezclados con sal, se hacía una pasta, la salsa mola, que se colocaba en el cuello de las víctimas antes de ser sacrificadas a los dioses.

A partir de ahí surgió el verbo inmolar y la inmolación, aunque ni los yihadistas suicidas que se inmolan por una causa, ni los ejecutivos que entregan su tiempo libre inmolándose por la empresa se espolvoreen salsa mola en la espalda. Y de la actividad de la molienda conservamos los emolumentos, es decir, la “retribución pagada al molinero por moler el grano”, aunque se utilice hoy para un sueldo o paga en general.

Trigo, trilla, trizas y triturar

Sin duda el rey de los cereales era el trigo, que proviene de un latino frumentum triticum (“triturado”), y cuya voz tiene que ver a su vez con el trillo y con triturar, entre otros muchos términos. Eso indica que se abandonó el sustantivo latino que lo designaba, frumentum, mantenido todavía en el italiano actual, frumento, y permaneció la finalidad del cereal, es decir, ser molido, triturado, para alimento.

De la misma raíz conservamos “triza”, algo en lo que terminamos después de un día de mucho trabajo, es decir, destrozados, hechos trizas. De esa misma raíz podemos tener el corazón contrito y atrito, triturado y destrozado por el peso de la culpa ante un delito o un pecado.

Y también nos llegan detrimento y detrito (del verbo latino detero), que equivaldría a quebranto.

Del trigo al bronceado

Hemos hablado del trillo (también la trilla), del latín tribulum, un instrumento que los jóvenes han visto quizás en paradores y hoteles elegantes convertido en mesa con un cristal encima, que trituraba la espiga en las eras separando el grano de la paja. Y en efecto, ya lo han adivinado ustedes, de aquí provienen también tribulación y atribulado, es decir, atormentado o triturado por dentro.

Sólo mucho más tarde, y ya desde el propio español, surgió el color trigueño de una persona, que hoy día diríamos bronceado, pero que se obtiene hoy de manera muy diferente al origen de la palabra. No son lo mismo diez horas trabajando bajo el sol, que dan ese color trigueño al labriego, que diez horas tumbado en la playa o en la hamaca.

The Conversation

Javier del Hoyo Calleja no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. ‘Hacer el agosto’: cereales, verano y lenguaje – https://theconversation.com/hacer-el-agosto-cereales-verano-y-lenguaje-262527

¿Por qué se mueven los planetas?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Itziar Garate Lopez, Profesora de Física en la Escuela de Ingeniería de Bilbao y miembro del Grupo de Ciencias Planetarias, Universidad del País Vasco / Euskal Herriko Unibertsitatea

Nazarii_Neshcherenskyi/Shutterstock

Este artículo forma parte de la sección The Conversation Júnior, en la que especialistas de las principales universidades y centros de investigación contestan a las dudas de jóvenes curiosos de entre 12 y 16 años. Podéis enviar vuestras preguntas a tcesjunior@theconversation.com


Pregunta formulada por el curso de 3º de la ESO de Aranzadi Ikastola. Bergara (Gipuzkoa)


Los planetas se mueven para sobrevivir: si no orbitaran alrededor de una estrella, serían engullidas por ella. Sin embargo, no les resulta nada fácil conseguirlo, ya que han de desplazarse a una velocidad muy concreta, como veremos.

La clave está en la inercia

Todo cuerpo tiene una inercia o tendencia a no variar su velocidad, ni en cantidad ni en dirección. De modo que, sin aplicarle ninguna fuerza, ese cuerpo seguirá inmóvil si inicialmente estaba en reposo o continuará desplazándose en línea recta y a la misma rapidez si se movía.

Por ejemplo, al acelerar el coche, nuestro cuerpo parece caerse un poco hacia atrás debido a que su tendencia es mantener la velocidad inferior que llevaba. Por el contrario, al frenar, parece que nos inclinamos hacia adelante, ya que nuestra inercia nos empuja a seguir con la velocidad superior que experimentábamos antes.

Algo diferente le pasará a un objeto al aplicarle una fuerza perpendicular a la dirección de la velocidad inicial: su trayectoria se curvará. Es lo que ocurre si lanzamos un balón desde cierta altura y de manera completamente horizontal: la fuerza de la gravedad (aplicada perpendicularmente a la dirección inicial de la pelota) modifica su trayectoria, curvándola hacia abajo y obligando al balón a caer, antes o después, al suelo.

Si un cuerpo experimenta esa fuerza perpendicular durante un largo periodo de tiempo, y no tiene ningún obstáculo en su camino, es posible que la trayectoria se cierre sobre sí misma y genere un recorrido circular. Imagina que haces girar una piedra atada a una cuerda sobre tu cabeza: como la tensión de la cuerda es perpendicular a su velocidad en todo momento, la trayectoria de la piedra describe una circunferencia perfecta.

Equilibrio casi imposible

Para que un planeta trace una órbita circular alrededor de su estrella ha de darse un equilibrio concreto: la fuerza que atrae al cuerpo al centro de la órbita (la fuerza de gravedad) debe ser igual a la fuerza que lo expulsa de esa órbita (la fuerza centrífuga).

La primera se genera debido a que los dos cuerpos (estrella y planeta) tienen masa, y la segunda se debe a la inercia del planeta. El equilibrio entre ambas fuerzas se consigue con una velocidad única, que se expresa con una fórmula: v2 = G·M/d. Curiosamente no depende de la masa del planeta, sino de la masa de la estrella (M), de la distancia entre estrella y planeta (d) y de la constante de gravitación universal (G).

Si la velocidad del planeta es mayor que la velocidad de equilibrio, entonces escapará de esa órbita alejándose más y más de la estrella; probablemente, acabará sus días siendo un planeta errante en el universo. Sin embargo, si su velocidad es menor que la de equilibrio, caerá hacia el centro de la órbita. Entonces, casi seguro, acabará engullido por esa estrella.

Pero ¿y las leyes de Kepler?

Estos valores invariantes de la velocidad y la distancia de un planeta parecen ser incompatibles con las llamadas leyes de Kepler, pero no lo son.

Recordemos brevemente estas leyes:

  1. Todos los planetas se mueven alrededor del Sol describiendo una trayectoria elíptica (no circular).

  2. La recta que une el planeta con el Sol barre áreas iguales en tiempos iguales (lo que implica una velocidad no constante).

  3. El cuadrado del periodo orbital del planeta es proporcional al cubo de su distancia media al Sol.

Que las órbitas no sean circulares se debe a que los planetas del sistema solar no están solos. La fuerza de gravedad ejercida entre los mundos de nuestro vecindario cósmico hace que éstos varíen un poco su distancia al Sol mientras viajan, creando una órbita elíptica.

Este cambio de distancia hace que los planetas tengan que adaptar su velocidad según se encuentren en el pericentro (punto más cercano a la estrella) o apocentro (punto más lejano). Y la tercera ley de Kepler adapta la condición v2 = G·M/d a una órbita elíptica.

Origen de la velocidad

Casi todos los cuerpos existentes en un sistema planetario como el nuestro (estrella, planetas, lunas, asteroides, cometas…) tienen un origen común: el colapso gravitatorio de una nube molecular.

Estas nubes presentan regiones con más material que su entorno; es decir, tienen “grumos”, pero de tamaño astronómico. Si algún evento cósmico, como la explosión de una supernova cercana, acerca unos pocos grumos, la gravedad que genera esta acumulación de masa atraerá el material de su alrededor, y crecerá aún más.

Así se inicia un proceso en el que la nube va compactándose en una pequeña zona. Aquí, pocos millones de años más tarde, nacerán una estrella y sus planetas.

Mientras la nube colapsa acelera su rotación, igual que le ocurre a una patinadora que gira sobre sí misma y cierra sus brazos. Cuando esa velocidad de rotación es suficientemente grande, la fuerza centrífuga vuelve a jugar un papel importante. Esta es la fuerza que nos expulsa hacia fuera en una curva o cuando estamos montados en un tiovivo, y es la que hace que una masa esférica en rotación se convierta en un gran disco plano.

Será en ese disco de material que gira alrededor de la estrella en formación donde surjan los planetas. Pasarán millones de años y muchos procesos (acreción de partículas, fusión de cuerpos, impactos…) hasta que se forme un planeta como la Tierra o Júpiter. En el proceso, la velocidad de los cuerpos irá cambiando. Sólo aquellos que terminen teniendo la velocidad correcta para la distancia que los separa del Sol sobrevivirán hasta el momento en que nosotros nos preguntemos: ¿por qué se mueven los planetas?


La Cátedra de Cultura Científica de la Universidad del País Vasco colabora en la sección The Conversation Júnior.


The Conversation

Itziar Garate Lopez no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. ¿Por qué se mueven los planetas? – https://theconversation.com/por-que-se-mueven-los-planetas-247392

La prueba genética que exige World Athletics a las atletas femeninas es errónea

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Andrew Sinclair, Deputy Director of the Murdoch Children’s Research Institute, Murdoch Children’s Research Institute

Sebastian Coe, presidente de World Athletics (nombre que recibe el órgano rector del atletismo internacional desde 2019), ha anunciado recientemente una nueva norma para las atletas femeninas, que exige pruebas genéticas obligatorias para verificar su sexo biológico.

Dicho test debe realizarse si las deportistas desean participar en el Campeonato Mundial de Atletismo que se celebrará en Tokio en septiembre.

World Athletics ha declarado que todas las atletas que compitan como mujeres deberán someterse a una prueba del gen SRY para identificar si tienen el cromosoma Y masculino. Dado que ese gen se encuentra en el cromosoma Y, es, en la práctica, un indicador de dicho cromosoma.

Cualquier atleta cuya prueba muestre la presencia del gen SRY será excluida de competir en la categoría femenina en eventos de élite. Sin embargo, si la deportista padece una afección denominada síndrome de insensibilidad completa a los andrógenos (SICA), podrá optar a una exención.

Coe afirmó que la decisión se tomó para garantizar “la integridad del deporte femenino”, ya que World Athletics afirma que “el gen SRY es un indicador fiable para determinar el sexo biológico”.

Yo sostengo que la ciencia no respalda esta afirmación excesivamente simplista.

Y sé lo que digo, porque descubrí el gen SRY en el cromosoma Y humano en 1990. Durante 35 años he estado investigando este gen y otros necesarios para el desarrollo de los testículos.

Breve introducción al desarrollo de los testículos y los ovarios

Si un embrión humano tiene cromosomas X e Y (XY), a las seis semanas de desarrollo, el gen SRY del segundo desencadena una cascada de eventos donde intervienen unos 30 genes diferentes que conducen a la formación de los testículos.

En términos sencillos, los testículos producen hormonas –entre ellas, la testosterona– que dan lugar al desarrollo masculino.

Sin embargo, si un embrión tiene par de cromosomas X y X (XX), entra en juego un grupo de genes completamente diferente, se forman los ovarios y las hormonas producidas dan lugar a una mujer.

Sabemos que la formación de los testículos o los ovarios requiere una compleja red de muchos genes y proteínas que interactúan entre sí.

Mientras que algunos genes promueven el desarrollo de los testículos, otros promueven el desarrollo de los ovarios. Además, otros suprimen la formación de los ovarios o antagonizan la formación de los testículos.

Incluso una vez que los ovarios o los testículos están completamente formados, necesitamos otros genes para mantenerlos. Estos no siempre funcionan como se espera, lo que afecta al desarrollo de esos órganos.

¿Cómo se relaciona esto con las pruebas de sexo de las atletas de élite?

Los cambios o variantes en los numerosos genes que regulan el desarrollo de los testículos o los ovarios pueden dar lugar a una inversión del sexo o a testículos u ovarios que no funcionan. ¿Qué quiero decir con esto?

Si se produce un cambio en el gen SRY que impide que funcione con normalidad, una persona puede no desarrollar testículos y ser biológicamente femenina. Sin embargo, tiene cromosomas XY y, según las pruebas de World Athletics, quedaría excluida de la competición. No obstante, las atletas pueden recurrir la decisión si consideran que el resultado de la prueba no refleja su sexo.

Otros individuos XY pueden tener un gen SRY funcional, pero ser mujeres –con pechos y genitales femeninos, por ejemplo– y tener testículos internos.

Es importante destacar que las células de estas personas son físicamente incapaces de responder a la testosterona producida por estos testículos. Sin embargo, darían positivo en las pruebas de SRY y serían excluidas de la competición.

En los Juegos Olímpicos de Atlanta de 1996, ocho de las 3 387 atletas dieron positivo en los test del cromosoma Y. De ellas, siete eran resistentes a la testosterona.

La prueba SRY no es concluyente

World Athletics afirma que el gen SRY es un indicador fiable para determinar el sexo biológico. Pero es mucho más complejo, ya que intervienen características cromosómicas, gonadales (testículos/ovarios), hormonales y secundarias.

Utilizar el SRY para determinar el sexo biológico es incorrecto, ya que lo único que indica es si el gen está presente o no.

No señala cómo funciona el SRY, si se han formado testículos, si se produce testosterona y, en caso afirmativo, si el cuerpo puede utilizar esta hormona.

Otros problemas con el proceso de prueba del SRY

World Athletics recomienda que todas las atletas femeninas se sometan a un frotis bucal o una muestra de sangre para detectar la presencia del SRY.

Normalmente, la muestra se enviaría a un laboratorio que extraería el ADN y buscaría la presencia del gen SRY. Esto puede hacerse fácilmente en los países ricos, pero ¿qué ocurre en países más pobres que no cuentan con estas instalaciones?

Cabe señalar, además, que estas pruebas son muy sensibles. Si un técnico de laboratorio varón se ocupa de la prueba, puede contaminarla inadvertidamente con una sola célula de su piel y producir un falso positivo.

No se ofrece ninguna orientación sobre cómo llevar a cabo el test para reducir el riesgo de resultados falsos.

World Athletics tampoco reconoce el impacto que un resultado positivo tendría en una persona, que puede ser más profundo que la simple exclusión del deporte.

La organización no mencionó el requisito de proporcionar un asesoramiento genético adecuado, que se considera necesario antes de realizar pruebas genéticas y al que es difícil acceder en muchos países de ingresos bajos y medios.

Yo, junto con muchos otros expertos, convencí al Comité Olímpico Internacional de que abandonara el uso del SRY para las pruebas de sexo para los Juegos Olímpicos de Sídney 2000.

Por lo tanto, resulta muy sorprendente que, 25 años después, se esté realizando un esfuerzo equivocado para restablecer el test.

Teniendo en cuenta todos los problemas expuestos anteriormente, el gen SRY no debería utilizarse para excluir a las mujeres atletas de la competición.

The Conversation

Andrew Sinclair recibe financiación del NHMRC.

– ref. La prueba genética que exige World Athletics a las atletas femeninas es errónea – https://theconversation.com/la-prueba-genetica-que-exige-world-athletics-a-las-atletas-femeninas-es-erronea-262895

Precavidas y previsoras: cien años atrás, así eran las inversionistas bancarias españolas

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Susana Martínez-Rodríguez, Catedrática de Historia e Instituciones Económicas, Universidad de Murcia

Patio central del Banco Hispano-Americano. Biblioteca Digital memoriademadrid

Investigar en los archivos históricos de los grandes bancos españoles es una tarea que, equivocadamente, puede parecer gris, pero sus registros cuentan historias que hacen replantear la concepción histórica del desarrollo económico del país.

Se tiene una imagen en blanco y negro de la España de principios del siglo XX y sus grandes empresas: hombres poderosos controlando las finanzas y los negocios. Sin embargo, los archivos matizan esta historia.

Mujeres inversoras

Suele pensarse que el acceso de las mujeres al mundo financiero es un logro relativamente reciente, pero ya en las décadas de 1920, 1930 y 1940 las mujeres participaban en los mercados. Compraban bonos e invertían en acciones bancarias como una forma segura y eficiente de gestionar su riqueza. Lo hacían en silencio, pero la documentación conservada da fe, con claridad y rotundidad, de su presencia.

Hemos analizado más de 34 000 registros de accionistas de tres bancos españoles y descubrimos que la presencia femenina en el accionariado de los bancos comerciales creció con fuerza entre 1918 y 1948. Estas mujeres no eran personajes excepcionales, sino que formaron parte de una tendencia que desafió los límites sociales de su época y transformó discretamente la historia financiera del país. En otros países, particularmente Gran Bretaña, la presencia de mujeres accionistas era conocida y valorada –no siempre positivamente– por sus contemporáneos.

Un periodo convulso y transformador

En España, el inicio del siglo XX estuvo marcado por la inestabilidad política y social. Las turbulencias políticas, los cambios de régimen, la Guerra Civil y los primeros años de la dictadura franquista hacen pensar que no existía el clima propicio para que las mujeres tomaran parte activa de la vida económica del país.

Sin embargo, nuestros datos muestran que la presencia de mujeres accionistas exhibe una tendencia de crecimiento constante durante todo el periodo analizado (1918-1948). Por tanto, este fenómeno no puede entenderse como una situación coyuntural, sino como un indicio claro de un cambio estructural en el funcionamiento de la economía y las finanzas.

Evolución del porcentaje de mujeres accionistas entre 1918 y 1948. La columna izquierda corresponde a los porcentajes de los bancos de Irún y de La Coruña y el de la derecha a los del Banco Hispano Americano (BHA).
Fuente: elaboración propia

La persistencia y el aumento progresivo de la presencia de mujeres accionistas ponen de manifiesto que, pese a las turbulencias políticas y sociales, se estaba produciendo una transformación en las dinámicas económicas para dar paso a la democratización de los mercados.

La expansión femenina en las finanzas españolas

La feminización del accionariado de los bancos privados respondía a determinantes financieros. Al invertir, las mujeres buscaban un beneficio económico estable que aumentara su bienestar y les proporcionara una fuente sostenida de ingresos a lo largo del tiempo. Este fenómeno revela una participación consciente por parte de las accionistas, quienes aprovecharon las oportunidades disponibles para consolidar su capacidad financiera individual.

Los resultados también apuntan a la importancia de las redes familiares en el acceso de las mujeres a los mercados. Estas redes actuaron como canales de transmisión de recursos y riqueza. La inclusión en el Código Civil de 1889 de un sistema igualitario de herencia para todos los descendientes permitió a las mujeres acceder a unas riquezas que, bajo otras condiciones, habían quedado fuera de su alcance.

El cambio normativo en la distribución de las herencias, permitió una repartición más equitativa del patrimonio entre los herederos de las familias con recursos. Se redujeron así las barreras que tradicionalmente limitaban el acceso de las mujeres al capital, fomentando su presencia en espacios tradicionalmente destinados a los hombres.

La libertad económica de la que disfrutaron algunas mujeres españolas surgió de una trayectoria de largo plazo donde las redes familiares y los marcos normativos jugaron un papel central.

Legado y riesgo en la presencia femenina en los mercados financieros

Las mujeres que invertían sus ahorros en acciones, al igual que los hombres, buscaban proteger y rentabilizar su riqueza . Pero hay un hecho diferencial: las mujeres conservaban más tiempo sus acciones, lo que puede interpretarse como una manera de constituir un legado patrimonial que no solo las beneficiaría a ellas, sino que pasaría a la siguiente generación.

También aparece aquí un factor cultural –una mayor o menor aversión al riesgo– que debe ser tenido en consideración a la hora de explicar los distintos comportamientos financieros.

El legado de las mujeres accionistas españolas va más allá de su gestión particular y sus decisiones para maximizar su peculio. Son parte del desarrollo económico y la modernización del país, una parte ignorada que tomó decisiones con su dinero y dejó huella en el desarrollo y modernización económica de España.

Estos hallazgos no solo tienen un valor histórico: también sirven como espejo para seguir avanzando en la igualdad financiera.

The Conversation

Susana Martínez-Rodríguez agradece la financiación de la Fundación SENECA- Agencia Regional de Ciencia e Investigación de la Región de Murcia 21947/PI/22: INCLUSIÓN FINANCIERA Y DIFERENCIAL DE GÉNERO EN LA TENENCIA DE ACTIVOS FINANCIEROS: EL CASO ESPAÑOL.

Laura Lopez-Gomez agradece la financiación de la Fundación SENECA- Agencia Regional de Ciencia e Investigación de la Región de Murcia 21947/PI/22: INCLUSIÓN FINANCIERA Y DIFERENCIAL DE GÉNERO EN LA TENENCIA DE ACTIVOS FINANCIEROS: EL CASO ESPAÑOL.

– ref. Precavidas y previsoras: cien años atrás, así eran las inversionistas bancarias españolas – https://theconversation.com/precavidas-y-previsoras-cien-anos-atras-asi-eran-las-inversionistas-bancarias-espanolas-255925

El sorprendente ecosistema que late en una gota del océano

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Antonio Figueras Huerta, Profesor de investigación del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, Instituto de Investigaciones Marinas (IIM-CSIC)

Una ola choca contra la costa. Wikimedia Commons., CC BY

Para comprender verdaderamente el cosmos microscópico que exploraremos, primero debemos visualizar qué son exactamente 50 microlitros. Esta cantidad, equivalente a una gota típica de agua marina, representa apenas la mitad de una décima de mililitro. Para poner esto en perspectiva, cabrían 20 000 gotas de este tamaño en una cucharada de café.

En términos cotidianos, es 10 veces menor que el volumen de un grano de arroz y equivale aproximadamente al volumen de un cabello humano de un centímetro de largo. Esta diminuta cantidad puede parecer insignificante, pero cuando se trata de una gota de agua de mar, representa un universo repleto de vida.

Un mundo invisible

Las aguas costeras de Galicia, especialmente en zonas como la ría de Vigo, albergan una biodiversidad microscópica extraordinaria. En una sola gota de estas aguas podríamos encontrar entre 50 000 y 100 000 bacterias y una cantidad incluso mayor de virus. Pero estos números apenas comienzan a describir la complejidad de este mundo invisible.

Los estudios realizados en las costas gallegas han revelado que los organismos microscópicos más diversos son los protistas, es decir, los animales, plantas u hongos cuyas células contienen un núcleo celular definido (eucariotas). Individualmente más grandes que las bacterias, están presentes en números menores, pero con una diversidad extraordinaria: representan casi la mitad de toda la vida microscópica presente en estas aguas.

Virus amantes del agua

Los virus marinos son probablemente los habitantes más numerosos de nuestra gota oceánica gallega. En nuestros diminutos 50 microlitros, podríamos encontrar entre 50 000 y 500 000 partículas virales.

Aunque son invisibles incluso con los mejores microscopios ópticos, estos virus desempeñan un papel crucial controlando las poblaciones de bacterias y otros microorganismos. Sin embargo, curiosamente, los estudios en mejillones de las rías gallegas muestran que estos bivalvos filtradores apenas retienen virus en sus tejidos, lo que sugiere que los estos agentes microscópicos permanecen principalmente en la columna de agua.

Las bacterias, trabajadoras incansables

Las bacterias marinas son las verdaderas trabajadoras de nuestro océano. En cada gota, encontraríamos representantes de los principales grupos que mantienen funcionando los ecosistemas marinos. Los tipos más comunes en las aguas gallegas pertenecen a grupos como oceanospirillales, flavobacteriales y vibrionales.

Estas bacterias realizan tareas esenciales: reciclan nutrientes, producen oxígeno, descomponen materia orgánica y participan en los ciclos del carbono y nitrógeno que mantienen saludable el ecosistema marino. Algunas viven flotando libremente en el agua, mientras otras forman comunidades adheridas a partículas o superficies.

Los protistas, la diversidad hecha vida

Los protistas son, quizás, los habitantes más fascinantes de nuestra gota gallega. Este grupo incluye las diatomeas, que son como pequeñas joyas microscópicas con caparazones de cristal y producen gran parte del oxígeno que respiramos.

Diatomeas al microscopio.
Gordon T. Taylor / Wikimedia Commons., CC BY

En las aguas de las rías gallegas, abundan especialmente las diatomeas como Navicula, Amphora y Pseudo-nitzschia. Esta última puede producir toxinas que ocasionalmente afectan a los mejillones cultivados en las bateas gallegas.

También encontraríamos dinoflagelados –microorganismos unicelulares que forman parte del fitoplancton–, algunos de los cuales pueden crear las famosas “mareas rojas” cuando se multiplican masivamente.

Ciertos dinoflagelados poseen una característica especial que los convierte en verdaderos artistas de la naturaleza: la bioluminiscencia. Cuando son perturbados por el movimiento del agua, emiten una luz azul verdosa que crea uno de los espectáculos más mágicos de nuestras costas: el famoso “mar de ardora” gallego. En noches especialmente cálidas de verano, millones de estos organismos microscópicos pueden iluminar las olas que rompen en nuestras playas, convirtiendo el mar en un verdadero universo de estrellas líquidas. En nuestra pequeña gota de 50 microlitros podríamos tener cientos de estos organismos bioluminiscentes esperando brillar al menor movimiento.

Otros inquilinos de nuestras gotas son unos depredadores microscópicos llamados ciliados, que controlan las poblaciones bacterianas como verdaderos “lobos” microscópicos.

El protozoo ciliado Paramecium caudatum.
Wikimedia Commons., CC BY

Hongos marinos, recicladores especializados

Aunque menos abundantes que otros grupos, los hongos son cruciales para la descomposición en nuestras aguas gallegas. En nuestros 50 microlitros encontraríamos entre 1 000 y 5 000 esporas fúngicas o estructuras reproductivas.

Estos hongos incluyen especies que pueden afectar a los organismos marinos cultivados en Galicia. Algunos géneros como Aplanochytrium y Thraustochytrium pueden causar enfermedades en crustáceos y otros invertebrados marinos, lo que los convierte en organismos de especial interés para los acuicultores gallegos.

Protozoos, grandes tragones

Nuestra gota gallega también alberga larvas de muchos de los invertebrados marinos que conocemos en forma adulta, como percebes, mejillones, cangrejos y peces. También encontraríamos rotíferos, copépodos juveniles y otros diminutos organismos.

Cocópedo, crustáceo de pequeño tamaño muy extendido por el planeta.
Wikimedia Commons., CC BY

Durante el verano, cuando las aguas están más cálidas, son más abundantes. En nuestros diminutos 50 microlitros podríamos encontrar entre 5 y 50 de estos metazoos microscópicos, dependiendo de la estación del año y la ubicación específica en la ría.

Cómo sabemos todo esto

Nuestro conocimiento de este universo microscópico se debe a técnicas modernas de análisis genético. Los científicos ya no necesitan cultivar estos organismos en laboratorio, algo que era imposible para la mayoría. Ahora pueden extraer todo el material genético de una muestra de agua y analizar las huellas dactilares genéticas de cada organismo presente.

Esta tecnología, llamada metabarcoding de ADN, permite identificar miles de especies simultáneamente. Es como hacer un censo completo de todos los habitantes microscópicos de una gota de agua en una sola operación.

Relaciones complejas en un universo minúsculo

Más allá de los números, lo verdaderamente fascinante de esta gota oceánica son las intrincadas relaciones entre los organismos que la habitan: los virus infectan bacterias y otros microorganismos, controlando sus poblaciones; las bacterias reciclan nutrientes que luego utilizan las diatomeas y otros productores microscópicos; los ciliados y otros protistas se alimentan de bacterias, y los hongos descomponen materia orgánica compleja.

Todos estos procesos ecológicos ocurren simultáneamente en el espacio microscópico de una gota, como un ecosistema completo, con sus productores, consumidores y descomponedores.

La próxima vez que pasee por la playa, recuerde que cada gota, cada diminuta fracción de 50 microlitros, contiene más diversidad biológica que muchos bosques enteros. En este universo microscópico se desarrollan historias de supervivencia, competencia y cooperación, ciclos de vida completos y procesos que son fundamentales para mantener la salud de nuestras rías y la productividad pesquera y marisquera que caracteriza a Galicia.

The Conversation

Antonio Figueras Huerta no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. El sorprendente ecosistema que late en una gota del océano – https://theconversation.com/el-sorprendente-ecosistema-que-late-en-una-gota-del-oceano-262016

El reto de reducir el desperdicio alimentario en los hospitales

Source: The Conversation – (in Spanish) – By María Torrejón-Ramos, Professor of Business Organisation, Universidad Rey Juan Carlos

Kzenon/Shutterstock

El desperdicio alimentario es un tema de máxima preocupación a nivel mundial por su impacto en el medio ambiente, la economía y en la salud de las personas. En la Unión Europea (UE) se desperdician 88 millones de toneladas de alimentos por año, lo que se traduce en la abrumadora cantidad de 173 kg por persona.

Se estima que dicho desperdicio puede tener unos costes asociados a la pérdida de alimentos de 143 000 millones de euros anuales. Además, no podemos olvidar el impacto que supone en nuestro planeta, contribuyendo a la emisión de gases de efecto invernadero, el deterioro de la biodiversidad y a la contaminación.

No en vano, la reducción del desperdicio alimentario está incluida en varias de las metas de algunos de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). Es el caso de la meta 12.3 del ODS 12 (Producción y Consumo Responsables) para disminuir a la mitad el desperdicio de alimentos; el ODS 2 (Hambre Cero) con las metas 2.1 y 2.2 de garantizar acceso a una alimentación sana y suficiente; el ODS 3 (Salud y Bienestar) al promover dietas saludables que previenen enfermedades; el ODS 6 (Agua Limpia y Saneamiento) y el ODS 7 (Energía Asequible y No Contaminante) al optimizar el uso de recursos hídricos y energéticos y el ODS 13 (Acción por el Clima) al reducir las emisiones de gases de efecto invernadero derivadas de la pérdida y el desperdicio de alimentos.

El desperdicio de alimentos en hospitales

El desperdicio de alimentos en los hospitales es un problema que está menos estudiado. A pesar de que estos establecimientos también son grandes generadores de este tipo de desperdicio, no suelen ser conscientes de cuánto se tira ni de los costes que esto supone.

Estudios recientes, como el que hemos publicado en Gaceta Sanitaria, ponen de manifiesto esta problemática. Algunos datos extraídos de artículos científicos son abrumadores. Por ejemplo, en Portugal, un trabajo estimó que el 35 % de la comida servida en un hospital se desperdicia. Otros autores observaron que el desperdicio del plato principal varió según el área: 72,6 % en pediatría, 47,5 % en medicina interna y 46,9 % en oncología. Esto evidencia diferencias según el servicio hospitalario.

Otro estudio estimó que los hospitales turcos usaron en 2018 unos 8 600 GWh (3,3 % del consumo eléctrico nacional) y generaron 49 000 toneladas de residuos alimentarios, equivalentes al 1 % de su consumo energético anual.

Además, investigaciones más recientes muestran poca variación en las cifras de desperdicio hospitalario. Por ejemplo, en 2025, se publicaron datos en los que se evidencia el 31,4 % de desperdicio de alimentos en 16 hospitales del Líbano.

Algunos estudios refuerzan estos datos. Una revisión apunta que, en Europa, los hospitales y otros establecimientos relacionados con el sistema de salud generan unos residuos alimentarios que varían entre el 6 y el 65 % del desperdicio total.

Entre las causas del problema se encuentran unos sistemas ineficientes de pedidos y entrega de alimentos, raciones inadecuadas, una presentación de los platos que puede resultar poco apetecible y la baja apetencia de los pacientes, derivada de su estado de salud. En especial, aquellos en estado crítico podrían no consumir los alimentos servidos en su bandeja y, debido a las estrictas pero necesarias medidas sanitarias, estos no podrían ser reutilizados.

Estrategias para reducir el despilfarro

A través de la gestión de los desperdicios de los hospitales se puede ayudar a reducir su impacto ambiental, social y económico. Por ejemplo, los responsables de estas instalaciones pueden educar sobre hábitos saludables y fomentar el bienestar social a través de una cultura organizacional enfocada en la sostenibilidad. También se pueden buscar acciones para mejorar tanto el rendimiento como el bienestar del personal.

En España, ya se están implementando iniciativas innovadoras para reducir el desperdicio de alimentos. Un ejemplo es la colaboración del Hospital de Fuenlabrada (Madrid) con la aplicación Too Good To Go, permitiendo vender el excedente de comida del final del día en lugar de desecharlo. Además, se están adoptando medidas como la personalización de los platos para los pacientes, asegurando así un mejor aprovechamiento de los alimentos.

En Australia observaron que implementar el servicio de habitaciones disminuyó el desperdicio en platos del 30 % al 17 %. En España, un artículo científico del año 2022 mostró cómo identificando los platos más desperdiciados e introduciendo cambios concretos (nuevas recetas, más variedad…) se puede reducir significativamente el desperdicio de algunos alimentos como el pollo (de 35,7 % a 7,2 %) o el pescado (de 29,5 % a 12,8 %). Por lo tanto, acciones específicas y bien dirigidas pueden marcar la diferencia.

Además, los restos de comida de un hospital podrían transformarse en productos útiles, como hidrogeles para impresión 3D y bioestimulantes para plantas. De esta forma, los residuos alimentarios se convierten en recursos dentro de una economía circular.

Nueva propuesta para la gestión circular

Hemos propuesto un modelo de gestión de los recursos orientado a servir como guía para la reducción del desperdicio alimentario: el Modelo Circular de la Triple C.

Si bien es cierto que los hospitales no siempre pueden reutilizar recursos debido a las estrictas normas sanitarias, el modelo propone aplicar principios de economía circular para aprovechar mejor lo que se tiene, así como el uso de las tecnologías de la información y la comunicación, lo que podría mejorar tanto la sostenibilidad como el bienestar de pacientes y personal.

Si los responsables de la gestión cuentan con mecanismos de coordinación y canales de comunicación fluidos tanto con los pacientes como con el personal sanitario, sería posible replantear la forma en la que se administra la alimentación.

Asimismo, fomentar la colaboración entre todos los actores implicados promueve una mayor responsabilidad compartida en la reducción del desperdicio y la pérdida de alimentos.

Cuando hablamos de los actores implicados nos referimos, por una parte, al personal sanitario –médicos, enfermeros y técnicos, entre otros–, cuya participación es esencial para implementar prácticas sostenibles. También deben considerarse los proveedores de alimentos, que desempeñan un papel fundamental en la cadena de suministro. Asimismo, las instituciones deben crear marcos regulatorios que impulsen la cooperación de todos los actores, mientras que las universidades, como aliadas estratégicas, fomentan colaboraciones interdisciplinarias desde la investigación para mejorar continuamente este ámbito.

El Modelo Circular de la Triple C pretende animar a los investigadores a trabajar codo con codo con las instituciones de salud y a impulsar la colaboración entre distintas disciplinas. La idea es clara: implantar políticas públicas que nos acerquen al cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la Agenda 2030.

Los beneficios son importantes, ya que se puede mejorar la salud de los pacientes, además de cuidar del planeta y de reducir costes en los hospitales. El desperdicio de alimentos no es un dato más: es una llamada de atención sobre un problema que nos involucra a todos.

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Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

– ref. El reto de reducir el desperdicio alimentario en los hospitales – https://theconversation.com/el-reto-de-reducir-el-desperdicio-alimentario-en-los-hospitales-262812

Moda litúrgica en tiempos líquidos: del Jubileo al desfile de Dolce & Gabbana

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Sandra Bravo Durán, Socióloga y Doctora en Creatividad Aplicada, UDIT – Universidad de Diseño, Innovación y Tecnología

La cantante Cardi B. en la gala MET dedicada a la exposición ‘Heavenly Bodies’ en la que se exploraba la relación entre la moda y la religión. Sky Cinema/Shutterstock

En este Jubileo 2025, Roma acoge a millones de peregrinos que buscan reencontrarse con lo trascendente. Pero mientras la ciudad se convierte en escenario de espiritualidad, también lo es de expresión estética.

El reciente desfile de Dolce & Gabbana en el Castillo de Sant’Angelo –con su pasarela alfombrada en amarillo y una colección de Alta Sartoria inspirada en la sastrería eclesiástica– ha reactivado un debate que no es nuevo: el vínculo entre religión y moda.

¿Puede la moda ser una vía legítima de exploración espiritual? ¿O trivializa lo que para muchos es profundamente sagrado?

Lejos de reducir este fenómeno a provocación, conviene observarlo con mayor profundidad. Porque lo que ocurre en la pasarela puede leerse no solo como espectáculo, sino como una forma contemporánea de reinterpretar símbolos que llevan siglos construyendo sentido.

Moda y religión: un diálogo tan antiguo como el poder

Aunque parezcan opuestas, moda y religión comparten más de lo que creemos. Ambas codifican el cuerpo, organizan lo visible y construyen comunidad. Tienen reglas, autoridades, símbolos, calendarios y vestimentas rituales. Como señaló el sociólogo francés Pierre Bourdieu, la ropa no es solo adorno, sino capital simbólico. Y eso lo entendió la Iglesia antes que nadie.

Durante siglos, el catolicismo desarrolló uno de los sistemas visuales más potentes de Occidente. Su archivo textil es vasto y sofisticado: los colores litúrgicos –púrpura para la penitencia, blanco para la pureza, rojo para el martirio o dorado para la gloria– siguen apareciendo en colecciones de moda sin necesidad de cita. La sotana, la tiara papal, el velo o el incensario se han convertido en signos reconocibles y reutilizables por diseñadores y marcas.

Del Vaticano al front row

En 2018, la Met Gala y la exposición Heavenly Bodies, del Instituto del Traje del Metropolitan Museum of Art, dieron visibilidad global a esta convergencia. La muestra reunió más de 150 piezas de alta costura –de Versace, Balenciaga, Gaultier o Dolce & Gabbana– junto a ornamentos litúrgicos cedidos por el Vaticano. Rihanna apareció vestida como un papa barroco, Zendaya como Juana de Arco y los mosaicos bizantinos se convirtieron en estampado.

Este diálogo no es nuevo. Jean Paul Gaultier reinterpretó túnicas inspiradas en la Virgen María, Alexander McQueen convirtió la pasarela en liturgia gótica y Simone Rocha explora lo ritual con encajes, velos y siluetas que remiten a lo sacro. Para muchos diseñadores, la religión no es solo inspiración formal, sino un archivo simbólico cargado de densidad emocional e histórica.

La moda, en ese gesto, no solo copia: resignifica. Y lo hace en una cultura crecientemente estetizada, donde lo espiritual también se vuelve experiencia visual.

Jubileo 2025: religión, moda y el anhelo de lo eterno

El desfile de Dolce & Gabbana en este año jubilar no es una coincidencia. En tiempos de aceleración, ansiedad climática, pérdida de referentes y crisis institucional, muchas personas buscan anclajes simbólicos que devuelvan una cierta solemnidad o sentido. La religión ofrece precisamente eso: narrativas estructuradas, rituales compartidos y promesas de trascendencia.

Aunque la práctica religiosa haya perdido peso en ciertos sectores, su lenguaje visual mantiene una potencia simbólica indiscutible. Lo sagrado retorna –no siempre como fe, pero sí como gesto cultural– en pasarelas, redes sociales como Instagram y Tik Tok (#christiancore, #biblicalfashion), diseño o publicidad. No es devoción, sino búsqueda. Un intento de dotar de profundidad a una cultura marcada por la fugacidad.

El desfile romano de Dolce & Gabbana es algo más que lujo: es un síntoma de que, incluso en los espacios más estetizados, persiste la necesidad de relato, ritual y liturgia emocional.

Nuevos contextos y sensibilidades

Más allá de la alta costura, ha crecido el #modestfashion, un movimiento global impulsado por mujeres musulmanas, cristianas y judías que integran su fe en su forma de vestir. Lejos de ser una imposición, muchas lo viven como una elección consciente: una expresión espiritual, estética y ética a la vez.

Aquí, la moda no busca transgredir ni apropiarse, sino acompañar. Marcas como Nike o Uniqlo han respondido a esta sensibilidad con colecciones específicas, y plataformas como ASOS ya incluyen una categoría de ropa modest. Incluso hay semanas de la moda especializadas –las Modest Fashion Weeks– en Estambul, Londres o Dubái.

Cubrirse no es sumisión, sino elección identitaria. Como explica la socióloga Joanne Entwistle, el cuerpo vestido es un espacio de negociación social y personal. Y ahí, fe, estilo y autoafirmación pueden convivir.

Entre la fe y el espectáculo

Se acusa a menudo a la moda de superficial, pero ha sido históricamente vehículo de transformación y expresión cultural. El filósofo y sociólogo francés Gilles Lipovetsky la definió como el espejo más preciso de la modernidad: obsesionada con lo nuevo, atrapada en lo efímero. Y quizá por eso, cuando se cruza con lo sagrado, lo hace buscando algo que la excede: solemnidad, arraigo y sentido.

En una cultura donde todo es contenido, la religión conserva algo inusual: profundidad. Una cruz bordada no es solo ornamento: es signo. El dorado no es solo tendencia: es símbolo de gloria. El desfile, en su teatralidad, imita el ritual. Y los diseñadores acceden, incluso sin fe, a un imaginario que sigue operando como archivo emocional compartido.

La estética litúrgica en este Jubileo no es solo una moda más. Es síntoma de una necesidad: en una cultura de la inmediatez, vestir lo sagrado es un acto de conexión intergeneracional; un modo de recordar que no todo caduca.

Entre bordados litúrgicos y telas solemnes, lo que se teje es el deseo de continuidad en un mundo que, por momentos, parece deshilacharse.

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Sandra Bravo Durán no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. Moda litúrgica en tiempos líquidos: del Jubileo al desfile de Dolce & Gabbana – https://theconversation.com/moda-liturgica-en-tiempos-liquidos-del-jubileo-al-desfile-de-dolce-and-gabbana-262175

Seguimos sin invertir lo suficiente en prevención de incendios

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Víctor Resco de Dios, Catedrático de Ingeniería Forestal y Cambio Global, Universitat de Lleida

Los incendios forestales han vuelto, un estío más, a copar los titulares informativos en España con un importante número de focos en las comunidades de Galicia, Castilla y León y Extremadura.

Tal vez el fuego pueda parecer la consecuencia inexorable de vivir en entornos mediterráneos o atlánticos, que son zonas con mucha vegetación y una larga sequía estival. Pero ¿es esto realmente así? ¿Podríamos haber evitado por lo menos parte del daño que están infligiendo las llamas?

Extinción vs. prevención

La respuesta al problema de los incendios forestales se ha centrado en fortalecer la extinción, pero responder a un problema no es lo mismo que solucionarlo. Responder es hacer algo, cualquier cosa, independientemente de su efectividad o eficacia. Solucionar un problema, sin embargo, implica abordar las causas estructurales con el fin de evitar aquellos daños que sean evitables y de aprovechar las oportunidades que nos pueda brindar la eventualidad.

Aumentar los recursos para la extinción es una medida populista, que goza de aceptación popular, pero que no soluciona el problema. Algunas estimaciones indican que el 75 % de las descargas aéreas, por poner un ejemplo, son inútiles.

¿Cómo solucionamos el problema, entonces? La clave yace en pasar de apagar incendios a gestionar el fuego.

¿En qué consiste gestionar el fuego?

Para entender cómo gestionar el fuego, debemos antes comprender su papel ecológico y social. El fuego, junto con los herbívoros y algunos microbios, se encarga de reciclar la biomasa en los ecosistemas. Esto es, las plantas crecen continuamente, pero la biomasa no se acumula indefinidamente porque los incendios la queman, las herbívoros la comen y los microbios la descomponen.

Muchos de nuestros ecosistemas tienen ahora una carga de biomasa que ya no es natural. Tras el abandono rural, la actividad de los herbívoros ha pasado a ser anecdótica, dejando a los incendios como el principal encargado de reciclar ese exceso de biomasa. Los incendios actuales son particularmente voraces porque se encuentran con unas acumulaciones de combustible exageradas.




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Gestionar el fuego, por tanto, no quiere decir únicamente apagar las llamas tan pronto como salta la primera chispa. Gestionar el fuego consiste, ante todo, en gestionar ese exceso de biomasa, de manera que entendamos el papel ecosistémico del fuego y que lo aprovechemos a nuestro favor.

En algunos casos, la gestión del fuego implicará que podamos dejar que algunos incendios ardan, siempre que se pueda garantizar la seguridad. También debemos introducir el fuego a través de quemas prescritas, que consumen la biomasa de forma segura para la población, a la par que contribuyen al reciclaje de nutrientes.

Otras medidas incluyen favorecer la ganadería extensiva, que disminuya el combustible, reducir la espesura de los bosques, que se encuentran en los niveles más altos de los últimos 100 000 años, y fortalecer la actividad agrícola.

Los incendios como problema político

Aunque actualmente se llevan a cabo algunas estrategias para la prevención de incendios en España, estas son escasas y no de la magnitud necesaria. Las competencias están actualmente transferidas a las comunidades autónomas.

En contra de lo que se considera tradicionalmente, la principal limitación a la gestión del fuego y a la prevención no es pecuniaria. Desde el Grupo de Refuerzo de Actuaciones Forestales de Bombers de Catalunya han estimado que la extinción cuesta unas 19 000 €/ha, mientras que la prevención se sitúa en los 3 000 €/ha cuando hablamos de claras (cortar árboles) o desbroces, o en los 300 €/ha en el caso de las quemas prescritas.

Tampoco se trata de una limitación científica, ya que los estudios existentes apuntan a cómo abordar el problema. Y desde el punto de vista técnico, ingenieril, también sabemos qué debemos hacer. Se trata, principalmente, de un problema político. Porque para abordar plenamente la gestión del fuego y de los ecosistemas se necesitan políticos valientes.

En la cabeza de muchos legisladores planean ideas románticas sobre la naturaleza, que confunden ecologismo con edenismo. Esto es, se pretende proteger a la naturaleza anulando la intervención humana, o llevándola a su mínima expresión. El caso más acusado lo encontramos en las áreas protegidas, que actualmente se queman de forma desproporcionada.

El fuego en las áreas protegidas

Los incendios en Las Médulas (León) o Tres Cantos (Madrid), por ejemplo, ocurrieron en zonas protegidas. Las estadísticas revelan que estas áreas pueden llegar a arder hasta 17 puntos por encima de lo que les correspondería. Además, la severidad del incendio, o su intensidad, es un 20 % mayor que en los bosques no protegidos y la exposición de la población que vive en estos espacios, o en su periferia, es un 900 % mayor.

Las causas las encontramos en las grandes acumulaciones de biomasa resultantes de la escasa actividad forestal, junto con el bajo número de accesos y factores topográficos y meteorológicos.

Fuera de las áreas protegidas también nos encontramos con problemas serios. El agricultor que pretenda recuperar tierras abandonadas hace unas décadas para su cultivo, por poner un ejemplo, se topará con una legislación que le obligará a realizar una evaluación de impacto ambiental incluso si solo pretende recuperar una hectárea de terreno. Esto supone un coste muy elevado y desincentivará la inversión, y la ley de deforestación que está preparando la Comisión Europea podría agravar aún más la situación.

Recordemos que llamamos hogar a nuestra casa. Hogar viene de hoguera, de estar cerca del fuego, socializando y cocinando. Debemos recuperar la gestión del fuego para vivir tranquilos en nuestros hogares.

The Conversation

Víctor Resco de Dios recibe fondos de de MICINN y la Comisión Europea.

– ref. Seguimos sin invertir lo suficiente en prevención de incendios – https://theconversation.com/seguimos-sin-invertir-lo-suficiente-en-prevencion-de-incendios-263155