Mundial de Clubes: ¿debe seguir el espectáculo aunque peligre la salud mental de los jugadores?

Source: The Conversation – France – By Cristina De Francisco, Profesora de Psicología de la Actividad física y el Deporte. Miembro del grupo de investigación "Psicología del Deporte: About Smocks And Jocks" (Universidad de Sevilla), Universidad de Sevilla

El pasado 8 de junio, Cristiano Ronaldo levantaba al cielo de Múnich la copa de la Nations League después de que Portugal derrotara a España en la tanda de penaltis. Mientras el entrenador español y sus seleccionados permanecían en el terreno de juego rindiendo tributo al campeón, una figura enfilaba el túnel de vestuarios tras jugar un partido gris y ser sustituido en la prórroga. Era Lamine Yamal, la nueva estrella del fútbol mundial de solo 17 años.

Una competición más, un descanso menos

Lamine ya está de vacaciones, como el resto de la plantilla del Barcelona. Pero no así muchos integrantes de otros equipos. Apenas han pasado algo más de dos semanas desde que terminó la Nations League y el nuevo Mundial de Clubes 2025 comienza con problemas. Los jugadores y entrenadores alzan la voz para señalar que no hay tiempo de descanso. Además, jugar con tanto calor aumenta el riesgo de problemas físicos y emocionales. El burnout (síndrome del trabajador quemado o del desgaste profesional) aparece como un enemigo silencioso en cada partido.

Estados Unidos acoge este nuevo Mundial de Clubes de la FIFA. Participan 32 equipos y se jugará cada cuatro años. La cita reúne, entre otros, a los clubes campeones de cada una de las seis confederaciones que rigen el fútbol a nivel mundial. A simple vista, puede parecer una fiesta del fútbol global. Pero de acuerdo con las declaraciones, la mayoría de los futbolistas lo percibe como una carga añadida.

Al comienzo de la temporada 24/25, diversos medios se hacían eco de la posibilidad de que los jugadores de la élite del fútbol europeo fueran a la huelga por la sobrecarga de partidos que conlleva el nuevo formato de la Champions League y la creación del Mundial de Clubes.

A la nueva competición mundial, hay que sumar los partidos de sus equipos, los de las selecciones y los torneos de cada continente, que en el caso de Europa incluyen más encuentros debido al nuevo formato con liguilla. Los deportistas no cuentan con tiempo suficiente para recuperarse y, además, muchos de ellos deben asumir un inicio de la pretemporada especialmente intenso.

Un rival más sobre el césped: el calor

Los organizadores del torneo priorizan los ingresos. Pero tanto jugadores como entrenadores califican la situación como insostenible.

El fuerte calor del verano en Estados Unidos no solo cansa el cuerpo. También puede afectar a la mente. Cuando hace mucho calor, las personas se sienten de mal humor y les cuesta más pensar con claridad. Si hay muchos partidos, viajes y presión, el calor lo empeora todo. El cuerpo necesita gastar fuerzas para no calentarse demasiado, lo que deja menos capacidad para concentrarse o controlar las emociones. Por eso, resulta más fácil que los jugadores puedan sufrir el síndrome de burnout, que les lleva a estar, casi literalmente, “quemados”.

¿Qué es el burnout en el deporte?

El burnout es más que estar cansado. En el ámbito deportivo, se trata de un síndrome psicológico que combina agotamiento físico y emocional, devaluación de la práctica deportiva (actitudes negativas hacia el deporte) y una sensación de fracaso o baja realización personal.




Leer más:
Cuerpos de acero, mentes quemadas: cuando los deportistas colapsan


Diversos autores lo han analizado desde distintos enfoques. Aunque todos coinciden en que es un problema complejo, cada uno ha destacado aspectos diferentes, que ayudan a entender cómo y por qué aparece.

  • Ronald E. Smith, de la Universidad de Washington, lo explica como un estrés crónico mal manejado, que surge cuando hay muchas demandas y pocos recursos para afrontarlas. A los futbolistas profesionales les pasa esto: muchos partidos, estar siempre bajo las cámaras, la presión, las lesiones y cada vez menos tiempo para descansar.

  • John M. Silva, de la Universidad de Carolina del Norte, lo enfoca desde la fisiología: un sobreentrenamiento que lleva al agotamiento, bajada del rendimiento y síntomas de malestar psicológico. Si no hay descanso, el cuerpo se fatiga. Pero si tampoco hay espacios para desconectar, es la mente la que se quiebra.

  • Jay Coakley, de la Universidad de Colorado, ofrece una mirada aún más crítica. El burnout aparece cuando el deportista pierde el sentido de autonomía y no puede desarrollar su identidad más allá del rendimiento. Cuando el deporte se convierte en una jaula que lo define todo, cualquier bajón se convierte en crisis. En los últimos años, varios jugadores han sido ejemplo de la sobreexplotación del talento joven.
    Ejemplo de ello es lo sucedido con Lamine Yamal tras la final de la Nations League que enfrentó a España y Portugal.

  • Greg W. Schmidt, de la Universidad Estatal de Middle Tennessee, y Gary L. Stein, de la Universidad de Oregón, ponen de manifiesto que algunos deportistas siguen compitiendo, aunque estén quemados. No se retiran porque no ven otras opciones o se sienten comprometidos. En el fútbol, muchos jugadores se mantiene en activo aunque estén muy cansados física y mentalmente. Piensan que ya han invertido mucho tiempo y recursos, que no saben hacer otra cosa o que defraudarían a los demás si se detienen. Esta obligación de seguir empeora el burnout, porque siguen sufriendo sin poder descansar o cambiar.

Una cultura que ignora a la persona

Lo preocupante es que, a menudo, el entorno responde con más presión. Titulares y testimonios enfatizan una versión unívoca: “rendirse no es una opción”, “hay que ser fuerte”, “el fútbol es así”, “otros querrían estar en tu lugar”.

Esta cultura del rendimiento perpetúa el silencio, el estigma y el colapso emocional. El burnout se desarrolla en sistemas que no protegen al deportista. Los clubes, federaciones y organismos internacionales priorizan el espectáculo y el beneficio económico, olvidando que los cuerpos tienen límites y las mentes también.

Mientras el negocio del fútbol crece, la salud de sus protagonistas se erosiona. No basta con servicios médicos o psicólogos de plantilla si no se reducen las causas estructurales: exceso de competiciones, falta de descansos y ausencia de políticas reales de cuidado.




Leer más:
¿De los clubes de fútbol a las empresas de fútbol? Cinco claves para entenderlo


El fútbol necesita repensarse: no solo en términos de justicia económica, sino también en cuanto a sostenibilidad humana. Si no se detiene esta espiral, el Mundial de Clubes será solo una muesca más en el calendario y una grieta más en la salud psicológica de los jugadores.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. Mundial de Clubes: ¿debe seguir el espectáculo aunque peligre la salud mental de los jugadores? – https://theconversation.com/mundial-de-clubes-debe-seguir-el-espectaculo-aunque-peligre-la-salud-mental-de-los-jugadores-259648

El gasto en defensa de España y sus diferencias con EE. UU.

Source: The Conversation – France – By Silvia Vicente-Oliva, Profesora de Gestión de la Innovación, Universidad de Zaragoza

gopixa/Shutterstock

España decidió pertenecer a la alianza atlántica, la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), en 1981, pero no sin voces discordantes dentro del país. De hecho, cuatro años después, el 12 de marzo de 1986, se celebraría un referéndum para decidir la permanencia de España en la Alianza.

En aquel momento el orden mundial enfrentaba al mundo en dos bloques liderados, de un lado, por la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas y del otro, por Estados Unidos. España se decantó por la propuesta atlantista y el proceso contribuyó a su modernización, a la vez que España aportaba su granito de arena a la defensa colectiva de Occidente.

La defensa colectiva

El Tratado del Atlántico Norte recoge los acuerdos establecidos entre los países que participan en la organización. De todos, el principio de defensa colectiva (Art. 5) es el más relevante: un ataque armado contra un miembro la OTAN se considera un ataque contra todos los miembros de la alianza.

Esta respuesta conjunta proporciona un efecto de disuasión frente a potenciales enemigos. La defensa colectiva solo ha sido invocada una vez, en 2001, como respuesta a los atentados terroristas del 11 de septiembre en Estados Unidos.

Las naciones que integran la OTAN representan el 70 % de la riqueza mundial y son, además, los países con una trayectoria más larga de estabilidad democrática.

Invertir en defensa

Para poder contribuir a la defensa colectiva, los países aliados deben hacer el esfuerzo de generar y mantener capacidades que les permitan enfrentar no solo las amenazas actuales, sino también las previstas como consecuencia del desarrollo tecnológico.

Aunque este esfuerzo –desigual entre los miembros de la Alianza– se puede medir de diferentes maneras, quizás la más conocida es calcular qué porcentaje del producto interior bruto (PIB) destina cada país al gasto en defensa.

Tanques
El porcentaje del producto interior bruto (PIB) destina cada país al gasto en defensa es desigual.

Lo que dicen los datos

Según la información sobre el porcentaje del PIB destinado a defensa contenida en la base de datos de gastos militares del Stockholm International Peace Research Institute (SIPRI), entre 1981 y 2024 España tuvo una diferencia media con respecto a EE. UU. del 2,61 %. No obstante, en cumplimiento de los compromisos adquiridos en los últimos años, desde 2020 la brecha de gasto se ha ido acortando para situarse, en 2023, en el 1,99 %.

Si hacemos la media de este indicador desde 1981 (el año en que España comenzó el proceso de adhesión a la OTAN) hasta 2024, Estados Unidos ha gastado un 4,38 % de su PIB en defensa, mientras que España ha gastado el 1,77 %.

En la década de los ochenta del siglo pasado –los primeros años de España en la OTAN– la diferencia media entre los dos países fue del 3,59 %. En los 90, esa media se redujo hasta el 2,19 % (algunos años, la distancia fue de apenas el 1,3 %). Posteriormente, entre 2000 y 2010, la diferencia creció hasta el 2,45 %.

A consecuencia de los recortes públicos provocados por la gran recesión (2008), entre 2010 y 2020 la brecha llegó a ampliarse hasta el 2,61 %. Desde 2020, la diferencia media en gasto en defensa entre EE. UU. (3,42 %) y España (1,39 %) se ha reducido al 2,02 %.

Otro factor que ha intervenido en el acortamiento de esta diferencia es que, en los últimos diez años, Estados Unidos no ha llegado ni al 3,5 % de gasto medio en defensa con respecto a su PIB cuando, en 1986, el porcentaje fue del 6,63.

A consecuencia de la invasión rusa a Ucrania, hay socios de la OTAN que en 2024 hicieron un esfuerzo de gasto similar, o incluso superior, al de EE. UU. (3,4 %). Es el caso de Polonia (4,2 %) y Estonia (3,4 %). Para España, en cambio, el porcentaje fue del 1,47 %. No en balde, en este indicador ocupa el último lugar entre los países de la Alianza.

¿En qué se gasta el presupuesto de la OTAN?

La estructura de gasto de cada país se suele ajustar a la forma de preparar sus presupuestos, pero la OTAN la divide en cuatro grandes categorías: equipamiento, personal, infraestructuras y otros gastos.

Las diferencias entre España y Estados Unidos son relevantes en el apartado de personal, en el que España gastaba el 43,9 % (datos estimados de 2024), mientras que Estados Unidos invertía solamente el 25,22 %.

En equipamiento –que incluye los gastos de investigación y desarrollo–, el compromiso adquirido en los últimos años ha llevado a España a invertir el 30,3 % de su presupuesto, frente al 29,88 % de Estados Unidos.

En cuanto a infraestructuras, mientras España destina el 2,65 %, Estados Unidos dedica un 1,74 %.

La gran diferencia se encuentra en la partida otros gastos: para España representan el 23,14 % y para Estados Unidos el 43,16 %. Estos gastos corresponden a otros ministerios, secretarías o departamentos, a fondos de contingencia, así como otros gastos que contribuyen a la seguridad y la defensa.

¿Se gastará más?

El acuerdo alcanzado en junio de 2025 por los países miembros de la OTAN reunidos en La Haya establece elevar los gastos de defensa hasta el 5 % del PIB nacional para el año 2035, con una revisión intermedia en 2029.

Dentro de esta cifra se ha establecido que al menos el 3,5 % se destinará a necesidades básicas de defensa y el 1,5 % restante se podrá dedicar a otros asuntos como ciberdefensa, resiliencia e infraestructuras críticas.

Aunque parece haber acuerdo entre los socios de la Alianza, España busca desmarcarse de la senda de gasto pautada, asegurando que con el 2,1 % es suficiente, a lo que el presidente estadounidense ha contestado con una amenaza arancelaria: “Les haremos pagar el doble”.

The Conversation

Silvia Vicente-Oliva no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. El gasto en defensa de España y sus diferencias con EE. UU. – https://theconversation.com/el-gasto-en-defensa-de-espana-y-sus-diferencias-con-ee-uu-259922

‘La interpretación de los sueños’: el libro que cambió cómo nos conocemos

Source: The Conversation – France – By Fernando Díez Ruiz, Professor, Faculty of Education and Sport, Universidad de Deusto

Retrato de Sigmund Freud, autor de ‘La interpretación de los sueños’. ArtLage22/Shutterstock
Libros que cuentan

Este artículo pertenece a la sección ‘Libros que cuentan’, donde expertos y expertas de distintos ámbitos diseccionan los libros divulgativos que más están dando que hablar.


En 1900, mientras el siglo XX despertaba, Sigmund Freud publicó una obra que cambiaría la forma en que la humanidad se sueña a sí misma: La interpretación de los sueños (Die Traumdeutung). Con este libro, inició una revolución en el campo de la psicología: la posibilidad de que los sueños tengan sentido y de que el inconsciente dirija gran parte de nuestra vida.

Más de un siglo después, las ideas de Freud sirven de base a gran parte del pensamiento contemporáneo, no sólo en el ámbito de la psicología, sino en la forma en que la humanidad se entiende a sí misma.

Un deseo reprimido

Durante siglos, los sueños fueron vistos como meras fantasías sin sentido o como presagios. La revolución freudiana consistió en afirmar que los sueños tienen un significado, y que descifrarlo nos permite asomarnos al inconsciente, ese territorio oculto donde se guardan nuestros deseos, miedos y conflictos más profundos.

Freud escribió: “El sueño es la realización (disfrazada) de un deseo reprimido”“. Esta idea, simple en apariencia, sacudió los cimientos de la psicología y la filosofía occidentales.

Acceder al inconsciente

La interpretación de los sueños no sólo introdujo el concepto de inconsciente como categoría científica, sino que también ofreció una metodología para acceder a él: el análisis de símbolos, la asociación libre, y el reconocimiento de que nuestros impulsos más íntimos se expresan a menudo de forma indirecta.

Este enfoque abrió caminos no sólo en el campo de la clínica psicoanalítica, sino también en la literatura, el arte, el cine y la crítica cultural.

Desafío a la racionalidad

El valor del libro no radica únicamente en su teoría, sino también en su coraje intelectual. Freud, médico de formación, se atrevió a desafiar los dogmas científicos de su tiempo, proponiendo que no somos seres plenamente racionales y conscientes, sino que estamos gobernados, en gran medida, por fuerzas invisibles. Hoy puede parecer obvio, pero en la Viena de finales del siglo XIX era una idea casi subversiva.

La interpretación de los sueños marca el punto de partida del psicoanálisis como disciplina y establece el método de exploración del inconsciente a través del contenido onírico.

Riqueza literaria

Además, es un texto que sorprende por su riqueza literaria. Freud no solo explica conceptos: narra, argumenta, se confiesa. Mezcla observaciones clínicas con sus propios sueños, incluyendo el famoso “sueño de la inyección de Irma”, inaugurando así un estilo de escritura que combina la precisión científica con la introspección humanista.

Su influencia fue inmediata en algunos círculos y resistida en muchos otros. Como suele ocurrir con los grandes innovadores, Freud fue ridiculizado, combatido y, finalmente, aceptado. Años después, sus ideas no sólo impregnaban la psicología, sino también la literatura de Kafka, el arte de Dalí o la arquitectura conceptual de las ciencias humanas.

Hoy, La interpretación de los sueños sigue siendo un libro que interroga, provoca y estimula. En un tiempo donde la velocidad y la superficialidad dominan, Freud nos recuerda que comprendernos requiere detenernos, escuchar nuestros propios relatos oníricos y aceptar que somos más complejos –y más fascinantes– de lo que parece.

Freud y la neurociencia moderna

A pesar de las críticas que ha recibido desde algunos sectores científicos, especialmente por la falta de verificación empírica de muchas de sus tesis, Freud no ha sido del todo desacreditado por la neurociencia moderna. Si bien es cierto que hoy se reconoce que los sueños no son exclusivamente realizaciones de deseos reprimidos, estudios recientes han confirmado que durante el sueño REM –fase donde los sueños son más vívidos– se activan áreas del cerebro relacionadas con la emoción, la memoria y el procesamiento simbólico.

Investigadores como Mark Solms, pionero en el campo de la neuropsicoanálisis, han defendido que ciertas intuiciones freudianas –como la existencia de conflictos inconscientes o la función emocional del soñar– tienen correlatos en la neurobiología. Así, aunque muchas teorías han evolucionado o sido reformuladas, la idea de que el sueño revela aspectos profundos de la mente humana sigue vigente, ahora en diálogo con la ciencia del cerebro.

Nuestro yo oculto

La trascendencia de La interpretación de los sueños no reside únicamente en su ambición de descifrar el significado de los sueños, sino en algo mucho más profundo: fue el primer gran texto que se atrevió a postular, con argumentos clínicos y teóricos, la existencia de una dimensión psíquica no racional, invisible y poderosa.

Freud no sólo interpretó sueños, sino que abrió una puerta a lo que hasta entonces se ignoraba: que dentro de nosotros actúan fuerzas inconscientes que influyen en nuestra conducta, nuestras decisiones y hasta en nuestras enfermedades.

El mérito del libro fue convertir esa hipótesis en un corpus articulado, capaz de poner sobre la mesa la complejidad del alma humana más allá de la razón, invitando a prestar atención a lo que no decimos, a lo que reprimimos y a lo que se escapa de nuestra voluntad.

Más de un siglo después, Freud nos recuerda que cada sueño es un recuerdo inacabado de lo que somos… y también una promesa de lo que podríamos llegar a ser.

The Conversation

Fernando Díez Ruiz no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ‘La interpretación de los sueños’: el libro que cambió cómo nos conocemos – https://theconversation.com/la-interpretacion-de-los-suenos-el-libro-que-cambio-como-nos-conocemos-256243

Algoritmos en los juzgados, ¿una ayuda o un peligro?

Source: The Conversation – France – By Gema Marcilla Córdoba, Profesora Titular de Filosofía del Derecho, Universidad de Castilla-La Mancha

Alexander Limbach/Shutterstock

¿Y si la próxima sentencia que decida nuestro futuro la escribiera un programa tan complejo que ni sus creadores saben explicar del todo cómo razona?

El derecho ha ido siempre de la mano de la tecnología. Muchos hitos jurídicos han sido posibles debido a previos hitos tecnológicos: la escritura hizo posible la publicidad normativa; la imprenta multiplicó el acceso a las fuentes jurídicas; la informatización y digitalización han marcado a las profesiones jurídicas desde finales del siglo pasado. Y hoy en día, la inteligencia artificial –sobre todo, los grandes modelos de lenguaje– se sienta en el estrado.

Esta nueva “colaboradora” es poderosa: resume miles de folios en segundos e identifica patrones de decisión en la legislación, ka jurisprudencia y la doctrina con un celo y rapidez extraordinarios. También puede revisar las pruebas; por ejemplo, las grabaciones de testimonios, encontrando matices que pasan desapercibidos al humano.

Pero su entrada en la sala de vistas no es inocua.

La jurisdicción es, junto al legislador, un órgano vital del Estado de derecho. Su legitimidad descansa en resolver los casos particulares sobre la base exclusiva de normas jurídicas (normas preestablecidas). “El juez es la boca que pronuncia las palabras de la ley; seres inanimados que no pueden moderar ni la fuerza ni el rigor de las leyes”, escribía Montesquieu en 1748, en su obra El espíritu de las leyes.

La inevitable subjetividad humana

Pese al ideal de juez neutral, el juez real inevitablemente adolece de subjetividad. No hablamos aquí ni de politización de la justicia, ni mucho menos de prevaricación. Por más virtuoso que sea, interpretará la realidad jurídica desde sus esquemas cognitivos.

Los juristas, teóricos y prácticos, se han esforzado por preservar el principio de legalidad, es decir, por salvaguardar la imparcialidad y la independencia de los jueces. Aunque este objetivo sea inalcanzable al cien por cien debido a la irremediable subjetividad humana.

Resulta por ello paradójico que ahora, que gracias a la IA estamos cada vez más cerca de que un ser verdaderamente inanimado e impasible (un algoritmo) pueda hacer justicia, la Unión Europea no dude en calificar de “alto riesgo” a cualquier sistema de IA que ayude a los jueces y magistrados a interpretar hechos o normas (según recoge el artículo 6 del Reglamento 2024/1689 de Inteligencia Artificial).

El mensaje es contundente: la tecnología puede asistir, jamás sustituir a la decisión de un juez humano.

Sistemas de alto riesgo

La IA genera tanto entusiasmo como inquietudes y dudas. Ya en 2014, el filósofo sueco Nick Bostrom resaltaba que la automatización del aprendizaje, aspecto clave en la IA, puede conducir a una “explosión de inteligencia”.

La “superinteligencia artificial” implicaría no solo nuevos esquemas conceptuales incomprensibles para el humano, sino algoritmos libres, desvinculados de nuestros valores, de manera que las máquinas pudieran dirigir toda su actuación a objetivos absurdos o perjudiciales para la humanidad.

Sin necesidad de plantear un escenario a largo plazo o futurista como el que indica Bostrom, los riesgos presentes son palpables. En lo que respecta a la IA jurisdiccional, los modelos, a menudo, “alucinan”, llegando a inventar resoluciones de tribunales inexistentes. Asimismo, operan como “cajas negras”, sin trazabilidad ni explicabilidad de sus respuestas. E interactúan con quien los usa sin dejar rastro del legal prompting –preguntas introducidas, aplicando el procesamiento del lenguaje natural– que haya tenido lugar.

Además, heredan sesgos ideológicos de los datos con los que fueron entrenados. Es decir, conforman sus respuestas sobre la base del aprendizaje de premisas o patrones infundados en relación con la raza, el género, las tendencias sexuales, la capacidad adquisitiva, el nivel de endeudamiento, etc.

Junto con los problemas que suponen estos sesgos, es consustancial a la IA el sesgo estadístico, entendiendo por tal la prevalencia de los datos que estadísticamente tienen más peso. En lo que respecta al derecho, ello puede suponer una suerte de “clonación” del pasado jurisprudencial, congelando la evolución en la interpretación de las normas.

La última palabra para el juez

¿La solución? Diseño consciente y responsable de tales problemas y supervisión humana. Para ello resulta esencial un marco de trabajo pluridisciplinar, de estrecha colaboración entre expertos en sistemas de IA y expertos en derecho.

El Reglamento de IA exige documentación técnica exhaustiva, auditorías de sesgo y la posibilidad de recrear cada paso del razonamiento jurídico algorítmico. La Carta de la Comisión Europea por la Eficacia en la Justicia (CEPEJ), de 2018, o el Dictamen XXIV de la Comisión Iberoamericana de Ética Judicial recuerdan que toda recomendación generada por un sistema automático debe ser revisada críticamente por el juez, quien conserva la última palabra y la carga de motivar su decisión.

Nada de esto significa demonizar la tecnología. Bien gobernada, la inteligencia artificial libera tiempo, tan necesario para que la tutela judicial sea verdaderamente efectiva. Pero si se despliega sin salvaguardas, la promesa de efectividad puede mutar en una justicia algorítmica “mecanicista” en el peor de los sentidos, pues no por ser una máquina sería objetiva, sino aleatoria y opaca en la elección de las normas que aplica.

Un cerebro sintético que nunca se cansa no es preferible a un juez de carne y hueso –con la experiencia de las complejidades de la práctica jurídica–. Más bien el juez de nuestros días debe ser tanto un experto en el derecho como en el algoritmo que le ayuda a aplicarlo.

The Conversation

Gema Marcilla Córdoba no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Algoritmos en los juzgados, ¿una ayuda o un peligro? – https://theconversation.com/algoritmos-en-los-juzgados-una-ayuda-o-un-peligro-257746

En las redes sociales, los bulos sobre salud corren mucho más rápido que los hechos

Source: The Conversation – France – By Ivan Herrera Peco, Profesor e Investigador en Salud., Universidad Camilo José Cela

Los profesionales de la salud pueden contrarrestar la desinformación lanzando mensajes claros y cercanos. Nattakorn_Maneerat/Shutterstock

El conocimiento de la salud ha sufrido grandes cambios, pasando de la visión del médico como única fuente de información a la inmediatez del acceso a internet. Confiamos en la red para buscar una respuesta acorde a nuestras expectativas, ya sea en un vídeo corto, un tuit viral o una historia de Instagram.

Sin embargo, esta inmediatez tiene su lado oscuro –y a veces siniestro– cuando ayuda a difundir información no contrastada, o directamente mal intencionada. Tengamos en cuenta que los bulos corren mucho más rápido que los hechos.

Al hablar de desinformación en temas de salud, nos referimos a esos mensajes falsos, incompletos o engañosos que circulan por internet. A veces son intencionados, por intereses políticos o económicos, y otras nacen de malentendidos o bien se aprovechan de la falta de cultura digital de su público.

Graves consecuencias

Pero, en cualquier caso, pueden tener consecuencias muy graves: hay personas que dejan tratamientos, retrasan ir al médico, se automedican o prueban cosas peligrosas por lo que han visto en un vídeo.

Por ejemplo, en agosto de 2021, las llamadas por intoxicación con ivermectina a los centros de toxicología de EE. UU. aumentaron más del 200 % en solo cuatro semanas, tras viralizarse vídeos que la presentaban como un tratamiento definitivo contra el coronavirus.

La vacunación es precisamente un blanco favorito de la desinformación. Durante la pandemia se observó que más del 25 % de los vídeos más vistos sobre covid en YouTube contenían información falsa.

Y otro exponente ilustrativo son los vídeos sobre la llamada real food (comida real), que, como revela un estudio, llegan a proponer la dieta como única “cura”. En este caso también, la desinformación se propaga más rápido que los desmentidos.

La salud mental, en el punto de mira

Un capítulo aparte merece la salud mental. Aunque las redes funcionen como espacios de apoyo que facilitan el acceso a herramientas que permiten mejorar el autocuidado y el contacto con otras personas en un entorno seguro, también son caldo de cultivo para ideas erróneas y estigmas.

Es algo muy tangible en temas como la esquizofrenia. YouTube está plagado de testimonios que suenan convincentes, pero cuidado: un análisis de 100 vídeos en español revela que solo el 39 % cita estudios de verdad, y la nota media de fiabilidad apenas pasa del aprobado.

Y si revisamos TikTok o X, veremos que la mitad de los posts asocia esquizofrenia con “peligro”, dramatiza voces homicidas o se burla de las personas diagnosticadas de esquizofrenia.

Los algoritmos alimentan los bulos

De hecho, lo que se hace viral rara vez es lo más fiable, y muchas veces es justo lo contrario. Además, hay que añadir que los algoritmos de búsqueda están diseñados para mostrar contenidos con los que estamos más de acuerdo, obviando otros más auténticos.

En nuestras observaciones hemos visto que lo que arrasa en redes no es lo más riguroso, sino lo que más emociona, impacta o genera polémica. Por ejemplo, quienes difunden “zumos milagro” suelen esgrimir estudios preliminares sacados de contexto.

Muy significativo es el caso de un ensayo publicado en 2018 que circula de modo recurrente. Según sus conclusiones, 20 personas con diabetes tipo 2 que tomaron dos miligramos de zumo de noni por kilo de peso corporal al día durante ocho semanas lograron reducciones modestas pero significativas de glucemia. El propio artículo remarca que fue un estudio piloto, sin grupo placebo y con seguimiento breve. Insuficiente, por lo tanto, para afirmar que un zumo cure la diabetes.

Resulta complicado que se difundan este tipo de matizaciones. Un estudio reciente analizó cómo se habla de las dietas detox en internet y encontró que menos del 10 % de los mensajes intentan desmentir sus supuestos beneficios.

Muchos de esos contenidos echan mano de palabras como “toxinas” sin explicar bien a qué se refieren, lo que genera confusión. Mientras que quienes defienden estas prácticas la usan para justificar tratamientos sin evidencia, los expertos en salud lo critican por no tener base científica.

Esta mezcla de conceptos hace que muchas personas no sepan diferenciar entre información fiable y pseudociencia. Y mientras tanto, los vídeos y mensajes confusos o falsos tienen millones de visitas antes de que nadie lo desmienta. Para cuando los profesionales intentan corregir el error, el bulo ya ha echado raíces y su propagación es enorme y casi imparable.

Supuestos expertos sin formación

Además, mucho de este contenido no viene de expertos, sino de personas sin formación en salud.
Algunos solo buscan fama, y otros, dinero. ¿El resultado? Gente que confía en consejos peligrosos porque suenan fáciles y están bien presentados.

Los números lo dejan claro. Un análisis de 676 publicaciones de las cuentas de nutrición más influyentes de Australia detectó que el 44,7 % contenía errores y que las procedentes de marcas o “gurús” del fitness –sin formación sanitaria– lograban un 70 % más de interacciones pese a ser mucho menos rigurosas que las gestionadas por nutricionistas.

También ayuda la irresponsabilidad de algunas celebridades. Un estudio del año 2024 se centró en valorar como ciertos famosos pueden ayudar a la difusión de la desinformación “reinterpretando” los términos médicos o, incluso, a través de la ideología política.

En definitiva, existe una primacía de la rentabilidad y el aumento del tráfico sobre el rigor. De acuerdo con un revelador trabajo que revisó 22 experimentos, basta un lenguaje coloquial y una foto cuidada para que la audiencia otorgue credibilidad, incluso si el autor no tiene ningún tipo de formación o titulación relacionada con la salud.

La ciencia, en un segundo plano

Los profesionales del ámbito sanitario también están en las redes sociales, pero su voz no llega tan lejos. ¿Por qué? Porque no tienen formación en comunicación digital, ni el apoyo que necesitan de sus instituciones. Muchos hospitales aún no entienden cómo funcionan las redes ni qué tipo de contenido conecta con la gente.

Y claro, los mensajes médicos suelen ser largos, fríos o muy técnicos, mientras que los bulos se transmiten con una frase pegadiza, música de fondo y testimonios emotivos. No hace falta que haya evidencia científica real detrás porque apelan a las emociones o a discursos que suenan científicos pero no lo son.

No es que falte la verdad, es que falta saber cómo contarla.

La importancia de la educación y el pensamiento crítico

No podemos dejar que los bulos ocupen el hueco que la ciencia no ha sabido llenar. No se trata de competir con la mentira, sino de ofrecer una información mejor: clara, cercana y humana.

Es básico aprender a detectar esa información perjudicial. La educación en salud y el pensamiento crítico tienen que empezar desde pequeños. Y los profesionales, además de curar, deben estar preparados para informar.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. En las redes sociales, los bulos sobre salud corren mucho más rápido que los hechos – https://theconversation.com/en-las-redes-sociales-los-bulos-sobre-salud-corren-mucho-mas-rapido-que-los-hechos-255893

¿Es compatible la energía eólica marina con la protección del océano? El caso mediterráneo

Source: The Conversation – France – By Paul Wawrzynkowski, PhD candidate, Universitat de Barcelona

Bjoern Wylezich/Shutterstock

El océano, motor de vida y regulador climático, se enfrenta a una encrucijada. La urgencia por descarbonizar la economía nos lleva a desplegar masivamente energías renovables, entre las que se encuentran las marinas, como los parques eólicos fijos y flotantes. Simultáneamente, el Marco Mundial de la Diversidad Biológica Kunming-Montreal exige proteger al menos el 30 % del océano para 2030. Esta aparente colisión de objetivos plantea un desafío crítico: ¿podemos lograr la transición energética sin comprometer la ya vulnerable biodiversidad oceánica?

Auge de la energía marina

El cambio climático es uno de los mayores desafíos de nuestro siglo y la energía renovable es clave para mitigarlo al permitir la reducción de emisiones procedentes de fuentes fósiles. La energía marina, liderada por la eólica, desempeña un papel creciente en este sentido, con un potencial emergente en la obtención de energía a partir de olas (undimotriz) y mareas (mareomotriz).

La Unión Europea ha apostado por la energía eólica marina como uno de los pilares de su estrategia para la descarbonización de la economía. El Pacto Verde Europeo y la Estrategia de Energía Renovable Marina prevén una expansión espectacular de esta tecnología: de 29 gigavatios (GW) en 2019 a 300 GW en 2050.

Este crecimiento de diez veces en apenas tres décadas es esencial para alcanzar la neutralidad climática en 2050, impulsando además la innovación, el empleo y la seguridad energética en Europa.

Un escudo para el océano: el “30×30”

Pero esta carrera por la energía limpia coincide con otra emergencia global: la crisis de biodiversidad. Las actividades humanas ya han alterado el 66 % de la superficie oceánica, comprometiendo sus ecosistemas. La pérdida de especies y hábitats marinos se acelera por destrucción de entornos naturales, contaminación, sobreexplotación y los impactos del cambio climático.

En respuesta a esta problemática, el Marco Mundial de la Diversidad Biológica Kunming-Montreal (2022) es un acuerdo histórico. Uno de sus objetivos es el conocido como “30×30”: compromete a proteger al menos el 30 % de las áreas marinas para 2030. Una meta ambiciosa, dado que actualmente menos del 10 % del océano tiene protección formal.




Leer más:
Proteger el 30 % de los océanos no es suficiente


La creación de áreas marinas protegidas es crucial no solo para salvaguardar la biodiversidad, sino también para asegurar los servicios ecosistémicos vitales que proporciona el océano: regulación climática, suministro de alimento o absorción de carbono.

Por ejemplo, proteger ecosistemas ricos en biodiversidad y carbono, como las praderas de Posidonia oceanica o los sedimentos marinos no alterados, ofrece beneficios conjuntos para la mitigación y adaptación al cambio climático al absorber y almacenar carbono de la atmósfera. Estas soluciones basadas en la naturaleza son algunas de las estrategias más inmediatamente aplicables para abordar ambas crisis.




Leer más:
Las praderas submarinas almacenan más CO2 que los bosques: necesitamos protegerlas


Conflictos y desafíos

El dilema surge al intentar alcanzar ambos objetivos. El despliegue masivo de energías renovables marinas genera impactos ambientales y conflictos espaciales que pueden chocar frontalmente con la conservación de la biodiversidad.

El mar Mediterráneo, con más de 17 000 especies (28 % endémicas), es uno de los más vulnerables y fragmentados, ya bajo presión por contaminación, sobrepesca, turismo y tráfico marítimo. Añadir miles de infraestructuras energéticas en un espacio tan sensible intensifica los problemas, generando en muchas zonas una industrialización del espacio marino y costero.

El choque se produce principalmente por la competencia por el espacio: zonas de alto potencial energético (con mucho viento u oleaje) a menudo coinciden con áreas de alto valor ecológico. Además, existen impactos directos en la fauna marina (ruido, colisiones, vibraciones, etc.) y alteración o destrucción de hábitats marinos.

Finalmente, aún persisten grandes incógnitas sobre el impacto real de los macroproyectos en los ecosistemas. Sus efectos acumulativos y a largo plazo en aspectos cruciales como las corrientes atmosféricas y oceánicas o la productividad básica de los mares, son en gran medida desconocidos o insuficientemente estudiados. Ante tal incertidumbre, la prudencia nos exige aplicar el principio de precaución.

De momento, en el Mediterráneo no existen instalaciones eólicas, solo hay una prueba piloto en Francia, que cuenta con tres turbinas, aunque hay distintos proyectos aún sobre el papel. En un mar que ya está al límite, estas nuevas presiones plantean serias dudas sobre la compatibilidad de objetivos sin una planificación cuidadosa.




Leer más:
Los riesgos de la energía eólica para los ecosistemas marinos


Hacia la coexistencia sostenible

La buena noticia es que descarbonizar nuestra economía y proteger los océanos no tiene por qué ser incompatible; de hecho, son objetivos que se refuerzan. La clave reside en una planificación inteligente del espacio marino.

La herramienta fundamental para lograrlo es la planificación espacial marina (PEM). Este proceso organiza los usos del mar (energía, pesca y acuicultura, transporte, turismo, conservación) para identificar zonas de alto valor ecológico a proteger y áreas adecuadas para el desarrollo energético, minimizando conflictos. Es un mapa de ruta para una gestión integrada y multifuncional.

El objetivo debe ser un impacto neto positivo, de manera que los proyectos de energías renovables no solo minimicen el daño, sino que además contribuyan a la mejora ambiental de los ecosistemas. Esto se logra con mitigación efectiva de los efectos negativos, compensación y restauración ecológica.

Finalmente, la colaboración y el diálogo entre gobiernos, industria, pescadores, científicos y conservacionistas es indispensable. La consideración de las comunidades locales (pescadores, sector turístico, residentes costeros) es clave para una transición energética justa y equitativa. Solo trabajando juntos se encontrarán soluciones innovadoras que equilibren la energía renovable con la protección de la biodiversidad y los servicios ecosistémicos oceánicos.


Reciba artículos como este cada día en su buzón. 📩 Suscríbase gratis a nuestro boletín diario para tener acceso directo a la conversación del día de The Conversation en español.


Integrando descarbonización y conservación

La crisis climática y la pérdida de biodiversidad son dos caras de la misma moneda; abordarlas de forma aislada sería un error. La descarbonización de nuestra economía y la protección de la biodiversidad marina no solo deben coexistir, sino que deben reforzarse mutuamente.

Por eso, es crucial que la expansión de las energías renovables marinas se haga con una visión holística y proactiva, priorizando la salud de los ecosistemas e integrando soluciones basadas en la naturaleza desde el principio.

Podemos y debemos aprovechar el inmenso potencial energético del océano sin comprometer su salud y el bienestar de las comunidades locales. El futuro exige una simbiosis entre innovación tecnológica y ciencia, que aporta conocimientos sobre los impactos ecológicos y socioeconómicos locales.

Integrar la mitigación del cambio climático con la conservación de la biodiversidad en nuestras estrategias marinas es clave para lograr unas energías marinas sostenibles, es decir, para una verdadera economía azul.

The Conversation

Josep Lloret es Investigador Científico del CSIC. Este artículo ha sido realizado en el marco del proyecto BIOPAÍS, financiado por la Fundación Biodiversidad del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, en el marco del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliència (PRTR), con el soporte de la Unión Europea – NextGenerationEU

Paul Wawrzynkowski no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ¿Es compatible la energía eólica marina con la protección del océano? El caso mediterráneo – https://theconversation.com/es-compatible-la-energia-eolica-marina-con-la-proteccion-del-oceano-el-caso-mediterraneo-258538

¿Es peligroso pillar una mojadura o acaso Jane Austen era demasiado dramática?

Source: The Conversation – France – By Ana Fernandez Mosquera, Doctora en Filología Inglesa. Oficina de Proyectos Internacionales de Investigación, Universidade de Vigo

La primera vez que Marianne Dashwood es sorprendida por un chaparrón Willoughby la rescata pronto y ella solo tiene que recuperarse de un esguince de tobillo. Captura de pantalla de la película ‘Sentido y sensibilidad’.

Han pasado más de 250 años desde su nacimiento y seguimos leyendo a Jane Austen. Sus novelas se reinventan con cada nueva mirada que las interroga desde el presente. Más allá del amor, los bailes y las herencias, esconden capas que solo el tiempo –y una lectura atenta– permite descubrir. Ahí es donde brilla la elegancia de su ironía.

Siempre me ha fascinado cómo representa el cuerpo y la salud de sus personajes. En todas sus novelas hay referencias al estado físico, a dolencias o a consejos sobre el bienestar. La palabra salud aparece más de cien veces en sus seis obras clásicas. No son descripciones médicas al uso, pero sí muestran una sorprendente precisión y coherencia narrativa.

¿Y si el verdadero dramatismo de Austen no estuviera en el romance… sino en el resfriado?

¿Por qué le interesa a Jane Austen la enfermedad?

Entre finales del siglo XVIII y comienzos del XIX, la enfermedad formaba parte de la vida cotidiana. Sin antibióticos ni anestesia, cualquier dolencia podía volverse grave. La medicina se basaba en teorías como el desequilibrio de los humores, y los tratamientos incluían sangrías, tónicos y purgas. Los médicos, boticarios y curanderos existían y convivían, pero muchos cuidados –especialmente en el caso de las mujeres– se daban en casa. Las infecciones eran frecuentes y los hospitales, un último recurso.

La naturaleza, el aire fresco, el reposo y los baños eran centrales en las recomendaciones sanitarias. Jane Austen aconsejaba ejercicio diario, contacto con la naturaleza y una dieta moderada como claves para una buena salud. Apreciaba los paseos al aire libre y desconfiaba de los tratamientos médicos excesivos. Sus cartas reflejan un enfoque práctico y equilibrado del bienestar físico y mental.

Se cree que, en 1815, cuando fue a cuidar a su hermano, probablemente se infectó de tuberculosis. Eso degeneró en una infección renal y finalmente en la enfermedad de Addison, de la que en ese momento no se sabía nada. Todavía hay algún debate sobre la causa de su muerte: si fue esa enfermedad, un linfoma, un cáncer de estómago o incluso un envenenamiento… aunque eso lo dejamos para las teorías más conspiranoicas.

La amistad de Jane Austen con el médico de su hermano le dio buena base para hablar de dolencias con precisión: en sus novelas abundan los catarros, el reuma y, cómo no, las temidas mojaduras.

¿Pero qué hay del riesgo real de caminar bajo la lluvia inglesa? En Reddit no faltan debates sobre si la alta fiebre que sufrió Marianne Dashwood en Sentido y sensibilidad después de salir a pasear en pleno chaparrón fue mala suerte o puro dramatismo. Porque sí, tanto Jane Bennet –en Orgullo y prejuicio– como Marianne acaban enfermas tras mojarse… y esta última se queda a las puertas de la muerte. ¿Advertencia sanitaria o recurso narrativo made in Austen?

Una mujer estornuda en el marco de una puerta.
La señora Bennet envía a Jane a casa de su pretendiente en un día que amenaza lluvia calculando que tal vez su hija coja un catarro y tenga que quedarse allí unos días…
IMDB

En el contexto del siglo XIX, una mojadura no era un asunto menor. Hoy sabemos que no causa por sí misma un resfriado, pero en aquella época se creía que el enfriamiento del cuerpo podía desencadenar enfermedades graves. Esta preocupación tenía fundamento: sin acceso a antibióticos ni tratamientos eficaces, una infección respiratoria leve podía evolucionar fácilmente en una bronquitis o una neumonía potencialmente mortal. Por eso, las narraciones de la época solían tratar estas situaciones con una carga dramática que, lejos de ser exagerada, respondía al temor real a las consecuencias de una simple exposición al frío y la humedad.

William Buchan, en su célebre Domestic Medicine –un manual médico que empezó a circular en 1769 y que se reeditó durante todo el siglo XIX– lo tenía claro: el clima británico era un problema de salud pública. Según él, no había otro lugar donde el tiempo cambiara tanto y tan rápido como en Gran Bretaña. Y esas variaciones, decía, eran algunas de las principales causas de resfriados, porque interrumpían la transpiración del cuerpo.

Buchan insistía especialmente en el riesgo de quedarse con la ropa mojada. No solo por el frío, que ya era un problema en sí mismo, sino porque la humedad podía “penetrar” en el cuerpo y agravar la situación. Incluso las personas más fuertes podían enfermar: fiebres, reumatismos y dolencias graves se volvían algo común, también entre jóvenes sanos.

Claro que Buchan no pretendía que nadie dejara de salir de casa por miedo a mojarse. Pero sí recomendaba actuar con rapidez: cambiarse de ropa cuanto antes o, si no era posible, al menos mantenerse en movimiento hasta secarse. Lo que no se debía hacer nunca –y sin embargo mucha gente hacía– era sentarse en el campo o, peor aún, dormir con la ropa empapada. Para él, era una receta segura para enfermar.

Una mujer con el pelo mojado se lo seca con una toalla.
Elizabeth Bennet sabía que si la pillaba el agua era urgente secarse rápido.
IMDB

La enfermedad como recurso literario

Estas enfermedades también reflejan muchos condicionantes sociales y de género que afectan a las mujeres. En la literatura, la enfermedad se convierte en una herramienta para que los personajes femeninos llamen la atención, expresen vulnerabilidad o incluso resulten más atractivos en su fragilidad. Enfermedades y accidentes pueden irrumpir en sus vidas y cambiarlo todo, a veces para siempre.

En el siglo XIX, muchas mujeres fueron diagnosticadas con la llamada “enfermedad inglesa”, un término que englobaba síntomas vagos como fatiga, ansiedad, insomnio o melancolía. Servía sobre todo para reforzar los estereotipos de fragilidad femenina. Austen retrata distintos matices de este mal: los “nervios” teatrales de la señora Bennet –en Orgullo y prejuicio–, la pasión desbordada de Marianne Dashwood, la melancolía silenciosa de Anne Elliot –protagonista de Persuasión– o la palidez resignada de Jane Fairfax –en Emma–.


¿Quiere recibir más artículos como este? Suscríbase a Suplemento Cultural y reciba la actualidad cultural y una selección de los mejores artículos de historia, literatura, cine, arte o música, seleccionados por nuestra editora de Cultura Claudia Lorenzo.


Mary Elliot, en Persuasión, recurre a dolencias fingidas para llamar la atención o evitar responsabilidades como el cuidado de los niños. Sus quejas –dolores de cabeza, fatiga, indisposición– resultan poco creíbles tanto para los personajes como para el lector. Austen critica con ironía esta “enfermedad ficticia”, típica de ciertos sectores acomodados donde el aburrimiento y el egocentrismo se disfrazaban de malestar físico. Esta mirada ciertamente crítica nace también de su experiencia personal cuidando a su madre, cuya salud era frágil y variable.

¿Entonces Marianne Dashwood casi muere por un simple chaparrón… o Austen la pone al borde de la muerte para cambiarle el destino? En sus novelas, enfermedades y accidentes no solo generan drama: también alteran el rumbo de los personajes. Louisa Musgrove, en Persuasión, se golpea gravemente y eso abre paso a otro pretendiente. Jane Bennet se resfría tras cabalgar bajo la lluvia y su convalecencia acerca a Elizabeth, su hermana, al señor Darcy. En las tramas, la fiebre a menudo precede al giro romántico.

Un hombre entra en una casa con una mujer en brazos mientras otra mujer corre hacia ellos.
El segundo chaparrón que recibe Marianne Dashwood es mucho más grave y la coloca a las puertas de la muerte.
Prime Video

Una metáfora corpórea

En el mundo de Austen, el cuerpo no solo enferma: también habla.

A través de fiebres, desmayos o catarros, sus novelas dan forma a emociones reprimidas, tensiones de clase y desigualdades de género. La enfermedad funciona como metáfora de lo que cambia, duele o simplemente no puede decirse en voz alta. Austen no miraba el malestar desde fuera: lo conocía, lo vivía y lo convertía en literatura. Sus personajes sufren, pero también resisten.

Y siguen hablándonos hoy, con una lucidez que no caduca. Como escribió con su ironía intacta, en una carta de 1816: “Estoy razonablemente bien hoy… lo cual es más de lo que esperaba”. Quizá no se refería solo al cuerpo. En todo caso, cuidado con mojarse. O no; tal vez un buen chaparrón nos cambie la vida.

The Conversation

Ana Fernandez Mosquera no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ¿Es peligroso pillar una mojadura o acaso Jane Austen era demasiado dramática? – https://theconversation.com/es-peligroso-pillar-una-mojadura-o-acaso-jane-austen-era-demasiado-dramatica-255252

¿Por qué la diabetes tipo 2 sigue ganando la batalla?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Arantxa Bujanda, Enfermera especializada en diabetes, Universidad Pública de Navarra

Un paciente de diabetes tipo 2 se mide los niveles de glucosa. Halfpoint/Shutterstock

Si le pidiera que pensara en alguien con diabetes, es probable que conozca a una persona en su círculo cercano. No es casualidad, ya que una de cada once personas la padece. Actualmente, hablamos de 589 millones de casos en el mundo, y la cifra sigue en aumento. La Federación Internacional de Diabetes estima que en 2050 los afectados podrían alcanzar los 852 millones.

Estamos ante una de las grandes epidemias del siglo XXI. Pero lo más alarmante es que, según los expertos, la diabetes tipo 2 podría prevenirse. Entonces, ¿por qué sigue aumentando sin control?

Un proceso silencioso

Para entender la diabetes tipo 2, primero hay que hablar de una hormona clave: la insulina. Su función es permitir que la glucosa entre en las células y se transforme en energía. En las personas con esta enfermedad, las células se vuelven resistentes a la insulina. Al principio, el páncreas aumenta su producción para compensarlo, pero con el tiempo se agota. Como resultado, la glucosa se acumula en la sangre, dando lugar a la diabetes tipo 2.

Este proceso ocurre de forma progresiva y silenciosa. Los primeros signos no generan síntomas evidentes, lo cual hace que muchas personas no sean conscientes de que la padecen hasta que acuden a una revisión médica o aparecen complicaciones.

Así nos influye lo que nos rodea

Cuando pensamos en la diabetes tipo 2, solemos imaginar a una persona mayor, con sobrepeso, sentada en un sofá y con una bolsa de comida basura en las manos. Y, aunque el estilo de vida influye, esta imagen es solo una parte de la historia.

Un concepto clave para comprender el origen de la diabetes tipo 2 es el exposoma. Con este nombre nos referimos al conjunto de factores ambientales a los que estamos expuestos a lo largo de la vida y que influyen en nuestra salud. No se trata únicamente de lo que comemos o del ejercicio que hacemos, sino de todo aquello que nos rodea y de cómo interactúa con nuestro cuerpo.




Leer más:
Los casos de diabetes tipo 1 aumentan en todo el mundo, pero cada vez los gestionamos mejor


Uno de los factores más determinantes es el llamado exposoma externo, que alude al entorno en el que vivimos. Imagine a una persona que reside en una gran ciudad, en un barrio con altos niveles de contaminación, bajos ingresos y un empleo con gran carga de estrés. Pues solo por el hecho de vivir allí, tiene un mayor riesgo de desarrollar diabetes tipo 2. Las investigaciones han demostrado que la exposición prolongada a la contaminación del aire puede alterar el metabolismo y aumentar la resistencia a la insulina.

Dentro de este contexto, existe un nivel más específico conocido como exposoma externo modificable, que abarca aquellos hábitos que sí podemos cambiar. Es aquí donde entran en juego la alimentación y la actividad física, los factores que tradicionalmente se han asociado con la diabetes tipo 2. Un consumo excesivo de azúcar eleva los niveles de glucosa en sangre, y la falta de ejercicio contribuye a la resistencia a la insulina. Sin embargo, estas elecciones individuales también están condicionadas por el entorno, las normas sociales y las oportunidades que cada persona tiene a su alcance.

Mirando al interior

Y, por último, el exposoma interno, aquello que ocurre dentro de nuestro cuerpo, también desempeña un papel fundamental. Un ejemplo clave es la microbiota intestinal, el conjunto de bacterias que habitan en nuestro sistema digestivo y que influyen en cómo procesamos los alimentos. Se ha demostrado que una microbiota alterada puede afectar la regulación del azúcar en sangre y aumentar el riesgo de resistencia a la insulina.

Asimismo, ciertos fármacos, como antibióticos y corticoides, pueden modificar el metabolismo de la glucosa y contribuir al desarrollo de la enfermedad.

El entorno favorece la aparición de la diabetes

Por lo tanto, la diabetes tipo 2 no es simplemente el resultado de malas decisiones personales, sino de una compleja interacción entre factores biológicos, ambientales y sociales. Comprender esta realidad es fundamental para diseñar estrategias de prevención eficaces y abordar la enfermedad desde una perspectiva más amplia.

Hasta ahora, hemos puesto el foco en la alimentación y el ejercicio físico porque son variables modificables y dependen de decisiones individuales. Sin embargo, ¿es suficiente centrarnos solo en la responsabilidad personal? La realidad es que vivimos en un entorno que favorece la aparición de la diabetes tipo 2.

En primer lugar, la comida poco saludable es más accesible y barata que los alimentos frescos. En segundo lugar, los automóviles, los ascensores, las largas jornadas laborales y el ocio digital han reducido drásticamente la actividad física. Y, por si fuera poco, el estrés crónico eleva el cortisol, favoreciendo la resistencia a la insulina. Por todo ello, la solución no puede recaer únicamente en el individuo.

Políticas que salvan vidas

Necesitamos estrategias a gran escala que aborden el problema desde la raíz. Es imprescindible implementar políticas que limiten la publicidad y el acceso a productos ultraprocesados, reduzcan el uso de azúcares añadidos y promuevan opciones saludables asequibles.

Además, el diseño urbano debe facilitar la movilidad activa: ciudades con más espacios peatonales, ciclovías seguras y acceso a áreas recreativas pueden marcar la diferencia en la actividad física cotidiana. La educación también juega un papel fundamental si se incluyen conocimientos sobre hábitos saludables y prevención.

Aún estamos a tiempo

Si no actuamos ahora, el impacto en la salud pública y en los sistemas sanitarios será devastador. Pero aún estamos a tiempo de cambiar la historia de la diabetes tipo 2.

Porque no se trata solo de sobrevivir, sino de adaptarnos de manera inteligente a un entorno que está jugando en nuestra contra. Como decía Darwin: “No sobrevive la especie más fuerte ni la más inteligente, sino la que mejor responde al cambio”. Ha llegado el momento de cambiar las reglas del juego.

The Conversation

Arantxa Bujanda no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ¿Por qué la diabetes tipo 2 sigue ganando la batalla? – https://theconversation.com/por-que-la-diabetes-tipo-2-sigue-ganando-la-batalla-260235

¿Cuánto dependen las energías renovables de la extracción minera? Así lo hemos calculado

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Pere Roura Grabulosa, Catedrático emérito de Física, Universitat de Girona

Bocamina de Peña del Hierro. Nerva (Huelva, España). Wikimedia Commons., CC BY

Cuando se toma en consideración la base material de la transición energética, la captación de la energía del viento o de la radiación solar no parecen tan sostenibles como desearíamos. Porque para generar electricidad renovable, resulta indispensable el uso de materiales sin los cuales no se podrían construir los millones de aerogeneradores y paneles fotovoltaicos necesarios con el fin de prescindir de los combustibles fósiles.

Este dilema entre energía renovable y explotación no renovable de recursos minerales se resuelve parcialmente con un ejemplo significativo: el peso de los materiales necesarios para generar una unidad de energía eléctrica es 65 veces mayor en una central térmica de carbón que en un parque eólico terrestre.

Sin embargo, si consideramos los tipos de materiales, la valoración cambia. La transición hacia las energías renovables conlleva el uso de una gran variedad de minerales calificados como “críticos” por las dificultades previsibles de abastecimiento. En particular, resulta preocupante la dependencia respecto de unos pocos países, ya sea porque albergan los principales yacimientos (el caso del cobalto en el Congo) o porque monopolizan la capacidad de procesamiento (el silicio en China).

El reto de los minerales críticos

La Unión Europea prevé reducir su dependencia exterior respecto de los minerales críticos con una directiva reciente: el Reglamento de Materias Primas Fundamentales. Este busca, por una parte, diversificar los suministradores y, por otra, asegurar una producción mínima dentro del propio territorio. En los próximos años veremos, pues, una intensificación de la actividad minera que va a enfrentarse, sin lugar a dudas, con movimientos de oposición popular.

Su impacto más visible se manifiesta en forma de escombreras de roca residual, balsas de relavado o tala de bosques. En general, estos impactos están relacionados con el volumen de roca que se debe extraer para obtener el material deseado. Dicho volumen será, pues, el parámetro que utilizaremos para evaluar el impacto minero.

No obstante, es un factor con limitaciones evidentes: por ejemplo, a igual volumen de roca el impacto de una mina situada en la selva tropical será superior que en un desierto. Y por otro lado, no todos los procesos de obtención de mineral contaminan de la misma manera.

A continuación nos centraremos en comparar el volumen (la masa en kg) de roca extraída por unidad de energía eléctrica generada con diferentes tecnologías: eólica, fotovoltaica y carbón. Añadiremos en el análisis la energía nuclear, ya que, siendo una tecnología libre de emisiones de CO₂, contribuirá en mayor o menor grado al mix eléctrico global del futuro.

¿Cuánta roca hay que extraer en cada caso?

La roca extraída de una mina es la suma de la ganga (roca residual sin valor económico) más la mena (que contiene el mineral o metal de interés). Huelga decir que interesa minimizar el volumen de ganga. En cualquier caso, la riqueza o ley de la mena es el factor que mayormente incide en el volumen de roca extraída. También es el factor que más varía de un material a otro.

Como ejemplo, vamos a comparar la plata utilizada en las soldaduras eléctricas de las placas fotovoltaicas y el aluminio para la estructura de los paneles. La ley de las menas de plata, que depende enormemente del yacimiento, oscila alrededor del 0,001 %. Contrariamente, el aluminio se obtiene de menas de bauxita muy ricas en este metal. Su ley promedio se sitúa cerca del 20 %. Como consecuencia, aunque se utiliza unas 500 veces menos plata que aluminio para la generación fotovoltaica, su contribución al impacto minero es 8 veces mayor que la del aluminio.

En definitiva, la ganga y la riqueza de la mena, junto con algunos factores relativos a la eficiencia de los procesos, permiten calcular el impacto minero de los materiales utilizados en la construcción y funcionamiento de las instalaciones de generación de energía.

Contribución de los diferentes materiales a la cantidad de roca extraída por MWh de electricidad dependiendo de la tecnología de generación. Las áreas son proporcionales al peso de roca, excepto en el caso del carbón, ya que excede el área de la figura.
Pere Roura.

Minería de carbón frente a uranio

Una vez cuantificada la roca correspondiente a los materiales, sólo nos falta conocer la cantidad de los diversos materiales usados en cada tecnología para generar una unidad de energía. En una central térmica de carbón y, en menor medida, en una central nuclear, el impacto minero viene determinado principalmente por el combustible. Para generar 1 MWh eléctrico se deben “quemar” 350 kg de carbón o una cantidad cien mil veces inferior de óxido de uranio enriquecido (unos 3,5 gramos).

Esta disparidad enorme en la cantidad de combustible se reduce cuando consideramos el impacto minero: más de 350 kg/MWh de roca para el carbón y 48 kg/MWh para la energía nuclear.

Aquí aparece otra de las sorpresas del impacto minero. La relación roca extraída/uranio enriquecido se sitúa alrededor de 12 000. Es un valor muy elevado por dos razones: primero, una parte significativa del uranio se obtiene de menas muy pobres de Namibia (ley inferior a 0,05 %). Y, segundo, solo alrededor del 0,72 % del uranio natural es uranio-235 –el único con capacidad para provocar una reacción en cadena de fisión nuclear–; y este se tiene que enriquecer hasta el 3,5-4,5 %.

Eólica y solar

Llegamos, finalmente, a las energías renovables. Sin necesidad de combustible, la base material de estas tecnologías son los materiales para la construcción de las instalaciones. El impacto minero dependerá de las horas anuales de generación (el factor “capacidad”). Tomando el valor global de este parámetro (27 % para la eólica y 14 % para la fotovoltaica) y una vida útil de 25 años, se obtiene un impacto minero de 81 kg por MWh eólico y 116 kg por MWh fotovoltaico.

Si tenemos en cuenta el contenido en metal reciclado en el cobre (>30 %), el acero (32 %) y el aluminio (40 %), estos impactos mineros se reducen considerablemente, pasando a ser 64 y 86 kg/MWh, respectivamente. Ambos valores son muy inferiores al impacto minero del carbón y similares del de la energía nuclear.

Llegamos a la conclusión que, sea cual sea el mix eléctrico resultante de la transición energética, el impacto minero –medido en función de masa de roca necesaria para obtener una unidad de energía– disminuirá considerablemente. Será así, a pesar de la gran cantidad y variedad de materiales necesarios para las energías renovables en comparación con los combustibles fósiles y la energía nuclear.

The Conversation

Pere Roura Grabulosa es miembro de Renovem-nos; asociación de académicos para la promoción de las energías renovables con garantias ambientales y sociales.

Carlos Pozo Fernández no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ¿Cuánto dependen las energías renovables de la extracción minera? Así lo hemos calculado – https://theconversation.com/cuanto-dependen-las-energias-renovables-de-la-extraccion-minera-asi-lo-hemos-calculado-256361

Inclusión educativa: entre la teoría y la práctica

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Ana María Melendo Viñado, Personal Docente e Investigador en Educación, Universidad Camilo José Cela

wavebreakmedia/Shutterstock

En España hay casi 40 000 niños y niñas con necesidades educativa especiales, aproximadamente el 0,47 % del alumnado.
Este alumnado tiene dificultades para aprender como los demás niños ciertas tareas básicas y específicas relacionadas con el desarrollo intelectual y los aspectos académicos. En pocas palabras, necesitan una atención especial porque tienen unas características físicas, mentales o emocionales que no son como las de la mayoría.

En España, la mayoría de los alumnos con necesidades educativas especiales –un 84,2 %– están escolarizados en centros ordinarios, sobre todo en centros públicos y concertados.

Son datos similares a los de otros países de nuestro entorno, como Francia (con un 80 % de los niños con necesidades educativas especiales en escuelas ordinarias). En países como Italia o Suecia estas cifras alcanzan más del 90 %, mientras que en República Checa representan solo el 8,6 %.

Por comparar, en Estados Unidos aproximadamente el 15 % de los estudiantes en escuelas públicas recibieron servicios de educación especial, lo que equivale a unos 7,5 millones de estudiantes.

La ley busca la inclusión, ¿pero se está consiguiendo?

Las diferentes leyes educativas españolas y la que está en vigor actualmente) coinciden en un objetivo en común: buscar la mejora de la inclusión dentro de las aulas y del entorno educativo español.

Sin embargo, la falta de recursos materiales y humanos, la escasa formación del profesorado, la falta de voluntad política y desigualdad territorial y la resistencia al cambio del sistema escolar tradicional, así como la segregación encubierta o directa, hacen que esta teoría que contemplan las leyes no se esté cumpliendo en la práctica.




Leer más:
Por qué la inclusión de los estudiantes con trastornos del neurodesarrollo no está funcionando


Intenciones políticas

La inclusión de los niños y niñas con necesidades especiales en los centros educativos ordinarios forma parte de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la Agenda 2030 de la ONU. Su propuesta incluye convertir la educación en una prioridad de los gobiernos, con mayor inversión presupuestaria y acciones concretas como aumentar el número de docentes, mejorar los recursos de las escuelas y usar tecnologías de la información en el aula.

En general, los expertos insisten en aumentar la colaboración entre docentes, usar metodologías que faciliten el acceso al aprendizaje de alumnado diverso (agrupamientos heterogéneos, actividades adaptadas a las necesidades del alumnado y evaluaciones que permitan valorar diferentes capacidades) y, por supuesto, crear espacios accesibles para todos.




Leer más:
Cómo crear un entorno inclusivo en la escuela en ocho pasos


Para lograr la inclusión es importante que el liderazgo escolar esté también enfocado a ello, con un proyecto educativo que priorice reconocer y valorar la diversidad, la participación de todos, el cuestionamiento de la idea de normalidad y la búsqueda de aprendizajes provenientes de un proceso complejo, abierto al debate y a la crisis.

Tareas pendientes

No basta lograr un consenso legislativo y establecer programas y estrategias inclusivas si no se consigue llevarlos a la práctica en las aulas.

Para lograr una inclusión educativa eficiente, todavía quedan pendientes los siguientes aspectos:

  1. Informar y enseñar a los futuros docentes y los docentes en activo: Tanto aspectos teóricos sobre cómo son los diferentes trastornos de neurodesarrollo como sus efectos como estrategias concretas y prácticas para el aula. Los profesores de las distintas etapas educativas necesitan conocer las estrategias de adaptación para poder enseñar a niños con diversidad funcional y cognitiva. Además, la neurodidáctica ofrece un marco teórico y práctico para identificar particularidades del alumnado y brinda herramientas a los maestros para entender cómo aprende cada estudiante.

  2. Evaluación continua de la gestión: Para lograr una verdadera inclusión en las escuelas es necesario revisar constantemente cómo se están haciendo las cosas (políticas y prácticas), repartir mejor los recursos que ya existen y fomentar que todos (docentes, familias, directivos y estudiantes) se involucren.

  3. Cambiar los métodos de evaluación: Para que se centre en el proceso de aprendizaje, sin importar cuales sean sus diferencias o habilidades. Es decir, mediante una evaluación justa y equitativa, sin etiquetas, adaptando lo que se enseña y cómo se enseña para, de forma colaborativa, atender las diferencias y necesidades de todos los estudiantes.

De la teoría a la práctica

Como vemos, aunque es imprescindible aprobar leyes que defiendan la integración de todos los niños y niñas en el sistema escolar ordinario, no basta con eso. Que estos estudiantes acudan a las mismas aulas que sus compañeros sin necesidades especiales no garantiza que se respete su derecho a la educación. Además de compartir espacio físico, necesitan compartir posibilidades de desarrollo y aprendizaje, con adaptaciones de los contenidos y atención personalizada.

The Conversation

Ana María Melendo Viñado no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Inclusión educativa: entre la teoría y la práctica – https://theconversation.com/inclusion-educativa-entre-la-teoria-y-la-practica-252648