Vesículas extracelulares: el ‘WhatsApp’ de las células

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Lucía Garrido Miranda, Investigadora predoctoral en Cáncer, Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas CNIO

Sección de una vesícula extracelular. Estas diminutas partículas esféricas albergan diversas moléculas bioquímicas, como proteínas, lípidos o ARN (en rojo). Juan Gaertner/Shutterstock

Aprendizajes, preocupaciones, pensamientos, consejos, ideas, planes, deseos, opiniones, conocimientos, emociones… Vivimos en un continuo intercambio de información. Pero no solo nosotros, también nuestras células. Al mismo tiempo que estás leyendo estas líneas, dentro de tu organismo están teniendo lugar miles de conversaciones celulares.

Nuestras células necesitan relacionarse y comunicarse entre ellas para llevar una vida equilibrada. O, dicho de otra manera, para mantener su homeostasis. Para ello cuentan con distintos sistemas de comunicación, entre los que destacan las vesículas extracelulares, que actúan como un “WhatsApp celular”.

Mensajeros celulares

Las vesículas extracelulares son una especie de burbujas que liberan las células. Nos las podemos imaginar como esas pompas de jabón que hacíamos cuando éramos pequeños o como los miles de lunares que ha plasmado la artista Yayoi Kusama a lo largo de toda su obra. Estas partículas se producen en el interior celular gracias a distintas maquinarias que trabajan en cadena y que finalmente las células liberan “soplando” hacia el medio extracelular. Es decir, lo que hay entre célula y célula.

Instalación de Yayoi Kusama en una retrospectiva de su obra que acogió el Museo Louisiana (Dinamarca) en 2015.
Susanne Nilsson/Flickr, CC BY

Además, estas burbujas llevan en su membrana y en su interior moléculas que encontramos principalmente dentro de las células, como el ADN y ARN (que actúan como libro de instrucciones), proteínas (construcciones formadas a partir del ADN), lípidos (con una función más estructural) y otras muchas. Precisamente, estas moléculas constituyen la información que se envían las células entre ellas.

En cuanto a su estructura, son tan pequeñas que resultan difíciles de detectar, como cuando las burbujas de jabón se pierden en la inmensidad. En el laboratorio necesitamos aparatos mucho más potentes que los microscopios convencionales con los que observamos normalmente las células para poder llegar a visualizarlas.

A diferencia de otros mecanismos de comunicación entre células que se encuentran muy juntas, las vesículas extracelulares son capaces de viajar a través de distintos fluidos de nuestro organismo como la sangre, y alcanzar otras células que están más alejadas. Pero no llegan a cualquier sitio: estas partículas tienen muy claro su destino, como cuando nosotros mandamos un mensaje por WhatsApp.

Las conversaciones del cáncer

Una neurona del cerebro es muy distinta a una célula de la piel, del mismo modo que una célula sana no es igual que otra enferma. Esto también ocurre con las vesículas extracelulares que secretan cada uno de estos tipos celulares. Además, hay células que son “más tímidas” y no secretan muchas vesículas (quizás prefieren comunicarse de otra manera), mientras que otras directamente prefieren vivir aisladas.

Un ejemplo de conversación molecular es la que tiene lugar entre las células de un tumor primario y las células del lugar que van a colonizar, generando metástasis.

Las células tumorales, las que generan cáncer, tienen un único propósito: sobrevivir y seguir reproduciéndose. Por ello, hacen todo lo posible para continuar dividiéndose. Y cuando no se dan las condiciones necesarias para ello, en ocasiones, deciden buscar otro lugar y “comenzar una vida nueva”.




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Para nosotros, esto no resulta fácil si en el sitio al que nos mudamos no conocemos a nadie o no tenemos una casa. Pues lo mismo les ocurre a las células tumorales, pero ellas lo tienen todo previsto.

Antes de comenzar su viaje, mandan mensajes (vesículas extracelulares) a las células cercanas diciendo que se van, que les dejen marchar, mientras que avisan a las lejanas de su próxima llegada. Además, también envían vesículas a las células del sistema inmunitario (ejército de nuestro organismo) evitando que los soldados (linfocitos) se activen. De este modo, evitan ser reconocidas, y, por lo tanto, atacadas y eliminadas.

Comprendiendo los mensajes celulares

¿Qué pasa si bloqueamos la liberación de vesículas extracelulares, si evitamos que se comuniquen las células? ¿Cómo se introduce la información en estas vesículas? ¿Qué le pasa a la célula que libera la información? ¿Y a la célula receptora? ¿Por qué las vesículas extracelulares tienen un destino determinado? ¿Cómo se pueden leer mejor estos mensajes? ¿Se pueden generar en el laboratorio ese tipo de partículas o algo parecido?

Son preguntas que quizás se hayan hecho al leer este artículo. Preguntas que muchas científicas y científicos estamos intentando contestar. Desde los laboratorios somos capaces de aislar y purificar estas burbujas celulares, así como de leer su contenido.

En la actualidad se está investigando la función que desempeñan estas vesículas en la salud y en la enfermedad y se están desarrollando formas de poder bloquear el envío de esos mensajes para poder desarrollar nuevos tratamientos y terapias. También se está intentando modificar esa información, e incluso, crearla, de forma que seamos capaces de imitar las conversaciones celulares.

Además, se está mejorando la técnica con la que se extraen y se leen las vesículas. El objetivo es poder utilizarlos para diagnosticar de forma precoz una enfermedad, determinar su grado de gravedad o poder seleccionar de forma más precisa y personalizada qué tratamiento va a funcionar mejor en un paciente.

Aristóteles afirmó que “El ser humano es un ser social por naturaleza”. Y es que, como hemos visto, esa necesidad de comunicarnos la llevamos ya grabada en nuestras células.

The Conversation

Este artículo fue finalista del Premio Luis Felipe Torrente de Divulgación sobre Medicina y Salud, organizado por la Fundación Lilly y The Conversation

– ref. Vesículas extracelulares: el ‘WhatsApp’ de las células – https://theconversation.com/vesiculas-extracelulares-el-whatsapp-de-las-celulas-264804

‘Chatbots’: ¿compañeros del alma o lobos con piel digital?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Santiago Iñiguez de Onzoño, Presidente IE University, IE University

Andrey Suslov/Shutterstock

Durante mucho tiempo, la idea de que las máquinas pudieran convertirse en amigos, confidentes o, incluso, terapeutas fue un tópico de la ciencia ficción. Hoy, sin embargo, esa ficción especulativa se ha filtrado en la realidad: son muchas las personas que conversan con chatbots en busca de consejo, distracción, compañía o incluso apoyo emocional.

Este nuevo territorio social nos obliga a preguntarnos: ¿puede la inteligencia artificial enriquecer de verdad nuestra vida emocional o estamos compartiendo nuestras vulnerabilidades más profundas con un código?

Entre lo bueno y lo malo

Las visiones del futuro de la IA suelen oscilar entre la utopía y la distopía. Los escenarios utópicos imaginan máquinas que amplían el potencial humano, mejoran el bienestar y llenan los vacíos dejados por sistemas sociales sobrecargados. Los distópicos, en cambio, evocan sistemas descontrolados, sin brújula ética, que amplifican el conflicto y la manipulación. Estas visiones contrastadas recuerdan a antiguos debates filosóficos sobre la naturaleza humana.

Si Jean-Jacques Rousseau sostenía que las personas nacen buenas y que la sociedad las corrompe, según Thomas Hobbes, los humanos son lobos para los propios humanos y solo la ley y la autoridad logra restablecer el orden. Aplicando estas ideas a la IA, Rousseau sugeriría que las máquinas reflejan la bondad humana, mientras que Hobbes advertiría que podrían amplificar nuestros impulsos más oscuros. La realidad, como siempre, es más ambigua.

Más allá de estas abstracciones, la pregunta es si las máquinas pueden hacerse nuestras amigas aquí y ahora.

La soledad es una de las crisis definitorias de nuestra época. En el Reino Unido,una encuesta de 2022 reveló que, al menos ocasionalmente, más de la mitad de los adultos se sentían solos. Mientras, alrededor del 6 % afirmaban sentirse solos siempre.

En Estados Unidos, el propio Cirujano General –un cargo público designado por el presidente y cuya función es supervisar el Servicio de Salud Pública y ser el principal portavoz en materia de salud pública del Gobierno federal– declaró en 2023 que la soledad era una amenaza para la salud pública comparable al tabaquismo.

Amigo sustituto

En este contexto, no sorprende que los compañeros virtuales basados en IA hayan encontrado usuarios entusiastas. Aplicaciones empáticas como Replika, Character.AI o Xiaoice han atraído a millones de personas. Estos sistemas escuchan sin juzgar, responden con empatía y se adaptan a las preferencias de cada usuario. Para algunos, son un entretenimiento lúdico. Para otros, un sustituto de amigos ausentes, familiares lejanos o terapeutas inaccesibles.

Una encuesta reciente mostró que en Estados Unidos casi uno de cada cinco jóvenes adultos ha interactuado con una IA diseñada como pareja romántica y casi uno de cada diez describió esas interacciones como íntimas. El hecho de que estas herramientas se integren en la vida emocional cotidiana, no como rarezas sino como verdaderos compañeros, apunta a un cambio social profundo.

La investigación confirma que, aunque algunos usuarios experimentan un alivio temporal de la soledad, quienes dependen demasiado de estos bots –especialmente si carecen de conexiones reales– suelen reportar, con el tiempo, un menor bienestar.

Violencia y manipulación

Algoritmos entrenados con enormes bases de datos pueden reproducir tanto la calidez como la violencia, la explotación o la manipulación. Lo que parece compañía puede ser, en realidad, un peligro disfrazado.

Character.AI ha sido demandada alegando daños a menores. En Florida, una familia sostiene que la plataforma influyó en el suicidio de su hijo de 14 años. En Texas, una denuncia relata cómo un adolescente, tras discutir con sus padres por los tiempos de uso de pantallas, recibió del bot la sugerencia de matarlos.

Estos episodios revelan una verdad inquietante: aunque las máquinas simulen empatía, carecen de los frenos éticos, el juicio y la responsabilidad de un ser humano real.

Ilusión de amistad

Esto nos lleva a un asunto de fondo: la amistad y la terapia no son intercambiables con la simulación. La amistad humana se construye sobre la reciprocidad, la experiencia compartida y la vulnerabilidad genuina. La terapia requiere formación profesional, responsabilidad ética y rendición de cuentas. Los chatbots pueden imitar la superficie de ambas pero no pueden corresponder de verdad, ni cuidar de verdad, ni asumir responsabilidades.

Algunos sostienen que si una persona se siente mejor tras conversar con un bot eso ya es suficiente. Pero esta visión pragmática pasa por alto un peligro: la dependencia de entidades que aparentan cuidar pero no pueden hacerlo. La ilusión de amistad puede consolar a corto plazo, pero aislar a largo plazo.

“No hacer daño”

Aquí la filosofía vuelve a ser útil. La esperanza de Rousseau de que los humanos –y, por extensión, sus creaciones– sean intrínsecamente buenos puede animarnos a construir máquinas que reflejen compasión. Pero es que la visión sombría de Hobbes sigue estando vigente: sin normas ni límites, incluso los sistemas bienintencionados pueden convertirse en lobos con piel digital.

Los desarrolladores deben adoptar un principio similar al de la medicina: “No hacer daño”, incorporando ética y seguridad desde el inicio. Los responsables políticos han de regular la compañía artificial como un asunto de salud pública. Y educadores y filósofos deben ayudar a la sociedad a reflexionar sobre lo que significa confiar nuestras emociones a las máquinas.

La IA quizá nunca llegue a amarnos de verdad, pero sí puede reflejar lo que valoramos. Si los diseñamos como herramienta de cuidado y no como lobo disfrazado, los chatbots no solo conversarán sino que nos recordarán lo más humano que hay en nosotros mismos.


Una versión de este artículo se publicó en LinkedIn.


The Conversation

Santiago Iñiguez de Onzoño no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. ‘Chatbots’: ¿compañeros del alma o lobos con piel digital? – https://theconversation.com/chatbots-companeros-del-alma-o-lobos-con-piel-digital-264805

Trabajadores desechables: ¿cuál es el coste real de expulsar a inmigrantes de EE. UU.?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Miguel Angel García Arias, Profesor en la Escuela Politécnica Superior de la Universidad de Almería en áreas de desarrollo rural e internacional, gestión del territorio y migraciones, Universidad de Almería

Manifestación en Nueva York contra la política migratoria de la administración Trump el pasado 19 de abril. Christopher Penler/Shutterstock

En marzo de 2024 el carguero MV Dalí, que transportaba cerca de 5 000 contenedores, colisionó contra un puente en la ciudad portuaria estadounidense de Baltimore. El choque se produjo de madrugada y ocasionó la muerte de seis trabajadores que a esas horas de la noche realizaban trabajos de mantenimiento en la estructura.

Las víctimas eran inmigrantes latinoamericanos: dos de nacionalidad mexicana, dos guatemaltecos, uno salvadoreño y otro hondureño. Todos ellos contaban con permiso de residencia y contrato de trabajo.

Este accidente puso en evidencia en parte la realidad laboral del sector de la construcción en EE. UU., en el que el 30 % de los trabajadores son extranjeros. Sin embargo, y al contrario de los fallecidos en Baltimore, lo usual es que la mitad de los empleados extranjeros de la construcción se encuentren en situación irregular (1,75 millones de personas).

La precariedad que esto conlleva les hace aceptar las tareas más peligrosas y los peores horarios, así como cobrar salarios más bajos. No es casual que uno de cada cuatro inmigrantes fallecidos en accidente laboral en EE. UU. trabaje en la construcción, ni que su tasa de accidentes sea hasta un 30 % superior a la de sus compañeros nacidos en el país.

Las temidas redadas en lugares de trabajo

A estas dificultades se añade ahora el aumento de las mediáticas redadas en lugares de trabajo impulsadas por el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas, (ICE por sus siglas en inglés). Este departamento es uno de los pocos que ha visto crecer su dotación presupuestaria para 2026.

Así, el año próximo el servicio migratorio contará con más recursos destinados a la búsqueda, detención y expulsión de albañiles, fontaneros, jornaleros agrícolas, camareros, cuidadores…. Cada deportación de uno de estos trabajadores conlleva un gasto de 9 000 euros a los contribuyentes de EE. UU.

Al mismo tiempo, las arcas de EE. UU. dejan de ingresar en impuestos locales, estatales y federales 7 650 euros, cifra que en promedio es aportada anualmente por cada trabajador emigrante irregular. Además, hay que considerar que en el mercado laboral de EE. UU. persisten 8 millones de vacantes sin cubrir.

La falta de trabajadores en algunos sectores se relaciona de manera estrecha con el aumento de precios de bienes esenciales como, por ejemplo, la vivienda. La carencia de albañiles y otros profesionales causa unas pérdidas de 2 400 millones de euros anuales y 19 000 casas menos construidas.

La actual administración estadounidense ha hecho del control migratorio uno de sus principales ejes de acción. Esto se ha traducido en un incremento de las detenciones de migrantes en el primer semestre de 2025 hasta alcanzar un promedio diario de 750, lo que dobla la cifra por jornada de la última década. Por otro lado, los intentos de cruzar la frontera entre México y EE. UU. han alcanzado su valor más bajo en décadas.

De acuerdo con una investigación publicada en agosto de 2025 por el think tank independiente Pew Research Center a partir de datos del Oficina de Censo de EE. UU., en lo que va de año la población migrante total que reside en el país ha descendido por primera vez en las últimas cinco décadas, pasando de 53,3 millones a inicios de año a 51,9 millones en junio. Esta caída refleja tanto un descenso en las llegadas, como un aumento de los regresos voluntarios a países de origen.

Así afectaría al empleo

Pew Research Center también ha estimado que el 20 % de la fuerza laboral de EE. UU. en 2023 era migrante (33 millones de personas), de los cuales 10 millones se encontraban en situación irregular. Sectores como la construcción, la agricultura o la hostelería tendrán serias dificultades para ser viables sin los trabajadores migrantes, lo que también afectará al empleo de la población local.

A esta conclusión llegaron investigadores de la Universidad de Colorado-Denver, quienes analizaron las consecuencias de las deportaciones llevadas a cabo durante los gobiernos de Obama en condados de todo el país. Concluyeron que el aumento de las expulsiones redujo la presencia de trabajadores inmigrantes, pero también provocó caídas en el empleo total y afectó negativamente al tejido productivo donde los inmigrantes ya eran una parte estructural. La ausencia de temporeros guatemaltecos que cosechaban lechuga hizo que el camionero estadounidense que la distribuía perdiera su empleo.

La incertidumbre que afecta al conjunto de la población migrante en EE. UU. adquiere una especial relevancia en el caso de los ciudadanos de Nicaragua, Venezuela, Cuba y Haití, que fueron beneficiarios en los dos últimos años de los programas del llamado parole humanitario implementados por la anterior administración Biden. Estos mecanismos les otorgaban un permiso temporal de entrada y estancia en el país, con autorización para trabajar y la posibilidad de extender su estadía.

500 000 personas en el limbo jurídico

La nueva administración ha dado por concluidas estas medidas de protección, con el respaldo del Tribunal Supremo, dejando a más de 500 000 personas en un limbo jurídico: ya no pueden renovar su permiso de trabajo ni garantizar su estatus de residencia temporal, con lo que tendrían que regresar a unos países marcados por conflictos sociopolíticos y precariedad económica.

La iniciativa del parole humanitario ha permitido constatar que la existencia de canales de emigración ordenada, segura y legal son una buena medida para reducir el peso de la migración irregular y el sufrimiento que esta conlleva para los propios migrantes. Además, mitiga las dificultades y abusos que suelen acompañar una estancia irregular en el país de destino.

Incertidumbre es, en definitiva, la sensación que acompañará en los próximos meses a millones de migrantes y a sus familias en los países de origen. Este sentimiento también afectará a empleadores y trabajadores de EE. UU.

El aumento de las redadas, facilitadas por un mayor presupuesto, añadirá presión a un sistema productivo que funciona gracias a la mano de obra y al talento llegados desde el extranjero, como evidenció el accidente en el puente de Baltimore.

En los próximos meses aflorarán con fuerza las tensiones entre el control migratorio y la economía real. Un mercado laboral con pleno empleo y millones de vacantes sin cubrir terminará por chocar con las políticas de cierre de fronteras.

The Conversation

Miguel Angel García Arias no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. Trabajadores desechables: ¿cuál es el coste real de expulsar a inmigrantes de EE. UU.? – https://theconversation.com/trabajadores-desechables-cual-es-el-coste-real-de-expulsar-a-inmigrantes-de-ee-uu-264212

La ley de Heisenberg en la evaluación de los exámenes y la carrera académica

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Jesús Pérez Gil, Catedrático de Universidad, Dpto. Bioquímica y Biología Molecular, Facultad de Ciencias Biológicas, Universidad Complutense de Madrid

A punto de iniciarse el curso 2025-26, es fácil predecir que una de las cuestiones que harán los estudiantes el primer día de clase hará referencia a cómo serán los exámenes y la evaluación. El profesor explicará sus propios criterios y a partir de ese momento… ¡Heisenberg entrará en acción!

La ley de Heisenberg

En la mítica serie Breaking Bad, Walter White era un profesor de química de secundaria mal valorado por sus estudiantes. Su apodo, “Heisenberg”, hace referencia al físico alemán Werner Heisenberg, premio Nobel, conocido por su trabajo en física cuántica y su Principio de Incertidumbre. Walt adopta este alias para ocultar su identidad en el mundo del crimen, donde todo es incierto y desconocido, al igual que el principio de incertidumbre. Esta regla puede trasladarse a los métodos que se diseñan para medir/evaluar cualquier proceso. La “ley” de Heisenberg está también presente en la evaluación de los exámenes y la carrera académica.

Según el principio de incertidumbre, no se pueden determinar de forma simultanea dos propiedades de una partícula cuántica, su posición y su velocidad, por ejemplo. Para colmo, el propio proceso de medición lo modifica todo aunque no se quiera, de forma que el comportamiento de la partícula ya no será el que tenía antes de ser “observada” o medida. Dicho de otro modo: el proceso de medición altera inevitablemente la condición de lo medido.

El profesor y su examen

En el primer día de clase, la información que dé el profesor sobre cómo hará la evaluación activará la perturbación predicha por Heisenberg. Los estudiantes, inconscientemente, prepararán la asignatura de forma distinta en función de cómo se les vaya a exigir rendirla.

¿La evaluación reflejará hasta qué punto han aprovechado la asignatura? ¿O su nota dependerá del grado en que se han ajustado al método de evaluación? En el mejor de los casos ambas cosas se parecerán, pero no necesariamente siempre.

La perturbación señalada por Heisenberg, inexorable y en muchos casos desastrosa, entra en el proceso de medida sobre el objeto mismo que se mide, el examen, hasta el punto de que puede dejar de cumplir el objetivo perseguido: medir de verdad el nivel de capacitación de los estudiantes. Al menos, siendo conscientes, podremos valorar adecuadamente el nivel de “incertidumbre” que ello supone.

Los baremos y la “baremitis” en la carrera académica

Otro ejemplo de las jugarretas que implica la incertidumbre de Heisenberg lo encontramos en esos detallados baremos oficiales que buscan transparencia para evaluar los méritos de los candidatos que concurren a concursos de acceso. En el mejor de los casos, estos baremos habrán sido diseñados de forma concienzuda para reconocer las múltiples actividades que reflejan la calidad del desempeño. Por ejemplo, en el caso de un profesor o investigador, sus años de experiencia.

Pero para completar la construcción de los baremos, todas esas actividades a considerar deben sistematizarse, jerarquizarse y cuantificarse de forma relativa a su peso en lo que se quiere valorar. Y es aquí donde la recalcitrante tiranía de la ley de Heisenberg se hace presente.

Los candidatos acaban modelando su actividad para optimizar la forma en la que será medida cuando llegue el momento. Es la “baremitis”, que acaba convirtiendo a esos futuros profesores e investigadores en coleccionadores de puntos en las diferentes casillas del baremo, en lugar de desarrollar de la mejor manera posible la actividad académica, que en último término va a ser objeto de evaluación.

Esta desgraciadamente generalizada confusión del “continente por el contenido”, resultante del supuesto afán por una aplicación transparente y “objetiva” de criterios a salvo de arbitrariedades, puede estar lastrando de forma importante la confección de muchas plantillas, y por extensión, las capacidades futuras de nuestras instituciones.

No estamos hablando de corrupción, aunque las prácticas corruptas también minan la solidez del edificio de nuestra ciencia y academia. No es más que, según los postulados de Heisenberg, la inexorabilidad en la práctica de los principios de la física y la materia, a los que también está sometida la naturaleza humana.

Lo que comienza siendo una feliz invención en la forma de medir algo aparentemente intangible, acaba modificando de una forma incluso dramática lo que se mide.

El factor de impacto

En los años 60 del siglo pasado, se ideó el llamado Factor de Impacto (Impact Factor en inglés, o IF) para valorar la calidad de las revistas científicas. Este factor IF se calcula dividiendo el número de veces que se citan los trabajos publicados en una revista durante un tiempo determinado, generalmente los dos últimos años, entre el número total de artículos en el mismo periodo. Es decir, ofrece una media del número de veces que los artículos de esa revista han sido útiles para otros trabajos.

El manoseado IF ha permitido a los científicos durante décadas valorar la mayor o menor calidad promedio de una revista y decidir en consecuencia donde intentar publicar sus investigaciones (en teoría, en función de la calidad que estas investigaciones y sus resultados tienen, o al menos, que creen que tienen).

Sin embargo, el IF ha acabado siendo usado no ya para valorar las revistas, sino sus artículos, y por extensión, ¡los méritos de los investigadores!

Los ‘cárteles’ del sistema

A partir de aquí, la revista científica busca incrementar de la forma que sea su IF. Por ejemplo, facilitando la publicación de “revisiones”, artículos que solo recopilan y actualizan lo ya publicado sobre un tema concreto, lo que resulta muy útil para que los científicos se pongan al día. O, en una práctica mucho más cuestionable, “estimulando” que los autores citen de forma preferente los artículos que aparecen en las revistas en las que quieren publicar.

Surgen así los “cárteles de citas”, tristemente en el candelero mediático en algún caso reciente, cuando la citación de los trabajos busca intereses espurios al mero reconocimiento de la ciencia ya hecha. Puro principio de incertidumbre de Heisenberg, que quizá podríamos también denominar como “principio de distorsión de los procedimientos de medida/evaluación”.

¿Alguna esperanza de poder desarrollar procesos de evaluación Heinsenberg-free? Quizá mediante un análisis “inteligente” de los múltiples aspectos asociados con la actividad que se quiere evaluar. Una aplicación sabia de la inteligencia artificial puede suponer en breve un avance importante y mucho más difícil de ser interferido. Aunque seguramente la propia IA, plegada a Heisenberg, también modificará conductas y méritos de forma inevitable.

Como último recurso queda apelar al rigor, la competencia y la integridad de los evaluadores, con autonomía y en un número suficiente para promediar y compensar sesgos involuntarios, sometidos a procesos de rendición de cuentas sobre el resultado de lo medido y evaluado. Pero sin perder de vista a Heisenberg.

The Conversation

Jesús Pérez Gil no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. La ley de Heisenberg en la evaluación de los exámenes y la carrera académica – https://theconversation.com/la-ley-de-heisenberg-en-la-evaluacion-de-los-examenes-y-la-carrera-academica-263584

Crisis política en Francia: guía rápida para entender qué está ocurriendo en el país

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Manuel Torres Aguilar, Catedrático de Historia del Derecho y de las Instituciones y director de la Cátedra UNESCO de Resolución de Conflictos, Universidad de Córdoba

Sébastien Lecornu, nuevo primer ministro francés y exministro de Defensa, preside una ceremonia militar en 2022. Tm/Wikimedia Commons, CC BY

La política francesa acaba de entrar en una nueva fase de inestabilidad tras la caída del primer ministro François Bayrou, después de perder la moción de confianza a la que se sometió en la Asamblea Nacional el 8 de septiembre. El resultado de 364 votos en contra y 194 a favor mostró una clara debilidad que le ha obligado a presentar su dimisión al presidente de la República.

Macron ha visto así como cuatro jefes de gobierno han caído durante su segunda legislatura.

El experimentado político francés, líder del Movimiento Demócrata (MoDem), de carácter centrista y profundamente europeísta, asumió el cargo en enero de este año, después de la dimisión de Michel Barnier, que tiene el dudoso honor de haber sido el primer ministro de mandato más breve en la historia de la V República.

Estos casi nueve meses de gobierno de Bayrou han estado marcados por una agenda económica muy impopular, que preveía un plan de recortes presupuestarios de 44 000 millones de euros anuales y otras medidas de limitación del gasto público que han provocado una fuerte contestación social y la oposición parlamentaria.

Su estrategia de tratar de evitar una moción de censura sometiéndose a una moción de confianza ha fracasado claramente, poniendo de manifiesto la polarización de la vida política francesa entre la extrema derecha de Marine Le Pen y la izquierda del radical Jean-Luc Mélenchon.

Los votos de ambos extremos junto a los de varios diputados del bloque oficialista, que muestran también la fractura del macronismo, han provocado su caída y una crisis que abre una nueva incertidumbre en uno de los socios claves de la Unión Europea.

Las opciones de Macron

No tenía demasiadas opciones Emmanuel Macron, que está en una posición francamente delicada. En concreto, podemos señalar tres:

  1. Convocar elecciones legislativas anticipadas, que es lo que exige la oposición, aunque según los sondeos la Asamblea podría resultar aún más fragmentada.

  2. Nombrar un nuevo primer ministro, eligiendo entre su círculo de confianza más próximo o entre los socialistas, que forman parte del bloque ganador de las elecciones legislativas.

  3. Dimitir, que es una opción que él ya ha descartado públicamente a pesar de que un 64 % de los franceses apoyarían su salida de la presidencia.

Razones de la crisis de gobernabilidad

Desde que se convocaron las elecciones legislativas de junio de 2024, la Asamblea ha quedado dividida en tres bloques: ultraderecha, centroderecha gubernamental e izquierda, sin que ninguno tenga una mayoría clara. Esta fragmentación ha hecho imposible la estabilidad en el gobierno.

Así, los antecesores de quien ahora ejerce como primer ministro de Francia, Sébastien Lecornu –Élisabeth Borne, Gabriel Attal, Michel Barnier y François Bayrou–, han dependido de alianzas frágiles, de presión social constante ante cualquier intento de reforma y de una polarización creciente entre extrema derecha e izquierda radical con el objetivo de hacer oposición frontal. Finalmente, hay que tener en cuenta el error estratégico de Macron al disolver la Asamblea tras el varapalo electoral de las europeas, que no ha hecho sino agravar más la crisis política y acentuar su debilidad. Macron buscaba obtener un mejor resultado para su bloque presidencial y el resultado fue incrementar su debilidad.

Los retos del nuevo primer ministro

Solo cinco horas después de aceptar la dimisión de Bayrou, Macron ha nombrado como primer ministro a Sébastien Lecornu, hasta ahora responsable de la cartera de Defensa de su Gobierno, que era la opción más previsible y cómoda de entre las expuestas más atrás.

El nuevo primer ministro se enfrenta desde hoy a las protestas convocadas en la calle y, el viernes, a Fitch, la agencia internacional de calificación crediticia, que tiene previsto anunciar la nueva calificación de la deuda soberana francesa.

La necesidad de una reajuste económico es el principal caballo de batalla que moviliza a la calle y a los mercados, cada uno por intereses contrapuestos. El ajuste de unos 44 000 millones de euros con medidas impopulares para rebajar el déficit fiscal y la deuda pública, que soporta una carga de intereses que en 2025 asciende a 55 000 millones de euros, se antojan un reto demasiado grande para un gobierno demasiado débil.

Macron ha tirado del manual clásico del presidente arrinconado: buscar entre sus más leales y en la “comodidad” del continuismo la solución. El enrocamiento frente a todos parece inspirar esta decisión. Lecornu es valorado por su fidelidad, discreción y capacidad de consenso, pero supone no adoptar una medida más audaz para intentar salir de la actual aritmética parlamentaria.

Tratar de buscar el acuerdo con el resto de fuerzas políticas “respetando las convicciones de cada uno” es el primer objetivo que la presidencia de la República ha emitido en el comunicado oficial hecho público el 9 de septiembre (que, por cierto, ha desaparecido de la web del Elíseo).

Macron no ha optado por la solución de dar la presidencia del Gobierno a un socialista como fuerza ganadora en 2024, opción que ha venido evitando desde entonces. Esto supondría, al menos, un intento más novedoso de alterar el curso de la política francesa, pero ha preferido no arriesgar nada, enrocarse en su posición inicial. Así demuestra su carga ideológica contraria a subir la tributación a las rentas más altas para tratar de equilibrar en algo las cuentas.

En el camino al autoritarismo

Ya sabemos lo que decía Einstein: “No pretendamos que las cosas cambien si siempre hacemos lo mismo”. Olivier Faure era una propuesta más social que habría facilitado, al menos, una mayor paz social.

Marine Le Pen lo tiene claro: “El presidente dispara su último cartucho”.

Así las cosas, aguantar hasta 2027 con esta misma Asamblea será un reto muy difícil. Celebrar nuevas elecciones legislativas cambiaría poco el panorama, por lo que Francia, y con ella Europa, están justo en el escenario que parece evocar tiempos en los que la debilidad de las democracias abrió el camino al autoritarismo que destruyó la vieja Europa.

La obstinación de la izquierda francesa y el enrocamiento del macronismo pueden construir un puente nefasto para las presidenciales de 2027 que, por otro lado, afectaría gravemente a la continuidad de la Unión Europea que conocemos.

Como conclusión, la encrucijada actual requiere de la capacidad de pacto, que es el eje más noble de la política. Cuando esto falla, el desapego y la desafección buscan consuelo en las posiciones antipolíticas. Además, la V República, pensada para el bipartidismo de gobiernos estables, ha sido superada por otra realidad electoral en la que aquella ya no encaja.

The Conversation

Manuel Torres Aguilar no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. Crisis política en Francia: guía rápida para entender qué está ocurriendo en el país – https://theconversation.com/crisis-politica-en-francia-guia-rapida-para-entender-que-esta-ocurriendo-en-el-pais-264904

¿Cómo llevar a los adultos a ver una película infantil? Poniéndoles su banda sonora

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Juan Carlos Montoya Rubio, Especialista en didáctica de la música para el audiovisual. Profesor en la Facultad de Educación, Universidad de Murcia

Imagen de ‘Lilo & Stitch’, la versión animada de 2002, en la que el extraterrestre recibe clases de quién era Elvis. FilmAffinity

Una película de Minecraft, estrenada en abril de 2025, recaudó casi mil millones de dólares en la taquilla, probando su éxito entre el público familiar. Los adultos que hayan ido a verla habrán podido distinguir en su banda sonora una versión instrumental de “Just Can’t Get Enough”, de Depeche Mode.

La elección de esa canción no es casualidad. Desde hace tiempo el cine infantil no puede considerarse únicamente para niños. Es evidente que los argumentos de las películas han evolucionado, dejando de lado miradas ingenuas o inconvenientes con el momento actual.

No se trata solo de un cambio debido a la coyuntura social, sino que la propia manufactura de los filmes para el público infantil es cercana a la de producciones cinematográficas pensadas para otros sectores poblacionales. Esto hace, en ocasiones, que no sea sencillo definir franjas de edades para las películas. Y la música contribuye todavía más a difuminar las barreras entre generaciones.

Las motivaciones de una industria global

Preguntarse por qué interesa ampliar la audiencia de un producto cualquiera es hablar de la necesidad de buscar el éxito comercial, en este caso ligado al cine. Las películas infantiles actuales se consumen, en un porcentaje nada despreciable, en familia, y eso lleva mucha más gente a las salas que si su público objetivo fuese a ver una película solo o en pareja. De este modo, favorecer que el largometraje posea códigos que despierten el interés de los espectadores adultos es una estrategia sumamente acertada.

No cabe duda de que este público conecta de algún modo con los formatos y tramas de muchos contenidos audiovisuales dirigidos al mundo infantil. No obstante, se puede decir que, tras el modelo original de Disney, se produjo una evolución. En este sentido, compañías como DreamWorks remozaron argumentos y modelos de animación en aras de la generalización de las audiencias.

De igual modo, la propia adquisición de Pixar por parte de Disney responde, entre otros factores, a esta necesidad de revitalizar el cine infantil a través de un modelo de éxito probado entre crítica y público como son las producciones del estudio de animación digital.

La música en el cine: una herramienta poderosa

Una de las formas más potentes para cautivar al público adulto es el uso de la música. El cine es un compendio de lenguajes en donde el elemento sonoro penetra inconscientemente en el espectador.

En el plano al que nos estamos refiriendo, una de las formas más habituales y eficaces de atraer a ese público es la utilización de ciertos códigos culturales. Son elementos conocidos por los espectadores adultos que les sirven para generar una comprensión especial de la película.

Algunos de esos códigos se han ido perfilando a lo largo del tiempo y son usados a discreción y sin ningún pudor. Sirvan como ejemplo el uso de la wagneriana “Cabalgata de las Valquirias” ante la aparición de helicópteros en Apocalypse Now; la utilización de la “Tocata y Fuga en Re m.” de Bach para llevarnos a ambientes vinculados a vampiros; o la inclusión de “Pompa y circunstancia” de Elgar en todo tipo de actos académicos…

La ‘Cabalgata de las Valquirias’ de Wagner en Apocalypse Now.

Sin embargo, los que más nos interesan ahora se utilizan de manera puntual para asegurar que los espectadores adultos sigan enganchados a la película. Se trata de hacerles cómplices de su discurso para que lo asimilen mejor.

De Flashdance a Elton John

Son innumerables, y crecientes, los casos en los que los clichés musicales aparecen como elemento clave en las producciones cinematográficas actuales. En gran medida, el éxito a la hora de generar productos intergeneracionales se basa en el uso de estas referencias. No hay más que pensar en el modo en que la serie Los Simpson ha hecho de la alusión un elemento consustancial a su formato.

En las películas dirigidas al público infantil hay apariciones musicales que son clásicas por su nitidez. Por ejemplo, en Shrek 2 (2004), se apunta al mito cinematográfico de los ochenta Flashdance. Y en Gnomeo y Julieta (2011), la música de Elton John –y su propia estética– son un estímulo obvio para la comprensión adulta del largometraje.

‘Don’t Go Breaking My Heart’ de Elton John en Gnomeo y Julieta.

Por su parte, la española El lince perdido (2008) contiene una brillante referencia directa a la música de Antón García Abril (del programa televisivo El hombre y la tierra, de Félix Rodríguez de la Fuente). Este no es sino un guiño a un público que fue niño en la década de los setenta y los ochenta.

Seguimos en la actualidad

En las producciones recientes este proceder es una constante.

Así, por ejemplo, Kung Fu Panda 4 (2024) muestra adaptaciones de la ochentera “Crazy Train” de Ozzy Osbourne, y en Sonic 3 (2024), las niñerías de adultos se ilustran con el tema de los Beach Boys “Wouldn’t It Be Nice”.

No son las únicas. El éxito de Disney de este año Lilo y Stitch recurre, como ya hiciera la versión animada de 2002, a la música de Elvis Presley con una doble finalidad. Por un lado, busca evocar el ambiente hawaiano igual que el sonido de la steel guitar precede a las escenas de Bob Esponja. Por otro, intenta establecer un vínculo entre esa música y las circunstancias que llevan a identificar a Elvis con el archipiélago hawaiano, fundamentalmente el resorte de su éxito con el concierto Aloha from Hawaii.

Clip de una escena (en inglés) de Lilo & Stitch en la que el extraterrestre sirve como aguja y altavoz del tocadiscos para reproducir a Elvis.

En Gru 4, mi villano favorito (2024), los minions hacen referencia a Van Halen igual que en 2015 lo habían hecho con los Beatles. En aquella ocasión, los protagonistas salían por un alcantarillado de Abbey Road mientras los músicos cruzaban el paso peatonal al ritmo de “Love me do”.

Y, en un guiño de música a música, en la última versión de Cómo entrenar a tu dragón se genera una característica sonoridad al estilo del compositor John Williams, creador de las melodías de Star Wars, Indiana Jones o Parque jurásico, entre otras muchas.

Como vemos, la lista de ejemplos multirreferenciales no tendría fin. En esencia, son sonidos que nos abren a un cine para todos los públicos.

The Conversation

Juan Carlos Montoya Rubio recibe fondos del Ministerio de Educación y Formación Profesional a través de la Convocatoria de «Proyectos de Generación de Conocimiento» y a actuaciones para la formación de personal investigador predoctoral asociadas a dichos proyectos, en el marco del Plan Estatal de Investigación Científica, Técnica y de Innovación 2021-2023, como miembro del proyecto “Movimiento y música en el 1er ciclo de Ed. Infantil: diagnóstico y evaluación de la implementación de un programa de prácticas motrices musicalizadas con enfoque de género”

Alba María López Melgarejo y Norberto López Núñez no reciben salarios, ni ejercen labores de consultoría, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del puesto académico citado.

– ref. ¿Cómo llevar a los adultos a ver una película infantil? Poniéndoles su banda sonora – https://theconversation.com/como-llevar-a-los-adultos-a-ver-una-pelicula-infantil-poniendoles-su-banda-sonora-264161

La otra victoria de Carlos Alcaraz: el Abierto del Equilibrio Mental

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Juan González-Hernández, Professor and Researcher on Personality, Sport and Health Psychology, Universidad de Granada

El deporte de alto nivel requiere una alta capacidad de resistencia psicológica que no siempre es visible donde los y las tenistas compiten contra el cansancio, la presión y sus propios pensamientos. Como el propio Carlos Alcaraz ha reconocido en varias entrevistas desde que ganara su primer Abierto de Estados Unidos en 2022, la carga de ser y mantenerte entre los mejores supone un desafío tan grande como cada partido decisivo en sí mismo.

Hablamos del Grand Slam más intenso, el que se juega en todas las superficies y se mantiene toda la temporada. Junto con el Abierto de Australia, Roland Garros, Wimbledon y el Abierto de Estados Unidos, es el quinto Grand Slam: el Abierto del Equilibrio Mental.

La autenticidad y aceptación como recursos estratégicos

En el deporte en general, y en las modalidades individuales en particular, el error se evidencia como mucho más inevitable y determinante. Es auténtico en su expresión y sincero en su esfuerzo. El tenista español Carlos Alcaraz ha tenido momentos de desconexión psicológica como en Roland Garros 2023, cuando los calambres en semifinales frente a Novak Djokovic se vieron agravados por el estrés competitivo. O tras la final olímpica de París 2024, que supuso un “break mental” que le lastró hasta final de la temporada.

Tales experiencias, lejos de considerarse retrocesos, han sido lecciones. Ha sabido aceptar, parar, reformular, reconducir y dosificar la carga mental y física para convertir la temporada 2025 en la mejor trayectoria de un tenista a la edad de 22 años.

Lo demostró el pasado 7 de septiembre cuando conquistó su segundo título del Abierto de Estados Unidos, el sexto Grand Slam de su carrera, y se volvió a convertir en el número uno a nivel mundial.

Una mente extraordinariamente entrenada

Desde los ojos de un profesional de la psicología deportiva, y con el foco puesto como referencia para cualquier joven deportista, su puesta en escena y lo que proyecta sobre su funcionamiento psicológico es impecable. Se crece y se reafirma igual de honesto cuando se siente fuerte que cuando se muestra vulnerable.

Comparado con el adolescente que “pedía pista” en 2021 o 2022, el Alcaraz de 2024-2025 muestra un grado superior de madurez, de regulación psicológica y respeto por cada momento de su conexión con el momento deportivo.

Ya no se precipita en puntos o momentos de quiebre con la misma frecuencia; sabe manejar los silencios de la pista y la presión de ser favorito. En lo extradeportivo, probablemente lo más importante en su transición de joven a adulto, también ha sabido poner límites sanos como adolescente ante experiencias especiales: conserva momentos de desconexión con su familia y amigos en Murcia, mantiene una actitud cercana y humilde en el trato mediático y no oculta sus íntimos deseos de disfrutar de la vida, lo que contribuye a sostener su salud mental frente al ruido externo.

Probablemente veremos más de algún altibajo en el futuro –seguramente tenga que ver con el mantenimiento de su nivel competitivo, con su popularidad en cualquier rincón del mundo o con dejarse llevar y liberarse cuando se sienta vulnerable– como lo hay en la vida de cualquier persona, aunque en su caso se suma la gran carga de ser un prodigio.

Sus retos en tiempo real

Los retos se mantendrán y aparecerán otros nuevos, sus rivales buscarán nuevas formas de ganarle, recibirá las presiones habituales de todo lo que rodea al deporte de élite (la épica, la mercantilización…) y su vida personal propondrá nuevos esfuerzos y adaptaciones que nos harán ver nuevas versiones del talento de Carlos Alcaraz. Y todo ello, seguramente televisado y en tiempo real.

El Abierto del Equilibrio Mental no otorga un trofeo ni suma puntos ATP, pero define la duración y la calidad de una carrera llena de sensatez y sana autenticidad. Alcaraz, con solo 22 años, ya ha mostrado que su crecimiento no depende únicamente de su drive o de su físico privilegiado, sino de su capacidad de aprendizaje psicológico.

Gestionar la presión dentro y fuera de la pista (mucho más impredecible), aprender a mantener el foco constante y realista y recuperarse de los golpes invisibles son, en definitiva, de las victorias más difíciles y duraderas.

The Conversation

Juan González-Hernández no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. La otra victoria de Carlos Alcaraz: el Abierto del Equilibrio Mental – https://theconversation.com/la-otra-victoria-de-carlos-alcaraz-el-abierto-del-equilibrio-mental-264848

“Esta es mi vida”: claves psicológicas y riesgos de la sobreexposición en redes sociales

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Oliver Serrano León, Director y profesor del Máster de Psicología General Sanitaria, Universidad Europea

Anicka S/Shutterstock

“Hoy me han despedido y no sé qué hacer con mi vida”. “Acabo de salir de terapia y me siento rota”. “Aquí están las cosas que me da vergüenza admitir”. Frases como estas, acompañadas de vídeos llorando en TikTok o Instagram o hilos interminables en X, se han convertido en fenómenos virales. Lo que antes se reservaba a la intimidad de un diario personal o una charla con un amigo, hoy se expone ante millones de personas.

El oversharing –la tendencia a compartir en exceso la vida privada en redes– crece a un ritmo vertiginoso, impulsado por la promesa de empatía, validación y compañía digital. Pero ¿qué nos lleva a abrirnos de esta forma? ¿Qué ganamos y qué arriesgamos al desnudar nuestras emociones en público?

Confesiones virales e hilos emocionales

En TikTok, cobra fuerza la tendencia conocida como “social media is fake, here are things I’m ashamed to admit” (“las redes sociales son falsas, aquí hay cosas que me avergüenza admitir”, resumido en el hashtag #socialmediaisfake), donde usuarios –muchos de ellos de la generación Z– comparten sus inseguridades más profundas, desde la ansiedad ante la carrera profesional hasta temores sobre su valía personal. Este tipo de contenido despierta empatía y solidaridad, pero también abre la puerta a comparaciones poco saludables.

Por otra parte, en Reddit o X proliferan los hilos confesionales, donde frases como “necesito contar esto porque no puedo más” inician relatos de desahogo emocional, rupturas, soledad o ansiedad. Estas narrativas generan respuestas masivas de desconocidos que ofrecen consejos o simplemente compañía virtual.

En el ámbito familiar, un ejemplo específico es el fenómeno del sharenting, cuando progenitores publican detalles íntimos sobre sus hijos en redes sociales. Aunque muchas veces bienintencionado, este comportamiento puede afectar la autoestima y privacidad de los menores, pues crean una imagen idealizada e incluso expuesta sin su consentimiento.

¿Por qué compartimos tanto lo privado?

La validación digital –mediante likes y comentarios– activa circuitos de recompensa en el cerebro, incluyendo zonas como el núcleo accumbens, que también responden a estímulos gratificantes en entornos cara a cara. Esta retroalimentación rápida puede desencadenar una liberación de dopamina y reforzar la tendencia a compartir contenidos altamente emocionales.

Sin embargo, reducir el fenómeno del oversharing a un simple “subidón de dopamina” resulta demasiado simplista. Las motivaciones para exponer lo íntimo en redes sociales incluyen también factores sociales, culturales y psicológicos más amplios. Atribuir nuestras conductas digitales únicamente a este neurotransmisor no cuenta con respaldo neurocientífico ni promueve una comprensión profunda.

El apoyo social es otro motor clave de la sobreexposición en redes sociales. Compartir experiencias difíciles en redes puede generar una sensación de comunidad y contención, especialmente cuando hay respuestas empáticas de desconocidos. Algunas investigaciones señalan que publicar relatos sobre enfermedades mentales en redes facilita el acceso a redes informales de apoyo, aprendizaje de estrategias de afrontamiento y sensación de pertenencia.

Durante la pandemia, también se observó que el apoyo digital tuvo un impacto positivo en la salud mental de muchos usuarios, aunque se enfatizó que el tipo y la calidad de dicho soporte es lo que determina su eficacia.

Por último, también aparece el efecto catártico: plasmar lo que sentimos en forma de texto o vídeo permite organizar los pensamientos y enfrentar emociones. El oversharing puede verse como una versión digital de un diario íntimo, solo que con una audiencia dispuesta –y lista para responder– en tiempo real.

Los riesgos del oversharing

Sin embargo, esta transparencia emocional puede acarrear graves consecuencias. En TikTok, no faltan ejemplos de usuarios que comparten crisis personales para meses después afrontar críticas virales, burlas o incluso amenazas tras haber dejado al descubierto áreas de su vida que preferirían olvidar.

La comparación social es otro riesgo frecuente. Ver a otros compartir sus procesos de terapia o duelo puede generar presión para hacer lo mismo, como si la visibilidad fuera una prueba de autenticidad. Este dinamismo puede aumentar la ansiedad y la sensación de insuficiencia en quienes no se sienten preparados para exponer tanto.

La dependencia de la aprobación externa entra en juego cuando nuestro bienestar emocional empieza a medirse en interacciones digitales: si una publicación íntima no tiene suficiente eco, es fácil sentirse rechazado o ignorado. Esto impulsa a compartir más, con mayor intensidad emocional, en busca de esa respuesta confirmatoria.

Además, la huella digital emocional es duradera. Incluso contenidos eliminados pueden persistir en capturas o difundirse indirectamente, reaparecer cuando menos lo esperamos y afectar a nuestra reputación personal o profesional.

Por último, el ejemplo del sharenting nos recuerda otro tipo de vulnerabilidad emocional: la de quienes no tienen voz –los niños–, cuyos límites se exceden sin que ellos puedan decidirlo, generando consecuencias psicológicas a largo plazo.

Privacidad emocional como autocuidado

Antes de compartir, vale preguntarse: ¿qué busco realmente al publicar? ¿Necesito validación o contención genuina, es decir, alguien que pueda escucharme y sostener mis emociones en un espacio seguro?

Reflexionar ayuda a evitar la exposición impulsiva. De hecho, establecer límites claros permite sentirnos seguros y emocionalmente equilibrados: tal como señalan expertos en salud mental, identificar y aplicar nuestros propios límites es crucial para el bienestar psicológico.

Definir qué aspectos personales no queremos exponer –como salud mental, relaciones o conflictos familiares–no solo nos protege, sino que fortalece la autoestima. Las herramientas de privacidad en redes sociales, como compartir contenido solo con “mejores amigos”, restringir comentarios o limitar la visibilidad de las publicaciones, son recursos valiosos para mantener un equilibrio entre conexión emocional y protección personal.

Además, la dimensión offline sigue siendo fundamental. El apoyo presencial, ya sea de familiares, amistades o profesionales, suele ofrecer una escucha más auténtica y sostenida que las interacciones digitales. De hecho, algunas investigaciones han demostrado que combinar grupos de apoyo a través de internet y de forma física beneficia la recuperación emocional y permite responder mejor a necesidades individuales.

Por último, los registros privados –como llevar un diario, grabar notas de voz o expresar las emociones a través del arte– también ofrecen vías seguras para procesar sentimientos sin exponerse públicamente.

La paradoja de compartir: autenticidad frente a vulnerabilidad

El oversharing refleja una paradoja de nuestra época: buscamos autenticidad y conexión en redes sociales, pero terminamos exponiendo nuestras heridas en escaparates donde la empatía convive con el juicio y lo privado puede volverse público para siempre.

Compartir puede tener efectos positivos inmediatos –validación, apoyo, catarsis–, pero también encierra riesgos que van desde la ansiedad social hasta la vulnerabilidad a largo plazo.

Cuidar nuestra privacidad emocional no es un signo de aislamiento, sino una forma consciente de autocuidado. En un ecosistema digital que premia la sobreexposición, reservar espacios de intimidad puede ser el gesto más valioso para proteger nuestra salud mental.

The Conversation

Oliver Serrano León no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. “Esta es mi vida”: claves psicológicas y riesgos de la sobreexposición en redes sociales – https://theconversation.com/esta-es-mi-vida-claves-psicologicas-y-riesgos-de-la-sobreexposicion-en-redes-sociales-264428

Cinco claves para entender las tensiones que vive Colombia rumbo a su cita con las urnas de 2026

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Mariana Ramos Algarra, Asesora de procesos académicos de la Especialización en Derechos Humanos, Derecho Internacional Humanitario y Justicia Transicional y Profesora de la Facultad de Estudios Jurídicos, Políticos e Internacionales, Universidad de La Sabana, Universidad de La Sabana

La política electoral en Colombia está marcada por límites geográficos. Veredas donde las disidencias de las FARC imponen control, pueblos bajo el Clan del Golfo, la principal banda de narcotráfico del país, o municipios en los que la guerrilla del ELN regula la entrada y salida de candidatos.

En 2022, la Misión de Observación Electoral (MOE) identificó 319 municipios en riesgo. La situación no ha mejorado mucho en 2025. Su directora, Alejandra Barrios, alerta que, hoy por hoy, hay regiones del país “donde los candidatos no van a poder hacer campaña de manera libre”. Un condicionante para una democracia que, aunque formalmente estable, sigue en el alambre ante el imperio de las armas.

Magnicidios, atentados y secuestros

Esta no es una preocupación abstracta. Desde finales de los ochenta, ningún ciclo presidencial ha transcurrido completamente libre de atentados o asesinatos de candidatos. Los magnicidios de Jaime Pardo Leal (1987), Luis Carlos Galán (1989), Bernardo Jaramillo (1990), Carlos Pizarro (1990), Álvaro Gómez Hurtado (1995), hasta llegar al caso más reciente de Miguel Uribe Turbay (2025), nos muestran el trágico final de líderes que querían cambiar el país desde su visión.

A estos episodios se suman los atentados, secuestros y agresiones contra candidatos presidenciales y otros dirigentes políticos. La violencia marcó las campañas de 2002, 2006, 2014 y 2022, lo que demuestra su presencia recurrente en el escenario electoral.

El reciente atentado contra Uribe Turbay, quien falleció pocas semanas después de ser tiroteado, revela de nuevo la fragilidad de las garantías democráticas. Esta secuencia revive la persistencia de una lógica violenta, que convierte el ejercicio democrático en algo profundamente incierto y vulnerable.

La historia reciente confirma que la violencia política en Colombia no es un accidente electoral, sino la manifestación visible de tensiones más hondas que nunca se han resuelto y que llegan intactas al 2026. Identificarlas es fundamental, no solo para explicar por qué el pasado sigue repitiéndose, sino para anticipar qué hará de esta contienda un escenario especialmente vulnerable.

A la luz de este panorama, pueden trazarse cinco claves para entender las tensiones que marcarán las elecciones. Tanto las legislativas del próximo marzo como las presidenciales, cuya primera vuelta está prevista para el 31 de mayo de 2026:

1. Un marco incompleto tras el acuerdo de paz

El Acuerdo de Paz firmado en 2016 con las FARC significó un punto de inflexión en la historia reciente, pero no logró consolidar una política de Estado en materia de seguridad y control territorial.

La ausencia de una estrategia de seguridad sostenida permitió que múltiples y antiguos actores armados (ELN, disidencias de las FARC y grupos paramilitares, entre otros) expandieran su influencia, restableciendo formas de gobernanza paralela en regiones históricamente golpeadas por el conflicto.

La estrategia de la llamada “paz total”, aunque ambiciosa en su planteamiento de negociar simultáneamente con distintos grupos, no ha logrado contener la violencia ni desmontar los incentivos económicos que alimentan la guerra.

Por el contrario, la necesidad de decretar el “estado de conmoción interior” en regiones como el Catatumbo y el recrudecimiento de la violencia urbana y rural en departamentos como Arauca, Valle del Cauca y Cauca evidencia que, lejos de superarse, el conflicto ha mutado. De cara al 2026, la disputa electoral se moverá en un terreno desigual, donde las garantías de seguridad dependerán de dinámicas locales más que de una política nacional coherente.

En lugar de un fortalecimiento institucional uniforme, lo que se observa es una reconfiguración del conflicto. Este refleja los vacíos de poder estatal, que pierde presencia territorial y muestra la debilidad de la fuerza pública, según apunta el expresidente, Juan Manuel Santos.

2. Polarización y desconfianza institucional

La actual polarización no solo divide ideas; genera una desconfianza activa hacia instituciones clave. El propio presidente, Gustavo Petro, ha cuestionado públicamente la legitimidad de la Registraduría Nacional, lo que erosiona la credibilidad del árbitro electoral.

La desinformación se convierte en una herramienta política para desacreditar adversarios o sembrar dudas sobre el proceso electoral en contextos polarizados como el colombiano.

En este clima, la contienda del 2026 enfrenta un riesgo inédito: que el resultado no sea evaluado por los actores políticos en función de su legitimad democrática e institucional, sino de su conveniencia. Es decir, más que la competencia entre proyectos de país, el gran interrogante es si el perdedor reconocerá los resultados sin abrir la puerta a una nueva crisis de gobernabilidad.

3. El peso del narcotráfico y las economías ilegales

Las economías ilícitas dejaron de ser un fenómeno periférico. En regiones como el Catatumbo, Putumayo, Cauca, Nariño y Urabá antioqueño operan como poderes paralelos que condicionan la vida política y social.

La Misión de Observación Electoral (MOE) ha definido una matriz de riesgos, que establece amenazas clave para la participación política. Entre estos riesgos destaca la financiación ilegal de campañas, que distorsiona el proceso electoral y representa un factor indicativo de posible fraude en los comicios.

La inseguridad es otro de los peligros detectados por el MOE. Desde las elecciones de 2022, más de 300 municipios estuvieron en riesgo alto o extremo por la convergencia de actores armados y economías ilícitas.

Estos territorios funcionan aún como sistemas de gobernanza paralela. Las organizaciones criminales no solo financian su guerra mediante el narcotráfico, la minería ilegal o la extorsión, sino que condicionan la vida cotidiana y limitan la autonomía del voto en zonas rurales.

La novedad de cara a 2026 no radica únicamente en la persistencia de estos fenómenos, sino en su fragmentación. Ya no existe un bloque hegemónico como los cárteles de los noventa o el paramilitarismo de los 2000, sino múltiples redes criminales. Algunas tienen vínculos internacionales, por ejemplo, con los carteles mexicanos que convergen en los mismos territorios. Este reacomodo hace más difícil una respuesta estatal coherente y aumenta la incertidumbre sobre las garantías democráticas.

4. Fragmentación política y del electorado

El sistema político colombiano vive un proceso de atomización que intenta trascender la polarización tradicional entre izquierda y derecha. Para las presidenciales de 2026 se evidencia una amplia proliferación de aspirantes. La Registraduría ha contabilizado 69 comités promotores de firmas, que ya recolectan apoyos ciudadanos, muchos de ellos con perfiles independientes y alejados de los partidos tradicionales.

Figuras como Vicky Dávila, Abelardo de la Espriella y Juan Daniel Oviedo, entre otros, se proyectan como outsiders. Otras figuras políticas, como Claudia López, David Luna, Mauricio Lizcano, Daniel Palacios o Mauricio Cárdenas, se postulan como candidatos independientes sin vinculación a ningún partido político.

En este contexto, las consultas interpartidistas de marzo serán decisivas. Si no logran articular candidaturas únicas, la atomización se profundizará, dispersando el voto y debilitando la capacidad de construir mayorías.

Tanto el Centro Democrático como el Pacto Histórico han anunciado su intención de definir un candidato único en las próximas semanas, con el fin de evitar esa dispersión interna y fortalecer su proyección nacional de aquí a marzo. De no concretarse estos acuerdos, la fragmentación del electorado podría persistir. Este hecho profundiza la volatilidad del escenario electoral y anticipa mayores desafíos de gobernabilidad.

5. Retorno de la violencia contra candidatos

Desde la Constitución de 1991, Colombia no había presenciado el asesinato de un candidato presidencial en ejercicio. Hasta el atentado del pasado 7 de junio contra Miguel Uribe Turbay.

Este hecho rompió más de tres décadas de relativa protección a los aspirantes presidenciales y reabrió una herida que parecía cerrada. La violencia contra Uribe Turbay no solo evoca aquel pasado sangriento, sino que advierte sobre un presente en el que la competencia electoral vuelve a estar marcada por el riesgo físico, tanto para los aspirantes a la presidencia como para quienes buscan un escaño en el Congreso.

La amenaza sobre los candidatos plantea un desafío crítico para las elecciones de 2026. Si el Estado es incapaz de garantizar la seguridad de quienes aspiran a la presidencia y al Congreso, la legitimidad misma del proceso democrático queda conculcada.

Los comicios del próximo año pondrán a prueba, una vez más, la capacidad del Estado y de la sociedad colombiana para sostener una democracia que, aunque resistente, continúa vulnerable frente a antiguas y nuevas amenazas. El desenlace no solo definirá quién gobierne, sino si el país logra blindar su sistema democrático frente a la violencia, la fragmentación y la desconfianza que lo acechan.

The Conversation

Mariana Ramos Algarra no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. Cinco claves para entender las tensiones que vive Colombia rumbo a su cita con las urnas de 2026 – https://theconversation.com/cinco-claves-para-entender-las-tensiones-que-vive-colombia-rumbo-a-su-cita-con-las-urnas-de-2026-264185

Medir (y entender) la incertidumbre para tomar mejores decisiones

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Anabel Forte Deltell, Doctora en Matemáticas y profesora en la Universidad de Valencia, Departamento de Estadística e Investigación Operativa, Universitat de València

Es irremediable, nos inquieta no saber. Es una sensación intrínseca al ser humano que suele poner el foco en el futuro –qué pasará mañana–. Pero la incertidumbre no vive solo en el calendario. También se instala en los porqués, en la comprensión de los procesos que desembocan en lo que sucede: ¿por qué mido 1,65 metros? ¿Qué nos lleva –o no– a desarrollar un cáncer? ¿Qué genes influyen en cierta enfermedad? No es solo preguntarse si, al lanzar una moneda, saldrá cara, sino qué mecanismos físicos y contextuales empujan ese resultado y en qué medida lo hacen.

No hay bola de cristal: la realidad es compleja, ruidosa y a veces caprichosa; y nuestro conocimiento resulta inevitablemente limitado. Lo que sí tenemos es un lenguaje para cuantificar esa falta de certeza y convertirla en algo con lo que podamos tomar decisiones: la probabilidad. Y contamos con una disciplina que ancla ese lenguaje a lo que observamos y medimos: la estadística.

La probabilidad de lo que nos preocupa

Quizás aterrizar la idea en un ejemplo nos ayude a entenderlo mejor. Pensemos en el cáncer de pulmón. La preocupación personal sobre la presencia de esta enfermedad se formula en términos binarios –“¿me tocará o no?”–, pero la respuesta a esta duda razonable la encontramos en la probabilidad. No es lo mismo que nos digan que la probabilidad de que desarrollemos esta dolencia es de un 3 %, de un 20 % o de un 80 %, ¿cierto? Ninguna cifra garantiza el desenlace final, pero cambiará las decisiones que tomemos respecto a la frecuencia con la que nos haremos revisiones, nuestros hábitos y nuestras prioridades.

La cuestión está entonces en cómo determinar esa probabilidad. Podemos centrarnos en la búsqueda de estimaciones construidas con datos de personas con condiciones parecidas de edad, exposición ambiental, hábitos, antecedentes, etc., sin perder de vista que se tratará de eso, de una estimación y, como tal, tendrá asociada, de nuevo, cierta incertidumbre. Así pues, un estudio serio no afirmará “su riesgo es de un 3 %” como si fuera una propiedad revelada, sino, “dadas sus características y los datos disponibles, el riesgo está muy probablemente entre un 1 % y un 5 %”. Además, ese “muy probablemente” también puede cuantificarse, tratando de poner rango y coherencia a lo que sabemos y a lo que no.

¿Y de qué depende la calidad de esa estimación? Pues básicamente de tres pilares. Primero, los datos: no se trata solo de cuántos, sino también de cuán bien representan a la población que nos importa. Segundo, el diseño: cómo se recogen esos datos, con qué controles, con qué cuidado para evitar sesgos. Tercero, el modelo: la simplificación matemática y las técnicas estadísticas que usamos para realizar la estimación y de cuya aplicabilidad dependerá obtener mejores o peores resultados con los mismos datos. Unos datos suficientes, obtenidos con un buen diseño y analizados con la técnica correcta nos llevarán siempre un paso más hacia el éxito.

A partir de aquí, asoma otra pregunta: qué variables están realmente implicadas en el riesgo. Volviendo al cáncer de pulmón, podemos valorar factores como tabaco, contaminación, ocupación, actividad física… Pero, ojo, porque ver que dos cosas se mueven juntas no basta para concluir que una causa la otra. Es posible que un gran estudio observacional encuentre que quienes hacen más deporte tienen menos cáncer de pulmón, pero quizá el vínculo real sea que quienes hacen más deporte no fuman.

Es lo que, en estadística, llamamos confusión. Para despejarla, necesitamos trabajar en ese segundo pilar del que hablábamos: diseños más específicos y exigentes nos permitirán elegir mejor qué variables incluir en el modelo o qué técnicas estadísticas serán más efectivas para dar una mejor respuesta con una mejor medida de la incertidumbre.

¿Cuánto me afecta?

Superada esa fase, la siguiente cuestión es la magnitud. No basta con saber si un factor influye, también necesitamos saber cuánto cambia el riesgo. Aquí conviene distinguir entre riesgo absoluto y relativo. Decir que “fumar duplica el riesgo” es hablar en términos relativos: si una persona no fumadora tiene 10 % de riesgo, duplicarlo lleva al 20 %. Suena igual de contundente cuando el riesgo pasa de 0,5 % a 1 %, pero el impacto práctico es distinto.

En este sentido, al hacer referencia al efecto de tal o cual hábito, puede que, en los medios de comunicación, hablen de riesgos relativos, de probabilidades o de ratio de probabilidades, pero lo verdaderamente importante es que esa jerga acabe convertida en números que quien lo lea pueda situar en su vida.

Y una última obviedad que nunca sobra: al ver escrito uno de estos valores, puede que se presente también un porcentaje. Es importante no confundirlo con una probabilidad y, en ese sentido, la probabilidad nunca supera el 100 %. Dar un valor es fácil. Interpretarlo y entender las reglas que lo rigen, ya no tanto.

Breve guía para entender la probabilidad

Volvamos al momento en que le informan de su probabilidad de sufrir cáncer de pulmón. Lo habitual es verla expresada en porcentajes (entre 0 % y 100 %). También puede expresarse en tanto por uno —3 % es 0,03; 20 % es 0,2— o como “x de cada N” donde, por ejemplo, uno de cada 1 000 equivaldría a 0,1 % (0,001) o tres de cada diez, a un 30 %.

El problema surge cuando, en un mismo texto, se mezclan formatos, ya que tendemos a fijarnos más en el total (N) que en la parte (x) y podemos creer que “uno de cada 1 000” supone un riesgo mayor que “uno de cada 100”, cuando en realidad estamos hablando de un 0,1 % frente a un 1 %.

Entendido el número, toca interpretarlo y, para ello, contamos con dos miradas diferentes. La mirada frecuentista entiende la probabilidad como la frecuencia con que veríamos un evento al repetir el proceso muchas veces. Funciona muy bien en contextos controlables y repetibles. Pero al hablar de la probabilidad de lluvia o de que una persona enferme –donde no podemos “repetir” el mismo día o la misma vida–, resulta más natural la mirada bayesiana, que trata la probabilidad como un grado de credibilidad coherente y actualizable con nueva evidencia mediante el teorema de Bayes.

Estas dos perspectivas también ayudan a entender la incertidumbre de las estimaciones. Los rangos de valores plausibles de los que hablábamos antes reciben el nombre de intervalos de confianza bajo el paradigma frecuentista o de intervalos de credibilidad bajo el bayesiano. En ambos casos, nos ayudan a medir la fiabilidad de la estimación. No es lo mismo un riesgo estimado entre 1 % y 5 % que entre 1 % y 10 %. Quizá ambas cifras nos dejen igual de tranquilos ante la enfermedad, pero el primer intervalo es más preciso y, por tanto, más informativo sobre lo que sabemos e indica, posiblemente, mejores datos o un mejor uso de estos.

En definitiva, la incertidumbre está presente en cualquier proceso cotidiano y no es posible eliminarla, pero sí medirla. Al hacerlo la volvemos visible y honesta. Probabilidad y estadística no prometen certezas, pero sí mejores preguntas y decisiones más conscientes. No se trata de controlar un bosque lleno de rincones oscuros sino de caminar por él con mejor criterio.


La versión original de este artículo ha sido publicada en la revista Telos, de Fundación Telefónica.


The Conversation

Anabel Forte Deltell colabora con Telos, la revista que edita Fundación Telefónica.

– ref. Medir (y entender) la incertidumbre para tomar mejores decisiones – https://theconversation.com/medir-y-entender-la-incertidumbre-para-tomar-mejores-decisiones-264928