Alucinaciones frente al tablero: así pierde al ajedrez la inteligencia artificial generativa

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Luis de la Fuente Valentín, Profesor del Máster Universitario en Inteligencia Artificial, UNIR – Universidad Internacional de La Rioja

Stock-Asso/Shutterstock

Existe cierta tendencia a pensar que la inteligencia artificial ha llegado para resolver todos nuestros problemas y que es superior a nosotros en todos los ámbitos. ¿Me ganará ChatGPT al ajedrez? Para comprobar su habilidad ante el tablero, podemos hacer un pequeño experimento:

Vamos a jugar al ajedrez. Yo soy blancas: e4

Un movimiento de ajedrez se puede transcribir a texto a través de lo que se conoce como notación algebraica estándar, así que un sistema capaz de generar texto también podrá generar movimientos de una partida de ajedrez. En el ejemplo, mi contrincante reaccionó bien y contestó con un movimiento de respuesta bastante razonable. De hecho, el más utilizado ante mi movimiento inicial. La partida continuó así:

  1. e4 e5
  2. Cf3 Cc6
  3. Ac4 Ac5
  4. c3 Cf6
  5. O-O d6
  6. d4 exd4
  7. cxd4 Ab6
  8. Cd2 O-O
  9. Axb6 axb6
  10. Txa8 Dxa8

En la figura se muestra el tablero tal y como queda después de la octava jugada. Gracias a mi profesor de ajedrez, sé que a es una partida completamente normal; puede que se jueguen miles como ésta cada día a lo ancho y largo del mundo.

Haciendo trampas

En la novena jugada, le tendí una trampa a mi rival: le propuse un movimiento imposible, ya que ninguno de los alfiles de piezas blancas puede alcanzar la casilla b6. ChatGPT no detectó la inconsistencia, aceptó el movimiento y siguió jugando. En la décima jugada, planteé de nuevo movimiento imposible. Como respuesta, mi rival continuó con otro movimiento también imposible. Lo que comenzó como una partida normal, se convirtió rápidamente en una serie de jugadas completamente surrealistas.

Es curioso ver cómo, a pesar de que hace ya muchos años existe software que puede ganar al ajedrez al mejor humano, la herramienta que ha revolucionado por completo el panorama de la inteligencia artificial no es siquiera capaz de detectar movimientos ilegales en una partida muy simple. Y, precisamente por ello, es una oportunidad magnífica para reflexionar en el papel que juegan los grandes modelos de lenguaje (LLM) en el mundo de la IA generativa.

Obsesión por responder (lo que sea)

La clave de la respuesta a mi noveno movimiento está en la forma de funcionar de los grandes modelos de lenguaje: están entrenados para ofrecer siempre una respuesta, sin que ello implique que ésta sea correcta. En este caso, no se trata de un movimiento mejor o peor, sino de un resultado completamente fuera de sentido.

Un gran modelo de lenguaje ha sido entrenado con una tarea muy sencilla: predecir la siguiente palabra ante una secuencia de palabras dada. Este entrenamiento se ha ido perfeccionando de tal manera que, en la actualidad, los modelos pueden generar textos que se ajustan perfectamente a la estructura del idioma. Es decir, que bien podrían haber sido escritos por humanos.

Generar texto de forma correcta no es suficiente para aportar una funcionalidad de utilidad. Por eso, los LLM se combinan con sistemas de búsqueda de información: podemos afinar el sistema para que sea capaz de extraer de un texto grande el fragmento que contiene la respuesta a una pregunta que previamente hayamos formulado.

Además, puede reformular el texto para que éste responda con exactitud a la pregunta. Esta es, de hecho, la base de los sistemas RAG (Retrieval Augmented Generation), capaces de buscar y ampliar información.

Es decir, la capacidad de responder a lo que preguntamos es, en esencia, la capacidad de buscar una respuesta en textos ya existentes unida a la capacidad para reescribir el texto para que la contestación concuerde con la pregunta.

¿Buen conversador es sinónimo de inteligente?

Los usuarios atribuimos inconscientemente inteligencia a este comportamiento, lo cual es en realidad algo muy humano: solemos atribuir inteligencia a una persona con buena retórica. Incluso hay estudios que confirman esta relación.

Esta apariencia de inteligencia se limita –y debemos ser conscientes de este límite– a una capacidad de generar textos con un buen uso del lenguaje, incluso cuando usamos los denominados grandes modelos de razonamiento (Large Reasoning Models, LRM), entrenados para resolver tareas de razonamiento en varios pasos.

Resolución del problema de La torre de Hanoi con cuatro discos.
Wikimedia Commons., CC BY

Tal y como podemos leer en el estudio titulado The ilusión of Thinking, dirigido por la investigadora Parshin Shojaee, estos grandes modelos fallan estrepitosamente cuando ponemos a prueba de forma sistemática su capacidad de razonamiento. En dicho trabajo, los autores utilizaron modelos de lenguaje para solucionar problemas como el rompecabezas conocido como Las Torres de Hanoi y comprobaron que la IA generativa es incapaz de dar con una solución cuando son seis o más los discos que se apilan.

Programas especializados en ajedrez

Volviendo al caso del ajedrez, sabemos que existen programas como Stockfish o AlphaZero, capaces de vencer a cualquier humano. No son, sin embargo, sistemas basados en modelos de lenguaje, sino que utilizan otras tecnologías.

Tenemos, por otro lado, trabajos de investigación como Chessbench, que aplican la tecnología usada en los LLM a la construcción de sistemas expertos en el juego del ajedrez. En lugar de predecir la siguiente palabra de una oración, lo que hace Chessbench es predecir el siguiente movimiento de una secuencia.

No es buena idea dejarse guiar por ChatGPT

Experimentos como el que da comienzo a este artículo nos recuerdan que la capacidad de generar textos no implica necesariamente la capacidad de pensar, de razonar. No debemos atribuir a los modelos de lenguaje cualidades que no tienen.

Sería un error delegar en ellos las tareas que deberían estar haciendo nuestros cerebros, porque corremos el peligro de guiarnos por textos estructuralmente correctos pero con errores tan groseros como comer un alfil en b6 cuando se trata de un movimiento claramente imposible.

The Conversation

Luis de la Fuente Valentín no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Alucinaciones frente al tablero: así pierde al ajedrez la inteligencia artificial generativa – https://theconversation.com/alucinaciones-frente-al-tablero-asi-pierde-al-ajedrez-la-inteligencia-artificial-generativa-259594

Cuál es el impacto de los camiones en el cambio climático y cómo podemos reducirlo

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Javier Pérez Rodríguez, Profesor Titular del Departamento de Ingeniería Química Industrial y del Medio Ambiente. Miembro del Grupo de Tecnologías Ambientales y Recursos Industriales, Universidad Politécnica de Madrid (UPM)

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La Agencia Internacional de la Energía (IEA) cuantifica que el transporte supuso en 2022 un 23 % del total de emisiones globales de gases de efecto invernadero (GEI). Este transporte incluye tanto el que ocurre por carretera, como el aéreo, el marítimo, el ferroviario y el transporte por tubería. Dentro de este conjunto, el transporte por carretera supone alrededor del 74 % de las emisiones asociadas a la movilidad de personas y mercancías.

Al profundizar en el transporte por carretera, la movilidad de mercancías supone el 31 % de sus emisiones, alcanzando en 2022 su máximo histórico (1 199 megatoneladas de dióxido de carbono equivalente). Desde el año 2000, sus emisiones mundiales se han incrementado un 56 %. El conjunto de vehículos pesados (camiones y autobuses) son apenas el 8 % de los vehículos a nivel mundial, pero suponen el 35 % de las emisiones directas de GEI.

En el año 2022, en la Unión Europea (UE) se alcanzó un valor histórico de emisiones asociadas al transporte por carretera de mercancías. Se transportaron 1,87 billones de toneladas por kilómetro, lo que supone un crecimiento del 66 % respecto 1995. Este tipo de transporte en camiones supone el 54 % del total del transporte de mercancías en la UE.

De acuerdo con las proyecciones realizadas por la UE para 2030, el transporte de mercancías crecerá un 9 % y la vía terrestre llegará a copar un 68 % de él. Prueba de ello es el continuo crecimiento del comercio electrónico, que supone el transporte de todo tipo de bienes desde cualquier punto del planeta hasta la puerta de casa.




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La logística y el transporte de mercancías crecen con el comercio electrónico


¿Cómo reducir el impacto de estos vehículos?

La Agencia Europea de Medio Ambiente (EEA) afirma que, dado este nivel de impacto ambiental actual y las proyecciones que se manejan, reducir las emisiones (tanto de GEI como de otros contaminantes atmosféricos) de la movilidad de mercancías se presenta como un grandísimo desafío.

Para cumplir con los objetivos climáticos propuestos, se requiere de mayores esfuerzos. En este sentido, se señalan tres vías principales de actuación:

  • Reducir ineficiencias asociadas a la distribución de productos (por ejemplo, minimizar viajes en vacío u optimizar rutas de distribución).

  • Mejorar en gestión, pasando a modos de transporte menos emisores.

  • Implementar medidas tecnológicas que ayuden a reducir las emisiones de los camiones.

En lo relativo a esta última vía, existen tecnologías y fuentes energéticas, como los biocombustibles y el hidrógeno, que pueden contribuir a mejorar el comportamiento ambiental. Estas tecnologías deben evaluarse no sólo durante su fase de uso del vehículo, sino en todo el ciclo de vida –es decir, desde la extracción de materias primas para su fabricación–, tanto del propio vehículo como de la fuente energética empleada.




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Combustibles alternativos: ¿cuánto reducen la huella de carbono del transporte?


El impacto de diferentes fuentes de energía

Con el objeto de realizar un análisis de la huella de carbono de las diferentes tecnologías empleadas en el tráfico rodado de mercancías, hemos realizado una extensa revisión bibliográfica (no publicada previamente). En ella analizamos más de 50 artículos, correspondientes a estudios científicos publicados en los últimos diez años.

Se extrajeron datos en términos de emisiones de GEI por tonelada transportada y kilómetro, para un conjunto de tecnologías o fuentes energéticas, y para todo su ciclo de vida. El análisis supuso desafíos significativos, ya que las investigaciones analizadas se realizaron en diversos ámbitos geográficos y temporales, y consideraban vehículos pesados con características y dimensiones específicas.

Evolución del transporte de mercancías por modo en la UE. Figura superior: datos globales en toneladas por kilómetro. Figura inferior: distribución porcentual por modo: terrestre, ferroviario, aéreo, marítimo y por tubería.
EC, 2024, CC BY-SA

Las principales conclusiones son:




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El hidrógeno verde, ¿una quimera?


Medidas para fomentar la transición

Al igual que ocurre con el transporte de pasajeros, la transición hacia tecnologías de propulsión de bajas o nulas emisiones es esencial para reducir la huella de carbono del sector transporte. Las políticas públicas deben apoyar la investigación y desarrollo de tecnologías sostenibles y la infraestructura necesaria para su adopción masiva.

Por ejemplo, entre las medidas a tomar se incluyen implementar incentivos fiscales para la compra de vehículos ambientalmente más sostenibles; desarrollar infraestructura de carga y abastecimiento de electricidad, hidrógeno y combustibles renovables, y promocionar la economía circular en la industria automotriz, facilitando el reciclaje y reutilización de componentes.

Existen múltiples soluciones para la lucha contra el cambio climático y este análisis comparativo revela que no existe una solución única para todos los contextos. Cada tecnología tiene ventajas y desventajas específicas, evidenciando la necesidad de una estrategia diversificada para lograr las sostenibilidad ambiental de la creciente movilidad terrestre de mercancías.

The Conversation

Javier Pérez Rodríguez participa en una de las líneas de investigación de la Cátedra Fundación Repsol en Transición Energética – Movilidad Sostenible en la Escuela Técnica Superior de Ingenieros Industriales de la Universidad Politécnica de Madrid.

ref. Cuál es el impacto de los camiones en el cambio climático y cómo podemos reducirlo – https://theconversation.com/cual-es-el-impacto-de-los-camiones-en-el-cambio-climatico-y-como-podemos-reducirlo-260151

‘Marketing’ consciente: una estrategia de escucha y empatía con el cliente para mejorar su compromiso con la marca

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Elena Cuevas Molano, Profesora e Investigadora: Estrategias de Comunicación, Marketing e Innovación Docente, Universidad Rey Juan Carlos

El marketing ha cambiado. Los profesionales ya no están interesados sólo en los beneficios y, más allá de la simple venta única, ahora también buscan establecer relaciones sólidas con sus clientes.

En este contexto, las redes sociales permiten a las organizaciones humanizar sus mensajes y centrarlos en los valores de la marca. Para alcanzar este objetivo una estrategia útil es el mindful marketing.

¿Qué es el ‘mindful marketing’?

El mindful marketing, o marketing consciente, se basa en la idea de que se pueden aplicar estrategias de marketing para conseguir buenos resultados económicos y, a la vez, generar una repercusión social positiva y alineada con los valores que importan a sus clientes.

El mindful marketing se refiere a la aplicación de una estrategia consciente cuyo objetivo es escuchar a los usuarios y empatizar con sus necesidades e intereses para generar acciones direccionadas y mejorar la comunicación (y la obtención de datos).

Las redes sociales son una herramienta esencial para desarrollar esta práctica porque facilitan la comunicación inmediata, personalizada y la escucha activa.

Clientes conectados a las redes

De los más de 5 500 millones de personas con acceso a internet en el mundo, unos 5 240 millones se conectan a las redes sociales. Esto es un 63,9 % de la población mundial. De ahí que los responsables de comunicación y marketing de las empresas hayan identificado el potencial de estos canales para:

Todas estas acciones tienen por finalidad propiciar una relación duradera y rentable entre la marca y su público.

El ‘mindful marketing’ y las redes sociales

Las organizaciones que aplican el marketing consciente en su estrategia de marca en redes sociales emplean intencionalmente una comunicación basada en la escucha activa y la respuesta a los intereses manifestados por el cliente en sus interacciones.

Así se fomenta su predisposición a compartir su información personal y sus opiniones con las marcas, reforzando su percepción de una relación más cercana y humana. Es casi como conversar con un buen amigo. Esta praxis se fundamenta en humanizar los mensajes recreando una comunicación personal que implica escuchar y mantener un diálogo abierto.

Los mensajes de marca van más allá de la mera promoción y venta de sus productos y servicios y buscan fortalecer la relación al enfocarse en los valores tanto de la marca como de los clientes.

Humanizar la marca para comprometer a la audiencia

Estudios recientes que analizan el impacto del mindful marketing en los contenidos de marca en redes sociales muestran que los contenidos de humanización son los que más influyen en la participación con la marca (el engagement) de los públicos en Instagram y LinkedIn.

Por ejemplo, en sus perfiles de marca en las redes, algunas instituciones sanitarias publican contenidos que ponen en valor relatos inspiradores del personal (biografías y trayectorias), testimonios de interacción entre los profesionales sanitarios y los pacientes o sus familiares, reconocimientos a los logros de los empleados, y proyectos innovadores dirigidos a optimizar la experiencia durante la estancia hospitalaria.

Otros ejemplos de estos contenidos en los sectores de telecomunicaciones, automoción, energía, distribución, tecnología y gobierno son aquellos que incluyen concursos, votaciones o preguntas al cliente. Estos contenidos son un recurso óptimo para iniciar el diálogo, porque solicitan de manera proactiva una respuesta u opinión directa de los seguidores de la marca. Su uso ayuda a que estos perciban que hay una persona detrás de los mensajes, como parte de la estrategia de mindful marketing.

Interacciones en las redes

Las interacciones en redes (el social media engagement) son claves en el éxito en la relación de las organizaciones con las personas. No solo fomentan la lealtad del cliente, sino que también proporcionan a la empresa información valiosa para la toma de decisiones.

Por tanto, lo que cuelgan las marcas en las redes es fundamental para conseguir el compromiso de sus seguidores: deben ser contenidos relevantes, útiles y atractivos para que haya interactividad entre los clientes y las empresas y se cree un vínculo de valor.




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Las redes sociales mejoran la comunicación con el cliente y pueden hacer que la empresa ingrese más


El valor del contenido

El diseño y aplicación de una buena estrategia es lo que va a permitir a las organizaciones alcanzar sus objetivos de comunicación y marca. Pero también les va a proporcionar una gran cantidad de datos cuya analítica es fundamental para entender el comportamiento y los intereses de las personas.

Esto les permite evaluar el rendimiento de la marca y desarrollar nuevas estrategias de comunicación e imagen corporativa que mejoren la relación con sus clientes en particular y la sociedad en general.

Evolucionar hacia la humanizacion

El mindful marketing ayuda a las empresas a evolucionar su estrategia de contenidos en redes sociales hacia la humanización de la marca. Este cambio implica priorizar en sus publicaciones los valores de su audiencia y aplicar una comunicación consciente, abierta y cercana.

Este enfoque no solo fortalece el compromiso y el vínculo a largo plazo con los clientes, sino que también mejora la reputación corporativa y el rendimiento empresarial.

The Conversation

Elena Cuevas Molano no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ‘Marketing’ consciente: una estrategia de escucha y empatía con el cliente para mejorar su compromiso con la marca – https://theconversation.com/marketing-consciente-una-estrategia-de-escucha-y-empatia-con-el-cliente-para-mejorar-su-compromiso-con-la-marca-252106

¿En qué se diferencia la posverdad de la propaganda tradicional? El filósofo Alexandre Kojève lo explica

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Luis Javier Pedrazuela Idoeta, Profesor de Filosofía Política y de Economía Política, Universidad Camilo José Cela

Uno de los mítines de agradecimiento de Donald Trump a finales de 2016 después de haber ganado las elecciones estadounidenses, uno de los eventos del año que más llevaron a usar el término ‘posverdad’. Mark Reinstein/Shutterstock

La RAE define “posverdad” como la distorsión intencional de la realidad para influir en la opinión pública, manipulando creencias y emociones. Elegida “palabra del año” en 2016 por el Diccionario de Oxford, se hace difícil distinguirla de la propaganda tradicional.

Tal vez el uso de “verdad” en “posverdad” le dé un aire de autenticidad, haciendo que las distorsiones parezcan más creíbles. Quizás en 2016 la posverdad se independizó de la propaganda y empezó a presentarse como una verdad propia, con muchas narrativas compitiendo entre sí y debilitando cualquier consenso compartido sobre lo real. Esto parece definir nuestro siglo, donde los hechos históricos cuentan poco y mucho los relatos que se los apropian.

En el siglo XX, el filósofo Alexandre Kojève dijo algo parecido: que la historia había terminado y solo quedaban relatos que aparentaban ser nuevos, pero repetían un discurso final. También propuso una teoría de la propaganda en la que esta aparece primero como crítica del viejo orden y luego como la “verdad” de la nueva sociedad después del terror revolucionario, una sociedad global en la medida en que su imperio cubriría todo el mundo.

Propaganda y agenda imperial

Es útil comenzar por el final. En 1968, Kojève escribió un ensayo titulado El emperador Juliano y su arte de la escritura. En él presenta la escritura del emperador Juliano como un “arte del camuflaje”. Según esto, Juliano escribe en dos niveles: uno serio, destinado a los “iniciados” en los objetivos de la agenda política imperial –la defensa de la continuidad del Estado romano, amenazada por la expansión del cristianismo– y otro propagandístico, dirigido a que la “gran masa” acepte sin resistencia dicha agenda.

La teología sería, para el filósofo, el arte de construir relatos falsos de forma que a esta gran masa le parezcan creíbles. Para ello, dichos relatos deben basarse en el “testimonio de las ciudades”, es decir, en los mitos a través de los cuales la gente interpreta y reconoce su día a día. Que las personas se plieguen a cambiar este según los dictados revolucionarios del emperador demostraría que este es un buen teólogo.

Juliano invierte la teología tradicional. Para Kojève, esta inversión rechaza la idea de un “más allá” divino y eleva el deseo de reconocimiento a fuerza motriz del mundo. Juliano supo ver que al deseo humano lo mueve sobre todo la vanidad. Lo que al emperador se le escapó fue que, para ser realmente operativo, este esquema ateo precisa del individualismo e igualitarismo cristianos.

Kojève alude, así, al origen cristiano del “sistema moderno de propaganda”, e introduce a San Pablo como creador de un activismo basado en la fe, capaz de suplir las carencias emocionales del universalismo racional griego –que afirmaba la existencia de una verdad universal, objetiva y eterna, común para todos los seres vivos–, deudor de una visión pagana del mundo sin recorrido histórico.

Revolución y simulacro

En Juliano, propaganda y acción política buscan “restaurar el paganismo en el Imperio romano” como vía hacia un ateísmo en el que los individuos se vean reconocidos. Pero Juliano fracasa por ser el suyo un ateísmo sin el filtro cristiano.

Su fracaso no es el único.

Retrato de Alexandre Kojève de joven.
Retrato de Alexandre Kojève de joven.
Wikimedia Commons

Kojève entiende que la propaganda ilustrada –libelos, panfletos, enciclopedias– actuó como una pseudoacción: no transformaba directamente la realidad, pero preparaba el terreno ideológico para la revolución. Para que tuviera eficacia real, debía completarse con el Terror, que abolió las viejas estructuras y creencias.

Sin embargo, muchos ilustrados no asumieron esa violencia fundacional como parte de su proyecto racionalista, escamoteando así la experiencia que habría permitido la instauración del Estado posrevolucionario. A ojos de Kojève, este Estado realiza en el mundo la noción de individuo que el cristianismo proyectaba en el más allá.

Desde el extremo opuesto, los revolucionarios profesionales –como los trotskistas– también obstaculizan esa realización al negarse a clausurar la revolución. Mientras los ilustrados renuncian al terror, ellos siguen dirigiéndose contra unos supuestos enemigos de clase. Y lo hacen aun cuando el conflicto ya ha sido resuelto mediante la nivelación impuesta por la violencia revolucionaria. En el Estado posrevolucionario, donde todos se reconocen como iguales, la propaganda deja de ser un instrumento de lucha para convertirse en una herramienta de perfeccionamiento del orden instaurado. Pero al mantener una lógica de confrontación, los revolucionarios perpetúan una falsa tensión entre discurso y realidad que ya no se sostiene.

Kojève plasma la superación de esta tensión en su concepto de “simulacro de idea revolucionaria”: un relato cuyo eventual contenido contrarrevolucionario no compromete la autoridad revolucionaria de la élite dirigente.

Con esta forma de posverdad, Stalin pudo justificar tanto sus virajes políticos como las purgas de revolucionarios profesionales, ya obsoletos en un Estado sin clases. Los giros del régimen –del pacto con Hitler a la guerra, de la colectivización a la Nueva Política Económica (NEP), de las hambrunas a las campañas agrícolas triunfalistas– muestran cómo la doctrina revolucionaria se vacía de contenido y queda subordinada a la estabilidad del Estado. El caso de Lysenko, cuyas teorías pseudocientíficas fueron impuestas como verdad oficial y agravaron las hambrunas, ilustra que, en el Estado posrevolucionario, la propaganda ya no disfraza la verdad, la sustituye.

El estudio de estos tres momentos clave de Kojève como propagandista –contra-teología, propaganda como verdad posrevolucionaria y simulacro revolucionario– quizá ayude a entender por qué la palabra “posverdad” fue designada “palabra del año” en su momento y por qué costará despojarla de semejante corona en el mundo globalizado de hoy, hecho de relatos que se presentan como verdades y de sujetos que fían a ellos sus identidades.

The Conversation

Luis Javier Pedrazuela Idoeta no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ¿En qué se diferencia la posverdad de la propaganda tradicional? El filósofo Alexandre Kojève lo explica – https://theconversation.com/en-que-se-diferencia-la-posverdad-de-la-propaganda-tradicional-el-filosofo-alexandre-kojeve-lo-explica-253159

Castigar con el silencio hace daño: cómo evitar la ‘ley del hielo’ en la crianza

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Sylvie Pérez Lima, Psicopedagoga. Psicóloga COPC 29739. Profesora tutora de los Estudios de Psicología y Educación, UOC – Universitat Oberta de Catalunya

fizkes/Shutterstock

No existe relación humana sin comunicación y, por eso, cuando dos amigos se enfadan decimos que “no se hablan”: que alguien nos retire la palabra es la representación más extrema y tangible de que no nos quiere en su vida. Pero cuando el enfado se produce en el seno familiar, cuando un hijo o una hija hace algo que nos altera, nos molesta o incluso nos enfurece, ¿es buena idea ignorarlo, dejar de comunicarnos con él, y “congelar” nuestra relación, aunque sea por unas horas?

Una cosa es tomarse un respiro en un momento de conflicto: esto puede ser una herramienta útil en la crianza. Una pausa breve, consciente, que permita regular las emociones y retomar el diálogo desde la calma. Pero cuando el silencio se convierte en una forma de castigo, repetida y mantenida en el tiempo, aplicamos lo que se conoce como la “ley del hielo”: una práctica relacional que rompe el vínculo y puede dejar huella en la salud emocional de niños y adolescentes.

Tratamiento de silencio y maltrato emocional

Entre adultos, cuando el silencio se impone de forma sistemática como respuesta a un conflicto, genera desconcierto, inseguridad y dolor.
Pero en la infancia, el impacto puede ser aún mayor. Ignorar deliberadamente a un niño o niña tras un conflicto –dejar de hablarle, de mirarle, de nombrarle– no es una pausa: es una exclusión. No se le ofrece una explicación ni una vía de reparación, bloqueando cualquier posibilidad de reconstrucción y enviando el mensaje: “Ya no existes”.

Por eso, cuando este patrón se repite, hablamos de una forma de maltrato emocional, definido por la negación reiterada del afecto y atención del cuidador, lo que vulnera el derecho del niño a ser escuchado, expresar su opinión y, por tanto, de entender qué ha ocurrido.

De hecho, la exclusión emocional activa las mismas zonas cerebrales asociadas al dolor físico: la corteza cingulada anterior y la ínsula anterior, particularmente sensibles a la exclusión social en la infancia. El rechazo y la ignorancia generan también dolor.

Consecuencias a medio y largo plazo

Los niños expuestos habitualmente a este tipo de castigo aprenden a asociar el afecto con la aprobación condicional y el silencio con la amenaza o el rechazo. Es decir, aprenden que el afecto está condicionado a aquello que hagan o no hagan y que cuando alguien se calla delante de ellos es porque los rechazan o castigan.

El “tratamiento de silencio” familiar se asocia con menor satisfacción relacional en adultos y baja autoestima. Además, se transmite de generación en generación: si nuestros padres lo usaron con nosotros, es probable que a nosotros nos surja esa reacción de manera espontánea cuando nos enfadamos. Esto último nos recuerda como nunca dejamos de ser modelos y ejemplo de lo que los niños serán en el futuro.

Este patrón de crianza que se basa en ignorar al menor cuando no cumple con nuestras expectativas puede generar ya desde la infancia:

  • Baja autoestima y sensación de no ser suficiente.

  • Dificultades para establecer relaciones seguras y confiables.

  • Miedo al conflicto, evitación emocional o respuestas desproporcionadas en crisis.

  • Problemas de comunicación emocional, mostrando incapacidad para expresar o identificar sentimientos.

Un daño que se produce sin pensar

Uno de los aspectos más insidiosos de la “ley del hielo” es que los padres, madres o cuidadores que la aplican no suelen ser conscientes de estos efectos tan devastadores.




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Límites y afecto: la mejor combinación en la crianza


A menudo, no se realiza con intención voluntaria de dañar. Surge de la frustración, el agotamiento o la falta de recursos educativos. Muchos adultos, desbordados por conflictos diarios, optan por el silencio como forma de imponer autoridad sin enfrentarse al diálogo. Pero aunque no haya intención, el daño está ahí.

Alternativas para gestionar el enfado

Distinguir entre una pausa reguladora y un silencio castigador es fundamental. Parar para afrontar de manera más asertiva la resolución del conflicto es saludable. En cambio, si el silencio impide la reparación del vínculo y excluye emocionalmente al niño o niña, no es educativo: es destructivo.




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Educar implica acompañar los conflictos de forma respetuosa y sana. El apoyo emocional continuo y el contacto positivo actúan como amortiguadores frente a los efectos del maltrato emocional. Algunas estrategias eficaces para evitar la sistematización del silencio pueden ser:

  • Nombrar lo que sentimos, poner palabras antes del silencio y limitarlo en el tiempo: “Estoy muy enfadada, necesito unos minutos para calmarme y después hablamos”.

  • Retomar el diálogo siempre, para que el vínculo no sufra. Esto no implica mantener largas conversaciones donde el niño fácilmente puede desconectar. Permitir hablar, ser escuchado y posteriormente poder argumentar desde la protección y el límite sin fisuras.

  • Cuidar el tono relacional: a veces, el acto de ignorar proviene del lenguaje no verbal (mirada, gesto, postura). Se debe tener en cuenta para evitar dolor innecesario y para reforzar el modelo de conducta que queremos ofrecer a los pequeños.

  • Separar conducta de persona: recordar que el menor no es malo o un desastre o torpe; en todo caso será aquello que ha hecho lo que no está bien.

  • Prever y anticipar consecuencias con los menores: avisarles y explicarles qué ocurrirá si se transgrede una norma, los ayuda a autorregularse pero también sirve a los adultos para no tener que improvisar castigos o silencios impulsivos.

  • Distribuir el cuidado y la gestión de las dificultades: otro adulto puede contener cuando el principal está desbordado.

Y en caso necesario, buscar apoyo externo y soporte profesional.

No podemos obviar que cuando el silencio daña, es violencia emocional. Negar la palabra, la mirada o el acompañamiento emocional no es una técnica educativa, es una forma de violencia psicológica que provoca angustia, confusión y vulnera derechos fundamentales. Como adultos, nuestra responsabilidad incluye proteger, acompañar y asegurarnos de que nuestros hijos y alumnos puedan equivocarse sin perder su espacio emocional, ni sentir la pérdida del vínculo sin entender por qué.

The Conversation

Sylvie Pérez Lima no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Castigar con el silencio hace daño: cómo evitar la ‘ley del hielo’ en la crianza – https://theconversation.com/castigar-con-el-silencio-hace-dano-como-evitar-la-ley-del-hielo-en-la-crianza-260427

¿Qué le sucede a nuestro cerebro cuando vemos vídeos a velocidades más rápidas de lo normal?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Marcus Pearce, Reader in Cognitive Science, Queen Mary University of London

Pressmaster/Shutterstock

Muchos de nosotros hemos adquirido el hábito de escuchar pódcast, audiolibros y otros contenidos en línea a velocidades de reproducción más altas. Para los jóvenes, incluso podría ser la norma. Por ejemplo, una encuesta realizada a estudiantes de California reveló que el 89 % cambiaba la velocidad de reproducción de las clases online, mientras que en los medios de comunicación han aparecido numerosos artículos sobre cómo se ha generalizado el visionado rápido.

Es fácil pensar en las ventajas de ver las cosas más rápido. Te permite consumir más contenido en el mismo tiempo o repasar el mismo contenido varias veces para sacarle el máximo partido.

Esto podría ser especialmente útil en un contexto educativo, donde podría liberar tiempo para consolidar conocimientos, hacer pruebas prácticas, etc. Ver vídeos rápidamente también es potencialmente una buena forma de asegurarse de mantener la atención y el interés durante todo el tiempo que duran, evitando así que la mente se distraiga.

Pero ¿qué hay de las desventajas? Resulta que también hay más de una.

Cuando una persona se expone a información oral, los investigadores distinguen tres fases de la memoria: codificar la información, almacenarla y, posteriormente, recuperarla. En la fase de codificación, el cerebro necesita cierto tiempo para procesar y comprender el flujo de palabras que recibe. Las palabras deben extraerse y su significado contextual debe recuperarse de la memoria en tiempo real.

Las personas suelen hablar a una velocidad de unas 150 palabras por minuto, aunque duplicar la velocidad a 300 o incluso triplicarla a 450 palabras por minuto sigue estando dentro del rango de lo que podemos considerar inteligible. La cuestión es más bien la calidad y la longevidad de los recuerdos que formamos.

La información entrante se almacena temporalmente en un sistema de memoria llamado memoria de trabajo. Esto permite que los fragmentos de información se transformen, combinen y manipulen hasta alcanzar una forma lista para ser transferida a la memoria a largo plazo. Dado que nuestra memoria de trabajo tiene una capacidad limitada, si llega demasiada información demasiado rápido, esta puede desbordarse. Esto provoca una sobrecarga cognitiva y la pérdida de información.

Visualización rápida y recuperación de información

Un metaanálisis reciente examinó 24 estudios sobre el aprendizaje a partir de vídeos de conferencias. Los estudios variaban en su diseño, pero en general consistían en reproducir una videoconferencia a un grupo a velocidad normal (1x) y reproducir la misma videoconferencia a otro grupo a una velocidad mayor (1,25x, 1,5x, 2x y 2,5x).

Al igual que en un ensayo controlado aleatorio utilizado para probar tratamientos médicos, los participantes fueron asignados aleatoriamente a cada uno de los dos grupos. A continuación, ambos grupos realizaron una prueba idéntica después de ver el vídeo para evaluar sus conocimientos sobre el material. Las pruebas consistían en recordar información, responder a preguntas de opción múltiple para evaluar su capacidad de recuerdo, o ambas cosas.

Botones de reproducción
La reproducción más rápida puede no ayudar al estudio.
V.Studio

El metaanálisis mostró que aumentar la velocidad de reproducción tenía efectos cada vez más negativos en el rendimiento de la prueba. A velocidades de hasta 1,5 veces, el coste era muy pequeño. Pero a partir de 2 veces, el efecto negativo era de moderado a grande.

Para poner esto en contexto, si la puntuación media de un grupo de estudiantes era del 75 %, con una variación típica de 20 puntos porcentuales en cualquier dirección, aumentar la velocidad de reproducción a 1,5x reduciría el resultado medio de cada persona en 2 puntos porcentuales. Y aumentar la velocidad a 2,5x supondría una pérdida media de 17 puntos porcentuales.

La edad importa

Curiosamente, uno de los estudios incluidos en el metaanálisis también investigó a adultos mayores (de 61 a 94 años) y descubrió que se veían más afectados por ver contenidos a velocidades más rápidas que los adultos más jóvenes (de 18 a 36 años). Esto puede reflejar un debilitamiento de la capacidad de memoria en personas por lo demás sanas, lo que sugiere que los adultos mayores deberían visualizar los contenidos a velocidad normal o incluso a velocidades de reproducción más lentas para compensar.

Sin embargo, aún no sabemos si se pueden reducir los efectos negativos de la reproducción rápida haciéndolo con regularidad. Por lo tanto, podría ser que los adultos más jóvenes simplemente tengan más experiencia con la reproducción rápida y, por lo tanto, sean más capaces de hacer frente al aumento de la carga cognitiva. Del mismo modo, esto significa que no sabemos si las personas más jóvenes pueden mitigar los efectos negativos sobre su capacidad para retener información utilizando con más frecuencia la reproducción más rápida.

Otra incógnita es si ver vídeos a velocidades de reproducción más altas tiene efectos a largo plazo sobre la función mental y la actividad cerebral. En teoría, estos efectos podrían ser positivos, como una mayor capacidad para manejar una mayor carga cognitiva. O podrían ser negativos, como una mayor fatiga mental derivada del aumento de la carga cognitiva, pero actualmente carecemos de pruebas científicas para responder a esta pregunta.

Una última observación es que, incluso si reproducir el contenido a, por ejemplo, 1,5 veces la velocidad normal no afecta al rendimiento de la memoria, hay evidencia que sugiere que la experiencia es menos agradable. Eso puede afectar a la motivación y la experiencia de las personas a la hora de aprender cosas, lo que podría hacer que encontraran más excusas para no hacerlo. Por otro lado, la reproducción más rápida se ha popularizado, por lo que quizá, una vez que la gente se acostumbre, no haya ningún problema. Esperemos que en los próximos años comprendamos mejor estos procesos.

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Marcus Pearce no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ¿Qué le sucede a nuestro cerebro cuando vemos vídeos a velocidades más rápidas de lo normal? – https://theconversation.com/que-le-sucede-a-nuestro-cerebro-cuando-vemos-videos-a-velocidades-mas-rapidas-de-lo-normal-260870

Actividades veraniegas para niños y adolescentes al alcance de todos

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Silvia López Larrosa, Profesora del departamento de Psicología, Universidade da Coruña

El verano se extiende ante nosotros. Dos meses de vacaciones escolares y la pregunta: ¿qué haremos en este tiempo? Si hay niños y adolescentes en casa, a menudo la pregunta incluye cierta angustia adulta, pues convivir con los más pequeños cuando nosotros estamos ocupados y ellos ociosos puede convertirse en un reto.

Pero las largas vacaciones infantiles del verano ofrecen grandes oportunidades para hacer todas las cosas que no dan tiempo durante el curso, muchas de ellas sin necesidad de moverse del lugar donde vivimos, pagar campamentos caros o hacer largos viajes.

Encontrar y cultivar nuevos intereses

Una posibilidad es aprender algo nuevo, siempre dependiendo de los intereses de cada persona, de las circunstancias familiares y de las opciones que se ofrezcan en el lugar en que nos encontremos.

Puede ser desde tareas tan asequibles como mantener un diario o ejercitar la imaginación escribiendo historias cotidianas o inventadas, hasta recuperar el arte analógico de hacer fotos, pasando por sencillamente visitar museos.




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El verano es el tiempo perfecto para despertar y cultivar la pasión por la lectura. Aprender rimas, en el caso de los más pequeños, escuchar audiolibros en los viajes en coche, leer en voz alta un rato cada día, intercambiar libros y comentarlos entre los miembros de la familia… todas estas son maneras de ayudar a cimentar un hábito lector, algo con un innegable impacto positivo en el cerebro, el vocabulario, la imaginación o la reducción del estrés, además de que contribuirá a un mejor rendimiento académico cuando comience el nuevo curso.

Redescubrir la naturaleza

Los estudios señalan que el contacto con la naturaleza reporta beneficios para la salud física y mental y mejora el bienestar a cualquier edad. El verano parece una época propicia para reencontrarse con la naturaleza y disfrutar de ella y de la familia.

En la naturaleza podemos realizar actividades físicas como deportes acuáticos, tanto en el mar como en ríos o embalses: nos obligan a aprender técnicas y movimientos para evitar lesiones o accidentes, y son un ejercicio perfecto para el calor. Y en el medio terrestre se puede caminar, correr, montar a caballo o andar en bicicleta.




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Atención y ejercicio con plantas y animales

En nuestros paseos por parques, zonas verdes o bosques podemos ver pájaros, flores, árboles, huellas de animales. Si estos paseos se hacen con personas que nos ayuden a leer en la naturaleza y a escucharla, una simple salida al campo puede convertirse en una gran aprendizaje, que nos reporta serenidad y mejora la atención.

Si esta salida se realiza con animales como los caballos, mejoramos nuestro equilibrio, ejercitamos músculos y nos vinculamos con otro ser, al que podemos ensillar, desensillar, bañar o cepillar.

Desarrollar la psicomotricidad fina

En verano, no solo podemos reconectar con la naturaleza, sino que es posible equilibrar la actividad física con otras alternativas de motricidad fina como aprender a coser, dibujar o colorear, hacer manualidades con barro, plastilina, arcilla, hacer cestos, tejer, o usar abalorios para hacer adornos.

Algunas de estas actividades suponen emplear nuevos materiales, pero para otras se usan elementos que nos han acompañado desde hace mucho como el barro, los hilos o el mimbre. Por ello, son una oportunidad para descubrir técnicas antiguas de bordado, cestería o alfarería, y para hablar con nuestros mayores y con los artesanos que mantienen estas tradiciones, que a veces se encuentran precisamente en los lugares donde veraneamos, en pueblos con una tradición, historias y unas costumbres que podemos aprender.

Idiomas veraniegos

En algunos de estos lugares, también es posible adentrarse en su lengua. De hecho, uno de los propósitos del verano suele ser mejorar en un segundo idioma. Viajar permite usar dicha lengua y descubrir formas de vida y costumbres más o menos diferentes.

Para los que prefieran quedarse pero quieran familiarizar el oído a otro idioma, se pueden sintonizar canales de televisión, ver películas, o aprender letras de canciones en otra lengua. Podemos incluso perfeccionar la propia a través, por ejemplo, de clases de oratoria.

Aprender o practicar un instrumento

Un idioma universal es el de la música, que activa nuestro cerebro, produce beneficios atencionales e influye en nuestro estado de ánimo. Los niños más pequeños pueden experimentar creando instrumentos caseros, con elementos como cucharas y vasos, un recipiente con legumbres o una tapa.

Podemos conocer un instrumento para ver si es el que nos gustaría tocar (escuchando, viendo vídeos o localizando a personas que lo toquen) o perfeccionar nuestra técnica en caso de que ya sepamos, adentrarnos en la música de épocas diferentes o en el folclore local, aprender o crear canciones, movernos al ritmo de acordes nuevos e incluso, por qué no, inventar una coreografía.

Tiempo para cocinar y comer mejor

En verano, aunque los adultos estén trabajando, los niños y adolescentes de la casa disponen de más tiempo para disfrutar comprando lo que se va a cocinar, incluso de cultivar a pequeña escala. Aprender a cocinar, a reconocer los alimentos y de dónde proceden son sin duda conocimientos valiosos para adultos y niños que impactan en su salud, autonomía, planificación y organización.

Desaprender también es importante

Como hemos visto, el verano puede ser una época muy propicia para aprender, pero también existe la oportunidad de desaprender. Por ejemplo, desaprender una dependencia excesiva de la tecnología y desaprender la tendencia a hacer las actividades cotidianas a toda prisa y sin pararnos a pensar. Prestar atención a lo que hacemos y disfrutar con ello nos ayuda a estar presentes en el momento y desconectar de los estímulos digitales.

Todo el tiempo que dediquemos a estar en la naturaleza en familia, o permitiendo que los niños exploren y aprendan por sí solos, jugando, haciendo deporte, expandiendo su imaginación, cocinando, escuchando a las personas mayores, haciendo manualidades, cantando o tocando un instrumento, siendo conscientes de dónde estamos y lo que hacemos, es tiempo de calidad que le habremos robado a las pantallas. No se trata de prohibirlas o desecharlas, pero sí de aprovechar para reequilibrar su presencia en nuestra vida.

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Silvia López Larrosa no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Actividades veraniegas para niños y adolescentes al alcance de todos – https://theconversation.com/actividades-veraniegas-para-ninos-y-adolescentes-al-alcance-de-todos-259150

Sostenibilidad en las universidades: ¿cómo formar a los profesionales que el planeta necesita?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Alejandra del Carmen Meza Servín, Associate professor, Universidad de Guadalajara

Gorodenkoff/Shutterstock

Sequías prolongadas, aumento global de las temperaturas, degradación de los suelos y eventos meteorológicos extremos son solo algunos de los escenarios a los que los futuros profesionales se enfrentarán, independientemente de su área de formación. Un ingeniero, un médico, un arquitecto o un economista ya no pueden ejercer su profesión sin considerar cómo sus decisiones impactan, o son impactadas, por la crisis ambiental. Ante esta urgencia, surge una pregunta crítica: ¿están las universidades preparando a los estudiantes para navegar y mitigar estos desafíos?

La educación superior tiene una responsabilidad ineludible en la transición hacia sociedades más sostenibles. La sostenibilidad no debe ser un añadido opcional en los planes de estudio, sino un principio rector que permee todas las disciplinas.

Sin embargo, integrar este enfoque no es tarea sencilla. Requiere una transformación curricular profunda, la capacitación docente y, sobre todo, un cambio de paradigma en cómo entendemos la formación profesional. Algunas instituciones ya han comenzado este camino.

Ejemplos actuales

La Universidad de Guadalajara, por ejemplo, incorporó desde 2019 materias transversales en todas sus carreras. Dos ejemplos son las materias “Cultura de la paz” y “Vida y Entorno Sustentable” que se imparten en todos los programas de pregrado del Centro Universitario de los Altos y que estan vinculadas a los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de la ONU. Estas asignaturas buscan que los estudiantes, ya sea de Derecho o Agroindustria, comprendan la interdependencia entre sus campos y problemáticas como la desigualdad social o el agotamiento de recursos naturales.




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Pero la transversalidad es solo el inicio. Otras universidades, como la Autónoma de Barcelona, han ido más allá, creando programas de posgrado especializados en Sostenibilidad
y promoviendo investigaciones aplicadas en colaboración con sectores públicos y privados.

En América Latina, la Red de Campus Sustentables, que agrupa a instituciones como la Universidad Nacional Autónoma de México y la Universidad de San Paulo, ha impulsado desde 2015 iniciativas para reducir huellas de carbono en campus y fomentar la participación estudiantil en proyectos ambientales. Estos esfuerzos reflejan un reconocimiento creciente: la sostenibilidad no puede limitarse a un curso aislado, sino que debe ser un eje estructural en la educación.

¿Es suficiente con materias transversales?

Sin embargo, cabe preguntarnos si estas acciones son suficientes. La velocidad del deterioro ambiental sugiere que las medidas incrementales podrían no ser adecuadas. Como advierte el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC), los próximos diez años son cruciales para evitar los peores escenarios del calentamiento global.

En este contexto, las materias transversales, aunque valiosas, podrían quedarse cortas si no van acompañadas de metodologías pedagógicas innovadoras. La enseñanza basada en proyectos, el aprendizaje al servicio, los proyectos de intervención en comunidades o la simulación de escenarios reales son herramientas que permiten a los estudiantes aplicar conocimientos teóricos a problemas concretos.

Por ejemplo, en la Universidad de Chile, alumnos de Ingeniería y Ciencias Sociales colaboran en el diseño de soluciones para comunidades afectadas por la escasez hídrica, integrando saberes técnicos y comunitarios.

¿Cómo evaluar?

Además, la formación en sostenibilidad exige repensar las competencias que se evalúan. No basta con que los estudiantes memoricen conceptos; deben desarrollar pensamiento crítico, resiliencia y capacidad de trabajo interdisciplinario. La educación para la sostenibilidad debe ser “transformadora”, es decir, desafiar las lógicas tradicionales y fomentar una visión sistémica.

Esto implica que los profesores también necesitan formación continua. Como ejemplo podemos mencionar el programa de la Universidad de Costa Rica que certifica a docentes en pedagogías ambientales.

Una práctica cotidiana en las aulas

El análisis no puede eludir una reflexión incómoda: aunque las universidades avanzan, el ritmo es desigual y, en muchos casos, insuficiente. Mientras algunas instituciones lideran cambios estructurales, otras aún consideran la sostenibilidad como un tema marginal. ¿Estamos a tiempo de rectificar el rumbo?




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La respuesta es sí, pero con una condición: la sostenibilidad debe dejar de ser un discurso bienintencionado para convertirse en una práctica cotidiana en las aulas. Esto demanda no solo más contenidos “verdes”, sino también pedagogías que inspiren acción y ética.

Las universidades tienen la oportunidad –y la obligación– de formar profesionales que no solo se adapten al mundo, sino que lo transformen. Este planeta no necesita más graduados que repitan modelos; necesita agentes de cambio capaces de imaginar y construir futuros viables.

Como escribió el filósofo Edgar Morin, la educación debe “enseñar la condición humana” en su relación indisoluble con la naturaleza. El tiempo de actuar es ahora: cada clase, cada syllabus revisado, cada proyecto interdisciplinario, es un paso para ese cambio.

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Alejandra del Carmen Meza Servín no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Sostenibilidad en las universidades: ¿cómo formar a los profesionales que el planeta necesita? – https://theconversation.com/sostenibilidad-en-las-universidades-como-formar-a-los-profesionales-que-el-planeta-necesita-257665

¿Qué pasaría en España si mañana desapareciera la inmigración?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Paula Costa Correa, Investigadora del área de Filosofía del Derecho. Abogada especializada en Migraciones y Derecho Penal, Universidad de Navarra

Unai Huizi Photography/Shutterstock

Mientras algunos medios y discursos políticos describen la migración como una amenaza o una “avalancha”, los datos muestran lo contrario: España no vive una invasión, sino una relación de interdependencia funcional con los países del Sur Global. En otras palabras, lo que se presenta como un problema es, en realidad, una necesidad estructural. El país necesita población migrante para sostener su pirámide demográfica, su economía y su sistema de bienestar.

Esta simbiosis migratoria no es una metáfora. Es una realidad demográfica. Desde 1950, la población mundial se ha triplicado. En regiones como África Subsahariana o Asia Meridional, el crecimiento es constante y sostenido, ejerciendo presión sobre recursos, empleo y sistemas sociales. En cambio, Europa y América del Norte enfrentan el fenómeno contrario: envejecimiento poblacional, bajas tasas de fecundidad y reducción progresiva de la población activa.

En el caso español, el contraste es claro. La tasa de fecundidad se sitúa desde hace años por debajo de 1,3 hijos por mujer, muy lejos del umbral de reemplazo generacional (2,1). Sin flujos migratorios constantes, España perdería millones de habitantes en las próximas décadas, con efectos directos sobre el sistema fiscal, las pensiones y el empleo. Según proyecciones del INE y de Naciones Unidas, de mantenerse la fecundidad actual sin migración, la población podría descender hasta 30 millones en 2100, frente a los 47 millones actuales.

En todos estos escenarios debemos tener en cuenta que los bebés que nacen hoy no empezarían a cotizar hasta 2045. Es decir, apostar por una fecundidad de tres hijos por mujer supondría un esfuerzo económico adicional para el estado de bienestar durante al menos dos décadas, antes de que esas nuevas generaciones pudieran sostener el sistema.

Ni la natalidad basta, ni la migración sobra

Ante este panorama, ¿puede la natalidad compensar por sí sola el déficit demográfico? La respuesta es negativa. Hemos modelado tres escenarios de política natalista, y todos presentan limitaciones estructurales.

En el mejor de los casos –con políticas públicas sostenidas durante 20 años– no habría ningún impacto real antes de 2045. En escenarios más intensivos (como aumentar a tres o cuatro hijos por mujer en una legislatura), los resultados son ineficaces, fiscalmente insostenibles y socialmente inviables. No se puede compensar un problema estructural con medidas de corto plazo ni con presión sobre los cuerpos de las mujeres.

En cambio, la migración sí tiene efectos inmediatos. La llegada de personas jóvenes en edad de trabajar ha contribuido en las últimas décadas a equilibrar la relación entre cotizantes y jubilados. Un estudio estima que sin migración el indicador de sostenibilidad demográfica –que mide cuántas personas en edad de trabajar hay por cada persona mayor de 65 años– habría sido un 30 % inferior, agravando aún más la presión sobre el sistema de pensiones. Esto significa que la presión sobre dicho sistema de pensiones habría sido mucho mayor con menos trabajadores sosteniéndolo.

Lejos de ser una amenaza, la migración ha contribuido a mantener el equilibrio entre cotizantes y jubilados, retrasando un colapso que, de otro modo, ya estaría en marcha.

Pero la función de la migración no es solo económica. La movilidad humana cumple un rol redistributivo a nivel global: traslada población activa desde regiones con exceso de presión demográfica hacia otras con escasez de mano de obra y envejecimiento. Esta relación de interdependencia –aunque desigual– permite mantener en funcionamiento sectores esenciales como los cuidados, la agricultura o la hostelería. Negar esta realidad por motivos ideológicos no cambia los hechos: solo impide gestionarla de forma realista, con planificación y justicia.

Ni milagro ni amenaza

En paralelo, el envejecimiento plantea retos adicionales. Menos trabajadores significa menos cotizaciones, pero también más gasto sanitario, más dependencia y más personas mayores viviendo solas. En España, la esperanza de vida ha aumentado y la feminización de la vejez introduce nuevas desigualdades: muchas mujeres mayores carecen de pensión propia o dependen de redes familiares cada vez más frágiles.

Las proyecciones muestran que sin una política migratoria sostenida, el sistema de bienestar español se enfrentará a una presión insostenible. Los discursos que rechazan la migración apelan al mito de la autosuficiencia nacional, pero ese modelo nunca ha existido. Desde los años 2000, el crecimiento español ha estado directamente vinculado al trabajo y las contribuciones de millones de personas migrantes.

Esto no significa que la migración sea una solución mágica. También necesita planificación, integración y derechos. Pero sí constituye un componente esencial de cualquier estrategia demográfica realista. De hecho, países como Canadá o Alemania ya aplican políticas activas para atraer y retener población extranjera cualificada y no cualificada. España, sin embargo, sigue atrapada en una narrativa de emergencia, inseguridad y control.

Por eso, debemos dejar de ver a España solo como puerta de entrada de migración hacia Europa, y empezar a entender su posición como una oportunidad estratégica: atraer talento, corregir desequilibrios y rejuvenecer el tejido social. Seguir anclados en el miedo y la mentira emotiva no solo perjudica a las personas migrantes, sino que priva al país de una herramienta imprescindible para su sostenibilidad.

La simbiosis migratoria entre Norte y Sur es una realidad del siglo XXI. Negarla no elimina el problema, solo impide encontrar soluciones eficaces.

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Paula Costa Correa es presidenta de la Asociación de Migración y Derechos Humanos de Navarra (MIGENE), un observatorio independiente sobre la situación migratoria en España y sus implicaciones sociales y jurídicas.

ref. ¿Qué pasaría en España si mañana desapareciera la inmigración? – https://theconversation.com/que-pasaria-en-espana-si-manana-desapareciera-la-inmigracion-259355

¿Es verdad que cenar queso provoca pesadillas? La compleja relación entre la dieta y los sueños

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Álvaro Astasio Picado, Profesor de Enfermería Médico-Quirúrgica. Doctor en Biomedicina Aplicada., Universidad de Castilla-La Mancha

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Un reciente estudio canadiense ha planteado una posible asociación entre la intolerancia a la lactosa y la frecuencia de las pesadillas, reavivando el viejo mito de que el queso provoca sueños perturbadores.

Aunque el hallazgo resulta intrigante, la investigación presenta, como veremos, limitaciones importantes. Porque a pesar de la atención mediática, aún estamos lejos de poder afirmar que la dieta tenga una influencia directa y comprobada sobre los sueños.

Los “sospechosos habituales”

Desde hace décadas circula la creencia de que comer ciertos alimentos o cenar tarde pueden afectar negativamente la calidad del descanso nocturno y alterar el contenido de los sueños, volviéndolos más vívidos, perturbadores o incluso pesadillescos.

Entre los “sospechosos habituales” se incluyen comidas pesadas, alimentos muy condimentados, dulces ricos en azúcar refinada y, con particular frecuencia, los productos lácteos. ¿Tiene alguna base científica esta percepción?




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Otra encuesta canadiense realizada en 2015 ya exploró la cuestión. El estudio recogió respuestas de 396 personas y reveló que el 17,8 % de los participantes relacionaban algún tipo de alimento con sueños desagradables. En concreto, los lácteos (leche, queso, helado) y los dulces azucarados eran los productos más frecuentemente señalados.

Por otro lado, algunos participantes también afirmaron que ciertas comidas, como frutas o vegetales, les generaban sueños positivos, lo que apunta a una posible dimensión subjetiva y simbólica de la relación entre alimentación y contenido onírico.

Otro factor relevante es la hora de la cena. Diversas investigaciones han mostrado que cenar tarde –particularmente dentro de las dos horas previas al sueño– puede alterar la calidad del descanso.

El nuevo estudio, publicado en Frontiers in Psychology, retoma el asunto y vuelve a apuntar a los lácteos como principales responsables. ¿Cómo de sólidas son las evidencias?

Más de mil estudiantes entrevistados

Los científicos –liderados por Tore Nielsen, el mismo investigador que dirigió el trabajo de 2015– entrevistaron a 1 082 estudiantes universitarios. El cuestionario incluía preguntas sobre la calidad del sueño, la frecuencia e intensidad de los sueños, los hábitos alimenticios, la salud mental y física, y cualquier relación percibida entre los alimentos consumidos y el contenido de las vivencias oníricas.

Un objetivo importante era analizar las creencias subjetivas sobre si ciertos tipos de comida afectaban o no a su descanso. Este enfoque, aunque útil para identificar percepciones sociales, tiene una limitación crucial: se basa en autoinformes, sin verificación objetiva de las condiciones fisiológicas del sueño o la digestión.

Lo que reportaron los voluntarios

Los resultados revelaron varios datos interesantes:

  • Aproximadamente un tercio de los encuestados declaró experimentar pesadillas frecuentes, si bien las mujeres mostraron una mayor tendencia a recordar sus sueños y reportar trastornos del sueño.

  • En total, un 40 % de los participantes consideró que comer tarde o ciertos alimentos afectaban negativamente su descanso, y un 25 % afirmó que ciertos productos empeoraban la calidad del sueño. Entre los alimentos más señalados se encontraban los dulces, las comidas picantes y los lácteos.

  • Un 5,5% de los encuestados afirmó que lo que comían influía directamente en el contenido o tono de sus sueños, y muchos de ellos describieron que los lácteos y los dulces los volvían más vívidos o inquietantes.

  • Y, por último, uno de los hallazgos más citados fue la relación entre intolerancia a la lactosa y pesadillas: quienes reportaban este trastorno también manifestaban síntomas gastrointestinales nocturnos, peor calidad del sueño y mayor frecuencia de sueños negativos.

Sin relación causa-efecto

La interpretación de estos datos exige cautela. Como ha explicado Tore Nielsen, los resultados apuntan a una asociación, pero no prueban una causalidad. Es decir, que dos fenómenos coincidan (por ejemplo, consumir queso y tener una pesadilla) no implica que uno cause el otro. El trabajo no se diseñó para establecer una relación causa-efecto entre ingerir lácteos y la aparición de sueños angustiosos.

Además, no fue un experimento controlado, sino una encuesta basada en percepciones subjetivas. No se utilizaron mediciones fisiológicas ni registros polisomnográficos del sueño, y tampoco se controló de forma objetiva qué alimentos se consumieron, en qué cantidad o bajo qué condiciones.

Malas noches sin un claro culpable

Otro aspecto a tener en cuenta es que las molestias digestivas nocturnas pueden, efectivamente, alterar el sueño. Estudios en gran escala muestran que síntomas como dolor abdominal, hinchazón, gases y reflujo se asocian con mayor fragmentación del sueño, despertares frecuentes y mala calidad del descanso.

Además, entre pacientes con trastornos funcionales gastrointestinales como el síndrome del intestino irritable, se ha observado una disminución del sueño profundo (etapa N3) y un aumento de microdespertares. Estas interrupciones, aunque breves o imperceptibles, pueden generar estados intermedios de conciencia durante los cuales los sueños se vuelven más vívidos, fragmentados o emocionalmente intensos, sobre todo si hay malestar físico.

Sin embargo, esto no implica que el queso sea el culpable. Muchas veces, las personas tienden a identificar a los lácteos como la causa de un malestar por influencia de discursos populares y narrativas difundidas en redes sociales, más que por evidencia personal comprobada. Además, en la práctica diaria no solemos ingerir alimentos de manera aislada, lo que dificulta atribuir un efecto específico a un solo ingrediente.

Más preguntas que respuestas

En sus conclusiones, los propios autores de la investigación subrayan la necesidad de replicarla con muestras más amplias y diversas –en edad, cultura y patrones alimentarios–, así como emplear métodos más rigurosos, como estudios experimentales con grupos controlados, monitorización del sueño y administración de alimentos bajo condiciones controladas.

El estudio ofrece una pista interesante sobre cómo la alimentación podría, en algunos casos, interferir con el descanso nocturno, especialmente en personas con intolerancias alimentarias. Sin embargo, aún no hay evidencia concluyente que respalde la afirmación de que los lácteos –ni ningún alimento específico– provoquen pesadillas de forma directa.

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Álvaro Astasio Picado no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ¿Es verdad que cenar queso provoca pesadillas? La compleja relación entre la dieta y los sueños – https://theconversation.com/es-verdad-que-cenar-queso-provoca-pesadillas-la-compleja-relacion-entre-la-dieta-y-los-suenos-260538