‘Funcional’, ‘metabólico’… Los apellidos que el entrenamiento no necesita

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Miguel Ángel Puch Garduño, Colaborador en actividades de docencia e investigación, Universidad Complutense de Madrid

Cuando hablamos de entrenamiento, conviene recordar que aludimos a una práctica profundamente arraigada en la historia de la humanidad. Desde tiempos remotos, el ejercicio físico ha sido compañero constante del ser humano.

Susruta.
Grabado de Susruta.
Wellcome Collection/Wikimedia Commons, CC BY

Ejemplo de ello es el caso de Susruta, un médico indio que, ya en el siglo VI a. e. c., prescribía ejercicio físico como herramienta terapéutica. Sus recomendaciones, sorprendentemente cercanas a los principios que hoy respalda la ciencia, abogaban por una práctica regular sin alcanzar el umbral medio de agotamiento.

De modo similar, en la antigua Grecia, Aristóteles, fiel a su doctrina del término medio, sugería un entrenamiento moderado: ni en exceso ni en carencia, sino en la justa medida para fortificar el cuerpo sin quebrantar su vigor.

A la luz de lo expuesto, puede afirmarse que el entrenamiento no es, en absoluto, una novedad; todo lo contrario. Y es precisamente ahí donde se revela el verdadero dilema. En nuestra sociedad, dominada por la urgencia de vender, lo nuevo se convierte en sinónimo de valor.

Por ello, a lo de siempre –al entrenamiento– se le imponen constantemente apellidos. Porque, claro, llamar simplemente “entrenamiento” al “entrenamiento” ya no conquista oídos hambrientos de novedad.

Todo es lo mismo

Estos apellidos no responden a una necesidad conceptual, sino al marketing. En otras palabras, lo que Susruta y Aristóteles ya prescribían hace siglos hoy vuelve recalentado para un mercado que nuca está a dieta de clientes confundidos.

Así pues, en la actualidad pueden hallarse tantos apellidos innecesarios para el “entrenamiento” como empeño se ponga. Todo sea por (re)llenar el concepto. Tómese como ejemplo el famosísimo “entrenamiento funcional”, esa joya del pleonasmo donde cabe preguntarse: ¿existe un entrenamiento no funcional? ¿Uno diseñado para no servir? ¿El antientrenamiento?

Lo mismo ocurre con las versiones de “entrenamiento metabólico o mitocondrial”. ¿Qué sentido tiene esto? ¿Acaso existe algún entrenamiento capaz de aislar al metabolismo y las mitocondrias?

Y, por supuesto, no podía faltar una de las últimas ofertas del mercado: el “neuroentrenamiento”, una supuesta revolución que estimula el sistema nervioso. Como si antes de su llegada todos los entrenamientos ocurrieran con el cerebro apagado y los nervios en stand-by. O sea, como si mover el cuerpo no fuera ya, desde siempre, una sinfonía neurológica en acción.

Queremos creer

Estos apellidos que se le imponen de forma constante al “entrenamiento” proliferan por diversos motivos. Entre ellos, quizás uno de los más importantes sea que, por naturaleza, los seres humanos no somos escépticos; el hecho de no creer nos exige un esfuerzo mental considerable.

A ello se suma otra gran dificultad: la dependencia del ámbito. Nuestra capacidad para ser escépticos está limitada al ámbito de conocimiento que dominamos. Es decir, no solo es complejo ser escéptico, sino que solo podemos serlo cuando sabemos lo suficiente como para dudar con sentido. Nadie puede dudar sobre lo que se desconoce por completo.

Así que, si un gurú musculoso dice que hace neurotraining cuántico con activación mitocondrial hipermetabólica, y nosotros no tenemos ni idea de qué hace una mitocondria, es difícil contradecirle. ¿Qué otra opción tenemos?

Visto lo anterior, nos enfrentamos a un contratiempo con el lenguaje, uno que surge precisamente de su capacidad para ejercer poder. El científico estadounidense Alan Sokal lo evidenció en un célebre fraude en el que consiguió publicar un artículo académico gracias a su apariencia ideológica y estilo discursivo, pero carente de rigor, lógica y fundamento. Un magnífico ejemplo de cómo el lenguaje puede simular decir algo sin realmente decir nada.

Falsas dicotomías

No obstante, el verdadero problema emerge cuando entendemos que hablar es, en sí mismo, una forma de actuar. Las palabras no se limitan a definir la realidad; la moldean. Así, cuando alguien afirma “esto es un entrenamiento X”, no lo describe, sino que lo legitima, lo instituye y lo hace existir como categoría.

Con el tiempo, estos apellidos terminan configurando aquello que llamamos ciencia. No olvidemos que el lenguaje empleado en un área del conocimiento es lo que construye su propia realidad (“El significado de una palabra es su uso en el lenguaje”, que diría el filósofo Ludwig Wittgenstein). Cada disciplina fabrica así su propia jerga. El problema es que, cuando el lenguaje científico empieza a inflarse con términos vagos, el juego se vuelve confuso.


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Un ejemplo de confusión lingüística en el ámbito del entrenamiento surge cuando, partiendo de un concepto unitario –“entrenamiento” en este caso–, se generan categorías artificialmente separadas. Así, es habitual oír hablar de “entrenamiento para la salud” y “entrenamiento para el rendimiento” como si se tratara de esferas independientes. Sin embargo, esta distinción carece de lógica, pues mejorar la salud implica mejorar el rendimiento. Tanto es así que, si una persona pierde musculatura y, por ende, la capacidad de caminar, lo que necesita para recuperar su salud es aumentar la fuerza de sus piernas, o sea, mejorar su rendimiento.

Algo similar ocurre al fragmentar el concepto de entrenamiento en fuerza y resistencia. La paradoja es evidente: la maratón, la prueba de resistencia por excelencia, no la gana el más resistente, sino el más rápido, el que aplica más fuerza en menos tiempo; esto es, el más fuerte.

Esta tendencia a retorcer el lenguaje confirma lo ya advertido por Wittgenstein: la necesidad de esclarecer el uso de las palabras para evitar confusiones conceptuales. Porque, no lo olvidemos, cuando el lenguaje pierde precisión, da lugar a malentendidos. Las soluciones a ello pueden ser múltiples, pero quizás la más sencilla sea mirar al pasado, observar a Susruta y Aristóteles y comprender el entrenamiento como lo hicieron ellos: en una sola palabra.

The Conversation

Miguel Ángel Puch Garduño no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

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La distopía de ‘Civil War’ frente a Estados Unidos hoy: una historia de violencia

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Juan Carlos Pérez García, Profesor Titular de Universidad – Área de Dibujo, Universidad de Málaga

Wagner Moura en una escena de _Civil War_. A24 Films

Tras un breve prólogo, la película Civil War (2024) se abre con la canción “Lovefingers” (1968), del dúo neoyorquino pionero del rock electrónico Silver Apples.

Su ritmo preciso, “matemático”, contrasta con el caos de violencia urbana de la escena. La elección de la canción establece un hilo invisible que parece unir esas imágenes distópicas del futuro cercano de Estados Unidos con la contracultura de los sesenta, la cuna ideológica de la New Age y de líderes emprendedores que se harían ricos y famosos durante la era neoliberal. Como ha argumentado Stuart Jeffries, sin el elemento vital de esa contracultura el capitalismo no gozaría de tan buena salud.

Inicio de la película Civil War, de Alex Garland.

Con unos 50 millones de dólares de presupuesto, es una de las películas más caras de la productora independiente A24. Civil War es paradójica, ambigua y perturbadora, un thriller bélico que alegoriza con precisión el zeitgeist de “fin de los tiempos” en los Estados Unidos de la era Trump, o el declive de un país-imperio en crisis.

Estas semanas se han comentado mucho las “coincidencias” entre su argumento y la realidad reciente de clima prebélico en Estados Unidos: enfrentamientos verbales entre agentes federales del ICE (siglas en inglés del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas) y la policía local de ciudades como Minneapolis, oposición ciudadana contra las detenciones del ICE, el asesinato de dos civiles, etc.

El británico Alex Garland, director y guionista del filme y responsable de películas como Ex Machina (2014) o Men (2022), comenzó a escribir el guion de Civil War en 2018, durante la primera presidencia de Trump. Lo retomó en 2020, cuando percibió que el clima de polarización había empeorado. Había contraído el covid-19 y, tras recuperarse, se encontró con una verdadera agitación, un mundo en el que se habían multiplicado las fracturas y la polarización social. Trump no consiguió su reelección en las presidenciales de 2020, lo que desembocó en disturbios que él mismo alentó de manera más o menos directa y que teminaron con el asalto al Capitolio estadounidense en enero de 2021 por parte de sus partidarios.

Civil War se estrenó en abril de 2024, poco antes de las elecciones presidenciales de noviembre de ese mismo año. Y, esta vez, Trump sí las ganó en las urnas.

Parecidos razonables

En el futuro cercano de Civil War, los parecidos con una realidad verosímil en Estados Unidos son ciertamente inquietantes.

La película comienza in medias res y no explica nunca las causas de la guerra civil que asola el país. Hay un presidente encarnado por Nick Offerman, sin parecido físico con Trump, que, no obstante, está ocupando un “tercer mandato”. Esto en realidad está prohibido, tras la limitación a dos mandatos presidenciales que se hizo en una enmienda a la Constitución estadounidense ratificada en 1951. En octubre de 2025, Trump reconoció que no puede presentarse otra vez… pero su entorno cercano no ha dejado de aludir a esa posibilidad.

Un helicóptero estrellado en el suelo al que miran dos mujeres.
Escena de Civil War.
A24

En la ficción de Civil War se sugiere que las actuaciones autoritarias del presidente han provocado varias secesiones. Mientras, diversas milicias actúan sin control por el país y el ejército de unas denominadas “Western Forces”, alianza de California y Texas, avanza hacia Washington D. C. para acabar por la fuerza con el gobierno federal del presidente del tercer mandato.

El papel de la prensa

El punto de vista de la película se sitúa en un grupo de corresponsales de guerra que intenta llegar a la capital para entrevistar al presidente antes de la entrada de las Western Forces.

Kirsten Dunst interpreta a una fotógrafa llamada Lee, un guiño a la legendaria Lee Miller, fotoperiodista real durante la Segunda Guerra Mundial. Este personaje es quien pone rostro a la amargura por la desintegración del país. La acompañan los periodistas Joel (Wagner Moura) y el veterano Sammy (Stephen McKinley Henderson), y la joven y ambiciosa Jessie (Cailee Spaeny), también fotoperiodista. Por el camino se les unirán dos reporteros asiáticos que han viajado a cubrir la guerra civil. Juntos afrontarán un peligroso trayecto en el que serán testigos de diversos episodios violentos.

Kirsten Dunst y Cailee Spaeny en _Civil War_.
Kirsten Dunst y Cailee Spaeny en Civil War.
Murray Close/A24

La idea de colocar a periodistas en el centro de su historia tiene que ver con el hecho de que el padre de Alex Garland fue durante mucho tiempo caricaturista de prensa, y gracias a ello pudo conocer en Londres a corresponsales extranjeros a los que llegó a admirar. El cineasta considera que el periodismo serio necesita protegerse hoy día porque está siendo atacado.

Polarización racista

El enfrentamiento crucial tiene lugar cuando los reporteros se topan con una milicia armada que está enterrando a un grupo de civiles en una fosa común. El líder (un aterrador Jesse Plemons, cuyo físico le asocia al supremacismo blanco) confronta al grupo a punta de rifle y pronto revela su ideología xenófoba cuando les interroga por su procedencia y nacionalidad. La escena es pavorosa pero ofrece un reflejo de la polarización racista que asola los Estados Unidos de la era Trump, un tema que también ha aflorado en dos películas de 2025, aunque rodadas antes del acceso de Trump a su segundo mandato: Eddington y Una batalla tras otra.

Aunque el grupo de blancos no hispanos sigue superando aún el 50 % de la población, el país es cada vez más multicultural, con proyecciones que calculaban hace unos años que hacia 2050 las minorías combinadas podrían constituir la mayoría de los ciudadanos estadounidenses. Esto puede explicar tanto el endurecimiento reciente de las políticas de deportación como su tratamiento en la ficción de las películas mencionadas. Una batalla tras otra, de hecho, se inicia con el ataque de un grupo revolucionario de extrema izquierda a un centro de detención de inmigrantes.

Un montón de coches detenidos en una autovía.
Escena de Civil War.
A24 Films

Por otro lado, la tasa de crecimiento de la población estadounidense se ha reducido a 0,5 % entre 2024 y 2025, según estimaciones de la Oficina del Censo del país, uno los registros más bajos desde comienzos del siglo XX. Hay dos razones principales para ello: menos llegada de inmigrantes y más deportaciones.

¿Equidistancia o polarización?

Volviendo a Civil War, la película no explicita la ideología detrás del enfrentamiento entre las “Western Forces” y el gobierno federal, algo que provocó críticas que acusaban a Garland de “equidistante”. El autor lo negó, pero reconoció que esto podría ser una interpretación errónea de una película que plantea la “polarización” como causa –y no como síntoma– de nuestro malestar actual. Por eso aporta escasos datos de los bandos enfrentados. Su intención es dejar abierta la conversación pública, y eso implica abrir asimismo las posibles lecturas de la película.

“Necesito una declaración”, grita Joel (Wagner Moura) en la impactante escena final, alejada de los convencionalismos de Hollywood y que entronca con una peculiar tradición de violencia “presidencial” en Estados Unidos. Tras el último plano, suena en los créditos una nana perversa: “Dream Baby Dream” (1979). Del dúo electro-punk Suicide, en efecto.

The Conversation

Juan Carlos Pérez García no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. La distopía de ‘Civil War’ frente a Estados Unidos hoy: una historia de violencia – https://theconversation.com/la-distopia-de-civil-war-frente-a-estados-unidos-hoy-una-historia-de-violencia-275370

La selección: esperando un eclipse me quedaré

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Lorena Sánchez, Responsable de Eventos. Editora de Ciencia y Tecnología, The Conversation

shutterstock Wirestock Creators/Shutterstock

“Esperando un eclipse me quedaré, persiguiendo un enigma al compás de las olas…”. Eran los años 80, la Movida madrileña. Radio Futura cantaba en “La estatua del Jardín Botánico” algo que no llegaba nunca.

La península ibérica no ha experimentado un eclipse total de Sol desde principios del siglo XX. Pero ahora sí, se aproxima a nuestro cielo el primero de una tríada que dará a la oscuridad total poco más de un minuto de gloria. El próximo 12 de agosto un eclipse total de Sol cruzará el Ártico, Groenlandia, Islandia y atravesará la península ibérica de oeste a este al atardecer.

No es algo nuevo en el mundo. Los apagones cósmicos se suceden desde que un protoplaneta colosal del tamaño de Marte, Theia, chocó con una Tierra primitiva, blandita de magma, y se desprendió un pedazo que formó la Luna, hace al menos 4 460 millones de años… Millones de eclipses que se producen por una feliz coincidencia geométrica: el Sol es aproximadamente 400 veces más grande en diámetro que la Luna, pero también se encuentra unas 400 veces más lejos de nosotros.

Si viviéramos en Trisolaris, el planeta de la serie El problema de los tres cuerpos, serían impredecibles. En un mundo con tres soles determinar el movimiento de tres cuerpos sometidos a gravedad mutua resulta de una complejidad matemática aún hoy sin solución.

La historia asume, con sus dudas, que fue Tales de Mileto quien predijo un eclipse por primera vez, el del 28 de mayo del 585 a. e. c. Así fue como la ciencia arrebató a mitos y dioses el poder de sembrar las sombras.

Predecirlos no es lo único que vincula ciencia y eclipses. En el de 1868, desde la India, el astrónomo francés Pierre Janssen descubrió el helio, ese gas que nos pone voz de pitufos si lo inhalamos y es nutriente de las estrellas. Y los eclipses aún hoy permiten estudiar la corona del Sol cuando escapa por los bordes como el aro de fuego que saltaban los leones de los circos.

Pero hay un eclipse que aún se cuenta como el más significativo de la historia de la ciencia. Me refiero al que tuvo lugar en mayo de 1919. Dos astrofísicos decidieron entonces demostrar que la curvatura de la luz que Albert Einstein describía era algo más que una ecuación matemática. El británico Arthur Eddington viajó a la isla del Príncipe, en la costa de Turquía, y Andrew Crommelin a Sobral, en Brasil. El objetivo era fotografiar las estrellas del cúmulo de las Híades, visibles cerca del Sol en el momento del eclipse. Y así es: su posición aparente se desplaza afectada por el campo gravitatorio solar, el peso del Sol en el tejido del espacio-tiempo.

Dicen que aquel eclipse hizo mundialmente famoso a Einstein. También, que los resultados no fueron tan precisos como exige la ciencia contemporánea. Pero a Eddington le interesaba comprobar la teoría de un científico alemán y judío justo después de la I Guerra Mundial, un gesto que reconciliase al Reino Unido con Alemania. Geopolítica de principios de siglo.

Así, al fin se aproxima un eclipse total de Sol a la península ibérica. Elijan su jardín para la oscuridad.

The Conversation

ref. La selección: esperando un eclipse me quedaré – https://theconversation.com/la-seleccion-esperando-un-eclipse-me-quedare-276411

La muerte de ‘El Mencho’ desata una ola violenta que revela el poder del narco y su capacidad para reconfigurarse

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Francisco Pérez Fernández, Profesor de Psicología Criminal, Psicología de la Delincuencia, Historia de la Psicología, Perfilación e investigador psicosocial. Experto en historia de la novela gráfica., Universidad Camilo José Cela

El ejército mexicano patrulla por una carretera tras el operativo que acabó con la vida de _El Mencho_. RTVE

El operativo que acabó con la vida del líder del Cártel Jalisco Nueva Generación, Nemesio Oseguera Cervantes, ha desatado una ola de violencia sin precedentes en las calles de México. Esta respuesta, organizada y repartida por diferentes estados, revela que la hidra del crimen organizado está lejos de extinguirse. Más bien, la muerte de El Mencho encaja en un patrón ya conocido del crimen organizado mexicano: la eliminación del líder no destruye la estructura existente, muy consolidada sociocultural, económica y políticamente, sino que previsiblemente catalizará hacia transformaciones internas y reacomodos violentos.

Los orígenes del cártel más poderoso

El Cártel Jalisco Nueva generación (CJNG) surgió alrededor de 2009, cuando Nemesio Oseguera Cervantes (1966-2026), natural de la comunidad de Naranjo de Chila (Aguililla, Michoacán) y más conocido por su alias de El Mencho, consolidó en una única organización criminal a un grupo escindido del Cártel de Sinaloa y a las células de Los Matazetas que él mismo controlaba.

Con anterioridad, Oseguera había pertenecido al cartel del Milenio, encabezado por Nacho Coronel Villarreal (1954-2010) y dedicado al tráfico de metanfetamina. Esta organización trabajaba en los territorios de Jalisco, Michoacán y Colima y tuvo cierta relevancia a inicios de los 2000. Pero cayó en declive cuando Coronel murió en un operativo en Zapopan, Jalisco, en 2010, posiblemente traicionado por los hermanos Beltrán Leyva, del cartel de Sinaloa.

Lo cierto es que el CJNG adquirió notoriedad rápidamente por su violencia extrema. Ejemplo de ello fue la macabra exhibición de 35 cadáveres –23 hombres y 12 mujeres– en Boca del Río (Veracruz) en 2011, acto que motivó que esta organización criminal se hiciera un hueco en el panorama nacional mexicano. El hecho es que, desde entonces, el grupo consolidó su presencia en al menos 25 estados del país, operando siempre mediante células regionales autónomas de alta capacidad paramilitar, con cadenas de comunicación funcionales y protocolos de respuesta rápida muy estructurados y eficientes que, por lo que parece, la muerte de El Mencho no ha desarticulado.

Estructura, capacidades y actividad

El CJNG se había venido empoderando a lo largo de la última década al no encontrar contrapesos, pues las guerras intestinas del Cartel de Sinaloa habían debilitado su capacidad de respuesta. Su crecimiento fue rápido y no tardó en contar con capacidad de violencia coordinada para la realización de narcobloqueos, quema de vehículos, cierres de carreteras y ataques simultáneos.

De la misma manera, su capacidad militar es alta. Posee y maneja armamento pesado, e incluso vehículos blindados. Ha venido sosteniendo una narrativa de desafío permanente al Estado mediante la difusión de imágenes de las maniobras de sus sicarios. Estas capacidades, así como su papel clave en el tráfico de drogas sintéticas, violencia transnacional y desestabilización regional, motivaron que Estados Unidos clasificara al CJNG como Organización Terrorista Extranjera (FTO) y Terrorista Global Especialmente Designado (SDGT).

La DEA (Drug Enforcement Administration), por su parte, había puesto a la cabeza de Oseguera un precio nada desdeñable de 15 millones de dólares.

El CJNG, debido a sus fuentes de financiación diversas, ha venido operando como una empresa criminal multifacética vinculada al narcotráfico (fentanilo, metanfetamina, cocaína y heroína) hacia Estados Unidos, siendo un actor central en la crisis de opioides estadounidense, que ha podido costar la vida ya a más de 500 000 personas y actualmente se encuentra en su tercera oleada.

Otros delitos asociados al CJNG son extorsión, robo y contrabando de combustible, tráfico de personas, lavado de dinero y control territorial mediante violencia extrema. Esto explica que la organización se hubiera convertido en un punto crítico en la agenda de seguridad de México y Estados Unidos. De manera muy especial en lo tocante al control del tráfico de fentanilo, la coordinación de operaciones militares binacionales y las políticas de seguridad del Gobierno mexicano.

Lo cierto es que desde que Donald Trump amenazara en marzo de 2025 con la imposición de aranceles a México, el gabinete presidido por Claudia Sheinbaum, en una política que claramente pretendía apaciguar al gobierno estadounidense y dirigirlo hacia una negociación económica sosegada, recrudeció su lucha contra el narco.

Sin embargo, pese a haber entregado a su vecino del norte a 29 de los narcos más buscados y establecido un control de fronteras mucho más riguroso, Sheinbaum no parece haber logrado avanzar de forma significativa en su objetivo. Consecuentemente, cabe enmarcar movimientos, como la presente operación contra el CJNG, en el mismo contexto de acercamiento y normalización de relaciones con el gabinete Trump.

La muerte de El Mencho: hechos y expectativas

El 23 de febrero de 2026, el ejército mexicano, en una operación informada y coordinada con la inteligencia estadounidense, que llevaba años realizando seguimientos satelitales y financieros, ha abatido a Nemesio Oseguera durante un operativo en Tapalpa, Jalisco. Este se saldó con 25 militares muertos y otros 12 componentes de la organización criminal fallecidos.

La reacción de los miembros del cártel ha sido extremadamente violenta, incluyendo bloqueos de vías públicas, incendio de vehículos, ataques indiscriminados y violencia coordinada en múltiples estados. Esto ha venido a confirmar, como ya se temía, su estructura celular autónoma y su alta capacidad para operar, incluso sin instrucciones procedentes de una autoridad central. La zona metropolitana de Guadalajara ha vivido alguna de las jornadas más violentas de los últimos años.

El hecho es que la muerte del líder Oseguera y la elevada capacidad operativa de las células que constituyen el CJNG abren escenarios inciertos con respecto a las posibles luchas internas por la sucesión. El Mencho no parece haber dejado una línea sucesoria establecida. Esto implica una reconfiguración territorial de la organización y una posible y previsible escalada de violencia en regiones donde el cártel mantiene presencia activa.

Dos precedentes: El Mayo y El Chapo

En términos de historia del crimen organizado, la muerte de Nemesio Oseguera Cervantes puede interpretarse como un acontecimiento central comparable a la caída del elusivo Ismael El Mayo Zambada (nacido en 1948), actualmente encerrado en el Centro Metropolitano de Detención de Brooklyn a la espera de una sentencia firme de la justicia estadounidense, o de Joaquín El Chapo Guzmán (nacido en 1957), en la actualidad cumpliendo una cadena perpetua también en Estados Unidos.

Históricamente, ha venido ocurriendo que la caída de los grandes capos no ha significado el desmantelamiento de sus organizaciones, sino, a menudo, incluso su dispersión y complicación. La estructura celular del CJNG, alejada del modelo piramidal clásico, parece apuntar en esta dirección. Por su alto grado de penetración social y diversificación económica, el CJNG ha llegado a convertirse en una organización cuya presencia permea aspectos cotidianos, económicos y sociales de amplias regiones.

Tras el operativo que ha dado muerte a El Mencho, el cártel no solo ha reaccionado con rapidez, sino que lo ha hecho con una violencia coordinada y de alcance multimodal en varios estados del país. Una respuesta que revela la presencia de estructuras regionales autónomas capaces de operar sin instrucciones centrales, con protocolos de reacción preestablecidos que explican la simultaneidad de las acciones y, claro está, con cadenas de comunicación funcionales y eficaces incluso tras la muerte del líder.

Sin embargo, también parece cierto que las caídas sucesivas de El Chapo, El Mayo y ahora El Mencho podrían sugerir un avance coyuntural –posiblemente no decisivo– del Estado frente a las viejas estructuras del narcotráfico, quizá demasiado acomodadas a un estado de la cuestión que parece haber venido transformándose a lo largo de los últimos diez años.

Narcopoder de base con una raíz social

En efecto, la existencia de un nuevo modelo de cooperación en materia militar y de inteligencia entre México y Estados Unidos, centrado en golpes quirúrgicos más que en una guerra abierta y la implementación de una vigilancia reforzada, contrasta con épocas anteriores y da pie a una reevaluación de la situación por parte de los carteles. Con todo, y en tanto que estructuras psicosociales y culturales fuertemente ancladas entre las clases más desfavorecidas y marginales de la población mexicana, esta reconfiguración de las políticas criminales no eliminará el poder de base de las organizaciones criminales, sino que provocará, a buen seguro, su reconfiguración estructural.

Parece claro, de hecho, que la nueva cooperación abierta entre México y Estados Unidos ha motivado que los grandes capos ya no puedan refugiarse en las mismas formas de protección política o territorial de antaño. Pero, al mismo tiempo, el Estado captura o elimina a los líderes sin lograr desmontar las redes económicas, armadas y territoriales del crimen organizado, con lo cual se llega a una curiosa situación de empate estratégico.

Este hecho parece indicar que la violencia no tenderá a disminuir, sino que se transformará, se fragmentará y se redistribuirá. El caso del CJNG ilustra esto con claridad: la persistencia del cartel, incluso tras la desaparición de su líder histórico, pone en evidencia que la impunidad no ha desaparecido, sino que tiende a adoptar nuevas formas.

Muere el símbolo, vive el sistema

La historia de la criminalidad organizada y su implantación sociocultural muestran que la muerte de las figuras criminales descollantes, como El Mencho en este caso, no implica necesariamente el fin del poder y la capacidad de las organizaciones que estas dirigían.

Y ello porque dicho poder no depende exclusivamente de un individuo, sino que se cimenta en estructuras económicas sólidas –muchas de ellas insertas en mercados legales e ilegales globales–, se sostiene por la capacidad paramilitar y de control territorial de células o nodos regionales, y se legitima (o normaliza) socialmente en regiones donde el Estado, por los motivos que fuere, es débil, corrupto, inoperante o simplemente ausente. Así pues, lo que muere es la figura simbólica, el póster que idolatra el imaginario popular, pero no el sistema que la sostiene.

Cabe deducir de todo ello que más que hacia un final del narco mexicano tal y como lo conocemos, los indicios parecen apuntar hacia una atomización y diversificación del modelo.

La lucha por el liderazgo traerá más violencia

La lucha por el liderazgo traerá más violencia. Primeramente, porque las luchas internas que se avecinan provocarán fracturas en el CJNG y disputas por el control de territorios estratégicos. En segundo lugar, porque es muy probable una escalada de violencia territorial mediante la cual las células autónomas podrían volverse más competitivas entre sí y más agresivas frente a rivales externos. En tercer lugar, porque el debilitamiento de la organización dominante puede observarse como una oportunidad para otros carteles, de suerte que la fragmentación del CJNG podría abrir espacios a grupos como el cartel de Sinaloa u otras organizaciones locales más pequeñas. Y en cuarto lugar, porque se producirá un reacomodo político y regional motivado por el hecho de que el CJNG mantiene relaciones y redes profundas en estados como Jalisco, Michoacán o Nayarit. Esto significa que su reconfiguración afectará también y de manera muy previsible a las dinámicas políticas y económicas locales.

La muerte de El Mencho, por lo tanto, no marca el fin de una forma de poder, sino que implica el cierre de un capítulo dentro de un fenómeno más amplio: la persistencia del crimen organizado como estructura social, cultural, económica y territorial en México. En todo caso, si algo revela la caída del líder es el agotamiento del viejo modelo del “gran capo”, pero no tanto de la estructura criminal-institucional en sí misma.

Lo que emerge, pues, es un escenario más fragmentado, impredecible y potencialmente más violento por disputado. No estamos ante un final, sino en un entreacto cuyo desenlace tendrá mucho que ver con la potencial capacidad adaptativa de los cárteles.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. La muerte de ‘El Mencho’ desata una ola violenta que revela el poder del narco y su capacidad para reconfigurarse – https://theconversation.com/la-muerte-de-el-mencho-desata-una-ola-violenta-que-revela-el-poder-del-narco-y-su-capacidad-para-reconfigurarse-276724

La Junta de Paz de Trump: legalidad dudosa, delirios empresariales y prepotencia masculina

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Rafael Bustos García de Castro, Profesor e investigador, Universidad Complutense de Madrid

Donald Trump da un discurso durante la primera cumbre de la Junta de Paz, celebrada el 19 de febrero en Washington. Casa Blanca

Rodeada por cierta expectativa y confusión se produjo el pasado 19 de febrero de en Washington la inauguración de la Junta de Paz. El motivo de esta confusión: las dudas sobre su encaje legal con Naciones Unidas y los límites de sus competencias.

La Junta de Paz actúa a toda rapidez aprovechando la incertidumbre jurídica que rodea su creación y objetivos. Se trata de un órgano administrativo de carácter transitorio amparado por la Resolución 2803 del CS de Naciones Unidas aprobada el pasado 17 de noviembre de 2025. De hecho, tiene como fecha de caducidad el 31 de diciembre de 2027.

En enero de 2026, el texto de la Carta de la Junta de Paz fue enviada a 60 Estados, algunos de los cuales manifestaron en la última Cumbre de Davos (celebrada entre el 19 y 23 de enero) su intención de unirse a la nueva organización internacional.

Precisamente el motivo alegado por la mayoría de los países para no hacerlo es que la Carta entra en conflicto con las obligaciones asumidas por los Estados al crear las Naciones Unidas y con los poderes y competencias atribuidos a esta organización. Es más, si bien la autorización para crear la Junta de Paz estaba confinada estrictamente a la cuestión de Gaza, el nuevo organismo internacional asume competencias universales de consolidación de paz sin límite geográfico alguno.

Además, mientras que el Consejo de Seguridad fecha su terminación al acabar 2027, el estatuto de la Carta afirma que la Junta se disolverá cuando quiera su presidente.

Pago en metálico por membresía permanente

Una lectura atenta al tratado que crea la Carta deja entrever una extraña combinación de aspectos jurídicos vinculados a las organizaciones internacionales junto con otros que son típicos de la gobernanza de las empresas privadas.

Si por un lado se afirma que la Junta de Paz es una organización internacional con personalidad jurídica regida por el derecho internacional, por otro se otorgan poderes vitalicios a individuos, no a Estados miembros, que son exorbitantes –presidencia vitalicia, designación a dedo del sucesor, pago en metálico por la condición de miembro permanente, poder personal de arbitraje, veto y poder de disolución…– que solo pueden concebirse en el mundo mercantil privado.

Por si hubiera pocas dudas e incluso sospechas sobre la finalidad última de la Junta, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, afirmó durante el evento que aunque la ONU tiene un gran potencial, “la Junta de Paz supervisará seguramente a Naciones Unidas y se asegurará de que haga su trabajo correctamente”.

Obviamente, esto sería completamente ilegal, ya que la Carta de San Francisco (1945) es un tratado internacional especial que tiene preeminencia sobre cualquier otro y crea una organización única de tipo universal y fines generales que no admite subordinación.

Escenificación y mensaje performativo

Aprovechando esta confusión entre el mandato dado por Naciones Unidas y los fines declarados de la Junta de Paz, se reunieron en Washington 26 Estados miembros y dos decenas de países y la UE en calidad de observadores. Es evidente que muchos Estados no querían faltar porque se iba a tratar del futuro de Gaza y Palestina.

Además, asistieron el presidente del Banco Mundial, Ajay Banga; el de la FIFA, Gianni Infantino; el general estadounidense Jasper Jeffers, a quien la Junta ha encargado dirigir la Fuerza Internacional de Estabilización (ISF); y el embajador de Estados Unidos ante Naciones Unidas, Michael Waltz.

A título individual se dieron cita Tony Blair, como exrepresentante político, y Ali Saath, un exministro palestino elegido para liderar el órgano tecnocrático en Gaza bajo las órdenes de la Junta.

Completaban los empresarios y multimillonarios Marc Rowan y Yarik Gabay y Liran Tancman, así como los asesores presidenciales, también empresarios del sector inmobiliario, Steve Witkoff y Jared Kushner.

Ausentes estaban los Estados que han declinado participar en la Junta –como Francia o España– y otros que no han contestado y presumiblemente no participarán –Rusia y China–. No fueron invitados los representantes palestinos y, por supuesto, no había autoridades de Naciones Unidas.

Como habrá adivinado el lector o la lectora, este auditorio era abrumadoramente masculino, no habiendo ni una sola mujer en la zona de presidencia y muy pocas en el conjunto de la sala. La voz de una mujer, eso sí, se escuchaba para presentar a los invitados y cederles el turno de palabra.

La imagen de empresarios y representantes políticos actuando como en un consejo de administración, con intervenciones ordenadas y sin debate, con palabras caballerosas y apretones de manos, destilaba un olor rancio a masculinidad y una monotonía del lenguaje de los negocios que todos parecían compartir –prosperidad, oportunidades, inversiones, rentabilidad–.

De forma triunfalista se celebró el fin del conflicto en Gaza, como si ya estuviera resuelto, afirmando que es un éxito indiscutible de Trump, y dándose el dato de que el número de muertos se ha reducido al 1 % desde el alto el fuego de octubre. Se ocultaba así que Israel ha matado al menos unas 600 personas en Gaza desde entonces sin contar las víctimas cotidianas que dejan los ataques de colonos y militares en Cisjordania.

Un resort turístico difuso

El capital público (unos 10 000 millones de dólares anunciados por EE. UU y otros 7 000 millones por otros países de la Junta) más el capital privado movilizado a través del Banco Mundial convertirán a Gaza en un resort turístico, rentabilizando su “valiosísima costa de playa”. Ni una sola palabra sobre cómo se hará esto, cómo antes se tendrán que retirar las toneladas de escombros –lo que llevará años–, cómo se descontaminará el suelo agrícola o el agua subterránea, quiénes construirán esas viviendas y torres de apartamentos o cómo se conectará con el mundo exterior para la llegada de visitantes. De la soberanía de Gaza ninguna mención.

El discurso performativo logró en parte alejar de la mente del espectador la responsabilidad de Israel (cuestiones como quién debería pagar la reconstrucción de Gaza, qué ocurre con las ordenes de detención por crímenes de guerra y con la causa que tiene abierta por genocidio…) o la complicidad de EE. UU. en la destrucción de Gaza –primer suministrador de bombas y armamento–. Por un momento ofuscó, pero no derribó la idea más poderosa de que Gaza es parte irrenunciable de Palestina y que ningún resort conseguirá eliminar su identidad, ni sus derechos inalienables.

The Conversation

Rafael Bustos García de Castro no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. La Junta de Paz de Trump: legalidad dudosa, delirios empresariales y prepotencia masculina – https://theconversation.com/la-junta-de-paz-de-trump-legalidad-dudosa-delirios-empresariales-y-prepotencia-masculina-276560

Madrugar no le hará más rico y puede perjudicar su salud

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Alfredo Rodríguez Muñoz, Catedrático de Psicología Social y de las Organizaciones, Universidad Complutense de Madrid

En redes sociales y libros de autoayuda se repite una idea seductora. Pertenecer al llamado “club de las 5 de la mañana”, levantándose a esa hora, es el primer paso hacia el éxito. Con este hábito se promete más productividad, más autocontrol y, casi por extensión, una vida mejor. Tim Cook, CEO de Apple, es conocido por empezar su jornada de madrugada, y el actor Mark Wahlberg llegó a popularizar rutinas extremas en las que afirmaba levantarse a las 2:30 para entrenar. La conclusión implícita parece clara: si quiere triunfar, tiene que ganarle horas al sol.

Sin embargo, cuando miramos qué dice la investigación sobre sueño y rendimiento, el mensaje es mucho menos épico. Para muchas personas forzar el madrugón no es una receta para el éxito, sino para rendir peor, tomar decisiones más impulsivas y acumular una deuda de salud que tarde o temprano se paga.

No todos tenemos el mismo reloj interno

Existen diferencias individuales estables en los llamados cronotipos. Algunas personas son más “alondras” y se activan temprano, mientras que otras son más “búhos” y rinden mejor por la tarde o la noche. Estas diferencias no son un capricho ni una cuestión de disciplina, sino en parte biológicas y genéticas.

Además, el cronotipo no es completamente fijo: a lo largo de la vida tendemos, de forma gradual, a volvernos algo más matutinos. La adolescencia suele ser la etapa más vespertina, mientras que en la edad adulta el reloj interno se desplaza lentamente hacia horarios más tempranos. Pero ese cambio es progresivo, no voluntario, y no se puede acelerar simplemente con fuerza de voluntad.

Sin embargo, intentar convertir a un búho en una alondra de un día para otro es, en el mejor de los casos, ineficiente, y en el peor, un choque frontal con nuestra fisiología: el cuerpo puede estar fuera de la cama, pero el cerebro sigue funcionando en “modo noche”.

Cuando forzamos nuestra agenda para que colisione con nuestro reloj interno, entramos en un estado de jet lag social. Este fenómeno no es simplemente estar cansado: es vivir en un desfase crónico donde la biología interna y las exigencias externas operan en zonas horarias distintas. Este desajuste estresa nuestra fisiología de forma constante. Como resultado, altera la regulación metabólica, dispara la resistencia a la insulina y eleva el riesgo cardiovascular.

La trampa real: recortar sueño

El segundo gran riesgo del club de las 5 no es madrugar en sí, sino lo que suele implicar: recortar horas de sueño. La mayoría de adultos necesita entre siete y nueve horas de descanso para un funcionamiento óptimo. Sin embargo, muchas personas adoptan rutinas extremas sin acostarse antes; simplemente duermen menos. En el ecosistema de gurús de la productividad incluso se han popularizado frases tan reveladoras como que “dormir es de pobres”, como si el descanso fuera un defecto moral y no una necesidad biológica.

El sueño, en realidad, no es un tiempo improductivo, sino un proceso activo de recuperación. Durante la noche el cerebro consolida la memoria, regula las emociones, restaura el sistema inmunitario y mantiene el equilibrio metabólico. Cuando el descanso se recorta de forma crónica aumentan la fatiga, la irritabilidad y el riesgo de problemas de salud mental. También se deterioran la atención y el rendimiento cognitivo.

Además, dormir menos no significa solo dormir un poco peor. La arquitectura del sueño funciona en ciclos, y las fases finales cumplen una función crítica: integrar experiencias, procesar la carga emocional y afinar el juicio. Cuando adelantamos sistemáticamente el despertador no solo reducimos el descanso total: sacrificamos el tramo que más contribuye a la lucidez.

Aquí aparece uno de los mitos más persistentes: confundir más horas despierto con más productividad. Un cerebro privado de sueño puede responder correos a primera hora, sí, pero funciona con menos control ejecutivo, más impulsividad y peor capacidad para planificar, evaluar riesgos y liderar con empatía.

Dormir menos para trabajar más es como conducir un coche cada vez más rápido después de haberle quitado los frenos. Quizá se avance, pero el coste llega en la siguiente curva.

La cultura del cansancio no es una medalla

El fenómeno del madrugón extremo encaja en algo más amplio: la glorificación del agotamiento como símbolo de compromiso. Durante años en muchas organizaciones se ha premiado implícitamente a quien presume de dormir poco o de estar siempre disponible.

La evidencia es clara: los líderes fatigados no son héroes estoicos. Suelen ser percibidos como más irritables, menos carismáticos y menos capaces de conectar emocionalmente con sus equipos.

Además, el discurso de las mañanas milagrosas suele ignorar las condiciones reales de vida. No todo el mundo puede permitirse levantarse temprano para meditar, leer o entrenar en silencio. Para muchas personas madrugar significa simplemente añadir una hora más de cansancio a jornadas ya largas, con trabajos exigentes y responsabilidades de cuidado.

Nada de esto significa que madrugar sea negativo para todo el mundo. Hay personas que se sienten bien levantándose temprano y duermen lo suficiente haciéndolo. El problema aparece cuando se vende como receta universal y se ignora la diversidad biológica.

La ciencia del sueño es menos épica que los gurús de la productividad, pero mucho más útil. Lo que importa no es levantarse antes que los demás, sino dormir lo necesario y de forma regular.

Quizá la verdadera ventaja competitiva no sea ganarle horas al sol, sino inaugurar el día con un cerebro realmente descansado. Porque el éxito no empieza a las cinco de la mañana. Empieza cuando dejamos de vivir permanentemente cansados.

The Conversation

Alfredo Rodríguez Muñoz no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Madrugar no le hará más rico y puede perjudicar su salud – https://theconversation.com/madrugar-no-le-hara-mas-rico-y-puede-perjudicar-su-salud-275181

Contaminación, ruido, estrés climático… Debemos actuar contra los factores ambientales que ponen en riesgo la salud cardiovascular

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Arce Domingo Relloso, Profesora en Ciencia de Datos en Biotecnología, IE University

Rasel 1174/Shutterstock

En una colaboración sin precedentes, la Sociedad Europea de Cardiología (ESC), el Colegio Americano de Cardiología (ACC), la Asociación Americana del Corazón (AHA) y la Federación Mundial del Corazón (WHF) han emitido una declaración conjunta exigiendo medidas inmediatas contra los estresores ambientales –contaminación, ruido, estrés climático…– para reducir la mortalidad cardiovascular.

El artículo, publicado simultáneamente en el European Heart Journal y otras revistas líderes en el área, advierte que es necesario abordar el cambio climático y la contaminación para luchar contra la que continúa siendo la primera causa de mortalidad a nivel mundial. El texto propone actuar localmente para lograr impacto global y llama a integrar contaminación, ruido, compuestos químicos y estrés climático en la prevención cardiovascular, del mismo modo que hoy integramos colesterol, hipertensión o tabaco.

Más de 13 millones de muertes al año

Durante décadas, la cardiología ha desarrollado tratamientos y medidas de prevención primaria y secundaria centradas únicamente en la persona: controlar la presión arterial, reducir el colesterol o dejar de fumar. Pero existe un punto ciego persistente: la exposición al entorno es un determinante clave del riesgo cardiovascular. Se estima que los factores de riesgo ambientales contribuyen a más de 13 millones de muertes anuales, superando la carga de muchos desencadenantes tradicionales.

Como apuntábamos más arriba, no se trata solo de contaminación del aire: el ruido crónico, la luz nocturna, los contaminantes químicos, la calidad del agua y del suelo y los impactos del cambio climático cada vez más frecuentes, como olas de calor o incendios, también juegan un papel fundamental.

Según la Organización Mundial de la Salud, casi toda la población mundial (el 99 %) respira aire que supera los límites recomendados por sus guías de calidad. La combinación de diferentes factores ambientales se acumula con los años y va afectando a nuestra salud cardiovascular. El artículo conjunto de las sociedades de cardiología recalca que estos condicionantes no actúan aislados, sino que interactúan a través de vías biológicas compartidas como la inflamación y el estrés oxidativo.

Los datos de carga global de enfermedades nos muestran que no se trata de un impacto marginal. Ya en 2019, el análisis del estudio Global Burden of Disease situó la hipertensión como el principal factor de riesgo de mortalidad, seguida del tabaco, y ubicó a la contaminación del aire como uno de los principales factores de riesgo de mortalidad (en el 4.º puesto). La temperatura no óptima es otro de los más relevantes (11.º).

Por eso, reducir la contaminación, el ruido o el calor urbano no es solo ecología: es prevención cardiovascular. Y también es prevención más justa, ya que estas exposiciones tienden a afectar de forma desproporcionada a poblaciones vulnerables, concentrándose en barrios con más tráfico, peor infraestructura de vivienda y menor capacidad de protección.

Plan de acción

Ante la previsión de que el 70 % de la población mundial vivirá en ciudades en 2050, el documento propone diseñar urbes cardiosaludables con transporte activo y espacios verdes. Las cuatro organizaciones presentan un plan de acción basado en:

  • 1. Abogacía política: alinear las políticas climáticas con la salud cardiovascular y buscar financiación para los países más afectados. Implementar normas urbanas más ambiciosas, ciudades con menos combustión y más transporte activo, así como zonas verdes.

  • 2. Educación: integrar la salud ambiental en los planes de estudio de medicina al mismo nivel que factores de riesgo tradicionales como el colesterol o el tabaquismo. Registrar esta información en consulta mediante herramientas simples, como preguntar por exposiciones (tráfico, calor, humo, ruido), enseñar medidas de protección realistas y usar alertas ambientales en la toma de decisiones en pacientes vulnerables.

  • 3. Investigación: crear observatorios globales para monitorizar la relación entre contaminación y enfermedades en tiempo real (calidad del aire, temperaturas, incendios, ruido…), permitiendo así cuantificar el impacto, identificar desigualdades y evaluar qué políticas funcionan.

  • 4. Nuevas guías: desarrollar recomendaciones armonizadas y aplicables para partículas en suspensión, calor extremo, ruido, ozono y exposiciones químicas. Además, convertirlas en indicadores operativos que permitan una actuación temprana, tanto en salud pública como en clínica.

Retroceso legislativo

El artículo pone de manifiesto la brecha existente entre el conocimiento científico sobre los riesgos ambientales y su traducción en herramientas comprensibles, personalizadas y operativas para la población y los profesionales sanitarios. A estas alturas, el principal freno no es la incertidumbre científica: es el choque entre proteger la salud y sostener determinados modelos de movilidad, producción y consumo. En ocasiones, no solo se trata de inacción, sino de retroceso.

Hace tan solo unos días, la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (EPA) revocó el endangerment finding de 2009, la determinación que consideraba a los gases de efecto invernadero una amenaza para la salud pública, y que sustentaba la regulación de emisiones bajo la ley Clean Air Act. La consecuencia es clara: se debilita el soporte legal para normas sobre emisiones, empezando por las de vehículos, y se abre la puerta a un desmantelamiento regulatorio más amplio.

El hecho de que estas normas se reviertan y las emisiones aumenten en las próximas décadas tendrá impactos sobre el clima, la calidad del aire y la salud cardiovascular.

El papel de organizaciones científicas como la Sociedad Española de Epidemiología, a la que pertenecemos los autores de este artículo, no puede limitarse a generar consensos técnicos. La prevención cardiovascular del siglo XXI exige ampliar el foco desde el individuo al sistema, desde el paciente al entorno en el que vive. Reducir la contaminación no es solo una medida ambiental, es una intervención preventiva de primer orden, con beneficios rápidos, medibles y equitativos.

La epidemiología cardiovascular ha demostrado sobradamente su capacidad para cuantificar riesgos, muertes atribuibles y años de vida perdidos. El reto que tenemos por delante es convertir ese conocimiento en un relato comprensible, movilizador y políticamente relevante.

La pregunta ya no es si la contaminación causa enfermedades cardiovasculares, sino cuánto daño adicional estamos dispuestos a aceptar sabiendo que es, en gran medida, evitable.


Artículo escrito con el asesoramiento de la Sociedad Española de Epidemiología.


The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. Contaminación, ruido, estrés climático… Debemos actuar contra los factores ambientales que ponen en riesgo la salud cardiovascular – https://theconversation.com/contaminacion-ruido-estres-climatico-debemos-actuar-contra-los-factores-ambientales-que-ponen-en-riesgo-la-salud-cardiovascular-275596

¿Juega Dios a los dados? La respuesta cuántica a la frase más famosa de Einstein

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Juan Antonio Aguilar Saavedra, Investigador científico del CSIC en física teórica de partículas elementales, Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC)

Dados típicos en los juegos de rol. Wikimedia Commons., CC BY

“Dios no juega a los dados”, escribió Albert Einstein en 1926, en una carta a Max Born, para expresar su rechazo a la idea de que el azar fuera un rasgo fundamental de la naturaleza.

El matemático y físico Max Born (1882-1970).
Wikimedia Commons.

En este sentido, en el siglo XIX la visión científica del universo era completamente determinista. Pierre-Simon Laplace lo expresó de forma célebre en 1814: una inteligencia que conociera en cada instante la posición y la velocidad de todas las partículas podría ver el pasado y el futuro con total claridad. Desde el choque de bolas de billar hasta la trayectoria de un proyectil, todo estaría fijado por las condiciones iniciales.

Pierre Simon Marqués de Laplace (1745-1827), matemático y astrónomo francés.
CC BY

La revolución cuántica

La mecánica cuántica rompió con ese esquema. Max Born defendía que el azar es inherente a la mecánica cuántica.
Al observar un sistema, el resultado no está fijado: la teoría solo nos dice qué puede ocurrir y con qué probabilidad. Pero, para Einstein, limitarse a probabilidades indicaba que el formalismo cuántico estaba incompleto.

Einstein imaginaba que debían existir ciertas “variables ocultas” que, aunque inaccesibles, determinan el resultado de las mediciones. Y que, detrás de esa aparente aleatoriedad, debería existir una teoría más profunda (aún desconocida) completamente determinista.

Esta distinción permaneció en el plano filosófico hasta 1964, en que John S. Bell abordó el problema.

Lanzando monedas

Para ilustrar cómo se ponen a prueba estas ideas, imaginemos un experimento sencillo. Dos científicos, Cristina y Juan, han resuelto determinar si el azar existe en la naturaleza. Cada uno de ellos tiene una moneda cuántica que puede lanzar para obtener cara o cruz.

A diferencia de las monedas comunes, las monedas cuánticas tienen una característica muy peculiar: la probabilidad de obtener cara o cruz puede depender de la orientación del lanzador. Es decir, el resultado cambia si se lanza mirando al norte, al sur, al este o al oeste.

Ni Cristina ni Juan son capaces, por separado, de averiguar si el azar es real (es decir, si Born tiene razón) o aparente (si Einstein tiene razón). Lanzando una sola moneda en diferentes direcciones, es imposible saber si los resultados –aparentemente aleatorios– están determinados por alguna misteriosa variable oculta. Sin embargo, el panorama mejora cuando se juntan los dos.

Dos mejor que una

Cristina y Juan efectúan el siguiente experimento: lanzan repetidas veces sus monedas en diferentes direcciones, anotando el resultado. Ambos pueden elegir libremente si lanzan su moneda mirando al norte, suroeste, etc. Esto último se conoce como libre albedrío.

Y, dado que lanzan las monedas al unísono, la probabilidad de que Cristina obtenga cara o cruz no depende de la orientación que Juan elija a la hora de tirar su moneda, y viceversa. Esto se conoce como localidad, y está relacionado con que la información no puede viajar más rápido que la velocidad de la luz.

Bajo estas condiciones, si el mundo es determinista como Einstein defendía, deben cumplirse ciertas desigualdades que involucran la correlación entre los resultados obtenidos por Cristina y Juan.

Desigualdades de Bell

Cuando Cristina y Juan lanzan sus monedas, puede ocurrir que ambos obtengan el mismo resultado (ambos cara o ambos cruz), en cuyo caso diremos que hay una coincidencia. También puede ocurrir que obtengan resultados diferentes, en cuyo caso diremos que hay una no coincidencia. Con lanzamientos sucesivos podrán calcular una cifra a la que llamamos correlación P.

P = ( n.º coincidencias – n.º no coincidencias ) / n.º total

Si los resultados obtenidos por Cristina y Juan son independientes entre sí, después de muchos lanzamientos, obtendrán P = 0 aproximadamente. A la inversa, un valor no nulo para P indica correlación entre resultados.

Naturalmente, esta correlación P podrá depender de las orientaciones con las que Cristina y Juan eligen lanzar sus monedas: tendremos correlaciones P(a,b), donde “a” indica la orientación de Cristina y “b” la de Juan.

Por ejemplo, podemos imaginar que, si Cristina mira al norte y Juan al sur, obtengan P(norte,sur) = 1, lo cual indicaría que siempre coinciden. O que si Cristina mira al norte y Juan al este, tengan P(norte,este) = 0, es decir, que en ese caso obtienen coincidencia y no coincidencia en igual proporción.

Según Bell demostró, si los resultados del lanzamiento de las monedas cuánticas están determinados por algún tipo de variables ocultas, se tiene que cumplir

|P(a,b) – P(a,c)| <= 1 + P(b,c)

donde a, b y c son tres orientaciones fijas cualesquiera.

La naturaleza decide

Hemos descrito el experimento de Cristina y Juan en términos de “monedas cuánticas”, sistemas cuánticos con dos estados posibles. Estos sistemas existen: por ejemplo, los espines de muchas partículas elementales, como el fotón.

En sistemas de dos partículas con espines entrelazados, es posible observar que no se cumplen las desigualdades de Bell, así como tampoco se cumplen las desigualdades formuladas por John Clauser, Michael Horne, Abner Shimony y Richard Holt.

En particular, no se cumple la desigualdad de Bell para fotones, tal y como comprobaron Clauser, Alain Aspect y Anton Zeilinger –lo que les valió el premio Nobel de Física 2022–. Por tanto, un determinismo bajo las teorías enunciadas por Bell –libre albedrío y localidad– queda experimentalmente excluido. Dios sí juega a los dados.

¿El futuro está escrito?

Curiosamente, la evolución temporal en mecánica cuántica es determinista. La aleatoriedad se introduce con la observación de un sistema. Y observar no significa necesariamente que haya una persona mirando: en esta categoría también entran procesos naturales como la desintegración de una partícula.

Más aún: sabemos que el comportamiento de sistemas complejos es caótico (el conocido como efecto mariposa). Por tanto, podemos imaginar que el resultado un proceso cuántico aleatorio puede llevar, millones de años después, a la formación de una estrella… o no. El futuro no está escrito.

Quedan, sin embargo, dos escapatorias posibles que restauran el determinismo. Una es abandonar la idea de localidad. Por ejemplo, la mecánica bohmiana es una alternativa a la mecánica cuántica, determinista y no local. No obstante, el desarrollo de esta idea es muy limitado y no está claro que pueda acomodar el increíble espectro de experimentos que la mecánica cuántica explica a la perfección. En este caso, podría decirse que Dios no juega a los dados, pero tampoco respeta las fronteras del espacio.

La otra escapatoria entra ya dentro de la filosofía: el superdeterminismo. Según este pensamiento, toda la evolución del universo, incluyendo las elecciones de Cristina y Juan en el lanzamiento de sus monedas, fueron determinadas al principio de los tiempos. En este caso, Dios no juega a los dados y tampoco permite que nadie lo haga.

The Conversation

Juan Antonio Aguilar Saavedra es IP1 del proyecto de investigación “Fenomenología de física de partículas en colisionadores y factorías de neutrinos, en el modelo estándar y sus extensiones” PID2022-142545NB-C21, del Plan Estatal de Investigación Científica, Técnica y de Innovación 2021-2023.

ref. ¿Juega Dios a los dados? La respuesta cuántica a la frase más famosa de Einstein – https://theconversation.com/juega-dios-a-los-dados-la-respuesta-cuantica-a-la-frase-mas-famosa-de-einstein-273260

La generación que tendrá que aprender a preguntar: ¿vamos hacia la generación ‘prompt’?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Ricardo Palomo-Zurdo, Catedrático de Economía Financiera y Decano, Universidad CEU San Pablo

IVAN SHERSTIUK / ISTOCK

Una de las curiosidades de nuestro tiempo es cómo se bautiza a generaciones enteras. Con variaciones en fechas exactas y centradas en el ámbito norteamericano y europeo, el pasado siglo XX comenzó con la llamada generación perdida (1900-1914), seguida por la generación grandiosa (1915-1925), la generación silenciosa (1926-1945), la enorme generación de los baby boomers(1946-1964), la generación X (1965-1980), los millennials o generación Y (1981-1996), la Z (1997-2012) y la generación alfa (desde 2013 hasta la actualidad), con especificidades concretas como los mileniales o los coroniales.

Esta secuencia, que tendrá que reiniciarse creativamente tras la generación Z, refleja, en el fondo, la necesidad humana de ordenar el tiempo y etiquetar identidades colectivas conforme a un amplio grupo de características o un fenómeno temporal muy destacado (el boom de nacimientos o la pandemia, el cambio de siglo o milenio o unas simples letras, cuando no parece haber consenso para un nombre adecuado).

Poner nombre a la generación criada en la era de la IA

Hoy podría abrirse paso un nuevo bautismo generacional para la generación criada en la nueva era de la inteligencia artificial. Y si hay que asignarle nombre no creo que “generación IA” suene bien, pues otorgaría el protagonismo a los algoritmos y no a las personas. Viendo que la IA generativa tiene especial valor como solucionadora de preguntas y tareas, quizá un nombre adecuado sea “generación prompt” pues esta generación va a fundamentar buena parte de su conocimiento en las respuestas a sus prompts.

Si en las décadas de uso de los buscadores de internet el mérito ha sido saber buscar y seleccionar y en la era de las redes sociales lo relevante es saber compartir información, en la era de la inteligencia artificial el verdadero valor va a radicar en saber preguntar a la máquina. Ahora, quien sabe diseñar prompts efectivos tiene poder en el ecosistema digital, pues el lenguaje actúa como interfaz con la inteligencia artificial.

El valor de la pregunta

Un prompt no es más que una instrucción, una pregunta o un contexto para situar una cuestión. Sin embargo, se ha convertido en el eje de una nueva relación entre humanos y máquinas. Quien domina el arte del prompting obtiene respuestas más útiles, creativas o ajustadas a su necesidad de información. Pero el prompting no es neutro: los resultados dependen de cómo se pregunta y de las bases de datos sobre las que se entrenan los modelos.

Quienes saben diseñar preguntas adecuadas para interactuar con la IA adquieren una ventaja en la vida

Podría hablarse de una auténtica “alfabetización en el prompt”, tan decisiva como la alfabetización lectoescritora en siglos pasados. Entonces, quienes sabían leer y escribir tenían ventaja en el acceso al conocimiento. Hoy, quienes saben diseñar las preguntas adecuadas para interactuar con la inteligencia artificial adquieren una ventaja en la vida académica, profesional y social. Siempre y cuando, por supuesto, sigan sabiendo leer, escribir, discernir y contrastar la información que reciben.

El ser humano comenzó transmitiendo saberes de manera oral. Más tarde aprendió a conservarlos por escrito en papiros, piedra, arcilla y otros soportes físicos. La invención de la imprenta por Johannes Gutenberg (Alemania, 1440) supuso la primera gran revolución en la difusión masiva del conocimiento, aunque la alfabetización tardó siglos en generalizarse.

Inventos como la máquina de escribir (Latham Sholes, Samuel Soule y Carlos Glidden, en torno a 1868) y las telecomunicaciones favorecieron la expansión del conocimiento y la transmisión de información de modo global, con las destacadas contribuciones del telégrafo (Samuel Morse, 1837), la radio (Marconi y Tesla, entre 1896 y 1901) o la propia televisión (Paul Nipkow, 1884).

La segunda gran revolución en la difusión del conocimiento a escala global llegó en los años noventa del siglo XX con internet, que multiplicó exponencialmente el acceso a la información. Sobre ella se han construido redes sociales, plataformas de búsqueda y, desde 2023, el propio acceso público a la inteligencia artificial generativa.

LA IA obliga a pensar bien lo que se quiere preguntar

El acceso generalizado a la inteligencia artificial generativa ha introducido una novedad radical: el conocimiento fluye desde las máquinas hacia las personas sin que éstas deban seleccionar entre opciones resultantes de búsquedas en internet (aunque la máquina haya sido “nutrida” con lo que han creado las personas). La IA generativa busca, procesa y selecciona el resultado que ofrece, pero obliga a pensar bien lo que se quiere preguntar si queremos asegurar respuestas de mejor calidad.

La sociedad del prompt rescata una condición humana esencial: preguntar. Durante décadas, los sistemas educativos han tendido a premiar la memorización de respuestas más que la formulación de interrogantes. Ahora, paradójicamente, una máquina nos obliga a reaprender la importancia de preguntar bien.

Para ello hacen falta dos ingredientes esenciales:

  1. Ideas previas y conocimiento general, que orientan hacia preguntas profundas y útiles.

  2. Curiosidad intelectual como motor de la innovación y del anhelo de conocimiento.

El estudiante que no se hace preguntas a sí mismo y que no tiene conocimientos previos y deseo de aprender sobre una materia, difícilmente desarrollará el pensamiento crítico. En este sentido, la IA puede actuar como estímulo para despertar la curiosidad, siempre que se gestione con cautela y con criterio. La curiosidad debería ser inherente a toda persona con inquietud por saber, más aún de un estudiante. La inquietud intelectual, el gusto por el conocimiento, el debate o la reflexión sobre múltiples materias podría verse favorecido con el apoyo de la IA generativa.

Esta tecnología, además de ofrecer respuestas –no siempre certeras o libres de sesgos o, a veces, simplemente alucinaciones computacionales– ayuda a descargar en la algoritmia tareas rutinarias y tediosas. Así, uno de los ámbitos donde la IA comienza a desplegar su enorme potencial es la burocracia. Desde cumplimentar formularios hasta verificar documentos o redactarlos, las máquinas prometen acelerar procesos que consumen una parte significativa del tiempo de ciudadanos y empresas que deberían liberar tiempo para un mayor conocimiento y reflexión.

Una promesa de aceleración burocrática

Esta promesa de aceleración burocrática lleva a una reflexión incómoda: ¿por qué los humanos hemos generado una burocracia tan densa que ahora necesitamos de las máquinas para sobrellevarla? Tal vez la verdadera oportunidad no sea digitalizar los trámites existentes, sino replantearlos. La inteligencia artificial puede contribuir a rediseñar los sistemas de verificación de identidad, control o suministro de información para, mediante el uso de nuevas tecnologías, como las basadas en la criptografía, hacerlos más ágiles, transparentes y seguros.

A medida que transferimos a la máquina el trabajo que no queremos hacer, vamos probando tareas más complejas. Simultáneamente, las máquinas también mejoran en su rendimiento y precisión.

Aprender sobre la marcha

Estos primeros años de uso de la IA hemos aprendido a refinar las preguntas que lanzamos. Es decir, a pedir, precisar y contextualizar los prompts. Sin embargo, el entusiasmo por la IA no debe ocultar sus riesgos:

  • Dependencia cognitiva: delegar demasiado en las máquinas puede atrofiar el esfuerzo intelectual de búsqueda y síntesis.

  • Pérdida de fuentes no digitalizadas: buena parte del conocimiento sigue en archivos, bibliotecas y manuscritos que no han sido procesados por sistemas digitales. Rebuscar entre libros “físicos” sigue siendo una experiencia personal insustituible.

  • Sesgos y opacidad: no debe olvidarse que lo que responden los modelos depende de cómo se pregunta y de los datos con los que se entrenan.

La sociedad del prompt puede caer en la comodidad de la respuesta inmediata y olvidar el placer de descubrir, de contrastar y de investigar por medios propios. Por ello, la generación prompt corre el riesgo de acomodarse y delegar el esfuerzo de búsqueda de información a la máquina. Hojear libros o bucear entre viejos archivadores con anotaciones manuales forma parte de la pasión y de la magia de la curiosidad y la investigación.

La generación prompt y el reto educativo

La generación prompt no es una cohorte de edad sino una condición cultural, social y de conocimiento. Formarán parte de ella quienes aprendan a convivir con sistemas inteligentes y formulen preguntas con criterio. Para que prospere, hace falta una educación que fomente la inquietud intelectual y el juicio crítico.

Las universidades y centros educativos no pueden limitarse a prohibir o denostar la IA. El reto será integrarla como herramienta pedagógica. Enseñar a los estudiantes a distinguir respuestas plausibles de respuestas válidas, a contrastar fuentes, a usar la máquina para profundizar y no para evadir el esfuerzo.

Puede parecer pretencioso, pero no es descabellado pensar que parte de la educación y del trabajo de la sociedad del futuro será, en buena medida, el correspondiente a la sociedad del prompt. No basta con tener acceso a la IA: lo decisivo es saber preguntar con creatividad, criterio y ética.

Como en toda alfabetización, el riesgo de exclusión existe: no todos tienen el mismo acceso, ni la misma formación, ni la misma curiosidad. Por ello, urge promover programas educativos que desarrollen competencias críticas y fomenten la inquietud intelectual desde edades tempranas.

La pregunta clave es si estamos preparados para educar a la generación prompt , o si dejamos que crezca sin guía en un mundo donde preguntar bien puede marcar la diferencia entre la emancipación y la dependencia.

Probablemente, la sociedad del futuro no será sólo la sociedad de la información, ni de la red, ni del conocimiento: también será la sociedad del prompt.


Una versión de este artículo se publicó en la revista Telos, de la Fundación Telefónica.

The Conversation

Ricardo Palomo-Zurdo no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. La generación que tendrá que aprender a preguntar: ¿vamos hacia la generación ‘prompt’? – https://theconversation.com/la-generacion-que-tendra-que-aprender-a-preguntar-vamos-hacia-la-generacion-prompt-276597

El carbono negro que respiramos: de la hoguera ancestral a la nueva ley europea

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Esther Coz, Científica Titular en la Unidad de Caracterización y Control de la Contaminación Atmosférica, Centro de Investigaciones Energéticas, Medioambientales y Tecnológicas (CIEMAT)

VVVproduct/Shutterstock

Por primera vez, se incorpora a la legislación europea el carbono negro como un contaminante de control obligatorio. Está en la atmósfera desde las primeras hogueras de la humanidad, es altamente lesivo para el organismo y un calefactor radical de la atmósfera. La buena noticia es que desaparecería rápido si dejásemos de emitirlo.

La fina piel de aire

Vivimos confinados en una burbuja de una delicadeza extrema. La vida en la Tierra depende de una capa de aire tan fina que, en proporción, se parece a la piel de una manzana. Esta envoltura invisible nos regala el oxígeno y nos separa del vacío. Hoy, sin embargo, este espacio vital está saturado de contaminantes que no vemos.

La fragilidad atmosférica es una emergencia sanitaria de primer orden. Según el informe State of Global Air 2024, la contaminación del aire es el segundo factor de riesgo de mortalidad global. Provoca 8,1 millones de muertes anuales, superando los estragos del tabaquismo.

Según la Organización Mundial de la Salud, casi toda la humanidad respira aire que supera los límites de seguridad. Aquí entra en juego un componente clave: el carbono negro.

Un enemigo con dos rostros

El carbono negro u hollín es un producto de la combustión incompleta de combustibles fósiles, biocombustibles y biomasa especialmente dañino. Actúa en dos frentes críticos de forma simultánea.

Desde el punto de vista de la salud, sus partículas son diminutas y penetran profundamente en el sistema respiratorio. Pero el daño va mucho más allá de los pulmones. Pueden entrar en la sangre, traspasando la barrera alveolar. Así, inflaman las arterias, dañan el corazón y aceleran los procesos de desarrollo y envejecimiento neuronales.

Desde la perspectiva climática, este contaminante es un calefactor atmosférico extraordinario. A diferencia del principal agente de calentamiento global, el dióxido de carbono (CO₂), que actúa de forma gradual, las partículas de carbono negro absorben la radiación solar con gran eficacia. Calientan el aire al instante y aceleran el deshielo cuando se depositan sobre los glaciares.

Sin embargo, este impacto inmediato ofrece una oportunidad única. A diferencia del CO₂, que permanece siglos en la atmósfera, el carbono negro desaparece en pocos días si dejamos de emitirlo. Esto se traduce en una mejora casi instantánea en la calidad del aire y el clima.

El fin de la invisibilidad legal

El ser humano convive con este hollín desde la aparición del fuego. Sin embargo, su impacto se volvió global y peligroso tras la Revolución Industrial. El uso masivo de combustibles fósiles y las quemas descontroladas de biomasa han saturado nuestra atmósfera. Paradójicamente, el carbono negro ha permanecido durante décadas en una sombra regulatoria.

Esta situación ha cambiado con una nueva Directiva de la Unión Europea aprobada a finales de 2024 —la Directiva (UE) 2024/2881—. Por primera vez, se incorpora el carbono negro como un contaminante de control obligatorio. La norma impulsa una infraestructura científica avanzada en casi todo el continente. Los países deben establecer los llamados “supersitios” de monitorización.

Estos centros irán más allá de medir el peso de las partículas en suspensión. Su tecnología permitirá identificar características específicas. Pasaremos de pesar la contaminación a entender qué estamos respirando realmente.

Tráfico e incendios: el color de la combustión

La peligrosidad del carbono atmosférico depende de cómo se queme la materia. En el tráfico rodado, los motores generan un carbono negro muy puro. Sus partículas forman racimos microscópicos que atrapan la luz solar con fuerza y entran con facilidad en nuestro organismo. Esto contribuye directamente a elevar la temperatura de la atmósfera urbana.

En los grandes incendios forestales, la dinámica es diferente. Cuando el fuego es intenso, el carbono emitido es similar al de los coches. Pero cuando el incendio pierde energía y solo quedan rescoldos, la forma de las partículas cambia. Aparece entonces el denominado “carbono marrón”.

Estas partículas marronáceas también calientan el planeta, pero absorben preferentemente la luz ultravioleta. Visualmente, este componente crea una huella óptica distinta al hollín de las ciudades. La tecnología de los supersitios permitirá vigilar ambas variantes para proteger mejor a la población.

Cuidar la vida

Esta nueva ley europea supone una victoria de la ciencia sobre la invisibilidad. Al vigilar este contaminante, Europa reconoce que el carbono negro es un enemigo de doble filo. Es un riesgo para nuestros pulmones y un acelerador del cambio climático.

Entender que el humo de un escape o de un incendio altera todo el ecosistema es vital. Ese conocimiento nos permite valorar la importancia de la atmósfera que nos rodea. Es el primer paso para sanar esa fina piel de aire que nos regala la vida.

Proteger este espacio es protegernos a nosotros mismos. Cada medida para limpiar el aire refuerza el escudo que nos separa del vacío. Es nuestra responsabilidad cuidar la burbuja que garantiza nuestra existencia.

The Conversation

Esther Coz no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. El carbono negro que respiramos: de la hoguera ancestral a la nueva ley europea – https://theconversation.com/el-carbono-negro-que-respiramos-de-la-hoguera-ancestral-a-la-nueva-ley-europea-275273