Source: The Conversation – (in Spanish) – By Gerardo Bolado Ochoa, Historiador de la Filosofía Española, Universidad de Cantabria

Poca fortuna tuvo Immanuel Kant en la España del siglo XIX. El rechazo acompañó con frecuencia a su filosofía crítica, porque negaba a la razón humana su pretendida capacidad de conocer el fondo metafísico de la realidad y de fundar sobre ese conocimiento una moral universal.
Una excepción señalada, en ese pobre panorama kantiano, la representó el hispanocubano, de ascendencia cántabra, José del Perojo Figueras (Santiago de Cuba, 1850 – Madrid, 1908).

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Perojo disponía de una excelente formación, conseguida de manera un tanto autodidacta y sin graduarse en ninguno de los centros en que estudió: ni en la Universidad de Madrid, donde conoció entre 1869 y 1872 el auge del krausismo, ni el curso 72-73 en el Colegio de Francia, ni el 73-74 en Heidelberg (Alemania), cuando se imbuyó de los planteamientos del primer movimiento neokantiano, en particular los de Kuno Fischer y Wilhelm Wundt.
Fischer sostenía que Kant había abierto una nueva época en la historia del pensamiento, al convertir el conocimiento humano, la voluntad moral y el juicio reflexivo en el objeto de la filosofía. Wundt, por su parte, concebía la filosofía del futuro como una ciencia primera, ocupada de los principios y métodos de las ciencias, y de su unificación.
En su estudio del hombre, estos neokantianos se basaban en los resultados de la antropología evolucionista y la psicología fisiológica.
Perojo hizo suyos esos planteamientos y defendió que la filosofía de la voluntad de Schopenhauer era de inspiración kantiana. Pero rechazó por metafísico y contrario al progreso el pesimismo schopenhaueriano, que condena a la infelicidad todos los esfuerzos de la voluntad humana, sometida supuestamente a los designios de una voluntad universal.
Introducir a Kant en la cultura española
De vuelta en España, en 1875, Perojo promovió un proyecto neokantiano de modernización filosófico-científica de la cultura española. Invirtió a tal fin su fortuna familiar en una empresa cultural, la Revista Contemporánea y su editorial, que orientó a la difusión de filosofía y ciencia occidental, y a la edición castellana de sus autores y textos clásicos. Desarrolló además una intensa actividad intelectual, de la que son exponente sus influyentes Ensayos sobre el movimiento intelectual en Alemania.
La suya era una personalidad práctica, emprendedora y partidaria del progreso, que su mentalidad positiva asociaba con el desarrollo científico. Impulsó su reforma frente al krausismo, porque representaba a su juicio un espiritualismo metafísico, sibilítico y masónico, incapaz de alentar el movimiento científico que necesitaba la nación española.
Los krausistas habían prestado escasa atención a la filosofía kantiana. Defendían que Kant había planteado, pero no resuelto, la problemática de la nueva filosofía. La solución buscada se encontraba según ellos en el sistema del alemán Karl Krause. Pero, debido a sus dificultades terminológicas, no habían conseguido adaptarlo al pensamiento y la lengua española.
Ese sistema idealista mantenía una concepción metafísica, en la que una entidad superior, pero inmanente al mundo, se combina e interacciona en él, convirtiéndolo en una vasta realidad espiritual. En ella la razón descubre un ideal de humanidad que nuestra especie debe realizar a través de la educación y la reforma democrática de las instituciones.

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En la Segunda Cuestión Universitaria de 1875, importantes miembros de la Escuela Krausista fueron separados de sus cátedras por defender la libertad de enseñanza. Esto comprometió hasta mediados los años 80 su predominio en la Universidad Central. La puesta en marcha de la Institución Libre de Enseñanza (1876-1939), les permitió sin embargo continuar su benemérita labor pedagógica e institucionista, ordenada al perfeccionamiento personal y social de la especie humana.
El proyecto de Perojo se interrumpió en 1879 debido a la quiebra de su empresa cultural y a su precaria posición académica. Pero no fue vano, pues aportó el punto de vista neokantiano a los debates filosófico-científicos de comienzos de la Restauración. También nos dejó traducciones, como su versión directa de la primera parte analítica de la Crítica de la razón pura. Además, su empresa cultural fue un precedente de La España Moderna, de Lázaro Galdiano, o de la Revista de Occidente, de Ortega y Gasset, a las que bien pudo inspirar.
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La política y la pedagogía
En los años 80, el neokantiano Perojo se reinventó como publicista y político en las filas del Partido Liberal-Fusionista de Sagasta. Su nueva posición le permitió convertir periódicos como la Gaceta Universal o La Opinión en espacios desde los que difundir sus puntos de vista intelectuales. Personalmente se inclinaba a un liberalismo socialdemócrata no exento de elitismo.
Precisamente, sus Ensayos sobre política colonial (1885) son una refundición de artículos y conferencias. En ellos analiza la idiosincrasia de la colonización española y propone convertir España en un Estado intercontinental y sus colonias en regiones autónomas de ultramar.
En 1908, el último Perojo difundió la exposición más completa de sus planteamientos neokantianos en la recopilación de conferencias y contribuciones periodísticas titulada Ensayos sobre la educación. Kant y sus seguidores, Johann F. Herbart y Johann G. Fichte, inspiraron en esos ensayos su programa regeneracionista de educación nacional. Frente a la mera instrucción, esta visión pedagógica insistía en la formación de la voluntad y el carácter como centro de la acción humana.
Perojo falleció ese mismo año. Era entonces una personalidad política independiente dentro de la compleja tendencia conservadora denominada maurismo, y una figura en el mundo de la comunicación, como propietario y director del semanario gráfico Nuevo Mundo y su editorial. Su deceso fue noticia en toda la prensa española.
El joven Ramiro de Maeztu dejó escrito sobre él en su necrológica:
La muerte de Perojo en estos momentos es una desgracia nacional. Lo digo pesando escrupulosamente las palabras y a la persona que las dice… ha muerto en el punto preciso en que sus grandes dotes intelectuales iban a ser fecundas para España, y cuando más podíamos esperar los españoles de sus actividades.
(Nuevo Mundo, 29-10-1908)
Pese a este temprano fallecimiento, el legado de Perojo no quedó sepultado por la pretendida ruptura con la restauración que protagonizó la generación del 14; en particular, un joven Ortega y Gasset familiarizado con las ideas éticas y pedagógicas de los neokantianos de Marburgo.
Estudios monográficos recientes evidencian la existencia de conexiones de Perojo y su obra con autores como el propio Ortega o la pedagoga María de Maeztu que explican mejor la historia cultural e intelectual de España en el siglo XX.
Este artículo surge de la colaboración con la Fundación Ignacio Larramendi, institución centrada en desarrollar proyectos relacionados con el pensamiento, la ciencia y la cultura en Iberoamérica con el objetivo de ponerlos a disposición de todo el público.
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Gerardo Bolado Ochoa no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.
– ref. Ecos neokantianos en la España de la Restauración – https://theconversation.com/ecos-neokantianos-en-la-espana-de-la-restauracion-257300





















