Sostenibilidad en las universidades: ¿cómo formar a los profesionales que el planeta necesita?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Alejandra del Carmen Meza Servín, Associate professor, Universidad de Guadalajara

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Sequías prolongadas, aumento global de las temperaturas, degradación de los suelos y eventos meteorológicos extremos son solo algunos de los escenarios a los que los futuros profesionales se enfrentarán, independientemente de su área de formación. Un ingeniero, un médico, un arquitecto o un economista ya no pueden ejercer su profesión sin considerar cómo sus decisiones impactan, o son impactadas, por la crisis ambiental. Ante esta urgencia, surge una pregunta crítica: ¿están las universidades preparando a los estudiantes para navegar y mitigar estos desafíos?

La educación superior tiene una responsabilidad ineludible en la transición hacia sociedades más sostenibles. La sostenibilidad no debe ser un añadido opcional en los planes de estudio, sino un principio rector que permee todas las disciplinas.

Sin embargo, integrar este enfoque no es tarea sencilla. Requiere una transformación curricular profunda, la capacitación docente y, sobre todo, un cambio de paradigma en cómo entendemos la formación profesional. Algunas instituciones ya han comenzado este camino.

Ejemplos actuales

La Universidad de Guadalajara, por ejemplo, incorporó desde 2019 materias transversales en todas sus carreras. Dos ejemplos son las materias “Cultura de la paz” y “Vida y Entorno Sustentable” que se imparten en todos los programas de pregrado del Centro Universitario de los Altos y que estan vinculadas a los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de la ONU. Estas asignaturas buscan que los estudiantes, ya sea de Derecho o Agroindustria, comprendan la interdependencia entre sus campos y problemáticas como la desigualdad social o el agotamiento de recursos naturales.




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Pero la transversalidad es solo el inicio. Otras universidades, como la Autónoma de Barcelona, han ido más allá, creando programas de posgrado especializados en Sostenibilidad
y promoviendo investigaciones aplicadas en colaboración con sectores públicos y privados.

En América Latina, la Red de Campus Sustentables, que agrupa a instituciones como la Universidad Nacional Autónoma de México y la Universidad de San Paulo, ha impulsado desde 2015 iniciativas para reducir huellas de carbono en campus y fomentar la participación estudiantil en proyectos ambientales. Estos esfuerzos reflejan un reconocimiento creciente: la sostenibilidad no puede limitarse a un curso aislado, sino que debe ser un eje estructural en la educación.

¿Es suficiente con materias transversales?

Sin embargo, cabe preguntarnos si estas acciones son suficientes. La velocidad del deterioro ambiental sugiere que las medidas incrementales podrían no ser adecuadas. Como advierte el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC), los próximos diez años son cruciales para evitar los peores escenarios del calentamiento global.

En este contexto, las materias transversales, aunque valiosas, podrían quedarse cortas si no van acompañadas de metodologías pedagógicas innovadoras. La enseñanza basada en proyectos, el aprendizaje al servicio, los proyectos de intervención en comunidades o la simulación de escenarios reales son herramientas que permiten a los estudiantes aplicar conocimientos teóricos a problemas concretos.

Por ejemplo, en la Universidad de Chile, alumnos de Ingeniería y Ciencias Sociales colaboran en el diseño de soluciones para comunidades afectadas por la escasez hídrica, integrando saberes técnicos y comunitarios.

¿Cómo evaluar?

Además, la formación en sostenibilidad exige repensar las competencias que se evalúan. No basta con que los estudiantes memoricen conceptos; deben desarrollar pensamiento crítico, resiliencia y capacidad de trabajo interdisciplinario. La educación para la sostenibilidad debe ser “transformadora”, es decir, desafiar las lógicas tradicionales y fomentar una visión sistémica.

Esto implica que los profesores también necesitan formación continua. Como ejemplo podemos mencionar el programa de la Universidad de Costa Rica que certifica a docentes en pedagogías ambientales.

Una práctica cotidiana en las aulas

El análisis no puede eludir una reflexión incómoda: aunque las universidades avanzan, el ritmo es desigual y, en muchos casos, insuficiente. Mientras algunas instituciones lideran cambios estructurales, otras aún consideran la sostenibilidad como un tema marginal. ¿Estamos a tiempo de rectificar el rumbo?




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La respuesta es sí, pero con una condición: la sostenibilidad debe dejar de ser un discurso bienintencionado para convertirse en una práctica cotidiana en las aulas. Esto demanda no solo más contenidos “verdes”, sino también pedagogías que inspiren acción y ética.

Las universidades tienen la oportunidad –y la obligación– de formar profesionales que no solo se adapten al mundo, sino que lo transformen. Este planeta no necesita más graduados que repitan modelos; necesita agentes de cambio capaces de imaginar y construir futuros viables.

Como escribió el filósofo Edgar Morin, la educación debe “enseñar la condición humana” en su relación indisoluble con la naturaleza. El tiempo de actuar es ahora: cada clase, cada syllabus revisado, cada proyecto interdisciplinario, es un paso para ese cambio.

The Conversation

Alejandra del Carmen Meza Servín no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Sostenibilidad en las universidades: ¿cómo formar a los profesionales que el planeta necesita? – https://theconversation.com/sostenibilidad-en-las-universidades-como-formar-a-los-profesionales-que-el-planeta-necesita-257665

¿Qué pasaría en España si mañana desapareciera la inmigración?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Paula Costa Correa, Investigadora del área de Filosofía del Derecho. Abogada especializada en Migraciones y Derecho Penal, Universidad de Navarra

Unai Huizi Photography/Shutterstock

Mientras algunos medios y discursos políticos describen la migración como una amenaza o una “avalancha”, los datos muestran lo contrario: España no vive una invasión, sino una relación de interdependencia funcional con los países del Sur Global. En otras palabras, lo que se presenta como un problema es, en realidad, una necesidad estructural. El país necesita población migrante para sostener su pirámide demográfica, su economía y su sistema de bienestar.

Esta simbiosis migratoria no es una metáfora. Es una realidad demográfica. Desde 1950, la población mundial se ha triplicado. En regiones como África Subsahariana o Asia Meridional, el crecimiento es constante y sostenido, ejerciendo presión sobre recursos, empleo y sistemas sociales. En cambio, Europa y América del Norte enfrentan el fenómeno contrario: envejecimiento poblacional, bajas tasas de fecundidad y reducción progresiva de la población activa.

En el caso español, el contraste es claro. La tasa de fecundidad se sitúa desde hace años por debajo de 1,3 hijos por mujer, muy lejos del umbral de reemplazo generacional (2,1). Sin flujos migratorios constantes, España perdería millones de habitantes en las próximas décadas, con efectos directos sobre el sistema fiscal, las pensiones y el empleo. Según proyecciones del INE y de Naciones Unidas, de mantenerse la fecundidad actual sin migración, la población podría descender hasta 30 millones en 2100, frente a los 47 millones actuales.

En todos estos escenarios debemos tener en cuenta que los bebés que nacen hoy no empezarían a cotizar hasta 2045. Es decir, apostar por una fecundidad de tres hijos por mujer supondría un esfuerzo económico adicional para el estado de bienestar durante al menos dos décadas, antes de que esas nuevas generaciones pudieran sostener el sistema.

Ni la natalidad basta, ni la migración sobra

Ante este panorama, ¿puede la natalidad compensar por sí sola el déficit demográfico? La respuesta es negativa. Hemos modelado tres escenarios de política natalista, y todos presentan limitaciones estructurales.

En el mejor de los casos –con políticas públicas sostenidas durante 20 años– no habría ningún impacto real antes de 2045. En escenarios más intensivos (como aumentar a tres o cuatro hijos por mujer en una legislatura), los resultados son ineficaces, fiscalmente insostenibles y socialmente inviables. No se puede compensar un problema estructural con medidas de corto plazo ni con presión sobre los cuerpos de las mujeres.

En cambio, la migración sí tiene efectos inmediatos. La llegada de personas jóvenes en edad de trabajar ha contribuido en las últimas décadas a equilibrar la relación entre cotizantes y jubilados. Un estudio estima que sin migración el indicador de sostenibilidad demográfica –que mide cuántas personas en edad de trabajar hay por cada persona mayor de 65 años– habría sido un 30 % inferior, agravando aún más la presión sobre el sistema de pensiones. Esto significa que la presión sobre dicho sistema de pensiones habría sido mucho mayor con menos trabajadores sosteniéndolo.

Lejos de ser una amenaza, la migración ha contribuido a mantener el equilibrio entre cotizantes y jubilados, retrasando un colapso que, de otro modo, ya estaría en marcha.

Pero la función de la migración no es solo económica. La movilidad humana cumple un rol redistributivo a nivel global: traslada población activa desde regiones con exceso de presión demográfica hacia otras con escasez de mano de obra y envejecimiento. Esta relación de interdependencia –aunque desigual– permite mantener en funcionamiento sectores esenciales como los cuidados, la agricultura o la hostelería. Negar esta realidad por motivos ideológicos no cambia los hechos: solo impide gestionarla de forma realista, con planificación y justicia.

Ni milagro ni amenaza

En paralelo, el envejecimiento plantea retos adicionales. Menos trabajadores significa menos cotizaciones, pero también más gasto sanitario, más dependencia y más personas mayores viviendo solas. En España, la esperanza de vida ha aumentado y la feminización de la vejez introduce nuevas desigualdades: muchas mujeres mayores carecen de pensión propia o dependen de redes familiares cada vez más frágiles.

Las proyecciones muestran que sin una política migratoria sostenida, el sistema de bienestar español se enfrentará a una presión insostenible. Los discursos que rechazan la migración apelan al mito de la autosuficiencia nacional, pero ese modelo nunca ha existido. Desde los años 2000, el crecimiento español ha estado directamente vinculado al trabajo y las contribuciones de millones de personas migrantes.

Esto no significa que la migración sea una solución mágica. También necesita planificación, integración y derechos. Pero sí constituye un componente esencial de cualquier estrategia demográfica realista. De hecho, países como Canadá o Alemania ya aplican políticas activas para atraer y retener población extranjera cualificada y no cualificada. España, sin embargo, sigue atrapada en una narrativa de emergencia, inseguridad y control.

Por eso, debemos dejar de ver a España solo como puerta de entrada de migración hacia Europa, y empezar a entender su posición como una oportunidad estratégica: atraer talento, corregir desequilibrios y rejuvenecer el tejido social. Seguir anclados en el miedo y la mentira emotiva no solo perjudica a las personas migrantes, sino que priva al país de una herramienta imprescindible para su sostenibilidad.

La simbiosis migratoria entre Norte y Sur es una realidad del siglo XXI. Negarla no elimina el problema, solo impide encontrar soluciones eficaces.

The Conversation

Paula Costa Correa es presidenta de la Asociación de Migración y Derechos Humanos de Navarra (MIGENE), un observatorio independiente sobre la situación migratoria en España y sus implicaciones sociales y jurídicas.

ref. ¿Qué pasaría en España si mañana desapareciera la inmigración? – https://theconversation.com/que-pasaria-en-espana-si-manana-desapareciera-la-inmigracion-259355

Microplásticos en la sal: el aderezo involuntario en nuestra cocina

Source: The Conversation – (in Spanish) – By María del Mar Cledera-Castro, Profesora Titular, Departamento de Ingeniería Mecánica, Área Medioambiente, Universidad Pontificia Comillas

Just Life/Shutterstock

Los microplásticos son fragmentos o partículas de plástico con un tamaño inferior a los cinco milímetros, por lo que en algunos casos son visibles al ojo humano. Sabemos que están en todas partes, incluso en nuestros alimentos cuando agregamos sal a ellos. Se estima que hay 500 fragmentos de microplásticos por kilogramo de este condimento, según un estudio realizado con 13 marcas europeas.

Teniendo en cuenta que consumimos entre 6 y 18 gramos de sal al día, estamos ingiriendo entre 3 y 9 fragmentos de plástico.

¿Cómo acaban los microplástico en la sal?

La producción de sal es una industria especialmente vulnerable a la contaminación por microplásticos, sobre todo cuando se trata de salinas de evaporación solar en el litoral. Este tipo de salinas obtiene la materia prima –el agua salada– del mar o de una ría, que de por sí puede traer cierta concentración de microplásticos. Si además hay presencia de vertidos de aguas residuales, arrastre de sedimentos o vertidos de residuos sólidos, su concentración será aún mayor.




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Además, en un reciente estudio que hemos realizado en las salinas de evaporación solar de la península ibérica hemos comprobado que los microplásticos también contaminan la sal a través del aire. Este hallazgo va contra la corriente actual que establece que las sales obtenidas por métodos tradicionales se contaminan únicamente debido a su presencia en el agua de la que se extrae la sal.

Hemos estimado concentraciones que oscilan entre 256 y 1 500 microplásticos por litro de agua desde la entrada de la salina hasta la entrada a los cristalizadores –la última etapa del proceso–, y entre 79 y 193 por cada kilo para la sal envasada.

Para el estudio obtuvimos muestras de salmuera y sal de cada etapa de producción, desde la entrada de agua de mar/salmuera hasta la etapa final del producto listo para la venta, en seis salinas de España, tres de interior y tres de litoral.

Las salinas de interior se alimentan de agua salada de manantial, que procede de la disolución de las sales que quedaron tras la evaporación de antiguos mares (Thetys, Zechstein…) en épocas geológicas pasadas (por ejemplo, en el Mioceno, hace aproximadamente 5 millones de años, o en el Triásico, hace cerca de 200 millones de años).

Los productos finales de las salinas ubicadas geográficamente en espacios naturales protegidos presentan un número inferior de microplásticos, lo cual permite deducir que el entorno y el ambiente donde se sitúa la salina influye de manera determinante en la exposición a estas micropartículas.

Además, en las salinas de interior, cuando el agua se saca del pozo, no aparecen microplásticos en los análisis, mientras que en etapas posteriores sí hallamos estos contaminantes. Hemos estudiado salinas aisladas y en desuso desde hace muchos años y alejadas de poblaciones, y también hemos detectado la presencia de microplásticos. De ahí que podamos concluir que parte de las partículas presentes en la sal son de procedencia aérea.

Gráfico que muestra el porcentaje de microplásticos en el agua en diferentes etapas de una salina para seis salinas diferentes
Proporción de microplásticos en las diferentes etapas para varias salinas españolas.
Las autoras, CC BY-SA

A pesar de que diversas investigaciones han detectado microplásticos en la sal a nivel mundial durante la última década, la mayoría se han centrado en la sal ya envasada; no existía hasta ahora ningún trabajo que analizara el proceso completo de producción de este condimento. Por esa razón, nuestro estudio es pionero para entender el origen y las causas de la contaminación por microplásticos en las salinas en España y prevenir así la contaminación en la sal alimentaria.

¿Cómo se obtiene sal por evaporación?

Para obtener sal por evaporación solar se expone el agua salada, almacenada en balsas de gran tamaño, al sol y al viento, para que se vaya evaporando el agua y se concentre la sal. En la última serie de balsas, los cristalizadores, la sal alcanza tal concentración en el agua, que esta se satura y la sal precipita al fondo, desde donde se recoge.

El agua de mar suele tener una concentración de 30-40 gramos por litro de cloruro sódico o sal común, mientras que en el cristalizador alcanza los 300 gramos por litro.

Una vez cosechada, la sal se amontona en grandes pilas para que escurra el agua. Dada la altura de estos montones, que puede alcanzar una decena de metros, actúan de barrera para el viento y atrapan los microplásticos que transporta.

Desde ahí, la sal se traslada a un almacén donde se lava, muele y envasa, preparada ya para la venta. En todos estos procesos, la sal tiene contacto con los neumáticos de las cosechadoras, el caucho de las cintas transportadoras y los propios envases, que suelen ser de plástico. Hay, por tanto, numerosas situaciones en las que se puede contaminar la sal, sin contar con los microplásticos que traiga el agua de origen.

Charcas de unas salinas con el agua rosada y montones de sal entre ellas, con el mar al fondo
Salinas de Fuencaliente, en la isla de La Palma.
Christian Kaehler/Shutterstock

Es por tanto esencial conocer bien los procesos de producción de sal, de los que existen infinitas variantes, e identificar los puntos en los que hay mayor riesgo de contaminación por microplásticos, para minimizar su presencia y garantizar así la calidad y seguridad alimentaria de este nutriente esencial.

Los efectos sobre la salud de este contaminante emergente son cada vez más conocidos. Por ejemplo, pueden bloquear membranas celulares e impedir el correcto funcionamiento de ciertos procesos fisiológicos. Además, los plásticos vienen acompañados de sustancias que pueden resultar también perjudiciales para la salud y pueden ser además vectores para microorganismos patógenos y especies potencialmente invasoras.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. Microplásticos en la sal: el aderezo involuntario en nuestra cocina – https://theconversation.com/microplasticos-en-la-sal-el-aderezo-involuntario-en-nuestra-cocina-260320

La selección: los retos de implantar (bien) las energías renovables

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Lucía Caballero, Coordinadora internacional / Editora de Medio Ambiente y Energía

dee Karen/Shutterstock

Las energías renovables son una de las principales herramientas con las que contamos para reducir la quema de combustibles fósiles y, con ello, disminuir las emisiones de los gases causantes del cambio climático. Sin embargo, aunque no cabe duda del valor de estas tecnologías, su implantación presenta todavía algunos desafíos.

Por un lado, tanto la construcción de parques eólicos y solares como la fabricación de coches eléctricos requiere el empleo de minerales críticos –como el cobalto, el silicio y el litio–, llamados así porque no resulta fácil conseguirlos o su minería tiene graves consecuencias ambientales. No obstante, el impacto minero de la extracción de estos materiales es menor que el del carbón y se están desarrollando métodos para facilitar su obtención y reutilización.

En el caso de elementos como el platino y el iridio, necesarios para la fabricación de pilas de hidrógeno, se están buscando materiales alternativos. Además, se estudia el uso de agua de mar o de aguas residuales para reducir el consumo de agua dulce de esta tecnología.

Por otro lado, la instalación de estas infraestructuras tiene efectos significativos en el medio ambiente y la biodiversidad. Precisamente, la modificación y fragmentación del paisaje y la destrucción de hábitats son dos de los factores que favorecen la pérdida de especies.

La eólica marina, además, tiene un impacto directo en la fauna al generar ruidos, vibraciones y colisiones. Y precisamente las áreas de alto potencial energético (con mucho viento u oleaje) a menudo coinciden con zonas de alto valor ecológico. Así, los objetivos de implantación de aerogeneradores podrían chocar frontalmente con la meta marcada por el Marco Mundial de la Diversidad Biológica Kunming-Montreal: proteger el 30 % de los océanos para 2030.

La única manera de hacer compatibles las energías renovables y la conservación de la biodiversidad es con una minuciosa planificación del territorio que minimice los posibles daños y prevea la mitigación y restauración de los efectos negativos.

Por último, otro de los retos a enfrentar es tecnológico: estas instalaciones producen electricidad de manera intermitente (se detienen cuando no hay viento o sol) y presentan una peor respuesta ante incidencias en la red. De ahí que se necesite implantar nuevas tecnologías de soporte, aumentar las instalaciones de almacenamiento de energía, como el almacenamiento térmico a altas temperaturas, e incrementar la generación eléctrica para garantizar la estabilidad del sistema.

Descarbonizar la economía, es decir, reducir o evitar las emisiones de dióxido de carbono, principal responsable del cambio climático, no tiene por qué estar reñido con la seguridad energética ni la conservación de la biodiversidad. Con una planificación y evaluación adecuadas, y la aplicación de políticas que aseguren su cumplimiento, los proyectos de tecnologías renovables podrán superar los retos que plantean.

The Conversation

ref. La selección: los retos de implantar (bien) las energías renovables – https://theconversation.com/la-seleccion-los-retos-de-implantar-bien-las-energias-renovables-260760

Ejercicio y salud mental en los adolescentes: esto dicen las evidencias

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Paula Cordova Alegre, Personal docente – investigador en los grados de fisioterapia y enfermería de la Universidad San Jorge, Universidad San Jorge

BAZA Production/Shutterstock

La adolescencia es una etapa fundamental y crítica del desarrollo humano. Durante este periodo inestable, los adolescentes experimentan numerosos cambios físicos, emocionales y sociales que pueden ser bastante desafiantes. Es una etapa de construcción de la identidad, mayor exposición a presiones externas y búsqueda de autonomía, lo que puede generar un desequilibrio emocional si no se cuentan con recursos adecuados.

Esa inestabilidad emocional aumenta el riesgo de desarrollar trastornos mentales. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), uno de cada siete jóvenes de entre 10 y 19 años sufre alguno. Esto equivale al 15 % de los 1 300 millones de adolescentes que hay en el mundo, quienes representan aproximadamente una sexta parte de la población global.

De hecho, los trastornos mentales se encuentran entre las principales causas de enfermedad y discapacidad en ese grupo poblacional. Debemos tener en cuenta que el suicidio es la tercera causa de muerte entre jóvenes de 15 a 29 años. Este dato alarmante hace reflexionar sobre la urgencia de implementar estrategias preventivas eficaces desde etapas tempranas de la vida.

Hábitos que protegen contra los trastornos mentales

La depresión y la ansiedad parecen ser las alteraciones más comunes en los adolescentes. Ambas comparten algunos síntomas y, en muchos casos, su tratamiento puede enfocarse de forma similar. Las numerosas terapias psicológicas que existen y los enfoques farmacológicos han demostrado ser herramientas eficaces.

En cuanto a la prevención, los hábitos marcan la diferencia. Evitar las drogas, el tabaco y el alcohol, rodearse de un entorno social saludable y mantenerse activo son algunas de las recomendaciones de las guías actuales de salud mental. En esta línea, organismos internacionales como la Organización Mundial de la Salud también apuntan a los efectos beneficiosos de la actividad física para potenciar el bienestar físico, psicológico y social.

No obstante, gran parte de la población mundial no cumple las recomendaciones, lo que incluye a los más jóvenes. En el periodo comprendido entre 2016 y 2022, más del 80 % de las personas entre 11 y 17 años no alcanzaron el objetivo de realizar 60 minutos diarios de actividad física moderada o intensa.




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Durante la adolescencia se modifican muchos hábitos. Y entre ellos, la práctica de actividad física y deporte, que disminuye principalmente con el cambio a la educación secundaria.

Cuatro conclusiones a la luz de la ciencia

Recientes estudios confirman la importancia de evitar el sedentarismo en pos de la mejora de la salud mental. Los resultados de estos trabajos podrían resumirse así:

1. Los adolescentes inactivos experimentan mayores síntomas de depresión y ansiedad

Los jóvenes que no hacen ejercicio de forma regular son, con diferencia, los que más sufren síntomas emocionales negativos (tristeza, desánimo, nerviosismo y preocupación). Así lo revelan dos recientes estudios realizados con más de 10 000 adolescentes en España.

Moverse con regularidad no solo fortalece el cuerpo, sino que también protege la mente. Se estima que los adolescentes activos tienen entre un 20 % y un 30 % menos de probabilidades de presentar síntomas depresivos comparados con sus pares sedentarios.

2. Cuanto mayor es el nivel de actividad física y rendimiento, menores son los síntomas

El impacto positivo del deporte sobre la salud mental no solo depende de si se practica o no, sino también de cuánto y cómo se lleva a cabo. Los adolescentes inactivos tienen hasta cuatro veces más probabilidades de sufrir síntomas depresivos moderados o severos en comparación con los atletas de alto rendimiento. Las personas en ese grupo de edad que entrenan más horas a la semana y que participan en competiciones, especialmente a nivel nacional o internacional, son los que presentan un mejor estado de ánimo y menos ansiedad. Aunque el tipo de deporte no parece marcar una gran diferencia, sí lo hace el compromiso y la regularidad con la que se practica.

Cuanto más activo y estructurado es el estilo de vida deportivo de un adolescente, mayores son los beneficios para su salud mental, especialmente si el deporte forma parte de su vida cotidiana de manera regular y motivadora.

3. Las niñas adolescentes sufren más

En comparación con los chicos, las chicas adolescentes tienden a experimentar más síntomas relacionados con la ansiedad y la depresión, especialmente a medida que avanza la adolescencia.

Esta diferencia se acentúa a partir de los 14 o 15 años, coincidiendo con etapas más avanzadas del desarrollo de la pubertad. Algunos estudios muestran que las adolescentes tienen entre un 50 % y un 70 % más probabilidades de presentar síntomas depresivos que sus compañeros varones.

Las razones pueden estar relacionadas con transformaciones hormonales, sociales y culturales. Cambios en los niveles de estrógenos, mayor presión estética, comparación social en redes, acoso escolar y menor percepción de competencia física contribuyen a esta vulnerabilidad emocional.

También se ha observado que las adolescentes tienden a a quedarse atrapadas en pensamientos negativos, dando vueltas una y otra vez a sus preocupaciones en un estilo mental llamado rumiación, lo que puede intensificar los síntomas ansiosos y depresivos.

Por eso, es especialmente importante fomentar la práctica deportiva entre las adolescentes, ayudándolas a sentirse seguras, acompañadas y motivadas en entornos positivos y saludables.

4. Existen beneficios a largo plazo

Por último, además de los efectos inmediatos, una reciente revisión sistemática sugiere que los niños y las niñas que practican actividades físicas en su tiempo libre durante la infancia y la adolescencia podrían presentar beneficios conductuales y de salud a largo plazo.

Teniendo en cuenta todo lo expuesto, es fundamental que autoridades, entrenadores, familias y los propios jóvenes comprendan que moverse con regularidad e intensidad no solo cuida y mejora el cuerpo, sino también la mente. Fomentar su práctica es necesario para construir una juventud y futura vida más sana y equilibrada.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. Ejercicio y salud mental en los adolescentes: esto dicen las evidencias – https://theconversation.com/ejercicio-y-salud-mental-en-los-adolescentes-esto-dicen-las-evidencias-251101

¿Se fiaría del criterio de ChatGPT para su diagnóstico médico? Por si acaso, busque una segunda opinión

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Juan Parras Moral, Profesor de Ingeniería de Telecomunicación, Universidad Politécnica de Madrid (UPM)

Antonio Marca/Shutterstock

En la antigua Grecia, cuando alguien quería conocer su futuro, iba al oráculo de Delfos y preguntaba a la Sibila acerca de su porvenir. En no pocas ocasiones, estas cuestiones giraban en torno al estado de salud del interesado.

También en la antigua Grecia vivió Hipócrates, el precursor de la medicina moderna. Y en los más de dos mil años que nos separan de sus enseñanzas, la medicina ha avanzado de forma espectacular hasta la actualidad, cuando acudir a la consulta del médico forma parte de nuestras rutinas.

Del Dr. Google al Dr. ChatGPT

Pero los avances tecnológicos actuales nos permiten ahorrarnos tanto el viaje a Grecia como el desplazamiento a la consulta y preguntar directamente al Dr. Google. Al erigirse como sustituto del médico, da lugar a autodiagnósticos que, en una proporción no despreciable de ocasiones, son erróneos. Ya se sabe: para el Dr. Google, todo es cáncer.

Esto se agrava con la proliferación de noticias falsas en el campo de la salud, al menos según la percepción de uno de cada cuatro españoles. De ahí el esfuerzo que se hace desde las entidades médicas en divulgar cómo hacer un uso responsable de internet.

Sin embargo, al Dr. Google le ha salido competencia en forma de chat conversacional de inteligencia artificial (IA) –como ChatGPT–, y ya hay quien promete avances médicos espectaculares gracias a su uso.

Pero el Dr. ChatGPT también tiene limitaciones: puede ser capaz de diagnosticar algunas afecciones comunes y, a la vez, fallar estrepitosamente en otras. En medicina, los errores pueden tener consecuencias serias: un paciente que se fio del criterio de ChatGPT pospuso la asistencia médica tras sufrir un accidente cerebrovascular, poniendo en riesgo su vida.

¿Puede la IA reemplazar al médico? Para Shunsuke Koga, profesor de la Universidad de Pensilvania, la respuesta es no, y afirma además que la IA es una herramienta de doble filo: “mientras que tiene potencial para apoyar a los profesionales de la salud y mejorar los procesos de diagnóstico, también hay un riesgo significativo de desinformación y retrasos en el diagnóstico cuando estas herramientas se usan de forma inapropiada por personas sin experiencia médica”.

En otras palabras, la IA actual puede ser una gran ayuda para los profesionales sanitarios, pero no su sustituto.

ChatGPT aparenta ser más listo de lo que es

De hecho, la gran difusión de los avances de la IA en la actualidad suele presentar solo sus éxitos, que son muchos, ocultando sus puntos oscuros. Por ejemplo, los chats conversacionales tienen un exceso de confianza: no admiten los casos en los que predicen a ciegas. Esto se debe a que están diseñados para producir textos que “suenen bien”, pero no tienen capacidad de raciocinio como la de los seres humanos.

Si usted le pregunta a ChatGPT cuánto es uno más uno, sabe que “suena bien” poner un número como respuesta a esa pregunta, porque durante su entrenamiento ha visto muchos casos en los que “uno más uno es dos”. Acierta, pero sin entender qué hace, como en la habitación china de Searle, un experimento mental que defiende que saber manejar símbolos no es suficiente para entender lo que se está haciendo –o diciendo, en caso de ChatGPT–.

Por si esto fuera poco, ChatGPT habla por los codos, dando una apariencia de ser más inteligente de lo que realmente es. Por tanto, no estamos hablando de una IA general, y para sus críticos, “es como poner a un mono delante de un teclado”. Por supuesto, no necesitamos que la IA sea general para que sea útil –de ahí el gran uso de los chats conversacionales—, pero el peligro radica en atribuirle capacidades que van más allá de lo que realmente pueden hacer.

¿Quién se hace responsable si se equivoca?

En el campo médico, además, confluyen otros factores que hacen necesario tomar con cuidado los diagnósticos del Dr. ChatGPT. El primero son los sesgos: todos los modelos de IA actuales se basan en datos, y si los datos contienen sesgos, esa inteligencia artificial los aprenderá y los perpetuará.

Pero el gran problema posiblemente sea de responsabilidad: ¿quién se hace cargo cuando la IA se equivoca en un diagnóstico, poniendo en riesgo la vida del paciente? Si ChatGPT yerra al decirte que no necesitas un visado para viajar, es un enorme inconveniente, pero no pone potencialmente en riesgo una vida.

Por todo ello, en la actualidad, lo mejor es combinar la IA con el criterio médico, una receta que ha dado lugar a bastantes casos de uso exitosos.

El factor humano

El gran elefante en la habitación posiblemente sea más general que hacer preguntas a ChatGPT acerca del estado de salud, y es la falta de capacidad crítica. La IA bien usada es una gran herramienta, con aplicaciones impensables hace un par de años, como la generación, resumen o traducción de textos. Pero si la inteligencia artificial hace gran parte del trabajo pesado, sigue siendo necesario supervisar lo que produce, y este trabajo fino debe ejecutarse con criterio, corrigiendo los errores que se hayan cometido.

Además, ya hay evidencia de que estamos ante un círculo vicioso: el uso indiscriminado de la IA puede afectar de forma negativa a nuestra capacidad crítica.

Por tanto, resulta imprescindible ser capaz de analizar, con dicha capacidad crítica, lo que nos dice la IA. Esto implica una labor formativa titánica, pero muy necesaria, en un mundo en el que estamos rodeados de agentes y chats conversacionales que hablan sin parar. Y en el campo de la salud, esto significa que es necesario el criterio del profesional médico.

Si bien hay motivos que pueden empujar a alguien a confiar en el criterio del Dr. ChatGPT –como la inmediatez en la respuesta–, hace falta recalcar que el criterio del especialista humano sigue siendo generalmente superior a día de hoy. Por tanto, si tiene una duda médica, puede ahorrarse el viaje a Delfos, pero no evite la cita con el médico.

The Conversation

Este artículo fue finalista del Premio Luis Felipe Torrente de Divulgación sobre Medicina y Salud, organizado por la Fundación Lilly y The Conversation

ref. ¿Se fiaría del criterio de ChatGPT para su diagnóstico médico? Por si acaso, busque una segunda opinión – https://theconversation.com/se-fiaria-del-criterio-de-chatgpt-para-su-diagnostico-medico-por-si-acaso-busque-una-segunda-opinion-260045

El éxito está bajo tierra: por qué triunfan los árboles invasores en los bosques de ribera

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Alberto Romero Blanco, Investigador postdoctoral en Ecología por la Universidad de Alcalá. Invasiones biológicas y ecotoxicología, Universidad de Alcalá

Los bosques de ribera son ecosistemas especialmente vulnerables a las invasiones por árboles exóticos debido a sus condiciones benignas. Alberto Romero, CC BY-SA

Los árboles son una fuente esencial de servicios ecosistémicos para las personas: nos proporcionan alimentos, medicinas, madera, conocimiento y belleza paisajística. Además, ayudan a regular el clima, proteger el suelo frente a la erosión y mucho más.

Para obtener estos servicios, el ser humano ha introducido diversas especies de árboles fuera de su área de distribución natural, convirtiéndolas en especies exóticas. Algunas han terminado invadiendo exitosamente los ecosistemas receptores, poniendo en riesgo su funcionamiento, estructura y biodiversidad. Parte de ese éxito podría deberse a su capacidad para acceder al agua en capas más profundas del suelo, evitando así la competencia directa con las especies nativas.

La vulnerabilidad de las riberas frente a los árboles invasores

Uno de los ecosistemas más vulnerables a la invasión de árboles exóticos son los bosques de ribera. Las especies nativas que habitan en ellos están adaptadas a ríos con niveles freáticos someros –el nivel que alcanza el agua subterránea en el suelo– y a inundaciones periódicas. Sin embargo, los niveles freáticos están bajando y la frecuencia de las inundaciones se está reduciendo a causa de la aridificación del clima y de las alteraciones provocadas por el ser humano en los cauces y en los caudales de los ríos.




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Lo que estamos perdiendo al restringir las crecidas de los ríos


Estos cambios conducen a ambientes más secos que pueden debilitar a las especies nativas y, al mismo tiempo, abrir la puerta a que algunos árboles exóticos se conviertan en invasores. Esto ocurre especialmente cuando estas especies ya vienen equipadas desde su lugar de origen con rasgos que les permiten prosperar en estos ambientes alterados, como raíces más profundas que las de las especies nativas. Si especies exóticas y nativas captaran agua de diferentes profundidades, la competencia entre ellas por el agua se reduciría, facilitando el establecimiento de las primeras.

Eso es lo que nos hemos preguntado en un estudio que hemos publicado en la revista Agricultural and Forest Meteorology: si en los bosques de ribera del centro peninsular en España los árboles exóticos y nativos extraen el agua de distintas profundidades del suelo. Las especies de árboles que muestreamos pueden observarse en la imagen que sigue a este párrafo.

árboles nativo y exóticos de la Península Ibérica
Especies de árboles nativas y exóticas incluidas en el estudio. El ailanto y la falsa acacia son especies exóticas que presentan un comportamiento invasor.
Sten Porse/Wikimedia Commons, CC BY-SA

Siguiendo el rastro del agua con ayuda de los isótopos

Medir la profundidad de la raíz de los árboles puede resultar muy complicado. En su lugar, hemos empleado otra herramienta para ver de dónde obtenían los árboles el agua: los isótopos del agua. Concretamente, utilizamos una variable llamada δ¹⁸O, que mide la proporción entre el isótopo ligero del oxígeno (oxígeno-16), que se evapora más fácilmente en contacto con la atmósfera, y el isótopo pesado (oxígeno-18), más abundante en el agua superficial expuesta a la evaporación.

Por lo tanto, para rastrear de dónde toman el agua los árboles en condiciones de escasez, recolectamos en verano muestras de xilema, el tejido conductor que distribuye el agua por la planta, y de suelo a diferentes profundidades. A continuación extrajimos el agua del xilema y de los suelos y analizamos la proporción de isótopos de oxígeno que contenían.

Otra variable que medimos fue la proporción de isótopos estables de carbono (δ¹³C) de las hojas de los árboles para poder estimar un rasgo que también puede influir en la adaptación a entornos con escasez de agua: la eficiencia en el uso del agua.

Este rasgo informa sobre la cantidad de agua que pierde una planta a través de los estomas cuando estos se abren para captar el dióxido de carbono (CO₂) atmosférico que será utilizado posteriormente en la fotosíntesis. Cuanto más CO₂ capta una planta y menos agua pierde en el proceso, más eficiente es en el uso del agua, al igual que un coche es eficiente cuando recorre muchos kilómetros consumiendo poco combustible.

Captar agua profunda puede estar tras el éxito invasor

Al analizar los valores de δ¹⁸O en el agua del xilema, encontramos que las dos especies exóticas con comportamiento invasor –la falsa acacia y el ailanto– mostraban los valores de δ¹⁸O más bajos, lo que indica que estas son las que extraen el agua de las capas más profundas del suelo. Esto sugiere que parte de su éxito invasor podría estar relacionado con su capacidad para evitar la intensa competencia por el agua que ocurre en las capas más superficiales del suelo.

bosque de ailanto
Bosque de ailanto (Ailanthus altissima), un árbol exótico invasor en España.
Elena Granda, CC BY-SA

Otro hallazgo destacable fue que los árboles exóticos, especialmente la falsa acacia, presentaron valores más altos de δ¹³C que los nativos, indicando que los primeros hacen un uso más eficiente de los recursos hídricos. Esto facilitaría su establecimiento en los ecosistemas receptores y les daría ventaja frente a las especies nativas, ya que serían capaces de aumentar la captación de carbono durante los periodos secos.

Nuestra investigación arroja luz sobre una estrategia poco conocida que permite a los árboles exóticos establecerse y prosperar en bosques de ribera, a la vez que enfrentan con éxito episodios de sequía, cuya gravedad está aumentando por el cambio climático y las perturbaciones humanas en los ríos.

Mientras que los árboles de ribera nativos sufren cada vez más por estas condiciones, las especies exóticas podrían sacar provecho al extraer agua de las capas más profundas del suelo y aprovecharla de manera más eficiente. La combinación de todos estos factores puede alterar profundamente la estructura y funcionamiento de los bosques de ribera.

The Conversation

Alberto Romero Blanco, como miembro del proyecto PROGRESA, recibe fondos de la Universidad de Alcalá y de la Dirección General de Investigación e Innovación Tecnológica de la Comunidad de Madrid.

Elena Granda, como investigadora principal del proyecto PROGRESA, recibe fondos de la Comunidad de Madrid a través del convenio/subvención para el fomento y la promoción de la investigación y la transferencia de tecnología en la Universidad de Alcalá (Dirección General de Investigación e Innovación Tecnológica de la Comunidad de Madrid).

Pilar Castro Díez no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. El éxito está bajo tierra: por qué triunfan los árboles invasores en los bosques de ribera – https://theconversation.com/el-exito-esta-bajo-tierra-por-que-triunfan-los-arboles-invasores-en-los-bosques-de-ribera-256115

El océano se sofoca

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Antonio Figueras Huerta, Profesor de investigación del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, Instituto de Investigaciones Marinas (IIM-CSIC)

Las olas de calor marinas, períodos de calentamiento extremo del océano que duran días o meses, han duplicado su frecuencia y duración desde 1982. Estos eventos invisibles están remodelando los ecosistemas marinos de todo el mundo. Sus efectos ya se sienten desde la Gran Barrera de Coral hasta los bancos marisqueros del noroeste de España.

Ocurren cuando las temperaturas del agua del mar superan el percentil 90 de los registros históricos durante al menos cinco días consecutivos. Lo que hace que estos eventos sean particularmente peligrosos es su naturaleza compleja: cuando las temperaturas del mar aumentan, los niveles de oxígeno bajan, creando zonas muertas donde la vida marina lucha por sobrevivir.

Las cifras son escalofriantes. Si las temperaturas globales aumentan 3,5° C hacia 2100 –nuestra trayectoria actual–, estas olas de calor podrían ser 41 veces más frecuentes que en tiempos preindustriales. Algunas podrían persistir durante más de 100 días, con anomalías térmicas que superarían los 2,5° C por encima de lo normal.

Ola de calor marina denominada
Laura Naranjo / NASA.

Estragos en la industria pesquera

Las consecuencias ya son visibles. La ola de calor marina del Pacífico de 2013-2016, conocida como The Blob, mató 100 millones de larvas de bacalao y 4 millones de aves marinas.

Otra ola de calor, en 2016, blanqueó el 30 % de los corales de la Gran Barrera de Coral en un solo evento. En 2019-2020, otra causó en el Pacífico una disminución del 70 % en las poblaciones de cangrejo, con lo que afectó gravemente a la industria pesquera.

Calor unido a bajo oxígeno

Quizás lo más preocupante es la combinación mortal de calor y oxígeno escaso –hipoxia–. En 2017, un evento de baja concentración de oxígeno en el golfo de Omán creó una zona sin vida del tamaño de Florida.

La evidencia científica muestra que, cada vez más con más frecuencia, las olas de calor marinas y los eventos de bajo oxígeno ocurren juntos, lo que amplifica sus efectos negativos.

Mediterráneo, una trampa de calor

Una investigación reciente reveló que, entre 2015 y 2019, el Mediterráneo experimentó cinco años consecutivos de eventos de mortalidad masiva que afectaron miles de kilómetros de costa desde la superficie hasta 45 metros de profundidad.

Los datos de este estudio señalan que las olas de calor marinas afectaron más del 90 % de la superficie mediterránea y alcanzaron temperaturas que superaron los 26 °C. En total, 50 taxones (grupos biológicos) de 8 filos diferentes fueron afectados por estos eventos de mortalidad, desde corales hasta esponjas y otros organismos bentónicos.

En concreto, el verano de 2022 marcó un punto de inflexión cuando se registró uno de los eventos de mortalidad masiva más intensos jamás documentados en el Mediterráneo noroccidental. Por primera vez, las profundidades de 25-30 metros estuvieron expuestas a temperaturas superiores a 25° C, considerado un umbral potencialmente letal para muchas especies mediterráneas.

Mariscando en O Grove, Pontevedra.
Wikimedia Commons., CC BY

Los estuarios cambiantes de Galicia

También lleva años sucediendo en las partes más internas de las rías de Galicia, el corazón de la industria marisquera de España. La ría de Arousa, epicentro del marisqueo gallego, está experimentando olas de calor marinas estuarinas (EMHW, por sus siglas en inglés) que amenazan tanto el equilibrio ecológico como el sustento de miles de familias.

La investigación del grupo EPhysLab identificó condiciones de calentamiento sin precedentes en 2023. Durante este año extremo, el océano Atlántico Norte sufrió condiciones casi permanentes de ola de calor marina, afectando también al sistema de afloramiento canario, que incluye las costas gallegas.

El estudio reveló que, a excepción de febrero, todos los meses de 2023 mostraron una franja distintiva de temperaturas superficiales máximas en una gran área del océano Atlántico Norte, desde 30°W hasta las regiones costeras. Los análisis muestran que más del 80 % de los días fueron considerados como calurosos en zonas oceánicas.

Pero el calentamiento no es solo resultado de temperaturas cálidas del aire. Las condiciones extremas fueron impulsadas por anomalías térmicas oceánicas, con temperaturas superficiales que superaron 1,5° C por encima del promedio en amplias regiones del área de estudio.

La almeja fina (Ruditapes decussatus), muy apreciada en el mercado por su sabor, es una de las especies afectadas por las olas de calor en las rías gallegas.
Cwmhiraeth / Wikimedia Commons., CC BY

El coste humano

El exceso de calor afecta directamente a las especies clave del marisco gallego: almejas (Ruditapes decussatus y R. philippinarum), berberechos (Cerastoderma edule) y almejas babosas (Venerupis pullastra). Todos estos bivalvos viven enterrados en sedimentos blandos en zonas intermareales y someras, y su bienestar depende de que las temperaturas se mantengan en un rango concreto.

Cuando el mar se calienta más allá de su tolerancia, todo se complica. Su metabolismo se acelera, su sistema inmune no responde, la reproducción sufre y la mortalidad aumenta. Las proyecciones usando el escenario climático más pesimista sugieren que las partes interiores y poco profundas de los estuarios se volverán demasiado cálidas para estas especies.

También afectará a los humanos. Más de 7 000 personas, en su mayoría mujeres mariscadoras, dependen del marisqueo intermareal. Si estas zonas desaparecen como áreas productivas, muchas tendrán que abandonar su actividad tradicional. Trasladar los bancos marisqueros a zonas más profundas no es sencillo: cambian las condiciones, cambian las herramientas, cambian los permisos, cambian los costes y muchas especies no sobrevivirían.

Carrera contra reloj

Las olas de calor marinas no solo ocurren en verano. Los datos muestran que octubre, diciembre y febrero son los meses con más días de EMHW. Estos cambios térmicos fuera de temporada alteran los ciclos reproductivos de los bivalvos.

Las especies dependen de señales de temperatura para liberar los gametos que darán lugar a las larvas, comenzando el ciclo. Si estas aparecen cuando no hay suficiente alimento, no hay reclutamiento para las poblaciones, la producción es menor y la recuperación puede ser muy lenta.

Basándose en proyecciones científicas recientes, las condiciones térmicas dejarán de ser adecuadas para las especies de bivalvos en áreas poco profundas e interiores entre 2040 y 2055, si no se reducen las emisiones de gases de efecto invernadero. A corto plazo (2025-2035), aumentarán los episodios extremos, lo que afectará a su reproducción y supervivencia.

Una ventana crítica

A mediados de siglo (2035-2050), muchas zonas marisqueras actuales podrían volverse térmicamente inviables. Pero no es un caso aislado. La historia del marisco gallego ilustra una verdad global: las olas de calor marinas no son solo un problema ambiental, sino una crisis socioeconómica que afecta a comunidades de todo el mundo. Desde los ostricultores del Pacífico noroeste hasta los buceadores de oreja de mar de Australia, los medios de vida marinos tradicionales están bajo una presión sin precedentes.

El océano se acerca a un punto crítico. Sin intervención, las olas de calor marinas y la desoxigenación empujarán a los ecosistemas más allá de sus límites de resistencia, causando cambios irreversibles.

La ciencia ha cumplido su parte: identificar el problema y señalar soluciones. Ahora necesitamos voluntad política, recursos y compromiso. Porque esto no se trata solo de mariscos o arrecifes de coral. Se trata del futuro de nuestros océanos y de todos los que dependen de ellos.

The Conversation

Antonio Figueras Huerta no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. El océano se sofoca – https://theconversation.com/el-oceano-se-sofoca-250429

Los museos abrazan el arte femenino: ¿una tendencia de mercado efímera?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Álvaro Pascual Chenel, Profesor de Historia del Arte, Universidad de Valladolid

Imagen de la exposición ‘Luisa Roldán. Escultora real’ en el Museo Nacional de Escultura. Ministerio de Cultura de España

En poco más de tres meses, 38 462 visitantes acudieron a ver Luisa Roldán. Escultora real, la última exposición estrella del Museo Nacional de Escultura de Valladolid (España). Es la segunda exhibición temporal con mayor número de asistentes de su historia, solo por detrás de Almacén. El lugar de los invisibles (51 707 visitantes), cuya duración fue más extensa (unos 12 meses) al interrumpirse por la pandemia de covid y reabrirse después.

Durante unos meses, la capital del Pisuerga ha sido centro de turismo cultural. Más que una simple exposición dedicada a una artista barroca pionera en su tiempo, se ha concebido como un evento rodeado de actividades complementarias.

Con este planteamiento se acerca el arte al público general, mostrando que avanza al ritmo de la sociedad actual. La iniciativa sigue la senda de otros museos públicos, como el Museo del Prado con sus itinerarios de “El Prado en Femenino”.




Leer más:
¿Cómo sería el Museo del Prado sin sus promotoras artísticas?


¿Es una moda aislada? Nada es casual. De un tiempo a esta parte, vivimos un cambio de tendencia en las adquisiciones de bienes culturales y artísticos, en particular aquellas de organismos públicos como el Ministerio de Cultura.

El Estado busca impulsar el reparto de obras en museos y archivos de distintos territorios de España y, especialmente, visibilizar la obra de mujeres artistas. Es un compromiso directo con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de las Naciones Unidas, tanto el de “Reducción de las desigualdades” como el de “Igualdad de género”. El arte, con su transferencia a la sociedad, es un medio ideal para ello.

Compromiso con los ODS: ¿por qué es tan prioritario ahora?

El tsunami repentino de la pandemia covid-19 sensibilizó sobre la importancia de la resiliencia en las organizaciones y personas. La resiliencia, capacidad en auge, ayuda a adaptarse ágilmente a los cambios inesperados de nuestro alrededor.

Para fortalecerla, las organizaciones se agarran a ese compromiso con los ODS. Solemos verlo bajo el nombre de “estrategias de sostenibilidad” o su acrónimo inglés ESG (environmental, social and governance), que hace referencia a los tres pilares que abarca: medioambiente, sociedad y buen gobierno.

Numerosos estudios científicos encuentran que las organizaciones con mejores calificaciones de sostenibilidad sufren menores pérdidas en crisis como la financiera o la del covid-19. Entre el variado abanico de prácticas ESG, potenciar la igualdad de género crea valor, gracias a que los grandes inversores que mueven los mercados muestran un mayor aprecio por estas cualidades no monetarias.


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El mercado de arte femenino cotiza al alza

El mercado del arte ha sido caldo de cultivo para que los sesgos o las preferencias personales de sus participantes, según la cultura dominante en cada época, se reflejen en los precios de las transacciones. Esto se ve favorecido por algunas características peculiares de este mercado, como que su valor económico viene determinado por la demanda (y no por la oferta) o que los artistas no juegan un papel activo.

Tradicionalmente, las investigaciones han mostrado que las obras de arte elaboradas por mujeres alcanzaban menores precios en las subastas en comparación a obras similares realizadas por hombres. Ese “descuento” era más pronunciado en países con mayor desigualdad de género.

Con la implementación de las estrategias sostenibles, la tendencia está dando un giro de 180 grados. Más que un cambio de moda con caducidad, esta revalorización del arte en femenino es una herramienta para romper “techos de cristal” y visibilizar el nuevo papel de la mujer en la sociedad actual.

Paradigma de esta tendencia: la Roldana y el resurgir de su obra

El Museo Nacional de Escultura realizó adquisiciones culturales en el año 2024 por casi 1 518 000 €. De este total, alrededor de un 45 % correspondió a dos obras de Luisa Roldán: El éxtasis de María Magdalena (330 000 €) y cuatro figuras de Nacimiento (350 000 €).

Tabla que indica las adquisiciones de bienes culturales en el año 2024.

Ministerio de Cultura

Luisa Roldán, “la Roldana”, constituye un excelente ejemplo de este resurgir de la obra de mujeres artistas. Hija del afamado escultor sevillano Pedro Roldán, su carrera artística se consolidó entre finales de la segunda mitad del siglo XVII y principios del XVIII. Alcanzó uno de los mayores honores al que podía aspirar un artista en la España del Barroco, al ser nombrada en 1692 escultora de cámara de Carlos II. Ninguna mujer había conseguido acceder antes a este puesto, que siguió desempeñando bajo el reinado Felipe V hasta su muerte en 1706. Ello le dotó de una posición de preeminencia, fama y prestigio.

Escultura de un ángel venciendo a un demonio en el suelo.
El arcángel san Miguel venciendo al demonio, de Luisa Roldán.
Roberto Muñoz Martín. Galería de las Colecciones Reales, Patrimonio Nacional, 10034690.

Además de algunas importantísimas obras en madera –como el espectacular San Miguel Arcángel que ha sido recientemente restaurado y puede admirarse hoy en la Galería de las Colecciones Reales–, en la corte destacó especialmente por su fecunda actividad en grupos de barro cocido. En este material modeló un considerable número de obras religiosas de pequeño tamaño y carácter devocional que tuvieron una enorme aceptación y demanda en su momento

En la actualidad, el interés artístico y coleccionista por su obra se ha expandido a nivel internacional. Esto ha ampliado considerablemente el corpus de sus obras conocidas. Muy recientemente, importantes museos nacionales e internacionales se han hecho eco de este auge, adquiriendo en el mercado de arte anticuario destacadas piezas inéditas. Es el caso, por ejemplo, del Museo Nacional de Escultura, el Museo de Bellas Artes de Sevilla, el Metropolitan Museum of Art de Nueva York, el Detroit Institute of Art, la National Gallery of Art de Washington, el Philadelphia Museum o Art o el Los Angeles County Museum of Art.

Las políticas de desarrollo sostenible inundan cada vez más parcelas de nuestra vida cotidiana. Entre el boom de métricas cuantitativas, la iconografía del arte parece convertirse en un medio que refleja esos cambios y sirve de estímulo para integrarlos en la sociedad. Las nuevas tendencias en el mercado artístico y las adquisiciones de los museos públicos lo han situado en un primer plano hacia el compromiso con los ODS. Parece vislumbrarse una prima de valor por sostenibilidad en este mercado.


Los autores agradecen la colaboración del Museo Nacional de Escultura de Valladolid, especialmente a Óscar Fernández Fernández (Departamento de Comunicación y Relaciones Institucionales) y Eva García de la Iglesia (Programas Públicos) del Museo, por el suministro de datos de registro de visitas.

The Conversation

Álvaro Pascual Chenel pertenece al Grupo de Investigación Reconocido de la Universidad de Valladolid y Unidad de Investigación Consolidada de la Junta de Castilla y León, Arte, poder y sociedad en la Edad Moderna. Este trabajo forma parte del proyecto PID2021-124832NB-I00, financiado por MICIU/AEI/10.13039/501100011033/FEDER, UE; y del proyecto PID2023-148329NB-I00, financiado por MCIN/AEI/10.13039/501100011033/FEDER/UE.

Pilar Velasco pertenece al Grupo de Investigación Reconocido en “Finanzas y Contabilidad” de la Universidad de Valladolid, y a la Unidad de Investigación Consolidada nº 260 de la Junta de Castilla y León. Este trabajo forma parte del proyecto PID2023-150140NA-I00, financiado por MCIU/AEI/10.13039/501100011033/FEDER, UE.

ref. Los museos abrazan el arte femenino: ¿una tendencia de mercado efímera? – https://theconversation.com/los-museos-abrazan-el-arte-femenino-una-tendencia-de-mercado-efimera-251083

El mito del talento individual frente a la realidad del talento colectivo

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Pablo Atela, Ph.D., Profesor Doctor Deusto Business School, Universidad de Deusto

fizkes/Shutterstock

En el siglo XXI las organizaciones operan en un entorno de rápidos cambios y alta competitividad, lo que exige una adaptación constante para sobrevivir. En este escenario, las personas y su talento se han convertido en el factor fundamental de diferenciación.

El talento individual

El concepto de talento ha sido estudiado desde diversas ciencias como la psicología, la economía y la sociología, generando un gran interés. Etimológicamente, la palabra talento deriva del griego tálanton y del latín talentum, que originalmente se referían a una medida de peso o una moneda, y evolucionaron para significar inteligencia o dotes intelectuales sobresalientes.

La Real Academia Española (RAE) define talento asimilándolo a inteligencia (“capacidad de entender”) y aptitud (“capacidad para el desempeño de algo”). En general, se refiere a una habilidad o desempeño excepcional en una dimensión humana específica (intelectual, emocional, social, física, artística), implicando que una persona tiene talento para algo en particular, no para todo.

Inteligencia y otros factores

A menudo se ha relacionado el talento con la inteligencia, siendo esta última una condición necesaria, pero no suficiente, para un desempeño sobresaliente. Factores como la personalidad, el ambiente, la motivación y el contexto sociocultural también son cruciales.

Algunos autores sugieren que no es una cualidad puramente innata, sino que se desarrolla a través del trabajo intenso, la motivación, las herramientas del conocimiento y la generación de hábitos (las “10 000 horas” de práctica para alcanzar la maestría).

Además, el talento se conecta con la creatividad, siendo esta una precondición o una expresión del talento: el resultado de la interacción exitosa entre habilidades superiores al promedio, creatividad y compromiso con la tarea.

En la práctica, el talento individual se compone de tres variables: capacidades (conocimientos, habilidades y actitudes), compromiso y acción (velocidad o innovación constante).

El talento colectivo

Aunque la literatura sobre talento individual es vasta, surge la pregunta sobre la contribución del talento colectivo, sugiriendo que “el todo es más que la suma de las partes”.

Este segundo concepto está mucho menos desarrollado en la investigación académica, a pesar de ser imperativo para las organizaciones modernas. Sin embargo, se puede asimilar a otros conceptos relacionados que permiten avanzar en su comprensión como la inteligencia colectiva, el trabajo en equipo y el aprendizaje organizacional.

Inteligencia colectiva

Se la define como una forma de inteligencia que emerge de la cooperación de varias personas para resolver problemas y tomar decisiones. La inteligencia colectiva no depende del promedio de los coeficientes intelectuales individuales, sino de la inteligencia emocional (para la que la armonía social es el factor clave).

Dicha armonía social implica la capacidad de crear unidad en el equipo, permitiendo que todos aporten lo mejor de su talento para el bien común. Factores como el consenso, la empatía, la cooperación, la confianza y la gestión de conflictos facilitan su incremento.

Equipos, ‘comunitazgo’ y co-creación

El talento colectivo se impulsa mediante el trabajo en equipo. Este es crucial para lograr mejores resultados y decisiones al requerir múltiples habilidades y el intercambio de conocimientos, incrementando la satisfacción y creatividad de los empleados.

A diferencia del liderazgo, el comunitazgo centra el foco en el desarrollo de los equipos y la construcción de comunidades. Así, actúa como “pegamento social” que supera el individualismo y promueve la lealtad y el compromiso mutuo entre sus miembros, como lo demuestran organizaciones exitosas como Pixar.

Finalmente, en la era postindustrial, la co-creación con clientes y empleados es esencial para la generación de valor y dar sentido al trabajo, pues exige empatía, trabajo en equipo y cooperación, alineándose directamente con la idea de talento colectivo.

Aprendizaje organizacional

El proceso de crear, retener, transferir y utilizar el conocimiento dentro de una organización se conoce como “aprendizaje organizacional”. Este concepto surge a mediados de los 60 del siglo pasado y está fuertemente interrelacionado con el talento colectivo. Los equipos con alta inteligencia colectiva demuestran mayores habilidades y capacidad de aprendizaje colectivo.

La relación entre equipos multidisciplinares, gestión del talento y aprendizaje organizacional forma un triángulo donde cada variable se alimenta de las otras. El conocimiento se amplifica y difunde de los individuos a toda la organización a través de los equipos, creando un bucle de refuerzo positivo que fortalece la confianza, el compromiso y las relaciones, acelerando el aprendizaje.

Del talento individual al colectivo: una transición necesaria

La mayoría de los modelos de gestión del talento se centran solo en el individuo, asumiendo que la suma de talentos individuales produce el talento colectivo. Sin embargo, equipos bien cohesionados y enfocados en ese talento grupal pueden superar a la suma de individuos altamente talentosos. Este es un proceso inherentemente social que, además, reduce el impacto en la organización cuando personas especialmente talentosas la abandonan.

Para lograr la transición es fundamental:

1.- Una estructura organizacional que permita a los miembros la libertad para desarrollar sus habilidades.

2.- Una cultura que empodere a las personas para mejorar sus comunidades, sin esperar directrices de un líder.

3.- Reconocer el papel crucial de los mandos intermedios, quienes a menudo conocen mejor la organización, comparten sus valores y actúan como catalizadores del compromiso y el flujo del talento colectivo.

4.- Eliminar prácticas que socavan la comunidad, como tratar a los empleados como recursos, despidos masivos injustificados o bonificaciones excesivas para directivos.

5.- Promover activamente la confianza, el compromiso y la colaboración espontánea para la sostenibilidad financiera y social a largo plazo.

Un imprescindible cambio de paradigma

Aunque el estudio del talento individual ha sido predominante, el talento colectivo es la clave para abordar los problemas cada vez más complejos del siglo XXI, muchos de los cuales no pueden ser resueltos desde el individuo aislado.

A pesar de que muchas organizaciones reconocen la importancia de los equipos, a menudo sus modelos de desarrollo de personas siguen anclados en un paradigma puramente individualista. Este énfasis excesivo en las competencias individuales está desfasado, ya que si bien estas son importantes, deben ser vistas en el contexto de lo que un equipo requiere para un desempeño óptimo.

El verdadero desafío y la gran oportunidad para las organizaciones del siglo XXI radica en cambiar sus modelos mentales y de gestión hacia lógicas sistémicas, holísticas y colectivas, que complementen y mejoren las estrictamente individuales.

Al enfocar el desarrollo de las personas en aquello en lo que son más competentes y disfrutan, y fomentar la complementariedad de habilidades, la armonía social, la interdisciplinariedad, la empatía, el compromiso y la confianza, se logra un potencial liberador enorme que impulsa el desarrollo y la innovación en las organizaciones.

The Conversation

Pablo Atela, Ph.D. ha recibido fondos para investigación y consultoría provenientes de varios organismos públicos y privados de España, Mexico, Chile y Colombia, y es consultor en Shackleton Innovation.

Fernando Díez Ruiz no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. El mito del talento individual frente a la realidad del talento colectivo – https://theconversation.com/el-mito-del-talento-individual-frente-a-la-realidad-del-talento-colectivo-257713