Los incendios, otro grito de socorro del mundo rural

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Eduardo Rojas Briales, Profesor permanente laboral; ciencia e ingeniería forestal (selvicultura, repoblaciones, infraestructuras verdes, gobernanza, cooperación, recursos forestales globales, incendios, Universitat Politècnica de València

En los últimos unos días, diferentes incendios están afectando a una extensa superficie de España, con especial virulencia en las comunidades de Extremadura, Castilla y León y Galicia. A consecuencia del rápido y agresivo avance del fuego y la simultaneidad de los incendios, los sistemas de extinción se han visto superados, se han evacuado varios pueblos y muchos vecinos se han visto obligados a combatir las llamas con sus propios medios.

El mundo rural está sufriendo las consecuencias de estos incendios mal llamados forestales, dado que afectan también a zonas agrícolas como vimos, por ejemplo, en el incendio de Torrefeta i Florejacs a principios de julio en Catalunya y a la interfaz urbano-forestal en el más reciente de Tres Cantos.

Abordar el reto del fuego no es sencillo, y menos en un medio tan intelectual y afectivamente lejano y menospreciado como el rural. La soluciones más efectivas se encuentran en la prevención, pero, aunque sabemos que esta es siempre preferible a las actuaciones de urgencia –es decir, extinción–, en materia de incendios parece que este conocimiento se evade o, incluso, se invierte.

Falsos culpables

Centrarse en la causa del incendio, en la culpabilidad de las especies que habitan los bosques, y apostar por más represión –más medios de extinción– parece ser la solución mágica de bastantes que adoptarían la posición opuesta si de temas sociales o sanitarios se tratase.

Todo ello se aliña con el argumento climático, tan incuestionable como estéril dado que por el mero hecho de apelar al mismo no se soluciona el problema. Aquí y ahora, somos responsables de abordar los problemas presentes en territorios concretos. Por mucho que avancemos en la transición energética, nos quedan lamentablemente muchas décadas con un clima complicado por delante.

El cambio climático no es la causa del reto de los incendios, sino que los exacerba y los hace más virulentos. Con un clima como el de hace cuatro décadas, la densidad de la masa forestal, su continuidad horizontal, la falta de accesibilidad y su estado de manifiesto abandono en un territorio prácticamente deshabitado serían ya una tremenda irresponsabilidad. Recordemos que los bosques han crecido en España en menos de 50 años un 62 % en extensión y un 338 % en biomasa acumulada y ocupan actualmente casi un 40 % del territorio.




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Una nueva mirada al mundo rural

Solo hay una solución, que pasa por crear paisajes mucho más resilientes recuperando la gestión forestal, la ganadería y la agricultura extensivas, así como la población en las zonas que el éxodo rural ha desangrado. Esto requiere cambios substantivos en la forma en que se asignan los presupuestos públicos, en la que se reconocen derechos de propiedad más allá de la tenencia habitual también a los servicios generados, en la que se planifican las infraestructuras y en la que se trata al medio rural superando toda inercia de tutela paternalista.

Hemos utilizado el medio rural casi siempre de forma gratuita para cualquier necesidad de la población urbana sin mínimas contraprestaciones. En él se ubican, por ejemplo, los aerogeneradores, los parques solares y los vertederos. Alojan los embalses, que han sido clave para el suministro eléctrico y de agua de regadío y potable. Ahora que las concesiones eléctricas de estos se extinguen, ¿por qué no cederlas a los municipios donde están ubicadas?

Una casa de pueblo y de fondo el humo y las llamas de un incendio
Incendio en la provincia de Ourense, agosto de 2025.
Guardia Civil

¿Nos hemos parado a pensar por qué las piernas de un futbolista conocido valen mucho más que los presupuestos forestales de una comunidad autónoma? ¿Por qué si los bosques españoles secuestran el 20 % de las emisiones de CO₂, este servicio clave para alcanzar la neutralidad en carbono no comporta retorno alguno para los dos millones de familias y las más de las pequeñas 3 000 entidades locales propietarias de montes?

La Unión Europea se dedica a restringir innecesariamente la gestión forestal sin competencias formales para ello. Sin embargo, impide que los bosques entren más allá que de refilón en la PAC cuando su aportación en términos de servicios ambientales y vertebración de las zonas más remotas y despobladas de su territorio supera con creces a la agricultura, que obviamente también merece apoyo, pero no en la proporción actual de 99 % a 1 % respectivamente.




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Beneficios que van más allá de prevenir incendios

Si recuperamos la gestión proactiva del territorio no solo ahorraremos en incendios, sino que tendremos más agua en ríos y embalses, más bioproductos neutros en carbono (madera, corcho, esparto,…), menor concentración de la población en las metrópolis, un patrimonio rural mejor conservado y unos alimentos mucho más saludables.

La ciencia nos confirma que las zonas formalmente protegidas se queman más. Por ello, no debemos pensar que una protección formal legal ya comporta de por sí la preservación de un entorno para prestar mucha más atención a su estado real y el de las poblaciones que allí desarrollan su proyecto vital. La investigación en los trópicos ha demostrado que allí donde se empodera a la población local, los bosques se preservan mejor.

Para superar este reto necesitamos solvencia y compromiso y no más ocurrencias que solo contribuyen a agravar el problema. Y para ello hemos de ser conscientes de que los incendios solo son la punta del iceberg del irresponsable abandono del 70 % del territorio español que como sociedad hemos perpetrado sigilosamente durante los últimos 70 años.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. Los incendios, otro grito de socorro del mundo rural – https://theconversation.com/los-incendios-otro-grito-de-socorro-del-mundo-rural-263355

¿Son las mujeres detectives exclusivas de la ficción contemporánea?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Emilio L. Ramón García, Profesor Titular de Literatura, Universidad Católica de Valencia

Fotograma de la serie ‘Se ha escrito un crimen’ con Angela Lansbury interpretando a Jessica Fletcher. IMDB

Hoy en día es común encontrarnos mujeres policías o detectives en los relatos de misterio. La actriz Jamie Lee Curtis acaba de confirmar, de hecho, que está muy cerca de interpretar a Jessica Fletcher, la popular protagonista de la serie Se ha escrito un crimen a la que dio vida Angela Lansbury, en una nueva película.

Uno podría pensar que este fenómeno, el de las investigadoras, es relativamente reciente. Y ese pensamiento sería, hasta cierto punto, verdad. Después de todo, la literatura tiene miles de años y las detectives solo un par de siglos.

Sin la labor de escritoras como Margery Allingham, Minette Walters o Patricia Highsmith, que partieron del modelo del hard-boiled estadounidense, un subgénero del policiaco bastante violento protagonizado por un detective rudo y solitario, para subvertirlo, o sin las que cogieron el testigo como P. D. James, Marcia Muller, Sue Grafton o Sara Paretsky, la creadora de la detective V. I. Warshawski, ahora no tendríamos mujeres protagonistas en el género.

En España su testigo lo recogerían Lidia Falcón, Lourdes Ortiz o Maria Antònia Oliver.

Desde entonces, la profesionalización de las investigadoras ha crecido imparable. Patricia Cornwell, por ejemplo, creó a la doctora Kay Scarpetta: patóloga forense jefe del Virginia Medical center en Richmond, acostumbrada al uso de las armas y a lidiar con la violencia contra las mujeres tanto en lo personal como en lo profesional.

Dos mujeres hablan alrededor de unos huesos en una mesa forénsica.
Emily Deschanel como Temperance Brennan en la serie ‘Bones’.
IMDB

Kathy Reichs hizo lo propio con la doctora Temperance Brennan: antropóloga forense especializada en restos humanos cuyo grado de descomposición impide que sean analizados por un forense común. Brenan saltaría a la televisión en la serie Bones (2005-2017).

¿Cuándo empezó esto?

Durante siglos, las mujeres fueron representadas como víctimas que necesitaban ser rescatadas o como femme fatales, una figura cuyas raíces se insertan en la tradición bíblica con Lilith y Salomé y en la homérica con Circe.

Pero la escritora Ann Radcliffe presentó en 1974 a una mujer que, siendo víctima de un rapto, conseguía escapar usando métodos proto-detectivescos en Los misterios de Udolfo.

Con la llegada del XIX, mientras que las investigadoras creadas por escritores retomaban sus quehaceres domésticos una vez desvelado el misterio, las ideadas por mujeres solían continuar con sus pesquisas. Así ocurría en Susan Hopley, de Catherine Crowe, o en la novela The Leavenworth Case, de Anna Katharine Green, publicada una década antes de que apareciese la primera aventura de Sherlock Holmes.

En las décadas de 1860 y 1870 se hicieron muy populares en Gran Bretaña las sensation novels: relatos que combinaban el realismo con el romance y en los que aparecían mujeres cometiendo actos criminales, algo percibido como un riesgo para la estabilidad sociedad.

Portada de La primera detective de Andrew Forrester

Siruela

En Lady Audley’s Secret, de Mary Elizabeth Braddon, una dama de apariencia angelical comete varios asesinatos para mantener su lujoso tren de vida, hasta que un sobrino de su marido la descubre. Por aquellas fechas, Gabriela Zahara, la protagonista de El clavo (1880) de Pedro Antonio de Alarcón, mataba a su marido por su ruindad y porque no le permitía estar con quien ella amaba.

Escritores y escritoras retomaron la figura de la femme fatale, pero también comenzaron a aparecer las primeras detectives profesionales de las plumas de Andrew Forrester en La primera detective (1863-1864) y William Stephen Hayward en Revelations of a Lady Detective (1864).

Tras estas apariciones, hubo que esperar 80 años para que Federico Mediante crease la primera investigadora de la narrativa española, la agente secreta número doce Diana Fletcher, en La señorita detective (1944): una bella mujer, compendio de perfecciones, y una excelente profesional que no esquiva los riesgos, lo cual admira su jefe.

Mujeres que escriben, mujeres que investigan

Desde finales del XIX, el interés por la narrativa escrita por mujeres fue en aumento. Sin duda, las tramas de L. T. Meade supusieron un hito al incluir la investigación médica. La autora se sirvió de la inestimable ayuda del cirujano Edgar Beaumont y del doctor Robert Eustace para armar sus argumentos.

En España a comienzos del siglo XX, Emilia Pardo Bazán publicó La gota de sangre (1911), donde un dandi detective amateur, que se guiaba por su intuición e imaginación, descubría a los asesinos: Chulita Ferna y Andrés Ariza. Chulita, mucho más inteligente que el detective, le acababa convenciendo para ayudarla a escapar.

Dame Agatha Christie visita el Partenón en Grecia.
Dame Agatha Christie visita el Partenón en Grecia.
National Media Museum

Si bien es cierto que a comienzos del XX no se mostraba gran aprecio por las aptitudes de las mujeres, para la Miss Marple de la autora británica Agatha Christie esto era una ventaja. Al tratarse de una mujer mayor de limitados recursos económicos, en un pequeño pueblo inglés y dedicada a unos pasatiempos comunes, su presencia pasaba desapercibida para una sociedad llena de prejuicios. Así usó su invisibilidad para resolver no pocos crímenes y sirvió de modelo para otras detectives amateurs como Miss Maud Silver, de Patricia Wentworth, o Mrs. Beatrice Adela Lestrange Bradley, de Gladys Mitchell. En España, Mercè Rodoreda también se fijó en el modelo, aunque para parodiarlo, en Crim (1936).

En EE. UU. es mención obligada la reescritura de las convenciones del hard-boiled iniciada por William Outsler y Margaret Scott, presentando a la primera mujer detective independiente y experta en el uso de armas de fuego en I found him dead (1947) y Chord in Crimson (1949).

Las revistas pulp, por su parte, también se prodigaron en relatos cortos protagonizados por diversas detectives de diferente calidad, lo cual suponía ir erosionando la visión tradicional de la mujer.

A partir de aquí, como hemos visto, la evolución es imparable.

The Conversation

Emilio L. Ramón García recibe fondos de CIAICO/2022/226 como parte de las Subvenciones para grupos de investigación consolidados. AICO 2023, de la Conselleria de Educación, Universidades y Empleo de la Generalitat Valenciana. CSV: VKRBTNBQ:2XRUFGFP:5AX3XM9R .

ref. ¿Son las mujeres detectives exclusivas de la ficción contemporánea? – https://theconversation.com/son-las-mujeres-detectives-exclusivas-de-la-ficcion-contemporanea-261038

¿Puede la vegetación recuperarse por sí sola después de un gran incendio?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By José Manuel Fernández Guisuraga, Associate Professor in Applied Ecology and Remote Sensing, Universidad de León

Troncos ennegrecidos, suelos grises y un silencio abrumador. Este es el desolador panorama que queda tras los grandes incendios forestales, como los ocurridos en las comunidades autónomas de Galicia, Castilla y León y Extremadura durante la catastrófica temporada de incendios en verano de 2025 en España. Pero afortunadamente, la vida empieza a abrirse camino mucho antes de lo que imaginamos.

En cuestión de semanas, los primeros brotes verdes emergen entre las cenizas, transformando el paisaje devastado en un mosaico inesperado de vida. La regeneración natural tras los incendios en ecosistemas propensos al fuego es un proceso fascinante.

Estrategias de las plantas para sobrevivir al fuego

La vegetación de los ecosistemas terrestres de la península ibérica convive con el fuego desde hace miles de años, y muchas especies han desarrollado adaptaciones que les permiten regenerarse tras un incendio.

Algunas se recuperan por rebrote vegetativo a partir de yemas protegidas bajo la corteza, como los alcornoques (Quercus suber), o dispuestas en las raíces, como las encinas (Quercus ilex). Otras, como los brezos rojos (Erica australis), guardan yemas en órganos subterráneos llamados lignotubérculos. Esta estrategia les ayuda a regenerarse muy rápidamente, generando un manto verde que cubre el suelo desnudo en las etapas iniciales posincendio.

También hay especies cuya regeneración depende de la germinación de semillas, ya sea almacenadas en sus estructuras aéreas o en el banco de semillas del suelo. En pinos Mediterráneos como Pinus pinaster o Pinus halepensis, el fuego facilita la apertura de sus piñas y la liberación de semillas que germinan tras las primeras lluvias. Las plántulas se desarrollan en un entorno con menos competencia y abundancia de nutrientes, lo que facilita su establecimiento.

Gracias a estas estrategias, en la mayoría de los incendios de intensidad no muy elevada, la vegetación se recupera de forma natural, sin necesidad de intervención humana.




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¿Cuánto tarda en recuperarse un ecosistema?

La velocidad a la que se recupera la vegetación tras un incendio depende de varios factores, como la intensidad del fuego, la recurrencia de incendios anteriores, el tipo de ecosistema, el clima y las propiedades del suelo.

En los matorrales Mediterráneos, el rebrote puede ser visible en cuestión de semanas. Por ejemplo, en los brezales, la cobertura vegetal puede llegar a recuperarse por completo en menos de una década. En los pinares, en cambio, el proceso es más lento, pues las plántulas tardan años en alcanzar un porte que asegure su supervivencia resistiendo la competencia y la sequía.

En encinares y robledales, el rebrote suele ser vigoroso durante los primeros años, pero el bosque requiere varias décadas para recuperar su estructura y funciones originales.

En general, puede afirmarse que el color verde empieza a dominar cuando la vegetación comienza a regenerarse en meses, pero el regreso a un ecosistema maduro requiere décadas, principalmente en ecosistemas dominados por arbolado.

Qué hacer después de un incendio

La respuesta tras un incendio no debe ser precipitada. Intervenciones apresuradas, como reforestaciones sin una evaluación previa minuciosa, pueden resultar caras y poco eficaces. Las recomendaciones científicas coinciden en que el primer paso debe ser priorizar las zonas afectadas por una alta intensidad del fuego. En ellas, se suelen llevar a cabo actuaciones de emergencia para proteger el suelo frente a la erosión, especialmente en terrenos con fuertes pendientes.

En áreas menos dañadas, donde la respuesta de rebrote o germinación es intensa, lo más recomendable suele ser dejar que el ecosistema se regenere de manera natural y observar su evolución.

En muchos casos, apoyar estos procesos mediante la reducción de la competencia resulta muy efectivo. Solo cuando sea necesaria la reforestación, se recomienda recurrir a especies autóctonas resistentes al fuego.

Sin embargo, existen situaciones más críticas. Un caso especialmente delicado es el de las zonas que sufren incendios de alta intensidad en cortos periodos de tiempo. Bajo estas circunstancias, el negro puede seguir dominando el paisaje durante mucho tiempo y, en el mejor de los casos, la regeneración puede desembocar en una conversión del tipo de ecosistema. Esto ocurre porque los árboles jóvenes no llegan a producir semillas y las plantas rebrotadoras acaban agotando sus recursos. Así, un robledal o un pinar maduro pueden transformarse de manera permanente en un matorral. Si el objetivo es recuperar el ecosistema original, pueden ser prioritarias medidas activas de reforestación mediante siembras o plantaciones selectivas.




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Mirando al futuro

Tras un gran incendio no solo debemos pensar en cómo recuperar la vegetación perdida, sino también en cómo preparar el territorio para futuros incendios de gran intensidad. Esto implica favorecer paisajes en mosaico mediante prácticas agrícolas, ganaderas y silvícolas tradicionales, que reduzcan la acumulación de combustible y hagan los incendios más manejables.

En definitiva, la regeneración tras el fuego es un proceso natural, aunque no siempre garantizado. La clave está en comprender que no todos los incendios son iguales. Algunos abren oportunidades para que la vida renazca con fuerza, mientras que otros pueden iniciar una degradación irreversible si no actuamos con inteligencia.

The Conversation

José Manuel Fernández Guisuraga recibe fondos de la Unión Europea, del MITECO, de la Fundación Biodiversidad, de la Junta de Castilla y Leon y de la Universidad de León.

Leonor Calvo Galván recibe fondos de la Unión Europea, del MITECO, de la Fundación Biodiversidad, de la Junta de Castilla y Leon y de la Universidad de León.

ref. ¿Puede la vegetación recuperarse por sí sola después de un gran incendio? – https://theconversation.com/puede-la-vegetacion-recuperarse-por-si-sola-despues-de-un-gran-incendio-263550

Las empresas con buena reputación atraen talento, clientes y dinero

Source: The Conversation – (in Spanish) – By M. Dolores Guerrero-Baena, Profesora Titular de Universidad. Área de Economía Financiera y Contabilidad. Universidad de Córdoba., Universidad de Córdoba

Javier Bermúdez Zayas/Shutterstock

Detrás de más del 99 % del tejido empresarial español no hay grandes corporaciones sino historias de esfuerzo: la panadería de toda la vida, la startup innovadora del compañero de colegio o el taller de confianza de la familia. Estas pymes generan alrededor del 60 % de la riqueza nacional.

Sin embargo, en un mercado globalizado y dominado por grandes empresas que pueden gastar cientos de miles de euros en marketing, ¿cómo pueden competir estas empresas? La respuesta la encontramos en un activo intangible inmensamente poderoso: su reputación.




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La reputación como ventaja competitiva

La reputación empresarial no puede ser vista como un lujo reservado a las grandes multinacionales, sino como una herramienta estratégica y fundamental para la supervivencia y el crecimiento de las pymes.

En los últimos años han aumentado las investigaciones sobre el tema. Este boom no es casual: en un entorno digital, donde la opinión de un cliente puede viralizarse en segundos, gestionar lo que se dice y se piensa de una empresa es más crucial que nunca.

Desde las universidades de Jaén y Córdoba, analizamos más de 260 artículos académicos sobre reputación en pymes. Nuestro objetivo ha sido entender qué sabemos, qué falta por investigar y cómo podemos ayudar a las pymes para aprovechar este superpoder.

Teorías sobre reputación corporativa

La investigación académica se apoya en varias teorías que explican la importancia de la reputación empresarial. Una de las más utilizadas es la teoría de la empresa basada en los recursos y las capacidades, que considera la reputación como un activo estratégico difícil de imitar por la competencia.

También es clave la teoría de las señales, según la cual, una buena reputación funciona como una señal de fiabilidad para clientes, proveedores e inversores. Otra teoría, la de la legitimidad, plantea que la reputación garantiza la aceptación del negocio por parte de la sociedad.

Otra cuestión fundamental para las pymes, y especialmente en las que son empresas familiares, es que la reputación del fundador o de la familia se transfiere directamente a la empresa. Se crea así un vínculo de confianza personal que las grandes corporaciones no pueden copiar.

La reputación también está ligada a dos conceptos:

  1. Identidad corporativa: cómo se ve la empresa por dentro, cómo la perciben sus empleados.

  2. Imagen de marca: cómo se ve la empresa desde fuera.

Cuando identidad corporativa y marca están alineadas, la reputación se fortalece y, generalmente, los beneficios crecen.




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El impacto en el bolsillo

Un reciente estudio del Centro de Finanzas Sostenibles y Responsables de España, en colaboración con la Confederación Española de la Pequeña y Mediana Empresa, revela que 3 de cada 4 pymes cree que llevar a cabo acciones ASG (ambientales, sociales y de gobernanza) proporciona beneficios. El principal, la mejora de la reputación.




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Además, no solo se tienen que llevar a cabo esas acciones, sino que también se deben comunicar: “lo que no se cuenta, no cuenta”. Y más cuando la sostenibilidad es una preocupación muy presente en la sociedad.

Una buena reputación tiene efectos económicos tangibles: los clientes están dispuestos a pagar más por productos y servicios de empresas en las que confían. Además, inversores y entidades financieras valoran la reputación como un indicador de confianza. Una buena imagen se traduce en menores costes a la hora de conseguir préstamos y en una mayor facilidad para atraer a inversores, incluso en los mercados bursátiles.

De hecho, para las pymes más grandes que deciden salir a bolsa, la reputación es fundamental. En las ofertas públicas iniciales, donde los inversores no tienen un historial de rendimiento bursátil, la reputación de la empresa influye sobre el éxito de la operación.

Los grupos de interés, la clave

La reputación no se construye en el vacío. Empleados, clientes, proveedores, comunidades locales… los conocidos como stakeholders influyen en cómo se percibe una empresa. Al fin y al cabo, la reputación no es algo que la empresa posea sino una percepción en la mente de sus grupos de interés. Por ello, crearla y mantenerla es vital para la pyme.

El empleado orgulloso de su empresa es el mejor embajador. Una buena reputación como empleador atrae y retiene talento, reduce el absentismo y aumenta la productividad de sus trabajadores. Además, la confianza de los clientes genera lealtad a la marca. En la era digital, gestionar la reputación online a través de las redes sociales y las reseñas es imprescindible para que confíen en ti.




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Invertir en reputación es invertir en futuro

En definitiva, los consumidores valoran la transparencia, el compromiso y el saber hacer de las empresas. De ahí que las pymes no puedan ignorar la importancia de su reputación.

Mientras los gigantes invierten en grandes campañas de comunicación, las pymes cuentan con un superpoder más cercano y auténtico: la implicación personal de sus dueños, su conexión con la comunidad y su capacidad para construir relaciones basadas en la confianza. No se trata de gastar más, sino de gestionar mejor. Y eso empieza por entender que la reputación no es un lujo, sino una necesidad.

Una reputación sólida permite a las pymes diferenciarse, fidelizar clientes, atraer talento y acceder a mejores condiciones de financiación. La buena “fama”, construida sobre la calidad, la confianza y la innovación, es un recurso valioso (y difícil de copiar por la competencia). En un mundo que valora cada vez más la autenticidad, puede que la reputación sea un activo intangible. Pero sus efectos son muy tangibles. Por ello, cuidarla es una de las inversiones más rentables para las pymes.

The Conversation

El estudio publicado en la revista Review of Managerial Science ha sido financiado a través del Proyecto de Investigación del Ministerio de Ciencia e Innovación (Gobierno de España) “La información financiera y no financiera como herramienta en la gestión reputacional” (PID2021-124494NBI00).

ref. Las empresas con buena reputación atraen talento, clientes y dinero – https://theconversation.com/las-empresas-con-buena-reputacion-atraen-talento-clientes-y-dinero-261834

Más allá de Freud: Edipo y Electra en los adolescentes de hoy

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Joan Tahull Fort, Profesor de sociología de la educación, Universitat de Lleida

YAKOBCHUK VIACHESLAV

A los 16 años, Marta no podía soportar a su madre. Todo lo que decía le parecía una crítica. Su forma de vestir, sus opiniones, incluso el modo en que le servía la comida: todo lo interpretaba como juicios personales hacia ella. Era como si estuvieran en una guerra constante donde cualquier frase podía iniciar una discusión.

En cambio, con su padre era otra persona: se mostraba dulce, receptiva y buscaba su aprobación constantemente. Para muchos adultos, este tipo de situaciones es solo parte de “la edad del pavo”. Sin embargo, desde una mirada psicológica, estos gestos pueden reflejar un proceso más profundo: una etapa simbólica que todo adolescente atraviesa a su manera.

Se trata del proceso de separación-individuación, conocido en el psicoanálisis clásico como complejo de Edipo o Electra, y que hoy se reinterpreta como una fase natural del desarrollo emocional en la que el adolescente busca diferenciarse psíquicamente de sus figuras parentales. Ya no se concibe necesariamente ligado a la sexualidad o al deseo, sino a la necesidad de construir una identidad autónoma.

Una tensión necesaria para crecer

Este conflicto, originalmente descrito por Freud, suele ubicarse en la primera infancia, pero en la adolescencia se experimenta de nuevo con otros matices. El adolescente deja de ver a sus padres como figuras omnipotentes y comienza a cuestionarlos, compararse con ellos, rivalizar e incluso idealizar.

Hoy, además, este proceso se ve influido por la exposición constante a redes sociales y entornos digitales, donde los adolescentes encuentran nuevos modelos de identidad, valores y formas de relación que pueden chocar o alejarse de los de su familia. Este proceso es conflictivo, pero esencial; representa el primer paso hacia la autonomía emocional y la identidad adulta.




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Redefinición de vínculos

Álex, de 17 años, siempre tuvo una relación cercana con su madre. Pero desde hace un año, cualquier gesto suyo le resulta irritante. La percibe como invasiva, controladora y, sobre todo, incapaz de entenderlo. En cambio, con su padre, que está menos presente, mantiene una relación ambivalente. A veces lo admira profundamente; otras veces lo desafía. Cuando lo supera en algún juego o discusión, siente una victoria que va más allá del momento: es la prueba de que ya no es un niño.

Este tipo de dinámicas, lejos de ser una excepción, son hoy entendidas como expresiones de un cambio estructural en la identidad y la transición a la vida adulta. Es un momento en el que el joven deja de identificarse de manera exclusiva con sus padres para buscar —o crear— sus propios referentes. Este proceso se conoce como redefinición de vínculos primarios y construcción de la autonomía relacional.

Del mito freudiano a la adolescencia de hoy

Freud planteaba que durante la infancia el niño desarrolla un vínculo emocional fuerte con uno de sus progenitores y una rivalidad inconsciente con el otro. Esa tensión se resuelve al aceptar los límites impuestos por la realidad –por ejemplo, la imposibilidad del deseo incestuoso– y al interiorizar figuras de autoridad.

Hoy se sabe que la resolución de estos conflictos no sigue un patrón universal ni sexualizado. Las relaciones familiares son más diversas, incluyendo familias monoparentales, homoparentales y composiciones multigeneracionales. A esto se suman cambios en los modelos de crianza, más dialogantes y menos jerárquicos, que ofrecen a los adolescentes mayor espacio para expresarse, pero también más responsabilidad emocional antes de estar totalmente preparados.




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Límites internos ante la influencia materna o paterna

Lo que no cambia, incluso en los distintos tipos de familias, es que todo adolescente necesita aprender a poner sus propios límites internos –decidir hasta dónde se deja influir–, diferenciarse emocionalmente de sus padres para no vivir bajo su sombra y buscar otras figuras de referencia, dentro o fuera de la familia, que le ayuden a construir su identidad.

Este proceso no es un trastorno, sino un ritual social y psicológico de separación e individuación. Si en la infancia el niño dependía emocionalmente de sus padres, en la adolescencia necesita liberarse de esa dependencia para construir su identidad. El conflicto tiene una función: ayuda a romper los lazos simbólicos de fusión y a establecer una distancia saludable. Y no se da necesariamente con el progenitor del mismo sexo, sino con quien representa la autoridad, el control o la sobreprotección, sea quien sea. En otros casos, aparece una idealización del otro progenitor o de una figura externa, que actúa como espejo de los deseos del adolescente.

Ambos comportamientos, el rechazo y la idealización, pueden combinarse, como en el caso de Marta, que se distancia de su madre mientras idealiza a su padre, pero también pueden darse por separado: hay adolescentes que idealizan al progenitor menos involucrado. Lo esencial no es la forma concreta que adopta, sino la función simbólica: diferenciarse de quien ejerce control y apoyarse en otra figura que ofrezca un espejo para construir la propia identidad.

¿Qué pasa si no se resuelve?

No todos los adolescentes logran atravesar este periodo con facilidad. En algunos casos, especialmente cuando no se da esa rebeldía o se reprime, quedan atrapados en una lealtad inconsciente que les impide despegar. Jóvenes que siguen buscando aprobación excesiva de sus padres o que no se atreven a tomar decisiones por miedo a decepcionarlos pueden estar experimentando una dependencia emocional crónica.

Del mismo modo, quienes eligen parejas con características muy similares a las de sus progenitores, sin cuestionar si eso les hace felices, pueden estar repitiendo patrones no resueltos. Resolver este conflicto no significa romper la relación familiar ni dejar de querer a los padres. Significa redefinir el vínculo desde una posición más simétrica y autónoma.

¿Cómo acompañar esta transición?

La familia tiene un papel central en este proceso. Lejos de juzgar o minimizar los cambios, lo ideal es que los adultos puedan comprender que el conflicto es parte del crecimiento. Algunas estrategias útiles son:

  • Validar las emociones sin juzgar: el malestar adolescente necesita contención, no corrección inmediata.

  • Aceptar la crítica sin personalizarla: cuando un adolescente cuestiona todo, está explorando nuevos valores.

  • Dar espacio sin abandonar: los jóvenes necesitan experimentar el mundo por sí mismos, pero sabiendo que tienen una base segura a la que volver.

  • Poner límites claros pero negociables: la autoridad rígida puede aumentar la rebelión; en cambio, los acuerdos favorecen la responsabilidad.

  • Evitar los triángulos: no es recomendable que un progenitor se alíe con el hijo para criticar al otro; eso refuerza el conflicto y genera más confusión.

En este contexto, las redes sociales y las interacciones digitales también juegan un papel ambivalente: pueden ofrecer apoyo y nuevos referentes positivos, pero también exponen al adolescente a comparaciones constantes y presiones de imagen que afectan su autoestima. Por eso, la escuela, el grupo de amigos y figuras externas son claves para ofrecer modelos de relación saludables y diversos.

Del conflicto al reencuentro: el inicio de un nuevo vínculo

Con el tiempo, Marta, aquella adolescente que discutía con su madre y buscaba refugio en su padre, empezó a cambiar. No fue de un día para otro. Pasaron varias crisis, llantos, distancias y reconciliaciones. Pero un día, ya con 18 años, se sorprendió al notar que disfrutaba conversar con su madre sin pelear. Que su padre ya no era tan “perfecto” como lo veía antes. Y que ella, Marta, podía decidir por sí misma. Ya no necesitaba la aprobación para sentirse válida, ni la rebelión para sentirse libre. Había aprendido a ser ella misma.

De manera similar, Álex también logró dar ese paso. Tras meses de distancias y choques con su madre, empezó a escucharla sin sentirse amenazado y a relacionarse con su padre sin idealizarlo ni competir constantemente. Descubrió que podía pedir consejo sin someterse, y defender sus decisiones sin romper los lazos. Para él, como para tantos adolescentes, resolver este conflicto significó dejar de ser “el hijo de” para empezar a ser él mismo.

El proceso de diferenciación emocional en la adolescencia es un rito de paso. Detrás del caos emocional, las contradicciones y los conflictos, está el nacimiento de un sujeto con identidad propia. Y como todo nacimiento, viene con dolor, desconcierto y también con esperanza. No se trata de eliminar el vínculo con los padres, sino de transformarlo. Pasar de un amor basado en la necesidad a un amor basado en la libertad. Pasar de la obediencia ciega al diálogo. De la imitación a la creación.

The Conversation

Joan Tahull Fort no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Más allá de Freud: Edipo y Electra en los adolescentes de hoy – https://theconversation.com/mas-alla-de-freud-edipo-y-electra-en-los-adolescentes-de-hoy-262964

Los viajes de Lady Holland y George Eliot, dos británicas en la España del siglo XIX

Source: The Conversation – (in Spanish) – By María Jesús Lorenzo Modia, Catedrática de Filología Inglesa, Universidade da Coruña

‘Un paisaje. Recuerdos de Andalucía, costa del Mediterráneo, junto a Torremolinos’, de Carlos de Haes. Museo del Prado

Estamos a comienzos del siglo XIX, poco después de los sucesos de la Revolución francesa. Es la época de la Regencia en el Reino Unido, un momento en el que se desencadena la guerra de la Independencia española (1808-1814) contra los franceses con el apoyo británico. Hierve el romanticismo y en 1837 comienza la época victoriana, el cenit de la industrialización y del imperio británico.

En estos años, España es un destino común para los europeos que viajan, tanto por su relevancia política y cultural como por su exotismo, además de por su posición estratégica en las rutas a América.

Destaca así la visita de dos mujeres con gran relevancia literaria y política, cuyas experiencias quedaron reflejadas en sus escritos sobre la península.

Alternando con las mentes privilegiadas del país

La primera de las viajeras ilustres sería Elizabeth Vassal Fox (1773-1840), conocida como Lady Holland por su matrimonio con Henry Richard Vassall Fox, tercer barón Holland. Henry, político liberal y uno de los grandes hispanistas de ese período, era además sobrino del ministro de Asuntos Exteriores de Gran Bretaña, Charles Fox.

Lady Holland sobresalió en su tiempo porque reunía en su casa de Londres a las grandes mentes pensantes y políticas del Reino Unido, y a todos los extranjeros que llegaban a la capital británica. Holland House acogió a muchos intelectuales españoles exiliados, como Gaspar Melchor de Jovellanos o José María Blanco White, pero también incluía en sus tertulias a Sir Walter Scott, Lord Byron, Charles Dickens, Thomas Macaulay, Benjamin Disraeli y Robert Southey.

Elizabeth Fox visitó España varias veces, hasta el punto de que escribió un diario hispano, editado por el Earl of Ilchester, que no vio la luz hasta 1910 como The Spanish Journal of Lady Holland.

En Inglaterra consideraban que los viajes al sur de Europa eran terapéuticos, probablemente debido al cambio de aires a climas más secos y calurosos. Por eso, el primer viaje de Lady Holland a la península tuvo como objetivo mejorar la salud de su hijo, aunque también pudo deberse al interés hispanista del matrimonio. De hecho, estuvieron en la península tres años, entre 1802 y 1805, y posteriormente en noviembre de 1808, durante la guerra de la Independencia.

Elizabeth, muy bien conectada con las altas esferas políticas de su país y con la intelectualidad europea, también tenía en España contactos con las élites gobernantes y con los intelectuales del país. De hecho, durante su estancia en A Coruña fue recibida por el cónsul británico de la ciudad y por la familia de la escritora Emilia Pardo Bazán. En su relato se ve que también visitaban con frecuencia a los industriales y comerciantes británicos de las localidades que transitaban.

Pintura de una mujer sentada con un niño pequeño y un perro a los pies.
Retrato de Lady Holland con su hijo, de Louis Gauffier.
Museé Fabre/Wikimedia Commons

Además, el matrimonio acudía invitado por sus pares hispanos a recepciones, bailes, espectáculos taurinos y casas de campo. Como ejemplo podemos citar sus visitas a Jerez de la Frontera, Cádiz y Granada, donde asistieron a un espectáculo de Guaracha con el virrey de México, Miguel José Azanza, o la recepción que les hizo Carlos IV cuando llegan a Aranjuez.

En el texto, la autora destaca también sus visitas a los teatros para disfrutar de las representaciones, en particular de Shakespeare, Lope de Vega y Calderón. En el corral de comedias de la calle de la Cruz de Madrid acudieron a ver una obra del hispanoamericano Juan Ruiz de Alarcón y Mendoza. Igualmente, Elizabeth menciona su gusto por los poemas burlescos de Quevedo e indica su cambio de idea en relación con Don Quijote de la Mancha, un libro que, en su lectura en Inglaterra, le había resultado monótono y burlesco y ahora lo encuentra perfecto.

La religión también le llamó la atención. En particular, las prácticas de la Inquisición –que, en el momento de su viaje, todavía no se había abolido–. En su texto relata su visita a la cárcel y a las salas del Santo Oficio en Murcia, que no pudo visitar en su totalidad por estar reunidos sus miembros. Cuenta que en ellas vio instrumentos de tortura de hierro y un sambenito, esto es, “una gorra de cartón con dibujos de serpientes, escorpiones y demonios vomitando llamas”.

Asimismo, queda patente su gran interés por disfrutar de los maestros españoles de la pintura, entre ellos Antonio Palomino de Castro y Velasco y Murillo.

Un viaje también para investigar

La segunda británica que paseó por España fue Mary Anne Evans, conocida por su seudónimo George Eliot, autora de, entre otras novelas, Middlemarch y considerada una de las mejores escritoras del período victoriano.

Retrato de la escritora George Eliot.
Retrato de la escritora George Eliot.
Wikimedia Commons

Su viaje y el de Lady Holland son mucho más similares de lo que pueda parecer al inicio, precisamente porque sus circunstancias son diferentes. Los primeros, como hemos visto, se relacionaban con soltura en los círculos políticos e intelectuales. Eliot, décadas más tarde (en 1868), viajó acompañada de su pareja, el filósofo y crítico literario británico George Henry Lewes, una persona también aquejada de mala salud a la que el clima español le venía bien. Como este no estaba separado oficialmente de su esposa (con la que mantenía un matrimonio abierto), la escritora había sido rechazada por su propia familia y tampoco era admitida en las reuniones sociales en Londres, públicas o privadas.

Su respiro era viajar por Europa. Al igual que Elizabeth, Eliot asistió en España a las representaciones teatrales que encontraba en las ciudades que visitaba. La pareja dio cuenta en sus respectivas correspondencias de que buscaban autores españoles concretos cuando llegaban a una librería.

Otro de los elementos coincidentes entre las viajeras es su interés por el arte. Eliot visitó todos los templos y museos en los que podía encontrar obras de los grandes maestros de la pintura española, especialmente en Sevilla, El Escorial y Madrid.

La escritora buscaba inspiración en la cultura española, especialmente para su obra The Spanish Gypsy: A Poem, que publicaría en 1868, tres años después de su viaje. La recepción de este texto, traducido al castellano como La gitanilla española, poema dramático, fue un éxito en el mundo anglosajón. Con motivo del bicentenario del nacimiento de Eliot, en 2020 vio la luz la primera edición en castellano.

Así, estas dos mujeres se trasladaron a España originariamente por problemas de salud de la familia, pero, como demuestran sus publicaciones, también por interés genuino en el país.

The Conversation

María Jesús Lorenzo Modia recibe fondos de Ministerio de Ciencia, Innovaciín y Universidades a través del proyecto “Posthuman Intersections in Irish and Galician Literatures” Research Project, MCI and ERDF, ref. PID2022-136251NB-I00. Ella trabaja para la Universidade da Coruña y para la Universidad Internacional Menéndez Pelayo en Galicia

ref. Los viajes de Lady Holland y George Eliot, dos británicas en la España del siglo XIX – https://theconversation.com/los-viajes-de-lady-holland-y-george-eliot-dos-britanicas-en-la-espana-del-siglo-xix-262457

Una encuesta en Gaza revela que aún hay gazatíes que creen en la paz

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Ángel Gómez Jiménez, Catedrático de Psicología Social, UNED – Universidad Nacional de Educación a Distancia

Anas-Mohammed/Shutterstock

Si bien parece que Hamás ha aceptado una propuesta de alto el fuego por parte de Israel, el ejército israelí ha comenzado a prepararse para tomar la ciudad de Gaza. Después del fracaso del alto el fuego de enero y del acuerdo de intercambio de rehenes por prisioneros, y tras meses de una guerra devastadora y despiadada, el futuro de Gaza y de sus 2,1 millones de habitantes parece cada vez más incierto.

Cuando las consecuencias de este conflicto hacen pensar que podría no terminar nunca, que dejará un trauma insuperable o que, en el peor de los casos, alimentará deseos de venganza, un estudio que hemos publicado recientemente en la revista New England Journal of Public Policy muestra que muchos gazatíes siguen albergando la esperanza de alcanzar la paz.

¿Luchar o no luchar?

La investigación fue dirigida por el grupo ARTIS International y el Oxford University Changing Character of War Center, y llevada a cabo por el Palestinian Center for Policy and Survey Research (PSR). El diseño del estudio y el control de los datos estuvieron a cargo de los dos autores que firmamos este artículo.

Nuestro objetivo era examinar los componentes psicosociales de la disposición a luchar. Para ello se entrevistó a una muestra representativa de 500 participantes, en muchos casos procedentes en refugios, y durante días en los que el alto el fuego en enero estaba aparentemente garantizado.

Las encuestas las realizaron investigadores locales con gran experiencia en trabajo de campo y en la detección de respuestas insinceras. Los participantes respondían a un cuestionario que incluía medidas interactivas, en una plataforma que ha resultado de gran utilidad en la recogida de datos en otros contextos, por ejemplo en el conflicto en Siria entre combatientes e ISIS, con terroristas islamistas y miembros de bandas en prisión, o durante el reciente conflicto entre Rusia y Ucrania.

Un conflicto difícil de resolver

El estudio reveló que la simpatía hacia Hamás disminuyó desde los primeros meses de la guerra. Sin embargo, debido al bajo apoyo a otras alternativas políticas, Hamás recuperó gradualmente su influencia sobre Gaza. Además, la guerra, en lugar de suavizar los objetivos políticos de los gazatíes, redujo el apoyo a una solución negociada con Israel.

Los datos también mostraron que los habitantes mantenían un fuerte compromiso con sus valores y con su identidad nacional y religiosa. Este compromiso los predisponía a realizar sacrificios personales si fuera necesario. Mantener valores fundamentales puede empoderar a las personas para enfrentarse a oponentes con recursos mucho mayores, y los habitantes de Gaza no son una excepción.

Por otro lado, de la encuesta se deduce que es improbable que se produzca un avance hacia la paz con Israel que no tenga en cuenta el mantenimiento de los valores fundamentales de los habitantes de Gaza, al menos en un grado mutuamente tolerable.

Cuando la paz es posible

Debido a la dificultad de dar pasos hacia la paz en un conflicto de larga duración como este, nuestro desafío consistió en dar un primer paso para identificar los componentes psicosociales que podrían favorecer un cambio hacia la paz. Para ello, nos basamos en investigaciones previas de negociadores experimentados en conflictos que parecían irresolubles, las cuales sugieren que una auténtica consolidación de la paz requiere la humanización o rehumanización del adversario.

Nuestro estudio ofrecía un escenario propicio para evaluar si la humanización del enemigo podría predecir la disposición de las personas a realizar sacrificios personales por conseguir la paz en tiempos de guerra y, de ser así, explorar qué factores podrían explicar la asociación entre la humanización del oponente y la voluntad por realizar un intenso sacrificio por conseguir la paz con él.

Solo un 10 % de los participantes humanizaba a los israelíes

La paz es difícil de conseguir, pero no imposible. Los resultados mostraron que solo un 10 % de los participantes humanizaba a los israelíes (con una puntuación por encima del punto medio de la escala). Y fueron justo estos participantes los que se mostraron dispuestos a realizar sacrificios por lograr la paz, como perder su trabajo o fuente de ingresos, luchar e incluso morir.

Los gazatíes que humanizan a los israelíes están dispuestos a realizar sacrificios por lograr la paz.
Berit Kessler / Shutterstock

Además, nuestro estudio reveló por qué la humanización del enemigo promueve esta disposición: al humanizar a Israel, los participantes confiaban más en sus ciudadanos, consideraban la consecución de la paz como algo “sagrado” y aumentaban su apoyo a mantener un contacto positivo entre ciudadanos palestinos e israelíes.

Pese a sus limitaciones, este estudio constituye un primer paso importante al señalar posibles vías para que los ciudadanos involucrados en un conflicto de esta magnitud estén dispuestos a alcanzar la paz con su enemigo, así como los mecanismos que podrían facilitarlo.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. Una encuesta en Gaza revela que aún hay gazatíes que creen en la paz – https://theconversation.com/una-encuesta-en-gaza-revela-que-aun-hay-gazaties-que-creen-en-la-paz-262258

Los alimentos ultraprocesados podrían no ser el enemigo público número uno de nuestra dieta

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Graham Finlayson, Professor of Psychobiology, University of Leeds

JeniFoto/Shutterstock

Los alimentos ultraprocesados se han convertido en perversos villanos en los debates sobre nutrición. A las patatas fritas, las comidas preparadas y los refrescos, entre productos fabricados industrialmente, se les culpa de una amaplia gama de problemas de salud actuales, desde la demencia hasta la obesidad y la epidemia de “adicción a la comida”.

Es más, algunos expertos sostienen que están “formulados específicamente y comercializados de forma agresiva para maximizar el consumo y los beneficios de las empresas”, secuestrando los sistemas de recompensa de nuestro cerebro para hacernos comer más allá de nuestras necesidades.

Los responsables políticos han propuesto intervenciones audaces: etiquetas de advertencia, restricciones de comercialización, impuestos e incluso prohibiciones totales cerca de las escuelas. Pero ¿en qué medida esta urgencia de acabar con los ultraprocesados se basa en pruebas sólidas?

Mis colegas y yo quisimos dar un paso atrás y averiguar qué es lo que realmente hace que a la gente le guste un alimento concreto. Y también qué les impulsa a comer en exceso, no solo a disfrutarlo, sino a seguir comiendo después de haber saciado el hambre. Trabajamos con más de 3 000 adultos del Reino Unido y con más de 400 alimentos cotidianos. Lo que descubrimos cuestiona la narrativa simplista de los alimentos ultraprocesados y ofrece nuevos matices que nos pueden ayudar a avanzar.

Comer por placer en lugar de por hambre

Hay dos conceptos que a menudo se confunden en el discurso sobre la nutrición: que un alimento nos “guste” y que lo comamos en exceso por placer en lugar de por hambre. Por ejemplo, a mucha gente le gusta el sabor de la avena, pero rara vez se da un atracón de avena. No es el caso del chocolate, las galletas y el helado, que además de gustarnos solemos devorar sin saber ponerle fin.

Para nuestra investigación, realizamos tres grandes estudios en línea en los que los participantes calificaron fotos de raciones de alimentos sin marca según cuánto les gustaban y la probabilidad de que comieran en exceso. Los alimentos eran productos reconocibles en una cesta de la compra típica: patatas asadas, manzanas, pasta, pollo, natillas… Más de 400 en total.

A continuación, sopesamos las respuestas teniendo en cuenta tres aspectos: el contenido nutricional de los alimentos (grasa, azúcar, fibra, densidad energética), su clasificación como ultraprocesados según el ampliamente utilizado sistema Nova –un método de clasificación de alimentos que agrupa los alimentos según el grado y la finalidad de su procesamiento– y la percepción que tenían las personas de ellos (dulces, grasos, procesados, saludables, etc.).

Una mirada sesgada de lo que comemos

Algunos resultados eran previsibles: a las personas les gustaban los alimentos que comían más a menudo, y los alimentos ricos en calorías eran más propensos a provocar un consumo excesivo.

Pero la conclusión más sorprendente se derivó del papel de las creencias y las percepciones. El contenido nutricional era importante: las personas calificaban los alimentos ricos en grasas y carbohidratos como más agradables, y los alimentos bajos en fibra y ricos en calorías como más “adictivos”. Pero lo que la gente creía sobre los alimentos también importaba, y mucho.

Percibir un alimento como dulce, graso o muy procesado aumentaba la probabilidad de comer en exceso, independientemente de su contenido nutricional real. Los alimentos que se consideraban amargos o ricos en fibra tenían el efecto contrario.

En una encuesta, pudimos predecir el 78 % de la variación en la probabilidad de que las personas comieran en exceso combinando datos nutricionales (41 %) con creencias sobre los alimentos y sus cualidades sensoriales (otro 38 %). En resumen: nuestras ideas preconcebidas de los alimentos afectan a cómo los comemos tanto como su contenido nutricional real.

Esto nos lleva a los alimentos ultraprocesados. A pesar del intenso escrutinio, clasificar un alimento como “ultraprocesado” aportó muy poco a nuestros modelos predictivos.

Una vez que tuvimos en cuenta el contenido nutricional y la percepción de los alimentos, la clasificación Nova explicaba menos del 2 % de la variación en el gusto y solo el 4 % en el consumo excesivo.

No todos los ultraprocesados son iguales

Eso no quiere decir que todos los alimentos ultraprocesados sean inofensivos: muchos son ricos en calorías, bajos en fibra y fáciles de consumir en exceso. Pero la etiqueta de “ultraprocesado” es un instrumento poco preciso. Agrupa productos tan distintos como los refrescos azucarados, los cereales enriquecidos o las barritas proteicas.

Algunos de estos productos pueden ser poco saludables, pero otros pueden ser útiles, especialmente para personas mayores con poco apetito, personas con dietas restringidas o aquellas que buscan una nutrición práctica.

El mensaje de que todos los ultraprocesados son malos es demasiado simplista. Las personas no comen basándose únicamente en las etiquetas de los alimentos: comen en función del sabor de los alimentos, cómo les hacen sentir y cómo encajan con sus objetivos de salud, sociales o emocionales.

Basar las políticas en las etiquetas de estos alimentos podría ser contraproducente. Las etiquetas de advertencia podrían alejar a las personas de alimentos que en realidad les benefician, como los cereales integrales, o crear confusión sobre lo que es realmente poco saludable.

En su lugar, recomendamos un enfoque más informado y personalizado:

  • Mejorar la educación alimentaria, ayudando a las personas a comprender qué hace que los alimentos sean satisfactorios, qué provoca los antojos y cómo reconocer sus señales personales de comer en exceso.

  • Reformular con intención, diseñando productos alimenticios que sean agradables y saciantes, en lugar de recurrir a opciones “dietéticas” insípidas o a aperitivos ultraapetecibles.

  • Abordar las motivaciones para comer. No hay que perder de vista que las personas comen por muchas razones más allá del hambre, como por comodidad, conexión y placer. Apoyar hábitos alternativos y maximizar el disfrute podría reducir la dependencia de alimentos de baja calidad.

Lo importante no es si algo viene o no en un paquete

Algunos ultraprocesados sí merecen que nos preocupemos: aquellos ricos en calorías, que se comercializan de forma agresiva y a menudo se venden en porciones excesivas.

Pero etiquetar categorías enteras de alimentos como malos basándose únicamente en su procesamiento pasa por alto la complejidad del comportamiento alimentario. Lo que nos impulsa a comer y a comer en exceso es complicado, pero no imposible de entender. Ahora disponemos de datos y modelos para desentrañar esas motivaciones y ayudar a las personas a adoptar dietas más saludables y satisfactorias.

En última instancia, las características nutricionales y sensoriales de los alimentos, y cómo las percibimos, son más importantes que si algo viene en un paquete o no. Si queremos fomentar buenos hábitos alimenticios, es hora de dejar de demonizar grupos de alimentos y empezar a centrarnos en la psicología que hay detrás de nuestras elecciones.

The Conversation

Graham Finlayson ha recibido financiación de Horizon Europe, UKRI y Slimming World.

James Stubbs es consultor de Slimming World UK. Recibe financiación de UKRI.

ref. Los alimentos ultraprocesados podrían no ser el enemigo público número uno de nuestra dieta – https://theconversation.com/los-alimentos-ultraprocesados-podrian-no-ser-el-enemigo-publico-numero-uno-de-nuestra-dieta-263566

Genética forense para identificar a los “padres” del Cabernet Sauvignon, el Chardonnay y otros vinos

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Gemma Marfany Nadal, Profesora Catedrática de Genética, Universitat de Barcelona

Rostislav_Sedlacek/Shutterstock

El vino forma parte de la cultura mediterránea. El resultado de la fermentación del jugo de uva prensada (agua y alcohol acompañados de compuestos químicos volátiles –como aldehídos, cetonas, ésteres…– o no volátiles –como azúcar, flavonoides, terpenos…– en proporciones muy variables) ha acompañado los rituales, fiestas, comidas y momentos de socialización o descanso de los humanos muy probablemente desde el Paleolítico.

La vid salvaje de la que salían aquellos primeros “vinos” produce sus frutos en racimos. Y aunque sus bayas son mucho más pequeñas que las variedades cultivadas, cuando maduran son dulces. Seguramente, nuestros ancestros de las sociedades cazadoras recolectoras aprendieron pronto que estos racimos eran una fuente de energía muy sabrosa y portable. Y seguramente, el vino se descubrió por azar, tras encontrar el jugo de las uvas muy maduras, con inicio de fermentación alcohólica por las levaduras que hay sobre el hollejo (la piel que recubre la uva).

Rastreando el origen del Cabernet Sauvignon

Cuando disfrutamos de una copa del vino Cabernet Sauvignon pocas veces pensamos cómo se cultiva la cepa de la que se obtienen las uvas productoras. Quizás incluso asumimos, sin decirlo, que todas las cepas del mundo con este nombre son genéticamente la misma cepa, clones idénticos derivados de una única cepa original que, al gustarnos tanto el vino que generaba, decidimos clonar millones y millones de veces, cubriendo millones de hectáreas cultivadas.

Y en efecto, así es. Usamos reproducción asexual para cultivar las vides, reproduciendo una y otra vez al mismo individuo que ya existía originalmente. Como hacemos con las patatas Kennebec o las manzanas Fuji cuando vamos al mercado: consumir el clon del clon del clon de una cadena de clones de una planta original que nos cautivó por su sabor y textura.

Genética forense aplicada al vino

Pero ¿cómo podemos saber cuál es el origen genético de la cepa de Cabernet Sauvignon? ¿Es posible rastrearlo? Una biotecnóloga de plantas de California llamada Carole P. Meredith se hizo esa pregunta en los años noventa. Mediante técnicas de genética forense, empezó identificando y caracterizando secuencias repetidas cortas variables en el genoma de Vitis vinifera, para posteriormente analizar genéticamente distintas cepas de interés comercial y otras cultivadas en las regiones supuestamente de origen, hasta identificar las cepas parentales.

Cual detective forense de una serie televisiva, Meredith descubrió, sin lugar a dudas, que Cabernet Sauvignon (uva tinta) es la hija directa de dos progenitores muy apreciados también: Cabernet franc (uva tinta) y Sauvignon blanc (uva blanca). Muy seguramente, fue una polinización al azar, alrededor del siglo XVII en la región de Burdeos, la que dio lugar a esta apreciada variedad.

Poco después, Meredith y colaboradores identificaron cuáles eran las cepas parentales de la segunda cepa más cultivada en el mundo, la Chardonnay: Pinot noir (uva negra) y una cepa de uva blanca llamada “gouais blanc”, poco apreciada. Esta cepa la trajo de su tierra natal el emperador romano Probo, originario de la provincia centroeuropea de Panonia, y la donó a la Galia para promocionar el cultivo vinícola. Sin embargo, no produce vinos de alta calidad. Ambas vides estaban ampliamente cultivadas en Francia durante la Edad Media y, por tanto, la probabilidad de cruzamiento al azar era alta. De hecho, de estos mismos parentales, además del Chardonnay (uva blanca), también han surgido otras cepas hijas de alto valor enológico, como la Gamay (uva tinta).

Tempranillo y Syrah

Tras estos éxitos de identificación genética, y considerando el gran número de variedades cultivadas en países (algunas muy antiguas), se han realizado estudios genéticos de viñas y variedades actuales, pero también de viñas salvajes y de pepitas encontradas de cultivares más antiguos. Todo ello ha permitido establecer las relaciones genéticas entre distintos tipos de vides.

Por si alguien tiene curiosidad sobre la variedad Tempranillo, tan extendida en la península ibérica bajo distintos nombres, se sabe que esta cepa es hija de un cruzamiento entre la variedad Albillo Mayor (todavía cultivada en el centro de España) y la Benedicto (no muy apreciada, y que probablemente ya no se cultiva).

En cuanto a la variedad Syrah, es de origen francés y no tiene ninguna relación con la ciudad persa de Shiraz, aunque el exotismo de esta improbable relación fue y continúa siendo utilizado como elemento de marketing.

Todo el conocimiento genético que se deriva de las plantas de cultivo que nos interesan debe ser salvaguardado en bancos de germoplasma: allí se almacenan años de selección natural y artificial por humanos para que las plantas cultivadas tengan cualidades especiales para nuestro consumo. En la vid, permite descubrir qué variantes genéticas concretas pueden ser interesantes para determinadas características organolépticas del vino producido o para resistencias naturales a plagas.

La enología del futuro: ¿nuevas cepas producidas por ingeniería genética?

Los cruzamientos dirigidos tenían sentido durante el siglo XX e inicios del siglo XXI. Sin embargo, ahora que el genoma de la vid está completamente secuenciado, también se puede comparar el genoma de referencia con el de cualquier otra variedad para descubrir qué variantes genéticas nos interesan, de forma que podrían ser introducidas mediante edición genética, sin necesidad de cruzamientos genéticos ni selección posterior de descendientes. ¿Nos esperan nuevas cepas de vinos producidas por ingeniería genética dirigida?

Podemos vaticinar que la enología del futuro se combinará con la biotecnología para la mejora genética de cepas, para la resistencia de estas al cambio climático y a situaciones climáticas extremas, y para elaborar vinos de calidad que puedan presentar características organolépticas similares o muy diferentes a la de los vinos actuales.

Por cierto, que tras abrir la caja de Pandora de la genética de las variedades vinícolas, Carole P. Meredith se retiró de la investigación en el laboratorio y se dedicó a plantar sus propios viñedos y a producir vino Syrah junto a su marido en el valle de Napa, en California. Sus caldos son muy apreciados por los conocedores del buen vino.

The Conversation

Gemma Marfany Nadal recibe fondos para la investigación en enfermedades raras a partir de convocatorias competitivas del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades, y del CIBERER. Además, es miembro de la Comisión de Bioética de la UB, miembro de la Comisión Nacional de Bioética de Andorra y Ombudsperson de la Fundació CERCA. También es “síndica de greuges” (ombudsperson) de CIVIC AI.

ref. Genética forense para identificar a los “padres” del Cabernet Sauvignon, el Chardonnay y otros vinos – https://theconversation.com/genetica-forense-para-identificar-a-los-padres-del-cabernet-sauvignon-el-chardonnay-y-otros-vinos-263471

Medicamentos biológicos y biosimilares: los nuevos aliados de la medicina moderna

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Zuriñe Eraña Pérez, Doctoranda en Tecnología Farmacéutica, Universidad del País Vasco / Euskal Herriko Unibertsitatea

New Africa/Shutterstock

Durante años, la medicina se ha basado principalmente en fármacos sintéticos. Sin embargo, en la actualidad, los llamados medicamentos biológicos han ganado terreno, especialmente en el tratamiento de enfermedades complejas que no responden bien a las terapias convencionales. ¿En qué se diferencian de los tradicionales?

Construir con Lego o plantar un árbol

Imagine que le mandan construir una casa de Lego. Con instrucciones claras y piezas idénticas, puede reproducirla fácilmente una y otra vez sin errores. Así funcionan los medicamentos tradicionales o sintéticos: son moléculas pequeñas creadas en un laboratorio mediante reacciones químicas precisas, como el paracetamol o la aspirina.

Ahora, imagine que tiene que plantar un árbol. En este caso, no basta con seguir un manual: necesita una semilla viva, condiciones climáticas adecuadas y mucha paciencia. Y por mucho que se esfuerce, no conseguirá cultivar dos árboles exactamente iguales. Pues así son los medicamentos biológicos: moléculas grandes y complejas, fabricadas por organismos vivos, como células animales, bacterias o levaduras. No se sintetizan en tubos de ensayo, sino que se producen dentro de seres vivos.

Como francotiradores en nuestro cuerpo

Estas diferencias hacen que la fabricación y comercialización de los medicamentos biológicos sea muy distinta. Estos fármacos contienen principios activos, como proteínas complejas, anticuerpos o incluso hormonas, derivados de fuentes biológicas. Algunos ejemplos conocidos son la insulina para la diabetes –que fue el primer medicamento biológico aprobado en España, en 1982–, la eritropoyetina para tratar la anemia o los anticuerpos monoclonales usados en ciertos tipos de cáncer y enfermedades autoinmunes.

Estos tratamientos actúan como francotiradores en nuestro cuerpo: reconocen una diana concreta –una proteína alterada, una célula enferma, un proceso inflamatorio– y actúan sobre ella con mucha precisión, minimizando efectos secundarios.

Por eso, suponen un hito en la medicina personalizada. Han revolucionado el tratamiento de enfermedades graves y crónicas como la diabetes, la esclerosis múltiple, la enfermedad inflamatoria intestinal, el cáncer y muchas otras patologías, algunas de ellas con pocos tratamientos eficaces disponibles. Según el Ministerio de Sanidad de España, más del 20 % de la población sufre alguna enfermedad crónica que puede requerir un medicamento biológico en algún momento de su vida, especialmente en patologías donde son la única opción eficaz.

Garantizar el acceso a estos tratamientos es crucial, no solo para mejorar la calidad de vida de los pacientes, sino también para la sostenibilidad de los sistemas de salud. Actualmente, más del 40 % de los nuevos medicamentos aprobados por la EMA (Asociación Europea del
Medicamento) son biológicos, y esto está impulsando una mejora en el tratamiento de muchas enfermedades.

Biosimilares: una alternativa más asequible

Sin embargo, producirlos es costoso y complejo. Hay que modificar mediante ingeniería genética células vivas para que fabriquen proteínas específicas, purificarlas, validar su estructura y función… Cualquier pequeño cambio en el proceso puede afectar al producto final. Por eso, un solo tratamiento biológico puede superar los 20 000 € anuales por paciente, lo que ejerce una gran presión sobre los presupuestos públicos y limita el acceso para muchos pacientes.

Aquí es donde entran los biosimilares: versiones más asequibles de los medicamentos biológicos que no comprometen su eficacia. Habitualmente se comparan con los medicamentos genéricos, ya que pueden producirse y venderse una vez expira la patente del medicamento original, lo cual reduce significativamente los costos asociados a la investigación y el desarrollo.

Diferencias con los genéricos

Sin embargo, aunque persiguen un objetivo similar –reducir el gasto farmacéutico y democratizar el acceso a los tratamientos–, los biosimilares son mucho más complejos.

Un genérico es una copia exacta del principio activo del fármaco original. Como las moléculas sintéticas son simples y fácilmente replicables, el medicamento genérico se aprueba rápidamente. En cambio, los medicamentos biológicos no se pueden copiar de forma idéntica. Si bien los biosimilares se fabrican con altísima precisión, puede haber pequeñas variaciones derivadas del propio proceso biotecnológico, igual que no hay dos árboles idénticos, aunque provengan de la misma semilla.




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Un biosimilar es, por tanto, una versión altamente similar a su biológico de referencia en calidad, eficacia y seguridad, pero no es una copia exacta. Por eso, para su aprobación, se debe demostrar, mediante estudios comparativos rigurosos, que no existen diferencias clínicamente relevantes. Esto los hace más caros que los medicamentos genéricos, pero más baratos que los biológicos.

El uso de biosimilares sale a cuenta. En España, por ejemplo, se estima que ha supuesto un ahorro de más de 5 162 millones de euros entre 2009 y 2022, según datos de la Asociación Española de Biosimilares (BioSim), lo que ha permitido reinvertir en innovación, financiar nuevos tratamientos y reducir listas de espera. El primer biosimilar aprobado en Europa fue en 2006, con la hormona de crecimiento humana recombinante, y desde entonces, su adopción no ha parado de crecer.

Obstáculos para su plena implantación

A pesar de sus beneficios, los biosimilares afrontan desafíos. La desconfianza de algunos profesionales y pacientes, que los perciben como “copias de segunda”, es uno de los mayores obstáculos. Sin embargo, pasan por los mismos controles de calidad rigurosos que cualquier medicamento autorizado por la EMA.

Otro reto es la intercambiabilidad, es decir, la sustitución del biológico original por su biosimilar. En España, esto no es automático y depende del criterio médico, pero cada vez hay más evidencia científica que respalda la seguridad de estos intercambios.

También resulta clave la educación sanitaria: cuanto más informados estén los profesionales y los pacientes, mayor será la confianza en su uso.

Un ejemplo de ciencia justa

En definitiva, los medicamentos biológicos y biosimilares representan un cambio de paradigma, pasando de tratamientos generalistas a soluciones personalizadas, dirigidas a las causas moleculares de las enfermedades. Su expansión permite que más pacientes accedan a terapias innovadoras, mientras se preservan los recursos del sistema sanitario.

En un mundo donde el coste de la innovación amenaza con aumentar la brecha en el acceso a la salud, los biosimilares actúan como un puente, conectando el progreso científico con la equidad. Son un ejemplo de cómo la ciencia puede ser no solo eficaz, sino también justa.

The Conversation

Este artículo fue finalista del Premio Luis Felipe Torrente de Divulgación sobre Medicina y Salud, organizado por la Fundación Lilly y The Conversation

ref. Medicamentos biológicos y biosimilares: los nuevos aliados de la medicina moderna – https://theconversation.com/medicamentos-biologicos-y-biosimilares-los-nuevos-aliados-de-la-medicina-moderna-261503