¿Por qué nos gusta tanto Mariana Enriquez (también a los académicos)?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Enrique Ferrari, Vicedecano de investigación de la Facultad de Artes y Ciencias Sociales, UNIR – Universidad Internacional de La Rioja

Mariana Enríquez en la presentación en Madrid de su libro _Un lugar soleado para gente sombría_ en 2024. Casa de América, CC BY-NC-ND

Estos años la escritora argentina Mariana Enriquez (sin tilde) parece estar en todas partes: en las librerías, en los medios de comunicación, en la academia. No es lo habitual que, a un mismo tiempo, se lea y estudie tanto a una escritora que solo tiene 50 años.

Pero su éxito sorprende aún más porque escribe literatura de género, terror fantástico casi siempre, una temática que genera suspicacias en muchos y que ella defiende con uñas y dientes. Y la defiende por su interés personal (como lectora es un género que siempre le ha gustado), pero también como punta de lanza de una reflexión de más calado en torno a su misión en la literatura, que parece tener muy clara.

Por qué gusta a los lectores

Quienes leemos cuentos conocimos a Mariana Enriquez con Los peligros de fumar en la cama (2009) y Las cosas que perdimos en el fuego (2016). Quienes no leen narraciones breves llegaron a ella con Nuestra parte de noche, Premio Herralde de Novela en 2019. En 2024 publicó los relatos Un lugar soleado para gente sombría y también ha escrito crónicas y ensayos, además de lanzar reediciones de sus novelas anteriores.

Nacida en Buenos Aires en 1973, es una de las autoras más leídas y valoradas de la narrativa contemporánea en español pero también tiene éxito en otros países, como Reino Unido o Estados Unidos. Entonces, ¿a qué viene este interés?

Masas de público haciendo cola para una presentación de Mariana Enriquez.
Masas de público haciendo cola para una presentación de Mariana Enriquez.
Casa de América, CC BY-SA

En primer lugar, a los lectores les gusta Mariana Enriquez por su destreza técnica para resolver las tramas, esquivando los lugares comunes, y también por su habilidad para construir personajes complejos.

Les atrae mucho su actualización del terror fantástico, en la que usa escrupulosamente los elementos del género para crear historias nuevas, no previsibles. Enriquez renueva cada tópico al hacerlo suyo.

Además, su uso de esas tramas ofrece un enfoque demoledor de los problemas sociales en la actualidad. Cada argumento es parte de un diagnóstico muy bien pensado, que remite siempre al miedo como una de las emociones más insistentes de nuestro tiempo. Se ha estudiado ya, por ejemplo, cómo trata la violencia machista, el maltrato a los niños, la aporofobia, la incomprensión social hacia las víctimas, la enfermedad o el trauma de la dictadura militar en Argentina.

Por qué gusta a los académicos

Con todo, Enriquez no solo tiene éxito entre los lectores. Google Scholar devuelve más de 3 200 resultados con su búsqueda. Scopus y Web of Science recogen ya más de 70 artículos sobre ella (los dos últimos Premios Cervantes, juntos, no llegan a cinco).

¿Qué es lo que ve el mundo académico en su literatura?

Portada de Nuestra parte de noche, premio Herralde de Novela

Anagrama

Valora su poética, su teoría literaria, que es desacomplejada, renovadora, retadora, audaz. También su reconstrucción de su propia genealogía literaria; su propuesta de renovación del canon literario, sin deudas sobrevenidas. Nuestra parte de noche, por ejemplo, es un verso de Emily Dickinson, traducido por la escritora argentina Silvina Ocampo, mientras que “Las cosas que perdimos en el fuego” es el título de una canción de Bastille, la banda indie británica.

Destaca también su papel prescriptor. Enriquez ejerce de introductora y guía de otros autores que le son cercanos o que le gustan, fundamentalmente iberoamericanos y mucho más desconocidos que ella, en un ejercicio que es de proselitismo (por qué no) pero también de crítica literaria y de literatura comparada, aunque sea en primera persona. Es una lectora abrumadora, certera y entusiasta.

Fantasmas de la sociedad

No hemos pasado por alto ni los lectores ni los académicos la ambición de su escritura. Su escritura pretende dar una explicación compleja de la realidad, sobre todo a partir de su comprensión de algo tan difícil de analizar como el miedo como emoción primaria del sujeto al enfrentarse al mundo.

Por ejemplo, muchos de sus cuentos fantásticos, casi todos, son historias de fantasmas. De estos, aproximadamente la mitad narran cómo los personajes son poseídos por espectros que controlan su voluntad, obligándolos a agredirse a sí mismos. En el plano técnico, esto le permite construir la historia con dos niveles –el real y el fantástico– y sostener una ambigüedad bien consistente que habilita ambas lecturas: pensar que el personaje padece un trastorno mental o que realmente está poseído.

Una mujer de melena blanca habla con un micrófono.
Mariana Enríquez en París durante la presentación de su obra Los peligros de fumar en la cama en su edición en francés.
Guillermo Ramos Flamerich/Wikimedia Commons, CC BY-SA

Pero, al mismo tiempo, abre la posibilidad de plantear un tratamiento más complejo de la víctima, centrado en cómo la perciben y atienden los otros personajes. Al confundirse víctima y agresor en un mismo cuerpo, se vuelve más difícil solidarizarse con el poseído: para los testigos solo hay un individuo haciéndose daño. Así, el personaje inicialmente agredido por el fantasma recibe una segunda agresión por la falta de comprensión y el abandono de su entorno, que lo identifica con el atacante. La víctima no es reconocida como tal; incluso se presenta ante los demás como una amenaza.

El terror como marcador social

Lo que hay detrás de estas posesiones es la incomprensión hacia quien sufre, un tema central en su narrativa. En su último libro de cuentos le da otra vuelta de tuerca a esta tesis al proponer también que los fantasmas son sujetos necesitados de cuidado, demandantes de cariño: ellos mismos son víctimas de una estructura social incapaz de ocuparse de los más vulnerables.

Sin embargo, que muchos de sus protagonistas sean espectros no encajona la narrativa de Mariana Enriquez en la literatura fantástica. Ella ha dicho que lo que le interesa es narrar el miedo, en cualquiera de sus formas. Y lo hace con una narrativa decididamente liminar: en la frontera de los géneros, esas zonas tan prometedoras, colmadas de posibilidades pero también de desasosiego; en esa franja de tierra de nadie que queda entre los puestos de control (con la fórmula que toma del escritor inglés de ciencia ficción J. G. Ballard). Eso es lo que nos gusta de su literatura: su capacidad para desquiciar la realidad y mostrárnosla más desprevenida.

The Conversation

Enrique Ferrari no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ¿Por qué nos gusta tanto Mariana Enriquez (también a los académicos)? – https://theconversation.com/por-que-nos-gusta-tanto-mariana-enriquez-tambien-a-los-academicos-269539

Así podemos activar el “modo antienvejecimiento” para resistir el paso de los años

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Antonio Fernando Murillo Cancho, Profesor Asociado, Universidad de Almería

Halfpoint/Shutterstock

¿Por qué se “cuelga el sistema” de nuestro organismo a veces? Envejecer no es otra cosa que acumular pequeños fallos en las células. A medida que pasan los años, se dañan los genes y se acortan los extremos de los cromosomas. Las “centrales de energía” (mitocondrias) de nuestras células se agotan y aparecen errores en cadena. Si no limpiamos esos fallos y reparamos con rapidez, llegan antes las enfermedades.

Limite la corriente: comer menos y practicar ayuno intermitente

Bajar moderadamente las calorías ayuda al ahorro interno y mejora la reparación de piezas gastadas. Esto no implica hacer dietas extremas, sino reducir un poco la energía total o acotar las horas en las que comemos.

Varios estudios en humanos, incluido el ensayo clínico CALERIE, han demostrado que una reducción calórica moderada mejora los marcadores de inflamación, reduce la resistencia a la insulina y favorece un metabolismo más eficiente en adultos sanos. Estas mejoras aparecieron sin necesidad de llegar a un ayuno estricto.

Dejar transcurrir 14 a 16 horas entre cena y desayuno también ayuda. Es lo que se conoce como ayuno intermitente. En este enfoque no se come menos volumen total, sino que se concentra la ingesta en una franja del día de 8 o 10 horas, alargando el tiempo nocturno sin comer. Los estudios en personas con exceso de peso o síndrome metabólico han identificado descensos de glucosa, presión arterial y grasa abdominal, junto con una mejor regulación del apetito, simplemente cambiando el “cuándo” más que el “qué” se come.

¿Por qué? Al parecer, el cuerpo interpreta esa pausa como un reinicio suave. Si la cena es especialmente ligera, el efecto se potencia, ya que una cena temprana y menos copiosa se asocia con mejor control de la glucosa en ayunas y menor acidez nocturna, y favorece que el descanso nocturno se use para reparar tejidos en vez de seguir digiriendo comida pesada.

Actualizar el firmware moviéndonos cada día

El ejercicio funciona como una especie de taller de mantenimiento. Renueva piezas, recicla proteínas y mejora el azúcar en sangre. Además, el músculo activo envía señales antiinflamatorias.

No es preciso correr una maratón: basta con constancia y un plan sencillo. Tres días de fuerza y caminar la mayoría de días ya ayuda. Tanto en adultos de mediana edad como en personas mayores, programas sencillos de fuerza dos o tres veces por semana han conseguido aumentar la masa y la función muscular, reducir la grasa visceral y mejorar el control de la glucosa. La regularidad es el verdadero secreto.

Limpiar la caché: dormir mejor y a horas regulares

Dormir poco equivale a apagar mal el ordenador de nuestro cuerpo: quedan tareas críticas a medias y se acumula basura. El sueño profundo, por el contrario, activa la limpieza interna y la reparación.

Durante el sueño profundo se activa el sistema linfático, un mecanismo que drena desechos del cerebro, incluidos metabolitos asociados al deterioro cognitivo. Asimismo, dormir en horarios regulares ayuda a estabilizar hormonas como la melatonina y el cortisol, que rigen procesos de reparación nocturna, regulación de energía e incluso el estado de ánimo.

Además de fijar horarios, conviene evitar pantallas por la noche, oscurecer el dormitorio y cuidar el silencio. Acostarse y levantarse a la misma hora cada día es gratis y rejuvenece.

El equivalente a instalar un buen antivirus es cuidar la microbiota. El intestino alberga billones de microbios aliados, una comunidad que pierde diversidad con la edad. Si se empobrece, aumenta la inflamación de bajo grado y se debilita la barrera intestinal, lo que provoca que el sistema inmune no pare de trabajar sin encontrar al culpable lo que afecta negativamente a la energía, al estado de ánimo y al metabolismo.

Una microbiota diversa se asocia a longevidad en poblaciones centenarias, mejor digestión, menor inflamación y un perfil metabólico más estable. Esta diversidad mejora en cuestión de semanas cuando se consumen alimentos reales (verdura, fruta, legumbres, frutos secos…), especialmente si son ricos en fibra fermentable, porque alimentan a bacterias beneficiosas como Faecalibacterium prausnitzii o Akkermansia muciniphila. Este patrón alimentario se asocia a mejor salud metabólica en numerosas cohortes modernas. Expulsa el malware: silencia las “células zombi”.

La importancia de eliminar a las “células zombi”

Algunas células viejas (senescentes) no mueren, funcionan mal, consumen recursos y generan ruido inflamatorio. Este consiste en enviar señales inflamatorias al resto del organismo como si fueran un programa defectuoso generando errores en segundo plano.

Los polifenoles de frutas y verduras –compuestos naturales de acción antioxidante– pueden disminuir parte de esa señal inflamatoria según varios estudios celulares y humanos ENLACE. Frutas rojas, cebolla, manzana y té verde aportan estos compuestos y se han asociado a mejores marcadores de inflamación en distintos ensayos nutricionales.

Viendo los avances actuales de la ciencia, podemos pronosticar que pronto sabremos qué palanca necesita accionar cada persona para vivir más gozando de mejor salud. Mientras tanto, la mejor receta es aplicar lo que funciona: comer mejor y en horarios razonables, movernos y dormir bien. Empecemos hoy: cada pequeño cambio, cuenta.

The Conversation

Antonio Fernando Murillo Cancho no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Así podemos activar el “modo antienvejecimiento” para resistir el paso de los años – https://theconversation.com/asi-podemos-activar-el-modo-antienvejecimiento-para-resistir-el-paso-de-los-anos-267146

Michael Ignatieff: “El desafío de la libertad en una sociedad libre es pensar por uno mismo”

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Laura G. de Rivera, Ciencia + Tecnología, The Conversation

“Mi trabajo como profesor es enseñar a los jóvenes a pensar por sí mismos”, nos dice Michael Ignatieff (Toronto, 1947). Con una trayectoria que abarca la academia, el ensayo y la política –fue líder del Partido Liberal de Canadá entre 2008 y 2011–, ha dedicado buena parte de su obra a reflexionar sobre la democracia, las libertades civiles, el nacionalismo y las tensiones que atraviesan nuestras sociedades. Conoce desde dentro la dureza de la política, pero también la calma de la reflexión intelectual. Esa doble mirada le permite hablar con rigor y franqueza sobre los dilemas de nuestro tiempo desde un punto de vista crítico, aunque siempre ofrece una luz al final del túnel.

En su ensayo Fuego y cenizas. Éxito y fracaso en política (Taurus, 2014), dice que “nada te puede causar más problemas en política que decir la verdad”. ¿Cuál es su definición de “verdad” en un mundo donde la tecnología ha amplificado las posibilidades de crear realidades artificiales?

No sé si puedo definir la verdad, pero creo que existe. Estoy en una habitación contigo, tiene suelo de mármol. Madrid está fuera. Tú eres mujer, yo soy hombre, tú llevas un vestido negro. Son ciertos hechos indiscutibles sobre nuestra situación con los que podemos estar de acuerdo. No creo que estemos en un mundo relativista donde lo que yo veo no es lo que tú ves; ahí residiría la locura. Pero es cierto que vivimos una especie de crisis epistemológica. Con la explosión de los medios de comunicación, tenemos un inmenso suministro de información a coste cero, que tampoco cuesta nada difundir. Nuestra respuesta frente a la proliferación de información ha sido encerrarnos en burbujas de filtrado, en las que cada uno obtiene distintas construcciones de la realidad. Pero no son los hechos ni lo que es verdad lo que está en duda. No creo que estemos perdidos en una especie de salón de los espejos, aunque es cierto que nuestra política está dividida por fuentes de información que compiten entre sí. Esto implica que, como ciudadanos, nosotros tenemos el deber de averiguar qué es verdad.

¿Cuál es el estado actual de la libertad de expresión en países democráticos como los europeos, Estados Unidos o Canadá?

Lo que yo suelo preguntarme es ¿pienso por mí mismo? Tengo libertad para decir lo que quiero, nadie intenta limitar mi derecho a la libertad de expresión. Pero cuando me pregunto si realmente pienso por mí mismo o si estoy reciclando lo que he leído de otra persona más inteligente que yo… no lo tengo tan claro. Ese es el desafío de la libertad en una sociedad libre: pensar por uno mismo.

Es cierto que hay presiones sustanciales en la libertad de expresión, pero la amenaza más acuciante es el poder de la opinión mayoritaria. En el siglo XIX, John Stuart Mill dijo que es nuestro instinto de conformarnos lo que pone en peligro la libertad de pensamiento y la libertad de opinión. No es tanto la tiranía de los poderosos como nuestro deseo de ser queridos, de recibir aprobación, de decir cosas socialmente aceptadas. Muy pocos tenemos el coraje de decir algo con lo que los otros no van a estar de acuerdo. Siento que me he pasado toda la vida tratando de pensar por mí mismo, pero honestamente me pregunto con qué frecuencia he tenido un pensamiento personal original y me he mantenido firme frente a la oposición. No a menudo.

Hay quien dice que los nuevos chatbots son casi humanos y que la inteligencia artificial es tan buena como una persona para crear arte o responder e-mails. ¿Cómo define esa humanidad que es exclusivamente nuestra y nos distingue de la máquina?

Uno de nuestros problemas es el uso mismo de la palabra “inteligencia” cuando hablamos de IA. Hemos confundido inteligencia y computación. Estas máquinas realizan operaciones extremadamente sofisticadas de computación mecánica, que no tienen nada que ver con la inteligencia humana. En este momento, mientras tú y yo hablamos, recibo un flujo de datos tuyos como persona, que algunos son verbales y otros no. Como cualquier ser humano, estamos continuamente evaluando la situación, y eso es una muestra de inteligencia humana. Es algo que las personas hacemos sin esfuerzo. Ninguna máquina puede hacerlo. Me preocupa que, al reducir la inteligencia a computación y al decir que las máquinas ya tienen inteligencia humana, hayamos perdido el norte. Ello implicaría una amenaza para nuestra propia definición de lo que es ser humano.

¿Parte de lo que nos hace humanos es, entonces, nuestra interacción con el contexto?

Nuestra impresión del otro está moldeada por los hechos; no solo por lo que decimos, sino también por cómo nos presentamos en el mundo. Nos han entrenado durante milenios para ensamblar toda esa imagen del otro sin esfuerzo, sin siquiera pensarlo. Sin embargo, las máquinas no están encarnadas en un organismo vivo. Además, las máquinas no tienen una personalidad singular: son como cualquier otra máquina construida de la misma manera. Al contrario, una persona es una representación irrepetible de un ser humano.

Parecemos todos muy ocupados en alabar los logros de los sistemas de IA. De alguna manera, ¿estamos olvidando las fascinantes capacidades del cerebro humano? Usted es un gran amante del Museo del Prado; se me ocurre, por ejemplo, pensar en artistas que hicieron historia, pero también científicos, inventores…

Hay algo singular en Cervantes, igual que hay algo en Velázquez que es irrepetible… Cuando me acerco a Las Meninas y observo el trabajo del pincel en la ropa de los personajes, me parece increíble. Sí, estamos perdiendo el respeto por lo que es singular en nuestra humanidad. Por otra parte, recordemos que los seres humanos no pueden secuenciar 400 000 tipos de proteínas e indicar cuál podría ser útil para un tratamiento. Usada adecuadamente, la inteligencia artificial puede hacer cosas que nosotros no podemos. Pero no es posible replicar la inteligencia humana, en mi opinión; no creo que se pueda nunca. No es solo una cuestión de que aún no tengamos suficiente poder computacional: creo que hay un límite lógico, porque no se va a materializar en un cuerpo físico como lo hacemos nosotros. Lo deseable es usar la inteligencia artificial, pero manteniéndola bajo control y conservando nuestro respeto por lo que es propiamente humano.

Nosotros, la gente normal, en nuestra relación con la tecnología, ¿somos usuarios o usados?

En la medida en que capturan datos sobre nosotros, estamos siendo utilizados. Recuerdo que tuve una joven estudiante en Harvard que consiguió un trabajo en Facebook y, cuando la felicité por ello, tomó mi smartphone y apagó la ubicación, el permiso del micrófono y todas esas cosas que le dan a Meta datos sobre mí. El mensaje es que es bueno tener estudiantes bien situados profesionalmente. (Ríe).

En Fuego y cenizas dice que una de las claves del buen político es lograr que la gente lo escuche y, para conseguir eso, hace falta entender a la gente, sus necesidades, sus deseos. Esto es lo que hacen los algoritmos de segmentación de audiencias y perfilado de la población: analizar los rincones más íntimos de nuestra intimidad a través de nuestro comportamiento online, ¿verdad? Parece que pueden ser buenos aliados de la política y temibles enemigos de la libertad de pensamiento…

Sí, eso creo. No son una herramienta neutral. Están siendo utilizados por todos los partidos políticos del mundo para averiguar las preferencias públicas. Se están volviendo cada vez más intrusivos, pero creo que llegará un momento en el que la gente se harte. No nos gusta que nos empujen, que nos manipulen. Así que tengo la esperanza de que la gente se resista y tome medidas para proteger más su privacidad. Anoche estuve hablando con una española que no permite a su hija adolescente tener un smartphone. Todos le deseamos buena suerte. Pero esa madre está defendiendo el derecho de su hija a tener interioridad y una vida emocional y psicológica libre de estas máquinas. Creo que no debemos subestimar nuestra capacidad de contraatacar.

Y, mientras los ciudadanos se defienden (o no), ¿qué opina sobre regular esta especie de salvaje Oeste digital? Además del Acta europea de IA, el Reglamento de Servicios Digitales y el Reglamento General de Protección de Datos, en España tenemos la Carta de Derechos Digitales y estamos esperando que se apruebe la Ley Orgánica de Protección de Menores en Entornos Digitales.

Proteger a los niños de los aspectos aterradores de internet es una necesidad urgente. Soy padre y no quiero que mis hijos accedan a ciertos contenidos. Creo que hay cosas que pueden dañar a un niño de por vida. También es importante proteger nuestros derechos de privacidad. Lo que pasa con la tecnología es que, en realidad, no sabemos qué son estas cosas que llevamos en el bolsillo (se toca el móvil). Son dispositivos enormemente poderosos. Quizá yo solo use el 5 % de sus capacidades. No tengo idea de lo que mi smartphone sabe sobre mí. Creo que es apropiado tener una legislación para proteger a los adultos mayores como yo, y también a los niños.

En alguna ocasión, ha dicho que hay una brecha enorme entre las expectativas sociales y la capacidad recaudatoria de los estados liberales. Quizá, una posible solución a este dilema sea adormecer a la gente con tecnología para disminuir sus expectativas sociales…

Sí, de vez en cuando veo a veinteañeros que caminan por la calle mirando solo a sus teléfonos y pienso que van a chocarse contra una farola o que les va a atropellar un coche. Esta no es forma de vivir la vida. Sin embargo, las expectativas sociales son bastante obstinadas. El pasado 18 de septiembre, en París, había 800 000 personas manifestándose en la calle, diciendo “no aplasten mis esperanzas, quiero jubilarme a los 64 y quiero dos vacaciones pagadas adicionales”. Es una lucha enorme, precisamente porque reducir las expectativas sociales es casi imposible. Como expolítico, no me gusta reconocerlo; como ser humano, me gusta mucho.

Entonces, ¿quién se beneficia de que haya tantos jóvenes pegados a sus smartphones, con la disminución de la motivación, la fuerza de voluntad y las ganas de cambiar el mundo que esto implica? ¿Es intencional o es solo un efecto secundario de la tecnología?

No creo que sea intencional, principalmente porque creo que Elon Musk es inteligente, pero no tanto, ya sabes. (Sonríe). Pero tomemos un ejemplo dramático: el joven de 22 años acusado de disparar a Charlie Kirk aparentemente se pasaba la vida en chats y grupos privados donde utilizan una jerga extraña que grabó en los casquillos de las balas que usó. Esa es una vida miserable. Sin embargo, creo que el problema va más allá de la tecnología. Hay muchos hombres jóvenes, especialmente varones, pero también mujeres, que crecen sin esperanza, sin propósito, sin una dirección en la vida. La tecnología les ayuda a pasar el día, a entretenerse… pero el verdadero problema es que es muy difícil comenzar una vida familiar, es muy difícil pagar un piso, es muy difícil conseguir un buen trabajo.

Siempre ha sido difícil pasar de la adolescencia a la adultez joven, en todas las culturas y en todas las épocas. Hoy lo estamos haciendo aún más difícil y los jóvenes padecen una especie de epidemia de soledad. Por ejemplo, en los años 60, cuando yo tenía 21 años, lo único que queríamos era tener sexo. Hoy, las estadísticas muestran que los jóvenes tienen cada vez menos sexo. Bueno, eso es una muy mala señal. Necesitamos conexión humana, conexión entre los cuerpos. Desconozco los motivos, pero creo que van más allá de la tecnología.

¿Qué sucede con esas minorías que no interesan al poder? Usted conoce bien este problema: en Canadá, nativos como los innu se quejan de que su historia ha sido borrada de los libros de texto escolares y de los museos. La tecnología magnifica esos prejuicios e invisibiliza a esas minorías. ¿Es la inteligencia artificial la última colonización?

Hay investigaciones que demuestran que las lenguas de minorías no están representadas en las bases de datos de los motores de búsqueda, con un sesgo muy grande hacia el inglés. Sé que las comunidades aborígenes de Canadá no tienen buen acceso a internet, la incorporación de su idioma y su experiencia en nuestros buscadores no es buena… No hay duda de que existe el riesgo de que estemos creando nuevas formas de servidumbre, de discriminación y de injusticia, a medida que estas tecnologías se desarrollan. ¿Cuál es la solución? No se puede tener una democracia si un grupo entero de personas está en desventaja digital; es un problema que tenemos que solucionar. Las minorías deben hacer ruido, conseguir el apoyo de las personas que están de acuerdo en que necesitan estar representadas.

Entonces, ¿la pelota está en su tejado?

¡Sí! Pero siempre ha sido así. No debemos nunca subestimar la capacidad de las personas para responder a la injusticia que afecta sus intereses vitales. Cuando estos se ven afectados, la gente lucha. Eso es democracia y así es como se produce el progreso. Por eso, no soy pesimista sobre estas cosas: la gente luchará. ¡Bien por ellos!

¿Quién gobierna el mundo, los líderes elegidos democráticamente o los dueños de las cinco grandes tecnológicas cuyos productos usamos todos cada día?

Bueno, hay una batalla feroz sobre esa cuestión. Yo deseo fervientemente que ganen las democracias liberales porque solo así las personas podremos tener un poco de control sobre nuestras vidas. Ahora mismo, las grandes empresas tecnológicas van a Europa y dicen que no les gusta su impuesto a los servicios digitales. Van a Canadá, mi país, y dicen lo mismo. Están buscando intervenir un país tras otro para derribar decisiones tomadas democráticamente en un país tras otro. Son empresas que tienen un enorme poder sobre estas tecnologías y pueden infligir mucho daño a las democracias que les ponen límites. Pero, si queremos democracia, vamos a tener que defendernos y poner límites, no hay duda al respecto. Y el resultado de esta batalla es, en cierto sentido, tan importante para el futuro de la democracia como cualquier otra batalla que se esté librando actualmente.

Ha dicho alguna vez que los países deben prepararse por si hay una guerra. ¿Cuál es el riesgo de la tecnología dual, un teléfono móvil, por ejemplo, que sirve para chatear, pero también para dirigir un ciberataque contra una infraestructura crítica o drones que matan a gente real? Debemos recordar que la Ley de IA europea no se aplica a los fines militares.

Estas tecnologías son muy dinámicas, muy explosivas en sus posibilidades creativas. Jóvenes de 19 años están usando sus teléfonos de formas que ni siquiera puedo imaginar. Creo que es una fantasía pensar que podemos tenerlo todo controlado. Lidiaremos con los daños de ayer y no estaremos preparados para los de mañana. El uso dual es un gran problema. Por ejemplo, tenemos preocupaciones legítimas sobre la tecnología china: puede haber smartphones de fabricantes de ese país que transmiten señales a las autoridades de vigilancia del Estado chino. Los gobiernos, ejércitos y universidades del resto del mundo deberían tener mucho cuidado. Sería bueno que pudiéramos establecer acuerdos internacionales sobre el uso dual, sobre la vigilancia, sobre el desarrollo de la IA. China y Estados Unidos, superpotencias en IA, deberían tener interés en regularla, igual que regulamos las armas nucleares en la Guerra Fría. Pero, en este momento, no estamos teniendo ese diálogo.

¿Qué papel ha jugado la Declaración Universal de los Derechos Humanos en nuestra historia reciente? ¿Para qué sirve si no se respeta, como está ocurriendo en Gaza?

La Declaración Universal de los Derechos Humanos (1948) es la expresión de la universalidad humana más influyente que existe. Pero la universalidad humana es un experimento mental, siempre es un deseo. Es una idea que choca con las diferencias que nos definen como individuos: blancos, negros, jóvenes, ancianos, mujeres, hombres, judíos, cristianos, musulmanes… Estas diferencias son enormemente importantes en la creación de nuestras identidades, nuestros apegos y nuestras lealtades. Creo que, en la práctica, los humanos no somos conscientes de lo que compartimos como especie, sino de las diferencias. Esa es la fuente del conflicto, es la fuente de la guerra, del odio, de lo que está pasando en Gaza.

Los derechos humanos siempre están luchando contra las fuerzas de la diferencia humana y las ventajas y el poder que genera. Estamos luchando por crear un mundo donde el hecho de que tú seas mujer y yo hombre, o que él sea negro y yo blanco, sea irrelevante. Donde no usemos esas diferencias en aras de la opresión, la crueldad y la violencia. La Declaración Universal de los Derechos Humanos expresa nuestro deseo de vivir en un mundo así. Pero no vivimos en un mundo así.

No me sorprende que los derechos humanos estén en crisis. El problema de Gaza se remonta a 1947: cometimos errores porque no dividimos la tierra entonces y aquí estamos en 2025 con brutalidad, violencia y horror. Ha habido momentos en la historia en que ambos lados se reconocieron como iguales y aceptaron el reclamo mutuo sobre la tierra. Eso ahora está roto. Estamos en una guerra salvaje e incesante, sin piedad ni misericordia. Es una catástrofe moral y un desastre para el derecho internacional.

Para mí, lo más horrible es que ha habido momentos en los que estuvieron a punto de alcanzar la reconciliación y la paz, pero fueron destruidos por fanáticos de ambos lados. Cuando los fanáticos matan a los pacificadores, entran en juego los hacedores de guerra, dispuestos a luchar a muerte. Es una catástrofe no solo para los palestinos, sino también para Israel, porque cada niño que pierde a su familia, cada joven que pierde a su madre, se convierte en un enemigo ferozmente hostil.

La masacre de inocentes ¿no es una tragedia para todos nosotros como seres humanos? Lo que está pasando en Gaza podría suceder en España o en cualquier otro sitio…

Así es. Tenemos que entender que, si las personas creen que están luchando por su supervivencia, harán casi cualquier cosa. Es un error pensar que los israelíes o los palestinos son otra raza de seres humanos. Nosotros, en situaciones similares de desesperación, bien podríamos hacer lo mismo. Cuando estuve en los Balcanes en los años 90, vi a europeos muy cultos y bien educados masacrándose; cuando estuve en Ruanda, vi a africanos que hablaban un francés perfecto matándose entre sí. He estado en Gaza, y he visto a estas personas luchando por sus vidas. No hay límite a la brutalidad humana. Es un pensamiento muy desagradable que tenemos que aplicarnos a nosotros mismos. Cuando pensamos “son ellos”, tenemos que darnos cuenta de que “podríamos ser nosotros”.


Esta entrevista se publicó originalmente en la Revista Telos de la Fundación Telefónica, y forma parte de un número monográfico dedicado a los derechos digitales.


The Conversation

ref. Michael Ignatieff: “El desafío de la libertad en una sociedad libre es pensar por uno mismo” – https://theconversation.com/michael-ignatieff-el-desafio-de-la-libertad-en-una-sociedad-libre-es-pensar-por-uno-mismo-272910

Nuevo estudio: Uno de cada ocho menores en España tiene un problema de salud mental

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Mireia Orgilés, Catedrática de Universidad. Experta en Tratamiento Psicológico Infantil, Universidad Miguel Hernández

New Africa/Shutterstock

La salud mental de la infancia y la adolescencia es una preocupación social de primer orden. En los últimos años, familias, docentes y profesionales vienen alertando de un aumento de los problemas emocionales a edades cada vez más tempranas.

A través de nuestro reciente estudio EmoChild hemos investigado cómo se sienten los niños, niñas y adolescentes en España a través de cuestionarios con 10 831 escolares de entre 8 y 18 años, procedentes de centros educativos de toda España. El estudio se complementó con grupos de conversación con menores, familias y profesionales, para comprender mejor la realidad que se esconde detrás de los datos: cómo evolucionan las dificultades emocionales con el tiempo y qué factores incrementan el riesgo de desarrollar problemas de salud mental.

Un 12 % con síntomas graves

Los resultados más recientes, recogidos en otoño de 2025, muestran que un 12 % de la población infantil y juvenil presenta síntomas de gravedad clínica de al menos un problema emocional. Además, un 34 % presenta síntomas en niveles de precaución, es decir, dificultades que pueden evolucionar negativamente si no se detectan y abordan a tiempo.

Los problemas emocionales más frecuentes son la depresión y la ansiedad social, aunque la ansiedad generalizada es la más prevalente en términos de riesgo. En conjunto, uno de cada ocho menores en España presenta un problema emocional y uno de cada tres se encuentra en riesgo de desarrollarlo.

¿Ha empeorado la salud mental?

Una cuestión clave es si la situación está empeorando o mejorando. El seguimiento entre 2024 y 2025 muestra una ligera disminución tanto de los casos clínicos como de los casos en riesgo. Esto sugiere que parte de los menores que se encontraban en estas situaciones ha experimentado una mejoría.

Sin embargo, los porcentajes continúan siendo elevados, lo que subraya la necesidad de desarrollar estrategias preventivas sostenidas en el tiempo. En otras palabras, aunque la tendencia es positiva, los problemas emocionales siguen siendo muy frecuentes.

Redes sociales, videojuegos y vida digital

Entre los niños y adolescentes con los que hemos hablado, es muy frecuente el uso de videojuegos y de las redes sociales. El 39 % de los niños y niñas y el 34 % de los adolescentes juegan a videojuegos casi a diario, y cerca del 10 % le dedica más de tres horas al día.

En cuanto a las redes sociales, las utilizan el 85 % de los niños y niñas y prácticamente la totalidad de adolescentes. Un 31 % de adolescentes y un 9 % de niños y niñas pasan en ellas más de tres horas diarias.

Las plataformas más usadas son YouTube, WhatsApp, TikTok e Instagram. Más allá del tiempo de utilización, resultan relevantes aspectos emocionales como la ansiedad cuando no pueden conectarse, la percepción de que los demás se lo pasan mejor o la sensación de que su vida es más aburrida que la que observan en las pantallas. En conjunto, el uso intensivo y emocional de las redes constituye un factor de riesgo importante para la salud mental.




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Problemas de la conducta alimentaria

Los problemas relacionados con la alimentación son especialmente preocupantes. Un 5 % de adolescentes presenta síntomas clínicos y un 13 % se encuentra en niveles de riesgo.

Estas dificultades se asocian al uso de redes sociales centradas en la imagen, como TikTok o Instagram. La comparación constante, la importancia de los “me gusta” y el uso de las redes sociales para regular las emociones aumentan el riesgo de desarrollar problemas de la conducta alimentaria.

Conducta suicida y autolesiones

Los datos sobre conducta suicida y autolesiones requieren una atención especial. Un 9 % de adolescentes ha pensado en algún momento que la vida no merece la pena, un 5 % ha considerado seriamente quitarse la vida y un 3 % lo ha intentado alguna vez.

Aunque estas cifras han descendido ligeramente desde 2024, siguen siendo muy preocupantes.

En cuanto a las autolesiones, alrededor del 5 % de adolescentes afirma haberse autolesionado en algún momento de su vida. Destaca especialmente la edad de inicio, que se ha adelantado aproximadamente un año y medio, situándose ahora antes de los doce años.




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¿Qué empuja a un adolescente a hacerse daño deliberadamente?


La visión de los protagonistas

La investigación cualitativa aporta una perspectiva esencial. Más de 500 niños, niñas, adolescentes, familias y profesionales participaron en casi 60 grupos de conversación. Todos ellos nos cuentan que la tecnología ocupa un lugar central en su vida cotidiana.

Les preocupa su uso excesivo, la comparación social y el aislamiento. Los controles parentales se consideran necesarios, pero insuficientes. El acoso escolar continúa siendo un problema no resuelto. Muchos menores temen denunciarlo y los adolescentes consideran poco eficaces las estrategias actuales.

La amistad constituye un pilar emocional fundamental en la infancia y la adolescencia, pero también un espacio vulnerable. Aunque niños y adolescentes valoran el respeto y el apoyo mutuo, sus relaciones se ven influidas por dinámicas de exclusión y por la presencia constante de la tecnología.

Las pautas de crianza están cambiando y generan un claro choque generacional. Los modelos autoritarios funcionan cada vez menos y tanto niños como adolescentes piden ser escuchados. Las familias expresan desgaste emocional y una clara necesidad de apoyo. La falta de tiempo y el ritmo acelerado de vida dificultan la convivencia y el cuidado emocional.

Mirando al futuro: qué nos enseña ‘EmoChild’

Nuestro estudio EmoChild transmite un mensaje claro: la prevención es necesaria. Aunque se observa una ligera mejoría, el elevado número de menores en riesgo de desarrollar problemas emocionales subraya la importancia de intervenir antes de que los problemas se cronifiquen.

La educación emocional basada en la evidencia es esencial, al igual que fortalecer los vínculos familiares y escolares. Promover un uso saludable de la tecnología desde edades tempranas también es una prioridad.

Detectar el malestar a tiempo marca la diferencia. EmoChild aporta datos sólidos y necesarios para orientar decisiones que protejan la salud mental de las nuevas generaciones.

The Conversation

Mireia Orgilés no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Nuevo estudio: Uno de cada ocho menores en España tiene un problema de salud mental – https://theconversation.com/nuevo-estudio-uno-de-cada-ocho-menores-en-espana-tiene-un-problema-de-salud-mental-272285

España necesita renovar más de siete millones de viviendas: cómo planificar rehabilitaciones energéticas realistas

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Pablo Hernández-Cruz, Investigador Doctor en Ingeniería Energética, Universidad del País Vasco / Euskal Herriko Unibertsitatea

Rafael Prendes/Shutterstock

Las viviendas desempeñan un papel clave en el cumplimiento de los objetivos para reducir emisiones de gases de efecto invernadero. En la Unión Europea, representan alrededor del 26 % del consumo de energía final.

En España, el 75 % de los edificios son ineficientes y su edad media ronda los 43,5 años. La oleada de rehabilitación que necesitan ya está en marcha, pero ¿se está llevando a cabo de forma adecuada?

Renovar el 43 % de los edificios menos eficientes

Las ayudas de rehabilitación se conceden en base al ahorro energético esperado y han intensificado en los últimos años los esfuerzos para rehabilitar el parque edificado.

Entre 2020 y 2023 se han ejecutado unas 540 000 rehabilitaciones de viviendas al año según el borrador del Plan Nacional de Renovación de Edificios (PNRE). Para 2050, el objetivo es renovar el 43 % de los edificios menos eficientes (más de siete millones de viviendas).

El PNRE destaca que la vivienda social es esencial para garantizar una transición energética justa y reducir la pobreza energética. La reciente creación de la Entidad Estatal de Vivienda y Suelo CASA47, que velará por el acceso universal a una vivienda digna y adecuada, va en esta línea.

En Euskadi, esta función la desempeña Alokabide, S. A., que gestiona más de 30 000 viviendas. En los últimos años, Alokabide ha impulsado rehabilitaciones clave para mejorar la habitabilidad y reducir el consumo energético de su parque.

¿Qué tipo de rehabilitaciones necesitan las viviendas?

El consumo energético doméstico se debe a la calefacción, al agua caliente sanitaria y la electricidad para iluminación y electrodomésticos. Las rehabilitaciones más habituales incluyen la mejora del aislamiento y la renovación de ventanas, la sustitución de los sistemas de calefacción y agua caliente sanitaria por otros más eficientes y la incorporación de energías renovables.

Dependiendo del grado de intervención, se habla de rehabilitaciones ligeras, cuando se renuevan pocas partes de la vivienda, o de rehabilitaciones profundas, con las que se pueden conseguir ahorros energéticos de hasta un 80 %.

Entre 2020 y 2023, de las 540 000 rehabilitaciones anuales, solamente unas 31 500 fueron profundas, menos del 10 %. No obstante, gracias a estas actuaciones, se estima que el consumo energético del parque residencial se ha reducido un 7 % en los últimos años.

La hoja de ruta plantea unos objetivos ambiciosos para los próximos años, que incluyen recortar un 45 % las emisiones para 2030 y alcanzar un parque sin emisiones en 2050.




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Cómo mejorar la eficiencia energética de nuestro hogar


La diferencia entre consumo energético teórico y real

No obstante, estas cifras de estimaciones no pueden tomarse al pie de la letra. Cuando se plantea una rehabilitación, la reducción de consumo esperada se calcula con perfiles de uso estándar o teóricos. Sin embargo, está demostrado que el consumo real –especialmente el de calefacción y agua caliente– difiere bastante del teórico. Esto se conoce como brecha de comportamiento energético o Energy Performance Gap (EPG).

Varios estudios realizados en edificios terciarios y en viviendas privadas han cuantificado que el consumo real puede ser entre dos y cinco veces superior al teórico. Esto afecta a las estimaciones de ahorro: si una vivienda consume más de lo esperado, la reducción lograda tras rehabilitar será mayor en términos absolutos. Sin embargo, en estudios llevados a cabo en el parque de viviendas sociales de Euskadi no ocurre esto, sino que se ha descubierto que el consumo real es entre 0,3 y 2,3 veces el teórico.

En otras palabras, algunos de estos hogares consumen menos energía de la prevista teóricamente. En estos casos, las estimaciones de ahorro tras una rehabilitación pueden ser demasiado optimistas.

Esquema que ilustra la diferencia en la estimación del ahorro energético tras una rehabilitación en un usuario estándar y un usuario de vivienda social.
Efecto de la diferencia entre un usuario estándar y un usuario de vivienda social en la estimación del ahorro anual de energía por vivienda rehabilitada.
Pablo Hernández-Cruz, CC BY-SA

En otra investigación hemos determinado que, si no se considera el consumo real, la diferencia entre la reducción energética real y estimada puede ser de hasta 22 puntos porcentuales. Esto no solo altera las previsiones de reducción de energía o emisiones, sino también las expectativas de ahorro económico: una acción pensada para reducir significativamente la factura energética puede no lograrlo si el consumo actual ya es más bajo de lo esperado.




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¿No tenemos ya suficientes edificios? El reto de aprovechar mejor los actuales


Cómo mejorar las estimaciones de ahorro energético

En términos globales del parque público de Euskadi, bajo un escenario de rehabilitaciones profundas, se podría estar sobreestimando el ahorro real en unas 2 500 toneladas de CO₂ o unos 12 000 MWh anuales. El problema es que afinar en estas predicciones es complejo. Implica realizar simulaciones energéticas detalladas y calibradas a partir de datos reales de consumo energético.




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Una caracterización energética realista para rehabilitar las viviendas sociales


Con el fin de solucionar esto, nuestro trabajo propone una metodología simplificada para evaluar de forma más fiable el impacto de las rehabilitaciones. Así nos aseguramos de no fallar en las ambiciosas predicciones de ahorro energético. La herramienta es accesible para agentes del sector, ya que solamente requiere de datos simplificados de consumo de calefacción y agua caliente, y del certificado de eficiencia energética del edificio.

La metodología propuesta sigue los siguientes pasos:

  1. Calcular la brecha entre el consumo energético real y teórico utilizando los consumos reales recolectados y el certificado de eficiencia energética.

  2. Plantear una medida de rehabilitación ajustada a las necesidades reales de los usuarios.

  3. Calcular el ahorro teórico utilizando el certificado de eficiencia energética.

  4. Aplicar la metodología propuesta para obtener una estimación de reducción de energía y emisiones más realista.

Esquema para ajustar la estimación del ahorro anual de energía por vivienda a la realidad de los usuarios
Esquema de la metodología propuesta para ajustar la estimación del ahorro anual de energía por vivienda a la realidad de los usuarios.
Pablo Hernández-Cruz, CC BY-SA

Rehabilitando con conciencia

El hecho de que podamos fallar en las estimaciones de rehabilitación energética en viviendas sociales no significa que no haya que rehabilitarlas, sino todo lo contrario. Significa que es fundamental hacerlo con conocimiento de la realidad.

Nuestro estudio también muestra que entender el consumo real ayuda a identificar qué medidas mejorarán el confort interior de los usuarios. Conocer cómo viven las personas y cuáles son sus necesidades permite diseñar intervenciones más eficaces y orientadas a mejorar sus condiciones, más allá de los números teóricos de ahorro y emisiones.

The Conversation

Pablo Hernández-Cruz recibe fondos del proyecto PID2021-126739OB-C22, financiado por MCIN/AEI/10.13039/ 501100011033/ y “ERDF A way of making Europe”.

Ivan Flores Abascal y Juan María Hidalgo Betanzos no reciben salarios, ni ejercen labores de consultoría, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del puesto académico citado.

ref. España necesita renovar más de siete millones de viviendas: cómo planificar rehabilitaciones energéticas realistas – https://theconversation.com/espana-necesita-renovar-mas-de-siete-millones-de-viviendas-como-planificar-rehabilitaciones-energeticas-realistas-269744

Claves para entender por qué EE. UU. tendría muy complicado hacerse con el control de Groenlandia

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Ana Belén López Tárraga, Investigadora en el Grupo de investigación Territorio, Innovación y Desarrollo (TEIDE), Universidad de Salamanca

Bendix M/Shutterstock

En los últimos días, el caso venezolano ha vuelto a colocar en el centro del debate internacional una cuestión fundamental: ¿hasta dónde están dispuestas a llegar las grandes potencias cuando consideran que sus intereses estratégicos están en juego?

Las discusiones sobre soberanía, control de recursos y legitimidad de la intervención han reabierto interrogantes que parecían superados tras el final de la Guerra Fría. En este clima de tensión y de normas cada vez más disputadas, ideas que antes se consideraban inverosímiles comienzan a circular con mayor naturalidad en el discurso político.

Recientemente, y después de atacar algunos enclaves en Venezuela y de detener a Nicolás Maduro, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha dejado muy claros sus intereses: “Necesitamos a Groenlandia por motivos de seguridad nacional”. Las alarmas ha saltado.

Es en este contexto donde reaparece una pregunta que, hace solo unos años, habría parecido absurda: ¿podría Estados Unidos intentar hacerse con Groenlandia? La cuestión no surge de la nada. Forma parte de un escenario internacional en el que la competencia por recursos estratégicos y el control de espacios clave vuelven a ocupar un lugar central.

La posibilidad de que Estados Unidos adquiera Groenlandia es muy limitada, ya que existen obstáculos legales claros. Desde 2009, cuenta con un amplio autogobierno dentro del reino de Dinamarca. Cualquier cambio de soberanía requiere el consentimiento de su población, un principio protegido por el derecho internacional.

También existen límites políticos relevantes. Una presión unilateral no solo dañaría la relación con Dinamarca, sino que además afectaría al conjunto de sus aliados. No debemos olvidar que Dinamarca es miembro de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN). Un conflicto interno debilitaría a la alianza en un momento de alta competencia global.

La respuesta europea

Ante este escenario, la Unión Europea ha reaccionado de forma coordinada. Recientemente, varios Estados miembros han firmado un comunicado conjunto de apoyo a Groenlandia y al Reino de Dinamarca en el que subrayan el respeto a la soberanía, al principio de autodeterminación y al orden internacional basado en normas. El texto busca enviar una señal política clara frente a cualquier cuestionamiento externo del estatus de la isla y reafirma el compromiso europeo con la estabilidad del Ártico como espacio de cooperación.

Esta posición común convive, sin embargo, con una realidad estructural difícil de ignorar. La seguridad europea depende en gran medida de Estados Unidos, tanto en capacidades militares como en disuasión estratégica. Muchos Estados miembros carecen de medios suficientes para garantizar su defensa sin el respaldo estadounidense, lo que limita su margen de autonomía política.

Esta dependencia ayuda a explicar el tono prudente de la respuesta europea. La Unión busca respaldar a Groenlandia y a Dinamarca sin abrir una brecha con su principal garante de seguridad. El equilibrio entre principios y realismo estratégico se convierte así en uno de los grandes desafíos actuales.

Un interés que viene de lejos

Durante su primer mandato, Donald Trump ya expresó de forma pública su interés por la isla. Aquellas declaraciones sorprendieron a aliados y analistas, y reabrieron un debate en el que confluyen geografía, recursos y poder.

Hoy ese debate regresa con más fuerza. El Ártico se transforma con rapidez debido al calentamiento global y Groenlandia ocupa una posición central en ese proceso.

El interés por Groenlandia se explica, en primer lugar, por sus recursos naturales. En sus fondos marinos existen importantes reservas de gas y petróleo sin explotar que atraen atención política desde hace años.

La isla también alberga minerales estratégicos, entre los que destacan el cobre, el níquel, el zinc y el uranio. Todos ellos resultan esenciales para la industria energética y tecnológica.

Pero el mayor atractivo son las tierras raras. Groenlandia concentra alrededor de 1,5 millones de toneladas. Según el Servicio Geológico de Estados Unidos, dichas reservas incluyen lantánidos, escandio e itrio.

La disponibilidad de estos elementos –clave para baterías, energías renovables y sistemas electrónicos– condiciona las cadenas de suministro globales. Por ello, la isla gana peso en la competencia internacional.

Estratégicamente situada

La posición geográfica de Groenlandia refuerza su importancia estratégica, ya que la isla se sitúa junto a las rutas marítimas árticas del noroeste y del centro. El deshielo permite su uso durante más meses al año.

Si estas rutas se consolidan, el comercio marítimo será más rápido. Las distancias entre Asia, Europa y Norteamérica se reducirán, lo que alteraría los flujos comerciales tradicionales.

Groenlandia podría actuar entonces como punto de apoyo logístico. Su territorio facilitaría tareas de aprovisionamiento y mantenimiento, función que incrementaría su valor económico y estratégico.

Y desde una perspectiva militar, la isla ocupa una posición central: se encuentra entre Norteamérica, Rusia y Europa. Además, controla el acceso entre el océano Ártico y el Atlántico Norte. Este control tiene implicaciones para la seguridad marítima y aérea e influye en la vigilancia del espacio polar. Por ello, Groenlandia sigue siendo relevante para la defensa occidental.

Pieza clave en la seguridad estadounidense

Como decía más arriba, en 2019, Donald Trump ya planteó públicamente la posibilidad de comprar Groenlandia, una propuesta que se dirigió al Reino de Dinamarca. Aunque tanto Dinamarca como las autoridades groenlandesas rechazaron la idea, el episodio reveló un interés persistente. Estados Unidos nunca ha sido ajeno a la isla.

La presencia estadounidense se remonta a la Segunda Guerra Mundial. Durante la Guerra Fría, Groenlandia desempeñó un papel central en la defensa del hemisferio norte, una lógica estratégica que sigue vigente.

La base aérea de Thule, que continúa operativa, forma parte del sistema de alerta temprana y defensa antimisiles. Su función está directamente ligada a la seguridad estadounidense. La continuidad de esta base muestra que el interés no es coyuntural: responde a una visión estratégica de largo plazo. Groenlandia sigue siendo una pieza clave.

Más allá de Trump

Pero el debate sobre Groenlandia va más allá de Donald Trump. Refleja un cambio profundo en la política internacional donde la geografía vuelve a ocupar un lugar central.

El deshielo del Ártico abre nuevas rutas y oportunidades y, al mismo tiempo, intensifica la rivalidad entre potencias ganando valor político los recursos estratégicos.

A pesar del revuelo mediático de estos días, Groenlandia no es Venezuela. Una anexión de Groenlandia por parte de Estados Unidos es poco probable, pero la actual situación muestra cómo cambian los límites del debate internacional. Así, el Ártico se consolida como uno de los escenarios clave del siglo XXI.

The Conversation

Ana Belén López Tárraga no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Claves para entender por qué EE. UU. tendría muy complicado hacerse con el control de Groenlandia – https://theconversation.com/claves-para-entender-por-que-ee-uu-tendria-muy-complicado-hacerse-con-el-control-de-groenlandia-272920

Inseguridad alimentaria en Venezuela: qué está pasando y por qué importa

Source: The Conversation – (in Spanish) – By José Miguel Soriano del Castillo, Catedrático de Nutrición y Bromatología del Departamento de Medicina Preventiva y Salud Pública, Universitat de València

Barriada humilde en Caracas. Tomasz Podolski/Shutterstock

Al margen de la reciente captura de Nicolás Maduro por fuerzas estadounidenses, no debemos olvidar la situación de inseguridad alimentaria que arrastra Venezuela desde hace tiempo. Este concepto no se circunscribe solo a la “falta de comida”: también supone hablar de acceso, calidad, estabilidad y dignidad. Un país puede disponer de alimentos en mercados o bodegas y, aun así, millones de personas tienen dificultades para comprarlos de forma regular, o terminan consumiendo dietas poco nutritivas.

En Venezuela, esta circunstancia se ha mantenido como un problema estructural en la última década, pero con cambios de intensidad según la economía, la inflación y el financiamiento humanitario.

Una situación seria

Diversas fuentes coinciden en que la situación sigue siendo crítica. El Programa Mundial de Alimentos (PMA) indica que aproximadamente el 15 % de la población (alrededor de 4 millones de inividuos) necesita asistencia alimentaria urgente, y que alrededor del 40 % experimenta inseguridad alimentaria moderada o severa. Esto no significa que todas esas personas estén en la misma condición: “moderada” suele implicar reducción en calidad y cantidad de alimentos (saltarse comidas, dietas monótonas), mientras que “severa” puede significar quedarse sin comida o pasar días con muy poca ingesta.

Los organismos humanitarios ubican a Venezuela entre los países de la región con altas necesidades humanitarias sostenidas. El informe publicado el 29 de diciembre de 2025 por el Sistema Mundial de Información y Alerta Temprana de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO-GIEWS) señala que 7,9 millones de personas dentro del país necesitan asistencia, con necesidades críticas concentradas en seguridad alimentaria, entre otras áreas.

Lo que dicen los hogares: miedo a que la comida no alcance

El trabajo de campo en hogares ayuda a entender el componente cotidiano del problema. Según la última Encuesta Nacional sobre Condiciones de Vida (ENCOVI) del 2024, realizada por la Universidad Católica Andrés Bello, el 78,1 % de las personas entrevistadas estaba preocupada por la posibilidad de que los alimentos se acabaran, y el 41,1 % afirmó haberse quedado sin comida en su hogar en algún momento.

Estos indicadores importan porque muestran el “estrés” alimentario: cuando una familia no sabe si podrá comer mañana, tiende a reducir porciones, priorizar calorías baratas, endeudarse, vender bienes o sacrificar gastos en salud y educación.

Principales causas: inflación, ingresos y fragilidad del abastecimiento

Uno de los motores más repetidos en análisis recientes es el deterioro del poder adquisitivo. En una actualización de noviembre de 2025, la Red de Sistemas de Alerta Temprana contra la Hambruna advierte que las condiciones macroeconómicas han empeorado la inseguridad alimentaria, destacando que la inflación aumentó más del 100 % durante 2024–2025. Este incremento de precios estaba vinculado, entre otros factores, a tensiones en el tipo de cambio.

A día de hoy, el Fondo Monetario Internacional proyecta un aumento de la inflación del 269,9 % actual hasta el 682 % en 2026 en Venezuela. Por su parte, el salario mínimo nominal se mantiene congelado en 130 bolívares mensuales (equivalentes a 43 centavos de dólar) desde 2022.

Cuando los precios crecen más rápido que los ingresos, incluso quienes “tienen empleo” pueden terminar ajustando su alimentación a lo mínimo: menos proteína, menos frutas y verduras, más carbohidratos baratos y porciones menos abundantes. El bolívar venezolano cerró 2025 con una devaluación del 82,7 % frente al dólar, lo que erosiona aún más el poder de compra de los hogares.

A esto se suma la dependencia de importaciones y la vulnerabilidad de la producción local. FAO-GIEWS señala presiones sobre la producción de maíz y anticipa requerimientos de importación de cereales por encima del promedio en el ciclo 2025/26. Las importaciones de alimentos alcanzaron en 2024 un total de 3 022 millones de dólares (un 9 % más que en 2023) y representan aproximadamente el 60 % del suministro total de alimentos del país. Entre enero y julio de 2025, las compras externas del grupo agropecuario, alimentos y bebidas fueron de 5 837,1 millones de dolares, lo que supone un aumento de 11,3 % respecto al mismo periodo de 2024.

Consecuencias visibles: salud, nutrición infantil y decisiones difíciles

La inseguridad alimentaria deja huellas en el cuerpo y en la vida social, especialmente entre los más pequeños: las dietas pobres en micronutrientes y proteínas afectan al crecimiento, el aprendizaje y el sistema inmunitario infantil. Según Cáritas Venezuela, entre 8 y 10 de cada 100 niños evaluados sufren desnutrición aguda severa con riesgo de muerte, mientras la desnutrición crónica ha crecido de 18 % en 2016 a cerca del 30 % actualmente. Adicionalmente, más del 40 % de las embarazadas presentan déficit nutricional agudo y un 24 % de las mujeres en edad reproductiva padecen anemia.

En zonas vulnerables, muchas familias ajustan su dieta para “llenar” con lo que rinde más, pero eso no equivale a alimentarse bien. Las estrategias de supervivencia incluyen liquidación de ahorros (76 % de hogares), endeudamiento para comer (54 %) y venta de bienes personales.

Brechas territoriales y desigualdad

De cualquier modo, la crisis alimentaria no afecta por igual a todos los territorios. Las ediciones más recientes de la ENCOVI muestran que, aunque la pobreza extrema se ha reducido en promedio nacional, más del 70 % de los hogares siguen en situación de pobreza de ingresos y los mayores niveles de vulnerabilidad se concentran en zonas rurales, periféricas y fronterizas. En estos espacios –con fuerte presencia indígena o agrícola– la inseguridad alimentaria moderada y severa se mantiene por encima del promedio nacional, y los hogares reportan con más frecuencia saltarse comidas, reducir porciones y sustituir alimentos frescos por opciones más baratas y menos nutritivas.

Esta expansión territorial de la pobreza se vincula con el colapso de servicios básicos: más de 54 000 fallos eléctricos fueron registrados en enero de 2025. Además, según una encuesta reciente, un 86 % de los venezolanos indicó la presencia de agua fétida y sucia y un 87 % de la población requiere gas por bombona con distribución ineficiente.

Actualmente, a la situación inestable de Venezuela hay que sumar la situación de inseguridad alimentaria que mezcla emergencia (hogares que pasan hambre) con cronicidad (hogares que sobreviven con dietas pobres y vulnerables a cualquier shock). Los datos actuales muestran necesidades amplias y persistentes, y también advierten de que sin estabilidad macroeconómica y sin financiamiento humanitario suficiente, la situación puede empeorar rápidamente. Y esto, ante los próximos retos que vive el país, se debería de tener en cuenta para proteger y salvaguardar a su población.

The Conversation

José Miguel Soriano del Castillo no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Inseguridad alimentaria en Venezuela: qué está pasando y por qué importa – https://theconversation.com/inseguridad-alimentaria-en-venezuela-que-esta-pasando-y-por-que-importa-272915

Venezuela: el dilema entre legalidad internacional y ‘realpolitik’ que afrontan Europa y España

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Armando Alvares Garcia Júnior, Profesor de Derecho Internacional y de Relaciones Internacionales, UNIR – Universidad Internacional de La Rioja

Kaja Kallas, alta representante para Asuntos Exteriores de la Unión Europea. Dan Morar/Shutterstock

La fulminante operación militar de Estados Unidos en Venezuela, que combinó bombardeos selectivos con la captura de Nicolás Maduro y su traslado a territorio estadounidense, constituye un test crítico para la credibilidad del orden internacional y para la autonomía estratégica de la Unión Europea y de España.

Para ambos, el desafío es doble: sostener la apuesta por una transición democrática encabezada por la sociedad venezolana –y no tutelada desde Mar-a-Lago–, y demostrar que su compromiso con el derecho internacional no es retórico ni selectivo. De su respuesta dependerá tanto su posición en América Latina como la confianza que otros actores del Sur Global depositen en Europa, y particularmente España, como socio “civil y normativo” y no puramente geopolítico.

Una intervención sin justificación clara en derecho internacional

Diversos especialistas en derecho internacional han subrayado que los ataques y la captura de Maduro carecen de una base jurídica sólida en la Carta de la ONU, el tratado internacional firmado en 1945 que regula la Organización de las Naciones Unidas y que es un documento jurídicamente vinculante para los países que la aceptan, entre ellos Estados Unidos. La operación no fue autorizada por el Consejo de Seguridad, no respondió a un ataque armado previo de Venezuela y se llevó a cabo sin consentimiento del Estado afectado, lo que entra en tensión con la prohibición del uso de la fuerza del artículo 2.4 de la Carta de Naciones Unidas.

El think tank (laboratorio de ideas) de asuntos internacionales Chatham House, a través de un análisis específico, sostiene que ni la lucha contra el narcotráfico ni la acusación de “narcoterrorismo” bastan, en los términos actuales del derecho internacional, para justificar una incursión de este tipo en territorio venezolano.

Varios expertos consultados por Defense News (cabecera de referencia sobre el ámbito militar y gubernamental) y por el German Marshall Fund (GMF, un centro para la innovación política y el liderazgo trasatlántico) señalan que esta operación erosiona la rules based order, que la UE reivindica como fundamento de su acción exterior.

Este concepto es utilizado con frecuencia por los líderes occidentales para describir el marco de reglas, normas e instituciones que sirven para guiar el comportamiento de los estados.

Trump, el cambio de régimen y la oposición desplazada

La operación militar culmina una larga fijación personal y política de Donald Trump con la caída de Maduro. Esta se manifestó en su primer mandato y se vio reforzada con el fracaso del reconocimiento del líder opositor venezolano Juan Guaidó como presidente en 2019.

Como ya argumentó el experto en política internacional Christopher Sabatini en Foreign Policy (25 de enero de 2024), la estrategia estadounidense ha oscilado de la narrativa antidrogas a un objetivo explícito de cambio de régimen, sin un plan claro para la transición democrática posterior.

Esta ausencia de rumbo se ha puesto de manifiesto de nuevo tras la reciente intervención militar. Pese a que la oposición unificada ganó las elecciones del 28 de julio de 2024, con Edmundo González como candidato sustituto de María Corina Machado, la administración Trump ha optado por negociar con figuras del propio chavismo, en particular con la vicepresidenta Delcy Rodríguez.

Esta decisión, analizada también por centros como el citado Chatham House, revela una preferencia por una salida pragmática apoyada en élites del régimen antes que por la legitimidad democrática de la oposición.

Lo que se juega la Unión Europea

La UE se ha posicionado en numerosas ocasiones a favor de una transición democrática en Venezuela, pero siempre subrayando la necesidad de una solución pacífica y conforme al derecho internacional. La Alta Representante de la UE, Kaja Kallas, y la presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen, han reiterado que, aunque Bruselas no reconocía la legitimidad de Maduro tras las elecciones “ni libres ni justas” de 2024, nunca respaldó una intervención militar extranjera.

Este episodio coloca a la UE ante una disyuntiva incómoda: si tolera o legitima de facto la actuación de Washington, debilita su propio discurso jurídico frente a otros escenarios (Ucrania, Gaza, Sahel) donde exige respeto estricto a la soberanía estatal y a la Carta de la ONU.

La operación en Venezuela funciona como un test de estrés de la capacidad europea para defender un orden basado en normas frente a la lógica de esferas de influencia y golpes preventivos.

División interna y autonomía estratégica

La reacción europea ha sido fragmentada. Mientras las instituciones comunitarias y la mayoría de Estados miembros insisten en la moderación y el respeto del derecho internacional, algunos gobiernos y sectores políticos han mostrado comprensión hacia la captura de un líder al que no consideraban legítimo. Un informe periodístico señala que hasta 26 Estados miembros, con la única excepción de Hungría, criticaron las formas de la operación estadounidense, revelando fisuras en la política exterior común.

Esta división pone en entredicho la capacidad de la UE para ejercer la tan cacareada “autonomía estratégica”. Un principio que se inscribe en la Estrategia Global sobre Política Exterior y de Seguridad.

Tal como destacan varios expertos consultados por think tanks europeos, al aceptar una intervención que vulnera principios fundacionales de la UE, esta envía la señal de que Europa sigue subordinada a la agenda de Washington cuando se trata del hemisferio occidental.

Lo que se juega España.

España ha reaccionado con una combinación de condena jurídica y prudencia diplomática. El Gobierno ha llamado a la desescalada, ha reclamado respeto al derecho internacional y ha reiterado que no reconoció las elecciones que mantuvieron a Maduro en el poder, ni reconoce tampoco una solución impuesta militarmente desde el exterior.

El presidente Pedro Sánchez ha insistido en que cualquier transición debe ser venezolana, pacífica y respaldada por organismos multilaterales.

Diplomacia, relación transatlántica y liderazgo en América Latina

Al mismo tiempo, España se ve obligada a gestionar la relación con su principal aliado de seguridad, Estados Unidos, en un contexto de fuerte asimetría de poder. Por un lado, aspira a desempeñar un papel de mediador entre Europa, Washington y América Latina, en consonancia con su Estrategia de Acción Exterior 2025-2028, del Ministerio de Asuntos Exteriores, Unión Europea y Cooperación. Pero la unilateralidad de la operación limita su margen de maniobra y la expone a presiones simultáneas de ambos lados.

Polarización interna y comunidad venezolana

La crisis también exacerba divisiones en la política doméstica española. Mientras el Gobierno central evita una ruptura frontal con Estados Unidos, partidos de la izquierda como Sumar o Podemos han calificado la operación de “violación muy grave de la Carta de la ONU” y “piratería imperialista”. Sus dirigentes reclaman una condena firme y el rechazo a cualquier invasión. Desde la oposición conservadora, en cambio, se ha enfatizado que la caída de Maduro era deseable, pero se utiliza el episodio para cuestionar la supuesta “ambigüedad” del Ejecutivo español hacia el chavismo.

España es, además, uno de los principales destinos de la diáspora venezolana en Europa, con cientos de miles de residentes y numerosos casos de doble nacionalidad. Estudios sobre migraciones latinoamericanas y datos recogidos por organismos europeos muestran que cualquier agravamiento del conflicto y de la inestabilidad puede traducirse en nuevas oleadas migratorias, lo que convierte la crisis venezolana en un asunto de política interior en materia de integración, vivienda y mercado laboral.

Energía, recursos y transición ecológica

La captura de Maduro y el debilitamiento del núcleo dirigente chavista reabren la cuestión del control de los recursos energéticos venezolanos. Esto se produce en un momento de elevada volatilidad de los mercados debido a la guerra en Ucrania y a la transición verde. Declaraciones de Trump sobre qué empresas estadounidenses “se harán cargo del petróleo venezolano” alimentan la percepción de que la operación responde también, aunque no solo, a un cálculo económico.

Para España y la UE, que buscan diversificar proveedores de hidrocarburos y, a la vez, reducir la dependencia de combustibles fósiles, esta situación plantea un dilema.

La primera opción implica aprovechar una eventual reapertura del sector petrolero venezolano en clave de seguridad energética. Otra consiste en condicionar cualquier acercamiento económico a garantías de transición democrática y respeto de los derechos humanos. Una aproximación puramente oportunista dañaría la credibilidad climática y de derechos humanos de Europa en el Sur Global.

Venezuela y el futuro del orden internacional

Lo que ocurra en Venezuela excede las fronteras del país y del continente americano. Representa un indicador de hasta que punto el uso de la fuerza vuelve a imponerse sobre el derecho en la política global. Diversos análisis académicos y de think tanks (desde Chatham House hasta el GMF y el European Policy Centre) coinciden en que la operación estadounidense marca un precedente peligroso de lo que puede suponer una Doctrina Monroe 2.0 o, como ya se empieza a denominar, “Donroe” (cambiando la “M” por la “D” de Donald). Un escenario donde la hegemonía regional se ejerce por medios militares y judiciales unilaterales.

The Conversation

Armando Alvares Garcia Júnior no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Venezuela: el dilema entre legalidad internacional y ‘realpolitik’ que afrontan Europa y España – https://theconversation.com/venezuela-el-dilema-entre-legalidad-internacional-y-realpolitik-que-afrontan-europa-y-espana-272771

La maternidad que heredamos: palabras, silencios y juicios que pasan de generación en generación

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Patricia Catalá Mesón, Profesora Titular de Universidad del Area de Psicología Social, Universidad Rey Juan Carlos

Jurij Krupiak/Shutterstock

En cada conversación sobre maternidad hay algo más que consejos o anécdotas. Hay una herencia emocional que pasa de generación en generación, a veces en palabras, otras en gestos y muchas veces en silencios. Heredamos no solo maneras de cuidar, sino también formas de callar, de resistir, de amar y de temer. Las experiencias de maternidad se heredan, pero también los silencios.

En psicología perinatal sabemos que la experiencia de la maternidad no se limita al vínculo con el bebé: es también una transformación identitaria y emocional. Estudios sobre apego intergeneracional y memoria transgeneracional muestran cómo las vivencias, los miedos y las creencias de las generaciones anteriores influyen en la manera en que las mujeres viven su propia maternidad. Cada mujer, consciente o no, negocia entre lo heredado y lo elegido.

Durante los últimos años, como investigadora en este campo, he escuchado a cientos de mujeres hablar de su embarazo, su parto y su posparto. En esas conversaciones aparecen risas, cansancio, ternura, culpa y una tensión sutil. La que se da entre mujeres que se quieren, pero que a veces no saben cómo entenderse.

Tías, suegras o abuelas que “observan”

Muchas madres recientes me cuentan que se sienten observadas por las mujeres de su entorno: madres, tías, suegras, abuelas… Mujeres que también cuidaron Y que hicieron lo que pudieron con lo que tenían. Pero a menudo sus consejos suenan más a juicio que a apoyo.

En entrevistas de investigación y conversaciones clínicas, estas observaciones aparecen con frecuencia formuladas en expresiones como:

“Antes comíamos de todo en el embarazo y no pasaba nada”. “Antes bañábamos a los niños todos los días”. “Antes no había tantas tonterías con la comida”. “Nosotras no teníamos tiempo para esas cosas”. “Con tanto leer en internet, se os olvida el instinto”…

Formulaciones aparentemente cotidianas que no siempre se dicen con mala intención, pero que duelen. Duelen porque detrás hay una idea: que la forma en que hoy se vive la maternidad debe justificarse, defenderse o explicarse. Como si cada decisión tuviera que demostrar que es la correcta.

Maternidad intensiva: en busca de madres infalibles

La socióloga Sharon Hays definió hace tres décadas este fenómeno como “maternidad intensiva”, una forma de crianza en la que se espera que las madres sean emocionalmente disponibles, informadas y casi infalibles. Esa exigencia cultural se mezcla con los juicios intergeneracionales y refuerza la sensación de estar siempre siendo evaluada.

Lo paradójico es que antes también existían redes de apoyo, pero muchas de ellas eran silenciosas. Mujeres que acompañaban, que sostenían, pero que también callaban. Callaban el miedo, el dolor, la tristeza. Callaban porque no había espacio para hablar de la maternidad desde la vulnerabilidad. Y quizá por eso, cuando hoy las madres expresan su necesidad de espacio o de calma, esas generaciones pasadas no siempre saben cómo acompañarlas sin repetir el patrón del consejo o la corrección.

Algunas madres me cuentan que han tenido que pedir que no haya familiares en la sala de espera del paritorio o que las primeras visitas esperen unos días. No porque no quieran compañía, sino porque necesitan intimidad, silencio y reconocimiento. Pero esa petición, a menudo, se vive como rechazo. “Nosotras también parimos y no nos quejamos”, responden algunas. Y sí, ellas también lo hicieron, pero lo hicieron muchas veces sin ser escuchadas, sin poder elegir, sin poder parar.

La maternidad actual, en cambio, busca un lugar donde cuerpo y palabra se encuentren. Donde cada decisión (comer o no ciertos alimentos, elegir epidural o parto natural, amamantar o no, destetar o seguir) pueda hacerse desde la libertad, no desde el miedo al juicio. Porque la maternidad no es una competencia entre generaciones, sino un diálogo que aún está aprendiendo a hablar.

Frases que dejan huella

Incluso la lactancia, que debería ser un espacio íntimo y sereno, se convierte a menudo en tema de debate. “Tu leche no le llena y por eso llora tanto”. “Dale un biberón que así duerme mejor”. “Ya es mayor para seguir mamando”.

Son frases que parecen pequeñas, pero dejan huella. Minan la confianza, generan culpa y cuestionan el vínculo. Detrás de cada decisión hay una mujer que siente, duda y sostiene con su cuerpo y su mente. Que busca hacerlo bien, aunque a veces el entorno solo sepa decirle cómo debería hacerlo.

Hoy, desde la psicología, sabemos que la validación emocional y la escucha activa son factores protectores frente a la depresión posparto y el aislamiento materno. Acompañar sin juzgar no solo alivia: también previene sufrimiento psicológico y fortalece el bienestar del vínculo madre-bebé.

Quizá ha llegado el momento de romper esa cadena de juicios heredados. De sustituir el “antes se hacía así” por un “cuéntame cómo lo haces tú”. De pasar del consejo automático a la escucha auténtica. Acompañar no es enseñar, es estar. Es ofrecer presencia sin imponer, empatía sin corrección. Es aceptar que cada mujer, cada historia y cada época tienen su propio lenguaje.

Las investigaciones sobre transmisión emocional intergeneracional sugieren que los silencios también se heredan: no solo a través de relatos explícitos sobre la maternidad, sino también mediante una transmisión emocional implícita, hecha de gestos, climas afectivos y emociones no dichas.

Las heridas que una generación no pudo nombrar, la siguiente a menudo las siente sin saber por qué. Por eso cuando una mujer pide calma, busca silencio o defiende su manera de cuidar, no está rechazando a nadie. Está intentando escucharse. Está aprendiendo a cuidar desde un lugar más consciente, más propio y más en paz.

Agradecer la historia que nos trajo hasta aquí, con sus luces y sus sombras, es una manera de reconciliarnos. De honrar a las que nos precedieron sin cargar con sus silencios. De entender que no necesitamos tener razón para acompañarnos, solo respeto para mirarnos sin juicio.

Porque en cada generación hay una mujer que cuida, que sostiene y que aprende a hacerlo de nuevo, a su manera. Y cada vez que una de nosotras se atreve a hablar (a poner palabras donde antes hubo silencio), está tejiendo un puente entre pasado y futuro. Un puente hecho de escucha, ternura y presencia.

The Conversation

Este artículo se deriva del proyecto I-MARTERNA, financiado por la Comunidad de Madrid y la Universidad Rey Juan Carlos en el marco del convenio para la promoción de la investigación y transferencia de tecnología 2023–2026 (Código: 2023/00423/017, Línea A: Doctores emergentes).

ref. La maternidad que heredamos: palabras, silencios y juicios que pasan de generación en generación – https://theconversation.com/la-maternidad-que-heredamos-palabras-silencios-y-juicios-que-pasan-de-generacion-en-generacion-268420

Por qué dormimos peor que nunca aunque sepamos cada vez más sobre el sueño

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Alfredo Rodríguez Muñoz, Catedrático de Psicología Social y de las Organizaciones, Universidad Complutense de Madrid

antoniodiaz/Shutterstock

Nunca habíamos sabido tanto sobre el sueño como ahora. Conocemos cuántas horas diarias se recomiendan, qué papel juega la regularidad, cómo influyen las pantallas y por qué dormir mal afecta a la salud física y mental. La investigación científica sobre el descanso ha avanzado de forma notable en las últimas décadas. Y, sin embargo, cada vez más personas duermen mal en todo el mundo.

En España, por ejemplo, esta realidad es especialmente visible. Casi la mitad de la población reconoce no descansar bien. Diversos estudios estiman que alrededor del 40 % de las personas presenta problemas de insomnio y que aproximadamente un 14 % lo padece de forma crónica. Además, la tendencia es ascendente. A comienzos de la década de 2010 la prevalencia de insomnio crónico se situaba en torno al 6 %, menos de la mitad de la actual, como mostraban estudios poblacionales previos.

Saber cada vez más sobre el sueño y dormir cada vez peor se ha convertido en una paradoja. Esta no se explica por una falta de información ni por desinterés individual, sino por la forma en que hemos organizado el tiempo, el trabajo y la vida cotidiana. Hoy cada vez es más difícil algo tan básico como descansar bien.

Cuando el conocimiento no basta

Durante años, el sueño se ha abordado como una cuestión individual. Si alguien duerme mal, se asume que no sigue las recomendaciones adecuadas o que mantiene hábitos poco saludables. Este enfoque tiene un efecto claro: desplaza la responsabilidad hacia la persona y deja en segundo plano las condiciones sociales y laborales, que influyen decisivamente en el descanso.

Sabemos qué hacer para dormir mejor, pero no siempre podemos hacerlo.

La evidencia en psicología del trabajo y salud laboral muestra qué factores predicen una peor calidad del sueño, incluso entre personas bien informadas sobre hábitos saludables. Estos incluyen las jornadas extensas, los horarios impredecibles y la dificultad para desconectar mentalmente del trabajo.

A ello se suma un cambio profundo en la forma en que se estructura el día. En muchos casos la jornada ya no tiene un final claro. Correos electrónicos, mensajes y tareas pendientes prolongan la activación mental hasta bien entrada la noche.

La investigación sobre hiperconectividad y telepresión ha mostrado que esta disponibilidad permanente se asocia con mayor activación fisiológica y con dificultades para conciliar y mantener el sueño. El cuerpo necesita señales claras de cierre para iniciar el descanso. Cuando la noche se convierte en una extensión del día, ese proceso se vuelve más difícil.

El problema es que las formas de trabajar han cambiado, pero la biología no lo ha hecho. El cerebro humano funciona en ciclos y necesita alternar activación y recuperación. Dormir no es una pausa pasiva, sino un proceso activo en el que se consolidan recuerdos, se regulan emociones y se restaura la capacidad de pensar con claridad. La falta de sueño afecta de manera consistente a la atención, la memoria y la toma de decisiones.

A este problema se suma un factor menos visible, pero fundamental: vivimos cada vez más alejados de nuestros ritmos biológicos naturales. El sueño está regulado por relojes internos que se sincronizan con la luz, la regularidad y la alternancia entre día y noche. Sin embargo, horarios irregulares, exposición prolongada a luz artificial, trabajo nocturno y jornadas que se extienden más allá del atardecer generan un desajuste circadiano persistente.

El resultado no es solo dormir menos, sino hacerlo en momentos biológicamente inadecuados. Esto reduce la calidad del descanso incluso cuando el tiempo total de sueño parece suficiente.

Además, no todas las partes del sueño se pierden por igual. Las últimas horas de la noche, que suelen recortarse cuando nos acostamos tarde o madrugamos, son especialmente importantes para la regulación emocional y la integración de la información. Su pérdida se asocia con mayor irritabilidad, menor flexibilidad cognitiva y una mayor tendencia a responder de forma impulsiva al día siguiente.

Dormir menos no implica solo estar más cansado, sino funcionar de otra manera.

A este desajuste estructural se añade un componente cultural. En muchos entornos, especialmente laborales, el cansancio se ha normalizado e incluso valorado. Dormir poco continúa asociándose al compromiso, la responsabilidad y la ambición.

Sin embargo, la investigación muestra que la fatiga crónica no solo reduce el rendimiento. También deteriora el clima laboral, la cooperación y la calidad de las decisiones.

El sueño como responsabilidad individual y como negocio

En paralelo, el discurso del bienestar ha tendido a convertir el sueño en un producto de consumo. Aplicaciones, dispositivos de seguimiento, relojes que supuestamente registran cada fase del descanso, colchones inteligentes y programas especializados prometen ayudarnos a dormir mejor.

Aunque algunas de estas herramientas pueden resultar útiles, muchas abordan el problema desde una lógica individual. Este enfoque se centra en optimizar hábitos o métricas, sin cuestionar las condiciones sociales y laborales que dificultan el descanso.

En algunos casos, esta obsesión por medir y hacerlo bien puede incluso empeorar el problema. En los últimos años se ha acuñado el término “ortosomnia” para describir la ansiedad por dormir correctamente según indican los datos de los dispositivos. Personas que duermen razonablemente bien comienzan a preocuparse en exceso por sus puntuaciones, fases y despertares. Esto incrementa la vigilancia nocturna y dificulta el descanso. La paradoja es evidente: cuanto más se intenta controlar el sueño, más se escapa.

Todos estos discursos presentan el sueño como algo que se compra, se mide y se mejora, en lugar de como una necesidad biológica básica que debería estar protegida. Esta lógica refuerza la idea de que dormir bien es un logro personal, cuando en realidad depende de cómo se organizan los tiempos, las expectativas y las normas colectivas.

Tal combinación de factores alimenta una paradoja difícil de resolver con soluciones rápidas. Intentamos corregir con tecnología un problema que hemos creado organizando mal el tiempo y el trabajo. Ninguna aplicación puede compensar jornadas impredecibles, hiperconectividad constante y la imposibilidad real de desconectar.

The Conversation

Alfredo Rodríguez Muñoz no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Por qué dormimos peor que nunca aunque sepamos cada vez más sobre el sueño – https://theconversation.com/por-que-dormimos-peor-que-nunca-aunque-sepamos-cada-vez-mas-sobre-el-sueno-272400