Las vacunas no solo previenen enfermedades: también podrían combatir el envejecimiento

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Estefanía Díaz del Cerro, Postdoctoral research associate. Colaboradora del grupo de investigación de Envejecimiento, Psiconeuroinmunoendocrinología y Nutrición, Universidad Complutense de Madrid

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¿Y si las mismas células que impulsan el envejecimiento pudieran ser la clave para frenarlo… e incluso poner contra las cuerdas al cáncer? Este es el nuevo reto de un nuevo campo de investigación que plantea usar células senescentes –las que han dejado de dividirse y se acumulan con la edad– como base para desarrollar vacunas. El objetivo es activar el sistema inmunológico para combatir enfermedades crónicas.

El envejecimiento es uno de los principales factores de riesgo para enfermedades como el alzhéimer, la diabetes tipo dos, la hipertensión, la aterosclerosis, la osteoartritis, la fibrosis y varios tipos de cáncer. A medida que vivimos más, también aumenta la necesidad de encontrar estrategias para prevenir o tratar esas afecciones.

En este contexto, la vacunación –hasta ahora usada sobre todo para prevenir infecciones– se perfila sin duda como una herramienta innovadora.

¿Qué son las células senescentes?

A lo largo de la vida, las células se dividen muchas veces, proceso que permite reparar tejidos y mantener el cuerpo en funcionamiento. Pero con el tiempo, algunas dejan de dividirse de forma permanente: es lo que se conoce como senescencia celular.

Las células senescentes no mueren ni se eliminan. Permanecen en el organismo en una especie de “pausa” indefinida. Al principio, esto tiene un efecto positivo: al dejar de dividirse, evitan que mutaciones peligrosas se conviertan en cáncer. Pero con los años, se acumulan en los tejidos, liberando sustancias que causan inflamación, alteran el entorno celular y dañan el funcionamiento del cuerpo.

La acumulación de estas células es una de las causas del envejecimiento. Se relaciona con el deterioro de órganos y enfermedades como la osteoporosis, la fibrosis, la diabetes tipo dos y varios tipos de cáncer, así como con el debilitamiento del sistema inmunológico.

En pocas palabras, son como “testigos del tiempo” en nuestro cuerpo: al principio protegen, pero con los años se convierten en una carga que acelera el envejecimiento y sus efectos.

Una nueva propuesta: vacunas senolíticas

Hasta ahora, los tratamientos llamados senolíticos –que eliminan específicamente células senescentes– se basan en fármacos. Estos medicamentos bloquean ciertos mecanismos de defensa celular, pero pueden afectar también a células sanas, lo que plantea dudas sobre su seguridad.

En un estudio de 2021, los investigadores descubrieron una estrategia más precisa: en lugar de usar fármacos, desarrollaron una vacuna que entrena al sistema inmunológico para reconocer y eliminar las células senescentes. El secreto está en una proteína llamada GPNMB, presente en la superficie de estas células envejecidas. Al actuar como un “marcador de envejecimiento”, permite que el sistema inmune las detecte y las destruya.

Los resultados en ratones fueron notables. Al eliminar las células que expresaban GPNMB, los animales mostraron una reducción de la inflamación en el tejido adiposo. También se observó una mejora general en su metabolismo y menos acumulación de placas en las arterias. Además, en ratones con envejecimiento acelerado, la vacuna no solo mejoró su salud, sino que alargó su esperanza de vida.




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En otro estudio, los científicos probaron una vacuna diseñada para eliminar células o linfocitos T senescentes en ratones con obesidad inducida por una dieta alta en grasas. Esta vez, se basa en la proteína CD153, que actúa como un marcador específico en estas células envejecidas del sistema inmunitario.

Al vacunar a los ratones, el sistema inmunológico comenzó a producir anticuerpos contra CD153. Estos anticuerpos permanecieron activos durante varios meses y lograron disminuir significativamente la cantidad de células T senescentes en el tejido graso, reducción asociada con mejoras metabólicas importantes: mejor tolerancia a la glucosa y menor resistencia a la insulina.

Por último, otro grupo de científicos ha utilizado recientemente la vacuna BCG –una forma debilitada de una bacteria usada desde hace décadas contra la tuberculosis– para “entrenar” al sistema inmunológico innato y revertir algunos efectos del envejecimiento en el cerebro.

En ratones, esta inmunización logró reprogramar la microglía, las células inmunitarias del cerebro. Así mejoró su capacidad para eliminar los restos de mielina, un tipo de desecho que con la edad puede acumularse y dificultar la reparación del tejido cerebral dañado. Gracias a esta intervención, se observó una mejor recuperación en las zonas cerebrales dañadas.

Todos estos resultados ofrecen nuevas pistas sobre cómo el envejecimiento afecta al sistema inmunológico y abren la puerta a posibles estrategias para revertir el deterioro mediante la reprogramación del sistema inmunitario.

Retos y precauciones

Aunque las vacunas senolíticas abren nuevas posibilidades terapéuticas, aún existen desafíos importantes que deben resolverse antes de aplicarlas en humanos.

Uno de los aspectos clave es entender con precisión cómo actúan. El problema es que las proteínas a las que atacan también pueden encontrarse, en menor cantidad, en otras células no envejecidas. Por eso es importante saber si los beneficios se deben solo a la eliminación de células senescentes o si también están siendo eliminadas células sanas con esos mismos marcadores.

Además, es necesario controlar cuidadosamente la respuesta inmunológica. Si el sistema inmune se activa de forma exagerada, puede producir efectos no deseados como inflamación aguda o incluso un síndrome de liberación de citocinas, una reacción peligrosa que puede dañar tejidos sanos.

En caso de que estas vacunas lleguen a la fase clínica, será indispensable definir varios factores: la dosis adecuada, la frecuencia de administración y cuánto tiempo permanecen los anticuerpos activos en el organismo. Solo así podrá garantizarse que estas vacunas sean no solo efectivas, sino también seguras para su uso en personas.

Aunque aún queda camino por recorrer, las investigaciones marcan un cambio de paradigma: utilizar vacunas no solo para prevenir infecciones, sino para frenar el envejecimiento y sus enfermedades asociadas. Una medicina del futuro que podría estar más cerca de lo que imaginamos.

The Conversation

Estefanía Díaz del Cerro no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Las vacunas no solo previenen enfermedades: también podrían combatir el envejecimiento – https://theconversation.com/las-vacunas-no-solo-previenen-enfermedades-tambien-podrian-combatir-el-envejecimiento-259452

El genocidio es un delito fundamentalmente político: por qué es importante para Gaza

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Antonio Míguez Macho, Profesor de Historia Contemporánea, Universidade de Santiago de Compostela

Gaza, Palestina. Julio de 2025. IndonesiaStudio/Shutterstock

“Cuando un sabio señala la luna, el necio mira el dedo”.

Este proverbio, atribuido a Confucio, apunta a la tendencia humana a centrarse en el mensaje, el mensajero o el concepto en lugar de en la realidad que este refleja, especialmente cuando dicha realidad puede resultar incómoda o perturbadora. Hoy en día, esta noción resulta muy relevante para la matanza y la hambruna que se están produciendo en Gaza.

Muchos académicos, abogados, periodistas y funcionarios han calificado las acciones del Gobierno de Israel en Palestina como genocidio, crímenes de guerra o crímenes contra la humanidad. El Gobierno de Israel y sus aliados refutan estas acusaciones, pero a menudo lo hacen basándose en el antisemitismo o en motivos ocultos, en lugar de en la verdad objetiva sobre los hechos en sí. Al mismo tiempo, muchos activistas utilizan estos conceptos sin comprender plenamente sus implicaciones teóricas.

El genocidio es distinto de otros crímenes. No es una palabra que deba utilizarse a la ligera, ni una forma de describir un delito común a mayor escala. El genocidio requiere una base política e ideológica que permita justificar, tanto a nivel institucional como colectivo, el exterminio de un pueblo y su cultura, y lo presenta como una medida legítima o incluso deseable.

Por lo tanto, para pensar en términos de genocidio, debemos mirar más allá del individuo y analizar los episodios de violencia masiva como acontecimientos políticos, históricos y antropológicos.

Conceptualización del genocidio

Aunque los genocidios se han producido a lo largo de la historia de la humanidad, el término en sí es un neologismo acuñado por el abogado polaco Raphael Lemkin a principios de la década de 1940. Lo hizo reconstruyendo varios acontecimientos históricos que habían provocado la destrucción de culturas.

Basándose en el trabajo del antropólogo polaco Bronisław Malinowski, encontró ejemplos de tal destrucción en la expansión colonial europea por todo el mundo y en actos como el asesinato en masa de armenios en Anatolia durante la Primera Guerra Mundial. Tras evaluar estos acontecimientos, llegó a la conclusión de que no existían instrumentos jurídicos o políticos eficaces para proteger a los grupos culturales de una amenaza inminente de destrucción. Esto le llevó a luchar por el reconocimiento internacional de un marco protector de este tipo.




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El propio Lemkin experimentó la ausencia de garantías cuando se vio obligado a huir de la persecución nazi, dejando atrás a muchos miembros de su familia que serían asesinados por su identidad judía durante la Segunda Guerra Mundial. Mientras se encontraba exiliado en Estados Unidos tras el fin de la guerra, logró convencer a la recién creada Organización de las Naciones Unidas (ONU) para que adoptara su nuevo concepto.

En la Resolución 96 de la Asamblea General de las Naciones Unidas, de 11 de diciembre de 1946, se aprecia claramente la influencia de Lemkin y la presencia de elementos históricos y antropológicos en la definición de genocidio. La Resolución, titulada “El crimen de genocidio”, dice lo siguiente:

El genocidio es la negación del derecho a la existencia de grupos humanos enteros, como el homicidio es la negación del derecho a la vida de seres humanos individuales; tal negación del derecho a la existencia conmociona la conciencia de la humanidad, causa grandes pérdidas a la humanidad en forma de contribuciones culturales y de otra índole representadas por estos grupos humanos, y es contraria a la ley moral y al espíritu y los objetivos de las Naciones Unidas. Muchos casos de tales crímenes de genocidio han ocurrido cuando grupos raciales, religiosos, políticos y de otra índole han sido destruidos, total o parcialmente.

Crimen colectivo, víctimas colectivas

A partir de ese momento, comenzaron los intentos de encajar el concepto en marcos jurídicos y políticos. Pero el genocidio no es una norma jurídica o política claramente definida. Se trata más bien de una forma de entender un tipo singular de proceso violento, y los debates sobre cómo definirlo continúan hasta hoy.

Pensadores influyentes como Philippe Sands –especialmente su obra seminal de 2016 Calle Este-Oeste– han reforzado la creencia común en la superioridad jurídica del concepto de crímenes contra la humanidad. Esto se debe en gran medida a que Sands sigue el argumento de Hersch Lauterpacht, que hace hincapié en la primacía del individuo. Sin embargo, el genocidio es un delito intrínsecamente colectivo, tanto en lo que se refiere a sus autores como a sus víctimas.

Según algunas interpretaciones del argumento de Sands, el individuo tiene prioridad porque encaja en nuestras nociones y estructuras establecidas de justicia penal, que están construidas para identificar y enjuiciar a los autores individuales de delitos específicos. Sin embargo, cuando se trata del genocidio, la aplicación de este marco siempre ha tenido menos que ver con el rigor jurídico y más con la debilidad política. En pocas palabras, es más fácil enjuiciar a un puñado de cabecillas que a todo un gobierno o un ejército.

Pero incluso este modelo individualizado se queda corto. A pesar de los numerosos llamamientos para que se reconozcan las acciones del Gobierno israelí como genocidio, incluidos los de grupos de derechos humanos con sede en Israel, en los últimos meses países como Hungría y Estados Unidos han hecho alarde de las órdenes de detención de la Corte Penal Internacional contra funcionarios israelíes. Los aliados de Israel en Estados Unidos, Reino Unido y la Unión Europea también se han negado a tomar medidas políticas mediante la aplicación de sanciones y siguen suministrando armas a Israel.

Esto demuestra que el genocidio es un delito fundamentalmente político. No puede haber enjuiciamiento en virtud del derecho internacional sin una aplicación política, ya sea en forma de presión diplomática o de acciones militares más directas contra el agresor.




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Genocidio en Palestina

Cuando hablamos de genocidio, debemos ser específicos. La cuestión clave no es determinar si se han cumplido las condiciones para juzgar a los autores concretos de actos concretos de violencia como genocidas, sino comprender la lógica que subyace a esas prácticas. Una condena por genocidio o crímenes contra la humanidad no salva vidas, pero el mero hecho de considerar que se está cometiendo o se ha cometido un genocidio tiene profundas implicaciones políticas.

Sin embargo, lo que estamos presenciando en Gaza demuestra la fuerza de este concepto, no su debilidad. Como académicos, debatimos si el tipo de violencia masiva utilizada por Israel constituye genocidio, pero también lo hace la opinión pública indignada que protesta en las calles de todo el mundo. Lo mismo ocurre con el Gobierno israelí y sus partidarios: no pueden evitar pensar en el genocidio, aunque solo sea para negarlo.

Definir la violencia de Israel en Palestina como genocidio no detendrá las matanzas, pero tampoco lo haría ninguna otra clasificación jurídica. Aceptar tal interpretación solo sirve para desviar la atención de quien es, en última instancia, responsable: la política.

Independientemente de las dudas o limitaciones, pensar y hablar sobre el genocidio sigue siendo una herramienta poderosa para mantener la mirada fija en la luna y no en el dedo que la señala.

The Conversation

Antonio Míguez Macho no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. El genocidio es un delito fundamentalmente político: por qué es importante para Gaza – https://theconversation.com/el-genocidio-es-un-delito-fundamentalmente-politico-por-que-es-importante-para-gaza-262667

Restaurar el patrón natural de los fuegos ayudaría a conservar los ecosistemas y evitar incendios peligrosos

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Lluís Brotons, Investigador científico CREAF-CSIC, Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC)

ChameleonsEye/Shutterstock

Debido a las sequías y a las altas temperaturas, los incendios forestales están desarrollando nuevas formas de propagación. Este fenómeno supone todo un reto tanto para los efectivos de extinción como para la ciencia, que indaga nuevas alternativas de gestión.

Un estudio liderado por el Centro de Investigación Ecológica y Aplicaciones Forestales (CREAF) propone soluciones para mejorar la salud de los ecosistemas y sus procesos naturales al tiempo que ayuden a reducir los incendios forestales más peligrosos y masivos.

El trabajo pretende restaurar los patrones de incendio a través de prácticas como la quema en mosaico localizado que es aquella que se realiza en áreas con diferentes tipos de ecosistemas que se encuentran muy cerca unos de otros. Otras opciones incluyen dejar que ciertos incendios ardan de forma natural, reintroducir especies animales que se alimentan de la maleza o cambiar los patrones hidrológicos.

Esta visión, conocida en Europa como renaturalización o rewilding , busca lograr un sistema socioecológico equilibrado, a pleno rendimiento, que sea capaz de soportar perturbaciones naturales como pequeños incendios, plagas o sequías gracias a la diversidad de paisajes resilientes al cambio climático.

Es importante aclarar que la idea se basa en identificar nuevos regímenes de incendios que beneficien los procesos ecológicos a medida que el clima cambia, no en volver a los antiguos patrones.




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El fuego puede generar vida

Nuestro estudio propone soluciones que refuercen procesos naturales, hoy perdidos, que podrían contribuir a disminuir los fuegos de alta intensidad. Eso significa aprovechar el papel de la fauna, las plantas, los humanos y ciertas perturbaciones como la sequía, e incluso de los propios incendios.

Aunque es algo que la mayoría desconoce, el fuego genera vida y desempeña un papel crucial a la hora de mantener la naturaleza en equilibrio. Por ejemplo, la rica biodiversidad que caracteriza al Mediterráneo se debe en gran parte a los incendios. En Brasil, el fuego estimula la floración del 66 % de las plantas del Cerrado, la sabana tropical más grande de Sudamérica. Y, en el norte de Australia, las poblaciones de rata canguro se encuentran en declive debido a la falta de fuegos, que hacen prosperar un tipo de hierba del que se alimenta este marsupial.

Como evidencian estos y otros casos, la renaturalización permitiría recuperar especies y procesos naturales y, al tiempo, regímenes de fuegos beneficiosos tanto para la biodiversidad como para las actividades humanas, especialmente a la hora de disminuir el riesgo de incendios muy intensos, como los que actualmente arden en Portugal.

Gracias a la renaturalización, podríamos disponer de paisajes en los que el fuego tenga un rol clave de modelización y protección, pero sin que llegue a descontrolarse.




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Una naturaleza que se autorregula

Ayudar a la conservación de ecosistemas implica facilitar que recuperen sus dinámicas complejas y su capacidad de autoregulación.

En las Montañas Rocosas de Norteamérica, los castores represan los ríos, lo que altera la humedad del suelo y evita que los incendios alcancen ciertas áreas. En Mozambique, los búfalos se alimentan de especies vegetales específicas de la sabana, permitiendo áreas llanas que podrían actuar como barreras naturales a la hora de evitar la propagación del fuego. Con el fin de construir su nido, el ’malleefowl’, un pájaro endémico de Australia, excava y deshace material combustible que podría propagar un incendio.

En sistemas forestales mediterráneos, la renaturalización podría dirigirse, por un lado, a promover árboles grandes y bosques más maduros, que creen microclimas más frescos, mejoren el ciclo del agua y del carbono, ofreciendo troncos que son hábitats naturales de muchas especies y madera muerta como base de alimento de hongos e insectos. Y por otro, a aprovechar los fuegos locales y las sequías que favorecen la discontinuidad del bosque al provocar la muerte de algunos árboles.

Ejercer, de manera estratégica, un menor control en la extinción de incendios forestales puede tener grandes beneficios, como nos enseña el caso de Canejan, un pueblo en los Pirineos donde se utilizó un incendio no planificado para alcanzar objetivos preestablecidos de gestión, como promover hábitats abiertos y controlar la invasión de arbustos.

No obstante, en la actualidad, en vez en de aprovechar los procesos naturales de autoregulación, se da prioridad a una gestión de la naturaleza altamente controlada, artificial y costosa, donde la intervención humana intensiva manipula sus dinámicas y mantiene paisajes amenudo artifialmente estáticos o rígidos.




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El fuego como aliado: las quemas localizadas

Entre las posibles prácticas de renaturalización que proponemos destacamos las quemas localizadas para abrir espacios en zonas clave. Este tipo de soluciones funciona como reclamo para distintas especies endémicas de mariposas y aves, cuyas poblaciones han disminuido de manera alarmente en los últimos cuarenta años. La quema en mosaico no sólo beneficiaría a la biodiversidad, sino que evitaría el riesgo de incendios peligrosos.

Como en toda gestión medioambiental, estas estrategias requieren de una cuidadosa planificación. Por ejemplo, la decisión de no apagar un fuego constituye una práctica sólo apta cuando el entorno no representa un riesgo para humanos, en entornos con especies acostumbradas a convivir con las llamas y de las que se benefician.

No obstante, la renaturalización podría ayudar en muchos casos a mitigar algunos riesgos que los patrones de incendios alterados provocan, como la pérdida de vidas, hogares y bienes naturales.

Volver a un régimen de fuego más conectado a los procesos naturales supone redefinir el rol de las sociedad en su control. Eso no implica excluir el componente humano de los ecosistemas, sino otorgar mayor autonomía a los demás seres del entorno natural.

El fin es dejar que el sistema funcione de forma más equilibrada asumiendo al fuego como una perturbación, que los bosques sean más resilientes y se reduzcan costes en su gestión a largo plazo.

The Conversation

Lluís Brotons es miembro de conservacio.cat (https://defensapatrimoninatural.wordpress.com/2015/08/16/conservacio-cat/)

Ella Plumanns Pouton esta empleada por el proyecto wildE de Horizon Europe (GAP-101081251) . Esta reserca tanbien recibió apoyo financial por el MCIN/AEI por el proyecto de RESFIRE (PID2023-152690OB-C21) y AGAUR, Generalitat de Catalunya (2021 SGR 00889).

ref. Restaurar el patrón natural de los fuegos ayudaría a conservar los ecosistemas y evitar incendios peligrosos – https://theconversation.com/restaurar-el-patron-natural-de-los-fuegos-ayudaria-a-conservar-los-ecosistemas-y-evitar-incendios-peligrosos-262314

¿Dónde están las diseñadoras?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By M. Mar Martínez-Oña, Investigadora y profesora, UDIT – Universidad de Diseño, Innovación y Tecnología

Montaje realizado para el proyecto RED-Diseña. Miguel Ocariz

Las mujeres siempre han estado presentes en la historia del arte. E incluso han sido las protagonistas absolutas… como objetos de deseo. Es decir, podían ejercer el papel de musas, pero se les vetó el rol de creadoras.

Esta invisibilidad de las artistas es una situación que a lo largo de los siglos se normalizó a través de la divulgación e imposición de una historia del arte creada desde un perspectiva androcéntrica.

Hubo que esperar a finales del siglo XX, concretamente a la década de los años 70, a que la historiadora Linda Nochlin se cuestionase dónde estaban las artistas. Nochlin planteaba por qué se habían obviado sus nombres y la necesidad de preguntarse precisamente eso. Exigía, por tanto, rescatarlas del olvido.

Esta injusticia se intenta corregir desde finales del siglo XX a través de investigaciones que buscan reescribir la historia. Entre las figuras reivindicadas encontramos a Sofonisba Anguissola, Artemisa Gentileschi, Élisabeth Vigée-Lebrun, Camille Claudel, Maruja Mallo, Remedios Varo y un largo etcétera de mujeres.

Pero los estudios se han centrado principalmente en las denominadas artes mayores (arquitectura, escultura y pintura). Sin embargo, aquellas que realizaron su labor artística dentro de las denominadas artes menores o artes decorativas –que, tras la Revolución Industrial del siglo XIX, pasaron a entremezclarse con el denominado diseño industrial y con el actual diseño de producto– siguen sin conocerse.

Por eso, merece la pena saber quiénes han sido las mujeres que han desarrollado su trabajo artístico en esta disciplina, aunque en su momento no se conociesen o sus obras fuesen firmadas por otros diseñadores hombres (maridos, padres, hermanos, etc).

Hacia una mayor visibilidad

Afirmar que Ludwig Mies van der Rohe fue un gran diseñador y, además, el autor de la silla Barcelona (uno de los iconos del diseño moderno) es un hecho aceptado. Sin embargo, si la afirmación que hacemos es que Lilly Reich fue una gran diseñadora y, además, coautora de la silla Barcelona, probablemente tendríamos que aportar pruebas para poder justificarlo.

Pero así es: Reich fue una diseñadora y arquitecta alemana, socia y compañera de Mies van der Rohe, con el que trabajo durante más de diez años, colaborando activamente en todos los diseños, aunque la autoría se le otorgaba a él. Sin embargo, en los últimos años, gracias a la investigación, podemos decir que la autoría de la silla Barcelona es compartida. Así lo indicó Sonja Günther en 1988, la que se considera como la primera biografía de Lilly Reich.

En el caso de España, las diseñadoras estaban invisibilizadas hasta que, en los años 80 del siglo XX, en pleno auge del diseño, se comenzaron a escuchar nombres femeninos. A esa primera generación de diseñadoras, pioneras, la siguieron muchas otras.

Así lo recogemos en el libro Diseñadoras españolas de finales del siglo XX. En él hablamos de mujeres como Lola Castelló, quien desarrolló su actividad sobre todo en el diseño de mobiliario, con obras tan destacadas como las mesas La Camilla o Carmen. También de Nani Marquina –quien destaca por su novedosa visión en la creación artística en torno a la alfombra–, de la reconocida arquitecta –y también diseñadora– Carme Pinós y de Pati Núñez, una de las pioneras en diseño gráfico.

Pero quizás los nombres más invisibilizados, y que recuperamos, hayan sido los de las mujeres que desarrollaron su labor artística en torno a la animación, como Ángela Iturriza e Isabel Herguera.

El caso Delaunay

Desde el proyecto de investigación RED-Diseña, en UDIT, hemos comenzado a catalogar a las diseñadoras en diferentes ámbitos (arquitectura, moda, ilustración, fotografía, animación, diseño industrial, de producto, de videojuegos, etc). No nos limitamos a España: abarcamos diversas geografías y épocas históricas, desde las pioneras como Mary Morris –que trabajó junto a su padre, el también diseñador Willian Morris)– hasta la actualidad, con jóvenes que apuestan por la innovación y la sostenibilidad como herramientas de cambio social.

Una mujer sentada y vestida con sombrero, sombrilla, chaleco y falda.
Sonia Delaunay en una fotografía en la que viste prendas que vendía en la tienda que tuvo durante un tiempo en Madrid, Casa Sonia, c. 1918-20.
Wikimedia Commons

Entre todas las creadoras catalogadas destaca Sarah Ilínichna Stern, más conocida como Sonia Delaunay (ya que utilizó el apellido de su marido), quien durante una etapa de su vida vivió en España. Delaunay se caracterizó por ser una artista multidisciplinar, que desarrolló un intenso trabajo en varios aspectos del diseño –desde la moda y los tejidos hasta los libros–, además de ser pintora, empresaria y escenógrafa, entre otras cosas.

Su inquietud artística también la impulsó a investigar nuevas formas de crear. Actualmente se la considera cofundadora del orfismo (uso rítmico del color para crear movimiento), aunque durante muchos años este mérito se le otorgó solamente a su marido, Robert Delaunay. Posteriormente ambos evolucionaron al simultaneísmo–que empleaba el color para crear espacios y formas en una pintura– y acabaron orientándose artísticamente hacia la abstracción. Defendieron los fundamentos de un arte nuevo que rechazaba los medios tradicionales, afirmando la capacidad constructiva y la dinámica del color.

Cuadro abstracto con formas y círculos de colores fuertes.
Prismas eléctricos, de Sonia Delaunay (1914).
Wikimedia Commons

Tras el fallecimiento de Robert, Sonia siguió trabajando. El resultado fue una fructífera obra artística personal, con una identidad propia que se pone de manifiesto en todas sus creaciones. Quiso dejar atrás las antiguas tradiciones y contribuir al avance social de las mujeres desde el diseño, rompiendo con el conservadurismo. A pesar de su gran carisma artístico, durante años su obra fue invisibilizada frente a la de su compañero. Devolverle su autoría junto a su papel en la historia del arte es una cuestión de justicia.

A partir de estos ejemplos, queda patente que es necesario cuestionar la antigua historia del diseño –que divulgaba solo las obras de artistas masculinos– y reescribirla, otorgando el lugar que les corresponde a todas aquellas mujeres que desarrollaron su trabajo en este ámbito. Estos referentes deben estar presentes para el estudio del pasado, el presente y el futuro de la disciplina.

The Conversation

M. Mar Martínez-Oña no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ¿Dónde están las diseñadoras? – https://theconversation.com/donde-estan-las-disenadoras-253688

Cómo mejorar la enseñanza del inglés: ¿y si copiamos a Suecia?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Aneider Iza Erviti, Profesora Titular de Universidad en el área de filología inglesa, Universidad Pública de Navarra

Lithiumphoto/Shutterstock

Hoy en día, saber inglés es necesario para acceder a estudios, empleo y oportunidades tanto a nivel nacional como internacional. Por eso el sistema educativo español apuesta por el aprendizaje temprano de dicho idioma. Los alumnos y alumnas comienzan a aprender inglés, en la mayoría de casos, a los 3 o 4 años.

Sin embargo, muchos estudiantes terminan la educación obligatoria a los 16 años sin poder comunicarse en inglés con facilidad (más de la mitad de los españoles de entre 10 y 19 años afirman no hablar nada de inglés, según el INE), a pesar de haber recibido durante doce años entre cuatro y cinco horas semanales como mínimo de inglés.

En cambio, en Suecia los jóvenes hablan inglés con fluidez y confianza desde edades tempranas. ¿Cómo es esto posible? ¿Qué se hace mal en España?

Aunque, como dice el refrán, las comparaciones son odiosas, mirar a otros países europeos como Suecia puede ayudarnos a identificar buenas prácticas para mejorar esta situación.

Hablar desde el primer día (no solo para el examen)

En las escuelas suecas, el inglés se habla desde las primeras etapas. Se utiliza a diario en juegos, proyectos o conversaciones espontáneas. En España, en cambio, las actividades orales en inglés suelen ser puntuales, controladas y muchas veces orientadas a pruebas.

Hablar bien inglés no es solo cuestión de “saberlo”, sino de usarlo. Sin prácticas frecuentes de habla dentro del aula, no se producen avances reales en fluidez. Es decir, hablar con frecuencia y en situaciones naturales es clave para automatizar la producción oral, dejando de lado el miedo a cometer errores, uno de los factores que más afecta a la fluidez.




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Evaluar la expresión oral, no solo la escritura

En Suecia, la competencia oral se evalúa a menudo mediante rúbricas y criterios claros basados en el Marco Común Europeo de Referencia para las Lenguas (MCER). Esto hace que los alumnos sepan qué se espera de ellos, además de que reciben retroalimentación útil. Dicho de otra manera, saben en qué exactamente deben mejorar y cómo hacerlo.

En España, sin embargo, la evaluación oral es a menudo informal, esporádica o inexistente,. Es difícil para el profesorado evaluar la competencia oral de cada alumno individualmente, debido a la gran ratio de alumnos por clase y a la falta de medios económicos y personales.

En Educación Primaria, los exámenes de inglés tampoco suelen incluir una parte oral. Si no se evalúa lo que se habla, el alumnado aprende que “hablar no cuenta”. Cambiar esto es clave para saber comunicarte con otras personas.

Presupuestos y formación

En 2022, según Eurostat, Suecia dedicó un 6,3 % de su PIB a la educación, situándose entre los países con mayor inversión pública en este ámbito de Europa. Por contra, España invirtió únicamente el 4,4 % de su PIB, claramente por debajo de la media comunitaria (4,7 %) y de la cifra sueca. Esta diferencia en inversión también se refleja en las políticas educativas y en la formación del profesorado.

En Suecia, los maestros reciben formación continua en metodologías comunicativas y evaluación oral. En España, aunque hay esfuerzos en esa dirección, muchas veces faltan recursos, tiempo o acompañamiento.

En Suecia, el 44 % de los docentes declara participar en actividades de aprendizaje profesional colaborativo al menos una vez al mes y otro 42 % realiza docencia en equipo con la misma frecuencia.

En España, estos datos caen al 21 % para ambos factores, lo que sugiere que el sistema educativo sueco fomenta mucho más el trabajo cooperativo entre profesores y apuesta por la formación continua compartida, el intercambio de buenas prácticas y el apoyo mutuo entre docentes, factores todos ellos asociados con una enseñanza de mayor calidad.

Invertir en formación práctica, crear redes de intercambio entre docentes y proporcionar herramientas claras (como rúbricas, bancos de tareas orales o ejemplos de buenas prácticas) es fundamental para transformar las aulas.




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Fomentar la interacción, no solo la memorización

La investigación en adquisición de lenguas llega a una conclusión clara: se aprende a hablar hablando. Métodos como el enfoque comunicativo o el aprendizaje basado en tareas, presentes en el modelo sueco, permiten que el alumnado participe en situaciones reales de comunicación: debates, entrevistas, presentaciones o juegos de rol.

En muchos centros españoles, se sigue haciendo demasiado hincapié en la gramática y el vocabulario, con poca oportunidad para usar el idioma en contextos reales o significativos. Incluso cuando se implanta la metodología AICLE (Aprendizaje Integrado de Contenidos y Lenguas Extranjeras), se amplía el número de horas en las que los niños y niñas están expuestos al idioma, pero con un enfoque tradicional centrado en gramática y vocabulario de cosas abstractas, sin dar lugar a que los alumnos hablen espontáneamente ni a tareas comunicativas reales.




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Los alumnos deben memorizar largas listas de vocabulario muy específico, sobre todo en asignaturas como Science, cuando no son capaces de hablar de sí mismos o pedir comida en un restaurante.

Es decir, en lugar de usar la lengua como medio para aprender contenido, se usa como objeto de memorización, limitando la interacción significativa. Si el AICLE se aplica correctamente –con tareas reales, interacción oral y coordinación docente–, puede potenciar significativamente las habilidades orales y escritas en inglés. Pero para eso, es esencial promover prácticas orales activas dentro de metodologías centradas en tareas y proyectos.

Motivar con experiencias reales

El alumnado sueco suele estar expuesto al inglés fuera del aula: ven series subtituladas, usan videojuegos, escuchan música o navegan en redes sociales en ese idioma. Esto crea un entorno en el que el inglés se percibe como útil y accesible.

En España, nuestros alumnos también juegan en línea y escuchan música, pero lo hacen sobre todo en español. El doblaje de películas y la escasa presencia del inglés en nuestra sociedad reducen las oportunidades de exposición natural al idioma. Promover el uso de medios en versión original como películas o series y conectar las clases con los intereses del alumnado puede aumentar la motivación.

Involucrar a las familias y la comunidad

Como todo, que aprendamos inglés no depende solo de la escuela. Las familias, los medios de comunicación y el entorno social también tienen mucho que ver. En contextos donde se valora el inglés como una herramienta útil —no solo como asignatura—, el alumnado tiene más oportunidades y confianza para hablar.

La exposición extramural (es decir, todo aquello que el alumno recibe fuera de la escuela) tiene un papel muy importante en el aprendizaje de idiomas. Y no todo depende del nivel previo de las familias: aunque muchas familias españolas no dominen el inglés, pueden leer cuentos bilingües, ver series subtituladas o jugar a videojuegos con sus hijos o apoyar actividades escolares en inglés participando así en el proceso educativo de sus hijos e hijas. También los medios de comunicación pueden (y deberían) contribuir ofreciendo más contenidos en versión original.

Un cambio cultural en la escuela

Hablar inglés con soltura no es una meta imposible, pero sí exige cambios estructurales y culturales. No basta con reformar los currículos en las escuelas: hay que alinear los objetivos con la práctica diaria en el aula, ofrecer formación al profesorado, evaluar lo que realmente importa y crear un entorno —dentro y fuera de la escuela— que favorezca el uso del idioma.

Falta dar el paso: hacer del inglés una lengua de uso, no solo de estudio. Porque enseñar a comunicarse en otro idioma es, al fin y al cabo, enseñar a abrirse al mundo.

The Conversation

Aneider Iza Erviti recibe fondos del Ministerio de Ciencia e Innovación – Agencia Española de Investigación (referencia: PID2023-146582NB-I00).

ref. Cómo mejorar la enseñanza del inglés: ¿y si copiamos a Suecia? – https://theconversation.com/como-mejorar-la-ensenanza-del-ingles-y-si-copiamos-a-suecia-258242

Suplemento cultural: este nuestro verano

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Claudia Lorenzo Rubiera, Editora de Cultura, The Conversation

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Este texto se publicó por primera vez en nuestro boletín Suplemento cultural, un resumen quincenal de la actualidad cultural y una selección de los mejores artículos de historia, literatura, cine, arte o música. Si quiere recibirlo, puede suscribirse aquí.


Hoy empieza agosto y aprovechamos este comienzo para hacer una pausa en el Suplemento hasta septiembre.

Esperamos que en nuestra ausencia disfruten del descanso (quien lo tenga). Y les dejamos con un boletín algo más extenso de lo normal, buscando que los artículos, en muchos casos, sirvan para abrir boca y sean puertas a otros mundos literarios, cinematográficos o musicales.

Como habrán visto, las redes sociales bullen con actualizaciones en época estival. Muchos retratan sus vacaciones, sus actividades y sus compañías con honestidad. Otros aprovechan el marco virtual para elaborar narraciones algo más alejadas de la realidad.

Si quitamos las redes de la ecuación, nos quedamos con la esencia del ser humano, esa parte que nos impulsa a presumir hasta, en ocasiones, vernos inmersos en una maraña de inexactitudes y mentiras. Es decir, que a veces por aparentar decimos que hicimos mucho más de lo que realmente conseguimos.

Pero esto no es exclusivo de nuestro tiempo. Ya en el Medievo algunos peregrinos, como cuentan Déborah González y Raquel Jabares, escribían sobre los grandes logros de un Camino de Santiago que, en realidad, no habían hecho.

Tiempo para leer

Una buena candidata a convertirse en lectura de verano es la epopeya fantástica Olvidado rey Gudú, de Ana María Matute (cuyo centenario celebramos este 2025).

Según Sergio Ferrer, editor de Ciencia en The Conversation y devoto de la novela, es una narración exigente que, sin embargo, da mucho a cambio, nunca frustra: “Lo facilón sería decir una verdad: si este libro se hubiera escrito en inglés habría varias películas y series sobre él y estaría a la altura de las grandes obras del género. Son casi 1 000 páginas y el estilo puede ser denso, pero si te dejas caer en él y te dejas atrapar te sabe a poco. Y no es fácil que un libro tan largo sepa a poco”. ¿Es un libro adecuado para el verano?, le pregunté. Pues depende del verano, añade. El reto puede ser grande, pero dicen que la recompensa también lo es.

Si de efemérides hablamos, el mundo anglosajón (y todos los demás, porque su arte es universal) está tirando la casa por la ventana con los fastos por el 250 aniversario del nacimiento de Jane Austen: exposiciones, bailes, adaptaciones, miniseries, reescrituras… Rosa García-Periago resume todo un año dedicado a la autora, para que sepamos por dónde empezar a hincarle el diente. Aunque una cosa queda clara: lo mejor que se puede hacer para celebrarla es leerla.

Y para cerrar el capítulo de los aniversarios, aprovechamos un mismo evento para recordar a Carmen Martín Gaite (que haría cien años este otoño) y a Mario Vargas Llosa, que falleció hace unos meses: el Premio Biblioteca Breve de 1962, que ganó este último con La ciudad y los perros y en el que la autora quedó finalista con otra apuesta arriesgada: Ritmo lento.

Aya de Yopougon es un cómic que cuenta las aventuras de la mencionada Aya, una chica de Costa de Marfil, narrando sus sueños, sus ilusiones y su día a día en el barrio. Con esta obra Marguerite Abouet ha arrasado internacionalmente y ha demostrado que no sólo hay una vida en África que merece ser contada más allá de la tragedia que siempre se intenta buscar en los relatos de ese continente, sino que el mundo está muy interesado en conocer esa realidad alejada de los estereotipos.

Acabamos la parte literaria con ese salseo de las últimas semanas que ha involucrado a Coldplay, una cámara pública en un concierto y el descubrimiento de una infidelidad. Este relato, magnificado por las redes sociales, terminó con los participantes abandonando sus puestos de trabajo, una consecuencia que parece exagerada para un asunto que, en el fondo, no dejaba de ser privado. Pero ya en los grandes dramas decimonónicos (y en los contemporáneos) queda claro que todo lo que ocurre en casa tiene reverberaciones en el mundo exterior.

De pantalla en pantalla

Viajemos momentáneamente a Lothlórien, el reino élfico de la Tierra Media. Al imaginarlo probablemente muchos piensen en los paisajes que Peter Jackson recreó en su trilogía de El señor de los anillos. Lara López Millán cuenta cómo la estética del ‘medievalismo suave’, nacida en Londres a mitad del siglo XIX, impregna actualmente muchas de las películas y series fantásticas que vemos, con su delicadeza, la vivacidad del color y su atención a la flora.

¿Alguna vez han dicho, ante una comedia, eso de “no es buena pero te ríes”? Esa coletilla, que todos añadimos, indica muchas veces que la película tiene una calidad superior a la que le atribuimos. Después de todo, hacer reír no es tan fácil como parece. De provocar carcajadas sabían mucho los ZAZ, David Zucker, Jim Abrahams y Jerry Zucker, artífices de algunas de las películas paródicas más desternillantes de la historia. Este agosto se estrena el remake de The Naked Gun (Agárralo como puedas en España, ¿Y dónde está el policía? en Hispanoamérica) y eso sirve de excusa para analizar qué hizo que los ZAZ fuesen unos maestros de la risa.

Hace unos días se subastó el Birkin original (por una cantidad de dinero estratosférica), un bolso que la marca Hermès creó para la actriz y cantante inglesa Jane Birkin y que después se convirtió en uno de los diseños más famosos del mundo. Aprovechando el ruido, Ana María Iglesias Botrán repasa la carrera artística de una mujer que, en muchos casos, fue recordada por ser compañera personal y profesional de Serge Gainsbourg pero que se labró un nombre propio y que triunfó en la gran pantalla y en los escenarios.

Y aprovechamos para felicitar a Gonzalo Suárez, al que ya recordamos el verano pasado en su 90 cumpleaños, por el Goya de Honor 2026 que se le entregará el año que viene. Las obras de autores libres, inclasificables y creativos siempre merecen ser premiadas.

Los días lentos

“Agora que por fin entama’l branu

y l’azul blanco del cielu inunda

la tierra entera y tamién el ríu,

yá ye tiempu, yá tengo tiempo

pa esperar imperceptibles cambios

nes nubes que pasen pa contra allá,

pa contra otru país de ceniza”.

Con estos versos, con ese “ahora que al fin comienza el verano”, quería cerrar el Suplemento cultural de esta semana, recordando a Xuan Bello, el escritor que contó desde Asturias el mundo entero. El autor de Historia universal de Paniceiros falleció recientemente, dejando un poquito más huérfana a la literatura española.

Las palabras de Bello nos remiten a una estación en la que los días se dilatan, se expanden, son infinitos y lentos. Tal vez en el fondo todos queramos, cuando llegan las vacaciones, regresar a aquellas eternas jornadas de los veranos de nuestra infancia.

Con ese espíritu recordamos dos artículos de hace algún tiempo. En el primero, Txetxu Ausín hace una defensa, a propósito del exitazo de Luis Fonsi y Daddy Yankee, del vivir “des-pa-ci-to”.

En el segundo vemos cómo Julio Cortázar y Carol Dunlop, sin saberlo, siguieron esta máxima al pie de la letra y atravesaron Francia con calma, tardando 33 días en recorrer 800 kilómetros en coche.

Esperamos que disfruten de un muy feliz agosto. Nos vemos en septiembre,

The Conversation

ref. Suplemento cultural: este nuestro verano – https://theconversation.com/suplemento-cultural-este-nuestro-verano-262538

La OTAN está muy dividida, pero ¿por qué España es su miembro más abiertamente crítico?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Waya Quiviger, Professor of Practice of Gobal Governance and Development, IE University

El secretario general de la OTAN, Mark Rutte, y los jefes de Estado y de Gobierno durante la última cumbre de la organización, celebrada en La Haya (Países Bajos) los días 24 y 25 de junio de 2025. NATO

Muchas voces, incluido el sitio web oficial de comunicaciones de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), han calificado la cumbre de la OTAN celebrada en junio como “histórica”, debido sobre todo al compromiso de los Estados miembros principales de aumentar el gasto en defensa hasta el 5 % del PIB para 2035, lo que supone un cambio significativo con respecto al objetivo actual del 2 %.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, desempeñó un papel clave en la promoción de este aumento y ha calificado la cumbre como un gran éxito en materia de política exterior. “Creo que es una gran victoria para todos y que ahora estaremos en igualdad de condiciones”, declaró Trump sobre el nuevo compromiso de gasto.

Sin embargo, solo unos días antes, la negativa categórica de España a cumplir el objetivo del 5 % había amenazado con descarrilar la cumbre. Aunque España acabó firmando el comunicado final, consiguió una concesión especial del secretario general de la OTAN, Mark Rutte, que le permite aumentar su gasto militar hasta solo el 2,1 % del PIB por ahora.

España tendrá flexibilidad para evaluar si puede cumplir el objetivo del 5 %, que se revisará en 2029 (una vez que Trump ya no esté en el cargo). Pedro Sánchez afirmó que el acuerdo permite al país cumplir sus obligaciones con la OTAN sin necesidad de aumentar las inversiones.

La rebeldía de Sánchez irritó enormemente a Trump, que no dudó en reprender públicamente a España: “Quieren un poco de ventaja… pero no voy a permitirlo”.

La negativa del Gobierno español se produce en un contexto de crecientes tensiones entre la UE y EE. UU., con Trump amenazando con aranceles para que los miembros de la OTAN se ajusten a sus exigencias. Tras la cumbre de la organización celebrada en junio, afirmó: “Estamos negociando un acuerdo comercial con España. Vamos a hacerles pagar el doble”.

Pedro Sánchez hablando con la prensa
Pedro Sánchez informa sobre el acuerdo con la OTAN para destinar el 2,1 % del PIB a defensa. La Moncloa, Madrid (España), 22 de junio de 2025.
La Moncloa/Fernando Calvo

Resistencia al objetivo del 5 %

Durante décadas, el objetivo de gasto en defensa de la OTAN se situó en el 2 % del PIB, una meta que muchos miembros tuvieron dificultades para alcanzar. El nuevo objetivo del 5 %, introducido por la Administración estadounidense en un contexto de crecientes amenazas geopolíticas, fue respaldado por los principales Estados europeos, que lo consideran necesario para contrarrestar la agresión rusa y modernizar las fuerzas aliadas.

Pero para España, que actualmente destina algo menos del 1,3 % del PIB a defensa (el porcentaje más bajo de la OTAN), el salto al 5 % no solo es insostenible desde el punto de vista financiero, sino también tóxico desde el punto de vista político. La principal razón del desacuerdo de España es interna. La coalición de centroizquierda de Sánchez incluye al partido de izquierda Podemos, así como a varios partidos regionales independentistas opuestos a la militarización.

Además, el aumento del gasto en defensa no es popular entre la población en general. Los españoles preferirían que el Gobierno se centrara en cuestiones de seguridad en el flanco sur, con prioridades clave como la migración y la inestabilidad en el Sahel. El marco del 5 %, tal y como se ha presentado, refleja una percepción de la amenaza centrada en Rusia que no comparten la mayoría de la población. Para ellos, la guerra de Ucrania es demasiado lejana.

España sostiene que el reto no es gastar más, sino gastar de forma más inteligente e innovadora. Según informó InfoDefensa, los responsables españoles aprovecharon la cumbre de la OTAN para subrayar que no todas las amenazas pueden abordarse con “fragatas y armamento”. Sin duda, el Gobierno español no pasa por alto la ironía de que Estados Unidos exija un 5 % a los aliados de la OTAN, pero solo haya gastado el 3,4 % de su propio PIB en 2024.




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El gasto en defensa de España y sus diferencias con EE. UU.


España no es el único escéptico entre las filas de la OTAN. Eslovaquia, aunque menos explícita, también ha mostrado ambigüedad hacia el umbral del 5 %. El presidente Peter Pellegrini respaldó formalmente el objetivo en La Haya, aunque solo unos días antes de la cumbre de la OTAN, el primer ministro Robert Fico declaró que “la neutralidad le conviene a Eslovaquia”.

Bélgica también ha expresado su preocupación por la viabilidad del objetivo del 5 %. El primer ministro Bart de Wever declaró que un 3,5 % en un plazo de diez años era un objetivo más realista.

Reunión del Consejo del Atlántico Norte (NAC) a nivel de jefes de Estado y de Gobierno en la última cumbre de la OTAN.
Reunión del Consejo del Atlántico Norte (NAC) a nivel de jefes de Estado y de Gobierno en la última cumbre de la OTAN.
OTAN

Las divisiones internas de la OTAN

Estas reservas reflejan divisiones más amplias entre los miembros de la OTAN, tanto de alcance geográfico como económico.

Los Estados del este de la OTAN, como Polonia y los países bálticos, impulsados por una aguda percepción de la amenaza rusa, consideran que un mayor gasto militar es una cuestión existencial. Los Estados del sur y el oeste, entre ellos España, Italia y Bélgica, se centran más en la autonomía estratégica, las amenazas híbridas y la necesidad de una postura de defensa multipolar. Eslovaquia, aunque es un país del este y comparte frontera con Ucrania, sorprendentemente parece más cercana a la mentalidad de España que a la de Polonia.

En el frente económico, algunas economías de la UE tienen deudas galopantes que van desde el 105 % del PIB en Bélgica, el 113 % en Francia, hasta un abrumador 135 % en Italia. En este contexto, destinar el 5 % del PIB a defensa parece una propuesta política inviable, ya que se verían obligados a recortar el gasto en servicios sociales como la sanidad y la educación. Aunque firmaron el compromiso del 5 %, muchos aliados de la OTAN admiten en privado que nunca lo cumplirán.

El Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales describió el compromiso como “en gran medida simbólico”, argumentando que representa poco más que “Europa doblegándose” ante Washington, en lugar de un ajuste estratégico bien calibrado.

Los aliados de la OTAN tuvieron que mostrar un frente unido en la cumbre, lo que significó que los miembros no criticaron abiertamente la posición de Sánchez. La única excepción fue Polonia, cuyo ministro de Defensa, Wladyslaw Kosiniak-Kamysz, declaró al Financial Times que “hacer excepciones es perjudicial para la unidad de la Alianza”.

¿Qué vendrá después?

La rebeldía de España podría marcar la pauta. Aunque ningún otro país ha ido tan lejos como Madrid en su rechazo público al objetivo del 5 %, el escepticismo abunda a puerta cerrada. Italia y Bélgica siguen muy por debajo de los umbrales de gasto actuales de la OTAN, e incluso Alemania, a pesar de los recientes aumentos, ha expresado sus reservas sobre la posibilidad de aumentar indefinidamente su presupuesto de defensa. Las discrepancias en el cumplimiento del objetivo probablemente agravarán las tensiones dentro de la alianza y con Estados Unidos.

Como mínimo, la postura de España ha obligado a la alianza a aceptar una simple realidad: la unidad, bajo presión, es más complicada que nunca.

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Waya Quiviger no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. La OTAN está muy dividida, pero ¿por qué España es su miembro más abiertamente crítico? – https://theconversation.com/la-otan-esta-muy-dividida-pero-por-que-espana-es-su-miembro-mas-abiertamente-critico-262651

Programar jugando: cómo un robot educativo potencia el pensamiento computacional desde edades tempranas

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Horacio Gómez Rodríguez, Investigador en tecnologías aplicadas a la educación y Sistemas de comunicación y Redes de computadora, Universidad de Guadalajara

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En mis años como maestro en el nivel superior y la experiencia de participar en algunas escuelas rurales, he sido testigo de cómo la curiosidad de los niños puede encenderse con las herramientas adecuadas.

Hace algunos años, un grupo de compañeros tuvimos la oportunidad de comprar y compartir 14 robots educativos y 14 tabletas con niños y niñas de educación básica. Desde ese momento, mi manera de ver la enseñanza cambió para siempre. La robótica educativa no solo permite aprender programación, sino que también abre puertas al pensamiento computacional, lógico y creativo.

Descubriendo al robot en el aula

Existen varias opciones de robots, con diferentes precios según el país y la marca: mBot, Bee Bot y Thymio II, que pueden ser ensamblados por los propios niños. Lo que los hace más fáciles de usar es su sistema de programación visual basado en bloques. Esto significa que incluso los niños que apenas comienzan a familiarizarse con la tecnología pueden darle instrucciones y ver cómo el robot las ejecuta.

Recuerdo la primera vez que un alumno de sexto grado de primaria logró programar el robot para seguir una línea en el suelo; sus ojos brillaban como si hubiera descubierto un truco de magia.

En algunas escuelas primarias del área metropolitana, y también en aulas multigrado rurales, el estado de Jalisco en México regaló mBots, como parte del programa de tecnologías. Bastó un solo mBot para transformar la dinámica de aprendizaje. Los niños se reunían alrededor del robot, compartían ideas y discutían cómo resolver problemas que surgían al programarlo. Se volvió un catalizador de colaboración y diálogo.

Aprender haciendo: la fuerza de la experiencia

Una de las mayores virtudes de estos robots es que permiten a los niños aprender mientras experimentan. Por ejemplo, en una ocasión planteé el reto de diseñar un cruce de semáforo para que el robot esquivara a los mBot de sus compañeros. Los estudiantes, divididos en equipos, comenzaron a proponer soluciones. Algunos programas no funcionaron al primer intento, pero eso no desanimó a nadie. Al contrario, reían, debatían y modificaban las instrucciones hasta lograr que el robot evitara chocar con sus compañeros.




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Por qué enseñar a los niños a pensar como las máquinas


A través de estas actividades, los niños desarrollan lo que ahora conocemos como pensamiento computacional: la capacidad de descomponer un problema en partes pequeñas, detectar patrones y crear soluciones paso a paso. Pero, más allá de la lógica, también cultivan la paciencia, la creatividad, la imaginación y la capacidad de trabajar juntos.

Forma de trabajo

Es importante considerar que para aprovechar al máximo el potencial del robot, se recomienda contar con al menos 12 sesiones de trabajo con los niños, bajo la supervisión del docente. Esto permite planificar actividades que combinen las prácticas con los temas de cada sesión, logrando reforzar y ampliar el aprendizaje de los contenidos curriculares al integrarlos con el uso de robots. Este enfoque favorece una comprensión más profunda y significativa de las materias vistas en clase.

Además, se sugiere implementar estas actividades principalmente con estudiantes de cuarto, quinto y sexto de primaria, con edades entre los 9 y los 12 años, quienes ya cuentan con las bases necesarias para aprovechar las posibilidades que ofrece la robótica educativa y están en una etapa ideal para desarrollar habilidades de pensamiento crítico y resolución de problemas.

Historias de éxito y aprendizajes

Recuerdo a José, un alumno de sexto grado que al principio se mostraba tímido y con poco interés por las matemáticas. Cuando comenzamos a usar el mBot, se convirtió en uno de los más entusiastas. Ideó un programa para que el robot se moviera en zigzag mientras encendía sus luces LED en distintos colores. Su proyecto fue tan creativo que se lo mostró a la directora, quien quedó impresionada. Meses después, José me dijo que quería ser ingeniero. En ese momento supe que el esfuerzo había valido la pena.




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Estos pequeños logros demuestran que la robótica educativa no es un lujo, sino una necesidad para preparar a los estudiantes a enfrentar los retos del siglo XXI.

Consejos para docentes que desean implementar el robot

Para los maestros que estén pensando en introducir robots en sus clases, recomiendo empezar con actividades sencillas. Por ejemplo, programar al robot para avanzar, retroceder y girar. A medida que los estudiantes ganen confianza, pueden plantearse retos más complejos como simular un semáforo o diseñar un recorrido con obstáculos.

Es fundamental adoptar una actitud de guía y facilitador. En lugar de dar respuestas, formule preguntas que inviten a los niños a pensar y buscar soluciones. En mis clases siempre recordamos que equivocarse no es fracasar, sino un paso necesario para aprender.

Además, integre el robot en otras materias. En ciencias, los niños pueden explorar conceptos como sensores de luz o sonido. En matemáticas, pueden calcular distancias y ángulos para que el robot siga un trayecto específico. De esta manera, el aprendizaje se vuelve interdisciplinario y más significativo.

Curiosidad, equipo y emoción

Traer la robótica a las aulas rurales ha sido una de las experiencias más enriquecedoras de mi carrera. Los robots no solo enseñan a programar; también despiertan la curiosidad, fortalecen el trabajo en equipo y demuestran que aprender puede ser divertido y emocionante.

En contextos donde la tecnología a menudo parece lejana, herramientas como los robots mencionados tienen el poder de cerrar brechas tecnológicas y ofrecer a los niños nuevas posibilidades para imaginar su futuro. Como docentes, tenemos la responsabilidad de buscar estrategias que conecten a nuestros estudiantes con el mundo y los preparen para ser protagonistas activos de la sociedad.

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Horacio Gómez Rodríguez no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Programar jugando: cómo un robot educativo potencia el pensamiento computacional desde edades tempranas – https://theconversation.com/programar-jugando-como-un-robot-educativo-potencia-el-pensamiento-computacional-desde-edades-tempranas-259917

‘Aprender a vivir y a ser virtuosos entre lo ridículo’: el verano de Margaret Fuller

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Antonio Fernández Vicente, Profesor de Teoría de la Comunicación, Universidad de Castilla-La Mancha

Dibujo de Clifton House y Niágara, de Michael Symour, 1846. Library of Congress

El título de este artículo hace referencia a una frase que aparece en Verano en los lagos. Se trata de una especie de diario de viaje que escribió la periodista y activista estadounidense Margaret Fuller, quien decidió aventurarse hacia los grandes lagos del noroeste de su país en mayo de 1843. Quería vivir más allá de los libros y las bibliotecas.

Portada de _Verano en los lagos_, de Margaret Fuller.
Portada de Verano en los lagos, de Margaret Fuller.
La línea del horizonte

Era aún el tiempo de lo que la mitología contemporánea da en llamar Conquista del Oeste, aunque nuestra heroína no se adentró tan lejos. Dormía en ocasiones a la intemperie, viajaba a veces en tren, otras a pie, en canoa o en carromato. Y mantenía bien abiertos los ojos para observar con detalle lo que a su paso encontraba. Desde el este de EE. UU. llegó hasta las cataratas del Niágara, los frondosos bosques de Wisconsin e Illinois y los ríos Fox y Rock.

Era una especie de viaje de descubrimiento, que tan propicio es en la época estival. Sabemos que el verano es una suerte de interludio. A veces, marca un antes y un después, como puede hacer lo propio un viaje, un buen viaje en el que dejamos atrás nuestros prejuicios, claro está.

Insisto: era hora de vivir, no de leer ni de escribir. De hecho, Fuller dejó para su regreso la redacción de Verano en los lagos. Tuvo que pedir permiso a la Universidad de Harvard para entrar en la biblioteca a documentarse, ya que a ninguna mujer le era posible, y acabó siendo la primera en hacerlo. Así estaban las cosas en esa medianía del siglo XIX en EE. UU.

Como decía, el verano es un buen momento para replantearnos nuestro lugar en el mundo e, incluso, para cuestionarnos dicho mundo. Aunque hay que dar la razón a quienes aducen que la gente nunca, o casi nunca, cambia y que este será el mismo lugar inhóspito que siempre ha sido: habrá que teñir con un manto de esperanza tal constatación. Es lo que nos queda.

Y es lo que leemos en este fabuloso libro: las peripecias de Fuller desde lo que se llamaba “civilización” hacia las tierras de promisión donde se agolpaban colonos en busca de fortuna y una vida mejor. Un periplo a lo salvaje, para tomar conciencia de que siempre tachamos de salvaje lo que no conocemos, lo que no nos es familiar. Cómo cuesta salir del propio punto de vista y del ombliguismo de creer que la nuestra es la cultura ejemplar… y las demás, meros errores de la evolución humana. En fin.

Fuller frente al sueño americano

Eran tiempos de colonización de unas tierras vírgenes y paradisíacas. Se extendía por doquier el gran sueño americano, que atraía a cientos de miles de menesterosos y advenedizos.

Retrato de una mujer sentada que se sujeta la cabeza con la mano.
Retrato de Margaret Fuller por John Plumbe Jr en 1846.
National Portrait Gallery

Pero las impresiones de Fuller no ensalzaban este sueño. Antes al contrario, lo que encontraba era una devastación moral que asolaba los parajes naturales y sometía a la indigencia y al más abyecto menosprecio a la población india autóctona. Los que emigraban a la tierra prometida deseaban regeneración material, monetaria, pero no dejar a un lado las miserias morales.

Los colonos que encontraba no seguían más que el móvil del afán de lucro, el triunfo económico. El culto al dinero era su divisa. Despreciaban los paisajes naturales, a los que Fuller comparaba con un auténtico Edén. Si los miraban, era para adivinar cómo podrían explotarlos y obtener ganancias, aunque fuese al precio de destruirlos –ya saben, los resorts en lugares inapropiados… no digo más–. Y también despreciaban a los indígenas y sus ancestrales costumbres, sus modos de vivir pausados y genuinos, tan extraños para el ajetreado hombre moderno.

La vida era otra cosa

Retorno al título del artículo: ¿por qué aprender a vivir, a ser virtuosos?, y a la postre y para más inri, en una época ridícula.

Aprender a vivir porque nadie nos da un libro de instrucciones, por muchos manuales de autoayuda que parasiten las librerías. Porque cuando sólo nos preocupa ganarnos la vida, nos olvidamos de vivirla. La vida, como el amor, es un arte en el que hay alumnos aventajados y principiantes que nunca pasarán de la mediocridad. Y esto es lo que descubrió Fuller al integrarse en tribus indias, entre pieles rojas que no precisaban de ninguna medalla para ser felices. O entre vendedores ambulantes que pasaban el tiempo sentados en cualquier parte, a la espera de que alguien les comprase algo tras un bonito cambalache.

Ilustración de una roca con forma de arco.
Ilustración de Arch Rock (en Mackinac Island, Michigan) para la primera edición de Verano en los lagos.
Online Computer Library Center

Aprender a vivir es reconocer que no somos instrumentos canjeables ni cosas que explotar, y que la misma dignidad del águila que vuela majestuosa tendría que guiar cada uno de nuestros pasos por el mundo. Fuller admiraba la sencillez de las gentes sencillas con sus sencillas existencias, sin tanta codicia ni sed de reconocimientos, sin aspavientos ni frivolidades. Admiraba la virtud sincera que no tiene más recompensa que la de saber que hace lo correcto, que no es indiferente a lo que a otros les suceda.

La suya era una época ridícula, como la nuestra, además de despiadada. Su crítica a los convencionalismos del sueño americano hacía notar que el afán de lucro y la soberbia de los “civilizados” expolian el planeta y los pueblos vulnerables. No hace falta imaginar demasiado para hacerse una idea de lo que Fuller pensaría de los tiempos actuales, que me permito no nombrar para no manchar estas líneas de improperios.

Quizás la vida sea así y sea inútil calificarla de ridícula. Pero al menos, con Fuller, deberíamos intentar conocer mejor cuáles son las reglas del juego. Y no seguirlas si son injustas e inhumanas. La vida era otra cosa, imagino que pensó mientras escuchaba las conversaciones de gentes que nunca leyeron un libro, pero sabían apreciar la belleza de un paisaje, la belleza de un rostro, la belleza de una mirada.

The Conversation

Antonio Fernández Vicente no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ‘Aprender a vivir y a ser virtuosos entre lo ridículo’: el verano de Margaret Fuller – https://theconversation.com/aprender-a-vivir-y-a-ser-virtuosos-entre-lo-ridiculo-el-verano-de-margaret-fuller-259205

Frío imposible: intentamos abrazar el cero absoluto de temperatura (y fallamos)

Source: The Conversation – (in Spanish) – By José Ygnacio Pastor Caño, Catedrático de Universidad en Ciencia e Ingeniería de los Materiales, Universidad Politécnica de Madrid (UPM)

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En las noches sofocantes del verano, mientras giramos en la cama y la almohada parece un trozo de lava volcánica, ¿quién no quisiera escapar a un gélido laboratorio criogénico, enfundarse en un abrigo digno de la remota Antártida y conquistar la frontera definitiva del frío: el cero absoluto?

Sin embargo, despertaríamos antes de lograrlo, porque esta frontera no solo es difícil de cruzar, sino literalmente imposible. Por más que nuestros termómetros digan otra cosa. Y eso nos lleva al fascinante sueño de William Thomsom Kelvin, más conocido en el “barrio científico” como Lord Kelvin.

El primer intento de llegar al 0 absoluto

Allá por 1848, este físico escocés, amante de los barcos a vapor y con una peculiar afición por medir absolutamente todo, decidió inventarse una nueva escala de temperatura. Hasta entonces, los físicos Anders Celsius y Daniel Gabriel Fahrenheit manejaban cifras caprichosas para definir el cero de temperatura. Sus respectivos ceros arbitrarios se definían según la temperatura de congelación de una solución de salmuera, hecha de una mezcla de agua, hielo y cloruro de amonio (una sal).

Pero William Thomson Kelvin perseguía algo más riguroso, más absoluto. Su cero sería la temperatura más baja posible, aquella en la que las partículas que componen la materia que vemos se detienen por completo. O casi, porque en física siempre hay trampas.

Un fenómeno de equilibrio

Durante décadas, la escala Kelvin de temperatura se definió tomando como referencia un fenómeno curioso llamado el punto triple del agua .

Para entender de qué se trata, imaginemos un espectáculo de equilibrio circense a escala molecular del H₂0 en tres estados distintos (el hielo sólido, el agua líquida y el vapor) logrando coexistir pacíficamente a exactamente a 273,16 kelvin (K, en su formato abreviado), es decir 0,01 °C, que se consigue a una presión de 657 Pascales (Pa), aproximadamente 0,0060366 veces la presión atmosférica habitual. Bonito número, ¿verdad?

Este escenario, digno de un tratado diplomático, sirvió de referencia universal hasta que los físicos nos cansamos de depender del agua para establecer la frontera del 0.

El valor de la K

En 2019, la física cambió de tercio. Se decidió fijar el kelvin a partir de una constante fundamental, algo así como el ADN térmico del universo: la constante de Boltzmann (otro científico increíble, padre de la Física Estadística y de otras muchas cosas).

Desde aquel momento, un kelvin quedó definido oficialmente por una energía microscópica de exactamente 1,380649 × 10⁻²³ julios por partícula. Es una cifra extraña y ridículamente pequeña, pero a la física le encantan los decimales interminables, así que no había mucho remedio.

Ahora bien, ¿por qué tanto empeño en esta escala tan peculiar? ¿Acaso no basta para entendernos cuando hace frío o calor con los grados Celsius o Centígrados? (que, por cierto, no son lo mismo y deberían reemplazar a los Fahrenheit en algún acuerdo internacional que nos facilitase la vida cuando salimos de viaje).

No todos los 0 son 0

La respuesta es sencilla pero profunda. Celsius fija el cero donde se congela el agua, algo práctico, admitámoslo, pero impreciso, porque el hielo puede estar a temperaturas bajo cero.

Por el contrario, el kelvin se conecta directamente con el corazón íntimo de la materia. Es una escala absoluta porque este cero de temperatura corresponde al mínimo movimiento posible de cualquier partícula. A eso lo llamamos “cero absoluto”, aunque aquí viene el chiste sideral: jamás podremos alcanzarlo.

Como diría Walther Nernst, autor de la tercera ley de la termodinámica –y probablemente aguafiestas profesional–, el cero absoluto es un límite al que podemos acercarnos infinitamente, pero jamás tocar.

Y no es que nos falten ganas: científicos de todo el mundo llevan décadas tratando de reducir en sus laboratorios la temperatura de la materia, de milikelvin en milikelvin, acercándose aventuradamente a ese frío cero perfecto. Pero siempre queda una fracción imposible de superar, un último peldaño que parece burlarse de nosotros desde el fondo del congelador cósmico.

El experimento más frío conocido

Esa tensión fértil entre límite teórico e innovación experimental es, justamente, lo que mantiene viva y pujante esta área de la Física.

Los físicos experimentales no cesan en la búsqueda del “santo grial” termodinámico, pero el cero absoluto –exactamente 0 K, donde toda actividad térmica cesa– sigue resistiendo con obstinación cualquier intento de alcanzarlo, aunque cada vez está más cerca.

En experimentos recientes se han logrado temperaturas extraordinariamente bajas. Por ejemplo, en 2021, científicos alemanes enfriaron átomos de rubidio hasta unos impresionantes 38 picokelvin (38 billonésimas de kelvin), aprovechando la microgravedad en la torre de caída de Bremen (Alemania). Este experimento es uno de los más fríos jamás realizados en nuestro planeta y muestra la increíble capacidad técnica actual para rozar los límites del 0 K.

A esa línea se suma la investigación en órbita espacial a bordo de la Estación Espacial Internacional, con el Laboratorio de Átomos Fríos (Cold Atom Lab) de la NASA, donde también se han producido y manipulado condensados con energías en el régimen de picokelvin y en escalas de duración temporal inalcanzables en la Tierra.

El Laboratorio de Átomos Fríos de la NASA se sometió a una importante actualización de hardware a bordo de la Estación Espacial Internacional en enero de 2020.

Pero ni siquiera estas impresionantes hazañas han logrado –ni lograrán– romper la barrera final: la teoría termodinámica actual indica claramente que el cero absoluto es inalcanzable en la práctica, ya que requiere energía y tiempo infinitos (Masanes & Oppenheim, 2017).

El frío cósmico

¿Y si miramos a la nada, al vacío cósmico? Por más que lo parezca, el universo no está muerto de frío. El espacio interestelar, ese páramo desolado entre galaxias, conserva un leve susurro térmico: 2,725 kelvin, la temperatura del fondo cósmico de microondas, ese eco sordo del Big Bang que aún vibra por los pasillos del tiempo. Ni siquiera los rincones más solitarios del cosmos consiguen librarse de él.

El cero absoluto, ese ideal de congelación total donde los átomos deberían rendirse y quedarse quietos de una vez, sigue siendo tan inalcanzable como la imparcialidad en un debate político. Siempre hay algo molestando, una radiación rezagada, una fluctuación cuántica inoportuna, la omnipresente gravedad metiendo baza.

Así que no, el universo no puede apagar del todo su calefacción. El 0 K es como el horizonte: lo ves, lo sueñas en una noche de verano shakesperiana, pero nunca lo pisas.

The Conversation

José Ygnacio Pastor Caño no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Frío imposible: intentamos abrazar el cero absoluto de temperatura (y fallamos) – https://theconversation.com/frio-imposible-intentamos-abrazar-el-cero-absoluto-de-temperatura-y-fallamos-261869