Qué se sabe del hantavirus Andes en seis preguntas

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Alonso Sánchez-Migallón Naranjo, Responsable del Sistema de Vigilancia de Enfermedades Transmisibles de la Región de Murcia (SIVIET-RM), Consejería de Salud de Murcia

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Un grupo de expertos en epidemiología y salud pública despejan las dudas sobre el patógeno que ha sembrado la inquietud en todo el mundo a la luz de las evidencias disponibles.

1. ¿En qué se diferencia de otros hantavirus?

Los hantavirus son virus conocidos que se transmiten desde animales a personas (zoonosis), alojados de forma natural y asintomática en roedores, insectívoros y murciélagos (reservorios).

En Europa y Asia pueden causar fiebre hemorrágica con afectación renal y tienen una letalidad moderada. En América, sin embargo, pueden afectar a los pulmones y el corazón: es lo que se conoce como síndrome cardiopulmonar por hantavirus (SCPH), con una mortalidad que oscila entre el 35 y el 50 %, aunque las cifras dependen de los programas de vigilancia y acceso a atención médica temprana.

Entre los distintos hantavirus de América, la variedad Andes –endémica de la región patagónico-andina de Argentina y Chile– es un excepción: se trata del único para el que se ha demostrado la transmisión de persona a persona, aunque es poco frecuente. Su reservorio principal es el ratón colilargo (Oligoryzomys longicaudatus), un roedor que no existe fuera de Sudamérica.

2. ¿Cómo se transmite?

La forma más común de infección tiene lugar por inhalación de aerosoles procedentes de las heces, orina o saliva secas de roedores infectados. Esto sucede, normalmente, al limpiar espacios cerrados sin ventilar, realizar actividades agrícolas o forestales o acampar en zonas endémicas de la Patagonia. No se transmite por picaduras de insectos.

Como decíamos, el virus Andes puede contagiarse de persona a persona, y lo hace a través del contacto directo y prolongado con las secreciones de un individuo enfermo: saliva, líquido gingival o semen. El ARN viral se ha detectado en estas secreciones hasta meses después de la recuperación clínica.

Aunque no se propaga por el aire, como el sarampión o el SARS-CoV-2, se han descrito casos en los que la transmisión se produjo, probablemente, mediante inhalación de gotículas o aerosoles provenientes de personas enfermas. La transmisión nosocomial –entre personal sanitario y paciente– está documentada, lo que hace imprescindible el uso de equipos de protección individual (EPI) en el entorno clínico.

El brote de Epuyén (Patagonia argentina) de 2018 ilustra este riesgo con precisión: 34 casos confirmados, 11 fallecidos (mortalidad del 32 %) y un análisis genético que mostró una identidad viral del 99,9 % entre todos los afectados, lo que descartó múltiples exposiciones ambientales independientes y confirmó la transmisión interhumana en eventos sociales de alta densidad.

3. ¿Cuáles son los síntomas y qué tratamiento tiene?

Los síntomas suelen comenzar con fiebre, dolor muscular, escalofríos y dolores de cabeza, similares a los de un cuadro de gripe. Las personas infectadas también pueden sufrir náuseas, vómitos, dolor abdominal o diarrea. Esta fase, llamada prodrómica, se prolonga normalmente entre 3 y 6 días.

Posteriormente, los pacientes pueden presentar una dificultad respiratoria que es susceptible de empeorar, produciendo el SCPH.

A día de hoy no existe una terapia antiviral específica ni una vacuna autorizada. El abordaje clínico se basa fundamentalmente en el tratamiento de soporte (enfocado a aliviar los síntomas y mejorar la calidad de vida), clave para aumentar las posibilidades de supervivencia de los enfermos. Por otra parte, estos deben ser atendidos en hospitales especialmente preparados para atender patologías infecciosas de alto riesgo.

Finalmente, el periodo de incubación varía entre 4 días y 42 días, con una mediana de 18 días. Esto explica por qué los casos del MV Hondius emergieron de forma escalonada, lo que complicó la identificación inicial del brote.

4. ¿Qué riesgo real supone este brote para la población general?

Según el Centro Europeo para la Prevención y Control de Enfermedades (ECDC), el riesgo para la ciudadanía española y europea es muy bajo por tres razones:

  1. Las medidas de contención ya están activas: aislamiento de casos, vigilancia de contactos y uso de EPI por el personal sanitario.

  2. La transmisión interhumana del virus Andes no es autosostenida fuera de núcleos de contacto muy estrecho: no se han observado brotes comunitarios amplios sin fuente ambiental persistente.

  3. El ratón colilargo, el reservorio natural del patógeno, no existe en Europa. Sin ese huésped, no puede establecerse ni volverse endémico en el continente.

5. ¿Qué medidas hay que tomar desde el punto de vista de salud pública?

La coordinación internacional es especialmente relevante cuando hay varios países implicados, como ocurre en este evento.

Si bien el aislamiento se debe reservar para las personas enfermas, en las primeras fases del brote resulta prudente recomendar cuarentena estricta a las personas que han sido contacto de un caso de hantavirus. Debe realizarse bajo un protocolo coordinado por la Organización Mundial de la Salud, dado que se trata de personas originarias de 23 países diferentes. El periodo de vigilancia de los contactos debería ser de 42 días desde su última exposición (máximo periodo de incubación descrito para esta enfermedad).

Por otra parte, y dado que los síntomas pueden evolucionar de forma rápida a una enfermedad grave, se recomienda una monitorización estrecha de la aparición de esas manifestaciones.

6. ¿Cómo se pueden evitar situaciones similares en el futuro?

Es importante mejorar la investigación y el conocimiento de los problemas de salud que afectan a regiones remotas. El virus Andes, que se conoce desde 1996, ocasiona infecciones y muertes en las regiones endémicas, y el aumento de casos ha sido vinculado al cambio climático. De hecho, antes del brote actual ya se habían diagnosticado casos importados en Europa.

El problema reside en que es un virus relativamente desconocido fuera de la región endémica y que la transmisión interhumana puede verse facilitada en circunstancias especiales, como la de un crucero, que potencian el contacto y retrasan el diagnóstico. El virus Andes merece atención científica y sanitaria sostenida, pero no pánico. Comprender exactamente qué lo hace singular –y qué no– es el primer paso para comunicarlo con responsabilidad.

Ante la aparición de síntomas compatibles (fiebre y/o dolor muscular) tras visitar una zona con riesgo de transmisión, es importante comunicar al personal sanitario que se ha viajado, para facilitar una detección y atención precoz de la enfermedad. Pero la respuesta no puede limitarse a las fronteras del país afectado: organismos como la OMS, el ECDC, el NICD y las autoridades sanitarias nacionales deben actuar de forma coordinada, siguiendo los acuerdos del Reglamento Sanitario Internacional. Esta coordinación es imprescindible tanto para conocer el alcance real de un brote como para evitar su propagación.

Además, la respuesta inmediata no es suficiente si no va acompañada de un fortalecimiento sostenido de los sistemas de salud a nivel global. La cooperación técnica y el apoyo a proyectos de desarrollo internacional son inversiones que refuerzan la capacidad de las comunidades más vulnerables para detectar y afrontar estos problemas antes de que escapen al control local.


Artículo escrito con el asesoramiento de la Sociedad Española de Epidemiología.


The Conversation

Alonso Sánchez-Migallón Naranjo es coordinador del GT de Vigilancia en Salud Pública de la SEE. Posee participaciones en fondos indexados (Americanos, Globales,…)

Ángela Domínguez García es investigadora del proyecto financiado PI24/00692 del Instituto de Salud Carlos III e investigadora col·laboradora de proyectos europeos: Grant Agreement 101233259-SHIELD y 101233394-HEP-HOP. Es miembro del Consell Assessor de Salut Pública de l’Agència de Salut Pública de Catalunya y miembro del Consell Assessor en Vacunacions de l’Agència de Salut Pública de Catalunya. Es Coordinadora del Grupo de Trabajo de Vacunas e Inmunización de la Sociedad Española de Epidemiología (SEE) y miembro de la Comisión Asesora de Comunicación de la SEE.

Federico Eduardo Arribas Monzón es miembro de la Sociedad Española de Epidemiologia (SEE). Formo parte del Grupo de trabajo de formacion y empleabilidad de la SEE y miembro de la Comision asesora de comunicación de la SEE. Formo parte del grupo de investigación de Servicios Sanitarios (GRISSA) de Aragón.

Isabel Aguilar Palacio recibe fondos del Instituto de Salud Carlos III y del Gobierno de Aragón para proyectos de investigación y de la Comisión Europea y de la Innovative Health Initiative como experta. Miembro de la Junta Directiva de la Sociedad Española de Epidemiología (SEE).

María Isabel Portillo es Investigadora Senior del Instituto de Investigación Sanitaria BioBilzkaia y Secretaria de la Junta Directiva de la Sociedad Española de Epidemiologia

Maria João Forjaz recibe fondos de investigación del Instituto de Salud Carlos III, en el que es investigadora, através de convocatoria competitivas. Es presidenta de la Sociedad Española de Epidemiología.

Pello Latasa es vicepresidente de la Sociedad Española de Epidemiología.

Pere Godoy es investigador del CIBERESP y IRBLleida, actualmente IP de los Proyectos PI21/01883 y Project PI18/01751 del Instituto de Salud Carlos III. Es miembro del Consell Assessor en Vacunacions de l’Agència de Salut Pública de Catalunya. Es miembro del Grupo de Trabajo de Vigilancia de la Salud Pública y de Vacunaciones de la Sociedad Española de Epidemiología (SEE) y miembro de la Comisión Asesora de Comunicación de la SEE.

– ref. Qué se sabe del hantavirus Andes en seis preguntas – https://theconversation.com/que-se-sabe-del-hantavirus-andes-en-seis-preguntas-282613

Brote de hantavirus en un crucero: impacto y reflexión desde la salud pública

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Óscar Zurriaga, Profesor Titular. Dpto. de Medicina Preventiva y Salud Pública (UV). Investigador emérito-Unid. Mixta Investigación Enfermedades Raras FISABIO-UVEG. CIBER Epidemiología y Salud Pública, Universitat de València

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Todo el mundo parece tener una opinión sobre lo que habría que haber hecho y lo que significa el brote de hantavirus del crucero MV Hondius. Los “epidemiólogos de sillón” de la covid-19 han desempolvado su título y están nuevamente en acción.

En contraste, la salud pública aporta información técnica fiable y capacidades contrastadas de gestión poblacional de la situación. También puede contribuir con una reflexión sobre varias de las cuestiones que surgen a raíz de este caso.

¿Qué impacto tiene desde el punto de vista de la salud pública esta situación?

Desde el punto de vista global, estamos ante un brote con implicación en múltiples países:

• Nacionalidades diversas de pasajeros y tripulación

• Escalas del crucero en lugares de diferentes países

• Implicaciones sobre la salud en varios continentes.

Esto justifica la intervención de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Varios países, entre ellos Argentina, punto de partida del crucero, han decidido recientemente abandonar la OMS. En casos como este se pone de manifiesto el papel que juegan tanto una organización internacional como esta como el Reglamento Sanitario Internacional (RSI), en el que se basan las actuaciones que se están realizando. La intervención de España se ha fundamentado, precisamente, en el RSI. Y también en las capacidades técnicas logísticas y sanitarias de nuestro país.

Pero ¿supone esto un incremento del riesgo para España? Hay que recordar que, aunque el riesgo cero para la población no existe, éste se ha evaluado desde el primer momento y ha sido calificado como bajo. El riesgo, con esa calificación, ya está presente, porque entre pasajeros y tripulantes, había 14 personas españolas a bordo. También ha habido implicación de otros españoles como contactos de casos. Hay que añadir, también, que el protocolo preparado para la recepción y remisión a sus países de pasajeros y tripulación se ha elaborado haciendo hincapié en la minimización del riesgo.

¿Y para la población local? Para la población canaria en general, y para la tinerfeña en particular, puede decirse lo mismo que para la española. El director general de la OMS, en la comunicación dirigida específicamente a la población canaria, algo poco habitual, ha recalcado este aspecto.

¿Por qué se ha producido este brote?

La transmisión del hantavirus comienza en los roedores: es una zoonosis. La infección puede producirse al inhalar partículas procedentes de la orina, los excrementos o la saliva de roedores infectados. Pero uno de los hantavirus, el virus Andes, implicado en este brote, puede transmitirse de persona a persona.

Las circunstancias de la infección del caso índice no están confirmadas. Pero parece que estuvo de viaje de observación ornitológica en la Patagonia chilena y argentina, donde el hantavirus y los roedores que pueden transmitirlo están presentes.

Si esto se confirma, estaríamos ante un ejemplo de lo que implica que el turismo se adentre en las áreas donde la fauna no tiene excesivo contacto con las personas y menos con las que no son autóctonas de la región. El ser humano está dejando sin espacio a especies silvestres e incrementando su contacto con ellas. Eso está teniendo cada vez mayores consecuencias para la salud humana y animal.

El impacto en la sociedad

El recuerdo de la pandemia de covid-19 está todavía reciente, y eso se refleja en la atención de los medios ante los riesgos de origen vírico. También han comenzado los bulos y las opiniones generadoras de alarma o desinformación. Conviene hacer un llamamiento a la población para que busque información veraz y contrastada. Y a los profesionales, asistenciales y de salud pública, para que sigan ofreciéndola y formándose en la divulgación científica. Tengamos en cuenta que ofrecer este tipo de información requiere tiempo y la incertidumbre es inherente a la ciencia.

La crispación política y los intereses partidistas han vuelto a estar presentes. A nivel técnico, profesionales de salud pública de administraciones de diferente color político, debaten y llegan a acuerdos. A nivel político, en cambio, parecen resaltarse solo los problemas, reales o no, incrementando la crispación o la confusión. Los decisores políticos tienen la legitimidad democrática de las urnas, pero deberían basar sus actuaciones en las recomendaciones técnicas, teniendo en cuenta también las consideraciones sociales, a las que la salud pública no es ajena.

La solución del problema se está planteando desde la colaboración entre países e instituciones. Este tipo de situaciones no puede afrontarse en solitario por ningún país. Es momento de reivindicar el multilateralismo.

Los turistas con suficientes recursos económicos están accediendo a territorios, como la Antártida, visitada por este crucero, en los que se exponen a riesgos para la salud no habituales, al tiempo que contribuyen a degradar esos lugares. Es necesario reflexionar sobre sus consecuencias y actualizar la regulación sobre ello.

Algunos sectores de la población, y determinados gobiernos, han actuado con miedo, confusión, falta de empatía, insolidaridad y rechazo. Seguramente, si en vez de turistas se hubiera tratado de otro tipo de población, su reacción hubiera podido ser peor aún. La desigualdad en el trato hacia las personas con problemas de salud sigue muy presente.

La preparación en España

Desde el punto de vista asistencial y de coordinación, las Unidades de Aislamiento y Tratamiento de Alto Nivel (UATAN) existen en España, pudiendo actuar, si fuera necesario, para el tratamiento de casos confirmados que lo requirieran.

Por parte de la estructura de salud pública, la coordinación de actividades, y la actuación en la búsqueda y seguimiento de los contactos, ya está demostrando la preparación y dedicación de los profesionales de vigilancia en salud pública en las comunidades autónomas y a nivel nacional. Cabe recordar que, si la Agencia Estatal de Salud Pública ya hubiera estado en marcha, y con tiempo de rodaje, habría sido la encargada de coordinar las actuaciones que se están realizando. Seguramente, con respeto a su autonomía de funcionamiento, hubiera podido evitar alguna de las tensiones vividas.

La preparación asistencial y de salud pública en España debe salir reforzada de esta situación.

The Conversation

Óscar Zurriaga recibe fondos, obtenidos en concurrencia competitiva, del Instituto de Salud Carlos III, para la realización de proyectos de investigación. Ha sido presidente de la Sociedad Española de Epidemiología (SEE).

– ref. Brote de hantavirus en un crucero: impacto y reflexión desde la salud pública – https://theconversation.com/brote-de-hantavirus-en-un-crucero-impacto-y-reflexion-desde-la-salud-publica-282594

La conversación docente: cómo usar las evidencias en educación

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Eva Catalán, Editora de Educación, The Conversation

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Me encanta trabajar en The Conversation, pero algunas veces me “amarga” la vida. Por ejemplo, cuando me enteré de que el zumo de frutas no es saludable, y que me podía haber ahorrado el esfuerzo dedicado a preparar zumos de naranja frescos a mis hijas y mi insistencia en que los bebieran enteros y cuanto antes. Así es en buena medida la ciencia y la investigación científica: descubrimientos provisionales, revisables y matizables a medida que mejoran las técnicas y los conocimientos que nos permiten entender más.

¿Qué ocurre en el ámbito educativo? Pues que esta provisionalidad de los resultados es todavía mayor. Las evidencias no son del mismo tipo que los resultados de un análisis clínico para aprobar la comercialización de una medicina, por ejemplo. El “territorio” sobre el que investiga es enormemente complejo (no más ni menos que el aprendizaje humano) y con múltiples factores en juego que se combinan.

Todo esto no resta rigor ni validez a los estudios en este ámbito. Simplemente hace que apliquemos estas evidencias con dos matices fundamentales, como nos explican en su artículo Diego Ardura y Arturo Galán, de la UNED: tener en cuenta su naturaleza probabilística y su dependencia contextual.

Estos expertos en investigación educativa no sólo explican el carácter probabilístico y no determinista de los resultados educativos, sino que apuntan a la importancia en este campo de los metanálisis: investigaciones que analizan de manera crítica un conjunto amplio de estudios sobre un tema concreto, cuyas conclusiones son más robustas porque dependen de un conjunto de trabajos y no solo de uno.

Destaco hoy este artículo ya que nuestra Conversación Docente, y la sección de Educación de The Conversation en general, tienen el objetivo traer las últimas evidencias y descubrimientos a las aulas, pero nunca sentar cátedra de manera categórica. La fantástica labor de tantos especialistas y sus años de trabajo no servirían de mucho si no llegaran a los docentes que, aplicando su capacidad crítica y adaptando a la realidad particular de cada contexto y circunstancia, pueden decidir sobre cómo o si aplicarlo. Eso es educar con evidencias.

Esta quincena hemos hablado también de crear problemas en lugar de solucionarlos, para lograr una comprensión más profunda de las matemáticas; estrategias para acoger de la mejor manera posible a los niños con trastornos y dificultades de desarrollo en las aulas de infantil; la importancia de leer textos complejos y escribir a mano para aprender, incluso en la universidad; cómo inspirar a los alumnos con altas capacidades sin darles sencillamente más cantidad de lo mismo; por qué los problemas de violencia en los centros educativos se deberían prevenir antes de tener que llamar a las fuerzas del orden y cómo mostrarse accesible y cercano para ayudar con el acoso y el ciberacoso en las aulas.

The Conversation

– ref. La conversación docente: cómo usar las evidencias en educación – https://theconversation.com/la-conversacion-docente-como-usar-las-evidencias-en-educacion-282511

Suplemento cultural: premios, premios, premios

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Claudia Lorenzo Rubiera, Editora de Arte y Humanidades, The Conversation

Imagen de la película de Studio Ghibli _Ponyo en el acantilado_. Studio Ghibli

Una versión de este texto se publicó por primera vez en nuestro boletín Suplemento cultural, un resumen quincenal de la actualidad cultural y una selección de los mejores artículos de historia, literatura, cine, arte o música. Si quiere recibirlo, puede suscribirse aquí.


Como asturiana que soy, cada vez está más cerca mi época favorita del año: los Premios Princesa de Asturias. Todos los otoños (ya, entiendo que he utilizado “cerca” de forma algo optimista), algunas de las mentes más creativas e inteligentes del mundo se dan cita en Oviedo para recibir esos galardones y, sobre todo, para interactuar con el público en decenas de eventos en los que los meros mortales podemos aprender de ellos y celebrar su legado.

La Fundación Princesa de Asturias comenzó la semana pasada a reunir a los jurados que otorgan los premios y, de momento, han concedido dos, que conciernen a este Suplemento de lleno. Por un lado, el de las Artes irá a parar a la multifacética Patti Smith. Y, por el otro, el de Comunicación y Humanidades viajará a Japón, al Studio Ghibli, en los que parece una suerte de segundo galardón de las Artes. Pero, al fin y al cabo, la línea entre las humanidades, la comunicación y el arte es finísima.

Es curioso lo propicio que es para el galardón una de sus reflexiones. Cuenta Smith, en el prólogo de su estupendo libro Éramos unos niños, que esto fue lo que sucedió cuando supo que su íntimo amigo Robert Mapplethorpe había muerto:

“Me quedé inmóvil, paralizada; luego, despacio, como si estuviera inmersa en un sueño, volví a sentarme. En aquel instante, Tosca comenzó la magnífica aria ‘Vissi d’arte’. ‘He vivido para el amor, he vivido para el arte’. Cerré los ojos y entrelacé las manos. La Providencia había dictado cómo sería mi despedida”.

La bullente creatividad de la artista, que toca infinitos palos en un intento constante por expresarse, queda patente en los dos artículos que hemos publicado sobre su figura, esencial en la música y, desde hace unos años, también en la literatura.

Por otro lado, la redondez y aparente amabilidad de las propuestas del Studio Ghibli merecen también un análisis. Porque el color, la fantasía y el optimismo que transpiran sus películas esconden en realidad una forma de mirar el mundo en la que no hay certezas pero sí intención de tender puentes.

El hábito hace al cine

Le he robado vilmente el título al último (y fantástico) libro de Manuela Partearroyo para hablar de vestuario, películas y… dinero. Muchas veces las lecturas en las que una está inmersa resuenan con lo que sucede en el mundo. Y casualmente, su análisis del vestuario en el cine español -y, por asociación, en la historia del país… o viceversa- ha caído en mis manos a la vez que El diablo viste de Prada 2 llegaba a las pantallas.

Además de la taquilla que está haciendo, bastante alegre, merece la pena detenernos en el filme para ver un ejemplo más del vínculo que muchas grandes marcas de ropa han tenido con el cine. Como Partearroyo explica en su investigación, muchas veces colocar una firma concreta en una historia responde más a campañas de marketing que a una necesidad real de incluir ese tipo de vestuario en la caracterización.

No obstante, la moda no deja de ser un espacio más –cotidiano y, por ello, lleno de posibilidades– de expresar creatividad. ¿Es la moda arte? De acuerdo con la propuesta de la última Met Gala, sí. De acuerdo con algunas reflexiones posteriores a la alfombra roja, la referencia pictórica de muchos de los vestidos quedó opacada por la sensación de que quienes los vestían “no iban guapos”. Tampoco fue nunca ese el objetivo inicial.

Las mujeres (y los hombres que las agreden)

En algún momento a todos nos gustaría que los abusos del pasado dejasen de tener eco en el presente pero, lamentablemente, eso todavía no ha sucedido. La investigación de los medievalistas Íñigo Mugueta y Alicia Inés Montero sobre la guerra civil del reino de Navarra demuestra una estrategia consciente de uso y abuso de las mujeres de la nobleza como “arma” contra el enemigo. Algo que está a la orden del día en el mundo actual.

Sin utilizar la violencia ni la coacción, pero también con agresividad latente, se ha abordado la figura de Sydney Sweeney en la última temporada de Euphoria. La recepción del personaje y de la actriz han propiciado juicios masculinos sobre la belleza que llevan siglos determinando la vida de las mujeres.

¿Acaso no es todo arte?

En los comienzos de The Conversation ES, cuando dudábamos de la sección a la que pertenecía un tema, Luis Torrente, antiguo director, decía “Cultura, ¿no? Porque, después de todo, ¿acaso no es todo cultura?”. Siempre me hizo gracia la reflexión porque, efectivamente, puestos a pensar en ello, (casi) todo podría denominarse así. 

Hoy traigo un ejemplo nuevo, porque, si miramos algo de cerca, ¿acaso no es todo arte?

De entrada, si echamos la vista atrás, podemos ver que los conocimientos arqueológicos que tenemos sobre el ser humano están muy entrelazados con las representaciones artísticas que nos dejaron los ancestros. Para cuidarlas y preservarlas, la tecnología ha puesto a nuestra disposición los facsímiles.

Otra disciplina en la que se puede ver nítidamente el vínculo con el arte es la medicina. Durante décadas reputados escultores se dedicaron a la figuración anatómica para hacer que los estudiantes aprendiesen todo sobre el cuerpo humano gracias a sus obras.

Y por último, ¿qué sería del urbanismo sin el dibujo? Hoy, gracias al trabajo del arquitecto Pier Maria Baldi, acompañante de Cosme III de Médici en su paseíllo por España a finales del siglo XVII, sabemos cómo era la villa de Cadaqués entonces y cómo ha evolucionado hasta ser el destino turístico de moda.

The Conversation

– ref. Suplemento cultural: premios, premios, premios – https://theconversation.com/suplemento-cultural-premios-premios-premios-282079

La selección: Día (cultural) de Europa

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Claudia Lorenzo Rubiera, Editora de Arte y Humanidades, The Conversation

Catedral de Notre Dame desde la parte de atrás, en 2023. Stockbym/Shutterstock

Muchos hablamos de ello, lo blandimos en las discusiones y lo defendemos: la idea de Europa, de que todos compartimos una identidad y unos valores comunes, democráticos, humanísticos, solidarios.

No cabe duda de que el Viejo Continente lleva siglos intentando consolidar un concepto propio. Después de todo, nos decimos, somos la cuna de Grecia y Roma, el germen de la civilización occidental. Aunque algunas de estas afirmaciones respiran excesiva superioridad eurocentrista, el que no fuésemos la única civilización no quiere decir que la identidad europea no sea importante.

Stefan Zweig, uno de los pensadores más europeístas del siglo XX, lo tenía claro, y se suicidó al ver su utopía destrozada en la Segunda Guerra Mundial. Se nos rompe el alma recordando los grandes conflictos bélicos porque fueron nuestros, heridas abiertas en el corazón del Viejo Continente. Cuando tanta muerte y tanta sangre definen la historia de aquello que enarbolamos como propio, ¿qué nos queda?

En el Día de Europa, me gusta pensar que nos queda siempre un vínculo cultural. Y que volviendo a todo lo bueno, bello y bonito que hemos hecho a lo largo de la historia, los europeos mantenemos ese lazo.

A pesar de las diferentes características de cada pueblo y nación, seguimos siendo, efectivamente, el continente de Grecia y Roma. Desde el lenguaje hasta la belleza, pasando por los destinos turísticos, la Antigüedad determina nuestro presente.

Además, las relaciones establecidas en estas tierras a lo largo del tiempo también ayudan a definir esta cultura común. Porque si cruzar el Atlántico fue durante milenios una empresa inasumible, y aventurarse hacia Asia (o más allá del norte de África) era arduo y potencialmente peligroso, moverse por Europa parecía, sin embargo, bastante asequible.

Y vaya si nos movimos. Emigrantes, nobles, viajeros, trashumantes de todo pelaje cruzaron unas fronteras que se desdibujaban cada poco para conocer, curiosear, aprender y mejorar. Y así, el arte, original de cada pueblo, se volvió a su vez un poco universal: pensemos en los estilos medievales –tan particulares y a la vez reconocibles–, en las influencias pictóricas, en la escultura canónica, en el Renacimiento… Los viajes que se realizaron durante milenios ayudaron a que, al final, se conformase una patria cultural europea.

Recordemos también a esos pensadores que reflexionaron localmente y sirvieron de referentes internacionales ante muchos de los problemas que nos afectaban como civilización: la Escuela de Salamanca, analizando la colonización de América; Hannah Arendt, reflexionando sobre el Holocausto; o Nuccio Ordine definiendo, muy al hilo de este texto, la utilidad de lo inútil.

Hoy las alianzas geopolíticas buscan activamente proteger este proyecto cultural. Es comprensible. Después de todo, no hace tanto tiempo y sin haberse cobrado vidas humanas, a todos nos conmocionó ver arder la torre de Notre Dame. Hubo quien calificó de frívolos esos sentimientos. Pero no lo eran. No lamentábamos solo los daños a un edificio, sino a un emblema cultural que, aunque esté en Francia, es, en cierto sentido, de todos.

The Conversation

– ref. La selección: Día (cultural) de Europa – https://theconversation.com/la-seleccion-dia-cultural-de-europa-282195

Por qué cada vez hay menos bicicletas y patinetes eléctricos compartidos en las ciudades

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Andres Camacho Donezar, Profesor de Estrategia Empresarial y modelos de negocio, Universidad Pontificia Comillas

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La movilidad compartida se consideró uno de los pilares de la ciudad sostenible. Proponía un cambio sencillo pero transformador: en lugar de poseer un vehículo, accederíamos a ellos temporalmente a través de plataformas digitales. La promesa era un “triple beneficio”: económico (transporte asequible), social (movilidad para todos, independientemente del nivel de ingresos) y ambiental (menos vehículos privados, menos atascos y menos emisiones).

En torno a 2018, varias ciudades españolas se convirtieron en laboratorios de esta visión. Una ola de operadores desplegó flotas de coches eléctricos, patinetes y bicicletas bajo el lema de ofrecer “movilidad verde compartida para todos”. El discurso era inclusivo, la tecnología innovadora y las aspiraciones ambientales ambiciosas. Sin embargo, la fase de entusiasmo duró poco.

Nuestro trabajo, recién publicado, examina cómo han evolucionado estos modelos de movilidad compartida. Para ello, examinamos 10 operadores, con más de 20 entrevistas en profundidad a gestores y expertos en movilidad, además del análisis de 450 noticias.

Cuando el ideal llegó a la calle

A medida que las flotas se expandían, las empresas se enfrentaron a un desafío que los planes de negocio habían subestimado: el mal comportamiento de los usuarios. No se trataba solo de suciedad o desgaste. Fue una crisis operativa de gran escala.

El vandalismo se volvió frecuente: patinetes arrojados a los árboles, códigos QR pintados con spray e incluso vehículos incendiados. El robo también generó pérdidas importantes: baterías y otros componentes de alto valor eran sustraídos para su venta en mercados informales. A ello se sumaba el uso negligente: carreras ilegales, abandono de vehículos en aceras o estacionamientos indebidos que acarreaban elevadas multas municipales.

Las consecuencias financieras fueron severas. Los costes de reposición de baterías llegaron a rozar el millón de euros mensuales en algunos casos, mientras que las primas de seguros se disparaban.




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La lucha por sobrevivir

Para mantenerse a flote, las empresas transformaron rápidamente su modelo. Esta evolución puede describirse en 3 fases.

La primera fue un repliegue territorial. En un movimiento defensivo, las compañías restringieron sus áreas de servicio. Se retiraron de barrios de menor renta, donde el vandalismo era más elevado, y concentraron su actividad en zonas acomodadas o turísticas consideradas “seguras”. Un servicio concebido como universal comenzó a reducir su alcance geográfico y social.

Después llegó el endurecimiento tecnológico. Para contener las pérdidas, las empresas intensificaron el control tecnológico. Incorporaron sensores a bordo, alarmas y sistemas de geolocalización (geofencing) para evitar estacionamientos indebidos. La experiencia de uso se volvió más exigente: los usuarios debían subir fotografías del vehículo correctamente aparcado o enfrentarse a sanciones automáticas. El acceso fácil evolucionó hacia un modelo basado en la supervisión y la disuasión.

Por último, se dio una reducción o salida del mercado. Para muchas compañías, ni siquiera estas medidas fueron suficientes. Algunas declararon la quiebra. Otras abandonaron el modelo dirigido al consumidor final y pivotaron hacia contratos business-to-business, un modelo de negocio que consiste en los servicios que una compañía entrega a otra con el objetivo de mejorar las ventas de los productos y bienes que ofrece, o suscripciones de gama alta. La movilidad compartida dejó de parecer un servicio urbano de carácter público para convertirse en una oferta más exclusiva.




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La degradación del “triple beneficio”

El principal hallazgo que se desprende de esta trayectoria puede describirse como una “degradación triple del valor”. Las decisiones adoptadas para asegurar la viabilidad financiera terminaron erosionando los objetivos originales de sostenibilidad. Por un lado, derivó en una pérdida social: el aumento de precios, los controles de crédito más estrictos y la retirada de barrios vulnerables hicieron que el servicio dejara de ser “para todos” y pasara a dirigirse a un segmento más acomodado. Por otro, en una perdida ambiental. En algunos casos, para reducir costes, se incorporaron vehículos de combustión, alejándose del compromiso inicial con flotas completamente eléctricas.

La viabilidad económica se logró, en ciertos casos, a costa de los componentes socialambientales que justificaban el modelo.




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Repensar el futuro de la movilidad compartida

Existe, no obstante, una excepción relevante: los sistemas financiados y gestionados por el sector público, como los servicios municipales de bicicletas compartidas. Al no estar sometidos a la presión inmediata de rentabilidad de inversores privados, pudieron mantener tarifas asequibles y cobertura en toda la ciudad, incluso en zonas de mayor riesgo. Su estructura de gobernanza les permitió priorizar el interés colectivo frente al beneficio a corto plazo.

La experiencia española invita a reflexionar sobre los límites de los modelos de plataforma cuando se enfrentan a realidades sociales complejas y a expectativas financieras exigentes. Si la movilidad compartida quiere recuperar su promesa original de sostenibilidad e inclusión, será necesario reconsiderar el equilibrio entre iniciativa privada y liderazgo público en la provisión de servicios urbanos esenciales.

El sueño verde no desapareció, pero en muchos casos se transformó en un nicho premium. La cuestión ahora es si es posible reconciliar innovación, inclusión y sostenibilidad sin que una dimensión se imponga sobre las demás.

The Conversation

Carmen Valor Martínez recibe fondos de la Unión Europea, Fundación La Caixa y CaixaBank a través del IIT y la Cátedra para una Longevidad Activa y Saludable.

Andres Camacho Donezar no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. Por qué cada vez hay menos bicicletas y patinetes eléctricos compartidos en las ciudades – https://theconversation.com/por-que-cada-vez-hay-menos-bicicletas-y-patinetes-electricos-compartidos-en-las-ciudades-276327

De la fruta madura al bloqueo: un siglo de tensiones entre Cuba y EE. UU. explicado paso a paso

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Raisiel Damián Rodríguez González, Profesor de Teoría Política y Humanidades en la Facultad de Derecho, Empresa y Gobierno., Universidad Francisco de Vitoria

Raúl Castro y Barack Obama se estrechan la mano durante la Cumbre de las Américas celebrada en Ciudad de Panamá en 2015. Pete Souza/White House, CC BY

Las relaciones entre Cuba y Estados Unidos suelen analizarse bajo el prisma de la Guerra Fría, pero su naturaleza responde a una tensión histórica que se remonta al siglo XIX.

Ya en 1823, John Quincy Adams, el sexto presidente de Estados Unidos, formuló la “teoría de la fruta madura” argumentando que, por leyes de gravitación política, Cuba acabaría anexionada a la Unión tras separarse de España. Adams veía al Caribe como un apéndice natural del continente:

“Hay leyes de gravitación política, como leyes de gravitación física, y Cuba, separada de España, tiene que gravitar hacia la Unión… No hay territorio extranjero que pueda compararse para los Estados Unidos como la Isla de Cuba. Cuba, casi a la vista de nuestras costas, ha venido a ser de trascendental importancia para los intereses políticos y comerciales de nuestra Unión”.

Sin embargo, a diferencia de Puerto Rico, el destino de Cuba no fue la integración territorial. La isla poseía una identidad nacional forjada en un Ejército Libertador con décadas de experiencia combativa, una industria azucarera de vanguardia y una cohesión cultural que actuó como muro de contención. Una anexión total habría supuesto para Washington una resistencia inasumible.

Mientras Puerto Rico fue asimilado rápidamente como territorio no incorporado, Cuba optó por el ejercicio de la soberanía, forzando a EE. UU. a diseñar un modelo de control indirecto.

La república tutelada y el modelo de subordinación

Este esquema de dominación se definió tras la guerra de 1898 mediante la Enmienda Platt (1901). Este apéndice constitucional otorgaba a Washington el derecho de intervención militar y limitaba la capacidad de la isla para gestionar su deuda o firmar tratados. Bajo esta independencia tutelada, el capital estadounidense fluyó hacia sectores estratégicos, convirtiendo a Cuba en líder industrial azucarero, pero también en un mercado cautivo para las manufacturas del norte.

A mediados del siglo XX, Fulgencio Batista personificó el último intento de estabilizar esta relación asimétrica. Tras su golpe de Estado en 1952, contó con el respaldo total de Washington para garantizar el orden y las inversiones. No obstante, la brutal represión y la corrupción socavaron esta alianza.

En marzo de 1958, el gobierno de Eisenhower impuso un embargo de armas al régimen, una señal crítica que debilitó logísticamente a Batista. Simultáneamente, la opinión pública estadounidense, influenciada por crónicas como la de Herbert Matthews en el New York Times, comenzó a simpatizar con un Fidel Castro visto entonces como un líder idealista que restauraría la democracia.

La ruptura definitiva

El triunfo de la Revolución en 1959 liquidó el sistema republicano y marcó la divergencia definitiva con el modelo puertorriqueño. Lo que inició como una pugna por la soberanía sobre recursos nacionales –con la Reforma Agraria y las nacionalizaciones de 1960–, escaló rápidamente. Para marzo de 1960, Eisenhower ya había aprobado planes encubiertos para derrocar al nuevo Gobierno.

La escalada de tensiones diplomáticas y económicas culminó en la invasión de Playa Girón (1961). La derrota de la brigada mercenaria llevó a Washington a intensificar la presión mediante la Operación Mangosta, un programa de guerra sucia que combinaba sabotajes económicos, espionaje y guerra psicológica para forzar una sublevación interna.

Ante esa amenaza, y con el deseo de alcanzar los favores de la URSS, Castro aceptó el despliegue de misiles nucleares soviéticos, provocando la Crisis de los misiles en 1962, que situó al mundo al borde de la aniquilación. El conflicto se saldó con la promesa de EE. UU. de no intervenir militarmente en la isla, compromiso que ha perdurado, al menos hasta ahora.

Ante la imposibilidad de la vía armada, el bloqueo económico formalizado por Kennedy en 1962 se convirtió en la herramienta de asfixia permanente. Durante décadas, la relación fue una espiral de hostilidad con breves paréntesis, como la apertura de “secciones de intereses” –oficinas que representaban los intereses estadounidenses en Cuba– bajo Jimmy Carter en 1977. Sin embargo, la era Reagan devolvió el conflicto a su punto álgido al incluir a Cuba en la lista de patrocinadores del terrorismo en 1982, una etiqueta que hoy, bajo la influencia de la administración Trump, vuelve a bloquear cualquier normalización financiera.

Giros tras la caída de la URSS

Tras la caída de la URSS, las relaciones experimentaron giros paradójicos. El hito más significativo fue el proceso de normalización iniciado el 17 de diciembre de 2014 por Raúl Castro y Barack Obama. Este “deshielo” restableció relaciones diplomáticas y facilitó viajes y remesas. No obstante, el objetivo estratégico de Obama era claro: influir en una transición hacia el capitalismo cambiando el garrote por métodos de influencia cultural y apoyo al sector privado.

Esta ventana se cerró abruptamente en 2017 con Donald Trump, quien endureció el bloqueo y activó el Título III de la Ley Helms-Burton para castigar a inversores extranjeros. Los intentos iniciales de la administración Biden por retomar la apertura terminaron en parálisis institucional, dejando paso a un clima de tensiones exacerbadas tras el retorno de Trump a la presidencia.

¿Soberanía o anexión?

En el escenario actual, parte de la sociedad cubana vuelve a mirar hacia el norte. Ante el estancamiento y la crisis sistémica derivada de décadas de gestión ineficiente, algunos sectores recuperan el viejo sueño de Adams, viendo en la anexión una salida desesperada. Miami se percibe hoy como una realidad a imitar, movilizando deseos de cambio que cuestionan el proyecto nacional revolucionario.

Sin embargo, es imperativo comprender que la resistencia a la hegemonía extranjera ha sido la constante que ha permitido a Cuba construirse como nación soberana. La posibilidad de convertirse hoy en un territorio libre asociado, como lo es Puerto Rico, no solo transformaría la identidad histórica de la isla, sino que alteraría la geopolítica global: convertiría a la llave del Caribe en un laboratorio de pruebas de nuevos modelos neoliberales y cuestionaría el principio de soberanía que ha sostenido las relaciones internacionales durante el último siglo.

The Conversation

Raisiel Damián Rodríguez González no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. De la fruta madura al bloqueo: un siglo de tensiones entre Cuba y EE. UU. explicado paso a paso – https://theconversation.com/de-la-fruta-madura-al-bloqueo-un-siglo-de-tensiones-entre-cuba-y-ee-uu-explicado-paso-a-paso-282090

Nuevo estudio: el azúcar de los zumos y el de los refrescos no tienen el mismo efecto en el organismo

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Francisco A. Tomás-Barberán, Profesor de Investigación CSIC, Centro de Edafología y Biología Aplicada del Segura (CEBAS-CSIC)

SrideeStudio/Shutterstock

Las recomendaciones dietéticas consideran el azúcar de los zumos de fruta y de ciertos refrescos metabólicamente idénticos. De hecho, la propia OMS cataloga a ambos como “azúcares libres”, suponiendo se comportan igual en nuestro organismo y alcanzan la circulación sanguínea de manera similar, produciendo la misma respuesta metabólica.

No obstante, la experiencia de nuestro equipo de investigación con compuestos bioactivos de frutas sugiere que esta forma de clasificación no tiene en cuenta la matriz de los alimentos, el entorno complejo constituido por nutrientes que interactúan entre sí. ¿Cómo lo sabemos?

En un estudio que publicamos este año quisimos determinar si los azúcares del zumo de naranja 100 %, aquel que contiene sólo los propios de la fruta, se absorben de manera diferente que los añadidos de una bebida. Pues bien, además de responder de forma afirmativa a nuestra pregunta, los resultados mostraron que la matriz natural de los azúcares de la naranja (fibras, minerales, compuestos fitoquímicos) tendría un beneficio clave en nuestro organismo: una absorción de glucosa más lenta y, por lo tanto, picos más bajos en nuestro organismo.

Comparación de los distintos azúcares en jóvenes sanos

Para evaluar el efecto de dicha matriz en ambos casos, nuestro trabajo comparó cuatro bebidas con diversas concentraciones. Por un lado, zumo de naranja 100 %, una mezcla de zumo al 50 % y una bebida solo con azúcares añadidos (0 % de zumo). Las tres contenían 25 gramos de una mezcla idéntica de glucosa, fructosa y sacarosa, con una diferencia importante: la matriz de su zumo estaba integrada componentes no-azúcares en un 100 %, 50 % y 0 % respectivamente.

Por otro lado, agregamos una bebida control que contenía sólo 25 g de glucosa de uso alimentario en agua para que nos ayudara con las mediciones del índice glucémico.

El estudio, que se realizó en un grupo de jóvenes y sanos, encontró que el nivel de glucosa solo 15 minutos después del consumo del zumo de naranja 100 % era significativamente inferior (95,9 mg/dL) que el de la bebida con 0 % de zumo (108,7 mg/dL). Esto apunta a una moderación de la velocidad de absorción atribuible a la propia química de los componentes de la fruta.

Los resultados mostraron también una reducción escalonada en la concentración máxima o pico de glucosa. Mientras que el control de glucosa alcanzó un pico de 134,6 mg/dL, el “agua con azúcar” (en la bebida con 0 % de zumo) llegó a 121,6 mg/dL. El zumo de naranja 100 % –a pesar de tener los mismos 25 g de azúcares– atenuó el pico aún más, hasta 113,8 mg/dL.

Es decir, cuanto mayor es la proporción de componentes la matriz natural del zumo, mayor es el efecto reductor del pico de glucosa en sangre, aplanando la curva de glucemia.




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El papel clave de la matriz de los alimentos

Estos datos contradicen la suposición de que todo el azúcar es absorbido igual y revelan que la “matriz de la fruta” actúa como un complejo regulador interno del azúcar en sangre, atenuando los picos de glucosa en hombres jóvenes sanos. Las diferencias observadas no son accidentales: están inducidas por mecanismos moleculares implicados en distintos efectos observados.

Por un lado, el de la interferencia con transportadores, las proteínas que facilitan el movimiento de nutrientes, iones y desechos a través de las membranas celulares. Los polifenoles presentes en el zumo de naranja, como la hesperidina y la narirutina, actúan como inhibidores de los transportadores de glucosa, SGLT1 y GLUT2. Esencialmente, compiten con el azúcar para entrar en el torrente sanguíneo.

Por otro lado, la modulación mineral que ejercen el potasio, el magnesio y el calcio, también presentes en el zumo, son esenciales para el buen funcionamiento de las bombas que transportan la glucosa a través de las membranas celulares, potenciando su entrada en tejidos como el músculo o el tejido adiposo.

Fundamental así mismo es el papel de las barreras estructurales de la matriz.
Trazas de fibra y el pH específico del zumo 100 %, sin azúcares añadidos, pueden ralentizar el vaciamiento gástrico, asegurando que el azúcar entre al intestino delgado a un ritmo más moderado.

En la variabilidad está la respuesta

Nuestro trabajo sugiere además una interpretación de los resultados hasta ahora no planteada y que va más allá de los valores medios obtenidos en función de las distintas matrices de los azúcares, enfocándose en las claras diferencias en la respuesta de los individuos. A pesar de que todos los participantes eran chicos jóvenes y sanos, no reaccionaron de manera uniforme al consumo de las bebidas, y en particular al zumo de naranja 100 %.

Por eso planteamos una clasificación de los individuos en dos categorías según su respuesta de glucosa al consumo de azúcares del zumo de naranja.

  • “Respondedores altos”: aquellas personas que muestran unos picos de glucosa elevados tras el consumo de alimentos ricos en azúcares. Este grupo experimentó todo el poder de la matriz de la fruta y sus picos de glucosa fueron drásticamente más bajos al beber zumo 100 % en comparación con la bebida de solo azúcar.

  • “Respondedores bajos”: aquellos que reaccionan con picos de glucosa mucho más bajos aunque consumen los mismos alimentos ricos en azúcares. Estos mostraron, además, diferencias mínimas entre el zumo y la bebida azucarada, lo que sugiere que en su organismo no se activaron con la misma eficacia los efectos protectores de la matriz del zumo.

Para los respondedores altos, por lo tanto, el zumo de naranja 100 % es una opción mejor que cualquier otra bebida azucarada, ya que les proporciona un perfil metabólico de glucosa más suave. En los respondedores bajos, la ingesta de una bebida u otra no tiene efectos distintos; ya están protegidos internamente frente a grandes picos de glucosa.




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¿Y si dejamos de buscar el zumo perfecto?

El estudio subraya la importancia de considerar tanto la matriz alimentaria como las diferencias fisiológicas individuales al evaluar el impacto glucémico de los zumos de frutas y señala las limitaciones de las reglas dietéticas “de talla única”: ni todos los azúcares son iguales, ni todas las personas responden igual al consumo de los mismos azúcares.

El zumo de fruta 100 % es una entidad biológicamente distinta, no simplemente un refresco natural con azúcares. Su matriz contiene compuestos que actúan como un regulador que las bebidas azucaradas no puede replicar. Sin embargo, es importante notar un límite de nuestro estudio: los participantes eran hombres jóvenes y sanos. Cómo se traducen estos hallazgos en poblaciones mayores o con condiciones metabólicas preexistentes constituye objeto de futuras investigaciones.

Lo que sí evidencia es que nos estamos alejando de un mundo de alimentos “buenos” y “malos” hacia uno de “respondedores diversos”. Si nuestros cuerpos procesan el mismo vaso de zumo de maneras diferentes, tal vez sea hora de que dejemos de buscar la dieta “perfecta” y empecemos a buscar nuestro propio perfil de respuesta.

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Francisco A. Tomás-Barberán recibe fondos para investigación de la Agencia Estatal de Investigación, del Fruit Science Center de la European Fruit Juice Association (AIJN), que financió este estudio, y de la Fundación Séneca de la Región de Murcia (grupos de excelencia).

– ref. Nuevo estudio: el azúcar de los zumos y el de los refrescos no tienen el mismo efecto en el organismo – https://theconversation.com/nuevo-estudio-el-azucar-de-los-zumos-y-el-de-los-refrescos-no-tienen-el-mismo-efecto-en-el-organismo-280563

¿Gafas amarillas de 200 euros? Toda la verdad sobre el ‘biohacking’ visual

Source: The Conversation – (in Spanish) – By José Antonio Matamoros, Investigador posdoctoral, Universidad Complutense de Madrid

En los últimos meses, conocidos futbolistas y otras figuras populares han desatado la polémica en redes sociales luciendo llamativas gafas de cristales amarillentos o anaranjados. El “qué” de esta tendencia es la promesa de mejorar el sueño y el rendimiento mediante el bloqueo de luz azul. El “quiénes” son influencers y marcas de estilo de vida que han convertido un accesorio en una supuesta herramienta de salud.

Sin embargo, esta fiebre por el llamado biohacking ocurre ahora mismo en un mercado digital donde el bombo o hype publicitario a menudo llega más lejos que la evidencia científica. ¿Qué hay realmente detrás de estas afirmaciones? La respuesta corta es que, en la mayoría de los casos, estamos ante un producto más cercano a la moda que a la ciencia.

Los ojos no sirven solo para ver

Para entender por qué generan tanto interés estas gafas, hay que empezar explicando algo poco conocido: no todas las neuronas del ojo sirven para ver imágenes. Algunas tienen una función completamente distinta, que es decirle al cerebro si es de día o de noche. Se llaman células ganglionares intrínsecamente fotosensibles (ipRGC) y contienen un pigmento especial llamado melanopsina, que reacciona ante la luz azul. Su trabajo no es reconocer formas ni colores, sino medir la intensidad de la luz del entorno.

Existen varios tipos, y cada uno cumple una función vital: regular el sueño, mantener el estado de alerta o controlar el tamaño de la pupila. En conjunto, actúan como sensores que sincronizan nuestro reloj biológico interno con el ciclo del sol.

Son, sin saberlo, las células que deciden cuándo tenemos sueño.

Por qué el uso de dispositivos por la noche no nos deja dormir

El interés por las células ganglionares intrínsecamente fotosensibles ha crecido junto con la preocupación por el efecto de las pantallas en el sueño. Si usted es de los que revisa TikTok o Instagram en la cama antes de dormir, hay una explicación fisiológica clara: la luz de la pantalla activa estas células. Les manda una señal equivocada al cerebro, diciéndole que todavía es de día. Nuestro cuerpo lleva millones de años sincronizado con el sol, pero nuestros hábitos modernos han roto esa coordinación.

Mientras esas neuronas siguen activas, el cuerpo no arranca los mecanismos naturales que inducen el sueño. Es decir: no podemos dormir porque nuestra biología cree que aún no toca. En esa contradicción, nuestra necesidad de usar pantallas y el deseo de descansar, es donde han proliferado las soluciones comerciales mágicas.

El negocio de vender plástico a precio de oro

Y aquí entran las famosas “gafas de fototerapia” de 200 euros. El argumento de las marcas es sencillo: si la luz azul es el problema, su producto sirve de escudo. Sin embargo, gastar una fortuna en este tipo de accesorios supone comprar un objeto de diseño que carece totalmente de las características técnicas necesarias para ser un dispositivo de salud.




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Existe una diferencia enorme entre un filtro de corte selectivo y unas gafas de colorines comerciales. El primero es un dispositivo sanitario diseñado con precisión para bloquear longitudes de onda concretas y proteger retinas con patologías reales, como son la degeneración macular asociada a la edad o la retinosis pigmentaria. Por el contrario, las gafas que promocionan los influencers suelen ser simples tintes coloreados sobre plástico.

La diferencia no es solo de precio. Un filtro de corte selectivo, a la venta en algunas ópticas, pasa por mediciones rigurosas en un laboratorio. Se comprueba que bloquea exactamente lo que dice bloquear. Para conseguirlo, la lente incorpora en su propia masa unas moléculas llamadas cromóforos, compuestos orgánicos que absorben selectivamente la radiación según sus propiedades espectrales. El filtrado no está, pues, en un barniz o coloreado superficial que puede degradarse con el tiempo, sino integrado en el material.

Según el uso previsto, estos filtros tienen distintos “puntos de corte”: a 400 nanómetros (milmillonésimas parte de metro, nm) bloquean toda la radiación ultravioleta; a 450 nm eliminan además la franja violeta del espectro visible; y a 500 nm cortan también buena parte del azul. Cada corte estará indicado para una patología diferente. Las gafas de moda no tienen ese control y no es un detalle menor: usar un tinte de mala calidad puede ser peor que no llevar nada.

Porque la fotofobia, las migrañas o los trastornos graves del sueño requieren diagnósticos realizados por profesionales de la salud, no soluciones estandarizadas vendidas como biohacking.

En definitiva, el revuelo por las gafas de 200 euros es el ejemplo perfecto de cómo la promoción publicitaria puede vencer temporalmente a la ciencia. Debemos recordar la idea clave: nuestro reloj biológico tiene ojos que regulan nuestra vida de forma mucho más sutil y compleja de lo que una marca de moda nos quiere hacer creer. Al final del día, la mejor “gafa” para dormir bien sigue siendo, sencillamente, apagar la luz.

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Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

– ref. ¿Gafas amarillas de 200 euros? Toda la verdad sobre el ‘biohacking’ visual – https://theconversation.com/gafas-amarillas-de-200-euros-toda-la-verdad-sobre-el-biohacking-visual-281688

Qué son las evidencias científicas en educación (y por qué no son recetas universales)

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Diego Ardura, Profesor Titular de Universidad (Educación), UNED – Universidad Nacional de Educación a Distancia

marekuliasz/Shutterstock

Durante casi 1 500 años, la ciencia, con honrosas excepciones, dio por hecho que el universo se organizaba en torno al planeta Tierra. La razón, más allá de dogmas, fue que el modelo geocéntrico funcionaba para explicar fenómenos naturales como los eclipses o las estaciones. Descubrimientos posteriores demostraron la falsedad de este modelo y la necesidad de proponer otro.

Este no es más que un ejemplo de que la ciencia no es un conjunto de verdades absolutas, sino una sucesión de modelos provisionales que nos ayudan a entender la naturaleza con las observaciones empíricas disponibles en cada momento.

Estos modelos surgen de lo que llamamos evidencias científicas, que se pueden entender como datos, pruebas o resultados, obtenidos mediante investigación, observación y experimentación, que apoyan o refutan una hipótesis.




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Las evidencias en educación

Aunque la provisionalidad de los conocimientos científicos afecta a todas las ciencias, la dimensión y alcance de las evidencias que se generan mediante la aplicación del método científico dependen fuertemente del área de conocimiento. Para que la educación basada en evidencias no se convierta en una moda más, conviene aprender a utilizarla.

A priori, debemos tener en cuenta dos cuestiones esenciales a la hora de interpretar los resultados que se derivan de la investigación educativa: su naturaleza probabilística y su dependencia contextual.

En primer lugar, en el contexto de las ciencias sociales y, en concreto de la educación, las evidencias científicas se enmarcan en una aproximación probabilística en lugar de determinista. Esto quiere decir que podemos establecer la probabilidad de que se produzca un fenómeno o una relación, pero no afirmar rotundamente su ocurrencia en todos los casos.

Cuestiones de probabilidad, no certeza

Por ejemplo, según el sistema estatal de indicadores de la educación en España (2023), la titulación de la madre afecta se asocia a la probabilidad de que sus hijos e hijas abandonen sus estudios. Según este informe, la probabilidad de abandono prematuro de los estudios es diez veces mayor en el caso de jóvenes cuya madre tiene estudios primarios o inferiores, que en aquellos cuyas madres tienen una titulación superior.

Esto no implica que una niña cuya madre tiene estudios primarios acabe abandonando prematuramente el sistema educativo, sino que tendrá una probabilidad mayor de hacerlo. Es interesante detenerse en este ejemplo, pues también nos da una idea de la provisionalidad de los resultados de la investigación que comentábamos anteriormente, ya que, aunque este efecto persiste, se ha visto atenuado en los últimos años en comparación con décadas anteriores.

Dependencia del contexto

Además de su naturaleza probabilística, las evidencias educativas presentan otra característica clave: su fuerte dependencia del contexto. De ahí que no sea posible el establecimiento de reglas generales más allá de las tendencias que se observan en los estudios que se realizan: lo que se demuestra que funciona en un contexto determinado, puede no funcionar en otro.

Por esta razón, cuando leemos evidencias científicas en educación, es crucial comprender la descripción del contexto en el que se realiza la investigación de modo que podamos interpretar el alcance de las evidencias que genera.

Estudios primarios y metanálisis

La investigación empírica en educación se recoge principalmente en lo que llamamos estudios primarios. Estos, por lo general, presentan evidencias que, como indicábamos antes, se circunscriben a un determinado contexto. Por ejemplo, una investigación puede realizarse con alumnado universitario y esto limitará el horizonte de aplicación de sus resultados a estudiantes de esta etapa. Por tanto, no podríamos extrapolar las conclusiones de este estudio a alumnado de etapas educativas anteriores.

Complementariamente a los estudios primarios, se realizan trabajos de síntesis. Entre ellos, los estudios llamados de metanálisis son particularmente relevantes. Estos trabajos buscan la agregación de los resultados obtenidos en investigaciones sobre un mismo tema. La idea es encontrar promedios de los efectos reportados en los estudios primarios y la consecuencia es que aumenta la robustez de las conclusiones, ya que estas dependen de un conjunto de trabajos y no solo de uno.

Este tipo de trabajos permite, además, evaluar críticamente los estudios primarios. Por ejemplo, en un metanálisis del profesor Samuel Parra se concluye que para obtener resultados generalizables sobre los efectos del método Montessori es necesario abordar estudios con mayor rigor metodológico que los que hay publicados hasta la fecha.




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Traer las evidencias a la práctica

En la comunidad científica, existe cada vez más un esfuerzo deliberado en la producción de estudios metanalíticos como los referidos anteriormente, que permitan generar evidencias sólidas que las personas que están en la práctica educativa puedan tener en cuenta para diseñar la enseñanza. Aunque hay muchos ejemplos, podríamos destacar los trabajos del profesor Samuel Parra o la profesora Marta Ferrero.

También cada vez más docentes de distintas etapas se interesan por el uso de evidencias en educación. Algunos ejemplos destacados son Albert Reverter, maestro e impulsor del blog El McGuffin Educativo, o Héctor Ruiz Martín, que trabajan para tender puentes entre las evidencias científicas y la práctica docente

En definitiva, en un contexto educativo cada vez más complejo, la educación basada en evidencias no consiste en buscar recetas universales, sino en tomar decisiones informadas, críticas y contextualizadas. Las evidencias no sustituyen al juicio profesional docente, pero sí pueden hacerlo más sólido.


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– ref. Qué son las evidencias científicas en educación (y por qué no son recetas universales) – https://theconversation.com/que-son-las-evidencias-cientificas-en-educacion-y-por-que-no-son-recetas-universales-277928