Solo una de cada diez se recicla: el reto de introducir las baterías de litio en la economía circular

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Pedro Jesús Navarrete Segado, Personal Docente Investigador, Universidad de Jaén

Baloncici/Shutterstock

De los smartphones a los vehículos eléctricos, las baterías de litio son componentes tecnológicos críticos para una transición energética sostenible.
Como parte de la estrategia europea para lograr la neutralidad climática para 2050, Europa está realizando una firme apuesta por su reciclaje, para contribuir a la economía circular y a la reducción de residuos. España, por su parte, tiene varias plantas y proyectos en marcha para recuperar materias primas con alto valor añadido, como litio, cobalto y níquel.

Contexto global: la demanda crece

La demanda global de baterías, con un crecimiento exponencial impulsado por la movilidad eléctrica y el almacenamiento de energías renovables, requerirá de una producción global equivalente a 2,7 teravatios-hora al año para 2030. Sin embargo, nos enfrentamos a un desafío crítico: la escasez inminente de litio. Porque, a pesar de que las reservas mundiales se estiman en 22 millones de toneladas (suficientes para producir casi 2 500 millones de baterías), la Agencia Internacional de la Energía prevé un desabastecimiento para 2025.

Este hecho se debe principalmente a la dificultad que tiene la industria para extraer litio y procesarlo a un ritmo suficientemente rápido: los nuevos proyectos mineros tardan más de una década en desarrollarse. Ante este desafío, el reciclaje de baterías se presenta como una solución clave, con el potencial de reducir la necesidad de nuevo litio en un 10 % para 2040.

Esto resulta especialmente relevante en Europa, cuya dependencia de la importación de materias primas críticas es muy elevada (100 % en el caso del litio y 98 % en el del grafito natural).

Reciclaje en España

España, aunque sin minas de litio en explotación comercial, demuestra su compromiso con la economía circular a través de iniciativas concretas. Por ejemplo, están las plantas de A.3 Aprofitament Assessorament Ambiental en Granollers (Barcelona) y Novolitio en León –con una capacidad de reciclaje estimada de hasta 25 000 toneladas anuales–, o la iniciativa BeeCycle en Navarra.

Por otro lado, el interés de gigantes en el sector, como la empresa china Tianneng, que tiene prevista la implantación de una planta local en Jaén, pone de manifiesto el gran potencial industrial y estratégico de España.

La reutilización de las baterías es otra solución estratégica, ya que darles una segunda aplicación al final de su vida útil puede reducir las emisiones de carbono en 56 millones de toneladas para 2050, según un estudio reciente liderado por la Universidad de Münster (Alemania).

China lleva la delantera

Según un artículo de 2023, solo un reducido número de países tiene empresas capaces de gestionar el ciclo completo del reciclaje, incluyendo recogida, desmontaje y procesado químico y mecánico.

Dos operarios supervisan una gran batería.
Mantenimiento de baterías.
Washburn HM/Shutterstock

Actualmente, China lidera el sector, mientras Europa y Estados Unidos invierten en la ampliación de infraestructuras. En Europa, se reciclan aproximadamente 50 000 toneladas de baterías usadas al año y se estima que, para 2030, alcance una capacidad de unas 420 000 toneladas anuales.

Retos por delante

El proceso de reciclaje presenta importantes desafíos, como las bajas tasas de recolección, los altos costos de transporte y los posibles problemas de seguridad. Este último aspecto se ha puesto de manifiesto por los incidentes ocurridos recientemente en las plantas de reciclado de baterías de Sant Julià de Llor (Girona), el pasado mes de abril, y Azuqueca de Henares (Guadalajara), en julio.

Otro desafío es la baja tasa de reciclaje: solo se da una segunda vida al 12 % de las baterías en el mundo. Esto se debe principalmente a tres factores: la complejidad química de las baterías, la falta de infraestructura y personal técnico cualificado y la ausencia de normativas claras sobre actores y responsabilidades en el reciclaje.

Además, el transporte de las baterías hasta las plantas de reciclaje impacta directamente en la viabilidad económica del proceso y puede suponer más de un 70 % del coste total.

De este modo, diversos estudios ponen de manifiesto que la viabilidad económica se alcanza en aquellos supuestos donde el punto de recolección de las baterías y las plantas de reciclado se encuentran dentro del mismo país.

El reciclaje incluye desde la recogida y desmontaje hasta la separación de materiales críticos.
Pedro Jesús Navarrete.

Hacia una economía circular avanzada

Para superar estos retos, Europa está impulsando activamente la innovación y una sólida política regulatoria. El Reglamento de Baterías de la UE (2023) fija los objetivos de reciclaje y exige un contenido mínimo de componentes reciclados en las baterías.

La tecnología también está evolucionando, con investigaciones centradas en el reciclaje directo, que permite preservar la estructura de la batería a la vez que reduce el coste energético y la complejidad del proceso. Además, la robotización minimiza riesgos y dependencia del trabajo manual.

Otra innovación clave es el pasaporte digital de baterías, que permitirá rastrear cada una con datos de composición, origen e historial. Esto facilitará enormemente los procesos de reutilización y reciclaje al final de su vida útil.

Manos a la obra

Proyectos europeos como BeyondBattRec, RESTORE y RECYCALYSE, buscan desarrollar procesos de reciclaje más sostenibles y rentables.

Así, BeyondBattRec, con la participación de socios españoles como la Universidad de Jaén y Andaltec, aspira a recuperar hasta un 95 % de materiales críticos y a reducir las emisiones de CO₂ del proceso en un 50 %.

Por su parte, RESTORE –liderado por la fundación LEITAT, con participación de las empresas españolas Toratecnica SLU, Indumental Recycling SA y Dlyte Chemicals– tiene como objetivo revolucionar la gestión de los residuos procedentes de baterías al final de su vida útil.

Complementando este esfuerzo, el proyecto RECYCALYSE se enfoca en perfeccionar un sistema de circuito completamente cerrado que recupere y reutilice los materiales directamente, con la empresa española Sustainable Innovations como socio.

Aunque afronta retos significativos, el reciclaje de baterías es clave para la autonomía tecnológica de Europa y España. Con iniciativas locales, regulación ambiciosa y nuevas tecnologías, el desafío se convierte en oportunidad: no basta con extraer, hay que recuperar y reutilizar lo ya consumido para garantizar una transición energética y un futuro más sostenibles.

The Conversation

Pedro J. Navarrete desarrolla su labor como investigador en el proyecto BeyondBattRec, referido en este artículo. Esta vinculación no ha condicionado el contenido, que refleja exclusivamente su propio análisis y opinión.

Antonio Peñas Sanjuán es investigador en el proyecto BeyondBattRec, referido en este artículo. Esta vinculación no ha condicionado el contenido, que refleja exclusivamente su propio análisis y opinión

ref. Solo una de cada diez se recicla: el reto de introducir las baterías de litio en la economía circular – https://theconversation.com/solo-una-de-cada-diez-se-recicla-el-reto-de-introducir-las-baterias-de-litio-en-la-economia-circular-264506

Piense en cómo piensa antes de preguntarle nada a la IA

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Santiago Iñiguez de Onzoño, Presidente IE University, IE University

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“¿Cómo pensamos?”. Aunque parece una pregunta sencilla, en realidad es una de las más profundas que una persona puede plantearse.

La educación puede ayudar a responderla, pero no mediante soluciones prefabricadas sino enseñando a las personas a pensar por sí mismas, a cultivar su autonomía y a convertirse en seres reflexivos y capaces de dirigir su propio aprendizaje. Pensar no es memorizar: requiere de métodos que afinen el juicio y amplíen la mirada.

  • El método socrático, por ejemplo, obliga a justificar las propuestas con argumentos razonables y convincentes.

  • La técnica del juego del rol invita a ponerse en la piel del otro, a asumir sus valores e intereses para comprender cómo toma sus decisiones.

  • El estudio comparado, por su parte, reconoce que la cultura y el idioma moldean el conocimiento: personas de distintas geografías pueden razonar de manera muy distinta, y reconocer esas diferencias enriquece nuestra propia vida intelectual.

En conjunto, todas estas metodologías muestran que existen múltiples maneras de pensar, cada una de las cuales configura la forma en que deliberamos, decidimos y actuamos.

En psicología cognitiva, el análisis de este proceso se denomina metacognición. Practicar la metacognición significa tomar conciencia de nuestros procesos mentales, detectar los patrones que los guían y dar un paso atrás para preguntarnos:

  • ¿Qué problema intento resolver?

  • ¿Cómo lo estoy abordando?

  • ¿Acepto esta respuesta demasiado deprisa?

En educación, la metacognición es lo que permite a los estudiantes planificar sus estrategias, supervisar su aprendizaje y ajustar sus métodos. Pero estas habilidades no surgen de manera espontánea, sino que deben cultivarse de forma deliberada.

Intuición versus análisis

Un avance decisivo en la comprensión de la metacognición llegó de la mano de Daniel Kahneman, Nobel de Economía en 2002, quien sintetizó décadas de investigación en psicología en su libro Pensar rápido, pensar despacio. Kahneman mostró que la mente no funciona como un único motor racional, sino a través de dos sistemas complementarios.

  1. El sistema 1, rápido, intuitivo y automático, permite reconocer al instante el rostro de un amigo, terminar la frase de otra persona o frenar bruscamente antes de que el peligro llegue siquiera a registrarse conscientemente. Es eficaz, pero propenso al error, porque se basa en atajos mentales construidos a partir de la experiencia.

  2. El sistema 2, en cambio, es lento, deliberado y analítico y se activa cuando resolvemos un problema complejo, hacemos una evaluación detallada o cuestionamos nuestras primeras impresiones. Es más preciso, pero también más exigente, razón por la cual solemos evitarlo.

Kahneman y su coautor Amos Tversky demostraron que muchos de nuestros errores de juicio provienen de confiar en exceso en el sistema 1 y no activar el sistema 2 cuando la exactitud resulta crucial.

En este sentido, Kahneman prolonga una tradición filosófica que se extiende de Platón y Aristóteles a Hume, Locke y Wittgenstein: la búsqueda de marcos conceptuales para comprender cómo razonamos, decidimos y actuamos.

Alimentar la experiencia

La llegada de la inteligencia artificial ha alterado el equilibrio. Si se delega demasiado en las máquinas la resolución de problemas, el riesgo no es solo que el sistema 2 quede infrautilizado, sino que el sistema 1 también se debilite. La intuición no surge de la nada: se entrena y se alimenta con el trabajo paciente de la razón.

Cada vez que nos enfrentamos a un problema, probamos soluciones y refinamos nuestros juicios, estamos nutriendo al sistema 1 con la experiencia que necesita para, en el futuro, elaborar evaluaciones rápidas y certeras. Si la IA hace esos pasos en nuestro lugar, el depósito de experiencias se reduce. El sistema 1 seguirá funcionando, pero su biblioteca de experiencias será más pobre y menos fiable.

El reto es claro: si se usa de manera acrítica, la herramienta que promete liberar nuestra energía mental puede dejarnos con menor capacidad tanto para el análisis profundo como para la intuición rápida. Y dado que la IA no solo refleja sino que puede amplificar los sesgos humanos –y, además, es capaz de generar sus propias alucinaciones–, el ejercicio disciplinado del sistema 2 se vuelve más necesario que nunca.

Sin embargo, usada con criterio, la IA puede ayudar a estructurar el pensamiento, ofrecer perspectivas alternativas y estimular la reflexión. Pero esto exige diseñar experiencias de aprendizaje en las que los usuarios comparen, cuestionen y vuelvan a comparar y cuestionar los resultados que ofrece la máquina.

En cambio, usada sin cuidado la IA se convierte en una muleta cognitiva, una manera de evitar el esfuerzo reflexivo y de conformarse con respuestas fáciles.

La cuestión es el cómo

Un estudio reciente en China ilustra bien esta tensión. En un curso de inglés académico, los estudiantes llevaban diarios reflexivos y participaban en entrevistas. Aplicando la teoría del aprendizaje experiencial –según el cual, el aprendizaje se produce en un ciclo de acción, reflexión, conceptualización y experimentación– los investigadores observaron que los estudiantes que reflexionaban sobre el uso de la IA desarrollaban un conocimiento más profundo e integrado sobre cuándo, por qué y cómo utilizarla. Otros, en cambio, la trataban como un atajo y temían que debilitara sus competencias lingüísticas.

Los autores concluyeron que el uso excesivo de la IA con fines instrumentales puede minar el desarrollo del lenguaje, lo que subraya la necesidad de una utilización reflexiva más que solo funcional. La enseñanza es clara: lo decisivo no es si se usa la inteligencia artificial sino cómo.

¿Por qué?

El método de gestión los cinco porqués de Toyota es una herramienta simple y poderosa para llegar a la raíz de un problema. El principio es directo: al preguntar repetidamente, y al menos cinco veces, “¿por qué?” ante cada explicación, quedan atrás las respuestas superficiales y se llega a sus causas profundas. Este método es un recurso de gestión pero también una forma de metacognición: obliga a ir más allá de la primera respuesta, a interrogar las propias suposiciones y a dirigir de manera consciente el pensamiento.

En un mundo donde la IA puede generar en segundos una respuesta a casi cualquier cuestión, la verdadera ventaja pertenece a quienes saben interrogar esas respuestas, rastrear su propio razonamiento y elegir deliberadamente cómo proceder. La IA puede ser una compañera en ese proceso, pero solo si seguimos siendo los autores de nuestro pensamiento.

Por ello es fundamental adoptar estrategias prácticas que impidan que la IA erosione ese músculo intelectual tan esencial que es la metacognición. Algunas recomendaciones útiles son:

  • Delimitar el problema antes de consultar a la IA: definir el propósito, la pregunta central y la conclusión que se espera alcanzar.

  • Verificar las fuentes que ofrece la IA, seleccionar las más creíbles y leerlas con espíritu crítico.

  • No permitir que la IA dicte las conclusiones; anticiparlas uno mismo.

  • Trabajar en varias iteraciones, idealmente cinco o más, afinando el razonamiento en cada intercambio.

  • Añadir experiencias personales y reflexiones propias para hacer el texto original e inconfundible.

  • Al terminar, reflexionar explícitamente sobre lo que se ha aprendido en el proceso; cada reflexión refuerza la metacognición.

En definitiva, la metacognición no consiste en demorarse ni en dudar por dudar. Consiste en asumir la autoría consciente de nuestros procesos mentales. En una era en la que la IA puede ofrecer una respuesta instantánea a casi cualquier pregunta, la verdadera inteligencia no pertenece a quien responde más rápido, sino a quien es capaz de cuestionar esa respuesta, repensarla y decidir conscientemente cómo avanzar.


Una versión de este artículo se publicó en LinkedIn.

The Conversation

Santiago Iñiguez de Onzoño no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Piense en cómo piensa antes de preguntarle nada a la IA – https://theconversation.com/piense-en-como-piensa-antes-de-preguntarle-nada-a-la-ia-265817

El número de Dios o el cuerpo como mapa del universo

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Amador Miguel González Crespo, Director ETS Ingeniería y Sistemas de Telecomunicación-UPM, Universidad Politécnica de Madrid (UPM)

El número áureo esta relacionado con la sucesión de Fibonacci (1,1,2,3,5,8,13,21…) la cual se encuentra presente en proporciones de todo tipo, desde proporciones en el arte, la naturaleza en general hasta estructuras arquitectónicas. Roberta Conti / Wikimedia Commons., CC BY

Hace 2500 años, un griego, cansado de discutir en el ágora sobre justicia, filosofía, política y matemáticas, decidió que lo verdaderamente importante era medir el cuerpo humano. Así germinó el canon de Policleto el Viejo: la obsesión por encontrar la simetría perfecta.

Copia romana del Doríforo («portador de una lanza») de Policleto, conservada en el Museo Arqueológico Nacional de Nápoles.
Wikimedia Commons., CC BY

El selfi más famoso de la historia

Veinte siglos después, Leonardo da Vinci dibujó el célebre Hombre de Vitrubio, basado en el canon romano de la arquitectura, como reflejo del orden de la naturaleza. El resultado fue ese señor desnudo atrapado en un círculo y un cuadrado. El mensaje era –y sigue siendo– provocador: si extendemos los brazos, somos tan anchos como altos, con nuestro ombligo en el centro geométrico de este universo de belleza perfecta.

Da Vinci, adelantado a su tiempo en tantos campos, convirtió las proporciones humanas en un diagrama viral cinco siglos antes de Instagram y la cirugía estética masiva.

La fiebre del número de Dios

Detrás de todo esto acechaba la proporción áurea (o divina proporción): 1,618…. Este número parece materializarse por primera vez en varias estelas de Babilonia y Asiria hace 4 000 años, pero también en las conchas marinas, en la Gioconda, [en las pirámides, en los templos griegos y romanos] y en la torre Eiffel.

También aparece al subir una escalera: nuestros pies encuentran un equilibrio natural entre la huella (parte horizontal) y la contrahuella (parte vertical). Curiosamente, la relación entre ambas suele rondar 1,6, muy próxima al número áureo. No es porque los arquitectos lo hayan buscado, sino porque el cuerpo humano dicta medidas cómodas que terminan rozando la divina proporción. Así, igual que con las baldosas de 3,16 decímetros que pisamos, la matemática se nos cuela en lo cotidiano casi sin darnos cuenta.

Receta de la belleza

Este número irracional de infinitos decimales fue descrito detalladamente en el siglo XIII por Leonardo de Pisa, más conocido como Fibonacci. Todo comenzó con un problema aparentemente inofensivo: ¿cuántos pares de conejos pueden nacer de una sola pareja en un año, si cada mes cada pareja madura y empieza a reproducirse? Sin quererlo, dio pie a una de las historias más bellas de las matemáticas. La secuencia de número naturales resultante es la famosa sucesión de Fibonacci:

1 , 1, 2, 3, 5, 8, 13, 21, 34, 55, 89, 144…

Inicialmente tenemos dos unos, un conejo y una coneja, y cada nuevo término surge de sumar los dos anteriores: como si los números también tuvieran su propio instinto de apareamiento.

Hasta aquí, nada más que una simpática progresión. Pero si dividimos cada número por el anterior, surge la magia: 3/2 = 1,5; 5/3 = 1,66; 8/5 = 1,6… y así hasta alcanzar en el límite del infinito el número de Dios: 1,6180339… Es como si los conejos de Fibonacci, además de multiplicarse seductora y enigmáticamente, hubieran inventado un canon estético.

Y es que la sucesión de Fibonacci también parece habitar en nuestro cuerpo: la relación entre nuestra altura y la altura hasta el ombligo, entre la distancia del hombro a los dedos y la distancia del codo a los dedos, entre la altura de la cadera y la altura de la rodilla, entre el primer hueso de los dedos (metacarpiano) y la primera falange. Y también la relación entre falanges sucesivas, entre nuestra sonrisa y nuestra mandíbula. Un festival matemático que algunos presentan como la “receta secreta” de la belleza.

El Hombre de Vitrubio, dibujado por Leonardo da Vinci en 1492.
Wikimedia Commons., CC BY

El eco cósmico de una proporción humana

Incluso, algunos astrofísicos nos muestran que patrones parecidos aparecen en lugares inesperados: algunas galaxias espirales o las vibraciones ocultas de las estrellas parecen resonar con el mismo número misterioso.

La proporción áurea parece tan ubicua que uno empieza a sospechar que hay trampa. ¿De verdad está en todo o simplemente la buscamos con la misma fe con la que algunos encuentran a su signo zodiacal en el horóscopo?
¿Cuánto hay de verdad y cuánto de necesidad humana en reducir todo a relaciones sencillas que podamos entender?

La proporción áurea no es un patrón demostrado en la estructura del cosmos, aunque pueda aparecer como aproximación en múltiples sistemas naturales. Su fuerza divina reside más en lo metafórico y lo simbólico: un puente entre la escala humana (arte, cuerpo, arquitectura) y el universo (galaxias, dinámica natural).

Sin embargo, el debate inveterado persiste entre el deseo de un dios matemático perfecto que da sentido a la existencia y la cuantificación matemática de la realidad.

Medirse para entenderlo todo

El número de Fibonacci, aplicado al Quijote.
Armando Ríos Almarza. Medir sin metro, Ayuntamiento de Ávila, 2006.

El hecho de llamar a las matemáticas “un lenguaje universal que conecta al ser humano con los patrones del arte, la biología y el cosmos” no significa que exista un único número mágico gobernándolo todo. Lo que realmente conecta esas dimensiones es la tendencia de la naturaleza y del ser humano a generar proporciones, simetrías y regularidades que nos ayudan a entender el mundo y predecir el incierto futuro. La proporción áurea es solo una de tantas fórmulas posibles, quizá la más célebre por su elegancia y por las veces que parece aproximarse a fenómenos naturales y creaciones humanas.

La incógnita interesante no es si el número áureo está realmente en todas partes, sino por qué seguimos buscándolo, por qué nos atrae tanto la idea de que una simple proporción pueda tender un puente entre nuestra anatomía, los templos griegos y las espirales galácticas.

La pregunta queda flotando

Tal vez todo sea fruto de nuestra obstinación en encontrar sentido donde, quizás, solo hay azar. ¿De verdad compartimos un patrón secreto con las estrellas, o lo inventamos porque nos fascina reconocernos en todo lo que brilla?

Esa respuesta, queridos lectores, nos obligaría a desplegar toda la artillería del pensamiento, la filosofía, el arte, la historia, la física y, por supuesto, las matemáticas. Habría que escribir tratados enteros, organizar congresos y quizá hasta invocar a los mismísimos Policleto y Fibonacci para que nos marquen el compás. Difícil, ¿verdad?

Aunque, si lo pensamos bien, más difícil todavía es resistirse a seguir midiéndonos la nariz frente al espejo con la esperanza de descubrir en ella los secretos del universo.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. El número de Dios o el cuerpo como mapa del universo – https://theconversation.com/el-numero-de-dios-o-el-cuerpo-como-mapa-del-universo-263289

Cómo afrontar el discurso de odio en la escuela

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Jorge Soto Carballo, Profesor Contratado Doctor, Universidade de Vigo

Unai Huizi Photography/Shutterstock

En las escuelas conviven culturas, idiomas y trayectorias diversas. Los espacios escolares, sin embargo, no están a salvo de determinadas actitudes de hostilidad de mayor o menor intensidad hacia el diferente, que pueden traducirse en chistes repetidos en el recreo, silencios incómodos en clase cuando alguien alza la voz contra un estereotipo o la infravaloración académica de estudiantes por su origen.

¿Qué sucede cuando una niña migrante escucha que “viene a quitarnos las ayudas”? ¿O cuando un adolescente racializado es excluido de ciertos espacios escolares? El aumento de la xenofobia, el racismo o la islamofobia está documentado por organismos internacionales, y ese odio se cuela en los pasillos de los centros escolares y en las pantallas de los móviles, reforzado por algoritmos que premian el contenido sensacionalista y polarizador.

Según datos del Consejo de Europa, los mensajes de odio en línea han crecido de forma exponencial en la última década. La OSCE advierte que estos discursos están vinculados al aumento de delitos motivados por prejuicios. Y las Naciones Unidas lo señalan como una de las amenazas más serias para la convivencia democrática del siglo XXI en su United Nations Human Rights Report 2022 (OHCHR).

¿Qué entendemos por discurso del odio?

El discurso del odio no es solo una opinión desagradable. Es una forma de comunicación, verbal, escrita o simbólica, que ataca a personas o colectivos por lo que son: su color de piel, su religión, su orientación sexual, su procedencia… Su objetivo no es debatir, sino deshumanizar. Y cuando esto ocurre, lo que viene después rara vez es pacífico.

No hay una definición única aceptada a nivel internacional, pero sí un consenso creciente: el odio no es una emoción neutra. Es un acto político, social y comunicativo que deja huellas profundas en quienes lo sufren y en quienes lo reproducen. La frontera entre libertad de expresión y fomento del odio sigue siendo espinosa. Mientras en Europa existen límites legales claros al discurso del odio, en Estados Unidos prima la Primera Enmienda, que lo protege como una manifestación de la libertad de expresión.

Inmigración, adolescencia y resiliencia

Los menores migrantes no acompañados son a menudo los más expuestos a estereotipos negativos. En España, más de 10 000 jóvenes estuvieron tutelados por las comunidades autónomas. Muchos llegan tras trayectos marcados por el desarraigo y la violencia. Frente a la narrativa de la amenaza, es urgente visibilizar su resiliencia, su esfuerzo y su deseo de construir un futuro digno.

Pero el sistema no siempre está preparado. Al cumplir 18 años, muchos jóvenes quedan fuera de las redes de protección y se enfrentan a un mercado laboral hostil, sin apoyos suficientes.




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Cuando el odio se cuela en el aula

Aunque hay iniciativas positivas, aún falta investigación sobre cómo el odio opera entre el alumnado y cómo contrarrestarlo. Sabemos que los mensajes de odio se propagan más rápido que las estrategias pedagógicas para frenarlos. Pero también sabemos que el aula es un espacio privilegiado para construir ciudadanía crítica, empática y plural. Esto requiere profesorado formado, con recursos didácticos adecuados y apoyo institucional para abordar la diversidad desde la inclusión y no desde la mera tolerancia.

La respuesta no puede ser solo jurídica o policial. El discurso del odio se combate también con educación: una educación que enseñe a pensar, a convivir y a empatizar. Proyectos pedagógicos que incorporen testimonios migrantes, análisis críticos del lenguaje, experiencias de aprendizaje-servicio o formación docente en justicia social son caminos posibles.




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Muchas escuelas han implementado talleres de alfabetización mediática y programas de convivencia intercultural. En Galicia, por ejemplo, algunos centros han trabajado con asociaciones locales en proyectos de aprendizaje servicio que conectan alumnado y comunidades migrantes.

Iniciativas para estudiantes

En el ámbito educativo se han desarrollado distintas iniciativas orientadas a contrarrestar el discurso de odio y favorecer la inclusión. Un ejemplo es Break the Hate Chain!, guía educativa impulsada en España por la Fundación FAD Juventud (FAD) y Maldita.es con el apoyo de Google.org, que propone actividades dirigidas a jóvenes de entre 14 y 19 años con el objetivo de trabajar la convivencia, el pensamiento crítico y la construcción de discursos inclusivos.




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En el plano europeo, la iniciativa Education Stops Hate genera recursos educativos abiertos, guías prácticas y kits pedagógicos que permiten al profesorado abordar el odio en las aulas y promover el diálogo intercultural. Finalmente, el proyecto Inmigración, adolescencia y resiliencia centra su atención en los desafíos que atraviesan los adolescentes en contextos migratorios, al tiempo que pone en valor los factores de resiliencia como claves para avanzar en la inclusión social y educativa.

Contra el odio, una pedagogía del cuidado

Frente a la banalización del odio, necesitamos pedagogías del cuidado, de la escucha, de la palabra compartida. Una ciudadanía capaz de detectar y desmontar el odio no se construye solo con leyes o con tuits. Se construye en las aulas, con vínculos, con presencia, con proyectos como los ya citados, que demuestran que es posible.

La Agenda 2030, en su Objetivo de Desarrollo Sostenible 4 (ODS 4), recuerda que una educación inclusiva y de calidad es clave para promover la igualdad y la paz. Combatir el odio no es únicamente frenar un problema puntual: es apostar por un futuro en el que la diversidad sea reconocida como una riqueza y no como una amenaza.

Porque el odio no se combate con silencio: se combate con una educación que no deja a nadie atrás.

The Conversation

Jorge Soto Carballo no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Cómo afrontar el discurso de odio en la escuela – https://theconversation.com/como-afrontar-el-discurso-de-odio-en-la-escuela-223891

¿Qué pasaría si dejásemos de recibir imágenes de Gaza?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Olga Cruz Moya, Profesora titular de universidad, área de Lengua española, Universidad Pablo de Olavide

Gazatíes desplazados a las escuelas de UNRWA de Khan Yunis desde Ciudad de Gaza, siguiendo las órdenes del ejército israelí en preparación para una operación y ocupación terrestre, el 7 de septiembre de 2025. Anas-Mohammed/Shutterstock

El pasado 1 de septiembre, la ONG Reporteros sin Fronteras publicó un informe que comenzaba con una frase estremecedora: “Si el Ejército israelí sigue asesinando periodistas a este ritmo, pronto no quedará ninguno en Gaza para informarte”.

Declaración de Reporteros sin Fronteras (1 de septiembre de 2025).
Declaración de la ONG Reporteros sin Fronteras del 1 de septiembre de 2025.
Reporteros sin Fronteras

Días después, la Franja sufrió un corte de comunicaciones que la mantuvo aislada durante más de 24 horas. De no haberse restablecido, desde fuera nos hubiésemos quedado sin imágenes de lo que sucede dentro (Israel prohíbe el acceso a periodistas internacionales; los únicos que están sobre el terreno son los gazatíes).

Y ¿qué consecuencias tiene que dejemos de recibir noticias sobre acontecimientos que implican la pérdida violenta de vidas humanas, como guerras, catástrofes humanitarias o masacres genocidas como la actual?

En la era de la información global, que un conflicto lejano como el de Gaza tenga relevancia en la agenda informativa depende de una compleja cadena de decisiones editoriales. Desde la perspectiva de análisis crítico del discurso, poder-decir es una forma de poder simbólico que se manifiesta en la capacidad de definir la realidad que se expone en el espacio público, lo que influye directamente en la conformación de la opinión pública o el consenso social.

Los medios son nuestras ventanas al mundo

El papel de los medios resulta crucial en todo aquello que queda más allá de la experiencia directa de las personas. Seleccionar lo que se considera noticia implica, necesariamente, silenciar otros hechos. Los criterios de publicación suelen priorizar la imprevisibilidad, lo inusual, la “convulsión informativa” y las situaciones de urgencia.

Este sesgo favorece una cobertura intensiva y circunstancial, pero efímera: las crisis humanitarias irrumpen con fuerza en la agenda mediática durante sus momentos más dramáticos, pero rara vez se sostienen en el tiempo. La atención inicial contrasta con el olvido posterior, lo que debilita la comprensión de las consecuencias a largo plazo.

En el caso de un conflicto prolongado, como el palestino-israelí, cobra especial relevancia el recuerdo mediático, entendido como el proceso mediante el cual la prensa reactualiza episodios pasados, construyendo una memoria compartida que legitima actores y orienta la percepción pública. Así, los medios no solo registran hechos: también sedimentan visiones que configuran el imaginario colectivo.

La importancia de la imagen y el riesgo de saturación

Las imágenes transmitidas desde zonas en conflicto permiten dimensionar la destrucción y el sufrimiento humano, despertando empatía, reacción ciudadana e incluso presión política sobre los gobiernos. Sin embargo, en muchos casos, los medios privilegian el impacto visual por encima de la explicación o el análisis. La televisión, en particular, tiende a conmover antes que a contextualizar, movilizando emociones inmediatas más que comprensión crítica.

En lugar de explicar, informar, educar o analizar, a menudo se busca sacudir al espectador por motivos fundamentalmente humanos y psicológicos, pero también de mero espectáculo. Así sucedió con la retransmisión de la primera guerra de Irak. La prensa puede dar margen a la reflexión y la profundidad, pero la televisión establece el puente hacia los sentimientos, la emoción y la subjetividad.

Imagen de diferentes mujeres con bebés en brazos.
Mujeres con niños con desnutrición en la clínica ambulatoria del Hospital Nasser en Khan Yunis, al sur de la Franja de Gaza, el 13 de septiembre de 2025.
Anas-Mohammed/Shutterstock

Como señaló el filósofo francés Roland Barthes, la imagen funciona como un anclaje semiótico que otorga prueba y densidad al discurso. En España, diversos estudios muestran que la violencia televisada intensifica la implicación moral cuando las víctimas se presentan como cercanas y humanizadas. Pero la abundancia de imágenes puede tener el efecto contrario: la llamada “fatiga compasiva” transforma la tragedia en un espectáculo rutinario, incapaz ya de conmover ni movilizar.

El peso del relato

La manera en la que se describen las crisis no es casual. La información se elabora según una estructura en torno a un “molde” o marco interpretativo (framing) preestablecido que condiciona la interpretación de los hechos.

En los picos de atención mediática, el énfasis suele recaer en el despliegue armamentístico y el sufrimiento de los civiles, mientras se silencian las raíces de los conflictos, de carácter político y económico. Las estrategias discursivas importan: las representaciones personalizadas y humanizadas favorecen la empatía, mientras que las metáforas deshumanizadoras o expresiones connotadas negativamente refuerzan estereotipos y limitan la compasión.

En el caso palestino-israelí, la prensa española ha mostrado una atención intermitente en estos últimos setenta años, recurriendo a denominaciones que fluctúan entre la amplificación y la minimización de estos episodios: “conflicto”, “oleada de ataques”, “espiral de violencia”, “escalada de tensión”, “terrorismo”, “intifada”. Cada elección léxica moldea la forma en que el público percibe la magnitud y legitimidad de los hechos.

Un hombre camina por una calle llena de escombros.
Destrucción en Hamad City, en Khan Yunis, al sur de la Franja de Gaza.
Mohammad Abu Elsebah/Shutterstock

Matar al mensajero: censura, bloqueo y desinformación

La información en contextos de guerra es también un campo de disputa política. Gobiernos y actores en conflicto buscan controlar el flujo de imágenes o manipular narrativas para justificar sus acciones o evitar el descrédito internacional. Esto queda claramente ejemplificado en el hecho de que los periodistas internacionales no puedan acceder a Gaza. La censura y la desinformación niegan a la ciudadanía la posibilidad de formarse una opinión crítica, debilitando los pilares democráticos y desmovilizando la solidaridad internacional.

En el ecosistema digital, además, la lógica algorítmica y la circulación acrítica de fuentes multiplican la fragmentación y la distorsión de los hechos. La verificación periodística y la autorregulación profesional se vuelven, por ello, herramientas imprescindibles para contrarrestar la manipulación interesada y la polarización.

Ojos que no ven…

Dejar de recibir imágenes de Gaza no implica únicamente ignorar lo que ocurre: supone perder los marcos discursivos que sostienen la memoria social y la empatía ciudadana. Cortar las comunicaciones es cortar narrativas, y sin narrativas se debilitan tanto la solidaridad como la rendición de cuentas en la esfera internacional. Y también significa darles la espalda a los periodistas que han muerto para que el mundo pueda ver lo que allí sucede.

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Olga Cruz Moya no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ¿Qué pasaría si dejásemos de recibir imágenes de Gaza? – https://theconversation.com/que-pasaria-si-dejasemos-de-recibir-imagenes-de-gaza-265721

Así sería vivir con un gemelo digital al lado

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Jon Andoni Duñabeitia, Director del Centro de Investigación Nebrija en Cognición (CINC) y Director de la International Chair in Cognitive Health (ICCH) en la Universidad Nebrija, Universidad Nebrija

metamorworks/Shutterstock

Cuando escuchamos la palabra gemelos, pensamos en dos personas idénticas que comparten rasgos físicos y, en ocasiones, hasta ciertas manías. Pero en el mundo de la tecnología ha nacido otro tipo de gemelos, tan revolucionarios como desconocidos: los gemelos digitales.

Un gemelo digital es una réplica virtual de un sistema real. Se trata de un modelo dinámico que, alimentado por datos en tiempo real, imita el comportamiento de aquello que representa. Es como tener un espejo inteligente que no solo refleja nuestro estado, sino que aprende de cada movimiento para anticipar el siguiente.

En diferentes sectores ya se utilizan desde hace años. Gracias a ellos se predicen fallos en aviones antes de que ocurran, se optimizan fábricas enteras o se diseñan coches que han aprendido de los datos de conducción de miles de usuarios. Más recientemente, su aplicación en contextos del sector de la agricultura está suponiendo un avance significativo en la predicción del impacto del clima y los cambios debidos a situaciones naturales sobre las cosechas, por ejemplo.

En el ámbito médico, los gemelos digitales están marcando un antes y un después. Existen, por ejemplo, propuestas basadas en gemelos cardiacos digitales orientadas a simular el funcionamiento del corazón de cada paciente con un nivel de detalle asombroso. Gracias a ellos, los médicos podrán anticipar cómo responderá un corazón concreto ante una arritmia o un tratamiento específico, sin necesidad de arriesgar al paciente real.

Esta combinación de modelado virtual y datos clínicos abre la puerta a una medicina más predictiva, personalizada y segura, en la que las decisiones terapéuticas se basan no solo en la experiencia médica, sino también en la simulación de lo que ocurrirá en nuestro doble digital.

Ahora bien, ¿qué ocurre cuando esta idea se traslada al terreno del cerebro humano?

De la fábrica al cerebro: una revolución en marcha

La salud cognitiva y la salud mental son pilares de nuestro bienestar, pero también son frágiles. El deterioro asociado a la edad, la depresión, la ansiedad o los trastornos neurodegenerativos siguen siendo grandes retos para la medicina.

Aquí es donde la inteligencia artificial abre una ventana de esperanza. Al integrar y analizar grandes volúmenes de datos, la IA puede ayudar a detectar antes la enfermedad, seleccionar mejor a los pacientes para ensayos clínicos y hasta simular la evolución de cada individuo mediante gemelos digitales. En otras palabras, la IA nos ofrece la posibilidad de adelantarnos al deterioro, diseñar intervenciones a medida y acelerar la llegada de terapias más eficaces y seguras.

Recientemente, un equipo de científicos de la Universidad Duke, la Universidad de Columbia, la Universidad Nebrija y CogniFit han desarrollado un nuevo marco de trabajo para abordar la salud mental y cognitiva de las personas basado en los gemelos cognitivos digitales. Se trata de representaciones virtuales que integran datos de nuestra actividad cerebral y conductual, nuestros hábitos diarios y nuestras respuestas emocionales. Gracias a la IA, estos modelos dinámicos pueden aprender y actualizarse con cada nueva interacción.

Imaginemos que cada persona pudiera tener su “doble digital” cognitivo, que predice cómo va a evolucionar su memoria o su atención, y que propone actividades personalizadas para entrenar la mente antes de que aparezca un problema grave. ¿Asombroso, verdad?

Los aliados invisibles: ‘wearables’ e inteligencia artificial

La clave de esta revolución está en la integración con los dispositivos que ya llevamos encima. Los relojes inteligentes, las pulseras de actividad o los sensores de sueño proporcionan información continua sobre nuestro cuerpo. Los datos asociados al ritmo cardíaco, a la calidad del descanso, al nivel de actividad o al estrés podría ya estar nutriendo en tiempo real a nuestro “doble digital”, que aprende de esas señales y adapta las recomendaciones o entrenamientos cognitivos a nuestro estado físico y mental de cada momento.

La IA actúa como el director de orquesta que coordina todos estos datos, integrándolos en un sistema que no solo reacciona, sino que se adelanta a nuestras necesidades.

Mucho más que un videojuego para el cerebro

Hasta ahora, los entrenamientos cognitivos digitales han sido percibidos como juegos más o menos entretenidos, con beneficios limitados. La diferencia con los gemelos cognitivos es enorme: no hablamos de ejercicios genéricos, sino de un ecosistema dinámico, ajustado en tiempo real a cada persona, supervisado por profesionales de la salud y apoyado en evidencia científica. Este cambio de paradigma supone pasar de un enfoque de “café para todos” a una medicina verdaderamente personalizada y preventiva.

Por supuesto, no todo son promesas. Los gemelos digitales en este campo deben superar desafíos cruciales que garanticen la privacidad de los datos. Además, es necesario evitar la brecha digital que podría excluir a las personas mayores o con menos acceso tecnológico, y asegurar que las decisiones que tomen los algoritmos sean transparentes y éticas. En este punto, no debemos olvidar que los estudios más recientes indican que el uso de la tecnología ayuda a prevenir y retrasar el deterioro cognitivo, tanto normal como patológico.

Los gemelos digitales están llamados a ser una de las grandes revoluciones de la medicina y la ciencia cognitiva de este siglo. Igual que hace décadas nos parecía ciencia ficción hablar de llevar un ordenador en el bolsillo, en pocos años resultará natural tener un gemelo cognitivo que nos acompañe y nos cuide. Al fin y al cabo, ¿quién mejor que nuestro propio doble digital para ayudarnos a entendernos, anticiparnos y cuidarnos?

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Jon Andoni Duñabeitia no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

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El paracetamol no provoca autismo y se puede usar durante el embarazo

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Nicholas Wood, Professor, The Children’s Hospital at Westmead Clinical School, University of Sydney

El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, ha instado a las mujeres embarazadas a evitar el paracetamol, salvo en casos de fiebre muy alta, debido a su posible relación con el autismo.

El paracetamol, conocido por el nombre comercial Tylenol en EE. UU., se utiliza comúnmente para aliviar dolores, como el dolor de espalda y de cabeza, y para reducir la fiebre durante el embarazo.

Este fármaco está clasificado como un medicamento de categoría A por la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA, por sus siglas en inglés) de Estados Unidos. Esto significa que muchas mujeres embarazadas y en edad fértil lo han utilizado durante mucho tiempo sin que se haya producido un aumento de los defectos congénitos ni efectos nocivos para el feto.

Y es que es importante tratar la fiebre durante el embarazo. La temperatura corporal alta no tratada al principio de la gestación está relacionada con abortos espontáneos, defectos del tubo neural, labio leporino y paladar hendido, y defectos cardíacos. Las infecciones durante el embarazo también se han relacionado con un mayor riesgo de autismo.

¿Cómo ha evolucionado la investigación en los últimos años?

En 2021, un panel internacional de expertos analizó las pruebas de estudios en humanos y animales sobre el uso del paracetamol durante el embarazo. Su declaración de consenso advirtió de que puede alterar el desarrollo fetal, con efectos negativos para la salud del niño.

Más recientemente, el mes pasado, un grupo de investigadores de la Universidad de Harvard examinó la asociación entre el paracetamol y los trastornos del desarrollo neurológico, incluidos el autismo y el trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH), en las investigaciones existentes.

Identificaron 46 estudios y encontraron que 27 de ellos informaban de una relación entre el consumo del medicamento durante la gestación y los trastornos del desarrollo neurológico en los hijos, mientras que nueve no mostraban ninguna relación significativa y cuatro indicaban que se asociaba con un menor riesgo.

El trabajo más destacado de su revisión, debido a su sofisticado análisis estadístico, abarcó a casi 2,5 millones de niños nacidos en Suecia entre 1995 y 2019, y se publicó en 2024.

Los autores descubrieron que existía un riesgo ligeramente mayor de autismo y TDAH asociado al uso de paracetamol durante el embarazo. Sin embargo, cuando los investigadores analizaron pares de hermanos completos emparejados, para tener en cuenta las influencias genéticas y ambientales que compartían, no encontraron pruebas de un mayor riesgo de autismo, TDAH o discapacidad intelectual asociado al consumo del fármaco en cuestión.

Los hermanos de niños autistas tienen un 20 % de probabilidades de ser también autistas. Así mismo, los factores ambientales dentro del hogar pueden incrementar el riesgo. Para tener en cuenta estas influencias, los investigadores compararon los resultados de hermanos en los que uno de los niños había estado expuesto al paracetamol en el útero y el otro no, o cuando los hermanos tenían diferentes niveles de exposición.

Los autores del trabajo de 2024 concluyeron que las asociaciones encontradas en otros estudios pueden atribuirse a factores “confusos”: influencias que pueden distorsionar los resultados de la investigación.

Además, otra revisión publicada en febrero examinó los puntos fuertes y las limitaciones de la bibliografía publicada sobre el efecto del uso del paracetamol durante el embarazo en el riesgo de que el niño desarrollara TDAH y autismo. Los autores señalaron que la mayoría de los estudios eran difíciles de interpretar porque tenían sesgos, incluso en la selección de los participantes, y no tenían en cuenta los factores de confusión.

Cuando se tuvieron en cuenta los factores de confusión entre hermanos, se observó que cualquier asociación se debilitaba sustancialmente. Esto sugiere que los factores genéticos y ambientales compartidos pueden haber causado sesgos en las observaciones originales.

Determinar qué causa o aumenta el riesgo de autismo

Un aspecto clave a tener en cuenta al evaluar el riesgo del paracetamol y cualquier relación con los trastornos del desarrollo neurológico es cómo tener en cuenta de la mejor manera posible muchos otros factores potencialmente relevantes.

Aún no conocemos todas las causas del autismo, pero se han implicado varios factores genéticos y no genéticos: el uso de medicamentos por parte de la madre, enfermedades, índice de masa corporal, consumo de alcohol, tabaquismo, complicaciones durante el embarazo (como preeclampsia y restricción del crecimiento fetal), la edad de la madre y el padre, si el niño es el mayor o el menor de los hermanos, el llamado test de Apgar del recién nacido para determinar su estado de salud, la lactancia materna, la genética, el estatus socioeconómico y las características sociales.

Es especialmente difícil medir las tres últimas características, por lo que a menudo no se tienen debidamente en cuenta en los estudios.

En otras ocasiones, puede que lo importante no sea el uso del paracetamol, sino la enfermedad subyacente o la razón por la que se toma el medicamento, como la fiebre asociada a una infección, lo que influye en el desarrollo del niño.

Estoy embarazada, ¿qué significa esto para mí?

No hay pruebas claras de que el paracetamol tenga efectos nocivos para el feto. Sin embargo, al igual que con cualquier medicamento que se tome durante el embarazo, debe utilizarse en la dosis mínima eficaz y durante el menor tiempo posible.

Si está embarazada y tiene fiebre, es importante tratarla, incluso con paracetamol.

Si la dosis recomendada no controla sus síntomas o siente dolor, póngase en contacto con su médico, comadrona o hospital materno para obtener más asesoramiento médico.

Y, por último, recuerde que las recomendaciones para tomar ibuprofeno y otros antiinflamatorios no esteroideos (AINE) durante el embarazo son diferentes. El ibuprofeno no debe administrarse durante el embarazo.

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Nicholas Wood ha recibido financiación del NHMRC y ha disfrutado de una beca Churchill.

Debra Kennedy no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

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No hay respiro: la contaminación del aire afecta a la salud mental

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Jorge Romero-Castillo, Profesor de Psicobiología e investigador en Neurociencia Cognitiva, Universidad de Málaga

New Africa/Shutterstock

Lo que inhalamos en las ciudades dista mucho de ser una bocanada de aire fresco. Sabemos desde hace tiempo que la contaminación del aire daña pulmones y corazón, aumentando el riesgo de enfermedades respiratorias y cardiovasculares.

Sin embargo, la evidencia científica va más allá: también se ha demostrado que la polución impacta en el cerebro. Por ejemplo, aumenta la posibilidad de padecer ictus, demencias (como el alzhéimer) y deterioro cognitivo.




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En esta línea, cada vez más estudios señalan su influencia directa en trastornos psicológicos. De entre los investigados, se ha encontrado relación con ansiedad, depresión e incluso suicidio.

Pequeñas y letales

El smog es una palabra formada por la fusión entre smoke, humo, y fog, niebla. Es un tipo de contaminación muy presente en las grades ciudades del mundo. La imagen muestra la ciudad china de Fanhe con smog (a la izquierda) y sin smog (a la derecha), unas imágenes tomadas con 10 días de diferencia.
Wikipedia, CC BY-NC-SA

El aire contiene partículas microscópicas, llamadas material particulado (PM), cuya toxicidad y tamaño determinan sus efectos sobre la salud. Para la salud mental, son especialmente relevantes:

Para imaginar el tamaño de las partículas, piense que el cabello humano promedio tiene un diámetro aproximado de 70 micrómetros. Esta imagen muestra diferentes tipos de partículas para comparar su tamaño.
Kumar, S., & Dwivedi, S. K. (2022), CC BY

Tanto las partículas finas como las ultrafinas pueden alcanzar los alveolos pulmonares, entrar en la sangre para llegar a la cabeza e internarse en el cerebro atravesando la barrera hematoencefálica. Incluso pueden ingresar directamente al cerebro (eludiendo la barrera) a través de las neuronas presentes en el interior de la nariz, en el epitelio olfatorio.

¿Qué ocurre en el cerebro?

Aunque los desencadenantes biológicos que produce la presencia de estas partículas en el cerebro siguen siendo en gran parte desconocidos, se han identificado varios mecanismos:

  • Un aumento del estrés oxidativo y la consecuente inflamación (como respuesta funcional de la astroglia, los capilares cerebrales y, en particular, la microglia). Estos procesos se han observado en estudios con humanos y en modelos animales, y resultan especialmente importantes en el caso de los trastornos de ansiedad y depresivos.

  • Un efecto neurotóxico directo, que lleva a cambios estructurales. Esta situación compromete la conectividad neuronal y el equilibrio de neurotransmisores. Al parecer, las partículas de plomo, mercurio, manganeso y de combustión del diésel podrían causar este efecto neurotóxico y contribuir al riesgo de suicidio.

  • La alteración del eje hipotalámico-hipofisario-adrenal (HPA), el sistema que regula las respuestas del organismo al estrés. Las partículas contaminantes pueden afectar a la producción de hormonas, como el cortisol, e interferir en el equilibrio neuroendocrino, lo que puede correlacionarse con ansiedad, depresión y suicidio.

Ansiedad disparada por la polución

Los trastornos de ansiedad son el tipo más común de trastorno psiquiátrico en la población general. Y uno de los factores de riesgo modificables es la polución del aire.

Una mayor exposición a PM₂.₅ se asocia con un mayor riesgo de síntomas elevados de ansiedad. Además, un estudio longitudinal en población infantil y adolescente muestra que no solo la exposición prolongada a la polución tiene consecuencias: incluso picos puntuales de contaminación pueden derivar en un aumento inmediato de la ansiedad.

Por si fuera poco, la exposición crónica a niveles elevados de partículas finas no solo incrementa el riesgo de ansiedad, sino que también agrava la sintomatología en quienes ya la padecen. Estudios en grandes cohortes han sugerido que vivir en áreas con peor calidad del aire aumenta la probabilidad de necesitar tratamiento por ansiedad.

Cuando la contaminación del aire es deprimente

La mala calidad del aire también se asocia a tasas aparentemente más altas de depresión mayor, un trastorno muy presente en el mundo y que puede desembocar en suicidio.

La consistencia de los hallazgos en distintos países y contextos respalda la solidez de esta relación. Tanto la exposición a corto plazo como a largo plazo a PM₂.₅ (además de a otros contaminantes) es problemática.

El riesgo es aún más elevado en personas que sufren enfermedades cardiovasculares, diabetes o asma. Esta relación sugiere que la contaminación podría actuar como un factor que golpea con más fuerza a las poblaciones más frágiles.

Un aire envenenado puede aumentar el suicidio

La exposición a corto plazo al aire sucio (en especial, a PM₂.₅ y a partículas inhalables PM₁₀) se ha asociado positivamente con suicidios intentados y consumados. La relación se evalúa vinculando la concentración media de material particulado en los momentos previos al lugar del suicidio con datos extraídos de las autopsias.

En esta línea, también se ha hallado que un aumento transitorio del material particulado aumenta el riesgo de suicidio en personas con enfermedades cardiovasculares preexistentes. Además, se ha observado que el riesgo relativo de suicidio es significativamente mayor en los países de ingresos altos que en los de ingresos bajos.

De momento, estas conclusiones deben interpretarse con cautela, ya que existen limitaciones en los estudios analizados. Pero las direcciones van en la misma línea que se observa en el resto de investigaciones: un aire envenenado daña la vida.




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Una amenaza sibilina

Ha pasado tiempo desde que R. E. L. Faris y H. W. Dunham observaran, en 1939, que la población del centro de Chicago presentaba mayores tasas de esquizofrenia en comparación con la de las afueras. Desde entonces, la ciencia no ha hecho más que reforzar la idea que subyace a este estudio, uno de los primeros que mostró indicios de relación entre contaminación del aire y trastornos psicológicos.

En la actualidad, millones de personas viven expuestas a este riesgo. La evidencia es clara: una sombra silenciosa, persistente y dañina que impregna desde la infancia hasta la vejez. Y la respuesta debe ser contundente: necesitamos políticas públicas firmes y decisiones personales responsables. Sin más demora. Necesitamos, de verdad, un respiro.

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Jorge Romero-Castillo no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

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¡Yo también soy buena en matemáticas! Esta es la manera de enseñar que cambia actitudes

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Pablo Beltrán-Pellicer, Profesor del área de Didáctica de la matemática, Universidad de Zaragoza

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Piense en matemáticas, y más concretamente en la clase de matemáticas: ¿ha pensado en operaciones, fórmulas y ejercicios? Es lo habitual. Y sin embargo, tienen mucho más que ver con razonar, comunicar, resolver problemas, representar. Poner el foco de la enseñanza en uno u otro lado afecta a las emociones, el autoconcepto (si pensamos que se nos dan bien o mal) y las creencias del alumnado hacia las matemáticas de diferente manera.

Hemos investigado esas tres dimensiones (emociones, autoconcepto y creencias) cuando las clases de matemáticas pasan de tener un enfoque “instrumental” (basado en reglas y procedimientos aplicados sin significado) a uno “relacional” (fundamentado en una comprensión profunda de los contenidos). Y hemos comprobado que el segundo permite al alumnado vivir la asignatura de una manera más positiva, a sentirse más competentes en matemáticas y a construir una visión más rica de lo que significa hacerlas.

Si es objetivamente mejor, ¿por qué es tan difícil de adoptar este modelo en la clase de matemáticas? Los avances curriculares, las orientaciones internacionales y la literatura científica inciden en su importancia, pero el profesorado a menudo prefiere repetir modelos de enseñanza similares a los que experimentó en su día como estudiante, y los libros de texto no suelen favorecer este enfoque.

Un punto de partida instrumental

Basta echar un vistazo a los libros de texto habituales para comprobar que la enseñanza de las matemáticas, tanto en primaria como secundaria, sigue estando marcada por un enfoque instrumental: “Esto se hace así, ejercita, repite”.

Esto es precisamente lo que nos encontramos al analizar redacciones de un grupo de 19 estudiantes a comienzo de 4º de primaria: la mayoría describía las matemáticas como una asignatura centrada en operaciones. “Los problemas son multiplicaciones, sumas, restas…”, escribía un alumno.

En estas redacciones, los alumnos percibían su competencia en matemáticas como baja. Las emociones, cuando eran positivas, se limitaban a un “me gustan” sin mayor profundidad. El mensaje era claro: las matemáticas eran ejercicios aritméticos rutinarios que había que superar. No se hacían referencias al razonamiento y a la comprensión.

El giro hacia la resolución de problemas

En un modelo de enseñanza instrumental se fomenta una comprensión superficial de los contenidos, pues el aprendizaje de estos requiere de la memorización de una serie de reglas. ¿Quién no ha escuchado alguna vez la frase “no hace falta que lo entiendas ahora, simplemente hazlo”? Incluso en películas como Recuerdos del ayer (1991) aparece esta tendencia.

Las tareas a realizar suelen ser rutinarias, ejercicios, mientras que los problemas se reducen en muchas ocasiones a ejercicios con contexto que actúa como decorado, sin aportar. Es posible que en este modelo aparezcan problemas genuinos al final, que supongan un reto y para los que no haya una regla directa de resolución.




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Por el contrario, en un modelo relacional se persigue una comprensión profunda de los contenidos. El objetivo ya no es aprenderse una serie de reglas sin significado, sino conectar la experiencia previa para construir nuevo conocimiento.

Para ello es imprescindible movilizar procesos que indican actividad matemática de calidad: resolución de problemas; razonamiento, conjetura y prueba; argumentación; comunicación; representación; conexiones dentro y fuera de las matemáticas. El aprendizaje a través de la resolución de problemas implica que el alumnado se enfrenta a problemas auténticos, cuidadosamente seleccionados, sin haber recibido instrucción previa que los convierta en ejercicios. Es en la resolución de estos problemas, con el adecuado andamiaje por parte del profesorado (normalmente en forma de preguntas), donde emerge el nuevo contenido.

Por ejemplo, calcular el área un cuadrado “inclinado” en una cuadrícula, es todo un problema. Si no se conoce el teorema de Pitágoras, claro:

Cálculo del área de un cuadrado inclinado en una cuadrícula de dos formas distintas

En la imagen podemos ver dos técnicas puestas en juego por el alumnado para resolverlo. Este problema da lugar a una extensión directa, pues si se plantea investigar el área de cuadrados con diferentes “inclinaciones”, la generalización te pone en bandeja el famoso teorema. Obsérvese que si primero se proporciona el teorema, como se haría en un modelo instrumental, el problema se convierte en un ejercicio rutinario.

Trabajando con el enfoque relacional

A lo largo del curso, nuestro grupo de 19 estudiantes trabajó con un modelo relacional, centrado en la resolución de problemas y en metodologías como las thinking classrooms, también conocidas en español como aulas para pensar, que surgen a raíz de un libro del profesor sueco Peter Liljedahl. En dicha obra se recoge una serie de técnicas que facilita la creación de una cultura de aula orientada a la resolución de problemas. Por ejemplo, que el alumnado se enfrente a ellos de pie, en pizarras borrables verticales y en grupos aleatorios de tres. De esta manera, la interacción se multiplica, al mismo tiempo que el docente se hace más consciente de qué está haciendo el alumnado.

El cambio fue radical. En junio, 15 de los 19 alumnos hablaban de las matemáticas como algo que tenía que ver con comprender, pensar, trabajar en grupo y encontrar sentido. Ya no se trataba de cuentas, sino de procesos. Una niña resumía así su experiencia:

“Las matemáticas para mí son poder entender los números. Me gusta trabajar en grupos en las pizarras en vez de hacerlo en solitario”.

Este cambio de enfoque no solo transformó la visión de la asignatura. También aumentó la autopercepción de competencia: seis estudiantes se sentían ahora “buenos en matemáticas”, frente a solo uno al inicio. Y en el plano emocional, 16 de 19 expresaban entusiasmo, diversión y tranquilidad, vinculando sus emociones positivas con actividades concretas como resolver problemas difíciles o colaborar en grupo.

El aula dejó de ser un lugar donde se repiten procedimientos para convertirse en un espacio de exploración y descubrimiento compartido.

El regreso al modelo expositivo

La historia, sin embargo, no acaba ahí. En enero del curso siguiente, ya en 5º de primaria, este mismo alumnado volvió a un enfoque instrumental, basado en ejercicios individuales y enseñanza expositiva. Volvimos a pedir redacciones a principios de curso en las que compartieran sus emociones y creencias sobre la asignatura. El contraste fue inmediato. Menos de la mitad de las redacciones incluían ahora una visión clara de las matemáticas, y muchas reflejaban aburrimiento o desánimo, como indica un alumno:

“Este año las mates son más aburridas porque la mayoría de las veces hacemos cuentas”.

Curiosamente, la percepción de competencia seguía siendo alta: doce alumnos se sentían seguros. Pero las emociones se tornaron negativas para quienes habían disfrutado de un aprendizaje relacional. La incoherencia entre lo que habían vivido antes y lo que ahora encontraban en clase generaba frustración.

Al mismo tiempo, otro grupo de estudiantes mostraba alivio: “No tenemos casi ningún problema difícil… me gustan las matemáticas”. Para algunos, la baja demanda cognitiva resultaba cómoda, aunque poco estimulante.

Lo que nos dicen estos hallazgos

Los resultados de esta pequeña investigación confirman algo que la literatura científica internacional lleva años subrayando: la cultura de aula condiciona la relación del alumnado con las matemáticas. Un enfoque basado en la resolución de problemas no solo proporciona aprendizajes significativos, sino que también fomenta emociones positivas y refuerza la confianza en las propias capacidades. Por el contrario, volver a un modelo instrumental puede erosionar ese vínculo, especialmente en quienes han descubierto que las matemáticas pueden ser algo más que cuentas.


Este artículo está basado en una investigación en la que ha colaborado Manuel Jesús Siaba-Lestón, maestro en el CEIP Plurilingüe Ricardo Tobío, Esteiro-Muros (La Coruña).

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Pablo Beltrán-Pellicer recibe fondos del grupo S60_23R -Investigación en Educación Matemática (Gobierno de Aragón).

Sergio Martínez-Juste recibe fondos del grupo S60_23R -Investigación en Educación Matemática (Gobierno de Aragón).

Gregorio Morales Ordóñez no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

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Cuando el Corán coincide con la OMS: así influye la religión en la lactancia materna

Source: The Conversation – (in Spanish) – By José Manuel Martínez Linares, Profesor de Enfermería, Universidad de Granada

PeopleImages/Shutterstock

Siguen existiendo barreras para la lactancia materna. Si todas las criaturas entre los 0 y 6 meses de edad estuvieran amamantadas de forma óptima, se podría salvar la vida a más de 820 000 cada año. Sin embargo, la realidad es que solo el 44 % reciben alimentación mediante lactancia materna exclusiva durante los primeros seis meses de vida.

En España, más del 90 % de las mujeres deciden iniciar la lactancia materna en el momento del nacimiento, pero únicamente el 35 % sigue haciéndolo a los 6 meses, a pesar de los beneficios que mantenerla les puedan suponer.

A pesar de la evidencia existente, persisten las barreras que dificultan la promoción de la lactancia materna exclusiva. Por ejemplo, el escaso apoyo laboral para que las mujeres puedan seguir realizándola. También falta preparación previa antes del parto y los mitos que mantienen la idea de que la lactancia materna exclusiva es insuficiente para satisfacer al bebé. Todo esto sin olvidar la falta de disponibilidad de recursos humanos, materiales y económicos, [así como de personal sanitario correctamente preparado], a pesar de que lo hay (https://internationalbreastfeedingjournal.biomedcentral.com/articles/10.1186/s13006-024-00630-3).

No alcanzar los objetivos marcados por la Organización Mundial de la Salud (OMS) en lo que respecta a la lactancia genera pérdidas. Estas pueden ser económicas, de 302 000 millones de dólares anuales, pero también se malogran los beneficios que genera para el bebé, la madre, la sociedad y el medio ambiente. La OMS recomienda la lactancia materna de forma exclusiva durante los primeros 6 meses de vida y de forma complementaria hasta los 2 años.

Aunque los programas de promoción de lactancia materna exclusiva llevados a cabo por profesionales de la matronería han demostrado su utilidad, esto no es suficiente. También deben incorporar un asesoramiento sobre los motivos que influyen en las mujeres en la elección y el abandono de la lactancia materna exclusiva.

La religión es una parte más a tener en cuenta

Las personas pueden concebir y vivir sus creencias religiosas como parte de su ser de forma holística. No tenerlo en cuenta en la práctica clínica puede considerarse como una falta de interés por parte del profesional sanitario y convertirse en una barrera para la comunicación y la creación de confianza.

En cambio, se ha comprobado que las tasas de lactancia materna exclusiva al nacer difieren según la creencia religiosa de la madre. Así, la adherencia es mayor entre las mujeres musulmanas en comparación con las cristianas.

Esto se explica porque la lactancia materna también se puede ver influida por prácticas y creencias culturales. Por lo tanto, en la promoción del amamantamiento hay que tener en cuenta factores religiosos y culturales que van a condicionar no solo el inicio, sino también su mantenimiento, tal y como reflejan los estudios realizados al respecto.

Nuevos hallazgos sobre este tema

Recientemente hemos llevado a cabo un estudio con mujeres musulmanas y cristianas de Melilla. Los resultados indican que, independientemente de su ideología religiosa, la reincorporación a la actividad laboral tras el parto es el momento que condiciona la continuidad de la lactancia materna. Este es, por lo tanto, un factor determinante para abandonarla.

Sin embargo, las mujeres musulmanas practicantes mantienen en una mayor proporción la lactancia materna hasta los dos años de edad de la criatura porque así se indica en el Corán. En las mujeres cristianas, independientemente de que se identifiquen como practicantes o no, no suele ocurrir así.

El apoyo que las mujeres reciben por parte de sus parejas y familiares también ayuda a continuar con la lactancia. A este respecto, para todas mujeres, “la tradición del biberón” familiar influye en el abandono de esa práctica. La pareja y la madre son personas fundamentales para el abandono o continuidad del amamantamiento, a quienes hay que añadir la suegra en el caso de las mujeres musulmanas.

Las recomendaciones y experiencias de la suegra pueden decantar tanto el abandono como la continuidad de este tipo de alimentación. En este sentido, las mujeres musulmanas cuentan, además de con el mandato coránico, lo que genera una mayor influencia social y apoyo.

Tener conocimientos sobre lactancia materna también contribuye. Es en el programa de preparación al parto y la maternidad donde este conocimiento se puede adquirir, a partir de la información proporcionada por el personal de matronería. Sin embargo, las mujeres musulmanas acuden en menor medida a este tipo de atención que se oferta. En cambio, las mujeres cristianas que sí suelen acudir, sobre todo si se trata de su primer embarazo, aseguraron que les proporciona seguridad a la hora de comenzar a dar lactancia materna, las empoderaba y les hacía aumentar la confianza en sí mismas para poder hacerlo.

Queda mucho trabajo por delante

Los organismos internacionales y nacionales en materia de salud dicen que la lactancia materna es la mejor forma para alimentar a una criatura. A pesar de que hay organizaciones de profesionales de la sanidad que trabajan por ello, los motivos de su abandono siguen siendo los mismos. La incorporación al trabajo o creer que la leche producida no alimenta, son algunos de ellos.

Además, sigue sin haber profesionales de la matronería de referencia, tanto en atención primaria como en atención hospitalaria, cuya función principal sea dedicar el tiempo necesario a concienciar, ayudar y acompañar a las embarazadas y madres. Todo ello terminaría repercutiendo en un ahorro para la madre, la familia, el sistema sanitario y el medio ambiente en general, con independencia de la religión que profesen las familias.

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Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. Cuando el Corán coincide con la OMS: así influye la religión en la lactancia materna – https://theconversation.com/cuando-el-coran-coincide-con-la-oms-asi-influye-la-religion-en-la-lactancia-materna-264825