¿Los humanos somos la única especie en que las hembras se acicalan en el cortejo?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Gloria Fernández Lázaro, Profesor e investigador en Comportamiento animal y Psicología comparada, Universidad Autónoma de Madrid

Macho de lagarto “Spider-man” (_Agama mwanzae_). Lourdes Castro / Unsplash., CC BY

Si consideramos la palabra “arreglarse” como “acicalarse” o “engalanarse”, es decir, adornar o complementar la propia apariencia para mejorarla de cara al cortejo, ni la melena del león, ni los colores de los machos de muchas aves, reptiles o anfibios son atributos que añadan ellos mismos, simplemente nacen con ellos y reciben el nombre de ornamentos.

Macho de ciervo rojo.
Bill Ebbesen / Wikimedia Commons., CC BY

Es verdad que esta apariencia ha sido moldeada por la evolución a través de lo que Darwin definió como la teoría de la selección sexual en 1871. Tanto la alimentación como el estado físico del individuo juegan un papel muy importante en el desarrollo y mantenimiento de estos atributos. Por ejemplo, en las astas de los ciervos, una buena dieta es crucial para que crezcan grandes y sanas y puedan competir por el acceso a las hembras. Sin embargo, ¿podríamos concluir que por tanto se “arreglan” más que las hembras? Yo diría que no.

Diferencias entre sexos

Este dimorfismo sexual (diferencias físicas notables entre los sexos de una especie) responde generalmente a una competición durante el cortejo para ganar el acceso a la reproducción. Dicha competición no siempre implica un rasgo físico (ornamento o armamento) sino que también puede responder a una habilidad cognitiva (mental y comportamental).

Esto queda patente, por ejemplo en determinadas aves y la complejidad de los nidos o bailes que realizan para el cortejo. Otro ejemplo llamativo es del pez globo japonés, cuyos machos crean una estructura bajo el agua para que las hembras dejen sus huevos bajo su cuidado.

El pez globo japonés crea una estructura bajo el agua para que la hembra deje sus huevos bajo su cuidado.

Sin embargo, parece que es más común que los machos compitan durante el cortejo, ¿por qué? La razón está en la asimetría fundamental del sexo: los gametos femeninos (óvulos) son mucho más grandes, caros de producir y menos numerosos que los masculinos (espermatozoides).

Esto lleva a lo que de forma general se denominó el principio de Bateman (1948), según el cual las hembras suelen elegir mucho con quien aparearse y los machos compiten por el acceso a las hembras siendo más promiscuos. ¿Esto siempre es así? No.

Los machos compiten y las hembras eligen… no siempre

Hoy en día, sabemos que hay bastantes excepciones a este principio. Por ejemplo, se creyó durante bastante tiempo que muchas aves eran monógamas. Sin embargo hoy sabemos que, aunque alrededor del 80 % de las aves se consideran monógamas sociales –es decir, forman una pareja con un vínculo de larga duración para el cuidado de la puesta–, en un 75 % de las especies, las hembras participan de cópulas externas.

Asimismo, hay casos en que son las hembras las que tienen que competir por el macho. Por ejemplo, en una especie de pez pipa (Syngnathus scovelli), las hembras presentan unas rayas plateadas a lo largo del abdomen y, en función de su número y longitud, son seleccionadas por los machos, quienes incubarán y cuidarán a las crías.

Por poner un último ejemplo más cercano a nosotros, se ha visto en primates no humanos que las hembras de monos capuchinos son las que tienen que llamar la atención del macho dominante para que se aparee con ellas.

Como explicaba el primatólogo Frans de Waal en su libro Diferentes. Lo que los primates nos enseñan sobre el género, la idea general del apareamiento como liderado por machos (competición, jerarquía, dominancia, mayor impulso sexual) y hembras –incluidas las mujeres– con un papel más pasivo (selectivas, menos impulso sexual, más monógamas) encajaba demasiado bien en los prejuicios culturales que los humanos llevamos siglos albergando.

Mujeres y hombres no somos tan diferentes

Así que, volviendo a nuestra especie, podemos preguntarnos si somos las hembras las que se arreglan más que los machos. Pues yo diría que tampoco.

Estudios recientes demuestran que o bien no hay diferencias entre hombres y mujeres o la diferencia en el tiempo empleado en estos comportamientos –maquillarse o usar otros cosméticos, arreglarse el cabello, vestirse con estilo, cuidar la higiene corporal y hacer ejercicio o seguir una dieta específica con el propósito específico de mejorar el atractivo físico– es solo ligeramente superior de media en las mujeres (4 horas al día frente a 3,6 horas al día de los hombres).

Un dato curioso de este último estudio realizado con 93 158 participantes humanos en 93 países, fue que uno de los indicadores más fiables de los comportamientos que aumentan el atractivo fue el uso de las redes sociales, dejando claro el alto impacto que el medio social y cultural tiene en nuestro comportamiento, por encima de otros como el género.

Y es que los humanos compartimos muchas más cosas con el resto de los animales de las que pensamos, y ni ellos están tan alejados, ni nosotros somos tan únicos. Ojalá que todo esto nos sirva para tener un comportamiento más empático y respetuoso no solo entre nosotros mismos, sino con el planeta y el resto de los seres que habitan con nosotros.

The Conversation

Gloria Fernández Lázaro no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ¿Los humanos somos la única especie en que las hembras se acicalan en el cortejo? – https://theconversation.com/los-humanos-somos-la-unica-especie-en-que-las-hembras-se-acicalan-en-el-cortejo-272281

La mente en modo ‘bajo consumo’: ¿para qué pensar si la IA ya lo hace?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Anita Feridouni Solimani, Profesora y apoyo a la coordinación en el Departamento de Tecnologías de la Información y Comunicación Aplicadas a la Educación de la UNIR. Docente en Tecnologías Educativas y Competencias Digitales., UNIR – Universidad Internacional de La Rioja

Imagen de la primera termporada de _Pluribus_, de Vince Gilligan. Apple TV

Imaginemos que un día dejásemos de pensar. No porque alguien nos lo prohibiese ni porque fuésemos incapaces, sino porque ya no hiciese falta, porque existiese algo que decidiese por nosotros de forma más rápida, amable y peligrosamente convincente. Elegir se volvería innecesario; dudar, una pérdida de tiempo.

Esta idea aparece en una serie popular reciente, Pluribus, creada por Vince Gilligan, que plantea un mundo en el que las decisiones individuales se diluyen en una especie de mente colectiva. No como una amenaza violenta, sino como una solución cómoda y funcional.

Algo muy parecido empieza a suceder con nuestra forma de pensar. La incorporación de la inteligencia artificial (IA) a la vida cotidiana no es solo un avance tecnológico que optimiza tareas. Es también una transformación profunda de los procesos mediante los cuales decidimos, razonamos y creamos. Así, la IA generativa comienza a ocupar un lugar ambiguo: es a la vez una herramienta poderosa y una muleta tentadora.

Delegar en ella puede llevarnos antes a la meta, pero abre una pregunta más inquietante: ¿qué ocurre con nuestras capacidades cognitivas cuando dejamos de recorrer el camino?

El riesgo de pensar en modo de bajo esfuerzo

La ficción de Gilligan no presenta esta disolución como una elección consciente, sino como una irrupción súbita: una inteligencia ajena que se propaga y uniformiza el pensamiento. A partir de ese hecho, la duda deja de actuar como motor del pensar y el conflicto interior se apaga. La subjetividad no se anula por imposición, sino por sustitución.

Un hombre y una mujer hablan bajo un paraguas un día soleado.
Pocos seres humanos en Pluribus se consiguen ‘salvar’ de la mente conjunta.
Apple TV

En el plano de lo real, la neurociencia comienza a identificar un fenómeno inquietantemente similar bajo el concepto de sedentarismo cognitivo. La delegación sistemática de tareas cognitivas no solo amenaza nuestra autonomía y pensamiento crítico, sino que permite a la IA operar como una infraestructura que accede al inconsciente para condicionar el comportamiento. Resulta entonces imperativo proteger los derechos del yo inconsciente, una advertencia que resuena en numerosos estudios y críticas de la literatura actual. Esta preocupación no es solo teórica: la evidencia científica reciente aporta datos que la respaldan.

Un estudio del MIT Media Lab ofrece una pista empírica sobre lo que ocurre cuando el pensamiento se delega por completo. Los participantes que confiaron íntegramente en herramientas de IA generativa para escribir mostraron una menor activación de las áreas cerebrales implicadas en la memoria y el razonamiento. El efecto más revelador fue conductual: la mayoría no logró recordar ni explicar el contenido que acababa de producir. Sin esfuerzo cognitivo, la información no se integra; simplemente pasa.

El propio estudio pone estos resultados en perspectiva al compararlos con investigaciones previas sobre el uso de buscadores. Buscar información obliga a leer, evaluar, descartar y tomar decisiones, un proceso que mantiene activa la mente y refuerza la sensación de autoría. Cuando ese recorrido desaparece y el resultado llega ya cerrado, no solo cambia lo que sabemos sino cómo aprendemos a pensar.

La trampa de la pereza metacognitiva

El problema, por tanto, no es solo el olvido de datos, sino una transformación más profunda en la forma de procesar la información. La literatura científica describe este fenómeno como pereza metacognitiva: la tendencia a delegar no solo la ejecución, sino también la planificación y el control del propio pensamiento.

Un estudio experimental, publicado en el British Journal of Educational Technology, muestra con claridad esta paradoja. Los estudiantes que utilizaron ChatGPT obtuvieron mejores calificaciones en sus trabajos, pero no aprendieron más que quienes no lo usaron. El producto final mejora, pero la formación no progresa. La explicación apunta a una alteración del aprendizaje autorregulado (SRL): al recibir respuestas ya estructuradas, los sujetos reducen el esfuerzo de planificación y elaboración cognitiva, limitándose a una edición superficial.

Desde una perspectiva sociológica, esta dinámica se refuerza con lo que Michael Gerlich denomina “descarga cognitiva” (cognitive offloading). A partir del análisis de 666 participantes, su estudio muestra una correlación clara: cuanto mayor es la delegación de tareas mentales en la IA, menor es el uso del pensamiento crítico. El riesgo, concluye Gerlich, no es que la tecnología piense por nosotros, sino que nos acostumbre a evitar el esfuerzo analítico necesario para evaluar la información de forma independiente.


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No todo está perdido: diseñar fricciones deseables

La solución no es el rechazo, sino introducir intencionalmente fricciones deseables: utilizar la IA para generar retos y contraejemplos que nos obliguen a cuestionar la información y a resistir la aceptación automática de los patrones que los algoritmos refuerzan. Estos patrones tienden a crear cámaras de eco y a homogeneizar opiniones, no porque la IA piense por sí misma, sino porque somos nosotros quienes la usamos de forma cómoda y confirmatoria.

Para superar este riesgo, algunos estudios sobre epistemologías alternativas proponen estrategias para diversificar y confrontar la producción de conocimiento frente a la tendencia de los algoritmos a homogeneizar el pensamiento.

Desde esta perspectiva, resulta especialmente relevante la propuesta de Lara y Deckers sobre la “mejora socrática”. Su objetivo no es atribuir agencia moral a la tecnología, sino reintroducir la responsabilidad humana en la interacción. El riesgo no es que la máquina decida por nosotros, sino que dejemos de decidir al aceptar respuestas alineadas con la media o con aquello que confirma nuestra posición.

La resistencia no consiste en oponerse a la tecnología, sino en cambiar nuestra forma de usarla. En lugar de pedirle a la IA una confirmación cómoda –como “explícame por qué esta medida política es positiva”–, que suele generar respuestas previsibles, resulta más útil interactuar de forma crítica. Por ejemplo, pedirle que analice supuestos implícitos, identifique contradicciones entre efectos sociales y valores defendidos, y formule objeciones o preguntas que nos hagan reconsiderar nuestra postura. Así, la IA no sustituye el juicio humano, sino que lo activa.

La soberanía de la individualidad

La estandarización algorítmica tiende a crear una uniformidad digital que deja de lado lo auténtico en favor de lo predecible.

Si no reclamamos nuestra autonomía mental, corremos el riesgo de convertirnos en la versión simplificada de usuarios que la tecnología espera que seamos. El desafío no es competir con la capacidad de cálculo de la máquina, sino utilizarla de un modo que libere nuestra reflexión crítica, permitiendo que la eficiencia tecnológica enriquezca la experiencia humana sin reemplazar el pensamiento propio.

The Conversation

Anita Feridouni Solimani no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. La mente en modo ‘bajo consumo’: ¿para qué pensar si la IA ya lo hace? – https://theconversation.com/la-mente-en-modo-bajo-consumo-para-que-pensar-si-la-ia-ya-lo-hace-273316

El gráfico que muestra la relación entre migración y economía en España

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Mar Rubio Varas, Catedrática de Historia e Instituciones Económicas, (UPNA). Investigadora del Institute for Advanced Research in Business and Economics (INARBE), Universidad Pública de Navarra

Sach336699/Shutterstock

Con el anuncio del Gobierno español de la regularización de inmigrantes llegados al país antes del 31 de diciembre de 2025, vuelve una pregunta que parece sencilla pero que esconde una trampa lógica: ¿la gente emigra a España porque crece su economía, o crece la economía española por la llegada de inmigrantes?

Para conseguir una respuesta, los datos históricos desde 1960 hasta 2025 ofrecen claves explicativas importantes. Cuando se cruzan los saldos migratorios netos (la diferencia entre el número de personas que entran y el número de personas que salen) con el crecimiento del PIB en seis décadas, vemos que la inmigración ha sido una consecuencia del ciclo económico, no su causa. Pero eso no significa que este fenómeno vaya a ser irrelevante para el futuro de la economía española.

Cuando eran los españoles los que se iban

Durante los años sesenta se vivió el milagro económico español. En un despegue económico espectacular, el PIB creció a tasas superiores al 7 % anual. Sin embargo, al observar los números migratorios de entonces, vemos que España no atraía inmigrantes. Al contrario, eran los españoles quienes se iban. Cientos de miles de españoles emigraban a Alemania, Suiza, Francia y Bélgica buscando mejores salarios y oportunidades.

¿Por qué? Porque aunque la economía crecía, el crecimiento no se traducía en salarios competitivos a nivel europeo ni en suficientes empleos de calidad. Mientras la economía expandía el PIB, la población activa se contraía. Este patrón es la evidencia más clara de que la migración es una consecuencia de la situación relativa del país y de los ciclos económicos, no su motor. La gente no responde al PIB nacional promedio sino que responde a sus oportunidades personales.

Crecimiento económico y migración en España 1960-2025.
1960-2022: Datos históricos basados en el Instituto Nacional de Estadística (INE). 2023 (Final): Datos finales publicados por el INE. 2024-2025 (Estimados): Proyecciones del INE para el Saldo Migratorio y previsiones de consenso (ej. Banco de España, FMI), CC BY-NC

El gran giro: de emigrantes a inmigrantes

El cambio de dirección llegó a finales de los noventa. Entre 1998 y 2007, España experimentó lo que podríamos llamar el gran boom económico. El crecimiento fue robusto y prolongado. Fue entonces cuando los flujos migratorios se invirtieron de forma espectacular.
El saldo migratorio neto (diferencia entre quien llega y quien se va) se disparó. A principios de los 2000, España registraba inmigrantes netos de entre 300 000 y 600 000 personas anuales. ¿La razón? La economía crecía, había demanda de trabajo en sectores como la construcción, la hostelería, los servicios. Los inmigrantes llegaban no porque alguien los trajera, sino porque sus redes informales –amigos, familiares– les comunicaban que en España había trabajo.

Aquí es importante mencionar que en esos años hubo también cambios legislativos importantes. Entre 1991 y 2000, España realizó regularizaciones extraordinarias de trabajadores extranjeros que ya estaban en el país de forma irregular. Los procesos de regularización de principios de siglo, asociados a la Ley de Extranjería promulgada en el año 2000, permitió legalizar a centenares de miles de personas que ya vivían en España. Esto explica algunos de los picos tan pronunciados en las estadísticas oficiales de inmigración. Pero esos números reflejan, principalmente, la conversión de irregularidad a regularidad de una población que ya estaba aquí.

La crisis: cuando se invirtió el flujo

Luego llegó 2008 y la Gran Recesión. El PIB se desplomó con caídas de dos dígitos. El desempleo se multiplicó. Y los flujos migratorios se invirtieron de nuevo.
Entre 2012 y 2014, el saldo migratorio se volvió negativo. Salía más gente de España que la que entraba. Decenas de miles de inmigrantes que habían llegado en los años de bonanza se iban, principalmente a sus países de origen o a otros países europeos. Al mismo tiempo, españoles jóvenes emigraban en busca de oportunidades que la crisis les había arrebatado.

Este patrón no es anecdótico. Es la confirmación de que la inmigración responde a ciclos económicos reales. Cuando hay trabajo, llega gente. Cuando no lo hay, se va.

La recuperación y el dilema presente

A partir de 2015, la economía española se recuperó. Y con ella volvió la inmigración neta positiva. Desde entonces, el saldo migratorio ha registrado cifras cada vez más altas. En 2022-2023, España registró inmigrantes netos de entre 500 000 y 600 000 personas anuales.

La pregunta política que esto ha generado es la que se plantea en redes: “¿Crece la economía porque vienen inmigrantes o vienen inmigrantes porque crece la economía?” Hay un germen de verdad en ambas proposiciones, pero la pregunta está mal formulada.

Históricamente, la inmigración ha sido una consecuencia de oportunidades económicas, no su causa directa. Pero en el contexto demográfico actual de España –uno de los índices de natalidad más bajos de Europa, una población envejecida, una pirámide de edad invertida– la llegada de inmigrantes se ha vuelto estructuralmente necesaria.

Expliquemos porqué.

Cuando la inmigración se vuelve necesaria

España tiene un grave problema demográfico. La tasa de natalidad es de las más bajas de la OCDE. Cada mujer española tiene, en promedio, 1,1 hijos. Para mantener una población estable se necesitan 2,1. Sin inmigración, la población activa de España –aquella que genera riqueza, paga impuestos y sostiene la Seguridad Social– comenzaría a contraerse en términos absolutos.

Las consecuencias son claras. Menos población activa significa menos trabajadores cotizando a la Seguridad Social para sostener el sistema de pensiones de una población cada vez más envejecida. Significa menos demanda interna, menos consumo, menos actividad económica. El crecimiento económico de los países está directamente ligado a disponer de población en edad de trabajar. Y en España, sin inmigración neta positiva, esa población simplemente no existirá.

Así pues, mientras que históricamente la inmigración fue una consecuencia de la prosperidad, hoy es una condición para mantenerla. La economía sigue atrayendo inmigrantes porque tiene oportunidades que ofrecer. Pero esos inmigrantes son ahora estructuralmente necesarios para que esas oportunidades sigan existiendo.

El verdadero indicador: cuándo preocuparse

Así que volvamos a la pregunta inicial, reformulada: ¿Es la inmigración un motor o un barómetro de la economía?

La respuesta es que es ambas cosas. Es un barómetro, porque responde sensiblemente a ciclos económicos. Eso queda demostrado en seis décadas de datos: cuando la economía funciona, llega gente; cuando se detiene, se van.

Pero es también un motor porque, en el contexto actual, la población inmigrante es lo que permite que el crecimiento económico español sea sostenible a largo plazo. Sin esa reposición de la población activa, la espiral demográfica española sería inexorablemente peor.

El verdadero indicador de alarma no es que lleguen muchos inmigrantes a España: es que dejen de llegar. Sí sería preocupante que el saldo migratorio neto se detuviera o cayera significativamente. No porque la inmigración sea “el problema” para España, sino porque sería la evidencia de que España ha dejado de ser atractiva para los trabajadores, nacionales o internacionales. Y eso sería un síntoma de una economía en deterioro terminal.

Conclusión: el debate necesario

España necesita un debate sobre inmigración que descanse en datos, no en creencias y estereotipos. Los números muestran que la inmigración es una consecuencia natural de ciclos económicos, ningún misterio. Pero también muestran que, en la España actual, esa inmigración es una necesidad demográfica y económica.

Así que la pregunta correcta no debería ser si la inmigración causa o es causada por el crecimiento. La pregunta debería ser: ¿cómo gestionamos e integramos la inmigración de forma que sea beneficiosa para todos? Y antes que eso, ¿cómo mejoramos la cohesión social y la igualdad de oportunidades en un país que necesita a los inmigrantes, pero donde también viven millones de personas que sienten que se han quedado atrás?

Esas son las preguntas que los números sugieren que la sociedad española se debería estar haciendo.

The Conversation

Mar Rubio Varas no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. El gráfico que muestra la relación entre migración y economía en España – https://theconversation.com/el-grafico-que-muestra-la-relacion-entre-migracion-y-economia-en-espana-271278

Claves que debemos conocer sobre el peligroso virus Nipah

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Raúl Rivas González, Catedrático de Microbiología. Miembro de la Sociedad Española de Microbiología., Universidad de Salamanca

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Un nuevo brote del letal virus Nipah, registrado en el estado indio de Bengala Occidental, ha hecho saltar las alarmas. Hasta la fecha hay dos casos confirmados. Ambos son enfermeros, una mujer y un hombre, de entre 20 y 30 años, que trabajan en el mismo hospital privado de Barasat, a unos 25 kilómetros del centro de Calcuta, una de las ciudades más densamente pobladas del mundo.

La posibilidad de que el virus pase de un entorno rural/semiurbano a una metrópolis con conexiones globales preocupa, con razón, a las autoridades sanitarias.

Tras la confirmación, fue activada una amplia respuesta de salud pública, identificando, rastreando, monitoreando y realizando pruebas a un total de 196 personas que tuvieron contacto con los casos confirmados. De momento, todos los contactos han permanecido asintomáticos y dieron negativo en las pruebas de detección.

India ha sido testigo de al menos ocho brotes del virus Nipah desde 2001, tres en Bengala Occidental y cinco en Kerala.

El gobierno de este país está trabajando para evaluar las medidas preventivas ante el brote, pero advierte de que los datos disponibles sugieren que no hay motivo de alarma para la población general. De hecho, la Organización Mundial de la Salud (OMS) evalúa como moderado el riesgo para la salud pública a nivel subnacional, mientras que lo considera bajo a nivel nacional, regional y global, al no haberse detectado propagación fuera del área afectada.

Un virus extremadamente peligroso

El virus Nipah es un patógeno zoonótico emergente que pertenece al género Henipavirus y a la familia Paramyxoviridae y que causa encefalitis febril grave. Tiene ARN monocatenario (de cadena sencilla) de polaridad negativa. Debido a su tiempo de generación extremadamente corto y a su evolución más rápida, los virus ARN muestran una mayor probabilidad de infección de nuevas especies hospedadoras. Son considerados uno de los principales factores responsables de entre el 25 % y el 44 % de las enfermedades infecciosas emergentes recientes.

Las infecciones con el virus Nipah fueron descritas por primera vez durante los brotes epidémicos que afectaron a criadores de cerdos de Malasia y Singapur entre 1998 y 1999. Su nombre proviene de Sungai Nipah, un pueblo de la península de Malasia donde vivían los criadores de cerdos que enfermaron de encefalitis. Este episodio no solo provocó casi 300 casos y más de 100 muertes en humanos, sino que también generó un impacto económico sustancial, ya que hubo que sacrificar más de un millón de cerdos para ayudar a controlar el brote.

El índice de casos mortales en los diversos brotes registrados hasta la fecha ha variado del 33 % hasta aproximadamente el 75 %, lo que indica que nos enfrentamos a un virus muy peligroso. Además, se estima que el 25 % de los supervivientes padece deficiencias neurológicas residuales.

Síntomas iniciales similares a la gripe

Aunque algunos casos de infección por virus Nipah pueden ser asintomáticos o leves, la mayoría de los infectados experimentan encefalitis y una afectación predominantemente respiratoria, ambos con alta mortalidad.
Los síntomas iniciales son similares a los de la gripe, con fiebre alta, dolor de cabeza y mialgia. Algunos pacientes presentan somnolencia, desorientación y convulsiones. Muchos entran en coma.

Hasta el momento, se han registrado al menos 760 casos de virus Nipah en humanos en todo el mundo, con el resultado de 437 muertes en cinco países: Bangladesh, India, Malasia, Filipinas y Singapur.

¿Cómo se transmite?

Los murciélagos frugívoros del género Pteropus, los llamados zorros voladores, son los reservorios principales del virus. Pueden transmitir el patógeno a través de los excrementos y de la saliva. La transmisión puede ocurrir de murciélagos a humanos o a través de cerdos, que son los huéspedes intermediarios, pero también de humano a humano. La propagación entre personas genera preocupación sobre la posibilidad de que el virus Nipah sea capaz de causar una nueva pandemia mundial.

Existen tres vías de transmisión principales: el consumo de alimentos contaminados, el contacto con fluidos corporales humanos o animales infectados y la exposición a gotitas o aerosoles. La forma habitual de contagio en personas es mediante el consumo de alimentos contaminados que han estado expuestos a los murciélagos o por contacto directo con animales domésticos infectados –en particular, cerdos–, probablemente a través de las membranas mucosas.

Cuidado con el invierno y las bebidas contaminadas

Una de las fuentes más probables de infección en los brotes que han ocurrido en Bangladesh (donde el patógeno fue reconocido por primera vez en 2001) y en la India es el consumo de jugo de palmera datilera, muy popular en varios países asiáticos.

Por desgracia, también es muy apreciado por los murciélagos frugívoros que por la noche sobrevuelan las plantaciones lamiendo la savia derramada por las palmeras y que los oriundos recolectan a través de un cuenco sujeto al tronco. Asimismo, es probable que estos animales orinen o defequen cerca del cuenco. Cada día, a primera hora de la mañana, los vendedores locales comienzan a mercadear con el jugo fresco y sin pasteurizar, provocando, sin querer, un potencial brote de virus Nipah.

La savia cruda de palmera datilera, conocida localmente como khejur-er rosh, es una bebida tradicional milenaria en las zonas rurales de Bangladesh y del estado indio de Bengala Occidental. El costo de este jugo es muy bajo y posee un sabor agradable, distintivamente dulce.

La savia se extrae durante todo el año para diversos usos, pero su consumo es muy estacional. Solo se toma fresca y cruda a primera hora de la mañana durante los meses de invierno, de noviembre a abril, en la conocida como la “temporada de la savia”. Por eso allí los brotes de virus Nipah se producen según un patrón estacional predecible, generalmente de diciembre a abril, coincidiendo con la temporada alta de recolección de savia cruda de palmera datilera.

En el punto de mira

Hoy en día, el virus Nipah es una amenaza preocupante y por ello ha sido clasificado como patógeno de Grupo de Riesgo 4/ BSL4, el más alto que existe.

En la actualidad, no existen medicamentos ni vacunas específicos aprobados para la infección por el virus Nipah. Se recomiendan cuidados paliativos intensivos para tratar las complicaciones respiratorias y neurológicas graves. Las iniciativas de salud pública deben centrarse en la concienciación sobre los factores de riesgo, la promoción de medidas preventivas para reducir la exposición al virus y la detección temprana de casos, con el apoyo de cuidados paliativos intensivos adecuados.

Por su parte, la OMS enfatiza la importancia de la prevención y el control de infecciones en entornos de atención médica, así como la concienciación comunitaria para reducir los riesgos de exposición. Los mensajes clave de salud pública incluyen reducir la transmisión de murciélagos a humanos impidiendo que esos animales accedan a la savia de la palmera datilera, hirviendo la savia recién recolectada, lavando y pelando bien las frutas, desechando las frutas con signos de mordeduras de murciélagos y evitando las áreas donde estos descansan.

También conviene mantener a los animales domésticos, especialmente a los cerdos, alejados de los árboles donde descansan los murciélagos en las zonas de riesgo. Sin olvidar el uso de ropa y guantes protectores al manipular animales enfermos o durante el sacrificio selectivo.

Conviene, igualmente, evitar el contacto cercano sin protección con personas infectadas y practicar una higiene de manos regular. Es prudente realizar protocolos funerarios seguros en áreas con brotes activos y fortalecer el control de las infecciones en entornos de atención de salud, incluida la ventilación adecuada, la evaluación de riesgos y el uso de equipo de protección personal apropiado al atender casos sospechosos o confirmados.

Tratamientos y vacunas en marcha

Por fortuna, existen tratamientos en desarrollo y en evaluación que pueden resultar útiles para combatir las infecciones por el virus Nipah. Uno de ellos es el anticuerpo monoclonal humano M 102.4, que en 2020 completó los ensayos clínicos de fase 1 y ha sido utilizado con carácter compasivo (autorizado de modo excepcional). También el anticuerpo monoclonal humano Hu1F5 ha demostrado una eficacia superior a M 102.4 en modelos de primates no humanos y ahora está avanzando a la evaluación de fase 1 en los EE. UU.

Por su parte, el fármaco antiviral redemsivir se ha revelado eficaz en primates no humanos cuando ha sido administrado como profilaxis post-exposición. Los datos actuales proporcionados por el modelo animal respaldan el posible ensayo en humanos para M 102.4, Hu1F5 y remdesivir, ya sea solos o en combinación.

Además, existen varias vacunas en desarrollo, como la basada en el vector ChAdOx1. La Universidad de Oxford ha utilizado la vacuna ChAdOx1 NipahB para lanzar, en diciembre de 2025, el primer ensayo clínico de fase II del mundo de una vacuna candidata contra el virus Nipah.

Otra vacuna experimental contra el virus Nipah, la mRNA-1215, basada en ARNm, está siendo probada, con buenas expectativas, en adultos sanos de entre 18 y 60 años.

Y por último, están en marcha ensayos con una vacuna vectorial viva, atenuada y recombinante del virus de la estomatitis vesicular PHV02.

Considerando las herramientas actuales, es posible que pronto tengamos estrategias eficaces para luchar contra el virus Nipah. Pero de momento, la prevención sigue siendo nuestra defensa más fuerte contra este patógeno.

The Conversation

Raúl Rivas González no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Claves que debemos conocer sobre el peligroso virus Nipah – https://theconversation.com/claves-que-debemos-conocer-sobre-el-peligroso-virus-nipah-274855

¿Está el sistema sanitario preparado para abordar las enfermedades cardiovasculares desde una perspectiva de género?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By María Jesús Rojas Ocaña, Profesora de envejecimiento y calidad de vida, Universidad de Huelva

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Las enfermedades cardiovasculares son la primera causa de muerte en el mundo, con más de 20 millones de fallecimientos anuales. Desde hace tiempo han sido abordadas como una enfermedad masculina en la investigación médica. Como consecuencia, las mujeres han sido diagnosticadas y tratadas de manera similar a los hombres, sin tener en cuenta las diferencias de género y sexo. Además, presentan síntomas atípicos, que a menudo se confunden con síntomas emocionales, lo que complica su detección temprana.

Por otro lado, la menor representación de mujeres en los ensayos clínicos dificulta reunir suficiente evidencia.

Todo esto se traduce en una menor concienciación, prevención y vigilancia de la salud de las enfermedades cardiovasculares femeninas.

Cuando hablamos de género y corazón, nos referimos tanto al sexo biológico como al género, entendido como el contexto social y cultural. Ambos aspectos se combinan y forman un binomio clave a la hora de diferenciar los riesgos, los síntomas y los cuidados cardiovasculares de hombres y mujeres.

Sexo: biología y corazón

El sexo condiciona ciertas características biológicas que repercuten en la salud cardíaca. Por un lado, los estrógenos protegen parcialmente a las mujeres antes de la menopausia. Por ese motivo, muchos eventos cardiovasculares aparecen entre 5 y 10 años más tarde que en los varones.

Por otro lado, existen factores de riesgo exclusivos o más frecuentes en el sexo femenino (diabetes gestacional, trastornos hipertensivos del embarazo, menopausia precoz y síndrome de ovario poliquístico que modifican el riesgo cardiovascular en ciertas etapas de la vida.

Género: rol social

El género, entendido como rol social, influye en la actividad física, el consumo de fármacos, alcohol y otros comportamientos de salud, así como en la manera de utilizar los servicios sanitarios (reconocimiento de síntomas, quién cuida a quién o cuánto se tarda en pedir ayuda).

En estas enfermedades, la perspectiva de género integra factores biológicos (hormonas, genética) y factores sociales como la doble carga de trabajo, el estrés o la precariedad laboral. Esta mirada permite explicar por qué, incluso con factores de riesgo “clásicos” similares, las mujeres son más vulnerables al efecto de la hipertensión, el tabaquismo o el bajo estatus socioeconómico y suelen presentar un peor pronóstico cardiovascular.

Diferencias biológicas: hormonas, corazón y vasos

Independientemente de la protección estrogénica con la que cuentan las mujeres, y que desaparece tras la menopausia, la fisiología del corazón es distinta. El tamaño del corazón femenino es, en promedio, un cuarto menor que el del corazón masculino. Las arterias principales también presentan diferencias importantes entre mujeres y hombres.

El diámetro y la longitud de los vasos suelen ser menores en las mujeres que en los hombres y el corazón femenino late más rápido, pero genera un gasto cardíaco menor. En consecuencia, se reduce la presión arterial, pero se produce un esfuerzo contráctil considerable. Debido a estas diferencias fisiológicas, las enfermedades cardiovasculares pueden evolucionar de forma diferente en las mujeres que en los hombres, y deben tratarse y detectarse de manera diferente.

Síntomas cardiovasculares en hombres y mujeres.

Factores de riesgo: los mismos… pero no igual

Los factores de riesgo tradicionales –hipertensión, diabetes, dislipidemia y tabaquismo– afectan a ambos sexos, pero sus impactos pueden variar entre hombres y mujeres debido a las diferencias biológicas descritas anteriormente. Sin embargo, las mujeres pueden tener factores “exclusivos”, que aumentan considerablemente el riesgo, como la diabetes gestacional y preeclampsia. Además de trastornos endocrinos en edad reproductiva, como el síndrome de ovario poliquístico (SOP) y la menopausia temprana.

Un infarto, ¿se detecta igual en ambos sexos?

Durante un ataque cardíaco, los hombres presentan los “clásicos síntomas” conocidos y estudiados por todos los sanitarios: dolor opresivo en el pecho, dolor que se extiende a los brazos, náuseas y sudor frío.

Sin embargo, las mujeres presentan principalmente dolor debajo del esternón, dolor abdominal, dificultad para respirar, náuseas y fatiga extrema. Estos síntomas pueden confundirse con problemas digestivos, emocionales de ansiedad o estrés, lo que puede dar lugar a que sean malinterpretados erróneamente, tanto por la propia paciente como por el profesional sanitario.

Como resultado, aparece un retraso en la sospecha de enfermedad cardiovascular, disminuye la rapidez de pruebas, se pospone el tratamiento y se produce un mayor daño del músculo cardiaco. La consecuencia es una mayor morbimortalidad en mujeres.

Factores condicionantes

En estas patologías, la variable tiempo resulta determinante. A medida que transcurre el episodio aumentan tanto la mortalidad como la morbilidad, por lo que es esencial garantizar un acceso rápido a una atención sanitaria cualificada. Sin embargo, existen diversos factores que contribuyen a la demora de atención.

Algunos de esos factores están vinculados a la propia paciente. Para empezar, muchas mujeres minimizan la gravedad de los síntomas, atribuyéndolos a causas banales, lo que retrasa la decisión de consultar al especialista. El hecho de ser mujer se relaciona con mayor edad al debut de estas patologías y con la presencia de patologías asociadas, lo que puede enmascarar el cuadro y dificultar su interpretación. Y como ya adelantamos, la diversidad y presentación atípica de los síntomas puede enmascarar la enfermedad y hacer que tanto la paciente como su entorno no perciban la verdadera gravedad del cuadro.

A esto se suma que un porcentaje importante de mujeres viven solas, debido al aumento de la esperanza de vida, lo que limita el apoyo inmediato para reconocer la urgencia y activar los servicios de emergencia.

Para colmo, en numerosas ocasiones las pacientes se desplazan en medios de transporte propios o de familiares, en lugar de usar los servicios de emergencia, lo que retrasa la valoración especializada.

Si a esto le sumamos que estas patologías se han considerado histórica y culturalmente “enfermedades de hombres”, es fácil entender por qué tendemos a infravalorar el riesgo en las mujeres y a retrasar su diagnóstico.

Por eso, en la práctica clínica, es determinante incorporar la perspectiva de género en valoraciones, protocolos, tratamientos y seguimiento de las patologías cardiovasculares. Además de un incremento en la participación de mujeres en las investigaciones clínicas que permitan elaborar recomendaciones específicas que reflejen mejor la realidad de su riesgo.

The Conversation

María Jesús Rojas Ocaña no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ¿Está el sistema sanitario preparado para abordar las enfermedades cardiovasculares desde una perspectiva de género? – https://theconversation.com/esta-el-sistema-sanitario-preparado-para-abordar-las-enfermedades-cardiovasculares-desde-una-perspectiva-de-genero-256509

La bicicleta es un medicamento urbano: es hora de tenerlo en cuenta al diseñar nuestras ciudades

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Xabier González Santamaría, Profesor Doctor en Ciencias de la Actividad Física y del Deporte en la Facultad de Educación y Deporte, Universidad de Deusto

Durante décadas moverse por la ciudad se ha entendido como un problema de tráfico, tiempo y eficiencia. La nueva Ley 9/2025 de Movilidad Sostenible, en vigor desde el 5 de diciembre de 2025, introduce un interesante cambio de mirada. Plantea un enfoque poco habitual en las políticas de movilidad: tratar los desplazamientos urbanos como una cuestión de salud pública.

Así, caminar y pedalear pasan a formar parte de una estrategia colectiva de prevención. En este marco, la bicicleta deja de ser ocio o activismo: se convierte en un medicamento urbano, capaz de reducir la mortalidad, prevenir enfermedades y transformar el entorno de las ciudades.

Como consecuencia, pedalear ya no constituye solo una elección individual: es una intervención sanitaria con efectos colectivos medibles.

Lo novedoso no es que la bicicleta sea saludable, algo ya bien conocido y estudiado. Lo nuevo es que una ley estatal asuma su papel como herramienta de salud pública, esté integrada en la vida diaria y con un impacto poblacional.

¿Por qué la bicicleta es como un ‘medicamento’?

La eficacia de la bicicleta reside en una doble acción. Actúa de forma simultánea sobre dos de los principales de agentes de la mortalidad evitable en las ciudades: la exposición a la contaminación atmosférica y la inactividad física.

La Agencia Europea de Medio Ambiente recuerda que la exposición a partículas finas PM2.5 se asocia cada año con alrededor de 23 000 muertes prematuras. A ellas se suman 6 800 atribuibles al dióxido de nitrógeno y 1 800 al ozono troposférico, contaminantes estrechamente ligados al tráfico rodado.

Este impacto se agrava con un modelo de movilidad centrado en el coche, que aumenta la contaminación y reduce la actividad física. Esto favorece el sedentarismo y eleva el riesgo de enfermedades cardiovasculares y metabólicas.

La Organizacion Mundial de la Salud subraya que caminar al menos 30 minutos al día o pedalear unos 20 minutos diarios reduce el riesgo de mortalidad general y cardiovascular en torno a un 10 %. En el caso de la diabetes tipo 2 y algunos tipos de cáncer, la reducción puede alcanzar el 30 %.

La importancia del diseño urbano

Convertir la bicicleta en una herramienta de salud publica exige diseñar ciudades donde pedalear sea seguro y viable. Para ello, la infraestructura protegida es determinante: circular por ciclovías segregadas se asocia con un riesgo de lesión hasta nueve veces menor que hacerlo en vías sin infraestructura ciclista.

En los rankings internacionales, como el Copenhagenize Index, las posiciones en cabeza de ciudades amigas de la bicicleta están dominadas por urbes como Copenhague, Ámsterdam, Utrecht, París y Viena.

En Copenhague, la bicicleta forma parte de la movilidad cotidiana desde hace décadas. Alrededor del 49 % de los desplazamientos al trabajo o a centros educativos se realizan pedaleando.

¿Y España?

El referente más cercano cuando hablamos de ciclovías es Vitoria-Gasteiz. Con una red de 120 km de carriles protegidos alcanza una cuota modal de bicicleta cercana al 8 %. Muy cerca se sitúa Valencia, con 225,7 km de carriles bici y 46,9 km de ciclocalles.

Otras ciudades muestran trayectorias reveladoras. En Barcelona, la red ciclista supera ya los 260 km de carriles bici, lo que se traduce en una puntuación elevada en el pilar de infraestructura (54,4).

Sevilla cuenta con cerca de 180 km de este tipo de vías. Sin embargo, su posición global refleja una pérdida de impulso frente a ciudades que han reforzado su apuesta en los últimos años.

Y aunque Zaragoza cuenta con alrededor de 130 km de carriles bici urbanos, registra el valor más bajo en el uso cotidiano (26,2) de esta comparativa, lo que evidencia un amplio margen para transformar una infraestructura existente en desplazamientos diarios efectivos.

En todos estos casos, la continuidad de la red es clave. No bastan los tramos aislados: lo decisivo es disponer de una infraestructura conectada que permita desplazamientos completos y funcionales.

Este cambio de enfoque abre una oportunidad clara para la acción profesional y educativa. La movilidad activa se integra en las políticas de bienestar y conecta ámbitos ligados a la salud, la sostenibilidad y el diseño urbano.

Un cambio educativo

En el ámbito educativo, la Ley 9/2025 refuerza un camino ya iniciado. Promueve desplazamientos seguros, autónomos y saludables desde edades tempranas. Ir al colegio caminando o en bicicleta se convierte en aprendizaje cotidiano, no en una actividad puntual. Este enfoque consolida el papel de la educación física en la adquisición de hábitos de movilidad activa que nos acompañen a lo largo de la vida.

Pero el compromiso va más allá de la escuela. Diseñar rutas seguras, impulsar programas comunitarios y liderar proyectos de movilidad activa requiere conocimiento del cuerpo, del esfuerzo y del entorno. Aquí se abre una oportunidad clara para las y los profesionales de la educación física y deportiva, llamados a asumir un papel activo en este ámbito.

En este sentido, reconocer a la bicicleta como medicamento urbano implica asumir que la salud de las ciudades no depende únicamente de hospitales, tratamientos o campañas sanitarias. Depende también de cómo se diseñan y se disfrutan los espacios cotidianos.

Cuando pedalear es seguro y fácil, moverse cada día se convierte en una forma natural de prevención integrada en la vida social.

La Ley 9/2025 abre una vía clara: tratar la movilidad como una política estructural de salud pública, con capacidad real para reducir la enfermedad, la desigualdad y la mortalidad evitable en las ciudades.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. La bicicleta es un medicamento urbano: es hora de tenerlo en cuenta al diseñar nuestras ciudades – https://theconversation.com/la-bicicleta-es-un-medicamento-urbano-es-hora-de-tenerlo-en-cuenta-al-disenar-nuestras-ciudades-273033

An ‘AI afterlife’ is now a real option – but what becomes of your legal status?

Source: The Conversation – Global Perspectives – By Wellett Potter, Senior Lecturer in Law, University of New England

ziphaus/Unsplash

Would you create an interactive “digital twin” of yourself that can communicate with loved ones after your death?

Generative artificial intelligence (AI) has made it possible to seemingly resurrect the dead. So-called griefbots or deathbots – an AI-generated voice, video avatar or text-based chatbot trained on the data of a deceased person – proliferate in the booming digital afterlife industry, also known as grief tech.

Deathbots are usually created by the bereaved, often as part of the grieving process. But there are also services that allow you to create a digital twin of yourself while you’re still alive. So why not create one for when you’re gone?

As with any application of new technology, the idea of such digital immortality raises many legal questions – and most of them don’t have a clear answer.

Your AI afterlife

To create an AI digital twin of yourself, you can sign up for a service that provides this feature, and answer a series of questions to provide data about who you are. You also record stories, memories and thoughts in your own voice. You might also upload your visual likeness in the form of images or video.

The AI software then creates a digital replica based on that training data. After you die and the company is notified of your death, your loved ones can interact with your digital twin.

But in doing this, you’re also delegating agency to a company to create a digital AI simulation of yourself after death.

From the get go, this is different to using AI to “resurrect” a dead person who can’t consent to this. Instead, a living person is essentially licensing data about themselves to an AI afterlife company before they’ve died. They’re engaging in a deliberate, contractual creation of AI-generated data for posthumous use.

However, there are many unanswered questions. What about copyright? What about your privacy?. What happens if the technology becomes outdated or the business closes? Does the data get sold on? Does the digital twin also “die”, and what effect does this have for a second time on the bereaved?

What does the law say?

Currently, Australian law doesn’t protect a person’s identity, voice, presence, values or personality as such. In contrast to the United States, Australians don’t have a general publicity or personality right. This means, for an Australian citizen, there’s currently no legal right for you to own or control your identity – the use of your voice, image or likeness.

In short, the law doesn’t recognise a proprietary right in most of the unique things that make you “you”.

Under copyright law, the concept of your presence or self is abstract, much like an idea is. Copyright doesn’t offer protection for “your presence” or “the self” as such. That’s because there has to be material form in specific categories of works for copyright to exist: these are tangible things, such as books or photos.

However, typed responses or the voice recordings submitted to the AI for training are material. This means the data used to train the AI to create your digital twin would likely be protectable. But fully autonomous AI generated output is unlikely to have any copyright attached to it. Under current Australian law, it would likely be considered authorless because it didn’t originate from the “independent intellectual effort” of a human, but from a machine.

Moral rights in copyright protect a creator’s reputation against false attribution and against derogatory treatment of their work. However, they wouldn’t apply to a digital twin. This is because moral rights attach to actual works created by a human author, not any AI-generated output.

So where does that leave your digital twin? Although it’s unlikely copyright applies to AI-generated output, in their terms and conditions companies may assert ownership of the AI-generated data, users may be granted rights in outputs, or the company may reserve extensive reuse rights. It’s something to look out for.

There are ethical risks, too

Using AI to make digital copies of people – living or dead – also raises ethical risks. For example, even though the training data for your digital twin might be locked upon your death, others will be accessing it in the future by interacting with it. What happens if the technology misrepresents the deceased person’s morals and ethics?

As AI is usually probabilistic and based on algorithms, there may be risk of creep or distortion, where the responses drift over time. The deathbot could lose its resemblance to the original person. It’s not clear what recourse the bereaved may have if this happens.

AI-enabled deathbots and digital twins can help people grieve, but the effects so far are largely anecdotal – more study is needed. At the same time, there’s potential for bereaved relatives to form a dependence on the AI version of their loved one, rather than processing their grief in a healthier way. If the outputs of AI-powered grief tech cause distress, how can this be managed, and who will be held responsible?

The current state of the law clearly shows more regulation is needed in this burgeoning grief tech industry. Even if you consent to the use of your data for an AI digital twin after you die, it’s difficult to anticipate new technologies changing how your data is used in the future.

For now, it’s important to always read the terms and conditions if you decide to create a digital afterlife for yourself. After all, you are bound by the contract you sign.

The Conversation

Wellett Potter is a member of the Copyright Society of Australia and the Asia-Pacific Copyright Association.

ref. An ‘AI afterlife’ is now a real option – but what becomes of your legal status? – https://theconversation.com/an-ai-afterlife-is-now-a-real-option-but-what-becomes-of-your-legal-status-274021

Firefighters face repeat trauma. We learned how to reduce their risk of PTSD

Source: The Conversation – Global Perspectives – By Meaghan O’Donnell, Professor and Head, Research, Phoenix Australia, Centre for Posttraumatic Mental Health, The University of Melbourne

In their day-to-day work, first responders – including police, firefighters, paramedics and lifesavers – often witness terrible things happening to other people, and may be in danger themselves.

For some people, this can lead to post-traumatic stress disorder (PTSD), which usually involves intrusive memories and flashbacks, negative thoughts and emotions, feeling constantly on guard, and avoiding things that remind them of the trauma.

But our research – which tested a mobile app focused on building resilience with firefighters – shows PTSD isn’t inevitable. We found depression, anxiety and PTSD symptoms were less likely when firefighters used a mental health program that was self-led, specifically addressed trauma and focused on teaching practical skills.

First responders’ mental health

First responders report high rates of psychiatric disorders and often have symptoms of depression (such as persistent feelings of sadness), anxiety (such as nervousness or restlessness) and post-traumatic stress (including distressing flashbacks).

Sometimes symptoms aren’t severe enough for a diagnosis.

But left untreated,these “sub-clinical” symptoms can escalate into PTSD, which can severely impact day-to-day life. So targeting symptoms early is important.

However, stigma – as well as concerns about confidentiality and career implications – can prevent first responders from seeking help.

What we already knew about building resilience

For the past decade, we have been testing a program designed to give people exposed to traumatic events the skills to manage their distress and foster their own recovery.

The “Skills for Life Adjustment and Resilience” (SOLAR) program is:

  • skills-based – it teaches people specific strategies and tools to improve their mental health
  • trauma-informed, meaning it has been designed for people who have been exposed to trauma, and avoids re-traumatisation
  • and has a psychosocial focus, focusing on what people can do in their relationships, behaviour and thinking to improve their mental health.

Participants complete modules focused on:

  • the connection between physical health and mental health
  • staying socially connected
  • managing strong emotions
  • engaging and re-engaging in meaningful activities
  • coming to terms with traumatic events
  • managing worry and rumination.

The SOLAR program trains coaches to deliver these modules in their communities. Importantly, these coaches don’t necessarily have specific mental health training, such as Australian Red Cross volunteers, community nurses and case workers.

What our new research did

The evidence shows the SOLAR program is effective at improving wellbeing and reducing depression, post-traumatic stress and anxiety symptoms.

But working with firefighters in New South Wales, they told us they wanted a self-led program they could complete confidentially, independently of their employer, and in their own time – a mobile app. So we wanted to test if the program would still be effective delivered this way.

A total of 163 firefighters took part in our recent randomised control trial, either using the app we co-designed with them, or a mood monitoring app.

A mood monitoring app tracks daily emotions to help understand patterns in how someone is feeling. There is evidence to show it can be useful for some people in reducing symptoms.

But this kind of app doesn’t teach a person practical skills that can be applied to different situations. And it does not specifically address stressful or traumatic experiences. So we wanted to test if taking a skills approach made a significant difference.

Four screenshots of the mobile app modules in progress.
The app was self-directed, so firefighters could complete modules in their own time.
Spark Digital

What we found

Eight weeks after they started using one of the two apps, we followed up with the firefighters.

The study found those who used the SOLAR app had significantly lower symptoms of depression, anxiety and post-traumatic stress, compared to those in the mood monitoring group.

We followed up with participants again three months after their post-treatment assessment.

We found:

  • depression was much lower in the group who learned practical skills about trauma, compared to those who used the mood monitoring app, and
  • anxiety and post-traumatic stress symptoms had reduced significantly for both groups since starting their program (but there was no real difference between them).

What does this mean?

Both apps improved mental health.

But the results show using the SOLAR app, which focused on building skills and specifically addressing trauma, reduced mental symptoms more quickly. It was especially useful for tackling depression longer term.

Firefighters also told us they liked the app. This is important – an app is only effective when people use it.

Around half of the firefighters started using it completed all the modules. This is much higher than usual for mental health apps. Typically, only around 3% of those who start using a mental health app complete them.

The more modules a firefighter completed, the more their mental health improved.

The takeaway

It’s common for firefighters and other first responders to struggle with mental health symptoms. Our study demonstrates the importance of intervening early and teaching practical skills for resilience, so that those symptoms don’t develop into a disorder such as PTSD.

A program that is self-led, confidential and evidence-based can help protect the mental health of first responders while they do the work they love, protecting us.

The Conversation

Meaghan O’Donnell (Phoenix Australia) receives funding from government funding bodies such as National Health and Medical Research Council, and Department of Veterans’ Affairs, and philanthropic bodies such as Wellcome Trust Fund (UK), Latrobe Health Foundation, and Ramsay Health Foundation. Funding for this study in this Conversation article was from icare, NSW.

Tracey Varker (Phoenix Australia) receives funding from government funding bodies such as Department of Veterans’ Affairs, and philanthropic foundations such as Latrobe Health Services Foundation. Funding for the study described in this Conversation article was from icare NSW.

ref. Firefighters face repeat trauma. We learned how to reduce their risk of PTSD – https://theconversation.com/firefighters-face-repeat-trauma-we-learned-how-to-reduce-their-risk-of-ptsd-269283

The penis evolved to be noticed – but the artful fig leaf has hidden it for centuries

Source: The Conversation – Global Perspectives – By Darius von Guttner Sporzynski, Professor of History, Australian Catholic University

Wawel Royal Castle National Art Collection, Kraków/Wikimedia Commons, CC BY

A new evolutionary study has found human penises are large compared with other primates: for two reasons. The first is reproduction. The second is that size works as a signal, attracting potential mates and intimidating rivals. In evolutionary terms, the penis is big because it is meant to be noticed.

That finding lands awkwardly in a world that has spent centuries hiding, shrinking, censoring or symbolically neutralising the penis whenever it becomes too visible.

A single object captures this tension between biological display and cultural embarrassment: the fig leaf.

The fig leaf’s story begins, as so many Western stories do, in Genesis. Adam and Eve eat from the tree of knowledge, realise they are naked, and stitch fig leaves together to cover themselves. Nakedness becomes linked with moral awareness, guilt and self-consciousness.

Nudity no longer neutral

Early Christian art absorbed this lesson. In late antique mosaics and medieval manuscripts, Adam and Eve clutch leaves over their groins with a mixture of alarm and regret. Nudity is no longer neutral. It signals sin, punishment, or humiliation. The only bodies shown naked are the damned.

A naked man and woman, touching hands, with fig leaves covering their genitals
Workshop of Giovanni della Robbia Adam and Eve Walters Front Installation.
Wikimedia Commons

Then comes a sharp reversal. Ancient Greek and Roman sculpture, rediscovered in Renaissance Italy, presents the naked male body as strong, balanced, and admirable. Heroes, gods, and athletes are unclothed because they have nothing to hide. Their genitals are visible, proportioned, and unremarkable. This is not erotic display so much as confidence made stone.

Michelangelo’s David sits squarely in this tradition. Carved between 1501 and 1504, he is naked, alert and physically present. His body is not idealised into abstraction. It is specific, human, and unmistakably male. Florentines reportedly threw stones when the statue was first installed. Before long, authorities added a garland of metal fig leaves to protect public sensibilities, which remained in place until around the 16th century.

This was not an isolated decision. Over the next century, the Reformation fractured Christian Europe, giving birth to Protestantism, and the Catholic Church doubled down on moral discipline. Naked bodies in art became political liabilities. The Council of Trent’s decrees on religious imagery reflected concerns that the prominent display of naked bodies in sacred art risked drawing attention to human physicality rather than directing devotion towards God. This led to what later historians have called the “Fig Leaf Campaign”.

Across Rome and beyond, sculpted genitals were chipped away, painted over, draped, or concealed with leaves. Michelangelo’s Last Judgement in the Sistine Chapel was altered after his death by Daniele da Volterra, who was hired to cover up visible genitalia with drapery. He earned the nickname “the breeches maker” for his efforts.

Classical statues in the Vatican acquired permanent marble underwear. A literal drawer of removed stone penises is rumoured to have existed. Whether or not that is true, the impulse behind it certainly was.

Strikingly, the fig leaf does not erase the penis. It points to it. The cover announces the presence of something that must not be seen. As several writers note, concealment tends to sharpen attention rather than dull it. The fig leaf becomes a visual alarm bell.

Resisting biology

This brings us back to the present. The new evolutionary research argues human penis size evolved partly because it is visible.

For most of our species’ history, before clothes, the penis was on display during daily life. It became a cue others learned to read quickly and unconsciously. Larger size was associated with attractiveness and with competitive threat.

From that perspective, centuries of fig leaves look less like moral refinement and more like cultural resistance to biology. The body insists on signalling. Society keeps trying to mute the signal.

This fig leaf was designed to cover the plaster cast of Michaelangelo’s David presented to Queen Victoria, around 1857.
V&A Museum/Wikimedia, CC BY

Victorian Britain provides a late and almost comic example. When Queen Victoria was presented with a plaster cast of David, in around 1857, a detachable fig leaf was hastily produced and kept on standby for royal visits.

The leaf survives today, displayed separately in the Victoria and Albert Museum. The statue stands naked again, but the object designed to hide him has become a museum piece in its own right.

Even now, museums still debate whether to remove historic coverings. Social media platforms struggle to define what kinds of nudity are acceptable. Statues are boxed up for diplomatic visits. The anxiety persists, even if the fig leaf itself has become unfashionable.

Evolutionary biology suggests the human penis became prominent because it mattered socially – but our cultural history shows centuries of effort devoted to pretending it does not. The fig leaf sits at the centre of this contradiction: a small, awkward object carrying an enormous cultural load.

The Conversation

Darius von Guttner Sporzynski does not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organisation that would benefit from this article, and has disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

ref. The penis evolved to be noticed – but the artful fig leaf has hidden it for centuries – https://theconversation.com/the-penis-evolved-to-be-noticed-but-the-artful-fig-leaf-has-hidden-it-for-centuries-274286

Winter Olympic security tightens as US-European tensions grow

Source: The Conversation – Global Perspectives – By Keith Rathbone, Senior Lecturer, Modern European History and Sports History, Macquarie University

Since the murder of 11 Israeli hostages at the 1972 Munich Summer Olympics, security has been fundamental for games stakeholders.

The 2024 Paris games set new benchmarks for security at a mega-event, and now the presence of American security officials in Milan Cortina threatens to darken this year’s Winter Olympics before they even start.

Security at the games

The scale of security at the games has magnified considerably since the 1970s.

For the 2024 Olympics, the French government mobilised an unprecedented 45,000 police officers from around the nation.

For the opening ceremony, these forces cordoned off six kilometres of the Seine River.

Advocates point to Paris as an example of security done correctly.

Milipol Paris – one of the world’s largest annual conferences on policing and security – pointed to lower crime across the country during the games and a complete absence of any of the feared large security events. It stated:

The operation demonstrated the effectiveness of advanced planning, inter-agency cooperation and strong logistical coordination. Authorities and observers are now reflecting on which elements of the Paris 2024 model might be applied to future large-scale events.

However, critics complained the security measures infringed on civil liberties.

Controversy as ICE heads to Italy

Ahead of the Milan Cortina games, which run from February 4-23, Italian officials promised they were “ready to meet the challenge of security”.

A newly established cybersecurity headquarters will include officials from around the globe, who will sift through intelligence reports and react to issues in real time.

As well as this, security will feature:

  • 6,000 officers to protect the two major locations – Milan and Cortina d’Ampezzo
  • a no-fly zone around key sites
  • a constant restricted access cordon around some sites (as seen in Paris).

Some of the security officers working in the cybersecurity headquarters will come from the United States.

Traditionally the US diplomatic security service provides protection for US athletes and officials attending mega-events overseas. It has been involved in the games since 1976.

Late last month, however, news broke that some of the officers will be from “a unit of US Immigration and Customs Enforcement (ICE)”.

US and Italian officials were quick to differentiate between Homeland Security Investigations (HSI), which handles cross-border crime, and Enforcement and Removal Operations, the department responsible for the brutal crackdown on immigrant communities across the US.

The HSI has helped protect athletes at previous events and will be stationed at the US Consulate in Milan to provide support to the broader US security team at the games.

But the organisation’s reputation precedes them, and Italians are wary.

In Milan, demonstrators expressed outrage. Left-wing Mayor Giuseppe Sala called ICE a “a militia that kills” while protests broke out in the host cities.




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US-European relations are stretched

The presence of ICE has also illuminated fractures within Italian Prime Minister Giorgia Meloni’s governing coalition.

Foreign Minister Antonio Tajani defended the inclusion of the US officers, saying “it’s not like the SS are coming”, referring to the Nazis paramilitary force in Germany.

However, local officials, including those from Meloni’s centre-right coalition, expressed concerns.

The tension inside Meloni’s government reflects broader concerns on the continent about US-European relations.

US Vice President JD Vance and Secretary of State Marco Rubio will attend the opening ceremony in Milan, despite some Europeans viewing Vance as the mouthpiece for US President Donald Trump’s imperial agenda.




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Trump’s desire to take over Greenland has undermined American and European support for trans-Atlantic amity and the NATO alliance.

Just ahead of the Olympics, Danish veterans marched outside the US Embassy after Trump disparaged NATO’s contribution to US-led operations in Iraq and Afghanistan. These protests added to Danes’ fears about Trump’s Greenland ambition.

Tensions in Denmark remain high as the Americans and the Danes gear up to play ice hockey in the opening round robin of the men’s competition.

Elsewhere, politicians in the US on both sides have raised concerns that Trump’s bombastic rhetoric will make it harder for American athletes to compete and win.

A double standard?

Critics argue there is an American exception when it comes to global politics interfering in international sport.

Under Trump, the US has attacked Iran and Venezuela, called on Canada to become its 51st state, threatened to occupy Greenland and engaged in cross-border operations in Mexico.

Despite this, US competitors can still wear their nation’s colours at the Olympics.

Compare this to Belarussian and Russian athletes, who are only eligible to compete as Individual Neutral Athletes after the Russian invasion of Ukraine, and only under the condition they have not been publicly supportive of the invasion. An International Olympic Committee (IOC) body assesses each competitor’s eligibility.

Israeli athletes have also been under the spotlight amid geopolitical tensions in the region.

Following the Israeli invasion of Gaza in October 2023, a panel of independent experts at the United Nations urged soccer’s governing body FIFA to ban Israeli athletes, stating:

sporting bodies must not turn a blind eye to grave human rights violations.

But FIFA, and the IOC, have recently defended Israeli athletes’ right to participate in international sport in the face of boycotts and protests.

Competitors from Israel can represent their country at the Winter Olympics.

The political developments which have caused ructions worldwide ironically come after the IOC’s 2021 decision to update the Olympic motto to supposedly recognise the “unifying power of sport and the importance of solidarity”.

The change was a simple one, adding the word “together” after the original three-word motto: “faster, higher, stronger”.

It remains to be seen whether the Milan Cortina games live up to every aspect of the “faster, higher, stronger – together” motto, not just the first three words.

The Conversation

Keith Rathbone does not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organisation that would benefit from this article, and has disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

ref. Winter Olympic security tightens as US-European tensions grow – https://theconversation.com/winter-olympic-security-tightens-as-us-european-tensions-grow-274530