El parásito de la leishmaniasis aprendió a burlar a la medicina, pero estamos creando armas para vencerlo

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Javier Martín Escolano, Investigador predoctoral (PFIS) en Instituto de Biomedicina de Sevilla, Universidad de Sevilla

Si tiene perro, es muy probable que la palabra Leishmania le produzca un escalofrío. Cada año, miles de dueños vacunan o ponen collares a sus mascotas para protegerlas de la picadura del flebótomo, un insecto parecido a un mosquito diminuto que transmite ese parásito causante de la leishmaniasis.

Pero no es solo un problema veterinario. Nos enfrentamos a una de las enfermedades tropicales desatendidas más importantes del mundo: afecta a más de 12 millones de personas y pone en riesgo a 1 000 millones más en casi cien países. En humanos, puede causar úlceras en la piel y en órganos internos, resultando mortal si no se trata.

A pesar de esta amenaza global, los médicos se enfrentan a un problema frustrante: los medicamentos que usamos llevan décadas anticuados, son muy tóxicos y, cada vez más, fracasan. Los pacientes a menudo sufren recaídas meses o años después de un tratamiento que parecía exitoso. ¿Por qué no logramos curar definitivamente la leshmeniasis? La respuesta es clara: durante un siglo, hemos subestimado la asombrosa inteligencia biológica de este parásito.

Leishmania es un parásito que utiliza diferentes estrategias para ocultarse en nuestro cuerpo y resistir tanto a nuestro sistema inmune como a la medicina tradicional.
Elaborado por los autores

El insecto no es un simple “taxi”

Hasta hace poco, pensábamos que el insecto que transmite la enfermedad era un mero medio de transporte. Hoy sabemos que su interior es un auténtico laboratorio evolutivo.

Para empezar, se ha descubierto que dentro de los fletóbomos los parásitos intercambian material genético entre sí. Tienen una especie de “reproducción sexual” que les permite mezclar sus genes y crear superparásitos híbridos, capaces de resistir a múltiples medicamentos a la vez.

Además, cuando el insecto nos pica, no se limita a inyectar a Leishmania: su saliva contiene un potente cóctel de sustancias químicas que actúan como un anestésico para nuestras defensas. Al mismo tiempo, el parásito libera pequeñas “cápsulas” llenas de toxinas que penetran en nuestras células antes que él, con el fin de boicotear las resistencias. Es un ataque coordinado perfecto.

Un maestro del disfraz y el escondite

Una vez dentro de nuestro cuerpo, Leishmania despliega tácticas dignas de una película de espías.

Cuando detectamos una infección, rápidamente llegan los neutrófilos, unas células inmunitarias que actúan como fuerzas de choque. En lugar de huir, el parásito se deja devorar por ellos. Pero no muere: utiliza al neutrófilo como un “caballo de Troya”. Escondido en su interior, viaja de forma indetectable hasta llegar a los macrófagos, las células inmunitarias donde realmente quiere vivir y multiplicarse.

Y aquí no acaba su capacidad de camuflaje. Tradicionalmente se creía que el parásito solo vivía en esas células de nuestras defensas. Hoy sabemos que es capaz de invadir células de la grasa (adipocitos) o de la piel (fibroblastos). Estos lugares actúan como auténticos “búnkeres” donde los medicamentos no logran penetrar en cantidad suficiente, permitiendo al parásito vivir escondido durante años.

La táctica de “hacerse el muerto”

Aunque probablemente lo más fascinante para explicar por qué fallan los tratamientos es la existencia de parásitos “durmientes”.

La mayoría de los antibióticos y fármacos están diseñados para destruir células que están activas y multiplicándose. Leishmania lo sabe. Por eso, una parte de los parásitos entra en un estado de hibernación profunda: detienen su metabolismo casi por completo y, simplemente, esperan. Como no están activos, la quimioterapia pasa de largo sin hacerles daño. Cuando el paciente termina el tratamiento, estos parásitos despiertan y vuelven a atacar, provocando las temidas recaídas.

La estrategia de ‘One Health’

Entender todo esto cambia por completo las reglas del juego. Ya no basta con matar al parásito en una placa de laboratorio: necesitamos estrategias mucho más sofisticadas.

Una de las claves de futuro es la estrategia One Health (Una Salud), que entiende que la salud humana, animal y de ecosistema están conectadas. En lugares como el sur de Europa, los perros son el principal reservorio doméstico de la enfermedad. Desarrollar vacunas veterinarias que no solo protejan al perro, sino que también bloqueen la capacidad del parásito para reproducirse en el insecto que lo pica, es fundamental para cortar de raíz la transmisión de la infección a humanos.

Armas del futuro: nanotecnología y calor

En el caso de las personas, la ciencia está diseñando nuevas armas. Si el parásito se esconde en búnkeres de grasa, la solución pasa por la nanomedicina. Es decir, se trata de crear nanopartículas microscópicas que actúen como misiles teledirigidos, capaces de llevar el fármaco exactamente al escondite del parásito.

Para formas de la enfermedad cutáneas, se están probando terapias físicas sorprendentes. Dado que Leishmania es muy sensible a los cambios de temperatura, el uso controlado de calor o frío extremo sobre las úlceras está logrando curaciones espectaculares sin necesidad de someter al paciente a fármacos tóxicos.

Leishmania ha demostrado que es un superviviente, capaz de manipular a insectos, a perros y a nuestro sistema inmunológico. Sin embargo, al desentrañar por fin sus trucos de magia, la ciencia está lista para arrinconarlo. El camino hacia una cura definitiva pasa, inevitablemente, por conocer a nuestro enemigo mejor de lo que se conoce a sí mismo.

The Conversation

Clotilde Marín Sánchez recibe fondos de Universidad de Granada, Proyectos de Cooperación Universitaria al Desarrollo del Plan Propio de Cooperación (CICODE).

Rubén Martín Escolano recibe fondos de la Comunidad de Madrid (2023-T1/SAL-GL28980), del Instituto de Salud Carlos III (PI24CIII/00003), y de la Agencia Estatal de Investigación (PID2024-157358OB-C21), de las cuales recibe financiación para llevar a cabo sus proyectos de investigación.

Javier Martín Escolano no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. El parásito de la leishmaniasis aprendió a burlar a la medicina, pero estamos creando armas para vencerlo – https://theconversation.com/el-parasito-de-la-leishmaniasis-aprendio-a-burlar-a-la-medicina-pero-estamos-creando-armas-para-vencerlo-280496

Que nous disent les anciennes voitures du métro de Montréal sur ce que la métropole est devenue ?

Source: The Conversation – in French – By Guillaume Ethier, Professeur en théories de la ville, rapports espace-société, Université du Québec à Montréal (UQAM)

En 60 ans, le métro de Montréal est passé de symbole de la modernité à patrimoine du quotidien. Que révèle notre attachement à ses voitures bleues quant à notre vision de la ville ?


Le 26 décembre 1966, le métro de Montréal entrait dans l’histoire. Quelques mois seulement après son inauguration, et suivant des années de controverses quant à son utilité pour une ville de cette taille, la métropole était paralysée ce jour-là par une importante tempête de neige qui allait révéler tout l’intérêt d’un réseau de transport entièrement souterrain.

Le lendemain, la tempête fait les manchettes, et le Devoir indique en frontispice : « […] il semble que le métro ait connu un surcroît de popularité au cours de la fin de semaine : il fait toujours presque chaud sous terre ! »

Ainsi allait entrer dans l’imaginaire montréalais l’idée qu’il s’agit d’un moyen de transport fiable, moderne, indépendant des tractations de la vie urbaine en surface, et reliant – sans qu’un manteau soit nécessaire – le bureau, les magasins, les divers lieux de divertissement et la maison.


Cet article fait partie de notre série Nos villes d’hier à demain. Le tissu urbain connaît de multiples mutations, avec chacune ses implications culturelles, économiques, sociales et – tout particulièrement en cette année électorale – politiques. Pour éclairer ces divers enjeux, La Conversation invite les chercheuses et chercheurs à aborder l’actualité de nos villes.

Le métro de Montréal aujourd’hui

Le temps a depuis fait son œuvre, et la modernité, cette conception de la ville – née en Europe dans les années 1920 – selon laquelle il faut faire table rase du passé et rationaliser le fonctionnement urbain par la construction de grands projets (tours à logements, autoroutes, parcs industriels, métros, etc.), s’est considérablement essouflée.

Des projets structurants continuent bien sûr d’être érigés, mais jamais de manière aussi unilatérale, et sans tenir compte des réalités locales, comme à l’apogée du modernisme. Mise en branle à Montréal au lendemain de la Deuxième Guerre mondiale, cette idéologie mène notamment à la construction de l’autoroute Ville-Marie et à l’ancienne tour de Radio-Canada, et par conséquent à la destruction du tissu urbain traditionnel pour cause prétendue d’insalubrité.




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Malgré les revers des années 1960, le métro reste une composante importante de l’imaginaire patrimonial de Montréal, et semble ainsi conserver une cote d’amour que peu de projets urbanistiques modernes possèdent. Depuis le retrait des voitures originales MR-63 en 2018, le programme de requalification des voitures mis en place par la Société de Transport de Montréal a permis de sauver plusieurs de ces artéfacts patrimoniaux à travers, notamment, l’œuvre « Seuils » de Michel de Broin, et le projet de pavillon de MR-63. Cette démarche a d’ailleurs montré tout l’intérêt de ces équipements obsolètes pour réfléchir à notre propre rapport au progrès.

De fait, leur réutilisation a soulevé une question qui restait, jusqu’à présent, largement inexplorée en recherche : que pensent les Montréalais et Montréalaises du métro et de ses voitures bleues ? Une étude que nous avons réalisée en partenariat avec l’organisme MR-63, qui compte recycler des voitures de métro dans l’architecture d’un nouveau pavillon culturel à Griffintown, nous a permis de nous interroger sur le rapport complexe que les citoyens entretiennent avec cette icône de la métropole.

Voici quatre constats tirés de cette étude basée sur une recherche en archives (articles de journaux, romans, chansons, guides touristiques, etc.), des entretiens de groupe et un sondage.

Un symbole de l’Âge d’or de la ville, bémols compris

Nos entretiens de groupe montrent que le métro de Montréal est perçu comme un symbole des années 1960 qui porte encore ses valeurs originales (ouverture sur le monde, optimisme) malgré un certain désenchantement par rapport à la foi dans le progrès caractéristique de cet Âge d’or de Montréal.

Rappelons à cet effet que sa construction a coïncidé avec la tenue de l’exposition universelle de 1967, une étape cruciale dans la modernisation de la ville. Les entrevues ont ainsi révélé son association à une certaine nostalgie qui résonne avec la vie intime des gens, leurs souvenirs de jeunesse liés au métro et leur amour pour Montréal.




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Or, cette nostalgie pour une époque de choix audacieux n’est pas naïve : elle s’accompagne d’un regard critique sur les affres d’un développement urbain tous azimuts qui n’a pas donné que de bons coups, comme la multiplication des autoroutes métropolitaines qui date pourtant de la même époque. D’ailleurs, un mégaprojet de l’ampleur du métro de Montréal des années 1960 ne pourrait tout simplement pas être reproduit à notre époque. Le métro est à cet égard perçu comme un symbole d’optimisme, une réussite de l’époque des grands projets.


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Un trait d’union de la vie quotidienne

Peu d’artéfacts patrimoniaux sont autant intégrés à la vie de tous les jours que le métro de Montréal. Ce rôle central peut expliquer la place qu’il occupe dans la culture pour exprimer la quotidienneté, comme dans la chanson Tous les palmiers de Beau dommage, où le métro Beaubien devient la destination finale au terme d’un long voyage.

Le métro occupe donc une place privilégiée pour de nombreux Montréalais et visiteurs en connectant entre eux les différents pôles du tissu urbain : santé, éducation, affaires, commerce, culture et milieux de vie. « C’est ce qui connecte les gens », indique une participante aux groupes de discussion.

Il existe toutefois un côté plus sombre à l’image du métro. Dans de nombreuses œuvres littéraires, le métro évoque la monotonie de la vie moderne, un sentiment relayé par de nombreux Montréalais interviewés, et pour qui l’expérience du métro n’est qu’un intermède entre deux destinations. La mise en valeur des anciennes voitures MR-63, comme dans l’œuvre Seuils de l’artiste québécois Michel de Broin, où il est possible de traverser une série de portes du métro, rappelle bien qu’il s’agit d’un passage obligé de la vie montréalaise, et ce, que ce moment soit apprécié ou non.


Un patrimoine vécu à travers les cinq sens

Les participants aux groupes de discussion associent fortement le métro à un paysage sensoriel fait de sonorités (les trois notes de l’indicatif sonore), d’odeurs (les freins en bois de merisier recouverts d’huile d’arachide), de sensations kinesthésiques (le roulement sur pneumatique) et d’images (le logo du métro) auxquelles les Montréalais et Montréalaises sont attachés.




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Le métro est également décrit comme une expérience, une séquence d’ambiances, plutôt que comme un objet pensé comme un tout univoque. L’impression qu’en ont ses usagers est donc contrastée, même pour une seule personne.

Un espace véritablement « public »

Le métro de Montréal n’échappe pas aux problèmes d’insécurité qui affligent les métros de toutes les métropoles, avec notamment une hausse de 15 % des agressions recensées entre 2023 et 2025.

L’itinérance, l’insalubrité et l’insécurité sont par exemple des thèmes associés à l’image actuelle du métro dans notre sondage en ligne. En groupes de discussion, ces divers problèmes tendent cependant à être nuancés en comparaison avec d’autres métros.

Le métro de Montréal est par ailleurs pensé comme un espace public possédant des attributs matériels pouvant susciter des interactions sociales positives. L’aménagement des véhicules est décrit par plusieurs participants aux groupes de discussion comme des « salons » dans lesquels les interactions sociales peuvent survenir. Divers points de rencontre dans le réseau du métro (comme la pastille à Berri-UQAM) font aussi partie de l’imaginaire de Montréal, sans oublier l’unicité architecturale de chaque station qui en fait des points de repère dans les quartiers qu’ils desservent.

Ce que nous enseigne la voiture MR-63

L’amour des Montréalais et des Montréalaises pour leur métro est donc une affaire complexe, faite de sensations physiques, de souvenirs et d’avis divers. Les anciennes voitures requalifiées rappellent cet imaginaire, mais offrent de plus un pas de recul intéressant par rapport au chemin parcouru depuis 60 ans : ces équipements obsolètes nous renvoient en effet l’image d’une époque où des choix ambitieux ont eu à la fois des effets destructeurs et des bienfaits durables, comme le métro.

Cette distance critique par rapport au passé n’est pas sans rappeler les durs choix collectifs qui restent à faire pour adapter la ville aux changements climatiques, mais tout en s’assurant de protéger ce qui existe déjà et qui mérite d’être conservé. La voiture MR-63, maintenant retraitée, a peut-être plus que jamais des enseignements à nous prodiguer.

La Conversation Canada

Guillaume Ethier a reçu un financement du Fonds de recherche du Québec – Société et culture (FRQSC) pour réaliser cette recherche partenariale avec l’organisme MR-63, nommé dans cet article.

Alicia Fortin-St-Gelais a reçu un financement du Fonds de recherche du Québec – Société et culture (FRQSC) pour réaliser cette recherche partenariale avec l’organisme MR-63, nommé dans cet article.

ref. Que nous disent les anciennes voitures du métro de Montréal sur ce que la métropole est devenue ? – https://theconversation.com/que-nous-disent-les-anciennes-voitures-du-metro-de-montreal-sur-ce-que-la-metropole-est-devenue-279042

What’s stopping kids from learning useful skills? Short answer: exams

Source: The Conversation – Africa – By Frank Quansah, Senior Lecturer, Educational Assessment, Measurement and Evaluation, University of Education, Winneba

Image by DC Studio on Magnific, CC BY

Across Africa and beyond, education systems are shifting to curricula designed to build critical thinking and problem-solving skills.

Competency-based curricula put learners at the centre. They are meant to prepare students for a rapidly changing world, where success depends on the ability to adapt, think critically and solve complex problems.

Unlike traditional curricula, which often emphasise covering content and memorising facts, competency-based curricula focus on how students apply what they learn in real-world situations. For example, instead of simply recalling scientific definitions, students might be asked to use a concept to explain how diseases spread.

Much of the discussion around this shift in education has focused on familiar challenges, including teacher preparedness, availability of learning materials, and how faithfully the curriculum is implemented.

While these factors are important, they do not fully explain why reforms often fall short of their intended goals, particularly in improving how students learn and develop competencies.

In a recent study I co-authored, published in Discover Education, we reviewed evidence from different countries, including Ghana, Kenya and Vietnam, about what is undermining learner-centred education. We found that the main constraint to reforms in teaching is assessment systems. Teaching and testing systems are mismatched. While curricula promote skills like critical thinking and problem-solving, national exams want learners to memorise facts and follow routine procedures. So that’s what teachers concentrate on.

The misalignment is holding students back from success: being able to apply what they learn in real-world situations. This ability is essential for further education, employment and everyday decision-making.

Exams shape what counts

In our study, we set out to understand why learner-centred reforms, which are central to competency-based education, often fail to produce meaningful changes in classroom practice. We reviewed research and policy evidence from multiple countries across Africa, Asia and beyond, focusing on how national assessment systems interact with curriculum reforms.

We found a pattern: high-stakes exams do more than assess learning; they shape what teachers teach and what students focus on.

Our analysis shows that this creates a “double bind” for teachers. They are expected to promote critical thinking and problem-solving, while also preparing students for exams that reward recall and procedural accuracy. In practice, this often leads to surface-level reforms. New methods are introduced but teaching remains focused on memorisation.

In many African countries, examinations such as the West African Senior School Certificate Examination and Kenya’s National Secondary School Exams exert strong pressure on teachers.




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As a result, learning narrows to what can be tested. This limits the impact of reform.

In effect, exams become the real curriculum, regardless of what official documents say.

Rethinking what assessment does

The stakes are high.

If competency-based education is to succeed, assessment systems need to be rethought, not just adjusted at the margins.

This does not mean abandoning national exams. Rather, it means redefining what they are designed to measure.




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Assessment should focus less on what students can recall and more on what they can do with what they know. This could include tasks that require analysis, problem-solving and application in real-world contexts.

It also means moving beyond a single high-stakes test. Combining national examinations with school-based assessments (such as projects or portfolios) can provide a more complete picture of learning.

The challenge is to do this in ways that remain fair, reliable and scalable across entire education systems.

A practical way forward

In our study, we propose a practical way to address this misalignment. We call it the LEARN model (Learner-centred assessment design; Evidence of competence; Adaptive to context; Reflective and feedback oriented; Nationally relevant and scalable). It offers a system-level framework for policymakers and education systems to redesign assessment so that it supports curriculum reforms.




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The model is built around five ideas:

  • designing assessments that reflect how students learn, using tasks that require applying knowledge rather than simple recall

  • focusing on evidence of competence rather than recall, emphasising what students can do with what they know

  • allowing flexibility to adapt to different classroom and national contexts

  • integrating feedback into assessment so that it supports learning, instead of just measuring it

  • ensuring that systems remain nationally relevant while still being practical to implement at scale.

The model shifts the focus from standardising test formats to aligning what is assessed with what matters.

Our model shows it is possible to balance two goals that are often seen as competing: maintaining national standards while supporting meaningful learning.

The Conversation

Frank Quansah does not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organisation that would benefit from this article, and has disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

ref. What’s stopping kids from learning useful skills? Short answer: exams – https://theconversation.com/whats-stopping-kids-from-learning-useful-skills-short-answer-exams-281652

Nigeria’s budget is treated like a government secret: how an online public monitoring system could fight corruption

Source: The Conversation – Africa – By Tolu Olarewaju, Economist and Postgraduate Supervisor, University of Lancashire; Keele University

Nigerians have no reliable way of scrutinising the national budget. The citizen’s portal of the Nigerian Budget Office of the Federation is often offline, and when it is online, it is highly technical and difficult for ordinary citizens to understand.

Data on the Nigerian budget sourced elsewhere online is also frequently hard to find and incomplete. As a result, the Nigerian budget is treated like a government secret and Nigerian citizens are unable to effectively scrutinise the government’s income and expenditure decisions.

My research shows that this disrupts the social contract between the citizens and the government of Nigeria and creates an opportunity for corruption.

The World Justice Project estimates that corruption has cost the Nigerian economy more than US$550 billion since 1960. And a report by the accounting firm PwC shows that corruption in Nigeria could cost up to 37% of the nation’s GDP by 2030 if it’s not dealt with immediately.

I am an economist whose research focuses on poverty and corruption reduction. In a recent paper, I show how secrecy fuels corruption in the management of Nigeria’s finances. I set out how citizen monitoring and digital engagement can enhance transparency and accountability.

I also identify some obstacles to making this a reality in Nigeria. These include technical capacity limitations, weak enforcement mechanisms, and political resistance.

To overcome these challenges, the government must invest in digital infrastructure. Fostering civic engagement and independent oversight, too, can ensure sustained accountability and effective implementation.

Budgetary secrecy and corruption in Nigeria

The Open Budget Survey is produced by the International Budget Partnership. It provides the main global assessment of budget accountability in the world and evaluates:

  • public participation: formal and meaningful opportunities for the public to engage in the national budget process

  • oversight: institutions such as the legislature, national audit office and independent bodies

  • transparency: comprehensive budget information, made available to the public in a timely and accessible manner.

Nigeria performed poorly in the 2023 survey. It scored 19/100 in public participation, 61/100 in oversight, and 31/100 in transparency. It ranked 92 out of 125 countries. This was below several African peers and the global average of 45.

This marks a decline from 2021. Nigeria scored higher then in public participation (26) and transparency (45), while oversight has remained unchanged.

The drop is largely due to the government’s failure to publish key fiscal reports on time. These include in-year reports and mid-year reviews.

The source of the problem

My research found that government budgetary secrecy and corruption in Nigeria have historical roots. They stem from the era of colonial taxation, when colonialists collected taxes but didn’t invest in the people’s wellbeing.

But these bad practices have intensified since independence. About 47% of Nigeria’s 232.68 million people live in multidimensional poverty. This is a clear sign that Nigeria is not spending its resources wisely. Development, job creation and service delivery are all lacking.

My research found that even when funds are budgeted, secrecy facilitates fraud in a number of ways.

The first way is through vaguely specified budgeted projects. Many projects are listed without quantity or location. They use terms like “empowerment and sensitisation” or “provision of infrastructure”.

Secondly, through the budgeting of non-beneficial initiatives. Nigeria’s approved federal budget for 2025 included US$1.5 billion for health, US$2.5 billion for education and US$1.7 billion for agriculture. However, a whopping US$17 billion was allocated for the presidency.

Thirdly, through inflated figures for budgeted items. For example, the purchase of a car for ₦375 million (US$278,000).

Fourth, through the under-delivery and abandonment of projects.

Nigeria’s budgetary corruption is reinforced by a complex three-tier system of budgeting at the federal, state, and local government levels.

  • At the federal level, the budget is prepared by the executive (president and ministries). It is coordinated by the Budget Office, approved by the National Assembly, and enacted as the “Appropriation Act”. However, limited and delayed fiscal disclosures enable budget padding, vague allocations, and weak expenditure tracking.

  • At the state level, budgets are prepared by governors and state ministries. They are approved by the State Houses of Assembly, focusing on state needs. However, inconsistent publication of budgets and reports at this level makes it difficult to monitor spending and creates room for misallocation.

  • At the local level, budgets are prepared by local government officials. However, they are heavily influenced by state governments and approved by local councils. Here, a lack of financial autonomy and state control over funds leads to diversion, ghost projects, and minimal accountability to citizens.

The solution

The Nigerian government says it also has an Open Treasury Portal that provides transparency in its budgeting system. My research shows that this platform also suffers from technical glitches, incomplete data, and low enforcement.

BudgIT, a Nigerian civic technology organisation, uses data visualisation and storytelling to try to make the government budget more accessible to citizens, but its impact is also limited by insufficient data availability.

Advances in information technology make it possible for Nigeria to build a real-time online government budget system that the public can access and monitor. This would cover financial statements and reports across federal, state and local governments. Nigerians could also use a system like this to vote on projects the government should focus on.

South Korea has a similar model. Known as the Digital Budget and Accounting System (dBrain), it is a fully integrated system for budget planning, execution and monitoring of government finances across agencies in real time.

Another country, Georgia, has an e-budget transparency system. It provides real-time budget execution data and is integrated with the goverment’s e-procurement and treasury systems.

The US also has the USAspending.gov service, which tracks federal spending in real time and provides publicly accessible and searchable data on what the federal government spends.

Importantly, real-time online budget monitoring enables quick detection of corruption, but its effectiveness depends on clear and consistently enforced penalties.

What needs to be done

An online government budget system which the public could monitor would improve transparency and accountability in Nigeria. Technologies such as Enterprise Resource Planning systems and Integrated Financial Management Information systems enable real-time budget tracking and integrated financial management. Blockchain can further strengthen transparency through secure records. Also, cloud computing can improve accessibility and data security.

Data analytics and AI can enhance forecasting, automate monitoring, and improve decision-making. This would make budgeting more efficient, transparent and responsive.

The Nigeria Tax Administration Act has introduced a digital tax system requiring Nigerian taxpayers to keep accurate transaction records.

The Nigerian government aims to use this to improve efficiency, accuracy and transparency in its tax system. The government should implement a similar system for all its own financial transactions.

The Conversation

Tolu Olarewaju does not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organisation that would benefit from this article, and has disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

ref. Nigeria’s budget is treated like a government secret: how an online public monitoring system could fight corruption – https://theconversation.com/nigerias-budget-is-treated-like-a-government-secret-how-an-online-public-monitoring-system-could-fight-corruption-280503

Are we really programmed to be lazy?

Source: The Conversation – France – By Nathalie André, Maitre de Conférences en Sciences du sport, Université de Poitiers

For decades, psychology and neuroscience have suggested that if humans and animals naturally try to make as little effort as possible, it is because putting in the effort is not enjoyable.

Another possible interpretation: is that it’s not the actual effort that individuals avoid, it’s the effort wasted – effort that leads you nowhere or whose benefits do not justify putting in the effort. This vision is explored in a recent article I co-wrote with Roy Baumeister at Harvard University, Guido Gendolla at the University of Geneva, and Michel Audiffren from the University of Poitiers and published in 2026 in Neuroscience & Biobehavioral Reviews.

Let me explain:

How did we come to pinpoint that it’s effort-wasting that people avoid rather than actual effort?

To support our thesis, we conducted a critical, two-pronged synthesis of the scientific literature. First looking at child development. We thought that, if the effort was intrinsically unpleasant, effort rejection should be observed very early in development.

Infants and young children do not show any spontaneous aversion to effort: they engage in it freely, associate pleasure with satisfaction, and only learn how to spare their efforts gradually. The example of 10-month-olds is particularly striking: after watching an adult persevere in a difficult task, they themselves redouble their efforts to solve a problem.

Later on, at around 6 years old, children smile more after achieving something difficult than when something is easy – as if the acutal resistance involved added value to their success. If effort were intrinsically aversive, none of this would be possible.

Secondly, we focused on studies of the “least effort principle” in animals and adults. The preference for the least costly path in terms of effort emerges only when the rewards are strictly equivalent – and disappears as soon as the benefits justify the investment.

Better still, several studies show that people prefer to actively engage in a task rather than remain passive, and that busy people are happier than idle people, even when they are forced to be active.

Why is this so important?

This shift in perspective is transforming our understanding of human motivation. It makes it possible to solve what some call the “paradox of effort”: if there is indeed a biological law of “least effort”, then how can we explain why millions of people voluntarily engage in demanding activities such as extreme sports, learning an instrument, lengthy studies – and find them enjoyable?

If effort is perceived as a neutral cost (i.e. neither positively nor negatively balanced), comparable to spending money, then it becomes logical that people agree to put in the effort when it pays off.

This approach reinstates human beings as agents capable of evaluating and making decisions, rather than as an organism perpetually battling against a biological repulsion to action. It also makes it possible to better distinguish between ordinary situations of disengagement – when faced with something deemed unfavourable – and pathological cases, where a real aversion to effort may arise.

In the second case, such resistance to effort is based on well-identified neurobiological mechanisms, notably a reduced activity of the dopaminergic system.

Dopamine plays a central role in motivation in this respect: it strengthens the sense of reward and stimulates the pursuit of goals. When dopamine is lacking, effort becomes truly unpleasant and the desire to engage withers away.

What should be the next steps for this research?

Several questions remain open.

It is still unclear in what conditions some people develop a real aversion to effort and which neurobiological mechanisms are involved. Dopamine function is often cited, but research has mainly focused on situations involving external rewards. However, few studies examine the intrinsic motivations behind actually seeking effort for the sake of it.

One practical question still stands: what if, rather than seeking to make tasks less burdensome in schools, at work, and in care sectors – we primarily sought to make them more justified and useful in the eyes of those who are required to do them? This could make all the difference.


The Research Brief is a short, three-minute take on interesting academic work with context and commentary from the academics themselves.


A weekly e-mail in English featuring expertise from scholars and researchers. It provides an introduction to the diversity of research coming out of the continent and considers some of the key issues facing European countries. Get the newsletter!


The Conversation

Nathalie André ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

ref. Are we really programmed to be lazy? – https://theconversation.com/are-we-really-programmed-to-be-lazy-279776

Que sait-on des hantavirus soupçonnés d’être responsables du décès de trois passagers d’un bateau de croisière ?

Source: The Conversation – in French – By Thomas Jeffries, Senior Lecturer in Microbiology, Western Sydney University

Le 3 mai 2026, selon les informations communiquées par l’Organisation mondiale de la santé, trois personnes sont mortes à bord d’un bateau de croisière sur l’océan Atlantique. L’OMS suspecte une épidémie provoquée par un hantavirus, une famille de virus qui peuvent, de manière exceptionnelle, être transmis à l’humain par des rongeurs et provoquer des syndromes pulmonaires et hémorragiques, potentiellement mortels.


Trois personnes sont décédées à la suite d’une épidémie présumée d’hantavirus sur un bateau de croisière au milieu de l’océan Atlantique. Au moins un autre passager est en soins intensifs en Afrique du Sud.

Dans un communiqué publié sur les réseaux sociaux dimanche 03 mai, l’Organisation mondiale de la santé (OMS) a annoncé ces décès et indiqué que cette maladie rare à hantavirus avait été confirmée en laboratoire dans un des cas. Les autorités enquêtent actuellement sur cinq autres cas suspects parmi les passagers du MV Hondius.

Alors, qu’est-ce-que la maladie à hantavirus ? Et pourquoi peut-elle se révéler mortelle ?

Au fur et à mesure que l’enquête avance, voici ce que nous savons.

Que sait-on sur les hantavirus ?

Les hantavirus provoquent des syndromes pulmonaires rares mais graves et peuvent aussi entraîner des hémorragies sévères et de la fièvre, sachant qu’une maladie à hantavirus peut être mortelle.

(Ces virus quand ils sont zoonotiques causent chez l’humain deux types de syndromes, indique l’Institut Pasteur : soit une fièvre hémorragique avec syndrome rénal causée principalement par des hantavirus de l’Ancien Monde, soit un syndrome cardiopulmonaire causé essentiellement par des hantavirus du Nouveau Monde. Les deux syndromes peuvent être provoqués par une même espèce virale. C’est une maladie relativement rare dans certains pays – une centaine de cas hospitalisés détectés en moyenne en France annuellement et de l’ordre d’une cinquantaine par an aux États-Unis –, mais plus fréquente dans d’autres – plusieurs centaines à milliers de cas par an en Allemagne et Scandinavie, ndlr.)




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Le virus est transmis par des rongeurs, tels que les souris et les rats, principalement par l’urine et les excréments des animaux infectés.

En général, les hantavirus ne se transmettent pas d’un humain à un autre, sauf dans de rares cas.

On estime qu’il y a chaque année, dans le monde, entre 150 000 et 200 000 cas d’infection par des hantavirus.

Ils sont moins contagieux que les virus transmissibles par voie aérienne tels que le Covid et les virus influenza (les virus influenza transmettent la grippe, ndlr), car ils ne se transmettent généralement pas d’une personne à l’autre.

Qu’est-ce qui rend ces hantavirus mortels ?

Il existe deux principaux types d’hantavirus, chacun présentant des symptômes différents.

Le syndrome pulmonaire à hantavirus, qui touche les poumons, est principalement présent aux États-Unis. Si une personne est infectée par ce type d’hantavirus, elle présentera probablement, en l’espace de quelques jours, une toux et un essoufflement.

À mesure que la maladie progresse, des symptômes tels que la fatigue, la fièvre et des douleurs musculaires peuvent apparaître. Des maux de tête, des vertiges, des nausées, des vomissements et des douleurs abdominales peuvent également survenir. Il s’agit de la souche la plus mortelle du hantavirus. Malheureusement, environ 38 % des personnes qui présentent ces symptômes décèdent des suites de la maladie.

La fièvre hémorragique avec syndrome rénal est principalement présente en Europe et en Asie, mais la souche connue sous le nom de « virus de Séoul » s’est propagée dans le monde entier. Cette forme d’hantavirus touche principalement les reins.

Les personnes développent généralement des symptômes dans les deux semaines qui suivent l’exposition au virus. Les premiers symptômes comprennent des maux de tête intenses, des douleurs abdominales, des nausées et une vision trouble. Les symptômes plus avancés comprennent une tension artérielle basse, des hémorragies internes et même une insuffisance rénale aiguë. Cette maladie peut être causée par différents virus, dont certains sont plus mortels que d’autres, ce qui signifie qu’entre 1 % et 15 % des cas peuvent être mortels.

Malheureusement, il n’existe aucun traitement spécifique ni aucun remède contre aucun des deux types d’hantavirus. Toutefois, une prise en charge médicale précoce peut augmenter les chances de survie du patient. Cela peut inclure le recours à des respirateurs, l’oxygénothérapie et la dialyse.

Concernant le bateau de croisière, les autorités poursuivent leurs investigations afin de déterminer à quel type de hantavirus les passagers ont été exposés.

Comment le virus s’est-il retrouvé sur un bateau de croisière ?

Dans un environnement clos tel qu’un bateau de croisière, les passagers auraient pu contracter un hantavirus de deux façons.

Selon une première hypothèse, ils auraient été exposés au virus lors d’une excursion à terre.

Autre hypothèse : des rongeurs auraient pu s’introduire à bord du navire dans la cargaison, puis transmettre la maladie aux passagers par le biais de leur urine ou de leurs excréments contaminés. D’autres facteurs, tels que les normes d’hygiène et les pratiques de stockage des aliments, ont peut-être contribué à accélérer la propagation de l’infection.

Pour endiguer cette épidémie présumée, les autorités doivent d’abord s’assurer que tous les rongeurs sont capturés en toute sécurité et retirés du navire. Elles doivent ensuite surveiller l’ensemble des passagers afin de détecter d’éventuels symptômes liés à une infection par hantavirus. Le virus est diagnostiqué à l’aide d’un test PCR, similaire à ceux utilisés pour diagnostiquer des virus tels que le Covid.

Sachant qu’il n’existe aucun traitement spécifique contre cette maladie, les autorités doivent aider les passagers infectés à gérer leurs symptômes. Cela implique de vérifier qu’ils respirent normalement et que leurs reins fonctionnent correctement.

Alors, faut-il s’inquiéter ?

Bien qu’ils soient préoccupants, les cas d’infections par des hantavirus restent extrêmement rares. Cependant, comme la maladie à hantavirus peut présenter des symptômes similaires à ceux d’autres affections respiratoires, il est recommandé de toujours consulter un médecin si vous présentez des symptômes.

Si vous avez séjourné dans des régions où ce type de virus est présent et que vous souffrez d’essoufflement, de fièvre ou de tout autre symptôme qui ressemble à un syndrome grippal, consultez votre médecin traitant.

The Conversation

Thomas Jeffries ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

ref. Que sait-on des hantavirus soupçonnés d’être responsables du décès de trois passagers d’un bateau de croisière ? – https://theconversation.com/que-sait-on-des-hantavirus-soupconnes-detre-responsables-du-deces-de-trois-passagers-dun-bateau-de-croisiere-282082

À quelle heure éteindre les lampadaires pour protéger la biodiversité ?

Source: The Conversation – in French – By Samuel Challéat, Chercheur, Centre national de la recherche scientifique (CNRS)

Alors que l’extinction nocturne se diffuse dans les communes, trois études portant respectivement sur des rouges-gorges, des crapauds et des chauve-souris montrent que, souvent, éteindre la lumière quelques heures ne suffit pas à restaurer une nuit naturelle. Pour la biodiversité, l’enjeu n’est pas seulement d’éteindre, mais de savoir quand et où.


Ces dernières années, éteindre l’éclairage public au cœur de la nuit s’est imposé comme une réponse simple à plusieurs enjeux : réduire la facture énergétique, afficher une forme de sobriété, et limiter la pollution lumineuse et ses effets sur le vivant. Du point de vue de la biodiversité, la meilleure solution serait de ne pas éclairer du tout. Mais cette option se heurte à d’autres usages légitimes des espaces nocturnes : les nôtres ! Reste alors une question : une extinction de quelques heures en milieu de nuit suffit-elle vraiment à réduire les impacts de la lumière sur la biodiversité ? Pas nécessairement : ses effets sur le vivant dépendent du contexte – lieu, paysage lumineux à large échelle, météorologie – et des espèces concernées.

Une mesure répandue, mais dont les effets biologiques restent peu évalués

De fait, les espèces n’utilisent pas toutes la nuit de la même manière. Le début de soirée, le cœur de la nuit et les heures qui précèdent l’aube correspondent souvent à des comportements différents : recherche de nourriture, déplacements, retours au gîte, endormissement et réveil, communications… Dans ce contexte, une extinction partielle de l’éclairage peut limiter certains effets de la pollution lumineuse sur la biodiversité… ou passer à côté de l’essentiel si elle ne coïncide pas avec les pics d’activité des espèces présentes.

Autre point important : éteindre localement ne signifie pas forcément retrouver une obscurité totale. En ville, les éclairages voisins – lampadaires des rues adjacentes, enseignes, vitrines ou éclairages privés – ainsi que la lumière diffusée par les nuages maintiennent souvent une clarté résiduelle. Et cet effet ne s’arrête pas aux centres urbains : en zone rurale aussi, le halo lumineux des villes peut rester perceptible à plusieurs dizaines de kilomètres. Pour les espèces les plus sensibles à la lumière, la différence entre périodes allumées et éteintes peut donc être faible, même lorsque l’éclairage public est coupé localement. Les horaires d’extinction d’une commune ne suffisent donc pas, à eux seuls, à décrire l’ambiance lumineuse réelle à laquelle les animaux sont exposés.

Le rouge-gorge familier en ville : couper la lumière au cœur de la nuit ne suffit pas

rouge-gorge familier (_Erithacus rubecula_)
Le rouge-gorge familier (Erithacus rubecula).
Giles Laurent, CC BY

C’est ce que nous constatons chez le rouge-gorge familier (orthographié « “rougegorge” familier » par la Cinfo, ndlr). Chez cet oiseau diurne, l’extinction partielle de l’éclairage en milieu de nuit ne suffit pas, en contexte urbain, à retrouver des rythmes d’activité comparables à ceux observés dans des sites non éclairés. Même lorsque les lampadaires sont coupés entre 23 heures et 6 heures, les oiseaux ont tendance à chanter plus tôt le matin et plus tard le soir que dans des zones réellement sombres.

Sonagramme du chant du rouge-gorge familier.
Fourni par l’auteur

Pour tester cet effet dans la métropole nantaise (Loire-Atlantique), nous avons comparé trois types de sites : des sites non éclairés, des sites éclairés toute la nuit et des sites soumis à une extinction partielle de l’éclairage, c’est-à-dire à une coupure de l’éclairage public pendant une partie de la nuit.

Nous avons utilisé un indicateur simple : le chant du rouge-gorge familier (Erithacus rubecula). En enregistrant l’environnement sonore sur plusieurs jours, on peut reconstituer les rythmes de chant de l’espèce sur l’ensemble du cycle jour-nuit et voir comment ils varient selon les conditions lumineuses.

Chants de rouges-gorges familiers ainsi que de troglodytes mignons, de pinsons des arbres et de fauvettes à tête noire.
Laurent Godet, Fourni par l’auteur737 ko (download)

Le résultat est net : les sites où l’éclairage est coupé en milieu de nuit ressemblent souvent davantage aux sites éclairés toute la nuit qu’aux sites non éclairés. L’écart apparaît surtout aux moments clés pour cette espèce, à l’aube et au crépuscule – respectivement autour de quarante minutes avant et de vingt minutes après le coucher du soleil – qui correspondent à ses pics d’activité vocale.

Dans notre étude, le pic de chant matinal survient en moyenne avant le lever du soleil, de l’ordre de quelques dizaines de minutes. Or, c’est précisément à ce moment-là que, dans un paysage urbain déjà lumineux, l’extinction partielle de l’éclairage se distingue peu d’un éclairage continu.

Cela s’explique sans doute par le rôle central de l’aube et du crépuscule chez les espèces diurnes : ces transitions servent de repères pour caler les rythmes quotidiens. Beaucoup de dispositifs d’extinction laissent encore de la lumière en début de soirée et se rallument avant le jour. Autrement dit, on éteint au cœur de la nuit, mais on maintient de la lumière aux deux moments qui comptent le plus pour synchroniser l’activité.

Pour un rouge-gorge, ce décalage peut avoir des conséquences très concrètes : chanter plus tôt, c’est aussi défendre son territoire plus tôt, interagir différemment avec les autres individus, et décaler des activités essentielles comme la recherche de nourriture ou l’attraction d’un partenaire.

Nos données ne permettent pas, à elles seules, de conclure à un effet direct sur la reproduction ou la survie. Mais elles montrent qu’une extinction partielle de l’éclairage ne ramène pas automatiquement la situation à la normale, surtout en ville où l’obscurité reste souvent incomplète même quand une rue ou un quartier est éteint.

Une chauve-souris réunionnaise : un petit décalage de l’extinction peut changer la donne

Petit molosse de la Réunion (_Mormopterus acetabulosus_)
Petit molosse de La Réunion (Mormopterus acetabulosus).
Paul Jossigny, CC BY

Chez le petit molosse, une chauve-souris nocturne endémique de La Réunion, en revanche, avancer de deux heures l’extinction du soir suffit à faire disparaître l’effet de l’éclairage en début de nuit. Cependant, cet effet persiste en fin de nuit, quand le rallumage matinal reste précoce.

Nous avons étudié cette espèce, Mormopterus francoismoutoui, dans une situation permettant d’aller au-delà d’une simple comparaison entre sites éclairés et non éclairés. Pendant un mois, sur certains sites, l’extinction partielle de l’éclairage a été modifiée : les lampadaires s’éteignaient deux heures plus tôt que d’habitude. Cela permettait de comparer la situation avant et après ce changement sur les mêmes sites avec, en parallèle, des sites témoins non éclairés. L’activité des chauves-souris a été suivie par acoustique, à l’aide d’enregistreurs captant leurs cris d’écholocation. Il ne s’agit pas d’un comptage direct d’individus, mais d’un indicateur de leur activité.

Petits molosses de La Réunion, en sortie de gîte.
Samuel Challéat, Observatoire de l’environnement nocturne du CNRS, UMR Géode, Fourni par l’auteur

Les résultats montrent que tant que les lampadaires restent allumés, les chauves-souris sont davantage détectées près des zones éclairées, surtout au début et à la fin de la nuit, c’est-à-dire pendant leurs pics d’activité. Quand l’extinction du soir est avancée, cet effet disparaît au début de la nuit : la lumière ne « structure » plus leur activité comme auparavant. En revanche, une différence tend à persister avant l’aube, ce qui est cohérent avec un rallumage matinal resté inchangé. Les petit molosses semblent donc toujours attirés par les zones éclairées lors de leur pic d’activité précédant le lever du jour, notamment lorsque la météo est favorable.

Ce résultat illustre un point important : l’efficacité d’une extinction partielle de l’éclairage dépend de son chevauchement avec les périodes d’activité des espèces présentes. Couper la lumière en milieu de nuit peut avoir peu d’effet si une espèce concentre ses déplacements et sa recherche de nourriture aux extrémités de la nuit. À l’inverse, un ajustement apparemment modeste – ici, éteindre deux heures plus tôt en soirée – peut suffire à faire disparaître l’effet de l’éclairage sur une partie de la nuit.

Il faut toutefois rester prudent dans l’interprétation. Une présence plus importante près des lampadaires ne signifie pas forcément que la lumière est bénéfique. Elle peut correspondre à une opportunité, par exemple si des insectes sont attirés par la lumière, mais aussi à des effets plus ambigus : trajets modifiés, concentration des individus dans certains espaces, compétition accrue ou exposition plus forte aux prédateurs. Autrement dit, ces résultats montrent surtout une redistribution de l’activité dans le temps et dans l’espace, sans permettre de conclure que l’éclairage artificiel est, en soi, favorable ou défavorable.

Chez les crapauds, l’extinction partielle reste une solution partielle

Crapaud épineux (_Bufo spinosus_)
Le crapaud épineux (Bufo spinosus).
Frank Vassen, CC BY

Chez le crapaud épineux (Bufo spinosus), un amphibien surtout actif la nuit, l’extinction partielle de l’éclairage atténue certains effets de la lumière artificielle, sans recréer pour autant les conditions d’une nuit réellement sombre.

Le crapaud épineux est une espèce commune dans le sud et l’ouest de la France, fréquemment présente à proximité des zones habitées, y compris en contexte urbain et périurbain. Chez son espèce sœur très proche, le crapaud commun (Bufo bufo), la lumière artificielle nocturne est déjà connue pour affecter le comportement, la physiologie et même l’expression des gènes dans les cellules : plus de 1 000 gènes dysfonctionnent lorsque les animaux sont soumis à une faible intensité lumineuse la nuit ! Or, chez ces animaux, l’activité est souvent plus marquée en début de nuit, ce qui laisse penser qu’une extinction partielle de l’éclairage en cœur de nuit ne peut, au mieux, qu’en atténuer les effets.

Qu’appelle-t-on « expression des gènes » ?

  • L’expression des gènes correspond à la manière dont un organisme « active » ou « désactive » certains gènes selon le moment, l’environnement ou l’état dans lequel il se trouve. Tous les gènes ne fonctionnent pas en permanence. Selon qu’il fait jour ou nuit, qu’un animal est au repos, en activité ou soumis à un stress, certains gènes sont davantage mobilisés que d’autres. Cela permet notamment de produire les molécules nécessaires au fonctionnement de l’organisme. Dire que la lumière artificielle peut modifier l’expression des gènes signifie donc qu’elle ne change pas seulement le comportement visible des animaux : elle peut aussi affecter leur fonctionnement biologique en profondeur.

Nous avons testé cette hypothèse expérimentalement chez des individus issus de l’une des zones les moins exposées à la pollution lumineuse dans l’ouest de la France – en Mayenne et dans l’Orne. Trois groupes ont été constitués : un groupe maintenu dans l’obscurité naturelle, un groupe exposé à une faible lumière toute la nuit (0,5 lux) et un groupe soumis à une extinction de l’éclairage entre 23 heures et 5 heures, mais avec cette même intensité lumineuse de 0,5 lux le reste de la nuit. Après au moins neuf jours d’exposition, nous avons suivi l’activité de mâles par vidéo au cours de la nuit.

La distance parcourue a peu varié selon les traitements, sans doute en partie à cause du dispositif expérimental. En revanche, un résultat ressort nettement : plus les crapauds sont exposés longtemps à la lumière, plus ils passent de temps dans leur refuge. Les individus soumis à une extinction partielle de l’éclairage occupent une position intermédiaire entre ceux placés dans l’obscurité et ceux exposés toute la nuit. C’est aussi le seul groupe à montrer une reprise de l’activité après le rallumage de 5 heures du matin.

Pour un crapaud, cela peut avoir des conséquences très concrètes : passer plus de temps caché, c’est potentiellement disposer de moins de temps pour chercher de la nourriture, trouver un partenaire ou se déplacer vers un autre site. Le regain d’activité observé au moment du rallumage pourrait aussi représenter un coût en énergie ou une source de stress. L’extinction partielle de l’éclairage réduit donc certains effets comportementaux, mais elle ne semble pas équivalente, pour ces animaux, à une nuit non éclairée.

Nous ne savons pas encore si cette atténuation se traduit aussi par une réduction des effets physiologiques ou génétiques de la lumière artificielle. Il reste également à mieux comprendre l’impact d’un changement brutal d’intensité lumineuse, au moment de l’extinction comme du rallumage.

Un constat commun : l’importance des moments clés de la nuit

Il serait excessif de conclure que l’extinction partielle de l’éclairage est inutile. Mais nos résultats rappellent qu’elle reste avant tout pensée en fonction des usages humains de la nuit – quand les espaces publics sont moins fréquentés et la circulation plus faible – plutôt qu’en fonction des moments où la lumière influence le plus les êtres vivants.

Dans nos trois études, ce sont justement les extrémités de la nuit qui apparaissent décisives. Chez le rouge-gorge, maintenir de la lumière au crépuscule et à l’aube suffit à entretenir des décalages d’activité, même lorsque l’éclairage est coupé au cœur de la nuit. Chez le petit molosse, avancer l’extinction du soir réduit l’effet de la lumière en début de nuit mais non en fin de nuit si le rallumage matinal reste inchangé. Chez les crapauds, le rallumage en fin de nuit relance l’activité alors qu’elle devrait plutôt diminuer. Dans les trois cas, le constat est le même : pour être efficace, une extinction partielle doit coïncider avec les périodes où les espèces sont les plus sensibles à la lumière et produire une baisse réellement perceptible de la luminosité.

Enfin, parler d’extinction comme d’un simple retrait de lumière peut être trompeur. Cette modalité de gestion de l’éclairage public impose aussi des transitions artificielles brutales – allumage, extinction, rallumage – qui peuvent perturber les organismes. Une extinction en milieu de nuit, ce n’est donc pas seulement moins de lumière : c’est aussi une autre manière de découper artificiellement la nuit.

Quelles implications pour l’action locale ?

Ces résultats ne livrent pas, bien sûr, de recette unique. Mais ils suggèrent trois leviers si l’on veut que l’extinction partielle de l’éclairage apporte aussi un bénéfice à la biodiversité.

D’abord, ajuster les horaires autour du crépuscule et de l’aube, souvent décisifs pour les rythmes et l’activité des espèces. Ensuite, réduire la lumière qui déborde des zones encore éclairées – rues adjacentes, enseignes, éclairages privés – pour que l’extinction se traduise par une baisse réelle de luminosité. Enfin, adapter la stratégie d’éclairage selon les lieux – centre-ville, quartiers résidentiels, abords d’espaces naturels – plutôt que d’appliquer partout la même règle.

Ces décisions d’aménagement gagnent à s’appuyer à la fois sur l’expertise écologique et sur l’expérience des habitants pour repérer les lieux et les horaires sensibles, arbitrer en transparence, puis ajuster les choix au vu des retours et des observations.

The Conversation

Samuel Challéat est coordinateur de l’Observatoire de l’environnement nocturne du CNRS, directeur du GDR2202 LUMEN (Lumière & environnement nocturne) du CNRS, et directeur adjoint de l’UMR 5602 GÉODE. Il a reçu des financements du Parc national de La Réunion et de la Mission pour les initiatives transverses et interdisciplinaires (MITI) du CNRS.

Jean Secondi est membre du GDR2202 LUMEN (Lumière & environnement nocturne) du CNRS.

Kévin Barré est membre de l’Observatoire de l’environnement nocturne du CNRS et du GDR2202 LUMEN (Lumière & environnement nocturne) du CNRS. Il a reçu des financements du Parc national de La Réunion et de la Mission pour les initiatives transverses et interdisciplinaires (MITI) du CNRS.

Laurent Godet est membre de l’UMR 6554 LETG, de l’Observatoire de l’environnement nocturne du CNRS et du GDR2202 LUMEN (Lumière & environnement nocturne) du CNRS. Il a reçu des financements du Parc national de La Réunion, de la Mission pour les initiatives transverses et interdisciplinaires (MITI) du CNRS et de la Fondation de France dans le cadre du projet LARN.

Léa Mariton est membre de l’Observatoire de l’environnement nocturne du CNRS et du GDR2202 LUMEN (Lumière & environnement nocturne) du CNRS. Elle a reçu des financements du Parc national de La Réunion et de la Mission pour les initiatives transverses et interdisciplinaires (MITI) du CNRS.

Thierry Lengagne est membre du GDR2202 LUMEN (Lumière & environnement nocturne) du CNRS.

ref. À quelle heure éteindre les lampadaires pour protéger la biodiversité ? – https://theconversation.com/a-quelle-heure-eteindre-les-lampadaires-pour-proteger-la-biodiversite-281362

Chinese and Canadian approaches to math teaching have a lot to learn from each other

Source: The Conversation – Canada – By Chenkai Chi, Postdoctoral Research Fellow, Educational Studies, University of Windsor

What kind of education best helps students learn math?

In the province of Ontario, the most recent provincial standardized results (2024–25) show modest improvement in elementary mathematics achievement, but overall performance remains uneven, particularly in the junior grades.

Provincially, 64 per cent of Grade 3 students met the provincial standard, up from 61 per cent the previous year. In contrast, only 51 per cent of Grade 6 students met the standard, indicating that about half of students are not yet achieving expected levels by the end of the junior division.

Student attitudes toward mathematics also decline with age: while 67 per cent of Grade 3 students reported liking mathematics, this dropped to 48 per cent in Grade 6.

These results suggest gradual recovery following COVID-19 pandemic disruptions, but they also point to the necessity for more work to be done for both teachers and students to develop a deeper understanding of the 2020 math curriculum. This curriculum incorporated new priorities like social–emotional learning, coding, mathematical modelling and financial literacy.




Read more:
6 changes in Ontario’s not-so-basic new elementary math curriculum


My research has examined Ontario math education taught by generalist elementary school teachers in dialogue with Chinese mathematics instruction taught by specialist math teachers. Grounded in this work, I believe we should firstly be proud of Ontario math education instead of criticizing it.

This research was part of a partnership grant project from the Social Sciences and Humanities Research Council, with education researchers Shijing Xu and Michael Connelly.

Dialogue between teachers

In our research with a “Sister School Network” project, generalist elementary teachers from a Windsor, Ont. public school and mathematics specialist teachers from a Chongqing, China primary school participated in monthly online knowledge-sharing meetings.

At the meetings, teachers shared and compared curriculum. They offered demonstrations on topics such as fractions, multiplication and estimation, and discussed student learning and parent engagement.

From 2016 to 2019, Xu and I co-ordinated these monthly exchanges and organized visits of Canadian teachers to Chongqing as well as Chinese teachers’ visits to Windsor.

Other sister schools that are part of Xu and Connelly’s project include Shanghai-Toronto, Shanghai-ChangChun and Windsor-Beijing.

Special education, professional autonomy

Chinese mathematics specialist teachers deeply appreciated the strengths of Ontario’s generalist model — particularly the comprehensive learning support provided to students with diverse needs and the high level of professional autonomy granted to teachers.

One Chinese participant with more than 20 years of mathematics teaching experience reflected:

“I wish we could have a special education support system like in Canada.”

Such perspectives highlight a key strength of Ontario’s elementary generalist system — one that educators in the province can take pride in. In an interview I did with mathematics education researcher Christine Suurtamm, whose research has engaged international perspectives on mathematics education and Canadian teachers’ practice, Suurtamm noted:

“I think the idea that we have great faith in teachers’ professional judgment to work with a curriculum, and to determine the best way to sequence and select the kinds of activities that address the curriculum expectations and meet their students’ needs, is a real benefit to our students in Ontario. I think that is something we should be proud of.”

Value of working with a specialist

In my study, a Grade 5 Canadian teacher also appreciated the opportunity to co-plan and co-teach with a Chinese mathematics specialist teacher. In interviews, the teacher emphasized a deep appreciation for this collaborative approach and expressed the hope that Canadian schools could provide more structured opportunities for such professional collaboration.

In my interview with Suurtamm, she also noted it would be worthwhile if Ontario teachers had more time to develop their math lessons in collaboration with other teachers.

In 2023, Ontario announced funds to double the number of school mathematics coaches. Research about how and where the coaching model has been implemented, how teachers are relying on it and its real effects in the classroom would help gain insight into the efficacy of this approach.

Challenges with Ontario math education

My research also suggested ways Ontario mathematics education might learn from Chinese mathematics learning.

Two key challenges emerge in Ontario mathematics teaching. First, teacher collaboration is limited. Unlike Chinese mathematics specialists who routinely engage in co-planning, lesson observation and collective reflection, Canadian generalist teachers have few structured opportunities for sustained collaboration, despite a clear desire for it.

Second, the consolidation of mathematical learning seen in Ontario is relatively weak. One Chinese math specialist teacher described teaching mathematics as a dynamic balance between Fang (放) — encouraging open exploration and the use of multiple strategies — and Shou (收) — a structured consolidation phase. In this phase, key ideas are clarified, connections are synthesized and methods are formalized.

Ontario educators and policymakers may consider these insights in ways that are responsive to local situations.

Curriculum and approaches evolve

Overall, my collaborative research views improving mathematics teaching and curricula as an ongoing and progressive process.

As Suurtamm notes, curriculum changes should be approached as an evolution rather than a revolution. Changes build thoughtfully on existing foundations rather than seeking to replace them wholesale.

Before pursuing new directions, it is important to reflect on and recognize the strengths that already characterize Ontario’s mathematics education system.

The Conversation

Chenkai Chi receives funding from SSHRC Doctoral Fellowship, Ontario Graduate Scholarship and Mitacs Globalink Fellowship.

ref. Chinese and Canadian approaches to math teaching have a lot to learn from each other – https://theconversation.com/chinese-and-canadian-approaches-to-math-teaching-have-a-lot-to-learn-from-each-other-274072

Corse : aux racines de la violence politique des années FLNC

Source: The Conversation – in French – By Jean-Paul Pellegrinetti, Historien, IAE Nice – Université Côte d’Azur

Il y a cinquante ans, le 5 mai 1976, naissait le Front de libération nationale de la Corse, FLNC. Comment expliquer l’irruption de violence politique qui a frappé l’île jusqu’aux années 2000 ?


À la fin du XIXe siècle, l’économie agricole de la Corse s’effondre et l’île ne prend pas le tournant de la révolution industrielle. Pour beaucoup, le départ vers les colonies devient une échappatoire à la misère. Durant l’entre-deux-guerres, 230 000 Corses ou leurs enfants sont établis ou en service en outre-mer. Pendant les années 1960, la Corse reste la grande oubliée des Trente Glorieuses. Cette situation est à l’origine de la contestation portée par de nouvelles générations qui dénoncent la persistance d’un clanisme qui a sclérosé la vie politique. À cela vont s’ajouter les répercussions de l’indépendance algérienne et l’effondrement d’un empire colonial qui permettait d’accéder aux emplois de la fonction publique.

Déçue par l’absence de perspectives politiques, une partie de la jeunesse militante adopte progressivement la lutte armée comme mode d’action.

La fin de la guerre d’Algérie

Face au sous-développement économique qui prévaut sur l’île, un plan d’action régional propose, en 1957, une stratégie de relèvement économique adaptée aux impératifs de la construction européenne. Ce plan repose sur deux sociétés d’économie mixte, la société de mise en valeur de la Corse (Somivac) et la société d’équipement touristique de la Corse (Setco).

En 1962, avec l’indépendance de l’Algérie, 17 500 rapatriés non corses s’installent sur l’île et bénéficient des aménagements de ces sociétés alors que les Corses sont tenus à l’écart. Comme l’explique l’historien Didier Rey, des frustrations naissent donc avec l’arrivée des rapatriés d’Algérie, porteurs d’une certaine forme de modernité. Les Corses se sentent sacrifiés, dépossédés du développement et, même, déracinés sur leur propre sol.

En 1965, des premiers attentats à l’explosif – non revendiqués – visent alors les « Pieds-noirs », la Somivac ou des complexes touristiques. Sur un fond de sentiment de spoliation, se constituent, autour des frères Edmond et Max Simeoni, les bases d’une revendication politique régionaliste, avec la création, en 1967, de l’Action régionaliste corse (ARC).

Aléria : un événement fondateur

Au début des années 1970 s’effectue en Corse le passage du régionalisme à l’autonomisme. La période correspond au Riacquistu, c’est-à-dire à la réappropriation de la langue, de la culture, de l’identité, de l’histoire, des expressions artistiques et culturelles ou encore des savoir-faire. Des combats à la fois politiques, culturels (création de groupes musicaux) ou écologiques sont menés. Notamment la lutte contre les « boues rouges » de la société italienne Montedison ou contre les projets d’essais nucléaires que le général de Gaulle veut mener sur le site d’anciennes mines en Balagne (Haute-Corse).

En janvier 1973, l’« Appel de Castellare » scelle l’acte de naissance du nationalisme corse dont les premiers mouvements clandestins, le Fronte Paesanu Corsu di Liberazione (FPLC) (créé le 8 octobre 1973) ou Ghjustizia Paolina, sont directement issus, à côté d’autres mouvements.

Dans la nuit du 3 au 4 janvier 1974, la Corse connaît sa première « nuit bleue » marquée par une vague d’attentats. Le 22 mars de la même année, à la veille de la visite du premier ministre Pierre Messmer, le groupe Ghjustizia Paolina fait exploser un avion sur l’aéroport de Bastia-Poretta. La violence politique fait ainsi son apparition dans l’histoire contemporaine insulaire et s’y installe pour des décennies. Durant l’année 1975, quelque 226 attentats sont comptabilisés.

En août 1975, des militants de l’Action pour la renaissance de la Corse (ARC), avec à leur tête Edmond Simeoni, occupent les armes à la main une cave viticole d’un rapatrié à Aleria pour dénoncer le scandale de vins frelatés dont la Corse est victime. Mais l’opération se termine dans le sang : le ministre de l’intérieur Michel Poniatowski décide d’employer la force. Deux gendarmes sont tués et un militant de l’ARC est grièvement blessé. L’événement marque le début d’une période de tensions politiques et de violences entre la Corse et l’État.

La création du FLNC

À la fin de l’année 1975, des discussions ont lieu entre les diverses organisations clandestines et conduisent à une unification. Le 5 mai 1976, est signé la naissance du Front de libération nationale de la Corse (FLNC). Il constitue un tournant du processus de radicalisation, dans les discours et dans les actes.

Sa création est annoncée par une spectaculaire vague d’explosions dans les principales localités de l’île, mais aussi à Nice, à Marseille et à Paris. D’autres vont suivre. On en comptabilisera plus de 300 en 1976, et jusqu’à 438 en 1980.

Pour marquer le premier anniversaire de son existence, en mai 1977, le FLNC publie son Livre vert. La Corse est présentée comme une colonie victime de l’oppression exercée par la France et ses relais locaux que sont les clans. L’indépendance doit permettre à la Corse de mettre fin à cette situation. La dynamique s’inscrit dans un contexte intellectuel marqué par les luttes tiers-mondistes et les références à la guerre d’Algérie.

Durant cette période, la violence s’intensifie et les « nuits bleues » se succèdent accompagnées par des slogans comme « IFF », (I Francesi Fora, « les Français dehors »), ou encore « la valise ou le cercueil ».

Cette radicalisation s’explique en partie par des facteurs socioéconomiques. La crise économique des années 1970, marquée par la montée du chômage et le déclin de certains secteurs clés, accentue le sentiment de marginalisation ressenti dans l’île, notamment dans les milieux modestes ou précarisés.

Dérives et ambiguïtés de l’État

Face à cette montée de la violence clandestine, l’État adopte une stratégie ambivalente. D’un côté, il affirme son autorité par des opérations policières ponctuelles et spectaculaires ; de l’autre, il semble tolérer l’émergence de groupes « contre-terroristes », à l’image de l’organisation Francia, le Front d’action nouvelle contre l’indépendance et l’autonomie créé en 1977. Opposé aux nationalistes, le groupe mène des attentats contre des militants nationalistes. Son existence contribue à instaurer un climat de violence généralisée, où les frontières entre légalité et illégalité deviennent floues. Francia entretient des liens troubles avec des milieux politiques ou administratifs, ce qui alimente les soupçons de collusion avec l’appareil d’État.

Cette situation engendre une profonde défiance au sein de la population, qui perçoit une justice à deux vitesses où les violences des groupes antinationalistes semblent rarement sanctionnées.

L’affaire Bastelica-Fesch, en janvier 1980, constitue l’aboutissement de ces tensions. Une tentative d’action menée par Francia dans le village de Bastelica (Corse-du-Sud) déclenche une réaction en chaîne, aboutissant à une prise d’otages et à un siège spectaculaire d’un hôtel à Ajaccio. L’intervention des forces de l’ordre, marquée par des affrontements violents, entraîne la mort d’un CRS ainsi que celle de deux civils, complètement étrangers aux événements. La condamnation des dérives de l’État est unanime, d’autant que le gouvernement français reste muet.

En 1981, la gestion judiciaire de l’affaire renforce ce sentiment. Les responsables des violences liées aux réseaux parallèles bénéficient d’un traitement clément, tandis que les militants nationalistes sont lourdement condamnés. Ils bénéficieront un an plus tard de l’amnistie accordée par le président François Mitterrand. Néanmoins, cette inégalité va contribuer à légitimer, dans certains milieux, le recours à la violence comme forme de résistance.

Triomphe du nationalisme

Après une guerre fratricide et violente menée durant quelques années entre différentes branches nationalistes, les années 2000 voient le vote nationaliste gagner progressivement du terrain lors des scrutins électoraux. Finalement, cinquante ans après la naissance du FLNC, ce sont les autonomistes – pour qui l’avenir de l’île doit passer par le rejet de la violence – qui prennent le dessus dans la vie politique insulaire.

Comme l’explique le politologue Andria Fazi, les résultats électoraux de 2017 attestent une « mainstreamisation » du vote nationaliste, capable désormais d’attirer des citoyens issus de tous bords politiques.

Lors des élections territoriales de juin 2021, Gilles Simeoni, président sortant de l’exécutif corse, obtient la majorité absolue, sans alliance avec d’autres listes nationalistes, et choisit l’autonomie comme l’une de ses priorités politiques.

The Conversation

Jean-Paul Pellegrinetti ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

ref. Corse : aux racines de la violence politique des années FLNC – https://theconversation.com/corse-aux-racines-de-la-violence-politique-des-annees-flnc-281558

Que faire de la violence dans les textes sacrés ?

Source: The Conversation – in French – By Marc-Antoine Pérouse de Montclos, directeur de recherches, Institut de recherche pour le développement (IRD)

*La Victoire de Josué sur les Amalécites* (1624-1626), par Nicolas Poussin.
Musée de l’Ermitage (Saint-Pétersbourg, Russie)/Wikipédia

Le Coran comme la Bible comportent de nombreux passages qui peuvent être interprétés comme des appels directs à commettre des actes violents. Est-il possible – et est-il souhaitable – de limiter leur diffusion, spécialement auprès des jeunes ? Faut-il les accompagner d’une notice spécifique ? Ou compter sur la capacité de discernement des lecteurs ?


Dans une tribune publiée par le Figaro, une quarantaine de personnalités, dont Élisabeth Badinter et la sœur de Samuel Paty, ont demandé l’interdiction d’une dizaine d’ouvrages qualifiés d’islamistes et leur retrait de la plateforme du Pass Culture, dispositif d’accès aux activités culturelles mis en place par le gouvernement français à destination des jeunes entre 15 ans et 20 ans. Les livres incriminés sont, en l’occurrence, pour la plupart, déjà accessibles en ligne gratuitement.

Mais l’un d’entre eux, le Muwatta, retient plus particulièrement l’attention. Il s’agit en effet d’un texte écrit par Malik ibn Abbas, un imam du VIIIᵉ siècle à l’origine du malékisme. Or, ce courant de pensée constitue l’une des quatre écoles canoniques de l’islam sunnite, avec le chafiisme, le hanafisme et le hanbalisme. De plus, le Muwatta est considéré comme le plus ancien traité de jurisprudence islamique et une des principales sources de référence des hadiths, les dires du prophète.

Passages spécifiques du Coran et de l’Ancien Testament

Les pétitionnaires reprochent à l’imam Malik ibn Abbas d’appeler au meurtre, de légitimer la lapidation et de justifier le fait de « couper la tête » des apostats. À ce titre, on pourrait tout aussi bien envisager de restreindre la circulation du Coran. Le cinquième verset de la sourate du Repentir invite en effet à exterminer les polythéistes : « Tuez les idolâtres partout où vous les trouverez », ordonne-t-il.

« Quand vous rencontrerez les infidèles, ajoute la quatrième sourate, tuez-les jusqu’à en faire un grand carnage. »

Les moudjahidines n’en seront que mieux récompensés. La troisième sourate précise ainsi que « l’indulgence et la miséricorde vous attendent […] si vous mourez ou si vous êtes tués en combattant dans le sentier de Dieu ».

En poursuivant la lecture des textes sacrés des religions abrahamiques, on s’aperçoit cependant que la Bible n’est pas moins sanguinolente. L’Ancien Testament, en particulier, regorge de mille et une précisions sur la manière de sacrifier des animaux et développe une vision très militarisée du monde en comparant le croyant à un soldat ou un mercenaire. D’après le décompte de certains auteurs, il comprendrait entre 600 et 1 700 passages ayant trait à des actes de violence.




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Le Seigneur dispose ainsi d’un « arsenal » dont il peut tirer « les armes de sa colère ». Le Livre de Job précise que « la puissance et la terreur appartiennent à Dieu », tandis que l’ange de l’Éternel s’en va tuer 185 000 Assyriens qui voulaient s’en prendre aux Juifs.

Dans le Premier Livre des Psaumes, le Seigneur est une arme de combat au service d’une lutte xénophobe et suprémaciste qui vise à asservir les peuples étrangers et mécréants. Il poursuit ses ennemis, les atteint, les anéantit et les « brise ». Il « extermine » ceux qui le haïssent, les « broie comme la poussière » et les « foule comme la boue des rues » pour mettre Israël « à la tête des nations », assujettir les autres peuples et obtenir l’obéissance des « fils de l’étranger ».




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Un Dieu sans pitié ?

Le Dieu de l’Ancien Testament est d’autant plus résolu qu’il ne veut avoir « pitié d’aucun de ces méchants infidèles ». Dans le Livre d’Esaïe, par exemple, il trempe son épée dans le « sang des agneaux » pour punir les peuples voués à l’extermination et exercer sa colère « sur toutes les nations ».

« Il les livre au carnage. Leurs morts sont jetés, leurs cadavres exhalent la puanteur, et les montagnes se fondent dans leur sang. »

Dans le Premier Livre de Samuel, le Seigneur ordonne au peuple d’Israël d’aller punir les Amalécites, une tribu de nomades accusée d’avoir tenté d’entraver la sortie des Hébreux d’Égypte. Il faut effacer la mémoire de cette race maudite et n’en épargner aucun :

« Tu mettras à mort hommes et femmes, enfants et nourrissons, gros bétail et petit bétail, chameaux et ânes. »

Dans le Livre de Jérémie, Dieu ordonne de détruire « les fils de l’Orient », en l’occurrence les populations de la péninsule arabique. Il invite à piller leurs tentes, leurs chameaux et leurs troupeaux jusqu’à ce que leur terre devienne un « repaire de chacals, un désert pour toujours » :

« Personne n’y habitera, aucun homme n’y séjournera. »

Les Égyptiens et leurs alliés éthiopiens et libyens ne sont pas non plus épargnés dans le Livre d’Ezéchiel. Leurs villes seront dévastées et leur territoire est appelé à devenir un désert pendant quarante ans.

De tous les textes sacrés des religions abrahamiques, l’Ancien Testament est en fait le plus violent si l’on en croit des décomptes selon lesquels il comporterait 5,3 % de mots faisant allusion à des tueries ou des destructions, contre 2,8 % dans le Nouveau Testament et 2,1 % dans le Coran.

Alors que faire ? Faut-il aussi retirer la Bible des bibliothèques municipales et de la plateforme du Pass Culture ?

Quelles solutions – et en faut-il ?

Les signataires de la tribune du Figaro reprochent aux auteurs d’ouvrages islamistes de ne pas avoir fait « l’exégèse de hadiths ou de sourates pour présenter ce qui, à une époque, constituait la base d’une pratique religieuse datée, ancienne, celle du Moyen Âge arabo-islamique, société guerrière, expansionniste, colonisatrice et esclavagiste ».




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À suivre ce raisonnement, faudrait-il donc uniquement diffuser des versions de la Bible comportant des notes explicatives pour garantir « une mise à distance critique », ou bien insérer un avertissement pour prévenir le lecteur que certains passages peuvent choquer ? Après maintes tribulations, Tintin au Congo a, par exemple, été réédité en 2023 avec un avant-propos expliquant les préjugés coloniaux en vigueur au moment de la première parution de l’album de Hergé. Celui-ci avait en effet été vivement critiqué pour son racisme et sa xénophobie. En 2010, un citoyen belge et le Conseil représentatif des associations noires (Cran) avaient ainsi demandé, en vain, qu’on en interdise la vente. Dans certaines libraires du Royaume-Uni, à partir de 2007, l’album avait été déplacé des rayons enfants vers la section des BD pour adultes.

Le Coran et la Bible sont aussi des livres qui continuent d’être vendus, et pas seulement des textes sacrés et vénérés par les croyants. Il est évidemment important de les contextualiser pour en avoir une compréhension plus fine. Mais on ne peut a priori ni les corriger ni les expurger.

Pour les pouvoirs publics, la situation est d’autant plus inextricable qu’il ne leur revient pas de se mêler des débats des théologiens en vue d’imposer une exégèse plutôt qu’une autre. Tout bien considéré, il vaut donc mieux laisser le Muwatta sur la plateforme du Pass Culture, reconnaître « la face sombre de la Bible » et apprendre à vivre ensemble avec le legs d’un passé extrêmement violent.

The Conversation

Marc-Antoine Pérouse de Montclos ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

ref. Que faire de la violence dans les textes sacrés ? – https://theconversation.com/que-faire-de-la-violence-dans-les-textes-sacres-279958