Diez coincidencias inesperadas entre el marxismo y la ultraderecha actual

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Víctor Hugo Pérez Gallo, Assistant lecturer, Universidad de Zaragoza

Acto de Vox en la plaza de Colón (Madrid) en 2019. Enriscapes/Shutterstock

En las últimas elecciones autonómicas en Aragón, la ultraderecha duplicó su representación. No fue un salto aislado: ocurre en distintos territorios de España y Europa. El crecimiento no se explica solo por enfado o protesta, pero tampoco únicamente por cuestiones culturales o identitarias.

Para entenderlo, conviene mirar algo menos evidente.

A primera vista, el marxismo y la ultraderecha parecen opuestos irreconciliables, en objetivos, valores y horizonte político. Uno nació como proyecto emancipador; el otro propone orden, cierre y jerarquía. Pero si observamos cómo analizan el malestar social, aparecen similitudes sorprendentes. No hablamos de equivalencia ideológica, sino de coincidencias en la forma de leer la realidad.

Algunas formaciones de ultraderecha –como Vox en España– utilizan herramientas de análisis que recuerdan a las desarrolladas por Karl Marx, aunque lo rechacen explícitamente. No citan a Marx ni se reconocen en su tradición, pero comparten ciertos mecanismos de interpretación del conflicto social.

Estas son las diez coincidencias:

1. Ven el malestar como algo estructural

No lo reducen a decisiones individuales. Si los salarios no alcanzan, si el alquiler sube, si el empleo es inestable, la explicación no es simplemente “falta de esfuerzo”: hay un sistema que produce ganadores y perdedores. Ambos enfoques parten de la idea de que el problema no es solo personal.

2. Sitúan el conflicto en el centro

Para ambos, la sociedad no es un espacio neutral donde todos ganan. Está atravesada por tensiones. Hay intereses enfrentados, grupos que se benefician y otros que cargan con los costes. Esta mirada conflictiva resulta más clara y movilizadora que los discursos que hablan de consenso permanente.

3. Construyen antagonismos claros

Mientras el marxismo habló de capital y trabajo, la ultraderecha habla de pueblo y élites, nación y globalismo, ciudadanos y burócratas. Aunque cambian los términos, se mantiene la lógica del enfrentamiento. El mapa social se organiza en bloques reconocibles.

4. Señalan responsables

No hablan de “procesos abstractos” ni de fuerzas impersonales: identifican actores. Unos señalaban a la burguesía y los otros apuntan a élites políticas, culturales o económicas. Esta personalización del conflicto facilita la comprensión y la movilización.

5. Reconocen la dimensión material

Detrás de los debates culturales hay facturas, hipotecas y contratos temporales. El malestar económico pesa, y mucho. Cuando una familia llega con dificultad a fin de mes, la discusión sobre modelos abstractos pierde fuerza. Ambos enfoques entienden que la vida cotidiana importa.

6. Crean un “nosotros”

El proletariado en el marxismo; el pueblo o la nación en la ultraderecha. En ambos casos, se construye un sujeto colectivo que se siente perjudicado. Ese “nosotros” da identidad y pertenencia en contextos de incertidumbre.

7. Simplifican el mapa social

Reducen la complejidad, dividen en bloques. En política, la claridad compite con la precisión. Un relato demasiado matizado puede ser intelectualmente sólido, pero menos eficaz. Tanto el marxismo clásico como la ultraderecha han sabido ofrecer explicaciones fáciles de entender.

8. Utilizan el agravio

La explotación, en un caso, y la humillación o la pérdida de estatus, en el otro: el sentimiento de injusticia actúa como motor político. Cuando alguien siente que ha perdido algo –trabajo, reconocimiento, estabilidad–, busca una explicación que dé sentido a esa experiencia.

9. Ofrecen explicaciones globales

No se limitan a propuestas técnicas. Presentan una narrativa amplia sobre cómo funciona el sistema y quién se beneficia de él. En tiempos de incertidumbre, las explicaciones globales generan seguridad cognitiva.

10. Transforman el diagnóstico en acción

No se quedan en el análisis. Organizan, movilizan, convierten el malestar en voto. El relato no es solo interpretativo; es operativo. Sirve para ganar elecciones o construir movimiento.

La diferencia decisiva

Aquí termina la coincidencia.

El marxismo clásico aspiraba a transformar el sistema en clave emancipadora, eliminando desigualdades estructurales, mientras que la ultraderecha actual utiliza diagnósticos estructurales para prometer orden, protección o estabilidad dentro del mismo sistema o para redefinirlo en términos excluyentes.

Parte del éxito de la ultraderecha no se debe solo a la polarización o al escándalo mediático, sino también a que ofrece interpretaciones simples y reconocibles del malestar cotidiano: salarios que no suben, pueblos que pierden servicios, jóvenes que sienten que vivirán peor que sus padres, trabajadores que perciben que el esfuerzo ya no garantiza estabilidad.

Mientras otros discursos se vuelven más técnicos o abstractos, la ultraderecha habla de experiencias concretas. Eso no la hace equivalente al marxismo, pero sí explica por qué su mensaje conecta.

La pregunta, entonces, no es solo por qué crece la ultraderecha. Es otra más incómoda: ¿quién está interpretando mejor lo que la gente siente que le está pasando?

The Conversation

Víctor Hugo Pérez Gallo no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Diez coincidencias inesperadas entre el marxismo y la ultraderecha actual – https://theconversation.com/diez-coincidencias-inesperadas-entre-el-marxismo-y-la-ultraderecha-actual-275992

Cuatro decisiones fundamentales sobre el aprendizaje de la lectura y la escritura: qué dicen las evidencias

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Jesús Rodríguez de Guzmán, Profesor Psicología del desarrollo y de la educación, Universidad de Cantabria

RafCopy/Shutterstock

Aroa, tres años y medio, tiene sobre la mesa un cuento ilustrado, un lapicero y un folio:

¿Sabes leer?

No, no sabo

¿Y escribir?

Sí, eso sí, mira:

Imagen.

Y ¿qué pone ahí?

¿…? No sé, ya te dije que no sabo leer

Esta situación invita a ponernos en el lugar del aprendiz y a plantearnos cómo percibe el acceso al lenguaje escrito.

Adquirimos las destrezas orales de la lengua materna espontáneamente, por exposición. No necesitamos un aprendizaje formal: basta con tener un modelo a imitar y que nuestros intentos comunicativos sean reforzados cuando se aproximan a palabras del idioma con significado y función; como, por ejemplo, cuando un bebé dice “bá-bá” y recibe la respuesta emocionada de sus progenitores.

El lenguaje escrito, por el contrario, exige un proceso de enseñanza y aprendizaje explícito y formal. Pocas personas asocian significantes (palabras escritas) a significados de manera espontánea, aprovechando el ambiente alfabetizador en que vivimos, y aprenden a leer sin ser enseñados. Aunque las hay que llegan al colegio con un amplio repertorio de palabras que pueden leer en el desarrollo de su etapa logográfica.

Leer y escribir son dos procesos que requieren una intervención educativa guiada por la reflexión profesional, y evidencias didácticas que la acompañen. Destaquemos que se trata de destrezas instrumentales, claves para el resto de aprendizajes, y que pueden generar satisfacción al aprendiz, pero también frustración si no se abordan teniendo en cuenta los aspectos básicos del desarrollo evolutivo.

Nos ocuparemos de cuatro decisiones fundamentales sobre el aprendizaje de la lectura y la escritura y lo que indican las evidencias recientes más sólidas.

1. ¿Cuándo: infantil o primaria?

El lenguaje oral acompaña a la especie humana en su evolución desde un momento indeterminado de los últimos 200 000 años. Las áreas de Broca y Wernicke, y los órganos bucofonatores, no dejan registro fósil que nos permita ser más precisos, y los hallazgos del hueso hioides, necesario para la fonación, no permiten fechar la aparición del lenguaje oral con más exactitud.

El lenguaje escrito es mucho más reciente, de hace unos 5 000 años. No obstante, la alfabetización generalizada de nos ha llegado mucho más tarde: de hecho es, todavía, un proceso inacabado en determinados contextos.




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Parece razonable que esta diferencia en la evolución de la especie humana sea tenida en cuenta para justificar el desfase cronológico entre ambos aprendizajes en cada individuo.

Por esta razón el currículo de la educación infantil, que en nuestro sistema abarca los seis primeros años de vida, divididos en dos ciclos, se centra en las destrezas orales de la competencia comunicativa.

A partir de los 6 años se aprende a leer de manera mucho más rápida y eficiente, cuando ya se han practicado las destrezas orales. Por esta razón, las aulas de primaria son las que garantizan un aprendizaje gratificante que facilita el desarrollo del hábito lector como fuente de placer.

2. ¿Métodos ascendentes o descendentes?

¿Es necesario conocer el abecedario, grafía y sonido, para captar el significado de palabras escritas? A esto lo llamamos un “método ascendente”, que parte de conocer las partes más pequeñas (grafemas y fonemas) y, a partir de ahí, lograr la capacidad de entender lo que significan juntos en una palabra, frase y párrafo.

Los métodos descendentes, en cambio, priorizan la comprensión de significados, antes que la descomposición en sílabas y letras, reconociendo palabras, globalmente, familiares por forma y su extensión y por el contexto en que aparecen: identifico y diferencio con facilidad los nombres de mis compañeros, Sol y Rigoberto, y la marca de mis cereales favoritos.




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Si fuera necesario el conocimiento de las letras, su asociación a los sonidos del idioma y el desarrollo de la conciencia fonológica, nos deberíamos plantear cómo acceden a la lectura las personas con sordera. Aunque estas no oyen ni pronuncian los sonidos del idioma que aprenden a leer, desarrollan la habilidad sin grandes dificultades, demostrando con la lectura silenciosa que transformar significantes en significados no requiere la asociación previa de letras a sonidos.

Así se explica el acceso a la lectura en idiomas cuya ortografía no es transparente, aquéllos en los que cada grafema no equivale unívocamente a un sonido o fonema, como ocurre por ejemplo con el inglés.

El debate está abierto, pero las evidencias apuntan a que conocer la forma y sonido de cada grafema no garantiza ni es requisito para acceder al lenguaje escrito. Autores clásicos, y actuales, entienden la lectura como un proceso cognitivo superior, que no se limita a descifrar letras. Además, hay que dar sentido funcional y emocional a lo que se ve, y los métodos descendentes promueven, desde el inicio, la comprensión en contextos reales, con textos significativos.

En las primeras etapas del desarrollo cognitivo tendemos a percibir la información del entorno de forma integral: primero captamos el sentido global, después los detalles.

Tendemos a leer globalidades: el significado del color verde o del rojo, las señales que observamos en la calle, los emoticonos… y las palabras en su contexto. No es imprescindible reconocer cada letra para obtener significado. Hagan la prueba:

UN D14 D3 V3R4N0 3574B4 3N L4 PL4Y4 0853RV4ND0 A D05 CH1C45 8R1NC4ND0 3N 14 4R3N4, 357484N 7R484J484ND0 MUCH0 C0N57RUY3ND0 UN C4571LL0 D3 4R3N4 C0N 70RR35, P454D1Z05 0CUL705 Y PU3N735.

Y, una vez adquirida la destreza, nunca volveremos a ver manchas de tinta donde haya palabras escritas, y no podremos evitar leer globalmente, sea cual sea el tipo de letra utilizada.

3. ¿Aprendizaje simultáneo de lectura y escritura?

Leer requiere de la maduración de procesos perceptivos, sobre todo visuales, pero también táctiles (personas con ceguera), cognitivos (atención, memoria) y lingüísticos (significados, funcionalidad, pragmática). La escritura añade a los anteriores los procesos motrices, que no maduran necesariamente a la vez que los relacionados con la lectura.

Si queremos acompañar el proceso evolutivo del niño, no deben abordarse de forma simultánea. El desarrollo neuromotor se ajusta a las leyes “céfalo–caudal” y “próximo–distal”, según las cuales lo próximo a la cabeza y al eje longitudinal del cuerpo madura antes que lo más lejano: vemos y oímos correctamente antes de alcanzar la motricidad fina necesaria para dominar la pinza y el movimiento coordinado de manos y dedos, coordinamos antes el movimiento de hombros y codos que el de los dedos.

Es decir, los niños de infantil y primer ciclo de primara, de 0 a 7 años, son capaces de leer mucho más que lo que son capaces de escribir. Se puede fomentar la aproximación a la lectura, pero no podemos exigir el mismo ritmo para una tarea que exige una coordinación neuromotora a la que todavía habrá que esperar.

En todo caso, de la misma manera que no solo hay que enseñar a leer, sino a amar la lectura, habría que fomentar la escritura como una tarea gratificante que, más allá de dibujar, copiar y reproducir mensajes, nos conduzca a la tarea creativa de transformar ideas en palabras escritas.

4. ¿Mayúsculas antes que minúsculas?

En algunas escuelas se opta por enseñar a escribir primero las mayúsculas porque, suponen, resultan más fáciles de trazar. Pero la decisión no está basada en la evidencia: las leyes madurativas citadas predicen que se coordinan antes los movimientos amplios del hombro que los de la muñeca, mano y dedos, permitiendo trazos amplios más similares a los bucles de las grafías minúsculas que a los trazos rectos, más rígidos, de las mayúsculas.

Por otra parte, la mayoría de publicaciones infantiles están escritas en minúscula, lo cual implica que el niño percibe y reconoce antes las minúsculas. Por lo tanto, tiene más sentido que practiquen aquello a lo que están más expuestos, lo que antes conecta con la lectura real y con lo que más pueden experimentar de forma natural y fluida.

En definitiva, sigamos buscando evidencias que guíen la práctica docente mientras posponemos el aprendizaje formal del lenguaje escrito hasta los 6 años, aprovechamos las ventajas de los métodos globales, no nos apresuramos con la corrección caligráfica y practicamos con modelos ortográficamente correctos, desde el principio.

The Conversation

Jesús Rodríguez de Guzmán no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Cuatro decisiones fundamentales sobre el aprendizaje de la lectura y la escritura: qué dicen las evidencias – https://theconversation.com/cuatro-decisiones-fundamentales-sobre-el-aprendizaje-de-la-lectura-y-la-escritura-que-dicen-las-evidencias-272644

Diez años sin Umberto Eco: ‘El nombre de la rosa’ en la cumbre de la posmodernidad

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Elizabet Fernández Lam-Sen, Profesora de ELE y Literatura Española, Universidad Camilo José Cela

Aún no había emergido la hipermodernidad tan analizada ya por Gilles Lipovetsky. Los síntomas de la cultura globalizada se apreciaban como extraños fenómenos dignos de diseccionar en los sesudos laboratorios de las universidades. En ese tiempo, apareció el celibérrimo superventas El nombre de la rosa (1980). Su autor, el intelectual italiano Umberto Eco, desmontó con soltura los presupuestos y prejuicios que rondaban en torno a la literatura de masas.

¿Y si culpamos a la posmodernidad?

La “nueva edad de las tinieblas”, como la había nombrado y temido el filósofo George Steiner en su libro En el castillo de Barba Azul, aún quedaba lejos para la escéptica y democratizadora posmodernidad. No obstante, se habían producido cambios significativos en el magma de una sociedad que veneraba la cultura televisiva y que aprendió a diluir los límites entre la alta y la baja cultura. Asistíamos al auge de la cultura pop.

Como el buen intelectual sin domesticar que demostró ser con el paso del tiempo, se presentó ante el mundo con el perfil de un novelista primerizo de mediana edad. Pero tan reacio a la etiqueta del “apocalíptico” de pompa y circunstancia aristocrática como a la del “integrado” de un vitalismo sin arraigo. En realidad, ambos apelativos disfrazaban fetichismos aptos para las “polémicas estériles” o las “operaciones mercantiles” y así lo dejó claro en su ensayo Apocalípticos e integrados (1964).

Ese novelista bisoño era Umberto Eco, quien incursionó en el género con “ganas de envenenar a un monje”. Y, de paso, aprovechó para estrenar la posmodernidad literaria. Eran los años ochenta de un cada vez más lejano siglo XX, cuando la aparición de El nombre de la rosa desmintió, sin proponérselo, las apocalípticas voces de academia que alertaban de una “literatura del agotamiento”. Con esa consigna, sólo quedaba esperar la muerte de la novela.

Lo curioso es que El nombre de la rosa no se proyecta desde el cinismo, ni desde el pesimismo. Tampoco desde otro “ismo” que denote hartazgo o recelo personal hacia el futuro del género. Lo hace en cambio desde unas ansias por divertirse a sí mismo y a los lectores, según reveló su autor en Apostillas al nombre de la rosa (1985). Una motivación que le brinda ese halo genuino, surgido de la generosidad, de quien escribe para todos, no sólo para unos cuantos o sus iguales.

Vivir para contarlo y no morir de éxito

Sea como fuere, la novela en cuestión ha vendido 50 millones de ejemplares hasta la fecha. Su éxito y alcance ha llegado a compararse al de Cien años de soledad de Gabriel García Márquez.

Se hizo con el máximo galardón literario italiano, el Strega, análogo de nuestro Premio Nacional de Literatura. Pero El nombre de la rosa fue más allá. Consiguió revivir a la apagada novela histórica europea.

Portada de El nombre de la rosa (1980).
DEBOLSILLO

Entonces nos asalta una pregunta: ¿Cómo logró la fórmula secreta? Sobresale una particular mezcla de realidad y ficción, que se antoja un precedente de la popularizada posverdad de los años veinte del siglo XXI.

Luego nos sedujo un protagonista medieval de inspiración sherlockiana. Así que aquella intriga novelesca marcó un hito que parecía imposible. Por un lado, se granjeó el aplauso de un público que había sido subestimado con argumentos blandos de ficción. Por el otro, volatizó el tópico por excelencia que aún martillea a todo superventas: la dudosa calidad aliada del consumo rápido.

El nombre de la Rosa se convirtió en un longseller. Tuvo la suerte de contar con una película protagonizada por un recordado Sean Connery. Sin embargo, su éxito inesperado necesitó unas anotaciones posteriores conocidas como Apostillas al nombre de la rosa. Umberto Eco aclaró que las escribió para “evitar tener que morir, para evitar tener que contestar a nuevas preguntas”, como recogió el periodista Igor Reyes-Ortiz en el diario El País.

Pero este pequeño volumen sesudo y puntilloso también encerró una reflexión del posmodernismo. El mismo del que había surgido ese fenómeno libresco imparable y al que el escritor definió de una forma que recordaba a aquellos diálogos noventeros de cualquier personaje de Woody Allen:

“Pienso en la actitud posmoderna como en la del que ama a una mujer muy culta y que sabe que no puede decirle ‘te amo desesperadamentente’, porque él sabe que ella sabe (y que ella sabe que él sabe) que esta frase ya la escribió Liala. Sin embargo, hay una solución. Podrá decir: Cómo diría Liala, te amo desesperadamente”.

El mundo sigue necesitando a Eco

Umberto Eco no se detuvo. Continuó escribiendo. Quizás porque “el hombre es un animal fabulador por naturaleza”. Por eso, hay que leerle en otras novelas posteriores: El péndulo de Foucalt (1998), Número cero (2015) o el que fue su libro póstumo De la estupidez a la locura. Crónicas para el futuro que nos espera (2016).

Porque los grandes relatos parecen fragmentarse y el futuro de la novela pende de un hilo, valoremos regresar a nuestro semiólogo de cabecera. A esos libros que apuestan por una reconfortante evasión placentera e inteligente. De hecho, como siempre estuvo por encima de los mediáticos egos perecederos, Eco pidió en su testamento que, por favor, no se le realizaran homenajes tras los diez años de su fallecimiento.

Sobra decir que éste no es un tributo. Sólo un recordatorio oportuno de cuánto podemos seguir ganando sus lectores.

The Conversation

Elizabet Fernández Lam-Sen no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Diez años sin Umberto Eco: ‘El nombre de la rosa’ en la cumbre de la posmodernidad – https://theconversation.com/diez-anos-sin-umberto-eco-el-nombre-de-la-rosa-en-la-cumbre-de-la-posmodernidad-275779

Las juventudes nicaragüenses en el exilio crean nuevas formas de resistencia: narrativas, redes y activismo digital

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Nicté Soledad Castañeda Camey, Doctora en Ciencias Sociales, Universidad de Guadalajara

Desde abril de 2018 en Nicaragua se vive una profunda crisis política marcada por la represión estatal contra el movimiento cívico que emergió a partir de protestas estudiantiles. La respuesta del Gobierno fue contundente: criminalización, encarcelamientos, cierre de espacios ciudadanos y persecución sistemática. Para miles de jóvenes, la migración forzada y el exilio político se han convertido en estrategias que trascienden las fronteras nacionales.

Entre el desarraigo y la recomposición colectiva

El exilio no es solo un proceso político. Implica para las juventudes activistas nicaragüenses un desgaste emocional. Otras veces ha representado la ruptura de proyectos de vida, la separación familiar y la precariedad económica. Todo ello unido a la compleja realidad vital que acarrean los procedimientos migratorios para solicitar asilo o acceder a la condición de refugiado político.

Pero también ha sido un espacio de recomposición colectiva. Más allá de los procesos individuales, se desarrollan formas alternativas de activismo, de protesta y de participación, en los que se plantean nuevos desafíos, proyectos personales, oportunidades laborales, académicas, artísticas y literarias. También nacen formas inéditas para organizarse y actuar en territorios simbólicos. Allí se resignifica el exilio, al tiempo que se consolidan otras formas de activismo transnacional.

En pocas palabras, el exilio no ha implicado una desconexión con el país ni con el proceso político, sino una oportunidad de rearticular la disidencia desde nuevos contextos y estrategias.

La resistencia transnacional

Antes de abril de 2018, gran parte del activismo juvenil nicaragüense se articulaba en universidades, barrios y organizaciones locales. Estos movimientos convergían con otras protestas sociales. La represión desmanteló esos espacios y obligó a una migración forzada sin precedentes. Costa Rica, México, Estados Unidos, España y otros países de América Latina se convirtieron en destinos clave del exilio juvenil.

La migración forzada y el exilio, lejos de significar el fin o una pausa en su participación política, ha dado lugar a nuevas formas de resistencia para las juventudes. Estas han generado propuestas diferentes y alternativas, que incluyen el uso creativo de herramientas digitales, narrativas de memoria y la construcción de redes. También han puesto en marcha prácticas artísticas y literarias que emergen como otras formas de organización transnacional. Una dimensión que cuestiona los límites de la ciudadanía y el sentido de pertenencia.

La Digna Rabia y sus “Trazos de memoria”

Un ejemplo son espacios multimedia como la colectiva La Digna Rabia. (18 de abril 2021). Nada está olvidado. Esta incluye entre sus contenidos el fanzine digital Trazos de memoria, una publicación que ha generado espacios para conmemorar a todas las personas que han dejado Nicaragua. A partir de una serie de talleres de collage y escritura, construye narrativas, poesías, relatos, pensamientos e imágenes sobre la memoria viva de lo que significa “migrar desde los cuerpos feminizados”.

En ciudades de acogida, las juventudes nicaragüenses han creado redes de apoyo mutuo, colectivos y plataformas informales que funcionan como espacios de resistencia. Al respecto se puede mencionar la plataforma digital Hora Cero. Se trata de un medio de comunicación que incluye opinión, análisis político y reportajes de Centroamérica. Destaca por el uso creativo de herramientas digitales, redes sociales, plataformas y espacios virtuales que promueven la acción política.

Impulsadas por jóvenes nicaragüenses desde el exilio, este tipo de iniciativas, generan contenido audiovisual, campañas informativas y denuncias. Con ello, los creadores buscan romper el cerco mediático impuesto por el Gobierno dentro de Nicaragua.

Cultura digital para renacer

Las tecnologías digitales han representado un recurso fundamental para la creación de comunidad, la denuncia, la protesta y la construcción de narrativas alternativas. Estas operan no solo como medio de expresión, sino como espacio de resistencia y como ruta para sostener e impulsar la lucha social desde otros lugares y lenguajes.

Más allá de la denuncia política directa, muchas juventudes han encontrado en la creación artística y literaria un lenguaje potente, que construye sentido en medio de una realidad hostil. La poesía, la música, la ilustración y la performance han sido utilizados para expresar el dolor del exilio, la esperanza y la persistencia de la lucha hacia la vida.

Así, los espacios digitales se han convertido en una trinchera para protestar, recuperar testimonios y expresiones a través de la música, la sátira y la comedia. Por ejemplo, la cuenta Chigüina Nica considera que el activismo digital permite que “puedan ser escuchadas y tomadas en cuenta sus opiniones como jóvenes”.

Con ese mismo propósito, el joven Locuin (Locos Cuerdos Intencionados), un humorista de barrio, hace sátiras en sus redes sociales de los gobernantes de Nicaragua. Él concibe que su mejor manera de aportar es darle al pueblo risa, y confiesa que es “un poco mezquino, pero aliviador”.

Memorias individuales y causas colectivas

Estas prácticas artísticas cumplen una doble función. Por un lado, permiten procesar emocionalmente la experiencia del desplazamiento forzado. Por otro, generan espacios de encuentro con otras diásporas y con públicos internacionales. El arte se convierte así en una herramienta que conecta memorias individuales con causas colectivas.

Tanto la reconstrucción de memorias como la consiguiente resignificación de la identidad política generan nuevos espacios de resistencia simbólica y construcción de paz. En diversas plataformas digitales e itinerantes alrededor del mundo han documentado violencias, narrado experiencias y preservado la memoria de las víctimas de represión estatal.

Al respecto se puede mencionar la plataforma digital e itinerante Ama y no olvida, Museo de la Memoria contra la Impunidad, que fue creada por una joven activista nicaragüense en el exilio. Es todo un ejemplo de cómo desarrollar memoria colectiva digital, al reunir testimonios, retratos y materiales audiovisuales que buscan preservar la verdad histórica y resistir la impunidad.

Repensar la ciudadanía y el sentido de pertenencia

Para las juventudes nicaragüenses en el exilio, la ciudadanía ya no se define solo por el lugar de residencia, sino por la participación activa en la defensa de derechos, la memoria y la justicia. La resistencia transnacional muestra que el exilio no es únicamente un espacio de pérdida. También representa un marco de construcción de propuestas inéditas de acción colectiva que amplían los horizontes del activismo y cuestionan las fronteras tradicionales de la política.

El activismo puede impulsar una redefinición del concepto de ciudadanía, mostrando que la participación política no limita a un territorio geográfico o a una misma forma de organización, sino puede desplegar alternativas para generar impacto local y global. En definitiva, el exilio no ha supuesto una interrupción del proceso político juvenil, sino una transformación profunda desde esta nueva territorialidad.

The Conversation

Nicté Soledad Castañeda Camey no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Las juventudes nicaragüenses en el exilio crean nuevas formas de resistencia: narrativas, redes y activismo digital – https://theconversation.com/las-juventudes-nicaraguenses-en-el-exilio-crean-nuevas-formas-de-resistencia-narrativas-redes-y-activismo-digital-274563

¿Pueden las marcas convencernos de pagar más por moda sostenible?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Laura Reinoso Barbero, Profesor de Teoría Económica, Universidad Villanueva

La industria textil es una de las más contaminantes del planeta, y sin embargo, Inditex, uno de sus grandes actores, lucha por convencer a los consumidores de que su apuesta por la sostenibilidad es real y, por tanto, sus productos merecen un precio más alto.

El dilema de la sostenibilidad en la moda rápida

Pese a declarar unos ambiciosos compromisos medioambientales y sociales: reducción de emisiones, uso de materias primas sostenibles y economía circular, la estrategia de comunicación de Inditex, especialmente en redes, no está logrando conectar ni generar la confianza suficiente en sus públicos, sobre todo entre los más jóvenes.

Esa es la conclusión de un estudio reciente realizado en España a consumidores de entre 15 y 75 años. Hay una gran desconexión entre lo que la empresa dice hacer y lo que el público percibe.

¿Qué sabe el consumidor sobre la sostenibilidad de Inditex?

Aunque el 56 % de los encuestados considera que es una empresa sostenible, un 64 % admite no conocer ninguna iniciativa concreta de sostenibilidad de la compañía. Programas antiguos como el etiquetado con el que algunas marcas identificaban las prendas producidas con materias y procesos más sostenibles (Join Life en Inditex, Commited en Mango o Conscious en H&M) pasaron prácticamente desapercibidos. Tampoco calan iniciativas más recientes como la de reparación de ropa “para alargar la vida de las prendas” –con el que también cuenta la japonesa Uniqlo–, la de reventa de segunda mano entre la comunidad de clientes (Pre-Owned en Zara, Pre-Loved en H&M) o la donación de prendas.

Esta falta de visibilidad tiene consecuencias directas. El 75 % de los encuestados no recuerda haber visto mensajes de sostenibilidad en las redes sociales de la compañía y, cuando sí los han visto, a casi la mitad les han dejado indiferentes. Es decir, ni generan impacto ni construyen confianza. A pesar de que el 61 % considera que estos mensajes son veraces, no se produce una conversión en intención de compra.




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Pagar más… ¿por qué?

Una de las preguntas clave del estudio fue si los consumidores estarían dispuestos a pagar más por prendas sostenibles. La respuesta mayoritaria (65 %) fue que no. Y esa negativa es aún más pronunciada en los más jóvenes, aunque sean los que más usan las redes sociales y están más expuestos a sus mensajes.

Disposición a pagar un mayor precio por una prenda más sostenible (por edades)
Fuente: elaboración propia

¿Por qué sucede esto? Una hipótesis es que los consumidores todavía no perciben la sostenibilidad como un valor tangible que justifique pagar más. Si no se conecta con beneficios concretos –mejor calidad, mayor durabilidad o impacto real–, no se traduce en una ventaja clara para los consumidores.




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La dimensión social, el gran activo olvidado

El estudio también muestra que, dentro del concepto de sostenibilidad, la dimensión social es la que más resuena entre los consumidores, sobre todo en redes como Instagram, TikTok o YouTube. Condiciones laborales, respeto a los derechos humanos o igualdad de género son aspectos que generan conversación en redes y compromiso (engagement) con la marca.




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Sin embargo, mientras que la empresa destaca en sus redes sus logros medioambientales, las acciones sociales son poco comunicadas. Esta falta de alineación entre lo que la empresa comunica y lo que el público valora limita el potencial de su estrategia de marca.

Y ¿qué hacer?

La solución pasa por rediseñar su estrategia de comunicación digital con un enfoque más claro y emocional. No todos los públicos valoran la sostenibilidad de la misma manera. Si la generación Z necesita mensajes aspiracionales en TikTok, los mayores de 40 años buscan productos de calidad y duraderos.

La sostenibilidad debe ir más allá del discurso y las marcas deben mostrar beneficios concretos. Comunicar a los consumidores por qué un producto sostenible es mejor –para el planeta y para los compradores– puede cambiar la percepción de valor de la marca.

Incorporar testimonios, historias reales o influencers realmente comprometidos con la causa de la sostenibilidad puede generar mayor impacto que difundir en redes informes técnicos o promesas institucionales.

El compromiso con el bienestar de los trabajadores, la transparencia salarial o la colaboración con ONG son temas que los consumidores quieren conocer. Y recompensan a las marcas que se lo cuentan con claridad.




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El reto está claro: comunicar mejor

En definitiva, los datos muestran que, aunque las redes sociales son la principal fuente de información sobre sostenibilidad para más de la mitad de los encuestados, no están siendo utilizadas de forma eficaz por Inditex para transmitir su compromiso ambiental y social.




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El reto de fondo para esta compañía es pasar de la sostenibilidad declarada a la sostenibilidad creíble. Para lograrlo, necesita transformar su forma de comunicar, adaptarse a cada público y aprovechar el potencial de las redes sociales como espacio de educación, sensibilización y diálogo. Solo así sus esfuerzos sostenibles podrán ser una ventaja competitiva real y justificar el precio de una etiqueta verde.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. ¿Pueden las marcas convencernos de pagar más por moda sostenible? – https://theconversation.com/pueden-las-marcas-convencernos-de-pagar-mas-por-moda-sostenible-270657

Nuevos materiales para alcanzar la eterna juventud

Source: The Conversation – (in Spanish) – By José Manuel Torralba, Catedrático de la Universidad Carlos III de Madrid, IMDEA MATERIALES

Recreación de un hueso artificial bioimprimido. GarryKillian/Shutterstock

Órganos artificiales, implantes que se absorben y se regeneran con nuestro propio hueso, miniórganos para replicar enfermedades y probar tratamientos antes de experimentar en seres vivos… ¿Alcanzaremos el sueño de la eterna juventud?

Sin duda, la salud es el ámbito donde la evolución de la ciencia e ingeniería de materiales resulta más impactante.

Como método de fabricación, la impresión 3D está suponiendo una revolución para la creación de prótesis, la personalización de tratamientos, la bioimpresión o el desarrollo de modelos y herramientas quirúrgicas.

Aleaciones imprimibles

En cuanto a los materiales, los aceros inoxidables o el titanio forman parte desde hace décadas de los catálogos de componentes para prótesis, gracias a su biocompatibilidad y su capacidad de fabricarse en formas complejas adaptadas a las necesidades de cada paciente. Además, ambas familias de materiales son perfectamente “imprimibles”, por lo que han entrado de lleno en la revolución de la fabricación aditiva.

Además, existen dos nuevas familias de aleaciones, menos conocidas, pero que están abriéndose camino en el mundo de la biomedicina por sus singularidades: el nitinol y las aleaciones de magnesio, ambas alineadas con las nuevas tecnologías de fabricación 3D.

Nitinol con memoria de forma

El nitinol es una aleación de niquel-titanio cuya principal singularidad es que posee “memoria de forma”, además de la necesaria biocompatibilidad. Tener memoria de forma implica que, con el paso del tiempo y a causa de un cambio de temperatura o de tensión mecánica, puede recuperar una forma inicial predeterminada e ir adaptándose a un espacio o a unas dimensiones.

Cómo funciona el nitilol con memoria de forma.Thoisoi.

Gracias a la impresión 3D, ya se están fabricando en laboratorio con formas personalizadas según el paciente. Estos implantes se modifican superficialmente para permitir la proliferación de células y su perfecta biocompatibilidad.

Así, una de las aplicaciones del nitinol son los stents que se fabrican al tamaño personalizado de la arteria del paciente. Se disminuyen de tamaño enfriándolos y, cuando alcanzan su posición, gracias a la temperatura de nuestro cuerpo, se expanden para encajar perfectamente.

Ya se utiliza nitinol en alambres dentales, tornillos ortopédicos y otros suministros quirúrgicos. Y, como parte del proyecto HUMANeye, se está probando para fabricar implantes que abren la puerta a solucionar enfermedades de la córnea, una de las principales causas de ceguera en todo el mundo.

Magnesio, exoesqueletos más ligeros

Al magnesio y sus aleaciones, pese a su baja densidad y buenas prestaciones mecánicas, le ha costado reemplazar al aluminio en muchas aplicaciones estructurales, en parte por su coste, en parte por su dificultad de procesado. Esas dificultades están hoy siendo solventadas y hay países, como China, que ya están empezando a implementar su uso de forma masiva.

En el ámbito de la salud, en alianza con la impresión 3D, su implementación está empezando a ser importante. Por un lado, gracias a su baja densidad (1,74 g/cm³ frente a 2,70 g/cm³ del aluminio, aproximadamente un 35 % menor) y por otro su excelente biocompatibilidad, junto a su capacidad de ser absorbido por nuestro organismo.

El potencial del magnesio en aplicaciones para la llamada “micromovilidad” está impulsando su uso en China en pequeños vehículos eléctricos. En un futuro próximo, lo veremos también en robots y en exoesqueletos. Aquí, la utilización de aleaciones de magnesio en vez de aluminio puede reducir el peso en hasta un 30 %, con unas prestaciones mecánicas idénticas a las del aluminio.

Prótesis asimiladas por el cuerpo

Pero la gran revolución será la utilización del magnesio en prótesis fabricadas por impresión 4D. Una prótesis de magnesio que permita su colonización por el hueso, al mismo tiempo que se disuelve en nuestro organismo, hará que, pasado un tiempo, la totalidad del implante habrá sido reemplazado por nuestro propio hueso y no será necesaria una nueva cirugía. Solo hay que acompasar los tiempos de disolución con los de crecimiento del hueso, y es en esa dirección hacia donde van las investigaciones. Las prótesis, además de ser totalmente personalizadas, en un tiempo se convertirían en nuestro propio hueso.

Al igual que en el hombre bicentenario de Asimov, donde un robot fue adaptándose y sobreviviendo a lo largo de los años gracias a la ciencia, ya empezamos a tener tecnologías “suficientes” para prever que, poco a poco, nos vamos acercando al sueño (¿o pesadilla?) de la eterna juventud. ¿Existirán, algún día, seres humanos bicentenarios?

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José Manuel Torralba no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Nuevos materiales para alcanzar la eterna juventud – https://theconversation.com/nuevos-materiales-para-alcanzar-la-eterna-juventud-272384

Pornografía, agresiones sexuales y sumisión química: ¿cómo se relacionan?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Pablo Prego Meleiro, Farmacéutico epidemiólogo. Investigador y profesor en Dpto. Salud Pública y Materno-Infantil de la Universidad Complutense de Madrid, Universidad Complutense de Madrid

La violencia sexual facilitada por drogas incluye aquellas agresiones en las que el perpetrador se aprovecha de personas inconscientes o incapacitadas por los efectos de sustancias psicoactivas, consumidas voluntaria o involuntariamente. Usualmente, se emplea el término sumisión química para referirse a este fenómeno, diferenciando entre sumisión química oportunista y proactiva.

La sumisión química ha recibido especial atención en la opinión pública a raíz del caso Pelicot, en el que decenas de hombres violaron a una mujer drogada mientras su marido grababa las agresiones. En España, sucesos de este tipo traen a nuestra memoria el caso de La Manada de Pozoblanco, destapado durante la instrucción de la agresión perpetrada en los sanfermines de 2016: la policía encontró la grabación de otra agresión sexual a una joven inconsciente en el teléfono de uno de los acusados.

El impacto social de este tipo de sucesos se plasmó en la serie Alba, que narra la experiencia de una joven agredida, mientras está inconsciente, por un grupo de chicos, quienes graban todo en vídeo. Más allá de la ficción, un estudio reciente indica que una de cada dos mujeres y uno de cada cuatro hombres han sufrido violencia sexual facilitada por drogas en contextos de fiesta.

El modelo hegemónico de pornografía incluye también escenas de violencia sexual mediante sumisión química, como parte de un repertorio más amplio de contenidos violentos. Un nuevo estudio del Observatorio Universitario de Violencia Sexual Facilitada por Drogas analiza la relación entre este tipo específico de agresiones y el consumo de pornografía.

Acceso temprano y reiterado

La pornografía está ampliamente extendida entre la población juvenil. Dos de cada tres jóvenes de entre 18 y 35 años admiten consumirla: el 44,2 % de los hombres la ven a diario o dos o tres veces por semana, mientras que el 27,2 % de las mujeres la consumen menos de una vez al mes. Además, hay que tener en cuenta que la edad media de primer acceso a esos contenidos se sitúa en los 10 años.

La mitad de los jóvenes cree que ve demasiada pornografía y reconoce que ha intentado reducir el consumo sin éxito. Un 40 % afirma que dicho consumo le afecta negativamente en ámbitos como el rendimiento académico o laboral. En algunos usuarios, el visionado repetido puede generar habituación, derivando en la búsqueda progresiva de contenidos de mayor intensidad, de forma similar a la tolerancia observada en adicciones con sustancia. Hablamos de comportamientos en la órbita del trastorno de conducta sexual compulsiva.

Una fuente de desinformación sexual

La pornografía es percibida por muchos jóvenes como una fuente de educación sexual, ante la ausencia de una orientación de calidad. Solo el 12 % está plenamente satisfecho con la educación sexual recibida en su centro educativo. La mitad reconoce utilizar el porno como fuente de inspiración en sus relaciones, en línea con lo indicado en estudios en otros países. Sin embargo, la pornografía puede actuar también como una fuente de desinformación sexual, al difundir mensajes engañosos sobre el consentimiento y mostrar escenas que degradan y cosifican a las mujeres.

Pornografía y violencia sexual facilitada por drogas

El 41 % de los jóvenes reconocen consumir pornografía con contenido violento, degradante o humillante, mientras que el 33 % afirma que es habitual encontrarse con violaciones o abusos sexuales. Respecto a la combinación de pornografía y agresiones sexuales mediante sumisión química, el 22,2 % de los hombres y el 11,3 % de las mujeres reconocen ver escenas que involucran a personas dormidas, inconscientes o bajo los efectos del alcohol u otras drogas.

Este tipo de contenido alimenta la cultura de la violación: presenta como algo erótico y sexualmente excitante las agresiones perpetradas contra mujeres en estado de inconsciencia, conceptualizando como sexo lo que en realidad es violencia sexual.

Cultura de la violación

Sabemos que que la exposición a pornografía violenta puede moldear el comportamiento sexual, reforzando la percepción de conductas violentas como normativas. Esto se relaciona no solo con cometer agresiones, sino también con un mayor riesgo de sufrir violencia sexual. Un tercio de los jóvenes en España piensa que consumir porno configura fantasías sobre perpetrar o sufrir agresiones sexuales.

El citado estudio del Observatorio Universitario de Violencia Sexual Facilitada por Drogas muestra la existencia de una correlación específica entre la violencia sexual por sumisión química y el consumo de pornografía con escenas de violencia sexual facilitada por drogas. Así, la probabilidad de haber cometido una agresión es cuatro veces mayor entre quienes consumen este tipo de contenidos. La relación no se limita a los agresores, sino que se correlaciona también con un mayor riesgo de haber sufrido ese tipo de agresiones.

Resulta crucial generar una mirada crítica sobre el modo en el que se representan las relaciones sexuales en la pornografía. Aunque los jóvenes son relativamente críticos, los contenidos sobre prácticas violentas permean el imaginario colectivo, generando estereotipos asentados sobre la violencia.

Para prevenir la normalización de las conductas sexuales violentas, es necesario implementar intervenciones educativas integrales, que aborden críticamente el impacto de la pornografía como fuente de (des)información sexual. Asimismo, debemos visibilizar y valorar la importancia del consentimiento en las relaciones, también en relación a la incapacidad para consentir que se deriva de los efectos del alcohol y otras drogas.

Finalmente, es necesario replantear las responsabilidades y obligaciones de las plataformas de distribución de pornografía, mejorando la vigilancia, filtrado y eliminación de contenido violento.

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Pablo Prego Meleiro no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Pornografía, agresiones sexuales y sumisión química: ¿cómo se relacionan? – https://theconversation.com/pornografia-agresiones-sexuales-y-sumision-quimica-como-se-relacionan-274666

Los relojes inteligentes aún no miden bien la tensión arterial

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Jorge Velázquez Saornil, Profesor en Fisioterapia, Universidad Pontificia de Salamanca

Los relojes inteligentes o smartwatches se han convertido en herramientas habituales para controlar algunos aspectos de nuestra salud, y su uso está muy extendido y aceptado. Muchos usuarios miden con ellos sus pasos, frecuencia cardiaca, calidad del sueño e incluso, en los modelos más modernos, la tensión arterial y hasta un electrocardiograma. Esto resulta interesante, ya que la hipertensión afecta a millones de personas a nivel mundial y es un factor de riesgo cardiovascular. Pero ¿esta promesa tan atractiva cuenta con respaldo científico?

La evidencia actual invita a la prudencia. Un artículo reciente analizó si estos dispositivos pueden realmente sustituir a los tensiómetros clínicamente validados. La conclusión es clara: todavía no.

Los tensiómetros tradicionales son aquellos que se utilizan en consultas médicas y en nuestra propia casa. Su funcionamiento se basa en métodos oscilométricos con manguito de presión. Si alguna vez lo han utilizado se habrán fijado en que el manguito se infla, deteniendo temporalmente la circulación. Luego se desinfla y el dispositivo mide la presión conforme la sangre vuelve a fluir.

Lo importante es que estos dispositivos deben superar estrictos protocolos internacionales de validación antes de que puedan usarse con fines clínicos. Por ejemplo, según lo establecido por la Sociedad Europea de Hipertensión o por la norma ISO 81060-2.

Nuestros relojes, en cambio, no miden directamente la presión arterial. Lo que hacen es estimarla a partir de señales indirectas, como la luz que atraviesa la piel o el tiempo que tarda la onda del pulso en desplazarse por las arterias. Estas señales se introducen en algoritmos matemáticos que intentan inferir los valores de presión sistólica y diastólica.

Baja precisión y alta variabilidad

El análisis, publicado en la revista Experimental Physiology en 2025, analizó un reloj que, a priori, puede ser el más efectivo. Su sistema se basa en una minibomba que se hincha para llevar a cabo la medición, a diferencia de otros modelos y marcas. Aun así, los autores mostraron que existen varias limitaciones importantes de los relojes inteligentes a la hora de medir la tensión arterial.

La primera es la precisión. Los errores medios pueden parecer pequeños cuando se analizan en grupos, pero a nivel individual pueden ser clínicamente relevantes. Se observan que diferencias de apenas unos pocos milímetros de mercurio pueden cambiar la clasificación diagnóstica de una persona.

La segunda es la variabilidad entre individuos. Factores como la edad, la rigidez arterial, el grosor de la piel y el nivel de actividad física influyen notablemente en las estimaciones. Por ello, un algoritmo que funciona aceptablemente en un grupo concreto puede fallar en otros.

Además, muchos relojes inteligentes requieren una calibración inicial con un tensiómetro convencional. El problema es que esta calibración pierde validez con el tiempo, a medida que cambian las condiciones fisiológicas del usuario. Esto reduce aún más la fiabilidad de las mediciones a largo plazo.

Una tecnología no exenta de riesgos

Más allá de las limitaciones técnicas, el artículo de 2025 advierte de los riesgos clínicos asociados al uso indiscriminado de estos dispositivos.

Por un lado, los falsos negativos: personas con hipertensión real que reciben valores aparentemente normales y retrasan la consulta médica o el inicio del tratamiento. Y por el otro, los falsos positivos: usuarios sanos que creen tener la tensión elevada, lo que puede generar ansiedad, consultas innecesarias o incluso tratamientos inapropiados.

Las guías clínicas recuerdan que pequeños errores de medición pueden tener consecuencias importantes en la toma de decisiones terapéuticas. Por ello, los investigadores insisten en que estos relojes no deben utilizarse para el diagnóstico ni para ajustar los tratamientos antihipertensivos.

¿Significa esto que los relojes inteligentes no sirven?

No necesariamente. Los smartwatches pueden tener un valor complementario, siempre que se comprendan sus límites. Pueden ayudar a detectar tendencias generales, aumentar la conciencia sobre la salud cardiovascular o motivar a las personas a consultar con un profesional sanitario.

También tienen interés en estudios poblacionales y en programas de salud digital. En estos casos el objetivo no es el diagnóstico individual, sino el análisis de patrones a gran escala. Por lo tanto, la recolección de gran cantidad de datos puede resultar de utilidad para los investigadores, a pesar de las limitaciones explicadas. El problema aparece cuando se confunde una herramienta de seguimiento orientativo con un instrumento médico validado.

La tecnología avanza rápidamente. Es probable que en el futuro existan dispositivos sin manguito capaces de medir la tensión arterial con suficiente precisión. Pero, a día de hoy, la evidencia científica indica que los relojes inteligentes no cumplen los estándares necesarios para sustituir a los tensiómetros validados.

Para la ciudadanía el mensaje es sencillo: si quiere conocer su tensión arterial de forma fiable, debe acudir a un profesional sanitario o utilizar un dispositivo validado. Para los profesionales de la salud, el reto consiste en acompañar a los pacientes en el uso crítico de estas tecnologías. Es importante evitar tanto el alarmismo como las falsas expectativas.

La salud digital ofrece grandes oportunidades, pero, como recuerda la ciencia, en medicina no basta con medir algo: hay que medirlo bien.

The Conversation

Jorge Velázquez Saornil no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Los relojes inteligentes aún no miden bien la tensión arterial – https://theconversation.com/los-relojes-inteligentes-aun-no-miden-bien-la-tension-arterial-274334

Brain injury is almost 10 times more common in unhoused people. Addressing it is key to reducing homelessness

Source: The Conversation – Canada – By Mauricio A. Garcia-Barrera, Professor of Psychology, University of Victoria

On any given night, 60,000 people in Canada will go to sleep homeless. Research estimates that more than half of them have had a brain injury at one point in their lives, most of them being injured before becoming homeless. An estimated 22.5 per cent live with moderate or severe brain injuries, a rate nearly 10 times higher than the general population.

Several avenues can lead a person to experience homelessness, including abuse, criminality and other adverse life events, all of which can be interrelated with brain injury. For example, experiencing a brain injury can lead to the onset of a mental health or substance use disorder, impulsivity and aggression, which can, in turn, lead to unemployment, family breakdown or other known causes of homelessness.

“Acquired brain injury” refers to brain damage after birth, either from external physical force (called traumatic brain injury) or internal problems like stroke or infection (non-traumatic). The more severe the brain injury, the greater the impairment, with cognitive abilities often being the most affected.

Cognitive impairment and homelessness

At the CORTEX Lab at the University of Victoria, one of our research interests is the impact of brain injury.

Brain injury often leads to a wide range of cognitive challenges, including mental fog, fatigue, difficulty concentrating and memory problems that disrupt learning and daily functioning. Executive functioning, including decision-making and problem-solving processes, can be particularly affected.

When these impairments go undiagnosed and unsupported, the consequences ripple across every aspect of life: work and school performance decline, relationships suffer and healthy coping mechanisms erode.

Sustaining employment, education and family responsibilities becomes overwhelming. Remembering medications, appointments, and effectively completing tasks such as filling out a form can feel nearly impossible. Financial strain, interpersonal loss and chronic stress compound these difficulties.

Without adequate recovery supports, these factors converge, increasing vulnerability to homelessness and perpetuating a cycle where further brain injuries become more likely.

Systemic gaps in supports

Our research identified several systemic barriers that make it difficult for people living with brain injuries to break the cycle of housing instability and homelessness.

Stigma is pervasive and can undermine the quality of care people receive. People may be discouraged from seeking help when they need it because their trust in systems and service providers is broken.

Health-care and housing systems operate in silos. Long wait-lists, complex application processes and limited communication between organizations make the available services difficult to navigate, especially for people with brain injuries who may require additional support to complete paperwork, attend appointments and advocate for their needs.

Many people with brain injuries rely on income assistance. There is growing concern about the discrepancy between these supplements and the rising cost of living. In today’s rental market, “affordable” housing is financially inaccessible for those relying on income assistance. When housing is obtained, individuals are left with minimal resources to meet their basic needs after rent is paid. This, coupled with under-investment in existing supportive and transitional housing, further limits the availability of appropriate shelter options.

What can we do? Top five solutions

Our community partners’ insights yielded the following recommendations for improving the health and well-being of people experiencing homelessness and brain injury, listed below in order of priority:

1. Provide accessible and affordable housing

People with a brain injury need affordable, accessible housing with special support, including alternative transportation, age-appropriate settings and flexible living options. A housing-first approach with adequate financial help provides the stability needed for successful community living.

2. Enhance resources for service providers

Specialized training for health-care and public service workers who commonly interact with people experiencing homelessness, such as community outreach workers and police, can help to improve the quality of care. The expansion of brain injury health-care services into homeless communities is also key, with particular emphasis on screening and diagnostic services as the first step to connecting people to specialized care.

3. Design needs-based services

Health-care services must consider basic needs that are often overlooked. For example, providers should offer storage, even without ID, so that unhoused patients can safely store their belongings while attending appointments, which can be plentiful following a brain injury.

4. Improve collaboration and adopt a long-term integrated approach

Improving communication between health authorities and housing service providers may facilitate a smoother transition from hospital (post-brain injury) to housing, in turn preventing people from being discharged to the streets. The idea of “care with distinction” is critical, as a team of multidisciplinary health-care professionals are needed to understand needs specific to brain injury, psychiatric or physical conditions, and how these challenges interact in people experiencing homelessness. Continuity of care is also crucial, as brain injury can require lifelong support.

5. Reduce stigma through public health education

Public health education campaigns arose as a promising means for promoting awareness and reducing stigma. By fostering greater awareness for the interconnections between brain injury and homelessness, greater compassion might be promoted.

Supporting a national strategy: Bill C-206

The high burden of brain injury among people experiencing homelessness is undeniable. Bill C-206, an Act to establish a national strategy on brain injuries, represents a critical step toward addressing brain injury in Canada and, as an outcome, addressing homelessness.

The legislation aims to improve prevention, treatment and recovery support for the millions of Canadians affected by brain injury. The bill emphasizes collaboration, public education, and comprehensive care for individuals and families navigating life after a brain injury. A national strategy will have a visible impact not only on affected individuals but on our communities at large.

The Conversation

Mauricio A. Garcia-Barrera receives research funding associated with the work referred in this article from the (former) BC Ministry of Mental Health and Addictions, the Vancouver Foundation, Michael Smith Health Research BC, and Mitacs.

Cole J. Kennedy receives funding for the research referenced in this article from the BC Ministry of Mental Health and Addictions, Vancouver Foundation, Michael Smith Health Research BC, Mitacs and the BC Brain Injury Association. He is also supported by Island Health and the Canadian Institutes of Health Research.

Grace C. Warren receives funding from the Social Sciences and Humanities Research Council Canada Graduate Scholarship – Master’s award.

ref. Brain injury is almost 10 times more common in unhoused people. Addressing it is key to reducing homelessness – https://theconversation.com/brain-injury-is-almost-10-times-more-common-in-unhoused-people-addressing-it-is-key-to-reducing-homelessness-270162

Air pollution may directly contribute to Alzheimer’s disease – new study

Source: The Conversation – UK – By Eef Hogervorst, Professor of Biological Psychology, Loughborough University

Angel Gruber/Shutterstock

Air pollution has long been linked to heart and lung disease. But a large US study suggests it may also raise the risk of Alzheimer’s disease – the most common form of dementia.

Researchers tracked nearly 28 million older adults over six years nationwide. They found that those exposed to higher levels of fine particulate air pollution were more likely to develop Alzheimer’s.

These fine particles come mainly from burning fossil fuels, wildfires, deliberate field burning for agricultural clearing and industry. Known as PM2.5, they are smaller than 2.5 micrometres and small enough to penetrate deep into the lungs and enter the bloodstream.

The US study used Medicare insurance claims to confirm Alzheimer’s diagnoses and area data by postcode for fine particle pollution levels. It also looked at other factors that could explain the link, such as the proportion of smokers or overweight people living in more or less polluted areas.

But using postcode data has limitations. It doesn’t account for how close individual homes are to motorways, industry or forests. It also doesn’t capture indoor pollution from things like cleaning products, wood burners or candles – all of which can vary hugely from house to house.

Postcodes also don’t always identify poverty accurately. Poverty is linked to many Alzheimer’s risk factors – lower educational attainment, poorer access to good food and healthcare, and living in more polluted areas.

In this study poverty and deprivation was taken into account by looking at Medicaid eligibility (which was the case for 26% of the group investigated). This type of insurance is for people over 65 who have low incomes or significant disability, or both.

The findings are particularly concerning because pollution levels in the areas studied were, on average, about twice as high as the limit set by the World Health Organization (WHO). The WHO advises that annual levels of PM2.5 should not exceed five micrograms per cubic metre of air.

The researchers found that the increased Alzheimer’s risk in polluted areas remained even after taking high blood pressure, stroke and depression into account. These conditions were linked both to air pollution and to Alzheimer’s, but they didn’t fully explain the relationship between the two.

There are biological reasons why this link makes sense. Air pollution with fine particles may harm the brain by increasing inflammation and promoting oxidative stress, which causes brain cells to malfunction. The polluting particles are small enough to enter the bloodstream, and they can block bloodflow to the brain.

Elderly man doing a puzzle shaped like a human head.
The air we breathe is shaping our brains in later life.
LightField Studios/Shutterstock.com

This study is alarming, but it isn’t the first to find a link between air pollution and dementia. When researchers combined data from 20 studies across America, Europe and Asia, they found a clear pattern: the more PM2.5 particles in the air, the higher the risk of dementia.

For every extra ten micrograms of PM2.5 per cubic metre of air, the risk of dementia rose by around 40%. The risk of Alzheimer’s disease went up by about 47%, and the risk of vascular dementia – a type caused by reduced blood flow to the brain – doubled entirely. Taken together, the evidence is hard to ignore.

The global picture

PM2.5 pollution is especially high in some countries in Africa, India and China. Dementia risk is also increasing at alarming rates in these regions.

Indonesia has areas with very high pollution levels. Research suggests it may have double – or possibly even triple – the percentage of people over 65 with suspected dementia compared to the EU. And China faces very high costs from its growing number of people with dementia. Initially, policy changes in China were able to reduce fine particle emissions. But in more recent years, this seemed less effective.

With the US increasing what was considered a safe fine particulate limit, there’s an urgency to act. These and other countries need to reduce pollution sooner rather than later to prevent the current and future human and economic costs of dementia.

The Conversation

Eef Hogervorst receives funding from ISPF to investigate pollution in Indonesian neonates and stunted growth, a risk factor for later life dementia

ref. Air pollution may directly contribute to Alzheimer’s disease – new study – https://theconversation.com/air-pollution-may-directly-contribute-to-alzheimers-disease-new-study-275873