‘Streaming’, ‘selfie’ o ‘look’: ¿es correcto emplear extranjerismos?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Amalia Pedrero González, Profesora Titular de Lengua Española, Universidad CEU San Pablo

En medio de un buen _brunch_ es necesario hacerle una _update_ a las amigas. Roman Samborskyi/Shutterstock

Es común hoy en día estar rodeados de fake news, asistir a una conferencia en streaming o ver una sitcom en prime time. Si hablamos de moda, son continuas las referencias al look (incluso al lookazo), el outfit, el animal print y el dress code. En cuanto a la alimentación, ya sabemos que es mejor para la salud todo lo healthy, y que debemos evitar consumir demasiada fast food, como pueden ser los hot dogs.

Los extranjerismos están en todos lados de la conversación popular. Pero ¿está bien emplearlos? ¿Es cool o da cringe?

Préstamos entre idiomas

Para establecer la corrección o no de estos, en primer lugar, es necesario precisar qué entendemos por extranjerismo.

En sentido estricto, y referido al español, por extranjerismo se entiende toda aquella voz que no procede de la evolución directa del latín, origen de la lengua actual.

Desde este punto de vista, son extranjerismos palabras como guerra y yelmo (germanismos), almohada y alfiler (arabismos), crema y servilleta (galicismos), acuarela y ópera (italianismos) o líder y túnel (anglicismos).

Todos estos términos se perciben hoy día como propios del español. Y es lógico, porque la incorporación de voces de otras lenguas no es un fenómeno característico de los últimos tiempos: desde el origen de nuestro idioma se han ido integrando en él palabras de muy distinta procedencia.

No obstante, la aportación de unas lenguas u otras varía a lo largo de los siglos. La llegada de arabismos fue más frecuente en la Edad Media (naranja, azúcar); los italianismos, en el Renacimiento (novela, soneto) y los galicismos, especialmente en los siglos XVIII y XIX (botella, blusa). Actualmente, los anglicismos (tique, vip) son los que reciben el mayor protagonismo.

A lo largo del tiempo

Ya que no es un fenómeno reciente, ¿cuál es la postura académica con respecto al uso de palabras de origen extranjero?

Pues se ha producido una evolución en este sentido a lo largo del tiempo. Para conocer cuál ha sido este cambio, son muy esclarecedores los prólogos de las distintas ediciones del Diccionario, como el de 1843, donde se recoge lo siguiente:

“Este es el objetivo primordial del Diccionario, dar á conocer las palabras propias y adoptivas de la lengua castellana, sancionadas por el uso de los buenos escritores; pero muchos no lo entienden así; y cuando no encuentran en el Diccionario una voz que les es desconocida, en vez de inferir que no es legítima y de buena ley, lo que infieren es que el Diccionario está diminuto. Así hemos visto lamentarse algunos de no hallar en él las palabras comité (por comisión) o secundar (por cooperar), y otras muchas extranjeras que están infestando la mayor parte de los escritos que diariamente circulan”.

En este texto se aprecia claramente aversión hacia este tipo de voces. En los prólogos de los Diccionarios Manuales de la Real Academia, que intentan ser diccionarios de uso, también se percibe la misma idea de rechazo hacia la voz de origen foráneo, como se lee en el prólogo del Diccionario manual de 1927:

“Incluye [el Diccionario] también los vocablos incorrectos y los extranjerismos que con más frecuencia se usan (…), poniendo en su lugar la expresión propiamente española que debe sustituirlos”.

Si bien es verdad que se han ido aceptando voces cuyo uso ya era generalizado, a veces se ha mostrado excesiva reticencia a adoptar estos términos. Así sucedió con la voz sándwich, documentada desde 1881 en español, aunque su incorporación al Diccionario se produjo en la edición de 1992, ciento once años después.


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En la actualidad

Esta postura de oposición se ha modificado en los últimos tiempos. Por ello, en el actual Diccionario panhispánico de dudas se aclara que:

“Todos los idiomas se han enriquecido a lo largo de su historia con aportaciones léxicas procedentes de lenguas diversas. Los extranjerismos no son, pues, rechazables en sí mismos. Es importante, sin embargo, que su incorporación responda en lo posible a nuevas necesidades expresivas y, sobre todo, que se haga de forma ordenada y unitaria, acomodándolos al máximo a los rasgos gráficos y morfológicos propios del español”.

Al leerlo, se aprecia un aperturismo hacia el uso de voces de procedencia extranjera. Pero con matices: si existe una voz española para designar la realidad, es preferible usar esa (contraseña en vez de password; correo electrónico por e-mail; silenciar por mutear). En el caso de que no exista o no esté muy extendida, es admisible la voz extranjera (emoji, software), pero intentando adaptarla a la lengua (pódcast, selfi, tuit).

Así, podemos concluir que los extranjerismos empobrecen el lenguaje cuando la lengua receptora posee una voz para designar esa misma realidad. Por el contrario, la enriquecen cuando no existe el término para denominar la nueva entidad.

De todas formas, con el paso del tiempo, estas incluso pueden desplazar a la voz patrimonial: la palabra “calzón” fue sustituida por el galicismo pantalón, o “millo”, a su vez, reemplazada por el término de origen taíno maíz. En el caso del fútbol, donde la terminología procede del inglés, dependiendo del lugar se hablará de árbitro o de réferi, de penaltis o penales

En conclusión, no somos más elegantes al emplear extranjerismos. Pero tenemos que tener presente que la sociedad evoluciona y la lengua lo hace con ella, por lo que llegarán nuevas voces procedentes de distintos sitios: unas se consolidarán; otras, con el tiempo, desaparecerán.

The Conversation

Amalia Pedrero González no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ‘Streaming’, ‘selfie’ o ‘look’: ¿es correcto emplear extranjerismos? – https://theconversation.com/streaming-selfie-o-look-es-correcto-emplear-extranjerismos-273985

El secreto del bagazo de agave: no es residuo, es riqueza

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Guillermo José Navarro del Toro, Research Professor at the University of Guadalajara – Centro Universitario de Los Altos, Universidad de Guadalajara, Universidad de Guadalajara

Cosecha del agave en el estado de Jalisco (México). T photography/Shutterstock

Cada piña de agave (o magüey) azul que entra en las destilerías de Los Altos de Jalisco, en México, sale convertida en dos productos: tequila y bagazo, una masa fibrosa y húmeda que representa el 40 % del peso de la planta.

La mayor parte de estos restos se consideran un estorbo, un problema ambiental, un costo de disposición. Pero ese desperdicio es, en realidad, un cofre del tesoro repleto de moléculas que valen su peso en oro.

Bagazo de agave: usos históricos

A partir de las fibras maceradas de los agaves o magüeyes los aztecas elaboraban un papel muy similar al papiro. Fray Toribio de Benavente Motolinía (1482-1569), cronista de la Nueva España, contaba: “Hácese del methl (magüey) buen papel; el pliego es tan grande como dos pliegos del nuestro…”.

Durante generaciones, una parte de ese bagazo se ha empleado para el compostaje, la fabricación de ladrillos, papel, alimento de ganado y relleno de colchones. Pero estos usos no son suficientes para la gran cantidad de restos que se generan en la fabricación de tequila.

Fuente de energía y material de vanguardia

En primer lugar, del bagazo de agave se obtienen pélets de biomasa, pequeños cilindros compactos con un enorme poder calorífico. Su uso para la generación de energía representa un ahorro para las empresas tequileras de alrededor del 50 % respecto al coste del fuel. Con respecto a la huella de carbono, las emisiones se reducen en un 37 % en toda la cadena del tequila.

Además, el uso de pélets de agave permite un modelo circular: las cenizas provenientes de su quema se utilizan como abono orgánico.

Otra peculiaridad del bagazo es que sus fibras contienen nanocristales de celulosa, un biomaterial altamente resistente, flexible y ligero. ¿El resultado? Ya se produce PolyAgave, un bioplástico de fibra de agave con el que se fabrican productos biodegradables que se descomponen en meses sin dejar rastros tóxicos.

Y en 2022, una estudiante de Biotecnología de la Universidad Autónoma de Guadalajara se planteó, si el bagazo pudiera servir para limpiar agua contaminada. Sus experimentos demostraron que, procesado, funciona como una esponja molecular que atrapa contaminantes. En sus pruebas, obtuvo un material bioabsorbente altamente eficiente para la depuración del agua contaminada con colorantes.

De la tierra al botiquín

En el ámbito de la salud, el bagazo contiene sapogeninas, materia prima para la producción de corticosteroides y hormonas esteroideas que se utilizan para tratar inflamaciones, asma y desórdenes hormonales. Además, está cargado de flavonoides y compuestos fenólicos con propiedades antioxidantes, antiinflamatorias y anticancerígenas.

Y por si fuera poco, el grupo de investigación de bioproductos sostenibles del Instituto Tecnológico de Monterrey descubrió que el bagazo contiene prebióticos que alimentan la microbiota intestinal, reducen el azúcar en sangre, generan saciedad y fortalecen el sistema inmune.

Por tanto, lo que antes se tiraba podría servir para prevenir y curar enfermedades.

La promesa de aprovechamiento

En los campos de agave azul que pintan el paisaje en Los Altos de Jalisco (México) como un océano de espadas plateadas, el bagazo se acumula en cantidades que desafían la imaginación: más 750 000 toneladas al año. Durante décadas, la mayoría terminaba quemado, tirado o pudriéndose en los campos. Hasta ahora.

Los residuos agroindustriales deben ser considerados materia prima para otros procesos. Aprovechar el bagazo de agave implicaría convertirlo en combustible sustentable, nanomateriales, compuestos farmacéuticos, prebióticos, bioplásticos y bioetanol, y dejaría de ser desecho orgánico para convertirse en nuevos materiales y fuente de riqueza para los productores.

The Conversation

Guillermo José Navarro del Toro no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

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Las consejeras ejecutivas siguen ganando menos que sus colegas masculinos: cómo reducir la brecha

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Álvaro Melón Izco, Profesor Permanente Laboral de Economía Financiera y Contabilidad, Universidad de La Rioja

Gorodenkoff/Shutterstock

Las consejeras ejecutivas ganan menos que sus colegas hombres, incluso cuando ocupan el mismo cargo. Hemos analizado las diferencias salariales entre hombres y mujeres en los consejos de administración de las empresas españolas que cotizan en la Bolsa de Madrid entre 2013 y 2021, y hemos llegado a la conclusión de que aplicar correctamente las normas de buen gobierno corporativo puede reducir esa desigualdad.

La brecha existe… pero no siempre por lo mismo

Sabemos que, en España, la brecha salarial llega a ser muy elevada entre consejeros y consejeras ejecutivas. Pero no toda esa diferencia tiene el mismo origen.




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En parte se explica por factores objetivos: el tamaño de la empresa, el puesto que se ocupa dentro del consejo, la participación en comisiones de trabajo o la trayectoria profesional. Todo eso influye en la retribución final de los consejeros y consejeras.

Sin embargo, incluso cuando se comparan perfiles equivalentes, la brecha no desaparece del todo. Una parte significativa no puede explicarse por características observables. Esto indica que también intervienen factores estructurales, organizativos o culturales.

Para entenderlo bien hay que mirar el sueldo con más detalle.

No todos los componentes del salario funcionan igual

El sueldo de un consejero ejecutivo tiene varias partes:

  1. Retribución fija: compuesta por una remuneración fija por pertenencia al consejo, un sueldo por la labor ejecutiva, otra remuneración por pertenencia a comisiones dentro del consejo y las dietas.

  2. Retribución variable: compuesta por retribuciones variables a corto y largo plazo en función de objetivos, retribuciones a través de acciones o similares, y retribuciones a través de sistemas de ahorro.

  3. Otras retribuciones: remuneraciones en especie e indemnizaciones por cese del consejo.

Cuando se analizan por separado, aparecen diferencias importantes.

Si en la retribución fija gran parte de la brecha se relaciona con características del puesto o de la empresa, en la remuneración variable la situación cambia: los incentivos concentran una parte muy relevante de la desigualdad que no puede explicarse por factores objetivos.

Esto es clave. La mayor parte de la diferencia aparece precisamente en la parte del salario donde hay más margen de decisión.

El papel del buen gobierno corporativo

Aquí entra en juego un elemento poco visible fuera del ámbito empresarial: las recomendaciones de buen gobierno sobre remuneraciones.

En España, estas directrices (soft law, no vinculantes pero que sirven de referente) son promovidas por la Comisión Nacional del Mercado de Valores y establecen principios como:

  • Transparencia en las políticas salariales.

  • Coherencia entre remuneración y resultados.

  • Evaluación independiente de los salarios.

  • Control de la discrecionalidad en los incentivos.

No son simples formalidades. Su objetivo es que las decisiones salariales sean justificables y supervisables.

Qué ocurre cuando se cumplen las reglas

Las empresas que aplican mejor estas recomendaciones presentan una menor brecha salarial entre consejeros y consejeras ejecutivas.

La reducción se observa en todos los componentes de la remuneración. Esto es, tanto en la retribución fija como en la variable, incluso en los otros tipos de retribución menos frecuentes.

Por tanto, el cumplimiento con los estándares de buen gobierno en materia de remuneración no es simbólico: tiene efectos reales y medibles sobre la igualdad salarial.

Por qué el cumplimiento reduce la desigualdad

Las recomendaciones citadas obligan a las empresas a explicar y documentar sus decisiones salariales. Eso limita la arbitrariedad y reduce la influencia de sesgos o inercias históricas.

La transparencia introduce control, que reduce la discrecionalidad. Y menos discrecionalidad significa menos desigualdad.

Además, las empresas con sistemas de gobierno más sólidos suelen tener procesos de decisión más estructurados y culturas organizativas más inclusivas. La igualdad deja de depender de decisiones individuales y pasa a integrarse en el funcionamiento normal de la organización.

El gran punto crítico: los incentivos

Aun así, el principal foco de desigualdad sigue siendo la remuneración variable.

Los bonus y pagos ligados al desempeño son más difíciles de evaluar objetivamente y suelen depender de valoraciones más flexibles. Por eso son también más sensibles a sesgos, conscientes o inconscientes.

Pero no es el único factor. También influye cómo hombres y mujeres tienden, en promedio, a tomar decisiones ante la incertidumbre.

Numerosas investigaciones en economía y comportamiento organizativo muestran que, de media, las mujeres sienten más aversión al riesgo que los hombres. Esto no significa que todas se comporten igual ni que siempre eviten el riesgo, pero sí que, en términos agregados, tienden a preferir ingresos más seguros frente a ganancias potenciales inciertas.

Aplicado a la remuneración de los consejeros ejecutivos, esto puede traducirse en una mayor preferencia por salarios fijos –más estables y predecibles–, incluso si eso implica renunciar a incentivos variables que podrían ser más altos, pero también más inciertos.

En cambio, muchos sistemas de bonus premian la asunción de riesgo, la negociación agresiva o la apuesta por objetivos muy ambiciosos. Si unos profesionales están, en promedio, más dispuestos a aceptar esa incertidumbre que otros, el resultado puede ser una mayor diferencia en la remuneración variable, incluso sin discriminación directa en cada decisión individual.

Esto ayuda a explicar por qué la brecha salarial se concentra especialmente en los incentivos: son el componente donde confluyen tanto la discrecionalidad organizativa como las diferencias promedio en preferencias frente al riesgo.

Por eso, si se quiere reducir la brecha salarial de forma efectiva, no basta con revisar cuánto se paga, sino también cómo se diseñan los sistemas de incentivos y qué tipo de comportamientos se están premiando.

Más mujeres no basta

Aumentar la presencia femenina en los consejos es necesario, pero no suficiente. La igualdad real no consiste solo en acceder a los cargos, sino en recibir la misma compensación por funciones equivalentes. Si no ocurre así, el techo de cristal desaparece, pero la desigualdad permanece en el salario.

Las conclusiones apuntan a medidas concretas:

  • Auditorías de equidad salarial.

  • Transparencia en los criterios retributivos.

  • Evaluación objetiva del desempeño.

  • Comités de remuneraciones independientes.

  • Supervisión específica de los incentivos variables.

Promover el cumplimiento efectivo de las recomendaciones de buen gobierno no solo mejora la gestión empresarial. También reduce las desigualdades estructurales.

Sabemos que la brecha salarial existe, incluso en la cúspide empresarial. Ahora sabemos algo más importante: puede reducirse.

Cuando las reglas se aplican de verdad, la igualdad deja de ser una promesa y empieza a ser un resultado.

The Conversation

Álvaro Melón Izco recibe fondos de la Universidad de La Rioja (REGI22/55).

ref. Las consejeras ejecutivas siguen ganando menos que sus colegas masculinos: cómo reducir la brecha – https://theconversation.com/las-consejeras-ejecutivas-siguen-ganando-menos-que-sus-colegas-masculinos-como-reducir-la-brecha-275350

Vivir en entornos ricos en estímulos aumenta la plasticidad del cerebro

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Federico Miozzo, Investigador postdoctoral en neurociencias, Universidad Miguel Hernández

Un experimento con ratones explica el mecanismo por el que los ambientes enriquecidos ayudan a aprender mejor. Andy Luo / Unsplash., CC BY

Desde hace décadas, sabemos que crecer en un entorno rico en estímulos sensoriales, sociales y físicos favorece el desarrollo cognitivo y la capacidad de aprendizaje. Aunque estos beneficios son especialmente importantes durante la infancia y la adolescencia, no se limitan a las primeras etapas de la vida. También en la vejez, un entorno estimulante contribuye a retrasar el deterioro cognitivo y a mantener la mente activa.

A pesar de esta evidencia conductual, todavía conocemos muy poco sobre los mecanismos neuronales y moleculares subyacentes. ¿Cómo convierte el cerebro la experiencia ambiental en cambios duraderos en las habilidades de aprendizaje y en la memoria?

Ratones jugando con un modelo de ADN. Los roedores son modelos clave para entender cómo el ambiente dialoga con los genes y moldea la memoria.
Laboratorio de Neurociencias, Universidad Miguel Hernández.

Desde el Instituto de Neurociencias, centro mixto del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y la Universidad Miguel Hernández (UMH) de Elche, hemos publicado recientemente en Nature Communications un estudio hecho en ratones que aporta nuevas claves fundamentales sobre este proceso.

En concreto, muestra que el impacto del entorno no es igual en todas las poblaciones neuronales del cerebro. Además, identifica uno de sus componentes, el complejo proteico AP-1, como un mediador central entre el ambiente y la cognición.

Tres entornos, tres cerebros distintos

Para estudiar cómo el entorno modula la cognición, nuestro equipo, liderado por el doctor Ángel Barco, crió ratones hembra jóvenes durante tres meses en tres condiciones ambientales bien definidas.

El primer grupo vivió en un entorno enriquecido. Los animales compartían grandes cajas que facilitaban la exploración e interactuaban en grupos de 15 a 20 individuos. Además, disponían de ruedas para hacer ejercicio y de juguetes que se cambiaban regularmente para mantener la novedad. Un segundo grupo vivió en un entorno estándar, en grupos pequeños de 4-5 ratones, con material básico para la nidificación como único recurso. El tercer grupo fue criado en un entorno empobrecido, caracterizado por el aislamiento social y la ausencia total de estímulos.

Tras este periodo, los animales fueron sometidos a pruebas de aprendizaje y memoria. Los ratones del entorno enriquecido mostraron un rendimiento cognitivo claramente superior. Esta mejora se observó, por ejemplo, en el test de condicionamiento del miedo, una versión en roedores del clásico condicionamiento de Pavlov.

En cambio, los ratones criados en condiciones empobrecidas presentaron dificultades de memoria. Los déficits de detectaron en pruebas de reconocimiento de objetos, que evalúan la capacidad del animal para distinguir entre un objeto previamente explorado y uno nuevo.

Desentrañar la complejidad celular del cerebro

Comprender qué ocurre a nivel molecular en el cerebro es especialmente complejo, porque hay decenas de tipos neuronales y no neuronales que conviven e interactúan. Los análisis globales tienden a mezclar señales de distintas células, dificultando la interpretación de los resultados. Para superar esta limitación, decidimos centrar nuestro estudio en dos poblaciones neuronales del hipocampo esenciales para la memoria: las neuronas piramidales y las neuronas granulares.

Neurona piramidal humana observada mediante el método de Golgi. Nótese que la dendrita apical se extiende verticalmente por encima del soma y que hay numerosas dendritas basales que surgen de forma lateral desde su base.
Wikimedia Commons., CC BY

Por un lado, separamos cuidadosamente subregiones específicas del hipocampo mediante una disección fina. Por otro, aplicamos una técnica genética para marcar con fluorescencia las neuronas de interés. La combinación de ambos métodos nos permitió aislar las neuronas piramidales y granulares de manera muy precisa. Así, pudimos aplicar técnicas avanzadas de genómica para ver cómo se activan o apagan los genes en cada tipo de neurona.

Uno de los hallazgos más llamativos del estudio fue que los distintos entornos no actuaban de la misma manera en ambas poblaciones neuronales. El entorno enriquecido produjo cambios moleculares más pronunciados en las neuronas granulares, mientras que el entorno empobrecido afectó más a las neuronas piramidales.

AP-1 como pieza clave de la plasticidad inducida por el entorno

Además, los autores identificamos un patrón molecular que conectaba estos cambios en las neuronas con el comportamiento: las dos condiciones ambientales inducían efectos opuestos sobre el complejo proteico AP-1, encargado de regular genes claves para la plasticidad sináptica, es decir, la capacidad de las neuronas de modificar sus conexiones en respuesta a la experiencia. Mientras que el entorno enriquecido activaba AP-1, el entorno empobrecido lo reprimía. Esta correlación estrecha entre la actividad de AP-1 y el rendimiento cognitivo sugería que el complejo actúa como traductor molecular de la experiencia ambiental.

A continuación, nos propusimos comprobar si AP-1 era necesario para los cambios en la memoria inducidos por el entorno. Para ello, inactivamos el gen Fos, que codifica una subunidad esencial del complejo AP-1. Al hacerlo, los beneficios cognitivos del entorno enriquecido se atenuaron significativamente. Este experimento demostró que, sin la activación de AP-1, incluso un entorno rico en estímulos pierde gran parte de su capacidad para potenciar la cognición.

AP-1 funciona, así, como un traductor molecular clave de los efectos del entorno en el cerebro. Activa genes que modifican las sinapsis y remodelan los circuitos, procesos fundamentales para el aprendizaje y la memoria.

Convertir la experiencia en una herramienta clínica

Estos resultados refuerzan la idea de que la estimulación física, social e intelectual durante la infancia y la adolescencia es crucial para el desarrollo cognitivo. Más allá de confirmar una intuición ampliamente aceptada, este estudio identifica un mecanismo molecular concreto que conecta el entorno con la plasticidad cerebral.

Reconocer a AP-1 como un regulador central de este proceso abre la puerta a terapias que imiten o potencien los beneficios de un entorno enriquecido. Modular farmacológicamente esta vía de señalización tiene el potencial de abrir nuevas oportunidades terapéuticas en el futuro. Su aplicación podría ayudar a tratar trastornos de desarrollo del cerebro, la pérdida de memoria relacionada con la edad o situaciones con acceso limitado a entornos estimulantes.

Comprender cómo el entorno “habla” con nuestros genes es un paso esencial para para mejorar la salud del cerebro.

The Conversation

Federico Miozzo no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Vivir en entornos ricos en estímulos aumenta la plasticidad del cerebro – https://theconversation.com/vivir-en-entornos-ricos-en-estimulos-aumenta-la-plasticidad-del-cerebro-273142

El juego como herramienta de socialización de niños y niñas con autismo

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Raquel González Hernández, Profesora sustituta en el área de Didáctica y Organización Escolar. Departamento de Didáctica e Investigación educativa ULL, Universidad de La Laguna

Zoteva/Shutterstock

Lucía, de dos años, suele preferir estar sola en la escuela infantil. Cuando se organizan actividades (canciones, bailes o rodar una pelota en grupo), se queda al margen, sentada en un rincón mirando fijamente al suelo o un objeto propio, o se tapa los oídos y gira sobre sí misma repetidamente.

Sus maestras la animan a unirse al círculo diciendo “¡Vamos, Lucía, tienes que participar con todas!”, insistiendo hasta que consiguen convencerla; a veces incluso la toman en brazos para colocarla en medio del grupo. Pero esto aumenta la irritabilidad de la niña, provocando mayor retraimiento.

Los niños y niñas con autismo presentan un funcionamiento neurológico diverso que influye en cómo perciben el entorno, procesan la información sensorial, regulan sus emociones y se relacionan con los demás.

Esto, en la etapa infantil (entre los 0 y los 6 años) afecta a cómo conectan sus emociones con su expresión corporal, y se traduce a menudo en una mayor tendencia al juego solitario, en dificultades para compartir intereses con otras personas y en formas atípicas de mostrar afecto o malestar, como evitar la mirada, buscar los mismos objetos o recurrir a movimientos repetitivos para autorregularse.

Emoción, expresión, cuerpo y juego

En estas edades tan tempranas, es el cuerpo la principal vía de relación con el entorno, y el juego su principal vía de expresión. A través del juego se desarrolla el pensamiento, la creatividad, la autonomía y la socialización.

Una de las metodologías que utilizan el juego como principal herramienta de acompañamiento a niños y niñas con autismo es la psicomotricidad relacional. A continuación explicaremos en qué consiste y cómo se puede aplicar.

Escuchar, comprender y conectar

Las manifestaciones corporales, tanto en la dimensión motriz, como en la cognitiva y la afectivo‑social, proporcionan información valiosa sobre el desarrollo del niño, su bienestar emocional y posibles alteraciones.

En la dimensión motriz se observan, por ejemplo, la coordinación de los movimientos, el equilibrio o la presencia de torpeza y rigidez corporal; en la dimensión cognitiva, la forma en que explora el espacio, mantiene la atención en una actividad o planifica una acción; y en la dimensión afectivo‑social, gestos como acercarse o evitar el contacto, buscar el abrazo del adulto, compartir o no el juego con otros niños y niñas, así como posturas que transmiten seguridad, timidez o malestar.




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Los y las docentes y cuidadoras pueden aprender mucho simplemente observando estos comportamientos: les permite identificar signos de alarma, comprender y acompañar en el desarrollo infantil desde una perspectiva integral.

La psicomotricidad relacional y autismo

La psicomotricidad relacional busca, a través del análisis de la expresividad de cada niño y niña, conectar con sus emociones, ajustando la intervención a sus vivencias corporales. Toma como punto de partida sus competencias y trata de acompañar en la manifestación y transformación de sus necesidades, ayudándole a evolucionar.

A diferencia de enfoques directivos que usan objetivos fijos y muchas palabras e indicaciones para guiar al niño, aquí el psicomotricista se acerca jugando, usa su propio cuerpo para mediar, se fija en lo que hace sin invadirle, y le ofrece opciones que le ayuden a relacionarse mejor con lo que le rodea.

Un entorno que estimule

Así, le da herramientas útiles y con sentido para que su cuerpo sirva para conectar con otros, expresarse y entender el mundo, todo partiendo de su interés y de su propia actividad.

A partir de la observación de cómo el niño usa el espacio, juega con los materiales y se relaciona con otros/as, el psicomotricista crea un entorno que estimula el deseo de comunicarse, compartir y explorar, ampliando las posibilidades de juego y expresión. Esto implica respetar su ritmo, ofrecer materiales que se ajusten a sus intereses sensoriales, participar en el juego de manera respetuosa y ayudarle a tomar conciencia de sí mismo y de las demás personas.

Cuando existe menos integración corporal

Algunos niños y niñas tienen muchas dificultades para relacionarse porque les cuesta sentir y organizar su propio cuerpo. Es decir, no logran percibir bien cómo es su cuerpo ni cómo se mueve. En el caso de niños y niñas con autismo, esto dificulta que puedan iniciar o mantener relaciones, ya que su cuerpo no acompaña su deseo de comunicarse ni les permite percibir o comprender la respuesta de la otra persona.

En estas situaciones, el psicomotricista puede ayudarles a construir una mejor conciencia de su cuerpo. Lo hace acompañándolos en la acción y proponiendo juegos que representen experiencias corporales. Estos juegos les permiten organizarse, reconocer sus límites corporales y, poco a poco, lograr momentos de encuentro con el otro que faciliten la relación y la comunicación.




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Por ejemplo, en un juego de cucú–tras–tras, el psicomotricista acompaña al niño o la niña en la acción, ayudándole a anticipar lo que va a pasar y a reconocer dónde empieza su propio cuerpo y el del otro.

Aislados en sus propias fantasías

Otros niños con autismo, aunque acceden al simbolismo, pueden mostrar una fantasía desbordante que les aísla. El desafío consiste en ofrecer un espacio seguro que les permita organizar y compartir su mundo, conectándolo con la realidad social y emocional que les rodea.

Esto se puede lograr ofreciendo materiales y juegos que vinculen la imaginación con la acción concreta, acompañando sus propuestas sin imponerlas, nombrando y reflejando sus emociones, y favoreciendo interacciones graduales con otros niños y niñas para que la fantasía se conecte con experiencias compartidas.

Por ejemplo, el caso de un niño con autismo que juega solo dentro de una fantasía repetitiva del superhéroe, el psicomotricista le invita a utilizar una tela a modo de capa y, poco a poco, introduce pequeñas interacciones con otros niños y niñas, como pedir ayuda al superhéroe para rescatar a un muñeco o invitar a otro/a niño/a a participar en una misión sencilla, de modo que la fantasía se transforme en una experiencia compartida.

Comenzar por grupos pequeños

La psicomotricidad relacional no solo favorece el desarrollo individual, sino que también proporciona un espacio social rico y significativo donde se promueve la interacción, la cooperación y la empatía.

Las actividades se pueden organizar en parejas o tríos donde resulte posible para el niño con autismo desarrollar un juego compartido y la construcción conjunta de significados, adquiriendo herramientas básicas para la relación. En ocasiones, es posible la ampliación de sus relaciones, accediendo al contexto social que supone jugar en un grupo diverso más numeroso.

Se genera un entorno inclusivo, donde se acoge a la persona tal como es, reconociendo y validando sus características, capacidades y estilos expresivos propios. En definitiva, se crean contextos vivos donde cada niño y niña puede participar, convivir y sentirse parte activa del grupo, construyendo una experiencia de pertenencia, identificación, colaboración y crecimiento mutuo.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. El juego como herramienta de socialización de niños y niñas con autismo – https://theconversation.com/el-juego-como-herramienta-de-socializacion-de-ninos-y-ninas-con-autismo-269570

¿A qué llamamos evidencia científica?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Luis Felipe Reyes, Profesor de muy alto prestigio en Enfermedades Infecciosas, Universidad de La Sabana

Roman Samborskyi/Shutterstock

En tiempos de desinformación viral y certezas instantáneas, pocas expresiones se usan con tanta autoridad y, a menudo, con tan poca precisión, como “evidencia científica”. Se invoca en debates políticos, campañas de salud pública, discusiones familiares y hasta anuncios comerciales, como si fuera un sello de verdad absoluta. Pero ¿qué significa realmente este concepto que parece tan evidente y, al mismo tiempo, tan escurridizo?

A simple vista, podríamos decir que la evidencia científica es aquello que “demuestra” algo con base en la ciencia. Sin embargo, basta examinarla para descubrir que no es un objeto estable, sino un proceso complejo, lleno de matices, incertidumbres y revisiones constantes.

Lejos de ser un bloque monolítico, la evidencia científica se construye, se cuestiona y, a veces, se contradice. Comprender su naturaleza es fundamental para navegar debates sobre temas tan diversos como vacunas, inteligencia artificial, cambio climático o nutrición.

¿Quién puede generar evidencia científica?

Existe la creencia de que la ciencia es un territorio exclusivo de profesionales en laboratorios. Pero, en esencia, la ciencia no es un título; es un método. Si una persona formula una pregunta clara, plantea una hipótesis, recoge datos con rigor, controla sesgos y expone sus conclusiones al escrutinio público, está utilizando el método científico, y por ende, está haciendo ciencia.

Lo que determina la validez de un resultado no es quién lo produce, sino cómo se generan y evalúan los datos. Aun así, la ciencia moderna se ha vuelto tan técnica que algunos experimentos requieren equipamiento, financiación o conocimientos especializados. Esta barrera es práctica, no filosófica.

¿Cuánta evidencia es suficiente? La evidencia como gradiente

Una de las ideas más importantes y más difíciles de comunicar es que no toda evidencia pesa igual. Ningún estudio aislado, por sólido que sea, puede cargar por sí solo con el peso de la verdad. La evidencia se acumula y se evalúa como un gradiente.

La jerarquía clásica de evidencia científica –ensayos clínicos aleatorizados, estudios observacionales, series de casos– es una guía útil, pero imperfecta. En la vida real, la “mejor evidencia disponible” depende de la pregunta, del contexto y de la factibilidad de los estudios.

Por ejemplo, no sería ético aleatorizar a personas a fumar o no fumar para estudiar el cáncer de pulmón; por eso, los estudios observacionales cuidadosamente diseñados se convierten en la forma más robusta de evidencia posible para ese tipo de problemas.

Además, la reproducibilidad es clave. Un resultado aislado puede ser interesante; un resultado reproducido por distintos equipos, en distintos lugares y con distintos métodos se vuelve convincente.

Cuando las evidencias se contradicen

Las contradicciones entre estudios pueden parecer desconcertantes para el público, pero son una parte esencial del progreso científico. Diferentes grupos pueden estudiar poblaciones distintas, usar métodos con niveles de precisión variables o analizar los datos con supuestos estadísticos divergentes.

En ocasiones, lo que parece contradicción es simplemente evidencia incompleta. Si cinco estudios pequeños sugieren un efecto y un gran ensayo clínico lo contradice, el peso de la evidencia recae en el estudio más riguroso, no en la suma aritmética de publicaciones.

¿Existe un protocolo único para producir evidencia científica?

Aunque solemos hablar del “método científico” como si fuera una receta única, la realidad es mucho más diversa. La biología, la física, la sociología, la medicina o la astronomía utilizan aproximaciones metodológicas distintas, adaptadas a sus objetos de estudio.

En medicina, los ensayos clínicos aleatorizados son la herramienta más robusta para evaluar intervenciones. En cambio, el estudio del clima depende de modelos matemáticos de enorme complejidad. En ciencias sociales, los métodos cualitativos (entrevistas, etnografías, análisis de discurso) generan evidencia distinta, pero complementaria a la cuantitativa.

Lo que todas estas aproximaciones comparten es la transparencia: describir qué se hizo, cómo se hizo, con qué datos, bajo qué supuestos y con qué limitaciones. La evidencia científica se legitima, en buena medida, por su capacidad de ser revisada y puesta a prueba.

La evidencia científica: provisional por diseño

Sin embargo, quizá la característica más fascinante de la evidencia científica es su carácter provisional. Una afirmación científica es fuerte no porque sea eterna, sino porque está sujeta a revisión, cuando aparezcan datos o métodos mejores. Esta flexibilidad, a veces percibida como debilidad, es, en realidad, uno de los pilares de la ciencia moderna.

Aceptar la incertidumbre no significa renunciar a la acción. Significa actuar con la mejor evidencia disponible, mientras se sigue investigando.

En salud pública, durante pandemias o ante avances tecnológicos disruptivos, la evidencia es necesariamente imperfecta y evoluciona rápidamente. Entender esto ayuda a evitar frustraciones, conspiraciones y falsas dicotomías.

La clave: evidencia como punto de partida

Por tanto, la evidencia científica no es un veredicto final, sino un proceso continuo, colectivo y perfectible. Su fuerza radica en su capacidad de autocorregirse, reconocer sus limitaciones y mejorar con el tiempo.

En un mundo saturado de datos, opiniones y pseudocertezas, comprender su naturaleza dinámica resulta esencial. La evidencia científica no cierra debates: los abre. Es, más que una respuesta, una invitación permanente a seguir preguntando.

The Conversation

Luis Felipe Reyes no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ¿A qué llamamos evidencia científica? – https://theconversation.com/a-que-llamamos-evidencia-cientifica-269831

How Jesse Jackson set the stage for Bernie Sanders and today’s progressives

Source: The Conversation – USA – By Bert Johnson, Professor of Political Science, Middlebury College

Bernie Sanders, then the mayor of Burlington, greets Jesse Jackson backstage at a 1988 Vermont rally where he endorsed Jackson’s presidential bid. AP Photo/Toby Talbot

Jesse Jackson’s two campaigns for president, in 1984 and 1988, were unsuccessful but historic. The civil rights activist and organizer, who died on Feb. 17, 2026, helped pave the way for Barack Obama’s election a generation later as the nation’s first – and so far only – African American president.

Jackson’s campaigns energized a multiracial coalition that not only provided support for other late-20th-century Democratic politicians, including President Bill Clinton, but helped create an organizing template – a so-called Rainbow Coalition combining Black, Latino, working-class white and young voters – that continues to resonate in progressive politics today.

Vermont, where I teach political science, did not look like fertile ground for Jackson when he first ran for president. Then, as now, Vermont was one of the most homogeneous, predominantly white states in the country. But if Jackson seemed like an awkward fit for a mostly rural, lily-white state, he nonetheless saw possibilities there.

He campaigned in Vermont twice in 1984, buoyantly declaring in Montpelier, the state capital, “If I win Vermont, the nation will never be the same again.”

He did not win Vermont, taking just 8% of the Democratic primary vote in 1984 but tripling his share to 26% in 1988. Appealing to voters in small, rural New England precincts was a remarkable achievement for a candidate identified with Chicago and civil rights campaigns in the South.

Jackson’s presidential ambitions coincided with a pivotal moment in Vermont politics: The state’s voting patterns were shifting left, with new residents arriving and changing the state’s culture and economy. In 1970, nearly 70% of Vermonters had been born there. By 1990, that figure had dropped by 10 percentage points.

The Vermont Rainbow Coalition, which was formed to support Jackson’s first campaign, organized a crucial constituency in a fluid time, establishing patterns that would persist for decades.

Setting the standard in Vermont

Jackson created a “People’s Platform” that would sound familiar to today’s progressives, calling for higher taxes on businesses, higher minimum wages and single-payer, universal health care.

In light of Jackson’s efforts, Vermont activists saw the potential for a durable statewide organization. Rather than disband the Vermont Rainbow Coalition after the 1984 primary, they kept the group going, endorsing candidates in campaigns for the legislature and statewide office in each of the next three election cycles. The coalition also endorsed Bernie Sanders’ failed bid for Congress in 1988.

Sanders served eight years as mayor of Burlington as an “independent socialist,” cultivating a core collection of local allies known as the Progressive Coalition who sought to wrest power away from establishment members of the city’s Board of Aldermen.

In 1992, the Vermont Rainbow Coalition merged with Burlington’s Progressive Coalition to form the statewide Progressive Coalition.

The Jackson-Sanders lineage

Sanders eventually went on to win election to the House as an independent in 1990, serving in the chamber until winning his Senate seat, also as an independent, in 2006. His presidential runs in 2016 and 2020 made him a prominent national figure and a leader among progressives.

Alexandria Ocasio-Cortez, who unseated a member of the House Democratic leadership in a stunning 2018 primary upset in New York, had been a Sanders campaign organizer and remains his close ally. On Jan. 1, 2026, Sanders swore in Zohran Mamdani – like Ocasio-Cortez, a Democratic socialist – as mayor of New York City.

Sanders had endorsed Jackson for president in 1988. Years later, Jackson returned the favor.

Sanders paid tribute to Jackson at the 2024 Democratic National Convention. “Jesse Jackson is one of the very most significant political leaders in this country in the last 100 years,” Sanders said. “Jesse’s contribution to modern history is not just bringing us together – it is bringing us together around a progressive agenda.”

Not just Vermont

In Vermont, Jackson performed surprisingly well in unlikely places – taking nearly 20% of the 1984 primary vote in working-class Bakersfield and Belvidere, for example.

Today’s Vermont Progressive Party, which emerged out of the old Vermont Progressive Coalition, is one of the most successful third parties in the nation, winning official “major party” status in the state shortly after its official founding in 2000. The party has elected candidates to the state legislature, city councils and even a few statewide offices, including that of lieutenant governor.

Congresswoman Alexandria Ocasio-Cortez stands at a lectern and appears to shout to a campaign rally crowd.
New York Democratic Rep. Alexandria Ocasio-Cortez exhorts the crowd at a 2019 Bernie Sanders presidential campaign rally in Long Island City, N.Y.
Invision/Greg Allen via AP

Vermont was not alone in experiencing the catalyzing effect of Jackson’s presidential runs. Jackson had a significant mobilizing impact on Black voters nationwide. In Washington state, the Washington Rainbow Coalition started in Seattle and spread across the state between 1984 and 1996. New Jersey and Pennsylvania had their own successful and independent Rainbow Coalitions. In 2003, the Rainbow Coalition Party of Massachusetts joined the Green Party to become the Green Rainbow Party.

In my own research, I’ve investigated the durability of the “Jackson effect” in Vermont. There is no better test of what differentiates the Vermont Progressive Party from the state’s Democratic Party than the 2016 Democratic primary race for lieutenant governor, which pitted progressive David Zuckerman against two prominent, mainstream Democrats.

Zuckerman beat the Democrats most handily in towns that had voted the most heavily for Jesse Jackson in 1984, an effect that persisted even when controlling for population, partisanship and liberalism.

Many people would point to Sanders as the catalyst for Vermont’s continuing progressive movement. But Sanders and the progressives owe much to Jackson.

The Conversation

Bert Johnson does not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organization that would benefit from this article, and has disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

ref. How Jesse Jackson set the stage for Bernie Sanders and today’s progressives – https://theconversation.com/how-jesse-jackson-set-the-stage-for-bernie-sanders-and-todays-progressives-276249

How sports betting is changing the way people watch sports

Source: The Conversation – Canada – By Liam Cole Young, Associate Professor of Communication and Media Studies and Co-Director of the School of Journalism and Communication, Carleton University

The Seattle Seahawks may have easily dispatched the New England Patriots on Super Bowl Sunday, but a more consequential battle unfolded off the field.

Sports betting companies vied with each other for fan attention, engagement and market share by flooding the broadcast with ads and promotions.

These will continue to crowd our social feeds and commercial breaks throughout the Winter Olympics. Want to wager on a curling match between Italy and Switzerland? Think someone will score in the first 10 minutes of a hockey game? In most parts of Canada, you can tap a wager into your phone from your couch in seconds.

Gamblers have already set their sights on the Olympics, but for many fans, the sudden proliferation of betting has felt disorienting. How did something once considered taboo become commonplace so quickly?

As a researcher working on a long-term project on sports gambling, I see these shifts as part of a broader transformation. Much like the forces shaping professional sport franchise sales and ownership battles, the proliferation of sports betting reflects deeper changes in the business, culture and technology of contemporary sport.

Fanatics Sportsbook’s 2026 Super Bowl ad.

Sports betting in Canada

The sports betting floodgates opened in Canada with Parliament’s passing of Bill C-218 in 2021. This legislation allowed provinces to introduce wagering on single events, including in-game live bets. Previously, only multi-game wagers, tightly controlled by public gaming and lottery corporations through Sports Select, were legal.

Parliament was reacting to pressure from industry and consumers that had ratcheted up after the United States Supreme Court struck down the Professional and Amateur Sports Protection Act in 2018, which opened the door to legalized gambling outside of Nevada.

Today, the landscape varies across Canada. Ontario has a regulated iGaming market that allows private operators like FanDuel and DraftKings. Alberta is set to adopt a similar approach in 2026.

Other provinces maintain tighter controls, offering online gambling through provincially run platforms such as PlayNow in British Columbia, Manitoba and Saskatchewan. Québec operates its own platform through Loto-Québec’s EspaceJeux.

The COVID-19 moment

The timing of legalization also coincided with another seismic disruption: the COVID-19 pandemic. In 2020, COVID-19 shut down stadiums and arenas.

Professional sports leagues suddenly found themselves without ticket revenue, concessions or live event income. Games played in empty arenas upended our assumptions about the resilience of professional sport business models. As financial losses mounted, leagues and teams needed cash.

Sports betting companies, buoyed by private investment, were waiting with open arms and open wallets. Companies like FanDuel and DraftKings were eager to push further into mainstream sports markets and willing to spend heavily to do it.

Partnerships were signed in rapid succession that once would have been ethically unthinkable due to potential conflicts of interest. Leagues aligned themselves with betting platforms, franchises inked sponsorship deals and star athletes fronted ad campaigns.

This reflected a longer economic trajectory. Franchise valuations have soared over the last 25 years. The US$10 billion sale of the Los Angeles Lakers in fall 2025 is the latest signal that global finance, private equity and non-traditional ownership groups have transformed sports into highly financialized assets.

The new stakeholders expect steady and substantial returns. With broadcast landscapes and consumer media habits changing, owners are increasingly hedging their bets. Partnerships with gambling companies are central to that diversification strategy.

Changing fandom, changing technology

Technology has fundamentally transformed how we observe, measure, track and analyze sport. Much has been written on the analytics revolution in sports management, sometimes called the “Moneyball” effect, which has seen teams increasingly apply quantitative methods borrowed from finance in their approach to franchise operations and roster construction.

Fantasy sports and video game “franchise mode” — gameplay formats that allow users to manage teams over multiple seasons — invite people to think in terms of analytics, probability and predictive modelling.

These platforms train users to break traditional “units” such as games and teams into ever smaller, quantifiable components that can be studied, compared and reconfigured. In fantasy sports, for instance, the performance of an individual athlete may matter more than the outcome of a game.

These behaviours align neatly with sports betting, and gambling apps are designed to capture and monetize them. They transform matches into a series of discrete events and outcomes that can be wagered upon, mirroring the logic of “derivatives” in the financial sector. Users are prompted to interact, analyze, predict and react to events in real time.

As TV increasingly becomes a “second screen,” betting apps keep people tethered to broadcasts through their phones, benefiting leagues, broadcasters and gambling companies alike.

Promises and perils of datafication

Modern sports generate enormous volumes of data. Tracking technologies measure ball trajectories, player movement, speed, force and spatial positioning with extraordinary granularity. Originally developed for performance analysis and officiating, this data now fuels an ever-expanding menu of betting options.

Betting platforms analyze data provided to them through league partnerships or via third-party data brokers in real time. These data operations are proprietary and not accessible to bettors.

Fans can now wager on everything from the outcome of the next pitch to the number of yards gained on a single drive or even the length of a national anthem. This real-time micro-wagering keeps fans engaged, but it also heightens the ethical stakes. As data flows expand, so do opportunities for misuse.

In recent years, several athletes and coaches have been disciplined for violating gambling rules — betting on games, sharing inside information or associating with third-party bettors.

These cases highlight larger systemic issues: that the rules governing these partnerships were assembled reactively, often hastily, and without a clear sense of how such relationships would affect competitive integrity.

The landscape is defined by uncertainty: unclear rules, inconsistent enforcement and ongoing debates about whether all of this is healthy — not just for the culture of sport, but society as a whole.

What kind of sports culture lies ahead?

The proliferation of sports betting ads signals a deeper realignment in how sports are financed, experienced and governed.

The forces driving this shift — changes in policy, economics and fan practices; technological innovation; data and financialization; emerging ethical considerations — are the same forces reshaping professional sport more broadly.

Leagues and teams are now more directly tied to gambling revenues than ever before, raising questions about their responsibility to protect players, preserve competitive integrity and support fans vulnerable to harm.

Governments and regulators, meanwhile, face mounting pressure to balance economic opportunity with meaningful consumer protections, including limits on advertising and stronger responsible gambling frameworks.

Sports betting isn’t going anywhere anytime soon. Understanding how we got here, who the players are and what’s at stake are necessary steps toward ensuring a future of sport that’s about more than the next wager.

The Conversation

Liam Cole Young does not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organisation that would benefit from this article, and has disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

ref. How sports betting is changing the way people watch sports – https://theconversation.com/how-sports-betting-is-changing-the-way-people-watch-sports-275303

Can psychopaths change?

Source: The Conversation – UK – By Steven Gillespie, Senior Lecturer in Clinical Psychology, University of Liverpool

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Psychopaths might account for only about 1% of the general population, but
they account for a disproportionate share of violent crime.

Distinct from other conditions like sociopathy and antisocial personality disorder, psychopaths tend to show traits such as an absence of remorse or guilt, a lack of empathy and a charming and manipulative interpersonal style.

You may find it hard to imagine how someone without much empathy can change. And early psychological treatments were not successful. But advances in research are showing that a deeper understanding of psychopathy may help to create more effective interventions.

People with psychopathy typically show problems in responding to other people’s suffering, including difficulty recognising facial expressions of fear and sadness. If you have ever seen someone badly hurt themselves, then you probably had an averse response.

Your brain will have reacted to their pain and your body will probably have shown signs of physiological arousal. Your heart rate might have gone up, or you might have sweated.

These are common signs of physiological arousal in response to someone else’s suffering. But they are often lacking in psychopaths.

When my colleagues and I asked people in prison with a history of violence to view pictures of others’ emotional facial expressions, those who reported more of the characteristic features of psychopathy also showed blunted physiological arousal. Our 2019 study found that the pupil (the small black hole in the centre of the eye that lets in light but also increases in size during physiological arousal) did not change much in size among people higher in psychopathic traits when they looked at pictures of people who were afraid.

These differences mean that some people with these traits might struggle to learn about how their actions cause other people to feel distressed or afraid.

Prisons and secure forensic hospitals are where people with psychopathic traits are often entered into treatment programmes designed to reduce their risk of reoffending. Modest reductions in general reoffending have been reported following cognitive behavioural programmes that are offered to people in prison with or without psychopathy or another personality disorder.

But not all criminal behaviour programs have been marked by success. For
example, in the UK in 2017 the failure of the Core Sexual Offender Treatment Programme designed by His Majesty’s Prison and Probation Service (HMPPS) and approved for use in 1992, to lower reoffending was highly publicised.

HMPPS has since introduced a new programme, Building Choices. It adopts a strengths-based, skill focused approach to improve emotion management, healthy relationships and sense of purpose. Unlike the previous course, the programme is not designed to address particular offence types, and it has shown some signs of promise.

Historically, researchers have considered such programmes less effective at reducing reoffending when offered to people with psychopathy. Indeed, some studies even suggest that people with psychopathy worsened following treatment.

black and white blurred abstract portrait of a girl
To help psychopaths change, we first need to understand them.
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One of these programmes, offered from around 1965 to 1978 at the maximum-security Oak Ridge Division of the Mental Health Centre in Penetanguishene, Ontario, Canada, made use of a so called “total encounter capsule.”

These results made for a high degree of pessimism among scientists and practitioners alike. But that pessimism might be misplaced.

It is perhaps unsurprising that the “total encounter capsule” did not prove effective. The capsule was “a tiny self-contained chamber where sustenance was supplied through tubes in the walls and from which no group members would leave during sessions that lasted up to two weeks”.

Participants were reported to be nude and did not participate voluntarily. There were few professional therapists, and the use of force and humiliation was permitted.

Historically, there has been a lot of pessimism around treatment for other personality disorders, too.

This is in part a reflection of stigma attached to these disorders. But it is also because personality difficulties can make it harder for people to build relationships, including with the people responsible for their treatment.

Yet a form of therapy known as dialectical behaviour therapy has shown success in reducing self-harm in people with borderline personality disorder. This type of therapy is designed to help people cope with intense emotions and to learn interpersonal skills.

In another recent study, mentalisation-based treatment, which targets the person’s ability to understand and regulate the negative effects of thoughts and feelings, led to reductions in aggressive behaviour in people with antisocial personality disorder. Findings like these suggest tailored interventions are more effective when it comes to personality disorders.

Capable of empathy?

One important consideration when treating psychopaths is that they are often assumed to be incapable of empathy. But this assumption has been challenged by some intriguing studies, which suggests that they might instead lack the motivation for empathy.

In a 2013 brain scanning study, a group of scientists at the university of Groningen, the Netherlands, showed that although criminal psychopaths did not automatically feel empathy for other people’s pain depicted in videos, their brains did generate an empathic response similar to that of non-psychopaths when instructed to feel what the people in the videos were feeling.

It could be an important step toward helping people with psychopathy if they could better understand how their actions can hurt other people.

Perhaps the most promising work that suggests people with psychopathy can
change has been conducted with young people. Although children and young people under the age of 18 cannot be diagnosed as psychopathic, features of psychopathy referred to as callous unemotional traits can be reliably assessed in children as young as two years of age.

A 2018 study adapted parenting interventions to be more effective for this high-risk group of children, aged three to six years old. Afterwards, the children showed significant reductions in behavioural problems, callous unemotional traits and aggression. The researchers coached parents to show more warmth, sensitivity and responsiveness. Parents were also asked to focus on reward-based rather than punishment-based strategies to encourage the child participants to be more responsive to distress in others.

A 2022 study also reported positive outcomes, showing improvements in behaviour and personal relationships in adolescents after an intervention with a focus on strength-based (helping children understand what they’re good at) rather than punishment-based parenting strategies.

So recent work is offering a glimpse of a more optimistic future for reducing aggressive and antisocial behaviour associated with psychopathy. Perhaps the question is not can psychopaths change now, but can we get better at helping them to change.

The Conversation

Steven Gillespie has consulted for Ministry of Justice. He receives funding from Economic and Social Research Council.

ref. Can psychopaths change? – https://theconversation.com/can-psychopaths-change-270344

Childhood apraxia of speech: when the brain can’t plan the words

Source: The Conversation – UK – By Nicole Whitworth, Lecturer in Linguistics, School of Education, Language and Psychology, York St John University

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Talking is one of the most complex actions the human body performs, yet the process of turning thoughts into speech is coordinated on millisecond timescales. For some children, the brain struggles to plan the movements needed for speech, turning everyday conversation into hard work. Even forming a single word can affect learning, friendships and confidence.

UK guidance suggests around one in ten children experience some form of speech, language or communication difficulty, including speech sound disorders. These conditions can influence educational progress, emotional wellbeing and social development. Communication underpins not only learning, but also how children express feelings and connect with others.

As a speech scientist specialising in clinical phonetics and speech acquisition, I am currently researching a less common speech motor disorder: childhood apraxia of speech (CAS). This is a speech motor disorder, meaning the difficulty lies in the brain’s ability to plan and coordinate the movements needed to produce speech.

CAS is estimated to affect roughly one in 1,000 children, though figures vary. Many children improve with specialist speech and language therapy and regular practice. Without this support, speech difficulties are more likely to persist and some children may remain difficult to understand, even to close family members. Families and teachers also play an important role in reinforcing therapy and supporting everyday communication.

Understanding how speech is produced helps explain why these conditions occur and how they can be treated. Speech and language therapists receive extensive training in phonetics, the science of how speech sounds are created, transmitted and heard. Caregivers and teachers can also benefit from a basic understanding of just how complex speech production really is.

Moving parts

Producing even a single sound involves a carefully timed sequence of movements known as a speech motor plan, which the brain must assemble before the sound is spoken. For English speech, the lungs first generate a steady stream of air, usually by exhaling more slowly than during normal breathing.

As this air passes through the voice box, also called the larynx, it moves across the vocal folds. These small folds of tissue can behave in several ways. They can close tightly and release to produce a glottal stop, the brief catch in the throat heard in the middle of “uh-oh”. They can remain open so air flows through freely, creating voiceless sounds such as “s”. Or they can vibrate to produce “voicing”, the low buzzing sound you can feel in your throat when saying sounds like “z” or “b”. Each option depends on fine control of vocal fold position and tension.




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Common myths about speech problems in children


After leaving the larynx, air travels either through the mouth alone or through both the mouth and nose. This pathway is controlled by the velum, the soft part at the back of the roof of the mouth. The velum lifts to block the nasal passage when air needs to stay in the mouth. When air reaches the mouth, the articulators, including the tongue, lips and teeth, shape it into recognisable speech sounds by creating narrow gaps or brief closures.

Take the first sound in the word “sat”, the /s/ sound. The tip of the tongue moves close to the roof of the mouth just behind the upper teeth, forming a narrow channel. Air rushing through this gap creates friction, producing the familiar hissing sound. At the same time, the velum lifts to stop air entering the nose and the vocal folds stay open so the sound remains voiceless.

Small changes in timing or position can create entirely different sounds. If the vocal folds vibrate, the /z/ sound in “zoo” is produced instead of /s/. If the tongue presses fully against the roof of the mouth, the sound becomes /t/, as in “two”.

Speech becomes even more complex in words and sentences, where sounds overlap and influence each other. The shape of the lips for one sound may be adjusted in advance for the next. When saying “seat”, the lips spread wide, but in “soup” they round in anticipation of the following vowel. Real-time imaging of the vocal tract during speech, including MRI and ultrasound studies, shows how intricate and rapid these adjustments are.

Therapy can help

Because speech relies on so many coordinated actions, the brain must assemble detailed movement plans and send them to the muscles with precise timing. In speech motor disorders such as CAS, this planning process is disrupted. The result is speech that may sound inconsistent, effortful and difficult to understand, with words sometimes produced differently each time, even for people who know the child well.

Therapy grounded in motor skill learning principles has been shown to help some children practise and stabilise these movement patterns. Support may also include augmentative and alternative communication, which refers to tools and strategies that help children communicate while their speech skills develop. These can range from picture boards to speech generating devices.

No single approach fits every child, but progress is possible. Specialist therapy, classroom support and tools such as augmentative and alternative communication can all help. The goal is not perfection, but participation. Being able to share ideas, ask for help and connect with others is what matters most for a child’s development.

The Conversation

Nicole Whitworth does not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organisation that would benefit from this article, and has disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

ref. Childhood apraxia of speech: when the brain can’t plan the words – https://theconversation.com/childhood-apraxia-of-speech-when-the-brain-cant-plan-the-words-271266