Después de Artemis II, el gran reto es cómo asegurar la energía para vivir en la Luna

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Paula Lamo, Profesora e investigadora, Universidad de Cantabria

Representación de una posible colonia lunar. NASA/SAIC/Patt Rawlings., CC BY-SA

Durante décadas, imaginábamos que vivir fuera de la Tierra sería algo parecido a lo que mostraba la serie Los Supersónicos: un entorno limpio, automático y maravillosamente cómodo. Casas suspendidas en el aire, coches voladores, botones que lo resolvían todo y una tecnología tan perfecta que parecía no necesitar ni mantenimiento ni electricistas. Allí, el futuro era una mezcla de superficies brillantes y ninguna avería.

Serie Los Supersónicos.
Hanna Barbera.

La Luna real, si algún día la habitamos de verdad, se parecerá poco a eso.

Después de Artemis II: colonia más que misión

Después del éxito de Artemis II, la conversación espacial ya no gira solo en torno a volver a la Luna, sino en torno a algo más difícil: cómo quedarse allí. El problema deja de parecerse a serie animada y empieza a asemejarse a algo mucho más terrestre: una infraestructura.

Suena poco glamuroso, pero la primera colonia lunar se parecerá más a una instalación crítica que a una fantasía futurista. En concreto, será algo más cercano a una urbanización con placas solares, baterías, consumos esenciales y miedo a que falle la instalación, que a lo que hemos visto en la ciencia ficción clásica. Porque una colonia no es una misión.

Una misión puede permitirse ser espectacular. Una colonia no. Una misión llega, cumple objetivos y regresa. Una colonia tiene que seguir funcionando mañana, pasado mañana y durante la noche lunar. Tiene que mantener soporte vital, control térmico, comunicaciones, iluminación, movilidad, robots, ordenadores y, con el tiempo, probablemente, también sistemas para extraer recursos y fabricar parte de lo necesario para seguir allí.

¿Electrificaremos la Luna como hemos electrificado la Tierra?

En una casa, un corte de luz fastidia. En la Luna, compromete el oxígeno, el agua o la temperatura. Por eso, el futuro hábitat lunar depende menos de cohetes, cápsulas o trajes, para poner el foco en algo más prosaico y, seguramente, mucho más decisivo: la tecnología energética que llevamos años desarrollando aquí abajo.

Hay una paradoja interesante en todo esto. Parte de lo que puede mantener viva una colonia lunar no se está ensayando solo en la industria aeroespacial. También, se está probando desde hace años en barrios, fábricas, islas y bases remotas, viviendas con autoconsumo, polígonos electrificados o microrredes que han aprendido a vivir con paneles solares, baterías y sin red de respaldo.

No habrá detrás una gran red eléctrica nacional, ni habrá interconexiones, ni posibilidad de importar electricidad cuando falte. Habrá una microrred aislada donde generación, almacenamiento y consumo tendrán que coordinarse con una disciplina casi obsesiva. Y aquí aparece la parte menos intuitiva: el gran problema no será el Sol. Será la noche.

El día, la noche y la cara oculta de la Luna

En gran parte de la superficie lunar, hay aproximadamente dos semanas de luz seguidas de otras dos de oscuridad. Eso cambia por completo la escala del problema. En la Tierra, debido a su diseño en relación a su coste-beneficio, una batería doméstica típica puede servir para ahorrar en la factura o para aguantar sin conexión a la red unas horas o quizás uno o dos días. En la Luna, el almacenamiento no es un complemento, sino una condición de habitabilidad.

Conviene desmontar, además, un malentendido muy persistente: la cara oculta de la Luna no está siempre a oscuras. Es oculta para nosotros, no para el Sol. La Luna siempre nos enseña la misma cara porque gira sobre sí misma al mismo ritmo que orbita la Tierra. Pero eso no la condena a una mitad perpetuamente iluminada y otra en sombra: en promedio, ambas reciben una cantidad muy parecida de luz solar. Desde el punto de vista energético, la diferencia importante no es tanto estar en la cara visible o en la oculta como estar o no cerca del polo sur lunar.

En el polo sur, el Sol se mantiene muy bajo sobre el horizonte, pero ciertas crestas y bordes de cráteres permanecen iluminados durante periodos mucho más largos que el resto de la superficie. Por eso, las agencias espaciales llevan años mirando esa región para reducir al máximo la noche “larga”.

Así, una base en latitudes medias tendría que sobrevivir casi dos semanas sin generación solar directa, mientras que una base bien situada en el polo sur puede acortar mucho ese vacío. Sin embargo, esto exige un diseño bastante más delicado: paneles en elevaciones concretas, sombras larguísimas, cableados entre zonas con distinta iluminación y una microrred calculada casi al milímetro.

Prepararse para los fallos

Ese último detalle importa mucho porque obliga a pensar en arquitecturas híbridas: energía solar, baterías, probablemente, almacenamiento térmico o químico para periodos largos y, si se quiere continuidad real, algún sistema adicional de alta fiabilidad.

Entonces, si ya conocemos la tecnología que vamos a usar, nos queda decidir qué combinación de esas tecnologías se adapta y resiste mejor cuando algo falla. Y en la Luna fallarán cosas.

El regolito lunar es abrasivo, la radiación castiga la electrónica y las temperaturas son extremas. En este escenario, el mantenimiento será complicado y cada kilo de repuesto enviado desde la Tierra convertirá cualquier avería en un problema logístico y económico. En una urbanización, un inversor averiado puede solucionarse con una simple llamada al instalador. En la Luna, puede ser una crisis operativa.

La tecnología no puede permitirse el lujo de fallar

Por eso, el salto de Artemis II a Artemis III y Artemis IV importa tanto. No hablamos solo de un nuevo alunizaje tripulado. Debemos resolver cómo sostener una presencia humana en un lugar donde no existe red de respaldo, donde la noche dura días y donde la tecnología no puede permitirse el lujo de fallar.

Y eso explica también por qué la Luna importa tanto para Marte. No solo porque esté más cerca, ni porque permita ensayar operaciones. Importa porque obliga a aprender algo que Marte exigirá sin perdonar errores: cómo construir una economía energética mínima fuera de la Tierra.

En Marte, la energía tendrá que mantener “encendida” una base y producir agua, oxígeno, calor, movilidad, fabricación local y, probablemente, parte del combustible necesario para regresar. En la Luna, un fallo sería grave, pero en Marte puede ser definitivo.

¿Hito espacial o adaptación tecnológica?

La primera colonia lunar, si llega, no será solo un hito espacial. Será algo más revelador: la primera comunidad energética extraterrestre.

Durante años, pensamos que la conquista del espacio dependería, sobre todo, de motores más potentes y materiales más ligeros. Pero ahora, puede que dependa también de algo mucho menos espectacular y bastante más importante: saber diseñar una instalación eléctrica que no falle.

La ciencia ficción nos enseñó a mirar al cielo. La tecnología, más prosaica y más honesta, nos está enseñando algo bastante más difícil: cómo quedarnos allí sin que salte el automático.

The Conversation

Este trabajo ha sido apoyado por el Gobierno Regional de Cantabria y financiado por la UE bajo el proyecto de investigación 2023-TCN-008 UETAI. También, fue financiado por el Ministerio de Ciencia e Innovación de España MICIU/AEI/10.13039/501100011033 y por FEDER, UE bajo el proyecto de investigación PID2021-128941OB-I00, “Transformación Energética Eficiente en Entornos Industriales”. Además, fue financiado parcialmente por la Consejería de Educación, Formación y Universidades del Gobierno de Cantabria a través del Contrato Programa del Gobierno de Cantabria y la Universidad de Cantabria a través del proyecto 04.50.00.VQ25.541A.646.62, “Habilitando entornos residenciales más sostenibles mediante la transformación inteligente y activa de la energía eléctrica”.

– ref. Después de Artemis II, el gran reto es cómo asegurar la energía para vivir en la Luna – https://theconversation.com/despues-de-artemis-ii-el-gran-reto-es-como-asegurar-la-energia-para-vivir-en-la-luna-280836

Chernóbil, 40 años después: un refugio natural en guerra

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Germán Orizaola, Profesor Titular de Zoología / Associate Professor of Zoology, Universidad de Oviedo

Trabajo de campo en la Zona de Exclusión de Chernóbil (Ucrania), mayo de 2019 Germán Orizaola (Universidad de Oviedo), CC BY

El 26 de abril se cumplen 40 años de la explosión en el reactor 4 de la central nuclear de Chernóbil (Ucrania), que causó la mayor liberación de material radiactivo al medio ambiente de la historia. Las predicciones en el momento del accidente indicaban que la zona afectada se convertiría en un lugar inhabitable, desprovisto de vida durante miles de años. Una idea que sigue en la mente de mucha gente.

Pero la realidad es bien distinta. Cuatro décadas después, Chernóbil se ha transformado en una de las mayores reservas naturales de Europa. Con una extensión de más de 4 500 km², su superficie es mayor que la de casi cualquier parque nacional del continente. En esa zona la actividad humana ha cesado prácticamente por completo, dejando espacio a la naturaleza.

Zona de Exclusión de Chernóbil (Ucrania), noviembre de 2019.
Denis Vishnevskiy (Chornobyl Radiation and Ecological Biosphere Reserve), CC BY

La situación actual de la fauna

Los trabajos desarrollados durante años por investigadores ucranianos e internacionales han mostrado que Chernóbil mantiene hoy una diversidad y abundancia de fauna excepcional. Allí se encuentra ahora la mayor densidad de lobos de toda Europa. El oso pardo, que había sido cazado hasta la extinción, vuelve a ocupar sus bosques. La zona es el hábitat natural de linces boreales, castores, nutrias, urogallos, cigüeñas negras, pigargos… Más de 200 especies de aves se han visto en la zona, muchas de ellas amenazadas a nivel continental.




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Un ejemplo revelador es el de los caballos de Przewalski. Una especie recuperada de la extinción a partir de sólo doce ejemplares mantiene hoy en el área una de las mayores poblaciones naturales del mundo. Desde su liberación en 1998, su población se ha multiplicado por siete. Los caballos no muestran ningún síntoma de mala salud, ocupando incluso el “bosque rojo”, una de las zonas más afectadas inicialmente por la contaminación radiactiva.




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Caballo de Przewalski en la Zona de Exclusión de Chernóbil (Ucrania), enero de 2017.
Denis Vishnevskiy (Chornobyl Radiation and Ecological Biosphere Reserve), CC BY

El territorio se encuentra en plena trasformación ambiental. Los campos de cultivo han sido sustituidos por bosques. La superficie forestal se ha duplicado desde el accidente. Las especies dependientes de la actividad agrícola, como golondrinas, aguiluchos y cernícalos, han disminuido su abundancia. Sin embargo, especies forestales como pigargos, águilas moteadas y alcotanes han incrementado su número. Estos procesos son consecuencia del cambio ecológico, no de la radiación.

Bosque en la Zona de Exclusión de Chernóbil (Ucrania), julio de 2019.
Denis Vishnevskiy (Chornobyl Radiation and Ecological Biosphere Reserve), CC BY

Desde 2016, trabajamos en Chernóbil evaluando la situación de la naturaleza de la Zona de Exclusión. Mediante campañas de muestreo de varias semanas y trabajo en el laboratorio hemos examinado el estado de diferentes organismos, desde bacterias hasta vertebrados.

Gran parte de nuestros trabajos han estudiado el estado de salud de anfibios como la rana de San Antonio Oriental (Hyla orientalis). Estas ranas no presentan diferencias en indicadores de estado fisiológico, ni en su edad, entre Chernóbil y otras zonas de Ucrania sin contaminación radiactiva. Los actuales niveles de radiación en Chernóbil no parecen afectar a su salud.

Examen de estado fisiológico en un macho de rana de San Antonio oriental (Hyla orientalis), Zona de Exclusión de Chernóbil, mayo de 2017.
Germán Orizaola (Universidad de Oviedo), CC BY

Nuestras investigaciones sí han encontrado ejemplos de adaptación y evolución rápida en estas ranas. Los ejemplares que viven en zonas afectadas severamente por contaminación radiactiva son más oscuras. Una piel más oscura, con más melanina, habría dado más capacidad de supervivencia frente a la radiación en estos anfibios.




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Chernóbil como zona de guerra

En febrero de 2022 las tropas rusas iniciaron, a través de Chernóbil, un intento de invasión a gran escala de Ucrania. Además del sufrimiento que experimenta el pueblo ucraniano, la guerra que aún continúa ha cambiado radicalmente la situación de la Zona de Exclusión.

A consecuencia de la guerra han muerto varios técnicos que habían trabajado a lo largo de los años estudiando la naturaleza de la zona. La actividad militar en la frontera con Bielorrusia ha aumentado considerablemente. Una frontera que antes era totalmente permeable se ha vallado en parte, impidiendo el paso natural de fauna. Los puentes que atravesaban varios ríos de la zona han sido volados, haciendo casi imposible el acceso a la parte este de la Zona de Exclusión.

Puente sobre el río Uzh, destruido durante la ocupación rusa de la Zona de Exclusión de Chernóbil (Ucrania), mayo de 2022.
Denis Vishnevskiy (Chornobyl Radiation and Ecological Biosphere Reserve), CC BY

El área quemada durante la invasión rusa de Chernóbil se ha estimado en 22 000 hectáreas. Varios caballos de Przewalski han muerto al pisar minas dentro de la Zona de Exclusión. El impacto total que el incremento de actividad humana está teniendo sobre la fauna está por evaluar.

Gran parte de los laboratorios de investigación de la Zona de Exclusión fueron destruidos y saqueados durante los meses que duró la ocupación rusa de Chernóbil. Numerosos vehículos, ordenadores y material científico desaparecieron o fueron dañados intencionadamente.

Consecuencias de la invasión rusa de la Zona de Exclusión de Chernóbil (Ucrania): armamento abandonado y laboratorios saqueados, mayo 2022.
Denis Vishnevskiy (Chornobyl Radiation and Ecological Biosphere Reserve), CC BY

La investigación internacional ha cesado casi en su totalidad en la zona. Aún bajo estas circunstancias, el personal de la Reserva Natural de Chernóbil sigue manteniendo parte de sus trabajos de seguimiento de especies y ecosistemas. Gracias a su labor es posible tener una información que será imprescindible para entender en el futuro la situación de la naturaleza de Chernóbil.

Un laboratorio único que conservar

Chernóbil sigue siendo un área con valores naturales excepcionales y un laboratorio único en el que estudiar el impacto a medio y largo plazo de un accidente nuclear. Se ha convertido, además, en un símbolo a nivel mundial de los procesos de renaturalización que ocurren cuando la actividad humana cesa en un área.

Debe ser prioritario conservar la zona no sólo como un lugar de memoria sobre el accidente, sino también como un lugar clave para la conservación y el estudio de la diversidad biológica. Cuando termine la guerra será necesario potenciar la zona como reserva natural y restaurar Chernóbil como el fantástico lugar de cooperación científica internacional que era.

The Conversation

Germán Orizaola ha recibido fondos del Consejo de Seguridad Nuclear-España (SUBV/29-2021), de la Swedish Radiation Safety Authority (SSM2018-2038; SSM2017-269) y de la Carl Tryggers Stiftelse-Suecia (CTS 16: 344).

– ref. Chernóbil, 40 años después: un refugio natural en guerra – https://theconversation.com/chernobil-40-anos-despues-un-refugio-natural-en-guerra-280483

Cómo predecir la probabilidad de extinción de peces de agua dulce para salvarlos

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Emili García-Berthou, Catedrático de Ecología, Universitat de Girona

El esturión europeo o sollo (_Acipenser sturio_) es una especie considerada en peligro crítico de extinción (CR) por la UICN y extinguida en España. Fotografía de: Vladimir Wrangel/Shutterstock

Algunas especies han desaparecido y nunca volverán: se extinguieron para siempre. Este fenómeno se ha dado desde siempre en la historia de la Tierra, pero la humanidad ha aumentado mucho las tasas de extinción, unas mil veces, especialmente en los últimos siglos.

Entre algunas de las extinciones globales famosas destacan la del dodo, el tilacino o tigre de Tasmania, el mamut lanudo, o la paloma migratoria. En las islas Baleares, por ejemplo, los humanos provocamos la desaparición de varias especies endémicas, como una especie de cabra, el lirón gigante de Mallorca o una musaraña de dientes rojos. Los animales endémicos son muy frecuentes en islas y se definen como las que solo se encuentran en zonas muy concretas.

También hemos producido muchas extinciones locales o “extirpaciones”, que se dan cuando una especie desaparece de una zona geográfica concreta pero todavía existe en otras partes del mundo. Más rápidas y frecuentes, suponen el inicio de las extinciones globales.

En España se han extinguido oficialmente 32 especies en los últimos siglos, como la foca monje del Mediterráneo, la lamprea de río o el esturión europeo. Por ejemplo, la foca monje fue víctima de la destrucción y alteración del hábitat litoral y los efectos directos e indirectos de la pesca, mientras que el esturión desapareció por la pesca para consumir sus huevas (caviar) y por la construcción de embalses que impiden su migración y reproducción en los ríos.

samaruc (Valencia hispanica)
El samaruc (Valencia hispanica) es un pez endémico de la costa mediterránea española, considerado Vulnerable (VU) por la UICN.
Cortesía de Salvador Peiró

Las especies de agua dulce: esas grandes desconocidas

Las aguas dulces son esenciales para la humanidad. Por ello, se sitúan también entre los ecosistemas más alterados y amenazados. Los hábitats de aguas continentales se ven amenazados por la construcción de embalses, la extracción de agua, la contaminación y la introducción de especies exóticas invasoras. De ahí que los anfibios, los moluscos de agua dulce o los peces continentales estén entre los grupos taxonómicos más amenazados.

A menudo, los ecólogos hablamos de peces continentales o ecosistemas de aguas continentales, más que de agua dulce, porque muchas lagunas costeras y algunas de zonas interiores son más saladas que el mar. Y aunque estas aguas ocupan una pequeña parte del planeta, albergan una enorme biodiversidad, porque las cuencas hidrográficas a menudo actúan como islas biogeográficas que favorecen la formación de especies y endemismos.

El 96,5 % del agua está en los océanos, que ocupan un 71 % de la superficie del planeta, mientras que los ríos y lagos contienen menos del 0,02% del total de agua y el 3 % del agua dulce, que está sobre todo en glaciares o aguas subterráneas. No obstante, el 51 % de los peces son de agua dulce: más de 19 200 especies de un total de 37 553, aproximadamente.

anguila europea (Anguilla anguilla)
La anguila europea (Anguilla anguilla) es una especie considerada en peligro crítico de extinción (CR) por la UICN.
Lorenz Seebauer, CC BY-SA

En estado de conservación desconocido

Solo conocemos el estado de conservación de aproximadamente el 6 % de los más de 2 millones de plantas y animales reconocidos por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) en 2020. Mientras que dicho estado se conoce para la mayoría de anfibios, aves y mamíferos, no es así en la mayor parte de especies de los grupos menos estudiados, como insectos y moluscos, especialmente en países tropicales. El conocimiento del de los peces es intermedio.

La lista roja de la UICN y la legislación de la mayoría de los países requieren información precisa para determinar el estado de conservación de una especie. Por ejemplo, para que se considere amenazada por la UICN, esencialmente se tiene que demostrar que ha disminuido su tamaño poblacional o su distribución geográfica en los últimos años. Sin embargo, estos dos datos no se conocen bien para la mayoría de las especies.

En un artículo que acabamos de publicar, demostramos que se puede predecir el estado de conservación de los peces continentales utilizando variables que sí están disponibles.

Durante varios años, compilamos una enorme base de datos de 52 variables para 10 631 especies de peces continentales y desarrollamos un modelo de aprendizaje automático (basado en una técnica llamada “Random forests”) para predecir el estado de peligro global. Es decir, para ver su riesgo de extinguirse en todo el mundo. Los principales predictores de peligro incluyen variables de hábitat, el orden taxonómico, características hidrológicas e indicadores de perturbación, subrayando la interacción entre ecología, geografía y presiones humanas.

De acuerdo con nuestro trabajo, los modelos alcanzaron mayor precisión (es decir, certeza en la predicción) para especies no amenazadas en comparación con especies amenazadas. Las primeras tendían a encontrarse en regiones con mayor disponibilidad de agua, densidad moderada de embalses, mínima alteración del hábitat, baja huella humana y un producto interno bruto (PIB) estable.

Estas variables indican la importancia de no alterar el hábitat de los peces para su conservación. En general, disminuir el caudal de los ríos reduce la abundancia de los peces, mientras que construir embalses además altera el hábitat fluvial y la hidrología (muy importantes para la reproducción de muchos de ellos).

Se asociaron valores extremos de factores ambientales y socioeconómicos con especies amenazadas, seguramente porque las especies especialistas de hábitats concretos, como humedales, lagos o ríos de montaña, tienden a estar más amenazadas.

Distribución global del número de especies de peces continentales amenazadas
Distribución global del número de especies de peces continentales amenazadas. Fuente: Murphy et al. (2026),
https://doi.org/10.1038/s41467-025-68154-w, CC BY
Probabilidad de peligro predicha en función de la disponibilidad de agua
Probabilidad de peligro predicha en función de la disponibilidad de agua (potencia media del río, mostrada a la derecha). Fuente: Murphy et al. (2026),
https://doi.org/10.1038/s41467-025-68154-w, CC BY

El enfoque general y reproducible de este artículo debería facilitar la evaluación del riesgo de extinción y guiar una conservación proactiva de la biodiversidad. Se puede aplicar a muchos otros grupos taxonómicos poco estudiados y priorizar el análisis de las especies potencialmente más amenazadas.

Con estos métodos, será más fácil estimar qué especies seguramente están en riesgo, en qué regiones, por qué causas y tomar las medidas para evitar que desaparezcan.

The Conversation

Emili García-Berthou recibe fondos de la Agencia Estatal de Investigación (Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades, MICIU/AEI/ 10.13039/501100011033) (proyecto PID2023-146173NB-C21)

Christina A Murphy recibe apoyo en especie del U.S. Geological Survey, Maine Cooperative Fish and Wildlife Research Unit.

J. Andrés Olivos no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. Cómo predecir la probabilidad de extinción de peces de agua dulce para salvarlos – https://theconversation.com/como-predecir-la-probabilidad-de-extincion-de-peces-de-agua-dulce-para-salvarlos-279044

Nuevo estudio: los antibióticos pueden alterar nuestra microbiota durante años

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Ignacio López-Goñi, Catedrático de Microbiología. Miembro de la Sociedad Española de Microbiología (SEM), Universidad de Navarra

fongbeerredhot/Shutterstock

Cuando tomamos un antibiótico, sabemos que estamos eliminando las bacterias “malas” que nos causan enfermedades. Para eso los usamos, para curar dolencias infecciosas que pueden incluso ser mortales. Lo que muchas veces olvidamos es que también estamos alterando profundamente a las bacterias “buenas” que viven en nuestro intestino: ese complejo ecosistema de miles de especies distintas, la microbiota intestinal.

Una microbiota abundante y diversa está relacionada con un buen estado de salud. Por el contrario, el uso recurrente y prolongado de antibióticos se asocia con un mayor riesgo de obesidad, diabetes tipo 2, enfermedad cardiovascular o cáncer colorrectal.

Sabemos que unos días después de un ciclo de antibióticos orales, ocurre una drástica alteración en el microbioma intestinal: se reduce la diversidad de especies bacterianas y la riqueza de genes microbianos. Por ejemplo, se ha descrito una mayor presencia de potenciales patógenos como Escherichia coli y una menor abundancia de géneros como Dialister, Veillonella y Eubacterium, un enriquecimiento de genes de resistencia antimicrobiana y un mayor riesgo de infección por Clostridioides difficile.

¿Cuánto dura el efecto de los antibióticos en el microbioma intestinal?

Aunque los efectos antimicrobianos a corto plazo son bien conocidos, no se han realizado investigaciones poblacionales a gran escala que examinen sus consecuencias con un horizonte más amplio. La gran pregunta es: ¿cuánto duran esas consecuencias del consumo de antibióticos sobre el microbioma intestinal? Un estudio reciente publicado en Nature Medicine aporta una respuesta sorprendente: los efectos pueden prolongarse hasta 8 años.

Los investigadores hicieron un estudio a lo grande: analizaron el microbioma intestinal de muestras de heces de 14 979 adultos en Suecia y cruzaron esos datos con la información del Registro Nacional de Medicamentos –que recoge todos los antibióticos y otros medicamentos recetados a pacientes ambulatorios en ese país– para comprobar qué pasaba en el microbioma intestinal durante 8 años.

La técnica empleada de metagenómica de secuenciación profunda permite identificar las bacterias a nivel de especie. Esto es importante: no se trata de ver si hay más o menos bacterias, sino exactamente de quién está ahí. Así, se pudieron analizar alrededor de 1 340 especies bacterianas distintas.

El análisis demostró que los antibióticos reducen la diversidad bacteriana. El efecto más drástico ocurrió en el primer año tras el uso de los fármacos, pero el impacto aún era detectable hasta entre 4 y 8 años después de tomarlos, en un 10-15 % de las especies bacterianas.

No todos los antibióticos afectan por igual

Uno de los puntos más interesantes del estudio es que no todos los antibióticos afectan igual a la microbiota. Los más agresivos fueron la clindamicina, las fluoroquinolonas y la flucloxacilina. Por ejemplo, un solo tratamiento con clindamicina se asoció con la pérdida de hasta 47 especies bacterianas.




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La clindamicina inhibe la síntesis de proteínas al unirse al ribosoma bacteriano. Se emplea especialmente para tratar infecciones graves causadas por bacterias anaerobias y Gram positivas. En segundo lugar, las fluoroquinolonas son antibióticos de amplio espectro que inhiben la replicación del ADN al bloquear la enzima ADN girasa bacteriana. Son usadas para tratar infecciones graves urinarias y respiratorias. Y, por último, la flucloxacilina es una penicilina de espectro reducido que actúa contra algunas bacterias Gram positivas.

En cambio, otros bactericidas más comunes (como algunas penicilinas de amplio espectro y la nitrofurantoína) tuvieron efectos mucho más suaves. La mayoría de los antibióticos disminuían la abundancia bacteriana, mientras que algunos favorecían la aparición de patógenos oportunistas. En este caso, más es menos: cuantos más cursos de tratamiento con antibióticos, menor fue la diversidad bacteriana.

Una recuperación completa podría tardar años

Otro hallazgo interesante consistió en observar que la microbiota no se recupera del todo. Hasta ahora se pensaba que la comunidad microbiana vuelve a la “normalidad” después del tratamiento con antibióticos. Pero este estudio revela que, aunque la recuperación fue rápida en los primeros meses, después es lenta e incompleta y no siempre se recobra exactamente el estado original.

Una recuperación completa podría tardar años, según el tipo de antibiótico. Cuanto mayor sea el efecto negativo en la biodiversidad bacteriana, más tiempo se tardará en recuperar la microbiota previa. En algunos casos, incluso, se llega a un nuevo ecosistema en equilibrio diferente al original.

Por otra parte, no hace falta tomar muchos antibióticos: una sola tanda puede tener efectos detectables años después. Esto cambia bastante la narrativa clásica de “por una vez no pasa nada”. Algunos de estos medicamentos tienen un mayor efecto en mujeres, quizá por factores hormonales.

Muchas de las bacterias que cambian están relacionadas con la obesidad, la diabetes tipo 2, enfermedades cardiovasculares o enfermedad inflamatoria intestinal. Ojo: esto no significa que los antibióticos causen estas enfermedades directamente, pero sí que pueden influir en el ecosistema microbiano que las modula.

Entonces… ¿debemos dejar de usar antibióticos?

No. Y esto es clave: los antibióticos salvan vidas y son imprescindibles en infecciones bacterianas. Aunque este estudio se ha hecho solo en Suecia, donde el uso de estos fármacos está muy restringido y se registra un bajo nivel de resistencia de las bacterias a sus efectos, los resultados refuerzan algo muy importante: hay que usarlos mejor, no más. Hay que evitar su administración innecesaria, elegir el medicamento adecuado y no prolongar tratamientos sin motivo.

Recetar antibióticos de forma precisa ya no sirve solo para combatir la resistencia antimicrobiana, sino para preservar la biodiversidad del ecosistema intestinal del paciente y sus consecuencias en la salud metabólica y gastrointestinal a largo plazo.


Una versión de este articulo ha sido publicada en el blog microBIO del autor.


The Conversation

Ignacio López-Goñi no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. Nuevo estudio: los antibióticos pueden alterar nuestra microbiota durante años – https://theconversation.com/nuevo-estudio-los-antibioticos-pueden-alterar-nuestra-microbiota-durante-anos-281356

Rusia sigue silenciando las voces de Chernóbil que recogió Svetlana Alexiévich

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Miquel Cabal Guarro, Professor lector, Secció d’Estudis Eslaus, Departament de Llengües i Literatures Modernes, Universitat de Barcelona

Svetlana Alexiévich es una entrevista en Brasil en 2016. Tomaz Silva/Agência Brasil, CC BY

En junio de 2018 tuve la oportunidad de visitar Minsk, la capital de Bielorrusia. En una de las grandes librerías del centro de la ciudad, bajo la mirada inquisidora de los omnipresentes retratos del dictador Lukashenko, pedí a la librera uno de los volúmenes de las obras completas de Svetlana Alexiévich. La editorial rusa Vremia las había publicado de nuevo después de que la autora recibiera el Premio Nobel de Literatura en 2015.

Pero la entonces nueva edición de La guerra no tiene rostro de mujer, el libro que acababa de traducir yo en aquel momento al catalán, no se encontraba en el estante que le hubiera correspondido: la librera me sorprendió sacando el ejemplar de debajo del mostrador.

La obra completa de la única premio nobel bielorrusa estaba oculta a los lectores bielorrusos. Había que solicitar sus libros, como si de algo exclusivo, prohibido o incluso peligroso se tratara. Supongo que hicieron la vista gorda conmigo porque era extranjero, pero sospecho que los compradores locales de libros de la autora pasarían entonces directamente a un registro estatal. Y digo entonces porque albergo dudas de que en la actualidad la obra de Alexiévich siga estando disponible en las librerías de su tierra.

La plegaria y las voces

La breve escena parecía resumir la condición incómoda que sus libros habían ido adquiriendo en Bielorrusia y en todo el espacio postsoviético.

Edición española de _Voces de Chernóbil_ de Svetlana Alexiévich.
Edición española de Voces de Chernóbil de Svetlana Alexiévich.
Penguin Libros

Pero iba a vivir un episodio quizá más revelador: a los tres meses de visitar Minsk, un congreso de traducción literaria me llevó a Moscú. Como me faltaban buenas ediciones de la autora, aproveché la visita a Rusia para repetir la “operación Alexiévich”, esta vez en una gran librería de la céntrica calle Tverskaya. Allí, las obras completas no estaban fuera de la vista de los clientes, sino fuera de su alcance: en un estante pegado al techo divisé el volumen que me interesaba, Voces de Chernóbil. Al preguntarle a la librera cómo podía ascender a tales alturas, me respondió con una descortesía tajante: “Ya encontrará usted alguna escalera por ahí”.

Y vaya si la encontré.

Se cumplen cuarenta años del accidente nuclear de Chernóbil, uno de los muchos factores que contribuyeron a precipitar el hundimiento de la Unión Soviética. Con motivo de esta fatídica efeméride, trazaremos los orígenes del menosprecio crítico hacia Alexiévich en su país natal y en Rusia a propósito de su libro Voces de Chernóbil.

Editada por Debate y DeBolsillo, la obra se puede leer en la traducción castellana de Ricardo San Vicente, introductor de la autora en el ámbito hispánico. Dicha traducción fue publicada por primera vez por la editorial Casiopea de Barcelona a principios de 2002 con el título La plegaria de Chernóbyl: crónica del futuro, el mismo con el que la obra es conocida entre el público lector en lengua rusa.

Desde su exilio en Berlín, la propia autora afirmaba en un artículo reciente: “Me temo que hoy en día toda persona moderna debería saber algo sobre el átomo y sus peligros”, y por ello sigue recomendando Voces de Chernóbil como puerta de entrada a su universo literario.

Una primera lectura de Alexiévich

El texto original apareció en el primer número de 1997 de la revista rusa La amistad de los pueblos (Дружба народов), que lo reconoció como una de las diez contribuciones más destacadas del año, lo que le supuso una temprana legitimación literaria.

Fotografía en blanco y negro de una mujer sonriente apoyada en una barandilla.
Svetlana Alexiévich en la Villa Waldberta, 1996.
Barbara Niggl Radloff /Museo Municipal de Múnich, CC BY-SA

Ese mismo año, el poeta y crítico Valeri Lipnévich le dedicó una extensa reseña en una de las revistas literarias rusas más relevantes del siglo XX: El nuevo mundo (Новый мир). Titulada “Despidiendo a la eternidad”, la crítica interpretaba el libro como una reflexión sobre el colapso del progreso científico y moral del hombre soviético, destacando la decisión de Aleхiévich de “no escribir, sino anotar, documentar” una polifonía de voces.

Escribía Lipnévich:

“En el caso de Svetlana Alexiévich, se nos presenta un fenómeno decididamente nuevo. Аunque la escritura documental como tal no sea nueva, hasta ahora habíamos leído principalmente una escritura documental ideologizada, es decir, una escritura que se disfrazaba de documental pero que no se interesaba por la realidad. Lo que hace hoy Alexiévich podría denominarse nueva literatura de los hechos. Han sido precisamente la glásnost y la apertura social las que han permitido que aparezcan sus libros. En ellos se transmite la voz del pueblo tal cual, sin adornos”.

Entre 1997 y 1999, las críticas y reseñas siguieron esta misma línea. Subrayaban el carácter ético y testimonial de la obra y su inserción en la tradición de la prosa documental rusa (cabría mencionar aquí las figuras históricas de los escritores Alexandr Solzhenitsyn, Alés Adamóvich o Daniil Granin). Asimismo, señalaban el alto nivel literario de la propuesta documental de la autora. Parece que el aperturismo de los salvajes noventa en el mundo postsoviético acompañaba la recepción de la obra de Alexiévich.

Recepción a partir de los 2000

No obstante, y ya desde que se publicara su primera obra en plena perestroika, la citada La guerra no tiene rostro de mujer (1985), la narrativa crítica sobre la autora arrastraba algunas de las acusaciones ideológicas y políticas que marcarían su recepción a partir de los años 2000.

Proliferaron entonces en los foros de internet y en las valoraciones de los lectores las acusaciones de rusofobia y antisovietismo, la denominación de panfleto político y el reproche creciente al método literario de la autora, basado justamente en un conjunto de percepciones complementarias y a veces contrapuestas sobre algunos de los mayores traumas colectivos del país del homo sovieticus.

Pero el gran giro llegó a propósito del Premio Nobel y su discurso de aceptación: la visibilidad internacional de alguien que ponía en tela de juicio los relatos de exaltación nacional que promovía el Kremlin no pasó desapercibida. Y la situación se agravó más aún si cabe con la serie Chernóbil, que HBO estrenó en 2019.

Como recogió el medio independiente Meduza, las cabeceras afines al Kremlin (Argumenty i Fakty, Express-Gazeta, Rossískaya Gazeta o Komsomólskaya Pravda, entre otras) aprovecharon el lanzamiento para lanzar críticas furibundas contra la serie y también contra Alexiévich y su Voces de Chernóbil, del que la primera había tomado algunas líneas argumentales.

Unos hombres de espaldas observan la explosión de lo que parece una fábrica delante de ellos.
Fotograma de la serie Chernóbil.
HBO

El cierre en Rusia de los medios independientes y los espacios de memoria histórica, la falta de libertad de expresión y manifestación, la rehabilitación del pasado soviético (Stalin y Gulag incluidos) y las suspicacias hacia las narrativas críticas y no heroicas de la historia nacional han terminado de configurar un contexto en el que Voces de Chernóbil y el resto de libros de la autora dejan de leerse como una aportación literaria poliédrica y humanística para convertirse en textos simplemente incómodos y de espinosa deglución.

En abril de 2024, el Servicio Federal de Supervisión en el Ámbito de la Educación y la Ciencia de Rusia abrió una investigación a raíz de la aparición de un fragmento de Voces de Chernóbil en la plataforma en línea para la preparación del examen de la selectividad rusa. La presidenta del Comité de la Duma para la Protección de la Familia, la diputada Nina Ostánina, denunció que las obras de Alexiévich “están impregnadas de odio hacia Rusia y la cultura rusa”.

No falta mucho para que la obra de esta autora se prohíba totalmente: de momento, sus textos se disimulan y sus libros se esconden, se retiran de las bibliotecas o se colocan en estantes difícilmente accesibles.

Esperemos que quede alguna escalera por ahí…

The Conversation

Miquel Cabal Guarro es miembro del PEN Català, de la Asociación de Escritores en Lengua Catalana y del Consejo Europeo de Asociaciones de Traductores Literarios.

– ref. Rusia sigue silenciando las voces de Chernóbil que recogió Svetlana Alexiévich – https://theconversation.com/rusia-sigue-silenciando-las-voces-de-chernobil-que-recogio-svetlana-alexievich-281045

Cómo preservar el esfuerzo en la era de la inteligencia artificial

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Alberto Melián Ortiz, Vicedecano del Grado en Fisioterapia. Profesor titular de las asignaturas de Trabajo Fin de Grado y de Fisioterapia del Aparato Locomotor, Universidad Pontificia de Salamanca

TimeImage Production/Shutterstock

¿Qué sentido tiene esforzarse cuando ChatGPT, Claude o Gemini pueden resolver problemas en segundos? Si un estudiante usa estas herramientas para resolver un caso complejo al instante, ¿qué ocurre con el proceso de pensar, equivocarse y aprender? Conceptos como la mentalidad de crecimiento y la práctica deliberada ofrecen un camino para no renunciar al esfuerzo humano.

La mentalidad de crecimiento –término acuñado por Carol Dweck en 2006 (aunque la idea data de los años 70)– distingue a quienes ven el talento como maleable de quienes lo consideran inmutable. En estudios pioneros, Dweck observó que algunos alumnos confiaban en que sus capacidades podían mejorar con esfuerzo, estrategia y una buena enseñanza.

Estos alumnos están más dispuestos a enfrentarse a retos difíciles y a entender el error como información para aprender y no como una etiqueta de “no valgo”. Suelen pedir y aprovechar orientación concreta para mejorar, perseveran más ante la dificultad y muestran mayor curiosidad y disposición a probar enfoques nuevos. Tienen lo que ella definió como “mentalidad de crecimiento”. En cambio, otros estudiantes con mentalidad fija huían del riesgo para no quedar en ridículo.

La mentalidad de crecimiento ha demostrado ser mejor para el rendimiento académico. Por ejemplo, en el estudio de PISA 2022 (España) los estudiantes con mentalidad de crecimiento superaron en matemáticas a los de mentalidad fija por hasta 7 puntos promedio, y además reportaron menos ansiedad ante los exámenes. Otro estudio de 2024 confirma que esta mentalidad promueve la resiliencia y el compromiso educativo en diversos contextos.

¿Cómo alcanzar la mentalidad de crecimiento?

La mentalidad de crecimiento no es innata: es una forma de pensar que se puede aprender y reforzar tanto en casa como en la escuela. Para ayudar a desarrollarla en la infancia podemos:

  • Cuidar el lenguaje del elogio: pasar de “qué listo eres” a “me gusta cómo has buscado otra estrategia” o “has mejorado porque has practicado mucho”. Se refuerza el proceso, no la etiqueta de capacidad fija.

  • Normalizar el error: tratar los fallos como información (“¿qué podemos aprender de esto?”) en lugar de como fracaso (“no valgo para esto”).

  • Enseñar estrategias, no solo pedir esfuerzo: no basta con “esfuérzate más”; hay que ofrecer caminos concretos: dividir la tarea, usar ejemplos, practicar por pasos, pedir ayuda.

Practicar con propósito, no por rutina

Por otro lado, el psicólogo sueco Anders Ericsson desarrolló el concepto de “práctica intencional” o “deliberada”: repetir tareas específicas con objetivos claros, bajo supervisión y con retroalimentación inmediata.

La diferencia clave es que la práctica deliberada siempre tiene propósito claro, dificultad ajustada y corrección inmediata; la práctica normal suele ser repetir sin mucha guía ni reflexión. Por tanto, la práctica deliberada no es hacer más, sino hacer mejor: con objetivo específico, dificultad a medida, corrección rápida y repetición hasta notar el progreso.

Ejemplos de práctica deliberada

En primaria, mientras que una práctica normal suele ser que el alumno lea un cuento completo varias veces, sin objetivos concretos, solo para mejorar la rapidez de la lectura, la práctica deliberada supondría que el docente elija tres frases difíciles, trabaje solo en pronunciación de ciertos sonidos, corrija al momento y repita hasta que se noten avances.

Al final se pueden transmitir retroalimentaciones específicas como: “Hoy has mejorado mucho en la ‘r’ porque la hemos practicado varias veces”.




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En la universidad, por ejemplo en ciencias de la salud, una práctica habitual es que los estudiantes lean muchos casos clínicos resueltos o hagan exámenes tipo test.

En cambio, la práctica deliberada puede consistir en centrarse solo en un paso del razonamiento clínico (por ejemplo, formular hipótesis alternativas). En cada caso, el estudiante debe escribir al menos dos hipótesis, justificarlas y el profesor (o una IA guiada) cuestiona cada una. Se repite con varios casos breves hasta que el estudiante mejora claramente en ese punto concreto.




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Cada vuelta de la práctica deliberada enriquece la mentalidad de crecimiento, demostrando al estudiante que sus habilidades se cultivan con dedicación, no por arte de magia.

Tanto la mentalidad de crecimiento como las prácticas deliberadas son fundamentales a la hora de enfrentarnos al uso de inteligencia artificial en el aprendizaje. Aunque bien usada puede diseñar recursos personalizados y liberar al docente para la empatía, el debate y el acompañamiento, un uso pasivo conlleva el riesgo de dependencia cognitiva, una especie de “pereza mental”.

Diálogo, error y razonamiento

Por ello, la IA debe rediseñarse como provocadora de preguntas, no como dispensadora de respuestas. Un buen ejercicio es que el estudiante compare su trabajo con el que generó la herramienta, analice las diferencias, critique ambos y construya uno nuevo con su propio sello. Este diálogo crítico convierte la tecnología en apoyo del pensamiento, no en atajo.

En tercero del Grado en Fisioterapia hemos pedido a los alumnos que trabajen sobre un caso clínico complejo mientras una herramienta de inteligencia artificial generativa actúa como un “tutor socrático” digital. Los estudiantes, en pequeños grupos, proponen un diagnóstico o plan de tratamiento, y la IA sólo responde con preguntas (una por turno): “¿Cómo justificas esta elección?”. Las preguntas varían y siguen un flujo lógico según las respuestas del estudiante, nunca son repetitivas, porque la IA adapta cada pregunta al contenido específico que acaba de escribir el estudiante, manteniendo siempre el tono socrático: provocar reflexión profunda sin dar la solución.

Así, en lugar de recibir soluciones, el estudiante debe explicar sus ideas en voz alta y reflexionar. La actividad finaliza cuando la IA (o el profesor) considera que la explicación del estudiante demuestra comprensión sólida y un razonamiento clínico adecuado. Esta forma de trabajar el razonamiento clínico está incluida dentro de un proyecto de innovación docente que hemos denominado IA-LOCOM, y cuyos resultados acaban de ser publicados.




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Pero la herramienta no está evaluando al estudiante, su función no es asignar notas ni medir competencias. La calidad final del razonamiento es evaluada por el profesor.

Integrar la IA de este modo promueve activamente la mentalidad de crecimiento: el estudiante aprende que sus propias preguntas y correcciones llevan a la solución correcta. Este “diálogo socrático asistido por IA” ejemplifica cómo favorecer el aprendizaje activo, la metacognición y la mentalidad de crecimiento, al situar al estudiante como agente responsable de su progreso.

Curiosos, resilientes y creativos

La mentalidad de crecimiento combinada con la práctica deliberada será la ventaja competitiva de las universidades que incorporen de esta manera la inteligencia artificial. Este modelo desarrolla habilidades como la curiosidad, cuestionando las respuestas de la IA; la resiliencia, al aprender de cada traspié; y la creatividad, pues van más allá de lo programado.

El verdadero talento del mañana no será quién use mejor esta herramienta, sino quién la supere con esfuerzo consciente, pensamiento original y pasión por aprender. Cultivar la mentalidad de crecimiento en la era de la inteligencia artificial no es un lujo: es el camino para formar ciudadanos críticos, adaptables e insustituibles por la tecnología, capaces de convertir cada desafío en una oportunidad de crecimiento profesional.

The Conversation

Alberto Melián Ortiz no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. Cómo preservar el esfuerzo en la era de la inteligencia artificial – https://theconversation.com/como-preservar-el-esfuerzo-en-la-era-de-la-inteligencia-artificial-277865

¿Afectan las mareas a los animales acuáticos?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Ibon Cancio, Associate Profesor in Cell Biology, Universidad del País Vasco / Euskal Herriko Unibertsitatea

Estrellas de mar y otros habitantes de una zona intermareal donde se ha retirado el agua. visionteller/Shutterstock

Este artículo forma parte de la sección The Conversation Júnior, en la que especialistas de las principales universidades y centros de investigación contestan a las dudas de jóvenes curiosos de entre 12 y 16 años. Podéis enviar vuestras preguntas a tcesjunior@theconversation.com


Pregunta formulada por el curso de 3º de la ESO de Aranzadi Ikastola. Bergara (Gipuzkoa)


La vida bajo el efecto de las mareas es una vida en la frontera, una especie de Far West que ofrece múltiples oportunidades para los innovadores, los más rápidos y fuertes y los mejor adaptados.

Se llama intermareal al espacio de la costa que está sumergido durante la marea alta o pleamar y queda expuesto al aire durante la marea baja o bajamar. Lo pueblan una gran diversidad de invertebrados como moluscos, crustáceos, quelicerados, anélidos, equinodermos, cnidarios, tunicados, acelomorfos, turbelarios, briozoos, poríferos…

Expulsados dos veces al día de su hábitat

Bajo la influencia principalmente de la fuerza gravitatoria de la Luna, el nivel del mar sube y baja. La gravedad lunar atrae el agua de los océanos, generando mareas altas en el lado de la Tierra más cercano a ella. Cuando el Sol, la Luna y nuestro planeta están alineados, tenemos mareas vivas y cuando se encuentran en ángulo recto, mareas muertas, menos intensas.

En el intermareal rocoso baten las olas, con momentos de fuerte exposición al sol y desecación, y hay aporte de agua dulce que cambia la salinidad en pozas. La presión depredadora es fuerte, y la competición por el espacio también, pero el número de diferentes microhábitats es ingente.
Todas las fotos son del autor.

El agua viene y va en ciclos de alrededor de 6 horas, así que que dos veces al día los organismos litorales son “abducidos” del medio que les da alimento, oxígeno, humedad y cobijo. ¿Cómo salen adelante? El espacio intermareal no es uniforme y en él se generan diversos microhábitats que ofrecen recursos y desafíos únicos para sus pobladores.

Sobrevivir fuera del agua

Primero, si el agua desaparece, los animales deben evitar desecarse. Con ese fin, muchos invertebrados desarrollan conchas duras y herméticas que mantienen cerradas en marea baja, mientras que otras especies generan coberturas mucosas capaces de absorber agua.

Los pulpos son un buen ejemplo de cuerpo flexible para hacer frente a las olas y guarecerse bajo las rocas. Tienen piel mucosa y gran capacidad de camuflaje, pero además su sangre (hemolinfa), bombeada por tres corazones, es de color verde azulado por la presencia de una sustancia llamada hemocianina.

Una deshidratación parcial produciría el colapso de proteínas y otras macromoléculas esenciales para vivir, y por eso también acumulan azúcares que evitan la pérdida de agua. Además, muchos mejillones, anémonas, percebes y balanos (un tipo de crustáceos) forman colonias donde el hacinamiento ralentiza la pérdida de humedad.

Para acceder al oxígeno fuera del agua, los cangrejos pueden respirar aire humedeciendo sus branquias, mientras que algunos peces respiran por la piel u órganos modificados. En general, los animales consumen menos oxígeno y desarrollan un metabolismo dual: aeróbico (usando oxígeno) y anaeróbico (sin oxígeno). Para ello, acumulan reservas de glucógeno como almacén de energía, lo que explica por qué los moluscos y crustáceos son tan nutritivos.

Resistiendo los embates de las olas

El segundo reto es resistir a la fuerza de las olas en el espacio entre mareas, y lo consiguen con sistemas que les permiten quedarse fijos en el sustrato. Así, encontramos proteínas especializadas que funcionan como una especie de pegamento (en bivalvos y percebes) o pies que hacen “chupón” sobre la roca (lapas).

Por su parte, las almejas del género Pholas y los erizos de mar horadan pequeños agujeros en la roca como refugio, mientras anémonas, briozoos y percebes poseen cuerpos flexibles con los que “surfear” las olas sin soltarse. Y en la arena y el fango, almejas, anélidos o gusanos acelomorfos han desarrollado receptores sensoriales con los que identifican la llegada de la marea para excavar y refugiarse cuando viene la mar.

Los erizos de mar pueden excavar pequeños orificios en la roca (la especie Paracentrous lividus) sobre la que se asientan, además de producir unos apéndices retráctiles (Sphaerechinus granularis) que les permiten una fuerte adhesión.

Cambio extremo de temperaturas y salinidad

Otro problema son las grandes variaciones térmicas (de hasta 20–25 °C) debido a la exposición al aire. Durante la bajamar, los animales intermareales producen gran cantidad de “proteínas de choque térmico” que les permiten reparar proteínas dañadas por el aumento de las temperaturas.

Adicionalmente, esas oscilaciones podrían volver rígidas o demasiado fluidas las membranas celulares, por lo que es necesario ajustar la composición de los lípidos que las forman. Esto se logra modulando los niveles de colesterol y produciendo ácidos grasos poliinsaturados cuando las temperaturas bajan y saturados cuando suben.

Por efecto de las lluvias y la evaporación en las pozas, el agua se puede diluir o volver extremadamente salada. Y aquí entra en escena la ósmosis, que no es una diosa egipcia, sino una propiedad física que explica el movimiento del agua a través de una membrana semipermeable como la de una célula y que los animales intermareales han afinado con sofisticadas estrategias. Así mantienen el equilibro de su composición química y no estallan (si el agua está demasiado diluida) o se quedan secos como una bacalada (por exceso de salinidad).

Adaptaciones ante cambios de pH y a la exposición al sol

En las pozas de marea también se acumula CO₂, el cual hace descender el pH y, en consecuencia, vuelve más ácidos los fluidos en los organismos que los habitan. Para contrarrestarlo, estos animales cuentan con sistemas “tamponadores” que usan bicarbonatos y fosfatos para mantener estable el pH de cualquier fluido. Además, a lo largo de la evolución han adquirido enzimas que ajustan la concentración de los protones causantes de la acidificación, a lo que se suma que muchas de sus proteínas resisten a posibles cambios de pH interno.

El género de gusanos poliquetos Eulalia está formado por 20 especies de intensa coloración verde que adquieren por acumulación de una sustancia química natural llamada porfirina. Ademas de ser fotoprotectora, funciona como compuesto antibacteriano y antioxidante. La pigmentación en planarias es también muy espectacular, como en el caso de Yungia aurantiaca (derecha). Se especula que adquiere tal coloración a través de su dieta carnívora de tunicados y briozoos y que puedan producirla carotenoides o porfirinas. Su función posiblemente sea la de disuadir a depredadores, pero seguramente tambíen antioxidante. Se protegen entre las algas en marea alta, y cuando quedan aisladas en pozas intermareales se mueven para alimentarse como auténticas bailarinas.

Y por si fuera poco, la exposición al Sol y la radiación ultravioleta producen radicales libres de oxígeno, o sea, moléculas con electrones “sueltos” potencialmente muy dañinas para proteínas, lípidos o el ADN de las células. Cuando emergen, los animales intermareales activan genes responsables de generar proteínas que reparan los daños. También elevan los niveles de enzimas y pigmentos antioxidantes como los carotenoides, que otorgan su característico color anaranjado a la carne de los mejillones.

Un erizo Sphaerechinus granularis parapetado bajo piedras, conchas vacías y demás protectores que ejercen de sombrilla contra el efecto de la exposición al Sol.

Otros, como los erizos y las anémonas, han adquirido protección mediante adaptaciones del comportamiento: a falta de gorras y sombrillas, se cubren de piedras y conchas en bajamar para evitar el contacto directo con el astro rey.

Algunos animales han hecho de esa exposición al Sol virtud. Muchos moluscos y cnidarios (corales, anémonas) establecen relaciones de simbiosis con organismos fotosintéticos (algas unicelulares) que les permiten realizar la fotosíntesis. Por ejemplo, el gusano Simsagittifera roscoffensis establece una fotosimbiosis con el alga verde unicelular Tetraselmis convoluta, sin cuyo aporte energético no podría sobrevivir. Sale a la superficie del arenal en marea baja para recibir el baño de luz que haga posible esa fotosíntesis, y en cuanto viene la ola se sumerge de nuevo en la arena.

El gusano de Roscoff o gusano de salsa de menta (S. roscoffensis) mide apenas unos milímetros de longitud. El color es debido a que incorpora algas unicelulares verdes del genero Tetraselmis en simbiosis, lo que le permite hacer la fotosíntesis. En marea baja sale a la película de agua que queda sobre la arena, y en cuanto viene la ola se introduce en la arena.

El formidable reto de reproducirse

Y, por último, el éxito de la reproducción de las criaturas intermareales depende de la capacidad de sincronizarla con las mareas y ciclos lunares que determinan las mareas vivas y muertas. Para ello, necesitan desarrollar relojes biológicos: mecanismos internos circadianos (de 24 horas), circamareales (12 horas y 25 minutos) y circalunares (29 días y 12 horas) que regulan los tiempos de liberación sincronizada de los gametos, es decir, las células sexuales –masculinas y femeninas– que al unirse forman el huevo.

Una liberación de gametos o larvas durante la luna llena o nueva, con mareas de mayor amplitud, favorece la dispersión por corrientes, disminuye el riesgo de depredación e incrementa las probabilidades de que esas células sexuales se encuentren en el agua. Muchos cnidarios, esponjas y poliquetos son famosos por explosiones reproductivas sincronizadas con la Luna.

Ciertos tipos de gusanos se reproducen asexualmente en el fondo del mar, pero de forma periódica necesitan hacerlo de forma sexual. Esto sólo puede ocurrir en la superficie marina, mediante la sincronización del encuentro de los gametos de ambos sexos con la luna llena. Algunas especies sufren entonces una metamorfosis denominada epitoquía: el gusano completo o una porción escindida que contiene los gametos sube a la superficie, donde una explosión total produce la liberación y el encuentro de las células sexuales.

En cualquier lugar de nuestro Planeta Océano, el intermareal es un lugar de innovación evolutiva. Como bien sabían en la película Piratas del Caribe, las mareas pueden ser misteriosas…


La Cátedra de Cultura Científica de la Universidad del País Vasco colabora en la sección The Conversation Júnior.


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The Conversation

Ibon Cancio recibe fondos de investigación del Gobierno Vasco, MCIU, Horizon Europe e Interreg Atlantic Area.

– ref. ¿Afectan las mareas a los animales acuáticos? – https://theconversation.com/afectan-las-mareas-a-los-animales-acuaticos-278445

Mandelson vetting: Starmer’s reluctance to engage with the details shows a lack of political leadership

Source: The Conversation – UK – By Stefan Stern, Visiting Professor of Management Practice, Bayes Business School, City St George’s, University of London

For all of Keir Starmer’s undoubted abilities, steady nerve and top-level experience in the legal profession, his tenure as prime minister has been fraught with difficulty. This is no doubt partly due to his limited enthusiasm for the (at times banal) realities of political leadership.

It is also due to his reluctance to engage sufficiently with the details of important decisions. At key moments, he has chosen to look the other way and defer to others to execute.

The most recent and consequential example of this is the appointment of Peter Mandelson as ambassador to Washington DC, which we now know was driven primarily by former chief of staff Morgan McSweeney. A quick refresh on recent Labour party history should have been enough to deter this decision. Instead, Starmer outsourced political judgment to others. Now that it has backfired, he is attempting to deflect the blame for his own misjudgments, perhaps not realising – or not accepting – that the buck ultimately stops with him.

He has lost goodwill by removing a range of colleagues, including two cabinet secretaries, two chiefs of staff, and now a top civil servant. He has not focused enough on the detail of policy, but has rather made broad and vague calls for change and asked others to deliver it. Good leaders delegate with clear instructions to people who are capable of fulfilling specific tasks.

A strong sense of leadership from the centre is needed to make the UK government system work. This was understood by the last Labour government with the introduction of the Delivery Unit, a mechanism to provide performance management across key departments.

The Starmer government got off to a false start in the summer of 2024 and has never really recovered. There was misalignment, to put it mildly, between Starmer’s original (and short-lived) chief of staff, Sue Gray, and other colleagues. A clumsily introduced cut to winter fuel allowance had to be reversed, raising no extra revenue but costing a good deal of political goodwill.

There have been other missteps. Starmer sparked anger among some MPs with his speech warning about the UK becoming “an island of strangers”, only to concede subsequently that he was uneasy with that phrase. He was opposed to his own speech.

Welfare reform was necessary until backbenchers rebelled. A harsher line on immigration did nothing to halt Reform’s rise. A seeming reluctance to criticise Israel’s assault on Gaza cost the Labour party support and helped drive the Green party’s new popularity.

And while Starmer did not know and had no particular fondness for Mandelson, he was persuaded McSweeney that he would be the right person to send to Washington DC as a new ambassador. Hence the rushed process to appoint him, and the subsequent political mess that afflicts Starmer now.

All of these suggest a disengagement with the nitty gritty of politics, the consequences of which are now being made clear.

Understanding the job

Amanda Goodall, a professor of leadership at Bayes Business School, has long argued that “domain knowledge” (or professional expertise) is a vital requirement for those in a leadership position. It pays to have someone in charge who understands and has a profound feel for the world in which they are operating.

Credibility among colleagues is established by being good at the core elements of a job and having proven experience. This was always going to be difficult to achieve for a latecomer to politics like Starmer.

In Westminster, Starmer has always been a fish out of water. He has only been a member of parliament since 2015. He emerged as a viable leadership candidate in the aftermath of Labour’s 2019 election defeat. He succeeded as a figure with calm authority, in contrast to the uncertainty created by Boris Johnson and Liz Truss.

Even under the steadier figure of Rishi Sunak, and undermined by the rise of Reform, the Conservative government was doomed to defeat. In July 2024, the quirks of the UK’s voting system gifted Labour a massive 170-seat majority on a vote share of 34% – a “loveless landslide”. The government was never really all that popular even at the outset. A more politically savvy prime minister might have recognised this and led the new government differently.

Starmer became prime minister without ever having established a distinct political identity or programme. He proudly said that there was no such thing as Starmerism, and never would be. That sort of modesty may have been authentic and appealingly British, in a way. But it left the new government without a song to sing.

Politics, it has been said, is “show business for ugly people”. Charisma is overrated, and after Boris Johnson I suspect the country has had enough of performative prime ministers. The PM does not have to be a stand-up comedian or a “celebrity”. But there should be a purpose to what he or she is doing. A more politically engaged prime minister would have weighed up the risks in appointing Mandelson more carefully, and been aware of warnings that the appointment was being “weirdly rushed”.

Effective political leaders have a coherent and compelling story to tell. They strengthen and give credibility to this story when they make important political decisions with conviction and a sense of ownership. This is what Starmer has lacked all along, and it will be his undoing.

The Conversation

Stefan Stern does not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organisation that would benefit from this article, and has disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

– ref. Mandelson vetting: Starmer’s reluctance to engage with the details shows a lack of political leadership – https://theconversation.com/mandelson-vetting-starmers-reluctance-to-engage-with-the-details-shows-a-lack-of-political-leadership-281191

AI has crossed a threshold – what Claude Mythos means for the future of cybersecurity

Source: The Conversation – UK – By Gerald Mako, Research Affiliate, Cambridge Central Asia Forum, University of Cambridge

The limit of what artificial intelligence can achieve, known as frontier AI, has crossed another threshold. AI can now plan and execute sophisticated cyber operations with minimal guidance at speeds far beyond human capability.

That, at least, is the evidence from an independent test of Claude Mythos Preview, the latest and most advanced model in the Claude family of AI systems, developed by US tech firm Anthropic. Similar to ChatGPT, these can understand and generate human-like text, analyse information, and solve complex problems.

The finance sector is alarmed. It relies on highly interconnected digital systems that are especially attractive targets for sophisticated cyber-attacks. A successful breach could disrupt payments, freeze access to funds, and erode public trust in the banking system.

Major UK and US banks are preparing controlled trials under strict safeguards. They will be granted secure, supervised access to the Mythos Preview model in isolated environments, to evaluate its ability to detect vulnerabilities in their systems while minimising any risk of misuse. It’s a bit like dangerous viruses being examined in high-security laboratories.

The UK’s AI Security Institute, a research organisation within the government’s Department for Science, Innovation and Technology, has already tested Mythos Preview on a demanding benchmark known as The Last Ones. As the name suggests, this series of challenges has been designed as the final hurdle AI systems need to complete before being deemed able to fully automate complex, real-world cyber-attacks from start to finish.

In the controlled test, Mythos Preview autonomously surfaced thousands of “zero day” vulnerabilities – flaws unknown even to the software’s own developers – across every major operating system and popular web browser. Some of these had remained undetected for up to 27 years, even though the software had been carefully checked millions of times.

Under controlled conditions, a skilled human operator would typically need around 20 hours to complete the exercise. In ten independent runs, Mythos achieved full success three times, making this preview version the first AI model to solve the entire attack chain end-to-end.

Video: Bloomberg TV.

The results show genuine autonomous chaining of complex sequential actions. Mythos Preview thus represents a major leap in the ability of an AI to act as a truly autonomous agent, planning and executing complex, multi-step tasks over extended periods with minimal human intervention.

But the significance of this technological breakthrough extends well beyond cyber-attacks. The same capability could soon allow AI to autonomously manage software development, scientific research, supply chains or financial operations. Mythos Preview signals a shift from powerful assistant to genuinely autonomous operator, with wide-reaching implications across many industries.

The dual-use dilemma

Rather than releasing it publicly, Anthropic has so far restricted access through its Project Glasswing, an initiative that gives selected technology companies and critical infrastructure providers including Apple, Google, Microsoft, Cisco and Amazon controlled access to the model.

Anthropic’s stated idea is to “to secure the world’s most critical software” by identifying and fixing security weaknesses in the operating systems, browsers and critical libraries that underpin virtually all modern digital systems, before they can be exploited. Only after that will Mythos see wider deployment as a general-purpose AI system.

Traditional vulnerability management is the process of identifying, assessing and fixing weaknesses in software and systems before attackers can exploit them – a slow, labour-intensive task performed by experts. Mythos could change this process dramatically – in both positive and negative ways.

Its emergence creates a classic dual-use dilemma: the same breakthrough that strengthens cyber defence can also lower the barrier for offensive operations.

On the positive side, it could enable defenders to discover and patch thousands of previously unknown vulnerabilities at unprecedented speed and scale, potentially making critical software far more secure and reducing the window for attacks.

Many current cybercrimes such as ransomware succeed by exploiting known or easily discoverable weaknesses in unpatched systems. These could be significantly reduced if Mythos-class models are widely used for defensive vulnerability discovery.

However, more sophisticated or targeted ransomware attacks – especially those using stolen credentials, social engineering, or already-compromised accounts – are far less likely to be affected, as they often bypass traditional software vulnerabilities altogether.

On the negative side, the same capabilities could dramatically lower the barrier for malicious actors, allowing them to find and chain weaknesses much faster than human teams. This would accelerate sophisticated cyber-attacks if the technology spreads beyond controlled environments.

There is no public evidence that Mythos Preview has reached criminal groups or nation-state adversaries – yet. But the history of cybersecurity technology suggests that well-resourced actors, either state-sponsored or criminal, may develop comparable systems or gain indirect access within the near future.

The future of cybersecurity

In the short term, governments are likely to revise their cybersecurity protocols and incident-response frameworks to incorporate mandatory AI-assisted vulnerability scanning. This would require organisations to continuously scan their systems using AI, rather than relying on occasional human checks.

While this could dramatically improve security by finding flaws faster, it is likely to raise costs significantly and carries the risk of system slowdowns, false alarms, or brief operational disruptions when fixes are applied.

Cyber insurers will almost certainly begin demanding evidence of such defences as a condition of coverage, driving up insurance premiums, while critical-infrastructure operators accelerate deployment of automated monitoring and response systems. This change will impact not only banks and financial institutions, but also critical infrastructure operators in energy, healthcare, telecoms, and transport.

Of course, Mythos is not the final chapter. Future models developed by Anthropic and other leading AI companies are being designed to function as highly autonomous AI agents, capable of independently planning, adapting and executing long, complex sequences of tasks. As well as discovering vulnerabilities, this could mean coordinating large-scale operations or managing sophisticated real-world workflows – all with minimal human guidance.

Moments like this demand both urgency and measured action. Careful governance, international cooperation, and sustained investment in defensive applications will be essential. The genie is out of the bottle – the challenge now is ensuring it serves security rather than chaos.

The Conversation

Gerald Mako does not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organisation that would benefit from this article, and has disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

– ref. AI has crossed a threshold – what Claude Mythos means for the future of cybersecurity – https://theconversation.com/ai-has-crossed-a-threshold-what-claude-mythos-means-for-the-future-of-cybersecurity-281308

How Israel’s history has shaped the way it wages war

Source: The Conversation – UK – By Gemma Ware, Host, The Conversation Weekly Podcast, The Conversation

A little after 2pm on April 8, the Israeli military hit more than 100 targets in Lebanon in just ten minutes. Israel called the attack Operation Eternal Darkness and said it struck Hezbollah command and control centres across Lebanon. The Lebanese government said at least 300 people were killed and 1,000 injured.

The scale of the attack on Lebanon was reminiscent of the early days of the Gaza war in 2023 when Israel retaliated for the October 7 attacks, which killed more more than 1,200 people, with waves of aerial bombardment of Gaza.

Israel has a powerful and lethal army, and it’s been defending itself against attacks from Hamas, Hezbollah and Iran.

But why has it chosen such brutal military aggression?

One historian, Yaron Peleg, believes the answer to this question lies in the early days of Zionism in the 19th century when many Jews who arrived in Palestine were fleeing antisemitism in Europe. In defiance, they began a cultural revolution, emphasising military strength and honouring Biblical Jewish heroes.

Peleg, who is a professor of modern Hebrew studies at the University of Cambridge in the UK and author of the book New Hebrews: Making National Culture in Zion, thinks Israel’s view of itself began to change in the wake of the Holocaust. “There started a really problematic combination of defiance, aggression, and a sense of victimhood  and it’s a very explosive and lethal combination,” he says.

In this week’s episode of The Conversation Weekly podcast, Peleg tracks how he sees Israel’s self‑image changed from self‑reliance to aggressive militarism, and how that history helps to explain the way it wages war today.

This episode of The Conversation Weekly was written and produced by Gemma Ware and Mend Mariwany. Mixing by Eleanor Brezzi and theme music by Neeta Sarl.

Newsclips in this episode from Sky News.

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The Conversation

Yaron Peleg does not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organisation that would benefit from this article, and has disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

– ref. How Israel’s history has shaped the way it wages war – https://theconversation.com/how-israels-history-has-shaped-the-way-it-wages-war-281194