Cómo la pesca de ballenas se extendió desde el País Vasco al resto del mundo hasta acabar prohibida

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Álex Aguilar, Profesor de Biología Animal, Universitat de Barcelona

Jan Pieter Strijbos/Nationaal Archief

Los testimonios documentales más antiguos que acreditan la existencia de una pesca ballenera organizada se remontan al siglo XI en el País Vasco. Desde allí, la actividad se expandió rápidamente por los puertos del Cantábrico, desde Galicia hasta el Laborde francés, y después por el Atlántico hasta llegar a países como Brasil e Islandia.

Aunque hoy se trata de una actividad casi abandonada, llegó a constituir un negocio altamente rentable. Tanto que el alto volumen de capturas y su mala gestión obligaron a prohibirla para proteger a los cetáceos.

Los inicios de la pesca ballenera

En el País Vasco, la pesca se realizaba desde pequeñas embarcaciones a remo que zarpaban al ser avistada una ballena y, cuando el cetáceo era alcanzado, se inmovilizaba con arpones lanzados a mano y se lo remataba con lanzas. Después se remolcaba el cadáver a la playa para su aprovechamiento.

Por otra parte, los balleneros buscaban con ahínco a las crías, pues sabían que si se hacían con ellas la madre los seguiría hasta aguas protegidas, facilitando así su caza posterior.

En la pesca costera tradicional, el procesado de las ballenas se acostumbraba a realizar en las playas a fuerza de brazos y con simples hachetas, cuchillos y ganchos.
En la pesca costera tradicional, el procesado de las ballenas se acostumbraba a realizar en las playas a fuerza de brazos y con simples hachetas, cuchillos y ganchos.
Grabado de la Histoire générale des drogues, de Pierre Pomet, París 1694

Durante siglos, el principal producto que se obtenía de las ballenas era el saín, o aceite, que era utilizado en iluminación y en la fabricación de jabón, esencial para la industria lanera.

Aunque la captura del cetáceo comportaba riesgos pues, por pacífico que sea, un animal herido siempre se revuelve contra su atacante, los beneficios sostenían economías locales enteras. Y ello hizo que una cincuentena de puertos del Cantábrico se llegara a involucrar en esta pesca.

Expansión de la actividad por el mundo

A partir del siglo XVI, los vascos expandieron la actividad por el Atlántico hasta alcanzar Islandia, Groenlandia, Terranova e incluso Brasil. Aquella expansión no pasó inadvertida y, a partir del siglo XVI, otras potencias como Francia, Reino Unido y Países Bajos se incorporaron a la caza de ballenas, con lo que las cifras globales de capturas se dispararon.

Ya en la primera mitad del siglo XIX se pescaba ballenas en todos los océanos del mundo y la rentabilidad de la actividad alcanzaba niveles extraordinarios: las tasas de beneficio anual se situaban habitualmente entre el 25 % y el 50 %, lo que permitía amortizar rápidamente la inversión que requería una expedición.

El barco conocido como Lagoda, un bricbarca de New Bedford, en sólo doce años proporcionó a sus armadores una suma ciento veinte veces superior a la invertida, arrojando en algunos años un dividendo del 361 %.

Ya en el siglo XX, la modernización comportó el empleo de barcos de hierro con motores a vapor y cañones que disparaban arpones de 80 kilos equipados con granadas explosivas, lo que intensificó aún más la letalidad y los beneficios de la pesca.

La rentabilidad solía superar el 100 % anual, aunque con el tiempo comenzó a moderarse por el progresivo agotamiento de las poblaciones de cetáceos.




Leer más:
Respirar bajo el agua: la increíble historia evolutiva de los mamíferos marinos


El gran negocio que nunca buscó la sostenibilidad

Mientras esto sucedía, la experiencia acumulada por generaciones de balleneros hizo evidente que el extraordinario rendimiento de las ballenas estaba limitado por su lenta reproducción. Aunque lo lógico habría sido adaptar las capturas a la capacidad de recuperación de las poblaciones, la industria optó por
maximizar beneficios, lo que implicaba agotar rápidamente los recursos de una zona y desplazarse a otra cuando el contingente local se desmoronara.

Para permitir esta estrategia, se desarrollaron factorías balleneras desmontables y trasladables, adaptadas a una explotación intensiva y móvil.

La saga noruega de los Herlofson, que trajo la pesca ballenera moderna a las costas españolas, es un buen ejemplo. El patriarca, llamado Peter, inició sus actividades en Noruega en la década de 1880. En 1896 estableció una factoría en Islandia. La cerró al cabo de cinco años, trasladándola en 1902 a la isla de Harris, en Escocia.

Allí fue sustituido por su hijo, Carl, que en 1921 movió primero el centro de operaciones al golfo de Cádiz y, en 1925, a Galicia. En 1928 lo desplazó a Terranova y en 1932 ya trabajaba en Namibia, para acabar finalmente su carrera profesional en un barco factoría en la Antártida. Entre padre e hijo, a lo largo de 50 años explotaron ocho caladeros balleneros distintos, es decir, en promedio uno cada seis años.

En una carta, Carl dejaba bien clara su política empresarial: había que extraer rápidamente “la crema” de cada caladero para, una vez vaciado, desplazarse al siguiente.

Ballena recién arponeada por un barco de la compañía gallega Industria Ballenera SA en 1982.
Ballena recién arponeada por un barco de la compañía gallega Industria Ballenera SA en 1982.
Alex Aguilar



Leer más:
Así intentamos ayudar a los animales marinos que llegan enfermos o heridos a las costas


La regulación y la Comisión Ballenera Internacional

Estos abusos transformaron profundamente la percepción pública. La ballena pasó de ser vista como una criatura temible –piénsese en Moby Dick– a convertirse en símbolo de conservación.

En 1946 se creó la Comisión Ballenera Internacional (CBI) con el fin de regular la actividad. En los años setenta, la CBI ya había protegido muchas poblaciones y gestionaba la explotación de las restantes mediante estrictas cuotas. La pesca estaba por fin bajo control.

Sin embargo, el pasado tenía demasiada inercia y la presión ecologista, muy activa en la década de 1980, llevó a aprobar una moratoria sobre la caza comercial que entró en vigor en 1986 y que debía durar cinco años. Fue una medida que se aprobó por una ínfima mayoría, en la que España fue decisiva, pues decantó con su papeleta la votación.

Aunque estaba previsto que la moratoria finalizara en 1991, la medida se prolongó indefinidamente por su carga simbólica. Para muchos resultaba inaceptable la idea de reiniciar la pesca ballenera. Japón, Noruega e Islandia, países con fuertes intereses balleneros, cuestionaron esta decisión alegando que las poblaciones
de esos animales que ellos explotaban se hallaban en buen estado –algo respaldado por estudios científicos–, y abandonaron la CBI reemprendiendo la caza a través de cuotas nacionales. Hoy, dos tercios de las capturas de ballenas se hacen ignorando a la organización, bajo criterios fijados por cada país.

Como buena parte de sus ingresos provenían de las cuotas que los países miembros realizaban, y que dependían de su actividad ballenera, la CBI se ha visto obligada a vender su sede y a espaciar reuniones. Paradójicamente, la organización, pionera en la regulación internacional de un recurso pesquero, atraviesa hoy una profunda crisis como consecuencia de su éxito. Su eficaz labor de regulación se vio desbordada por la inercia de una percepción social forjada en épocas anteriores, cuando la explotación ballenera estaba desregulada y era un abuso.

La CBI se ha reinventado abordando temas como el turismo ballenero o el efecto de la contaminación.

Restos de la atalaya ballenera de Mendata, en la población vasca de Deva.
Restos de la atalaya ballenera de Mendata, en la población vasca de Deva.
Alex Aguilar

Casi mil años de historia de pesca ballenera han dejado en el litoral cantábrico una huella profunda y bien visible. Los pequeños puertos del norte de la península ibérica atesoran museos, monumentos, restos de atalayas y de antiguas factorías, escudos nobiliarios con armas balleneras, así como dinteles, sepulcros y
lápidas decorados con arpones y escenas de caza de cetáceos. Un legado histórico de primer orden que perdura como testimonio de una pesca hoy abandonada.

The Conversation

Álex Aguilar recibe fondos del Plan Nacional de Investigación no Orientada.

ref. Cómo la pesca de ballenas se extendió desde el País Vasco al resto del mundo hasta acabar prohibida – https://theconversation.com/como-la-pesca-de-ballenas-se-extendio-desde-el-pais-vasco-al-resto-del-mundo-hasta-acabar-prohibida-279514

La historia demuestra que la Guardia Revolucionaria de Irán resistiría una invasión terrestre

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Ibrahim Al-Marashi, Adjunct Professor, IE School of Humanities, IE University; California State University San Marcos

Saeediex/Shutterstock

El Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC, por sus siglas en inglés) ejerce desde hace tiempo un poder considerable, a menudo subestimado, en Oriente Medio. Con unos 190 000 miembros, además de unos 450 000 reservistas en la milicia paramilitar Basij, el componente más numeroso de las Fuerzas Armadas de Irán controla también gran parte de la política, los servicios de inteligencia y la economía del país.

Tras un ataque aéreo israelí que acabó con la vida del líder supremo de la República Islámica, el ayatolá Alí Jameneí, el 28 de febrero, el presidente de EE. UU., Donald Trump, instó al IRGC a deponer las armas a cambio de inmunidad. Las fuerzas de la Guardia Revolucionaria Islámica rechazaron la oferta y, tras la muerte de muchos de sus líderes durante el último mes, no dan señales de rendirse.

A medida que las fuerzas terrestres estadounidenses se despliegan en Oriente Medio, es imprescindible comprender que –a pesar de un mes de bombardeos generalizados por parte de EE. UU. e Israel, de infraestructuras dañadas, fracturas internas y un liderazgo diezmado– es probable que el IRGC resista con tenacidad cualquier invasión del territorio iraní. Su historia demuestra por qué.




Leer más:
¿Por qué Irán es ahora el objetivo? Claves para entender la ofensiva que sacude a Oriente Medio


De milicia a fuerza de primera línea

El IRGC surgió originalmente en la revolución de 1979 a partir de las milicias callejeras improvisadas formadas por estudiantes leales a la visión del ayatolá Ruhollah Jomeini de una República Islámica. Se opuso a las facciones que buscaban crear una república laica tras el derrocamiento de la monarquía, y aspiró a ser una guardia nacional para proteger al naciente gobierno revolucionario islámico.

También conocido como Pasdaran-e Enghelab (Guardianes de la Revolución), pronto se convirtió en una guardia pretoriana del líder supremo del país.

En sus primeros días, la fuerza impidió una contrarrevolución por parte del Artesh, el ejército permanente bajo el sah. El IRGC también libró batallas callejeras con fuerzas revolucionarias rivales, incluidos izquierdistas laicos y milicias islamistas rivales.

Con la invasión de Irak a Irán en 1980, el IRGC emergió como una fuerza de combate convencional de primera línea junto con el ejército nacional. Repelieron el ataque de Sadam Husein en 1982, aunque la guerra continuó durante otros seis años. Muchos de los actuales comandantes del IRGC eran jóvenes soldados u oficiales en aquella época, y vivieron en primera persona cómo Irak utilizó armas químicas contra ellos mientras Occidente permanecía en silencio.

dos soldados con máscaras antigás y rifles
Soldados iraníes con máscaras antigás durante la guerra entre Irán e Irak, 1985.
Mahmoud Badrfar

El IRGC también se convirtió en una fuerza de contrainsurgencia cuando Sadam Husein apoyó a los rebeldes kurdos iraníes en 1980. Ha reprimido diversas rebeliones étnicas internas, desde una revuelta kurda en el noroeste que comenzó en la década de 1980 hasta una insurgencia baluchí en el sureste en la década de 2000.

Por lo tanto, es probable que los recientes intentos de Trump de fomentar revueltas kurdas se topen con la ira de los comandantes del IRGC, que llevan décadas luchando contra estos grupos rebeldes étnicos.

Lecciones de los aliados

A través de sus grupos proxy (aliados) regionales, el IRGC ya cuenta con una amplia experiencia en guerras de desgaste prolongadas contra EE. UU. e Israel.

En 1982, el IRGC creó una fuerza expedicionaria extranjera, conocida como la Fuerza Quds. La Fuerza Quds, cuyo nombre proviene del árabe para Jerusalén, apoyó la creación de Hezbolá en el Líbano en respuesta a la invasión israelí de ese año para expulsar a la Organización para la Liberación de Palestina.

A partir de ese momento, el IRGC pudo enfrentarse a Israel a través de sus fuerzas proxy. Durante 18 años, Hezbolá utilizó tácticas como los coches bomba suicidas para desgastar a las fuerzas de ocupación israelíes, que se retiraron del sur del Líbano en 2000. La operación fue ampliamente considerada como un fracaso militar para Israel.

Un hombre coloca una medalla en la solapa de otro hombre
Qasem Soleimani (izquierda) fue el comandante de la Quds hasta su asesinato a manos de las fuerzas estadounidenses en 2020. Aquí aparece junto a Alí Jameneí (derecha) en 2019.
Khamenei.ir, CC BY-NC

Estas tácticas se repitieron tras la invasión estadounidense de Irak en 2003, cuando milicias chiitas respaldadas por Quds, como Kataib Hezbolá, atacaron al ejército estadounidense desplegado allí con artefactos explosivos improvisados. Estados Unidos se retiró de Irak en 2011, desesperado por salir de una “guerra eterna”.

Los grupos proxy de la Quds en el Líbano e Irak proporcionaron lecciones que el IRGC seguramente intentaría replicar en caso de una invasión estadounidense.

Muchas de estas tácticas fueron diseñadas para desgastar a una fuerza de ocupación, y no serán suficientes para frustrar una invasión terrestre inmediata y de alta intensidad. Pero si Estados Unidos no logra sus objetivos (actualmente poco claros), podría verse envuelto en otra ocupación prolongada y una guerra de baja intensidad. Si eso ocurre, las bien perfeccionadas tácticas de desgaste del IRGC se desplegarían ampliamente.




Leer más:
De Saddam a Jameneí: el guion que conecta Irak 2003 con la guerra en Irán 2026


Irán, Estados Unidos y el “eje del mal”

Tras décadas de tensiones bilaterales, los atentados del 11 de septiembre de 2001 obligaron a EE. UU. e Irán a formar una breve alianza contra los talibanes en Afganistán. El régimen iraní incluso tendió la mano a Estados Unidos a finales de 2001, ofreciendo ayuda a los pilotos derribados que aterrizaron en suelo iraní mientras combatían a su enemigo común.

Pero en enero de 2002, George W. Bush situó a Irán junto a Irak y Corea del Norte en el ahora infame “eje del mal”, convirtiéndolos en un objetivo de la guerra contra el terrorismo de EE. UU. Para Irán, esto supuso un cambio brusco en la percepción pública estadounidense.

Los esfuerzos de acercamiento del presidente reformista Mohammad Jatamí llegaron a su fin. Tres años más tarde, el régimen apoyó el ascenso de Mahmud Ahmadineyad, un radical que, junto con el líder supremo, invirtió tanto en la expansión del programa nuclear como en el IRGC. Desde entonces, el IRGC ha evolucionado para asumir múltiples funciones de seguridad en la República Islámica.

El único periodo posterior de distensión entre el IRGC y Estados Unidos se produjo cuando la Fuerza Quds luchó contra el Estado Islámico en 2014 en Irak, en colaboración con el apoyo aéreo estadounidense. Esta cooperación tuvo lugar durante la Administración Obama y, un año después, EE. UU. firmó un acuerdo nuclear con Irán del que Trump se retiró apenas dos años después, en 2017.

Cuando las bases del IRGC fueron atacadas por ataques terroristas del ISIS a principios de febrero de 2019, consideró que los ataques eran el resultado de acciones encubiertas de Estados Unidos. Culpó a este y a Israel, además de a un aumento de la subversión baluchí y kurda.

Según la narrativa del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica, la guerra actual de la administración Trump forma parte de un esfuerzo sistémico estadounidense, desde la década de 1980, para atacar al IRGC a través de intermediarios o de la guerra económica con el fin de debilitar a la República Islámica. Para ellos, se trata de un conflicto que se prolonga desde la Revolución Iraní de 1979.




Leer más:
Irán y Estados Unidos llevan décadas en guerra, y no se vislumbra un final


El poder protector

El IRGC se ha visto, sin duda, debilitado por el último mes de ataques aéreos estadounidenses e israelíes. Pero su historia demuestra que sus oficiales tienen un sentido de identidad corporativa propia y que defenderán su poder institucional incluso si sus líderes son asesinados.

Un hombre saluda a una gran multitud en un estadio de atletismo
El IRGC también dirige la vasta milicia paramilitar Basij. Aquí, el ayatolá Alí Jameneí en la Gran Conferencia de miembros de Basij, estadio Azadi, octubre de 2018.
Por Khamenei.ir, CC BY-NC

Esto explica por qué, tras la muerte de Jameneí, el IRGC se unió en torno a su hijo Mojtaba para mantener intacto su poder. Mientras algunos iraníes celebraban y otros lamentaban la muerte de Jameneí, el IRGC presentó un frente unido en apoyo a su régimen. Si el sistema político de Irán se desmoronara, el IRGC perdería su estatus dentro del grupo.

El IRGC también ha evolucionado para funcionar como una red empresarial. Con participaciones en el sector servicios, que van desde los medios de comunicación hasta la construcción, controla al menos el 20 % de la economía. Dado que algunos líderes del IRGC se han beneficiado de prácticas corruptas en la gestión de estas redes, temerían tener que rendir cuentas y ser juzgados por un nuevo orden político, y no aceptarán la idea de rendirse.

Lo que representa esta red de privilegios es, en última instancia, un Estado oculto. El IRGC no es solo un ejército, sino también una institución militar separada, autónoma y vasta, que ha logrado conservar su poder tras el asesinato de Jameneí. Si nos basamos en los acontecimientos de la historia –y del conflicto hasta ahora–, luchará hasta el final antes que capitular.

The Conversation

Ibrahim Al-Marashi no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. La historia demuestra que la Guardia Revolucionaria de Irán resistiría una invasión terrestre – https://theconversation.com/la-historia-demuestra-que-la-guardia-revolucionaria-de-iran-resistiria-una-invasion-terrestre-279981

Más allá del ligue: ¿qué buscamos en las aplicaciones de citas?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Isabel Vicario-Molina, Profesora de Psicología Evolutiva y de la Educación, Universidad de Salamanca

Tero Vesalainen/Shutterstock

Las aplicaciones de citas se han convertido en un medio habitual para conocer gente y comenzar nuevas relaciones. Muchas personas crean un perfil en estas plataformas en algún momento, y lo que hace una década se percibía como algo excepcional o incluso estigmatizado, hoy es una práctica común. Sin embargo, asumir que todo gira en torno al “ligue” simplifica demasiado lo que ocurre dentro de estas aplicaciones.

Las formas tradicionales de conocer gente han cambiado. Por eso, estas plataformas se han convertido en nuevos espacios de encuentro. Analizar quién las usa y con qué propósito ayuda a entender mejor cómo están cambiando la intimidad y la vida social.

En nuestro estudio analizamos el perfil y las motivaciones de uso de 667 personas usuarias en España. El objetivo era comprobar dos ideas muy extendidas: que estas aplicaciones son principalmente “para jóvenes” y que se utilizan, sobre todo, “para ligar”.

No solo jóvenes

Aunque las aplicaciones de citas suelen asociarse con la generación Z, nuestra investigación revela que su utilización se extiende a otras etapas de la vida. Si bien el grupo de 18 a 30 años tiene un peso importante, el sector más numeroso está compuesto por personas entre 31 y 50. Transiciones vitales, como rupturas, mudanzas o cambios laborales, pueden impulsar el uso de apps en la madurez. En esta etapa, la persona usuaria ya no experimenta: sabe exactamente qué tipo de vínculo busca.

También observamos cómo los mayores de 50 años se incorporan progresivamente a estos espacios. Lo hacen con preferencias muy definidas: Facebook Parejas es su opción favorita, seguida de cerca por Tinder.

Perfil socioeconómico y geográfico del uso

La heterosexualidad es mayoritaria en nuestra muestra. Las apps que más utilizan las personas heterosexuales son Tinder, Bumble y Badoo. No obstante, las aplicaciones de citas también son utilizadas por personas no heterosexuales, que prefieren Grindr –dirigida especialmente a homosexuales y bisexuales–, seguida de Tinder. Pueden ser entornos de contacto con personas de orientaciones afines y espacios en los que se percibe más seguridad.

El perfil socioeconómico también proporciona datos reveladores. En primer lugar, existe una correlación clara con el nivel educativo: la mayoría de las personas usuarias tiene estudios universitarios, una tendencia especialmente marcada entre las mujeres. En el aspecto económico, y aunque la mayoría se sitúa por encima del salario mínimo interprofesional, los hombres declaran ingresos más altos. Esta diferencia refleja las desigualdades estructurales y la brecha salarial en el mercado laboral.

La geografía también importa. El uso es más frecuente en entornos urbanos: en las ciudades no solo hay más opciones de match, sino que también es más fácil mantener el anonimato y la privacidad. En las zonas rurales, el control social todavía puede condicionar el uso de estas herramientas.

¿Qué buscamos realmente cuando abrimos una aplicación?

La conclusión más clara de nuestro estudio es que la principal motivación para usar estas plataformas es la búsqueda de relaciones. Independientemente del género, la orientación sexual o la edad, el deseo de conectar con otra persona sigue siendo el motor principal.

Sin embargo, el momento vital y las necesidades de las personas usuarias parecen diversificar las razones de uso. Muchas personas las utilizan para socializar, otras, para distraerse o entretenerse, y algunas para superar una ruptura. También aparece la curiosidad por la experiencia digital.

Al examinar las diferencias de género aparecen matices. Las mujeres señalan con mayor frecuencia la búsqueda de pareja y la curiosidad como los principales incentivos para crear un perfil. Por el contrario, los varones tienden a destacar en mayor medida aspectos vinculados a la validación personal o la interacción lúdica. Para ellos, son motivos importantes el coqueteo, el deseo de aumentar su experiencia sexual, el entretenimiento o, incluso, el desarrollo de habilidades sociales.

También hay diferencias por orientación sexual. Las personas homosexuales de nuestro estudio destacan en mayor medida tres motivos: encontrar contactos con orientaciones similares, explorar nuevas experiencias sexuales y buscar apoyo para superar rupturas sentimentales.

Estos resultados permiten una lectura más amplia: la búsqueda de contactos con orientaciones similares podría sugerir que estas plataformas son un entorno facilitador. Permiten segmentar la búsqueda, algo que no siempre es posible en el espacio físico. Además, la exploración sexual y el uso tras una ruptura indican que no son solo herramientas de ocio. También pueden ser espacios donde se explora la identidad y se busca apoyo emocional.

Motivaciones que evolucionan con la edad

La edad introduce matices en la forma de utilizar estas plataformas. Aunque la búsqueda de pareja es el eje central, las motivaciones complementarias cambian a lo largo del ciclo vital.

Entre las personas jóvenes (18-30 años) destacan el entretenimiento, la distracción y la aprobación social. En esta etapa, las plataformas pueden ser espacios de experimentación y validación donde la aprobación externa y el juego social tienen un papel importante.

Entre los 30 y los 50 años, las motivaciones se orientan más hacia la estabilidad afectiva. Muchas personas buscan vínculos duraderos o reconstruir su vida sentimental tras una ruptura. En este grupo también gana peso la presión social o del entorno, lo cual sugiere que, en esta etapa, la app deja de ser solo una actividad lúdica. Puede convertirse en un recurso de ajuste social, usado para acercarse a un modelo de vida en pareja y adaptarse a las expectativas familiares y sociales vigentes.

A partir de los 50, ganan peso la socialización y el sentimiento de pertenencia. En esta etapa, las apps pueden ayudar a ampliar la red de contactos y mitigar la soledad no deseada.

Más que tecnología: un fenómeno social

Las aplicaciones de citas ya no se entienden solo como un espacio para el “ligue” ocasional: se han convertido en escenarios donde se negocian identidades, expectativas vitales y formas de relacionarnos.

La diversidad de motivaciones muestra que tenemos necesidades relacionales distintas. En nuestra muestra, el gesto de abrir la app puede significar cosas distintas: juego y validación en la juventud, reconstrucción afectiva tras una ruptura en la adultez media y búsqueda de pertenencia y socialización a partir de los 50.

Cuando cambian los desafíos y las necesidades afectivas –según la edad, el género u orientación–, también lo hacen las motivaciones para usar estas apps.

Detrás de esos intereses aparecen fenómenos sociales como la soledad no deseada o el envejecimiento activo. Para algunas personas, estas aplicaciones son un recurso dentro de su estrategia de vida social. Sobre todo, ante el progresivo deterioro de los espacios físicos de encuentro.

Las aplicaciones no sustituyen necesariamente la interacción cara a cara. Más bien pueden complementarla cuando los espacios de encuentro son escasos, inaccesibles, o no se perciben como seguros.

En definitiva, reflejan nuevos escenarios de socialización que están redefiniendo cómo nos conocemos, interactuamos y establecemos relaciones con otras personas.

Estos datos provienen de un cuestionario online y describen a quienes decidieron participar. Por tanto, no equivalen a una fotografía representativa de la población. Aun así, nos permiten afinar la pregunta central: más allá de discutir si estas herramientas “funcionan”, importa analizar para qué las usamos. Y qué revela eso sobre las dificultades actuales para crear vínculos fuera de lo digital y cómo están cambiando las formas de relacionarse.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. Más allá del ligue: ¿qué buscamos en las aplicaciones de citas? – https://theconversation.com/mas-alla-del-ligue-que-buscamos-en-las-aplicaciones-de-citas-278051

La estrategia defensiva iraní: así está dictando la nueva Guardia Revolucionaria el curso de la guerra

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Moises Garduño García, Profesor de Estudios sobre Oriente Medio, Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM)

Anelo/Shuttesrtock

La agresión de Estados Unidos e Israel contra Irán expone un error de cálculo fundamental por parte de quienes pensaban que “dos o tres días de bombardeos eran suficientes para ganar una guerra”. Por una parte, el ataque subestimó la capacidad de respuesta de las fuerzas armadas iraníes y, por la otra, sobrestimó el poderío aéreo de Washington y Tel Aviv como elemento clave del conflicto.

Error de cálculo

El error más grave hasta el momento ha consistido en infravalorar la resiliencia del adversario y su capacidad de adaptación operativa. Irán, consciente de su vulnerabilidad a los ataques de “decapitación”, implementó una versión de la “doctrina mosaico”. A través de ella no sólo descentraliza el mando y control, sino que garantiza la circulación de élites de la segunda generación de la Guardia Revolucionaria. Una estrategia que tiene como objetivo garantizar la supervivencia de su capacidad ofensiva para alargar el conflicto

Creer que el poder aéreo por sí solo es decisivo, significa ignorar las lecciones de la historia y de la teoría clásica estratégica que demuestran que el bombardeo táctico rara vez quiebra la voluntad de un enemigo. Además, en el caso de un país con una enorme profundidad estratégica como lo es Irán, la única forma de tomar el control real del Estado es a través de una invasión terrestre bien planeada y organizada que, en este punto del conflicto, es la más grande y riesgosa de las apuestas militares.

En efecto, los ataques iniciales de Estados Unidos e Israel fueron un éxito táctico. De acuerdo con el Armed Conflict Location and Event Data Project, a diez días de iniciar el conflicto, “al menos el 30 % de los más de 900 ataques estadounidenses e israelíes golpearon éxitosamente el sistema de control interno de la República Islámica”.

Sin embargo, cuando Irán extendió sus objetivos hacia los países árabes del Golfo, obligó a sus enemigos a confrontar los límites de su poder impulsando el alza de precios de los energéticos y manipulando el comportamiento de los mercados financieros. Sin duda, la estrategia de Irán no era un enfrentamiento convencional, sino un plan de desgaste descentralizado y de presión económica.

2 000 millones de dólares al día

Aunque Estados Unidos e Israel pueden dominar el espacio aéreo iraní en ciertos momentos, no han podido impedir por ahora que Irán condicione el acceso al estrecho de Ormuz, lance misiles y drones desde plataformas móviles o utilice a sus aliados en Líbano e Irak.

Ante la extensión de la campaña militar por más de un mes, Estados Unidos ha comenzado a buscar salidas precipitadas para guardar las apariencias. Los costos de las operaciones han sido cifradas en 2 000 millones de dólares al día, la misma cantidad que Washington dijo recuperar con su política de aranceles recíprocos. Todo ello sin dejar de mencionar la muerte de 13 soldados estadounidenses.

En el caso israelí, Tel Aviv también busca invadir el sur de Líbano y adentrarse en territorios más allá del Río Litani para ampliar sus fronteras bajo la excusa de producir “nuevas zonas de amortiguamiento” contra Hezbollah y sus fuerzas especiales.

Al mismo tiempo, tanto Washington como Tel Aviv acuden al control de medios para informar todos los días que “van ganando la guerra”. Buscan satisfacer el consumo interno de sus bases sociales y fabricar una imagen. Esta no coincide con la realidad en el campo de operaciones, donde sus ataques no obtienen resultados políticos concretos. El mensaje oficial del presidente Trump el pasado 1 de abril de 2026 es una evidencia para este argumento.

La doctrina defensiva

La nueva generación de la Guardia Revolucionaria no sólo está mejor entrenada, sino que también es la heredera del emporio económico fundado por sus predecesores en calidad de veteranos de la guerra Irán-Irak. Las nuevas élites lucharon contra el Estado Islámico o Daesh y ganaron experiencia en Siria, apoyando en su momento a Bashar Al Assad. También se han fajado entrenando milicias en Líbano, Palestina e Irak.

Además, la condición de herederos de la primera generación les obliga a enmarcar este conflicto como una guerra existencial. Al igual que otras fuerzas armadas en el mundo, libran esta batalla mediante una economía de guerra que fortalece a sus empresas productoras de drones y misiles y a sus redes energéticas. Esto determina, por ejemplo, el acceso selectivo al estrecho de Ormuz para que la Marina del enemigo pueda sentirse obligada a actuar ante la presión económica global.

A diferencia del Artesh (el ejército regular), la Guardia Revolucionaria integra un fuerte vínculo con la sociedad iraní, ofreciendo un trato financiero preferente a las personas provenientes de sectores de bajos ingresos. El servicio en los “Guardianes” puede ser visto como un trampolín para una carrera exitosa y como una credencial valiosa.

Los salarios proporcionan un estímulo material sustancial entre los representantes de la clase campesina y urbana popular. Estas constituyen la fuente mayoritaria de reclutamiento de los Basiji, la red de voluntarios movilizados que conforman el cuerpo de infantería asimétrica del Estado. La organización paramilitar cuenta con nueve millones de miembros y está encabezada por el general de la Guardia Revolucionaria.

También cabe mencionar que las fuerzas Basiji tienen batallones de mujeres en su estructura, a diferencia del Ejército Regular, donde su papel es más limitado. Teniendo en cuenta a los familiares y la tradición cultural oriental del parentesco extenso, el número total de personas que se benefician de una u otra manera de la asociación con los “Guardianes” es amplia y, en contexto bélico, suele crecer aún más.

La labor de la segunda generación de la Guardia Revolucionaria no sólo se hace en términos militares, sino también con trabajo y dirección diplomática y operativa. Esto ocurre a través del envío de petróleo iraní a países como China, India y Pakistán, mientras el conflicto entra en la sexta semana de combate.

Independientemente de la oferta temporal por 400 millones de barriles de crudo de la Agencia Internacional de la Energía (AIE), parece factible que los precios internacionales del petróleo no se hayan disparado al máximo debido a que Irán sigue exportando petróleo y no tanto por las declaraciones del presidente Trump, cuyas contradicciones ofrecen todo menos certeza económica.

El fenómeno anterior se relaciona con la información de inteligencia más reciente divulgada en Washington en la que se predice que “no sólo no habrá grietas en el régimen iraní, sino que éste permanecerá intacto y posiblemente incluso se fortalecerá, al creer que se enfrentó a Trump y sobrevivió”.

Al mismo tiempo, el poder económico y político de la Guardia Revolucionaria se extiende hacia Irak con empresas como Mohandis General, de las Fuerzas de Movilización Popular. Estas han seguido el modelo de Khatam al-Anbiya, la empresa estatal más poderosa del Estado iraní, que es uno de los bastiones más sólidos de la Guardia Revolucionaria.

Lo que resta del conflicto

Sin duda alguna, Irán está dictando el curso de la guerra al obligar al eje Washington-Tel Aviv a dotar más recursos para una operación mayor en términos de combustible, armas de precisión, equipos de mantenimiento e interceptores. Incluso, con tropas en el terreno, para mantener una presencia fuerte en el teatro de operaciones. Aunque hay un consenso entre especialistas de que el volumen de lanzamientos de misiles iraníes hacia Israel ha disminuido, también es cierto que su precisión ha aumentado al golpear centros neurálgicos de Tel Aviv, Haifa o Arad. Algo nunca antes visto en la historia.

De seguir el mismo ritmo de combate diseñado para explotar las vulnerabilidades económicas y políticas de sus enemigos, Irán aspira a que sus adversarios carezcan de una salida política óptima. Al momento, ningún país europeo ha tomado la decisión de entrar en una guerra ilegal e ilegítima, que solo es apoyada por la opinión pública israelí. Eso sí, con un respaldo de hasta el 80 %.

Los aliados árabes de Estados Unidos en el golfo Pérsico están enojados y alarmados porque se sienten “aliados de segunda” cuando Trump jerarquiza la defensa de Israel sobre ellos. Así lo apunta Abdulaziz al-Anjeri, fundador del think tank o laboratorio de ideas Reconnaissance Research.

La guerra, lejos de reforzar la hegemonía estadounidense, puede estar acelerando su contracción. En el tablero de Oriente Medio, la fuerza bruta sin una estrategia coherente no solo es inútil, sino contraproducente.

Pase lo que pase, la región ya no será la misma tras la guerra porque se detonarán cambios profundos en toda la arquitectura de seguridad. Desde la asignación de gastos estratégicos hasta una nueva carrera armamentista que debe estarse gestando ya entre otros actores regionales, como Turquía, Egipto o Pakistán. Estos, al tiempo que invierten en los primeros esfuerzos serios de mediación, también observan con preocupación la ejecución sin freno de la política maximalista israelí en todo Oriente Medio.

The Conversation

Este artículo es financiado por el proyecto PAPIIT de la DGAPA-UNAM IN300226 “La reconfiguración del Medio Oriente tras la crisis de Gaza de 2023”.

ref. La estrategia defensiva iraní: así está dictando la nueva Guardia Revolucionaria el curso de la guerra – https://theconversation.com/la-estrategia-defensiva-irani-asi-esta-dictando-la-nueva-guardia-revolucionaria-el-curso-de-la-guerra-279866

¿Quién protege jurídicamente a las personas que inspiran una autoficción?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Andrea Cantos Martínez, Profesora de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales, Universidad de Castilla-La Mancha

En _Amarga Navidad_, los personajes de Aitana Sánchez-Gijón y Leonardo Sbaraglia mantienen un diálogo profundo acerca de la autoficción. El Deseo

El 20 de marzo de 2026 se estrenó Amarga Navidad, la última película de Pedro Almodóvar, en la que un director se apropia del dolor ajeno para alimentar su guión. En una entrevista, el cineasta admitió que contiene personajes inspirados en personas reales y se definió a sí mismo como un autor capaz de hacer daño con su trabajo. La película funciona como un espejo incómodo: un creador que se juzga a sí mismo por instrumentalizar la vida de quienes le rodean.

El fenómeno no es nuevo. En 1928, Federico García Lorca leyó en el diario ABC la noticia del nupcial crimen en Níjar (Almería): una novia que huyó con su primo antes de la boda, un asesinato y una familia destrozada. De aquel suceso nació la tragedia Bodas de sangre. La protagonista real, Francisca Cañadas, fue repudiada por los suyos y vivió marcada por un luto impuesto, sin que nadie le preguntase si quería convertirse en materia literaria.

Portada del libro Yoga de Emmanuel Carrère.
La versión publicada de Yoga omite partes de la narración que la exmujer del autor prohibió incluir.
Anagrama

En Francia, el escritor Emmanuel Carrère, maestro de la autoficción, aceptó durante su divorcio en 2020 una cláusula contractual que le prohibía mencionar a su exmujer, la periodista Hélène Devynck, en cualquiera de sus obras sin consentimiento previo. Devynck denunció públicamente en Vanity Fair que Carrère había vulnerado ese compromiso en los primeros borradores de Yoga.

Y un caso todavía más extremo es el de la editora y escritora Vanessa Springora, quien publicó El consentimiento para denunciar que el escritor Gabriel Matzneff la había convertido en personaje de sus libros cuando ella era menor de edad mientras se ganaba su confianza con el fin de manipularla y conseguir mantener relaciones sexuales con la víctima. Springora invirtió los roles en su obra: la persona real se hizo autora para denunciar al creador que la había ficcionado sin permiso durante décadas.

¿Qué protege la propiedad intelectual?

La propiedad intelectual en España tiene una larga historia: desde las Reales Órdenes de Carlos III en 1762 y años posteriores, hasta el vigente Texto Refundido de la Ley de Propiedad Intelectual. Su lógica es clara: proteger a quien crea. La ley reconoce derechos al autor, incluso a los artistas e intérpretes, a los productores y a las entidades de radiodifusión. Pero no contempla en ningún momento a las personas que sirven de materia prima involuntaria para la creación artística.

Es un sistema cerrado de sujetos protegidos. La ley ampara la expresión formal de la obra, pero no las ideas, los hechos ni las experiencias vitales que la inspiran. Quien se ve reflejado en una novela o una película no tiene ningún derecho reconocido en esta normativa. Resulta llamativo que incluso el reciente Manual de Derecho del Arte, coordinado por Yolanda Bergel Sainz de Baranda –primera obra de referencia en español sobre esta disciplina, que aborda desde la compraventa de obras hasta los delitos contra el patrimonio cultural–, no trate esta cuestión. No es un descuido: es el reflejo de la zona de penumbra.

Entonces, ¿dónde buscar protección?

La persona que se reconoce en una obra ajena puede acudir a otra rama del Derecho: los derechos fundamentales. El artículo 18 de la Constitución española garantiza el derecho al honor, a la intimidad personal y familiar y a la propia imagen. La Ley Orgánica 1/1982 desarrolla su protección por la vía civil: considera intromisión ilegítima, entre otras conductas, la divulgación de hechos relativos a la vida privada que afecten a la reputación de una persona.

Pero al mismo tiempo, el artículo 20 de la Constitución protege la libertad de creación artística. Y su apartado 4 establece que esa libertad tiene como límite especial, precisamente, los derechos al honor, la intimidad y la propia imagen.

Los derechos fundamentales solo pueden ceder ante los límites que la Constitución imponga o ante los justificados por la necesidad de preservar otros derechos. Y cualquier restricción debe ser proporcionada y respetuosa con el contenido esencial del derecho afectado.

No profundizaremos en la protección penal, pero sí destacar que también podría ser una conducta subsumible dentro de los delitos de carácter privado que se recogen en nuestro CP, con la misma problemática sobre cómo desgajar la ficción de la realidad, ex art. 208 y ss CP, cuyo bien jurídico protegido es el mismo que vamos a analizar en el presente artículo.

Honor e intimidad frente a libertad de creación: la ponderación

Cuando una persona es lesionada por una obra artística, los tribunales deben resolver un conflicto entre derechos fundamentales de igual rango constitucional. Para ello recurren a la técnica de la ponderación: sopesar las circunstancias concretas del caso para decidir qué derecho prevalece. El Tribunal Constitucional aplica esta técnica dentro del principio de proporcionalidad, valorando la idoneidad, la necesidad y la proporcionalidad en sentido estricto de la restricción de cada derecho.

Lo relevante es que el Tribunal Constitucional ha construido un régimen propio para la creación artística, distinto del que aplica a la libertad de información. En los conflictos entre honor e información, los tribunales aplican tres requisitos acumulativos: interés público, veracidad y proporcionalidad expresiva. Pero cuando el conflicto es con la creación artística, la veracidad no es exigible –la ficción, por definición, transforma la realidad– y el interés público tampoco opera como condición previa.

Dos mujeres y un hombre sentados sobre unas camillas de piscina mientras hay un equipo de rodaje alrededor.
Almodóvar dirige a Bárbara Lennie y Victoria Luengo en una escena de Amarga Navidad en la que una cineasta vuelve a sentirse inspirada por la vida de su amiga.
El Deseo

La reciente Sentencia del Tribunal Constitucional 1/2025, de 13 de enero, ha fijado un criterio clarificador: antes de ponderar, hay que verificar si las personas reales son reconocibles en la obra. Si no lo son, la creación artística prevalece sin necesidad de mayor análisis. Solo cuando hay identificación clara y, además, contenido vejatorio o denigrante, procede el juicio de ponderación propiamente dicho. Es decir: cuanto más se aleje la ficción de la realidad reconocible, mayor protección merece el creador.

La serie Fariña recibió una denuncia de vulneración del derecho a la intimidad por parte de uno de los personajes retratados en ella. La Sentencia de la Audiencia Provincial de Pontevedra amparó las transformaciones narrativas, pero declaró vulneración del honor por una escena sexual considerada innecesaria para la historia.

Sin embargo, posteriormente el Tribunal Supremo, en Pleno, casó esa resolución: la recreación verosímil de la vida íntima de una persona identificable en una obra de ficción solo constituye intromisión ilegítima cuando, ponderadas las circunstancias del caso –intensidad de la escena, función narrativa, duración y, sobre todo, percepción del espectador medio–, la afectación de la intimidad reviste la gravedad necesaria para prevalecer sobre la libertad de creación artística. En el caso concreto, unas escenas breves, no explícitas y naturalmente integradas en el relato no superaban ese umbral. El listón, por tanto, es alto.

Los casos de Lorca, Carrère, Springora y Almodóvar muestran que la tensión entre quien crea y quien inspira no tiene una solución única. El derecho español deja la respuesta fuera de la propiedad intelectual –no puede ser de otra manera– y la confía a una ponderación judicial caso por caso. Es una solución flexible, sí, pero que exige a la persona afectada asumir el peso de acudir a los tribunales para defender lo que no deja de ser un aspecto esencial de su dignidad: el control sobre cómo se cuenta su propia vida.


¿Quiere recibir más artículos como este? Suscríbase a Suplemento Cultural y reciba la actualidad cultural y una selección de los mejores artículos de historia, literatura, cine, arte o música, seleccionados por nuestra editora de Cultura Claudia Lorenzo.


The Conversation

Andrea Cantos Martínez es socia de ENATIC (abogacía digital) e integrante de WLW (asociación para el impulso del talento femenino en el sector jurídico).

ref. ¿Quién protege jurídicamente a las personas que inspiran una autoficción? – https://theconversation.com/quien-protege-juridicamente-a-las-personas-que-inspiran-una-autoficcion-279396

Autonomía o dependencia: lo que está en juego en el derecho a reparar

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Javier Lloveras, Investigador "Ramón y Cajal", Universidade de Vigo

sasirin pamai/Shutterstock

Pantallas de teléfonos móviles cuyos costes de reparación se acercan al valor de un terminal nuevo. Software diseñado para bloquear funcionalidades o inhabilitar el dispositivo cuando identifica piezas de repuesto no genuinas. Tejidos que, tras pocos lavados, pierden su forma y color haciendo inviable cualquier arreglo. Auriculares inalámbricos sellados con pegamento, en los que un simple cambio de batería supone arriesgarse a dañar el producto. Son historias cotidianas que llevan asociadas una pregunta recurrente: ¿reparamos el producto o compramos uno nuevo?

A veces, cuando las cosas se rompen es cuando descubrimos quién es realmente su dueño. Hoy por hoy, el poder de prolongar su vida útil o decretar su obsolescencia suele estar en manos del fabricante.

La propiedad de las cosas

Durante la pandemia de covid-19, muchos hospitales y técnicos biomédicos se encontraron con barreras inesperadas para mantener equipos críticos en funcionamiento. Desde manuales de servicio difíciles de conseguir o software de diagnóstico restringidos, hasta presiones legales contra quienes compartían documentación técnica. No era solo un fallo técnico: era una arquitectura de control sobre la reparación.

Disputar la propiedad real de los objetos implica definir democráticamente el derecho a reparar y sus límites. Este derecho no es una abstracción. Se traduce en demandas muy concretas: acceso a manuales de servicio, disponibilidad de piezas de recambio a un precio razonable, posibilidad de usar herramientas de diagnóstico genéricas y el fin de bloqueos informáticos que penalizan o dificultan la intervención fuera de la red autorizada de servicio.

Estos conflictos no son teóricos ni excepcionales. Es lo que denuncia, por ejemplo, el agricultor cuando su maquinaria queda condicionada a herramientas y autorizaciones disponibles solo a través del canal oficial. O lo que vive quien cambia la batería de su teléfono y el sistema muestra un aviso indicando que no puede verificar que la batería sea genuina, limitando además información como el estado de salud de la batería.

Hágalo usted mismo

Frente a esta lógica ha surgido el movimiento por el derecho a reparar, que reúne a consumidores, talleres independientes, colectivos hacedores o makers (una versión tecnológica de la cultura del “hágalo usted mismo”), agricultores, activistas de los repair cafés (lugares de encuentro donde voluntarios expertos ayudan a otros a reparar sus objetos) y organizaciones ecologistas.

Estos grupos parten de posiciones ideológicas, motivaciones e intereses muy diversos. Lo interesante es que todos llegan al mismo punto por caminos distintos y hacen las mismas demandas técnicas: acceso a manuales, piezas, diagnósticos y herramientas.

El movimiento por el derecho a reparar organiza esa diversidad a través de cuatro marcos interpretativos:

  1. Los derechos sobre el consumo y la propiedad, es decir, de libertad de elección en un mercado competitivo.

  2. Un imperativo medioambiental, la base de una economía circular real.

  3. Un acto comunitario de recuperación de saberes en talleres locales.

  4. Una condición para la innovación abierta: sin acceso a información y herramientas, se bloquea la capacidad de comprender y mejorar las tecnologías.

Una batalla por la hegemonía

ATTRACT, un proyecto de investigación financiado por el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades a través de la Agencia Estatal de Investigación, y liderado por investigadores de la Universidade de Vigo, busca comprender mejor el derecho a reparar y sus controversias en el contexto europeo.

Los resultados preliminares muestran que el conflicto es, más que una suma de demandas particulares, una batalla por la hegemonía. Por eso, los avances legislativos en la Unión Europea son pasos cruciales pero frágiles. El riesgo es que se ofrezcan soluciones formales, como kits de reparación a precios prohibitivos o documentación deliberadamente críptica, que cumplan la ley mientras mantienen el control sobre las cosas.

Entender esta batalla en toda su complejidad es esencial. No se discute solo sobre tornillos y manuales. Se discute sobre quién tiene la llave del futuro material. Cuando algo se rompa la pregunta no será solo si sabe arreglarlo: será también si el modelo económico vigente garantiza el derecho a intentarlo sin el control y los precios fijados por el fabricante. En esa respuesta se define el mundo que estamos construyendo: si uno de autonomía tecnológica distribuida o de dependencia tecnológica administrada.

The Conversation

Javier Lloveras recibe fondos del proyecto ATTRACT (PID2023-147058NA-I00), financiado por MICIU/AEI/10.13039/501100011033 y por FEDER/UE, así como del programa Ramón y Cajal (RYC2021-034823-I) financiado por MICIU/AEI/10.13039/501100011033 y por los fondos NextGenerationEU/PRTR de la Unión Europea.

Júlio J. Conde recibe fondos del proyecto ATTRACT (PID2023-147058NA-I00), financiado por MICIU/AEI/10.13039/501100011033 y por FEDER/UE.

Mario Pansera recibe fondos de ERC y Plan Nacional

ref. Autonomía o dependencia: lo que está en juego en el derecho a reparar – https://theconversation.com/autonomia-o-dependencia-lo-que-esta-en-juego-en-el-derecho-a-reparar-271186

La ansiedad antes de una cirugía aumenta el dolor y retrasa la recuperación

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Jorge Velázquez Saornil, Profesor en Fisioterapia, Universidad Pontificia de Salamanca

Cirugía en el pie Peter Porrini/Shutterstock

La ansiedad preoperatoria es ese estado de nerviosismo, temor o preocupación intensa que aparece cuando el paciente anticipa la cirugía, la anestesia y la recuperación. No es un detalle menor: se asocia con más dolor tras la cirugía, más consumo de analgésicos, peor recuperación funcional e incluso más complicaciones. Como consecuencia, podríamos pensar que se trata de un fenómeno previsto por los sanitarios. Sin embargo, en muchas ocasiones este malestar pasa desapercibido.

Los profesionales sanitarios se centran en aspectos técnicos como el tipo de anestesia, el riesgo quirúrgico y las pruebas preoperatorias, mientras el componente emocional queda en un segundo plano. Sin embargo, la evidencia científica muestra que ese componente puede influir de forma determinante en la recuperación. La mente y el cuerpo no se desconectan en el quirófano, y es algo que deberíamos tener en cuenta.

La ansiedad antes de una operación de juanetes

En cirugías menores o mínimamente invasivas, este impacto también existe. Un paciente muy ansioso suele tener más dolor, peor experiencia global y más dificultades para seguir las recomendaciones de rehabilitación. Además, tiende a interpretar cualquier molestia como una señal de alarma, lo que genera un círculo vicioso de preocupación y tensión física. Detectar esa ansiedad permite intervenir a tiempo con información, apoyo y, cuando es necesario, tratamiento psicológico o farmacológico.

Un estudio reciente sobre cirugía mínimamente invasiva de hallux valgus (comúnmente llamado juanete) evaluó la ansiedad en la consulta preoperatoria de 80 pacientes. Encontró que el 36 % presentaba ansiedad antes de la operación, una cifra nada despreciable para una cirugía considerada rutinaria.

El trabajo observó que los pacientes sometidos a cirugía mínimamente invasiva tenían niveles de ansiedad más bajos que quienes iban a cirugía convencional. Curiosamente, un 81 % pidió más información sobre el procedimiento y, quienes lo hicieron, tenían 5 veces más probabilidades de presentar ansiedad. Por el contrario, conocer al cirujano o haber pasado por cirugías previas actuó como factor protector.

¿Por qué sentimos ansiedad antes de la cirugía?

Los estudios de diferentes operaciones coinciden en que la ansiedad antes de la intervención no responde a una única causa. Los factores más importantes son:

  • Características de la propia intervención. Un mayor grado de severidad en la propia cirugía, duración prevista o miedo a las secuelas aumentan la ansiedad. Las técnicas mínimamente invasivas suelen asociarse a menos preocupación.

  • Dolor y experiencia anterior. Los pacientes con dolor intenso o malas experiencias anteriores tienden a estar más ansiosos.

  • Perfil psicológico y rasgos individuales. Una tendencia general a la preocupación y una menor tolerancia a la incertidumbre hacen que aumente el riesgo de ansiedad.

  • Información y comunicación. La necesidad de saber exactamente “qué me van a hacer” es muy frecuente. Cuando no se gestiona bien, puede aumentar la ansiedad en vez de reducirla.

  • Relación con el equipo sanitario. Conocer al cirujano, confiar en el equipo y sentir que hay tiempo para preguntar se asocia a menor ansiedad.

Este hallazgo refleja una paradoja habitual: a veces, cuanto más se busca información sin un acompañamiento adecuado, más crecen las dudas. Internet, las redes sociales y los foros pueden ofrecer experiencias subjetivas –y muchas veces negativas– que amplifican el temor del paciente en lugar de calmarlo.

La clave no está en dar más información, sino en ofrecerla de manera clara, comprensible y personalizada.

La ansiedad es normal: el problema es su intensidad

A pesar de su relevancia, la ansiedad preoperatoria sigue sin ocupar un lugar destacado en los protocolos de valoración quirúrgica. Los tiempos ajustados, la presión asistencial y la priorización de aspectos clínicos objetivos hacen que las emociones queden relegadas a un segundo plano. Sin embargo, atenderlas no solo mejora el bienestar del paciente: también puede optimizar los resultados quirúrgicos y reducir costes sanitarios.

No debemos obviar que entre un 85 % y un 93 % de los pacientes presenta algún grado de ansiedad antes de una cirugía. El reto está en identificar a quienes tienen más intensidad de ansiedad.

La buena noticia es que la ansiedad antes de la operación se puede evaluar de forma sencilla y actuar sobre ella. Las medidas pasan por ofrecer información clara, evitando tecnicismos y aclarando dudas sobre anestesia, el dolor esperado y la recuperación. También es importante identificar los perfiles de mayor riesgo y derivarlos a apoyo psicológico. Por último, favorecer que el paciente conozca a su cirujano y tenga un referente claro para plantear sus temores.

En el contexto de la cirugía, estos pasos son sencillos y de bajo coste que podrían traducirse en menos dolor, estancias hospitalarias más cortas y una experiencia quirúrgica más satisfactoria para el paciente.

En los últimos años, algunas especialidades como la cirugía ortopédica y la anestesiología, han comenzado a integrar programas de educación preoperatoria y prehabilitación emocional. Estos espacios permiten a los pacientes conocer las fases del proceso, expresar sus temores y aprender estrategias de afrontamiento, como técnicas de respiración o manejo cognitivo de la preocupación. Los resultados iniciales son prometedores.

Reconocer que la ansiedad existe, incluso en la cirugía de un simple juanete, es el primer paso para abordarla con la misma seriedad que el resto de variables clínicas.

The Conversation

Jorge Velázquez Saornil no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. La ansiedad antes de una cirugía aumenta el dolor y retrasa la recuperación – https://theconversation.com/la-ansiedad-antes-de-una-cirugia-aumenta-el-dolor-y-retrasa-la-recuperacion-279231

Une simple prise de sang pour traquer le cancer

Source: The Conversation – in French – By Alexandre Pellan Cheng, Professeur agrégé, departement de genie des systèmes, École de technologie supérieure (ÉTS)

Une simple prise de sang pour détecter un cancer avant même l’apparition des symptômes : c’est la promesse de la biopsie liquide, une technologie en plein essor qui pourrait bouleverser le diagnostic, le suivi et la personnalisation des traitements oncologiques.


Le cancer est aujourd’hui la première cause de décès au Canada. Deux Canadiens sur cinq développeront un cancer au cours de leur vie, et un sur quatre en mourra. Chaque jour, près de 700 personnes reçoivent un diagnostic de cancer au pays. Selon la Société canadienne du cancer, les cancers les plus fréquemment diagnostiqués sont ceux du poumon, du sein, de la prostate et le cancer colorectal.

Ces chiffres masquent une réalité essentielle : la survie varie fortement selon le type de cancer et, surtout, selon le stade au moment du diagnostic. Les données statistiques montrent clairement que les chances de survie diminuent à mesure que le cancer est détecté à un stade plus avancé. Ces données soulignent l’urgence de mieux détecter la maladie, et surtout de la détecter plus tôt.

Une prise de sang plutôt qu’un bistouri

C’est dans ce contexte que s’inscrivent mes recherches. En tant que professeur de génie des systèmes à l’ÉTS Montréal et chercheur principal à l’axe cancer au Centre de recherche du CHUM, je travaille sur la biopsie liquide, une approche qui vise à détecter le cancer à partir d’une simple prise de sang, en analysant l’ADN libéré dans la circulation sanguine par les cellules tumorales.

Contrairement aux biopsies classiques, qui nécessitent le prélèvement d’un fragment de tissu de la tumeur, la biopsie liquide repose sur un geste simple et peu invasif : une prise de sang suffit. Les avantages de cette approche sont une réduction de la douleur, des risques pour le patient et de la lourdeur logistique associée aux procédures hospitalières. De plus, la simplicité du test permettrait de répéter les analyses plus fréquemment. Enfin, contrairement à de nombreuses procédures diagnostiques, le prélèvement sanguin ne requiert pas d’installations spécialisées et peut être réalisé dans n’importe quel contexte de soins, qu’il s’agisse d’une clinique de proximité ou d’une CSLC.

En médecine, on parle souvent de biomarqueurs pour désigner des indicateurs mesurables capables de renseigner sur l’état de santé d’une personne. Le dosage du PSA (antigène prostatique spécifique), utilisé depuis des décennies pour le suivi du cancer de la prostate, en est un exemple bien connu. Une élévation du PSA dans le sang peut signaler la présence d’un cancer, sa progression ou une rechute après traitement.

Mais ce biomarqueur illustre aussi les limites de l’approche : le PSA n’est pas spécifique au cancer et peut augmenter pour d’autres raisons, ce qui complique l’interprétation des résultats.




À lire aussi :
Ces bulles invisibles qui propagent le cancer… et pourraient aider à le stopper


Détecter l’invisible, avant qu’il ne devienne incurable

La biopsie liquide s’inscrit dans cette même logique, mais à un autre niveau de précision. Plutôt que de mesurer une protéine indirectement liée à la maladie, elle vise à détecter directement les traces génétiques laissées par les cellules tumorales elles-mêmes. En ce sens, l’ADN tumoral circulant peut être vu comme un biomarqueur beaucoup plus spécifique, porteur d’informations sur la nature du cancer et son évolution.




À lire aussi :
Le cancer frappe de plus en plus de jeunes parents. À l’inquiétude s’ajoutent la culpabilité et une quête de normalité


Plus une tumeur est petite, moins elle libère d’ADN dans le sang. Pourtant, c’est précisément à ces stades très précoces que le diagnostic a le plus d’impact sur les chances de survie. Mon objectif est de détecter ces signaux extrêmement faibles, parfois bien avant l’apparition de symptômes cliniques, ou encore après un traitement, lorsque le cancer semble avoir disparu, mais peut subsister à l’état résiduel.

Adapter les traitements à chaque tumeur

La biopsie liquide permet aussi d’adapter les traitements à chaque patient. En identifiant les mutations spécifiques d’une tumeur, il devient possible de choisir des thérapies ciblées, mieux adaptées au profil génétique du cancer. Cette approche ouvre la voie à une médecine plus précise, qui tient compte des caractéristiques biologiques propres à chaque maladie.

Un autre avantage majeur est la possibilité de suivre l’évolution du cancer dans le temps. Si l’on répète des biopsies liquides avant, pendant et après un traitement, il est possible d’observer si les niveaux d’ADN tumoral diminuent ou augmentent. Ces informations peuvent aider à déterminer rapidement si une thérapie est efficace ou s’il faut l’ajuster, évitant ainsi des traitements inutiles et leurs effets secondaires.


Déjà des milliers d’abonnés à l’infolettre de La Conversation. Et vous ? Abonnez-vous gratuitement à notre infolettre pour mieux comprendre les grands enjeux contemporains.


Quand le signal se perd dans le bruit

Si la biopsie liquide offre des perspectives prometteuses, elle pose aussi des défis importants sur les plans technologique et méthodologique.

L’un des principaux obstacles est la détection de l’ADN tumoral au milieu d’un immense bruit de fond d’ADN normal. Les mutations recherchées sont parfois à la limite de la précision des machines de séquençage. Dans mon laboratoire, nous travaillons à réduire les erreurs techniques et à développer des algorithmes capables de faire la différence entre une véritable mutation cancéreuse et un faux signal généré par les technologies de séquençage, notamment grâce à des approches d’intelligence artificielle.

Une seule prise de sang peut générer des téraoctets de données. Pour chaque patient, ce sont des milliards de fragments d’ADN à analyser, filtrer et comparer. La gestion et l’analyse de ces données massives exigent des outils bio-informatiques robustes, capables de traiter l’information avec rapidité et précision.




À lire aussi :
La médecine personnalisée est prometteuse, mais ses enjeux, dont son coût, sont nombreux


La qualité de l’analyse dépend aussi de la préparation des échantillons. L’ADN circulant est souvent fragmenté et dégradé. Il faut le purifier, corriger les biais expérimentaux et le rendre exploitable par les technologies de séquençage avant même l’étape d’analyse informatique.

Une révolution en construction

Pour moi, la biopsie liquide représente bien plus qu’un outil technologique : c’est une occasion de transformer la façon dont nous détectons et suivons le cancer. En combinant des méthodes moins invasives, une détection plus précoce et une médecine plus personnalisée, elle pourrait améliorer à la fois la qualité de vie des patients et leurs chances de survie.

Avant de devenir une pratique courante, ces approches devront toutefois démontrer leur efficacité dans des études cliniques rigoureuses. Mais à mesure que les technologies de séquençage progressent, ce qui relevait hier de la science-fiction devient progressivement une réalité. Je suis convaincu qu’un jour, une simple fiole de sang pourrait jouer un rôle central dans la lutte contre le cancer.

La Conversation Canada

Alexandre Pellan Cheng a reçu des financements de l’École de technologie supérieure, du Centre de recherche du CHUM, de l’Institut de Cancer de Montréal, de la Fondation Mirella et Lino Saputo, de Génome Québec, de la fondation Mitacs, pour des projets de recherche en biopsie liquide. Il est membre de l’Institut de Cancer de Montréal et chercheur au Centre de recherche du CHUM. Il est désigné comme inventeur sur des brevets, dont certains ont été licenciés pour commercialisation par Eurofins-Viracor.

ref. Une simple prise de sang pour traquer le cancer – https://theconversation.com/une-simple-prise-de-sang-pour-traquer-le-cancer-279644

Réseaux sociaux : les neurosciences expliquent la vulnérabilité des adolescents

Source: The Conversation – in French – By Salima Kerai, Research Fellow, Centre for Global Child Health, The Hospital for Sick Children; Adjunct Faculty, Dalla Lana School of Public Health, University of Toronto

Dans une décision historique, un jury de Los Angeles a conclu que la société de réseaux sociaux Meta et le service de diffusion en continu YouTube avaient causé un préjudice à une jeune utilisatrice.

Le procès lancé par la Commission fédérale du commerce a établi que leurs plates-formes créaient délibérément la dépendance, entraînant des troubles de santé mentale, dont la dysmorphie corporelle, la dépression et les idées suicidaires.

Alors que d’autres tribunaux doivent se prononcer, ce verdict n’est pas sans rappeler les grands procès ayant mis à genoux les grands cigarettiers. Partout, les appels en faveur d’une meilleure réglementation des réseaux sociaux s’intensifient.

L’Australie, la France et l’Espagne ont déjà institué des restrictions quant à l’âge des utilisateurs. Mais le Canada, lui, n’a toujours pas légiféré sur les préjudices en ligne.

Mais dans toute cette bataille, une question est souvent négligée : qu’est-ce qui rend les ados si vulnérables aux plates-formes ?

Pics de dopamine et cerveaux immatures

Imaginez Sara, 14 ans, retrouvée inconsciente après une tentative de suicide. Épanouie, soutenue par sa famille, elle réussissait pourtant à l’école et vivait au sein d’une communauté dynamique. Mais derrière sa porte close, elle luttait en secret contre un mal qui s’est installé lentement : le sentiment de ne pas être à la hauteur.

Sara passait des heures à faire défiler les messages, à afficher les siens, à courir les « j’aime »… jusqu’à ce que la reconnaissance cesse d’affluer. Sans aucun confident, malgré ses 150 abonnés en ligne, elle en est venue à croire qu’elle était complètement seule.

Le personnage fictif de Sara s’inspire d’expériences cliniques et de recherches, mais l’histoire est courante.

Comme tant d’ados, Sara s’est tournée vers les réseaux sociaux pour s’exprimer, créer des liens et se trouver une appartenance. Au début, c’était bon. Chaque petite dose de dopamine la ramenait vers ces réseaux. Puis l’habitude est devenue difficile à contrôler.

Selon la recherche portant sur le cerveau en développement des adolescents, l’utilisation intensive des réseaux sociaux peut surstimuler les circuits de récompense de la même manière que le jeu et autres comportements addictifs.

Le système immature des ados les rend particulièrement sensibles aux réactions sociales et moins aptes à faire face au rejet. Cela les rend vulnérables aux aléas des interactions en ligne. Les commentaires négatifs rapides et répétés, notamment, peuvent intensifier le stress émotionnel.

Le cerveau d’un adolescent est comme une autoroute en construction, avec des voies rapides ouvertes (le système limbique, siège des émotions) et d’autres en construction (le cortex préfrontal, qui contrôle les impulsions et le jugement).

Ce déséquilibre signifie que le flux d’émotions arrive trop vite pour le centre de contrôle. Il s’en suit des embouteillages côté jugement. Les ados, qui ont alors du mal à prendre un temps d’arrêt pour réfléchir et évaluer la situation, cèdent aux impulsions.

Le piège de la comparaison

La comparaison sociale aggrave encore cette tension. Devant le défilement d’images de vies apparemment parfaites, Sara se sent inadéquate. L’envie, l’insécurité et la crainte de rater quelque chose minent sa confiance. Encouragée par les réseaux sociaux à s’autoévaluer en permanence, elle surveille ses « j’aime », ses commentaires et son apparence en ligne.

Des recherches établissent un lien entre cette focalisation sur soi et la hausse de l’anxiété, particulièrement chez les adolescents, déjà sous pression.

La puberté en rajoute, car elle rend le cerveau plus sensible aux signaux sociaux et émotionnels. Comme la puberté survient souvent plus tôt et plus intensément chez les filles, l’anxiété et la dépression induite par les réseaux sociaux les touchent de manière disproportionnée.

Christine Birak, de la CBC, vulgarise les recherches expliquant comment l’utilisation des réseaux sociaux modifie le comportement des enfants.

Connectés et déconnectés

Le gros du temps passé sur les réseaux sociaux n’est ni actif ni social, mais passif. À peine 7 % du temps sur Instagram et 17 % sur Facebook concernent les interactions entre amis, a-t-on appris lors du procès. Le reste : un défilement de contenu à regarder, qui crée l’illusion d’un lien tout en renforçant le sentiment d’isolement.

De vastes études établissent toutes un lien entre l’utilisation intensive des plates-formes et la détérioration de la santé physique (privation de sommeil, obésité).

Un autre risque découle de la solitude. Le besoin fondamental de se sentir vu et compris n’étant pas satisfait, le corps interprète ce manque comme du stress. L’impact sur la santé de cette solitude chronique équivaut à la consommation de 10 cigarettes par jour.

Au Canada, les ados se décrivent comme constamment connectés en ligne, mais paradoxalement toujours plus déconnectés dans la vie réelle. Ils sont constamment incités à présenter une version idéalisée d’eux-mêmes sans pouvoir décrocher. Or, disent-ils, il est facile de mal interpréter la communication en ligne, ce qui fragilise les relations et aggrave l’isolement. Ils sont tiraillés – entre leur attraction pour la connexion et une connexion qui ne fait qu’empirer les choses.

Un appel à l’action

Une étude dans huit pays auprès de 9 000 adolescents a établi le lien étroit entre une utilisation intense des réseaux sociaux et des taux élevés de dépression et d’anxiété.

Qui laisserait un ado de 14 ans partir en voiture sans formation sur les règles et la sécurité ? Pourtant, nous leur laissons un accès illimité à des plates-formes conçues pour capter leur attention et maximiser leur engagement – alors que les effets sur la santé physique et mentale sont connus.


Déjà des milliers d’abonnés à l’infolettre de La Conversation. Et vous ? Abonnez-vous gratuitement à notre infolettre pour mieux comprendre les grands enjeux contemporains.


Au Canada, le suicide est la deuxième cause de décès chez les 15 à 24 ans. Les maladies mentales coûtent déjà 51 milliards de dollars par an, et 70 % des personnes touchées présentent des symptômes dès l’adolescence.

Il est essentiel de réglementer les réseaux sociaux. À l’instar de la sécurité routière, il faudra une approche multiniveau.

Les plates-formes doivent être conçues de manière plus responsable. Les limites d’âge doivent être strictement définies et appliquées. Et l’éducation aux technologies numériques doit aider les jeunes à comprendre et gérer ce qui s’y passe.

La question n’est plus de savoir si des mesures sont nécessaires, mais si elles seront prises à temps pour endiguer l’épidémie de maladies mentales qui menace la prochaine génération.

La Conversation Canada

Salima Kerai ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

ref. Réseaux sociaux : les neurosciences expliquent la vulnérabilité des adolescents – https://theconversation.com/reseaux-sociaux-les-neurosciences-expliquent-la-vulnerabilite-des-adolescents-279924

Kenya’s counties get budgets to undo inequality – how it’s helped households

Source: The Conversation – Africa – By Frederick Kibon Changwony, Lecturer in Accounting & Finance, University of Stirling

Kenya devolved power and public spending to 47 counties in 2013. This was in line with a global trend in which governments were pushing power and resources down to local levels in the hope that decisions made closer to people would lead to better outcomes.

The logic was straightforward: local governments should be better placed to understand and respond to local needs.

Kenya’s version of this – set out in its 2010 constitution and implemented three years later – was particularly ambitious. It guaranteed counties a share of national revenue and directed extra funds to 14 historically marginalised counties through an equity-based formula and an “equalisation fund”.

Before devolution, the differences between marginalised counties and the 33 others were large. For example, households in marginalised counties spent about half as much as those in the rest of the country – Sh3,250 (US$25) vs Sh6,149 (US$47) before the reform – on total consumption. This made addressing regional inequality a priority.

The constitution’s aim was to bring basic services, such as water, roads, electricity and healthcare, closer to national standards in areas that had long lagged behind.

Kenya counties classified by marginalisation

So did the extra county shillings change everyday life? Did households actually become better off?

I study public finance, regional inequality and behavioural finance, with a focus on how fiscal reforms and behaviour shape household financial decisions and everyday welfare. To answer these questions, I analysed four waves of Kenya’s nationally representative FinAccess Household Survey. This covered the period before the constitutional changes (2009, 2013) and after devolution (2015, 2018).

I compared trends in the 14 marginalised counties with those in the other 33 counties. I used a “before‑after, here‑there” method that evaluates how outcomes change over time between two groups. This approach helped isolate the effects of devolution from other changes happening in the economy.

The overall picture suggests that households in marginalised regions are now better off. Total household consumption more than doubled after devolution, rising from Sh3,250 (US$25) before 2013 to Sh7,549 (US$58) afterwards. By contrast, other counties saw a much smaller increase – from Sh6,149 (US$47) to Sh8,526 (US$66).

Spending on education increased by roughly 37%, and medical spending by about 43%. Rent went up by around 39%, while spending on utilities – such as electricity, water and cooking fuel – rose by about 29%. Even everyday expenses like mobile airtime increased by around 16%.

In effect, households in marginalised regions went from spending just over half of what better-off counties spent before 2013 to almost catching up afterwards. This before-and-after shift shows how much ground marginalised counties gained once devolution took effect.

However, the gains were not evenly distributed. Poorer households saw the biggest proportional increases in overall consumption. Better-off households, meanwhile, increased spending largely on education and healthcare.

Nevertheless, the changes shown in my research point to a meaningful improvement in households’ living standards over a relatively short period.

This shows Kenya’s devolution did not just move money between levels of government. It changed what households can afford, ranging from school fees to healthcare, housing, utilities and everyday connectivity.

The devolution debate and spending power

Public debate about devolution in Kenya often focuses on who gets what: whether funds are shared fairly, whether counties misuse money, or whether bigger budgets lead to better services.

These are important questions. But they tend to focus on inputs (how much money is allocated) or visible outputs (such as new roads or clinics).

For households, progress shows up in something more immediate: spending power. Can families put food on the table? Pay school fees? Afford medicine? Stay connected?

By looking at what households actually spent, my research showed that Kenya’s equity-focused devolution did more than shift budget lines. It translated into tangible improvements in everyday life in places that had long been left behind.

The results were clear. Households in marginalised counties saw large and broad-based increases in spending compared with households in the 33 other counties.

Total household consumption rose by about 43% in marginalised counties. Education spending in marginalised counties rose sharply, too, from Sh1,140 (US$9) before the reform to Sh4,017 (US$31) afterwards. Medical spending increased from Sh459 (US$4)to Sh1,094 (US$8).

Two main factors explain most of the increases in spending.

First, marginalised counties spent much more on services after 2013. On average, they spent roughly twice as much per person on county operations and development projects. This reflects both the higher transfers they received and the speed with which they converted funds into actual services.

Second, household incomes rose partly because devolution created local jobs and business opportunities through public contracts.

There were, however, important nuances.

Rising spending on utilities, for example, can reflect both progress and pressure. New connections to electricity and water improve quality of life, but they also bring monthly bills.

Kenya’s institutional design likely helped too.

Rules-based transfers (meaning money allocated according to a fixed, transparent formula rather than political negotiations) and the Equalisation Fund (a dedicated pot of money for areas with the greatest service gaps) reduced political discretion in how money was allocated. This resulted in more predictable funding for counties, less room for interference, and a clearer link between need and resources.

In addition, Kenya’s strong mobile money system made it easier for households to respond to new opportunities. People could move money quickly and safely, even in remote areas – allowing them to handle shocks, invest and take advantage of local economic activity generated by county spending. Evidence shows that mobile money transfer service M-Pesa, launched in 2007, has helped lift people out of poverty over time.

What should happen next?

The challenge now is to make those gains last.

First, the equity-based approach to sharing revenue should be protected and regularly updated. Allocation rules need to reflect current data so that funds continue to target real gaps.

The Equalisation Fund is due to expire in 2033. Unless it’s renewed, policymakers face a critical decision about whether, and how, to sustain support for historically marginalised areas.

Second, a small share of transfers could be linked to performance. Counties should be rewarded if they improve revenue collection without overburdening residents, publish timely financial reports, and strengthen transparency in procurement.

This would encourage better financial management while keeping equity at the centre.

Third, policymakers should pay attention to the cost of new services. As more households connect to electricity and water, temporary support, such as lifeline tariffs or targeted subsidies, can help ensure that poorer families are not priced out.

Finally, investment in county capacity and better data is essential. Strong local institutions are needed to plan, deliver and maintain services. Add to this a survey that follows the same households over time, like South Africa’s National Income Dynamics Study or the Indonesia Family Life Survey, so Kenya can track mobility and long‑run reform effects directly.

For other African countries considering decentralisation, Kenya’s experience suggests that design matters.

Predictable transfers, equity-focused allocation and local capacity can turn fiscal reforms into real gains in household welfare.

The Conversation

Frederick Kibon Changwony does not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organisation that would benefit from this article, and has disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

ref. Kenya’s counties get budgets to undo inequality – how it’s helped households – https://theconversation.com/kenyas-counties-get-budgets-to-undo-inequality-how-its-helped-households-279369