El ‘postureo’ del peregrino medieval

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Déborah González, Profesora Contratada Doctora, Universidade de Santiago de Compostela

Iluminación del apóstol Santiago en el ejemplar ‘Liber Sancti Jacobi’ de Salamanca del ‘Códice Calixtino’. Ministerio de Cultura

Independientemente de si es o no Año Santo Jacobeo, las calles compostelanas desbordan gente entre los lugareños, los peregrinos y la creciente masa de los llamados “turigrinos”. Es esta una masa que, en cualquier época del año, visita la ciudad para sacarse un selfie desde los tejados de la catedral, que incívicamente hace un picnic en la plaza del Obradoiro o que, incluso, se desplaza hasta la costa atlántica para, simbólicamente, quemar sus botas o dejar harapos como “huella” (¡y qué “huella”!) de su paso por el fin del mundo.

Lejos parece quedar, en el espíritu de estos viajeros de spa resort y servicio de equipaje, el sentido de la peregrinación pregonado en el Veneranda dies, uno de los más conocidos y estudiados textos del Códice Calixtino: “el camino de peregrinación es cosa muy buena, pero es estrecho. Pues estrecho es el camino que conduce al hombre a la vida: en cambio, ancho y espacioso el que conduce a la muerte”.

Sin embargo, no dejan de mantenerse próximos al sentido etimológico del término, ya que, en origen, “peregrina/o” era quien que atravesaba otras tierras, lejos de su casa, como persona extranjera.

Jerusalén, Roma y Santiago

Aunque en el Medievo ya existía una importante red de santuarios de carácter más o menos local, los tres “destinos internacionales” preferentes eran, primero, Jerusalén y Roma, y más tarde Santiago de Compostela, en el extremo occidental del mundo conocido.

Afonso II el Casto en el _Libro de los Testamentos_ de la Catedral de Oviedo.
Afonso II el Casto en el Libro de los Testamentos de la Catedral de Oviedo. Durante su reinado se descubrió en Compostela la supuesta tumba del apóstol Santiago, por lo que se le conoce popularmente como ‘el primer peregrino’.
Wikimedia Commons

En un pasaje de la Vita Nuova, Dante explicaba que “peregrino” era quien iba hasta Galicia, porque, entre los Apóstoles, la tumba de Santiago era la que se encontraba más lejos de su patria. En cambio, a quienes viajaban a Jerusalén y Roma se les solía llamar “palmeros” y “romeros”, respectivamente. Con todo, los textos de la época muestran que esta distinción terminológica no fue, en la práctica, aplicada siempre tan rígidamente.

Más allá de las razones espirituales y devocionales, por promesa o voto, en el Medievo se conocieron otras motivaciones. Por ejemplo, hubo viajeros movidos por la curiosidad y el afán de conocer. La peregrinación también podía imponerse como pena civil por haber cometido un delito (aunque, con el paso del tiempo, pudo conmutarse con una compensación económica) e incluso era posible que una persona hiciese una peregrinación en nombre de otra.

En cualquier caso, quien peregrinaba llegó a gozar de una consideración especial, amparado por leyes específicas. Además, en el plano de la redención, a partir de los siglos XI-XII se asistió a un nuevo panorama ante las primeras indulgencias otorgadas a quienes asistían a las Cruzadas.

Y a pesar de todo esto, ¿fue ajeno el peregrino medieval, ataviado con su bordón y su escarcela, a la picaresca del camino? ¿Había burlas o críticas hacia ciertos “peregrinos”? Los textos literarios de la época contribuyen a dar respuesta a las preguntas.

Perspectivas sobre la peregrinación

Las consignas publicitarias para persuadir a la población a emprender una peregrinación han existido siempre, y la literatura recoge muestras de ello. En la lírica occitana, Marcabru es considerado iniciador de la cansó de crozada, un tipo de composición que se desarrolló en el contexto histórico de las cruzadas.

Con un carácter diferente se presentan las cantigas de los trovadores gallegoportugueses, donde las muestras son bastante heterogéneas. Las llamadas “cantigas de santuario” promocionan ermitas sobre todo de carácter local. Hay también alguna cantiga dedicada a la peregrinación compostelana de Sancho IV y, cobrando distancia, otras se centran en motivos relacionados con Tierra Santa, el perdón y los falsos peregrinos, abordándolos desde una perspectiva satírica.

Pero d’Ambroa, ¿un ‘turigrino’ medieval?

Las canciones satíricas a las que nos referimos nos ofrecen una “instantánea” del siglo XIII, a falta de TikTok e Instagram…

Grabado de unos peregrinos en el siglo XVI.
Grabado de unos peregrinos en el siglo XVI.
Deutsche Fotothek

El juglar de origen gallego Pero d’Ambroa, que se localiza en el entorno poético de Alfonso X, no dudó en alabarse por haber realizado un viaje a ultramar que, sin embargo, nunca habría llegado a concluir.

Esto sirvió de inspiración para un grupo de destacados trovadores que, conscientes de las fake news sobre tal aventura, dedicaron un ciclo de canciones satíricas a desenmascarar al falso peregrino. Lo acusaban de realizar a medias la cruzada, de rodearse de lujo y de mentir sobre su viaje.

Así se denuncia en los versos de Pedr’Amigo de Sevilha, delatando que fue a “morar en la mejor calle que encontró”. Más mordaz e incisivo es Pero Gomez Barroso, que afirma no haberle dedicado ninguna cantiga sobre el tema porque ni siquiera habría emprendido el viaje, pero amenaza con poner en conocimiento de la corte otros asuntos que dejarían al falso viajero en muy mal lugar.

La polémica estaba servida y el propio Pero d’Ambroa se defendió de las acusaciones, contribuyendo al diálogo satírico con el fin de defender su honor y reafirmar la autenticidad de su viaje.

El peregrino burlón que decía venir de Tierra Santa

El caso de Pero d’Ambroa no es excepcional. Un tal Sueiro Eanes ocupa el centro de la diana al que el trovador Martín Soares dirigió su dardo satírico con motivo de una improbable peregrinación a Tierra Santa.

En su canción, Martín Soares ataca al caballero, poniendo de manifiesto las inexactitudes geográficas, las etapas imposibles y la incongruencia del itinerario. Así, con burla e ironía, sugiere que la ciudad francesa de Marsella estaría más allá del mar, mientras que Acre (en el Reino de Jerusalén) estaría más cerca y que, a su lado, se encontraría la localidad pirenaica de Somport.

También propone que, tras recorrer distintos puntos de la península ibérica, Sueiro Eanes podría continuar su jornada desde Nogueirol y pernoctar en Jerusalén…

La ‘maleta’ de la peregrina

Miniatura del _Cancioneiro da Ajuda_, mostrando a un noble, un juglar con viola de arco y una _soldadeira_ con pandereta.
Miniatura del Cancioneiro da Ajuda, mostrando a un noble, un juglar con viola de arco y una soldadeira con pandereta.
Wikimedia Commons

Hoy podemos reírnos de los peregrinos que viajan con servicio de equipaje, pero mucho más debió reírse el círculo literario de Alfonso X a costa de la “maleta” de María Pérez, soldadeira también conocida como Balteira.

Su proximidad a los trovadores alfonsíes favorecería que varios le dedicasen canciones de burla por una vida de vicio y perdición. Entre los textos del ciclo satírico de la Balteira, los versos del trovador Pero da Ponte se distinguen por el efecto cómico de sus dobles sentidos: como cruzada, María regresó de Tierra Santa cargada de perdón, pero fue perdiéndolo al albergar por las noches con unos muchachos.

Y es que el perdón –señala Pero da Ponte– hay que saber guardarlo bien, pero la “maleta” de María no tiene candado…

The Conversation

Déborah González es IP del proyecto de investigación centrado en los diálogos y ciclos satíricos de la lírica gallegoportuguesa REDES LÍRICAS (CNS2022-136047), financiado por el MICIU-AEI y NextGenerationEU

Raquel Jabares forma parte del proyecto de investigación centrado en los diálogos y ciclos satíricos de la lírica gallegoportuguesa REDES LÍRICAS (CNS2022-136047), financiado por el MICIU-AEI y NextGenerationEU

– ref. El ‘postureo’ del peregrino medieval – https://theconversation.com/el-postureo-del-peregrino-medieval-261223

Nuestro cerebro necesita que bajemos el ritmo en verano

Source: The Conversation – (in Spanish) – By María J. García-Rubio, Profesora de la Facultad de Ciencias de la Salud de la Universidad Internacional de Valencia – Codirectora de la Cátedra VIU-NED de Neurociencia global y cambio social – Miembro del Grupo de Investigación Psicología y Calidad de vida (PsiCal), Universidad Internacional de Valencia

Chizhevskaya Ekaterina/Shutterstock

El estilo de vida moderno nos mantiene en un estado de estrés crónico que puede tener un profundo impacto a nivel cognitivo, conductual y emocional. Y todo ello, sin que apenas nos demos cuenta.

Diversos estudios han demostrado que un estrés prolongado genera cambios funcionales y, especialmente, estructurales en áreas clave como el hipocampo, la amígdala y la corteza prefrontal, lo que se traduce en problemas de memoria, dificultad en la concentración y alteraciones del estado de ánimo (ansiedad, depresión).

Sin embargo, se ha normalizado en que solo nos permitamos pulsar el botón de pausa cuando estamos de vacaciones. Aprovechémoslas entonces.

La importancia de desconectar

Como decíamos, el cerebro necesita parar. Existe evidencia científica de que cuando logramos relajarnos a través de técnicas basadas en la respiración y el mindfulness, por ejemplo, se reducen nuestros niveles de cortisol y otras sustancias asociadas al estrés, lo que permite “resetear” el cerebro.

Lejos de ser un lujo, el descanso veraniego es crucial para la salud mental y cognitiva. Además de la reducción de los niveles de cortisol, algunos estudios señalan que las vacaciones son fundamentales para la recuperación funcional del cerebro, consolidando la memoria, reduciendo la ansiedad y restaurando la motivación. Un ejemplo de que para muchos procesos de recuperación “menos es más”. ¿Por qué sucede esto?

Desde un enfoque psicobiológico, “menos es más” porque reducir la exigencia externa permite activar los procesos internos de recuperación. Durante los periodos de descanso, la reducción de cortisol no ocurre solo por dejar de trabajar, sino porque cesan múltiples fuentes de carga: la física, la cognitiva, la emocional y la sensorial.

Al alejarnos de estímulos constantes como notificaciones, reuniones o presiones por equilibrar vida laboral y personal, el sistema nervioso puede salir del estado de hiperactivación y regresar a un modo de autorregulación.

Este cambio fisiológico permite que funciones clave –como la atención, la memoria operativa, el control emocional o la toma de decisiones– se restauren. Es decir, al hacer menos, el cuerpo y la mente se recalibran, y eso nos prepara para rendir más cuando sea necesario.

Sustituimos el “tengo que hacer” por el “me gustaría hacer”

Este parón en la rutina diaria suele ser sustituido, además, por otras actividades como viajar, leer, caminar por la montaña o bañarse en el mar que tienen un impacto directo y positivo en el bienestar. Múltiples investigaciones han demostrado que desarrollar hábitos de ocio en los que la persona disfruta sin ningún objetivo extra genera cambios cerebrales, y especialmente en el núcleo accumbens, relacionado con el sistema de recompensa.

Los expertos sugieren que se necesitan al menos varios días consecutivos –entre cinco y ocho– para que el cerebro comience a desconectar de forma significativa del entorno laboral; de hecho, según un análisis en el Journal of Happiness Studies, el bienestar alcanza su punto máximo en torno al octavo día de vacaciones.

Al contrario, no desconectar pasa factura. Seguir pendiente del trabajo o del móvil en vacaciones impide una recuperación real de la energía. La sobrecarga de notificaciones y la hiperconexión constante no nos dejan descansar, afectando a funciones básicas como la concentración, el sueño o incluso el apetito.

Diversos síntomas (nerviosismo, insomnio, fatiga, irritabilidad e incluso problemas físicos) pueden aparecer o mantenerse si no rompemos con la dinámica laboral durante periodos vacacionales largos. Según estos datos se puede deducir que aprovechar el verano para bajar el ritmo es una necesidad biológica más que un capricho.

La teoría está bien pero, ¿cómo pasar a la práctica?

Para que el descanso sea realmente reparador, no basta con dejar de trabajar: es necesario cambiar de ritmo de forma consciente. Esto implica adoptar hábitos que favorezcan la recuperación psicobiológica, reducir la sobreexigencia y permitir que el cerebro se recupere del desgaste acumulado. A continuación, explicamos algunas estrategias sencillas y efectivas para lograrlo.

  • Desconexión digital: reducir el tiempo frente a pantallas es fundamental para calmar el sistema nervioso. Establezca momentos sin móvil ni correo, y si puede, desconéctese por completo del trabajo. Esta pausa digital permite que el cerebro se libere del bombardeo de estímulos y recupere su capacidad de atención y calma.

  • Actividad física y aire libre: el movimiento y el contacto con la naturaleza tienen efectos directos sobre el bienestar emocional. Actividades como caminar, nadar o, simplemente, pasar tiempo al aire libre ayudan a reducir el estrés, mejorar el ánimo y favorecer la neuroplasticidad del cerebro.

  • Mindfulness y relajación mental: practicar meditación, yoga o ejercicios de respiración consciente ayuda a frenar la inercia del estrés. Estas técnicas disminuyen el cortisol y refuerzan áreas del cerebro asociadas con el autocontrol, la atención y la regulación emocional.

  • Dormir y descansar de verdad: aproveche para regular su sueño sin alarmas ni interrupciones. Dormir bien es esencial para la salud mental: durante el sueño profundo, el cerebro se limpia, organiza recuerdos y restablece su equilibrio emocional.

  • Ocio placentero y vida social: reserve tiempo para actividades que te den placer y le conecten con otros: leer por gusto, cocinar, charlar sin prisa, compartir una cena tranquila… El disfrute auténtico y el contacto humano son antídotos naturales contra el estrés.

En conclusión, desacelerar en vacaciones no solo es deseable, sino necesario. Al darle al cuerpo y al cerebro el descanso que necesitan, no solo recargamos energía: también mejoramos el estado de ánimo, la creatividad y la claridad mental. Este verano, en lugar de llenarse de actividades, dese permiso para parar, respirar y reconectar consigo mismo.

The Conversation

María J. García-Rubio no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. Nuestro cerebro necesita que bajemos el ritmo en verano – https://theconversation.com/nuestro-cerebro-necesita-que-bajemos-el-ritmo-en-verano-261389

Cómo diseñar robots que nos den confianza como compañeros de trabajo

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Ainhoa Apraiz Iriarte, Docente e investigadora en Innovación en Diseño Industrial, con especialización en Diseño de Interacción y Aceptación Tecnológica en Robótica., Mondragon Unibertsitatea, Mondragon Unibertsitatea

pexels pavel danilyuk Pavel Danilyuk /Pexels.

Imaginemos que trabajamos codo a codo con un robot, de forma colaborativa. Un día el robot se mueve despacio, con suavidad. Otro día da acelerones y se mueve a trompicones. ¿Este comportamiento nos daría confianza? ¿Nos sentiríamos igual de seguros en ambos casos? La forma en que estas máquinas se mueven cambia la confianza que nos inspiran. Y esa confianza importa cada vez más.

La interacción persona-robot –HRI por sus siglas en inglés (Human-Robot Interaction)– es un campo en plena expansión. Un nuevo estudio experimental, llevado a cabo en una tarea de ensamblaje, ha señalado algo que puede parecer simple, pero es fundamental: cómo se mueve el robot. Su velocidad, su aceleración y el dibujo de su trayectoria son claves para que las personas se sientan cómodas.

Por ejemplo, en entornos industriales, se utilizan robots colaborativos, como los brazos robóticos, que ensamblan piezas junto a trabajadores humanos. Si estos brazos se mueven de forma brusca o imprevisible, generan desconfianza y estrés, mientras que movimientos suaves, controlados y coherentes ayudan a crear un ambiente de trabajo seguro y cómodo.

¿Por qué? Porque no hablamos solo de técnica. Hablamos de emociones. El movimiento de un robot puede transmitir seguridad o desconfianza, igual que ocurre entre personas.

Ni muy rápido ni muy lento

Durante el experimento, se observó no solo cómo trabajaban las personas junto al robot, sino también cómo se sentían. Se recogieron datos fisiológicos con sensores (actividad cerebral, frecuencia cardíaca y sudoración de la piel), se analizaron cuestionarios sobre su experiencia y se prestó atención a sus reacciones: lo que decían… y lo que no decían.

El patrón fue claro: cuando el robot se movía muy lento, las personas se mostraban incómodas. Algunos lo percibían como “torpe” o “poco inteligente”. Pero si el colega mecánico se movía demasiado rápido, tampoco gustaba. La gente se sentía insegura, sin poder anticipar lo que iba a pasar.

La confianza se construye en un punto intermedio. La colaboración funciona solo cuando los movimientos son naturales y previsibles.

La campana de la velocidad en HRI

Para explicar esta relación, proponemos un concepto visual: la “campana de velocidad en HRI”. Imaginemos una campana como las que dibujamos en matemáticas. En el centro está la mejor experiencia: un equilibrio en la velocidad y aceleración del robot. A medida que nos alejamos de ese centro, hacia velocidades muy altas o muy bajas, la experiencia empeora.

Este equilibrio, sin embargo, no es igual para todo el mundo. Lo que una persona percibe como una velocidad adecuada, otra puede sentirlo como demasiado lento o demasiado rápido. Por eso, un desafío clave para la robótica del futuro es adaptarse a cada usuario.

Más allá de la técnica: diseñar emociones

¿Por qué necesitamos que los robots transmitan confianza? La clave está en que si las personas no se sienten seguras, no hay colaboración eficaz. Hasta hace poco, la robótica priorizaba la rapidez y la precisión. Pero ahora que las máquinas trabajan junto a personas, importa también cómo nos hacen sentir.

Y resulta que la velocidad de un robot afecta a nuestras emociones. Nos hace sentir en control o fuera de control. Permite anticipar o genera ansiedad. Y todo ello influye en nuestra disposición a colaborar o no.

Por otra parte, como no todos somos iguales, desde la robótica afectiva se propone personalizar y adaptar el movimiento del robot a cada persona. La clave está en que el diseño no puede quedarse solo en lo técnico: también debe mirar a lo humano.

Hospi Trail, un robot creado por Panasonic para suministrar material hospitalario.
Panasonic.

De cara al público

Hoy, robots como asistentes en hospitales ya realizan tareas de cuidado. También los encontramos en hoteles, donde ayudan en la recepción, o en el transporte de equipaje. Por ejemplo, Pepper, uno de los androides más conocidos, fue diseñado para interactuar con personas, tranquilizar a pacientes nerviosos o acompañar a personas mayores. Aunque ya no se fabrica, su diseño sentó las bases de lo que hoy conocemos como robótica afectiva.

Otro caso es el de Hospi, que transporta medicación dentro de los hospitales y permite que el personal dedique más tiempo a cuidar directamente a los pacientes. Estos robots no solo ahorran tiempo: ayudan a reducir el estrés de los trabajadores y mejoran la experiencia de quienes los rodean. Algunos ajustan su comportamiento según las reacciones humanas, aunque la personalización aún es limitada.

El robot Pepper, creado por Softbank, fue introducido en Japón en 2014 y se dejó de fabricar en 2021.
Wikimedia Commons., CC BY

Diseñar confianza: el gran reto del futuro tecnológico

La historia de la robótica ha estado marcada por la eficiencia y el control. Pero a medida que los robots abandonan las jaulas y comparten espacio con las personas, la naturaleza del desafío se transforma. Ya no se trata solo de que funcionen de manera eficaz, sino de que generen confianza, en cada interacción, en cada gesto.

Si queremos que la convivencia entre humanos y robots sea posible, no alcanza con perfeccionar el código. Hay que mirar más allá del rendimiento y empezar a preguntarnos: ¿cómo se mueve este robot? ¿Qué sensaciones provoca en quien lo observa? ¿Quién lidera la relación? La respuesta está en los detalles. Porque es ahí, en lo más cotidiano, donde decidimos si realmente queremos compartir espacio y confianza con la tecnología del mañana.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

– ref. Cómo diseñar robots que nos den confianza como compañeros de trabajo – https://theconversation.com/como-disenar-robots-que-nos-den-confianza-como-companeros-de-trabajo-260452

Cuando la grosería se hace viral: marcas que insultan y triunfan

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Magdalena Mut-Camacho, Profesora del Departamento de Ciencias de la Comunicación, Universitat Jaume I

Michael O’Leary, director ejecutivo de Ryanair, se ha involucrado personalmente en alguna campaña polémica de su compañía. Alexandros Michailidis/Shutterstock

Han pasado 24 años de esta publicación de Chrysler en Twitter: “Me parece irónico que Detroit sea conocida como la #ciudaddelmotor y que todo el mundo conduzca tan jodidamente mal”. Este de Ryanair España en respuesta a un usuario es de 2025. El viajero comenta: “ni usb ponéis en el asiento, ratas @Ryanair_ES”. A lo que la compañía responde: “no lo has visto? justo al lado del botón de masajes”.

En el primer caso, Chrysler lo eliminó de inmediato y pidió disculpas. En el segundo, Ryanair no solo no rectificó, sino que habitualmente utiliza ese tono en redes sociales.

El riesgo de la provocación transgresora

La provocación transgresora no es nueva. Recordamos la campaña Unhate –“Contra el odio”–, de Benetton, o el logo FCUK, de la famosa cadena de ropa French Connection, en los años 90, que era intencionadamente una errata común de la palabra inglesa fuck –jodido–.

La palabra flaming alude a mensajes deliberadamente hostiles, insultantes o provocadores en espacios digitales. En marcas, estas estrategias transgresoras pueden parecer la clave para conectar con jóvenes, pero conllevan riesgos y pueden rozar el acoso digital.

Cuando la marca insulta… y gusta

Es fácil encontrar marcas que utilizan un tono zafio y maleducado. Se las aplaude por valientes y atrevidas, y por saber conectar con la audiencia.

Los manuales de comunicación corporativa enfatizan en que una comunicación ética debe sostenerse sobre unos principios: no mentir y no ofender a nadie deliberadamente. Aquella tensión entre la inmediatez de la comunicación en redes y la educación ha desaparecido. La relajación ha llevado a una comunicación que pisotea la cortesía y, sorprendentemente, es jaleada. A la marca provocadora le retorna una espuria legitimidad de marca moderna y cercana.

Esta es la línea discursiva habitual de Ryanair en sus redes sociales. Las respuestas a usuarios que se quejan suelen seguir un tono irreverente.

Una de las acciones más polémicas de la compañía surge a raíz de la sanción del Ministerio de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030 de España relativa al cobro de suplementos por el equipaje de mano. Su reacción fue llamar al ministro Pablo Bustinduy “loco comunista” y “payaso”.

Ryanair lanzó la campaña “Reserva precios locos antes de que un payaso suba precios”, con una caricatura del ministro vestido de payaso. Obtuvo miles de interacciones positivas.

Otro caso destacado fue el cruce entre la cadena de comida rápida KFC y TVE. En 2022, TVE presentó en Twitter a Mapi, una muñeca virtual conductora de un concurso. La cuenta de KFC España reaccionó con un escueto “borra”. TVE no ignoró el flaming troleo y respondió:

KFC contraatacó con un vídeo que mostraba una escena en la que una persona golpeaba a otra disfrazada de muñeco. La respuesta de Mapi cerró el conflicto:

Ahora, la marca KFC tiene en marcha la campaña “POV”, con la frase “Cinco… Pues por el culo te la hinco”. Los medios especializados la califican de humor cercano a la cultura popular, con una rima reconocible que logra alta notoriedad y conexión con el público. Esta creatividad se ha hecho viral y ha conseguido miles de “me gusta”. En YouTube, los anuncios superan el millón de reproducciones, con comentarios alabando la publicidad cercana, con esencia y divertida.

Recientemente, la cadena de hamburguesas Cheeck’s ha lanzado una campaña que dice: “Tienes cara de necesitar un buen poll*azo”.

Las quejas consiguieron la retirada de la campaña física, pero la polémica se hizo eco en televisión, y de ello se jacta la marca en su perfil de Instagram, donde han recibido cientos de comentarios elogiándoles.

El atractivo del sarcasmo

Este informe indaga en los comportamientos y valores de la generación Z. Concluye que un tono de comunicación que contenga ironía, sarcasmo o rudeza calculada, les resulta atractivo.

La juventud piensa que el discurso directo es menos falso que la cortesía corporativa tradicional. Prefieren una conversación auténtica. Escogen romper etiquetas y jerarquías. Por tanto, un mensaje grosero libre de formalismos conecta con su rechazo a los estereotipos.

Por eso, adoptar un estilo deliberadamente áspero, si refleja los valores de la marca, es una estrategia válida, conecta mejor y es un acierto estratégico.

La delgada línea entre lo incorrecto y lo conveniente

Pero no todas las estrategias, por atinadas que parezcan, son las correctas. Hay que aplicar la perspectiva crítica. Los medios de comunicación actúan como mediadores culturales donde la audiencia construye significados. Desde siempre, la sociedad de masas produce mentores para las nuevas conductas. De ahí que las películas, la televisión y la publicidad empiecen transformando modos de vestir y terminen provocando una metamorfosis de aspectos morales más hondos.

Por otra parte, las marcas, en su esfuerzo por parecer trasgresoras con ese tono grosero, corren el riesgo de normalizar actitudes que, disfrazadas de humor y espontaneidad, degradan la conversación pública y debilitan los valores fundamentales de respeto y convivencia.

Es innegable que muchas compañías han sabido adaptarse al lenguaje de la generación Z al distanciarse del tono acartonado. Han construido una voz diferente marcas como Duolingo, Netflix o la Policía Nacional de España.

Pero, cuando se elige la grosería acrítica para parecer transformador, se cruza una línea peligrosa. En la obra Dialéctica de la Ilustración se argumenta que lo que parece subversivo a menudo termina integrado en el sistema, neutralizado y sin capacidad de transformación. Además, puede contribuir a banalizar el discurso público, donde todo es burla, respuesta mordaz y casi nunca reflexión o diálogo verdadero.

Si una generación observa el mundo desde las redes sociales, donde las marcas normalizan el desprecio en busca de un “me gusta”, está aprendiendo que el respeto y la empatía no son valiosos ni necesarios. Si se alimenta que ser agresivo o burlón es sinónimo de ser inteligente, valiente o popular, se refuerza la idea de que el respeto es anticuado y la amabilidad, debilidad.

Así, será difícil construir relaciones humanas honestas y empáticas. Si enseñamos que la risa hiriente vale más que la escucha, las marcas no están participando de ninguna transformación.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

– ref. Cuando la grosería se hace viral: marcas que insultan y triunfan – https://theconversation.com/cuando-la-groseria-se-hace-viral-marcas-que-insultan-y-triunfan-257780

Tener docentes empáticos aumenta el rendimiento académico

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Juan Luis Núñez, Catedrático de Universidad del Área de Psicología Evolutiva y de la Educación, Universidad de Las Palmas de Gran Canaria

koldo_studio/Shutterstock

Si nos preguntan sobre los mejores profesores que tuvimos en nuestra etapa estudiantil, es probable que los que nos vengan primero a la memoria tengan un elemento común: más allá de la capacidad de enseñar y motivar a los estudiantes, los docentes con mejores competencias sociales y emocionales suelen ser los que recordamos con más afecto. Acordarnos con cariño de un profesor o una profesora acostumbra a ser, también, sinónimo de haber aprendido y crecido en sus clases.

La empatía es una de las competencias emocionales más importantes en el aula. No solo supone la capacidad de entender el punto de vista de otra persona: también implica una comprensión y apreciación profunda de sus experiencias, pensamientos o emociones y una respuesta reflexiva y sensible ante ellos.

Es decir, no solo hay que sentirla: además hay que expresarla. ¿Cómo podemos conseguirlo?

Mensajes empáticos en el aula

Existen tres tipos de mensajes que transmiten empatía: emocionales, valorativos y contextuales.

Los mensajes de empatía emocional expresan comprensión por lo que sienten los estudiantes. Están dirigidos a minimizar el miedo al fracaso y muestran optimismo, esperanza y apoyo emocional. Por ejemplo: “No tengas miedo, te lo explicaré paso a paso”.

Mensajes como “Aquí no hay nadie que no pueda sacar buenas notas” ejemplifican un mensaje de empatía valorativa. Refuerzan la confianza puesta por el docente en la capacidad de un estudiante para alcanzar un objetivo.

Por último, los mensajes de empatía contextual están basados en la experiencia del profesorado. Así, “¿Tienes un examen ahora? Entonces lo dejamos aquí” refleja la comprensión y el conocimiento que tienen los docentes de los acontecimientos que viven sus estudiantes.

Cómo usar los mensajes en un aula conflictiva

Los tres tipos de mensajes fomentan las relaciones positivas y una enseñanza de calidad. Sin embargo, los docentes no siempre están motivados para mostrar empatía. Esta no es automática, se trata de una elección que requiere esfuerzo emocional.

En ocasiones, el ambiente tenso o caótico del aula o la incapacidad de seguir una tarea programada se traduce en frustración y dificulta la capacidad de sintonizar con el alumnado. Priorizar en lo posible el bienestar del estudiante al contenido, reducir la carga de trabajo del docente y tener formación específica en el uso de mensajes puede activar la utilización de mensajes empáticos.

Por ejemplo, después de una discusión o ante un ambiente tenso en el aula, el docente puede normalizar las emociones negativas diciendo: “Sé que ha sido una situación difícil para todos y es normal sentirse así” o “Todos estamos tensos, vamos a hacer algunas respiraciones profundas”. Si un estudiante se siente frustrado, el profesor también puede acompañarlo emocionalmente: “Entiendo que estés enfadado o frustrado, pero estoy aquí para ayudarte”, siempre de forma calmada y sin restar importancia a las emociones del alumnado.

Cuanto más numerosa la clase, más mensajes emocionales

En un estudio reciente hemos analizado el uso que hacen los docentes de secundaria de los distintos tipos de mensajes de empatía a través de grabaciones de audio de las clases. Además, examinamos su relación con el número de estudiantes por clase, el entusiasmo del profesor o profesora y el rendimiento académico de los estudiantes.

Los resultados indican que el tipo de mensaje empático más utilizado por los docentes es el emocional. Esto es así para transmitir su comprensión hacia el alumnado, reducir el miedo al fracaso y fomentar un clima de confianza y apoyo.

Además, profesores y profesoras transmiten más mensajes de empatía emocional en las clases más numerosas. La heterogeneidad y la diversidad de estas clases supone un gran reto. Gestionarlas es más difícil porque hay más estudiantes que necesitan apoyo emocional y comprensión. En estos casos, los enseñantes se adaptan a la clase que tienen y utilizan más mensajes emocionales para lograr precisamente un mayor control emocional. Es una excelente forma de prevenir conflictos, reducir la ansiedad y mejorar la participación del alumnado.

Entusiasmo y empatía: ¿están relacionados?

Aunque intuitivamente podría esperarse que los profesores más entusiastas usan más mensajes de empatía, los resultados muestran lo contrario. A medida que el entusiasmo del docente aumenta durante el curso, disminuye el uso de mensajes de empatía emocional.

¿Por qué sucede esto? Muchos profesores transmiten emociones positivas y sus estudiantes se contagian de ese “buen rollo”. Hay docentes que tienen un estilo de enseñanza proactivo, se anticipan a los problemas y generan ambientes muy favorables; por eso no utilizan muchos mensajes de empatía emocional.

Al contrario, profesionales menos entusiastas intentan compensarlo comunicándose de forma más empática con el alumnado para mantener un ambiente positivo. Se enfrentan a conflictos o a estudiantes con muchas necesidades, lo que les llevaría a utilizar más mensajes emocionales.

Conocer esta relación permite entender cómo las emociones de quienes están al frente del aula influyen en la forma de comunicarse y cómo esta, a su vez, impacta sobre el aprendizaje y el bienestar de los estudiantes.

En ocasiones, los mensajes de empatía se modifican según las necesidades académicas del alumnado, y disminuyen a medida que alcanza niveles de rendimiento más altos, pues la utilización de mensajes empáticos no se percibe como necesaria cuando obtiene buenas notas.

Escuchar y entender a los estudiantes

Ponerse en el lugar del otro no es tarea fácil. Se necesita un cierto esfuerzo para saber y comprender lo que piensan, sienten y necesitan los aprendices. Pero basta con mostrar el deseo o la intención con frases sencillas (¿Qué necesitan?, ¿Qué les preocupa?, ¿Va todo bien?) para mejorar la relación con ellos y el rendimiento académico. Tomar conciencia del propio estilo comunicativo y utilizar los tres tipos de mensajes empáticos desde el comienzo de curso ayudan también a construir un clima emocional positivo.

La idea es mantener siempre abierto un canal de comunicación. Iniciar las clases preguntándoles por sus necesidades y sus sentimientos, proponerse utilizar uno o dos mensajes emocionales en cada clase o grabar las sesiones para detectar los mensajes empáticos mejorará tanto el bienestar como los resultados académicos de los estudiantes. La clave para generar confianza es que el alumnado note que se le tiene en cuenta y sus emociones son validadas de forma sincera.

The Conversation

Juan Luis Núñez recibe fondos del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades, Agencia Estatal de Investigación, Proyectos de Generación de Conocimiento 2023 (PID2023-149190NB-I00).

Jaime Leon recibe fondos de la Agencia Estatal de Investigación.

Elisa Santana Monagas no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. Tener docentes empáticos aumenta el rendimiento académico – https://theconversation.com/tener-docentes-empaticos-aumenta-el-rendimiento-academico-255888

Orgullo pero no soberbia: las claves del buen liderazgo

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Santiago Iñiguez de Onzoño, Presidente IE University, IE University

“Los dioses, primero vuelven loco a aquel a quien quieren destruir” decía Eurípides de los mortales cuyo orgullo exagerado representaba una amenaza para los habitantes del Olimpo. Frente al orgullo moderado, que produce seguridad, autoconfianza y serenidad de ánimo, la arrogancia genera lo que los antiguos griegos denominaban hibris: jactancia, engreimiento, vanidad o soberbia, que derivaban en el enajenamiento, provocado por los dioses, y la autodestrucción.

Vanidad mitológica

Faetón maneja torpemente el carro de su padre, Helios, dios del sol. Su impericia hace elevar el carro al cielo, lo que enfría la tierra y luego, al caer, calcina el norte de África, dando lugar al desierto del Sahara y al primer caso de cambio climático. Zeus, furioso, detiene el calamitoso periplo con un rayo que fulmina a Faetón y le hace caer al mar.

Aquiles, despechado con Agamenón por haberle sustraído a la esclava Criseida, rehúsa volver con el ejército aqueo para combatir contra los troyanos. El héroe sólo reacciona cuando muere en combate su amado Patroclo. Cegado de ira, toma las armas hasta matar a Héctor, líder de los troyanos. Después, Aquiles muere a causa del flechazo que Paris le clava en el tobillo, la única parte vulnerable de su cuerpo.

Belerofonte era hijo de Poseidón y Eurinome y autor de múltiples hazañas, como matar a la quimera a lomos de Pegaso, el caballo alado al que consiguió domar. Sus gestas le ensoberbecieron y subió al Olimpo a lomos de su celestial montura. Ante su atrevimiento, Zeus envió un tábano que picó y espantó al alado, haciendo que el jinete cayera al vacío.

Quizás el sano orgullo es una de las virtudes donde mejor se muestra el canon aristotélico de “in medio virtus”. La verdadera virtud o el hábito ejemplar están en la mitad de las conductas extremas.

Sano orgullo

En las escuelas de negocio se favorece no solo la transmisión de conocimientos sobre las empresas, sino también de habilidades directivas. De hecho, se intenta que incluso los estudiantes más reservados adquieran protagonismo, desarrollen su capacidad de liderazgo y aumenten su ascendencia sobre el grupo.

No obstante, el estilo de liderazgo varía sustancialmente conforme se cambia de geografía. Más allá de que las generalizaciones pueden ser equívocas, mis alumnos japoneses suelen intervenir en clase de forma comedida. En su cultura, el profesor tiene estatuto de autoridad y no sólo no se espera sino que está mal visto, responder o criticar sus opiniones.

En el entorno empresarial es deseable, e incluso un deber, cuestionar a la autoridad cuando se considera que yerra. La buena educación de un directivo incluye el desarrollo de su capacidad crítica, fundamentalmente con dos objetivos:

  1. Contravenir a los colegas y directivos cuando sus decisiones divergen de los intereses de los accionistas.

  2. Generar oportunidades de innovación, propuestas creativas que abran nuevas vías de negocio para la empresa.

Liderar no es empecinarse

La inmodestia, la arrogancia, la jactancia y la soberbia conducen a la cerrazón y la intransigencia, y restan liderazgo y credibilidad a quienes las abrazan. Generalmente, en la gestión empresarial hay mucha negociación, cesiones y acuerdos para poder satisfacer un poco a todos y no solo maximizar los intereses de uno.

Pero una experiencia recurrente entre jóvenes que asumen posiciones de alta dirección es que se sienten desautorizados cuando no se les consulta alguna cuestión corporativa –como el nombramiento de un alto cargo que no depende de ellos, o la adopción de una estrategia ajena a su competencia directa– y algunos sobrerreaccionan, amagando con dimitir o expresando una frustración extrema.

Con el tiempo se aprende que no es conveniente soltar órdagos como el de presentar la dimisión, a menos que esté en juego un valor que se considera primordial. Y aún así, esa baza se puede jugar muy pocas veces en la carrera profesional. De las personas de mayor confianza se espera lealtad y alineamiento habitual. Si no hay visión estratégica compartida, lo normal es que no exista sinergia y que finalmente se diluya la conexión personal.

La templanza en las situaciones acaloradas y retrasar cualquier decisión drástica puede permitir resolver esas situaciones de la forma más serena y conveniente para los intereses de todos.

Si lo que nos piden es dejar un cargo antes del plazo convenido, se requiere un pronunciado autocontrol del orgullo personal, especialmente si no se comparten las razones del cese. Cuando esto ocurre normalmente es ya una decisión meditada y cualquier reacción del sujeto pasivo suele ser inútil. Por tanto, el mejor talante en esas circunstancias es evitar la reacción de dignidad herida o las actitudes defensivas (y más aún las ofensivas).

Lo aconsejable es intentar seguir adelante de la mejor manera posible.

Menos orgullo, más humildad

En ocasiones, la soberbia en el ejercicio del liderazgo se acentúa con el tiempo y deriva en egocentrismo o egolatría. Es el síndrome distintivo de las autocracias, en las que los mandatarios se mantienen largamente en el poder.

Para los directivos que sufren de megalomanía, los intereses de los accionistas, o de los demás stakeholders, dejan de tener relevancia y el centro solo lo ocupa su propio interés.

Ciertamente, el orgullo es uno de esos vicios que obligan a una búsqueda permanente del equilibrio. Para este balance se hace especialmente aconsejable la práctica de la virtud de la humildad. A continuación formulo una serie de consejos sobre cómo practicar esta virtud en el ámbito profesional:

  1. Intente escuchar las sugerencias, ideas y consejos de los demás. Si siendo el jefe suele hablar el primero en las reuniones de trabajo, intente intervenir el último y deje que lo hagan los otros participantes. Si usted dirige el departamento o la empresa y expresa su opinión al inicio ya ha cortado un eventual debate: sus colegas se inhibirán y evitaran contradecirle. Solo los más audaces expresarán criterios alternativos y haría bien en valorar positivamente esa valiente oposición.

  2. Pida frecuentemente consejo a sus mejores amigos sobre decisiones importantes, y respete sus recomendaciones, especialmente si contravienen sus ideas originales o sus intuiciones. También es recomendable considerar las indicaciones en temas en los que no se considere experto. En ocasiones, el exceso de autoconfianza o creer que se sabe todo impide ver las cosas desde ángulos alternativos y encontrar mejores soluciones a los problemas.

  3. Cuestiónese de vez en cuando sus suposiciones básicas sobre el negocio y su entorno. Ya lo decía Heráclito: “todo cambia” (panta rei) (especialmente en el mundo empresarial). La mejor manera de adaptarse a esa evolución es replantearse las tesis básicas que justifican sus decisiones. Piense de forma contraria, contradiga sus propias creencias.

  4. No se tome demasiado en serio. Los argumentos en defensa de la dignidad personal o referidos al orgullo herido han dejado de estar en uso y esgrimirlos puede producir cierta hilaridad en nuestros interlocutores. El honor personal, que se consideraba primordial en los protagonistas de las novelas de caballerías, se ha convertido en un valor anacrónico.


Una versión de este artículo se publicó en LinkedIn.


The Conversation

Santiago Iñiguez de Onzoño no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. Orgullo pero no soberbia: las claves del buen liderazgo – https://theconversation.com/orgullo-pero-no-soberbia-las-claves-del-buen-liderazgo-261119

How public development banks could narrow inequality gaps between the Global North and South

Source: The Conversation – Canada – By Alicja Paulina Krubnik, PhD Candidate, Political Science, McMaster University

The United Nations’ Fourth International Conference on Financing for Development (FFD4) recently concluded in Seville, Spain. It gathered global leaders from government, development, academia and civil society to discuss key barriers to sustainable development and shape collaborative efforts to address them.

FFD4 comes at a crucial time, when the Action Agenda from the last FFD3, set 10 years ago, must be built upon and upheld. With only five years left to meet the UN’s Sustainable Development Goals (SDGs), more than 80 per cent are off track. More tangibly, 2030 is a key deadline for global emissions reduction.

The global aid environment is also in crisis, just as low- and middle-income countries face mounting pressures due to the interconnected impacts of climate change, environmental damage, poverty and inequality.

Boosting global co-operation

FFD4 was an opportunity to revitalize and transform international development co-operation to help states meet these challenges and pursue sustainable development.

Achieving this requires more than decarbonizing development financing. FFD4 faced its most testing challenge yet: how to reform the global financial systems that direct development resources.

Key factors include aligning funding with the sustainable development needs of low- and middle-income countries, increasing access to long-term concessional financing — loans or other forms of financing provided on terms more favourable than those in the market — and reducing public debt burdens.

Public development banks offer crucial leadership here. They provide affordable financing, direct resources where urgently needed and align funding with long-term development strategies, giving them significant potential to democratize project ownership.

Urgent human development needs

At the FFD4 gathering, many representatives, especially from Global South and climate-vulnerable countries, highlighted the inadequacy of development financing. Seedy Keita, the minister for finance and economic affairs from The Gambia, told the conference that as developing countries are being urged to invest more in climate and human development initiatives, they lack the tools to do so.

The countries facing the worst climate impacts also struggle with urgent human development needs. Adapting to and mitigating climate breakdown are inseparable from economic and social development, with human welfare — access to food, water and clean air, avoiding displacement and the safety of women and girls — intimately linked to climate.

Yet climate-vulnerable states receive a small share of global development financing, particularly for adaptation projects that yield lower returns. Additionally, resources for building value-added industries in low- and middle-income countries remain insufficient.

Scant commitment to action

Simply increasing financing is not enough. At the launch of the latest SDGs Report, UN Secretary General António Guterres stated:

“There is something fundamentally wrong in the structure of the economic and financial architecture and in the way it operates to the detriment of developing countries.”

In short, it’s too rigid and unresponsive to the Global South’s unique needs, ultimately constraining their ability to act on the SDGs.

The most ambitious and pressing outcome of FFD4, the “Sevilla Commitment,” addresses key issues in efforts to reform international financial systems but lacks commitment to strong, transformative action.

Too much priority is given to enabling low- and middle-income countries to access private finance for development. Using public development finance to mobilize private investments and lending has failed to close the financing gap.

Poverty and inequality worsens

Private support for the structural green transformation needed for long-term economic development in low- and middle-income countries remains inadequate, widening the divide between the Global North and South. The strategy of catalyzing private finance has shifted risk to public balance sheets while reserving most of the profits for private, often multinational corporations — what’s known as “de-risking.”

A privatized development strategy has pushed fiscal austerity measures on Global South countries to access international capital markets to fund development initiatives. Many of these countries are struggling with alarming debt, forcing them to divert scarce funds from essential services like health and education to service debts, which worsens poverty and inequality.

FFD4’s efforts to create a fairer debt system include scaling up debt swaps and forming an alliance between creditor countries and multilateral banks to implement debt “pause clauses” during crises. While many states called for deeper debt reforms and a UN convention on sovereign debt, several wealthy countries resisted bold changes.

They largely overlooked the Global North’s climate debt — estimated at $192 trillion. The Sevilla Commitment proposes launching a UN-led intergovernmental process, opening a potential path for creditor action.

As Spain’s economy minister put it, FFD4 is a “launchpad for action” not a “landing zone.”

Directing money to where it’s needed most

Public development banks have the potential to lead this action for a more prosperous and equitable future. They can mobilize under-utilized public resources more economically, rapidly and effectively to serve development goals in a climate-forward way.

These banks can direct finance to where it’s most needed, aligning with development priorities across diverse low- and middle-income countries.

Public development banks are also well-positioned to co-ordinate at multilateral, regional and national levels and to align global decarbonization goals to local demands. The largest coalition of banks, the Finance in Commons group, was recognized in the Sevilla Commitment. The group called for strengthening public development banks’ co-operation and leadership at the FFD4. Already a leader in global climate financing, further co-ordination among public debate banks could amplify its impact.




Read more:
Your essential guide to climate finance


Supporting green, equitable development

Structural change requires the long-term, affordable and counter-cyclical financing that public development banks can provide.

For indebted developing countries facing high borrowing costs, steadfast concessional financing is crucial. Beyond finance, public development banks have a privileged role in knowledge formation and dissemination, which can be leveraged alongside their financial power to support green and equitable development.

As public organizations, public development banks offer greater potential for transparency and accountability to democratic decision-making, aligning financing with public values. Beyond simply de-risking, these banks can leverage their financial power to generate broader public benefits.

The Conversation

Alicja Paulina Krubnik receives funding from the Social Sciences and Humanities Research Council and the International Development Research Centre.

– ref. How public development banks could narrow inequality gaps between the Global North and South – https://theconversation.com/how-public-development-banks-could-narrow-inequality-gaps-between-the-global-north-and-south-261160

Immigration courts hiding the names of ICE lawyers goes against centuries of precedent and legal ethics requiring transparency in courts

Source: The Conversation – USA – By Cassandra Burke Robertson, Professor of Law and Director of the Center for Professional Ethics, Case Western Reserve University

Some immigration courts have allowed ICE attorneys to conceal their names during proceedings. Jacob Wackerhausen/iStock via Getty Images

Something unusual is happening in U.S. immigration courts. Government lawyers are refusing to give their names during public hearings.

In June 2025, Immigration Judge ShaSha Xu in New York City reportedly told lawyers in her courtroom: “We’re not really doing names publicly.” Only the government lawyers’ names were hidden – the immigrants’ attorneys had to give their names as usual. Xu cited privacy concerns, saying, “Things lately have changed.”

When one immigration lawyer objected that the court record would be incomplete without the government attorney’s name, Xu reportedly refused to provide it. In another case, New York immigration Judge James McCarthy in July referred to the U.S. Immigration and Customs Enforcement, or ICE, attorney as merely “Department” throughout the hearing.

New York immigration Judge Shirley Lazare-Raphael told The Intercept that some ICE attorneys believe it is “dangerous to state their names publicly.” This follows a broader pattern of ICE agents wearing masks during arrests to hide their identities.

This secrecy violates a fundamental principle that has protected Americans for centuries: open courts. Here’s how those courts operate and why the principle governing them matters.

Masked men wearing hats and bulletproof vests, standing in a hallway.
Hiding of ICE attorneys’ names in court fits a broader pattern seen here outside a New York immigration courtroom of ICE agents wearing masks.
AP Photo/Olga Fedorova

‘Presumption of openness’

The U.S. legal system is built on openness, with multiple layers of legal protection that guarantee public access to court proceedings.

This tradition of open courts developed as a direct rejection of secret judicial proceedings that had been used to abuse power in England. The notorious Star Chamber operated in secret from the 15th to 17th centuries, initially trying people “too powerful to be brought before ordinary common-law courts.”

But the Star Chamber eventually became a tool of oppression, using torture to obtain confessions and punishing jurors who ruled against the Crown. Parliament abolished it in 1641 after widespread abuses.

By the time American colonial courts were established, the reaction against the Star Chamber had already shaped English legal thinking toward openness. American courts adopted this principle of transparency from the beginning, rejecting the secretive proceedings that had enabled abuse.

Today, the term “star chamber” refers to any secret court proceeding that seems grossly unfair or is used to persecute individuals.

In the U.S., courts have repeatedly emphasized that “justice faces its gravest threat when courts dispense it secretly.” The First Amendment gives the public a right to observe judicial proceedings. The Supreme Court has ruled that “a presumption of openness inheres in the very nature of a criminal trial under our system of justice.”

Every federal appeals court has recognized that this constitutional right extends to civil cases too, with some exceptions such as protecting “the parties’ privacy, confidential business information, or trade secrets.” Federal court rules require that trials be “conducted in open court” and that witness testimony be “taken in open court unless otherwise provided.”

Many state constitutions also guarantee open courts – such as Oregon’s mandate that “no court shall be secret.”

While there’s no explicit law requiring attorneys to be publicly named, there’s also no policy allowing their names to be kept secret. The presumption is always toward openness.

In response to these recent developments, law professor Elissa Steglich said that she’d “never heard of someone in open court not being identified,” and that failing to identify an attorney could impair accountability “if there are unethical or professional concerns.”

Rules for anonymity

Courts sometimes allow anonymity, but only in specific circumstances.

Juries can be anonymous when there’s “substantial danger of harm or undue influence,” as legal expert Michael Crowell writes – like in high-profile organized crime cases or when defendants have tried to intimidate witnesses before. Even then, the lawyers still know the jurors’ names.

Similarly, parties to a lawsuit can sometimes use pseudonyms like “Jane Doe” when the case involves highly sensitive matters such as sexual abuse, or when there’s a real risk of physical retaliation.

But these rare exceptions require careful court review.

What’s happening with ICE attorneys is different. There’s no formal court ruling allowing it, no specific safety findings and no established legal process.

Immigration courts have fewer protections

Immigration courts operate differently from regular federal courts. They are so-called “administrative courts” that are part of the executive branch, not the judicial branch.

These courts decide claims involving an individual’s right to stay in the U.S., either when the government seeks to remove someone from the country for violating immigration law or when an individual seeks to stay in the country through the asylum process.

Immigration judges lack the lifetime job protections that regular federal judges have. As executive branch government employees, they can be hired and fired, just like other Department of Justice employees.

People in immigration court also have fewer procedural protections than criminal defendants. They have no right to court-appointed counsel and must represent themselves unless they can afford to hire an attorney. The majority of immigrants appear without an attorney. Outcomes are better for those who can afford to hire counsel.

Immigration court records are also less accessible to the public than other federal court proceedings.

For years, the Board of Immigration Appeals, the nation’s highest immigration court, made less than 1% of its opinions publicly available. A federal court ruled that public disclosure was required; the Board of Immigration Appeals now posts its decisions online.

However, lower immigration court decisions are rarely made public.

Because immigration courts operate with less oversight than regular federal courts, public observation becomes more critical.

Open courts aren’t just about legal procedure – they’re about democracy itself. When the public can observe how justice is administered, it builds confidence that the system is fair.

A man in a black mask, hat and vest stands in a hallway next to a sign that says 'IMMIGRATION COURT.'
Federal agents patrol the halls of immigration court at the Jacob K. Javitz Federal Building on July 21, 2025, in New York City.
Michael M. Santiago/Getty Images

Court watching protects transparency

Court watching has become an important way for citizens to ensure due process is honored, especially in immigration cases.

Observers can monitor whether proper legal procedures are being followed. They can watch for signs that attorneys are prepared, treating people respectfully and following court rules – regardless of whether those attorneys identify themselves.

Observers help track trends such as lack of legal representation, language barriers or procedural unfairness that can inform advocacy for reforms. This kind of public oversight is especially important in immigration court, where people often don’t have lawyers and may not understand their rights.

When community members bear witness to these proceedings, it helps ensure the system operates fairly and transparently.

Professional ethics and accountability

As a law professor who runs a law school’s Center for Professional Ethics, I can say that while there’s no specific law forcing ICE attorneys to identify themselves, they are still bound by rules of professional conduct that require accountability and transparency.

State bar associations have clear standards about attorney conduct in court proceedings. The American Bar Association’s Model Rules of Professional Conduct emphasize that lawyers are “officers of the legal system” with duties to uphold its integrity.

Immigration judges, despite being government employees rather than lifetime-tenured federal judges, are also bound by judicial conduct codes that require them to uphold public confidence in the justice system. When judges allow or encourage anonymity without formal procedures or safety findings, they risk violating these ethical obligations.

Bar associations can investigate professional conduct violations and impose sanctions ranging from reprimands to suspension or disbarment. While enforcement against federal government lawyers has historically been uncommon, sustained documentation by court observers can provide the evidence needed for formal complaints.

While government attorneys, judges and other court personnel may face real safety concerns, hiding their identities in open court is unprecedented and breaks with centuries of legal tradition that requires accountability and transparency in our justice system.

As pressure mounts to process immigration cases quickly, courts are ethically and legally bound to ensure that speed doesn’t come at the expense of fundamental fairness and transparency.

The Conversation

Cassandra Burke Robertson does not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organization that would benefit from this article, and has disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

– ref. Immigration courts hiding the names of ICE lawyers goes against centuries of precedent and legal ethics requiring transparency in courts – https://theconversation.com/immigration-courts-hiding-the-names-of-ice-lawyers-goes-against-centuries-of-precedent-and-legal-ethics-requiring-transparency-in-courts-261452

Orlando Bloom tried to ‘clean’ his blood to get rid of microplastics – here’s what the science says

Source: The Conversation – UK – By Rosa Busquets, Associate Professor, School of Life Sciences, Pharmacy and Chemistry, Kingston University

Tinseltown/Shutterstock

When actor Orlando Bloom revealed recently that he’d undergone a procedure to have his blood “cleaned”, many people raised eyebrows. The Pirates of the Caribbean star had turned to a treatment known as apheresis – a medical process in which blood is removed from the body, centrifuged or filtered to extract certain components, then returned in an attempt to flush out microplastics and other toxins.

Apheresis is typically used to treat conditions such as autoimmune diseases or abnormally high levels of blood cells or proteins. Its use as a detox for microplastics, however, is scientifically unproven.

Still, Bloom said he suspected his body had absorbed plastic through daily exposure, and wanted it out of his system.

He’s probably right about the exposure. Scientists have found microplastics – tiny plastic fragments less than 5mm in size – in our air, water, soil, food and even inside human tissue. But when it comes to removing them from the bloodstream, that’s where the science gets murky.

As researchers studying microplastic contamination, we’ve examined this issue in the context of dialysis – a life-saving treatment for patients with kidney failure. Dialysis filters waste products like urea and creatinine from the blood, regulates electrolytes, removes excess fluid and helps maintain blood pressure.

But our study found that while dialysis is a medical marvel, it can also have an ironic downside: it could be introducing microplastics into the bloodstream. In some cases, we found that patients undergoing dialysis were being exposed to microplastics during treatment due to the breakdown of plastic components in the equipment – a troubling contradiction for a procedure designed to cleanse the blood.

Apheresis is closely related to dialysis: both involve drawing blood from the body, circulating it through plastic tubing and filters, then returning it – so both procedures carry a similar risk of introducing microplastics from the equipment into the bloodstream.

What are microplastics?

Microplastics are plastic particles that range in size from about 5mm (roughly the length of a grain of rice) down to 0.1 microns – smaller than a red blood cell.

Some microplastics are manufactured deliberately, like the plastic microbeads once common in facial scrubs. Others form when larger plastic objects degrade over time due to sunlight, friction, or physical stress.

They’re everywhere: in the food we eat, air we breathe and water we drink. Plastic packaging, synthetic clothing such as polyester, and even artificial lawns contribute to the spread. Car tyres shed plastic particles as they wear down, and food heated or stored in plastic containers may leach microplastics.

One estimate suggests the average adult may ingest around 883 microplastic particles – over half a microgramme – per day.

So far, large-scale epidemiological studies have not established an association between microplastic exposure and specific diseases. Such studies are needed, but yet to be completed.

However, early research suggests that microplastics may be associated with inflammation, cardiovascular conditions, and DNA damage – a potential pathway to cancer.

What remains unclear is how microplastics behave inside the body: whether they accumulate, how they interact with tissues, and how (or if) the body clears them.

The irony of filtration

It’s tempting to believe, as Bloom seems to, that we can simply “clean” the blood, like draining pasta or purifying drinking water. Just as a sieve filters water from pasta, dialysis machines do filter blood – but using far more complex and delicate systems.

These machines rely on plastic components, including tubes, membranes and filters, which are exposed to sustained pressure and repeated use. Unlike stainless steel, these materials can degrade over time, potentially shedding microplastics directly into the bloodstream.

Currently, there is no published scientific evidence that microplastics can be effectively filtered from human blood. So, claims that dialysis or other treatments can remove them should be viewed with scepticism, especially when the filtration systems themselves are made of plastic.

While it’s tempting to chase quick fixes or celebrity-endorsed cleanses, we are still in the early stages of understanding what microplastics are doing to our bodies – and how to get rid of them. Rather than focusing solely on ways to flush plastics from the bloodstream, the more effective long-term strategy may be reducing our exposure in the first place.

Bloom’s story taps into a growing public unease: we all know we’re carrying the burden of plastic. But addressing it requires more than wellness trends: it calls for rigorous science, tougher regulation, and a shift away from our reliance on plastic in daily life.


Get your news from actual experts, straight to your inbox. Sign up to our daily newsletter to receive all The Conversation UK’s latest coverage of news and research, from politics and business to the arts and sciences.

The Conversation

Rosa Busquets receives funding from UKRI, in a UKRI/ Horizons Staff exchanges Clean Water project (101131182). She is honorary Associate Professor at UCL and Honorary Professor at Al-Farabi Kazakh National University. She is panel member of the UNEP EEAP, where is work group lead in a field that includes microplastics. She is also funded by DASA.

Luiza C Campos is a Professor of Environmental Engineering at University College London.

– ref. Orlando Bloom tried to ‘clean’ his blood to get rid of microplastics – here’s what the science says – https://theconversation.com/orlando-bloom-tried-to-clean-his-blood-to-get-rid-of-microplastics-heres-what-the-science-says-261203

Mysterious fossil may rewrite story of skin and feather evolution in reptiles

Source: The Conversation – UK – By Valentina Rossi, Postdoctoral researcher, Palaeontology, University College Cork

A delicate, innocuous little fossil reptile known as Mirasaura grauvogeli – “Grauvogel’s wonder reptile” – is forcing a rethink about the evolution of skin and its appendages such as feathers and hair.

These newly discovered fossils, from the Middle Triassic (247 million years old)
Grès à Voltzia site in northeast France, preserve evidence of some of the most astonishing soft-tissue features described to date in ancient reptiles. We are two of the authors of a new paper on these finds, published in Nature.

These fossils show that the tree dwelling Mirasaura had a large and startling crest along its back. The crest is formed by elongated appendages that are neither scales, feathers nor hair.

Until now, complex skin outgrowths such as feathers were thought to have evolved only much later – in birds, dinosaurs and pterosaurs. This probably occurred through a single origin in the common ancestor of these animals. In all other types of reptile, the only skin outgrowths present are scales.

Mirasaura has overthrown this paradigm in sensational fashion. Compared with the size of its body, the long blades of its tall dorsal crest are enormous. Closer inspection reveals this crest comprised individual, overlapping appendages, each with a narrow central ridge and a lobed outline, similar to the shaft and form of feathers.

However, the fossil structures seem to lack the fine branching architecture that characterises most feathers in modern birds. What’s more, Mirasaura is not related to birds, dinosaurs or pterosaurs, but instead belongs to a very ancient group of reptiles, the drepanosauromorphs, that are known only from the Triassic.

A complete fossils specimen of Mirasaura
The holotype of Mirasaura (State Museum of Natural History Stuttgart, Germany) showing its bird-like skull and crest along its back.
Copyright: Stephan Spiekman, CC BY-NC-ND

The soft tissues of Mirasaura are preserved as a thin brown film, rich in fossil melanosomes – cell structures that contain the pigment melanin during life. Research by our team at University College Cork and others has revealed widespread preservation of fossilised melanosomes in ancient vertebrates. These pigment granules can actually be used to reconstruct melanin-based colour patterns in extinct animals.

Our team’s research has shown that fossil melanosomes can also help reconstruct the soft tissue anatomy of fossil animals, because melanosomes from different body tissues have different shapes and sizes. Our comprehensive examination of the fossilised soft tissues in Mirasaura, coupled with rigorous statistical analysis of the preserved melanosomes, reveals that their geometry is consistent with melanosomes in feathers, but not with melanosomes found in hair and in reptilian skin. This strongly suggests the Mirasaura skin appendages share common developmental features with feathers.

Were the Mirasaura structures feathers, then? The solid, continuous blade of soft tissues either side of the central shaft shows no evidence for branching, which is a defining characteristic of most feathers in birds, dinosaurs and pterosaurs. The water is muddied, however, by the simple unbranched structure of some peculiar feathers in birds – such as the bristles of the turkey’s “beard”. Similar unbranched filaments are known in many dinosaurs and pterosaurs, and are widely considered to represent simple feathers.

Certain dinosaur fossils even have flattened, strip-like feathers that lack branching but possess a central shaft, considered by some experts to be an unusual – extinct – feather type. Whether the resemblance between these fossil structures and the Mirasaura skin outgrowths is superficial or belies closer evolutionary ties remains to be seen.

Large isolated crest of Mirasaura
Fossil specimen of a large crest of Mirasaura, hosted by the State Museum of Natural History Stuttgart.
Copyright: Stephan Spiekman, CC BY-NC-ND

Intriguingly, research on the developing chick embryo shows that feathers can lose their branched structure when certain genes are manipulated. We are currently examining in greater detail the morphology and composition of the Mirasaura structures to help us interpret their anatomy more definitively.

Irrespective of what type of skin outgrowth they represent, our analyses of the anatomy of Mirasaura consistently position it, as well as other drepanosauromorph reptiles, at the base of the reptile tree. This supports data from developmental biology indicating that the genetic basis for the growth of complex skin appendages probably originated in the Carboniferous period, over 300 million years ago.

Mirasaura therefore provides the first direct evidence that complex skin appendages did appear early during reptile evolution, and are not unique to pterosaurs, birds and other dinosaurs.

We owe these new insights to painstaking conservation efforts, which serve as a reminder of the critical importance of natural history collections in conserving our natural heritage.

The earliest discoveries of Mirasaura remains were unearthed in the 1930s by fossil collector Louis Grauvogel. After decades in the Grauvogel family, these specimens were donated to the State Museum of Natural History Stuttgart in 2019, where careful preparation revealed their true significance.

Now, the Mirasaura specimens force us to accept that even before the age of dinosaurs, reptiles were evolving striking anatomical traits normally associated with much younger fossils. This adds an intriguing dimension to future research into the origins of feathers, prompting palaeontologists to consider fossils from more diverse reptile groups – and from time periods before the appearance of dinosaurs and their direct ancestors.


Get your news from actual experts, straight to your inbox. Sign up to our daily newsletter to receive all The Conversation UK’s latest coverage of news and research, from politics and business to the arts and sciences.

The Conversation

Valentina Rossi research is funded by the European Research Council. She is affiliated with University College Cork (UCC)

Maria McNamara receives funding from the European Research Council and Research Ireland.

– ref. Mysterious fossil may rewrite story of skin and feather evolution in reptiles – https://theconversation.com/mysterious-fossil-may-rewrite-story-of-skin-and-feather-evolution-in-reptiles-261695