The vagus nerve has become the internet’s favourite body part.
On social media, it is everywhere. People hum into their phones, gargle with theatrical enthusiasm, dunk their faces into bowls of ice water and poke at their ears in the hope of “activating” it. Influencers describe it as a hidden master switch for calm, digestion and emotional balance. Some claim that learning to control it can transform everything from anxiety to inflammation.
All of which makes it sound faintly mystical. In reality, the vagus nerve is not a wellness trend. It is a real, physical nerve. And a surprisingly important one.
In the fourth episode of the Strange Health podcast, we turn our attention to the body’s longest cranial nerve and ask a simple question: what does the vagus nerve actually do, and can we really hack it?
To find out, we spoke to Arshad Majid, a professor of cerebrovascular neurology at the University of Sheffield and an expert in vagus nerve stimulation. As he explains, the vagus nerve is one of 12 cranial nerves that emerge directly from the brain. Its name comes from the Latin for “wanderer”, which is fitting. It begins in the brainstem and travels down through the neck into the chest and abdomen, connecting to the heart, lungs, gut and even the liver.
It is less a single-purpose wire and more a busy two-way information highway. Most of its activity involves carrying signals from the body back to the brain, keeping it updated on what is happening internally. It is also part of the autonomic nervous system, which regulates the processes we do not consciously control, such as heart rate, breathing and digestion.
Within that system, the vagus nerve plays a key role in the parasympathetic response, sometimes known as “rest and digest”. When this system dominates, heart rate slows, blood pressure drops and the body shifts into a calmer, more restorative state. That much is well established. What is less clear is how easily we can influence it ourselves.
Despite the explosion of vagus nerve content online, Majid is cautious about claims that it can be switched on like a light. Slow breathing, singing, humming or splashing cold water on the face may indirectly influence vagus nerve activity, but it is not an on-off button and the effects vary widely between people. In some cases attempting to stimulate the vagus nerve can trigger headaches and even depression.
Vagus nerve stimulation is more firmly grounded in medicine. Implanted devices that stimulate the nerve directly have been used for years to treat conditions such as treatment-resistant epilepsy and depression. More recently, researchers have begun exploring non-invasive approaches. Some medical devices stimulate a small branch of the vagus nerve in the ear using gentle electrical pulses.
Majid and colleagues are currently running a major clinical trial investigating whether this kind of non-invasive stimulation can improve arm function in people recovering from stroke by encouraging the brain to rewire itself. If successful, it could transform rehabilitation for many patients.
Despite the online hype, then, scientists are only beginning to understand what this wandering nerve can do and how it might be used therapeutically.
Listen to Strange Health to find out why the vagus nerve has captured so much attention, what the science actually says, and why the next few years of research could reshape how we treat conditions from stroke to depression.
Just maybe hold off on aggressively poking your ear in the meantime.
Strange Health is hosted by Katie Edwards and Dan Baumgardt. The executive producer is Gemma Ware, with video and sound editing for this episode by Anouk Millet. Artwork by Alice Mason.
Listen to Strange Health via any of the apps listed above, download it directly via our RSS feed or find out how else to listen here. A transcript is available via the Apple Podcasts or Spotify apps.
Katie Edwards is Commissioning Editor for Health and Medicine at The Conversation in the UK. Arshad Majid receives funding from the National Institute of Health research (NIHR) EME Programme for the TRICEPS trial which is investigating tVNS in stroke recovery.
Dan Baumgardt does not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organisation that would benefit from this article, and has disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.
Source: The Conversation – (in Spanish) – By Raúl Rivas González, Catedrático de Microbiología. Miembro de la Sociedad Española de Microbiología., Universidad de Salamanca
El 5 de febrero, el Comité Olímpico Internacional, el Comité Organizador de los Juegos Olímpicos de Invierno de Milano Cortina 2026 y la Federación Internacional de Hockey sobre Hielo decidieron posponer el partido que enfrentaba a Finlandia y Canadá, actual campeón olímpico, en la competición olímpica de hockey sobre hielo femenino.
La decisión fue tomada tras detectar varios casos de norovirus. Catorce integrantes del equipo finlandés, incluyendo jugadoras y personal técnico, resultaron infectadas o tuvieron que ser aisladas. Simultáneamente, apareció un caso positivo en el equipo de hockey sobre hielo femenino de Suiza, lo que obligó a la jugadora afectada a aislarse en una habitación individual y al resto del grupo a extremar las precauciones, llegando incluso a no estar presentes en el desfile de la ceremonia de apertura.
A pesar de la alarma inicial, el Comité Olímpico Internacional (COI) ha intentado calmar los ánimos y ha declarado que de momento no hay un brote generalizado, sino casos aislados y contenidos en delegaciones específicas.
Un protocolo de respuesta rápida
Para contener un posible brote de norovirus en los Juegos de Milano Cortina 2026 y evitar que afecte a más disciplinas, el Comité Olímpico Internacional (COI) y las delegaciones nacionales han implementado un protocolo de respuesta rápida.
Éste incluye el aislamiento de los deportistas con síntomas, posponer partidos si fuera necesario para permitir que el periodo de incubación y contagio pase sin afectar la integridad de la competición y establecer un sistema de vigilancia activa para cualquier persona que haya compartido transporte o vestuarios con los casos positivos. También se han intensificado las labores de desinfección en la Milano Rho Ice Hockey Arena y en las zonas comunes de las seis Villas Olímpicas, además de instalar puntos adicionales de lavado de manos, reforzar las inspecciones de seguridad alimentaria y evitar el autoservicio en el catering.
La principal causa de gastroenteritis aguda en el mundo
El norovirus es un virus de ARN monocatenario perteneciente a la familia Caliciviridae, y es la principal causa de gastroenteritis aguda (GEA) en el mundo, provocando cerca de 685 millones de casos al año. Globalmente, se estima que ocurren 1,5 millones de muertes por GEA, de las cuales entre 136 000 y 278 000 son debidas al norovirus.
Fue identificado por primera vez en 1968 durante un brote de gastroenteritis aguda en Norwalk (Ohio, EE. UU.), donde se aisló de las heces de pacientes afectados. Por esta circunstancia, en primera instancia recibió el nombre de “virus de Norwalk”.
En la actualidad, se conocen 10 genogrupos y 49 genotipos. La clasificación en genogrupos y genotipos está basada en la diversidad de aminoácidos en dos proteínas, VP1 y ORF1. Las infecciones humanas se deben predominantemente a los genogrupos GI, GII y GIV, siendo el genogrupo GII la causa más común de gastroenteritis.
Mueren más niños y ancianos
Los niños, ancianos y personas inmunocomprometidas son especialmente susceptibles a desarrollar cuadros graves. En países de bajos ingresos, la mortalidad es común en niños debido a la deshidratación. Por el contrario, en países desarrollados, las muertes ocurren principalmente en ancianos.
Por lo general, las personas empiezan a tener síntomas entre 12 y 48 horas después de haber estado expuestas al norovirus. Aunque dichos síntomas suelen durar entre 24 y 48 horas, la debilidad posterior puede afectar seriamente el rendimiento de un atleta de élite.
El norovirus es ampliamente reconocido por su capacidad de provocar brotes rápidos y masivos en lugares cerrados o semicerrados, donde la alta concentración de personas y la convivencia estrecha facilitan la transmisión. Es el caso de hospitales, residencias de ancianos, guarderías, escuelas y, en especial, en cruceros. Y desde luego, una villa olímpica también puede ser un escenario perfecto para que se produzca un brote.
Ya pasó en el Campeonato Mundial de Atletismo de Londres 2017
El norovirus representa una amenaza para la industria turística porque tiene un impacto desproporcionado debido a la alta visibilidad mediática. Por esa razón, la prevención y el manejo de brotes de gastroenteritis aguda en cruceros siguen estándares y planes de higiene acordados internacionalmente. Entre otras medidas, se realiza un cribado previo al embarque, existe un protocolo de vigilancia una vez a bordo y se aisla a las personas infectadas. La aplicación de medidas de higiene ambiental y la educación de la tripulación y los pasajeros sobre el lavado de manos y la notificación de síntomas también son esenciales. En caso de brote, se cierran los restaurantes de autoservicio.
No hay medicamentos específicos para tratar las infecciones por norovirus. En la mayoría de los casos los síntomas desaparecen por sí solos después de unos días. Sin embargo, es importante mantenerse hidratado para prevenir la deshidratación severa y guardar reposo.
Los casos más graves pueden requerir tratamiento médico para prevenir la deshidratación, especialmente en niños pequeños, ancianos y personas con sistemas inmunológicos debilitados.
Raúl Rivas González no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.
Une adresse publique sur la blockchain se crée en quelques secondes, sans pièce d’identité, avec une clé privée connue uniquement du propriétaire des cryptoactifs.SergeyNivens/Shutterstock
Une affirmation revient souvent : les criminels du monde entier utilisent les cryptomonnaies pour blanchir l’argent, en toute impunité. En effet, s’il est facile de tracer les échanges financiers via les blockchains, impossible d’identifier les personnes sans la coopération des acteurs comme Binance, Tether ou les prestataires de paiements. Car sur la blockchain, on peut tout voir sans savoir qui agit.
La promesse des blockchains publiques, comme Bitcoin ou Ethereum, est aussi simple qu’audacieuse : chaque transaction y est enregistrée, horodatée et visible par tous. À première vue, c’est un avantage décisif pour les enquêteurs financiers. À première vue seulement, car cette transparence se révèle souvent trompeuse. Si le registre décentralisé est public, les identités derrière les adresses restent inaccessibles sans intermédiaire.
Publiée en novembre 2025, l’enquête internationale The Coin Laundry (ICIJ) montre comment ce « paradoxe crypto » alimente une économie criminelle mondialisée, et comment l’identification des personnes dépend, en pratique, du bon vouloir d’intermédiaires privés, comme les plateformes (Binance) ou les guichets de conversion crypto-to-cash desks. Ces guichets sont des opérateurs, tels que Huione Guarantee ou Tether Operations Limited, souvent localisés dans des paradis fiscaux. Ces derniers convertissent des cryptoactifs en monnaie fiduciaire – euros, dollars – ou en actifs tangibles – or, immobilier – sans vérification systématique d’identité.
On peut tout voir sans savoir qui agit. Car la blockchain affiche seulement des transferts de crypto, pas des identités. Cet écart entre la traçabilité technique et la responsabilité juridique permet aux réseaux criminels de prospérer ; la transparence des flux ne garantit ni l’identification des acteurs, ni l’effectivité des contrôles.
Alors, comment concrètement ces transactions fonctionnent-elles ?
Piège de la pseudonymie
Sur une blockchain publique, l’unité de base n’est pas l’individu, mais l’adresse publique, c’est-à-dire une suite de caractères. Par exemple, 1A1zP1eP5QGefi2DMPTfTL5SLmv**** sur la blockchain Bitcoin. Cette adresse publique se crée en quelques secondes, sans pièce d’identité, en quantité illimitée. Elle est associée à une clé privée, par exemple L5oLkpXH3Z55rVgQv8gQJQ5v9X8fLpW7tQeNqW3TbKbYsZ1P**** qui elle, n’est connue que du propriétaire des cryptoactifs.
Les réseaux criminels exploitent cette pseudonymie en multipliant les adresses, en fragmentant les montants et en automatisant les transferts via des « services » variés – mixing, swaps décentralisés ou bridges. Le plus connu est le mixing, utilisé pour brouiller les traces des transactions en crypto.
Le mixing, une technique utilisée pour brouiller les traces des transactions sur une blockchain, suit un process complexe :
1. Le dépôt des fonds : un utilisateur envoie ses crypto à une adresse pool gérée par un service de mixing, comme Tornado Cash.
2. Le mélange des fonds : le service mélange ces crypto avec celles d’autres utilisateurs.
3. La redistribution des fonds : après un délai aléatoire, le service renvoie les fonds, mais provenant d’autres adresses, vers une nouvelle adresse désignée par l’utilisateur, ce qui rend impossible le suivi des fonds originaux.
Le mixeur Tornado Cash a permis le blanchiment de plusieurs milliards de dollars en 2022 et 2023, dont certains directement liés à des cyberattaques et des ransomwares. En 2022, le groupe Lazarus, lié à la Corée du Nord, a utilisé un mixeur pour blanchir 615 millions de dollars (plus de 520 millions d’euros) volés lors du piratage du jeu Axie Infinity. Les hackers ont subtilisé des Ethereum (ETH) et les ont envoyés à Tornado Cash qui a fragmenté puis redistribué ces ETH vers des centaines d’adresses différentes, rendant le suivi impossible. Les fonds ont ensuite été convertis en monnaie fiduciaire via des guichets asiatiques ou réinvestis dans des casinos en ligne.
Relier une adresse à une identité
Les cellules de renseignements publiques comme Tracfin en France, Europol dans l’Union européenne, ou privées telles que Chainanalysis utilisée par le FBI ou Interpol peuvent identifier des schémas de blanchiment sur la blockchain. Mais relier une adresse à une identité relève de la seule volonté de l’intermédiaire.
Un exemple rapporté par l’ICIJ illustre ce piège. Entre juillet 2024 et juillet 2025, des adresses associées au groupe cambodgien Huione ont transféré au moins 408 millions de dollars (345,8 millions d’euros) en stablecoins USDT vers des comptes clients sur Binance. Ces transactions se sont poursuivies malgré le classement d’Huione en tant qu’entité majeure de blanchiment d’argent, ou primary money laundering concern, dès le 1er mai 2025, par le Financial Crimes Enforcement Network, un département du Trésor américain.
La visibilité des transactions n’est pas en cause. Ce qui l’est, c’est la difficulté à convertir cette visibilité en attribution fiable et en action rapide, comme le gel, la saisie ou les poursuites.
Les intermédiaires, le talon d’Achille de la traçabilité
Tant que les fonds en cryptomonnaie restent dans la blockchain (« on-chain »), leur traçabilité est totale. En revanche, dès que les fonds sortent de la blockchain (« off-chain ») par une conversion en monnaie légale ou l’achat d’actifs financiers… tout dépend des intermédiaires (plateformes, prestataires de paiement…). Ces derniers jouent un rôle comparable à celui de douaniers. Eux seuls peuvent relier une adresse à une identité, condition indispensable pour déclencher une action judiciaire.
L’enquête de l’ICIJ insiste sur une réalité moins technologique qu’institutionnelle. Même lorsque des signaux d’alerte existent, la réaction des intermédiaires peut être tardive, incomplète ou absente. Leur activité demeure structurée par un modèle économique fondé sur les volumes et les frais.
Binance, la principale plateforme, a généré plus de 17 milliards de dollars (14,4 milliards d’euros) de commissions sur les transactions en 2023. Cela crée une tension durable entre la croissance des flux, génératrice de revenus, et la traque des flux illicites. Comme le secret bancaire suisse dans les années 1990, les intermédiaires crypto aujourd’hui privilégient la rentabilité à court terme au détriment de la lutte contre la criminalité financière.
La différence ? Leur modèle est encore plus difficile à réguler, car il repose sur une technologie conçue pour contourner les contrôles.
Trois obstacles se cumulent.
Complexité technique
Les fonds peuvent changer de libellé, circuler via des services de swaps qui permettent d’échanger instantanément une cryptomonnaie contre une autre, franchir des ponts entre blockchains, ou emprunter des infrastructures décentralisées. Chaque étape n’efface pas la trace, mais multiplie les embranchements, donc les hypothèses, et accroît la difficulté probatoire.
Fragmentation juridique
Les plateformes, les prestataires et les serveurs sont dispersés géographiquement. L’entraide judiciaire internationale est lente. Et certaines juridictions sont peu coopératives, notamment dans les paradis fiscaux.
Asymétries économique et temporelle
Un criminel peut créer une nouvelle adresse en quelques clics alors qu’un enquêteur doit engager des procédures multiples dont l’issue est incertaine. L’ICIJ souligne l’émergence de crypto-to-cash desks qui permettent de convertir de grosses sommes de crypto en cash, avec des contrôles variables.
L’Union européenne a créé deux instruments majeurs pour renforcent la traçabilité aux points d’entrée et de sortie du système régulé.
Le règlement européen Markets in Crypto-Assets, dit MiCA encadre les prestataires de services sur crypto-actifs via un régime d’autorisation depuis le 30 décembre 2024. Il crée de fait des exigences de gouvernance et des obligations de conformité.
Leurs limites sont intrinsèques. Ils ne couvrent ni les échanges de pair à pair qui se réalisent sans intermédiaire (via des groupes Telegram), ni les plateformes offshore, localisées dans des paradis fiscaux, ni les portefeuilles auto-hébergés (MetaMask, Ledger…) où l’utilisateur contrôle seul ses clés.
En clair, la réglementation sécurise le pont sans combler les fossés.
La transparence ne suffit pas
Affirmer que « la blockchain est transparente » est un leurre. Cette transparence ne porte que sur les mouvements de fonds, jamais sur les acteurs et sur leur identité. La lutte contre le blanchiment se joue aux marges du système, c’est-à-dire dans la rigueur des contrôles Know Your Customer, la réactivité des plateformes, et la coopération internationale.
Trois priorités semblent aujourd’hui s’imposer :
harmoniser les règles pour éviter l’arbitrage entre des juridictions permissives et d’autres, strictes ;
doter les enquêteurs de moyens techniques et juridiques adaptés ;
sanctionner réellement les intermédiaires défaillants, afin de transformer la transparence en responsabilité.
Au vu de l’expérience de la coopération internationale pour lutter contre les paradis fiscaux, on peut supposer que le chemin sera, sans nul doute, périlleux pour atteindre ces priorités. Sans elles, la blockchain restera un registre ouvert où les criminels savent tourner les pages sans y laisser leur nom.
Jean-Marc Figuet ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.
Source: The Conversation – in French – By Saliou Dit Baba Diallo, Docteur en Histoire moderne et contemporaine, Université Cheikh Anta Diop de Dakar
Chaque année, des milliers d’étudiants africains se rendent en France pour des études supérieures. Le récit qui accompagne leur départ est optimiste : acquérir des compétences, obtenir un diplôme reconnu, puis rentrer pour contribuer au développement de leur pays. Pourtant, pour beaucoup, la fin du cursus ne signifie pas un retour immédiat, mais une période d’incertitude. Rester en France ou rentrer au pays ? Cette question, rarement abordée frontalement, constitue un moment complexe de l’expérience migratoire étudiante.
Pour avoir étudié la situation des étudiants migrants africains en France, j’ai constaté que cette question dépasse le choix individuel, mêlant politiques migratoires, marché du travail, attentes familiales et trajectoires personnelles.
Une mobilité pensée comme temporaire
Dès l’obtention du visa étudiant, le cadre institutionnel est clair : le séjour est provisoire. Dans les années 2010, l’engagement de retour faisait partie des démarches administratives. Les renouvellements de titre de séjour rappelaient implicitement que la formation devait être suivie d’un départ. Cette logique s’inscrit dans une vision largement partagée : former puis voir repartir. Dans le débat public français, la présence prolongée d’anciens étudiants étrangers suscite parfois incompréhension ou suspicion. L’étudiant est perçu comme visiteur académique, non comme futur acteur du marché du travail. Cette conception se heurte rapidement aux réalités vécues.
À leur arrivée, de nombreux étudiants africains affirment vouloir rentrer. Mais les projets migratoires évoluent selon expériences, opportunités et contraintes. Durant les études, les étudiants construisent réseaux sociaux et professionnels, découvrent le marché du travail français et constatent les difficultés d’insertion dans leur pays. Le retour, initialement évident, devient conditionnel : « après avoir travaillé un peu », « une fois stabilisé », « lorsque les conditions seront réunies ». Cette redéfinition n’est pas de l’opportunisme, mais une adaptation à des contextes souvent incertains.
L’après-université, période sous pression
Contrairement à une idée reçue, la fin des études n’est pas un relâchement, mais une période de forte tension : trouver un emploi, régulariser sa situation et décider de son avenir géographique. En France, l’accès à l’emploi est la principale voie de régularisation. Sans contrat répondant aux exigences administratives, le maintien sur le territoire devient difficile. Cette situation entraîne des choix contraints, souvent dans des délais courts, accentuant la vulnérabilité au moment charnière du parcours de vie.
Les perspectives d’insertion varient selon les disciplines. Dans les années 2010, diplômés des filières scientifiques et numériques bénéficiaient de meilleures opportunités d’emploi et pouvaient plus facilement changer de statut. Les étudiants en lettres, sciences humaines et sociales se retrouvaient plus souvent dans des emplois précaires, insuffisants pour régulariser leur situation.
Cette inégalité structurelle influence la décision de rester ou rentrer. Les doctorants disposent de contrats, allocations et réseaux académiques leur offrant davantage de marges de manœuvre, parfois jusqu’à la naturalisation. La trajectoire dépend ainsi moins de la volonté individuelle que de la position dans le système académique et professionnel.
Enfin, l’accès au logement accentue également ces inégalités : les étudiants des filières scientifiques et numériques, mieux rémunérés ou disposant de contrats doctoraux, peuvent se loger plus facilement et stabiliser leur parcours. À l’inverse, les étudiants en lettres et sciences humaines, souvent confrontés à des emplois précaires, voient leur choix de rester ou de rentrer fortement conditionné par des difficultés d’hébergement.
Rentrer : un choix non neutre
Le retour est souvent présenté comme moral ou patriotique. En réalité, il recouvre des situations diverses. Certains étudiants rentrent dans de bonnes conditions : postes préparés à distance, réseaux solides, dispositifs institutionnels. Pour d’autres, le retour survient sous contrainte : perte de titre de séjour, refus de l’irrégularité, épuisement moral ou échec administratif. Ces trajectoires restent invisibles dans les statistiques et les discours publics, marginalisées dans les politiques, en Europe comme en Afrique.
Les données de Campus France publiées ces dernières années indiquent qu’environ 50 % des étudiants étrangers restent en France jusqu’à quatre ans après la fin de leurs études, qu’ils ne sont plus qu’environ 33 % au bout de sept ans et seulement près de 20 % après dix ans, la majorité finissant par retourner dans leur pays d’origine ou par s’installer ailleurs. Ces chiffres ne sont pas figés : ils dépendent notamment du pays d’origine, du niveau de diplôme, des opportunités professionnelles, des trajectoires familiales et des cadres juridiques (permis de travail, titres de séjour, etc.).
Rester ou rentrer n’est jamais strictement personnel. La décision se construit sous l’influence de multiples acteurs : administrations, employeurs, famille, parfois communauté d’origine. Les attentes familiales jouent un rôle central : le diplôme à l’étranger est associé à l’espoir de réussite sociale ou de soutien économique.
Rentrer sans emploi peut être perçu comme un échec socialement coûteux. Cette pression s’ajoute à celle des institutions (universités, préfectures, municipalités, etc.), qui considèrent encore la mobilité étudiante en termes de contrôle, sans réel accompagnement de l’après-formation.
Penser autrement la mobilité étudiante
Opposer rester ou rentrer conduit à une impasse analytique. Les trajectoires des étudiants africains en France s’inscrivent de plus en plus dans des logiques de circulation : allers-retours, mobilités temporaires, projets transnationaux. Penser la mobilité seulement à travers la « fuite des cerveaux » ou le retour obligatoire empêche de saisir cette complexité. Former sans anticiper l’après-formation produit incertitude et précarité. Reconnaître la pluralité des trajectoires permettrait de mieux accompagner les étudiants, valoriser leurs compétences et renforcer les liens entre pays d’accueil et pays d’origine.
Derrière chaque décision de rester ou rentrer se cache une histoire singulière, faite d’espoirs, d’ajustements et de renoncements. Rendre visibles ces parcours permet de dépasser jugements moraux et discours simplificateurs. Avec la croissance de la mobilité étudiante internationale, il devient essentiel de considérer l’après-études comme une phase à part entière du parcours migratoire. Ainsi, la formation internationale profitera aux individus, aux sociétés d’accueil et aux pays africains.
Saliou Dit Baba Diallo does not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organisation that would benefit from this article, and has disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.
Alex Kormann/The Minnesota Star Tribune and Michael Ochs Archives, via Getty
In January, over the course of three days, Bruce Springsteen wrote, recorded and released the political protest song Streets of Minneapolis.
The song’s release was a matter of urgency and reflects Springsteen’s fury towards the Minneapolis immigration enforcement operation from the United States Department of Homeland Security with around 2,000 Immigration and Customs Enforcement (ICE) officers and agents.
Last month, Renée Good and Alex Pretti were killed by ICE in separate incidents. In his lyrics, Springsteen names them as a memorial tribute, “citizens [who] stood for justice”. He refers to ICE as “King Trump’s private army”.
Springsteen marches in the footsteps of protest songs from legendary artists such as Woody Guthrie and Bob Dylan who raised their lyrical voices in a direct response against injustice.
The Dust Bowl migrants
On January 30 Tom Morello, the guitarist with social activist rock band Rage Against the Machine, held a benefit concert to support the families of the Minneapolis ICE shooting victims.
Morello described it as “a concert of solidarity and resistance to defend Minnesota” and against “the rising tide of the state of terror”.
Springsteen was a surprise guest artist. In addition to performing Streets of Minneapolis he played his 1995 song, The Ghost of Tom Joad.
Tom Joad is a character in John Steinbeck’s 1939 novel The Grapes of Wrath, about the Dust Bowl migrants from Oklahoma. During the Great Depression, the Dust Bowl migrants left Oklahoma and travelled west, forced off the land by drought and the intensive farming methods. Springsteen’s song describes “the new world order” where homelessness, policing and inequality prevail.
Woody Guthrie also sang about Tom Joad on his 1940 album Dust Bowl Ballads. Guthrie travelled south to California with migrants who scraped a living working in others’ fields and picking fruit in others’ orchards.
Tom Joad is a working class man who stands up to authority through the call for collective action. Guthrie’s two songs about the character featured on Guthrie’s first and most successful recording, bring national attention to the plight of the Dust Bowl farmers.
When Robert Zimmerman left his parental home in Hibbing, Minnesota, to reinvent himself in New York as Bob Dylan, he achieved his desire to meet Guthrie.
One of Dylan’s very early compositions was The Death Of Emmett Till, which he performed for a Congress on Racial Equality benefit concert in 1962. It didn’t appear on an album until the compilation album Broadside Ballads, Vol.6, in 1972, under his pseudonym Blind Boy Grunt.
Emmett Till was a 14-year-old Black boy who was brutally murdered in 1955 by two white brothers in Mississippi. His murder, and their acquittal by an all white jury, caused public outrage, and became a catalyst of the Civil Rights Movement. Emmett Till has been memorialised in many songs, but Dylan’s focus, with an accusation in the lyrics that the jury “helped the brothers”, is the most well-known tribute.
Dylan went on to write many songs for the civil rights movement and anti-war songs such as Blowin’ In The Wind, Masters of War and A Hard Rain’s Gonna Fall, all on his second album, The Freewheelin’ Bob Dylan (1963).
The Vietnam War
In 1970, Neil Young composed Ohio about the murder by Ohio National Guard of four protesters against the Vietnam War on the campus of Kent State University. The song was recorded by Crosby, Stills, Nash and Young but the studio version only appeared on the 1974 compilation, So Far.
The activist rock song became an anthem of the anti-Vietnam War movement. Young’s horror toward the killing of protestors motivated him to write and record the song quickly, with a rush to release it.
The song got radio play, but was banned by some stations for its anti-war sentiments. Within three weeks of the shooting, it reached number 14 on the Billboard charts. The opening lyrics, “Tin soldiers and Nixon coming, we’re finally on our own”, remarks on a heightened state of alert for ordinary people.
Trump’s America
The title of Lucinda Williams’ first overtly political album, 2025’s World’s Gone Wrong, echoes Dylan’s 1993 album, World Gone Wrong.
Music magazine Uncut called it a “compelling, compassionate, state of the nation address”.
The album focuses on the destruction of civil society in Trump’s America. Something’s Gotta Give is a song of anger and disillusionment with America. Black Tears connects present day America to its long history of injustice with the lyrics “400 years is long enough, How long will [Black tears] rain down?”.
Jesse Welles’ song Join ICE is a satirical recruitment song, adopting the tone of a recruitment pitch to expose the abuse of power “If you’re lackin’ control and authority, come with me and hunt down minorities,” he sings.
Popular music, especially in America, has always been bound up with political commentary.
But it hasn’t always been on the side of the oppressed. Written and sung by Staff Sergeant Barry Sadler, The Ballad Of The Green Berets, supporting the United States Army Special Forces in Vietnam, was number one on the Billboard singles charts for five weeks in 1966.
Can a Trump acolyte manage a similar feat about ICE?
The authors do not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organisation that would benefit from this article, and have disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.
Bronwyn Cumbo receives funding from the Australia Public Policy Challenge Grant for her research investigating possibilities and challenges to establishing New South Wales as a sustainable data centre hub.
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Loin d’être de simples symboles guerriers, les épées, lances et boucliers mis au jour témoignent d’une société où les armes exprimaient autant la perte et le deuil que la force et le statut.
Lors d’une récente fouille archéologique à laquelle j’ai pris part, quatre épées anglo-saxonnes anciennes ont été mises au jour. Chacune éclaire la manière dont les armes étaient perçues à l’époque. Plus surprenant encore, un enfant a été retrouvé enterré avec une lance et un bouclier. Faut-il y voir la trace d’un combattant trop jeune pour l’être ? Ou ces objets revêtaient-ils une portée symbolique dépassant largement le seul cadre de la guerre ?
Les armes sont porteuses de valeurs. Les chevaliers Jedi de la franchise Star Wars incarneraient-ils la même noblesse s’ils maniaient des couteaux plutôt que des sabres laser ? Aujourd’hui, les armées modernes font la guerre à distance, à coups de missiles et de drones, ou s’appuient sur des dispositifs mécaniques mêlant armes à feu et blindage. Pourtant, dans de nombreux pays, l’épée demeure un attribut cérémoniel des officiers – au point que la porter de travers peut encore suffire à démasquer un imposteur.
La fouille, que j’ai menée avec l’archéologue Andrew Richardson, portait sur un cimetière du haut Moyen Âge, et les épées ont été découvertes dans des sépultures. Notre équipe, composée de chercheurs de l’Université du Lancashire et d’Isle Heritage, a fouillé au total une quarantaine de tombes. Cette découverte est visible dans l’émission de BBC2 Digging for Britain.
L’une des épées mises au jour se distingue par un pommeau en argent décoré (la partie arrière de la poignée) et par un anneau fixé à la poignée. Il s’agit d’un objet du VIe siècle prestigieux et d’une grande beauté, conservé dans un fourreau doublé de fourrure de castor. L’autre épée présente une petite garde en argent et une large embouchure de fourreau dorée et côtelée – deux éléments de styles artistiques différents, issus de périodes distinctes, réunis sur une même arme.
Ce mélange se retrouve également dans le trésor de Staffordshire, découvert en 2009, qui comprenait 78 pommeaux et 100 collerettes de poignée, datés sur une large période allant du Ve au VIIe siècle de notre ère. Au Moyen Âge, les épées – ou certaines de leurs parties – étaient conservées, transmises et entretenues par leurs propriétaires. Les armes anciennes étaient souvent plus estimées que les neuves.
Le poème en vieil-anglais Beowulf, probablement composé entre le VIIIe et le début du XIe siècle, offre un vocabulaire particulièrement riche pour parler des épées : il y est question de l’« épée ancienne » (ealdsweord), de l’« épée d’autrefois » (gomelswyrd), ou encore d’objets transmis en héritage (yrfelafe). Le texte évoque aussi des « armes durcies par les blessures » (waepen wundum heard), façonnées autant par l’usage que par le temps.
Deux énigmes consacrées à l’épée figurent également dans le Livre d’Exeter, un vaste recueil de poésie mis par écrit au Xe siècle, mais qui renvoie sans doute à des représentations plus anciennes. Dans l’énigme 80, l’arme se définit elle-même comme « a warrior’s shoulder-companion », « la compagne d’épaule du guerrier ». Une formule qui fait écho de manière frappante à nos découvertes du VIe siècle : dans chaque sépulture, la poignée de l’épée était placée contre l’épaule, tandis que le bras du défunt semblait enlacer l’arme.
Un geste comparable a déjà été observé dans des sépultures de Dover Buckland, également dans le Kent. Deux autres cas ont été recensés à Blacknall Field, dans le Wiltshire, et un à West Garth Gardens, dans le Suffolk. Notons qu’il est rare de voir quatre individus enterrés de cette manière au sein d’un même cimetière – d’autant plus qu’ils ont été découverts à très faible distance les uns des autres.
La zone du cimetière que nous avons fouillée comprend plusieurs tombes avec armes, disposées autour d’une sépulture profonde entourée d’un fossé circulaire. Un petit tertre de terre devait à l’origine recouvrir cette tombe, la rendant visible et la distinguant clairement dans le paysage funéraire.
La sépulture la plus ancienne – celle qui a servi de repère pour l’implantation des autres tombes avec armes – contenait un homme dépourvu de tout objet métallique ou armement. Les tombes armées sont surtout attestées dans les générations qui entourent le milieu du VIe siècle : il est donc probable que cet individu ait été enterré avant que ne s’impose l’usage de déposer des armes avec les morts. Peut-être parce que, durant la période troublée de la fin du Ve siècle et des toutes premières années du VIe, les armes étaient jugées trop précieuses pour être soustraites à la défense des vivants.
La découverte d’une tombe d’enfant âgé de 10 à 12 ans, accompagné d’une lance et d’un bouclier, vient renforcer cette interprétation. La courbure de sa colonne vertébrale rend peu probable qu’il ait pu manier ces armes de manière fonctionnelle.
Une seconde sépulture, celle d’un enfant encore plus jeune, contenait une large boucle de ceinture en argent. L’objet était manifestement trop grand pour un garçon de deux à trois ans. Ce type de dépôt est habituellement associé à des hommes adultes : les grandes boucles de ceinture constituaient un symbole de fonction dans les contextes de la fin de l’Antiquité romaine et du haut Moyen Âge, comme en témoignent, par exemple, les spectaculaires exemplaires en or de Sutton Hoo.
La découverte d’une tombe d’enfant âgé de 10 à 12 ans, comprenant une lance et un bouclier, vient compléter ce tableau. La courbure de sa colonne vertébrale rendait peu probable un usage aisé de ces armes.
Une deuxième tombe, celle d’un enfant encore plus jeune, a livré une large boucle de ceinture en argent. L’objet, de toute évidence, était bien trop grand pour un garçon âgé de deux à trois ans. De tels dépôts funéraires sont habituellement réservés à des hommes adultes : dans l’Antiquité tardive et le haut Moyen Âge, les grandes boucles de ceinture faisaient office de marqueurs de rang ou de fonction, comme l’illustrent les spectaculaires exemplaires en or découverts à Sutton Hoo.
Alors pourquoi ces objets ont-ils été déposés dans les tombes ? De récents résultats d’analyses ADN soulignent l’importance de la filiation masculine, en particulier celle transmise par le chromosome Y. À West Heslerton, dans l’est du Yorkshire, des analyses génétiques montrent l’existence de liens biologiques entre des hommes enterrés à proximité les uns des autres. Beaucoup d’entre eux étaient accompagnés d’armes, dont l’un inhumé avec une épée et deux lances. Plusieurs autres sépultures masculines ont été disposées autour de cet ancêtre fortement armé.
Nous n’affirmons pas pour autant que les armes anciennes étaient uniquement cérémonielles. Les entailles visibles sur les boucliers et l’usure des lames témoignent d’un usage réel, lié à l’entraînement comme au combat. Les blessures et les morts précoces observées sur les squelettes attestent de l’usage bien réel des armes dans la société du haut Moyen Âge. De son côté, la poésie anglaise ancienne parle autant de deuil que d’héroïsme.
Comme le montre Beowulf, le sentiment de perte était étroitement lié à la mise en scène des morts masculins et de leurs armes, mais aussi aux inquiétudes face à l’avenir :
The Geat people built a pyre for Beowulf, Beowulf’s funeral
(Le peuple des Goths érigea un bûcher pour Beowulf, pour les funérailles de Beowulf)
stacked and decked it until it stood four-square,
(l’empilant et l’ornant jusqu’à ce qu’il se dresse, solide et parfaitement carré,)
hung with helmets, heavy war-shields
(garni de casques, de lourds boucliers de guerre)
and shining armour, just as he had ordered.
(et d’armures étincelantes, comme il l’avait ordonné.)
Then his warriors laid him in the middle of it,
(Puis ses guerriers le déposèrent en son centre,)
mourning a lord far-famed and beloved.
(pleurant un seigneur illustre et aimé.)
Les armes déposées dans nos tombes relevaient autant de l’expression de la perte et du deuil que d’une affirmation matérielle de la force, de la masculinité et de la lignée masculine. Même des guerriers aguerris, endurcis par les combats et par l’âge, pleuraient leurs morts et les enterraient avec des armes – des épées notamment – porteuses d’histoires.
La lance, le bouclier et les boucles de ceinture découverts dans de petites tombes parlaient des hommes que ces enfants auraient pu devenir.
Duncan Sayer tient à remercier le Dr Andrew Richardson, codirecteur du projet de fouilles de l’est du Kent.
Agnes Hathaway (Jessie Buckley) et son faucon dans « Hamnet ». Focus Features
Dans deux films récents consacrés à la vie des femmes au Moyen Âge, on observe la présence de faucons, symboles de pouvoir et, au risque d’employer un anachronisme, d’émancipation avant l’heure.
Les faucons prennent leur envol au cinéma. Dans deux adaptations littéraires récentes — Hamnet et H is for Hawk —, ces oiseaux sont intimement liés à la vie et aux émotions de leurs héroïnes respectives : Agnes Shakespeare (née Hathaway) et Helen Macdonald.
La symbolique des rapaces est au cœur de ces deux nouveaux films : Hamnet, l’adaptation par Chloé Zhao du roman de Maggie O’Farrell paru en 2020, et H is for Hawk, tiré des mémoires de Macdonald publiés en 2014 et traduits en français par M pour Mabel. Dans ces films, les faucons deviennent des figures complexes et ambivalentes.
Si Hamnet se déroule à l’époque élisabéthaine, H is for Hawk prend place dans le monde contemporain. Mais une histoire encore plus ancienne retrace la relation entre femmes et oiseaux de proie. Mes recherches montrent qu’au Moyen Âge déjà, cette relation était multiforme. Bien plus qu’un accessoire de mode, les faucons offraient aux femmes un moyen d’affirmer leur genre, leur pouvoir et leur statut social dans un monde largement dominé par les hommes.
Au Moyen Âge, le dressage des faucons — subtil jeu d’équilibre entre contrôle et liberté — était fréquemment associé à la cour amoureuse entre hommes et femmes.
La dimension romantique de la fauconnerie transparaît dans les œuvres d’art, les objets et la littérature de l’époque. Des scènes d’hommes et de femmes chassant ensemble à l’aide de faucons figurent parmi un large éventail d’artéfacts médiévaux : tapisseries ornant murs de châteaux, étuis décorés servant à protéger les miroirs à main…
La plus grande tapisserie des Devonshire Hunthing Tapestries — un ensemble de quatre tapisseries du XVe siècle — est entièrement consacrée à la fauconnerie. Des amoureux y sont représentés en train de se promener bras dessus bras dessous, pendant que leurs oiseaux chassent le gibier.
Deux étuis à miroir du XIVe siècle, conservés au British Museum et au Metropolitan Museum of Art, représentent des couples à cheval, tenant des faucons. Ces miroirs ont probablement été offerts comme gages d’amour. La littérature médiévale regorge elle aussi de références à des femmes accompagnées de faucons, voire représentées comme tels.
Mais la figure de la femme-faucon qu’il faudrait « dompter et contrôler » ne renvoie toutefois pas à une soumission féminine. Au contraire, la fauconnerie et sa symbolique permettaient aux femmes de l’élite médiévale d’exprimer leur autorité et leur autonomie.
Se définir à travers l’image
Lorsque les femmes de haut rang avaient la possibilité de se représenter à travers la culture visuelle, elles choisissaient souvent d’y inclure des oiseaux de proie. Cela était notamment visible sur les sceaux, cachets officiels souvent utilisés à l’époque médiévale pour authentifier les documents juridiques. Le sceau constituait la marque d’identification de la personne qui l’apposait, et renvoyait à son statut social et à son autorité. L’iconographie des sceaux et les matrices servant à les produire reflétaient la manière dont les femmes de haut rang voulaient être perçues par le monde.
Elizabeth de Rhuddlan, la plus jeune fille du roi Edouard Ier d’Angleterre et d’Eleonore de Castille, a choisi pour la matrice de son sceau personnel, un motif particulièrement répandu chez les femmes du XIIIe siècle : une femme debout, corps légèrement tourné vers un rapace docile posé sur sa main gauche.
Une autre matrice du même siècle montre Elizabeth, dame de Sevorc, à cheval, assise en amazone, tenant un faucon dans une main et la serre d’un aigle dans l’autre.
À travers ces sceaux, les femmes médiévales affirmaient leur maîtrise des rapaces, mais surtout, leur appartenance à un cercle féminin puissant.
Une dame observe son faucon volant en direction d’un canard. Scène tirée du livre d’heures Taymouth Hours. British Library
Des archives montrent par ailleurs que reines et dames ont créé et administré des parcs et domaines de chasse. Elles pratiquaient la fauconnerie ensemble, dressaient les rapaces et les offraient même parfois en cadeau.
Certaines petites espèces, comme le faucon merlin, étaient jugées plus convenables pour les femmes. Dans le film H is for Hawk, Helen (Claire Fory) refuse de se contenter d’un faucon merlin, qu’elle rejette comme « oiseau de dame ». Effectivement, les femmes du Moyen Âge n’acceptaient pas toujours, loin de là, de se plier aux règles prescrites par les manuels de bonne conduite.
Margaret Beaufort, la grand-mère paternelle d’Henry VIII, possédait de nombreux rapaces : faucons merlins, lanerets… mais aussi de grandes espèces comme des autours et des faucons lanier.
Le parc à daims qu’elle fit aménager autour de son palais de Collyweston, dans le Northamptonshire, se prêtait parfaitement à la fauconnerie. Sa belle-fille, la reine Elizabeth de York, qui disposait de ses propres appartements au palais, chassait quant à elle avec des autours.
Dans certains cas, les femmes semblent même avoir été reconnues comme de véritables expertes dans le domaine de la fauconnerie. Les Heures Taymouth, un livre d’heures enluminé du XIVe siècle, probablement destiné à une femme d’origine royale, montre des femmes coiffées de parures, chassant le colvert à l’aide de grands rapaces. Leur posture affirme leur autorité, leur savoir-faire et leur contrôle sur les oiseaux.
Au siècle suivant, Dame Juliana de Berners, prieure du monastère de Sopwell, est considérée comme l’autrice — en partie — du Boke of St Albans, un ouvrage traitant de la chasse et de la fauconnerie.
Une dame observant son faucon abattre un canard dans le manuscrit de Yates Thompson. British Library
Des recherches menées par English Heritage ont par ailleurs révélé que certaines femmes pouvaient gagner leur vie grâce à leur expertise en matière de dressage de faucons. Au milieu du XIIIe siècle, une femme nommée Ymayna était la gardienne des faucons et des chiens du comte de Richmond. En échange de ses services, elle et sa famille obtinrent le droit d’exploiter des terres voisines.
Si Ymayna constitue une figure exceptionnelle dans un milieu largement masculin, son parcours laisse penser que d’autres femmes ont exercé des fonctions similaires, bien que leurs noms soient absents de tout document historique.
Les textes littéraires révèlent que la fauconnerie favorisait la socialisation et la solidarité entre femmes. Dans le poème Sir Orfeo, écrit en moyen anglais, Orfeo aperçoit un groupe de soixante femmes à cheval, chacune tenant un faucon.
Une dame chasse à l’aide d’un faucon, image issue du Yates Thompson manuscript. British Library
Dans Hamnet, Agnes explique à son mari William Shakespeare que son gant de fauconnerie lui a été offert par sa mère. Les femmes du Moyen Âge et du début de l’époque moderne s’offraient des cadeaux entre elles, y compris des gants. Mes recherches suggèrent toutefois que les oiseaux de proie étaient plus fréquemment offerts comme cadeaux entre femmes et hommes.
Margaret Beaufort donnait et recevait des rapaces de la part de parents et de proches masculins, parmi lesquels son jeune petit-fils, le futur Henri VIII. Les rapaces étaient considérés comme étant des cadeaux convenables lors d’occasions et évènements marquants. En 1525, Margaret Pole, comtesse de Salisbury, offrit par exemple trois faucons à son neveu Henry Courtenay pour célébrer son accession au titre de marquis d’Exeter.
Le fait que des femmes puissantes propriétaires de terres aient pris part aux échanges rituels de rapaces avec des hommes montre que la fauconnerie ne relevait pas uniquement d’une expression féminine du pouvoir. En possédant des domaines de chasse et en donnant ou recevant des oiseaux de proie, elles s’inscrivaient dans un univers traditionnellement masculin : celui de la chasse et de la générosité seigneuriale.
Rachel Delman a reçu des financements du Arts and Humanities Research Council (2013-2016) et du Leverhulme Trust (2019-2022).
Source: The Conversation – in French – By Romain Huret, Président de l’EHESS, historien des Etats-Unis, École des Hautes Études en Sciences Sociales (EHESS)
Pour combler le manque d’écrits d’hommes célibataires, Romain Huret s’est appuyé sur un stock de photos documentant leur vie, comme celle-ci, prise en 1937 dans le Michigan. Russell Lee/Public Domain, CC BY
Historien spécialiste des États-Unis, Romain Huret a publié fin janvier « Les oubliés de la Saint-Valentin » (éd. La Découverte), un livre dans lequel il met en lumière des vies de célibataires du XIXe siècle à nos jours. Battant en brèche le cliché du vieux garçon ou de la vieille fille isolée, il montre comment ces trajectoires « à l’ombre du mariage » ont eu un rôle déterminant dans la construction de nos sociétés.
Comment un historien spécialiste des États-Unis en vient-il à s’intéresser aux célibataires ?
Je suis entré dans cette histoire par un mouvement de contestation de la pénalité fiscale imposée aux célibataires, qui surgit dans les années 1960. Mouvement que j’avais étudié dans un autre livre. J’étais alors tombé un peu par hasard sur une pétition massive envoyée aux élus du Congrès, accompagnée d’énormément de lettres. Et en les regardant rapidement, j’avais été frappé des récits de vie que je lisais, des récits qui parlaient de discrimination professionnelle, d’un ras-le-bol vis-à-vis des préjugés sur les célibataires. Quand je suis revenu sur ces textes, j’ai vu tout un monde que je ne connaissais pas, un monde à l’ombre du mariage, qui méritait largement qu’on s’y intéresse.
C’est plutôt un sujet qu’on a l’habitude de voir traité par des démographes…
Oui, globalement il y avait assez peu de choses sur le sujet. Des travaux de démographes, mais qui ont tendance à resserrer le sujet sur celles et ceux qui vivent seuls tandis que moi j’ai voulu rendre la catégorie plus lâche possible. Intégrer toutes les formes d’expérience du célibat définitif, en m’intéressant sans distinction de sexe aux personnes non mariées de 35 ans et plus. Une des découvertes du livre, c’est que si on prend les années 1950 par exemple, 80 % de ces célibataires ne se déclarent pas seuls. Ils vivent avec des membres de leur famille, avec des proches, avec ce qu’ils appellent des « amis », terme un peu ambigu qui renvoie parfois à l’homosexualité.
Et à côté de ces travaux de démographe, il y a ceux des sociologues…
Ils se sont effectivement beaucoup intéressés à la question. Un des livres avec lequel j’ai intimement le plus discuté, c’est la célèbre étude de Pierre Bourdieu, Le Bal des célibataires. Bourdieu a eu tellement de mal avec ce qu’il appelle « l’énigme du célibat » qu’il s’y est repris à trois fois. Il a eu beaucoup de difficultés à comprendre pourquoi les gens restent célibataires dans un monde qui fait du mariage un élément cardinal. Pourquoi ces hommes, dans son Béarn natal, restaient-ils assis, seuls, sur des bancs pendant le bal ? Ils n’allaient pas danser, chercher une compagne. De voir ses amis d’enfance agir ainsi l’a complètement obsédé, avec un mélange d’intimité et de curiosité professionnelle.
Vous ne pouviez pas observer votre sujet au bal. Comment avez-vous travaillé ?
Mon problème, c’était que j’avais beaucoup d’archives concernant les femmes et très peu pour les hommes. Il faut savoir que la sociologie du célibat est très différente : les femmes célibataires ont un capital culturel, des diplômes, des emplois de classe moyenne là où les hommes non mariés ne passent pas par l’université, ont des emplois précaires et écrivent très peu. J’ai même failli arrêter le livre parce que je voyais bien qu’il y avait un écart grandissant entre tout ce que je savais sur les femmes et le peu de choses que j’arrivais à apprendre sur les hommes. J’ai trouvé cinquante journaux intimes. Il y en a 46 qui sont tenus par des femmes. Sur les quatre restants, il y en a un que je mets de côté, qui a été rédigé par un coureur de bois en Alaska au dos de bouteilles de lait, et qui évoque surtout la nature. Donc il ne m’en restait plus que trois. Il est intéressant de noter qu’ils sont tapés à la machine, comme si pour des hommes, écrire un journal intime, c’était un problème. Dans ces journaux, ils ne parlent que de politique. C’est très rare qu’ils parlent d’eux.
Comment vous en êtes-vous sorti ?
J’ai eu recours à d’autres documents, notamment les photographies. Je les ai utilisées pour cartographier la vie de ces hommes. Notamment des photos prises dans les années 1930 par les photographes qui travaillaient pour le New Deal. Un fond qu’on connaît bien par la célèbre photo de Dorothea Lange, Migrant Mother. On y trouve énormément de clichés de célibataires, employés de l’industrie forestière, pétrolière, mineurs, etc.
Vous parliez du combat de certains célibataires contre la pénalité fiscale. Mais ce qu’on lit, c’est également le combat de l’État et de la société contre ces célibataires. Au nom de quoi les condamne-t-on ?
Il y a un corollaire à votre question : au nom de quoi défend-on la famille ? Les deux vont ensemble et l’histoire récente montre que c’est tout sauf fini. On voit très bien que dans les moments de forte défense de la famille et de sa fonction reproductive, on retrouve la dénonciation du célibat comme étant une forme de « dégénérescence personnelle ».
De « dégénérescence personnelle » ?
Oui, c’est le terme qui est utilisé au début du XXe siècle : dégénérescence personnelle, psychologique, psychanalytique. On cherche à expliquer les raisons du non-mariage et donc on va prêter aux célibataires toute une série de tares. Le stéréotype le plus connu, c’est la vieille fille avec ses chats, la Crazy Cat Lady, qui est très ancien et qui a pour but de dénoncer le fait que des femmes et des hommes refusent d’être conformes à cette fonction reproductive du mariage. S’ajoute à cela l’idée que dans des contextes de forte immigration, ils mettent aussi en péril la « race dominante ». Au début du XXe siècle, on pense que les célibataires sont responsables de ce qu’on appelle alors « le suicide de la race blanche », le fait que les populations protestantes pourraient faire de moins en moins d’enfants puisque les femmes ne souhaitent plus se marier.
Et qu’en disent les célibataires ?
Justement, c’est l’incompréhension de leur côté. J’ai vraiment voulu faire un pas de côté dans le livre, ne pas écrire seulement une histoire des représentations, de cette condamnation du célibat, pour montrer ce qu’ils étaient en vérité. Est-ce qu’on a là une bande d’êtres égoïstes, qui ne pensent qu’à eux, qu’à faire la fête ou à dénoncer la famille ? Non ! C’est souvent tout le contraire. Puisque ces célibataires, hommes et femmes, sont très insérés dans leurs propres familles. C’est extrêmement fort pour les femmes. Il y a toujours une fille dans la famille, une femme célibataire, qui va se « sacrifier », comme on disait au début du XXe siècle, pour la famille. Je cite d’ailleurs le cas d’une célibataire qui va être à l’origine de la fête des Mères. Elles ne sont pas du tout dans une hostilité au caractère sacré de la famille, bien au contraire !
Et les hommes ?
Eux aussi jouent un rôle très important puisqu’ils vont souvent être soutiens de famille. Et ils auront une importance cruciale pour assurer l’existence de l’économie capitaliste, en travaillant dans les secteurs les plus durs : le bois, le pétrole, le secteur agricole… Sans ces hommes célibataires, il n’y aurait pas eu d’économie capitaliste. Ce sont les petites mains du capitalisme. Donc cette idée que les célibataires auraient été des personnes dont les décisions auraient été contraires à l’intérêt de l’économie états-unienne est complètement fausse. Et ils en gardent un certain ressentiment.
Vous expliquez que c’est particulièrement vrai après la Seconde Guerre mondiale…
C’est un des pics du ressentiment, oui… Pendant la guerre, les célibataires vont assumer un rôle très important. Les femmes travaillent dans les usines, dans les champs, suppléent les hommes partis au front. Les hommes, même âgés, reprennent du service, par exemple dans les transports ferroviaires. Et à l’issue du conflit, période où la défense de l’ordre matrimonial revient au premier plan à cause de la Guerre froide, on voit réapparaître les stigmates contre les célibataires : les vieilles filles aigries, qui ont des problèmes psychologiques graves, ou les hommes, qui sont des pervers sexuels et des détraqués. Le célibataire le plus célèbre de 1960, il s’appelle Norman Bates. C’est le personnage de Psychose d’Hitchcock. Il vit avec sa mère. Il tue des femmes sous la douche.
Et les célibataires, évidemment, ne comprennent pas ce revirement, puisque beaucoup ont joué un rôle essentiel. Je cite l’exemple de ces femmes qui s’organisent pour créer une fête des vieilles filles, pour inverser le stigmate. Elles disent qu’on ne les célèbre jamais, qu’on ne leur offre pas de cadeaux parce qu’on a l’impression que ce qu’elles font pour la société est normal. C’est le moment pour elles d’avoir une reconnaissance civique de leur action. Il faut noter que les célibataires sont traditionnellement très impliqués dans les tissus associatifs, religieux, militants, notamment parce qu’ils ont plus de temps que les autres.
C’est un combat toujours d’actualité…
J’ai été étonné au moment des gilets jaunes de constater qu’on trouvait sur les ronds-points beaucoup de célibataires dans des configurations assez semblables à celles du livre. Et je pense qu’il y a vraiment un enjeu politique et social. Prenons le cas des aidants dont nous parlons beaucoup aujourd’hui. Ce statut, qui a donné lieu à des mesures politiques récentes, est intéressant parce qu’il est vraiment celui que réclamaient mes célibataires sans le formuler de cette manière-là. La réflexion sur la place des familles atypiques est à mon avis aussi essentielle aujourd’hui si on ne veut pas nourrir une machine à inégalité. Il ne s’agit pas de promouvoir le célibat, mais simplement de bien réfléchir au fait qu’il peut y avoir des inégalités fondées simplement sur le statut matrimonial. Les inégalités de statut ou de reconnaissance sociale expliquent peut-être pourquoi les célibataires sont aussi présents dans des formes de contestation qui peuvent prendre des tournures assez radicales, comme dans le cas des Incels ou des mouvements masculinistes.
Quand J. D. Vance, en 2021, fustige les vieilles filles à chat démocrates, on constate plutôt un retour en arrière sur ces questions…
Depuis une trentaine d’années, on a vu une résurgence très forte du discours conservateur et des attaques conservatrices aux États-Unis. Et depuis l’arrivée de Donald Trump et ses obsessions démographiques sur la fin de la race blanche, on voit ressurgir le stéréotype de la Crazy Cat Lady qui serait responsable de l’effondrement de la natalité et mettrait en péril la nation blanche. Tout ça est à nouveau complètement hors sol puisque beaucoup de ces femmes très éduquées élèvent des enfants, en adoptent, etc. Il ne veut pas voir la réalité de ces familles.
Des critiques qui s’adressent principalement aux femmes célibataires…
Oui, ce qui a changé de manière étonnante, c’est que les conservateurs, il y a 100 ans, n’aimaient pas non plus les hommes. Ils étaient vus comme égoïstes et peu soucieux de l’avenir collectif. Désormais Trump en fait des héros de la nation. Par ailleurs, il célèbre leur absence de diplôme et cela renvoie nettement à la sociologie de ce célibat. Dans l’industrie extractive, beaucoup d’ouvriers sont célibataires, pour des causes qui rappellent l’industrie forestière ou du pétrole au début du XXe siècle. Pensons par exemple à la fracturation hydraulique, une technique qui pousse les entreprises à se déplacer sans cesse, et donc bien peu compatible avec une vie de famille. Trump, aujourd’hui, se nourrit du célibat masculin. Célibat où se développent des mouvements Incels, qui se voient comme des victimes de femmes refusant leur rôle matrimonial. C’est quelque chose de très neuf. Les célibataires de Bourdieu dans le monde rural n’accusaient pas les femmes de ne pas vouloir se marier. Il n’y avait pas d’hostilité à l’égard des femmes, en tout cas, surtout pas d’hostilité alimentée par un dirigeant politique.
Propos recueillis par Laurent Bainier
Romain Huret ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.
Source: The Conversation – in French – By Justine Audebrand, Chercheuse associée au Laboratoire de médiévistique occidentale de Paris (UMR 8589), post-doctorante à l’Institut Historique Allemand, Université Paris 1 Panthéon-Sorbonne
Miniature extraite de _la Cité des dames_ (1405), de Christine de Pizan (1364-v. 1430).Wikimedia Commons
Au Moyen Âge, l’alphabétisation se décline en une palette de situations : savoir lire ne signifie pas qu’on est capable de composer un texte. Seule une petite élite maîtrise l’écriture. Mais dans cette élite, il y a des femmes. Qui étaient-elles ? Et dans quels types d’écrits se sont-elles illustrées ?
Le Moyen Âge apparaît souvent comme une période sombre pour les femmes : cloîtrées dans d’obscurs monastères ou soumises à leur mari, elles auraient été tenues écartées du pouvoir et de toute forme de culture écrite.
Ce cliché, comme beaucoup d’autres, sur les prétendus temps obscurs, apparaît à la Renaissance et se développe dans l’esprit des Lumières. Or, durant les six siècles qui suivent la fin de l’Empire romain, la condition féminine est très éloignée de cet imaginaire collectif. Dans les sphères du pouvoir ou du savoir, certaines femmes tiennent alors une place éminente, qui n’est pas tout à fait la même que ce que l’on verra entre les XIIᵉ et XVᵉ siècles.
Le Moyen Âge est une longue période et de nombreuses reconfigurations politiques, économiques ou religieuses changent et affectent la condition des femmes : celles de la fin de la période sont plus connues car nous possédons davantage de sources, mais celles du début ont parfois accès à des ressources économiques ou culturelles inattendues.
Les femmes ont aussi pris part à la culture de leur temps, c’est que montrent les recherches mises en avant dans la Vie des femmes au Moyen Âge. Une autre histoire VIᵉ-XIᵉ siècle (Perrin, 2026). À une époque où l’alphabétisation était faible, c’est parfois par les femmes que se transmettait la maîtrise de la lecture et de l’écriture.
Apprendre à écrire
Pour écrire, il faut bien sûr avoir appris le geste technique qui consiste à tracer des lettres sur du parchemin. Aujourd’hui, lecture et écriture s’apprennent ensemble mais, au Moyen Âge, beaucoup de personnes savent lire sans pour autant être capables d’écrire, si ce n’est leur nom.
L’alphabétisation médiévale se pense d’ailleurs comme un spectre : il y a un monde de pratiques entre savoir lire et être capable de composer un texte complexe en latin. De ce fait, la maîtrise complète de l’écriture est réservée à une petite élite, laïque ou ecclésiastique, et de plus en plus à des professionnels de l’écrit comme les notaires qui gagnent en importance à partir du XIIᵉ siècle. Par ailleurs, les laïcs les plus susceptibles d’avoir appris à lire et à écrire disposent aussi de secrétaires : au début du Moyen Âge par exemple, les aristocrates n’écrivent pas eux-mêmes leurs lettres mais les dictent à des secrétaires, voire ne leur donnent que quelques indications.
Les femmes ne sont pas exclues de ces logiques, bien au contraire. Dans l’aristocratie laïque de la première moitié du Moyen Âge, il n’est pas rare qu’elles reçoivent une éducation poussée.
La raison en est simple : elles sont bien souvent elles-mêmes en charge de l’éducation de leurs enfants. La reine Mathilde, épouse du roi de Germanie Henri Ier (919-936), sait par exemple lire et écrire, ce qui n’est pas le cas de son royal époux et, dans la famille ottonienne (du nom de leur fils, le roi puis empereur Otton Ier), ce sont souvent les femmes qui sont les plus lettrées.
Copistes et autrices
Ce n’est pourtant pas chez les laïcs mais au sein des monastères féminins que l’on trouve le plus de femmes qui savent écrire. L’acte le plus courant est la copie de manuscrits : avant l’invention de l’imprimerie, c’est cet inlassable travail qui permet la diffusion des œuvres.
On estime qu’environ 1 % des manuscrits médiévaux ont été copiés par des femmes. Cela peut paraître infime, mais il faut avoir en tête que l’immense majorité des manuscrits ne sont pas signés par leurs copistes et qu’on ne peut donc en réalité que rarement connaître le genre du ou de la copiste. Le travail des moniales est en tout cas loin d’être déconsidéré : à la fin du VIIIᵉ siècle, les nonnes de Chelles sont les principales pourvoyeuses en copies d’Augustin d’Hippone, un des pères de l’Église les plus lus au Moyen Âge. Elles reçoivent notamment des commandes des évêques de Cologne et de Wurtzbourg.
Il est donc logique que ce soit aussi dans les monastères que l’on trouve le plus d’autrices, c’est-à-dire de femmes qui ne se contentent pas de copier des œuvres et en composent de nouvelles. Aucun genre littéraire ne leur est interdit : elles écrivent de l’hagiographie – la vie de saints, hommes et femmes –, des textes annalistiques, des traités, de la poésie et même du théâtre.
La dramaturge et poétesse Hrotsvita, qui vit au monastère de Gandersheim (en Saxe) autour de 960, est ainsi considérée comme la « première poétesse allemande » même si elle écrit, comme la plupart de ses contemporains, en latin.
Ces textes de femmes ont été étudiés de diverses manières par les historiens, d’abord avec un brin de suspicion : quand les œuvres de Hrotsvita ont été redécouvertes au XIXᵉ siècle, d’éminents savants ont douté de leur attribution et ont cherché, en vain, à affirmer que la moniale n’avait jamais existé, ou jamais écrit…
Et ce n’est que dans les années 1980 que les spécialistes du Moyen Âge ont véritablement commencé à s’intéresser aux écrits des femmes médiévales d’avant Christine de Pizan. Ces travaux sont marqués par l’idée que l’écriture des hommes serait différente de celle des femmes. Il ne s’agit pas de l’écriture manuscrite, paléographique, puisque la différenciation genrée n’apparaît qu’au XVIIIᵉ siècle, mais du style.
Les femmes, même au Moyen Âge, parleraient plus facilement de leurs émotions et de leur famille. C’est sans doute vrai dans certains textes mais, en réalité, les textes écrits par des femmes montrent plus de similitudes que de différence avec ceux des hommes. Cela est dû, en partie, au poids des modèles anciens dans l’écriture médiévale : quand la moniale Baudonivie écrit la vie de la sainte reine Radegonde vers 600, elle a en tête le modèle par excellence qu’est la Vie de saint Martin, tout comme son contemporain Venance Fortunat qui consacre aussi un texte à la sainte.
Pour autant, en particulier à partir des XIIᵉ et XIIIᵉ siècles, il semble que l’écriture des femmes soit de plus en plus contrainte et que cela les cantonne parfois à certains types d’écrits. La grande réforme de l’Église connue sous le nom de réforme grégorienne cherche à mieux encadrer les pratiques des fidèles et à redéfinir le lien des femmes au sacré. Le développement des universités – réservées aux clercs et donc aux hommes – exclut aussi les femmes de tout un pan du savoir.
C’est dans ce cadre que fleurissent les femmes mystiques, dont les écrits vantent une proximité particulière avec la divinité. Mais là encore, la réalité est complexe : les visions de ces femmes sont souvent mises par écrit par leur confesseur ou un homme qui peut retravailler la matière transmise par la mystique. Même Hildegarde de Bingen, grande savante et abbesse du XIIᵉ siècle, a recours à un secrétaire. Au Moyen Âge, l’idée d’un auteur ou d’une autrice unique fonctionne rarement, et l’écrit des femmes comme celui des hommes fait souvent appel à une multitude d’intervenants ou intervenantes.
Justine Audebrand ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.