¿Tienen derechos las futuras generaciones? Los Estados comienzan a legislar para quienes aún no existen

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Jose Manuel Olivar Julián, Profesor de Derecho Internacional Público y Relaciones Internacionales, Universidad Pública de Navarra

Algunas constituciones ya reconocen derechos relacionados con el medioambiente a las futuras generaciones. AU USAnakul/Shutterstock

Las futuras generaciones heredarán este planeta. Aunque en ocasiones se incluya a los niños en esta definición, lo más adecuado sería referirse solamente a personas que aún no han nacido y de las que no conocemos ni sus nombres ni su apariencia ni sus deseos, pero que vendrán dentro de diez, cien o quizá mil años.

Nos planteamos si las futuras generaciones tienen derechos. La realidad es que casi la mitad de las constituciones de los Estados las mencionan y las vinculan a valores como la libertad, la justicia, la paz, la prosperidad, la democracia o la igualdad. En algunos países como Alemania, Noruega o Brasil incluso se les reconocen derechos en el ámbito del medioambiente.

Hungría, además de derechos relacionados con el medioambiente, reconoce a las futuras generaciones derechos culturales y creó una figura especializada para la defensa de sus derechos: el Comisionado Parlamentario para las Generaciones Futuras. Es de vital importancia, ya que estas no solo no se pueden defenderse por sí mismas, sino que no podemos ni siquiera conocer su voluntad. Debemos interpretarla desde nuestro deseo de legarles un mundo en el que puedan vivir con las mejores condiciones posibles. Algún día formarán parte de la humanidad como nos ocurrió a nosotros.

En el ámbito internacional existen varios tratados que hacen referencia a las futuras generaciones. La primera línea del preámbulo de la Carta de la Organización de las Naciones Unidas, el tratado más importante del derecho internacional actual, reconoce: “Nosotros los pueblos de las naciones unidas resueltos a preservar a las generaciones venideras del flagelo de la guerra…”. Tras esta frase, establece el actual diseño de la sociedad internacional de nuestros días.

¿Solo tienes derechos medioambientales?

Mas de 30 tratados que se firmaron tras la Carta hacen referencia a las futuras generaciones. Los derechos que a día de hoy se les reconocen son principalmente los relacionados con los aspectos medioambientales que se han desarrollado desde la Conferencia de Estocolmo en 1972 hasta nuestros días y que pasan por multitud de acuerdos, muchos de ellos potenciados por las diferentes cumbres de la Tierra que han tenido lugar. También se les reconocen algunos derechos culturales, pero aún queda por elaborar un catálogo completo de derechos y que este compendio sea admitido por todos los Estados.

El papel de liderazgo de la ONU respecto al reconocimiento de los derechos de las futuras generaciones se ha acelerado en los últimos años, y no solo por la aprobación de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de 2015, que ya tenía su base en acuerdos anteriores, sino por toda una serie de iniciativas, entre las que destaca la Cumbre del Futuro celebrada en septiembre de 2024 en Nueva York.

Entonces, se acordó por consenso una declaración sobre las generaciones futuras sin valor obligatorio. Dicha declaración incluye unos principios que servirán a los Estados e instituciones internacionales a esforzarse para que las futuras generaciones hereden un mundo en paz, con respeto a los derechos humanos y en el que las personas puedan prosperar.

Hay países, especialmente en África, donde lo que se transmite entre generaciones no es la riqueza ni la prosperidad, sino la pobreza, el hambre, la desigualdad y la injusticia, y debemos tratar de evitar que esta sea la herencia. Ciertamente, tenemos que esforzarnos en entregar a las siguientes generaciones un medioambiente limpio, sano y sostenible, pero también, como la declaración señala, un planeta en el que haya igualdad de género, ausencia de racismo y en el que puedan desarrollarse con plenitud las personas con alguna discapacidad.

Un punto fundamental para la ONU

Para cumplir con estas propuestas se hizo un llamamiento a la sociedad civil, al mundo académico y a las empresas. La propia ONU se comprometió, por su parte, a nombrar a un Enviado Especial para las Generaciones Futuras y volver a tratar este tema, esta vez de manera específica, al más alto nivel en la Asamblea de la organización.

Esperemos que esa fuera una verdadera señal de salida para que los derechos de las futuras generaciones ganen en protagonismo y se conviertan un tema central en las agendas políticas nacionales e internacionales. Ojalá que en los próximos años un tratado internacional recoja un completo catálogo de derechos de las futuras generaciones y los haga obligatorios para los Estados firmantes.

The Conversation

Jose Manuel Olivar Julián no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ¿Tienen derechos las futuras generaciones? Los Estados comienzan a legislar para quienes aún no existen – https://theconversation.com/tienen-derechos-las-futuras-generaciones-los-estados-comienzan-a-legislar-para-quienes-aun-no-existen-239790

Un rayo de esperanza para tratar las devastadoras enfermedades mitocondriales

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Lluís Montoliu, Investigador científico del CSIC, Centro Nacional de Biotecnología (CNB – CSIC)

Recreación 3D de mitocondrias. Kateryna Kon/Shutterstock

Existen enfermedades graves, muy graves, terribles y luego están las mitocondriales. En este tipo de dolencia de origen genético son las mitocondrias las que resultan afectadas. Así llamamos a los orgánulos de nuestras células que se encargan de producir la energía necesaria para sobrevivir.

Por eso, si fallan las mitocondrias, las consecuencias son catastróficas. Resultan afectadas todas las células del cuerpo, los músculos, las neuronas, el corazón, los órganos internos, el sistema inmunitario, la vista, el oído, el cerebro… todo se detiene o queda alterado y es muy difícil sobrevivir.

Las enfermedades mitocondriales son raras y heterogéneas, y su severidad depende del porcentaje de mitocondrias que estén afectadas, dado que en una persona pueden coincidir mitocondrias sanas y dañadas. Suelen presentarse en la infancia y, en los casos más graves, tienen consecuencias fatales. No hay cura, aunque algunos tratamientos pueden ayudar a retrasar los síntomas.

Asociación de bacterias

Habitualmente, heredamos las mitocondrias por vía materna, dado que las que tiene el embrión de una célula derivan esencialmente del óvulo. Gracias a la microbióloga Lynn Margulis sabemos que, hace miles de millones de años, las mitocondrias eran bacterias que se asociaron con otras bacterias para constituir las primeras células eucariotas, las células con un núcleo que tenemos los hongos, las plantas y los animales, por ejemplo.

Margulis propuso la teoría endosimbiótica del origen de las células eucarióticas, por la cual diferentes bacterias se organizaron y aprendieron a vivir conjuntamente, en simbiosis. Una de ellas dio lugar al orgánulo subcelular que hoy conocemos como la mitocondria, y otras dieron lugar al núcleo de la célula o al cloroplasto, en las células de las plantas.

Debido a su origen bacteriano, las mitocondrias tienen un genoma propio, muy simplificado tras miles de millones de años de evolución, dado que la mayoría de los genes que necesita para funcionar se han acabado trasladando al núcleo de la célula. Sin embargo, todavía retiene 16 569 pares de letras en una molécula de ADN circular (como tienen todavía todas las bacterias). Su función es codificar información genética (tan solo de 37 genes) para producir proteínas y ARN esenciales que necesita la mitocondria para seguir generando energía.

Mutación fatal

Naturalmente, una mutación en cualquiera de estos genes mitocondriales tiene consecuencias devastadoras para la vida de la persona que herede esa alteración genética. Por eso, las enfermedades congénitas de origen mitocondrial, muy poco frecuentes, son tan graves y pueden resultar mortales. Sus complejas manifestaciones patológicas acaban afectando a prácticamente todos los órganos y las partes del cuerpo.

Las casi todopoderosas CRISPR, descritas inicialmente por Francis Mojica como un sistema de defensa que usan las bacterias para combatir los virus que las acechan, y convertidas por Emmanuelle Charpentier y Jennifer Doudna en verdaderas herramientas de edición genética, no pueden entrar dentro de las mitocondrias. Principalmente, porque las herramientas CRISPR necesitan una molécula de ARN guía que dirija la nucleasa Cas9 al gen concreto que se quiere editar, y es difícil introducir ADN o ARN en las mitocondrias. De ahí que las herramientas CRISPR no puedan usarse para editar el ADN mitocondrial.

La alternativa TALE

David R. Liu, investigador del instituto BROAD en Boston, sabía de las limitaciones de las CRISPR en mitocondrias y por eso se le ocurrió una solución, acudiendo al sistema de edición genética anterior: las proteínas TALE, derivadas también de bacterias que infectan a plantas.

El sistema TALE no necesita ARN para identificar el gen a editar, como hacen las CRISPR. Usa una parte variable de estas proteínas para aparearse con secuencias específicas de ADN.

La N de las TALEN es la nucleasa del sistema, la que corta el ADN. Pero si solamente se usa la parte TALE (sin la nucleasa), sirve para identificar una secuencia de ADN mitocondrial. Entonces solo hay que añadirle un módulo de deaminasa (como, por ejemplo, la enzima citidina deaminasa) para crear editores de bases del genoma de las mitocondrias, capaces de cambiar químicamente una letra C por una T. Este avance espectacular fue descrito por Liu en 2020.

Dos años después, Liu mejoró estos editores mitocondriales relajando las bases que debían estar en las posiciones anexas a la que debía ser editada, convirtiéndolos en unas herramientas de edición del genoma mitocondrial mucho más versátiles.

Investigación pionera

Ahora, todos estos conocimientos y extraordinarios desarrollos tecnológicos previos han permitido a unos investigadores de Utrecht (Países Bajos) utilizar los editores de bases TALE evolucionados de Liu para corregir, en modelos celulares y organoides, mutaciones patogénicas identificadas en el ADN mitocondrial de pacientes. La exploración terapéutica de estas herramientas supone un rayo de esperanza para tratar enfermedades congénitas de origen mitocondrial.

En este nuevo trabajo, los investigadores combinan el uso innovador de las versiones más evolucionadas de los editores de bases mitocondriales con las nanopartículas lipídicas (las que se desarrollaron para encapsular el ARN mensajero de las vacunas contra la covid-19), que les permiten dirigir los editores a las mitocondrias.

Los científicos también aplicaron métodos de última generación para analizar lo que sucedía en cada célula, dado que cada una puede contener de cientos a miles de mitocondrias. Así puedieron comprobar que la eficiencia de modificación oscilaba entre el 0 % y el 80 %, con diferentes niveles de heteroplasmia (mezcla de mitocondrias intactas y editadas/corregidas).

Ediciones no deseadas

El principal riesgo de la edición genética, en sus diferentes variantes, es acabar editando genes distintos a los planeados. El análisis de ediciones en otras secuencias no deseadas del ADN nuclear y del ADN mitocondrial produjeron resultados no significativos (en el ADN nuclear) o cambios inesperados (en el mitocondrial) cuya relevancia estaba asociada al porcentaje de edición en el gen seleccionado. Las posibles consecuencias de estas mutaciones no deseadas deberán ser investigadas en detalle para poder garantizar la seguridad de futuros tratamientos.

De cualquier manera, este trabajo es ciertamente relevante, pues abre las puertas a tratar las gravísimas enfermedades congénitas mitocondriales, hasta ahora incurables, mediante el uso combinado de diversas tecnologías de última generación.


Este artículo deriva de una reacción del autor publicada inicialmente en Science Media Centre España.


The Conversation

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ref. Un rayo de esperanza para tratar las devastadoras enfermedades mitocondriales – https://theconversation.com/un-rayo-de-esperanza-para-tratar-las-devastadoras-enfermedades-mitocondriales-260836

Alucinaciones frente al tablero: así pierde al ajedrez la inteligencia artificial generativa

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Luis de la Fuente Valentín, Profesor del Máster Universitario en Inteligencia Artificial, UNIR – Universidad Internacional de La Rioja

Stock-Asso/Shutterstock

Existe cierta tendencia a pensar que la inteligencia artificial ha llegado para resolver todos nuestros problemas y que es superior a nosotros en todos los ámbitos. ¿Me ganará ChatGPT al ajedrez? Para comprobar su habilidad ante el tablero, podemos hacer un pequeño experimento:

Vamos a jugar al ajedrez. Yo soy blancas: e4

Un movimiento de ajedrez se puede transcribir a texto a través de lo que se conoce como notación algebraica estándar, así que un sistema capaz de generar texto también podrá generar movimientos de una partida de ajedrez. En el ejemplo, mi contrincante reaccionó bien y contestó con un movimiento de respuesta bastante razonable. De hecho, el más utilizado ante mi movimiento inicial. La partida continuó así:

  1. e4 e5
  2. Cf3 Cc6
  3. Ac4 Ac5
  4. c3 Cf6
  5. O-O d6
  6. d4 exd4
  7. cxd4 Ab6
  8. Cd2 O-O
  9. Axb6 axb6
  10. Txa8 Dxa8

En la figura se muestra el tablero tal y como queda después de la octava jugada. Gracias a mi profesor de ajedrez, sé que a es una partida completamente normal; puede que se jueguen miles como ésta cada día a lo ancho y largo del mundo.

Haciendo trampas

En la novena jugada, le tendí una trampa a mi rival: le propuse un movimiento imposible, ya que ninguno de los alfiles de piezas blancas puede alcanzar la casilla b6. ChatGPT no detectó la inconsistencia, aceptó el movimiento y siguió jugando. En la décima jugada, planteé de nuevo movimiento imposible. Como respuesta, mi rival continuó con otro movimiento también imposible. Lo que comenzó como una partida normal, se convirtió rápidamente en una serie de jugadas completamente surrealistas.

Es curioso ver cómo, a pesar de que hace ya muchos años existe software que puede ganar al ajedrez al mejor humano, la herramienta que ha revolucionado por completo el panorama de la inteligencia artificial no es siquiera capaz de detectar movimientos ilegales en una partida muy simple. Y, precisamente por ello, es una oportunidad magnífica para reflexionar en el papel que juegan los grandes modelos de lenguaje (LLM) en el mundo de la IA generativa.

Obsesión por responder (lo que sea)

La clave de la respuesta a mi noveno movimiento está en la forma de funcionar de los grandes modelos de lenguaje: están entrenados para ofrecer siempre una respuesta, sin que ello implique que ésta sea correcta. En este caso, no se trata de un movimiento mejor o peor, sino de un resultado completamente fuera de sentido.

Un gran modelo de lenguaje ha sido entrenado con una tarea muy sencilla: predecir la siguiente palabra ante una secuencia de palabras dada. Este entrenamiento se ha ido perfeccionando de tal manera que, en la actualidad, los modelos pueden generar textos que se ajustan perfectamente a la estructura del idioma. Es decir, que bien podrían haber sido escritos por humanos.

Generar texto de forma correcta no es suficiente para aportar una funcionalidad de utilidad. Por eso, los LLM se combinan con sistemas de búsqueda de información: podemos afinar el sistema para que sea capaz de extraer de un texto grande el fragmento que contiene la respuesta a una pregunta que previamente hayamos formulado.

Además, puede reformular el texto para que éste responda con exactitud a la pregunta. Esta es, de hecho, la base de los sistemas RAG (Retrieval Augmented Generation), capaces de buscar y ampliar información.

Es decir, la capacidad de responder a lo que preguntamos es, en esencia, la capacidad de buscar una respuesta en textos ya existentes unida a la capacidad para reescribir el texto para que la contestación concuerde con la pregunta.

¿Buen conversador es sinónimo de inteligente?

Los usuarios atribuimos inconscientemente inteligencia a este comportamiento, lo cual es en realidad algo muy humano: solemos atribuir inteligencia a una persona con buena retórica. Incluso hay estudios que confirman esta relación.

Esta apariencia de inteligencia se limita –y debemos ser conscientes de este límite– a una capacidad de generar textos con un buen uso del lenguaje, incluso cuando usamos los denominados grandes modelos de razonamiento (Large Reasoning Models, LRM), entrenados para resolver tareas de razonamiento en varios pasos.

Resolución del problema de La torre de Hanoi con cuatro discos.
Wikimedia Commons., CC BY

Tal y como podemos leer en el estudio titulado The ilusión of Thinking, dirigido por la investigadora Parshin Shojaee, estos grandes modelos fallan estrepitosamente cuando ponemos a prueba de forma sistemática su capacidad de razonamiento. En dicho trabajo, los autores utilizaron modelos de lenguaje para solucionar problemas como el rompecabezas conocido como Las Torres de Hanoi y comprobaron que la IA generativa es incapaz de dar con una solución cuando son seis o más los discos que se apilan.

Programas especializados en ajedrez

Volviendo al caso del ajedrez, sabemos que existen programas como Stockfish o AlphaZero, capaces de vencer a cualquier humano. No son, sin embargo, sistemas basados en modelos de lenguaje, sino que utilizan otras tecnologías.

Tenemos, por otro lado, trabajos de investigación como Chessbench, que aplican la tecnología usada en los LLM a la construcción de sistemas expertos en el juego del ajedrez. En lugar de predecir la siguiente palabra de una oración, lo que hace Chessbench es predecir el siguiente movimiento de una secuencia.

No es buena idea dejarse guiar por ChatGPT

Experimentos como el que da comienzo a este artículo nos recuerdan que la capacidad de generar textos no implica necesariamente la capacidad de pensar, de razonar. No debemos atribuir a los modelos de lenguaje cualidades que no tienen.

Sería un error delegar en ellos las tareas que deberían estar haciendo nuestros cerebros, porque corremos el peligro de guiarnos por textos estructuralmente correctos pero con errores tan groseros como comer un alfil en b6 cuando se trata de un movimiento claramente imposible.

The Conversation

Luis de la Fuente Valentín no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Alucinaciones frente al tablero: así pierde al ajedrez la inteligencia artificial generativa – https://theconversation.com/alucinaciones-frente-al-tablero-asi-pierde-al-ajedrez-la-inteligencia-artificial-generativa-259594

Cuál es el impacto de los camiones en el cambio climático y cómo podemos reducirlo

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Javier Pérez Rodríguez, Profesor Titular del Departamento de Ingeniería Química Industrial y del Medio Ambiente. Miembro del Grupo de Tecnologías Ambientales y Recursos Industriales, Universidad Politécnica de Madrid (UPM)

Poliki/Shutterstock

La Agencia Internacional de la Energía (IEA) cuantifica que el transporte supuso en 2022 un 23 % del total de emisiones globales de gases de efecto invernadero (GEI). Este transporte incluye tanto el que ocurre por carretera, como el aéreo, el marítimo, el ferroviario y el transporte por tubería. Dentro de este conjunto, el transporte por carretera supone alrededor del 74 % de las emisiones asociadas a la movilidad de personas y mercancías.

Al profundizar en el transporte por carretera, la movilidad de mercancías supone el 31 % de sus emisiones, alcanzando en 2022 su máximo histórico (1 199 megatoneladas de dióxido de carbono equivalente). Desde el año 2000, sus emisiones mundiales se han incrementado un 56 %. El conjunto de vehículos pesados (camiones y autobuses) son apenas el 8 % de los vehículos a nivel mundial, pero suponen el 35 % de las emisiones directas de GEI.

En el año 2022, en la Unión Europea (UE) se alcanzó un valor histórico de emisiones asociadas al transporte por carretera de mercancías. Se transportaron 1,87 billones de toneladas por kilómetro, lo que supone un crecimiento del 66 % respecto 1995. Este tipo de transporte en camiones supone el 54 % del total del transporte de mercancías en la UE.

De acuerdo con las proyecciones realizadas por la UE para 2030, el transporte de mercancías crecerá un 9 % y la vía terrestre llegará a copar un 68 % de él. Prueba de ello es el continuo crecimiento del comercio electrónico, que supone el transporte de todo tipo de bienes desde cualquier punto del planeta hasta la puerta de casa.




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¿Cómo reducir el impacto de estos vehículos?

La Agencia Europea de Medio Ambiente (EEA) afirma que, dado este nivel de impacto ambiental actual y las proyecciones que se manejan, reducir las emisiones (tanto de GEI como de otros contaminantes atmosféricos) de la movilidad de mercancías se presenta como un grandísimo desafío.

Para cumplir con los objetivos climáticos propuestos, se requiere de mayores esfuerzos. En este sentido, se señalan tres vías principales de actuación:

  • Reducir ineficiencias asociadas a la distribución de productos (por ejemplo, minimizar viajes en vacío u optimizar rutas de distribución).

  • Mejorar en gestión, pasando a modos de transporte menos emisores.

  • Implementar medidas tecnológicas que ayuden a reducir las emisiones de los camiones.

En lo relativo a esta última vía, existen tecnologías y fuentes energéticas, como los biocombustibles y el hidrógeno, que pueden contribuir a mejorar el comportamiento ambiental. Estas tecnologías deben evaluarse no sólo durante su fase de uso del vehículo, sino en todo el ciclo de vida –es decir, desde la extracción de materias primas para su fabricación–, tanto del propio vehículo como de la fuente energética empleada.




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El impacto de diferentes fuentes de energía

Con el objeto de realizar un análisis de la huella de carbono de las diferentes tecnologías empleadas en el tráfico rodado de mercancías, hemos realizado una extensa revisión bibliográfica (no publicada previamente). En ella analizamos más de 50 artículos, correspondientes a estudios científicos publicados en los últimos diez años.

Se extrajeron datos en términos de emisiones de GEI por tonelada transportada y kilómetro, para un conjunto de tecnologías o fuentes energéticas, y para todo su ciclo de vida. El análisis supuso desafíos significativos, ya que las investigaciones analizadas se realizaron en diversos ámbitos geográficos y temporales, y consideraban vehículos pesados con características y dimensiones específicas.

Evolución del transporte de mercancías por modo en la UE. Figura superior: datos globales en toneladas por kilómetro. Figura inferior: distribución porcentual por modo: terrestre, ferroviario, aéreo, marítimo y por tubería.
EC, 2024, CC BY-SA

Las principales conclusiones son:




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Medidas para fomentar la transición

Al igual que ocurre con el transporte de pasajeros, la transición hacia tecnologías de propulsión de bajas o nulas emisiones es esencial para reducir la huella de carbono del sector transporte. Las políticas públicas deben apoyar la investigación y desarrollo de tecnologías sostenibles y la infraestructura necesaria para su adopción masiva.

Por ejemplo, entre las medidas a tomar se incluyen implementar incentivos fiscales para la compra de vehículos ambientalmente más sostenibles; desarrollar infraestructura de carga y abastecimiento de electricidad, hidrógeno y combustibles renovables, y promocionar la economía circular en la industria automotriz, facilitando el reciclaje y reutilización de componentes.

Existen múltiples soluciones para la lucha contra el cambio climático y este análisis comparativo revela que no existe una solución única para todos los contextos. Cada tecnología tiene ventajas y desventajas específicas, evidenciando la necesidad de una estrategia diversificada para lograr las sostenibilidad ambiental de la creciente movilidad terrestre de mercancías.

The Conversation

Javier Pérez Rodríguez participa en una de las líneas de investigación de la Cátedra Fundación Repsol en Transición Energética – Movilidad Sostenible en la Escuela Técnica Superior de Ingenieros Industriales de la Universidad Politécnica de Madrid.

ref. Cuál es el impacto de los camiones en el cambio climático y cómo podemos reducirlo – https://theconversation.com/cual-es-el-impacto-de-los-camiones-en-el-cambio-climatico-y-como-podemos-reducirlo-260151

‘Marketing’ consciente: una estrategia de escucha y empatía con el cliente para mejorar su compromiso con la marca

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Elena Cuevas Molano, Profesora e Investigadora: Estrategias de Comunicación, Marketing e Innovación Docente, Universidad Rey Juan Carlos

El marketing ha cambiado. Los profesionales ya no están interesados sólo en los beneficios y, más allá de la simple venta única, ahora también buscan establecer relaciones sólidas con sus clientes.

En este contexto, las redes sociales permiten a las organizaciones humanizar sus mensajes y centrarlos en los valores de la marca. Para alcanzar este objetivo una estrategia útil es el mindful marketing.

¿Qué es el ‘mindful marketing’?

El mindful marketing, o marketing consciente, se basa en la idea de que se pueden aplicar estrategias de marketing para conseguir buenos resultados económicos y, a la vez, generar una repercusión social positiva y alineada con los valores que importan a sus clientes.

El mindful marketing se refiere a la aplicación de una estrategia consciente cuyo objetivo es escuchar a los usuarios y empatizar con sus necesidades e intereses para generar acciones direccionadas y mejorar la comunicación (y la obtención de datos).

Las redes sociales son una herramienta esencial para desarrollar esta práctica porque facilitan la comunicación inmediata, personalizada y la escucha activa.

Clientes conectados a las redes

De los más de 5 500 millones de personas con acceso a internet en el mundo, unos 5 240 millones se conectan a las redes sociales. Esto es un 63,9 % de la población mundial. De ahí que los responsables de comunicación y marketing de las empresas hayan identificado el potencial de estos canales para:

Todas estas acciones tienen por finalidad propiciar una relación duradera y rentable entre la marca y su público.

El ‘mindful marketing’ y las redes sociales

Las organizaciones que aplican el marketing consciente en su estrategia de marca en redes sociales emplean intencionalmente una comunicación basada en la escucha activa y la respuesta a los intereses manifestados por el cliente en sus interacciones.

Así se fomenta su predisposición a compartir su información personal y sus opiniones con las marcas, reforzando su percepción de una relación más cercana y humana. Es casi como conversar con un buen amigo. Esta praxis se fundamenta en humanizar los mensajes recreando una comunicación personal que implica escuchar y mantener un diálogo abierto.

Los mensajes de marca van más allá de la mera promoción y venta de sus productos y servicios y buscan fortalecer la relación al enfocarse en los valores tanto de la marca como de los clientes.

Humanizar la marca para comprometer a la audiencia

Estudios recientes que analizan el impacto del mindful marketing en los contenidos de marca en redes sociales muestran que los contenidos de humanización son los que más influyen en la participación con la marca (el engagement) de los públicos en Instagram y LinkedIn.

Por ejemplo, en sus perfiles de marca en las redes, algunas instituciones sanitarias publican contenidos que ponen en valor relatos inspiradores del personal (biografías y trayectorias), testimonios de interacción entre los profesionales sanitarios y los pacientes o sus familiares, reconocimientos a los logros de los empleados, y proyectos innovadores dirigidos a optimizar la experiencia durante la estancia hospitalaria.

Otros ejemplos de estos contenidos en los sectores de telecomunicaciones, automoción, energía, distribución, tecnología y gobierno son aquellos que incluyen concursos, votaciones o preguntas al cliente. Estos contenidos son un recurso óptimo para iniciar el diálogo, porque solicitan de manera proactiva una respuesta u opinión directa de los seguidores de la marca. Su uso ayuda a que estos perciban que hay una persona detrás de los mensajes, como parte de la estrategia de mindful marketing.

Interacciones en las redes

Las interacciones en redes (el social media engagement) son claves en el éxito en la relación de las organizaciones con las personas. No solo fomentan la lealtad del cliente, sino que también proporcionan a la empresa información valiosa para la toma de decisiones.

Por tanto, lo que cuelgan las marcas en las redes es fundamental para conseguir el compromiso de sus seguidores: deben ser contenidos relevantes, útiles y atractivos para que haya interactividad entre los clientes y las empresas y se cree un vínculo de valor.




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El valor del contenido

El diseño y aplicación de una buena estrategia es lo que va a permitir a las organizaciones alcanzar sus objetivos de comunicación y marca. Pero también les va a proporcionar una gran cantidad de datos cuya analítica es fundamental para entender el comportamiento y los intereses de las personas.

Esto les permite evaluar el rendimiento de la marca y desarrollar nuevas estrategias de comunicación e imagen corporativa que mejoren la relación con sus clientes en particular y la sociedad en general.

Evolucionar hacia la humanizacion

El mindful marketing ayuda a las empresas a evolucionar su estrategia de contenidos en redes sociales hacia la humanización de la marca. Este cambio implica priorizar en sus publicaciones los valores de su audiencia y aplicar una comunicación consciente, abierta y cercana.

Este enfoque no solo fortalece el compromiso y el vínculo a largo plazo con los clientes, sino que también mejora la reputación corporativa y el rendimiento empresarial.

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Elena Cuevas Molano no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ‘Marketing’ consciente: una estrategia de escucha y empatía con el cliente para mejorar su compromiso con la marca – https://theconversation.com/marketing-consciente-una-estrategia-de-escucha-y-empatia-con-el-cliente-para-mejorar-su-compromiso-con-la-marca-252106

Castigar con el silencio hace daño: cómo evitar la ‘ley del hielo’ en la crianza

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Sylvie Pérez Lima, Psicopedagoga. Psicóloga COPC 29739. Profesora tutora de los Estudios de Psicología y Educación, UOC – Universitat Oberta de Catalunya

fizkes/Shutterstock

No existe relación humana sin comunicación y, por eso, cuando dos amigos se enfadan decimos que “no se hablan”: que alguien nos retire la palabra es la representación más extrema y tangible de que no nos quiere en su vida. Pero cuando el enfado se produce en el seno familiar, cuando un hijo o una hija hace algo que nos altera, nos molesta o incluso nos enfurece, ¿es buena idea ignorarlo, dejar de comunicarnos con él, y “congelar” nuestra relación, aunque sea por unas horas?

Una cosa es tomarse un respiro en un momento de conflicto: esto puede ser una herramienta útil en la crianza. Una pausa breve, consciente, que permita regular las emociones y retomar el diálogo desde la calma. Pero cuando el silencio se convierte en una forma de castigo, repetida y mantenida en el tiempo, aplicamos lo que se conoce como la “ley del hielo”: una práctica relacional que rompe el vínculo y puede dejar huella en la salud emocional de niños y adolescentes.

Tratamiento de silencio y maltrato emocional

Entre adultos, cuando el silencio se impone de forma sistemática como respuesta a un conflicto, genera desconcierto, inseguridad y dolor.
Pero en la infancia, el impacto puede ser aún mayor. Ignorar deliberadamente a un niño o niña tras un conflicto –dejar de hablarle, de mirarle, de nombrarle– no es una pausa: es una exclusión. No se le ofrece una explicación ni una vía de reparación, bloqueando cualquier posibilidad de reconstrucción y enviando el mensaje: “Ya no existes”.

Por eso, cuando este patrón se repite, hablamos de una forma de maltrato emocional, definido por la negación reiterada del afecto y atención del cuidador, lo que vulnera el derecho del niño a ser escuchado, expresar su opinión y, por tanto, de entender qué ha ocurrido.

De hecho, la exclusión emocional activa las mismas zonas cerebrales asociadas al dolor físico: la corteza cingulada anterior y la ínsula anterior, particularmente sensibles a la exclusión social en la infancia. El rechazo y la ignorancia generan también dolor.

Consecuencias a medio y largo plazo

Los niños expuestos habitualmente a este tipo de castigo aprenden a asociar el afecto con la aprobación condicional y el silencio con la amenaza o el rechazo. Es decir, aprenden que el afecto está condicionado a aquello que hagan o no hagan y que cuando alguien se calla delante de ellos es porque los rechazan o castigan.

El “tratamiento de silencio” familiar se asocia con menor satisfacción relacional en adultos y baja autoestima. Además, se transmite de generación en generación: si nuestros padres lo usaron con nosotros, es probable que a nosotros nos surja esa reacción de manera espontánea cuando nos enfadamos. Esto último nos recuerda como nunca dejamos de ser modelos y ejemplo de lo que los niños serán en el futuro.

Este patrón de crianza que se basa en ignorar al menor cuando no cumple con nuestras expectativas puede generar ya desde la infancia:

  • Baja autoestima y sensación de no ser suficiente.

  • Dificultades para establecer relaciones seguras y confiables.

  • Miedo al conflicto, evitación emocional o respuestas desproporcionadas en crisis.

  • Problemas de comunicación emocional, mostrando incapacidad para expresar o identificar sentimientos.

Un daño que se produce sin pensar

Uno de los aspectos más insidiosos de la “ley del hielo” es que los padres, madres o cuidadores que la aplican no suelen ser conscientes de estos efectos tan devastadores.




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A menudo, no se realiza con intención voluntaria de dañar. Surge de la frustración, el agotamiento o la falta de recursos educativos. Muchos adultos, desbordados por conflictos diarios, optan por el silencio como forma de imponer autoridad sin enfrentarse al diálogo. Pero aunque no haya intención, el daño está ahí.

Alternativas para gestionar el enfado

Distinguir entre una pausa reguladora y un silencio castigador es fundamental. Parar para afrontar de manera más asertiva la resolución del conflicto es saludable. En cambio, si el silencio impide la reparación del vínculo y excluye emocionalmente al niño o niña, no es educativo: es destructivo.




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Educar implica acompañar los conflictos de forma respetuosa y sana. El apoyo emocional continuo y el contacto positivo actúan como amortiguadores frente a los efectos del maltrato emocional. Algunas estrategias eficaces para evitar la sistematización del silencio pueden ser:

  • Nombrar lo que sentimos, poner palabras antes del silencio y limitarlo en el tiempo: “Estoy muy enfadada, necesito unos minutos para calmarme y después hablamos”.

  • Retomar el diálogo siempre, para que el vínculo no sufra. Esto no implica mantener largas conversaciones donde el niño fácilmente puede desconectar. Permitir hablar, ser escuchado y posteriormente poder argumentar desde la protección y el límite sin fisuras.

  • Cuidar el tono relacional: a veces, el acto de ignorar proviene del lenguaje no verbal (mirada, gesto, postura). Se debe tener en cuenta para evitar dolor innecesario y para reforzar el modelo de conducta que queremos ofrecer a los pequeños.

  • Separar conducta de persona: recordar que el menor no es malo o un desastre o torpe; en todo caso será aquello que ha hecho lo que no está bien.

  • Prever y anticipar consecuencias con los menores: avisarles y explicarles qué ocurrirá si se transgrede una norma, los ayuda a autorregularse pero también sirve a los adultos para no tener que improvisar castigos o silencios impulsivos.

  • Distribuir el cuidado y la gestión de las dificultades: otro adulto puede contener cuando el principal está desbordado.

Y en caso necesario, buscar apoyo externo y soporte profesional.

No podemos obviar que cuando el silencio daña, es violencia emocional. Negar la palabra, la mirada o el acompañamiento emocional no es una técnica educativa, es una forma de violencia psicológica que provoca angustia, confusión y vulnera derechos fundamentales. Como adultos, nuestra responsabilidad incluye proteger, acompañar y asegurarnos de que nuestros hijos y alumnos puedan equivocarse sin perder su espacio emocional, ni sentir la pérdida del vínculo sin entender por qué.

The Conversation

Sylvie Pérez Lima no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Castigar con el silencio hace daño: cómo evitar la ‘ley del hielo’ en la crianza – https://theconversation.com/castigar-con-el-silencio-hace-dano-como-evitar-la-ley-del-hielo-en-la-crianza-260427

Biblical Women Ageing Disgracefully: artist Sarah Lightman reimagines characters battling midlife, motherhood and menopause

Source: The Conversation – UK – By Dawn Llewellyn, Associate professor of Religion and Gender, Theology and Religious Studies, University of Chester

What happens when the women immortalised in old master paintings step out of their gilded frames and into the chaos of modern domestic life? That’s the question artist Sarah Lightman tackles, with wit, irreverence and insight, in her exhibition Biblical Women Ageing Disgracefully, now on at Chester Visual Arts, Grovesnor Shopping Centre.

In works from her Biblical Domestic (2021–2024) and Menstrual Hystery (2024) series, Lightman trades halos for housework, and heavenly glory for the cluttered reality of her own everyday life. Her saints and heroines aren’t meditating in divine serenity – they’re battling menopause, messy kitchens and midlife malaise.

With humour and intimacy, Lightman probes the distance between the idealised women of religious art and the ageing bodies we’re taught to hide. Her characters, drawn from both the canon of western Christian art and the sacred Jewish texts of her upbringing, are lovingly reimagined through a feminist lens.

What if Mary hated soft play as much as the rest of us? What if Eve was just trying to get through another basket of laundry? What if biblical women aged in real time?

With bold colours, absurdist touches and deep empathy, Biblical Women Ageing Disgracefully reframes these archetypes for today – and starts fresh conversations about visibility, care and womanhood.

Old masters, new messes

In Fridge Frustrations (2022), Caravaggio’s Judith Beheading Holofernes (1599) becomes a scene of domestic dread. Judith still holds Holofernes’ severed head – but now her crisis is storage, not salvation:

Judith can’t find anywhere in the fridge for her organic and fresh cut of Holofernes.

Lightman retains the dramatic composition of the original but shifts its meaning entirely. Her watercolour medium softens the baroque oil intensity, introducing levity without losing emotional depth.

In The Annunciation of the Menopause (2024), she riffs on The Annunciation by Fra Angelico (1425-26), the early Renaissance fresco where the Virgin Mary receives the angel Gabriel’s news that she’ll bear the son of God.

Here, Mary’s serene acceptance is swapped for something far more visceral: she sits beside an exam table mid heavy bleed, not in graceful surrender but bodily discomfort. Gabriel is gone, replaced by a gynaecologist in latex gloves. The walls? Tiled not with gold leaf but with packets of Always. This is no divine encounter – just hot flushes, greasy hair and hormonal chaos. No spiritual serenity in sight.

Instead of youthful grace, Lightman gives us perimenopausal truth: gritty, awkward, real.

Not a rejection, but a rewriting

Lightman’s work is unabashedly feminist and unapologetically funny – but it’s also rooted in reverence. Her reinterpretations of women from Hebrew scripture honour the complexity of these figures and draw from the feminist Jewish tradition of midrash: creative interpretation that fills in the biblical silences.

Lightman isn’t discarding these sacred stories: she’s inhabiting them. She paints the parts we were never told, the thoughts and struggles left out of the male-dominated canon. Her canvases ask: what if we didn’t accept the gaps in these women’s lives? What if we imagined them into our own?

Context matters – and Biblical Women Ageing Disgracefully is exhibited not in a white-walled gallery but in Chester’s Grosvenor Precinct, having previously shown at Chester’s cultural centre Storyhouse. The location is deliberate. These Madonnas and menopausal saints appear exactly where they live now: among shopping bags, toddler tantrums and the quiet sighs of women holding it all together.

Meeting Eve, Mary, Bathsheba, Susanna and Lot’s wife in a shopping centre creates a surreal and poignant dissonance. It collapses the sacred and the ordinary, and invites viewers to see their own lives reflected in these ancient figures.

Messy, mortal and magnificent

It’s a risk, of course, putting menopause, motherhood, grief, housework and rape culture centre stage. There’s a version of this exhibition that could have been grim. But Lightman’s palette is anything but dour. Her watercolours are vibrant and playful, her titles sharp with satire. These women aren’t tragic martyrs; they’re exhausted, yes, but also knowing, cheeky and in on the joke.

Lightman treats art history not as a fixed monument, but as a toolkit to be deconstructed and rebuilt. She gives her saints their bodies back – saggy, sweaty, miraculous – and their agency too.

What makes Biblical Women Ageing Disgracefully so powerful is its embrace of contradiction. It is sacred and silly, sincere and subversive, heartbreaking and hilarious. It is, in essence, a feminist midrash in watercolour: retelling holy stories through the grit and glory of contemporary womanhood, and holding them close even as it pushes them open.

Biblical Women Ageing Disgracefully is on display at Chester Visual Arts, Grovesnor Shopping Centre until July 13.

The Conversation

The authors do not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organisation that would benefit from this article, and have disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

ref. Biblical Women Ageing Disgracefully: artist Sarah Lightman reimagines characters battling midlife, motherhood and menopause – https://theconversation.com/biblical-women-ageing-disgracefully-artist-sarah-lightman-reimagines-characters-battling-midlife-motherhood-and-menopause-260522

Gwada-negative: the rarest blood group on Earth

Source: The Conversation – UK – By Martin L. Olsson, Medical Director of the Nordic Reference Laboratory for Blood Group Genomics, Region Skåne & Professor of Transfusion Medicine, Head of the Division, Lund University

Peter Porrini/Shutterstock.com

In a routine blood test that turned extraordinary, French scientists have identified the world’s newest and rarest blood group. The sole known carrier is a woman from Guadeloupe whose blood is so unique that doctors couldn’t find a single compatible donor.

The discovery of the 48th recognised blood group, called “Gwada-negative”, began when the woman’s blood plasma reacted against every potential donor sample tested, including those from her own siblings. Consequently, it was impossible to find a suitable blood donor for her.

Most people know their blood type – A, B, AB or O – along with whether they are Rh-positive or negative. But these familiar categories (those letters plus “positive” or “negative”) represent just two of several dozens of blood group systems that determine compatibility for transfusions. Each system reflects subtle but crucial differences in the proteins and sugars coating our red blood cells.

To solve the mystery of the Guadeloupian woman’s incompatible blood, scientists turned to cutting-edge genetic analysis. Using whole exome sequencing – a technique that examines all 20,000-plus human genes – they discovered a mutation in a gene called PIGZ.

This gene produces an enzyme responsible for adding a specific sugar to an important molecule on cell membranes. The missing sugar changes the structure of a molecule on the surface of red blood cells. This change creates a new antigen – a key feature that defines a blood group – resulting in an entirely new classification: Gwada-positive (having the antigen) or -negative (lacking it).

Using gene editing technology, the team confirmed their discovery by recreating the mutation in a lab. So red blood cells from all blood donors tested are Gwada-positive and the Guadeloupean patient is the only known Gwada-negative person on the planet.

The implications of the discovery extend beyond blood transfusions. The patient suffers from mild intellectual disability, and tragically, she lost two babies at birth – outcomes that may be connected to her rare genetic mutation.

The enzyme produced by the PIGZ gene operates at the final stage of building a complex molecule called GPI (glycosylphosphatidylinositol). Previous research has shown that people with defects in other enzymes needed for GPI assembly can experience neurological problems ranging from developmental delays to seizures. Stillbirths are also common among women with these inherited disorders.

Although the Caribbean patient is the only person in the world so far with this rare blood type, neurological conditions including developmental delay, intellectual disability and seizures have been noted in other people with defects in enzymes needed earlier in the GPI assembly line.

The Gwada discovery highlights both the marvels and challenges of human genetic diversity. Blood groups evolved partly as protection against infectious diseases (many bacteria, viruses and parasites use blood group molecules as entry points into cells). This means your blood type can influence your susceptibility to certain diseases.

But extreme rarity creates medical dilemmas. The French researchers acknowledge they cannot predict what would happen if Gwada-incompatible blood were transfused into the Guadeloupian woman. Even if other Gwada-negative people exist, they would be extremely difficult to locate. It is also unclear if they can become blood donors.

This reality points towards a futuristic solution: lab-grown blood cells. Scientists are already working on growing red blood cells from stem cells that could be genetically modified to match ultra-rare blood types. In the case of Gwada, researchers could artificially create Gwada-negative red blood cells by mutating the PIGZ gene.

Gwada is a colloquial term for Guadeloupe, a Caribbean island.
Shutterstock.com

A growing field

Gwada joins 47 other blood group systems recognised by the International Society of Blood Transfusion. Like most of these blood-group systems, it was discovered in a hospital lab where technicians were trying to find compatible blood for a patient.

The name reflects the case’s Caribbean roots: Gwada is slang for someone from Guadeloupe, giving this blood group both scientific relevance and cultural resonance.

As genetic sequencing becomes more advanced and widely used, researchers expect to uncover more rare blood types. Each discovery expands our understanding of human variation and raises fresh challenges for transfusion and other types of personalised medicine.

The Conversation

Martin L Olsson is a Wallenberg Clinical Scholar who receives research funding from Knut and Alice Wallenberg Foundation (grant no. 2020.0234). He holds other major grants from the Swedish Research Council (grant no. 2024-03772), the Novo Nordisk Foundation (grant no. NNF22OC0077684) and the Swedish government funds to university healthcare for clinical research (ALF grant no. 2022.0287). He is also a member of the International Society of Blood Transfusion (ISBT)’s Working Party on Red Cell Immunogenetics and Blood Group Terminology.

Jill Storry receives funding from the Swedish Research Council (grant no. 2024-03772). She is affiliated with, and the current senior Vice-President, of the International Society of Blood Transfusion, as well as a member of the society’s Working Party on Red Cell Immunogenetics and Blood Group Terminology.

ref. Gwada-negative: the rarest blood group on Earth – https://theconversation.com/gwada-negative-the-rarest-blood-group-on-earth-260155

The Story of a Heart by Rachel Clarke is a powerful account of one child’s gift to another

Source: The Conversation – UK – By Leah McLaughlin, Research Fellow in Health Services, Bangor University

What does it mean to save a life – and what does it cost? In The Story of a Heart, Rachel Clarke answers this not with slogans or sentiment, but with quiet, searing honesty. This book, which won this year’s Women’s prize for non-fiction, is about organ donation, yes, but it’s also about family, grief, love, courage, and the astonishing edges of human experience.

At its centre are two children: Max Johnson, a healthy, active nine-year-old whose heart suddenly begins to fail, and Keira Ball, another nine-year-old – vibrant, horse-loving, full of life who tragically dies in a car accident. In a moment of unimaginable grief, Keira’s parents donate her organs. Her heart goes to Max.

A child dies. A child lives.

That is the simple, brutal, beautiful truth this book never looks away from. But Clarke does more than tell the story of heart. She immerses us in it – every breath, every monitor beep, every unbearable choice.

I read this as a health services researcher who has spent years working in the emotionally complex, ethically charged, and often hidden world of organ donation. My work explores how families navigate these unimaginable scenarios, particularly in the context of recent legislative change. Clarke’s account captures, with rare precision and compassion, the silences, the emotional labour of clinicians, and the profound weight of choice that families like Keira’s carry.


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As both a doctor and a mother, Clarke brings sensitivity to every page. We feel Max’s steady decline: the exhaustion, the fear, the silence that descends as even the doctors grow unsure. We witness Keira’s final hours, the heroic efforts to save her, and the moments where unbearable grief oscillates between hope and despair, eventually giving way to a different kind of gift.

There are no easy heroes in this story, only ordinary people facing the unthinkable with extraordinary grace. Clarke brings them to life with aching clarity: the cardiologist who, in the dim light of a hospital room, sketches Max’s failing heart on a napkin so his mother can understand what words can’t explain; the ICU nurse who stays long after her shift ends, gently brushing the hair of a child who will never wake up; the donation nurse who enters a family’s darkest hour not with answers, but with quiet presence and unwavering care; the surgeon who steadies his hands – and his heart – when every second matters.

And in the chaos of resuscitation, amid alarms and broken bodies, a teddy bear is tucked beneath Keira’s arm: “Someone in the crash team has seen Keira not simply as a body, inert and unresponsive, but as a vulnerable child in need of compassion.”

The Story of a Heart is also a book about history. It’s not just about one child’s transplant, but about medicine, surgery, and the heart itself. Clarke weaves in the stories of early transplant pioneers, accidental discoveries, and the scientific stumbles and breakthroughs that built modern practice. She brings it all to life with a storyteller’s flair, making science feel intimate, alive, and deeply human.

What the heart means

What sets the heart apart, Clarke reminds us, is not just its function, but its symbolism. No other organ holds such emotional weight. “Hearts sing, soar, race, burn, break, bleed, swell, hammer and melt,” she writes. They are not just organs, they are vessels for our hopes, fears and deepest longings.

Clarke shows how, across history, the heart was seen as the source of emotion, morality – even the soul – and how that deep humanism still pulses through our language and culture today. We have our hearts broken, wear our hearts on our sleeves, and as Clarke puts it: “When trying to express our truest and most sincere selves, we do so by saying we speak from the heart, or about all that our heart desires.”

But what makes The Story of a Heart so exceptional is its emotional truth. Clarke never shies away from the pain. Max’s parents watch their son fade, terrified to even touch him. Keira’s father buys her a pink princess dress for her funeral. Max, wired to machines, records a goodbye message; we learn later he even tried to take his own life. And yet, there is light.

Keira’s sisters climb into bed with her, painting her nails and sliding Haribo sweet rings onto her fingers. Then comes a moment so clear, so quietly astonishing, it takes everyone’s breath away. Katelyn, Keira’s older sister, turns to the doctor and asks, with calm, steady eyes: “Can we donate her organs?”

This isn’t a clinical decision or a well-rehearsed conversation. It is an unprompted act of extraordinary love. These moments – fragile, generous, profoundly human – are the true beating heart of Clarke’s book.

From there, we are guided into a world so few know and even fewer ever witness: the quiet choreography that carries a gift of life from one person to another. What Katelyn sets in motion with just five words unfolds with such precision, that reading it feels like witnessing a kind of living magic.

The aftermath is just as moving. Max recovers quickly, walks again, laughs again. The two families meet. There are no big speeches, just quiet awe. And beyond that: a law is passed. Max and Keira’s Law brings in an opt-out system of donation in England. Two children. One legacy. A country changed.

And still, Clarke doesn’t let us forget the hard truths. Not every child survives. Not every family gets a miracle. Transplants are fragile. But in that fragility, she shows us, is the real miracle. Max goes fishing with his dad, the sky glows orange – Keira’s favourite colour. That is enough.

At the moment organ donation consent rates for children are declining in the UK, and there are more children on the transplant wait list than ever before. The Story of a Heart asks us to see the children, the families, and the quiet acts of love behind every donation. It’s a powerful reminder that the greatest gifts are often given in the darkest hours.

This book will break your heart – and fill it up again. It’s not just essential reading for anyone interested in organ donation and transplant. It’s essential reading for anyone who has ever loved.

This article features references to books that have been included for editorial reasons, and may contain links to bookshop.org. If you click on one of the links and go on to buy something from bookshop.org The Conversation UK may earn a commission.

The Conversation

Leah McLaughlin does not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organisation that would benefit from this article, and has disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

ref. The Story of a Heart by Rachel Clarke is a powerful account of one child’s gift to another – https://theconversation.com/the-story-of-a-heart-by-rachel-clarke-is-a-powerful-account-of-one-childs-gift-to-another-260611

Parental leave in the UK isn’t working – here’s what needs to change

Source: The Conversation – UK – By Ernestine Gheyoh Ndzi, Senior Lecturer at York Business School, York St John University

pikselstock/Shutterstock

The recent launch of a government review into parental leave and pay in the UK is a hugely welcome development. In order to bring about meaningful change, it must challenge the fundamental issue at the heart of current parental leave laws. They are strongly influenced by, and so perpetuate, gender norms that see women as caregivers and fathers as breadwinners.

Parents in the UK can take maternity leave, paternity leave and shared parental leave in the first year of their child’s life. While these allowances provide parents with support, the support is disproportionate in how it is split between mothers and fathers. Although gender roles have evolved significantly, UK policies lag behind.

Mothers and fathers are equal parents and have equal parenting responsibilities. However, mothers are allowed up to 52 weeks of maternity leave, while fathers are only entitled to two weeks of statutory paternity leave.

The introduction of shared parental leave in 2015 was welcomed as a positive step towards gender equality – but it has failed in this aim.

There are significant barriers stopping fathers from benefiting fully from the legislation. Parents can share up to 50 weeks of leave between them. But because mothers are entitled to a year of leave, the policy requires mothers to act as gatekeepers. The mother determines if the father can share the leave and how long she is willing to give up for the father.

Consequently, fathers have no autonomy or independence to take parental leave at a time that is important to them and their babies – and they may be reluctant to deprive the mother of leave she is entitled to.

What’s more, while maternity and paternity leave is well known and the process relatively straightforward, shared parental leave has been criticised for its complexity. Parents that have explored shared parental leave have found the policy and process incredibly complex because some employers still don’t understand how it works and so are unable to support parents.

The problems with the policy have affected its uptake. Only 5% of fathers take any shared parental leave.

Financial implications

Another problem that affects all three policies is the pay. While the UK has a generous maternity leave allowance of 52 weeks, this is not accompanied by a decent financial allowance.

Although employers can set more generous terms, the law requires only the first six weeks of maternity leave to be paid at 90% of the mother’s salary. This is followed by 33 weeks at statutory pay of £187.18 and 13 weeks of no pay. The two weeks of paternity leave are paid at the statutory rate of £187.18, or 90% of the father’s average weekly earnings (whichever is lower).

Man and pregnant woman silhouetted, looking stressed
Taking parental leave can bring financial and career worries.
christinarosepix/Shutterstock

And while shared parental leave allows the mother to split 50 weeks of leave with her partner, a significant period of this is unpaid. Out of these 50 weeks, parents can share 37 weeks of pay at statutory rate and the rest of the leave would be unpaid.

Mothers have returned to work early because financially they cannot afford to stay longer on maternity leave – a problem compounded by the rising cost of living. Fathers sometimes opt to take annual leave rather than paternity leave because of the low pay.

The same reason applies to shared parental leave because parents cannot afford to both be off at the same time or different times on the statutory rate. While the policies are well intended, there is no financial incentive for parents to take it.

Finances have a significant impact on parental leave choices. The government review should enhance parental leave pay to encourage and support parents, particularly fathers.

Impact on careers

The implications for parents’ careers also need to be considered. While parental leave should not affect the career aspirations or progressions of the parents, my research demonstrates otherwise. Mothers have been bullied, refused opportunities, and have felt forced to leave their jobs.

Research also shows that fathers have concerns about their careers when considering parental leave. While it is illegal for an employer to discriminate against a parent for taking parental leave, this remains an area of concern.

My research has demonstrated that some fathers consider shared parental leave as a “luxury” they cannot afford. They feel they need to work hard to demonstrate their commitment to their job. Equal parenting policies would support women’s careers and encourage fathers to take up more family responsibilities without fear of repercussions.

The last point to consider – and one that often goes overlooked – is that how parents choose to feed their baby may have an effect on their decisions to take parental leave. Babies can be breastfed, formula fed or a mixture of both breast and formula feeding. If the parents make the decision to breastfeed – a choice recommended by the World Health Organisation – this may affect the mother’s decision on how much leave she takes.

Employers have legal obligations to carry out risk assessments for breastfeeding mothers and make reasonable adjustments on specific health and safety guidelines. However, a general policy that covers the wider needs of breastfeeding mothers and offers them more support at work should be implemented.

My research shows that mothers may prefer to take more maternity leave to enable them to breastfeed.

The parental leave review shouldn’t miss the opportunity to introduce breastfeeding policies that ensure mothers are properly supported in the workplace – as well as making sure that both mothers and fathers have the opportunity to prioritise caring and their careers.

The Conversation

Ernestine Gheyoh Ndzi does not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organisation that would benefit from this article, and has disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

ref. Parental leave in the UK isn’t working – here’s what needs to change – https://theconversation.com/parental-leave-in-the-uk-isnt-working-heres-what-needs-to-change-209661