Mario Vargas Llosa y Carmen Martín Gaite: el premio literario que revolucionó la literatura en español

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Alicia Nila Martínez Díaz, Profesor Acreditado Contratado Doctor Filología Hispánica, Universidad Villanueva

Branko Devic/Shutterstock/Librería Nobel/Wallapop

En 1962, Mario Vargas Llosa ganó el Premio Biblioteca Breve con La ciudad y los perros. Carmen Martín Gaite, con su novela Ritmo lento, quedó finalista.

En 2025, cuando conmemoramos el centenario de la escritora salmantina y tenemos reciente la muerte del Premio Nobel, nos detenemos en este instante clave de la historia de la literatura hispánica en el siglo XX para intentar entender cómo se construyó el canon de la novela española contemporánea.

Un nuevo galardón

Carlos Barral creaba en 1958 el Premio Biblioteca Breve. El poeta y editor decidió instaurar este galardón para potenciar el enfoque innovador, experimental y transgresor del catálogo de la editorial.

Como él mismo explicó, el premio se otorgaría a una novela que “debía contarse entre las que delatan una auténtica vocación renovadora o entre las que se presumen adscritas a la problemática literaria y humana estrictamente de nuestro tiempo”.

Esta apuesta modernizadora implicaba no pocos riesgos que Barral supo afrontar con el coraje y el pragmatismo necesarios para conseguir posicionar al galardón como uno de los más relevantes de la literatura en lengua española.

Sin saberlo, estaba contribuyendo al desarrollo del denominado boom latinoamericano.

La novela rompedora

Imagen de un hombre hablando.
Mario Vargas Llosa en 1988.
Universitätsarchiv St.Gallen / Regina Kühne, CC BY-SA

Cuatro años más tarde, un joven y desconocido escritor peruano se hizo con el premio. Se llamaba Mario Vargas Llosa. Aunque no tenía a sus espaldas más que unos cuantos ensayos y algún que otro ejercicio de crítica literaria, su novela, breve y corrosiva con la tradición, no podía maridar más y mejor con los presupuestos del premio Biblioteca Breve. La ciudad y los perros era un artefacto literario ambicioso y agresivo, estructurado sobre el desafío del fragmento y marcado a fuego por la denuncia de la violencia institucional.

Premiando este relato, Barral perseguía la publicación de una nueva narrativa hispánica, emisaria de los vientos renovadores que soplaban desde América Latina y que entraba sin miedos ni complejos en dialéctica con las vanguardias europea y norteamericana. Laurear a Vargas Llosa significaba apostar por ese boom que ya alboreaba.

La cuestión es ¿por qué se otorgó el segundo puesto a Ritmo Lento? ¿Qué lugar quedaba para una novela diametralmente opuesta al relato ganador?

Dos formas de sacudir la literatura

La ciudad y los perros y Ritmo lento no pueden ser novelas más distintas. La primera está ambientada en un colegio militar de Lima y, gracias a una estructura narrativa fragmentaria, el relato despliega ante el lector una constelación de voces que articulan una feroz crítica a las instituciones autoritarias. Por la profundidad psicológica de sus personajes, por su violencia real y simbólica y por su voluntad de ruptura formal, heredada de su maestro William Faulkner, Vargas Llosa llegaba para plantearnos una historia dura y valiente contada de una forma distinta.

Una mujer con abrigo y boina mira a la cámara.
Carmen Martín Gaite en la presentación del libro La orgía perpetua, de Mario Vargas Llosa, en 1995, en Casa de América.
Casa de América/Flickr, CC BY-NC-ND

Por el contrario, Carmen Martín Gaite se adentraba con Ritmo lento en la conciencia de un anciano que, desde la reclusión de un psiquiátrico, hacía balance de su existencia. La novela utiliza la introspección como motor narrativo para proponer al lector una narración focalizada en el tiempo interno del personaje, en la estela de Virginia Woolf en La señora Dalloway –de la que Martín Gaite sería, por cierto, traductora al español– o Italo Svevo en La conciencia de Zeno.

Focalizada en la subjetividad, el monólogo interior y la atención por el detalle, la novela de Martín Gaite no parecía encajar, a priori, en los estándares marcados por Barral. Sin embargo, era una provocación para el establishment literario de la época y, quizás por ello –debió pensar Barral– merecía quedar finalista.

Porque el de Martín Gaite era también un texto escrito para subvertir, desafiar y turbar. De hecho, ella y su amigo Luis Martín Santos fueron los primeros escritores españoles en disputarle la supremacía al realismo imperante de la narrativa española de posguerra. Tiempo de silencio y Ritmo Lento constituyen “dos intentos aislados por volver a centrar el relato en el análisis psicológico de un personaje”, como la escritora escribió en su “nota” a la tercera edición de la novela. Leída desde hoy, Ritmo Lento representa una apuesta igual de bizarra que la de Vargas Llosa, pero menos sobresaliente.

El jurado premió la potencia narrativa de la obra del peruano. Pero otorgando a Martín Gaite ese segundo lugar lo que estaba poniendo sobre el tapete de la historia literaria no era solamente una elección estética, sino dos formas de estar y de pensar en la literatura.


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Rescatar el instante

Volver la vista al palmarés del Biblioteca Breve de 1962 no es un ejercicio de arqueología literaria. Es también la interpretación de un momento literario que marcaría los destinos de la literatura hispánica contemporánea.

Para Vargas Llosa constituyó el pistoletazo de salida para una carrera que le conduciría al Nobel. Para Martín Gaite, en cambio, fue el espaldarazo necesario para continuar escribiendo desde los márgenes y con una fidelidad inquebrantable hacia lo narrado en voz baja.

Ahora podemos interpretar ese momento como una intersección en las trayectorias de dos grandes de la narrativa hispánica. O, lo que es lo mismo, dos modos simbólicos de entender la literatura.

The Conversation

Alicia Nila Martínez Díaz no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Mario Vargas Llosa y Carmen Martín Gaite: el premio literario que revolucionó la literatura en español – https://theconversation.com/mario-vargas-llosa-y-carmen-martin-gaite-el-premio-literario-que-revoluciono-la-literatura-en-espanol-260871

“Yo no bebo mucho, bebo lo normal”

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Lorena Botella-Juan, Investigadora posdoctoral en el Área de Medicina Preventiva y Salud Pública, Universidad de León

View Apart/Shutterstock

Es muy posible que el título de este artículo le sea familiar. Quizá alguna vez haya estado en una conversación con personas de su entorno y al sacar a relucir el tema del alcohol usted o un conocido ha dicho algo como: “Bueno, a ver, que yo tampoco bebo mucho, bebo lo normal”. O puede que algo del tipo: “Yo, si eso, me bebo unas cañas el fin de semana con los colegas. Y si se lía la cosa, pues igual algo más. Es lo normal, ¿no?”.

Pero realmente, ¿puede ser normal beber alcohol, considerando que se trata de una sustancia adictiva? Según la Real Academia de la Lengua Española, una de las acepciones de “normal” es: “Dicho de una cosa que, por su naturaleza, forma o magnitud, se ajusta a ciertas normas fijadas de antemano”. Si consideramos las normas sociales de España, donde el alcohol es una droga legal y donde el 72,9 % de la población de más de 15 años lo ha probado alguna vez; y teniendo en cuenta que uno de los principales motivos para consumir es socializar, pues entonces sí: beber unas cañas el fin de semana es totalmente normal.

Lo que dice la estadística

Pero si nos ponemos rigurosos, debemos recurrir a algo más científico. Tomándome algunas licencias, voy a emplear un concepto estadístico que nos encanta a los epidemiólogos: la distribución normal.

La distribución normal se representa con una curva en forma de campana simétrica y la suelen describir muchas características físicas (peso, altura) y biomédicas (tensión arterial, glucosa en sangre) en las poblaciones. Nos dice que la media (la suma de todos los valores entre el total de valores) de una variable o medida (por ejemplo, el peso corporal de un grupo de personas) está en el centro.

Esquema de la distribución normal.
Lorena Botella Juan

Para establecer dicha distribución, también necesitamos conocer la desviación estándar (DE), que se calcula con una fórmula menos amigable y nos da una idea de lo dispersos que están los datos respecto a la media. Este segundo parámetro estadístico nos indica que el 68 % de los valores estarán a 1 DE de la media y el 95 %, a 1,96 DE. Así, la mayoría personas se agrupará en la zona central con valores cercanos a la media, y poco a poco se irán dispersando hacia los extremos, donde menos individuos tendrán valores poco frecuentes.

Pero esto… ¿qué tiene que ver con el alcohol?

De acuerdo con los datos de la encuesta Europea de Salud en España en 2020, el 65,4 % de los españoles había bebido alcohol en el último año (74,6 % de hombres y 56,8 % de mujeres). Entre los datos de esta encuesta también encontramos la media (11,98 gramos) y la DE (11,40 gramos) del consumo diario de alcohol de personas que beben al menos un día a la semana. Considerando esos valores podemos simular la distribución normal del consumo diario de alcohol en España.

Para ponernos más en situación, el Ministerio de Sanidad indica que 10 gramos de alcohol son una unidad de bebida estándar (UBE). Esto equivaldría a un chupito, media copa de vino o una caña. Si miramos nuestra distribución normal, la media de consumidores beben más o menos una UBE al día (11,98 gramos). Entonces, es probable que muchas personas españolas que toman una cañita al día entren dentro de nuestra normalidad. Efectivamente: beben lo normal. Sin embargo, ¿nos interesa ser normales?

No hay consumo sin riesgo

Pues la verdad es que, en este caso, no: lo normal no tiene por qué coincidir con lo saludable. Que el consumo de alcohol en España esté tan normalizado (o más bien banalizado) no quiere decir que no sea perjudicial. Actualmente, la evidencia científica y la propia Organización Mundial de la Salud lo tienen claro: “Ninguna forma de consumo de alcohol está exenta de riesgos”.

Ahora bien, tampoco todas las formas de consumo producen el mismo impacto en salud. Un consumo de “bajo riesgo” sería una UBE para mujeres al día y dos para los hombres (las mujeres y los hombres no toleran igual el alcohol por sus diferencias corporales, pero este es otro tema). Aunque el alcohol es un tóxico, en pequeñas dosis nuestro sistema hepático y otros pueden detoxificarlo correctamente, haciendo que no suframos tanto. No obstante, esto se complica si caemos en patrones de “alto riesgo”.

Atracones con consecuencias

¿Qué cree que es peor, tomar todos los días una bebida o beber un solo día muchas bebidas? Seguro que también le suena la frase: “No, hombre, si yo solo bebo los fines de semana”. Bueno, pues lo importante es cómo bebemos. Y eso implica qué cantidad ingerimos y con qué frecuencia lo hacemos.

De esta forma, beber solamente un día a la semana, pero hacerlo en atracón (conocido como binge drinking), tomando muchas bebidas (5 para hombres y 4 para mujeres) en un corto periodo de tiempo, ocasiona un grandísimo impacto negativo en la salud. Nuestro cuerpo no puede con tanta intoxicación repentina y, además, se agravan las consecuencias (daños a terceros, posibles caídas, riesgo de coma etílico y un larguísimo etcétera).

Así que las personas que están más a la derecha de la curva normal y beben más que la media –aunque sean menos numerosas– o aquellas cuyo consumo medio semanal se ajusta a la normalidad, pero lo hacen en forma de atracón, se encuentran en un alto riesgo para su salud, incluido el de adicción al alcohol. Recordemos que es una sustancia que causa 15 000 muertes al año en España.

En conclusión, cuando vuelva a escuchar que alguien “bebe lo normal”, seguramente tenga razón, pero lo normal, en el caso del alcohol, es perjudicial para la salud. Así que… ¿prefiere ser normal o estar sano?

The Conversation

Este artículo fue finalista del Premio Luis Felipe Torrente de Divulgación sobre Medicina y Salud, organizado por la Fundación Lilly y The Conversation

ref. “Yo no bebo mucho, bebo lo normal” – https://theconversation.com/yo-no-bebo-mucho-bebo-lo-normal-260979

¿Cómo medir si un barrio es acogedor? La respuesta la tienen los vecinos

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Leandro Ferrón, Investigador científico, Universidad de Deusto

Para muchos especialistas, la sostenibilidad urbana es un sueño cargado de tecnologías disruptivas e imágenes futuristas: autos eléctricos y autónomos, edificios que autorregulan su temperatura o drones que entregan pedidos a domicilio.

Pero cuando se trata de preguntar a los residentes sobre sus preferencias, las respuestas se enfocan más en cuán agradable y confortable les resulta su barrio que en las prioridades establecidas por expertos técnicos y urbanistas.

Justo de eso trata un proyecto de investigación reciente ejecutado en Europa bajo el nombre Advanced Energy Performance Assessment towards Smart Living in Building and District Level (SmartLivingEPC). Esta iniciativa propone un giro hacia lo local y lo participativo mediante el desarrollo de un marco de evaluación urbana novedoso que busca medir qué tan “acogedor” es un barrio desde la mirada de quienes viven allí. Es decir, que pone en primer plano las preferencias y necesidades cotidianas de los vecinos frente a las soluciones tecnológicas más complejas y, muchas veces, alejadas de la vida diaria.




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Prioridades de los vecinos frente a las técnicas

Pero ¿por qué necesitamos un enfoque diferente de la sostenibilidad urbana? La mayoría de los instrumentos que actualmente usamos para evaluarla, como las certificaciones internacionales LEED o BREEAM, buscan aplicar marcos con la mirada más amplia posible, incluyendo aspectos técnicos, ambientales, de gobernanza y sociales. Sin embargo, la importancia que se le da a cada uno de estos aspectos en la calificación final está en todos los casos predefinidos por expertos, casi ignorando las prioridades reales de los residentes.

Esto genera un escenario en el que las intervenciones tecnológicas o normativas se presentan como ideales desde las perspectivas de la ingeniería o la gestión pública, pero no responden a la pregunta ¿pueden estas soluciones garantizar la calidad de vida de quienes habitan el barrio? Y menos a una: ¿están alineadas con la cultura, la identidad o las aspiraciones de los vecinos para facilitar su adopción?

Para abordar estas preguntas, investigadores de la Universidad de Deusto llevamos a cabo un estudio en el que participaron cerca de 600 personas de 18 países europeos, lo que permitió obtener una visión representativa y diversa de preferencias comunitarias. El objetivo residía en identificar mediante una encuesta qué aspectos eran realmente importantes para los residentes no especializados.




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La ciudad no termina en la superficie: el papel del suelo en la sostenibilidad urbana


Participación ciudada: clave de la sostenibilidad urbana

Los resultados evidenciaron una clara diferencia entre las opiniones de los expertos y de los vecinos con respecto a qué aspectos son prioritarios para mejorar la comodidad urbana. Mientras los especialistas valoran más tecnologías avanzadas, como infraestructura para vehículos eléctricos o sistemas inteligentes de gestión energética, los residentes prefieren aspectos más concretos e inmediatos, como la proximidad a servicios esenciales como centros médicos, escuelas y transporte público, la calidad del aire y la eficiencia energética de las viviendas.

Sin lugar a duda, el aporte más relevante de esta investigación es la premisa de que no hay transición energética posible si no es a través de la participación ciudadana.




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El desafío de la transición hacia ciudades de cero emisiones

Según el equipo de investigación, esta metodología convocante e inclusiva garantiza la incorporación de un aspecto tan relegado como la identidad colectiva en las políticas de planificación urbana europea, en un contexto marcado por iniciativas ambiciosas como el European Green Deal, el Fit55 o la New European Bauhaus, que buscan activamente transformar ciudades y barrios en lugares más sostenibles, inclusivos y bellos.

El gran reto de la transición hacia ciudades de cero emisiones para el 2030 ya no se basa en tecnología, sino las fórmulas para lograr la aceptación por parte de la ciudadanía de iniciativas sostenibles. Esta nueva propuesta metodológica aborda de lleno el desafío, proponiéndonos centrar nuestros esfuerzos en profundizar valores como el sentido de pertenencia y de co-responsabilidad ciudadana en el diseño de barrios, apuntando a la construcción de comunidades más comprometidas y accionadas hacia la transición tanto energética como ecología.

The Conversation

Leandro Ferrón recibe fondos del Programa Horizon y tiene vínculo laboral con la Universidad de Deusto.

Aitziber Mugarra recibe fondos del Programa Horizon Europe y tiene vínculo laboral con la Universidad de Deusto. Las opiniones y puntos de vista expresados son exclusivamente de los autores y no reflejan necesariamente los de la Unión Europea ni los de la Agencia Ejecutiva Europea de Clima, Infraestructuras y Medio Ambiente (CINEA). Ni la Unión Europea ni la autoridad que concede la subvención se responsabilizan de ellas.

Cruz Enrique Borges has received funding from the European Union’s Horizon Europe research and innovation programme under grant agreement No 101069639. The views and opinions expressed are however those of the author(s) only and do not necessarily reflect those of the European Union or European Climate, Infrastructure and Environment Executive Agency (CINEA). Neither the European Union nor the granting authority can be held responsible for them.

Oxana Soimu recibe fondos del Programa Horizon Europe y tiene vínculo laboral con la Universidad de Deusto. Las opiniones y puntos de vista expresados son exclusivamente de los autores y no reflejan necesariamente los de la Unión Europea ni los de la Agencia Ejecutiva Europea de Clima, Infraestructuras y Medio Ambiente (CINEA). Ni la Unión Europea ni la autoridad que concede la subvención se responsabilizan de ellas.

ref. ¿Cómo medir si un barrio es acogedor? La respuesta la tienen los vecinos – https://theconversation.com/como-medir-si-un-barrio-es-acogedor-la-respuesta-la-tienen-los-vecinos-259644

Nanomedicina: la tecnología de lo diminuto al servicio del diagnóstico y la cura de enfermedades

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Isidoro Martínez González, Científico Titular de OPIs, Instituto de Salud Carlos III

Recreación artística de nanopartículas con fármacos circulando por el torrente sanguíneo. Kateryna Kon/Shutterstock

Cuando pensamos en medicina del futuro, es fácil imaginar hospitales con robots, tratamientos a medida y diagnósticos instantáneos. Lo que pocos saben es que mucho de eso ya está empezando a suceder, en gran parte, gracias a una ciencia que trabaja en lo invisible: la nanotecnología.

La nanotecnología se basa en manipular la materia a escalas diminutas, del orden de los nanómetros (un nanómetro equivale a la milmillonésima parte de un metro). A esa escala, las propiedades de los materiales cambian: lo que no conduce electricidad a tamaño normal puede hacerlo cuando se reduce a nivel nano; lo que es inerte puede volverse reactivo. Y esto abre todo un abanico de posibilidades para la medicina.

¿Por qué esta escala es tan importante para la medicina? Porque muchos procesos biológicos ocurren a nanoescala. Nuestro ADN, las proteínas y otros componentes de nuestras células están todos dentro de este rango de tamaño. Para hacerse una idea, una hebra de ADN mide unos 2 nanómetros de ancho. La nanomedicina utiliza nanomateriales y nanodispositivos que son similares en tamaño a estas moléculas biológicas, lo que les permite interactuar con el cuerpo de maneras altamente específicas.

Lo que ya está ocurriendo: avances actuales de la nanomedicina

Aunque parezca ciencia ficción, muchas aplicaciones de la nanotecnología en medicina ya son una realidad. Uno de los campos más desarrollados es el diagnóstico, especialmente en enfermedades como el cáncer. Gracias a nanopartículas que se adhieren a células tumorales, hoy es posible detectarlas mucho antes que con técnicas tradicionales. Algunas de estas partículas están diseñadas para brillar bajo ciertos tipos de luz, haciendo visibles incluso pequeños tumores que antes pasaban desapercibidos.

En el ámbito del tratamiento, la nanotecnología también está marcando un antes y un después. Un ejemplo es la liberación controlada de fármacos. En lugar de tomar medicamentos que afectan a todo el cuerpo, los investigadores están desarrollando “vehículos nanométricos” capaces de transportar la medicina directamente al órgano o célula enferma. Esto no solo aumenta la eficacia, sino que reduce efectos secundarios (pensemos, por ejemplo, en la pérdida de pelo y las náuseas asociadas con la quimioterapia anticancerígena tradicional).

En enfermedades neurodegenerativas, cardiovasculares o infecciosas, se están probando nuevos métodos basados en nanotecnología para mejorar la administración de tratamientos. Incluso en vacunas (como ocurrió en parte con las vacunas de ARN mensajero contra la covid-19), las nanopartículas de lípidos (pequeñas burbujas de grasa) han sido clave para transportar el material genético hasta las células de forma segura.

Además, se están creando biomateriales “inteligentes” que reaccionan al entorno del cuerpo. Por ejemplo, apósitos que liberan antibióticos solo cuando detectan infección, o implantes que se integran mejor con el tejido humano gracias a recubrimientos nanométricos.

Lo que viene: posibilidades futuras y desafíos

A medida que esta tecnología evoluciona, las posibilidades se multiplican. Una de las más llamativas es el uso de nanorrobots, pequeñas estructuras programables que podrían viajar por el cuerpo humano realizando tareas específicas, como destruir células cancerosas una por una, limpiar arterias obstruidas o reparar tejidos dañados. Aunque suena a ciencia ficción, ya hay prototipos que se mueven por impulsos químicos o magnéticos, y que algún día podrían formar parte de la medicina personalizada del futuro.

También se investiga cómo integrar la nanotecnología con la inteligencia artificial para crear sistemas de diagnóstico autónomos, capaces de identificar una enfermedad en sus primeras fases y actuar de forma inmediata. Esto podría cambiar radicalmente la forma en la que entendemos la salud: pasar de una medicina reactiva (que actúa cuando ya estamos enfermos) a una medicina preventiva y proactiva.

Pero estas promesas también vienen acompañadas de desafíos importantes. Uno de ellos es la seguridad. ¿Qué efectos a largo plazo pueden tener las nanopartículas en el cuerpo? ¿Cómo se eliminan? ¿Pueden acumularse en órganos?

Además, existen dilemas éticos: ¿Quién controla esta tecnología? ¿Podría usarse para modificar genéticamente a una persona sin su consentimiento?

Estas preguntas aún están en debate, y hacen que la regulación y la investigación responsable sean fundamentales. La nanomedicina tiene un potencial enorme, pero necesita avanzar con transparencia, con controles rigurosos y siempre pensando en el beneficio de los pacientes.

Una revolución silenciosa

La nanotecnología en medicina no es solo una promesa futurista, y aunque todavía hay camino por recorrer, lo que está claro es que este campo marcará el rumbo de la medicina en las próximas décadas.

Entender cómo funciona, qué avances se están produciendo y qué preguntas debemos hacernos como sociedad es clave para no quedarnos atrás. Porque lo nano, aunque invisible a simple vista, está cambiando cosas enormes, desde nuestra salud hasta nuestra forma de vivir. Incluso, en un futuro no muy lejano, podría ofrecernos la posibilidad de curarnos incluso antes de llegar a enfermar.

The Conversation

Salvador Resino es Investigador Científico en el Instituto de Salud Carlos III, del cual recibe financiación para llevar a cabo sus proyectos de investigación.

Daniel Sepúlveda Crespo y Isidoro Martínez González no reciben salarios, ni ejercen labores de consultoría, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del puesto académico citado.

ref. Nanomedicina: la tecnología de lo diminuto al servicio del diagnóstico y la cura de enfermedades – https://theconversation.com/nanomedicina-la-tecnologia-de-lo-diminuto-al-servicio-del-diagnostico-y-la-cura-de-enfermedades-259551

Cambio climático y costas rocosas: el mar está ganando la batalla a los acantilados

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Montserrat Jiménez Sánchez, Catedrática Geodinámica Externa, Universidad de Oviedo

Vista aérea del retroceso de los acantilados por inestabilidad de laderas en la playa de Vallina (Cudillero, Asturias). Fotografía tomada el 20 de julio de 2024. Saúl González Lemos, CC BY-SA

Una de las cuestiones que más nos preocupa actualmente es el cambio global, inducido a escala planetaria por factores naturales y acelerado por la acción humana. Entre sus consecuencias destacan el calentamiento de la atmósfera, el retroceso de los glaciares y el ascenso del nivel del mar. Esta subida ha aumentado de 2,1 milímetros al año en 1993 a 4,5 mm/año en 2023, aunque más frecuentemente se habla de valores en torno a 3,4 mm/año.

Asimismo, se está observando una mayor frecuencia e intensidad de fenómenos meteorológicos extremos capaces de modificar la dinámica de los procesos erosivos –que causan la pérdida y el desgaste de la superficie del terreno– en distintas zonas costeras del mundo.

En Europa, se ha calculado que al menos el 25 % de las costas sufren procesos erosivos, especialmente durante los temporales, cuya acción es particularmente evidente en las playas. Por ejemplo, en la playa de Piles (Valencia, España), se cuantificó un retroceso de 40 metros en solo dos semanas (entre el 6 y el 20 de enero de 2020) vinculado a la tormenta Gloria.

Aunque el retroceso puede pasar más desapercibido en los acantilados que en las playas, sus consecuencias son igualmente severas para las comunidades costeras más cercanas y expuestas. De hecho, la frecuencia de los procesos de inestabilidad de ladera en los acantilados parece ir en aumento, involucrando en ocasiones grandes volúmenes de terreno y fenómenos complejos.

La lluvia y las olas desgastan los acantilados

El retroceso de los acantilados en costas rocosas resulta de la inexorable competición entre la energía erosiva del oleaje y la resistencia de las rocas. La acción del mar socava la base de los acantilados provocando diferentes mecanismos de inestabilidad, como desprendimientos y deslizamientos, entre otros. Estos son particularmente intensos en acantilados altamente fracturados o compuestos por rocas que se erosionan fácilmente.

La dinámica del proceso erosivo en costas rocosas está fuertemente influida por factores climáticos como las precipitaciones, la humedad del suelo y la altura del oleaje.

Durante períodos lluviosos, el suelo incrementa su humedad y peso, perdiendo resistencia y aumentando la probabilidad de desestabilizarse. Durante los temporales, la capacidad erosiva del oleaje se incrementa y con ella el número de inestabilidades de ladera en los acantilados.

Todos estos procesos conducen inevitablemente al avance progresivo del mar hacia la tierra ocasionando el retroceso de la línea de costa. El actual contexto de cambio climático sugiere que estos fenómenos serán cada vez más frecuentes e intensos.




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Cambio climático: hay que alejar a la gente de algunas zonas costeras (también en España)


Ejemplos en todo el mundo

Para ilustrar el problema, existen ejemplos espectaculares de episodios actuales de dinámica intensa de retroceso de acantilados en distintas zonas del mundo.

Durante el evento de El Niño 2015-2016, el 12 % de los acantilados de un tramo de costa de 300 kilómetros del sur de California (zona de Palos Verdes) llegaron a registrar retrocesos de 10-15 metros.

En el norte de España existe un deslizamiento (Faro de Tazones, Asturias) con un volumen estimado de más de 3 millones de metros cúbicos que se volvió muy activo entre febrero de 2018 y febrero de 2021. Son destacables los desplazamientos superiores a 14 metros en algunos puntos durante el año 2019, coincidiendo con episodios de elevadas precipitaciones (821 mm en 24 horas) y temporales con olas superiores a 9 metros.

Evolución de la pendiente del faro de Tazones ilustrada en las imágenes tomadas por un dron en: a. 2018 y b. 2019. La flecha indica un deslizamiento plano superficial. c. Vista del acantilado desde el mar, en la que se observan algunos bloques desprendidos y árboles.
Domínguez-Cuesta et al., 2021, CC BY

El retroceso de los acantilados se acelera

En distintos sectores costeros de Europa, se han realizado estudios que ponen de manifiesto que las tasas de retroceso actuales son superiores a las de los últimos miles de años.

Así, en la costa de Normandía se han estimado valores entre un 33 % y 57 % más bajos que los medidos actualmente (0,10-0,18 m/año). En la costa de Gran Bretaña se han registrado tasas de retroceso histórico que varían entre 2 y 25 cm/año.

Estas mismas investigaciones –basadas en la combinación de datos históricos, topográficos, geocronológicos, meteorológicos y sensores remotos– subrayan la importancia del clima en la erosión costera y sugieren que, debido al aumento del nivel del mar, la velocidad del retroceso de acantilados podría incrementarse hasta diez veces para finales del siglo XXI.

Ante esta perspectiva, las estrategias de adaptación son esenciales. Para ello, es preciso mejorar nuestra comprensión actual de la evolución de los acantilados y su relación con el cambio climático. Potenciar la investigación para incrementar el conocimiento, fomentar la educación de la ciudadanía y mejorar la ordenación del territorio son fundamentales para anticipar riesgos futuros, proteger vidas e infraestructuras, y promover una gestión costera sostenible. Así se podrá contribuir a mitigar el impacto del calentamiento global en las costas.


Este artículo es fruto de una colaboración con la Cátedra Cambio Climático de la Universidad de Oviedo.


The Conversation

Montserrat Jiménez Sánchez codirige el Proyecto de Investigación RETROCLIFF (PID2021-122472NB-100) financiado por MCIN, AEI y FEDER, UE y dirige el Proyecto de Investigación GEOCANTABRICA (IDE/2024/000753. SEK-25-GRU-GIC-24-072) financiado por SEKUENS-Gobierno del Principado de Asturias y Fondos Europeos.

Laura Rodríguez Rodríguez participa en los proyectos de investigación RETROCLIFF (PID2021-122472NB-100) financiado por MCIN, AEI y FEDER, UE y GEOCANTABRICA (IDE/2024/000753. SEK-25-GRU-GIC-24-072) financiado por SEKUENS-Gobierno del Principado de Asturias y Fondos Europeos.

María José Domínguez Cuesta codirige el Proyecto de Investigación RETROCLIFF (PID2021-122472NB-100) financiado por MCIN, AEI y FEDER, UE y participa en el Proyecto de Investigación GEOCANTABRICA (IDE/2024/000753. SEK-25-GRU-GIC-24-072) financiado por SEKUENS-Gobierno del Principado de Asturias y Fondos Europeos.

ref. Cambio climático y costas rocosas: el mar está ganando la batalla a los acantilados – https://theconversation.com/cambio-climatico-y-costas-rocosas-el-mar-esta-ganando-la-batalla-a-los-acantilados-261025

Rater mieux, rater encore plus mal : l’art du kitsch

Source: The Conversation – France (in French) – By Franz Johansson, Docteur en Littérature française, Sorbonne Université

Aussi indéfinissable qu’insaisissable, le kitsch prolifère partout, des musées les plus prestigieux aux vide-greniers. Une consécration paradoxale pour un phénomène dont l’essence même est son caractère commun.


Vieille d’un siècle et demi – si on la fait commencer avec l’apparition du mot lui-même, dans la deuxième moitié du XIXᵉ siècle, l’histoire du kitsch est celle d’une irrésistible extension dont, en 1939, le critique américain Clement Greenberg annonçait le caractère impérieux (et impérialiste) :

« Il a effectué un tour du monde triomphal, envahissant et défigurant les cultures particulières de chacun des pays qu’il a successivement colonisés ; il est en train de s’imposer comme une culture universelle, la première culture universelle qui ait jamais existé. »

Elle est aussi, depuis un quart de siècle notamment, celle d’une ascension non moins spectaculaire, lui ayant permis d’accéder aux lieux les plus prestigieux. Dans les expositions Pierre et Gilles au Jeu de Paume (2007) ou Takashi Murakami au château de Versailles (2010) se montre un kitsch débarrassé de tout relent de marginalité, géographique, sociale ou artistique. Le succès de Jeff Koons – détenant le titre d’artiste vivant le plus cher de l’histoire – est peut-être l’indice le plus certain d’un triomphe envahissant, insolent parfois, du kitsch.

Mais la possibilité même d’une apothéose est paradoxale pour un phénomène impliquant dans sa définition, dans son essence même, un caractère commun, bas ou indigne. Il est impossible de définir en quelques lignes un terme dont presque tous les penseurs qui l’ont abordé soulignent le caractère éminemment fuyant. « Le kitsch échappe comme un lutin à toute définition » écrit le philosophe Theodor Adorno. Cependant, on peut se rappeler utilement son étymologie probable. Celle-ci le rattache aux verbes exprimant en dialecte allemand mecklembourgeois l’action de bâcler (« kitschen ») ou de tromper sur la marchandise (« verkitschen »).

Se pourrait-il qu’il y ait dans ce mensonge le germe d’une sagesse ? Qu’à l’arrogance de la victoire se mêle parfois la lucidité d’un échec ?

Dialectique du kitsch

Il est arrivé plusieurs fois dans l’histoire de l’art qu’un mouvement reprenne à son compte le mot par lequel on a d’abord voulu le dénigrer, et en efface ou en renverse toute nuance péjorative : les mots « impressionnisme » ou « cubisme » étaient à leur début empreints d’un accent de raillerie qui s’est très vite dissipé.

Il en va tout autrement pour le « kitsch ». Celui-ci continue d’impliquer, quel que soit l’éclat de son triomphe, la présence d’une sous-valeur, une fausse valeur ou une contre-valeur. Dans la variété de nuances auxquelles elle peut donner lieu – humour ou cynisme, provocation ou ironie, et jusqu’au plus sincère enthousiasme –, l’adhésion au kitsch est toujours scindée : non l’oubli pur et simple d’un stigmate originel, mais une manière de faire avec lui, de l’intégrer dans une forme de dialectique.

N’est-ce pas là une sophistication inutile ? Est-il réellement besoin d’introduire une dialectique dans l’attrait que peuvent inspirer les couleurs criardes d’un nain de jardin ou les coûteuses surcharges de l’hôtel Luxor de Las Vegas ? Oui, en définitive. L’appréhension d’une œuvre kitsch suppose la présence active (même lorsqu’elle est enfouie) d’une inversion de sa valeur, d’un renversement possible : l’expérience esthétique (et, le cas échéant, critique) s’inscrit dans une tension ou dans la virtualité d’un basculement possible entre l’authentique et l’artificiel, l’unique et le sériel, le dérisoire et le grandiose.

Ce qui relève de la médiocrité aspire à s’élever, et la cuillère ou la salière se chargent alors d’ornements, le mug s’affuble des symboles de la haute culture (de la Joconde aux autoportraits de Frida Kahlo). À l’inverse, ce qui vise le sublime (celui des grands idéaux ou des beaux sentiments) fait naufrage (ou, plus prosaïquement, trébuche et se casse la figure) dans le poncif ou la mièvrerie : les éclats pharaoniques de l’Aïda de Verdi ou les innocences lisses des toiles de William Bouguereau.

L’intelligence du toc

« Tu m’as donné ta boue et j’en ai fait de l’or », écrit Baudelaire dans un projet d’épilogue aux Fleurs du mal. Aussi curieux que le rapprochement puisse paraître, l’orgueil d’une alchimie anime à son tour cette esthétique du confort, cet « art du bonheur » (comme l’appelle, dans les années 1970, le sociologue Abraham Moles) qu’est le kitsch. Excepté qu’ici, il suffit de gratter un peu pour reconnaître dans l’or la dorure. Il reste pourtant quelque chose de cette alchimie en toc une fois que l’écaille dorée est tombée : l’échec lui-même, dans la richesse de ses nuances. On peut échouer un peu, beaucoup, à la folie, passionnément ou lamentablement. Ce qu’on perd en grandeur prométhéenne, on le gagne en complexité.

On peut appeler intelligence, au plus près de l’étymologie, ce qui, dans le kitsch nous incite à lire et à lier ensemble des éléments n’ayant en eux-mêmes rien de précieux ni d’éclairant ; ce n’est que par le réseau qu’ils forment, par la manière dont ils articulent et souvent renversent des matériaux enchevêtrés, qu’ils jettent une certaine lumière sur le monde.

Contre ceux qui y voyaient un phénomène frivole et sans conséquences, Theodor Adorno prônait la nécessité de prendre le kitsch au sérieux, en précisant « critiquement au sérieux ». À l’intelligence du kitsch exigée par le penseur de l’École de Francfort, extérieure à l’objet examiné, on pourrait en ajouter une autre : non plus celle qui le surplombe pour en percer à jour les mécanismes insidieux et néfastes, mais celle qui se loge auprès de lui et en lui. Celle-ci n’entre pas en contradiction avec la première : il serait appauvrissant et absurde de ne pas prendre en considération l’incitation au conformisme politique autant qu’esthétique, la dimension aliénante dénoncée par les grands penseurs de ce kitsch devenant, dans la célèbre formule de l’écrivain Hermann Broch, « le mal dans le système des valeurs de l’art ».

Mais une intelligence du kitsch peut aussi prêter attention à l’idée formulée par le philosophe Walter Benjamin : celle qu’un art devenu accessible au corps, un art qui se laisse enfin toucher, ouvre la possibilité d’un nouveau rapport à l’intériorité humaine. Ou à celle d’Umberto Eco rétorquant aux « apocalyptiques », effrayés par l’irrévocable déchéance de la culture que trahissent le succès du jazz et des films d’Hollywood, que le monde des communications de masse est, qu’on le veuille ou non, notre monde. Ou encore à celle de l’autrice new-yorkaise Susan Sontag rendant compte de la sensibilité « camp », ce « dandysme de l’ère des masses » où le connaisseur le plus délicat et le plus blasé trouve sa délectation dans l’objet kitsch précisément parce qu’il est tel : « Affreux à en être beau ! »

Le kitsch partout ?

S’il n’est peut-être pas faux de dire que le kitsch est omniprésent dans notre monde contemporain, ce n’est pas que la possibilité ne nous soit plus offerte d’expériences entièrement étrangères au kitsch, c’est que celui-ci est toujours susceptible de surgir à l’improviste ou de projeter son ombre n’importe où. Quel que soit le champ où on se situe, artistique, social, économique, politique ou religieux, on court le risque de glisser ou de culbuter vers lui, avec innocence ou lucidité, tendresse ou ironie, par provocation ou par instinct, sentimentalisme ou démagogie.

Des outrances effroyablement sirupeuses de la campagne électorale de Donald Trump, aux bigarrures de la dernière collection de Miuccia Prada, où la transgression des codes du luxe se veut aussi leur parodie, de l’orientalo-hellénisme ploutocratique de l’Atlantis de Dubaï au romano-byzantinisme mystique de la basilique du Sacré-Cœur à Montmartre, d’André Rieu à Richard Wagner (exemple d’un « kitsch génial », selon Hermann Broch), de la Barbie « western rose » en vente dans un mall de Miami ou de Manilla au Barbie (2023), de Greta Gerwig où l’univers de la poupée de Mattel investit l’écran d’une manière si littérale qu’il en éveille de manière étonnante une forme de réflexivité…

Les positions monolithiques, surplombantes et dogmatiques s’avèrent de moins en moins capables de rendre compte d’un kitsch qui, en proliférant, a aussi amplifié ses registres, multiplié ses dimensions ou ses strates. Et qui nous oblige alors à le considérer au cas par cas, en tenant compte, à chaque fois qu’il paraît, de tous les éléments en présence au sein d’équations tantôt très élémentaires, tantôt très subtiles. Et dont on n’est pas certain de pouvoir dire, dans les meilleurs des cas, dans quelques œuvres rares, si elles aboutissent au succès ou à l’échec.

« Rater mieux encore. Ou mieux plus mal. Rater plus mal encore. Encore plus mal encore. »

Laquelle de ces quêtes, énoncées par Samuel Beckett, est celle de celui qui accepte dans son art d’avoir partie liée avec le kitsch ?

The Conversation

Franz Johansson ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

ref. Rater mieux, rater encore plus mal : l’art du kitsch – https://theconversation.com/rater-mieux-rater-encore-plus-mal-lart-du-kitsch-258197

La mission spatiale CO3D, ou comment cartographier la Terre en 3D et au mètre près

Source: The Conversation – France in French (2) – By Laurent Lebegue, Responsable performances système du projet CO3D, Centre national d’études spatiales (CNES)

Quatre satellites de nouvelle génération vont quitter Kourou, en Guyane, le 25 juillet, à bord d’une fusée Vega-C.

La mission CO3D, consacrée à la cartographie en trois dimensions des terres émergées du globe, s’appuie sur de nombreuses innovations technologiques. Son défi principal ? Couvrir une surface considérable avec une précision de l’ordre du mètre, en imageant aussi les objets mobiles comme les véhicules ou panaches de fumée, tout en se fondant sur des traitements entièrement automatisés pour réduire les coûts de production.


La mission CO3D, développée conjointement par le Centre national d’études spatiales (Cnes) et Airbus, doit fournir une cartographie des reliefs, que l’on appelle dans le domaine « modèles numériques de surface », pour des besoins bien identifiés – qu’ils soient civils ou militaires –, mais aussi de développer de nouveaux usages de ces informations 3D, encore insoupçonnés, que ce soit par des organismes de recherches ou des start-ups.

Pourquoi cartographier la Terre en 3D ?

Les données acquises par la mission CO3D permettront de surveiller la Terre depuis l’espace. Ainsi, les scientifiques pourront par exemple suivre les variations du volume des glaciers ou des manteaux neigeux en montagne.

Ils pourront aussi étudier l’évolution du trait de côte ou encore l’effondrement des falaises, et ainsi simuler l’impact de la montée du niveau des mers sur les terres littorales.

La cartographie 3D de la biomasse permet aussi de suivre à grande échelle la déforestation ou, plus localement, l’évolution de la végétalisation des villes et la gestion des îlots de chaleur.

L’ensemble de ces données, qui forment l’une des briques de base des jumeaux numériques, sont essentielles pour mieux comprendre l’impact du dérèglement climatique sur les écosystèmes et les territoires.


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Au-delà des sciences, la modélisation 3D précise est un outil indispensable pour les acteurs du secteur public comme les collectivités ou la sécurité civile. Ces dernières exploitent les données 3D dans le cadre de l’aménagement du territoire, la gestion des espaces tels que les zones inondables ou encore pour la connaissance précise des terrains en cas de gestion de crise à la suite d’une catastrophe naturelle.

Par exemple, en cas de tremblement de Terre, les satellites d’observation sont activés pour évaluer les dégâts à grande échelle afin d’aider les secours à prioriser leurs interventions, mais aussi pour évaluer les reconstructions à prévoir. Ces opérations sont réalisables avec de l’imagerie 2D classique, mais estimer l’effondrement d’un étage de bâtiment avec une simple vue verticale n’est pas forcément adapté, contrairement à l’imagerie 3D qui permet de mesurer directement les hauteurs.

En matière de défense, les données CO3D aideront, par exemple, à préparer les missions aériennes d’avion ou de drones à basse altitude ainsi que les déploiements de véhicules et de troupes sur divers terrains accidentés.

Comment fonctionne cette nouvelle imagerie 3D ?

La constellation s’articule autour de quatre satellites construits par Airbus, d’une masse de 285 kilogrammes chacun et d’une durée de vie de huit ans, permettant d’acquérir des images en couleurs d’une résolution de 50 centimètres – soit la résolution nécessaire pour produire des modèles numériques de surface avec une précision altimétrique d’environ un mètre.

vue d’artiste d’une paire de satellites
Acquisition stéréoscopique d’une paire de satellites CO3D.
CNES, Fourni par l’auteur

Les quatre satellites seront regroupés en deux paires positionnées sur une même orbite (à 502 kilomètres d’altitude), mais en opposition afin de réduire le temps nécessaire aux satellites pour revenir photographier un même site.

Le principe de génération des modèles numériques de surface à partir des images est celui qui nous permet de voir en trois dimensions : la vision stéréoscopique. Les images d’un site sur Terre sont acquises par deux satellites avec un angle différent comme le font nos yeux. La parallaxe mesurée entre les deux images permet, grâce à de puissants logiciels, de calculer la troisième dimension comme le fait notre cerveau.

schéma de principe
Principe de génération de modèle numérique de surface par stéréoscopie spatiale.
Cnes, Fourni par l’auteur

De plus, les images étant acquises avec deux satellites différents que l’on peut synchroniser temporellement, il est possible de restituer en 3D des objets mobiles, tels que des véhicules, des panaches de fumée, des vagues, etc. Cette capacité, encore jamais réalisée par des missions précédentes, devrait améliorer la qualité des modèles numériques de surface et ouvrir le champ à de nouvelles applications.

Les couleurs disponibles sont le rouge, le vert, le bleu mais aussi le proche infrarouge, ce qui permet d’avoir des images en couleur naturelle comme les voient nos yeux, mais aussi d’augmenter la capacité à différencier les matériaux, au-delà de ce que peut faire la vision humaine. Par exemple, un terrain de sport apparaissant en vert en couleur naturelle pourra être discriminé en herbe ou en synthétique grâce au proche infrarouge. Notons que la résolution native de 50 centimètres dans le proche infrarouge est inégalée à ce jour par d’autres missions spatiales. Elle permettra par exemple de générer automatiquement des cartes précises de plans d’eau et de végétation qui sont des aides à la production automatique de nos modèles numériques de surface de précision métrique.

Les satellites ont chacun la capacité d’acquérir environ 6 500 images par jour mais malgré cela, il faudra environ quatre ans pour couvrir l’ensemble des terres émergées attendues et produire les données associées ; une image élémentaire ayant une emprise au sol de 35 kilomètres carrés, il faudra environ 3,5 millions de couples d’images stéréoscopiques pour couvrir les 120 millions de kilomètres carrés.

Un gros travail au sol pour tirer le meilleur des données

De nombreuses innovations concernent également la planification de la mission et les traitements réalisés au sol.

Les satellites optiques ne voyant pas à travers les nuages, la prise en compte de prévisions météorologiques les plus fraîches possible est un élément clé des performances de collecte des données. En effet, les satellites sont très agiles et on peut les piloter pour observer entre les nuages. Avec CO3D, la prévision météo est rafraîchie à chaque orbite, à savoir quinze fois par jour.

Ouverture du container contenant les quatre satellites CO3D, en salle blanche à Kourou (Guyane).
2025 ESA-Cnes-Arianespace/Optique vidéo du CSG-P. Piron, Fourni par l’auteur

Le volume de données à générer pour couvrir le monde en 4 ans est considérable, environ 6 000 téraoctets (l’équivalent d’un million de DVD). La seule solution possible pour atteindre cet objectif dans une durée contrainte et à des coûts réduits a été pour le Cnes de développer des chaînes de traitement robustes, sans reprise manuelle et massivement parallélisées dans un cloud sécurisé.

Le Cnes développe aussi un centre de calibration image, consacré à la mission CO3D, qui sera chargé, pendant les six mois qui suivent le lancement, d’effectuer les réglages des satellites, des instruments et des logiciels de traitement qui permettront d’avoir la meilleure qualité possible des images. À l’issue de ces phases de qualification des satellites et des données, les cartographies 3D seront accessibles aux partenaires institutionnels du Cnes (scientifiques, collectivités locales ou équipes de recherche et développement) au fur et à mesure de leur production.

Par la suite, après une phase de démonstration de production à grande échelle de dix-huit mois, Airbus commercialisera également des données pour ses clients.

À quelques jours du lancement, la campagne de préparation des satellites bat son plein à Kourou et l’ensemble des équipes de développement et d’opérations finalise à Toulouse les derniers ajustements pour démarrer les activités de mise à poste et de recette en vol, les activités de positionnement des satellites sur leur orbite finale, de démarrage des équipements des satellites et de leurs instruments, puis de réglage des paramètres des traitements appliqués au sol.

The Conversation

Laurent Lebegue ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

ref. La mission spatiale CO3D, ou comment cartographier la Terre en 3D et au mètre près – https://theconversation.com/la-mission-spatiale-co3d-ou-comment-cartographier-la-terre-en-3d-et-au-metre-pres-260747

Comment amener quelqu’un à faire librement ce que l’on désire ?

Source: The Conversation – France in French (3) – By Fabien Girandola, Professeur de Psychologie Sociale, Aix-Marseille Université (AMU)

Publié en 1987, vendu à plus de 500 000 exemplaires en France, le Petit Traité de manipulation à l’usage des honnêtes gens, de Robert-Vincent Joule et Jean-Léon Beauvois, est un véritable phénomène de librairie. Fondé sur les recherches en psychologie sociale, l’ouvrage propose de connaître les techniques de manipulation auxquelles nous sommes confrontés quotidiennement ou qui permettent de convaincre.


Comment amener quelqu’un à faire librement ce qu’on désire le voir faire ? C’est à cette question, qui nous concerne probablement toutes et tous, que répondent Robert-Vincent Joule et Jean-Léon Beauvois dans leur ouvrage, Petit Traité de manipulation à l’usage des honnêtes gens (1987, rééd. 2024). Ils le font à la lumière des connaissances élaborées au fil des décennies pas les psychologues sociaux, depuis les travaux précurseurs de Kurt Lewin jusqu’à nos jours, et donc durant soixante-quinze années de recherches.

L’un des mérites majeurs de l’ouvrage de Joule et Beauvois est d’avoir travaillé ce corpus expérimental au sein de l’espace francophone, notamment en rendant accessibles des recherches anglo-saxonnes jusque-là peu diffusées. Une conférence donnée par Robert-Vincent Joule à l’Université Grenoble Alpes illustre parfaitement cette logique de l’influence librement consentie.

Dans la dernière édition augmentée et actualisée, parue en octobre 2024, les auteurs explicitent une trentaine de techniques d’influence dont l’efficacité est expérimentalement démontrée dans des recherches de laboratoire et de terrain. Ces procédures, qu’ils qualifient de techniques de manipulation, permettent de multiplier (par deux, par trois, parfois par dix) nos chances d’arriver à nos fins, pour le meilleur et pour le pire.

La connaissance de ces techniques et des processus psychologiques en jeu donnent au lecteur des armes pour éviter de se faire manipuler et pour forger son esprit critique, le rendant moins poreux aux influences néfastes s’exerçant sur lui. Certains blogs de « vulgarisation » estiment même que l’ouvrage relève de l’utilité publique – une appréciation rare pour un traité de psychologie sociale.

L’ouvrage concerne essentiellement les influences interpersonnelles, celles qui opèrent entre deux personnes (en famille, au travail, dans la rue, sur Internet, ou encore ici ou là entre un vendeur et un client), sans négliger pour autant les influences de masse. Les chercheurs en sciences de l’information et de la communication (SIC) s’intéressent aussi particulièrement à ces dynamiques, dès lors qu’elles s’inscrivent dans des dispositifs médiatisés (affichages, interfaces, plateformes numériques) ou ritualisés (conférences, campagnes, échanges transactionnels). Enfin, le conditionnement évaluatif, sur lequel s’appuient volontiers les spécialistes du marketing.




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Le conditionnement évaluatif

Vous écoutez la Marseillaise avant un match de football de l’équipe de France. La caméra passe lentement d’un joueur à l’autre. En plan serré, on voit le visage concentré de chaque joueur mais aussi le haut de chaque maillot avec le logo d’une certaine marque. Bien sûr, on ne prête pas attention à ce logo et pourtant, sans qu’on en ait conscience, la positivité de la Marseillaise, l’hymne national, va se transférer sur la marque, rendant ainsi plus probables les comportements d’achat attendus de la part des spectateurs. Les recherches qui illustrent ce phénomène sont légion.

Une étude célèbre a ainsi montré l’effet du conditionnement évaluatif sur le choix d’un stylo en fonction d’une musique plaisante ou déplaisante. Les participants étaient amenés à regarder une publicité pour un stylo. Le stylo était de couleur bleue pour une moitié des participants et beige pour l’autre moitié. Une musique était diffusée, agréable pour certains, désagréable pour d’autres.

À la fin de l’expérience chaque participant se voyait offrir un stylo dont il pouvait choisir la couleur (bleu ou beige). Comme attendu, les participants choisirent massivement la couleur associée aux musiques plaisantes (qu’il s’agisse du bleu ou du beige) et délaissèrent la couleur associée aux musiques déplaisantes (qu’il s’agisse du bleu ou du beige). Mais il y a plus, lorsqu’on leur demande d’expliquer leur choix, ils en appellent à leur goût personnel pour la couleur choisie, sans faire la moindre allusion à la musique !

Les techniques décrites dans le Petit traité de manipulation peuvent évidemment être utilisées à nos dépens par des individus malintentionnés ; par exemple, pour obtenir de nous des informations confidentielles, comme nos coordonnées bancaires, ou de façon plus générale, pour obtenir de nous des décisions que nous regretterons. Mais elles peuvent aussi, entre les mains d’honnêtes gens, se montrer très utiles – et bien plus efficaces que la persuasion – pour promouvoir des comportements « socialement utiles » recherchés. Un exemple : la technique de l’étiquetage.

L’étiquetage

Dans une des recherches rapportées dans l’ouvrage de Joule et Beauvois, des chercheurs américains comparent l’efficacité de deux stratégies pour inciter des élèves de 9-10 ans à ne pas jeter les papiers de bonbons par terre : une stratégie persuasive et une stratégie reposant sur des étiquetages.

Pendant huit leçons sur le respect de l’environnement, l’enseignante s’efforçait, en mettant en avant des arguments appropriés, de convaincre certains élèves d’être propres et ordonnés (condition persuasive). Elle n’essayait pas de convaincre d’autres élèves, se contentant de leur dire « Vous êtes des enfants propres et ordonnés » (condition d’étiquetage).

Au terme de ces leçons, on distribuait aux enfants des sucreries soigneusement emballées et on comptait le nombre de papiers de bonbons laissés sur le sol. Les chercheurs ont constaté que les enfants placés dans la condition d’étiquetage se conformaient davantage aux attentes éducatives que ceux placés dans la condition persuasive : moins d’emballages de bonbon sur le sol et davantage dans les poubelles. Mais il y a plus : cet effet persistait après la fin de l’expérience, alors que plus rien n’était demandé aux enfants, prouvant ainsi l’impact durable de l’étiquetage sur les comportements ultérieurs de propreté des élèves.

La supériorité de l’étiquetage sur la persuasion est également démontrée dans d’autres recherches qui portent cette fois sur la performance scolaire (résultats obtenus à des exercices de mathématiques, par exemple).


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Il ne faudrait pas croire que seuls les enfants sont sensibles à l’étiquetage. Les adultes le sont tout autant, comme le montre, par exemple, une autre expérience rapportée dans le Petit traité de manipulation. Après avoir fait passer un pseudo test de personnalité à des participants, les chercheurs leur disaient, indépendamment de leurs résultats, « Vos résultats montrent que vous êtes une personne bienveillante et généreuse » (étiquetage).

Un peu plus tard, un complice des chercheurs laissait tomber un jeu de cartes pour étudier leur réaction. L’aiderait-on ou pas à ramasser les cartes sur le sol ? Comme attendu, les personnes s’étant entendu dire qu’elles étaient bienveillantes et généreuses – bien qu’il s’agisse d’un étiquetage purement arbitraire – furent significativement plus nombreuses à aider « spontanément » le complice que les personnes d’un groupe témoin qui n’avaient pas, quant à elles, reçu d’étiquetage.

Serions-nous les messieurs Jourdain de la manipulation ?

Le succès de cet ouvrage auprès du grand public s’explique certainement par la façon dont les auteurs éclairent, à la lumière du savoir psychologique disponible, les interactions les plus courantes de notre existence sociale.

Force est de reconnaître que nous sommes tous, tour à tour, manipulateur et manipulé. Qui ne s’est jamais servi de moyens plus ou moins détourné pour arriver à ses fins ? Qui n’a jamais fait, après y avoir été habilement conduit, quelque chose qu’il n’aurait pas fait de lui-même. Nous avons tous un jour, plus ou moins, agi de la sorte.

À titre d’exemple, Joule et Beauvois rapportent dans leur ouvrage une des façons de procéder à laquelle nous avons probablement tous eu recours pour essayer d’obtenir une faveur : la technique du « je-ne-vous-demanderai-rien-d’autre », dont le principe consiste précisément à faire savoir à notre interlocuteur que la demande qu’on lui adresse ne sera pas suivie d’une autre.

Je-ne-vous-demanderai-rien-d’autre

Dans une recherche réalisée par Grzyb et Dolinski de 2017, des personnes étaient sollicitées par un chercheur durant un concert. « Bonjour, je collecte des fonds pour un centre de soins pour enfants […]. Accepteriez-vous de faire un don ? C’est la seule chose que je vais vous demander. » Près de 55 % acceptèrent contre 15 % seulement dans la condition contrôle, condition dans laquelle le propos du chercheur était exactement le même mais sans la phrase : « C’est la seule chose que je vais vous demander. »

Ce type de manipulations est-il répréhensible ? Certainement pas.

Aussi étonnant que cela puisse paraître, le recours aux techniques de manipulation – sauf, bien sûr, lorsqu’elles sont mises au service d’intérêts moralement répréhensibles – fluidifie la vie sociale. Peut-être même ce recours entretient-il l’amitié ? Imaginons qu’un ami obtienne de vous, en vous manipulant, une faveur que vous ne lui auriez pas accordée spontanément (par exemple : l’aider à déménager). Il vous en sera très reconnaissant et, évidemment, à la première occasion, c’est lui qui vous rendra, volontiers de surcroît, un service de la même importance sans que vous ayez besoin, à votre tour, de le manipuler. La morale est donc sauve.

Et vous, à quelles formes d’influence avez-vous cédé sans le savoir ?

The Conversation

Les auteurs ne travaillent pas, ne conseillent pas, ne possèdent pas de parts, ne reçoivent pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’ont déclaré aucune autre affiliation que leur organisme de recherche.

ref. Comment amener quelqu’un à faire librement ce que l’on désire ? – https://theconversation.com/comment-amener-quelquun-a-faire-librement-ce-que-lon-desire-257571

En Russie et ailleurs, les mesures natalistes en question

Source: The Conversation – France in French (3) – By Jennifer Mathers, Senior Lecturer in International Politics, Aberystwyth University

Dans un contexte de grave crise démographique accentuée par la guerre en Ukraine, plusieurs régions de Russie octroient désormais des allocations spéciales aux adolescentes ayant des enfants. De plus en plus de pays, de la Hongrie aux États-Unis en passant par la Pologne, mettent en place des mesures similaires – des initiatives dont la portée est à la fois sociale, économique et idéologique.


Dans certaines parties de la Russie, les adolescentes qui tombent enceintes recevront désormais plus de 100 000 roubles (environ 1 100 euros, au taux de change actuel) pour donner naissance à leurs enfants et les élever.

Cette nouvelle mesure, introduite ces derniers mois dans une dizaine de régions du pays, s’inscrit dans la nouvelle stratégie démographique russe. Elle est en réalité un élargissement de décisions déjà adoptées en mars 2025, qui s’appliquaient alors uniquement aux femmes adultes. L’objectif est de remédier à la baisse spectaculaire du taux de natalité observée dans le pays : en 2023, le nombre de naissances par femme en Russie était de 1,41, un niveau très inférieur aux 2,05, niveau requis pour assurer le renouvellement des générations.

Rémunérer des adolescentes pour avoir des enfants alors qu’elles sont encore scolarisées est une idée qui ne fait pas consensus en Russie. Selon une récente enquête publiée par le Centre russe d’études de l’opinion publique (VTsIOM), 43 % des Russes approuvent cette mesure, tandis que 40 % s’y opposent. En tout état de cause, l’adoption d’une telle politique témoigne de la priorité élevée accordée par l’État à l’augmentation du nombre de naissances.

Vladimir Poutine considère qu’une population nombreuse est l’un des signes distinctifs d’une grande puissance florissante, au même titre qu’un vaste territoire (en pleine expansion) et une armée puissante. L’attaque conduite sur l’Ukraine a permis à la Russie d’annexer illégalement plusieurs zones du territoire ukrainien, peuplées de quelque deux ou trois millions de personnes ; pour autant, la guerre a aussi eu des effets désastreux pour la taille actuelle et future de la population russe.

D’après certaines estimations, 250 000 soldats russes auraient été tués sur le champ de bataille. De plus, des centaines de milliers de personnes parmi les Russes les plus instruits, souvent de jeunes hommes fuyant le service militaire, ont quitté le pays. Bon nombre de soldats tués et de jeunes exilés auraient pu devenir les pères de la prochaine génération de citoyens russes.

Un phénomène qui ne se limite pas uniquement à la Russie

Mais si la situation démographique de la Russie est extrême, la baisse des taux de natalité est désormais une tendance mondiale. On estime que, d’ici à 2050, plus des trois quarts des pays du monde auront des taux de fécondité si bas qu’ils ne pourront plus maintenir leur population.

Arte, 2 avril 2024.

Poutine n’est pas le seul dirigeant mondial à avoir mis en place des politiques visant à encourager les femmes à avoir plus d’enfants. Le gouvernement de Viktor Orban en Hongrie propose toute une série de mesures incitatives, telles que des allégements fiscaux généreux et des prêts hypothécaires subventionnés réservés aux ménages de trois enfants ou plus.

La Pologne alloue mensuellement 500 zlotys (117 euros, selon le taux actuel) par enfant aux familles à partir de deux enfants. Cependant, cela n’a pas un effet déterminant sur la natalité, car les Polonaises, surtout celles dont les revenus sont déjà relativement élevés, ne sont pas prêtes à renoncer à une ascension professionnelle ou à un salaire élevé pour avoir un enfant de plus.

Aux États-Unis, Donald Trump a proposé de verser 5 000 dollars (4 300 euros environ) aux mères à chaque naissance, vision inscrite dans l’idéologie MAGA qui vise à encourager la natalité.

« Natalistes aux États-Unis : ils veulent sauver l’humanité », TF1, 17 mai 2024.

Inverser la baisse de la natalité est une affaire complexe, car les raisons qui poussent les individus et les couples à devenir parents le sont tout autant. Les préférences des individus, leurs aspirations personnelles et leurs convictions quant à leur capacité à subvenir aux besoins de leurs enfants, ainsi que les normes sociales et les valeurs culturelles et religieuses jouent toutes un rôle dans ces décisions. En conséquence, l’impact des politiques dites natalistes a été jusqu’ici pour le moins mitigé. Aucun pays n’a trouvé de solution facile pour inverser la baisse des taux de natalité.

Il convient de s’intéresser, sur ces questions, à la politique choisie par l’Espagne, qui cherche à lutter contre le déclin démographique par des mesures alternatives, sans encourager directement les femmes à avoir plus d’enfants. Le pays facilite désormais l’accès à la citoyenneté pour les migrants, y compris à ceux qui sont entrés illégalement dans le pays. L’accueil favorable réservé aux immigrants par Madrid est considéré comme l’un des facteurs à l’origine de l’essor économique du pays.

Quelles familles veut-on privilégier ?

Les gouvernements qui adoptent des politiques natalistes se préoccupent non seulement de l’augmentation du nombre total de personnes vivant et travaillant dans leur pays, mais désirent également encourager certaines catégories de personnes à procréer. En d’autres termes, il existe une dimension idéologique inhérente à ses pratiques.

Les mesures incitatives en faveur des grossesses et des familles nombreuses ciblent généralement les personnes que l’État considère comme ses citoyens les plus « souhaitables » – en raison de leur origine ethnique, de leur langue, de leur religion, de leur orientation sexuelle ou d’une autre identité ou combinaison d’identités.

Par exemple, la proposition espagnole visant à augmenter la population en augmentant l’immigration s’adresse principalement aux hispanophones. Les migrants originaires de pays catholiques d’Amérique latine ont assez facilement accès à des emplois, alors que les possibilités de rester dans le pays ou de s’y installer ne semblent pas s’étendre aux migrants originaires d’Afrique. Parallèlement, les aides accordées aux familles en Hongrie sont accessibles uniquement aux couples hétérosexuels disposant de revenus assez élevés.

L’accent mis sur l’augmentation de la proportion des citoyens les plus souhaitables explique pourquoi l’administration Trump ne voit aucune contradiction à appeler à la naissance de plus d’enfants aux États-Unis, tout en ordonnant l’arrestation et l’expulsion de centaines de migrants présumés illégaux, tentant ainsi de revenir sur la garantie constitutionnelle de la citoyenneté américaine à toute personne née dans le pays et même de retirer la citoyenneté à certains Américains.

Quelles sont les mères visées ?

Le succès ou l’échec des gouvernements et des sociétés qui encouragent la natalité dépend de leur capacité à persuader les gens, et en particulier les femmes, d’accepter de devenir ou redevenir parents. Outre des incitations financières et autres récompenses tangibles pour avoir des enfants, certains États offrent une reconnaissance symbolique aux mères de familles nombreuses.

La réintroduction par Poutine du titre, datant de l’époque stalinienne, de « mère-héroïne » pour les femmes ayant dix enfants ou plus en est un exemple. Parfois, cette reconnaissance vient de la société, comme l’engouement actuel des Américains pour les « trad wives » (« épouses traditionnelles ») – des femmes qui deviennent des influenceuses sur les réseaux sociaux en renonçant à leur carrière pour élever un grand nombre d’enfants et mener une vie socialement conservatrice.

Le revers de cette célébration de la maternité est la critique implicite ou explicite des femmes qui retardent la maternité ou la rejettent complètement. Le Parlement russe a adopté en 2024 une loi visant à interdire la promotion du mode de vie sans enfants, ou « propagande en faveur de l’absence d’enfants ». Cette législation s’ajoute à d’autres mesures telles que les restrictions d’avortements pratiqués dans les cliniques privées, ainsi que des propos publics de hauts responsables invitant les femmes à donner la priorité au mariage et à l’éducation des enfants plutôt qu’aux études universitaires et à une carrière professionnelle.

Les États conduisant des politiques natalistes seraient favorables à l’immigration si leur objectif était uniquement de garantir une main-d’œuvre suffisante pour soutenir leur économie et leur société. Mais le plus souvent, ces efforts visant à restreindre ou à dicter les choix que font les citoyens – et en particulier les femmes – dans leur vie personnelle, et à favoriser la présence au sein de leur population de profils spécifiques.

The Conversation

Jennifer Mathers ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

ref. En Russie et ailleurs, les mesures natalistes en question – https://theconversation.com/en-russie-et-ailleurs-les-mesures-natalistes-en-question-260866

Big Beautiful Bill: Why Donald Trump is obsessed with the manipulative language of size

Source: The Conversation – Canada – By Andy Curtis, Distinguished Guest Professor, Faculty of Humanities and Social Sciences, City University of Macau

Small is Beautiful: A Study of Economics as if People Mattered is the title of the highly influential 1973 book written by the German-born British economist E.F. Schumacher.

The book marked its 50th anniversary in 2023, but a couple of years later, we find ourselves in a time where “big is best,” at least according to the 47th president of the United States, Donald Trump, and his administration.

The most recent example of their the-bigger-the-better mentality is the so-called One Big Beautiful Bill that recently became law.

Understandably, the focus in the extensive news coverage of the nearly 900-page document has been on the contents of the bill, especially the economic implications for American citizens, institutions and organizations.

But very little attention has been paid to the actual language of the bill, not least because, well, who has the time to pore over 900 pages of language?

Linguistic analysis

This is where a new kind of political language analysis can help.

In my 2022 book, I deconstructed and analyzed the speeches of past American presidents George W. Bush, Barack Obama, Donald Trump and Joe Biden. In my subsequent 2024 book, I subjected five of Trump’s major campaign speeches to an in-depth level of linguistic analysis that had not been applied before.

One of the findings of my 10 years of analyzing Trump speeches since 2015, when he famously announced his plans to run for the presidency while riding on a golden escalator, is how effective the advice was of his former adviser, Steve Bannon. He reportedly told Trump in 2018 “to flood the zone with shit.”

In other words, Bannon was advising Trump to ensure there was so much information, disinformation and misinformation coming from the Trump campaign that neither the political opposition nor the media could keep up with it.

And even if they tried, distinguishing fact from fiction and disentangling exaggeration and bombastic hyperbole from carefully calculated lies became an insurmountable task even for the most dedicated of investigative journalists, including Canadian-born Daniel Dale.

Why another four years?

Applying Schumacher’s idea that “small is beautiful” to language analysis is one way of countering the kind of deliberate language overload employed by the Trump administration.

Taking small but complete slices of language and subjecting them to a new kind of forensic, linguistic analysis can help us understand, in this case, why more than 77 million American voters decided that what their country and the world needed was another Trump presidency. What role did Trump’s language play in that outcome?

An example of a small but complete piece of language is the official announcement of the One Big Beautiful Bill on the White House website on July 7.

The announcement was entitled: “President Trump’s One Big Beautiful Bill: A Win for Workers, Farmers, and America’s Future.”

The first thing to notice is what this is not. It is not presented as a bill passed by the U.S. government or even the Republican Party. It is Trump’s bill, which may be a small but clear, concise example of the ways in which a nation’s government can be reduced to a single person, like autocratic dictatorships and absolutemonarchies.

Then there is the title of the legislation, which has been described as “absurd” and therefore easy to dismiss. But the three-B alliteration is nonetheless catchy, which makes it memorable and all the more irresistible to the world’s mainstream media.

The title also identifies three supposedly big winners in the bill: American workers, American farmers and America the Beautiful.

Stoking fears

“Winner takes all” appears to be the mantra of the second Trump administration, but it’s important to notice the exclusions of large groups, including those who live in the U.S. but aren’t working — like children, retirees and the unemployed, which is the majority of citizens — and those who aren’t farmers, which is more than 99 per cent of all Americans.

It’s also critical to be aware of the aggrandizing and misleading language of the bill. The introductory paragraph on the page announcing the bill describes it as a “sweeping legislative triumph” — despite the fact that the legislation passed by a single vote — while referring to “the largest tax cuts in history” and “historic funding for national security.”

The recurring references to American history are at odds with the fact that Trump lacks knowledge of both U.S. and world history, which has been on display many times over many years.

The introductory paragraph also highlights the importance of “America’s defences” and “our nation’s defence,” which continue to give the impression that the U.S. is a country under siege and vulnerable to attack from various enemies at any time. But given how much the U.S. spends on its military, there is probably no other country in the world more capable of defending itself.

But the language is the point. By constantly repeating the “we are under attack” line, fear is effectively created and maintained, especially the fear of anyone who doesn’t look or sound like Trump and his followers.

Using words to manipulate

Keeping with the wartime-like language, the introduction claims that the One Big Beautiful Bill “unleashes economic prosperity and empowers every American.” Such statements are already being shown to be untrue, as many millions of American are likely to be severely, negatively impacted by the legislation.

The introduction is followed by 10 statements that are, in effect, “product endorsements” published in obscure, pro-Trump media, like The National Hog Farmer, all expressing gushing enthusiasm and unqualified support for the points made in the introduction.

This new kind of in-depth linguistic analyses of the language of the world’s most powerful people can help us move beyond their obviously false and misleading statements and claims, to become more aware of how their words may be being used not to communicate — but to manipulate.

The Conversation

Andy Curtis does not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organisation that would benefit from this article, and has disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

ref. Big Beautiful Bill: Why Donald Trump is obsessed with the manipulative language of size – https://theconversation.com/big-beautiful-bill-why-donald-trump-is-obsessed-with-the-manipulative-language-of-size-259358