Libros ‘para niñas’ y libros ‘para niños’: ¿tiene sentido esta división?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Ángeles Terol Cazorla, Doctoranda en Psicología de la Educación, Universidad Autónoma de Madrid

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La Navidad está a la vuelta de la esquina y muchos abrimos el navegador en busca del regalo ideal. Basta teclear “juguetes para niños” y “juguetes para niñas” para que el algoritmo haga su magia: coches, construcciones y juguetes de acción para ellos y cocinitas, muñecas y juguetes de fantasía para ellas.

Esta escena también se repite en las campañas publicitarias navideñas: las niñas protagonizan anuncios de muñecas y los niños aparecen en anuncios de vehículos y construcción.

Pero ¿quién dice, y por qué, que un muñeco o una cocinita de juguete solo pueden interesar a una niña, o que un coche o una construcción a un niño? ¿Y qué pasa con los libros infantiles? Desde muy temprano, los adultos podemos, sin desearlo, transmitir mensajes estereotipados sobre lo que supuestamente “corresponde” a cada sexo. Pero también podemos esforzarnos por evitarlo.

Estereotipos en la escuela

Al llegar al colegio, los estereotipos se expresan de otras maneras. Pequeñas diferencias en cómo el profesorado orienta o anima a su alumnado pueden hacer que los niños se alejen de la lectura o la escritura, y las niñas pierdan interés por las matemáticas y la tecnología. A menudo, se refuerzan expectativas distintas: mientras a ellos se les anima a imaginarse como científicos, a ellas se les suele elogiar por su habilidad para escribir.

Estas señales, a veces imperceptibles, influyen en lo que los propios escolares creen que “debe gustarles” y en lo que piensan sobre sus propias capacidades.

Leer es “cosa de chicas”

Socialmente, y en los ámbitos educativos, existe la percepción, apoyada por los datos, de que las niñas son mejores en Lengua, Literatura, y en materias relacionadas con la capacidad de comunicación y la comprensión lectora; de ahí que, en algunos ámbitos, se puede llegar a instalar la idea de que “leer es cosa de chicas”.

Pero ¿son peores los niños en la asignatura de Lengua? ¿O estas diferencias se van consolidando desde la infancia dentro de un sistema educativo que, a veces sin proponérselo, refuerza expectativas distintas? Lo cierto es que estas brechas acaban reflejándose en los hábitos y en los resultados académicos: los niños terminan leyendo menos y obteniendo peores resultados. En el promedio de la OCDE-18, hay países en los que las niñas superan hasta 10 puntos a los niños en comprensión lectora.




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Y cuanto menos leen, más se convencen de que no les gusta o de que no se les da bien. Las niñas, en cambio, suelen mantener un interés alto por la lectura incluso sin un apoyo especial. Es una buena noticia, pero también refuerza la idea de que leer es “de chicas”, lo que termina limitando a unos y encasillando a otras.

¿Existen los “libros para niños”?

Para fomentar la lectura en los niños, es habitual ofrecerles cómics, manuales de videojuegos o libros de no ficción. La intención es positiva, pero detrás hay una idea discutible: que los niños no elegirían por sí solos la fantasía o la poesía, porque es lo que “leen las niñas”.

La poesía es un ejemplo claro. A menudo se asocia con la ternura o el amor, emociones que la masculinidad tradicional suele evitar. Por eso, cuando se trabaja poesía con niños, muchas veces se enfoca desde la fuerza, los héroes o el valor. Sin querer, se mantienen los mismos estereotipos que intentamos romper: ¿por qué no habría de interesar a un niño una historia de amor, o emociones como la ternura?

Cuando un niño rompe la norma

Cuando un niño elige lo que sus compañeros y la sociedad en general consideran un “libro para niñas”, pueden llegar a hacerse comentarios de burla o incluso insultos con tono homófobo.

Este control no viene de la autoridad adulta, sino de sus propios compañeros. Es lo que algunas investigaciones llaman vigilancia de la masculinidad, una especie de policía informal que cuida que nadie se aleje del guión de cómo “debe ser un hombre”. Curiosamente, esta presión social suele ser más intensa con los niños que con las niñas.




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Ahora bien, no todos los niños lo viven igual. Los considerados “populares” suelen tener más margen. Si el grupo ya los percibe como muy masculinos, pueden saltarse algunas normas sin que nadie cuestione su identidad. Parece una masculinidad más abierta, pero es una versión “reempaquetada” en la que solo los más valorados pueden permitirse desafiar las reglas.

Los niños también quieren ser princesas

Los libros pueden reforzar estereotipos… o desmontarlos. Todo depende de cómo se usen. La literatura crea espacios donde los niños pueden imaginar, preguntarse cosas y explorar quiénes quieren ser.

Un ejemplo es el libro My Princess Boy, que cuenta la historia de un niño a quien le encantan los vestidos brillantes y las coronas. Muchos adultos pensarían que este libro no interesa a los niños, pero una investigadora lo utilizó en una lectura guiada con resultados muy distintos.

Durante la sesión, los niños escucharon, miraron las ilustraciones y comenzaron a hacer preguntas. Hablaron de ropa, de gustos y de lo que significa “ser niño” o “ser niña”. Algunos, que al principio se reían o incomodaban, terminaron diciendo que cualquiera puede vestirse como más le guste.

Lo valioso no fue solo el mensaje final, sino el camino recorrido. El libro abrió un espacio seguro para pensar sin miedo, para poner palabras a emociones calladas y para cuestionar ideas que parecían intocables.

Actividades similares, como juegos de roles guiados, muestran algo parecido. En un clima seguro, muchos niños se atreven a expresarse como realmente quieren, sin miedo a las burlas. No solo amplían su forma de jugar; también desarrollan valores relacionados con la igualdad y los derechos LGTBIQ+ desde la infancia.

Regalar algo más que un juguete

Los estereotipos no desaparecen solos. Se transmiten a través de juguetes, libros y pequeños gestos del día a día. Pero también pueden transformarse con decisiones conscientes.

Las fiestas navideñas son una buena oportunidad para hacerlo. Los regalos no son solo entretenimiento: también dicen algo sobre lo que esperamos de quienes los reciben. Por eso, elegir un libro o un juguete sin etiquetas es una forma de decirles que sus gustos importan y que no tienen que encajar en moldes rígidos.

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Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. Libros ‘para niñas’ y libros ‘para niños’: ¿tiene sentido esta división? – https://theconversation.com/libros-para-ninas-y-libros-para-ninos-tiene-sentido-esta-division-271026

Las empresas tecnológicas maduran y endurecen los sistemas de evaluación de sus empleados

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Domingo Verano-Tacoronte, Profesor de Dirección de Recursos Humanos. Área de Organización de Empresas. Facultad de Economía, Empresa y Turismo, Universidad de Las Palmas de Gran Canaria

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En 2025, Google ha vuelto a reformar el sistema de evaluación del desempeño de sus trabajadores. La compañía, que durante años fue símbolo de una cultura abierta y participativa, ha optado por un modelo más selectivo, más ligado a la retribución variable y más exigente con el rendimiento.

Tras esta decisión hay algo más que un ajuste interno: se trata del reflejo de un cambio estructural en el modo en que las grandes empresas tecnológicas –de Microsoft a Apple, pasando por OpenAI o Meta– están repensando cómo gestionan su talento en un entorno de competencia feroz por la inteligencia artificial y la eficiencia operativa.

De la cultura del crecimiento a la cultura del impacto

Desde su creación, Google cultivó una identidad corporativa basada en la innovación descentralizada, los proyectos experimentales y un ambiente casi académico. Sin embargo, el contexto ha cambiado. Ahora, el auge de la inteligencia artificial generativa, la presión de los inversores por resultados más tangibles y la saturación de algunos mercados digitales han forzado a la empresa a revisar su modelo.

El nuevo sistema –denominado Googler Reviews and Development (GRAD)– simplifica la frecuencia de las evaluaciones (ahora anuales) y amplía la proporción de empleados que pueden alcanzar las categorías de mayor rendimiento, pero refuerza la relación entre desempeño y compensación, sobre todo en la asignación de bonus y paquetes de acciones. En otras palabras, se trata de concentrar más recompensa en menos personas, sin aumentar el gasto total.

El cambio no es trivial: marca el paso de una cultura de crecimiento inclusiva (“todos aportan algo”) a una cultura de impacto (“no todos aportan lo mismo”). En la práctica, Google está enviando a su plantilla un mensaje de competitividad interna: quienes destaquen recibirán más, quienes se mantengan en el promedio verán menos crecimiento salarial o variable.

Un entorno que empuja a competir

Varias razones explican esta deriva. La primera es el entorno competitivo del talento. Las empresas tecnológicas se disputan a profesionales de su área escasos y cotizados: ingenieros, científicos de datos y expertos en IA. En ese contexto, la diferenciación salarial es un arma de retención.

La segunda es la presión por resultados y eficiencia. Después de años de expansión, muchas tecnológicas viven un proceso de contención: menos contrataciones, reestructuración de equipos y más exigencia de productividad por empleado. De ahí la necesidad de vincular de forma más estricta el desempeño con la recompensa.

También influye la madurez organizativa. En una empresa con decenas de miles de empleados la informalidad deja de ser funcional. Para sostener la innovación y controlar costes, necesita procesos de evaluación estandarizados, jerarquizados y calibrados. El ideal de “equipo creativo libre” da paso a una meritocracia más estructurada y, a menudo, más dura.

Por último, hay un factor simbólico y financiero. Google, como parte de Alphabet, cotiza en bolsa y debe demostrar a los inversores que combina ambición tecnológica con disciplina operativa. La adopción de sistemas más exigentes de gestión del rendimiento proyecta hacia el mercado una imagen de control y responsabilidad.

Un patrón que se repite

Google no es la única. Microsoft, Meta y Apple siguen trayectorias parecidas, aunque con matices. Microsoft mantiene la retórica del desarrollo continuo y el aprendizaje, pero también ha endurecido las consecuencias del bajo rendimiento: quien no mejora su calificación entra en “zona de riesgo”. Meta, por su parte, ha sido aún más tajante, utilizando las evaluaciones como mecanismo de selección negativa tras sus despidos masivos de 2023 y 2024. En conjunto, el sector parece converger hacia un modelo de gestión del rendimiento de alto apalancamiento: menos personas, más exigencia y una distribución más desigual de los incentivos.

Las promesas del nuevo modelo

Desde una óptica de dirección de recursos humanos, los argumentos a favor son claros:

  1. Mejora la alineación entre desempeño y recompensa: quienes más contribuyen reciben más, reforzando la justicia distributiva basada en el mérito.

  2. Puede elevar la motivación de los empleados de alto rendimiento y atraer talento externo que busca entornos meritocráticos con recompensas diferenciales.

  3. Permite controlar el presupuesto de compensación, ya que la masa salarial total no aumenta, solo se redistribuye internamente.

Además, al simplificar el proceso de evaluación y fomentar conversaciones continuas de retroalimentación, Google intenta recuperar la esencia formativa de la evaluación: que esta no sea solo una nota, sino una oportunidad de aprendizaje y desarrollo profesional.

Los riesgos de una meritocracia más dura

Sin embargo, los inconvenientes son considerables. El más evidente es el riesgo de injusticia percibida. Cuando la mayoría ve reducida su recompensa relativa puede crecer la sensación de inequidad y desmotivación, especialmente entre quienes desempeñan funciones menos visibles o de soporte, pues la percepción de trato justo influye más en el compromiso que la cantidad de la recompensa.

Otro riesgo es el aumento del estrés y la ansiedad laboral. En entornos hipercompetitivos, los empleados pueden sentir una presión constante por “destacar”, lo que a medio plazo se traduce en fatiga, rotación o desgaste emocional.

También existe el problema de la subjetividad: en cualquier sistema de evaluación dependiente del juicio de los mandos, la falta de calibración puede generar arbitrariedad. Sin una sólida formación de los evaluadores y una estructura de revisión interdepartamental, el sistema puede perder legitimidad.

Por último, también hay un riesgo estratégico: el cortoplacismo. Si la recompensa se concentra en logros inmediatos se puede penalizar el trabajo colaborativo, la innovación exploratoria o las tareas de mantenimiento que sostienen el largo plazo.

Un síntoma del cambio de era

El caso de Google es, en el fondo, un síntoma de un cambio de era en las tecnológicas. Durante años, estas compañías simbolizaron la utopía de la creatividad sin límites. Hoy, en un contexto de presión financiera y de competencia global por la inteligencia artificial, se enfrentan al reto de equilibrar innovación y disciplina, libertad y responsabilidad, creatividad y control.

La meritocracia no desaparece: simplemente se hace más selectiva. Y el reto para la gestión de recursos humanos será asegurar que, en esa búsqueda de excelencia, no se erosione la cultura que hizo grandes a estas empresas: la confianza en las personas y la apuesta por su desarrollo.

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Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. Las empresas tecnológicas maduran y endurecen los sistemas de evaluación de sus empleados – https://theconversation.com/las-empresas-tecnologicas-maduran-y-endurecen-los-sistemas-de-evaluacion-de-sus-empleados-269758

¿Cómo leemos a Jane Austen hoy en día?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By María Jesús Lorenzo Modia, Catedrática de Filología Inglesa, Universidade da Coruña

C. Peiro/Shutterstock

El 16 de diciembre de 2025 se celebra el 250 aniversario del nacimiento de la escritora británica Jane Austen, una mujer que, paradójicamente, no fue tan ampliamente conocida en su época y publicó sus novelas de forma anónima.

De hecho, la primera de ellas, Sentido y sensibilidad (1811), se presentó escrita “por una dama”. La siguiente, Orgullo y prejuicio, salió firmada “por la autora de Sentido y sensibilidad”. Sin embargo, Austen alcanzó cierta popularidad entre las élites culturales en su tiempo y se corrió pronto la voz de quién estaba detrás de sus libros. Como ejemplo de ello, podemos citar la dedicatoria de “la autora” de la novela Emma (1815) al príncipe regente y futuro Jorge IV, quien le había expresado su admiración.

Sin embargo, su obra languideció en el olvido desde su fallecimiento en 1817 hasta la publicación de un volumen conmemorativo de la novelista por parte de su sobrino James Austen-Leigh, en 1869. Entre entonces y los años 40 del siglo XX progresó el reconocimiento de su obra por parte de la crítica y de un público lector culto. No obstante, no fue hasta la segunda mitad de ese siglo cuando sus novelas llegaron al gran público, mayoritariamente a través de películas y series. Hoy en día Jane Austen es más que una escritora: es una marca.

Un libro hecho con flores que indica el aniversario de Jane Austen.
Una exhibición floral en Bath, Inglaterra, recuerda el 250 aniversario del nacimiento de Jane Austen.
PJ Photography/Shutterstock

¿De dónde viene Jane Austen?

Para conocer el mundo de esta escritora, hemos de tener en cuenta, en primer lugar, sus orígenes familiares y sociales.

Austen pertenecía a la gentry británica, un grupo social rural que normalmente recibía rentas de sus propiedades y no tenía necesidad de ganarse el sustento a diario. Sin embargo, este no era el caso de la familia de la escritora. Su padre era un clérigo anglicano que no poseía propiedades y que completaba sus escasos emolumentos educando alumnos internos en la casa rectoral que le cedía la parroquia.

Cuando falleció su progenitor, sus hermanos tenían carreras profesionales y vidas independientes, pero ella, su madre y su hermana Cassandra carecían de hogar y rentas suficientes. Como consecuencia, tuvieron que abandonar la casa parroquial y deambular por varias residencias temporales.

Finalmente, su hermano Edward, que había sido adoptado por un pariente rico que poseía grandes mansiones en el sur de Inglaterra, le ofreció al grupo familiar una pequeña casita rural perteneciente a Chawton House (Alton, Hampshire). Esta casa hoy está abierta al público como museo, el Jane Austen’s House Museum.

Además, conviene recordar que en aquel momento histórico las mujeres de su grupo social debían atenerse a un código de conducta personal y público bastante restrictivo. Aunque muchas escritoras trabajaban y publicaban, escribir profesionalmente no estaba incluido en ese código –especialmente si se trataba de textos de ficción– y era mal visto. Por lo tanto, nadie en su entorno debía conocer que ella era novelista, aunque según fueron saliendo sus novelas, se convirtió, como dijimos, en un secreto a voces.

Imagen de una casa de ladrillo marrón que alberga ahora la casa-museo de Jane Austen.
Chawton, uno de los hogares de Jane Austen.
Henry Lawford/Shutterstock, CC BY

Todos estos datos arrojan luz sobre las dificultades que la escritora tuvo para escribir y publicar. Un dato simbólico es que, en el epitafio de su tumba en la nave de la catedral de Winchester redactado por su hermano Henry, nada indicaba que se trataba de la lápida de una escritora. Ya en 1870, su sobrino instaló otra placa en la que se indicaba la identidad literaria de quien allí estaba enterrada, y en 1900 se incorporaron por suscripción popular unas vidrieras conmemorativas. Ahora, en 2025, se acaba de erigir una estatua en honor de la autora en los jardines de la catedral.

Ayer y hoy

La escritora vivió entre los años 1775 y 1817. En términos históricos y literarios significa que estamos ante el período conocido, en el Reino Unido, como la Regencia –entre 1795 y 1837, aunque la regencia oficial que le da nombre solo abarcase de 1811 a 1820–. También fue el tiempo del desarrollo del imperio colonial, la Revolución industrial, la Revolución francesa y, en términos literarios, del romanticismo inglés.

El público de la época valoraba su crítica a una sociedad que no permitía cambios, aunque seguía considerándola una escritora conservadora y tradicional. Al mismo tiempo que los lectores criticaban anacronismos ridículos, valoraban la existencia de una sociedad que no optaría por los cambios radicales igualitarios propuestos por la Revolución francesa. Por ello, en el siglo XX se la leyó como una autora clásica. También se elogió su fina ironía y su crítica social, así como su capacidad para presentar las emociones humanas con el decoro necesario, enfatizando a menudo los modales de una sociedad ya caduca.

Pero… ¿cómo interpretamos sus textos hoy en día?

Una compilación de cuatro de las novelas de Austen.
Una compilación de cuatro de las novelas de Austen.
Joel Rice/Shutterstock

Pues ya en el último cuarto del siglo pasado emergió una visión más moderna de la escritora. Mientras sus coetáneos valoraban la libertad de las mujeres, siempre y cuando defendiesen el statu quo de las diferentes clases sociales, se empezó a plantear que sus novelas también podían ser feministas, ya que defendían un cambio sustancial en la situación económica y social de las damas.

Austen criticaba con aguda ironía la estricta sociedad patriarcal y clasista de su tiempo y abogaba por la libertad de elección de las mujeres en materia amorosa, pero incidía en que ellas estaban muy limitadas si carecían de una renta que les permitiese vivir.

Razón y corazón

Estamos pues, como hoy en día, ante la decisión de la prevalencia de la razón o del corazón en muchas de sus heroínas. Ella defiende que el pragmatismo y la libertad para enamorarse deben ir de la mano, no el romanticismo a ultranza poco realista.

En suma, su obra cuenta con tal complejidad y está sujeta a tantas interpretaciones que, al tiempo que se aprecia su escepticismo con los valores tradicionales de su tiempo, es interpretada como la escritora romántica por excelencia.

Desde finales del siglo XX, la producción de películas y series ha contribuido a la difusión de sus novelas y ha favorecido una consideración más romantizada de sus textos. Se idealizan las imágenes de la vida en la Inglaterra del siglo XVIII, con sus característicos bailes, campiñas, fiestas y ropajes, sin considerar globalmente las dificultades de muchos de los personajes y la crítica social que plantea la propia Austen.

Quizá ahora preferimos entregarnos al romance de sus novelas, pero no deberíamos olvidar la crítica cultural y social que planteaban.

The Conversation


María Jesús Lorenzo Modia es catedrática de Filología inglesa en la Universidade da Coruña y directora de la sede de Galicia de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo. También es miembro de los proyectos de investigación “Posthuman Intersections in Irish and Galician Literatures” del MINECO y “Mujeres (Re-)presentando geografías múltiples en culturas anglófonas (1800-2000)” de la Generalitat valenciana.

ref. ¿Cómo leemos a Jane Austen hoy en día? – https://theconversation.com/como-leemos-a-jane-austen-hoy-en-dia-262458

Quién controla a quienes administran justicia: un repaso histórico por el poder judicial

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Anna Peirats, Catedrática de Humanidades, Universidad Católica de Valencia

Alfonso X, impulsor de las _Siete partidas_, y su corte retratados en una iluminación del _Libro de los juegos_. Wikimedia Commons

La reciente condena del Fiscal General del Estado, Álvaro García Ortiz, por el Tribunal Supremo marca un hito judicial sin precedentes en la democracia española. También funciona como una prueba de resistencia para el sistema de división de poderes. Cuando la máxima autoridad encargada de promover la justicia recibe una pena de inhabilitación por vulnerar la ley, surge un interrogante: ¿podemos garantizar la imparcialidad de quien dirige la acusación pública?

El fallo, dictado en noviembre de 2025, obliga a examinar los mecanismos que impiden que la justicia se convierta en un instrumento político. Este desafío enlaza con conflictos arraigados en la historia europea que influyen en la arquitectura de nuestra Constitución.

El precedente histórico

La sociedad medieval se enfrentaba a un problema elemental: la autoridad que gobernaba solía ser la misma que juzgaba. El rey dictaba leyes, nombraba jueces, dirigía ejércitos y decidía sobre la vida y la hacienda de sus súbditos. Para impedir que esa concentración de funciones derivara en abuso, se desarrollaron mecanismos de control.

Privilegios I, nº 51 del siglo XII. Documento en el que se registran los decreta establecidos por las Cortes de León en 1188.
Privilegios I, nº 51 del siglo XII. Documento en el que se registran los decreta establecidos por las Cortes de León en 1188.
Archivo de la Catedral de Ourense/Ministerio de Educación, Cultura y Deporte. Registro Memoria del Mundo – UNESCO: 2013

Uno de los primeros hitos fue la creación de las Cortes de León de 1188, convocadas por Alfonso IX, reconocidas por la UNESCO como la primera manifestación documental del parlamentarismo europeo. Estas Cortes incorporaron por primera vez a los representantes del pueblo llano en la toma de decisiones, junto al clero y la nobleza. Esto obligó al rey Alfonso IX a aceptar un límite a su poder: nadie podía perder la libertad o los bienes sin un juicio previo, y los oficiales regios debían responder por los abusos cometidos en el ejercicio de su cargo.

Estos principios se reforzaron en el siglo XIII con la obra legislativa de Alfonso X. La Tercera Partida del Código de las Siete Partidas, dedicada a la administración de justicia, definía con detalle qué significaba juzgar rectamente. El juez debía actuar con honestidad, sin enemistad ni interés propio, y debía respetar la reserva procesal. La justicia se entendía como una función pública regulada por normas. La legitimidad del cargo dependía de la rectitud con la que se aplicaba la ley.

Pero las normas no bastaban. En muchas ciudades, corregidores y alcaldes acumulaban poder político, económico y judicial. Para evitar abusos, la Corona creó la figura del pesquisidor, un enviado especial con autoridad para investigar irregularidades. Acudía a localidades donde aparecían indicios de procesos alterados, favoritismos o filtraciones indebidas. Sus informes podían conducir a la pérdida total de funciones o a la suspensión del cargo.

La voluntad de frenar arbitrariedades se consolidó con las Cortes de Toledo de 1480, cuando los Reyes Católicos situaron la justicia en el centro del nuevo Estado. Allí se reformó el Consejo Real para desplazar la presencia nobiliaria y sustituirla por letrados formados en Derecho. Se reorganizó la Chancillería como tribunal superior profesionalizado y se establecieron “veedores” (examinadores) encargados de supervisar la actuación de los oficiales locales.

Durante los siglos XV al XVII, la Corona perfeccionó esta arquitectura mediante visitas, auditorías y procedimientos destinados a impedir que la autoridad se ejerciera como un privilegio personal. La justicia pasó a entenderse como una tarea definida por normas y no por la conveniencia del funcionario.

De Montesquieu a la Constitución de 1978

Portada de la edición en francés de 'El espíritu de las leyes' de Montesquieu.
El espíritu de las leyes según Montesquieu.
Wikimedia Commons

La respuesta intelectual a siglos de abusos cristalizó en la obra de Montesquieu. En El espíritu de las leyes (1748), advirtió que “todo estaría perdido” si una sola persona asumía la facultad de dictar leyes, ejecutar decisiones públicas y juzgar delitos. Su teoría nació para frenar la arbitrariedad de gobiernos anteriores y se convirtió en la base del constitucionalismo moderno: el poder debe limitar al poder.

La Constitución española de 1978 recoge este principio garantista y establece una distribución de funciones que impide la concentración de autoridad. Al definir España como un “Estado social y democrático de Derecho” (art. 1.1), impone la sujeción de todos los poderes a la Ley. La seguridad jurídica y la obligación de los poderes públicos de actuar conforme al ordenamiento constitucional refuerzan este principio.

El ordenamiento actual separa con claridad las fases del proceso penal. La investigación de los delitos no depende del Gobierno, sino de jueces y fiscales, con apoyo de la Policía Judicial. Esta actúa al servicio de ambos, de modo que la autoridad política queda al margen de la investigación criminal. La potestad de juzgar pertenece de forma exclusiva al Poder Judicial, cuyos miembros son independientes y sujetos únicamente a la ley.

En este marco, el Ministerio Fiscal ocupa una posición singular. Su misión es promover la acción de la justicia en defensa de la legalidad. Su estructura es jerárquica y el rey nombra al fiscal general a propuesta del Gobierno, oído el Consejo General del Poder Judicial. La Constitución y su Estatuto Orgánico establecen que sus actos quedan sujetos al control judicial. Esto garantiza su autonomía funcional y preserva su actuación conforme a la legalidad.

De la sentencia a la vigencia del sistema

¿Y quién se encarga de esta labor? El Tribunal Supremo. Este organismo está formado por magistrados con una trayectoria amplia y un sistema de nombramiento basado en méritos y experiencia. Esta composición refuerza su independencia, y por esta razón la ley le atribuye el enjuiciamiento del fiscal general.

La responsabilidad penal de esta figura se sitúa en manos de un órgano que no depende del Gobierno y que ocupa la posición más alta dentro de la justicia ordinaria. Este diseño asegura un control estable, ajeno a la orientación política del Ejecutivo y a la persona que ocupe el cargo.

Lo que el juicio del Tribunal Supremo contra el fiscal general indica es que existe la posibilidad constitucional y democrática de controlar a los altos cargos de un Estado, aunque estos trabajen en contacto con el Poder Judicial, y de frenar posibles abusos de poder. Independientemente de la valoración de la sentencia, este hecho, como hemos visto, es una conclusión lógica tras siglos de construcción de un Estado de Derecho que se reconoce vulnerable, pero que busca siempre ocasión de corregirse ante la ley.


Este artículo se ha elaborado en coautoría con Lucía Giménez Peña, graduada en Derecho y alumna del Doble Máster de Acceso a la Abogacía y Procura + Máster en Formación Permanente en Derecho Marítimo Gestión Económico-Estratégica de la Empresa Marítimo-Portuaria de la Universidad Católica de Valencia.

The Conversation

Anna Peirats no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Quién controla a quienes administran justicia: un repaso histórico por el poder judicial – https://theconversation.com/quien-controla-a-quienes-administran-justicia-un-repaso-historico-por-el-poder-judicial-271054

Un sistema pionero con microalgas para eliminar contaminantes y fomentar la economía circular

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Antonio León Vaz, Investigador Postdoctoral, Universidad de Valladolid; Universidad de Huelva

Microalgas del género _Chlorella_ vistas al microscopio. Antonio Leon Vaz

La contaminación doméstica e industrial afecta cada vez más a la calidad del agua. En muchos casos, está tan sucia que deja de ser potable y ya no puede usarse para el consumo. La expansión de la industria y la creciente demanda de productos fabricados constituyen algunas de las principales causas de este serio problema.

Cada vez producimos y consumimos más, lo que genera más y más residuos que terminan afectando a los ríos, lagos y mares. Cuidar el agua significa también cuidar cómo vivimos y lo que consumimos.




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¿Por qué usar microalgas?

Una de las tecnologías que se usan actualmente para limpiar aguas contaminadas es el uso de microalgas, organismos microscópicos con la capacidad de eliminar dióxido de carbono y otras sustancias dañinas del medio.

Precisamente, un grupo de investigadores de la Universidad de Huelva y de la Universidad de Umeå (Suecia) hemos desarrollado un sistema para eliminar metales pesados del agua. Este sistema utiliza microalgas que se pegan a un material hecho con azufre residual y aceite de cocina usado, formando una biopelícula que atrapa cadmio, cobre y plomo.

Eliminar estos metales es fundamental, ya que se encuentran entre los más abundantes en las aguas residuales generadas por la minería. Además, la contaminación del agua debido a la extracción de minerales es un problema serio y muy extendido.

Fotográfia del Río Tinto (Huelva)
Fotográfia del Río Tinto (Huelva).
Antonio Leon Vaz

Dos ejemplos claros los encontramos en las regiones donde se ubican las universidades mencionadas. Mientras que Huelva es una provincia con una larga tradición minera ligada al entorno del río Tinto; en el norte de Suecia se acaba de descubrir el mayor depósito de tierras raras de Europa.

Un filtro natural

Las microalgas usadas en nuestro sistema provienen de zonas muy frías del norte de Europa. Pueden soportar temperaturas muy bajas y días en los que casi no hay sol. Esa resistencia las hace muy especiales y útiles para limpiar el agua, incluso en lugares con condiciones difíciles.

Los resultados de nuestro estudio, publicado en la revista Green Chemistry, demuestran que, además de ser eficaz, este método es respetuoso con el medio ambiente. Como apuntábamos más arriba, lo interesante es que usa materiales que normalmente se tiran, como el aceite de cocina usado o el azufre residual de los procesos industriales, para crear una especie de “filtro natural” donde las microalgas hacen su trabajo.

Gracias a este sistema se logra eliminar el 95 % del cobre y del cadmio y más de la mitad del plomo del agua en solo 8 horas. Esto se consigue usando microalgas del tipo Chlorella, las cuales tienen una forma esférica, son muy pequeñas (de 1 a 5 micras) y pueden vivir en muchos lugares, como ríos, lagos o incluso aguas residuales.

Además, el proceso puede repetirse varias veces, por lo que resulta una solución sostenible y reutilizable. Pero lo más sorprendente es que los metales que se eliminan pueden recuperarse y volver a usarse. De esta forma, el sistema ofrece una solución doblemente sostenible: limpia el agua y reutiliza recursos.




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Un futuro prometedor

Además de contribuir al desarrollo de esta aplicación, en la Universidad de Huelva se continúa trabajando para aprovechar al máximo el potencial de esos vegetales microscópicos. Nuestro objetivo se dirige a que no solo puedan eliminar metales pesados, sino también otros contaminantes.

Un estudio que se acaba de publicar en la revista Toxics ha demostrado que algunas microalgas también pueden “alimentarse” de compuestos orgánicos procedentes de la producción de petróleo. Estos son contaminantes especialmente peligrosos, ya que se acumulan fácilmente en el agua y afectan a peces, aves y, finalmente, a las personas.

Nuestros hallazgos abren la puerta a continuar con el estudio de la eliminación de otros contaminantes utilizando microalgas adheridas a otro sistema sostenible. Podía resultar una solución prometedora a un problema para el que todavía no existe un tratamiento que funcione al 100 %.

En definitiva, los diferentes grupos científicos que estamos implicados en este tipo de investigaciones buscamos soluciones más sostenibles que imitan a la propia naturaleza. La idea es transformar un problema ambiental en una oportunidad: usar microalgas para limpiar lo que la actividad humana ensucia.

The Conversation

Antonio León Vaz recibe fondos del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades, y fondos Next Generation a través de un contrato postdoctoral Juan de la Cierva- Formación (JDC2022-049636-I).

ref. Un sistema pionero con microalgas para eliminar contaminantes y fomentar la economía circular – https://theconversation.com/un-sistema-pionero-con-microalgas-para-eliminar-contaminantes-y-fomentar-la-economia-circular-269084

How bus stops and bike lanes can make or break your festive city trip

Source: The Conversation – UK – By Harry Radzuan, Lecturer in Project Management, London South Bank University; University of Manchester

William Perugini/Shutterstock

Picture yourself strolling through Christmas markets, sipping mulled wine. Would you want to spend more time exploring the city or waiting for a taxi in the cold?

City breaks during the Christmas holiday period often promise festive lights, markets and cosy cafés – but how much of that depends on something as ordinary as a bus stop or as simple as a bike lane? Our spatial mapping using geographic information systems (GIS) of city accommodation, attractions, public transport stops and cycle paths reveals how accessibility shapes tourism in cities.

Accessibility isn’t just about convenience. It’s the difference between a stress-free festive getaway and hours stuck in traffic. It’s also about being inclusive of people with different accessibility needs (think about people using wheelchairs, strollers, crutches or mobility scooters). Tourism activities drive 10% of global GDP and account for about 9% of global carbon emissions. But poor connectivity can weaken these benefits.

Research shows that a lack of accessible transport stops people exploring. For tourists, this means fewer opportunities to discover local attractions – or worse, missing out on entire destinations. That’s a bigger problem for people with mobility needs.

Accessibility gaps don’t just inconvenience tourists; they marginalise communities. Poorly connected neighbourhoods lose out on visitor spending, cultural exchange and everyday opportunities.

The UK government’s inclusive transport strategy indicates that inaccessible bus stops and train stations prevent disabled people from participating in social activities. The result is not just fewer trips but fewer chances to work, study and connect, which creates a bigger problem – transport poverty.

Cities that integrate transport with tourism infrastructure don’t just move people, they move economies. Better accessibility boosts travellers’ confidence, satisfaction, and encourages greater spending. Since tourists often allocate a large share of their budget to local travel, making destinations easier to navigate directly increases how much they spend and how long they stay.




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GIS can help plan transport and tourism. Visitors to Copenhagen, Denmark’s capital, use GIS to plan cycle-friendly routes with details about the path, distance, cycling duration, complexity and slope conditions to help them navigate the city.

GIS also allows researchers like us to visualise what the naked eye misses. In 2024, Edinburgh welcomed 5.05 million overnight visitors, generating £2.56 billion in tourism spending.

But while the Royal Mile and city centre boast strong bus networks, facilities that promote active travel (such as bike parking and bike lanes) are lacking beyond the centre. Around Arthur’s Seat, a popular place that people visit for walking, climbing and other recreational activities, there are fewer than ten bike parking spaces in the entire area. Due to the lack of active travel options, people may choose to drive, which causes further congestion.

map of Edinburgh with red circle
Cycle parking (red dots) and cycle routes in Edinburgh – note lack of cycle parking at Arthur’s Seat and limited cycle routes around the city.
Produced with OpenStreetMap and dataset from Edinburgh Council (https://data.edinburghcouncilmaps.info/maps/213d09a7cab745eb8e7cd08521419805), CC BY-NC-ND

In Manchester too, bike parking is concentrated in specific areas despite the strong cycle network around the city. This can limit the amount of cycling if people cannot easily park their bikes beyond the city centre area.

map of Manchester with red circle showing where cycling facilities are concentrated
Map shows concentration of cycle parking around Manchester city centre and university areas – and lack of cycle parking elsewhere.
Produced with OpenStreetMap and dataset from the UK Government (https://www.data.gov.uk/dataset/655a1680-fe40-44c0-832f-131067256db6/gm-cycle-routes), CC BY-NC-ND

Smart tourism meets sustainable transport

The carbon footprint from air travel is high, and the amount of long-distance flights is projected to increase by 25% by 2030. Meanwhile, car travel accounts for the majority of global tourism journeys (around 77%), largely due to its flexibility, affordability and independence – but it is not the most sustainable method, of course.

Encouraging the use of buses and bikes isn’t just green, it’s strategic.
With GIS mapping, we can pinpoint where new bike lanes and bus routes can be expanded to link tourist attractions, accommodations and restaurants, to create seamless, low-carbon journeys.

Imagine cycling from your hotel to a historic site, hopping on an electric bus to a museum and strolling to dinner, all without a car. That’s not a fantasy; it’s a blueprint for sustainable tourism.

Our research shows that sustainable tourism depends on active community participation and inclusive planning whether in tourism or transport, proving that equitable access to resources leads to long-term sustainability.

During our recent fieldwork, two young wheelchair users’ faces lit up when we discussed active travel such as wheeling as well as cycling and walking. Their enthusiasm is a reminder that these groups’ travel needs should be strengthened and prioritised in future mobility planning, not treated as an afterthought.

With open-access GIS technology and datasets available, these blind spots can be exposed, giving policymakers the help they need to design fairer, more inclusive cities. Interactive GIS maps can support smart tourism apps, offering live bus schedules and bike sharing availability.

Inclusive destination planning isn’t just a policy goal. It shapes people’s travel experiences. The choices cities make about transport modes and accessibility determine whether holidays feel effortless, or exhausting.

So, what kind of Christmas travel do you want? One spent exploring joyfully, or one stuck waiting for a taxi in the cold? Before you book that festive getaway, check the map. Does your destination offer easy, sustainable access from one place to another? Will you be stuck in traffic – or will you have the freedom to walk, cycle and easily hop on a bus?


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The Conversation

Harry Radzuan receives funding from the British Academy/Leverhulme to conduct this research.

Siti Intan Nurdiana Wong Abdullah receives funding from British Academy/Leverhulme to conduct this research.

Jiaying Xue does not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organisation that would benefit from this article, and has disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

ref. How bus stops and bike lanes can make or break your festive city trip – https://theconversation.com/how-bus-stops-and-bike-lanes-can-make-or-break-your-festive-city-trip-269961

How abandoned land can power a fair energy transition

Source: The Conversation – UK – By Harry Radzuan, Lecturer in Project Management, London South Bank University; University of Manchester

EvaL Miko/Shutterstock

Across the UK, millions of households are struggling to afford to heat their homes. Energy poverty has risen sharply since 2021, with around 6 million households unable to keep warm without cutting back on essentials.

At the same time, the UK faces a race to meet net zero by 2050, including delivering 70GW of solar power by 2035 (that’s enough energy to power 35 million homes).

Brownfield sites – the abandoned or disused lands that dot the UK’s cities and towns as a result of de-industrialisation – could be an untapped asset.

As a multidisciplinary sustainability researcher, I have seen how brownfield has slowly been incorporated into urban planning in the UK – from locally managed brownfield assets and datasets through to combined brownfield datasets and eventually to a national register.

To date, there are still more than 37,000 brownfield sites in England alone, many in deprived areas where property values are low and investment scarce. These sites range from as small as 0.001 hectares (0.00000386 square miles) to 157,945 hectares (610 square miles), according to the UK government’s brownfield land register.

Although different countries have different interpretations of what constitutes brownfields, they are often fenced off, contaminated or derelict – a symbol of neglect rather than renewal.

My team’s recent study shows that repurposing this land for community-based renewable energy projects, such as solar farms, wind turbines or ground source heat pumps, could not only help boost the renewable energy uptake, but also cut carbon footprint and tackle energy poverty.




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Green belt land just isn’t that green anymore


The idea is simply to transform brownfield land from environmental liability and eyesore into local renewable energy generators. Even the smallest brownfield site can house a small number of solar PVs, rooftop wind turbines or a deep-borehole ground-source heat collector.

In the US, this is already happening. Since 1999, the Brightfields Initiative has converted disused industrial sites in California, Connecticut, Minnesota, New York and Virginia into solar farms. The US Environmental Protection Agency has also created a national RE-Powering Mapper tool to find suitable brownfield lands for renewable energy projects.

solar panels and heat pump
The grid of the future will include a mix of renewable energy sources such as solar and air-source heat pumps.
ThomsonD/Shutterstock

The UK has yet to adopt a similar approach. Since launching in 2017, the current brownfield register mainly tracks potential housing sites, which may limit its redevelopment opportunity due to the site contamination that may require a high cleanup cost and a long restoration period before it can be safe for habitation. Energy development is rarely considered, even though many brownfield sites sit near densely populated areas that would benefit most from cheaper, cleaner power.

The good news is that momentum is building. The energy bill was amended in July 2023 to encourage solar installations on rooftops and brownfield land. In 2024, the government launched its brownfield passport consultation to seek ways to speed up redevelopment of derelict land. Our research supports this effort, and suggests that energy generation should be a formal part of that strategy.

Turning brownfields into brightfields

Brownfield redevelopment isn’t just about land use, it is also about energy justice, where fair access to affordable and sustainable, clean energy can be guaranteed.

This involves three principles. Distributive justice is the element of ensuring a fair allocation of energy resources and burdens between individuals and communities. In this case, brownfield renewable energy can supply affordable energy directly to low income households, who tend to live in underdeveloped areas, reducing their dependence on volatile fossil fuel prices.

This can be more affordable because community-owned renewables avoid profit-driven pricing, reduce transmission losses by generating energy locally and benefit from lower operating costs once the systems are installed. This means savings can be passed directly to households.

Procedural justice emphasises fairness and inclusion in energy-related decision making. In other words, brownfield development should integrate greater public participation, enabling communities to co-design and co-own energy solutions (such as Brixton Energy in London).

Recognition justice involves acknowledging individual and collective energy needs, values and rights. Many brownfield sites lie in areas long burdened by environmental damage. Renewable energy projects can therefore revitalise the land, create jobs and improve local wellbeing.

Community energy, where residents jointly own and manage renewable energy, delivers on all three of these principles. Community energy projects create local jobs, generate income that stays in the area and build trust between citizens and local authorities.

But renewable brownfield redevelopment is not simple. Contamination, complex regulations and financing challenges have slowed progress for decades. Developers also frequently shy away from uncertain cleanup costs or lengthy approvals. These barriers can be overcome through targeted policy support, such as grants for site remediation, streamlined planning processes and public-private partnerships that can reduce financial risks while ensuring community participation.

By developing brownfield for renewable energy, multiple issues can be addressed using existing resources while reaping benefits beyond free sustainable energy. It can enrich energy poor households, enhance biodiversity, provide cleaner air, create safe neighbourhoods and increase property values. This reduces the competition for fresh land development, often termed as greenbelt.

With coordinated policies, community participation and a clear national vision, the energy system can become more just.


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The Conversation

Harry Radzuan does not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organisation that would benefit from this article, and has disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

ref. How abandoned land can power a fair energy transition – https://theconversation.com/how-abandoned-land-can-power-a-fair-energy-transition-269730

What makes people welcome or reject refugees? What research in Germany reveals

Source: The Conversation – UK – By Tobias Hillenbrand, PhD candidate, Innovation, Economics, Governance and Sustainable Development, UNU-MERIT, United Nations University

Across the EU, immigration is one of the most divisive topics in politics today. Germany, a country once known for its “Willkommenskultur” (welcome culture), is a case in point.

The German chancellor, Friedrich Merz, has recently said that Syrians no longer have “grounds for asylum in Germany”, and that they will be encouraged to return voluntarily. Some could also be deported in the near future.

Polling suggests that tough approaches to immigration resonate well with the public, reflecting a broader shift toward more negative immigration attitudes.

What determines whether people in a host country like Germany welcome or reject refugees? This is what my colleagues Bruno Martorano, Laura Metzger and Melissa Siegel and I sought to better understand in a recent paper.

Through a survey experiment, we tested how different factors would affect whether participants express concern for refugees’ wellbeing, or consider them a threat.

The study was designed to assess the effects of different factors on people’s attitudes towards refugees. For example, whether a participant held humanitarian values (is committed to help fellow humans in need). We measured this based on their responses to a frequently-used set of four questions. Humanitarian considerations have received little attention in earlier studies in this area.

We also measured if people’s views changed depending on the amount of adversity refugees faced (such as whether they were fleeing war), and the personal characteristics of the refugees – their age and gender, and whether they were part of families.

We surveyed more than 2,000 participants in 2023, using short, professionally-produced videos about Syrian refugees in Turkish refugee camps.

Some participants watched a control video, which provided only some background information. Others watched one of four videos: two emphasised the humanitarian situation of Syrian refugees in refugee camps in Turkey, the other two stressed challenges that the immigration of these refugees may imply for German society.

One of the “humanitarian message” videos and one of the “threat message” videos focused on families with small children among the refugees. The other two highlighted young refugee men.

After they watched the videos, we surveyed respondents about their views and concerns about the refugees.

Humanitarian compassion

On average, respondents overall showed a moderate level of concern for the wellbeing of Syrian refugees. They were somewhat more worried about the impact on Germany’s welfare system, security and cultural life. Fears that refugees might take away jobs were less common.

We identified a strong correlation between how humanitarian someone generally is, and the compassion that respondent expressed toward the refugees. We also found that exposure to short videos highlighting the humanitarian plight of refugees made participants care significantly more for most aspects of refugees’ wellbeing, compared to those who only saw the control video.

Additionally, we gave participants the possibility to sign pro-refugee policy petitions within the survey. Only a quarter of respondents overall signed a petition calling for increased funding for Syrian refugees abroad. An even smaller share supported a petition for more admissions of Syrians to Germany. But highlighting the humanitarian plight of refugees largely increased the share of respondents advocating for more support for refugees abroad.

The limits of this kind of messaging were also apparent. Watching the humanitarian videos did nothing to reduce immigration-related fears, nor did it increase acceptance for allowing refugees into the country.

Scepticism of (some) refugees

Those who watched videos of young male refugees were significantly less likely to support allowing more refugees into the country. Our data suggests that this is likely due to heightened concerns about negative cultural effects among those who viewed a video featuring young refugee men, rather than economic concerns or participants feeling more physically threatened.

Those who watched the videos highlighting families were more concerned about the refugees’ safety. Yet, they also expressed greater concerns that refugees may represent a burden for the welfare state.

The videos did not impact all respondents equally. For example, among respondents who identified as politically leftwing, seeing a video with a humanitarian message was associated with fewer cultural concerns about immigration, compared to the control group. For right-leaning respondents, we observed the opposite: seeing one of the humanitarian videos was associated with more concerns.

In addition, it was remarkable how differently east and west Germans reacted to our experiment. The political legacy of eastern Germany – the region which used to be the socialist authoritarian German Democratic Republic (GDR) until 1990 – is relevant in explaining persistent differences between the eastern and western German populations. It has been well established that east and west Germans differ in their values, preferences and voting behaviour, including support for the anti-immigration party AfD.

While similar at baseline, we found that exposure to the four videos affected the views of east Germans more negatively than those of west Germans, regardless of the exact message or the group of refugees the video highlighted. For example, focusing on refugee families largely boosted the share of west Germans who supported increasing support for refugees abroad. Among east Germans though, it had if anything the reverse effect.

It was remarkable how different these populations reacted to the very same message. Their reactions diverge more strongly than across any other divide, such as age or education.

Taken together, our results suggest that people’s opinions on immigration are more complex than a simple pro- v anti-immigration split. Whether a political message is effective or not – that is, whether it changes minds – depends on the framing of the message itself, as well as the views and values held by the people receiving that message.

The Conversation

Tobias Hillenbrand does not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organisation that would benefit from this article, and has disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

ref. What makes people welcome or reject refugees? What research in Germany reveals – https://theconversation.com/what-makes-people-welcome-or-reject-refugees-what-research-in-germany-reveals-269436

As flu cases spike, is it time to start wearing masks again?

Source: The Conversation – UK – By Paul Hunter, Professor of Medicine, University of East Anglia

Yau Ming Low/Shutterstock.com

With flu season arriving early and NHS leaders encouraging people with symptoms to wear masks in public, a question arises: do masks actually work against the flu?

The short answer is that the evidence remains surprisingly weak. Studies conducted before the COVID pandemic generally found that masks made little to no difference in the spread of flu in everyday settings. There is little reason to think this has changed, although the COVID pandemic has taught us more about when masks can be helpful in reducing the spread of respiratory diseases.

This matters because flu cases began rising earlier than usual this year and are higher than we would normally expect at this point in the season.

While the number of people being admitted to hospital with a diagnosis of flu is still at moderate levels, the number of daily admissions is increasing. There are real concerns that we are heading towards an especially bad winter. This year, Australia suffered its worst flu season in at least 20 years.

The main flu strain currently circulating in the UK is a type of influenza A known as H3N2 – subclade K. This strain probably appeared first in the US, from where it has spread globally, extending the flu season in Australia and New Zealand and causing the early start of the flu season in Europe.

Crucially, this strain is quite different from the one used in this year’s vaccine. This means the vaccine may be less effective at preventing infection, although it should still help protect against severe illness.

Against this backdrop, Daniel Elkeles, the chief executive of NHS Providers, told Times Radio that if you’re coughing and sneezing “then you must wear a mask when you’re in public spaces, including on public transport, to stop the chances of you giving your virus to somebody else”.

The government guidance is less forthright, with a government spokesperson stating that people should consider wearing a mask in such circumstances, not that they must wear one.

Before the COVID pandemic, there had been several studies investigating the benefits of face coverings for respiratory viruses, including influenza. The most thorough of those reviews concluded that overall, masks made little or no difference to the spread of flu, either in the home or in public places.

They also concluded that N95 masks (tight-fitting, high-filtration masks) were no better than surgical masks in everyday settings. However, the authors were only able to identify a single low-quality study to support this finding.

Blue surgical masks and white N95 masks.
In real-world studies, N95 masks perform no better than surgical masks.
Maridav/Shutterstock.com

In a review my colleagues and I conducted on the effectiveness of masks on the spread of respiratory infections prior to COVID, we found a similar poor effect overall. But individual studies in the review often gave very different results to each other.

Weaker studies were more likely to suggest masks work

Some studies suggested a strong protective effect, while others showed greater infection risk when people wore masks. Better-quality studies, such as randomised trials, generally found little or no benefit. In contrast, weaker study designs were more likely to suggest that masks worked.

The COVID pandemic added new evidence. The most robust recent review of masks and COVID in the community concluded that mask wearing was associated with a reduced risk of COVID transmission outside of healthcare settings. There was insufficient evidence to comment on the relative effectiveness of N95 respirator masks compared to standard surgical masks in public spaces, but in hospitals the balance of evidence was that there was little difference between the two types of mask.

These real-world studies contrast sharply with laboratory studies, which have generally found masks to be highly effective at reducing the amount of virus people release into the air and showing that properly fitted N95 masks are more effective than surgical masks for COVID and flu.

In the flu study, the researchers reported that a properly fitted N95 mask reduced the amount of flu virus released into the air by more than 94%. However, a poorly fitting N95 mask performed no better than an ordinary surgical mask – a crucial finding that suggests the gap between laboratory and real-world effectiveness may come down to how people actually wear masks.

The COVID lesson

Some of the most convincing evidence for the effectiveness of masks at preventing COVID was the UK’s Office for National Statistics (ONS) COVID infection survey. In this survey, up to 150,000 people were screened every two weeks for the virus whether or not they had symptoms. For part of the time, the survey also collected data on mask wearing.

My colleagues and I analysed data from the ONS survey and concluded that, in adults, always wearing a mask at work or in enclosed spaces – or both – was associated with about a 20% reduction in the risk of catching COVID during the time the delta variant was the dominant strain of the virus. But after the appearance of the omicron variant, there was little if any reduced risk in mask wearers.

In children, mask wearing was associated with less of a reduction in risk of testing positive for COVID, and during the omicron period there was even a small increased risk.

Evidence for the value of masks for flu remains less clear, suggesting little if any benefit. Nevertheless, I would still encourage people who are at risk of severe disease if they catch the flu to wear a mask in crowded indoor environments – especially if they have not yet received the vaccine.

If someone is ill with the flu, it is best that they should stay at home. If they have to go out into crowded indoor environments, then I would also encourage them to wear a mask. I would not encourage mask wearing in children, given the lack of clear benefit and potential for improper use.

For most people, the overall evidence does not support routine mask wearing. I would also not encourage the general public to wear N95 masks because these masks need to be properly fitted for them to be effective. Nevertheless, wearing a mask is a personal decision, and people should be free to decide on what makes them feel most comfortable.

The Conversation

Paul Hunter consults for the World Health Organization. He receives funding from National Institute for Health Research and has received funding from the World Health Organization and the European Regional Development Fund

ref. As flu cases spike, is it time to start wearing masks again? – https://theconversation.com/as-flu-cases-spike-is-it-time-to-start-wearing-masks-again-271904

Cannabis dependence is rising in England and Wales – but treatment is lagging

Source: The Conversation – UK – By Francesca Spiga, Research Fellow in Research Synthesis, University of Bristol

Cannabis is often seen as relatively harmless – but the latest figures tell a different story. Julian Wiskemann/ Shutterstock

Cannabis dependence is on the rise, according to the latest data on drug use and dependence published by NHS England.

Although cannabis use has remained stable over the past decade in England and Wales, dependence on the drug has risen significantly. In 2024, 6.7% of people aged 16 to 64 showed signs of drug dependence – compared with only 3.8% in 2014. This rise in drug dependence has mainly been attributed to an increase in the number of adults reporting cannabis dependence.

In England’s substance misuse treatment services alone, 86% of children aged 14-17 enrolled in treatment between 2024 and 2025 were there for cannabis problems – making it by far the most commonly used substance among young people.

Trends are slightly different in adults, with 21% of those in treatment reporting issues with cannabis use alongside opiates. Among people entering treatment for substance misuse, 22.2% were there for cannabis problems – continuing a steady climb since 2022 (20.9%).

Cannabis is often seen as relatively harmless, but these figures tell a different story. For some, cannabis use becomes difficult to control – interfering with work, relationships and mental health. It can also lead to cannabis use disorder, a serious condition that, due to its relatively mild perceived physical harms, receives far less attention than other substance use disorders.

What is cannabis use disorder?

Cannabis remains the most commonly used illicit drug in the UK. While many people use it without major problems, some develop patterns of harmful or dependent use.

Cannabis use disorder is defined by symptoms such as difficulty cutting down cannabis use, spending excessive time using or recovering from use, and continuing to use cannabis despite negative consequences. These problems can affect education, employment and relationships, and are linked to mental health issues such as psychosis and depression.




Read more:
What is cannabis use disorder? And how do you know if you have a problem?


Despite these risks, cannabis is often perceived as “safe” compared to other drugs. The perception that cannabis doesn’t cause serious problems increases the risk of use and decreases the motivation to stop. This perception may partly explain why treatment services are now seeing such high numbers of young people with cannabis-related problems.

The latest ONS figures highlight a persistent public health challenge – one that requires more than just awareness.

Can cannabis use disorder be treated?

Treatment for cannabis use disorder isn’t straightforward. Unlike opioid dependence, there are no approved drug-based treatments for cannabis problems.

Current UK clinical guidelines recommend psychosocial interventions, such as cognitive behavioural therapy, as first-line options. But the evidence base for these therapies is surprisingly thin. Studies are small, inconsistent and often measure success in different ways – making it hard to know what really works.

A young girl smokes a marijuana cigarette.
In England, 85% of young people in treatment programmes were there for cannabis problems.
2Design/ Shutterstock

Our research group recently reviewed all available trials of psychosocial and pharmacological treatments for cannabis use disorder.

We found that while psychosocial approaches such as cognitive behaviour therapy (teaching people practical strategies to change unhelpful thoughts and actions and boost motivation) and acceptance-based approaches (teaching skills to manage difficult emotions, accept challenging thoughts and stay focused on the present moment) show promise, the benefits are modest and vary widely between studies.

Other psychological strategies such as contingency management (offering rewards for meeting treatment goals) have shown some success for other substance use disorders (such as cocaine and amphetamine). But the evidence for cannabis is limited.

The benefits of prescription drug treatments for cannabis use disorder remain uncertain. No drug that has been investigated to date, including antidepressants and cannabinoid agonists (which mimic the effects of cannabis), have produced convincing results.

In short, while there are some encouraging findings, the research base is still too limited to draw firm conclusions about which interventions work best. This leaves doctors and patients with uncertainty and limited guidance on treatments.

Where do we go from here?

The rise in cannabis-related treatment demand comes at a time when recreational cannabis use is highly common and high-potency products are increasingly available. This means that it could become a more common problem, which is why developing a treatment base is so important.

But a challenge researchers face in developing suitable treatments for cannabis use disorder is deciding what counts as a good outcome.

Many trials aim to have participants achieve abstinence (complete cessation of cannabis use) – but this isn’t always realistic or even what people want. For some, reducing use rather than stopping completely can still improve mental health and quality of life.

Yet there’s no universal agreement on what constitutes meaningful change. This matters because treatment goals should reflect what people actually value. If someone wants to cut down rather than quit, measuring success only by abstinence risks overlooking meaningful progress.

So until researchers agree on a core outcome set, comparing studies and developing treatment guidelines will remain difficult.

To ensure that support is based on robust evidence, we need more research, better and bigger trials and a clearer understanding of what works – and for whom.

The good news is that with growing recognition of cannabis use disorder as a genuine public health concern, researchers have an opportunity to shape a more effective and compassionate response.

For those personally affected by cannabis use disorders, psychosocial therapies are still the most supported options. Opening a non-judgemental conversation, encouraging professional support and staying informed about what treatments are available can make a real difference.

The Conversation

Francesca Spiga is funded by the NIHR Evidence Synthesis Programme. The views expressed are those of the authors and not necessarily those of the NIHR or the Department of Health and Social Care.

Monika Halicka is funded by the NIHR Evidence Synthesis Programme. The views expressed are those of the authors and not necessarily those of the NIHR or the Department of Health and Social Care.

ref. Cannabis dependence is rising in England and Wales – but treatment is lagging – https://theconversation.com/cannabis-dependence-is-rising-in-england-and-wales-but-treatment-is-lagging-271642