¿Qué sabemos hasta ahora del alto el fuego entre Israel y Hamás?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Scott Lucas, Professor of International Politics, Clinton Institute, University College Dublin

Tras dos años de violencia y la muerte de 68 000 palestinos y más de 1 200 israelíes, la mayoría de ellos civiles, se ha informado de que Hamás y el Gobierno de Netanyahu firmarán un acuerdo de alto el fuego de fase 1. Esta es la primera parte de un plan de 20 puntos promovido por el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, y respaldado por los principales líderes árabes de la región.

Lo que sabemos hasta ahora es que Israel cesará su ofensiva militar en Gaza. Hamás, por su parte, ha acordado liberar a los 20 rehenes israelíes que aún siguen con vida en Gaza.

El editor de asuntos internacionales de The Conversation, Jonathan Este, ha hablado con Scott Lucas, experto en Oriente Medio de la University College Dublin, para analizar el pacto y su contexto.

¿En qué se diferencia este acuerdo de los anteriores?

Hasta que no tengamos más detalles, este acuerdo es similar a la fase 1 del alto el fuego de 60 días de principios de 2025. Hay una pausa en los asesinatos, especialmente por parte de Israel, pero aún quedan por confirmar las condiciones definitivas.

La diferencia clave es que Hamás solo liberó a algunos rehenes y entregó algunos cadáveres en el alto el fuego anterior. Esta vez están liberando a todos los rehenes y entregando todos los cuerpos que pueden recuperarse, a cambio de un número aún por anunciar de detenidos palestinos liberados de las prisiones israelíes.

Esto supone renunciar a la principal baza de Hamás no solo contra los ataques israelíes, sino también contra la ocupación del Gobierno de Netanyahu y su veto a la ayuda a Gaza.

Así pues, los elementos clave de un acuerdo duradero –el alcance de la retirada del ejército israelí, el restablecimiento de la ayuda, el establecimiento de la gobernanza y la seguridad en la Franja– dependerán de las garantías y de quién las proporcione.

¿Cuáles son los posibles puntos conflictivos?

Los “puntos conflictivos” inmediatos son si se acordarán las condiciones principales en futuras discusiones.

Los israelíes exigirán el desarme completo de Hamás y, posiblemente, la expulsión de algunos de sus funcionarios. Es probable que Hamás responda con el rechazo de cualquier expulsión forzosa y la retención de armas “defensivas”.

La composición de la “junta” internacional que supervisará la Franja es vaga, más allá de que Donald Trump se haya autoproclamado presidente y de que no se haya previsto ninguna representación palestina. Es probable que Hamás intente conseguir alguna representación palestina.

En este momento, la Fuerza Internacional de Estabilización para la Franja es más un deseo que un plan. El acuerdo de Israel para que una fuerza sustituya a su ejército en Gaza está lejos de estar asegurado, sobre todo porque no está claro quién aportará personal. El ministro de Asuntos Exteriores italiano, Antonio Tajani, se ha ofrecido a enviar tropas para contribuir a la fuerza.

El plan para un gobierno provisional que administre la Franja es igualmente impreciso. Aunque en el “plan” de Trump se menciona la presencia de tecnócratas palestinos, no sabemos quiénes serán. Sabemos que Hamás está excluido. Es probable que Israel también vete a la Autoridad Palestina a corto plazo. Y la liberación de posibles líderes palestinos encarcelados, como Marwan Barghouti, que lleva más de 20 años detenido por Israel, no está confirmada.

Y antes de considerar todo esto, está la cuestión de la extrema derecha en el gabinete de Netanyahu. El ministro de Finanzas, Bezalel Smotrich, y el ministro de Seguridad Nacional, Itamar Ben-Gvir, aún no han comentado las últimas noticias, pero anteriormente se han opuesto a cualquier acuerdo que no suponga la derrota “total” de Hamás y una ocupación israelí a largo plazo. Ninguno de los dos ha amenazado con bloquear el acuerdo, al menos hasta ahora, pero han expresado su oposición.

¿En qué medida ha influido la presión de los Estados árabes?

Aunque es probable que muchos titulares den el mérito a Trump y a sus enviados, su yerno Jared Kushner y el promotor inmobiliario Steve Witkoff, el papel de los Estados árabes ha sido fundamental.

Un mes después de que Israel violara la soberanía de Catar con el ataque aéreo para intentar asesinar a los negociadores de Hamás, el Estado del Golfo y Egipto fueron los mediadores de este acuerdo de la fase 1. Entre bastidores, otros Estados árabes y Turquía instaban a Hamás a aceptar el “plan” de Trump en principio y a llegar a un acuerdo para liberar a los rehenes.

Esos países serán necesarios para la siguiente fase, especialmente si Trump amenaza con volver a su postura anterior de dar carta blanca a las operaciones militares israelíes y cortar la ayuda.




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¿Hay futuro para los civiles palestinos en Gaza?

Espero que sí. La cuestión inmediata es la supervivencia. Los ataques israelíes se han detenido. La cuestión urgente es hacer llegar la ayuda esencial a la Franja. Después, se trata de poder volver a lo que queda de los hogares. La Administración Trump ha abandonado su discurso sobre el desplazamiento, frenando la demanda de los ministros de extrema derecha de Netanyahu de expulsar a muchos habitantes de Gaza.

Sin embargo, tras dos años de tácticas de tierra quemada por parte de Israel, poco queda de muchos de esos hogares. La mayor parte del sector sanitario ha sido destruido, al igual que muchas escuelas y otros edificios públicos. Rafah ha sido arrasada y los rascacielos de la ciudad de Gaza han sido volados por los aires.

La recuperación no puede centrarse únicamente en los beneficios que se obtendrán –incluidos los de Trump, Kushner y los intereses comerciales de los Estados del Golfo– del “desarrollo” de la “Riviera de Oriente Medio” de Trump. Debe comenzar por la subsistencia diaria de los civiles que han pagado el precio más alto en esta matanza masiva.

¿Recibirá Trump ahora el Premio Nobel de la Paz?

No me importa. A veces, las cosas buenas surgen de la convergencia de motivos cínicos y egoístas. Trump está desesperado por conseguir el Premio Nobel de la Paz porque Barack Obama lo recibió en 2009. Kushner, cuyo fondo de inversión está financiado por Arabia Saudí y Catar, y los empresarios de los Estados del Golfo ven la posibilidad de obtener grandes beneficios. Las relaciones entre Estados Unidos y el Golfo deben repararse tras la conmoción causada por el ataque aéreo de Israel en Catar.

Si eso significa salvar vidas, bien. Pero esas vidas deben salvarse no solo hoy o mañana. Deben respetarse y apoyarse con un acuerdo duradero para la seguridad y el bienestar.

Y eso significaría una solución de dos Estados tanto para los palestinos como para los israelíes, algo que el Gobierno de Netanyahu y la Administración Trump no tolerarán. Netanyahu y sus ministros están dedicados a expandir los asentamientos ilegales de Israel, con la consiguiente amenaza de violencia, en Cisjordania.

Celebremos la fase 1 en nombre de los rehenes israelíes, sus familias y los civiles de Gaza. Y seamos claros sobre lo que se necesita para la fase 2, la fase 3 y las siguientes.

The Conversation

Scott Lucas no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ¿Qué sabemos hasta ahora del alto el fuego entre Israel y Hamás? – https://theconversation.com/que-sabemos-hasta-ahora-del-alto-el-fuego-entre-israel-y-hamas-267130

Israel and Hamas agree ceasefire deal – what we know so far: expert Q&A

Source: The Conversation – Global Perspectives – By Scott Lucas, Professor of International Politics, Clinton Institute, University College Dublin

After two years of violence and the deaths of 68,000 Palestinians and more than 1,200 Israelis, most of them civilians, it has been reported that Hamas and the Netanyahu government will sign a phase 1 ceasefire agreement. This is the first part of a 20-point plan promoted by the US president, Donald Trump, and supported by the major Arab power brokers in the region.

What we know so far is that Israel will cease it’s military assault in Gaza. Hamas, meanwhile, has agreed to free the remaining 20 Israeli hostages still alive in Gaza.

The Conversation’s international affairs editor Jonathan Este spoke with Scott Lucas, a Middle East expert at University College Dublin, who addressed several key issues.

How is this different to previous ceasefire agreements?

Until we have details, this agreement is similar to the phase 1 60-day ceasefire at the start of 2025. There is a pause in the killing, particularly from the Israeli side, but lasting arrangements remain to be confirmed.

The key difference is that Hamas released only some hostages and bodies in the previous ceasefire. This time they are freeing all hostages and the bodies which can be collected, in return for a still unannounced number of Palestinian detainees released from Israeli prisons.

That gives up Hamas’s main leverage against not only Israeli attacks but also the Netanyahu government’s occupation and veto on aid to Gaza.

So key elements of a lasting deal – the extent of the Israeli military’s withdrawal, the restoration of aid, the establishment of governance and security in the Strip – will rest on guarantees and who provides them.

What are the possible sticking points for the rest of the deal?

The immediate “sticking points” are whether central provisions will be agreed in further discussions.

The Israelis will demand complete disarmament by Hamas and possibly the expulsion of some of its officials. Hamas is likely to respond with rejection of any forced removals and its retention of “defensive” weapons.

The make-up of the international “board” overseeing the strip is vague beyond Donald Trump declaring himself the chair and no provision for any Palestinian representation. Hamas will probably seek some Palestinian membership.

At this point, the International Stabilization Force for the Strip is a wish rather than a plan. Israeli agreement to a force replacing its military in Gaza is far from assured, especially as it is not clear who will contribute personnel. The Italian foreign minister, Antonio Tajani, has offered to send troops to contribute to the force.

The plan for a day-to-day government to administer the Strip is equally sketchy. While the presence of Palestinian technocrats is mentioned in Trump’s “plan”, we do not know who these will be. We know that Hamas is excluded. Israel is also likely to veto the Palestinian Authority in the short-term. And the release from imprisonment of potential Palestinian leaders – such as Marwan Barghouti, who has been held by Israel for more than 20 years – is not confirmed.

And before consideration of all of these, there is the question of the far-right in the Netanyahu cabinet. The finance minister, Bezalel Smotrich, and national security minister, Itamar Ben-Gvir, have yet to comment on the latest news, but have previously opposed any deal short of the “total” defeat of Hamas and a long-term Israeli occupation. Neither have threatened to block the agreement – so far – but they have expressed opposition.

How much of this is due to pressure from Arab states?

While many headlines are likely to give the credit to Trump and his envoys, son-in-law Jared Kushner and real estate developer Steve Witkoff, the role of Arab states has been vital.

A month after Israel shattered Qatar’s sovereignty with the airstrike trying to assassinate Hamas’s negotiators, the Gulf state and Egypt were the brokers of this Phase 1 agreement. Behind the scenes, other Arab states and Turkey were urging Hamas to accept the Trump “plan” in principle and to reach a deal to release the hostages.

Those states will be needed for the next phase, particularly if Trump threatens to return to his previous position of a blank cheque for Israeli military operations and cut-off of aid.




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Is there a future for Palestinian civilians in Gaza?

I hope so. The immediate issue is survival. The Israeli attacks have been paused. The urgent issue is getting essential aid into the Strip. Then it is a matter of being able to return to what is left of homes. The Trump administration has dropped its talk of displacement, stemming the demand of Netanyahu’s far-right ministers for the removal of many Gazans.

However, after two years of scorched-earth tactics by Israel, little is left of many of those homes. The majority of the health sector has been destroyed, as have many schools and other public buildings. Rafah has been razed, and Gaza City’s high rises have been blown apart.

Recovery cannot just focus on the profits to be made – including for Trump, Kushner, and Gulf state business interests – from the “development” of Trump’s “Riviera of the Middle East”. It has to begin with day-to-day subsistence for the civilians who have paid the heaviest price in this mass killing.

Does Trump get his Nobel peace prize now?

I don’t care. Sometimes good things happen from a convergence of cynical and self-serving motives. Trump is desperate for the Nobel peace prize because Barack Obama received it in 2009. Kushner, whose investment fund is bankrolled by Saudi Arabia and Qatar, and Gulf state entrepreneurs see the possibility of large profits. US-Gulf relations need to be repaired after the shock of Israel’s airstrike inside Qatar.

If that means lives are saved, fine. But those lives need to be saved not just for today or tomorrow. They need to be respected and supported with a lasting agreement for security and welfare.

And that would mean a two-state solution for both Palestinians and Israelis – something which the Netanyahu government and the Trump administration will not countenance. For Netanyahu and his ministers are devoted to expanding Israel’s illegal settlements, with the accompanying threat of violence, in the West Bank.

Celebrate phase 1 on the behalf of the Israeli hostages, their families, and Gaza’s civilians. And be clear about what is needed for phase 2, phase 3 and beyond.

The Conversation

Scott Lucas does not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organisation that would benefit from this article, and has disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

ref. Israel and Hamas agree ceasefire deal – what we know so far: expert Q&A – https://theconversation.com/israel-and-hamas-agree-ceasefire-deal-what-we-know-so-far-expert-qanda-267113

COP30 : Comment éviter que le plastique ne devienne le canot de sauvetage de l’industrie pétrolière ?

Source: The Conversation – in French – By Marie-France Dignac, Directrice de recherches sur la biologie des sols, INRAE, Inrae

Issus à 99 % du pétrole, les plastiques alimentent la crise écologique et climatique tout au long de leur cycle de vie. Derrière l’image trop familière des déchets qui polluent les rivières puis les océans, la production et le recyclage des plastiques sont aussi source d’émissions considérables de gaz à effet de serre, de quoi compromettre les efforts mondiaux de réduction des émissions. Surtout, les plastiques, un débouché du pétrole, entretiennent la dépendance de l’économie aux énergies fossiles. Le risque serait qu’ils deviennent la planche de salut des industriels de la pétrochimie à l’occasion de la COP30 sur le climat, qui se déroulera du 10 au 21 novembre 2025, à Belem, au Brésil.


À partir du 10 novembre 2025, la COP30 sur le climat réunira les États membres de l’Organisation des Nations unies (ONU) au cœur de la forêt amazonienne, au Brésil. Il s’agit d’un rendez-vous majeur du multilatéralisme, où l’on espère que les ambitions régulièrement formulées par les États vont enfin se concrétiser.

Le contexte international n’est pas forcément au beau fixe pour cela. Face à des pays qui nient la science, ou qui se soucient peu de l’environnement et de la santé humaine et refusent de comprendre que leurs propres économies en paieront le prix à long terme, les pays engagés dans la transition vers une économie moins polluante et moins dépendante des énergies fossiles peinent à se faire entendre. Les négociations en vue d’un traité contre la pollution plastique, qui n’ont toujours pas abouti à un texte, en fournissent un exemple éloquent.

Les preuves scientifiques sont pourtant très claires quant aux impacts de la production de plastiques sur la perte de biodiversité et la pollution à l’échelle planétaire. D’autant plus que ces impacts sont en réalité bien plus larges : les plastiques impactent la santé humaine et exacerbent le dépassement de toutes les autres limites planétaires. En cela, ils aggravent la crise écologique et climatique déjà en cours.




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Pas de plastique sans pétrole

L’impact climatique du secteur de la pétrochimie est moins souvent mis en avant que celui des secteurs de l’énergie et des transports, plus proches des consommateurs. Il fait pourtant figure d’éléphant dans la pièce : entre 4 et 8 % de la production de pétrole est aujourd’hui utilisée pour fabriquer des produits plastique. Près de 99 % de ces produits sont fabriqués à partir de pétrole.

Depuis l’extraction et le transport des combustibles fossiles, jusqu’à la fabrication, l’utilisation et l’élimination des plastiques, ces matériaux génèrent des émissions qui contribuent au réchauffement climatique. Les plastiques sont ainsi directement responsables de 3,5 % des émissions globales de gaz à effet de serre, dont la plupart sont générées lors de leur production.

Le recyclage des plastiques, souvent mis en avant par ces industriels, n’a rien d’une solution miracle. Toutes les technologies de traitement des déchets plastiques sont émettrices de gaz à effet de serre :

Dans un scénario de statu quo, si la production et l’utilisation de plastiques continuent d’augmenter au rythme actuel (soit un doublement de la quantité de plastiques produits tous les 20 ans), les émissions de gaz à effet de serre provenant des plastiques pourraient représenter de 10 à 13 % du budget carbone total (c’est-à-dire, la quantité de gaz à effet de serre que l’on peut encore se permettre d’émettre tout en restant sous la barre d’une hausse de +1,5 °C à l’horizon 2050).

Des impacts indirects à large échelle

Et encore, les chiffres qui précèdent ne tiennent pas compte du fait que les plastiques participent directement à la mondialisation de l’économie. Ils permettent de transporter les biens et denrées sur de très longues distances et de ce fait favorisent une économie basée sur une production loin des zones de consommation, fortement émettrice de gaz à effet de serre.

La pollution plastique se retrouve dans les rivières, les océans ou sur terre, sous différentes tailles (macro, micro ou nanoplastiques), et peut persister pendant des siècles. Selon l’OCDE, environ 22 % des déchets plastiques finissent dans l’environnement, dont une grande partie dans l’océan, nuisant à la vie marine.

Les aliments, l’eau et l’air sont ainsi contaminés et les microplastiques finissent, à travers la chaîne alimentaire, également dans notre corps. Les preuves scientifiques de l’impact des plastiques sur la santé humaine sont de plus en plus solides.

Mais ce n’est pas tout. Les plastiques agissent également indirectement sur le réchauffement climatique. En effet, les débris plastiques en mer modifient les cycles du carbone et des nutriments. En agissant sur les processus microbiens, ils diminuent la productivité en nutriments à la surface de l’océan. Résultat : les « pompes à carbone » de l’océan, qui ont permis de piéger environ 31 % des émissions anthropiques de CO2 entre 1994 et 2007, fonctionnent moins bien.

Par ailleurs, une méta-analyse récente a montré que la présence de microplastiques dans l’eau ou dans les sols pourrait diminuer la photosynthèse, et donc limiter la production de biomasse carbonée. Avec des impacts sur la sécurité alimentaire, mais aussi sur les puits de carbone naturels et le climat.




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Les leçons du traité contre la pollution plastique

Reconnaissant tous ces dangers des plastiques pour la santé humaine et la santé de l’environnement, un comité intergouvernemental de négociation (CIN) a été créé en mars 2022 afin d’élaborer un instrument international juridiquement contraignant pour mettre fin à la pollution plastique dans tous les environnements. Et ceci, en tenant compte de l’ensemble du cycle de vie des plastiques.

La deuxième partie de la cinquième réunion de ce comité (CIN-5.2) s’est tenue à Genève, du 5 au 14 août 2025. Les négociations étaient basées sur le projet de texte du président du CIN proposé à la fin de la première partie du CIN-5 à Busan, en 2024.

À l’occasion de la reprise des négociations en vue d’un traité contre la pollution plastique, à Genève, en août 2025, une installation artistique de Benjamin Von Wong (Le Fardeau du penseur) pour sensibiliser au problème du plastique a envahi la place des Nations où trône l’emblématique Broken Chair.
Florian Fussstetter/UNEP, CC BY-NC-ND

Plusieurs éléments de ce projet de texte peuvent avoir une réelle efficacité pour mettre fin à la pollution plastique. Il s’agit notamment :

  • de réduire la production de plastique (article 6),

  • d’interdire les produits plastique et les substances chimiques dangereuses pour les humains ou pour l’environnement (article 3),

  • de concevoir des produits en plastique moins polluants (article 5),

  • de limiter les fuites vers l’environnement (article 7)

  • et enfin de protéger la santé humaine (article 19).

Mais de nombreux pays font pression pour que ces mesures soient rejetées : les mêmes désaccords politiques qui avaient bloqué les négociations précédentes se sont reproduits à Genève.

Une coalition de pays qui ont tout intérêt à ne pas réduire la production de pétrole

Presque tous les plastiques sont fabriqués à partir de combustibles fossiles, c’est pourquoi les pays qui refusent de prendre des mesures ambitieuses – notamment l’Arabie saoudite, la Russie et l’Iran – sont essentiellement des pays producteurs de pétrole ou dotés d’industries pétrochimiques puissantes.

Les intérêts économiques en jeu sont donc importants. Ce groupe de pays partage les mêmes idées – nommé pour cela le « like-minded group » – et refuse d’inclure de tels objectifs. Ils privilégient un accord visant à gérer les déchets, sans réduire leur production.




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Mais ce faisant, ils dénigrent tous les modèles scientifiques sur l’évolution de la pollution plastique, qui montrent qu’il est nécessaire de réduire la quantité de plastique produite chaque année afin de réduire la pollution par les plastiques tout au long de leur cycle de vie. On a également pu noter la forte présence des lobbies des entreprises pétrolières et des fabricants de plastiques, qui ne cesse d’augmenter au fil des négociations.

Le manque de consensus à la fin des négociations du CIN-5.2 peut être vu comme un échec des négociations.

Toutefois, le rejet massif du texte faible proposé le 13 août a aussi montré qu’une grande majorité de pays ne sont pas prêts à accepter un traité vidé de sa substance.

De nombreux pays ont souligné que ce texte ne permettrait pas d’atteindre les objectifs pourtant fixés dans le mandat à l’origine de ces négociations, et ont appelé à des mesures ambitieuses en accord avec la science, notamment une réduction de la production de plastique et une régulation des produits et substances chimiques dangereux, pour protéger la santé humaine et de l’environnement. La majorité des pays s’est aussi déclarée favorable à la poursuite des discussions.

Le multilatéralisme a montré à Genève la capacité des pays à construire une coalition forte et ambitieuse, rassemblant près de 120 pays (les 75 pays de la Coalition de haute ambition (HAC) et leurs alliés) et basant ses positions sur les faits scientifiques.

Acter l’abandon des énergies fossiles décidé lors des dernières COP

Espérons que ces avancées se concrétisent avec la poursuite des discussions sur le traité contre la pollution plastique, et qu’elles soient prises en compte dans les négociations climatiques lors de la COP30. La production de plastique ne doit pas menacer les efforts réalisés par les États pour limiter le recours aux énergies fossiles dans les autres secteurs.

Comme il a été reconnu lors des dernières COP sur le climat, notamment la COP28 en 2023, le monde doit s’organiser pour sortir progressivement des énergies fossiles.

D’importants efforts de recherche ont été consacrés à cette transition dans les secteurs de l’énergie et des transports, qui utilisent la majeure partie des ressources fossiles pour produire de la chaleur, de l’électricité et des carburants. Les énergies renouvelables remplacent ainsi peu à peu les produits pétroliers dans le mix électrique, ainsi que dans le secteur des transports.

D’autres secteurs, par exemple l’industrie lourde, doivent se réinventer : en effet, ils sont davantage dépendants aux produits pétroliers dans leurs processus industriels mêmes.

À cet égard, la pétrochimie souffre d’un problème de fond : elle contribue à maintenir à un niveau élevé la demande en pétrole, qui constitue un intrant de ses procédés industriels. Les produits pétrochimiques devraient ainsi représenter plus d’un tiers de la croissance de la demande mondiale de pétrole d’ici 2030, et près de la moitié de celle-ci d’ici 2050.

Les plastiques ne doivent pas devenir le radeau de secours de l’industrie pétrolière. En plus de contribuer aux émissions globales de gaz à effet de serre, ils détruisent les sols, empoisonnent les eaux et nuisent aux organismes vivants, y compris les humains. Sur les sept milliards de tonnes de déchets plastiques générés dans le monde depuis l’invention de ce matériau, moins de 10 % ont été recyclés, et cinq milliards de tonnes se sont accumulés dans la nature.

Les industriels de la pétrochimie, de l’extraction des énergies fossiles et leurs alliés cherchent une fois de plus à déplacer le problème : la production de plastiques pose un problème sanitaire, écologique, et climatique majeur. Réduire la production de plastiques constitue un levier incontournable pour maîtriser leurs impacts sur la planète.

The Conversation

Marie-France Dignac a reçu des financements de l’Agence de la Transition Ecologique (ADEME) et de l’Agence Nationale de la Recherche (ANR).

Jean-François Ghiglione a reçu des financements de l’Agence nationale de la recherche (ANR), de l’ADEME, de l’OFB et de l’Agence de l’eau

ref. COP30 : Comment éviter que le plastique ne devienne le canot de sauvetage de l’industrie pétrolière ? – https://theconversation.com/cop30-comment-eviter-que-le-plastique-ne-devienne-le-canot-de-sauvetage-de-lindustrie-petroliere-265912

Un félin au bord l’extinction : comment sauver les derniers guépards du Nord-Ouest africain

Source: The Conversation – in French – By Marine Drouilly, Researcher, conservation and wildlife ecology , University of Cape Town

Sous-espèce rare et gravement menacée, le guépard du Nord-Ouest africain (Acinonyx jubatus hecki) joue un rôle essentiel dans les écosystèmes sahéliens et désertiques. Prédateur au sommet de la chaîne alimentaire, il contribue à maintenir l’équilibre naturel entre végétation et proies. Sa présence est aussi un indicateur clé de la santé de son habitat : un écosystème capable de soutenir un grand prédateur est un écosystème vivant et résilient. Protéger le guépard du Nord-Ouest africain, c’est préserver toute une chaîne de vie fragile mais vitale.

Les guépards (Acinonyx jubatus), comme de nombreux grands carnivores africains, ont vu leur répartition se réduire drastiquement. Aujourd’hui, ils ne subsistent plus que dans 9 % de leur aire de distribution historique. Entre Sahara et Sahel, une sous-espèce extrêmement rare survit à faible densité : le guépard du Nord-Ouest africain, également connu sous le nom de guépard du Sahara.

En tant que chercheures spécialisées dans le suivi écologique des populations de carnivores, nous avons récemment publié la première étude à long terme avec des données récoltées entre 2017 et 2021, de cette espèce insaisissable. Nous avons ainsi pu estimer la densité de population des guépards du Nord-Ouest sur une zone de 4 839 km² dans la partie béninoise du Complexe W-Arly-Pendjari, également appelé « Complexe WAP ».

Un félin au bord de l’extinction

Inscrits en danger critique d’extinction sur la Liste rouge de l’UICN, les guépards d’Afrique de l’Ouest sont au bord de la disparition. On estime qu’environ 260 individus matures subsisteraient encore. Ils sont répartis entre le Complexe WAP (W-Arly-Pendjari — Bénin, Burkina Faso, Niger), le sud algérien et le Grand Écosystème Fonctionnel de Zakouma au Tchad.

Toutefois, ces chiffres restent approximatifs, car le suivi de ces populations demeure contraint par leur faible effectif. Celui-ci est principalement basé sur des estimations de densité, combinés aux informations fournies par des experts des aires de résidence des guépards. Par exemple, en Algérie, un suivi par pièges photographiques sur une zone de 2 400 km2 a estimé une densité de 0,25 guépard adulte pour 1 000 km2. Cette densité a été utilisée dans l’ensemble de l’aire de répartition de l’espèce au Sahara pour évaluer la taille totale de la population.

Les résultats de notre étude sont frappants : la densité des guépards y est extrêmement faible, avec seulement 2,6 individus pour 1000 km². Cependant, au sein du Parc national de la Pendjari, où la protection est plus rigoureuse, cette densité s’élève à 5,1 individus pour 1000 km², suggérant que ce parc constitue un réservoir vital pour l’ensemble des aires protégées du WAP.

Le suivi d’un félin aussi rare dans une région où la sécurité représente un défi majeur exigeait une approche adaptée. Nous avons mis en place un protocole de piégeage photographique innovant, ciblant spécifiquement les points d’observation privilégiés par les guépards pour surveiller leur environnement et repérer leurs proies comme des termitières, des troncs d’arbres couchés ou des tas de gravats. En complément, des caméras ont également été placées de manière plus classique le long des pistes et sentiers empruntés par la faune.

Cette méthode a permis de collecter des données précieuses et inédites tout en minimisant les risques pour les équipes de terrain. Les caméras automatiques fonctionnent en effet 24h/24, 7j/7 sans avoir besoin de la présence humaine, ce qui limite l’exposition des équipes aux risques, la zone étant sujette à des actes d’extrémisme violents.

Par ailleurs, l’utilisation de ces petits appareils automatiques relativement bon marché et non-invasifs par rapport à des suivis qui nécessiteraient des moyens plus importants, comme par exemple la capture, l’anesthésie et la pose de colliers GPS sur des guépards.

Malgré ce suivi spécifique, nos résultats suggèrent un nombre de guépards très faible. Cela appelle une réponse urgente et coordonnée pour sécuriser cette population en danger critique. Les guépards sont en effet impactés par la perte et la fragmentation de leur habitat car ils ont besoin d’immenses territoires pour survivre. Le commerce illégal de produits comme leurs peaux, utilisées dans diverses cérémonies à travers l’Afrique, la diminution de leurs proies due au braconnage et aux troupeaux domestiques qui entrent souvent dans les aires protégées et détruisent l’habitat par sur-pâturage sont d’autres menaces importantes.

Aujourd’hui, le guépard du Nord-Ouest est particulièrement menacé par l’insécurité dans son aire de distribution sahélo-saharienne. Le commerce illégal de sa peau est un réel risque pour sa survie.

Le guépard étant un grand carnivore se nourrissant d’ongulés de taille moyenne, il participe à la régulation de ces populations avec les autres carnivores partageant son écosystème. La perte de ce prédateur induirait celle d’un régulateur écologique clé, mais aussi d’un symbole culturel majeur pour l’Afrique sahélo-saharienne. Chaque grand prédateur apporte également des connaissances uniques sur l’évolution, l’adaptation et l’écologie des êtres vivants. La disparition de cette sous-espèce serait une perte irréversible pour la science.

Un autre impact, plutôt économique cette fois, concerne le tourisme. Même si le tourisme sahélien est limité aujourd’hui, la disparition du guépard supprime toute perspective future de valorisation durable de cette faune emblématique.

Enfin, l’extinction locale du guépard serait un signal fort du déclin de la biodiversité dans les zones arides, rappelant que les crises écologiques touchent aussi ces milieux qui attirent pourtant moins l’attention que les forêts tropicales.

Quels leviers pour sauver le guépard saharien ?

Face aux menaces alarmantes qui pèsent sur le guépard saharien, il devient urgent d’agir pour éviter sa disparition complète. Préserver cette sous-espèce nécessite une approche coordonnée durable et adaptée aux réalités du terrain. C’est dans cette perspective que plusieurs pistes d’actions peuvent être envisagées.

Tout d’abord, poursuivre le suivi régulier au Bénin tous les deux ans, en s’appuyant sur la méthode développée dans cette étude. Ce suivi doit être pérennisé et, si possible, élargi à d’autres zones, afin de mesurer l’impact des actions de conservation et de réagir rapidement à l’apparition de nouvelles menaces.

Dans un second temps, il s’agit d’appliquer cette méthode aux quatre dernières populations de guépards du Nord-Ouest africain, pour développer des programmes de suivi robustes à l’échelle régionale.

Il faut également initier de nouveaux suivis, afin d’améliorer les connaissances sur les guépards dans les régions où leur présence et leur statut restent incertains ou insuffisamment connus, comme en Algérie. Mettre en œuvre une réponse coordonnée à l’échelle internationale, incluant un engagement fort des bailleurs de fonds est également crucial. L’insécurité et l’instabilité politique jouent un rôle catalyseur dans la diminution des populations de guépards.

La sauvegarde du guépard doit être intégrée à des stratégies plus larges de restauration écologique et de consolidation de la paix, notamment dans les régions fragiles et touchées par les conflits.

Enfin, soutenir les communautés locales vivant dans l’aire de répartition du guépard, pour qu’elles soient actrices de sa conservation et bénéficient directement des efforts déployés est un enjeu fort.

Le sort du guépard du Nord-Ouest africain dépendra de notre capacité collective à allier science, technologie, financements locaux et internationaux, et inclusion des populations locales dans une stratégie commune et durable.

The Conversation

Marine Drouilly works for Panthera.

The study was funded by the Howard G. Buffett Foundation through the Africa Range Wide Society of London, supported by ZSL, Panthera, a Swiss foundation through the IUCN SSC Cat Specialist Group, and African Parks/Pendjari National Park.

ref. Un félin au bord l’extinction : comment sauver les derniers guépards du Nord-Ouest africain – https://theconversation.com/un-felin-au-bord-lextinction-comment-sauver-les-derniers-guepards-du-nord-ouest-africain-255944

Comment le plastique est devenu incontournable dans l’industrie agroalimentaire

Source: The Conversation – in French – By Mathieu Baudrin,, Sociologue sciences et des technologies, Direction Sciences sociales, économie et société, Anses, Agence nationale de sécurité sanitaire de l’alimentation, de l’environnement et du travail (Anses)

Des serres agricoles aux bouteilles d’eau, en passant par la recette du pain de mie, le plastique a transformé en profondeur toute l’industrie agroalimentaire. Face au problème grandissant de la pollution plastique, on peut s’inspirer, à travers l’approche des « métabolismes urbains », de ce qui était fait au début du XXe siècle.


La production massive de plastiques est devenue un marqueur de la seconde moitié du XXe siècle, souvent dénommée « l’âge des plastiques ». Leur introduction dans les chaînes de valeur de l’agroalimentaire date des années 1930. Elle procédait de deux dynamiques.

  • La première est l’essor de l’industrie pétrolière et de l’automobile : les plastiques étant un co-produit du craquage du pétrole, les compagnies pétrochimiques recherchent activement à étendre le marché des plastiques, qui se prêtent à tous les usages comme leur nom l’indique.

  • La seconde est l’intensification de l’agriculture, au lendemain de la Deuxième Guerre mondiale, pour faire face à une démographie galopante.

Le recours aux matières plastiques, progressif mais massif, a profondément modifié les pratiques alimentaires et agricoles, sans parler des aliments eux-mêmes.

Aujourd’hui, les impacts sanitaires et environnementaux des plastiques, en particulier sous leur forme micro et nanoparticulaires, sont avérés. La gestion (dont notamment le recyclage) des déchets plastiques n’est pas la seule en cause : c’est bien l’existence même des plastiques qui est en jeu.

Mais les mesures de réduction ou d’interdiction de l’usage de matières plastiques dans l’industrie agroalimentaire, du champ jusqu’au domicile des consommateurs, ne sauraient être appliquées sans une réflexion globale sur les pratiques actuelles de production, de distribution et de consommation des denrées alimentaires.

Un antifongique ajouté au pain de mie pour lui éviter de moisir dans son emballage

L’emballage des aliments fut le premier et reste le principal usage des plastiques dans l’agroalimentaire. Il correspond à un moment historique de changement dans la façon de stocker et de transporter les aliments, notamment grâce à la réfrigération.

C’est également un moment de reconfiguration des circuits de distribution avec le développement des supermarchés. Les plastiques deviennent alors incontournables et contribuent à structurer le marché alimentaire mondial tel que nous le connaissons aujourd’hui.

En effet, les emballages permettent d’allonger la durée de conservation des aliments et, surtout, facilitent la consommation nomade d’aliments et de boissons.

Si la bouteille en verre a permis la marchandisation de l’eau en lui attribuant une marque et des qualités, c’est bien l’invention de la bouteille d’eau en polyethylene terephthalate (PET) qui, à la fin des années 1970, a répandu son usage à l’échelle mondiale.

Les plastiques modifient jusqu’aux aliments eux-mêmes. C’est le cas du pain de mie commercialisé en sachets plastiques. Dès 1937, la firme Dupont lance un projet de recherche et développement (R&D) qui débouche sur l’ajout de « mycoban », un antifongique, à la farine utilisée pour réduire le risque de moisissure.

Les plastiques ont donc profondément changé nos manières de manger et même la nature de ce que l’on mange. Ils ont favorisé les aliments transformés par une foule d’intermédiaires et contribué à creuser le fossé entre les producteurs et les consommateurs de viande ou poisson conditionnés, surgelés, ou emballés.

Comment sortir de l’« agriplastique » ?

En amont des supermarchés, les pratiques agricoles ont, à leur tour, été transformées par les plastiques. D’abord introduits dans les années 1950 comme substituts au verre dans les serres horticoles, ils se sont généralisés depuis les années 1970 pour les cultures maraîchères sous tunnels et l’ensilage du foin.

En Europe, l’expansion des plastiques a été facilitée par la politique agricole commune (PAC). Lancée en 1962 par la Communauté économique européenne (CEE), celle-ci était au départ destinée à encourager l’agriculture intensive et productiviste.

Or, les tunnels de plastique permettent justement de cultiver et de produire des fruits ou légumes dans des terrains peu propices, d’étendre les saisons de production et de réduire les pesticides. Depuis, les surfaces recouvertes par des serres ou tunnels en plastique en Espagne et en France n’ont cessé d’augmenter.

Mais cette plastification de certaines cultures s’accompagne aussi de mutations socioprofessionnelles. Dans les vastes plaines recouvertes de tunnels plastifiés abritant des cultures de fraises (ou autres) à haute valeur ajoutée, on fait appel à une main-d’œuvre souvent étrangère, saisonnière et bon marché. Celle-ci travaille dans des conditions difficiles.

Les plastiques ont ainsi envahi les pratiques de production et les circuits de distribution des denrées alimentaires. Le mot « agriplastique » témoigne de l’enchevêtrement d’éléments humains, économiques et techniques, dont la dynamique tend à se renforcer avec le temps. Cela aboutit, après plusieurs décennies, à ce que nous pourrions qualifier de verrou sociotechnique.

Que faire pour se libérer de cette omniprésence des plastiques dans l’agroalimentaire ? Les plastiques étant constitutifs des chaînes de valeurs décrites, il serait naïf de penser qu’on pourrait conserver cette organisation marchande tout en éliminant les matières plastiques.

Ce constat ne doit pas pour autant pousser les décideurs à l’inaction. Il invite plutôt à une réflexion d’envergure sur une possible réorganisation des chaînes de valeur agroalimentaires. Afin d’initier cette réflexion, nous proposons de revenir sur quelques leçons de l’histoire.

Le plastique et l’invention du déchet

Au début du XXe siècle, l’économie des flux de denrées alimentaires entre populations rurales et urbaines fonctionnait en boucles quasi fermées. Les matières rejetées par les uns étaient utilisées, par exemple sous forme d’engrais, par les autres.

Dans ce contexte, la notion même de déchets n’existe pas encore, puisque rien n’est ni mis au rebut ni traité comme déchet ultime (c’est-à-dire, un déchet qui ne peut plus être traité davantage dans les conditions technicoéconomiques du moment).

Les fèces humaines sont alors vues comme des engrais agricoles, les chiffons peuvent devenir du papier, les carcasses d’animaux de travail sont réutilisées pour fabriquer des colles et autres produits du quotidien.




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La rupture de ces « métabolismes urbains », tels que décrits par Sabine Barles, correspond historiquement à l’avènement de la chimie de synthèse. Se met alors en place un complexe industriel qui produit à la fois des engrais, des produits phytopharmaceutiques et des plastiques, trois catégories de produits constitutifs des chaînes de valeurs agricoles actuelles.

Il n’est certes ni envisageable – ni même souhaitable – de reproduire à l’identique les métabolismes urbains du début du XXe siècle. Ils reposaient largement sur la mobilisation d’une main-d’œuvre nombreuse sous-payée vivant dans la misère, par exemple les chiffonniers.

En revanche, on peut retenir l’idée d’une approche systémique, globale et métabolique au lieu de se contenter de chercher un matériau de substitution aux plastiques qui soulèvera, à son tour, des difficultés similaires. Il s’agit donc de repenser, avec les acteurs concernés, l’ensemble des filières agroalimentaires pour viser la sobriété plastique.


Cet article s’appuie sur le rapport d’expertise « Plastiques utilisés en agriculture et pour l’alimentation » Inrae/CNRS, publié en mai 2025.

The Conversation

Baptiste Monsaingeon a reçu des financements de l’ANR pour divers projets de recherche publique liés aux déchets et aux plastiques.

Bernadette Bensaude-Vincent et Mathieu Baudrin, ne travaillent pas, ne conseillent pas, ne possèdent pas de parts, ne reçoivent pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’ont déclaré aucune autre affiliation que leur poste universitaire.

ref. Comment le plastique est devenu incontournable dans l’industrie agroalimentaire – https://theconversation.com/comment-le-plastique-est-devenu-incontournable-dans-lindustrie-agroalimentaire-265125

COP30 : Comment éviter que le plastique ne devienne le radeau de secours de l’industrie pétrolière ?

Source: The Conversation – in French – By Marie-France Dignac, Directrice de recherches sur la biologie des sols, INRAE, Inrae

Issus à 99 % du pétrole, les plastiques alimentent la crise écologique et climatique tout au long de leur cycle de vie. Derrière l’image trop familière des déchets qui polluent les rivières puis les océans, la production et le recyclage des plastiques sont aussi source d’émissions considérables de gaz à effet de serre, de quoi compromettre les efforts mondiaux de réduction des émissions. Surtout, les plastiques, un débouché du pétrole, entretiennent la dépendance de l’économie aux énergies fossiles. Le risque serait qu’ils deviennent la planche de salut des industriels de la pétrochimie à l’occasion de la COP30 sur le climat, qui se déroulera du 10 au 21 novembre 2025, à Belem, au Brésil.


À partir du 10 novembre 2025, la COP30 sur le climat réunira les États membres de l’Organisation des Nations unies (ONU) au cœur de la forêt amazonienne, au Brésil. Il s’agit d’un rendez-vous majeur du multilatéralisme, où l’on espère que les ambitions régulièrement formulées par les États vont enfin se concrétiser.

Le contexte international n’est pas forcément au beau fixe pour cela. Face à des pays qui nient la science, ou qui se soucient peu de l’environnement et de la santé humaine et refusent de comprendre que leurs propres économies en paieront le prix à long terme, les pays engagés dans la transition vers une économie moins polluante et moins dépendante des énergies fossiles peinent à se faire entendre. Les négociations en vue d’un traité contre la pollution plastique, qui n’ont toujours pas abouti à un texte, en fournissent un exemple éloquent.

Les preuves scientifiques sont pourtant très claires quant aux impacts de la production de plastiques sur la perte de biodiversité et la pollution à l’échelle planétaire. D’autant plus que ces impacts sont en réalité bien plus larges : les plastiques impactent la santé humaine et exacerbent le dépassement de toutes les autres limites planétaires. En cela, ils aggravent la crise écologique et climatique déjà en cours.




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Pas de plastique sans pétrole

L’impact climatique du secteur de la pétrochimie est moins souvent mis en avant que celui des secteurs de l’énergie et des transports, plus proches des consommateurs. Il fait pourtant figure d’éléphant dans la pièce : entre 4 et 8 % de la production de pétrole est aujourd’hui utilisée pour fabriquer des produits plastique. Près de 99 % de ces produits sont fabriqués à partir de pétrole.

Depuis l’extraction et le transport des combustibles fossiles, jusqu’à la fabrication, l’utilisation et l’élimination des plastiques, ces matériaux génèrent des émissions qui contribuent au réchauffement climatique. Les plastiques sont ainsi directement responsables de 3,5 % des émissions globales de gaz à effet de serre, dont la plupart sont générées lors de leur production.

Le recyclage des plastiques, souvent mis en avant par ces industriels, n’a rien d’une solution miracle. Toutes les technologies de traitement des déchets plastiques sont émettrices de gaz à effet de serre :

Dans un scénario de statu quo, si la production et l’utilisation de plastiques continuent d’augmenter au rythme actuel (soit un doublement de la quantité de plastiques produits tous les 20 ans), les émissions de gaz à effet de serre provenant des plastiques pourraient représenter de 10 à 13 % du budget carbone total (c’est-à-dire, la quantité de gaz à effet de serre que l’on peut encore se permettre d’émettre tout en restant sous la barre d’une hausse de +1,5 °C à l’horizon 2050).

Des impacts indirects à large échelle

Et encore, les chiffres qui précèdent ne tiennent pas compte du fait que les plastiques participent directement à la mondialisation de l’économie. Ils permettent de transporter les biens et denrées sur de très longues distances et de ce fait favorisent une économie basée sur une production loin des zones de consommation, fortement émettrice de gaz à effet de serre.

La pollution plastique se retrouve dans les rivières, les océans ou sur terre, sous différentes tailles (macro, micro ou nanoplastiques), et peut persister pendant des siècles. Selon l’OCDE, environ 22 % des déchets plastiques finissent dans l’environnement, dont une grande partie dans l’océan, nuisant à la vie marine.

Les aliments, l’eau et l’air sont ainsi contaminés et les microplastiques finissent, à travers la chaîne alimentaire, également dans notre corps. Les preuves scientifiques de l’impact des plastiques sur la santé humaine sont de plus en plus solides.

Mais ce n’est pas tout. Les plastiques agissent également indirectement sur le réchauffement climatique. En effet, les débris plastiques en mer modifient les cycles du carbone et des nutriments. En agissant sur les processus microbiens, ils diminuent la productivité en nutriments à la surface de l’océan. Résultat : les « pompes à carbone » de l’océan, qui ont permis de piéger environ 31 % des émissions anthropiques de CO2 entre 1994 et 2007, fonctionnent moins bien.

Par ailleurs, une méta-analyse récente a montré que la présence de microplastiques dans l’eau ou dans les sols pourrait diminuer la photosynthèse, et donc limiter la production de biomasse carbonée. Avec des impacts sur la sécurité alimentaire, mais aussi sur les puits de carbone naturels et le climat.




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Les leçons du traité contre la pollution plastique

Reconnaissant tous ces dangers des plastiques pour la santé humaine et la santé de l’environnement, un comité intergouvernemental de négociation (CIN) a été créé en mars 2022 afin d’élaborer un instrument international juridiquement contraignant pour mettre fin à la pollution plastique dans tous les environnements. Et ceci, en tenant compte de l’ensemble du cycle de vie des plastiques.

La deuxième partie de la cinquième réunion de ce comité (CIN-5.2) s’est tenue à Genève, du 5 au 14 août 2025. Les négociations étaient basées sur le projet de texte du président du CIN proposé à la fin de la première partie du CIN-5 à Busan, en 2024.

À l’occasion de la reprise des négociations en vue d’un traité contre la pollution plastique, à Genève, en août 2025, une installation artistique de Benjamin Von Wong (Le Fardeau du penseur) pour sensibiliser au problème du plastique a envahi la place des Nations où trône l’emblématique Broken Chair.
Florian Fussstetter/UNEP, CC BY-NC-ND

Plusieurs éléments de ce projet de texte peuvent avoir une réelle efficacité pour mettre fin à la pollution plastique. Il s’agit notamment :

  • de réduire la production de plastique (article 6),

  • d’interdire les produits plastique et les substances chimiques dangereuses pour les humains ou pour l’environnement (article 3),

  • de concevoir des produits en plastique moins polluants (article 5),

  • de limiter les fuites vers l’environnement (article 7)

  • et enfin de protéger la santé humaine (article 19).

Mais de nombreux pays font pression pour que ces mesures soient rejetées : les mêmes désaccords politiques qui avaient bloqué les négociations précédentes se sont reproduits à Genève.

Une coalition de pays qui ont tout intérêt à ne pas réduire la production de pétrole

Presque tous les plastiques sont fabriqués à partir de combustibles fossiles, c’est pourquoi les pays qui refusent de prendre des mesures ambitieuses – notamment l’Arabie saoudite, la Russie et l’Iran – sont essentiellement des pays producteurs de pétrole ou dotés d’industries pétrochimiques puissantes.

Les intérêts économiques en jeu sont donc importants. Ce groupe de pays partage les mêmes idées – nommé pour cela le « like-minded group » – et refuse d’inclure de tels objectifs. Ils privilégient un accord visant à gérer les déchets, sans réduire leur production.




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Mais ce faisant, ils dénigrent tous les modèles scientifiques sur l’évolution de la pollution plastique, qui montrent qu’il est nécessaire de réduire la quantité de plastique produite chaque année afin de réduire la pollution par les plastiques tout au long de leur cycle de vie. On a également pu noter la forte présence des lobbies des entreprises pétrolières et des fabricants de plastiques, qui ne cesse d’augmenter au fil des négociations.

Le manque de consensus à la fin des négociations du CIN-5.2 peut être vu comme un échec des négociations.

Toutefois, le rejet massif du texte faible proposé le 13 août a aussi montré qu’une grande majorité de pays ne sont pas prêts à accepter un traité vidé de sa substance.

De nombreux pays ont souligné que ce texte ne permettrait pas d’atteindre les objectifs pourtant fixés dans le mandat à l’origine de ces négociations, et ont appelé à des mesures ambitieuses en accord avec la science, notamment une réduction de la production de plastique et une régulation des produits et substances chimiques dangereux, pour protéger la santé humaine et de l’environnement. La majorité des pays s’est aussi déclarée favorable à la poursuite des discussions.

Le multilatéralisme a montré à Genève la capacité des pays à construire une coalition forte et ambitieuse, rassemblant près de 120 pays (les 75 pays de la Coalition de haute ambition (HAC) et leurs alliés) et basant ses positions sur les faits scientifiques.

Acter l’abandon des énergies fossiles décidé lors des dernières COP

Espérons que ces avancées se concrétisent avec la poursuite des discussions sur le traité contre la pollution plastique, et qu’elles soient prises en compte dans les négociations climatiques lors de la COP30. La production de plastique ne doit pas menacer les efforts réalisés par les États pour limiter le recours aux énergies fossiles dans les autres secteurs.

Comme il a été reconnu lors des dernières COP sur le climat, notamment la COP28 en 2023, le monde doit s’organiser pour sortir progressivement des énergies fossiles.

D’importants efforts de recherche ont été consacrés à cette transition dans les secteurs de l’énergie et des transports, qui utilisent la majeure partie des ressources fossiles pour produire de la chaleur, de l’électricité et des carburants. Les énergies renouvelables remplacent ainsi peu à peu les produits pétroliers dans le mix électrique, ainsi que dans le secteur des transports.

D’autres secteurs, par exemple l’industrie lourde, doivent se réinventer : en effet, ils sont davantage dépendants aux produits pétroliers dans leurs processus industriels mêmes.

À cet égard, la pétrochimie souffre d’un problème de fond : elle contribue à maintenir à un niveau élevé la demande en pétrole, qui constitue un intrant de ses procédés industriels. Les produits pétrochimiques devraient ainsi représenter plus d’un tiers de la croissance de la demande mondiale de pétrole d’ici 2030, et près de la moitié de celle-ci d’ici 2050.

Les plastiques ne doivent pas devenir le radeau de secours de l’industrie pétrolière. En plus de contribuer aux émissions globales de gaz à effet de serre, ils détruisent les sols, empoisonnent les eaux et nuisent aux organismes vivants, y compris les humains. Sur les sept milliards de tonnes de déchets plastiques générés dans le monde depuis l’invention de ce matériau, moins de 10 % ont été recyclés, et cinq milliards de tonnes se sont accumulés dans la nature.

Les industriels de la pétrochimie, de l’extraction des énergies fossiles et leurs alliés cherchent une fois de plus à déplacer le problème : la production de plastiques pose un problème sanitaire, écologique, et climatique majeur. Réduire la production de plastiques constitue un levier incontournable pour maîtriser leurs impacts sur la planète.

The Conversation

Marie-France Dignac a reçu des financements de l’Agence de la Transition Ecologique (ADEME) et de l’Agence Nationale de la Recherche (ANR).

Jean-François Ghiglione a reçu des financements de l’Agence nationale de la recherche (ANR), de l’ADEME, de l’OFB et de l’Agence de l’eau

ref. COP30 : Comment éviter que le plastique ne devienne le radeau de secours de l’industrie pétrolière ? – https://theconversation.com/cop30-comment-eviter-que-le-plastique-ne-devienne-le-radeau-de-secours-de-lindustrie-petroliere-265912

Las chicas perciben menos que los chicos los sesgos de género de la IA

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Lourdes López Pérez, Jefa de Sección de Divulgación Científica. Área de especialización: educación y comunicación social de la ciencia, Parque de las Ciencias

larisa Stefanjuk/Shutterstock

La emergencia de la inteligencia artificial generativa y su capacidad para replicar algunas de las funciones cognitivas superiores exclusivas del ser humano nos hace olvidar que es una tecnología construida socialmente y que, lejos de ser objetiva o neutral, refleja los sesgos y prejuicios de sus creadores. Así, perpetúa e, incluso, amplía desigualdades en grupos históricamente discriminados.

En una sociedad caracterizada por la polarización, que parece sustentarse en certezas incuestionables, ¿es la juventud consciente de esas desviaciones? En un estudio reciente realizado por el Parque de las Ciencias de Andalucía y la Universidad de Granada, hemos analizado la influencia del género, la edad y el nivel educativo en la percepción del alumnado de educación secundaria sobre las posibles desigualdades generadas por la IA.

Las chicas perciben menos sesgos

De modo general, la investigación concluye que los estudiantes tienen una percepción media-alta de los sesgos implícitos en la inteligencia artificial. Sin embargo, esta percepción es menor en las chicas que en los chicos cuando nos centramos en prejuicios de género y etnia.

El nivel educativo es otro factor relevante: el alumnado de bachillerato tiene menor conciencia de los sesgos de género, de procedencia, generacionales, económicos y por diversidad funcional que sus compañeros de educación secundaria y formación profesional.

Es necesaria mayor concienciación

Estos resultados, obtenidos a través de cuestionarios a 440 estudiantes de educación secundaria, bachillerato y formación profesional, evidencian la importancia de abordar la evaluación crítica y ética de la IA como una de las principales competencias de la alfabetización en esta tecnología emergente.

El impacto transformador de esta tecnología en la sociedad y en la propia educación suscita un replanteamiento de los métodos de enseñanza y aprendizaje actuales, ya que la formación en inteligencia artificial no es actualmente una materia obligatoria en el sistema educativo formal.

¿Se ignora la dimensión ética de la IA?

Investigaciones recientes apuntan que la información que la juventud tiene sobre la inteligencia artificial procede, en muchos casos, de los medios de comunicación y las series de ficción. El predominio de esta fuente de información genera concepciones poco realistas. Todo ello favorece la ignorancia de la dimensión ética de la IA.

Otros estudios demuestran que la concienciación social y ética de los jóvenes sobre la aplicación de la inteligencia artificial es limitada. La pérdida de empleo es el aspecto que más les preocupa, mucho más que los posibles sesgos discriminatorios y de control que podría conllevar la tecnología.

Asimismo, personas expertas en investigación educativa inciden en el desinterés del alumnado preuniversitario sobre las consideraciones éticas de la IA y muestran, a través de estudios empíricos, la percepción positiva de la juventud sobre la inteligencia artificial, un desarrollo tecnológico al que definen como imparcial y justo.

Formación temprana, la mejor medicina

Frente a estas actitudes, existe una corriente académica amplia focalizada en la implementación eficaz, ética y segura de la IA en la educación. Entre los retos de futuro identificados por la investigación educativa, están la falta de comprensión y conciencia del alumnado sobre las cuestiones éticas asociadas a la IA y el desconocimiento del profesorado sobre los sesgos y el funcionamiento de los algoritmos.

A esto se suma que los docentes, aunque están preocupados por el impacto pernicioso de la IA en la juventud, carecen de formación para educar sobre sus aspectos éticos.

El potencial de la IA para mejorar la educación

La IA se utiliza ampliamente en diferentes ámbitos sociales. La educación no es una excepción. Un informe realizado por la UNESCO aporta pruebas sobre su potencial para mejorar la educación mediante la automatización de tareas como la evaluación, la personalización del aprendizaje o la aplicación de la realidad aumentada, la realidad virtual, los chatbots o la gamificación.

Los futuros distópicos y las visiones pesimistas se disuelven con un presente protagonizado por la formación en la dimensión técnica, humana y ética de la inteligencia artificial desde la infancia.

Todo tiene una sombra de vaguedad y error, como aseguraba Bertrand Russell, y la IA no va a estar exenta de ello. La clave está en seguir investigando sobre sus potencialidades y limitaciones y, sobre todo, en educar de forma inclusiva y equitativa a la juventud para que afronte con espíritu crítico los desafíos que nos depara el futuro.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. Las chicas perciben menos que los chicos los sesgos de género de la IA – https://theconversation.com/las-chicas-perciben-menos-que-los-chicos-los-sesgos-de-genero-de-la-ia-254936

Renewables have now passed coal globally – and growth is fastest in countries like Bhutan and Nepal

Source: The Conversation – Global Perspectives – By Reihana Mohideen, Principal Advisor, Just Energy Transition and Health, Nossal Institute for Global Health, The University of Melbourne

Commuters pass a new solar array in the Maldives. Ishara S. Kodikara/Getty

For the first time, renewables have toppled coal as the world’s leading source of electricity, in keeping with International Energy Agency projections for this historic shift.

But progress is uneven. The shift away from fossil fuels has slowed in the United States and the European Union – but accelerated sharply in developing nations.

China attracts headlines for the sheer scale of its shift. But many smaller nations are now taking up clean energy, electric vehicles and battery storage at remarkable speed, driven by governments, businesses and individuals.

Importantly, these moves often aren’t about climate change. Reasons range from cutting dependence on expensive fossil fuels and international market volatility to reducing reliance on unreliable power grids to finding ways to boost livelihoods.

Pakistan’s enormous solar boom is partly a response to spiking power prices and grid unreliability. Meanwhile Pacific nations see clean energy as a way to slash the crippling cost of importing diesel and expand electricity access.

My research has given me insight into the paths four countries in South Asia have taken to seize the benefits of clean technology, each shaped by unique pressures and opportunities. All are moving rapidly, blending necessity with ambition. Their stories show the clean energy path isn’t one-size-fits-all.

Bhutan: from hydropower giant to diversified energy

The landlocked Himalayan kingdom of Bhutan has long relied on hydroelectricity. But the country faces a persistent challenge: seasonal variability.

Most of Bhutan’s plants are run-of-the-river, meaning they don’t have large dams. As a result, power generation drops sharply during dry winter months when river flows are low, particularly between January and April.

At the same time, rapid industrialisation has driven up demand for power, outstripping winter capacity. Climate change is expected to worsen this variability.

During these months, Bhutan shifts from its role as clean-energy exporter to an importer, buying electricity from India. But imports aren’t a long-term solution.

To secure reliable supply year-round, Bhutan’s government is diversifying energy sources. To that end, up to 300 megawatts of solar is expected to be installed, potentially as soon as next year. Bhutan’s first utility-scale solar farm is under construction.

Over time, Bhutan will blend hydro with solar, wind and biomass to create a more balanced clean energy mix.

silhouette of two workers inside large tunnel, dimly lit.
Bhutan has long relied on hydroelectricity. But authorities are moving to find new sources of power as demand surges and river flows become less reliable.
Kuni Takahashi/Getty

Nepal: electric cars in Kathmandu

Nepal has long imported all its petrol from India. But when India launched an unofficial blockade in 2015, vital supplies and fuel tankers stopped coming. Fuel prices surged. People queued for days at petrol stations, while black-market prices soared and public transport collapsed. Households, already enduring many hours of daily blackouts, faced even worse conditions.

The crisis exposed Nepal’s deep vulnerability. The mountainous nation makes its own electricity, largely through hydropower. But it had to import petrol.

In 2018, authorities launched an ambitious program to shift to electric vehicles and free the nation from dependence on imports. Electric vehicles would charge on domestic hydropower and reduce Kathmandu’s well-known air pollution. The plan called for electric vehicles to reach 90% share of new commuter vehicle sales (including popular two-wheelers) by 2030.

This year, the electric vehicle share for new four-wheel vehicles reached 76%, jumping rapidly in just the past year. Exemptions and incentives have supported this growth. As electric vehicles surge, new charging station and maintenance businesses have emerged.

It’s not all smooth sailing. A protest movement recently overthrew Nepal’s government, creating uncertainty. Analysts warn stable government policy and infrastructure investment will be essential.

people at trade show in Nepal looking at electric vehicles.
Electric vehicles are soaring in popularity in Nepal. Pictured: the opening of an event by Chinese carmaker BYD in Kathmandu in February 2025.
Chinese News Service/Getty

Sri Lanka: innovation emerging from crisis

Between 2022 and 2023, a serious economic crisis hit Sri Lanka. Citizens reeled from severe energy shocks, such as fuel shortages, 12-hour blackouts and punishing electricity price hikes of over 140%. Half a million people were disconnected from the grid as they were unable to pay.

The crisis showed how fragile the island nation’s energy system was. Authorities looked for better options. Hydroelectricity has long been a mainstay, but solar and wind are growing rapidly.

Sri Lanka runs on about 50% renewables, with hydro the largest contributor by far. By 2030, the goal is to reach 70% renewable energy.

While renewables offer cheap power, they have to be coupled with energy storage and new systems to integrate them into the grid.

In response, universities, international partners and companies have worked to integrate renewable energy in the grid, developing artificial intelligence-based systems to improve reliability and supply to consumers. For instance, they can reduce voltage fluctuations associated with high uptake of rooftop solar. Importantly, some of these projects have a gender focus, prioritising women-led small enterprises and training for women engineers.

The crisis may prove a turning point by exposing vulnerabilities and pushing Sri Lanka to adopt new energy solutions.

barriers outside closed petrol station in Sri Lanka.
After a severe energy crisis gripped Sri Lanka, authorities began looking for ways to reduce reliance on imported fossil fuels. Pictured: a closed service station in Colombo in late 2022 with a sign warning of no petrol.
Ishara S. Kodikara/Getty

Maldives: bringing solar to diesel-dependent islands

Few countries are more vulnerable to fossil fuel dependence than the Maldives. Spread across 1,000 islands, the nation relies on imported diesel for power generation, with high transport costs and exposure to oil price swings.

In 2014, Maldivian authorities launched the Preparing Outer Islands for Sustainable Energy Development project as part of a plan to reach net-zero by 2030. The project focuses on around 160 poorer islands further from the capital, progressively replacing a reliance on diesel generators with solar arrays, battery storage and upgraded power grids.

Women’s economic empowerment is a priority, as women-led enterprises run solar systems and utilities train female operations officers. The Maldives government released a 2030 roadmap, which has a welcome focus on the “just energy transition” – ensuring communities benefit equitably.

For the Maldives, renewables are more than an environmental choice — they are a lifeline for economic survival and resilience.

Lessons from the margins

While these energy transitions rarely make global headlines, Bhutan, Nepal, Sri Lanka and the Maldives show how smaller economies are finding their own pathways to cleaner, more resilient energy.

Their reasons to act stem from different crises, from blockades to economic upheaval. But each nation is working to turn challenge into opportunity.

The Conversation

Reihana Mohideen has previously consulted for the POISED project in the Maldives.

ref. Renewables have now passed coal globally – and growth is fastest in countries like Bhutan and Nepal – https://theconversation.com/renewables-have-now-passed-coal-globally-and-growth-is-fastest-in-countries-like-bhutan-and-nepal-263047

Trump on a coin? When Julius Caesar tried that, the Roman republic crumbled soon after

Source: The Conversation – Global Perspectives – By Peter Edwell, Associate Professor in Ancient History, Macquarie University

A proposed one dollar coin featuring US President Donald Trump is causing ructions across the political divide. It’s also provoking discussion in the world of ancient Roman numismatics (coin studies).

The proposed coin depicts Trump in profile on one side (the obverse). On the other side (the reverse) the president raises his fist in defiance accompanied by the words “fight, fight, fight”.

While only a draft proposal, the coin could be minted in 2026 to mark 250 years since the US declaration of independence. But an old law prohibits the “likeness of any living person” from being “placed upon any of the bonds, securities, notes, fractional or postal currency of the United States.”

More than 2,000 years ago, the depiction of living figures on Roman coins caused similar ructions.

It came at a time when the Roman republic was in trouble. The republic would crumble altogether soon after, ushering in the long period of Rome being led by emperor-kings who saw themselves as almost akin to gods.

Perhaps the American republic is at a similar stage.

Sulla’s image on a coin

Rome was said to be founded by the mythical king Romulus, who killed his own twin (Remus). The fledgling state was led by seven kings before it became a republic in about 509 BCE.

By the late second century BCE it was led by Roman general and politician Gaius Marius. Marius and his later rival, Lucius Cornelius Sulla Felix, broke many of the republic’s long-held conventions. They also fought Rome’s first major civil war.

In 88 BCE, while consul, Sulla marched an army on Rome to defend the city from “tyrants” (by which he meant the faction of Marius, who had ousted him). After Sulla won the civil war that followed, he held the dictatorship from 82-79 BCE. Dictatorships were only to be held for six months in times of emergency. Sulla claimed the emergency was ongoing.

As part of this he ordered a list (known as proscriptions) of enemies drawn up. Hundreds or even thousands were killed and had property confiscated.

In the same year a silver coin (called a denarius) was minted in Sulla’s name. One side featured Sulla himself riding in a four-horse chariot.

Coin Denarius, L. SVLLA IMP, Ancient Roman Republic, 82 BC
In 82 BCE a silver coin (known as a denarius) was minted in Sulla’s name.
The Conversation/Museums Victoria Copyright Museums Victoria / CC BY (Licensed as Attribution 4.0 International), CC BY

This was the first time a living person was depicted on a Roman coin. Up to this point only gods and mythological figures had that honour.

It was highly unusual.

Caesar’s challenge to the old republic

Sulla was the first but he wouldn’t be the last leader of the Roman republic to have his image on a coin.

In 44 BCE Julius Caesar went a step further. Only months before his assassination, coins appeared with Caesar’s bust dominating their obverses. Some included the words dict perpetuo meaning “dictator for life”.

By this time, Caesar and many before him, including Marius and Sulla, had broken the mould of the old republic.

Early in 44 BCE, Caesar took the dictatorship for life.

From 46-44 BCE he held the consulship, which was only meant to be held for a one-year term at a time. (Sulla held the dictatorship three years running, which partly set the scene for Caesar’s later emergence and the final breakdown of the republic.)

For many at the time, it seemed Caesar was moving the republic in the direction of monarchy. In January 44 BCE, when a throng hailed him as “rex” (king) Caesar responded, “I am Caesar and no king”. His very name was by now more powerful.

The coins of 44 BCE containing a profile bust of Caesar were an important part of his public program, and part of his challenge to republican convention.

Sulla paved the way 40 years before.

The parallels with Trump are hard to miss

Some emphasise that Caesar did not directly order his image to be placed on coins. Those wanting to curry favour read the room and Caesar did not object.

A similar scenario appears to be playing out with the coin design bearing Trump’s image.

The parallels with Trump are hard to miss. Trump has signed more than 200 executive orders in less than nine months. His predecessor Joe Biden issued 162 in his entire presidency.

Trump’s deployment of federal troops to US cities under emergency decrees provokes cries of tyranny. Sulla’s march on Rome and the proscriptions that followed drew a similar response.

The possibility of a one dollar coin depicting Donald Trump on both sides echoes the coins of Sulla and Caesar.

They might not technically break the law but they would break convention. In the process they also symbolise a notable shift in the US from democracy to autocracy.

When the “no kings!” demonstrations took place in the US earlier this year, they reminded us of a key motivation for the declaration of independence.

A coin celebrating its 250-year anniversary may well symbolise its journey to demise.

The Conversation

Peter Edwell receives funding from the Australian Research Council.

ref. Trump on a coin? When Julius Caesar tried that, the Roman republic crumbled soon after – https://theconversation.com/trump-on-a-coin-when-julius-caesar-tried-that-the-roman-republic-crumbled-soon-after-266887

Child famine has reached the highest level in Gaza, with tens of thousands of kids affected – new study

Source: The Conversation – Global Perspectives – By Michael Toole, Associate Principal Research Fellow, Burnet Institute

More than 54,000 children aged under five in Gaza are suffering acute malnutrition, including more than 12,800 who are severely malnourished, according to a study published in The Lancet on Wednesday.

When more than 15% of the population experiences acute malnutrition, the World Health Organization classifies this as “very high” – its most severe category. In August, the overall rate of acute malnutrition among study participants in Gaza was 15.8%.

Rafah consistently had the highest acute malnutrition rate, across the 20-month study period to August 2025, reaching 32% of children in December 2024.

Acutely malnourished children are at higher risk of severe infections and premature death. If malnutrition becomes long term, the child may develop stunting (shortness for their age) and subsequent cognitive impairment.

A child with severe acute malnutrition is also up to 11 times more likely than a healthy child to die of common childhood illnesses such as pneumonia, the single largest infectious cause of death in children worldwide.

How was the study conducted?

The researchers assessed 219,783 children aged 6–59 months for acute malnutrition – also known as wasting – which reflects recent weight loss. This study size accounts for around 64% of children in Gaza in that age group.

It was conducted in 16 UN health centres and 78 medical points established in school shelters and tent encampments across the five local areas of Gaza.

According to the WHO, the gold standard of assessing the nutritional status of a child is to measure their weight (using standard hanging scales) and their height or length. It also recommends measuring arm circumference to detect acute malnutrition in community screening settings, as numerous studies have demonstrated this is an accurate way of detecting acute malnutrition.

The Lancet study measured the children’s height and weight, as well as their mid-upper arm circumference using a standard measuring tape developed by UNICEF.

However, a number of researchers have recommended increasing the diagnostic threshold, which is currently 125 mm, which would mean more children meet the threshold for malnutrition.

The researchers in Gaza calculated what is called the Z-score for each assessed child, as is standard practice. This is the number of standard deviations above or below the median of the WHO reference population. A Z-score between -2 and -3 represents moderate acute malnutrition and a Z-score of less than -3 is severe acute malnutrition.

What did the researchers find?

The monthly prevalence of acute malnutrition ranged from 5% to 7% between January and June 2024.

After around four months of severe aid restrictions, between September 2024 and mid-January 2025, the prevalence increased from 8.8% to 14.3%. The highest prevalence was seen in Rafah (32.2%).

After a six-week ceasefire and a substantial increase in the number of aid trucks entering Gaza, by March 2025, the prevalence of wasting had declined to 5.5%.

However, an 11-week blockade occurred from March to May 2025 and severely restricted entry of food, water, medicines, fuel and other essentials. By early August 2025, 15.8% of screened children were acutely malnourished, including 3.7% who were severely wasted. This equates to more than 54,600 children in need of treatment using ready-to-use therapeutic food – a paste containing high quantities of calories and other nutrients.

Boys were more likely to be malnourished than girls, which was consistent with the pre-war period. Studies across the globe have found malnutrition rates are usually higher in boys than girls.

Was the study well conducted?

This was a longitudinal (conducted over time, in this case 20 months) cross-sectional study, which means the researchers took their measurements at certain intervals (in this case, monthly).

The authors provide extensive details of the numbers of children included, in which local area, what kind of facility (a fixed medical centre or medical point), as well as age and sex.

Two-thirds of the participants were in Khan Younis and Middle governorates, with relatively low numbers in North Gaza and Rafah, which were highly affected by military activities.

The analysis was thorough, preceded by a data cleansing process which excluded values that were implausible. Standard statistical tests were applied to the data.

The paper was peer reviewed before publication.

What do the findings mean?

The Integrated Food Security Phase Classification, known as the IPC scale, defines famine as a situation in which at least one in five households has an extreme lack of food and faces starvation and destitution, resulting in extremely critical levels of acute malnutrition and death. The IPC uses the same classification of acute malnutrition as the WHO.

The IPC scale defines five phases of food insecurity. Famine (phase 5) is the highest phase of the scale, and is classified when an area has 20% of households facing extreme food shortage and 30% of children are acutely malnourished.

In late August 2025, the IPC released its fifth report on Gaza. It found for the period July 1 to August 15 2025, there was famine (phase 5) for the Gaza governorate and emergency (phase 4) for Deir al-Balah and Khan Younis. It was unable to adequately assess North Gaza because of insecurity.

The food insecurity situation in Gaza is among the worst in the world, comparable with the current situation in Sudan, Yemen and Haiti. It is a man-made disaster and can be reversed by urgent human action.

The Lancet study found spikes in acute malnutrition coincided with aid blockades. A ceasefire and a complete opening to international aid are fundamental to a resolution of the food crisis.

The Conversation

Michael Toole receives funding from the National Health and Medical Research Council..

ref. Child famine has reached the highest level in Gaza, with tens of thousands of kids affected – new study – https://theconversation.com/child-famine-has-reached-the-highest-level-in-gaza-with-tens-of-thousands-of-kids-affected-new-study-266988