Aumenta la brecha en competencias entre España y otros países desarrollados: ¿qué significa?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Ángel Soler Guillén, Vicedecano de Estudios de Postgrado de la Facultat d’Economia, Universitat de València

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¿Es más competente una persona que ha terminado estudios de postgrado que otra que tiene solamente un grado universitario? Parece lógico que sí: cuantos más años hemos estudiado, mejores serán nuestras competencias reales en el ámbito profesional. Pero similar nivel de estudios no equivale a un similar nivel de competencias. Especialmente entre países.

El programa PISA, que evalúa las competencias de los estudiantes en matemáticas, ciencias y lectura, nos ofrece datos para analizar con mayor precisión la relación entre la educación, el capital humano y el desempeño económico de los países y los individuos.

Los resultados que ofrece esta evaluación internacional muestran la importancia de las competencias reales (en términos de su capacidad para desenvolverse en la vida cotidiana y la actividad laboral) en comparación con la mera acumulación de años de enseñanza. Y mientras que PISA nos habla de los jóvenes de 15 años, el reciente informe de la OCDE sobre el nivel de competencias de la población adulta es la traslación a la población en edad de trabajar del mismo enfoque.

Aplicar lo que hemos aprendido

Este último estudio ofrece información sobre el nivel de competencias básicas (matemáticas, comprensión lectora y resolución adaptativa de problemas) de la población entre 16 y 65 años. Esto permite comparar a España con otros países de la OCDE (países desarrollados todos ellos) y tener en cuenta aspectos como la edad del individuo, el nivel de estudios terminados y la situación entre distintas generaciones, como hemos hecho en nuestro último estudio.




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Incluso podemos distinguir qué parte de las diferencias en competencias entre grupos o países se debe a que unas personas han estudiado más años o alcanzado niveles educativos más altos, y qué parte obedece a que, aun con el mismo nivel de estudios, algunos grupos o países desarrollan más o menos competencias que otros.

En las competencias de una persona influyen factores diversos relacionados con características personales y familiares o la propia actividad laboral, pero el papel del sistema educativo y su mejor o peor funcionamiento es, sin duda, fundamental. Por eso el informe tiene en cuenta tanto qué efecto tiene acumular más o menos años de estudios y completar niveles más avanzados de enseñanza o no como aspectos más cualitativos sobre las competencias alcanzadas en los sucesivos niveles de enseñanza.

¿Por qué empeora el nivel en España?

La comparación con la media de los países de la OCDE muestra una brecha desfavorable para España. El nivel de competencias es para todas las franjas de edad más bajo en las tres competencias básicas investigadas.

Además, esa distancia aumenta generación tras generación. Para la cohorte de 25 a 34 años (la más joven con edad suficiente para haber completado su etapa educativa), la brecha triplica a la de la cohorte de 55 a 65 años. Es decir, los jóvenes españoles están el triple de lejos del nivel habitual de competencias de los jóvenes de los países desarrollados que las personas de 55 a 65 años respecto a la media para ese grupo de edad.




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Es interesante observar que, mientras que el nivel de estudios influye de una manera previsible en los resultados (es decir, la brecha es menor con los países del entorno a medida que las personas tienen niveles más elevados de estudios), en el caso de las competencias que se adquieren en cada nivel educativo, la distancia es cada vez mayor: a igualdad de nivel de estudios, las competencias de las sucesivas generaciones están cada vez más lejos de las de sus coetáneos de los países desarrollados.

El resultado más llamativo es que, en términos globales, los españoles nacidos en los sesenta y próximos a jubilarse (cohorte de 55 a 65 años) muestran más competencias a igualdad de estudios completados que sus coetáneos de la OCDE. Sin embargo, para las cohortes posteriores esa ventaja desaparece y se va convirtiendo en una brecha negativa cada vez más grande.

Más competencias que sus mayores, pero menos que sus coetáneos europeos

En definitiva, ¿tienen los jóvenes españoles más competencias básicas que sus mayores? Sí, pero ese avance se ha producido en todos los países y, de hecho, España es uno de los cinco países desarrollados donde es más débil. Como resultado, los jóvenes españoles están más lejos de sus coetáneos de la OCDE que quienes nacieron en los 60, una generación que se formó íntegramente con el modelo de la EGB.

En otras palabras, mientras otros países de la OCDE han logrado que sus jóvenes con el mismo nivel educativo alcancen competencias básicas más altas, en España ese progreso ha sido menor, de modo que, incluso con los mismos estudios completados, los españoles suelen mostrar un nivel medio de competencias inferior al de sus homólogos en otros países.

Frenesí legislador

Se trata de un resultado decepcionante en el contexto de los esfuerzos realizados en materia educativa durante las últimas décadas. La lista de reformas en este ámbito desde los 80 conforma una auténtica sopa de letras de leyes orgánicas: LOU, LODE, LOGSE, LOPEG, LOCE, LOE, LOMCE, LOMLOE, LOSU… Esto convierte a España en un caso un tanto atípico de frenesí legislador caracterizado por una sistemática falta de consenso, con una sucesión de normas a veces contradictorias, otras veces efímeras o incluso no aplicadas realmente.

La enseñanza necesita políticas coherentes y sostenidas en el tiempo, al caracterizarse por periodos de maduración muy prolongados. Hay que pensar que, en la actualidad, un graduado universitario típico puede acumular fácilmente 20 años de estudios en los diferentes niveles de enseñanza.

Esa falta de una política educativa consensuada, coherente y prolongada puede haber contribuido a que el progreso conseguido por España en términos de competencias no pueda calificarse de adecuado si se compara con el habitual en otros países desarrollados.

The Conversation

Ángel Soler Guillén recibe fondos de Fundación BBVA.

Lorenzo Serrano Martínez recibe fondos de Fundación BBVA

ref. Aumenta la brecha en competencias entre España y otros países desarrollados: ¿qué significa? – https://theconversation.com/aumenta-la-brecha-en-competencias-entre-espana-y-otros-paises-desarrollados-que-significa-267776

Así ha evolucionado el negacionismo de la industria de los combustibles fósiles para impedir la acción climática

Source: The Conversation – (in Spanish) – By José María Baldasano Recio, Catedrático Emérito de Ingeniería Ambiental

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La industria de los combustibles fósiles sabía desde la década de 1950 que podía causar un cambio climático, y a finales de la década de 1970 conocía que lo haría con toda seguridad. Sin embargo, en lugar de cambiar la orientación del modelo energético, se ha dedicado a librar una campaña multimillonaria de negación, ocultación, desinformación y retardismo para impedir la adopción de políticas climáticas y de descarbonización.

Las primeras advertencias

Durante las décadas de 1950 y 1960, desde el ámbito científico se explicó en estudios, medios de comunicación y testimonios ante los gobiernos, especialmente al de Estados Unidos, y se alertó a la industria de los combustibles fósiles de que su combustión provocaba y estaba aumentando la concentración de CO₂ en la atmósfera, lo que, con el tiempo, provocaría un cambio climático de origen antrópico.

En las décadas de 1970 y 1980, la industria de los combustibles fósiles tenía una amplia evidencia de la amenaza potencialmente grave que representaban para el clima terrestre. Realizaba informes e investigaciones propias. El programa de investigación de ExxonMobil predijo el calentamiento global con gran precisión, y otras grandes empresas tenían una comprensión similar de la evidencia científica existente. Sin embargo, en lugar de alertar al público sobre la inminente crisis climática y tomar medidas, ocultaron lo que sabían.

El consenso científico sobre el calentamiento global en la década de 1990 ya estaba bien definido. La comunicación pública de dicho consenso comenzó con el testimonio crucial ante el Congreso de EE. UU. del científico climático estadounidense James Hansen y la creación del Panel Intergubernamental del Cambio Climático (IPCC) en 1988, así como la publicación progresiva de sus seis informes desde 1990 a 2023.




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Tácticas de desinformación

A medida que el cambio climático se convertía en noticia de primera plana y crecía la necesidad política para abordarlo, la industria de los combustibles fósiles, sus asociaciones y sus aliados ideológicos iniciaron una masiva campaña para socavar la comprensión pública del problema y bloquear la adopción de medidas políticas significativas.

Desde entonces, se ha negado y puesto en duda activamente la ciencia climática, se ha confundido al público y a los políticos, y se ha impedido la aplicación de políticas climáticas y de energía mediante la desinformación. Imitando a la industria tabacalera, una táctica clave fue –y sigue siendo– exagerar la incertidumbre científica y afirmar falsamente que no existe consenso entre los expertos científicos y, por lo tanto, no hay base para actuar.

Otras tácticas han incluido denigrar los modelos climáticos, presentar el enfriamiento global como una interpretación alternativa de los datos científicos y fingir ignorancia sobre la perceptibilidad del calentamiento antropogénico.




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Mentiras económicas

Las corporaciones de los combustibles fósiles también se dedicaron a promover un alarmismo económico. Un “plan de comunicaciones” de 1995 de la Global Climate Coalition de la industria presentó como principales mensajes públicos no solo “la continua incertidumbre científica”, sino también “económica: pérdida de empleos, mayores costos de la energía, menor competitividad” y “soberanía: Estados Unidos cede la política energética y ambiental a la burocracia internacional”.

Difundió su desinformación directamente a través de anuncios engañosos, informes empresariales, información inadecuada a los accionistas e indirectamente financiando organizaciones negacionistas del cambio climático y políticos de derecha.

Investigaciones recientes han revelado que la industria de los combustibles fósiles también ocultó y engañó durante mucho tiempo al público y a los políticos sobre los graves daños a la salud que estos generan.

La campaña de desinformación coincidió con el esfuerzo de décadas de promover una agenda antigobernanza y antiregulación que afirmaba que el cambio climático (y otros temas) debían dejarse en manos del mercado, y que el gobierno no era, ni podía ser, la solución.

La realidad, como bien señaló el economista Nicolas Stern, es que el cambio climático es una falla del mercado donde “quienes dañan a otros emitiendo gases de efecto invernadero no pagan su externalización”, lo que requiere la acción del gobierno para abordarlo.

Sin embargo, a mediados de la década de 1990, en gran parte debido a la desinformación promovida por la industria de los combustibles fósiles y sus aliados, muchos ciudadanos y líderes políticos se habían convencido de “confiar en el mercado” y evitar la regulación del cambio climático.

Un cambio de registro

A mediados de la década de 2000, a medida que se fortalecía el consenso sobre el actual cambio climático, la industria de los combustibles fósiles cambió su estrategia de la negación pública rotunda del cambio climático a formas más sutiles e insidiosas de propaganda.

Entre sus distintas estrategias, se presentaba el cambio climático como un “riesgo” en lugar de una “realidad”. Incluso después de que la comunidad científica hubiese declarado que el cambio climático era “inequívoco”.

Usan el greenwashing o el ecoblanqueo en la publicidad para presentar a las empresas y organizaciones como conscientes del medio ambiente y comprometidas con las tecnologías bajas en carbono. Sin embargo, de 2008 a 2022 las empresas de petróleo y gas nunca gastaron más del 1 % de sus presupuestos anuales colectivos en proyectos bajos en carbono.

Falsas promesas

Muchas compañías han hecho promesas de alcanzar emisiones netas cero que sus modelos de negocios no pueden lograr. Utilizan una retórica basada en la “responsabilidad individualizada”, en la que trasladan la culpa del cambio climático a los consumidores promoviendo la huella de carbono individual –caso paradigmático de British Petroleum– y su papel en el sostenimiento de la “demanda”, a pesar de que gran parte de esta demanda podría satisfacerse con energías renovables.

Promueven el “solucionismo de los combustibles fósiles”, presentando su industria como una parte esencial e inevitable de la solución a la crisis climática, en contradicción con la evidencia científica de que la producción y el uso continuado de combustibles fósiles la empeorará. Y utilizan juegos de trileros tecnológicos en los que minimizan los daños climáticos de los combustibles fósiles. Por ejemplo, comercializando falsamente el metano como “limpio” y promoviendo tecnologías ineficaces y costosas como la captura y almacenamiento de carbono.

A medida que el costo de la energía solar y eólica van disminuyendo, la industria de los combustibles fósiles presenta falsamente las alternativas limpias y renovables a los combustibles fósiles como poco fiables e inviables. Junto a estas tácticas de propaganda, una gran desinformación climática sigue proliferando en las redes sociales, promovida en gran medida por fuentes relacionadas con la industria de los combustibles fósiles.

La desinformación obstaculiza la acción climática

Estas tácticas siguen siendo omnipresentes y muy influyentes. En 2022, el IPCC concluyó que la desinformación y la politización de la ciencia del cambio climático por parte de intereses creados “han sembrado incertidumbre e impedido el reconocimiento del riesgo” y “han limitado la acción climática”.

Las encuestas muestran sistemáticamente que una parte significativa de la población sigue dudando de la realidad e importancia del actual cambio climático. El Foro Económico Mundial ha concluido que la desinformación es ahora uno de los principales riesgos globales.

En un reciente informe, el Panel Internacional sobre el Entorno de la Información asegura que la mayor barrera para la acción climática puede que no sea la falta de conocimiento científico, sino la “difusión mundial de información errónea que atenta contra la confianza pública y la voluntad política”.

The Conversation

José María Baldasano Recio no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Así ha evolucionado el negacionismo de la industria de los combustibles fósiles para impedir la acción climática – https://theconversation.com/asi-ha-evolucionado-el-negacionismo-de-la-industria-de-los-combustibles-fosiles-para-impedir-la-accion-climatica-268056

Los efectos del cannabis medicinal en los pacientes con diabetes: ¿qué se sabe y qué no?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Juan Manuel Guzmán Flores, Investigador sobre procesos moleculares y celulares de las enfermedades cronico-degenerativas., Universidad de Guadalajara

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Cada vez se escucha hablar más del cannabis medicinal como una posible ayuda para las personas con diabetes. Las redes sociales y la publicidad lo suelen presentar como una solución natural y sin riesgos. Pero ¿qué dice realmente la ciencia?

Hasta la fecha, no existe evidencia científica de que el cannabis controle la diabetes. Puede ayudar a aliviar dolor y mejorar un poco el sueño en algunas personas, pero también tiene efectos secundarios. En caso de decidir usarlo, se recomienda que sea junto con el medicamento recetado por un profesional y con vigilancia médica.

Si bien en algunos países como Uruguay o Italia, el uso medicinal del cannabis está regulado desde hace años, otros apenas empiezan a hacerlo. Uno de ellos es España, donde apenas hace unas semanas se aprobó un Real Decreto todavía pendiente de implementarse y que únicamente podrá ser prescrito por médicos especialistas en el ámbito hospitalario.

En México, donde desde el 2021 es legal consumir cannabis con fines medicinales, sólo puede emplearse mediante medicamentos con registro sanitario y prescripción, pero no existe una autorización general para tratar la diabetes ni para que los pacientes la consuman con receta de forma rutinaria por esa indicación. Por otro lado, los productos que hay en el mercado mexicano se comercializan como suplementos y en este caso la legislación no es tan estricta.

Qué se sabe del cannabis

Consumir cannabis no afecta siempre igual. El THC es la sustancia que produce el efecto psicoactivo, mientras que el cannabidiol, conocido como CBD, no cuenta con esa cualidad y suele tener un perfil de seguridad distinto. Es decir, cada una de las dos sustancias tiene propiedades distintas y, por lo tanto, riesgos diferentes.

Por otro lado, los productos elaborados de cannabis varían en cantidad, pureza y forma de uso (gotas, cápsulas o vaporizado). Por eso, comparar resultados entre personas o estudios científicos resulta tan difícil.

En cuanto a sus efectos en las personas con diabetes, esto es lo que se sabe:

1) No controla la glucosa. No existe un medicamento de cannabis aprobado para “bajar el azúcar”. Hay que desconfiar de tales promesas.

2) En personas con dolor neuropático, un síntoma típico en personas que llevan varios años padeciendo diabetes, el cannabis o algunos aceites pueden disminuir el dolor. Sin embargo, los estudios realizados son pequeños, es decir, cuentan con un número limitado de participantes. Y si bien han demostrado mejoría en algunos casos, no funciona para todos ni reemplaza a otros tratamientos.

3) Su efecto en el sueño. Aunque algunas personas duermen mejor tras su consumo, sobre todo si el dolor mejora, el efecto en promedio se considera modesto.

4) El uso recreativo de cannabis en personas con diabetes 1 se ha relacionado con más episodios de cetoacidosis, un problema de salud originado cuando las cetonas, sustancias fabricadas por el cuerpo cuando descompone grasas para obtener energía, se producen rápidamente y se acumulan en la sangre y en la orina, acidificando ambos fluidos.




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Lo que todavía se desconoce

Aún existen muchas preguntas relacionadas con los efectos del cannabis sin respuesta. Por ejemplo, no se sabe qué producto, a qué dosis y por cuánto tiempo son los adecuados para tratar algunos de los síntomas de la diabetes.

Los aceites, cápsulas y vaporizadores disponibles poseen mezclas de cantidades distintas de THC, CBD y otros compuestos y, a día de hoy, no contamos con una dosis estándar para personas que presentan la enfermedad. Por lo que comparar resultados es complicado.

Otro aspecto clave es que no se ha descrito a quién benefician y quién no. Puede que ciertos grupos respondan mejor, pero no tenemos marcadores confiables que nos digan a que tipo de perfiles le conviene su consumo o, por el contrario, podría hacerle daño.

Los efectos del cannabis a largo plazo tampoco están claros. ¿Qué consecuencias puede tener en el hígado, el ánimo, la memoria, el corazón o el apetito su uso durante meses o años?

Y tampoco está bien establecido en qué cantidades estas combinaciones son seguras ni cómo se puede ajustar la dosis, así que se requiere de vigilancia médica.

Además, falta información sobre sus resultados en grupos como adolescentes, embarazadas y adultos mayores.

Lo que sí se sabe es que el CBD y el THC pueden cambiar la farmacodinámica de algunos medicamentos comunes, es decir, sus efectos bioquímicos y fisiológicos en nuestro cuerpo.

Existe, adicionalmente, un gran problema con la calidad de los productos disponibles. Muchos de ellos, por ejemplo, no están elaborados de los compuestos que dicen que lleva su etiqueta y, a veces, sus fórmulas incluyen contaminantes. Para que los pacientes sepan qué están exactamente consumiendo se necesita una mejor regulación y análisis de laboratorio obligatorios.

¿Cómo podría actuar en el cuerpo?

Nuestro organismo cuenta con un sistema natural llamado endocannabinoide, el cual funciona como si las sustancias del cannabis se comportaran como “llaves” que se unen a “cerraduras” en el cuerpo, los receptores.

Este mecanismo modula la intensidad del dolor, disminuyéndolo, y regula tanto el apetito como la inflamación. El problema de interferir en este engranaje es que también puede causar efectos no deseados, como ansiedad, somnolencia, hambre o cambios de ánimo. Por esta razón, encontrar la dosis y mezcla correctas resulta un cometido difícil.

¿Qué aporta la farmacología de redes al conocimiento sobre el cannabis?

Este enfoque surge como una forma moderna de investigar. En lugar de ver una diana a la vez, se observan redes de genes y proteínas que sufren cambios en las personas con diabetes. Gracias a esta técnica, probamos en computadora qué moléculas del cannabis podrían encajar en varias dianas a la vez y tener menos efectos en el organismo.

Esto no es una prueba en humanos. Pero sirve para priorizar qué vale la pena estudiar en el laboratorio y, después, en ensayos clínicos. Así evitamos prometer “curas” sin evidencia.




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Consejos prácticos

  1. Nunca se deben reemplazar medicamentos como metformina o la insulina, dieta o ejercicio por cannabis. Es importante, además, informar al médico sobre las posibles interacciones del producto a base de cannabis con los fármacos recetados. Para pacientes con diabetes 1, se recomienda evitar el uso recreativo de esta droga. En caso de hacerlo es importante tener un control sobre los niveles de cetonas en orina y sangre, hidratarse bien y no olvidar tomar la insulina.

  2. Hay que verificar siempre la calidad del producto. Para eso es importante solicitar un certificado de análisis con el contenido real de CBD/THC y la ausencia de contaminantes o, al menos, revisar la etiqueta.

  3. En caso de decidir consumir cannabis, empezar a hacerlo de forma paulatina, llevando un registro de cómo afecta al sueño, el dolor y a las lecturas de glucosa. Si aparecen síntomas como mareo fuerte, vómito, palpitaciones, confusión o subidas y bajadas repentinas de azúcar, se debe cesar su uso de forma inmediata.

  4. Hay que desconfiar de los engaños de marketing: si alguien promete “curar” o “bajar el azúcar rápido”, es señal de alarma.

  5. Evitar fumar para no dañar los pulmones por el humo. Si se usa con fines médicos, es mejor elegir formas orales o sublinguales (gotas o cápsulas).

  6. No conducir tras consumirlo para evitar acarrear accidentes viales.




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Qué falta por investigar y por regular

Si bien se han realizado distintos estudios sobre el consumo y efectos del cannabis, todavía se requieren ensayos grandes, llevados a cabo con cientos de personas, que integren productos estandarizados y un seguimiento de 6 a 12 meses como mínimo.

Se debe, además, medir lo que importa: el dolor, sueño, niveles de hemoglobina glicosilada (análisis de glucosa en la sangre), peso, calidad de vida y seguridad.

Por otro lado, tenemos que conocer bien como nos beneficia, buscando biomarcadores para personalizar el uso del cannabis. Y, además, crear certificados claros de calidad, a través de un etiquetado honesto y controles estrictos de contaminantes.

Como apunta la evidencia, el cannabis no controla la diabetes. Puede ayudar un poco a disminuir el dolor y a mejorar el sueño en algunas personas. Pero acarrea sus riesgos, especialmente en pacientes con diabetes 1.

Si alguien decide probarlo, que sea junto al tratamiento, con acompañamiento médico y eligiendo productos confiables. La ciencia avanza en cuanto al conocimiento de los efectos de cannabis, pero todavía hay más preguntas que la rondan que respuestas.

The Conversation

Juan Manuel Guzmán Flores no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Los efectos del cannabis medicinal en los pacientes con diabetes: ¿qué se sabe y qué no? – https://theconversation.com/los-efectos-del-cannabis-medicinal-en-los-pacientes-con-diabetes-que-se-sabe-y-que-no-264460

Más allá del narcotráfico: qué hay detrás de las amenazas de Donald Trump a Venezuela y Colombia

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Hector Luis Saint-Pierre, Professor Titular em Segurança Internacional e Resolução de Conflitos e vice-coordenador do Instituto de Políticas Públicas e Relações internacionais (IPPRI), Universidade Estadual Paulista (Unesp)

La nueva escalada de Donald Trump contra Venezuela –y desde el 19 de octubre también contra Colombia– puede entenderse como una señal de un cambio más profundo en la proyección de la estrategia de seguridad internacional de Estados Unidos.

El 14 de octubre de 2025, Trump admitió haber autorizado operaciones encubiertas de la CIA en territorio venezolano y el despliegue de más buques en el Caribe. Poco después, repitió su ataque anterior contra una lancha rápida venezolana y anunció que había atacado un buque colombiano en aguas caribeñas.

En ambos casos, el argumento oficial fue la necesidad de “interrumpir las rutas de tráfico”. Pero lo que está en marcha es un intento de reposicionar el poder estadounidense dentro de su entorno geopolítico y reafirmar el control sobre una región que, desde la Doctrina Monroe (1823), Estados Unidos ha considerado su patio trasero y, desde la Segunda Guerra Mundial, su retaguardia estratégica.

Este movimiento se formula a partir de una percepción realista de la situación de conflicto mundial y de la constatación de que Estados Unidos ya no podía sostener, con alguna probabilidad de éxito, las múltiples beligerancias que se vislumbran en el horizonte inmediato. La hegemonía global de que disfrutaba EE. UU. es cada vez más firmemente contestada por las potencias emergentes.

Impotencia frente al “Eje del mal”

Quizás influido por el Informe Final de la Comisión de Estrategia de Defensa Nacional, en el que se reconoce la impotencia estadounidense para enfrentarse a lo que sería un “Eje del Mal” (China, Rusia, Irán y Corea del Norte), Trump decide retirar sus fuerzas distribuidas por el mundo. Un repliegue estratégico que deja algunos focos regionales de inestabilidad como distracción. También se fortalece militarmente con cambios radicales en tres frentes considerados obsoletos: el complejo militar-industrial, la diplomacia y las Fuerzas Armadas.

En esta estrategia, Trump decide reforzar primero su patio trasero latinoamericano, el círculo de seguridad más cercano a Estados Unidos. Con ese objetivo reduce momentáneamente los esfuerzos militares en el teatro de operaciones principal (Eurasia, Oriente Medio y el Pacífico) para reforzar el teatro de operaciones secundario (América Latina y el Atlántico Sur). Washington busca así consolidar su base material: recursos, cadenas de suministro, rutas energéticas y presencia militar regional.

En Oriente Medio, Washington abandonó las ocupaciones prolongadas tras el fin de la guerra de Afganistán y redujo su presencia militar en Irak y Siria. En Europa, la erosión del apoyo a Ucrania reveló los límites de su capacidad para mantener una beligerancia de desgaste, a largo plazo, con Rusia.

En Asia, la confrontación con China se trasladó del ámbito militar al tecnológico-comercial. En todos estos casos, los costos de la permanencia en el teatro principal superaron la eventual ganancia estratégica.

Las amenazas contra Venezuela y Colombia cumplen una función tanto simbólica como instrumental. Sirven como demostración de fuerza y una señal política para todos los países del continente, ocupando una posición central en el escenario continental.

Al mismo tiempo, marca la reanudación de una doctrina de contención frente al creciente acercamiento entre los países de la región y Rusia, y en especial con la República Popular China, evocando la preocupación estratégica similar que tenían con Alemania durante la Segunda Guerra Mundial.

América Latina se concibe nuevamente como un espacio estratégico que debe permanecer bajo vigilancia directa e indirecta (con el apoyo de las fuerzas armadas latinoamericanas para este propósito).

Motivación estratégica

La retórica antidrogas es, por lo tanto, una fachada. El fentanilo, la sustancia que más preocupa a Estados Unidos debido a su creciente letalidad, proviene de México, no de Caracas ni de los cárteles colombianos.

En el caso de Venezuela, no hay evidencia de la existencia de un cártel de la droga liderado por el presidente Maduro, como alega Trump. E incluso si así fuera, se trataría de un asunto judicial que de ninguna manera implica una operación militar en el Caribe, y mucho menos en territorio venezolano. Consideramos que se trata exclusivamente de una cuestión de prevención estratégica: disuadir la expansión de alianzas alternativas en Latinoamérica que debiliten el flanco sur y recuperar el control sobre recursos críticos, como el petróleo y las tierras raras.

Aranceles, descalificaciones y ataques

Esta lógica ya se manifiesta en otros frentes. Washington impuso aranceles del 50 % a los productos brasileños. En septiembre, descalificó a Colombia como socio en la lucha contra las drogas e intensificó las sanciones contra Caracas, lo que también provocó ataques a un barco colombiano.

Ninguna de estas medidas tuvo el efecto esperado. Al contrario, generaron reacciones adversas: Venezuela firmó acuerdos militares y energéticos con Rusia; Colombia, bajo el gobierno de Gustavo Petro, anunció una revisión de su cooperación militar; Brasil continuó el juicio a los implicados en el intento de golpe de Estado del 8 de enero, desafiando las exigencias de Trump.

Estos movimientos ejemplifican la dificultad que afronta Estados Unidos para mantener el control político exclusivo sobre el continente, como lo hizo entre las décadas de 1950 y 1980. Durante este período, EE. UU. invadió países, impuso gobiernos afines, apoyó golpes militares y orientó las políticas de defensa de la región. Hoy, esta hegemonía es precaria. La diplomacia de las cañoneras ha perdido su eficacia y legitimidad.

El surgimiento de nuevos centros de poder disuelve la influencia gravitacional de Estados Unidos. Las nuevas cadenas de producción, el acceso a la tecnología y la diversificación de los flujos comerciales han otorgado a los países latinoamericanos mayor libertad de acción y nuevos espacios de toma de decisiones, como los BRICS.

Quien controla los medios, controla las decisiones

La soberanía, en política exterior, es la facultad de un país para mantener sus propias decisiones ante la presión internacional. Es la capacidad de decir “no” cuando los intereses externos entran en conflicto con los nacionales. La lógica de la política exterior se expresa mediante dos gramáticas: la diplomacia y la fuerza. El objetivo central de la Defensa es fortalecer la gramática diplomática para proteger la posibilidad de una toma de decisiones autónoma.

En teoría, la política exterior debería articular armoniosamente la gramática diplomática con la militar. Sin embargo, la autonomía de las fuerzas armadas respecto del poder civil en la región impide esta armonía y compromete el pleno ejercicio de una política exterior autónoma.

En el ámbito nacional, las fuerzas armadas dejan de ser un instrumento no deliberativo del Estado y comienzan a actuar como un poder autónomo, con capacidad para tomar sus propias decisiones. Un legado histórico de América Latina, donde los militares se consideran “guardianes de la nación” en lugar de servidores del poder civil legítimamente deliberativo.

Externamente, la autonomía militar interna suele ir acompañada de una dependencia tecnológica y doctrinal de potencias extranjeras, especialmente de Estados Unidos.

Sin un mando y una dirección política eficaces sobre las fuerzas armadas, la soberanía, tanto nacional como internacional, se convierte en una quimera. Operaciones recientes en el Caribe ponen de relieve esta desconexión: para el gobierno brasileño, estas acciones son inaceptables; para sectores de las fuerzas armadas, representan operaciones legítimas de “seguridad hemisférica”.

Reservas energéticas y minerales

La nueva ofensiva de Trump también reaviva el Atlántico Sur, una región donde convergen los intereses de Estados Unidos, Europa y China. El océano es una ruta comercial vital para Asia y alberga reservas estratégicas de energía y minerales. En este contexto, Estados Unidos está reforzando las operaciones de la Cuarta Flota, una fuerza naval con base en Florida y subordinada al Comando Sur.

Creada originalmente en 1943, disuelta tras la Segunda Guerra Mundial y reactivada en 2008, esta flota es responsable del Caribe, Centroamérica, Sudamérica y el Atlántico adyacente. Su función es mantener una presencia militar continua, coordinar ejercicios conjuntos y asegurar el control de las principales rutas marítimas del hemisferio. Los buques no operan dentro de Venezuela, sino en aguas internacionales cercanas, donde las maniobras antidrogas sirven como herramienta de presión política.

En este espacio, Francia (miembro de la OTAN con armamento nuclear) mantiene tropas permanentes en la Guayana Francesa, lo que garantiza su presencia efectiva en el Atlántico Sur. El Reino Unido, otro miembro de la OTAN con armamento nuclear, mantiene bases y guarniciones en el “collar de islas” que cierra el océano por el sur, formando un arco de vigilancia británico sobre las rutas entre los océanos Atlántico e Índico.

En conjunto, estas presencias forman un cinturón estratégico que limita el avance de nuevos actores en el hemisferio. Las operaciones navales promovidas por Trump en torno a Venezuela se inscriben en esta lógica de contención y reafirmación de su dominio sobre el Atlántico Sur.

La situación internacional es la de una crisis de hegemonía global. Pero toda crisis representa también una oportunidad. En este caso, se abre una brecha que permitiría a los países abogar por un no alineamiento pragmático, defendido por una neutralidad activa y no confrontativa. Esto supondría mantener una equidistancia en defensa de los intereses nacionales. Pero la neutralidad activa solo es posible para países fuertes y decididos.

Ante esto, América Latina tiene dos opciones: aceptar la tutela o construir su propia arquitectura de cooperación en defensa. La segunda opción requiere coordinación política y confianza mutua. Países como México, Colombia, Chile y Brasil podrían formar un eje de atracción gravitacional para otros y formular posiciones comunes. La multipolaridad solo tendrá sentido si va acompañada de un verdadero multilateralismo, con una voz activa del Sur. Lo que está en juego, mientras el Caribe vuelve a ser escenario de buques de guerra y operaciones encubiertas, es la legitimidad de quienes tienen el derecho de decidir el destino de los países del continente.

Héctor Luis Saint-Pierre contó con la colaboración de Mónica Tarantino, del equipo de editores de The Conversation Brasil

The Conversation

Héctor Luis Saint-Pierre recibe financiación de las instituciones brasileñas Consejo Nacional de Desarrollo Científico y Tecnológico (CNPq-Pq) y CAPES/Ministerio de Defensa a través de la convocatoria Pro-Defensa V. Es miembro de la Asociación Brasileña de Relaciones Internacionales (ABRI), socio emérito de la Asociación Brasileña de Estudios de Defensa (ABED) y de la SBPC.

ref. Más allá del narcotráfico: qué hay detrás de las amenazas de Donald Trump a Venezuela y Colombia – https://theconversation.com/mas-alla-del-narcotrafico-que-hay-detras-de-las-amenazas-de-donald-trump-a-venezuela-y-colombia-268635

Sí que existen los vampiros

Source: The Conversation – (in Spanish) – By A. Victoria de Andrés Fernández, Profesora Titular en el Departamento de Biología Animal, Universidad de Málaga

Ejemplar de vampiro común (_Desmodus rotundus_), una especie de murciélago que se alimenta de sangre. Mendesbio/Shutterstock

Pocos mitos hay tan redondos como el del Conde Drácula. Es una creación literaria perfecta, tanto que ha trascendido la intención de Bram Stoker para hacerse eterno en la vida real. Porque aunque Drácula se ha ido metamorfoseando con los tiempos, adaptándose a estéticas y modas variadas, siempre ha mantenido su misterioso y ambiguo atractivo.

Empezó en el contexto más puro del romanticismo, inspirándose en ese tenebroso príncipe de Valaquia que pasó a la historia como Vlad III, el Empalador. Más tarde, y tras saltar de las páginas de los libros para hacerse pieza clave del terror clásico, terminó haciendo extrañas incursiones en escenografías tan insospechadas como la erótica o la cómica. Actualmente (y por desgracia), ha perdido una gran parte de su original glamour para pasar a ser uno más de los “cutredisfraces” del Halloween de bazar barato que nos invade.

Esperando que vuelva algún día a recuperar su dignidad aristocrática, me centro en lo que lo hace un personaje único: su hematofagia.

¿Qué significado biológico tiene ser hematófago?

Alimentarse es caro, biológicamente hablando. Hay que buscar el alimento, ingerirlo y trocearlo en la boca, digerirlo con los enzimas digestivos y absorber los principios inmediatos con el intestino. Estos pasan a la sangre, que los distribuye a todas y cada una de las células de nuestro cuerpo.

Lo mismo ocurre con la respiración. El oxígeno entra por la vías respiratorias y, al llegar a los capilarizados alveolos pulmonares, difunde hacia la sangre. La hemoglobina lo capta y, en el interior de los glóbulos rojos, lo reparte por todo el cuerpo.

Nutrientes y oxígeno. Los dos requisitos para mantener el metabolismo celular y, con ello, la vida. La sangre es vida y mantenerla es caro.

Pensemos una alternativa: alimentarnos a costa de la sangre de otro. Nos ahorraríamos gran parte del trabajo. La hematofagia, desde una óptica energética, es muy rentable biológicamente. Como la naturaleza no entiende de justicia ni de moral, ha seleccionado esta manera tan “poco ética” de vivir en grupos animales muy diferentes.

Vampiros de toda índole

La hematofagia constituye un caso típico de convergencia evolutiva, esto es, llegar a Roma (la suculenta sangre del vertebrado) por diferentes caminos (líneas evolutivas muy distintas y distantes).

Quizás el caso más conocido de todos sea el de los mosquitos. Su eficacia alimenticia depende de su sorprendente aparato bucal, una versión biológica de una auténtica aguja hipodérmica conectada a una bomba de aspiración. Detectan el vaso sanguíneo quimiotáctica y térmicamente, pinchan con precisión mejor que la cualquier enfermero y… ¡a tragar!

Las chinches (hemípteras y homópteras) y las pulgas (sifonápteros) presentan un pico chupador análogo, pero con diferentes piezas bucales. Aunque quizás, y siguiendo con los insectos, la lucha más desesperante es la que mantenemos contra los piojos. No solo se limitan a alimentarse a nuestra costa, sino que se se quedan a vivir y a reproducirse en nuestras cabezas.

Una pulga succionando sangre en una piel humana.
Tomasz Klejdysz/Shutterstock

Las sofisticadas sanguijuelas

No obstante, el invertebrado más sofisticado en este aspecto son las sanguijuelas. Aseguran que no se le escape su presa pegándose a ella mediante potentes ventosas. En el centro de una de ellas se abre la boca, de potentes mandíbulas que cortan la piel y producen una herida que sangra a borbotones.

La razón estriba en su compleja y plural saliva, que contiene un anestésico insensibilizador de la zona sangrante que hace que la víctima ni se percate de lo que le está ocurriendo. También incluye en su composición un vasodilatador que procura el sangrado a borbotones. Termina esta sofisticada formulación química con hirudina, un potente inhibidor de la coagulación. Por todo ello, y en los tiempos en los que se creía que muchas enfermedades las causaba la “mala sangre”, las sanguijuelas se utilizaban en escenas de sangrías a enfermos más propias de una película de terror que de una técnica científica.

Ejemplar de sanguijuela.
Juta/Shutterestock

Actualmente ya no se utilizan estas drásticas terapias, aunque sí que se aprovechan las propiedades de la hirudina en el ensayo de nuevos fármacos para el tratamiento de pacientes con síndrome coronario agudo, trombosis venosa profunda o la embolia pulmonar donde los riesgos de trombosis son muy elevados.

Aunque la adaptación evolutiva de la hematofagia de quienes nos chupan la sangre “desde fuera” no está mal, es mejor hacerlo desde dentro. Nematodos (como Ancylostoma duodenale y _Necator americanus)_ o trematodos (como Schistosoma mansoni, S. haematobium o S. japonicum) son unos espantosos gusanos que pueden parasitarnos desde el interior de nuestros intestinos o nuestros vasos sanguíneos. No los rechazamos porque su adaptación parasitaria es tal que son capaces de producir moléculas inmunosupresoras para poder alimentarse de nuestra sangre sin ser eliminados por el sistema inmune. Horrible para nosotros, fascinante para la biología.

Vampiros de leyenda

Pero de todos los “chupasangre”, los más noveleros son los que encarnan la universal leyenda de los vampiros. Quizás sea debido a que estos quirópteros (mamíferos alados), tres especies de murciélago pertenecientes a la subfamilia Desmodontinae, funcionan de una manera bastante bruta y cruenta. Con sus afilados incisivos (no caninos, como los de su alter ego el Conde Drácula) cortan la piel y la musculatura subyacente de su víctima para que la herida produzca sangre.

Para que el delicioso “maná” no deje de brotar, también utilizan su anticoagulante saliva, pero la aplican de una manera mucho más espeluznante. Con el fin de evitar la formación del tapón plaquetario (que los dejaría sin postre), los vampiros, cada ratito, dejan de succionar y lamen la herida. Desde nuestro antropomórfico punto de vista, este hecho nos produce, cuanto menos, escalofríos.

La fuerza potencial del gesto lo supo ver muy bien Francis Ford Coppola. En su película Drácula (1992), un espléndidamente caracterizado Gary Oldman lame el borde de la sangrienta navaja en una escena de terror con una estética difícil de olvidar.

Más que chupasangres

Está clara la acción desvitalizante que nos producen todos estos organismos, pero es que hay mucho más. Mosquitos, pulgas o chinches pican a unos y saltan a otros, lo que trasforman a sus “agujas biológicas” en vehículos de transmisión de enfermedades bacterianas, víricas y protozoáricas. La malaria, por poner un ejemplo de una de las primeras causas de muerte de la humanidad, es causada por un protozoo transmitido a través de picaduras de mosquitos del género Anopheles.

Y después están los vampiros de dos patas, esos que te chupan la ilusión, la confianza y la filantropía. Pero esos se escapan del campo de la biología.

The Conversation

A. Victoria de Andrés Fernández no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Sí que existen los vampiros – https://theconversation.com/si-que-existen-los-vampiros-268501

Morir no es igual en todas partes: cómo las culturas viven el duelo y reescriben el sentido de la pérdida

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Belén Jiménez Alonso, Profesora e investigadora en el departamento de Psicología (UOC), especialista en duelo, UOC – Universitat Oberta de Catalunya

Celebración del Día de los Muertos en Tzintzuntzan (Michoacán, México). Claudio Briones/Shutterstock

La pérdida no solo hiere: desordena el mundo. Después de una muerte, no desaparece solo una persona, sino el entramado de gestos y significados que sostenían la vida. El duelo es ese proceso que intenta recomponer el sentido.

Desde hace décadas, la psicología cultural ha mostrado que el duelo no es “superar”, sino reconstruir. En lugar de cerrar el vínculo, muchas culturas buscan seguir conversando con los muertos, mantenerlos presentes en los relatos y los objetos. Las mediaciones culturales –una tumba, una foto, un canto, un perfil digital– son los puentes que permiten seguir en relación con lo ausente, rehaciendo la historia desde la fractura.

Las muchas formas de acompañar a los muertos

El mundo está lleno de lenguajes para el duelo. En Madagascar, las familias celebran el famadihana o “vuelta de los huesos”, un reencuentro festivo en el que se desenvuelven los cuerpos de los ancestros, se les cambia la mortaja y se baila con ellos.

Celebración de la famadihana en Antsirabe (Madagascar).
Vladislav Belchenko/Shutterstock

En Japón, muchas familias conservan en casa un butsudan, un pequeño altar budista con las tablillas de los antepasados –los llamados ihai se colocan en el altar con el nombre y la fecha de la muerte del difunto–. Allí se ofrecen flores o incienso como forma de mantener viva su presencia.

Un butsudan en Goshogawara (Japón).
Wikimedia Commons, CC BY

En Ghana, los funerales pueden durar días y reunir a cientos de personas; los ataúdes se tallan con formas simbólicas –un pez, una herramienta– que representan la historia o el oficio de quien ha muerto.

En México, el Día de Muertos celebra el regreso simbólico de los difuntos al mundo de los vivos. En casas y cementerios se levantan altares con flores, pan, velas y objetos personales, mientras las familias se reúnen entre música, comida y calaveras literarias que, con humor, conversan con la muerte.

En los Andes, entre comunidades quechuas y aymaras, la muerte se entiende como regreso al territorio. Los cuerpos se confían a la tierra o al agua que los vio nacer, porque el vínculo entre persona y paisaje se transforma. Las cosmologías, silenciadas por la colonización, recuerdan que morir también puede ser volver a la trama que nos sostiene.

Estas prácticas muestran algo esencial: no existe una sola manera de llorar. Cada cultura ha inventado herramientas para transformar la ausencia en relación y la memoria en cuidado.

Europa y la pérdida del lenguaje del duelo

En gran parte de Europa, el duelo se ha vuelto más íntimo y menos visible. La muerte suele tener lugar en instituciones, lejos de los espacios domésticos, y muchos de los rituales que antes acompañaban la pérdida se han ido diluyendo.

La discreción ha sustituido en gran medida a las formas colectivas de despedida.
En España, como en otros países europeos, aún cuesta hablar del duelo y la muerte sin incomodidad. Iniciativas como el Festival Vida al final de la vida invitan a la ciudadanía a participar en actividades artísticas y conversaciones abiertas sobre ello.

Pensar el duelo desde una mirada decolonial implica también reconocer que no todas las muertes pesan lo mismo, ni todas las culturas han tenido el mismo derecho a elaborarlas.

Las historias coloniales de desplazamiento, racismo o violencia estructural han generado duelos sin reconocimiento: migraciones forzadas, desaparecidos, pueblos enteros privados de sus ritos.

La modernidad colonial no solo administró cuerpos, sino también muertes: decidió cuáles eran dignas de luto y cuáles podían ser olvidadas. Frente a ello, muchas comunidades han hecho del duelo una forma de resistencia.

Las madres de los desaparecidos que marchan con las fotos de sus hijos o los altares improvisados en las fronteras encarnan una práctica afectiva que no busca cerrar la herida, sino sostenerla en común para reconocer la violencia que la produjo y recuperar la capacidad de cuidar más allá del marco colonial.

Mediaciones nuevas, memorias viejas

En el siglo XXI, el duelo también se ha desplazado a los espacios digitales. Las redes sociales albergan memoriales, perfiles donde los vivos siguen escribiendo a los muertos, y los llamados deathbots –programas que reproducen la voz o los mensajes de una persona fallecida– prolongan esas conversaciones más allá de la vida.

Las pantallas, los rituales, los cuerpos, los paisajes… todos median la continuidad entre vida y muerte. En esa diversidad de mediaciones –ancestrales o tecnológicas– se manifiesta la misma necesidad: seguir hablando con lo ausente, aunque el idioma cambie.

Mirar el duelo desde la diferencia cultural y desde la herida colonial no significa idealizar otras prácticas, sino recordar que llorar también es un acto de conocimiento y de justicia.

Cada cultura encarna una forma de relación con el tiempo y con la memoria, y todas reconocen que el dolor, cuando se comparte, reconstruye comunidad.

En un mundo que acelera el olvido, el duelo puede ser una forma de resistencia: una práctica que devuelve lentitud, vínculo y sentido. Morir no es igual en todas partes. Tampoco lo es recordar.

En los modos en que cada sociedad acompaña la pérdida se revela su idea de vida, de justicia y de mundo. El duelo, lejos de ser una enfermedad del alma, es una mediación entre la memoria y el porvenir, entre la ausencia y la continuidad de la vida.

The Conversation

Belén Jiménez Alonso no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Morir no es igual en todas partes: cómo las culturas viven el duelo y reescriben el sentido de la pérdida – https://theconversation.com/morir-no-es-igual-en-todas-partes-como-las-culturas-viven-el-duelo-y-reescriben-el-sentido-de-la-perdida-268438

Charles Aznavour, una vida en canciones

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Ana María Iglesias Botrán, Profesora del Departamento de Filología Francesa en la Facultad de Filosofía y Letras. Doctora especialista en estudios culturales franceses y Análisis del Discurso, Universidad de Valladolid

Charles Aznavour, en el concierto por su 90 aniversario en Ereván, capital de Armenia. President of the Republic of Armenia/Wikimedia Commons

Tras ocho décadas de carrera musical, 80 películas, más de 180 millones de discos vendidos –cantados en hasta 8 idiomas– y conciertos en 110 países, el legendario cantante Charles Aznavour murió en octubre de 2018 a los 94 años, plenamente en activo. De hecho, su último concierto en España fue el 20 de abril de ese mismo año.

Su contribución a la canción francesa fue de tal importancia que Francia le dedicó un funeral de estado al que asistieron, entre otras muchas personalidades, el presidente de Francia y el primer ministro de Armenia, país natal de sus padres, y fue retrasmitido en directo por los medios de comunicación franceses. Emmanuel Macron, en un emotivo discurso, terminó diciendo “Parce qu’en France, les poètes ne meurent jamais” (“Porque en Francia, los poetas nunca mueren”).

Y así es, porque Charles Aznavour es universal y sigue de total actualidad. La prueba: tras un éxito rotundo de taquilla en Francia y cuatro nominaciones a los premios César, llega a España la película francesa que cuenta su travesía vital, Monsieur Aznavour (2024). Una ocasión perfecta para repasar sus canciones más inolvidables.

“La bohème” (1965)

Su canción quizá más icónica y que nunca dejó de interpretar en sus conciertos. Aparece en el álbum con el mismo nombre en 1966 y estuvo en el número 1 en Francia durante varias semanas. La cantó también en español, inglés, alemán y portugués.

La letra nos transporta al París bohemio de finales del siglo XIX. Además del amor por el arte, es una reflexión sobre el paso del tiempo, de un mundo artístico que ya no existe y del efímero optimismo de la juventud.

Se compuso para la opereta Monsieur Carnaval, con libreto del escritor Frédéric Dard. Aznavour la cantó antes del estreno, lo cual generó algunas tensiones entre su discográfica y la del cantante que la interpretaría en la opereta, Georges Guétary. Sin embargo, el éxito fue tan rotundo que el desencuentro se disipó. En escena, Aznavour llevaba siempre un pañuelo blanco que dejaba caer al final de la canción, metáfora de la juventud que se escapa.

Hoy, en Montmartre (París), el Belvédère de la Bohème recuerda su legado, un mirador que celebra la magia de su voz y la eternidad de sus sueños.

“Tous les visages de l’amour” (1974)

Se asocia en las últimas décadas a la banda sonora de la película Notting Hill (1999), cuyo tema central en inglés, “She”, está interpretado por Elvis Costello.

En esta versión, la original, la música es de Aznavour y la letra de Herbert Kretzmeren. Se compuso para la serie de televisión británica Seven Faces of woman (1974) y fue durante cuatro semanas el número 1 en el Reino Unido. Después, Aznavour la grabó también en alemán, italiano y francés, con el título “Tous les visages de l’amour” (“Todos los rostros del amor”).

“Hier encore” (1964)

Esta canción también retoma el tema de la nostalgia de la juventud pero con una tonalidad triste, desde la mirada que aporta la madurez, haciendo una profunda reflexión en el presente sobre las decisiones tomadas y los errores cometidos.

La letra es de Aznavour y la música de Georges Garvarentze. El texto se tradujo y se adaptó a varios idiomas: al español como “Ayer aún”, al inglés como “Yesterday When I was Young” y a otros, como el armenio o japonés.

Su melodía sigue estando de moda sesenta años después. No sólo porque el cantante Bad Bunny haya insertado un sample en su canción “Mónaco”, sino también porque su letra continua siendo atemporal y universal:

Hier encore/

J’avais vingt ans/

Mais j’ai perdu mon temps/

À faire des folies/

Qui ne me laissent au fond/

Rien de vraiment précis/

Que quelques rides au front/

Et la peur de l’ennui.

(Ayer todavía/ tenía veinte años/ pero perdí mi tiempo/ haciendo locuras/ que no me dejan, en el fondo/ nada realmente concreto/ salvo algunas arrugas en la frente/ y el miedo al aburrimiento)

“Emmenez-moi”(1967)

Un sueño convertido en canción, una invitación a escapar y dejar atrás la rutina. Charles Aznavour nos conduce hacia lugares lejanos, exóticos, llenos de luz y felicidad. Por eso fue la última canción que sonó en su funeral al salir de los Inválidos de París.

“Llévame hasta los confines de la tierra, llévame al país de las maravillas; me parece que la miseria sería menos dolorosa al sol.”

La estela brillante de la canción trascendió al cine con la película homónima (2005), donde un fan de Aznavour decide emprender un viaje para encontrarse con su ídolo, mostrando cómo la música puede inspirar, guiar e influir en la vida de quienes la escuchan.

No se pierdan esta interpretación de 1972: magistral y emocionante.

Cantante poéticamente comprometido

Aznavour se consideraba política y poéticamente incorrecto, y no faltan pruebas.

Aunque él mismo reconoció que le costó mucho escribirla, en 1974 lanzó “J’ai connu”, sobre el Holocausto. Nunca olvidó que sus padres huyeron del genocidio armenio y que él mismo asistió a los horrores de la Segunda Guerra Mundial.

En 1972 publicó una canción sobre la homosexualidad, “Comme ils disent”. Fue pionero, arriesgado y adelantado a su tiempo cuando en Francia no se trataba este tema abiertamente. Sin embargo, el público la recibió con respeto, precisamente por tratarse de él.

Canciones para otros artistas

Interpretó sus temas en dúos con cantantes como Frank Sinatra, Plácido Domingo, Julio Iglesias, Céline Dion, Elton John, Laura Pausini, Johnny Hallyday, Nana Mouskori o Sting, entre otros. También con Édith Piaf, su descubridora y gran amiga, para la que compuso “Jezebel” (1951) y “C’est un gars” (1950).

Entre las canciones que escribió para otros, todas ellas de gran éxito, se encuentran “Retiens la nuit” para Johnny Hallyday, “La plus belle pour aller danser” para la joven yeyé Sylvie Vartan, o “Je hais les dimanches” para Juliette Gréco. También compuso para artistas actuales, como la cantante Amel Bent, para quien creó “Je reste seule”.

Aznavour inolvidable, hasta en los Juegos Olímpicos

Las competiciones y ceremonias de los Juegos Olímpicos de París en 2024 estuvieron repletas de referencias culturales francesas. Las canciones de Charles Aznavour también fueron protagonistas.

En la inauguración, la cantante Aya Nakamura interpretó un mix de dos de sus canciones con segmentos de “For me, Formidable”, que previamente había sido interpretada a capela por la Guardia Republicana. Asimismo, incluyó la melodía de “La bohème” para anunciar su aparición. Además, uno de los momentos más emotivos de la clausura fue cuando sonó “Emmènez-moi”, cantada a coro por las miles de personas que asistían como público.

Charles Aznavour es la prueba de que, efectivamente, los poetas no mueren nunca.

The Conversation

Ana María Iglesias Botrán no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Charles Aznavour, una vida en canciones – https://theconversation.com/charles-aznavour-una-vida-en-canciones-266731

¿Queda mucho por saber sobre la vida en los océanos?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Oihane Díaz de Cerio Arruabarrena, Profesora de Biología Celular, Universidad del País Vasco / Euskal Herriko Unibertsitatea

Un buceador explora los corales del mar de Célebes, en la parte occidental del océano Pacífico. Bahaman Hashim/Shutterstock

Este artículo forma parte de la sección The Conversation Júnior, en la que especialistas de las principales universidades y centros de investigación contestan a las dudas de jóvenes curiosos de entre 12 y 16 años. Podéis enviar vuestras preguntas a tcesjunior@theconversation.com


Pregunta formulada por el curso de 3º de la ESO de Aranzadi Ikastola. Bergara (Gipuzkoa)


“¿Dónde están las llaves? ¡En el fondo del mar!”, dice la canción infantil. La llave al conocimiento se encuentra en el fondo de los océanos. Aunque la vida se formó bajo el agua, realmente no sabemos apenas nada sobre lo que habita allí y aún menos sobre cómo viven esos habitantes.

Según el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, el término “vida” tiene 18 acepciones. La cuarta es la más estudiada en la investigación del océano: “Existencia de seres vivos en un lugar”. En otras palabras, la biodiversidad. Pero la vida tiene más dimensiones: relacionarse, producir energía para no morir, adaptarse al lugar y mantenerse vivo un tiempo, entre otras. Esto es, la ecología marina.

¿Conocemos qué vida hay en los océanos?

La respuesta es no. La ciencia estima que hemos visualizado el 0,001 % de los seres vivos gracias más de 44 000 inmersiones de diferentes expediciones. ¿Por qué un porcentaje tan pequeño? Porque en una vasta extensión el océano tiene 200 metros o más de profundidad. La presión a esas profundidades es tan alta que hacen falta tecnologías muy avanzadas que la soporten. A medida que se desarrollan, se descubren nuevas especies.

Por ejemplo, en septiembre de 2025 ha culminado la expedición Uruguaya (Uruguay sub200). Gracias al robot ROV SuBastian, los investigadores han explorado profundidades superiores a los 1 200 metros y han descubierto más de 30 especies potencialmente nuevas que ahora toca verificar. Pero su mayor hallazgo ha sido un arrecife de coral que vive en aguas más profundas de lo que está científicamente descrito. El siguiente paso es averiguar cómo se mantiene vivo en ese ambiente.

A vista de lupa o microscopio

No hace falta irse a las lejanas profundidades del océano para realizar nuevos descubrimientos. Si descendemos en la escala de observación, abrimos la puerta a otro universo de biodiversidad. Las lupas y microscopios siguen siendo hoy en día herramientas útiles.

Por ejemplo, en 2020, en la costa de Mutriku (Gipuzkoa), un grupo de científicos localizó entre la arena una nueva especie de acelo, un pequeño gusano aplanado al que bautizaron como Faerlea assembli. Y en 2022, un investigador de la estación marina PiE-UPV/EHU descubrió en pequeños crustáceos un parásito al que llamó Txikispora philomayo. Este nuevo género puede incluso ayudar a entender evolutivamente cómo se formaron los organismos multicelulares.

Bajemos aún mas en escala de tamaño. Las bacterias y arqueas que viven en aguas oceánicas constituyen el microbioma marino. Compone casi dos tercios de la biomasa oceánica, pero es el gran desconocido. Para estudiar su diversidad usamos una técnica molecular llamada metagenómica. Consiste en secuenciar el ADN extraído del agua de diferentes puntos y profundidades del océano. Con los resultados se identifican grupos y comunidades de microorganismos gracias a las habilidades de la bioinformática y la inteligencia artificial.




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Aquí surge un problema: no podemos identificar lo que ignoramos. Las identificaciones se basan en el conocimiento del ADN de microorganismos que hemos sido capaces de cultivar en el laboratorio, pero de muchos otros lugares extremos del océano no han sido cultivados aún. Por eso, numerosas secuencias de ADN quedan huérfanas de identificación. Es la llamada “materia oscura”.

Recapitulemos:

  • Desconocemos los organismos grandes (macroorganismos) que habitan zonas abisales. Faltan medios.

  • A escalas más pequeñas, ni siquiera conocemos los que pisamos al caminar por la arena de la playa.

  • Desconocemos los parásitos que cohabitan con especies ya conocidas.

  • Y si vamos a organismos más pequeños, en el caso del microbioma… ¡andamos entre materia oscura!

Un océano de desconocimiento

Y de lo que hemos identificado, ¿sabemos cómo se mantiene la vida en el océano?

Piensa en el cuerpo humano. Conocemos nuestra anatomía y los tejidos, que llevamos siglos investigando. Pero aún ignoramos muchos detalles: cómo funciona nuestra consciencia, cómo guardamos información o recuerdos en el cerebro, cómo reacciona nuestro cuerpo a nuevas enfermedades, cómo respondemos a la contaminación, cómo nos adaptamos en ambientes extremos, etc. No sabemos al 100 % cómo funcionan nuestras unidades de vida, las células.

Si lo extrapolamos a cada especie que habita en el océano, nos queda muchísimo por averiguar. Si no conocemos todo lo que vive en las aguas marinas, no podemos saber cómo interactúan con el medio; cómo se relacionan con otras especies; cuánto tiempo viven y pueden vivir en situaciones de contaminación; qué tipo de células tienen; cómo funcionan y se comunican esas células… Podríamos seguir así hasta el infinito y más allá.

En definitiva, el océano guarda la llave a muchos hallazgos a diferentes niveles, de ecosistemas y de biodiversidad, por no hablar de la vida a nivel celular y molecular. Si recopiláramos el código genético de todos los organismos marinos descubiertos y aún por descubrir, escribiríamos nuevas enciclopedias de la vida con volúmenes e idiomas nuevos para cada especie. Las baldas del conocimiento sobre los habitantes de los océanos aún están casi vacías.


La Cátedra de Cultura Científica de la Universidad del País Vasco colabora en la sección The Conversation Júnior.


The Conversation

Algunos de los ejemplos que he usado han sido descritos por compañeros de investigación del centro en el que trabajo o por investigadores invitados al centro.

ref. ¿Queda mucho por saber sobre la vida en los océanos? – https://theconversation.com/queda-mucho-por-saber-sobre-la-vida-en-los-oceanos-266177

Sex with 1,000 men in 12 hours: why Bonnie Blue is neither a feminist nor a monster

Source: The Conversation – Global Perspectives – By Lexi Eikelboom, Senior Research Fellow, Institute for Religion and Critical Inquiry, Australian Catholic University

Stan

The documentary, 1,000 Men & Me: The Bonnie Blue Story, has made Tia Billinger – stage name Bonnie Blue – a household name.

Famous for her sexual stunts, including one in which she has sex with more than 1,000 men in 12 hours, Bonnie Blue fascinates us because we do not understand her.

Billinger claims to be an embodiment of feminism. She points out she is rich and independent, and says she has taken control of her sexualisation. Yet it is difficult to imagine how sleeping with 1,000 men in a day could lead someone to feel empowered rather than degraded.

Some have offered personality-based explanations for Billinger’s choices, saying she may simply be an opportunistic sociopath.

But explanations like these relegate her to the status of a social oddity, or a monster. And this discounts the social conditions that produce someone like Billinger – the same social conditions all women face.

The contradiction Bonnie Blue embodies reveals just how fraught a woman’s relationship to power and influence is. Women who seek power often encounter a double bind that leads them to use their power in a way that also curtails it.

Power through subservience

Power requires two ingredients. It involves autonomy and self-determination. It also requires being embedded in society so as to exert influence within it.

These two aspects of power work in tandem for men, and especially white men. But for women, and people with other marginalised identities, they often pull in opposite directions.

US feminist writer Andrea Dworkin described this situation in her 1978 book Right-wing Women: for women, power comes through subservience to male values.

For a woman, to be embedded in society is, by definition, to have her autonomy and self-determination restricted. As a result she is forced to choose: do what you want or have influence.

The reward for protecting men’s access to women

Billinger’s business model is striking. She makes enormous amounts of money by offering sex for free. The fact the sex itself is free enables her to turn around and sell a desirable commodity through subscription-based platforms such as Fansly – namely, the fantasy of female availability.

After her 1,000 men stunt, Billinger told her documentary film makers

I loved […] seeing how many men had wedding rings on. I just loved knowing I was doing something their wives should’ve done.

She tells men not to “feel guilty for doing something you deserved and you was, well, you was owed”. Despite appearances, then, Billinger is not autonomous at all. Her power is the result of subservience to male entitlement.

There have always been women who gain power by protecting men’s access to women. Consider, for example, US conservative activist Phyllis Schlafly (1924–2016). While Billinger is famous for her extreme sexual stunts, Schlafly could be considered the original tradwife.

Initially an expert in foreign policy, Schlafly was unable to gain political traction through her expertise, so she built a career opposing women’s liberation on behalf of housewives. She got the political power she wanted, but not in the field she really cared about.

A black and white photo shows US conservative political activist Phyllis Schafly in a winter coat, and a badge fastened to it that reads 'stop ERA'. Her hair is done up and she is smiling at something out of view.
Conservative activist Phyllis Schafly wearing a Stop ERA (Equal Rights Amendment) badge in front of the White House, Washington DC, in February 1977.
Library of Congress

Womanliness as a masquerade

Both Schlafly’s and Billinger’s personas map squarely onto one side or the other of what psychoanalyst Sigmund Freud called the Madonna-whore complex, in which a misogynistic society categorises women according to the kind of service they offer men – either as a saintly mother figure or as a sexual object.

Each of these roles also deflects attention by attacking the opposite side of the dichotomy.

Billinger positions herself as a rival to men’s wives, claiming her critics simply want to turn her into a housewife. Schlafly positioned herself as a housewife opposing equal rights because she considered such rights to be bound up with sexual promiscuity.

In reality, each stance relies on the other. And we’re beginning to see this manifest in the emergence of tradwife Onlyfans content.

In 1929, psychoanalyst Joan Riviere wrote about a tendency in her female patients she called “womanliness as a masquerade”.

Riviere notes how women who exhibited traits socially coded as “masculine”, or who occupied positions historically reserved for men, attempted to hide this masculinity through a performance of femininity. She wrote:

women who wish for masculinity may put on a mask of womanliness to avert anxiety and the retribution feared from men.

To undertake a “masculine” pursuit of power, both Schlafly and Billinger uphold a particular ideal of femininity. And both women’s careers are logical – if misguided – responses to the messages women receive about where their value lies.

A never-ending tradeoff

Our systems punish women for wanting things such as power, money, or visibility, requiring them to turn against other women, give up their expertise, or make themselves infinitely available to men.

If women were allowed to pursue power without these sacrifices, it might curtail the harms other women face as a result of the masked pursuit of power.

Women should not have to choose between power, money and visibility on one hand, and community and liberation on the other. They should not have to choose between Madonna and the whore.

Yet as political gains continue to shrink around the world, many women are starting to feel this double-bind more forcefully. There may be more Bonnie Blues and Phyllis Schlaflys on the horizon.

The Conversation

Lexi Eikelboom does not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organisation that would benefit from this article, and has disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

ref. Sex with 1,000 men in 12 hours: why Bonnie Blue is neither a feminist nor a monster – https://theconversation.com/sex-with-1-000-men-in-12-hours-why-bonnie-blue-is-neither-a-feminist-nor-a-monster-267982

90 years of Monopoly: how the ‘new craze’ morphed from socialist critique to capitalist dream

Source: The Conversation – Global Perspectives – By Lisa J. Hackett, Senior Lecturer, Sociology & Criminology, University of New England

© Hulton-Deutsch Collection/CORBIS/Corbis via Getty Images

Monopoly is the best-selling licensed board game of all time, popular since its 1935 release when “the new craze” swept the world.

It has remained a staple, with over 390,000 copies sold in Australia to date.

Its transformation from an economic critique to a capitalist icon highlights its historical evolution and adaptability.

A game with a message

Monopoly’s roots trace back to The Landlord’s Game (1903), created by Elizabeth Magie to critique monopolistic land ownership.

It featured two sets of rules – one emphasising wealth accumulation, the other wealth distribution. The aim was to demonstrate how different policy levers, taxing income versus taxing land, affect economic outcomes of players.

It was based on economist Henry George’s proposition for a “land value tax” or “single tax”. Under this regime, people would keep all they earned, with public funds raised from land ownership instead.

An old board game.
The board for Elizabeth Magie’s 1906 version of The Landlord’s Game.
Wikimedia Commons/LandlordsGame.Info

The two sets of rules in the Landlord’s Game demonstrate how wealth is either concentrated in the hands of landlords (taxing income) or is more fairly distributed across society (taxing land).

In 1935, a man named Charles Darrow removed the game’s socialist critique (the version that taxed land), renamed it Monopoly and sold it to Parker Brothers. The game was now focused on the accumulation of real estate until one player remained, having bankrupted their fellows.

The game thrived during the Great Depression, offering an escapist fantasy of financial success.

Photograph of an old man with a Monopoly board.
In 1935, Charles Darrow reworked the game to become Monopoly.
The Salem News Historic Photograph Collection, Salem State University Archives and Special Collections, CC BY

In 1935, Parker Brothers paid Magie US$500 (US$11,800 today) for the rights to her game, ensuring their ownership of Monopoly was unchallenged. As part of the deal, they released her original game, but it failed to gain traction with players.

Not everyone welcomed its capitalist themes – Fidel Castro famously ordered all Monopoly sets in Cuba destroyed in 1959

Playability and house rules

Philip Orbanes, former vice president of research at Parker Brothers, argued a good board game must have clear rules, social interaction and an element of luck. Monopoly ticks all three boxes.

Despite this, Monopoly is notorious for causing arguments. Hasbro (who bought out Parker Brothers in 1991, acquiring Monopoly in the process) found that nearly half of Monopoly games end in disputes, often over rule interpretations. Monopoly is the game most likely to be banned, or see a particular player banned, on game nights.

Four men around the board.
A group of sunbathers having a smoke and playing a game of monopoly at an open air pool, 1939.
Fox Photos/Getty Images

Monopoly’s rules have been adjusted and manipulated as players have sought to overcome the inequities in the game. Another of Hasbro’s surveys found 68% of players admitting to not having read the rules in their entirety, and 49% said they had made up their own rules.

These “house rules” include things like cash bonuses on Free Parking or modifying auctions to make the game more engaging.

Identity and nostalgia

Monopoly’s use of real-world locations makes it adaptable to local markets.

The original version reflected Atlantic City’s socio-economic hierarchy. When Waddingtons released the English version in 1936 under license (the same version which would go on to be released in Australia in 1937), Atlantic City’s wealthy Boardwalk and working class Mediterranean Avenue became London’s Mayfair and Old Kent Road, respectively.

The game can also serve as a bridge to former geographies. The 1980s Yugoslav edition remains a link to the past for those who lived through that era, recording changing political geographies and cultural shifts.

People at tables on train platforms.
More than 240 players compete for the British Monopoly title at Fenchurch street station, London, in 1975.
WATFORD/Mirrorpix/Mirrorpix via Getty Images

Monopoly is a flagship brand for Hasbro, worth an estimated US$272m in 2018. Part of Monopoly’s success lies in its licensing strategy. The board layout is extremely flexible, allowing for localised adaptations to be made to suit different markets, without any substantial change to the game play.

There are believed to be over 3,400 different versions of Monopoly issued, from classic city street layouts to popular culture imaginings.

It is this aspect that attracts collectors; world record holder Neil Scanlon owns 4,379 sets of Monopoly (he is still searching for the Cronulla Sharks set).

Monopoly reflects the world’s economic systems, embodying both the dream of wealth and the realities of financial inequality.

It has been studied by economists and educators as a tool for understanding capitalism, wealth accumulation and market control.

The game originally meant to critique monopolistic practices became a celebration of them. Each player has the opportunity to accumulate vast wealth, reflecting the promise of capitalism: where anyone can enjoy riches as long as they work hard enough.

Magie’s message was leveraged by Federal MP Andrew Leigh in his 2023 critique of the growing concentration of business monopolies in Australia. Leigh noted how monopolies affected Australian families and how the Albanese government had “increased penalties for anti-competitive conduct, and banned unfair contract terms” with the aim of creating a fairer society.

Enduring popularity

In 2025, Hasbro introduced digital banking versions – though many players lament the feel of physical wads of cash.

The game continues to be a favourite, ranking as the top childhood game among Baby Boomers, Gen X and Millennials – and fourth for Gen Z. The sense of nostalgia was strong among all groups, not surprising as board games were found to be an integral part of family bonding.

Monopoly has evolved from an anti-capitalist critique into a commercial juggernaut. While it has faced criticism for erasing its socialist origins and its reliance on luck, its ability to reinvent itself has ensured its lasting appeal.

As both a cultural artefact and a competitive game, Monopoly remains firmly embedded in board game culture.

The Conversation

Lisa J. Hackett does not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organisation that would benefit from this article, and has disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

ref. 90 years of Monopoly: how the ‘new craze’ morphed from socialist critique to capitalist dream – https://theconversation.com/90-years-of-monopoly-how-the-new-craze-morphed-from-socialist-critique-to-capitalist-dream-252738